Para ti, que viajas
por los escalones de estos poemas,
buscando el porqu
del origen de tu viaje.
Como yo.
Nosotros detrs de nuestras sombras, que se unen
pesan sobre m los horrores
como sombras
que me alargan, me prolongan.
Pesan en torno a m
porque hacia donde tienda
me los topo de frente.
Y sin embargo
me aslan los horrores
de tus sombras,
de tu amor
amurallado.
Mi mundo se ha extraviado
No viene mi mundo a m.
Sufrir?
No encuentro las risas que salen de las tripas
ni el llanto que las calma.
Todo se ha acumulado dentro.
Y la fuerza con la que entraron
Un empuje hacia fuera!
No puedo subir las escaleras con tanto peso.
Dnde lo he dejado?
Lo he perdido o me lo han robado?
Pero esto que hay,
es lo que queda
o es que se col un vaco?
Mi sonrisa.
He vuelto
como se vuelve un da,
sin ms.
Porque algo en m ha vuelto
y me ha llevado.
Porque no me fui del todo.
Aqu estoy, atrada
como imn,
sin haberlo intuido.
Me descubro de nuevo
en el pasado
pisando suelo antiguo
con un sabor aejo,
dulce y triste.
Avanzo de puntillas,
recordando,
vindome desde lejos, desde ahora,
como si mi pelcula caduca
fuera de nuevo interpretada
con perdones,
pasndonos por alto los pecados,
rendidos ante la lucha
de la fe.
Sonriendo.
El fraude de los celos.
Te rob tu sonrisa
y no la tiene.
Fue tras tu boca,
arrancndole fuerza al aire,
comiendo brisa,
parando impulso,
deteniendo tu gesto ante sus ojos.
Pero tu boca era ms grande,
eran tus ojos y su brillo,
tus mejillas y tus ganas.
Se coma tu boca con su boca mermada,
encerraba tu brillo en su mirada.
Cuando sinti que el aire se llevaba
alrededor de s
restos de la belleza,
corri a buscarla,
sacudi su brazos con las manos abiertas
queriendo acercar gesto derramado.
Algo agit porque al darse la vuelta
t te habas ido.
Entonces, mir entre sus brazos huecos,
llenos de nada,
llor su sonrisa hacia el vaco
y busc de nuevo donde estabas.
Te rob tu sonrisa
y no la tiene.
El agua de la ducha.
Quiz ducharse por la maana
sea una buena idea.
Tal vez, el agua que moja
nuestro cuerpo nos arranque
la dulzura de la noche
y al mojar el pelo caiga
el gusto del sueo
como chaparrones.
Y as dejar espacio
para que los monstruos de la vigilia
puedan instalarse.
Las suelas de tus zapatos.
Te das la vuelta
como si no viera tu nuca,
para desaparecer
con lo hecho
a la espalda.
Observo tu cuerpo yndose,
tu mochila cargada,
arrastrando los pies.
Como slo piensas en adelante
crees que vas libre.
Vas cargando la alucinacin
que evita la despedida,
el valor.
Yo te veo
pero t, girado,
no ves que te miro.
Tus suelas gastadas
ya anduvieron ese suelo.
Venas de frente, sonriendo.
Otra miraba tu espalda
con mirada triste y sabia.
Otra callaba un adis
que no pudo.
Tus zapatos,
de frente,
me parecieron nuevos.
Otra mir el polvo
que dejaban tus pasos tras de ti y dio la vuelta,
alejndose,
acentuando tu ida,
descalza.
Despus de la fusin.
Te derramaste en el todo
de una sola huida
y fuiste
un poco yo.
Nosotros.
Fuiste deprisa.
Sabrs qu llevas contigo
que no trajiste?
Sabrs que te dejas t,
grupo por grupo?
Sabrs que siento un vaco,
que has espaciado el tiempo,
que te vivo lentamente,
como sin prisas,
como los sueos
sin ms forma que un estado
de ligazn ya truncado?
Sabrs que no siento pena,
sino ausencia?
La imagen del recuerdo se materializa.
Te has ido.
Te has dejado el momento,
que viajo atrs y adelante
y, de nuevo,
tus dedos recorren mi espalda,
tu lengua mis labios.
Y lo que era importante no interesa,
y lo que era molesto me hace gracia.
Cuando te fuiste
te dejaste olvidada
tu esencia
y ya no puedo salir
al mundo en que estaba
antes de que vinieras.
Escribo y t.
Escribo
para parir mi conciencia,
para sacarte de m,
para vivirte sin serte,
para traerte y tenerte.
Escribo
para enfrentarme a mi caso,
para mirarlo a los ojos,
para sentirte entre letras,
para volverte del todo.
Escribo
por no callarme un silencio,
para saberlo maana,
para sacarte del texto,
por no decirte qu es esto.
Escribo
para hacerme compaa,
por recrearme en tu ausencia,
para saber que de todo
surges t, y en todo naces.
