100%(6)100% encontró este documento útil (6 votos) 2K vistas23 páginasBergson La Risa
Ensayo de Nergson sobre la risa.
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v
Ae
ANIVERSARIO
A
La risa
Ensayo sobre el significado de lo comicoCapitulo 1
De lo cémico en general. - Lo comico de las formas
y lo comico de los movimientos. - Fuerza expansiva
de lo cémico
Qué significa la risa? ¢Qué hay en el fondo de lo risible?
{Qué puede haber de comiin entre la mueca de un payaso,
el retruécano de un vodevil y la primorosa escena de
una comedia? ¢Cémo destilariamos esa esencia tinica
que comunica a tan diversos productos su olor indis-
creto unas veces y otras su delicado perfume?
Los mas grandes pensadores, a partir de Aristételes,
han estudiado este sutil problema. Todos lo han visto
sustraerse a su esfuerzo. Se desliza y escapa a la inves-
tigacion filosdfica, o se yergue y la desafia altanera-
Nuestra temeridad al abordarlo también tiene la
excusa de que no aspiramos a encerrar el concepto de
lo cémico en los limites de una definicion. Ante todo,
como encontramos en él algo que vive, lo estudiaremos
con la atencién que merece la vida, por muy ligera que
sea. Seguiremos su desarrollo, veremos como se abren
sus flores, y asi, forma tras forma, por insensibles grada-
Ciones, se sucederan ante nuestros ojos las metamor-
fosis mas extrafias. Nada de lo que veamos dejaremos
de anotar. Es posible que con este contacto logremos
algo mAs flexible que una definicién teérica: un conoci-
miento prdctico e intimo como el que engendra un largo
trato. Y acaso también resultard al final que habremos
hecho, sin saberlo, un conocimiento util. La fantasia
Itreese
HENRI BERGSON
cémica, razonable a su modo, hasta en los mayores
extravios, metddica en su misma locura, quimérica, no
lo niego, pero evocando en sus ensuefios visiones que
al punto acepta y comprende la sociedad entera, ¢c6mo
no habria de ilustrarnos sobre los procedimientos de
la imaginacién humana, y més particularmente sobre
la imaginaci6n social colectiva y popular? Nacida de
la vida y emparentada con el arte, ¢como no habria de
decirnos también algo sobre el arte y sobre la vida?
Empezaremos por exponer tres observaciones que
consideraremos fundamentales y que se refieren, mas
que a lo cémico mismo, al lugar en que hay que estu-
diarlo.
He aqui el primer punto sobre el cual he de llamar la
atencion. Fuera de lo que es propiamente humano, no
hay nada cémico. Un paisaje podré ser bello, sublime,
insignificante o feo, pero nunca ridiculo. Si reimos a
la vista de un animal, ser por haber sorprendido en
él. una actitud o una expresién humana. Nos reimos
de un sombrero, no porque el fieltro o la paja de que
se componen motiven por sf mismos nuestra risa, sino
por la forma que los hombres le dieron, por el capricho
humano en que se moldeé. No me explico que un hecho
tan importante, dentro de su sencillez, no haya fijado
més la atencién de los filésofos. Muchos han definido
al hombre como “un animal que rie”,
Habrian podido definirle también como un animal
que hace reir porque si algun otr al o cualquier
I2
LA RISA
cosa _inanimada produce la risa, es siem re por su
semejanza con el hombre, por la marca impresa por el
hombre o por el uso hecho por el hombre.
“He de indicar ahora, como sintoma no menos
notable, la insensibilidad que de ordinario acompaiia
ala risa. Dijérase que lo comico sélo puede producirse
cuando recae en una superficie espiritual lisa y tran-
quila. Sumedio natural es la indiferencia. No hay mayor
enemigo de la risa que la emocion. No quiero decir que
no podamos reirnos de una persona que, por ejemplo,
nos inspire piedad y hasta afecto; pero en este caso sera
preciso que por unos instantes olvidemos ese afecto y
acallemos esa piedad. En una sociedad de inteligencias
puras quizé no se llorase, pero probablemente se reas
al paso que entre almas siempre sensibles, concertadas a
unisono, en las que todo acontecimiento produjese una
resonancia sentimental, no se conoceria ni compren-
derfa la risa. Probad por un momento a interesaros por
cuanto se dice y cuanto se hace; obrad mentalmente con
los que practican la accién; sentid con los que sienten;
dad, en fin, a vuestra simpatia su mas amplia expan-
sién, y como al conjuro de una varita magica, veréis
que las cosas més frivolas se convierten en graves y que
todo se reviste de matices severos. Desimpresionaos
ahora, asistid a la vida como espectador indiferente, y
tendréis muchos dramas trocados en comedia. Basta que
cerremos nuestros oidos a los acordes de la musica enun
salon de baile, para que al punto nos parezcan ridiculos
los danzarines. ¢Cuantos hechos humanos resistirian a
esta prueba? ¢Cudntas cosas no veriamos pasar de lo
grave alo comico si las aislasemos de la musica del senti-
miento que las acompafia? Lo cémico, para producir
13
YHENRI BERGSON
todo su efecto, exige como una anestesia momentdnea’
del corazén. Se dirige a la inteligencia pura.
Pero esta inteligencia ha de estar en contacto con’
otras inteligencias, Y he aqui el tercer hecho sobre el
cual deseaba Ilamar la atencién. No saboreariamos lo
comico si nos sintiésemos aislados. Dirfase que la risa
necesita de un eco, Escuchadlo bien: no es un sonido
articulado, neto, definido; es algo que querria prolon-
garse y repercutir Progresivamente; algo que rompe
en un estallido y va retumbando como el trueno en la
montafia. Y sin embargo, esta repercusién no puede
llegar a lo infinito. Camina dentro de un circulo, todo
loamplio que se quiera, pero no por ello menos cerrado,
Nuestra risa es siempre la risa de un grupo. Quizé os
haya ocurrido en el coche de un tren o en una mesa de
fonda ofr a los viajeros referirse historias que debian
tener para ellos un gran sabor cémico, puesto que reian
con toda su alma. Si hubieseis estado en su compafifa,
Seguramente también habriais reido. Pero como no lo
estabais, no sentiais la menor gana de reir. Un hombre a
quien le preguntaron Por qué nolloraba al oir un sermon
que a todo el auditorio movia a llanto, respondié: “No
soy de esta Parroquia”. Lo que este hombre pensaba de
las lagrimas podria explicarse mas exactamente de la
risa. Por muy es; ontdnea que se la crea, siem; Dre oculta
un prejuicio de asociacion y hasta de complicidad con
otros rientes efectivos o ima inarios. {No se ha dicho
muchas veces que en un teatro es mAs frecuente la risa
del espectador cuando més llena estd la sala? éNo se ha
hecho notar reiteradamente que muchos efectos cémicos
Son intraducibles a otro idioma cuando se refieren a
costumbres y a ideas de una Sociedad particular? Por no
14
LA RISA
dvertir la importancia de este doble hecho, sélo se ha
a lo cémico una simple curiosidad para divertir
ee pirite, en la risa misma un fendmeno extrafio
_ wruletamente aparte, sin relacién alguna con el resto
Sn ida humana. De ahi esas definiciones que
ée ‘i cna hacer de lo cémico una relacion abstracta,
tend d las ideas de “contraste intelectual”,
a 4 ddde lo absurdo” etc., definiciones que, aun
see real inies las formas de lo
do realmente conviniesen a todas la fe
comico, no explicarian ea lo write nae Por qué 2
comico nos hace reir. cA qué se ane ofa welarion
tan particularmente légica nos contraiga Dien adver-
i ilate y nos sacuda mientras todas la
pena iaraanlar No afrontaremos el problema por
este lado. Para comprender la risa hay que seintegraria
a su medio natural, que es la sociedad, hay que eter
i6n_ Gti es una funci
minar ante todo su funcién util, que Suna funcién
social. Esta sera, digamoslo desde ahora, la idea qi tea
de presidir a todas nuestras investigaciones. La risa
responder a ciertas exigencias de la vida en comin.
