2014
2014
Directora:
Patricia Trujillo Montn
Lnea de Investigacin:
Crtica literaria
El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que en verdad siente.
Fernando Pessoa
A la memoria de mi madre.
Resumen y Abstract
VII
Resumen
La tesis realiza una lectura de la obra heternima del poeta venezolano Eugenio
Montejo, desarrollando las relaciones entre los distintos mundos poticos a los que el
autor da vida en su obra por medio de la heteronimia potica. As, el estudio propone un
dilogo entre las obras de los personajes heternimos, y la poesa y los ensayos del
autor, en el que se tiene en cuenta la categora de heteronimia potica como
manifestacin de un proceso de despersonalizacin que se acenta en la tradicin de la
poesa moderna. De esta forma se despliega un encuentro entre diversas tradiciones que
configuran una potica de poticas mediante la cual esta obra define su lugar en la
tradicin.
Palabras clave: heteronimia potica, despersonalizacin, poesa moderna, poesa
hispanoamericana, poesa venezolana.
Abstract
The thesis makes a reading of the heteronymous work of the Venezuelan poet Eugenio
Montejo, developing relationships between different poetic worlds to which the author
gives life to his work through poetic heteronomy. Thus, the study proposes a dialogue
between the works of heteronym characters, and the Montejos poetry and essays, which
takes into account the category of poetic heteronomy as a manifestation of a process of
depersonalization that is accentuated in the tradition of modern poetry. Thus a meeting
between various traditions that form a poetic of poetics unfolds through which this work
defines its place into the tradition.
Keywords: poetic heteronomy, despersonalization, modern poetry, Hispanoamerican
poetry, Venezuelan poetry.
Contenido
VIII
Contenido
Pg.
Resumen........................................................................................................................ VII
Introduccin .................................................................................................................... 1
1.
2.
3.
4.
5.
Conclusin ............................................................................................................109
Bibliografa ...................................................................................................................115
Contenido
IX
Lista de figuras
Figura 1. Frmula para conjurar al demonio Shabriri. Talmud de Babilonia .................... 95
Introduccin
El da 29 de Agosto del ao 2011 se inauguraba en la Universidad de los Andes de
Bogot el Primer Simposio Internacional de Heteronimia Potica.
Especialistas en
Introduccin
Introduccin
que toman a cargo sus contradicciones (Montejo 1996, 187). Como lo ha considerado
Arturo Gutirrez Plaza en un ensayo reconocido sobre el poeta, de esta forma, aspectos
como el humor, la irona, las formas clsicas, populares o infantiles, que en algunos
casos resultan exageradas o extravagantes, pueden encontrar un lugar definido en su
obra, sin afectar la unidad constitutiva de la obra del poeta que ha creado los personajes
heternimos 2 (560).
A partir de la figura central del maestro lingista Blas Coll, que aparece con la publicacin
de su cuaderno 3 en el ao de 1981, surgen los colgrafos, o heternimos del poeta. En
el taller de la tipografa del viejo lingista, cerca de la baha de Puerto Malo 4, se renen
amigos, discpulos, contertulios, una infame turba 5 (Gutirrez, s.p.). Cada uno de los
miembros de esta cofrada ha producido su propia obra: Sergio Sandoval escribi
Guitarra del horizonte (1991), Tomas Linden, El hacha de seda (1995), Eduardo Polo,
Chamario (2004), Lino Cervantes, La caza del relmpago (2006) y, el menos conocido,
Jorge Silvestre, publica un conjunto de poemas recogidos en Partitura de la cigarra de
Eugenio Montejo.
Aclaremos que Fernando Pessoa, inventor del trmino heteronimia, sealaba que su
poesa perteneca a dos categoras de obras, que podemos llamar ortnimas y
heternimas. La ortnima es la obra propia del autor creador de heternimos, la que
escribe bajo su propio nombre; mientras la heternima es la obra en la que el autor est
por fuera de su persona, es de una individualidad completa fabricada por l, como lo
seran las palabras de cualquier personaje de uno de sus dramas (Pessoa 1985a, 13).
En este punto es necesario aclarar la diferencia existente entre la irona y el humor. Segn el
diccionario de la Real Academia, la irona es una figura retrica mediante la cual se da a entender
lo contrario de lo que se dice, y suele ser empleada con distintas finalidades, entre las cuales
predominan la crtica y la burla, o ambas de forma simultnea. En esta perspectiva, el humor
puede ser el resultado del uso de la irona con la intencin de provocar la risa sobre algo o
alguien. Aunque puedan presentarse juntos, humor e irona no son equiparables, y slo en
ocasiones aquel es producido por esta.
3
El cuaderno de Blas Coll es el ttulo del primer libro que Montejo atribuye a un heternimo.
4
Este lugar es tambin inventado por Montejo. Sin embargo, su ubicacin puede asociarse con
zonas conocidas por el autor en el Caribe venezolano.
5
Resulta curiosa esta expresin que recuerda un verso de uno de los autores predilectos del
maestro Blas Coll y muy probablemente tambin de su discpulo Toms Linden: Luis de Gngora.
La expresin se encuentra en la estrofa V del poema Fbula de Polifemo y Galatea e anticipa la
tradicin con la cual Montejo va a dialogar mediante el libro de sonetos de Linden El hacha de
seda.
Introduccin
Teniendo presente esta distincin, este estudio est dividido en cuatro captulos que
corresponden a los distintos personajes heternimos del autor 6 y a las facetas que son
exploradas por estos, dado que cada obra despliega un dilogo con la obra ortnima y
con las obras de los dems heternimos. En el captulo primero se describe el origen de
la heteronimia potica en la poesa de Eugenio Montejo a travs del personaje central,
Blas Coll, y de su obra, Los cuadernos, reunidos y presentados por el poeta, quien se
integra en la ficcin como un personaje ms que, como veremos, resulta indispensable
para la consolidacin del proyecto heteronmico. En esta parte se distinguen los vnculos
tericos que el autor ha desarrollado en sus ensayos, en los que establece el trmino de
escritura oblicua, con el cual se refiere a la heteronimia sin limitar su concepcin a la
prctica puesta en marcha y conceptualizada por Fernando Pessoa. Se ver cmo
resulta decisiva la influencia del procedimiento que autores como el mismo Pessoa y
Antonio Machado han emprendido en sus obras con la creacin de personajes autores,
heternimos y apcrifos respectivamente.
El captulo segundo est dedicado al estudio de la obra del heternimo Sergio Sandoval,
Guitarra del horizonte. Al adentrarnos en los textos de este personaje nos proponemos
un acercamiento a los rasgos de la poesa popular que emergen en la obra ortnima y
tambin a los vnculos que establece la poesa de Sandoval con formas poticas y de
pensamiento relacionadas con la cultura oriental, como el haiku y la filosofa budista, las
cuales no resultan ajenas, como veremos, para Montejo.
En el captulo tercero se desarrolla un anlisis de El hacha de seda, obra del poeta
heternimo Toms Linden, en la cual se lleva a cabo un homenaje implcito a la tradicin
clsica de la poesa en lengua espaola escrita durante el Siglo de Oro, mediante el
empleo del soneto. Se har nfasis en algunos rasgos semnticos y formales que hacen
parte de la poesa ortnima, y de las posibilidades que son exploradas por el autor a
travs de la obra. De esta forma, se indaga cmo se amplia y se extiende el dilogo entre
tradiciones que posibilita la prctica de la heteronimia en la obra del poeta.
Para el presente estudio slo se tendrn en cuenta los personajes que han consolidado una obra
y de los cuales el poeta ha ofrecido suficiente informacin biogrfica. Por eso, los poemas de
Jorge Silvestre no estn incluidos en el anlisis.
Introduccin
El captulo cuarto rene el anlisis que se ha realizado de las obras de los ltimos
heternimos, Eduardo Polo y Lino Cervantes: Chamario y La caza del relmpago,
respectivamente.
Introduccin
crear personajes concebidos como autores que tienen su propio grado de realidad y son
poseedores de una biografa, una obra y un devenir propios. Por lo tanto, esta escritura
determinar una tendencia literaria que, a travs de la (con) fusin entre autor y
personaje-autor, posibilita un juego enunciativo en el que estos personajes se expresan
con innegable autonoma (Montejo 1996, 185). Con la heteronimia se acenta un
proceso de despersonalizacin que haba iniciado con la obra de Baudelaire. La palabra
ya no es resultado de la unidad entre la poesa y el yo personal del poeta, como haba
tenido lugar durante el Romanticismo, tal como lo seala Hugo Friedrich:
Con Baudelaire comienza la despersonalizacin de la lrica moderna [] la palabra lrica
ya no surge de la unidad de poesa y persona emprica, [] contiene aquella
despersonalizacin, erigida ms tarde por T. S. Eliot y otros en condicin necesaria para
la exactitud y validez del arte potico (50).
Introduccin
Introduccin
Introduccin
personaje que le responde al primero (96). Eliot seala que un personaje se crea y
adquiere realidad slo mediante la accin, en una comunicacin entre seres imaginarios.
Por razones similares, el monlogo dramtico se distingue de la heteronimia, con la
salvedad de que en este caso lo que interesa, ms que la accin que es representada, es
que la creacin del personaje adquiera realidad, que el heternimo tenga una obra
literaria consolidada. Ms importante que el componente biogrfico, es la creacin de una
obra potica con rasgos estilsticos y temticos particulares.
Podramos deducir que la heteronimia potica comparte rasgos que caracterizan a la
segunda y la tercera voz de las que hablaba Eliot. No obstante, esta prctica trasciende
el empleo de la mscara por medio de algn personaje del cual se ha apropiado el poetaautor. Por lo general, y en el caso que nos interesa en Eugenio Montejo, surgen distintos
personajes y sus voces, es decir, sus obras poticas y crticas, se comunican entre s y
con la voz propia del autor que se integra a estos personajes, como uno ms. De este
modo se da una interaccin entre los personajes que en algunos casos entran en
conflicto o se contradicen entre ellos, y que, incluso, pueden llegar a contradecir al autor
que les ha dado vida.
El monlogo dramtico de Browning, las person de Pound y las voces poticas de Eliot
constituyen metamorfosis del yo, formas de despersonalizacin que, aunque no logran
la solidez en la creacin de una obra literaria independiente del yo lrico del autor, como
sucede con los heternimos, constituyen procedimientos que tienen lugar como
antecedentes de su aparicin en la poesa moderna.
En uno de los ensayos sobre heteronimia, en El taller blanco, Eugenio Montejo destaca
que, hacia 1912, antes de Alberto Caeiro, el primero de los heternimos de Fernando
Pessoa, apareca el suramericano cosmopolita A. O. Barnabooth con una innovadora
obra lrica en la cual no poda faltar el complemento biogrfico, todo lo cual se debe,
como sabemos, a la invencin del poeta francs Valery Larbaud (182). Del mismo
modo, Montejo nombra una serie de personajes que surgen durante estos aos como
producto de esta tendencia: Monsieur Teste de Paul Valry, Juan de Mairena de Antonio
Machado, Werff Ronne de Gottfried Benn e incluye tambin las mltiples voces del
10
Introduccin
Drama em gente es un trmino que se usa para referirse a las distintas personalidades que
hacen parte de un individuo, a las que ste puede interpretar con diferentes posturas, y al drama
de vida que ello significa.
Introduccin
11
12
Introduccin
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en la produccin literaria del poeta, ya que no se limita a los gneros que hasta ese
momento haban sido trabajados en su obra: la poesa y el ensayo 8. El cuaderno de Blas
Coll es un libro donde el poeta recurre, por primera vez dentro de su obra, a la narrativa,
a la cual retornar en cada uno de los textos que prologan las obras de sus heternimos.
Cabe sealar que El cuaderno de Blas Coll tambin ha sido ledo por algunos estudiosos
de la obra de Montejo como un ensayo que contiene y utiliza elementos propios de la
narrativa 9.
En el prefacio el poeta advierte acerca del carcter fragmentario de los textos recogidos y
transcritos en El cuaderno. Esto a causa de las dificultades que se presentaron en su
copia, derivadas tambin de la particularidad del material y de los acontecimientos que le
sucedieron a su autor, el viejo tipgrafo de Puerto Malo, Blas Coll. Estas dificultades son
descritas por Montejo:
Tarde, muy tarde han llegado a mis manos los restos del cuaderno de Blas Coll, cuyos
fragmentos ms legibles trato de recomponer en las anotaciones que transcribo. Su autor
ya tena ms de veinte aos de muerto al momento de mi hallazgo. He invertido cinco ms
en el intento de esclarecer la mayor parte de los pocos escritos que le sobreviven, pero
sospecho que esta indagacin minuciosa no dar cabal indicio de una labor tan heterclita
como la suya. Sigo ignorando todava, pese a mis continuas pesquisas, si de verdad est
enterrado en la pequea aldea pesquera de Puerto Malo, junto al antiguo cementerio
marino que el acoso de las aguas hizo demoler, o si, como es la suposicin ms verosmil,
se embarc en una nave de carga, ya amargado al final de sus aos, y se fue a morir a
otro lugar. (29)
Un rasgo particular que hay que advertir en este libro, es el papel que desempea la voz
de Eugenio Montejo en la introduccin. Sabemos por el texto que, adems de crear el
personaje, el poeta sirve como presentador y comentador de la obra, y asume los roles
de interlocutor y personaje que, a su vez, ha contribuido a reunir los restos del libro. Por
su lado, el personaje Blas Coll es presentado como un tipgrafo que va a parar a un lugar
denominado Puerto Malo, el cual posee las caractersticas del trpico venezolano que
Los libros de poesa que haban aparecido firmados por Eugenio Montejo hasta ese instante son:
legos (1967), Muerte y memoria (1972), Algunas palabras (1976) y Terredad (1978). En cuanto a
los ensayos, haba publicado en 1974 el primero de los volmenes que los reuna en La ventana
oblicua. Posteriormente, en los aos noventa ser publicado su segundo libro de ensayos
denominado El taller blanco (1996).
9
Esta es la posicin que justifica en su interpretacin Miguel Gomes en el estudio introductorio al
libro que rene algunas de las obras de los heternimos del poeta venezolano, bajo el ttulo
Montejo, la otredad y el tiempo literario en El cuaderno de Blas Coll y dos colgrafos de Puerto
Malo y es editado por Pre-textos en el ao 2007.
Captulo 1
15
el poeta ha descrito en algunos ensayos y poemas, cuando se refiere al paisaje del litoral
caribe, al clima y a la naturaleza de sus costas. Este es el escenario en el que aparece la
obra de Coll y la de sus discpulos heternimos, los colgrafos: Sergio Sandoval, Toms
Linden, Eduardo Polo y Lino Cervantes.
Siguiendo lo anotado por el profesor Mario Barrero Fajardo en su anlisis sobre la
heteronimia en la obra de lvaro Mutis, Maqroll y compaa, en el cual emparenta la obra
del colombiano con algunos proyectos de heteronimia realizados por poetas
hispanoamericanos como Eugenio Montejo a travs de la escritura oblicua, podramos
afirmar que con El cuaderno de Blas Coll Montejo introduce la variable de la
simultaneidad de planos, o espejos reproductores de imgenes, en el modelo
heteronmico sobre la bsqueda de lo plural planteado inicialmente por Fernando
Pessoa. El trmino escritura oblicua es propuesto por el venezolano para no
circunscribir su enfoque sobre la heteronimia exclusivamente a la obra del portugus
(Montejo 1996, 183). Montejo plantea, en su ensayo sobre la heteronimia Los emisarios
de la escritura oblicua, la imagen de la escritura en espejo, a partir de la cual explica
los detalles sobre su propuesta de escritura oblicua: La distancia introducida por la
escritura oblicua proporciona insospechables posibilidades a la fantasa del autor, que
descubre ante s un horizonte ms vasto que el suplido por sus propias circunstancias
biogrficas. Se trata, en cierto modo, de una escritura en espejo, pero de un espejo que
no slo invierte los ngulos de las cosas, sino que tambin es capaz de recrear ngulos
nuevos (183). Con este nuevo elemento, Montejo centra su atencin en la importancia
de la multiplicidad propuesta por Pessoa, sin embargo, nutre esta perspectiva en tanto
deja de ser excluyente: el heternimo puede convivir con la voz original o con voces que
cumplen el papel de intermediarias entre las dos (Barrero 39).
Este elemento tambin es explicado con detalle en las reflexiones desarrolladas sobre el
tema de la heteronimia en su primer libro de ensayos La ventana oblicua. El ensayo
Sobre la prosa de Machado nos permite precisar algunos principios establecidos por el
autor sobre la relacin que se da en la heteronimia entre el escritor y los personajes que
se hacen presentes en su obra. Aqu Montejo, aludiendo al caso particular de la prosa de
Antonio Machado, afirma que:
El heteronomista se vale de su alter-ego para frecuentar su identidad desde una zona
donde el yo es y no es el yo; se lanza a la pesquisa de su interioridad de un modo oblicuo,
tangencial, pues aspira a que toda su realidad aparezca recreada en otro espejo, desde
16
Captulo 1
17
Este procedimiento se repite en las obras de los otros heternimos. En todos los casos,
el autor es el editor y el mediador privilegiado de los textos. A partir de El cuaderno de
Blas Coll el poeta se entrega a un trabajo investigativo sobre la vida y obra del personaje
heternimo y de los colgrafos. En este caso, Montejo comenta que se han sorteado
varias dificultades propias del tipo de labor que se lleva a cabo: ilegibilidad del material,
escasez en los testimonios y en el nmero de testigos de la vida del viejo maestro. De
este modo, el poeta venezolano interviene directamente en las obras de sus personajes y
permite, de forma simultnea, la divulgacin de sus obras. Con ello otorga a su proyecto
de escritura heteronmica un rasgo que lo separa de la concepcin de autonoma
propuesta en los heternimos de Fernando Pessoa.
No hay que pasar por alto que en el caso de El cuaderno de Blas Coll la mayor dificultad
reside en la incomprensibilidad del material, asociada a las caractersticas del proyecto
de reforma del lenguaje emprendido por este. A esta se hace alusin en la advertencia
de la voz introductora al final del primero de los textos que conforman el prlogo:
Que el lector excuse una advertencia final, antes de confiarle las pginas de Blas Coll. Las
transcripciones que presento de su cuaderno no aparecen en su forma original, lo que
sera intil por resultar en buena parte incomprensible. Hasta donde he podido, me atengo
a lo que considero ms coherente de sus proposiciones, sin apartarme de la fidelidad
textual ms que cuando el deterioro de los originales me deja en el aire. En todo caso, he
optado preferiblemente por la supresin de un trozo antes que aventurarme en la
invencin deliberada. (2007a, 31-32)
Por otro lado, es importante destacar el carcter de verosimilitud que le imprime a la obra
la tcnica narrativa empleada en la descripcin detallada de las dificultades del proceso
de recoleccin y reelaboracin del cuaderno. Quien firma el prlogo es el resultado de la
ficcionalizacin del poeta, Eugenio Montejo, una de las imgenes en espejo que surgen a
partir del proyecto de heteronimia potica, independiente del autor.
18
Valga la pena aludir aqu a la similitud que presenta este procedimiento narrativo con el
que describe Richard Ford en La vorgine, del novelista colombiano Jos Eustasio
Rivera, en su ensayo El marco narrativo de La vorgine. En este, el crtico describe dos
movimientos: primero, el proceso de ficcionalizacin del autor cuando busca afianzar a su
personaje Arturo Cova en el plano real. Mediante su inclusin como editor del texto, el
autor pone al personaje en el plano de la realidad. Un segundo movimiento, contrario al
anterior, tiene lugar en la obra al situar al autor y al personaje en el mismo plano.
