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Cuentos para Llevar en La Mochila

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iEntren sin llamar! Las puertas de este libro para mochileros estén completamente abiertas para los curiosos, los mirones, los que picotean en el texto como los pollos que buscan el maiz y también, por supuesto, para los nifios que suefian. jAdelante, todos son bienvenidos! iQue cada uno tome lo que quiera y luego lo comparta, Io regale, se lo zampe 0 se lo beba! i¥ a otra cosa, mariposa, que el tiempo vuela y son muchas las letras! INDICE La uuelta al mundo de los tejados Pablito Gutenberg El caballito y ef mar La comarca del olvido La historia de Lucio El sabio y los dinosaurios Los titeres rebeldes Nico y las palabras La hija de la braijula Esdrajula EI Arbol de los prodigios 31 39 45 51 59 65 7 85 93 La vuelta al mundo de los tejados sa mafiana, después de bostezar rascatse la coronilla, Chicho deci: did que habia llegado el momento de hacerlo. Uno no puede estar postergando indefinidamente las cosas real- mente importantes. Hacia ya un buen tiempo que habia planea- do dar la vuelta al mundo. Desgraciadamente, para dar la vuelta al mundo hay que empezar por hacer la cimarra y a Chicho le encantaba ir al colegio, Pero si Hernando de Magallanes no hubiera hecho la cimarra, jamas habria alcanzado a dar la vuelta al mundo. Frente al espejo del batio y con la boca llena de dentifrico, Chicho tomé la decisién definiti- va: ahora o nunca Qué es lo que debe llevarse con uno para dar la vuelta al mundo....? Perplejo, Chicho se rasc6 por segunda vez la coronilla. Para empezar, des- carté maletas, abrigos, sacos de dormir y dinero, OX {esto tiltimo porque no lo tenia). Decidié llevar ‘su pequeria mochila del colegio. Metié en ella su arménica, un trozo.de cuerda del tendedero de su madre y una barra de chocolate. iAh!, y naturalmente, un mapa del planeta Tierra y otro de la galaxia y sus alrededores. Luego, Chicho salié en puntillas y bajé las escaleras pegado a la pared. Le parecia que levaba un letrero en. la frente que decia: Estoy haciendo la cimarra y voy a dar la vuelta al mundo. A pesar de su sigilo, casi $e dio de bruces con la sefiora Manuela, la vecina del primer piso. —Chicho, has ilegado como caido del cielo. Ayidame a subir el canasto con la ropa que tengo que colgar en la azotea. Mis piernas Parecen de laria y son cuatro pisos. —No puedo, sefiora Manuela. Me ‘voy a dar Ja wuelta al mundo, —ZQué...? No te of muy bien. Qué pasa en el mundo? —Nada, nada... A ver, déme el canasto, iVamos para arriba! La sefiora Manuela le prestaba los patines de sunieto cuando él io estaba en casa. Lo menos ue podia hacet por ella era ayudarla a subir la Oe: ropa lavada ala azotea. Total, tardaria un minuto y luego se largaria a dar la vuelta al mundo. Subieron a la terraza del edifcio donde los vecinos colgaban la ropa recién lavada, La se- flora Manuela se acercé al borde de la terraza y mité hacia la calle. —iMira, qué alegria! La Martina me esta diciendo que han nacido mellizos en su casa. Dice también que su marido, que es marino mercante, ha vuelto de Guayaquil lleno de regalos. Chicho temié que la sefiora Manuela tuviera alucinaciones. Por mas que se asomé, él no vio esas noticias por ninguna parte. Solo se veia ropa tendida en todas las casas de la calle. —iClaro! Esos son los mensajes, las noti- cias de Martina. Las mujeres del bartio nos Contamos nuestras cosas a través de la ropa que tendemos al sol. Tenemos nuestro cédigo, secreto. Segtin la ropa colgada, su color y el orden en la cuerda, contamos nuestras noticias, diarias a todo el vecindario. Asi te enteras de todo sin moverte de tu azotea. —Yo crefa que las noticias venian en los diatios. De: —Las noticias verdaderamente interesantes estan aqui, no en los diarios. Si quieres saber lo que ocurre en el barrio, sube a las azoleas y te enteratas de todo. <\Ves esa terraza con la antena torcida y lena de gorriones? La ropa tendida que hay alli es de la Justina. Me cuenta que su hijo __ se ha comprado una moto y que van a cortar el agua a causa de una rotura de carter, Yo solo veo alli un pantalén de nivio con las rodillas rotas, unos pafiuelos blancos y un mantel a cuzadros. Es que iti miras, pero no sabes ver. =2Y lusted, qué noticias va a darles a sus vecinas con toda esta ropa lavada? —Que mi nieto me escribié desde Punta Arenas, que mi gato Caruso se perdié ayer, que hoy es mi cumpleafios y que estan invitados todos los que quieran venir a mi casa. —iFeliz cumpleafos! —Gracias. —Si quiere, puede dar otra noticia impor- tante con su ropa tendida —¢Cudl? —iQue Chicho va a dar la vuelta al mundo! DE —jBuen viaje! Toma esta manzana para el Gracias. {No es su gato el que esta subido en la chimenea mas alta de esa casa? —jClaro! jCaruso, Caruso! Se ha encarama- do ahi el pobrecito y no puede bajar. —iY%o lo ayudaré a bajar! —iTen cuidado, que tit no eres un gato y esa chimenea es muy alta! Chicho salté al tejado de la casa vecina y se arrastr6, con el cuerpo pegado al plano inclina do de las tojas, hasta la chimenea. Parecia un es- calador 0 el Hombre Arafia. De pronto, el gato salt6 al vacio, pero Chicho pudo agarrarlo en el aire. E] maullido fue espantoso. Con Caruso aferrado al cuello, Chicho inicié el descenso. Iba destizandose por el caballete del tejado, cuando se topé con un extrafio habitante de las alturas. La sorpresa casi le hizo perder el equilibrio. El insélito sujeto le habl6 cara a cara. —¢De donde sales? zY eso es una bufanda © una piel de gato? —Es un gato vivo. Se llama Caruso. —Creo que tii deberias estar en el colegio. Oe —Hoy estoy haciendo la cimarra, porque voy a dar la vuelta al mundo. : —Si fueras a la escuela de la tia Eusabia, no tendrias que hacer la cimarra, porque en ella todos los dias son festivos. Se llama la Escuela Andariega..Ella ensefia en la calle, en el cam po, en los tejados, en todas partes, menos en un aula, —¢Donde queda la escuela de la tia Euse- bia? —|Eusabia, no Eusebia! Ella sabe mas que nadie. Vive en un palomar, unas casas més alla, Mi hija Luna va a esa escuela y aprende muchas cosas divertidas. —Trataré de encontrar a la tia Eusabia —No es facil llegar hasta su palomar. Ten- drds que deslizarte por esa chimenea, sujetin- dote en la antena. Luego, deberas saltar a los tejadillos de ese callejon y, finalmente, resbalar ‘como si fuera un tobogan, hasta la azotea don- de ella tiene su palomar. —2¥ usted, qué hace? —Me llamo Isidro, pero me conocen como “el albafil aéreo”, porque solo trabajo en los OR campanarios, veletas, torres, cornisas y clara~ boyas. —Ah, ya entiendo, arregla las tejas rotas y Jos canalones del agua de lluvia. Isidro se rid y se atus6 sus bigotes aéreos. —Nada de eso. Reparo los nidos de las pa- lomas, gortiones y golondrinas. Alguien tiene que hacerlo, no? Chicho se rasc6 la coronilla por tercera vez. —Debe de ser un trabajo muy dificil Lo haria mejor si tuviera un par de*alas y pudiera volar —se 1i6 Isidro—. Lo que me hubiera gusiado ser es un trapecista volante, pero la carpa de un citco me ahogaria. Necesito elaire libre, —Yo nunca habia subido a los tejados —com fes6 Chicho. —{Ni siquiera para buscar tesoros? —2Y qué tesoros se pueden encontrar por aqui? Muchos mas que en la superficie de la tierra o en el fondo del mar —respondié Is dro—. Esta mafiana he descubierto uno. (Ven conmigo! Oe Isidro, el albaiil aéreo, y Chicho se desliza- ron por la pendiente del tejado hasta caer en una terraza llena de maceteros y enredaderas. Desde alli, subieron a una torre y desflaron por una cornisa hasta llegar a una cipula forrada en aluminio, Estaban en el punto mas alto de un edificio. Isidro le mostré a Chicho un nido onstruido junto a la veleta Es un nido muy bonito —exclamé Chi- cho, —Es més que un nido: es una caja fuerte. Has oido hablar de las urracas? Son pdjaros ladtones. Todo lo que brilla lo recogen con su pico y lo quardan en su nido. ;Mira! En el nido relampagueaba una serie de objetos metélicos. Chicho fue haciendo el inventario, —iEs increible! Una cucharilla de plata, una medalla, tres monedas, un clavo... jy un anillo de oro! —Fijate, lleva un nombre grabado: Nadia. Habria que devolverselo a su duefia, pero para 50 tendiias que encontrar a Nadia. Bueno, yo tengo que irme a preparar un nido para un jilguero que quiere empollar huevitos. *e@De: Chicho inici6 el descenso desde lo alto de Ja veleta —jCuidado, que se te cae el gato! —iCaruso, agérrate bien a mi cuello que vamos a bajar de las nubes! —;Chicho, si encuentras a mi hija Luna en la Escuela Andariega de la tia Eusabia, dile que compre alpiste antes de subir a casa! —Para los pajaros? —pregunt® Chicho. —No, para mi —se 16 Isidro—. Yo solo como alpiste en sopa, con maicena y con mote con huesillos. Adiés, Chicho. Chicho se despidio de Isidro y continué el descenso. Utilizando la cuerda que llevaba en fa mochila, se colgé hasta llegar a la base de la torre. Desde alli salt6 al tejado de la casa vecina, Al terminar el caballete empezaba una gran claraboya de cristales de colores. Chicho Ja empéz6 a cruzar como un equilibrista en la cuerda floja. En ese momento, Caruso le arafié el cuello y el grito de Chicho se confundié con el maullido del gato. Chicho resbalé en la str perficie brutiida y cuando ya se vefa rompiendo la cristalera y cayendo al vacio, una mano lo sostuvo en el aire y empez6 a izario lentamente. 