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JUANA MANUELA GORRITI
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4Fué Juana Manuela Gorriti la primera escritora argentina, o
existié en nuestro pasado alguna otra mujer a quien le corresponda
este lugar de prioridad en las letras nacionales?
‘Para los estudiosos habituados a la freeuentacién de archivos,
no es un seereto que Juana Manso, coetdnea de la Gorriti, alternaba sus
tareas docentes con el manejo de la pluma, pero seria el caso de pre-
guntarnos si los trabajos de esta vigorosa intelectual, rebasaron alguna
vez los limites de la pedagogia y tuvieron la freseura imaginativa, el
colorido romantico y la indole puramente literaria que caracterizé la
obra de Juana Manuela Gorritti.
Sin el propésito de estableeer un parang6n entre estas dos muje-
yes extraordinarias, nos place comprobar que si bien su produceién li-
teraria fué de muy distintos temas de inspiracién, existié entre ambas
‘un nexo que las hermané en un mismo ideal: la voeacién docente.
Nada diremos de la actuacién de la Manso en el vasto campo eX-
perimental de la educacién piiblica, porque ella es bien conocida y nos
apartaria de nuestro tema principal. En cuanto a la maestra que hubo
en Juana Manuela Gorriti, ya la veremos a su-hora ejercer la noble
tarea de educar nifios. Y decimos “a su hora” porque su novelesco
vivir, estuvo sujeto siempre a un curioso orden cronolégico, como si
el destino hubiera deseado someterla a los contrastes mas rudos, todos
ellos diseminados en las diferentes etapas de la existencia de aquella
mujer predestinada. fe
Gin embargo, con ser tan hermosa su obra de docente y agregar
ella un mayor encanto a su personalidad tan netamente femenina, de-
pemos reconocer que Juana Manuela Gorriti fué ante todo una eseri-
tora y como tal ha pasado su nombre a Ja posteridad.
cpp las novelas de la Gorriti, est su propia vida...”” — ha dicho
uno de sus bidgrafos y agrega: _..Hallase tan entremezelada su bio-
grafia con los argumentos de sus novelas, que seria tan dificil esperarGee ges
Ja fieci6n de la realidad, como pretender distinguir la linea imper-
ceptible del doble azul en que, confundiéndose ciclo y mar se des
yanecen en un solo horizonte...””
. 4No fué un raro privilegio para la Gorriti, poder revelar a la pos-
teridad el seereto de su alma? El obscurantismo a que se veia relega-
da la mujer en el siglo pasado, sofocé tal vez més de una voeacién
literaria, ;Cudntas voces femeninas se diluyeron asi en el tiempo sin
un eco? {No habria sido mas completa la historia en su aspecto huma-
no, si la mujer hubiera agregado al relato de fria objetividad, un sa-
bor més intimo y hogarefio de cada una de las épocas en que le tocara
vivir?
La produeccién literaria de la Gorriti eorrobora este aserto. En
sus romances no est& solamente su biografia, sino que vibra en ellos
el heroismo de la gesta libertadora; por eso sus ‘paginas son también
paginas de historia argentina.
II
Juana Manuela Gorriti naeié en Orcones, antigua estancia de la
frontera de Salta, el 15 de junio de 1818 (1) y fallecié en Buenos
Aires el 6 de noviembre de 1892.
Fueron sus padres, el General Doctor José Ignacio Gorriti... ‘tan
inteligente soldado sobre el campo de batalla, como ardiente orador en
las Asambleas...’? y la muy benemérita sefiora Dofia Feliciana Zuvi-
ria... ‘“hermana del erudito abogado de su apellido..”” :
Nacida en los turbulentos dias de la independencia argentina, Jua-
na Manuela comenzé su existencia entre los azares de la guerra, cono-
ciendo desde su infancia, la vida incierta de los proscriptos.
“Balas espafiolas eruzaron por sobre su cuna —dice un historia-
dor — en los fas en que los-guerrilleros de Giiemes, arrojaban a los
confines de la Repitblica los restos de sus dominadores. .”’
