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San Lucas

Este documento presenta una introducción al Evangelio de Lucas escrito por Lucas. Explica que la tradición atribuye la autoría a Lucas, un compañero de Pablo mencionado en el Nuevo Testamento. También analiza las posibles fuentes y fecha de escritura del evangelio.

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San Lucas

Este documento presenta una introducción al Evangelio de Lucas escrito por Lucas. Explica que la tradición atribuye la autoría a Lucas, un compañero de Pablo mencionado en el Nuevo Testamento. También analiza las posibles fuentes y fecha de escritura del evangelio.

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1 L

F r 1 . .

ILLI
2

[p 3]

COMENTARIO AL
NUEVO TESTAMENTO
por
WILLIAM HENDRIKSEN
Exposición
del
Evangelio según San Lucas

2002
3
[p 4]
EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS
El original de esta obra fue publicado por Baker Book House, Grand Rapids, Michigan,
EE.UU. bajo el título New Testament Commentary: The Gospel According to Luke (1978).
La versión española se publica con el debido permiso. Fue traducida por Pedro Vega.
Diseño de cubierta: Willem J. Mineur
Para las citas bíblicas hemos recurrido a la versión propia del Dr. Hendriksen o a la versión
Reina-Valera, revisión 1960, de las Sociedades Bíblicas en América Latina. Caso contrario, la
versión es indicada.
Libros Desafio forma parte de CRC Publications, casa editora de la Iglesia Cristiana
Reformada en Norteamérica, Grand Rapids, Michigan, EE.UU.
Primera edición: 1990
Reimpresiones: 1996,2002
lZélClC)!1r-eSenOta d e los ft ar i ht , prohibida, bajo las
prOOeQlm17~~c<U.o'0 p or la ley, la reproducción total.o~;;:~~ obra por cualquier
4
[p 5]
ESTE LIBRO LO DEDICO
A MI ESPOSA
RETA
quien mecanografió todo el manuscrito final y
sin cuya ayuda constante en tan diversas formas
yo jamás pudiera haberlo escrito.
5
[p 7]
PROLOGO
Este libro completa la serie de comentarios sobre los cuatro Evangelios. En este tomo se
sigue con las características con las que se han acostumbrado los lectores de los comentarios
anteriores: traducción propia del texto griego, repetición del texto antes de cada unidad
exegética, resúmenes, teología conservadora, bibliografía selecta y general, referencias a
obras y artículos de diversos idiomas.
Algunos rasgos adicionales en este tomo son los siguientes:
1. El análisis de teorías críticas, ya iniciada en el C.N.T. sobre Mateo, pp. 63–86, se
continúa aquí con una descripción y evaluación de la Teoría de la redacción. Aunque algo de
esto se dijo en el C.N.T. sobre Marcos, este tomo presenta un análisis y crítica más básica y
extensa.
2. Una introducción especial a la sección central de Lucas (9:51–18:14), puesto que esta
parte del hermoso libro de este evangelista ha suscitado dudas y problemas.
3. “Lecciones prácticas” al final de las secciones ya mencionadas se han sumado al resto
del material homilético que se encuentra incorporado en la explicación del texto.
4. Dado que el Evangelio de Lucas es famoso por sus muchas parábolas hermosas, más
que cualquiera de los Evangelios, se han agregado dos estudios especiales: (a) la sugerencia
de un método sencillo para la localización de estas parábolas; (b) un estudio de los principios
y métodos para la interpretación de parábolas.
Es mi oración que a este libro se le dé la misma recepción otorgada a los que lo han
precedido.
Guillermo Hendriksen

C.N.T. G. Hendriksen, Comentario del Nuevo Testamento


6
[p 8]
CONTENIDO
Lista de abreviaturas
Tomo I
Introducción al Evangelio según Lucas
I. ¿Quién escribió este Evangelio?
II. ¿Por qué lo escribió?
III. ¿Cuáles fueron sus fuentes?
IV. ¿Cuándo y dónde fue escrito?
V. ¿Cuáles son sus características?
VI. ¿Cuál es el tema y cómo se puede bosquejar?
VII. ¿Qué luz arroja este Evangelio sobre los problemas de hoy en día?
Hay resúmenes al final de cada capítulo.
Excepción: 9:51–18:14 véase el Resumen e Introducción a la Sección Central de Lucas
(9:51–18:14).
TEMA GENERAL: La obra que le diste que hiciera
I. ¿Su comienzo o inauguración 1:1–4:13?
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4:1–13
Tomo II
II. Su progreso o continuación 4:14–19:27
A. El gran ministerio galileo 4:14–9:17
Capítulo 4:14–44
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9:1–17
B. El ministerio del retiro, Capítulo 9:18–50
Tomo III
C. El ministerio en perea, etc. 9:51–19:27
1. La sección “Central” de Lucas: El Ministerio en Perea, con episodios y párrafos de otros
ministerios 9:51–18:14
Capítulo 9:51–62
Capítulo 10
7
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18:1–14
2. El ministerio en Perea (continuación) 18:15–19:27
Capítulo 18:15–43
Capítulo 19:1–27
Tomo IV
III. Su climax o culminación 19:28–24:53
A. La semana de la pasión
Capítulo 19:28–48
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
B. La resurrección y ascensión, Capítulo 24
Bibliografía selecta
Bibliografía general
[p 11] LISTA DE MAPAS
Areas políticas mencionadas en Lucas 3:1
El ministerio de Jesús en el retiro
Rutas de viajes y comerciales
El templo de Herodes
8

