0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 136 vistas28 páginasIntroducción Al Primer Poema de Amereida
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INTRODUCCION AL. PRIMER POEMA DE “AMEREIDAT
‘Taller de América de la Escucla de Arquitectura U.C.V. 1974
Profesor Godofredo lommi M. 1982Desde antiguo se nos dijo que el pocma
alcanza por si mismo a ser escuchado mas no necesariamente
por todos y que no pocos, sino los més, requieren ayuda. En
el lenguaje, semejante separacién abre, por lo menos, grados
diferentes a una suerte de hermenéutiea introductoria a la
palabra misma - que implicitamente se debiera suponer ci-
frada a fin de descifrarla, Tal concepcién - muy al uso y no
sin rigores - merece, al menos, ser revisada, pues la herme-
néutica de palabras poéticas (dieci6n de diecién) “redunda”
lo dicho o deja de ser lo que pretende a causa de Ia consti-
tucién propia de la palabra poética. Exponer un poema con
palabras distintas a las que dicho poema cifie, no puede
pretender otra cosa que abrir un ambito de resonancias, en
el cual, sucesivas redundancias que caigan desde angulos
riiltiples, muevan y scan al par movidas por el pocma mismo,
cuales reflejos de lo mismo en transparencias y opacidades
que distinguen en el lago la curva de un follaje, De lo mismo
pues, un juego de multiplicaciones, Un dia, asi por cierto,
se nos dijo que el sol es cada dia nuevo, proposicién int
gible bajo el lugar comin desde que, de hecho, el sol podria
desde mahana no aparever jams. La admirable redundancia
del eada dia se expande para dovolvernos a la admiracién del
alba. Lo curioso es precisamente la posibilidad misma de la
redundancia y ain de qué manera ésta deja entrar a muchos,de suyo sordos, a la mera diceién primera y pottica.
Pero de hecho hablamos ya de una diecién
primera y pottica como de una piedra que cayese al lago,
dindolo a oft y dibujéndole, a la vez, circulos concéntricos,
hasta la misma invisiilidad de las orillas, 0 escritura conse-
1a asf - como se nos dijo - la eseritura apo-
cl ritmo del pensar y es ella,
yada en profundas raiees seg
a la vez, el depésito de sonido:
Pero qué es esto de diceién primera?
iCémo puede haberla en cl sentido que de suyo apareje
otras segundas y consecuentes - y segin nos fuera dicha
narias y fundadoras? Porque la diveién
de sf misma tal dieeiOn y exige, por
también ~ ot
primera o primaria
ser inicial, un origen.
lacién entre dicetin y origen fue can-
tada desde antiguo, como que consumada la ereacién det
mundo Zens pregunté a los dioses sumidos en silenciosa ad.
miiracién si algo faltaba para que fuese perfecto.
Y le respondicron que algo fal
voz divina para pregonar y alabar todas esas magnificencias. Y
le rogaron que engendrara las Musas. Algo asi como que al
silencio de la admiracion que antecede por y en el tiempo le
correspondiese este otro silencio sordo que exige la voz
hermenéutica ante ct himno; ante la palabra eregida que
una
lo y permite el habla, es decir, por definicion,
viene de un fo
la palabra en cuanto mythos.
1 Hablar, pues, de origen implica hablar de
mythos, de aquello mismo que en el eélebre fragmento 668,
ya en las postrimerfas de la vida, de quien fuera el pensador
por excelencia le hizo exclamar aquello de “cuanto més
solitario y aislado estoy més he llegado a amar a los mythos”,
No es, pucs, asf que la esencia del mundo se consuma en el
el decir? - acaso mediante exe doble silencio
cantar y en
recurrente
En la alternativa sin escape de diseurrir
acerca del origen, difieil es no sentirse forzado ya y ubivado
cn el juego de un “antes” primordial y los “después” conse-
Aun fuera de toda eronologia en el plano mismo de
la lingiiistiea - se nos advierte - la temporalidad es a la vez
trozada en sus tres articulaciones distintivas y muy limitadas
en cada una de ellas, Centrada en el “hoy”, ella sélo puede
distinguir hacia atrés y havia adelante dos distancias. No
queda sino que “ayer” y “mafiana” separados y cleterminadlos
por “hoy”, como téminos originales marcando distancias
temporales a partir de un presente lingiistico. O bien, en
plena relacién metafisica centrada, esta vee, en el tendere ad,
pues “en la actualidad - dijo el santo - mi atencién est pre-
sente: por ella atraigo lo que en el futuro fue, asi se hace el
cuentespasado”. De hecho, nadie puede pretender que el transcurso
propio de todo discurso, con su tiempo escurrente que desa.
parece, no extienda, a su vez y al par, la retencién 0 memoria
como eseritura irreductible desde la eual sea siempre posible
“incipit vita nova", Pero también con la condicién misma de
la memoria, ya no como facultad retentiva, sino como aque-
Ho que de hecho le es dado en el ritmo de emergencias y desa-
pariciones, debe trabajarse, Y atin en la propia vida de la
lengua, mas alld de la base estadistica que supone los cambios
lingiisticos de suerte que se puede esperar que una lengua sea
completamente transformada o reemplazada en un lapso
aproximado de cinco mil aftos, més alla de tales con
nes, se nos dice y con claridad, que las lenguas no mueren
sino que con la desaparicion de comunidades y culturas - y
esto en cuanto lenguas habladas -; aparicin y desaparicion
por aquello de que en el fondo de cada lengua se dice una
Visi6n del mundo que, en cierto modo, le es propia,
Memoria, mythos, origen se ligan y entrelazan peculiarmente
a todo historein. Mas ain, el propio fondo originario de cu
lesquier historein, para ser tal, es un hucco, literalmente un
agujero. Juan lleg6 al sepulero, dice el sermén,y lo que vio
fue el vaefo, el agujero en la historia que colma con su nada la
atencidn de un sentidlo, su atencidn hueca. Pues la atencion
- agrega -no contempla nada, ella no mira otra cosa que nada.
Por eso, para Juan, la Resurreecién ya no requiere de pruebas
para ser evidente. El hueco de esa nada abre Ia realidad inclu.
dible del futuro, Ese anonadamiento fue descrito méltiples
veces por quienes lo experimentaron desde quien confiesa las
seis angustias cuya la primera, nos dice, y més ligera, es de
una tal violencia que todos los hombres de la tierra, del ciclo
y purgatorio y atin los angeles, no podrian soportarla si fue-
sen dejados a su libre y desnuda voluntad, hasta la absoluta ti-
nieble mistica. 0 bien, por quien supo dejarse cazar, llevar a
fondo la caza contra sf mismo, anonadéndose ante Dios y
perseverar, asf, en el fondo, abandondndose completamente @
la voluntad admitida del Seftor. O bien, en otro horizonte di-
ferente, zquién no recuerda el célebre dislogo? :
“Tienes que aprender a esperar, a conocer la verdadera
espera”,
“ZY eémo se aprende? ".
Desprendiéndose de uno mismo, y dejando tras de sf y
junto, todo lo propio y en forma tan decisiva que no quede
de uno sino un estado de tensi6n sin propésito”.
La derrelieeién que no puede en su fondo
sin fondo eludir la promesa.
“Que Ia nada se haga nada
aparte el ser y el no ser
el sitio, 1a hora, la imagen’canta un himno del siglo XIII. ;No dirfamos que tales tra
fondos son dese:
fenomenologia antecedente a cualquier palabra-mytho, pues
es en vista de éste que se reconocen aquéllos?
EI silencio primario - se nos dice, ya a un
nivel diferente de toda experiencia religiosa - es la angustia
que abate la palabra. La nada se desvela en la angustia, pero
no como ente. Y tampoco es dada como objeto. La angustiag
no es una aprehensién de la nada. No obstante, la nada se
manifiesta por ella, mas no como si la nada se mostrase des-
prendida, “junto” al ente integro que se yergue en ta desola-
Toilas las cosas y nosotros mismos nos hundimos en
un “da igual", Tal experiencia radical vivida por un filsofo
cs la que da lugar al habla, tal como lo confiesa navla menos
a quien le tocé advertimnos el paso de la metafisica al pensar.
\ In vista de tal paso, se declara aquella primordialidad. ;No
j6n del habla abatida la promesa de un
late en toda reeupera
dicho?