risa debe tener una significacién social.
i n
Marquemos ahora con toda claridad el punto e
incidi 's observaciones
i incidir nuestras tre:
que vienen a coincid t D es
preliminares. Lo comico habra de producirse, a le a ©
parece, cuando los hombres que componen un grup:
id eros.
concentren toda su atenci6n en uno de sus compafieros,
imponiendo silencio ala sentimentalidad y gjercitando
Gnicamente la inteligencia. éSobre qué punto per i ar
deberén ahora dirigir su atencién? gEn qué hay aque
emplear su inteligencia? Responder a estas preg ntas
equivaldra a atacar mds de cerca el problema.
Son indispensables algunos ejemplos.
T5HENRI BERGSON
II
Un hombre que va corriendo por la calle, tropieza
y cae; los transetintes rien. No se reirian de él, a mi
juicio, si pudiesen suponer que le habia dado la humo-
rada de sentarse en el suelo. Se rien porque se ha sentado
contra su voluntad. No es, pues, su brusco cambio de
actitud lo que hace reir, sino lo que hay de involun-
tario en ese cambio, su torpeza. Acaso habia una piedra
en su camino. Hubiera sido preciso cambiar el paso
© esquivar el tropiezo. Pero por falta de agilidad, por
distracci6n o por obstinacién del cuerpo, por un efecto
de rigidez o de velocidad adquirida, han seguido los
musculos ejecutando el mismo movimiento cuando las
circunstancias exigian otro distinto. He ahi por qué ha
caido el hombre y por qué se rien los transetintes.
Fijémonos ahora en una Persona que ejecuta sus
quehaceres con regularidad matematica. Un chusco ha
mixtificado los objetos que la rodean. Moja la pluma
en el tintero y Ia saca llena de barro; cree sentarse en
una silla sélida y cae rodando al suelo; procede, en
suma, al revés, funciona en el vacio, siempre por un
efecto de velocidad adquirida. La costumbre le habia
comunicado un impulso y hubiera sido preciso detener
el movimiento o desviarlo en otra direccién. Pero no se
ha hecho asi, y aquél ha continuado en linea recta. La
victima de una broma de taller se halla, pues, en una
situacion andloga a la del que va corriendo y cae. Y es
cémica por la misma razon que lo es también la otra.
Lo que hay en ambos casos de tidiculo, es cierta rigidez
mecanica que se observa alli donde hubiéramos querido
ver la agilidad despierta y la flexibilidad viva de un ser
16
LA RISA
humano. Sélo hay una diferencia entre ambos casos y
es que el primero se ha producido por si mismo, mien:
tras que el segundo ha sido objeto de una prep: clon
artificial. En el primer caso, el transeante no pa: ae
de ser un mero observador, mientras que el chusco del
segundo realizaba un verdadero experimento. 4
Pero tanto en un caso como en otro, ha sido una
circunstancia exterior la que ha determinado el efecto,
Lo cémico es, pues, accidental, y queda, por decirlo
asi, en la superficie del individuo. {Qué haré falta para
que pase al interior? Sera menester que la rigidez meee
nica no necesite ya, para manifestarse, de un obstacul lo
colocado ante ella por el azar de las circunstancias 0
por la malicia de los hombres. Menester sera que saque
de su propio fondo, mediante una operacién natural,
la ocasion constantemente renovada de manifestarse
al exterior. Imaginémonos, pues, un espiritu que ande
siempre pensando en lo que hizo con Sr
nunca en lo que esta haciendo, semejante a una melodia
que se retardase en su acompajiamiento. Figurémonos
una cierta elasticidad de los sentidos y de la inteligencia,
por virtud de la cual se continue viviendo lo que ya
pas6, oyendo lo que ya no suena, diciendo lo que ya
perdié toda oportunidad; que el individuo se a apt
en fin, a una situacién pasada e imaginaria, cuando
deberfa conformar su actitud a la realidad presente. Lo
cémico tendra entonces su asiento en la persona misma,
y ésta es la que se lo facilitara todo, materia y forma,
causa y ocasi6n.
2Qué de extrafio, tiene que el distraido (tal es el
Personaje que acabamos de describir) haya fentado
generalmente el humor de los autores cémicos? Cuando
17HENRI BERGSON
La Bruyére encontré en su camino este caracter,
comprendié al analizarlo que habia hallado una formula
para fabricar al por mayor efectos divertidos y regoci-
jantes. Formula de la cual abusa haciendo de Menalco
la més larga y minuciosa descripcién que darse puede,
volviendo sobre el tema e insistiendo hasta caer en una
Pesadez excesiva. La facilidad del asunto seducia al gran
escritor. Y es que la distraccién, en efecto, si no nos
lleva a la fuente misma de lo cémico, nos pone en una
cierta corriente de hechos y de ideas que vienen en linea
recta de esa fuente; nos coloca sobre una de las grandes
pendientes naturales de la risa.
Pero el efecto de la distraccién es susceptible de
recibir atin mayor fuerza. Hay una ley general, de la que
acabamos de hacer una primera aplicacién y que puede
formularse diciendo: cuando de cierta causa se deriva
cierto efecto cOmico, éste nos Parece tanto mas cémico
Cuanto més natural juzgamos la causa que lo deter-
mina. La mera distraccién, como un simple hecho, ya
nos mueve a la risa. Pero mas ridicula Nos parecerd esa
distraccién sila hemos visto nacer y desarrollarse ante
Nosotros, si conocemos su ‘origen y podemos reconsti-
tuir su historia. Supongamos, Para poner un ejemplo
concreto, que un individuo sea dado a la lectura de
novelas de amor o de caballeria, y que atraido y fasci-
nado por sus héroes venga lentamente, de dia en dia,
concentrando en ellos su Pensamiento y su voluntad.
Vedle como acaba Por circular entre nosotros como un
sondmbulo. Sus acciones son distracciones, sélo que
estas distracciones son imputables a una causa conocida
y real. No son ya Pura y simplemente ausencias, sino
que se explican por la presencia del individuo en un
18
LA RISA
ambiente perfectamente definido, aunque imaginario.
