Instituto de Estudios Indgenas, Universidad de La Frontera
Los derechos de los pueblos indgenas en Chile. Informe del Programa de
Derechos Indgenas[texto impreso]. -- 1 ed .-Santiago: LOM Ediciones; Instituto de Estudios Indgenas de la
Universidad de la Frontera, 2003.
454 p., grficos, cuadros, 16 x 21 cm.- (Coleccin Ciencias Humanas
Sociedad y Derechos Humanos)
ISBN : 956-282-608-2
R.P.I.: 136.776
1. Pueblos Indgenas Legislacin Chile 2. Pueblos Indgenas
Derechos Civiles Chile 3. Instituto de Estudios Indgenas 4. Universidad
de la Frontera. I. Ttulo. II. Serie.
Dewey: 342.830872.-- cdd 21
Cutter: P964d
Fuente: Agencia Catalogrfica Chilena
INSTITUTO DE ESTUDIOS INDGENAS / UNIVERSIDAD DE LA FRONTERA
Los derechos de los pueblos indgenas en Chile
Informe del Programa de Derechos Indgenas
LOM
PA L A B R A D E L A L E N G U A Y M A N A Q U E S I G N I F I C A
SOL
LOM Ediciones
Primera edicin, 2003
I.S.B.N: 956-282-608-2
PROGRAMA DE DERECHOS INDGENAS. INSTITUTO DE ESTUDIOS INDGENAS.
UNIVERSIDAD DE LA FRONTERA.
Registro de Propiedad Intelectual N:136.776
Motivo de la cubierta: Autoridades mapuche pehuenche exponen su realidad al Relator de Derechos
Indgenas ONU, R. Stavenhagen, Alto Bo Bo, Julio 2003
(Foto archivo Programa de Derechos Indgenas).
Diseo, Composicin y Diagramacin:
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Impreso en Santiago de Chile.
ESTA PUBLICACIN HA SIDO POSIBLE EN PARTE GRACIAS AL APOYO DE
FUNDACIN FORD Y LA EMBAJADA DE GRAN BRETAA EN CHILE.
LA
Introduccin
Dada la compleja realidad que hoy viven los pueblos indgenas en Chile,
en particular el pueblo mapuche, el Instituto de Estudios Indgenas de la Universidad de la Frontera de Temuco puso en marcha en el ao 2002 el Programa
de Derechos Indgenas. El objetivo de este Programa es contribuir, a travs de
un trabajo de investigacin, docencia y extensin, al logro de mayores niveles
de reconocimiento y respeto de los derechos de los pueblos indgenas en el
pas.
Una de las principales lneas de accin desarrolladas por este Programa
hasta ahora ha sido la documentacin y el anlisis de la situacin de los derechos indgenas en Chile. De conformidad con los instrumentos internacionales
de derechos humanos relativos a los pueblos indgenas que orientan nuestra
labor, el trabajo de documentacin desarrollado se ha centrado tanto en la situacin de los derechos de carcter colectivo que les corresponden como
pueblos, as como en la situacin de aquellos derechos de carcter individual
de quienes los integran. Para estos efectos, desde la creacin del Programa se
ha venido realizando un seguimiento de la poltica indgena del estado, de la
discusin relativa al reconocimiento de sus derechos en el ordenamiento jurdico interno, as como de las situaciones de conflicto que afectan a sus
comunidades y sus implicancias para la vigencia de sus derechos.
Debido a nuestra ubicacin geogrfica en la Regin de la Araucana y a la
gravedad de algunos hechos ocurridos en esta zona del pas en el ltimo tiempo que han afectado a los mapuche, a sus comunidades, a sus lderes y
autoridades tradicionales, el Programa public en octubre del ao 2002 un informe relativo a la situacin de los derechos de este pueblo.
Dado que junto a los mapuche habitan en el pas una serie de otros pueblos
indgenas con historias y realidades presentes diversas y complejas, hemos
considerado necesario elaborar un informe que d cuenta de la situacin particular de cada uno de estos pueblos y de sus derechos.
El presente informe se compone de diez captulos. En el primero se describe
la legislacin que hoy se aplica a los pueblos indgenas en Chile: la Ley N 19.253
de 1993. En el mismo captulo se hace un anlisis crtico de sus contenidos a
partir de las demandas indgenas, los lineamientos establecidos en los ltimos
aos por el derecho internacional sobre derechos humanos y pueblos indgenas
(en particular aquellos contenidos en el Convenio N 169 de la Organizacin
Internacional del Trabajo de 1989) y de las tendencias del derecho comparado
vigente en la misma materia.
El captulo II se refiere a la situacin del pueblo aymara y de sus derechos.
El captulo III aborda la situacin y derechos del pueblo lickanantay, kunza o
atacameo. El captulo IV se refiere a la realidad del pueblo colla. El captulo V
trata de los rapa nui de Isla de Pascua. Los captulos VI, VII y VIII abordan la
situacin y derechos de los mapuche, incluyendo a los que habitan en las regiones del Bo Bo y la Araucana (captulo VI), los huilliche de Valdivia y Osorno
(captulo VII) y los huilliche de la Isla Grande de Chilo (captulo VIII).1 El
captulo IX se refiere a los pueblos indgenas australes de Magallanes. En tanto
el captulo X trata la situacin de los derechos de los indgenas que viven en la
Regin Metropolitana, dada su importancia demogrfica y social.2
En cada uno de estos captulos se incluyen antecedentes sobre la historia
del pueblo indgena de que se trata, la legislacin y polticas que le fueron
aplicadas en el pasado y un anlisis de las consecuencias que stas tuvieron
para ellos y sus derechos. Se identifica, adems, la normativa particular que
hoy les rige. Luego se describen las polticas desarrolladas por el estado a travs de la Corporacin Nacional de Desarrollo Indgena (CONADI) y de otras
entidades pblicas, en relacin al pueblo respectivo, indgena, haciendo un
anlisis crtico de ellas a partir de la informacin disponible. Finalmente, en
algunos captulos se hace un anlisis de alguna situacin o caso particular que,
a juicio del Programa, afecta la vigencia de los derechos del pueblo o comunidad indgena de que trata.
En la parte final de este informe se incluye una serie de anexos que contienen antecedentes que estimamos pueden ser de utilidad para una mejor
comprensin de la situacin de los derechos de los pueblos originarios que
habitan en el pas y de las perspectivas para su reconocimiento futuro.
Aunque se considera que los huilliche son parte integrante del pueblo mapuche, se ha decidido en
este informe abordar su situacin en captulos separados dada la especificidad de su historia y de su
realidad actual. En razn del mismo criterio, tambin se ha decidido tratar la realidad de los huilliche
de Valdivia y Osorno y la de los huilliche de la Isla Grande de Chilo en forma separada.
No se ha incluido en este informe un anlisis de la situacin de los derechos de los pueblos quechua
y diaguita del norte de Chile, debido a la falta de informacin de que disponemos. Esperamos
hacerlo en un prximo informe.
Muchos de los antecedentes contenidos en este documento corresponden a
informaciones proporcionadas directamente al Programa por personas, comunidades u organizaciones indgenas. Otros corresponden a informaciones
proporcionadas por organismos pblicos cuyo trabajo se orienta a los pueblos
indgenas, entre estos CONADI, Coordinacin de Poltica Indgena (Subsecretara
de MIDEPLAN), MINEDUC, Programa Orgenes y Defensora Penal Mapuche.
Otros antecedentes han sido entregados por organizaciones no gubernamentales
que trabajan con pueblos indgenas. Finalmente, parte de la informacin ha sido
recabada de la prensa o de medios electrnicos que son de acceso pblico. Agradecemos a todas las personas e instituciones que han aportado la informacin
necesaria para la preparacin de este informe. Agradecemos en especial la confianza de organizaciones y personas indgenas que nos han proporcionado valiosa
informacin sobre situaciones complejas, a veces dolorosas, que les involucran en
forma individual o comunitaria. Ello con el objeto de dar cuenta de su realidad al
Programa. Esperamos hacer en este informe un buen uso de dicha informacin.
El informe que aqu se presenta ha sido elaborado por el equipo de investigadores del Programa de Derechos Indgenas. Participaron en la preparacin
de los distintos captulos que lo integran: Jos Aylwin (abogado), Brbara Eytel
(periodista), Elsa Gonzlez (antroploga), Karinna Gonzlez (estudiante de
antropologa), Alejandro Herrera (antroplogo), Danko Jaccard (abogado),
Anne Lavanchy (antroploga), Fabien Le Bonniec (antroplogo), Rodrigo Lillo (abogado), Eduardo Mella (asistente social), Blaise Pantel (socilogo), Mara
del Rosario Salamanca (abogada), Rubn Snchez (programador) y Jaime Soto
(antroplogo), todos ellos desde Temuco.
A ello se agrega la participacin desde Santiago de Elas Pailln (estudiante
de periodismo) y Nancy Yez (abogada) y de Marco Cabaa (contador auditor) desde Arica. Para la elaboracin de los captulos relativos a los aymara,
colla, huilliche de Chilo y pueblos australes, respectivamente, se ha pedido
colaboracin especial a Jorge Vergara (antroplogo y doctor en sociologa) y
Luis Godoy (socilogo), ambos del Instituto Isluga de la Universidad Arturo
Prat de Iquique; a Ral Molina (gegrafo) de Tepu Consultores; a Manuel
Muoz (antroplogo) y Ana Olivera (abogada) en Chilo; y a Andrs Iglesias
(antroplogo) en Magallanes. A ellos tambin expresamos nuestros agradecimientos por su valioso aporte.
La autora de este informe, as como la responsabilidad por sus contenidos,
es del Programa de Derechos Indgenas.
La elaboracin de este informe no hubiese sido posible sin la generosa colaboracin de la Fundacin Ford y la Embajada de Gran Bretaa en Chile,
entidades a las que agradecemos su apoyo.
Esperamos que esta investigacin entregue elementos para el debate que
hoy existe en el pas sobre la relacin pueblos indgenas-estado, que contribuya a la construccin de una mayor conciencia en la sociedad chilena y el estado
sobre la compleja situacin que viven los pueblos indgenas en Chile y que
aporte al logro de mayores niveles de reconocimiento jurdico y vigencia material de sus derechos.
JOS AYLWIN
Cooordinador
Programa de Derechos Indgenas
Instituto de Estudios Indgenas
Universidad de La Frontera
Temuco, diciembre de 2003.
Captulo I
Legislacin aplicable a los
pueblos indgenas en Chile
1. Ley indgena No 19.253 de 1993
Durante la segunda mitad de la dcada de los ochenta, en forma coincidente con el ocaso del gobierno militar, las organizaciones ms representativas de
los mapuche, aymara y rapa nui levantaron un conjunto de demandas para proteger sus derechos amenazados, en particular el derecho a la tierra, as como
para exigir el establecimiento de una nueva relacin con el estado. Entre los
ejes centrales de estas demandas destacaban el reconocimiento de la diversidad tnica y cultural hasta entonces negada en el pas; la participacin de sus
representantes en la conduccin de la poltica indgena del estado; la proteccin legal de sus tierras y aguas; el otorgamiento de tierras fiscales o de tierras
particulares adquiridas por el estado con el objeto de poner fin al proceso histrico de jibarizacin de sus comunidades y permitir la ampliacin de sus
tierras; y el apoyo al desarrollo econmico y cultural de sus pueblos y comunidades (CEPI, 1991).
Luego del trmino del rgimen militar de Pinochet, la Comisin Especial
de Pueblos Indgenas (CEPI) creada por el primer gobierno de la Concertacin
en 1990 (Aylwin), elabor un anteproyecto de reforma legal y constitucional
sobre la materia. En base a las propuestas de la CEPI, el ejecutivo envi al
Congreso Nacional (1991) tres iniciativas para su estudio: un proyecto de ley
que contena una parte importante de las demandas indgenas antes reseadas,3 otro de reforma constitucional relativa a los pueblos indgenas y un
proyecto para la ratificacin del Convenio N 169 de la Organizacin Internacional del Trabajo (OIT). Tales iniciativas no encontraron en los partidos de
oposicin representados en el Congreso Nacional la acogida que esperaban las
organizaciones indgenas. El proyecto de ley fue aprobado en el Parlamento
3
Algunas de estas demandas, como aquellas relativas al reconocimiento de la territorialidad indgena
y a los derechos sobre recursos del suelo y subsuelo, no fueron recogidas en dicho proyecto de ley.
en 1993 (Ley N 19.253 de octubre de 1993, sobre Proteccin, Fomento y Desarrollo de los Indgenas) con modificaciones que debilitaron sus contenidos.
La iniciativa para el reconocimiento constitucional a los pueblos indgenas,
as como la ratificacin del Convenio N 169 de la OIT (1989) relativo a sus
derechos, no contaron con el apoyo de los parlamentarios y, como veremos
ms adelante en este informe, hasta la fecha siguen sin ser aprobados.
1.1 Principales contenidos de la ley N 19.253 de 1993
Entre los derechos ms importantes reconocidos en esta ley a los indgenas,
sus etnias y comunidades, destacan los siguientes:
a. Derechos polticos y participatorios
En materia de derechos polticos y participatorios, la ley de 1993 intent
poner trmino a la marginacin de que los indgenas en Chile haban sido
objeto en el pasado. Respondiendo a la demanda dominante del movimiento
mapuche en la poca, la ley promovi la organizacin legal de los indgenas y
de sus comunidades, la participacin en la instancia creada para la coordinacin de la poltica indgena del estado (CONADI) y la consulta a las
organizaciones indgenas por parte de los organismos pblicos en aquellas
materias que les ataen.
Recuadro 1
Sntesis de las principales disposiciones de la ley 19.253 que consagran
derechos polticos y participatorios indgenas
Se reconoce a los indgenas, a sus principales etnias y comunidades (mapuche,
aymara, rapa nui o pascuense, comunidades atacameas, quechua y colla del norte del pas, las comunidades kawashkar o alacalufe y ymana o yagn de los canales
australes), el deber de la sociedad y del estado de respetar, proteger y promover el
desarrollo de los indgenas y sus culturas, y proteger sus tierras, adoptando medidas para tal efecto (art. 1);
Se promueve la constitucin de comunidades histricas, familiares o territoriales
(art. 9 y 10) y de asociaciones funcionales indgenas (art. 36 y 37), crendose un
mecanismo expedito para ello, dotndoseles de personalidad jurdica para su actuacin;
Se establecen las denominadas reas de desarrollo indgena (ADI), concibindolas como espacios territoriales en que los organismos de la administracin del
estado focalizarn su accin en beneficio del desarrollo armnico de los indgenas
y sus comunidades. Dichas ADI deben ser declaradas por MIDEPLAN a propuesta
10
de la CONADI, cuando concurren ciertos requisitos territoriales, demogrficos y/
o ambientales (arts. 26 y 27);
Se reconoce el derecho de los indgenas y de sus comunidades a la participacin
en la administracin de las reas silvestres protegidas (parques o reservas) ubicadas en reas de desarrollo indgena, correspondiendo a la CONAF o el SAG y la
CONADI, de comn acuerdo, determinar la forma y alcance de esta participacin
y los derechos de uso de los indgenas (art. 35);
Se reconoce el derecho de las comunidades a ser consultadas y a otorgar o no su
consentimiento en forma previa a la excavacin de sus cementerios histricos (art.
29 letra c);
-Se establece que los servicios de la administracin del estado y las organizaciones
de carcter territorial, cuando traten materias que tengan injerencia o relacin con
cuestiones indgenas, debern escuchar y considerar la opinin de las organizaciones indgenas que reconoce la ley (art. 34);
Se establece como una de las funciones primordiales de la Corporacin Nacional
de Desarrollo Indgena (CONADI) el promover e impulsar la participacin de las
personas y comunidades indgenas en la vida nacional (artculo 39);
Se prev la participacin indgena en el Consejo Nacional de CONADI, rgano
mximo de esta entidad encargado de la conduccin de la poltica indgena del
estado, integrado por, adems del Director Nacional designado por el Presidente
de la Repblica y de ocho representantes de gobierno, ocho representantes indgenas, cuatro mapuche, un aymara, un atacameo, un rapa nui y uno con domicilio en
un rea urbana del territorio nacional. Tales representantes sern designados, a
propuesta de las comunidades y asociaciones indgenas, por el Presidente de la
Repblica de acuerdo con un reglamento que se dictar para estos efectos (Decreto
Supremo N 464 de 25 de octubre de 1994) (arts. 38 a 42);
Se establece que en cada Sub-Direccin de CONADI existir un Consejo Indgena
que cumplir funciones de participacin y consulta (art. 46).
Finalmente, en materia de costumbre indgena y de su aplicacin ante la justicia,
dispone que la costumbre hecha valer en juicio entre indgenas pertenecientes a
una misma etnia, constituir derecho, siempre que no sea incompatible con la Constitucin Poltica de la Repblica. En lo penal se la considerar cuando ello pudiere
servir como antecedente para la aplicacin de una eximente o atenuante de responsabilidad (artculo 54);
b. Derecho a la tierra
En materia de tierras, la ley intent poner trmino al proceso divisorio de
las comunidades reduccionales mapuche impulsado a contar de la dcada de
1920 y que tuvo graves consecuencias (desposeimiento, migracin, pobreza)
para quienes las integraban. Pretendi, adems, posibilitar el reconocimiento
de los derechos que los indgenas tienen sobre las tierras que han ocupado
histricamente y que poseen, e impuls su proteccin para impedir que fuesen
11
enajenadas y traspasadas a no indgenas, tal como haba ocurrido en el pasado.
Finalmente, abri posibilidades para la ampliacin de las tierras de los indgenas, las que a la poca eran claramente insuficientes para garantizar la
subsistencia cultural y material de las comunidades, abrindose a modalidades de mercado (adquisicin de predios va subsidio o en casos de conflicto) y
al traspaso de tierras fiscales para estos efectos.
Recuadro 2
Sntesis de las principales disposiciones de la ley 19.253
relativas a tierras y aguas indgenas
Reconoce que para las denominadas etnias indgenas, la tierra es el fundamento
principal de su existencia y cultura. Establece entre uno de los deberes del estado y
la sociedad en general proteger las tierras indgenas, velar por su adecuada explotacin, su equilibrio ecolgico y propender a su ampliacin (art.1);
Identifica las tierras indgenas, incorporando en esta categora las que provienen de
toda clase de ttulos emanados del estado. Son tierras indgenas adems aquellas
que por ocupacin histrica sean inscritas a futuro en el registro de tierras creado por
la ley, las que sean declaradas a futuro como pertenecientes a comunidades y las que
los indgenas y sus comunidades reciban a futuro a ttulo gratuito del estado (art. 12);
Otorga proteccin jurdica a dichas tierras indgenas, de propiedad individual o
colectiva, al disponer que estarn exentas del pago de contribuciones. La ley establece adems que, por exigirlo el inters nacional, las tierras indgenas no podrn
ser enajenadas, embargadas, gravadas, ni adquiridas por prescripcin, salvo entre
comunidades o personas de una misma etnia (art. 13). Tampoco podrn ser arrendadas en el caso de las tierras de comunidades y solo por un plazo no superior a
cinco aos en el caso de las tierras de propiedad individual.
Adems, solo podrn permutarse por tierras de no indgenas de similar valor con
la autorizacin de la CONADI, las que se considerarn tierras indgenas. La CONADI abrir y mantendr un registro de tierras, en el que se inscribirn las tierras
de que trata el artculo 12 (art. 15). En cuanto a la divisin de las tierras comunitarias provenientes de ttulos de merced, la ley establece que se requerir de solicitud
formal al juez competente de la mayora absoluta de los titulares de derechos hereditarios en ella (art. 16), y que las tierras resultantes de la divisin de comunidades
sern indivisibles, aun en el caso de sucesin por causa de muerte (art. 17);
Establece como mecanismo para proveer la ampliacin de las tierras indgenas el
Fondo de Tierras y Aguas. En lo sustancial, establece que dicho fondo ser administrado por la CONADI con el objeto de: a) otorgar subsidios para la adquisicin
de tierras por personas y comunidades indgenas cuando la superficie de que dispongan sea insuficiente; b) financiar mecanismos que permitan la solucin de
problemas de tierras, en especial con motivo del cumplimiento de resoluciones o
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transacciones judiciales o extrajudiciales que recaigan sobre tierras indgenas; y c)
financiar la constitucin, regularizacin o compra de derechos de agua o financiar
obras destinadas a obtener este recurso (art. 20).
Los recursos de este fondo estarn compuestos por aquellos que anualmente disponga la ley de presupuesto con este objeto, adems de aquellos provenientes de la
cooperacin internacional, aportes de particulares, organismos pblicos y privados, devoluciones contempladas en el artculo 22 de esta ley, las rentas que
devenguen los bienes del estado, as como por las tierras, predios o propiedades
que reciba del estado (art. 21). Las tierras no indgenas y aguas adquiridas con este
fondo no podrn ser enajenadas a por 25 aos desde su inscripcin (art. 23);
c. Derechos culturales
La demanda indgena por el reconocimiento de sus derechos culturales y
lingsticos, y para revertir las polticas asimilacionistas que fueran desarrolladas por el estado chileno desde su creacin, llevaron al ejecutivo a incorporar
en su propuesta de ley una serie de disposiciones tendientes a su afirmacin y
proteccin.
Aunque no todas ellas seran incluidas en el texto aprobado por el Congreso, cabe destacar las disposiciones legales tendientes al reconocimiento de ...el
derecho de los indgenas a mantener y desarrollar sus propias manifestaciones culturales, en todo lo que no se oponga a la moral, a las buenas costumbres
y al orden pblico, as como aquella que reconoce el deber del estado de promover las culturas indgenas (art. 7).
La ley adems sanciona como falta la ...discriminacin manifiesta e intencionada en contra de los indgenas, en razn de su origen y su cultura (art. 8).
Por otro lado promueve el reconocimiento, respeto y proteccin de las culturas e idiomas indgenas a travs de, entre otros mecanismos, el impulso de los
idiomas indgenas en reas de alta densidad de poblacin indgena; la inclusin de tales culturas e idiomas en el sistema educativo nacional; su difusin a
travs de los medios de comunicacin; y la promocin de las expresiones artsticas y culturales indgenas, as como la proteccin de su patrimonio material e
histrico (art. 28). Adems, contempla el desarrollo de un sistema de educacin intercultural bilinge en reas de alta densidad indgena (art. 32).
Finalmente considera la destinacin de recursos para el desarrollo de un programa de becas indgenas (art. 33).
d. Derecho al desarrollo
La responsabilidad del estado en el apoyo a la superacin de la marginalidad econmica y social a la que haban sido confinados los mapuche a travs de
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la poltica de la reduccin, fue tambin una de las demandas centrales de los
indgenas en el proceso de discusin legislativa. Intentando abordar esta demanda, la ley establece la obligacin de la sociedad y del estado en la promocin
del desarrollo de los indgenas, sus familias y comunidades (art. 1 inc. 3).
Como mecanismo especfico para abordar esta materia, la ley crea un Fondo de Desarrollo Indgena, cuyo objeto ser financiar programas especiales
dirigidos al desarrollo de las personas y comunidades indgenas. Entre los
objetivos de este fondo que podr operar a travs de planes de crdito, sistemas de capitalizacin y subsidio para comunidades y personas indgenas la
ley prev la superacin del minifundio, la adquisicin de derechos sucesorios,
la recuperacin de tierras degradadas o la diversificacin de su produccin, la
obtencin de concesiones y autorizaciones de acuicultura y pesca y la adquisicin de utensilios de pesca artesanal. El fondo ser financiado a travs de
recursos de la ley anual de presupuesto y de la cooperacin internacional, y
ser administrado por CONADI (art. 23). En este mismo mbito tambin cabe
mencionar las disposiciones relativas a las ADI a que antes se hiciera referencia (arts. 26 y 27).
e. Disposiciones complementarias relativas a etnias diferentes de la
mapuche
A diferencia de la legislacin dictada en Chile en el pasado en relacin con
indgenas, sta es una ley aplicable a las distintas etnias indgenas del pas
(mapuche huilliche, aymara, atacameos, quechua, colla, rapa nui o pascuense,
kawashkar o alacalufe y ymana o yagn de los canales australes) as como a los
indgenas urbanos y migrantes (arts. 60 a 77).
La mayor parte de estas disposiciones complementarias intentan dar proteccin y reconocimiento de tierras (y aguas) indgenas para pueblos cuyas
tierras no haban sido objeto de reconocimiento o regulacin jurdica en el pasado. Otras reconocen la autoridad tradicional indgena en el mbito de su
territorio (cacicado huilliche segn el art. 61) o establecen instancias de participacin indgena en la definicin de su propio desarrollo (Comisin de
Desarrollo de Isla de Pascua creada por el art. 67). Finalmente, algunas intentan orientar la accin del estado para proveer al desarrollo de los indgenas
(arts. 73 y 74 referidos a los indgenas de los canales australes). Un anlisis ms
detallado de esta normativa complementaria puede ser encontrado a lo largo
de este informe en los captulos que tratan sobre cada pueblo o comunidad en
particular.
14
2. Anlisis crtico de la ley No 19.253
No obstante los avances que introduce esta legislacin, ella resulta insuficiente en relacin a las demandas formuladas por el movimiento indgena al
momento de la discusin de la ley, as como a los contenidos del proyecto de
ley elaborado con la participacin de sus representantes y sometido al conocimiento del Congreso Nacional en 1991. Ms importante aun, ella tambin resulta
claramente insuficiente, como veremos ms adelante, al comparar sus contenidos con aquellos establecidos en aos recientes por el derecho internacional
y el derecho comparado relativo a los derechos humanos en general y a los
pueblos indgenas en particular.
2.1 Restricciones de la ley en relacin a las demandas indgenas
y al proyecto de ley
Fueron numerosas las restricciones introducidas a esta ley durante su debate en el Congreso Nacional. As, en materia de tierras, el Congreso Nacional
debilit la proteccin de las tierras indgenas al aumentar el plazo de duracin
de los contratos para su arrendamiento de dos a cinco aos (art. 13 inc. 4);
autoriz en el mismo artculo la permuta de tierras indgenas por tierras no
indgenas, y elimin la obligacin de CONADI de escuchar a la comunidad
antes de autorizar la enajenacin de tierras de personas naturales indgenas
(art. 13 b proyecto).
Por otro lado, el concepto de territorialidad indgena que se encontraba
tmidamente incorporado en el proyecto de ley a travs de la figura de las
reas de desarrollo indgena (ADI), no fue incluido en la ley aprobada debido
a los temores de fragmentacin del estado de los sectores ms conservadores
del Parlamento. La ley indgena aprobada por el Congreso modific en sus
artculos 26 y 27 la redaccin del artculo 24 del proyecto de ley en que se
estableca que las reas de desarrollo indgenas eran reas inseparables con
su existencia y desarrollo y otorgaba a la CONADI la facultad de sealar criterios de planes, programas y proyectos a realizarse en ellas, y expresar su
opinin desfavorable a tales proyectos.
El derecho de los indgenas a no ser trasladados de sus tierras y a ser consultados antes de que dicho traslado excepcionalmente se verificara, tampoco
fue respetado al eliminarse el artculo 25 del proyecto que lo estableca. Finalmente, los derechos de los indgenas sobre sus recursos naturales no fueron
reconocidos al eliminarse la disposicin que estableca que los titulares de tierras indgenas, en igualdad de condiciones con otros interesados, tendran
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derechos preferentes para la constitucin de derechos de agua, mineros y de
aprovechamiento y manejo de recursos forestales, uso de riberas, en tierras
indgenas y aguas colindantes (art. 18 del proyecto).
En materia de derechos polticos y participatorios, la ley aprobada en 1993
ech por tierra muchas de las demandas de los pueblos indgenas, las que en
consonancia con las tendencias del derecho internacional y comparado, decan relacin con el reconocimiento de su carcter de pueblos al interior del
estado chileno y de los derechos colectivos participacin, autonoma, autogestin que son inherentes a este carcter.
Como es sabido, la ley no reconoci a los indgenas el carcter de pueblos,
sino solo de etnias y de comunidades. La negacin de su identidad como pueblos gener y sigue generando frustracin, no solo entre los mapuche, sino
entre los pueblos indgenas en general. Ella es vista como la incapacidad de la
sociedad chilena de aceptar su existencia como agrupaciones sociopolticas y
culturales preexistentes al estado chileno y diferentes del resto de la sociedad.
La ley tampoco acogi la demanda indgena relacionada con la autogestin
econmica ni con la autonoma relativa en el mbito de la justicia. En el primer
plano, no estableci derechos que permitiesen a los indgenas y a sus comunidades definir el tipo de desarrollo a impulsar en sus reas tradicionales. Ejemplo
de ello es que no contempl formas de participacin indgena en la administracin de las ADI. Solo reconoce una participacin indgena, mediatizada por
la decisin del ejecutivo, en el Consejo Nacional de la CONADI. Ello, adems
de una limitada participacin de carcter consultivo en las decisiones de los
servicios de la administracin del estado y en la administracin de las reas
protegidas ubicadas en las ADI.
En el segundo plano, el reconocimiento hecho por la ley de la costumbre
indgena contrasta significativamente con aquel contenido en el proyecto de
ley presentado al Congreso Nacional. En este proyecto se reconoca la existencia y validez del derecho consuetudinario y la costumbre de los pueblos
indgenas, agregando adems que al aplicarse la legislacin a estos pueblos
debern tomarse debidamente en consideracin las costumbres y derechos.
Tambin se especificaba su naturaleza y sus lmites al disponer que ... los
pueblos indgenas... tendrn derecho a conservar sus costumbres e instituciones propias, siempre que stas no sean incompatibles con los derechos
fundamentales reconocidos en la Constitucin Poltica del Estado y en los tratados internacionales ratificados por Chile... (artculo 59 proyecto).
En el mismo proyecto se propona la figura de los Jueces de Paz indgenas
para la resolucin de conflictos de menor cuanta al nivel comunitario, segn
la costumbre y el derecho consuetudinario. Los Jueces de Paz utilizaran la
16
costumbre o derecho consuetudinario como elemento fundamental para resolver los conflictos sometidos a su conocimiento (arts. 91 y 93 proyecto). Dicha
propuesta tampoco fue recogida por el Congreso en el texto aprobado.
Finalmente, cabe hacer una mencin al reconocimiento por la ley de las
comunidades y asociaciones como instancias de organizacin indgena. En el
primer caso, el texto aprobado (art. 10 inciso segundo) permite la conformacin de una comunidad legal con solo un tercio de los indgenas mayores de
edad y un mnimo de diez personas, abriendo las puertas como veremos ms
adelante a la divisin de comunidades mapuche surgidas de los ttulos de
merced otorgados por el estado. En el segundo caso, la limitacin a la que
quedaron sometidas las asociaciones indgenas que tienen la prohibicin de
asumir la representacin de las comunidades indgenas (art. 35) obstaculiza
el proceso de federacin de los mapuche y de otros pueblos en reas territoriales de alta densidad de poblacin indgena.
En materia de derechos culturales, se supedita el derecho de los indgenas
al desarrollo de sus manifestaciones culturales a la moral y buenas costumbres
y orden pblico de la sociedad chilena, lo que denota el reconocimiento de las
culturas indgenas como culturas subordinadas.
La discriminacin es sancionada solo como una falta, con una sancin de
multa que resulta inefectiva para eliminar una prctica cultural arraigada en
la sociedad chilena. Por otro lado, muchos de los mecanismos para el reconocimiento, respeto y proteccin de las culturas e idiomas indgenas contenidos en
la ley (art. 28) son de carcter programtico y no exigibles por los indgenas en
caso de incumplimiento por parte del estado. La educacin intercultural bilinge establecida por la ley no cuenta con un mecanismo legal de asignacin
presupuestaria que permita el impulso de programas para su materializacin,
a diferencia de lo ocurrido en materia de tierras y aguas y de desarrollo indgena en que se consignan fondos especiales para su implementacin.
Finalmente, las disposiciones relativas al desarrollo indgena son muy generales. No se especifica en ellas la orientacin que se dar al Fondo de
Desarrollo (FDI). No se vincula en forma directa este fondo con el de Tierras y
Aguas Indgenas (FTAI) creado por ley. No se consagra la participacin indgena en las ADI como anteriormente fue sealado. Nada se seala en relacin
con el derecho de los indgenas a ser consultados y a participar en la toma de
decisiones en planes de desarrollo pblicos o privados a ser ejecutados en sus
tierras o territorios colindantes.
17
2.2 Insuficiencias en relacin al derecho internacional sobre
pueblos indgenas
Las limitaciones de esta legislacin quedan en evidencia al analizar los contenidos del derecho internacional relativo a los pueblos indgenas y a quienes
los integran. Si bien el derecho internacional en esta materia es nuevo en el
tiempo,4 ste ha alcanzado un importante desarrollo en las ltimas dcadas
tanto en el sistema de la Organizacin de Naciones Unidas (ONU) como en el
mbito de la Organizacin de Estados Americanos (OEA).
A contar de la dcada de los 80, producto de la presin indgena por el reconocimiento de su especificidad tnica y cultural, se comienzan a abrir espacios
para los derechos de los pueblos originarios en los foros internacionales. Particular importancia tiene en este sentido la creacin en 1982 del Grupo de Trabajo
sobre Poblaciones Indgenas,5 el que dio impulso al debate internacional sobre
la materia. Este grupo tena como mandato la elaboracin de un conjunto de
estndares o principios sobre los derechos de los pueblos indgenas.
En el mismo perodo se desarroll un proceso de revisin del Convenio
No 107 de la OIT6 que culmin en 1989 con la aprobacin por esta entidad del
Convenio No 169 de la OIT sobre Pueblos Indgenas y Tribales en Pases Independientes. Dicho convenio establece un conjunto de derechos polticos,
econmicos, sociales, culturales y territoriales que corresponden a los pueblos indgenas al interior de los estados.
En el mbito poltico, reconoce a los pueblos originarios como tales y no
como poblaciones (como lo haca el Convenio No 107), adems de un conjunto
de derechos de participacin en la definicin de sus propios asuntos y de autogobierno al interior de los estados. El mismo convenio reconoce a estos pueblos
4
En la ONU, tanto la carta de esta entidad como la Declaracin Universal de Derechos Humanos de
mediados del siglo XX pusieron nfasis en los derechos individuales y no en los derechos colectivos
de los pueblos. Consecuentemente con ello, no hicieron referencia a los derechos de los pueblos
indgenas. Tampoco lo hicieron expresamente los Pactos de Derechos Civiles y Polticos y
Econmicos, Sociales y Culturales aprobados por la ONU en 1966. Ellos reconocieron en su artculo
1 comn el derecho a la libre determinacin de los pueblos, derecho entonces orientado a los
pueblos en proceso de descolonizacin y no a los pueblos indgenas. El primer pacto (PIDCP)
tambin se refiere en su artculo 27 al derecho de quienes integran las minoras tnicas, religiosas y
lingsticas, en comn con los dems miembros de su grupo, a tener su propia vida cultural, practicar
su propia religin y emplear su propio idioma. No se hace mencin alguna a los pueblos indgenas,
los que por razones histricas, polticas y en algunos casos demogrficas (como en Bolivia y Guatemala por ejemplo), no se consideran como minoras.
Este grupo fue creado por la Sub-Comisin para la Prevencin de la Discriminacin y Proteccin
de las Minoras del Consejo Econmico Social de la ONU.
El Convenio No. 107 de la OIT (1957) sobre Proteccin e Integracin de las Poblaciones Indgenas.
18
derechos de propiedad y de posesin sobre las tierras que tradicionalmente
ocupan. Junto con ello, introduce el concepto de territorios indgenas, que cubre la totalidad del hbitat de las regiones que ocupan o utilizan de alguna
manera, reconocindoles derechos sobre los recursos naturales, incluyendo su
participacin en la utilizacin, administracin y conservacin de dichos recursos, y el derecho a no ser trasladados de ellos sin su consentimiento.
Recuadro 3
Principales disposiciones del Convenio 169 de la OIT (1989).
Definicin
Sostiene en su artculo 1 b que el convenio se aplica a los pueblos en pases independientes, considerados indgenas por el hecho de descender de poblaciones que
habitan en el pas o en una regin geogrfica a la que pertenece el pas en la poca
de la conquista o la colonizacin o del establecimiento de las actuales fronteras
estatales y que, cualquiera sea su situacin jurdica, conservan todas sus propias
instituciones sociales, econmicas, culturales y polticas, o parte de ellas.
Derechos polticos
En su prembulo establece como principio central la necesidad de eliminar la
orientacin hacia la asimilacin de las normas anteriores (referencia al Convenio
107 de la misma OIT), y reconoce las aspiraciones de esos pueblos a asumir el
control de sus propias instituciones y formas de vida y de su desarrollo econmico
y a mantener y fortalecer sus identidades, lenguas y religiones, dentro del marco
de los Estados en que viven. Reconoce a los pueblos indgenas como tales y no
como poblaciones, como lo haca el Convenio N 107 (art. 1.1.). 7
El convenio reconoce a los pueblos indgenas derechos de participacin al disponer que los gobiernos debern asumir la responsabilidad de desarrollar, con la
participacin de los pueblos indgenas, una accin coordinada y sistemtica con
miras a proteger los derechos de esos pueblos y garantizar el respeto de su integridad (art. 2.1); consultar a los pueblos interesados, mediante procedimientos
apropiados y en particular a travs de sus instituciones representativas, cada vez
que se prevean medidas legislativas o administrativas susceptibles de afectarles
directamente (art. 6.1); y establecer los medios a travs de los cuales los pueblos
interesados puedan participar libremente, por lo menos en la misma medida que
otros sectores de la poblacin, y a todos los niveles en la adopcin de decisiones en
instituciones electivas y organismos administrativos y de otra ndole responsables
de polticas y programas que les conciernan (art. 6.2).
No obstante, limita el sentido de esta denominacin al afirmar que la utilizacin del trmino
pueblos no deber interpretarse en el sentido de que tenga implicacin alguna en lo que atae a los
derechos que pueda conferirse a dicho trmino en el derecho internacional. (art. 1.3).
19
Adems, reconoce a estos pueblos derechos de autogestin y autogobierno al disponer que ellos debern tener el derecho de decidir sus propias prioridades en lo
que atae al proceso de desarrollo, en la medida en que ste afecte sus vidas, creencias, instituciones y bienestar espiritual y a las tierras que ocupan o utilizan de
alguna manera, y de controlar, en la medida de lo posible, su propio desarrollo
econmico, social y cultural (art. 7.1.); que al aplicrseles la ley nacional debern
tomarse debidamente en consideracin sus costumbres o derecho
consuetudinario(art. 8.2); y que tendrn derecho de conservar sus costumbres e
instituciones propias, siempre que stas no sean incompatibles con los derechos
fundamentales definidos por el sistema jurdico nacional ni con los derechos humanos internacionalmente reconocidos (art. 8.2).
A ello debe agregarse un conjunto de normas, tales como los artculos 22, 23, 25 y
27, que establecen la necesidad de que los gobiernos proporcionen a los pueblos
indgenas los medios y el apoyo necesario para que asuman progresivamente el
control en reas tales como formacin profesional, tcnicas tradicionales y artesanas, salud y educacin.
Derechos territoriales.
En este mbito el convenio dispone que los gobiernos debern respetar la importancia especial que para las culturas y valores espirituales de los pueblos interesados
reviste su relacin con las tierras y territorios, o con ambos, segn los casos, que
ocupan o utilizan de alguna manera, y en particular los aspectos colectivos de esta
relacin.. (art. 13.1). El convenio agrega al concepto de tierras indgenas el de territorios, concepto que cubre la totalidad del hbitat de las regiones que los pueblos
indgenas ocupan o utilizan de alguna otra manera (art.13.2).
En cuanto a la tierra indgena, dispone que deber reconocerse el derecho de estos
pueblos a la propiedad y posesin sobre las tierras que tradicionalmente ocupan
y tomarse medidas para salvaguardar el derecho de los pueblos interesados a
utilizar tierras que no estn exclusivamente ocupadas por ellos, pero a las que hayan tenido tradicionalmente acceso para sus actividades tradicionales y de
subsistencia (art.14.1). Dispone adems, que los gobiernos debern tomar medidas para determinar las tierras que los pueblos interesados ocupan
tradicionalmente y garantizar la proteccin efectiva de sus derechos de propiedad
y posesin (art.14.2) e instituir procedimientos adecuados en el marco del sistema jurdico nacional para solucionar las reivindicaciones de tierras (art. 14. 3).
Se establece adems un conjunto de disposiciones que se refieren tanto a los derechos sobre la tierra como sobre los territorios indgenas. Entre ellas destaca la que
establece que debern protegerse especialmente los derechos de los pueblos indgenas a recursos naturales existentes en sus tierras, los que comprenden participar
en la utilizacin, administracin y conservacin de dichos recursos (art. 15.1). En
caso que pertenezca al estado la propiedad de los minerales o de los recursos del
subsuelo, los gobiernos debern establecer o mantener procedimientos con miras a
consultar a los pueblos interesados a fin de determinar si los intereses de esos pueblos seran perjudicados, y en qu medida, antes de emprender o autorizar cualquier
20
programa de prospeccin o explotacin de los recursos existentes en sus tierras Los
mismos pueblos debern participar siempre que sea posible en los beneficios que
reporten tales actividades, y percibir indemnizacin equitativa por cualquier dao
que puedan sufrir como resultado de esas actividades (art. 15.2).
Igualmente aplicables a las tierras y territorios indgenas son las disposiciones relativas al traslado. Como principio general, el convenio establece que estos pueblos no
debern ser trasladados de las tierras que ocupan (art.16.1). Excepcionalmente, cuando los traslados se consideren necesarios, solo podrn efectuarse con su
consentimiento, dado libremente y con pleno conocimiento de causa. Cuando no
haya aprobacin, el traslado y la reubicacin solo deber tener lugar al trmino de
procedimientos adecuados establecidos por la legislacin en que los pueblos interesados tengan la posibilidad de estar efectivamente representados (art. 16. 2).
A la fecha, este convenio ha sido ratificado por un total de 13 estados, 11 de
ellos en Latinoamrica.8 A pesar de la ambigedad de muchas de sus disposiciones que dejan al arbitrio de los estados la materializacin de muchos de los
derechos en l establecidos9 y de las limitaciones de los procedimientos de la
OIT para hacer exigibles los mismos derechos, sus implicancias particularmente en Amrica Latina han sido mltiples. Ha contribuido a los procesos
de reconocimiento legal y constitucional de los derechos de estos pueblos que
se han verificado en la mayora de los pases de la regin. Tambin ha servido
de base para el logro de acuerdos entre pueblos indgenas y estados, y sus
disposiciones han fundamentado decisiones de los tribunales de justicia en
diversos pases.
Aun cuando se trate de procesos todava inconclusos, es importante destacar los esfuerzos desarrollados durante los ltimos aos por la ONU y la OEA
con miras a aprobar declaraciones sobre los derechos de los pueblos indgenas. Los proyectos hasta ahora avanzados por ambas entidades internacionales
en forma separada, reconocen a estos pueblos importantes derechos polticos,
territoriales y culturales de carcter colectivo.
En 1994, la Sub Comisin de Prevencin de la Discriminacin y Proteccin
de las Minoras de la ONU adopt el Proyecto de Declaracin de las Naciones
Unidas sobre los Derechos de las Poblaciones Indgenas y, en 1997, la Comisin Interamericana de Derechos Humanos de la OEA aprob un Proyecto de
8
Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Paraguay y Per en Amrica del Sur. Ello adems
de Costa Rica, Guatemala, Honduras, Mxico en Amrica del Norte y Amrica Central.
Las disposiciones del convenio relativizan la obligacin de los estados al disponer que ella
corresponde a los gobiernos en la medida de lo posible (art. 7.1), siempre que haya lugar (art.
7.2), o cuando se consideren necesarios (art. 16.2).
21
Declaracin Americana sobre los Derechos de los Pueblos Indgenas. Ambos
profundizan en el reconocimiento y proteccin de los derechos polticos de los
indgenas al establecer que los pueblos originarios tienen derecho a la libre
determinacin de su condicin o estatus poltico y de su desarrollo econmico, social y cultural (art 3. PDONU y art. XV PDOEA). Dichos proyectos
reconocen como forma concreta de ejercer la libre determinacin, el derecho
de los pueblos indgenas a la autonoma o al autogobierno en cuestiones relacionadas con sus asuntos internos y locales (art. 31 PDONU y art. XV.1
PDOEA);10 adems de los derechos sobre sus tierras, territorios y recursos naturales que en ellos se encuentran, en trminos un poco ms imperativos que
el Convenio 169 de la OIT.
De importancia tambin para la determinacin de la naturaleza y alcance de
los derechos de los pueblos indgenas han sido los informes emanados de relatoras especiales de Naciones Unidas sobre la materia. Entre stos destacan el
Estudio sobre el problema de la discriminacin contra las poblaciones indgenas del Relator Martnez Cobo (1986),11 el Estudio sobre las poblaciones
indgenas y su relacin con la tierra de la Relatora Erica-Irene Daes (1999),12 y el
Estudio sobre los tratados, convenios y otros acuerdos constructivos entre los
estados y las poblaciones indgenas del Relator Miguel Alfonso Martnez (1999).
Lo mismo cabe sealar respecto del reciente nombramiento (2001) por un
perodo de tres aos de un Relator Especial sobre la situacin de los derechos
humanos y las libertades fundamentales de los indgenas. El Relator designado, Rodolfo Stavenhagen, cuyo mandato incluye recabar informacin relativa
a la violacin de los derechos indgenas y formular recomendaciones para prevenir y remediar tales atropellos, emiti en febrero de 2002 su primer informe
dando cuenta de los mltiples problemas jurdicos y polticos que inciden en
10
11
12
De acuerdo a estos proyectos, entre las materias sobre las cuales los pueblos indgenas pueden
ejercer estos derechos se identifican: cultura, religin, educacin, informacin, medios de
comunicacin, salud, vivienda, empleo, bienestar social, actividades econmicas, gestin de las
tierras y recursos, medio ambiente, acceso a las personas que no son miembros a su territorio, y
medios de financiar estas funciones autnomas.
Martnez Cobo define a los pueblos o naciones indgenas en su estudio como:
...los que, teniendo una continuidad histrica con las sociedades anteriores a la invasin y
precoloniales que se desarrollaron en sus territorios, se consideran distintos de otros sectores
de las sociedades que ahora prevalecen en esos territorios o en parte de ellos. Constituyen
ahora sectores no dominantes de la sociedad y tienen la determinacin de preservar, desarrollar
y transmitir a futuras generaciones sus territorios ancestrales y su identidad tnica como base
de su existencia continuada como pueblo, de acuerdo con sus propios patrones culturales, sus
instituciones sociales y sus sistemas legales (Martnez Cobo, 1986/7).
Presidenta-Relatora del Grupo de Trabajo sobre las Poblaciones Indgenas de las Naciones Unidas.
22
la violacin de los derechos indgenas (Stavenhagen, 2002). Ms recientemente, en su segundo informe como Relator (enero de 2003), constata las graves
consecuencias de los proyectos de desarrollo en gran escala en los derechos
humanos y las libertades fundamentales de los pueblos y las comunidades
indgenas en el mundo, incluido Chile (Stavenhagen, 2003).
Finalmente, en los ltimos aos se han realizado diversas conferencias
mundiales de Naciones Unidas de las cuales han emanado convenciones o
declaraciones que han subrayado dimensiones especficas de los derechos de
los pueblos indgenas. Es as como la Convencin de Diversidad Biolgica que
surgi de la Conferencia Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo de Ro
(1992) valor el aporte a la biodiversidad y protegi los conocimientos tradicionales indgenas, as como foment la distribucin equitativa de tales
conocimientos (art. 8 j).
La Declaracin de Beijing (1995) reconoci las dificultades que afectan a las
mujeres en el disfrute de sus derechos en razn de su origen tnico o por pertenecer a la poblacin indgena, llamando a intensificar los esfuerzos para garantizar
tales derechos en igualdad de condiciones con todas las mujeres (par. 18).
La Declaracin aprobada por la III Conferencia Mundial contra el Racismo,
la Discriminacin Racial, la Xenofobia y las formas conexas de Intolerancia, de
Durban (2001) reconoci la situacin de discriminacin y exclusin que en
muchos contextos afecta a los pueblos indgenas y reafirm la necesidad de la
adopcin de medidas legislativas, administrativas y judiciales para asegurar
plenamente sus derechos (par. 22, 23 y 24). El valor jurdico de las declaraciones no es el de una convencin, esto es, no son vinculantes. Sin embargo, ellas
han contribuido al establecimiento de principios del derecho internacional que
han tenido influencia en el desarrollo del derecho y de las polticas internas de
numerosos estados a nivel mundial, incluidos varios estados de Latinoamrica.
La doctrina y jurisprudencia del sistema interamericano de derechos
humanos
Si bien el sistema interamericano no cuenta aun con un instrumento especfico relativo a los indgenas y sus derechos, desde los aos setenta la Comisin
Interamericana de Derechos Humanos ha recibido y procesado centenares de
peticiones sobre situaciones que afectan a personas y comunidades indgenas
en el ejercicio de sus derechos consagrados en la Declaracin Americana de
Derechos y Deberes del Hombre de 1947, as como en la Convencin Americana sobre Derechos Humanos de 1969.
23
En respuesta a estas peticiones, la Comisin ha emitido numerosas resoluciones, informes13 y recomendaciones a los estados instndolos a respetar los
derechos humanos en las situaciones que involucran a los indgenas. Algunos
de estos casos han sido remitidos por la Comisin a la Corte Interamericana, la
que a travs de sus resoluciones ha contribuido al desarrollo de una jurisprudencia en materia de derechos indgenas de gran relevancia para los estados
de la regin.
Entre las principales materias sobre las cuales la Comisin, y en ocasiones
la Corte Interamericana, se han pronunciado desarrollando una doctrina y jurisprudencia relativa a los derechos humanos y los pueblos indgenas, se
encuentran el derecho a la vida, la libertad y la integridad personal, el derecho
de propiedad, la proteccin de la familia, el reclutamiento militar discriminatorio a indgenas y el derecho a la proteccin judicial.
En todas estas materias las instancias del sistema interamericano de derechos humanos han reconocido la necesidad de dar una proteccin especial a
los derechos fundamentales de los indgenas, dada su particular situacin de
vulnerabilidad. Asimismo, han reconocido la especificidad que estos derechos
tienen en el caso de los indgenas en razn de su diversidad cultural.14 La
naturaleza colectiva de los derechos indgenas, los que alcanzan no solo a los
individuos indgenas, sino que a las comunidades y pueblos, ha sido subrayada en numerosos informes, resoluciones y fallos (OEA, 2000).
Cabe hacer mencin especial al tratamiento que la Comisin ha dado a los
reclamos por el derecho de propiedad indgena. Ya en 1970, la comisin se refiri a la obligacin de defender las tierras indgenas (caso de los guahibos en
Colombia). En 1985 emiti una resolucin en el caso de los yanomami del noroeste de Brasil, recomendando delimitar y demarcar el Parque Yanomami, incluyendo
ms de 9 millones de hectreas de bosque amaznico, hbitat de aproximadamente 1.200 yanomami. Dado que Brasil entonces no haba ratificado la
convencin, el fallo se bas en el derecho a la vida, libertad, residencia y trnsito,
salud y bienestar de la Declaracin Americana de Derechos Humanos.
Posiblemente el caso ms importante abordado por el sistema interamericano
en esta materia ha sido el de la comunidad de Awas Tingni de la Costa Atlntica de
Nicaragua. Este caso se origin en una peticin hecha a la Comisin en 1995 alegando que el estado de Nicaragua no haba adoptado las medidas necesarias para
13
14
Destacan en este sentido los informes especiales sobre la situacin particular de los pueblos indgenas
en Colombia (1993 y 1999), Guatemala (1993), Ecuador (1997), Brasil (1997), Mxico (1998) y
Per (2000).
Reconoce por ejemplo la naturaleza diversa del concepto de propiedad y de familia de los indgenas.