‘Alternando la defensa de la patria con la eustodia de su hogar.
el General Gorriti trasladé su familia a la vieja estancia de Orcones,
por eonsiderar poco segura su residencia de Salta.
‘Alejada del teatro de la guerra por la previsién paterna, Juana
Manuela tuvo a la naturaleza por confidente de sus primeras emocio-
nes. Alli la poetisa en ciernes impregné sus retinas de auroras y de
ceasos. Alli supo del canto de los pajaros, orquesta perenne de los
bosques tropicales. Allf se tornaron familiares a sus oidos el silbido
del viento, el teclado sonoro de la Iuvia y los mil rumores de la selva
nortefia poblada de animales salvajes.gig aes
““Brrante entre las vegas solitarias en la libre vida del desierto,
dividiendo las horas de esos dias sin nubes para su alma, entre estu-
dios y juegos, ya bebiendo los vientos perfumados de la pampa sobre
el lomo de su brioso alazin a través de las verdes y dilatadas lanuras,
ora recostada entre las piedras de alguna ruina, abriendo un libro a
que’ desde nifia fuera afecta...”’
Tal sus afios de candor infantil, que bien pronto sélo fueron una
tragancia de ternura, guardada muy hondo en su corazén.
La precocidad de Juana Manuela, dada desde nifia a suefios ex-
travagantes y poseedora de una imaginacién ardiente, indujo a sus
padres a pensar en su edueacién. A los ocho afios fué enviada a un
colegio de Salta dirigido por Monjas Salesas.
Mucho debié sufrir Juana Manuela con aquel trasplante. Pri-
vada de su libertad... ‘‘como un pajaro enjaulado enfermé de melan-
colia...’? Al poco tiempo de ser devuelta a su hogar, estallé la gue-
rra civil. Terrible viento de desolacién y de muerte azoté el pais. En-
eonos y ambiciones desmedidas sembraron la ruina y el odio entre her-
manos. Derrotado el ejército nacional por las huestes de Faeundo Qui-
ne.
eay es
roga, estas persiguieron a sangre y fuego a los vencidos. Saqueados
los hogares de. las familias mas representativas de Salta, el General
Gorriti, proscripto y despojado de su fortuna, se vié en la precisién
de huir con los suyos, refugidndose en Bolivia.
“Pero de los 2000 emigrados que el 13 de noviembre de 1831 tras-
ponian la frontera —dice un historiador— talvez ninguno Ievaba en
su corazon tanto duelo, como una jovencita que atin no contaba tres
lustros de edad. Vueltas continuamente hacia atrés sus miradas, aleja-
base Horando inconsolable en su partida...’’
4Por qué tanta pena? —se pregunta uno de sus biédgrafos. La
pregunta se nos antoja ociosa. Para la fina sensibilidad de Juana Ma-
nuela, no podia escapar un solo detalle de aquel sombrio cuadro de
adioses, del cual era ella obligada protagonista.
Bien sabia que al cruzar los Andes ‘‘en pos de su padre pros-
eripto...”? dejaba a su espalda su tierra natal empapada en la sangre
de sus hermanos, a Salta la ciudad sefiorial que en muchos afios no
volveria a ver, al viejo solar campestre escenario de dias inolvidables
de juegos y travesuras, y por sobre todo ello, gravitando en el tiempo
eon el fatalismo de un destino a cumplirse, su infancia, tan breve como
feliz sobre la cual los acontecimientos cerraban un ciclo de vida.
\ Pero he aqui que ya tenemos a la familia Gorriti haciendo su
primer alto en Tarija... ‘‘pueblecito perdido en los profundos valles
andinos’’.
Vencidos por la fatiga después de interminables dias de marcha,
los exilados encuentran alli abrigo y sustento. La fisiografia del terre-
no habia descartado el uso de la diligencia. Las mulas habiles para
escalar las montafias y mantener el equilibrio en los desfiladeros cir-
cundados de precipicios, fueron las encargadas de transportar a los
viajeros.