808: ‘Cuando Chicho volvié la cabeza para ver a su salvador, lanz6 un grito de terror. El hombre ue lo sostenta tenia la cara enteramente negra Unos dlentes blanquisimos le sonrieron, —Me llamo Angel y soy el deshollinador. Parece que te ha dado mas miedo mi cara tiznada que la claraboya rota, gverdad? Como no llevas paracaidas, tienes que mirar muy bien por donde andas. Yo he tardado diez afios en saber donde debo poner los pies. Vivir en los teJados no es més inseguro que la calle, pero hay que conocer las trampas. —¢Pasas muchas horas en los tejados? —pregunté Chicho. —cHoras? jLa vida enteral Incluso duermo en el hueco de una chimenea abandonada. —Debe de ser muy triste —dijo Chicho, pensando en la blanda cama de su casa, Angel lanz6 una carcajada. —En los tejados solo se encuentran perso- nas alegres, Ademas, si quiero hablar con los de abajo, no tengo més que llamarlos a través, de los tubos de las chimeneas, Acércate a ésta, por ejemplo. Y verés que te digo la verdad Oe jFerminaaa! gEstés abiif? —grito Angel, por el hueco de la chimenea. Desde el fondo se escuché una voz con reverberacién. —jHola, Angel! :Qué pasa? —Fermina, por el olor que sale de tu chi- menea sé que estas cocinando lentejas con chorizo, —‘Eres un goloso, Angel! Mas tarde te su- biré un poco, —Gracias. Hasta luego, Fermina, Ya ves, Chicho, en el fondo de cada chimenea tengo tun amigo 0 una amiga que quiere hablar con- igo. —Cuando me sienta solo, te llamaré por la chimenea de mi casa —le dijo Chicho al deshollinador—. Ahora tengo que itme a la Escuela de la tia Eusabia. También tengo que encontrar a Nadia. —zQuién es Nadia? —pregunt el desho- Tinador. ; —También a mi me gustaria saberlo, Angel. Solo sé que perdié un anillo de oro que le robé Ja Urraca Ladrona y yo quiero devolvérselo. 0s: —Quizas yo podria ayudarte. Si vive en esta manzana podemos llamatla por las chi meneas. —jgLlamar a alguien por las chimeneas?! Nunca he oido algo asf —dijo Chicho, asom- brado. —Podemes intentarlo, por lo menos. Sigue- me, empezaremos por ese tejado. Angel se fue encaramando en todas las chimeneas y desde alli repetia el nombre mis- terioso. —iNadia... Nadia... Nadia... Nadia...! Hasta que de una de ellas broté la vocecita lejana de una nite —iSoy yo! —No sabia que existian las “almas en risa” —dijo Chicho. Ese viejecilo le gustaba y no le producia ningiin temor. —Yo soy una de esas almas, aunque en vida también fui muy alegre. Era organillero y vendia globos. En el desvin donde yo vivia, se ‘quedaron cientos de globos sin inflar. Por eso subo al tejado en los dias de sol, inflo los globos con canciones y los dejo volar libremente sobre el cielo de la ciudad Chicho no termninaba de entender del todo el oficio del viejecillo. {Qué es eso de “inflar globos con can- clones"? Feliciano se rié ante el desconcierto del nfo. —Es un invento mio que sblo se me ocurié ‘cuando ya era un fantasma, Verds, el fuelle de mi orgenillo lanza su airecillo musical y con ese aliento yo inflo los globos. Despues de sobrevo- lar toda la ciudad, los globos caen o se desinflan y en ese momento entregan su cancion. ¢Ves este globo? Tiene una hermosa cancion dentro de él Pinchalo con este alfiler si quieres escucharla BOE of Chicho reventé el globo con el alfiler y se ‘empez6 a escuchar una bonita melodia. —Todos los globos llevan a la ciudad el re pertorio de mi organillo, —Me gustaria inflar un globo con la musica de mi arménica —le pidié el nifio a Feliciano. —iClaro que puedes hacerlo! Te daré el globo azul més grande que tengo. Toma Chicho empezé a tocar suarménica y el her moso globo azul se fue inflando hasta alcanzar un gran tamatio, —Ahora, déjalo volar. Alguien en el ex: tremo de la ciudad escucharé tu cancion y se alegraré. —¢Por qué dice la gente que los fantasmas dan miedo? —pregunté Chicho. —EI miedo Jo lleva cada persona en un bolsilo secreto. Cuando uno vacia todos sus bolsillos, ya no tiene miedo a nada. —;Hay mas fantasmas en esta casa aban- donada? —quiso saber el nifio. —No. Los que habia eran “almas en pena”, pero con las canciones de mi organillo se transformaron en “almas en risa” y se fueron Oe a celebrar por ahi su nueva condicién de fan- tasmas alegres. —Feliciano, cme quieres decir cmo puedo llegar a la Escuela Andariega de la tia Eusabia? —Claro, ella es muy buena amiga mia. Vive en un palomar, en la terraza de esa casa del callején Chicho se asomé al vacio y sintié vertigo. —No podré saltar hasta esa terraza. El ca- llejon es muy ancho, —Eso tiene una solucién facil —respondié Feliciano—. Agarrate bien a los hilos de este racimo de globos. Ellos te llevaran flotando hasta all. —Gracias, Feliciano. —Adiés, Chicho. Vuelve por aqui. Chicho se lanz6 al vacio sostenido por el ra- cimo de globos y descendié suavemente sobre el palomar de la tia Eusabia. Se escuchaba un incesante arrullo de palomas. La tia Eusabia regaba sus maceteros de albahaca y yerbabue- na. Le parecié de lo mas natural que Chicho descendiera de! cielo agarrado a un montén de globos de colores. ape —Bienvenido —fue todo lo que dijo la tia Eusabia, —zLlego muy tarde ala Escuela? —pregun- t6 el nifio —Nunca es tarde, En mi Escuela no hay horarios. —No he traide libros porque voy a dar la vwaelta al mundo. —E) mundo es como un gigantesco libro ilustrado donde se encuentran todas las asig —Debo decirle, tia Eusabia, que soy malisi- mo para las Mateméticas. —No te preocupes, para eso tengo “los guantes de célculo”. Uno se pone estos quantes y resuelve cualquier problema, —¢Puedo probarmelos? —iPuedes llevartelos! —Me gustaria ser alumno de la Escuela Andariega, tia Eusabia. —Ya lo eres. A todos mis alumnos les regalo una alcancia, —¢Para ahorrar dinero? DR: —Nada de eso. Esta es “la Aleancia del Dis parate”. En ella se pueden ir metiendo todas las locuras que se te ocurran, Por ejemplo: “Las mariposas tienen colmillos de marfil y levan pilas recargables”. Ahora, prucba ti. —Los continentes son tres: Isla de Pascua, tronco y extremidades. —iMuy bien! —r6 la tla Eusabia. —La Tierra es cuadrada y con las patas un poco torcidas. —jEstupendo! Sigue ahorrando disparates en tu alcancia. Cuando la tengas llena, ya no dirés nunca mas un disparate. ¢Qué te parecié la leccion? —Fantistica, tia Eusabia Siempre termino mis clases con una can- cin. Aprovecharemos los globos inflados del Fantasma Feliciano. La tia Eusabia revent6 un globo y se empezo a escuchar una marcha citcense para acompa- frar la cancién. La viejecita cant6 y bailé con sus graciosos pasitos por toda la azotea. #O# En la Escuela Andariega hay la mejor diversion, porque el troncharse de ris puede ser una leccién. No hay premios ni castigos, solo la imaginacion : Todos somos los maestros en la Escuela del Humor Tocaremos instrumentos ue son el Conocimiento Esta flauta es Biologia vel Algebre, este tambor Una trompeta, la Historia ¥ la Quimica, el trombén i Pesar de ue Chicho estaba encantado esta Escuela Fenygita Escuela, tuvo que despedirse de la tia —iHasta manana, tia Eu . tia Eusabia! Ten bear @ devolve ol ato al soora Nama y luego partir a dar la yuelta al mundo. anne iy que te diviertas! 