100%(4)100% encontró este documento útil (4 votos) 2K vistas59 páginasCuentos para Llevar en La Mochila
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iEntren sin llamar! Las puertas
de este libro para mochileros
estén completamente abiertas
para los curiosos, los mirones,
los que picotean en el texto
como los pollos que buscan el maiz
y también, por supuesto,
para los nifios que suefian.
jAdelante, todos son bienvenidos!
iQue cada uno tome lo que quiera
y luego lo comparta, Io regale,
se lo zampe 0 se lo beba!
i¥ a otra cosa, mariposa,
que el tiempo vuela
y son muchas las letras!
INDICE
La uuelta al mundo de los tejados
Pablito Gutenberg
El caballito y ef mar
La comarca del olvido
La historia de Lucio
El sabio y los dinosaurios
Los titeres rebeldes
Nico y las palabras
La hija de la braijula Esdrajula
EI Arbol de los prodigios
31
39
45
51
59
65
7
85
93La vuelta al mundo
de los tejados
sa mafiana, después de bostezar
rascatse la coronilla, Chicho deci:
did que habia llegado el momento
de hacerlo. Uno no puede estar
postergando indefinidamente las cosas real-
mente importantes.
Hacia ya un buen tiempo que habia planea-
do dar la vuelta al mundo. Desgraciadamente,
para dar la vuelta al mundo hay que empezar
por hacer la cimarra y a Chicho le encantaba
ir al colegio, Pero si Hernando de Magallanes
no hubiera hecho la cimarra, jamas habria
alcanzado a dar la vuelta al mundo.
Frente al espejo del batio y con la boca llena
de dentifrico, Chicho tomé la decisién definiti-
va: ahora o nunca
Qué es lo que debe llevarse con uno para dar
la vuelta al mundo....? Perplejo, Chicho se rasc6
por segunda vez la coronilla. Para empezar, des-
carté maletas, abrigos, sacos de dormir y dinero,
OX{esto tiltimo porque no lo tenia). Decidié llevar
‘su pequeria mochila del colegio. Metié en ella
su arménica, un trozo.de cuerda del tendedero
de su madre y una barra de chocolate. iAh!, y
naturalmente, un mapa del planeta Tierra y otro
de la galaxia y sus alrededores. Luego, Chicho
salié en puntillas y bajé las escaleras pegado a
la pared. Le parecia que levaba un letrero en.
la frente que decia: Estoy haciendo la cimarra
y voy a dar la vuelta al mundo. A pesar de
su sigilo, casi $e dio de bruces con la sefiora
Manuela, la vecina del primer piso.
—Chicho, has ilegado como caido del cielo.
Ayidame a subir el canasto con la ropa que
tengo que colgar en la azotea. Mis piernas
Parecen de laria y son cuatro pisos.
—No puedo, sefiora Manuela. Me ‘voy a dar
Ja wuelta al mundo,
—ZQué...? No te of muy bien. Qué pasa
en el mundo?
—Nada, nada... A ver, déme el canasto,
iVamos para arriba!
La sefiora Manuela le prestaba los patines de
sunieto cuando él io estaba en casa. Lo menos
ue podia hacet por ella era ayudarla a subir la
Oe:
ropa lavada ala azotea. Total, tardaria un minuto
y luego se largaria a dar la vuelta al mundo.
Subieron a la terraza del edifcio donde los
vecinos colgaban la ropa recién lavada, La se-
flora Manuela se acercé al borde de la terraza
y mité hacia la calle.
—iMira, qué alegria! La Martina me esta
diciendo que han nacido mellizos en su casa.
Dice también que su marido, que es marino
mercante, ha vuelto de Guayaquil lleno de
regalos.
Chicho temié que la sefiora Manuela tuviera
alucinaciones. Por mas que se asomé, él no vio
esas noticias por ninguna parte. Solo se veia
ropa tendida en todas las casas de la calle.
—iClaro! Esos son los mensajes, las noti-
cias de Martina. Las mujeres del bartio nos
Contamos nuestras cosas a través de la ropa
que tendemos al sol. Tenemos nuestro cédigo,
secreto. Segtin la ropa colgada, su color y el
orden en la cuerda, contamos nuestras noticias,
diarias a todo el vecindario. Asi te enteras de
todo sin moverte de tu azotea.
—Yo crefa que las noticias venian en los
diatios.
De:—Las noticias verdaderamente interesantes
estan aqui, no en los diarios. Si quieres saber lo
que ocurre en el barrio, sube a las azoleas y te
enteratas de todo. <\Ves esa terraza con la antena
torcida y lena de gorriones? La ropa tendida que
hay alli es de la Justina. Me cuenta que su hijo
__ se ha comprado una moto y que van a cortar el
agua a causa de una rotura de carter,
Yo solo veo alli un pantalén de nivio con
las rodillas rotas, unos pafiuelos blancos y un
mantel a cuzadros.
Es que iti miras, pero no sabes ver.
=2Y lusted, qué noticias va a darles a sus
vecinas con toda esta ropa lavada?
—Que mi nieto me escribié desde Punta
Arenas, que mi gato Caruso se perdié ayer, que
hoy es mi cumpleafios y que estan invitados
todos los que quieran venir a mi casa.
—iFeliz cumpleafos!
—Gracias.
—Si quiere, puede dar otra noticia impor-
tante con su ropa tendida
—¢Cudl?
—iQue Chicho va a dar la vuelta al mundo!
DE
—jBuen viaje! Toma esta manzana para el
Gracias. {No es su gato el que esta subido
en la chimenea mas alta de esa casa?
—jClaro! jCaruso, Caruso! Se ha encarama-
do ahi el pobrecito y no puede bajar.
—iY%o lo ayudaré a bajar!
—iTen cuidado, que tit no eres un gato y
esa chimenea es muy alta!
Chicho salté al tejado de la casa vecina y se
arrastr6, con el cuerpo pegado al plano inclina
do de las tojas, hasta la chimenea. Parecia un es-
calador 0 el Hombre Arafia. De pronto, el gato
salt6 al vacio, pero Chicho pudo agarrarlo en
el aire. E] maullido fue espantoso. Con Caruso
aferrado al cuello, Chicho inicié el descenso. Iba
destizandose por el caballete del tejado, cuando
se topé con un extrafio habitante de las alturas.
La sorpresa casi le hizo perder el equilibrio. El
insélito sujeto le habl6 cara a cara.
—¢De donde sales? zY eso es una bufanda
© una piel de gato?
—Es un gato vivo. Se llama Caruso.
—Creo que tii deberias estar en el colegio.
Oe—Hoy estoy haciendo la cimarra, porque
voy a dar la vuelta al mundo. :
—Si fueras a la escuela de la tia Eusabia, no
tendrias que hacer la cimarra, porque en ella
todos los dias son festivos. Se llama la Escuela
Andariega..Ella ensefia en la calle, en el cam
po, en los tejados, en todas partes, menos en
un aula,
—¢Donde queda la escuela de la tia Euse-
bia?
—|Eusabia, no Eusebia! Ella sabe mas que
nadie. Vive en un palomar, unas casas més
alla, Mi hija Luna va a esa escuela y aprende
muchas cosas divertidas.
—Trataré de encontrar a la tia Eusabia
—No es facil llegar hasta su palomar. Ten-
drds que deslizarte por esa chimenea, sujetin-
dote en la antena. Luego, deberas saltar a los
tejadillos de ese callejon y, finalmente, resbalar
‘como si fuera un tobogan, hasta la azotea don-
de ella tiene su palomar.
—2¥ usted, qué hace?
—Me llamo Isidro, pero me conocen como
“el albafil aéreo”, porque solo trabajo en los
OR
campanarios, veletas, torres, cornisas y clara~
boyas.
—Ah, ya entiendo, arregla las tejas rotas y
Jos canalones del agua de lluvia.
Isidro se rid y se atus6 sus bigotes aéreos.
—Nada de eso. Reparo los nidos de las pa-
lomas, gortiones y golondrinas. Alguien tiene
que hacerlo, no?
Chicho se rasc6 la coronilla por tercera vez.
—Debe de ser un trabajo muy dificil
Lo haria mejor si tuviera un par de*alas
y pudiera volar —se 1i6 Isidro—. Lo que me
hubiera gusiado ser es un trapecista volante,
pero la carpa de un citco me ahogaria. Necesito
elaire libre,
—Yo nunca habia subido a los tejados —com
fes6 Chicho.
—{Ni siquiera para buscar tesoros?
—2Y qué tesoros se pueden encontrar por
aqui?
Muchos mas que en la superficie de la
tierra o en el fondo del mar —respondié Is
dro—. Esta mafiana he descubierto uno. (Ven
conmigo!
OeIsidro, el albaiil aéreo, y Chicho se desliza-
ron por la pendiente del tejado hasta caer en
una terraza llena de maceteros y enredaderas.
Desde alli, subieron a una torre y desflaron por
una cornisa hasta llegar a una cipula forrada
en aluminio, Estaban en el punto mas alto de
un edificio. Isidro le mostré a Chicho un nido
onstruido junto a la veleta
Es un nido muy bonito —exclamé Chi-
cho,
—Es més que un nido: es una caja fuerte.
Has oido hablar de las urracas? Son pdjaros
ladtones. Todo lo que brilla lo recogen con su
pico y lo quardan en su nido. ;Mira!
En el nido relampagueaba una serie de
objetos metélicos. Chicho fue haciendo el
inventario,
—iEs increible! Una cucharilla de plata, una
medalla, tres monedas, un clavo... jy un anillo
de oro!
—Fijate, lleva un nombre grabado: Nadia.
Habria que devolverselo a su duefia, pero para
50 tendiias que encontrar a Nadia. Bueno,
yo tengo que irme a preparar un nido para un
jilguero que quiere empollar huevitos.
