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La historia de un resucitado y su legado

El documento narra la historia de un hombre llamado Menou que aparece después de morir para disculparse con su amiga la señora Dallemand por haberse olvidado de ella en su testamento. Menou le da una llave y le dice que encontrará dinero detrás de la cabecera de su cama. La señora Dallemand y su amiga comprueban que Menou efectivamente ha muerto, encuentran el dinero donde dijo y quedan sorprendidas por la extraña aparición.

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La historia de un resucitado y su legado

El documento narra la historia de un hombre llamado Menou que aparece después de morir para disculparse con su amiga la señora Dallemand por haberse olvidado de ella en su testamento. Menou le da una llave y le dice que encontrará dinero detrás de la cabecera de su cama. La señora Dallemand y su amiga comprueban que Menou efectivamente ha muerto, encuentran el dinero donde dijo y quedan sorprendidas por la extraña aparición.

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El resucitado

Marqus de Sade
Los filsofos dan menos crdito a los aparecidos que a ninguna otra
cosa; si, no obstante el extraordinario hecho que voy a relatar, suceso
respaldado por la firma de varios testigos y registrado en archivos
respetables, este suceso, repito, gracias a todos estos ttulos y a los
visos de autenticidad que tuvo en su momento, puede resultar digno
de crdito, ser preciso, a pesar del escepticismo de nuestros
estoicos, convenir en que si bien no todos los cuentos de resucitados
son ciertos si que contienen, al menos, elementos realmente
extraordinarios.
La corpulenta seora Dallemand, a la que todo Pars conoca en aquel
tiempo como mujer alegre, cordial, ingenua y de agradable trato, viva
desde que se haba quedado viuda, haca ms de veinte aos, con un
tal Menou, hombre de negocios que habitaba cerca de Saint-Jean-enGreve. La seora Dallernand se hallaba cenando un da en casa de
una tal seora Duplatz, mujer de carcter y medio social muy
parecidos al suyo, cuando a la mitad de una partida que haban
iniciado despus de levantarse de la mesa un criado rog a la seora
Dallemand que pasara a una habitacin contigua, pues una persona
amiga suya deseaba hablarle enseguida de un asunto tan urgente
como esencial; la seora Dallemand le contesta que espere, que no
quiere echar a perder su partida; el criado vuelve de nuevo a insistir de
tal manera que la duea de la casa es la primera en obligar a la
seora Dallemand a ir a ver lo que quieren de ella. Sale y se encuentra
con Mnou.
- Qu asunto tan urgente - le pregunta - puede obligaros a
molestarme de esta forma viniendo a una casa en la que ni siquera
saben quien sois?
- Un asunto de vida o muerte, seora - contesta el agente de cambio -,
y podis estar segura de que haba de ser como os digo para poder
obtener el permiso de Dios y venir a hablar con vos por ltima vez en
mi vida...
Ante estas palabras, que no correspondan a un hombre muy en sus
cabales, la seora Dallemand se sobresalta, y al observar con
detenimiento a su amigo, al que no vea desde haca varios das,
vindole plido y desfigurado, se asusta ms an.
- Qu os pasa, seor? - le pregunta -. Cul es la razn del estado
en que os veo y de los siniestros hechos que me anunciais...

explicadme al instante qu os ha ocurrido.


- Nada que no sea normal, seora - responde Menou -. Tras sesenta
aos de vida no quedaba ya ms que llegar a puerto; gracias al cielo
ya he llegado. He pagado a la naturaleza el tributo que todo hombre le
debe, nicamente siento haberme olvidado de vos en mis ltimos
momentos y por esa falta, seora, es por lo que vengo a pediros
perdn.
- Pero, seor, estis desvariando? Ese desatino no tiene ni pies ni
cabeza. O vos recobris la razn o yo me ver obligada a pedir auxilio.
- No lo hagis, seora. Esta inoportuna visita no ser larga, estoy
agotando el plazo que me concedi el Eterno; escuchad, pues, mis
ltimas palabras y luego nos
despediremos para siempre... Yo he muerto, seora, os lo repito,
pronto podris comprobar la veracidad de lo que os digo. Me haba
olvidado de vos en mi testamento y vengo a reparar mi falta; tomar
esta llave, id enseguida a mi casa; detrs de la cabecera de mi cama
hallaris una puerta de hierro, abridla con la llave que os doy y coged
el dinero que hay en el armario que cierra esa puerta; mis herederos
ignoran la existencia de esa suma. Vuestra es, nadie os la disputar...
Adios, seora, y no me sigais...
Y Mnou desapareci.
Es fcil imaginar en qu estado de excitacin volvi la seora
Dallemand al saln de su amiga; le result imposible ocultar el
motivo...
- Toda esta historia bien merece una comprobacin - le dijo la seora
Duplatz -, No perdamos un instante,
Piden los caballos, suben al coche y marchan a casa de Mnou. El
estaba en la entrada, tendido en su atad; las dos mujeres suben a las
habitaciones, la amiga del dueo de la casa, a la que conocen
demasiado bien para impedirselo, recorre todos los dormitorios que
desea, da con la puerta de hierro, la abre con la llave que le haban
dado, encuentra el tesoro y se lo lleva consigo.
Vemos aqu pruebas de una amistad y de un agradecimiento que no
se prodigan muy a menudo y que, por ms que los aparecidos nos
espanten, estaremos al menos de acuerdo en que deben hacer que
les perdonemos el terror que nos causan a cambio de los motivos que
les traen ante nosotros.

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