Pero, aun més, cuando se pretende perforar
se produce como su
remo y el trazo - se nos
propio desaparecimiento, de suerte que la presen
ces, es el trazo del trazo, el trazo del desaparecimiento del
trazo, Bl trazo de este trazo que (es) la diferencia, no podré
sobre todo aparever ni ser nombrado como tal, es decir, en
rciones de estados, como una suerte de
su presencia, Es ese como tal que, precisamente, como tal
se escurre para siempre. Lat diferencia es, puede sor - se nos
agrega - mis antigua que el ser mismo. Habrfa, pues una
diferencia mas impensada atin que ta diferencia entre el ser
y clente. Y sin duda no se puede de hecho nominarla en
nuestras lenguas pues se difiere sin cesar (se) (eazaria (ella
misma), esa diferencia seria la primera y la iltima traza
atin se pudicra hablar de origen y de fin, Esta apreciacién
extrema se arroja, tal ver a stt pesar. al scereto jiibilo nostil
tal diferencia nos donarfa yaa
istoria,
desarreglanlo absolutamente
. toda teleolo,
givo de un futuro en el eua
pensar una escritura
sin causa, sin arjé, sin telos,
. toda teologi
logia. Una eseritura - se nos dice - que excede la historia de
la metafisica, La comprendida en la gramma aristotéliva cn
su punto, en su lincalidad, en su cireulo, en su tiempo y en
su espacio, EL arranque lirico, por insistido, del pirrafo, dice
dle suyo Ja nostalgia liberadora de un aire que por sustentadae
mente perecible fucse, a su vez. imperevible,
Por otra parte. eon una
el povta nombra lo originario renovado a trav
texto como una anulacién incesante con su men
temente nulo y lo reanuda desde otro poeta sei
in ausencia, sin
in presencia y s
‘4, toda onto.
toda dialéet
ura penetrante,
de todo pre
saje constan-
doen]“Je ferai vers sur pur neant
‘ne sera sur moi ni sur autre gent
ne sera sur amour ni sur jeneusse
ni sur rien autre
je lai composé en dormant
sur mon cheval.”
Claro esti que tal nada va a dar la dama que se ignora quien
‘es. quien nunca vio pero ama
~J'ar fait ce poéme
ne sais sur quoi
et le transmettrai a celui
qui le transmettra 4 autrui
Ja bas ver Anjou.
La anulacién incesante, pues, se arroja, quiérase © no, a la
transmisin y expecialmente al amor mismo dle cuyo invisible :
la pura promess desnuda en su errancia.
La casi imposible disociacién de_palab
con my the ha stde analizada en nuestros dias no sin empefio
tenaz. para desmitologizar “rigurosamente” los Mitos, de
suerte que se pudiese desvertirlos considerindolos come fa
bulaciones efieaces, o bien, para “deshacerlos” y dar con su
vacuidad. Lo cierto es que toda palabra que habla de palabra
no puede whudir ta signifieacion primordial de la palabra
wente la de: palabra. Con brutal inge-
myth que es pre
nuidad y legitima indicacién hay que decir que desde siempre
mytho quiso decir palabra y que, en tanto, se usan éstas se
usa de aguél. Cierto es que mythos indica palabra, ya ce la
considere como fuente originaria, como centro 0 como
centro inestante 0 como fluidea eseurrente y sin huella al
modo del vuelo del pajaro sin estela.
4No est enraizada la palabra en la calidad
misma de 1a memoria como tal y memoria como Mnemosine?
Antes de aproximarnos a cualesquiera ten-
tativa de respuestas, abe reconocer que se entiende por
mitologia tanto en su realidad compleja y cultural como en
misma: palabra, en niveles diferentes y ain en
ni por mien.
su acepei
aquellos en los que la palabra no se “relacion
tes con mythos.
Para quienes pensaron con toda acuidad
Ja mitologia eual aptitud o realidad fundadora en euya misma
interioridad y desde la cual es s6lo posible pensar y verificar
tuna determinada cultura més que cultivadora, ies quedé
dicho aquello que Ja mitologia nace dle “golpe”. tal cual, y
no tiene otro sentido sino aquel que dice. Asi, por tal nece-
sidad con la que nace - se dijo - la mitologia posce desde los
comienzos una significacién real y al mismo tiempo doctrinal
¥ vista la necesidad con la que nace, igualmente su forma; es
preciso comprenderla tal como se manifiesta, como si nadaidlo, cual si no dijere sino lo que
0
hubiese en ella de sub-ent
dice. La Mitologia no es alegérica sino tautegorica (lén
tomado en préstamo at conocido sabio Coleridge, el primer
inglés que haya comprendido y sabido inteligentemente uti-
lizar la poesia, la ciencia y sobre todo la filosoffa alemana....
en razon de es ¢ Lérmino que le tomo en préstamo
= se nos dice - le perdono con gusto todos los que me tome
prestado en sus obras sin mencionarnos).
Y afin campos tan distantes det mencio-
nado como son los de los trabajos antropolégicos se dive que
41 mito, segiin se lo encuentra en comunidades primitivas, es
decir, en su forma original, no es mero relato sino realidad
viviente; no se trata de pura ficeién - parecida a aquella que
gozamos en cuentos y novelas - sino de un hecho originario
que de manera ininterrumpida domina y define e! mundo y
el destino de los hombres... es un factor viviente de la civi-
lizacién humana, no una explicacién intelectual o una fun-
Afirmo - se nos dijo - que hay una clase
¢ invorpora a la ética y a la organiza.
tasta artistica,
especial de relatos qu
cién social y forma el elemento eseneial de las eulturas primi
tivas, Tales relatos no se propagan por su interés superficial,
externo, ni como deseripciones fieticias, 0 porque pretendan
ser “verdaderos™, sino porque representan la afirmacién de
idad mis alli y mas importante que determina Ia vida
actual, el destino y Ia “actualidad” del género humano, y
porque su conocimiento constituye la bate de acciones
éticas y rituales.
Con Ia relativa precisién cientifiea del easo
se llegé a probar que en Homero mismo, mythos es una
palabra mas antigua que logos y que corresponde a la mis
antigua esencia de la palabra como testimonio de aquetlo que
fue, es y seré; como propia revelacion del ser antiguo y ve-
nerable sentido que no distingue entre ser ¥ palabra. ‘Tam-
bign se ahondé atin mis cuando se probé que es imposible
ya separar mythos de culto, de suerte que lo divino en donde
el hombre se sabe protegido no es, para los grivgos, lo “del
todo distinto” en donde se refugian aquello:
realidad mundana esti desdeificada. Todo lo contrario, se
nos dice y no sin impetu, es precisamente lo que nos toca y
se hace forma en la realidad de nuestros sentido: y de nuestro
tu. Todas las cosas y fonémenos hablan ie él en la gran
gregh que ol
la
para quienes la
epi
hora en que hablan de sf mismos. Alguie
mytho es lo constantemente actual. Atin en sus extremos
anulacién incesante es simétrica de aquello que se dijo en
‘oa-Nou en cuanto que “la selva, entera en los limites de la
jon”: renacimiento sin fin,
olver Ia
inmensa vida, perpetua transi
Lo cierto es que nadie puede
memoria (Mnemosine), fondo genuino de toda escritura ydepésito sonoro y, con ella, el enigma mismo de todo histo-
rein que solo reconocemos por la palabra histérica, Por tal
raz6n, nadie puede eludir el término mythos en cuanto dice
“palabra”. Versado sobre Hesfodo un filélogo nos advierte
la identificacién teogénica que yace en Khaos, Gaia y Eros
como instancias primigenias y causantes de la entera realidad,
como tensién de rememorar y nombrar el todo. Nos dice, no
sin finura, que el vinculo constitutive del despliegue teog6-
nico es Khaos, que en Khaos vivimos, nos movemos y somos,
de donde el “todo” es, pues, absoluta simplicidad entitativa
del “abierto”, de cuya modalidad depende el todo configu-
rado, el todo como tensién de las partes. Por eso, agroga
Mythos ¢s ahora desplegar analiticamente la presencia del
manifestante en la articulacion del manifestado. La fuerza
infrangible de Khaos, el todo manifestado, en contraposicion
del todo manifestante, ejerce en el todo manifestado la Me-
moria o Musas 0 Canto. Ellas - se nos dice con agudo inge-
nio - retroceden del todo manifestado y en Ia exaltacion que
resulta de este hymnein se transparenta la coronacién de la
palabra de Caliope. Para coneluir, audazmente, proponiéndo-
nos que las contraposiciones y armonias, especie de concor-
dia-discors preheraclitica manifiesta en Hesfodo la alertada
vigencia de la mente helénica, determinada por los contextos
objetivos del mundo suscitante de una nominacién infrangi-
ble del objeto y viviente en una experiencia de concordia
I”. En las Musas - agrega - a su vez confirmase la
memoria del todo originante articulado, arménico y la palabra
exultante en el hymnein constitutivo de las Muses. Pareciera,
hasta aqui, que enfrentamos la encrucijada que Mythos-
Palabra leva latente.
Conviene, en todo caso, antes de legar a
semejante encrucijada, reconocer eara a cara los sentidos que
pueden darse a Mythos como Palabra, Para ello haremos un
corte en las cotas cuyas muestras serén, suponemos, sufi-
cientes para englobar matices distintos que no consideramos,
dejando de lado el falso deber de una antologia.