24
asegurar el derecho a la tierra de las comunidades indgenas mayagna (Sumo) de
Awas Tingni y de otras comunidades indgenas de la Costa Atlntica de Nicaragua
frente a una concesin de explotacin maderera otorgada a una empresa coreana
por dicho estado. En 1998, se acogi la peticin de los indgenas y se interpuso una
demanda en contra del estado de Nicaragua ante la Corte. sta se refiere a la violacin por parte de dicho estado de los artculos 1 (obligacin de respetar los
derechos), 2 (deber de adoptar disposiciones de derecho interno), 21 (derecho a la
propiedad privada) y 25 (proteccin judicial) de la Convencin Americana en razn de la falta de demarcacin y de reconocimiento oficial del territorio de esta
comunidad. La Comisin tambin solicit a la Corte, en base al artculo 63 (1) de la
convencin, la reparacin de las consecuencias de la violacin.
Con fecha 31 de agosto de 2001, la Corte dict sentencia en este caso, concluyendo que Nicaragua viol el artculo 21 de la Convencin Americana en
perjuicio de los indgenas en conexin con los artculos 1.1 y 2 de la misma
convencin, condenndolo a que delimite, demarque y titule el territorio de
propiedad de la comunidad. El fallo de la Corte Interamericana dej establecido en sus considerandos el valor de la propiedad comunal de los pueblos
indgenas a la luz del artculo 21 de la Convencin Americana (par. 149), la
validez de la posesin de la tierra basada en la costumbre indgena, aun a falta
de ttulo, para que se les reconozca la propiedad sobre ellas (par. 151) y la
necesidad de que la estrecha relacin que los indgenas tienen con sus tierras
sea reconocida y comprendida como la base fundamental de sus culturas, su
vida espiritual, su integridad y su supervivencia econmica (par. 149).15
La tendencia establecida por los instrumentos internacionales antes sealados, as como por los estudios de Naciones Unidas y la jurisprudencia del
sistema interamericano de derechos humanos antes reseados, dejan en evidencia las restricciones de la ley 19.253 de 1993 a la hora de reconocer derechos
indgenas, en particular aquellos de carcter colectivo vinculados al territorio,
recursos naturales, y aquellos de naturaleza poltica que permiten a los pueblos indgenas mayor control de sus propios asuntos.
2.3 Insuficiencias en relacin a las tendencias del derecho comparado sobre pueblos indgenas
Dichas restricciones tambin se evidencian al analizar las tendencias de la
legislacin comparada en la materia. De particular relevancia son los procesos
de reconocimiento constitucional y legal de los derechos indgenas que se han
15
Corte Interamericana de Derechos Humanos, caso de la comunidad mayagna (Sumo) Awas Tingni
vs. Nicaragua, sentencia de 31 de agosto de 2001.
25
verificado en las ltimas dcadas en Amrica Latina. Producto de diversos
factores, entre los que destacan los procesos de organizacin y movilizacin
de los pueblos indgenas y de recuperacin democrtica en aos recientes, la
mayor parte de los estados de la regin ha introducido modificaciones en sus
ordenamientos jurdicos, reconociendo tanto los derechos colectivos de los
pueblos y comunidades indgenas, como los individuales de quienes los integran. Panam (1971), Nicaragua (1986), Brasil (1988), Colombia (1991), Mxico
(1992 y 2001), Guatemala (1992), El Salvador (1992), Paraguay (1992), Per
(1993), Argentina (1994), Bolivia (1994), Ecuador (1994 y 1998) y Venezuela
(1999) han elevado a rango constitucional los derechos de los pue-blos y/o de
las personas indgenas.
El carcter pluritnico y pluricultural de los estados y las sociedades que
los componen es recogido por diversos ordenamientos constitucionales. En
Colombia (1991) el estado reconoce y protege la diversidad tnica y cultural
de la nacin colombiana (Art. 7); en Per (1993) el estado reconoce y protege
la pluralidad tnica y cultural de la nacin (Art. 2 inc. 19); en Bolivia (1994) se
reconoce como ...libre, independiente, soberana, multitnica y pluricultural...
(Art. 1); y Ecuador (1998) se distingue en trminos similares como ...un estado social de derecho, soberano, unitario, independiente, democrtico,
pluricultural y multitnico.
La naturaleza colectiva de los pueblos indgenas es reconocida por Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador, Mxico, Paraguay y Venezuela.
El reconocimiento de las costumbres jurdicas o del derecho consuetudinario indgena, tanto en el sistema jurdico estatal como a travs de sistemas de
jurisdiccin indgena, es otro de los temas abordados por los ordenamientos
constitucionales de los pases andinos (Bolivia, Colombia, Ecuador y Per) y
por Paraguay y Mxico. En general, se reconoce el derecho de las autoridades
indgenas a ejercer funciones jurisdiccionales dentro de su mbito territorial
conforme a su costumbre o derecho consuetudinario, siempre que ste no sea
contrario a la constitucin y las leyes y/o a los derechos fundamentales. Se
subraya la necesidad de que la ley establezca las formas de coordinacin de
estas jurisdicciones especiales con el sistema jurdico estatal.
Otro de los aspectos de mayor desarrollo en los ordenamientos jurdicos antes referidos ha sido el de los derechos de los indgenas a la tierra (o sus territorios).
Tales derechos han sido especialmente reconocidos en las cartas fundamentales
de Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Paraguay, Per y Venezuela.
Muchos ordenamientos reconocen el derecho que los indgenas tienen a su
regularizacin (a la demarcacin en Brasil y Venezuela o el saneamiento en Bolivia) y a la proteccin de las tierras y/o territorios que habitan (inalienabilidad,
26
inembargabilidad, por nombrar algunos) en Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Paraguay y Venezuela, entre otros. Algunos ordenamientos
jurdicos (Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Venezuela) reconocen adems derechos de los pueblos indgenas (usufructo, consulta o beneficio)
sobre los recursos naturales (renovables)16 que se encuentran en sus tierras.
Otros reconocen el derecho de los indgenas de acceder a la tierra cuando carezcan de ella (Argentina, Paraguay y Guatemala). La mayora de los pases
analizados reconocen, por ltimo, en mayor o menor medida, los usos y costumbres de los indgenas en materia de tierras.
El derecho a la participacin poltica es recogido por los ordenamientos
jurdicos de la mayora de los estados de la regin. Se reconocen derechos de
participacin especial de los indgenas en Colombia, cuya Constitucin (1991)
establece un nmero adicional de dos senadores elegidos en circunscripcin
nacional indgena.
Finalmente, Colombia, Mxico y Nicaragua reconocen adems en sus constituciones el derecho de los pueblos indgenas a la autonoma, estableciendo
diversos mecanismos para su ejercicio.17 En el caso de Colombia, la Constitucin (1991) considera a los territorios indgenas como una de las entidades
territoriales del Estado. Tales entidades son autnomas para la gestin de sus
intereses, los que incluyen el gobierno por autoridades propias y la administracin de recursos y el establecimiento de tributos. Los territorios indgenas,
cuya conformacin queda entregada a la ley, sern gobernados por consejos
formados y reglamentados segn los usos y costumbres de sus comunidades
de acuerdo a la Constitucin de ese pas.
En el caso de Mxico, la Constitucin (2001) reconoce el derecho de los
pueblos indgenas a la libre determinacin y a la autonoma para decidir sus
formas internas de organizacin, aplicar sus sistemas normativos propios, dejando en lo central la determinacin de las caractersticas de tales derechos a
las entidades federativas.
En el caso de Nicaragua, la ley estableci en 1987 dos comunidades autnomas en la costa atlntica, reconociendo en ellas el derecho de los
indgenas a autogobernarse a travs de consejos regionales electos democrticamente.
16
17
En el caso de los recursos del subsuelo, estos quedan por regla general condicionados a la propiedad
que los estados tienen sobre los mismos de acuerdo con los ordenamientos constitucionales hoy vigentes.
Se reconoce en varios pases a los indgenas, en este ltimo caso, el derecho a ser consultados antes de
emprenderse la explotacin de dichos recursos (Brasil, Colombia, Ecuador, Nicaragua, Venezuela).
Panam, desde mediados del siglo XX, establece en su legislacin el derecho de los pueblos indgenas
al ejercicio de dicha autonoma poltica territorial a travs de la figura de las comarcas.
27
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de los derechos humanos y libertades fundamentales de los indgenas, ONU
Consejo Ecnomico Social, E/CN. 4/2003/90, 21 de enero de 2003.
28
Captulo II
Los derechos del pueblo aymara
1. Antecedentes histricos
1.1 El poblamiento aymara y sus orgenes
El primer antecedente fundamental de toda reconstruccin histrica del
pueblo aymara en Chile es su existencia anterior a la llegada de los conquistadores espaoles. De acuerdo a antecedentes arqueolgicos, la ocupacin aymara
de la zona de Tarapac tuvo lugar hacia los siglos XII y XIII, provocando cambios lingsticos de considerable amplitud entre la poblacin de habla puquina
instalada previamente en la zona. Un grado de incorporacin cultural menor
se habra producido entre los grupos pescadores. Aparentemente, las poblaciones aymara inmigrantes no estuvieron unificadas polticamente. Ello habra
ocurrido ms tardamente, durante la irrupcin inca. Dichas poblaciones mantenan relaciones con seoros cuyas cabeceras polticas se encontraban en el
altiplano de los actuales departamentos de La Paz y Oruro, en Bolivia (Gonzlez y Gundermann, 1997).
De esta manera, el rea presentaba un panorama multitnico, especialmente en los sectores bajos ms prximos a la costa:
En el litoral se encontraban los grupos de cazadores-recolectores (changos o kamanchakas) que, adems de aprovechar los variados recursos
marinos, practicaban tambin alguna actividad agrcola en la parte inferior de valles aledaos a sus asentamientos.
En los valles estaban las poblaciones agrcolas. En este caso se encontraban los grupos locales (los yungas de la costa) y los asentamientos
aymara que habran irrumpido en la zona alrededor de los siglos XII y
XIII. Junto a ellos se encontraban algunos funcionarios y personal de
servicio quechua, que cumplan funciones administrativas desde el momento en que el inca Yupanqui pusiera su dominio en la zona.
29
Adicionalmente, a fines del rgimen incaico, se establecieron en Tarapac 640 mitimaes de una poblacin equivalente a 2.797 personas que, sumadas a
la poblacin local de 3.900 habitantes ms otros 800 de la zona de Pica y 600 a
700 pescadores changos, constituan un total aproximado de 5.400 personas
(Van Kessel , 1992).
En cuanto a la incorporacin de Tarapac al incanato, cabe sealar que
ella se produjo sin aparentes rupturas con las formas de organizacin aymara.
Se mantuvo y desarroll el sistema de aprovechamiento vertical de pisos ecolgicos, bien descrito por Murra para la zona centro-andina; se introdujeron
las obligaciones de trabajo (mita) y de cultivo colectivo de las tierras del Inca y
el Sol, aunque las magnitudes de dichas obligaciones eran variables, segn los
acuerdos entre el Inca y el cacique regional o kuraka, y no tuvieron de acuerdo
a Van Kessel- un efecto corrosivo para la economa local. En compensacin, los
aymara de la zona aprovecharon la mejor tecnologa inca, sobre todo en obras
pblicas (caminos y andenes nuevos), y los beneficios que el estado otorgaba a
sus ciudadanos o sbditos. Los cultos nuevos se establecan sin romper con los
patrones y cultos religiosos propios.18 Por todo ello, podra decirse que la
anexin o alianza al rgimen inca no signific una ruptura cultural ni poltica
para los indgenas de la actual Tarapac, como s lo fue la conquista.
1.2 Antecedentes coloniales
A partir de la invasin europea del siglo XVI se produjo un quiebre de la
sociedad andina en todos sus aspectos. Apareci la cuestin indgena o, en
otras palabras, el problema de la relacin entre los pueblos prehispnicos como
el aymara y la sociedad criollo-mestiza en formacin. La conquista signific la
introduccin de una violencia estructural a nivel de las relaciones de produccin y la dominacin poltica, que en el mundo colonial estaban entrelazadas.
Por otro lado, se gener una violencia simblica desde los conquistadores
hacia los aymara que se expresa, entre otros fenmenos, en la negacin sistemtica e incluso la persecucin de los ritos y prcticas religiosas andinas,
consideradas idolatras. As, retrospectivamente, podemos decir tambin que
emergi el problema de los derechos humanos indgenas. Se desarroll originalmente como un debate entre europeos sobre la naturaleza de las poblaciones
conquistadas y los derechos a su conquista y evangelizacin. La disputa enfrent a los partidarios de la guerra justa, como Fray Gins de Seplveda,
18
Todos los antecedentes sobre el perodo inca en Tarapac han sido tomados del trabajo de Van
Kessel (1992).
30
con los defensores de los derechos de los indgenas, como Bartolom de las
Casas y la Escuela de Salamanca.
Tempranamente, las bulas papales otorgaron a espaoles y portugueses el
derecho de dominio sobre las poblaciones y territorios del Nuevo Mundo,
delimitndose las respectivas zonas de exploracin y conquista de cada uno
por un tratado suscrito entre ambas potencias martimas en 1494 y ratificado
por el Papa en 1506. En el caso hispano, los territorios conquistados constituyeron reinos de la Corona de Castilla, pero sta delegaba en colonizadores
privados sus prerrogativas (Cousio, 1991).
Se inici as la primera expansin hispana en Amrica que alcanz e inici
la rpida conquista del territorio inca o Tawantinsuyu, alcanzando el sur andino en tan solo tres dcadas (1520-1550). En 1538, Diego de Almagro cruz la
regin rumbo al sur. Unos aos despus, en 1540, se estableci el Partido de
Tarapac, entregado al encomendero Lucas Martnez Begazo.
La ocupacin europea signific, en lo inmediato, la redefinicin del orden
poltico andino. Se introdujo una nueva distribucin del espacio, adecuada a
los intereses econmicos y polticos de los conquistadores. La ocupacin hispana de las zonas ms bajas de la regin, especialmente de los valles de Lluta
y Azapa y de los poblados de Tarapac y Pica, favoreci el asentamiento de la
poblacin local entre la cordillera y el altiplano, produciendo una transformacin lingstica y tnica que concluy con la aymarizacin del rea altiplnica.
Los aymara, como todos los dems pueblos de la regin andina, fueron sometidos al gobierno colonial, dependiente a su vez de la monarqua espaola.
La administracin local se relacion, a su vez, con las autoridades polticas
indgenas, donde destacaba la figura del curaca o cacique, que desempeaba
un rol de intermediacin entre la comunidad indgena, definida jurdicamente
por el rgimen hispano y la administracin colonial.19
Esta subordinacin se expres en el mbito socioeconmico en la incorporacin de los aymara al rgimen de encomiendas, obligaciones tributarias y la
reduccin a pueblos de indios (caso del actual poblado de Tarapac). Se establecieron los impuestos a las minas y a las actividades comerciales y se reorganiz el
territorio conforme a los intereses y leyes hispanas. Todo ello signific una aguda
explotacin econmica de las comunidades indgenas que se integraron a dicho
sistema, de acuerdo a la reforma del Virrey Toledo en la dcada de 1570, que estableci un total anual de 13.500 trabajadores mitayo (Alb y Barnadas, 1990).
19
Como seala Scarlett OPhelan: La Corona no poda operar sin la presencia de un intermediario llmese
cacique o alcalde que le sirviera de puente entre las autoridades coloniales y las comunidades indgenas
(OPhelan, 1997; p. 54).
31
Sin embargo, los aymara de Tarapac no fueron incluidos en el rgimen de
la mita hispana, aunque a inicios del siglo XVI s deban tributar a los encomenderos locales establecidos en Pica y Tarapac. Dichas encomiendas se
transformaron posteriormente en doctrinas a cargo de religiosos, establecindose cuatro de ellas (Tarapac, Sibaya, Camia y Pica) en la actual provincia
de Iquique, mantenindose el tributo indgena pagado en trabajo y aadindose el pago en productos agrcolas. Estas formas de trabajo servil se
prolongaron hasta la formacin de los estados nacionales.
A diferencia de otras regiones andinas en las cuales el centro de la actividad econmica lo constituy la minera, en Tarapac la economa colonial se
centr en la agricultura. En los poblados ubicados en los valles de las quebradas de Tarapac y Camia y posteriormente en el actual sector de Pica y La
Huayca, se formaron viedos donde laboraba la poblacin aymara local bajo la
modalidad de trabajadores libres. A ellos se sumaron trabajadores esclavos de
origen africano. Paralelamente, aunque con menor importancia, apareci la
explotacin de la plata en Huantajaya, donde tambin trabajan indgenas como
personas libres. Otros laboraban como rebuscadores del material ya procesado (actividad que en el mundo andino central se conoce como kajcheo),
repartindose la ganancia con los dueos de las estacas.
A mediados del siglo XVIII se produjo el gran auge minero en la regin,
con el llamado segundo Huantajaya. Debido a la escasez de mano de obra
nativa en el rea, se trajeron muchos trabajadores andinos de las tierras altas
de la actual Bolivia. Algunos de ellos eran mano de obra desocupada de Oruro
y Potos, que experimentaban un proceso de agotamiento del mineral.
En este perodo estallaron una serie de rebeliones tanto en la sierra peruana
como en el alto Per. Ellas tuvieron relacin con la imposicin del sistema de
repartimientos forzosos, legalizado para el Per por real cdula de 1751, que tendi a romper la autosuficiencia de los productores campesinos (Grupo de Trabajo
de Revisin Histrica, Comisin de Verdad Histrica y Nuevo Trato, 2003).
Jos Gabriel Condorcanqui inici una rebelin que remeci el Virreinato
del Per y se extendi por todo el territorio que corresponde actualmente al
sur peruano y boliviano, norte chileno y argentino. Dentro de los motivos de la
insurreccin se consideraban el reparto forzado de mercaderas, los abusos
cometidos por los corregidores y el aumento de diversos impuestos incluidos
en las reformas borbnicas (Gonzlez, 2002).
En 1780 estallaron las rebeliones de Tupac Amaru y Tupac Katari. Aunque
fueron finalmente aplastadas, constituyeron un importante precedente histrico y simblico para todas las movilizaciones polticas indgenas posteriores,
32
sobre todo en Per y Bolivia. La primera de ellas tuvo expresiones en Tarapac, desde donde grupos aymara marcharon a sumarse a la rebelin.
Las rebeliones tupacamaristas llevaron a la implantacin de una serie de
medidas destinadas a asegurar el buen funcionamiento del rgimen colonial.
En primer lugar, se aboli el sistema de repartos en un intento de liberar el
comercio, que hasta esa fecha haba estado monopolizado por los corregidores
mediante los repartimientos forzados de mercancas. Posteriormente, para
poner fin a los abusos cometidos por los corregidores y siguiendo un proyecto
de ordenamiento poltico-administrativo de corte centralista, se cre el sistema de intendencias, dependientes de los subdelegados provinciales que
reemplazaron al antiguo corregidor (Gonzlez, 2002).
En el perodo inmediatamente anterior a la independencia, surgieron en el
actual Per los denominados cabildos pueblerinos y se produjo un reforzamiento de la autonoma de las comunidades indgenas. A su vez, se perfilaba
una incipiente burocracia de origen indgena que fue accediendo al poder local y apareci la figura de los caciques recaudadores.
Con el objeto de prevenir posibles rebeliones, la corona espaola destin
una serie de medidas para acabar con los caciques hereditarios, que se perfilaban como figuras del control poltico y mediadores entre la administracin
espaola e indgenas locales. En reemplazo a la antigua jurisdiccin cacical,
aparecieron los alcaldes de indios elegidos anualmente (Gonzlez, 2002). Adems, en los inicios del siglo XIX, se formaron los estados nacionales, inicindose
un nuevo perodo en las relaciones del estado con su poblacin criolla, mestiza
e indgena (Grupo de Trabajo de Revisin Histrica. Comisin de Verdad Histrica y Nuevo Trato, 2003).
1.3 El perodo republicano peruano (1821-1854)
En sus inicios, el estado peruano no se vincul intensamente con el altiplano o las comunidades andinas del sur. La presencia omnipotente de los
hacendados, conocidos como gamonales, constitua el poder absoluto. Este
es un perodo de agudas usurpaciones de tierras comunales, de trabajo obligatorio en las haciendas y de pauperizacin de la economa de las aldeas y ayllu
aymara.
A pesar de ello, las comunidades gozaban de relativa capacidad para darse
a s mismas un ordenamiento propio a travs de sus usos y costumbres. Las
nuevas fronteras republicanas no lograban aun establecer las barreras para
impedir las migraciones de grupos familiares que atravesaban las fronteras
huyendo de los abusos cometidos por los gamonales y hacendados (Grupo de
33
Trabajo de Revisin Histrica, Comisin de Verdad Histrica y Nuevo Trato,
2003).
El nuevo orden republicano transform a los aymara en ciudadanos de una
nacin de iguales, postulados jurdicos que excluan cualquier tipo de diferencias. Los convirti en propietarios particulares de sus tierras bajo un rgimen
de libre disposicin. De esta forma, se transformaron en pequeos propietarios libres de ataduras corporativas (sus comunidades) y de intermediacin
poltica propia (caciques) (Grupo de Trabajo de Revisin Histrica, Comisin
de Verdad Histrica y Nuevo Trato, 2003).
La asignacin de tierras aymara fue suspendida en 1827, producto de conflictos que surgieron como consecuencia de su distribucin. Recin en 1928 se volvi
a legislar sobre el acceso a la tierra y se dict una ley que declaraba que los indios
y, tambin los mestizos, seran propietarios de tierras (Gonzlez, 2002).
En 1826, presionado por la falta de recursos fiscales, el estado peruano reintrodujo el tributo indio mediante la reinstauracin de la contribucin de
indgenas. Aunque tena algunas semejanzas con la contribucin colonial, se
trataba de una forma diferente de exacin a la poblacin indgena, que se sustentaba en un principio general y ms abstracto: los indgenas ya no eran la
poblacin colonizada que tributaba a sus vencedores, sino ciudadanos que
contribuan al sostenimiento de su estado. Sin embargo, este rgimen de
tributacin fundado en el origen tnico contribuy a fomentar categoras raciales de raigambre colonial (Gonzlez, 2002).
En el ao 1854, el presidente Ramn Castilla aboli definitivamente la contribucin de indgenas. El estado orient su accin hacia el desarrollo de la
autonoma de las unidades familiares. Al mismo tiempo, los indgenas se vincularon al mercado de fuerza de trabajo como agricultores, peones o jornaleros
de la minera metlica y no metlica. El estado, en tanto, trat a esta poblacin
sin distincin de origen. En este proceso se presentaron varios elementos de
cambio: una nueva etiquetacin de un pasado indgena a los mestizos, subsumidos en un concepto mayor de andinos, una vinculacin hacia la unidad
domstica en desmedro de la comunidad y el inicio de un proceso migratorio.
Las poblaciones indgenas ms afectadas fueron aquellas que se asentaban en
los valles y, las menos afectadas, las del altiplano.
Estos procesos no fueron interrumpidos por la Guerra del Pacfico (1879),
cuando esta rea pasa a jurisdiccin chilena. Por el contrario, la expansin de
la produccin del salitre y la multiplicacin del comercio contribuyeron a acentuar los procesos migratorios hacia fuera de las comunidades tradicionales y
propendieron a una mayor conexin mercantil con los centros econmicos regionales.
34
1.4 El perodo del auge salitrero (1880-1930)
La explotacin del salitre tuvo distintas fases. La ms importante de ellas es
la que se inici despus de la Guerra del Pacfico (signific adems la incorporacin de este extenso y rico territorio al estado nacin chileno) hasta la crisis
de 1930.
Diversas fueron las consecuencias que tuvo este proceso sobre la poblacin
aymara. En primer lugar, en el caso de las comunidades de valles y precordillera, estas se integraron a las salitreras como mano de obra, productoras de forraje
para el transporte ganadero y de alimentos para la enorme poblacin de trabajadores pampinos.
Por otro lado, signific tambin la incorporacin a una dinmica de relaciones econmicas y sociales propiamente modernas, tanto en lo que respecta al
trato de los trabajadores salitreros con sus patrones, como a la participacin en
la formacin de una cultura obrera con reivindicaciones de clase y una conciencia poltica correspondiente, sin que ello significara en modo alguno la
prdida de elementos culturales y religiosos propios de sus pueblos de origen.
De este modo se puede explicar la aparentemente contradictoria coexistencia entre personas aymara que participaron en el ciclo salitrero, de nociones
religiosas y prcticas de carcter mtico, con la adhesin, junto al movimiento
obrero, a una concepcin secular del progreso, fundada en las ideas de emancipacin obrera.
1.5 La Guerra del Pacfico y los tratados de lmites
La Guerra del Pacfico tuvo lugar entre los aos 1879 y 1883. En este conflicto, Per, Bolivia y Chile se disputaron la jurisdiccin de las provincias de
Arica y Tarapac, que correspondan a un importante segmento del territorio
aymara colonial. Una vez terminada la guerra, la anexin de estas provincias a
territorio chileno no se dio de manera inmediata. La situacin geopoltica de la
poblacin aymara que habitaba las provincias disputadas qued subordinada
a un plebiscito acordado en el Tratado de Ancn (1883) y que debi realizarse
en 1893, hecho que no ocurri. Esta situacin de indefinicin se mantuvo hasta
1929, casi cincuenta aos despus, cuando Tacna se reincorpor a Per y Arica
qued bajo la soberana de Chile (Tudela, 2002).
La demarcacin de las nuevas fronteras despus del trmino de la Guerra
del Pacfico qued consignada en el Tratado de Paz y Amistad de 1904, instrumento que no tom en consideracin los lmites histricos de las comunidades
aymara. Ello ha conllevado a una serie de conflictos entre aymara de Chile y de
Bolivia en torno a la propiedad de las grandes extensiones de terreno utilizadas
35
por estas comunidades desde tiempos inmemoriales y destinadas a las actividades de pastoreo.
1.6 La incorporacin de los territorios de Tarapac al estado de
Chile y el proceso de desaymarizacin o chilenizacin
(1883-1970)
El pueblo aymara identifica este perodo de la historia como de desaymarizacin. Se reconoce como un proceso de violencia, amedrentamiento, muerte
e imposicin de costumbres ajenas. Otros autores lo han denominado un perodo de chilenizacin (Subgrupo de Trabajo Pueblo Aymara, Comisin de
Verdad Histrica y Nuevo Trato, 2003). Su principal consecuencia sobre las
comunidades andinas radica en la imposicin ideolgica e institucional asociada a la integracin forzada de las comunidades aymara a Chile, mecanismos
aplicados desde el estado para asegurar su soberana en los nuevos territorios.
El proceso de desaymarizacin se extendi desde 1879 hasta inicios de la
dcada de 1990 y consisti, ante todo, en la implementacin de diversas frmulas tendientes a establecer slidas estructuras estatales en la regin, desde
municipios hasta poderosos cuarteles de frontera, de acuerdo a los requerimientos estratgicos de cada momento histrico (Grupo de Trabajo de Revisin
Histrica, Comisin de Verdad Histrica y Nuevo Trato, 2003).
Entre los aos de 1910 a 1929, en las ciudades de Arica e Iquique, se formaron las denominadas ligas patriticas, cuya misin era perseguir a los
ciudadanos peruanos que se asentaban en estos territorios para expulsarlos.
En ese momento se consider fundamental reforzar la implementacin del
programa de instruccin a travs de la red de escuelas rurales en el sector
andino, creando nuevos establecimientos y prohibiendo el ejercicio de la docencia a profesores peruanos. Al dictarse la Ley de Enseanza Obligatoria o
Instruccin Primaria (1917), sta se volvi un derecho y una obligacin en el
territorio y, al mismo tiempo, una herramienta til en favor de los intereses
nacionalistas de las autoridades chilenas (Tudela, 2003).
En el mbito poltico-institucional se implement un principio republicano
y democrtico (igualdad formal de los ciudadanos y estado de derecho) que
abri paso a un cambio desde la sociedad colonial estamentaria a una sociedad organizada segn un acuerdo social moderno, que en los hechos fue
excluyente respecto de los indgenas que quedaron fuera del proyecto de modernizacin poltica que rpidamente adhiri a un pacto social elitista. Segn
seala Hans Gundermann:
36
Con la ruptura del pacto colonial no hubo un cambio estructural en la posicin de los indgenas dentro de la sociedad nacional. Tras todo este divorcio
entre discursos liberales y prcticas conservadoras, lo que se encuentra en el
fondo es la igualdad jurdica entre quienes son profundamente desiguales. En
la situacin creada, los grupos criollos dominantes consolidaron su poder y
dominacin sobre las poblaciones indgenas (Gundermann , 2002; p. 6).
La nueva institucionalidad abri a la comunidad aymara a un espacio sociopoltico diferente, socavando el respeto a las autoridades tradicionales. Estas
fueron parcialmente reconocidas por las autoridades chilenas, pero se redefinieron los ttulos, cargos y responsabilidades en las localidades rurales. En algunas
comunidades se establecieron subdelegados y jueces de subdelegacin (Beln,
Putre y Codpa); en otras, inspectores y jueces de distrito (Caquena); en otros
lugares se nombraron cabos celadores o vigilantes (Guallatire). Todos ellos obedecan las instrucciones directas del gobernador provincial (Subgrupo de Trabajo
Pueblo Aymara, Comisin de Verdad Histrica y Nuevo Trato, 2003).
Este tipo de intervenciones buscaba configurar estructuras de poder favorables a la nacin chilena, tal como sucedi con la creacin del repartidor de agua y
las juntas locales de desarrollo. Estos cambios condujeron a la desestabilizacin de
las instituciones tradicionales de organizacin, que caracterizaban al ayllu (comunidad de la segunda mitad del siglo XIX). Sin embargo, ante estos hechos emergi
la resistencia por parte de algunos lderes aymara, como Antonio Mollo (Subgrupo
de Trabajo Pueblo Aymara, Comisin de Verdad Histrica y Nuevo Trato, 2003).
La creacin de la escuela fue una herramienta eficaz que buscaba la homogeneizacin cultural, ideolgica, lingstica e institucional. Como dato
ilustrativo, la primera escuela chilena establecida en Putre fue en el ao 1905 y,
hacia 1925, todas las localidades contaban con un establecimiento.
Las comunidades aymara sustentaron, en gran parte, la explotacin minera
de la regin, lo que supuso un cambio en sus economas tradicionales. La mano
de obra aymara y el abastecimiento alimentario, tambin provisto por sus comunidades, fueron fundamentales para el desarrollo de las actividades mineras:
primero, el salitre en Tarapac (1860-1925), luego el azufre en Arica (1900-1950)
y, finalmente, la industria del oro (1960-1990).
Para responder a esta demanda, las comunidades reorientaron su economa modificando cultivos, aumentando la produccin de ciertas especies ms
demandadas y emprendiendo nuevas actividades. Al mismo tiempo, se introdujeron mecanismos econmicos ajenos a los tradicionales, tales como la
moneda (comercio) y el trabajo asalariado (Subgrupo de Trabajo Pueblo Aymara, Comisin de Verdad Histrica y Nuevo Trato, 2003).
37
La incorporacin al mercado minero no es completamente uniforme. En las
zonas de valles fue ms integral que en las tierras altas. Mientras que las primeras tuvieron una integracin productiva y poblacional como mano de obra,
las segundas comprendieron una integracin principalmente poblacional, ya
que los productos ganaderos de la zona no eran apetecidos en las salitreras,
debido a que en los campamentos se consuma carne de vacuno proveniente
del sur chileno (Gonzlez, 1987).
Por otra parte, tambin hay diferencias respecto de la zona andina de Arica. En sta, ms que una relacin con la minera del salitre, se desarroll durante
el siglo XIX una participacin andina en el arrieraje que conectaba el puerto de
Arica con el norte de Bolivia (regin de La Paz). Adems, un mercado de la
fibra de camlidos sustentado por criadores de alpacas en las alturas del rea
se mantuvo activo con intermitencia. La arriera entr en crisis con la puesta
en funciones, a principios del siglo siguiente, del ferrocarril Arica-La Paz. Sin
embargo, esta misma va favoreci el desarrollo de la minera del azufre en
Tacora y otras actividades extractivas de alta montaa, a las que se incorporaron los pobladores andinos de la regin.
El mundo agrario andino se reorganiz parcialmente durante el perodo de
la crisis salitrera. Durante las dos ltimas dcadas del siglo XIX y las primeras
cuatro del siglo XX, la dependencia de los mercados de fuerza de trabajo disminuy progresivamente y el de productos campesinos tambin se reorganiza
para el abastecimiento urbano. El vaco dejado por el cierre de los mercados de
fuerza de trabajo minero, de servicios conexos y de arrieraje, se llena con las
migraciones que, primero, siguen la estela de las migraciones obreras y, despus, transitan la ruta de la economa andina del abastecimiento hortofrutcola
urbano y de combustibles vegetales (Gundermann, 2002).
En la medida que la economa aymara se acomodaba y transformaba segn
los avatares de los procesos econmicos y sociopolticos regionales, la condicin
campesina de esas economas iba modificndose. Por lo pronto, se asumi una
economa considerablemente ms heterognea y, por lo tanto, diferenciada.
Paralelamente a estos procesos econmicos, se fueron consolidando cambios en el sistema de propiedad. En 1911 se aplic sobre las tierras aymara el
artculo 590 del Cdigo Civil, que dispona que las tierras que no pertenecan a
nadie se reputaban de propiedad fiscal. Bajo este mecanismo, el estado solo
reconoci la propiedad individual constituida bajo el imperio de las leyes liberales y consider terrenos baldos y, en consecuencia de propiedad fiscal, todos
aquellos que eran de propiedad comn. El cambio en el sistema de propiedad
prescindi de la cosmovisin aymara del mundo.
38
Entre 1930 y 1973, el pueblo aymara experiment presiones ideolgicas basadas en una visin chilena de progreso, identidad nacional y civilizacin. Hasta
1970, los programas del estado incentivaron el asistencialismo y su incorporacin a la sociedad, concibindoles como campesinos o pobladores aislados del
interior.
Los gobiernos se ocuparon de impulsar planes y programas de desarrollo
en los sectores productivos asociados a los centros urbanos costeros, pero no
fue hasta la dcada de los sesenta que las comunidades indgenas fueron efectivamente incorporadas a los beneficios del progreso y del desarrollo
socioeconmico. Aun entonces, la poblacin aymara no fue objeto de un verdadero programa de desarrollo. A contar de 1958, ao en que se cre la Junta de
Adelanto de Arica, se iniciaron programas de asistencia tcnica, mdica, escolar y de urbanizacin (Tudela, 2002). Diversas instituciones fiscales, tales como
CORFO, INCONOR, ORPLAN, MINVU, Universidad de Chile y Universidad
del Norte, elaboraron estudios y programas basados en ellos, cuyo denominador comn fue proveer a las comunidades y localidades andinas de
herramientas para alcanzar el desarrollo (Tudela, 2002).
1.7 La apertura tnica durante la Unidad Popular y el rgimen
militar
Durante el gobierno de Allende (1970-1973) se produjeron cambios importantes en la visin y enfoque de las autoridades sobre el desarrollo regional,
que se reflejaron en la relacin del estado con la poblacin indgena de la zona.
Esta nueva mirada se acompaaba de la primera iniciativa legal que se refera
a todos los pueblos indgenas del pas y que se traduca en la dictacin de la
Ley 17.729 de 1972. Entre las principales disposiciones de esa ley destacaba el
reconocimiento de la pluralidad cultural, el trmino al proceso de divisin de
las tierras indgenas y la recuperacin de tierras a travs de la expropiacin y
restitucin, promoviendo tambin el desarrollo econmico y social indgena a
travs de cooperativas comunitarias (Tudela, 2002).
El perodo del rgimen militar (1973-1990) signific un retroceso en el reconocimiento de los derechos aymara, al quedar sin aplicacin la ley N 17.729. Se
produjo tambin una intervencin en los territorios de la Primera Regin, que
responda al inters de consolidacin de las fronteras. De este modo, el endurecimiento de ellas, la presencia activa del estado y de las fuerzas armadas, fue
constante en estas zonas por su importancia geopoltica.
Asimismo, la municipalizacin del espacio andino fue una accin derivada
de la reforma poltico-administrativa de principios de la dcada de 1980 donde,
39
a travs de la implementacin de las municipalidades fronterizas de orientacin asistencialista, se continuaba con el proceso de desaymarizacin, apoyado
con la creacin de las escuelas fronterizas (Grupo de Trabajo de Revisin Histrica, Comisin Verdad Histrica y Nuevo Trato, 2003).
El rgimen militar dio a la regin andina una gran importancia geopoltica.
Foment el crecimiento de organizaciones clientelares dentro de las localidades aymara, tales como juntas de vecinos para las unidades mayores
(correspondientes a las comunidades histricas) y comits vecinales, para unidades ms pequeas.
Adems, estimul la formacin de centros de madres, que no tienen antecedente organizativo previo (Gundermann, 1997; p. 44). De acuerdo a este
autor, estas neo-organizaciones no recogen la mayora de las necesidades productivas, sociales y culturales aymara. Sirven al propsito, hasta ahora, de
mantener un frreo control poltico administrativo (Gundermann, 1997; p.
44-45). Sin embargo, fueron tiles para mantener lazos entre las autoridades
regionales y las localidades aymara, cuyas demandas histricas, desde los inicios de la chilenizacin, podan encontrar eco en el gobierno militar en la
medida en que reforzaran sus propios objetivos de fortalecer la presencia del
estado en la zona. Por otro lado, sin embargo, fueron un completo fracaso en
trminos de la retencin de la poblacin aymara, que aument su ritmo migratorio hacia los valles y las ciudades de la costa.
Un fenmeno que claramente escap a los estrechos mrgenes asistencialistas del gobierno militar fue el problema del agua, que est en directa referencia
a los recursos vitales del desierto y la supervivencia de este pueblo. En 1981
entr en vigencia un nuevo Cdigo de Aguas (D.F.L. N 1.222), mediante el
cual se otorgaba a los particulares un derecho real de aprovechamiento de las
aguas que pasaban a ser de propiedad del titular, quien poda usar, gozar y
disponer de su derecho en conformidad con la ley. Este derecho era transferible, transmisible y prescriptible, y se constitua por un acto de autoridad
independiente si el solicitante es dueo o no de la tierra donde est ubicada el
agua y si hace o no uso efectivo de la misma.
Como consecuencia de la aplicacin de esta normativa, comenz un progresivo desecamiento de vegas y bofedales (Nez, 2002). Esto se vio agravado
porque bajo el gobierno militar las presiones del mercado hacia la enajenacin
de los recursos productivos indgenas (en este caso del agua para surtir los enclaves mineros) fue facilitada por una poltica econmica neoliberal (Grupo de
Trabajo Revisin Histrica, Comisin de Verdad Histrica y Nuevo Trato, 2002).
La segunda mitad de la dcada de los ochenta vio nacer los primeros movimientos tnicos reivindicativos en la regin: Pacha Aru en Arica, y Aymar Marka
40
y COPRAY en Iquique, fueron los ms importantes. El primero estaba integrado por jvenes estudiantes aymara de la Universidad de Tarapac.20 La
Asociacin Aymar Marka surgi entre migrantes urbanos en Iquique cuyas familias pertenecan a la Federacin Aymar Marka, que aglutinaba a comunidades
del altiplano.21 El COPRAY o Consejo Provincial Aymara, se constituy a partir
del disuelto Centro Cultural Aymara.22 En la formacin de dichas organizaciones confluyeron diversos factores, entre ellos el surgimiento de una elite
indgena letrada, con formacin universitaria (la mayor parte obtenida de la
Universidad de Tarapac), que comienza a autorreconocerse como aymara y, a
partir de ello, elaborar un programa de lucha propio. A este proceso contribuy la formacin de ONGs que realizaban acciones de investigacin y desarrollo
en el tema indgena regional.23
Lo propio de estos movimientos es, en primer lugar, el que ya no representan a una localidad que hace una determinada demanda al estado en tanto
campesinos, pobladores del interior o simples chilenos. Ms que perseguir
el mejoramiento de sus condiciones de vida u obtener beneficios concretos,
buscaban una redefinicin de la relacin con el estado como representantes de
su pueblo aymara. Es decir, estos grupos erigen una demanda propiamente
tnica, que pretenda aunar a todos los segmentos que los conformaban, y tenan un contenido poltico frente al estado y otras instituciones.24 Para decirlo
en palabras del entonces dirigente de la Federacin Ayni:
20
21
22
23
24
Entre ellos destacaban el actual Subdirector Norte de CONADI, Cornelio Chipana; el encargado de
cultura y educacin de la Oficina Arica de la CONADI, Alejandro Supanta; el representante aymara
en el Fondo Indgena y actual candidato a Consejero de CONADI Zenn Alarcn, y el consejero
aymara ante la CONADI Carlos Inquiltupa.
Su lder histrico ha sido Antonio Mamani, quien se desempe como responsable de la CEPI en el
rea norte y luego fue el Subdirector Norte de CONADI hasta el ao 2000. Despus de su retiro de
la Subdireccin volvi a ocupar el cargo de Presidente de Aymar Marka, donde permanece hasta
ahora. Otros dirigentes importantes de esta asociacin han sido: Fresia Vilca, funcionaria de CONADI
en Iquique y actualmente candidata a consejero aymara; Elas Gmez, de la comuna de Colchane y
quien fue consejero aymara ante la CONADI; Octavio Viza, ex presidente de la asociacin, miembro
del consejo directivo del ADI Jiwasa Orage y secretario tcnico del mismo.
Era dirigido por Javier Vilca y dirigentes de Lirima.
Entre ellas destacan tres: el Taller de Estudios Aymaras (TEA), en Arica; el Centro de Investigacin
de la Realidad del Norte (CREAR) y el Taller de Estudios Regionales (TER), en Iquique. Esto
signific que, por primera vez, comenzara una accin sistemtica de estudio de la realidad indgena
regional. Dichas instituciones se vincularon informalmente con dirigentes y lderes de opinin
aymara que luego jugaran un rol central en la activacin del movimiento tnico.
La novedad histrica que esto representa puede entenderse mejor considerando la fragmentacin
de la sociedad aymara chilena de entonces, bien descrita por Gundermann en 1987: Los aymaras
son un grupo tnico sin ninguna unidad socio-poltica general y por lo tanto sin posibilidad hasta
ahora de definir un proyecto poltico propio (Gundermann, 1987).
41
Nuestra Federacin tiene como objetivo primordial elevar la capacidad negociadora de nuestra gente frente al estado nacional, entindase ONGs, servicios, toda
instancia gubernamental, etc no nos quedamos en una situacin meramente cultural o de planteamiento terico, sino que estamos conciliando eso con una situacin
poltica (Chipana, 1989; p. 56-57).
En segundo lugar, estas organizaciones se vincularon al emergente movimiento indgena continental, asumiendo o compartiendo sus reivindicaciones
principales: mantencin de su identidad y cultura, reconocimiento de derechos colectivos como pueblos y obtencin (en mayores o menores grados) de
autonoma por parte de los estados nacionales y los organismos internacionales como Naciones Unidas.25 Como parte de este complejo proceso se desarroll
un pensamiento poltico que aspiraba a constituirse en una base comn a los
diversos movimientos y pueblos indgenas y que, en el caso de los aymara que
habitaban en Chile, encuentra en el llamado indianismo de Fausto y Ramiro
Reynaga una de sus principales manifestaciones.26
Asimismo, se desarroll una importante relacin con otros movimientos
tnicos dentro del pas. Con el apoyo de la Comisin Chilena de Derechos
Humanos, se estableci la primera plataforma comn entre diversos pueblos
indgenas, que permiti la celebracin del pacto de Nueva Imperial unos aos
despus.27 Con este pacto celebrado en 1989 deba surgir una nueva relacin
entre el pueblo aymara y el estado de Chile. En el marco de este acuerdo, surgi
la Ley 19.253 de 1993 que estableci la existencia legal de los aymara como una
de las etnias de Chile, reconocindoles derechos especficos a las personas y
comunidades aymara sobre sus tierras, aguas y costumbres.
2. La Ley 19.253 y las polticas pblicas impulsadas
por los gobiernos de la Concertacin (1993-2003)
El 5 de octubre de 1993 se dict la Ley N 19.253 sobre Proteccin, Fomento
y Desarrollo de los Indgenas, que regula los derechos de los pueblos originarios
25
26
27
Ver captulo 1 de este informe.
Al respecto, vase Chipana (1986; 1989; 1990).
Vase, por ejemplo, la declaracin conjunta de diciembre de 1988, donde se seala, entre otros:
Este encuentro nos ha permitido reconocernos como hermanos y darnos cuenta que a pesar de
nuestras particularidades no somos distintos y aspiramos a vivir un maana dignamente
Manifestamos nuestra voluntad de luchar incansablemente por la autonoma y autodeterminacin
de los pueblos que representamos, como un derecho inalienable y connatural (AAVV, 1988; p. 6).
42
del pas y fija las bases institucionales de las polticas pblicas destinadas a
ellos.
En lo que respecta a los derechos establecidos en esta ley, stos se reconocen fundamentalmente en tres niveles: a) reconocimiento, participacin y bases
para la implementacin de una poltica de proteccin de las tierras indgenas,
b) promocin del desarrollo, y c) promocin y fortalecimiento de la educacin
y cultura de las personas y comunidades indgenas.
2.1 Reconocimiento
La ley indgena reconoce como principales etnias indgenas de Chile, entre otras, a la aymara. Valora su existencia por ser parte esencial de las races de
la nacin chilena, as como su integridad y desarrollo, de acuerdo a sus costumbres y valores.28
Como consecuencia de este reconocimiento, se establece que es deber de la
sociedad en general y del estado en particular a travs de sus instituciones,
respetar, proteger y promover el desarrollo de los indgenas (incluidos los aymara), sus culturas, familias y comunidades, adoptando las medidas adecuadas
para tales fines y, consecuencialmente, proteger sus tierras, velar por su adecuada explotacin, su equilibrio ecolgico y propender a su ampliacin.29
Especficamente, la ley reconoce que son aymara los indgenas pertenecientes a las comunidades existentes principalmente en la I Regin y los
provenientes de estas comunidades.30
La ley promueve su organizacin a travs de dos figuras legales: las comunidades y las asociaciones indgenas. Como parte de esta poltica, en la Primera
Regin de Tarapac se han constituido 292 organizaciones, 121 comunidades y
171 asociaciones indgenas (CONADI, Subdireccin Norte, 2003). (Ver Cuadro 1)
Estas nuevas formas de organizacin contribuyen al quiebre de la estructura organizacional y social de los aymara en el norte de Chile, representada en el
ayllu. Las transformaciones generadas mediante la introduccin de instituciones chileno-occidentales estn en la gnesis de la comunidad aymara de hoy:
una forma de sociedad que rompe los esquemas de la organizacin tradicional
andina y que adquiere una configuracin propia, especialmente en el plano
ideolgico y en materia de identidad. Ella reemplaza el ayllu-comunidad de la
segunda mitad del siglo XIX, cuya estructura social mantena vigentes rasgos
de indudable origen andino-hispano (Tudela, 2002).
28
29
30
Artculo 1, inciso 2, Ley 19.253.
Artculo 1, inciso 3, Ley 19.253.
Artculo 62, inciso 1, Ley 19.253.
43
Estas organizaciones indgenas pasan a ser conducidas por un presidente,
un vicepresidente, un secretario y un tesorero en contraste con los liderazgos
tradicionales ejercidos por un jilakata, mallku, chuymaninaka y los yatirinaka los
que son electos en base a criterios de mayoras propios de la sociedad dominante, sin considerar principios de herencia u otros propios de la cultura aymara.
Esto ha significado un nuevo paso en la desestructuracin de sus comunidades tradicionales, lo que ha acrecentado la prdida de la identidad.
Por otro lado, la ley 19.253 de 1993 permite la conformacin de una comunidad legal con el acuerdo de un tercio de los indgenas mayores de edad con
derecho a afiliarse a ella, exigiendo un mnimo de solo diez personas.31 No son
pocos los casos en que se ha fragmentado la comunidad y coexisten varias
comunidades dentro de un mismo ayllu.
Las asociaciones indgenas, por su parte, son organizaciones funcionales
que han sido utilizadas por los aymara como un medio de representacin territorial para la ejecucin de distintas actividades econmicas y sociales. Como
ejemplo pueden mencionarse tres de estas organizaciones:
1) Asociacin Indgena de Ganaderos del Altiplano (ASINGAL): organizacin que aglutin en la segunda mitad de los 90 a varias localidades
ganaderas de camlidos de Putre, cuyo fin fue la produccin y comercializacin del ganado camlido.
2) Asociacin Indgena Centro de Desarrollo Aymara: aglutina a varias
asociaciones indgenas de las provincias de Arica y Parinacota para administrar un inmueble en Arica, donde se implementarn espacios para
el desarrollo de distintas actividades sociales, econmicas y culturales.
3) Asociacin Indgena de Propietarios Andinos: agrupa a propietarios aymara que exigen el reconocimiento de sus derechos de propiedad sobre el
Parque Nacional Lauca, exhibiendo ttulos que cubren el 99% del parque.
Como resultado de esta multiplicidad de organizaciones coexisten en una misma unidad territorial varias comunidades indgenas, ms de una junta de vecinos
y mltiples asociaciones indgenas con objetivos similares. Esto deriva finalmente
en una atomizacin de la organizacin y la extincin definitiva del ayllu.
31
Artculo 10, Ley indgena.
44
2.2 Participacin
2.2.1 Participacin indgena en la proteccin de su patrimonio histrico
Las comunidades aymara no tienen garantizada su participacin en la proteccin de su patrimonio histrico y arqueolgico. Este resguardo es una
prerrogativa del Consejo de Monumentos Nacionales que, en coordinacin
con otros organismos pblicos (entre ellos Bienes Nacionales, SERNATUR, CONADI, Gobierno Regional y otros), forman una comisin que permite su
proteccin y conservacin.
Sin embargo, la evidencia demuestra que el estado no ha sido eficiente en
la defensa de este patrimonio. En efecto, muchos sitios arqueolgicos en las
provincias de Arica, Parinacota e Iquique sufren de saqueos y destruccin sistemtica, porque los organismos pblicos correspondientes no tienen los
recursos para la proteccin y conservacin de estos sitios. Adems, los daos
son en parte producto de la misma accin pblica (construccin de caminos y
otra infraestructura pblica) y privada (ejecucin de proyectos de inversin o
actividades de esparcimiento). Ejemplos de sitios daados en el ltimo tiempo
son los siguientes: Pukara de Copaquilla y Tambo de Zapahuira, en el camino
entre Arica y Chungar; geoglifos ubicados en el valle de Lluta, comuna de
Arica, por la infraestructura de una empresa avcola; y los geoglifos de Unitas,
en la comuna de Huara y en la zona de Alto Ramrez (por motos y vehculos
de doble traccin)
2.2.2 Participacin en la administracin de las reas silvestres protegidas
En la regin de Tarapac se encuentran las siguientes reas silvestres protegidas (SNASPE): Parque Nacional Lauca, Reserva Nacional Las Vicuas,
Monumento Natural Salar de Surire, en la provincia de Parinacota, y el Parque
Nacional Isluga, en la provincia de Iquique.
En la administracin y gestin de ninguna de esta reas existe participacin aymara, a pesar de que en su interior existe ocupacin aymara de antigua
data y que dichos ocupantes ostentan ttulos de dominio en los que amparan
su posesin sobre estos territorios.
Segn el catastro de bienes fiscales realizado por el Ministerio de Bienes
Nacionales en la provincia de Parinacota en 1996, se pudo establecer que dentro de las reas del SNASPE antes referidas coexisten propiedades fiscales y
aymara (Ver Cuadro 2).
Lo anterior significa que un 1% en el caso del Parque Nacional del Lauca;
un 19,9%, en el caso de la Reserva Nacional y un 4,5% en el Salar de Surire son
45
tierras fiscales. Las restantes son tierras privadas de propietarios aymara. Recientes informaciones de Bienes Nacionales declaran que solo el 65% de las
tierras perteneceran a comunidades aymara, 24% seran fiscales y un 11% estn en situacin no determinada. Dicha informacin es cuestionada por parte
de las organizaciones indgenas.
Como consecuencia de ello, hoy existen serios conflictos entre los aymara y el estado por la presencia del SNASPE en tierras de su propiedad. Es el
caso del Parque Nacional Lauca, caso en el que se ha constituido una mesa de
Dilogo y Trabajo Interministerial con participacin de los propietarios indgenas y el estado, representado por MIDEPLAN, CONADI, CONAF y el
Ministerio de Bienes Nacionales. La mesa inici sus actividades en el ao 2002,
con el objetivo de definir propuestas que permitieran resolver la administracin de la superficie del Parque Nacional Lauca, que es propiedad privada
aymara y que representa el 99% de su superficie total. En principio, los propietarios indgenas concurrieron a la mesa de negociacin, pero el dilogo comenz
a fracturarse por incumplimiento del estado.