10 bajé con mucho cuidado, llevar mochila y el gato Caruso. Saltando de ote an azotea y de tejadillo en tejadillo, volvié a la De ae terraza de su casa, donde la sefiora Manuela tendia sus sbanas. —Aqui tiene a Caruso, sefiora Manuela: sano y salvo. —Gracias. jEres muy valiente, Chicho! {Ter inaste de dar la vuelta al mundo? —Biueno, todavia no, pero di la wuelta a la manzana, que es lo mismo. ¢Sabe, sefiora Manuela? No se lo diga a nadie, pero estoy haciendo la cimarra. —jPero si hoy es feriado, chiquillo! No hay obligacién de ir al colegio. —La tia Eusabia no me dijo nada —replicé Chicho. La Escuela Andariega funciona solo los dias, de fiesta, porque asistir a ella es una fiesta. Desde ese dia, Chicho va al colegio los dias de semana, pero no se pierde la Escuela An- dariega los dias festivos. Chicho ha dado ya muchas vueltas al mun- do, porque comprendié que el mundo estaba fen su cabeza y en sus zapatos. Y en los tuyos también, El mundo esté en tu casa, en tu barrio yen la inmensidad de tus suefios. 0H Pablito Gutenberg ablito le tenia mas asco a los libros que a un jarabe para la tos. Inclu- so, le producian alergia: abria un Ax libro y empezaba a estornudar. Si Jo obligaban a leerios, los ojos se le escapaban de la cara y se quedaba turnio. Su mama lo lev al estornudélogo y al turnidlogo. Le recetaron cuatro clases de pastillas, pero no le dieron un soplete incinerador fulminante para quemar los libros, que es lo que Pablito habria querido, tal como habia visto en “Terminator Il”. Pablito pensaba que los médicos deberian ‘ver mas television y dibujos animados, en vez de consultar e] Recetario Universal de las Pas- tillas Amargas. | profesor habia rebautizado a Pablito con el nombre de Gutenberg por su odio reconcen- trado a la letra impresa. Como todo el mundo ‘sabe (menos Pablito), Gutenberg fue el inventor de la imprenta. El profesor procuraba que Pa- #4: blito Gutenberg se mantuviera a una distancia prudente de los libros para no provocarle un ataque alfabético irreversible. Solo cuando era absolutamente necesario, le pedia que tomara tun libro con las debidas precauciones, es decir, con guantes de goma y anteojos oscuros para evitar el deslumbramiento literario. Cuando la mamé de Pablito recibia las co- municaciones del colegio, exigiendo al nifio leer una lista de libros obligatorios, trataba de en- contrar algimn truco para hacerle tragar la letra impresa. Por ejemplo, cortaba en trozos varios libros de Historia, Biologia y Algebra y los metia ena licuadora, mezclandolos con leche, cacao y arabe de frutillas. Batia la nutritiva mezcla y se la servia a su hijo en grandes vasos antes de ir al colegio. Consiguié dos cosas: una peque fia diarrea sin consecuencias y unos trabajos cescolares que causaron el estupor del profesor. Esta joya es una muestra: “Las branquias de los vertebrados producen la metamorfosis del ‘occipucio en las querras napoleénicas.” A todo esto, el pequerio Gutenberg se sentia acorralado. El asedio al que estaba sometido tenia que terminar de una vez. Habia llegado De cS ea el momento de pasar a la accién, de tomar medidas definitivas. Asi fue como decidié que- mar la Biblioteca del Colegio. Solo reduciendo ‘a cenizas a sus enemigos, lo dejarian en paz {ya habran comprendido que sus enemigos feroces eran esas hormiguitas odiosas que son las letras impresas) Una tarde, cuando cerraron el colegio y no quedé ni un alma en el recinto, Pablito Guten- berg se colé por una ventana de la Biblioteca, bien provisto del material purificador justiciero: dos bidones de bencina. Mientras derramaba el liquido inflamable entre los estantes de libros, recordé el video-juego “El Piromano Atémico” y lanz6 su aullido caracteristico: jUuuuuuuuuuuuugh, Ruf Ruf! Cuando termind de vaciar los bidones se dio cuenta de que no tenia fésforos. Un Pirémano Atémico no se detiene ante e505 tropiezos: buscaria fosforos en la cocina del colegio. ‘Trepé al alfgizar de la ventana ¢ intent salir tal como habia entrado. Fue imposible. La pequefia ventana se habia cerrado por fuera. El Pirémano Atémico se habia quedado ence- rrado en la Biblioteca, OR Pablito Gutenberg comprendié que tendria ‘que pasar la noche alli. Estaba desconcertado: ‘qué se puede hacer eri una Biblioteca aparte de quemarla...? Para matar el tiempo, se puso a jugar con los libros. Armé escaleras intermi ables, cetros, desfiladeros y tineles. Entonces, Pablito record6 el video-juego “El Arte de la Guerra” y desat6 una lucha sin cuartel contra ‘enemigos invisibles,utiizando los libros como granadas de mano. Después del intenso bombardeo al que sometié a la trinchera enemiga, se produjo un gran silencio. Desde la barricada a la que habia atacado se levant6 una bandera blanca sujeta a un palito. Sus enemigos, los libros, se rendian por fin, De entre las ruinas aparecié un cocodiilo fen patines con un brazo en cabestrillo y un loro con una pata de palo y un parche en un ojo. Querian parlamentar. El loro le propuso a Pablito que terminaran la guerra y visitaran el territorio de los libros. —ePara qué...? jAlli solo hay hormigas impresas! De: —No —le dijo e! loro pata de palo—, tam- bign hay imperios submarinos, nidos de éguilas habitados por hombres-pajaros, bosques mé- sgicos donde viven unicornios y muchos otros personajes inolvidables. El cocodrilo, el loro y Pablito abrieron un libro y se deslizaron por sus paginas como si fuera un tobogan. Corriendo de pagina en pagina se toparon ‘con un personaje estrafalario, lanza en ristre. —2Es “El Exterminador Vengativo” de la tele? —No, es Don Quijote —le informé el co- codrilo —iYo te llevaré a la tierra de Jauja donde los rios son de leche y las montaitas, de chocolate! —invité Don Quijote a Pablito. Elnifio salt6 a la grupa de Rocinante, mien- tras el covodrilo y el loro tuerto montaban sobre el borrico de Sancho Panza. Asi galoparon hasta perdetse en las paginas del libro. En tuna playa solitaria descubrieron a un barbudo llamado Robinson Crusoe, quien les dijo que estaban en una isla. Encendieron una fogata 8€De: para calentarse, pero el fuego atrajo al Capitan Bocanegra que buscaba un tesoro. Traia como rehén a un niffo llamado Oliver Twist. Pablito se hizo compinche de Oliver y consiguieron engafar al Capitén Bocanegra. Huyeron en un globo con el cual dieron la vuelta al mundo en 80 dias. Estando en el aire, desde un pequefio asteroide los llamé el Principito y los invité a recorrer la Galaxia, Fue el comienzo de una noche interminable de aventuras. Cuando a la mafiana siguiente los profesores abrieron la Biblioteca, encontraron un especté- culo insdlito: Pablito Gutenberg dormido sobre decenas de libros abiertos. No sabian si llamar a un médico 0a os Carabineros. Finalmente, no llamaron a nadie, sino que llevaron a Pablito a tomar desayuno al comedor del colegio. Entre rebanada y rebanada de pan con mantequilla, ino habia forma de hacer callar a Pablito. Tenia mucho que contar, y eso que solo se habia meti- doen el interior de unos pocos libros. ;Cuantos isterios podrian contener los otros...? Elloro le habia dejado a Pablito el mapa de una isla maravillosa cuyos tesoros habia que descubrir: era el plano de la Biblioteca, El profesor le pidié a Pablito Gutenberg que contara sus aventuras a los demés compafie- ros y compafieras de curso. Se pasaron toda la mafiana escuchdndolo y, cuando termin6, decidieron organizar un “safari” a la Biblioteca, Pero este “safari” es otro cuento y lo dejaremos para otra ocasion.. El caballito y el mar % | caballito del carrusel daba vuel- tas y vueltas todo el dia, todo el N afio y desde hacia tantos afios BINWES que ni él mismo se acordaba. Por las noches, cuando se apagaban las luces del Parque de Atracciones y el carrusel se quedaba quieto, el caballito pensaba: — (Toda mi vida daré vueltas y vueltas en el mismo sitio...? Si sigo aqui me haré viejo, perderé la pintura, se me aflojarén los tornillos y me reemplazaran por un caballito nuevo. Terminaré en él basural sin haber conocido otra cosa que las luces artificiales de la rueda que gira. Asi, nunca llegaré a ver el mar. Una noche, el caballitosalté del carrusel para escaparse. Los otros caballits le dijeron: —iAdonde vas? Quiero ver el mar. No quiero seguir dando wueltas —respondid el caballito. —Naciste para eso. No te rebeles. Aqui es donde estés mas seguro —le aconsejaron a coro. —Adiés. Mafiana el duefio haré girar el cartusel con un caballito nuevo, El caballto se alej6é con un trotecillo que queria parecer seguro, pero le temblaban las patitas de madera. No podia dejar de caminar en circulos y le costé mucho acostumbrarse a caminar en linea recta En una plaza vacia, se encontré con un nifio ‘que buscaba cartones entre la basura, luego los amontonaba en un carrito de