La caravana era extensa y pintoresea. A los animales de silla, les
seguian los que llevaban los aparejos de carga conducidos por los
arrieros. :
Absorta en su melancolia Juana Manuela contemplaba la fan-
tastiea ronda de las horas en aquellas regiones. Veia como se incen-
diaban las nubes, como se tefifan de cobalto las moles graniticas, co-
mo se festoneaban de oro las nevadas cumbres y eémo, también, se
sumian los valles en lébregos abismos.
i Encontré6 alli colores para la poesia que més tarde brotaria de
su pluma?
La emocién y la alegria que exprimenté Juana Manuela al encon-
irar albergue y reposo en un alto de la jornada, habria sido de mayordg -
intensidad atin, si la roméntiea peregrina, hubiera podido sospechar
que en aquel pueblecito la esperaba su destino...
Ti
La poblacién de Tarija, la primera tierra boliviana que encontré
Ja familia de Gorriti rumbo a la proseripeién, era un villorrio de ca-
llejas alegres y soleadas y edificacién colonial, el eual mantenia ae-
tivo intereambio comercial con las vecinas ciudades de Chuquisaca y
Potosi.
Contribuia a su importancia una guarnicién militar destacada
alli para custodia de la frontera. Entre la oficialidad de este bata-
llén, encontrabase el joven Capitén Manuel Isidoro Belzf, quien
vietima del odio del General Santa Cruz, Presidente de Bolivia por
aquel entonces, habia sido arrancado al 9 de linea y relegado alli co-
mo supernumerario.
Sabedora Juana Manuela de las. tribulaciones de aquel gallardo
militar, y compadecido éste a su vez del incierto porvenir de la joven
argentina, estableciése entre ambos una corriente de simpatia que no
tard6 en econvertirse en una sincera amistad. La frecuencia del trato
y las circunstancias novelescas que los habia reunido, contribuyeron
sin duda para que aquel acercamiento espiritual se transformara bien
pronto en un romantico amor.
Transcurrido algtin tiempo, el idilio de los jévenes fué interrum-
pido por la separacién. La familia de Gorriti debia reanudar su viaje
para establecerse en Sucre como lo tenian proyectado,
En el destierro Juana Manuela formé su cardcter. El dolor como
un primoroso orfebre cincelé su espiritu, lo embellecié y acaso fué
quien abrié para ella, el fantastico mundo de sus suefios. La primavera
de su vida, tuvo por marco la areaica ciudad de La Paz, con su recato
monjil y su edificacién barroca. El decaimiento moral de su padre,
envejecido: por las luchas politieas y entristecido por el ostracismo,
proyeeté sobre la juventud de Juana Manuela, una perenne sombra
de melancolia. Los afios subsiguientes no fueron més placenteros para
ella. La muerte del General Gorriti primero, y de su tio el Clérigo
Juan Ignacio, destacado maestro y eseritor después, sumiéronla en
una inmensa pena. :
Pero... ;Y aquel romance de sus quince afios, que tuvo por esce-
nario el pueblo de Tarija?
Un historiador (2) nos responde: ... ‘‘En La Paz se casé con
Isidoro Belzi su primer novio. Era aquél uno de esos militares cau-=A
dillos que, apenas retirado el Mariscal de Ayacucho —victimado en
Berruecos— hicieron de la nueva creacién holiviana, un campo de re-
yueltas, cuartelazos y dictaduras. ..’”
4Encontré la felicidad Juana Manuela en su nuevo hogar? 4 Tie-
nen derecho sus biégrafos a descorrer los velos de su intimidad? Cree-
mos que no, y es por ello que nos sentimos inclinados a una diserecién
que sdlo nos permitiré referirnos a acontecimientos que no podemos
sileneiar por ser fundamentales en su existencia.
“Agim no habia transeurrido mucho tiempo de su matrimonio
—dice un historiador— y ya se comentaba en la sociedad boliviana,
Jas desventuras de la joven esposa...””
Pas6 el tiempo. Bl obseuro capitan que antafio encontréramos con-
finado en la frontera, era a la saz6n un brillante general acicateado
por inmensas ambiciones. Ansioso de poderio... “*derroeé con un gol-
pe de audacia al Presidente Guitarte en el afio 1848, ejerciendo la pri-
mera magistratura de Bolivia, hasta el afio 1855’’.
