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El AntiEdipo - Gilles Deleuze

El AntiEdipo - Gilles Deleuze
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Este

libro es un ajuste relativo de cuentas con Lacan en la poca de


esplendor del estructuralismo, all por los inicios de la dcada de los setenta.
Partiendo del convencimiento de que Edipo no sirve absolutamente para
nada, Deleuze y Guattari se impregnan de la atmsfera cultural del perodo,
en especial del Foucault de Las palabras y las cosas, y afirman que la
invencin del hombre por el orden burgus de que habla este ltimo puede
comprenderse mejor a partir del anlisis de los mecanismos de produccin
del hombre en la sociedad actual, es decir, a partir de la diseccin de la
mquina social capitalista que los autores acometen mediante el
procedimiento de descodificacin-territorializacin.
No en vano se ha afirmado repetidas veces la complementariedad de
algunos captulos de El Anti Edipo y Las palabras y las cosas, y no en vano
la obra de Deleuze y Guattari contribuy a la gestacin de Vigilar y castigar.
A partir de ah, de esa poca de ebullicin terica reflejada en el texto, El Anti
Edipo se convertira en una referencia clsica y el esquizoanlisis -que se
propone desedipizar el inconsciente para acceder a los verdaderos
problemas- en un mtodo fecundo para analizar las mquinas deseantes y
sus productos sociales.

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Gilles Deleuze & Flix Guattari

El Anti-Edipo
Capitalismo y esquizofrenia
ePub r1.1
gertdelpozo 29.04.14

[Link] - Pgina 3

Ttulo original: Lanti-dipe. Capitalisme et schizophrnie


Gilles Deleuze & Flix Guattari, 1972
Traduccin: Francisco Monge
Diseo de cubierta: gertdelpozo
Retoque de imgenes: isytax
Editor digital: gertdelpozo
ePub base r1.1

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NOTA SOBRE LA TRADUCCIN


A causa de la confusin y desacuerdo que, a fuerza de reinar, domina en el
vocabulario psicoanaltico, damos de antemano algunas de las opciones que aqu se
han tomado.
1. Frente a la dicotoma conceptual rpression-refoulement, que en castellano
usualmente, aunque tal vez no debidamente, se traducen por el mismo trmino
represin, hemos optado por seguir la tradicin, excepto cuando el contexto no
explicitaba el sentido. En este caso hemos traducido, de un modo convencional,
rpression por represin general y refoulement por represin a secas. Como es
sabido, refoulement (el freudiano Verdrngung) remite, en sentido propio, a aquella
operacin por la que el sujeto intenta rechazar o mantener en el inconsciente
representaciones ligadas a una pulsin. Por otra parte, creemos que rpression
debera traducirse por supresin cuando remite a la desaparicin del afecto, pero
no de la representacin.
2. En cuanto al polmico trmino investissement (cuando se refiere a la
Besetzung freudiana), lo hemos traducido por catexis, aunque en la forma verbal,
adems del barbarismo catesizar, hemos utilizado por lo general la forma
cargar, tambin clsica, a pesar de la seduccin que siempre ofrece el trmino
ocupar.
3. La forclusion lacaniana ha sido traducida por repudio y en cuanto al
fantasme (la Phantasie de Freud) hemos optado por traducirlo por fantasma,
atendiendo a las razones de Laplanchey Pontalis en su Vocabulaire de la
Psychanalyse. No olvidamos, sin embargo, que, en su traduccin de Freud, Lpez
Ballesteros utiliza fantasa.
En la, ms o menos, creacin de palabras, hemos intentado seguir el mismo
mtodo que los autores de este libro.

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CAPTULO PRIMERO

LAS MQUINAS DESEANTES

La produccin deseante
Ello funciona en todas partes, bien sin parar, bien discontinuo. Ello respira, ello se
calienta, ello come. Ello caga, ello besa. Qu error haber dicho el ello. En todas
partes mquinas, y no metafricamente: mquinas de mquinas, con sus
acoplamientos, sus conexiones. Una mquina-rgano empalma con una mquinafuente: una de ellas emite un flujo que la otra corta. El seno es una mquina que
produce leche, y la boca, una mquina acoplada a aqulla. La boca del anorxico
vacila entre una mquina de comer, una mquina anal, una mquina de hablar, una
mquina de respirar (crisis de asma). De este modo, todos bricoleurs; cada cual sus
pequeas mquinas. Una mquina-rgano para una mquina energa, siempre flujos y
cortes. El presidente Schreber tiene los rayos del cielo en el culo. Ano solar. Adems,
podemos estar seguros de que ello marcha; el presidente Schreber siente algo,
produce algo, y puede teorizarlo. Algo se produce: efectos de mquina, pero no
metforas.
El paseo del esquizofrnico es un modelo mejor que el neurtico acostado en el
divn. Un poco de aire libre, una relacin con el exterior. Por ejemplo, el paseo de
Lenz reconstituido por Bchner[1]. Por completo diferente de los momentos en que
Lenz se encuentra en casa de su buen pastor, que le obliga a orientarse socialmente,
respecto al Dios de la religin, respecto al padre, a la madre. En el paseo, por el
contrario, est en las montaas, bajo la nieve, con otros dioses o sin ningn dios, sin
familia, sin padre ni madre, con la naturaleza. Qu quiere mi padre? Puede darme
algo mejor? Imposible. Dejadme en paz. Todo forma mquinas. Mquinas celestes,
las estrellas o el arco iris, mquinas alpestres, que se acoplan con las de su cuerpo.
Ruido ininterrumpido de mquinas. Crea que se producira una sensacin de
infinita beatitud si era alcanzado por la vida profunda de cualquier forma, si posea un
alma para las piedras, los metales, el agua y las plantas, si acoga en s mismo todos
los objetos de la naturaleza, maravillosamente, como las flores absorben el aire con el
crecimiento y la disminucin de la luna. Ser una mquina cloroflica, o de
fotosntesis, o por lo menos deslizar el cuerpo como una pieza en tales mquinas.
Lenz se coloc ms all de la distincin hombre-naturaleza, ms all de todos los
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puntos de referencia que esta distincin condiciona. No vivi la naturaleza como


naturaleza, sino como proceso de produccin. Ya no existe ni hombre ni naturaleza,
nicamente el proceso que los produce a uno dentro del otro y acopla las mquinas.
En todas partes, mquinas productoras o deseantes, las mquinas esquizofrnicas,
toda la vida genrica: yo y no-yo, exterior e interior ya no quieren decir nada.
Comitiva del paseo del esquizo, cuando los personajes de Beckett se deciden a
salir. En primer lugar hemos de ver cmo su propio andar variado es asimismo una
mquina minuciosa. Y luego la bicicleta: qu relacin existe entre la mquina
bicicleta-bocina y la mquina madre ano? hablar de bicicletas y de bocinas, qu
descanso. Por desgracia, no es de esto de lo que tengo que hablar ahora, sino de la
que me dio a luz, por el ojo del culo si mal no recuerdo. A menudo creemos que
Edipo es algo sencillo, que est dado. Sin embargo, no es as: Edipo supone una
fantstica represin de las mquinas deseantes. Por qu, con qu fin? En verdad, es
necesario o deseable someterse a l? Y con qu? Qu poner en el tringulo edpico,
con qu formarlo? La bocina de bicicleta y el culo de mi madre, son el meollo del
asunto? No hay cuestiones ms importantes? Dado un efecto, qu mquina puede
producirlo? y dada una mquina, para qu puede servir? Por ejemplo, adivine usted
qu uso tiene una funda de cuchillo a partir de su descripcin geomtrica. O bien,
ante una mquina completa formada por seis piedras en el bolsillo derecho de mi
abrigo (bolsillo que suministra), cinco en el bolsillo derecho de mi pantaln, cinco en
el bolsillo izquierdo de mi pantaln (bolsillos de transmisin), y con el ltimo bolsillo
del abrigo recibiendo las piedras utilizadas a medida que las otras avanzan, qu
efecto produce este circuito de distribucin en el que la propia boca se inserta como
mquina para chupar las piedras? En este caso, cul es la produccin de
voluptuosidad? Al final de Malone meurt, Mme. Pdale lleva de paseo a los
esquizofrnicos, en charabn, en barco, de pic-nic por la naturaleza: se prepara una
mquina infernal.
Le corps sous la peau est une usine surchauffe,
et dehors,
le malade brille,
il luit,
de tous sespores, clats[2].
No pretendemos fijar un polo naturalista de la esquizofrenia. Lo que el
esquizofrnico vive de un modo especfico, genrico, no es en absoluto un polo
especfico de la naturaleza, sino la naturaleza como proceso de produccin. Qu
quiere decir aqu proceso? Es probable que, a un determinado nivel, la naturaleza se
distinga de la industria: por una parte, la industria se opone a la naturaleza, por otra,
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saca de ella materiales, por otra, le devuelve sus residuos, etc. Esta relacin distintiva
entre hombre-naturaleza, industria-naturaleza, sociedad-naturaleza, condiciona, hasta
en la sociedad, la distincin de esferas relativamente autnomas que denominaremos
produccin, distribucin, consumo. Sin embargo, este nivel de distinciones,
considerado en su estructura formal desarrollada, presupone (como lo demostr
Marx), adems del capital y de la divisin del trabajo, la falsa conciencia que el ser
capitalista necesariamente tiene de s y de los elementos coagulados de un proceso de
conjunto. Pues en verdad la brillante y negra verdad que yace en el delirio no
existen esferas o circuitos relativamente independientes: la produccin es
inmediatamente consumo y registro, el registro y el consumo determinan de un modo
directo la produccin, pero la determinan en el seno de la propia produccin. De
suerte que todo es produccin: producciones de producciones, de acciones y de
pasiones; producciones de registros, de distribuciones y de anotaciones; producciones
de consumos, de voluptuosidades, de angustias y de dolores. De tal modo todo es
produccin que los registros son inmediatamente consumidos, consumados, y los
consumos directamente reproducidos[3]. Este es el primer sentido de proceso: llevar
el registro y el consumo a la produccin misma, convertirlos en las producciones de
un mismo proceso.
En segundo lugar, ya no existe la distincin hombre-naturaleza. La esencia
humana de la naturaleza y la esencia natural del hombre se identifican en la
naturaleza como produccin o industria, es decir, en la vida genrica del hombre. La
industria ya no se considera entonces en una relacin extrnseca de utilidad, sino en
su identidad fundamental con la naturaleza como produccin del hombre y por el
hombre[4]. Pero no el hombre como rey de la creacin, sino ms bien como el que
llega a la vida profunda de todas las formas o de todos los gneros, como hombre
cargado de estrellas y de los propios animales, que no cesa de empalmar una
mquina-rgano a una mquina-energa, un rbol en su cuerpo, un seno en la boca, el
sol en el culo: eterno encargado de las mquinas del universo. Este es el segundo
sentido de proceso. Hombre y naturaleza no son como dos trminos uno frente al
otro, incluso tomados en una relacin de causa, de comprensin o de expresin
(causa-efecto, sujeto-objeto, etc.). Son una misma y nica realidad esencial del
productor y del producto. La produccin como proceso desborda todas las categoras
ideales y forma un ciclo que remite al deseo en tanto que principio inmanente. Por
ello, la produccin deseante es la categora efectiva de una psiquiatra materialista
que enuncia y trata al esquizo como Homo natura. No obstante, con una condicin
que constituye el tercer sentido de proceso: no hay que tomarlo por una finalidad, un
fin, ni hay que confundirlo con su propia continuacin hasta el infinito. El fin del
proceso, o su continuacin hasta el infinito, que es estrictamente lo mismo que su
detencin brutal y prematura, es la causa del esquizofrnico artificial, tal como lo
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vemos en el hospital, andrajo autistizado producido como entidad. Lawrence dice del
amor: Hemos convertido un proceso en una finalidad; el fin de todo proceso no
radica en su propia continuacin hasta el infinito, sino en su realizacin El proceso
debe tender a su realizacin, pero no a cierta horrible intensificacin, a cierta horrible
extremidad en la que el cuerpo y el alma acaban por perecer[5]. Lo mismo que para
el amor es para la esquizofrenia: no existe ninguna especificidad ni entidad
esquizofrnica, la esquizofrenia es el universo de las mquinas deseantes productoras
y reproductoras, la universal produccin primaria como realidad esencial del
hombre y de la naturaleza.
Las mquinas deseantes son mquinas binarias, de regla binaria o de rgimen
asociativo; una mquina siempre va acoplada a otra. La sntesis productiva, la
produccin de produccin, posee una forma conectiva: y, y adems Siempre
hay, adems de una mquina productora de un flujo, otra conectada a ella y que
realiza un corte, una extraccin de flujo (el seno la boca). Y como la primera a su
vez est conectada a otra con respecto a la cual se comporta como corte o extraccin,
la serie binaria es lineal en todas las direcciones. El deseo no cesa de efectuar el
acoplamiento de flujos continuos y de objetos parciales esencialmente fragmentarios
y fragmentados. El deseo hace fluir, fluye y corta. Me gusta todo lo que fluye,
incluso el flujo menstrual que arrastra los huevos no fecundados, dice Miller en
su canto del deseo[6]. Bolsa de aguas y clculos del rin; flujo de cabellos, flujo de
baba, flujo de esperma, de mierda o de orina producidos por objetos parciales,
constantemente cortados por otros objetos parciales, que a su vez producen otros
flujos, cortados por otros objetos parciales. Todo objeto supone la continuidad de
un flujo, todo flujo, la fragmentacin del objeto. Sin duda, cada mquina-rgano
interpreta el mundo entero segn su propio flujo, segn la energa que le fluye: el ojo
lo interpreta todo en trminos de ver el hablar, el or, el cagar, el besar Pero
siempre se establece una conexin con otra mquina, en una transversal en la que la
primera corta el flujo de la otra o ve su flujo cortado por la otra.
Por lo tanto, el acoplamiento de la sntesis conectiva, objeto parcial-flujo, posee
adems otra forma, producto-producir. El producir siempre est injertado en el
producto; por ello, la produccin deseante es produccin de produccin, como toda
mquina, mquina de mquina. No podemos contentarnos con la categora idealista
de expresin. No podemos, no deberamos pensar en describir el objeto
esquizofrnico sin vincularlo al proceso de produccin. Los Cahiers de lart brut son
su demostracin viviente (y a la vez niegan que haya una entidad del esquizofrnico).
As, Henri Michaux describe una mesa esquizofrnica en funcin de un proceso de
produccin (el del deseo): Desde el momento que uno la notaba, continuaba
ocupando la mente. Incluso continuaba no se qu, sin duda su propio quehacer Lo
que sorprenda era que, sin ser simple, tampoco era verdaderamente compleja,
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compleja de entrada o de intencin o de plan complicado. Ms bien se desimplificaba


a medida que era trabajada Tal como estaba era una mesa de aadidos, al igual que
algunos dibujos de esquizofrnicos llamados abarrotados, y si estaba terminada era en
la medida en que ya no haba forma de aadir nada; mesa que se haba ido
convirtiendo en amontonamiento, dejando de ser mesa No era apropiada para
ningn uso, para nada de lo que se espera de una mesa. Pesada, voluminosa, apenas
era transportable. Uno no saba cmo cogerla (ni mental, ni manualmente). El tablero,
la parte til de la mesa, progresivamente reducido, desapareca, y tena tan poca
relacin con el voluminoso armazn, que uno ya no pensaba en el conjunto como una
mesa, sino como un mueble aparte, un instrumento desconocido cuyo empleo se
ignoraba. Mesa deshumanizada, que no tena ningn acomodo, que no era burguesa,
ni rstica, ni de campaa, ni de cocina, ni de trabajo. Que no se prestaba a nada, que
se protega, que rechazaba todo servicio, toda comunicacin. En ella haba algo
aterrado, petrificado. Se hubiera podido pensar en un motor parado[7]. El
esquizofrnico es el productor universal. Aqu no es posible distinguir entre el
producir y su producto. El objeto producido se lleva su aqu en un nuevo producir. La
mesa contina su propio quehacer. El armazn se come el tablero. La noterminacin de la mesa es un imperativo de produccin. Cuando Lvi-Strauss define
el bricolage, propone un conjunto de caracteres bien engarzados: la posesin de un
stock o de un cdigo mltiple, heterclito y sin embargo limitado; la capacidad de
introducir los fragmentos en fragmentaciones siempre nuevas; de lo que se desprende
una indiferencia del producir y del producto, del conjunto instrumental y del conjunto
a realizar[8]. La satisfaccin del bricoleur cuando acopla algo a una conduccin
elctrica, cuando desva un conducto de agua, no podra explicarse mediante un juego
de pap-mam o mediante un placer de transgresin. La regla de producir siempre
el producir, de incorporar el producir al producto, es la caracterstica de las mquinas
deseantes o de la produccin primaria: produccin de produccin. Un cuadro de
Richard Lindner, Boy with Machine, muestra un enorme y turgente nio que ha
injertado y hace funcionar una de sus pequeas mquinas deseantes sobre una gran
mquina social tcnica (pues, como veremos, tambin esto es cierto con respecto al
nio).
El producir, un producto, una identidad producto-producir Precisamente es esta
identidad la que forma un tercer trmino en la serie lineal: un enorme objeto no
diferenciado. Todo se detiene un momento, todo se paraliza (luego todo volver a
empezar). En cierta manera, sera mejor que nada marcharse, que nada funcionase.
No haber nacido, salir de la rueda de los nacimientos; ni boca para mamar, ni ano
para cagar. Estarn las mquinas suficientemente estropeadas, sus piezas
suficientemente sueltas como para entregarse y entregarnos a la nada? Se dira que
los flujos de energa todava estn demasiado ligados, que los objetos todava son
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demasiado orgnicos. Un puro fluido en estado libre y sin cortes, resbalando sobre un
cuerpo lleno. Las mquinas deseantes nos forman un organismo; pero en el seno de
esta produccin, en su produccin misma, el cuerpo sufre por ser organizado de este
modo, por no tener otra organizacin, o por no tener ninguna organizacin. Una
parada incomprensible y por completo recta en medio del proceso, como tercer
tiempo: Ni boca. Ni lengua. Ni dientes. Ni laringe. Ni esfago. Ni vientre. Ni ano.
Los autmatas se detienen y dejan subir la masa inorganizada que articulaban. El
cuerpo lleno sin rganos es lo improductivo, lo estril, lo engendrado, lo
inconsumible. Antonin Artaud lo descubri, all donde estaba, sin forma y sin rostro.
Instinto de muerte, ste es su nombre, y la muerte no carece de modelo. Pues el deseo
tambin desea esto, es decir, la muerte, ya que el cuerpo lleno de la muerte es su
motor inmvil, del mismo modo como desea la vida, ya que los rganos de la vida
son la working machine. No nos preguntaremos como pueden funcionar juntos: esta
cuestin incluso es el producto de la abstraccin. Las mquinas deseantes no
funcionan ms que estropeadas, estropendose sin cesar. El presidente Schreber
durante largo tiempo vivi sin estmago, sin intestinos, casi sin pulmones, el
esfago desgarrado, sin vejiga, las costillas molidas; a veces se haba comido parte de
su propia laringe. El cuerpo sin rganos es lo improductivo; y sin embargo, es
producido en el lugar adecuado y a su hora en la sntesis conectiva, como la identidad
del producir y del producto (la mesa esquizofrnica es un cuerpo sin rganos). El
cuerpo sin rganos no es el testimonio de una nada original, como tampoco es el resto
de una totalidad perdida. Sobre todo, no es una proyeccin; no tiene nada que ver con
el cuerpo propio, o con una imagen del cuerpo. Es el cuerpo sin imgenes. l, lo
improductivo, existe all donde es producido, en el tercer tiempo de la serie binarialineal. Perpetuamente es reinyectado en la produccin. El cuerpo catatnico es
producido en el agua del bao. El cuerpo lleno sin rganos pertenece a la
antiproduccin; no obstante, una caracterstica de la sntesis conectiva o productiva
consiste tambin en acoplar la produccin a la antiproduccin, a un elemento de
antiproduccin.

El cuerpo sin rganos


Entre las mquinas deseantes y el cuerpo sin rganos se levanta un conflicto
aparente. Cada conexin de mquinas, cada produccin de mquina, cada ruido de
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mquina se vuelve insoportable para el cuerpo sin rganos. Bajo los rganos siente
larvas y gusanos repugnantes, y la accin de un Dios que lo chapucea o lo ahoga al
organizarlo. El cuerpo es el cuerpo / est solo / y no necesita rganos / el cuerpo
nunca es un organismo / los organismos son los enemigos del cuerpo[9]. Tantos
clavos en su carne, tantos suplicios. A las mquinas-rganos, el cuerpo sin rganos
opone su superficie resbaladiza, opaca y blanda. A los flujos ligados, conectados y
recortados, opone su fluido amorfo indiferenciado. A las palabras fonticas, opone
soplos y gritos que son como bloques inarticulados. Creemos que ste es el sentido de
la represin llamada originaria o primaria: no es una contracatexis, es esta
repulsin de las mquinas deseantes por el cuerpo sin rganos. Y esto es lo que
significa la mquina paranoica, la accin de efraccin de las mquinas deseantes
sobre el cuerpo sin rganos, y la reaccin repulsiva del cuerpo sin rganos que las
siente globalmente como aparato de persecucin. Por tanto, no podemos seguir a
Tausk cuando ve en la mquina paranoica una simple proyeccin del propio cuerpo
y de los rganos genitales[10]. La gnesis de la mquina tiene lugar sobre el propio
terreno, en la oposicin entre el proceso de produccin de las mquinas deseantes y la
detencin improductiva del cuerpo sin rganos. Dan fe de ello el carcter annimo de
la mquina, y la indiferenciacin de su superficie. La proyeccin no interviene ms
que de forma secundaria, lo mismo que la contracatexis, en la medida en que el
cuerpo sin rganos carga un contrainterior o un contra-exterior, bajo la forma de un
rgano perseguidor o de un agente exterior de persecucin. La mquina paranoica es
en s un avatar de las mquinas deseantes: es el resultado de la relacin de las
mquinas deseantes con el cuerpo sin rganos, en tanto que ste ya no puede
soportarlas.
Sin embargo, si queremos tener una idea de las fuerzas posteriores del cuerpo sin
rganos en el proceso no interrumpido, debemos pasar por un paralelo entre la
produccin deseante y la produccin social. Un paralelo tal slo es fenomenolgico;
no prejuzga para nada ni la naturaleza ni la relacin de las dos producciones, ni
siquiera prejuzga la cuestin de saber si efectivamente existen dos producciones. Lo
que ocurre, simplemente, es que las formas de produccin social tambin implican
una pausa improductiva inengendrada, un elemento de antiproduccin acoplado al
proceso, un cuerpo lleno determinado como socius. Este puede ser el cuerpo de la
tierra, o el cuerpo desptico, o incluso el capital. De l dice Marx: no es el producto
del trabajo, sino que aparece como su presupuesto natural o divino. En efecto, no se
contenta con oponerse a las fuerzas productivas mismas. Se vuelca sobre toda la
produccin, constituye una superficie en la que se distribuyen las fuerzas y los
agentes de produccin, de tal modo que se apropia del excedente de produccin y se
atribuye el conjunto y las partes del proceso que ahora parecen emanar de l como de
una cuasi-causa. Fuerzas y agentes se convierten en su poder bajo una forma
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milagrosa, parecen milagroseados por l. En una palabra, el socius como cuerpo lleno
forma una superficie en la que se registra toda la produccin que a su vez parece
emanar de la superficie de registro. La sociedad construye su propio delirio al
registrar el proceso de produccin; pero no es un delirio de la conciencia, ms bien la
falsa conciencia es verdadera conciencia de un falso movimiento, verdadera
percepcin de un movimiento objetivo aparente, verdadera percepcin del
movimiento que se produce sobre la superficie de registro. El capital es el cuerpo sin
rganos del capitalista, o ms bien del ser capitalista. Pero como tal, no es slo
substancia fluida y petrificada del dinero, es lo que va a proporcionar a la esterilidad
del dinero la forma bajo la cual ste produce a su vez dinero. Produce la plusvala,
como el cuerpo sin rganos se reproduce a s mismo, brota y se extiende hasta los
confines del universo. Carga la mquina de fabricar con una plusvala relativa, a la
vez que se encarna en ella como capital fijo. Y sobre el capital se enganchan las
mquinas y los agentes, hasta el punto que su propio funcionamiento parece
milagrosamente producido por aqul. Todo parece (objetivamente) producido por el
capital en tanto que cuasi-causa. Como dice Marx, al principio los capitalistas tienen
necesariamente conciencia de la oposicin entre el trabajo y el capital, y del uso del
capital como medio para arrebatar el excedente de trabajo. Sin embargo, a la vez que
se instaura rpidamente un mundo perverso embrujado, el capital desempea el papel
de superficie de registro en la que recae toda la produccin (proporcionar la plusvala,
o realizarla, ste es el derecho de registro). A medida que la plusvala relativa se
desarrolla en el sistema especficamente capitalista y que la productividad social del
trabajo crece, las fuerzas productivas y las conexiones sociales del trabajo parecen
separarse del proceso productivo, pasando del trabajo al capital. De este modo, el
capital se convierte en un ser muy misterioso, pues todas las fuerzas productivas
parecen nacer en su seno y pertenecerle[11]. En este caso, lo especficamente
capitalista es el papel del dinero y el uso del capital como cuerpo lleno para formar la
superficie de inscripcin o de registro. Sin embargo, cualquier cuerpo lleno, cuerpo
de la tierra o del dspota, una superficie de registro, un movimiento objetivo
aparente, un mundo perverso embrujado y fetichista, pertenecen a todos los tipos de
sociedad como constante de la reproduccin social.
El cuerpo sin rganos se vuelca sobre la produccin deseante, y la atrae, y se la
apropia. Las mquinas-rganos se le enganchan como sobre un chaleco de floretista,
o como medallas sobre el jersey de un luchador que avanza balancendolas. Una
mquina de atraccin sucede, puede suceder, a la mquina repulsiva: una mquina
milagrosa despus de la mquina paranoica. Pero, qu quiere decir despus? Las
dos coexisten, y el humor negro no se encarga de resolver las contradicciones, sino de
lograr que no las haya, que nunca las haya habido. El cuerpo sin rganos, lo
improductivo, lo inconsumible, sirve de superficie para el registro de codos los

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procesos de produccin del deseo, de tal modo que las mquinas deseantes parece
que emanan de l en el movimiento objetivo aparente que les relaciona. Los rganos
son regenerados, enmilagrados, sobre el cuerpo del presidente Schreber que atrae
sobre s los rayos de Dios. Sin duda, la antigua mquina paranoica subsiste bajo la
forma de voces burlonas que intentan eliminar el milagro de los rganos y
principalmente el ano del presidente. No obstante, lo esencial radica en el
establecimiento de una superficie encantada de inscripcin o de registro que se
atribuye todas las fuerzas productivas y los rganos de produccin, y que acta como
cuasi-causa, comunicndoles el movimiento aparente (el fetiche). Totalmente cierto
es que el esquizo hace economa poltica y que toda la sexualidad es asunto de
economa.
Slo que la produccin no se registra del mismo modo que se produce. O ms
bien no se reproduce en el movimiento objetivo aparente del mismo modo como se
produca en el proceso de constitucin. Lo que ocurre es que insensiblemente hemos
pasado a un dominio de la produccin de registro, cuya ley no es la misma que la de
la produccin de produccin. La ley de esta ltima era la sntesis conectiva o
acoplamiento. Pero cuando las conexiones productivas pasan de las mquinas a los
cuerpos sin rganos (como del trabajo al capital), parece que pasan a depender de otra
ley que expresa una distribucin con respecto al elemento no productivo en tanto que
presupuesto natural o divino (las disyunciones del capital). Las mquinas se
enganchan al cuerpo sin rganos como puntos de disyuncin entre los que se teje toda
una red de nuevas sntesis que cuadriculan la superficie. El ya ya esquizofrnico
releva al y adems: cualesquiera que sean los dos rganos considerados, la manera
como se enganchan sobre el cuerpo sin rganos debe ser tal que todas las sntesis
disyuntivas entre ambos vengan a ser lo mismo sobre la superficie resbaladiza.
Mientras que el o bien pretende sealar elecciones decisivas entre trminos
impermutables (alternativa), el ya designa el sistema de permutaciones posibles
entre diferencias que siempre vienen a ser lo mismo al desplazarse, al deslizarse. As
por ejemplo, para la boca que habla o para los pies que andan: Sola detenerse sin
decir nada. Ya porque no tuviera nada que decir. Ya porque a pesar de tener algo que
decir renunciase finalmente a decirlo Otros casos principales se presentan a la
mente. Comunicacin continua inmediata con nueva partida inmediata. Lo mismo
con nueva partida retardada. Comunicacin continua retardada con nueva partida
inmediata. Lo mismo con nueva partida retardada. Comunicacin discontinua
inmediata con nueva partida inmediata. Lo mismo con nueva partida retardada.
Comunicacin discontinua retardada con nueva partida inmediata. Lo mismo con
nueva partida retardada[12]. Es de este modo que el esquizofrnico, poseedor del
capital ms raqutico y ms conmovedor, como por ejemplo las propiedades de
Malone, escribe sobre su cuerpo la letana de las disyunciones y se construye un

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mundo de paradas en el que la ms minscula permutacin se considera que responde


a la nueva situacin o al interpelador indiscreto. La sntesis disyuntiva de registro, por
lo tanto, viene a recubrir las sntesis conectivas de produccin. El proceso como
proceso de produccin se prolonga en procedimiento como procedimiento de
inscripcin. O mejor, si llamamos libido al trabajo conectivo de la produccin
deseante, debemos decir que una parte de esta energa se transforma en energa de
inscripcin disyuntiva (Numen). Transformacin energtica. Pero, por qu llamar
divina, o Numen, a la nueva forma de energa a pesar de todos los equvocos
soliviantados por un problema del inconsciente que no es religioso ms que en
apariencia? El cuerpo sin rganos no es Dios, sino todo lo contrario. Sin embargo, es
divina la energa que le recorre, cuando atrae a toda la produccin y le sirve de
superficie encantada y milagrosa, inscribindola en todas sus disyunciones. De ah las
extraas relaciones que Schreber mantiene con Dios. Al que pregunta cree usted en
Dios? debemos responder de un modo estrictamente kantiano o schreberiano: seguro,
pero slo como seor del silogismo disyuntivo, como principio a priori de este
silogismo (Dios define la Omnitudo realitatis de la que todas las realidades derivadas
surgen por divisin).
Por tanto, slo es divino el carcter de una energa de disyuncin. Lo divino de
Schreber es inseparable de las disyunciones en las que se divide l mismo: imperios
anteriores, imperios posteriores; imperios posteriores de un Dios superior, y de un
Dios inferior. Freud seal con insistencia la importancia de estas sntesis disyuntivas
en el delirio de Schreber en particular, pero tambin en el delirio en general. Una
divisin de este tipo es por completo caracterstica de las psicosis paranoicas. Estas
dividen mientras que la histeria condensa. O ms bien, estas psicosis resuelven de
nuevo en sus elementos las condensaciones y las identificaciones realizadas en la
imaginacin inconsciente[13]. Pero, por qu aade Freud, con reflexin ya hecha,
que la neurosis histrica es primera y que las disyunciones no se obtienen ms que
por proyeccin de un condensado primordial? Sin duda, porque sta es una manera de
mantener los derechos de Edipo en el Dios del delirio y en el registro esquizoparanoico. Es por esta razn por la que sobre este problema debemos plantear la
pregunta ms general: el registro del deseo pasa por los trminos edpicos? Las
disyunciones son la forma de la genealoga deseante; pero, esta genealoga es
edpica, se inscribe en el tringulo de Edipo? Es Edipo una exigencia o una
consecuencia de la reproduccin social, en tanto que esta ltima se propone
domesticar una materia y una forma genealgicas que se escapan por todos los lados?
Pues es por completo cierto que el esquizo es interpelado, y que no deja de serlo.
Precisamente porque su relacin con la naturaleza no es un polo especfico, es
interpelado con los trminos del cdigo social en vigor: tu nombre, tu padre, tu
madre? Durante sus ejercicios de produccin deseante, Molloy es interpelado por un

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polica: Usted se llama Molloy, dijo el comisario. S, dije, acabo de acordarme. Y


su mam?, dijo el comisario. Yo no comprenda. Tambin se llama Molloy?, dijo el
comisario. Se llama Molloy?, dije yo. S, dijo el comisario. Yo reflexion. Usted se
llama Molloy, dijo el comisario. S, dije yo. Y su mam?, dijo el comisario,
tambin se llama Molloy? Yo reflexion. No podemos decir que el psicoanlisis
sea muy innovador en este aspecto: contina planteando sus cuestiones y
desarrollando sus interpretaciones desde el fondo del tringulo edpico, incluso
cuando ve que los fenmenos llamados psicticos desbordan este marco de
referencia. El psicoanlisis dice que debemos descubrir al pap bajo el Dios superior
de Schreber, y por qu no al hermano mayor bajo el Dios inferior? Ora el
esquizofrnico se impacienta y pide que se le deje tranquilo. Ora entra en el juego,
incluso lo exagera, con la libertad de poder reintroducir sus propios puntos de
referencia en el modelo que se le propone y que desde el interior hace estallar (s, es
mi madre, pero mi madre es la Virgen). Nos imaginamos al presidente Schreber
respondiendo a Freud: claro que s, los pjaros parlantes son muchachas, y el Dios
superior es pap, y el Dios inferior, mi hermano. Pero a la chita callando vuelve a
embarazar a las muchachas con todos los pjaros parlantes, y a su padre con el Dios
superior, y a su hermano con el Dios inferior, formas divinas que se complican o ms
bien se desimplifican a medida que se abren camino bajo los trminos y funciones
demasiado simples del tringulo edpico.
Je ne crois ni pre
ni mre
Ja na pas papa-mama[14]
La produccin deseante forma un sistema lineal-binario. El cuerpo lleno se
introduce en la serie como tercer trmino, pero sin romper su carcter: 2, 1, 2, 1 La
serie es por completo rebelde a una transcripcin que la obligara a pasar (y la
amoldara) por una figura especficamente ternaria y triangular como la de Edipo. El
cuerpo lleno sin rganos es producido como Antiproduccin, es decir, no interviene
como tal ms que para recusar toda tentativa de triangulacin que implique una
produccin parental. Cmo queremos que sea producido por padres se que da fe de
su auto-produccin, de su engendramiento por s mismo? Es sobre l, all donde est,
que el Numen se distribuye y que las disyunciones se establecen independientemente
de cualquier proyeccin. Si, he sido mi padre y he sido mi hijo. Yo, Antonin Artaud,
soy mi hijo, mi padre, mi madre y yo. El esquizo dispone de modos de sealizacin
propios, ya que dispone en primer lugar de un cdigo de registro particular que no
coincide con el cdigo social o que slo coincide para parodiarlo. El cdigo delirante,
o deseante, presenta una extraordinaria fluidez. Se podra decir que el esquizofrnico
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pasa de un cdigo a otro, que mezcla todos los cdigos, en un deslizamiento rpido,
siguiendo las preguntas que le son planteadas, variando la explicacin de un da para
otro, no invocando la misma genealoga, no registrando de la misma manera el
mismo acontecimiento, incluso aceptando, cuando se le impone y no est irritado, el
cdigo banal edpico, con el riesgo de atiborrarlo con todas las disyunciones que este
cdigo estaba destinado a excluir. Los dibujos de Adolf Wolfli ponen en escena
relojes, turbinas, dinamos, mquinas-celestes, mquinas-edificios, etc. Y su
produccin se realiza de forma conectiva, yendo de la orilla al centro por capas o
sectores sucesivos. Sin embargo, las explicaciones que une, y que cambia segn su
estado de humor, apelan a series genealgicas que constituyen el registro del dibujo.
Adems, el registro se vuelca sobre el propio dibujo, bajo la forma de lneas de
catstrofe o de cada que son otras tantas disyunciones envueltas en espirales[15].
El esquizo vuelve a caer sobre sus pies siempre vacilantes, por la simple razn de que
es lo mismo en todos lados, en todas las disyunciones. Por ms que las mquinasrganos se enganchen al cuerpo sin rganos, ste no deja de permanecer sin rganos y
no se convierte en un organismo en el sentido habitual de la palabra. Mantiene su
carcter fluido y resbaladizo. Del mismo modo, los agentes de produccin se colocan
sobre el cuerpo de Schreber, se cuelgan de este cuerpo, como los rayos del cielo que
atrae y que contienen millares de pequeos espermatozoides. Rayos, pjaros, voces,
nervios entran en relaciones permutables de genealoga compleja con Dios y las
formas divididas de Dios. Sin embargo, todo ocurre y se registra sobre el cuerpo sin
rganos, incluso las cpulas de los agentes, incluso las divisiones de Dios, incluso las
genealogas cuadriculantes y sus permutaciones. Todo permanece sobre este cuerpo
increado como los piojos en las melenas del len.

El sujeto y el goce
Segn el sentido de la palabra proceso, el registro recae sobre la produccin,
pero la propia produccin de registro es producida por la produccin de produccin.
Del mismo modo, el consumo es la continuacin del registro, pero la produccin de
consumo es producida por y en la produccin de registro. Ocurre que sobre la
superficie de inscripcin se anota algo que pertenece al orden de un sujeto. De un
extrao sujeto, sin identidad fija, que vaga sobre el cuerpo sin rganos, siempre al
lado de las mquinas deseantes, definido por la parte que toma en el producto, que
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recoge en todo lugar la prima de un devenir o de un avatar, que nace de los estados
que consume y renace en cada estado. Luego soy yo, es a m Incluso sufrir,
como dice Marx, es gozar de uno mismo. Sin duda, toda produccin deseante ya es
de un modo inmediato consumo y consumacin, por tanto, voluptuosidad. Sin
embargo, todava no lo es para un sujeto que no puede orientarse ms que a travs de
las disyunciones de una superficie de registro, en los restos de cada divisin. El
presidente Schreber, siempre l, es plenamente consciente de ello; existe una tasa
constante de goce csmico, de tal modo que Dios exige encontrar la voluptuosidad en
Schreber, aunque sea al precio de una transformacin de Schreber en mujer. Sin
embargo, el presidente no experimenta ms que una parte residual de esta
voluptuosidad, como salario de sus penas o como prima por convertirse en mujer. Es
mi deber ofrecer a Dios este goce; y si, hacindolo as, me cae en suerte algo de
placer sensual, me siento justificado para aceptarlo, en concepto de ligera
compensacin por el exceso de sufrimientos y privaciones que he padecido desde
hace tantos aos. Del mismo modo como una parte de la libido en tanto que energa
de produccin se ha transformado en energa de registro (Numen), una parte de sta
se transforma en energa de consuma (Voluptas). Esta energa residual es la que anima
la tercera sntesis del inconsciente, la sntesis conjuntiva del luego es o
produccin de consumo.
Debemos considerar cmo se forma esta sntesis o cmo es producido el sujeto.
Partamos de la oposicin entre las mquinas deseantes y el cuerpo sin rganos. Su
repulsin, tal como apareca en la mquina paranoica de la represin originaria, daba
lugar a una atraccin en la mquina milagrosa. Sin embargo, entre la atraccin y la
repulsin persiste la oposicin. Parece que la reconciliacin efectiva slo puede
realizarse al nivel de una nueva mquina que funcionase como retorno de lo
reprimido. Que tal reconciliacin exista o pueda existir es por completo evidente.
De Robert Gie, el excelente dibujante de mquinas paranoicas elctricas, se nos dice
sin ms precisin: Parece que, a falta de poderse librar de estas corrientes que le
atormentaban, ha acabado por tomar su partido, exaltndose al figurrselas en su
victoria total, en su triunfo.[16] Freud seala, ms especficamente, la importancia
del cambio de la enfermedad en Schreber, cuando ste se reconcilia con su devenirmujer y se lanza a un proceso de autocuracin que le conduce a la identidad
Naturaleza-Produccin (produccin de una nueva humanidad). Schreber se encuentra
encerrado en una actitud y un aparato de travesti, en un momento en el que est
prcticamente curado y ha recobrado todas sus facultades: A veces me encuentro
ante el espejo, o en algn otro lugar, adornado con preseas femeninas (lazos, collares,
etc.). Pero esto sucede nicamente hallndome slo Tomemos el nombre de
mquina clibe para designar esta mquina que sucede a la mquina paranoica y a
la mquina milagrosa, y que forma una nueva alianza entre las mquinas deseantes y

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el cuerpo sin rganos, para el nacimiento de una nueva humanidad o de un organismo


glorioso. Viene a ser lo mismo decir que el sujeto es producido como un resto, al lado
de las mquinas deseantes, o que l mismo se confunde con esta tercera mquina
productiva y la reconciliacin residual que realiza: sntesis conjuntiva de consumo
bajo la forma fascinada de un Luego era eso! .
Michel Carrouges aisl, bajo el nombre de mquinas clibes, un cierto nmero
de mquinas fantsticas que descubri en la literatura. Los ejemplos que invoca son
muy variados y a simple vista parece que no pueden situarse bajo una misma
categora: la Marie mise a nu de Duchamp, la mquina de La Colonia
penitenciaria de Kafka, las mquinas de Raymond Roussel, las del Surmle de Jarry,
algunas mquinas de Edgar Poe, la Eve future de Villiers, etc.[17] Sin embargo, los
rasgos que crean la unidad, de importancia variable segn el ejemplo considerado,
son los siguientes: en primer lugar, la mquina clibe da fe de una antigua mquina
paranoica, con sus suplicios, sus sombras, su antigua Ley. No obstante, no es una
mquina paranoica. Toda la diferencia de esta ltima, sus mecanismos, carro, tijeras,
agujas, imanes, radios. Hasta en los suplicios o en la muerte que provoca, manifiesta
algo nuevo, un poder solar. En segundo lugar, esta transfiguracin no puede
explicarse por el carcter milagroso que la mquina debe a la inscripcin que
encierra, aunque efectivamente encierre las mayores inscripciones (cf. el registro
colocado por Edison en la Eva futura). Existe un consumo actual de la nueva
mquina, un placer que podemos calificar de auto-ertico o ms bien de automtico
en el que se contraen las nupcias de una nueva alianza, nuevo nacimiento, xtasis
deslumbrante como si el erotismo liberase otros poderes ilimitados.
La cuestin se convierte en: qu produce la mquina clibe? qu se produce a
travs de ella? La respuesta parece que es: cantidades intensivas. Hay una experiencia
esquizofrnica de las cantidades intensivas en estado puro, en un punto casi
insoportable una miseria y una gloria clibes sentidas en el punto ms alto, como
un clamor suspendido entre la vida y la muerte, una sensacin de paso intensa,
estados de intensidad pura y cruda despojados de su figura y de su forma. A menudo
se habla de las alucinaciones y del delirio; pero el dato alucinatorio (veo, oigo) y el
dato delirante (pienso) presuponen un Yo siento ms profundo, que proporcione a
las alucinaciones su objeto y al delirio del pensamiento su contenido. Un siento que
me convierto en mujer, que me convierto en Dios, etc., que no es ni delirante ni
alucinatorio, pero que va a proyectar la alucinacin o a interiorizar el delirio. Delirio
y alucinacin son secundarios con respecto a la emocin verdaderamente primaria
que en un principio no siente ms que intensidades, devenires, pasos[18]. De dnde
proceden estas intensidades puras? Proceden de las dos fuerzas precedentes, repulsin
y atraccin, y de la oposicin entre estas dos fuerzas. No es que las propias
intensidades estn en oposicin unas con otras y se equilibren alrededor de un estado
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neutro. Por el contraro, todas son positivas a partir de la intensidad = 0 que designa
el cuerpo lleno sin rganos. Y forman cadas o alzas relativas segn su relacin
compleja y segn la proporcin de atraccin y repulsin que entra en su juego. En
una palabra, la oposicin entre las fuerzas de atraccin y repulsin produce una serie
abierta de elementos intensivos, todos positivos, que nunca expresan el equilibrio
final de un sistema, sino un nmero ilimitado de estados estacionarios y metastsicos
por los que un sujeto pasa. Profundamente esquizoide es la teora kantiana que dice
que las cantidades intensivas llenan la materia sin vaco en diversos grados.
Siguiendo la doctrina del presidente Schreber, la atraccin y la repulsin producen
intensos estados de nervios que llenan el cuerpo sin rganos en diversos grados, por
los que pasa el sujeto-Schreber, convirtindose en mujer, convirtindose en muchas
ms cosas siguiendo un crculo de eterno retorno. Los senos sobre el torso desnudo
del presidente no son ni delirantes ni alucinatorios; en primer lugar, designan una
banda de intensidad, una zona de intensidad sobre su cuerpo sin rganos. El cuerpo
sin rganos es un huevo: est atravesado por ejes y umbrales, latitudes, longitudes,
geodsicas, est atravesado por gradientes que sealan los devenires y los cambios
del que en l se desarrolla. Aqu nada es representativo. Todo es vida y vivido: la
emocin vivida de los senos no se parece a los senos, no los representa, del mismo
modo como una zona predestinada en el huevo no se parece al rgano que de all va a
surgir. Slo bandas de intensidad, potenciales, umbrales y gradientes. Experiencia
desgarradora, demasiado conmovedora, mediante la cual el esquizo es el que est ms
cerca de la materia, de un centro intenso y vivo de la materia: esta emocin situada
fuera del punto particular donde la mente la busca esta emocin que devuelve a la
mente el sonido turbador de la materia, toda el alma corre por ella y pasa por su fuego
ardiente[19] .
Cmo nos hemos podido figurar al esquizo como este andrajo autista, separado
de lo real y de la vida? Peor an: cmo ha podido la psiquiatra convertirlo en este
andrajo, cmo ha podido reducirlo a este estado de un cuerpo sin rganos ya muerto
a se que se instalaba en este punto insoportable donde la mente toca la materia y
vive sus momentos de intensidad, y la consume? Adems, no sera preciso
relacionar esta pregunta con otra, en apariencia muy diferente: qu hace el
psicoanlisis para reducir, esta vez al neurtico, a una pobre criatura que consume
eternamente el pap-mam, y nada ms? Cmo ha podido ser reducida la sntesis
conjuntiva del Luego era eso!, Luego soy yo! el eterno y triste descubrimiento
de Edipo, Luego es mi padre, luego es mi madre? Todava no podemos
responder a estas cuestiones. Tan slo vemos hasta qu punto el consumo de
intensidades puras es ajeno a las figuras familiares, y en qu medida el tejido
conjuntivo del luego es (o soy) es ajeno al tejido edpico. Cmo resumir todo
este movimiento vital? Siguiendo un primer camino (va breve): los puntos de

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disyuncin sobre el cuerpo sin rganos forman crculos de convergencia alrededor de


las mquinas deseantes; entonces el sujeto, producido como residuo al lado de la
mquina, apndice o pieza adyacente de la mquina, pasa por todos los estados del
crculo y pasa de un crculo a otro. No est en el centro, pues lo ocupa la mquina,
sino en la orilla, sin identidad fija, siempre descentrado, deducido de los estados por
los que pasa. As los rizos trazados por el Innombrable, ora bruscos y breves, como
valses, ora con una amplitud de parbola, teniendo como estados a Murphy, Watt,
Mercier, etc., sin que la familia cuente para nada. O bien otro camino ms complejo,
pero que viene a ser lo mismo: a travs de la mquina paranoica y la mquina
milagrosa, las proporciones de repulsin y de atraccin sobre el cuerpo sin rganos
producen en la mquina clibe una serie de estados a partir de 0; y el sujeto nace de
cada estado de la serie, renace siempre del estado siguiente que le determina en un
momento, consumiendo y consumando todos estos estados que le hacen nacer y
renacer (el estado vivido es primero con respecto al sujeto que lo vive).
Esto es lo que Klossowski ha demostrado admirablemente en su comentario de
Nietzsche: la presencia de la Stimmung como emocin material, constitutiva del
pensamiento ms alto y de la percepcin ms aguda[20]. Las fuerzas centrfugas
nunca huyen del centro, sino que se aproximan una vez ms para alejarse de nuevo:
stas son las vehementes oscilaciones que conmocionan a un individuo en tanto que
no busque ms que su propio centro y no vea el crculo del que l mismo forma parte;
pues si las oscilaciones lo conmocionan, es debido a que cada una responde a otro
individuo distinto del que cree ser, desde el punto de vista del centro inencontrable.
De ah, que una identidad es esencialmente fortuita y que una serie de
individualidades deben ser recorridas por cada una de ellas, para que el carcter
fortuito de sta o de aquella haga que todas sean necesarias. Las fuerzas de atraccin
y de repulsin, de desarrollo y de decadencia, producen una serie de estados
intensivos a partir de la intensidad = 0 que designa al cuerpo sin rganos (pero lo
singular radica en que all todava es necesario un nuevo aflujo, para significar tan
slo esta ausencia). No existe el yo-Nietzsche, profesor de filologa, que pierde de
golpe la razn, y que podra identificarse con extraos personajes; existe el sujeto
nietszcheano que pasa por una serie de estados y que identifica los nombres de la
historia con estos estados: yo soy todos los nombres de la historia El sujeto se
extiende sobre el contorno del crculo cuyo centro abandon el yo. En el centro hay la
mquina del deseo, la mquina clibe del eterno retorno. Sujeto residual de la
mquina, el sujeto nietzscheano saca una prima eufrica (Voluptas) de todo lo que la
mquina hace girar, y que el lector haba credo que era slo la obra en fragmentos de
Nietzsche: Nietzsche cree proseguir en lo sucesivo, no la realizacin de un sistema,
sino la aplicacin de un programa bajo la forma de los residuos del discurso
nietzscheano, convertidos en cierta manera en el repertorio de su histrionismo. No

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es identificarse con personas, sino identificar los nombres de la historia con zonas de
intensidad sobre el cuerpo sin rganos; y cada vez el sujeto exclama: Soy yo, luego
soy yo! Nunca se ha hecho tanta historia como la que el esquizo hace, ni de la
manera como la hace. De una vez consume la historia universal. Empezamos a
definirlo como Homo natura y acaba como Homo historia. De uno a otro ese largo
camino que va de Hlderlin a Nietzsche, y que se precipita (La euforia no podra
prolongarse en Nietzsche tanto tiempo como la alienacin contemplativa de
Hlderlin La visin del mundo concedida a Nietzsche no inaugura una sucesin
ms o menos regular de paisajes o de naturalezas muertas, extendida sobre unos
cuarenta aos; es la parodia rememorante de un acontecimiento: un solo actor para
representarla en una jornada solemne ya que todo se pronuncia y vuelve a
desaparecer en una sola jornada aunque debiera haber durado del 31 de diciembre
al 6 de enero ms all del calendario razonable.)

Psiquiatra materialista
La clebre tesis del psiquiatra Clerambault parece que est bien fundada: el
delirio, con su carcter global sistemtico, es secundario con respecto a fenmenos de
automatismo parcelarios y locales. En efecto, el delirio califica al registro que recoge
el proceso de produccin de las mquinas deseantes; y aunque tenga sntesis y
afecciones propias, como podemos verlo en la paranoia e incluso en las formas
paranoides de la esquizofrenia, no constituye una esfera autnoma y es secundario
con respecto al funcionamiento y a los fallos de las mquinas deseantes. No obstante,
Clerambault utilizaba el trmino automatismo (mental) tan slo para designar
fenmenos atemticos de eco, de sonorizacin, de explosin, de sinsentido, en los
que vea el efecto mecnico de infecciones o intoxicaciones. A su vez, explicaba una
buena parte del delirio como un efecto del automatismo; en cuanto a la otra parte,
personal, era de naturaleza reactiva y remita al carcter, cuyas manifestaciones,
por otra parte, podan preceder al automatismo (por ejemplo, el carcter paranoico)
[21]. De este modo, Clerambault no vea en el automatismo ms que un mecanismo
neurolgico en el sentido ms general de la palabra, y no un proceso de produccin
econmica que pona en accin mquinas deseantes; y en cuanto a la historia, se
contentaba con invocar el carcter innato o adquirido. Clerambault es el Feuerbach de
la psiquiatra, en el mismo sentido en que Marx dice: En la medida en que
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Feuerbach es materialista, la historia no se encuentra en l, y en la medida que


considera la historia, no es materialista. Una psiquiatra verdaderamente materialista
se define, por el contrario, por una doble operacin: introducir el deseo en el
mecanismo, introducir la produccin en el deseo.
No existe una diferencia profunda entre el falso materialismo y las formas tpicas
del idealismo. La teora de la esquizofrenia est sealada por tres conceptos que
constituyen su frmula trinitaria: la disociacin (Kraepelin), el autismo (Bleuler), el
espacio-tiempo o el ser en el mundo (Binswanger). El primero es un concepto
explicativo que pretende indicar el trastorno especfico o el dficit primario. El
segundo es un concepto comprensivo que indica la especificidad del efecto: al propio
delirio o la ruptura, el desapego a la realidad acompaado por una predominancia
relativa o absoluta de la vida interior. El tercero es un concepto expresivo que
descubre o redescubre al hombre delirante en su mundo especfico. Los tres
conceptos tienen en comn el relacionar el problema de la esquizofrenia con el yo, a
travs de la imagen del cuerpo (ltimo avatar del alma, en el que se confunden las
exigencias del espiritualismo y del positivismo). Pero, el yo es como el pap-mam,
ya hace tiempo que el esquizo no cree en l. Est ms all, est detrs, debajo, en otro
lugar, pero no en esos problemas. Sin embargo, all donde est, existen problemas,
sufrimientos insuperables, pobrezas insoportables, mas por qu queremos llevarlo al
lugar de donde ha salido, y queremos colocarlo en esos problemas que ya no son los
suyos? por qu queremos burlarnos de su verdad a la que creemos haber rendido
suficiente homenaje al concederle un saludo ideal? Tal vez se diga que el esquizo no
puede decir yo, y que es preciso devolverle esta funcin sagrada de enunciacin. Ante
lo cual dice resumiendo: se me vuelve a enmarranar. Ya no dir yo, nunca ms lo
dir, es demasiado estpido. Pondr en su lugar, cada vez que lo oiga, a la tercera
persona, si pienso en ello. Quizs esto les divierta, sin embargo, no cambiar nada.
Y si vuelve a decir yo, esto tampoco cambiar nada. Completamente ajeno a estos
problemas, por completo ms all. Incluso Freud no escapa a este limitado punto de
vista del yo. Y lo que se lo impeda era su propia frmula trinitaria la edpica, la
neurtica: pap-mam-yo. Ser preciso que nos preguntemos si el imperialismo
analtico del complejo de Edipo no condujo a Freud a recobrar, y a garantizar con su
autoridad, el fastidioso concepto de autismo aplicado a la esquizofrenia. Pues, en una
palabra, a Freud no le gustan los esquizofrnicos, no le gusta su resistencia a la
edipizacin, ms bien tiene tendencia a tratarlos como tontos: toman las palabras por
cosas, dice, son apticos, narcisistas, estn separados de lo real, son incapaces de
transferencia, se parecen a filsofos, indeseable semejanza. A menudo se ha
preguntado sobre la manera de concebir analticamente la relacin entre las pulsiones
y los sntomas, entre el smbolo y lo simbolizado. Es una relacin causal, o de
comprensin, o de expresin? La cuestin se plantea demasiado tericamente. Pues,

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de hecho, desde que nos introducimos en Edipo, desde que se nos mide con Edipo, ya
se ha desarrollado el juego y se ha suprimido la nica relacin autntica: la de
produccin. El gran descubrimiento del psicoanlisis fue el de la produccin
deseante, de las producciones del inconsciente. Sin embargo, con Edipo, este
descubrimiento fue encubierto rpidamente por un nuevo idealismo: el inconsciente
como fbrica fue sustituido por un teatro antiguo; las unidades de produccin del
inconsciente fueron sustituidas por la representacin; el inconsciente productivo fue
sustituido por un inconsciente que tan slo poda expresarse (el mito, la tragedia, el
sueo).
Cada vez que se remite el problema del esquizofrnico al yo, slo podemos
probar una esencia o especificidad supuestas del esquizo, sea con amor y piedad,
sea para escupirla con desagrado. Una vez como yo disociado, otra como yo
escindido, otra, la ms coqueta, como yo que no haba cesado de ser, que estaba all
especficamente, pero en su mundo, y que se deja recobrar por un psiquiatra maligno,
un super-observador comprensivo, en suma, un fenomenlogo. Tambin ah
recordamos la advertencia de Marx: no adivinamos por el gusto del trigo quien lo ha
cultivado, no adivinamos en el producto el rgimen y las relaciones de produccin. El
producto aparece especfico, inenarrablemente especfico, cuando se le relaciona con
formas ideales de causa, comprensin o expresin; pero no aparece especfico si se le
relaciona con el proceso de produccin real del que depende. El esquizofrnico
aparece tanto ms especfico y personificado desde que se detiene el proceso, o desde
que se le convierte en un fin, o desde que se le hace jugar en el vaco hasta el infinito,
de manera que provoque esta horrible extremidad en la que el alma y el cuerpo
acaban por perecer (el Autista). El famoso estado terminal de Kraepelin Por el
contrario, desde que se asigna el proceso material de produccin, la especificidad del
producto tiende a desvanecerse, al mismo tiempo que aparece la posibilidad de otra
realizacin. Antes que la afeccin del esquizofrnico artificializado, personificado
en el autismo, la esquizofrenia es el proceso de la produccin del deseo y de las
mquinas deseantes. Por tanto, la cuestin importante es: cmo pasamos de uno a
otro? es inevitable este paso? Sobre este punto, al igual que sobre otros, Jaspers
proporcion las indicaciones ms valiosas, ya que su idealismo era singularmente
atpico. Oponiendo el concepto de proceso a los de reaccin o desarrollo de la
personalidad, piensa el proceso como ruptura, intrusin, alejado de una relacin
ficticia con el yo para sustituirla por una relacin con lo demonaco en la
naturaleza. Tan slo le faltaba concebir el proceso como realidad material econmica,
como proceso de produccin en la identidad Naturaleza = Industria, Naturaleza =
Historia.
En cierta manera, la lgica del deseo pierde su objeto desde el primer paso: el
primer paso de la divisin platnica que nos obliga a escoger entre produccin y

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adquisicin. Desde el momento en que colocamos el deseo al lado de la adquisicin,


obtenemos una concepcin idealista (dialctica, nihilista) del deseo que, en primer
lugar, lo determina como carencia, carencia de objeto, carencia del objeto real. Cierto
es que el otro lado, el lado produccin, no es ignorado. Incluso correspondi a
Kant el haber realizado en la teora del deseo una revolucin crtica, al definirlo como
la facultad de ser por sus representaciones causa de la realidad de los objetos de
estas representaciones. Sin embargo, no es por casualidad que, para ilustrar esta
definicin, Kant invoca las creencias supersticiosas, las alucinaciones y los
fantasmas: sabemos perfectamente que el objeto real no puede ser producido ms que
por una causalidad y por mecanismos externos, pero este saber no nos impide creer
en el poder interior del deseo para engendrar su objeto, aunque sea bajo una forma
irreal, alucinatoria o fantasmtica, y para representar esta causalidad en el propio
deseo[22]. La realidad del objeto en tanto que producido por el deseo es, por tanto, la
realidad psquica. Entonces podemos decir que la revolucin crtica no cambia para
nada lo esencial: esta manera de concebir la productividad no pone en cuestin la
concepcin clsica del deseo como carencia, sino al contrario se apoya en ella, se
extiende sobre ella y se contenta con profundizarla.
En efecto, si el deseo es carencia del objeto real, su propia realidad forma parte de
una esencia de la carencia que produce el objeto fantasmtico. El deseo concebido
de esta forma como produccin, pero produccin de fantasmas, ha sido perfectamente
expuesto por el psicoanlisis. En el nivel ms bajo de la interpretacin, esto significa
que el objeto real del que el deseo carece remite por su cuenta a una produccin
natural o social extrnseca, mientras que el deseo produce intrnsecamente un
imaginario que dobla a la realidad, como si hubiese un objeto soado detrs de cada
objeto real o una produccin mental detrs de las producciones reales. Ciertamente,
el psicoanlisis no est obligado a desembocar en un estudio de los gadgets y de los
mercados, bajo la forma ms miserable de un psicoanlisis del objeto (psicoanlisis
del paquete de tallarines, del automvil o de la mquina). Pero incluso cuando el
fantasma es interpretado en toda su extensin, ya no como un objeto, sino como una
mquina especfica que pone en escena al deseo, esta mquina tan slo es teatral, y
deja subsistir la complementariedad de lo que separa: entonces, la necesidad es
definida por la carencia relativa y determinada de su propio objeto, mientras que el
deseo aparece como lo que produce el fantasma y se produce a s mismo separndose
del objeto, pero tambin redoblando la carencia, llevndola al absoluto,
convirtindola en una incurable insuficiencia de ser, una carencia-de-ser que es la
vida. De donde, la presentacin del deseo como apoyado en las necesidades, la
productividad del deseo continuando su hacer sobre el fondo de las necesidades, y su
relacin de carencia de objeto (teora del apoyo o anaclisis). En una palabra, cuando
reducimos la produccin deseante a un problema de fantasma, nos contentamos con