*e@De:
Chicho inici6 el descenso desde lo alto de
Ja veleta
—jCuidado, que se te cae el gato!
—iCaruso, agérrate bien a mi cuello que
vamos a bajar de las nubes!
—;Chicho, si encuentras a mi hija Luna en
la Escuela Andariega de la tia Eusabia, dile que
compre alpiste antes de subir a casa!
—Para los pajaros? —pregunt® Chicho.
—No, para mi —se 16 Isidro—. Yo solo
como alpiste en sopa, con maicena y con mote
con huesillos. Adiés, Chicho.
Chicho se despidio de Isidro y continué el
descenso. Utilizando la cuerda que llevaba en
fa mochila, se colgé hasta llegar a la base de
la torre. Desde alli salt6 al tejado de la casa
vecina, Al terminar el caballete empezaba una
gran claraboya de cristales de colores. Chicho
Ja empéz6 a cruzar como un equilibrista en la
cuerda floja. En ese momento, Caruso le arafié
el cuello y el grito de Chicho se confundié con
el maullido del gato. Chicho resbalé en la str
perficie brutiida y cuando ya se vefa rompiendo
la cristalera y cayendo al vacio, una mano lo
sostuvo en el aire y empez6 a izario lentamente.
808:‘Cuando Chicho volvié la cabeza para ver a su
salvador, lanz6 un grito de terror. El hombre
ue lo sostenta tenia la cara enteramente negra
Unos dlentes blanquisimos le sonrieron,
—Me llamo Angel y soy el deshollinador.
Parece que te ha dado mas miedo mi cara
tiznada que la claraboya rota, gverdad? Como
no llevas paracaidas, tienes que mirar muy bien
por donde andas. Yo he tardado diez afios en
saber donde debo poner los pies. Vivir en los
teJados no es més inseguro que la calle, pero
hay que conocer las trampas.
—¢Pasas muchas horas en los tejados?
—pregunté Chicho.
—cHoras? jLa vida enteral Incluso duermo
en el hueco de una chimenea abandonada.
—Debe de ser muy triste —dijo Chicho,
pensando en la blanda cama de su casa,
Angel lanz6 una carcajada.
—En los tejados solo se encuentran perso-
nas alegres, Ademas, si quiero hablar con los
de abajo, no tengo més que llamarlos a través,
de los tubos de las chimeneas, Acércate a ésta,
por ejemplo. Y verés que te digo la verdad
Oe
jFerminaaa! gEstés abiif? —grito Angel, por
el hueco de la chimenea.
Desde el fondo se escuché una voz con
reverberacién.
—jHola, Angel! :Qué pasa?
—Fermina, por el olor que sale de tu chi-
menea sé que estas cocinando lentejas con
chorizo,
—‘Eres un goloso, Angel! Mas tarde te su-
biré un poco,
—Gracias. Hasta luego, Fermina, Ya ves,
Chicho, en el fondo de cada chimenea tengo
tun amigo 0 una amiga que quiere hablar con-
igo.
—Cuando me sienta solo, te llamaré por
la chimenea de mi casa —le dijo Chicho al
deshollinador—. Ahora tengo que itme a la
Escuela de la tia Eusabia. También tengo que
encontrar a Nadia.
—zQuién es Nadia? —pregunt el desho-
Tinador. ;
—También a mi me gustaria saberlo, Angel.
Solo sé que perdié un anillo de oro que le robé
Ja Urraca Ladrona y yo quiero devolvérselo.
0s:—Quizas yo podria ayudarte. Si vive en
esta manzana podemos llamatla por las chi
meneas.
—jgLlamar a alguien por las chimeneas?!
Nunca he oido algo asf —dijo Chicho, asom-
brado.
—Podemes intentarlo, por lo menos. Sigue-
me, empezaremos por ese tejado.
Angel se fue encaramando en todas las
chimeneas y desde alli repetia el nombre mis-
terioso.
—iNadia... Nadia... Nadia... Nadia...!
Hasta que de una de ellas broté la vocecita
lejana de una nite
—iSoy yo!
—No sabia que existian las “almas en risa”
—dijo Chicho.
Ese viejecilo le gustaba y no le producia
ningiin temor.
—Yo soy una de esas almas, aunque en
vida también fui muy alegre. Era organillero y
vendia globos. En el desvin donde yo vivia, se
‘quedaron cientos de globos sin inflar. Por eso
subo al tejado en los dias de sol, inflo los globos
con canciones y los dejo volar libremente sobre
el cielo de la ciudad
Chicho no termninaba de entender del todo
el oficio del viejecillo.
{Qué es eso de “inflar globos con can-
clones"?
Feliciano se rié ante el desconcierto del
nfo.
—Es un invento mio que sblo se me ocurié
‘cuando ya era un fantasma, Verds, el fuelle de
mi orgenillo lanza su airecillo musical y con ese
aliento yo inflo los globos. Despues de sobrevo-
lar toda la ciudad, los globos caen o se desinflan y
en ese momento entregan su cancion. ¢Ves este
globo? Tiene una hermosa cancion dentro de él
Pinchalo con este alfiler si quieres escucharla
BOE
ofChicho reventé el globo con el alfiler y se
‘empez6 a escuchar una bonita melodia.
—Todos los globos llevan a la ciudad el re
pertorio de mi organillo,
—Me gustaria inflar un globo con la musica
de mi arménica —le pidié el nifio a Feliciano.
—iClaro que puedes hacerlo! Te daré el
globo azul més grande que tengo. Toma
Chicho empezé a tocar suarménica y el her
moso globo azul se fue inflando hasta alcanzar
un gran tamatio,
—Ahora, déjalo volar. Alguien en el ex:
tremo de la ciudad escucharé tu cancion y se
alegraré.
—¢Por qué dice la gente que los fantasmas
dan miedo? —pregunté Chicho.
—EI miedo Jo lleva cada persona en un
bolsilo secreto. Cuando uno vacia todos sus
bolsillos, ya no tiene miedo a nada.
—;Hay mas fantasmas en esta casa aban-
donada? —quiso saber el nifio.
—No. Los que habia eran “almas en pena”,
pero con las canciones de mi organillo se
transformaron en “almas en risa” y se fueron
Oe
a celebrar por ahi su nueva condicién de fan-
tasmas alegres.
—Feliciano, cme quieres decir cmo puedo
llegar a la Escuela Andariega de la tia Eusabia?
—Claro, ella es muy buena amiga mia. Vive
en un palomar, en la terraza de esa casa del
callején
Chicho se asomé al vacio y sintié vertigo.
—No podré saltar hasta esa terraza. El ca-
llejon es muy ancho,
—Eso tiene una solucién facil —respondié
Feliciano—. Agarrate bien a los hilos de este
racimo de globos. Ellos te llevaran flotando
hasta all.
—Gracias, Feliciano.
—Adiés, Chicho. Vuelve por aqui.
Chicho se lanz6 al vacio sostenido por el ra-
cimo de globos y descendié suavemente sobre
el palomar de la tia Eusabia. Se escuchaba un
incesante arrullo de palomas. La tia Eusabia
regaba sus maceteros de albahaca y yerbabue-
na. Le parecié de lo mas natural que Chicho
descendiera de! cielo agarrado a un montén de
globos de colores.
ape—Bienvenido —fue todo lo que dijo la tia
Eusabia,
—zLlego muy tarde ala Escuela? —pregun-
t6 el nifio
—Nunca es tarde, En mi Escuela no hay
horarios.
—No he traide libros porque voy a dar la
vwaelta al mundo.
—E) mundo es como un gigantesco libro
ilustrado donde se encuentran todas las asig
—Debo decirle, tia Eusabia, que soy malisi-
mo para las Mateméticas.
—No te preocupes, para eso tengo “los
guantes de célculo”. Uno se pone estos quantes
y resuelve cualquier problema,
—¢Puedo probarmelos?
—iPuedes llevartelos!
—Me gustaria ser alumno de la Escuela
Andariega, tia Eusabia.
—Ya lo eres. A todos mis alumnos les regalo
una alcancia,
—¢Para ahorrar dinero?
DR:—Nada de eso. Esta es “la Aleancia del Dis
parate”. En ella se pueden ir metiendo todas las
locuras que se te ocurran, Por ejemplo: “Las
mariposas tienen colmillos de marfil y levan
pilas recargables”. Ahora, prucba ti.
—Los continentes son tres: Isla de Pascua,
tronco y extremidades.
—iMuy bien! —r6 la tla Eusabia.
—La Tierra es cuadrada y con las patas un
poco torcidas.
—jEstupendo! Sigue ahorrando disparates
en tu alcancia. Cuando la tengas llena, ya no
dirés nunca mas un disparate. ¢Qué te parecié
la leccion?
—Fantistica, tia Eusabia
Siempre termino mis clases con una can-
cin. Aprovecharemos los globos inflados del
Fantasma Feliciano.
La tia Eusabia revent6 un globo y se empezo
a escuchar una marcha citcense para acompa-
frar la cancién. La viejecita cant6 y bailé con
sus graciosos pasitos por toda la azotea.
#O#
En la Escuela Andariega
hay la mejor diversion,
porque el troncharse de ris
puede ser una leccién.
No hay premios ni castigos,
solo la imaginacion :
Todos somos los maestros
en la Escuela del Humor
Tocaremos instrumentos
ue son el Conocimiento
Esta flauta es Biologia
vel Algebre, este tambor
Una trompeta, la Historia
¥ la Quimica, el trombén
i Pesar de ue Chicho estaba encantado
esta Escuela
Fenygita Escuela, tuvo que despedirse de la tia
—iHasta manana, tia Eu
. tia Eusabia! Ten
bear @ devolve ol ato al soora Nama
y luego partir a dar la yuelta al mundo.
anne iy que te diviertas!