mano. —Hola. :Me puedes decir en qué diteccién est el mar? El nifio lo miré asombrado. —No lo sé. Nunca estuve all —Entonces, podriamos ir juntos, gno crees? —Estoy trabajando. Vendo los cartones que recojo, —Yo podria ayudarte a tirar del carrito. Cuando terminemos con los cartones, nos iremos a buscar el mar. Oe: —De acuerdo. Me llamo Quico y es la pri- mera vez que tengo un amigo como tii El caballito acompario toda la noche a Quico en la rebusca de cartones. Tiraba del carrito y trotaba con la gracia que tienen los caballitos de carrusel. En un tarro de basura encontraron un viejo sombrero de copa abollado. Quico se lo puso y empez6 a hacer morisquetas. El caballito se reia mucho. —EI Mago del Parque de Atracciones donde esta el carrusel, tiene un sombrero parecido —ijo el caballito—. Hace salir del fondo todo lo que se le ocurre. Siguiendo con su pantomima, Quico metié la mano en el sombrero y dijo: —iSombrero magico, haz que encuentre en. el fondo una manzanal —Y un poco de alfalfa para mi —ri6 el caballo Quico metié la mano en el sombrero de copa y sacé de su interior una manzana y un putado de alfalfa. Los dos se quedaron mudos de asombro. Realmente parecia el sombrero de +0GDe> un mago. Mientras comian, Quico imaginaba las cosas que le pediria al sombrero de copa. —jUnos patines! {Unas zapatillas! {Una torta de cinco pisos! El caballito comia st alfalfa sonriendo, —<¥ para ti no vas a pedir nada? Yo no necesito nada, pero me gustaria que se iluminara la noche con fuegos artificia les. Todo esta muy oscuro y la gente de este pueblo es muy triste En ese mismo momento, empezaron a salir del sombrero de copa abollado miles de fuegos artificiales que se elevaban y hacian explosién en el cielo. Todo se cubrié de ben- galas y luminarias. Se abrieron las ventanas de todas las casas. La gente Sontemplaba el cielo, maravillada, —iMe gustaria que aparecieran globos, mu cchos globos! —arit6, entusiasmado, Quico. Del sombrero magico empezaron a salir globos grandes y pequefios; amarillos, rojos, azules, de todos los colores. Algunos se eleva ban, otros rebotaban como pelotas y formaban montones que se movian como olas. Estaba 28s: amaneciendo y la gente salia de sus casas, llamandose y riendo. El pueblo parecia estar de fiesta —iVamos hacia el mar! —dijo Quico—. El sombrero magico nos indicard el camino. EI nifio enganché el caballito de carrusel al cartito de mano y se encaramé sobre los cartones. El caballito empez6 a trotar Ilevando encasquetado entre sus orejas el sombrero del ilusionista, Llegaron al mar a mediodia, cuando las olas parecen calmarse y todo brilla como un espejo. El caballito de carrusel se despidi6 de Quico y entré en el mar y se convirtié en un caballito de mat, a los que llaman “hipocampos”. Son tan graciosos como los caballitos de carrusel, pero viven libres, sin dar vueltas en una rueda Quico se hizo pescador y cuando nada mar adentro se encuentra a veces con el caballito de mar y se rien mucho juntos La comarca del olvido nila Comarca del Confin goberna- ba un hombre con una cabeza chiquita. No es que fuera un ena- S no, pero tenia la cabeza chiquita como un tapén de botella, como una avellana, cotho una guinda colorada. Por eso se sentia tan pequefito y, para sobresalir de entre los demas, obligaba a todo el mundo a caminar de rodilas. —2Y por qué todos le obedecian? —Porque todos tenian miedo a sus guarda- espaldas. —¢Eran tan terribles? —ilivsibles! Porque también debian andar de rodillas. Todos le obedecian sin decir ni Mu. Muu! Aparte de mugir mejor que nadie, el Hom- brecito tenia el cuerpo leno de condecoracio~ nes que sonaban como chatatra. Ese nuidc le impedia oir lo que decia su pueblo. 00 Queremos una halla tibiecita todos los dias! E] Hombrecito hacia sonar su chatarra multi- color y se producia el silencio, Asi gobernaba el pais a base de rabietas, berrinches y pataletas, La sangre se le ponia morada y la papada, atornasolada, Pateaba el suelo y vociferaba: —Rodisflankis! ;Gransifolopodos cénicos! iérfoles y remiérfoles! Todas las Ordenes las daba a bocinazos. El Hombrecito de la cabeza chiquita masticaba las palabras como si fueran palomitas de maiz —iCrash! ;Cronch, cronch! Cuando ofamos la trituracion de las palabras, sabjamos que una nueva prohibicién caeria sobre nosotros Durante 48 horas se escuch6 el triturar implacable de los pensamientos y palabras del Hombrecito y, finalmente, su pregonero, que tenfa voz de altopariante de mil decibeles, informé a los vecinos: —iAtenci6n a todos los vivos y los difuntos de la Comarca del Confin! {Queda rigurosa- mente prohibido guardar, esconder o tener 9s recuerdos de cualquiera clase! Los recuerdos se consideran altamente subversivos. Todos los habitantes de la Comarca del Confin fueron obligados a desprenderse de sus recuerdos mas intimos y dejarlos en la mitad de Ja plaza, donde se formé con ellos un inmenso montén de memoria como si fueran las hojas secas del otofio después de una ventisca. Si alguien se dejaba un pequerio recuerdo secreto,, cera encerrado en un oscuro calabozo. Cuando ya no hubo ni un solo vestigio de memoria que no estuviera amontonado en la plaza, el Hombrecito en persona se acereé a los despojos con una antorcha e hizo arder la memoria colectiva en un instante. Asi desapare- cieron poemas, canciones, imagenes, leyendas, tradiciones, barrios enteros con sus calles anti- ‘quas, paisajes entrafables, rostros, personales. La Comarca del Coniin se conwirtié en tierra quemada, en un desierto de olido. La gente no recordaba sus nombres ni los lazos de amistad que los unian, Sus vidas se transformaron en un vacio negro, sin pasado y sin futuro. El humo negro de los recuerdos quemados subié hasta el cielo, formando una nube que se pos6 sobre el pueblo. El Hombrecito dela cabeza de garbanzo creyo que se habia hecho: de noche y se fue a dormir. —iGlup trancaplash karroart! — fue st comentario. Al poco rato estaba roncando. La nube negra del humo del recuerdo que flotaba sobre el pueblo fue desgarrada por un rayo inesperado y se desaté la tormenta. Em pezé allover torrencialmente sobre la. Comarca del Confin. Era una lluvia de memoria fresca. La gente sali a fa calle a mojarse con la Tluvia | facies empapeba el cuerpo yl hacia reve. ‘Todos empezaron a recordar sus nombres, Sus mores, sus alegrias. Poco a poco, los barrios recobraron sus CO- lores, sus calles, sus rincones. El pueblo record6 | ‘que habia perdido algo mss importante ave sus nombres: la libertad. Dejaron de caminar de rodillas. Se pusieron de pie y sacaron al Hom brecito de cabeza de huesillo de su fortaleza. Lo pusieron bajo la lluvia de la memoria. Ast fue como el Hombrecito recordé que él no era un gigante, sino un enano disfrazado, y huy despavorido. fo uinico 0D Ahora los habitantes de la Comarca del Con- fin van recuperando su ciudad y sus imagenes, calle a calle, palabra a palabra y, con ellas, st identidad de hombres libres. La historia de Lucio % aciéenuncdia radiantede primavera Una intensa luz de miel alravesaba las hojas de los arboles. Parecia PARAS que. junto al nifio, nacian tambien el jardin, la ciudad y el mundo. tan limpio y diatano parecia el aire Los padres se dieron cuenta de que el nifio. tendria algo luminoso y diferente y se congra- tularon por ell. Lo llamaron Lucio, porque era el nombre que més se acercaba a la palabra luz. La intuicion de los padres fue acertada, va que la luz fue determinante en la vida de Lucio, para su dicha y para su desgracia. —{Desgracia...? :Por qué ha aparecido esta desagradable palabra en un cuento tan lumino- so como éste? ¢Por qué no dejar el relato aqui, como una foto fija en este dia en que la primar vera estallaba en las yeras de los arboles? Tenemos que continuar, porque el propio Lucio no nos perdonaria omitirlo que sigue. Fl caso es que el nifto fue creciendo sano vy hermoso, pero... (iva salié el pero! cEs ave la felicidad siempre va a tener “peros”?). Lo que ccurrié fue que Lucio empezd a volverse transparent —2Cémo? ¢Transparente? ¢Qué quieres deci? Solo eso, que su piel se fue haciendo tras licida, Poco @ poco su cuerpo dejabe pasar Ja luz. Desde otro punto de vista, era un nifio cortiente que se trepaba a los érboles y jugaba a la pelota, pero debajo de su piel empe26 a verse la redecilla de sus nervios, el palilaie de sus hhuesos y sus Srganos de diferentes colores. Muy poco tiempo después, el interior de su cuerpo tambien se fue haciendo