Paradjicamente, el autor termina contaminado de irrealidad. Se trata de dos
movimientos contrarios pero simultneos. De este modo el novelista responde al afn de
dar apariencia de realidad a su ficcin, de estrechar el lazo entre lector y mundo
novelado, instalando al personaje en el plano real. Ambos autores, Rivera y Montejo,
buscan esta apariencia de realidad y de verosimilitud en sus creaciones, no obstante la
distancia que separa sus obras.
En este sentido, Montejo agradece al final de este primer texto introductorio a dos
profesores de procedencia igualmente apcrifa, que nos permiten otra imagen del artificio
del poeta que se ha ficcionalizado: No quiero cerrar este breve prefacio sin dejar
constancia de mi deuda con los profesores Amelia de Rivas y Juan Navarro, cuyas luces
paleogrficas y filolgicas me asistieron durante varios aos (32). Gracias a este
procedimiento, se logra recrear un marco claramente definido espacial y temporalmente,
en el cual surgirn las obras de Blas y los colgrafos.
Los hechos que tienen lugar en este primer libro, comprenden un periodo entre los aos
de 1932, fecha en la que arriba Blas Coll a la baha, y 1954, ao en el que se pierden
definitivamente sus trazos, sin que ello implique una linealidad temporal de los
fragmentos que se recogen en el libro. Segn se dice en el primero de los prlogos,
firmado en Puerto Malo, en octubre de 1979, el personaje de Blas Coll habra sido
conocido en el lugar como tipgrafo rural. La voz que lo presenta pone en duda si Blas
Coll fue su nombre verdadero, dada la existencia de mltiples indicios que conducen a
suponer lo contrario. Sin embargo, deja de lado la posibilidad de tal esclarecimiento,
atenindose a las evidencias de que dispone. Montejo presenta una descripcin fsica
aproximada del personaje, hecha a partir de sus averiguaciones: era menudo, de
mediana estatura y rostro ovalado. Llevaba siempre unas gafas doradas y un sombrero
de fieltro, al parecer su prenda ms definitoria, junto con un lpiz achatado sobre la oreja
derecha. Sola vestir un delantal de dril oscuro, manchado por la tinta de la imprenta
Captulo 1
19
(31). Acerca del probable origen de Coll, esta voz intermediaria, en la que hemos
reconocido al autor ficcionalizado, asegura que, segn la suposicin ms aceptable, el
tipgrafo era originario de las Islas Canarias. Para sostener esto, se apoya en la
evidencia de que, en uno de los fragmentos, Coll identifica su esfuerzo por purificar el
castellano con la reimplantacin de la lengua de la Atlntida. Ntese el guio irnico que
implica evocar la isla mtica para sostener la conjetura sobre su origen: por una parte, la
alusin a la Atlntida no es lo suficientemente contundente como para deducir que Coll
es originario de las Islas Canarias. Por otra, esta deduccin comienza a dar forma al
delirio y la locura del personaje, cuando a partir de sus inquietudes con el lenguaje no
distingue el mito de la realidad.
El segundo texto del prlogo es escrito en Caracas, en abril de 1983, para una de las
reediciones de la obra. En l Montejo manifiesta su intervencin directa sobre los textos,
al intercalar algunos comentarios a modo de glosa o explicacin: Intercalo, vacilante,
mis glosas, reprochndome a veces hacer coro a la mofa que escolt su vida en nuestra
tierra. Que el lector vea en ello [] slo un poco de humor de quien, no pudiendo seguir
los enredijos de su pensamiento, acepta prestarle sus palabras para defenderlo del
olvido (33). Esto ltimo nos permite entrever, desde un comienzo, uno de los aspectos
ms importantes que adquiere la obra de Montejo con el cuaderno de su heternimo y
sobre el cual profundizaremos en este captulo: el humor. Este aparece, de forma
simultnea, con la irona que se hace presente en los comentarios que se intercalan en
los fragmentos que se han rescatado.
De esta forma, nos enteramos de que este curioso tipgrafo, habitante de un pueblo
pequeo, agot sus aos en la tentativa de una reforma de la lengua castellana, segn la
cual buscaba hacerla ms concisa, desplazando las ingentes cantidades de significados
que contiene el idioma a un sistema lingstico bsicamente bislabo, el cual otorgara de
esta manera a cada vocablo la riqueza deslumbrante de un relmpago (Salas 2) 10. Blas
Coll consideraba, en su locura de exiliado, que la facilidad de la lengua para la digresin,
10
20
as como las pesadas estructuras del idioma y su falta de contraccin, eran parte de un
castigo. Por esta razn, en uno de los fragmentos del libro afirma que:
Nuestra lengua, como todas las de origen romnico, ha consolidado su estructura durante
el ascenso del cristianismo; ha sido creada no slo sobre las ruinas de la cultura grecolatina, de la que se aprovecha, sino que su movimiento parece establecerse para impedir
en ella todo cuanto hizo posible el idioma de Ovidio, de Catulo, de Horacio. No es, por
tanto, una lengua de goce, sino de penitencia: le falta concisin porque al hablante, al
pecador, se le castiga con ella; carece de declinaciones porque desdea el politesmo
[] (35)
Ms adelante leemos:
La ley de nuestra lengua es la de la pesadez. No conozco ningn escritor, de hoy o de
ayer, que no haya denunciado sus dificultades intencionales, ya de modo explcito o
inferido mediante el uso que hace de ella. La proporcin de redundancia con frecuencia
excede en su campo al mnimo naturalmente tolerable, capaz de transmitir sin fatiga una
idea cualquiera. Los primitivos labriegos de Castilla no llegaron a soar, en su remoto
origen, que sus voces, a la vuelta de los siglos y para bien de su memoria, vendran a
purificarse en Puerto Malo, ya superado por fin su largo perodo punitivo. (52)
Ya en el prlogo, Eugenio Montejo, al dar a conocer algunos datos de la vida del viejo
tipgrafo, nos advierte sobre cmo concluy hablando desde lejos, sirvindose de
gesticulaciones extraas (30). Con esto, se comprende mejor la dificultad de la tarea del
prologuista del libro al descifrar los textos del tipgrafo, dado que, en la mayora de los
Captulo 1
21
casos esos fragmentos fueron escritos en alfabetos inventados por Coll, u obedecan a
su propsito de simplificar la lengua, hasta el punto de hacerla ininteligible para los
dems.
De esta forma, apreciamos la labor que agota los das de Blas Coll, una ilusoria tentativa
de un arte potica, tal como sugiere Montejo en el texto. La deliberada pesadez del
idioma castellano, que es criticada por Blas Coll, se sintetiza en el siguiente pasaje del
cuaderno: estoy hablando ante el mar, tan vasto y dilatado, y reparo en que lo nombro
con una sola slaba. Pasa, perdida, una mariposa, tan efmera que a poco de pasar no se
sabe si vive, y necesito en cambio cuatro slabas para mentar su brevedad (37).
Blas Coll busca, por tanto, la purificacin del idioma. No es de extraar que, frente al
rechazo y a la incomprensin que los dems habitantes del puerto demostraron por su
empresa de reforma del lenguaje, Blas Coll se identificara con la figura del alquimista, ya
que de algn modo su labor se asemeja a una especie de alquimia, con lo cual se
aproxima a algunas ideas de la poesa simbolista, como veremos ms adelante:
Todos mis afanes estn jurados a esta empresa. El da llegar en que se reconozca mi
esfuerzo por hacer posible la fundacin del parlar sutil, no importa que ello sea al precio
de mi propia vida. Nada puede detenerme. Como los viejos alquimistas, perseguidos y
solitarios, me he habituado a repetir: lentamente y con gran industria, separando lo sutil de
lo espeso. (79)
Dado que l se siente identificado con la misin de purificar la lengua, su empresa tiene,
adems, un rasgo importante de mesianismo. Como un nuevo redentor, el tipgrafo
busca librar la lengua de la culpa cristiana por medio de su amalgama con el paisaje (Lee
14).
La bsqueda del tipgrafo de Puerto Malo, aunque signada por la desmesura, el absurdo
y la locura, se acerca en algunos momentos a las intuiciones poticas que alimentan la
poesa de Eugenio Montejo, es decir, a la obra ortnima. El empeo por ajustar la lengua
a la naturaleza, al silencio, que subyace en el fondo de la tentativa extravagante por
economizar los elementos expresivos del idioma, surge con plenitud el da que el viejo
lingista invent una vocal:
Hay indicios de que era un sonido oscuro, como el de una u nasalizada y algo ms
aguda. Pura chifladura, comenta el prroco de este puerto. Y sin embargo, en un
pequeo apunte puede leerse: muchos soles soport oyendo el viento entre las piedras,
el chasquido del agua en los acantilados. Fijaba, antes de irme, un cartel a la puerta de
22
mi tipografa: Volver tarde. Sal a buscar una vocal. De noche, entre las lluvias
torrenciales, prestaba toda atencin posible a los diferentes timbres de las gotas en las
hojas, y as por aos, sin avanzar un palmo en mi propsito. Fue en el crujido de una
palma desolada donde por primera vez la advert. Me hizo el efecto de la cuerda de un
violn sumergido que se rompe. La anot al instante con gran contento de mi hallazgo y la
repet durante varios aos hasta hacerla ma del todo [] (2007a, 49 50)
Adems de lo cmico, la ancdota nos permite ver que el ajuste que propone Blas Coll
no estara circunscrito exclusivamente a los nuevos sonidos, que constituyen parte
importante de su bsqueda, busca tambin el acercamiento de la lengua a la naturaleza
en el que coinciden Montejo y Coll.
Otro problema es la consideracin de que al modificar la lengua se transforma la relacin
entre lenguaje y realidad, lo cual tiene que ver con un cambio en la perspectiva del
usuario del lenguaje, si se tiene en cuenta que su mundo va modificndose
simultneamente, siguiendo el ritmo de la lengua. Blas Coll es consciente, en este
sentido, de la relacin existente entre el lenguaje y la realidad, segn la cual todo cambio
operado en el lenguaje conllevara inevitablemente a consecuencias en el modo de
percibir aquella. Lo cual impulsara an ms los anhelos de reforma que Blas Coll tiene
en mente para con el lenguaje. Un claro ejemplo de esta conciencia se presenta en el
siguiente fragmento de su cuaderno:
La estructura lineal presente-pasado-futuro a que cada discurso se halla forzosamente
constreido, es una pervivencia de la mente arcaica que traba el verdadero conocimiento
de la realidad. De all se origina el falso espejismo de la fragmentacin espacio-temporal
que gobierna, como las leyes de la perspectiva en la pintura, la forma de todo discurso. Es
hora de mentar lo pasado en lo futuro, tal como la vida a diario nos lo impone [] (42)
Al comparar las ideas de Blas Coll con las del poeta que lo crea, vemos que estos
ajustes corresponden a algunas de las inquietudes planteadas en la poesa de Eugenio
Montejo, particularmente en algunos de los poemas que reflexionan sobre el oficio de la
escritura, en los cuales se advierte la lucha del poeta con el lenguaje, en su intento por
descifrar el mundo entero en el poema. Por ejemplo, en Escritura podemos evidenciar
esta tentativa que pone de manifiesto las limitaciones de las palabras:
ESCRITURA
Alguna vez escribir con piedras,
midiendo cada una de mis frases
por su peso, volumen, movimiento.
Estoy cansado de palabras.
Captulo 1
23
Como puede verse en los primeros versos, el poema inicia con la manifestacin del
anhelo del poeta por escribir con un elemento ajeno al lenguaje convencional: las
piedras. Las imgenes que se presentan surgen a partir de la analoga que se establece
entre un alfabeto de letras y uno, ms natural, hecho de piedras. As, el poeta imagina,
como parte de su experiencia con este nuevo lenguaje, medir cada frase por su peso, su
volumen y su movimiento. El ltimo verso de la primera estrofa termina, sin embargo, con
una afirmacin que no deja de suscitar curiosidad y preocupacin sobre el lenguaje
escrito al provenir de un poeta: Estoy cansado de palabras.
La segunda estrofa comienza con una declaracin en la que se insiste en el anhelo inicial
de escribir con piedras: No ms lpiz: andamios, teodolitos,. Esta vez el poeta niega
la escritura tradicional a partir de un elemento comn como el lpiz, con el que se
equiparan mediante los dos puntos los andamios y los teodolitos, instrumentos que son
utilizados para la construccin y que le permiten al hombre tallar la piedra. El nuevo
lenguaje que busca el poeta se opone a esa escritura anterior, realizada con los
instrumentos artificiales que ha inventado el hombre, y se encuentra ms prximo al
mundo para Montejo. Por ello encontramos la imagen que sugieren los versos siguientes,
situada en el mbito propio de la naturaleza. Esta imagen manifiesta cmo se dara ese
nuevo lenguaje despojado de palabras: la emocin, el sentimiento que tata en las rocas
una msica secreta. Se trata de un lenguaje que, al igual que la poesa, estara edificado
sobre una msica secreta, en la cual se concentra aquello que anhela el poeta, eso que
ya no encuentra en las palabras, porque estas se han revelado en su condicin limitada y
24
no son suficientes para traducir la msica secreta del mundo. Hay que sealar tambin
el contraste, presente en estos versos, entre el carcter abstracto de las palabras, que
constituyen slo signos, y el carcter concreto de las piedras, en las que se manifiesta el
mundo tangible.
Las estrofas siguientes muestran algunas imgenes de la escritura que el poeta anhela a
travs de este nuevo lenguaje. El yo potico traspone aquello propio de la labor del
poeta, como el nombrar, evocar la historia de su casa y la memoria del ro que va
pasando siempre como el tiempo, al nuevo lenguaje, en el cual ya no escribir con
palabras, sino que dibujar con guijarros, pequeas piedras que han sido erosionadas
por el mar, depositarias del rumor secreto que habita en el mundo y en la naturaleza.
Estas singulares piedras recuerdan los versos de la segunda estrofa en los que el poeta
evocaba la msica tatuada en las rocas por la desnudez solar del sentimiento, aunque
ahora es el mar el que deja su huella en los guijarros, y de esta forma puede advertirse
cmo es la naturaleza misma la que escribe y deja su msica para que permanezca en
las rocas.
Finalmente, la ltima estrofa del poema se convierte en una manifestacin concreta de la
aspiracin del poeta que busca escribir su canto con piedra viva. En seguida se
enumeran algunos elementos en los que tendr lugar esa escritura, todos constituidos
por rocas. Algunos de ellos pueden formarse naturalmente como estructuras inmensas y
monumentales: arcos, puentes, dlmenes, columnas. Estas construcciones de piedra
podran considerarse en relacin con las posibilidades expresivas de esa piedra viva,
asociadas a las majestuosas formaciones que de forma lenta y silenciosa produce la
naturaleza. El poeta evoca al final la imagen de su canto hecho de piedra como un
mapa, ese mapa sentimental que se despliega en el horizonte ante viajeros
desconocidos que nunca regresarn, haciendo alusin al nico viaje, sin regreso e
inevitable, que permanece en la conciencia del poeta: la muerte.
Montejo piensa, al igual que Blas Coll, que el lenguaje debe ser purificado. En este
sentido la propuesta de Coll se relaciona con algunas ideas de la poesa simbolista, a las
que tambin se aproxima Montejo. Resulta interesante comparar sus propuestas con la
idea de purificacin del lenguaje que tena Mallarm, a quien el heternimo siente
cercano y con quien, incluso, se compara:
Captulo 1
25
Extraa aventura la ma, venido de tan lejos a recalar en esta comarca, tras la huella del
ms insigne de los tipgrafos del nuevo mundo, el sabio Simn Rodrguez. Cada da me
persuado ms de que slo este errante iluminado habra sido capaz de imprimir el libro
soado despus por Stphane Mallarm [] Rodrguez, Mallarm y yo Dios me perdone
por igualarme tres locos, tres letras, tres puntos Y entre los tres, la clave de una sola
palabra que nadie descifrar jams. (2007a, 73)
El
11
Acerca del movimiento romntico, Octavio Paz seala la importancia dada a la experiencia
potica como una experiencia vital en el hombre, que parte de la antigua creencia en el poder de
las palabras: la poesa pensada y vivida como una operacin mgica destinada a transmutar la
realidad. Esta concepcin implicara una esttica activa en la que el arte deja de ser
exclusivamente representacin y contemplacin: tambin es intervencin sobre la realidad. Si el
arte es un espejo del mundo, ese espejo es mgico: lo cambia (1998, 94).
26
es una labor con fines concretos en su sociedad y no espera, como el poeta francs, que
sus palabras hagan parte de un devenir csmico.
Montejo asimila la tarea de purificacin del lenguaje con la de devolver a las palabras su
capacidad de animar el mundo que rodea al hombre; el poeta debe hacer que las cosas
cobren vida. Esto lo menciona repetidamente en varias entrevistas. Por ejemplo, en un
encuentro con el poeta y crtico brasileo Floriano Martins, el autor venezolano afirmaba
que
a la misin atribuida al poeta por Mallarm de purificar las palabras de la tribu, misin
honrosa y noble por s misma, hemos de aadir otra, menos divulgada pero muy nuestra
puesto que proviene de los precolombinos. Ellos definan al poeta como aquel que, al
hablar, hace que las cosas se pongan en pie. Esto ltimo no es posible sin la fuerza mtica
de la palabra. (2007b, 426)
Por esto, podemos afirmar que la propuesta de Eugenio Montejo es tambin religiosa.
Aqu se manifiesta nuevamente el influjo del pensamiento romntico, en la creencia en
que la poesa responde a las tentativas por encontrar un fundamento anterior, que en
este caso se encuentra en la evocacin del pensamiento precolombino en las sociedades
primitivas de Amrica. Este es el impulso mtico que sostiene e instaura el carcter
religioso de la potica montejiana. Adems, el poeta insiste en definir la poesa aludiendo
a una presencia sagrada: La poesa es la ltima religin que nos queda o, como afirma
en otro de sus ensayos, la poesa es un melodioso ajedrez que jugamos con Dios en
solitario. En su obra se piensa el existir humano desde un punto de vista mtico, en el
que las palabras forman parte integral del mundo. Esta es otra de las razones por las que
en el poema Escritura el poeta se decide a abandonar la escritura convencional: sin
esta, la palabra retornara a su lugar esencial, ya que el mito proviene de la oralidad y en
l se manifiesta la autoridad de lo originario que permite recuperar la comunin entre el
poeta y la naturaleza. Para Montejo, el lenguaje no necesitara separarse de la vida
diaria, ni del uso comn, como habra de esperarse de la tentativa de Mallarm. Por el
contrario, debe acercarse ms al mundo y a la naturaleza para nombrarlo en su esencia.
Sin embargo, la tentativa del poema Escritura permite reconocer, a travs de su
formulacin como deseo, la imposibilidad que encierra para el poeta el anhelo utpico por
transcribir en palabras las cosas del mundo. Estas limitaciones van estrechamente de la
mano con las que Blas Coll advierte en nuestro idioma, al sealar la pesadez de sus
estructuras y su falta de concisin. Al igual que en Escritura, son varios los poemas en
los que Montejo se refiere a la limitacin de las palabras. Paradjicamente, esta misma
Captulo 1
27
El poema inicia con la declaracin de lo intil que encierra ese anhelo del poeta por
deletrear el alfabeto del mundo, por traducir el mundo al lenguaje, siempre inexacto, de
las palabras. Se describen una serie de imgenes del mundo que el poeta lee pero que
en su transcripcin al poema nunca dejarn de ser slo intentos vanos y equvocos. As
aparecen en el poema las piedras, en las que se observa un oscuro sollozo; surgen los
ecos que se pierden entre las torres y los edificios; se intenta saber de la tierra por medio
del tacto y se la encuentra llena de ros, paisajes y colores que, no obstante, no se dejan
copiar. Al traducir estos elementos de la tierra y del mundo a las palabras, el poeta
siempre se equvoca.