10 bajé con mucho cuidado, llevar
mochila y el gato Caruso. Saltando de ote
an azotea y de tejadillo en tejadillo, volvié a la
Deae
terraza de su casa, donde la sefiora Manuela
tendia sus sbanas.
—Aqui tiene a Caruso, sefiora Manuela:
sano y salvo.
—Gracias. jEres muy valiente, Chicho! {Ter
inaste de dar la vuelta al mundo?
—Biueno, todavia no, pero di la wuelta a
la manzana, que es lo mismo. ¢Sabe, sefiora
Manuela? No se lo diga a nadie, pero estoy
haciendo la cimarra.
—jPero si hoy es feriado, chiquillo! No hay
obligacién de ir al colegio.
—La tia Eusabia no me dijo nada —replicé
Chicho.
La Escuela Andariega funciona solo los dias,
de fiesta, porque asistir a ella es una fiesta.
Desde ese dia, Chicho va al colegio los dias
de semana, pero no se pierde la Escuela An-
dariega los dias festivos.
Chicho ha dado ya muchas vueltas al mun-
do, porque comprendié que el mundo estaba
fen su cabeza y en sus zapatos. Y en los tuyos
también, El mundo esté en tu casa, en tu barrio
yen la inmensidad de tus suefios.
0H
Pablito Gutenberg
ablito le tenia mas asco a los libros
que a un jarabe para la tos. Inclu-
so, le producian alergia: abria un
Ax libro y empezaba a estornudar. Si
Jo obligaban a leerios, los ojos se le escapaban
de la cara y se quedaba turnio. Su mama lo lev
al estornudélogo y al turnidlogo. Le recetaron
cuatro clases de pastillas, pero no le dieron un
soplete incinerador fulminante para quemar los
libros, que es lo que Pablito habria querido, tal
como habia visto en “Terminator Il”.
Pablito pensaba que los médicos deberian
‘ver mas television y dibujos animados, en vez
de consultar e] Recetario Universal de las Pas-
tillas Amargas.
| profesor habia rebautizado a Pablito con
el nombre de Gutenberg por su odio reconcen-
trado a la letra impresa. Como todo el mundo
‘sabe (menos Pablito), Gutenberg fue el inventor
de la imprenta. El profesor procuraba que Pa-
#4:blito Gutenberg se mantuviera a una distancia
prudente de los libros para no provocarle un
ataque alfabético irreversible. Solo cuando era
absolutamente necesario, le pedia que tomara
tun libro con las debidas precauciones, es decir,
con guantes de goma y anteojos oscuros para
evitar el deslumbramiento literario.
Cuando la mamé de Pablito recibia las co-
municaciones del colegio, exigiendo al nifio leer
una lista de libros obligatorios, trataba de en-
contrar algimn truco para hacerle tragar la letra
impresa. Por ejemplo, cortaba en trozos varios
libros de Historia, Biologia y Algebra y los metia
ena licuadora, mezclandolos con leche, cacao
y arabe de frutillas. Batia la nutritiva mezcla y
se la servia a su hijo en grandes vasos antes de
ir al colegio. Consiguié dos cosas: una peque
fia diarrea sin consecuencias y unos trabajos
cescolares que causaron el estupor del profesor.
Esta joya es una muestra: “Las branquias de
los vertebrados producen la metamorfosis del
‘occipucio en las querras napoleénicas.”
A todo esto, el pequerio Gutenberg se sentia
acorralado. El asedio al que estaba sometido
tenia que terminar de una vez. Habia llegado
De
cS ea
el momento de pasar a la accién, de tomar
medidas definitivas. Asi fue como decidié que-
mar la Biblioteca del Colegio. Solo reduciendo
‘a cenizas a sus enemigos, lo dejarian en paz
{ya habran comprendido que sus enemigos
feroces eran esas hormiguitas odiosas que son
las letras impresas)
Una tarde, cuando cerraron el colegio y no
quedé ni un alma en el recinto, Pablito Guten-
berg se colé por una ventana de la Biblioteca,
bien provisto del material purificador justiciero:
dos bidones de bencina. Mientras derramaba
el liquido inflamable entre los estantes de
libros, recordé el video-juego “El Piromano
Atémico” y lanz6 su aullido caracteristico:
jUuuuuuuuuuuuugh, Ruf Ruf!
Cuando termind de vaciar los bidones se dio
cuenta de que no tenia fésforos. Un Pirémano
Atémico no se detiene ante e505 tropiezos:
buscaria fosforos en la cocina del colegio.
‘Trepé al alfgizar de la ventana ¢ intent salir
tal como habia entrado. Fue imposible. La
pequefia ventana se habia cerrado por fuera.
El Pirémano Atémico se habia quedado ence-
rrado en la Biblioteca,
ORPablito Gutenberg comprendié que tendria
‘que pasar la noche alli. Estaba desconcertado:
‘qué se puede hacer eri una Biblioteca aparte
de quemarla...? Para matar el tiempo, se puso
a jugar con los libros. Armé escaleras intermi
ables, cetros, desfiladeros y tineles. Entonces,
Pablito record6 el video-juego “El Arte de la
Guerra” y desat6 una lucha sin cuartel contra
‘enemigos invisibles,utiizando los libros como
granadas de mano.
Después del intenso bombardeo al que
sometié a la trinchera enemiga, se produjo
un gran silencio. Desde la barricada a la que
habia atacado se levant6 una bandera blanca
sujeta a un palito. Sus enemigos, los libros, se
rendian por fin,
De entre las ruinas aparecié un cocodiilo
fen patines con un brazo en cabestrillo y un
loro con una pata de palo y un parche en un
ojo. Querian parlamentar. El loro le propuso
a Pablito que terminaran la guerra y visitaran
el territorio de los libros.
—ePara qué...? jAlli solo hay hormigas
impresas!
De:
—No —le dijo e! loro pata de palo—, tam-
bign hay imperios submarinos, nidos de éguilas
habitados por hombres-pajaros, bosques mé-
sgicos donde viven unicornios y muchos otros
personajes inolvidables.
El cocodrilo, el loro y Pablito abrieron un
libro y se deslizaron por sus paginas como si
fuera un tobogan.
Corriendo de pagina en pagina se toparon
‘con un personaje estrafalario, lanza en ristre.
—2Es “El Exterminador Vengativo” de la
tele?
—No, es Don Quijote —le informé el co-
codrilo
—iYo te llevaré a la tierra de Jauja donde los
rios son de leche y las montaitas, de chocolate!
—invité Don Quijote a Pablito.
Elnifio salt6 a la grupa de Rocinante, mien-
tras el covodrilo y el loro tuerto montaban sobre
el borrico de Sancho Panza. Asi galoparon
hasta perdetse en las paginas del libro. En
tuna playa solitaria descubrieron a un barbudo
llamado Robinson Crusoe, quien les dijo que
estaban en una isla. Encendieron una fogata
8€De:para calentarse, pero el fuego atrajo al Capitan
Bocanegra que buscaba un tesoro. Traia como
rehén a un niffo llamado Oliver Twist. Pablito
se hizo compinche de Oliver y consiguieron
engafar al Capitén Bocanegra. Huyeron en un
globo con el cual dieron la vuelta al mundo en
80 dias. Estando en el aire, desde un pequefio
asteroide los llamé el Principito y los invité a
recorrer la Galaxia, Fue el comienzo de una
noche interminable de aventuras.
Cuando a la mafiana siguiente los profesores
abrieron la Biblioteca, encontraron un especté-
culo insdlito: Pablito Gutenberg dormido sobre
decenas de libros abiertos. No sabian si llamar a
un médico 0a os Carabineros. Finalmente, no
llamaron a nadie, sino que llevaron a Pablito a
tomar desayuno al comedor del colegio. Entre
rebanada y rebanada de pan con mantequilla,
ino habia forma de hacer callar a Pablito. Tenia
mucho que contar, y eso que solo se habia meti-
doen el interior de unos pocos libros. ;Cuantos
isterios podrian contener los otros...? Elloro
le habia dejado a Pablito el mapa de una isla
maravillosa cuyos tesoros habia que descubrir:
era el plano de la Biblioteca,El profesor le pidié a Pablito Gutenberg que
contara sus aventuras a los demés compafie-
ros y compafieras de curso. Se pasaron toda
la mafiana escuchdndolo y, cuando termin6,
decidieron organizar un “safari” a la Biblioteca,
Pero este “safari” es otro cuento y lo dejaremos
para otra ocasion..
El caballito y el mar
% | caballito del carrusel daba vuel-
tas y vueltas todo el dia, todo el
N afio y desde hacia tantos afios
BINWES que ni él mismo se acordaba. Por
las noches, cuando se apagaban las luces del
Parque de Atracciones y el carrusel se quedaba
quieto, el caballito pensaba:
— (Toda mi vida daré vueltas y vueltas en
el mismo sitio...? Si sigo aqui me haré viejo,
perderé la pintura, se me aflojarén los tornillos
y me reemplazaran por un caballito nuevo.
Terminaré en él basural sin haber conocido
otra cosa que las luces artificiales de la rueda
que gira. Asi, nunca llegaré a ver el mar.
Una noche, el caballitosalté del carrusel para
escaparse. Los otros caballits le dijeron:
—iAdonde vas?
Quiero ver el mar. No quiero seguir dando
wueltas —respondid el caballito.—Naciste para eso. No te rebeles. Aqui es
donde estés mas seguro —le aconsejaron a
coro.
—Adiés. Mafiana el duefio haré girar el
cartusel con un caballito nuevo,
El caballto se alej6é con un trotecillo que
queria parecer seguro, pero le temblaban las
patitas de madera. No podia dejar de caminar
en circulos y le costé mucho acostumbrarse a
caminar en linea recta
En una plaza vacia, se encontré con un nifio
‘que buscaba cartones entre la basura, luego los
amontonaba en un carrito de mano.