LISTA DE ABREVIATURAS
Las letras que corresponden a abreviaturas de libros van seguidas de un punto. Las que
indican abreviaturas de revistas omiten los puntos y están en bastardilla. De esta manera se
puede saber inmediatamente si la abreviatura se refiere a un libro o a una publicación
periódica.
A. Abreviaturas de libros
A.R.V. American Standard Revised Version
A.V. Authorized Version (King James)
B. Jer Biblia de Jerusalén
C.N.T. G. Hendriksen, Comentario del Nuevo Testamento
Gram. N.T. A. T. Robertson, Grammar of the Greek New Testament in the Light of Historical
Research
Gram. N.T. (Bl.-Debr.) F. Blass y A. De Brunner, A Greek Grammar of the New Testament
and Other Early Christian Literature
Grk. N.T. (A-B-M-W) The Greek New Testament, editado por Kurt Aland, Matthew Black,
Bruce M. Metzger y Allen Wikgren
I.S.B.E. International Standard Bible Encyclopedia
L.N.T. (Th.) Thayer’s Greek-English Lexicon of the New Testament
L.N.T. (A. y G.) W. F. Arndt y F. W. Gingrich, a Greek-English Lexicon of the New Testament
and Other Early Christian Literature
M.M. The Vocabulary of the Greek New Testament Illustrated from the Papyri and Other
Non-Literary Sources, por James Hope Moulton y George Milligan
N.A.S. (NT) New American Standard Bible (New Testament)
N.B.D. The New Bible Dictionary, editado por J. D. Douglas y otros
N.B.E. Nuevo Biblia Española
N.E.B. New English Bible
N.V.I. Nueva Versión Internacional, del Nuevo Testamento
R.S.V. Revised Standard Version
R.V.R. Version Reina Valera
S.BK. Strack and Billerbeck, Kommentar zum Neuen Testament aus Talmud und Midrasch
[p 12] S.H.E.R.K. The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge
Th.D.N.T. Theological Dictionary of the New Testament, editado por G. Kittel y G. Friedrich,
y traducido del alemán al inglés por G. W. Bromiley
V.R.V. 1960 Versión Reina Valera, revisión 1960
W.D.B. Westminster Dictionary of the Bible
W.H.A.B. Westminster Historical Atlas to the Bible
B. Abreviaturas de Periódicos
AJT American Journal of Theology
BA Biblical Archaeologist
9
BibZ Biblische Zeitschrift
BS Bibliotheca Sacra
BW Biblical World
CTM Concordia Theological Monthly
EQ Evangelical Quarterly
ET Expository Times
Eunt Euntes Docete
Exp The Expositor
GTT Gereformeerd theologisch tijdschrift
HJ Hibbert Journal
Interp Interpretation; a Journal of Bible and Theology
JBL Journal of Biblical Literature
JQR Jewish Quarterly Review
JR Journal of Religion
JTS Journal of Theological Studies
MTZ Münchener theologische Zeitschrift
NedTT Nederlands theologisch tijdschrift
NT Novum Testamentum; an International Quarterly for New Testament and Related Studies
NTSt New Testament Studies
RHPR Revue d’histoire et de philosophie religieuses
RIDA Revue des Sciences Religieuses
SBibT Studia Biblica et Theologica
Th Theology; a Journal of Historic Christianity
ThG Theologie und Glaube
ThZ Theologische Zeitschrift
TSK Theologische Studien und Kritiken
TT Theologisch tijdschrift
ZNW Zeitschrift für die neutestamentliche Wissenschaft
10
[p 13]
Introducción
al
Evangelio según Lucas
[p 15]
I. ¿Quién escribió este Evangelio?
A. Lucas lo Escribió
Aunque no todos están de acuerdo con ello, la tradición que atribuye el tercer Evangelio a
Lucas, a quien Pablo llama “el médico amado” (Col. 4:14), tiene el peso de la evidencia en su
favor.
En griego su nombre era Loukas (latín Lucas). Podría ser la abreviación de Loukanos
(Latín, Lucanus). También se ha sugerido que puede ser abreviatura de Loukianos o de
Loukios (latín Lucianus, Lucius, respectivamente). Sin embargo, no hay buenas razones para
que algunos quieran identificar al Lucas que escribió el tercer Evangelio con el Lucio de Hch.
13:1 o con otro mencionado en Ro. 16:21.
La abreviatura de nombres—de modo que la abreviatura se convierte en nombre por
derecho propio—eran y siguen siendo populares; por ejemplo, Antipas por Antipatros, Demas
por Demetrio; y en la actualidad, Nano por Fernando, Lalo por Eduardo, Moncho por Ramón,
Betty por Elisabet, Pepe por José, Pancho por Francisco, etc.
Ahora bien, hay que reconocer de inmediato que no hay una prueba absoluta para la
posición tradicional, esto es, que el Lucas mencionado en Col. 4:14 es el escritor del tercer
Evangelio. Algunos llegan a sostener que “Nada hay en la simple mención del nombre de
Lucas, o de Lucas el médico en las epístolas de Pablo, que indique la más mínima conexión
con Lucas el evangelista”.1
Sin embargo, cuando uno copara los argumentos en pro y en contra, queda en claro que la
posición negativa es débil, y que el punto de vista tradicional adquiere un alto grado de
probabilidad. Los argumentos en favor de la creencia de que fue Lucas, el médico amado,
quien escribió el tercer Evangelio, se pueden resumir como sigue:
1. El nombre Lucas aparece solamente tres veces en el Nuevo Testamento (Col. 4:14; 2 Ti.
4:11; Flm. 24). En Col. 4:14 Pablo lo distingue de “los de la circuncisión” (véase v. 11). Esto
está en línea con el hecho de que el lenguaje de Lucas y Hechos parece ser el de un griego
educado. Se verá más al respecto más adelante, en el punto V., A.
2. Una comparación de Lc. 1:1–4 con Hch. 1:1, 2 (“En el primer tratado, on Teófilo,” etc.)
indica claramente que quien haya escrito Hechos también escribió el tercer Evangelio. Por lo
tanto, si descubrimos la identidad del escritor de Hechos, nuestro problema está resuelto.
3. A partir de los tres pasajes mencionados en el punto 1, queda en claro que Lucas fue
leal compañero de viaje de Pablo. Estuvo en Roma tanto [p 16] durante el primero (Col. 4:14;
Flm. 24) como el segundo encarcelamiento de Pablo en Roma (2 Ti. 4:11). En cada uno de
ellos Pablo lo menciona por nombre. Por las secciones en primera persona del plural,
“nosotros”, del libro de Hechos—véase más al respecto en el punto I. B. 6—llegamos a la
conclusión que el escritor de ese libro estaba cerca del apóstol durante el primer
encarcelamiento de éste en Roma. Sin embargo, el escritor de Lucas y Hechos nunca se
1
Así, p. ej. P. C. Sense, A Critical and Historical Enquiry into the Origin of the Third Gospel, Oxford, 1901, p. 5. En el libro
mucho más reciente de F. W. Danker, Jesus and the New Age, San Luis, 1972, pp. xii, xiii, se defiende el anonimato de Lucas y
Hechos.
11
identifica a sí mismo. En Hechos menciona a otros colaboradores y compañeros de viaje, pero
jamás se nombra él mismo. Tampoco se menciona a sí mismo en el tercer Evangelio. Este
mismo hecho podría bien señalar a Lucas como el escritor, porque tampoco en ninguno de los
demás Evangelios se identifica el escritor. El cuarto Evangelio se refiere al “discípulo a quien
Jesús amaba” (13:23; 19:26; 20:2; 21:7, 20), sin mencionarlo por nombre. Marcos (14:51,
52), podría estarse refiriendo a sí mismo, pero “cierto joven” queda en el anonimato. Lo
mismo ocurre con respecto al Evangelio según Mateo, porque aunque se menciona el nombre
del publicano en Mt. 9:9; 10:3, no dice que él es el escritor.
Ahora bien, es verdad que hay otro colaborador de Pablo y a veces compañero de viaje de
él que no se menciona por nombre en el libro de Hechos, aunque está implícito en Hch. 15:2;
cf. Gá. 2:3. Nos referimos a Tito. Véase C.N.T. sobre Gá. 2:1 y sobre 1 y 2 Timoteo y Tito, pp.
45–47. Hay quienes que en base a 2 Co. 8:18, 12:18, han llegado a la conclusión que Tito era
hermano carnal de Lucas y que esta es la razón por la que el escritor de Lucas y Hechos
nunca lo menciona por nombre. Sin embargo, sobre esta cuestión véase el excelente análisis
de P. E. Hughes en su comentario sobre Paul’s Second Epistle to the Corinthians (New
International), Grand Rapids, 1962, pp. 312–316. Aun cuando estos pasajes de Corintios
podrían referirse a Lucas como “el hermano”, la teoría carece de pruebas que Pablo se refiere
aquí a un verdadero hermano de sangre de Tito. Por otra parte, como sostienen muchos
prominentes exégetas del pasado y del presente, si “el hermano”—¡en Cristo!—es Lucas, el
punto verdadero en cuestión, a saber, que el escritor del tercer Evangelio y Hechos nunca se
menciona a sí mismo por nombre, sigue en pie.
No se ha podido dar una respuesta completamente satisfactoria a la pregunta por qué
Tito, mencionado tan frecuentemente por Pablo—no menos de trece veces, la mayor parte en
2 Corintios—jamás se menciona por nombre en Hechos.
Sin embargo, hay otra razón que señala no a Tito sino a Lucas como el escritor de Lucas y
Hechos:
4. Según Col. 4:14, Lucas—y no Tito—era médico. Pablo lo llama el “médico amado”. W. K.
Hobart, en su libro, The Medical Language of St. Luke, Dublin, 1882 (reimpreso, Grand
Rapids, 1954) trató de probar [p 17] que el lenguaje usado por el escritor de Lucas y Hechos
es el de un médico. H. J. Cadbury, autor (entre otras obras) de The Style and Literary Method
of Luke, hizo un intento de desvirtuar la teoría de Hobart. La llama “una inmensa falacia” y
trata de demostrar que el estilo de Lucas y Hechos es sencillamente el de una persona
educada, no necesariamente el de un médico. Sin embargo, es dudoso que este intento haya
tenido éxito completo. El punto de vista equilibrado parece ser el que sostienen tantos
estudiosos—entre ellos Berkhof, Harnack, Plummer, Ramsay, Robertson, Zahn—y que lo
resume G. T. Purves en su artículo sobre Lucas (W.D.B., pp. 364–366). Su posición es la
siguiente: Dado el hecho de que Lucas era ciertamente un médico (Col. 4:14), ciertos pasajes
del tercer Evangelio (y de Hechos) coinciden con esta descripción. Para ver claramente esto
los siguientes pasajes debieran ser comparados con sus paralelos en Mateo y/o Marcos:
Compárese, pues, Lc. 4:38 con Mt. 8:14 y Mr. 1:30 (la naturaleza y el grado de la fiebre de
la suegra de Pedro); Lc. 5:12 con Mt. 8:2 y Mr. 1:40 (la lepra); y Lc. 8:43 con Mr. 5:26 (la
mujer y los médicos). Fácilmente se pueden añadir otros toques. Por ejemplo, solamente
Lucas declara que era la mano derecha la que estaba seca (6:6, cf. Mt. 12:10; Mr. 3:1), y entre
los escritores sinópticos solamente Lucas menciona que la oreja derecha del siervo del sumo
sacerdote era la que fue cortada (22:50; cf. Mt. 26:51 y Mr. 14:47). Compárense además Lc.
5:18 con Mt. 9:2, 6 y Mr. 2:3, 5, 9; y cf. Lc 18:25 con Mt. 19:24 y Mr. 10:25. Además, aunque
es cierto que los cuatro Evangelios presentan a Cristo como el Médico compasivo del alma y
del cuerpo, y al hacerlo revelan que sus escritores también eran hombres de tierna