‘mo se discurre de la palabra en la
Recordemos un verdavlero teorema
ciencia lingifstica?
siempre oportuno, aquel que nos indica que una lengua es
radicalmente impotente para defenderse contra los factores
‘que desplazan de instante a instante la relacién del significado
con el significante. Es una de las consecuencias de la arbitra.
ricdad (imitil fingienos que no Ia asociamos al hueco 0 agu-
jero) del signo, La lengua - prosigue el teorema - no estd
limitada por nada en la eleceién de sus medios pues no se ve
que podria impedir asociar una idea cualquiera con una serie
cualquiera de sonidos. Y para corroborar esa afirmacién
come corolario se nos diré, ademés, que se ha pretendidoque la lingitistica quepa directamente en la psicologia y de
lla espere sus luces. Mas, ;posee la psicologia una semiolo-
gia? Le pregunta es initil - se responde - pues si ella pose-
yera alguna, los fenémenos de la lengua que la psicologia
ignora serfan tan preponderantes por si mismos, como base
del hecho semiologico, que todo lo que pudiera decirse, mas
alld de estos mismos, por la psicologia, no representa, de
hecho, nada o casi nada,
En territorio, pues, de la palabra como tal,
Ia Tingiistica se las ha de haber con esa encrucijada que alu-
diamos, aunque por cierto nada le impide, como a cualquier
ciencia, tener un desarrollo fecundo dejando entre paréntesis
ese problema sobre el cual puede repentinamente por otra
via volverlo a tomar y repartir. ;Pero, cémo sefiala una
palabra su distineién de otra, cientéficamente hablando?
Graficamente - se nos dice - por el blanco que se deja entre
ellas aunque - se advierte - en muchas lenguas el acento es
nitidamente demarcatorio, © bien, para delimitar las uni-
dades sucesivas del discurso se ha considerado calewlar la
probabilidad de cada uno de los segmentos minima - fonema
© letra - en el lugar donde aparece. Sin embargo, se constata
que los blancos de los textos no coinciden necesariamente
con Ia caida de la curva de probabilidad, en la ocurrencia,
porque las ortografias, en general, estin Uenas de inconse-
cuencias. Todos los esfuerzos - se confiesa - para dar al
témino “palabra” un estatuto propiamente cientifieo, topa
con el hecho que junto con el caso sobre el que se puede
pronunciar umo, sin dudas, hay otros en que ninguno de los
criterios utilizables nos permiten responder por si © por no.
Y el lingtiista, no sin coraje, concluird seftalando que es, sin
embargo, detris del “ecran” de la palabra donde aparecen
muy @ menudo los trazos realmente fundamentales del len-
guaje humano. Ese “hueco” se nos ha venido presentando
como wna cuasi constante y no deja de ser indicativo el hecho
que justamente el concepto de “palabra” sea cl mas remiso
paca ser cernido cientificamente, Pero atin més, en cuanto se
refiere ya ala diversidad de estructuras de les lenguas huma.
nas hemos de encontrarnos con factores tales como “ilumina-
cién interior y gracia de circunstancias favorables”, tal como
lo recuerda aquel célebre pardgrafo “La aplicacién a los fines
internos de la lengua de formas sonoras pre-existentes.an
puede ser pensada como posible en los periodos medios de
la formacién de una lengua, Por una iluminacidn interior y
por Ia gracia de las circunstancias favorables exteriores (cémo
no recordar al paso In nocién antiquisima y sostenida de
Fortuna, agregamos) un pueblo podréa impartir a la lengua
que ha heredado una forma tan diferente que aquella se
tornara una lengua de hecho otra y nueva”. “Sin modificarJa lengua en sus sonoridades y menos ain en sus formas y
leyes, es el tiempo el que a menudo por un desarrollo
ciente de ideas, una elevacion de la fuerza del pensamiento
¥ una profundizacion de la eapacidad de sentir introduce en
ella Jo que antes no posefa, Entonees, en li misma morada
va a posarse un sentido nucvo, bajo el mismo sello se ofteve
alguna cosa diferente y obedeciendo a las mismas leyes de
relaciones se anuncian otros escalonamientos en el cuerpo
de las ideas. Esto es el fruto constante de la literatura de un
pueblo y en la interioridad de ésta, sobre todo de la po
y de la filosofia”, Muminacién interior, Fortuna, tiempo ¥
mismidad de morada para la renovacién incesunte, Y bien
sabemos e6mo en lox mejores perfodos de la escotist
trabajé burilando el concepto desde dentro sin modificar la
forma y sonoridad (por ejemplo, el coneepto de “persona”
desde Aristoteles hasta Santo Tomés).
Pero, respecto de la lengua en cuanto tal,
hubo otro modo, realmente mitico, de considerar la palabra,
Las sflabas de Ia palabra griega - se nos ensefia - tienen una
duracion propia, establecida desde siempre e independiente
del estado afectivo circunstancial del que habla, Una ley
objetiva y propia del idioma y que le da una rigidez particular.
Por ello - se explivita - en el idioma griego, antiguo, el ritmo
surge de su estructura un espiritu se nos aparece y que no
slepende de nuestra voluntad, Las palabras - se nos dice -
estin regidas a ma Se agrupan como piedra
vo. Forman figuras estitivas, no puede establecerse
n entre ellus y nosotros, no es posible refundir-
nidad del sujeto, El idioma griego es una lengua
1s, no se asemeja a la expresion facial viva... el
yo es tna presencia como la mascara en la tragedia
jeno el pathos condieionado
I
bra le es
por el contenido que & menudo se infiltra en el discurso, Ese
hablar rigido contiene el ritmo estitico del “tiempo cum-
plido” algo de inmodificable que asusta pero justamente, por
cs, s¢ presenta también con cardeter liberator, Ese hablar
crea La realidad al nombrarla, Estas palabras pueden ser
dlichas con admiracién, Querer declamatlas expresivamente
cn sentido occidental seria disminuirlas, Lo que esta presente
en el verso griego es el destino mismo, e+ el divs y éste no
debe convertirse en una oscura declaracién humana, EL
70 no s6lo sea idlion mibién masiea
cn sf mismo, sin que nada deba anaditsele para lograclo, s6lo
hweho de que el y
ir en La eireunstancia de que el s
finicamente “idioma” en el sentido habitual sino que pose
aulemas un atributo musieal particular. Y por eso exige a su
vez el dominio det movimiento corporal: la danza. ‘Thesis
signifies bajar el pies Arsis, subirlo, Y esas son las designa-
puede raiciones del pie en el verso griego, Le palabra fiseamente
realizada. De alli la Mousiké.
Por cierto que ante La viva configurarte
que funda en mytho hay quienes suponen al hombre
“gerancado” (tal seria La condicion humana) del ritmo co~
truir y revonsteuir desde esa su “um
mico y arrojado a eo
propiedad” la “propiedad” de ry thmo~
Pero hay otros que *uponen y admiten in
cluir la serie natural de ta vida en el principio teogénico unt
ta profiado de
nes filosofiea
rian apenas Formas
is fuerte» profunde
a eultura
fv que sustenta of hombre
protoforma el mytho - y las represent
particulare
alusivas, Dios - 0 los dioses - el origen em
que el decir filosifivo © mitologema ini
Las cosas agregan «realmente abiertas unas a fi otras. eM
ten unas en otras concluyendo y refluy
procesal y alrépira un determinado mundo mites Ae
dicen » constituye un matiz de posibifidades que gobreenan
un periode del aeontecer mundial.
Hemos visto hasta aqui las diversas opt
ones del mito a nivel de discurso logico que subre aquél
weialmente, el
y tempranamente finitas
cial dew
ulo en su existencia
Plantearnos. come lo
diseurre,
problema mismo de la hermenéutica, en por:
a una afirmavion: 1a redundan
poesia, por ser tal. diecién de dievidn, al hecho de una
palabra primera y otra conseeuente. La nocién de palabra
primera ronduce necesariamente a la concepcién de palabra
tomo mythos ¥ por ello nos fue necesario revorrer algunas
die las vicisitudes que la acepeién de 1a palabra mythos y
mitologia tienen y tuvieron.
Lat necesidad inicial xe nos plantea porque
mos redundar acerca del poema inicial de Amercida,
le de la aparicion
pretender
que afronta el hecho simple pero irredargi
de un Nuevo Mundo que de hecho aparentemente brota,
sin palabra mitica.
antes de urdir el juego de resonancias
que nosotros Hlamamos Gniea y posible hermenéutica de un
poema - pues toda otra que pretenda explicarlo no pucde
hacerlo, por definicion, no puede “introducir™ al poema,
‘Antes de urdir tal juego debemos constatar un hecho que se
desprende del eamino recorrido en el anilisis del mytho.