No hay duda que una caida es siempre una cai 5
pero una cosa es caerse en un pozo por torpe distrac
cion, otra cosa es caerse por ir mirando a una ae be
Y una estrella es lo que contemplaba Don Quijote. iQe é
profundidad de fuerza cémica la de lo novelescos unidoa
unespiritu sofiador! Y sin embargo, al restabl lecer la i ca
de distraccién que debe servir de intermediaria vel
cémo este caracter comico profundisimo se eniara con
lo cémico més superficial. Si; estos espiritus sofia ores,
estos exaltados, estos locos tan extrafiamente razon.
bles, nos hacen reir hiriendo en nosotros las mismas
cuerdas, poniendo en juego el mismo mecanismo inte
rior que la victima de una novatada oel transetinte q
resbala en la calle. También ellos son andarines que
caen, ingenuos a los que se les burla, corredores auevan
tras un ideal y tropiezan contra las realidades, candidos
sofiadores a quienes acecha maligna la vida. Pero sn
ante todo unos grandes distraidos que Hevan sobre los
otros la superioridad de su distraccién sistematica,
organizada en torno de una idea central, y de que sus
malandanzas se hallan enlazadas por la misma inexo
rable logica que la realidad aplica a corregir los suefios,
engendrando asj a su alrededor, por efectos capaces
sumarse unos a otros, una risa que va agrandandose
u nte. .
ae ahora un paso mas. Lo que la rigidez
de la idea fija es al espiritu, zno lo seran ciertos vicios
al cardcter? Repliegue nefando de la Naturaleza y
Contraccion de la voluntad, el vicio suele asemejarse a
una corcova del alma. Hay sin duda vicios en los que el
alma se hunde profundamente, con toda su fuerza de
19HENRI BERGSON
potencialidad fecunda, Ilevandolos més intensos, vivi-
ficados, a un circulo de eternas transfiguraciones. Esos
son los vicios tragicos. Pero el vicio que nos convierte
en personajes comicos es aquel que nos viene di fuera
como un marco ya hecho al que hemos de ajus ‘arnos;
aquel que nos impone su rigidez en lugar de amoldarse.
f 1 No somos nosotros quienes:
a_nuestra flexi i
le complicamos, sino él, por el contrario, el que nos
reduce. En esto precisamente me Parece que consiste
—como trataré de demostrarlo en la segunda parte de’
este estudio- la diferencia esencial entre la comedia y:
el drama. Un drama, atin cuando nos pinte pasiones o
Vicios que tienen su nombre propio, los incorpora con
tal arte a las personas, que aquellos nombres se olvidan,
se borran sus caracteres generales y ya no pensamos
para nada en ellos, sino en la persona que los asume. He
aqui por qué el titulo de un drama sdlo puede serlo un
nombre propio. Son muchas, por el contrario, las come-
dias que llevan por titulo un nombre genérico: El avaro,
El jugador, etc. Si hubieseis de imaginaros una obra
que pudiese Ilamarse, por ejemplo, El celoso, segura-
mente os acordariais de Sganarelle o de Jorge Dandin,
pero ni por un instante pensariais en Otelo. El celoso
no puede servir de titulo mas que a una comedia. Es
que el vicio cémico, Por intimamente que se una a las
Personas, siempre conserva su existencia independiente
y simple y siempre es el Personaje central, presente a la
Par que invisible, del que dependen todos los dems
Personajes de carne y hueso que se agitan en la escena.
A veces se divierte en arrastrarles y en hacerles rodar
con éla lo largo de una pendiente. Lo mas general es, sin
embargo, que les haga vibrar como un instrumento o les
20
LA RISA
inaneje como fantoches. Bien mirado, el arte del poeta
@6mico consiste en darnos a conocer completamente ese
vicio, procurandonos hasta tal punto su intima ‘ gue
acabemos por apoderarnos de algunos de los hil fe
los fantoches cuyo manejo tanto le divierte, y entonc:
nosotros los podremos manejar también a nuestro
antojo, y de ahi una parte del placer que experimen:
tamos. Asi, pues, también es aqui una especie de auto
matismo el que provoca nuestra risa, un automatismo
muy cercano a la simple distraccion. Para convencerse
de ello, bastard observar que generalmente un personaje
cémico lo es en la medida exacta en que se desconoce ‘
sipropio. Lo comico es inconsciente. Como si usase al
revés el anillo de Giges, se hace invisible para sf mismo,
wolviéndose visible para todo el mundo. Un personaje de
ttagedia no cambiar en nada su conducta porque llegue
a tener noticia del juicio que nos merece. Podra ocurrir
que persevere en ella, aun con plena conciencia de lo que
es, aun con el sentimiento clarisimo del horror que nos
inspira. Pero un hombre ridiculo, desde el instante en
que advierte su ridiculez, trata de modificarse, al menos
en lo externo. $i Harpagén viese que nos reiamos de su
avaricia, no digo que se corrigiera, pero si que procu-
raria encubrirla o al menos darle otro cariz. Dig4moslo
desde ahora: sdlo en este sentido se puede afirmar que
la:risa castiga las costumbres, haciendo que nos esfor-
cemos por parecer lo que debiéramos ser, lo que indu-
dablemente Ilegaremos a ser algiin dia. oo
Por el momento, no quiero llevar mas lejos este
anilisis. Del que va corriendo y se cae hasta el ingenuo
burlado, de la mixtificaci6n a la distraccion, de la
distracci6n a la exaltacién, de la exaltaci6n a las diversas
21HENRI BERGSON
deformaciones de la voluntad y del caracter, hemos ido
siguiendo el avance mediante el cual lo comico se adentra
cada vez mas profundamente en la persona, pero sin
dejar de recordarnos en sus mas sutiles manifestaciones
algo de lo que ya advertiamos en sus formas iniciales:
un efecto de automatismo y de rigidez. Esto nos permite
formarnos una primera idea, aunque tomada de muy
lejos, vaga y confusa todavia, del aspecto ridiculo de la
Persona humana y de la funcién ordinaria de la risa.
La vida y la sociedad exigen de cada tino de nosotros
una atencién constantemente despierta, que sepa distin-
guir los limites de la situacién actual, y también cierta
elasticidad del cuerpo y del espiritu que nos Capacite
para adaptarnos a esa situacion. Tension y elasticidad,
he ahi dos fuerzas complementarias que hacen actuar
la vida. gLlegan a faltarle en gran medida al cuerpo?
Entonces surgen los accidentes de toda indole los acha-
ques, la enfermedad. ;Es el espiritu el que carece de
ellas? Entonces sobrevendrin todos los grados de la
pobreza psicolégica, todas las variedades de la locura.