Las organizaciones indgenas denuncian que los objetivos de la mesa interministerial no son claros, pues el estado ha planteado a travs de sus
representantes que no se discutir la propiedad de las tierras en las reas del
SNASPE, dado que se trata de una cuestin que deberan resolver los tribunales. El estado quiere restringir la discusin a la participacin aymara en la gestin
pblica del parque, en tanto que los propietarios indgenas exigen que se les
reconozcan sus derechos de propiedad vlidamente establecidos en sendos
ttulos inscritos a nombre de sus ascendientes en el Conservador de Bienes
Races. Exigen, por tanto, que se les restituyan las tierras y se reconozca que el
Parque Nacional Lauca est en propiedad privada y no fiscal. Tambin demandan participacin, a nivel de generacin y decisin, en los planes de manejo
de los recursos existentes en el parque.
Sobre este punto es menester recordar que la ley indgena, en sus artculos
34 y 35, impone a los servicios de la administracin del estado y a las organizaciones de carcter territorial cuando traten materias que tengan injerencia o
relacin con cuestiones indgenas, la obligacin de escuchar y considerar la
opinin de las organizaciones indgenas que reconoce la ley. Dispone la ley
que en las reas silvestres protegidas ubicadas en las reas de desarrollo indgenas (ADI) se considerar la participacin de las comunidades ah existentes.
La Corporacin Nacional Forestal o el Servicio Agrcola y Ganadero y la Corporacin, de comn acuerdo, determinarn en cada caso la forma y alcance de
la participacin sobre los derechos de uso que en aquellas reas corresponde a
46
las comunidades indgenas. A pesar de esta normativa y la circunstancia especfica de que los aymara poseen derechos sucesorios sobre las tierras afectas al
SNASPE en la I Regin, las instituciones del estado se han mostrado reacias a
reconocer en ellas derechos de participacin aymara.
2.2.3 Participacin en los rganos de consulta que contempla la ley
indgena
Los aymara participan con un representante en el Consejo Nacional de CONADI. Adems, la ley 19.253 determina que en cada Subdireccin Nacional de
CONADI existir un Consejo Indgena integrado por representantes indgenas ad honorem, que cumplir funciones de participacin y consulta.32
En la regin de Tarapac, correspondiente al territorio aymara, no se ha
instaurado hasta el momento el referido consejo consultivo indgena. Sin embargo, la CONADI, a travs de su Programa de Fortalecimiento de la Sociedad
Civil Indgena, ha fomentado la participacin mediante el apoyo a cuatro
congresos nacionales aymara en 1996, 1997, 1999 y 2001. En el marco de estos
encuentros se desarrollaron dos hitos de primera importancia en lo referido
a la participacin indgena en la definicin e implementacin de sus derechos como pueblo:
a) La estrategia de desarrollo aymara, que sistematiza las demandas de
las comunidades en distintos mbitos, obtenidas mediante un proceso
de consultas realizado en todas las comunas rurales de la regin (apoyado tambin por CONADI), y
b) La creacin, en el congreso aymara de 1997, del Consejo Nacional Aymara (CNA), y la eleccin de sus representantes.
El que no se haya creado el consejo indgena en la regin puede explicarse
en alguna medida por la presencia del CNA, el que ha llevado las conversaciones con CONADI en cuanto a participacin consultiva en la toma de decisiones
respecto a la inversin de la Corporacin. Adems, hasta la administracin
anterior a la actual de la Subdireccin Norte, el CNA participaba en los comits
32
a)
b)
c)
d)
Artculo 46, ley indgena. El Consejo ser presidido por el respectivo subdirector y tendr las
siguientes funciones y atribuciones:
Analizar las acciones, planes y programas que la corporacin ejecute en su jurisdiccin.
Hacer las sugerencias que estime convenientes, en especial, aquellas destinadas a coordinar la
accin de los rganos del estado en funcin del desarrollo indgena.
Sugerir mecanismos de participacin de los indgenas.
Dar su opinin sobre todas aquellas materias que sean sometidas a su conocimiento.
47
de seleccin de los proyectos presentados a los concursos y licitaciones de los
Fondos de Tierras y Aguas y de Desarrollo.
Las propuestas del CNA en cuanto a derechos de participacin se detallan
en un documento de 1999 dirigido a los candidatos a la Presidencia de la Repblica (Consejo Nacional Aymara, 1999). En ste se reivindican las demandas
de reconocimiento constitucional, ratificacin del Convenio 169 de la OIT, la
necesidad de generar una mesa de dilogo con el parlamento, participacin en
instancias comunales como los consejos econmicos y sociales, procedimientos para que voceros aymara en organismos internacionales sean elegidos por
el pueblo aymara, incentivos para la generacin de medios de comunicacin y
difusin de su cultura, con cobertura urbana y rural.
2.2.4 Participacin en las reas de Desarrollo Indgena (ADI)
Mediante el Decreto Supremo N 67 del 08 de marzo del 2001, se cre el
rea de Desarrollo Indgena (ADI) Jiwasa Orage, que comprende las comunas
rurales de la provincia de Iquique, exceptuando solo algunas localidades de
stas, entre las que destacan Huara y Pozo Almonte. Es la nica ADI en territorio aymara y su administracin est dirigida por un Consejo Directivo, que
tiene una composicin tripartita: en representacin del estado participan el
Gobierno Regional de Tarapac, la Gobernacin Provincial de Iquique, la Secretara Regional Ministerial de Planificacin, los municipios rurales y el
Consejo Regional; en representacin del sector privado, la Cmara de Turismo
y Comercio, Cmara de la Industria y representantes del sector minero; finalmente en representacin de las comunidades aymara hay 10 representantes
territoriales ms el presidente del Consejo Nacional Aymara. Los representantes territoriales son elegidos por los miembros de cada comit territorial (un
total de 10) que a su vez corresponden a cada una de las 10 ecozonas en que se
subdivide administrativamente el ADI.
El ADI se encuentra en su primera fase de implementacin, esto es, est en
una etapa de diagnstico y planificacin de actividades. Por tanto, aun no existen acciones que involucren inversiones focalizadas del estado en ella, tal como
dispone la ley indgena.33 Sus actividades se han orientado a la formalizacin
de la estructura organizativa, estudios de diagnsticos y a la coordinacin entre los consejeros del rea de desarrollo.
Asimismo, en febrero del 2003 se constituy la Asociacin de los Comits
Territoriales del ADI Jiwasa Orage, que agrupa a los consejeros indgenas de la
ADI ms todos los presidentes de las comunidades que stos representan, cuya
33
Artculo 26 y 27, ley indgena.
48
personalidad jurdica est en proceso de tramitacin en la Subdireccin Norte
de la CONADI. Esta asociacin permitir, por contar con personalidad jurdica,
establecer relaciones econmicas, sociales y culturales entre la parte indgena,
representada por los referidos consejeros, con organismos nacionales e internacionales. As, se pretende complementar las acciones del ADI en pro del desarrollo
econmico, social y cultural de las comunidades aymara que la componen.
2.3 Poltica pblica: tierras, desarrollo, educacin, aguas y
minera
En el perodo 1994 a 1999, la CONADI, a travs de su Oficina de Asuntos
Indgenas de Arica y Parinacota, invirti un total de M$ 1.754.075 en la I Regin, M$ 1.052.772 a travs del Fondo de Tierras y Aguas y M$ 701.302 a travs
del Fondo de Desarrollo Indgena. (Ver Cuadro 3)
La cobertura de la inversin de los Fondos de Tierras y Aguas y de Desarrollo, entre los aos 1994 y 1999, benefici a 8.548 familias, es decir, cerca de
32.247 aymara.
2.3.1 Poltica de desarrollo
La orientacin bsica de la poltica de desarrollo impulsada por CONADI
es mejorar las condiciones de produccin de comunidades aymara en espacios rurales y urbanos, especialmente en la capitalizacin de sectores
productivos y el fomento del desarrollo econmico y territorial de los pueblos indgenas.
Esta poltica de desarrollo indgena puede clasificarse en dos grandes lneas de accin: productivo y de la sociedad civil indgena. El primero est
orientado al apoyo de proyectos productivos de distinto tipo, tales como obras
de mejoramiento de infraestructura de riego (canalizacin, entubacin, construccin de estanques y la tecnificacin del riego), sendas de penetracin,
cultivos de hortalizas en altiplano, apoyo a la infraestructura de la produccin
artesanal textil y a la comercializacin de organo, recuperacin de bofedales
y otros. El segundo est orientado al financiamiento de iniciativas de capacitacin de dirigentes, levantamiento de demandas territoriales comunales,
congresos, funcionamiento del Consejo Nacional Aymara y del Consejo del Area
de Desarrollo Indgena, entre otros.
Es reconocido por los aymara y la CONADI que, en esta primera etapa de
inversiones, hubo una desvinculacin entre los fondos de desarrollo y de
tierras y aguas. Esto, unido a la ausencia de un plan de desarrollo aymara,
influy en la ausencia de sustentabilidad de los proyectos de desarrollo. Los
49
proyectos agropecuarios, las obras de riego tecnificadas, entre otros, no eran
acompaados por un adecuado programa de capacitacin, lo que llev a la
subutilizacin de esta tecnologa y su posterior abandono. Tambin se advierte la falta de acciones complementarias a los programas de desarrollo,
como proyectos de infraestructura y de comercializacin, a nivel local e internacional, que favorezcan la incorporacin al mercado de estos productos
y la falta de coordinacin entre organismos pblicos con competencia en
materias productivas como INDAP, SAG y CORFO.
A partir de 1999, se dise la Estrategia de desarrollo aymara por parte
del Consejo Nacional Aymara, que cont con financiamiento de CONADI. Este
instrumento de planificacin permitira, a travs de sus lineamientos estratgicos, orientar el quehacer aymara hacia los espacios urbanos y rurales indgenas
y contribuir a la formulacin de propuestas de desarrollo regional impulsadas
por las autoridades gubernamentales en la regin de Tarapac.
Sin embargo, este documento no ha tenido en la prctica mayor incidencia
en la definicin de las polticas pblicas. Es necesario resaltar que, al ser elaborado por un sector de la sociedad regional (los aymara), su insercin en las
planificaciones de las instituciones pblicas regionales dependa del manejo
poltico que tuvieran sus dirigentes, cosa que no ha sucedido. Esto es importante a la hora de analizar el plan director del ADI Jiwasa Orage, que tiene una
metodologa similar al plan estratgico en lo que respecta a la sistematizacin
de la demanda indgena: sistematizacin sectorial de la misma teniendo como
mira su ejecucin y financiamiento por los distintos organismos sectoriales del
estado. La diferencia radica en que el plan director est amparado por una
institucionalidad, el consejo directivo del ADI, que debiera dar mejores garantas de su implementacin.
En los ltimos cinco aos se han celebrado convenios marco entre la CONADI y otros organismos estatales, dando origen a una nueva estrategia de
coordinacin intersectorial en el seno del estado. Esta nueva era de relaciones
entre los organismos pblicos augura mejores perspectivas para el desarrollo
de los aymara del norte de Chile.
2.3.2 Poltica de educacin y cultura
En este mbito, la responsabilidad en el desarrollo de la poltica pblica ha
recado en CONADI en forma coordinada con el Ministerio de Educacin
(MINEDUC). Entre las lneas de accin desarrolladas por la CONADI, a travs
de su unidad de cultura y educacin, se encuentran: el manejo y proteccin del
patrimonio cultural, el apoyo a la capacitacin y especializacin, difusin y
fomento de las culturas, la aplicacin del diseo curricular pedaggico
50
intercultural bilinge y el apoyo a la residencia estudiantil para alumnos de
enseanza superior (dos promociones de la carrera de Pedagoga Bsica
Intercultural Bilinge de la UNAP, entre los aos 1993 y 1999).
Entre los aos 1994 a 1999, la inversin de CONADI (rea Arica y Parinacota) en la lnea programtica de Diseo de una educacin intercultural bilinge
ascendi a M$ 55.301, lo que representa el 3% del total de recursos invertidos
en ese perodo por la oficina de asuntos indgenas respectiva. En ese perodo
tambin se invirti en un programa de Proteccin del patrimonio cultural,
que alcanz una inversin de M$ 17.343, lo que representa el 1% del total de
fondos invertidos.
En lo que respecta a la inversin en educacin y cultura por parte de la
Subdireccin Norte de CONADI, sta alcanz en el perodo 1999-2001 a un
total de $ 111.000 (en miles de pesos). (Ver Cuadro 4)
Respecto al Programa de becas indgenas, implementado a travs del
Ministerio de Educacin y destinado a la educacin bsica, media, tcnicoprofesional y universitaria, en las provincias de Arica y Parinacota se asignaron
entre los aos 1995 y 1999 un total de 2.182 becas, notndose un incremento
significativo del 26,5% promedio, para el perodo 1997-1998. Sin embargo, para
el perodo 1998-1999, decreci la asignacin para los niveles bsico y medio,
pero para la educacin superior se not un incremento del 71%, lo que signific un incremento promedio del 32,7%. (Ver Cuadro 5)
Estas cifras demuestran interesantes avances en el mbito del acceso aymara a la educacin. Sin embargo, no existen los mismos desarrollos en el
establecimiento de un modelo de educacin bilinge e intercultural. La enseanza que imparte el estado a todos los habitantes de Chile, incluidos los
educandos aymara, es monocultural. Se caracteriza por enfatizar el racionalismo y los estudios cientficos, los que conducen paulatinamente a la prdida de
la visin espiritual-religiosa del mundo caracterstica de este pueblo, atentando as contra su identidad tnica, personal y colectiva.
A nivel de la educacin bsica,34 es notoria la ausencia de una educacin
contextualizada intercultural bilinge, sobre todo en comunas del sector cordillerano y fronterizo como Colchane y General Lagos,35 donde el 100% de la
poblacin escolar es de origen aymara y conserva su lengua verncula.
Es necesario sealar que el desarrollo de la educacin intercultural bilinge (EIB) en la regin no ha sido abordado solo por la CONADI. En el mbito
estatal, tanto el Ministerio de Educacin como la Junta Nacional de Jardines
34
35
Antecedente de Mireya Yucra Ape, profesora de educacin bsica con maestra en EIB.
Comunas de las provincias de Iquique y Parinacota de la I Regin.
51
Infantiles (JUNJI) han desarrollado programas de EIB en distintos niveles de
la programacin curricular.
ltimamente, mediante un prstamo del Banco Interamericano de Desarrollo, se implement el Programa Orgenes, que tiene un subcomponente de
EIB que es ejecutado por una unidad especializada del MINEDUC. Esta unidad se encuentra desarrollando estudios de diagnsticos, capacitaciones
docentes, materiales didcticos, publicaciones, adems de una propuesta curricular, entre otros. A ello hay que agregar la participacin de las universidades
regionales en distintas iniciativas propias y conjuntas con entidades estatales
y extranjeras en la temtica de EIB.
En sntesis, existen en la regin distintas entidades pblicas y privadas que
realizan actividades orientadas a la implementacin de la EIB, demanda aceptablemente instalada en la regin. Se debe avanzar, eso s, en el mejoramiento
de la coordinacin de estas instituciones de manera de lograr una planificacin regional en el tema.
2.3.3 Poltica de tierra
Los estudios catastrales realizados por el Ministerio de Bienes Nacionales
para determinar la propiedad aymara y fiscal en la Regin de Tarapac (I) constataron la existencia de un nmero muy importante de propiedad aymara
constituida en la parte altiplnica.
Como ya se seal, dichos estudios catastrales constataron que un nmero
no menor de propiedades indgenas se encuentra dentro de las reas silvestres
protegidas administradas por la Corporacin Nacional Forestal (CONAF).
Estos estudios catastrales dan cuenta de varias situaciones de conflicto que
ponen en cuestin la validez de los ttulos de propiedad aymara. En la provincia de Parinacota, a la cual pertenecen las comunas de Putre y General Lagos,
los conflictos jurdicos relativos a la validez de los ttulos indgenas tienen que
ver con la calidad de los ttulos invocados y con errores en las inscripciones y
en la singularizacin del bien raz. Los ttulos estn constituidos, en algunos
casos, por actos y contratos sobre inmuebles que no cumplen con las formalidades que exige la ley para que produzcan plenos efectos jurdicos. Otro grave
problema es la falta de especificacin de los deslindes entre propiedades vecinas y, por tanto, los conflictos de tierras entre comunidades aymara asociados a
superposicin de ttulos.
Los estudios catastrales tambin detectaron conflictos respecto a los derechos
sucesoriales. Se presentan situaciones en que se ha concedido posesiones efectivas
solo por parte de los herederos, lo que genera conflicto entre quienes obtuvieron
reconocimiento de sus derechos y los herederos preteridos; o herencias obtenidas
52
en virtud de las reglas de la sucesin intestadas, en circunstancia que exista
un acto testamentario y los adjudicatarios del testamento no fueron considerados en el decreto que otorga la posesin efectiva. (Ver Cuadro 6)
La ley indgena impuso a la CONADI y al Ministerio de Bienes Nacionales
la obligacin conjunta de elaborar, dentro de los tres aos posteriores a la publicacin de dicha ley, un plan de saneamiento de ttulos de dominio sobre las
tierras aymara de la I Regin.36
Las bases normativas del plan de saneamiento de la propiedad aymara estn establecidas en el prrafo 2 del Ttulo VIII de la ley indgena que dispone
que la Corporacin, en el proceso de constitucin de la propiedad de las comunidades aymara (y atacameas), deber salvaguardar los siguientes tipos
de dominio:
a) Tierras de propiedad de indgenas individualmente consideradas, que
por lo general comprenden la casa habitacin y terrenos de cultivo y
forrajes;
b) Tierras de propiedad de la comunidad indgena constituidas en conformidad con esta ley y correspondientes, por lo general, a pampas y
laderas de cultivo rotativas;
c) Tierras patrimoniales de propiedad de varias comunidades indgenas, tales como pastizales, bofedales, cerros, vegas y otras de uso del
ganado auqunido.37
Las normas antes citadas reconocen tres tipos de dominio en el rgimen de
tenencia tradicional de las tierras atacameas que debieran ser respetados por
el programa de saneamiento. Adems, complementando esta normativa, la
ley impuso a la corporacin el deber de incentivar programas especiales para
la recuperacin y repoblamiento de pueblos y sectores abandonados por el
pueblo aymara, asumiendo que los procesos migratorios forzados han generado estas situaciones de abandono que son posibles de revertir con una adecuada
poltica de repoblamiento.38
Emerge de la normativa citada un concepto de ocupacin diferente al concepto de ocupacin efectiva que suele primar en los programas de saneamientos
de tierras fiscales. Estos ltimos se efectan de acuerdo a la normativa general
de disposicin, administracin y uso de los bienes del estado o fiscales, cuyo
marco regulatorio es el D.L. 1.939 de 1977.
36
37
38
Artculo 3 transitorio, ley indgena.
Artculo 63, ley indgena.
Artculo 65, ley indgena.
53
La ejecucin de este plan de saneamiento no ha estado libre de conflictos,
en especial por las ocupaciones ancestrales de familias aymara, con o sin ttulos
de propiedad, en las reas del SNASPE.39 El debate, por parte del sector aymara
con ttulos de propiedad, tiene como base argumentativa el Tratado de Ancn, 40 conforme al cual las provincias de Arica y Parinacota pasaron
definitivamente a formar parte del territorio chileno y en virtud de cuya normativa el estado de Chile se oblig a respetar todos los derechos privados
legalmente adquiridos que quedaron bajo su soberana.41 De esta manera se
garantizaba que los derechos preexistentes sobre la propiedad raz no se vieran afectados por el proceso de constitucin de nuevas fronteras.42
Aquellos propietarios cuyas tierras no se encuentran afectas al SNASPE
han iniciado acciones judiciales reivindicando sus derechos de propiedad, basados principalmente en sus ttulos. Este es el caso de la Comunidad Aranda
y otros, cuyo ttulo abarca prcticamente la totalidad de Putre. Esta comunidad funda su derecho de dominio en cuatro inscripciones de propiedad
actualmente vigentes que cubren una superficie de 106.143 hectreas.43
Los problemas ms graves en la ejecucin del plan de saneamiento de tierras aymara estn centrados en el reconocimiento de derechos de dominio dentro
del SNASPE, situacin que afecta a las comunidades ganaderas de Guallatire,
Surire y Pastales de Beln principalmente, sin que por el momento se vislumbre una pronta solucin a la controversia.
En lo que respecta a Iquique, los problemas con la regularizacin de ttulos
se encuentran principalmente en la zona de altiplano, donde existen conflictos
intercomunidades debido a los deslindes de los terrenos y la situacin jurdica
de los mismos. Esta situacin ha provocado que particularmente la CONADI se abstenga de realizar inversiones productivas en la zona. De todas formas,
39
40
41
42
43
Parque Nacional Lauca, Reserva Nacional Las Vicuas, Monumento Natural Salar de Surire, todas
en la provincia de Parinacota, comuna de Putre, y el Parque Nacional Volcn Isluga, ubicado en la
comuna de Colchane, provincia de Iquique.
Tratado de Paz y Amistad, firmado el 20 de octubre del ao 1883 entre la Repblica del Per y la
Repblica de Chile.
Artculo 7, Tratado de Ancn:
Los Gobiernos de Chile y del Per respetarn los derechos privados legalmente adquiridos en los
territorios que quedan bajo sus respectivas soberanas, entre los que figura la concesin otorgada
por el Gobierno del Per a la empresa del ferrocarril de Arica a Tacna en mil ochocientos cincuenta
y dos, conforme a la cual, dicho ferrocarril al trmino del contrato, pasar a ser propiedad del Per.
Sin perjuicio de la soberana que le corresponda ejercer, Chile constituye a perpetuidad en la parte
que la lnea atraviesa su territorio el derecho ms amplio de servidumbre a favor del Per.
Consecuencia del Tratado de 1929, que da fin a la controversia suscitada por la interpretacin del
artculo 3 del Tratado de Ancn de 1883.
Segn plano inscrito en 1997 en el Conservador de Bienes y Races de Arica.
54
los conflictos se deben a la superposicin de ttulos, por lo que la demanda es
ms bien de resolucin de stos ms que de regularizacin de tierras habitadas
sin dominio legal.
La accin de regularizacin de la CONADI se ha orientado ms bien a las
comunas precordilleranas y de pampa, exceptuando el caso de la comuna de
Pica, sector de Laguna de Huasco, que corresponde al altiplano. Las modalidades de la legalizacin de tierras han incluido transferencia gratuita,
regularizacin del dominio, concesin de uso y compraventa. (Ver Cuadro 7)
La mayor parte de las tierras aymara legalizadas por CONADI han sido
agrcolas de uso productivo. No menos importante es la accin de la CONADI
orientada a regularizar las aguas de las tierras inscritas, complementando los
programas de los que dispone y garantizando con ello el uso productivo de las
mismas. (Ver Cuadro 8)
2.3.4 Poltica de aguas
Otra lnea de accin desarrollada por CONADI, en cooperacin con la Direccin General de Aguas, est orientada a la regularizacin, constitucin y
defensa de derechos sobre las aguas que utilizan las comunidades y organizaciones indgenas.
De acuerdo con antecedentes proporcionados por la unidad de tierras y
aguas indgenas de la Oficina de Asuntos Indgenas de CONADI en Arica y
Parinacota, el programa tuvo asignado un total de M$174.140 para los aos
1995-2001. En este perodo se constituyeron derechos de aprovechamiento de
aguas a favor de 32 comunidades aymara, beneficiando a 2.752 personas (722
familias), con un total de 4.426,62 litros/segundo que representan aproximadamente el 80% de las aguas en uso por las comunidades aymara de dichas
provincias.44
A pesar de estos avances, los derechos aymara sobre las aguas estn siendo
amenazados por la ejecucin de proyectos de explotacin de pozos del ro Lauca, situacin que se verifica desde 1992 dentro del Parque Nacional Lauca. La
Direccin de Riego ha perforado un total de 10 pozos en el ro Lauca y en el ro
Vizcachani para aprovechar el recurso hdrico subterrneo. Los estudios de
dicha Direccin realizados en 1992 y 1993 determinaron la existencia en el
altiplano de Putre de un gran embalse subterrneo de naturaleza dendrtica.
Los pozos permitiran el acceso a dichos caudales de explotacin. Sin embargo, su cercana a dichos ros determina que solo un porcentaje del caudal
44
Conadi, Oficina de Asuntos Indgenas de Arica, febrero 2003.
55
provenga de las napas subterrneas y el resto del caudal de los ros donde se
han efectuado las perforaciones (Ver Cuadro 9).
Asimismo, los derechos aymara sobre las aguas estn siendo afectados por
el proyecto impulsado por el Ministerio de Obras Pblicas para que se perforen pozos con el fin de extraer las aguas de la cuenca del ro Lauca y abastecer
con este recurso a Arica a objeto de superar el dficit de agua all existente. En
el ao 1992, en los inicios del proyecto, las organizaciones aymara de Putre se
opusieron a su ejecucin. En 1998, el proyecto toma vigencia nuevamente, porque el objetivo de extraer las aguas de los pozos tendra otro beneficiario: el
valle de Azapa. En septiembre de ese ao, y faltando solo 15 das para entregar
las observaciones ante la CONAMA, dichas organizaciones se reunieron y lograron oponerse al proyecto, tomando como antecedentes el impacto sobre el
bofedal situado cerca del pozo N4 y los efectos negativos de la explotacin de
los pozos en las vertientes de la precordillera y del altiplano.
As, los conflictos estn referidos a la solicitud de la Direccin de Obras
Hidrulicas45 del Ministerio de Obras Pblicas sobre derechos de aprovechamiento de aguas subterrneas en siete pozos ubicados el interior del Parque
Nacional Lauca, seis de ellos cercanos al ro del mismo nombre, mientras que
el sptimo se ubica en las inmediaciones del ro Vizcachani.
La Comisin Aymara de Defensa del Medio Ambiente (CADMA) ha coordinado las acciones de oposicin a la extraccin de las aguas de los pozos. En
septiembre de 1998, la CADMA formul sus observaciones al estudio de impacto ambiental presentado por la Direccin de Obras Hidrulicas (DOH). Los
fundamentos de la oposicin fueron:
a.- Las muestras fueron tomadas en un corto perodo (menos de una
semana) y no en el perodo en que el caudal es ms bajo, entre inicios de
octubre y los primeros das de diciembre.
b.- Existira un impacto importante en los bofedales, lo cual afecta negativamente el hbitat aymara, del cual depende su economa fundada en
la produccin ganadera y agrcola.
La situacin se mantiene en statu quo desde el ao 1998.
En lo que respecta a la provincia de Iquique, la CONADI ha logrado inscribir a favor de los aymara un total de 2.177,7 lts./seg. en el periodo 1994-1999
(Ver Cuadro 10).
En la provincia, los conflictos respecto a la regularizacin de aguas se relacionan principalmente con la actividad minera, cuya actividad afecta de manera
45
Anterior Direccin de Riego.
56
preferente a las aguas subterrneas y la productividad de las tierras. Sin embargo, Laguna del Huasco (altiplano de la comuna de Pica) constituye un caso
de afectacin de aguas superficiales debido a la actividad minera. Si bien esta
laguna no tiene un extensivo uso productivo por parte de las comunidades
aymara, perjudica su patrimonio ecolgico.
2.3.5 La poltica minera
El sector minero chileno se compone fundamentalmente de productores de
cobre, oro y plata, cuya contribucin al desarrollo de las regiones mineras, en
especial del norte grande, es indiscutible. Aunque se trata de una actividad
histricamente muy importante, en la ltima dcada se ha constituido adems
en uno de los sectores ms dinmicos de la economa.
Entre los aos 1995 y 2001, las concesiones mineras de explotacin en la
regin de Tarapac aumentaron de 2.941 a 4.236 pertenencias, experimentando un incremento del 44,03% en el perodo. Esto tambin signific un aumento
de la superficie de suelo potencialmente afectada por la actividad minera de
771.949 hectreas a 1.103.840 hectreas.46
El desarrollo del potencial minero en la provincia de Parinacota ha estado
condicionado por la existencia de reas silvestres protegidas y las restricciones
que emanan de ellas.
Dentro de la provincia se puede encontrar dos tipos de zonas de inters
minero: las zonas de inters geolgico-minero general y las zonas de inters
especfico.
Las primeras se refieren a reas que presentan caractersticas geolgicas generales que permiten inferir un inters minero potencial. Las superficies
comprendidas en esta categora, segn datos presentados por el SERNAGEOMIN
en octubre de 1993, representan dos franjas que afectan prcticamente toda la
superficie del Monumento Nacional Salar de Surire, comuna de Putre. Las zonas de inters especifico, por su parte, se sustentan en el conocimiento de indicios
mineros ms o menos importantes respecto de mineralizaciones existentes.
De acuerdo con los antecedentes de Sernageomin, las concesiones mineras
tanto de exploracin como de explotacin constituidas en la provincia de Parinacota afectan de manera importante al SNASPE.
El impacto de la actividad minera tiene dos caras. Una es el influjo positivo
en el desarrollo econmico de las provincias de Arica y Parinacota, cuyas inversiones generan empleos en las diferentes etapas de la construccin, montaje,
46
Centro de Estudios Espaciales, Universidad de Chile, 1999.
57
produccin y operacin de la mina. La otra la representan las consecuencias
negativas de la operacin de una mina, entre ellas el impacto en el suelo superficial y la presin sobre el uso de los recursos hdricos y procesos industriales
de envergadura que generan desechos contaminantes para el medio ambiente.
Las opiniones estn divididas. Quienes favorecen esta actividad fundamentan su preferencia en los impactos econmicos positivos de la actividad minera,
en tanto que sus detractores sealan que, adems de los impactos negativos en
el medio ambiente, se generan daos culturales, sociales y en los recursos econmicos del pueblo aymara.
En la actualidad, uno de los principales problemas que enfrentan las comunidades como producto de la actividad minera en la zona es la presin ejercida
por las grandes empresas para la explotacin de los pozos altiplnicos y la
desafectacin del Parque Nacional Lauca del SNASPE. El objetivo de dichas
empresas es que estos recursos aguas y tierras se destinen al desarrollo de la
gran minera en el altiplano de Putre.
La Constitucin Poltica reconoce el derecho eminente del estado sobre el
subsuelo y la concesibilidad de los recursos minerales. El cdigo de minera
impone restricciones a la actividad minera nica y exclusivamente cuando se
ejecuta en lugares que puedan afectar parques nacionales, reservas nacionales,
monumentos naturales o sitios de inters cientfico, exigiendo la autorizacin
del intendente para ejecutar labores en los tres primeros lugares y del Presidente de la Repblica en el ltimo caso.47
La Constitucin y la ley han reconocido la supremaca de los derechos del
concesionario por sobre los derechos del propietario del predio superficial. Sin
embargo, la prctica de CONADI respecto a la restriccin de la propiedad indgena con motivo del ejercicio de los derechos que otorgan las concesiones
mineras a su titular ha sido que se respete el rgimen de proteccin impuesto
por el artculo 13 de la ley indgena. As, ha exigido sin excepcin la autorizacin de esta Corporacin para permitir la constitucin de gravmenes
servidumbres mineras sobre tierras indgenas.
En Chile no existe ninguna norma que reconozca derechos especficos a los
indgenas y sus comunidades sobre los recursos mineros existentes en sus tierras y territorio, permitiendo la concesin de estas sustancias con total
independencia de los derechos indgenas constituidos sobre las tierras superficiales y haciendo caso omiso a los derechos ancestrales de estos pueblos sobre
el territorio y sus recursos.
47
Artculo 17 N 2 y 6, C. de Minera.
58
2.3.6 El programa de defensa indgena
Como una forma de abordar casos jurdicos que no se relacionan con problemas de tierras o aguas indgenas, la CONADI desarrolla el Programa de
asistencia y defensa jurdica. Su objetivo es contribuir a la igualdad de oportunidades en el acceso a la justicia de las personas, comunidades y
organizaciones indgenas, para lo cual se entrega orientacin legal en todo orden de materias a nuestros beneficiarios, se asume su representacin
extrajudicial y judicial, como asimismo difusin del programa y de los derechos indgenas (Conadi, 2003; p. 02).
El programa asume la representacin extrajudicial de particulares y organizaciones indgenas ante los tribunales de justicia, servicios pblicos y entes
privados, priorizando las gestiones judiciales por discriminacin indgena,
juicios de tierras indgenas (reivindicatorios, de amparo y restitucin) y defensa de aguas.
De acuerdo a antecedentes de CONADI, al 31 de diciembre de 2002 exista
un total de 141 casos en tramitacin en Iquique, Pozo Almonte y Huara48 (Ver
Cuadro 12).
3. Conclusiones
La problemtica de los derechos humanos aymara ha tenido varios momentos y modalidades de desarrollo histrico. Aparece originalmente vinculada a
la crtica a la conquista y sus consecuencias: disminucin demogrfica, sujecin al imperio espaol y explotacin colonial de las sociedades originarias.
La defensa de los derechos de los habitantes del Nuevo Mundo es su primera expresin sistemtica.
La conformacin del mundo colonial signific el establecimiento de una
separacin entre ambas sociedades: la hispano-criolla y la indgena. Si bien
esto supuso el reconocimiento de ciertos derechos y privilegios especiales para
los aymara, tambin estableci obligaciones econmicas, religiosas y polticas
propias de ellos. O sea, bajo una modalidad de subordinacin jerrquica estamental, se ciment la creacin de un cierto espacio de autonoma: la comunidad
indgena neo-colonial. Sin embargo, las prcticas efectivas escaparon muchas
48
Este programa anteriormente se licitaba a empresas externas, por lo que no se tienen datos de los
resultados del mismo en esa etapa.
59
veces a las normativas vigentes, producindose numerosos abusos que llevaron a la gestacin de las rebeliones quechua-aymara en la dcada de 1780, que
tuvieron expresin tambin en el actual territorio de Tarapac.
La repblica fue un nuevo momento de inflexin fundamental. Signific el
fin de la separacin estamental y el reconocimiento a la igualdad jurdica y
poltica de los aymara. Pero sta es una igualdad entre quienes socialmente
son profundamente desiguales (Gundermann, 2002; p. 35). Por ende, sus resultados fueron diferentes a los declarados o esperados por los nuevos lderes
polticos; entre ellos, la expoliacin de sus tierras, la reduccin de su presencia
en los mercados regionales y la prdida de relevancia poltica (interna y externa) del cacique.
Al mismo tiempo, apareci una exigencia de incorporacin ciudadana desde los tres estados nacionales en que qued dividida la poblacin aymara a
fines del siglo XIX: Per, Bolivia y Chile. La cuestin indgena se reformul en
todos estos pases, vinculndose a la cuestin de la integracin nacional. Por
un lado, se trat de incorporar a los grupos indgenas a la nacin, es decir,
inculcarles una memoria histrica y un sentimiento patriticos a travs de la
castellanizacin, la educacin escolar y el cumplimiento de obligaciones cvicas como el servicio militar. Por otra parte, se busc sumar al progreso a estos
grupos que haban estado excluidos de l, que no haban logrado por s mismos adquirir las aptitudes necesarias para la iniciativa agrcola o industrial y
cuya capacidad intelectual tampoco se haba desarrollado al mismo ritmo que
la de los dems habitantes del pas, sobre todo en comparacin con las elites
gobernantes criollas.
Es muy relevante reconocer que los propios aymara participaron de este
doble proceso de nacionalizacin y desarrollo hacia el progreso a travs de: su
activa participacin en la educacin escolar, elevando demandas de mejoramiento de infraestructura, construccin de edificios pblicos; migrando a las
ciudades en busca de mejoramiento social y educativo; organizndose en comits para el progreso, juntas de vecinos, cooperativas, entre otras, en sus
localidades de origen. Simblicamente, se hicieron partcipes de las polticas
de integracin ciudadana, aunque preservando en mayor o menor grado, tradiciones indgenas a nivel local.
La poltica de integracin ciudadana comenz a ser puesta en cuestin recin en la segunda mitad de la dcada de los ochenta, cuando se formaron en
Arica e Iquique las primeras organizaciones tnicas reivindicativas. Dicho
movimiento obtuvo sus primeros triunfos polticos importantes, junto a otros
pueblos originarios, en los acuerdos de Nueva Imperial en 1989 y, posteriormente, en la conformacin de la Comisin Especial de Pueblos Indgenas, cuyo
60
cuerpo directivo en la regin integran cuadros de dirigentes de dicho movimiento. Posteriormente, esto dio lugar a la promulgacin de la ley indgena
y la creacin de la CONADI. Con ello, la demanda indgena de reivindicacin de la identidad indgena y de derechos polticos y culturales como pueblo
formulada en el perodo inmediatamente anterior adquiere el rango de
poltica de estado.
La aplicacin de la ley indgena en la zona aymara ha significado avances
en el reconocimiento de los derechos indgenas que se manifiestan, adems de
los logros jurdicos y polticos ya mencionados, en la regularizacin de los
derechos sobre las aguas, en el acceso a la educacin mediante el otorgamiento
de becas escolares y en la generacin de espacios de participacin en las instituciones pblicas y en sus polticas indigenistas. Sin embargo, persisten aun
importantes falencias en lo que respecta al reconocimiento estatal efectivo de
dichos derechos.
Los aspectos de mayor vulnerabilidad del pueblo aymara al respecto son
los siguientes:
a) En materia de tierras: el plan de saneamiento de las tierras impulsado por la CONADI y el Ministerio de Bienes Nacionales ha dado lugar
a un cuestionamiento de los derechos adquiridos sobre dichos terrenos,
que se expresa en el desconocimiento de los derechos de propiedad aymara que constan en ttulos inscritos. El mismo plan de saneamiento
puede dar lugar a una reduccin de las tierras aymara si no se reconocen
estrictamente los criterios de ocupacin establecidos en la ley indgena
y que corresponden a la propiedad individual, comunal y patrimonial
aymara, as como a la recuperacin de poblados y antiguos sectores de
emplazamiento, de conformidad a los artculos 63 y 65 de la ley indgena. Por el contrario, se aplican los criterios de ocupacin efectiva
establecidos en el D.L 1939 que regula el rgimen de disposicin de bienes fiscales.
b) En materia de aguas: la apropiacin de derechos de aguas por terceros, producto de las insuficiencias normativas de la ley indgena en la
proteccin de estos derechos (Direccin de Obras Hidrulicas del Ministerio de Obras Pblicas) y la presin de grupos econmicos como
mineras.
c) En materia minera: los concesionarios mineros se apropian del suelo
superficial donde se encuentra ubicada la concesin, mediante la constitucin de gravmenes y el desarrollo de las actividades que demanda
la exploracin y explotacin de los recursos mineros. Producto de dichas
61
actividades se produce tambin contaminacin de los territorios aymara,
afectando el suelo, las aguas, recursos paisajsticos y patrimoniales y, en
definitiva, la cultura de este pueblo. Por parte del estado hay un desconocimiento de los derechos aymara sobre los recursos del subsuelo y,
por tanto, de sus facultades de usar estos recursos a favor de su desarrollo econmico.
Sin embargo, en lo que se refiere a CONADI, habra que considerar que no
obstante los resultados sean satisfactorios o no, los programas que impulsa
responden a la ley 19.253. Los problemas podran radicar ms bien en su cobertura limitada por la cantidad de recursos que maneja la Subdireccin Norte
de CONADI respecto de otras oficinas en el pas en especial en el rea mapuche que a decisiones polticas de sus directivos sobre cobertura de los fondos
e implementacin de formas deficientes de participacin, entre otras. En suma,
son impedimentos de distinto orden que no significan un desconocimiento de
la ley ni de los principios consagrados en ella.
Finalmente, podemos decir que como ente coordinador de la accin del
estado en funcin del desarrollo aymara, la CONADI ha impulsado mltiples
acuerdos de cooperacin bilateral con servicios pblicos, a la vez que ha promovido instancias de colaboracin multilateral, como el ADI Jiwasa Orage. Estos
acuerdos formales, legales y administrativos, sin embargo, no han generado
una accin de envergadura en pro de su objetivo, lo que podra deberse a que
no existe la capacidad de articular estas acciones sectoriales en funcin de un
proyecto de desarrollo con caractersticas propias de las comunidades aymara.
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63
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Informe Final preliminar del Subgrupo de Trabajo Pueblo Aymara, Documento
preparado por el Subgrupo de Trabajo Pueblo Aymara, Comisin de Verdad
Histrica y Nuevo Trato, 2003.
Pueblo Aymara, revisin histrica, Documento preparado por el Grupo de Trabajo de Revisin Histrica, Comisin de Verdad Histrica y Nuevo Trato, 2003.
Segundo Borrador Preliminar. Historia de los pueblos indgenas de Chile y su relacin con el Estado, Grupo de Trabajo Revisin Histrica, Comisin de Verdad
Histrica y Nuevo Trato, 2002.
Cuadros
Cuadro 1
Organizaciones indgenas constituidas al amparo de la ley 19.253 en la
Primera Regin de Tarapac.
Provincias
Comunidades
Indgenas
Asociaciones
Indgenas
Total
Arica y Parinacota
54
35
89
Iquique
67
136
203
121
171
292
Total
Fuente: CONADI, Subdireccin Nacional Norte y Oficina de Asuntos Indgenas AricaParinacota, 2003.
Cuadro 2
Distribucin de tierras al interior del SNASPE en la Primera Regin de Tarapac
Snaspe
Parque Nacional Lauca
Reserva Nacional de las Vicuas
Total
tierras
fiscales
Hs.
Total
tierras
privadas
Hs
Total
tierras
1.450
136.433
137.883
40.870
168.261
209.131
505
10.793
11.298
42.825
315.487
358.312
Monumento Nacional de Surire
Total
Fuente: Ministerio de Bienes Nacionales, 1996.
64
Hs
Cuadro 3
Inversin de CONADI (Oficina de Asuntos Indgenas de Arica y
Parinacota, Primera Regin de Tarapac) 1994-1999.
Programas
Total
Inversin
M$
%
Participacin
Fondo de tierras y aguas: (*)
Obras de riego
785.028
45
Saneamiento derechos de aguas
121.806
59.44
53.341
Estudios de preinversin obras de riego
Regularizacin tierras aymara
Saneamiento defensa jurdica propiedad indgena
Total fondo
33.140
1.052.772
60
Fondo de desarrollo: (*)
Infraestructura productiva y social
286.385
16
Fomento productivo
222.939
13
Programa desarrollo local indgena
46.242
Estudios preinversin iniciativas desarrollo local (*)
26.751
Fortalecimiento sociedad civil indgena
46.338
Proteccin patrimonial cultural
17.343
Diseo de una EIB
55.301
701.302
40
Total Fondo
Fuente: Informe gestin periodo 1994 - 1999, Oficina Asuntos Indgenas Arica y Parinacota, CONADI.
(*) = Valores aproximados.
65
Cuadro 4
Inversin en educacin y cultura de CONADI Subdireccin Norte,
provincia de Iquique 1999-2001.
Ao
Nombre Proyecto
Monto
(en $ miles)
1999
S. para diseo de una Educacin Intercultural Bilinge
27.000
1999
S. a la capacitacin y especializacin de tcnica y prof.
indgenas
15.000
1999
S. a la residencia estudiantil
1999
Subsidio fortalecimiento EIB para ADI
1999
Subsidio al diseo curricular intercultural bilinge en
educacin para provincia de Iquique
1999
Sistematizacin de etnocontenidos curriculares aymaras
2000
Aplicacin de investigaciones de base y avance en el
8.000
10.590
6.410
10.000
desarrollo de un currculum intercultural bilinge
13.000
2001
Aplicacin de contenidos andinos II etapa
14.000
2001
Estudio y sistematizacin de la historia andina I etapa
7.000
Total
111.000
Fuente: CONADI, Subdireccin Norte.
Cuadro 5
Nmero de becas indgenas
Provincias de Arica y Parinacota Aos 1995-1999
Niveles
1995
1996
1997
1998
1999
Total
Bsica
195
195
211
259
316
1.176
Media
85
88
92
114
139
518
Superior
63
69
74
104
178
488
343
352
377
477
633
2.182
Total
Fuente: CONADI, Oficina de Asuntos Indgenas de Arica y Parinacota.
66
Cuadro 6
Nmero de propiedades pertenecientes a indgenas,
por comuna de acuerdo a tipo y situacin jurdica
por comuna en el altiplano de la Primera Regin
(En nmero de propiedades a y b)
General Lagos
Putre
Colchane
Pica
Total
1) Fiscal
15
14
30
2) Particular
39
80
38
160
a) Regularizada
b) No regularizadas
15
36
71
35
145
Individual
13
Comunitaria
29
43
Com. Sucesorial
27
56
88
Patrimonial
2) Particular
0
39
0
80
1
38
0
3
1
160
c) Regularizada
d) No regularizadas
15
36
71
35
145
Individual
13
Comunitaria
29
43
88
Com. Sucesorial
27
56
Patrimonial
Subtotal
36
71
35
145
Total
54
94
38
190
Fuente: Ministerio de Bienes Nacionales, 1996.
67
Cuadro 7
Tierras legalizadas a aymara. CONADI Subdireccin Norte
Titular
Comuna
Sector
Superficie Familias
Forma de
Has.
beneficiadas adquisicin
Comunidad indgena
aymara pueblo de
Colchane
Huara
Zapiga
239,4
15
Transferencia
gratuita
Comunidad indgena
aymara de Pisiga Choque
Huara
Zapiga
105,6
45
Transferencia
gratuita
Comunidad indgena
aymara de central Citani
Huara
Zapiga
359,04
32
Transferencia
gratuita
Comunidad indgena
Chusmiza y Usmagama
Huara
Chusmiza
0,05
43
Transferencia
gratuita
Agrupacin indgena
Unin de Chacareros de
Puchuldiza
Huara
Pachica
60
30
Concesin
de uso
Comunidad indgena
aymara del pueblo de
Soga
Huara
Soga
12,068
15
Transferencia
gratuita
Brgida Pacha Barreda
Huara
Pachica
0,7
Comunidad indgena
aymara pueblo de
Colchane
Iquique
Alto
Hospicio
10,20
15
Transferencia
gratuita
Comunidad indgena
aymara de Pisiga Choque Iquique
Alto
Hospicio
4,50
45
Transferencia
gratuita
Comunidad indgena
aymara de Central Citani
Iquique
Alto
Hospicio
15,30
32
Transferencia
gratuita
aymara Suma Yapu
Pica
Valle de
Quisma
47
41
Transferencia
gratuita
Felipa Cceres y Otros
Pica
Collacagua
19033
Regularizada
Asociacin indgena
aymara Laguna del
Huasco
Pica
Laguna
del Huasco
37,35
31
Transferencia
gratuita
Natalia Vargas Sols
Pica
Valle De
Quisma
9,75
Asociacin gremial y
ganadera Pampa del
Tamarugal, Marka
Masis
Pozo
Almonte
La Tirana
21,05
28
Ttulo
gratuito
Asociacin indgena
Ttulo
gratuito
Transferencia
gratuita
(contina en pg. siguiente)
68
Asociacin indgena
aymara Juventud del
Desierto
Pozo
Almonte
Colonia
Pintados
100
28
Transferencia
gratuita
Comunidad indgena
quechua de Mamia
Pozo
Almonte
Mamia
14
178
Concesin
de uso
Asociacin indgena
aymara Flor del Desierto
Pozo
Almonte
Pozo
Almonte
31,5
25
Transferencia
gratuita
Asociacin indgena
aymara San Jos
Pozo
Almonte
Pozo
Almonte
86,41
30
Compraventa
31
Concesin
de uso por
5 aos
Asociacin indgena
aymara San Pedro de
Apamilca
Camia
Apamilca
151,53
Jacinto Choque Challapa Camia
Apamilca
161,1 (M2)
Ttulo gratuito
Odilia Ramos Challapa
Camia
Apamilca
500,51 (M2)
Ttulo gratuito
Emiliano Chamaca
Mamani
Camia
Apamilca
343,81 (M2)
Ttulo gratuito
Camia
Apamilca 1345,24 (M2)
Ttulo gratuito
Julia Victoria Castro
Condore
Fuente: CONADI-Subdireccin Norte
Cuadro 8
Regularizacin por CONADI de las aguas de las tierras aymara inscritas
Nombre
organizacin
Agrupacin indgena
Unin de Chacareros de
Puchuldiza
Comuna
Sector
Huara
Pachica
60
En trmite
Soga
12,068
Regularizada
Comunidad indgena
aymara del pueblo de Soga Huara
Superficie
Situacin
solicitada legal de las aguas
Asociacin indgena
aymara Suma Yapu
Pica
Valle de
Quisma
47
Regularizada
y en trmite
Felipa Cceres y otros
Pica
Collacagua
19033
En trmite
37,35
En trmite
9,75
Regularizada
21,05
En trmite
Asociacin indgena
aymara Laguna de Huasco
Pica
Natalia Vargas Sols
Pica
Laguna
de Huasco
Valle de
Quisma
Asociacin gremial y
ganadera Pampa del
Tamarugal, Marka
Masis
Pozo
Almonte
La Tirana
(contina en pg. siguiente)
69
Asociacin indgena
aymara Juventud del
Desierto
Pozo
Almonte
Colonia
Pintados
100
Regularizado
y en trmite
Asociacin indgena
aymara Flor del Desierto
Pozo
Almonte
Pozo
Almonte
31,5
En trmite
Asociacin indgena
aymara San Jos
Pozo
Almonte
Pozo
Almonte
86,41
Regularizada
Asociacin indgena
aymara San Pedro de
Apamilca
Camia
Apamilca
151,53
Regularizada
Jacinto Choque Challapa
Camia
Apamilca
161,1 (M2)
Regularizada
Odilia Ramos Challapa
Camia
Apamilca
500,51 (M2)
Regularizada
Emiliano Chamaca
Mamani
Camia
Apamilca
343,81 (M2)
Regularizada
Julia Victoria Castro
Condore
Camia
Apamilca
1345,24 (M2)
Regularizada
Fuente: CONADI-Subdireccin Norte
Cuadro 9
Solicitudes a Direccin de Obras Hidrulicas (MOP) de derechos de
aprovechamiento de aguas subterrneas en Parque Nacional Lauca
(pozos y caudal solicitado)
Pozo
Caudal solicitado
litros/segundo
45
43
45
60
75
65
10
Total
342
Fuente: Minuta Tcnica, Depto. de Conservacin y Proteccin de Recursos Hdricos,
Direccin General de Aguas, Pozos, Parque Nacional del Lauca, p. 2 y 8.
70
Cuadro 10
Inscripcin de derechos de agua a favor de aymara
CONADI, provincia de Iquique 1994-1999
Comuna
Caudal l/s Beneficiarios
Huara
161
193
Pica
1,9
26
Camia
363
117
Pozo Almonte
77,8
132
Colchane
1574
240
Total
2.177,7
708
Fuente: CONADI, Subdireccin Norte.
Cuadro 11
Concesiones mineras constituidas en la provincia de Parinacota, 1999
Concesiones Mineras
Exploracin
reas SNASPE
N
Superf.
concesiones Hs.
Explotacin
N
Superf.
concesiones
Hs.
Parque Nacional Lauca
19
5.350
Reserva Nacional Las Vicuas
16
9.550
30
7.850
Monumento Natural Salar de Surire
Total
5
40
5.100
20.000
10
48
8.750
17.700
Fuente: Centro de Estudios Espaciales, Universidad de Chile, 1999.
71
1.100
Cuadro 12
Materias y nmero de casos del programa de defensa jurdica de CONADI
en Iquique, Pozo Almonte y Huara al ao 2002.
Materia
Cantidad
Civiles (resoluciones de contrato, trmino de contrato de arriendo,
declaracin bien familiar, demandas ejecutivas, terceras posesin,
indemnizacin de perjuicios, reivindicatorios, recursos de
proteccin, etc.)
39
Criminales (estafa, receptacin, negligencia mdica, usurpacin de
tierras y agua, robo, lesiones, violacin de domicilio, etc.)
14
Oposiciones y reclamaciones de agua ante Direccin General de
Aguas, DGA.