;Compartié Juana Manuela la prosperidad de su esposo? Todas
las crénieas de la época nos dicen que fué en aquel momento precisa-
mente, cuando Juana Manuela se separé de Belzii, dando un definiti-
vo adiés a la capital de Bolivia, donde tanto habia sufrido.
En la mayor pobreza y sin apoyo alguno, se traslad6 al Pert. Le
bella ciudad de los Reyes la acogié con carifio. Dotada de ‘excepeionales
dotes de éardcter y de valentia para afrontar la vida, la Gorriti dedi-
cése por entero a la ensefianza y a la produccién literaria, siendo aque-
los afios los mas feeundos de su vida de docente y de escritora. ei
“Tuyo en Lima —dice Rieardo Rojas— escuela y salén, ambos
muy bien frecuentados: renta y hogar en su eseucla, espareimiento y
fama en su salén...’’ Las tertulias literarias celebradas en casa de la
Gorriti, fueron eélebres y legaron a ser conocidas en toda América.
Traténdose de un cendculo de arte en el cual los concurrentes no
se limitaban a una charla intrascendente y sutil a la manera de la que
se estilaba en los salones franceses del Segundo Imperio, sino que pres-
taban su coneurso para la realizacién de programas determinados de
antemano, en los que se alternaban las audiciones poétieas con las
musicales (3). :
Concurrian a aquel aredpago, Ricardo Palma, Abelardo. Gamarra,
Paz Soldin, Numa Llonea, Dolores Chocano, Juana de Eléspurn y
muchos otros intelectuales del Pert.
Transeurrieron veinte afios. Tras de la desvastada primavera de
su vida, el otofio comenzaba a borrar sendas con sus hojas muertas.
{Qué habia sido de su pasado? Lejana la patria, muertos sus padresEggs
y deshecho su hogar, sélo quedaba para ella de aquel triste balance,
una recéndita amargura.
E1 trabajo asiduo evitabale la gran tristeza de recordar... Y asi,
mientras Juana Manuela vivia olvidada del mundo y entregada por
completo a la docencia, el ambicioso Belzi brillaba en el poder.
En el afio 1855, terminada su presidencia, Bela viajé por Euro-
pa, visitando también Asia y Africa.
i Habia olvidado por completo Juana Manuela a aquel que fuera
su esposo? ; Qué rencor invencible la mantenia separada de él? ; Que
herida tenia en el coraz6n que no logré curarla el tiempo?
Z “Cuando Belzi regresé al Peri de su Viaje, volvieron a verse
con Juana Manuela...’? —dice Pastor Obligado. ‘‘Al volver el An-
gulo de una esquina se encontraron, Juana Manuela era ya célebre
noyelista, como también afamada profesora y periodista...’”
Por una travesura del destino el pasado surgia. Juana Manuela
lo hallé con todos sus dolores y sus desencantos, intacto en su corazon
Povo tiempo después la Gorriti ‘que habia jurado no volver a
Bolivia...’ trasladése a aquella ciudad llevada sin duda por el ca-
rifio de sus hijas que alli vivian,
Habituada al trabajo, le result6 imposible permanecer inactiva.
La docencia la atrafa. Dar a los nifios los tesoros de su espiritu, eonvi-
vir con ellos y recibir a titulo de reciprocidad su freseura juvenil y su
candor, era para su espiritu un preciado bien. Consecuente con sus
aficiones fundé en La Paz un colegio, tal cual lo hiciera antes en Lima.
Mientras tanto la nombradia del General Belzi habia llegado al
mas alto grado. Las multitudes lo aclamaban, pero... ;c6mo podia
acudir al reclamo cfvico de sus eonciudadanos si se encontraba pri-
sionero en Islay? (4).
Tiempos de revueltas y de conspiraciones eran aquéllos. El poder
era del més audaz y no del mas eapacitado para ejercerlo. Un favo.
rito del General Acha, Melgarejo, hombre ambicioso y sin eserfipulos,
sublev6 al ejército, derrocé al gobierno y se apoderé del mando.