28
Enseguida, la voz del poema describe la necesidad, irrealizable para el poeta, de escribir
ceido a una raya, a las palabras, sobre el libro del horizonte. Es decir, sobre un libro que
le exige un lenguaje nuevo, como el que se evocaba en el poema Escritura. Esta
situacin se ve alimentada por otras imgenes que hacen parte del deseo del poeta:
dibujar el milagro de los das con los cantos de los pjaros. Al tiempo que esto se
manifiesta, en la calle los hombres deambulan, reflexionan y parecen absorbidos en un
vaivn entre el rencor y su fatiga. El poeta entonces comprende mejor la inocencia de
estos hombres. Asimismo, en los siguientes versos manifiesta que algunos personajes
caracterizados por la astucia, la malicia y el engao, como el aficionado al juego (tahr),
el pcaro o la adltera y los mrtires del oro o del amor, son tambin signos que no ha
ledo bien, y que no puede descifrar y anotar en su cuaderno.
La aspiracin del poeta consiste en capturar el mundo, por lo menos un instante, en cada
letra del poema. Al final, ante la imposibilidad de llevar a cabo su deseo, termina
invocando para la poesa una especie de momento epifnico, de transparencia en el
lenguaje, que es equiparado con la imagen de la escritura del mar en las arenas, la cual
estara ms cercana a la experiencia de la vida. Esto corresponde al ajuste entre
lenguaje y naturaleza que notbamos anteriormente en el cuaderno de Blas Coll.
Recordemos que en el descubrimiento de su vocal, Blas Coll se vuelve un atento
interlocutor de la naturaleza, preocupado por descifrar en ella el alfabeto del mundo, en el
cual cree descubrir, slo con xito aparente, un nuevo sonido.
Vale la pena mencionar, con respecto a lo complejo del anhelo del poeta por descifrar y
transcribir en el cuaderno o poema el mundo entero, que, como lo comenta el crtico
Amrico Ferrari en un ensayo sobre la poesa de Montejo, no hay manera de no
equivocarse en la versin. La poesa no es exacta [] porque la realidad no es sino
imperfectamente legible, y [] porque su alfabeto interminable y necesario es irreductible
a los 30 signos convencionales del nuestro (37). Es as comprensible que este mundo
se adapte slo equivocadamente a las estructuras tan pesadas de nuestro idioma,
como anotaba Blas Coll. Ello tambin justifica el deseo de abandonar la escritura con
palabras y el agotamiento que manifiesta el poeta ante la ardua labor que le espera
siempre en el poema.
Captulo 1
29
Con relacin a las inquietudes del lenguaje manifestadas en los poemas de Montejo,
considero pertinente citar un texto de Blas Coll, que, segn asegura el prlogo, fue
reproducido en una publicacin de Puerto Malo denominada, curiosamente, La Piedra:
Escribimos ciertamente con palabras y pensamos con ellas. Cada lengua tiene las suyas,
y de tal modo se confunden con lo pensado y lo vivido de cada cual, que terminan por ser
sentidas como parte del propio cuerpo del hablante. La poesa se hace con palabras []
Slo al final, o acaso antes, para quienes tienen la suerte de acercarse a esta especie de
revelacin, se descubre que las palabras de que se vale son simples mediadoras, leves
puentes para llegar a las verdaderas palabras que se encuentran en el fondo de cada uno.
Y stas s que carecen de letras, pues no se las dibuja mediante vocales ni consonantes,
amn de que resultan idnticas a todos los hombres, por ms que difieran sus respectivas
lenguas maternas. Tales voces son las determinantes absolutas de cuanto el hombre
suea, canta o escribe [] son propiamente formas del Verbo cuya presencia nos
antecede en la tierra. Con tales palabras se ha de escribir el poema [] Digamos que son
formas geomtricas predeterminadas y especficas, pero de cierta geometra acstica; se
corresponden con diversos sonidos que en su conjunto representan el mapa sonoro ms
ligado al ser humano. (2007a, 100)
Este apunte resulta interesante si tenemos en cuenta que el tono que en l prevalece es
notablemente distinto, ms sobrio, con respecto al que encontramos a lo largo de los
fragmentos del cuaderno. Sin embargo, no deja de ser extrao su final, cuando hace la
comparacin con las formas de una geometra acstica, en la cual podra advertirse la
imagen enigmtica de la msica secreta que evocaba el poema Escritura 12.
La reflexin que tiene lugar en el texto, llama la atencin por la sugerencia de un lenguaje
que antecede al hombre, un lenguaje originario, tal como se plantea tambin en las
inquietudes que surgen en los poemas de Montejo. As se manifiestan tambin los
vnculos romnticos de las ideas que acercan a Montejo y Blas Coll. En este sentido vale
la pena tener en cuenta algunas de las afirmaciones de Octavio Paz en Los hijos del
limo, cuando seala que el pensamiento romntico se despliega en dos direcciones que
acaban por fundirse: la bsqueda de ese principio anterior que hace de la poesa el
12
30
fundamento del lenguaje y, por tanto, de la sociedad; y la unin de ese principio con la
vida histrica (Paz 91). Hemos comprobado la manifestacin de ambas direcciones en
las ideas que Montejo comparte con su heternimo, especficamente en la evocacin de
un lenguaje originario y en la consciencia del poder transformador del lenguaje sobre la
realidad y la vida.
Ms adelante, el heternimo afirma en otro fragmento:
No creo que sea el hombre quien inventa su habla como se admite comnmente, sino las
cosas y fenmenos naturales los que a travs de ste se expresan. El lenguaje es el
paisaje, y no a la inversa [] de haber sido grabada la lengua de los indios que habitaron
Puerto Malo, dispondra ahora de mayor exactitud al recomendar los nuevos vocablos,
puesto que una lengua es ante todo su lugar. (2007a, 52-53).
Captulo 1
31
nico camino que le permitir, con el tiempo, mediante un ejercicio disciplinado con el
odo y las palabras, desplazar un poco ms las barreras del lenguaje con el que cuenta
(38).
Hay otras muestras del intento de Blas Coll por fundir el lenguaje y la realidad que lo
rodea. Incluso, llega a buscar un nuevo alfabeto a partir de las huellas que deja una
gaviota en la arena: la huella de una gaviota en la arena basta, si se sabe combinar
convenientemente, para representar con exactitud todos los matices del pensamiento
humano (2007a, 39). Despus de experimentar largo tiempo con las huellas de las
gaviotas para crear un nuevo lenguaje, el viejo tipgrafo decidi inventar su nuevo
alfabeto a partir de las formas lunares, tal como comenta Montejo en el prlogo. Estos
hechos, en los que empieza a cobrar importancia la extravagancia del heternimo, son el
resultado de poner en prctica cuestiones como la cercana del lenguaje con el mundo.
El lector de poesa comprender estos intentos porque son fruto de la inocencia y la
inmediatez que caracterizan a Blas Coll, al pensar que estas cuestiones pueden
resolverse a travs del trabajo en los aspectos fsicos o materiales de la palabra, como
su representacin escrita o su sonido (Lee 15).
No obstante, el heternimo tambin vacila en ocasiones, al igual que Montejo, ante el
lenguaje. Esto puede advertirse cuando Blas Coll escribe:
La contemplacin es el abandono de las imgenes lingsticas por las ms inmediatas de
las cosas en s mismas. El ro que contemplamos no cabe en sus tres letras, la mente
cesa de percibirlo como nombre o mscara y se funde en su fluencia maravillosamente.
En la contemplacin no hay abreviacin. Y el tiempo que sentimos que se detiene es el
otro, el verbal y cotidiano, tan viejo en nosotros y tan extrao. El verdadero tiempo bajo
otras leyes, sigue su curso y nos llena los sentidos. (2007a, 52)
32
Captulo 1
33
vuelve un idioma personal, una lengua que no sirve para comunicarse con otros
individuos. El aspecto convencional del lenguaje es desechado por Coll, de manera que
termina aislado en un lenguaje nico, cercano quiz al silencio de Rimbaud al que
Montejo alude en su ensayo.
No obstante las zonas de contacto entre las inquietudes sobre el lenguaje de Blas Coll y
Montejo, su proyecto de reforma lleva al extremo algunas reflexiones estticas
planteadas por el poeta venezolano en sus poemas, y no resulta extrao entonces su
distanciamiento. Algunos de los planteamientos en su obra lindan con lo absurdo y sus
reflexiones sobre el lenguaje, por momentos, parecen gobernadas por impulsos
estticos prerracionales (Gomes 20). En algunos apartes del cuaderno podemos leer
cmo Blas Coll planteaba inicialmente eludir los recovecos tramposos de la lgica
(2007a, 37). Ms adelante, Montejo, editor de las notas, agrega, despus de intentar
descifrar sin xito el alfabeto que Coll lleg a codificar, el siguiente comentario:
Del estudio de las huellas de gaviotas debi de pasar, segn toda sospecha, a la
representacin de una escritura de simbolismo lunar, que se valoriza y complica ya
remonte o descienda la lnea del papel, que es el horizonte. Es ste el periodo que
corresponde a su incomunicacin total, o sea, como dicen algunos, cuando ya la luna le
haba consumido los sesos. (39)
34
totalidad de la obra potica 13. Esto le posibilita a Montejo manifestar sus propsitos
ntimos como autor desde distintos puntos de vista. La puesta en marcha de la
heteronimia propone un tratamiento distinto y particular de la creacin, y contribuye a
proyectar una visin universal ms amplia, detallada y compleja del yo potico.
Con su obra heternima, el poeta refleja, como si se tratara de un espejo, algunos
aspectos de su poesa que adquieren un nuevo sentido y la modifican. En este juego,
tambin es posible encontrar elementos nuevos en la pluralidad de reflejos que se
desprenden de la obra heternima. De este modo, hemos evidenciado en los textos
comentados aqu algunas similitudes entre los planteamientos estticos sostenidos por
Montejo y por su heternimo Blas Coll. A estas hay que agregar el aspecto indito que la
obra heternima aade a la obra potica de su creador, entendida como una totalidad,
con el humor. Este rasgo surge por medio de la irona en algunos de los apuntes del viejo
tipgrafo, concretamente, cuando manifiesta la materializacin de sus teoras y cuando el
poeta comenta, mediante la voz intermediaria, las preocupaciones estticas de Coll.
Acerca de esto, Miguel Gomes ha sealado en su ensayo Montejo, la otredad y el
tiempo literario lo que denomina como la boutade (o broma provocadora) que en
numerosos momentos [] pierde la contencin y emerge directamente del inconsciente,
convertida en risa y ofrenda a lo absurdo: Slo un hombre cabalmente maduro puede
aadir una vocal a su idioma; Una persona zurda tiende espontneamente a decir yo
all donde los derechos dicen t; Los deberes con cncavos, los derechos convexos
(21). Este es un rasgo ausente en la obra ortnima, pero figura a en casi todos los
apuntes del cuaderno, especficamente en planteamientos como los siguientes: Toda
frase debe reproducir en su construccin, tanto como sea posible, la forma de gravitacin
de los astros que conocemos. El sujeto debe rotar como el sol (51); La estructura de la
oracin debera variar con el transcurso del da, para sealarnos del modo ms preciso el
registro del tiempo. No conviene hablar por la maana del mismo modo que lo hacemos
por la noche (58). En estos fragmentos, puede verse la extravagancia de las teoras
13
Captulo 1
35
propuestas por Blas Coll, cuando este pasa, de las inquietudes sobre el lenguaje, que
hemos sealado a lo largo del captulo, a la manifestacin del delirio y del absurdo que
describe la trayectoria de su locura, comprobable por los enunciados citados, en los que
predomina el sinsentido y el disparate cuando rehye a toda explicacin lgica.
Es pertinente, tambin, recordar El Aalejo de Coll y sus discpulos, el cual es
presentado al final de El cuaderno como un librillo en el que, primero el maestro y luego
los colgrafos anotaron algunas frases ms o menos ingeniosas, segn comenta el
poeta en la introduccin. En este nuevo cuaderno tambin surge un humor irreverente,
todopoderoso, ajeno a la mesurada y usualmente serena lrica de Montejo, el cual se
asocia, segn Gomes, con la escritura colectiva practicada por algunos crculos
vanguardistas (21). En El aalejo podemos encontrarnos con frases como estas: De
tanta msica, al poeta le crecan las orejas; El buen canbal se devora a s mismo;
Perteneca a esa clase de seres que no se atreven a estornudar sin partitura; El
verdadero poeta es un loco que ambiciona meter el universo entero en una sola slaba.
El tono irnico que reiteran estas anotaciones puede apreciarse en frases como la ltima,
la cual parecera aludir al proyecto llevado a cabo por el mismo Blas Coll, en su tentativa
por traducir el mundo en un lenguaje liberado de la pesadez del castellano. O puede
verse tambin en la alusin jocosa a la importancia concedida por el poeta a la msica,
rasgo que alude a la herencia simbolista que es retomada por Coll y algunos de sus
discpulos.
Con lo anterior, tambin puede apreciarse cmo la escritura heteronmica viene no slo a
dialogar con algunas propuestas estticas de Montejo en su poesa, discrepando en
ocasiones de sus ideas, sino que contribuye adems a complementar la perspectiva del
poeta, y la enriquece con respecto a la voz que este emplea habitualmente. En este
sentido funciona la propuesta de escritura oblicua que desarrolla Montejo, la cual, tal
como lo seala el profesor Mario Barrero, agrega al juego, que se pone en marcha con la
heteronimia, la variable de la simultaneidad de planos o espejos, que, sin dejar de lado el
presupuesto pessoano de lo plural y lo mltiple, enriquece el procedimiento con la
posibilidad de que el heternimo coexista con la voz del creador, o con otras voces
intermediarias, como la que cumple el papel de editor y prologuista en la obra de Blas
Coll (2012, 39).
36
38
De esta forma, en Guitarra del horizonte el poeta venezolano alude al personaje que, en
la historia recreada en el prefacio, se presenta como el menos conocido, pero tambin el
ms singular del grupo, [] Sergio Sandoval. Por ltimo aade: sabamos que haba
sido uno de quienes frecuentaron, como aprendices o contertulios, el taller tipogrfico de
Blas Coll, es decir, uno de los ltimos colgrafos, como ellos mismo se llamaban, aunque
no el ms ortodoxo pese a la devocin que manifestaba por el desaparecido lingista de
Puerto Malo (9).
Esta ltima afirmacin tiene que ver con las inclinaciones estticas del personaje, que lo
apartaban radicalmente de sus compaeros en el oficio de la poesa. Se afirma en el
prefacio que desde sus primeros pasos, mientras los dems nos reconocamos atrados
por las lneas renovadoras de la lrica moderna, l asuma con inmodificable denuedo el
culto de la forma ms popular y sencilla, la copla annima, que veneraba con entusiasmo
casi mstico (9). De forma consecuente con el propsito de Sergio Sandoval, Montejo
advierte que lo nico que queda de l es un cuaderno de coplas, en el cual anot al pie
de cada una, una suerte de glosa ntima, un comentario o nota explicativa, con la cual
buscaba complementar su labor. Montejo se afirma una vez ms como editor y nos
asegura que de ese cuaderno ha seleccionado una muestra que se presenta en el libro,
acompaada del prefacio en el cual incluye informacin sobre el heternimo y su
tentativa artstica.
Originario de Temerla, aldea del Estado de Yaracuy, Venezuela, Sergio Sandoval (19361969) comparte con Eugenio Montejo, en un gesto que podramos considerar
autobiogrfico, el hecho de haber iniciado estudios de Derecho. No obstante, como
afirma el poeta, esta fue la opcin de varios de sus compaeros. Sin embargo, a
diferencia de Montejo, Sergio Sandoval abandona sus estudios como consecuencia de
la accin poltica de los bandos que se hostigaban a diario [lo cual termin por] alejarlo
para siempre del ambiente universitario (10). Montejo no abandona los estudios, pero s
cualquier intencin por ejercer profesionalmente como abogado cuando resuelve
dedicarse por completo a la actividad literaria.
Al igual que Montejo, el heternimo decide quedarse al margen de las acciones polticas
y belicosas que tienen lugar en el pas, sobre lo cual nos comenta en la presentacin: l
eligi la prctica solitaria de la no violencia, que por supuesto lo opona a casi todos a la
vez (10). De esta forma surge en el prefacio, no sin irona, la fisonoma de un poeta
Captulo 2
39
40
del siglo XV y comienzos del XVI 14. Sin embargo, este es slo un aspecto en la obra de
Sandoval. En el prefacio Montejo tambin presenta la filiacin oriental del heternimo,
que se explica a partir de la particular exploracin espiritual y estilstica de un mstico que
encuentra en la composicin de coplas la ms autntica expresin del idioma. Para
Sandoval resulta incuestionable la idea de que la copla, como forma simple y fuerte, en
nada es inferior al haik, puesto que su molde estrfico abierto la torna capaz de
expresar los infinitos matices del sentimiento humano sin que nada le resulte inefable
(13).
No obstante, al igual que en sus otros heternimos, la lucidez irnica de Eugenio Montejo
tambin est presente en este prefacio. El proyecto esttico de Sandoval posee algo del
carcter disparatado de su maestro, por lo menos en el sentido de la relativa disonancia
que genera su tentativa de combinar la forma popular de la copla con el espritu oriental
del haik:
[] Sirvindose de las nociones de vaco y plenitud que los orientales han reivindicado
desde tiempos inmemoriales, llega a afirmar que la copla consta de 64 slabas, 32 de las
cuales son expresas y encarnan el volumen perceptible de los sonidos, en tanto que las
restantes 32 conforman el vaco, es decir, el silencio de la estrofa. La totalidad de sonidos
expresos y tcitos se corresponde con los 64 hexagramas que cifran el orden csmico
segn el I Ching [] Insiste reiteradas veces en que sta sera la preferida de los
creadores budistas si a ellos se les hubiese dado servirse de nuestra lengua. (13)
14
Con relacin a la tradicin del romancero se puede consultar el libro de Menndez y Pelayo,
Antologa de poetas lricos castellanos desde la formacin del idioma hasta nuestros das, Buenos
Aires: Editorial ideas, 1943 (Dos volmenes); as como los libros posteriores de Ramn Menndez
Pidal: Flor nueva de romances viejos, Madrid: Austral, 1969, y de Dmaso Alonso: Cancionero y
romancero espaol, Navarra: Biblioteca Bsica Salvat, 1970.
Captulo 2
41
Montejo elabore un texto dedicado al I Ching, firmado en 1970 y titulado: I Ching, el libro
de las mutaciones. En este, el poeta destaca un compendio de honda sabidura [que]
funda la explicacin del mundo en un sistema de transformaciones sucesivas y rene,
con el aporte de mltiples exgesis, una coleccin de sentencias que despejan al hombre
una senda de armona con el universo (103).
Tambin hay que sealar la alusin al silencio que se hace en el fragmento que citamos
del prefacio, pues en esa reflexin se manifiesta uno de los asuntos fundamentales de la
poesa moderna. Eugenio Montejo afirma en una entrevista que se llama poeta a aquel
que tiene la virtud de llevar al silencio esas palabras de todos los das (Padrn 256).
Las inquietudes estticas de Montejo giran en torno a la tensin entre el lenguaje y el
silencio que hemos podido comprobar en el captulo anterior, y que hace parte de la
bsqueda de un lenguaje otro, que le permita nombrar el mundo sin traicionarlo. Para
repasar brevemente estas inquietudes podemos aludir a uno de los textos recogidos en
La ventana oblicua, el primer libro de ensayos de Montejo, titulado Rimbaud rey, en el
que se habla acerca de la posibilidad de entender el silencio de Arthur Rimbaud como
una forma de comunicacin en la que se prescinde del verbo. Para Montejo, la obra final
de Rimbaud fue el silencio mismo [] encarnado en expresin ardiente. Y ese silencio
no implica una traicin ni una imposibilidad: es el curso natural de su potica, la meloda
incesante que slo se acalla del todo cuando Rimbaud es enterrado (116).