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sacar todas las consecuencias del principio idealista que define el deseo como una
carencia, y no como produccin, produccin industrial. Clment Rosset dice
acertadamente: cada vez que insistimos sobre una carencia de la que carecera el
deseo para definir su objeto, el mundo se ve doblado por otro mundo, gracias al
siguiente itinerario: el objeto falta al deseo; luego el mundo no contiene todos los
objetos, al menos le falta uno, el del deseo; luego existe otro lugar que posee la clave
del deseo (de la que carece el mundo). [23]
Si el deseo produce, produce lo real. Si el deseo es productor, slo puede serlo en
realidad, y de realidad. El deseo es este conjunto de sntesis pasivas que maquinan los
objetos parciales, los flujos y los cuerpos, y que funcionan como unidades de
produccin. De ah se desprende lo real, es el resultado de las sntesis pasivas del
deseo como autoproduccin del inconsciente. El deseo no carece de nada, no carece
de objeto. Es ms bien el sujeto quien carece de deseo, o el deseo quien carece de
sujeto fijo; no hay ms sujeto fijo que por la represin. El deseo y su objeto forman
una unidad: la mquina, en tanto que mquina de mquina. El deseo es mquina, el
objeto del deseo es todava mquina conectada, de tal modo que el producto es
tomado del producir, y que algo se desprende del producir hacia el producto, que va a
dar un resto al sujeto nmada y vagabundo. El ser objetivo del deseo es lo Real en s
mismo[24]. No existe una forma de existencia particular que podamos llamar realidad
psquica. Como dice Marx, no existe carencia, existe pasin como ser objeto natural
y sensible. No es el deseo el que se apoya sobre las necesidades, sino al contrario,
son las necesidades las que se derivan del deseo: son contraproductos en lo real que el
deseo produce. La carencia de un contra-efecto del deseo, est depositada, dispuesta,
vacualizada en lo real natural y social. El deseo siempre se mantiene cerca de las
condiciones de existencia objetiva, se las adhiere y las sigue, no sobrevive a ellas, se
desplaza con ellas, por ello es tan fcilmente deseo de morir, mientras que la
necesidad mide el alejamiento de un sujeto que perdi el deseo al perder la sntesis
pasiva de estas condiciones. La necesidad como prctica del vaco no tiene ms
sentido que ese: ir a buscar, capturar, ser parsito de las sntesis pasivas all donde
estn. Por ms que digamos: no se es hierba, hace tiempo que se ha perdido la sntesis
cloroflica, es preciso comer El deseo se convierte entonces en este miedo abyecto
a carecer. Pero justamente, esta frase no la pronuncian los pobres o los desposedos.
Ellos, por el contrario, saben que estn cerca de la hierba, y que el deseo necesita
pocas cosas, no estas cosas que se les deja, sino estas mismas cosas de las que no se
cesa de desposeerles, y que no constituan una carencia en el corazn del sujeto, sino
ms bien la objetividad del hombre, el ser objetivo del hombre, para el cual desear es
producir, producir en realidad. Lo real no es imposible; por el contrario, en lo real
todo es posible, todo se vuelve posible. No es el deseo el que expresa una carencia
molar en el sujeto, sino la organizacin molar la que destituye al deseo de su ser
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objetivo. Los revolucionarios, los artistas y los videntes se contentan con ser
objetivos, nada ms que objetivos: saben que el deseo abraza a la vida con una
potencia productiva, y la reproduce de una forma tan intensa que tiene pocas
necesidades. Y tanto peor para los que creen que es fcil de decir, o que es una idea
en los libros. De lo poco que le saqu la conclusin de que los hombres que ms se
empapaban en la vida, que la moldeaban, que eran la propia vida, coman poco,
dorman poco, posean pocos bienes, si es que posean alguno. No mantenan
ilusiones en cuestiones de deber, de procreacin, en los limitados fines de perpetuar
la familia o defender el Estado El mundo de los fantasmas es aqul que no hemos
acabado de conquistar. Es un mundo del pasado y no del futuro. Quien va hacia
adelante aferrado al pasado, arrastra consigo las cadenas del presidiario[25]. El
viviente vidente es Spinoza bajo el hbito del revolucionario napolitano. Nosotros
sabemos de dnde proviene la carencia y su correlato subjetivo el fantasma. La
carencia es preparada, organizada, en la produccin social. Es contraproducida por
mediacin de la antiproduccin que se vuelca sobre las fuerzas productivas y se las
apropia. Nunca es primera; la produccin nunca es organizada en funcin de una
escasez anterior, es la escasez la que se aloja, se vacuoliza, se propaga segn la
organizacin de una produccin previa[26]. Es el arte de una clase dominante, prctica
del vaco como economa de mercado: organizar la escasez, la carencia, en la
abundancia de produccin, hacer que todo el deseo recaiga es el gran miedo a carecer,
hacer que el objeto dependa de una produccin real que se supone exterior al deseo
(las exigencias de la racionalidad), mientras que la produccin del deseo pasa al
fantasma (nada ms que al fantasma).
No existe por una parte una produccin social de realidad y por otra una
produccin deseante de fantasma. Entre estas dos producciones no se establecen ms
que lazos secundarios de introyeccin y de proyeccin, como si las prcticas sociales
se doblasen en prcticas mentales interiorizadas, o bien como si las prcticas
mentales se proyectasen en los sistemas sociales, sin que nunca unas mermasen a las
otras. Mientras nos contentemos con colocar paralelamente, por una parte, el dinero,
el oro, el capital y el tringulo capitalista, y por otra parte, la libido, el ano, el falo y
el tringulo familiar, nos entregaremos a un agradable pasatiempo; sin embargo, los
mecanismos del dinero permanecen por completo indiferentes a las proyecciones
anales de quienes lo manejan. El paralelismo Marx-Freud permanece por completo
estril e indiferente, colocando en escena trminos que se interiorizan o se proyectan
el uno en el otro sin cesar de ser extranjeros, como en esta famosa ecuacin dinero =
mierda. En verdad, la produccin social es tan slo la propia produccin deseante en
condiciones determinadas. Nosotros decimos que el campo social est
inmediatamente recorrido por el deseo, que es su producto histricamente
determinado, y que la libido no necesita ninguna mediacin ni sublimacin, ninguna
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operacin psquica, ninguna transformacin, para cargar las fuerzas productivas y las
relaciones de produccin. Slo hay el deseo y lo social, y nada ms. Incluso las
formas ms represivas y ms mortferas de la reproduccin social son producidas por
el deseo, en la organizacin que se desprende de l bajo tal o cual condicin que
deberemos analizar. Por ello, el problema fundamental de la filosofa poltica sigue
siendo el que Spinoza supo plantear (y que Reich redescubri): Por qu combaten
los hombres por su servidumbre como si se tratase de su salvacin? Cmo es posible
que se llegue a gritar: queremos ms impuestos! menos pan! Como dice Reich, lo
sorprendente no es que la gente robe, o que haga huelgas; lo sorprendente es que los
hambrientos no roben siempre y que los explotados no estn siempre en huelga. Por
qu soportan los hombres desde siglos la explotacin, la humillacin, la esclavitud,
hasta el punto de quererlas no slo para los dems, sino tambin para s mismos?
Nunca Reich fue mejor pensador que cuando rehsa invocar un desconocimiento o
una ilusin de las masas para explicar el fascismo, y cuando pide una explicacin a
partir del deseo, en trminos de deseo: no, las masas no fueron engaadas, ellas
desearon el fascismo en determinado momento, en determinadas circunstancias, y
esto es lo que precisa explicacin, esta perversin del deseo gregario[27]. Sin
embargo, Reich no llega a dar una respuesta suficiente, ya que a su vez restaura lo
que estaba abatiendo, al distinguir la racionalidad tal como es o debera ser en el
proceso de la produccin social, y lo irracional en el deseo, siendo tan slo lo
segundo justiciable por el psicoanlisis. Por tanto, reserva al psicoanlisis la nica
explicacin de lo negativo, de lo subjetivo y de lo inhibido en el campo social.
Con lo cual, necesariamente, llega a un dualismo entre el objeto real racionalmente
producido y la produccin fantasmtica irracional[28]. Renuncia a descubrir la comn
medida o la coextensin del campo social y del deseo. Ocurra que, para fundar
verdaderamente una psiquiatra materialista, le faltaba la categora de produccin
deseante, a la cual lo real fue sometido bajo sus formas llamadas tanto racionales
como irracionales.
La existencia masiva de una represin social realizada sobre la produccin
deseante no afecta para nada nuestro principio: el deseo produce lo real, o la
produccin deseante no es ms que la produccin social. No es cuestin de reservar al
deseo una forma de existencia particular, una realidad mental o psquica que se
opondra a la realidad material de la produccin social. Las mquinas deseantes no
son mquinas fantasmticas u onricas, que se distinguiran de las mquinas tcnicas
y sociales y las doblaran. Los fantasmas son ms bien expresiones secundarias que
provienen de la identidad de las dos clases de mquinas en un medio dado. El
fantasma nunca es individual; es fantasma de grupo, como supo mostrarlo el anlisis
institucional. Y si hay dos clases de fantasmas de grupo, es debido a que la identidad
puede ser leda en los dos sentidos, segn que las mquinas deseantes sean tomadas
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en las grandes masas gregarias que forman, o segn que las mquinas sociales sean
relacionadas con las fuerzas elementales del deseo que las forman. Por tanto, puede
suceder, en el fantasma de grupo, que la libido cargue el campo social existente,
comprendido en sus formas ms represivas; o puede suceder, al contrario, que
proceda a una contracatexis que conecte el deseo revolucionario con el campo social
existente (por ejemplo, las grandes utopas socialistas del siglo XIX funcionan, no
como modelos ideales, sino como fantasmas de grupo, es decir, como agentes de la
productividad real del deseo que hacen posible una descarga, retiro de catexis, o una
desinstitucin del campo social actual, en provecho de una institucin
revolucionaria del propio deseo). Pero, entre ambas, entre las mquinas deseantes y
las mquinas sociales tcnicas, nunca existe diferencia de naturaleza. Existe una
distincin, pero slo una distincin de rgimen, segn relaciones de tamao. Son las
mismas mquinas, con una diferencia aproximada de rgimen; y ello es lo que
precisamente muestran los fantasmas de grupo.
Cuando anteriormente esbozbamos un paralelo entre la produccin social y la
produccin deseante, para mostrar en ambos casos la presencia de una instancia de
antiproduccin presta a volcarse sobre las formas productivas y a apropirselas, este
paralelismo no prejuzgaba para nada la relacin entre las dos producciones. Tan slo
podamos precisar algunos aspectos relativos a la distincin de rgimen. En primer
lugar, las mquinas tcnicas no funcionan, evidentemente, ms que con la condicin
de no estar estropeadas; su lmite propio es el desgaste y no el desarreglo. Marx
puede basarse en este simple principio para mostrar que el rgimen de las mquinas
tcnicas es el de una firme distincin entre el medio de produccin y el producto,
gracias a la cual la mquina transmite el valor al producto, y slo el valor que pierde
desgastndose. Las mquinas deseantes, por el contrario, al funcionar no cesan de
estropearse, no funcionan ms que estropeadas: el producir siempre se injerta sobre el
producto, y las piezas de la mquina tambin son el combustible. El arte a menudo
utiliza esta propiedad creando verdaderos fantasmas de grupo que cortocircuitan la
produccin social con una produccin deseante, e introducen una funcin de
desarreglo en la reproduccin de mquinas tcnicas. Como por ejemplo los violines
quemados de Arman o los coches comprimidos de Csar. O de una forma ms
general, el mtodo de paranoia crtica de Dal asegura la explosin de una mquina
deseante en un objeto de produccin social. Sin embargo, ya Ravel prefera el
desarreglo al desgaste y sustitua la marcha lenta y la extincin gradual por las
detenciones bruscas, las vacilaciones, las trepidaciones, los fallos, las roturas[29]. El
artista es el seor de los objetos; integra en su arte objetos rotos, quemados,
desarreglados para devolverlos al rgimen de las mquinas deseantes en las que el
desarreglo, el romperse, forma parte del propio funcionamiento; presenta mquinas
paranoicas, milagrosas, clibes, como otras tantas mquinas tcnicas, libre para minar

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las mquinas tcnicas con mquinas deseantes. Adems, la propia obra de arte es
mquina deseante. El artista amontona su tesoro para una prxima explosin, y es por
ello por lo que encuentra que las destrucciones, verdaderamente, no llegan con la
suficiente rapidez.
Una segunda diferencia de rgimen se desprende de ello: las mquinas deseantes
producen por s mismas la antiproduccin, mientras que la antiproduccin propia de
las mquinas tcnicas slo es producida en las condiciones extrnsecas de la
reproduccin del proceso (aunque estas condiciones no vengan despus). Por esta
razn, las mquinas tcnicas no son una categora econmica, y siempre remiten a un
socius o mquina social que no se confunde con ellas y que condiciona esta
reproduccin. Por tanto, una mquina tcnica no es causa, sino slo ndice de una
forma general de la produccin social: as por ejemplo, las mquinas manuales y las
sociedades primitivas, la mquina hidrulica y el modo asitico, la mquina industrial
y el capitalismo. Por tanto, cuando plantebamos el socius como lo anlogo a un
cuerpo lleno sin rganos, no dejaba de haber una diferencia importante. Pues las
mquinas deseantes son la categora fundamental de la economa del deseo, ya que
producen por s mismas un cuerpo sin rganos y no distinguen a los agentes de sus
propias piezas, ni las relaciones de produccin de sus propias relaciones, ni lo social
de lo tcnico. Las mquinas deseantes son a la vez tcnicas y sociales. Es en este
sentido que la produccin deseante constituye el lugar de una represin originaria,
mientras que la produccin social es el lugar de la represin general, y que de sta a
aqulla se ejerce algo que se parece a la represin secundaria propiamente dicha:
todo depende de la situacin del cuerpo sin rganos, o de su equivalente, segn sea
resultado interno o condicin extrnseca (cambia notablemente el papel del instinto de
muerte).
Sin embargo, son las mismas mquinas bajo dos regmenes diferentes aunque
sea una extraa aventura para el deseo el desear la represin. Slo hay una
produccin, la de lo real. Sin duda, podemos expresar esta identidad de dos maneras,
pero estas dos maneras constituyen la auto-produccin del inconsciente como odo.
Podemos decir que toda produccin social se desprende de la produccin deseante en
determinadas condiciones: en primer lugar, el Homo natura. No obstante, tambin
podemos decir, y ms exactamente, que la produccin deseante es en primer lugar
social y que no tiende a liberarse ms que al final (en primer lugar, el Homo historia).
Ocurre que el cuerpo sin rganos no est dado por s mismo en un origen, y luego
proyectado en las diferentes clases de socius, como si un gran paranoico, jefe de la
horda primitiva, estuviese en la base de la organizacin social. La mquina social o
socius puede ser el cuerpo de la Tierra, el cuerpo del Dspota, el cuerpo del Dinero.
Nunca es una proyeccin del cuerpo sin rganos. Ms bien, el ltimo residuo de un
socius desterritorializado es el cuerpo sin rganos. El problema del socius siempre ha

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sido ste: codificar los flujos del deseo, inscribirlos, registrarlos, lograr que ningn
flujo fluya si no est canalizado, taponado, regulado. Cuando la mquina territorial
primitiva ya no bast, la mquina desptica instaur una especie de
sobrecodificacin. Sin embargo, la mquina capitalista, en tanto que se establece
sobre las ruinas ms o menos lejanas de un Estado desptico, se encuentra en una
situacin por completo nueva: la descodificacin y la desterritorializacin de los
flujos. El capitalismo no se enfrenta a esa situacin desde afuera, puesto que de ella
vive y encuentra en ella a la vez su condicin y su materia, y la impone con toda su
violencia. Su produccin y su represin soberanas no pueden ejercerse ms que a este
precio. El capitalismo nace, en efecto, del encuentro entre dos clases de flujos, flujos
descodificados de produccin bajo la forma del capital-dinero, flujos descodificados
del trabajo bajo la forma del trabajador libre. Adems, al contrario que las
mquinas sociales precedentes, la mquina capitalista es incapaz de proporcionar un
cdigo que cubra el conjunto del campo social. La propia idea de cdigo la sustituye
en el dinero por una axiomtica de las cantidades abstractas que siempre llega ms
lejos en el movimiento de desterritorializacin del socius. El capitalismo tiende hacia
un umbral de descodificacin, que deshace el socius en provecho de un cuerpo sin
rganos y que, sobre este cuerpo, libera los flujos del deseo en un campo
desterritorializado. Podemos decir, en este sentido, que la esquizofrenia es el
producto de la mquina capitalista, como la mana depresiva y la paranoia son el
producto de la mquina desptica, como la histeria el producto de la mquina
territorial?[30]
La descodificacin de los flujos, la desterritorializacin del socius forman, de este
modo, la tendencia ms esencial del capitalismo. No cesa de aproximarse a su lmite,
que es un lmite propiamente esquizofrnico. Tiende con todas sus fuerzas a producir
el esquizo como el sujeto de los flujos descodificados sobre el cuerpo sin rganos
ms capitalista que el capitalista y ms proletario que el proletario. Tender siempre
hacia lo ms lejano, hasta el punto en que el capitalismo se enviara a la luna con
todos sus flujos: en verdad, todava no hemos visto nada. Cuando decimos que la
esquizofrenia es nuestra enfermedad, la enfermedad de nuestra poca, no queremos
decir solamente que la vida moderna nos vuelve locos. No se trata de modo de vida,
sino de proceso de produccin. No se trata tampoco de un simple paralelismo, aunque
el paralelismo ya sea ms exacto, desde el punto de vista del fracaso de los cdigos,
por ejemplo, entre los fenmenos de deslizamiento de sentido en los esquizofrnicos
y los mecanismos de discordancia creciente en todos los estratos de la sociedad
industrial. De hecho, queremos decir que el capitalismo, en su proceso de produccin,
produce una formidable carga esquizofrnica sobre la que hace caer todo el peso de
su represin, pero que no cesa de reproducirse como lmite del proceso. Pues el
capitalismo no cesa de contrariar, de inhibir su tendencia al mismo tiempo que se

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precipita en ella; no cesa de rechazar su lmite al mismo tiempo que tiende a l. El


capitalismo instaura o restaura todas las clases de territorialidades residuales y
facticias, imaginarias o simblicas, sobre las que intenta, tanto bien como mal, volver
a codificar, a sellar las personas derivadas de las cantidades abstractas. Todo vuelve a
pasar, todo vuelve de nuevo, los Estados, las patrias, las familias. Esto es lo que
convierte al capitalismo, en su ideologa, en la pintura abigarrada de todo lo que se
ha credo. Lo real no es imposible, sino cada vez ms artificial. Marx llamaba ley de
la tendencia opuesta al doble movimiento de la baja tendencial de la tasa de ganancia
y del crecimiento de la masa absoluta de plusvala. Como corolario de esta ley est el
doble movimiento de la descodificacin o de la desterritorializacin de los flujos y de
su nueva territorializacin violenta y facticia. Cuanto ms desterritorializa la mquina
capitalista, descodificando y axiomatizando los flujos para extraer su plusvala, tanto
ms sus aparatos anexos, burocrticos y policiales, vuelven a territorializarlo todo
absorbiendo una parte creciente de plusvala.
Ciertamente, no es en relacin con las pulsiones que podemos dar definiciones
suficientes y actuales del neurtico, del perverso y del psictico; pues las pulsiones
son tan slo las propias mquinas deseantes. Podemos darlas en relacin con las
territorialidades modernas. El neurtico sigue instalado en las territorialidades
residuales o facticias de nuestra sociedad, y todas las vuelca sobre Edipo como ltima
territorialidad que se reconstituye en el gabinete del analista, sobre el cuerpo lleno del
psicoanalista (s, el patrn, es el padre, y tambin el jefe del Estado, y usted tambin,
doctor) El perverso es el que toma el artificio a la palabra: palabra: usted quiere,
usted tendr, territorialidades infinitamente ms artificiales todava que las que la
sociedad nos propone, nuevas familias por completo artificiales, sociedades secretas
y lunares. En cuanto al esquizo, con su paso vacilante que no cesa de errar, de
tropezar, siempre se hunde ms hondo en la desterritorializacin, sobre su propio
cuerpo sin rganos en el infinito de la descomposicin del socius, y tal vez sta es su
propia manera de recobrar la tierra, el paseo del esquizo. El esquizofrnico se
mantiene en el lmite del capitalismo: es su tendencia desarrollada, el excedente de
producto, el proletario y el ngel exterminador. Mezcla todos los cdigos, y lleva los
flujos descodificados del deseo. Lo real fluye. Los dos aspectos del proceso se unen:
el proceso metafsico que nos pone en contacto con lo demonaco en la naturaleza
o en el corazn de la tierra, el proceso histrico de la produccin social que restituye
a las mquinas deseantes una autonoma con respecto a la mquina social
desterritorializada. La esquizofrenia es la produccin deseante como lmite de la
produccin social. La produccin deseante y su diferencia de rgimen con respecto a
la produccin social estn, por tanto, en el final y no en el principio. De una a otra no
hay ms que un devenir que es el devenir de la realidad. Y si la psiquiatra
materialista se define por la introduccin del concepto de produccin en el deseo, no

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puede evitar plantear en trminos escatolgicos el problema de la relacin final entre


la mquina analtica, la mquina revolucionaria y las mquinas deseantes.

Las mquinas
En qu son las mquinas deseantes verdaderamente mquinas,
independientemente de cualquier metfora? Una mquina se define como un sistema
de cortes. No se trata en modo alguno del corte considerado como separacin con la
realidad; los cortes operan en dimensiones variables segn el carcter considerado.
Toda mquina, en primer lugar, est en relacin con un flujo material continuo (hyle)
en el cual ella corta. La mquina funciona como mquina de cortar jabn: los cortes
efectan extracciones en el flujo asociativo. As por ejemplo, el ano y el flujo de
mierda que corta; la boca y el flujo de leche, pero tambin el flujo de aire, y el flujo
sonoro; el pene y el flujo de orina, pero tambin el flujo de esperma. Cada flujo
asociativo debe ser considerado como ideal, flujo infinito de un muslo de cerdo
inmenso. La hyle designa, en efecto, la continuidad pura que una materia posee
idealmente. Cuando Jaulin describe las polillas y polvos que se toman en la
iniciacin, muestra que cada ao son producidos como un conjunto de extracciones
sobre una sucesin infinita que tericamente no posee ms que un slo origen,
nica bola extendida hasta los confines del universo[31]. El corte no se opone a la
continuidad, la condiciona, implica o define lo que corta como continuidad ideal.
Pues, como hemos visto, toda mquina es mquina de mquina. La mquina slo
produce un corte de flujo cuando est conectada a otra mquina que se supone
productora del flujo. Y sin duda, esta otra mquina es, en realidad, a su vez corte.
Pero no lo es ms que en relacin con la tercera mquina que produce idealmente, es
decir, relativamente, un flujo continuo infinito. As por ejemplo, la mquina-ano y la
mquina-intestino, la mquina-intestino y la mquina-estmago, la mquinaestmago y la mquina-boca, la mquina-boca y el flujo del rebao (y adems, y
adems, y adems). En una palabra, toda mquina es corte de flujo con respecto a
aqulla a la que est conectada, pero ella misma es flujo o produccin de flujo con
respecto a la que se le conecta. Esta es la ley de la produccin de produccin. Por
ello, en el lmite de las conexiones transversales o transfinitas, el objeto parcial y el
flujo continuo, el corte y la conexin, se confunden en uno en todo lugar cortes,
flujos de donde brota el deseo, y que son su productividad, realizando siempre el
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injerto del producir sobre el producto (es muy curioso como Melanie Klein, en su
profundo descubrimiento de los objetos parciales, olvida a este respecto el estudio de
los flujos y los considera sin importancia: de ese modo, cortocircuita todas las
conexiones)[32].
Connecticut, Connect - I - cut, grita el pequeo Joey. Bettelheim traza el cuadro
de este nio que no vive, no come, no defeca o no duerma ms que enchufndose a
mquinas provistas de motores, de hilos, de lmparas, de carburadores, de hlices y
de volantes: mquina elctrica alimenticia, mquina-auto para respirar, mquina
luminosa anal. Pocos ejemplos muestran tan bien el rgimen de la produccin
deseante, y el modo como la rotura, o el desarreglo, forma parte del propio
funcionamiento, o el corte, de las conexiones maquinales. Sin duda, se puede objetar
que esta vida mecnica, esquizofrnica, expresa la ausencia y la destruccin del deseo
ms bien que el deseo, y supone determinadas actividades parentales de extremada
negacin ante las que el nio reacciona convirtindose en mquina. Pero incluso
Bettelheim, favorable a una causalidad edpica o preedpica, reconoce que sta no
puede intervenir ms que como respuesta a aspectos autnomos de la productividad o
de la actividad del nio, libre a continuacin para determinar en l una estasis
improductiva o una actitud de retirada absoluta. Por tanto, existe en primer lugar una
reaccin autnoma ante la experiencia total de la vida de la cual la madre no es ms
que una parte[33]. Adems, no es preciso creer que son las propias mquinas las que
dan fe de la prdida o de la represin del deseo (lo que Bettelheim traduce en
trminos de autismo). Siempre volvemos a encontrar el mismo problema: cmo el
proceso de produccin del deseo, cmo las mquinas deseantes del nio han
empezado a girar en el vaco hasta el infinito, hasta llegar a producir el niomquina? cmo se ha transformado el proceso en fin? o bien, cmo ha sido vctima
de una interrupcin prematura, o de una horrible agravacin extrema? Slo en
relacin con el cuerpo sin rganos se produce algo, contraproducto, que desva o
exaspera toda la produccin de la que, sin embargo, forma parte. Pero la mquina
queda como deseo, posicin de deseo que prosigue su historia a travs de la represin
originara y el retorno de lo reprimido, en la sucesin de las mquinas paranoicas,
mquinas milagrosas y mquinas clibes por las que pasa Joey, a medida que
progresa la teraputica de Bettelheim.
En segundo lugar, toda mquina implica una especie de cdigo que se encuentra
tramado, almacenado en ella. Este cdigo es inseparable no slo de su registro y de su
transmisin en las diferentes regiones del cuerpo, sino tambin del registro de cada
una de las regiones en sus relaciones con las otras. Un rgano puede estar asociado a
diversos flujos segn diferentes conexiones; puede vacilar entre varias regiones, e
incluso puede tomar sobre s mismo el rgimen de otro rgano (la boca anorxica).
Toda clase de cuestiones funcionales se plantean: qu flujo cortar? dnde cortar?
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cmo y de qu modo? Qu sitio hay que dejar a otros productores o antiproductores


(el lugar del hermano pequeo)? Es preciso o no es preciso atragantarse con lo que
uno come, tragar el aire, cagar con la boca? En todo lugar los registros, las
informaciones, las transmisiones, forman un cuadriculado de disyunciones, de
distinto tipo que las conexiones precedentes. Pertenece a Lacan el descubrimiento de
este rico dominio de un cdigo del inconsciente, envolviendo la o las cadenas
significantes; y el haber transformado de este modo el anlisis (en este aspecto el
texto bsico es la Lettre vole). Pero qu extrao es este dominio en virtud de su
multiplicidad, hasta el punto que apenas podemos hablar de una cadena o incluso de
un cdigo deseante. Las cadenas son llamadas significantes porque estn hechas con
signos, pero estos signos no son en s mismos significantes. El cdigo se parece
menos a un lenguaje que a una jerga, formacin abierta y polvoca. Los signos aqu
son de cualquier naturaleza, indiferentes a su soporte (o es el soporte el que les es
indiferente? El soporte es el cuerpo sin rganos). Carecen de plan previo, trabajan a
todos los niveles y en todas las conexiones; cada uno habla su propia lengua y
establece con los otros sntesis tanto ms directas en transversal en cuanto
permanecen indirectas en la dimensin de los elementos. Las disyunciones propias a
estas cadenas todava no implican ninguna exclusin, las exclusiones no pueden
surgir ms que por un juego de inhibidores y de represores que vienen a determinar el
soporte y a fijar un sujeto especfico y personal[34]. Ninguna cadena es homognea,
pero se parece a un desfile de letras de diferentes alfabetos en el que surgiran de
repente un ideograma, un pictograma, la pequea imagen de un elefante que pasa o
de un sol que se levanta. De repente, en la cadena que mezcla (sin componerlos)
fonemas, morfemas, etc., aparecen los bigotes de pap, el brazo levantado de mam,
una cinta, una muchacha, un polica, un zapato. Cada cadena captura fragmentos de
otras cadenas de las que saca una plusvala, como el cdigo (o cifrado) de la orqudea
saca la forma de una avispa: fenmeno de plusvala de cdigo. Todo un sistema de
agujas y de sacar a suerte forman fenmenos aleatorios parcialmente dependientes,
parecidos a una cadena de Markoff. Los registros de transmisiones provenientes de
los cdigos internos del medio exterior, de una regin a otra del organismo, se cruzan
segn las vas perpetuamente ramificadas de la gran sntesis disyuntiva. Si all existe
una escritura, es una escritura en el mismo Real, extraamente polvoca y nunca biunvoca, lineal, una escritura transcursiva y nunca discursiva: todo el campo de la
inorganizacin real de las sntesis pasivas, en el que en vano se buscara algo que
se pudiese llamar el significante, y que no cesa de componer y descomponer las
cadenas en signos que no poseen ninguna vocacin para ser significantes. Producir el
deseo, sta es la nica vocacin del signo, en todos dos sentidos en que ello se
maquina.
Estas cadenas son sin cesar el lugar de alejamiento en todas direcciones, en todas

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partes esquizias que se valen por s mismas y que sobre todo no es preciso llenar. Esta
es, por tanto, la segunda caracterstica de la mquina: cortes-separacin, que no se
confunden con los cortes-extraccin. Estos llevan a flujos continuos y remiten a los
objetos parciales. Aquellos conciernen a las cadenas heterogneas y proceden por
segmentos separables, stocks mviles, como bloques o ladrillos volantes. Es preciso
concebir cada ladrillo emitido a distancia y compuesto por elementos heterogneos:
no slo encerrando una inscripcin con signos de diferentes alfabetos, sino tambin
con figuras y luego una o varias pajas, y tal vez un cadver. La extraccin o toma de
flujo implica la separacin de la cadena; y los objetos parciales de la produccin
suponen los stocks o los ladrillos de registro, en la coexistencia y la interaccin de
todas las sntesis. Cmo podra haber extraccin parcial en un flujo, sin separacin
fragmentaria en un cdigo que llega a informar el flujo? Si hace poco dijimos que el
esquizo est en el lmite de los flujos descodificados del deseo, era preciso entenderlo
como de los cdigos sociales en los que un Significante desptico aplasta todas las
cadenas, las linealiza, les da una bi-univocidad, y se sirve de los ladrillos como de
otros tantos elementos inmviles para una muralla de la China imperial. Pero el
esquizo los separa, los despega, se los lleva en todos los sentidos para recobrar una
nueva polivocidad que es el cdigo del deseo. Toda composicin, y tambin toda
descomposicin, se realiza con ladrillos mviles. Diaschisis y diaspasis, deca
Monakow: sea una lesin que se extiende segn fibras que la unen a otras regiones y
en ellas provoca a distancia fenmenos incomprensibles desde un punto de vista
puramente mecanicista (pero no maqunico); sea un trastorno de la vida humoral que
lleva consigo una desviacin de la energa nerviosa y la instauracin de direcciones
rotas, fragmentadas, en la esfera de los instintos. Los ladrillos son las piezas
esenciales de las mquinas deseantes desde el punto de vista del procedimiento de
registro: a la vez partes componentes y productos de descomposicin que no se
localizan especialmente ms que en tal o cual momento, en relacin con la gran
mquina temporal que es el sistema nervioso (mquina meldica del tipo caja de
msica, de localizacin no espacial)[35]. Lo que produce el carcter desigual del
libro de Monakow y Mourgue es su superacin infinita de todo el jacksonismo en el
que se inspira, es la teora de los ladrillos, de su separacin y su fragmentacin, pero
sobre todo es que una teora semejante supone haber introducido el deseo en la
neurologa.
El tercer corte de la mquina deseante es el corte-resto o residuo, que produce un
sujeto al lado de la mquina, pieza adyacente de la mquina. Y si este sujeto no tiene
identidad especfica o personal, si recorre el cuerpo sin rganos sin romper su
indiferencia, es debido a que no slo es una parte al lado de la mquina, sino una
parte a su vez partida, a la que llegan partes correspondientes a las separaciones de
cadena y a las extracciones de flujo realizadas por la mquina. Adems, consume los

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estados por los que pasa, y nace de estos estados, siempre deducido de estos estados
como una parte formada de partes, de las que cada una llena en un momento el
cuerpo sin rganos. Lo que permite a Lacan desarrollar un juego maqunico ms que
etimolgico, parere / procurar, separare / separar, separere / engendrarse a s mismo,
al sealar el carcter intensivo de un juego de esta clase: la parte no tiene nada que
ver con el todo, ella desempea su parte por completo sola. El sujeto procede aqu
de su particin a su parto, por ello, el sujeto puede procurarse lo que aqu le
concierne, un estado que nosotros calificaremos como civil. Nada en la vida de nadie
desencadena ms encarnizamiento para lograrlo. Para ser pars, sacrificara una gran
parte de sus intereses[36] No ms que los otros cortes, el corte subjetivo no
designa una carencia, sino al contrario una parte que vuelve al sujeto como parte, una
renta que vuelve al sujeto como resto (incluso ah, qu mal modelo es el modelo
edpico de la castracin!) Ocurre que los cortes no son el resultado de un anlisis,
pues son sntesis. Son las sntesis que producen las divisiones. Consideremos el
ejemplo del retorno de la leche en el eructo del nio; a la vez es restitucin de
extraccin en el flujo asociativo, reproduccin de separacin o alejamiento en la
cadena significante, residuo que vuelve al sujeto por su propia parte. La mquina
deseante no es una metfora; es lo que corta y es cortado segn estos tres modos. El
primer modo remite a la sntesis conectiva y moviliza la libido como energa de
extraccin. El segundo remite a la sntesis disyuntiva y moviliza el Numen como
energa de separacin. El tercero remite a la sntesis conjuntiva y moviliza la Voluptas
como energa residual. Bajo estos tres aspectos, el proceso de la produccin deseante
es simultneamente produccin de produccin, produccin de registro, produccin de
consumo. Extraer, separar, dar restos, es producir y efectuar las operaciones reales
del deseo.

El todo y las partes


En las mquinas deseantes todo funciona al mismo tiempo, pero en los hiatos y
las rupturas, las averas y los fallos, las intermitencias y los cortocircuitos, las
distancias y las parcelaciones, en una suma que nunca rene sus partes en un todo. En
ellas los cortes son productivos, e incluso son reuniones. Las disyunciones, en tanto
que disyunciones, son inclusivas. Los propios consumos son pasos, devenires y
regresos. Maurice Blanchot ha sabido plantear el problema con todo rigor, al nivel de
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una mquina literaria: cmo producir, y pensar, fragmentos que tengan entre s
relaciones de diferencia en tanto que tal, que tengan como relaciones entre s a su
propia diferencia, sin referencias a una totalidad original incluso perdida, ni a un
totalidad resultante incluso por llegar?[37] Slo la categora de multiplicidad,
empleada como sustantivo y superando lo mltiple tanto como lo Uno, superando la
relacin predicativa de lo Uno y de lo mltiple, es capaz de dar cuenta de la
produccin deseante: la produccin deseante es multiplicidad pura, es decir,
afirmacin irreductible a la unidad. Estamos en la edad de los objetos parciales, de
los ladrillos y de los restos o residuos. Ya no creemos en estos falsos fragmentos que,
como los pedazos de la estatua antigua, esperan ser completados y vueltos a pegar
para componer una unidad que adems es la unidad de origen. Ya no creemos en una
totalidad original ni en una totalidad de destino. Ya no creemos en la grisalla de una
insulsa dialctica evolutiva, que pretende pacificar los pedazos limando sus bordes.
No creemos en totalidades ms que al lado. Y si encontramos una totalidad tal al lado
de partes, esta totalidad es un todo de aquellas partes, pero que no las totaliza, es una
unidad de todas aquellas partes, pero que no las unifica, y que se aade a ellas como
una nueva parte compuesta aparte. Surge, pero aplicndose esta vez al conjunto,
como determinado pedazo compuesto aparte, nacido de una inspiracin nos dice
Proust de la unidad de la obra de Balzac, pero tambin de la suya. Y en la mquina
literaria de la Recherche du temps perdu, es sorprendente hasta que punto todas las
partes son producidas como lados disimtricos, direcciones rotas, cajas cerradas,
vasos no comunicantes, compartimentos, en los que incluso las contigidades son
distancias, y las distancias afirmaciones, pedazos de puzzle que no pertenecen a uno
solo, sino a puzzles diferentes, violentamente insertados unos en otros, siempre
locales y nunca especficos, y sus bordes discordantes siempre forzados, profanados,
imbricados unos en otros, siempre con restos. Esta es la obra esquizoide por
excelencia: podramos decir que la culpabilidad, las declaraciones de culpabilidad, no
estn presentes ms que para rer. (En trminos kleinianos se podra decir que la
posicin depresiva no es ms que una cobertura para una posicin esquizoide ms
profunda). Pues los rigores de la ley slo en apariencia expresan la protesta de lo Uno
y, por el contrario, encuentran su verdadero objeto en la absolucin de los universos
parcelados, en los que la ley no rene nada en un Todo, sino que por el contrario mide
y distribuye las separaciones, las dispersiones, los estallidos de los que saca su
inocencia en la locura. Por ello, el tema aparente de la culpabilidad se entrelaza en
Proust con otro tema que lo niega, el de la ingenuidad vegetal en la separacin de los
sexos, en los encuentros de Charlus as como en el sueo de Albertine, all donde
reinan las flores y se revela la inocencia de la locura, locura manifiesta de Charlus o
locura supuesta de Albertine.
Pues Proust deca que el todo es producido, que es producido como una parte al

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lado de las partes, que ni unifica ni totaliza, sino que se aplica a ellas instaurando
solamente comunicaciones aberrantes entre vasos no comunicantes, unidades
transversales entre elementos que mantienen toda su diferencia en sus propias
dimensiones. As por ejemplo, en el viaje en ferrocarril, nunca hay totalidad de lo que
se ve ni unidad de los puntos de vista; slo en la transversal que traza el viajero
enloquecido de una ventana a otra, para aproximar, para pegar los fragmentos
intermitentes y opuestos. Aproximar, pegar, es lo que Joyce denominaba reembody. El cuerpo sin rganos es producido como un todo, pero en su debido lugar,
en el proceso de produccin, al lado de las partes que ni unifica ni totaliza. Y cuando
se aplica a ellas, se vuelca sobre ellas, e induce comunicaciones transversales, avisos
transfinitos, inscripciones polvocas y transcursivas, sobre su propia superficie en la
que los cortes funcionales de los objetos parciales no cesan de ser recortados por los
cortes de cadenas significantes y por los cortes de un sujeto que all se orienta. El
todo no slo coexiste con las partes, es contiguo, l mismo producido aparte, y
aplicndose a ellas: los genetistas lo muestran a su modo cuando dicen que los
aminocidos son asimilados individualmente en la clula, pues son colocados en el
orden conveniente por un mecanismo anlogo a un molde en el que la cadena lateral
caracterstica de cada cido se coloca en su propia posicin[38]. Por regla general, el
problema de las relaciones partes-todo permanece mal planteado tanto por el
mecanicismo como por el vitalismo clsicos, en tanto el todo es considerado como
totalidad derivada de las partes, o como totalidad originaria de la que emanan las
partes, o como totalizacin dialctica. El mecanicismo no ms que el vitalismo, no ha
captado la naturaleza de las mquinas deseantes, ni la doble necesidad de introducir
la produccin en el deseo tanto como el deseo en la mecnica.
No hay una evolucin de las pulsiones que las hara progresar, con sus objetos,
hacia un todo de integracin, como tampoco hay una totalidad primitiva de la que
derivaran. Melanie Klein hizo el maravilloso descubrimiento de los objetos
parciales, este mundo de explosiones, de rotaciones, de vibraciones. Sin embargo,
cmo explicar que fracase en la lgica de estos objetos? En primer lugar, ocurre que
Melanie Klein los piensa como fantasmas y los juzga desde el punto de vista del
consumo, y no como produccin real. Asigna mecanismos de causa (como la
introyeccin y la proyeccin), de efecto (gratificacin y frustracin), de expresin (lo
bueno y lo malo), que le imponen una concepcin idealista del objeto parcial. No lo
vincula a un verdadero proceso de produccin como podra ser el de las mquinas
deseantes. En segundo lugar, Melanie Klein no se desembaraza de la idea de que los
objetos parciales esquizo-paranoides remiten a un todo, ya original en una fase
primitiva, ya por llegar en la posicin depresiva ulterior (el Objeto completo). Los
objetos parciales, por tanto, le parecen extrados de personas globales; y no slo
entran en totalidades de integracin concernientes al yo, el objeto y las pulsiones,

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sino que adems ya constituyen el primer tipo de relacin objetal entre el yo, el padre
y la madre. Ahora bien, precisamente es ah donde todo se decide a fin de cuentas. Es
por completo cierto que los objetos parciales tienen en s mismos una carga suficiente
como para hacer estallar a Edipo y destituirle de su imbcil pretensin de representar
el inconsciente, de triangular el inconsciente, de captar toda la produccin deseante.
La cuestin que aqu se plantea no es en modo alguno la de una importancia relativa
de lo que podemos llamar preedpico con respecto a Edipo (pues preedpico
todava presenta una referencia evolutiva o estructural con Edipo). La cuestin es la
del carcter absolutamente anedpico de la produccin deseante. Pero por conservar
el punto de vista del todo, de las personas globales y de los objetos completos y tal
vez tambin por querer evitar lo peor con respecto a la Asociacin Psicoanaltica
Internacional que escribi sobre su puerta: que nadie entre aqu si no es edpico,
Melanie Klein no utiliza los objetos parciales para hacer saltar la picota de Edipo,
sino al contrario, los utiliza o finge utilizarlos para diluir Edipo, para miniaturizarlo,
multiplicarlo, esparcirlo en la primera infancia.
Y si escogemos el ejemplo menos edipizante de todos los psicoanalistas, es para
mostrar el forcing que debe realizar para armonizar a Edipo con la produccin
deseante. Con mayor razn se dar en los psicoanalistas normales que ni siquiera
tienen conciencia del movimiento. No es sugestin, es terrorismo. Melanie Klein
escribe: La primera vez que Dick vino a mi consulta no manifest ninguna emocin
cuando su niera me lo confi. Cuando le ense los juguetes que tena preparados,
los mir sin el menor inters. Cog un tren grande y lo coloqu al lado de un tren ms
pequeo y los llam con el nombre de tren pap y tren Dick. A continuacin,
tom el tren que yo haba llamado Dick y lo hizo rodar hasta la ventana y dijo
Estacin. Yo le expliqu la estacin es mam; Dick entra en mam. Dej el tren y
corri a colocarse entre la puerta interior y la puerta exterior de la habitacin, se
encerr diciendo negro y sali en seguida corriendo. Repiti varias veces esta
operacin. Le expliqu que en mam se est negro; Dick est en el negro de
mam Cuando su anlisis hubo progresado Dick descubri tambin que el
lavabo simbolizaba el cuerpo materno y manifest un miedo extraordinario a mojarse
con el agua[39]. Di que es Edipo o si no recibirs una bofetada! El psicoanalista
nunca pregunta: Qu son para ti tus mquinas deseantes?, sino que exclama:
Responde pap-mam cuando te hablo! Incluso Melanie Klein Entonces toda la
produccin deseante es aplastada, abatida, sobre las imgenes parentales, alineada en
las fases preedpicas, totalizada en Edipo: de este modo, la lgica de los objetos
parciales es reducida a nada. Edipo se convierte desde ahora para nosotros en la
piedra de toque de la lgica. Pues, como ya lo presentamos al principio, los objetos
parciales slo en apariencia son extrados de las personas globales; son producidos
realmente por extraccin sobre un flujo o una hyle no personal, con la que comunican

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al conectarse con otros objetos parciales. El inconsciente ignora las personas. Los
objetos parciales no son representantes de los personajes parentales ni de los soportes
de relaciones familiares; son piezas en las mquinas deseantes, que remiten a un
proceso y a relaciones de produccin irreductibles y primeras con respecto a lo que se
deja registrar en la figura de Edipo.
Cuando se habla de la ruptura Freud-Jung, se olvida demasiado a menudo el
punto de partida modesto y prctico: Jung sealaba que en la transferencia el
psicoanalista apareca a menudo como un diablo, un dios, un brujo, y que sus papeles
o funciones desbordaban de manera singular las imgenes parentales. Sin embargo,
toda la problemtica a continuacin se desvi, a pesar de que el principio era bueno.
Exactamente igual ocurre con los juegos de los nios. Un nio no juega slo a papmam. Tambin juega al brujo, al cow-boy, al polica y al ladrn, al tren y los coches.
El tren no es forzosamente pap, ni la estacin mam. El problema no conduce al
carcter sexual de las mquinas deseantes, sino al carcter familiar de esta
sexualidad. Se admite que, cuando se ha hecho mayor, el nio se encuentra engarzado
en relaciones sociales que ya no son familiares. Pero como se considera que estas
relaciones slo llegan despus de las otras, no quedan ms que dos vas posibles: o
admitir que la sexualidad se sublima o se neutraliza en las relaciones sociales (y
metafsicas), bajo la forma de un despus analtico; o admitir que estas relaciones
ponen en juego una energa no sexual, que la sexualidad a su vez se contentara con
simbolizar como un ms all anaggico. Es ah donde Freud y Jung ya no se
entienden. Aunque al menos tienen en comn el creer que la libido no puede cargar o
catexizar un campo social o metafsico sin mediacin. Sin embargo, no es as.
Consideremos un nio que juega o que explora a gatas las habitaciones de la casa.
Contempla un enchufe elctrico, trama su cuerpo, se sirve de una pierna como de una
rama, entra en la cocina, en el despacho, manipula cochecitos. Es evidente que la
presencia de los padres es constante y que el nio nada puede sin ellos. Pero ste no
es el problema. El problema radica en saber si todo lo que le concierne es vivido
como representante de los padres. Desde su nacimiento, la cuna, el seno, la tetina, los
excrementos, son mquinas deseantes en conexin con las partes de su cuerpo. Nos
parece contradictorio decir a la vez que el nio vive entre los objetos parciales y que
lo que capta en los objetos parciales son las personas parentales incluso en pedazos.
En rigor, no es cierto que el seno sea tomado o extrado del cuerpo de la madre, pues
existe como pieza de una mquina deseante, en conexin con la boca, extrado de un
flujo de leche no-personal, escaso o denso. Una mquina deseante, un objeto parcial
no representa nada: no es representativo. Ms bien es soporte de relaciones y
distribuidor de agentes; pero estos agentes no son personas, como tampoco estas
relaciones son intersubjetivas. Son simples relaciones de produccin, agentes de
produccin y de antiproduccin.

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Bradbury nos lo seala claramente cuando describe la guardera como lugar de


produccin deseante y de fantasma de grupo, que no combina ms que objetos
parciales y agentes[40]. El nio est continuamente en familia; pero en familia y desde
el principio, lleva a cabo inmediatamente una formidable experiencia no-familiar que
el psicoanlisis deja escapar. El cuadro de Lindner.
No se trata de negar la importancia vital y amorosa de los padres. Se trata de
saber cul es su lugar y su funcin en la produccin deseante, en lugar de hacer a la
inversa, haciendo recaer todo el juego de las mquinas deseantes en el cdigo
restringido de Edipo. Cmo se forman los lugares y funciones que los padres van a
ocupar en calidad de agentes especiales, en relacin con otros agentes? Pues Edipo no
existe desde el principio ms que abierto a las cuatro esquinas de un campo social, de
un campo de produccin directamente cargado por la libido. Parece evidente que los
padres aparecen en la superficie de registro de la produccin deseante. Pero todo el
problema de Edipo es justamente ste: bajo la accin de qu fuerzas se cierra la
triangulacin edpica? en qu condiciones la triangulacin canaliza el deseo sobre
una superficie que no la implicaba por s misma? cmo forma la triangulacin un
tipo de inscripcin para experiencias y maquinaciones que la desbordan por todas
partes? En este sentido, y slo en este sentido, el nio relaciona el seno como objeto
parcial con la persona materna, y no cesa de consultar el rostro materno.
Relacionar no designa aqu una relacin natural productiva, sino una informacin,
una inscripcin en la inscripcin, en el Numen. El nio posee desde su ms tierna
edad toda una vida deseante, todo un conjunto de relaciones no familiares con los
objetos y las mquinas del deseo, que no se relaciona con los padres desde el punto
de vista de la produccin inmediata, sino que est relacionado con ellos (con amor u
odio) desde el punto de vista del registro del proceso, y en determinadas condiciones
muy particulares de este registro, incluso si stas reaccionan sobre el propio proceso
(feed-back).
Es entre los objetos parciales y en las relaciones no familiares de la produccin
deseante que el nio siente su vida y se pregunta qu es vivir, incluso si la cuestin
debe relacionarse con los padres y no puede recibir una respuesta provisional ms
que en las relaciones familiares. Me acuerdo desde los ocho aos, e incluso antes,
que me preguntaba siempre quin era, lo que era y por qu viva, me acuerdo de que a
los seis aos en una casa del bulevar de la Blancarde en Marsella (exactamente en el
nmero 59) me pregunt a la hora de la merienda, pan con chocolate que una cierta
mujer llamada madre me daba, lo que era ser y vivir, lo que era verse respirar, y haber
querido respirarme con el fin de sentir el hecho de vivir y ver si me convena y en qu
me convena[41]. Aqu radica lo esencial: una cuestin se plantea al nio, que tal vez
ser relacionada con la mujer llamada mam, pero que no es producida en funcin
de ella, pues es producida en el juego de las mquinas deseantes, por ejemplo, al
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nivel de la mquina boca-aire o de la mquina de saborear qu es vivir? qu es


respirar? qu soy yo? qu es la mquina de respirar sobre mi cuerpo sin rganos?
El nio es un ser metafsico. Al igual que para el cogito cartesiano, los padres no
habitan en estas cuestiones. Y nos equivocamos si confundimos el hecho de que la
cuestin sea relacionada con los padres (en el sentido de relatada, expresada) con la
idea de que la cuestin se refiere a ellos (en el sentido de una relacin natural con
ellos). Al enmarcar la vida del nio en el Edipo, al convertir las relaciones familiares
en la universal mediacin de la infancia, nos condenamos a desconocer la produccin
del propio inconsciente y los mecanismos colectivos que se asientan sobre el
inconsciente, principalmente todo el juego de la represin originaria, de las mquinas
deseantes y del cuerpo sin rganos. Pues el inconsciente es hurfano, y l mismo se
produce en la identidad de la naturaleza y el hombre. La autoproduccin del
inconsciente surge en el mismo punto donde el sujeto del cogito cartesiano se
descubra sin padres, all donde tambin el pensador socialista descubra en la
produccin la unidad del hombre y la naturaleza, all donde el ciclo descubre su
independencia con respecto a la regresin parental indefinida.
Ja na pas
papa-mama
Hemos visto cmo los dos sentidos de proceso se confundan: el proceso como
produccin metafsica de lo demonaco en la naturaleza y el proceso como
produccin social de las mquinas deseantes en la historia. Las relaciones sociales y
las relaciones metafsicas no constituyen un despus o un ms all. Estas relaciones
deben ser reconocidas en todas las instancias psico-patolgicas, y su importancia ser
tanto mayor cuanto ms se refiera a sndromes psicticos que se presenten bajo los
aspectos ms embrutecidos y ms desocializados. Ahora bien, ya en la vida del nio,
desde los comportamientos ms elementales del nio de pecho, estas relaciones se
tejen con los objetos parciales, los agentes de produccin, los factores de
antiproduccin, segn las leyes de la produccin deseante en su conjunto. Al no ver
desde el principio cul es la naturaleza de esta produccin deseante, ni cmo, en qu
condiciones, bajo qu presiones la triangulacin edpica interviene en el registro del
proceso, nos encontramos presos en las redes de un edipismo difuso y generalizado
que desfigura radicalmente la vida del nio y sus consecuencias, los problemas
neurticos y psicticos del adulto, y el conjunto de la sexualidad. Recordemos y no
olvidemos la reaccin de Lawrence ante el psicoanlisis. Al menos en l su reticencia
no provena de un temor ante el descubrimiento de la sexualidad. Sin embargo, tena
la impresin, mera impresin, de que el psicoanlisis estaba encerrando la sexualidad
en una extraa caja con adornos burgueses, en una especie de tringulo artificial
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bastante desagradable, que ahogaba toda la sexualidad como produccin de deseo,


para rehacerla de nuevo bajo el sucio secretito, el secretito familiar, un teatro
ntimo en lugar de la fbrica fantstica, Naturaleza y Produccin. Tena la impresin
de que la sexualidad posea ms fuerza o potencia. Quizs el psicoanlisis podra
llegar a desinfectar el sucio secretito, pero no por ello dejaba de ser el pobre y
sucio secreto del Edipo-tirano moderno. Es posible que, de este modo, el
psicoanlisis asuma de nuevo una vieja tentativa para envilecernos, rebajarnos, y
hacernos culpables? Michel Foucault ha podido sealar hasta qu punto la relacin de
la locura con la familia estaba basada en un desarrollo que afectaba al conjunto de la
sociedad burguesa del siglo XIX y que confiaba a la familia funciones a travs de las
que se evaluaban la responsabilidad de sus miembros y su culpabilidad eventual.
Ahora bien, en la medida que el psicoanlisis envuelve la locura en un complejo
parental y encuentra la confesin de culpabilidad en las figuras de auto-castigo que
resultan de Edipo, el psicoanlisis no innova, sino que concluye lo que haba
empezado la psiquiatra del siglo XIX: hacer aparecer un discurso familiar y
moralizado de la patologa mental, vincular la locura a la dialctica semi-real semiimaginaria de la Familia, descifrar en ella el atentado incesante contra el padre,
el sordo estribo de los instintos contra la solidez de la institucin familiar y contra
sus smbolos ms arcaicos[42]. Entonces, en vez de participar en una empresa de
liberacin efectiva, el psicoanlisis se une a la obra de represin burguesa ms
general, la que consiste en mantener a la humanidad europea bajo el yugo del papmam, lo que impide acabar con aqul problema.

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CAPTULO II

PSICOANLISIS Y FAMILIARISMO: LA SAGRADA


FAMILIA

El imperialismo de Edipo
Edipo restringido es la figura del tringulo pap-mam-yo, la constelacin
familiar en persona. Sin embargo, cuando el psicoanlisis lo convierte en su dogma,
no ignora la existencia de relaciones llamadas preedpicas en el nio, exoedpicas en
el psictico, paraedpicas en otros. La funcin de Edipo como dogma, o complejo
nuclear, es inseparable de un forcing mediante el cual el terico psicoanalista se
eleva a la concepcin de un Edipo generalizado. Por una parte, tiene en cuenta, para
cada sujeto de ambos sexos, una serie intensiva de pulsiones, afectos y relaciones que
unen la forma normal y positiva del complejo con su forma inversa y negativa: Edipo
de serie, tal como Freud lo presenta en El Yo y el Ello, que permite, cuando es
necesario, vincular las fases preedpicas al complejo negativo. Por otra parte, tiene en
cuenta la coexistencia en extensin de los propios sujetos y de sus interacciones
mltiples: Edipo de grupo que rene familiares colaterales, descendientes y
ascendientes (es de este modo que la resistencia visible del esquizofrnico a la
edipizacin, la ausencia evidente del vnculo edpico, puede ser ahogada en una
constelacin que incluye a los abuelos, ya porque se estime necesaria una
acumulacin de tres generaciones para hacer un psictico, ya porque se descubra un
mecanismo de intervencin todava ms directo de los abuelos en la psicosis,
formndose de este modo Edipos de Edipo al cuadrado: padre-madre es la neurosis,
pero la abuelita es la psicosis). En una palabra, la distincin entre lo imaginario y lo
simblico permite extraer una estructura edpica como sistema de lugares y funciones
que no se confunden con la figura variable de los que vienen a ocuparlos en
determinada formacin social o patolgica: Edipo de estructura (3 + 1), que no se
confunde con un tringulo aunque realiza todas las triangulaciones posibles al
distribuir en un campo determinado el deseo, su objeto y la ley.
Es evidentemente cierto que los dos modos precedentes de generalizacin no
encuentran su verdadero alcance ms que en la interpretacin estructural. La cual
convierte a Edipo en una especie de smbolo catlico universal, ms all de todas las

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modalidades imaginarias. Convierte a Edipo en un eje de referencia tanto para las


fases preedpicas como para las variedades paraedpicas y los fenmenos
exoedpicos: la nocin de repudio, por ejemplo, parece indicar una laguna
propiamente estructural, a favor de la cual el esquizofrnico es naturalmente colocado
de nuevo en el eje edpico, en la rbita edpica, en la perspectiva de las tres
generaciones por ejemplo, en la que la madre no pudo plantear su deseo frente a su
propio padre, ni el hijo, desde entonces, frente a la madre. Un discpulo de Lacan
puede escribir: vamos a considerar los sesgos por los que la organizacin edpica
desempea un papel en las psicosis; a continuacin, cules son las formas de la
pregenitalidad psictica y cmo pueden mantener la referencia edpica. Nuestra
crtica precedente de Edipo, por tanto, corre el riesgo de ser juzgada por completo
superficial y mezquina, como si se aplicase tan slo a un Edipo imaginario y se
refiriese al papel desempeado por las figuras parentales, sin mellar en nada la
estructura y su orden de colocacin y funciones simblicas. Sin embargo, el problema
para nosotros radica en saber si es all donde se instala la diferencia. La verdadera
diferencia no estar entre Edipo, estructural tanto como imaginario, y algo distinto
que todos los Edipos aplastan y reprimen: es decir, la produccin deseante las
mquinas del deseo que ya no se dejan reducir ni a la estructura ni a las personas, y
que constituyen lo Real en s mismo, ms all o ms ac tanto de lo simblico como
de lo imaginario? En modo alguno pretendemos reemprender una tentativa como la
de Malinowski, que sealaba cmo varan las figuras segn la forma social
considerada. Nosotros incluso creemos en este Edipo que se nos presenta como una
especie de invariante. No obstante, la cuestin es por completo otra: existe
adecuacin entre las producciones del inconsciente y este invariante (entre las
mquinas deseantes y la estructura edpica)? O bien el invariante no expresa ms
que la historia de un largo error, a travs de todas sus variaciones y modalidades, el
esfuerzo de una interminable represin? Lo que ponemos en cuestin es la furiosa
edipizacin a la que el psicoanlisis se entrega, prctica y tericamente, con los
recursos aunados de la imagen y la estructura. Pues a pesar de los hermosos libros
escritos por algunos discpulos de Lacan, nosotros nos preguntamos si el pensamiento
de Lacan va precisamente en ese sentido. Se trata tan slo de edipizar incluso al
esquizo? O se trata de algo distinto, de lo contrario?[43] Esquizofrenizar,
esquizofrenizar el campo del inconsciente, y tambin el campo social histrico, de
forma que se haga saltar la picota de Edipo y se recobre en todo lugar la fuerza de las
producciones deseantes, y se reanuden en el mismo Real los lazos de la mquina
analtica, del deseo y de la produccin? Pues el propio inconsciente no es ms
estructural que personal, no simboliza ni imagina, ni representa: maquina, es
maqunico. Ni imaginario ni simblico, es lo Real en s mismo, lo real imposible y
su produccin.

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Pero, qu es esta larga historia si la consideramos tan slo en el perodo del


psicoanlisis? Es una historia con dudas, desviaciones y arrepentimientos. Laplanche
y Pontalis sealan que Freud descubre el complejo de Edipo en 1897 en su
autoanlisis; pero que no nos da una primera frmula terica generalizada ms que en
1923, en El Yo y el Ello; y que, entre ambas fechas, Edipo lleva una existencia ms
bien marginal, arrinconado, por ejemplo, en un captulo aparte sobre la eleccin de
objeto en la pubertad (Ensayos) o sobre los sueos tpicos (La interpretacin de los
sueos). Lo que ocurre, dicen, es que un cierto abandono por parte de Freud de la
teora del traumatismo y de la seduccin no inaugura una determinacin unvoca de
Edipo, sino la descripcin de una sexualidad infantil espontnea de carcter
endgeno. Ahora bien, todo ocurre como si Freud no llegase a articular, uno y otro,
Edipo y sexualidad infantil, sta remitiendo a una realidad biolgica del desarrollo,
aqul remitiendo a una realidad psquica del fantasma: Edipo es lo que se perdi en
provecho de un realismo biolgico[44].
Pero, es correcto presentar las cosas de este modo? El imperialismo de Edipo
exiga tan slo la renuncia al realismo biolgico? No fue sacrificado a Edipo algo
mucho ms poderoso? Pues lo que Freud y los primeros analistas descubren es el
campo de las sntesis libres en las que todo es posible, las conexiones sin fin, las
disyunciones sin exclusividad, las conjunciones sin especificidad, los objetos
parciales y los flujos. Las mquinas deseantes gruen, zumban en el fondo del
inconsciente, la inyeccin de Irma, el tic-tac del Hombre de los lobos, la mquina de
toser de Anna, y tambin todos los aparatos explicativos montados por Freud, todas
esas mquinas neurobiolgicas-deseantes. Este descubrimiento del inconsciente
productivo implica dos correlaciones: por una parte, la confrontacin directa entre
esta produccin deseante y la produccin social, entre las formaciones
sintomatolgicas y las formaciones colectivas, a la vez que su identidad de naturaleza
y su diferencia de rgimen; por otra parte, la represin general que la mquina social
ejerce sobre las mquinas deseantes, y la relacin de la represin con esa represin
general. Todo esto se perder, al menos se ver singularmente comprometido, con la
instauracin del Edipo soberano. La asociacin libre, en vez de abrirse sobre las
conexiones polvocas, se encierra en un callejn sin salida de univocidad. Todas las
cadenas del inconsciente dependen bi-unvocamente, estn linealizadas, colgadas de
un significante desptico. Toda la produccin deseante est aplastada, sometida a las
exigencias de la representacin, a los limitados juegos del representante y del
representado en la representacin. Y ah radica lo esencial: la reproduccin del deseo
da lugar a una simple representacin, en el proceso de la cura tanto como en la teora.
El inconsciente productivo da lugar a un inconsciente que slo sabe expresarse
expresarse en el mito, en la tragedia, en el sueo. Pero, quin nos dice que el sueo,
la tragedia, el mito, estn adecuados a las formaciones del inconsciente, incluso

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teniendo en cuenta el trabajo de transformacin? Groddeck, ms que Freud,


permaneca fiel a una autoproduccin del inconsciente en la coextensin del hombre
y la naturaleza. Como si Freud hubiese hecho marcha atrs ante este mundo de
produccin salvaje y de deseo explosivo, y a cualquier precio quisiese poner en l un
poco de orden, un orden ya clsico, del viejo teatro griego. Pues, qu significa:
Freud descubre a Edipo en su autoanlisis? En su anlisis o en su cultura clsica
goethiana? En su autoanlisis descubre algo sobre lo que se dice: toma, esto se
parece a Edipo! Y este algo, en primer lugar lo considera como una variante de la
novela familiar, registro paranoico mediante el cual el deseo hace estallar,
precisamente, las determinaciones de familia. Por el contrario, slo poco a poco
convierte la novela familiar en una simple dependencia de Edipo y lo neurotiza todo
en el inconsciente al mismo tiempo que edipiza, que cierra el tringulo familiar sobre
todo el inconsciente. El esquizo, he ah al enemigo. La produccin deseante es
personalizada, o ms bien personologizada, imaginarizada, estructuralizada (hemos
visto que la verdadera diferencia o frontera no pasaba por entre estos trminos, que
tal vez son complementarios). La produccin ya no es ms que produccin de
fantasma, produccin de expresin. El inconsciente deja de ser lo que es, una fbrica,
un taller, para convertirse en un teatro, escena y puesta en escena. Y no en un teatro
de vanguardia, que ya lo haba en tiempos de Freud (Wedekind), sino en el teatro
clsico, el orden clsico de la representacin. El psicoanalista se convierte en el
director de escena para un teatro privado en lugar de ser el ingeniero o el
mecnico que monta unidades de produccin, que se enfrenta con agentes colectivos
de produccin y de antiproduccin.
El psicoanlisis es como la revolucin rusa, nunca sabemos cundo empez a
andar mal. Siempre es preciso remontarse ms arriba. Con los americanos? con la
primera Internacional? con el Comit secreto? con las primeras rupturas que
sealan tanto renuncias de Freud como traiciones de los que rompen con l? con el
propio Freud, desde el descubrimiento de Edipo? Edipo es el viraje idealista. No
obstante, no podemos decir que el psicoanlisis haya ignorado la produccin
deseante. Las nociones fundamentales de la economia del deseo, trabajo y catexis,
mantienen su importancia, pero subordinadas a las formas de un inconsciente
expresivo y no a las formaciones del inconsciente productivo. La naturaleza
anedpica de la produccin de deseo sigue presente, pero colocada en las coordenadas
de Edipo que la traducen en preedpica, paraedpica, cuasi-edpica, etc. Las
mquinas deseantes siempre estn ah, pero no funcionan ms que detrs del muro del
gabinete. Detrs del muro o entre bastidores, ste es el lugar que el fantasma
originario concede a las mquinas deseantes, cuando lo vuelca todo sobre la escena
edpica[45]. Sin embargo, no dejan de hacer un estrpito infernal. El propio
psicoanalista no puede ignorarlo. De este modo su actitud ms bien es de negacin:

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todo eso es cierto, pero a pesar de todo est el pap-mam. En el frontn del gabinete
est escrito: deja tus mquinas deseantes en la puerta, abandona tus mquinas
hurfanas y clibes, tu magnetofn y tu bici, entra y djate edipizar. Todo surge ah,
empezando por el carcter inenarrable de la cura, su carcter interminable altamente
contractual, flujo de palabras contra flujo de dinero. Entonces basta con lo que se
llama un episodio psictico: una chispa esquizofrnica, un da llevamos nuestro
magnetfono al gabinete del analista, stop, intrusin de una mquina deseante, todo
est invertido, hemos roto el contrato, no hemos sido fieles al gran principio de la
exclusin del tercero, hemos introducido el tercero, la mquina deseante en
persona[46]. No obstante, cada psicoanalista debera saber que, bajo Edipo, a travs de
Edipo, detrs de Edipo, tiene que enfrentarse con las mquinas deseantes. Al
principio, los psicoanalistas no podan no tener conciencia del forcing realizado para
introducir Edipo, para inyectarlo en todo el inconsciente. Luego, Edipo se apropi de
la produccin deseante como si todas las fuerzas productivas del deseo emanasen de
l. El psicoanalista se convierte de este modo en el perchero de Edipo, el gran agente
de la antiproduccin en el deseo. La misma historia que la del Capital y de su mundo
encantado, milagroso (al principio tambin, deca Marx, los primeros capitalistas no
podan no tener conciencia).