10
El recuerdo habita la piel.
Ya no toco tu piel,
pero mis dedos
no han extraviado aquel tacto lampio,
no podrn olvidar que lo que sienten
tiene medida dentro de su escala
por haber sido presa
de tu jugo.
11
La soledad se presta al anlisis de su naturaleza.
A veces la soledad
no es el vaco,
sino algo denso
que nos aprisiona.
As como la felicidad
es el yo
dilatado.
12
El logro es la respuesta del consentimiento, no de la bsqueda.
Busco un sueo para seguir andando
y aunque lo encuentro
no puedo aferrarlo.
Tranquila,
me quedo quieta, consciente
de mi errado empeo.
Viene un sueo y
me hace suya.
Entonces ya no ando. Voy bailando
en la meloda de su ilusin.
13
Sigo dando vueltas por chocarme con tu mirada ms profunda.
Dnde debo buscarte,
cul es el laberinto,
tan siquiera
donde debo perderme.
14
La realidad es tan flexible como nuestra mente, pero no ms.
El lmite es flexible
pero
y la fe?
Cuando sent que con el hombro, empujando,
ceda,
sopl
y cedi.
Par de quejarme y me puse a creer.
15
Siempre es ahora y ahora es siempre.
El ahora se va,
se va yendo
y yo vivo el ahora que se va escapando
y de ah salto al que asoma
buscndolo
como si l no me hubiera encontrado.
Soy del ahora, vivo en l
y cuando evoco recuerdos
no soy yo quien viaja
sino el tiempo.
Como cuando sueo entusiasmo ya lo tengo.
Y t buscando el tiempo,
que te tiene.
16
Monotona conforme.
Felicidad anodina,
artificial
que allana mi vida
que alinea mis das
uno tras otro
organizadamente,
sin dudas, sin preguntas,
sin respuestas,
sin deseos, sin ansias,
sin satisfaccin,
sin ambigedades,
en orden.
Resbalando por mi tobogn oblicuo,
yendo al mismo sitio de antes
sin pensarlo
sin pensar en ello.
17
Aydame a no estar junto a ti.
Haz del silencio un aura,
hazlo factible
para que el mundo ya no me de miedo
y ya no sufra
de soledad
cuando sea el silencio quien me asuste,
para que pese como tu presencia,
para que se haga activo,
para que vengas
con l
a mi silencio.
18
Espacio para una aoranza.
La ausencia de ti
no es tu recuerdo
sino el espacio
por donde no pasa el aire
a mi lado.
19
El hombre que prefera buscar a encontrar.
No estaba preparado
para un sentir intenso
y sucumbi.
Por eso,
cuando sinti
que no poda cargar con aquel peso,
le dijo que no haba nada en ella
que l pudiera querer.
Y se march
dejando a la que no necesitaba
en una silla de un saln.
Comenz a sufrir.
Y conoci alguien en quien buscar continuamente.
Llam a su antiguo hogar:
qu poca cosa has sido para m;
ahora lucho, estoy vivo.
Y cuando se volvi ante su presente,
dijo a aquella mujer:
No paro de buscarla en tu mirada
y no la encuentro,
pero me muevo al despertar de cada da.
20
Temor de memoria.
Ojal me atreviera
a vivir lo que siento
sin pensar si maana tambin ser til.
Si no hubiera habido rastrojos
ni nubarrones
pensara ms alto,
ms cierto,
ms claro a tus rayos, sin saber que se apagan
como surgen.
Lo que siento no cabe en el tiempo
que ilumina tu mirada,
tu voz lenta.
Se escapa en el espacio de las nubes
y se mezcla con yodo que lo cubre
y lo cura.
Y cuando cicatriza, otro araazo.
Tal vez ya duela menos y las quejas
de lo que estoy viviendo se me olviden
cuando pasen ms cosas.
Y llegar un momento en que para sentir
tenga que remover
lo que quede producto del recuerdo.
21
Criterio
Llueven personas en tu vida
en un momento
que slo moja.
Cuando aquella humedad ya se haya ido,
mrate;
observa
qu gotas efmeras se evaporan
y cules an resbalan por tu piel, sensuales.
22
Expresin.
Me beb las palabras de tu voz
cuando hablaste los silencios ms esperados.
Vinieron en un flujo lquido que tragu
desde tu boca.
Y con l tu dolor.
T me dijiste el amor duele
y yo me re.
La risa se re ahora de m
y, sino,
se atraganta con los sollozos
sordos
que aoran los silencios
vivos.
Ahora en lgrimas se ha convertido
el jugo de tu saliva.
Ahora lo que era presin
es choque contra el vaco.
23
Rendicin, asenso, soledad y bsqueda.
Se buscan sensaciones de otros cuerpos para sentidos hurfanos
Si es que hay alguien que inyecte movimientos,
sensaciones de sol, lunas y truenos,
abstnganse llamar,
cuerpos en brote.