Por otro lado, la eleccin esttica de una forma literaria popular y sencilla como la copla,
por parte del heternimo, se explica reiteradamente en el prefacio del libro. En primer
lugar, se entiende como resultado de su rechazo a las formas modernas: Sandoval slo
encontraba en las tendencias de la lrica contempornea la manifestacin de un arte
dbil, cuya momentnea atraccin hallaba arraigo en una sociedad espiritualmente
enferma (12). Tambin se debe a la identificacin con la escritura del Romancero: el
caso es que al orientarse por la tradicin se propuso retomar el molde de la cuarteta
octosilbica, tratando de verter en ella la inimitable gracia que el pueblo sabiamente
venera (13). Por ltimo, Montejo ha sealado la posibilidad de equivalencia que su
heternimo concibe entre algunos rasgos de la poesa japonesa presentes en el haik y
en el pensamiento oriental, y la copla:
Mencionar de paso, [] porque tambin se atiene en esta idea a principios sapienciales
del taosmo, su tesis segn la cual la construccin de la copla debe ser hecha a partir de
un proceso instantneo, de sbita coagulacin del espritu, tal como inveteradamente lo
42
practican en sus obras los avezados artistas de Oriente. De acuerdo con esto, la copla
verdaderamente lograda aspira a reproducir un crculo mgico [] donde se representan
armonizados el yin y el yang. En tal smbolo, como es sabido, ambos elementos nacen de
un crculo que representa el vaco originario y desaparecen en otro que tambin
desemboca en el vaco. Esto quiz lo indujo a considerar la escritura circular de la copla
como la preferible para su lectura, si bien el sentido alfabtico de nuestra lengua, as
como su personal reserva ante las innovaciones, lo hicieron desistir de tal sistema. (14)
La sencillez de los recursos poticos utilizados por Sergio Sandoval en Guitarra del
horizonte podra evidenciar, segn se comenta en el prefacio, su distanciamiento con
respecto a los artificios literarios contemporneos vinculados a la experimentacin y a la
vanguardia; una suerte de lejana irnica 15. Sin embargo, este libro permite entrever un
aspecto que contradice esa aparente apuesta esttica, debido a que deja filtrar en sus
textos un conocimiento poco acorde con la copla, que se suma, en este sentido, a la
alusin al silencio de la poesa que hemos comentado.
De esta forma, destaca en el prefacio el uso de las notas que acompaan cada una de
las 54 coplas que lo conforman. Se trata de textos que, segn Montejo, comentan y
prolongan el mpetu de la copla, y que reflejan muchas veces la angustia de un poeta
sentimental [] cuando se siente llamado por su vocacin a defender un arte ingenuo
(16). Aqu el prologuista hace alusin al ensayo del poeta y ensayista del romanticismo
alemn Friedrich Schiller, titulado Sobre poesa ingenua y poesa sentimental. En el cual
Schiller desarrolla una distincin entre los poetas ingenuos o antiguos, que podan crear
espontneamente, situados en el mbito de la naturaleza; y los poetas sentimentales o
modernos, en quienes se manifiesta la prdida de la unidad con la naturaleza, que son
conscientes de su arte y por lo tanto se ven enfrentados al problema de la representacin
de lo que se encuentra ausente. Son los poetas que buscan una naturaleza perdida
(Schiller, 90).
Por ltimo, tambin resulta curiosa la disposicin tipogrfica del libro (arriba, la copla en
cursivas, y abajo, el comentario explicativo), que pareciera imitar la del I Ching (Mndez,
15
Vase el texto de la ponencia Las mil voces de los rboles. Aproximacin a la poesa de
Eugenio Montejo de Juan Carlos Mndez Gudez, texto reproducido en La heteronimia potica y
sus variaciones, libro publicado por la Universidad de los Andes, en el cual se publican las
memorias del Primer Simposio Internacional de Heteronimia Potica, que tuvo lugar los das 29 y
30 de agosto del 2011 en esta misma universidad.
Captulo 2
43
113), algo que no sera gratuito, teniendo en cuenta la inclinacin espiritual del
heternimo y del poeta que lo ha creado por la cultura oriental.
Podramos entender el uso de estas notas como una forma de legitimacin del mensaje
potico por medio de la exgesis de las coplas, lo cual nos conduce a la formulacin de
algunos interrogantes sobre por qu es necesario deshilvanar, mediante la explicacin,
unos textos que, de manera paradjica, tienen entre sus virtudes la brevedad y la
proximidad con el silencio que se contradicen en la glosa. O bien, por qu Sandoval
recurre a la justificacin y explicacin de cada lnea de sus coplas. Una de las posibles
respuestas a estas cuestiones, a partir de los comentarios en el prlogo, est relacionada
con la necesidad del poeta de insertar esta creacin popular en un campo literario ms
culto, lo cual, a pesar de lo contradictorio, evitara el riesgo de que estas coplas sean
ledas como una ingenua enunciacin carente de trascendencia. El poeta asume as
algunos de los problemas que trata Schiller en su ensayo, cuando se refiere a los poetas
modernos o sentimentales.
Estas glosas revelan, no pocas veces, experiencias, lugares y situaciones que
constituyen el germen de la creacin. Las coplas se anudan de esta forma a un instante
vital que se asoma a la superficie de la pgina y le confiere una densidad y una
profundidad que suelen ser pasadas por alto por algunos lectores. Montejo alude a esto
ltimo, cuando afirma creer que el lector culto [] tachar de ftil y provinciano el valor
que estas coplas pueden tener. La reflexin contenida en las glosas funciona tambin,
aunque no sabemos si de forma premeditada o no, como una toma de distancia frente a
lo popular que no deja de ser contradictoria. Pues su empleo resulta ms bien un
recurso complejo, nada ingenuo, y, por otro lado, ligado a esa contemporaneidad nuestra
en la que lo literario comenz a girar la mirada sobre s mismo y a reflexionar desde el
texto mismo sobre su propia hechura (Mndez 113).
A pesar del evidente distanciamiento en el tratamiento formal, que las separa de la
poesa de Eugenio Montejo, es posible identificar algunos puntos de contacto entre esta
ltima y las coplas de su heternimo. As, encontramos temas en comn, como el paisaje
que adquiere rasgos vitales y humanos, la sentimentalidad, el amor, el tiempo, el
lenguaje, la ciudad, la aoranza de la infancia y el quehacer del poeta, que en ocasiones
son presentados con sutiles instantes de humor, que no encontraremos en la obra
ortnima. Varios de estos temas son centrales en la obra de Montejo.
44
Segn el comentario de Sandoval, la copla alude al silencio, pues hay un vaco intenso
que la circunda. La cuerda que dibuja la lnea del horizonte evoca la visin de la llanura,
que en varias regiones de Latinoamrica comprende enormes extensiones de tierra. Por
esto, esa guitarra resulta inalcanzable. Es una cuerda larga que no tiene clavija, abierta
a los cuatro rumbos de la soledad. A veces en el viento creemos orla y nos gana el
deseo de correr hasta ella y tocarla con nuestras propias manos (29). Al releer con
cuidado la copla, podemos notar que, contra la costumbre, estos versos no se refieren a
una pena amorosa. Tampoco constituyen un elogio dicho a alguna mujer como resulta
comn en los romances tradicionales. El coplero se enfrenta a la infinita vastedad de la
llanura, donde se encuentra solo. Frente a esa infinitud, que [re]suena de monte a monte,
el sentimiento se entremezcla con la desolacin y el viento evoca un sonido, en el cual el
yo potico halla la ilusin efmera e imposible de tocar esa guitarra, como lo advierte
Sandoval en la glosa. El coplero, conocedor del lugar, es consciente de que el polvo de la
extensa llanura borra toda huella y toda memoria. Por ello, su ilusin se encuentra en el
sonido esperanzador de un instrumento estrechamente vinculado a su propio canto, en
consonancia con la naturaleza y con el paisaje, con el cual podr adems apaciguar los
estragos de la soledad y del olvido.
Un aspecto importante en esta copla tiene que ver precisamente con la analoga entre el
paisaje y la guitarra, un instrumento que resulta emblemtico de la tradicin popular, con
el cual se alude a la msica, otra de las predilecciones de Sergio Sandoval anunciadas
en el prefacio. Esta mencin no es irrelevante, ya que al tratarse de un gnero popular, la
msica resulta inseparable de la copla. En ella, al igual que en la poesa, son de vital
importancia aspectos como la entonacin y el ritmo. De esta forma, la analoga entre el
canto (los sonidos y las coplas mismas) y el paisaje, tiene que ver con una de las
variantes de un tema esencial en la lrica de Montejo, que se anuncia en las inquietudes
sobre el lenguaje y la realidad que hemos analizado en el captulo anterior. La
correspondencia entre las palabras y el paisaje se manifiesta en los siguientes versos de
Captulo 2
45
Montejo, en los que las palabras guardan algo del paisaje y del misterio de la naturaleza
que lo rodea:
ALGUNAS PALABRAS
Algunas de nuestras palabras
son fuertes, francas, amarillas,
otras redondas, lisas, de madera
Detrs de todas queda el Atlntico.
Algunas de nuestras palabras
son barcos cargados de especias;
vienen o van segn el viento
y el eco de las paredes.
Otras tienen sombras de pltanos,
vuelos de raudos azulejos.
El ao madura en los campos
sus resinas espesas.
Palmeras de lentos jadeos
giran al fondo de lo que hablamos
sollozos en casas de barro
de nuestras pobres conversas.
Algunas de nuestras palabras
las inventan los ros, las nubes.
De su tedio se sirve la lluvia
al caer en las tejas.
As pasa la vida y conversamos
dejando que la lengua vaya y vuelva.
Unas son fuertes, francas, amarillas,
otras redondas, lisas, de madera
Detrs de todas queda el Atlntico. (2005, 87-88)
Eugenio Montejo comparta con Octavio Paz la idea sobre el poder autnomo y creador
del lenguaje; segn la cual el verdadero autor de un poema no es ni el poeta, ni el lector,
sino el lenguaje, idea que en cierto modo ya haba sido anticipada por Jos Mart, quien
afirmaba que el lenguaje no es el caballo del pensamiento, sino su jinete (Montejo
2002a, 46). En un ensayo titulado Poesa, identidad y lengua natal, Montejo seala, a
partir de este pensamiento, la relacin inherente entre el paisaje y el lenguaje que llega a
Amrica Latina hace ms de quinientos aos, y que desde entonces se arraiga en
nosotros y en nuestra tierra. Uno de los aspectos ms importantes tratados en este
ensayo tiene que ver con la forma en la que los poetas de su pas se propusieron asumir,
a principios del siglo XX, los nombres de las cosas que les resultaban familiares como
medios eficaces para compenetrarse con la naturaleza y la tierra a la cual pertenecan.
46
De este modo, la escritura de los poetas de la generacin de 1918, entre los cuales
destaca a Fernando Paz Castillo, representa un paso importante en la conquista de la
naturalidad con que al escribir un poema, se han de emplear nuestras voces (47).
Teniendo en cuenta estos planteamientos, podemos interpretar el poema Algunas
palabras desde un punto de vista ms amplio. El tema central del poema es el lenguaje,
que como puede verse en el ensayo posee una tensin particular en nuestra regin,
especialmente por la necesidad de nombrar una realidad propia y distinta. En el poema
se enumeran varios elementos, entre los cuales encontramos una presencia fuerte del
paisaje y de la naturaleza: el viento, los pltanos, los azulejos, los campos, las palmeras,
los ros, las nubes, la lluvia, etc. En los distintos avatares de la palabra descubrimos una
estrecha relacin con nuestra realidad ms prxima, incluso algunas de estas palabras
hacen parte tambin de nuestras pobres conversas. As, en el fondo de la rutina y de lo
cotidiano del habla humana, giran, sin embargo, las palmeras de lentos jadeos que
parecen advertir la presencia sabia y misteriosa de la naturaleza. Esta poesa evoca,
como lo sealamos en el captulo anterior, una formulacin mtica del existir del hombre,
en la que cobra un sentido especial la presencia vital de la naturaleza y de la tierra.
Tengamos en cuenta que en Algunas palabras, libro homnimo al poema citado,
Montejo, consciente de las limitaciones de las palabras, se resigna a no alcanzar los
misterios ocultos, para as intentar, a travs de metforas [] no tanto acceder como
[ms bien] presenciar la magia del universo. [] Esta resignacin tiene su parte festiva,
puesto que el poeta al aceptar su incapacidad de acceder a los verdaderos sentidos de la
existencia es capaz de disfrutar el poder y el gozo de quien se sabe parte de algo
inexplicable y sagrado (Lee 33).
De esta forma, en la penltima estrofa del poema se revela el lenguaje como producto
del mundo, a travs del cual se expresa la naturaleza y el paisaje: son las nubes y los
ros, las que inventan las palabras. De su tedio, de su desgaste en la vida cotidiana, de
nuestras pobres conversas, parece nutrirse la lluvia cuando cae sobre las tejas y nos
deja con su rumor y su silencio. Hay una integracin entre el lenguaje y la naturaleza.
Esta es la forma en la que en el poema la lengua discurre en nuestra vida mientras
conversamos. Viene y va de retorno a la naturaleza, siguiendo un ciclo similar al del
agua, que viene hacia nosotros en la lluvia y luego viaja en el paisaje, entre los ros y las
nubes, donde nacen otras palabras. Segn el ensayo de Montejo, algunas palabras, en
especial aquellas que se refieren a la flora y fauna particular del trpico americano,
Captulo 2
47
La duda que encierra el parntesis en este poema est cargada de sentido: hemos
perdido la certeza de Dios. Esta duda permite reconocer la presencia de lo sagrado,
aunque persista la incertidumbre. Hay algo que permanece y se encuentra en el fondo de
la llanura a la que vienen a dar esos Paisajes que los aos no borran. De forma similar
sucede en la copla de Sandoval, en la que se expresa el anhelo de tocar el horizonte,
como si fuera una guitarra. Sin embargo, tampoco se sabe si esto pueda llevarse a cabo,
y prevalece la sensacin de algo que es irrealizable. La llanura del poema de Montejo
permanece en la memoria del poeta, as se evoca una experiencia muy cercana a la
aorada por Sergio Sandoval en sus coplas, ante la infinitud que despliega el horizonte.
De esta forma el poeta describe cmo lo envuelven los hondos aires de los paisajes
conformados por ros sentimentales de piedras y de voces.
48
Vale la pena referirse aqu a una de las glosas de Sergio Sandoval, correspondiente a la
copla II, en la que puede leerse: bien se sabe que el sentimiento tiene zonas a donde las
palabras [] nunca se acercan. Y all se arraiga el sentido inefable de la verdadera
cancin (Sandoval 22). Anteriormente, veamos en el prefacio de Montejo la forma en la
que Sandoval exaltaba las posibilidades expresivas de la copla al compararla con el
haik. Segn l la estructura abierta de la copla la converta en un espacio propicio para
la expresin de los diversos matices del sentimiento humano sin que nada le resulte
inefable (13).
Ese sentido inefable al cual aluden los dos textos, tiene que ver con la conformacin de
los aires de los paisajes que el poeta evoca en la memoria, ya que estos aires estn
conformados por ros sentimentales, de speras piedras y de voces que nacen de sus
pastos. La predileccin por el sentimiento hace parte de las convicciones poticas que
comparte Montejo con su heternimo. Para Sandoval, el sentimiento se constitua en la
nica opcin frente a los artificios innovadores de la lrica moderna a los cuales se opona
a travs de la sencillez a la cual consagr su labor. En este sentido, podemos citar unos
versos del poema Escritura, de Eugenio Montejo, en el que se alude con claridad a la
prioridad del sentimiento en relacin con el oficio potico: No ms lpiz [] / la
desnudez solar del sentimiento / tatuando en lo profundo de las rocas / su msica
secreta (2005, 223).
Estos paisajes, hechos de ros sentimentales, encuentran as un lugar fijo en la
memoria del poeta, quien sostiene que los lleva a otras ciudades en valijas impalpables.
As, el poeta rememora espacios vinculados con la cultura popular: pueblos que nacen
de guitarras donde la vida est escrita sobre las hojas de los pltanos. Lugares donde
los paisajes son espacios que favorecen el encuentro con la naturaleza. Esta
experiencia, mediante la cual la naturaleza acoge al hombre con seales familiares, hace
posible que estos paisajes sean atesorados por la memoria, en la cual se despliegan con
plenitud a travs de las palabras. Por esto, en los versos finales, el poeta entra en ellos y
afirma que estn a una sola palabra, cercanos e intactos en la tierra profunda del que
rememora cuando anochece, mientras cantan los gallos.
La figura del gallo tambin es recurrente en la poesa de Eugenio Montejo. Su canto, al
igual que el de otras aves como el gorrin y el de otros seres vivos, como la cigarra,
simboliza la posibilidad de retorno a lo primigenio, a la naturaleza que ha sido
Captulo 2
49
abandonada por el progreso de la ciudad. Sergio Sandoval comparte una visin similar,
tal como puede advertirse en la copla XVIII:
De paso por la ciudad
Sin gallos a medianoche,
quise dormir y no pude,
me faltaba el horizonte. (40)
Como puede verse en la copla y en el texto que la acompaa, la imagen del gallo tiene
lugar en el momento de la noche: el anochecer en el poema de Montejo y la medianoche
en la copla de Sandoval. En el comentario que la acompaa, el heternimo afirma que la
noche es el tiempo durante el cual destaca su ausencia, ya que en ella no est el ruido
de los motores del da que provoca que la pasemos por alto. Por esta razn, el canto del
gallo, principalmente su ausencia, se convierte en la obra de Eugenio Montejo en un
sentimiento de nostalgia por ese pasado de comunin entre el hombre y la naturaleza,
que se ha perdido a causa del crecimiento de la ciudad y su transformacin en la urbe
moderna e industrializada.
No hay diferencias significativas en la evocacin del canto del gallo en ambas obras,
aunque puede afirmarse que, en la poesa ortnima, su significado no se circunscribe
exclusivamente al tema de la memoria y la nostalgia por un pasado ms sencillo que es
irrecuperable. Al igual que en la poesa de Montejo, y tal vez porque ambos comparten
experiencias paralelas y similares de la historia de su pas, en esta copla se antepone el
paso por la ciudad a la imagen del horizonte que ya hemos observado anteriormente. En
este caso, ese horizonte, que habamos estudiado en relacin con la vasta llanura
caracterstica de algunos paisajes en Venezuela y en Latinoamrica, se encuentra
ausente al igual que el canto del gallo. La experiencia de ambos coincide con ese
proceso de urbanizacin e industrializacin de la ciudad que provoca que el canto del
gallo se convierta en una presencia que slo habita en los espacios de la memoria. De
50
Como sostiene una estudiosa de la obra del venezolano, la figura del gallo es el eje
simblico de [algunos de sus poemas], desde su presencia [o ausencia] se hilan los
ncleos temticos que siempre han preocupado al poeta: la memoria, el tiempo, la
muerte, el amor, la palabra y su relacin con el silencio. En otros casos, el canto del
gallo funciona como un elemento mediador entre el espacio de la aldea y el de la ciudad
(Carrillo 20). Algo as puede advertirse en la copla XXXVII del libro de Sandoval:
Al caer la medianoche,
cuando se escuchan los gallos
de qu hablarn los adobes
con sus palabras de barro? (59)
Captulo 2
51
est escrita sobre hojas de pltanos. Puede leerse en la glosa que, alineados en la
quietud de los campos, estos adobes retienen, an de noche, algo del calor que los
penetra durante el da. Como puede notarse en la copla, no se sabe de qu hablan los
adobes en la noche, mientras los hombres duermen y los gallos cantan. La glosa afirma
que no llegaremos a saberlo nunca porque sus palabras son de barro y ellos estn
estrechamente ligados a la tierra, por lo que nada que los aparte de [ella] podr
interesarles (59). Algo similar ocurra con la cuerda de la guitarra en el horizonte, que el
yo del poema no puede tocar en la copla IX, que comentamos anteriormente, en ambas
imgenes persiste la imposibilidad. Una vez ms nos encontramos con el lenguaje del
mundo que el poeta pretende traducir con palabras.