W.D.B. Westminster Dictionary of the Bible


12
compasión, en ninguna parte es este rasgo más abundantemente notorio que en el tercer
Evangelio. Véase el punto V. D.
5. Entre los Sinópticos es especialmente el tercero el que expresa el espíritu de Pablo.
Nótense los siguientes puntos de semejanza:
a. La salvación es universal, aunque particular. En conformidad con la enseñanza de Pablo,
la salvación incluida la justificación, es un don de Dios impartido por su gracia soberana a los
hombres sin discriminación en cuanto a nacionalidad, raza, sexo, edad o posición social. En
ese sentido la salvación es universal. No obstante, es también particular, porque nadie, sino
los creyentes, la heredan. Véanse Ro. 3:21–24; 10:11–13; 2 Co. 5:18–21; Gá. 3:9, 14, 29; Ef.
2:8, 14, 13, 18; Col. 3:11.
Ahora bien, el tercer Evangelio también enfatiza este universalismo y particularismo.
Véanse 2:30–32; 4:18, 19, 25–27; 6:17–19; 7:19, 22, 23, 36–50; 8:21; 9:48, 60; 10:1, 10–15,
30–37; 13:29; 14:23; 15:7, 10, 11–32; 17:11–19; 19:10; 24:47. Además pone gran énfasis en
la necesidad de la fe. Estúdiese 1:45; 7:9, 50; 8:25, 48; 12:28; 17:5, 6, 19; 18:8, 42; 20:5;
22:32. Y aun llega a hablar de justificación en sentido jurídico; si no en 10:29; 16:15, por lo
menos en 18:14.
[p 18]
b. Junto con el énfasis de Pablo en la fe está su énfasis en la oración. Nótese, por ejemplo,
su hermosa oración de Ef. 3:14–19 y aquel rico y frecuentemente citado pasaje de Fil. 4:6, 7.
Véanse también Ro. 1:9; 12:12; 15:30; 1 Co. 7:5; Ef. 1:16; Fil. 1:4, 9, 19; Col. 1:3, 9; 4:12; 1
Ts. 1:2, 3; 5:17, 25; 2 Ts. 1:11; 3:1; 1 Ti. 2:8; 4:5; Flm. 4, 22.
Lucas también, más que cualquier otro evangelista, enfatiza la oración. Véanse 1:10, 13;
2:37; 3:21; 5:16; 6:12, 28; 9:28, 29; 10:2; 11:1–13; 18:1–8, 9–14; 19:46; 21:36; 22:32, 40–46.
c. A través de todas sus epístolas, Pablo enfatiza la verdad que Jesucristo es Señor.
Véanse Ro. 1:4; 10:9; 13:14; 1 Co. 1:2; 2:8; 12:3; Gá. 6:14 y especialmente Fil. 2:11.
Ahora bien, aunque en relación con Jesús, la designación Señor (kurios) se encuentra en
todos los Sinópticos—sí, aun en Marcos—y Jesús aun la aplica a sí mismo (Mt. 7:21, 22;
22:45; Mr. 11:3), en ninguno de ellos aparece con tanta frecuencia como en el tercer
Evangelio.
d. La doctrina del Espíritu Santo recibe mucha atención en las epístolas de Pablo (Ro. 8:1–
16, 23, 26, 27; 2 Co. 13:14; Gá. 5:16–18, 22; etc.).
Lo mismo vale para el Evangelio que la tradición ha atribuido a Lucas (1:15, 35, 41, 67;
2:25–27; 3:22; 4:1, 14, 18; etc.).
e. Es un hecho bien conocido que, aunque sufrió muchas aflicciones, incluyendo
encarcelamientos (2 Co. 11:23–33), Pablo era un creyente lleno de gozo, lleno de gratitud a
Dios y de alabanzas aun cuando estaba preso. En realidad, el tema del gozo, la alabanza y la
acción de gracias se abre paso como un canto a través de Filipenses, una de las cartas de la
prisión.
Esta misma característica es rasgo del tercer Evangelio (1:14, 46–55, 58, 68–79; 2:10, 14,
28; 4:18, 19; 6:23; 10:20, 21; 13:17; 24:52).
f. Hay también un asombroso parecido entre el relato de la institución de la Cena del
Señor en Lucas y él de Pablo. Cf. Lc. 22:19, 20 con 1 Co. 11:23–25. ¿Obtuvo Lucas esto de
algún relato de Pablo? ¿Hicieron ambos uso de la misma fuente?
Esta séxtuple semejanza (puntos a. a f.) entre las epístolas de Pablo y el Evangelio de
Lucas—a lo cual se puede fácilmente añadir un séptimo punto; véase punto V D—confirma la
13
posición que ciertamente fue Lucas, el compañero de viaje de Pablo quien escribió el tercer
Evangelio.
Sin embargo, conviene ser cautelosos. Aunque la relación entre Pablo y Lucas fue muy
estrecha y hay muchas palabras y frases que son exclusividad de ellos, hay que evitar la
exageración. La declaración de Ireneo que Lucas escribió lo que Pablo predicó, es demasiado
simplista. Y quizás mucho más lejos de la verdad es la declaración de Atanasio en el sentido
de que el Evangelio de Lucas fue dictado por Pablo.
Aunque en muchos respectos los escritos de Lucas se parecen a los de Pablo, hay también
marcadas diferencias. En general uno puede decir que [p 19] Lucas relata; Pablo razona,
exhorta, doxologiza. La personalidad de Pablo se destaca en sus escritos mucho más que la
de Lucas en los suyos. Además, el escenario histórico del tercer Evangelio es anterior al de
las epístolas de Pablo. Además, el estilo de Pablo, profundamente emocional y efervescente,
se caracteriza por un mayor número de quiebres en la estructura gramatical (anacolutas de
diversos tipos) que los que hay en Lucas y su modo más calmado de escribir. Por sobre todo,
el prefacio del tercer Evangelio (1:1–4) muestra claramente que su escritor tomó su material
de diversas fuentes, no solamente de Pablo. Por lo tanto, debemos concluir que al escribir sus
respectivos Evangelios, Lucas no fue tan dependiente de Pablo como lo fue Marcos de Pedro.
Cuando se toma en cuenta todo esto, no hay riesgos al reafirmar que la relación entre
Lucas y Pablo fue estrecha. Y la evidencia presentada en los puntos 1 a 5 añaden mayor peso
a la poderosa tradición que apoya la creencia de que fue el “médico amado”, el compañero de
Pablo, quien escribió Lucas y Hechos.
Pero, ¿es la tradición de la iglesia de veras tan sólida y enfática? Esto nos introduce al
punto siguiente.
6. Cerca del año 400 d.C. Jerónimo escribió: “Lucas, médico de Antioquía, no ignoraba el
griego. Era un seguidor de Pablo y compañero en todos sus viajes y escribió el Evangelio” (De
Viris Illustribus VIII).
Un poco antes, esto es, a comienzos del siglo cuarto, Eusebio, historiador de la iglesia,
escribió: “Lucas, antioqueño de raza, médico de profesión, había sido compañero de Pablo por
largo tiempo y había conocido a los restantes apóstoles. Nos dejó en dos libros divinamente
inspirados, a saber, el Evangelio y Hechos, ejemplos del arte de sanar almas que él había
aprendido de ellos” (Historia Eclesiástica III.iv.6; véase también III.xxiv.15).
Antes de él, Orígenes (activo desde 210 a 250) escribe: “… y en tercer lugar, [fue escrito] el
Evangelio según Lucas. Escribió para quienes de los gentiles [habían llegado a creer] el
evangelio que era elogiado por Pablo” (citado por Eusebio, op. cit., IV.xxv.3–6).
Yendo aún más atrás, nótese la declaración de Tertuliano (activo entre 193 y 216): “Así
que de los apóstoles, Juan y Mateo primero nos inculcan su fe, mientras los hombres
apostólicos, Lucas y Marcos, la renuevan después” (Contra Marción IV.ii). Nótese “hombres
apostólicos”.
Más o menos en el mismo tiempo escribe Clemente de Alejandría (activo entre 190 y 200):
“… está escrito en el Evangelio según Lucas lo siguiente: ‘… Jesús venía a su bautismo
siendo de alrededor de treinta años’ ”. El peso de ofrecer pruebas cae sobre quienes dudan
que este Lucas era “el hombre apostólico” a quien se refiere Tertuliano.
Nótese además el testimonio contenido en el Fragmento de Muratori. Es una lista
incompleta de libros del Nuevo Testamento, escrita en un latín [p 20] malo. Deriva su nombre
del Cardenal L. A. Muratori (1672–1750), quien lo descubrió en la Biblioteca Ambrosiana de
Milán. Se puede atribuir al período 180–200. Con respecto a nuestro tema dice lo siguiente:
14
“El tercer libro del evangelio [es el] según Lucas. Lucas, el conocido médico, lo escribió en
su propio nombre; segun la creencia [general], después de la ascensión de Cristo, cuando
Pablo se había asociado con él como persona celosa por la exactitud. Aunque no había visto
al Señor en la carne, sin embargo, habiendo investigado los hechos, pudo comenzar su
narración con el nacimiento de Juan”.
Esto nos lleva hasta Ireneo (activo más o menos entre 182 y 188), en cuyos escritos hay
numerosas citas del tercer Evangelio. Fue discípulo de Policarpo, que había conocido al
apóstol Juan. Escribe: “Lucas también, el compañero de Pablo, escribió en un libro en
evangelio que éste predicaba” (Contra las herejias, III.i.1. Véase también, en la misma obra,
III.xiv.1.). Este testimonio, que viene del discípulo de un discípulo del apóstol Juan, es
importante. Además, debido a sus muchos viajes y debido al íntimo conocimiento con casi
toda la iglesia de su tiempo, lo que este testigo dice sobre el escritor del tercer Evangelio debe
ser considerado de gran importancia.
Luego tenemos el testimonio del Prólogo antimarcionita (más o menos 160–180): “Lucas,
antioqueño de Siria, médico de profesión, fue discípulo de los apóstoles. En fecha posterior
acompañó a Pablo hasta que éste sufrió el martirio. Sirvió al Señor en forma irreprensible.
Sin tener esposa ni hijos, durmió a la edad de ochenta y cuatro años en Beocia lleno del
Espíritu Santo. Aunque ya existían algunos Evangelios—según Mateo escrito en Judea y el de
Marcos en Italia—Lucas, impulsado por el Espíritu Santo, compuso todo su Evangelio
estando en la región de Acaya. En su prólogo deja bien en claro el hecho de que antes del
suyo ya se habían escrito otros Evangelios y que era necesario presentar a los creyentes
convertidos de entre los gentiles un relato exacto del plan (‘economía’) de salvación, de modo
que esta gente no fuese extraviada por las fábulas judaicas ni engañada por las fantasías
heréticas y vanas y de ese modo extraviarse de la verdad. Y así en el comienzo mismo nos
relata el nacimiento de Juan, asunto esencial, porque Juan es el principio del evangelio. Fue
el precursor del Señor y su compañero tanto en la preparación del evangelio como en la
administración del bautismo y la comunión del Espíritu. Este ministerio [de Juan] había sido
mencionado por uno de los Doce Profetas [Malaquías]. Y después, este mismo Lucas escribió
los Hechos de los apóstoles”.
Pero podemos ir aun más atrás, porque probablemente ya el año 125 d.C. los cuatro
Evangelios estaban reunidos en una colección para el uso de las iglesias y se les fueron dados
títulos. “Según Lucas” era el título—o sobrescrito—del más largo de los cuatro. Que este
“Lucas” era alguien [p 21] distinto que el compañero de Pablo tendría que ser probado por
quienes sustentan tales ideas.
Esto todavía deja más que medio siglo—desde el momento en que se terminó el Evangelio
hasta el año 125 d.C.—para el cual no hay evidencia escrita que nombre a Lucas como el
escritor. Sin embargo, esto no es extraño. ¿Por qué no? En primer lugar, los viajes y las
comunicaciones eran mucho más lentas entonces de lo que son hoy en día. En segundo
lugar, el tercer Evangelio y Hechos eran, después de todo, documentos privados en primera
instancia, enviados por una persona, el escritor, a otra persona, Teófilo (Lc. 1:3; Hch. 1:1). Y
en tercer lugar, aun cuando estos libros comenzaban a ser copiados, a circular y a ser
citados—por ejemplo en los escritos de los padres apostólicos—estos mismos testigos
primitivos no tenían la costumbre de mencionar los nombres de los escritores cuyas obras
citaban, probablemente porque no consideraban que esto fuese necesario, ya que sus autores
aún eran bien conocidos. Por estas diversas razones este mismo silencio temprano no es una
base sana para sostener que no fue Lucas, “el médico amado” y compañero de Pablo de viaje,
quien escribió el tercer Evangelio y el libro de Hechos. Como se ha mostrado, la evidencia
15
acumuladora en favor de Lucas como escritor es tan fuerte como cualquiera puede
razonablemente esperar.2
[p 22]
B. Entonces, ¿quién era Lucas? Era:
1. Un hombre de Antioquía de Siria, con estrechos lazos—quizás residió allí más tarde—en
Filipos.
Su interés en Antioquía es claro por las muchas referencias a esa ciudad (Hch. 11:19–27;
13:1–3; 14:26; 15:22, 35; 18:22). Y en cuanto a Filipos, es fácil entender el modo en que
habla de ella en Hch. 16:12, si esa ciudad fue su ciudad adoptiva. Además, como se
mostrará, Filipos fue el lugar donde Lucas quedó cuando Pablo siguió viaje y el lugar donde
Pablo lo recogió nuevamente.
2. Un convertido del mundo gentil, probablemente griego.
Aunque hay quienes niegan esto, la interpretación más razonable de Col. 4:14—cf. 4:10,
11, y sobre ambos véase el C.N.T. sobre Col. 4:10–15—todavía es que Lucas no era judío. No
tenemos modo de saber cuando ocurrió su conversión a la religión cristiana (pero véase Hch.
11:19–24), ni tampoco sabemos si antes de convertirse había sido o no prosélito de la fe
judía.
Según la voz de la tradición, Lucas era griego. La exactitud, la amplitud y belleza de su
estilo griego—véase punto V A—concuerdan con esta creencia.
A. T. Robertson, en su libro Luke the Historian in the Light of Research, Nueva York, 1923,
p. 18, usa como otro argumento para probar que Lucas era griego el hecho de que el escritor
de Hechos llama “bárbaros” a los habitantes de Malta (Hch. 28:2, 4). Pero aun cuando el