58
Policial Local (discriminacin indgena, infracciones al cdigo
sanitario, etc.)
Voluntarias (posesiones efectivas, nombramiento curador, cambio
de nombre, inscripcin defuncin y nacimiento)
Total
2
28
141
Fuente: CONADI - CONADI Subdireccin Norte
72
Captulo III
Los derechos del pueblo lickanantay,
kunza o atacameo
1. Antecedentes histricos
1.1 Poblamiento y orgenes
La ocupacin humana de la zona de San Pedro de Atacama se estableci
hace 10.000 aos, luego de la estabilizacin del clima postglacial (Nez, 1991).
Se desarroll en los sectores ms altos del territorio, entre la puna y la prepuna, concentrndose en las cuevas de San Lorenzo, Tuina y Chulqui. La
informacin arqueolgica da cuenta de que los primeros lickanantay se caracterizaron por su trashumancia y actividad de caza, que les proporcion carne,
lana, huesos, alimentos, vestimentas y objetos de abrigo (Nez, 2002).
A partir del primer milenio (a.C.) se registr la presencia de asentamientos
humanos en los sectores de Tilocalar, Chiu Chiu y Lasana. Los datos arqueolgicos evidencian que en el pequeo oasis de Tilocalar (hacia el ao 1.200 a.C.),
habitaban poblaciones que se dedicaban a la crianza de llamas y al cultivo de
maz, papas, qunoa y zapallos. La adopcin de la alfarera sugiere que estas
comunidades estaban en contacto con otros pueblos del noroeste argentino y
del altiplano boliviano (Fundacin Minera Escondida, 2000).
El asentamiento de las poblaciones de cazadores y el desarrollo de la actividad agrcola y pastoril marcaron el sello de la cultura San Pedro. sta se
desarroll entre el ao 100 (a.C.) y el 900 (d.C.) y se caracteriz por el asentamiento de comunidades agropastoriles que habitan sitios como Tulor, Lasana,
Chiu Chiu, Coyo, Beter y San Pedro (Fundacin Minera Escondida, 2000).
Alrededor del ao 400 (d.C.) y junto con estos poblados en el valle del ro
Loa, comenzaron a construirse los pukara, fortificaciones que marcaron una
poca caracterizada por el desarrollo urbanstico de zonas como Chiu Chiu y
Lasana, donde se erigieron los pukara del mismo nombre.
A lo largo de su curso histrico, los lickanantay se contactaron y mezclaron
con otros pueblos. Sin embargo, mantuvieron rasgos culturales que los
73
diferenciaban de los pueblos que vivan en el ro Loa superior y que correspondan a otros grupos andinos como los charkas o los aymara.
Los lickanantay hablaban la lengua kunza y se diferenciaban con los pueblos
vecinos por su uso del espacio, lengua, cultura y el rgimen de contactos fronterizos que establecan, los que se caracterizaban por la transversalidad y
vinculacin con espacios y poblaciones que geogrficamente estaban muy distantes entre s (Comisin Verdad Histrica y Nuevo Trato, Historia, 2002). La
zona de emplazamiento de la cultura lickanantay era el rea comprendida entre el ro Loa y la cuenca del Salar de Atacama (con territorios complementarios
hacia el este y oeste). Se desplazaban hacia las tierras altas de la puna salada y
las quebradas orientales que descendan por la llanura chaquea. Tambin lo
hacan en direccin a los valles y oasis del desierto atacameo de Tarapac,
Copiap y las nacientes quebradas altas ubicadas en el territorio de los Chichas en Bolivia (Comisin Verdad Histrica y Nuevo Trato, Historia 2002).
El desarrollo de esta cultura se caracteriz por una agricultura avanzada,
uso de piedras preciosas como la turquesa y explotacin metalrgica aplicada
en objetos ceremoniales de estatus ritual. Al correr de los tiempos se transformaron en caravaneros, especializados en cruzar el desierto. A travs de este
movimiento, sacaron su riqueza excedentaria hacia afuera y trajeron en el retorno lo mejor del mundo andino. El sistema de caravanas fue importante
porque enriqueci al pueblo lickanantay o kunza precolombino y les permiti
traer toda la modernidad del mundo andino hacia los territorios de Atacama
(Nez, 2002).
1.2 La influencia cultural de tiawanaku
A partir de la segunda mitad del primer milenio (d.C.), las poblaciones
altiplnicas portadoras de la denominada cultura tiawanaku produjeron cambios sustantivos en la vida de los lickanantay. Tiawanaku fue una sociedad
integrada por un estado de existencia milenaria que se desarroll en el altiplano del lago Titicaca y desde all ejerci una fuerte influencia econmica, poltica,
religiosa y cultural en la regin atacamea.
El primer perodo de influencia tiawanaku se conoce como la fase quitor y se
puede ubicar entre los aos 400 y 700 (d.C.). Durante este perodo, la cultura
San Pedro contaba con una economa agroganadera complementada con un
intenso trfico interregional que consolid las relaciones del seoro de San
Pedro con el estado de tiawanaku (Fundacin Minera Escondida, 2000).
El segundo perodo de influencia tiawanaku se conoce como la fase coyo y comprende entre los aos 700 y 900 (d.C.). Pareciera que las relaciones armnicas que
74
caracterizaron el perodo anterior se esfumaron, dando lugar a tensiones con tiawanaku. Los antecedentes arqueolgicos dan cuenta de un aumento en la confeccin
de armas, como mazas y hachas, y el hallazgo de restos humanos con seas de
heridas violentas (Fundacin Minera Escondida, 2000).
Las influencias artsticas y culturales de la cultura Tiawanaku se pueden
reconocer en la existencia de tabletas y tubos ceremoniales para el consumo de
alucingenos tallados con motivos propios del arte tiawanaku. Tambin se evidencia en los coloridos diseos de los tejidos, cesteras, vasos-retratos (keros)
de oro o madera y otros artefactos de uso ceremonial.
Se adoptan adems prcticas de deformacin craneanas y costumbres funerarias caractersticas del tiawanaku: los cuerpos eran enterrados cubiertos
con cueros de auqunidos y las cabezas envueltas totalmente con hilo negro,
quedando descubierta la cara. Como ofrendas se incluan cestera, bolsas finamente tejidas que contenan qunoa, conchas de ostin y loco y restos de
pescados, cintillos de plumas de aves tropicales y cucharas de madera (Fundacin Minera Escondida, 2000).
Las evidencias arqueolgicas demuestran la existencia de una sociedad estratificada socialmente, en la que posiblemente coexistan grupos tnicos
diferenciados en el conjunto de la cultura atacamea.
1.3 Perodo de los desarrollos regionales
Los desarrollos regionales corresponden al perodo comprendido entre el
ao 900 a 1450 (d.C.) Este perodo comparte varias caractersticas en todo el
norte de Chile, que se caracteriz por la presencia de poblaciones altiplnicas
que usaron simultneamente diversos pisos ecolgicos y presionaron econmica y polticamente para la obtencin de recursos y productos. Fue una etapa
de gran actividad con intenso trfico de caravanas y con el establecimiento en
todo el norte de Chile de colonias de inmigrantes altiplnicos en lugares geogrficos claves, lo que dio lugar a un reordenamiento social del espacio
tradicional de la cultura atacamea (Fundacin Minera Escondida, 2000).
Tiawanaku comenz a perder hegemona en la zona del Salar de Atacama y
empezaron a emerger nuevos tipos de relaciones a partir de sociedades altamente competitivas, cuyo resultado fue la consolidacin tnica de la cultura
atacamea a partir del desarrollo regional. Este perodo se conoce como la fase
solor. Corresponde a esta poca la construccin del pukara de Quitor, edificacin con muros de piedras que comprende ms de 160 recintos destinados
como habitaciones, plazas, pasadizos y silos para el almacenaje de alimentos.
Este lugar alberg a una poblacin de hasta cuatrocientos lickanantay. Los agri-
75
cultores habitaban en las numerosas aldeas del seoro de San Pedro, pero se
refugiaban en el pukara de quitor cuando se generaban conflictos, especialmente con las colonias o los invasores altiplnicos. Se construyeron en dichos
perodo terrazas de cultivos en las quebradas y kilmetros de canales de regado, cuyas aguas alimentaban oasis ubicados en la planicie del borde norte del
Salar de Atacama (Fundacin Minera Escondida, 2000).
En la poca de los desarrollos regionales, los lickanantay se expanden territorialmente. Disputan tierras de turi en el alto ro Salado, Lasana, en el Loa
medio y en los oasis de Chiu Chiu y Quillagua. Se mezclaron con los grupos de
la regin de Lpez (altiplano boliviano) y se instalaron en el curso superior del
ro Salado. Este perodo de expansin se conoce como fase toconce. Este perodo se caracteriz por la presencia de aldeas, entierros ubicados en abrigos
rocosos, construccin de torreones ceremoniales o chullpas y utilizacin de alfarera similar a la que se encuentra en Lpez (Bolivia). En el Salar de Atacama
se redujeron las relaciones con pueblos del noroeste argentino. No obstante,
los lickanantay mantuvieron vnculos con los grupos de origen chichas asentados en la quebrada de Humahuaca. Se generaron cambios rituales, desapareci
el uso ceremonial de alucingenos, reemplazndolos por la coca, propia de la
cultura inca. El mismo perodo termin con el inicio de la dominacin inca
(Fundacin Minera Escondida, 2000).
1.4 El perodo de administracin incaica
La expansin del imperio inca, el tawantinsuyo, en el rea de San Pedro de
Atacama, se atribuye al Inca Tupac Yupanqui, quien gobern entre los aos 1471
a 1493. La campaa de conquista de Tupac Yupanqui se extendi sobre el altiplano boliviano, el noroeste argentino y el territorio chileno hasta las
inmediaciones del ro Bo Bo.
La dominacin inca del territorio atacameo fue impuesta enrgicamente.
Hubo enfrentamientos con grupos refugiados en los pukara de Lasana y Quitor,
donde se disputaban el control de los valles y oasis ms frtiles y la instalacin
de las huestes incaicas en los ayllus de Turi, Caspana, Calama, Chiuchiu, San
Pedro y Ro Grande, entre otros. La estrategia inca de ocupacin apuntaba a
aprovechar la infraestructura tecnolgica de regado y cultivo y las zonas ms
aptas para el apacentamiento de llamas y alpacas. Asimismo, la dominacin inca
se emplaz en los cerros Chuqui Camac (Chuquicamata), donde se vali de la
tecnologa y conocimientos ancestrales lickanantay para extraer el mineral.
Consolidado el dominio militar, el imperio inca implement una estrategia poltica que le permiti consolidar su expansin y que se basaba en tres
76
elementos fundamentales: la reorganizacin de la poblacin atacamea bajo
la administracin central nombrando funcionarios dependientes del inca; la
imposicin del culto solar y, la oficializacin del idioma quechua.
La administracin inca fue breve aproximadamente 60 aos y no logr
imponerse totalmente sobre la cultura atacamea pues, a pesar de la fuerza
del imperio, la lengua originaria kunza se mantuvo (Fundacin Minera Escondida, 2000).
1.5 Organizacin social y poltica del pueblo lickanantay
La organizacin social y poltica propia del pueblo lickanantay es el ayllu,
que ha imperado hasta nuestros das. Es probable que este sistema se haya
consolidado en la poca del tawantinsuyo, donde se impuso un sistema de organizacin propia para los poblados originarios.
El ayllu comprenda diversos aspectos sociales y polticos. En el aspecto social, se conceba como una comunidad compuesta de varias familias cuyos
miembros estaban emparentados. Las familias y, por consiguiente, los individuos, estaban tambin unidos por una genealoga mtica vinculada a antepasados
remotos. Adems del parentesco, el ayllu estaba determinado por una unidad
territorial: la tierra que ancestralmente habitan los miembros del mismo y sobre
la cual abrigan un sentimiento de posesin. Las tierras y pastos que constituyen
el ayllu eran bienes comunes que se explotaban de manera cooperativa.
La organizacin poltica y de gobierno de un pueblo o aldea consista en
una jefatura con un consejo de ancianos. Cada miembro del consejo posea
tierras y derechos de agua que comparta comunitariamente con su grupo de
parientes y tena que ocupar el cargo de jefe de su pueblo. Durante el perodo
inca, corresponda a cada jefe relacionarse con el curaca o administrador perteneciente a la nobleza inca, mientras que el consejo de ancianos se encargaba de
organizar los trabajos comunitarios como limpieza de canales, fiestas y ceremonias (Fundacin Minera Escondida, 2000).
1.6 La invasin espaola
La primera expedicin espaola al territorio atacameo fue la realizada por
Diego de Almagro en 1535, inicindose as la conquista de Chile. Almagro,
frustrado por no encontrar riquezas y oro en el Reino de Chile, decidi retornar a Cuzco atravesando penosamente el desierto de Atacama y arribando a
San Pedro en 1536, donde realiz acciones de robo y violencia contra los lugareos para conseguir abastecimiento y pertrechos para sus huestes.
77
La segunda expedicin fue la realizada por Pedro de Valdivia en 1540. Valdivia se adentr al territorio de Chile, conocido como Nueva Toledo,
siguiendo la ruta del desierto de Atacama. En San Pedro de Atacama, tambin
conocido como Atacama la Grande, Valdivia orden construir una iglesia,
una casa para quien invistiera el cargo de gobernador hispano e inici la construccin de la iglesia de Toconao. En Chiu Chiu, conocido como Atacama la
Chica, Francisco de Aguirre se uni en 1540 a las huestes de Valdivia y fund
ese mismo ao un poblado que cumplira funciones administrativas de importancia y que serviran de nexo entre el naciente Reino de Chile y el Alto Per.
La invasin del territorio atacameo fue repelida por los habitantes originarios. Entre 1536 y 1540 se registraron diversas insurrecciones de este pueblo
en contra de los espaoles, las que culminaron con la batalla de Quitor en junio
de 1540, resultando vencidos los seores del desierto.
La victoria hispana no se proyect en el tiempo. Entre 1543 y 1557, el pueblo lickanantay o kunza se alz en armas contra los espaoles estableciendo una
hegemona indiscutible en su territorio. Los guerreros lickanantay lograron resistir la presencia invasora durante veinte aos, hasta que la Real Audiencia
de Lima orden al corregidor y encomendero Juan Velsquez Altamirano la
pacificacin del territorio atacameo.
En 1557 se estableci un acuerdo que consolid el dominio espaol, previa
capitulacin de los caciques lickanantay. A la suscripcin del tratado de paz
comparecieron en representacin del pueblo lickanantay o kunza los siguientes
caciques: don Juan, cacique principal, y los caciques Canchila, Lequite, Lequitea, don Francisco, don Diego, Capina, Vildorpo, Vildopopoc y Ctacata. Por la
Corona de Espaa, en representacin del Marqus de Caete, Virrey y Capitn
General de los reinos del Per, firm el documento don Juan Velsquez Altamirano.
El corregidor Velsquez entreg a los espaoles encomiendas que incluan
tierras e indios para ser explotados en las actividades mineras y agropastoriles, inicindose adems el proceso de evangelizacin. Hacia 1590 se fund en
el ayllu de Beter un Pueblo de Indios destinado a agrupar a los lickanantay
dispersos y controlar de esta manera los tributos de la encomienda.
1.7 El orden colonial
Con la administracin espaola, en el ao 1559 el distrito de Atacama form parte de la audiencia de Charcas, perteneciente al virreinato del Per. Dos
siglos despus (1776) se integr a la provincia de Potos, bajo el virreinato de la
Plata. Los lmites del distrito de Atacama eran: al norte el ro Loa, al sur Peine,
78
al oriente la alta puna de Atacama y al poniente hasta la costa, el puerto de
Cobija.
La provincia se organizaba en dos sectores: Atacama la Baja o la Chica y
Atacama la Alta o la Grande. Atacama la Baja, estaba constituida por el pueblo
de Chiu Chiu y los ayllu de Calama, Caspana, Ayquina y Toconce. Atacama la
Grande, abarcaba el pueblo de San Pedro y los ayllu conde Duque, Solor, Sequitor, Soncor, Solcor, Coyo, Beter, Cantal, Acapana, Toconao, Socaire, Peine,
Camar.
La autoridad civil de mayor jerarqua a nivel del virreinato era el virrey del
Per, en la primera etapa, y el virrey del Ro de la Plata, en el segundo perodo
colonial. Bajo el virrey estaba la real audiencia, tribunal encargado de administrar justicia en el territorio atacameo, rgano de carcter colegiado cuya
mxima autoridad era su presidente. Tambin exista el fiscal protector de indios, que ejerca una labor especfica de proteccin de los derechos de los
indgenas (Fundacin Minera Escondida, 2000).
En el mbito provincial, la mxima autoridad era el corregidor, autoridad
poltica, administrativa y judicial. En ejercicio de su labor judicial estaba encargado de conocer los casos y dictar sentencia sumaria con obligacin de
remitir informe a la real audiencia. Adems recaudaba los tributos, aplicaba
las leyes, regulaba el comercio local y haca cumplir lo ordenado sobre el buen
trato a los indgenas, actuaba como juez de indios para dirimir asuntos que
tenan incidencia en la poblacin indgena y cumpla el rol de alcalde mayor
de minas (Fundacin Minera Escondida, 2000).
El orden colonial hizo subsistir algunas autoridades indgenas. La mxima
autoridad era el gobernador de indios, quien actuaba de intermediario entre
indgenas y espaoles. Tena competencia en asuntos que eran propios del
pueblo indgena y deba ejercer su jurisdiccin sujeto a las leyes espaolas.
Exista otra autoridad que reciba la denominacin de segunda persona y
reemplazaba al gobernador en caso de enfermedad o ausencia y le prestaba
colaboracin en materias indgenas. El cacique o curaca era el jefe de un ayllu y
era la autoridad tnica por excelencia; ejerca su jurisdiccin dentro del ayllu al
que perteneca. No obstante, el nombramiento de los cacique o curaca durante
el perodo colonial corresponda a los corregidores y no al ayllu. Las familias
herederas de cacicazgos levantaban una propuesta que presentaban al gobernador y ste elega a la autoridad tradicional.
El espectro de autoridades indgenas lo completaban los siguientes entes
de gobierno: el alcalde mayor, cargo de carcter vitalicio que cumpla funciones de intermediacin entre los alcaldes ordinarios que integraban el cabildo
indgena y los caciques cobradores de tributo y el corregidor; el alcalde, cacique
79
que integraba el cabildo indgena junto a otros cacique, rgano colegiado donde se administraban los intereses comunitarios; el alguacil, indgena que
cumpla funciones de carcter policial dependiente del cabildo indgena y del
corregidor (Fundacin Minera Escondida, 2000).
El rgimen colonial introdujo en el territorio atacameo la encomienda y la
merced de tierra. Entre el siglo XVI y XVII se otorgaron en este territorio dos
encomiendas y una merced. Una de las encomiendas fue concedida a Juan
Velsquez Altamirano al interior de la regin y data del siglo XVI.49 La segunda encomienda (siglo XVII) fue concedida a Francisco de Riberos Figueroa en
el litoral. La merced de tierras benefici al corregidor de Copiap y estaba
localizada dentro de la encomienda otorgada a Riberos Figueroa.
El territorio atacameo y sus ocupantes deban tributo a la corona espaola. Los lickanantay fueron reducidos a pueblos de indios y obligados a pagar un
tributo. La encomienda del siglo XVI se disolvi paulatinamente en el tributo
personal. Los indios pagaban un tributo por cabeza y desde 1578 se estableci
que ste lo pagaran solo los indios de entre 18 a 50 aos. La provincia de Atacama qued al margen de la mita de Potos y Huancavlica que las ordenanzas
toledanas imponan a las provincias del virreinato del Per y que sumaban 17;
stas consistan en enviar un sptimo de su poblacin a trabajar a las minas de
Potos. Sin embargo, la poblacin lickanantay no estaba exenta la obligacin de
pagar mitas locales que los obligaban a trabajar en las minas o tierras del Corregidor. 50 Estas circunstancias generaron un fuerte proceso migratorio
atacameo hacia el noroeste argentino y la zona sur de Bolivia, con el objeto de
evadir el pago de contribuciones territoriales y personales.
Desde el siglo XVI al siglo XVIII, la evangelizacin fue intensa. Desde el
ao 1536 hasta fines del siglo XVII, se desarroll un complejo proceso conocido como extirpacin de idolatras, con el que se pretenda eliminar las creencias
y smbolos indgenas como el patahoire, el kunakuna o el sutarconti, siendo quemados en pblico. Sobre los lugares ceremoniales se construyeron iglesias y
en los cerros sagrados tikan, se instalaron cruces. Los lickanantay adoptaron la
religin catlica y siguieron sus ritos para relacionarse con las autoridades
coloniales y posteriormente las republicanas. Sin embargo, persistieron algunos cultos ancestrales fundamentalmente asociados a la fertilidad y que
continuaron profesndose al interior de los ayllu.
En el siglo XVIII se fund en Toconao una de las escuelas ms tempranas de la
regin y, a travs de esa ordenanza, surgi uno de los agentes transformadores
49
50
Datos complementados por Marie Nez, antroploga, en base a Casassas, 1974 e Hidalgo, 1978.
Ibidem.
80
ms eficientes y que en el futuro cumplira un rol determinante en la asimilacin
de los indgenas (Comisin Verdad Histrica y Nuevo Trato, Historia 2002).
El siglo XVIII se conoce como el tiempo de la rebelda. Los lickanantay, cansados de los abusos cometidos por los conquistadores y hacindose eco de la
revolucin de Tupac Amaru, generaron un proceso insurreccional con Toms
Paniri a la cabeza. Paniri, originario de Ayquina, ejerca el cargo de cacique,
alcalde y capitn general de la resistencia. Difunda el legado de Tupac Amaru
y afianzaba su poder en el dominio de todos los idiomas andinos regionales,
adems de un profundo conocimiento de su gente, la geografa andina y sus
opresores (Comisin Verdad Histrica y Nuevo Trato, Historia 2002). La contrarresistencia espaola fue organizada en Chiu-Chiu, logrando sofocar la
revolucin indgena y recuperando la lealtad de la regin de San Pedro de
Atacama a la corona espaola. Paniri fue hecho prisionero y condenado a
muerte, siendo ejecutado el 14 de mayo de 1781.
1.8 El perodo republicano
Con la ruptura del orden colonial, en los inicios del siglo XIX, el virreinato
del Per se disolvi en varios proyectos de estados nacionales. Hasta fines de
la dcada del setenta, el territorio atacameo quedaba circunscrito dentro de
las fronteras del estado boliviano. Posteriormente, despus de la Guerra del
Pacfico (1879), Atacama fue anexada al estado de Chile, lo que ocurri una
vez concluido el conflicto blico en 1883 (Comisin Verdad Histrica y Nuevo
Trato, Historia, 2002). En 1888, se cre por ley el Departamento de Antofagasta
y se estableci que San Pedro de Atacama sera la capital de la 9 subdelegacin, incluyendo pueblos, asentamientos del Salar y territorios de la Puna.51
1.8.1 Formacin del estado boliviano y la regin atacamea (18241879)
Desde la formacin del estado boliviano en 1824 bajo el gobierno de Antonio Jos Sucre, la nueva repblica se enfrent a la necesidad controlar un puerto
propio. El problema sobre la salida hacia el mar fue resuelto con la apropiacin
de la provincia de Atacama, bajo su jurisdiccin. De esta forma, Atacama adquiri un valor renovado en el marco de un proyecto de construccin de un
estado boliviano, porque esta regin era sumamente estratgica y permita
conectar el interior con el puerto de Cobija (Gundermann, 2002).
51
Ibidem.
81
La economa cobr un rol importante en este perodo. Se liberalizaron las
relaciones de mercado con el resto del mundo, particularmente el comercio,
importacin y exportacin de productos manufacturados, agropecuarios y
mineros ((Gundermann, 2002).
Al interior de la regin de Atacama se desarrollaban dos tipos de actividades econmicas preponderantes. En primer lugar, la actividad minera asociada
a la explotacin de yacimientos de cobre en la cordillera de la costa. Ms tarde,
a la explotacin y extraccin del salitre, actividad que alcanz su mayor desarrollo hacia 1860. Posteriormente, y a finales de la dcada del 60, comenz la
explotacin de la plata, principalmente en el yacimiento de Caracoles.
La segunda actividad econmica de importancia fue el arrieraje, a travs
del cual se transportaba la correspondencia oficial y todo tipo de bienes. ste
se increment progresivamente en la medida que aumentaba la actividad minera. Con ello tambin se intensificaron las necesidades de abastecimiento de
insumos productivos y tambin de bienes de consumo humano. Sin embargo,
las condiciones de desierto no podan proveer todas estas necesidades. De este
modo se abrieron circuitos de arrieraje muy activos que transitaban desde el
noroeste argentino hacia las zonas de Atacama y el puerto de Cobija. San Pedro de Atacama fue un punto de enlace y la poblacin atacamea cumpli un
rol fundamental en el aprovisionamiento de ganado menor, tal como corderos
y cabras (Gundermann, 2002).
La sociedad boliviana del siglo XIX era de una estructura social neocolonial
donde se reproduca la compartimentacin de la sociedad: por una parte los
indgenas y, por la otra, la oligarqua que ejerca el poder y control sobre las
tierras y el trabajo indgena (Gundermann, 2002).
Para el sostenimiento del estado boliviano, a partir de 1826, se restableci
el tributo a los indgenas que financiaba el sistema de rutas de arriera y las
comunicaciones en general (Comisin de Verdad Histrica y Nuevo Trato, Historia, 2002). A la poca, los contribuyentes lickanantay bordeaban las 1.000
personas y este recurso tributario fue destinado al mejoramiento y mantencin de la ruta oficial Cobija-Potos (Gundermann, 2002).
A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, se produjeron importantes cambios en el rgimen de la tierra. Se transit de las chacras de panllevar a grandes
fincas de alfalfales, proveedoras de productos para la gran minera (Nez, 2002).
Conjuntamente, con la habilitacin del Puerto de Cobija en 1827, se decret
la reparticin de terrenos a los nuevos pobladores para fomentar el asentamiento del puerto, concedindose la tierra bajo la modalidad de ttulos
individuales de dominio a pobladores forneos. Al interior de la regin, se
pretendi regularizar la propiedad indgena bajo la siguiente normativa:
82
... que se declare la propiedad a los caciques, extinguidos de sangre y sus
legtimos descendientes de los terrenos que como tales posean y gozaban en
tiempo del gobierno espaol; igualmente que a los indgenas contribuyentes de
aquellos en cuya pacfica posesin se hayan mantenido de 10 aos.52
En tiempos del estado boliviano, la poblacin atacamea no poda autoabastecerse y atender sus obligaciones tributarias, por tanto, pas a depender de
recursos monetarios que se originaban en economas externas a sus comunidades. La sociedad atacamea complement su economa con la
comercializacin de productos crneos y la venta de lea para abastecer las
necesidades de los centros mineros. Tambin generaban recursos asociados a
la explotacin de pieles de chinchilla y lana de vicua (Gundermann, 2002).
Como consecuencia de lo anterior, la poblacin tuvo que desplazarse y articular otros espacios, nuevas economas y otros actores sociales. De este modo,
a medida que empez a poblarse el desierto, aumentaron las vinculaciones de
la sociedad atacamea con estos nuevos asentamientos (Gundermann, 2002).
La sociedad atacamea del siglo XIX se caracteriz por la preeminencia de
dos grandes modelos de identidad colectiva. Por una parte, la comunidad o
ayllu, cuyos atributos culturales los diferenciaban de otras poblaciones; y, por
la otra, el individuo indgena, cuyo rasgo sociocultural ms relevante era la
subordinacin (Gundermann, 2002).
En el mbito religioso, las comunidades atacameas desarrollaron una
matriz cultural de rasgos sincrticos, de donde emergi una religiosidad andino-catlica y un tipo de pensamiento dual que se expresaba en la vida religiosa,
en la organizacin social y, en general, en la vida cotidiana.
1.8.2 Anexin de Atacama al estado chileno e implicancias para los
atacameos o lickanantay
El perodo que se enmarca a fines del siglo XIX, se inici con la invasin
militar chilena de la regin y la anexin territorial de la zona de Atacama al
estado de Chile. Desde 1879 en adelante, la zona experiment un brusco cambio generado, en primer lugar, por el aumento de la explotacin y exportacin
de salitre y, posteriormente, del cobre (Comisin Verdad Histrica y Nuevo
Trato, Informe Final, 2002).
Sin embargo, la zona del interior no tena importancia econmica para el
estado chileno. Lo que realmente importaba al estado y donde marc una
52
Datos complementados por Marie Nuez, antroploga, en base a Casassas, 1974, p. 92, e Hidalgo,
1978, p. 59.
83
fuerte presencia fue en la zona salitrera y en los puertos. All se mantenan
pequeos destacamentos de guardias, policas y algunas autoridades administrativas denominadas delegados (Gundermann, 2002).
El interior tena una importancia geopoltica. En este marco, la presencia
chilena estuvo marcada por un proceso de chilenizacin de las culturas y tierras altoandinas. El estado plante el reconocimiento de la poblacin atacamea
como ciudadanos y aspir a capturar la lealtad de esta poblacin al proyecto
nacional del estado chileno. Se liber a la poblacin del pago de tributo y se
consagr la igualdad jurdica como base del trato social.
El principio de igualdad jurdica que consagr el ideario liberal impuesto
por el estado de Chile en Atacama se tradujo en que los indgenas pasaron a
ser considerados obreros, campesinos trabajadores de la faena, pequeos productores, habitantes rurales o simplemente gente de la zona interior, pero no
seran relevados en sus particularidades tnicas. El estado promovi acciones
para asimilar al indgena y hacer desaparecer los rasgos culturales aborgenes
que, en la conviccin del estado liberal, obstruan el desarrollo de estos grupos
(Gundermann, 2002).
La incorporacin de este territorio a Chile no fue pacfica. El proceso de
chilenizacin dio lugar a ligas patriticas que se convierten en brutales persecuciones contra los bolivianos y todo aquello que pareciera tener vinculacin
con el pas trasandino. El proceso de chilenizacin fue reforzado con el establecimiento de numerosas escuelas en el norte del pas.
Desde el punto de vista econmico, en el perodo entre los aos de 1879 y 1929,
se constat una masiva incorporacin de los lickanantay al mundo asalariado. Este
es el perodo del auge del ciclo salitrero en la regin, que demand muchos recursos alimentarios, transporte y mano de obra. La crisis del salitre en 1930 dio paso
a un nuevo perodo que se caracteriz por la presencia de un estado benefactor y
desarrollista. Este perodo comenz en 1930 y termin en 1973.
En Chile se implement un modelo de desarrollo que, en lo econmico,
aspiraba a la sustitucin de importaciones y que apuntaba a resolver, a travs
de la industrializacin, la crnica dependencia exterior que mantena el pas
(Gundermann, 2002). El estado benefactor se expresaba en una creciente preocupacin por los problemas sociales de la poblacin, por lo que se promovieron
acciones de integracin, se inculcaron los valores de progreso, se promovi el
cambio en las estructuras sociales y la participacin. Se hizo visible una creciente incorporacin del indgena a este tipo de valores y, asociado a ello,
tambin se provocaron intensos cambios culturales.
Desde el ao 1955 se implementaron polticas de desarrollo paralelas al
estado a travs del Plan Cordillera. Se generaron actividades para reactivar las
84
reas agrcolas, ganaderas y artesanales de los pueblos lickanantay; iniciativa
impulsada por la iglesia catlica de Antofagasta junto con la Universidad del
Norte (hoy Universidad Catlica del Norte) (Comisin Verdad Histrica y
Nuevo Trato, Historia, 2002).
Entre 1940 y 1960, la sociedad atacamea comenz a abandonar su condicin rural y se conect ms a los centros urbanos como Calama, pasando a
depender fuertemente de la minera. El desarrollo minero en la regin se caracteriz por tres hitos que marcaron el auge de los principales yacimientos: la
plata en Caracoles, cuya explotacin tuvo lugar primero con la administracin
boliviana y despus con la administracin chilena; el ciclo salitrero, que se
desarroll en el perodo comprendido entre 1870 a 1930; y, finalmente, el yacimiento cuprfero de Chuquicamata, que se explot desde 1907 en adelante.
(Comisin Verdad Histrica y Nuevo Trato, Historia, 2002). Estos centros mineros fueron abastecidos con parte de la produccin agroganadera atacamea
y la fuerza de trabajo de los pueblos del interior de la zona.
Se privilegiaba el uso de mano de obra andina por su adaptacin fisiolgica y cultural a los ambientes cordilleranos de altura (Nez, 2002) y porque
conformaban una fuerza de trabajo ms barata (Comisin Verdad Histrica y
Nuevo Trato, Informe Final, 2002). Paralelamente, con la industria minera particularmente asociada a la explotacin del cobre, se generaron impactos en el
rea de los recursos naturales. Desde el comienzo de la explotacin de Chuquicamata hasta la actualidad, los enclaves mineros se han ido apropiando del
agua y de otros recursos naturales como la yareta, que se us masivamente en
la minera hasta prcticamente extinguirla (Comisin Verdad Histrica y Nuevo Trato, Informe Final, 2002).
La ley de juntas de vecinos en la dcada de los 60 y la municipalizacin a
partir de los 80 generaron cambios profundos en la estructura organizacional
de las comunidades atacameas. El estado legitim las juntas de vecinos como
interlocutores vlidos para atender a las demandas de las comunidades atacameas y stas adaptaron esta estructura a sus necesidades y aspiraciones.
A partir de 1980 se crearon los municipios de San Pedro y Ollage, inicindose con estas entidades una intervencin directa del estado. En el territorio
atacameo, esta intervencin cumpli un doble objetivo. Primero, desconcentrar la gestin del estado hacindola ms eficiente. Segundo, consolidar las
fronteras externas e integrar territorios marginales a la soberana nacional que
permitieran superar las denominadas fronteras interiores. Estas acciones de
intervencin se llevaron a cabo durante el rgimen militar (1973-1989). Es caracterstico en el perodo el endurecimiento de las fronteras, la presencia activa
del estado y de las fuerzas armadas. Esta importancia geopoltica favoreci la
85
entrega de subsidios estatales, apoyo alimentario, creacin de escuelas de concentracin fronteriza, otorgamiento de becas de estudio, asistencia social,
operativos de salud. A la vez se reedit el proceso de chilenizacin de la poblacin andina, principalmente a travs de las escuelas de concentracin fronteriza,
donde se difunda un discurso integracionista que resaltaba los valores patrios
y los smbolos de la historia de Chile (Comisin Verdad Histrica y Nuevo
Trato, Informe Final, 2002).
Tal como se seal en el captulo II de este informe, el rgimen militar dict
en 1981 un nuevo cdigo de aguas (D.F.L. N 1.222), mediante el cual se otorg
a los particulares un derecho real de aprovechamiento de las aguas que pasan
a ser de propiedad del titular, quien puede usar, gozar y disponer de su derecho en conformidad con la ley. Este derecho es transferible, transmisible y
prescriptible, y se constituye por un acto de autoridad, independiente de si el
solicitante es dueo o no, de la tierra donde est ubicada el agua y si hace o no
uso efectivo de la misma. Como consecuencia de la aplicacin de esta normativa, comenz un progresivo desecamiento de vegas y bofedales (Nez, 2002).
Esto se agrav bajo el gobierno militar, porque las presiones del mercado hacia
la enajenacin de los recursos productivos indgenas, como el agua para surtir
los enclaves mineros, fue facilitada por las polticas y legislacin capitalista
(Comisin Verdad Histrica y Nuevo Trato, Historia, 2002). La prdida del recurso agua, que persiste hasta nuestros das, agudiz la crisis de la agricultura
y el modo de vida atacameo (Nez, 2002).
Con la transicin a la democracia se inici una nueva etapa en la relacin
entre el pueblo lickanantay o kunza y el estado de Chile. Aunque en un primer
momento este pueblo no fue considerado en la discusin de la propuesta de
nueva legislacin indgena,53 la ley 19.253 de 1993 lo reconoci como una de
las etnias existentes en el pas. De conformidad a esta ley, la CONADI ha
implementado una serie de polticas de apoyo y desarrollo social tendientes a
mejorar la calidad de vida y las condiciones materiales de las comunidades
indgenas. En la actualidad stas se han complementado con otras iniciativas
gubernamentales, como la creacin (1997) del rea de desarrollo indgena (ADI)
Atacama la Grande, que se ha traducido en la focalizacin de todos los programas de gobierno en pro del desarrollo del pueblo atacameo (Comisin Verdad
Histrica y Nuevo Trato, Informe Final, 2002).
En los albores del siglo XXI, la sociedad atacamea est interviniendo en
un mundo globalizado, mucho ms abierto a la informacin y al consumo. En
53
Solo en 1991, y como consecuencia de la presin de los lickanantay, se integr un representante de
este pueblo en la Comisin Especial de Pueblos Indgenas CEPI creada en 1990.
86
los ltimos aos, los lickanantay han vivido la penetracin en su territorio de
una diversidad de personas a travs del turismo. La actividad turstica ha afectado principalmente a San Pedro de Atacama y sus ayllu, donde se asentaron
las bases de esta actividad que ha experimentado un gran desarrollo desde la
dcada de los noventa en adelante. No obstante, las comunidades atacameas
han empezado a concebir este desarrollo turstico como una oportunidad que
puede ser aprovechada positivamente si es controlada y armoniza con su cosmovisin (Comisin Verdad Histrica y Nuevo Trato, Informe Final, 2002).
Otro fenmeno actual es la ejecucin en territorio atacameo de proyectos
cientficos de relevancia mundial y de gran impacto que no son sometidos al
sistema de evaluacin de impacto ambiental. Es el caso del proyecto Alma,
patrocinado por CONYCIT, que contempla la instalacin de 64 antenas radio
astronmicas en el sector de Chancatur en la Cordillera de los Andes. Este
proyecto es precedido, a su vez, de dos iniciativas que ejecutan en la zona
agencias japonesas y alemanas: los proyectos Ate y Apets, respectivamente.
Estos son de gran envergadura e involucran importantes inversiones. Han sido
planeados y comenzaron a ejecutarse sin el consentimiento de las comunidades atacameas. No obstante, la resistencia del pueblo lickanantay oblig a
generar una mesa de negociacin donde fueron consensuadas las condiciones
para la ejecucin pertinente de estos proyectos.
2. Legislacin aplicable al pueblo atacameo
La ley N 19.253 de 1993 sobre Proteccin, fomento y desarrollo de los
indgenas hace referencia, en tres niveles distintos, a los atacameos y a sus
derechos:
2.1 Reconocimiento
En lo particular, a travs de la ley el estado reconoce como principales etnias indgenas de Chile, entre otras, a las comunidades atacameas,54 valora
su existencia por ser parte esencial de las races de la nacin chilena, as como
su integridad y desarrollo, de acuerdo a sus costumbres y valores.55
54
55
Reconoce el legislador al pueblo lickanantay como atacameo, denominacin impuesta por los
conquistadores tras el primer contacto.
Artculo 1, inciso 2, Ley 19.253.
87
Como consecuencia de este reconocimiento se establece que es deber de la
sociedad en general y del estado en particular a travs de sus instituciones,
respetar, proteger y promover el desarrollo de los indgenas, incluidos los atacameos, sus culturas, familias y comunidades, adoptando las medidas
adecuadas para tales fines y, consecuencialmente, proteger las tierras atacameas, velar por su adecuada explotacin, equilibrio ecolgico y propender a
su ampliacin.56
Especficamente, la ley reconoce que son atacameos los indgenas pertenecientes a las comunidades existentes principalmente en los poblados al
interior de la II Regin y los indgenas provenientes de estas comunidades.57
2.2 Participacin
De acuerdo a la ley indgena, los atacameos participan a travs de un representante en el consejo nacional de la Corporacin Nacional de Desarrollo
Indgena (CONADI). El representante es designado a propuesta de las comunidades y asociaciones indgenas de este pueblo reconocidas por esta ley por
el Presidente de la Repblica y conforme al procedimiento establecido por el
Decreto Supremo N 263 del 23 de septiembre de 1999.58
Complementan estas normas de participacin los artculos 34 y 35 relativas a
la participacin indgena, que imponen a los servicios de la administracin del
estado y a las organizaciones de carcter territorial cuando traten materias que
tengan injerencia o relacin con cuestiones indgenas, la obligacin de escuchar
y considerar la opinin de las organizaciones indgenas que reconoce la ley.
El legislador dispone adems que en las comunas de alta densidad de poblacin indgena, como San Pedro de Atacama, los indgenas estn
representados a travs de sus organizaciones en las instancias de participacin
que se reconozcan a otros grupos intermedios. La participacin en este caso
est supeditada a la autorizacin expresa de la ley que rija dicha representacin en particular, por lo que no se trata del reconocimiento de un derecho sino
que de un acto meramente declarativo.
El 10 de marzo de 1997, mediante el D. S. N 70 del Ministerio de Planificacin y Cooperacin, se cre el ADI Atacama la Grande, ubicada en San Pedro
de Atacama. Este territorio comprende la cuenca del Salar de Atacama y el
Altiplano Andino de la II Regin de Antofagasta y presenta una alta densidad
56
57
58
Artculo 1, inciso 3, Ley 19.253.
Artculo 62, inciso 1, Ley 19.253.
Reglamenta aplicacin artculo 41, Ley 19.253.
88
de poblacin indgena atacamea, cerca de un 95% del total de habitantes de la
comuna (aproximadamente 2.546 personas).
La constitucin de la ADI ha sido de gran importancia para el caso atacameo, ya que se adopt un reglamento de gestin de la misma que involucra
la participacin de todos los actores pblicos, privados e indgenas que tienen
competencias o intereses en la gestin de este espacio territorial y sus recursos.
En este marco, se constituy una mesa regional presidida por el intendente
regional que se pronuncia sobre la inversin pblica y privada al interior de
esta ADI.
La constitucin de esta ADI, adems, tiene relevancia para efectos de la
participacin en esferas especficas como la administracin de las reas silvestres protegidas. Dispone la ley que en las reas silvestres protegidas ubicadas
en las ADI, se considerar la participacin de las comunidades all existentes.
La Corporacin Nacional Forestal o el Servicio Agrcola y Ganadero y la CONADI, de comn acuerdo, determinarn en cada caso la forma y alcance de la
participacin sobre los derechos de uso que en aquellas reas corresponde a
las comunidades indgenas.
En el marco de esta normativa se ha suscrito con el auspicio de CONADI
un acuerdo entre la CONAF y las comunidades atacameas para garantizar la
participacin indgena en la gestin y administracin de la reserva nacional
Los Flamencos. Adems, se han suscrito acuerdos por cinco comunidades de
San Pedro de Atacama, Ro Grande y Machuca, con CONAF Segunda Regin,
con fecha 2 de enero del 2003. A travs de este convenio, CONAF hace entrega
a las comunidades de la administracin del Valle de la Luna, para que los habitantes de estos pueblos compartan las utilidades que el atractivo turstico
genere por conceptos de visitas. Las ganancias que genere el valle irn en directo beneficio de las trece comunidades, las que destinarn los dineros a
diversos proyectos de beneficio social que van desde la inversin en sedes
vecinales hasta el otorgamiento de becas de estudios para los jvenes pertenecientes a dichas comunidades. La iniciativa se suma a experiencias similares,
en ejecucin, en la Laguna de Chaxa (Toconao), las ruinas de Tlor (Coyo),
Lagunas Miscanti y Meiques (Socaire) y las ruinas del pukara de Quitor, atractivos tursticos de gran inters internacional que son manejados por sus propios
habitantes.59
La participacin atacamea se ha expresado tambin en la apropiacin por
parte de los dirigentes lickanantay de los cargos pblicos y de eleccin popular,
lo que se ha traducido en una mejor defensa de los derechos indgenas. As, la
59
http://www.estrellaloa.cl/site/edic/20030101221147/pags/20030101223409.html
89
Oficina de Asuntos Indgenas de CONADI se encuentra desde su constitucin a cargo de la lder atacamea Liliana Corts, y el municipio de San Pedro
de Atacama es liderado por la alcaldesa atacamea Sandra Berna.
2.3 Derecho al territorio y el acceso a la tierra
De la situacin de tenencia de las tierras de los lickanantay de la II Regin
dan cuenta sendos estudios catastrales efectuados por el Ministerio de Bienes
Nacionales en 1998. Conforme a estos estudios, en la provincia del Loa se detectaron 19 comunidades indgenas que ocupan grandes extensiones
territoriales fiscales en donde realizan sus actividades productivas. El resto de
la propiedad corresponde bsicamente a predios individuales insertos en las
referidas comunidades, los que comprenden casa habitacin y pequeas superficies de cultivo aledaas. El nmero de propiedades individuales asciende
a 5.426, de la cuales 4.667 poseen ttulo y 541 no lo poseen y, por tanto, tambin
tendran el carcter de fiscales.
El rea que ocupan los 4.667 predios con ttulo inscrito es de 2.706,3 hectreas, con una superficie promedio de 0,58 hectreas por propiedad, lo que
representa un 0,19% del total del rea comunitaria.
La situacin por comuna es la siguiente:
Ollage. Comuna que presenta solo la comunidad indgena de Ollage,
la cual est asentada sobre territorio fiscal;
Calama. Presenta 7 comunidades indgenas: Conchi Viejo, Chiu Chiu, Lasana, Ayquina-Turi, Toconce y Caspana, todas ubicadas en terrenos fiscales a
excepcin de una parte de Ayquina-Turi;
Ayquina-Turi. Posee una inscripcin de dominio vigente de carcter comunitario sobre un pequeo sector de los terrenos de la comunidad inscripcin
que tiene una cabida de 736 hectreas; y
San Pedro de Atacama. Comuna que agrupa el mayor nmero y superficie de comunidades indgenas de la provincia de El Loa, alcanzando a 11 del
total de 19 comunidades: Santiago del Ro Grande, Machuca, Quitor, San Pedro de Atacama, Slor, Coyo Toconao, Talabre, Camar, Socaire y Peine.
Existen tres inscripciones de dominio vigentes de carcter comunitario.
Estas son:
Machuca: 37.224 hectreas, abarca el 100% del territorio de la comunidad.
Santiago del Ro Grande: 40.752 hectreas, que ampara aproximadamente el 90% del territorio propuesto para la comunidad.
Y Peine (Tilopozo): 56 hectreas, corresponden a un sector nfimo del territorio propuesto para la comunidad.
90
Como se observa, los estudios catastrales evidenciaron que la mayora del
territorio atacameo no est regularizado en dominio a nombre de sus dueos
ancestrales. Por el contrario, pesa sobre ellos una inscripcin global al nombre
del fisco de Chile en virtud de la cual el estado ejerce la propiedad de estas
tierras en razn de lo dispuesto en el artculo 590 del cdigo civil (las tierras
que no pertenecen a nadie se entienden pertenecer al fisco).
La ley indgena impuso a CONADI y al Ministerio de Bienes Nacionales la
obligacin conjunta de elaborar, dentro de los tres aos posteriores a su publicacin, un plan de saneamiento de ttulos de dominio sobre las tierras
atacameas de la II Regin.60
Al igual que en el caso de los aymara antes abordados en este informe, las
bases normativas del plan de saneamiento de la propiedad atacamea estn
establecidas en el prrafo 2 del ttulo VIII de la ley indgena que dispone que
la CONADI, en el proceso de constitucin de la propiedad de las comunidades atacameas, deber salvaguardar los siguientes tipos de dominio:
a) Tierras de propiedad de indgenas individualmente considerados, que
por lo general comprende la casa habitacin y terrenos de cultivo y forrajes;
b) Tierras de propiedad de la comunidad indgena constituidas en conformidad con esta ley y correspondientes, por lo general, a pampas y
laderas de cultivo rotativas.
c) Tierras patrimoniales de propiedad de varias comunidades indgenas, tales como pastizales, bofedales, cerros, vegas y otras de uso del
ganado auqunido.61
Las normas antes citadas reconocen tres tipos de dominio en el rgimen de
tenencia tradicional de las tierras atacameas que debieran ser respetadas por
el programa de saneamiento. Adems, complementando esta normativa, la
ley impuso a la CONADI el deber de incentivar programas especiales para la
recuperacin y repoblamiento de pueblos y sectores abandonados de la etnia
atacamea, asumiendo que los procesos migratorios forzados han generado
situaciones de abandono que son posibles de revertir con una adecuada poltica de repoblamiento.62
Emerge de la normativa citada un concepto de ocupacin diverso al concepto
de ocupacin efectiva, que suele primar en los programas de saneamiento de
tierras fiscales que se realizan de acuerdo a la normativa general de disposicin,
60
61
62
Artculo 3 transitorio, ley indgena.
Artculo 64, ley indgena.
Artculo 65, ley indgena.
91
administracin y uso de los bienes del estado o fiscales cuyo marco regulatorio
es el D.L. 1.939 de 1977.
2.4 Rgimen de proteccin de los derechos de aguas
El rgimen de proteccin de las aguas atacameas est establecido en los
artculos 22, 64 y 3 inciso 2 de la ley indgena. El anlisis particular de esta
normativa, a fin de evitar repeticiones innecesarias, ser efectuado en el acpite 4 de este captulo, que corresponde al anlisis temtico y que versar sobre
el rgimen de proteccin de los derechos de aguas atacameas.
3. Polticas pblicas 1993-2003 y su impacto en el
pueblo atacameo
3.1 Poltica de tierras63
La inversin efectuada por CONADI en el mbito de la poltica de tierras
para el pueblo atacameo o lickanantay es de $143.000.000 (19932002). De las
905.000 hectreas efectivamente ocupadas por las comunidades atacameas, a
la fecha se encuentra en tramitacin la transferencia de 437.104,33 hectreas,
que incluyen saneamientos de ttulos comunitarios y sitios arqueolgicos. Efectivamente, se han saneado 83.660,29 hectreas a favor de la comunidad Ro
Grande y Peine y se han transferido a ttulo gratuito a las comunidades de
Socaire, Slor, Asociacin de Likan Tatay, Chiu Chiu y Conchi Viejo un total
de 807,49 hectreas. Por otra parte, se ha transferido a las comunidades indgenas correspondientes la concesin de uso gratuito por 5 aos de los pukara de
Quitor, Lasana y Chiu Chiu, con el compromiso de que vencido el plazo de la
concesin, estos sitios sern transferido en dominio a las comunidades, alcanzando una superficie de 9,73 hectreas.
Resalta en la poltica de tierras impulsada por la Oficina de Asuntos
Indgenas de San Pedro de Atacama, la clara orientacin hacia la reconstitucin
territorial del pueblo lickanantay, experiencia sin precedentes en la relacin del
estado de Chile con los pueblos indgenas y que hasta la fecha no ha sido
63
Esta informacin emana del informe preparado por la Corporacin Nacional de Desarrollo Indgena
(unidad de tierras y aguas de la Oficina de Asuntos Indgenas de San Pedro de Atacama) titulado
Trabajos de tierras, sitios arqueolgicos y aguas en la Segunda Regin , 2002, indito.
92
replicada por otras oficinas de CONADI. La poltica de tierras en la II Regin
ha beneficiado a aproximadamente 440 familias indgenas. Todas las solicitudes
se han tramitado en virtud de los D.L. 1.939 de 1977 cuando se trata de
transferencia de predios fiscales y 2.695 de 1979 cuando se trata de regularizar
propiedad particular. Inscritos en el registro nacional de tierras indgenas hay
un total de 245 ttulos; de stos en el ao 2001 se inscribieron 107 ttulos de
Calama y 109 de San Pedro de Atacama. Durante el ao 2002, se inscribieron
27 ttulos de Calama y 2 de San Pedro de Atacama.
Se ha constituido una comisin tcnica regional de tierras en la Regin de
Antofagasta, la que ha sido la instancia de participacin y coordinacin entre
las comunidades indgenas y los servicios pblicos. Esta instancia ha permitido validar a nivel regional el trabajo realizado por la Oficina de Asuntos
Indgenas de San Pedro de Atacama y Bienes Nacionales en materia de constitucin y regularizacin del dominio de las comunidades atacameas sobre sus
tierras ancestrales.
3.2 Poltica de aguas64
Desde 1994 a la fecha, la CONADI a travs de la Oficina de Asuntos Indgenas de San Pedro de Atacama ha implementado programas especiales
destinados a regularizar los derechos de aprovechamiento de aguas a favor de
organizaciones indgenas quechua y atacameas de la provincia de El Loa. Estas acciones se enmarcan en la proteccin de las aguas indgenas y de
reconocimiento del uso ancestral de las mismas por parte de las comunidades
indgenas.