—Hola. :Me puedes decir en qué diteccién
est el mar?
El nifio lo miré asombrado.
—No lo sé. Nunca estuve all
—Entonces, podriamos ir juntos, gno
crees?
—Estoy trabajando. Vendo los cartones que
recojo,
—Yo podria ayudarte a tirar del carrito.
Cuando terminemos con los cartones, nos
iremos a buscar el mar.
Oe:
—De acuerdo. Me llamo Quico y es la pri-
mera vez que tengo un amigo como tii
El caballito acompario toda la noche a Quico
en la rebusca de cartones. Tiraba del carrito y
trotaba con la gracia que tienen los caballitos
de carrusel.
En un tarro de basura encontraron un viejo
sombrero de copa abollado. Quico se lo puso
y empez6 a hacer morisquetas. El caballito se
reia mucho.
—EI Mago del Parque de Atracciones donde
esta el carrusel, tiene un sombrero parecido
—ijo el caballito—. Hace salir del fondo todo
lo que se le ocurre.
Siguiendo con su pantomima, Quico metié
la mano en el sombrero y dijo:
—iSombrero magico, haz que encuentre en.
el fondo una manzanal
—Y un poco de alfalfa para mi —ri6 el
caballo
Quico metié la mano en el sombrero de
copa y sacé de su interior una manzana y un
putado de alfalfa. Los dos se quedaron mudos
de asombro. Realmente parecia el sombrero de
+0GDe>un mago. Mientras comian, Quico imaginaba
las cosas que le pediria al sombrero de copa.
—jUnos patines! {Unas zapatillas! {Una torta
de cinco pisos!
El caballito comia st alfalfa sonriendo,
—<¥ para ti no vas a pedir nada?
Yo no necesito nada, pero me gustaria
que se iluminara la noche con fuegos artificia
les. Todo esta muy oscuro y la gente de este
pueblo es muy triste
En ese mismo momento, empezaron a
salir del sombrero de copa abollado miles de
fuegos artificiales que se elevaban y hacian
explosién en el cielo. Todo se cubrié de ben-
galas y luminarias. Se abrieron las ventanas de
todas las casas. La gente Sontemplaba el cielo,
maravillada,
—iMe gustaria que aparecieran globos, mu
cchos globos! —arit6, entusiasmado, Quico.
Del sombrero magico empezaron a salir
globos grandes y pequefios; amarillos, rojos,
azules, de todos los colores. Algunos se eleva
ban, otros rebotaban como pelotas y formaban
montones que se movian como olas. Estaba
28s:amaneciendo y la gente salia de sus casas,
llamandose y riendo. El pueblo parecia estar
de fiesta
—iVamos hacia el mar! —dijo Quico—. El
sombrero magico nos indicard el camino.
EI nifio enganché el caballito de carrusel
al cartito de mano y se encaramé sobre los
cartones. El caballito empez6 a trotar Ilevando
encasquetado entre sus orejas el sombrero del
ilusionista,
Llegaron al mar a mediodia, cuando las olas
parecen calmarse y todo brilla como un espejo.
El caballito de carrusel se despidi6 de Quico y
entré en el mar y se convirtié en un caballito de
mat, a los que llaman “hipocampos”. Son tan
graciosos como los caballitos de carrusel, pero
viven libres, sin dar vueltas en una rueda
Quico se hizo pescador y cuando nada mar
adentro se encuentra a veces con el caballito
de mar y se rien mucho juntos
La comarca del olvido
nila Comarca del Confin goberna-
ba un hombre con una cabeza
chiquita. No es que fuera un ena-
S no, pero tenia la cabeza chiquita
como un tapén de botella, como una avellana,
cotho una guinda colorada. Por eso se sentia
tan pequefito y, para sobresalir de entre los
demas, obligaba a todo el mundo a caminar
de rodilas.
—2Y por qué todos le obedecian?
—Porque todos tenian miedo a sus guarda-
espaldas.
—¢Eran tan terribles?
—ilivsibles! Porque también debian andar de
rodillas. Todos le obedecian sin decir ni Mu.
Muu!
Aparte de mugir mejor que nadie, el Hom-
brecito tenia el cuerpo leno de condecoracio~
nes que sonaban como chatatra. Ese nuidc le
impedia oir lo que decia su pueblo.
00Queremos una halla tibiecita todos los
dias!
E] Hombrecito hacia sonar su chatarra multi-
color y se producia el silencio, Asi gobernaba el
pais a base de rabietas, berrinches y pataletas,
La sangre se le ponia morada y la papada,
atornasolada, Pateaba el suelo y vociferaba:
—Rodisflankis! ;Gransifolopodos cénicos!
iérfoles y remiérfoles!
Todas las Ordenes las daba a bocinazos. El
Hombrecito de la cabeza chiquita masticaba las
palabras como si fueran palomitas de maiz
—iCrash! ;Cronch, cronch!
Cuando ofamos la trituracion de las palabras,
sabjamos que una nueva prohibicién caeria
sobre nosotros
Durante 48 horas se escuch6 el triturar
implacable de los pensamientos y palabras
del Hombrecito y, finalmente, su pregonero,
que tenfa voz de altopariante de mil decibeles,
informé a los vecinos:
—iAtenci6n a todos los vivos y los difuntos
de la Comarca del Confin! {Queda rigurosa-
mente prohibido guardar, esconder o tener
9s
recuerdos de cualquiera clase! Los recuerdos
se consideran altamente subversivos.
Todos los habitantes de la Comarca del
Confin fueron obligados a desprenderse de sus
recuerdos mas intimos y dejarlos en la mitad de
Ja plaza, donde se formé con ellos un inmenso
montén de memoria como si fueran las hojas
secas del otofio después de una ventisca. Si
alguien se dejaba un pequerio recuerdo secreto,,
cera encerrado en un oscuro calabozo.
Cuando ya no hubo ni un solo vestigio de
memoria que no estuviera amontonado en la
plaza, el Hombrecito en persona se acereé a
los despojos con una antorcha e hizo arder la
memoria colectiva en un instante. Asi desapare-
cieron poemas, canciones, imagenes, leyendas,
tradiciones, barrios enteros con sus calles anti-
‘quas, paisajes entrafables, rostros, personales.
La Comarca del Coniin se conwirtié en tierra
quemada, en un desierto de olido. La gente no
recordaba sus nombres ni los lazos de amistad
que los unian, Sus vidas se transformaron en un
vacio negro, sin pasado y sin futuro.
El humo negro de los recuerdos quemados
subié hasta el cielo, formando una nube quese pos6 sobre el pueblo. El Hombrecito dela
cabeza de garbanzo creyo que se habia hecho:
de noche y se fue a dormir.
—iGlup trancaplash karroart! — fue st
comentario. Al poco rato estaba roncando.
La nube negra del humo del recuerdo que
flotaba sobre el pueblo fue desgarrada por un
rayo inesperado y se desaté la tormenta. Em
pezé allover torrencialmente sobre la. Comarca
del Confin. Era una lluvia de memoria fresca.
La gente sali a fa calle a mojarse con la Tluvia
| facies empapeba el cuerpo yl hacia reve.
‘Todos empezaron a recordar sus nombres, Sus
mores, sus alegrias.
Poco a poco, los barrios recobraron sus CO-
lores, sus calles, sus rincones. El pueblo record6
| ‘que habia perdido algo mss importante ave sus
nombres: la libertad. Dejaron de caminar de
rodillas. Se pusieron de pie y sacaron al Hom
brecito de cabeza de huesillo de su fortaleza.
Lo pusieron bajo la lluvia de la memoria. Ast
fue como el Hombrecito recordé que él no era
un gigante, sino un enano disfrazado, y huy
despavorido.
fo
uinico
0DAhora los habitantes de la Comarca del Con-
fin van recuperando su ciudad y sus imagenes,
calle a calle, palabra a palabra y, con ellas, st
identidad de hombres libres.
La historia de Lucio
% aciéenuncdia radiantede primavera
Una intensa luz de miel alravesaba
las hojas de los arboles. Parecia
PARAS que. junto al nifio, nacian tambien
el jardin, la ciudad y el mundo. tan limpio y
diatano parecia el aire
Los padres se dieron cuenta de que el nifio.
tendria algo luminoso y diferente y se congra-
tularon por ell. Lo llamaron Lucio, porque era
el nombre que més se acercaba a la palabra
luz. La intuicion de los padres fue acertada, va
que la luz fue determinante en la vida de Lucio,
para su dicha y para su desgracia.
—{Desgracia...? :Por qué ha aparecido esta
desagradable palabra en un cuento tan lumino-
so como éste? ¢Por qué no dejar el relato aqui,
como una foto fija en este dia en que la primar
vera estallaba en las yeras de los arboles?
Tenemos que continuar, porque el propio
Lucio no nos perdonaria omitirlo que sigue.Fl caso es que el nifto fue creciendo sano
vy hermoso, pero... (iva salié el pero! cEs ave
la felicidad siempre va a tener “peros”?). Lo
que ccurrié fue que Lucio empezd a volverse
transparent
—2Cémo? ¢Transparente? ¢Qué quieres
deci?
Solo eso, que su piel se fue haciendo tras
licida, Poco @ poco su cuerpo dejabe pasar
Ja luz. Desde otro punto de vista, era un nifio
cortiente que se trepaba a los érboles y jugaba a
la pelota, pero debajo de su piel empe26 a verse
la redecilla de sus nervios, el palilaie de sus
hhuesos y sus Srganos de diferentes colores. Muy
poco tiempo después, el interior de su cuerpo
tambien se fue haciendo transparente.