Hasta el tiempo cuando el racionalismo comenzó su ataque contra los libros de la Biblia, generalmente se aceptaba el punto de
vista de que fue Lucas, “el médico amado” y compañero de Pablo, quien escribió el tercer Evangelio. F. C. Baur y la escuela de
Tubinga mantuvieron que el Evangelio de Marción, a quien Policarpo (si podemos confiar en el testimonio de Ireneo) se dirigió
llamándolo “primogénito de Satanás” y quien comenzó a enseñar en Roma alrededor del año 140 d.C., era el original de nuestro
tercer Evangelio. Cuando comenzó a declinar la influencia de la escuela de Tubinga, comenzó a prevalecer la opinión de que el
Evangelio de Marción, el único que él reconocía, es una mutilación del de Lucas. Así que hubo un regreso al punto de vista
tradicional con respecto a la paternidad del tercer Evangelio.
Sin embargo, en años recientes, ha surgido un renovado ataque sobre este punto de vista. Los líderes en este ataque son
hombres que pertenecen a la escuela de Bultmann y en particular también P. Vielhauer. El punto de vista de ellos es que el escritor
de Lucas y Hechos no puede haber sido “Lucas el médico amado”, amigo íntimo de Pablo y compañero de éste, porque entre las
epístolas de Pablo, por una parte, y Lucas y Hechos por la otra, hay una diferencia radical en teología; por ejemplo:
1. Según Hechos, los gentiles en su ignorancia aún están adorando a Dios (17:23). Viven en él (17:25). Sin embargo, según
Pablo, “conociendo a Dios, no le glorifican” (Ro. 1:21).
Respuesta: Lucas y Hechos no ponen a los gentiles inconversos más cerca de Dios que Pablo, porque también según Lucas y
Hechos, la ignorancia de ellos es algo por lo que son responsables ellos, mismos y para ello necesitan el perdón (Lc. 23:34). Véase
también Dn. 5:23 b. Tal ignorancia equivale a una falta de disposición a creer en Dios y reconocer a Dios como Dios.
2. Pablo enseñó la libertad de la ley y en consecuencia se oponía a la circuncisión (Gá. 5:1, 2). Lucas y Hechos no revelan tal
actitud; más bien la opuesta; véanse Hch. 16:3; 21:17–26.
Respuesta: Durante el período de transición, Pablo no se opuso a la circunsición si se aplicaba a los judíos. Sin embargo,
insistía que la circuncisión jamás debía ser considerada como una condición para la salvación y que no había que exigir la
circuncisión de los gentiles que se convertían al Señor—posición que también fue respaldada por el Concilio de Jerusalén (Hch.
15:19, 24–29).
3. El enfasis de Pablo en la doctrina de la cruz (Gá 6:14) falta en Lucas y Hechos.
Respuesta: No es así; véase Lc. 22:19, 20; Hch. 20:28.
Al terminar su valioso análisis de los ataques modernos contra el punto de vista tradicional en cuanto a la paternidad de Lucas
y Hechos, E. E. Ellis afirma que, con la excepción de las principales cartas paulinas la paternidad de ninguna sección del Nuevo
Testamento está tan bien apoyada como la de Lucas y Hechos con Lucas, el médico y compañero de Pablo como escritor. Véase el
libro de Ellis, The Gospel of Luke (The Century Bible), Londres y Edimburgo, 1966, pp. 40–52.
16
término bárbaros puede significar “no griegos”—sea por descendencia o cultura o ambas (cf.
Ro. 1:14)—¿significa esto necesariamente que aquel que los describe de ese modo debe ser un
griego? Nótese la amplia connotación dada a la palabra bárbaro en 1 Co. 14:11.
En la p. 21 del mismo libro, Robertson usa aún otro argumento para mostrar que Lucas
tiene que haber sido griego. Su razonamiento implica el silogismo:
a. Tito era griego (Gá. 2:3).
b. Lucas era hermano de Tito (2 Co. 8:18; 12:18).
c. Por lo tanto, Lucas también tiene que haber sido griego.
Pero ya se ha indicado que esta interpretación de la palabra hermano en los pasajes de
Corintios no es la única posible y quizás no sea la mejor.
Muchas historias fantásticas se han tejido en torno a Lucas, persona acerca de la cual
sabemos realmente muy poco. Por ejemplo, se ha sugerido que Lucas había sido esclavo de
Teófilo. Este, reconociendo la extraordinaria inteligencia y bondad de corazón del esclavo, le
dio la [p 23] libertad. Además, lo matriculó a Lucas en la famosa facultad de medicina que
formaba parte de la universidad de Tarso. En esta universidad Lucas conoció a “Saulo de
Tarso”. Los dos se hicieron amigos y siguieron siéndolo. La conversión de Saulo—esto es,
Pablo—condujo a Lucas a su conversión. Lucas, por su parte, estimuló el interés de Teófilo en
la religión cristiana. Etc. etc. R. Lloyd ha escrito un libro muy interesante que tiene el título
The Prívate Letters of Luke, Nueva York, 1958.
Pero, aparte de todo esto, la mejor evidencia acumuladora en pro de la idea de que Lucas
probablemente era griego, podría ser todavía: Col. 4:10, 11, 14; el griego del prefacio (Lucas
1:1–4); y la voz de la tradición.
3. Un médico.
Este punto ya se ha aclarado. No estamos extremando nuestra imaginación cuando
proponemos la teoría de que Lucas debió ser una verdadera ayuda para Pablo en todas sus
aflicciones, algunas de las cuales eran de carácter físico.
¿Practicó Lucas su arte de curar en la isla de Malta? Hay quienes defienden esta teoría
sobre la base siguiente: (a) definitivamente era acompañante de Pablo cuando los pasajeros
que naufragaron y los demás llegaron a la playa de esa isla (nótese “nosotros” en Hch. 28:2,
7, 10, 11); (b) era doctor en medicina (Col. 4:14); y (c) tuvo participación de las honras
otorgadas por quienes habían sido curados de sus enfermedades (nótese: “nos honraron”).
Aunque hay que reconocer la existencia de esta posibilidad, no hay que pasar por alto el
hecho de que se dice que fue Pablo y no Lucas, quien puso las manos sobre el padre de
Publio y fue el instrumento en la curación de este hombre. Sin embargo, se puede afirmar sin
temor que cuandoquiera que Lucas podía usar sus habilidades médicas lo hacía con alegría y
sin mostrar ninguna parcialidad.
Pero tampoco debemos olvidar que Lucas era médico no solamente para el cuerpo sino
también para el alma. Como Pablo, él también era “predicador”, “proclamador del camino de
salvación”, “colaborador” de Pablo. Véanse Hch. 16:10, 13, 17; Flm. 24. En consecuencia,
Lucas era “evangelista” en un sentido doble: (a) escribió un Evangelio; y (b) predicó el
evangelio. Lo predicó, pero más aun, mostraba su poder en su propia vida. No es extraño que
Pablo lo llamase “el médico amado”.
En consecuencia, Lucas era realmente
Un médico misionero.
¡Como tal fue precursor de todos los médicos misioneros por medio de los cuales, desde
entonces, se han visto abundantemente enriquecidas la iglesia y la humanidad.
17
4. Una persona amable y compasiva. No es sin razón que Pablo y Lucas eran amigos
cordiales. Sus corazones se veían arrastrados por el espíritu de benevolencia activa y
compasiva. Por lo tanto, no es extraño que el Evangelio de Lucas abunde en relatos que
revelan la bondad de Cristo hacia los menos privilegiados. Véase bajo el punto V D.
[p 24]
5. ¿Un pintor?
Una leyenda muy antigua lo describe así. Para más acerca de esta leyenda, véase en A.
Plummer, The Gospel According to St. Luke (The International Critical Commentary), Nueva
York, 1910, pp. xxi, xxii. Ya no se puede determinar si está basada o no en hechos. Deben
evitarse cualesquiera deducciones extravagantes. Roger Van der Weyden (1400–1464) pintó
“San Lucas pintando la virgen”, ¡en que ella tiene al niño Jesús en brazos!
Es verdad que en sus libros (tanto el Evangelio como Hechos) Lucas describe las escenas
tan vívidamente que los artistas han usado muchos de sus temas. El cuadro que se da más
abajo, aunque incompleto, es una lista de diversos artistas que han pintado pasajes tomados
de Lucas.
6. Compañero de viaje de Pablo. No es verdad que Lucas haya acompañado a Pablo en
“todos sus viajes”. A veces está con el apóstol; otras veces no. Al describir los viajes de Pablo,
Lucas frecuentemente usa el pronombre él con referencia al apóstol. Sin embargo, a veces sin
cambiar el estilo del relato,3 hay una transición de “él” a “nosotros” y de “su” a “nuestro”.
Según lo que probablemente es el mejor texto griego, la primera sección “nosotros”
describe los hechos que ocurren en el segundo viaje misionero de Pablo (Hch. 15:36–18:22).
La fecha de todo el viaje es probablemente 50/51–53/54 d.C. La primera sección “nosotros”
está en Hch. 16:10–17, que relata ciertos acontecimientos que ocurren en el viaje de ida. Se
nos dice que Lucas se juntó con Pablo en Troas. Es aquí donde el apóstol, en una visión,
recibe un llamado de un varón macedonio: “Pasa y ayúdanos”. Pablo presta oídos a este
llamado convencido de que Dios le está ordenando hacerlo. Así que, después de cruzar el mar
hacia Europa, los misioneros—Pablo, Silas, Timoteo y Lucas—realizan sus labores
espirituales en Filipos. Aquí se forma el núcleo de una iglesia muy—quizás la más—leal y
generosa (de su tiempo). Muy pronto llega a ser el “gozo y corona” de Pablo, como la describe
varios años más tarde. Véase Fil. 4:1, 15, 16. Aquí se convierten Lidia y el carcelero.
¡Cualquier iglesia que pueda contar con tales personas entre sus miembros, incluyendo
también a Lucas y está dispuesta a seguir su ejemplo, es ciertamente bienaventurada!
Parece que cuando los demás misioneros parten de Filipos (Hch. 16:40), Lucas se queda
allí. En Filipos, mucho después, vuelve a reunirse [p 25] con Pablo (20:6). Esto fue durante el
tercer viaje misionero de éste (Hch. 18:23–21:16). La fecha para todo ese viaje es
probablemente 53/54–57/58 d.C. En él se incluye una sección “nosotros”: 20:5–15 (o, 20:6–
16), y el comienzo de otra (21:1–16).
Es durante la etapa de regreso que Lucas nuevamente se ve en compañía de Pablo. En el
viaje a Jerusalén Pablo y sus compañeros visitan a la iglesia en Troas. Allí Lucas asiste a un
culto de adoración que se alargó demasiado. Cuando “Pablo prolongó su discurso hasta la
medianoche”, un joven llamado Eutico, ya bien dormido, se cae desde la ventana del tercer
piso y lo recogen muerto. Por la intervención de Pablo revive en forma milagrosa. En vista de
esta “resurrección”, ¿es posible que aun el creyente más estricto y sincero en la doctrina de la