Tres textos de Freud


Fcilmente podemos ver que el problema es en primer lugar prctico, que ante
todo concierne al problema de la cura. Pues el violento proceso de edipizacin se
traza precisamente en el momento en que Edipo todava no ha recibido su plena
formulacin terica como complejo nuclear y lleva una existencia marginal. Que el
anlisis de Schreber no sea in vivo no elimina para nada su valor ejemplar desde el
punto de vista de la prctica. Ahora bien, es en este texto (1911) donde Freud se
enfrenta a la cuestin ms temible: cmo atreverse a reducir al tema paterno un
delirio tan rico, tan diferenciado, tan divino como el delirio del presidente
sabiendo que el presidente en sus Memorias slo concede unas breves referencias al
recuerdo de su padre? En varias ocasiones el texto de Freud seala hasta qu punto
percibe la dificultad: en primer lugar, parece difcil asignar como causa, aunque slo
sea ocasional, de la enfermedad un acceso de libido homosexual sobre la persona
del mdico Flechsig; pero, cuando reemplazamos el mdico por el padre y
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encargamos al padre la explicacin del Dios del delirio, apenas podemos seguir por
nosotros mismos esta ascensin, pues nos otorgamos derechos que no pueden
justificarse ms que por sus ventajas desde el punto de vista de nuestra comprensin
del delirio. Sin embargo, cuanto ms enuncia Freud estos escrpulos ms los rechaza,
ms los barre con una firme respuesta. Respuesta doble: no es por mi culpa que el
psicoanlisis d prueba de una gran monotona y encuentre al padre por todas partes,
en Flechsig, en el Dios, en el sol; la culpa est en la sexualidad y en su obstinado
simbolismo. Por otra parte, no tiene nada de sorprendente el que el padre aparezca
constantemente en los delirios actuales bajo las formas menos reconocibles y ms
ocultas, puesto que aparece en todas partes y de manera ms visible en los mitos
antiguos y las religiones que expresan fuerzas o mecanismos que actan eternamente
en el inconsciente. Debemos constatar que el presidente Schreber no conoci tan slo
el destino de ser sodomizado por los rayos del cielo mientras viva, sino el postumo
de ser edipizado por Freud. Del enorme contenido poltico, social e histrico del
delirio de Schreber no se tiene en cuenta ni una sola palabra, como si la libido no se
ocupase de esas cosas. Slo se invocan un argumento sexual, que lleva a cabo la
soldadura entre la sexualidad y el complejo familiar, y un argumento mitolgico, que
plantea la adecuacin entre el poder productivo del inconsciente y las fuerzas
edificadoras de los mitos y las religiones.
Este ltimo argumento es muy importante, y no es por casualidad que Freud aqu
declare su acuerdo con Jung. En cierta medida este acuerdo subsiste despus de su
ruptura. Pues, si consideramos que el inconsciente se expresa adecuadamente en los
mitos y las religiones (teniendo siempre en cuenta el trabajo de transformacin),
existen dos maneras de leer esta adecuacin, pero estas dos maneras tienen en comn
el postulado que armoniza el inconsciente con el mito y que, desde el principio,
substituy las formaciones productivas por simples formas expresivas. La cuestin
fundamental: por qu volver al mito? por qu tomarlo como modelo? es ignorada,
rechazada. Entonces, la adecuacin o es interpretada de manera anaggica, hacia
arriba; o bien, a la inversa, de manera analtica, hacia abajo, relacionando el mito
con las pulsiones pero, como las pulsiones estn calcadas del mito, deducidas del
mito teniendo en cuenta las transformaciones Queremos decir que es a partir del
mismo postulado que Jung se ve conducido a restaurar la religiosidad ms difusa,
ms espiritualizada, y que Freud se encuentra confirmado en su atesmo ms
riguroso. Freud tiene tanta necesidad de negar la existencia de Dios como Jung de
afirmar la esencia de lo divino para interpretar la adecuacin postulada en comn. Sin
embargo, volver la religin inconsciente o volver el inconsciente religioso es siempre
inyectar lo religioso en el inconsciente (qu sera del anlisis freudiano sin los
famosos sentimientos de culpabilidad que se confieren al inconsciente?). Freud se
mantena en su atesmo al modo de un hroe. Pero, a su alrededor y cada vez ms, se

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le dejaba hablar respetuosamente, se dejaba hablar al viejo, libres para preparar o sus
espaldas la reconciliacin entre las iglesias y el psicoanlisis, para preparar el
momento en que la Iglesia formara sus propios psicoanalistas y se podra escribir en
la historia del movimiento: tambin nosotros somos todava piadosos! Recordemos
la gran declaracin de Marx: el que niega a Dios slo hace algo secundario, pues
niega a Dios para plantear la existencia del hombre, para colocar al hombre en el
lugar de Dios (teniendo en cuenta la transformacin)[47]. Pero el que sabe que el lugar
del hombre est en otro lugar, en la coextensividad del hombre y la naturaleza, se ni
siquiera deja subsistir la posibilidad de una cuestin sobre un ser extrao, un ser
colocado por encima de la naturaleza y el hombre: ya no necesita de esta mediacin,
el mito, ya no necesita pasar por esta mediacin, la negacin de la existencia de Dios,
pues ha alcanzado las regiones de una autoproduccin del inconsciente, donde el
inconsciente es tan ateo como hurfano, inmediatamente hurfano, inmediatamente
ateo. Y no cabe la menor duda de que el primer argumento nos conducira a una
conclusin parecida. Pues, al unir la sexualidad con el complejo familiar, al convertir
a Edipo en el criterio de la sexualidad en el anlisis, la prueba de ortodoxia por
excelencia, el propio Freud plante el conjunto de las relaciones sociales y
metafsicas como un despus o un ms all que el deseo era incapaz de cargar
inmediatamente. Desde entonces es bastante indiferente que este ms all se derive
del complejo familiar por transformacin analtica del deseo o sea significado por
ste en una simbolizacin anaggica.
Consideremos otro texto de Freud, ms tardo, en el que Edipo ya est designado
como complejo nuclear: Pegan a un nio (1919). El lector no puede evitar una
impresin de inquietante extraeza. Nunca el tema paterno ha sido menos visible y,
sin embargo, nunca fue afirmado con tanta pasin y resolucin: el imperialismo de
Edipo se basa, en este caso, en la ausencia. Pues, en una palabra, de los tres tiempos
del fantasma supuestos en la nia, el primero es tal que el padre todava no aparece, y
en el tercero ya ha aparecido: queda por tanto el segundo en el que el padre brilla con
todo su esplendor, netamente y sin equvocos pero precisamente esta segunda
fase nunca tiene existencia real; ha permanecido inconsciente, por lo que nunca puede
ser recordada, y no es ms que una reconstitucin analtica, aunque una
reconstitucin necesaria. De qu se trata, de hecho, en este fantasma? Alguien pega
a unos muchachos, por ejemplo el educador, bajo la mirada de unas nias. Desde el
principio asistimos a una doble reduccin freudiana, que no es en modo alguno
impuesta por el fantasma, pero s exigida por Freud a modo de presupuesto. Por una
parte, Freud quiere reducir deliberadamente el carcter de grupo del fantasma a una
dimensin puramente individual: es preciso que los nios golpeados sean en cierta
manera el yo (substitutos del propio sujeto) y que el autor de los golpes sea el
padre (substituto del padre). Por otra parte, es preciso que las variaciones del

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fantasma se organicen en disyunciones cuyo uso debe ser estrictamente exclusivo: de


este modo, habr una serie-nia y una serie-nio pero disimtricas, el fantasma
femenino tendr tres tiempos siendo el ltimo el de los muchachos son golpeados
por el educador, el fantasma masculino no tendr ms que dos tiempos siendo el
ltimo el de mi madre me pega. El nico tiempo comn (el segundo de las nias y
el primero de los nios) afirma sin equvocos la prevalencia del padre en ambos
casos, pero ste es el famoso tiempo inexistente. Y as ocurre siempre en Freud. Es
preciso algo comn a ambos sexos, pero para carecer tanto a uno como a otro, para
distribuir la carencia en dos series no simtricas y fundar el uso exclusivo de las
disyunciones: t eres chica o chico! As ocurre con Edipo y su resolucin,
diferentes en el chico y en la chica. As ocurre con la castracin y su relacin con
Edipo en ambos casos. La castracin es a la vez el patrimonio comn, es decir, el
Falo prevalente y trascendente, y la exclusiva distribucin que se presenta en las
chicas como deseo del pene y en los chicos como miedo de perderlo o rechazo de la
actitud pasiva. Este algo comn debe fundamentar el uso exclusivo de las
disyunciones del inconsciente y ensearnos la resignacin: resignacin ante Edipo,
resignacin ante la castracin, renuncia de las chicas al deseo del pene, renuncia de
los chicos a la protesta masculina, en una palabra, asuncin del sexo[48]. Este algo
comn, ese gran Falo, la Carencia o la Falta de dos caras no superponibles, es
puramente mtico: es como lo Uno de la teologa negativa, introduce la carencia en el
deseo y hace emanar las series exclusivas a las que fija un fin, un origen y un curso
resignado.
Ser preciso afirmar lo contrario: no existe nada comn entre ambos sexos, y a la
vez no cesan de comunicarse, de un modo transversal en el que cada sujeto posee
ambos, pero tabicados, y comunica con uno u otro sexo de otro sujeto. Esta es la ley
de los objetos parciales. Nada falta, nada puede ser definido como una falta, como
una carencia; y las disyunciones en el inconsciente nunca son exclusivas, pero son
objeto de un uso propiamente inclusivo que tendremos que analizar. Para afirmar lo
contrario Freud dispona de un concepto, el de bisexualidad; pero no es una
casualidad el que nunca pudiese, o quisiese, dar a este concepto la posicin y la
extensin analtica que exiga. Sin ni siquiera llegar ah, una viva controversia se
levant cuando algunos analistas, siguiendo a Mclanie Klein, intentaron definir las
fuerzas inconscientes del rgano sexual femenino mediante caracteres positivos en
funcin de los objetos parciales y de los flujos: este ligero deslizamiento que no
suprima la castracin mtica, pero que la haca depender secundariamente del rgano
en lugar de considerar que el rgano dependiese de aquella, encontr en Freud una
gran oposicin[49]. Freud mantena que el rgano, desde el punto de vista del
inconsciente, no poda comprenderse ms que a partir de una carencia o de una
privacin primera y no a la inversa. Existe ah un paralogismo propiamente analtico
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(que se volver a encontrar con gran fuerza en la teora del significante) que consiste
en pasar del objeto parcial separable a la posicin de un objeto completo como
separado (falo). Este paso implica un sujeto determinado como yo fijo bajo tal o cual
sexo, que necesariamente vive como una carencia su subordinacin al objeto
completo tirnico. Tal vez ya no es as cuando el objeto parcial es puesto por s
mismo sobre el cuerpo sin rganos, teniendo como nico sujeto, no un yo, sino la
pulsin que forma con l la mquina deseante y que entabla relaciones de conexin,
de disyuncin, de conjuncin con otros objetos parciales, en el seno de la
multiplicidad correspondiente de la que cada elemento no puede definirse ms que
positivamente. Es preciso hablar de castracin en el mismo sentido que de
edipizacin, pues aqulla es su coronacin: designa la operacin por la que el
psicoanlisis castra el inconsciente, inyecta la castracin en el inconsicente. La
castracin como operacin prctica sobre el inconsciente es obtenida cuando los mil
cortes-flujos de mquinas deseantes, todas positivas, todas productivas, son
proyectados a un mismo lugar mtico, al rasgo unitario del significante. Todava no
hemos acabado de cantar la letana de las ignorancias del inconsciente. El
inconsciente ignora la castracin del mismo modo como ignora a Edipo, los padres,
los dioses, la ley, la carencia Los movimientos de liberacin de las mujeres tienen
razn cuando dicen: no estamos castradas, se os enmierda[50]. Y en lugar de salir
airosos con la miserable astucia que consiste, para los hombres, en responder que sta
es la prueba de su castracin o en lugar de consolarlas diciendo que los hombres
tambin estn castrados, aunque alegrndonos de que lo estn en la otra cara, la que
no es superponible, debemos reconocer que los movimientos de liberacin
femenina presentan con ambigedad lo que pertenece a cualquier exigencia de
liberacin: la propia fuerza del inconsciente, la catexis o carga del campo social por
el deseo, el retiro de catexis de las estructuras represivas. Y tampoco se deber argir
que la cuestin no radica en saber si las mujeres estn castradas o no, sino en saber si
el propio inconsciente cree en ello, pues toda la ambigedad radica ah: qu
significa creencia aplicada al inconsciente, qu es un inconsciente que tan slo cree
en vez de producir, cules son las operaciones, los artificios, que inyectan al
inconsciente creencias ni siquiera irracionales, sino al contrario demasiado
razonables y conformes con el orden establecido?
Volvamos al fantasma pegan a un nio, unos nios son pegados: es tpicamente
un fantasma de grupo, en el que el deseo carga el campo social y sus propias formas
represivas. Si existe puesta en escena, es la puesta en escena de una mquina socialdeseante cuyos productos no debemos considerar abstractamente, separando el caso
de la chica y del chico, como si cada uno fuese un pequeo yo manteniendo su propio
affaire con su pap y su mam. Por el contrario, debemos considerar el conjunto y
la complementariedad chico-chica, padres-agentes de produccin y de

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antiproduccin, a la vez en cada individuo y en el socius que preside la organizacin


del fantasma de grupo. Es al mismo tiempo que los chicos se hacen golpear-iniciar
por el educador en la escena ertica de la chiquilla (mquina de ver) y se gozan
masoqusticamente en la mam (mquina anal). De tal modo que no pueden ver ms
que convirtindose en chicas y las chicas no pueden experimentar el placer del
castigo ms que convirtindose en chicos. Es todo un coro, un montaje: de regreso al
pueblo despus de una expedicin en el Vietnam, en presencia de las desconsoladas
hermanas, los crpulas Marines se hacen pegar por el instructor, sobre cuyas rodillas
est sentada la mam, y se gozan de haber sido tan malos, de haber torturado tan bien.
Qu mal, pero qu bueno! Tal vez nos podamos acordar de una secuencia del film
Dixseptime parallle: en ella vemos al coronel Patton, el hijo del general, declarando
que sus muchachos son formidables, que aman a su padre, a su madre y a su patria,
que lloran en los servicios religiosos por sus compaeros muertos, bravos muchachos
luego el rostro del coronel cambia, gesticula, revela a un gran paranoico de
uniforme que grita para acabar: y con ello tenemos verdaderos matadores Es
evidente que cuando el psicoanlisis tradicional explica que el instructor es el padre,
y que el coronel tambin es el padre, y que incluso la madre tambin es el padre,
vuelca todo el deseo sobre una determinacin familiar que ya no tiene nada que ver
con el campo social realmente cargado por la libido. Est claro que siempre hay algo
del padre o de la madre tomado en la cadena significante, los bigotes del padre, el
brazo levantado de la madre, pero siempre yendo a ocupar determinado lugar furtivo
entre los agentes colectivos. Los trminos de Edipo no forman un tringulo, existen
reventados en todos los rincones del campo social, la madre sobre las rodillas del
educador, el padre al lado del coronel. El fantasma de grupo est enchufado,
maquinado, sobre el socius. Ser enculado por el socius, desear ser enculado por el
socius, no deriva del padre y de la madre, aunque el padre y la madre desempeen su
papel como agentes subalternos de transmisin o de ejecucin.
Cuando la nocin de fantasma de grupo fue elaborada en la perspectiva del
anlisis institucional (en los trabajos del equipo de La Borde, en torno de Jean Oury),
la primera tarea radic en sealar su diferencia de naturaleza con respecto al fantasma
individual. Entonces apareci que el fantasma de grupo era inseparable de las
articulaciones simblicas que definen un campo social en tanto que real, mientras
que el fantasma individual volcaba el conjunto de este campo sobre datos
imaginarios. Si prolongamos esta primera distincin vemos que el propio fantasma
individual est enchufado en el campo social existente, pero lo capta bajo cualidades
imaginarias que le confieren una especie de transcendencia o inmortalidad al abrigo
de las cuales el individuo, el yo, desempea su seudo-destino: qu importa que yo
muere, dice el general, si el ejrcito es inmortal. La dimensin imaginaria del
fantasma individual posee una importancia decisiva sobre la pulsin de muerte, por lo

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que la inmortalidad conferida al orden social existente implica en el yo todas las


catexis de represin, los fenmenos de identificacin, de superyoizacin y de
castracin, todas las resignaciones-deseos (convertirse en general, convertirse en un
bajo, medio o alto cuadro), comprendida en ellas la resignacin de morir al servicio
de este orden, mientras que la misma pulsin es proyectada hacia el exterior y
volcada hacia los otros (muerte al extranjero, a los que no pertenecen a nuestro
grupo!). El polo revolucionario del fantasma de grupo aparece, al contrario, en el
poder vivir las propias instituciones como mortales, en el poder destruirlas o
cambiarlas segn las articulaciones del deseo y del campo social, al convertir la
pulsin de muerte en una verdadera creatividad institucional. Pues ah radica el
criterio, al menos formal, entre la institucin revolucionaria y la enorme inercia que
la ley comunica a las instituciones en un orden establecido. Como dice Nietzsche,
iglesias, ejrcitos, Estados, cul de estos perros quiere morir? De lo que se deduce
una tercera diferencia entre el fantasma de grupo y el fantasma llamado individual:
ste ltimo tiene por sujeto el yo en tanto que determinado por las instituciones
legales y legalizadas en las que se imagina, hasta el punto que, incluso en sus
perversiones, el yo se adeca al uso exclusivo de las disyunciones impuestas por la
ley (por ejemplo, homosexualidad edpica). Pero el fantasma de grupo ya no tiene por
sujeto ms que las propias pulsiones y las mquinas deseantes que forman con la
institucin revolucionaria. El fantasma de grupo incluye las disyunciones, en el
sentido en que cada uno, destituido de su identidad personal, pero no de sus
singularidades, entra en relacin con el otro siguiendo la comunicacin propia a los
objetos parciales: cada uno pasa al cuerpo del otro sobre el cuerpo sin rganos.
Klossowski ha mostrado claramente, a este respecto, la relacin inversa que divide el
fantasma en dos direcciones, segn que la ley econmica establezca la perversin en
los intercambios psquicos o que, por el contrario, los intercambios psquicos
promuevan una subversin de la ley: Anacrnico, respecto al nivel institucional de
lo gregario, el estado singular puede segn su intensidad ms o menos fuerte efectuar
una desactualizacin de la misma institucin y a su vez denunciarla como
anacrnica[51]. Los dos tipos de fantasma, o ms bien los dos regmenes, se
distinguen, pues, segn que la produccin social de los bienes imponga su regla al
deseo por intermedio de un yo cuya unidad ficticia est garantizada por los propios
bienes, o segn que la produccin deseante de los afectos imponga su regla a
instituciones cuyos elementos ya no son ms que pulsiones. Si todava es preciso
hablar de utopa en este ltimo sentido, a lo Fourier, ciertamente no es como modelo
ideal, sino como accin y pasin revolucionarias. Klossowski, en sus obras recientes,
nos indica el nico medio para superar el paralelismo estril en el que nos debatimos
entre Freud y Marx: descubriendo la manera como la produccin social y las
relaciones de produccin son una institucin del deseo y como los afectos o las

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pulsiones forman parte de la propia infraestructura. Pues forman parte de ella, estn
all presentes en todos los modos, creando en las formas econmicas su propia
represin as como los medios para romper con esta represin.
El desarrollo de las distinciones entre fantasma de grupo y fantasma individual
muestra, finalmente, que no existe fantasma individual. Ms bien existen dos clases
de grupos-sujetos y los grupos sometidos Edipo y la castracin forman la
estructura imaginaria bajo la que los miembros del sometido estn determinados a
vivir o fantasmasear individualmente su pertenencia al grupo. Es preciso aadir que
las dos clases de grupos estn en deslizamiento perpetuo, un grupo-sujeto est
siempre amenazado por la sujecin, un grupo sometido en algunos casos puede verse
obligado a asumir un papel revolucionario. No deja de ser inquietante ver cmo el
anlisis freudiano no retiene del fantasma ms que sus lneas de disyuncin exclusiva
y lo aplasta en sus dimensiones individuales o seudo-individuales que por naturaleza
le relacionan con grupos sometidos, en lugar de realizar la operacin inversa
extrayendo del fantasma el elemento subyacente de una potencialidad revolucionaria
de grupo. Cuando aprendemos que el instructor, el educador, es el pap, y tambin el
coronel, y tambin la madre, cuando de este modo se encierran todos los agentes de
la produccin y de la antiproduccin sociales en las figuras de la reproduccin
familiar, comprendemos que la alocada libido no se arriesgue a salir de Edipo y lo
interiorice. Lo interioriza bajo la forma de una dualidad castradora entre sujeto del
enunciado y sujeto de la enunciacin, caracterstica del fantasma seudoindividual
(Yo, como hombre, le comprendo, pero como juez, como patrn, como coronel o
general, es decir, como padre, le condeno). Pero esta dualidad es artificial, derivada,
y supone una relacin directa del enunciado con agentes colectivos de enunciacin en
el fantasma de grupo.
Entre el asilo represivo, el hospital legalista, por una parte, y el psicoanlisis
contractual por otra, el anlisis institucional trata de trazar su difcil camino. Desde el
principio, la relacin psicoanaltica est moldeada por la relacin contractual de la
medicina burguesa ms tradicional: la fingida exclusin del tercero, el papel hipcrita
del dinero al que el psicoanlisis aporta nuevas justificaciones bufonescas, la
pretendida limitacin en el tiempo que se desmiente a s misma al reproducir una
deuda hasta el infinito, al alimentar una inagotable transferencia, al alimentar siempre
nuevos conflictos. Uno se sorprende al or decir que un anlisis terminado es por ello
mismo un anlisis fracasado, aunque esta proposicin venga acompaada por una
fina sonrisa del analista. Uno se sorprende al or a un sagaz analista mencionar, de
paso, que uno de sus enfermos todava suea con ser invitado a tomar el aperitivo
en su casa, despus de varios aos de anlisis, como si ah no tuviera el signo
minsculo de una dependencia abyecta a la que el analista reduce a sus pacientes.
Cmo conjurar en la cura este abyecto deseo de ser amado, el deseo histrico y

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llorn que nos obliga a doblar las rodillas, nos acuesta en el divn y hace que all nos
quedemos? Consideremos un tercer y ltimo texto de Freud, Anlisis terminable e
interminable (1937)[52]. No debemos seguir una sugestin reciente que afirma que
sera mejor traducir Anlisis finito, anlisis infinito. Pues finito-infinito pertenece
casi a las matemticas o a la lgica, mientras que el problema singularmente prctico
y concreto es: esta historia tiene un fin? podemos acabar con un anlisis, puede
terminarse el proceso de la cura, s o no? puede concluirse o est condenado a una
continuacin hasta el infinito? Como dice Freud, podemos agotar un conflicto
actualmente dado, podemos prevenir al enfermo de conflictos posteriores, incluso
podemos levantar nuevos conflictos con un fin preventivo? Una enorme belleza
anima este texto de Freud: al mismo tiempo que algo desesperado, desencantado,
cansado, hay una serenidad, una certeza de la obra realizada. Es el testamento de
Freud. Va a morir y lo sabe. Sabe que algo no funciona en el psicoanlisis: la cura
tiende cada vez ms a ser interminable! Sabe que pronto ya no estar all para ver
cmo cambia todo ello. Entonces, realiza la recensin de los obstculos a la cura con
la serenidad del que siente que se es el tesoro de su obra, pero ya la ponzoa se ha
introducida en ella. Todo ira bien si el problema econmico del deseo fuese
solamente cuantitativo; se tratara de reforzar el yo contra las pulsiones. El famoso yo
fuerte y maduro, el contrato, el pacto entre un yo a pesar de todo normal y el
analista Sin embargo, existen factores cualitativos en la economa deseante que
precisamente obstaculizan la cura y con respecto a los cuales se reprocha no haberlos
tenido suficientemente en cuenta.
El primero de estos factores es el peasco de la castracin, el peasco con dos
laderas no simtricas que introduce en nosotros un alveolo incurable y sobre el cual
descansa el anlisis. El segundo es una aptitud cualitativa del conflicto que hace que
la cantidad de libido no se divida en dos fuerzas variables correspondientes a la
heterosexualidad y a la homosexualidad, pero crea en la mayora de la gente
oposiciones irreductibles entre las dos fuerzas. El tercero, por ltimo, de una
importancia econmica tal que relega las consideraciones dinmicas y tpicas,
concierne a un tipo de resistencias no localizables: se podra decir que algunos sujetos
tienen una libido tan viscosa, o ms bien al contrario tan lquida, que nada llega a
cuajar en ellos. Nos equivocaramos si en esta observacin de Freud no visemos
ms que una observacin de detalle, una ancdota. De hecho, se trata de lo ms
esencial del fenmeno del deseo, a saber, los flujos cualitativos de la libido. Andr
Green, en unas bellas pginas, recientemente ha vuelto a abordar la cuestin
presentndonos el cuadro de tres tipos de sesiones cuyas dos primeras implican
contra-indicacin: slo la tercera constituira la sesin ideal del anlisis[53]. Segn el
tipo I (viscosidad, resistencia de forma histrica), la sesin est dominada por un
clima pesado, grave, cenagoso. Los silencios son de plomo, el discurso est
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dominado por la actualidad es uniforme, es un relato descriptivo en el que nada que


remita al pasado es discernible, es un relato que se desarrolla segn un hilo continuo
que no permite ninguna rotura Los sueos son relatados el enigma, que todo
sueo es, es tomado en la elaboracin secundaria que concede prelacin al sueo
como relato y como acontecimiento antes que al sueo como trabajo sobre
pensamientos Transferencia enviscada. Segn el tipo II (liquidez, resistencia de
forma obsesiva), la sesin est dominada por una extrema movilidad de
representaciones de toda clase la lengua est desatada, rpida, casi torrencial
todo pasa por ella, el paciente tambin podra decir todo lo contrario de lo que dice
sin que cambiase para nada lo fundamental de la situacin analtica. Todo ello no
tiene consecuencias, pues el anlisis se desliza sobre el divn como el agua sobre las
plumas de un pato. No existe ningn forzamiento por parte del inconsciente, ningn
amarre en la transferencia. La transferencia aqu es voltil. Queda pues el tercer
tipo, cuyas caractersticas definen un buen anlisis: el paciente habla para constituir
el proceso de una cadena de significantes. La significacin no est fijada al
significado al que remite cada uno de los significantes enunciados, pero est
constituida por el proceso, la sutura, la concatenacin de los elementos
encadenados Toda interpretacin proporcionada por (el paciente) puede darse por
un ya-significado en espera de su significacin. Con este motivo la interpretacin
siempre es retrospectiva, como la significacin percibida. Era, pues, aquello lo que
esto quera decir
Lo grave es que Freud nunca pusiera en duda el proceso de la cura. Sin duda, es
demasiado tarde para l, pero para los dems? Freud interpret estos problemas
como obstculos a la cura y no como insuficiencias de la cura o como efectos, contraefectos, de su procedimiento. Pues la castracin como estado analizable (o
inanalizable, ltimo peasco) es ms bien el efecto de la castracin como acto
psicoanaltico. Y la homosexualidad edpica (la aptitud cualitativa hacia el conflicto)
es ms bien el efecto de la edipizacin, que la cura sin duda no inventa, pero precipita
y acenta en las condiciones artificiales de su ejercicio (transferencia). Y, a la inversa,
cuando flujos de libido resisten a la prctica de la cura, ms bien nos encontramos
con el inmenso clamor de toda la produccin deseante que con una resistencia del
ello. Ya sabamos que el perverso es difcil de edipizar: por qu se deja, sin
embargo, dado que ha inventado otras territorialidades, ms artificiales e incluso ms
lunares que la de Edipo? Sabamos que el esquizo no es edipizable, ya que est fuera
de toda territorialidad, ya que ha llevado sus flujos al desierto. Pero, qu es lo que
queda cuando aprendemos que resistencias de forma histrica u obsesiva dan fe de
la cualidad anedpica de los flujos de deseo en la propia tierra de Edipo? Esto es lo
que muestra la economa cualitativa: los flujos chorrean, pasan a travs del tringulo,
desunen sus vrtices. El tampn edpico no deja seal en esos flujos, como tampoco

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sobre la confitura o sobre el agua. Contra las paredes del tringulo, hacia el exterior,
ejercen la irresistible presin de la lava o el invencible chorreo del agua. Cules son
las buenas condiciones de la cura? Un flujo que se deja sellar por Edipo; objetos
parciales que se dejan subsumir bajo un objeto completo incluso ausente, falo de la
castracin; cortes-flujos que se dejan proyectar a un lugar mtico; cadenas polvocas
que se dejan convertir en bi-unvocas, que se dejan linealizar, suspender, en un
significante; un inconsciente que se deja expresar; sntesis conectivas que se dejan
tomar en un uso global y especfico; sntesis disyuntivas que se dejan tomar en un uso
exclusivo, limitativo; sntesis conjuntivas que se dejan tomar en un uso personal y
segregativo; Pues, qu significa era, pues, aquello lo que esto quera decir?
Aplastamiento del pues sobre Edipo y la castracin. Suspiro de alivio: ves, el
coronel, el instructor, el educador, el patrn, todo esto quera decir aquello, Edipo y la
castracin, toda la historia en una nueva versin No decimos que Edipo y la
castracin no sean nada: se nos edipiza, se nos castra, y no es el psicoanlisis quien
invent estas operaciones a las que tan slo presta los recursos y procedimientos de
nuevo cuo. Pero basta esto para hacer callar este clamor de la produccin deseante:
todos somos esquizos! todos somos perversos! todos somos Libidos demasiado
viscosas o demasiado fluidas y no por propio gusto, sino porque all nos han
llevado los flujos desterritorializados Qu neurtico un poco grave no est
apoyado sobre el peasco o la roca de la esquizofrenia, peasco esta vez mvil,
aerolito? Quin no frecuenta las territorialidades perversas, ms all de los jardines
de infancia de Edipo? Quin no siente los flujos de su deseo y la lava y el agua? Y
sobre todo de qu estamos enfermos? De la esquizofrenia incluso como proceso?
O bien de la neurotizacin violenta a la que se nos entrega y para la que el
psicoanlisis ha inventado nuevos medios, Edipo y castracin? Estamos enfermos de
la esquizofrenia como proceso o de la continuacin del proceso hasta el infinito, en
el vaco, horrible exasperacin (la produccin del esquizofrnico-entidad), o de la
confusin del proceso con un fin (la produccin del perverso-artificio), o de la
interrupcin prematura del proceso (la produccin del neurtico-anlisis)? Se nos
enfrenta a la fuerza con Edipo y la castracin, se nos echa sobre ellos; sea para
medirnos con esa cruz, sea para constatar que no somos mensurables por ella. Sin
embargo, el mal de cualquier modo est hecho, la cura eligi el camino de la
edipizacin, todo alfombrado de residuos, contra la esquizofrenizacin que debe
curarnos de la cura.

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La sntesis conectiva de produccin


Dadas las sntesis del inconsciente, el problema prctico es el de su uso, legtimo
o no, y de las condiciones que definen un uso de sntesis como legtimo o ilegtimo.
Sea el ejemplo de la homosexualidad (aunque sea algo ms que un ejemplo).
Anteriormente sealbamos como, en Proust, las pginas clebres de Sodoma y
Gomorra entrelazaban dos temas abiertamente contradictorios, uno sobre la
culpabilidad fundamental de las razas malditas, el otro sobre la inocencia radical de
las flores. Con mucha rapidez se ha aplicado a Proust el diagnstico de una
homosexualidad edpica, por fijacin a la madre, de dominante depresiva y
culpabilidad sado-masoquista. De un modo ms general, con demasiada rapidez se
han descubierto contradicciones en los fenmenos de lectura, ya sea para declararlas
irreductibles, o para resolverlas o mostrar que tan slo son aparentes, segn los
gustos. En verdad, nunca hay contradicciones, aparentes o reales, slo hay grados de
humor. Y como la lectura misma posee sus grados de humor, del negro al blanco, con
los que evala los grados coexistentes de lo que ella lee, el nico problema siempre
es el de una reparticin sobre una escala de intensidades que asigna el lugar y el uso
de cada cosa, cada ser o cada escena; hay esto y adems aquello, y aclarmonos con
ello y tanto peor si no nos gusta. Es posible que a este respecto la chabacana
advertencia de Charlus sea proftica: A uno le importa un bledo su vieja abuela, eh,
golfilla! Pues, qu ocurre en la Recherche, una sola y misma historia infinitamente
variada? Est claro que el narrador no ve nada, no oye nada, es un cuerpo sin
rganos, que no observa nada, pero que responde a los ms mnimos signos, a la
menor vibracin, saltando sobre su presa. Todo empieza con nebulosas, conjuntos
estadsticos de vagos contornos, formaciones molares o colectivas que implican
singularidades repartidas al azar (un saln, un grupo de muchachas, un paisaje).
Luego, en estas nebulosas o estos colectivos, se dibujan unos lados, se organizan
series, se figuran personas en estas series, bajo extraas leyes de carencia, ausencia,
simetra, exclusin, no comunicacin, vicio y culpabilidad. Luego, todo se mezcla de
nuevo, se deshace, pero esta vez en una multiplicidad pura y molecular, en la que los
objetos parciales, las cajas, los vasos, tienen todos igualmente sus
determinaciones positivas y entran en comunicacin aberrante segn una transversal
que recorre toda la obra, inmenso flujo que cada objeto parcial produce y recorta,
reproduce y corta a la vez. Ms que el vicio, dice Proust, inquietan la locura y su
inocencia. S la esquizofrenia es lo universal, el gran artista es aqul que franquea el
muro esquizofrnico y llega a la patria desconocida, all donde ya no pertenece a
ningn tiempo, a ningn medio, a ninguna escuela.
As ocurre en un pasaje ejemplar, el primer beso a Albertine. El rostro de
Albertine primero es una nebulosa, apenas extrada del colectivo de las muchachas.
Luego aparece la persona de Albertine, a travs de una serie de planos que son como
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sus distintas personalidades, el rostro de Albertine saltando de un plano a otro, a


medida que los labios del narrador se acercan a la mejilla. Por ltimo, en la
proximidad total, todo se deshace como una visin sobre la arena, el rostro de
Albertine estalla en objetos parciales moleculares, mientras que los del rostro del
narrador renen el cuerpo sin rganos, ojos cerrados, nariz encogida, boca llena. O
an ms, es el amor que cuenta la misma historia. De la nebulosa estadstica, del
conjunto molar de los amores hombres-mujeres, se desprenden las dos series malditas
y culpables que dan fe de una misma castracin bajo dos caras no superponibles, la
serie de Sodoma y la serie de Gomorra, cada una excluyendo a la otra. Sin embargo,
sta no es la ltima palabra, puesto que el tema vegetal, la inocencia de las flores, nos
proporciona otro mensaje y otro cdigo: cada uno es bisexuado, cada uno posee los
dos sexos, pero compartimentados, incomunicados; el hombre es tan slo aqul en el
que la parte masculina domina estadsticamente, la mujer, aqulla en la que la parte
femenina domina estadsticamente. De tal modo que al nivel de las combinaciones
elementales es preciso hacer intervenir al menos dos hombres y dos mujeres para
constituir la multiplicidad en la que se establezcan comunicaciones transversales,
conexiones de objetos parciales y de flujos: la parte masculina de un hombre puede
comunicar con la parte femenina de una mujer, pero tambin con la parte masculina
de una mujer, o con la parte femenina de otro hombre, o incluso con la parte
masculina de otro hombre, etc. Ah cesa toda culpabilidad, pues sta no puede
introducirse en esas flores. A la alternativa de las exclusiones o bien o bien, se
opone el ya de las combinaciones y permutaciones en el que las diferencias
vuelven a lo mismo sin cesar de ser diferencias.
Estadstica o molarmente somos heterosexuales, pero personalmente
homosexuales, sin saberlo o sabindolo, y por ltimo somos trans-sexuados elemental
o molecularmente. Por ello Proust, el primero en desmentir toda interpretacin
edipizante de sus propias interpretaciones, opone dos tipos de homosexualidad, o ms
bien dos regiones en las que slo una es edpica, exclusiva y depresiva, pero la otra
esquizoide anedpica, inclusa e inclusiva: Unos, los que sin duda tuvieron la
infancia ms tmida, apenas se preocupan del tipo material de placer que reciben, con
tal que puedan relacionarlo con un rostro masculino. Mientras que otros, sin duda
poseedores de sentidos ms violentos, conceden a su placer material imperiosas
localizaciones. Aquellos tal vez con sus confesiones estarn en contra de la mayora
de la gente. Quizs viven menos exclusivamente bajo el satlite de Saturno, pues para
ellos las mujeres no estn enteramente excluidas como para los primeros Los
segundos buscan a aqullas que prefieren a su vez a las mujeres, pues ellas pueden
procurarles un muchacho y acrecentar el placer que experimentan al encontrarse con
l; adems, pueden, de la misma manera, sentir con ellas el mismo placer que con un
hombre Pues en las relaciones que mantienen con ellas desempean, para la mujer

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que ama a las mujeres, el papel de otra mujer, y la mujer les ofrece al mismo tiempo
[54]

aproximadamente lo que encuentran en el hombre .


Lo que aqu se opone son dos usos de la sntesis conectiva: un uso global y
especfico, un uso parcial y no especfico. En el primer uso el deseo recibe a la vez un
sujeto fijo, yo especificado bajo tal o cual sexo, y objetos completos determinados
como personas globales. La complejidad y los fundamentos de una operacin tal
aparecen mejor si consideramos las reacciones mutuas entre las diferentes sntesis del
inconsciente segn tal o cual uso. En efecto, en primer lugar la sntesis de registro
pone, sobre su superficie de inscripcin en las condiciones de Edipo, un yo
determinable o diferenciable con relacin a imgenes parentales que sirven de
coordenadas (madre, padre). Se da una triangulacin que implica en su esencia una
prohibicin constituyente, que condiciona la diferenciacin de las personas:
prohibicin de realizar el incesto con la madre y de ocupar el lugar del padre. Sin
embargo, con un extrao razonamiento se saca en conclusin que, puesto que est
prohibido, por ello mismo sera deseado. En verdad, las personas globales, la forma
misma de las personas, no preexisten a las prohibiciones que pesan sobre ellas y que
las constituyen, como tampoco escapan a la triangulacin en la que entran: a un
mismo tiempo el deseo recibe sus primeros objetos completos y ve cmo le son
prohibidos. Por tanto, es la misma operacin edpica la que fundamenta la posibilidad
de su propia solucin, por va de la diferenciacin de las personas conforme a lo
prohibido, y la posibilidad de su fracaso o de su estancamiento, por cada en lo
indiferenciado o en diferenciaciones que lo prohibido crea (incesto por identificacin
con el padre, homosexualidad por identificacin con la madre). Del mismo modo
que la forma de las personas, la materia personal de la transgresin no preexiste a lo
prohibido. Vemos, pues, la facilidad que posee lo prohibido para desplazarse a s
mismo, ya que desde el principio desplaza al deseo. Se desplaza l mismo, en el
sentido que la descripcin edpica no se impone en la sntesis de registro sin
reaccionar sobre la sntesis de produccin, y transforma profundamente las
conexiones de esta sntesis al introducir nuevas personas globales. Estas nuevas
imgenes de personas son la hermana y la esposa, despus del padre y la madre. A
menudo se ha sealado que lo prohibido exista bajo dos formas, una negativa que
ante todo conduce a la madre e impone la diferenciacin, la otra positiva, que
concierne a la hermana y domina el intercambio (obligacin de tomar como esposa a
cualquiera menos mi hermana, obligacin de reservar mi hermana para cualquier
otro; dejar mi hermana a un hermano poltico, recibir mi esposa de un padre poltico)
[55]. Y aunque a este nivel se produzcan nuevas estasis o cadas, como nuevas figuras
de incesto y homosexualidad, no cabe la menor duda de que el tringulo edpico no
poseera medio alguno para transmitirse y reproducirse sin este segundo grado: el
primer grado elabora la forma del tringulo, pero slo el segundo asegura la
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transmisin de esta forma. Tomo una mujer que no sea mi hermana para constituir la
base diferenciada de un nuevo tringulo cuya cima, cabeza abajo, ser mi hijo lo
que se llama salir de Edipo, pero tambin reproducirlo, transmitirlo antes de reventar
solo, incesto, homosexual y zombi.
De este modo, el uso parental o familiar de la sntesis de registro se prolonga en
un uso conyugal, o de alianza, de las sntesis conectivas de produccin: un rgimen
de conjugacin de las personas substituye a la conexin de los objetos parciales. En el
conjunto, las conexiones de mquinas-rganos propias a la produccin deseante dan
sitio a una conjugacin de personas bajo las reglas de la reproduccin familiar. Los
objetos parciales ahora parecen extrados de las personas, en lugar de serlo de los
flujos no personales que pasan de unos a otros. Ocurre que las personas se derivan de
cantidades abstractas, en el lugar de los flujos. Los objetos parciales, en vez de una
apropiacin conectiva, se convierten en las posesiones de una persona y, si es preciso,
en la propiedad de otra. Kant, del mismo modo que saca la conclusin de siglos de
meditacin escolstica al definir a Dios como principio del silogismo disyuntivo, saca
la conclusin de siglos de meditacin jurdica romana cuando define el matrimonio
como el vnculo a partir del cual una persona se convierte en propietaria de los
rganos sexuales de otra persona[56]. Basta consultar un manual religioso de
casustica sexual para ver con qu restricciones las conexiones rganos-mquinas son
toleradas en el rgimen de la conjugacin de las personas, que legalmente fija su
extraccin del cuerpo de la esposa. Pero, incluso mejor, la diferencia de rgimen
aparece cada vez que una sociedad deja subsistir un estado infantil de promiscuidad
sexual, en la que todo est permitido hasta la edad en que el joven entra a su vez bajo
el principio de conjugacin que regula la produccin social de hijos. Sin duda, las
conexiones de la produccin deseante obedecan a una regla binaria; e incluso hemos
visto cmo intervena un tercer trmino en esta binariedad, el cuerpo sin rganos que
reinyecta el producir en el producto, prolonga las conexiones de mquinas y sirve de
superficie de registro. Pero precisamente aqu no se produce ninguna operacin biunvoca que eche la produccin sobre representantes; ninguna triangulacin aparece a
este nivel que relacione los objetos del deseo con personas globales, ni el deseo con
un sujeto especfico. El nico sujeto es el propio deseo sobre el cuerpo sin rganos,
en tanto que maquina objetos parciales y flujos, extrayendo y cortando unos con
otros, pasando de un cuerpo a otro, segn conexiones y apropiaciones que cada vez
destruyen la unidad facticia de un yo posesor o propietario (sexualidad anedpica).
El tringulo se forma en el uso parental y se reproduce en el uso conyugal.
Todava no sabemos qu fuerzas determinen esta triangulacin que se inmiscuye en el
registro del deseo para transformar todas sus conexiones productivas. Pero al menos
podemos seguir, someramente, la forma cmo estas fuerzas proceden. Se nos dice
que los objetos parciales estn tomados en una intuicin de totalidad precoz, del

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mismo modo que el yo en una intuicin de unidad que precede a su realizacin.


(Incluso en Melanie Klein, el objeto parcial esquizoide es relacionado a un todo que
prepara la llegada del objeto completo en la fase depresiva.) Es evidente que una
totalidad-unidad semejante no se establece ms que sobre un cierto modo de
ausencia, como se del que carecen los objetos parciales y los sujetos de deseo.
Desde ese momento ya todo est realizado: en todo lugar encontramos la operacin
analtica que consiste en extrapolar un algo transcendente y comn, pero que no es un
universal-comn ms que para introducir la carencia en el deseo, para fijar y
especificar personas y un yo bajo tal o cual cara de su ausencia, e imponer a la
disyuncin de los sexos un sentido exclusivo. As por ejemplo en Freud: para Edipo,
para la castracin, para el segundo tiempo del fantasma Pegan a un nio, o incluso
para el famoso perodo de latencia en el que culmina la mixtificacin analtica. Este
algo comn, transcendente y ausente, ser llamado falo o ley, para designar el
significante que distribuye en el conjunto de la cadena los efectos de significacin e
introduce en ellos las exclusiones (de ah las interpretaciones edipizantes del
lacanismo). Ahora bien, este significante acta como causa formal de la
triangulacin, es decir, hace posible la forma del tringulo y su reproduccin: Edipo
tambin tiene como frmula 3 + 1, el Uno del falo transcendente sin el cual los
trminos considerados no formaran un tringulo[57]. Todo ocurre como si la cadena
llamada significante, formada por elementos en s mismos no significantes, de una
escritura polvoca y de fragmentos separables, fuese el objeto de un tratamiento
especial, de un aplastamiento que sacase su objeto separado, significante desptico
bajo cuya ley toda la cadena parece desde ese momento suspendida, cada eslabn
triangulado. Se da ah un curioso paralogismo que implica un uso trascendente de las
sntesis del inconsciente: pasamos de los objetos parciales separables al objeto
completo separado, de donde se derivan las personas globales por asignacin de
carencia. Por ejemplo, en el cdigo capitalista y su frmula trinitaria, el dinero como
cadena separable se convierte en capital como objeto separado, que no existe ms que
bajo el aspecto fetichista del stock y de la carencia. Lo mismo ocurre con el cdigo
edpico: la libido como energa de extraccin y de separacin es convertida en falo
como objeto separado, no existiendo ste ms que bajo la forma trascendente de stock
y de carencia (algo comn y ausente que falta tanto a los hombres como a las
mujeres). Es esta conversin la que hace volcar toda la sexualidad en el marco
edpico: esta proyeccin de todos los cortes-flujos sobre un mismo lugar mtico, de
todos los signos no significantes en un mismo significante mayor. La triangulacin
efectiva permite la especificacin de la sexualidad al sexo. Los objetos parciales no
han perdido nada de su virulencia y de su eficacia. Sin embargo, la referencia al pene
concede a la castracin su pleno sentido. Por ella se significan posteriormente todas
las experiencias externas vinculadas a la privacin, a la frustracin, a la carencia de

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los objetos parciales. Toda la historia anterior es refundida en una nueva versin a la
luz de la castracin[58].
Esto es precisamente lo que nos inquieta, esta refundicin de la historia, y esta
carencia atribuida a los objetos parciales. Y cmo no habran perdido su
virulencia y su eficacia, una vez introducidos en un uso de sntesis que permanece
fundamentalmente ilegtimo a su respecto? No negamos que haya una sexualidad
edpica, una heterosexualidad y una homosexualidad edpicas, una castracin edpica
objetos completos, imgenes globales y yos especficos. Lo que negamos es que
sean producciones del inconsciente. Adems, la castracin y la edipizacin engendran
una ilusin fundamental que nos hace creer que la produccin deseante real es
justiciable de formaciones ms altas que la integran, la someten a leyes
transcendentes y le sirven una produccin social y cultural superior: entonces aparece
una especie de desprendimiento del campo social con respecto a la produccin del
deseo, en nombre del cual todas las resignaciones estn desde un principio
justificadas. Ahora bien, el psicoanlisis, al nivel ms concreto de la cura, apoya con
todas sus fuerzas este movimiento aparente. El mismo asegura esta conversin del
inconsciente. En lo que llama preedpico ve un estadio que debe ser superado en el
sentido de una integracin evolutiva (hacia la posicin depresiva bajo el reino del
objeto completo), o debe ser organizado en el sentido de una integracin estructural
(hacia la posicin de un significante desptico, bajo el reino del falo). La aptitud al
conflicto de que hablaba Freud, la oposicin cualitativa entre la homosexualidad y la
heterosexualidad, de hecho es una consecuencia de Edipo: en vez de ser un obstculo
a la cura encontrada en el exterior, es un producto de la edipizacin, y un contraefecto de la cura que la refuerza. En verdad, el problema no concierne a los estadios
preedpicos que todava tendran a Edipo como eje, sino a la existencia y a la
naturaleza de una sexualidad anedpica, de una heterosexualidad y una
homosexualidad anedpicas, de una castracin anedpica: los cortes-flujos de la
produccin deseante no se dejan proyectar en un lugar mtico, los signos del deseo no
se dejan extrapolar en un significante, la trans-sexualidad no deja nacer ninguna
oposicin cualitativa entre una heterosexualidad y una homosexualidad locales y no
especficas. Por todas partes, en esta reversin, la inocencia de las flores, en lugar de
la culpabilidad de conversin. Pero en lugar de asegurar, de tender a asegurar la
reversin de todo el inconsciente sobre la forma y en el contenido anedpicos de la
produccin deseante, la teora y la prctica analtica no cesan de promover la
conversin del inconsciente en Edipo, forma y contenido (en efecto, veremos lo que
el psicoanlisis llama resolver Edipo). En primer lugar, promueve esta conversin
realizando un uso global y especfico de las sntesis conectivas. Este uso puede ser
definido como trascendente e implica un primer paralogismo en la operacin
psicoanaltica. Si utilizamos una vez ms trminos kantianos es por una simple razn.

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Kant se propona, en lo que l llamaba revolucin crtica, descubrir criterios


inmanentes al conocimiento para distinguir el uso legtimo y el uso ilegtimo de las
sntesis de la conciencia. En nombre de una filosofa transcendental (inmanencia de
los criterios) denunciaba el uso transcendente de las sntesis tal como apareca en la
metafsica. Del mismo modo, debemos decir que el psicoanlisis tiene su metafsica,
a saber, Edipo. Y que una revolucin, esta vez materialista, no puede pasar ms que
por la crtica de Edipo, denunciando el uso ilegtimo de las sntesis del inconsciente
tal como aparece en el psicoanlisis edipiano, de modo que recobre un inconsciente
transcendental definido por la inmanencia de sus criterios, y una prctica
correspondiente como esquizoanlisis.

La sntesis disyuntiva de registro


Cuando Edipo se desliza en las sntesis disyuntivas del registro deseante, les
impone el ideal de un determinado uso, limitativo o exclusivo, que se confunde con la
forma de la triangulacin ser pap, mam, o el hijo. Es el reino del O bien en la
funcin diferenciante de la prohibicin del incesto: all es la mam quien empieza,
all es el pap, y acull eres t mismo. Permanece en tu lugar. La desgracia de Edipo
radica precisamente en no saber dnde empieza ese quin, ni quin es quin. Adems,
ser padre o hijo viene acompaado de otras dos diferenciaciones en los lados del
tringulo, ser hombre o mujer, estar muerto o vivo. Edipo no debe saber si est
vivo o muerto, si es hombre o mujer, antes de saber si es padre o hijo. Incesto: sers
zombi y hermafrodita. Es en este sentido que las tres grandes neurosis llamadas
familiares parecen corresponder a fallos edpicos de la funcin diferenciante o de la
sntesis disyuntiva: el fbico no puede saber si es padre o hijo; el obseso, si est
muerto o vivo; el histrico, si es hombre o mujer[59]. En una palabra, la triangulacin
familiar representa el mnimo de condiciones bajo las que un yo recibe las
coordenadas que le diferencian a la vez en cuanto a la generacin, al sexo y al estado.
Y la triangulacin religiosa confirma este resultado de otro modo: as, en la trinidad,
la desaparicin de la imagen femenina en provecho de un smbolo flico muestra
cmo el tringulo se desplaza hacia su propia causa e intenta integrarla. Esta vez se
trata del mximo de condiciones bajo las que las personas se diferencian. Por ello,
nos importaba la definicin kantiana que pone a Dios como principio a priori del
silogismo disyuntivo, en tanto que todo se deriva de l por limitacin de una realidad
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mayor (omnitudo realitatis): humor de Kant que convierte a Dios en el seor de un


silogismo.
Lo propio del registro edpico radica en introducir un uso exclusivo, limitativo,
negativo, de la sntesis disyuntiva. Estamos tan formados por Edipo que con
dificultad podemos imaginar otro uso; e incluso las tres neurosis familiares no salen
de l, aunque sufran por no poderlo aplicar. Por todas partes en el psicoanlisis, en
Freud, hemos visto formularse esa aficin por las disyunciones exclusivas. No
obstante, resulta que la esquizofrenia nos da una singular leccin extra-edpica, y nos
revela una fuerza desconocida de la sntesis disyuntiva, un uso inmanente que ya no
ser exclusivo ni limitativo, sino plenamente afirmativo, ilimitativo, inclusivo. Una
disyuncin que permanece disyuntiva y que, sin embargo, afirma los trminos
disjuntos, los afirma a travs de toda su distancia, sin limitar uno por el otro, ni
excluir uno del otro, es tal vez la mayor paradoja. Ya ya en lugar de o bien. El
esquizofrnico no es hombre y mujer. Es hombre o mujer, pero precisamente es de los
dos lados, hombres del lado de los hombres, mujer del lado de las mujeres. Aimable
Jayet (Albert Dsir, matrcula 54161001) letaniza las series paralelas de lo
masculino y lo femenino, y se coloca de una parte y de otra: Mat Albert 5416 ricu-le
sultan Roman vesin, Mat Dsir 1001 ricu-la sultane romaine vesine[60]. El
esquizofrnico est muerto o vivo y no las dos cosas a la vez, pero uno u otro al
trmino de una distancia que sobrevuela al deslizar. Es hijo o padre y no uno y otro,
pero uno al final del otro como los dos puntos de un bastn en un espacio
indescomponible. Este es el sentido de las disyunciones en el que Beckett inscribe sus
personajes y los acontecimientos que les suceden: todo se divide, pero en s mismo.
Incluso las distancias son positivas, al mismo tiempo que las disyunciones incluidas.
Desconoceramos por completo este orden de pensamiento si actusemos como si el
esquizofrnico substituyese las disyunciones por vagas sntesis de identificacin de
contrarios, como el ltimo de los filsofos hegelianos. No sustituye sntesis
disyuntivas por sntesis de contrarios, sino que sustituye el uso exclusivo y limitativo
de la sntesis disyuntiva por un uso afirmativo. Est y permanece en la disyuncin: no
suprime la disyuncin al identificar los contrarios por profundizacin, por el
contrario, la afirma al sobrevolar una distancia indivisible. No es simplemente
bisexuado, ni intersexuado, sino trans-sexuado. Est trans-vivomuerto, es transpadrehijo. No identifica dos contrarios, sino que afirma su distancia como lo que les
relaciona en tanto que diferentes. No se cierra sobre los contrarios, sino que se abre,
y, como un saco lleno de esporas, las suelta como singularidades que indebidamente
encerraba, de las que pretenda excluir unas y retener otras, pero que ahora se
convierten en puntos-signos, afirmados por su nueva distancia. Inclusiva, la
disyuncin no se cierra sobre sus trminos, al contrario, es ilimitativa. Entonces ya
no era esta caja cerrada que debera haberme conservado tan bien; un tabique se haba

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derribado, liberando un espacio en el que Molloy y Moran ya no designan personas,


sino singularidades que acuden de todas partes, agentes de produccin evanescentes.
Es la disyuncin libre; las posiciones diferenciales subsisten perfectamente, incluso
adquieren un valor libre, pero todas son ocupadas por un sujeto sin rostro y
transposicional. Schreber es hombre y mujer, padre e hijo, muerto y vivo; es decir, es
en todo lugar donde hay una singularidad, en todas las series y en todas las ramas
marcadas con un punto singular, ya que l mismo es esta distancia que le transforma
en mujer, al final de la cual ya es madre de una nueva humanidad y por fin puede
morir.
Por esta razn, el Dios esquizofrnico tiene muy poco que ver con el Dios de la
religin, aunque se ocupen del mismo silogismo. En Le Baphomet, Klossowski, al
Dios como seor de las exclusiones y limitaciones de la realidad que se deriva de l
opona un anticristo, prncipe de las modificaciones que, por el contrario, determina
el paso de un sujeto por todos los predicados posibles. Soy Dios no soy Dios, soy
Dios soy Hombre: no se trata de una sntesis que en una realidad originaria del
Hombre-Dios supere las disyunciones negativas de la realidad derivada, se trata de
una disyuncin inclusiva que realiza ella misma la sntesis derivando de un trmino a
otro y siguiendo la distancia. No existe nada originario. Es como el clebre: Es
medioda. La lluvia golpea las ventanas. No era medioda. No llova. Nijinsky
escriba: Soy Dios no era Dios soy el clown de Dios. Soy Apis, soy un egipcio, un
indio piel roja, un negro, un nicho, un japons, un extranjero, un desconocido, soy el
pjaro del mar y el que sobrevuela la tierra firme, soy el rbol de Tolstoi con sus
races. Soy el esposo y la esposa, amo a mi mujer, amo a mi marido..[61] Lo que
cuenta no son las denominaciones parentales, ni las denominaciones raciales o las
denominaciones divinas. Tan slo importa el uso que se hace de ello. Nada de
problema de sentido, sino tan slo de uso. Nada de originario ni de derivado, sino una
derivacin generalizada. Podramos decir que el esquizo libera una materia
genealgica bruta, ilimitativa, en la que puede meterse, inscribirse, y orientarse en
todos los ramales a la vez, en todos los lados. Derriba la genealoga edpica. Bajo las
relaciones, progres ivamente, realiza vuelos absolutos sobre distancias indivisibles. El
genealogista-loco divide el cuerpo sin rganos en una red disyuntiva. Tambin Dios,
que no designa ms que la energa de registro, puede ser el mayor enemigo en la
inscripcin paranoica, pero tambin el mayor amigo en la inscripcin milagrosa. De
cualquier manera, la cuestin de un ser superior en la naturaleza y en el hombre no se
plantea del todo. Todo est sobre el cuerpo sin rganos, lo que est inscrito y la
energa que inscribe. Sobre el cuerpo inengendrado las distancias indescomponibles
son necesariamente sobrevoladas, al mismo tiempo que los trminos disjuntos son
todos afirmados. Soy la carta y la pluma y el papel (es de este modo que Nijinski
llevaba su diario) s, he sido mi padre y he sido mi hijo.

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Por tanto, la sntesis disyuntiva de registro nos conduce al mismo resultado que la
sntesis conectiva: tambin ella es capaz de dos usos, uno inmanente y el otro
trascendente. Por qu, tambin en este caso, el psicoanlisis apoya el uso
trascendente que por todas partes introduce las exclusiones, las limitaciones en la red
disyuntiva, y vuelca el inconsciente en Edipo? Por qu es esto, precisamente, la
edipizacin? Ocurre que la relacin exclusiva introducida por Edipo no se desarrolla
tan slo entre las diversas disyunciones concebidas como diferenciaciones, sino entre
el conjunto de estas diferenciaciones que impone y un indiferenciado que supone o
indica. Edipo nos dice: si no sigues las lneas de diferenciacin, pap-mam-yo, y las
exclusivas que las jalonan, caers en la noche negra de lo indiferenciado.
Comprendemos que las disyunciones exclusivas no son del todo las mismas que las
inclusivas: Dios en ellas no tiene el mismo uso, ni las denominaciones parentales.
Estas ya no designan estados intensivos por los que el sujeto pasa sobre el cuerpo sin
rganos y en el inconsciente que permanece hurfano (s, he sido), pero designan
personas globales que no preexisten a las prohibiciones que las fundamentan, y las
diferencian entre s y con relacin al yo. De tal modo que la transgresin de lo
prohibido se convierte correlativamente en una confusin de personas, en una
identificacin del yo con las personas, en la prdida de las reglas diferenciantes o de
las funciones diferenciales. Sin embargo, de Edipo debemos decir que crea ambas, las
diferenciaciones que ordena y lo indiferenciado con que nos amenaza. Con el mismo
movimiento, el complejo de Edipo introduce el deseo en la triangulacin y prohbe al
deseo que se satisfaga con los trminos de la triangulacin. Obliga al deseo a tomar
por objeto las personas parentales diferenciadas y prohbe al yo correlativo que
satisfaga su deseo con estas personas, en nombre de las mismas exigencias de
diferenciacin, esgrimiendo las amenazas de lo indiferenciado. Pero este
indiferenciado lo crea como el reverso de las diferenciaciones que crea. Edipo nos
dice: o bien interiorizars las funciones diferenciales que dominan las disyunciones
exclusivas, y as resolvers Edipo o bien caers en la noche neurtica de las
identificaciones imaginarias. O bien seguirs las lneas del tringulo que estructuran y
diferencian los tres trminos o bien hars que un trmino siempre se desenvuelva
como si estuviese de ms con relacin a los otros dos y reproducirs en todos los
sentidos las relaciones duales de identificacin en lo indiferenciado. Pero, tanto de un
lado como de otro, es Edipo. Y todo el mundo sabe lo que el psicoanlisis llama
resolver (superar) Edipo: interiorizarlo para poderlo recobrar mejor en el exterior en
la autoridad social, y con ello dispersarlo, pasndolo a los pequeos. El nio no se
convierte en un hombre ms que resolviendo el complejo de Edipo, cuya resolucin
le introduce en la sociedad en la que encuentra, en la figura de la Autoridad, la
obligacin de revivirlo, esta vez con todas las salidas interceptadas. Entre el
imposible retorno a lo que precede al estado de cultura y el malestar creciente que

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provoca ste, tampoco es seguro que pueda encontrarse un punto de equilibrio[62].


Edipo es como el laberinto, uno no sale de l ms que volviendo a entrar (o haciendo
entrar a alguien). Edipo como problema o como solucin es los dos cabos de una
ligadura que detiene toda la produccin deseante. Se aprietan las tuercas, ya no puede
pasar nada de la produccin, salvo un rumor. El inconsciente ha sido aplastado,
triangulado, se le ha colocado ante una eleccin que no era suya. Todas las salidas
bloqueadas: ya no existe un uso posible de las disyunciones inclusivas, ilimitativas.
Se han puesto padres al inconsciente!
Bateson llama double bind a la emisin simultnea de dos rdenes de mensajes,
uno de ellos contradiciendo al otro (por ejemplo, el padre que dice al hijo: vamos,
critcame!, pero que claramente da a sobreentender que toda crtica efectiva, al menos
un cierto tipo de crtica, ser mal recibida). Bateson ve en ello una situacin
particularmente esquizofrenizante que interpreta como un sinsentido desde el punto
de vista de las teoras de los tipos de Russell[63]. Ms bien nos parece que el double
bind, el doble atolladero, es una situacin corriente, edipizante por excelencia. Y, con
riesgo de formalizarla, remite a otra clase de sinsentido ruselliano: una alternativa,
una disyuncin exclusiva est determinada con respecto a un principio que
constituye, sin embargo, los dos trminos o los dos subconjuntos, y que l mismo
entra en la alternativa (caso por completo diferente de lo que ocurre cuando la
disyuncin es inclusiva). Este es el segundo paralogismo del psicoanlisis. En
resumen, el double bind no es ms que el conjunto de Edipo. Es en este sentido que
Edipo debe ser presentado como una serie, en la que oscila entre dos polos: la
identificacin neurtica y la interiorizacin llamada normativa. Tanto de un lado
como del otro, Edipo es el doble atolladero. Y si aqu un esquizo es producido como
entidad, es slo como nico medio para escapar a esta doble va, en la que la
normatividad carece tanto de salida como la neurosis, y la solucin est tan
bloqueada como el problema: entonces nos replegamos sobre el cuerpo sin rganos.
Parece que el propio Freud tuvo una clara conciencia de que Edipo era
inseparable de un doble atolladero, o callejn sin salida, en el que precipitaba el
inconsciente. As, en la carta de 1936 a Romain Rolland: Todo ocurre como si lo
principal en el xito radicase en llegar ms lejos que el padre y como si siempre
estuviese prohibido el que el padre fuese superado. Lo vemos an ms claramente
cuando Freud expone toda la serie histrico-mtica: en un cabo Edipo est anudado
por la identificacin asesina, en el otro est reanudado por la restauracin y la
interiorizacin de la autoridad paterna (restablecimiento del antiguo orden bajo un
nuevo plan)[64]. Entre ambos, la latencia, la famosa latencia, sin duda la mayor
mixtificacin psicoanaltica: esta sociedad de hermanos que se prohben los frutos
del crimen y se pasan todo el tiempo necesario en interiorizarlo. Pero se nos previene:
la sociedad de hermanos es desapacible, inestable y peligrosa, debe preparar el
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reencuentro de un equivalente de la autoridad parental, debe hacernos pasar al otro


polo. De acuerdo con una sugestin de Freud, la sociedad americana, la sociedad
industrial con gestin annima y desaparicin del poder personal, etc., nos es
presentada como una resurreccin de la sociedad sin padres. Con el encargo, por
supuesto, de encontrar modos originales para la restauracin del equivalente (por
ejemplo, el sorprendente descubrimiento de Mitscherlich: de que la familia real
inglesa, despus de todo, no es una cosa mala)[65]. Est claro, por tanto, que slo se
abandona un polo de Edipo para pasar al otro. La cuestin no radica en salir de l,
neurosis o normalidad. La sociedad de los hermanos no recobra nada de la
produccin y de las mquinas deseantes; por el contrario, extiende el velo de la
latencia. En cuanto a los que no se dejan edipizar, bajo una forma u otra, el
psicoanalista est all para llamar en su ayuda al asilo o a la polica. La polica con
nosotros!, nunca el psicoanlisis mostr mejor su aficin por apoyar el movimiento
de la represin social y participar en l con todas sus fuerzas. Que no se crea que
hacemos alusin a aspectos folklricos del psicoanlisis. No porque, por parte de
Lacan, se tenga otra concepcin del psicoanlisis hay que considerar como menor lo
que en verdad es el tono dominante en las asociaciones ms reconocidas: veamos al
doctor Mendel, los doctores Stphane, el estado rabioso en que caen y su llamada
literalmente policial ante la idea de que alguien pretende escapar a la ratonera de
Edipo. Edipo es como estos objetos que se convierten en tanto ms peligrosos cuando
ya nadie cree en ellos; entonces los polizontes entran para reemplazar a los sumos
sacerdotes. El primer ejemplo profundo de un anlisis de double bind, en este sentido,
lo podemos encontrar en La cuestin juda de Marx: entre la familia y el Estado el
Edipo de la autoridad familiar y el Edipo de la autoridad social.
Edipo no sirve estrictamente para nada, salvo para ligar el inconsciente en los dos
lados. Veremos en qu sentido Edipo es estrictamente indecidible, segn el
lenguaje de los matemticos. Estamos hartos de estas historias en las que se est bien
por Edipo, enfermo de Edipo, y con diversas enfermedades bajo Edipo. Ocurre que
un analista est hasta las narices de este mito que es bebedero y madriguera del
psicoanlisis y por ello vuelve a las fuentes: Freud finalmente no sali del mundo
del padre, ni de la culpabilidad Pero fue el primero que, dando la posibilidad de
construir una lgica de la relacin con el padre, abri el camino para la liberacin de
este dominio del padre sobre el hombre. La posibilidad de vivir ms all de la ley del
padre, ms all de toda ley, es tal vez la posibilidad ms esencial que aporta el
psicoanlisis freudiano. Pero, paradjicamente, y tal vez a causa del propio Freud,
todo nos hace pensar que esta liberacin, que el psicoanlisis permite, se realizar, ya
se realiza, fuera de l[66]. Sin embargo, no podemos compartir ni ese pesimismo ni
ese optimismo. Pues es mucho optimismo pensar que el psicoanlisis posibilita una
verdadera solucin de Edipo: Edipo es como Dios, el padre es como Dios; el
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problema no se resuelve ms que al suprimir el problema y la solucin. El


esquizoanlisis no se propone resolver Edipo, no se propone resolverlo mejor de lo
que pueda hacerlo el psicoanlisis edpico. Se propone desedipizar el inconsciente
para llegar a los verdaderos problemas. Se propone llegar a estas regiones del
inconsciente hurfano, precisamente ms all de toda ley, donde el problema ni
siquiera puede plantearse. Por esto tampoco compartimos el pesimismo que consiste
en creer que este cambio, esta liberacin, no pueden realizarse ms que fuera del
psicoanlisis. Por el contrario, creemos en la posibilidad de una reversin interna que
convierta a la mquina analtica en una pieza indispensable del aparato
revolucionario. Adems, parece que actualmente ya existen las condiciones objetivas.
Todo ocurre, pues, como si Edipo tuviese por s mismo dos polos: un polo de
figuras imaginarias identificatorias, un polo de funciones simbl icas diferenciantes.
Pero, de cualquier modo, se edipiza: si no se tiene a Edipo como crisis, se lo tiene
como estructura. Entonces se transmite la crisis a otros y todo vuelve a empezar. Esta
es la disyuncin edpica, el movimiento de pndulo, la razn inversa exclusiva. Por
ello, cuando se nos invita a superar una concepcin simplista de Edipo basada en las
imgenes parentales para definir funciones simblicas en una estructura, por ms que
se reemplace el pap-mam tradicional por una funcin-madre, una funcin-padre, no
vemos bien lo que ganamos con ello, salvo fundamentar la universalidad de Edipo
ms all de la variabilidad de las imgenes, unir todava mejor el deseo con la ley y lo
prohibido, y llevar hasta el final el proceso de edipizacin del inconsciente. Edipo
encuentra aqu sus dos extremos, su mnimo y su mximo, segn se le considere
tendiendo hacia un valor indiferenciado de sus imgenes variables o hacia el poder de
diferenciacin de sus funciones simblicas. Cuando nos acercamos a la imaginacin
material, la funcin diferencial disminuye, tendemos hacia equivalencias. Cuando nos
acercamos a los elementos formadores, la funcin diferencial aumenta, tendemos
hacia valencias distintivas[67]. Apenas nos sorprender el saber que Edipo como
estructura es la trinidad cristiana, mientras que Edipo como crisis es una trinidad
familiar insuficientemente estructurada por la fidelidad: siempre los dos polos en
razn inversa, Edipo for ever! [68] Cuntas interpretaciones del lacanismo, abierta o
estrictamente piadosas, han invocado de este modo un Edipo estructural para formar
y cerrar el doble callejn sin salida, volver a conducirnos a la cuestin del padre,
edipizar incluso al esquizo, y mostrar que un agujero en lo simblico nos remita a lo
imaginario, y que, inversamente, manchas o confusiones imaginarias nos remitan a
la estructura! Como deca un predecesor clebre a sus animales; ya lo habis
convertido en una cantinela Por ello, por nuestra propia cuenta no podamos
marcar ninguna diferencia de naturaleza, ninguna frontera, ningn lmite, entre lo
imaginario y lo simblico, como tampoco entre el Edipo-crisis y el Edipo-estructura,
o entre el problema y la solucin. Se trata tan slo de un doble callejn sin salida
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correlativo, de un movimiento de pndulo encargado de barrer todo el inconsciente, y


que sin cesar remite de un polo a otro. Unas tenazas que aplastan el insconsciente en
su disyuncin exclusiva.
La verdadera e innata diferencia no reside entre los simblico y lo imaginario,
sino entre el elemento real de lo maqunico, que constituye la produccin deseante, y
el conjunto estructural de lo imaginario y lo simblico, que tan slo forma un mito y
sus variantes. La diferencia no radica entre dos usos de Edipo, sino entre el uso
anedpico de las disyunciones inclusivas, ilimitativas, y el uso edpico de las
disyunciones exclusivas, que este ltimo uso toma de las vas de lo imaginario o de
los valores de lo simblico. Por eso era preciso escuchar las advertencias de Lacan
sobre el mito freudiano de Edipo, que no podra mantener indefinidamente el cartel
en las formas de sociedad en las que se pierde cada vez ms el sentido de la
tragedia: un mito no se basta si no soporta ningn rito, y el psicoanlisis no es el
rito de Edipo. E incluso si nos remontamos de las imgenes a la estructura, de las
figuras imaginarias a las funciones simblicas, del padre a la ley, de la madre al gran
[69]

Otro, en verdad tan slo se ha hecho retroceder la cuestin . Y si consideramos el


tiempo empleado en este retroceso, Lacan todava dice: el nico fundamento de la
sociedad de los hermanos, de la fraternidad, es la segregacin (qu quiere decir?).
De todos modos, no convena apretar las tuercas all donde Lacan acababa de
aflojarlas; edipizar el esquizo, all donde, por el contrario, acababa de esquizofrenizar
hasta la neurosis, haciendo pasar un flujo esquizofrnico capaz de subvertir el campo
del psicoanlisis. El objeto a irrumpe en el seno del equilibrio estructural a modo de
una mquina infernal, la mquina deseante. Llega una segunda generacin de
discpulos de Lacan cada vez menos sensibles ante el falso problema de Edipo. Pero
los primeros, si han sido tentados a volver a cerrar el yugo de Edipo, no es en la
medida en que Lacan pareca mantener una especie de proyeccin de las cadenas
significantes sobre un significante desptico y pareca que lo suspenda todo de un
trmino que faltaba, que faltaba a s mismo y que reintroduca la falta en las series del
deseo a las que impona un uso exclusivo? Era posible denunciar a Edipo como mito
y, sin embargo, mantener que el complejo de castracin no era un mito, sino al
contrario algo real? (No era volver a tomar el grito de Aristteles: hay que
detenerse, esta Anankb freudiana, este Peasco?)