¢Es el cardcter el que est falto de ellas? Pues entonces se
seguiran las profundas inadaptaciones a la vida social,
fuentes de miseria, y a veces ocasiones de actos crimi-
nosos. Una vez descartadas estas inferioridades que
afectan intensamente a la existencia (y tienden a elimi-
narse en lo que se llama la lucha por la vida), el indi-
viduo puede vivir y hacer vida en comin con sus seme-
jantes. Pero la sociedad exige mas. No le basta vivir;
aspira a vivir bien. Lo temible para ella es que cada
uno de nosotros se limite a atender a lo que constituye
lo esencial dela vida, y se abandone Para todo lo demas
al facil automatismo de las costumbres adquiridas. Y
22
LA RISA
debe temer asimismo que los miembros sociales, a vez
de tender a un equilibrio de voluntades enlaza as en
un engranaje cada vez mas exacto, se contenten con
respetar las condiciones fundamentales . este caulk
brio. No le basta el acuerdo singular de bas Personas,
sino que desearia un esfuerzo constante de ad ap acion
iritu y aun del cuerpo sera, pues, >sa
seiedad, porque puede ser indicio de una actividad que
se adormece y de una actividad que se aisla apartani ie <
del centro comun, en torno del cual gravita la socied a
entera. Y sin embargo, la sociedad no puede reprimins a
con una represién material, ya que no es o| jeto le
una material agresion. Encuéntrase frente a algo que
la inquieta, pero sdlo a titulo de sintoma, apenas una
amenaza, todo lo mds un gesto. Y a este gesto respon
con otro. La risa debe ser algo asi como una especie de
gesto social, El temor que inspira reprime las excentrici-
dades, tiene en constante alerta y en contacto reciproce
ciertas actividades de orden accesorio que correrian el
riesgo de aislarse y adormirse, da fle:
pudiera quedar de rigidez mecanica en la superficie del
cuerpo social. La risa no hace, por lo tanto, de la ent
tica pura, toda vez que persigue (de modo inconscien ‘I
y aun moral en muchos casos particulares) un fin t sl
de perfeccionamiento general. Sin embargo, 2 iene
tiene algo de estético, pues aparece en el peesone x
en que la sociedad y la persona, libres ya del cuidado
Su conservaciOn, empiezan a tratarse a si mismas como
obras de arte. En una palabra, si trazamos un circulo en
ii ida
derredor de las acciones y acuerdos que atafien : la vide
individual 0 social y que en si mismas llevan el castig'
23HENRI BERGSON
encarnandolo en sus consecuencias naturales, veremos
cémo fuera de este terreno de lucha y de emocién, en
una zona neutral en que el hombre se da simplemente en
espectaculo a sus semejantes, queda una cierta rigidez
del cuerpo, del espiritu y del cardcter, rigidez que la
sociedad quisiera eliminar a fin de que sus miembros
tuviesen Ia mayor elasticida y la mas alta sociabilidad
posibles, Esta rigidez Constituye lo cémico y la risa su
castigo.
Guardémonos, no obstante, de tomar esta férmula
Por una definicién de lo cémico. Dicha formula sdlo
conviene a casos elementales, tedricos, perfectos, en los
cuales se presenta lo cémico puro, libre de toda mezcla.
Tampoco la damos como explicacién. Sélo haremos
de ella el leit-motiv que ha de acompafiar todas nues-
tras explicaciones. Seré menester no perderla de vista,
Pero sin insistir demasiado en ella, a la manera como
el buen esgrimidor debe pensar en los movimientos
discontinuos de la lecci6n, mientras su cuerpo se aban-
dona a la continuidad del asalto. Esta continuidad de las
formas cémicas es la que vamos a tratar de restablecer,
anudando el hilo que va desde las astracanadas del
clown a los juegos més refinados de la comedia, siguién-
dole en sus giros, con frecuencia inesperados, detenién-
donos de cuando en cuando para mirar a nuestro alre-
dedor volviendo a temontarnos, si es posible, al punto
de donde parte ese hilo y desde el cual acaso vislum-
bremos ~ya que lo cémico oscila entre la vida y el arte—
la relacién general entre el arteyla vida.
24
LA RISA
Ill
Comencemos por lo mas sencillo. éQué es una fiso-
mia cémica? ¢De dénde se deriva la expresiOn ridi-
tol del semblante? ;En qué consiste la diferencia entre
to comico y lo feo? Asi planteada la cuestion, por fuerza
han de ser arbitrarias cuantas soluciones se a
querido dar. Por sencilla que parezca es, sin cmbarBos
demasiado sutil para que se le pueda acometer de frent ‘
Habria que empezar por definir la fealdad Y averiguar
después qué recibié de lo cémico; pero la ea la x
es mas facil de analizar que la belleza. Apel areme :
pues, a un artificio que habra de sernos util en mud A
ocasiones. Vamos a condensar el problema, agrandan >
el efecto para hacer mas visible la causa. Agravemos 2
fealdad, llevémosla hasta la deformicad y veamos cém«
deforme a lo ridiculo. ;
* nn ‘aconanble que ciertas deformidades tienen
sobre las demas el triste privilegio de inspirar risa a
algunas personas. Asi es como pueden mover a ae
por ejemplo, ciertos jorobados. No entraré aqui o -
lles inatiles. Slo pediré al lector que después le pasa:
revista a las diversas deformidades las clasifique en dos
grupos, poniendo en uno las que tiran al ridiou 0 Por
naturaleza y en otro las que se apartan de é me
luto. Creo que no ha de costarle gran trabajo hallar
ley siguiente: Toda deformidad susceptible de imita-
cin por parte de una persona bien conformada puede
llegar a ser cémica.
éNo resultaria de ahi que el jorobado hace el efecto
de un hombre que no sabe tenerse bien? Diriase ae su
espalda contrajo un pliegue defectuoso, y que por obsti
25HENRI BERGSON
nacién material, por rigidez, persiste en la costumbre
adquirida. Tratad de ver Gnicamente con los Ojos.
No reflexionéis, y sobre todo absteneos de razonar.
Suprimid lo adquirido: marchad en busca de la jnipre-
sién ingenua, inmediata y original. Seguramente obten-
dréis una vision de este género, creyendo tener ante
vosotros un hombre que quiso anquilosarse, en cierta
actitud, imprimir una mueca a su Cuerpo, si se permite
esta expresién.
Volvamos ahora al punto que queremos esclarecer,
Atenuando la deformidad tidicula, debe resultar la
fealdad cémica. Asi, pues, una expresi6n ridicula del
rostro sera aquella que nos haga pensar en algo de
tigido y de cuajado, en la movilidad ordinaria de la fiso-
nomia. Una mueca ya arraigada, un mohin fijo, he ahi
lo que veremos. Podrd objetarsenos que toda expresion
habitual del semblante, Por graciosa y bella que sea,
nos produce la impresién de una arruga marcada para
siempre. Pero hay que hacer aqui una distincion impor-
tante. Cuando hablamos de belleza y hasta de fealdad
expresivas, cuando decimos que una cara tiene expre-
sin, se trata siempre de una expresi6n, acaso estable,
Pero que nosotros suponemos de movilidad. Esa ex ‘pre-
si6n, con toda su fijeza, conserva cierta vaguedad en la
que se dibujan confusamente todos los matices posi-
bles del estado de alma Por ella expresado, al modo
como en ciertas mafianas vaporosas de la primavera se
aspiran ya las cdlidas Promesas del dia. Pero expresin
cOmica del semblante es la que no promete mas de lo
que da. Es una mueca tnica y definitiva. Diriase que
cristaliz6 en ella toda la vida moral de la persona. Y
he aqui por qué una cara es tanto mds cémica cuanto
26
LA RISA
con mayor fuerza nos sugiere la idea de alguna accion
sencilla, mecdnica, que hubiera absorbido para sempre
la personalidad. Hay caras que parecen ocupa das en
Horar sin descanso, otras en reir o silbar, otras tambie
en soplar eternamente en una trompeta imagin : a.