3
Este mismo hecho—la continuación en forma abundante del lenguaje característico de Lucas en las secciones “nosotros”—fue
uno de los principales factores en el cambio de Harnack de oponente a la posición tradicional en cuanto a la paternidad del tercer
Evangelio, en defensor de ella. Véanse sus libros: Luke the Physician (trad. inglesa, 1907), The Acts of the Apostles, 1908 (trad.
inglesa, 1909); y especialmente The Date of the Acts and of the Synoptics, 1911. Véase también N. B. Stonehouse, The Witness of
Luke to Christ, Grand Rapids, 1951, p. 15.
18
divina providencia—y todos nosotros debemos ser tales creyentes—con su implicación de que
estrictamente hablando, nada ocurre “por casualidad”, pudiera olvidar el nombre de este
joven, Eutico (esto es, afortunado, suertudo)?
La siguiente parada es Mileto, ubicada en la costa occidental de Asia Menor, al sur de
Efeso. Es aquí donde ocurre la emotiva reunión con los ancianos de Efeso. Aunque la sección
“nosotros” (20:5–15, o 20:6–16, si se prefiere) no incluye el relato de esta reunión de
despedida, la forma gráfica en que se describe lo ocurrido (véanse los vv. 17–38)
probablemente indique que Lucas mismo estaba presente; esto es, que él también está entre
quienes al final de la reunión se arrodillan y oran.
En todo caso, cuando comienza el capítulo 21—y con ello la segunda sección “nosotros”
correspondiente al tercer viaje misionero (en total, la tercera sección “nosotros”)—Lucas está
nuevamente, o “todavía” con Pablo. El grupo pasa siete días en Tiro. Después de otra emotiva
“despedida” (21:5), el grupo aborda el barco y después de una breve escala en Tolemaida,
pasa algún tiempo en Cesarea. Lucas está presente cuando Agabo, en forma simbólica,
anuncia la inminente pérdida de la libertad que sufrirá Pablo. El médico amado está entre
aquellos que acompañan al apóstol a Jerusalén. Y con la llegada a esa ciudad termina el
tercer viaje misionero y también la sección “nosotros” en lo que corresponde a ese viaje.
La siguiente etapa en el relato trata de las experiencias de Pablo en Jerusalén y Cesarea
(Hch. 21:17–26:32). Un mejor modo de expresar esto sería decir que lo que aquí se ofrece
representa otra etapa de la obra que Cristo desde su excelso trono en el cielo está realizando
por medio de los trabajos de Pablo y aquellos que están junto a él. Véase la fraseología
utilizada en Hch. 1:1. Es Jesús mismo quien, por la agencia de seres humanos, está
“haciendo” y “enseñando”.
La sección “nosotros” que comenzó en 21:1–16 pasa a esta nueva sección, lo que es claro
por el uso de “llegamos”, “nos” y “nosotros” en 21:17, 18. Además, es tan estrecha la
secuencia del pensamiento entre [p 26] estos pasajes “nosotros” y el que sigue
inmediatamente en vv. 19ss, que a pesar de la ausencia de estos pronombres hasta que se
llega al capítulo 27, muchas autoridades incluyen la mayor parte o todo el capítulo 21 en una
sección “nosotros”. Si esta conclusión es correcta, como es muy posible que sea, Lucas es
testigo de los hechos que ocurren en Jerusalén: la conferencia con Jacobo, los incidentes
incitantes experimentados por Pablo cuando la muchedumbre le echó mano en el templo y su
rescate y arresto formal por el tribuno militar.
Hechos 22 relata el discurso de Pablo al pueblo desde las gradas de la fortaleza Antonia; el
capítulo 23 relata la defensa del apóstol ante el Sanedrín. El sobrino de Pablo frustra una
confabulación para matar a Pablo. Fuertemente custodiado, Pablo es enviado a Cesárea
donde Félix, el procurador, tiene su residencia. Nada se logra con las audiencias ante Félix y
Pablo queda en prisión hasta que Festo sucede a Félix (Hch. 24). Luego, a fin de no ser
llevado a Jerusalén para ser enjuiciado, Pablo, haciendo uso de su derecho como ciudadano
romano, apela a César (Hch. 25:11). De modo que después de una audiencia ante Herodes
Agripa II, estando presente Festo también (Hch. 26), Pablo zarpa hacia Roma (Hch. 27).
¿Dónde estaba Lucas durante el encarcelamiento de Pablo en Cesarea? Nada sabemos de
él. ¿Es posible que durante los dos años hay a estado haciendo trabajos de investigación?
¿Estaba reuniendo el material para su Evangelio?
Lo que sabemos con exactitud es que cuando en calidad de prisionero el apóstol emprende
el viaje hacia Roma, Lucas está a su lado. Sabemos esto porque en 27:1 comienza otra
sección “nosotros”, la final.
A través de todo el viaje a Roma, en los tres barcos (27:2; 27:6; 28:11), Lucas está con
Pablo. Los pronombres nos y nosotros se encuentran liberalmente esparcidos a través de todo
19
el pasaje desde Hch. 27:1 hasta 28:16. Según algunos escritores, 28:16 señala el fin de esta
sección “nosotros” que es la final. En un sentido tienen razón. Pero, considerando el hecho de
que (a) el resto del capítulo 28 está estrechamente relacionado en su contenido material con
lo que precede en forma inmediata, y (b) Pablo mismo nos informa que Lucas está con él
como un colaborador altamente apreciado (Col. 4:14; Flm. 24), otros intérpretes incluyen todo
el capítulo 28, en la última sección “nosotros”.
En Roma “el médico amado” debe haber visitado al preso con mucha regularidad, y debe
haberle ayudado en muchas formas. 28:30 muestra claramente que tales visitas eran
posibles.
Inteligencia, sabiduría, habilidad, corazón y mente cálidos, lealtad a Cristo, a su causa y a
sus seguidores, especialmente a Pablo, eran cualidades que hacían de Lucas una
personalidad inovidable.
[p 27] Como se indicó anteriormente, Lucas—solamente él—estaba con Pablo también
durante su segundo encarcelamiento en Roma, el que lo condujo a la muerte.
“Sin tener esposa ni hijos, Lucas durmió a la edad de ochenta y cuatro años en Beocia”.
Así, como hemos visto, dice el Prólogo antimarcionita.
7. Escritor del tercer Evangelio.
Esto ya lo establecimos.
II. ¿Por qué lo escribió?
El propósito de Lucas se establece claramente en 1:4 y recibe amplificación adicional por
el contenido mismo del libro. Se puede decir que el propósito es triple:
A. Propósito inmediato: Poner en manos de una persona altamente estimada por el
escritor, esto es, Teófilo—que significa “amado por Dios”—un relato exacto de los asuntos
relacionados con Jesús, asuntos en los cuales el destinatario ya había recibido algo de
instrucción, y hacerlo con interés en el bienestar espiritual de esa persona.
Es claro que el evangelista es amigo de la persona a la que se dirige y que la tiene en alta
estima. ¿Era Teófilo ya un creyente en el Señor Jesucristo? Si es así, Lucas escribe para
fortalecerle la fe. Por otra parte, ¿es el destinatario una persona que no ha ido más allá de ser
solamente una persona profundamente interesado? Si es así, Lucas escribe para conducirlo a
una decisión, para que con corazón y mente y voluntad pueda rendirse a Cristo como su
Señor y Salvador. Una cosa parece cierta: Teófilo, asediado de todos lados por historias,
rumores y contra rumores en cuanto a Jesús (véase Hch. 28:22b), necesita un relato
completamente fidedigno y organizado en forma sistemática con respecto a los hechos que se
centran en Jesús. Véase más acerca de Teófilo en la explicación de Lc. 1:1–4.
Se ha sugerido que el Evangelio de Lucas es un tratado defensivo o apología, y que el
evangelista escribe como si lo dedicara a Teófilo con el fin de probarle que en ningún sentido
hay conflicto entre la religión cristiana y los intereses de Roma.
Podría haber un elemento de verdad en esto. ¿No dedicó Josefo algunos de sus escritos a
un cierto Epafrodito?
Algunos van más lejos y sugieren que el tercer Evangelio y Hechos fueron escritos con el
propósito de obtener la absolución y liberación de Pablo.4
Podemos fácilmente reconocer que la defensa de la religión cristiana contra ataques y
tergiversaciones, sean de parte de judíos o gentiles, era [p 28] algo incluido en el propósito de
Lucas. Esto podría también estar implícito en la nota cronológica (3:1, 2), la genealogía de