Lat memoria como Mnemosine (es decir, en
«ar acepeién més honda y de suyo inaleansable (constituye
el hueco o fondo parlante tanto en las consideraciones sobre
cia como acerca del sentido mismo de mythos.
igen". punto inicial que
la redundat
Sea é&ste considerado como “ot
transparenta el origen, como vivo espejisimo de un futuro
cual emergencia incesante que no permitiria siquicra Ia postbilidad de nominar su teazo en este titimo caso, como en el
J mytho vendria a ser un sostenidy
de La anulacibn ineesante
arse sin cseape alguno, En seguida, es logilime agregar
aqui qi
yamos, el transeurso, que como todo transcurso impliea eon
at fincal 0 no), es includible y responde
mo de la memoriadepésito; memoria cual
y del
en este mismo eserity en ef que tratamos de expl
igo una geometria (
al cursarse
pulso propio del ojo de la fantas
terminantes también biolégicas disefian un mi
técita y eallada y, sin embargo, elaborante sobre datos inivia
les, ya hereditarios, pero decidibles, © aiin sobre funciones
genio que bajo de:
do; memoria
lo arbitrario mismo), en la aurora,
nds alejadas y oseu ”
ya de un puchlo sino de una lengua que concluye por cons
dar figura y destinacién a una comunidad humana. Ex
tru
decir, constituyéndose ésta finalmente en historia por el Kai-
ros esencial que le sobreviene « coherencia, oeurtie deste la
propia esencia de la temporalidad que 1a memoria “per x"
testimonia, Si se la piensa atin més fucrtemente que come
mera funcion rememorante (cou su binarismo dv olvido y re-
cuerdo) ¥ ain como previsora, por un jucyo «
ree que hay en ella una constan
terminado de
ctudible
stimulis, nos
que, como su propio rythm, la expande y que con delicate.
za debemos llamar nostalgia. De hecho, el mytho ha
tado desde perspecuidades agudas y miilliples pero ninguna, a
nuestro parecer, puede eludir esa nostalgia o conjunto vacio
de la memoria. La lengua portuguesa con envidiable finura
tiene un término para sefialarla: saudade, que es nostalgia de
todo y de nada. Y no recuerdo y olvido. Nostalgia evocado-
ra, promisoria, cuasi jubilante frente a su propia desaparicién
sin estela. Remembranza que clava en un futuro siempre di-
ferido un dardo arrojado - el continuo ir presente - desplazén-
dose 0 dirigido hacia un hacia cualquiera, ete., etc, Ia pre-
gunta radical es: zeabe Mnemosine sin nostalgia originaria?
De otro modo, lo que se pregunta es si es posible que, en sf,
Mnemosine (el mytho) pueda dejarse de decir inicialmente.
Pareciera que Ia nostalgia se descubre siempre de hecho y
subsiste en el propio actuar del hombre, en cuanto todo
hombre esta hecho para grandes acciones y bellas palabras,
segin el paradigma de Aquiles. Lo cierto es que ya se trate
6 se destrate de la palabra, del origen del discurso,elmytho
aparece de modo proteico y doquier. El vigor nebuloso de
Ja nostalgia puede darnos a entender el ritmo mismo de la
memoria. Esa suerte de conjunto vacio en el juego de entre-
lazamientos, sibitas perspectivas que se incluyen, se distin-
quen, se destierran, levantan fondos de claros oscuros, ¢x-
ponen un ritmo de cadencias diferentes, Pareciera que hasta
hoy la ladera por donde tal ritmo desciende rueda desde una
cima hueca como eriter sin fondo. Ladera que ha permitidola cailencia como especie de rememoracién primigenia 0
© anamnesis, sean cuales fueren sus interpretaciones 0 modos.
Mnemosine se nos presenta asf también
como fundamento mismo de la Raz6n - aquella Razén con
mayiiwcula que dijo Rimbaud -; y su cadencia es Ia que nos
hace estar y ver 0 no ver las pulsaciones del mundo moderno
y8 sca en la ansiosa o en la calma pregunta acerca del mundo
contemporineo y su tradicién, No olvidemos aqui, y al paso,
2 quienes sostuvieron que la leyenda es la verdad y la historia
el enguio, La pregunta por una memoria sin nostalgia primi-
genia es un contrasentido, desde que la motivacién propia de
la palabra supone justamente 1a palabra en su estructura
Ultima de evocacién y aleance.
Ahora bien, para nosotros, el caso es ex-
tremo; debemos enfrentarnos al hecho simple ¥ brutal - como
un diamante - concreto e histérico de la Aparicién de Amé-
rica para tantear en él la posibilidad, al menos, de una eaden-
cia en el rythmo de Mnemosine y por ende en la palabra en
‘cuanto ella por ser rythimo es canto.
Por ejemplo, no es posible pensar Europa
sin el Rapto, De hecho se acota y se explica la nocién y la
historia de Europa a la luz de tal Mytho que va poéticamen-
te desde el cruce acuitico a lomo de toro a la fecundacién
de Leda por el Cisne.
“Europa” - ensefid Ratzel - “es de suyo un
concepto politico.
O bien, Husserl dird: {Cémo se caracteriza
Europa enten-
la estructura espiritual de Europa? Es de
dida no cartograficamente o geograficamente, como si pre-
tendiese circunscribir el ambito de los hombres que conviven
aqui territorialmente en calidad de comunidad europea, En
el sentido espiritual pertenecen manifiestamente a Europa
los Dominios Britinicos, EE.UU., ete., pero no los esquimales
ni los indios de las exposiciones de las ferias, ni los gitanos
que vagabundean permanentemente por Europa. Con el
titulo de Europa tritase evidentemente aqui de la unidad de
un vivir, obrar, crear espirituales: con todos los fines, inte-
reses, preocupaciones y esfuerzos, con los objetivos, las
instituciones, las organizaciones. En ellos actin los indi-
viduos dentro de miltiples sociedades de diferentes grados,
en familias, en linajes, nacionales, donde todos parecen estar
interior y espiritualmente. De este modo se habra conferido
a las personas, a las asociaciones de personas y a todas sus
creaciones culturales un cardeter de enlace total. “La estruc-
tura espiritual de Europa”. ,Qué es esto? Es mostrar a
idea filos6fica inmanente de Europa (de ls Europa espiritual)
0, lo que viene a ser lo mismo, la teleologia inmanente a
ella, que se da a conocer en general desde el punto de vistade 1a humanidad universal como el surgimiento y el comienzo
de desarrollo de una nueva época de la humanidad, de la
época de una humanidad que en adelante s6lo quiere vivir y
puede vivir en la libre formacién de su existencia y de su
vida histériea a partir de la razén hacia tareas infinitas.
Aunque las naciones europeas se hallen tan
enemistadas como se quicra, tienen ellas empero un peculiar
parentesco interior en el espiritu que las penetra a todas, que
trasciende las diferencias nacionales. Es algo asf como la
fraternidad que nos da en esta esfera una conciencia patria.
Esto salta a la vista tan pronto como tratamos de compene-
tramos, p.cj. con la historieidad de la India, con sus miltiples
pucblos y conformaciones culturales. En esta esfera existe,
por sti parte, la unidad de un parentesco familiar pero ex-
trafio a nosotros. Por otro lado, los hombres de la India nos
sienten como extraftos y solamente a sf mismos, entre ello:
procedentes de un hogar comiin...... preseindiendo de toda:
las consideraciones de utilidad se convierte para ellos en un
motivo continuo de curopeizacién, no obstante Ia voluntad
inquebrantada de 1a autoconservaci6n espiritual, mientras
que nosotros si nos comprendemos rectamente jamés nos
sindiaremos. La Europa Espiritual tiene un lugar de naci-
miento. Es la “nacién” de la Grecia Antigua hacia los siglos
Vil y Via.C. En ella surge una nueva actitud hacia el mundo
los griegos lo Haman filosofia. Correcta:
cireundante.,
mente traducido, esto quiere decir, en sentido o
ercencia de la integridad del mundo, de la unidad
una humanidad peculiar que viviendo en la finitul tiende
hacia polos infinitos...... Esto oeurtid primero en el espacio
espiritual de una sola “nacién”, la gricga, como éesenvolvi-
micnto de la filosofia y de las comunidades filo
En cambio, América, tiene de
fecha precisa de irrupcién en el mundo y no tiene *
sencillamente porque no ha sido pronunciado, no ha sobre
venido a la voz. Impropio, nos parece pensar, que ios mitos
precolombinos scan tratados como mythos amerivanos por-
que era cosmogénicos, configurando mundos propio ajenos
a América, asf bien Hamada a causa del seftor Vesp!
4No nos propone esa peculiarided de Amé-
ia de Mne-
inario,
nytho”,
rica tentar cl ojo més finamente sobre la cade
mosine? ,Pues que la configuracién americana va desde
Alaske a la Antirtida y es de hecho - y de qué modo - ee
del Historein contemporineot
A tientas entremos en esa brusquedad.
Dos momentos laten en la memoria de
América, Su descubrimiento, mejor dicho, su uparicion
medio a medio de la proeza curopea. Procza que se alumbra
dlsde la cabal nocién de imperio como ambito propio y librepara el ejercicio del derecho (aclaracién necesaria para no
confundir imperio con “imperialismo”). Por otra parte,
como tal aparicién, no se promulga en mytho.