Resulta evidente que en esta copla, la alusin al canto del gallo cumple una funcin
opuesta a la que veamos ms arriba. Aqu no se presenta la noche sin gallos. Por el
contrario, la copla sugiere que escuchamos directamente el canto de los gallos. La
ciudad que era descubierta y rechazada a partir de los recuerdos de la infancia y del
canto de los gallos, es la que brilla por su ausencia en estos versos. La nica posible
alusin a ella es negativa, y tiene lugar cuando Sandoval comenta sobre los adobes que
nada que los aparte de la tierra podr interesarles. As, mediante la indiferencia de los
adobes, que pertenecen a la tierra y cuyas palabras son de barro, podra inferirse la
condicin de la ciudad que ha olvidado la tierra y en la que la naturaleza no tiene cabida.
Por otro lado, la alusin al canto del gallo, como veamos, tiene que ver directamente con
los recuerdos de la infancia, por lo cual en este poema cumple una funcin mediadora en
la rememoracin del paisaje de las aldeas. Lo que permite sugerir la posibilidad,
exclusiva de la memoria, de un lugar adecuado y propicio para el encuentro del hombre
con el enigma que rodea la naturaleza.
52
Como suele hacerlo en las glosas que acompaan sus poemas, Sandoval da cuenta de
cmo surge su copla y nos informa de la ancdota que se halla detrs de esta. En primer
lugar, el heternimo menciona su contrariada permanencia en la ciudad y deduce de
ella su predisposicin hacia los automviles, reiterando la conviccin, ya un tanto utpica
en nuestra hora, de que el automvil y el hombre no pueden convivir juntos por ms
tiempo. As, se refiere al automvil como ese pernicioso artefacto de nuestro infierno
contemporneo. La ancdota es la siguiente: el coplero caminaba por una vereda
desconocida, uno de esos secretos recodos que an se ocultan intactos dentro de las
ciudades modernas, cuando por el ruido pudo percatarse de que la calle desembocaba
en una avenida llena de automovilistas desesperados. Llama la atencin la descripcin
que hace Sandoval: cada sombra fugaz pareca vestirse con su furioso vehculo, al
modo de una armadura medieval. A dnde iban tan urgidos, como huyendo de s
mismos? Del bulto de sus sombras slo quedaba un golpe de viento seco que sacuda a
los rboles, apartndolos de la va (65).
La copla de Sandoval reitera de forma abierta la oposicin y contrariedad que este siente
con relacin a la ciudad moderna. Asimismo, compara esta ciudad, la hostilidad que en
ella siente, con un infierno y coloquialmente evoca la expresin camino de dios te valga,
advirtiendo la certeza de que el camino por el que va la ciudad es un camino sin dios, en
el que cada transente est abandonado a su propia suerte. Finalmente, la imagen que
concluye el poema acenta los elementos en pugna: por un lado, la ciudad y sus carros
que pasan veloces y, por el otro, los rboles que, rezagados, se apartan. La imagen con
Captulo 2
53
En este poema del segundo libro de Montejo, titulado Muerte y memoria, el venezolano
alude a la figura mitolgica de Orfeo para expresar la prdida fundamental de la poca
moderna: el contacto con la trascendencia, la naturaleza y el misterio, que slo a la
poesa en un tiempo sin dioses le es posible manifestar. Nuevamente las dudas
expresadas entre parntesis se convierten en revelaciones de la condicin moderna:
hemos perdido, adems de la certeza de Dios, como veamos en el poema Paisajes, la
certeza del canto (Ferrari 27). El texto tambin manifiesta dudas sobre la posibilidad de
que este canto, o lo que queda de l, sea escuchado por alguien o tenga contacto con la
historia. Como afirma Ferrari: quizs este Infierno que somos nosotros y en el que se ha
quedado el fantasma de Orfeo ms que un mundo sin canto es uno en que el canto,
mutilado y fatigado, cae inmediatamente en la indiferencia, en el silencio o en la irrisin
(27). Montejo describe en este poema la poca moderna, la de las grandes ciudades,
como el Infierno. Si nosotros somos su Infierno tambin lo es la ciudad, ese lugar en el
que vivimos la modernidad, que tambin aparece en la copla de Sandoval.
54
Durante los aos que el poeta publica su obra ortnima temprana, la produccin literaria
permite
entrever
dos
aspectos
de
una
profunda
transicin
en
la
poesa
56
Captulo 3
57
das. Buscaba apenas algunas palabras en las que pudiera reconocerme, en las que me
sintiera prximo del habla de nuestras gentes y de nuestro paisaje. (1995, 5)
Teniendo en cuenta lo anterior, podemos reflexionar con mayor claridad sobre el proceso
que da origen a la obra que el poeta atribuye a su heternimo Toms Linden y sobre su
lugar en la lrica de Eugenio Montejo.
En el ao de 1995 es publicado el libro El hacha de seda, que aparece firmado por el
heternimo Toms Linden. El libro, al igual que El cuaderno de Blas Coll y que Guitarra
del horizonte, de Sergio Sandoval, es prologado y editado por Eugenio Montejo. Al igual
que en las obras heternimas anteriores, en el prlogo a El hacha de seda el poeta se
presenta como un personaje ms que contina la pesquisa y las tareas que ha
emprendido con el objeto de dar a conocer la obra de Blas Coll y la de sus discpulos.
Este personaje-autor que ya haba trabajado anteriormente en la recuperacin del
material que compone El cuaderno del maestro Blas Coll, y en la edicin y presentacin
del libro de coplas Guitarra del horizonte, de Sergio Sandoval, teje en el prlogo a El
hacha de seda un entramado de relaciones intertextuales que permiten establecer un
vnculo con otro de los colgrafos, Eduardo Polo, y rastrear algunas afinidades estticas
propias del heternimo Toms Linden 16. De esta forma, Montejo menciona que mientras
estaba ocupado en la pesquisa de las obras de los famosos colgrafos, la infame turba
de discpulos y contertulios de Blas Coll, se daba a revisar nuevamente en revistas y
peridicos en busca de algn indicio potico del renombrado Eduardo Polo, conocido
como el prncipe de los poetas de Puerto Malo, cuando encuentra el elogioso
comentario que el mismo Polo hace sobre la obra de Toms Linden. El comentario logra
16
Al final del prlogo y dando cuenta del relato de la historia alrededor de la figura y obra de
Toms Linden, Montejo anota lo siguiente: En la nica fotografa que conservaba en su estudio
aparece Linden a bordo de un carguero noruego junto a un hombre de talante obstinado que, tal
como l, mira en alta mar hacia un punto indefinido. Calmos, descontrados, con barbas de varios
das, ambos transmiten en la foto la impresin de quienes tal vez en otra vida ya se dijeron todo
acerca de s mismos y ahora no requieren ni una sola palabra para entenderse. Al dorso de la
fotografa estn escritas en sueco estas palabras: Dos metales existen que alargan la vida y
conceden, a veces, la felicidad. No son el oro ni la plata, ni cosa que se les parezca. Slo s que
existen. Y finalmente, en el borde inferior, se lee esta otra lnea escrita en espaol: Cerca de la
isla Porto Santo, con Maqroll el Gaviero, baquiano de los mares del mundo. (127) Esta alusin
puede ser reveladora si tenemos en cuenta que Maqroll, el personaje al que lvaro Mutis dio vida
en su obra, es producto tambin del proceso de despersonalizacin de la poesa que se
manifiesta en la heteronimia potica y establece lazos comunicantes entre las invenciones que
ambos escritores, amigos, llevaban a cabo en sus respectivas obras.
58
Ms adelante, Montejo cita el comentario de Polo por medio del cual tuvo una primer
noticia de la existencia de Linden: Frente a la extenuacin de lo dionisaco, propiciada
con cierto manido frenes en este siglo, Linden hall en nuestra solar claridad la
rectificadora sorpresa de la forma apolnea. Volvemos, pues, a la sabia observacin del
viejo Coll, para quien el sol era perfectamente clsico (126).
Resulta interesante
17
En el prlogo, Montejo afirma que Patanemo es el nombre de la aldea donde se radic Tomas
Linden para emprender su tarea potica.
Captulo 3
59
tres aos cuando muere su madre. De esta forma, Montejo relata el regreso de padre e
hijo a Upsala, en Suecia, donde resida la familia paterna y en donde Toms estudia y se
grada de arquitecto. El prologuista comenta que aos ms tarde, convertido en
defensor de una arquitectura tan leve como el cuerpo de un pjaro, fruto de una labor
concebida bajo proyecciones msticas, Linden se uni al grupo de poetas seguidores del
gran Ekelf. Contaba ya con dos libros de poemas publicados en Estocolmo cuando
decidi partir en busca de la tierra y la lengua de los Torres, sus humildes parientes de la
baha de Golfo Triste (124-125).
De esta forma, comienzan a evidenciarse las afinidades estticas del heternimo, tal
como comentbamos anteriormente. En este fragmento puede notarse la importancia
de la figura del poeta sueco Gunnar Ekelf 18, en cuya obra predominan temas como la
soledad, el amor, la muerte y los sueos. Una de las preocupaciones principales y
recurrentes en su poesa es la del amor como ausencia, que puede leerse en libros
suyos como, por ejemplo, La leyenda de Fatumeh, en la que se valora el sentimiento
amoroso, no por lo que puede darnos, sino por todo aquello que nos puede quitar. Estos
temas, como veremos, se aproximan a los que se presentan en los sonetos del
heternimo reunidos en El hacha de seda.
Acerca de la eleccin de la estructura del soneto, por parte de Linden, Montejo afirma
que el sueco es un recin venido a nuestra tradicin literaria [que] supo remontarse a la
gracia verbal de Lope o de Medrano, con la natural falta de prejuicio de quien en sus
poemarios publicados en Suecia ya haba pagado su tributo a la vanguardia (126). As
alude a los inicios poticos del heternimo y da razones que justifican el empleo de
motivos y lugares comunes en la poesa del Siglo de Oro espaol.
18
Gunnar Ekelf nace en 1907, en el seno de una familia de la alta burguesa. Su padre,
banquero, muere cuando Gunnar es todava un nio, despus de lo cual la relacin con su madre
se vuelve problemtica. Cabe anotar la similitud con la biografa de Linden, quien pierde, cuando
todava era muy joven, a su madre. Ambos estudian en la Universidad de Upsala y Ekelf tambin
llev a cabo numerosos viajes, de los cuales se nutre su poesa; sabemos que Linden se mueve
entre dos mundos distantes que lo llevan a desplazarse entre los lugares de donde provenan sus
padres. Por otro lado, las influencias poticas de ambos son distintas, pues la obra Ekelf se
mueve entre un simbolismo tardo y la bsqueda de la musicalidad, y la presencia de algunos
temas de las vanguardias, como el sueo. Aunque Linden sigue inicialmente algunas inquietudes
prximas a las de Ekelf, de quien fue seguidor en su lengua paterna, ms tarde decide volver a
las races maternas que encuentra en el lenguaje espaol. Este es el motivo principal de la
bsqueda esttica que dar lugar a El hacha de seda.
60
Captulo 3
61
19
62
que el ttulo El hacha de seda sugiere la imagen del tiempo, un enigma que con sutileza
avanza ininterrumpidamente, quedndose con el transcurrir efmero de lo que cae,
parte o rueda. Sin embargo, esta imagen no slo apela a la sutileza con que el tiempo,
como la seda, transcurre, sino tambin a lo violento que puede ser su paso inexorable.
Recordemos que se trata de un hacha, herramienta empleada para talar rboles, una
amenaza para la vida.
En el prlogo Montejo comenta que las siguientes palabras de Linden nombran el asunto
primordial que desvela su imaginacin: el hacha de seda, el tiempo como silenciosa e
infinita dimensin devoradora de todo [] es el motivo que mueve la pluma de nuestro
poeta, al punto que los variados temas de sus sonetos slo parecen hilvanarle pretextos
para retomar una y otra vez desde nuevas instancias lricas sus cavilaciones (125). La
imagen del tiempo que devora todo tambin evoca la idea de la brevedad de la vida
frente al paso del tiempo, comn tambin en la poesa del Siglo de Oro. Ms adelante,
Montejo menciona a Juan de Tassis, Conde de Villamediana, uno de los autores
predilectos de Linden a propsito del tema del tiempo. Este era uno de los poetas del
barroco espaol que, como veremos, ser, junto a otros poetas del Siglo de Oro, una
figura determinante para la poesa del heternimo.
En una de las estrofas del soneto del Conde, cuyo primer verso reza Despus, amor,
que mis cansados aos [], encontramos sugerida una imagen del tiempo muy similar a
la que atraviesa el poemario de Linden: y de los verdaderos desengaos / el padre
volador tambin me avisa, / que aunque todo lo muda tan aprisa, / su costumbre comn
niega a mis daos. Ntese la coincidencia en las imgenes del tiempo presentadas en
los sonetos de Tassis y de Linden, cuando este lo compara con el viento, y aquel lo
imagina como el padre volador que todo lo muda, y que en ambos casos alude a su
paso fugaz e ininterrumpido. Estas ideas provienen de una preocupacin que es comn
en la poesa renacentista y aparece en autores como Shakespeare, Ronsard y Quevedo,
cuyo influjo ser importante para la configuracin de la obra del heternimo. Lo que
resulta evidente, adems, si tenemos en cuenta los ttulos de algunos de los sonetos de
esta obra: Ptalos en el sonetario de Shakespeare, Ptalos en un libro de Ronsard y
Ptalos en el sonetario de Quevedo.
La imagen del tiempo, el padre volador del soneto de Tassis, es evocada en el prlogo
por Montejo para presentar una de las entradas en los apuntes de Linden, fechada el 29
Captulo 3
63
de marzo de 1959, que revela cmo la preocupacin por el paso del tiempo inspiraba
tambin en el personaje heternimo un profundo inters:
Esta tarde, acodado en el puente del barco que me llevaba a Trinidad, tuve la intuicin de
que, aparte del lineal y cotidiano, varias otras direcciones del tiempo gravitan en torno a
nuestra conciencia, sin que tal multiplicidad resulte fcil de discernirse. Una arcaica y muy
arraigada costumbre nos lleva a concebirlo segn la percepcin que cristaliza en la
gramtica bajo las formas del pasado, presente y futuro, y que en esas tres direcciones
nos parcela la mente. No siempre se repara en la sagaz observacin de San Agustn, para
quien slo existe presente de pasado, presente de futuro y presente de presente. (126)
Sin embargo, es preciso notar que en este pasaje, de forma contraria a la idea del paso
irremediable del tiempo, Linden se identifica ms bien con las ideas que propona su
maestro Blas Coll en El cuaderno. Al mismo tiempo, comparte algunas convicciones
sobre el tema que reitera Eugenio Montejo en textos y entrevistas y que est presente en
su poesa, como sealamos en el primer captulo. En este caso, se tratara del tema del
tiempo entendido a partir de la idea de la coexistencia de varios tiempos, que en la
poesa de Montejo se relaciona con el pensamiento mitolgico de las sociedades
primitivas en Amrica y frica. Esta contradiccin puede ser leda como una exploracin
que el poeta venezolano desarrolla de dos visiones distintas e irreconciliables sobre el
tiempo y la existencia, que es llevada a cabo a partir de la obra del heternimo Toms
Linden. Recordemos cmo en uno de los fragmentos de su cuaderno, Coll insiste en que
la
estructura lineal presente-pasado-futuro a que cada discurso se halla forzosamente
constreido, es una pervivencia de la mente arcaica que traba el verdadero conocimiento
de la realidad. De all se origina el falso espejismo de la fragmentacin espacio-temporal
que gobierna, como las leyes de la perspectiva en la pintura, la forma de todo discurso. Es
hora de mentar lo pasado en lo futuro, tal como la vida a diario nos lo impone y como ya
tratan de hacerlo ciertos aventajados novelistas. (2007a, 42)
Para Coll, la idea de la linealidad del tiempo implica una limitacin que impide una
experiencia que est en armona con la realidad, en la cual quedara superada la
fragmentacin espacial y temporal que nos constrie. De esta crtica se desprende su
propuesta de simultaneidad temporal cuando afirma que es hora de mentar lo pasado en
lo futuro, que se orienta por una proximidad en la que concuerda el tiempo con la
realidad y la vida cotidiana.
64
Pocas veces un lector de poesa puede encontrar un poema como este, en el que
coexisten armnicamente el tono tranquilo con la dureza que entraa la presencia de un
pasado irrecuperable, que fluye hacia el presente a travs de la memoria y viceversa. En
este texto se reitera la contradiccin sealada con la idea del paso irremediable del
tiempo que veamos en los sonetos de Linden y de Tassis, la cual se ajustara mejor a la
estructura lineal que critica Coll en su cuaderno dificultando un conocimiento ms pleno y
verdadero de la realidad. Lo que se percibe en el poema de Montejo, al igual que en las
citas de los pasajes de los heternimos, es un juego en el que se manifiesta la
simultaneidad del tiempo, con el cual se hace posible una nueva forma de acercarse a la
realidad a travs del poema. A partir de esto se evoca el pasado inaccesible de los
ancestros, aquellos que en un tiempo anterior habitaron la casa, un tiempo anterior en el
que el poeta posea las horas. El poeta extraa este pasado en el que algunos pasos
eran de aire y de hojas en toda la senda, donde vea fluir las nubes de [sus] manos y
perderse a lo lejos. A continuacin los versos nos sitan en la sensacin del presente
Captulo 3
65
desde el cual el poeta extraa, y declara no saber cruzar la calle sin toparse con golfos
de nieve al regreso.
Para comprender mejor la imagen de los golfos de nieve, podemos repasar uno de los
ensayos sobre la poesa de Montejo, en el que el crtico Miguel Gomes sostiene acerca
del libro Algunas palabras, que en l nos encontramos ante la presencia de la ausencia
a partir de la imagen de la nieve. En esta poesa el invierno y concretamente la nieve se
convierte en smbolo clave al que ir asociado todo lo que en nosotros, habitantes de la
zona trrida y con ella consustanciados, es carencia y prdida. Somos hombres sin
nieve, afirma el poeta en uno de los textos ms explcitos de Trpico absoluto (Gomes
1990, 109) 20.
Ms adelante, Gomes afirma que en ciertos poemas recogidos en Algunas palabras
podemos verificar que las palabras tiempo y nieve resultan, para sorpresa del lector,
perfectamente intercambiables. El crtico sostiene que en la poesa de Montejo
el invierno es el paso de las horas, nuestro exilio en el presente apartados de un pasado
por el que slo puede sentirse aoranza. Pero, por otra parte, el invierno es tambin la
encarnacin de todo lo que para nosotros es sencillamente inalcanzable: mi deseo tiene
vuelo de gaviota / y nieve entre sus alas, nos explica el poeta en Partida, texto
perteneciente a Terredad. Y como encarna lo que est fuera de nuestras manos, esa
estacin que jams se ha dignado visitar el trpico, en consecuencia, se convierte en la
ms clara seal del apartamiento: No conocen la nieve nuestras casas / no nos guardan
abrigos sus armarios / el invierno cae lejos, no las toca / nada saben de Islandia. // El
nico fro que all se siente / ocurre al alejarse (Nuestras casas, Algunas palabras)
(110)
20
Miguel Gomes se refiere al poema Hombres sin nieve, que, aunque no trata sobre el tiempo
sino sobre la ausencia, nos puede servir para ilustrar mejor la cita y el significado de la nieve en la
poesa de Montejo: Nuestra vida est escrita / por la mano del sol / en las mgicas hojas de la
malanga. / Sobre estas tierras no ha nevado en muchos siglos, / esquiamos en la luna, desde
lejos, / con largavistas, / sin helarnos la sangre. / Aqu el invierno nace de las heladas subjetivas /
lleno de rfagas salvajes; / depende de una mujer que amamos y se aleja, / de sus cartas que no
vendrn pero se aguardan; / nos azota de pronto en largas avenidas / cuando nos queman su
hielos impalpables. / Aqu el invierno puede llegar a cualquier hora, / nos exige leos, frazadas,
abrigos, / no despoja los rboles, / y sin embargo cmo sabe caer bajo cero, / cmo nos hacen
tiritar sus tmpanos amargos.