La sntesis conjuntiva de consumo


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Hemos visto cmo en la tercera sntesis, sntesis conjuntiva de consumo, el


cuerpo sin rganos era verdaderamente un huevo, atravesado por ejes, vendado por
zonas, localizado por reas o campos, medido por gradientes, recorrido por
potenciales, marcado por umbrales. En este sentido creemos en la posibilidad de una
bioqumica de la esquizofrenia (en vinculacin con la bioqumica de las drogas), que
cada vez ser ms capaz de determinar la naturaleza de este huevo y la reparticin
campo-gradiente-umbral. Se trata de relaciones de intensidades a travs de las cuales
el sujeto pasa sobre el cuerpo sin rganos y opera devenires, cadas y alzas,
migraciones y desplazamientos. Laing est por completo en lo cierto al definir el
proceso esquizo como un viaje inicitico, una experiencia trascendental de la prdida
del Ego que pone en boca de un sujeto: En cierta manera haba llegado al presente a
partir de la forma ms primitiva de la vida (el cuerpo sin rganos), miraba, no, ms
bien senta ante m un viaje espantoso[70]. Ah, ya no es cuestin de metfora hablar
de un viaje como hace un rato al hablar del huevo, y de lo que ocurre en l y sobre l,
movimientos morfogenticos, desplazamientos de grupos celulares, estiramientos,
plegamientos, migraciones, variaciones locales de potenciales. Ni siquiera hay que
oponer un viaje interior a los viajes exteriores: el paseo de Lenz, el paseo de Nijinsky,
los paseos de las criaturas de Beckett son realidades efectivas, pero donde lo real de
la materia ha abandonado toda extensin, como el viaje interior ha dejado toda forma
y cualidad, para ya no hacer brillar tanto dentro como fuera ms que intensidades
puras conectadas, casi insoportables, por las que pasa un sujeto nmada. No es una
experiencia alucinatoria ni un pensamiento delirante, sino una sensacin, una serie de
emociones y sensaciones como consumo de cantidades intensivas que forman el
material de las alucinaciones y delirios subsiguientes. La emocin intensiva, el
afecto, es a la vez raz comn y principio de diferenciacin de los delirios y
alucinaciones. Tambin creeremos que todo se mezcla en estos devenires, pasos y
migraciones intensos, toda esta deriva que remonta y desciende el tiempo pases,
razas, familias, denominaciones parentales, denominaciones divinas, denominaciones
histricas, geogrficas e incluso hechos diversos. (Yo siento que) me convierto en
Dios, me convierto en mujer, que era Juana de Arco y soy Heliogbalo, y el Gran
Mongol, un chino, un piel roja, un templario, he sido mi padre y he sido mi hijo. Y
todos los criminales, toda la lista de criminales, los criminales honestos y los
deshonestos: Szondi antes que Freud y su Edipo. Es tal vez al querer ser Worm que
por fin ser Mahood. Entonces ya no tendr que ser Worm. A lo que sin duda llegar
al esforzarme por ser Tartempion. Pero si todo se mezcla de ese modo, es en
intensidad, no hay confusin de los espacios y de las formas puesto que precisamente
estn deshechos, en provecho de un nuevo orden, el orden intenso, intensivo.
Cul es este orden? Lo que en primer lugar se reparte sobre el cuerpo sin
rganos son las razas, las culturas y sus dioses. No se ha sealado suficientemente

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hasta qu punto el esquizo haca historia, alucinaba y deliraba la historia universal, y


dispersaba las razas. Todo delirio es racial, lo que no quiere decir necesariamente
racista. No es que las regiones del cuerpo sin rganos representen razas y culturas.
El cuerpo lleno no representa nada del todo. Por el contrario, son las razas y las
culturas las que designan regiones sobre este cuerpo, es decir, zonas de intensidades,
campos de potenciales. En el interior de estos campos se producen fenmenos de
individualizacin, de sexualizacin. De un campo a otro se pasa franqueando
umbrales: no se cesa de emigrar, se cambia de individuo como de sexo, y partir se
convierte en algo tan simple como nacer y morir. Ocurre que se lucha contra otras
razas, que se destruyen civilizaciones, a la manera de los grandes emigrantes: por all
donde pasan ya nunca crece nada aunque estas destrucciones, como veremos,
puedan hacerse de dos maneras muy distintas. Cmo el rebasamiento de un umbral
no implicara, por otra parte, estragos? El cuerpo sin rganos se cierra sobre los
lugares dndoselos. No podemos separar el teatro de la crueldad de la lucha contra
nuestra cultura, del enfrentamiento de las razas, y de la gran emigracin de Artaud
a Mxico, sus poderes y sus religiones: las individuaciones no se producen ms que
en campos de fuerzas expresamente definidas por vibraciones intensivas, y que no
animan personajes crueles ms que como rganos inducidos, piezas de mquinas
deseantes (los maniqus)[71].
Una temporada en el infierno, cmo separarla de la denuncia de las familias de
Europa, de la llamada a destrucciones que no llegan con la suficiente rapidez, de la
admiracin por el presidiario, del intenso franqueamiento de los umbrales de la
historia, de esta prodigiosa emigracin, este convertirse-mujer, este convertirseescandinavo y mongol, este desplazamiento de razas y continentes, esta sensacin
de intensidad bruta que preside el delirio tanto como la alucinacin, y sobre todo esta
voluntad deliberada, obstinada, material, de ser de raza inferior desde la eternidad:
Conoc cada hijo de familia, nunca he sido de ese pueblo, nunca he sido cristiano,
s, tengo los ojos cerrados a vuestra luz. Soy una bestia, un negro
Tampoco podemos separar a Zaratustra de la gran poltica y de la animacin de
las razas que obliga a Nietzsche a decir: no soy un alemn, soy polaco. An ah las
individuaciones no se forman ms que en complejos de fuerzas que determinan a las
personas como otros tantos estados intensivos encarnados en un criminal, no
cesando de atravesar un umbral al destruir la unidad facticia de una familia y de un
yo: Yo soy Prado, soy el padre de Prado, me atrevo a decir que soy Lesseps: yo
quisiera dar a mis parisinos, a los que quiero bien, una nueva nocin, la de un
criminal honesto. Yo soy Chambige, otro criminal honrado Una cosa desagradable
y que molesta a mi modestia, es que en el fondo yo soy todos los nombres de la
historia[72]. Nunca se trata, sin embargo, de identificarse con determinados
personajes, como cuando equivocadamente se dice de un loco que se crea que
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era. Se trata de algo distinto: identificar las razas, las culturas y los dioses, con
campos de intensidad sobre el cuerpo sin rganos, identificar los personajes con
estados que llenan estos campos, con efectos que fulguran y atraviesan estos campos.
De ah el papel de los nombres, en su magia propia: no hay un yo que se identifica
con razas, pueblos, personas, sobre una escena de la representacin, sino nombres
propios que identifican razas, pueblos y personas con umbrales, regiones o efectos en
una produccin de cantidades intensivas. La teora de los nombres propios no debe
concebirse en trminos de representacin, sino que remite a la clase de los efectos:
estos no son una simple dependencia de causas, sino el rellenado de un campo, la
efectuacin de un sistema de signos. Lo podemos comprobar perfectamente en fsica,
en la que los nombres propios designan determinados efectos en campos de
potenciales (efecto Joule, efecto Seebeck, efecto Kelvin). Ocurre lo mismo en historia
que en fsica: un efecto Juana de Arco, un efecto Heliogbalo todos los nombres
de la historia y no el nombre del padre.
Sobre la poca realidad, la prdida de realidad, la falta de contacto con la vida, el
autismo y la atimia, ya se ha dicho todo, los propios esquizofrnicos lo han dicho
todo prestos a introducirse en el molde clnico esperado. Mundo negro, desierto
creciente: una mquina solitaria zumba en la playa, una fbrica atmica instalada en
el desierto. Pero si el cuerpo sin rganos es este desierto, lo es como una distancia
indivisible, indescomponible, que el esquizo sobrevuela para estar en todo lugar
donde lo real es producido, en todo lugar donde lo real ha sido y ser producido.
Cierto es que la realidad ha dejado de ser un principio. Segn un principio tal, la
realidad del deseo era planteada como cantidad abstracta divisible, mientras que lo
real era repartido en unidades cualificadas, formas cualitativas distintas. Pero, ahora,
lo real es un producto que envuelve las distancias en cantidades intensivas. Lo
indivisible es envuelto y significa que lo que lo envuelve no se divide sin cambar de
naturaleza o de forma. El esquizo no tiene principios: no es algo ms que siendo algo
distinto. No es Mahood ms que siendo Worm y no es Worm ms que siendo
Tartempion. No es una muchacha ms que siendo un viejo que imita o simula a la
muchacha. O, ms bien, siendo alguien que simula un viejo que est simulando una
muchacha. O ms bien simulando alguien, etc. Ese ya era el arte oriental de los
emperadores romanos, los doce paranoicos de Suetotonio. En un libro maravilloso de
Jacques Besse encontramos el doble paseo del esquizo, el viaje exterior geogrfico
siguiendo distancias indescomponibles, el viaje histrico interior siguiendo
intensidades envolventes: Cristbal Coln no calma a su tripulacin rebelada y no se
convierte en almirante ms que simulando un (falso) almirante que simula a una puta
que baila[73]. Pero debemos entender la simulacin del mismo modo como hace un
momento entendamos la identificacin. La simulacin expresa estas distancias
indescomponibles siempre envueltas en las intensidades que se dividen unas en otras

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cambiando de forma. Si la identificacin es un nombramiento, una designacin, la


simulacin es la escritura que le corresponde, escritura extraamente polvoca en el
mismo real. Lleva lo real fuera de su principio hasta el punto en que es efectivamente
producido por la mquina deseante. Este punto en el que la copia deja de ser una
copia para convertirse en lo Real y su artificio. Coger un real intensivo tal como es
producido en la coextensin de la naturaleza y la historia, excavar el imperio romano,
las ciudades mejicanas, los dioses griegos y los continentes descubiertos para extraer
de ellos este siempre-ms de realidad y formar el tesoro de las torturas paranoicas y
de las glorias clibes yo soy todos los pogroms de la historia y tambin todos los
triunfos, como si algunos acontecimientos simples unvocos se dedujesen de esta
extrema polivocidad: ste es el histrionismo del esquizofrnico, segn la frmula
de Klossowski, el verdadero programa de un teatro de la crueldad, la puesta en escena
de una mquina de producir lo real. En vez de haber perdido no se sabe qu contacto
con la vida, el esquizofrnico es el que est ms cerca del corazn palpitante de la
realidad, en un punto intenso que se confunde con la produccin de lo real, y que
hace decir a Reich: Lo que caracteriza a la esquizofrenia es la experiencia de este
elemento vital, en lo que concierne a su sensacin de la vida, el neurtico y el
perverso son al esquizofrnico lo que el srdido tendero al gran aventurero[74].
Entonces vuelve la cuestin: quin reduce al esquizofrnico a su figura autista,
hospitalizada, separada de la realidad? Es el proceso o, al contrario, la interrupcin
del proceso, su exasperacin, su continuacin en el vaco? Quin obliga al
esquizofrnico a replegarse sobre un cuerpo sin rganos que se ha vuelto sordo, ciego
y mudo?
Decimos: se cree Luis XVII. Nada de eso. En el caso Luis XVII, o ms bien en el
caso ms bello del pretendiente Richemont, hay en el centro una mquina deseante o
clibe: el caballo de patas cortas y articuladas, en el que se habra colocado al delfn
para hacerlo huir. Y luego, por todo el alrededor, hay agentes de produccin y de
antiproduccin; los organizadores de la evasin, los cmplices, los soberanos aliados,
los enemigos revolucionarios, los tos hostiles y celosos que no son personas, sino
otros tantos estados de alza y de cada por los que el pretendiente pasa. Adems, la
genialidad del pretendiente Richemont: no trata simplemente de dar cuenta de Luis
XVII, ni de dar cuenta de los otros pretendientes denuncindolos como falsos. Da
cuenta de los otros pretendientes asumindolos, autentificndolos, es decir, haciendo
tambin de ellos estados por los que ha pasado: yo soy Luis XVII, pero tambin soy
Hervagault y Mathurin Bruneau que decan que eran Luis XVII[75]. Richemont no se
identifica con Luis XVII, reclama la prima que corresponde al que pasa por todas las
singularidades de la serie convergente alrededor de la mquina para raptar a Luis
XVII. En el centro no hay un centro, como tampoco hay personas repartidas por el
contorno. Nada ms que una serie de singularidades en la red disyuntiva, o de estados
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intensivos en el tejido conjuntivo, y un sujeto transposicional en todo el crculo,


pasando por todos los estados, triunfando sobre unos como sus enemigos, saboreando
a los otros como sus aliados, amontonando en todas partes la prima fraudulenta de sus
avatares. Objeto parcial: una cicatriz local, por otra parte incierta, es mejor prueba
que todos los recuerdos de infancia de los que el pretendiente carece. Entonces la
sntesis conjuntiva puede expresarse: yo soy, pues, el rey! es, pues, a m a quien
pertenece el reino! Pero este yo tan slo es el sujeto residual que recorre el crculo y
acaba sus oscilaciones.
Todo delirio posee un contenido histrico-mundial, poltico, racial; implica y
mezcla razas, culturas, continentes, reinos: nos preguntamos si esta larga deriva no
constituye ms que un derivado de Edipo. El orden familiar estalla, las familias son
rechazadas, hijo, padre, madre, hermana Hablo de familias como la ma que lo
deben todo a la declaracin de los derechos del hombre!, Si busco mi ms
profundo contrario siempre encuentro a mi madre y a mi hermana; verme
emparentado con semejante chusma alemana fue una blasfemia para la divinidad,
la ms profunda objecin contra mi pensamiento del eterno retorno! Se trata de
saber si lo histrico-poltico, racial y cultural, tan slo forma parte de un contenido
manifiesto y depende formalmente de un trabajo de elaboracin o si, por el contrario,
debe ser seguido como el hijo de lo latente que el orden de las familias nos oculta.
La ruptura con las familias debe ser considerada como una especie de novela
familiar que, precisamente, todava nos conducira a las familias, que nos remitira a
un acontecimiento o a una determinacin estructural interior a la propia familia? O
bien es el signo de que el problema debe ser planteado de un modo por completo
distinto, ya que se plantea en otra parte para el propio esquizo, fuera de la familia?
Los nombres de la historia se derivan del nombre del padre, y las razas, las
culturas, los continentes, de los substitutos del pap-mam, de las dependencias de la
genealoga edpica? Es que la historia tiene por significante al padre muerto?
Consideremos una vez ms el delirio del presidente Schreber. Ciertamente, el uso de
las razas, la movilizacin o la nocin de la historia se dan ah de un modo distinto que
en los autores que precedentemente invocbamos. Ocurre que las Memorias de
Schreber estn repletas de una teora de los pueblos elegidos de Dios y de los pel
igros que corre el pueblo actualmente elegido, los alemanes, amenazados por los
judos, los catlicos, los eslavos. En sus metamorfosis y cambios intensos, Schreber
se convierte en alumno de los jesuitas, en burgomaestre de una ciudad en la que los
alemanes luchan contra los eslavos, en muchacha que defiende la Alsacia contra los
franceses; por ltimo, traspasa el gradiente o el umbral ario para convertirse en
prncipe mongol. Qu significa este devenir alumno, burgomaestre, muchacha,
mongol? No hay delirio paranoico que no agite determinadas masas histricas,
geogrficas y raciales. Sera una equivocacin sacar en conclusin, por ejemplo, que

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los fascistas son simples paranoicos; sera una equivocacin, precisamente, porque en
el estado actual de las cosas todava llevaramos el contenido histrico y poltico del
delirio a una determinacin familiar interna. Y lo que nosotros todava encontramos
ms turbador es que todo este enorme contenido desaparezca enteramente del anlisis
realizado por Freud: ninguna huella subsiste, todo est aplastado, molido, triangulado
en Edipo, todo est volcado sobre el padre, de manera que revele lo ms crudamente
posible la insuficiencia de un psicoanlisis edpico.
Consideremos todava un delirio paranoico de carcter poltico particularmente
rico, tal como lo relata Maud Mannoni. El ejemplo nos parece tanto ms sorprendente
en cuanto que profesamos una gran admiracin por la obra de Maud Mannoni y por la
manera como sabe plantear los problemas institucionales y antipsiquitricos. He aqu,
pues, a un oriundo de Martinica que en su delirio se sita frente a los rabes y la
guerra en Argelia, a los blancos y los acontecimientos de mayo, etc.: Me puse
enfermo por el problema argelino. Comet la misma tontera que ellos (placer sexual).
Me han adoptado como hermano de raza. Tengo la sangre mongol. Los argelinos me
han discutido en todas las realizaciones. He tenido ideas racistas Desciendo de la
dinasta de los galos. Por este motivo soy noble Que se determine mi nombre, que
se determine cientficamente y a continuacin podr establecer un harem. Ahora
bien, an reconociendo el carcter de rebelda y de verdad para todos implicado
en la psicosis, Maud Mannoni requiere que el estallido de las relaciones familiares en
provecho de temas que el propio sujeto declara racistas, polticos y metafsicos, tiene
su origen en el interior de la estructura familiar en tanto que matriz. Este origen se
encuentra, pues, en el vaco simblico o el repudio inicial del significante del
padre. El nombre a determinar cientficamente, y que frecuenta la historia, ya no es
ms que el nombre paterno. En este caso como en otros, la utilizacin del concepto
lacaniano de repudio tiende a la edipizacin forzada del rebelde: la ausencia de Edipo
es interpretada como una carencia del lado del padre, un agujero en la estructura;
luego, en nombre de esta carencia, se nos enva al otro polo edpico, el de las
identificaciones imaginarias en lo indiferencia do materno. La ley del double bind
funciona despiadadamente, echndonos de un polo a otro, en el sentido de que lo que
est repudiado en lo simblico debe reaparecer en lo real bajo la forma alucinatoria.
Pero de este modo todo el tema histrico-poltico es interpretado como un conjunto
de identificaciones imaginarias bajo la dependencia de Edipo, o de lo que carece el
sujeto para dejarse edipizar[76]. Ciertamente, la cuestin no radica en saber si las
determinaciones o las indeterminaciones familiares poseen un papel. Es evidente que
tienen uno. Pero, es un papel inicial de organizador (o de desorganizador) simblico
del que se derivaran los contenidos flotantes del delirio histrico, como otros tantos
pedazos de un espejo imaginario? El vaco del padre, y el desarrollo canceroso de la
madre y la hermana, es esto, la frmula trinitaria del esquizo que le conduce a Edipo,

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coaccin forzosa? Y sin embargo, como hemos visto, si existe un problema que no se
plantea en la esquizofrenia es el de las identificaciones Y si curar es edipizar,
comprendemos los sobresaltos del enfermo que no quiere curarse, y trata al analista
como a un aliado de la familia, y luego de la polica. El esquizofrnico est enfermo
y separado de la realidad porque carece de Edipo, porque carece de algo en Edipo,
o al contrario est enfermo a causa de la edipizacin que no puede soportar y que
todo le obliga a sufrir (la represin social ante el psicoanlisis)?
El huevo esquizofrnico es como el huevo biolgico: poseen una historia
semejante y su conocimiento choca con las mismas dificultades, con las mismas
ilusiones. En primer lugar se crey, en el desarrollo y la diferenciacin del huevo, que
verdaderos organizadores determinaban el destino de las partes. Pero, por un lado,
se percibi que toda clase de substancias variables tenan la misma accin que el
stimulus considerado, por otro, que las propias partes tenan competencias o
potencialidades especficas que escapan al stimulus (experiencia de injertos). De ah
la idea de que los stimuli no son organizadores, sino simples inductores: en caso
extremo, inductores de cualquier naturaleza. Toda clase de substancias, toda clase de
materiales, muertos, hervidos, triturados, tienen el mismo efecto. Lo que haba
permitido la ilusin eran los principios del desarrollo: la simplicidad del principio,
consistente por ejemplo en divisiones celulares, poda hacer creer en una especie de
adecuacin entre lo inducido y el inductor. Pero sabemos perfectamente que algo
siempre est mal juzgado cuando se juzga a partir de sus inicios, ya que est
obligado, para aparecer, a simular estados estructurales, a meterse en estados de
fuerzas que le sirven de mscara. Adems, desde el principio podemos reconocer que
realiza otro uso distinto y que ya carga bajo la mscara, a travs de la mscara, las
formas terminales y los estados superiores especficos que plantear para s mismo
posteriormente. Esta es la historia de Edipo: las figuras parentales no son en modo
alguno organizadores, sino inductores o stimuli de cualquier valor que desencadenan
procesos de naturaleza distinta, dotados de una especie de indiferencia ante el
stimulus. Y sin duda podemos creer que, al principio (?), el stimulus, el inductor
edpico es un verdadero organizador. Pero creer es una operacin de la conciencia o
del preconsciente, una percepcin extrnseca y no una operacin del inconsciente
sobre s mismo. Y, desde el principio de la vida del nio, ya se trata de otra empresa
que atraviesa la mscara de Edipo, de otro flujo que fluye a travs de todas sus
grietas, de otra aventura que es la de la produccin deseante. Sin embargo, no
podemos decir que el psicoanlisis no haya reconocido esto en cierto modo. En su
teora del fantasma originario, de las huellas de una herencia arcaica y de las fuentes
endgenas del super-yo, Freud afirma constantemente que los factores activos no son
los padres reales, ni siquiera los padres tal como el nio se los imagina. Del mismo
modo y con mayor razn, los discpulos de Lacan, cuando vuelven a tomar la

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distincin entre lo imaginario y lo simblico, cuando oponen el nombre del padre a la


imago, y el repudio que concierne al significante a una ausencia o carencia real del
personaje paterno. No podemos reconocer mejor que las figuras parentales son
inductores cualesquiera y que el verdadero organizador est, por otra parte, del lado
de lo inducido y no del inductor. Pero ah es donde empieza la cuestin, la misma que
para el huevo biolgico. Pues, en estas condiciones, no hay ms salida que restaurar
la idea de un campo, ya bajo la forma de un innato filogentico de preformacin,
ya bajo la forma de un a priori simblico cultural vinculado a la prematuracin? Peor
an: es evidente que al invocar un tal a priori no salimos en modo alguno del
familiarismo en el sentido ms estricto que grava todo el psicoanlisis; por el
contrario, nos hundimos en l y lo generalizamos. Hemos colocado a los padres en su
verdadero lugar del inconsciente, el de los inductores cualesquiera, pero continuamos
confiando el papel de organizador a elementos simblicos o estructurales que todava
son los de la familia y de su matriz edpica. Una vez ms no salimos del atolladero:
tan slo hemos encontrado el medio de volver trascendente a la familia.
Este es el incurable familiarismo del psicoanlisis, enmarcando el inconsciente en
Edipo, ligndolo a l de una parte a otra, aplastando la produccin deseante,
condicionando al paciente a responder pap-mam, a consumir siempre el papmam. Foucault, por tanto, tena toda la razn cuando deca que el psicoanlisis
acababa en cierta manera, realizaba, lo que la psiquiatra asilar del siglo XIX se haba
propuesto, con Pinel y Tuke: unir la locura a un complejo parental, vincularla a la
dialctica semi-real, semi-imaginaria, de la familia; constituir un microcosmos en el
que se simbolizasen las grandes estructuras masivas de la sociedad burguesa y de
sus valores, Familia-Hijos, Falta-Castigo, Locura-Desorden; hacer que la
desalienacin pase por el mismo camino que la alienacin, Edipo en los dos cabos,
fundamentar de este modo la autoridad moral del mdico como Padre y Juez, Familia
y Ley; y llegar, por ltimo, a la siguiente paradoja: Mientras que el enfermo mental
est enteramente alienado en la persona real de su mdico, el mdico disipa la
realidad de la enfermedad mental en el concepto crtico de locura[77]. Pginas
luminosas. Aadamos que al envolver la enfermedad en un complejo familiar interior
al paciente, y luego el complejo familiar mismo en la transferencia o en la relacin
paciente-mdico, el psicoanalista freudiano haca de la familia un cierto uso
intensivo. Claro es que este uso desfiguraba la naturaleza de las cantidades intensivas
en el inconsciente. Sin embargo, todava respetaba en parte el principio general de
una produccin de estas cantidades. Por el contrario, cuando de nuevo fue preciso
enfrentarse a la psicosis, la familia al mismo tiempo se volvi a desplegar en
extensin, y fue considerada por s misma como el gradmetro de las fuerzas de
alienacin y de desalienacin. De este modo el estudio de las familias de
esquizofrnicos ha vuelto a lanzar a Edipo hacindole reinar en el orden extensivo de

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una familia desplegada, en el que cada uno no slo combinaba ms o menos bien su
tringulo con el de los otros, sino que tambin en l el conjunto de la familia oscilaba
entre los dos polos de una sana triangulacin, estructurante y diferenciante, y las
formas de tringulos pervertidos, realizando sus fusiones en lo indiferenciado.
Jacques Hochman analiza interesantes variedades de familias psicticas bajo un
mismo postulado fusional: la familia propiamente fusional, en la que ya no existe
la diferenciacin ms que entre lo interior y lo exterior (los que no son de la familia);
la familia escisional que instaura bloques, clanes, coaliciones en su propio seno; la
familia tubular, en la que el tringulo se multiplica hasta el infinito, cada miembro
posee el suyo que se ajusta a otros sin que se puedan reconocer los lmites de una
familia nuclear; la familia repudiante, en la que la diferenciacin se halla a la vez
como incluida y conjurada en uno de sus miembros eliminado, anulado,
repudiado[78]. Comprendemos que un concepto como el de repudio funcione en este
cuadro extensivo de una familia en la que varias generaciones, tres por lo menos,
forman la condicin de fabricacin de un psictico: por ejemplo, las desavenencias de
la madre frente a su propio padre hacen que el hijo, a su vez, ni siquiera pueda
plantear su deseo frente a la madre. De donde la extraa idea de que si el psictico
escapa a Edipo es porque lo es al cuadrado, en un campo de extensin que comprende
a los abuelos. El problema de la cura se convierte en algo parecido a una operacin de
clculo diferencial en la que se procede por despotencializacin para recobrar las
primeras funciones y restaurar el tringulo caracterstico o nuclear siempre una
sagrada trinidad, el acceso a una situacin de tres Es evidente que este
familiarismo en extensin, en el que la familia recibe las potencias propias de la
alienacin y de la desalienacin, implica un abandono de las posiciones bsicas del
psicoanlisis en lo concerniente a la sexualidad, a pesar de la conservacin formal de
un vocabulario analtico. Verdadera regresin en provecho de una taxonoma de las
familias. Podemos verlo claramente en las tentativas de psiquiatra comunitaria o de
psicoterapia llamada familiar, que en efecto rompen con la existencia asilar, pero no
dejan de mantener todos sus presupuestos, y reanudan fundamentalmente la
psiquiatra del siglo XIX, segn el slogan propuesto por Hochmann: de la familia a
la institucin hospitalaria, de la institucin hospitalaria a la institucin familiar,
retorno teraputico a la familia!
Pero, incluso en los sectores progresistas o revolucionarios del anlis is
institucional por una parte, de la antipsiquiatra por otra, subsiste el peligro de este
familiarismo en extensin, de acuerdo con el doble callejn sin salida de un Edipo no
restringido, tanto en el diagnstico de familias patgenas en s mismas como en la
constitucin de cuasi famil ias teraputicas. Una vez dicho que ya no se trata de
volver a formar marcos de adaptacin o de integracin familiar y social, sino de
instituir formas originales de grupos activos, la cuestin que se plantea radica en

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saber hasta qu punto estos grupos de base se parecen a familias artificiales, hasta qu
punto todava se prestan a la edipizacin. Estas cuestiones han sido profundamente
analizadas por Jean Oury. Estas cuestiones muestran que la psiquiatra revolucionaria,
por ms que rompa con los ideales de adaptacin comunitaria, con todo lo que Maud
Mannoni llama la polica de adaptacin, todava corre el peligro de volcarse a cada
instante en el marco de un Edipo estructural cuya laguna se diagnostica y cuya
integridad se restaura, santsima trinidad que contina estrangulando la produccin
deseante y ahogando sus problemas. El contenido poltico y cultural, histricomundial y racial, permanece aplastado en el molinete edpico. Todava se contina
tratando a la familia como a una matriz o, mejor, como un microcosmos, un medio
expresivo vlido por s mismo, y que, por capaz que sea de expresar la accin de las
fuerzas alienantes, las mediatiza precisamente al suprimir las verdaderas categoras
de produccin en las mquinas del deseo. Creemos que un punto de vista similar
existe incluso en Cooper (Laing a este respecto se deshace mejor del familiarismo,
gracias a los recursos de un flujo llegado de Oriente). Las familias, escribe Cooper,
operan una mediacin entre la realidad social y sus hijos. Si la realidad social en
cuestin es rica en formas sociales alienadas, entonces esta alienacin ser
mediatizada por el hijo y experimentada por l como extraeza en las relaciones
familiares Una persona puede decir, por ejemplo, que su mente est controlada por
una mquina elctrica o por hombres de otro planeta. Estas construcciones, sin
embargo, son en gran medida encarnaciones del proceso familiar, que posee las
apariencias de la realidad substancial, pero no es ms que la forma alienada de la
accin o de la praxis de los miembros de la familia, praxis que domina literalmente la
mente del miembro psictico. Estos hombres metafricos del cosmos son literalmente
la madre, el padre y los hermanos, que ocupan un lugar alrededor de la mesa del
desayuno en compaa del pretendido psictico[79]. Incluso la tesis esencial de la
antipsiquiatra, que plantea en el lmite una identidad de naturaleza entre la alienacin
social y la alienacin mental, debe comprenderse en funcin de un familiarismo
mantenido, y no de su refutacin. Pues, es en tanto que la familia-microcosmos, la
familia-gradmetro, expresa la alienacin social, que se considera que organiza la
alienacin mental en la mente de sus miembros, o de su miembro psictico (y entre
todos sus miembros, cul es el que est bueno?).
En la concepcin general de las relaciones microcosmos-macrocosmos Bergson
introdujo una discreta revolucin a la que es preciso volver. La asimilacin de lo vivo
a un microcosmos es un antiguo lugar comn. Pero si lo vivo era semejante al mundo,
lo era, se deca, porque era o tenda a ser un sistema aislado, naturalmente cerrado: la
comparacin entre el microcosmos y el macrocosmos, por tanto, era la de dos figuras
cerradas, una de las cuales se inscriba en la otra y se expresaba en ella. Al principio
de LEvolution cratrice, Bergson cambia por completo el alcance de la comparacin

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al abrir los dos todos. Si lo vivo se parece al mundo es, por el contrario, en la medida
en que se abre sobre la abertura del mundo; si es un todo lo es en la medida que el
todo, el del mundo tanto como el de lo vivo, siempre est hacindose, producindose
o progresando, inscribindose en una dimensin temporal irreductible y no cerrada.
Creemos que ocurre lo mismo con la relacin familia-sociedad. No existe tringulo
edpico: Edipo siempre est abierto en un campo social abierto. Edipo abierto a todos
los vientos, a las cuatro esquinas del campo social (ni siquiera 3 + 1, sino 4 + n).
Tringulo mal cerrado, tringulo poroso o rezumante, tringulo reventado del que se
escapan los flujos del deseo hacia otros lugares. Es curioso que haya sido preciso
esperar los sueos de colonizados para darse cuenta de que, en los vrtices del seudo
tringulo, la mam bailaba con el misionero, el pap se haca encular por los
cobradores de impuestos, el yo se haca pegar por un blanco. Es precisamente este
acoplamiento de las figuras parentales con agentes de otra naturaleza, su abrazo como
luchadores, el que impide que el tringulo vuelva a cerrarse, valer por s mismo y
pretender expresar o representar esta otra naturaleza de los agentes planteados en el
propio inconsciente. Cuando Fanon encuentra un caso de psicosis de persecucin
vinculado a la muerte de la madre, se pregunta, en primer lugar, si est en presencia
de un complejo de culpabilidad inconsciente como Freud describi en La afliccin y
la melancola; pero rpidamente descubre que la madre ha sido muerta por un
soldado francs y que el propio sujeto asesin a la mujer de un colono cuyo fantasma
destripado va perpetuamente a arrastrar, despedazar, el recuerdo de la madre[80].
Siempre se puede decir que estas situaciones lmite de traumatismo de guerra, de
estado de colonizacin, de extrema miseria social, etc., son poco propicias para la
construccin del Edipo, y que es precisamente por ello por lo que favorecen un
desarrollo o una explosin psictica. Sin embargo, nosotros sabemos bien que el
problema radica en otro lugar. Pues, adems de que se confiese que es preciso un
cierto confort de la familia burguesa para proporcionar sujetos edipizados, siempre se
rechaza la cuestin de saber lo que est realmente cargado en las condiciones
confortables de un Edipo supuesto normal o normativo.
El revolucionario es el primero que puede decir con pleno derecho: Edipo, no lo
conozco ya que los trozos disjuntos permanecen pegados a todas las esquinas del
campo social histrico, como campo de batalla y no como escena de teatro burgus.
Tanto peor si los psicoanalistas rugen. Pero Fanon sealaba que los perodos con
desrdenes no slo tenan efectos inconscientes sobre los militantes activos, sino
tambin sobre los neutrales y los que pretenden permanecer fuera del asunto, no
mezclndose en la poltica. Lo mismo se puede decir de los perodos aparentemente
apacibles: error grotesco es el creer que el inconsciente-nio no conoce ms que
pap-mam y que no sabe a su modo que el padre tiene un jefe que no es un padre
de padre, o incluso que su padre es un jefe que no es un padre De tal modo que

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para todos los casos planteamos la siguiente regla: el padre y la madre no existen ms
que en pedazos y nunca se organizan en una figura o en una estructura capaces tanto
de representar el inconsciente como de representar en l los diversos agentes de la
colectividad, sino que siempre estallan en fragmentos que se codean con estos
agentes, se enfrentan, se oponen o se concilian con ellos como en un cuerpo a cuerpo.
El padre, la madre y el yo estn enfrentados, y se enfrentan de forma directa con los
elementos de la situacin histrica y poltica, el soldado, el polizonte, el ocupante, el
colaborador, el contestatario o el resistente, el jefe del trabajo, la mujer del jefe, que
rompen a cada instante toda triangulacin e impiden al conjunto de la situacin que
se vuelque sobre el complejo familiar y se interiorice en l. En una palabra, la familia
nunca es un microcosmos en el sentido de una figura autnoma, incluso inscrita en un
crculo mayor al que mediatizara y expresara. La familia por naturaleza est
excentrada, descentrada. Se nos habla de familia fusional, escisional, tubular,
repudiante. Pero, de dnde provienen los cortes y su distribucin que precisamente
impiden que la familia sea un interior? Siempre hay un to de Amrica, un hermano
oveja negra, una ta que se march con un militar, un primo en paro, en quiebra o en
crac, un abuelo anarquista, una abuela en el hospital, loca o chocha. La familia no
engendra sus cortes. Las familias estn cortadas por cortes que no son familiares: la
Comuna, el caso Dreyfus, la religin y el atesmo, la guerra de Espaa, la subida del
fascismo, el estalinismo, la guerra de Vietnam, mayo del 68 todo lo cual forma los
complejos del inconsciente, ms eficaces que el Edipo sempiterno. Y se trata del
inconsciente. S hay estructuras, no existen en la mente, a la sombra de un falo
fantstico que distribuira sus lagunas, pasos y articulaciones. Existen en lo real
inmediato imposible. Como dice Gombrowicz, los estructuralistas buscan sus
estructuras en la cultura, yo en la realidad inmediata. Mi manera de ver est
directamente relacionada con los acontecimientos de entonces: hitlerismo,
estalinismo, fascismo Estaba fascinado por las formas grotescas y terrorficas que
surgan en la esfera de lo interhumano destruyendo todo lo que hasta entonces era
venerable[81].
Los helenistas tienen razn al recordar que, incluso en el venerable Edipo, ya se
trataba de poltica. Tan slo se equivocan cuando concluyen que la libido, desde
entonces, no tiene nada que ver con ello. Es todo lo contrario: lo que la libido carga
(catexiza) a travs de los elementos disjuntos de Edipo, y precisamente en la medida
que estos elementos nunca forman una estructura mental autnoma expresiva, son
estos cortes extrafamiliares, subfamiliares, estas formas de la produccin social en
relacin con la produccin deseante. El esquizoanlisis no oculta que es un
psicoanlisis poltico y social, un anlisis militante: y ello no porque generalice Edipo
en la cultura, en las condiciones ridculas mantenidas hasta ahora. Sino, por el
contrario, porque se propone mostrar la existencia de una catexis libidinal

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inconsciente de la produccin social histrica, distinta de las catexis conscientes que


coexisten con ella. Proust no se equivoca al decir que, en vez de realizar una obra
intimista, va ms lejos que los sostenedores de un arte populista o proletario que se
contentan con describir lo social y lo poltico en obras voluntariamente expresivas.
Por su parte, Proust se interesa por la manera como el caso Dreyfus, luego la guerra
del 14, cortan las familias, introduciendo en ellas nuevos cortes y nuevas conexiones
que implican una modificacin de la libido heterosexual y homosexual (por ejemplo,
en el medio descompuesto de los Guermantes). Corresponde a la libido el cargar el
campo social con formas inconscientes y con ello alucinar toda la historia, delirar las
civilizaciones, los continentes y las razas, y sentir intensamente un devenir
mundial. No hay cadena significante sin un chino, un rabe, un negro que pasan la
cabeza y vienen a turbar la noche de un blanco paranoico. El esquizoanlisis se
propone deshacer el inconsciente expresivo edpico, siempre artificial, represivo y
reprimido, mediatizado por la familia, para llegar al inconsciente productivo
inmediato. S, la familia es un stimulus pero un stimulus de cualquier valor, un
inductor que no es ni organizador ni desorganizador. En cuanto a la respuesta,
siempre viene de otra parte. Si hay lenguaje, lo hay del lado de la respuesta y no del
estmulo. Incluso el psicoanlisis edpico ha reconocido la indiferencia de las
imgenes parentales efectivas, la irreductibilidad de la respuesta a la estimulacin que
aqullas realizan. Sin embargo, se ha contentado con comprender la respuesta a partir
de un simbolismo expresivo todava familiar, en lugar de interpretarlo en un sistema
inconsciente de la produccin como tal (economa analtica).
El gran argumento del familiarismo es: al menos al principio. Esta
argumentacin puede formularse explcitamente, pero tambin tiene una persistencia
implcita en teoras que no obstante rechazan el punto de vista de la gnesis. Al menos
al principio, el inconsciente se expresara en un estado de relaciones y de
constelaciones familiares en el que se mezclaran lo real, lo imaginario y lo
simblico. Las relaciones sociales y metafsicas surgiran despus, como un ms all.
Y como el principio siempre vale por dos (es incluso la condicin para no salir de l),
se invoca un primer principio preedpico, la indiferenciacin primitiva de las etapas
ms precoces de la personalidad en la relacin con la madre, luego un segundo
principio, Edipo mismo con la ley del padre y las diferenciaciones exclusivas que
prescribe en el seno de la familia; por ltimo, la latencia, la famosa latencia, tras la
cual comienza el ms all. Pero como este ms all consiste en rehacer a otros el
mismo camino (los hijos por llegar), y tambin como el primer principio no es
llamado preedpico ms que por sealar ya su pertenencia a Edipo como eje de
referencia, es evidente que simplemente se han cerrado los dos cabos de Edipo y que
el ms all o el despus siempre sern interpretados en funcin de Edipo, con
respecto a Edipo, en el marco de Edipo. Todo ser volcado en l, como testimonian

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las discusiones sobre el papel comparado de los factores infantiles y de los factores
actuales en la neurosis: cmo podra ser de otro modo en tanto que el factor actual
es concebido bajo esta forma del despus? Sin embargo, sabemos que los factores
actuales estn ah desde la infancia y que determinan las catexis libidinales en
funcin de los cortes y de las conexiones que introducen en la familia. Por encima de
las cabezas de los miembros de la familia, o por debajo, la produccin deseante y la
produccin social experimentan en la experiencia infantil su identidad innata y su
diferencia de rgimen. Consideremos tres grandes libros de infancia: LEnfant de
Jules Valls, Bas les coeurs de Darien, Mort crdit de Cline. En ellos vemos cmo
el pan, el dinero, el habitat, la promocin social, los valores burgueses y
revolucionarios, la riqueza y la pobreza, la opresin y la rebelin, las clases sociales,
los acontecimientos polticos, los problemas metafsicos y colectivos, qu es
respirar?, por qu ricos?, son objeto de catexis en las que los padres tan slo poseen
el papel de agentes de produccin o de antiproduccin particulares, siempre pegados
a otros agentes que no dejan de expresar que se enfrentan con ellos en el cielo y el
infierno del nio. Y el nio dice: por qu? El Hombre de las ratas no espera a ser un
hombre para catexizar la mujer pobre y la mujer rica que constituyen el factor actual
de su obsesin. Es por razones inconfesables que se niega la existencia de una
sexualidad infantil, pero es tambin por razones poco confesables que se reduce esta
sexualidad a desear la mam y ocupar el lugar del pap. El chantaje freudiano
consiste en esto: o bien reconoces el carcter edpico de la sexualidad infantil, o bien
debes abandonar toda posicin sobre la sexualidad. Sin embargo, ni siquiera a la
sombra de un falo trascendente se colocan efectos inconscientes de significado
sobre el conjunto de las determinaciones de un campo social; por el contrario, es la
catexis libidinal de estas determinaciones la que fija su uso particular en la
produccin deseante y el rgimen comparado de esta produccin con la produccin
social, de donde se desprenden el estado del deseo y de su represin, la distribucin
de los agentes y el grado de edipizacin de la sexualidad. Lacan dice con justeza que
en funcin de las crisis y de los cortes o rupturas de la ciencia existe un drama del
sabio que a veces llega hasta la locura, y que l mismo no podra incluirse en el
Edipo, salvo ponindolo en duda, por va de consecuencia[82]. Cada nio es en este
sentido un pequeo sabio, un pequeo Cantor. Y por ms que remontemos el curso de
las edades, nunca nos encontramos con un nio preso en un orden familiar autnomo,
expresivo o significante. En sus juegos tanto como en sus alimentos, sus cadenas y
sus meditaciones, incluso el nio de pecho se encuentra ya cogido en una produccin
deseante actual en la que los padres desempean el papel de objetos parciales, de
testigos, de relatores y de agentes, en la corriente de un proceso que los desborda por
todos lados, y que coloca al deseo en relacin inmediata con una realidad histrica y
social. Cierto es que nada es preedpico y que es preciso llevar hacia atrs a Edipo

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basta la primera edad, pero en el orden de una represin del inconsciente. Pero no es
menos cierto que todo es anedpico en el orden de la produccin; que existe lo no
edpico, que lo anedpico empieza tan pronto como Edipo y se prosigue tan tarde, con
otro ritmo, bajo otro rgimen, en otra dimensin, con otros usos de sntesis que
alimentan la autoproduccin del inconsciente, el inconsciente hurfano, el
inconsciente jugador, el inconsciente meditativo y social.
La operacin de Edipo consiste en establecer un conjunto de relaciones biunvocas entre los agentes de produccin, de reproduccin y de antiproduccin
sociales por una parte, y los agentes de la reproduccin familiar llamada natural. Esta
operacin se llama una aplicacin. Todo ocurre como si se plegase un mantel y que
sus 4 (+ n) esquinas estuviesen dobladas en 3 (3 + 1, para designar el factor
trascendente que realiza el plegado). Desde ese momento es forzoso que los agentes
colectivos sean interpretados como derivados o substitutos de figuras parentales, en
un sistema de equivalencias que en todo lugar reencuentra al padre, la madre y el yo.
(Y si consideramos el conjunto del sistema tan slo alejamos la dificultad, al hacerla
depender entonces del trmino trascendente, falo). Se produce entonces un uso
defectuoso de la sntesis conjuntiva, que hace decir luego era tu padre, luego era tu
madre. Y que slo despus se descubra que todo era ya el padre y la madre, no
tiene nada de sorprendente, puesto que se supone que ya lo era desde el principio,
pero que a continuacin fue olvidado-reprimido, sin perjuicio de que se reencuentre
despus con respecto a la continuacin. De ah la frmula mgica que seala la biunivocizacin, es decir, el aplastamiento de lo real polvoco en provecho de una
relacin simblica entre dos articulaciones: luego era aquello lo que esto quera decir.
Se hace que todo parta de Edipo, por explicacin, con tanta mayor certeza en cuanto
todo remite a l por aplicacin. Slo en apariencia Edipo es un principio, ya como
origen histrico o prehistrico, ya como fundacin estructural. Es un principio por
completo ideolgico, para la ideologa. De hecho, Edipo siempre y tan slo es un
conjunto de llegada para un conjunto de partida constituido por una formacin social.
Todo se aplica a l, en el sentido que los agentes y relaciones de la produccin social,
y las cataxis libidinales que les corresponden, son volcados en las figuras de la
reproduccin familiar. En el conjunto de partida hay la formacin social, o ms bien
las formaciones sociales; las razas, las clases, los continentes, los pueblos, los reinos,
las soberanas; Juana de Arco y el Gran Mongol, Lutero y la Serpiente azteca. En el
conjunto de llegada no hay ms que pap, mam y yo. De Edipo como de la
produccin deseante es preciso decir: est al final, no al principio. Pero no por
completo de la misma forma. Hemos visto que la produccin deseante era el lmite de
la produccin social, siempre contrariada en la produccin capitalista: el cuerpo sin
rganos en el lmite del socius desterritorializado, el desierto en las puertas de la
ciudad Pero precisamente es urgente, es esencial, que el lmite sea desplazado, se

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vuelva inofensivo y pase al interior de la propia formacin social. La esquizofrenia o


la produccin deseante es el lmite entre la organizacin molar y la multiplicidad
molecular del deseo; es preciso que este lmite de desterritorializacin pase ahora al
interior de la organizacin molar, que se aplique a una territorialidad facticia y
sometida. Entonces presentimos lo que significa Edipo: desplaza el lmite, lo
interioriza. Antes un pueblo de neurticos que un solo esquizofrnico logrado, no
autistizado. Incomparable instrumento de gregarismo, Edipo es la ltima
territorialidad sometida y privada del hombre europeo. (Adems, el lmite
desplazado, conjurado, pasa al interior de Edipo, entre sus dos polos.)
Una palabra sobre la vergenza del psicoanlisis en la historia y en la poltica. El
procedimiento es harto conocido: se nos coloca ante el Gran Hombre y la Multitud.
Se pretende hacer la historia con estas dos entidades, estos dos fantoches, el gran
Crustceo y la loca Invertebrada. Se coloca a Edipo al principio. En un lado se tiene
al gran hombre definido edpicamente: por tanto, ha matado al padre, este asesinato
que nunca acaba, ya para anonadarlo e identificarse con la madre, ya para
interiorizarlo, colocarse en su lugar o reconciliarse con l (y, en detalle, otras tantas
variantes que corresponden a las soluciones neurticas, psicticas, perversas o
normales, es decir, sublimatorias). De cualquier manera, el gran hombre ya es
mayor, puesto que en el bien o en el mal ha encontrado una determinada solucin
original del conflicto edpico. Hitler aniquila al padre y desencadena en s mismo las
fuerzas de la mala-madre, Lutero interioriza al padre y establece un compromiso con
el super-yo. En el otro lado tenemos a la multitud, definida tambin edpicamente, por
imgenes parentales de segundo orden, colectivas; el encuentro, por tanto, puede
realizarse, Lutero y los cristianos del siglo XVI, Hitler y el pueblo alemn, en
correspondencias que no implican necesariamente la identidad (Hitler desempea el
papel del padre por transfusin homosexual y con respecto a la multitud femenina;
Lutero desempea el papel de la mujer con respecto al Dios de los cristianos). Desde
luego, para resguardarse de la justa clera del historiador, el psicoanalista precisa que
l no se ocupa ms que de un cierto orden de causas, que hay que tener en cuenta
otras causas, pero que l no puede hacerlo todo. Por otra parte se ocupa
suficientemente de las otras causas para darnos una primera impresin: tiene en
cuenta instituciones de una poca (la Iglesia catlica del siglo XVI, el poder
capitalista en el siglo XX) aunque slo sea para ver en ellas imgenes parentales
todava de un nuevo tipo, asociando el padre y la madre, que van a ser disociadas y de
otro modo reagrupadas en la accin del gran hombre y la multitud. Importa muy poco
que el tono de estos libros sea freudiano ortodoxo, culturalista, arquetpico. Estos
libros dan nusea. No los rechacemos diciendo que pertenecen al lejano pasado del
psicoanlisis: todava se escriben en nuestros das, y no pocos. Que no se diga que se
trata de un uso imprudente de Edipo: qu otro uso podramos hacer de l? Ya no se

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trata de una dimensin ambigua del psicoanlisis aplicado; pues es todo Edipo,
Edipo en s mismo, el que ya es una aplicacin, en el sentido estricto de la palabra. Y
cuando los mejores psicoanalistas se prohben las aplicaciones histrico-polticas, no
podemos decir que las cosas vayan mucho mejor, puesto que se repliegan en el
peasco de la castracin presentado como lugar de una verdad insostenible
irreductible: se encierran en un falocentrismo que les determina a considerar la
actividad analtica como si siempre debiera evolucionar en un microcosmos familiar,
y todava tratan las catexis directas del campo social por la libido como simples
dependencias imaginarias de Edipo, en el que sera preciso denunciar un sueo
fusional, un fantasma de retorno a la Unidad. La castracin, dicen, he ah lo que
nos separa del poltico, he ah lo que nos proporciona la originalidad, a nosotros
analistas que no olvidamos que la sociedad tambin es triangular y simblica.
Si es cierto que Edipo se obtiene por proyeccin o aplicacin, presupone un cierto
tipo de catexis libidinal del campo social, de la produccin y de la formacin de este
campo. No hay Edipo individual como tampoco fantasma individual. Edipo es un
medio de integracin al grupo, tanto bajo la forma adaptativa de su propia
reproduccin que le hace pasar de una generacin a otra, como en sus estasis
neurticas inadaptadas que bloquean el deseo en atolladeros ya dispuestos. Edipo
florece adems en los grupos sometidos, all donde un orden establecido est
catexizado en sus mismas formas represivas. Y no son las formas del grupo sometido
las que dependen de proyecciones e identificaciones edpicas, sino todo lo contrario:
son las aplicaciones edpicas las que dependen de las determinaciones del grupo
sometido como conjunto de partida, y de su catexis libidinal (desde los trece aos he
trabajado, elevarse en la escala social, la promocin, formar parte de los
explotadores). Existe, pues, un uso segregativo de las sntesis conjuntivas en el
inconsciente que no coincide con las divisiones de clases, aunque sea un arma
incomparable al servicio de una clase dominante: es este uso el que constituye el
sentimiento de ser de los nuestros, de formar parte de una raza superior amenazada
por los enemigos de afuera. As el blanco descendiente de pioneros, el irlands
protestante que conmemora la victoria de sus antepasados, el fascista de la raza de los
seores. Edipo depende de un sentimiento nacionalista, religioso, racista, y no a la
inversa: no es el padre quien se proyecta en el jefe, sino el padre quien se aplica al
jefe, ya para decirnos no superars a tu padre, ya para decirnos lo superars
reencontrando a nuestros abuelos. Lacan ha mostrado claramente el vnculo de
Edipo con la segregacin. Sin embargo, no en el sentido en que la segregacin sera
una consecuencia de Edipo, subyacente a la fraternidad de los hermanos una vez
muerto el padre. Por el contrario, el uso segregativo es una condicin de Edipo, en la
medida en que el campo social no se dobla sobre el vnculo familiar ms que al
presuponer un enorme arcasmo, una encarnacin de la raza en persona o en espritu

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s, yo soy de los vuestros


No es una cuestin de ideologa. Existe una catexis libidinal inconsciente del
campo social, que coexiste pero no coincide necesariamente con las catexis
preconscientes o con lo que las catexis preconscientes deberan ser. Por ello,
cuando sujetos, individuos o grupos actan claramente contra sus intereses de clase,
cuando se adhieren a los intereses e ideales de una clase que su propia situacin
objetiva debera determinarles a combatir, no basta con decir: han sido engaados, las
masas han sido engaadas. No es un problema ideolgico, de desconocimiento y de
ilusin, es un problema de deseo, y el deseo forma parte de la infraestructura. Las
catexis preconscientes se hacen o deberan hacerse segn los intereses de clases
opuestas. Pero las catexis inconscientes se realizan segn posiciones de deseo y usos
de sntesis, muy diferentes de los intereses del sujeto que desea individual o
colectivo. Estas pueden asegurar la sumisin general a una clase dominante, haciendo
pasar cortes y segregaciones a un campo social en tanto que catexizado precisamente
por el deseo y no por los intereses. Una forma de produccin o de reproduccin
social, con sus mecanismos econmicos o financieros, sus formaciones polticas, etc.,
puede ser deseada como tal, totalmente o en parte, independientemente del inters del
sujeto que desea. No es por metfora, incluso por metfora paterna, que Hitler pona
en tensin a los fascistas. No es por metfora que una operacin bancaria o burstil,
un ttulo, un cupn, un crdito pongan en tensin a gentes que no son tan slo
banqueros. Y el dinero que crece, el dinero que produce dinero? Existen
complejos econmico-sociales que tambin son verdaderos complejos del
inconsciente, y comunican una voluptuosidad de arriba a abajo de su jerarqua (el
complejo militar industrial). Y la ideologa, Edipo y el falo, no tienen nada que hacer
en este caso, ya que dependen de ello en lugar de ser su principio. Se trata de flujos,
stocks, cortes y fluctuaciones de flujos; el deseo est en todo lugar donde algo fluye y
corre, arrastrando sujetos interesados, pero tambin sujetos ebrios o adormilados,
hacia desembocaduras mortales.
Este es, pues, el objetivo del esquizoanlisis: analizar la naturaleza especfica de
las catexis libidinales de lo econmico y lo poltico; y con ello mostrar que el deseo
puede verse determinado a desear su propia represin en el sujeto que desea (de ah el
papel de la pulsin de muerte en el ramal del deseo y de lo social). Todo ello ocurre,
no en la ideologa, sino mucho ms por debajo.
Una catexis inconsciente de tipo fascista, o reaccionario, puede coexistir con la
catexis consciente revolucionaria. A la inversa, puede ocurrir (raramente) que una
catexis revolucionaria, al nivel del deseo, coexista con una catexis reaccionaria de
acuerdo con un inters consciente. De cualquier modo, las catexis conscientes e
inconscientes no son del mismo tipo, incluso cuando coinciden y se superponen.
Definamos la catexis inconsciente reaccionaria como adecuada al inters de la clase

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dominante, pero procediendo por su cuenta, en trminos de deseo, por el uso


segregativo de las sntesis conjuntivas de las que Edipo resulta: soy de raza superior.
La catexis revolucionaria inconsciente es tal que el deseo, aun en su propio modo,
recorta el inters de las clases dominadas, explotadas, y hace correr flujos capaces a
la vez de todas las segregaciones y sus aplicaciones edpicas, capaces de alucinar la
historia, delirar las razas y abrazar los continentes. No, no soy de los vuestros, soy el
exterior y el desterritorializado, soy de raza inferior desde toda la eternidad soy
una bestia, un negro. Incluso en este caso se trata de un intenso poder de catexizar y
contracatexizar en el inconsciente. Edipo salta porque sus propias condiciones han
saltado. El uso nmada y polvoco de las sntesis conjuntivas se opone al uso
segregativo y bi-unvoco. El delirio tiene como dos polos, racista y racial, paranoicosegregativo y esquizo-nmada. Y entre ambos se producen deslizamientos sutil es
inciertos, en los que el inconsciente mismo oscila entre sus cargas reaccionarias y sus
potencialidades revolucionarias. Incluso Schreber se considera Gran Mongol al
franquear la segregacin aria. De ah la ambigedad de los textos en los grandes
autores cuando manejan el tema de las razas, frtil en equvocos como el destino. El
esquizoanlisis debe desenredar este hilo. Pues leer un texto nunca es un ejercicio
erudito en busca de los significados, y todava menos un ejercicio altamente textual
en busca de un significante, es un uso productivo de la mquina literaria, un montaje
de mquinas deseantes, ejercicio esquizoide que desgaja del texto su potencia
revolucionaria. El Luego es! o la meditacin de Igitur sobre la raza, en esencial
relacin con la locura.

Recapitulacin de las tres sntesis


Inagotable y siempre actual, el disparatorio de Edipo. Se nos dice que los padres
murieron a lo largo de millares de aos (vaya, vaya) y que la interiorizacin
correspondiente de la imagen paterna se produjo durante el paleoltico y hasta los
comienzos del neoltico, hace alrededor de 8.000 aos[83]. Se hace historia o no se
hace. Pero verdaderamente, en cuanto a la muerte del padre, la noticia no corre de
prisa. Nos equivocaramos si embarcsemos a Nietzsche en esa historia. Pues
Nietzsche no es el que rumia la muerte del padre y pasa todo su paleoltico
interiorizndolo. Por el contrario, Nietzsche est profundamente cansado de todas
estas historias construidas alrededor de la muerte del padre, de la muerte de Dios, y
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quiere poner fin a los discursos interminables sobre este tema, discurso ya de moda
en su tiempo hegeliano. Pero se equivoc; los discursos, por desgracia, han
continuado. Nietzsche quera que se pasase por fin a las cosas serias. Da doce o trece
versiones de la muerte de Dios para hacer buen peso y que ya no se hable ms, para
convertirlo en un acontecimiento cmico. Explica que este acontecimiento no posee
estrictamente ninguna importancia, que verdaderamente no interesa ms que al ltimo
papa: Dios, muerto o no, el padre, muerto o no, todo viene a ser lo mismo, puesto que
la misma represin general y la misma represin prosiguen, aqu en nombre de Dios o
de un padre vivo, all en nombre del hombre o del padre muerto interiorizado.
Nietzsche dice que lo importante no es la noticia de que Dios est muerto, sino el
tiempo que tarda en dar sus frutos. Aqu el psicoanalista levanta la oreja, cree
recobrar su terreno: es harto conocido que el inconsciente tarda en digerir una noticia,
incluso se pueden citar algunos textos de Freud sobre el inconsciente que ignora el
tiempo y conserva sus objetos como una tumba egipcia. Slo que Nietzsche no quiere
decir exactamente esto: no quiere decir que la muerte de Dios tarde en llegar al
inconsciente. Quiere decir que lo que tarda tanto tiempo en llegar a la conciencia es
la noticia de que la muerte de Dios no tiene ninguna importancia para el
inconsciente. Los frutos de la noticia no son la consecuencia de la muerte de Dios,
sino la noticia de que la muerte de Dios no tiene ninguna consecuencia. En otras
palabras: que Dios, que el padre, nunca han existido (o si acaso hace mucho tiempo,
quizs en el paleoltico). Tan slo se ha dado muerte a un muerto, muerto desde
siempre. Los frutos de la noticia de la muerte de Dios suprimen tanto la flor de la
muerte como el retoo de la vida. Pues, vivo o muerto, tan slo es una cuestin de
creencia, no salimos del elemento de la creencia. El anuncio del padre muerto constit
uye una ltima creencia, la creencia en la virtud de la increencia de la que
Nietzsche dijo: Esta violencia manifiesta siempre la necesidad de una creencia, de
un sostn, de una estructura Edipo-estructura.
Engels alababa la genialidad de Bachofen por haber reconocido en el mito las
figuras del derecho materno y del derecho paterno, sus luchas y sus relaciones. Pero
desliza un reproche que lo cambia todo: se dira que Bachofen cree en ellos, que cree
en las Erinias, en Apolo y Atenea[84]. El mismo reproche y an ms podemos dirigir
contra los psicoanalistas: se dira que creen en el mito, en Edipo, en la castracin.
Responden: la cuestin no radica en saber si nosotros creemos en ello, sino en saber
si el propio inconsciente cree. Pero, qu es este inconsciente reducido al estado de
creencia? Quin le inyecta la creencia? El psicoanlisis slo puede convertirse en
una disciplina rigurosa si pone entre parntesis a la creencia, es decir, si realiza una
reduccin materialista de Edipo como forma ideolgica. No se trata de decir que
Edipo es una falsa creencia, sino que la creencia es necesariamente algo falso que
desva y ahoga la produccin efectiva. Por ello los videntes son los menos creyentes.