Puede pensarse - y asf lo hacen no pocos -
que América es una modificacién integrada al rapto inicial
de Europa que en la fecha asomé desde Castilla y Sagr
viceversa, otros pretenden que el mytho-mundo de los pre-
colombinos incluiria al nuevo continente. Pero ni los desa-
rrollos ni las indicaciones que ofreven esos trabajos, pese a
i finuras, dan cuenta de un hecho: AMERICA. Antes bien
son discursos ricos en sugestiones, mas no enfrentan esta exis.
tencia o inexistencia de Mytho.
En el intento, pretenderemos permanecer
cara a cara a la seneillez del hecho recibido y tal eomo nos
fue dado.
E| resultado, nos parece, produce de hecho
una real mutacion en la cadeneia de Mnemosine. La apari-
cin mera, euya nota es ser precisamente apareeida como
una expansién que no cupo en céleulos ni en expectaciones,
semejante a un sabito “Aqui estoy”, y que por esa razén,
con delivadeza, hemos llamado: saludo. El saludo, de hecho,
supone cl hallazgo ¢ implica subsiguientemente un reconoci-
miento, pero de tal modo que ese presente se acentia mas
como regalo que como inminencia y con ello eual gratuidad
jsospechada, es decir, mero hallazgo.
Mas, ;cudl es la configuracién propia del
hallazgo? Sin abandonar el nivel del lenguaje mitologico,
digamos que él implica en su fondo un Aidés (con la fuerte
connotacién admirativa que da la significacién de pudor).
Tal como se dijo de Aidés, pues en la vega intocada donde el
pastor no se alreve a apacentar el rebafio, donde nunca
irrampié el hierro filoso, por donde s6lo pasa la abeja en su
wuelo vernal, aqui reina Aid6s vertiendo el roefo puro. EL
hallazgo se diferencia del encuentro porque no cabe en
ninguna perspectiva de la accion que se emprende y menos
ain puede estimarse como el re-encuentro de lo que se busca
© atin de aquello que sin saberlo inicialmente ce descubre y
reconoce como ya existente en un fondo inconfesado.
Por cierto que puede aducirse - pero ya en
nivel de lenguaje histérico - que aquello que aparecié como
América distaba mucho de ser lo “emanado de la pureza”
que canté el poeta, Pero aqui no tratamos de lo que fuera
el lugar antes de aparecer como América sino de esta misma
América de hoy, tal vez aun nunca sida plenamente y compa-
reciendo como hallazgo real y verdadero. Confluencia de la
impensada aparicién con el historein real (a diferencia, por
ejemplo del continente australiano explorado y buscado
tenazmente en el Pacifico).Pero, debemos avanzar
hender la posible mutacién de la eadeneia de Mnemosine y
wanzar en el terreno mismo de la palabra en euanto palabra
2Cémo es en ella posible un mero hallazgo?
La respuesta se apronima si se avista la
palabra en cuanto palabra poética. Esta - y manteniéndonos
por comodidad expositiva en el Ienguaje mitolégico - es
regalada a Hesiodo a fin de sobrepasar el estado ventral del
hombre. 1a nota decisiva de tal palabra regalada es que ella
puede exponcr, mentit 0 decir verdad. Es decir, la condicién
misma del lenguaje. Nosotros, desde siempre, hemos soste-
nido que fa palabre poética, como tal, se deja reconocer, se
da a conocer cuando més alld de las significaciones que son
inherentes a toda palabra, deja a la luz ese filo constitutive
de su ser poiesis y no otra cosa. A diferencia de las palabras
principalmente signifi ieregamos - que la
més, para apre-
palabra poética no lo es porque ella indique ni verdad ni
mentira, sino que a través 0 con lo que indica se ofrece en
Ia plenitud de su riesgo que es precisamente su esencia pot
tica © manera de ser propia, Ella se nos da como tropo sin
posibilidad de juicio pero como posibilidad de que éstos
existan. Su modo de decirse es ella misma - imposible pues
escinditla en modo y significacion - y por ese hecho es de
suyo ritmica, modulacién Gltima que apags cuanto pueda
preferirse y se erige a sf misma en filo de significados, Tal pa-
labra es mero hallazgo, imprevista donacién. Y continuando
con el lenguaje mitolégico, digamos que es hallazgo en pleno
Aidés y por eso real Fiesta (asf se cuenta el “tiempo” de
Mnemosine) que acarrea consigo su invencible ambigiiedad,
filo o finura que produce la palabra poética. Por una parte
= nos fue dicho - apaga la punta del rayo eterno, se apodera
con el sueiio, en pleno cetro de Zeus, del dguila y deja pender
a derecha e izquierda su ala répida al rey de los péjaros.
Sobre su cabeza - canta la Pitica - ha esparcido una nube
sombria, dulce coraje de los parpados, duerme y levanta su
flexible dorso poseida por la magia de sus sones. As{ también
= continiia - el violento Ares depone la punta armada de su
lanza, deja al reposo suavizar su alma y de los mismos dioses,
tus trazos, encantan el corazén gracias al saber del
Leteo (anotemos el olvido) y las Musas de amplias vestiduras,
imno agrega, que todo cuanto en la
Pero, por otra parte, el
tierra y en el mar no ha querido Zeus se estremece al oir el
canto de las Pierides. Por lo uno y por lo otro, descle el dulce
ccoraje de los parpados al estremecimiento adverso.
La palabra as{ expuesta, cual solamente,
donada, imprevisible ¢ imprevista, paso en el campo de un
célculo, La palabra, indicdndose antes que nada a s{ misma
en esa su condicién de los més allé y mas acd de las conse-cueneias, esa palabra la lamamos hallazgo y a su aparicién,
pues, esta esencia o manera de ser de la
palabra poética como tal, con el advenimiento de América
“sin mytho”.
Pero ain cabe una duda, ;de qué manera
el don o hallazgo se indica a si mismo y exclusivamente como
tal? Aqui la relacién con el tiempo, consel mismo historein
puede aclaramos. El recuerdo, la promesa, la inaprehensibi-
lidad fugaz de cualquier origen o fin, la expectacién y, con
nds rigor, en la constitueién de toda temporalidad histérica,
Ja esperanza es funcién: arroja alli sus dados.
Precisamente, el modo propio que tiene el
hallazgo de indicarse exclusivamente como tal, a sf mismo y
simplemente, cual saludo o don es el de equivocar, no dar
con la esperanza “esperada”. Caer fuera de ella desde un
Aidés que, como tal, se manifiesta en el campo de cualesquier
esperanzas 0 desesperanzas.
“Muchas formas son tomadas por el destino
¥ muchos acontecimientos inesperados se cumplen
por los dioses. Lo esperado no llega a su término
y alo inesperado el dios le abre paso. Se lo ve
por el fin de esta accion" - nos dijo el tragico.
No deja de ser curioso, por otra parte, que cuanto venimos
diciendo lo escribimos deliberadamente en la confluencia del
lenguaje mitolégico ¥ del lenguaje histSrico, pucs tratemos de
un hecho histéricamente reconocido por esa ciencia, de la
aparicién de un Nuevo mundo que ha hecho y hoy hace - iy
de qué manera! mundo y de la palabra misma que puede
revelarlo como tal.
El canto que nos ha obligado a tan Targa
redundancia nace de esa confluencia y evs consigo los
miltiples significados que concurren de la ausencia de palabra
mitica, hasta sus mas precisas significaciones bistérivas,
Veimoslo.
La primera estrofa escurre como una mo-
dulacién en forma de pregunta. pues lo es, pero de modo tal
gue mis afirma que interroga sin medir respuesta, cual simple
en la misma interioridad de la
admiracién. Y de hecho,
pregunta como un paréntesis se intercala la admiracién del
Aidés mismo, de suerte que al final de ta pregunta, en la vor
de 1a ene
final de ta estrofa, ya levemente levantada
tonacién en notas, acaso més agudas, que no se pronuncian.
4No fue el hallazgo ajeno
a los descubrimientos
joh marinos
sus pajaras salves
cl mar incierto
las gentes desnudas entre sus dioses! -porque el don para mostrarse
‘equivoca la esperanza?
Literalmente, Cristébal Colén nunca vino a América aunque
zarpé tal como lo canta Hélderlin en su hymno de proeza.
Su horizonte fue el Asia de especias en la certera vision pla-
netaria que tenia. América interrumpié el paso, desarreglé
toda expectacion, dejé la esperanza errando y mostré un
mundo - el actual - desaviniendo el tiempo propio del mythos
europeo. Intercalindose en el rapto, pero “sin voz".