Estos son los semblantes mas cémicos. Y tam i n aqui
se cumple la ley de que el efecto es mas comico cu nro
mas naturalmente podamos explicarnos la causa. ; u °
matismo, rigidez, arruga adquirida y conservada, ea
por dénde nos hace reir una fisonomia. Pero este efecto
gana en intensidad cuanto mas podamos atribuir estos
caracteres a una causa profunda, a cierta distaccion
fundamental de la persona, como si el alma se icra
dejado fascinar, hipnotizada por la materialidad de wi
i i6n. ;
oom comprenderemos lo comico de la carica-
tura. Por regular que sea una fisonomia, por armo-
niosas que supongamos sus lineas y por flexibles me
nos parezcan sus movimientos, nunca se enfuentra i
perfecto equilibrio. Siempre podremos descu i ° e
la indicacién de una arruga que se apunta, el es on
de una mueca posible, una deformacién, en tm por a
que parece torcerse la Naturaleza. El arte del carica-
turista consiste en coger este movimiento, impercep
tible a veces, y agrandandolo hacerlo visible a todos los
ojos. El caricaturista imprime a sus modelos las muecas
que ellos mismos harian si Tlegasen hasta el final de ore
mohin imperceptible; adivina bajo las armonias super! -
‘Ciales de la forma las profundas revueltas de la materias
tealiza desproporciones y deformaciones que han debido
existir en la Naturaleza en el estado de veleidad, pero
que no han podido llegar a consolidarse, contenidas por
27HENRI BERGSON
una fuerza superior. Su arte, que tiene algo de diabélico,
viene a levantar al demonio que el angel habia postrado
en tierra. Es indudablemente un arte que exagera, y sin
embargo se le define mal cuando se le atribuye como
objeto tinico esa exageracién, pues hay caricaturas
mas parecidas que tetratos, caricaturas en que apenas
se advierte exageracion alguna, y en sentido inverso se
puede forzar la exageracién hasta el ultimo extremo
sin que resulte la caricatura. Para que la exageracién
sea cémica, es menester que no se la tome como objeto,
sino como simple medio que emplea el dibujante para
Tepresentar a nuestros ojos las contorsiones que ve en la
Naturaleza. Esta contorsién es lo Unico que importa.
Por eso se la va a buscar hasta en aquellos elementos
de la fisonomia incapaces de movimiento; en la curva
de una nariz, en la forma de una oreja. Porque toda
forma es siempre para nosotros el dibujo de un movi-
muiento. El caricaturista que altera la dimension de una
nariz, pero que respetando su formula, la alarga, por
ejemplo, en el mismo sentido en que la alargase la Natu-
raleza, imprime a esta nariz una verdadera mueca, y en
adelante nos parecer4 que el mismo original pretende
alargarse y hacer ese gesto. En este sentido es como se
podria afirmar que la misma Naturaleza es un habil
caricaturista, Parece que el impulso con que ha hendido
tal boca o hinchado tal mejilla, ha logrado cristalizar
toda aquella mueca, burlando la vigilancia moderadora
de una fuerza mds racional. Y entonces nos mueve a
risa una cara que parece llevar en si misma su propia
caricatura. En resumen: sea cualquiera la doctrina que
Prefiera nuestro raciocinio, nuestra imaginacién tiene
ya su filosofia bien definida. En toda forma humana
28
LA RISA
dvertird el esfuerzo de un alma que modela la materia,
oa i finitamente flexible, de movilidad constante,
an re esadez por no estar sometida a la atraccién
wena Esta alma comunica algo de su ligereza alada
shenerpo que anima, le infunde su inmarerialidad, ue
al pasar a la materia constituye lo que Tamamos gr < ia
Pero la materia se resiste obstinadamente. Avra a fa
actividad de ese principio superior, y le querria infundi
su propia inercia y reducirlo a un puro au “smo.
Querria fijar los movimientos inteligentes corp ras
transformandolos en contracciones estuipidas; so ia
ficar en una perpetua mueca las movibles exresio ws
de la fisonomia; imprimir, en suma, a toda la persona
tal actitud, que pareciese sumida y absorta en mate-
rialidad de alguna ocupaci6n mecdnica en vez He ren
varse sin descanso al contacto de un ideal leno levi a
Alli donde la materia logra condensar exteriormente e
vida del alma, fijar su movimiento, desterrar, en na
gracia, obtiene en seguida un efecto comico. ‘i quisi ‘
ramos, pues, definir aqui lo cémico comparandolo con
su contraste, habria que oponerlo a la gracia mejor
que a la belleza. Lo cémico es mas bien rigidez que
fealdad.
IV
Vamos a pasar ahora de lo cémico de las formas a
lo cémico de los gestos y de los movimientos. Empezate
Por enunciar la ley que en mi concepto preside ato cs
estos fendmenos y que puede deducirse sin trabajo de
las consideraciones que anteceden.
29HENRI BERGSON
“Las actitudes, gestos Y Movimientos del cuerpo
humano son risibles en la exacta medida en que este
cuerpo nos hace pensar en un simple mecanismo.”
No seguiré esta ley en el detalle de sus aplicaciones
inmediatas, Pues no acabariamos nunca su recuento,
Para comprobarla directamente, bastar4 estudiar de
cerca las obras de los dibujantes festivos, descartando
toda la parte Caricaturesca, de la que ya hemos dado
una explicacién especial y prescindiendo también de la
Parte cémica que no sea inherente al dibujo mismo,
Porque no hay que hacerse ilusiones: Io cémico
del dibujo suele ser un cémico prestado, obtenido a
expensas de la literatura, Quiero decir que el dibujante
puede ser al mismo tiempo un autor satirico y hasta
un vodevilista, en cuyo caso no nos reimos tanto de
los dibujos mismos cuanto de la sdtira o de la escena
de comedia que en ellos vemos representada. Pero si
nos fijamos en el dibujo con la firme voluntad de no
atender a otra Cosa, veremos, creo yo, que este dibujo es
siempre cémico en Proporcién a la claridad y también
a la discrecién con que nos hace ver en un hombre un
fantoche articulado. Es menester que esta sugestién sea
bien clara, que percibamos sin ambigiiedad, como al
trasluz, un mecanismo desmontable en el interior de
la persona. Pero es menester igualmente que esa suges-
tin sea discreta, y que el conjunto de la Persona, no
obstante tener cada uno de sus miembros la rigidez de
una pieza mecAnica, continte déndonos la impresién de
un ser vivo. El efecto cémico €s tanto més intenso, el arte
del dibujante sera tanto mas consumado, cuanto mas
exactamente encajadas vayan estas dos imagenes, la de
una persona y la de una méquina. Y podria definirse la
30
LA RISA
iginalidad del dibujante cémico por el género parti-
euler d ida que sabe infundir en un simple mufieco.
oe ° dejando a un lado las aplicaciones inmediatas
del principio, sélo insistiré aqui en sus consecuencias
més remotas. La visién de v
ero suele ser con
2 7 te
todo una fugitiva vision que se pierde instantaneament
sn ter
en la misma risa que provoca. Para fijarla es menes'
un esfuerzo de reflexién y de anilisis.