Hasta ahora se han regularizado ms de 2.800 litros por segundo de aguas
superficiales, que representan el 85% de las aguas ancestrales atacameas. Los
derechos han sido regularizados principalmente a travs de la normativa establecida en la ley indgena y el cdigo de aguas. Algunos derechos han debido
ser adquiridos mediante compras subsidiadas por CONADI con cargo al fondo de tierras y aguas indgena, tal es el caso de derechos de aprovechamiento
de aguas adquiridos en las localidades de Calama, Chiu Chiu y Lasana.
En este proceso de regularizacin destaca el reconocimiento judicial efectuado por los tribunales de justicia del derecho de las comunidades indgenas
sobre las aguas sustentado en el uso ancestral de las mismas, principio reconocido por la ley indgena, y que los derechos reales de aprovechamiento hayan
sido otorgados comunitariamente.
64
Ibidem.
93
4. Anlisis temtico
El Cdigo de Aguas (D.F.L. N 1.222 de 1981) y los derechos
ancestrales de aguas de las comunidades indgenas lickanantay
o kunza.
El agua es un recurso fundamental para el desarrollo cultural y econmico
de las comunidades indgenas, particularmente de las que integran los pueblos del norte del pas: aymara, lickanantay, quechua y colla.
Desde comienzos del siglo XX a la fecha, las comunidades indgenas han
sido regularmente desprovistas de este recurso, proceso que ha generado el desecamiento de vegas y bofedales, afectando gravemente su economa y cultura.
El abogado experto en derechos de aguas Manuel Cuadra seala al referirse a las causas de la prdida de aguas de uso ancestral de las comunidades
andinas:
Desde los albores del siglo XX, la principal causa de la prdida de las aguas de las
comunidades aymara y atacameas del norte de Chile, fue la desproteccin jurdica
en que stas quedaron como consecuencia de la subordinacin del derecho consuetudinario indgena al derecho positivo estatal, en un escenario de creciente demanda
de esos recursos para abastecer los centros mineros y las ciudades de la zona. (Cuadra, 2000; p. 93)65
La leyes de la repblica han declarado las aguas bienes nacionales de uso
pblico, pero han establecido un rgimen de apropiacin del recurso mediante la figura de concesiones efectuadas por el estado a los particulares. El ttulo
otorgado por la concesin, en consecuencia, regula el uso y de esta manera se
desconocen derechos provenientes del uso consuetudinario del recurso el cual
per se no genera derecho.
La emergencia de las ciudades y el desarrollo minero son hitos que han
determinado una fuerte presin por el recurso agua en la zona norte del pas,
donde, atendida las condiciones climticas de tipo desrtico, existe una permanente escasez de recursos hdricos. En lo que respecta al otorgamiento de
concesiones sobre las aguas, a travs de las polticas estatales se ha favorecido
la demanda de los centros urbanos y mineros por sobre la indgena.
El mismo Cuadra da cuenta de esta poltica que se expresa en rgimen de
concesiones impuesto en los principales ros de la cuenca del Loa a partir de 1913.
65
Cuadra, Manuel. Teora y prctica de los derechos ancestrales de agua de las comunidades
atacameas. En: Revista Estudios Lickanantay N 19, 2000, p. 93.
94
El rgimen de concesiones qued establecido en un reglamento relativo a las mercedes que se soliciten en el ro Loa y sus afluentes y en las aguadas y vertientes de
la provincia de Antofagasta, dictado con fecha 30 de octubre de 1913 y modificado
por decreto N 648 de 26 de marzo de 1920. Conforme a esta normativa, fueron
concesionadas las aguas de la subcuenca de los ros San Pedro e Inacaliri, otorgadas al mineral de Chuquicamata y al ferrocarril de Antofagasta a Bolivia. Luego
fueron concesionados los principales afluentes de la subcuenca del ro Salado, ros
Linzor, Hojalar, Toconce y Salado concedidas al mineral de Chuquicamata y a la
sanitaria SENDOS (hoy ESSAN S.A.). Posteriormente fueron concedidas a estas y
otras empresas, las aguas del mismo ro Loa.66
La privatizacin de las aguas indgenas y su apropiacin por particulares
ajenos a las comunidades se agudiz con la dictacin en 1981 del Cdigo de
Aguas, D.F.L. N 1.222. Este cuerpo legal constituye un derecho de aprovechamiento de las aguas, derecho real que pasa a ser de propiedad del titular, quien
puede usar, gozar y disponer de su facultad en conformidad con la ley. Este
derecho es transferible, transmisible y prescriptible y se constituye por un acto
de autoridad, independiente de si el solicitante es dueo o no de la tierra donde est ubicada el agua y si hace o no uso efectivo del recurso. A partir de la
puesta en vigencia del Cdigo de Aguas se produce un creciente proceso de
apropiacin del recurso por particulares. En el caso de las comunidades indgenas del norte del pas, el recurso es apropiado por las grandes empresas
mineras. El auge minero de las ltimas dcadas ha favorecido una masiva apropiacin de las aguas y ha profundizado procesos de antigua data como el
desecamiento de vegas y bofedales y la migracin indgena de sus tierras de
origen a las ciudades de la costa, con el consiguiente abandono de las tierras
altas. No obstante la antigedad de estos procesos, lo cierto es que han alcanzado una dimensin crtica a partir de la dcada de los 80.
Para hacer frente a esta situacin, se dictaron a partir de 1990 dos cuerpos legales en los cuales se han sustentado las reclamaciones de los pueblos
indgenas del norte del pas, para hacer efectivos sus derechos ancestrales sobre las aguas existentes en sus territorios histricos:
La ley N 19.145 de 1992, que modific el Cdigo de Aguas y limit la
exploracin y explotacin de aguas subterrneas en zonas acuferas que
alimentan vegas y bofedales de la I y II Regiones del pas.
La ley N 19.253 de 1993 (ley indgena) que contempla normas generales de proteccin de los derechos de aguas de las comunidades indgenas
66
Ibidem.
95
en general y de las comunidades aymara, atacameas y otras del norte
del pas en particular.
El rgimen de proteccin instaurado por la ley indgena para resguardar
los derechos de los pueblos originarios sobre las aguas est establecido en los
artculos 20, 22, 64 y 3 transitorio inciso 2 de dicha ley. En el artculo 20, esta
ley cre el fondo de tierras y aguas indgenas a travs del cual se disponen de
recursos para financiar la constitucin, regularizacin o compra de derechos
de aguas o financiar obras destinadas a obtener este recurso.67
El artculo 22 de la ley indgena impone restricciones a la enajenacin del
derecho de aprovechamiento de aguas de propiedad indgena bajo ciertas circunstancias. Esta norma dispone que los derechos de aguas para beneficio de
tierras indgenas adquiridas con recursos del fondo de tierras y aguas indgenas no podrn ser enajenados durante un plazo de veinticinco aos, contados
desde el da de su inscripcin. Sin embargo, podrn ser enajenados con la autorizacin de CONADI y previo reintegro al fondo de tierras y aguas del valor
del subsidio, crdito o beneficio recibido actualizado conforme al ndice de
precios al consumidor.
De acuerdo a lo sealado, las aguas de propiedad de comunidades y personas indgenas sometidas al rgimen de proteccin establecido en el artculo 22,
requieren dos requisitos copulativos; que beneficien tierras indgenas de aquellas sealadas en el artculo 12 de la misma ley indgena y que hayan sido
adquiridas con recursos del fondo de tierras y aguas.
Complementa este rgimen de proteccin el artculo 13 de la ley por expresa remisin del mismo artculo 22 que dispone: ...En todo caso ser aplicable
el artculo 13.
El alcance de esta disposicin emerge de un interpretacin armnica entre
ambos preceptos. Existiendo norma expresa en el artculo 22 respecto a la enajenacin de las aguas que benefician tierras indgenas adquiridas con cargo al
fondo de tierras y aguas indgenas, la aplicacin del artculo 13 se restringe al
embargo, constitucin de gravmenes, adquisicin por prescripcin, arrendamiento, comodato y otras formas de transferencia de los derechos de uso, goce
y administracin del respectivo derecho de aprovechamiento.
En este contexto, debe entenderse que las aguas a que alude el artculo 22
no podrn ser embargadas ni adquiridas por prescripcin, salvo entre comunidades o personas indgenas de una misma etnia. No obstante, podrn ser
gravadas previa autorizacin de CONADI.68 En caso que el titular del derecho
67
68
Artculo 20, letra c), ley indgena.
Artculo 13, inciso 1, Ley 19.253, ley indgena.
96
de aprovechamiento de las aguas identificadas por el artculo 22 sean comunidades indgenas, no podrn ser arrendadas, dadas en comodato, ni cedidas a
terceros en uso, goce o administracin. El asunto es relevante pues se han
presentado casos de acreedores que han pretendido embargar las aguas atacameas, tal es el caso del instituto de desarrollo agropecuario (INDAP), entidad
de gobierno que pretenda de esta forma hacerse pago de crditos impagos.
El artculo 64 de la ley indgena protege especialmente las aguas de las comunidades aymara y atacameas, estableciendo normas especiales para la
constitucin del derecho a favor de las comunidades que pertenecen a dichos
pueblos, pero no complementa las normas de enajenacin del derecho de aprovechamiento y las restricciones a la libre circulacin del mismo que se rigen
exclusivamente por el artculo 22, en los trminos tratados en los prrafos precedentes. Dispone el artculo 64 que sern bienes de propiedad y uso de las referidas
comunidades indgenas las aguas que se encuentren en terrenos de la comunidad, tales como los ros, canales, acequias y vertientes. Las comunidades gozan
de este derecho preferente de constitucin, sin perjuicio de los derechos que
terceros hayan inscrito de conformidad al cdigo general de aguas.69 El mismo
articulado establece, adems, que no se otorgarn nuevos derechos de aguas
sobre lagos, charcos, vertientes, ros y otros acuferos que surten a las aguas de
propiedad de varias comunidades indgenas, debiendo en ese caso garantizarse
el normal abastecimiento de agua a las comunidades afectadas.
Por su parte, el artculo 3 transitorio, inciso 2, establece que la CONADI Y
la Direccin General de Aguas establecern un convenio para la proteccin, constitucin y restablecimiento de los derechos de aguas de propiedad ancestral de
las comunidades atacameas de conformidad al artculo 64 de la ley indgena.
Estas normas tienen la importancia que reconocen un derecho preferente
de constitucin a favor de las comunidades indgenas del norte, fundado principalmente en sus derechos ancestrales. En ellas, las comunidades han fundado
la regularizacin de sus derechos y exigido su constitucin, argumentando
que en este caso no existiendo derechos constituidos con anterioridad a favor
de terceros el acto de autoridad que otorga el derecho de aprovechamiento
cumple un rol meramente registral.70
Sobre el punto se explaya Cuadra:
... As, estos usos consuetudinarios de agua reconocidos como derechos de
acuerdo a la ley pueden optar por la regularizacin cuando renen los
requisitos de legitimidad que establece el Art. 2 transitorio del cdigo de aguas:
69
70
Artculo 64, inciso 1, ley indgena.
(Cuadra, 2000)
97
uso interrumpido de las aguas, libre de violencia y clandestinidad y sin reconocer
dominio ajeno.71
Acreditndose estas circunstancias ante un tribunal, aade el abogado, procede que ste declare la regularizacin del derecho mediante una sentencia
judicial. A su entender, la regularizacin es un acto meramente declarativo y
no constitutivo, que viene a constatar la existencia del derecho, pero no lo constituye, solo da certeza jurdica sobre la titularidad del mismo y determina la
modalidad de su ejercicio, regulando sus caractersticas esenciales, esto es: caudal; punto de captacin; determina si se trata de derechos consuntivos o no
consuntivos; de ejercicio permanente o eventual; continuo, discontinuos o alternados, todo ello conforme a las reglas del Cdigo de Aguas.72
La postura del abogado Cuadra, y que se trae a colacin en este anlisis, tiene
la fuerza que la misma logr imponerse. Ha sido recogida por la jurisprudencia
a propsito del programa de regularizacin de derechos de aguas de las comunidades atacameas que l mismo llev adelante y que permiti la regularizacin
de 70 derechos de agua a favor de las comunidades atacameas por un caudal
de 2.278,8 litros por segundo, todos de naturaleza consuntiva, permanentes y
continuos. La regularizacin de estos derechos tiene una importancia fundamental para el pueblo lickanantay o kunza, pues representan el 85% de las aguas
usadas por las comunidades indgenas de la Provincia de El Loa.73
Sin embargo, la legislacin indgena presenta vacos. En efecto, no reconoce el derecho preferente de los atacameos sobre sus aguas ancestrales y
supedita el reconocimiento a los derechos de terceros constituidos con anterioridad. Tampoco se resguardan las formas de uso tradicional de los derechos de
aguas tal y como lo considera el derecho propio kunza. Por el contrario, se
favorece la apropiacin individual del recurso y su libre disponibilidad.
Estas circunstancias favorecen situaciones que vulneran los derechos atacameos sobre sus aguas, sobre otros recursos naturales que dependen del
recurso hdrico y, en general, sobre su ecosistema. Por lo mismo es necesario
complementar las normas de proteccin de los derechos de aguas establecidas
por la ley indgena con aquellas que protegen los ecosistemas de los cuales
depende ancestralmente su economa y que se surten de las aguas que han
usado consuetudinariamente. Tal es el caso de bofedales, vegas y aguadas,
que constituyen zonas hmedas cuya importancia biolgica est protegida por
el derecho interno y el derecho internacional.
71
72
73
Cuadra, p. 99.
Ibidem.
Ibidem.
98
Los bofedales constituyen humedales especializados, decisivos para la supervivencia de las comunidades atacameas y la preservacin de su ecosistema.
Por tanto, la extraccin de las aguas que alimentan bofedales, vegas y aguadas
con fines distintos al uso ancestral de las comunidades indgenas se encuentra
prohibido por el derecho.
Para proteger las zonas hmedas, Chile ha suscrito y ratificado sendas convenciones internacionales que se encuentran vigentes en la legislacin interna.
Estas convenciones son las siguientes:
Convencin sobre zonas hmedas de importancia internacional, especialmente como hbitat de aves acuticas, suscrita en Irn el 2 de febrero
de 1971, suscrita y ratificada por Chile, publicada como ley de la repblica en el Diario Oficial del 11 de noviembre de 1981;
Convencin para la proteccin de la flora, fauna y bellezas escnicas
de Amrica, acordada en Washington en 1940, suscrita y ratificada por
Chile, publicada como ley de la Repblica en el Diario Oficial del 4 de
octubre de 1967;
Y Convencin sobre la proteccin del patrimonio mundial, cultural y
natural de UNESCO, acordada en Pars en 1972, suscrita y ratificada
por Chile, publicada como ley de la Repblica en el Diario Oficial del 12
de mayo de 1980.
Sin lugar a dudas, para los efectos de proteccin de los bofedales, el ms
relevante de todos estos cuerpos legales es la Convencin sobre zonas hmedas de importancia internacional de 1971, bsicamente por su especificidad. La
convencin ampara aquellos humedales que se inscriben en una lista de importancia internacional y que adquieren tal carcter a peticin de los mismos estados
contratantes.74 Tambin impone a los estados la obligacin de favorecer la conservacin de las zonas hmedas creando en ellas reservas naturales.75 En la
Segunda Regin constituye sitio RAMSAR el sistema hidrolgico de Soncor.76
A su vez, las normas de la Convencin para la proteccin de la flora, fauna
y bellezas escnicas de Amrica o Convencin de Washington, imponen a los
estados partes la obligacin de crear parques nacionales, reservas naturales,
monumentos naturales y/o reservas de regiones vrgenes en todos aquellos casos en donde sea factible la creacin y otorga una amplia proteccin a ests reas.77
74
75
76
77
Artculo 2, Convencin Zonas Hmedas.
Artculo 4, Convencin Zonas Hmedas.
www.conama.cl
Artculo II, Convencin de Washington
99
Por su parte, la Convencin sobre proteccin del patrimonio mundial,
cultural y natural otorga proteccin a los lugares naturales o las zonas naturales estrictamente delimitadas que tengan un valor universal excepcional desde
el punto de vista de la ciencia y de la conservacin.78
Las dos primeras convenciones, en particular, configuran un marco normativo que imponen en el derecho interno obligaciones precisas de considerar
estas zonas hmedas como monumentos naturales o santuarios y dotarlos de
la debida proteccin para garantizar su conservacin.
La Constitucin Poltica otorga rango constitucional a los tratados internacionales suscritos por Chile y que se encuentran vigentes.79 Los tratados
internacionales citados han sido ratificados por el parlamento chileno y fueron promulgados y publicados como ley de la Repblica, por lo que estn
plenamente vigentes en el ordenamiento jurdico nacional.
Respecto a la naturaleza de estos tratados, no puede sino estimarse que se
trata de tratados de derechos humanos. As han sido considerados en el derecho
internacional y en la Constitucin chilena que incorpora entre las garantas individuales el deber del estado de tutelar la preservacin de la naturaleza.80 Estas
garantas constitucionales se imponen como reglas de superior rango al Cdigo
de Aguas y a la legislacin civil; por lo tanto, priman sobre estas ltimas.
Conforme a esta normativa y frente a la amenaza de los derechos ancestrales de agua de las comunidades indgenas, la proteccin de los mismos puede
ser objeto de amparo constitucional recurso de proteccin accin que se sustenta en las normas de las convenciones antes citadas y en el artculo 19 N 8
de la Constitucin Poltica de la Repblica. Adems existen antecedentes suficientes para argumentar que la privacin del derecho amenaza el derecho a la
vida de las comunidades afectadas y, por tanto, viola el artculo 19 N 1 de la
Constitucin Poltica de la Repblica.81
La reclamacin constitucional est destinada a impedir la apropiacin del
derecho por terceros y hacer primar el derecho a la vida y al medio ambiente
por sobre el derecho privado y el Cdigo de Aguas.
Agotada la instancia constitucional se podr recurrir a la justicia internacional, especficamente a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, sobre
78
79
80
81
Artculo 2, Convencin Patrimonio Mundial.
Artculo 5, Constitucin Poltica de la Repblica.
Artculo 19, N 8, Constitucin Poltica de la Repblica.
En el primer congreso nacional atacameo, que tuvo lugar en la localidad de Chiu Chiu entre el 18
y el 20 de julio de 1998, la comunidad atacamea de Ro Grande expuso: Hay en el pueblo una
escasez de terrenos agrcolas; hay presin externa para usar el agua del pueblo. Si San Pedro obtiene
el agua, Ro Grande se queda sin cultivos y lugares de pastoreo... (Castro y Bahamondes, comp.,
1er Congreso Nacional Atacameo, 1998)
100
la base de los mismos argumentos, sealando que en la especie se ha amagado
el derecho a la vida y el derecho al medio ambiente.82
El derecho internacional de los derechos humanos y el derecho ambiental
internacional reconocen la necesidad de los pueblos indgenas de recibir proteccin especial, lo que requiere la adopcin de medidas cautelares a fin de
proteger su derecho a la vida y su derecho a un medio ambiente sano.83
5. Conclusiones
El pueblo atacameo, lickanantay o kunza ha logrado desarrollar un proyecto de civilizacin en un sector hostil y extremo de la cordillera de los Andes,
especficamente en el desierto de Atacama, considerado uno de los mas ridos
del mundo, y el sector oriental de la puna de Atacama donde las temperaturas
suelen descender durante el invierno sobre los 20 bajo cero de temperatura.
Asimismo, ha logrado resistir a los procesos asimilatorios a que han pretendido someterlo, primero, el conquistador, y, posteriormente, las repblicas de
Bolivia y Chile.
La dictacin de la ley indgena y la poltica impulsada por la Oficina de
Asuntos Indgenas de San Pedro de Atacama, ha favorecido un creciente proceso identitario del pueblo lickanantay, as como su reconstitucin territorial.
Resalta la orientacin dada en este territorio por dicha Oficina en la aplicacin
de la ley indgena. Esta orientacin se ha traducido en un conjunto de polticas
pblicas, entre las cuales destacan las siguientes:
La regularizacin comunitaria de las aguas ancestrales;
La regularizacin comunitaria de las tierras ancestrales conforme a los
patrones tradicionales de ocupacin;
La co-gestin entre el estado y el pueblo lickanantay de recursos patrimoniales tales como: Reserva Nacional Los Flamencos, Valle de la Luna,
Laguna de Chaxa, ruinas de Tlor, Lagunas Miscanti y Meiques y las
ruinas del pukara de Quitor;
Y la gestin participativa ADI Atacama La Grande con involucramiento de actores pblicos, privados e indgenas y competencia para orientar
82
83
La jurisdiccin de la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha sido reconocida por Chile a
travs de la suscripcin de la carta que rige la Organizacin de Estados Americanos (O.E.A.), de la
cual el pas forma parte. Sobre esta lnea argumental vase Aborgenes Lhaka Honhat vs. El Estado
de la Repblica Argentina. www.cedha.org.ar (seccin amicus curiae)
http://www.ecoportal.net/noti/notas384.htm
101
la inversin pblica y privada en las reas de turismo, patrimonio arqueolgico y acceso a las aguas.
No obstante estos avances, el pueblo lickanantay aun enfrenta serias amenazas en el ejercicio de sus derechos, en especial de aquellos de carcter colectivo.
Entre estas amenazas deben sealarse, por su gravedad y alcance, las siguientes:
La apropiacin de derechos de aguas por terceros producto de las insuficiencias normativas de la ley indgena en la proteccin de estos
derechos (embargos) y la presin de los grupos econmicos (mineras);
El desarrollo de un tipo de turismo masivo y gestionado por personas
ajenas al pueblo lickanantay;
Y la ejecucin en territorio atacameo de proyectos cientficos de relevancia mundial y de gran impacto no sometidos al sistema de evaluacin
de impacto ambiental y ejecutados sin la debida participacin de las
comunidades que integran este pueblo.
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103
104
Captulo IV
Los derechos del pueblo colla
1. Antecedentes histricos84
1.1 El poblamiento colla85
Los colla son un pueblo indgena que habita la cordillera de las provincias
de Copiap y Chaaral, en la Regin de Atacama (III), en el territorio comprendido entre la Quebrada Juncal por el norte y el ro Copiap por el sur, el
camino del inka por el poniente y la puna de los salares de Pedernales y Maricunga y las nacientes del ro Turbio y Jorquera, afluentes del Copiap, por el
este. Este territorio lo ocupan en virtud de la actividad trashumante ganadera,
como pastores de la cordillera, en actividades mineras, agrcolas, caza, recoleccin, extraccin de lea y en actividades rituales. Los asentamientos de
poblacin se encuentran cercanos a la ciudad minera El Salvador sector Portal del Inca, Potrerillos, Quebrada del Asiento y el Agua Dulce, Quebrada
Paipote, Quebrada San Miguel, Quebrada Carrizalillo y el Ro Jorquera y sus
afluentes. Muchas familias colla tambin se han radicado en ciudades y pueblos,
84
85
Los antecedentes histricos han sido elaborados en base al trabajo Los Collas de la Cordillera de
Copiap y Chaaral, Regin de Atacama, elaborado por Ral Molina Otrola y publicado como
Documento de Trabajo de la Comisin Verdad Histrica y Nuevo Trato. CVHNT/GTPIN/2002/044.
Han sido adems complementados con nuevos antecedentes sobre la historia de las comunidades colla.
El etnnimo colla desde el siglo XIX ha sido ocupado para nombrar a indgenas que habitaban en
el pasado y en la actualidad, las quebradas y el extremo meridional de la puna del norte chileno, del
noroeste argentino y del sur de Bolivia. En Chile, Bahamonde describe al colla como un eterno
viajero de la puna, suele vrsele con su vestimenta tpica, con ms frecuencia por el lado argentino.
Sin embargo, aparece ocasionalmente en los pueblos chilenos de San Pedro de Atacama, El Salvador y Potrerillos (Bahamonde, 1978; p. 99-100). La denominacin colla, para los indgenas que
ocupan la cordillera atacamea de Copiap y Chaaral, se reconoce en la literatura desde a lo
menos las primeras dcadas del siglo XX, cuando son nombrados por Gigoux (1927) y reconocidos
como tales por Rojas (1976), y desde largo tiempo los habitantes de los campamentos mineros
identificaron a quienes arribaron desde el noroeste argentino como colla.
105
como Copiap, Estacin Paipote, Diego de Almagro, Inca de Oro, Tierra Amarilla y Los Loros. Su poblacin actual es estimada en alrededor de mil personas.
La presencia histrica de los colla en la cordillera de Atacama, que se ha
logrado reconstruir en virtud de los antecedentes orales y el anlisis de descendencia de los actuales pobladores, se remonta a lo menos a la segunda
mitad del siglo XIX,86 pero se supone que el poblamiento colla del rea sera
mucho ms temprano. Zoilo Jernimo seala al respecto:
Los abuelos mos venan de Argentina, de Salta. Ellos llegaron como crianceros a estos lugares, pero antes tambin haba gente que pastoreaba ac, hermanos
que originalmente cuidaban estas tierras y que al recordarlos todos tienen la
misma historia.(Potrerillos, noviembre de 1996).
Cabe sealar que las mltiples relaciones culturales establecidas entre las
diferentes poblaciones que habitaban ambos lados de la cordillera (noroeste
argentino - Salar de Atacama - regin de Copiap) pueden rastrearse a tiempos prehispnicos. Estas relaciones constituyeron, en el territorio
circumpuneo, ejes transversales y diagonales de circulacin de poblacin e
intercambio de bienes y servicios, desde al menos el primer milenio antes de
Cristo (Tarrag, 1984). Estas relaciones territoriales se mantuvieron durante
el periodo colonial y el periodo republicano, a travs de actividades econmicas. El poblamiento silencioso en la vastedad de las quebradas y la puna
del Despoblado de Atacama se efectu mediante una lgica de ocupacin
y asentamiento andina, basada en el uso de espacios ganaderos de invernada y veranada articulados por los circuitos trashumantes y el desarrollo de
una economa indgena, que en algunos momentos se articul a los procesos
locales de produccin.
1.2 Arribo de los colla a la cordillera de Atacama
Las primeras migraciones colla a la cordillera de Atacama al sur de la Quebrada El Chaco de la que se tienen antecedentes testimoniales, datan de fines
de la dcada de 1870 (Molina y Correa, 1996) y en Potrerillos se han reconstruido fechas aproximadas para los aos 1877-1878 (Gahona, 2001). Algunos
de los lugares de procedencia de los colla son el Salar de Antofalla, Antofagasta
de la Sierra, Salta, Laguna Blanca, Fiambal, Tinogasta, Ramaditas y Palo Blanco.
86
La reconstruccin de los linajes ha sido realizada por la antroploga Cristina Garrido en el Informe
INAS (2000), estableciendo que algunos de los primeros pobladores de Potrerillos se remontan al
ao 1875.
106
Arribaron por el norte utilizando pasos cordilleranos, en especial los de Cerro
El Chaco, Aguada Vaquilla, Len Muerto, y desde Catamarca los pasos San
Francisco y Pircas Negras-Come Caballos y otras abras intermedias existentes
entre las serranas. Otros colla atravesaron primero al Salar de Atacama y desde Peine cruzaron el Despoblado por el Camino del Inca para asentarse en
la cordillera de Atacama.
1.3 El territorio ocupado por los colla
De norte a sur se pueden distinguir tres reas de ocupacin y asentamiento
colla que se conservan desde las primeras migraciones. La primera y ms extensa, est formada por el Salar de Pedernales, los campos de pastoreo aledaos
y las quebradas que contienen vegas y aguadas desde Chaco-Juncal por el
norte hasta la quebrada Chaaral Alto por el sur. Una segunda rea de poblamiento colla son las Quebradas Paipote, San Andrs y San Miguel como terrenos
de invernada complementadas por los campos de pastoreo de El Patn y Llano del Leoncito en la cuenca alta del ro Figueroa, ms la Quebrada y el Salar
de Maricunga, que actan de veranadas. La tercera rea y ms austral corresponde a la cuenca del ro Jorquera formada por los ros Figueroa, Turbio, Pircas
Negras y Nevado La Gallina.
Desde su llegada en la segunda mitad del Siglo XIX, los colla habitan territorios que formaban parte de la hacienda Potreros de la Iglesia, propiedad
que por largo tiempo fue de la familia Cousio Goyenechea. El abandono de
las tierras de esta hacienda permiti por varias dcadas la ocupacin tranquila
e ininterrumpida de los colla, cuestin que cambi entrado el siglo XX al comenzar a ser arrendados los terrenos por la familia Cousio que disputarn su
dominio y ocupacin. Lo mismo ocurrir con las empresas mineras que instalan sus faenas en los territorios de pastoreo, contaminando los pastos y
envenenando el ganado. Ambos factores, disputa territorial y contaminacin,
provocarn la emigracin de algunas familias a la Argentina. Los colla que se
quedan mantienen la actividad trashumante alejndose de los centros poblados o vinculndose a la actividad de abastecimiento de lea y carne de los
centros mineros y ciudades, complementando la subsistencia con la caza y
recoleccin. Otras familias colla se enrolarn en el trabajo minero, para luego
volver a las actividades ganaderas y mantenerse en los territorios que habitan
desde hace dcadas.
Ms al sur, en la Quebrada de Paipote la llegada de los arrendatarios de
tierras de la sucesin Goyenechea en la dcada de 1930 oblig al abandono del
lugar de algunas familias colla que migraron al trabajo minero. Otras se
107
refugiaron en quebradas inaccesibles. Algunas aceptaron el sistema de mediera
y compartir la produccin de alimentos, animales y recoleccin de lea con los
arrendatarios, y otras decidieron volver a la Argentina.
En Ro Jorquera, el poblamiento colla y de otras familias que mantenan sus
posesiones con cultivos y ganadera se ve interrumpido con la llegada de Alfonso Prohens en el ao 1955, quien se dice dueo de la hacienda Jorquera,
inicindose el primer conflicto por los derechos a pastaje de los animales que
viene a terminar con la posesin tranquila e ininterrumpida mantenida por
sus ocupantes desde fines del siglo XIX. El particular inicia acciones para desalojarlos, obligndolos a que se localicen sobre el rea de la Tranca de Los Monos,
que es un estrecho de rocas que se encuentra aguas arribas de la confluencia
del ro Jorquera en el Copiap.
A principios de los sesenta el conflicto por la ocupacin de las tierras desaparece por el abandono que hacen los particulares de las tierras. En adelante
y hasta 1973, los colla se abocan al trabajo ganadero, agrcola y minero.
En Potrerillos, los colla que se quedan en esta parte de la cordillera combinan el pastoreo del ganado con el trabajo minero. Muchas familias se alejan a
las quebradas de ms al norte, Doa Ins y La Encantada, que se encuentran
libres de contaminacin. Otros se quedan en el circuito trashumante entre las
aguadas de invernada cercanas a Potrerillos y El Salvador y los campos de
veranada de Pedernales y Cerro Blanco, ocupando las tierras de la Quebrada
de Agua Dulce y de la Quebrada El Asiento.
En la dcada de 1960 la apertura de la mina El Salvador exige la canalizacin de nuevos recursos de agua que son llevados al mineral con tuberas,
impactando sobre la economa de la comunidad colla, al reducir aun ms los
escasos recursos hdricos disponibles para el pastoreo.
En Quebrada Paipote, los arrendatarios de la hacienda La Puerta restringieron el derecho al trabajo de las familias colla obligndolos a pagar arriendo
o trabajar como inquilinos. Para defender sus derechos fundaron una organizacin reivindicativa: el Sindicato de Leadores, cuyo objetivo era terminar
con las cargas y restricciones impuestas por los arrendatarios de tierras.
Las tierras de la Quebrada de Paipote y San Andrs fueron abandonadas
por los arrendatarios, quedando como nicos pobladores las familias colla que
mantuvieron la tenencia material de las tierras, dedicndose a la ganadera,
pequeos cultivos, la minera y la explotacin de lea y confeccin de carbn,
durante toda la dcada de 1960 y hasta 1973.
Como sealamos, en ro Jorquera, Alfonso Prohens reivindica las tierras
ocupadas por las familias colla y no colla, solicitando el pago por derecho a
pastaje de los animales. Los comuneros mantienen sus posesiones alegando
108
que ste no posee ttulo inscrito y que las tierras que involucra a los Potreros
de la Iglesia de la sucesin Cousio, de los que la hacienda Jorquera forma
parte, se encuentran en juicio con el Fisco.
A pesar de la reivindicacin, los comuneros de Jorquera fueron desplazados
de sus posesiones ancestrales, obligndolos a abandonar la cuenca del ro Jorquera, las ms frtiles tierras para el cultivo y las que posean todas las vegas de
pastoreo. Los colla se recluyeron en los cerros y la quebradas ms secas, con
menos pastos como San Miguel y Carrizalillo. El conflicto por la ocupacin de
las tierras se mantuvo hasta 1957, cuando se logra un acuerdo consistente en el
reparto de las tierras entre Alfonso Prohens y los comuneros de Ro Jorquera,
deslindndose las ocupaciones en el sector de Tranca de Los Monos.
1.4 La situacin de los colla entre 1973 y 1990
A partir del Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, se impuso al pueblo
colla medidas destinadas a restringir o eliminar las actividades de subsistencia, en
especial el pastoreo y la explotacin minera, obligando a algunas familias a abandonar las quebradas y a radicarse en pueblos y ciudades en busca de trabajo.
Tambin a mediados y fines del periodo del gobierno militar se favoreci la constitucin de la propiedad particular sobre algunas de las tierras ocupadas desde
largo tiempo por miembros de las comunidades colla, lo que provoc el desalojo y
desplazamiento de ellos hacia terrenos fiscales donde se encontraba el resto de la
comunidad. En otros casos impuso el arrendamiento de tierras a los colla ocupantes, dejando en condicin de precariedad a quienes se mantuvieron como ocupantes
de sus territorios ancestrales sin reconocer dominio ajeno.
Tambin se impact la economa de estas comunidades al prohibirse la
explotacin de la lea y la fabricacin de carbn, y al intentarse poner trmino a la actividad ganadera caprina por parte del Servicio Agrcola y
Ganadero.
Estas restricciones afectaron a todas las familias colla de la cordillera desde
Potrerillos hasta Ro Jorquera, debiendo abocarse casi exclusivamente al trabajo
de la ganadera, obligando a muchos a emigrar a pueblos y ciudades. All deberan subsistir del desarrollo de trabajos relacionados con la fruticultura en el
valle de Copiap, o como empleados u obreros en ciudades o en faenas mineras,
mantenindose los vnculos familiares con los que se quedaron en la cordillera.
En la dcada de 1980, se comenzaron a definir los conflictos de tierras a
favor de los particulares y el Fisco de Chile, marginando a los colla del acceso a
la propiedad territorial. El antiguo problema de tenencias de tierras que presentaba la hacienda Potreros de la Iglesia se mantena pendiente de resolucin.
109
Por una parte, la ocupacin material y uso del territorio se realizaba por las
familias colla de Quebrada Paipote y Ro Jorquera. A su vez, el Fisco disputaba
el dominio a la Sucesin Goyenechea y empresarios particulares exigan el
reconocimiento y regularizacin de tierras ocupadas por las familias colla.
Las tierras del valle del ro Jorquera, incluidas en la hacienda Potreros de la
Iglesia, eran reivindicadas por uno de los principales empresarios frutcolas,
Alfonso Prohens, quien logr que el Ministerio de Bienes Nacionales le reconociera en 1981 un total de 3.475 hectreas, en el sector ms bajo del valle,
cercano a la confluencia con el ro Copiap, con varios kilmetros de extensin
sobre el fondo de valle hasta el sector de Salto de los Monos.87
El reconocimiento de la propiedad de las tierras a Alfonso Prohens signific la formacin de la hacienda Jorquera y el inicio de un periodo de conflicto
con las familias colla que ocupaban estas tierras como invernada y sobre las
que muchos crianceros de ganado conservaban sus posesiones por largos aos.
El desenlace de esta situacin fue su desalojo de la comunidad de Ro Jorquera
que ocupaban las tierras reconocidas por el Ministerio de Bienes Nacionales a
Alfonso Prohens. En 1989, este ltimo procedi sin orden judicial a expulsar a
las familias colla de las posesiones que mantenan por ms de 20 aos, incendiando sus posesiones para obligarlos abandonar las tierras.
Posteriormente, en el ao 1986, la Sucesin de Isidora Goyenechea, propietaria de la hacienda Potreros de la Iglesia, logr por sentencia judicial que se le
reconocieran un total de 2.928,56 hectreas sobre los terrenos de invernadas de
las Quebradas de Paipote y San Andrs, que se encontraban ocupadas por
familias colla, las que fueron obligadas a pagar arriendo por las tierras para
mantener sus posesiones. Otras familias quedaron como meros ocupantes dentro de la propiedad particular.
En el caso de los colla de Potrerillos, siguieron haciendo ocupacin de tierras
de pastoreo y trashumancia de invernada, en gran parte pertenecientes a la
Corporacin del Cobre CODELCO Divisin El Salvador, propietaria de los
predios El Encanche y Vegas Quemadas. All adems exista una
87
En efecto, como reza la inscripcin N1811, a Fojas 3.056 vta., del Registro de Propiedades del
Conservador de Bienes Races de Copiap, a 18 de Agosto de 1981, don Alfonso Prohens Arias,
domiciliado en el Fundo La Puerta, es dueo del inmueble ubicado en el lugar Ro Jorquera, comuna
de Tierra Amarilla, (...), tiene una superficie aproximada de 3.475 hectreas, y cuyos deslindes son
los siguientes: Norte, terrenos fiscales eriazos; Este, terrenos fiscales eriazos; Sur, Las Juntas; y
Oeste, terrenos fiscales eriazos, Ro Jorquera y camino de penetracin de por medio. Dicho inmueble
lo adquiri por Resolucin Definitiva No. 365 de fecha 28 de Julio de 1981 dictada por el Seor
Director de Tierras y Bienes Nacionales don Homero Illanes Glasinovic (...).La presente inscripcin
se practica conforme a lo dispuesto en el artculo 14 del Decreto Ley No. 2.695 del Ministerio de
Tierras y Colonizacin de fecha 30 de Mayo de 1979 (Molina y Correa, 1997).
110
servidumbre minera, y las zonas de veranada correspondan a tierras fiscales.
Esto demostraba la precariedad de la posesin a pesar de haber habitado estos
lugares por largo tiempo.
1.5 Reconocimiento y formacin de las comunidades colla
Con el advenimiento de la democracia en 1990, comenzaron a operar procesos de recomposicin de la identidad colla y de reconocimiento como pueblo
indgena. Dirigentes de este pueblo, con apoyo de parlamentarios de la regin, viajaron a Santiago y a Valparaso para dar testimonio de su existencia
ante la Comisin Especial de Pueblos Indgenas (CEPI) y la comisin parlamentaria que discuta una nueva ley sobre pueblos indgenas, solicitando
expresamente la incorporacin del pueblo colla de la regin de Atacama al
nuevo texto legal. Esto qued consagrado el 5 de octubre de 1993 al dictarse
la Ley N 19.253 que estableci en su artculo primero: El Estado Chileno
reconoce como principales etnias indgenas de Chile a: la Mapuche, Aimara,
Rapa Nui o Pascuenses, la de las comunidades Atacameas, Quechuas y Colla
del norte del pas....(Art. 1 Inciso 2).
La ley indgena permiti la constitucin de comunidades, inicindose un
proceso de organizacin colla que agrup a las familias que se encontraban en
la zona cordillerana de Potrerillos, Quebrada Paipote y Ro Jorquera, teniendo
como base la constitucin de estas comunidades las relaciones de parentesco y
linajes. Las comunidades incorporaron tambin a miembros que haban pasado a formar parte de una familia colla sin tener lazos de consanguinidad, y que
formaban la base de la comunidad indgena desde antes de la dictacin de esta
ley.
Las primeras comunidades colla constituidas en virtud de la ley indgena
fueron las de Potrerillos, Quebrada Paipote y Ro Jorquera, en el ao 1995. A
partir de estas comunidades, se inici un proceso de rescate y fortalecimiento
de la identidad de este pueblo. En 1998 las familias de Quebrada Paipote, dieron
origen a las comunidades de Pastos Grandes y Sinchi Waira. Posteriormente,
continu el proceso de organizacin formndose las comunidades de Waira
Manta Tujs de Tierra Amarilla (2001), Pacha Churi Kai de Los Loros (2002),
Geocultuxial de Diego de Almagro (2002) y Paipote de Estacin Paipote (2002).
111
2. Situacin actual de los derechos de los colla88
2.1 El derecho a la tierra
El derecho al reconocimiento de las tierras emana de la ocupacin ancestral. En este sentido la demanda de tierras de las comunidades colla abarca los
fondos de valle y quebradas que contienen las vegas y aguadas, los campos de
pastoreo y los terrenos en los que se encuentran los centros ceremoniales y
rituales, comprendiendo espacios de la precordillera, salares y cordillera de
los Andes de las provincias de Copiap y Chaaral de la III Regin.
La demanda territorial de las comunidades colla fue determinada en 1996,
comprendiendo los espacios geogrficos que contienen campos de pastoreo,
vegas, aguadas, lugares de asentamiento, de recoleccin y caza, vetas de minerales y espacios sagrados y rituales.89 Los colla demarcaron su territorio de acuerdo
al uso consuetudinario, amparado en el uso real refrendado en la ley indgena
N19.253, y que se debe aplicar a los procesos de saneamiento y constitucin de
la propiedad a favor de sus comunidades de acuerdo a lo establecido en el Ttulo VIII, prrafo 2, artculos 62 a 65, que contiene Disposiciones Particulares
Complementarias para los Aimaras, Atacameos y dems Comunidades Indgenas del Norte del Pas.90 Esto en la prctica significa que el traspaso de tierras
88
89
90
Esta seccin ha sido tomada de los siguientes trabajos de investigacin: Molina y Correa (1996);
Molina y Correa (1997); Informe INAS (2000); Molina, Ynez y Pea (2001). Adems, se consideraron
dos documentos de la Comisin Verdad Histrica y Nuevo Trato; Demandas, 2002; e Informe
2002.
Los espacios sealados fueron demarcados por el permetro de cumbres y filos de cerros, resultando
para la comunidad de Ro Jorquera un territorio de 451.957,61 hectreas, que contiene 223 vegas y
171 aguadas y extensos campos de pastoreo. En la Quebrada de Paipote, las comunidades collas
Paipote, Sinchi Waira y Pastos Grandes abarcan un territorio de 289.941,04 hectreas, que contiene
75 vegas y 38 aguadas y extensos campos de pastoreo y suelos eriazos. Para la comunidad de
Potrerillos se identificaron las vegas y aguadas y los territorios de pastoreo, pero debido a dificultades
con la demarcacin de la propiedad de Codelco-Divisin El Salvador y a lo extenso de la
reivindicacin territorial, solo se establecieron resultados preliminares sin llegar a determinarse la
superficie territorial total de la comunidad.
El artculo 62 establece la aplicacin a las comunidades colla de todas las normas contenidas en este
prrafo, es decir del artculo 62 al 65, en cuanto sujetos de los derechos reconocidos en los citados
preceptos: El artculo 62 inciso 2 dispone: Estas disposiciones (para las comunidades aymaras y
atacameas) se aplicarn a otras comunidades indgenas del norte del pas tales como quechuas y collas.
El artculo 63 dispone respecto a los procesos de saneamiento y constitucin de la propiedad de las
comunidades sealadas en este prrafo, la Corporacin (CONADI) deber salvaguardar los siguientes
tipos de dominio: Tierras de propiedad de indgenas individualmente considerados, que por lo general
comprende la casa habitacin y terrenos de cultivo y forraje; Tierras de propiedad de la Comunidad
Indgena constituida en conformidad con esta ley y correspondiente, por lo general, a pampas y laderas
de cultivo rotativas. Tierras patrimoniales de propiedad de varias comunidades indgenas, tales como
pastizales, bofedales, cerros, vegas y otras de uso del ganado auqunido, y caprino, mular, ovino, bovino
y caballar en el caso de los colla.
112
debe considerar la casa habitacin, terrenos de cultivo y forraje, pampas y laderas de cultivo rotativas, pastizales, bofedales, cerros, vegas y otras de uso
ganadero, tal como lo estableci en 1994 el Acuerdo Marco firmado por la Corporacin Nacional de Desarrollo Indgena y el Ministerio de Bienes Nacionales.
La demanda territorial colla no fue acogida por el Ministerio de Bienes Nacionales, ya que abarcaba extensos territorios de la cordillera de Copiap y
Chaaral. Como alternativa se estableci la transferencia de las tierras de los
fondos de valles y quebradas que contenan las vegas y aguadas, y los campos
de pastoreo se deberan entregar en usufructo por un plazo mnimo de 30 aos.
El proceso de traspaso de tierras se inici en el ao 1997 91 y solo en el 2003,
despus de sucesivas reducciones a las solicitudes de tierras de las comunidades, se les transfirieron un total de 8.622 hectreas de fondo de valles y
quebradas. En esta transferencia no se entrego ningn campo de pastoreo y se
omiti la entrega en usufructo de estas tierras.
Tales reconocimientos de tierras excluyeron las invernadas correspondientes a las comunidades Paipote y Pastos Grandes, pues estas tierras corresponden
al predio hacienda La Puerta de propiedad de la Sucesin de don Luis Cousio
Sebire, que posee una superficie de 2.928 hectreas y 56 reas. En el caso de la
comunidad de Potrerillos, se descontaron de la solicitud de transferencia de tierras los terrenos ocupados por la comunidad colla de propiedad de CODELCOCHILE Divisin El Salvador y de aquellos que se encontraban afectos a la servidumbre minera de CODELCO CHILE Divisin El Salvador.92 Finalmente, a la
91
92
En 1997 las comunidades colla, por instrucciones de la Corporacin Nacional de Desarrollo Indgena,
presentaron al Ministerio de Bienes Nacionales la solicitud de transferencia en dominio de las
tierras de fondo de valle y quebradas, acompaada de los planos y mensuras que preservaban un
espacio continuo que abarcaba toda la franja del fondo y que conecta a las vegas una con otras a
travs de un pasadizo, quedando al margen los campos de pastoreo y otros terrenos. La comunidad
colla de la Comuna de Diego de Almagro o Potrerillos solicit 33.450, 29 hectreas, que incluye 43
vegas, 44 aguadas y campos de pastoreo del altiplano. La comunidad colla de la Comuna de Copiap
o Quebrada Paipote solicit la transferencia de 3.546,48 hectreas, que comprende 42 vegas y 17
aguadas, representando la solicitud un 1,22% de la superficie territorial total demarcada en 1996.
La comunidad colla de Ro Jorquera y sus afluentes solicit un total de 13.236,74 hectreas, que
considera 204 vegas distribuidas en tres secciones continuas. La demanda de tierras representa solo
el 2,93% del total territorial demarcado en 1996.
Los terrenos de propiedad de CODELCO se encuentran ubicados en la quebrada de agua dulce,
comuna de Diego de Almagro, Provincia de Chaaral, III Regin de Atacama, denominados Vegas Quemadas y El Encanche, los cuales se encuentran inscritos a su nombre a fojas 3 vta., bajo
el nmero 5 y a fojas 4, bajo el nmero 6, respectivamente, en el Registro de Propiedad del
Conservador de Bienes Races de Chaaral, correspondiente a 1970. Adems, CODELCO CHILE,
Divisin Salvador, es titular de un derecho de Servidumbre Minera, sobre una superficie de 1.810
hectreas, otorgadas por Decreto Supremo No. 1284, del Ministerio de Tierras y Colonizacin, de
fecha 23 de Octubre de 1957, inscrita a fojas 7, bajo el nmero 5 del Registro de Hipotecas y
Gravmenes del Conservador de Bienes Races de Chaaral, correspondiente al ao 1958.
113
comunidad colla de Ro Jorquera, el Ministerio de Bienes Nacionales restringi
lo solicitado por la comunidad al aplicar el criterio del DL 1939 de la ocupacin
efectiva y no la ley indgena, reduciendo la transferencia de tierras, de 11.766,27
hectreas de fondo de valle a 5.707,24 hectreas,93 restndoseles todos los terrenos de fondo de valle de los ros que forman el ro Turbio, es decir el ro Pircas
Negras y ro El Nevado donde se realizara el proyecto minero Aldebarn-Cerro
Casale (Ver Cuadro N1).
Esta transferencia de tierras coloc en oposicin a dos procedimientos para
el reconocimiento de las tierras y derechos indgenas. Por una parte, la ley
indgena, por la que se rige la regularizacin de las tierras de las comunidades
del norte del pas, y por la otra, el Decreto Ley N 1939 de transferencia de
tierras fiscales. Las autoridades del estado prefirieron aplicar restrictivamente
el Decreto Ley N 1939 con el fin de reducir las tierras a transferir, obviando las
disposiciones de la ley indgena.
Qued pendiente el reconocimiento de importantes espacios territoriales
ocupados por las comunidades colla sobre tierras fiscales y particulares o de
empresas del estado y que involucran fondos de valles, quebradas y campos
de pastoreos, as como espacios de recoleccin y minera. En una descripcin
sumaria se nombran los siguientes:
La comunidad de Potrerillos demanda tierras de propiedad de CODELCO y del Fisco de Chile. En el primer caso se trata de las tierras
ocupadas que se encuentran en la propiedad inscrita de CODELCO Divisin El Salvador,94 y que desde 1993 se encuentran en calidad de
comodato a los colla, y en el caso de tierras fiscales, esta ocupacin y
demanda de transferencia corresponde a fondos de valle y quebradas y
a campos de pastoreo ubicados en los salares.
Las comunidades de Paipote, Sinchi Waira, Pastos Grandes, Pai-ote de
la Quebrada de Paipote, San Miguel y San Andrs, solicitan la regularizacin de las tierras de la hacienda La Puerta, que se encuentran ocupadas
por las comunidades colla, entre el sector denominado La Puerta hasta
93
94
El informe del Ministerio de Bienes Nacionales respecto de la comunidad de Ro Jorquera sealaba
que: El anlisis espacial del uso de los territorios con relacin a las veranadas e invernadas,
expuso la superficie real de ocupacin, la cual alcanza la totalidad de superficie fiscal disponible,
correspondiente a las 7.805,25 hs., correspondientes al 66,33% del universo total fiscal solicitado
(11.766,27). Seremi de Bienes Nacionales de la Regin de Atacama, septiembre del 2000.
Los terrenos ocupados en la actualidad son propiedad de CODELCO Divisin El Salvador. Estos
terrenos se denominan Vegas Quemadas y El Encanche, los que se encuentran inscritos a su
nombre a fojas 3 vta., bajo el nmero 5 y a fojas 4, bajo el nmero 6, respectivamente, en el
Registro de Propiedad del Conservador de Bienes Races de Chaaral, correspondiente a 1970.
114
Vegas de Tapa en la Quebrada Paipote y de la Vega Cortadera en la quebrada del mismo nombre y afluente de la Quebrada Paipote en el sector
de la vega El Dadinal.95 En cuanto a la demanda de tierras fiscales, esta
comprende tierras de fondo de quebradas y campos de pastoreo, en las
que yacen 42 vegas y 17 aguadas, es de 3.061,56 hectreas96 y los campos
de pastoreo de altura y de invernada.
La comunidad de Ro Jorquera ocupa territorios exclusivamente de dominio fiscal. La demanda territorial colla en Ro Jorquera y sus afluentes,
correspondiente a fondo de quebradas y valles, es de 11.766,27 hectreas. Solicitan la entrega de las tierras solicitadas en 1997 y no transferidas
en el ao 2003, en el sector del Nevado, La Gallina y el ro Pircas Negras.
Adems, solicitan la transferencia de las tierras que componen los campos de pastoreo de la cuenca del ro Jorquera y sus afluentes. En las
quebrada de Carrizalillo existen tierras reivindicadas por la comunidad
colla Waira Manta Tuqsi.
2.2 El derecho a las aguas
Asegurar el uso de las aguas para las comunidades colla mediante la regularizacin de derechos de aprovechamiento es una cuestin de vital importancia
para el desarrollo de sus economas en la cordillera de Copiap y Chaaral.