EI Asia o las Asias de especias y comercio
ila en el oro, Pero si el reflejo es
subsumen la riqueza que
la devolucién de lo mismo - lo doblado - situado en otro
espacio inasible pero existente, donde por el resplandor de
la luz reaparece cual reflejado; ese resplandor mismo, “per
se” y, por ello, forma propia de la luz ya desprendida de la
fuente, fue,desde siempre y antiguo, cantado como oro,
Espejismo mayor de toda proeza en niveles diferentes - aven-
tura de la idee (el sol) 0 argucia de guerras, objeto del de-
recho, ete. distensién de la mayor capacidad para el arrojo 0
pasion y por eso también areo de la procza. Esa lucidez
excluyente ocupa el ojo desde su propia interioridad, desde
la mirada misma ya sedueida por aquello que la hace y revela
mirada, Como algunas veces tras el parpadeo con que se
puede mirar el sol mismo, cerramos la mirada y en un fondo
rojizo ardido con algunos trazos azules 0 rosados nos descu-
brimos ciegos. Ceguera eficaz y vidente pero ceguera al fin,
© bien, como en ciertos casos cuando a cielo cubierto el sol
postrero entra siibita y casi tangente desde el horizonte, de
suerte que més parece el reverbero emanar de tal muro, de
aquel follaje 0 de un rostro quedo, justo en el momento
iiltimo, cuando la declinacién y lo oscuro devolverdn el
mundo a la ceguera. Videncia innominable o de borde donde
a menudo lo visto esplende en su propio fin y objeto. A esta
manera de ver como entrecerrando y abriendo los parpados
ante la luz intocable, los griegos - se nos dijo - la Hamaron
-yein™, posible etimologia de la palabra mythos. Lo que
se ve ya no puede verse mis, pero se ha entrevisto. Modo
propio de la contemplacién (un temple para ver) y por eso
inicial y final a la ver: premio y destruceién.
“Lo que se ve y lo que se entreve
de la sombra que deslumbra:
tal era ese lugar sorprendente
-canté Hugo,
En la segunda estrofa, con una modulacién que vuelve a
preguntar sin interrogar y construida en dos cadencias: la
primera, que va desde el comienzo hasta “ciego” realizada en
tres avordes que sefialan los versos, y la segunda en una conti-
nuidad que comienza con “por esa” y, tras leve censura deverso, cae en el codo final que nombra “la apariencia”,
dice:
iNo dejé asi
Ja primera pasion det oro
al navegante ciego
por esa claridad sin nombre
con que la tarde premia y destruye
la apariencia?
De hecho, también la empresa de Colén Hlevaba en el ojo del
coraz6n el brillo dorado de las especias y del comercio fe-
cundo, ef oro en su cabal y metilico sentido. Y atin el en-
cuentro con el metal, cuando se dio con él, fue a su vez
sostenida justificacion de la empresa (con reales consecucn.
ias historieas para Espafia y para América Latina). “Ci
guera” real por limitacién audaz del objetivo. Pero por ella
fuc menester justificarse, con lo cual las relaciones y primeras
crOnicas tienen varios niveles de lenguajes. Uno que exulta
méritos aventuando penurias; otro que describe perspectivas
que alienten apoyos al par que entre ambos y los datos reales
histéricos que se consignan se desliza - como entrevista - la
realidad misma e insospechada de la América que
delante; realidad aun inconfesada en el alma misma de los
americanos de hoy dia, pues se trata realmente de algo im-
previsto, de un Nuevo Mundo que se filtra entre el parpadeo
de los lenguajes que deseriben,
La tercer estrofa, elevindose a la aparicién
misma, conserva y concluye la modulacién de pregunta que
afirma. El hallazgo cae fuera del ciclo expectante 0 tension
reconocida como nochedia, dia-noche, sea ciclo aquello
concebido ya circular o linealmente, De tal modo, se habla
de tercera jornada; se dice tercera para indicar la transgresi6n
del ciclo aludido y se dive jornada por cuanto esta palabra
dice de empresa cometida. En el cuadro de la temporalidad
que ordena la esperanza, el modo de una jornada tercera
expone, de suyo, su “sin lugar”, su utopia y por ello asf se la
designa con ef antiguo vocablo que trae consigo semejante
nota: isla, Por otra parte, una irrupei6n semejante desarticula
el trazo con que la proeza viene tensa (la flecha disparada del
arco); o bien, se ofrece de un modo peculiar, de suerte que su
“hecho™ se instituya antes que se repare en él, que se caiga en
Ja cuenta que se esti ya en él. Como sise disimulara para no
hherirnos. Ast solemos conservarnos en engaito y recibimos
tales irrupciones sin ser destrozados. Elalto caso del engatto
atin cl negative con todas sus consecuencias lo canta la se-
e = perseguia un fantasma se-
gunda Pitica “su espiritu
ductor, Era una nube que descansaba a su lado, muy pare-
cida a la ilustre reina del cielo hija de Cronos, EI arte de
Zeus habia formado esta bella y engatiosa imagen que debiaperder a Ixion”, Como se sabe, Ixién “amado de los hijos de
Cronos, sentado a su lado, no pudo resistir una felicidad tan
grande y su alma insensata se atrevid a concebir amor por la
diosa que comparte el lecho afortunado con Zeus”. Por eso
y tras el engafio, Ixién, extendido sobre la rueda que lo
arrastra en su répido girar, no cesa de repetir a los mortales
“Pensad en pagar a yuestros bienhechores con una generosa
correspondencia.....". El mito cuenta atin que la Nube,
con ayuda de las Gracias), dio a luz a un hijo ‘nico (hijo det
engafio) no honrado por dioses ni hombres. Este se unié a
las yeguas de Tracia y nacieron los Centauros. El educador
de Aquiles
La realidad se instituye sin violentar la
empresa que no la espera. La estrofa modulada sobre la
nominacién directa y breve del cielo - dia y noche - se tiende
en un continuo que agrega a las leves cesuras de los versos dos
pausas contenidas entre la conjuncién “y” y “sin violentar™
para que la cadencia retome anticipadamente en “suave-
mente” aquello que el iltimo verso indica como la misericor:
dia en la recepeién humana.
ay ni dia ni noche
la tercera jornada no Ilegé como una isla
y suavemente sin violentar engaiios
para queel aire humano recibiera sus orillas?
De hecho, Coldn legé a una isla, sumergido ya en la quietud
del mar de los sargazos, ya en las olas inquictas del temor de
us tripulantes ante el horizonte perdido, ya en el engafio
mismo que como Almirante se vefa forzado a sostener, para
que no decayera su gente, alterando las posiciones medidas
y afin de mantenerse él mismo en la ya oscura luz de su
admirable proeza. Hasta que la vor. dice cuanto avizora y
nombra solamente lo querido: tierra, El conocimiento de la
tierra por el cielo ¢s real fundamento poético de toda ecolo-
gia y no el solo juego de equilibrios, segin explot
posibles, Los antiguos Uamaban meteredlogos # los
Esa: “tierra”, a secas, anunciada, llega al fondo mismo de la
esperanza y al jibilo y es Asia no siéndola. E:
legada de la realidad, que se ha de revelar mas tarde distinta
que In esperada y ealculada, es el modo de decirse de To
“real”, lo real que irrumpe y en el poema provoca la pausa
que separa la estrofa del distico siguiente y donde, ya, el
imputso a modo de pregunta cesa, para mudarse en murmullo
que se asemeja mis an anhelo u oracién que una afirma
cién apodetica, Ruego que nos concierne atin, ahora y aqui,
como americanos que somos, es decir, segin el destino que
nos ha sido confiado, La mansedumbre es, por lo demés, la
cualidad de toda estancia instituyente que asf se pone como
manifestacién sin trabas palpables, es la disponibilidad, la
ance ©décil abertura a ser americanos, tal como de pronto en un
pueblo suelo aparecer el ethos mismo, sometido al riesgo que
disputardn después verdad 0 falsfa, mas que no lo es él. ¥ el
canto bajando el tono susurra
que también para nosotros
el destino despierte mansamente
Para Colén no hubo tal despertar. Murié sin saber del engafi.
Solo tras el reconocimiento de Américo Vespucci el Nuevo
Mundo se configura, saliendo asi, y de una sola vez, desde los
océanos, como América.