“Ved, por ejemplo, en un orador el gesto que riva-
wok. In
liza con la palabra. El gesto, celoso de la palabra,
corre continuamente detras del pensamiento y policing
servirle también de intérprete. Aecedemos a Sete ro
igdmosle entonces a seguir en
crolecnee del pensamiento. La idea es algo ave cee
rebrota, florece y madura, del principio hasta e n det
discurso. Nunca se detiene, nunca se repite. Es pr 0
que cambie a cada momento, porque dejar de transi or
marse es dejar de vivir. El gesto ha de animarse cor ne
ella. Ha de aceptar la ley fundamental de la vi a [eee
no repetirse nunca. Pero he aqui que un cere ove
miento del brazo o la cabeza se repite perio camer s
siempre igual. Silo observo, si basta para eraen es
lo aguardo en cierto momento y llega cuan 0 Ie nes ‘a ae
tendré que reirme contra mi voluntad. ePor qué? Porgne
estoy en presencia de un mecanismo que funci na auto
maticamente. No es ya la vida la que tengo ée *
es el automatismo instalado en la vida y probando
imitarla. Es lo cémico.
™ He ahi por qué los gestos, que de otro modo no nos
hacen reir, Ilegan a ser ridiculos cuando otra p
31HENRI BERGSON
los imita. Se han dado explicaciones muy complejas de
este acto tan sencillo. A poco que en ello meditasemos,
veriamos que de un momento a otro cambian nues~
tros estados de alma y que si nuestros gestos siguiesen
fielmente nuestros movimientos interiores, si viviesen
como vivimos, no se repetirian jamds y desafiarian con,
ello a toda imitacién. Pero empezamos a ser suscepti-
bles de imi acion alli donde dejamos de ser nosotros
mismos. Quiero decir que no se pueden imitar nuestros,
estos sino en lo que tienen de mecdnico y uniforme, y
por lo tanto, de extrafio a nuestra personalidad viviente.
Imitar a alguno es extraer la parte de automatismo que
ha dejado introducirse €n su persona. Es, pues, hasta
Por definicién, hacerle cémico y no debe admirarnos
que la imitacién haga reir.
Pero si la imitacién de los estos ya es ridicula de
Por si, lo es mas cuando sin deformarlos se ingenia en
desviarlos en el sentido de alguna operaci6n mecdnica,
Por ejemplo, la de aserrar madera, golpear el yunque
© tirar desaforadamente del cordén de una campa-
nilla imaginaria. No es que la vulgaridad constituya la
esencia de lo cémico (aunque a ella contribuya). Es mas
bien que el gesto sorprendido parece mas francamente
maquinal cuando se le puede relacionar con una opera-
cién simple, como si tuviese una finalidad mecanica.
Sugerir esta interpretacién mecdnica debe ser uno de
los procedimientos favoritos de la parodia. Acabo de
deducirlo a priori, Pero juzgo que los picaros tenian la
intuicién de esto hace ya mucho tiempo.
Creo que de este modo podria resolverse el Pequefio
enigma propuesto Por Pascal en un Pasaje de sus Pensa-
mientos: “Dos Caras, ninguna de las cuales hace reir por
32
LA RISA
fsola, juntas mueven a risa por su parecido”. Asimismo
ee dria decir: “Los gestos de un orador, que de por
iho son ridiculos, inspiran risa por su repetition’.
Es que la vida no deberia nunca repetirse en fo ay
jenitud circunstanci da. Dondequiera que hay rep te
a dondequiera que hay semejanza complet ‘su .
bramos en seguida lo mecdnico funcionan 10 tras lo
vivo. Analizad vuestras impresiones frente as 8 caras
demasiado parecidas. Seguro que pensiis en dos pias
sacadas de un mismo molde, en dos impresiones ie
mismo sello 0 en dos reproducciones del mismo ¢c isten
suma, en un procedimiento industrial. Ta’ esviack :
de la vida en el sentido de la mecanica es en este c
causa de la risa.
vv tinian mayor si nos presentan en escend
no ya dos personajes, como en el ejemplo ce Pascal
sino varios, el mayor numero posible, todos i
ticos entre si, y que van, vienen, danzan, se mueven
al unisono, tomando a un mismo tiempo fas mismas
actitudes, gesticulando de la misma manera.) nronees
ya pensamos de un modo claro y concreto en los in
ches. Nos parece que hilillos invisibles unen entre 8
brazos, las piernas y hasta los misculos de lacarade as
figuras; y la inflexibilidad de esa correlacion ae
hasta la blandura de las formas se solidifique an :
a nuestros ojos y todo se endurezca hasta a cctar i
rigidez de un mecanismo. Este es, en mi concep 5 h
artificio de esa diversion algo tosca. Ignoro silos sme
ejecutan habran leido a Pascal, pero es indudab le que
no hacen otra cosa sino llegar al limite de una idea qi
Nos sugiere el texto de Pascal. Y sien este segundo caso
la causa de la risa es, indudablemente, la vision
33HENRI BERGSON
efecto mecdnico, también tenia
aunque por modo mas sutil.
Siguiendo ahora este camino, advertimos confusa-
mente unas consecuencias cada vez més remotas, pero
cada vez mas importantes, de aquella ley que hemos
enunciado. Presentimos ain més fugaces visiones de
efectos mecnicos, visiones sugeridas por las acciones
complejas del hombre, no ya por simples gestos. Adivi-
namos que los artificios usuales de la comedia, la repeti-
cion periédica de una palabra o de una escena, la inver-
sion simétrica de los Papeles, el desarrollo geométrico,
de los equivocos y muchos Otros recursos, pueden sacar.
su fuerza cémica dela misma fuente, y que acaso el arte
del vodevilista estribe en resentarnos una articulacién
visiblemente mecdnica de acontecimientos humanos,
conservandoles no obstante el aspecto externo de la
Verosimilitud, es decir, la flexibilidad aparente de la
vida. Pero no nos adelantemos a exponer resultados
que iran desprendiéndose met6dicamente a medida que
vayamos avanzando en nuestros andlisis,
que serlo en el Primero,
Vv
Antes de seguir mas adelante descansemos un
momento y volvamos la vista a nuestro alrededor. Ya lo
insinudbamos al comienzo de este trabajo:
rico querer deducir todos los efectos cé
sola y sencilla férmula. Esta formula existe, en cierto
sentido; pero no se desenvuelve de un modo regular.