Si hay primero teora
no me busquen.
Ya desech el enigma de las claves.
Ahora quiero
instalar en mi cuerpo slo sones
para acoplar a valles que ya existen.
Desestimo el secreto de la vida predicha,
apagu mis cohetes
pues me han dicho
que la felicidad
duele al contrapeso.
24
Piraas remontadas
Se va haciendo mi corazn liviano
al no cargar con pesos que no quiero,
que cuelgan como las telas de araa
ajenas al deseo del soporte.
Se va haciendo liviano y ya respiro
profundamente,
sabiendo genuino
el palpitar tranquilo de mi vida,,
equilibrado el ritmo de mi mente.
Se han ido las piraas afincadas
chupando sangre con cada latido.
Se han ido con sus dientes afilados.
Quiz arrancaron rojo que en sus bocas
transformarn en sucio y gris consuelo.
Ellas escupirn este veneno
que, aunque nadie lo sepa, no es el mo;
es lo que me robaron y han podrido
entre unos dientes sucios.
Lo que es muerto.
25
Tu sonrisa
Volvers
un da
cuando las cenizas pausadas del recuerdo
hayan sido
agitadas
por algn viento.
No te estar esperando,
pero sonreir al verte.
Sabr que no es tu sitio.
Tal vez t no descifres
la sensacin amarga de mi gesto.
Te dar la ternura
y tu interpretars que haba espera
en los labios.
Cuando bese tu boca
para hacerte valiente
manejars de nuevo mi cintura
como un viejo regalo recuperado
del que te olvidaste hace tiempo
y al que vuelves con simiente y aoranza.
Pero en tus manos ya no funcionar.
Cuando busques mi mirada
en tu pregunta,
te sonreir tambin.
Quiz
sonras
y descubras
el dolor que hay
tras tu gesto.
26
El precio
Me dicen que mi nmina,
que mi casa, que mi vida,
regalo annimo sin libro de reclamaciones,
tienen un precio.
Me dicen que mi espritu,
que mi conciencia, que mi vida,
de la que desconozco el punto de partida,
tienen un precio.
Me dicen que mi xito,
que mi posicin social, que mi vida,
a la que accedo ajeno de exclusin
tienen un precio.
Me dicen que mi moral, que mi equilibrio,
que dicta mi corazn, que mi vida,
que no se me define independiente,
tienen un precio.
Y sola yo adivino
el precio de mi yo amasado en precios,
buscando conjunciones que no existen,
dentro de un alma fustigada
por una guerra de valores
y
yo
pagando.
27
Flujos convergiendo
Pienso pienso pienso
y pensar es mover los recuerdos a fuego lento.
Se van mezclando poco a poco
como colores sobre una paleta
al pnico del aguarrs.
Lo importante va dejando de pesar
y lo liviano emerge, sorprendiendo,
diciendo Me recuerdas? Nac.
Pensando. Mezclando
se va diluyendo hasta el pensar
y surge un sentir lento,
como tu recuerdo antes de conocerte,
como el amor pausado, sin rencores,
como el gris de la mezcla,
como la horizontalidad del lquido,
como t cuando slo te quiero.
28
Yo como respuesta
Lo que siento
no es algo que yo haya creado
y alojado en m.
Es
una rfaga de algo que existe
cuando traspasa mis lmites
y me habita.
29
Mi amor es una cuestin conmigo misma
Me enamoro en silencio,
sin decirlo,
para que no desgarres lo que tengo,
para que no te asustes,
para que no salgas huyendo,
para que no te guste,
para que no entiendas que te dejo pasar slo por eso.
Para que no entres de golpe en mi silencio
y rompas el cristal
por el que veo
cuando te miro
y
sin que lo sepas
me enamoro en silencio.
Me enamoro del amor que tengo.
30
El dao como paseo hacia la integridad
Me imagino un cuerpo
dolorido
de recibir golpes
que no son ni buenos ni malos,
pero s absurdos.
me imagino la lnea del contorno
del cuerpo
cedida,
para evitar los choques dolorosos,
y taladrada
por lo que era golpe y se adentra.
Me imagino los golpes
dentro,
creciendo,
golpeando el contorno por sitios nuevos,
inslitos,
el cuerpo doliendo desde adentro,
la presin en el cuerpo, que emerge
y la mente obstruida.
Me imagino una mente que interpreta
su cuerpo dolorido.
Ya no disculpa el dolor,
sino a s misma.
Y empieza.
Tras los boquetes hechos en la lnea
desfilan golpes adultos
liquidando el sentido de los huecos,
dibujando de nuevo,
alisando,
cerrando
y dejando
los pasillos por donde lo que deba ser lanzado
no empuje tan intensamente
que impida un cuerpo libre.
Me imagino una mente orgullosa
del cuerpo que preside.
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