66
presencia de la ausencia que el poema intenta nombrar y que se hace posible si tenemos
en cuenta la convergencia en la simultaneidad de tiempos.
En este punto podemos apreciar una de las coincidencias ms importantes entre la obra
de Montejo y las de sus heternimos, Coll y Linden. Sin olvidar la contradiccin que
hemos sealado, en una entrevista el poeta afirma que ese sentimiento de aoranza por
el pasado tiene que ver
ms que con la nostalgia de un tiempo ido, con una percepcin de la simultaneidad de las
horas, digamos de un tratamiento no lineal, sino circular, del tiempo; tal vez sea esto lo
que nos lleva a evocar un instante y sentirlo en simultaneidad con otro que ya ha ocurrido
o va a ocurrir ms tarde. Se trata de una visin que debemos a la psicologa de los
amerindios y de los africanos, es decir, que no slo nos valemos de los hbitos
perceptivos que nos legaron los europeos, sino que con mayor asiduidad solemos percibir
el tiempo como circular y simultneo donde todas las horas, las de ayer, las de maana
y las de hoy, conviven en nuestra imaginacin simultneamente. (Gutirrez M. s.p.)
Como hemos notado en sus textos y poemas, los heternimos Blas Coll y Toms Linden
comparten algunas de estas apreciaciones sobre el tiempo con Montejo. No obstante,
persiste la contradiccin que plantean los sonetos de Toms Linden y del Conde de
Villamediana. Aqu, Montejo explica con detalle de dnde proviene la percepcin de la
coexistencia de distintos tiempos; frente a la percepcin lineal plantea un tratamiento
circular que se sustenta en un pensamiento distinto al que hemos heredado de los
europeos. El poeta apenas yuxtapone ambas formas de ver el tiempo, cuando alude al
sentimiento de prdida y a la sensacin de que eso que se aora no est perdido, sino
presente. No pasemos por alto que ese pensamiento distinto sobre el tiempo tambin es
importante para entender el sentido sagrado de la existencia presente en la poesa del
venezolano, como veamos en el captulo primero, cuando se evoca un tiempo originario.
Como parte del mundo (semi) narrativo que Montejo ha establecido con su heternimos,
a travs de una representacin que tiene lugar en la imaginacin de los lectores, la
poesa de Linden permite apreciar algunos hbitos verbales que lo apartan del estilo de
su creador. En este hecho radica una de las conquistas ms determinantes de Montejo:
ste, es sabido, ha logrado forjarse durante decenios una expresin alabada por su
sobriedad, sencillez y discreta emocin (Gomes, 97). Mientras que en El hacha de seda
el heternimo emprende un estilo distinto, el cual tiende hacia la tradicin clsica del
barroco, que tiene sus orgenes en el Siglo de Oro Espaol, y en la que surge y cobra
importancia el soneto en la lengua castellana, la cual se enriquece as mediante el influjo
Captulo 3
67
A primera vista, algunos de los temas presentes en este soneto se refieren a lugares
comunes en la poesa del periodo conocido como Siglo de Oro en Espaa, como la
muerte, el tiempo, el desengao, etc. Asimismo, imgenes como la de los ojos son
tratadas numerosas veces por distintos poetas en sus sonetos. Por ejemplo, en uno de
los autores que nombra Montejo dentro de las afinidades de Linden en el prlogo,
Francisco Medrano, encontramos distintos versos en los que el motivo de los ojos es
68
recurrente: Los ojos, porque son del alma lengua le hablan, un mar desde mis ojos
dar al suelo o a los mortales ojos tal se allana, y los ojos vuelve el mar enfurecido.
Esto podramos comprobarlo igualmente en varios poetas que cultivaron el soneto
durante esta poca, de entre los cuales Montejo destaca en su prlogo, adems de
Medrano, a Lope de Vega y a Juan de Tassis.
En El Andariego Linden evoca el tema del caminante que reflexiona sobre ese tiempo
engaoso que muda constantemente las cosas, y que se constituye, como veamos, en
uno de los temas que obsesiona al heternimo. Acorde con las ideas que Linden ha
manifestado en sus apuntes, con las reflexiones de Blas Coll en sus Cuadernos y, sobre
todo, con la reflexin que la poesa de Montejo desarrolla sobre el tema, el poema alude
a distintas facetas del tiempo e intenta eludir la linealidad de los falsos ros. Por ello el
poeta advierte conocer de antemano los calofros de la muerte, y dice que el futuro ha
visto muchos de sus naufragios. Sin embargo, al final evoca el tiempo vivido como
andariego, lejos de s mismo, en un errar perpetuo que determina un constante cambio.
El soneto equipara la imagen del andariego con la del tiempo irreversible y en fuga
permanente, por ello los ltimos versos aluden a la fugacidad de aquel que no se
alcanza, en continuo marchar tras de s mismo. El ltimo verso resume la imagen de ese
cambio incesante en el transcurso del tiempo al aludir al que ayer era hoy y hoy es
maana. Esto se logra mediante la inclusin de tres tiempos distintos e inconciliables en
el verso que produce una intensificacin en la idea del tiempo que sigue su curso sin
detenerse. El yo potico es as consciente del paso y la brevedad del tiempo y de la vida,
y contradice el tiempo circular y mtico que es evocado por Montejo en su poesa, al cual
se refiere en la entrevista.
En relacin con este poema resulta ilustrador citar uno de los famosos sonetos de
Francisco de Quevedo, en el cual se manifiesta la proximidad en cuanto al tema y al
manejo del lenguaje:
Ah de la vida!"... Nadie me responde?
Aqu de los antaos que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las horas mi locura las esconde.
Que sin poder saber cmo ni a dnde
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
Captulo 3
69
En este soneto el yo potico expresa su sorpresa ante el paso del tiempo y la rapidez con
la que los aos han transcurrido dando lugar a los estragos de la edad y al deterioro de la
salud. El tema es el mismo que se encuentra en los sonetos que ya hemos analizado.
Tiene que ver con el paso irremediable del tiempo, el tempus fugit, el tiempo que se nos
escapa. Frente a la incertidumbre que le plantea el paso del tiempo, las horas
transcurridas se perciben como algo que ha desaparecido, algo que la locura y el destino
le han ocultado. Esto provoca la angustia del poeta que es consciente del transcurso
fugaz de la vida: Ayer se fue; maana no ha llegado / Hoy se est yendo sin parar un
punto:. Al final, la impresin es que no es posible distinguir el hoy, el maana y el ayer,
porque la sensacin de brevedad que ha experimentado borra las diferencias: paales y
mortaja. Esta consciencia se transforma en angustia porque revela lo escaso que parece
lo vivido y la inevitable llegada de la muerte, presente en los ltimos versos.
Ntese que, a pesar del juego de palabras mediante el cual parecen confundirse los
tiempos, hoy, ayer y maana, el sentido que predomina no tiene relacin con la
simultaneidad planteada por Montejo, comentada tambin en sus apuntes por Linden y
Coll. Aqu el poeta refuerza, mediante el juego de palabras, la impresin lineal del tiempo
y de la brevedad de la vida. De forma parecida al soneto de Linden, Quevedo funde en
un verso la imagen que rene en un presente tres tiempos distintos (soy un fue, y un
ser, y un es cansado) que intensifica la idea del paso del tiempo mediante el juego con
los tiempos verbales y la rpida enumeracin. Una percepcin similar del tiempo es la
que se privilegia en El andariego, a pesar de que se intenta eludir dicha linealidad.
Mientras que en la poesa de Montejo se presenta la posibilidad de evocar un instante y
sentirlo en simultaneidad con otro ya ocurrido, como puede verse en sus poemas
mediante la evocacin de la emocin que provoca la experiencia pasada, y en el fluir de
los recuerdos que de esta forma se han depositado en la memoria. Montejo ve en el
poema la necesidad de la emocin, mientras que en el soneto de Linden predominan los
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Captulo 3
71
pena que all la atormentaba [] (Montejo 2007, 133). En estos versos se trata el tema
de la tristeza de los amantes por no alcanzar la realizacin del deseo. Es importante
notar que la alusin mitolgica se constituye en otro de los rasgos que caracterizaron la
poesa del Siglo de Oro (Lpez 26). La imposibilidad para consumar el amor es la causa
de las lgrimas de Afrodita, quien representaba en la mitologa griega el deseo y la
atraccin sexual. Sin embargo, esta Afrodita llora lgrimas de mrmol y adems se
encuentra en un museo sin mar. El poeta alude as a la poca moderna, de los museos,
donde se ha perdido el sentido sagrado de la existencia, por eso Afrodita es de piedra,
como su sollozo.
Nuevamente, nos encontramos en estas estrofas del soneto con la falta de aquello que
resulta esencial en la potica de Eugenio Montejo: el sentimiento, la emocin y la
descripcin de las sensaciones, que como veremos explora tambin en su poesa
ertica. Aunque podra pensarse que en estos versos se expresa una emocin, esta
resulta comn y convencional. Slo hacia el final, puede advertirse mejor la indagacin a
partir de los sentidos, necesaria para entrar en contacto con el tiempo otro, verdadero, y
con el sentido sagrado de la existencia que ahora se insina a travs del deseo y la
atraccin fsica que produce el amor. Los ltimos tercetos del soneto concluyen as:
Sent en mi carne velas de navo / y ante mis ojos toda la infinita / fascinacin de
espumas y oleajes. // Y con su cuerpo entre los brazos mos, / hacia su mar, llevndome
a Afrodita, / le di horizonte a nuestro largo viaje. (133). En ellos, el deseo procura
algunas sensaciones que impulsan el contacto entre los cuerpos y la posibilidad de
devolver a esta Afrodita a su mar y de darle lugar al largo viaje. Recordemos que a partir
de algunos poetas romnticos el amor se identifica con la idea de un ms all remoto y
sagrado, al cual poda accederse a travs del viaje. Por lo tanto, en los tercetos que
concluyen el poema, el yo potico rompe con algunos de los esquemas tradicionales y
procura un tratamiento del tema amoroso ms prximo a la poesa moderna. El soneto se
mueve entonces entre dos tradiciones contradictorias, la clsica y la moderna, en las que
pueden reconocerse dos concepciones distintas del amor. La tensin es planteada por
Montejo a travs de la exploracin que lleva a cabo en la obra heternima.
Para comparar cmo se da el trato de este tema entre la obra del heternimo y la de
Montejo, resulta ilustrativo tener en cuenta algunas de las opiniones del poeta
venezolano sobre el tratamiento del amor en la poesa. Cuando se public el libro de
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Captulo 3
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MILAGRO PURO
Y este milagro de ser aqu la vida
sin saber qu es vigilia ni qu es sueo,
hasta que sople la noche y nos apague.
El milagro de verla, de sentirla,
y con ella en los ojos, en las manos,
asir lo que nos da, lo que contiene,
para que vaya y vuelva con su msica
de lo que soy a lo que eres,
de tus palabras a las mas.
El solo paso palpitante de su sangre
en nuestras venas,
la rotacin de su misterio en la galaxia de las cosas,
para que gire la gran rosa en el espacio
y nuestros cuerpos se encuentren en la tierra,
cada cual con el grito de su llama,
cada cual en su tiempo sin tiempo,
hasta que el rayo que llega de tan lejos
por un instante cruce nuestra carne
y nos ate los sueos su relmpago. (37)
En este poema se hacen evidentes varios de los aspectos que ya hemos sealado sobre
la poesa de Montejo y el tratamiento del amor que en ella se despliega. En primer lugar,
el poeta parte de la alusin al milagro de existir, de ser la vida, que sostiene su poesa y
que comentbamos a partir del ttulo de su libro Terredad. La voz en primera persona del
plural, nos indica que por medio del poeta se expresan los amantes y que el milagro puro
es la manifestacin vital del amor y del deseo de unin entre los cuerpos. El deseo
permite renovar las sensaciones de la vida y percibir mejor su armona secreta, en otras
palabras, despierta la celebracin de lo vital para que vaya y vuelva con su msica.
Enseguida, la presencia de la segunda persona nos coloca frente al ser amado. La
msica de la vida, esa armona secreta, fluye entre los amantes y se manifiesta en las
palabras que comparten. En los siguientes versos prosigue la expresin de la msica que
trae consigo el deseo, de ah que estos aludan a imgenes que transmiten la idea de un
ritmo universal. El deseo amoroso es fuente de correspondencias. Por esta razn se
describen las sensaciones que el yo potico describe como el paso palpitante de su
sangre en nuestras venas o la rotacin de su misterio en la galaxia de las cosas. Estas
correspondencias mediante las que se manifiesta la unin de los amantes con la vida,
culminan con el encuentro de los cuerpos y la consciencia de su condicin de unidad con
la tierra y con el misterio de la galaxia de las cosas. El reconocimiento de las
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Captulo 3
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Los versos iniciales del poema plantean una aproximacin al pasado que surge del
encuentro con el retrato. El yo potico se acerca as al tratamiento del tiempo que
desarrolla Montejo en algunos poemas de su obra ortnima comentados anteriormente,
como Deshora. De esta forma, la presencia de la ausencia que notbamos entonces
vuelve a aparecer en este poema y sirve de base a una nueva perspectiva del tiempo por
parte de Toms Linden, que se aparta del tratamiento tradicional sobre el tema en la
poesa del Siglo de Oro, a partir de un objeto comn en dicha poesa, como lo es el
retrato.
En el poema, el retrato da lugar a la rememoracin del pasado, lo que posibilita la
experiencia de simultaneidad planteada por Montejo en su potica. No obstante, mientras
en Deshora se subraya el despojo y el hecho de que la vida pasa precipitndose hacia
el vaco, en el soneto de Linden existe algo que queda. En el poema el tema del tiempo,
de su curso irremediable y devorador, aparece nuevamente en la imagen de aquel que
desde el presente extraa y se encuentra frente al retrato. El tiempo ha mudado en polvo
los aos transcurridos y la mirada sobre el objeto da vida a las emociones que ocultan los
ojos anhelantes y al lamento por los cambios inevitables que el curso del tiempo trae
consigo, propio de quien no ha logrado reconciliarse con su destino y manifiesta una
sensacin de prdida de la unidad con el mundo. Sin embargo, en la conclusin que
tiene lugar en los tercetos se sugiere la multiplicidad del poeta que, acorde con la visin
crtica del tiempo lineal que hemos visto anteriormente, afirma ser ese que fue, y el que
es ahora, junto a tantos otros que aparecen en mi sueo y que vienen y se van, como
las horas. El yo potico de estos versos es reflejo de los otros, que han pasado, lo que
queda de estos. Linden invierte el argumento con relacin a Deshora: el yo presente es
el que pierde materialidad frente a los pasados. Adems de cuestionar una visin
esquemtica y lineal del tiempo, propia de la tradicin clsica a la que le ha rendido
homenaje, en el poema se lleva a cabo una afirmacin de lo mltiple, que armoniza con
su naturaleza cambiante y busca entrar comunin con los otros.
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Captulo 3
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De esta forma se describe enseguida la casa del maestro Blas Coll y se detalla la
tipografa que en ella funcionaba: adems de las escasas mquinas de su taller, podan
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Filsofo y educador venezolano, maestro de Simn Bolvar, Simn Rodrguez es reconocido por
Eugenio Montejo en uno de los ensayos de El taller blanco como El tipgrafo de nuestra utopa,
ttulo del ensayo en el que el poeta destaca lo novedoso en la impresin de sus escritos y el
minucioso diseo tipogrfico que compone al publicar sus libros.
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No olvidemos tambin que ambos comparten su labor como tipgrafos y que el mismo Coll, en
uno de sus textos se compara con el maestro de nuestra libertad: Extraa aventura la ma,
venido de tan lejos a recalar en esta comarca, tras la huella del ms insigne de los tipgrafos del
nuevo mundo, el sabio Simn Rodrguez. Cada da me persuado ms de que slo este errante
iluminado habra sido capaz de imprimir el libro soado despus por Stphane Mallarm, sin
violentar el equilibrio de sus espacios escritos y no escritos, sus negros y blancos, ni el ntido
dibujo de sus silencios. Rodrguez, Mallarm y yo Dios me perdone por igualarme tres locos,
tres letras, tres puntos y entre los tres, la clave de una sola palabra que nadie descifrar jams
(2007a, 73).
Captulo 4
81
algunos poetas por la forma, ya que el poeta identifica dicha insistencia con un olvido del
compromiso del escritor con su medio. Compromiso que obliga al poeta a buscar la
manera en que su lengua se ajuste lo mejor posible al medio que rodea a los hablantes y
est relacionado con la tarea de devolverle a las palabras la capacidad de animar ese
medio, anloga a la preocupacin de Rodrguez por acercar el lenguaje escrito al
hablado. Ahora bien, Montejo alude tambin a la necesidad del cuidado por la forma en
todo buen poema, sin dejar de poner el acento en la importancia del sentimiento y las
emociones que el mundo produce en el poeta. Por esta, al inicio del Fragmentario,
Montejo afirma: A travs del sentir puede vlidamente conquistarse el lenguaje que lo
exprese; el sentimiento mismo, cuando es legtimo, procrea su forma o la posibilidad de
inventarla (1996, 229).
Retomando la presentacin del libro de Eduardo Polo, despus de la mencin de Simn
Rodrguez Montejo procede a calificar al autor de Chamario como uno de los colgrafos
ms renombrados y seala que, al igual que los otros, l tambin era un escritor y poeta
notable, a quien sus amigos apodaban el mago, debido a los ritmos y maravillosos
efectos que lograba en sus poemas. Segn el prologuista, Eduardo Polo abandonara
para siempre el pueblo de Puerto Malo para dedicarse a la msica y a la arqueologa
marina en otro pas del Caribe.
Aunque se habla con admiracin de sus poemas, se seala igualmente la referencia, que
sus amigos hacen con pesar, de la destruccin de todos sus escritos antes de partir del
pueblo. El autor aade que tambin hay quienes aseguran que, del mismo modo en que
lo hizo un antiguo poeta chino, Polo arroj al agua, desde un bote, el resto de sus
cuadernos y recortes, afirmando despus con satisfaccin: ahora todos mis poemas
estn en el mar (5). Con irona, Montejo nos presenta la realizacin del deseo de
unin de la poesa con la naturaleza y el mundo que nos plantea en su poesa. Resulta
inevitable para el lector experimentar la gracia implcita en los comentarios de los
incidentes que hacen parte de las historias de los poetas heternimos, cuando estos
reflejan la inocencia con la que asumen la materializacin de inquietudes estticas como
la fusin del lenguaje o de la poesa con el mundo.
Ms adelante, el poeta comenta que de la celebrada obra del personaje sobreviven an
los poemas que hacen parte de la coleccin de rimas para nios que son presentadas en
el libro, ya que este fue uno de los pocos que el maestro Blas Coll alcanz a editar en su
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tipografa. Segn Eugenio Montejo, Eduardo Polo insista en que en nuestra lengua,
desafortunadamente, la creacin literaria destinada a los nios resulta menos importante
que la que puede leerse en otras literaturas y cita algunas palabras suyas escritas en La
Gaceta de Puerto Malo, el emblemtico peridico del pueblo: Todava no
comprendemos que escribir para nios es algo perfectamente serio. Montejo da detalles
sobre la escritura del libro. Nos informa que, en el mismo artculo de este peridico, Polo
sostena que cada rima haba sido compuesta como un juguete verbal, tratando de
reproducir el placer que encuentran los muchachos al cambiar y trastocar la forma de las
palabras para producir nuevas combinaciones en las voces de todos los das (5).