Quiero decir que la deduccién debe detenerse de cuando
en cuando en algunos efectos saliente:
seria quimé-
micos de una
S, que aparecen
34
LA RISA
como modelo a cuyo alrededor se disponen, en cireulo,
otros efectos nuevos que se les asemejan. Estos u timos
no se deriven ya de la formula, pero sin em! ae ‘
cémicos, por su afinidad con los que de ella x le ees .
Volviendo a Pascal, definiré la marcha del cspirien
valiéndome de la curva que este gedmetra estudid =}
el nombre de roulette, la curva que describe un punto
de la circunferencia de la rueda de un coche cuando “ e
avanza en linea recta, punto que gira como la rue a,
por mas que avance como el coche. Y sino, imaginemos
una inmensa avenida como las que se encuentran en
el bosque de Fontainebleau, con encrucijadas que se
marcan hasta lo lejos por una serie de jalones; reco.
rreremos cada una de esas encrucijadas, daremos “
vuelta alrededor, exploraremos las sendas que de vA
parten y volveremos a tomar la direccién primera. Ya
estamos en una de esas encrucijadas. De lo mecdnico
calcado sobre lo vivo, dice su letrero, y debemos dete
nernos en ella por ser una imagen central desde donde a
imaginacién irradia en direcciones divergentes. ec na les
son estas direcciones? Creo distinguir tres principales.
Vamos a seguirlas una después de otra para reanudar
luego nuestro camino en linea recta. .
I. - En un principio, esta vision de lo mecanico y
lo vivo, mutuamente englobados, nos hace evolucionar
en sentido oblicuo hacia otra imagen més vaga, la ©
una rigidez cualquiera aplicada a la movilidad ce B
vida, una rigidez que probase torpemente a seguir :
lineas e imitar su flexibilidad. Entonces vislum ramo
cuan facilmente puede resultar ridicula una indumen-
taria. Podriamos decir que toda moda es ridicula bajo
algtin aspecto. Sélo que, cuando se trata de la moda
35HENRI BERGSON
actual, nos acostumbramos a ella hasta tal punto, que
nos parece que el traje forma parte del cuerpo.
Nuestra imaginacién no distingue entre ambos. No
Se nos ocurre oponer la rigidez inerte de la envoltura a la
flexibilidad viva del objeto envuelto, Lo cémico perma-
nece, pues, aqui en estado latente. Apenas si lograra
apuntar al exterior cuando la incompatibilidad entre la
envoltura y el objeto envuelto sea tan profunda, que no
pueda consolidarse su unin ni por un secular contacto:
tal ocurre, por ejemplo, con nuestro sombrero. Pero
suponed que un excéntrico se vista con arreglo a una
moda ya anticuada: nuestra atencion recaer4 entonces
sobre el traje, haremos una distincién absoluta entre él
y la persona, diremos que la persona se disfraza (como
si toda vestidura no fuese un disfraz), y el lado ridiculo
de la moda que hasta entonces Permaneci6 en la sombra
se nos mostrard a plena luz.
Comenzamos yaa vislumbrar algunas de las enormes
dificultades de detalle que suscita el problema de lo
cémico. Una de las razones porque se han emitido tantas
teorias erréneas o deficientes de la risa, es que muchas
Cosas son comicas de derecho sin serlo, no obstante, de
hecho, por haberse amortiguado su virtud cémica en
fuerza del uso. Es menester que se produzca una brusca
solucién de continuidad, una ruptura con la moda para
que se reanime esa virtud. Entonces creemos que esta
solucién de continuidad es la que engendra lo cémico,
cuando en realidad se limita a ponérnoslo de relieve. Se
explica la risa por la sorpresa, el contraste, etc., defi-
niciones que convendrian también a una multitud de
Casos en que no sentimos la menor gana de reir. La
verdad dista mucho de ser tan sencilla.
36
LA RISA
Pero he aqui que hemos llegado a la idea de disfraz.
Ya hemos demostrado que tiene por delegacién la
facultad de hacer reir. No sera inutil que averigiiemos
cémo usa de esta facultad.
¢Por qué nos reimos de una cabellera que ha pasado
del negro al rubio? ;De dénde procede lo comico de
una nariz rubicunda? 1
recone te betas dos imagenes, que han sido
47HENRI BERGSON
motivo de una aproximacién: el espiritu inmovilizan-
dose en ciertas formas, el cuerpo anquilosandose en
virtud de ciertos defectos. Si nuestra atencién se aparta
del fondo para aplicarse a la forma, o si de lo moral va
a lo fisico, la impresién transmitida a nuestra imagina-
cién seré la misma en ambos casos; en ambos se produ-
cira el mismo género de cémico. Hemos querido seguir
fielmente una direccin natural del movimiento imagi-
nativo. Esta direccién es la segunda que se nos ofrecia a
partir de la imagen central. Aun nos queda una tercera,
y ésa es la que vamos a estudiar ahora,
III. - Volvamos por tiltima vez a nuestra imagen
central de lo mecdnico calcado sobre lo vivo. El ser
vivo de que se trata es un ser humano, una persona.
En cambio el aparato mecdnico es una cosa. Lo que
movia, pues, la risa era la transfiguracién momen-
ténea de una persona en una cosa. Pasemos de la idea
Precisa de maquina a aquella otra mas confusa de cosa
en general, y tendremos una nueva serie de imagenes
ridiculas que se obtendran esfumando los contornos de
las primeras y que nos Ilevardn a formular esta nueva
ley: “Nos reimos siempre que una persona nos da la
impresi6n de una cosa”, —_
Nos hace reir Sancho Panza manteado como una
pelota. Nos hace reir el barn de Miinchausen, conver-
tido en bala de cafién y volando por los aires. Pero
acaso encontrarfamos una confirmacion mds precisa
de esta ley en algunos de esos ejercicios que vemos
ejecutar a los clowns. Para ello habria que prescindir
de los chistes con que el clown borda su obra principal
y no fijarse mas que en su tema, es decir, en las acti-
tudes, saltos y movimientos diversos que constituyen
48
LA RISA
Jo verdaderamente clownesco en el arte del clown. Selo
dos veces he logrado observar este género ée comico
en su estado de pureza, y en ambos casos he sae
jdéntica impresién. La primera vez, los clowns il any
venian, se tropezaban, caian y rebotaban con area
a un ritmo uniformemente acelerado, con la ri ‘cul
preocupacion de producir un crescendo. La arencion
del publico se iba concentrando mas cada vez en ave
extrafio rebote. Poco a poco, el espectador neal al
por olvidar que tenia delante hombres de carne eso
como él, y pensaba que eran como unos far os a
chocasen entre si. Después la vision se precisaba. Pare-
cian redondearse las formas y que los cuerpos se ene
llaban y encogian como una pelota. Aparecia, Pen
imagen que constituia indudablemente la m ida fe
toda esta tramoya: unas pelotas de caucho, lanzada:
unas contra otras en todos sentidos. La segunda escena
no fue menos instructiva. Presentaronse dos personajes
con una cabezota enorme y el craneo completamente
pelado. Venian armados de grandes bastones, y iv a
uno, alternativamente, golpeaba con el garrote la cal a