transparente. No se asusten, no era un monstruo, un ser extraterrestre; solo era un nifio de ambar, un nifio-égata, un nifto de cristal, Si ustedes estén pensando que era fragil, quebradizo 0 enfer- nizo, estén equivocados. Simplemente, era un niho cortiente, pero transparente. —zY sus padres qué pensaban de esto? Fstaban preocupados, naturalmente. Lo llevaton a médicos, hospitales y centros espe cializados. Todo fue inal: Lucio era un nifio sanisimo, lleno de vida, absolutamente normal, pero que dejaba pasar la luz a través de él. Su familia no entendi6 bien la situacién: se encerraron en si mismos. No querfan compa~ si6n, ni solidaridad, ni desprecio, ni rechazo, ni consejos, nada. Lucio crecié aislado, fuera del alcance de la mirada de todos. Una mafiana en que sus padres habian sa- lido, Lucio salté por una ventana al jardin y se fue a corretear por el barrio. Tenia ganas de conocer a otros nifios, jugar con ellos y hacer pillerias. Se fue a una plaza y se acercé a los grupos de nifios que jugaban. Las madres, que vigila- ban sentadas en los bancos, llamaton inmedia~ tamente a sus hijos. No querian que tuvieran ‘contacto con un niffo transparent. Podia tener una enfermedad contagiosa, Incluso lamaron a un guardia, En ese momento, Lucio se dio cuenta de una 05a. Con sus ojos podia leer los pensamientos de los demas. Es decir, que si él era transparen- te, tambien veia transparentes las mentes de la gente a su alrededor. Eso lo divertia y también HE ee Jo apenaba. Vela conversar a dos personas, por ejemplo, que se decian una cosa y pen- faban otra muy distinta. Si alguien lo miraba, sabia exactamente lo que estaba pensanclo de @L. Asi se dio cuenta de que nadie dice lo que realmente piensa. Entré en una panaderia y picié un pastel (a Lucio le encantaban los pasteles y no precisa- los pasteles transparentes). Fl panadero ment 1y6 en su frente lo lo miré asombrado, Lucio le siguiente: gQuién es este bicho raro? gSeré peligroso? Lo que dijo el panadero {ue muy diferente. —(Puedo ayudarte en algo? —zAyudarme? No, gracias. Quiero un pastel —Lievate el que quieras. Lucio leyé en la frente del panadero: Si no se va ahora mismo, llamaré a Ia policia. —:Por qué quiere lamar a la policia? te pregunté Lucio. — {Yo? Ejem... Yo no he dicho nada de 50. — Pero lo esté pensando. gDe que tiene miedo? Miedo? ;De qué estas hablando? ‘Toma cl poste y andate de aqui que me ponies ner vioso! ‘A Lucio no le importaba mucho que su cuer: po transparent iniranqulizara alos dems, 9 oe lo entrstecia era que la gente no dijera lo que pensaba. “Mientras recorria el barrio fue descubriendo Jos secretos, las ambiciones, las hipocresias, tga too el mundo escondia detrés de sus mA safes. Era como un juego entre ély los demas, pero termind por cansarlo. ‘Cuando volvié a su casa, Lucio les conte sus padres sus correias por ebarrio les pi ue To dejaran ir al colegio como los demas ifs. Sus padres aceptaron, porque COmMPreA ‘iron que Lucio ya podia defenderse solo de fos prejuicios y del rechazo de la gente. Ya en el colegio, el profesor lo recibi6 con carifo. Por primera vez, Lucio no vio conlra: Srecion alguna entre lo que el maestro decia y lo que leia en su frente. Eso lo tranquiliz6 bastante, De : “apolar conse que todo l uso comprendier que er natal ydeseable ge uibiera rubios, morenos, bajos, altos, opacos y transparentes como Lucio, — La historia de nuestro amiguito termina aq bet sites psn fol 0 inuar a histori. Ala imaginacion, cuando se pone en movimiento, no la para nadie El sabio y los dinosaurios iMaenel ValledeElquitnarquediogo al que llamaban familiarmente ino, porque buscaba por todas partes un esqueleto de dinosaurio. LLos arquedlogos son unos sabios que buscan bajo tierra las huellas del pasado. Dino encon- traba muchas cosas enterradas, como envases de plastico 0 los huesos de un pollo, pero nunca encontré el @squeleto de un dinosaurio.. Un dia, aburrido de desenterrar basura, dect- did cambiar de profesion, pasar de arquedlogo a “inventélogo”, es decir, un sabio inventor. ‘Como era muy aplicado, invent® vatias cosas ‘enun solo dia, por ejemplo, el alfler de gancho, el huevo de la gallina y el estornudo. Un domingo de septiembre que estaba mas inspirado que de costumbre, invent6 el volantin. El no supo nunca que el volantin se habia inventado hacia mucho tiempo, de ‘manera que se puso muy contento por haber inventado algo tan hermoso, tan liviano, que se elevaba por el aire con tanta facilidad. Hay {que reconocer que el volantin de Dino no era tn volantin cualquiera, Era blanco en la parte central con dos alerones azules. Tenia una cola de cinco metros que ondeaba como una bandera desplegada, Los vientos de septiembre son caprichosos y muy mal educados: dan manotazos al primero que se les ocurre. Una rafaga de ésas elev6 al volatin y a su duefio agarrado ala cola de cinco metros. El sabio Dino se remonté mas allé de Jas nubes, mas alla de la ultima estrella conoct- da, hasta llegar al espacio intergalactico. Cada astro, cada planeta tenia una forma, un color y una historia diferentes, Asi, fue conociendo el planeta de la risa, porque tiene cosquillas, la estrella fugaz “corre que te pillo”, las lunas unaticas, porque son huecas por dentro como pompas de jabén, y los asteroides de meren- ue y chocolate que flotan sin duefo en el firmamento. También se llevé alguna sorpresa desagradable. Descubrié un planeta que es un inmensa bolsa de basura que flota a la deriva. 38@D2: En uno de sus pasoos pr al espacio, 5 volantin sufrié un percance: perdi la cola. onvertido en volantin “chupete”» cay €0 piquero en un pequerio planeta My verde habitado tinicamente por dinasaurios Dino abie buscado toda su vida esqueletos de un inosaurlo y ahora fos veia por docenas VES, con au piel verdosa resplandeciente; [os ST Jer ojos tlernos y carniosos. Dino se dlo cuenta de que no era un sebio, sino un ignoraris, © que tenia que aprender muchas Cosas de los animales. Un dinosaurio joven se ofrecid come oa balgadura y asi, a lomo de dinosaurioy Dino recortié todo el planeta y sé maravillé con su vegetacion y sus bosques. EI joven, dinosaurio fe explic6 que la Tierra se hizo intolerable por Ip sequia y los dinosaurios emigraron otro planeta, Algunos de ellos hablar desarrollado rer sadimentarias que es permitieron allerse del planeta reseco. Un dia, el sabio Dino decid volver 2 casa, Echaba de menos el Valle de Ele y fragancias: el espino, el copa ¥ el romero, Se aubid al picacho mas alto el planeta de los dinosaurios y desde ali se lanz® al vaci. agartado ala cola de st volantn chupete Los capichozos ls» watts cl wlan lo jearon de regreso a la Teta. Emocionado, vio aparecer el pequefo planeta azul de los terrqueos, girando como un trompo Dino cayé sobre el Valle de F fe le de Elqui lanzando —jAqui estoy de nuevo! El volantin chupete 6 pete se qued® enganchado en la copa de un ‘magnolio, pero Dino Serer oe a ‘Al cambiarse de ro} jarse de ropa, descubrié que en a bil desu chou se babi colado un sna del nin dl oe ela Era un lagartiin verde, pequenito y muy gracioso, aunque muy tmido. Lo dejé en ol campo frente 2 su casa, en el tronco de una higuera, Desde entonces, el Valle de Elqui se lend de pequetios dinosaurios que corren veloces por ene es pds ofan sole spas 1s aman “lagartijas". El sabio Dino no le iio a nadie que, en realidad, som pequerios dino- seus. Esme dsjrios rangle Ademés, @l siempre estaba muy ocupado inventando Oe cosas nuevas, como “el lapiz que hace solo las tareas del colegio” o “la sartén para freir chistes, fomes y convertirlos en tortilla” Dicen que el sabio Dino vivié muchos afios en el Valle de Elqui y, quizas, esté vivo todavia, ‘Cuando vean un volantin blanco con alerones azules remontandose por las nubes, recuerden. que puede ser el sabio Dino que esta dando un paseo. Los titeres rebeldes erafin, el titiritero, habia perdido el humor, que es algo peor que perder el pelo o los zapatos; bue- No, me refiero al buen humor, Porque el mal humor no lo habia perdido en absolute. Hubo un tiempo en el que Serafin movia sus titeres con gracia y hacia reir a todo el mundo on sus personajes. Quizas a Serafin se le perdié el humor una tarde de lluvia 0 bajo el sol inclemente, reco- rriendo caminos intransitables con su teatrillo rodante y su baiil de titritero ambulante. A pe- sar de su mal humor, Serafin seguia reuniendo 2 los nifios frente a su teatrillo de alambre y tela remendada. Alli