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Cuando relacionamos el deseo con Edipo, nos condenamos a ignorar el carcter


productor del deseo, lo condenamos a vagos sueos o imaginaciones que no son ms
que expresiones conscientes, lo relacionamos con existencias independientes, el
padre, la madre, los genitores, que todava no comprenden sus elementos como
elementos internos del deseo. La cuestin del padre es como la de Dios: nacida de la
abstraccin, supone roto el vnculo entre el hombre y la naturaleza, el vnculo entre el
hombre y el mundo, de tal modo que el hombre debe ser producido como hombre por
algo exterior a la naturaleza y al hombre. Sobre este punto Nietzsche hace una
observacin muy parecida a las de Marx o Engels: Estallamos de risa al ver en
vecindad hombre y mundo, separados por la sublime pretensin de la palabrita y[85].
Otra es la coextensividad, la coextensin del hombre y la naturaleza; movimiento
circular por el que el inconsciente, permaneciendo siempre sujeto, se produce a s
mismo y se reproduce. El inconsciente no sigue las vas de una generacin que
progresa (o regresa) de un cuerpo a otro, tu padre, el padre de tu padre, etc. El cuerpo
organizado es el objeto de la reproduccin por la generacin; no es su sujeto. El nico
sujeto de la reproduccin es el propio inconsciente que se mantiene en la forma
circular de la produccin. La sexualidad no es un medio al servicio de la generacin,
sino que la generacin de los cuerpos est al servicio de la sexualidad como
autoproduccin del inconsciente. No es la sexualidad la que representa una prima
para el ego, a cambio de su subordinacin al proceso de la generacin, sino que al
contrario, la generacin es la consolacin del ego, su prolongacin, el paso de un
cuerpo a otro a travs del cual el inconsciente no hace ms que reproducirse a s
mismo en s mismo. En este sentido es preciso decir: el inconsciente desde siempre es
hurfano, es decir, se engendra a s mismo en la identidad de la naturaleza y el
hombre, del mundo y el hombre. Es la cuestin del padre, la cuestin de Dios, la que
se vuelve imposible, indiferente, en tanto viene a ser lo mismo afirmar o negar tal ser,
vivirlo o matarlo: un solo y mismo contrasentido sobre la naturaleza del inconsciente.
Pero los psicoanalistas siguen produciendo el hombre abstractamente, es decir,
ideolgicamente, para la cultura. Edipo produce el hombre de ese modo y
proporciona una estructura al falso movimiento de la progresin o de la regresin
infinitas: tu padre y el padre de tu padre, bola de nieve de Edipo hasta el padre de la
horda, Dios y el paleoltico. Edipo es lo que nos hace hombres, para lo mejor y para
lo peor, dice el disparatorio. All arriba el tono puede variar, pero el fondo permanece
igual: no escapars de Edipo, no tienes ms eleccin que entre la salida neurtica y
la salida no neurtica. El tono puede ser el del psicoanalista airado, del
psicoanalista polizonte: los que no reconocen el imperialismo de Edipo son
peligrosos desviantes, izquierdistas que deben ser entregados a la represin social y
policial, hablan demasiado y carecen de analidad (doctor Mendel, doctores Stphane).
A continuacin de qu inquietante juego de palabras el analista se convierte en

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promotor de analidad? O bien el psicoanalista sacerdotal, psicoanalista piadoso que


canta la incurable insuficiencia de ser: no ve usted que Edipo nos salva de Edipo, es
nuestra miseria, pero tambin nuestra grandeza, segn que sea vivido neurticamente
o que se viva su estructura, madre de la santa creencia (J. M. Pohier). O bien el tecnopsicoanalista, el reformista obsesionado por el tringulo que envuelve en Edipo los
esplndidos regalos de la civilizacin, identidad, mana depresiva y libertad bajo una
progresin infinita: En el Edipo, el individuo aprende a vivir la situacin triangular,
prueba de su identidad, y al mismo tiempo descubre, ya sobre el modo depresivo, ya
sobre el de la exaltacin, la alienacin fundamental, su irremediable soledad, precio
de su libertad. La estructura fundamental de Edipo no debe ser tan slo generalizada
en el tiempo a todas las experiencias triangulares del hijo con sus padres, debe ser
generalizada en el espacio a las otras relaciones triangulares adems de las relaciones
padres-hijos[86].
El inconsciente no plantea ningn problema de sentido, sino nicamente
problemas de uso. La cuestin del deseo no es qu es lo que ello quiere decir?,
sino cmo marcha ello. Cmo funcionan las mquinas deseantes, las tuyas, las mas,
qu fallos forman parte de su uso, cmo pasan de un cuerpo a otro, cmo se
enganchan sobre el cuerpo sin rganos, como confrontan su rgimen con las
mquinas sociales? Un dcil mecanismo se engrasa, o al contrario se prepara una
mquina infernal. Qu conexiones, qu disyunciones, qu conjunciones, cul es el
uso de las sntesis? Ello no representa nada, pero ello produce, ello no quiere decir
nada, pero ello funciona. En el desmoronamiento general de la cuestin qu es lo
que eso quiere decir? el deseo efecta su entrada. No se ha sabido plantear el
problema del lenguaje ms que en la medida en que los lingistas y los lgicos han
evacuado el sentido; y la ms alta potencia del lenguaje ha sido descubierta cuando la
obra ha sido considerada como una mquina que produce ciertos efectos, sometida a
un cierto uso. Malcolm Lowry dice de su obra: es todo lo que usted quiera, desde el
momento que funciona, y funciona, estn seguros, pues yo la he experimentado
una maquinaria[87]. Sin embargo, que el sentido no sea ms que el uso slo se
convierte en un principio firme si disponemos de criterios inmanentes capaces de
determinar los usos legtimos, por oposicin a los usos ilegtimos, que por el
contrario remiten el uso a un sentido supuesto y restauran una especie de
trascendencia. El anlisis llamado trascendental es precisamente la determinacin de
estos criterios, inmanentes al campo del inconsciente, en tanto que se oponen a los
ejercicios trascendentes de un qu es lo que ello quiere decir?. El esquizoanlisis
es a la vez un anlisis trascendental y materialista. Es crtico en el sentido que lleva la
crtica a Edipo, o lleva a Edipo al punto de su propia autocrtica. Se propone explorar
un inconsciente trascendental, en lugar de metafsico; material, en lugar de
ideolgico; esquizofrnico, en lugar de edpico; no figurativo, en lugar de imaginario;
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real, en lugar de simblico; maqunico, en lugar de estructural; molecular,


micropsquico y microlgico, en lugar de molar o gregario; productivo, en lugar de
expresivo. Se trata de principios prcticos como direcciones de la cura.
Ya hemos visto anteriormente cmo los criterios inmanentes de la produccin
deseante permitan definir usos legtimos de sntesis, por completo diferentes de los
usos edpicos. Y con respecto a esta produccin deseante, los usos ilegtimos edpicos
nos parecan multiformes, pero siempre giraban alrededor del mismo error y
envolvan paralogismos tericos y prcticos. En primer lugar, un uso parcial y no
especfico de las sntesis conectivas se opona al uso edpico, global y especfico. Este
uso global-especfico tena dos aspectos, parental y conyugal, a los que correspondan
la forma triangular de Edipo y la reproduccin de esta forma. Descansaba sobre un
paralogismo de la extrapolacin que constitua, por fin, la causa formal de Edipo y
cuya ilegitimidad pesaba sobre el conjunto de la operacin: extraer de la cadena
significante un objeto completo trascendente, como significante desptico del que
toda la cadena entonces pareca depender, asignando una carencia o falta a cada
posicin de deseo, uniendo el deseo a una ley, engendrando la ilusin de un
desprendimiento. En segundo lugar, un uso inclusivo o ilimitativo de las sntesis
disyuntivas se opone a su uso edpico, exclusivo, limitativo. Este uso limitativo a su
vez tiene dos polos, imaginario y simblico, puesto que no deja eleccin ms que
entre las diferenciaciones simblicas exclusivas y lo imaginario indiferenciado,
correlativamente determinados por Edipo. Esta vez muestra cmo procede Edipo,
cul es el procedimiento de Edipo: paralogismo del double bind, del doble atolladero
(o mejor valdra traducirlo, siguiendo una sugestin de Henri Gobard, doble presa,
como en una doble llave de catch, para as mostrar mejor el tratamiento al que se
obliga al inconsciente cuando se le ata en los dos cabos, no dejndole ms posibilidad
que la de responder Edipo, recitar Edipo, en la enfermedad como en la salud, en sus
crisis como en su desenlace, en su solucin como en su problema; pues, de cualquier
manera, el double bind no es el proceso esquizofrnico, sino, al contrario, Edipo, en
tanto que detiene el proceso o lo hace girar en el vaco). En tercer lugar, un uso
nmada y polvoco de las sntesis conjuntivas se opone al uso segregativo y biunvoco. Tambin aqu este uso bi-unvoco, ilegtimo desde el punto de vista del
propio inconsciente, posee como dos momentos: un momento racista, nacionalista,
religioso, etc., que constituye por segregacin un conjunto de partida siempre
presupuesto por Edipo, incluso de una manera implcita; luego, un momento familiar
que constituye el conjunto de llegada por aplicacin. De donde el tercer paralogismo,
de la aplicacin, que fija la condicin de Edipo al instaurar un conjunto de relaciones
bi-unvocas entre las determinaciones del campo social y las determinaciones
familiares, haciendo posible e inevitable de este modo el volcado de las catexis
libidinales sobre el eterno pap-mam. Todava no hemos agotado todos los

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paralogismos que orientan prcticamente la cura en el sentido de una edipizacin


furiosa, traicin del deseo, reclusin del inconsciente en guardera infantil, mquina
narcisista para pequeos yos charlatanes y arrogantes, perpetua absorcin de
plusvala capitalista, flujo de palabras contra flujo de dinero, la historia interminable,
el psicoanlisis.
Los tres errores sobre el deseo se llaman la carencia, la ley y el significante. Es un
nico y mismo error, idealismo que se forma una piadosa concepcin del
inconsciente. Y por ms que interpretemos estas nociones en trminos de una
combinatoria que convierte a la carencia en un lugar vaco, y no en una privacin, a
la ley en una regla de juego, y no en un mandato, al significante en un distribuidor, y
no en un sentido, no podemos impedir que arrastren tras de s su cortejo teolgico,
insuficiencia de ser, culpabilidad, significacin. La interpretacin estructural rechaza
toda creencia, se eleva por encima de las imgenes, no retiene del padre y de la madre
ms que funciones, define lo prohibido y la transgresin como operadores de
estructura: pero qu agua limpiar estos conceptos de su segundo plano, de sus
mundos traseros la religiosidad? El conocimiento cientfico como increencia es
verdaderamente el ltimo refugio de la creencia y, como dice Nietzsche, siempre
hubo una sola psicologa, la del sacerdote. Desde el momento que se introduce la
carencia en el deseo se aplasta toda la produccin deseante, se la reduce a no ser ms
que produccin de fantasma; pero el signo no produce fantasmas, es produccin de lo
real y posicin de deseo en la realidad. Desde el momento que se vuelve a unir el
deseo a la ley, no sabemos si decir que es algo conocido desde siempre que no hay
deseo sin ley, se recomienza en efecto la eterna operacin de eterna represin, que
cierra en el inconsciente el crculo de lo prohibido y la transgresin, misa blanca y
misa negra; pero el signo del deseo nunca es signo de la ley, es signo de poder y
quin se atrevera a llamar ley al hecho de que el deseo ponga y desarrolle su poder
y que en todo lugar donde est haga correr flujos y cortar substancias (Me guardo de
hablar de leyes qumicas, la palabra posee un trasfondo moral)? Desde el momento
que se hace depender al deseo del significante, se coloca al deseo bajo el yugo de un
despotismo cuyo efecto es la castracin, all donde se reconoce el rasgo del propio
significante; pero el signo del deseo nunca es significante, est en los mil cortesflujos productivos que no se dejan significar en el rasgo unitario de la castracin,
siempre un punto-signo de varias dimensiones, la polivocidad como base de una
semiologa puntual.
El inconsciente es negro, dicen. A menudo se reprocha a Reich y a Marcuse su
rousseausmo, su naturalismo: una determinada concepcin demasiado idlica del
inconsciente. Pero, no atribuimos al inconsciente horrores que no pueden ser ms
que los de la conciencia, y de una creencia demasiado segura de s misma? Es
exagerado decir que en el inconsciente necesariamente hay menos crueldad y terror, y

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de otro tipo, que en la conciencia de un heredero, de un militar y de un jefe de


Estado? El inconsciente posee sus horrores, pero no son antropomrficos. No es el
sueo de la razn el que engendra mostraos, sino ms bien la racionalidad vigilante e
insomne. El inconsciente es rousseauniano, siendo el hombre-naturaleza. Cunta
malicia y astucia hay en Rousseau! Transgresin, culpabilidad, castracin: son
determinaciones del inconsciente o la manera como un sacerdote ve las cosas? Y sin
duda hay muchas ms fuerzas adems del psicoanlisis para edipizar el inconsciente,
culpabilizarlo, castrarlo. Sin embargo, el psicoanlisis apoya el movimiento, inventa
un ltimo sacerdote. El anlisis edipiano impone a todas las sntesis del inconsciente
un uso trascendente que asegura su conversin. Por esto, el problema prctico del
esquizoanlisis es la reversin contraria: llevar las sntesis del inconsciente a su uso
inmanente. Desedipizar, deshacer la tela de araa del padre-madre, deshacer las
creencias para llegar a la produccin de las mquinas deseantes y a las catexis
econmicas y sociales donde se desempea el anlisis militante. Nada se realiza que
no concierna a las mquinas. Lo cual implica intervenciones muy concretas:
substituir la seudo neutral idad benevolente del analista edipiano, que slo quiere y
escucha al padre y la madre, por una actividad malvola, abiertamente malvola
me haces cagar con Edipo, si continas detenemos el anlisis, o bien un electrochoc,
cesa de decir pap-mam por supuesto, Hamlet vive en ti como Werther vive en
ti, y tambin Edipo, y todo lo que t quieras pero t haces crecer brazos y piernas
uterinos, labios uterinos, un bigote uterino; al revivir los muertos reminiscentes tu yo
se convierte en una especie de teorema mineral que demuestra constantemente la
vanidad de la vida Naciste Hamlet? No has hecho, ms bien, nacer a Hamlet en
ti? Por qu volver al mismo?)[88]. Al renunciar al mito, tratamos de colocar algo de
alegra, algo de descubrimiento en el psicoanlisis. Pues se ha convertido en algo
muy lgubre, muy triste, interminable, ya realizado desde un principio. Diremos que
el esquizo tampoco es alegre? Su tristeza no proviene de que ya no puede soportar
las fuerzas de edipizacin, de hamletizacin, que le encierran por todas partes? Antes
huir al cuerpo sin rganos y encerrarse en l, volverlo a cerrar sobre s. La pequea
alegra es la esquizofrenizacin como proceso y no el esquizo como entidad clnica.
Usted ha convertido el proceso en un fin Si se obligase a un psicoanalista a
entrar en los dominios del inconsciente productivo se sentira en l tan desplazado,
con su teatro, como una actriz de la Comdie Franaise en una fbrica, o un cura de la
Edad Media en una cadena de un taller de produccin. Montar unidades de
produccin, enganchar mquinas deseantes: todava no se sabe lo que ocurre en esta
fbrica, lo que es este proceso, sus ansias y sus glorias, sus dolores y sus alegras.

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Represin general y represin


Hemos intentado analizar la forma, la reproduccin, la causa (formal), el
procedimiento, la condicin del tringulo edpico. Pero hemos descuidado el anlisis
de las fuerzas reales, de las causas reales de las que depende la triangulacin. La lnea
general de la respuesta es simple, ha sido trazada por Reich: es la represin social, las
fuerzas de represin social. Sin embargo, esta respuesta deja subsistir dos problemas
e incluso les confiere una mayor premura: por una parte, la relacin especfica entre
la represin y la represin general; por otra, la situacin particular de Edipo en el
sistema represin general-represin[89]. Los dos problemas estn evidentemente
vinculados porque si la represin se realizase sobre deseos incestuosos adquirira por
ello mismo una independencia y una primaca, como condicin de constitucin del
intercambio o de toda sociedad, con respecto a la represin general que no
concernira ms que a retornos de lo reprimido en una sociedad constituida. Por tanto,
en primer lugar debemos considerar la segunda cuestin: la represin se refiere al
complejo de Edipo como expresin adecuada del inconsciente? Es preciso decir con
Freud que el complejo de Edipo, segn sus dos polos, est o bien reprimido (no sin
dejar huellas y retornos que chocarn con las prohibiciones), o bien suprimido (pero
no sin pasar a los hijos, con los que la historia vuelve a empezar)?[90] Uno se
pregunta si Edipo expresa efectivamente el deseo; si es deseado, la represin se
refiere a l. Ahora bien, la argumentacin freudiana nos deja pensativos: Freud toma
una observacin de Frazer segn la cual la ley no prohbe ms que lo que los
hombres seran capaces de hacer bajo la presin de algunos de sus instintos; as por
ejemplo, de la prohibicin legal del incesto debemos sacar en conclusin que existe
un instinto natural que nos empuja al incesto[91]. En otras palabras, se nos dice: si
est prohibido se debe a que es deseado (no habra necesidad de prohibir lo que no se
desea). Una vez ms, esta confianza en la ley nos deja pensativos, la ignorancia de
las astucias y procedimientos de la ley.
El inmortal padre de Mort a crdit exclama: quieres hacerme morir, es eso lo
que t quieres, eh, dime? Sin embargo, no queremos nada de eso. No queremos que el
tren sea pap y la estacin mam. Tan slo queremos la inocencia y la paz y que se
nos deje tramar nuestras pequeas mquinas, oh produccin deseante. Por supuesto,
pedazos de cuerpos de madre y de padre estn cogidos en las conexiones,
denominaciones parentales surgen en las disyunciones de la cadena, los padres estn
ah como estmulos cualesquiera que desencadenan el devenir de las aventuras, de las
razas y de los continentes. Pero, qu extraa mana freudiana la de relacionar Edipo
con lo que le desborda por todas partes, empezando por la alucinacin de los libros y
el delirio de los aprendizajes (el educador-substituto del padre, el libro-novela
familiar). Freud no soportaba ni una simple broma de Jung, como aquella de que
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Edipo no deba tener existencia real ya que incluso el salvaje prefiere una mujer
joven y bonita antes que a su madre o su abuela. Si Jung lo traicion todo no fue, sin
embargo, por esta broma, que puede sugerir tan slo que la madre funciona como una
bella muchacha o la bella muchacha como madre, siendo lo principal para el salvaje o
para el nio el formar y hacer marchar sus mquinas deseantes, hacer pasar sus flujos,
operar sus cortes. La ley nos dice: No te casars con tu madre y no matars a tu
padre. Y nosotros, sujetos dciles, nos decimos: luego esto es lo que quera!
Llegaremos a sospechar que la ley deshonra, que est interesada en deshonrar y en
desfigurar al que presupone culpable, al que quiere culpable, al que quiere que se
sienta culpable? Hacemos como si se pudiese deducir directamente de la represin la
naturaleza de lo reprimido, y de la prohibicin, la naturaleza de lo prohibido. Ah
radica tpicamente un paralogismo, todava uno ms, cuarto paralogismo que habr
que llamar desplazamiento. Pues sucede que la ley prohbe algo perfectamente
ficticio en el orden del deseo o de los instintos, para persuadir a sus sujetos que
tenan la intencin correspondiente a esta ficcin. Incluso es la nica manera como la
ley puede morder al inconsciente y culpabilizarlo. En una palabra, no nos
encontramos ante un sistema de dos trminos en el que se podra deducir de la
prohibicin formal lo que est realmente prohibido. Nos encontramos en un sistema
de tres trminos en el que esta deduccin se convierte por completo en ilegtima.
Debemos distinguir: la representacin reprimente, que ejerce la represin; el
representante reprimido, sobre el que realmente acta la represin; lo representado
desplazado, que da de lo reprimido una imagen aparente y trucada en la cual se
considera que el deseo se deja prender. Edipo es esto, la imagen trucada. La represin
no acta sobre l, ni conduce a l. Ni siquiera es un retorno de lo reprimido. Es un
producto facticio de la represin. Es slo lo representado, en tanto que es inducido
por la represin. Esta no puede actuar sin desplazar el deseo, sin levantar un deseo de
consecuencia, preparado para el castigo, y colocarlo en lugar del deseo antecedente al
que conduce en principio o en realidad (Ah, luego era esto!). Lawrence, que no se
enfrenta a Freud en nombre de los derechos del Ideal, sino que habla en virtud de los
flujos de sexualidad, de las intensidades del inconsciente, y que se entristece y se
espanta de lo que est haciendo Freud cuando encierra la sexualidad en la guardera
edpica, presiente esta operacin de desplazamiento y protesta con todas sus fuerzas:
no, Edipo no es un estado del deseo y de las pulsiones, es una idea, nada ms que una
idea que la represin nos inspira en lo concerniente al deseo, ni siquiera es un
compromiso, sino una idea al servicio de la represin, de su propaganda o de su
propagacin. El mvil incestuoso es una deduccin lgica de la razn humana que
recurre a este ltimo extremo para salvarse a s misma Es primero y sobre todo una
deduccin lgica de la razn, incluso efectuada inconscientemente y que a
continuacin es introducida en la esfera pasional en la que se convierte en principio

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de accin Ello no tiene nada que ver con el inconsciente activo, que centellea,
vibra, viaja Comprendemos que el inconsciente no contiene nada de ideal, nada
que pertenezca al mundo de un concepto, y por consiguiente nada personal, puesto
que la forma de las personas, del mismo modo que el ego, pertenece al yo consciente
o mentalmente subjetivo. De modo que los primeros anlisis son, o deberan ser, tan
impersonales que las relaciones llamadas humanas no se pongan en juego. El primer
contacto no es ni personal ni biolgico, hecho que el psicoanlisis no ha llegado a
comprender[92].
Los deseos edpicos no estn en modo alguno reprimidos, ni tienen que estarlo.
Mantienen, sin embargo, una relacin ntima con la represin, pero de otra manera.
Son el cebo, o la imagen desfigurada, mediante la cual la represin caza al deseo en
la trampa. Si el deseo est reprimido no es porque sea deseo de la madre y de la
muerte del padre; al contraro, si se convierte en este tipo de deseo es debido a que
est reprimido, y slo adopta esta mscara bajo la represin que se la modela y se la
aplica. Por otra parte, podemos dudar de que el deseo sea un verdadero obstculo a la
instauracin de la sociedad, como dicen los partidarios de una concepcin cambista.
Hemos visto a otros El verdadero peligro radica en otro lugar. Si el deseo es
reprimido se debe a que toda posicin de deseo, por pequea que sea, tiene motivos
para poner en cuestin el orden establecido de una sociedad: no es que el deseo sea
asocial, sino al contrario. Es perturbador: no hay mquina deseante que pueda
establecerse sin hacer saltar sectores sociales enteros. Piensen lo que piensen algunos
revolucionarios, el deseo en su esencia es revolucionario el deseo, no la fiesta!
y ninguna sociedad puede soportar una posicin de deseo verdadero sin que sus
estructuras de explotacin, avasallamiento y jerarqua no se vean comprometidas. Si
una sociedad se confunde con sus estructuras (hiptesis divertida), entonces, s, el
deseo la amenaza de forma esencial. Para una sociedad tiene, pues, una importancia
vital la represin del deseo, y an algo mejor que la represin, lograr que la represin,
la jerarqua, la explotacin, el avasallamiento mismos sean deseados. Es bastante
molesto tener que decir cosas tan rudimentarias: el deseo no amenaza a una sociedad
porque sea deseo de acostarse con su madre, sino porque es revolucionario. Lo cual
no quiere decir que el deseo sea algo distinto de la sexualidad, sino que la sexualidad
y el amor no viven en el dormitorio de Edipo, ms bien suean en algo amplio y
hacen pasar extraos flujos que no se dejan acumular en un orden establecido. El
deseo no quiere la revolucin, es revolucionario por s mismo, y de un modo como
involuntario, al querer lo que quiere. Desde el principio de este estudio mantenemos
que la produccin social y la produccin deseante forman una sola unidad, pero
difieren de rgimen, de manera que una forma social de produccin ejerce una
represin esencial sobre la produccin deseante y, adems, que la produccin
deseante (un verdadero deseo) es capaz, potencialmente, de hacer estallar la forma

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social. Pero qu es un verdadero deseo, ya que tambin la represin es deseada?


Cmo distinguirlos? reclamamos los derechos de un anlisis muy lento. Pues, no
nos engaemos, incluso en sus usos opuestos, son las mismas sntesis.
Vemos perfectamente lo que el psicoanlisis espera de un pretendido lazo en el
que Edipo sera el objeto de la represin, e incluso su sujeto a travs del super-yo. El
psicoanlisis espera de ello una justificacin cultural de la represin, que la hace
pasar al primer plano y ya no considera el problema de la represin general ms que
como secundario desde el punto de vista del inconsciente. Es por ello que los crticos
han podido asignar una viraje conservador o reaccionario de Freud a partir del
momento en que daba a la represin un valor autnomo como condicin de la cultura
que se ejerce contra las pulsiones incestuosas: Reich incluso dice que el gran viraje
del freudismo, el abandono de la sexualidad, se efecta cuando Freud acepta la idea
de una angustia primera que desencadenara la represin de manera endgena.
Consideremos el artculo de 1908 sobre la moral sexual cultural: en l todava no
se nombra a Edipo, la represin se considera en funcin de la represin general, que
suscita un desplazamiento y se ejerce sobre las pulsiones parciales en tanto que
representan a su manera una especie de produccin deseante, antes de ejercerse
contra las pulsiones incestuosas u otras que amenacen al matrimonio legtimo. Pero a
continuacin es evidente que cuanto ms el problema de Edipo y del incesto ocupe la
delantera de la escena, ms la represin y sus correlatos, la supresin y la
sublimacin, se fundamentarn en exigencias supuestas trascendentes de la
civilizacin, al mismo tiempo que el psicoanlisis se hundir ms en una visin
familiarista e ideolgica. No tenemos por qu recomenzar el relato de los
compromisos reaccionarios del freudismo e incluso su capitulacin terica: este
trabajo se ha llevado a cabo varias veces, de manera profunda, rigurosa y
matizada[93]. No vemos ningn problema particular en la coexistencia, en el seno de
una misma doctrina terica y prctica, de elementos revolucionarios, reformistas y
reaccionarios. Nos negamos al lo toma o lo deja, bajo el pretexto de que la teora
justifica la prctica, al nacer de sta, o que no se puede discutir el proceso de la
cura ms que a partir de elementos sacados de la misma cura. Como si toda gran
doctrina no fuese una formacin combinada, hecha a base de piezas y pedazos, de
cdigos y flujos diversos entremezclados, de partes parciales y derivadas, que
constituyen su propia vida o su devenir. Como si se pudiese reprochar a alguien el
tener una relacin ambigua con el psicoanlisis sin mencionar primero que el
psicoanlisis est formado por una relacin ambigua, terica y prcticamente, con lo
que descubre y las fuerzas que maneja. Si el estudio crtico de la ideologa freudiana
est hecho, y bien hecho, en cambio la historia del movimiento ni siquiera est
esbozada: la estructura del grupo psicoanaltico, su poltica, sus tendencias y sus
centros, sus auto-aplicaciones, sus suicidios y sus locuras, el enorme superyo de

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grupo, todo lo que ha pasado por el cuerpo lleno del maestro. Lo que se ha convenido
en llamar la obra fundamental de Jones no revienta la censura, la codifica. Tres
elementos coexisten: el elemento explorador y pionero, revolucionario, que descubra
la produccin deseante; el elemento cultural clsico, que lo basa todo en una escena
de representacin teatral edpica (el retorno al mito!); y por ltimo, el tercer
elemento, el ms inquietante, una especie de extorsin sedienta de respetabilidad, que
no ha cesado de hacerse reconocer e institucionalizar, una formidable empresa de
absorcin de plusvala, con su codificacin de la cura interminable, su cnica
justificacin del papel del dinero, y todas las fianzas que da al orden establecido. En
Freud haba todo esto, fantstico Cristbal Coln, genial lector burgus de Goethe,
Shakespeare, Sfocles, Al Capone enmascarado.
La fuerza de Reich radica en haber mostrado cmo la represin dependa de la
represin general. Lo cual no implica ninguna confusin entre los dos conceptos,
puesto que la represin general precisamente necesita de la represin para formar
sujetos dciles y asegurar la reproduccin de la formacin social, ello comprendido
en sus estructuras represivas. Pero, en vez de que la represin general social deba
comprenderse a partir de una represin familiar coextensiva a la civilizacin, es sta
la que debe comprenderse en funcin de una represin general inherente a una forma
de produccin social dada. La represin general slo se ejerce sobre el deseo, y no
slo sobre necesidades o intereses, a travs de la represin sexual. La familia es el
agente delegado de esta represin, en tanto asegura una reproduccin psicolgica de
masas del sistema econmico de una sociedad. Ciertamente, no deduciremos de ello
que el deseo es edpico. Al contrario, es la represin general del deseo o la represin
sexual, es decir, la estasis de la energa libidinal, las que actualizan a Edipo e
introducen al deseo en este atolladero querido, organizado por la sociedad represiva.
Reich fue el primero que plante el problema de la relacin del deseo con el campo
social (iba ms lejos que Marcuse, que lo trata con ligereza). l es el verdadero
fundador de una psiquiatra materialista. Al plantear el problema en trminos de
deseo, es el primero que rechaza las explicaciones de un marxismo sumario
demasiado presto a decir que las masas han sido engaadas, embaucadas Sin
embargo, porque no haba formado suficientemente el concepto de una produccin
deseante, no llegaba a determinar la insercin del deseo en la misma infraestructura
econmica, la insercin de las pulsiones en la produccin social. Desde entonces, la
catexis o carga revolucionaria le pareca tal que el deseo all coincida simplemente
con una racionalidad econmica; en cuanto a las catexis reaccionarias de masas
todava le pareca que remitan a la ideologa, de tal modo que el psicoanlisis tena
por nico papel el explicar lo subjetivo, lo negativo y lo inhibido, sin participar
directamente como tal en la positividad del movimiento revolucionario o en la
creatividad deseante (no era esto en cierto modo volver a introducir el error o la

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ilusin?). Queda que Reich, en nombre del deseo, introdujo un canto de vida en el
psicoanlisis. En la resignacin final del freudismo denunciaba un miedo a la vida, un
resurgimiento del ideal asctico, un borbotn de cultura de la mala conciencia. Antes
partir en busca del Orgn, deca, el elemento vital y csmico del deseo, que continuar
siendo psicoanalista en esas condiciones. Nadie se lo perdon, mientras que Freud
recibi el gran perdn. Fue el primero que intent hacer funcionar conjuntamente la
mquina analtica y la mquina revolucionaria. Y, al final, no tuvo ms que sus
propias mquinas deseantes, sus cajas paranoicas, milagrosas, clibes, de paredes
metlicas guarnecidas de lana y algodn.
Que la represin se distingue de la represin general por el carcter inconsciente
de la operacin y de su resultado (hasta la inhibicin de la rebelin se ha vuelto
inconsciente), esta distincin expresa perfectamente la diferencia de naturaleza. Pero
de ello no podemos deducir ninguna independencia real. La represin es tal que la
represin general se vuelve deseada, dejando de ser consciente, e induce un deseo de
consecuencia, una imagen trucada de aquello a que conduce, que le da una apariencia
de independencia. La represin propiamente dicha es un medio al servicio de la
represin general. Aquello sobre la que se ejerce es tambin objeto de la represin
general: la produccin deseante. Pero, precisamente, la represin implica una doble
operacin original, una mediante la cual la formacin social represiva (rpressive)
delega su poder a una instancia reprimente (refoulante), otra por la que,
correlativamente, el deseo reprimido (reprim) est como recubierto por la imagen
desplazada y trucada que de l suscita la represin. Hay a la vez una delegacin de
represin por la formacin social y una desfiguracin, un desplazamiento, de la
formacin deseante por la represin. El agente delegado de la represin, o ms bien
delegado a la represin, es la familia; la imagen desfigurada de lo reprimido son las
pulsiones incestuosas. El complejo de Edipo, la edipizacin, es por tanto el fruto de la
doble operacin. En un mismo movimiento, la produccin social represiva se hace
reemplazar por la familia reprimente y sta da de la produccin deseante una imagen
desplazada que representa lo reprimido como pulsiones familiares incestuosas. La
relacin de las dos producciones es sustituida, de este modo, por la relacin familiapulsiones, en una diversin en la que se pierde todo el psicoanlisis. Podemos
comprender, pues, el inters de esta operacin desde el punto de vista de la
produccin social, que de otro modo no podra conjurar el poder de rebel in y de
revolucin del deseo. Al presentarle el espejo deformante del incesto (eh, esto es lo
que queras?), se avergenza al deseo, se le deja estupefacto, se le coloca en una
situacin sin salida, se le persuade fcilmente para que renuncie a s mismo en
nombre de los intereses superiores de la civilizacin (y si todo el mundo actuase de
ese modo, si todo el mundo se desposase con su madre, o guardase a su hermana para
s? ya no habra diferenciacin ni intercambio posible). Hay que actuar de prisa y

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pronto. Unpeuprofond ruisseau a calomni el incesto.


Pero si comprendemos el inters de la operacin desde el punto de vista de la
produccin social, no vemos tan bien lo que la posibilita desde el punto de vista de la
propia produccin deseante. No obstante, poseemos los elementos de una respuesta.
Sera preciso que la produccin social dispusiese, sobre la superficie de registro del
socius, de una instancia capaz tambin de morder, de inscribirse tambin sobre la
superficie de registro del deseo. Esta instancia existe: la familia. Pertenece
esencialmente al registro de la produccin social, como sistema de la reproduccin de
los productores. Y sin duda, en el otro polo, el registro de la produccin deseante
sobre el cuerpo sin rganos se realiza a travs de una red genealgica que no es
familiar: los padres no intervienen ms que como objetos parciales, flujos, signos y
agentes de un proceso que les desborda por todas partes. A lo sumo el nio
relaciona inocentemente con los padres algo de la sorprendente experiencia
productiva que mantiene con su deseo; pero esta experiencia no se relaciona con ellos
en tanto que padres. Ahora bien, es ah precisamente donde surge la operacin. Bajo
la accin precoz de la represin social, la familia se desliza, se inmiscuye en la red de
genealoga deseante, aliena por su cuenta toda la genealoga, confisca el Numen (pero
veamos, Dios es pap). Actuamos como si la experiencia deseante se relacionase
con los padres, y como si la familia fuese su ley suprema. Sometemos los objetos
parciales a la famosa ley de totalidad-unidad que acta como careciente.
Sometemos las disyunciones a la alternativa de lo indiferenciado o de la exclusin.
La familia se introduce, pues, en la produccin de deseo, y desde la ms tierna edad
opera un desplazamiento, una represin inaudita. Est delegada a la represin por la
produccin social. Y si puede deslizarse de ese modo en el registro del deseo es
porque el cuerpo sin rganos en el que se realiza este registro ejerce ya por su cuenta,
como hemos visto, una represin originaria sobre la produccin deseante. Pertenece
a la familia el aprovecharse de ello y el superponer la represin secundaria
propiamente dicha, que le est delegada o a la que est delegada (el psicoanlisis ha
mostrado claramente la diferencia entre estas dos represiones, pero no el alcance de
esta diferencia o la distincin de su rgimen). Por ello, la represin propiamente dicha
no se contenta con reprimir la produccin deseante real, sino que da de lo reprimido
una imagen aparente desplazada, sustituyendo un registro del deseo por un registro
familiar. El conjunto de la produccin deseante no adopta la conocida figura edpica
ms que en la traduccin familiar de su registro, traduccin-traicin.
Ora decimos que Edipo no es nada, casi nada (en el orden de la produccin
deseante, incluso en el nio), ora que est en todo lugar (en la empresa de domesticar
el inconsciente, de representar el deseo y el inconsciente). Y ciertamente nunca
hemos querido decir que el psicoanlisis inventase a Edipo. Todo nos demuestra lo
contrario: los sujetos del psicoanlisis llegan totalmente edipizados, preguntan por l,

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se vuelven a preguntar Recorte de prensa: Stravinsky declara antes de morir: Mi


desgracia, estoy seguro de ello, fue debida al alejamiento de mi padre y al poco afecto
que mi padre me dio. Entonces decid que un da le mostrara Si incluso los
artistas se meten en l, nos equivocaramos si nos molestsemos o si tuvisemos los
escrpulos ordinarios de un psicoanalista aplicado. Si un msico nos dice que la
msica no manifiesta fuerzas activas y conquistadoras, sino fuerzas reactivas,
reacciones del padre-madre, ya no hay ms que volver a tomar una paradoja cara a
Nietzsche, modificndola apenas Freud-msico. No, los psicoanalistas no inventan
nada, aunque de otro modo hayan inventado mucho, legislado mucho, reforzado
mucho, inyectado mucho. Lo que los psicoanalistas hacen radica tan slo en apoyar el
movimiento, aadir un ltimo impulso al desplazamiento de todo el inconsciente.
Simplemente hacen hablar al inconsciente siguiendo los usos trascendentes de
sntesis que se le imponen a travs de otras fuerzas Personas globales, Objeto
completo, gran Falo, terrible Indiferenciado de lo imaginario, Diferenciaciones
simblicas, Segregacin Los psicoanalistas tan slo inventan la transferencia, un
Edipo de transferencia, un Edipo de Edipo en sala de consulta, particularmente
nocivo y virulento, pero donde el sujeto por fin tiene lo que quiere, y chupetea su
Edipo sobre el cuerpo lleno del analista. Y esto ya es demasiado. Pero Edipo se hace
en familia y no en la consulta del analista que no acta ms que como ltima
territorialidad. Adems, Edipo no es hecho por la familia. Los usos edpicos de
sntesis, la edipizacin, la triangulacin, la castracin, todo ello remite a fuerzas algo
ms poderosas, algo ms subterrneas que el psicoanlisis, que la familia, que la
ideologa, incluso reunidos. Ah se dan todas las fuerzas de la produccin, de la
reproduccin y de la represin sociales. En verdad, se precisan fuerzas muy
poderosas para vencer las del deseo, conducirlas a la resignacin, y para sustituir en
todas partes lo que era esencialmente activo, agresivo, artista, productivo y
conquistador en el propio inconsciente. En este sentido, como hemos visto, Edipo es
una aplicacin y la familia un agente delegado. E, incluso por aplicacin, es duro, es
difcil para un nio el vivirse como un ngulo,
Cet enfant,
il nest pas l,
il nest quun angle,
un angle venir,
et il ny a pas dangle
or ce monde du pre-mre est justement ce qui doit sen aller,
cest ce monde ddoubl-double,
en tat de dsunion constante,
en volont dunification constante aussi
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autour duquel tourne tout le systme de ce monde


malignement soutenu par la plus sombre organisation[94].

Neurosis y psicosis
En 1924, Freud propona un criterio de distincin simple entre neurosis y
psicosis: en la neurosis el yo obedece a las exigencias de la realidad sin perjuicio de
reprimir las pulsiones del ello, mientras que en las psicosis se encuentra bajo el
dominio del ello, sin perjuicio de romper con la realidad. Las ideas de Freud a
menudo tardaban un cierto tiempo en llegar a Francia. Sin embargo, sta no; en el
mismo ao, Capgras y Carrette presentaron un caso de esquizofrenia con ilusiones de
sosias; en l, la enferma manifestaba un marcado odio hacia la madre y un deseo
incestuoso hacia el padre, pero en condiciones de prdida de realidad en la que los
padres eran vividos como falsos padres, sosias. De ello sacaban la ilustracin de la
relacin inversa: en la neurosis la funcin objetal de la realidad es conservada, pero
con la condicin de que el complejo causal sea reprimido; en la psicosis el complejo
invade la conciencia y se convierte en su objeto, al precio de una represin que
ahora se realiza sobre la realidad misma o la funcin de lo real. Sin duda, Freud
insista en el carcter esquemtico de la distincin; pues la ruptura tambin se
encuentra en la neurosis con el retorno de lo reprimido (la amnesia histrica, la
anulacin obsesiva), y en la psicosis aparece una renovacin de realidad con la
reconstruccin delirante. Pero Freud nunca renunci a esta simple distincin[95].
Parece importante, por otra parte, que por una va original recobre una idea cara a la
psiquiatra tradicional: la idea de que la locura est fundamentalmente vinculada a
una prdida de la realidad. Convergencia con la elaboracin psiquitrica de las
nociones de disociacin, de autismo. Quizs por ello la exposicin freudiana conoci
una difusin tan rpida.
Ahora bien, lo que nos interesa es el papel preciso del complejo de Edipo en esta
convergencia. Pues, si es cierto que los temas familiares a menudo irrumpen en la
conciencia psictica, no nos sorprender tanto, segn una observacin de Lacan, que
Edipo haya sido descubierto en la neurosis donde se consideraba que estaba latente,
antes que en la psicosis donde, por el contrario, estara patente[96]. Pero, no es en la
psicosis donde el complejo familiar aparecera precisamente como estmulo de
cualquier valor, simple inductor que no posee el papel de organizador, y las catexis
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intensivas de realidad atacaran cualquier otra cosa (el campo social, histrico y
cultural?) Al mismo tiempo, Edipo invade la conciencia y se disuelve en s mismo,
mostrando su incapacidad para ser un organizador. Desde ese momento, basta que
la psicosis se mida con esta medida trucada, que la pongamos bajo este falso criterio,
Edipo, para que se obtenga el efecto de prdida de realidad. No es una operacin
abstracta: se impone al psictico una organizacin edpica, aunque para asignar en
l, dentro de l, la carencia. Es un ejercicio en plena carne, en plena alma. Ante ello,
reacciona con el autismo y la prdida de realidad. Es posible que la prdida de
realidad no sea el efecto del proceso esquizofrnico, sino el efecto de su edipizacin
forzada, es decir, de su interrupcin? Hay que corregir lo que hace un momento
decamos, y suponer que algunos toleran la edipizacin peor que otros? El esquizo no
estara enfermo en Edipo, de un Edipo que surgira tanto ms en su conciencia
alucinada cuanto ms faltase en la organizacin simblica de su inconsciente. Por
el con trario, estara enfermo de la edipizacin que se le ha hecho sufrir (la ms
sombra organizacin) y que ya no puede soportar, en marcha para un lejano viaje,
como si se le condujese continuamente a Becon, el que desva los continentes y las
culturas. No sufre por un yo dividido, un Edipo reventado, sino al contrario porque se
le devuelve a todo lo que abandon. Cada de intensidad hasta el cuerpo sin rganos
= 0, autismo: el psictico no posee otro medio para reaccionar ante la barrera de todas
sus catexis de realidad, barrera que le pone el sistema edpico represin generalrepresin. Como dice Laing, se les interrumpe en el viaje. Perdieron la realidad. Pero,
cundo la perdieron? en el viaje o en la interrupcin del viaje?
As, pues, es posible otra formulacin de una relacin inversa: habra como dos
grupos, los psicticos y los neurticos, los que no soportan la edipizacin y los que la
soportan e incluso se contentan con ella, evolucionando en ella. Aquellos sobre los
que el sello edpico no prende, y aquellos sobre los que prende. Creo que mis
amigos arrancaron al principio de la Nueva Edad en grupo, con fuerzas de explosin
prctica que les lanzaron a una desviacin paternalista que yo creo viciosa Un
segundo grupo de aislados, de los que formo parte, constituido sin duda por centros
de clavculas, fue alejado de toda posibilidad de triunfo individual desde el momento
en que asumieron arduos estudios en ciencia infusa. En lo que me concierne, mi
rebelin frente al paternalismo del primer grupo me ha colocado desde el segundo
ao en una dificultad social cada vez ms agobiante. Eh, crees que estos dos grupos
son capaces de unin? No quiero nada de estos sinvergenzas del paternalismo viril,
no soy vindicativo En cualquier caso, si he ganado, ya no habr lucha entre el
Padre y el Hijo Hablo de las personas de Dios, naturalmente, y no de los prjimos
que se toman por [97] Lo que se opone a travs de los dos grupos es el registro del
deseo sobre el cuerpo sin rganos increado y el registro familiar sobre el socius. La
ciencia infusa en psicosis y las ciencias neurticas experimentales. Es el crculo

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excntrico esquizoide y el tringulo neurtico. Es, en general, las dos clases de uso de
sntesis. Son las mquinas deseantes, por una parte, y la mquina edpica-narcisista,
por otra. Para comprender los detalles de esta lucha, hay que considerar que la familia
corta, no cesa de cortar en la produccin deseante. Inscribindose en el registro del
deseo, deslizando en l su presa, opera una vasta captacin de las fuerzas productivas,
desplaza y reorganiza a su manera el conjunto de cortes que caracterizaban a las
mquinas del deseo. Todos esos cortes los hace recaer en el lugar de la universal
castracin que la condiciona a ella misma (un culo de rata muerta, dice Artaud,
colgado del techo del cielo), pero tambin las redistribuye segn sus propias leyes
y las exigencias de la produccin social. La familia corta segn su tringulo,
distinguiendo lo que es de la familia y lo que no lo es. Tambin corta dentro,
siguiendo las lneas de diferenciacin que forman las personas globales: all est
pap, all est mam, all ests t, y adems tu hermana. Corta aqu el flujo de leche,
es el turno de tu hermano, haz caca aqu, corta all el ro de mierda. La primera
funcin de la familia es de retencin: se trata de saber lo que va a rechazar de la
produccin deseante, lo que va a retener de ella, lo que va a empalmar en los caminos
sin salida que conducen a su propio indiferenciado (cloaca), lo que va a llevar, por el
contrario, a las vas de una diferenciacin enjambrable y reproducible. Pues la familia
crea tanto sus vergenzas como sus glorias, tanto la indiferenciacin de su neurosis
como la diferenciacin de su ideal que no se distinguen ms que en apariencia. Y
durante este tiempo qu hace la produccin deseante? Los elementos retenidos no
entran en el nuevo uso de sntesis que les impone una transformacin tan profunda
sin hacer resonar todo el tringulo. Las mquinas deseantes estn en la puerta y
cuando entran lo hacen vibrar todo. Adems, lo que no entra quizs incluso hace
vibrar ms. Reintroducen o intentan reintroducir sus cortes aberrantes. El nio
resiente la tarea a la que se le invita. Pero qu meter en el tringulo, cmo
seleccionar? La nariz del padre y la oreja de la madre pertenecera eso al asunto,
puede ser retenido, proporcionara un buen corte edpico? Y la bocina de la
bicicleta? Quin forma parte de la familia? Es propio del tringulo el vibrar, el
resonar, bajo la presin tanto de lo que retiene como de lo que rechaza. La resonancia
(all incluso ahogada o pblica, vergonzosa o gloriosa) es la segunda funcin de la
familia. La familia es a la vez ano que retiene, voz que resuena, y tambin boca que
consume: sus tres sntesis propias, puesto que se trata de empalmar el deseo con los
objetos ya hechos de la produccin social. Compre las magdalenas de Combray para
tener resonancias.
Pero, de pronto, no podemos mantenernos en la simple oposicin de dos grupos,
que permitira definir la neurosis como un trastorno intra-edpico y la psicosis como
una huida extra-edpica. Ni siquiera basta con constatar que los dos grupos son
capaces de unin. Lo que se convierte en problema es ms bien la posibilidad de

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discernirlos directamente. Cmo distinguir la presin que la reproduccin familiar


ejerce sobre la produccin deseante de la que la produccin deseante ejerce sobre la
reproduccin familiar? El tringulo edpico vibra y tiembla; pero es en funcin de la
presa que est a punto de asegurarse en las mquinas del deseo, o bien es en funcin
de estas mquinas que eluden su huella y le obligan a soltar la presa? Dnde est el
lmite de resonancia? Una novela familiar expresa un esfuerzo por salvar la
genealoga edpica, pero tambin un libre empuje de genealoga no edpica. Los
fantasmas nunca son formas impuestas, son fenmenos de lmite o de orilla
preparados para verterse por un lado o por el otro. En una palabra, Edipo es
estrictamente indecidible. Podemos encontrarlo tanto mejor en todo lugar donde es
indecible; es precisamente en este sentido que se dice que no sirve estrictamente para
nada. Volvamos a la bella historia de Nerval: quiere que Aurelia, la mujer amada, sea
la misma que Adriana, la nia de su infancia; las percibe como idnticas. Y Aurelia
y Adriana, ambas en una, es la madre. Se dir que la identificacin, como identidad
de percepcin, es aqu signo de psicosis? Nos volvemos a encontrar entonces con el
criterio de realidad: el complejo no invade la conciencia psictica ms que al precio
de una ruptura con lo real, mientras que en la neurosis la identidad permanece en las
representaciones inconscientes y no compromete la percepcin. Pero qu hemos
ganado inscribindolo todo en Edipo, incluso la psicosis? Un paso ms y Aurelia,
Adriana y la madre, es la Virgen. Nerval busca el lmite de vibracin del tringulo.
Usted busca un drama, dice Aurelia. No se inscribe todo en Edipo sin que todo, en
el lmite, no huya fuera de Edipo. Las identificaciones no eran identificaciones de
personas desde el punto de vista de la percepcin, sino identificaciones de nombres
en regiones de intensidad que dan la salida a otras regiones ms intensas todava,
estmulos cualesquiera que desencadenan un viaje por completo diferente, estasis que
preparan otros pasos, otros movimientos donde ya no se encuentra la madre, sino la
Virgen y Dios: por tres veces he atravesado vencedor el Aqueronte. Por ello, el
esquizo aceptar que se le reduzca todo a la madre, ya que esto no tiene ninguna
importancia: est seguro de poder sacarlo todo de la madre y de retirar de ah, para su
uso secreto, todas las Vrgenes que se haban introducido.
Todo se convierte en neurosis, o todo se vierte en psicosis: por tanto, no es de este
modo que debe plantearse la cuestin. Sera inexacto guardar para las neurosis una
interpretacin edpica y reservar a las psicosis una explicacin extra-edpica. No hay
dos grupos, no hay diferencia de naturaleza entre neurosis y psicosis. Pues de
cualquier modo la produccin deseante es la causa, causa ltima ya de las
subversiones psicticas que rompen a Edipo o lo sumergen, ya de las resonancias
neurticas que lo constituyen. Un principio semejante adquiere todo su sentido si se
le relaciona con el problema de los factores actuales. Uno de los puntos ms
importantes del psicoanlisis fue la evaluacin del papel de estos factores actual es,

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incluso en la neurosis, en tanto que se distinguen de los factores infantiles familiares;


todas las grandes disensiones estuvieron relacionadas con esta evaluacin,
presentndose las dificultades en varios aspectos. En primer lugar, la naturaleza de
estos factores (somticos, sociales, metafsicos?, los famosos problemas de la
vida, por los que se volva a introducir en el psicioanlisis un idealismo
desexualizado muy puro?). En segundo lugar, la modalidad de estos factores: actan
de manera negativa, primativa, por simple frustracin? Por ltimo, su momento, su
tiempo: no era evidente que el factor actual surga despus, y significaba reciente,
en oposicin a lo infantil o a lo ms antiguo que se explicaba suficientemente
mediante el complejo familiar? Incluso un autor como Reich, tan preocupado por
relacionar el deseo con las formas de produccin social, y por ello mismo preocupado
tambin por mostrar que no hay psiconeurosis que no sea tambin neurosis actual,
contina presentando los factores actuales como si actuasen por privacin represiva
(la estasis sexual), y surgiendo despus. Lo cual le lleva a mantener una especie de
edipismo difuso, ya que la estasis o el factor actual privativo tan slo define la
energa de la neurosis, pero no el contenido que remite por su parte al conflicto
infantil edpico, ese antiguo conflicto que se encuentra reactivado por la estasis
actual[98]. Pero los edipistas no dicen nada distinto cuando sealan que una privacin
o frustracin actuales no pueden ser experimentadas ms que en el seno de un
conflicto cualitativo interno ms antiguo, que no intercepta tan slo los caminos
prohibidos por la realidad, sino tambin aquellos que deja abiertos y que el yo se
prohbe a su vez (frmula del doble atolladero): encontraramos ejemplos que
ilustrasen el esquema de las neurosis actuales en el prisionero o el encerrado en
campos de concentracin o en el obrero agobiado de trabajo? Cierto es que no
proporcionaran un contingente numeroso Nuestra tendencia a lo sistemtico nos
impide aceptar sin inventario las iniquidades evidentes de la realidad, sin intentar
descubrir en qu el desorden del mundo resulta del desorden subjetivo, incluso si est
inscrito con el tiempo en estructuras ms o menos irreversibles[99]. Comprendemos
esta frase y, sin embargo, no podemos evitar encontrar en ella un tono inquietante. Se
nos impone la siguiente eleccin: o bien el factor actual es concebido de manera
privativa exterior (lo cual es imposible), o bien se hunde en un conflicto cualitativo
interno necesariamente relacionado con Edipo (Edipo, fuente donde el
psicoanlisis se lava las manos de las iniquidades del mundo).
En otra va, si consideramos las desviaciones idealistas del psicoanlisis, vemos
una interesante tentativa para conceder a los factores actuales un estatuto que no es ni
privativo ni ulterior. Ocurre que las dos preocupaciones se encontraron ligadas en una
aparente paradoja, por ejemplo en Jung: la preocupacin por acortar la cura
interminable dedicndose al presente o a la actualidad del trastorno, y la
preocupacin por ir ms lejos que Edipo, ms lejos incluso que lo pre-edpico, por
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llegar ms arriba como si lo ms actual fuese tambin lo ms original, y lo ms


rpido, lo ms lejano[100]. Jung presenta los arquetipos a la vez como factores
actuales que desbordan precisamente las imgenes familiares en la transferencia y
como factores arcaicos infinitamente ms antiguos, con una antigedad distinta a la
de los propios factores infantiles. Sin embargo, nada ganamos con eso, pues el factor
actual no cesa de ser privativo ms que a condicin de gozar de los derechos del
Ideal, y no cesa de ser un despus ms que a condicin de convertirse en un ms
all, que debe ser significado anaggicamente por Edipo en lugar de depender de l
analticamente. De manera que el despus se vuelve a introducir necesariamente en
la diferencia de temporalidad, como manifiesta el sorprendente reparto propuesto por
Jung: para los jvenes, cuyos problemas son familiares y amorosos, el mtodo de
Freud!, para los no tan jvenes, cuyos problemas son de adaptacin social, Adler!, y
Jung, para los adultos y los viejos cuyos problemas son los del Ideal[101]; y ya
hemos visto lo que es comn a Freud y Jung, siempre el inconsciente medido por los
mitos (y no por las unidades de produccin), aunque la medida se realice en dos
sentidos opuestos. Pero, qu importa finalmente que la moral o la religin
encuentren en Edipo un sentido analtico y regresivo, o el Edipo un sentido anaggico
y prospectivo en la religin o la moral?
Decimos que la causa del trastorno, neurosis o psicosis, radica siempre en la
produccin deseante, en su relacin con la produccin social, su diferencia o su
conflicto de rgimen con sta, y los modos de catexis que en ella operan. La
produccin deseante en tanto que presa en esta relacin, este conflicto y estas
modalidades, ste es el factor actual. Este factor, tambin, no es ni privativo ni
ulterior. Constitutivo de la vida plena del deseo, es contemporneo de la ms tierna
infancia, y lo acompaa a cada paso. No viene de improviso despus de Edipo, no
supone para nada una organizacin edpica, ni una preorganizacin preedpica. Al
contrario, Edipo depende de l, ya como estmulo de cualquier valor, simple inductor
a travs del cual se establece desde la infancia la organizacin anedpica de la
produccin deseante, ya como efecto de la represin-represin general que la
reproduccin social impone a la produccin deseante a travs de la familia. Actual,
por tanto, no se designa as por qu es ms reciente, ni por oposicin a antiguo o
infantil, sino por diferencia con virtual. Y lo virtual es el complejo de Edipo, ya
porque deba ser actualizado en una formacin neurtica como efecto derivado del
factor actual, ya porque est desmembrado y disuelto en una formacin psictica
como el efecto direcSo de este mismo factor. Es en este sentido que la idea del
despus nos pareca un ltimo paralogismo en la teora y la prctica
psicoanalticas; la produccin deseante activa, en su mismo proceso, carga desde el
principio un conjunto de relaciones somticas, sociales y metafsicas que no suceden
a relaciones psicolgicas edpicas, sino que se aplicarn, por el contrario, al
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subconjunto edipico definido por reaccin, o bien lo excluirn del campo de catexis o
de carga de su actividad. Indecidible, virtual, reactivo, as es Edipo. No es una
formacin reactiva. Formacin reactiva ante la produccin deseante: nos
equivocaramos si considersemos esta formacin por ella misma, de modo abstracto,
independientemente del factor actual que coexiste con ella y ante el cual reacciona.
Sin embargo, esto es lo que hace el psicoanlisis al encerrarse en Edipo y al
determinar progresiones y regresiones en funcin de Edipo, o incluso con respecto a
l: as la idea de regresin preedpica por la que a veces se intenta caracterizar la
psicosis. Es como un ludin; las regresiones y las progresiones slo se efectan en el
interior de los vasos artificialmente cerrados de Edipo y dependen, en verdad, de un
estado de fuerzas cambiantes, pero siempre actual y contemporneo, en la produccin
deseante anedpica. La produccin deseante no tiene ms existencia que la actual;
progresiones y regresiones son tan slo las realizaciones de una virtualidad que
siempre se halla tan perfectamente llenada como puede serlo en virtud de los estados
de deseo. Entre los pocos psiquiatras y psicoanalistas que han sabido instaurar con los
esquizofrnicos, adultos o nios, una relacin directa realmente inspirada, Gisela
Pankow y Bruno Bettelheim trazan nuevos caminos por su fuerza terica y su eficacia
teraputica. No es una casualidad, por otra parte, que ambos pongan en duda la
nocin de regresin. Tomando el ejemplo de los cuidados corporales proporcionados
a un esquizofrnico, masajes, baos, paos calientes, Gisela Pankow se pregunta si se
trata de llegar al enfermo en el punto de su regresin, para proporcionarle
satisfacciones simblicas indirectas que le permitiran reanudar con una progresin,
volver a tomar una marcha progresiva. Ahora bien, no es cuestin, dice, de dar
cuidados que el esquizofrnico no recibi cuando era beb. Sino que se trata de
proporcionar al enfermo sensaciones corporales tctiles y otras que le conduzcan a un
reconocimiento de los lmites de su cuerpo Se trata del reconocimento de un deseo
inconsciente, y no de la satisfaccin de ste[102]. Reconocer el deseo es precisamente
volver a poner en marcha la produccin deseante sobre el cuerpo sin rganos, all
mismo donde el esquizo se haba replegado para hacerlo callar y ahogarlo. Este
reconocimiento del deseo, esta posicin de deseo, este Signo, remite a un orden de
produccin real y actual, que no se confunde con una satisfaccin indirecta o
simblica y que, tanto en sus paradas como en sus puestas en marcha, es tan distinto
de una regresin preedpica como de una restauracin progresiva de Edipo.

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El proceso
Entre neurosis y psicosis no existe diferencia de naturaleza, ni de especie, ni de
grupo. No ms que la psicosis, no podemos explicar la neurosis edpicamente. Es ms
bien lo contrario, es la neurosis la que explica a Edipo. Entonces, cmo concebir la
relacin psicosis-neurosis? No depende de otras relaciones? Todo cambia segn que
llamemos psicosis al propio proceso o, al contrario, una interrupcin del proceso (y
qu clase de interrupcin?). La esquizofrenia como proceso es la produccin
deseante, pero tal como es al final, como lmite de la produccin social determinada
en las condiciones del capitalismo. Es nuestra enfermedad, la de nosotros, hombres
modernos. Fin de la historia, no tiene otro sentido. En ella se unen los dos sentidos
del proceso, como movimiento de la produccin social que llega hasta el final de su
desterritorializacin y como movimiento de la produccin metafsica que transporta y
reproduce el deseo en una nueva Tierra. El desierto est creciendo el signo est
cerca El esquizo lleva los flujos descodificados, les hace atravesar el desierto del
cuerpo sin rganos, donde instala sus mquinas deseantes y produce un derrame
perpetuo de fuerzas actuantes. Ha pasado el lmite, la esquizia, que siempre mantena
la produccin de deseo al margen de la produccin social, tangencial y siempre
rechazada. El esquizo sabe partir: ha convertido la partida en algo tan simple como
nacer o morir. Pero al mismo tiempo su viaje es extraamente in situ. No habla de
otro mundo, no es de otro mundo: incluso al desplazarse en el espacio es un viaje en
intensidad, alrededor de la mquina deseante que se erige y permanece aqu. Pues es
aqu donde el desierto se propaga por nuestro mundo, y tambin la nueva tierra, y la
mquina que zumba, alrededor de la cual los esquizos giran, planetas de un nuevo sol.
Estos hombres del deseo (o bien no existen todava) son como Zaratustra. Conocen
increbles sufrimentos, vrtigos y enfermedades. Tienen sus espectros. Deben
reinventar cada gesto. Pero un hombre as se produce como hombre libre,
irresponsable, solitario y gozoso, capaz, en una palabra, de decir y hacer algo simple
en su propio nombre, sin pedir permiso, deseo que no carece de nada, flujo que
franquea los obstculos y los cdigos, nombre que ya no designa ningn yo.
Simplemente ha dejado de tener miedo de volverse loco. Se vive como la sublime
enfermedad que ya no padecer. Qu vale, qu valdra aqu un psiquiatra? En toda la
psiquiatra, slo Jaspers y luego Laing han sabido lo que significaba proceso y lo que
significaba su realizacin (por ello han sabido alejarse del familiarismo que es el
hecho ordinario del psicoanlisis y de la psiquiatra). Si la especie humana
sobrevive, los hombres del futuro considerarn nuestra ilustrada poca, me imagino,
como un verdadero siglo de obscurantismo. Sin duda, sern capaces de degustar la
irona de esta situacin con ms sentido del humor que nosotros. Se reirn de
nosotros. Sabrn que lo que nosotros llambamos esquizofrenia era una de las formas
bajo las que a menudo por mediacin de gente por completo corriente la luz
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empez a aparecer a travs de las fisuras de nuestros espritus cerrados La locura


no es necesariamente un hundimiento (breakdown); tambin puede ser una abertura
(breakthrough) El individuo que realiza la experiencia trascendental de la prdida
del ego puede o no perder el equilibrio de diversas maneras. Entonces puede ser
considerado como loco. Pero estar loco necesariamente no es estar enfermo, incluso
si en nuestro mundo los dos trminos se han vuelto complementarios Desde el
punto de partida de nuestra seudo salud mental, todo es equvoco. Esta salud no es
una verdadera salud. La locura de los otros no es una verdadera locura. La locura de
nuestros pacientes es un producto de la destruccin que nosotros les imponemos y
que se imponen ellos mismos. Que nadie se imagine que nos encontramos ante la
verdadera locura, o que nosotros estamos verdaderamente sanos de la mente. La
locura con la que nos encontramos en nuestros enfermos es un disfraz grosero, una
caricatura grotesca de lo que podra ser la curacin natural de esta extraa
integracin. La verdadera salud mental implica de un modo o de otro la disolucin
del ego normal[103]
La visita a Londres es nuestra visita a la Pitonisa. All abajo est Turner. Al mirar
sus cuadros comprendemos lo que quiere decir franquear el muro y, sin embargo,
permanecer, hacer pasar flujos de los que ya no sabemos si nos llevan a otro lugar o si
vuelven a nosotros. Los cuadros se escalonan en tres perodos. Si el psiquiatra tuviera
algo que decir, podra hablar sobre los dos primeros, aunque, en verdad, estos son los
ms razonables. Las primeras telas son catstrofes de fin del mundo, avalancha y
tempestad. Turner empieza por ah. Las segundas son como la reconstruccin
delirante, donde se oculta el delirio, o ms bien van a la par con una alta tcnica
heredada de Poussin, Lorrain, o de tradicin holandesa: el mundo es reconstruido a
travs de arcasmos que poseen una funcin moderna. Pero algo incomparable ocurre
al nivel de los cuadros del tercer grupo, de la serie de los que Turner no ensea, que
mantiene secretos. Ni siquiera podemos decir que est muy avanzado con respecto a
su poca: algo que no pertenece a ninguna poca y que nos llega desde un eterno
futuro, o huye hacia l. La tela se hunde en s misma, es atravesada por un agujero, un
lago, una llama, un tornado, una explosin. Podemos volver a encontrar aqu los
temas de los cuadros anteriores, su sentido ha cambiado. La tela est verdaderamente
rota, rajada por lo que la agujerea. Tan slo sobrenada un fondo de niebla y oro,
intenso, intensivo, atravesada en profundidad por lo que viene a rajarla en su
amplitud: la esquizia. Todo se mezcla, y ah se produce la abertura, el agujero (y no el
hundimiento).
Extraa literatura anglo-americana: de Thomas Hardy, de Lawrence a Lowry, de
Miller a Ginsberg y Kerouac, los hombres saben partir, mezclar y confundir los
cdigos, hacer pasar flujos, atravesar el desierto del cuerpo sin rganos. Franquean un
lmite, derriban un muro, la barra capitalista. Y ciertamente fracasan en la realizacin

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del proceso, no cesan de fracasar en ello. Se cierra el callejn sin salida neurtico
el pap-mam de la edipizacin, Amrica, el retorno al pas natal o bien la
perversin de las territorialidades exticas, y adems la droga, el alcohol o peor
an, un viejo sueo fascista. Nunca el delirio oscil mejor entre un polo y otro. Pero,
a travs de los callejones sin salida y los tringulos, corre un flujo esquizofrnico,
irresistible, esperma, ro, cloaca, blenorragia u ola de palabras que no se dejan
codificar, libido demasiado fluida y demasiado viscosa: una violencia en la sintaxis,
una destruccin concertada del significante, sinsentido erigido como flujo,
polivocidad que frecuenta todas las relaciones. El problema de la literatura est mal
planteado, a partir de la ideologa que sustenta o de la recuperacin que de ella realiza
un orden social determinado. Se recupera a la gente, pero no las obras, que siempre
despertarn a un nuevo joven adormecido y echarn su fuego ms lejos. En cuanto a
la ideologa, sta es la nocin ms confusa ya que nos impide captar la relacin de la
mquina literaria con un campo de produccin y el momento en que el signo emitido
agujerea esta forma de contenido que intentaba mantenerla en el orden del
significante. Ya hace bastante tiempo, sin embargo, que Engels mostr, a propsito de
Balzac, de qu modo un autor es grande, ya que no puede impedirse que tracen y
hagan correr flujos que revientan el significante catlico y desptico de su obra, y que
necesariamente alimentan en el horizonte una mquina literaria. Esto es el estilo, o
ms bien la ausencia de estilo, la asintaxis, la agramaticalidad: momento en el que el
lenguaje ya no se define por lo que dice, y menos por lo que le hace significante, sino
por lo que le hace correr, fluir y estallar el deseo. Pues la literatura es como la
esquizofrenia: un proceso y no un fin, una produccin y no una expresin.
Incluso ah, la edipizacin es uno de los factores ms importantes en la reduccin
de la literatura a un objeto de consumo adecuado al orden establecido e incapaz de
daar a nadie. No se trata de la edipizacin personal del autor y de sus lectores, sino
de la forma edpica a la que se intenta esclavizar la propia obra, para convertirla en
esta actividad menor expresiva que segrega ideologa segn los cdigos sociales
dominantes. De este modo se considera que la obra de arte se inscribe entre los dos
polos de Edipo, problema y solucin, neurosis y sublimacin, deseo y verdad uno
regresivo, bajo el que trama y redistribuye los conflictos no resueltos de la infancia,
otro prospectivo, por el cual inventa las vas de una nueva solucin que concierne al
futuro del hombre. Es una conversin interior a la obra la que la constituye, se dice,
como objeto cultural. Desde este punto de vista, ni siquiera hay por qu aplicar el
psicoanlisis a la obra de arte, puesto que la propia obra de arte constituye un
psicoanlisis logrado, transferencia sublime con virtualidades colectivas
ejemplares. Resuena la hipcrita advertencia: un poco de neurosis es bueno para la
obra de arte, una buena materia, pero no la psicosis, sobre todo no la psicosis;
distinguimos el aspecto neurtico eventualmente creador y el aspecto psictico,

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alienante y destructor Como si las grandes voces, que supieron real izar una
abertura en la gramtica y en la sintaxis y convertir todo el lenguaje en un deseo, no
hablasen desde el fondo de la psicosis y no nos mostrasen un punto de huida
revolucionario eminentemente psictico. Es justo confrontar la literatura establecida
con un psicoanlisis edpico: la literatura despliega una forma de super-yo propia ms
nociva todava que el super-yo no escrito. Edipo es literario antes de ser
psicoanaltico. Siempre habr un Breton contra Artaud, un Goethe contra Lenz, un
Schiller contra Hlderlin, para superyoizar la literatura y decirnos: cuidado, no ms
lejos!, nada de faltas de tacto!, Werther s, Lenz no! La forma edpica de la
literatura es su forma mercantil. Libres somos de pensar que incluso hay menos
deshonestidad en un psicoanlisis que en esa literatura, pues el neurtico a secas
realiza una obra solitaria, irresponsable, ilegible y no vendible, que, por el contrario,
debe pagar para que sea no slo leda, sino traducida y reducida. Al menos comete
una falta econmica, una falta contra el tacto, y no esparce sus valores. Artaud deca
acertadamente: toda la escritura es marranera es decir, toda literatura que se toma
por fin, o se fija fines, en lugar de ser un proceso que surca la caca del ser y de su
lenguaje, acarrea dbiles, afsicos, iletrados. Ahorrmonos al menos la sublimacin.
Todo escritor es un vendido. La nica literatura es la que mina su paquete, fabricando
falsa moneda, haciendo estallar el super-yo de su forma de expresin y el valor
mercantil de su forma de contenido. Pero unos responden: Artaud no es literatura,
est fuera de ella porque est esquizofrnico. Los otros: no est esquizofrnico
porque pertenece a la literatura, y a la ms grande, a la textual. Unos y otros al menos
tienen en comn el poseer la misma concepcin pueril y reaccionaria de la
esquizofrenia y la misma concepcin neurtica mercantil de la literatura. Un crtico
malicioso escribe: es preciso no comprender nada del significante para declarar
perentoriamente que el lenguaje de Artaud es el de un esquizofrnico; el psictico
produce un discurso involuntario, trabado, sometido: lo contrario, pues, en todos los
aspectos, de la escritura textual. Pero, qu es este enorme arcasmo textual, el
significante, que somete la literatura a la marca de la castracin y santifica los dos
aspectos de su forma edpica? Y quin dice a este malicioso que el discurso del
psictico es involuntario, trabado, sometido? No es que sea al contrario, gracias a
Dios. Pero estas oposiciones son singularmente poco pertinentes. Artaud es el
despedazamiento de la psiquiatra, precisamente porque es esquizofrnico y no
porque no lo sea. Artaud es la realizacin de la literatura, precisamente porque es
esquizofrnico y no porque no lo sea. Hace tiempo que revent el muro del
significante: Artaud el Esquizo. Desde el fondo de su sufrimiento y de su gloria tiene
derecho a denunciar lo que la sociedad hace con el psictico que descodifica los
flujos del deseo (Van Gogh el suicidado de la sociedad), pero tambin lo que hace
con la literatura, cuando la opone a la psicosis en nombre de una recodificacin

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neurtica o perversa (Lewis Carroll o el cobarde de las bellas letras).