4
Véase, p. ej., H. Sahlin, Der Messias und das Gottesvolk, Uppsala, 1945, pp. 34ss.
20
Jesús (3:23–38), la narración de la reiterada afirmación de la inocencia de Jesús por parte de
Pilato (23:4, 14, 15, 22), el relato del testimonio del centurión (23:47), etc. También es verdad
que cualquiera haya sido el propósito de Lucas al escribir Hechos, la segunda parte de ese
libro (cap. 13–28; especialmente 15:36–28:31) proclama a gran voz la grandeza de Dios según
se revela en la obra de Pablo, hombre que estaba orgulloso de su ciudadanía romana (Hch.
22:28) y muy humildemente agradecido por su ciudadanía en el reino de los cielos (Fil. 3:20).
No obstante, cuando el evangelista mismo declara su propósito de escribir el Evangelio (Lc.
1:4), no menciona ninguna de estas cosas. En la medida que están presentes, permanecen en
segundo plano. Además, el énfasis indebido en la idea de que Lucas y Hechos tenían el
propósito de ser una apología en favor de Pablo no contesta la pregunta por qué, si esto fuera
así, se incluye tanto material superfluo para el logro de esa meta en particular.
Basando nuestra respuesta principalmente en Lc. 1:1–4, queda en claro que la
preocupación primaria o inmediata de Lucas era el bienestar espiritual de Teófilo, en el
sentido ya señalado.
B. Propósito intermedio: Instruir al investigador serio y fortalecer la fe de los creyentes,
especialmente de aquellos que se habían reunido o se estaban reuniendo del mundo romano
de habla griega, los convertidos del paganismo. Orígenes sostenía que el Evangelio de Lucas
fue escrito “por amor de los convertidos gentiles”.
Lucas debe haber considerado a Teófilo como representante de ese gran grupo de
contemporáneos que ya se habían entregado a Cristo o que estaban pensando seriamente en
hacerlo. Investigadores honestos y cristianos nuevos estaban incluidos en su campo de
visión.
Debe haber habido mucha gente que recientemente había entrado a la iglesia, así como
muchos que se estaban preparando para dar este paso. Tales personas, como Teófilo,
necesitaban más instrucción en la historia de la redención, y en la doctrina y ética cristianas.
Aun mientras Jesús estaba todavía en la tierra había personas que, cuando se
encontraban cara a cara con Jesús, cuando veían sus obras y oían sus palabras, quedaban
asombradas. Sí, asombradas, pero no completamente convencidas; sorprendidas, pero no
totalmente rendidas. Había quienes—incluyendo a veces a los seguidores inmediatos de
Cristo—hacían preguntas (Lc. 5:33–39; 7:19–23) y hacían sugerencias, a veces necias y
pecaminosas (9:12, 13, 51–56). Revelaban su ignorancia (9:45, 49, 50), y eran culpables de
evaluaciones completamente tergiversadas (10:17–20). Y, por cierto, hasta cierta medida
estas condiciones siguieron aun después de la resurrección de Cristo. Véase Hch. 1:6; 13:15;
18:24–26; 19:1–5. El tercer Evangelio fue escrito con el fin de corregir [p 29] los conceptos
equivocados de los que mostraban interés y para fortalecer la fe de los creyentes, quizás
especialmente la de aquellos que recientemente habían sido traídos a Cristo.
C. Propósito final: Alcanzar a todas las naciones—incluyendo aun a los samaritanos—para
el Dios Trino revelado en Cristo. Véanse Lc. 2:32; 3:6; 4:25–27; 9:51–56; 10:25–37; 17:11–19;
24:47.
III. ¿Cuáles fueron sus fuentes?5