No se asusten, no era un monstruo, un ser
extraterrestre; solo era un nifio de ambar, un
nifio-égata, un nifto de cristal, Si ustedes estén
pensando que era fragil, quebradizo 0 enfer-
nizo, estén equivocados. Simplemente, era un
niho cortiente, pero transparente.
—zY sus padres qué pensaban de esto?
Fstaban preocupados, naturalmente. Lo
llevaton a médicos, hospitales y centros espe
cializados. Todo fue inal: Lucio era un nifio
sanisimo, lleno de vida, absolutamente normal,
pero que dejaba pasar la luz a través de él.
Su familia no entendi6 bien la situacién: se
encerraron en si mismos. No querfan compa~
si6n, ni solidaridad, ni desprecio, ni rechazo,
ni consejos, nada. Lucio crecié aislado, fuera
del alcance de la mirada de todos.
Una mafiana en que sus padres habian sa-
lido, Lucio salté por una ventana al jardin y se
fue a corretear por el barrio. Tenia ganas de
conocer a otros nifios, jugar con ellos y hacer
pillerias.
Se fue a una plaza y se acercé a los grupos
de nifios que jugaban. Las madres, que vigila-
ban sentadas en los bancos, llamaton inmedia~
tamente a sus hijos. No querian que tuvieran
‘contacto con un niffo transparent. Podia tener
una enfermedad contagiosa, Incluso lamaron
a un guardia,
En ese momento, Lucio se dio cuenta de una
05a. Con sus ojos podia leer los pensamientos
de los demas. Es decir, que si él era transparen-
te, tambien veia transparentes las mentes de la
gente a su alrededor. Eso lo divertia y también
HE eeJo apenaba. Vela conversar a dos personas,
por ejemplo, que se decian una cosa y pen-
faban otra muy distinta. Si alguien lo miraba,
sabia exactamente lo que estaba pensanclo de
@L. Asi se dio cuenta de que nadie dice lo que
realmente piensa.
Entré en una panaderia y picié un pastel (a
Lucio le encantaban los pasteles y no precisa-
los pasteles transparentes). Fl panadero
ment
1y6 en su frente lo
lo miré asombrado, Lucio le
siguiente: gQuién es este bicho raro? gSeré
peligroso?
Lo que dijo el panadero {ue muy diferente.
—(Puedo ayudarte en algo?
—zAyudarme? No, gracias. Quiero un
pastel
—Lievate el que quieras.
Lucio leyé en la frente del panadero: Si no
se va ahora mismo, llamaré a Ia policia.
—:Por qué quiere lamar a la policia? te
pregunté Lucio.
— {Yo? Ejem... Yo no he dicho nada de
50.— Pero lo esté pensando. gDe que tiene
miedo?
Miedo? ;De qué estas hablando? ‘Toma
cl poste y andate de aqui que me ponies ner
vioso!
‘A Lucio no le importaba mucho que su cuer:
po transparent iniranqulizara alos dems, 9
oe lo entrstecia era que la gente no dijera lo
que pensaba.
“Mientras recorria el barrio fue descubriendo
Jos secretos, las ambiciones, las hipocresias,
tga too el mundo escondia detrés de sus mA
safes. Era como un juego entre ély los demas,
pero termind por cansarlo.
‘Cuando volvié a su casa, Lucio les conte
sus padres sus correias por ebarrio les pi
ue To dejaran ir al colegio como los demas
ifs. Sus padres aceptaron, porque COmMPreA
‘iron que Lucio ya podia defenderse solo de
fos prejuicios y del rechazo de la gente.
Ya en el colegio, el profesor lo recibi6 con
carifo. Por primera vez, Lucio no vio conlra:
Srecion alguna entre lo que el maestro decia
y lo que leia en su frente. Eso lo tranquiliz6
bastante,
De
:
“apolar conse que todo l uso
comprendier que er natal ydeseable ge
uibiera rubios, morenos, bajos, altos, opacos
y transparentes como Lucio, —
La historia de nuestro amiguito termina aq
bet sites psn fol 0
inuar a histori. Ala imaginacion, cuando
se pone en movimiento, no la para nadieEl sabio y los
dinosaurios
iMaenel ValledeElquitnarquediogo
al que llamaban familiarmente
ino, porque buscaba por todas
partes un esqueleto de dinosaurio.
LLos arquedlogos son unos sabios que buscan
bajo tierra las huellas del pasado. Dino encon-
traba muchas cosas enterradas, como envases
de plastico 0 los huesos de un pollo, pero nunca
encontré el @squeleto de un dinosaurio..
Un dia, aburrido de desenterrar basura, dect-
did cambiar de profesion, pasar de arquedlogo
a “inventélogo”, es decir, un sabio inventor.
‘Como era muy aplicado, invent® vatias cosas
‘enun solo dia, por ejemplo, el alfler de gancho,
el huevo de la gallina y el estornudo.
Un domingo de septiembre que estaba
mas inspirado que de costumbre, invent6 el
volantin. El no supo nunca que el volantin
se habia inventado hacia mucho tiempo, de
‘manera que se puso muy contento por haberinventado algo tan hermoso, tan liviano, que
se elevaba por el aire con tanta facilidad. Hay
{que reconocer que el volantin de Dino no era
tn volantin cualquiera, Era blanco en la parte
central con dos alerones azules. Tenia una
cola de cinco metros que ondeaba como una
bandera desplegada,
Los vientos de septiembre son caprichosos y
muy mal educados: dan manotazos al primero
que se les ocurre. Una rafaga de ésas elev6 al
volatin y a su duefio agarrado ala cola de cinco
metros. El sabio Dino se remonté mas allé de
Jas nubes, mas alla de la ultima estrella conoct-
da, hasta llegar al espacio intergalactico. Cada
astro, cada planeta tenia una forma, un color
y una historia diferentes, Asi, fue conociendo
el planeta de la risa, porque tiene cosquillas,
la estrella fugaz “corre que te pillo”, las lunas
unaticas, porque son huecas por dentro como
pompas de jabén, y los asteroides de meren-
ue y chocolate que flotan sin duefo en el
firmamento. También se llevé alguna sorpresa
desagradable. Descubrié un planeta que es un
inmensa bolsa de basura que flota a la deriva.
38@D2:En uno de sus pasoos pr al espacio, 5
volantin sufrié un percance: perdi la cola.
onvertido en volantin “chupete”» cay €0
piquero en un pequerio planeta My verde
habitado tinicamente por dinasaurios Dino
abie buscado toda su vida esqueletos de un
inosaurlo y ahora fos veia por docenas VES,
con au piel verdosa resplandeciente; [os ST
Jer ojos tlernos y carniosos. Dino se dlo cuenta
de que no era un sebio, sino un ignoraris, ©
que tenia que aprender muchas Cosas de los
animales.
Un dinosaurio joven se ofrecid come oa
balgadura y asi, a lomo de dinosaurioy Dino
recortié todo el planeta y sé maravillé con su
vegetacion y sus bosques. EI joven, dinosaurio
fe explic6 que la Tierra se hizo intolerable por
Ip sequia y los dinosaurios emigraron otro
planeta, Algunos de ellos hablar desarrollado
rer sadimentarias que es permitieron allerse
del planeta reseco.
Un dia, el sabio Dino decid volver 2
casa, Echaba de menos el Valle de Ele y
fragancias: el espino, el copa ¥ el romero,
Se aubid al picacho mas alto el planeta de
los dinosaurios y desde ali se lanz® al vaci.
agartado ala cola de st volantn chupete Los
capichozos ls» watts cl wlan lo
jearon de regreso a la Teta. Emocionado,
vio aparecer el pequefo planeta azul de los
terrqueos, girando como un trompo
Dino cayé sobre el Valle de F
fe le de Elqui lanzando
—jAqui estoy de nuevo!
El volantin chupete 6
pete se qued® enganchado
en la copa de un
‘magnolio, pero Dino
Serer oe a
‘Al cambiarse de ro}
jarse de ropa, descubrié que en
a bil desu chou se babi colado un
sna del nin dl oe ela Era
un lagartiin verde, pequenito y muy gracioso,
aunque muy tmido. Lo dejé en ol campo frente
2 su casa, en el tronco de una higuera,
Desde entonces, el Valle de Elqui se lend de
pequetios dinosaurios que corren veloces por
ene es pds ofan sole spas
1s aman “lagartijas". El sabio Dino no le iio
a nadie que, en realidad, som pequerios dino-
seus. Esme dsjrios rangle Ademés,
@l siempre estaba muy ocupado inventando
Oecosas nuevas, como “el lapiz que hace solo las
tareas del colegio” o “la sartén para freir chistes,
fomes y convertirlos en tortilla”
Dicen que el sabio Dino vivié muchos afios
en el Valle de Elqui y, quizas, esté vivo todavia,
‘Cuando vean un volantin blanco con alerones
azules remontandose por las nubes, recuerden.
que puede ser el sabio Dino que esta dando
un paseo.
Los titeres rebeldes
erafin, el titiritero, habia perdido
el humor, que es algo peor que
perder el pelo o los zapatos; bue-
No, me refiero al buen humor,
Porque el mal humor no lo habia perdido en
absolute.
Hubo un tiempo en el que Serafin movia sus
titeres con gracia y hacia reir a todo el mundo
on sus personajes.
Quizas a Serafin se le perdié el humor una
tarde de lluvia 0 bajo el sol inclemente, reco-
rriendo caminos intransitables con su teatrillo
rodante y su baiil de titritero ambulante. A pe-
sar de su mal humor, Serafin seguia reuniendo
2 los nifios frente a su teatrillo de alambre y
tela remendada. Alli sus titeres se perseguian,
se insultaban, se golpeaban y chillaban hasta
desgaititarse.