Sin embargo, la gratuidad que apareja el
regalo, ese ins6lito saludo, apenas, pareciera ser obsticulo
mis que facilidad para abordar por via propia aquello que de
esa manera se ofrece. Como si junto a la cadencia nueva que
cjercité Ia memoria (lo inesperado) se requiriera una leve
mutacién también en los andares y procedimientos hasta alli
conocidos. De otro modo se podria suponer estar y poseer
Jo que realmente no se tiene, aun cuando ya nos acoja, La
estrofa habla de nuestra actualidad y seftala que la permanen
cia del yerro no ha sido todavia revogida como don sino
tratada como obstaculo a vencer. Sobre esa melodia que
parte de “desde” y se cierra en “todavia”, con acentuacién
del segundo verso entero, se extiende el equivoco dicho,
seflakindonos como intratable justamente aquello que nos
llama, que nos toca, fa propia morada abandonada,
desde aquells gratuidad del yerro
se abren todavia
los grandes rios erueles de anchas complacencias
las montafias solas sobre las lluvias
los arboles dificiles dejando frutos
en la casa abandonada
Ve hecho, tanto en los descubrimientos como en la conqi
vomo tras las luchas histéricas de las independencias america
nas, aun hoy, a vuelo de pajaro sobre el continente, aparece.
mos esparcidos y refidos con nuestro intimo ethos postergan-
do o confiando en advenimientos extraordinarios lo que ya
nos fue mansamente confiado: este continente regalado que
es un saludo, es decir, una eabida extensa ¢ interior sin tre-
guas, para razas diversas y lenguas distintas. Aun hoy toman
formas de conflicto casi insoluble, lo que ex de suyo entrega.
do como trénsito de meras lejanias. Quign sabe si F.J. Turner
no vio claro cuando escribié dando vuelo a Is historiogratia
norteamericana diciendo “This perennial rebirth, this fluidity
of american life, this expansion westward with its new oppor-
tunities its continuous toueh with the simplicity of primitive
society. furnish the forces dominating american character”,
© qui2a vio mas claro Herbert Eugene Bolton el otro historié-
grafo norteamericano cuando concibié en 1932 “La epopeyade América la Grande” que, en boca de Bernard Moses, di
que Ia historia de América en su sentido verdadero, abarca to-
dos los ensayos para establecer y desarrollar sociedades civili-
zadas en este continente, sea que dichos intentos hubiesen si-
do realizados por ingleses, franceses, portug aitoles.
Fuerza es reconocer le belleza intrinseca
que el equivoco desencadena en la mirada enceguecida por el
oro que la enciende. Se dirfa una brillante y equivocada
lucidez. que perdura en pos de su proeza acometiendo lo casi
impensable hasta consumarlo; justamente para probar que
concluyéndose deja instaurada otra realidad que la deseada,
Con toda rapidez - cuatro breves palabras -el primer verso de
la estrofa contracts la secuencia de gestas y las estampa re-
tomando la modulacion de pregunta que no interroga. Pues
la proeza no cejé nunca en su resplandor y tras él, palpé el
cuerpo american surgido sibitamente de ias aguas, como si
fuera obstéculo para su videncia, y su fin fue sobrepasarlo.
Con ese vivo afin del ojo iluminado que busca, en su intima
noche y aventura, el sol que requiere.
Y atin con otros
ano buseé el paso su abertura
tanteando en la costa
como en Ia noche el ojo su aventura?
Nuestra historia refleja ese tanteo fundador en las ciudades
perimetrales del continente, en la radical earencia de “inte:
rioridad” hasta un grado sorprendente que més que las
palabras vuelve elocuente un mapa. Los esfuerzos y
gestas indudables llevan el oro en el ojo y el ojo a Asia, hasta
Magallanes, que descubrié el estrecho, y pasa hacia el obje
tivo - a la postre, ya initil para el brillo que lo indujo - mas
que, por otra parte, por el advenimiento de América y el
regreso al punto de partida constituye por primera vez en la
historia moderna el mundo como entero-mundo geogrifico
con su cielo y el Océano Pacifico de nuevo revelado.
América, la inesperada, irrumpe como un
saludo medio a medio de la proeza.
iNo tiene el saludo un estado peculiar
cuyas caracter‘sticas mas gruesas son la de ofecerse y pro:
teger pero cuya finura es simplemente la de exponerse en la
figura “inicial” que lleva? El saludo trae con:
cuales gestos y tales o cuales palabras pero cuidadas en su
precisién, indicando siempre un recato, una suerte de silencio
a partir del cual es posible extender 0 no las relaciones posi-
bles. Pier de Caminha cuenta en su erénica eémo el mar
ruidoso no dej6 oft las primeras voces que querian inter.
cambiar quiénes descubrfan y quiénes debfan ser descubiertos
orilla por medio, En el saludo hay algo hondo que se inicia
para desaparecer en seguida, Nadie yace saludando. Es, talvez, de los gestos humanos - como el adiés, otra forma de
saludo - el més propiamente fugitivo, el que con propiedad
simplemente pasa. Como un aire,
“Adivinad qué
antes que el diluvio
fue potente ereatura
sin carne ni hues:
No tiene venas ni sangre
ni cabeza ni pies
no envejecerd jamés y jamés seré més joven
tal como lo fue en el comienzo.
Cuando se lo llama no viene
no teme la muerte
no tiene deseos
como otras creaturas
jDios grande! el mar blanquea
‘cuando él llega de lejos
grandes son sus bellezas
ellas son él mismo.
En los eampos, en las forestas
sin pies, sin manos
sin edad ni vejez
sin destinaci6n celosa,
Es del mismo tiempo
que los cinco perfodos de las cinco edad
yes més viejo
{que quinientos mil aftos..
Es tan vasto como
la superficie de la tierra
no nacié jamé:
no se le vio jamés.
Sobre el mar o sobre la tierra
ano ve no se le ve
no tiene ninguna fidelidad
no viene cuando se le desea,
Sobre tierra o mar
es indispensable
no tiene trabas
no tiene semejante
Viene de las cuatro regiones
se lanza hacia sus viajes
desde un pesado plintio de méirmol
Su voz es ronca, es nudo
no tiene cortesfa,
es colérica, es valiente
cuando se abate sobre la tierra,
Es mudo, su voz es ronca
es violentomuy grande es su estandarte
desplegado sobre la paz del mundo
Es bueno, es malo
esté més allé, esté aqui
siembra la discordia
y se va cuando quiere
Es bueno, es malvado
no brilla nunea
no se manifiesta
no se le ve jamés
Jamés cometié pecado
es hiimedo 0 seco
viene a menudo
del calor del sol o del frfo de la luna”
Esta viva fugacidad es por sf y en sf el viento en la voz del
antiguo bardo gaélico. El viento que fue voz de Dios mur-
murante en Elias y pneuma - su figura - sobre las aguas desde
siempre, Ese viento, ante la faz de la tierra desconocida, pasa
como saludo y presencia huidiza sobre el primer berco, como
un saludo real cuyo estandarte va desplegado sobre la faz de
un mundo con la aparici6n americana. Viento que viene de
inocencias como lo sera siempre y de suyo la extension que
ya ni siquiera es maritima sino fluvial ante un rfo cuyos
bordes son invisibles. Saludo euya sorpresa ya en medio de
equivocos que son, a su vez, como aquellas damas-disfraces
de Dante, modo de cuidado y guarda de un hecho cuya fragi-
lidad es comparable a la virginidad, de alli el rodeo w engaio
para recibirla, Momento en que la tierra - siempre y doquier,
por lo demas - para darse se retira, puesto que se abandona al
que llega.
La estrofa sigue la modulaci6n de la ante-
rior y ligada como una sola pregunta ce tiende en un continuo
que va quebrindose y sosteniéndose en la repeticién de sus
atributos con la particula “su” hasta “sobre las pampas” para
Iuego tras una mera conjuncién extender el motivo del pudor
© Aidés propio de la tierra que se entrega
aY no entreg6 el viento en tomo al pr
su saludo mas vasto
su inconsolable inocencia
sobre las pampas
y la dulzura de otro mar blanco inexistente
cuya sorpresa guarda la mirada
cuando la tierra pidiea se entrega?
La proximidad del primer barco que penetrd el Rio De La
Plata - rio sin bordes, llamado entonees justamente Mar
Dulce - seguro de haber hallado el paso que dejarta sobre.
pasar el obstaculo y Negar a Asia deseada, se encuentra en un
estado casi virginal ante el viento y ante la tierra que alli se
imer bareoles entrega; tal como es ella, disimulada en su entrega a los
que esperan. Asi, Colén y asf Solis, como los dos principales
que se reciben en la dulzura del engafio,
Mas, si el engaito ha venido constituyendo
desde el comienzo mismo del poema su ee o céntico en la
interioridad del canto, cabe ahora enfrentarlo en toda su
latitud. Podrfamos ya saber que existe la mesura y que
ciertas grandezas son imposibles salvo que quedemos aferra-
dos a cuanto se lama ilusién, que es un hecho tan real como
la realidad misma, pero distinto al pretendido, Podriamos ya
intuir una cierta delicadeza para acerearnos a aquello que de
suyo nos inquietarfa de tal modo que no nos dejara recibir lo
que realmente podemos recibir, como una suerte de via de
adecuacién de lo ofrendado al receptor, Pero el engano, ala
manera como se engafla el toro cuando embiste la muleta
creyendo embestir al torero, da lugar a-un juego que es el
juego més riesgoso pero més propio, corriente y hondo del
hombre,su vida misma. Algo asf como tan impropiamente
se suele decir su “'razén de vivir” - como en tiltima instancia
la hubiera y no fuese esencialmente gratuita -. El engafio en
sus honduras y su desfondo nos dice 1a via misma para cum-
plir la proeza, si proeza es ya mas que indicacién precisa de
tun destino en Ia calma insondable de la existencia humana,
Calma quiere decir aqui el irreductible
mismo que es simplemente existir, estar dado yaa la existen
cia que es donde caemos en la cuenta que somos y estamos, e
\sondable, porque en ella somos y estamos sin que medie
algo que nos concierna para impedirlo © promoverlo. Eludi-
mos toda referencia psicoldgica a la voluntad, etc. y nos
referimos al hecho escueto y desnuda que tenemos por de-
lante - lo ast dado, La relacién profunda es con el Dios o la
imposibilidad de decidir mi aparecimiento, en seguida, la
condicién de los dones y la fortuna en su miitiple iluidez. que
despeja la frente y traza la fisonomia singular de cada uno y,
finalmente, el modo mismo de llegar al cabo de cuanto im-
plicaba la propia ecuacién, La hondura de tal juego del
engafio en la existencia como elemento propio del juego
.g0) que ella es, la canta Homero en el caso de Méctor.
ando Héctor enfrente a Aquiles en un momento dado,
exclama “*;Ay, asi, pues los dioses me Hamaron a | muerte!