5
Entre los muchos artículos y obras consultadas sobre el tema estaban los siguientes:
Barrett, C. K. Luke the Historian in Recent Study, Londres, 1961.
Bavinck, H., Gereformeerde Dogmatiek, cuatro tomos, 3a edic. Kampen, 1918, especialmente Vol. I, pp. 406–476.
Ellis, E. E., op. cit., pp. 21–30.
Geldenhuys, N., Commentary on the Gospel of Luke, Grand Rapids, 1951, pp. 23–29.
Greijdanus, S., Het Heilig Evangelie naar de Beschrijving van Lucas (Kommentaar op het Nieuwe Testament); dos tomos Amsterdam
1940, 41; especialmente Vol. II, pp. 1223–1230.
Harnack, A., Luke the Physician, 1906 (trad. inglesa, 1907).
———, Sayings of Jesus, Londres, 1908.
21
A. Contenido Material del Evangelio de Lucas
en relación con los otros Evangelios
1. Material nuevo o “L”
Habiendo estudiado los Evangelios de Marcos y Mateo y al continuar con el estudio del
Evangelio según Lucas, inmediatamente nos sorprende el carácter único de éste. Marcos,
como se recordará, comienza con un párrafo que introduce el ministerio de Juan el Bautista
(1:1–8). Luego sigue un párrafo sobre el bautismo de Jesús (1:9–11). Y ese, a su vez, es
seguido por uno sobre la tentación de Jesús en el desierto (1:12, 13). Con variaciones, todo
este material se encuentra también en Mateo y Lucas (y hasta cierta medida en Juan); sin
embargo, no se encuentra en el comienzo mismo de esos libros. Sin embargo, Mateo, después
de solamente 48 versículos (caps. 1 y 2) de material que en gran medida es exclusivo de ese
Evangelio, concuerda con Marcos y describe el ministerio de Juan el Bautista.
[p 30] Pero Lucas nos presenta un universo nuevo. Por cierto no hay nada que choca con
Marcos y Mateo. No obstante, comenzando en 1:1 y continuando hasta 2:52, el nuevo (o por
lo menos principalmente nuevo) material abarca 132 versículos, esto es, todo el primer
capítulo—uno de los más largos de las Escrituras, ¡80 versículos!—más todo el segundo
capítulo, 52 versículos. En realidad, habría que agregar el capítulo 3—con la excepción de los
vv. 3, 4, 7–9, 16, 17, 21, 22—haciendo un total de 161 versículos de material nuevo, o
mayormente nuevo (desde 1:1–3:38, con las excepciones ya indicadas). Esto equivale a casi
un séptimo del contenido total del Evangelio de Lucas.6 Y esto es solamente el comienzo de
todo lo que es nuevo en Lucas.
La lista que sigue muestra donde se encuentra este material nuevo o “L” (de Lucas). Sin
embargo, las referencias indicadas no implican que dentro del pasaje incluido en la lista todo
es nuevo. Podría ser, pero no necesariamente. La letra m adjunta a la referencia indica que
aunque el pasaje es peculiar de Lucas en un grado que justifica su inclusión en la lista, es de
carácter mixto. Parte de su contenido no es exclusivo de Lucas. Esa parte podría ser de
Mateo—Lucas y no de Marcos (p. ej. Lc. 3:1–20 en parte) o podría estar reflejada en los otros
dos Sinópticos, como ocurre frecuentemente. No se han incluido los paralelos de Mr. 16:9–20,
puesto que, como se ha demostrado en el C.N.T. sobre Marcos, no hay una evidencia sólida
que muestre que el “final largo” de Marcos sea parte de las Escrituras. Además, en este
comentario no se pone en la lista un paralelo en relación con Lc. 3:23–38. ¿La razón? Véase
nota 6. Y aquí no sugerimos un paralelo en conexión con Lc. 14:15–24, porque la parábola de
Lucas de la invitación rechazada no se debe confundir con la de la boda real (Mt. 22:1–14).
En forma similar, Lc. 19:11–27 (parábola de las minas) no tiene un verdadero paralelo,
porque la parábola de Mt. 25:14–30 es de los talentos y es realmente “otra cosa”.

Harrington, W. J., The Gospel According to St. Luke, Londres, 1968, pp. 8–14.
Hawkins, J. C. Horae Synopticae, Oxford, 1911, pp. 107–113.
Manson, W., The Gospel of Luke, Londres, 1948, pp. xiii–xx; 19–21.
Morgenthaler, R., Die Lukanische Geschichtsschribung als Zeugnis, dos tomos, Zurich, 1949.
Plummer, A. op. cit., pp. xxiii–xxviii.
Robertson, A. T., “Luke, the Gospel of”, I.S.B.E., Vol. III, pp. 1938–1940.
———, Word Pictures in the New Testament, Vol. II, Nashville, 1930.
———, Luke the Historian in the Light of Research, pp. 61–75.
Stonehouse, N. B., The Witness of Luke to Christ, pp. 22–23.
Taylor, V., Behind the Third Gospel, Oxford, 1926.
———, The First Draft of St. Luke’s Gospel, Londres, 1927.
Weiss, C. P. B., Die Quellen des Lukas-Evangeliums, Stuttgart, 1907.
6
La genealogía de Jesús, según la presenta Lucas, se debe incluir en el “nuevo” material, porque aunque Mt. 1:1–17 también
contiene una genealogía de nuestro Señor, las dos, aunque no están en conflicto, no son verdaderamente paralelas.
22
Hay varios pasajes que no están en la lista aquí y que contienen palabras, frases y a veces
oraciones enteras que son exclusividad de Lucas. Véase por ejemplo, C.N.T. sobre Mateo, pp.
25, 26. Las referencias dadas en la siguiente lista “L” tienen solamente el propósito de servir
como ayuda para entender la situación general del contenido de Lucas en comparación con
los otros Sinópticos.