En este muro o este lmite esquizofrnicos muy pocos efectan lo que Laing
llama su abertura: gente por completo corriente, sin embargo Pero la mayora se
acerca al muro y retroceden horrorizados. Antes volver a caer bajo la ley del
significante, marcados por la castracin, triangulados en Edipo. Desplazan, pues, el
lmite, le introducen en el interior de la formacin social, entre la produccin y la
reproduccin sociales que ellos cargan y la reproduccin familiar sobre la que
vuelcan, a la que aplican todas las catexis. Introducen el lmite en el interior del
dominio as descrito por Edipo, entre los dos polos de Edipo. No cesan de
involucionar y evolucionar entre estos dos polos. Edipo como ltimo peasco y la
castracin como alveolo: ltima territorialidad, aunque sea reducida al divn del
analista, antes que los flujos descodificados del deseo que huyen, fluyen y nos
arrastran, dnde? Esa es la neurosis, desplazamiento del lmite, para crearse una
pequea tierra colonial para s. Pero otros quieren tierras vrgenes, ms realmente
exticas, familias ms artificiales, sociedades ms secretas que dibujan e instituyen a
lo largo del muro, en los lugares de perversin. Otros, asqueados del carcter de
utensilio de Edipo, pero tambin de la pacotilla y del estetismo perverso, alcanzan el
muro y saltan sobre l, a veces con una gran violencia. Entonces se inmovilizan, se
callan, se repliegan sobre el cuerpo sin rganos, todava territorialidad, pero esta vez
por completo desrtica, en la que toda la produccin deseante se detiene o,
paralizada, finge detenerse: psicosis. Estos cuerpos catatnicos caen en el ro como
plomos, inmensos hipoptamos fijos que no volvern a la superficie. Con todas sus
fuerzas se han confiado a la represin originaria, para escapar al sistema represin
general-represin que fabrica los neurticos. Pero una represin ms desnuda se abate
sobre ellos, que los identifica al esquizo de hospital, el gran autista, entidad clnica
que carece de Edipo. Por qu la misma palabra, esquizo, para designar a la vez el
proceso en tanto que franquea el lmite y el resultado del proceso en tanto que choca
con el lmite y se da de golpes para siempre con l? Para designar a la vez la
abertura eventual y el hundimiento posible, y todas las transiciones, las intrincaciones
de uno a otro? De las tres aventuras precedentes, la de la psicosis es la que guarda
una relacin ms estricta con el proceso: en el sentido en que Jaspers muestra que lo
demonaco, normalmente reprimido (rprim) - reprimido (refoul), irrumpe a
favor de tal estado o suscita estados tales que sin cesar corren el riesgo de hacerle
caer en el hundimiento y la disgregacin. Ya no sabemos si es al proceso al que hay
que llamar realmente locura, no siendo la enfermedad ms que su disfraz o caricatura,
o si la enfermedad es la nica locura cuyo proceso debera curarnos. Pero en
cualquier caso, la intimidad de la relacin aparece directamente en razn inversa: el
esquizo-entidad surge tanto ms como un producto especfico en cuanto que el
proceso de produccin se encuentra desviado de su curso, brutalmente interrumpido.

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Por esta razn, no podamos establecer ninguna relacin directa entre neurosis y
psicosis. Las relaciones entre neurosis, psicosis, y tambin perversin, dependen de la
situacin de cada una con respecto al proceso y de la manera como cada una
representa un modo de interrupcin, una tierra residual a la que uno todava se agarra
para no ser transportado por los flujos desterritorializados del deseo. Territorialidad
neurtica de Edipo, territorialidades perversas del artificio, territorialidad psictica
del cuerpo sin rganos: ora el proceso es cogido en la trampa y gira en el tringulo,
ora se toma a s mismo por fin, ora se persigue en el vaco y sustituye su realizacin
por una horrible exasperacin. Cada una de estas formas tiene como fondo a la
esquizofrenia, la esquizofrenia como proceso es lo nico universal. La esquizofrenia
es a la vez el muro, la abertura del muro y los fracasos de esta abertura: Cmo
debemos atravesar ese muro, pues no sirve para nada golpearlo fuerte, debemos
minar ese muro y atravesarlo con la lima, lentamente y con paciencia, a mi
entender[104]. Y lo que se ventila no es tan slo el arte o la literatura. Pues, o bien la
mquina artstica, la mquina analtica y la mquina revolucionaria permanecern en
las relaciones extrnsecas que las hacen funcionar en el marco amortiguado del
sistema represin general-represin, o bien se convertirn en piezas y engranajes unas
de otras en el flujo que alimenta una sola y misma mquina deseante, fuegos locales
pacientemente encendidos por una explosin generalizada la esquizia y no el
significante.

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CAPITULO 3

SALVAJES, BRBAROS, CIVILIZADOS

Socius inscriptor
Si lo universal es, al fin y al cabo, cuerpo sin rganos y produccin deseante, en
las condiciones determinadas por el capitalismo aparentemente vencedor, cmo
encontrar suficiente inocencia para hacer historia universal? La produccin deseante
ya est en el principio: hay produccin deseante desde el momento que hay
produccin y reproduccin sociales. Sin embargo, las mquinas sociales
precapitalistas son inherentes al deseo en un sentido muy preciso: lo codifican,
codifican los flujos del deseo. Codificar el deseo y el miedo, la angustia de los
flujos descodificados es el quehacer del socius. El capitalismo es la nica mquina
social, como veremos, que se ha construido como tal sobre flujos descodificados,
sustituyendo los cdigos intrnsecos por una axiomtica de las cantidades abstractas
en forma de moneda. Por tanto, el capitalismo libera los flujos de deseo, pero en
condiciones sociales que definen su lmite y la posibilidad de su propia disolucin, de
tal modo que no cesa de oponerse con todas sus fuerzas exasperadas al movimiento
que le empuja hacia ese lmite. En el lmite del capitalismo, el socius
desterritorializado da paso al cuerpo sin rganos, los flujos descodificados se echan
en la produccin deseante. Luego, es correcto comprender retrospectivamente toda la
historia a la luz del capitalismo, con la condicin de seguir exactamente las reglas
formuladas por Marx: en primer lugar, la historia universal es la de las contingencias
y no de la necesidad; cortes y lmites, pero no la continuidad. Pues han sido
necesarias grandes casualidades, sorprendentes encuentros, que hubieran podido
producirse en otro lugar, antes, o hubieran podido no producirse nunca, para que los
flujos escaparan a la codificacin y, escapando a ella, no dejasen de constituir una
nueva mquina determinable como socius capitalista: as, por ejemplo, el encuentro
entre la propiedad privada y la produccin mercantil que, sin embargo, se presentan
como dos formas muy diferentes de descodificacin, por privatizacin y por
abstraccin. O bien, desde el punto de vista de la propia propiedad privada, el
encuentro entre flujos de riquezas convertibles posedas por capitalistas y un flujo de
trabajadores poseedores tan slo de su fuerza de trabajo (all tambin, dos formas
muy distintas de desterritorializacin). En cierta manera, el capitalismo ha
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frecuentado todas las formas de sociedad, pero las frecuenta como su pesadilla
terrorfica, el miedo pnico que sienten ante un flujo que esquiva sus cdigos. Por
otra parte, si el capitalismo determina las condiciones y la posibilidad de una historia
universal, slo es cierto en la medida que tiene que ver esencialmente con su propio
lmite, su propia destruccin: como dice Marx, en la medida que es capaz de
criticarse a s mismo (al menos hasta un cierto punto: el punto donde el lmite
aparece, incluso en el movimiento que se opone a la tendencia)[105]. En una
palabra, la historia universal no es tan slo retrospectiva, es contingente, singular,
irnica y crtica.
La unidad primitiva, salvaje, del deseo y la produccin es la tierra. Pues la tierra
no es tan slo el objeto mltiple y dividido del trabajo, tambin es la entidad nica e
indivisible, el cuerpo lleno que se vuelca sobre las fuerzas productivas y se las
apropia como presupuesto natural o divino. El suelo puede ser el elemento productivo
y el resultado de la apropiacin, la Tierra es la gran estasis inengendrada, el elemento
superior a la produccin que condiciona la apropiacin y la utilizacin comunes del
suelo. Es la superficie sobre la que se inscribe todo el proceso de la produccin, se
registran los objetos, los medios y las fuerzas de trabajo, se distribuyen los agentes y
los productos. Aparece aqu como cuasi-causa de la produccin y como objeto del
deseo (sobre ella se anuda el lazo del deseo y de su propia represin). La mquina
territorial es, por tanto, la primera forma de socius, la mquina de inscripcin
primitiva, megamquina que cubre un campo social. No se confunde con las
mquinas tcnicas. Bajo sus formas ms simples llamadas manuales, la mquina
tcnica ya implica un elemento no humano, actuante, transmisor o incluso motor, que
prolonga la fuerza del hombre y permite que posea una cierta liberacin. La mquina
social, por el contrario, tiene como piezas a los hombres, incluso si se los considera
con sus mquinas, y los integra, los interioriza en un modelo institucional a todos los
niveles de la accin, de la transmisin y de la motricidad. Tambin forma una
memoria sin la cual no habra sinergia del hombre y de sus mquinas (tcnicas).
Estas, en efecto, no contienen las condiciones de reproduccin de su proceso; remiten
a mquinas sociales que las condicionan y las organizan, pero que tambin limitan o
inhiben su desarrollo. Ser preciso esperar al capitalismo para encontrar un rgimen
de produccin tcnico semi-autnomo, que tienda a apropiarse memoria y
reproduccin y modifique con ello las formas de explotacin del hombre; pero este
rgimen supone, precisamente, un desmantelamiento de las grandes mquinas
sociales precedentes. Una misma mquina puede ser tcnica y social, pero no bajo el
mismo aspecto: por ejemplo, el reloj como mquina tcnica para medir el tiempo
uniforme y como mquina social para reproducir las horas cannicas y asegurar el
orden de la ciudad. Cuando Lewis Mumford crea la palabra megamquina para
designar la mquina social como entidad colectiva, tiene literalmente toda la razn

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(aunque reserve su aplicacin a la institucin desptica brbara): Si, ms o menos de


acuerdo con la definicin clsica de Reuleaux, podemos considerar una mquina
como la combinacin de elementos slidos que poseen cada uno su funcin
especializada y funcionan bajo control humano para transmitir un movimiento y
ejecutar un trabajo, entonces la mquina humana sera una verdadera mquina[106].
La mquina social es literalmente una mquina, independientemente de toda
metfora, en tanto que presenta un motor inmvil y procede a diversas clases de
cortes: extraccin de flujo, separacin de la cadena, reparticin de partes. Codificar
los flujos implica todas estas operaciones. Esta es la tarea ms importante de la
mquina social, por ello las extracciones de produccin corresponden a separaciones
de cadena, resultando la parte residual de cada miembro, en un sistema global del
deseo y del destino que organiza las producciones de produccin, las producciones de
registro y las producciones de consumo. Flujo de mujeres y de nios, flujo de rebaos
y de granos, flujo de esperma, de mierda y de monstruos, nada debe escapar. La
mquina territorial primitiva, con su motor inmvil, la tierra, ya es mquina social o
megamquina, que codifica los flujos de produccin, medios de produccin,
productores y consumidores: el cuerpo lleno de la diosa Tierra rene sobre s las
especies cultivables, los instrumentos de labranza y los rganos humanos.
Meyer Fortes hace, de paso, una observacin feliz y plena de sentido: El
problema no es el de la circulacin de las mujeres Una mujer circula por s misma.
Uno no dispone de ella, pero los derechos jurdicos sobre la progenie son fijados en
provecho de una persona determinada[107]. No tenemos razn cuando aceptamos el
postulado subyacente a las concepciones sobre la sociedad basadas en el intercambio;
la sociedad no es, en primer lugar, un medio de intercambio en el que lo esencial
radicara en circular o en hacer circular; la sociedad es un socius de inscripcin donde
lo esencial radica en marcar o ser marcado. Slo hay circulacin si la inscripcin lo
exige o lo permite. El procedimiento de la mquina social primitiva, en este sentido,
es la catexis colectiva de los rganos; pues la codificacin de los flujos slo se realiza
en la medida en que los propios rganos capaces respectivamente de producirlos y de
cortarlos se encuentran cercados, instituidos a ttulo de objetos parciales, distribuidos
y enganchados al socius. Tal institucin de rganos es una mscara. Sociedades de
iniciacin componen los pedazos de un cuerpo, a la vez rganos de los sentidos,
piezas anatmicas y coyunturas. Algunas prohibiciones (no ver, no hablar) son
aplicadas a los que, en tal estado u ocasin, no poseen el goce de un rgano cargado
colectivamente. Las mitologas cantan los rganos-objetos parciales y su relacin con
un cuerpo lleno que los rechaza o los atrae: vaginas clavadas sobre el cuerpo de las
mujeres, pene inmenso compartido por los hombres, ano independiente que se
atribuye a un cuerpo sin ano. Un cuento gourmantch empieza del siguiente modo:
Cuando muri la boca, se consultaron a las otras partes del cuerpo para saber quin
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se encargara del entierro Las unidades nunca se encuentran en las personas, en el


sentido propio o privado, sino en series que determinan las conexiones,
disyunciones y conjunciones de rganos. Por eso, los fantasmas son fantasmas de
grupo. Es la catexis colectiva de rganos la que conecta el deseo con el socius y rene
en un todo sobre la tierra la produccin social y la produccin deseante.
Nuestras sociedades modernas, por el contrario, han procedido a una vasta
privatizacin de los rganos, que corresponde a la descodificacin de los flujos que
se han vuelto abstractos. El primer rgano que fue privatizado, colocado fuera del
campo social, fue el ano. Y adems sirvi de modelo a la privatizacin, al mismo
tiempo que el dinero expresaba el nuevo estado de abstraccin de los flujos. De ah la
verdad relativa de las observaciones psicoanalticas sobre el carcter anal de la
economa monetaria. El orden lgico es el siguiente: sustitucin de los flujos
codificados por la cantidad abstracta; retiro de catexis colectiva de los rganos de que
se trata, sobre el modelo del ano; constitucin de las personas privadas como centros
individuales de rganos y funciones derivadas de la cantidad abstracta. Incluso
debemos decir que si el falo tom en nuestras sociedades la posicin de un objeto
separado que distribuye la carencia en las personas de los dos sexos y organiza el
tringulo edpico, es debido al ano que lo separa de ese modo, pues l es quien toma y
sublima el pene en una especie de Aufhebung que constituye el falo. La sublimacin
est profundamente ligada a la analidad, pero no en el sentido en que sta
proporcionara una materia para sublimar, a falta de otro uso mejor. La analidad no
representa lo ms bajo que hay que convertir en ms alto. Es el propio ano el que
pasa a lo alto, en las condiciones que tendremos que analizar y que no presuponen la
sublimacin, puesto que la sublimacin, por el contrario, se desprende de ellas. Lo
anal no se ofrece a la sublimacin, sino que la sublimacin por ent ero es anal; as, la
crtica ms simple de la sublimacin radica en que sta no nos saca fuera de la mierda
(slo el espritu es capaz de cagar). La analidad es mayor si el ano sufre retiro de
catexis. La esencia del deseo es la libido; pero cuando la libido se convierte en
cantidad abstracta, el ano elevado y con retiro de catexis produce las personas
globales y los yo especficos que sirven de unidades de medida a esta misma
cantidad. Artaud dice: este culo de rata muerta colgado del techo del cielo, del que
surge el tringulo pap-mam-yo, el uterino madre-padre de un anal furioso cuyo
hijo no es ms que un ngulo, esta especie de revestimiento pendiente eternamente
de un algo que es el yo. Todo el Edipo es anal e implica una sobre-catexis individual
de rgano para compensar el retiro de catexis colectivo. Por ello, los comentadores
ms favorables a la universalidad de Edipo reconocen, sin embargo, que en las
sociedades primitivas no encontramos ninguno de los mecanismos, ninguna de las
actitudes, que lo efectan en nuestra sociedad. Nada de super-yo, nada de
culpabilidad. Nada de identificacin de un yo especfico con personas globales

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sino identificaciones siempre parciales y de grupo, segn la serie compacta


aglutinada de los antepasados, segn la serie fragmentada de los camaradas o de los
primos. Nada de analidad aunque haya, o ms bien porque hay ano catexizado
colectivamente. Entonces, quin queda por hacer el Edipo?[108] La estructura, es
decir, una virtualidad no efectuada? Debemos creer que Edipo universal frecuenta
todas las sociedades, pero del mismo modo como las frecuenta el capitalismo, es
decir, como la pesadilla o el presentimiento angustiado de lo que seran la
descodificacin de flujos y el retiro de catexis colectivo de rganos, el devenirabstracto de los flujos de deseo y el devenir-privado de los rganos?
La mquina territorial primitiva codifica los flujos, catexiza los rganos, marca
los cuerpos. Hasta qu punto circular, cambiar, es una actividad secundaria con
respecto a esta tarea que resume todas las otras: marcar los cuerpos, que son de la
tierra? La esencia del socius registrador, inscriptor, en tanto que se atribuye las
fuerzas productivas y distribuye los agentes de produccin, reside en esto: tatuar,
sajar, sacar cortando, cortar, escarificar, mutilar, contornear, iniciar. Nietzsche defina
la moralidad de las costumbres, o el verdadero trabajo del hombre sobre s mismo
durante el mayor perodo de la especie humana, todo su trabajo prehistrico: un
sistema de evaluaciones que poseen verdadera fuerza en lo relativo a los diversos
miembros o partes del cuerpo. No slo el criminal est privado de rganos segn un
orden de catexis colectivas, no slo el que debe ser comido lo est segn reglas
sociales tan precisas como las que cortan y reparten un buey; sino que el hombre que
goza plenamente de sus derechos y de sus deberes tiene todo el cuerpo marcado bajo
un rgimen que relaciona sus rganos y su ejercicio con la colectividad (la
privatizacin de los rganos comenzar con la vergenza que el hombre siente ante
la vista del hombre). Pues es un acto de fundacin, mediante el cual el hombre deja
de ser un organismo biolgico y se convierte en un cuerpo lleno, una tierra, sobre la
que sus rganos se enganchan, atrados, rechazados, milagroseados, segn las
exigencias de un socius. Que los rganos estn tallados en el socius y que los flujos
corran sobre l. Nietzsche dice: se trata de dar al hombre una memoria; y el hombre,
que se ha constituido por una facultad activa de olvido, por una represin de la
memoria biolgica, debe hacerse otra memoria, que sea colectiva, una memoria de
las palabras y no de las cosas, una memoria de los signos y no de los efectos. Sistema
de la crueldad, terrible alfabeto, esta organizacin que traza signos en el mismo
cuerpo: Tal vez no haya nada ms terrible y ms inquietante en la prehistoria del
hombre que su mnemotecnia Esta nunca ocurra sin suplicios, sin mrtires y
sacrificios sangrientos cuando el hombre juzgaba necesario crearse una memoria; los
ms temibles holocaustos y los compromisos ms horribles, las mutilaciones ms
repugnantes, los rituales ms crueles de todos los cultos religiosos Nos daremos
cuenta de las dificultades que se dan sobre la tierra para criar un pueblo de

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pensadores![109]. La crueldad no tiene nada que ver con una violencia natural o de
cualquier tipo que se encargara de explicar la historia del hombre. La crueldad es el
movimiento de la cultura que se opera en los cuerpos y se inscribe sobre ellos,
labrndolos. Esto es lo que significa crueldad. Esta cultura no es el movimiento de la
ideologa: por el contrario, introduce a la fuerza la produccin en el deseo y, a la
inversa, inserta a la fuerza el deseo en la produccin y la reproduccin sociales. Pues
incluso la muerte, el castigo, los suplicios son deseados, y son producciones (cf. la
historia del fatalismo). A los hombres o a sus rganos, los convierte en las piezas y
engranajes de la mquina social. El signo es posicin de deseo; pero los primeros
signos son los signos territoriales que clavan sus banderas en los cuerpos. Y si
queremos llamar escritura a esta inscripcin en plena carne, entonces es preciso
decir, en efecto, que el habla supone la escritura, y que es este sistema cruel de signos
inscritos lo que hace al hombre capaz de lenguaje y le proporciona una memoria de
las palabras.

La mquina territorial primitiva


La nocin de territorialidad slo en apariencia es ambigua. Pues si entendemos
por ello un principio de residencia o de reparticin geogrfica, es evidente que la
mquina social primitiva no es territorial. Slo lo ser el aparato de Estado que, segn
la formulacin de Engels, no subdivide el pueblo, sino el territorio y sustituye una
organizacin gentilicia por una organizacin geogrfica. No obstante, all mismo
donde el parentesco parece tener prelacin sobre la tierra no es difcil mostrar la
importancia de los vnculos locales. Ocurre que la mquina primitiva subdivide el
pueblo, pero lo hace sobre una tierra indivisible en la que se inscriben las relaciones
conectivas, disyuntivas y conjuntivas de cada segmento con los otros (as, por
ejemplo, la coexistencia o la complementariedad del jefe de segmento y del guardin
de la tierra). Cuando la divisin llega a la propia tierra, en virtud de una organizacin
administrativa, territorial y residencial, no podemos ver en ello una promocin de la
territorialidad, sino, todo lo contrario, el efecto del primer gran movimiento de
desterritorializacin sobre las comunidades primitivas. La unidad inmanente de la
tierra como motor inmvil da lugar a una unidad trascendente de una naturaleza por
completo distinta, unidad de Estado; el cuerpo lleno ya no es el de la tierra, sino el del
Dspota, el Inengendrado, que ahora se encarga tanto de la fertilidad del suelo como
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de la lluvia del cielo, y de la apropiacin general de las fuerzas productivas. El socius


primitivo salvaje era, pues, la nica mquina territorial en sentido estricto. Y el
funcionamiento de una mquina tal consiste en esto: declinar alianza y filiacin,
declinar los linajes sobre el cuerpo de la tierra, antes de que haya un Estado.
Si la mquina es de declinacin se debe a que es imposible deducir simplemente
la alianza de la filiacin, las alianzas de las lneas filiativas. Nos equivocaramos si
prestsemos a la alianza slo un poder de individualizacin sobre las personas de un
linaje; ms bien produce una discernibilidad generalizada. Leach cita casos de
regmenes matrimoniales muy diversos sin que podamos inferir de ello una diferencia
en la filiacin de los grupos correspondientes. En muchos anlisis, el acento se
coloca sobre los lazos internos al grupo solidario unilineal o sobre los lazos existentes
entre diferentes grupos que poseen una filiacin comn. Los lazos estructurales que
provienen del matrimonio entre miembros de grupos diferentes han sido, en su mayor
parte, ignorados, o incluso asimilados al concepto universal de filiacin. As Fortes,
aunque reconociendo en los lazos de alianza una importancia comparable a la de los
lazos de filiacin, disfraza los primeros bajo la expresin de descendencia
complementaria. Este concepto, que recuerda la distincin romana entre agnacin y
cognacin, implica esencialmente que todo individuo est vinculado a los parientes
de su padre y de su madre en tanto que descendiente de uno y otro, y no por el hecho
de que estn casados (Sin embargo) los lazos perpendiculares que unen
lateralmente los diferentes patrilinajes no son concebidos por los propios indgenas
como lazos de filiacin. La continuidad en el tiempo de la estructura vertical se
expresa adecuadamente por la transmisin agnaticia de un nombre del patrilinaje.
Pero la continuidad de la estructura lateral no se expresa de esa misma forma. Ms
bien es mantenida por una cadena de relaciones econmicas entre deudores y
acreedores La existencia de estas deudas pendientes manifiesta la continuidad de la
relacin de alianza[110]. La filiacin es administrativa y jerrquica, pero la alianza es
poltica y econmica y expresa el poder en tanto que no se confunde con la jerarqua
ni se deduce de ella, y la economa en tanto que no se confunde con la
administracin. Filiacin y alianza son como las dos formas de un capital primitivo,
capital fijo o stock filiativo, capital circulante o bloques mviles de deudas. Les
corresponden dos memorias, una biofiliativa, otra, de alianza y de palabras. Si la
produccin es registrada en la red de las disyunciones filiativas sobre el socius,
todava es preciso que las conexiones del trabajo se separen del proceso productivo y
pasen a este elemento de registro que se las apropia como cuasi-causa. Pero no puede
hacerlo ms que volviendo a tomar por su cuenta el rgimen conectivo, bajo la forma
de un lazo de alianza o de una conjugacin de personas compatible con las
disyunciones de filiacin. Es en este sentido que la economa pasa por la alianza. En
la produccin de hijos, el hijo est inscrito con relacin a las lneas disyuntivas de su

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padre o de su madre, pero, inversamente, stas no lo inscriben ms que a travs de


una conexin representada por el matrimonio del padre y la madre. Por tanto, no
existe ningn momento en el que la alianza derivara de la filiacin. Ambas
componen un ciclo esencialmente abierto en el que el socius acta sobre la
produccin, pero en el que tambin la produccin reacciona sobre el socius.
Los marxistas tienen razn al recordar que si el parentesco es dominante en la
sociedad primitiva, est determinado a serlo por factores econmicos y polticos. Y si
la filiacin expresa lo que es dominante aunque estando determinado, la alianza
expresa lo que es determinante, o ms bien el retorno del determinante en el sistema
determinado de dominancia. Por ello es esencial considerar cmo se componen
concretamente las alianzas con las filiaciones sobre una superficie territorial dada.
Leach ha separado, precisamente, la instancia de las lneas locales, en tanto que se
distinguen de las lneas de filiacin y operan al nivel de pequeos segmentos: son
esos grupos de hombres que residen en un mismo lugar, o en lugares vecinos, quienes
maquinan los matrimonios y forman la realidad concreta, mucho ms que los
sistemas de filiacin y las clases matrimoniales abstractas. Un sistema de parentesco
no es una estructura, sino una prctica, una praxis, un procedimiento e incluso una
estrategia. Louis Berthe, al analizar una relacin de alianza y jerarqua, muestra cmo
una aldea interviene como tercero para permitir conexiones matrimoniales entre
elementos que la disyuncin de dos mitades prohibira desde el estricto punto de vista
de la estructura: el tercer trmino debe interpretarse ms bien como un
procedimiento que como un verdadero elemento estructural[111]. Cada vez que
interpretamos las relaciones de parentesco en la comunidad primitiva en funcin de
una estructura que se desplegara en la mente, caemos en una ideologa de los grandes
segmentos que hace depender la alianza de las filiaciones mayores, pero que se
encuentra desmentida por la prctica. Hay que preguntarse si, en los sistemas de
alianza asimtrica, existe una tendencia fundamental al intercambio generalizado, es
decir, al cierre del ciclo. No he podido encontrar nada parecido entre los Mru Cada
cual se comporta como si ignorase la compensacin que resultar del cierre del ciclo,
acenta la relacin de asimetra, insistiendo sobre el comportamiento acreedordeudor[112]. Un sistema de parentesco no aparece cerrado ms que en la medida en
que se le separa de las referencias econmicas y polticas que lo mantienen abierto y
que convierten a la alianza en algo ms que un arreglo de clases matrimoniales y de
lneas filiativas.
En ello va toda la empresa de codificacin de los flujos. Cmo asegurar la
adaptacin recproca, el abrazo respectivo de una cadena significante y del flujo de
produccin? El gran cazador nmada sigue los flujos, los agota al momento y se
desplaza con ellos. Reproduce de forma acelerada toda su filiacin, la contra en un
punto que lo mantiene en una relacin directa con el antepasado o con el dios. Pierre
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Clastres describe al cazador solitario que forma una unidad con su fuerza y su destino
y lanza su canto en un lenguaje cada vez ms rpido y deformado: Yo, yo, yo, yo
soy una naturaleza poderosa, una naturaleza irritada y agresiva[113]. Estas son las
dos caractersticas del cazador, el gran paranoico de la selva o del bosque:
desplazamiento real con los flujos, filiacin directa con el dios. Ocurre que en el
espacio nmada el cuerpo lleno del socius es algo as como adyacente a la
produccin, todava no se ha volcado sobre ella. El espacio del campamento
permanece adyacente al del bosque, es constantemente reproducido en el proceso de
produccin, pero todava no se ha apropiado de ese proceso. El movimiento objetivo
aparente de la inscripcin no ha suprimido el movimiento real del nomadismo. Sin
embargo, no existe el nmada puro, siempre existe un campamento en el que hay que
acumular, por poco que sea, inscribir y repartir, casarse y alimentarse (Clastres
muestra cmo entre los Guayaki a la conexin entre cazadores y animales vivos
sucede en el campamento una disyuncin entre los animales muertos y los cazadores,
disyuncin semejante a una prohibicin del incesto, puesto que el cazador no puede
consumir sus propias presas). En una palabra, como veremos en otras ocasiones,
siempre hay un perverso que sucede al paranoico, o lo acompaa a veces el mismo
hombre en dos situaciones: el paranoico de selva y el perverso de aldea. Pues desde el
momento en que el socius se fija y se vuelca sobre las fuerzas productivas, se las
atribuye, el problema de la codificacin ya no puede resolverse por la simultaneidad
de un desplazamiento desde el punto de vista de los flujos y de una reproduccin
acelerada desde el punto de vista de la cadena. Es preciso que los flujos sean objeto
de extracciones que constituyen un mnimo de stock y que la cadena significante sea
objeto de separaciones que constituyen un mnimo de mediaciones. Un flujo est
codificado en tanto que separaciones de cadena y extracciones de flujo se efectan en
correspondencia, se abrazan y se desposan. Ya la actividad altamente perversa de los
grupos locales maquina los matrimonios sobre la territorialidad primitiva: una
perversidad normal o no patolgica, como deca Henry Ey para otros casos en los que
se manifiesta un trabajo psquico de seleccin, de refinamiento y de clculo. Y as
se da desde el principio, puesto que no hay nmada puro que pueda contentarse con
cabalgar los flujos y cantar la filiacin directa: siempre un socius espera para
volcarse, extrayendo y separando.
Las extracciones de flujo constituyen un stock filiativo en la cadena significante;
pero inversamente, las separaciones de cadena constituyen deudas mviles de alianza
que orientan y dirigen los flujos. Sobre la cobertura como stock familiar se hacen
circular las piedras de alianza o cauris. Hay como un ciclo vasto de los flujos de
produccin y de las cadenas de inscripcin, y un crculo ms restringido entre los
stocks de filiacin que encadenan o empotran los flujos y los bloques de alianza que
hacen fluir las cadenas. La descendencia es a la vez flujo de produccin y cadena de

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inscripcin, stock de filiacin y fluxin de alianza. Todo ocurre como si el stock


constituyese una energa superficial de inscripcin o de registro, la energa potencial
del movimiento aparente; pero la deuda es la direccin actual de este movimiento,
energa cintica determinada por el camino respectivo de las donaciones y
contradonaciones sobre esta superficie. En el Kula, la circulacin de los collares y de
los brazaletes se detiene en ciertos lugares, en ciertas ocasiones, para volver a formar
un stock. No existen conexiones productivas sin disyunciones de filiacin que se las
apropien, pero no hay disyunciones de filiacin que no reconstituyan conexiones
laterales a travs de las alianzas y las conjugaciones de personas. No slo los flujos y
las cadenas, sino los stocks fijos y los bloques mviles, en tanto que implican a su
vez relaciones entre cadenas y flujos en ambos sentidos, estn en un estado de
relatividad perpetua: sus elementos varan, mujeres, bienes de consumo, objetos
rituales, derechos, prestigios y estatutos. Si postulamos que debe de haber en algn
lugar una especie de equilibrio de los pagos, nos vemos obligados a ver en el evidente
desequilibrio de las relaciones una consecuencia patolgica, que se explica diciendo
que el sistema supuesto cerrado se extiende en una direccin y se abre a medida que
las prestaciones son ms amplias y ms complejas. Pero tal concepcin est en
contradiccin con la economa fra primitiva, sin inversin neta, sin moneda ni
mercado, sin relacin mercantil de intercambio. El resorte de una economa de este
tipo consiste, por el contrario, en una verdadera plusvala de cdigo: cada separacin
de cadena produce, de un lado u otro en los flujos de produccin, fenmenos de
exceso y de defecto, de carencia y de acumulacin, que se encuentran compensados
por elementos no intercambiables de tipo prestigio adquirido o consumo distribuido
(El jefe convierte los valores perecederos en un prestigio imperecedero por medio
de festividades espectaculares; de esa manera los consumidores de los bienes son al
fin y al cabo los productores del principio)[114]. La plusvala de cdigo es la forma
primitiva de la plusvala en tanto que responde a la clebre frmula de Mauss: el
espritu de la cosa dada, o la fuerza de las cosas que hace que las donaciones deban
ser devueltas de manera usuraria, siendo signos territoriales de deseo y de poder,
principios de abundancia y de fructificacin de los bienes. En vez de ser una
consecuencia patolgica, el desequilibrio es funcional y principal. En vez de ser la
extensin de un sistema en primer lugar cerrado, la obertura es primera, basada en la
heterogeneidad de los elementos que componen las prestaciones y compensan el
desequilibrio desplazndolo. En una palabra, las separaciones de cadena significante
segn las relaciones de alianza engendran plusvalas de cdigo al nivel de los flujos,
de donde se desprenden diferencias de estatuto para las lneas filiativas (por ejemplo,
el rango superior o inferior de los donadores o tomadores de mujeres). La plusvala
de cdigo efecta las diversas operaciones de la mquina territorial primitiva: separar
segmentos de cadena, organizar las extracciones de flujo, repartir las partes que

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vuelven a cada uno.


La idea de que las sociedades primitivas no tienen historia y estn dominadas por
algunos arquetipos y su repeticin es particularmente dbil e inadecuada. Esta idea no
naci entre los etnlogos, sino ms bien en los idelogos vinculados a una conciencia
trgica judeo-cristiana a la que queran abonar la invencin de la historia. Si
llamamos historia a una real idad dinmica y abierta de las sociedades, en estado de
desequilibrio funcional o de equilibrio oscilante, inestable y siempre compensado,
que implica no slo conflictos institucionalizados, sino conflictos generadores de
cambios, rebeliones, rupturas y escisiones, entonces las sociedades primitivas estn
plenamente en la historia y muy alejadas de la estabilidad o incluso de la armona que
se les quiere prestar en nombre de una primaca de un grupo unnime. La presencia
de la historia en toda mquina social aparece en las discordancias en las que, como
dice Lvi-Strauss, se descubre la seal, imposible de ignorar, del
acontecimiento[115]. En verdad, hay varias maneras de interpretar tales
discordancias: idealmente, por la separacin entre la institucin real y su modelo
ideal supuesto; moralmente, invocando un lazo estructural entre la ley y la
transgresin; fsicamente, como si se tratase de un fenmeno de desgaste que hace
que la mquina social ya no sea apta para tratar sus materiales. Pero, incluso ah,
parece que la interpretacin adecuada sea ante todo actual y funcional: es para
funcionar que una mquina social no debe funcionar bien. Precisamente a propsito
del sistema segmentario, siempre llamado a reconstituirse sobre sus propias ruinas, ha
podido ser esto demostrado; lo mismo para la organizacin de la funcin poltica en
estos sistemas, que no se ejerce efectivamente ms que indicando su propia
impotencia[116]. Los etnlogos no cesan de decir que las reglas de parentesco no son
aplicadas ni aplicables a los matrimonios reales: no porque estas reglas sean ideales,
sino al contrario, porque determinan puntos crticos en los que el dispositivo se
vuelve a poner en marcha con la condicin de estar bloqueado, y se sita
necesariamente en una relacin negativa con el grupo. Es ah que aparece la identidad
de la mquina social con la mquina deseante: no tiene por lmite el desgaste, sino el
fallo, no funciona ms que chirriando, estropendose, estallando en pequeas
explosiones los disfuncionamientos forman parte de su propio funcionamiento, y
ste no es el aspecto menor del sistema de la crueldad. Nunca una discordancia o un
disfuncionamiento anunciaron la muerte de una mquina social que, por el contrario,
tiene la costumbre de alimentarse de las contradicciones que levanta, de las crisis que
suscita, de las angustias que engendra, y de operaciones infernales que la revigorizan:
el capitalismo lo ha aprendido y ha dejado de dudar de s mismo, mientras que
incluso los socialistas renuncian a creer en la posibilidad de su muerte natural por
desgaste. Nunca se ha muerto nadie de contradicciones. Y cuanto ms ello se
estropea, ms esquizofreniza, mejor marcha, a la americana.
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Pero ya es desde este punto de vista, aunque no sea de la misma manera, que hay
que considerar al socius primitivo, la mquina territorial, para declinar alianzas y
filiaciones. Esta mquina es la Segmentaria, porque a travs de su doble aparato tribal
y de linaje suministra segmentos de longitud variable: unidades filiativas
genealgicas de linajes mayores, menores y mnimos, con su jerarqua y sus jefes
respectivos, antepasados guardianes de stock y organizadores de matrimonios;
unidades territorial es tribales de secciones primarias, secundarias y terciarias, con
sus dominancias y sus alianzas. El punto de separacin entre las secciones tribales
se convierte en el punto de divergencia de la estructura clnica de los linajes
asociados a cada una de las secciones; los clanes y sus linajes no son grupos
coherentes distintos, sino que estn incorporados en comunidades locales en el
interior de las cuales funcionan estructuralmente[117]. Los dos sistemas se cortan,
estando cada segmento asociado a los flujos y a las cadenas, a stocks de flujos y a
flujos de paso, a extracciones de flujo y a separaciones de cadenas (algunos trabajos
de produccin se realizan en el marco del sistema tribal, otros, en el marco del
sistema de sucesin o de linaje). Entre lo inalienable de filiacin y el mvil de alianza
se dan toda clase de penetraciones que provienen de la variabilidad y de la relatividad
de los segmentos. Ocurre que cada segmento no mide su longitud y no existe como
tal ms que por oposicin con otros segmentos en una serie de escalones ordenados
unos con respecto a otros: la mquina segmentaria trama competiciones, conflictos y
rupturas, a travs de las variaciones de filiacin y las fluctuaciones de alianza. Todo
el sistema evoluciona entre dos polos, el de la fusin por oposicin a otros grupos, el
de la escisin por formacin constante de nuevos linajes aspirantes a la
independencia, con capitalizacin de alianzas y filiaciones. De un polo a otro, todos
los fallos, todos los fracasos se producen en el sistema que no cesa de renacer de sus
propias discordancias. Qu quiere decir Jeanne Fabret cuando muestra, con otros
etnlogos, que la persistencia de una organizacin segmentaria exige
paradjicamente que sus mecanismos sean suficientemente ineficaces para que el
temor sea el motor del conjunto? Y qu temor? Se dira que las formaciones
sociales presienten, con un presentimiento mortfero y melanclico, lo que les va a
ocurrir, aunque lo que les ocurra siempre provenga del exterior y se hunda en su
abertura. Tal vez incluso por esta razn ello les ocurre desde el exterior; las
formaciones sociales ahogan su potencialidad interior al precio de estos
disfuncionamientos que desde entonces forman parte integrante del funcionamiento
de su sistema.
La mquina territorial segmentaria conjura la fusin con la escisin e impide la
concentracin de poder al mantener los rganos de jefatura en una relacin de
impotencia con el grupo: como si los propios salvajes presintiesen la ascensin del
Brbaro imperial que, sin embargo, llegar de fuera y sobrecodificar todos sus

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cdigos. Pero el mayor peligro radicara en una dispersin, una escisin tal que todas
las posibilidades de cdigo fuesen suprimidas: flujos descodificados corriendo sobre
un socius ciego y mudo, desterritorializado, sta es la pesadilla que la mquina
primitiva conjura con todas sus fuerzas y con todas sus articulaciones segmentarias.
La mquina primitiva no ignora el intercambio, el comercio y la industria, los
conjura, los localiza, los cuadricula, los encastra, mantiene al mercader y al herrero
en una posicin subordinada, para que flujos de intercambio y de produccin no
vengan a romper los cdigos en provecho de sus cantidades abstractas o ficticias. Y
no es tambin Edipo el miedo al incesto: temor de un flujo descodificador? Si el
capitalismo es la verdad universal, lo es en el sentido en que es el negativo de todas
las formaciones sociales: es la cosa, lo innombrable, la descodificacin generalizada
de los flujos que permite comprender a contrario el secreto de todas estas
formaciones, codificar los flujos, e incluso sobrecodificarlos antes de que algo escape
a la codificacin. Las sociedades primitivas no estn fuera de la historia, es el
capitalismo el que est en el fin de la historia: es el resultado de una larga historia de
contingencias y accidentes y provoca el advenimiento de este fin. No podemos decir
que las formaciones anteriores no lo hayan previsto, esta Cosa que no ha llegado de
fuera ms que a fuerza de subir desde dentro, y a la que se le impide subir. De donde
la posibilidad de una lectura retrospectiva de toda la historia en funcin del
capitalismo. Ya podemos buscar el signo de las clases en las sociedades
precapitalistas. Sin embargo, los etnlogos sealan lo difcil que es realizar la
particin de estas proto-clases, de las castas organizadas por la mquina territorial y
de los rangos distribuidos por la mquina primitiva segmentaria. Los criterios que
distinguen clases, castas y rangos no deben ser buscados en el lado de lo fijo o de la
permeabilidad, del cierre o de la abertura relativas; estos criterios se revelan siempre
como decepcionantes, eminentemente engaosos. Pero los rangos son inseparables de
la codificacin territorial primitiva, como las castas de la sobrecodificacin esttica
imperial; mientras que las clases dependen del proceso de una produccin industrial y
mercantil descodificada en las condiciones del capitalismo. Por tanto, podemos leer
toda la historia bajo el signo de las clases, pero observando las reglas indicadas por
Marx y en la medida en que las clases son el negativo de las castas y de los rangos.
Pues con certeza el rgimen de la descodificacin no significa ausencia de
organizacin, sino la ms sombra organizacin, la ms dura contabilidad, la
axiomtica reemplazando a los cdigos y comprendindolos siempre a contrario.

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Problema de Edipo
El cuerpo lleno de la tierra posee distinciones. Sufriente y peligroso, nico,
universal, se vuelca sobre la produccin, sobre los agentes y las conexiones de
produccin. Pero tambin sobre l todo se engancha y se inscribe, todo es atrado,
milagreado. Es el elemento de la sntesis disyuntiva y de su reproduccin: fuerza pura
de la filiacin o genealoga, Numen. El cuerpo lleno es lo inengendrado, pero la
filiacin es el primer carcter de inscripcin marcado sobre este cuerpo. Y ya
sabemos lo que es esta filiacin intensiva, esta disyuncin inclusiva donde todo se
divide, pero en s mismo, y donde el mismo ser est en todo lugar, en todos los lados,
en todos los niveles, aproximadamente en la diferencia de intensidad. El mismo ser
incluso recorre sobre el cuerpo lleno distancias indivisibles y pasa por todas las
singularidades, todas las intensidades de una sntesis que se desliza y se reproduce.
No sirve para nada recordar que la filiacin genealgica es social y no biolgica, es
necesariamente biosocial, en tanto que se inscribe sobre el huevo csmico del cuerpo
Heno de la tierra. Tiene un origen mtico que es el Uno, o ms bien el uno-dos
primitivo. Es preciso decir los gemelos o el gemelo que se divide y se une en s
mismo, el Nommo o los Nommo? La sntesis disyuntiva distribuye los antepasados
primordiales, pero cada uno es un cuerpo lleno completo, macho y hembra, que
aglutina sobre s todos los objetos parciales, con variaciones tan slo intensivas que
corresponden al zig-zag interno del huevo dogon. Cada uno repite intensivamente por
su cuenta toda la genealoga. Y en todo lugar lo mismo, en los dos cabos de la
distancia indivisible y en todos los lados, letana de gemelos, filiacin intensa. Marcel
Griaule y Germain Dieterlen, al principio del Renard ple, esbozan una esplndida
teora del signo: los signos de filiacin, signos-guas y signos-seores, signos del
deseo en primer lugar intensivos, que caen en espiral y atraviesan una serie de
explosiones antes de tomar una extensin en las imgenes, las figuras y los dibujos.
Si el cuerpo lleno se vuelca sobre las conexiones productivas y las inscribe en una
red de disyunciones intensivas e inclusivas, an es preciso que recobre o reanime
conexiones laterales en esa misma red, que se las atribuya como si fuese su causa.
Son los dos aspectos del cuerpo lleno: superficie encantada de inscripcin, ley
fantstica o movimiento objetivo aparente; pero tambin agente mgico o fetiche,
cuasi-causa. No le basta con inscribir todas las cosas, debe de hacer como si las
produjese. Es preciso que las conexiones reaparezcan bajo una forma compatible con
las disyunciones inscritas, incluso si a su vez reaccionan sobre la forma de estas
disyunciones. Tal es la alianza como segundo carcter de inscripcin: la alianza
impone a las conexiones productivas la forma extensiva de una conjugacin de
personas, compatible con las disyunciones de la inscripcin, pero reacciona
inversamente sobre la inscripcin determinando un uso exclusivo y limitativo de estas
mismas disyunciones. Por tanto, es forzoso que la alianza est representada
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mticamente como si llegase en un determinado momento a las lneas filiativas


(aunque, en otro sentido, est all desde siempre). Griaule relata cmo, entre los
Dogon, algo se produce en un determinado momento, al nivel y del lado del octavo
antepasado: un descarrilamiento de las disyunciones que dejan de ser inclusivas, que
se convierten en exclusivas; desde ese momento se produce un desmembramiento del
cuerpo lleno, una anulacin de la gemelitud, una separacin de los sexos marcada por
la circuncisin; pero tambin una recomposicin del cuerpo sobre un nuevo modelo
de conexin o de conjugacin, una articulacin de los cuerpos por s mismos y entre
ellos, una inscripcin lateral con piedras de alianza articulatorias, en resumen, toda un
arca de la alianza[118]. Nunca las alianzas derivan de las filiaciones, ni se deducen de
ellas. Pero, planteado este principio, debemos distinguir dos puntos de vista: uno
econmico y poltico, en el que la alianza est ah desde siempre, combinndose con
lneas filiativas extensas que no preexisten a ella en un sistema dado supuesto en
extensin. El otro, mtico, que muestra cmo la extensin del sistema se forma y se
delimita a partir de lneas filiativas intensas y primordiales que necesariamente
pierden su uso inclusivo o ilimitativo. Desde este punto de vista, el sistema extenso o
amplio es como una memoria de alianzas y de palabras, que implica una represin
activa de la memoria intensa de filiacin. Pues si la genealoga y las filiaciones son
objeto de una memoria siempre vigilante, es en la medida en que ya estn tomadas en
un sentido extensivo que ciertamente no posean antes de la determinacin de las
alianzas que se les confieren; en tanto que filiaciones intensivas, por el contrario, son
objeto de una memoria particular, nocturna y bio-csmica, la que precisamente debe
sufrir la represin para que se instaure la nueva memoria extensa.
Podemos comprender mejor por qu el problema no consiste en ir de las
filiaciones a las alianzas, o de concluir stas de aqullas. El problema radica en pasar
de un orden intensivo energtico a un sistema extensivo, que comprenda a la vez las
alianzas cualitativas y las filiaciones extensas. Que la energa primera del orden
intensivo el Numen sea una energa de filiacin, no cambia para nada la cuestin
pues esta filiacin intensa todava no es extensa o amplia, todava no implica ninguna
distincin de personas ni siquiera de sexo, sino tan slo variaciones pre-personales en
intensidad, que afectan una misma gemelitud o bisexualidad tomada en grados
diversos. Los signos de este orden son, pues, fundamentalmente neutros o ambiguos
(segn una expresin que Leibniz utilizaba para designar un signo que puede ser
tanto + como ). Se trata de saber cmo, a partir de esta intensidad primera,
pasaremos a un sistema en extensin en el que 1.) las filiaciones sern filiaciones
extensas bajo la forma de linajes, implicando distinciones de personas y de
denominaciones parentales; 2.) las alianzas sern al mismo tiempo relaciones
cualitativas, que las filiaciones extensas suponen al igual que a la inversa; 3.) en
resumen, los signos intensos ambiguos cesarn de serlo y se volvern negativos o

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positivos. Lo vemos claramente en algunas pginas de Lvi-Strauss, cuando explica


para formas simples de matrimonio la prohibicin de los primos paralelos y la
recomendacin de los primos cruzados: cada matrimonio entre dos linajes A y B
afecta a la pareja con un signo (+) o (), segn que esta pareja resulte para A o para
B una adquisicin o una prdida. Poco importa a este respecto que el rgimen de
filiacin sea patrilineal o matrilineal. En un rgimen patrilineal y patrilocal, por
ejemplo, las mujeres parientes son mujeres perdidas, las mujeres parientes por
afinidad son mujeres ganadas. Cada familia surgida de esos matrimonios se
encuentra, por lo tanto, afectada con un signo, determinado por el grupo inicial segn
que la madre de los hijos sea una hija o una nuera Cambiamos de signo al pasar del
hermano a la hermana, puesto que el hermano adquiere una esposa mientras que la
hermana es perdida por su propia familia. Pero, observa Lvi-Strauus, no dejamos
de cambiar de signo al cambiar de generacin: Segn que, desde el punto de vista
del grupo inicial, el padre haya recibido una esposa o la madre haya sido transferida
al exterior, los hijos tienen derecho a una mujer o deben una hermana. Sin duda esta
diferencia no se traduce, en la realidad, con una condena al celibato para la mitad de
los primos machos: pero expresa, en cualquier caso, la ley de que un hombre no
puede recibir una esposa ms que del grupo del que es exigible una mujer, porque en
la generacin superior fue ganada una mujer En lo que concierne a la pareja pivote,
formada por un hombre a casado con una mujer b, evidentemente posee los dos
signos segn que se considere desde el punto de vista de A o de B, y lo mismo es
cierto para sus hijos. A continuacin basta con considerar la generacin de los primos
para constatar que todos los que estn en la relacin (+ +) o (- -) son paralelos,
mientras que todos los que estn en la relacin (+ -) o (- +) son cruzados[119]. Pero
planteado de este modo, se trata menos del ejercicio de una combinatoria lgica que
regula un juego de intercambios, como querra Lvi-Strauus, que de la instauracin
de un sistema fsico que naturalmente se expresar en trminos de deudas. Nos parece
muy importante que el propio Lvi-Strauss invoque las coordenadas de un sistema
fsico, aunque no vea en ello ms que una metfora. En el sistema fsico en extensin,
algo ocurre del orden de un flujo de energa (+ - o - +), algo no ocurre o permanece
bloqueado (+ + o - -), algo bloquea o, al contraro, hace pasar. Algo o alguien. Y en
este sistema en extensin no existe filiacin primera, ni primera generacin o
intercambio inicial, sino siempre alianzas, al mismo tiempo que las filiaciones son
extensas, expresando a la vez lo que debe quedar bloqueado en la filiacin y lo que
debe pasar en la alianza.
Lo esencial no es que los signos cambien segn los sexos y las generaciones, sino
que se pase de lo intensivo a lo extensivo, es decir, de un orden de signos ambiguos a
un rgimen de signos cambiantes pero determinados. Ah, el recurso al mito es
indispensable, no porque sea una representacin transpuesta e incluso invertida de las

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relaciones reales en extensin, sino porque slo l determina de acuerdo con el


pensamiento y la prctica indgenas las condiciones intensivas del sistema
(comprendido el sistema de la produccin). Por ello, un texto de Marcel Griaule que
busca en el mito un principio de explicacin del avunculado nos parece decisivo, y
escapa al reproche de idealismo que habitualmente se hace a este tipo de tentativas; lo
mismo para el reciente artculo de Adler y Cartry donde vuelven a plantear la
cuestin[120]. Estos autores tienen razn al observar que el tomo de parentesco de
Lvi-Strauus (con sus cuatro relaciones hermano-hermana, marido-esposa, padrehijo, to materno-hijo de hermana) se presenta en un conjunto ya acabado, en el que la
madre en tanto que tal es extraamente excluida, aunque pueda ser segn el caso ms
o menos pariente o a fin con respecto a sus hijos. Ahora bien, es ah donde se
arraiga el mito, que no es expresivo sino condicionante. Como cuenta Griaule, el
Yurugu, que penetra en el trozo de placenta que ha hurtado, es como el hermano de su
madre a la que se une por esa razn: Este personaje, en efecto, surge en el espacio
llevndose una parte de placenta alimenticia, es decir, una parte de su propia madre.
Consideraba que este rgano tambin le perteneca y formaba parte de su propia
persona, de tal manera que se identificaba con su genitora, en la especie la matriz del
mundo, y se estimaba colocado en el mismo plano que ella, desde el punto de vista de
las generaciones Siente inconscientemente su pertenencia simblica a la
generacin de su madre y su separacin de la generacin real de la que es miembro
Siendo, segn l, de la misma sustancia y generacin que su madre, se asimila a un
gemelo macho de su genitora, y la regla mtica de la unin de los dos miembros
apareados lo propone como esposo ideal. Por tanto, en calidad de seudo-hermano de
su genitora, debera estar en la situacin de su to uterino, esposo designado de esta
mujer. Sin duda ya encontramos en este nivel todos los personajes en juego, madre,
padre, hijo, hermano de la madre, hermana del hijo. Pero es evidente y sorprendente
que no sean personas: sus nombres no designan personas, sino las variaciones
intensivas de un movimiento en espiral vibratorio, disyunciones inclusivas, estados
necesariamente gemelos y bisexuados por los que un sujeto pasa en el huevo
csmico. Debemos interpretarlo todo en intensidad. El huevo, y la misma placenta,
recorrido por una energa vital inconsciente susceptible de aumento y de
disminucin. El padre no est en modo alguno ausente. Pero Amma, padre y genitor,
es una alta parte intensiva, inmanente a la placenta, inseparable de la gemelitud que
lo rel aciona con su parte femenina. Y si el hijo yurugu se lleva a su vez una parte de
placenta, lo hace en una relacin intensiva con otra parte que contiene a su propia
hermana o gemela. Pero, apuntando ms alto, la parte que se lleva lo convierte en
hermano de su madre, que reemplaza eminentemente a la hermana y a la que se une
reemplazando l mismo a Amma. En una palabra, todo un mundo de signos
ambiguos, divisiones inclusivas y estados bisexuados. Soy el hijo y tambin el

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hermano de mi madre, y el esposo de mi hermana, y mi propio padre. Todo reposa en


la placenta que se ha vuelto tierra, lo inengendrable, cuerpo lleno de antiproduccin
en el que se enganchan los rganos-objetos parciales de un Nommo sacrificado. La
placenta, en tanto que sustancia comn a la madre y al hijo, parte comn de su
cuerpo, hace que estos cuerpos no sean como una causa y un efecto, sino que sean
ambos productos derivados de esta misma sustancia con respecto a la cual el hijo es
gemelo de su madre: ste es el eje del mito dogon relatado por Griaule. S, he sido mi
madre y he sido mi hijo. Rara vez hemos visto al mito y la ciencia decir lo mismo a
una distancia tan grande: el relato dogon desarrolla un weismannismo mtico donde el
plasma germinativo forma una lnea inmortal y continua que no depende de los
cuerpos, sino de la que dependen, al contrario, tanto los cuerpos de los padres como
los de los hijos. De ah la distincin entre dos lneas, una continua y germinal, la otra,
somtica y discontinua, sometida tan slo a la sucesin de las generaciones.
(Lyssenko encontraba un cariz naturalmente dogon para volverlo contra Weismann y
reprocharle el que convirtiese al hijo en el hermano gentico o germinal de la madre:
los morganistas-mendelianos, siguiendo a Weismann, parten de la idea de que los
padres no son genticamente los padres de sus hijos; si creysemos en su doctrina,
padres e hijos seran hermanos y hermanas[121].)
Pero el hijo no es somticamente el hermano y el gemelo de su madre. Por ello no
puede casarse con ella (sin perjuicio de que a continuacin expliquemos el sentido de
este por ello). El que debera haberse casado con la madre es, pues, el to uterino.
Primera consecuencia: el incesto con la hermana no es un sustituto del incesto con la
madre, sino al contrario, es el modelo intensivo del incesto como manifestacin de la
lnea germinal. Adems, Hamlet no es una extensin de Edipo, un Edipo en segundo
grado: al contrario, un Hamlet negativo o invertido es primero con respecto a Edipo.
El sujeto no reprocha al to el haber hecho lo que l deseaba hacer; le reprocha no
haber hecho lo que l, el hijo, no poda hacer. Por qu el to no se ha casado con la
madre, su hermana somtica? Porque no deba hacerlo ms que en nombre de esta
filiacin germinal, marcada con los signos ambiguos de la gemelitud y la
bisexualidad, segn la cual el hijo tambin hubiera podido hacerlo, y ser asimismo
este to en relacin intensa con la madre-gemela. Se cierra el crculo vicioso de la
lnea germinal (el double bind primitivo): el to no puede casarse con su hermana, la
madre; ni el sujeto, desde entonces, puede casarse con su propia hermana la gemela
del Yurugu ser devuelta a los Nommo como una pariente afn potencial. El orden del
soma hace caer abajo toda la escala intensiva. Pero si a causa de esto el hijo no puede
casarse con la madre, no es porque somnticamente pertenezca a otra generacin.
Contra Malinowski, Lvi-Strauss demostr claramente que la mezcla de las
generaciones no era en modo alguno temida como tal y que la prohibicin del incesto
no se explicaba de ese modo[122]. Ocurre que la mezcla de generaciones en el caso
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hijo-madre tiene el mismo efecto que su correspondencia en el caso to-hermana, es


decir, manifiesta una nica y misma filiacin germinal que en ambos casos hay que
reprimir. En una palabra, un sistema somtico en extensin slo puede constituirse en
la medida en que las filiaciones se vuelvan extensas, correlativamente a las alianzas
laterales que se instauran. Por la prohibicin del incesto con la hermana se anuda la
alianza lateral, por la prohibicin del incesto con la madre la filiacin se vuelve
extensa. No hay ah ninguna represin del padre, ningn repudio del nombre del
padre; la posicin respectiva del padre o de la madre como pariente o aliado, el
carcter patrilineal o matrilineal de la filiacin, el carcter patrilateral o matrilateral
del matrimonio son elementos activos de la represin y no objetos sobre los que se
realiza. Ni siquiera la memoria de filiacin en general se halla reprimida por una
memoria de alianza. Es la gran memoria nocturna de la filiacin germinal intensiva la
que est reprimida en provecho de una memoria somtica extensiva, hecha a base de
las filiaciones que se han vuelto extensas (patrilineales o matrilineales) y de las
alianzas que implican. Todo el mito dogon es una versin patrilineal de la oposicin
entre las dos genealogas, las dos filiaciones; en intensidad y en extensin, el orden
germinal intenso y el rgimen extensivo de las generaciones somticas.
El sistema en extensin nace de las condiciones intensivas que lo hacen posible,
pero reacciona ante ellas, las anula, las reprime y no les permite ms expresin que la
mtica. A la vez, los signos dejan de ser ambiguos y se determinan en relacin con las
filiaciones extensas y las alianzas laterales; las disyunciones se vuelven exclusivas,
limitativas (el o bien reemplaza al ya ya intenso); los nombres, las
denominaciones no designan ya estados intensivos, sino personas discernibles. La
discernibilidad se posa sobre la hermana, la madre, como esposas prohibidas. Las
personas, con los nombres que ahora las designan, no preexisten a las prohibiciones
que las constituyen como tales. Madre y hermana no preexisten a su prohibicin
como esposas. Robert Jaulin dice correctamente: El discurso mtico tiene como tema
el paso de la indiferencia ante el incesto a su prohibicin: implcito o explcito, este
tema es subyacente a todos los mitos; es, pues, una propiedad formal de este
lenguaje[123]. Del incesto hay que sacar la conclusin, a la letra, de que no existe, no
puede existir. Siempre estamos ms ac del incesto, en una serie de intensidades que
ignora las personas discernibles; o bien ms all, en una extensin que las reconoce,
que las constituye, pero que las constituye volvindolas imposibles como compaeras
sexuales. No podemos realizar el incesto ms que despus de una serie de
sustituciones que nos aleja siempre de l, es decir, con una persona que no vale por la
madre o por la hermana ms que a fuerza de no serlo: la que es discernible como
posible esposa. Este es el sentido del matrimonio preferencial: el primer incesto
permitido; pero no es una casualidad el que rara vez sea efectuado, como si todava
estuviese demasiado cerca del imposible inexistente (por ejemplo, el matrimonio

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preferencial dogon con la hija del to, sta valiendo por la ta, que vale asimismo por
la madre). El artculo de Griaule es sin duda, en toda la etnologa, el texto que est
ms profundamente inspirado por el psicoanlisis. Y sin embargo, implica
conclusiones que hacen estallar todo Edipo, ya que no se contenta con plantear el
problema en extensin, y con ello suponerlo resuelto. Son estas conclusiones las que
Adler y Cartry han sabido extraer: Se acostumbra a considerar las relaciones
incestuosas en el mito ya como expresin del deseo o de la nostalgia de un mundo en
el que tales relaciones seran posibles o indiferentes, ya como expresin de una
funcin estructural de inversin de la regla social, funcin destinada a fundamentar la
prohibicin y su transgresin En ambos casos ya se da como constituido lo que es
precisamente la emergencia de un orden que el mito cuenta y explica. En otros
trminos, se razona como si el mito pusiese en escena personas definidas como padre,
madre, hijo y hermana, mientras que estos papeles parentales pertenecen al orden
[124]

constituido por la prohibicin: el incesto no existe . El incesto es un puro


lmite. Con la condicin de evitar dos falsas creencias relativas al lmite: una
convierte al lmite en una matriz o un origen, como si lo prohibido probase que la
cosa primero era deseada como tal; la otra convierte al lmite en una funcin
estructural, como si una relacin supuesta fundamental entre el deseo y la ley se
ejerciese en la transgresin. Una vez ms hay que recordar que la ley no prueba nada
sobre una realidad original del deseo, ya que desfigura esencialmente lo deseado, y
que la transgresin no prueba nada sobre una realidad funcional de la ley, ya que,
antes de ser una irrisin de la ley, es ella misma irrisoria con respecto a lo que la ley
prohbe realmente (es por esto que las revoluciones no tienen nada que ver con las
transgresiones). En resumen, el lmite no es ni un ms ac ni un ms all: es lmite
entre ambos, Peu profond ruisseau calomni linceste, siempre ya franqueado o
todava no franqueado. Pues el incesto es como el movimiento, es imposible. No es
imposible en el sentido en que lo sera lo real, sino, al contrario, en el sentido en que
lo es lo simblico.
Pero, qu quiere decir que el incesto es imposible? No es posible acostarse con
la hermana o con la madre? Cmo renunciar al viejo argumento: es preciso que sea
posible ya que est prohibido? Sin embargo, el problema es otro. La posibilidad del
incesto exigira las personas y los nombres, hijo, hermana, madre, hermano, padre.
Ahora bien, en el acto de incesto podemos disponer de las personas, pero pierden su
nombre en tanto que estos nombres son inseparables de la prohibicin que los prohbe
como compaeros sexuales; o bien los nombres subsisten y ya no designan ms que
estados intensivos prepersonales que tambin podran extenderse a otras personas,
como cuando se llama mam a la mujer legtima, o hermana a la esposa. Es en este
sentido que decamos: siempre estamos ms ac o ms all. Nuestras madres,
nuestras hermanas se fundamentan entre nuestros brazos; su nombre se desliza sobre
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su persona como un sello demasiado mojado. Nunca podemos gozar a la vez de la


persona y del nombre lo que, sin embargo, sera la condicin del incesto. Sea, el
incesto es una aagaza, es imposible. Pero tan slo hemos echado hacia atrs el
problema. No es propio del deseo el desear lo imposible? Al menos en este caso,
esta simpleza ni siquiera es verdadera. Recordemos que es ilegtimo concluir de la
prohibicin la naturaleza de lo que est prohibido; pues la prohibicin procede
deshonrando al culpable, es decir, induciendo una imagen desfigurada y desplazada
de lo que es realmente prohibido o deseado. Es incluso de esta manera que la
represin general se prolonga en una represin (refoulement) sin la cual no incidira
sobre el deseo. Lo deseado es el flujo germinal o germinativo intenso, en el cual en
vano buscaremos personas o incluso funciones discernibles como padre, madre, hijo,
hermana, etc., puesto que estos nombres no designan ms que variaciones intensivas
sobre el cuerpo lleno de la tierra determinado como germen. Podemos llamar siempre
incesto, as como indiferencia ante el incesto, a este rgimen de un solo y mismo ser
o flujo variante en intensidad segn disyunciones inclusivas. Pero precisamente por
ello no podemos confundir el incesto tal como sera en este rgimen intensivo no
personal que lo instituira, con el incesto tal como es representado en extensin en el
estado que lo prohbe y que lo define como transgresin sobre las personas. Jung, por
tanto, tiene razn al decir que el complejo de Edipo es algo ms que lo simple y que
la madre es adems la tierra, el incesto, un renacimiento infinito (su equivocacin
radica tan slo en creer que as supera la sexualidad). El complejo somtico remite
a un implejo germinal. El incesto remite a un ms ac que no puede ser representado
como tal en el complejo, puesto que el complejo es un elemento derivado de la
represin de este ms ac. El incesto tal como es prohibido (forma de las personas
discernibilizadas) sirve para reprimir el incesto tal como es deseado (el fondo de la
tierra intensa). El flujo germinal intensivo es el representante del deseo y sobre l se
realiza la represin; la figura edpica extensiva es su representado desplazado, el cebo
o la imagen trucada que viene a recubrir el deseo, suscitada por la represin. Poco
importa que esta imagen sea imposible: realiza su oficio desde el momento que el
deseo se deja prender ah como en lo propio imposible. Ves, esto es lo que t
queras! Sin embargo, es esta conclusin, que va directamente de la represin a lo
reprimido, y de la prohibicin a lo prohibido, la que implica ya todo el paralogismo
de la represin general.
Pero, por qu el implejo o el influjo germinal es reprimido, l que sin embargo
es el representante territorial del deseo? Es debido a que remite, en concepto de
representante, a un flujo que no sera codificable, que no se dejara codificar
precisamente el terror del socius primitivo. Ninguna cadena podra separarse, nada
podra ser extrado; nada pasara de la filiacin a la descendencia, sino que, al
contrario, la descendencia ser perpetuamente volcada sobre la filiacin en el acto de

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reengendrarse a s misma; la cadena significante no formara ningn cdigo, slo


emitira signos ambiguos y sera roda perpetuamente por su soporte energtico; lo
que corriera sobre el cuerpo lleno de la tierra estara tan desencadenado como los
flujos no codificados que se deslizan sobre el desierto de un cuerpo sin rganos. Pues
la cuestin es menos la de la abundancia o la escasez, la de la fuente o del
agotamiento (incluso agotar es un flujo), que la de lo codificable y lo no codificable.
El flujo germinal es tal que viene a ser lo mismo decir que todo pasara o correra con
l o, al contrario, que todo estara bloqueado. Para que los flujos sean codificables es
preciso que su energa se deje cuantificar o cualificar es preciso que se realicen
extracciones de flujo en relacin con separaciones de cadena es preciso que algo
pase, pero tambin que algo sea bloqueado, y que algo bloquee o haga pasar. Ahora
bien, esto no es posible ms que en el sistema en extensin que discernibiliza las
personas y realiza un uso determinado de los signos, un uso exclusivo de las sntesis
disyuntivas, un uso conyugal de las sntesis conectivas. Tal es el sentido de la
prohibicin del incesto concebida como la instauracin de un sistema fsico en
extensin: debemos buscar en cada caso lo que pasa del flujo de intensidad, lo que no
pasa, lo que hace pasar o impide pasar, segn el carcter patrilateral o matrilateral de
los matrimonios, segn el carcter matrilineal o patrilineal de los linajes, segn el
rgimen general de las filiaciones extensas o las alianzas laterales. Volvamos al
matrimonio preferencial dogon tal como es analizado por Griaule: lo bloqueado es la
relacin con la ta como sustituto de la madre; lo que pasa es la relacin con la hija de
la ta, como sustituto de la ta, como primer incesto posible o permitido; lo que
bloquea o hace pasar es el to uterino. Lo que pasa implica, en compensacin de lo
que est bloqueado, una verdadera plusvala de cdigo que vuelve al to en tanto que
hace pasar, mientras que sufre una especie de minusvala en la medida en que
bloquea (as, por ejemplo, los robos rituales realizados por los sobrinos en la casa del
to, pero tambin, como dice Griaule, el aumento y la fructificacin de los bienes
del to cuando el sobrino mayor va a habitar a su casa). El problema fundamental: a
quin van las prestaciones matrimoniales en tal o cual sistema?, no puede ser resuelto
independientemente de la complejidad de las lneas de paso y de las lneas de bloqueo
como si lo que estuviese bloqueado o prohibido reapareciese en las bodas como
un fantasma que viene a reclamar lo que se le debe[125]. Loffler escribe sobre un
caso determinado: Entre los Mru, el modelo patrilineal prevalece sobre la tradicin
matrilineal: la relacin, hermano-hermana, que es trasmitida de padre a hijo y de
madre a hija, puede serlo indefinidamente en la relacin padre-hijo, pero no en la
relacin madre-hija que se termina con el matrimonio de la hija. Una hija casada
transmite a su propia hija una nueva relacin, a saber, la que le une a su propio
hermano. Al mismo tiempo, una hija que se casa no se separa del linaje de su
hermano, sino nicamente del linaje del hermano de su madre. La significacin de los

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pagos al hermano de la madre cuando el matrimonio de su sobrina slo se comprende


de este modo: la joven abandona el antiguo grupo familiar de su madre. La sobrina se
convierte en madre y en punto de partida de una nueva relacin hermano-hermana,
sobre la cual se funda una nueva alianza[126]. Lo que se prolonga, lo que se detiene,
lo que se separa, y las diferentes relaciones segn las que se distribuyen estas
acciones y pasiones, permiten comprender el mecanismo de formacin de la plusvala
de cdigo en tanto que pieza indispensable a toda codificacin de los flujos.
Desde ese momento podemos esbozar las diversas instancias de la representacin
territorial en el socius primitivo. En primer lugar, en influjo germinal de intensidad
condiciona toda la representacin: es el representante del deseo. Sin embargo, si es
llamado representante es porque vale para los flujos no codificables, no codificados o
descodificados. En ese sentido, implica a su manera el lmite del socius, el lmite y el
negativo de todo socius. Adems la represin general de este lmite slo es posible en
tanto que el representante mismo sufra una represin. Esta represin determina lo que
pasar y lo que no pasar del influjo en el sistema en extensin, lo que permanecer
bloqueado o en stock en las filiaciones extensas, lo que al contrario se mover y
correr segn las relaciones de alianza, de tal manera que se efecte la codificacin
sistemtica de los flujos. Llamamos alianza a esta segunda instancia, la propia
representacin reprimente, puesto que las filiaciones no se vuelven extensas ms que
en funcin de las alianzas laterales que miden sus segmentos variables. De ah la
importancia de estas lneas locales que Leach ha identificado y que, dos a dos,
organizan las alianzas y maquinan los matrimonios. Cuando les asignbamos una
actividad perversa-normal, queramos decir que estos grupos locales eran los agentes
de la represin, los grandes codificadores. En todo lugar donde los hombres se
encuentran y se renen para tomar mujeres, negociarlas, repartirlas, etc.,
reconocemos el vnculo perverso de una homosexualidad primaria entre grupos
locales, entre yernos, co-maridos, compaeros de infancia. Sealando el hecho
universal de que el matrimonio no es una alianza entre un hombre y una mujer, sino
una alianza entre dos familias, una transaccin entre hombres a propsito de
mujeres, Georges Devereux sacaba la acertada conclusin de una motivacin
homosexual bsica y de grupo[127]. A travs de las mujeres los hombres establecen
sus propias conexiones: a travs de la disyuncin hombre-mujer, que a cada instante
es la conclusin de la filiacin, la alianza conecta hombres de filiacin diferente. La
cuestin: por qu una homosexualidad femenina no ha dado lugar a grupos de
amazonas capaces de negociar los hombres? Tal vez encuentra la respuesta en la
afinidad de las mujeres con el influjo germinal, y entonces en su posicin cerrada en
el seno de las filiaciones extensas (histeria de filiacin, por oposicin a la paranoia de
alianza). La homosexualidad masculina es, por tanto la representacin de alianza que
reprime los signos ambiguos de la filiacin intensa bisexuada. No obstante, creemos
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que Devereux se equivoca dos veces: cuando declara que durante bastante tiempo
retrocedi ante este descubrimiento demasiado grave, dice, de una representacin
homosexual (no hay ah ms que una versin primitiva de la frmula Todos los
hombres son pederastas, y ciertamente nunca lo son tanto como cuando maquinan
matrimonios). Por otra parte y sobre todo, cuando quiere convertir esta
homosexualidad de alianza en un producto del complejo de Edipo en tanto que
reprimido. Nunca la alianza se deduce de las lneas de filiacin por intermedio de
Edipo, sino al contrario las articula, bajo la accin de las lneas locales y de su
homosexualidad primaria no edpica. Y es cierto que existe una homosexualidad
edpica o filiativa, es preciso ver en ello tan slo una reaccin secundaria ante esta
homosexualidad de grupo, en primer lugar no edpica. En cuanto a Edipo en general,
no es lo reprimido, es decir, el representante del deseo, que est ms ac e ignora por
completo el pap-mam. No es la representacin reprimente, que est ms all y no
discierne las personas ms que sometindolas a las reglas homosexuales de la alianza.
El incesto es tan slo el efecto retroactivo de la representacin reprimente sobre el
representante reprimido: sta desfigura o desplaza a este representante sobre el que
acta, proyecta sobre l categoras discernidas que ella misma ha instaurado, le aplica
trminos que no existan antes de que la alianza, precisamente, no hubiese organizado
lo positivo y lo negativo en el sistema en extensin la representacin lo vuelca
sobre lo que est bloqueado en ese sistema. Edipo es, por tanto, el lmite, pero el
lmite desplazado que ahora pasa al interior del socius. Edipo es la imagen-seuelo en
la que el deseo se deja coger (Esto es lo que t queras! los flujos descodificados!
esto era el incesto!). Entonces empieza una larga historia, la de la edipizacin. Pero
precisamente todo empieza en la cabeza de Layo, el viejo homosexual de grupo, el
perverso, que tiende una trampa al deseo. Pues el deseo tambin es eso, una trampa.
La representacin territorial implica estas tres instancias, el representante reprimido,
la representacin reprimente, el representado desplazado[128].