sus titeres se perseguian, se insultaban, se golpeaban y chillaban hasta desgaititarse. Una vez terminada la funcion, el titititero se sentaba en el suelo, bajo el teloncillo, a, comer un trozo de mortadela regada con el vino peleén de la taberna. Luego se echaba i) a dormir para olvidarse de los caminos que le esperaban y de e308 nifios, es0s locos baiitos para los cuales tenia que trabajar. Los titeres se amontonaban de cualquier manera en el fondo del bat Una noche se escucharon susurros en eb baal. Eran los titeres que protestaban, hartos de su vida de perros. Cada uno tenia sus ques. Hace afios que no nos pinta la cara ni remienda nuestros harapos. Parecemos men- digos —No me importa mi aspecto, pero no so- porto tanto golpe, tanto grito, tanta palabrota. GEs que no hay otra forma de hacer reit? —Serafin ya no entretiene a los nifios, por que l mismo no se divierte con nosotros. —Debe de ser por eso que nos hace chillar y darnos golpes unos a otros. —Hace unos afios, a mi me gustaba ser un sre; ahora me da vergtlenza. —Entonces, zpor qué seguir con él? ZY qué otra cosa podemos hacer? e+ —Huir, abandonarlo. Estoy de acuerdo! Dejemos a Serafin y su teatrllo triste, Vamonos a conocer otros pueblos, a otros nifios! —2Y qué haremos unos pobres titeres de trapo como nosotros? —Recobrar la alegria, aprender canciones, ensayar y contar otras historietas, Todos estuvieron de acuerdo, Levantaron con sigilo la tapa del bal y se alejaron en pun- tills, dejando al titiritero hundido en el pesado suefio del vino. Los titeres rebeldes eran cuatro: el burro Cirilo, la pastorcita Flora, el oso Buco y el lefiador Troncoso. Después de caminar todo el dia, se sentaron ‘a descansar bajo un Arbol, pensando pasar alli la noche. De pronto, se escuché una vocecita que preguntaba, —¢Han visto a mi tio Agustin? ‘Asombradbos, los titeres buscaron al que ha- cia tan extrafia pregunta, modulando un canto muy peculiar. —gHan visto a mi tfo Agustin? —Lo sentimos mucho, pajarito, pero no hemos visto a tu tio Agustin —le contestaron los titeres a coro. Soy el Chincol y hace muchos afios que ando buscando a mi tio Agustin. He aprendido a cantar solo para llamario. —jCanta para nosotros! —le pidié el oso Buco. Y el Chincol lamé a su tio Agustin y a toda su parentela, recorriendo la escala musical con su trinar de soprano lirico, Los titeres aplaudieron estusiasmados. —Gracias, gracias, es la primera vez que me aplauden. Es que cantas muy bien —le dijo el burro Cirilo—. Deberias actuar en el teatro. —Siempre he softado con cantar en un escenario. Ensayo mucho en las ramas de los arboles, pero no tengo piiblico. Ademas, no tengo un vestuario adecuado. Mis plumas son arises y muy poco llamati —Eso es lo de menos —le contest Flora, la pastorcita—. Yo podria hacerte una cola de 4Oe plumas de choroy y un sombrerito de pelusilla de cisne. —Y cémo saben tanto de teatro? Al burro Cirilo se le ocurrié una idea. —2Por qué no formamos una compatia con el Chincol? —jClaro, la llamaremos: Compania def Chincol y sus Amigos! —2Y donde podriamos actuar? —pregunt6 el lefiador Troncoso, que era el més practic de los tteres. El Chincol, entusiasmado ante la posibili- dad de aparecer en un escenario, les propuso algo. —Detrds de esos cerros hay un pueblo don- de no conocen Ia televisién ni el circo. Estn aislados. La iglesia esta cerrada y ni siqulera se escuchan las campanas ni los pajaros. Se llama Quebrada Seca, —iVamos a Quebrada Seca! Seguro que alli nos necesitan —respondieron los titeres a coro. eran por primera vez una historia de titeres. OR —2Y qué historia seré 65a? Mientras caminamos hacia Quebrada Seca, la iremios inventando entre todos. Para empezar, tenemos todos los personales: |Flora, la pastora que rie cuando llora! {EI lefador Troncoso, que planta el arbol mas hermoso! ;El burro Citrilo, que encanta a los nifios! {EI 080 Buco, goloso y peludo! iY como principal atraccién: el Chincol! Cuando llegaron a Quebrada Seca buscaron un teatro para trabajar y, claro, sino habia ni caricha ni plaza ni piscina, menos podia haber un teatro ni urrteatrillo de alambre y tela como el de Serafin Al burro Cirilo —que era el mas burro y el as listo— se le ocurrié la solucién, jE pajar tiene una gran ventana que da al corrall Abriremos las dos hojas y el hueco de la ventana sera la embocadiura del escenario. Dicho y hecho. Le colocaron a la ventana unos visillos de arpillera y el teatro de titeres se abrié para recibir al piblico. Pero, equé piblico...? Las calles solitarias de Quebrada 203 ‘Seca no presagiaban ninguna concurrencia multitudinaria. El 050 Buco, lento pero seguro, y sin decir este hocico es mio, subié al campanario de la iglesia abandonada y empezé a tocar la cam: pana llamando a los vecinos. Hacia muchisimos aftos que no se escucha- ba el hondo clamor de bronce de la campaiia. Su repique causé un gran revuelo. Toda la gente salia a la calle y se fue reuniendo frente al pajar., Después de los tres rebuznos de Cirilo que anunciaban el inicio de la funcin, se abrieron las hojas de las ventanas y se descorrieron los visillos. Esta fue la historia que representaron, can- taron y contaron la Compaiiia del Chincol y sus Amigos, los titeres: “El oso Buco, goloso y miedoso, se volvia loco por la miel, pero les tenia panico a las abejas. El burro Cirilo, yerbatero por naturaleza, era muy amigo de las mariposas y consiguié que ellas le llevaran miel en sus patitas al oso Buco y la depositaran en su lengua. La pastorcita era la duefia del panal y no le gusté nada que las mariposas le robatan la miel. Elbuenazo de Citilo se ofrecio ‘a catgar con las cajas de frutillas que Flora le vendia al lefiador, siempre que no molestara al oso Buco ni a las mariposas. El lefiador no queria comprar ni hablar con nadie, porque le dolian las muelas. En ese momento, afareci6 el Chincol y su simpatico canto le quité el dolor de muelas al lefiador” ; Esa era la historia, pero ocurrié algo.muy curioso. Para la representacién, los Yiteres habian hecho unas mariposas de papel; Per, de pronto, la ventana-escenatio se lléné de mariposas reales de todos colores que revolo- teaban entre los titeres, atraidas por el canto del Chincol. Todos los nifios de Quebrada Seca aplaudian entusiasmados ante tan mk lagtosa maravilla, La funcién habia resultado un éxito completo. Los titeres salieron del pueblo llenos de regalos y muy felices. Recordaron entances a Serafin, el titititero, que estaria solo, echando- fos de menos. Un titiritero sin titeres es como ‘un alma en pena \Volvieron por donde habian venido, acom- pafiados del Chincol, que se habia convertido De en el actor principal de la compatiia y amigo fiel de los titeres. Cuando llegaron al teatrillo de lona remen- dada donde dormia Serafin, ocurrié algo muy curioso. El Chincol canté: —¢Han visto a mi tio Agustin? Serafin se despertd sobresaltado y dijo: —iYo soy el tio Agustin! Y el Chincol lo reconocié como el tio que buscaba desde que é! era un pajarito-nifio. Serafin les explicé muy emocionado: Yo me llamaba Agustin, pero cuando abandoné mi pueblo ya mi familia, me dediqué alteatro. Entonces, cambié de nombre. Yo soy * el tio del Chincol. El tio Agustin y el Chincol se besaron y los titeres aplaudieron. El titiitero siguié hablan- do: —Cuando ustedes se fueron, pensé que todo habia terminado y me senti tan triste que crei que me iba a mori. Flora y los otros titeres lo consolaron, —Nada ha terminado, al contrario, todo va ipezar de nuevo. La familia titiritera ataca de nuevo. jEl tio Agustin presenta al Chincol y sus amigos en la obra “Las Mariposas de Colores vy la Miel de la Risa”...! Amigos lectores, quizas ustedes no hayan visto todavia a los titeres del tio Agustin, porque ellos trabajan en pueblos lejanos donde no llega la television. pero si algin dia se aventuran por los confines de pile, es posible que los Nico y las palabras staesla historia de un nifioque sella- ‘maba Nicanor, al que sus padres le decian Nico. A Nico le gustaba dibujar en Jos vidrios con el vaho del aliento y perseguir matapiojos en el jardin. Como todos los nifios, tenia un montén de revistas de historietas que le ocupaban todo su tiempo, Hojeandolas, a Nico se le olvidaba tirarle la cola al gato y con- testarles a sus padres cuando le hablaban, Nico, vamos a it a visitar al abuelo. —iEseroing! jBang! ;Punch! ;Croc! —¢Qué estas haciendo? —iFlash! ;Zatapoc! jRunrun! Era asombroso. Nico hablaba como las histo- rietas ilustradas. Habia olvidado las palabras. La mamé record6, entonces, que los telee- ducadores telerrecomiendan la teleimagen para telehablar. Esa era la solucién. Le compraron al nifio un televisor gigante. Oe AS Y asi fue como Nico perdi sus historietas y se encontré instalado frente a un televisor gigantesco. Alli comia, dormia y se pasaba la jornada completa. Sus padres, el gato y los teleeducadores esperaban con ansiedad los resultados. Y un dia, Nico empez6 a hablar. —"jEntre a un mundo de sabor y fantasia con la teleserie detergente que tiene cuatro puertas y da premios millonarios!” —2Qué ha dicho? —iPor Dios, Nico, habla més claro! —“iEn tu ducha diaria usa mayonesa baja ‘en calorias con las rebajas imparables del Dia de la Madre!” Nico ya no hablaba como las revistas ilus- tradas; hablaba como la television. —E] televisor es el culpable! |Fuera el te- levisor! —Lo que necesita este niflo es Ciencia, mucha Ciencia —cAl6? Quiero que me manden a un pro- fesor patticular enciclopédico con mano dura para un nifio que no sabe hablar. 