Una vez terminada la funcion, el titititero
se sentaba en el suelo, bajo el teloncillo, a,comer un trozo de mortadela regada con el
vino peleén de la taberna. Luego se echaba
i) a dormir para olvidarse de los caminos que le
esperaban y de e308 nifios, es0s locos baiitos
para los cuales tenia que trabajar. Los titeres
se amontonaban de cualquier manera en el
fondo del bat
Una noche se escucharon susurros en eb
baal. Eran los titeres que protestaban, hartos de
su vida de perros. Cada uno tenia sus ques.
Hace afios que no nos pinta la cara ni
remienda nuestros harapos. Parecemos men-
digos
—No me importa mi aspecto, pero no so-
porto tanto golpe, tanto grito, tanta palabrota.
GEs que no hay otra forma de hacer reit?
—Serafin ya no entretiene a los nifios, por
que l mismo no se divierte con nosotros.
—Debe de ser por eso que nos hace chillar
y darnos golpes unos a otros.
—Hace unos afios, a mi me gustaba ser un
sre; ahora me da vergtlenza.
—Entonces, zpor qué seguir con él?
ZY qué otra cosa podemos hacer?
e+
—Huir, abandonarlo.
Estoy de acuerdo! Dejemos a Serafin y
su teatrllo triste, Vamonos a conocer otros
pueblos, a otros nifios!
—2Y qué haremos unos pobres titeres de
trapo como nosotros?
—Recobrar la alegria, aprender canciones,
ensayar y contar otras historietas,
Todos estuvieron de acuerdo, Levantaron
con sigilo la tapa del bal y se alejaron en pun-
tills, dejando al titiritero hundido en el pesado
suefio del vino.
Los titeres rebeldes eran cuatro: el burro
Cirilo, la pastorcita Flora, el oso Buco y el
lefiador Troncoso.
Después de caminar todo el dia, se sentaron
‘a descansar bajo un Arbol, pensando pasar alli
la noche. De pronto, se escuché una vocecita
que preguntaba,
—¢Han visto a mi tio Agustin?
‘Asombradbos, los titeres buscaron al que ha-
cia tan extrafia pregunta, modulando un canto
muy peculiar.—gHan visto a mi tfo Agustin?
—Lo sentimos mucho, pajarito, pero no
hemos visto a tu tio Agustin —le contestaron
los titeres a coro.
Soy el Chincol y hace muchos afios que
ando buscando a mi tio Agustin. He aprendido
a cantar solo para llamario.
—jCanta para nosotros! —le pidié el oso
Buco.
Y el Chincol lamé a su tio Agustin y a toda
su parentela, recorriendo la escala musical con
su trinar de soprano lirico,
Los titeres aplaudieron estusiasmados.
—Gracias, gracias, es la primera vez que
me aplauden.
Es que cantas muy bien —le dijo el burro
Cirilo—. Deberias actuar en el teatro.
—Siempre he softado con cantar en un
escenario. Ensayo mucho en las ramas de los
arboles, pero no tengo piiblico. Ademas, no
tengo un vestuario adecuado. Mis plumas son
arises y muy poco llamati
—Eso es lo de menos —le contest Flora,
la pastorcita—. Yo podria hacerte una cola de
4Oe
plumas de choroy y un sombrerito de pelusilla
de cisne.
—Y cémo saben tanto de teatro?
Al burro Cirilo se le ocurrié una idea.
—2Por qué no formamos una compatia
con el Chincol?
—jClaro, la llamaremos: Compania def
Chincol y sus Amigos!
—2Y donde podriamos actuar? —pregunt6
el lefiador Troncoso, que era el més practic
de los tteres.
El Chincol, entusiasmado ante la posibili-
dad de aparecer en un escenario, les propuso
algo.
—Detrds de esos cerros hay un pueblo don-
de no conocen Ia televisién ni el circo. Estn
aislados. La iglesia esta cerrada y ni siqulera
se escuchan las campanas ni los pajaros. Se
llama Quebrada Seca,
—iVamos a Quebrada Seca! Seguro que
alli nos necesitan —respondieron los titeres
a coro.
eran por primera vez una historia de
titeres.
OR—2Y qué historia seré 65a?
Mientras caminamos hacia Quebrada
Seca, la iremios inventando entre todos. Para
empezar, tenemos todos los personales:
|Flora, la pastora que rie cuando llora!
{EI lefador Troncoso, que planta el arbol
mas hermoso!
;El burro Citrilo, que encanta a los nifios!
{EI 080 Buco, goloso y peludo!
iY como principal atraccién: el Chincol!
Cuando llegaron a Quebrada Seca buscaron
un teatro para trabajar y, claro, sino habia ni
caricha ni plaza ni piscina, menos podia haber
un teatro ni urrteatrillo de alambre y tela como
el de Serafin
Al burro Cirilo —que era el mas burro y el
as listo— se le ocurrié la solucién,
jE pajar tiene una gran ventana que da al
corrall Abriremos las dos hojas y el hueco de la
ventana sera la embocadiura del escenario.
Dicho y hecho. Le colocaron a la ventana
unos visillos de arpillera y el teatro de titeres
se abrié para recibir al piblico. Pero, equé
piblico...? Las calles solitarias de Quebrada
203
‘Seca no presagiaban ninguna concurrencia
multitudinaria.
El 050 Buco, lento pero seguro, y sin decir
este hocico es mio, subié al campanario de la
iglesia abandonada y empezé a tocar la cam:
pana llamando a los vecinos.
Hacia muchisimos aftos que no se escucha-
ba el hondo clamor de bronce de la campaiia.
Su repique causé un gran revuelo. Toda la
gente salia a la calle y se fue reuniendo frente
al pajar.,
Después de los tres rebuznos de Cirilo que
anunciaban el inicio de la funcin, se abrieron
las hojas de las ventanas y se descorrieron los
visillos.
Esta fue la historia que representaron, can-
taron y contaron la Compaiiia del Chincol y
sus Amigos, los titeres: “El oso Buco, goloso
y miedoso, se volvia loco por la miel, pero
les tenia panico a las abejas. El burro Cirilo,
yerbatero por naturaleza, era muy amigo de
las mariposas y consiguié que ellas le llevaran
miel en sus patitas al oso Buco y la depositaran
en su lengua. La pastorcita era la duefia del
panal y no le gusté nada que las mariposas lerobatan la miel. Elbuenazo de Citilo se ofrecio
‘a catgar con las cajas de frutillas que Flora le
vendia al lefiador, siempre que no molestara
al oso Buco ni a las mariposas. El lefiador no
queria comprar ni hablar con nadie, porque le
dolian las muelas. En ese momento, afareci6
el Chincol y su simpatico canto le quité el dolor
de muelas al lefiador” ;
Esa era la historia, pero ocurrié algo.muy
curioso. Para la representacién, los Yiteres
habian hecho unas mariposas de papel; Per,
de pronto, la ventana-escenatio se lléné de
mariposas reales de todos colores que revolo-
teaban entre los titeres, atraidas por el canto
del Chincol. Todos los nifios de Quebrada
Seca aplaudian entusiasmados ante tan mk
lagtosa maravilla, La funcién habia resultado
un éxito completo.
Los titeres salieron del pueblo llenos de
regalos y muy felices. Recordaron entances a
Serafin, el titititero, que estaria solo, echando-
fos de menos. Un titiritero sin titeres es como
‘un alma en pena
\Volvieron por donde habian venido, acom-
pafiados del Chincol, que se habia convertido
De
en el actor principal de la compatiia y amigo
fiel de los titeres.
Cuando llegaron al teatrillo de lona remen-
dada donde dormia Serafin, ocurrié algo muy
curioso. El Chincol canté:
—¢Han visto a mi tio Agustin?
Serafin se despertd sobresaltado y dijo:
—iYo soy el tio Agustin!
Y el Chincol lo reconocié como el tio que
buscaba desde que é! era un pajarito-nifio.
Serafin les explicé muy emocionado:
Yo me llamaba Agustin, pero cuando
abandoné mi pueblo ya mi familia, me dediqué
alteatro. Entonces, cambié de nombre. Yo soy
* el tio del Chincol.
El tio Agustin y el Chincol se besaron y los
titeres aplaudieron. El titiitero siguié hablan-
do:
—Cuando ustedes se fueron, pensé que todo
habia terminado y me senti tan triste que crei
que me iba a mori.
Flora y los otros titeres lo consolaron,—Nada ha terminado, al contrario, todo va
ipezar de nuevo. La familia titiritera ataca
de nuevo.
jEl tio Agustin presenta al Chincol y sus
amigos en la obra “Las Mariposas de Colores
vy la Miel de la Risa”...!
Amigos lectores, quizas ustedes no hayan
visto todavia a los titeres del tio Agustin, porque
ellos trabajan en pueblos lejanos donde no llega
la television. pero si algin dia se aventuran
por los confines de
pile, es posible que losNico y las palabras
staesla historia de un nifioque sella-
‘maba Nicanor, al que sus padres
le decian Nico.
A Nico le gustaba dibujar en
Jos vidrios con el vaho del aliento y perseguir
matapiojos en el jardin. Como todos los nifios,
tenia un montén de revistas de historietas que
le ocupaban todo su tiempo, Hojeandolas, a
Nico se le olvidaba tirarle la cola al gato y con-
testarles a sus padres cuando le hablaban,
Nico, vamos a it a visitar al abuelo.
—iEseroing! jBang! ;Punch! ;Croc!
—¢Qué estas haciendo?
—iFlash! ;Zatapoc! jRunrun!
Era asombroso. Nico hablaba como las histo-
rietas ilustradas. Habia olvidado las palabras.
La mamé record6, entonces, que los telee-
ducadores telerrecomiendan la teleimagen para
telehablar. Esa era la solucién. Le compraron
al nifio un televisor gigante.