Libre al fin de su confinamiento, Belzi eruzé la frontera...’”
aclamado por las poblaciones de transito entré en La Paz, siendo
condueido en andas por la multitud hasta el palacio de gobierno”’,
El usurpador halldbase accidentalmente en Oruro. Al saber el
triunfo de Belzi regres precipitadamente a La Paz.
“...Con audacia sin igual —dice un historiador— Melgarejo se
presenté ante Belzi. Creyendo éste que su enemigo venia a rendirle
homenaje, adelantése a recibirlo’’. ‘‘Un balazo en la frente dié en tie.
tra con el valiente General’’,ode
Aquel crimen cambié en pocos instantes el panorama politico. Su-
primido Belzi, volvia Melgarejo a ser duefio de la situacién,
Consumado aquel asesinato, el criminal caudillejo asomése a los
baleones del palacio de gobierno y desde alli grité:
—jSoldados! jBelzi ha muerto! éQuién vive ahora?
—jMelgarejo!... —contestaron todos a uno.
IV
_, .Sentada en el humilde banco de maestra, daba la Gorriti cla-
se en su eseuelita, cuando supo la trigica muerte de su esposo.
El encono que no pudo veneer la vida, lo derroté la muerte. He-
rida por aquel repentino drama, revivi6 en ella la mujer abnegada y
Ja esposa amante.
Guentan sus bidgrafos que... ‘‘atravesando por entre las balas
recogié el ensangrentado cadaver de Belzti, lo llev6 a su hogar y alli
Jo velé”’.
Pero si nos causa asombro contemplarla en aquella actitud de
ternura péstuma y de dolor, que nos la muestra tan femenina, no no¢
resulta menos inusitado imaginarla en la valiente actitud que asumid
pocos dias después.
“Respondiendo al clamor popular se puso al frente de los revo-
Jucionarios en las barricadas...’’ (5)
Fracasado el movimiento la Gorriti regresé a Lima con sus hi-
jos...”? Atm vivia en Pert —diee Ricardo Rojas— cuando la Arma-
da Espaiiola al mando de Fernfn Nitfiez, atacé la costa del Callao. La
Gorriti presté en esta oportunidad importantes servicios socorriendo
a los heridos a la par de las Hermanas de la Caridad. El gobierno del
Perti la condecoré con la Estrella del 2 de Mayo...””
Muchos afios residié atin en el Pert. Hallébase en la ciudad de
los Reyes cuando estallé la guerra del Pacifico, ocurriendo los terri
bles combates de Morro y de Arica.
<< Humeaban todavia las ruinas de Arica —dice Ricardo Ro-
jas— cuando la Gorriti ypasé por la costa rumbo a Magallanes para
retornar a su pais...”
Su edad avanzada, su soledad y las nmiltiples voces que Ja llama-
pan desde la patria, la decidieron a emprender el regreso. Habjia sali-
do de su tierra natal siendo una adolescente y volvia a sus lares en
edad provecta.
El Buenos Aires que la acogié era muy diverso de aquel que aban
donara en el afio 1831. En cincuenta afios de ausencia habian ocurri-~— 50 —
do muchos cambios. Buenos Aires ya no era la gran aldea que pintara
Lopez. Oreada estaba la sangre que derramé Rosas en lds terribles dias ~
de su tirania. De sus propias cenizas y de su propio dolor, surgié la
nueva metrépolis, la eual al ser federalizada, adquirié caracteristicas
de gran ciudad.
Corria el afio 1882. Juana Manuela habia vuelto a su patria para
morir en ella, pero la muerte no acudié a su reclamo, ni iba a acudir
hasta 10 afios mas tarde, cuando aclimatada de nuevo en su tierra
de origen y cicatrizadas sus heridas, era duefia al fin de la paz, tan
necesaria para su, espiritu atormentado.
En aquella década postrera, muchos halagos se le brindaron. Ro-
deada por sus amigas intimas y colegas en las bellas letfas, Josefina
Pelliza y Eduarda Mansilla (6) recibié el aplauso de Sarmiento, de
Mitre y de Roca.
Morir resultaba para ella, después de tales homenajes, un trance?
desgarrante. ;Por qué no le era dado prolongar aquella dulzura de
‘ocaso ?