Montejo tambin afirma que los versos compuestos por Eduardo Polo que sobrevivieron
con la publicacin, estaban dedicados a los hijos de los pescadores de la humilde aldea
en la que tambin han cobrado vida las obras de los otros heternimos. Adems, detalla
que su autor le puso msica a algunas de aquellas rimas ya que en muchas ocasiones lo
escucharon cantarlas acompandose de los sonidos de un piano. Al igual que en las
anteriores obras heternimas, en el prlogo el poeta nos indica que del libro completo,
impreso por Blas Coll, slo se reproducen un conjunto importante de las composiciones
porque este se ha extraviado, reafirmndose en su papel de editor e intermediario de la
obra publicada, aunque no nos suministra ms detalles.
Hay que notar, tambin, un hecho singular que tiene lugar en dicho prefacio, cuando
Montejo aprovecha este espacio para dar crdito a quienes han trabajado en la edicin e
ilustracin del libro de Eduardo Polo:
Polo siempre tuvo mucha fama de afortunado por la suerte que en todas partes lo
acompaaba. Tal vez esta buena suerte contribuy tambin a que la gente lo llamara
mago. Creo que sigue teniendo mucha suerte todava, y de ello da prueba esta edicin
ilustrada de su libro que amorosamente ha preparado Elena Iribarren. Durante aos, esta
amiga de Polo revis letra a letra y palabra a palabra cada una de sus rimas y dispuso la
orquestacin general de la obra. No menos cabe decir del riguroso trabajo de Arnal
Ballester, viejo amigo del mar y de los colgrafos. En nombre del mago de Puerto Malo me
complace manifestarles nuestro agradecimiento infinito. (6)
Captulo 4
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Eduardo Polo y de los colgrafos cobra mayor verosimilitud el mundo ficticio que Montejo
ha creado alrededor de sus personajes. La manifestacin en nombre del grupo, en el cual
aparece tambin Montejo, de un sincero agradecimiento a quienes estn detrs de la
publicacin, implica un guio amistoso de reconocimiento a la labor de los colaboradores.
Por ltimo, Eugenio Montejo hace una reflexin sobre la infancia y nos habla del
propsito del libro de poemas del heternimo. El poeta menciona que, adems de los
varios millones de chamitos o nios que conviven en el territorio venezolano, tambin los
adultos de todas las edades llevan de la mano al nio que en algn tiempo fueron, ese
que aguarda el tesoro de la infancia, definido por el prologuista como un prodigio al que
siempre tratamos de volver. En esta cartilla, comenta Montejo, Eduardo Polo quiso
celebrar todas estas infancias por medio de juegos del lenguaje que buscan provocar en
los jvenes lectores sonrisas y sueos (6). El prefacio finaliza con una dedicacin, por
parte de Montejo en su rol de editor y prologuista, de la nueva edicin del libro a los
nios.
Para acercarnos a la obra de Polo, en un primer momento, hay que notar que el poeta
comparte con este heternimo la idea de que la literatura para nios ha carecido de una
tradicin importante en nuestra lengua. Esto puede verse en una entrevista realizada
pocos aos antes de su muerte, en la cual Montejo reconoca la dificultad que exige un
proyecto de escritura para nios: escribir un poema que valore la inteligencia del nio,
de un nio que es muy inteligente en el uso del lenguaje y que est en el poder creativo,
es muy difcil porque hay que ofrecerle algo convincente y fuerte. En la lengua castellana
no ha habido la tradicin de grandes autores para nios, no s por qu (Padrn 273).
Aunque el poeta reconoce algunos esfuerzos realizados durante el siglo XX, que inician
con Juan Ramn Jimnez, sostiene que, en comparacin con otras lenguas, la ausencia
de libros para nios en el castellano es notable y tambin critica los lugares comunes que
hay que sortear en esta literatura: es muy fcil caer en la tentacin del sapito con la
ranita y la cosa (273), afirma Montejo.
Teniendo en cuenta lo anterior, llama la atencin que un poeta ya consagrado se
entregue a la tarea de publicar un libro de poemas para nios, as sea bajo la supuesta
autora de un heternimo. En la misma entrevista, cuando se le pregunta por la escritura
del libro, el autor nos sorprende cuando revela que los textos fueron escritos muchos
aos antes de su publicacin en 2006. Montejo cuenta que no haba cumplido cuarenta
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aos cuando escribi las rimas y que no consider conveniente darlas a conocer en
dicho momento. La preocupacin del poeta por la unidad y coherencia de su obra
ortnima condujo entonces a que los textos fueran archivados y que slo despus de la
puesta en marcha de su proyecto de escritura heteronmica haya decidido publicarlos,
bajo la pluma del personaje creado (273).
Lo ms destacable del libro de Eduardo Polo es la libertad con la que se procede en los
denominados juegos verbales, expresin con la que Montejo alude en el prlogo a las
rimas que conforman el libro. Veamos uno de los poemas:
LA BICICLETA
La bici sigue la cleta
por una ave siempre nida
y una trom suena su peta
Qu cancin tan perseguida!
El ferro sigue el carril
por el alti casi plano,
como el pere sigue al jil
y el otoo al su verano.
Detrs del hori va el zonte,
detrs del ele va el fante,
corren juntos por el monte
y a veces ms adelante.
All se va el corazn
en aero plano plano
y con l va la cancin
escrita en caste muy llano. (11)
Como puede verse, la estrategia del autor radica en la elaboracin de un juego verbal
en el que se descomponen algunas palabras,
Captulo 4
85
mismo al crear un lenguaje. Por la palabra, el hombre es una metfora de s mismo (Paz
2011, 34).
En los juegos verbales que plantea el poema est presente una conciencia importante
de las posibilidades creadoras del hombre a partir del lenguaje, mediante las cuales
pueden ser modificados o inventados los sentidos que circulan en la vida cotidiana a
travs de las palabras. Ntese que en el poema algunas palabras al ser divididas
permiten adems del nfasis en la sonoridad, que posibilita la elaboracin de la rima con
palabras que comparten los sufijos, como bicicleta y trompeta, horizonte y monte o
elefante y adelante, el juego con algunas palabras compuestas. As, la composicin
de vocablos como altiplano o ferrocarril, permite reconocer un tipo de palabras que se
componen de otras ms sencillas o simples, o cuyos lexemas derivan de estas: por
ejemplo, alto y plano son dos adjetivos que conforman la palabra altiplano, o la
palabra ferrocarril, en la cual encontramos la unin de un adjetivo y un sustantivo
comn, frreo y carril, que producen una nueva expresin. De forma ms creativa
descubrimos el juego con la palabra avenida en el que la descomposicin origina
vocablos que semnticamente no poseen un vnculo con la palabra de la cual provienen,
lo que da lugar al encuentro de diversos sentidos que hacen posible la produccin de
nuevos significados.
En este sentido, la descomposicin de las palabras funciona tambin como una forma de
llamar la atencin sobre las relaciones del lenguaje con la realidad. Por ejemplo, a
primera vista la disposicin visual que adquieren los versos al separar en dos las
palabras est relacionada con las dos ruedas de la bicicleta. Este hecho se ve reforzado
por la ilustracin de Arnal Ballester que acompaa al poema, en la que vemos una figura
sobre una bicicleta dividida en dos partes y, ms al fondo, una avenida que ha sido
dividida de la misma forma. En cada extremo de esta va hay dos partes de un letrero
que muestra la palabra horizonte fraccionada, al igual que en el poema. En estas rimas el
juego hace posible una conciencia mayor de las relaciones del lenguaje con la realidad, y
posibilita la transformacin de la realidad y la creacin de nuevos sentidos por medio de
la transgresin que opera en el lenguaje.
En segundo lugar, en la obra de Eduardo Polo cobra una importancia particular el nivel
fonolgico del significante. Hay una preocupacin especial por la interaccin del sonido
con la produccin de sentido en el poema. Esto da cuenta de un aspecto que suele ser
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pasado por alto en la produccin de literatura para nios, al cual Montejo ha aludido en la
entrevista mencionada anteriormente cuando se refiere a los lugares comunes que hay
que evitar al decidirse a escribir libros destinados a los lectores ms jvenes. El poeta
afirma que se trata de valorar la inteligencia del lector infantil por medio del juego con las
palabras, que le permiten un contacto distinto y consciente con el mundo a partir del
lenguaje. Con ello, los nios tienen la oportunidad de encontrarse frente a las
posibilidades creativas que les ofrece el idioma, por medio de la puesta en marcha de
nuevos sentidos que surgen de un lenguaje sencillo y cercano a sus experiencias
cotidianas. Recordemos la importancia que Montejo le da a la sencillez del lenguaje en
su potica. Con este lenguaje es posible precisamente el encuentro del hombre con la
infancia perdida, con sus orgenes, como veamos en captulos anteriores.
Resulta as clara la importancia que el autor da a este pblico especial frente a las
opiniones que subvaloran la poesa para nios. De esta forma, el poeta trata de recordar
que las primeras palabras que son aprendidas por el nio poseen el encanto vivo del
sonido, cuya experiencia y gozo antecede el significado. Muchos nios, al escuchar por
primera vez una palabra, no inquieren de inmediato por su significado, sino que juegan
largamente con su sonido, susurrndolo, dicindolo en alta voz, con diferentes
entonaciones. Despus le inventan significados diversos, poniendo la palabra en nuevos
contextos, para ir, mucho despus, ya agotado el juego, en busca de la definicin (Calvo
14). As, orientarse por una visin tradicional y mecnica cuando se promueve en la
poesa infantil la fijacin del significado de las palabras nuevas, aunque puede enriquecer
el vocabulario y una bsica comprensin de los versos, pone en riesgo el desarrollo de
otros aspectos no menos importantes, relacionados con la funcin ldica del lenguaje.
Dicha funcin es recreada, por otra parte, en la poesa popular, los juegos tradicionales,
entre otras formas cercanas a los nios (15), de las cuales puede servirse el poeta que
decide emprender un proyecto de escritura infantil, como el llevado a cabo por Polo en su
libro.
Teniendo en cuenta lo anterior, podemos comprobar que en la puesta en marcha del
juego verbal, en el poema La bicicleta, no nos encontramos con palabras extraas o
de difcil asociacin al entorno ms prximo a los nios. Por el contrario, palabras como
bicicleta, avenida, trompeta, ferrocarril, etc., remiten todas a cosas que hacen parte vital
del mundo infantil. Quin no aprendi en su niez a montar una bicicleta? Ante los
Captulo 4
87
Como puede verse, en este poema han sido eliminados los acentos de los verbos
pretritos por conveniencia de la rima consonante en todos los versos pareados. Hay que
anotar tambin, que ms all del evidente juego con el lenguaje, este desplazamiento de
los acentos en los versos hace que nos fijemos ms en la rima del texto. Se produce as
una conciencia mayor sobre este aspecto del lenguaje que puede ser pasado por alto en
otra situacin. Tambin, hay que anotar que en este texto el juego sugiere tambin la
tontera del nio, pues se trata de rimas tontas o sin razn, en las que se alteran los
acentos, los sonidos y el sentido de las palabras, sin una lgica aparente.
El juego vara en el libro de un texto a otro, por ejemplo, en uno titulado El jinete gago
este tiene lugar cuando el poeta acude al desorden silbico para explorar un elemento
desconocido y ldico del lenguaje:
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En el poema el juego consiste en adivinar cul es la palabra correcta que posibilita una
adecuada comprensin de lo que dice el texto. En este caso, el yo potico se equipara
con el jinete gago o tartamudo, que funde y confunde todos los vocablos, pero que al
hacerlo procura en el lector infantil una conciencia mayor sobre el lenguaje y el mundo
que este nombra. De esta forma adquiere sentido el uso de expresiones como esdapa,
callabo, y soliratio, con las cuales se inquiere por las palabras que, segn el contexto,
se adecuaran semnticamente de forma acorde con el resto de los versos. Adems, el
lector del texto descubre que dichas palabras se encuentran incluidas en estos, con una
alteracin en el orden de sus slabas. Con lo cual se precisa mejor el reconocimiento y la
elaboracin de las palabras correctas en el texto, siguiendo la dinmica que el juego
propone. Todos estos aspectos acercan el lenguaje a los nios, mediante la exploracin
de distintas alteraciones en los versos.
En la coleccin de rimas y versos de Eduardo Polo el lenguaje se ha convertido en un
espacio ldico en el que podemos encontrar rimas, palabras, slabas y letras a ritmo de
cancin, desmontadas o alteradas, que realizan ingeniosas piruetas verbales o risueos
desequilibrios (Villar 20). Al comparar el procedimiento llevado a cabo por Eduardo Polo
con los artificios textuales y las inquietudes estticas de Lino Cervantes, podemos
encontrar que ambos heternimos comparten su preocupacin por dar lugar a la
experimentacin y a la construccin deliberada de textos que rompen con la estructura
convencional del lenguaje, aunque sus ideas poticas apuntan en direcciones distintas.
En Polo podemos observar que su forma de intervenir el lenguaje en las rimas tiene por
objeto la consolidacin de un nuevo espacio que privilegia la inteligencia del lector infantil
y las posibilidades que este encuentra de llevar a cabo una experiencia creativa con el
lenguaje. En pocas palabras, sus rimas facilitan un primer encuentro con la poesa,
Captulo 4
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El ltimo personaje heternimo dado a conocer por Eugenio Montejo es Lino Cervantes,
cuya obra La caza del relmpago aparece en el ao 2006, acompaando una nueva
edicin de El cuaderno de Blas Coll. Segn nos indica el poeta en el prlogo a la obra,
Lino es el ms consecuente de los discpulos que tuvo el viejo tipgrafo (Montejo
2007a, 181). Sus poemas son producto de una tentativa creadora que procura continuar
al pie de la letra las exploraciones lingsticas de Blas Coll.
Como hemos visto en anteriores captulos, las obras de los otros autores colgrafos,
concurrentes asiduos a las tertulias y reuniones en la tipografa, se apartan
considerablemente de la rara heterodoxia que caracteriz al maestro (181). Esta
heterodoxia consiste en la locura y el desparpajo que llev a Coll a inventar un lenguaje
que se acercara lo ms posible al medio que rodeaba a sus hablantes. Especficamente,
tiene que ver con la puesta en prctica del ideal utpico de fusin del lenguaje con la
realidad cercana al poeta.
Captulo 4
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coligramas los planteamientos del maestro, no llega, sin embargo, al alejamiento y final
abandono del lenguaje castellano que conduce a Coll a la incomunicacin total.
Recordemos que Montejo nos informa en el prlogo al cuaderno de Coll, que este
prescindi en sus ltimos das del espaol, decidindose a inventar otro lenguaje que
reprodujera las fases lunares. Tambin nos ha indicado que en su postrimera el
personaje abandon el lpiz por el pincel, y pasaba largas horas dibujando sus
complicados arabescos, y que hubo un periodo final de incomunicacin total []
cuando ya la luna le haba consumido los sesos (39).
Como lo ha hecho con los anteriores personajes, Montejo proporciona algunos datos que
nos permiten acercarnos y conocer un poco ms de Lino Cervantes. No obstante, en este
caso esto no ocurre solamente en el prlogo, en el cual el poeta ha decidido abstenerse
de emitir cualquier juicio de valor sobre la obra del heternimo, sino que se complementa
con unos comentarios sobre su obra que el poeta ha aadido, como eplogo, al final de la
coleccin:
El lector de seguro ya habr advertido la intencin escrupulosamente neutra de este corto
prefacio. El caso es que en vez de pronunciarme acerca del valor literario de sus textos,
he preferido aadir al final del libro un breve eptome de opiniones suscitadas a raz de la
publicacin de los coligramas, algunas de las cuales han sido extractadas de papeles
privados que por primera vez ahora se divulgan. No son muchas, es verdad, pero cubren
una gama que va del franco rechazo a la adhesin decidida. (184)
Montejo teje as en el prlogo y el eplogo del libro una serie de relaciones entre los
heternimos y otros personajes-autores ficticios que son citados como cercanos a los
discpulos de Blas Coll, o como estudiosos de sus obras. De este modo, encontramos
adems de algunos comentarios de los compaeros, tambin colgrafos, Sergio
Sandoval, Eduardo Polo, Toms Linden y Jorge Silvestre, los de otros autores ficticios
que contribuyen a ampliar el mundo de los personajes. Cada comentario posee una
breve resea bibliogrfica que procura mantener la verosimilitud en la ficcin que
acompaa la historia de Blas Coll y los colgrafos.
algunas referencias de una supuesta crtica llamada Amelia de Rivas, autora de una
monografa indita titulada Arte y obra de los colgrafos, que es citada en un par de
ocasiones, y que evidentemente tampoco existe. Tambin aparecen otros nombres como
Mariano Soto, Juan Navarro, Rafael Yepez, Mara Randazzo, Mara de Morales, Vico
Bautista Z, varios de ellos escritores inventados de publicaciones igualmente ficticias.
Algunos de los comentarios sirven para expresar opiniones y lecturas personales a travs
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Captulo 4
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traducir el secreto deseo de alcanzar la lumbre que despide una palabra antes de
convertirse en silencio puro (181). Hay que notar los ecos simbolistas que resuenan en
el ttulo de la coleccin y en el subttulo de la obra: Persecucin del silencio sagrado. A
partir de este resulta de gran aporte para la lectura de los textos establecer una relacin
entre la bsqueda de Cervantes con las ideas de poetas simbolistas como Stphane
Mallarm y Paul Valry, quienes igualmente son mencionados en el prlogo.
Como lo anotbamos en captulos anteriores al relacionar la tentativa de Coll con la ideas
de Mallarm, el poeta francs buscaba la purificacin del lenguaje. Sus inquietudes
estticas estaban orientadas a separar la lengua de toda contingencia humana, para que
la palabra vibrara en el plano de lo absoluto, y se convirtiera en parte irremplazable del
libro perfecto que el universo est destinado a escribir. Acerca de la tentativa de
Mallarm, Octavio Paz ha sealado que
[su] grandeza [] no consiste nada ms en su tentativa por crear un lenguaje que fuese el
doble mgico del universo la Obra concebida como un Cosmos sino sobre todo en la
conciencia de la imposibilidad de transformar ese lenguaje [] en dilogo con el hombre
[] Por el camino del lenguaje mgico el poeta francs llega al silencio. (Paz 2011, 56)
lenguaje debe acercarse al mundo circundante para nombrar su esencia. Es por esta
razn que Cervantes, al igual que Blas Coll, se encuentra convencido de que la plenitud
de sentido slo es posible en la bsqueda de la brevedad extrema del lenguaje, por lo
que su escritura se orienta por una de las ideas consignadas en El Cuaderno de Blas
94
Coll: Una sola slaba traduce cabalmente el esfuerzo de un paso sobre la tierra. Se
corresponde con la distancia imaginaria a que nos situamos de todo objeto, hecho o
accin (35).
Adems del tributo implcito a su maestro al denominar a sus composiciones coligramas
como se advierte en el prlogo, Montejo reconoce el influjo de una poesa que denomina
hermtica, y que se afirma en la tradicin alqumica del verbo, entre cuyos ilustres
exponentes se cuentan Stphane Mallarm y Paul Valry. A pesar de apartarse de la
poesa de Mallarm en el aspecto de aproximacin a la experiencia viva de los hombres,
Cervantes comparta con poetas simbolistas, como Paul Valry, la conviccin de que el
primer verso llega siempre, cuando llega, como una ddiva de los dioses, y corresponde
por tanto al poeta trabajar arduamente hasta que todo lo dems cobre forma definitiva
(182). Sin embargo, las consecuencias que produce esta idea en la obra del heternimo
resultan inesperadas.