de su contrario. Aqui se observaba también una gra
cién. A cada golpe, los cuerpos parecian llenarse le
pesadez, congelarse, poseidos de una rigidez creciente,
La réplica llegaba mds retrasada siempre, pero 3 mismo
tiempo més pesada y ruidosa. En el silencio e | 3 4
retumbaban los craneos con un estrépito formi «
Por ultimo, completamente rigidos, tiesos como dos I,
inclindronse lentamente uno hacia otro, cayeron Por
Ultima vez los bastones, golpeando las cabezas con e
mismo ruido con que dos martillos enormes Bolpearian
contra unas vigas, y todo se vino al suelo. Entonces pudo
49HENRI BERGSON
apreciarse claramente la sugestién que ambos artistas
habian ido ejerciendo por grados en la imaginaci6n del
publico: “Nos vamos a transformar en maniquies de
madera maciza”,
Y he aqui que un oscuro instinto permite presentir,
aun a los espiritus incultos, algunos de los resultados
mis sutiles de la ciencia psicolégica. Es sabido que a un
hipnotizado por simple sugestién se le pueden sugerir
visiones alucinatorias. Con sélo decirle que un pajaro se
ha posado en su mano, ya le siente en ella, y hasta le ve
volar. Pero no siempre la sugestién encuentra tanta doci-
lidad por parte del sujeto. El magnetizador no logra mas
de una vez sino hacerla penetrar poco a poco y por una
insinuacién gradual. En este caso tiene que tomar como
punto de partida objetos realmente percibidos por el
sujeto y procurar que su percepcién se haga cada vez mas
confusa, para después sacar de esta confusién la forma
precisa del objeto que se ha propuesto como término
de la alucinacion. Asi ocurre en muchas personas, que
cuando van a conciliar el suefio ven masas cromaticas;
fluidas e informes, que ocupan el campo de la vision y
se van solidificando poco a poco hasta formar imagenes
de objetos distintos. El transito gradual de lo confuso
a lo determinado es el procedimiento de sugestién por
excelencia. Creo que podriamos descubrirle en el fond
de muchas sugestiones cémicas, sobre todo en aquellas
€n que parece que se realiza a nuestra vista la trans=
formacién de una persona en una cosa. Pero hay otros
procedimientos mas discretos, como son los que ponen
en juego algunos poetas y que van inconscientementé
al mismo fin. Mediante ciertas acompasadas disposi=
ciones de rima y de asonancia, logran mecer nuestra
50
LA RISA
imaginacion, Ilevandola de lo mismo a lo mismo con
un regular balanceo, preparandola de este modo para
recibir décilmente la visién sugerida. Escuchad estos
versos de Regnard, y ved sila imagen fugitiva no cruza
por el campo de vuestra imaginacién:
... Debe también a muchos acreedores
mil y una libras, y ademas un bolo,
por haberle fiado todo un afio
ropa, coche, calzado, lefia, guantes,
barbero, restaurant y hasta refrescos.
Algo semejante encontraréis en estas palabras de
Figaro, aunque en ellas se trate de sugerir la imagen de
un animal mas bien que la de una cosa: “;Qué clase de
hombre es ése? Es viejo, pequefiito, canoso, chupado,
cauteloso, afeitado, que acecha, espia y grufie al mismo
tiempo”. /
Entre estas escenas tan toscas y estas sugestiones tan
sutiles, cabe toda una multitud innumerable de efectos
cémicos, tantos como pueden obtenerse al hablar de las
personas como si fuesen simples cosas. Voy a exponer
uno o dos ejemplos tomados del teatro de Labiche,
donde abundan. M. Perrichon, al montar en un depar-
tamento del tren, mira y recuenta los bultos que forman
su equipaje para no olvidar ninguno: “Cuatro, cinco,
seis, mi mujer siete, mi hija ocho y yo nueve”. Hay otra
obra en que un padre ensalza la ciencia que atesora su
hija, y lo hace en estos términos: “Es capaz de deciros,
sin equivocarse, todos los reyes de Francia que se han
desarrollado”. Este “que se han desarrollado”, sin
convertir precisamente a los reyes en simples cosas, los
51HENRI BERGSON
asimila a un hecho, a un suceso importante. :
Hagamos observar, a propésito de este ultimo
ejemplo, que no es preciso llegar hasta la identificacion
de una persona con una cosa para que se produzca el
efecto cémico. Basta con entrar por este camino, afece |
tando que se confunde la persona con la funcién que
ejerce. Citaré tan solo estas palabras de un alcalde de
una novela de About: “El sefior prefecto que siempre
ha tenido para nosotros igual benevolencia, aunque lo
hayan cambiado varias veces desde 1846...”.
Todas estas frases estan cortadas por el mismo
patron; y ya poseida su formula, podriamos propagarlas
hasta el infinito. Pero el arte del narrador y del vode-
vilista no consiste simplemente en componer la frase!
Lo dificil es comunicarle su fuerza sugestiva, es decir;
hacerla verosimil. Porque sélo la aceptamos cuando
nos parece que se deriva de un estado de alma o que se
acomada a la realidad. Sabemos en el primer ejemplo
citado, que M. Perrichon esta muy conmovido en el |
momento de emprender su primer viaje. La expresiOn
del segundo ejemplo relativa a los reyes hace pensar ent
las muchas veces que la hija habrd repetido sus lecciones
delante de su padre y nos recuerda un recitacién, Y por
ultimo, la admiraci6n de aquel alcalde hacia la maquina
administrativa, podria levarnos hasta creer que nada
ha cambiado en el prefecto y que la funcién se ejerce
con independencia del funcionario.
Henos aqui bien lejos de la causa primera de la risac
Esta forma cémica, que es inexplicable por si misma;
sélo se comprende Por su semejanza con otra que nos
hace reir a causa de su parentesco con una tercera y ast
Sucesivamente. Resulta, pues, que el andlisis psicolé=
52
LA RISA
rado y perspicaz que sea, habra de ext
viarse necesariamente si abandona el nie ue ha guia °
ala impresion comica de un extremo a otro “ons
{De donde procede esta conrinuidadt sQué pret ; ma Me
fio impulso lleva a lo comico A
ee magen, cada vez mas lejos del Punto de partida,
hasta que se fracciona y se pierde en anaeeie Oe
mente remotas? ¢Y cuales la fuerza que divide y we
vide las ramas y las raices de ese arbol tan corpulentoz
Una ley ineludible obliga a toda energia + ve an
el mayor espacio posible en la breve cantida\ etm ~°
que le esta asignada. Ahora bien; la fantasia con ca es
una verdadera energia viva, es una planta singula a
ha brotado vigorosamente sobre las partes rocosas
suelo social, esperando que la cultura le permita rive
lizar con las obras mas refinadas del arte. Claro ° aue
los ejemplos de cémico que acabamos de citar distan
mucho del gran arte. Pero en el capitulo sigue te nes
aproximaremos masa él, aunque sin llegar aa a vate
del todo. Por debajo del arte se encuentra el arti io.
esta zona del artifcio, fronteriza entre la Naw ey
elarte, vamos a entrar ahora. Vamos a tratar del v
vilista y del hombre de ingenio.
gico, por ilust:
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