Las aguas han sido utilizadas ancestralmente por la comunidades para el consumo humano, el riego agrcola, abrevadero de animales, uso minero, y otros
usos eventuales. La demanda de regularizacin de derechos de aguas comprende las 138 aguadas y 33 vegas existentes dentro del territorio de la
comunidad colla de la Comuna de Diego de Almagro o Potrerillos; las 38 vegas
y 75 aguadas existentes dentro del territorio de las comunidad colla de Paipote, Sinchi Waira y Pastos Grandes; y 222 aguadas y 171 vegas existentes en el
territorio de la comunidad colla de Ro Jorquera y sus afluentes, adems de
parte de los caudales de los ros Figueroa, Turbio y Jorquera, indispensables
para el riego agrcola.
95
96
La hacienda La Puerta es propiedad de la Sucesin de don Luis Cousio Sebire, tiene una superficie
total de 2.928 hectreas y 56 reas. La inscripcin especial de herencia del predio, rola a fojas 1.589
vta., No. 1.073 del Registro de Propiedad del Conservador de Bienes Races de Copiap,
correspondiente al ao 1982.
Estos terrenos estn amparados por la inscripcin global fiscal correspondiente a la Provincia de
Copiap, inscrita a Fjs 527 vta., bajo el N 500, en el Registro de Propiedades del Conservador de
Bienes Races de Copiap de 1964, y se encuentran solicitados formalmente en transferencia a la
Secretara Regional del Ministerio de Bienes Nacionales desde el ao 1997, sin que a la fecha se
transfiera el dominio.
115
A la fecha los programas de inscripcin de derechos de aguas financiados
por la CONADI se han realizado para un restringido nmero de las vegas y
aguadas. Las comunidades sealan que se debe efectuar una peticin de derechos de aguas para la totalidad de las aguadas y esteros cordilleranos, debido
a que son escasos los resultados logrados hasta el momento y a que, en el intertanto, particulares y empresas han inscrito caudales de las aguadas ocupadas
ancestralmente por los colla para el uso ganadero. Tambin estas comunidades
han sido afectadas por la parcialidad con la que en ocasiones ha actuado la
Direccin General de Aguas de la Regon de Atacama (III), al impugnar las
inscripciones de aguas realizadas por ellas, favoreciendo a los privados y las
Juntas de Vigilancia del ro Copiapo.
2.3 El derecho al desarrollo
2.3.1 Inversin pblica en infraestructura productiva y equipamiento
comunitario
El objetivo de la implementacin de infraestructura y de equipamiento comunitario desde la perspectiva de las comunidades colla es el mejoramiento de
las condiciones de vida, de la habitabilidad de la cordillera y de las condiciones de produccin. Con ello se pretende favorecer el arraigo de la poblacin,
disminuir el aislamiento e incentivar el repoblamiento colla de la cordillera de
Copiap y Chaaral.
En la actualidad las comunidades colla carecen de la infraestructura mnima en sus territorios para asegurar la habitabilidad de poblacin infantil y
juvenil, y el mejoramiento de las condiciones de vida, siendo casi inexistente
la inversin del estado en infraestructura y equipamiento social, como escuelas, postas de salud y otros servicios e infraestructura social (ver Cuadro N 2).
En cuanto a la infraestructura productiva, las comunidades colla, se plantean como objetivos el desarrollo agrcola relacionado con la produccin animal
y la produccin de alimentos de consumo familiar. En la actualidad en las
comunidades colla cultivan en total 9,35 hectreas de alfalfa, que corresponde
a una superficie muy pequea que no resuelve las necesidades de produccin
y abastecimiento principalmente de pastos para los animales. Considerando
la topografa, la disponibilidad de agua y el clima, se ha estimado una superficie potencial de cultivo de alfalfa de a lo menos 187 hectreas (ver Cuadro N
3) . El potencial desarrollo de la agricultura se ha visto impedido por la falta de
inversin pblica, tenindose como justificacin la irregularidad en la tenencia de las tierras, debido a la falta de titularidad en el dominio que les afectaba
116
y que es requisito exigido por el estado para la inversin productiva y el apoyo
tcnico a las comunidades colla.
La situacin de la ganadera, que es la base econmica de las comunidades
colla y su principal actividad, se desarrolla mediante la crianza de la especie
mular, equina, ovina, caprina y bovina y antiguamente tambin se desarroll
la ganadera de llamos. La masa ganadera de las comunidades colla a marzo
del ao 2000 alcanzaba a aproximadamente a 11.553 cabezas de animales, siendo los de mayor representacin la especie caprina con el 55% y los burros 33,9%
del total. Son seguidos por ovinos 4,86%, mulares 2,45%, bovinos 1,86%, equinos 1,24% y auqunidos (llamas y alpacas) 0,06% con una muy baja
representatividad (ver cuadro N 4).
La economa ganadera de las comunidades colla durante aos se ha visto
afectada por enfermedades que inciden en la disminucin de la masa animal y
en el empobrecimiento de la economa familiar, sin que existan planes sistemticos de sanidad animal por parte de las instituciones del estado, las que
solo aplican barreras sanitarias para el control de la fiebre aftosa en las comunidades que tienen veranadas cercanas a la Argentina.97
Se suma a las enfermedades, la debilidad fsica del ganado en periodos de
sequa, en los que la falta de alimentacin provoca una importante mortalidad
y el fro provoca aborto espontneos por problemas de desnutricin, lo que
impacta en la disminucin de la masa de animales y el empobrecimiento de las
familias.
Los planes de reforestacin destinados al aporte de forraje para los animales, a proveerse de lea, sombra y materia prima para construcciones de
habitaciones, corrales y cercos, no se han aplicado en las comunidades colla
debido a que las instituciones responsables argumentan que no poseen dominio legal sobre las tierras ocupadas.98
97
98
As por ejemplo, el ganado caprino, que representa el mayor porcentaje de la masa ganadera, es
afectado por la neumona, el moquillo o pseudo tuberculosis (linfoadenitis caseosa), y por la yuta
o pirihun (Nematodos o Fasciola Heptica), esta ltima declarada endmica, lo que hace que las
instituciones del Estado no intenten su control, quedando el ganado de los colla a merced de estas
epidemias.
Las especies arbreas que se utilizan como forrajeras del ganado caprino, ovino, caballar, mular y
bovino son el cachiyuyo y otros arbustos forrajeros. La vainas de algarrobo y chaar son utilizadas
para engordar el ganado, mostrndose como un excelente complemento alimentario. Adems, son
utilizados para lea los rboles secos y como recursos para construcciones. Entre las especies
arbustivas con propsito forrajero y combustible se encuentra el cachiyuyo y como lea se ocupa la
varilla brava y la varilla grande.
117
2.3.2 El derecho a la explotacin minera
El desarrollo de la actividad minera constituye una antigua aspiracin, ya
que durante aos complement las economas agropecuarias de las comunidades. En la actualidad esta actividad se encuentra deprimida por la falta de
tecnificacin y apoyo financiero para su explotacin. Un intento por reactivar la
actividad minera se produjo durante el 2001, ao en que se inscribieron algunos
miembros de la comunidad colla de Ro Jorquera y Paipote en el Programa de
Apoyo a la Pequea y Mediana Minera Artesanal PAMMA de Enami. Sin embargo, su postulacin fue rechazada por el Seremi de Minera de la Regin de
Atacama aduciendo que debera ser la CONADI la que tiene que destinar los
recursos para la actividad minera, frustrando con ello las expectativas de las
comunidades colla. En el caso de las comunidad colla de Potrerillos, la posibilidad de desarrollar una actividad minera en su territorio se encuentra restringida
por las extensas concesiones entregadas a Codelco Divisin El Salvador.99
2.3.3 La actividad artesanal
Las comunidades colla han desarrollado durante largo tiempo actividades
artesanales textiles, orfebrera y talabartera, pero estas no tienen planes de
apoyo y promocin. La actividad textil es ancestral y se ha transmitido de generacin en generacin, realizada por hombres y mujeres, que se dedican a la
confeccin de prendas de uso domstico y aperos; frazadas, ponchos, mantas
y alforjas. En las comunidades colla, al ao 2002, existan 39 artesanos, 27 de los
cuales son tejenderos a telar.
Sin embargo, existen factores que conspiran contra un mejor desarrollo de
estas actividades tradicionales, como la sanidad animal que disminuye la materia prima, debido a que muchos se encuentran enfermos y no producen la
lana suficiente y de buena calidad para el desarrollo de una textilera indgena
de hermosos diseos y excelente confeccin.100
99
100
Las comunidades colla conocen numerosas minas. La comunidad de Pastos Grandes se encuentra
interesada en explotar la mina San Jos, que es un yacimiento minero de cobre donde existe una
concesin de exploracin que caduc el ao 2001, y est interesada en pedir la concesin minera del
yacimiento y explotarla bajo la modalidad del Pirqun. En el caso de la comunidad de Ro Jorquera,
varios miembros de ella tienen posibilidades de iniciar actividades mineras y algunos de ellos son
propietarios de minas y tienen inters en explotar estos yacimientos bajo la modalidad del pirqun.
Existen tcnicas ancestrales de teido natural y se complementan con colores naturales, como el
caf, plomo y negro. Las tinturas naturales se obtienen con vegetales locales como el algarrobo en
que se usa la resina para obtener el color caf claro; el molle, en que se usan las hojas en verde,
semillas y tallos para obtener el color morado la mollaca, que se usan la hojas y tallos para obtener
el color morado intenso; el pacul, en que se ocupan las hojas y los tallos para obtener morado claro, y
(contina en pg. siguiente)
118
La actividad textil es poco conocida y no existen agrupaciones de artesanos, canales de comercializacin, contactos con instituciones de promocin,
desconocindose la riqueza esttica y cultural que tiene esta actividad que es
parte de la identidad colla y legado de una actividad ancestral.
La talabartera tambin es una actividad de larga tradicin entre los colla,
como la fabricacin de aperos, lazos y maneas de patas. Tambin, con los cueros
de animales se confeccionan las cajas chayeras ocupadas en las actividades rituales de las comunidades. Se suma a las anteriores, la orfebrera y hojalatera
colla, tambin de larga tradicin. Ninguna de estas actividades ha contado con el
apoyo para su desarrollo por parte de las instituciones del Estado.
2.4 Derecho a la participacin y gestin territorial
Las comunidades colla tienen baja participacin en la toma de decisiones a
nivel local, comunal, provincial y regional, pues en general no son consultados, lo que impacta en el control social y en la gestin territorial. En general,
estn marginados de las polticas de inversin privada y pblica relacionadas
con su espacio territorial, las que no les son consultadas, lo que constituye una
discriminacin y falta de igualdad ante la ley.
De especial inters para los colla es la adecuada informacin y participacin en la discusin de proyectos referidos a inversiones mineras, viales,
tursticas, explotacin de aguas subterrneas y de inscripcin de derechos de
aguas, y proyectos para la creacin de reas silvestres protegidas en sus territorios. El tratamiento dado por las autoridades se caracteriza por la
desinformacin, la discriminacin social, cultural, econmica y poltica. Ejemplo de lo sealado es lo ocurrido en el ao 2002 con la inscripcin de derechos
de aprovechamiento de aguas. As mientras particulares dueos de parronales
del Valle de Copiap inscriben sin contratiempos las aguas de las vertientes
utilizadas por las comunidades colla como abrevaderos de animales, la Direccin General de Aguas de la III Regin impugna la inscripcin de pequeos
caudales de aguadas solicitados por ellas, actuando parcialmente a favor de la
Junta de Vigilancia del ro Copiap.
En los estudios de impacto ambiental, los colla no son consultados y no se
aplican los mecanismos de la participacin ciudadana exigidos por la ley. Ejemplo
el cachiyuyo, en que se ocupan las hojas y tallos para obtener el amarillo mbar. El diseo del tejido
de las diferentes prendas corresponden a franjas de diferentes colores y grosores. Predominan los
colores naturales y bajos en intensidad. La costura es uno de los rasgos caractersticos en forma de
tringulos alternados a uno y otro lado del pao, llamadas pata de gallo.
119
de lo indicado, es el estudio de impacto ambiental (EIA) del proyecto minero
Aldebarn en el cerro Casale, aprobado por la COREMA y CONAMA en el ao
2001. En dicho estudio se seal que no exista poblamiento a menos de 55
kilmetros del rea de explotacin minera, siendo que en la realidad en el mismo
cerro Casale, la quebrada del mismo nombre y el ro del Nevado se encuentran
los puestos de veranadas de los colla, que acceden hasta las vegas y pastorean
con ms 10.000 animales en la cuenca del ro Turbio, en la temporada que
comprende los meses de octubre a mayo de cada ao. Estos territorios de
veranada ocupados para el pastoreo y habitacin se encuentran amenazados
por la contaminacin ambiental que puede afectar los pastos, las aguas, los
escurrimientos subterrneos y que impactar su economa ganadera y
trashumante. Adems de la potencial contaminacin, existe el peligro para la
salud que importa el traslado constante de cianuro para el procesamiento del
oro, que ocupar los mismos caminos transitados por los pastores de las
comunidades colla, y adicionalmente se presenta la constante emanacin de polvo
provocado por el paso de los vehculos de transportes de abastecimiento minero.
3. Conclusiones
Las comunidades colla poseen un poblamiento ancestral de sus territorios,
pero durante mucho tiempo fue ignorada su existencia como pueblo. A pesar
de ser reconocidos como etnia originaria en la ley indgena N 19.253, sus demandas territoriales no han sido reconocidas a cabalidad, otorgndoseles tierras
fiscales que corresponden a un 10% de lo solicitado en los fondos de valles y
quebradas en el ao 1997. Esta demanda parcial de tierras, que no inclua los
campos de pastoreo y otros terrenos de tipo ritual y uso eventual, fue sistemticamente reducida por la aplicacin del Decreto Ley N 1.939 que se us en
reemplazo de la ley indgena que dispone el reconocimiento de las tierras ocupadas por estas comunidades.
En efecto, la ley indgena reconoce los derechos territoriales de las comunidades colla, en el Ttulo VIII, prrafo 2, artculos 62 a 65, que contiene
disposiciones particulares complementarias para los aymara, atacameos y dems comunidades indgenas del norte del pas. El artculo 62 inciso 2 dispone:
Estas disposiciones (para las comunidades aymaras y atacameas) se aplicarn a otras comunidades indgenas del norte del pas tales como quechuas y
collas.
120
El artculo 63 dispone respecto a los procesos de saneamiento y constitucin de la propiedad de las comunidades sealadas en este prrafo, la
Corporacin (CONADI) deber salvaguardar los tipos de dominio individual,
comunitario y patrimonial, con el fin de asegurar las formas de tenencia tradicional y establecidas en el derecho consuetudinario de las comunidades
indgenas, y que se caracteriza por patrones de ocupacin vinculado al uso de
los recursos naturales disponibles para el desarrollo de la ganadera, la agricultura, la minera, la caza y recoleccin.
Sin embargo, las disposiciones de la ley indgena no han sido aplicadas al
reconocimiento de las ocho mil hectreas entregadas en el ao 2003, en que el
estado ha constituido el dominio colla sobre tierras de fondo de valles, a partir de
una interpretacin restrictiva mediante el uso del Decreto Ley N 1.939, lo que
constituye una violacin de los derechos contemplados en la legislacin que
ampara a los pueblos originarios. Es as como en el caso de la comunidad de Ro
Jorquera se transfirieron las tierras de los fondos de valle que comprenden invernadas y parte de las veranadas; en Quebrada de Paipote, se transfirieron las
tierras de fondo de quebradas de las veranadas, pues las invernadas se encuentran inscritas a favor de particulares; y en la zona de Potrerillos se reconocieron
algunos terrenos de fondos de quebradas, excluyndose los posedos por Codelco Divisin el Salvador y los campos de pastoreo.
Lo anterior incide en que las comunidades colla, ms all de los terrenos
reconocidos de fondo de valle y quebradas, continen manteniendo una tenencia precaria de las tierras de invernadas y de todos los campos de pastoreo,
que se encuentran inscritos a favor de particulares, el Fisco de Chile y Codelco
Divisin El Salvador.
Por otra parte, dichas comunidades han visto disputadas sus aguas por
empresas y particulares y han sido sometidas a un trato discriminatorio al
momento de solicitar derechos de aprovechamiento de aguas, al impugnarse
las solicitudes porque supuestamente afectan derechos de terceros y a la vez
permitir a estos ltimos la inscripcin de vertientes de vital importancia para
su actividad ganadera.
Tambin la actividad minera de las comunidades colla no ha podido surgir
debido al mismo trato discriminatorio que las ha marginado de las polticas de
desarrollo del estado.
En cuanto a la inversin social, productiva y en infraestructura, esta sigue
siendo precaria debido a que hasta el ao 2003, se argument que no era posible realizar inversin en comunidades que no tenan el dominio de las tierras.
Finalmente, en cuanto a la participacin y el derecho a la gestin territorial
de las comunidades colla, sigue primando la desinformacin y la marginacin
121
de la discusin y decisiones de las polticas pblicas e inversiones que se efectan sobre el territorio ocupado.
Para el pueblo colla el reconocimiento de las tierras que ocupan es de vital
importancia, pues busca dar continuidad a su poblamiento de la cordillera,
con el fin de salvaguardar las tierras de particulares y empresas que ven en sus
tierras potenciales zonas de apropiacin. De all que el reconocimiento y constitucin de la propiedad indgena sea una demanda central para sus
comunidades. Dicho reconocimiento permitira salvaguardar el territorio ocupado, detener la migracin hacia pueblos y ciudades, repoblar las tierras
ancestrales, desarrollar la agricultura, la ganadera, y la minera, asegurando
el uso y manejo de los campos de pastoreo, de las tierras y del agua para cultivos agrcolas, asegurar la inversin del estado en planes, proyectos y programas
de desarrollo productivos, sociales, culturales y de infraestructura y equipamiento social con identidad, asegurar el dominio y uso de las aguas que nacen
y mueren en una misma heredad, y fortalecer el desarrollo de la identidad
colla. Todo ello a condicin de que se respeten sus derechos como pueblo indgena que habita la cordillera de la provincia de Copiap y Chaaral.
Bibliografa
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123
Cuadros
Cuadro 1
Tierras fiscales de fondo de valle y quebradas transferidas a
comunidades colla (2003)
Comunidad Diego de Almagro o Potrerillos:
936,96 hs.
Comunidad Pastos Grandes (ocupacin exclusiva):
100,99 hs.
Comunidad Paipote y Pastos Grandes:
1.978,65 hs.
Comunidad Ro Jorquera:
5.707,24 hs.
Total comunidades:
8.622,85 hs.
Fuente: Molina, Ral; Yez, Nancy y Pea, Dagoberto. (2002)
Cuadro 2
Comunidades colla: Infraestructura y equipamiento
(Marzo del 2001)
Acciones realizadas por municipios
/* Financiamiento Fondo de las Amricas
Infraestructura
D.
Almagro
Paipote
P.
Grandes
Sinchi
Waira
Ro
Jorquera
Caminos de acceso
Expedito
Expedito
Expedito
Expedito
Expedito
Movilizacin
Difcil
Difcil
Difcil
Difcil
Difcil
Telfono Pblico
No
No
No
No
No
Radiocomunicacin No
No
No
No
No
Seales de radio
Local buena Regular
Regular
Regular
Regular
Seal de televisin
Satelital
Satelital
Satelital
Satelital
Satelital
Aparatos de TV
No
No
No
No
Uno
Energa elctrica
No /FNDR No
2000
No
No
Agua bebida
potable
Novertiente
Novertiente
Novertiente
10
Paneles
solares/*
Novertiente
Eliminacin
excretas
Pozo negro/ Pozo negro/ Pozo negro/ Pozo negro/ Pozo negro/
a.libre
a.libre
a.libre
a.libre
a.libre
Tipo de vivienda
Precaria/
Tradicional
Novertiente
Tradicional
Tradicional
Tradicional Tradicional
(contina en pg. siguiente)
124
Escuelas bsicas
No
No
No
No
No
Jardn Infantil
No
No
No
No
No
Posta mdica
No /
ronda s
S**
No
Sede social
No
No
No
No
S***
Equipamiento sede
No
No
No
No
Deficiente
Recintos
deportivos
No
No
No
No
No
Almacenes
Uno
No
No
No
No
Fuente: TEPU Diagnstico Territorial Colla, solicitado por Conadi Norte.
** Corresponde a un container instalado en la Quebrada de Paipote, y que atiende a las
tres comunidades colla que comparten el territorio.
*** Construida por la comunidad con aporte de una empresa minera y remozada por
trabajos voluntarios de un Colegio de Santiago.
Cuadro 3
Cultivos de alfalfa y riego en comunidades colla
Cultivos
Alfalfa
Sup. hs
N potreros
Sup.
potencial
Riego
Potreros
D. Almagro Paipote
P. Grandes
S. Waira
R. Jorquera
Total
0,8
5,75
9,35 Hs.
10
Potreros
S/i
20
20
145
187 Hs.
No existe
Tradicional
Tecnificado Tradicional Tradicional
Canal
Vertiente
Pozo
5
Agua dulce
Vega
Vega
Ro
Pastillos
S
P. Grande
Jorquera
Bombeo
del ro
Fuente : Elaborado en base a Informe de Consultora INAS Ltda. Marzo del 2000.
125
Cuadro 4
Ganadera colla por comunidades
Especie
Caprino
Ovino
Bovino
Mulares
Burros
Equinos
Auqunidos
Total
N crianceros
D.
Almagro
Paipote
P.
Grandes
S. Waira
280
0
0
6
134
6
3
429
6
280
46
0
3
6
7
0
342
6
1.410
46
0
16
78
35
0
1.585
14
180
0
0
16
0
15
0
211
1
R.
Jorquera Total
4.273
470
215
243
3.700
81
4
8.986
49
6.423
562
215
284
3.918
144
7
11.553
76
Fuente : Elaborado en base a Informe de Consultora INAS Ltda. Marzo del 2000
126
Captulo V
Los derechos del pueblo rapa nui 101
1. Antecedentes histricos
1.1 El poblamiento de Rapa Nui y sus orgenes
Los orgenes del poblamiento de Rapa Nui se remontan al siglo V d.C., poca en la que arribaron a la isla los primeros habitantes de origen polinsico.
Rapa Nui se ubica en la Polinesia, rea geogrfica definida por un tringulo
imaginario en cuyos vrtices se localizan Nueva Zelandia, Hawaii y Rapa Nui.
Entre el ao el 2000 y el 500 a.C, agrupaciones humanas habitaron las islas
que van desde el archipilago de las Islas Salomn hasta Tonga y Samoa. Esta
cultura es conocida como cultura lapita, cuya principal caracterstica era el uso
de la cermica con finas incisiones geomtricas. Los lapita son los ancestros de
los polinsicos y sus culturas.
Alrededor del ao 500 a.C., los primeros polinsicos se hicieron a la mar
con sus grandes canoas para comenzar la colonizacin del Ocano Pacfico.
Desde Tonga, Samoa y otras islas adyacentes, navegaron hacia el este para
poblar las islas Cook, Sociedad (Tahiti), Marquesas, Tuamotus y Australes. Estas
embarcaciones arribaron a Rapa Nui alrededor del ao 400 D.C. en las postrimeras del poblamiento polinsico.
De acuerdo al relato de los rapa nui, el descubrimiento de Te Pito o te Henua,
nombre originario de lo que en occidente se conoce como Isla de Pascua, se
produjo un 1 de junio en un ao no precisado, fecha en que el Rey Hotu Matua,
acompaado de su hermana Ava Reipua y su corte, desembarc en la Baha de
Hanga Rau, ms conocida como Anakena. En este acto el Rey o Ariki, tom
101
Para la elaboracin de este documento se ha tomado como base bibliogrfica un estudio elaborado
por Gerardo Ziga Navarro y Nancy Yez Fuenzalida para la Comisin Verdad Histrica y Nuevo
Trato titulado Minuta de la secretaria ejecutiva sobre la verdad histrica y las propuestas de nuevo
trato relativas al pueblo rapanui, Documento CVHNT/SE/2003/03/20, Santiago, marzo de 2003,
archivo CVHNT-SE-2003-0.
127
posesin de Te Pito o te Henua; posteriormente distribuy la tierra entre su
squito, se asent en el territorio y gener una descendencia que dio origen al
pueblo rapa nui.102
1.2 Fases de poblamiento
En la historia del poblamiento de Rapa Nui se distinguen tres fases:
400-800 d.C: arribo polinsico hasta el comienzo del desarrollo de la
cultura megaltica.
800-1680 d.C: etapa clsica, construccin de centros ceremoniales y
esculturas.
1680-1722 d.C., etapa de conflicto entre los linajes o mata. Los moai
comenzaron a ser derribados y surgi el culto al tangata manu u hombre
pjaro. Concluy con la poca de los primeros contactos con europeos.
1.3 Organizacin social y poltica
Hotu Matua tuvo 6 hijos. Cada uno dio origen a los principales linajes, tribus o mata rapa nui en los que se sustenta la organizacin social y poltica. En el
siglo XVII, la divisin jurisdiccional de Rapa Nui lleg a tener 10 mata, los que
se organizaron en dos confederaciones103: Ko tu u Aro, el grupo de las tribus de
jerarqua superior que vivan en el sector occidental y, Hotu iti, el grupo de las
tribus de jerarqua inferior que vivan en el sector oriental de la isla.
El rey Miru, hijo o nieto de Hotu Matua, fund el mata o tribu de mayor
importancia en su historia, la tribu miru, de la cual provena la mayora de los
ariki mau (rey). Cada mata estaba integrado por un linaje o ure, grupos de familias que compartan una ascendencia comn liderada por el ms anciano kainga,
quien era el responsable del bienestar fsico y espiritual del clan. En la actualidad aun es posible encontrar rastros y monolitos correspondientes a estas
divisiones jurisdiccionales del territorio Rapa Nui (Hotus, 2003).
La autoridades y clases sociales estaban conformadas por el ariki mau, rey y
lder espiritual de toda la isla que concentraba la mayor cantidad de poder
espiritual mana; los ariki paka, aristcratas de ascendencia miru, quienes tambin posean poder espiritual mana; los tangata honui o kainga, ancianos
importantes que asesosaraban al ariki mau (se aplicaba tambin al lder de un
ure o linaje); los iri atua o sacerdotes de alta relevancia; los mata toa o guerreros
102
103
http://www.museorapanui.cl/sp/isla/poblamiento_cont.htm
Ibidem.
128
destacados; los paoa o guerreros de menor jerarqua; los maori o expertos en
diversas artes y disciplinas; y finalmente los kio, que ocupaban el lugar ms
bajo en la escala social que corresponda a sirvientes, refugiados y esclavos.104
1.4 El ordenamiento jurdico originario
El derecho propio originario rapa nui se construa en base a un orden indivisible determinado por el mana y el tapu. El mana es la fuerza que otorga el
poder sobrenatural que animaba el funcionamiento de las actividades ordinarias. En tanto que el tapu o tabu, es una prohibicin que se impone a travs del
mana. El ejercicio de esta jurisdiccin ancestral corresponde, fundamentalmente,
a los ariki mau, quienes gracias al mana del que estaban investidos podan imponer tapu, hacerlos cumplir e imponer sanciones en caso de infraccin.
Personas, alimentos y lugares podan ser definidos como tapu. El rgimen
de sanciones inclua hasta la pena de muerte. Un ejemplo de este ordenamiento jurdico se encontraba en la pesca: sobre aquella que se desarrollaba mar
afuera exista un tapu que consista en que sta estaba reservada para la canoa
real vaka vaero y los alimentos que generaba esta faena eran reservados para el
ariki mau, matatoa y los tangata honui o kainga.105
1.5 La decadencia de la sociedad rapa nui hacia fines del siglo XVII
Debido al gran desarrollo social y productivo que alcanz la sociedad rapa nui,
desde sus orgenes hasta el siglo XV aproximadamente, se habra producido un
explosivo crecimiento poblacional. Los historiadores aventuran cifras que sealan
que la isla alcanz a albergar a aproximadamente diez mil habitantes. La organizacin social imperante hasta ese momento no habra resistido tal crecimiento, lo
que al parecer se tradujo en una escasez alimentaria y, consiguientemente, en una
fuerte crisis del orden social. Esto tuvo como resultado una serie de cruentas luchas entre las distintas tribus que habitaban la isla y una transformacin del orden
econmico, social y poltico (Seelenfreud et al., 2003).
1.6 Las primeras incursiones de extranjeros (1722-1882)
El primer contacto con los europeos se produjo en 1722, cuando el marino
holands Jacob Roggeveen arrib a la isla y la bautiz como Isla de Pascua. A
104
105
Ibidem.
Ibidem.
129
esta primera incursin le suceden una serie de otras embarcaciones que arribaron a la isla y tomaron contacto con los rapa nui.
A partir del ao 1862, ocurri un hecho de tremenda importancia que acarre consecuencias dramticas para el pueblo rapa nui: la masiva deportacin
de esclavos hacia el Per.
Entre el ao 1862 y 1863, decenas de barcos se dirigieron a la isla con el
objetivo de tomar a la poblacin por la fuerza para conseguir esclavos que
trabajasen en las haciendas del Per. Al menos mil quinientas personas el
35% de la poblacin rapa nui de esa poca fueron esclavizadas y la inmensa
mayora muri en el continente (Hotus, 2003). Muchas de ellas correspondan
a personajes relevantes de la isla, poseedores de una sabidura ancestral, por
lo que su exilio forzado gener un enorme e irremediable vaco en la memoria
histrica de los rapa nui.
Una vez prohibida la esclavitud por parte del gobierno peruano, quince
isleos retornaron a la isla, trayendo consigo enfermedades como viruela y
tuberculosis, que diezmaron a la poblacin. Esto gener como consecuencia
un colapso demogrfico de proporciones: para 1877 apenas un centenar de
personas rapa nui sobrevivan en Isla de Pascua
A partir de 1864, arribaron a la isla un grupo de misioneros pertenecientes al
arzobispado de Tahiti. El asentamiento misionero promovi la evangelizacin
de los rapa nui. Adems traslad a la poblacin desde sus asentamientos ancestrales hasta las inmediaciones de la misin, en el sector que en la actualidad
corresponde a Hanga Roa. Junto a ello dio comienzo a las primeras ventas de las
tierras rapa nui, efectuadas por los isleos a favor del arzobispado de Tahiti.
En el ao 1868 lleg, proveniente de Tahiti, Doutrou Bournier, quien transform a la isla en una hacienda y a los rapa nui en inquilinos bajo su mando.
Posteriormente Bournier, en ejercicio de su irrestricto poder, se erigi rey de la
isla. En este perodo, los rapa nui fueron trasladados por Bournier de sus territorios originales y asentados en Hanga Roa y los misioneros abandonaron la
isla tras haber entrado en conflicto con Bournier.
En 1876, Doutrou Bournier muri asesinado, al parecer, a manos de isleos
cansados de sus abusos. Despus de su muerte, su hijo, Tati Salmn, continu
con la explotacin de la Isla de Pascua hasta el ao 1888.
1.7 Las adquisiciones irregulares de tierras en Rapa Nui
Los primeros en adquirir tierra rapa nui que se incorpor al patrimonio
del arzobispado de Tahiti fueron los misioneros. Adquirieron un total de 635
hectreas, compraventa que consta en dos escrituras certificadas y celebradas
130
en presencia de testigos (Seelenfreud et al., 2003). Algunas versiones dan cuenta
que una parte de estas tierras se obtuvieron como pago de pasajes para el traslado de rapa nui a la misin catlica de Mangareva, donde prestaban servicios
para los mismos misioneros (Tuki et al., 2003).
Otro adquirente de tierras es Doutrou Bournier, quien con nimo expasionista, se dedic a comprar tierras. Segn los relatos, la venta se haca bajo presiones
ilegtimas. En 1875, la sociedad constituida por Bournier y el comerciante residente en Tahiti John Brander (a cargo de la explotacin ganadera de Isla de
Pascua), se habra apropiado de una gran cantidad de tierras (Hotus, 2002).
A la muerte de Bournier y Brander, en 1876 y 1877, respectivamente, se origin una serie de litigios por herencia entre las sucesiones de ambos y el obispo de
Tahiti, quien recurri de amparo solicitando la proteccin de los derechos rapa
nui sobre el territorio. El tribunal de alzada de Papeete - Tahiti, rechaz el recurso interpuesto por el obispo en representacin de los rapa nui, argumentando
que la demanda de amparo no haba sido interpuesta conforme a las solemnidades exigidas por la ley francesa y que no constaban por escrito los derechos de
propiedad de los indgenas, procedindose con fecha 24 de junio de 1886 a adjudicar todos los bienes de la sociedad Bournier Brander a John Brander hijo. La
extensin de estas propiedades se estimaba en 2.275 hectreas (Hotus, 2002).
Existen antecedentes de otras compras efectuadas a los isleos por parte de
los hermanos Aru Paca y Tati Salmn, cuyas propiedades segn lo atestiguado
por John Brander socio de Bournier comprendan 706 hectreas, amn de
otros 19 pequeos predios, situados alrededor de la isla (Tuki et. al., 2003).
Respecto a los mtodos usados por los hermanos Salmn para apropiarse de
estos territorios, no existen antecedentes.
1.8 El acuerdo de voluntades o la toma de posesin por el
estado chileno
En el ao 1870, la corbeta OHiggins (de nacionalidad chilena) recal en
Pascua al mando del capitn Ignacio Gana. En dicha embarcacin viajaba en
calidad de cadete don Policarpo Toro Hurtado, quien a la postre fue el promotor de la anexin de la isla al territorio chileno (Hotus, 2002).
Desde el establecimiento de la misin catlica, el obispo de Tahiti, monseor
Tepano Jaussen, se preocup de la situacin de la isla, abogando para que Chile
tomara posesin de ella (Hotus, 2002). Con este fin escribi varias cartas a las
autoridades eclesisticas chilenas impulsndolas a realizar gestiones para comprometer al estado en la compra de las tierras de la iglesia. Finalmente, el obispo
decidi ceder la jurisdiccin eclesistica de Isla de Pascua al arzobispado chileno.
131
Por su parte, Policarpo Toro (quien era capitn de corbeta), redact en 1886
un documento destacando la importancia estratgica de Isla de Pascua para
los intereses martimos y militares del estado chileno (Hotus, 2002).
En abril de 1888, el ministro del gobierno de Chile, Vicente Dvila Larran,
otorga a Policarpo Toro una instruccin para la compra de propiedades en la
isla, comisionndolo para pagar 2.000 libras esterlinas a los particulares no
rapa nui que pretendan derechos de propiedad en Pascua, especficamente
destinados a la compra de los derechos de propiedad de los hermanos Salmn
(Hotus, 2002).
En mrito de lo expuesto en los prrafos precedentes, se concluye que el
capitn Policarpo Toro, previo al acuerdo de voluntades, obtuvo el traspaso de
jurisdiccin eclesistica del arzobispado de Tahiti al de Santiago, la escritura de
compraventa de las propiedades de los hermanos Salmn (706 hectreas) y un
compromiso de venta de las propiedades de John Brander hijo (2.275 hectreas).
El 9 de septiembre de 1888 se suscribi un acuerdo de voluntades entre el
capitn de corbeta Policarpo Toro, en representacin del estado chileno, y el
Ariki Atamu Tekena, secundado por el consejo de jefes Rapa Nui. Este acuerdo
de voluntades tuvo como preciso objeto establecer las bases de la relacin entre el estado chileno y el pueblo rapa nui.
El texto del acuerdo de voluntades consta en un documento redactado, por
un lado, en castellano y, por el otro, en rapa nui antiguo y tahitiano, cuyas
copias persisten actualmente. Conforme a dicho acuerdo de voluntades, los
gobernantes rapa nui y el capitn Policarpo Toro convinieron lo siguiente:
La cesin indefinida y sin reserva de la soberana de la isla al estado
chileno;106
El reconocimiento por expresa reserva de la investidura de los jefes
rapa nui;107
El reconocimiento del derecho de propiedad de los rapa nui sobre todo
el territorio insular;108
106
107
108
Acuerdo de voluntades, 9 septiembre de 1888, texto castellano Primer Documento: Los abajo
firmantes jefes de la Isla de Pascua, declaramos ceder para siempre y sin reserva al gobierno de la
repblica de Chile la soberana plena y entera de la citada isla ...
Acuerdo de voluntades, 9 septiembre de 1888, texto castellano Primer Documento:
...reservndonos al mismo tiempo nuestros ttulos de jefes de que estamos investidos y que usamos
actualmente.
Acuerdo de voluntades, 9 septiembre de 1888, texto castellano Primer Documento: Proposicin.
Juntos el Consejo de Jefes del Territorio hemos acordado dar lo superficial. El territorio no se
escribe aqu...
132
Y el compromiso del estado chileno de garantizar el bienestar y desarrollo de los rapa nui y darles proteccin.109
Con posterioridad a la suscripcin del acuerdo de voluntades, el gobierno
chileno trat, sin xito, de realizar un proceso de colonizacin en Isla de Pascua.
El 3 de septiembre de 1895, la isla es arrendada por el estado chileno al
ciudadano de origen francs Enrique Merlet, a cuya administracin se atribuye toda clase de tropelas en contra de la poblacin rapa nui: quema de
plantaciones, trabajos forzados, maltratos y otras de similar naturaleza.
A Merlet se le sindica, igualmente, como responsable de la muerte del rey Riroroko, en circunstancias que ste haba viajado hasta Valparaso con la esperanza de
representar sus reclamos ante las autoridades chilenas. El rey habra accedido a la
invitacin de Alfredo Rodrguez Rozas, de confianza de Merlet, para cenar y pernoctar en su casa. Al da siguiente el rey, gravemente afectado por lo que se supone
un envenenamiento, falleci en el Hospital San Juan de Dios, desde donde su
cadver desapareci sin que aun existan noticias de su paradero (Hotus, 2002).
Cabe anotar que en junio de 1896 se cre la subdelegacin martima de Isla
de Pascua, que depende de la gobernacin martima de Valparaso. Como subdelegado martimo se nombr a Alberto Snchez Manterola y no obstante ste
fue contratado por Merlet como administrador. En tal cargo, Snchez no dud
en usar sus poderes de agente del estado para ponerlos al servicio de los negocios de Merlet y de los propios: Snchez era propietario de la pulpera que
surta de vveres y ropa a la poblacin rapa nui. Otros administradores sucedieron a Snchez Manterola, continuando con las prcticas de este ltimo.
Esta situacin se extendi hasta 1903, ao en que Merlet firm la escritura
de traspaso de propiedades a favor de la compaa inglesa Williamson &
Balfour, que cre la Compaa Explotadora de Isla de Pascua.
Para materializar esta compraventa, Merlet intent inscribir a su nombre los
terrenos de la isla, a raz de lo cual se suscitaron serios conflictos entre los arrendatarios y el gobierno de Chile. Se cre una comisin consultiva para estudiar la
situacin, la que recomend al gobierno inscribir la propiedad de las tierras rapa
nui a nombre del fisco de Chile, habida consideracin de la ausencia de dominios particulares inscritos en dicho territorio. La inscripcin se verific el 11 de
noviembre de 1933 y se fund en lo dispuesto en el artculo 590 del Cdigo Civil,
que dispone que: Son bienes del Estado todas las tierras que estando situadas
dentro de los lmites territoriales, carecen de otro dueo.
109
Acuerdo de voluntades, 9 septiembre de 1888, texto castellano Primer Documento: ... Ellos
informaron en conversacin con nosotros que nuestro territorio Te Pito o te Henua estar en la
mano de la nacin chilena como amigo del lugar. Escrito est en la mano del consejo del territorio,
el bienestar y desarrollo segn nuestras investiduras impuestas por mandato rapa nui.
133
Siguiendo el procedimiento establecido en el reglamento del Conservador
de Bienes Races,110 la inscripcin fue publicada en el diario El Heraldo de Valparaso como medida de publicidad. De ello, sin embargo, jams tomaron
conocimiento los interesados y, por lo mismo, no hubo oposicin por parte de
los rapa nui que la impidiera.
Con posterioridad a la inscripcin, la isla continu siendo arrendada por la
Compaa Explotadora de Isla de Pascua hasta el ao 1952, y por igual perodo continuaron los abusos y arbitrariedades de que fue vctima la poblacin
rapa nui a manos de sta.
En el ao 1953, la dependencia de Isla de Pascua se traspas a la comandancia en jefe de la Armada, que deleg su administracin en la comandancia
de la Primera Zona Naval. Cabe sealar, en todo caso, que desde 1917 la isla
estaba sometida a las autoridades, leyes y reglamentos navales. Bajo la administracin de la Armada, que se extendi hasta el ao 1965, la situacin de la
poblacin rapa nui experiment una mejora, expresada en la instauracin de
un servicio de flete gratuito para los isleos, aumento de la variedad de bienes
disponibles en la pulpera, incremento de salarios pagados a los empleados en
las faenas de la hacienda y regalas, mejoramiento de las instalaciones sanitarias, entrega bajo ttulos provisorios de terrenos a parejas jvenes. Adems,
desde 1953, se imparti educacin hasta 6 bsico y se proporcion a los alumnos desayunos y almuerzos.
Pero la poblacin tambin sufri abusos y arbitrariedades bajo la administracin de la Armada. Las restricciones para el libre desplazamiento de los
rapa nui se mantuvieron, se someti a las personas a castigos arbitrarios, se
instaur el toque de queda para los indgenas, quienes deban recluirse en sus
viviendas a las 21:00 horas y continuaron los lunes fiscales (da semanal destinado a trabajo gratuito en favor del fisco chileno).
1.9 La resistencia rapa nui y el cambio en la relacin entre el
estado y el pueblo rapa nui: 1965-1973
La resistencia de los rapa nui a los abusos fue constante. Desde la rebelin
de Mara Angata, en 1914, otros movimientos de resistencia se manifestaron
en la isla, sin lograr, en todo caso, sus objetivos.
En 1964, el isleo Alfonso Rapu lider una rebelin que puso fin a la administracin de la Armada de Chile y presion por un cambio en la situacin de
sometimiento que abata a los rapa nui. Rapu, profesor formado en las ideas
110
Artculo 5, reglamento Conservador de Bienes Races, 1857.
134
liberales, retorn a la isla decidido a promover cambios en la situacin a que
estaban sometidos los indgenas. Con este fin convoc a un importante grupo
para iniciar una rebelin y, junto a Antonio Tepano, Kiko Pat, Germn Hotu,
Guillermo Tori, Matas Riroroko, Edmundo Edwards y Juan Mau Mau, escribieron una carta al presidente Eduardo Frei Motalva, que hicieron llegar en
forma clandestina a La Moneda. En sta expresaban su deseo de formar parte
del pas y contar con los derechos de todo ciudadano chileno, denunciando la
tirana existente en la isla, y el rgimen de amenazas al cual estaban sometidos, adems del encierro y los numerosos abusos que sufran.
A continuacin organizaron, al margen de la ley, una eleccin democrtica
de alcalde. Luego de vanos intentos de la autoridad por contrarrestar el movimiento, la activa movilizacin de las mujeres oblig a la autoridad a aceptar la
eleccin. A raz de estos acontecimientos se inici un debate parlamentario
sobre la situacin de la isla que se extendi por ms de un ao. Luego de estas
discusiones, en 1966 se promulg la ley 16.441, denominada tambin Ley
Pascua. Esta ley cre el departamento de Isla de Pascua y, a travs de ella, la
isla se incorpor al sistema de gobierno civil otorgndoles a los rapa nui la
ciudadana chilena.
Con anterioridad a la dictacin de dicha ley, los rapa nui para los efectos
del derecho chileno y del derecho internacional eran aptridas, no tenan nacionalidad y, por tanto, no eran considerados sujetos de derecho por ningn
ordenamiento jurdico.
La Ley Pascua les reconoci algunos derechos, tales como la exencin tributaria y el derecho a la tierra, estableciendo un procedimiento de regularizacin.
Contena, adems, normas de proteccin a las tierras que se traducen en la prohibicin de venta de tierras a extranjeros, y contempl normas de excepcin en
materia de administracin de justicia que consideraban los elementos culturales
como circunstancias atenuantes de responsabilidad criminal. Como consecuencia de esta ley se instalaron diversas reparticiones de gobierno en la isla, entre
ellas el Ministerio de Tierras y Colonizacin (hoy Ministerio de Bienes Nacionales) y la Corporacin de Fomento de la Produccin (CORFO), que pas a
administrar los bienes que antes dependan de la Armada.
En la discusin parlamentaria que tuvo lugar al dictarse de la ley 16.441,
ambas cmaras del Congreso acordaron por unanimidad devolver la tierra a
los rapa nui. Sin embargo, en esa oportunidad la CORFO se opuso a la iniciativa argumentando que las condiciones de erosin que presentaba el suelo de la
isla aconsejaba su reforestacin. En su argumentacin CORFO sealaba que la
reforestacin permitira recuperar la capa vegetal y, una vez que ello ocurriera,
se procedera a la restitucin de las tierras a los isleos. Siguiendo esta poltica,
135
la CORFO procedi a plantar grandes reas del territorio insular con eucaliptus, pero no promovi la restitucin de tierras a los isleos.
En 1966 se cre el Parque Nacional de Turismo de Isla de Pascua con casi
7.000 hectreas de extensin.
Durante el gobierno de Salvador Allende se impuls un plan de desarrollo
de Isla de Pascua y la creacin de un consejo de desarrollo con una amplia
representacin rapa nui. Se promovi el desarrollo de cooperativas y el trabajo
colectivo, induciendo a los isleos a incorporarse al proyecto socialista que
ejecutaba el estado. Estas acciones fueron ejecutadas por la Oficina de Isla de
Pascua, perteneciente a ODEPLAN, creada en 1972.
En 1972 se cre la CONAF y se incorpor el parque de Isla de Pascua al
sistema nacional de reas silvestres protegidas (SNASPE). A partir de esa poca
recibi la denominacin de Parque Nacional Rapa Nui, con 4.755 hectreas.111
1.10 La regularizacin del dominio rapa nui, una nueva era de
conflictos: 1973-1993
En 1979, el gobierno militar dictamin a travs del D.L. 2.885, la regularizacin de la propiedad mediante el otorgamiento de ttulos gratuitos de dominio
a los poseedores regulares. El rea objeto no se refera al territorio ancestral
rapa nui, sino que a la regularizacin del rea donde estos fueron reducidos y
radicados a fines del siglo XIX.
Los rapa nui se opusieron a esta normativa y generaron una fuerte resistencia. Reconstituyeron el Consejo de Ancianos, entidad que lider la lucha por la
recuperacin de las tierras y la oposicin a la regularizacin. Entre las acciones
que propici por este Consejo destacan:
Accin reivindicatoria y de nulidad de la inscripcin fiscal de 1933,
fundada en que no se dan los supuestos de hecho que autorizan la aplicacin del artculo 590 del Cdigo Civil a las tierras de Rapa Nui, toda
vez que los rapa nui eran sus legtimos dueos al momento de practicarse la inscripcin fiscal;
Y la reclamacin ante Naciones Unidas dando a conocer los abusos y
arbitrariedades cometidas por el estado de Chile en contra de los rapa
nui, acusando al estado de usurpar las tierras a sus legtimos poseedores y dueos.
111
Los deslindes del parque y su superficie fueron modificados en 1983 (6.666 hectreas) y 1999
(7.130 hectreas).
136
En 1980, el gobierno militar decidi traspasar las funciones que hasta ese
momento cumpla la CORFO (produccin elctrica, agua potable, manejo del
muelle y administracin del fundo Vaitea) a la Sociedad Agrcola y de Servicios
de Isla de Pascua (SASIPA), como empresa filial de CORFO. El fundo Vaitea se
convirti en un verdadero feudo territorial, dedicado a la produccin ganadera,
reforestacin y promocin de estaciones experimentales de productos agrcolas.
En 1985, el estado de Chile concesiona a Estados Unidos una parte de la isla
para ampliar la pista de aterrizaje del aeropuerto Mataveri, con el objeto de
que esta pista sirviera de alternativa para los transbordadores espaciales norteamericanos.
Con el advenimiento de la democracia en Chile, a principios de los noventa, pareca surgir una nueva oportunidad para la relacin entre el estado de
Chile y el pueblo rapa nui. Representantes de este pueblo concurrieron al encuentro de Nueva Imperial promovido por la Concertacin (1989), donde se
sentaran las bases de un nuevo acuerdo institucional entre los pueblos indgenas de Chile y este conglomerado poltico, representado por el candidato a
Presidente de la Repblica don Patricio Aylwin Azcar.
Los trminos del acuerdo de Nueva Imperial dividieron las posturas entre
los rapa nui. Algunos encontraron en l respuesta a sus demandas y otros estimaron que no satisfaca los intereses de su pueblo. Las posturas se polarizaron,
y el Consejo de Ancianos se fraccion, dando origen al autodenominado Consejo de Ancianos N 2.
Solo el Consejo de Ancianos N 1, liderado por don Alberto Hotus Chvez,
continu en la senda del acuerdo de Nueva Imperial, inst por la dictacin de
la ley indgena y la incorporacin en la misma de normas especiales relativas
al pueblo rapa nui. Una vez dictada la ley, esta faccin de los rapa nui particip
de las instituciones que cre la nueva normativa, en tanto que el Consejo de
Ancianos N 2 mantuvo su disidencia, oponindose a la ley indgena y a sus
instituciones.
2. Legislacin aplicable al pueblo rapa nui
El 5 de octubre de 1993 se dict la ley N 19.253 sobre Proteccin, fomento y
desarrollo de los indgenas, que regula los derechos de los pueblos originarios
del pas y fija las bases institucionales de las polticas pblicas destinadas a ellos.
En lo que respecta a los derechos establecidos en la ley, estos se enfocan a
tres niveles fundamentalmente:
137
2.1 Reconocimiento
En lo particular, a travs de la ley el estado reconoce como principales etnias indgenas de Chile, entre otras, a la rapa nui o pascuense, valora su existencia
por ser parte esencial de las races de la nacin chilena, as como su integridad
y desarrollo, de acuerdo a sus costumbres y valores.112
Como consecuencia de este reconocimiento, se establece que es deber de la
sociedad en general y del estado en particular a travs de sus instituciones,
respetar, proteger y promover el desarrollo de los indgenas, incluidos los rapa
nui, sus culturas, familias y comunidades, adoptando las medidas adecuadas
para tales fines y, consecuencialmente, proteger sus tierras, velar por su adecuada explotacin, su equilibrio ecolgico y propender a su ampliacin.113
Especficamente, la ley reconoce que la comunidad rapa nui posee un sistema de vida y organizacin histrica, idioma, formas de trabajo y
manifestaciones culturales autctonas.114
De acuerdo con la ley, son rapa nui o pascuenses los miembros de la comunidad originaria de Isla de Pascua y los provenientes de ella que cumplan con
los requisitos exigidos por las letras a) o b) del artculo 2 de la ley. Esto es, los
que sean hijos de padre o madre indgenas, cualquiera sea la naturaleza de su
filiacin, inclusive la adoptiva. Los descendientes de la etnia que posean al
menos un apellido rapa nui, pudiendo en caso de poseer un apellido no rapa
nui, acreditar su procedencia por tres generaciones.115
Los trminos de este reconocimiento ameritan diversas observaciones, que
por lo dems han formado parte de las crticas formuladas a la ley indgena
por diversos sectores del pueblo rapa nui.
Primero, no est reconocido el origen polinsico de este pueblo y las particularidades del proceso histrico que determina su anexin al estado de Chile.
Su homologacin a los pueblos indgenas precolombinos, lo que consta expresamente en el artculo 1 inciso 1 de la ley indgena, lesiona sus derechos pues
niega su verdad histrica y la consiguiente responsabilidad del estado chileno
respecto de estos hechos.
Segundo, no se reconoce su carcter de pueblo ni los derechos colectivos
que emanan de dicha condicin. Es un reconocimiento tenue, meramente declarativo de intencin, pero no vinculante.
112
113
114
115
Artculo 1, inciso 2, ley 19.253.
Artculo 1, inciso 3, ley 19.253.
Artculo 66, inciso 2, ley 19.253. modificada por la ley 19.587 de 1998.
Artculo 66, inciso 1, ley 19.253. modificada por la ley 19.587 de 1998.