0s El Profesor Enciclopédico era un sefior que catraspeaba en do sostenido mayor y habia amaestrado fieras mucho mas dificiles que Nico. Al cabo de unos meses terminé su mision yllamé a los padres. —Me entregaron un burro desorejado y les dewuelvo un nifio amasado en letras de impren- ta, encuadernado y listo para su uso. Y Nico habl6. Hablé como un libro abierto. Hablé durante horas, durante dias enteros. Romulo... Diéresis... Corcega... Pers co... Cabala TEs atroz! —Parece que se hubiera empachado con un puré de palabras esdrijulas. —Es grave. Esta intoxicado con la letra im- presa. Habré que llevarlo a Urgencias. —La ternura de una madre conseguiré lo que no han logrado otros. A ver, cielo mo, cochita pechocha, di solo una palabra: MA-MA. —Socrates, —No, no, mi terroncito de azticar, di MA- MA... LA MAMA ME MIMA, De —Perimetro. —iEs espantoso! {Me ha llamado “Perime- tro"! Los libros tienen la culpa. Lo que hay que hacer es enviar a Nico al campo. Lo que tiene puede ser contagioso. =2¥ tt crees que sobrevivird, rodeado de mosquitos, analfabetos y gallinas crudas? ‘or supuesto! Prepara su equipale EI nifio llamado Nicanor, al que su far llamaba Nico, se fue al campo a un caseri perdido en las montafias. Alli quedé a cargo de la familia de un pastor. Al principio, Nico no hablaba, pero apren- dio a escuchar, a escuchar con el corazén Aprendié a distinguir el canto de los pajaros, el croar de las ranas, el crepitar de los insectos, el tamborileo del granizo. Todos esos sonidos decian cosas secretas que solo él comprendia y le permitian dialogar con ellos. El pastor le ensefié a reconocer cada érbol, cada hierba, cada fruta; a revolearse en el pasto, a poner el oido en la tierra y escuchar las cosas subte- rraneas. El pastor le decia que todas las cosas 0s: del mundo le hablan a uno a través del tacto, del gusto, de la vista y del oido; que el bosque es un didlogo continuo y que el dia tiene muy diferentes colores. El pastor inventaba palabras cada dia. Lla- maba “picomoro” a la pajarilla que picaba las moras y “trotizambo" al topo que se cruzaba en ‘el camino con sus patitas torcidas. “Zafrosa”, “Belapoma” y “Alalba” eran frutas silvestres que descuibria cada mafana. Al fin del dia, antes de acostarse, Nico se preguntaba: —Cuantas palabras he inventado hoy...? Y se dormia con las palabras canténdole en la cabeza, porque para inventar palabras hay que vivirlas primero, reirlas, masticarlas, cantarlas y compartilas. El pastor le decia a Nico: —Recuerda que nadie vio antes que tio que ests viendo ahora. Eres el primero. Cuéntalo. Alguien querrd oirlo. Asi, Nico se fue haciendo trotamundos, hortelano, escalador, compafiero de lagartijas y codomnices. Caminando por los bosques, el nifio sordomudo, el nifio autista, el nifio retra sado, les dio nombre a todas las cosas. Viviendlo las palabras una a una, descubriéndolas con las vyemas de los dedos, Nico se hizo poeta. Porauic Jos que escuchan el idioma secreto de las cosas son los poetas. Y luego se hizo hombre, se hizo viejo y se hizo nifo. En los poetas, el tiempo corre al reves y ter minan siendo nifios asombrados, maravillados. gateando por el mundo, diciendo “agi, agi La mudez de Nico se transformé en una 1 faga de lenguaje aéreo que mueve velas, veletas yveleros. Basta que él sople sobre las palabras para que éstas giren como remolino de par desatando un ventarrén que vuela sombrer< cabezas huecas, pelucas y telaratias. iPor favor, Nico, sigue soplando letras, nidos y palabras para que todos aprendarn a hablar! La hija de la brajula Esdrajula ay brujas malas, brujas buenas, pero también hay brujitas flo- A, jisimas, desobedientes y enre- dosas...” Eso decia la brijula Esdrijula y se referia a su hija Bruilda, que no conseguia terminar sus estudios para recibir- se, de una vez por todas, de brijula hecha y derecha. —jEres la vergtienza de cinco generaciones de brujas! Todavia no pasas el examen de bru- jeria menor, que es la mas elemental. —Ya voy en la 8 —respondia Brujlda. Y el libro tiene 533 paginas. Ni siquiera sabes hacer llover sapos, que es el ejercicio mas sencillo —Es que se me dan muy mal las Tablas de Multiplicar Brujerias. —Porque te distraes con cualquier cosa, —Me gustan las plantas y los bichitos. Oe of —Solo deberian interesarte los murciélagos y ellitre, que da urticaria —Mamabruja, esta noche es el Gran Aque- larre, el Baile de las Brujas. Me dijeron que la | | que baila alli, encuentra novio. —Hay brujos muy buenos mozos, desde | luego, pero tti no iras al baile si no aprendes } de corrido el Manual Basico de la Brujeria, | Después de hacer esta declaracién termi- ante, la brijula Esdrdjula dej6 a la pequefia Brujilda el grueso Manual en las manos y se fue a preparar sus hechizos. Bruja se puso a estu- diar los distintos “males de ojo” del Manual: “En nombre del Ganchudo, de Piltra y de Mocotilo, i} vyo te hago este conjuro: que te atores con el hipo”. —Nunca aprenderé estas maldades. Otras cosas son las cosas que quiero aprender. Por ejemplo: vestir al ciempiés, buscar frutillas si- } vestres y hablar al revés. | Brujida se distrajo con el wielo de un picaflor yel grueso Manual le sirvié para encaramarse Oe: sobre él y alcanzar un membrillo amarillo como el sol. Alguien tosiaa su lado y Bruja se cay del libraco con el membrillo en la mano. A su Jado vio una sébana que tosia suspendida en el aire. —iQué susto me diste! {Quién eres? EI Fantasmético. Soy un fantasma asma- tico y por eso toso tanto. Qué estis haciendo a? —Estudio para ser bruja de provecho. —2Y sabes volar en una escoba? —Me da miedo la altura y, ademas, no tengo carné de manejat. _-—Tendrés que sacarlo. Nadie circula por cl aire sin un requisito tan indispensable. Te Ilenarian la escoba de multas. Volar en una ‘escoba es mas facil que tener tos. ;Pasame esa escoba! Vamos a montarnos en ella. Esta es la llave de contacto, el embraque, los cambios y el acelerador. Es una escoba vieja, pero funciona todavia. Brujilda y el Fantasmético se montaron en la escoba y empezaron a planear a gran velo- cidad sobre el campo, rozando las ramas de los arboles. Brujilda lanzaba gritos de miedo, pero ‘muy pronto empez6 a entusiasmarse —iQué bonito! {Mira el monte, él rio, las casas del pueblo y el bosque de eucaliptos! —gritaba Brujlda —iNo te agarres asi de mi sébana! —tosia el Fantasmatico —{Cuidado! Cruzaste con la escoba un se- méforo en rojo y un paso peatonal. —No hay cuidado. Las brujas que controlan el trinsito de las escobas se han ido al baile, al Aquelarre-Rock, Yo también quiero ir. gPor qué no me Hovas ti? —Porque me viene la tos. Yo te la quitaré en un santiamén. Conozeo todas las hierbas medicinales. Y dicho y hecho: Brujilda recogié unas hojas de malvavisco, sauco y matico, las mezcl6 con fa flor de a algarrobilla y preparé una infusion que el Fantasmatico se bebié de un trago. —jEs inerelbie! Ya no toso. Parece cosa de bruias 0s —E5 Jo natural. Yo soy la brujita yerbatera. No conozco el mal de ojo, pero conozco las plantas. Con mi escoba, en vez de volar, barra. el campo. Soy la brujila de a pie, sin escoba voladora y sin carné. jAnda, vamos al Aque- larre-Rock! —2¥ nos dejaran entrar? —Claro, basta decir: “Abracadabra, salta la cabra y Obrocodobro, pote de pollo” Cuando Ilegaron a la Discocueva, donde tocaba la banda de las Brujas Rockeras, dijeron ‘el santo y'sefia yentraron