Porque Deifobo, a quien crefa a mi lado, se halla en la ciudad
Y @ mi me engaio Atenea; cerca me esté la muerte y nadie
puede salvarme”. Pero Héctor, kicidamente desvela la latitud
del engaito como cumplimiento de su existencia hasta ese
momento pensada de otra manera, pero jamés traicionada en
‘at coronacién por los dioses y exclama “; Ahora me ataca la
sin pena ni gloria, sino en una
de Ia cual cantarén las generaciones futuras! ", Losdioses guardaron el cabal cumplimiento de héroe que Héctor,
a su modo, tenfa, pese a los eriticos que nunca cayeron en
cuenta hasta que lo destaeé Walter F. Otto. En la estrofa
dividida en dos momentos por un corte que dice “la sea”,
escurre esa viva realidad del engato inserta en lo mas coti
diano: el propio trabajo y la mano. Y precisamente, cuantas
veces, la mano para alcanzar el gesto conclusivo del empefio.
en que se encuentra es conducida, solemos decir “azarosa-
mente”, por una via insospechada, Mas, lo que se nos entrega
¥ se protege de los usos que podrian bastardizarlo, es la
condicién misma de la entrega: el regalo. Algo asi como si en
Ja cima del empenio no ce recibiera consecuentemente lo
logico y atendido, sino lo regalado.
Porque asi como el trabajo encubre
la mano que se arriesga
la sefia
la verdadera sefia miente como el dia
para salvar de otros usos
Ja noche regalada
Es esta, sin duda - y aqui el poema muda y gira porque pasa a
advertirnos de cuanto olvidamos y no hacemos 0 no sabemos
hacer - la abertura que América, desde la cadencia inusual de
Mnemosine, nos pide. Una clarificacién de tareas dentro y en
torno de Ia cual el regalo, presente, gratuidad, gratitud y
reconocimiento suenan en el aire como alas que hacen viento,
Hemos hablado de una cadencia de la
Memoria cuyo ritmo Hamamos nostalgia. Una cadencia
porque América aparcce y aiin no tiene Mythos, es decir,
palabra primera - sea cual fucre - que indique un campo, una
orientacién, un destino - que puede ser éste o aquil y ain la
propiedad de una incesante no destinacién, ete. Lo que
argiiimos es la falta de esa palabra o palabras, de esa escritura
ineludible e indeleble que est en la condicién humana. Pero,
en verdad, en el ritmo propio de Mnemosine también puede
haber cadencias que indiquen un modo de temporalidad. Esa
temporalidad sobreviene. Con més propiedad se dice “hay
tiempo”, ese tiempo y no otro, por ejemplo. El tiempo
sobreviene de la misma memoria que habla, por eso es que
alli se escucha lo que nos parece habitualmente inaudible, es
decir, la modalidad, el acento, la modulacién, la cadencia
temporal que nos habla y nos invita en la circunstancia dada,
cen la que nos encontramos pleno a pleno y de una vez, como
en un margen inesperado.
iCuél, pues, en cadencia o temporalidad
posible de América segiin su origen?
La estrofa entra de leno al tema con un
corte simple que nos advierte diciéndonos “sin embargo”,
para recorrer el sentido y la procedencia de la memoria quelama con su melodia desde su més genuina realidad 0 ritmo,
que llamamos nostalgia como clase vacfa, y que en la estrofa
cobra su nombre propio: “luz vacfa”. Tras una pausa sus
pendida en el verbo “llama” se alude a la cualidad de la
cadencia que dijimos inusual. Un tiempo que sobreviene de
la guardia, Guardia en sentido lato implica velar por otros u
otro y dice también guarda. Un tiempo que es vela y recato.
y sin embargo
escucharon esos extrafios
la Gtil y sola melodia del cordaje
responder bajo la luz vacia que atin nos lama
porque allf el tiempo nace de la guardia
Literalmente, asi sucedié cuando, por ejemplo, Solis detuvo
perplejo sus naves en el supuesto estrecho descubierto, en ese
Mar sin orillas que al prohar sus aguas, ya no azulosas, eran
dulees - contracanto de las que hiciera probar Balboa, saladas,
al descubrir el Mar del Sur o Pacifico. La nave a solas, ancla-
da, habitada por los extrafios a la tierra de arribo y, a viento
mudo, el leve balanceo del barco dejando ofr Ia melodia
simple del cordaje ante ta luz reflejada en el agua plateada,
vacfa en la quieta improbabilidad de Mar, Estrecho 0 Rio.
Aqui toda prudencia no basta. Hecha la
advertencia, digamos que, a la postre, tal vez nosotros los
americanos Mevamos ese tiempo de vigilia y de recato sin
saberlo. Tiempo que brota de una tradicién y adquiore en
América un tono peculiar. Un tiempo que no nos lo hemos
revelado siquiera a nosotros mismos pero que late en la
flagrante biisqueda de identidad. Tiempo que no ofmos ain
desde el fondo de nuestra Mnemosine que con su aparente
silencio nos invita a escucharlo como eadencia propia,
No; no sabemos qué hondos desapegos Ue-
vamos con nosotros y que tal vez mal juzgamos, pues bien
pueden ser desapegos impropios en los hijos solares (Apolo)
pero tal vez no en nosotros, frutos del “error”, de un sino
nocturno y regalado. Quién sabe qué levedad leva consigo
ese tiempo, esa Mnemosine © temporalidad que heredam:
Y al decir tiempo se habla de vida y muerte. Vida de vigilia y
recato que tal vez no produzca tumbas graves y densas, més
que se levanten apenas como saludos para reiniciar nuestra
gratitud © gracia de un pasado,
Un modo propio de temporalidad es a su
vez un disefio de la muerte que se astume y la muerte que va
configurando el pasado, Puesto en trance en ese filo de pura
temporalidad de vigilia y recato, en ese paso que acaso
busque con su torpeza mis la graciosa liberalidad del andar
que el aplomo - otro fundamento del pie - de suerte que
Yenimos por otro camino ya no a ser hijos de la Proeza sino
nictos de ella, Asi, la extension, el andar, reconoce nuestropaso y con ello Ia filiacién mas que la gencalogia, este modo
de andar que tal vez lleve en sf lo extenso y no el recodo: el
horizonte de una cima inaleanzable y nevada o de una pampa
ilimitada sin una sola vertical 0 este conjunto aparentemente
homogéneo, pero siempre distinto, de las selvas nunca virge-
nes y de nuestros cielos, que nos son atin desconocidos por-
gue no conocemos nuestro mar interior, del que hablaron
Oviedo y nuestro Ovalle; y de este otro inmenso mar que
nace junto a nosotros como este mar que nos yace ignorado:
el Pacifico. Voeacién y llamado. Un mar por otro. De un
mar al otro.
La estrofa con un vago fondo melanedtico
que puede sonar a evocacion mas que a admiracién y con ello
cestila una sutil tristeza que a modo de antiguos peanes nos
lesapegados, no
canta nuestra condicién de hijos de América:
ares, en el peligro, al par que en el encanto mismo de quien
jOh desapegos que uno mismo ignora
antiguas gentes nocturnas
a quienes el peligro abre sus ofrendas
y la primera tumba initil
donde con gracia
comenzar otro pasado!
regatao, ain, en la forma inusual de levantarun pasado.
AUTORES CITADOS EN El. TRXTO
Homero, Hesiodo, Hericlito, Pindaro. Euripides. Aristotele:
Hadwich d’Anvers, Guillaume — séptimo conde de Poitie
Hélderlin, Hugo, Gauguin, Deguy
Quintitiano, Humboldt. Saussure. Martinet. Govind Chandra
Pande, Worf.
chelling, Otto, Kerenyi. Georgiades, Grassi, Herrigel
‘an Agustin, Nietszche. Huscerl, Heideger. Derrida
dro, Ferreira da Silva,
Turner, Bolton.
‘Tauler. Herrico Pomerieus.
Ratzel. Pier de Caminha. Malinovski, Benedict. Lechelier.
Boutroux.
Discan.
Primer Semestre 1974 — Taller de América
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