Oe
ASY asi fue como Nico perdi sus historietas
y se encontré instalado frente a un televisor
gigantesco. Alli comia, dormia y se pasaba la
jornada completa. Sus padres, el gato y los
teleeducadores esperaban con ansiedad los
resultados. Y un dia, Nico empez6 a hablar.
—"jEntre a un mundo de sabor y fantasia
con la teleserie detergente que tiene cuatro
puertas y da premios millonarios!”
—2Qué ha dicho?
—iPor Dios, Nico, habla més claro!
—“iEn tu ducha diaria usa mayonesa baja
‘en calorias con las rebajas imparables del Dia
de la Madre!”
Nico ya no hablaba como las revistas ilus-
tradas; hablaba como la television.
—E] televisor es el culpable! |Fuera el te-
levisor!
—Lo que necesita este niflo es Ciencia,
mucha Ciencia
—cAl6? Quiero que me manden a un pro-
fesor patticular enciclopédico con mano dura
para un nifio que no sabe hablar.
0s
El Profesor Enciclopédico era un sefior que
catraspeaba en do sostenido mayor y habia
amaestrado fieras mucho mas dificiles que
Nico. Al cabo de unos meses terminé su mision
yllamé a los padres.
—Me entregaron un burro desorejado y les
dewuelvo un nifio amasado en letras de impren-
ta, encuadernado y listo para su uso.
Y Nico habl6. Hablé como un libro abierto.
Hablé durante horas, durante dias enteros.
Romulo... Diéresis... Corcega... Pers
co... Cabala
TEs atroz!
—Parece que se hubiera empachado con un
puré de palabras esdrijulas.
—Es grave. Esta intoxicado con la letra im-
presa. Habré que llevarlo a Urgencias.
—La ternura de una madre conseguiré lo que
no han logrado otros. A ver, cielo mo, cochita
pechocha, di solo una palabra: MA-MA.
—Socrates,
—No, no, mi terroncito de azticar, di MA-
MA... LA MAMA ME MIMA,
De—Perimetro.
—iEs espantoso! {Me ha llamado “Perime-
tro"!
Los libros tienen la culpa. Lo que hay que
hacer es enviar a Nico al campo. Lo que tiene
puede ser contagioso.
=2¥ tt crees que sobrevivird, rodeado de
mosquitos, analfabetos y gallinas crudas?
‘or supuesto! Prepara su equipale
EI nifio llamado Nicanor, al que su far
llamaba Nico, se fue al campo a un caseri
perdido en las montafias. Alli quedé a cargo
de la familia de un pastor.
Al principio, Nico no hablaba, pero apren-
dio a escuchar, a escuchar con el corazén
Aprendié a distinguir el canto de los pajaros,
el croar de las ranas, el crepitar de los insectos,
el tamborileo del granizo. Todos esos sonidos
decian cosas secretas que solo él comprendia
y le permitian dialogar con ellos. El pastor le
ensefié a reconocer cada érbol, cada hierba,
cada fruta; a revolearse en el pasto, a poner
el oido en la tierra y escuchar las cosas subte-
rraneas. El pastor le decia que todas las cosas
0s:
del mundo le hablan a uno a través del tacto,
del gusto, de la vista y del oido; que el bosque
es un didlogo continuo y que el dia tiene muy
diferentes colores.
El pastor inventaba palabras cada dia. Lla-
maba “picomoro” a la pajarilla que picaba las
moras y “trotizambo" al topo que se cruzaba en
‘el camino con sus patitas torcidas. “Zafrosa”,
“Belapoma” y “Alalba” eran frutas silvestres
que descuibria cada mafana.
Al fin del dia, antes de acostarse, Nico se
preguntaba:
—Cuantas palabras he inventado hoy...?
Y se dormia con las palabras canténdole
en la cabeza, porque para inventar palabras
hay que vivirlas primero, reirlas, masticarlas,
cantarlas y compartilas.
El pastor le decia a Nico:
—Recuerda que nadie vio antes que tio que
ests viendo ahora. Eres el primero. Cuéntalo.
Alguien querrd oirlo.
Asi, Nico se fue haciendo trotamundos,
hortelano, escalador, compafiero de lagartijas
y codomnices. Caminando por los bosques, elnifio sordomudo, el nifio autista, el nifio retra
sado, les dio nombre a todas las cosas. Viviendlo
las palabras una a una, descubriéndolas con las
vyemas de los dedos, Nico se hizo poeta. Porauic
Jos que escuchan el idioma secreto de las cosas
son los poetas. Y luego se hizo hombre, se hizo
viejo y se hizo nifo.
En los poetas, el tiempo corre al reves y ter
minan siendo nifios asombrados, maravillados.
gateando por el mundo, diciendo “agi, agi
La mudez de Nico se transformé en una 1
faga de lenguaje aéreo que mueve velas, veletas
yveleros. Basta que él sople sobre las palabras
para que éstas giren como remolino de par
desatando un ventarrén que vuela sombrer<
cabezas huecas, pelucas y telaratias.
iPor favor, Nico, sigue soplando letras,
nidos y palabras para que todos aprendarn
a hablar!La hija de la brajula
Esdrajula
ay brujas malas, brujas buenas,
pero también hay brujitas flo-
A, jisimas, desobedientes y enre-
dosas...” Eso decia la brijula
Esdrijula y se referia a su hija Bruilda, que no
conseguia terminar sus estudios para recibir-
se, de una vez por todas, de brijula hecha y
derecha.
—jEres la vergtienza de cinco generaciones
de brujas! Todavia no pasas el examen de bru-
jeria menor, que es la mas elemental.
—Ya voy en la 8 —respondia Brujlda.
Y el libro tiene 533 paginas. Ni siquiera
sabes hacer llover sapos, que es el ejercicio
mas sencillo
—Es que se me dan muy mal las Tablas de
Multiplicar Brujerias.
—Porque te distraes con cualquier cosa,
—Me gustan las plantas y los bichitos.
Oe
of—Solo deberian interesarte los murciélagos
y ellitre, que da urticaria
—Mamabruja, esta noche es el Gran Aque-
larre, el Baile de las Brujas. Me dijeron que la
|
|
que baila alli, encuentra novio.
—Hay brujos muy buenos mozos, desde
| luego, pero tti no iras al baile si no aprendes
} de corrido el Manual Basico de la Brujeria,
| Después de hacer esta declaracién termi-
ante, la brijula Esdrdjula dej6 a la pequefia
Brujilda el grueso Manual en las manos y se fue
a preparar sus hechizos. Bruja se puso a estu-
diar los distintos “males de ojo” del Manual:
“En nombre del Ganchudo,
de Piltra y de Mocotilo,
i} vyo te hago este conjuro:
que te atores con el hipo”.
—Nunca aprenderé estas maldades. Otras
cosas son las cosas que quiero aprender. Por
ejemplo: vestir al ciempiés, buscar frutillas si-
} vestres y hablar al revés.
| Brujida se distrajo con el wielo de un picaflor
yel grueso Manual le sirvié para encaramarse
Oe:
sobre él y alcanzar un membrillo amarillo como
el sol. Alguien tosiaa su lado y Bruja se cay
del libraco con el membrillo en la mano. A su
Jado vio una sébana que tosia suspendida en
el aire.
—iQué susto me diste! {Quién eres?
EI Fantasmético. Soy un fantasma asma-
tico y por eso toso tanto. Qué estis haciendo
a?
—Estudio para ser bruja de provecho.
—2Y sabes volar en una escoba?
—Me da miedo la altura y, ademas, no tengo
carné de manejat.
_-—Tendrés que sacarlo. Nadie circula por
cl aire sin un requisito tan indispensable. Te
Ilenarian la escoba de multas. Volar en una
‘escoba es mas facil que tener tos. ;Pasame esa
escoba! Vamos a montarnos en ella. Esta es la
llave de contacto, el embraque, los cambios y el
acelerador. Es una escoba vieja, pero funciona
todavia.
Brujilda y el Fantasmético se montaron en
la escoba y empezaron a planear a gran velo-
cidad sobre el campo, rozando las ramas de losarboles. Brujilda lanzaba gritos de miedo, pero
‘muy pronto empez6 a entusiasmarse
—iQué bonito! {Mira el monte, él rio, las
casas del pueblo y el bosque de eucaliptos!
—gritaba Brujlda
—iNo te agarres asi de mi sébana! —tosia
el Fantasmatico
—{Cuidado! Cruzaste con la escoba un se-
méforo en rojo y un paso peatonal.
—No hay cuidado. Las brujas que controlan
el trinsito de las escobas se han ido al baile, al
Aquelarre-Rock,
Yo también quiero ir. gPor qué no me
Hovas ti?
—Porque me viene la tos.
Yo te la quitaré en un santiamén. Conozeo
todas las hierbas medicinales.
Y dicho y hecho: Brujilda recogié unas hojas
de malvavisco, sauco y matico, las mezcl6 con
fa flor de a algarrobilla y preparé una infusion
que el Fantasmatico se bebié de un trago.
—jEs inerelbie! Ya no toso. Parece cosa de
bruias
0s—E5 Jo natural. Yo soy la brujita yerbatera.
No conozco el mal de ojo, pero conozco las
plantas. Con mi escoba, en vez de volar, barra.
el campo. Soy la brujila de a pie, sin escoba
voladora y sin carné. jAnda, vamos al Aque-
larre-Rock!
—2¥ nos dejaran entrar?
—Claro, basta decir: “Abracadabra, salta la
cabra y Obrocodobro, pote de pollo”
Cuando Ilegaron a la Discocueva, donde
tocaba la banda de las Brujas Rockeras, dijeron
‘el santo y'sefia yentraron sin problemas.