Psicoanlisis y etnologa
Vamos demasiado aprisa, actuamos como si Edipo ya estuviese instalado en la
mquina territorial salvaje. Sin embargo, como dice Nietzsche a propsito de la mala
conciencia, no es sobre ese terreno que crece una planta semejante. Las condiciones
de Edipo como complejo familiar, comprendido en el marco del familiarismo
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propio a la psiquiatra y al psicoanlisis, todava no se dan. Las familias salvajes


forman una praxis, una poltica, una estrategia de alianzas y de filiaciones; son
formalmente los elementos motores de la reproduccin social; no tienen nada que ver
con un microcosmos expresivo; el padre, la madre, la hermana siempre funcionan en
ella como algo ms que padre, madre o hermana. Y ms que el padre, la madre, etc.,
est el aliado, el pariente por afinidad, que constituye la realidad concreta activa y
hace que las relaciones entre familias sean coextensivas al campo social. Ni siquiera
sera exacto decir que las determinaciones familiares estallan en todos los rincones de
ese campo y permanecen vinculadas a determinaciones propiamente sociales, puesto
que unas y otras forman una sola y misma pieza en la mquina territorial. Al no ser
todava la reproduccin familiar un simple medio o una materia al servicio de una
reproduccin social de otra naturaleza, no existe ninguna posibilidad de volcar sta
sobre aqulla, de establecer entre ambas relaciones bi-unvocas que concederan a un
complejo familiar cualquiera un valor expresivo y una forma autnoma aparente. Por
el contrario, es evidente que el individuo en la familia, incluso de pequeo, carga o
catexiza directamente un campo social, histrico, econmico y poltico, irreductible a
toda estructura mental no menos que a toda constel acin afectiva. Por ello, cuando
consideramos casos patolgicos y procesos de cura en las sociedades primitivas,
consideramos por completo insuficiente el compararlos al proceso psicoanaltico al
relacionarlos con crit erios que estn tomados de ste: por ejemplo, un complejo
familiar, incluso diferente del nuestro, o contenidos culturales incluso referidos a un
inconsciente tnico como podemos verlo en los paralelismos intentados entre la
cura psicoanaltica y la cura chamnica (Devereux, Lvi-Strauss). Definamos el
esquizoanlisis por dos aspectos: la destruccin de las seudo-formas expresivas del
inconsciente, el descubrimiento de las catexis inconscientes del campo social por el
deseo. Es desde este punto de vista que hay que considerar muchas de las curas
primitivas; son esquizoanlisis en acto.
Victor Turner nos da un ejemplo notable de una curacin de este tipo entre los
Ndembu[129]. El ejemplo es tanto ms sorprendente en cuanto todo, a nuestros ojos
pervertidos, parece en primer lugar edpico. Afeminado, insoportable, vanidoso,
fracasando en todas sus empresas, el enfermo K es presa de la sombra de su abuelo
materno que le hace duros reproches. Aunque los Ndembu sean matrilineales y deban
habitar en casa de sus parientes maternos, K pas una temporada excepcionalmente
larga en el matrilinaje de su padre, del que era el favorito, y se cas con primas
paternas. Pero, a la muerte de su padre, es expulsado y vuelve a la aldea materna. All
su casa expresa perfectamente su situacin, encajonada entre dos sectores, las casas
de miembros del grupo paterno y las de su propio matrilinaje. Ahora bien, cmo
proceden la adivinacin, encargada de indicar la causa del mal, y la cura mdica,
encargada de tratarlo? La causa radica en el diente, los dos incisivos superiores del

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antepasado cazador, mantenidos en un saco sagrado, pero que pueden escaparse para
penetrar en el cuerpo del enfermo. Sin embargo, para diagnosticar, para conjurar los
efectos del incisivo, el adivino y el mdico se entregan a un anlisis social que
concierne al territorio y su vecindad, la jefatura y las subjefaturas, los linajes y sus
segmentos, las alianzas y las filiaciones: no cesan de sacar a luz al deseo en sus
relaciones con unidades polticas y econmicas y es en ese punto, por otra parte,
que los testigos intentan engaarlos. La adivinacin se convierte en una forma de
anlisis social durante la cual salen a la luz luchas ocultas entre individuos y
facciones, de tal modo que puedan ser tratadas por procedimientos rituales
tradicionales, el carcter vago de las creencias msticas permite que sean
manipuladas en relacin con un gran nmero de situaciones sociales. Resulta que el
incisivo patgeno es el del abuelo materno. Pero ste fue un gran jefe; su sucesor, el
jefe real debi renunciar por temor a ser embrujado; y su presunto heredero,
inteligente y emprendedor, no tiene el poder; el jefe actual no es el bueno; en cuanto
al enfermo K, no ha sido desempear el papel de mediador que hubiera podido
convertirle en un candidato a jefe. Todo se complica a causa de las relaciones
colonizadores-colonizados, al no haber reconocido los ingleses la jefatura, la aldea
empobrece cayendo en la decrepitud (los dos sectores de la aldea provienen de una
fusin de dos grupos que haban huido de los ingleses; los viejos gimen por la
decadencia actual). El mdico no organiza un sociodrama, sino un verdadero anlisis
de grupo centrado en el enfermo. Dndole pociones, atndole cuernos al cuerpo para
que aspiren el incisivo, haciendo sonar los tambores, el mdico procede a una
ceremonia entrecortada de paradas y partidas, flujos de todas clases, flujo de palabras
y cortes: los miembros de la aldea vienen a hablar, el enfermo habla, la sombra es
invocada, se paran, el mdico explica, se vuelve a empezar, tambores, cantos, trances.
No se trata solamente de descubrir las catexis preconscientes del campo social por los
intereses, sino, ms profundamente, sus catexis inconscientes por el deseo, tal como
pasan en los matrimonios del enfermo, su posicin en la aldea, y todas las posiciones
del jefe vividas con intensidad en el grupo.
Decamos que el punto de partida pareca edpico. Era tan slo el punto de partida
para nosotros, criados para decir Edipo cada vez que se nos habla del padre, madre o
abuelo. En verdad, el anlisis Ndembu nunca fue edpico: estaba directamente ligado
a la organizacin y la desorganizacin sociales; la misma sexualidad, a travs de las
mujeres y los matrimonios, era una catexis de deseo; los padres desempeaban en l
el papel de estmulos, y no el de organizador (o desorganizador) de grupo, mantenido
por el jefe y sus smbolos. En lugar de que todo fuese volcado sobre el nombre del
padre, o del abuelo materno, ste se abra a todos los nombres de la historia. En lugar
de que todo fuese proyectado sobre un grotesco corte de la castracin, todo se
dispersaba en los mil cortes-flujos de las jefaturas, de los linajes, de las relaciones de

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colonizacin. Todo el juego de las razas, de los clanes, de las alianzas y de las
filiaciones, toda esta deriva histrica y colectiva es justo lo contrario del anlisis
edpico, cuando obstinadamente aplasta el contenido de un delirio, cuando lo forma
con todas sus fuerzas con el vaco simblico del padre. O ms bien, si es cierto que
el anlisis ni siquiera al principio es edpico, salvo para nosotros, sin embargo, no se
vuelve edpico en cierta medida, y en qu medida? S, se vuelve as en parte bajo el
efecto de la colonizacin. El colonizador, por ejemplo, abolesce la antigua
jurisdiccin del jefe, o la utiliza para sus propios fines (o bien podemos decir que la
jefatura todava no es nada). El colonizador dice: tu padre es tu padre y nada ms que
esto, o el abuelo materno, no vayas a tomarlos por jefes puedes hacerte triangular
en tu rincn y colocar tu casa entre las de los paternos y las de los maternos tu
familia es tu familia y nada ms, la reproduccin social ya no pasa por ella, aunque se
tenga necesidad de tu familia para proporcionar un material que ser sometido al
nuevo rgimen de la produccin Entonces s, un marco edpico se esboza para los
salvajes desposedos: Edipo de chabolas. Hemos visto, no obstante, que los
colonizados eran un ejemplo tpico de resistencia a Edipo: en efecto, ah la estructura
edpica no llega a cerrarse y los trminos permanecen pegados a los agentes de la
reproduccin social opresiva, ya en una lucha, ya en una complicidad (el blanco, el
misionero, el recaudador de impuestos, el exportador de bienes, el notable de la aldea
que se ha convertido en agente de la administracin, los viejos que maldicen al
blanco, los jvenes que entran en una lucha poltica, etc.). Las dos aserciones son
ciertas: el colonizado se resiste a la edipizacin y la edipizacin tiende a encerrarlo en
ella. En la medida en que existe edipizacin, sta es el hecho de la colonizacin y es
preciso unirla a todos los procedimientos que Jaulin supo describir en La Paix
blanche. El estado de colonizado puede conducir a una reduccin de la
humanizacin del universo, de tal modo que toda solucin buscada lo ser a la
medida del individuo o de la familia restringida con, por consiguiente, una anarqua o
un desorden extremos al nivel de lo colectivo: anarqua de la que el individuo
siempre ser vctima, a excepcin de los que poseen la clave de tal sistema, en este
caso, los colonizadores, que, al mismo tiempo en que el colonizado reducir el
universo, ellos tendern a extenderlo[130]. Edipo es algo as como la eutanasia en el
etnocidio. Cuanto ms la reproduccin social escapa a los miembros del grupo, en
naturaleza y en extensin, ms se vuelca sobre ellos o los vuelca a ellos en una
reproduccin familiar restringida y neurotizada de la cual Edipo es el agente.
Cmo comprender, pues, a los que dicen que encuentran un Edipo indio o
africano? Ellos son los primeros en reconocer que no encuentran ninguno de los
mecanismos ni de las actitudes que constituyen nuestro Edipo (nuestro supuesto
Edipo). Ello no tiene importancia, dicen que la estructura est ah, aunque no posea
ninguna existencia accesible a la clnica; o dicen que el problema, el punto de

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partida, es edpico, aunque los desarrollos y las soluciones sean por completo
diferentes de las nuestras (Parin, Ortigues). Dicen que es un Edipo que no acaba de
existir, cuando ni siquiera posee (fuera de la colonizacin) las condiciones
necesarias para empezar a existir. Si es cierto que el pensamiento se evala por el
grado de edipizacin, entonces s, los blancos piensan demasiado. La competencia, la
honestidad y el talento de estos autores, psicoanalistas africanos, estn fuera de duda.
Pero ocurre con ellos lo mismo que con algunos de nuestros psicoterapeutas: se dira
que no saben lo que hacen. Tenemos psicoterapeutas que creen sinceramente que son
progresistas al aplicar de nuevas maneras la triangulacin del nio cuidado! un
Edipo de estructura no imaginario! Del mismo modo, estos psicoanalistas de frica
que manejan el yugo de un Edipo estructural o problemtico, al servicio de sus
intenciones progresistas. All abajo o aqu es lo mismo: Edipo siempre es la
colonizacin realizada por otros medios, es la colonia interior y veremos que, incluso
entre nosotros, europeos, es nuestra formacin colonial ntima. Cmo entender las
frases con las que M. C. y E. Ortigues terminan su libro? La enfermedad es
considerada como signo de una eleccin, de una atencin especial de las potencias
sobrenaturales, o como signo de una agresin de carcter mgico: esa idea no se deja
profanar fcilmente. La psicoterapia analtica no puede intervenir ms que a partir del
momento en que una demanda puede ser formulada por el sujeto. Toda nuestra
investigacin estaba condicionada, por tanto, por la posibilidad de instaurar un campo
psicoanaltico. Cuando un sujeto se adhera plenamente a las normas tradicionales y
no tena nada que decir en su propio nombre, se dejaba prender por los terapeutas
tradicionales y el grupo familiar o por la medicina de los medicamentos. En
ocasiones, el hecho de que desee hablarnos de los tratamientos tradicionales
corresponda a un principio de psicoterapia y se converta para l en un medio para
situarse personalmente en su propia sociedad Otras veces, el dilogo analtico
poda desplegarse ms y en este caso el problema edpico tenda a tomar su
dimensin diacrnica haciendo aparecer el conflicto de las generaciones[131]. Por
qu pensar que los poderes sobrenaturales y las agresiones mgicas forman un mito
peor que Edipo? No determinan, por el contrario, el deseo a catexis ms intensas y
ms adecuadas del campo social, en su organizacin tanto como en su
desorganizacin? Meyer Fortes al menos mostraba el lugar de Job al lado de Edipo.
Y con qu derecho juzgar que el sujeto no tiene nada que decir en su propio nombre
en tanto que se adhiere a las normas tradicionales? No muestra la cura Ndembu todo
lo contrario? No ser tambin Edipo una norma tradicional, la nuestra? Cmo
podemos decir que nos hace hablar en nuestro propio nombre, cuando precisamos por
otra parte que su solucin nos ensea la incurable insuficiencia de ser y la
universal castracin? Y cul es esta demanda que se invoca para justificar Edipo?
Oimos, el sujeto pide y vuelve a pedir el pap-mam: pero qu sujeto? y en qu

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estado? Es ste el medio para situarse personalmente en su propia sociedad? Qu


sociedad? La sociedad neocolonizada que se le construye y que por fin logra lo que
la colonizacin slo haba sabido esbozar, una efectiva proyeccin de las fuerzas del
deseo sobre Edipo, sobre un nombre del padre, en el grotesco tringulo?
Volvamos a la clebre discusin inacabable entre los culturalistas y los
psicoanalistas ortodoxos: Es Edipo universal? Es el gran smbolo paterno catlico,
la reunin de todas las iglesias? La discusin empez entre Malinowski y Jones,
continu entre Kardiner, Fromm, por una parte, y Roheim por la otra. Prosigui an
entre ciertos etnlogos y ciertos discpulos de Lacan (los cuales no slo dieron una
interpretacin edipizante de la doctrina de Lacan, sino una extensin etnogrfica a
esta interpretacin). Por parte de lo universal existen dos polos: el pasado de moda,
parece ser, que convierte a Edipo en una constelacin afectiva original y, en el lmite,
en un acontecimiento real cuyos efectos seran transmitidos por herencia filogentica.
Y el que convierte a Edipo en una estructura que hay que descubrir, en el lmite, en el
fantasma, en relacin con la premaduracin o la neotenia biolgicas. Dos
concepciones muy diferentes del lmite, una como matriz original, la otra como
funcin estructural. Pero en estos dos sentidos de lo universal se nos invita a
interpretar, puesto que la presencia latente de Edipo slo aparece a travs de su
ausencia patente, comprendida como un efecto de la represin, o mejor todava,
puesto que el invariante estructural slo se descubre a travs de las variaciones
imaginarias, manifestando la necesidad de un repudio simblico (el padre como lugar
vaco). Lo universal de Edipo vuelve a empezar la vieja operacin metafsica que
consiste en interpretar la negacin como una privacin, como una carencia: la
carencia simblica del padre muerto, o el gran Significante. Interpretar es nuestra
moderna manera de creer y de ser piadoso. Roheim ya propona organizar a los
salvajes en una serie de variables que convergiesen hacia el invariante estructural
neotnico[132]. l era quien deca que el complejo de Edipo no se encontraba si no se
buscaba. Y que no se buscaba si uno no se haba hecho analizar a s mismo. He ah
por qu vuestra hija es muda, es decir, las tribus, hijas del etnlogo, no dicen el Edipo
que, sin embargo, les permite hablar. Roheim aada que era ridculo creer que la
teora freudiana de la censura dependa del rgimen de represin general existente en
el imperio de Francisco Jos. No pareca ver que Francisco Jos no era un corte
histrico pertinente, sino que las civilizaciones orales, escritas o incluso
capitalistas eran tal vez tales cortes con los que variaran la naturaleza de la
represin general, el sentido y el alcance de la represin.
Esta historia de la represin es bastante complicada. Las cosas seran ms
sencillas si la libido o el afecto estuviese reprimido en el sentido ms amplio de la
palabra (suprimido, inhibido o transformado) al mismo tiempo que la
representacin pretendidamente edpica. Pero nada de esto ocurre: la mayora de los

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etnlogos han sealado el carcter sexual de los afectos en los smbolos pblicos de
la sociedad primitiva; y este carcter es vivido ntegramente por los miembros de esta
sociedad, aunque no hayan sido psicoanalizados y a pesar del desplazamiento de la
representacin. Como dice Leach a propsito de la relacin sexo-cabellera, el
desplazamiento simblico del falo es habitual, pero el origen flico no es en modo
alguno reprimido[133]. Es preciso aadir que los salvajes reprimen la representacin
y mantienen intacto el afecto? Ser al contrario entre nosotros, en la organizacin
patriarcal en la que la representacin permanece clara, pero con afectos suprimidos,
inhibidos o transformados? Sin embargo, no: el psicoanlisis nos dice que tambin
nosotros reprimimos la representacin. Y todo nos dice que tambin nosotros a
menudo mantenemos la plena sexualidad del afecto; sabemos perfectamente de qu
se trata, sin haber sido psicoanalizados. Pero, con qu derecho hablar de una
representacin edpica sobre la que actuara la represin? Es a causa de que el
incesto est prohibido? Siempre volvemos a este dbil argumento: el incesto es
deseado ya que est prohibido. La prohibicin del incesto implicara una
representacin edpica, de cuya represin y retorno nacera. Ahora bien, lo contrario
es evidente; no slo la representacin edpica supone la prohibicin del incesto, sino
que ni siquiera podemos decir que nazca o resulte de ella. Reich, partidario de las
tesis de Malinowski, aada una observacin profunda: el deseo es tanto ms edpico
cuanto ms pesan las prohibiciones, no slo sobre el incesto, sino sobre las
relaciones sexuales de cualquier tipo, cerrando las otras vas[134]. La represin
general del incesto, en una palabra, no nace de una representacin edpica reprimida
que provoca asimismo esta represin. Sino al contrario, el sistema represin generalrepresin provoca el nacimiento de una imagen edpica como desfiguracin de lo
reprimido. Que esta imagen a su vez acabe por sufrir una represin, que venga a
ocupar el lugar de lo reprimido o de lo efectivamente deseado, en la misma medida
que la represin sexual se realiza sobre otra cosa que el incesto, es la larga historia de
nuestra sociedad. Pero lo reprimido no es en primer lugar la representacin edpica.
Lo reprimido es la produccin deseante. Es lo que, de esta produccin, no pasa en la
produccin o la reproduccin sociales. Es lo que introducira desorden y revolucin,
los flujos no codificados del deseo. Lo que pasa, al contraro, de la produccin
deseante a la produccin social forma una catexis sexual directa de esta produccin
social, sin ninguna represin del carcter sexual del simbolismo y de los afectos
correspondientes, y sobre todo sin referencias a una representacin edpica que se
supondra originalmente reprimida o estructuralmente repudiada. El animal no es tan
slo el objeto de una catexis preconsciente de inters, sino el de una catexis libidinal
de deseo que slo secundariamente saca una imagen del padre. Igualmente ocurre con
la catexis libidinal del alimento, en todo lugar donde se manifiestan un miedo a tener
hambre, un placer de no tener hambre, y que slo secundariamente se relaciona con
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una imagen de la madre[135]. Anteriormente hemos visto cmo la prohibicin del


incesto no remita a Edipo, sino a los flujos no codificados constitutivos del deseo y a
su representante, el flujo pre-personal intenso. En cuanto a Edipo, todava es una
manera de codificar lo incodificable, de codificar lo que escapa a los cdigos, o de
desplazar al deseo y su objeto, de tenderles trampas.
Culturalistas y etnlogos muestran claramente cmo las instituciones son
anteriores con respecto a los afectos y a las estructuras. Pues las estructuras no son
mentales, estn en las cosas, en las formas de produccin y reproduccin sociales.
Incluso un autor como Marcuse, poco sospechoso de complacencia, reconoce que el
culturalismo parta de un buen punto: introducir el deseo en la produccin, anudar el
vnculo entre la estructura instintiva y la estructura econmica y al mismo tiempo
indicar las posibilidades de progresar que hay ms all de una cultura patricentrista y
explotadora[136]. Luego, qu es lo que hace andar mal al culturalismo? e incluso ah
no hay contradiccin entre lo que parte bien al principio y anda mal desde el
principio. Quizs sea el postulado comn al relativismo y al absolutismo edpicos, es
decir, el mantenimiento obstinado de una perspectiva familiarista, que en todas partes
ejerce sus estragos. Pues si la institucin es comprendida en primer lugar como
institucin familiar, importa muy poco decir que el complejo familiar vara con las
instituciones o que Edipo, al contrario, es un invariante nuclear alrededor del cual
giran las familias y las instituciones. Los culturalistas invocan otros tringulos, por
ejemplo, to uterino-ta-sobrino; pero los edipistas fcilmente demuestran que son
variaciones imaginarias para un mismo invariante estructural, figuras diferentes para
una misma triangulacin simblica, que no se confunde ni con los personajes que
vienen a efectuarlo, ni con las actitudes que vienen a relacionar estos personajes.
Pero, a la inversa, la invocacin de un simbolismo transcendente de este tipo no saca
a los estructuralistas del punto de vista familiar ms estricto. Lo mismo ocurre con las
distinciones sin fin sobre: es pap? es mam? (usted descuida a la madre! No, es
usted quien no ve al padre, al lado, como lugar vaco!) El conflicto entre los
culturalistas y los psicoanalistas ortodoxos a menudo se ha reducido a esas
evaluaciones sobre el papel respectivo de la madre y del padre, de los preedpico y de
lo edpico, sin salir con ello ni de la familia ni de Edipo, oscilando siempre entre los
dos famosos polos, el polo materno preedpico de lo imaginario, el polo paterno
edpico de lo estructural, ambos en el mismo eje, ambos hablando el mismo lenguaje
de un social familiarizado, del que uno designa los dialectos maternos habituales, y el
otro, la fuerte ley de la lengua del padre. Se ha visto claramente la ambigedad de lo
que Kardiner llamaba institucin primaria. Pues puede tratarse en algunos casos de
la manera como el deseo catexiza el campo social, desde la infancia y bajo estmulos
familiares provenientes del adulto: entonces se daran todas las condiciones para una
comprensin adecuada extrafamiliar de la libido. Pero, ms a menudo, slo se trata
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de la organizacin familiar en s misma, que se supone vivida por el nio como un


microcosmos, y despus proyectada en el devenir adulto y social[137]. Desde este
punto de vista, la discusin no puede girar ms que entre sostenedores de una
interpretacin cultural y sostenedores de una interpretacin simblica o estructural de
esta misma organizacin.
Aadamos un segundo postulado comn a los culturalistas y a los simbolistas.
Todos admiten, al menos entre nosotros, en nuestra sociedad patriarcal y capitalista,
que Edipo es algo cierto (incluso si sealan, como Fromm, los elementos de un nuevo
matriarcado). Todos admiten que nuestra sociedad es el punto fuerte de Edipo: punto
a partir del cual se encontrar en todo lugar una estructura edpica, o bien, al
contrario, se debern variar los trminos y las relaciones en complejos no edpicos,
pero no por ello menos familiares. Por esta razn, toda nuestra crtica precedente se
dirigi contra Edipo tal como se considera que funciona y prevalece entre nosotros:
no hay que atacar a Edipo en el punto ms dbil (los salvajes), sino en el punto ms
fuerte, al nivel del eslabn ms fuerte, mostrando la desfiguracin que implica y
realiza en la produccin deseante, las sntesis del inconsciente, las catexis libidinales
en nuestro medio cultural y social. No es que Edipo no sea nada entre nosotros: no
hemos cesado de decir que continuamente se peda por l; e incluso una tentativa tan
profunda como la de Lacan para sacudir el yugo de Edipo ha sido interpretada como
un medio inesperado para recargarlo y encerrarlo en el beb y el esquizo.
Ciertamente, no es slo legtimo, sino indispensable, que la explicacin etnolgica o
histrica no est en contradiccin con nuestra organizacin actual o que sta contenga
a su manera los elementos bsicos de la hiptesis etnolgica. Es lo que Marx deca
recordando las exigencias de una historia universal; pero, aada, con la condicin de
que la organizacin actual sea capaz de criticarse a s misma. Ahora bien, apenas
vemos la autocrtica de Edipo en nuestra organizacin, de la que forma parte el
psicoanlisis. Es justo, en ciertos aspectos, cuestionar todas las formaciones sociales
a partir de Edipo. Pero no porque Edipo sea una verdad del inconsciente
particularmente descubrible en nosotros; al contrario, porque es una mixtificacin del
inconsciente que no ha triunfado entre nosotros ms que a fuerza de subir sus piezas y
engranajes a travs de las formaciones anteriores. En este sentido es universal. Por
tanto, en la sociedad capitalista, al nivel ms fuerte, la crtica de Edipo siempre debe
retomar su punto de partida y recobrar su punto de llegada.
Edipo es un lmite. Pero lmite tiene muchas acepciones, puesto que puede estar al
principio como acontecimiento inaugural, poseyendo el papel de una matriz, o bien
en medio, como funcin estructural que asegura la mediacin de los personajes y el
fundamento de sus relaciones, o bien al final, como determinacin escatolgica.
Ahora bien, como hemos visto, slo en esta ltima acepcin Edipo es un lmite. La
produccin deseante tambin. Pero, justamente, esta misma acepcin posee muchos y

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diversos sentidos. En primer lugar, la produccin deseante est en el lmite de la


produccin social; los flujos descodificados en el lmite de los cdigos y de las
territorialidades; el cuerpo sin rganos en el lmite del socius. Se hablar de lmite
absoluto cada vez que los esquizo-flujos pasen a travs del muro, mezclen todos los
cdigos y desterritorialicen el socius: el cuerpo sin rganos es el socius
desterritorializado, desierto por el que corren los flujos descodificados del deseo, fin
del mundo, apocalipsis. En segundo lugar, sin embargo, el lmite relativo no es ms
que la formacin social capitalista, ya que maquina y hace correr flujos efectivamente
descodificados, pero sustituyendo los cdigos por una axiomtica contable aun ms
opresiva. De tal modo que el capitalismo, de acuerdo con el movimiento por el que se
opone a su propia tendencia, no cesa de aproximarse al muro al mismo tiempo que lo
echa hacia atrs. La esquizofrenia es el lmite absoluto, pero el capitalismo es el
lmite relativo. En tercer lugar, no hay formacin social que no presente o prevea la
forma real bajo la que corre el riesgo de que le llegue el lmite y que con todas sus
fuerzas conjura. De ah la obstinacin con que las formaciones anteriores al
capitalismo encierran al mercader y al tcnico, impidiendo que flujos de dinero y
flujos de produccin tomen una autonoma que destruira sus cdigos. Tal es el lmite
real. Y cuando tales sociedades chocan con este lmite real, reprimido desde dentro,
pero que vuelve desde fuera, ven en ello con melancola el signo de su prxima
muerte. Por ejemplo, Bohannan describe la economa de los Tiv que codifica tres
clases de flujos, bienes de consumo, bienes de prestigio, mujeres y nios. Cuando
llega el dinero no puede ser codificado ms que como un bien de prestigio y, sin
embargo, los comerciantes lo utilizan para apropiarse de los sectores de bienes de
consumo tradicionalmente retenidos por las mujeres: todos los cdigos vacilan. Lo
ms seguro, empezar con dinero y acabar con dinero es una operacin que no puede
expresarse en trminos de cdigo; viendo los camiones que parten hacia la
exportacin, los ms ancianos de los Tiv deploran esta situacin y saben lo que
ocurre, pero no saben hacia dnde dirigir su queja[138], la dura realidad. Pero, en
cuarto lugar, este lmite inhibido del interior ya estaba proyectado en un principio
primordial, una matriz mtica como lmite imaginario. Cmo imaginar esa pesadilla,
la invasin del socius por flujos no codificados, que se deslizan como la lava? Una
ola de mierda irreprimible como en el mito del Fourbe, o bien el influjo germinal
intenso, el ms ac del incesto como en el mito del Yurugu, que introduce el desorden
en el mundo actuando como representante del deseo. De donde, por ltimo y en
quinto lugar, la importancia de la tarea que consiste en desplazar el lmite: hacerlo
pasar al interior del socius, en medio, entre un ms all de alianza y el ms ac
filiativo, entre una representacin de alianza y el representante de filiacin, del
mismo modo como se conjuran las temidas fuerzas de un ro socavndole un lecho
artificial o desvindolo en mil pequeos arroyos poco profundos. Edipo es este lmite

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desplazado. S, Edipo es universal. Pero la equivocacin radica en haber credo en la


siguiente alternativa: o bien es un producto del sistema represin general-represin y
entonces no es universal, o bien es universal y es posicin de deseo. En verdad, es
universal porque es el desplazamiento del lmite que frecuenta todas las sociedades,
lo representado desplazado que desfigura lo que todas las sociedades temen
absolutamente como su ms profundo negativo, a saber, los flujos decodificados del
deseo.
Con esto no decimos que este lmite universal edpico est ocupado,
estratgicamente ocupado, en todas las formaciones sociales. Debemos tomar en todo
su sentido la observacin de Kardiner: un hind o un esquimal pueden soar Edipo
sin estar por ello sometidos al complejo, sin tener el complejo[139]. Para que Edipo
sea ocupado son indispensables un cierto nmero de condiciones: es preciso que el
campo de produccin y de reproduccin sociales se haga independiente de la
reproduccin familiar, es decir, de la mquina territorial que declina alianzas y
filiaciones; es preciso que en favor de esta independencia los fragmentos de cadena
separables se conviertan en un objeto separado trascendente que aplaste su
polivocidad; es preciso que el objeto separado (falo) realice una especie de pliegue,
de aplicacin o de proyeccin, proyeccin del campo social definido como conjunto
de partida sobre el campo familiar, ahora definido como conjunto de llegada, e
instaure una red de relaciones bi-unvocas entre ambos. Para que Edipo sea ocupado
no basta con que sea un lmite o un representado desplazado en el sistema de la
representacin, es preciso que emigre al seno de este sistema y que l mismo vaya a
ocupar el lugar de representante del deseo. Estas condiciones, inseparables de los
paralogismos del inconsciente, son realizadas en la formacin capitalista todava
implican algunos arcasmos tomados de las formaciones imperiales brbaras,
principalmente la posicin del objeto trascendente. El estilo capitalista fue
perfectamente descrito por Lawrence, nuestro orden de cosas democrtico,
industrial, estilo mi-amorcito-querido-quiero-ver-a-mam. Ahora bien, por una
parte, es evidente que las formaciones primitivas no cumplen en modo alguno esas
condiciones. Precisamente porque la familia, abierta sobre las alianzas, es
coextensiva y adecuada al campo social histrico, porque anima la propia
reproduccin social, porque moviliza o hace pasar los fragmentos separables sin
convertirlos nunca en objeto separado ninguna proyeccin, ninguna aplicacin es
posible que responda a la frmula edpica 3 + 1 (los cuatro esquinas del campo
replegadas en 3, como un mantel, ms el trmino trascendente realizando el plegado).
Hablar, cambiar, bailar y dejar correr, hasta orinar en el seno de la comunidad de los
hombres, dice el propio Parin para expresar la fluidez de los flujos y de los
cdigos primitivos[140].
En el seno de la sociedad primitiva siempre se permanece en el 4 + n, en el
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sistema de los antepasados y de los aliados. En vez de pretender que Edipo aqu no
acabe de existir, mejor pretender que no llega a empezar; siempre nos detenemos ante
el 3 + 1 y, si hay un Edipo primitivo, es un neg-Edipo, en el sentido de una negentropa. Edipo es lmite o representado desplazado, pero de tal modo que cada
miembro del grupo siempre est ms ac o ms all, sin ocupar nunca la posicin (he
ah lo que Kardiner supo ver en la frmula que citamos). La colonizacin proporciona
la existencia a Edipo, pero un Edipo resentido por lo que es, pura opresin, en la
medida que supone que estos Salvajes estn privados del control de su produccin
social, maduros para ser plegados con lo nico que les queda, y, an, la reproduccin
familiar que se les impone edipizada no menos que alcohlica o enfermiza.
Por otra parte, cuando en la sociedad capitalista las condiciones se cumplen, no
debemos creer por ello que Edipo deja de ser lo que es, simple representado
desplazado que viene a ocupar el lugar del representante del deseo, cogiendo al
inconsciente en la trampa de sus paralogismos, aplastando toda la produccin
deseante, sustituyendo en ella un sistema de creencias. Nunca es causa: Edipo
depende de una catexis social previa de un determinado tipo, apta para volcarse sobre
las determinaciones de familia. Se objetar que tal principio quizs vale para el
adulto, pero no para el nio. Pero, precisamente, Edipo empieza en la cabeza del
padre. Y no con un comienzo absoluto: no se forma ms que a partir de las catexis
que el padre efecta sobre el campo social histrico. Y si pasa al hijo, no es en virtud
de una herencia familiar, sino de una relacin mucho ms compleja que depende de la
comunicacin de los inconscientes. De tal modo que, incluso en el nio, lo cargado o
catexizado a travs de los estmulos familiares es an el campo social y todo un
sistema de cortes y de flujos extra-familiares. Que el padre sea primero con respecto
al nio slo puede comprenderse analticamente en funcin de esa otra primaca, la
de las catexis y contracatexis sociales con respecto a las catexis familiares: ms
adelante lo veremos al nivel de un anlisis de los delirios. Pero si Edipo ya aparece
como un efecto es porque forma un conjunto de llegada (la familia que se ha
convertido en microcosmos) sobre el que se vuelca la produccin y la reproduccin
capitalistas, cuyos rganos y agentes no pasan del todo por una codificacin de los
flujos de alianza y filiacin, sino por una axiomtica de los flujos descodificados. La
formacin de soberana capitalista desde ese momento necesita de una formacin
colonial ntima que le responda, sobre la que se aplica y sin la cual no apresara las
producciones del inconsciente.
Qu decir, en esas condiciones, de la relacin etnologa-psicoanlisis? Hay que
contentarse con un paralelismo inseguro en el que ambos se miran con perplejidad,
oponiendo dos sectores irreductibles del simbolismo? Un sector social de los
smbolos y un sector sexual que constituira una especie de universal privado, de
universal-individual? (entre ambos, transversales, puesto que el simbolismo social

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puede convertirse en materia sexual y la sexualidad en rito de agregacin social).


Pero el problema as planteado es demasiado terico. Prcticamente, el psicoanalista
a menudo tiene la pretensin de explicar al etnlogo lo que quiere decir el smbolo:
quiere decir el falo, la castracin, el Edipo. Pero el etnlogo pregunta otra cosa y se
pregunta sinceramente para qu pueden servirle las interpretaciones psicoanalticas.
La dualidad, por tanto, se desplaza, ya no est entre dos sectores, sino entre dos clases
de cuestiones: Qu quiere decir eso? y Para qu sirve? Para qu sirve no slo
al etnlogo, sino para qu sirve y cmo funciona en la formacin misma que utiliza el
smbolo[141]. Lo que una cosa quiere decir no es seguro que sirva para lo que es. Por
ejemplo, es posible que Edipo no sirva para nada, ni a los psicoanalistas ni al
inconsciente. Para qu servira el falo, inseparable de la castracin que nos retira su
uso? Se dice, por supuesto, que no hay que confundir el significado con el
significante. Pero, el significante nos permite salir de la cuestin qu quiere decir
eso? es algo ms que esta misma cuestin cerrada? An estamos en el domino de la
representacin. Los verdaderos malentendidos, los malentendidos prcticos entre
etnlogos (o helenistas) y psicoanalistas, no provienen de un desconocimiento o de
un reconocimiento del inconsciente, de la sexualidad, de la naturaleza flica del
simbolismo. Sobre este punto todo el mundo en principio podra estar de acuerdo:
todo es sexual y sexuado de un cabo a otro. Todo el mundo lo sabe, empezando por
los usuarios. Los malentendidos prcticos provienen ms bien de la diferencia
profunda entre ambas clases de cuestiones. Sin nunca formularlo claramente, los
etnlogos y los helenistas piensan que un smbolo no se define por lo que quiere
decir, sino por lo que hace y lo que se hace de l. Eso siempre quiere decir el falo, o
algo parecido, slo que lo que eso quiere decir no dice para qu sirve eso. En una
palabra, no hay interpretacin etnolgica por la simple razn de que no hay material
etnogrfico: slo hay usos y funcionamientos. Sobre este punto es posible que los
etnlogos tengan muchas cosas que ensear a los psicoanalistas: sobre la
inimportancia del qu quiere decir eso. Cuando los helenistas se oponen al Edipo
freudiano, debemos evitar creer que oponen otras interpretaciones a la interpretacin
psicoanaltica. Es posible que los etnlogos y los helenistas coaccionen a los
psicoanalistas a que por fin descubran algo similar: a saber, que no hay material
inconsciente ni interpretacin psicoanaltica, sino slo usos, usos analticos de las
sntesis del inconsciente, que ya no se dejan definir por la asignacin de un
significante ni por la determinacin de significados. Cmo marcha eso es la nica
cuestin. El esquizoanlisis renuncia a toda interpretacin, ya que deliberadamente
renuncia a descubrir un material inconsciente: el inconsciente no quiere decir nada.
En cambio, el inconsciente construye mquinas, que son las del deseo, y cuyo uso y
funcionamiento el esquizoanlisis descubre en la inmanencia con las mquinas
sociales. El inconsciente no dice nada, maquina. No es expresivo o representativo,

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sino productivo. Un smbolo es nicamente una mquina social que funciona como
mquina deseante, una mquina deseante que funciona en la mquina social, una
catexis de la mquina social por el deseo.
A menudo se ha dicho y demostrado que una institucin, no ms que un rgano,
no se explicaba por su uso. Una formacin biolgica, una formacin social no se
forman de la misma manera como funcionan. De ese modo, no hay funcionalismo
biolgico, sociolgico, lingstico, etc., al nivel de los grandes conjuntos
especificados. Sin embargo, no ocurre lo mismo con las mquinas deseantes en tanto
que elementos moleculares: en este caso, el uso, el funcionamiento, la produccin, la
formacin, forman una unidad. Y esta sntesis de deseo explica, bajo tales o cuales
condiciones determinadas, los conjuntos molares con su uso especfico en un campo
biolgico, social o lingstico. Las grandes mquinas molares suponen vnculos
preestablecidos que su funcionamiento no explica, puesto que se desprenden de l.
Slo las mquinas deseantes producen los vnculos segn los cuales funcionan, y
funcionan improvisndolos, inventndolos, formndolos. Un funcionalismo molar,
por tanto, es un funcionalismo que no ha ido bastante lejos, que no ha alcanzado esas
regiones donde el deseo maquina, independientemente de la naturaleza macroscpica
de lo que maquina: elementos orgnicos, sociales, lingsticos, etc., puestos a cocer
todos juntos en una misma marmita. El funcionalismo no debe conocer otras
unidades-multiplicidades que las mquinas deseantes mismas y las configuraciones
que forman en todos los sectores de un campo de produccin (el hecho total). Una
cadena mgica rene vegetales, trozos de rganos, un pedazo de vestido, una imagen
de pap, frmulas y palabras: no nos preguntaremos lo que eso quiere decir, sino qu
mquina est de ese modo montada, qu flujos y qu cortes, con respecto a otros
cortes y otros flujos. Al analizar el simbolismo de la rama bifurcada en los Ndembu,
Victor Turner muestra que los nombres que se le dan forman parte de una cadena que
asimismo moviliza las especies y propiedades de los rboles de la que es sacada, los
nombres de esas especies y los procedimientos tcnicos con los que es tratada. Se
extrae tanto de los flujos materiales como en las cadenas significantes. El sentido
exegtico (lo que se dice de la cosa) no es ms que un elemento entre otros, y es
menos importante que el uso operatorio (lo que se hace de ella) o el funcionamiento
posicional (la relacin con otras cosas en un mismo complejo), segn los cuales el
smbolo nunca est en una relacin bi-unvoca con lo que querra decir, sino que
siempre posee una multiplicidad de referentes, siempre multivocal y polvoco[142].
Al analizar el objeto mgico buti de los kukuya del Congo, Pierre Bonaf muestra
cmo es inseparable de las sntesis prcticas que lo producen, lo registran y lo
consumen: la conexin parcial y no especfica que compone fragmentos del cuerpo
con los de un animal; la disyuncin inclusiva que registra el objeto en el cuerpo del
sujeto y lo transforma en hombre-animal; la conjuncin residual que hace sufrir al

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resto un largo viaje antes de enterrarlo o sumergirlo[143]. Si los etnlogos en la


actualidad vuelven a estar interesados por el concepto hipottico de fetiche se debe,
ciertamente, a la influencia del psicoanlisis. Sin embargo, parece que el psicoanlisis
les da tantas razones para dudar de la nocin como de atraer su atencin. El etnlogo
tiene la sensacin de que hay un problema de poder poltico, de fuerza econmica, de
poder religioso inseparable del fetiche, incluso cuando su uso es individual y privado.
Por ejemplo, el cabello, los ritos de corte y de peinado: es interesante llevar estos
ritos a la entidad falo como si significase la cosa separada y encontrar en todas
partes al padre como representante simblico de la separacin? No es quedar al nivel
de lo que eso quiere decir? El etnlogo se encuentra ante un flujo de cabello, los
cortes de ese flujo, lo que pasa de un estado a otro a travs del corte. Como dice
Leach, el cabello en tanto que objeto parcial o parte separable del cuerpo no
representa un falo agresor y separado; es algo en s mismo, una pieza material en un
aparato de agredir, en una mquina de separar.
Una vez ms, no se trata de saber si el fondo de un rito es sexual o si hay que
tener en cuenta dimensiones polticas, econmicas y religiosas que iran ms all de
la sexualidad. En tanto que se plantee el problema de ese modo, en tanto que se
imponga una eleccin entre la libido y el numen, se acentuar el malentendido entre
etnlogos y psicoanalistas del mismo modo como no deja de acentuarse entre
helenistas y psicoanalistas a propsito de Edipo. Edipo, el dspota del pie deforme, es
evidentemente toda una historia poltica que enfrenta a la mquina desptica con la
vieja mquina territorial primitiva (de donde la negacin y la persistencia de la
autoctona, sealadas por Lvi-Strauss). Pero esto no es suficiente, por el contrario,
para desexualizar el drama. De hecho, se trata de saber cmo se conciben la
sexualidad y la catexis libidinal. Hay que relacionarlas con un acontecimiento o con
un sentimiento, que permanece a pesar de todo familiar e ntimo, el ntimo
sentimiento edpico, incluso cuando es interpretado estructuralmente, en nombre del
significante puro? O bien hay que abrirlas a las determinaciones de un campo social
histrico donde lo econmico, lo poltico, lo religioso estn catexizados por la libido
por s mismos, y no son los derivados de un pap-mam? En el primer caso se
consideran grandes conjuntos molares, grandes mquinas sociales lo econmico, lo
poltico, etc. con el riesgo de buscar lo que quieren decir al aplicarlos a un
conjunto familiar abstracto que se considera que contienen el secreto de la libido: de
ese modo permanecemos en el marco de la representacin. En el segundo caso
superamos estos grandes conjuntos, comprendida la familia, llegando a los elementos
moleculares que forman las piezas y engranajes de mquinas deseantes. Buscamos de
qu modo funcionan esas mquinas deseantes, de qu modo catexizan y
subdeterminan las mquinas sociales que a gran escala constituyen. De ese modo
llegamos a las regiones de un inconsciente productivo, molecular, microlgico o

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micropsquico, que ya no quiere decir nada y ya no representa nada. La sexualidad ya


no es considerada como una energa especfica que une personas derivadas de los
grandes conjuntos, sino como la energa molecular que conecta molculas-objetos
parciales (libido), que organiza disyunciones inclusivas sobre la molcula gigante del
cuerpo sin rganos (numen), y distribuye los estados segn dominios de presencia o
zonas de intensidad (voluptas). Pues las mquinas deseantes son exactamente eso: la
microfsica del inconsciente, los elementos del micro-inconsciente. Sin embargo, en
tanto que tales, nunca existen independientemente de los conjuntos molares
histricos, de las formaciones sociales macroscpicas que estadsticamente
constituyen. En este sentido no hay ms que el deseo y lo social. Bajo las catexis
conscientes de las formaciones econmicas, polticas, religiosas, etc., hay catexis
sexuales inconscientes, micro-catexis que manifiestan el modo como el deseo est
presente en un campo social y cuyo campo se asocia como el dominio
estadsticamente determinado que le est vinculado. Las mquinas deseantes
funcionan en las mquinas sociales, como si guardasen su propio rgimen en el
conjunto molar que, por otra parte, forman al nivel de los grandes nmeros. Un
smbolo, un fetiche, son manifestaciones de mquina deseante. La sexualidad no es
en modo alguno una determinacin molar representable en un conjunto familiar, es la
subdeterminacin molecular funcionando en los conjuntos sociales, y
secundariamente familiares, que trazan el campo de presencia y de produccin del
deseo: todo un inconsciente no-edpico que producir a Edipo slo como una de sus
formaciones estadsticas secundarias (complejos), al final de una historia que pone
en juego el devenir de las mquinas sociales, con su rgimen comparado al de las
mquinas deseantes.

La representacin territorial
Aunque la representacin siempre es una represin general-represin de la
produccin deseante, lo es, sin embargo, de muy diversas maneras, segn la
formacin social considerada. El sistema de la representacin a nivel profundo tiene
tres elementos: el representante reprimido, la representacin reprimente y el
representado desplazado. Pero las instancias que vienen a efectuarlas son variables,
hay migraciones en el sistema. No tenemos ninguna razn para creer en la
universalidad de un solo y mismo aparato de represin socio-cultural. Podemos
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hablar de un coeficiente de afinidad ms o menos grande entre las mquinas sociales


y las mquinas deseantes, segn que sus regmenes respectivos sean ms o menos
parecidos, segn que las segundas tengan ms o menos facilidad para hacer pasar sus
conexiones y sus interacciones en el rgimen estadstico de las primeras, segn que
las primeras realicen menos o ms un movimiento de despegue con respecto a las
segundas, segn que los elementos mortferos permanezcan presos en el mecanismo
del deseo, encajados en la mquina social, o al contrario se unan en un instinto de
muerte extendido en toda la mquina social y que aplasta el deseo. El factor principal
en todos estos aspectos es el tipo o el gnero de inscripcin social, su alfabeto, sus
caracteres: la inscripcin sobre el socius es en efecto el agente de una represin
secundaria o propiamente dicha, que necesariamente est en relacin con la
inscripcin deseante del cuerpo sin rganos y con la represin originaria que sta ya
ejerce en el dominio del deseo; ahora bien, esta relacin es esencialmente variable.
Siempre hay represin social, pero el aparato de represin vara, principalmente
segn lo que desempea el papel del representante sobre el que se ejerce. Es posible,
en este sentido, que los cdigos primitivos, en el mismo momento en que se ejercen
con un mximo de vigilancia y de extensin sobre los flujos del deseo,
encadenndoles en un sistema de la crueldad, guarden mucha ms afinidad con las
mquinas deseantes que la axiomtica capitalista, que, sin embargo, libera flujos
descodificados. Ocurre que el deseo todava no est cogido en la trampa, todava no
ha sido introducido en un conjunto de atolladeros, los flujos no han perdido su
polivocidad y el simple representado en la representacin todava no ha tomado el
lugar del representante. Para evaluar en cada caso la naturaleza del aparato de
represin y sus efectos sobre la produccin deseante, hay que tener en cuenta no slo
los elementos de la representacin tal como se organizan en profundidad, sino la
manera como la misma representacin se organiza en la superficie, sobre la superficie
de inscripcin del socius.
La sociedad no es cambista, el socius es inscriptor: no intercambiar, sino marcar
los cuerpos, que son de la tierra. Hemos visto que el rgimen de la deuda se derivaba
directamente de las exigencias de la inscripcin salvaje. Pues la deuda es la unidad de
alianza y la alianza es la representacin misma. La alianza codifica los flujos del
deseo y, por la deuda, realiza en el hombre una memoria de las palabras. Reprime la
gran memoria filiativa intensa y muda, el influjo germinal como representante de los
flujos no codificados que lo sumergira todo. La deuda compone las alianzas con las
filiaciones, que se han vuelto extensas, para formar y forjar un sistema en extensin
(representacin) sobre la represin de las intensidades nocturnas. La alianza-deuda
responde a lo que Nietzsche describa como el trabajo prehistrico de la humanidad:
servirse de la mnemotecnia ms cruel, en plena carne, para imponer una memoria de
las palabras sobre la base de la represin de la vieja memoria bio-csmica. He ah por

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qu es tan importante ver en la deuda una consecuencia directa de la inscripcin


primitiva, en lugar de convertirla (y convertir a las inscripciones mismas) en un
medio indirecto del intercambio universal. La cuestin que Mauss al menos dej
abierta: es anterior la deuda con respecto al intercambio o no es ms que un modo de
intercambio, un medio al servicio del intercambio?, Lvi-Strauss parece que la cierra
con una respuesta categrica: la deuda no es ms que una superestructura, una forma
consciente en la que se monetiza la realidad social inconsciente del intercambio[144].
No se trata de una discusin terica sobre los fundamentos; toda la concepcin de la
prctica social y los postulados transmitidos por esta prctica se encuentran aqu
introducidos; y todo el problema del inconsciente. Pues si el intercambio es el fondo
de todas las cosas, por qu es preciso que no tenga el aspecto de un intercambio?
Por qu es preciso que sea una donacin, o una contradonacin y no un intercambio?
Y por qu es preciso que el donador, para mostrar que ni siquiera espera un
intercambio diferido, acte como el que ha sido robado? El robo impide a la donacin
y la contradonacin que entren en una relacin de intercambio. El deseo ignora el
intercambio, no conoce ms que el robo y la donacin, a veces uno dentro del otro
bajo el efecto de una homosexualidad primaria. As por ejemplo, la mquina amorosa
anti-intercambio que Joyce encuentra en los Exilados, y Klossowski en Roberte.
Todo ocurre como si, en la ideologa gourmantch, una mujer slo pudiese ser dada
(y as tenemos el lityuatieli) o arrebatada, raptada, en cierta manera robada (y as
tenemos el lipwotali); toda unin que pueda aparecer demasiado claramente como el
resultado de un intercambio directo entre dos linajes o segmentos de linajes est, en
esta sociedad, si no prohibida, ampliamente desaprobada[145]. Diremos que si el
deseo ignora el intercambio es porque el intercambio es el inconsciente del deseo?
Sera ello en virtud de las exigencias del intercambio generalizado? Pero, con qu
derecho podemos declarar que los cortes de deuda son secundarios con respecto a una
totalidad ms real? Sin embargo, el intercambio es conocido, perfectamente
conocido pero como lo que debe ser conjurado, encajonado, severamente
cuadriculado, para que no desarrolle ningn valor correspondiente como valor de
intercambio que introducira la pesadilla de una economa mercantil. El mercado
primitivo procede por regateo ms que por fijacin de un equivalente que implicara
una descodificacin de los flujos y el desmoronamiento del modo de inscripcin
sobre el socius. Nos vemos conducidos al punto de partida: que el intercambio sea
inhibido no declara nada en favor de su realidad primera, sino que demuestra, al
contraro, que lo esencial no es intercambiar, sin inscribir, marcar. Y cuando se
convierte al intercambio en una realidad inconsciente, por ms que se invoquen los
derechos de la estructura y la necesaria inadecuacin de las actitudes y de las
ideologas con respecto a esa estructura, no se hace ms que hipostasiar los principios
de una psicologa cambista para dar cuenta de instituciones de las que, por otra parte,
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se reconoce que no pertenecen al intercambio. Y sobre todo, no reducimos as al


inconsciente a una forma vaca en la que el deseo mismo est ausente y expulsado?
Una forma tal puede definir un preconsciente, pero de seguro no el inconsciente. Pues
si es verdad que el inconsciente no tiene material o contenido, ciertamente no es en
provecho de una forma vaca, sino porque siempre es una mquina funcionante,
mquina deseante y no estructura anorxica.
La diferencia entre mquina y estructura aparece en los postulados que animan
implcitamente la concepcin estructural cambista del socius, con los correctivos que
es preciso introducir para que la estructura pueda funcionar. En primer lugar,
difcilmente se evita en las estructuras de parentesco el hacer como si las alianzas se
derivasen de las lneas de filiacin y de sus relaciones, aunque las alianzas laterales y
los bloques de deuda condicionen las filiaciones extensas en el sistema en extensin,
y no a la inversa. En segundo lugar, se tiende a convertir a este ltimo en una
combinatoria lgica, en lugar de tomarlo por lo que es, sistema fsico en el que se
reparten las intensidades, de las que unas se anulan y bloquean una corriente, de las
que otras hacen pasar la corriente, etc.: la objecin que dice que las cualidades
desarrolladas en el sistema no son tan slo objetos fsicos, sino tambin dignidades,
cargos, privilegios, parece indicar un desconocimiento del papel de los
inconmesurables y de las desigualdades en las condiciones del sistema. Precisamente,
en tercer lugar, la concepcin estructural cambista tiende a postular una especie de
equilibrio de precios, de equivalencia o igualdad primeras en los principios, incluso si
explica que las desigualdades se introducen necesariamente en las consecuencias.
Nada es ms significativo, a este respecto, que la polmica entre Lvi-Strauss y
Leach sobre el matrimonio kachin; al invocar un conflicto entre las condiciones
igualitarias del intercambio generalizado y sus consecuencias aristocrticas, LviStrauss acta como si Leach creyese que el sistema estaba en equilibrio. Sin embargo,
el problema es muy distinto: se trata de saber si el desequilibrio es patolgico y de
consecuencia, como cree Lvi-Strauss, o si es funcional y de principio, como piensa
Leach[146]. La inestabilidad es derivada con respecto a un ideal de intercambio, o
bien ya dada en los presupuestos, comprendida en la heterogeneidad de los trminos
que componen las prestaciones y contraprestaciones? Cuantas ms atencin se
conceda a las transacciones econmicas y polticas que las alianzas transmiten, a la
naturaleza de las contraprestaciones que vienen a compensar el desequilibrio de las
prestaciones de mujeres, y generalmente a la manera original como el conjunto de las
prestaciones es evaluado en una sociedad particular, mejor aparece el carcter
necesariamente abierto del sistema en extensin, as como el mecanismo primitivo de
la plusvala como plusvala de cdigo. Pero y ste es el cuarto punto la
concepcin cambista necesita postular un sistema cerrado, estadsticamente cerrado, y
aportar a la estructura el apoyo de una conviccin psicolgica (la confianza en que

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el ciclo se volver a cerrar). No slo la apertura esencial de los bloques de deudas


segn las alianzas laterales y las generaciones sucesivas, sino sobre todo la relacin
de las formaciones estadsticas con sus elementos moleculares se encuentran
remitidas entonces a la simple realidad emprica en tanto que inadecuada al modelo
estructural[147]. Ahora bien, todo esto, en ltimo lugar, depende de un postulado que
grava tanto a la etnologa cambista como ha determinado a la economa poltica
burguesa: la reduccin de la reproduccin social a la esfera de la circulacin. Se
retiene el movimiento objetivo aparente tal como est descrito en el socius, sin tener
en cuenta la instancia real que lo inscribe y las fuerzas, econmicas y polticas, con
las que est inscrito; no se ve que la alianza es la forma bajo la que el socius se
apropia las conexiones de trabajo en el rgimen disyuntivo de sus inscripciones.
Desde el punto de vista de las relaciones de produccin, en efecto, la circulacin de
las mujeres aparece como una reparticin de la fuerza de trabajo, pero, en la
representacin ideolgica que la sociedad se da de su base econmica, este aspecto se
borra ante las relaciones de intercambio que, sin embargo, son simplemente la forma
que esta reparticin toma en la esfera de la circulacin: al aislar el momento de la
circulacin en el proceso de reproduccin, la etnologa ratifica esta representacin y
proporciona toda su extensin colonial a la economa burguesa[148]. En ese sentido,
creemos que lo esencial no es el intercambio y la circulacin que dependen
estrechamente de las exigencias de la inscripcin, sino la inscripcin misma, con sus
rasgos de fuego, su alfabeto en los cuerpos y sus bloques de deudas. Nunca la
estructura blanda funcionara, y no hara circular, sin el duro elemento maqunico que
preside las inscripciones.
Las formaciones salvajes son orales, vocales, pero no porque carezcan de un
sistema grfico: un baile sobre la tierra, un dibujo sobre una pared, una marca sobre
el cuerpo, son un sistema grfico, un geografismo, una geografa. Estas formaciones
son orales precisamente porque tienen un sistema grfico independiente de la voz,
que no se ajusta ni se subordina a ella, pero le es conectado, coordinado en una
organizacin en cierta manera radiante y pluridimensional. (Y es preciso decir lo
contrario de la escritura lineal: las civilizaciones no cesan de ser orales ms que a
fuerza de perder la independencia y las dimensiones propias del sistema grfico; es al
ajustarse a la voz que el grafismo la suplanta e induce una voz ficticia). LeroiGourhan ha descrito admirablemente estos dos polos heterogneos de la inscripcin
salvaje o de la representacin territorial: la pareja voz-audicin y mano-grafa[149].
Cmo funciona una mquina de ese tipo? Pues funciona: la voz es como una voz de
alianza, a la que se coordina sin semejanza una grafa, del lado de la filiacin extensa.
Sobre el cuerpo de la muchacha se coloca la calabaza de la excisin. Proporcionada
por el linaje del marido, la calabaza sirve de conductor a la voz de alianza; pero el
grafismo debe ser trazado por un miembro del clan de la muchacha. La articulacin
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de los dos elementos se realiza sobre el propio cuerpo y constituye el signo, que no es
semejanza o imitacin, ni efecto de significante, sino posicin y produccin de deseo:
Para que la transformacin de la muchacha sea plenamente efectiva, es preciso que
se realice un contacto directo entre el vientre de sta, por una parte, y la calabaza y
los signos inscritos sobre ella, por otra. Es preciso que la muchacha se impregne
fsicamente de los signos de la procreacin y se los incorpore. La significacin de los
ideogramas nunca es enseada a las muchachas durante su iniciacin. El signo acta
por su inscripcin en el cuerpo La inscripcin de una marca en el cuerpo no slo
tiene aqu valor de mensaje, sino que es un instrumento de accin que acta sobre el
mismo cuerpo Los signos dominan las cosas que significan y el artesano de los
signos, en vez de ser un simple imitador, realiza una obra que recuerda la obra
divina[150]. Pero, cmo explicar el papel de la vista, indicado por Leroi-Gourhan,
tanto en la contemplacin del rostro que habla como en la lectura del grafismo
manual? O ms especficamente: en virtud de qu el ojo es capaz de captar una
terrible equivalencia entre la voz de alianza que inflige y obliga y el cuerpo afligido
por el signo que una mano graba en l? No es preciso aadir un tercer lado a los
otros dos, un tercer elemento del signo: ojo-dolor, adems de voz-audicin y manografa? El paciente en los rituales de afliccin no habla, recibe la palabra. No acta,
es pasivo bajo la accin grfica, recibe el tampn del signo. Y su dolor, qu es sino
un placer para el ojo que lo mira, el ojo colectivo o divino que no est animado por
ninguna idea de venganza y slo es apto para captar la sutil relacin existente entre el
signo grabado en el cuerpo y la voz surgida de un rostro entre la marca y la
mscara? Entre estos dos elementos del cdigo, el dolor es como la plusvala que saca
el ojo, captando el efecto de la palabra activa sobre el cuerpo, pero tambin la
reaccin del cuerpo en tanto que se acta sobre l. Es a esto a lo que hay que llamar
sistema de la deuda o representacin territorial: voz que habla o salmodia, signo
marcado en plena sangre, ojo que goza con el dolor stos son los tres lados de un
tringulo salvaje que forma un territorio de resonancia y de retencin, teatro de la
crueldad que implica la triple independencia de la voz articulada, de la mano grfica
y del ojo apreciador. He ah cmo la representacin territorial se organiza en la
superficie, cercana an a una mquina deseante ojo-mano-voz. Tringulo mgico.
Todo es activo, acciona o reacciona en ese sistema, la accin de la voz de la alianza,
la pasin del cuerpo de la filiacin, la reaccin del ojo apreciando la declinacin de
ambas. Escoger la piedra que convertir al joven guayaki en un hombre, con bastante
dao y dolor, hendindola a lo largo de toda su espalda: Debe tener un lado muy
cortante (dice Clastres en un texto admirable) pero no como la astilla de bamb
que corta demasiado fcilmente. Escoger la piedra adecuada exige, pues, la ojeada.
Todo el aparato de esta nueva ceremonia se reduce a esto: un guijarro Piel labrada,
tierra escarificada, una sola y misma marca[151].
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El gran libro de la etnologa moderna es menos el Essai sur le don de Mauss que
la Genealoga de la moral de Nietzsche. Al menos debera serlo. Pues la Genealoga,
la segunda disertacin, es una tentativa y un logro sin igual para interpretar la
economa primitiva en trminos de deuda, en la relacin acreedor-deudor, eliminando
toda consideracin de intercambio o de inters a la inglesa. Y si son eliminados de
la psicologa no es para colocarlos en la estructura. Nietzsche tena un material muy
pobre, el derecho germnico antiguo y algo de derecho hind. Pero no vacila como
Mauss entre el intercambio y la deuda (Bataille tampoco dudar, bajo la inspiracin
nietzscheana que le dirige). Nunca se ha planteado de forma tan extremada el
problema fundamental del socius primitivo, que es el de la inscripcin, del cdigo, de
la marca. El hombre debe constituirse por la represin del influjo germinal intenso,
gran memoria bio-csmica que hara pasar el diluvio sobre todo intento de
colectividad. Pero, al mismo tiempo, cmo proporcionarle una nueva memoria, una
memoria colectiva que sea la de las palabras y de las alianzas, que decline las
alianzas con las filiaciones extensas, que le dote de facultades de resonancia y de
retencin, de extraccin y de separacin, y que opere de ese modo la codificacin de
los flujos de deseo como condicin del socius? La respuesta es sencilla, es la deuda,
son los bloques de deuda abiertos, mviles y finitos, esta extraordinaria composicin
de voz parlante, cuerpo marcado y ojo gozoso. Toda la estupidez y arbitrariedad de
las leyes, todo el dolor de las iniciaciones, todo el aparato perverso de la educacin y
la represin, los hierros al rojo y los procedimientos atroces no tienen ms que un
sentido: enderezar al hombre, marcarlo en su carne, volverlo capaz de alianza,
formarlo en la relacin acreedor-deudor que, en ambos lados, es asunto de la
memoria (una memoria tendida hacia el futuro). En vez de ser una apariencia que
toma el intercambio, la deuda es el efecto inmediato o el medio directo de la
inscripcin territorial e incorporal. La deuda proviene directamente de la inscripcin.
Una vez ms no se invocar ni venganza ni resentimiento (no es sobre esa tierra que
crecen, no ms que el Edipo). Que los inocentes sufran todas las marcas en sus
cuerpos se origina en la autonoma respectiva de la voz y el grafismo, y tambin del
ojo autnomo que de ello obtiene placer. No es que se sospeche con anterioridad que
cada uno ser un futuro mal deudor; ms bien sera lo contrario. Es al mal deudor al
que debemos comprender como si las marcas no hubiesen agarrado
suficientemente en l, como si estuviese o hubiese sido desmarcado. No ha hecho
ms que ampliar ms all de los lmites permitidos la distancia que separaba la voz de
alianza y el cuerpo de filiacin, hasta el punto que es preciso restablecer el equilibrio
con un aumento de dolor. Nietzsche no lo dice, mas, qu importa? Pues es ah donde
encuentra la terrible ecuacin de la deuda, dao causado = dolor a sufrir. Cmo
explicar, pregunta, que el dolor del criminal pueda servir de equivalente al dao
que ha causado? Cmo puede pagarse con sufrimiento? Es preciso invocar un ojo

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que de ello obtenga placer (no tiene nada que ver con la venganza): lo que el propio
Nietzsche llama el ojo evaluador o el ojo de los dioses de espectculos crueles,
hasta tal punto el castigo tiene aires de fiesta! Hasta tal punto el dolor forma parte
de una vida activa y de una mirada complaciente. La ecuacin dao = dolor no tiene
nada de cambista, y muestra que en este caso lmite la misma deuda no tena nada que
ver con el intercambio. Simplemente, el ojo obtiene del dolor que contempla una
plusvala de cdigo, que compensa la relacin rota entre la voz de alianza a la que el
criminal ha faltado y la marca que no haba penetrado suficientemente en su cuerpo.
El crimen, ruptura de conexin fono-grfica, restablecida por el espectculo del
castigo: justicia primitiva, la representacin territorial lo ha previsto todo.
Lo ha previsto todo, codificando el dolor y la muerte salvo la manera como su
propia muerte le iba a llegar desde fuera. Llegan como el destino, sin causa, razn,
consideracin, pretexto, existen como existe el rayo, demasiado terribles, demasiado
sbitos, demasiado convincentes, demasiado distintos para ser ni siquiera odiados. Su
obra es un instintivo crear-formas, imprimir-formas, son los artistas ms
involuntarios, ms inconscientes que existen: en poco tiempo surge, all donde ellos
aparecen, algo nuevo, un engranaje soberano dotado de vida, en el que cada parte,
cada funcin, ha sido delimitada y determinada, en el que nada tiene sitio si primero
no posee una significacin con respecto al conjunto. Estos organizadores natos no
saben lo que es culpa, responsabilidad, consideracin; en ellos reina aquel terrible
egosmo del artista de mirada de bronce y que de antemano se sabe justificado en su
obra, por toda la eternidad, lo mismo que la madre en su hijo. No es en ellos, lo
adivinamos, donde germin la mala conciencia pero sin ellos esta horrible planta
no habra crecido, no existira si no hubiera ocurrido que, bajo la presin de sus
martillazos, de su tirana de artistas, una ingente cantidad de libertad fue arrojada del
mundo, o al menos qued fuera de la vista, coaccionada a la fuerza a pasar al estado
latente[152]. Es aqu que Nietzsche habla de corte, de ruptura, de salto. Quines son
esos que llegan como la fatal idad? (una horda cualquiera de rubios animales de
presa, una raza de conquistadores y de seores, que organizados para la guerra, y
dotados de la fuerza de organizar, colocan sin escrpulo alguno sus terribles zarpas
sobre una poblacin tal vez infinitamente superior en nmero, pero todava
informe). Incluso los ms viejos mitos africanos nos hablan de esos hombres
rubios. Son los fundadores del Estado. Nietzsche establecer tambin otros cortes: los
de la ciudad griega, del cristianismo, del humanismo democrtico y burgus, de la
sociedad industrial, del capitalismo y del socialismo. Pero es posible que todos, por
motivos diversos, supongan este primer gran corte, aunque tambin pretendan
rechazarlo y llenarlo. Es posible que, espiritual o temporal, tirnico o democrtico,
capitalista o socialista, no haya habido nunca ms que un solo Estado, el perroEstado que habla en humaradas y aullidos. Adems, Nietzsche sugiere cmo

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procede ese nuevo socius: un terror sin precedentes, con respecto al cual el antiguo
sistema de la crueldad, las formas de enderezamiento y de castigo primitivas, no son
nada. Una destruccin concertada de todas las codificaciones primitivas o, peor an,
su conservacin irrisoria, su reduccin a piezas secundarias de la nueva mquina, y el
nuevo aparato de represin. Lo que era esencial en la mquina de inscripcin
primitiva, los bloques de deudas mviles, abiertos y finitos, las parcelas de destino,
se halla preso en un inmenso engranaje que vuelve a la deuda infinita y ya no forma
ms que una sola y misma aplastante fatalidad: Ser preciso desde entonces que la
perspectiva de una liberacin desaparezca de una vez por todas en la bruma
pesimista, ser preciso desde entonces que la mirada desesperada se desaliente ante
un imposibilidad de hierro. La tierra se convierte en un asilo de alienados.