sin problemas. Brujilda baild toda la noche con el Fantas- rita, que ya no era el Fantasmatico porque no tenia tosni asma. La brujita cimarrera pidio el micréfono y cant6 una balada-rock. “Cuando estés sola como yo, mira un poquito a tu alrededor Verdis mucha gente que son tus grandes amigos. Bailemos el rock”. La brijula Esdrdjula reconocio a su hija cuando la vio con el micréfono en la mano. +0De ‘Subi al escenario dispuesta a llevarla de una oreja de vuelta a su casa. —iYo te explicaré todo, mamabruja...! Es- ‘uve haciendo practicas con la escoba voladora y como no domino todavia el volante, me trajo hasta aqui —Cada uno va a donde quiere ir le res- pondié la brojula Esdrijula—. La voluntad puede mas que el volante de una escoba. Lo que pasa, en realidad, es que ti no querias studi —No, mamabruja, lo que yo no quiero es aprender brujerias malulas. Yo quiero estudiar las flores silvestres, los yuyos, las hierbas medi- cinales, las agiitas sanadoras. Quiero ser una ‘buena curandera, —Tiene buena mano la chiquilla, créame, sefiora —dijo el Fantasmatico a la brijula Esdrijula—. A mi me curd el asma con tres plantitas, no més, —2Y de donde sale esta sébana parlanchina? —pregunté la brijula Esdrijula, —No es una sabana, mamabruja, es un amigo. —Yo era un Fantasmatico, pero ahora soy un Fantasma Cantor. Me gustaria legar a ser el Fan tasma de la Opera. Estoy estudiando para eso —Esté muy flaco y debilucho, el pobre. La sébana le cuelga en los huesos. Deberias invi- tarlo a tomar once con pancito de huevo de paloma torcaza. —ZNo tendran alguna diablura esos panci- tos, sefiora? —iCémo se le ocurre! En el fondo yo soy como Brujilda, me gusta ayudar a la gente, pero hago diabluras de vez en cuando para que no me pietdan ef respeto. Los tres se subieron a la escoba voladora. Bryjlda ya era experta conductora del transpor- te aéreo. Sobrevolaron el bosque y aterrizaran felizmente en el jardin de la casa Alli la brijula Esdrijula horned exquisitos panes de huevo y bebieron infusiones de cinco hierbas aromaticas preparadas por Brujilda. Los libracos de las malas brujerias fueron cayendo uno @ uno en el fogén donde hervia la tetera, Que cada uno continte este cuento como le dé la gana y lo convierta en el Cuento de ‘Nunca Acabar. El arbol de los prodigios nelnorte, en un paraje muy deso- lado, vivian dos hermanos geme- q » los. Como todos sabemos, los WWE gemelos suelen ser iguales, pero éstos eran completamente distintos. Uno, delgado e inquicto, que se llamaba Nacho; y el otro, rechoncho y lento, que se Hlamaba Pacho. Los gemelos podian sobrevivir gracias a un rebafio de cabras y un trocito de huerto del tamafo de un mantel. La verdad es que tenfan también dos cosas: un arbolito enclenque que parecia estar a punto de troncharse cada vez que soplaba el viento, y el horizonte, —zEl horizonte? Pero si el horizonte es de todos! —Bueno, si es de todos, entonces también era de Nacho y de Pacho. A pesar de ser tan diferentes, los hermanos gemelos se llevaban muy bien y se repartian De: el trabajo sin discutir. La serrania donde vivian estaba completamente aislada y su aridez no atraia visitantes ni comerciantes. Un dia vieron que alguien se acercaba. por e! polvoriento camino. —Es un viejo —Debe de estar chiflado, El comentario de Nacho estaba justificado, porque el anciano iba montado en un burro y llevaba dos remos en las manos, uh remolino de papel sujeto en su cabeza y un volantin cuyo hilo estaba atado a la cola del asno, —Se'ha perdid6, abuelo? —Eso es imposible. Precisamente para no perderme Ilevo el volantin y el remolino de papel. La direccién del viento me indica el camino —2Y hacia donde va? —Hacia el mar. —No sabia que el mar estuviera en esa direccion. —Todos los caminos llevan al mar. ¢Me podrian dar un vaso de agua? +3DH —No pide poco. Esta tierra esta tan seca ‘que con un vaso de aqua podria crecer una plantita de tomates. —2Ni siquiera unas gotas para un pobre viejo que camina hacia el mar? —Tome, abuelo, Eso iltimo que nos queda. No llueve desde hace dos atios. —Gracias por compartir conmigo la esca- sez. —¢Por qué quiere ir al mar? —Voy a reunirme con mis diez hijos que son buceadores y viven en la Isla de Coral. —2¥ est muy lejos? —Detrés del horizonte. No hay donde per- derse. ‘A Nacho le brillaron los ojos al mirar el horizonte. Casi como un espejismo creyo ver cl mat, alli, al aleance de la mano. En cambio, Pacho, el hermano rechoncho y tranquilo, no pensaba lo mismo. —En el mar no se pueden sembrar hortalizas. i, hay mucha agua, pero no hay ni un pufiado de tierra para sembrar una sernila, Es un desier- tol revés. Prefiero seguir cultivando esta ramita De endeble que algin dia crecerd. Yo no suerio con el mar, sino con un Arbol frondoso. El anciano sontié y empezé a contarles lo que él habia visto en el mar, —En medio de las aguas hay un arbol in- menso: es el rbol de los prodigios. Tiene una copa frondosa como el cielo estrellado y en vez de hojas esta cuajadlo de pequefios peces tornasolados. Es e] arbol de la abundancia y de la felicidad. Su sombra es fresca y acuden a él los defines, las gaviotas, los cormoranes, los. pelicanos, Debajo del arbol del mar construiré micasa. += —eComo se puede construir una casa bajo el aqua? —¢Por qué no? {No has construido nunca luna casa sobre un suefio? En el agua todo se sustenta a las mil maravillas y crece hacia el cielo, sobre todo los suefios, —2Y cémo puedo encontrar el arbol de los. prodigios? —pregunté Nacho—. El mar debe de ser inmenso. —A algunos el camino les resulta muy largo, y a otros, muy corto. El tiempo es un 6De: espejismo. Silo buscas sin desanimarte, lo vas a encontrar. —{Necesitaré quizés un remolino de papel como el suyo? —Cada uno necesita algo diferente. Tu eres joven, Te bastaré caminar en la direcci6n co- recta, Tu propio coraz6n sera el remolino de papel que te indicaré la fuerza del viento, Y aho- ya tengo que alcanzar el horizonte antes de que ‘anochezca. Gracias por el agua compartida, iQue encuentre a sus diez hijos en la Isla de Coral! —Y tambien a mis treinta nietos y mis sesen- ta bisnietos —ri6 el viejito, mientras se alejaba remando, montado en su burro y arrastrado por el volantin —iHermano, varnonos a buscar el arbol de los prodigios! —En ese caso, habré que prepararse —se- fial6 el gemelo regordete, que era muy pruden- te—. No pensar irte asi, solo con la camiseta puesta y las manos vacias. —Asi es como hay que viajar: liviano, libre le contest Nacho. | | —Asi no llegaremos a ninguna parte. Para llegar al mar se necesitan cosas que tt ni si quiera te imaginas. —2Y cémo lo sabes ti, si nunca has estado alli? —Porque yo pienso, cosa que tt haces ra- raimente. Voy a preparar este viaje con mucho cuidado. Necesitare muchas cosas y tengo que conseguirlas poco a poco —Todo lo haces poco a poco —le dijo Nacho—. A mi me gusta hacerlo mucho a mucho. Me voy, hermano. Quédate con tus preparativos inlerminables. Yo me subiré en un periquete sobre el horizonte y desde alli te salu- daré levantando la mano. La vida se va tan de prisa que tengo que correr para alcanzarla, —Tu impaciencia te perderd. No llegarés muy lejos, pero te deseo mucha suerte, Nacho. Dame un abrazo, Los gemelos se despidieron y Nacho se alejo sin mirar hacia atré. El viaje de Nacho duré tanto tiempo, que él dejé de llevar la cuenta de los dias. Tenia razon. el viejo que remaba montado en su burro: el tiempo es un espejismo. : Un dia, Nacho llegé al mar. Le parecio marauilloso, pero no encontr6 el arbol de los prodigios plantado en el agua. Se acercé a la mujer de un pescador que remendaba redes en la playa. —Buenos dias, sefiora. Ando buscando el ‘rbol de los prodigios que tiene peces en vez de hojas. ¢Podria decirme dénde encontratlo? Los tinicos peces que he visto toda mi vida estan en el mar, no en los rboles. Mi marido trabaja toda la noche para pescar algunos {Donde te dlijeron que estaba ese Arbol? Al otro lado del horizonte. —Entonces no has llegado todavia, porque yo veo el horizonte all, al otro lado del mar. —Gracias, sefiora. Trataré de alcanzar el horizonte. Pero el horizonte retrocedia y retrocedia, Nacho cruzé cinco océanos tratando de alcan- zar el horizonte. En tanto, Pacho, ain en su casa, se prepara- ba cuidadosamente para realizar el viaje en busca del Arbol de los prodigios. Como no tenia a su hermano gemelo para dialogar, hablaba solo. ® y of,

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