Brujilda baild toda la noche con el Fantas-
rita, que ya no era el Fantasmatico porque no
tenia tosni asma. La brujita cimarrera pidio el
micréfono y cant6 una balada-rock.
“Cuando estés sola como yo,
mira un poquito
a tu alrededor
Verdis mucha gente que son
tus grandes amigos.
Bailemos el rock”.
La brijula Esdrdjula reconocio a su hija
cuando la vio con el micréfono en la mano.
+0De
‘Subi al escenario dispuesta a llevarla de una
oreja de vuelta a su casa.
—iYo te explicaré todo, mamabruja...! Es-
‘uve haciendo practicas con la escoba voladora
y como no domino todavia el volante, me trajo
hasta aqui
—Cada uno va a donde quiere ir le res-
pondié la brojula Esdrijula—. La voluntad
puede mas que el volante de una escoba. Lo
que pasa, en realidad, es que ti no querias
studi
—No, mamabruja, lo que yo no quiero es
aprender brujerias malulas. Yo quiero estudiar
las flores silvestres, los yuyos, las hierbas medi-
cinales, las agiitas sanadoras. Quiero ser una
‘buena curandera,
—Tiene buena mano la chiquilla, créame,
sefiora —dijo el Fantasmatico a la brijula
Esdrijula—. A mi me curd el asma con tres
plantitas, no més,
—2Y de donde sale esta sébana parlanchina?
—pregunté la brijula Esdrijula,
—No es una sabana, mamabruja, es un
amigo.—Yo era un Fantasmatico, pero ahora soy un
Fantasma Cantor. Me gustaria legar a ser el Fan
tasma de la Opera. Estoy estudiando para eso
—Esté muy flaco y debilucho, el pobre. La
sébana le cuelga en los huesos. Deberias invi-
tarlo a tomar once con pancito de huevo de
paloma torcaza.
—ZNo tendran alguna diablura esos panci-
tos, sefiora?
—iCémo se le ocurre! En el fondo yo soy
como Brujilda, me gusta ayudar a la gente, pero
hago diabluras de vez en cuando para que no
me pietdan ef respeto.
Los tres se subieron a la escoba voladora.
Bryjlda ya era experta conductora del transpor-
te aéreo. Sobrevolaron el bosque y aterrizaran
felizmente en el jardin de la casa
Alli la brijula Esdrijula horned exquisitos
panes de huevo y bebieron infusiones de cinco
hierbas aromaticas preparadas por Brujilda. Los
libracos de las malas brujerias fueron cayendo
uno @ uno en el fogén donde hervia la tetera,
Que cada uno continte este cuento como
le dé la gana y lo convierta en el Cuento de
‘Nunca Acabar.
El arbol de los prodigios
nelnorte, en un paraje muy deso-
lado, vivian dos hermanos geme-
q » los. Como todos sabemos, los
WWE gemelos suelen ser iguales, pero
éstos eran completamente distintos. Uno,
delgado e inquicto, que se llamaba Nacho;
y el otro, rechoncho y lento, que se Hlamaba
Pacho.
Los gemelos podian sobrevivir gracias a un
rebafio de cabras y un trocito de huerto del
tamafo de un mantel. La verdad es que tenfan
también dos cosas: un arbolito enclenque que
parecia estar a punto de troncharse cada vez
que soplaba el viento, y el horizonte,
—zEl horizonte? Pero si el horizonte es de
todos!
—Bueno, si es de todos, entonces también
era de Nacho y de Pacho.
A pesar de ser tan diferentes, los hermanos
gemelos se llevaban muy bien y se repartian
De:el trabajo sin discutir. La serrania donde vivian
estaba completamente aislada y su aridez no
atraia visitantes ni comerciantes. Un dia vieron
que alguien se acercaba. por e! polvoriento
camino.
—Es un viejo
—Debe de estar chiflado,
El comentario de Nacho estaba justificado,
porque el anciano iba montado en un burro y
llevaba dos remos en las manos, uh remolino
de papel sujeto en su cabeza y un volantin cuyo
hilo estaba atado a la cola del asno,
—Se'ha perdid6, abuelo?
—Eso es imposible. Precisamente para no
perderme Ilevo el volantin y el remolino de
papel. La direccién del viento me indica el
camino
—2Y hacia donde va?
—Hacia el mar.
—No sabia que el mar estuviera en esa
direccion.
—Todos los caminos llevan al mar. ¢Me
podrian dar un vaso de agua?
+3DH
—No pide poco. Esta tierra esta tan seca
‘que con un vaso de aqua podria crecer una
plantita de tomates.
—2Ni siquiera unas gotas para un pobre
viejo que camina hacia el mar?
—Tome, abuelo, Eso iltimo que nos queda.
No llueve desde hace dos atios.
—Gracias por compartir conmigo la esca-
sez.
—¢Por qué quiere ir al mar?
—Voy a reunirme con mis diez hijos que son
buceadores y viven en la Isla de Coral.
—2¥ est muy lejos?
—Detrés del horizonte. No hay donde per-
derse.
‘A Nacho le brillaron los ojos al mirar el
horizonte. Casi como un espejismo creyo ver
cl mat, alli, al aleance de la mano. En cambio,
Pacho, el hermano rechoncho y tranquilo, no
pensaba lo mismo.
—En el mar no se pueden sembrar hortalizas.
i, hay mucha agua, pero no hay ni un pufiado
de tierra para sembrar una sernila, Es un desier-
tol revés. Prefiero seguir cultivando esta ramita
Deendeble que algin dia crecerd. Yo no suerio con
el mar, sino con un Arbol frondoso.
El anciano sontié y empezé a contarles lo
que él habia visto en el mar,
—En medio de las aguas hay un arbol in-
menso: es el rbol de los prodigios. Tiene una
copa frondosa como el cielo estrellado y en
vez de hojas esta cuajadlo de pequefios peces
tornasolados. Es e] arbol de la abundancia y de
la felicidad. Su sombra es fresca y acuden a él
los defines, las gaviotas, los cormoranes, los.
pelicanos, Debajo del arbol del mar construiré
micasa. +=
—eComo se puede construir una casa bajo
el aqua?
—¢Por qué no? {No has construido nunca
luna casa sobre un suefio? En el agua todo se
sustenta a las mil maravillas y crece hacia el
cielo, sobre todo los suefios,
—2Y cémo puedo encontrar el arbol de los.
prodigios? —pregunté Nacho—. El mar debe
de ser inmenso.
—A algunos el camino les resulta muy
largo, y a otros, muy corto. El tiempo es un
6De:
espejismo. Silo buscas sin desanimarte, lo vas
a encontrar.
—{Necesitaré quizés un remolino de papel
como el suyo?
—Cada uno necesita algo diferente. Tu eres
joven, Te bastaré caminar en la direcci6n co-
recta, Tu propio coraz6n sera el remolino de
papel que te indicaré la fuerza del viento, Y aho-
ya tengo que alcanzar el horizonte antes de que
‘anochezca. Gracias por el agua compartida,
iQue encuentre a sus diez hijos en la Isla
de Coral!
—Y tambien a mis treinta nietos y mis sesen-
ta bisnietos —ri6 el viejito, mientras se alejaba
remando, montado en su burro y arrastrado
por el volantin
—iHermano, varnonos a buscar el arbol de
los prodigios!
—En ese caso, habré que prepararse —se-
fial6 el gemelo regordete, que era muy pruden-
te—. No pensar irte asi, solo con la camiseta
puesta y las manos vacias.
—Asi es como hay que viajar: liviano, libre
le contest Nacho.|
|
—Asi no llegaremos a ninguna parte. Para
llegar al mar se necesitan cosas que tt ni si
quiera te imaginas.
—2Y cémo lo sabes ti, si nunca has estado
alli?
—Porque yo pienso, cosa que tt haces ra-
raimente. Voy a preparar este viaje con mucho
cuidado. Necesitare muchas cosas y tengo que
conseguirlas poco a poco
—Todo lo haces poco a poco —le dijo
Nacho—. A mi me gusta hacerlo mucho a
mucho. Me voy, hermano. Quédate con tus
preparativos inlerminables. Yo me subiré en un
periquete sobre el horizonte y desde alli te salu-
daré levantando la mano. La vida se va tan de
prisa que tengo que correr para alcanzarla,
—Tu impaciencia te perderd. No llegarés
muy lejos, pero te deseo mucha suerte, Nacho.
Dame un abrazo,
Los gemelos se despidieron y Nacho se alejo
sin mirar hacia atré.
El viaje de Nacho duré tanto tiempo, que él
dejé de llevar la cuenta de los dias. Tenia razon.
el viejo que remaba montado en su burro: el
tiempo es un espejismo. :
Un dia, Nacho llegé al mar. Le parecio
marauilloso, pero no encontr6 el arbol de los
prodigios plantado en el agua.
Se acercé a la mujer de un pescador que
remendaba redes en la playa.
—Buenos dias, sefiora. Ando buscando el
‘rbol de los prodigios que tiene peces en vez de
hojas. ¢Podria decirme dénde encontratlo?
Los tinicos peces que he visto toda mi vida
estan en el mar, no en los rboles. Mi marido
trabaja toda la noche para pescar algunos
{Donde te dlijeron que estaba ese Arbol?
Al otro lado del horizonte.
—Entonces no has llegado todavia, porque
yo veo el horizonte all, al otro lado del mar.
—Gracias, sefiora. Trataré de alcanzar el
horizonte.
Pero el horizonte retrocedia y retrocedia,
Nacho cruzé cinco océanos tratando de alcan-
zar el horizonte.
En tanto, Pacho, ain en su casa, se prepara-
ba cuidadosamente para realizar el viaje en busca
del Arbol de los prodigios. Como no tenia a su
hermano gemelo para dialogar, hablaba solo.
®
y
of,
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