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La mquina desptica brbara


La instauracin de la mquina desptica o del socius brbaro puede ser resumida
del siguiente modo: nueva alianza y filiacin directa. El dspota recusa las alianzas
laterales y las filiaciones extensas de la antigua comunidad. Impone una nueva
alianza y se coloca en filiacin directa con el dios: el pueblo debe seguir. Saltar a una
nueva alianza, romper con la antigua filiacin; esto se expresa en una mquina
extraa, o ms bien en una mquina de lo extrao que tiene como lugar el desierto,
impone las ms duras pruebas, las ms secas, y manifiesta tanto la resistencia de un
orden antiguo como la autentificacin del nuevo orden. La mquina de lo extrao es a
la vez gran mquina paranoica, puesto que expresa la lucha con el antiguo sistema, y
gloriosa mquina clibe, en tanto que instala el triunfo de la nueva alianza. El dspota
es el paranoico (ya no hay inconveniente en sostener semejante proposicin, desde el
momento en que uno se desembaraza del familiarismo propio de la concepcin de la
paranoia en el psicoanlisis y la psiquiatra y se ve en la paranoia un tipo de catexis
de formacin social). Nuevos grupos perversos propagan la invencin del dspota (tal
vez incluso los han fabricado para l), expanden su gloria e imponen su poder en las
ciudades que fundan o que conquistan. Por todas partes por donde pasa el dspota y
su ejrcito, doctores, sacerdotes, escribas, funcionarios, forman parte del cortejo. Se
dira que la antigua complementariedad se ha deslizado para formar un nuevo socius:
ya no el paranoico de selva y los perversos de aldea o de campamento, sino el
paranoico de desierto y los perversos de ciudad.
En principio, la formacin brbara desptica debe ser pensada en oposicin a la
mquina territorial primitiva, y se establece sobre sus ruinas: nacimiento de un
imperio. Pero, en realidad, podemos captar el movimiento de esta formacin cuando
un imperio se separa de un imperio precedente; o incluso cuando surge el sueo de un
imperio espiritual, all donde los imperios temporales caen en decadencia. Es posible
que la empresa sea ante todo militar y de conquista, es posible que ante todo sea
religiosa, la disciplina militar convertida en ascetismo y cohesin internos. Es posible
que el mismo paranoico sea una dulce criatura o una fiera desencadenada. Mas
siempre encontramos la figura de este paranoico y de sus perversos, el conquistador y
sus tropas de lite, el dspota y sus burcratas, el hombre santo y sus discpulos, el
anacoreta y sus monjes, el Cristo y su san Pablo. Moiss fue la mquina egipcia en el
desierto, all instala su nueva mquina, arca santa y templo transportable, y
proporciona a su pueblo una organizacin religiosa-militar. Para resumir la empresa
de san Juan Bautista, se dice: Juan ataca la base de la doctrina central del judasmo,
la de la alianza con Dios por una filiacin que se remonta a Abraham[153]. Ah est
lo esencial: hablamos de formacin brbara imperial o de mquina desptica cada vez
que se movilizan las categoras de nueva alianza y de filiacin directa. Y, cualquiera

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que sea el contexto de esta movilizacin, en relacin o no con imperios precedentes,


ya que a travs de estas vicisitudes la formacin imperial se define siempre por un
cierto tipo de codificacin y de inscripcin que se opone a las codificaciones
territoriales primitivas. Poco importa el nmero de la alianza: nuca alianza y filiacin
directa son categoras especficas que manifiestan un nuevo socius, irreductible a las
alianzas laterales y a las filiaciones extensas que declinaban la mquina primitiva. Lo
que define la paranoia es este poder de proyeccin, esta fuerza para volver a partir
desde cero, de objetivar una completa transformacin: el sujeto salta fuera de los
cruzamientos alianza-filiacin, se instala en el lmite, en el horizonte, en el desierto,
sujeto de un saber desterritorializado que lo liga directamente con Dios y lo conecta
al pueblo. Por primera vez se retira de la vida y de la tierra algo que va a permitir
juzgar la vida y sobrevolar la tierra, principio del conocimiento paranoico. Todo el
juego relativo de las alianzas y de las filiaciones es llevado a lo absoluto en esta
nueva alianza y esta filiacin directa.
Para comprender la formacin brbara es preciso relacionarla no con otras
formaciones del mismo gnero con las que compite, temporal o espiritualmente,
segn relaciones que mezclan lo esencial, sino con la formacin salvaje primitiva a la
que suplanta y que an contina frecuentndola. Es de este modo que Marx define la
produccin asitica: una unidad superior del Estado se instaura sobre la base de las
comunidades rurales primitivas, que conservan la propiedad del suelo, mientras que
el Estado es su verdadero propietario de acuerdo con el movimiento objetivo aparente
que le atribuye el excedente de producto, le proporciona las fuerzas productivas en
los grandes trabajos y le hace aparecer como la causa de las condiciones colectivas de
la apropiacin[154]. El cuerpo lleno como socius ya no es la tierra, sino el cuerpo del
dspota, el dspota mismo o su dios. Las prescripciones y prohibiciones que a
menudo le vuelven casi incapaz de actuar lo convierten en un cuerpo sin rganos. l
es la nica cuasi-causa, la fuente y el estuario del movimiento aparente. En lugar de
separaciones mviles de cadena significante, un objeto separado ha saltado fuera de
la cadena; en lugar de extracciones de flujo, todos los flujos convergen en un gran ro
que constituye la consumacin del soberano: cambio radical de rgimen en el fetiche
o el smbolo. Lo que cuenta no es la persona del soberano, ni siquiera su funcin, que
puede ser limitada. Es la mquina social la que ha cambiado profundamente: en lugar
de la mquina territorial, la megamquina de Estado, pirmide funcional que tiene al
dspota en la cima, motor inmvil, el aparato burocrtico como superficie lateral y
rgano de transmisin, los aldeanos en la base como piezas trabajadoras. Los stocks
forman el objeto de una acumulacin, los bloques de deuda se convierten en una
relacin infinita bajo la forma de tributo. Toda la plusvala de cdigo es objeto de
apropiacin. Esta conversin atraviesa todas las sntesis, las de produccin con la
mquina hidrulica, la mquina minera, la inscripcin con la mquina contable, la

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mquina de escritura, la mquina monumental, el consumo, por ltimo, con el


mantenimiento del soberano, de su corte y de la casta burocrtica. En vez de ver en el
Estado el principio de una territorializacin que inscribe a la gente segn su
residencia, debemos ver en el principio de residencia el efecto de un movimiento de
desterritorializacin que divide la tierra como un objeto y somete a los hombres a la
nueva inscripcin imperial, al nuevo cuerpo lleno, al nuevo socius.
Llegan como el destino existen como existe el rayo, demasiado terribles,
demasiado sbitos La muerte del sistema primitivo siempre llega del exterior, la
historia es la de las contingencias y la de los encuentros. Como una nube llegada del
desierto, llegan los conquistadores: Imposible comprender cmo penetraron, cmo
atravesaron tantas altas y desrticas mesetas, tantas vastas y frtiles llanuras No
obstante estn ah y cada maana parece crecer su nmero Hablar con ellos,
imposible! No saben nuestra lengua[155]. Pero esta muerte que viene de fuera es
tambin la que suba de dentro: la irreductibiladad general de la alianza a la filiacin,
la independencia de los grupos de alianza, la manera como servan de elemento
conductor a las relaciones econmicas y polticas, el sistema de los rangos primitivos,
el mecanismo de la plusvala, todo esto ya esbozaba formaciones despticas y
rdenes de castas. Cmo distinguir la manera como la comunidad primitiva
desconfa de sus propias instituciones de jefatura, conjura la imagen del dspota
posible que segregara en su seno, y aquella en que amarra el smbolo vuelto irrisorio
de un antiguo dspota que se impuso desde fuera, hace ya largo tiempo? No siempre
resulta fcil saber si una comunidad primitiva reprime una tendencia endgena o la
encuentra mal que bien despus de una terrible aventura exgena. El juego de las
alianzas es ambiguo: estamos an ms ac de la nueva alianza o ya ms all, y como
cados en un ms ac residual y transformado? (Cuestin anexa: qu es la
feudalidad?) Tan slo podemos asignar el momento preciso de la formacin imperial
como el de la nueva alianza exgena, no slo en el lugar de las antiguas alianzas, sino
con respecto a ellas. Y esta nueva alianza es algo por completo diferente de un
tratado, de un contrato. Pues la suprimido no es el antiguo rgimen de las alianzas
laterales y de las filiaciones extensas, sino tan slo su carcter determinante.
Subsisten ms o menos modificadas, ms o menos arregladas por el gran paranoico,
puesto que proporcionan la materia de la plusvala. Esto es lo que proporciona el
carcter especfico de la produccin asitica: las comunidades rurales autctonas
subsisten y continan produciendo, inscribiendo, consumiendo. Los engranajes de la
mquina del linaje territorial subsisten, pero ya no son ms que las piezas
trabajadoras de la mquina estatal. Los objetos, los rganos, las personas y los grupos
mantienen al menos una parte de su codificacin intrnseca, pero estos flujos
codificados del antiguo rgimen son sobrecodificados por la unidad transcendente
que se apropia de la plusvala. La antigua inscripcin permanece, pero enladrillada

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por y en la inscripcin del Estado. Los bloques subsisten, pero se han convertido en
ladrillos encajados y encastrados que ya no poseen ms que una movilidad de
encomienda. Las alianzas territoriales no son reemplazadas, sino tan slo alianzadas a
la nueva alianza; las filiaciones territoriales no son reemplazadas, sino tan slo
afiliadas a la filiacin directa. Es como un inmenso derecho del primer nacido sobre
toda la filiacin, un inmenso derecho de primera noche sobre toda alianza. El stock
filiativo se convierte en el objeto de una acumulacin en la otra filiacin, la deuda de
alianza se convierte en una relacin infinita en la otra alianza. Todo el sistema
primitivo se halla movilizado, requisado por un poder superior, subyugado por
nuevas fuerzas exteriores, puesto al servicio de otros fines; tan cierto es, deca
Nietzsche, que lo que se llama evolucin de algo es una sucesin constante de
fenmenos de sujecin ms o menos violentos, ms o menos independientes, sin
olvidar las resistencias que sin cesar se producen, las tentativas de metamorfosis que
se realizan para concurrir en la defensa y la reaccin, por ltimo, los resultados
favorables de las acciones en sentido contrario.
A menudo se ha sealado que el Estado empieza (o vuelve a empezar) con dos
actos fundamentales, uno llamado de territorialidad por fijacin de residencia, otro
llamado de liberacin por abolicin de las pequeas deudas. Sin embargo, el Estado
procede por eufemismo. La seudo territorialidad es el producto de una efectiva
desterritorializacin que sustituye los signos de la tierra por signos abstractos y
convierte a la propia tierra en el objeto de una propiedad del Estado o de sus ms
ricos servidores y funcionarios (y no hay gran cambio, desde este punto de vista,
cuando el Estado no hace ya ms que garantizar la propiedad privada de una clase
dominante de la que se distingue). La abolicin de las deudas, cuando tiene lugar, es
un medio de mantener la reparticin de las tierras y de impedir la entrada en escena
de una nueva mquina territorial, eventualmente revolucionaria y capaz de plantear o
tratar en toda su amplitud el problema agrario. En otros casos en los que se realiza
una redistribucin, el ciclo de los crditos es mantenido, bajo la nueva forma
instaurada por el Estado el dinero. Pues, de seguro, el dinero no empieza sirviendo
al comercio, o al menos no posee un modelo autnomo mercantil. La mquina
desptica tiene esto en comn con la mquina primitiva, la confirma a este respecto:
el horror de los flujos descodificados, flujos de produccin, pero tambin flujos
mercantiles de intercambio y de comercio que escaparan al monopolio del Estado, a
su cuadriculacin, a su tampn. Cuando Etienne Balazs pregunta: por qu no naci
el capitalismo en China en el siglo XIII, donde todas las condiciones cientficas y
tcnicas parecan sin embargo dadas?, la respuesta est en el Estado que cerraba las
minas desde el momento que las reservas de metal se juzgaban suficientes y mantena
el monopolio o control estricto del comercio (el comerciante como funcionario)[156].
El papel del dinero en el comercio depende menos del propio comercio que de su

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control por el Estado. La relacin del comercio con el dinero es sinttica y no


analtica. El dinero, fundamentalmente, es indisociable, no del comercio, sino del
impuesto como mantenimiento del aparato del Estado. All mismo donde las clases
dominantes se distinguen de este aparato y lo utilizan en provecho de la propiedad
privada, el vnculo desptico del dinero con el impuesto permanece visible.
Apoyndose en las investigaciones de Will, Michel Foucault muestra como, en
algunas tiranas griegas, el impuesto sobre los aristcratas y la distribucin de dinero
entre los pobres son un medio para hacer llegar el dinero a los ricos, de ampliar
singularmente el rgimen de las deudas, de volverlo an ms fuerte, al prevenir y
reprimir toda re-territorializacin que pudiera realizarse a travs de los datos
econmicos del problema agrario[157]. (Como si los griegos hubiesen descubierto a su
modo lo que los americanos descubrieron despus del New-Deal: que los elevados
impuestos del Estado son propicios para los buenos negocios.) En una palabra, el
dinero, la circulacin del dinero, es el medio de volver la deuda infinita. He ah lo que
ocultan los dos actos del Estado: la residencia o territorialidad de Estado inaugura el
gran movimiento de desterritorializacin que subordina todas las filiaciones
primitivas a la mquina desptica (problema agrario); la abolicin de las deudas o su
transformacin contable abren la tarea de un servicio de Estado interminable que
subordina todas las alianzas primitivas (problema de la deuda). El acreedor infinito,
el crdito infinito ha reemplazado a los bloques de deudas mviles y finitos. Siempre
hay un monotesmo en el horizonte del despotismo: la deuda se convierte en deuda de
existencia, deuda de la existencia de los sujetos mismos. Llega el tiempo en el que el
acreedor todava no ha prestado mientras que el deudor no para de devolver, pues
devolver es un deber, pero prestar es una facultad como en la cancin de Lewis
Carroll, la larga cancin de la deuda infinita:
Un hombre puede exigir desde luego lo que debe,
pero cuando se trata del prstamo,
sin duda alguna puede escoger
el momento que mejor le conviene[158].
El Estado desptico, tal como aparece en las condiciones ms puras de la
produccin llamada asitica, posee dos aspectos correlativos: por una parte,
reemplaza a la mquina territorial, forma un nuevo cuerpo lleno desterritorializado;
por otra parte, mantiene las antiguas territorialidades, las integra en concepto de
piezas u rganos de produccin en la nueva mquina. De golpe adquiere la perfeccin
porque funciona sobre la base de las comunidades rurales dispersas, como mquinas
preexistentes autnomas o semiautnomas desde el punto de vista de la produccin;
pero, desde este mismo punto de vista, reacciona sobre ellas al producir las
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condiciones de grandes trabajos que exceden el poder de las distintas comunidades.


Lo que se produce sobre el cuerpo del dspota es una sntesis conectiva de las
antiguas alianzas con la nueva, una sntesis disyuntiva que funde las antiguas
filiaciones en la filiacin directa, reuniendo a todos los sujetos en la nueva mquina.
Lo esencial del Estado radica en la creacin de una segunda inscripcin mediante la
cual el nuevo cuerpo lleno, inmvil, monumental, inmutable, se apropia de todas las
fuerzas y los agentes de produccin; pero esta inscripcin de Estado deja subsistir las
viejas inscripciones territoriales, en concepto de ladrillos sobre la nueva superficie.
De ah se origina, por ltimo, la manera como se realiza la conjuncin de las dos
partes, las partes respectivas que son la unidad superior propietaria y las comunidades
poseedoras, la sobrecodificacin y los cdigos intrnsecos, la plusvala apropiada y el
usufructo utilizado, la mquina de Estado y las mquinas territoriales. Como en La
muralla china, el Estado es la unidad superior trascendente que integra subconjuntos
relativamente aislados, que funcionan separadamente, a los que asigna un desarrollo
en ladrillos y un trabajo de construccin por fragmentos. Objetos parciales esparcidos
enganchados al cuerpo sin rganos. Nadie como Kafka ha sabido mostrar que la ley
no tiene nada que ver con una totalidad natural armoniosa, inmanente, sino que
actuaba como unidad formal eminente y bajo ese concepto reinaba sobre fragmentos
y pedazos (la muralla y la torre). Adems el Estado no es primitivo, es origen o
abstraccin, es la esencia abstracta originaria que no se confunde con el comienzo.
El Emperador es el nico objeto de todos nuestros pensamientos. Sera su objeto,
quiero decir, si lo conocisemos, si sobre l tuvisemos el mnimo conocimiento El
pueblo no sabe qu emperador reina y ni siquiera est seguro del nombre de la
dinasta En nuestros pueblos, Emperadores desde hace tiempo difuntos suben al
trono, y, como el que ya no vive ms que en la leyenda, promulga un decreto cuya
lectura el sacerdote realiza al pie del altar. En cuanto a los propios subconjuntos,
mquinas primitivas territoriales, son lo concreto, la base y el comienzo concretos,
pero sus segmentos entran aqu en relaciones con la esencia, toman, precisamente, esa
forma de ladrillos que asegura su integracin en la unidad superior y su
funcionamiento distributivo, de acuerdo con los designios colectivos de esta misma
unidad (grandes trabajos, extorsin de la plusvala, tributo, esclavitud generalizada).
Dos inscripciones coexisten en la formacin imperial y se concilian en la medida que
una est enladrillada en la otra, mientras que la otra, por el contrario, cimenta el
conjunto y se ajusta a productores y productos (las inscripciones no necesitan hablar
la misma lengua). La inscripcin imperial recorta todas las alianzas y filiaciones, las
prolonga, las hace converger en la filiacin directa del dspota con el dios, la nueva
alianza del dspota con el pueblo. Todos los flujos codificados de la mquina
primitiva son llevados ahora hasta una embocadura donde la mquina desptica los
sobrecodifica. La sobrecodificacin es la operacin que constituye la esencia del

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Estado y que mide a la vez su continuidad y su ruptura con las antiguas formaciones:
el horror ante los flujos del deseo no codificados, pero tambin la instauracin de una
nueva inscripcin que sobrecodifica y que convierte al deseo en el objeto del
soberano, aun cuando fuera instinto de muerte. Las castas son inseparables de la
sobrecodificacin e implican clases dominantes que todava no se manifiestan
como clases, pero se confunden con un aparato de Estado. Quin puede tocar el
cuerpo lleno del soberano?, he ah un problema de castas. La sobrecodificacin
destituye la tierra en provecho del cuerpo lleno desterritorializado y, sobre este
cuerpo lleno, vuelve infinito el movimiento de la deuda. Es mrito de Nietzsche el
haber sealado la importancia de un movimiento tal que empieza con los fundadores
de Estados, esos artistas con mirada de bronce que forjan un engranaje asesino e
implacable, que levantan ante toda perspectiva de liberacin una imposibilidad de
hierro. No es que esta infinitivacin pueda comprenderse, como dice Nietzsche, como
una consecuencia del juego de los antepasados, de las genealogas profundas y de las
filiaciones extensas sino ms bien cuando stas se hallan cortocircuitadas, raptadas
por la nueva alianza y la filiacin directa: es ah donde el antepasado, el seor de los
bloques mviles y finitos, se halla destituido por el dios, el organizador inmvil de
los ladrillos y de su circuito infinito.

La representacin brbara o imperial


El incesto con la hermana es algo muy diferente que el incesto con la madre. La
hermana no es un sustituto de la madre: una pertenece a la categora conectiva de
alianza, la otra, a la categora disyuntiva de filiacin. Si la primera est prohibida, lo
est en la medida en que las condiciones de la codificacin territorial exigen que la
alianza no se confunda con la filiacin; y para la segunda exigen que la descendencia
en la filiacin no se vuelque sobre la ascendencia. Por ello, el incesto del dspota es
doble, en virtud de la nueva alianza y de la filiacin directa. Empieza casndose con
la hermana. Pero este matrimonio endogmico prohibido lo realiza fuera de la tribu,
en tanto que l mismo est fuera de la tribu, fuera o en los lmites del territorio. Esto
es lo que Pierre Gordon mostraba en un extrao libro: la misma regla que proscribe el
incesto debe prescribirlo a alguien determinado. La exogamia debe conducir a la
existencia de hombres fuera de la tribu que estn facultados para realizar un
matrimonio endogmico y, por la virtud temible de ese matrimonio, para servir de
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iniciadores a los sujetos exgamos de ambos sexos (el desflorador sagrado, el


iniciador ritual en la montaa o al otro lado del agua)[159]. Desierto, tierra de
noviazgos. Todos los flujos convergen hacia tal hombre, todas las alianzas se hallan
recortadas por esta nueva alianza que las sobrecodifica. El matrimonio endogmico
fuera de la tribu coloca al protagonista en la posicin adecuada para sobrecodificar
todos los matrimonios exogmicos en la tribu. Resulta evidente que el incesto con la
madre tiene un sentido distinto: se trata esta vez de la madre de la tribu, tal como
existe en la tribu, tal como el protagonista la encuentra al penetrar en la tribu o la
recobra al volver de nuevo a ella, despus de su primer matrimonio. Recorta las
filiaciones extensas de una filiacin directa. El protagonista, el hroe, iniciado o
iniciante, se convierte en rey. El segundo matrimonio desenvuelve las consecuencias
del primero, extrae sus efectos. El hroe empieza casndose con la hermana, luego se
casa con la madre. Que los dos actos, en diversos grados, puedan ser aglutinados,
asimilados, no impide que haya dos secuencias: la unin con la princesa-hermana, la
unin con la madre-reina. El incesto va a dos. El hroe est siempre a horcajadas
entre dos grupos, uno al que se va para encontrar a su hermana, el otro al que vuelve
para recobrar a su madre. Este doble incesto no tiene como finalidad el producir un
flujo, incluso mgico, sino sobrecodificar todos los flujos existentes y lograr que
ningn cdigo intrnseco, ningn flujo subyacente escape a la sobrecodificacin de la
mquina desptica; adems, con su esterilidad garantiza la fecundidad general[160]. El
matrimonio con la hermana se realiza fuera, es la prueba del desierto, expresa la
separacin espacial con respecto a la mquina primitiva; proporciona un desenlace a
las antiguas alianzas; funda la nueva alianza al operar una apropiacin generalizada
de todas las deudas de alianza. El matrimonio con la madre es el retorno a la tribu;
expresa la separacin temporal con la mquina primitiva (diferencia de
generaciones); constituye la filiacin directa que se origina en la nueva alianza, al
operar una acumulacin generalizada de stock filiativo. Ambos son necesarios para la
sobrecodficacin, como los dos cabos de una ligadura para el nudo desptico.
Detengmonos aqu: cmo es posible tal cosa? Cmo se ha hecho posible el
incesto, y la propiedad manifiesta o el sello del dspota? Qu es esta hermana, esta
madre las del propio dspota? O bien la cuestin se plantea de otro modo? Pues
concierne al conjunto del sistema de la representacin, cuando cesa de ser territorial
para volverse imperial. En primer lugar, presentimos que los elementos de la
representacin en profundidad han empezado a moverse: la migracin celular ha
empezado, va a llevar la clula edpica de un lugar de la representacin a otro. En la
formacin imperial, el incesto ha dejado de ser lo representado desplazado del deseo
para convertirse en la representacin reprimente misma. Pues no hay duda, la
manera como el dspota realiza el incesto y lo hace posible no consiste en modo
alguno en eliminar el aparato represin general-represin; por el contrario, forma
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parte de l, tan slo cambia sus piezas y siempre es en concepto de representado


desplazado que el incesto viene a ocupar ahora la posicin de la representacin
reprimente. En suma, una ganancia ms, una nueva economa en el aparato
reprimente represivo, una nueva marca, una nueva dureza. Fcil, demasiado fcil si
bastase con volver el incesto posible y efectuarlo soberanamente para que cesasen el
ejercicio de la represin y el servicio de la represin general. El incesto real brbaro
es tan slo el medio de sobrecodificar los flujos de deseo, no de liberarlos. Oh
Calgula, oh Heliogbalo, oh memoria loca de los emperadores desaparecidos! Como
el incesto nunca ha sido el deseo, sino tan slo su representado desplazado tal como
resulta de la represin, la represin general necesariamente ha de salir ganando
cuando aqul viene a ocupar el lugar de la representacin misma y se encarga en su
concepto de la funcin reprimente (lo cual ya se vea en la psicosis, en la que la
intrusin del complejo en la conciencia, segn el criterio tradicional, no disminua la
represin del deseo). Con el nuevo lugar del incesto en la formacin imperial,
hablamos, pues, tan slo de una migracin en los elementos profundos de la
representacin, que va a convertirla en ms extraa, ms implacable, ms definitiva o
ms infinita con respecto a la produccin deseante. Pero esta migracin nunca sera
posible si correlativamente no se produjese un considerable cambio en los otros
elementos de la representacin, los existentes en la superficie del socius inscriptor.
Lo que singularmente cambia en la organizacin de superficie de la
representacin es la relacin entre la voz y el grafismo: los ms antiguos autores lo
vieron claramente: el dspota realiza la escritura y la formacin imperial convierte el
grafismo en una escritura propiamente dicha. Legislacin, burocracia, contabilidad,
percepcin de impuestos, monopolio de Estado, justicia imperial, actividad de los
funcionarios, historiografa, todo se escribe en el cortejo del dspota. Volvamos a la
paradoja que se desprende de los anlisis de Leroi-Gourham: las sociedades
primitivas son orales, no porque carezcan de grafismo, sino al contrario, porque el
grafismo en ellas es independiente de la voz y marca sobre los cuerpos signos que
responden a la voz, que reaccionan ante la voz, pero que son autnomos y no se
ajustan a ella; en cambio, las civilizaciones brbaras son escritas, no porque perdieron
la voz, sino porque el sistema grfico ha perdido su independencia y sus dimensiones
propias, se ha ajustado a la voz, se ha subordinado a la voz, incluso extrae de ella un
flujo abstracto desterritorializado que retiene y hace resonar en el cdigo lineal de
escritura. En una palabra, en un mismo movimiento el grafismo empieza a depender
de la voz e induce una voz muda de las alturas o del ms all que empieza a depender
del grafismo. A fuerza de subordinarse a la voz, la escritura la suplanta. Jacques
Derrida tiene razn cuando dice que toda lengua supone una escritura originaria, si
entiende por ello la existencia y la conexin de un grafismo cualquiera (escritura en
el sentido amplio). Tiene razn tambin cuando dice que apenas se pueden establecer

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cortes, en la escritura en sentido estricto, entre los procedimientos pictogrficos,


ideogramticos y fonticos: siempre hay ajuste, alineamiento, con la voz, al mismo
tiempo que sustitucin de la voz (suplementariedad), adems el fonetismo nunca es
todopoderoso, pues siempre el significante mudo ya empez a trabajar. Tiene razn
hasta cuando vincula misteriosamente la escritura al incesto. Sin embargo, no vemos
ningn motivo para sacar de ello en conclusin la constancia de un aparato de
represin sobre una mquina grfica que procedera tanto por jeroglficos como por
fonemas[161]. Pues hay un corte que lo cambia todo en el mundo de la representacin,
entre esta escritura en sentido estricto y la escritura en sentido amplio, es decir, entre
dos regmenes de inscripcin por completo diferentes, grafismo que deja la voz
dominante a fuerza de ser independiente aunque conectndose a ella, grafismo que
domina o suplanta la voz a fuerza de depender de ella por procedimientos diversos y
de subordinarse a ella. El signo primitivo territorial no vale ms que por s mismo, es
posicin de deseo en conexin mltiple, no es signo de un signo o deseo de un deseo,
ignora la subordinacin lineal y su reciprocidad: ni pictograma ni ideograma, es ritmo
y no fuerza, zigzag y no lnea, artefacto y no idea, produccin y no expresin.
Intentemos resumir las diferencias existentes entre estas dos formas de
representacin, la territorial y la imperial.
La representacin territorial, en primer lugar, est formada por dos elementos
heterogneos, voz y grafismo: uno es como la representacin de palabra constituida
en la alianza lateral, el otro como la representacin de cosa (de cuerpo) instaurada en
la filiacin extensa. Uno acta sobre el otro, el otro reacciona ante el primero, cada
uno con su propio poder que se connota con el del otro para realizar la gran tarea de
la represin germinal intensa. Lo reprimido, en efecto, es el cuerpo lleno como fondo
de la tierra intensa, que debe dar sitio al socius en extensin al que pasan o no pasan
las intensidades en causa. Es preciso que el cuerpo lleno de la tierra tome una
extensin en el socius y como socius. El socius primitivo de este modo se cubre con
una red en la que no se cesa de saltar de las palabras a las cosas, de los cuerpos a las
denominaciones, segn las exigencias extensivas del sistema en longitud y en
amplitud. Lo que llamamos rgimen de connotacin es un rgimen en el que la
palabra como signo vocal designa alguna cosa, pero en el que la cosa designada no
deja de ser signo, ya que ella misma se surca de un grafismo connotado a la voz. La
heterogeneidad, la solucin de continuidad, el desequilibrio de los dos elementos,
vocal y grfico, es atrapado por un tercero, el elemento visual ojo del que se puede
decir que ve la palabra (la ve, no la lee) en tanto que evala el dolor del grafismo. J.
F. Lyotard ha intentado describir en otro contexto un sistema de este tipo, en el que la
palabra no tiene ms funcin que la designadora y no constituye por s sola el signo;
lo que se convierte en signo es ms bien la cosa o el cuerpo designado como tal, en
tanto que revela un rostro desconocido definido sobre l, trazado por el grafismo que

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responde a la palabra; la separacin entre ambos la llena el ojo, que ve la palabra


sin leerla, en tanto que aprecia el dolor emanado del grafismo en pleno cuerpo: el ojo
salta[162]. Rgimen de connotacin, sistema de la crueldad, se creemos que es el
tringulo mgico con sus tres lados, voz-audicin, grafismo-cuerpo, ojo-dolor: donde
la palabra es esencialmente designadora, pero donde el grafismo forma l mismo un
signo con la cosa designada y donde el ojo va de uno a otro, extrayendo y midiendo
la visibilidad de uno con el dolor del otro. Todo es activo, acciona, reacciona en el
sistema, todo es uso y funcin. De tal modo que cuando se considera el conjunto de la
representacin territorial, uno se sorprende de constatar la complejidad de redes con
que cubre al socius: la cadena de los signos territoriales no cesa de saltar de un
elemento a otro, irradiando en todas las direcciones, emitiendo separaciones en todo
lugar donde hay que extraer flujos, incluyendo disyunciones, consumiendo restos,
sacando plusvalas, conectando palabras, cuerpos y dolores, frmulas, cosas y afectos
connotando voces, grafas, ojos, siempre con un uso polvoco: una manera de saltar
que no se limita a un querer decir, an menos a un significante. S el incesto desde
este punto de vista nos parece imposible es porque no es ms que un salto
necesariamente fracasado, este salto que va de las denominaciones a las personas, de
los nombres a los cuerpos: por un lado, el ms ac reprimido de las denominaciones
que todava no designan personas sino tan slo estados intensivos germinales; por el
otro, el ms all reprimente que no aplica las denominaciones a las personas ms que
prohibiendo a las personas que respondan a los nombres de hermana, madre, padre
Entre ambos, el poco profundo arroyo donde no pasa nada, donde las
denominaciones no prenden en las personas, donde las personas se sustraen a la
grafa y donde el ojo ya no tiene nada que ver, nada a evaluar: el incesto, simple
lmite desplazado, ni reprimido ni reprimente, sino tan slo representado desplazado
del deseo. Desde este momento resulta que las dos dimensiones de la representacin
su organizacin de superficie con los elementos voz-grafa-ojo y su organizacin
profunda con las instancias representante de deseo-representacin reprimenterepresentado desplazado tienen un destino comn, semejante a un sistema
complejo de correspondencias en el seno de una mquina social dada.
Ahora bien, todo esto se halla trastornado en un nuevo destino, con la mquina
desptica y la representacin imperial. En primer lugar, el grafismo se ajusta, se
proyecta sobre la voz y se convierte en escritura. Al mismo tiempo, induce la voz ya
no como la de la alianza, sino como la de la nueva alianza, voz ficticia del ms all
que se expresa en el flujo de escritura como filiacin directa. Estas dos categoras
fundamentales despticas son tambin el movimiento del grafismo que, a la vez, se
subordina a la voz para subordinar la voz, para suplantarla. Desde ese momento se
produce un aplastamiento del tringulo mgico: la voz ya no canta, pero dicta, edicta;
la grafa ya no danza y cesa de animar los cuerpos, pero se escribe fijada en tablas,

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piedras y libros; el ojo se pone a leer (la escritura implica una especie de ceguera, una
prdida de visin y de apreciacin, y ahora es el ojo quien se duele, aunque adquiera
otras funciones). Sin embargo, no podemos decir que el tringulo mgico est
completamente aplastado: subsiste como base y como ladrillo, en el sentido en que el
sistema territorial contina funcionando en el marco de la nueva mquina. El
tringulo se ha convertido en base para una pirmide cuyas caras hacen converger lo
vocal, lo grfico, lo visual en la eminente unidad del dspota. Si llamamos plan de
consistencia al rgimen de la representacin en una mquina social, es evidente que
este plan de consistencia ha cambiado, que se ha convertido en el de la subordinacin
y no en el de la connotacin. He ah, precisamente, lo esencial en segundo lugar: la
proyeccin de la grafa sobre la voz ha hecho saltar fuera de la cadena un objeto
transcendente, voz muda de la cual parece que toda la cadena ahora depende, y con
respecto a la cual se linealiza. La subordinacin del grafismo a la voz induce una voz
ficticia de las alturas que ya no se expresa, a la inversa, ms que por los signos de
escritura que emite (revelacin). Tal vez ah radica el primer montaje de operaciones
formales que conducirn a Edipo (paralogismo de la extrapolacin): una proyeccin o
un conjunto de relaciones bi-unvocas que conduce al agotamiento de un objeto
separado, destacado, y la linealizacin de la cadena que se desprende de ese objeto.
Tal vez ah empieza la cuestin qu quiere decir esto? y empiezan a prevalecer los
problemas de exgesis sobre los de uso y eficacia. Qu ha querido decir el
emperador, el dios? En lugar de segmentos de cadena siempre separables, un objeto
separado del que depende toda la cadena; en lugar de un grafismo polvoco en el
mismo real, una biunivocizacin que forma el trascendente del que sale una
linealidad; en lugar de signos no significantes que componen las redes de una cadena
territorial, un significante desptico del que vierten uniformemente todos los signos,
en un flujo desterritorializado de escritura. Incluso se ha visto a algunos hombres
beber ese flujo. Zemplni muestra como, en algunas regiones del Senegal, el islam
superpone un plan de subordinacin al antiguo plan de connotacin de los valores
animistas: La palabra divina o proftica, escrita o recitada, es el fundamento de este
universo; la transparencia de la oracin animista cede el sitio a la opacidad del rgido
versculo rabe, el verbo se cuaja en frmulas cuyo poder es asegurado por la verdad
de la Revelacin y no por una eficacia simblica y de encantacin La ciencia del
morabito remite en efecto a una jerarqua de nombres, de versculos, de cifras y de
seres correspondientes y si es preciso, se introducir el versculo en una botella
llena de agua pura, se beber el agua de versculo, se frotar con ella el cuerpo o se
levarn las manos[163]. La escritura, primer flujo desterritorializado, bebible: ya que
mana del significante desptico. Pues, qu es el significante en primera instancia?
qu es con respecto a los signos territoriales no significantes, cuando salta fuera de
sus cadenas e impone, superpone, un plan de subordinacin a su plan de connotacin

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inmanente? El significante es el signo devenido signo de signo, el signo desptico


que ha reemplazado al signo territorial, que ha franqueado el umbral de
desterritorializacin; el significante es tan slo el signo desterritorializado mismo. El
signo devenido letra. El deseo ya no se atreve a desear, devenido deseo del deseo,
deseo del deseo del dspota. La boca ya no habla, bebe la letra. El ojo ya no ve, lee.
El cuerpo ya no se deja grabar como la tierra, pero se prosterna ante los grabados del
dspota, la ultra-tierra, el nuevo cuerpo lleno.
Nunca agua alguna lavar al significante de su origen imperial: el seor
significante o el significante seor. Por ms que se ahogue al significante en el
sistema inmanente de la lengua, que se le utilice para evacuar los problemas de
sentido y significacin, que sea resuelto en la coexistencia de elementos fonemticos
donde el significado ya no es ms que el resumen del valor diferencial respectivo de
estos elementos entre s; por ms que se lleve a lo ms extremado la comparacin del
lenguaje con el intercambio y la moneda y se la someta a los paradigmas de un
capitalismo activo, nunca se impedir que el significante introduzca su trascendencia
y declare en favor de un dspota desaparecido que todava funciona en el
imperialismo moderno. Incluso cuando habla suizo o americano, la lingstica agita la
sombra del despotismo oriental. No slo Saussure insiste en esto: que lo arbitrario de
la lengua fundamente su soberana como una servidumbre o una esclavitud
generalizada que sufrira la masa. Sino que se ha podido demostrar que en
Saussure subsisten dos dimensiones, una horizontal, en la que el significado se reduce
al valor de los trminos mnimos coexistentes en los que se descompone el
significante, pero otra, vertical, en la que el significado se eleva al concepto que
corresponde a la imagen acstica, es decir, a la voz tomada en el mximo de su
extensin que recompone el significante (el valor como contrapartida de los
trminos coexistentes, pero tambin el concepto como contrapartida de la imagen
acstica). En una palabra, el significante aparece dos veces, una vez en la cadena de
los elementos con respecto a los que el significado siempre es un significante para
otro significante, y una segunda vez en el objeto separado del que depende el
conjunto de la cadena y que expande sobre ella los efectos de significacin. No hay
cdigo fonolgico, y ni siquiera fontico, operando sobre el significante en el primer
sentido, sin una sobrecodificacin operada por el propio significante en el segundo
sentido. No hay campo lingstico sin relaciones bi-unvocas entre valores
ideogrficos y fonticos, o bien entre articulaciones de niveles diferentes, monemas y
fonemas, que aseguran finalmente la independencia y la linealidad de los signos
desterritorializados; este campo permanece definido por una trascendencia, incluso
cuando es considerada como ausencia o lugar vaco, que realiza los pliegues, las
proyecciones y subordinaciones necesarias y de la que mana en todo el sistema el
flujo material inarticulado en el cual ella talla, opone, selecciona y combina: el

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significante. Es, por tanto, bastante curioso que se muestre tan bien la servidumbre de
la masa con respecto a los elementos mnimos del signo en la inmanencia de la
lengua, sin mostrar cmo la dominacin se ejerce a travs y en la trascendencia del
significante[164]. Ah, como en otras partes, se afirma sin embargo una irreductible
exterioridad de la conquista. Pues si el propio lenguaje no supone la conquista, las
operaciones de proyeccin, de doblamiento, que constituyen el lenguaje escrito
suponen dos inscripciones que no hablan la misma lengua, dos lenguajes, uno de los
cuales es el de los seores, el otro, el de los esclavos. Nougayrol describe esa
situacin: Para los sumerios (tal signo), es el del agua; los sumerios leen este signo
a, que significa agua en sumerio. Llega un acadio y pregunta a su seor sumerio: qu
es este signo? El sumerio le responde: es a. El acadio toma este signo por a, sobre
este punto ya no hay ninguna relacin entre el signo y el agua que, en acadio, se dice
mu Creo que la presencia de los acadios determin la fonetizacin de la escritura
y que el contacto entre ambos pueblos era casi necesario para que saltase la chispa de
una nueva escritura[165]. No se puede ensear mejor de qu modo una operacin de
bi-univocizacin se organiza alrededor de un significante desptico, de tal modo que
de l mane una cadena fontica alfabtica. La escritura alfabtica no es para los
analfabetos, sino por los analfabetos. Pasa por los analfabetos, esos obreros
inconscientes. El significante implica un lenguaje que sobrecodifica a otro, mientras
que el otro es codificado en elementos fonticos. Y si el inconsciente implica el
rgimen tpico de una doble inscripcin, no est est ructurado como un lenguaje, sino
como dos. El significante parece que no mantiene su promesa, la de permitirnos el
acceso a una comprensin moderna y funcional de la lengua. El imperialismo del
significante no nos hace salir de la cuestin qu quiere decir esto?, se contenta
con rayar de antemano la cuestin y con hacer insuficientes todas las respuestas al
remitirlas al rango de un simple significado. Rechaza la exgesis en nombre de la
recitacin, pura textualidad, cientificidad superior. Semejante a los perros jvenes del
palacio demasiado prestos a beber el agua de versculo y que gritan continuamente:
el significante, vosotros no habis alcanzado el significante, permanecis en los
significados! El significante, slo esto les hace gozar. Pero este significante-seor
permanece siendo lo que es en la lejana de las edades, stock trascendente que
distribuye la carencia a todos los elementos de la cadena, algo comn para una comn
ausencia, instaurador de todos los cortes-flujos en un solo y mismo lugar de un solo y
mismo corte: objeto separado, falo-y-castracin, raya que somete los sujetos
depresivos al gran rey paranoico. Significante, terrible arcasmo del dspota en el que
todava se busca la tumba vaca, el padre muerto y el misterio del nombre. Tal vez
esto es lo que enardece la clera de algunos lingistas contra Lacan, no menos que el
entusiasmo de los adeptos: la fuerza y la serenidad con que Lacan vuelve a conducir
el significante a su fuente, a su verdadero origen, la edad desptica, y monta una
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mquina infernal que suelda el deseo a la ley, ya que, bien mirado, piensa, es bajo
esta forma que el significante concuerda con el inconsciente y produce en l efectos
de significado[166]. El significante como representacin reprimente y el nuevo
representado desplazado que induce, las famosas metfora y metonimia, constituyen
la mquina desptica sobrecodificante y desterritorializada.
El significante dspota tiene como efecto sobrecodificar la cadena territorial. El
significado es precisamente el efecto del significante (no es lo que representa, ni lo
que designa). El significado es la hermana de los confines y la madre del interior.
Hermana y madre son los conceptos que corresponden a la gran imagen acstica, a la
voz de la nueva alianza y de la filiacin directa. El incesto es la operacin misma de
sobrecodificacin en los dos cabos de la cadena en todo el territorio donde reina el
dspota, de los confines hasta el centro: todas las deudas de alianza convertidas en la
deuda infinita de la nueva alianza, todas las filiaciones extensas subsumidas por la
filiacin directa. El incesto o la trinidad real es, pues, el conjunto de la representacin
reprimente en tanto que procede a la sobrecodificacin. El sistema de la
subordinacin o de la significacin ha reemplazado al sistema de la connotacin. En
la medida en que el grafismo est volcado, proyectado, sobre la voz (este grafismo
que no hace mucho se inscriba en los mismos cuerpos), la representacin de cuerpo
se subordina a la representacin de palabra: hermana y madre son los significados de
la voz. Pero, en la medida en que esta proyeccin induce una voz ficticia de las
alturas que no se expresa ms que en el flujo lineal, el propio dspota es el
significante de la voz que opera, con sus dos significados, la sobrecodificacin de
toda la cadena. Lo que haca imposible el incesto a saber, que o bien tenamos las
denominaciones (madre, hermana), pero no las personas o los cuerpos, o bien
tenamos los cuerpos, pero las denominaciones se escapaban en el momento en que
infringamos las prohibiciones que implicaban ha dejado de existir. El incesto se ha
hecho posible en los esponsales de los cuerpos de parentesco y las denominaciones
parentales, en la unin del significante con sus significados. La cuestin no radica en
saber si el dspota se une a su verdadera hermana o a su verdadera madre. Pues su
verdadera hermana es de cualquier modo la hermana del desierto, como su verdadera
madre es de cualquier modo la madre de la tribu. Desde que el incesto es posible
importa poco que sea simulado o no, puesto que de cualquier manera algo diferente
es simulado a travs del incesto. Y siguiendo la complementariedad que
anteriormente hemos encontrado, de la simulacin con la identificacin, si la
identificacin es la de los objetos de las alturas, la simulacin es la escritura que le
corresponde, el flujo que mana de ese objeto, el flujo grfico que mana de la voz. La
simulacin no reemplaza a la realidad, no vale por ella, pero se apropia d la realidad
en la operacin de la sobrecodificacin desptica, la produce sobre el nuevo cuerpo
lleno que reemplaza a la tierra. Expresa la apropiacin y la produccin de lo real por

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una cuasi-causa. En el incesto, el significante hace el amor con sus significados.


Sistema de la simulacin, ste es el otro nombre de la significacin y de la
subordinacin. Y lo que es simulado, luego producido, a travs del incesto l mismo
simulado, luego producido tanto ms real cuanto ms simulado y a la inversa,
son como los estados extremos de una intensidad reconstituida, recreada. Con su
hermana, el dspota simula un estado cero del que surgira el poder flico, como
una promesa cuya presencia oculta hay que situar en el extremo del interior mismo
del cuerpo; con su madre, simula un superpoder en el que ambos sexos estaran al
mximo de sus caracteres propios exteriorizados: el P-A Pa del falo como voz[167]. Se
trata siempre de algo distinto en el incesto real: bisexualidad, homosexualidad,
castracin, trasvestis, como gradientes y pasos en el ciclo de las intensidades. Ocurre
que el significante desptico se propone reconstituir lo que la mquina primitiva
haba reprimido, el cuerpo lleno de la tierra intensa, pero sobre bases nuevas o nuevas
condiciones dadas en el cuerpo lleno desterritorializado del dspota mismo. Por ello,
el incesto cambia de sentido o de lugar y se convierte en la representacin reprimente.
Pues de esto se trata en la sobrecodificacin a travs del incesto: que todos los
rganos de todos los sujetos, todos los ojos, todas las bocas, todos los penes, todas las
vaginas, todas las orejas, todos los anos, se enganchen al cuerpo lleno del dspota
como en la cola del pavo real y tengan ah sus representantes intensivos. El incesto
real no es separable de la intensa multiplicacin de los rganos y de su inscripcin
sobre el nuevo cuerpo lleno (Sade vio claramente este papel siempre real del incesto).
El aparato de represin general-represin, la representacin reprimente ahora se halla
determinada en funcin de un peligro supremo que expresa el representante al que se
refiere: que un solo rgano mane fuera del cuerpo desptico, se desenganche de l o
lo eluda, y el dspota ve levantarse ante l, contra l, el enemigo por el que le llegar
la muerte un ojo con mirada demasiado fija, una boca con una sonrisa demasiado
extraa, cada rgano es una protesta posible. Es al mismo tiempo que Csar medio
sordo se queja de una oreja que ya no oye y ve recaer sobre l la mirada de Casio,
delgado y hambriento, y la sonrisa de Casio que parece sonrer de su propia
sonrisa. Larga historia que llevar al cuerpo del dspota asesinado, desorganizado,
desmembrado, limado, a las letrinas de la ciudad. No era ya el ao el que separaba el
objeto de las alturas y produca la voz eminente? La trascendencia del falo no
dependa del ano? Pero ste slo se revela al final, como la ltima supervivencia del
dspota desaparecido, el fondo de su voz: el dspota ya no es ms que ese culo de
rata muerta colgado del techo del cielo. Los rganos han empezado a separarse del
cuerpo desptico, rganos del ciudadano levantados contra el tirano. Luego se
convertirn en los del hombre privado, se privatizarn sobre el modelo y la memoria
del ano destituido, colocado fuera del campo social, obsesin de oler mal. Toda la
historia de la codificacin primitiva, de la sobrecodificacin desptica, de la

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descodificacin del hombre privado se mantiene en estos movimientos de flujo: el


influjo germinal intenso, el sobreflujo del incesto real, el reflujo de excremento que
lleva el dspota muerto a las letrinas y nos lleva a todos al hombre privado de hoy
da la historia esbozada por Artaud en la obra maestra Heliogbalo. Toda la
historia del flujo grfico va de la ola de esperma a la cuna del tirano, hasta la ola de
mierda en su tumba-cloaca, toda la escritura es marranera, toda escritura es esta
simulacin, esperma y excremento.
A pesar de todo, podramos creer que el sistema de la representacin imperial es
ms suave que el de la representacin territorial. Los signos ya no se inscriben en
plena carne, sino sobre piedras, pergaminos, monedas. Segn la ley de Wittfogel de la
rentabilidad administrativa decreciente, amplios sectores son dejados semiautnomos, en tanto que no comprometan el poder del Estado. El ojo ya no saca una
plusvala del espectculo del dolor, ha dejado de apreciar; ms bien se ha puesto a
prevenir y vigilar, a impedir que una plusvala escape a la sobrecodificacin de la
mquina desptica. Pues todos los rganos y sus funciones conocen un agotamiento
que les relaciona y les hace converger en el cuerpo del dspota. En verdad, el rgimen
no es suave, el sistema del terror ha reemplazado al de la crueldad. La antigua
crueldad subsiste, principalmente en los sectores autnomos o casi autnomos; pero
ahora est enladrillada en el aparato de Estado, que ora la organiza, ora la tolera o la
limita, para que sirva a sus fines y subsumirla a la unidad superior y sobreimpuesta de
una ley ms terrible. Slo posteriormente la ley se opone o parece oponerse al
despotismo (cuando el Estado se presenta a s mismo como un conciliador aparente
entre clases que se distinguen de l, y, por consiguiente, debe modificar la forma de
su soberana)[168]. La ley no empieza siendo lo que ms tarde ser o pretender ser:
una garanta contra el despotismo, un principio inmanente que rene las partes en un
todo, que convierte a ese todo en el objeto de un conocimiento y de una voluntad
generales, cuyas sanciones fluyen por juicio y aplicacin sobre las partes rebeldes. La
ley imperial brbara posee dos caractersticas que ms bien se oponen a aqullas
las dos caractersticas que desarroll Kafka: el rasgo paranoico-esquizoide de la ley
(metonimia), segn el cual la ley rige partes no totalizables y no totalizadas,
tabicndolas, organizndolas como ladrillos, midiendo su distancia y prohibiendo su
comunicacin, actuando desde entonces en calidad de Unidad formidable, pero
formal y vaca, eminente, distributiva y no colectiva; el rasgo manaco depresivo
(metfora) segn el cual la ley no da a conocer nada y no tiene objeto cognoscible, el
veredicto no preexiste a la sancin y el enunciado de la ley no preexiste al veredicto.
Las ordalas presentan estos dos rasgos en estado vivo. Como en la mquina de La
colonia penitenciaria, la sancin escribe el veredicto y la regla. Por ms que el
cuerpo se libere del grafismo que le era propio en el sistema de la connotacin, ahora
se convierte en la piedra y el papel, la tabla y la moneda sobre las que la nueva

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escritura puede marcar sus figuras, su fonetismo y su alfabeto. Sobrecodificar, sta es


la esencia de la ley y el origen de los nuevos dolores del cuerpo. El castigo ha dejado
de ser una fiesta de la que el ojo obtiene una plusvala en el tringulo mgico de
alianza y filiaciones. El castigo se convierte en venganza, venganza de la voz, de la
mano y del ojo ahora reunidos en el dspota, venganza de la nueva alianza, cuyo
carcter pblico no altera el secreto: Har ir contra ti la espada vengadora de la
venganza de alianza Pues una vez ms la ley, antes de ser un fingimiento
garantizado contra el despotismo, es la invencin, del propio dspota: es la forma
jurdica que toma la deuda infinita. Hasta en los tardos emperadores romanos
veremos al jurista en el cortejo del dspota y a la forma jurdica acompaar la
formacin imperial, el legislador con el monstruo, Gayo y Cmodo, Papiniano y
Caracalla, Ulpiano y Heliogbalo, el delirio, de los doce Csares y la edad de oro
del derecho romano (tomar si es preciso el partido del deudor contra el acreedor
para asentar la deuda infinita).
Venganza, como una venganza que se ejerce de antemano: la ley brbara imperial
aplasta todo el juego primitivo de la accin y la reaccin. Ahora es preciso que la
pasividad se convierta en la virtud de los sbditos enganchados al cuerpo desptico.
Como dice Nietzsche, cuando muestra cmo el castigo se convierte en una venganza
en las formaciones imperiales, era preciso que una ingente cantidad de libertad fuese
arrojada del mundo, o al menos quedara fuera de la vista, coaccionada a la fuerza a
pasar al estado latente, bajo la presin de sus martillazos, de su tirana de artistas.
Se produce un agotamiento del instinto de muerte que deja de ser codificado en el
juego de las acciones y reacciones salvajes en las que el fatalismo todava era algo
accionado para convertirse en el sombro agente de la sobrecodificacin, el objeto
separado que se cierne sobre cada uno, como si la mquina social se hubiese
despegado de las mquinas deseantes: muerte, deseo del deseo, deseo del deseo del
dspota, latencia escrita en lo ms profundo del aparato de Estado. Ni un solo
superviviente antes de que un solo rgano mane de este aparato o se deslice fuera del
cuerpo desptico. No hay otra necesidad (ni otro fatum) que la del significante en sus
relaciones con sus significados: se es el rgimen del terror. Lo que se considera que
la ley significa, slo lo sabremos ms tarde, cuando haya evolucionado y tomado el
nuevo rostro que parece oponerle al despotismo. Pero, desde el principio, la ley
expresa el imperialismo del significante que produce sus significados como efectos
tanto ms eficaces y necesarios cuanto ms se sustraen al conocimiento y ms lo
deben todo a su causa eminente. Ocurre an que los cachorros reclaman el retorno al
significante desptico, sin exgesis ni interpretacin, cuando la ley quiere, sin
embargo, explicar lo que ella significa, hacer valer una independencia de su
significado (contra el dspota, dice). Pues a los perros, segn las observaciones de
Kafka, les gusta que el deseo despose estrechamente a la ley en el puro agotamiento

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del instinto de muerte, antes que or a, es cierto, hipcritas doctores que explican lo
que quiere decir todo esto. Pero todo esto, el desenvolvimiento del significado
democrtico o el enrollamiento del significante desptico, forma parte, no obstante,
de la misma cuestin, ora abierta y ora rayada, la misma abstraccin continuada,
maquinaria de represin que siempre nos aleja de las mquinas deseantes. Pues nunca
ha habido ms que un solo Estado. Para qu sirve esto? se difumina cada vez ms y
desaparece en la bruma del pesimismo, del nihilismo, Nada, Nada! Y, en efecto, hay
algo comn en el rgimen de la ley tal como aparece bajo la formacin imperial y tal
como evolucionar posteriormente: la indiferencia en la designacin. Es propio de la
ley significar sin designar nada. La ley no designa nada ni a nadie (la concepcin
democrtica de la ley har de ello un criterio). La relacin compleja de designacin,
tal como hemos visto que se elaboraba en el sistema de connotacin primitivo
poniendo en juego la voz, el grafismo y el ojo, desaparece aqu en la nueva relacin
de subordinacin brbara.
Cmo subsistira la designacin cuando el signo ha dejado de ser posicin de
deseo para convertirse en este signo imperial, universal castracin que suelda el deseo
a la ley? El aplastamiento del antiguo cdigo, la nueva relacin de significacin, la
necesidad de esa nueva relacin basada en la sobrecodificacin, remiten las
designaciones a lo arbitrario (o bien las dejan subsistir en los ladrillos mantenidos
del antiguo sistema). Por qu los lingistas no cesan de volver a encontrar las
verdades de la edad desptica? Es posible, por ltimo, que esta arbitrariedad de las
designaciones, como anverso de una necesidad de la significacin, no se refiera slo a
los sbditos del dspota ni siquiera a sus servidores, sino al dspota mismo, su
dinasta y su nombre (El pueblo no sabe qu emperador reina ni sabe con certeza el
nombre de la dinasta)? Lo que significara que el instinto de muerte es an ms
profundo en el Estado de lo que se crea y que la latencia no slo trabaja en los
sbditos, sino tambin en los ms altos engranajes. La venganza se convierte en la de
los sbditos contra el dspota. En el sistema de latencia del terror, lo que ya no es
activo, acciona o reacciona, lo que se ha vuelto latente por la fuerza, encerrado,
reprimido, rechazado al interior, ahora es resentido: el eterno resentimiento de los
sbditos responde a la eterna venganza de los dspotas. La inscripcin es resentida
cuando ya no es accionada ni reaccionada. Cuando el signo desterritorializado se hace
significante, una formidable cantidad de reaccin pasa al estado latente. Toda la
resonancia, toda la retencin, cambian de volumen y de tiempo (el a destiempo).
Venganza y resentimiento, he ah no el comienzo de la justicia, sino su devenir y su
destino en la formacin imperial tal como la analiza Nietzsche. Y siguiendo su
profeca ser el propio Estado ese perro que quiere morir? pero que tambin renace
de sus cenizas. Pues, todo este conjunto de la nueva alianza o de la deuda infinita
el imperialismo del significante, la necesidad metafrica o metonmica de los

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significados, con lo arbitrario de las designaciones asegura el mantenimiento del<