Un dia sin embargo, la peregrina de los cansados pasos se fué pa-
ra no volver. De seguro que llevada por el Angel de la muerte, Nord
con la misma congoja que cuando de nifia partié rumbo al destierro.
Los honores que se le rindieron en ocasién de su muerte, revelaron
el lugar de prominencia que su personalidad ocupaba en el pais.
Al poeta Carlos Guido y Spano se encomendé la oracién finebre
que debfa ser pronunciada al inhumarse sus restos.
Vv
La obra literaria de la Gorriti fué copiosa y variada. Adviértese
en ella ‘su rica veta imaginativa y su exuberante inspiracién, No obs-
tante las divagaciones de su mente errabunda, earacterizanse sus pro-
ducciones por el ambiente histérico en que ellas se desarrolla y la
entonacién patridtica de su prosa florida y abundosa a la manera de
los eseritores romanticos.
Aunque el estilo de la Gorriti pueda ser tildado de pasatista, de-
bemos reconocer que sus relatos tienen un gran valor como documento
humano, toda vz que ellos reflejan fielmente los movimientos de al-
ma de gentes que actuaron en las diversas etapas de nuestra evolucién
social.
Segiin Ricardo Rojas, existen en nuestra literatura femenina, tres
tipos de escritoras, perfectamente definidos: La religiosa a la manera
de Sor Inés de la Cruz, la talentosa monja mejicana, la mundana a la51 —
manera de Mariquita Sanchez de Thompson, especie de Madame de
Sevignée de nuestra época romantica y la profesional de la pluma, si-
milar a las escritoras y periodistas norteamericanas, tipo adventicio
en nuestro medio y que aparecié por primera vez ‘con la cultura nor-
malista fomentada por Sarmiento’. De este tiltimo tipo es represen-
tante la sefiora Manso ya mencionada.
En el espiritu luminoso de Juana Manuela Gorriti, aparecen estas
tres especies confundidas. Hay, ademis, en la genial saltefia, la varonil
arrogancia de Jorge Sand, la humana ternura de Ada Negri y la pu-
reza de alma de Maria Baskircheff.
Si después de cuarenta y seis afios de su muerte atin no es dado
recordar su obra literaria, (7) debemos convenir en que sus paginas
han tenido suficientes méritos como ‘para salvarse del olvido, consti-
tuyendo un valioso aporte a Ja raiz histérica de nuestta literatura fe-
menina. ;
Rosalba ALIAGA SARMIENTO
(1) Segin Pastor Obligado, debe descartarse la fecha de 1819, que, nos
da cite de sus bidgrafos, el Ministro de Venezuela Doctor Torres: Caicedo.
(2) Biografia de Juana Manuela Gorriti por el Doctor Antonio Sagarna.
‘tomo XXXVI de la Biblioteca de Grandes Escritores Argentinos.
(3) ‘«Veladas Literarias de Lima’? de Juana Manuela Gorriti.
(4) El Peré de acuerdo con el General Acha, habia decretado su prisién.
(5) Antonio Sagarna (idem). :
(6) Hermana de Lucio Mansilla.
(7) Las principales obras de Juana Manuela Gorriti son: ‘Panoramas
ge Vida"’. Bditada en Buenos Aires en el afio 1876. Edicién Casavalle, prolo-
go de Mariana Pelliza.
“(Lo intimo’”, ‘‘Misceléneas’’, Hditada en Buenos Aires en 1878. Edicion
Biedma, Prélogo de Pastor S. Obligado. | .
‘Soefios y Realidades’’. Editada por la Biblioteca de La Nacién en el
afio 1907. ‘
“Gubi Amaya’’, ‘El Guante Negro’’, ‘El Lucero del Manantial’’. ‘‘Don
Dionisio Puch’?, ‘El Mundo de los Recuerdos’’. Buenos Aires. Edicién Lajouane.
Prélogo de S, de Estrada.
¢fVeladas literarias de Lima’, Buenos Aires 1892, con carta de Ricardo
Palma. Prélogo*y Biografia de Pastor S. Obligado.
“La tierra natal’’, Buenos Aires 1889. Edicién Lajouane. Prélogo de 8.
de Estrada.
‘