138
La ley indgena fue objeto de una modificacin relativa a los rapa nui en
1998 por la ley 19.587. En efecto, el artculo 66 que determina quines son rapa
nui o pascuenses en su formulacin original fue objeto de una unnime oposicin por todos los miembros de la etnia. Dispona el precepto que seran
considerados rapa nui aquellos que mantuvieran rasgos culturales propios de
este pueblo, entendindose por tales las prcticas de formas de vida, costumbres o religin de un modo habitual, o aquellos cuyo cnyuge sea rapa nui,
siendo necesario en todo caso que se autoidentifique como tal.116 Este ltimo es
el caso de la mayora de las parejas rapa nui (de constitucin mixta). Por esta
va se abra una puerta sin precedentes para que personas no pertenecientes a
la etnia, se apropiaran de las tierras ancestrales de la isla. La modificacin consisti, en consecuencia, en restringir la pertenencia rapa nui a la que determina
la filiacin y el vnculo sanguneo.117
2.2 Participacin
La participacin rapa nui se verifica mediante la presencia de representantes de dicha etnia en el consejo nacional de la CONADI y en la Comisin de
Desarrollo de Isla de Pascua.
La ley cre la Corporacin Nacional de Desarrollo Indgena (CONADI),
organismo pblico encargado de promover, coordinar y ejecutar, en su caso, la
accin del estado a favor del desarrollo integral de las personas y comunidades indgenas, especialmente en lo econmico, social y cultural y de impulsar
su participacin en la vida nacional.118
La direccin superior de la CONADI ha sido confiada a un consejo nacional que cuenta entre sus miembros a nueve representantes de gobierno y a
ocho indgenas. Entre los representantes de los pueblos originarios, uno es de
origen rapa nui, designado a propuesta de las personas de origen rapa nui inscritas en el registro electoral que se constituy para la eleccin de los
representantes de Rapa Nui.119
Por otra parte, la representacin se verifica en la Comisin de Desarrollo de
Isla de Pascua, entidad a cargo de proponer al Presidente de la Repblica las destinaciones de tierras en Isla de Pascua,120 cumplir las funciones que a la extinta
116
117
118
119
120
Artculo 66 en relacin con el artculo 2 letra c), ley 19.253.
Artculo 66 en relacin con el artculo 2 letra a) y b), ley 19.253, modificada por la ley 19.587 de
1998.
Artculos 38 y 39, ley 19.253.
Decreto Supremo N 394 de 8 de julio de 1994.
Artculos 3 y 4, D.L. 2.885 de 1979.
139
Comisin de Radicaciones entregaba el D.L. 2.885 de 1979, formular y ejecutar
planes y programas de desarrollo para la comunidad, colaborar con la CONAF en
la administracin del parque nacional de Isla de Pascua y, finalmente, colaborar
en la conservacin y restauracin del patrimonio arqueolgico y de la cultura, en
conjunto con las universidades y el consejo de monumentos nacionales.121
La Comisin de Desarrollo est integrada por 6 representantes rapa nui,
cinco de los cuales son electos por toda la poblacin rapa nui a travs de un
procedimiento de eleccin popular fijado por Decreto Supremo N 394 de 8 de
julio de 1994.122 El sexto corresponde al presidente del Consejo de Ancianos
designado conforme a los procedimientos instaurados por la misma organizacin para la designacin de sus representantes.
Sobre esta normativa cabe resaltar la figura de la Comisin de Desarrollo
de Isla de Pascua como propuesta de coparticipacin estado chileno pueblo
rapa nui. El nmero de representantes, el procedimiento para su eleccin y la
envergadura de las atribuciones otorgadas a la Comisin de Desarrollo, validan esta institucionalidad como una instancia de efectiva participacin del
pueblo rapa nui en la toma de decisiones que puedan afectar sus intereses.
Sin embargo, el sistema admite cuestionamientos en el mbito de la representacin desde dos puntos de vista: uno, el procedimiento de nominacin del
representante rapa nui al consejo nacional de CONADI, cuya base electoral son
las comunidades y asociaciones reconocidas por la ley 19.253, donde no concurre un amplio sector de la poblacin rapa nui que ha rechazado organizarse
bajo la institucionalidad generada por la ley indgena. Dos, la participacin
parcial del pueblo rapa nui en el proceso eleccionario a que da lugar la nominacin de sus representantes a la Comisin de Desarrollo de Isla de Pascua.
Complementan estas normas de participacin los artculos 34 y 35, normas
generales relativas a la participacin indgena que imponen a los servicios de
la administracin del estado y a las organizaciones de carcter territorial, cuando
traten materias que tengan injerencia o relacin con cuestiones indgenas, la
obligacin de escuchar y considerar la opinin de las organizaciones indgenas que reconoce la ley.
Dispone, adems, el legislador que en las comunas de alta densidad de
poblacin indgena, como es el caso de Isla de Pascua, los indgenas a travs
de sus organizaciones estn representados en las instancias de participacin
que se reconozcan a otros grupos intermedios, la que est supeditada a la autorizacin expresa de la ley que rija dicha representacin en particular, por lo
121
122
Artculo 67, ley 19.253.
Reglamento para la aplicacin del artculo 68 permanente y 12 transitorio, ley 19.253.
140
que no se trata del reconocimiento de un derecho sino que de un acto meramente declarativo.
Finalmente, se establece que en la administracin de las reas silvestres
protegidas, ubicadas en las reas de desarrollo indgena, se considerar la participacin de las comunidades ah existentes. La CONAF o el SAG y la
corporacin, de comn acuerdo, determinarn en cada caso la forma y alcance
de la participacin sobre los derechos de uso que en aquellas reas corresponde a las comunidades indgenas.
Esta norma se suma a aquella que faculta a la Comisin de Desarrollo de
Isla de Pascua para colaborar con la CONAF en la administracin del parque
nacional de Isla de Pascua.
Estos principios son de gran importancia, pues el Parque Nacional Rapa
Nui abarca una superficie de 7.000 hectreas aproximadamente, esto es el 45%
de la superficie total de la isla y alberga los vestigios ms relevantes del patrimonio arquitectnico, arqueolgico y cultural rapa nui.
A pesar de la relevancia de estos preceptos para proteger los derechos de
los rapa nui, en la prctica ellos no han sido respetados. La declaracin de la
isla como rea de desarrollo indgena est pendiente desde la misma creacin
de la CONADI (1993). La Comisin de Desarrollo y CONAF no han avanzado
en definir un estatuto de colaboracin recproca en la administracin del parque nacional. Los derechos de uso de los rapa nui al interior del parque han
sido restringidos a una concesin de 900 hectreas otorgada por CONAF al
Consejo de Ancianos para apacentar animales. La presin de los isleos por el
uso del parque es permanente y se funda en la necesidad de ejercer el control
sobre su patrimonio ancestral y de acceder a las fuentes de aguas localizadas
en los sectores costeros de la isla, dentro del territorio administrado por CONAF, que son indispensables para abrevar los animales. La presin rapa nui
sobre el parque se ha traducido en tomas de terreno efectuadas por algunos
isleos al interior de ste, las que CONAF ha pretendido impedir formulando
denuncia ante los tribunales en contra de los ocupantes por usurpacin ilegal
de terrenos fiscales.
2.3 Derecho al territorio y el acceso a la tierra
El territorio rapa nui est inscrito en propiedad a nombre del fisco desde el
ao 1933. La ley indgena, partiendo de esta constatacin, contiene normas
que fijan el procedimiento para transferir propiedad fiscal y constituir el dominio a favor de miembros de la comunidad pascuense.123
123
Artculo 69, ley 19.253.
141
Los derechos de los rapa nui para acceder a las tierras de Isla de Pascua
estn resguardados mediante las facultades que la ley otorga a la Comisin de
Desarrollo de Isla de Pascua, tanto para proponer las destinaciones de tierras
en la nsula, como para ejercer las atribuciones de la extinta Comisin de Radicaciones relativas a la constitucin del dominio. De esta manera, corresponde
a esta entidad, y en particular a los representantes rapa nui que la integran,
velar porque las destinaciones y transferencias de tierras fiscales en Isla de
Pascua se ejecuten en favor de miembros de la etnia.
No existe en la ley indgena ningn precepto que restrinja la transferencia
de tierras desde el fisco a personas de origen rapa nui exclusivamente. Es ms,
para efectos de constituir el dominio particular en Isla de Pascua mantiene su
vigencia el D.L. 2.885 de 1979, lo que significa que podrn otorgarse ttulos de
dominio a favor de los chilenos originarios de la isla, entendindose por tales
para estos efectos a los nacidos en ella y cuyo padre o madre cumpla esa condicin. Podrn concederse tambin a los chilenos, no originarios de la isla,
siempre que sean hijos de padre o madre nacidos en ella, que acrediten domicilio y residencia de cinco aos y que ejerzan en sta una profesin, oficio o
actividad permanente.124 Por esta va se abre la posibilidad de que chilenos no
rapa nui accedan a estas tierras.
Conforme a la normativa vigente, no todo el territorio de la isla es tierra
indgena. Solo lo son las tierras transferidas en dominio a personas de origen
pascuense en virtud de un ttulo otorgado por el fisco de Chile, de conformidad a lo dispuesto en el artculo 12 N 4 de la Ley Indgena.125
Respecto al territorio en su globalidad, el Presidente de la Repblica conserva la facultad de resguardar zonas determinadas de la isla exclusivamente
para fines de investigacin arqueolgica o cientfica, o de inters cultural o
nacional, donde no se aplicarn las normas de constitucin de la propiedad
particular.126 Tambin podr reservar terrenos de los sectores urbanos y rurales
de la Isla de Pascua para fines tursticos, reas de esparcimiento y deportes u
otros de inters de la comunidad. En casos calificados y previo informe favorable de la Comisin de Desarrollo, podr otorgar estos bienes en arriendo o
concesin onerosa y gratuita, por un plazo de 20 aos, renovables, a personas
naturales o jurdicas de cualquier origen para destinarlos a algunos de los fines para los cuales estaban reservados.127
124
125
126
127
Artculo 1, D.L. 2.885.
Artculo 69, inciso 1, ley 19.253.
Artculo 3, D.L. 2.885.
Artculo 4, D.L. 2.885.
142
En todo caso, la facultad de constituir la propiedad particular no puede
ejercerse respecto de terrenos que tengan un especial valor cultural, arqueolgico o histrico, o sobre los cuales deban recaer planes especficos de algn
ministerio o servicio pblico centralizado o descentralizado, siempre que tales
circunstancias sean absolutamente incompatibles con la coexistencia del derecho de propiedad particular sobre estos terrenos. Corresponder a la Comisin
de Desarrollo hacer dicha calificacin de incompatibilidad y/o certificar la
ausencia de impedimento para constituir la propiedad particular.128
3. Polticas pblicas 1993-2003 e impacto en el pueblo
rapa nui
3.1 Poltica de tierras129
El territorio de Rapa Nui tiene una superficie de 16.554,75 hectreas. La distribucin de la propiedad en la isla, al ao 1999, antes de materializarse la
ltima transferencia de tierras desde el fisco a los rapa nui, era la siguiente:
Parque Nacional Rapa Nui, administrado por CONAF
Fundo Vaitea, administrado por SASIPA - filial CORFO
Pueblo Rapa Nui, rural
Pueblo Rapa Nui, urbano (645 propiedades)
Fisco, urbano (71 destinaciones)
: 7.130,00 hectreas
: 6.096,80 hectreas
: 2.907,26 hectreas
: 379,04 hectreas
: 41,65 hectreas
En marzo del ao 2002, el Ministerio de Bienes Nacionales transfiri tierras a
281 familias de origen rapa nui, dando cumplimiento a la primera etapa del programa Manejo, administracin y disposicin de la propiedad fiscal en Isla de
Pascua. A travs de este programa fueron desafectadas 254 hectreas del Parque Nacional Rapa Nui, 755 hectreas del fundo Vaitea y 500 hectreas de reserva
territorial fiscal.130 Las tierras fueron parceladas en predios de 5 hectreas de terreno y adjudicadas a familias jvenes de la etnia que carecan de tierra.
128
129
130
Artculo 2, D.L. 2.885.
Nos referiremos exclusivamente al territorio terrestre. El territorio martimo no ha sido objeto de
una poltica especial por parte de CONADI pues no existen normas en la ley indgena que reconozcan
los derechos rapa nui sobre ese territorio.
Estas 500 hectreas de reserva territorial fiscal corresponden a intentos de desafectacin anteriores,
que haban quedado inconclusos y no se haban materializado en transferencias de dominio a favor
de los rapa nui.
143
En ejecucin se encuentra la segunda etapa del programa, que consiste en
darles tramitacin a 541 solicitudes de posesin regular.131 De acuerdo a informacin proporcionada por el Ministerio de Bienes Nacionales, ello permitir
acreditar aproximadamente a 200 propietarios rapa nui. A la fecha, los ttulos
inscritos en el Conservador de Bienes Races pertenecientes a rapa nui alcanzan a 217 de un total de 645 poseedores regulares.
Esta poltica de tierras ha tenido partidarios y detractores. Los partidarios destacan la voluntad del gobierno de iniciar un proceso de restitucin de tierras a los
pascuenses, resaltando que esta poltica ha permitido aumentar la cabida territorial de las posesiones rapa nui en un 50% (1.500 hectreas). Los detractores cuestionan
la modalidad de la asignacin, sealando que sta no se condice con la distribucin jurisdiccional tribal que caracteriza a este pueblo e incorpora conceptos
jurdicos ajenos a su tradicin, como es el de propiedad privada de las tierras.
Se resalta que esta privatizacin de la propiedad permite la concentracin
en manos de los sectores ms acaudalados de la isla y que la superficie adjudicada es excesiva. Se critica la falta de un ordenamiento territorial, previo a la
desafectacin, que defina reas protegidas e identifique otras de uso productivo con sus respectivas vocaciones territoriales. Se cuestiona la desafectacin
de sectores del Parque Nacional Rapa Nui para constituir propiedad privada,
sacrificando sitios que tienen alto valor arqueolgico. Finalmente, se cuestiona
la ejecucin del proceso de parcelacin y definicin de deslindes en los sectores parcelados que se ejecut sin un adecuado manejo y proteccin de sitios
arqueolgicos existentes en todo el territorio.132
3.2 Poltica de desarrollo
La inversin histrica en desarrollo en Isla de Pascua, ejecutada a travs
del fondo de desarrollo de CONADI entre 1994 y 1999 fue de M$357.775,
cuyos beneficiarios directos fueron 178 personas en proyectos de infraestructura productiva, domstica predial y local, subsidio para el fortalecimiento de
la sociedad civil indgena, subsidio fomento productivo, y preinversin para
iniciativas de desarrollo.
Para el ao 2000, 2001, 2002 y 2003, la inversin real y proyectada de CONADI en la isla en programas de fomento econmico, gestin social y estudios
de preinversin, alcanza a M$376.200. Los beneficiarios directos de los proyectos de desarrollo ejecutados por CONADI en Isla de Pascua, segn la
131
132
Artculo 69, ley 19.253 en relacin con los artculos 7 y siguientes del D.L. 2.885.
Soler Bolt, Juan, Te Rapa Nui: Isla de Pascua se privatiza. En http://rapanui.co.cl/numero8/
isla_de_pascua_se_privatiza.htm. 1999.
144
informacin proporcionada por la Oficina de Asuntos Indgenas de la isla, en
el perodo comprendido entre 1994-2002 es de 361 personas (CONADI, Oficina de Asuntos Indgenas Isla de Pascua, 2003).
El presidente del Consejo de Ancianos Rapa Nui, Alberto Hotus Chvez, en
carta dirigida a la ministra de Planificacin y Cooperacin Alejandra Krauss, critic la distribucin del presupuesto de CONADI. Hotus argument que los recursos
destinados al fondo de tierras son desproporcionados respecto a los que se asignan al de desarrollo y que eso perjudica al pueblo rapa nui. A esto agrega que,
dadas las caractersticas de la propiedad de las tierras en Isla de Pascua, su pueblo
no accede como beneficiario del fondo de tierras, sino solo del fondo de desarrollo.
En esa oportunidad, Hotus exigi que de los M$14.000 asignados por la ley de presupuesto a CONADI, M$ 500 se destinaran a financiar proyectos de desarrollo.133
4. El acuerdo de voluntades de 1888: Contenidos,
visiones e implicancias futuras para los rapa nui y
sus derechos.134
Dada su importancia para los rapa nui y para los derechos polticos y territoriales que demandan del estado, nos abocaremos en la ltima parte de este
captulo al anlisis del acuerdo de voluntades de 1888.
Segn los antecedentes histricos disponibles, existi un acuerdo de voluntades entre el estado chileno y los gobernantes rapa nui, cuyo objetivo
especfico era definir las bases institucionales mnimas para una relacin ecunime entre el dicho estado y el pueblo rapa nui. 135
133
134
135
Hotus, Alberto. Carta dirigida a la ministra de Planificacin y Cooperacin Alejandra Krauss. En:
http://www.conadi.cl/n01rapa_opiniones.htm. 2002.
Este acpite se funda ntegramente en el documento elaborado por Gerardo Ziga Navarro y
Nancy Yez Fuenzalida para la Comisin Verdad Histrica y Nuevo Trato titulado Minuta de la
Secretaria Ejecutiva sobre la Verdad Histrica y las Propuestas de Nuevo Trato relativas al pueblo
rapa nui, Documento CVHNT/SE/2003/03/20, Santiago, marzo de 2003, Archivo CVHNT-SE2003-0.
Acuerdo de Voluntades, 9 Septiembre de 1888, texto castellano segundo documento:
Yo Policarpo Toro H. Amigo Marino Capitn de Barco con mstil Angamos de la Nacin Chilena
(Chile), llevo el mensaje del Consejo de Jefes con poder en el Territorio de Te Pito o te Henua, en
mi mano en este importante escrito donde dice qu es lo que nos ha dado el Consejo de Jefes del
Territorio de Te Pito o te Henua para la Nacin chilena (Chile) es la palabra dentro del Documento
escrito en este da. Esperarn la ratificacin de la Nacin chilena para coordinar y desarrollar
la palabra escrita aqu. Rapa Nui, semana del mes de octubre, ao extranjero 1888.
145
Como se seal en el acpite primero de este captulo, conforme al acuerdo
de voluntades los gobernantes rapa nui y el capitn Policarpo Toro, convinieron lo siguiente:
La cesin indefinida y sin reserva de la soberana de la isla al estado de Chile;136
El reconocimiento por expresa reserva de la investidura de los jefes rapa nui;137
El reconocimiento del derecho de propiedad de los rapa nui sobre todo el territorio insular;138
El compromiso del estado chileno de garantizar el bienestar y desarrollo de los
rapa nui y darles proteccin.139
Para la acertada inteligencia del acuerdo de voluntades, se transcribe a continuacin el texto:
Texto manuscrito en castellano:
Los abajo firmantes jefes de la Isla de Pascua, declaramos ceder para siempre y
sin reserva al Gobierno de la Repblica de Chile la soberana plena y entera de
la citada isla. Reservndose al mismo tiempo nuestros ttulos de jefes de que
estamos investidos y que usamos actualmente.
Rapa Nui, septiembre 9 de 1888.
Nombre ilegible
Elas S. Pont A.
John Brander
Jorje Frederik
136
137
138
139
Acuerdo de voluntades, 9 septiembre de 1888, texto castellano primer documento: Los abajo
firmantes jefes de la Isla de Pascua, declaramos ceder para siempre y sin reserva al Gobierno de la
Repblica de Chile la soberana plena y entera de la citada isla ...
Acuerdo de voluntades, 9 septiembre de 1888, texto castellano primer documento: ...reservndonos
al mismo tiempo nuestros ttulos de jefes de que estamos investidos y que usamos actualmente.
Acuerdo de voluntades, 9 septiembre de 1888, texto castellano primer documento: Proposicin.
Juntos el Consejo de Jefes del Territorio hemos acordado dar lo superficial. El territorio no se
escribe aqu...
Acuerdo de voluntades, 9 septiembre de 1888, texto castellano primer documento: ... Ellos
informaron en conversacin con nosotros que nuestro territorio Te Pito o te Henua estar en la
mano de la nacin chilena como amigo del lugar. Escrito est en la mano del Consejo del territorio,
el bienestar y desarrollo segn nuestras investiduras impuestas por mandato rapa nui.
146
Texto manuscrito en rapa nui y tahitiano (traduccin al espaol):
Cesin
Juntos el Consejo de Jefes de nuestro territorio de te Pito o te Henua, hemos
acordado escribir lo superficial. Lo de abajo el territorio no se escribe aqu. Ellos
informaron en conversacin con nosotros que nuestro territorio Te Pito o te
Henua estar en la mano de la nacin chilena como amigo del lugar. Escrito
est en la mano del Consejo del territorio, el bienestar y desarrollo segn nuestras investiduras impuestas por mandato rapa nui.
Algunos sectores rapa nui han levantado posturas en torno a la validez del
Acuerdo de voluntades y pretenden sustentar en dicho instrumento las bases de un nuevo acuerdo institucional con el estado de Chile.
Los dirigentes rapa nui, seores Mario Tuki, Ral Teao, Antonio Tepano y
Terai Hucke, en el marco de la Comisin Verdad y Nuevo Trato de Isla de
Pascua, relevan que el instrumento conocido como Acuerdo de voluntades
no fue ratificado por el estado chileno y en consecuencia carece de validez.
Sobre esta lnea argumental, estiman que la cesin de soberana a favor de
Chile no se habra materializado y que los jefes tradicionales rapa nui mantienen su independencia para gobernar la isla y ejercer los derechos que les son
propios, entre ellos los derechos de propiedad sobre la tierra. Estiman, adems, que la falta de jurisdiccin del estado chileno significa que no es vlida la
aplicacin de las leyes chilenas para el caso rapa nui y que, en este contexto,
debe anularse la inscripcin fiscal de las tierras de Isla de Pascua que fue efectuada de conformidad al ordenamiento jurdico chileno, especficamente el
artculo 590 del Cdigo Civil (Tuki et al., 2002).
El mismo documento antes citado contina su argumentacin sealando que,
para que se otorgue validez al Acuerdo de voluntades, debe hacerse hincapi
en la expresa reserva de la investidura de las jefaturas tradicionales y el gesto
simblico del Ariki Atamu Tekena en el acto de suscripcin del acuerdo, consistente en hacer entrega de un manojo de pasto al capitn Toro, aludiendo a que la
intencin del convenio era ceder lo superficial y guardar en su bolsillo un montn de tierra en seal de reservarse la propiedad del territorio (Tuki et al., 2002).
Se destaca la importancia que tuvo y tiene hasta la fecha el izamiento de
ambas banderas por parte del Ariki la rapa nui y la chilena, obligando a Toro
a izar la chilena en la parte inferior. De este modo, los textos aclaran que la
cesin de soberana no implicaba en ningn caso la venta de la propiedad
(Seelenfreud et al., 2002).
147
Coincide con este relato un texto del padre Benedicto de Estella, (Los misterios de Isla de Pascua), en el cual existen evidencias sobre los preparativos del
acuerdo,
Al levantar tu bandera no quedas dueo de la isla, porque nada te he vendido.
Sabemos que el seor Obispo puso la Isla bajo el protectorado de Chile, mas
nada te hemos vendido.
Los jefes rapa nui y el obispo de Tahiti, don Jos Mara Verdier, en febrero de
1888 acordaron izar la bandera Reimiro, cuyo proyecto fue encargado a Tahit
antes que Chile entrara a rapa nui, a fin de demostrar que era una isla socialmente organizada (Seelenfreud et al., 2003; p. 10).
La bandera chilena en la parte inferior del mstil simbolizaba el inters de
los rapa nui de someterse a la proteccin del estado de Chile, pero no en trminos irrestrictos. A travs de este smbolo se estableca que dicha soberana estaba
limitada en su ejercicio y que estos lmites lo constituan, conforme al tratado:
el respeto al derecho de propiedad rapa nui sobre sus tierras y el derecho a
mantener la organizacin social que le era propia y que se expresa en el ejercicio de derechos jurisdiccionales sobre este territorio por parte de los jefes
tradicionales.
En las copias de los documentos que transcriben lo hablado en la reunin
es decir que constituyen el acta del encuentro, queda claro el compromiso de
Policarpo Toro de esperar la ratificacin del estado chileno respecto de lo
acordado, como condicin para coordinar y desarrollar el acuerdo escrito.
El texto aludido seala textualmente lo siguiente:
Yo Policarpo Toro H. Amigo Marino Capitn del Barco con mstil Angamos
de la Nacin Chilena (Chile), llevo el mensaje del Consejo de Jefes con poder en
el territorio de Te Pito o te Henua, en mi mano en este importante escrito donde
dice qu es lo qu nos ha dado el Consejo de Jefes del Territorio de Te Pito o te
Henua para la Nacin chilena (Chile) es la palabra dentro del Documento escrito en este da.
Esperarn la ratificacin de la Nacin Chilena para coordinar y desarrollar la
palabra escrita aqu.
Rapa Nui, semana de mes de Octubre, ao extranjero 1888140
140
Tuki et al., 2002; p. 6.
148
Dicha ratificacin no se produjo. Al parecer, la guerra civil de 1891 que
signific la detencin del capitn Policarpo Toro posterg hasta el olvido la
ratificacin del acuerdo de voluntades (Hotus, 2002).
En la prctica, los rapa nui aceptaron sin reserva la soberana del estado
chileno. En tanto, los sucesos histricos posteriores al acuerdo, y que se resean en los prrafos siguientes, dan cuenta de que Chile no cumpli los
compromisos adquiridos en virtud del acuerdo de voluntades y que se resumen en los siguientes:
Dar proteccin y velar por el bienestar y desarrollo del pueblo rapa nui;
Respetar las investiduras y la autoridad tradicional de los jefes rapa nui;
Y respetar el derecho de propiedad de los rapa nui sobre su territorio.
Respecto del cumplimiento del acuerdo de voluntades, los rapa nui expresan lo siguiente:
1 El estado de Chile no ha ratificado el acuerdo de voluntades de 1888;
2 Los jefes tradicionales rapa nui y su descendencia dieron cumplimiento
irrestricto al acuerdo en lo que respecta a la cesin sin reservas de la soberana
de Isla de Pascua al estado chileno;
3 El estado chileno no cumpli el acuerdo respecto al reconocimiento de
la autoridad de dichos jefes tradicionales rapa nui, imponiendo sin contrapeso
la institucionalidad del estado chileno;141
4 El estado chileno no cumpli el acuerdo respecto al reconocimiento de
los derechos de propiedad rapa nui sobre el territorio, lo que se expresa, primero, en el otorgamiento de la isla en arriendo a particulares, como es el caso de
Enrique Merlet y la sociedad explotadora de Isla de Pascua Williamson & Balfour y, segundo, en la inscripcin a nombre del fisco en el ao 1933 de toda la
isla, fundado en el artculo 590 del Cdigo Civil, esto es en el hecho de no
pertenecer la isla a otro dueo, desconociendo expresamente los derechos de
propiedad de los rapa nui.
5 Y finalmente, el estado de Chile no cumpli el acuerdo de voluntades en lo
que respecta a garantizar el bienestar y desarrollo de los rapa nui y darles debida
proteccin. Segn han evidenciado en los documentos histricos, durante 78 aos
141
Los documentos disponibles en la Comisin de Verdad y Nuevo Trato difieren respecto del alcance
jurdico de la reserva efectuada por los jefes rapa nui en relacin a conservar sus respectivas
investiduras y sus efectos respecto de los derechos de soberana concedidos al estado chileno. El
documento elaborado por el Consejo de Ancianos seala que esta reserva implica el derecho a
autodeterminarse internamente en el mbito del desarrollo. Los seores Mario Tuki y otros, basados
en la no ratificacin del documento y en su contenido, sealan que la reserva implica el derecho a
que la Isla sea administrada por sus autoridades tradicionales bajo un sistema administrativo propio.
149
los rapa nui fueron objeto de graves violaciones a sus derechos fundamentales,
viviendo en la ms absoluta postergacin, vctimas de una violencia sistemtica y
abusiva, situacin a la que el estado chileno solo puso trmino en 1966 con la
dictacin de la ley 16.641, que les otorg derechos civiles, reconocindolos como
ciudadanos chilenos.
Sobre la base de estos hechos han surgido demandas al estado de Chile
formuladas en el marco de la Comisin Provincial de Verdad Histrica y Nuevo Trato Rapa Nui, en el seno del Consejo de Ancianos rapa nui y a travs de la
Comisin de Desarrollo de Isla de Pascua. Dichas demandas van desde la generacin de un estatuto administrativo propio que garantice el gobierno de los
jefes tradicionales rapa nui sobre la isla (Tuki et al., 2002), a la creacin de un
distrito electoral especial que permita la representacin rapa nui en el congreso
nacional a travs de diputados y senadores de la etnia (Consejo de Ancianos,
Propuestas..., 2002; Comisin de Desarrollo Isla de Pascua, 2002), y el establecimiento de una regin insular Rapa Nui (Consejo de Ancianos,
Propuestas..., 2002; Comisin de Desarrollo Isla de Pascua, 2002).
A continuacin, researemos las propuestas elaboradas por los distintos
sectores de la isla:
Los seores Mario Tuki Hey, Terai Hucke Atn, Ral Teao Hey, Antonio
Tepano Hito y Mara Centeno, como integrantes de la Comisin Provincial de
Verdad y Nuevo Trato de Isla de Pascua, proponen:
Basados en los hechos, en el derecho y en la no ratificacin del Tratado
de 1888,142 Rapa Nui ha sido un territorio independiente, por lo tanto
Chile debe reconocer esta verdad;
Basado en el documento de inscripcin de territorio de Te pito o te Henua a nombre de sus legtimos dueos y soberanos, que invalida la
inscripcin del ao 1933 a favor del fisco de Chile de las tierras de Te pito
o te Henua, Rapa Nui, avalada por el artculo 590 del Cdigo Civil, Chile
deber devolver el territorio a sus legtimos dueos, el pueblo maori rapa
nui ( Comisin de Verdad Histrica y Nuevo Trato, Acta, 2003);
Y un nuevo acuerdo institucional entre el estado de Chile y el pueblo
rapa nui debe quedar establecido en un nuevo tratado ( Comisin de
Verdad Histrica y Nuevo Trato, Acta, 2003).
142
Se refiere al acuerdo de voluntades suscrito en 1888 entre el capitn de corbeta Policarpo Toro, en
representacin del estado de Chile, y el rey Atamu Tekena, en representacin del pueblo rapa nui.
150
El alcalde de Isla de Pascua, propone:
Ratificar el tratado de 1888 y darle pleno cumplimiento a todas sus
clusulas, esto es:
El pueblo rapa nui cede la soberana plena, absoluta y sin reservas de la
isla al estado de Chile;
El estado de Chile respeta la investidura de los jefes rapa nui para gobernar su territorio;
El estado de Chile respeta y reconoce el derecho de propiedad rapa nui
sobre todo el territorio de Isla de Pascua ( Comisin de Verdad Histrica
y Nuevo Trato, Acta, 2003).
El Consejo de Ancianos Rapa Nui, propone:
Autonoma y justicia con respecto al desarrollo de la comunidad rapa
nui, que es la deuda histrica que mantiene el estado de Chile con la etnia;
Creacin de una regin insular, que integre a Isla de Pascua, Juan
Fernndez y otra islas del rea, para hacer efectivas las 200 millas marinas como zona econmica exclusiva;
Creacin de un distrito electoral especial para Isla de Pascua, independiente del distrito 13 Quinta Regin Costa, en que puedan optar
candidatos del pueblo rapa nui a los cargos de senadores y diputados,
quienes tendrn a su cargo representar los intereses del pueblo rapa nui
en el Congreso Nacional;
Formacin de una comisin interministerial en la que participen el presidente del Consejo de Ancianos Rapa Nui, el gobernador de Isla de
Pascua y el alcalde de la Ilustre Municipalidad de Isla de Pascua integrada, adems, por ministros y subsecretarios en representacin del
estado chileno, que permita tratar temas relevantes para la isla con las
mximas autoridades gubernamentales, sin tener que pasar por otras
instancias que burocraticen la toma de decisiones;
Entrega de la administracin del Parque Nacional Rapa Nui al Consejo de Ancianos Rapa Nui, manteniendo el aporte estatal para su
administracin y a la CONAF como unidad tcnica y el estudio de nuevas alternativas de financiamiento;
Modificar el artculo 68 de la ley 19.253 sobre fomento, proteccin y
desarrollo de los indgenas, disponiendo que la presidencia de la Comisin de Desarrollo de Isla de Pascua que crea dicho texto legal la ejerza
el presidente del Consejo de Ancianos y no el gobernador provincial de
Isla de Pascua como ocurre en el texto vigente;
151
Declaracin de Rapa Nui como rea de desarrollo indgena, de conformidad a lo dispuesto en los artculos 26 y 27 de la ley N 19.253 sobre
proteccin, fomento y desarrollo de los indgenas;
Y ratificacin del Convenio 169 de la Organizacin Internacional del
Trabajo O.I.T.,sobre Poblaciones Indgenas y Tribales en Pases Independientes.
La Comisin de Desarrollo de Isla de Pascua, propone:
Lograr una representacin de la comunidad de Isla de Pascua en el
poder legislativo, a travs de la creacin de un distrito especial para la
eleccin de un diputado y un senador;
Isla de Pascua debe ser definida como una nica unidad poltico-administrativa, ya que en la actualidad es parte de la V Regin en su
condicin de comuna y provincia a la vez, lo que provoca una superposicin de los rganos de gobierno y ejecutivos de cada una de estas
unidades. Por tanto, es indispensable estudiar, entre otras alternativas,
la posibilidad de constituir Isla de Pascua en una regin especial, en
estrecha relacin y dependencia directa al gobierno central;
Y que el estado debe garantizar el goce del derecho de la tierra rapa
nui, tal como lo establece la ley indgena, al precisar que la tierra de Isla
de Pascua es del pueblo rapa nui. El cumplimiento de este compromiso
exige estudiar y/o perfeccionar medidas legales que garanticen el pleno ejercicio y goce de este derecho, considerando algunos criterios
especficos para la determinacin de los beneficiarios.
Conclusiones
Desde la anexin de la isla a Chile en 1888 hasta el ao 1966, fecha en que se
promulga la ley No 16.441 conocida como ley Pascua, a los rapa nui les fueron
negados sus derechos civiles. Carecan de derechos polticos y estaban sometidos a un rgimen administrativo y judicial de tipo militar, donde el estado
ejerca jurisdiccin a travs de la Armada de Chile y sus autoridades apostadas en Isla de Pascua. Las libertades individuales de los rapa nui durante este
perodo fueron sistemticamente vulneradas, careciendo de libertad de trabajo y de desplazamiento.
A partir de 1966 cambia la relacin del estado con el pueblo rapa nui, pasando los rapa nui y su territorio a formar parte del estado de Chile en condiciones
152
de igualdad con los dems conciudadanos. La promulgacin de la Ley Pascua
N 16.441, otorg ciudadana a los rapa nui y cre el departamento de Isla de
Pascua. Los derechos especficos reconocidos a los rapa nui por esta normativa,
sin embargo, se dieron en mbitos especficos: exenciones tributarias, derechos a acceder a las tierras y reconocimiento de la costumbre como circunstancia
atenuante de responsabilidad penal para ciertos delitos. Las normas sobre acceso a la tierra jams se aplicaron y los derechos especficos reconocidos salvo
los relativos al reconocimiento de la costumbre como circunstancia atenuante
de responsabilidad penal no significaron un efectivo reconocimiento de las
particularidades tnicas del pueblo rapa nui. Tampoco se dio origen a una nueva forma de relacin de los rapa nui con el estado basada en el pluriculturalismo.
Desde la anexin de Isla de Pascua al territorio de Chile los derechos rapa
nui sobre sus tierras ancestrales han sido sistemticamente vulnerados por el
estado. Este desconocimiento se ha manifestado en los siguientes hechos:
Desconocimiento de los derechos de propiedad de los rapa nui sobre
las tierras de la isla en los trminos que fue convenido en el acuerdo de
voluntades de 1888;
arriendo de las tierras rapa nui a personas naturales o empresas extranjeras sin consulta y contra los intereses de los isleos;
inscripcin de todo el territorio rapa nui a nombre del fisco de Chile en
el ao 1933, quien a partir de dicha inscripcin pasa a ser nico propietario de tierras en Isla de Pascua;
uso privativo y excluyente por parte del estado de Chile de casi todo el
territorio rapa nui, mediante la constitucin del Parque Nacional Rapa
Nui y el fundo fiscal Vaitea. Estas entidades ocuparon hasta el ao 2002
el 90% del territorio y en la actualidad ocupan aproximadamente el 75%;
y regularizacin de los derechos rapa nui con prescindencia de sus derechos ancestrales y de las normas de uso tradicionales. Desde el ao
1957 a la fecha, el estado ha utilizado procedimientos de regularizacin
de las tierras rapa nui que han significado reconocer a los isleos solo las
tierras que actualmente ocupan, las que les son asignadas en propiedad
individual a sus ocupantes.
La dictacin de la ley 19.253 sobre proteccin, fomento y desarrollo de los
indgenas ha significado importantes avances en la relacin del estado de Chile con el pueblo rapa nui. Entre estos destacan:
el reconocimiento de la etnia rapa nui y reconocimiento del Consejo
de Ancianos Rapa Nui;
153
la participacin directa de los miembros del pueblo rapa nui y del Consejo de Ancianos, a travs de representantes, en algunas instancias
gubernamentales donde se deciden asuntos que los afectan, como son
el Consejo Nacional de CONADI y la Comisin de Desarrollo de Isla de
Pascua;
la participacin de los rapa nui, a travs de mecanismos de consulta, en
la administracin del Parque Nacional Rapa Nui y en las decisiones
adoptadas por cualquier organismo del estado referidas a asuntos que
los afecten directamente;
la regularizacin y restitucin de las tierras de Isla de Pascua a favor de
los miembros de la comunidad rapa nui conforme a las prioridades y modalidades establecidas por la Comisin de Desarrollo de Isla de Pascua;
la creacin de una comisin especial de rango interministerial para favorecer la coordinacin de los organismos del estado en Isla de Pascua
que cuenta con representacin Rapa Nui;
la creciente presencia de los rapa nui en los cargos pblicos de mayor
relevancia en la provincia de Isla de Pascua;
y el programa de transferencia de tierras a miembros de la comunidad
rapa nui o pascuense que ha permitido aumentar la cabida de las tierras
ocupadas por ellos desde su radicacin en el sector de Hanga Roa a
comienzos del siglo en un 50%.
Persisten a la fecha, sin embargo, algunas contradicciones de la poltica
pblica que deben ser sealadas aqu, entre ellas:
la falta de voluntad poltica para garantizar la participacin efectiva de
los rapa nui en la administracin del Parque Nacional Rapa Nui;
el uso privativo y excluyente por parte del Parque Nacional Rapa Nui y
del fundo fiscal Vaitea (SASIPA-CORFO) de un 75% de las tierras de
Rapa Nui;
y la ausencia de una adecuada proteccin a la propiedad rapa nui sobre
las tierras de Isla de Pascua, puesto que la ley indgena no garantiza el
derecho exclusivo de este pueblo sobre un territorio escaso y, al permitir
la enajenacin de tierras entre rapa nui, favorece su acumulacin.
154
Bibliografa
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Trato, Documento de Trabajo Comisin de Verdad Histrica y Nuevo
Trato, 2002, indito.
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Verdad Histrica y las Propuestas de Nuevo Trato relativas al pueblo
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Hotus, Alberto. Carta dirigida a la Ministra de Planificacin y Cooperacin
Alejandra Krauss. En: http://www.conadi.cl/n01rapa_opiniones.htm. 2002 .
Visitado el 30 de Junio del 2003.
155
Cuadros
Cuadro 1
Inversin real y proyectada en Isla de Pascua CONADI
( 2000-2003)
Ao
Estudio de
preinversin
2000
3.000.000
Fomento
econmico
Gestin
social
Total
81.200.000
15.000.000
99.200.000
2001
60.000.000
33.000.000
93.000.000
2002
66.000.000
27.000.000
93.000.000
2003
65.000.000
26.000.000
91.000.000
Fuente: Oficina de Asuntos Indgenas de Isla de Pascua. CONADI -2003.
Cuadro 2
Beneficiarios proyectos de desarrollo CONADI en Isla de Pascua
(1994-2002)
Ao
N de beneficiarios directos
N familias beneficiarias
1994
55
1995
28
72
1996
23
325
1997
24
253
1998
45
225
1999
56
247
2000
52
415
2001
56
291
2002
75
2192
Fuente: Oficina de Asuntos Indgenas de Isla de Pascua. CONADI -2003.
156
Captulo VI
Los derechos del pueblo mapuche
1. Antecedentes histricos
Al igual que en el caso de los pueblos indgenas sobre los que han tratado
los captulos anteriores de este informe, no se puede tener una comprensin
adecuada de la situacin actual del pueblo mapuche y de sus derechos en la
actualidad sin hacer referencia al pasado.
La situacin en que hoy vive este pueblo y quienes lo integran es consecuencia directa de distintos procesos que han tenido lugar a travs del tiempo.
Los anlisis histricos que se hacen sobre los pueblos indgenas suelen comenzar errneamente a nuestro entender con la llegada de los espaoles a su
territorio ancestral. Aun cuando la presencia hispana y de colonos europeos y
chilenos que ms tarde se asentaron aqu alter muchas veces de modo significativo la vida de estos pueblos, es central referirse a sus formas de vida,
organizacin y cultura en forma previa al contacto. Ello no tan solo para dar
cuenta de una parte de la historia generalmente desconocida, sino tambin
por razones ticas que obligan a incorporar la visin, historia e instituciones
propias de los pueblos indgenas para la comprensin de los fenmenos tanto
pasados como presentes que les ataen.143
1.1 Perodo precolombino
Antes de la llegada de espaoles, los mapuche ocupaban un extenso territorio de la parte sur de Amrica. De acuerdo a la visin que ellos mismos tienen
de su propia historia (Comisin de Trabajo Autnoma Mapuche-COTAM,
2003), los deslindes territoriales del que denominan mapunche wajontu mapu144
143
144
Ver Daes, 1995.
El concepto mapunche wajontu mapu denota la pertenencia del che al universo y se usa para describir
el territorio ocupado por la gente de la tierra, el mapuche. El concepto mapu alude a espacios
(COTAM, 2003).
157
a la mitad del siglo XVI se extendan en la vertiente occidental de la cordillera
de los Andes (gulu mapu) desde el ro Limar por el norte, hasta la Isla Grande
de Chilo por el sur. En la parte norte de este territorio (pikun mapu), que se
extenda desde el Limar hasta el Bo Bo, habitaban los pikunche encontrndose la mayor concentracin de poblacin del ro Aconcagua al sur. Al sur del Bo
Bo (gulu mapu) se encontraban los lafkenche (gente de la costa en el sector poniente de la Cordillera de Nahuelbuta), los nagche (abajinos en el sector oriental
de la misma Cordillera) los wenteche (arribanos en la precordillera de Los Andes). En la cordillera de los Andes desde Antuco al sur (pire mapu) se
encontraban los pehuenche.145 Al sur del Toltn se localizaban los huilliche o
veliche, en tanto que en la vertiente oriental de la Cordillera de los Andes se
emplazaba el puel mapu.146
Como consecuencia de la expansin de los incas hacia la parte norte del
territorio mapuche poco antes de la llegada de los espaoles, los mapuche all
residentes deban pagar un tributo a los gobernadores incaicos establecidos en
l. Producto de la presencia e influencia ejercida por los incas, adoptaron la
agricultura y utilizaron la irrigacin para el desarrollo de esta actividad (Bengoa, 1985).
En la parte sur de su territorio, los mapuche vivan fundamentalmente de la
caza, pesca y recoleccin. A pesar de practicar la horticultura en pequea escala (plantaban papas y porotos pallares, y luego del avance incaico, maz y
qunoa), desarrollaron tcnicas que les permitan vivir de los abundantes recursos que les proporcionaban los bosques, el mar, los lagos y ros all
existentes.147 Por lo mismo, su relacin con la tierra no era de propiedad, sino
ms bien de un usufructo comunitario de los recursos en ella existentes.
La vida poltica, social y cultural, as como su relacin con la tierra y los
recursos, estaba determinada por la pertenencia al lof, institucin de tipo patrilineal cuyo liderazgo corresponda al longko, y por su pertenencia a una ruka,
vivienda en que habitaban las extensas familias mapuche. Los derechos y obligaciones de los miembros del lof estaban regulados por el admapu o derecho
mapuche. La alianza territorial de varios lof daba lugar a un rewe y la de varios
rewe a un ailla rewe (nueve rewe). Cada uno de estos rewe era poltica y territorialmente independiente (anculef, 1898; 1990).
145
146
147
La COTAM agrega en este mismo espacio territorial los huilliche e ina pira che (COTAM, 2003).
Los mapuche habran ocupado los territorios ubicados al oriente de la cordillera de los Andes hacia
fines del siglo XVI, extendindose hacia las pampas y llegando hasta el ocano Atlntico (Hernndez,
2003).
Debido a la abundancia de recursos, se estima que la poblacin mapuche al sur del Bo Bo a la
llegada de los espaoles alcanzaba a medio milln (Bengoa, 1985).
158
Se trataba, en sntesis, de un pueblo poltica, territorial y econmicamente
autnomo, cuyas autoridades ejercan jurisdiccin en base al ad mapu o sistema normativo propio sobre los espacios territoriales que ocupaba.
1.2 Perodo colonial
Los efectos de la conquista en los mapuche fueron diversos, dependiendo de su
ubicacin geogrfica. No obstante su resistencia inicial a los invasores hispanos,
los mapuche al norte del Bo Bo (pikun mapu), que haban estado sometidos al dominio incaico, terminaron por aceptar la presencia espaola as como a sus
instituciones en sus territorios. Al igual que a la mayor parte de los pueblos indgenas del continente americano, a ellos les fue aplicada la encomienda, la que en el
caso de Chile incluy el servicio personal en las tierras del encomendero o en minas,
y la relocalizacin desde sus tierras originarias a los llamados pueblos de indios.
Es importante sealar que, contradiciendo las leyes de la corona que disponan que solo las tierras desocupadas podan ser objeto de asignacin, la creacin
de ciudades en esta parte del territorio mapuche deriv en la apropiacin de sus
mejores tierras agrcolas y ganaderas, las que seran otorgadas en mercedes a
hispanos. Tambin en contradiccin con dichas leyes, muchas tierras indgenas
en el pikun mapu fueron asignadas a encomenderos o adquiridas por stos.148 Si
bien la encomienda fue abolida a fines de la colonia (1791), siendo las tierras
pertenecientes a mapuche reconocidas a sus ocupantes, despus de siglos de sometimiento solo unos cuantos indgenas recobraran su libertad. La mayor parte
de ellos, para entonces tnica y culturalmente mestizos, se vieron obligados a
trabajar en las haciendas, manteniendo con los hacendados la relacin de subordinacin que antes tuvieron con los encomenderos (Salazar, 1985).
En la parte sur de la colonia, en cambio, los mapuche resistieron la ocupacin
espaola. A pesar de la penetracin inicial de los hispanos, del establecimiento de
fuertes en su territorio y de la distribucin de su poblacin en encomiendas, para
fines del siglo XVI los mapuche haban logrado su expulsin y el afianzamiento de
una autonoma poltica y territorial sobre el espacio de la Araucana. Tal independencia sera reconocida a travs de parlamentos celebrados peridicamente con
las autoridades hispanas hasta fines de la colonia. Entre estos parlamentos destacan los de Quilin (1641 y 1647) y Negrete (1726).149 Como lo han afirmado algunos
148
149
Dicha apropiacin habra sido el resultado del aislamiento de la colonia, situacin que determin
que en ella no se aplicaran, y en ocasiones no se conocieran, las leyes hispanas (Gngora, 1951).
Otros parlamentos seran celebrados en 1651, 1683, 1692, 1693 y 1694, 1716, 1726, 1738, 1746,
1756, 1760, 1764, 1771, 1774, 1784, 1787 y 1793. Los ltimos parlamentos datan de 1803 y en
1816, en las postrimeras del rgimen colonial (de vila, 1973).
159
acadmicos y ms recientemente los propios mapuche, los parlamentos que tuvieron lugar durante el periodo colonial constituyen un reconocimiento del estatus
independiente de este pueblo y de su territorio (Araucana).150
A pesar de las muchas obligaciones que los mapuche asumieron con los espaoles en la mayora de estos documentos, los parlamentos coincidan en
reconocer la existencia de una frontera, el ro Bo Bo, que divida los territorios y las jurisdicciones de ambos pueblos. El parlamento de Negrete, por
ejemplo, fue claro al establecer que ninguno de los pueblos poda cruzar esta
frontera sin la autorizacin del otro, estableciendo sanciones para castigar a
aquellos que quebrantaran esta disposicin. El estatus legal de los parlamentos, como han argumentado Alamiro de vila, uno de los pocos juristas chilenos
que ha reflexionado sobre esta materia, era el de un tratado internacional entre
naciones soberanas (de vila, 1973).
En aos recientes este argumento ha sido apoyado por el Relator Especial
de Naciones Unidas sobre Tratados, Sr. Miguel Alfonso Martnez (Martnez,
1999)151 as como por la organizacin mapuche Consejo de Todas las Tierras
(Auki Wallmapu Ngulam, 1998).152
La relacin con los hispanos, sin embargo, provoc fuertes alteraciones en
la sociedad mapuche. Adems de causar en los primeros cincuenta aos de contacto la muerte de dos tercios de la poblacin indgena de la Araucana, el
contacto incidi en el cambio de sus patrones de subsistencia, convirtiendo a
los mapuche en ganaderos y comerciantes. Las riquezas generadas por estas
actividades, aun cuando no derivaron en la conformacin de propiedad privada de la tierra entre los mapuche, posibilitaron el establecimiento de ciertos
dominios de los longko o caciques sobre sus territorios, sustituyndose as en
parte la tradicin de uso comunal de la tierra dominante en el pasado ( Bengoa, 1985; Pinto, 2000).
150
151
152
Para Foerster, sin embargo, mientras los mapuche entendan la poltica de los parlamentos como un
sistema de representacin entre iguales, los hispano criollos la entendan como una poltica que permita
la instalacin de la hegemona hispnica en el seno de la sociedad indgena (Foerster, 1996).
El Relator Especial de las Naciones Unidas Miguel A. Martnez, en el informe final de su estudio sobre
los tratados que involucran a los pueblos indgenas, sostiene que los tratados suscritos entre los europeos
y los pueblos indgenas eran relaciones contractuales entre naciones soberanas, con implicancias legales. Martnez se refiere en su informe a los parlamentos celebrados entre los mapuche y los espaoles
durante la colonia en Chile, sealando que ...el origen, causas y desarrollo de estos instrumentos jurdicos
podra compararse, prima facie y desde ciertos puntos de vista, a los de ciertos tratados indgenas en los
territorios britnicos y franceses de Norteamrica (Ver Martnez, 1999, parag. 109).
Esta organizacin ha fundamentado los reclamos de autonoma poltica y territorial del pueblo
mapuche de Chile y de Argentina en estos parlamentos, los que considera como tratados entre
naciones soberanas que siguen estando vigentes (Aukin, Febrero 1998).
160
1.3 Periodo republicano
El tratamiento que el Chile republicano dio a los indgenas se inicia con la
declaracin de su igualdad jurdica con el resto de la poblacin mediante el decreto dictado por Bernardo OHiggins el 4 de marzo de 1819. En este decreto se
cuestionaba la poltica inhumana aplicada por los hispanos a los indgenas,
disponiendo que en adelante deban ser llamados ciudadanos chilenos, y libres
como los dems habitantes del estado concurriendo por s mismos a la celebracin de toda clase de contratos....153 En forma consistente con esta poltica, el 10
de junio de 1823 una ley dispuso que se identificaran los pueblos de indios existentes en cada provincia, que se midieran y tasaran las tierras del estado y que lo
posedo por indgenas les fuera reconocido en propiedad.