Podemos afirmar, entonces, que Cervantes fundamenta en esta conviccin simbolista su
procedimiento para la escritura de los coligramas, pero aade una importante
modificacin: en estos se parte de un primer verso que no es seguido por otros. Por el
contrario, este verso, regalo divino, es sometido a una reduccin progresiva. Si bien el
trabajo con la palabra, con su aspecto formal en especfico, es algo que remite de
inmediato a la concepcin que tena Valry de la poesa, ambos intentos son
notablemente distintos. Es as que Valry nunca llega a deformar una palabra para
purificar el lenguaje, mientras Blas Coll y Lino Cervantes optan por recortar las palabras
buscando reducirlas a sus races. Por eso, Montejo afirma en el prlogo que la
preocupacin del poeta lo conduce a reducir las slabas existentes procurando descubrir
el ms alto grado posible de desnudez y despojo verbal:
Cada nueva lnea resulta as filtrada por un tamiz que a medida que se afina va
eliminando la parte prescindible, hasta alcanzar el ndulo central en torno al cual se
aglutina el resto de los sonidos. Se dira, pues, que se abstiene de aadir la ms mnima
letra al verso recibido de los dioses, antes al contrario, toma sus palabras como una
suerte de frmula crptica cuyo ncleo procura desentraar a toda costa. El subttulo
puesto por el autor al conjunto de la serie, Persecucin del silencio sagrado, resulta
bastante ilustrativo al respecto. (182)
Esta ltima afirmacin reitera los vnculos de las inquietudes estticas del heternimo con
la poesa simbolista o la poesa hermtica que Montejo ha sealado antes. Para
conocer estos vnculos, en el prlogo se afirma, por ejemplo, que la presencia de poetas
Captulo 4
95
temporalidad, distinta al tiempo cotidiano, la que podra interpretarse como la locura til
que ser importante en la configuracin del proyecto lrico de Cervantes.
Otro de estos vnculos puede ser reconocido si prestamos atencin al epgrafe que
Montejo ha agregado al prlogo, en el que se lee:
Tu madre te advirti y te dijo: Gurdate de
Shabriri, Briri, Riri, Iri, R, I.
TALMUD DE BABILONIA (181)
Shabriri era un terrible demonio babilnico, contra el que se conoca esta curiosa frmula
que sugiere sorpresivamente el poder mgico del nombre. El encantamiento hace
reabsorber al demonio eliminando sucesivamente las letras de su nombre (Vzquez
499). El epgrafe constituye la frmula para el encantamiento, tal y como se presenta en
el Talmud de Babilonia, uno de los libros sagrados que recoge la tradicin oral del
judasmo. Lo revelador de este texto es la similitud con los coligramas de Lino Cervantes,
ya que la disposicin tipogrfica del encantamiento, en su versin original en hebreo, es
parecida al triangulo invertido que describen los textos del heternimo.
Gracias al epgrafe, podemos afirmar que en este libro Montejo hall un material
importante de inspiracin para los textos que conforman el libro de Cervantes. La
eliminacin sucesiva de las letras del nombre tambin anticipa el procedimiento de
96
Como puede observarse, el primer verso contiene un sentido inteligible en el texto, que
en este caso alude a uno de los temas recurrentes en la obra ortnima de Montejo como
puede inferirse por la alusin al grito del gallo. Como se coment en captulos anteriores,
el gallo, especficamente por medio de su canto, se constituye en un eje simblico
alrededor del cual se tejen algunas de las preocupaciones esenciales para el poeta como
la memoria, el tiempo, el amor, la muerte, la palabra y su relacin con el silencio (Virginia
20). En el coligrama nos encontramos con la referencia a la nada del yo potico que se
identifica con el grito de gallo. Recordemos que en la potica de Montejo el canto del
gallo, o su grito, significa la pervivencia de la naturaleza en la poca de las grandes
ciudades y la modernizacin. Por medio de este tambin es posible la apertura de un
Captulo 4
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De esta forma es posible advertir que la imagen que opera en el coligrama cobra sentido
en relacin con el smbolo que ha establecido Montejo en su obra potica. En el poema
de Montejo el sentido es de celebracin por el canto del gallo, como pervivencia de lo
natural y de lo mtico. Por el contrario, en el coligrama la identificacin entre la nada y el
grito del gallo, es una manifestacin de desesperanza frente al nico testimonio de una
prdida esencial. El verso puede realizar una alusin a la modernidad, en la que la
presencia de la naturaleza y de lo sagrado cada vez es menos significativa, frente a lo
cual, el grito de gallo, si lo hay, es la nica posibilidad de contacto con un mbito esencial
de la vida vinculado al canto mismo y a la poesa. Lo que une al grito del gallo con la
nada es el silencio que lo sucede. El grito del gallo que, como dice el poema de Montejo,
parte de sus entraas, es un sonido que inevitablemente llega a su fin y se pierde en el
silencio. Podramos afirmar que este grito, o el canto del gallo, puede ser una metfora
de la poesa o de la existencia humana en general (o de ambas). El canto como
manifestacin precaria de la vida moderna es sucedido por la muerte o, lo que en este
caso sera lo mismo, el silencio.
Lo que prosigue en el coligrama, despus del verso base de la composicin, se resume,
segn el prlogo, en una extraa combinacin de sonidos mediante el sutil empleo de la
sncopa (2007a, 184). Cada nueva lnea del coligrama va eliminando la parte
prescindible, hasta alcanzar el ndulo central en torno al cual se aglutina el resto de los
sonidos (182). El verso inicial puede atribuirse, segn el comentario, a la imaginacin y
98
Captulo 4
99
sin forma. Para drsela, el autor busca aquellos materiales sonoros del lenguaje que estn
ms cercanos a esa nota. Los sonidos se unen formando palabras y estas se agrupan
finalmente formando temas, con los que, en ltimo trmino, se elabora un tejido inteligible.
(Friedrich 68)
Sin embargo, despus del principio de este proceso esttico, que se identificara con el
regalo divino al cual nos hemos referido, la bsqueda del heternimo, fruto del trabajo
consciente, no estara enfocada a darle forma a los versos que continuaran el poema,
sino en el proceso progresivo de reduccin de sus coligramas. Es decir, aunque en su
primer verso hay una aproximacin a la esttica simbolista, en el resto de los coligramas
se tratara de un proceso contrario al que menciona Friedrich: mientras en la poesa
simbolista se tiene un ritmo o una serie de sonidos en el origen del poema, y el poema es
inteligible y forma parte del habla, en los coligramas se comienza con una frase con
cierto sentido que se va reduciendo a sus componentes sonoros ms sencillos.
Por otra parte, en relacin a los otros heternimos, resultan significativas las diferencias
que se manifiestan entre Lino Cervantes y Sergio Sandoval. En primer lugar, recordemos
que el personaje Sergio Sandoval decide mantenerse ajeno, al igual que Montejo, a la
coyuntura social que aconteci en su pas y defiende cierto escepticismo ante la poesa
comprometida con las causas sociales. Esta distancia entre sus ideas polticas nos
permite evidenciar dos rasgos contradictorios que son explorados por Montejo a travs
de estos personajes, relacionados con el compromiso social del poeta que representa
Cervantes al tomar posicin en la coyuntura poltica, y la desconfianza que manifiesta
Sandoval frente a cualquiera de estos asuntos. Sabemos que este ha decidido
mantenerse alejado de la accin poltica a raz del continuo hostigamiento entre los
bandos durante aquellos aos. Sin embargo, no es posible afirmar, a partir de los textos
de Cervantes, que la suya sea una poesa que asuma un compromiso social. La muerte
del personaje, en este sentido, funcionaria ms bien como un guio mediante el cual
Montejo hace memoria de algunos de sus amigos y escritores que murieron al tomar
parte activa en los sucesos acontecidos en esos aos. Por otra parte, las referencias a
las lecturas de cada personaje que nos ha ofrecido el poeta, contribuyen a acentuar ms
la distancia que los separa. Como lo hemos sealado, Lino Cervantes fue influido
notablemente por Stphane Mallarm, Paul Valry y el movimiento simbolista, mientras
que Sergio, apartndose de las lneas renovadoras de la lrica moderna, tuvo entre sus
autores preferidos a Antonio Machado y Jos Mart, y buscaba estar en contacto con la
tradicin de la lrica espaola que proviene del Romancero, manifestando tambin su
100
predileccin por los cantares annimos (Sandoval 9-10). Esta distancia se evidencia al
leer uno de los coligramas del primero:
XXVIII
Mi vida es la sed del relmpago permanente
Midased rmpago druble
Mirrmpago bldur
Durmpago
Durpa
Dur (212)
Captulo 4
101
As, la sed a la que se alude en el texto tiene que ver con la bsqueda que ha
emprendido el heternimo, a travs de sus coligramas, de un lenguaje ms cercano a las
cosas, concebido como un camino que enlace lo sagrado con lo vital. Aunque podemos
cuestionar si con este procedimiento, en vez de acercarse sin inconvenientes al objeto
lrico, lo que se est produciendo sea todo lo contrario, puesto que como hemos visto en
el proyecto de Blas Coll, este termin condenado a la locura y a la incomunicacin. Lo
anterior teniendo en cuenta que, ms all del trabajo de depuracin y purificacin que
parece llevar a cabo en las dems lneas del texto, este resulta incomprensible para el
lector, en el sentido de que no se puede explicar literalmente aunque est lleno de
sugerencias, y nos lleva a pensar en uno de los juicios que hacen parte del eptome de
comentarios que Montejo ha reunido y aadido al final de la obra, firmado por un
supuesto Rafael Yepez: Otra lectura posible de la obra de Lino Cervantes consiste en
ver en sus coligramas cierta mofa de los experimentalismos acalorados que nos legaron
los vanguardistas de la primera mitad del siglo XX. Desde esta ptica sus textos
producen el efecto de una irona perturbadora sobre mucho de cuanto nos rodea (224).
El comentario va, sin embargo, mucho ms all de la dificultad para encontrar un sentido
en los textos de Cervantes, que lo acercan a la incomunicacin en la que cay Blas Coll,
toda vez que Yepez sostiene que la experimentacin de los poemas sirve para ver
irnicamente nuestra realidad.
Como parte del tejido que implica el artificio de la heteronimia potica en Eugenio
Montejo, otra de las notas, firmada por el heternimo Eduardo Polo, dice: A Lino hemos
de tomarlo rigurosamente en serio si no queremos que el futuro nos contradiga antes de
lo que imaginamos (222), afirmacin, que contraria a la de Rafael Yepez, invita a
tomarse muy en serio los versos de Cervantes. Sergio Sandoval, por su parte, participa
en uno de los comentarios que ponen en duda la seriedad con que hemos de leer los
versos que finalizan los coligramas, en los que se lleva a cabo el ejercicio de deformacin
y recorte de las palabras: Cuanto lleg a escribirse en Puerto Malo, tanto por el viejo Coll
como por todos nosotros, fue obra del inmodificable calor del lugar. Todo est, pues, ms
cerca de la termodinmica que de la literatura propiamente. En el caso de Lino, el efecto
del calor salta a la vista (224). El comentario aparece supuestamente en una monografa
apcrifa que el prologuista ha comentado sobre la obra de los heternimos, titulada Arte
y obra de los colgrafos y firmada por Amelia Rivas. Ntese que, en los apuntes de
ambos heternimos, Polo y Sandoval, estos no llegan a un acuerdo con relacin a la obra
102
Con un lenguaje mucho ms claro e inteligible, en el que los artificios lingsticos han
sido dejados de lado, el poema permite una indagacin en las ideas del poeta sobre la
poesa, al proyectar el yo potico en la imagen del robot. Esto afianza los vnculos de la
obra de Cervantes con los experimentos vanguardistas, especficamente con el
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103
104
Captulo 4
105
que, como sabemos, constituyen pilares de la potica montejiana. As, surge en la obra la
tensin entre algunas concepciones sobre el poema que provienen de tradiciones como
la romntica, la simbolista y la vanguardista, cuyo dilogo es posible en la obra del
heternimo mediante un tejido de relaciones de intertextualidad en el que distintos
autores, incluso los otros heternimos, tienen contacto. Adems, este encuentro incluye
el dilogo con los presupuestos estticos del mismo Eugenio Montejo.
La ltima estrofa del poema evoca un mundo misterioso, de oscuridad (caracterstico
tambin en la poesa simbolista), en el cual se insiste en un lenguaje huidizo, como el
relmpago, que Cervantes pretende atrapar mediante el artificio de sus coligramas, y en
el que las palabras se eclipsan. El tono es fro, muy acorde con el lenguaje
automatizado del poeta que se equipara a un robot. La voz del poema reconoce la
precisin y la eficiencia en su decir, propias de un mecanismo programado para cumplir
con exactitud su tarea. Esto ampla la distancia entre la imagen del poeta planteada en el
poema y la concepcin de este en la potica de Montejo.
En uno de los ensayos de La ventana oblicua, el poeta ha afirmado, en relacin a la
poesa de Gottfried Benn, algo que tiene mucha importancia para valorar el poema y la
tentativa potica de Cervantes: si dejamos de lado el plano tcnico y nos adentramos en
las implicaciones vitales del acto creador, las teoras de Benn dimanan un extravo no
slo inconsistente sino peligroso (45). De este modo Montejo rechaza la concepcin del
poeta alemn en cuanto al cuidado escrupuloso de la forma. Una crtica, en el mismo
sentido, es la que podemos inferir en el poema de Cervantes, en el cual prevalecen los
aspectos tcnicos de la creacin y el cuidado de la forma en detrimento del aspecto vital
y sagrado del poema a partir de la reivindicacin del sentimiento y la emocin. Al final, el
poema cuestiona la precisin y eficiencia, y as tambin las poticas que insisten
exclusivamente en el cuidado de la forma y de los aspectos tcnicos de la escritura. De la
misma forma cuestiona a toda una poca que ha alardeado de su desarrollo tcnico e
industrial. La frase que este robot repite de forma indefinida es una manifestacin del
peligro y los riesgos presentes en esta poca: Quin a mi siglo le pide poesa?.
Encontramos as que esta pregunta, que se expresa de forma continua e indeterminada,
es un testimonio claro, y al mismo tiempo una crtica del tiempo reciente, en el que la
poesa ha sido relegada por la tcnica y la tecnologa.
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que ha caracterizado las intervenciones del poeta cuando presenta la obra del colgrafo
Lino Cervantes, se destaca el tejido de textos que con maestra ha sabido elaborar y que
extienden an ms el mundo en el que habitan sus personajes, a partir de la
intertextualidad entre concepciones distintas sobre la poesa, el poeta y su oficio. El
personaje heternimo, como desdoblamiento y creacin del autor, encarna una historia,
una voz y un estilo propio, que establece sus nexos textuales con distintas tradiciones,
como el simbolismo y la vanguardia futurista, y con las inquietudes poticas de su
creador.
5. Conclusin
110
mediante el cual es posible ver algunos problemas de la poesa desde diversos puntos
de vista, de modo simultneo.
Teniendo en cuenta lo anterior, el recurso de la heteronimia potica en la obra literaria de
Eugenio Montejo puede ser interpretado como una forma de extensin de la consciencia
que el poeta tiene de su trabajo potico, y del lugar que su obra ocupa en la tradicin. Es
por ello que el autor se siente libre de poder llevar a cabo una ruptura, y abrirse otro
sendero distinto al que ha encauzado su escritura, por medio de la creacin de
personajes autores, poseedores de unas obras propias y distintas a las de su creador. La
heteronimia potica en Montejo se caracteriza por la idea de incluir al autor en la creacin
e integrarlo como parte fundamental de la obra, lo que le permite manifestar diversos
propsitos desde puntos de vista distintos, que sern descubiertos en cada una de las
obras de los heternimos.
Es as que podemos valorar la obra de los personajes heternimos que se agrupan
alrededor de la figura de Blas Coll, el maestro de los colgrafos, como un dilogo con
diversas tradiciones y puntos de vista, incluido el del autor. En el caso del personaje Blas
Coll, hemos podido comprobar la cercana entre ciertas convicciones estticas que son
centrales en la potica de su creador, tales como la bsqueda de un lenguaje nuevo, en
el que se supere la limitacin de las palabras para dar cuenta de la realidad viva que
rodea al hombre. Este lenguaje se aproxima a la posibilidad de devolverle a las palabras
algo del sentido sagrado que estas han perdido al alejarse de la vida y de la naturaleza.
En este caso, se afirman varios de los preceptos que acompaan la poesa de Montejo y
que parecen manifestarse, de forma similar, en el heternimo.
Tambin fue posible constatar algunas aproximaciones a las estticas romntica y
simbolista, respectivamente, que han influido igualmente al poeta. Estas surgen a partir
de la creencia en un lenguaje anterior en el que es posible la comunin entre el poeta y el
mundo, que Montejo y el heternimo manifiestan en los deseos en que se aproximan a la
idea de una poesa pura. Sin embargo, hay una distancia importante entre ambos
cuando, mediante el humor, Montejo se aleja de las ideas del heternimo, dado el
aspecto cmico que provoca la ingenuidad con que este materializa ciertas inquietudes
estticas. El ejemplo ms importante de esto es la idea de acercar el lenguaje a la
realidad, que justifica la purificacin del lenguaje que ambos llevan a cabo en sus obras.
De esta forma Montejo, al distanciarse de las ideas de su heternimo, expone ideas
Conclusin
111
suyas sobre la poesa que somete a la burla a travs del humor. Es importante destacar
tambin el aporte que hace Montejo a la prctica de la heteronimia con la variable de la
simultaneidad de espejos o planos, que enriquecen el carcter plural y mltiple de la
propuesta pessoana. As, el poeta sugiere la posibilidad de que el heternimo coexista
con la voz del creador y/o con otras voces intermediarias, como la que cumple el
prologuista y editor de las obras.
En el caso de los otros heternimos nos encontramos con que cada uno de estos
encarna una, o varias tradiciones, cuyo influjo es compartido, en cierta medida, por su
creador. La idea de la escritura en espejo se entiende as como esos distintos puntos de
vista que genera la heteronimia potica. En cada personaje se manifiestan aspectos
particulares que pueden ser compartidos o no por el autor, aunque enfaticen uno ms
que otro, a travs de un manejo distinto del lenguaje y del uso de una voz propia que, no
obstante, es inseparable del autor aunque en ocasiones le sea contraria. En este sentido,
Montejo afirmaba que, a pesar de no identificarse con el autor, los heternimos insinan
determinados rasgos de sus creadores (1996, 183).
Con el personaje Sergio Sandoval se manifiestan as algunas preocupaciones de
Montejo por las formas tradicionales en la poesa popular, especficamente por las
coplas. Pero la obra heternima enriquece el tejido de intertextualidad cuando tambin se
evocan, mediante los textos del personaje y el que sirve de prlogo a su obra, algunas
inquietudes espirituales de Montejo. As conocemos algunos de sus intereses
relacionados con las culturas orientales y con la recuperacin de un vnculo sagrado con
el paisaje, la naturaleza y el mundo, a travs del lenguaje. La preocupacin de Sandoval
por las formas tradicionales de la poesa popular y la copla, se distancia, no obstante, de
la potica de su creador, quien a pesar de la importancia que concede al tono coloquial
en el lenguaje, no desea limitar su poesa a la recuperacin o reivindicacin de
tradiciones pasadas. Por esto, puede leerse la obra del heternimo como un gesto
mediante el cual Montejo destaca la importancia de la poesa popular, de la palabra
compartida que surge del contacto esencial con la vida en el paisaje que es nombrado.
De forma similar sucede con la obra de Toms Linden. En ella se nos presenta un
conjunto de sonetos que provienen de la tradicin de las formas clsicas que tuvo lugar
en el Siglo de Oro espaol. Un rasgo que predominar en la obra de los heternimos es
la posibilidad que se le concede a la obra, a partir de la fabulacin del autor, para
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Conclusin
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