La igualdad contractual de los indgenas, sin embargo, result perjudicial
para los mapuche, cuyas tierras comenzaban a ser objeto de presin por parte
de no indgenas. Es as como a mediados del siglo XIX se realizaron numerosos contratos (compraventa, arrendamiento, cesin, entre otros) celebrados entre
chilenos y mapuche, mediante los cuales los primeros adquiriran, a precios
que no guardaban ninguna relacin con su valor real o mediante fraude, vastos territorios hasta entonces en poder de los segundos. Como consecuencia
de esta situacin, en 1853 (14 de marzo) se dict un decreto en virtud del cual
se pone trmino a la libertad contractual de los indgenas al disponerse que la
venta de sus tierras deba verificarse con autorizacin de autoridades de gobierno. En la prctica, los contratos sobre tierras de los mapuche en el sur del
pas siguieron realizndose (Leiva, 1984).
El impacto mayor se produjo con la ocupacin militar del territorio mapuche por el estado chileno, proceso que la historiografa nacional ha conocido
como la pacificacin de la Araucana y con la posterior radicacin de los
indgenas en reducciones. Dicho proceso se inici con la dictacin por el Congreso Nacional de una ley (4 de diciembre de 1866) que, indirectamente,
declaraba fiscales las tierras de la Araucana,154 y ordenaba se deslindaran los
terrenos posedos por indgenas, debiendo otorgrseles un ttulo de merced
sobre ellas. De acuerdo a esta ley, las tierras restantes seran vendidas por el
estado en pblica subasta en lotes de 500 hectreas y destinadas al establecimiento de colonias de nacionales y extranjeros (arts. 3 a 5).
153
154
Ver Jara, 1956.
Dispone que se reputar como baldas, y por consiguiente de propiedad del estado, todas aquellas
tierras sobre las cuales no se probase una posesin efectiva y continuada de un ao (art. 6), prueba
que los mapuche, con una ocupacin no agrcola y extensiva de su territorio, no estaban en
condiciones de realizar.
161
La radicacin de los indgenas a travs del otorgamiento de ttulos de merced se inici en 1883, luego de la ocupacin del territorio mapuche. Como
consecuencia de este proceso, los mapuche fueron confinados en cerca de 3.000
reducciones de carcter comunal con un total aproximado de 500 mil has. de
un territorio original estimado en 10 millones de has. (Gonzlez, 1986). (ver
Cuadro 1)
La radicacin sedentariz a los mapuche en tierras reducidas (6,18 has. por
persona) forzndolos a cambiar su economa de ganadera a agrcola y su
cultura, a travs de la escuela y la evangelizacin. Los esfuerzos de los gobiernos de la poca se orientaron a la colonizacin primero con extranjeros y luego
con nacionales de los territorios arrebatados a los mapuche. Los remates en
pblica subasta permitieron la formacin del latifundio en el rea. A contar de
1920, una vez concluida la radicacin, el estado promovera la divisin de las
tierras mapuche en hijuelas individuales, as como su enajenacin a no indgenas que las hicieran producir. Leyes especiales fueron dictadas en 1927, 1930,
1931 y 1961 para estos efectos. Entre 1931 y 1971 se dividieron 832 reducciones
o comunidades mapuche de las casi 3.000 existentes, dando origen al parcelamiento de las tierras en hijuelas de propiedad individual. A pesar de que varias
de estas leyes declararon la inalienabilidad de las tierras divididas, se estima
en al menos 100 mil has., un quinto del total, las tierras mapuche enajenadas a
no indgenas durante este perodo (Gonzlez, 1986; Ormeo y Osses, 1972).
La poltica de divisin de tierras indgenas tuvo su auge en el perodo del
gobierno militar (1973-1990), poca en que se dict una legislacin (decretos
leyes 2.568 y 2.750 de 1979) que result en la divisin en hijuelas individuales
de la casi totalidad de las comunidades reduccionales restantes a la poca. El
objetivo de esta legislacin era acabar con el status especial de los indgenas y
de sus tierras, integrndolos al rgimen comn del derecho nacional.155 Desde
su aprobacin en 1979 hasta el fin del rgimen militar en 1990, alrededor de
2.000 comunidades mapuche fueron divididas, dando origen a alrededor de 72
mil hijuelas individuales con un total de 463 mil has. En promedio, cada hijuela entregada a los mapuche a consecuencia de la divisin de sus tierras tendra
6,4 has. (DASIN INDAP, 1990 en Aylwin y Castillo, 1990). Ms aun, a pesar de
que estas leyes prohibieron la enajenacin de las hijuelas resultantes de la divisin, en la prctica se dej abierto su traspaso a no indgenas a travs de diversos
contratos, tales como arriendos por 99 aos, cesin de derechos, etc., los que
proliferaron en el perodo.
155
El artculo 1 del D.L. 2568 originalmente dispona que una vez inscritas las hijuelas resultantes de
la divisin de las reservas dejarn de considerarse indgenas, e indgenas sus adjudicatarios.
162
El minifundio al que dio origen la divisin de las tierras comunales incidi
en el empobrecimiento de la poblacin mapuche rural, lo que aceler su migracin a los centros urbanos. Este ltimo fenmeno, verificado desde comienzos
del siglo XX, quedara claramente demostrado en el censo de 1992, que determin que alrededor del 80% de la poblacin mapuche era urbana, mientras que
solo el 20% restante (192.763 personas) era rural (Instituto Nacional de Estadsticas, 1992).156
1.4 Reforma agraria
En el contexto de los cambios polticos y sociales impulsados en Chile en la
dcada de los sesenta e inicios de la de los setenta, un programa de reforma
agraria fue desarrollado bajo las administraciones de Eduardo Frei M. (19641970) y Salvador Allende (1970-1973).157 Aunque orientada hacia el mundo
campesino en general, la reforma tendra importantes implicancias para los
mapuche en el sur del pas. Su base legal se encuentra en la ley nmero 16.640
de 1966, que posibilitaba la expropiacin de tierras que se encontraban mal
explotadas, abandonadas o que poseyeran ms de 80 has. de riego bsico (correspondientes a la mejor tierra del pas o a su equivalencia), as como por
razones sociales.
En el caso de los mapuche, dicha ley fue complementada por la ley nmero
17.729 de 1972 aprobada durante el gobierno de Allende. Esta ley, que por
primera vez se refiere al conjunto de pueblos indgenas del pas, intentaba
frenar el proceso divisorio de las tierras mapuche al disponer que las comunidades solo podran dividirse por mayora absoluta de comuneros o por razones
tcnicas; establece la posibilidad de restituir tierras a los indgenas utilizando
para ello el mecanismo de la expropiacin contemplado en la reforma agraria;
y crea el Instituto de Desarrollo Indgena a fin de promover el desarrollo econmico, social, cultural integral de los integrantes de los pueblos originarios.
Entre 1965 y 1972 se expropian en las provincias de Arauco, Malleco y Cautn, en el territorio mapuche, un total de 584 predios con un total de 710.816 has.
156
157
La migracin fue incentivada por esta legislacin al establecerse una compensacin monetaria para
los integrantes de las comunidades que no estaban presentes en ellas al momento de la divisin, los
que perdan su derecho a la tierra.
Una ley de reforma agraria fue dictada en 1962 (No 15.020) bajo la administracin de Jorge
Alessandri. Dada su poltica de adquisicin de tierras a precios de mercado, la ausencia de voluntad
para aplicar la expropiacin como modalidad de redistribucin y la falta de financiamiento, esta fue
llamada reforma macetero Algunos fundos fueron entregados a mapuche en la provincia de Arauco
y Malleco a travs de esta ley (Molina, en Casa de la Mujer Mapuche et al. eds., 2000).
163
(Molina, en Casa de la Mujer Mapuche et al. eds., 2000). Aunque no todos
estos predios fueron expropiados a favor de comunidades mapuche, sino que
tambin de inquilinos y trabajadores forestales no indgenas, la presin ejercida por el movimiento indgena as como por sectores polticos que los
apoyaban a travs de la ocupacin de predios colindantes a comunidades
mapuche, result en la expropiacin y posterior traspaso material a indgenas
de gran cantidad de predios sobre los cuales stas tenan reivindicaciones histricas.158 En contraste con las 1.443 has. que a travs de las leyes indgenas
fueron reconocidas a los mapuche a lo largo de la dcada de los sesenta, durante 1971 y 1972 habran sido traspasados a mapuche a travs de la reforma agraria
un total de 70.000 has (Allende, 1973, en Berdichewsky, 1975).
Las tierras expropiadas fueron asignadas a mapuche, siendo luego incorporadas como unidades de produccin del sector reformado. Tales unidades
incluan asentamientos de reforma agraria y cooperativas campesinas constituidas de acuerdo a la ley de 1966, as como centros de reforma agraria
promovidos por la administracin de Allende. El estado, a travs de Corporacin de Reforma Agraria (CORA), apoy la tecnificacin y el desarrollo
productivo de las tierras restituidas, a travs de programas de cultivos tradicionales, ganadera y leche, as como forestacin con pino radiata de tierras
erosionadas y de aptitud forestal, constituyendo estas ltimas un porcentaje
importante de las tierras expropiadas (Molina, en Casa de la Mujer Mapuche
et al. eds., 2000).
Los esfuerzos realizados durante la administracin de Allende por posibilitar la recuperacin de tierras de los mapuche va reforma agraria,
respondiendo as a sus reclamos histricos, han sido destacados por distintos analistas (Berdichewsky, Molina, entre otros). La cantidad de tierra que
les fue entregada en un lapso tan breve de tiempo fue significativa. El apoyo
otorgado al desarrollo de las comunidades en las tierras recuperadas tambin fue importante.
Sin embargo, al analizar este periodo con la perspectiva que da el tiempo,
resulta evidente que las acciones impulsadas por las autoridades de la poca
en este corto perodo intentaron incorporar a los mapuche a un proyecto poltico en este caso socialista basado en un anlisis de clase y no en uno de tipo
tnico-cultural. Tal como algunos analistas que apoyaron el proceso de la reforma agraria han reconocido, los mapuche mostraron su rechazo a las formas
158
Acuerdos entre la Corporacin de Reforma Agraria (CORA) y la Direccin de Asuntos Indgenas (DASIN)
y ms tarde Instituto de Desarrollo Indgena (IDI), fueron celebrados a objeto de posibilitar la transferencia
de predios expropiados a comunidades mapuche que los reclamaban (Berdichewsky, 1975).
164
colectivas o cooperativas de tenencia de la tierra que fueron promovidas por el
gobierno a travs de dicho proceso. La voluntad de los mapuche no siempre fue
respetada cuando se tomaban decisiones sobre estas importantes materias (Berglund, 1977). Consecuentemente, las polticas que el gobierno de Allende aplic
a los mapuche de un carcter marcadamente campesinista siguieron subordinadas a proyectos que no eran definidos por ellos, tal como haba ocurrido a lo
largo de la historia republicana.
Otro problema de la reforma agraria impulsada bajo el gobierno de Allende estuvo relacionado con la demora en la titulacin a campesinos e
indgenas de las tierras expropiadas. Dado que a la fecha del golpe de estado que llev a la instauracin del rgimen militar encabezado por Pinochet
(1973-1990) gran parte de las tierras expropiadas en ese perodo no haban
sido tituladas a nombre de los beneficiarios de la reforma agraria, ellas seran privatizadas mediante un proceso de regularizacin de la propiedad,
tambin conocido como contra reforma agraria. Este proceso consisti
en la parcelacin de tierras (entregadas a campesinos), la devolucin parcial o total de los predios expropiados a sus antiguos propietarios o la
revocacin de la expropiacin, o el remate de tierras de aptitud forestal. En
el caso de estos ltimos predios, la Corporacin de Reforma Agraria mantuvo en su poder 415.053 has. en las provincias de Arauco, Malleco y Cautn.
Dichas tierras fueron ms tarde traspasadas a la Corporacin Nacional Forestal, CONAF, la que habra rematado gran parte de ellas a empresas
forestales a precios nfimos (Molina, 2000). Esta situacin explica, al menos en parte, como veremos ms adelante en este captulo, los conflictos
que actualmente tienen las comunidades mapuche con las empresas forestales presentes en su territorio ancestral.
1.5 Los objetivos de la legislacin y poltica republicana
En sntesis, la legislacin del estado chileno en el pasado no reconoci a los
pueblos indgenas, sus culturas e idiomas. Las leyes que fueron dictadas en
relacin con los mapuche se refirieron fundamentalmente a sus tierras. El objetivo inicial de ellas fue consolidar la propiedad fiscal y privada en sus territorios
ancestrales luego de la ocupacin militar por el estado, y ms tarde, la transformacin de las comunidades reduccionales reconocidas por el estado en
parcelas de propiedad individual. Las mismas leyes intentaron facilitar su transferencia a no indgenas que las hicieran producir. Las leyes aprobadas bajo el
rgimen militar (decretos leyes 2568 y 2750 de 1979), buscaron asimilar a los
indgenas y a sus tierras al rgimen comn del derecho nacional. En base a
165
estas normas se despoj a los mapuche de parte importante de su territorio
ancestral, y posteriormente, se dividi de la casi totalidad de las comunidades
reduccionales mapuche hasta entonces existentes, dando origen a su parcelacin en lotes individuales.
A lo largo del perodo republicano, y hasta hace poco tiempo, las polticas
impulsadas por el estado chileno negaron toda forma de diversidad tnica y
cultural. El discurso impuesto por el estado caracteriz a la sociedad chilena
como una sociedad racialmente homognea, de origen bsicamente europeo.
Los escasos reconocimientos a los indgenas dijeron relacin con su pasado, no
con su presente. La preocupacin gubernamental hacia estas poblaciones
estuvo centrada en su situacin de pobreza material, as como en su diferenciacin cultural con el resto de la poblacin.
Con el fin de enfrentar estas realidades, el estado impuls polticas y programas orientados a estimular el desarrollo econmico de sus comunidades,
estrategias que no diferan de aquellas promovidas para los campesinos pobres no indgenas. Tales polticas, que les seran aplicadas sin consulta, variaron
en el tiempo de acuerdo con las ideologas dominantes, desde el liberalismo
hasta el socialismo. Ellas, sin embargo, no difirieron substancialmente en cuanto
a su finalidad ltima: asimilar o integrar a los indgenas a los modelos de desarrollo de la sociedad mayoritaria. En el plano cultural, en tanto, el estado
impuls acciones tendientes a chilenizar a los mapuche, imponindoles la
lengua, religin y costumbres de la sociedad chilena. La discriminacin de los
indgenas y sus culturas fue, por tanto, una poltica de estado.
2. Las polticas impulsadas para los mapuche por el
estado a partir de la ley 19.253 de 1993
Tal como se sealara en el captulo I de este informe, la ley indgena estableci
el deber de la sociedad en general y del estado en particular de respetar,
proteger y promover el desarrollo de los indgenas, sus culturas, familias y
comunidades, adoptando las medidas adecuadas para tales fines, proteger las
tierras indgenas, velar por su adecuada explotacin, por su equilibrio ecolgico
y propender a su ampliacin (art. 1, inc. 3). A la Corporacin Nacional de
Desarrollo Indgena CONADI, como organismo encargado de promover,
coordinar y ejecutar, en su caso, la accin del estado en favor del desarrollo
integral de los indgenas (art. 39), ha correspondido el rol principal en la
ejecucin de la poltica pblica indgena y en el impulso de programas
166
destinados a materializar los derechos que la ley reconoce a los indgenas y
sus comunidades. Dicha accin, sin embargo, ha sido complementada con la
que realizan diversos ministerios con competencia en la materia (MIDEPLAN,
Bienes Nacionales, MINEDUC, entre otros), as como los gobiernos regionales
y provinciales ubicados en reas indgenas.
Como consecuencia de la importancia poltica y del peso demogrfico de
los mapuche entre los distintos pueblos indgenas del pas,159 CONADI ha centrado una parte significativa de sus polticas y recursos destinados a los pueblos
indgenas a este pueblo.
Se debe valorar aqu los esfuerzos desarrollados por CONADI, con el apoyo inicial de una buena parte del movimiento mapuche, a objeto de poner en
marcha un conjunto de polticas y programas que permitiesen la materializacin prctica de los derechos reconocidos a los indgenas en la ley.
Diversos problemas, sin embargo, han afectado a CONADI en el cumplimiento de tareas encomendadas por la ley. La distancia de su direccin
nacional, ubicada en Temuco, de los centros de poder poltico, econmico y
administrativo del pas, sus limitadas atribuciones legales, y su restringido
presupuesto, entre otros, son factores que han obstaculizado la efectividad
de su accin en relacin con los indgenas y sus comunidades, incluidos los
mapuche.
A continuacin analizaremos las principales acciones impulsadas por CONADI, en coordinacin con otros organismos del Estado en el territorio ancestral
mapuche, esto es en las regiones del Bo Bo, La Araucana y Los Lagos:
2.1 Derechos polticos y participatorios
En materia de derechos polticos y participatorios cabe destacar las siguientes
acciones:
159
De acuerdo al censo de poblacin y vivienda del Instituto Nacional de Estadsticas de 2002, la
poblacin que se autoidentifica como mapuche asciende a 604.349, correspondiendo al 87,3 por
ciento del total de poblacin indgena del pas, la que a su vez alcanza a 692.192, correspondiendo
al 4,6 por ciento de la poblacin nacional que totaliza 15.116.435 (INE, 2002). Dichas cifras, que
demuestran la relevancia demogrfica de los mapuche en relacin a otros pueblos indgenas,
contrastan con las contenidas en el censo de 1992, en que 928 mil personas mayores de 14 aos se
autoidentificaron como mapuche. Las posibles razones del descenso en la poblacin indgena en
general, y mapuche en particular, son analizadas ms adelante en este informe (ver Anexo I).
167
2.1.1 La promocin de la organizacin de los mapuche a travs de las
comunidades y asociaciones indgenas
Si bien se carece de antecedentes en relacin al total de comunidades y
asociaciones constituidas en el territorio mapuche, informaciones de CONADI
indican que al ao 2002 se haban constituido en la Regin de la Araucana
(IX) un total de 1.538 comunidades y 333 asociaciones.160
A juzgar por las cifras de CONADI, el total de comunidades y asociaciones
constituidas en el periodo en el territorio mapuche es significativo. La conformacin de estas organizaciones legales, si bien les permite adquirir personera
jurdica y acceder a los distintos programas de CONADI Fondo de Tierras y
Aguas Indgena (FTAI) y Fondo de Desarrollo Indgena (FDI), lejos de potenciar los derechos polticos y participatorios de los mapuche, parece haberlos
debilitado. En primer lugar porque dichas organizaciones se estructuran segn estatutos tipos que CONADI y los municipios les proporcionan,
convirtindolas en organizaciones de tipo wingka u occidental, que nada tienen que ver con las formas de organizacin tradicional mapuche. As estas
organizaciones indgenas pasan a ser conducidas por un presidente, un vicepresidente, un secretario y un tesorero (en contraste con los liderazgos
tradicionales mapuche ejercidos por el longko, werken, etc.), quienes son electos
en base a criterios de mayoras propios de la sociedad dominante, sin considerar criterios de herencia u otros propios de la cultura mapuche. Ello ha resultado,
en muchos casos, en el desplazamiento de las autoridades tradicionales, generalmente de ms edad, por jvenes dirigentes funcionales con acceso a la
educacin o contactos con organismos pblicos u ONGs. (ver Snchez, Derechos Polticos, 2002).
Por otro lado, dado que la ley vigente (art. 10, inc. 2) permite la conformacin de una comunidad legal con un tercio de los indgenas mayores de edad y
un mnimo de diez personas, no son pocos los casos en que se ha fragmentado
la comunidad de personas mapuche derivada de las tierras comunales reconocidas por el ttulo de merced. Menos aun la ley permite la reconstitucin de
formas de organizacin mayor como el lof, el rewe o el aillarewe, que fueron
caractersticas de la sociedad mapuche en el periodo pre reduccional.
En cuanto a las asociaciones, a pesar de las limitaciones establecidas en la
ley para que ellas permitan la agrupacin o federacin de comunidades (artculo 35), muchas comunidades mapuche se han valido de este figura para dar
un respaldo jurdico a los procesos de reconstruccin territorial en que estn
160
Informaciones recabadas del registro de organizaciones, CONADI, Temuco, julio de 2002.
168
empeados. Es as como en sectores tales como Lumaco, Tira, Lago Budi,
Lonquimay, Villarrica, Loncoche, Lago Ranco, San Jos de la Mariquina y otros,
las comunidades han recurrido a esta frmula legal, para dar vida a los procesos federativos territoriales que all se estn verificando.
2.1.2 Las reas de desarrollo indgena (ADI)
A la fecha se han conformado en el territorio mapuche un total de tres reas
de desarrollo indgena (ADI) del total de cinco constituidas a lo largo del pas.161
Dichas ADI, creadas por decreto del Ministerio de Planificacin y Cooperacin (MIDEPLAN) a propuesta de CONADI, segn indica la ley, son las
siguientes:
i) rea del Budi (IX Regin): Declarada ADI el 10 de marzo de 1997
mediante el D.S. N 71 de MIDEPLAN. Comprende un sector de aproximadamente 19.000 ha. Involucra parte de las comunas de Puerto
Saavedra y Teodoro Schmidt, donde residen 91 comunidades mapuche,
y corresponde a una poblacin de 8.360 personas.
ii) rea del Alto Bo Bo (VIII Regin): El 7 de mayo de 1997, mediante el
D.S. N 93 de MIDEPLAN se declara la creacin de esta ADI, compuesta
por los valles de Queuco y Trapa-Trapa y una seccin del valle de cordillera del ro Bo Bo. Existe una alta densidad de poblacin mapuchepehuenche, que representa cerca de un 73,4% del total de habitantes del
sector (aproximadamente 4.930 personas), que habitan 11 comunidades.
iii) rea Lago Lleu-Lleu (VIII Regin): El 8 de marzo del 2001, mediante decreto supremo N 60 de MIDEPLAN se declara la creacin de esta
ADI, que abarca las comunas de Caete, Tira y Contulmo. Esta zona
alcanza una densidad poblacional indgena de 2.626 personas, que corresponde al 15%, que se extiende en la cuenca lacustre del Lleu-Lleu,
de aproximadamente 670 Km2.
Si bien no existe un anlisis de las inversiones en ella realizadas especficas
para el territorio mapuche, entre 1999 y el 2002 se habran invertido en estas
reas un total de US $ 91 millones, siendo en el territorio mapuche las ADI del
Budi y Alto Bo Bo las que han concentrado mayor inversin (Urrejola, 2001).
Uno de los aspectos crticos de las ADI hasta ahora constituidas en territorio mapuche, es que no ha existido una real participacin de las comunidades,
161
Las otras dos han sido constituidas en Atacama la Grande en territorio atacameo (II Regin) en
1997, y en Jiwasa Oraje en territorio aymara (I Regin) en 2001, como se seala en los captulos II
y III de este informe.
169
no solo en su delimitacin territorial, sino adems en su gestin. Se trata de
una realidad cuestionada por los propios mapuche, y reconocida por las instancias que han sido creadas por el gobierno para la evaluacin de la poltica
indgena, as como por analistas (MIDEPLAN, Grupo de Trabajo para los Pueblos Indgenas, 2000).
En el caso del ADI Alto Bo Bo, por ejemplo, en 1998 se cre un comit
tcnico regional (VIII) coordinado por SERPLAC e integrado por representantes del gobierno regional y provincial. Los representantes de las comunidades
pehuenche hasta ahora no forman parte de dicho comit para efectos de formular all sus demandas y propuestas (Valenzuela, 2002). La incapacidad de las
ADI como reas de gestin participativa del desarrollo se ve claramente reflejada en el caso de Alto Bo Bo y lago Budi, donde se impulsan la central Ralco
y la carretera de la costa, respectivamente, proyectos de gran envergadura e
impacto sociocultural en el mundo mapuche. La decisin sobre la ejecucin de
tales proyectos no ha sido adoptada en el marco de las ADI. Tampoco se ha
considerado adecuadamente la participacin indgena para estos efectos.
Por otro lado, parte de la inversin realizada en estas reas al menos en sus
inicios, ms que inversin nueva correspondi a fondos preexistentes de los
distintos organismos pblicos y privados con presencia en ellas. A contar del
ao 2000, el FDI de CONADI habra focalizado su accin en estas ADI, tanto
en su trabajo de fomento a la economa indgena y en el apoyo a la gestin
social indgena, como en estudios de preinversin para el desarrollo indgena.
La misma focalizacin estara siendo realizada hoy por el programa Orgenes
en el marco del convenio BID MIDEPLAN, impulsado a contar del ao 2001 en
el pas.
2.1.3 La CONADI como rgano de participacin indgena
La creacin de la CONADI, as como su particular naturaleza como espacio
de participacin indgena, obedeci en gran medida a la demanda indgena
por participar de la definicin de la poltica del estado para los pueblos indgenas. En forma consistente con ello, el gobierno ha promovido, a travs de
distintos mecanismos, dicha participacin al interior de esta entidad. Este hecho se ha reflejado en la designacin, en varias oportunidades, de personas
mapuche como directores nacionales de esta entidad,162 as como en la integracin
162
Cuatro de los cinco directores nacionales que ha tenido esta entidad desde su creacin a la fecha
han sido mapuche. El actual director, Aroldo Cayn, es un abogado mapuche que particip en la
CEPI en la elaboracin del anteproyecto de la actual ley.
170
de una importante cantidad de profesionales y tcnicos indgenas, en su mayora mapuche, en la planta de esta institucin.
Diversos factores, sin embargo, han dificultado la participacin indgena
en CONADI. A la fecha se han desarrollado dos procesos eleccionarios (1995 y
1999) con participacin de las comunidades y asociaciones legalmente constituidas, para la eleccin del rgano mximo de CONADI, el consejo nacional.
Para renovar este consejo de integracin bipartita (gobierno e indgena) se realiz en noviembre de 2003 un nuevo proceso eleccionario cuyos resultados
desconocemos. Como consecuencia del carcter indirecto de la eleccin de los
consejeros indgenas, quienes son designados por el Presidente de la Repblica a propuesta de las comunidades y asociaciones indgenas (art. 41 de ley
19.253; decreto supremo N 236 de 1999), no todos los representantes mapuche
que han recibido la mayor votacin de sus bases han sido designados para
integrar este consejo.163 Esta situacin ha sido criticada por los dirigentes mapuche. En aos recientes, muchos dirigentes mapuche y de otros pueblos han
exigido una reforma a la ley de 1993 con el fin de permitir la eleccin directa de
sus representantes en CONADI, sin la mediacin del Presidente, sin obtener
una respuesta satisfactoria a su demanda a la fecha.
La debilidad de la participacin indgena al interior del consejo nacional de CONADI qued de manifiesto en el caso del proyecto hidroelctrico
Ralco. De acuerdo con la ley indgena, el consejo de CONADI tena que autorizar las permutas de tierras que se requieren para llevar a cabo la construccin
de esta represa ubicada en tierras pehuenche. Los dos mapuche que fueron designados como directores nacionales de esta entidad en sus primeros aos de
vida (Huenchulaf en 1994 y Namuncura en 1997), fueron destituidos por el
Presidente Frei dada su oposicin al otorgamiento de estas permutas. La designacin por Frei en 1998 de un no indgena de su confianza (Rodrigo
Gonzlez) a cargo de esta entidad, permiti al gobierno tener mayora en este
consejo para aprobar dichas transacciones, a pesar de la oposicin de los consejeros indgenas, quienes pasaron a constituir una minora. Con esta ltima
designacin, el gobierno dej en claro que CONADI no era una institucin de
co-gestin de la poltica indgena, como hasta entonces haba sido concebida
por muchos dirigentes mapuche, sino ms bien una agencia gubernamental
bajo su control.
163
Es el caso de Emilio Cayuqueo, quien pese a obtener la segunda votacin mapuche ms elevada en
el proceso eleccionario para integrar este consejo verificado en 1995, no fue designado como
consejero por el Presidente Frei.
171
La situacin de conflicto que en los ltimos aos se ha vivido en el territorio
mapuche involucrando al estado, empresarios, organizaciones y comunidades mapuche, resultando en situaciones de represin en contra de los mapuche y en el
procesamiento de sus dirigentes ha terminado por distanciar a una parte no menor del movimiento mapuche de CONADI. La representatividad de los dirigentes
mapuche presentes en el consejo nacional de CONADI es dbil. Ello sin duda limita la efectividad de CONADI como instancia de interlocucin entre el mundo
mapuche y el estado para la resolucin de dichos conflictos, tarea que desde el 2002
fue asumida por Jaime Andrade, subsecretario de MIDEPLAN, designado por el
Presidente de la Repblica como coordinador de poltica indgena del gobierno.164
2.1.4 Participacin indgena en la proteccin de su patrimonio histrico
Tal como se sealara al analizar las disposiciones de la ley, el artculo 29 letra c
reconoce el derecho de las comunidades a ser consultadas y a otorgar o no su
consentimiento en forma previa a la excavacin de sus cementerios histricos. El
decreto N 392 de MIDEPLAN de 12 de abril de 1994 que regul el procedimiento
para la proteccin del patrimonio histrico de las comunidades indgenas estableci que el consentimiento de las comunidades al que se refiere el artculo 29 c
deba expresarse por medio de un acuerdo formal de la respectiva comunidad, el
que deba ser notificado al director nacional de CONADI.
Aun cuando CONADI ha manifestado una preocupacin pblica por la
temtica de la proteccin del patrimonio material cultural indgena, no son
muchas las acciones desarrolladas en esta materia en el territorio mapuche de
que se tenga conocimiento. Cabe destacar una iniciativa licitada por la unidad
de cultura y educacin de su direccin nacional en el ao 1996, apoyando la
realizacin de un seminario sobre la situacin del patrimonio arqueolgico en
Chile y para la elaboracin de propuestas de participacin indgena en la gestin del mismo.165 La necesidad de contar con mayor proteccin de los sitios
arqueolgicos indgenas, as como de aplicar en la prctica la norma que obliga a obtener el consentimiento frente a su excavacin por terceros fue uno de
los temas subrayados, en particular por dirigentes mapuche, en el desarrollo de
esta jornada. La participacin indgena en la gestin de su propio patrimonio
material tambin fue resaltada en este evento.
164
165
Jaime Andrade concluy sus funciones como subsecretario de MIDEPLAN en agosto de 2003,
siendo reemplazado en ese cargo por Marcelo Carballo Ceroni.
Dicha iniciativa fue ejecutada por el Instituto de Estudios Indgenas de la UFRO. Se tradujo en la
realizacin en diciembre de 1996 de un seminario con participacin de representantes indgenas, de
museos, y universidades involucrados en el patrimonio indgena. Los contenidos de las ponencias
de este seminario fueron publicadas (Navarro comp., 1998).
172
En aos posteriores, la unidad de cultura y educacin de CONADI ha promovido y apoyado el desarrollo de iniciativas tendientes a la proteccin del
patrimonio histrico y arqueolgico de los mapuche. En el ao 2002, en convenio con el Consejo de Monumentos Nacionales se destinaron $ 30.000.000 al
desarrollo de una consultora para la proteccin de sitios culturales en riesgo,
declaracin de sitios y la prospeccin de lugares de valor patrimonial indgena en las Regiones Octava (Bo Bo), Novena (Araucana) y Dcima (Los Lagos).
Tambin resulta relevante la reciente decisin de CONADI de impulsar una
nueva lnea para la adquisicin por el Fondo de Tierras y Aguas Indgenas
(FTAI) de sitios culturales o patrimoniales de las comunidades, perspectiva
hasta ahora inexistente en las polticas de esta entidad.166 Si bien se trata de
iniciativas valorables, se desconoce la metodologa a ser utilizada con las comunidades y la participacin que estas han tenido o tendrn en la determinacin
y proteccin de sus sitios patrimoniales.
Lamentablemente existe poca informacin respecto al cumplimiento del
derecho en anlisis, esto es, la participacin indgena en la proteccin de su
propio patrimonio histrico. Los nicos antecedentes que se conocen demuestran que la norma que aqu se analiza no siempre ha sido respetada, pasndose
a llevar a las comunidades en este derecho.
Es el caso de la situacin en el Alto Bo Bo a raz del proyecto hidroelctrico
Ralco, donde tanto en la etapa de estudios de factibilidad como de ejecucin del
proyecto, personal de ENDESA o de empresas contratistas ha entrado en cementerios histricos de las comunidades pehuenche y realizado trabajos en su
interior sin previa consulta a las familias que viven all. Integrantes de la comunidad de Quepuca Ralco han denunciado la realizacin de faenas de remocin de
materiales en cementerios antiguos de la comunidad.167 Cabe sealar que la materializacin del proyecto supone la inundacin de varios de los cementerios
histricos pehuenche, sin que hasta la fecha exista el consentimiento de las familias afectadas para estos efectos (Morales et al., 1998).
Algo similar habra ocurrido en el caso del by pass de Temuco. A pesar de
que CONADI sostiene que previo a las excavaciones de sitios de valor patrimonial se consult debidamente a las comunidades mapuche,168 dirigentes del
166
167
168
Informacin proporcionada al Programa por los encargados nacionales de tierra (Mario Rivera) y
Cultura y Educacin (Jos Calfuqueo) de CONADI en entrevista de junio 2003.
Denuncia de Luca Reinado al Programa de Derechos Indgenas, 2001. Uno de esos cementerios
fue visitado por el Relator Especial de la ONU para los derechos indgenas, Rodolfo Stavenhagen,
en su visita a Chile en julio de 2003.
Jos Calfuqueo, encargado de Unidad de Cultura y Educacin, direccin nacional de CONADI,
entrevista en Temuco en mayo 2003.
173
sector Xuf Xuf y acadmicos han dado cuenta que se realizaron excavaciones
en decenas de antiguos enterratorios mapuche existentes en el trazado de la
carretera, pese a la oposicin manifestada por ellas a este proyecto (Quidel,
2001; Navarro, 2001).
2.1.5 Participacin indgena en los servicios de la administracin del
estado y en las reas silvestres protegidas
Finalmente, es importante mencionar la aplicacin de la disposicin de la ley
que obliga a los organismos del estado a escuchar y considerar las opiniones de
las organizaciones indgenas reconocidas legalmente al tomar decisiones que les
afecten (art. 34). La experiencia que en este sentido han tenido las organizaciones mapuche ha sido generalmente negativa. De acuerdo con sus representantes,
en la mayora de los casos sus opiniones han sido escuchadas por las autoridades del estado, pero no han sido consideradas cuando se toman decisiones sobre
asuntos que afectan sus comunidades. Esto es particularmente evidente en el
caso de proyectos de desarrollo pblicos o privados que han sido propuestos en
aos recientes en sus tierras o reas colindantes. Las autoridades de gobierno
han insistido en la necesidad de proceder con estas iniciativas, a pesar de la
opinin expresa de organizaciones mapuche que se han opuesto a ellas. Nuevamente los casos de la central Ralco y el proyecto by pass de Temuco aparecen
como los ms ilustrativos sobre este punto.
Dada la relevancia que esta materia tiene para los indgenas y los conflictos
que se ha generado en el espacio mapuche en los ltimos aos en la aplicacin
de esta disposicin, llama la atencin que hasta la fecha no se haya dictado
una norma regulatoria que establezca un procedimiento de consulta a las organizaciones indgenas cuando los rganos del estado adoptan decisiones que
les ataen. Es urgente la necesidad de que se regule el ejercicio de este derecho
de modo de garantizar que la opinin indgena sea efectivamente escuchada y
considerada en estos casos.
En el mismo mbito, otro problema que debe ser sealado dice relacin con
el incumplimiento de lo dispuesto en el artculo 35 de la ley indgena, que
establece que los organismos del estado deben considerar la participacin de
los indgenas al interior de las reas silvestres protegidas que se encuentren
en las ADI, as como regular los derechos de uso que en ellas corresponden a
las comunidades. Si bien no se dispone de antecedentes especficos para el
territorio mapuche, al ao 2000 se estimaba que del total de unidades del sistema nacional de reas silvestres protegidas del estado (SNASPE) (94 con un
total de 14,5 millones de has.), 18 de ellas (7 parques, 7 reservas, 2 monumentos
174
y dos proyectos con una superficie de 1,5 millones de has.) estaban relacionadas de algn modo con pueblos indgenas, involucrando a una poblacin de
alrededor de 17.181 personas (CONAF, 2000).169
No obstante lo anterior, hasta la fecha no se han puesto en marcha en el
territorio mapuche iniciativas o mecanismos que posibiliten la participacin
efectiva de los indgenas en la gestin de dichas reas o que permitan un uso
regulado de los recursos naturales que en ellos se encuentran, como lo dispone
la ley. Las nicas experiencias hasta ahora existentes en esta parte del pas son
los acuerdos de uso de reas silvestres protegidas suscritos por la Corporacin
Nacional Forestal (CONAF) con comunidades mapuche pehuenche de Curarrehue en el caso del Parque Nacional Villarrica ( Regin de la Araucana) y de
colaboracin suscritos por la misma entidad con comunidades mapuche huilliche en el caso del Parque Nacional Chilo (Regin de Los Lagos). Ello contrasta
con los avances que en el norte del pas se han logrado en esta materia, donde
CONAF de la Regin de Antofagasta ha suscrito un acuerdo con comunidades
atacameas para la gestin por estas ltimas de la Reserva Nacional Los Flamencos, como se analiza en el captulo III de este informe.
La regulacin de los derechos de participacin y uso indgena en las reas
silvestres protegidas permitira enfrentar los numerosos conflictos que hoy
existen entre las comunidades indgenas, incluidas comunidades mapuche, y
CONAF, problemas entre los que se encuentra la presin por el uso de recursos existentes en ellas (con fines econmico-productivos como ganado y
recoleccin y simblico-religiosos, culturales, etc.), la presin por regularizacin de tierras en su interior y la falta de confianza hacia los organismos que
las administran (Valenzuela y Contreras, en Castro y Alb orgs., 2000).
2.1.6 Otras iniciativas de participacin y consulta promovidas por el estado
Dado el cuadro de creciente conflictividad existente en el sur del pas en el
territorio histrico mapuche y las dificultades de CONADI para canalizar la
participacin mapuche frente a la compleja realidad que sus comunidades enfrentan en un contexto de globalizacin econmica, los gobiernos de la
Concertacin han desarrollado diversas acciones y creado distintas instancias
con miras a posibilitar la participacin indgena, evaluar las polticas existentes y recoger propuestas de nuevas polticas y formas de relacin entre los
pueblos indgenas y el estado, tanto de corto como de largo alcance.
169
Algunas de estas reas protegidas estn en ADI, en tanto que otras estn en zonas con potencialidad
para ser declaradas ADI.
175
A la constitucin, por la administracin Frei, de una comisin asesora en
temas de desarrollo indgena a objeto de que sta elaborase una propuesta destinada a elevar la calidad de vida de los indgenas,170 se sum la convocatoria a
las organizaciones mapuche para suscribir el denominado Pacto por el respeto
ciudadano a travs del cual se pretenda que ... la paz, el respeto y la celebracin de la diversidad erradiquen la ignorancia, la violencia y la discriminacin.171
Ms tarde, el mismo gobierno impuls la realizacin de una ronda de consultas
en comunidades mapuche, a travs de los denominados dilogos comunales,
con el objeto de recabar antecedentes para una mejor comprensin y sistematizacin de la demanda indgena.172 Ninguna de estas iniciativas, sin embargo,
tuvo un impacto significativo en las polticas del estado hacia el pueblo mapuche
ni alter la situacin de conflictividad existente en el sur del pas.
Dos nuevas iniciativas han sido desarrolladas en esta perspectiva durante
la administracin Lagos. La primera fue la conformacin del grupo de trabajo
para los pueblos indgenas, instancia creada a pocos das de haber asumido
ste como Presidente, que cont con la participacin de representantes indgenas y no indgenas. Esta instancia analiz la poltica hasta entonces vigente en
la materia y elabor propuestas de accin y poltica pblica en el mismo mbito. No obstante la participacin mapuche en este grupo y las propuestas tanto
jurdicas como polticas que all se hicieron, el informe preparado por este
(MIDEPLAN, Grupo de Trabajo, 2000) parece no haber tenido tampoco gran
impacto a la fecha.
La segunda de estas iniciativas fue la creacin de la Comisin de Verdad
Histrica y Nuevo Trato en enero de 2001. Si bien se trata de una instancia
creada por el gobierno para abordar la realidad pasada y desafos futuros de
todos los pueblos indgenas del pas, ella fue el producto de la demanda de
representantes mapuche. En efecto, varias de sus organizaciones y dirigentes
haban insistido en los ltimos aos en la necesidad de generar un debate
sobre los temas de fondo que afectan la relacin mapuche-estado-sociedad chilena, y no las polticas de corto plazo en las que se haba centrado el debate en
las instancias de dilogo anteriormente creadas.173
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172
173
Decreto supremo N 122 de MIDEPLAN de mayo de 1999.
Suscrito por el Presidente Frei y las organizaciones mapuche en La Moneda el 5 de agosto de 1999.
De acuerdo con los resultados que arroj esta consulta en la Regin de La Araucana, el 40% de la
demanda mapuche se concentr en infraestructura y servicios, el 32% en aspectos econmicos
productivos, el 15% en aspectos sociopolticos, el 12% en tierras y solo el 1% en materia cultural
(MIDEPLAN, 1999). Sorprende la escasa relevancia que, de acuerdo con estas estadsticas, tiene la
demanda mapuche por tierra.
Propuesta de Adolfo Millabur, alcalde mapuche de Tira.
176
Se trata, sin dudas, de una iniciativa de mayor trascendencia que las anteriores, cuyo trabajo deba servir de base para el desarrollo de transformaciones
culturales, jurdicas y polticas que son necesarias para el establecimiento de
nuevas formas de relacin con los pueblos indgenas. Su integracin, sin consulta previa a los mapuche, y su mandato establecido en trminos muy generales,
motivaron la crtica de los representantes mapuche invitados, quienes se restaron de participar en ella (Millabur, Raiman, Huilcamn).174 Sin embargo, dada
la importancia del objetivo de esta Comisin, cual es revisar la relacin pasada y proponer formas de nueva relacin entre los pueblos indgenas y el estado,
se conform ese mismo ao la Comisin Autnoma Mapuche (COTAM), organizacin que agrupa a intelectuales y lderes tradicionales y de organizaciones
territoriales de este pueblo.
La COTAM, desde su conformacin hasta la conclusin del informe final de
la Comisin Verdad Histrica y Nuevo Trato, desarroll un trabajo de investigacin sobre la relacin pasada del pueblo mapuche con los espaoles y luego con
el estado y la sociedad chilena, investigacin que incluy un anlisis de la historia de los distintos espacios territoriales mapuche. Ello adems de la elaboracin
de propuestas para una nueva relacin de los mapuche con el estado.175 Segn el
Informe de la Comisin Verdad Histrica y Nuevo Trato de los Pueblos Indgenas, dado a conocer el 28 de octubre de 2003, los resultados de estos estudios, as
como del trabajo desarrollado por pueblos indgenas a travs de los grupos de
trabajo territorial, fueron dando fisonoma a planteamientos y visiones diversas acerca de la historia de la relacin entre el Estado y los diferentes pueblos
indgenas de Chile y a planteamientos y propuestas (no solo demandas) relativas a diferentes dimensiones del Nuevo Trato, que la Comisin conoci y
consider en sus diversas sesiones de trabajo (Informe de la Comisin Verdad
Histrica y Nuevo Trato de los Pueblos Indgenas, 2003).176
En lo central el informe de la Comisin Verdad Histrica y Nuevo Trato,
que consta de cuatro volmenes, hace un examen de la historia de los pueblos
indgenas y de su relacin con el estado, y contiene un conjunto de propuestas
174
175
176
Cabe sealar, sin embargo, que tanto Raimn como Huilcamn suscribieron con observaciones
el informe final de esta Comisin en octubre de 2003.
Gran parte de las investigaciones y discusiones efectuadas en el marco del trabajo de la Comisin
de Verdad Histrica y Nuevo Trato, incluyendo los estudios y planteamientos formulados a ella por
la COTAM y otras organizaciones indgenas del pas se encuentran disponibles en http://
www.fondoindigena.org/comision/listado.htm
Los informes finales de estos grupos de trabajo territoriales, incluida la COTAM, son parte integrante
del Informe de la Comisin y constan en su Volumen Tercero. El Informe de la Comisin est
disponible en http://www.gobierno.cl/verdadhistorica/indice.html
177
y recomendaciones para posibilitar un nuevo trato entre el estado y los pueblos indgenas, que dada su extensin, se incluyen en forma sinttica en un
Anexo a este informe (ver Anexo 4).
El Presidente Lagos se comprometi a anunciar un conjunto de medidas en
base a este informe en un plazo de 20 das. Si tales anuncios fueran consistentes
con las propuestas de nuevo trato contenidas en dicho informe, ellos deberan al
menos significar la introduccin de importantes cambios en las polticas pblicas hasta ahora impulsadas por el estado en relacin a los pueblos indgenas.
Dichos cambios deberan no solo incluir la destinacin de mayores recursos
para los programas orientados a enfrentar los problemas ms graves que hoy
afectan a estos pueblos y a sus comunidades, sino tambin la decisin de poner
trmino a proyectos de inversin impuestos en reas indgenas sin una adecuada consulta y el consentimiento de sus comunidades. Ellos, adems, deberan
incluir la decisin de poner trmino a las situaciones de represin y persecucin
que han afectado a muchos mapuche involucrados en los denominados conflictos territoriales que hoy se verifican en su territorio ancestral, y que como veremos
posteriormente en este captulo, han tenido graves implicancias para la vigencia
de sus derechos humanos. En las organizaciones mapuche, sin embargo, existe
escepticismo respecto a la posibilidad de que, en el contexto poltico y legislativo actual, estos anuncios puedan traducirse en trasformaciones profundas en
el ordenamiento constitucional y legal que vienen siendo demandadas por los
pueblos indgenas a objeto de contar con un reconocimiento efectivo de sus derechos polticos, territoriales y culturales.
2.2 Derecho a la tierra
2.2.1 Proteccin
Ha correspondido a CONADI, a travs de su Fondo de Tierras y Aguas
Indgenas (FTAI), impulsar acciones para cumplir las disposiciones de la ley
19.253 sobre proteccin y ampliacin de tierras indgenas. En materia de proteccin, desde la apertura del registro de tierras indgenas en 1995 hasta el
2002, se haban inscrito en la zona centro-sur del pas 69.057 hijuelas mapuche
con un total de 480.752 has. (Registro de Tierras Indgenas, CONADI, 2003).177
177
El total de tierras indgenas inscritas en este registro en el pas a la misma fecha alcanza a 690.039
has., de las cuales 206.489 has. corresponden a la zona norte del pas (tierras aymara y atacameas
fundamentalmente), 480.752 al rea centro sur (tierras mapuche), 2.073 corresponden a rapa nui y
724 corresponden al extremo sur (tierras yamana y kaweskar) (CONADI, Registro Pblico de
Tierras y Aguas Indgenas, 2003).
178
Se trata de un esfuerzo importante si se considera que el total de tierras
reconocidas a los mapuche por el estado a travs del proceso de radicacin alcanz a 500 mil hectreas. La inscripcin en este registro de las tierras de
propiedad mapuche permite a sus titulares la acreditacin del carcter de tierras indgenas y, por consiguiente, asegurar la aplicacin de los derechos
(exencin del pago de contribuciones) y de las restricciones (inalienabilidad,
inembargabilidad, entre otras) que la ley establece para stas.
2.2.2 Ampliacin, transferencia y regularizacin de las tierras mapuche
i. Poltica pblica
En materia de ampliacin y regularizacin de tierras, las acciones impulsadas en el espacio territorial mapuche por CONADI, en algunos casos en convenio
con otras entidades pblicas, han sido de diversa ndole. De conformidad con
lo dispuesto por la ley, dichas acciones se han centrado en el otorgamiento de
subsidios para la adquisicin de tierras por parte de personas o comunidades
indgenas cuando la superficie de tierras de que disponen es insuficiente para
garantizar su desarrollo (Art. 20 letra a).178
Adems, se ha otorgado financiamiento a mecanismos que buscan dar solucin a problemas de tierras indgenas (sobre aquellas provenientes de ttulos
de merced u otras cesiones o asignaciones hechas por el estado a favor de los
indgenas), en especial, con motivo del cumplimiento de resoluciones judiciales o transacciones extrajudiciales relativas a ellas (art. 20 letra b).
Otra accin es el traspaso a ttulo gratuito, en base a un convenio suscrito
con el Ministerio de Bienes Nacionales en 1994, de tierras fiscales a indgenas
que las han ocupado histricamente (art. 21 letra e). Otra labor desarrollada
por el estado en este mbito, en este caso por este mismo Ministerio, ha sido la
regularizacin, mediante la entrega de ttulos de dominio, de la propiedad de
la tierra de familias y comunidades indgenas provenientes del proceso de divisin interpredial de las tierras comunitarias.
De acuerdo a estimaciones realizadas en base a antecedentes oficiales de
CONADI entre los aos 1994 y 2002 se habra destinado un total de
178
El reglamento nmero 395 de 24 de noviembre de 1993 establece los criterios y procedimientos
para la operatoria del subsidio. Dicho subsidio, al cual pueden postular todas las personas y
comunidades indgenas, es entendido como un aporte estatal directo otorgado a los beneficiarios.
Entre los criterios para su asignacin destacan el ahorro previo del postulante, situacin econmica
social y grupo familiar. La adquisicin de los predios en conflicto se hace por el Consejo Nacional
de CONADI en base a criterios establecidos en el mismo reglamento.
179
$45.200.800.766 a la ejecucin de estos programas. Esto permiti la incorporacin al patrimonio mapuche de un total de 173.276 has. en las regiones del Bo
Bo, La Araucana y Los Lagos, lo que benefici a 8.314 familias.179 De este
total, $11.147.881.039 fueron destinados al programa de susbsidio de tierras de
CONADI (art. 20 letra a),180 permitiendo la adquisicin de 10.073 has. y beneficiando a 972 familias mapuche. Por otro lado, $ 33.814.298.727 fueron destinados
al programa de compra de predios en conflicto de la misma entidad (art. 20
letra b), posibilitando la adquisicin de 40.901 has. y beneficiando a 3.645 familias; $ 155.244.000, que permitieron el traspaso de 83.286 has. de propiedad
fiscal, beneficiaron a 1.513 familias mapuche; y $ 83.377.000 permitieron el saneamiento y la regularizacin en el mismo espacio territorial de 39.016 has.,
beneficiando a 2.184 familias mapuche (ver Cuadro 2).
Cabe sealar que de acuerdo a MIDEPLAN (2003), el total de recursos destinados en todo el pas a la adquisicin, traspaso y saneamiento de tierras
indgenas durante el mismo perodo alcanz a $ 56.519.349.197. Las tierras
transferidas al patrimonio indgena a travs de estos mecanismos ascienden a
255.190, siendo las familias indgenas beneficiarias de estos programas un total de 10.699181 (ver Cuadro 3).
De estas cifras se deduce que parte significativa del esfuerzo desarrollado
por el estado en esta materia, en especial por CONADI a travs de sus programas de subsidio y de adquisicin de tierras en conflicto, ha estado centrada en
el pueblo mapuche. Ello adquiere sentido no solo por la situacin demogrfica
de este pueblo, sino tambin de la situacin social de sus comunidades, as
como por la presin que a lo largo del ltimo siglo ha existido sobre sus tierras
ancestrales, resultando una drstica disminucin de su cabida.
Finalmente otra lnea de accin desarrollada por CONADI en cooperacin
con la Direccin General de Aguas182 que debe ser sealada es aquella que se
orienta a la adquisicin y saneamiento de derechos de agua ancestrales. A travs
del programa de saneamiento de derechos de agua de esta entidad, entre 1995
179
180
181
182
Cifras resultantes de la sumatoria de los distintos programas impulsados por CONADI y Bienes
Nacionales segn estadsticas proporcionadas en junio de 2003 por Mario Rivera, encargado del
fondo de tierras y aguas indgenas de CONADI Nacional.
Las cifras de CONADI relativas al programa de subsidio llegan hasta el 2001. Segn antecedentes
contenidos en el documento de MIDEPLAN, Poltica indgena del gobierno de Chile, abril de
2003 (indito), en las regiones del Bo Bo, Araucana y Los Lagos se destinaron a este programa
(ao 2002) un total de $ 4.768.552.980 que permitieron la adquisicin adicional de 3.500 has.,
beneficiando a 330 familias mapuche.
MIDEPLAN, abril de 2003, indito.
En 1997 se suscribi un convenio entre ambas entidades para la regularizacin