Material Nuevo en Lucas

Referencia Tema

1:1–4 Prefacio o Prólogo

1:5–25 Promesa del nacimiento de Juan el Bautista

[p 31] 1:26– La anunciación (Promesa a María del


38 nacimiento del Salvador)

1:39–45 Visita de María a Elizabet

1:46–56 El Magnificat (Canto de alabanza de María)

1:57–66 El nacimiento de Juan el Bautista

1:67–80 El Benedictus (Profecía de Zacarías)

2:1–7m El nacimiento de Jesús

El anuncio del nacimiento del Salvador a los


2:8–21
pastores

“Gloria a Dios en las alturas”

La visita de los pastores

A Jesús le ponen nombre

2:22–38 La presentación de Jesús en el templo

El Nunc Dimittis de Simeón

Acción de gracias de Ana

2:39, 40 El regreso a Nazaret


23

2:41–52 El niño Jesús en el Templo

3:1–20m El ministerio de Juan el Bautista

3:23–38 La genealogía de Jesús

4:14, 15m El principio del gran ministerio en Galilea

4:16–30m El rechazo de Jesús en Nazaret

5:1–11m Una pesca milagrosa

7:11–17 La resurrección del hijo de viuda de Naín

Jesús es ungido por una mujer pecadora


7:36–50
Cancelación: La parábola de los dos deudores

8:1–3 Las mujeres que ministran

Una aldea samaritana se niega a recibir a


9:51–56
Jesús

La comisión dada a los setenta (o setenta y


10:1–12
dos)

10:17–20 El regreso de los setenta (o setenta y dos)

10:25–37 La parábola del samaritano compasivo

10:38–42 María de Betania hace una elección correcta

11:1–4m “Enséñanos a orar”

El Padre Nuestro

11:5–13 La parábola del amigo importuno

11:27, 28 La verdadera bienaventuranza

Jesús es invitado a comer en casa de un


11:37–54m
fariseo

Denuncia contra los fariseos y los intérpretes


24

de la ley

12:13–21 La parábola del rico insensato

12:32–34m “No temáis”

“Vended vuestras posesiones y dad limosna”

12:35–40m La parábola de los siervos vigilantes

12:49, 50m Fuego y bautismo

13:1–5 Arrepentíos o pereceréis

La parábola de la higuera estéril y el viñador


13:6–9
misericordioso

La curación de una mujer inválida en el día de


13:10–17
reposo

13:22–30 La puerta estrecha

[p 32] 13:31–
La partida de Galilea
33

14:1–6 La curación del hidrópico

Una lección para los invitados: La parábola de


14:7–14 los asientos reservados, y una lección para el
anfitrión.

14:15–24 La parábola de la invitación rechazada

14:25–33 El costo del discipulado

La parábola del que edificó sin calcular el


costo

La parábola del rey razonable

15:1–7m La parábola de la oveja perdida

15:8–10 La parábola de la moneda perdida


25

15:11–32 La parábola del hijo perdido

16:1–13 La parábola del mayordomo astuto

16:14, 15 Reprensión de la justicia propia de los fariseos

La parábola del hombre ostentoso (el rico) y el


16:19–31
mendigo (Lázaro)

17:5, 6m “Auméntanos la fe”

17:7–10 La parábola del siervo inútil

La curación de diez leprosos, de los cuales


17:11–19
sólo uno volvió a dar las gracias

17:20–37m La venida del reino

18:1–8 La parábola de la viuda que perseveró

18:9–14 La parábola del fariseo y el publicano

19:1–10 Jesús y Zaqueo

19:11–27 La parábola de las minas

19:39, 40 “Si éstos callaran, las piedras clamarían”

19:41–44 “Cuando vio la ciudad lloró sobre ella”

21:20–24m Anuncio de la destrucción de Jerusalén

21:25–28m La venida del Hijo del Hombre

Velad y orad, teniendo presente la venida del


21:34–36
Hijo del Hombre

Resumen de la enseñanza final de Jesús en el


21:37, 38
templo

22:3–6m Satanás entra en el corazón de Judas

22:14–23m La institución de la Cena del Señor


26

22:24–30 La disputa acerca de la grandeza

22:31–34m La oración de Cristo por Pedro

22:35–38 “¿Os faltó algo?”

22:39–46m Jesús en el monte de los Olivos

22:47–53m Traición y arresto

La oreja cortada y restaurada

“Esta es vuestra hora”

22:54–62m Pedro niega a Jesús

22:63–65m Jesús burlado y golpeado

22:66–71m Jesús condenado por el Sanedrín

23:1–5m Jesús ante Pilato

23:6–12 Jesús ante Herodes

[p 33] 23:13–
Jesús sentenciado a morir
25m

23:26–43m Simón de Cirene

Lloran las hijas de Jerusalén

Jesús crucificado entre dos criminales

Las dos primeras palabras de la cruz

23:44–49m La muerte de Jesús

23:50–56m La sepultura de Jesús

24:1–12m La resurrección de Jesús

24:13–35 La aparición de Cristo a los de Emaús


27

24:36–49m La aparición de Cristo a sus discípulos

24:50–53 La ascensión de Cristo

2. Material que se encuentra también en Marcos


Sin embargo, mucho en Lucas no es nuevo o “en gran parte nuevo”. Una parte
considerable del Evangelio de Lucas hace que uno recuerde el de Marcos. Esto nos introduce
al problema sinóptico. Dado que este tema ya fue tratado con cierto detalle,7 ahora sólo será
necesaria una referencia a él.
Con el propósito del estudio de las fuentes, Lucas puede ser dividido en las siguientes tres
partes o Secciones:8

Divisiones en el Evangelio de Lucas

Unos 8 5/6 capítulos, 58


Sección I Lucas 1:1–9:50
secciones

Unos 8 3/6 capítulos, 46


Sección II Lucas 9:51–18:14
secciones

Sección Lucas 18:15– Unos 6 4/6 capítulos, 42


III 24:53 secciones

Todo 24 capítulos, 146 secciones

En la sección I, 34 de las 58 secciones tienen paralelo en mayor o menor medida en


Marcos, como se muestra en este Comentario en relación con los títulos sobre cada una de
estas secciones pequeñas.
En la Sección II—la muy interesante parte central del Evangelio de Lucas; véase más al
respecto en los capítulos 9–12 de este tomo—solamente 6 de las 46 secciones tienen un
paralelo similar en Marcos.
En la Sección III, 33 de las 42 secciones tienen paralelo en Marcos; a veces
generosamente, otras veces apenas. En el relato de la Pasión, Lucas retiene solamente el 27
por ciento de las palabras de Marcos y a veces [p 34] (como en otros lugares) se aparta de la
secuencia de Marcos en el relato de los acontecimientos.9
En total, la mitad de las secciones pequeñas tienen en alguna medida, un paralelo en
Marcos. Pero, dado que en muchos casos el paralelo es solamente parcial, sigue cierto que los
dos tercios del Evangelio de Lucas no contiene material que aparece en Marcos.
En casi cada caso en que el Evangelio de Lucas se refleja en Marcos, también tiene un
paralelo en Mateo. Excepciones: Lc. 4:31–37; 4:42–44; 9:49, 50; 21:1–4.

7
Véase C. N. T. sobre Mateo, pp. 11–62.
8
Nótese la “S” (mayúscula) para distinguir ésta de las secciones (“s” minúscula) más pequeñas, tales como 1:1–4; 1:5–25, etc.
9
Véase G. B. Caird, St. Luke (Pelican Gospel Commentaries), 1963, p. 25.
28
3. Material “Q”
Hasta aquí hemos considerado (a) material exclusivo de Lucas, y (b) material de Lucas que
se encuentra también en Marcos, por lo menos en cierta medida. Las palabras se encuentra
también no significan “en forma exacta”. Cada evangelista tiene su propio estilo.
Hay un tercer grupo de pasajes individuales y a veces secciones (como un todo o en parte):
las que se encuentran en Lucas y en Mateo pero no en Marcos. Tal material se designa con el
símbolo Q, respecto del cual véase C.N.T. sobre Mateo, pp. 29, 43, 55–58 (incluyendo nota
50). En general esta “Q” designa una fuente de dichos.
A veces el parecido entre el pasaje de Mateo y su réplica en Lucas es tan grande que nos
hace pensar en gemelos idénticos. A continuación damos unos pocos ejemplos de entre
muchos. Puesto que este es un comentario de Lucas, la columna de la derecha (Lucas) es
básica. Se sigue la secuencia de ese Evangelio. La columna de Mateo se pone a la izquierda
porque con toda probabilidad ese Evangelio fue compuesto antes que Lucas

Ejemplos de estrecha semejanza entre

Mateo y Lucas

Mateo El pasaje brevemente presentado Lucas

–10 ¡Generación de víboras! 3:7–9

43–45 Barrida y adornada 11:24–26

45–51 ¿Quién es el mayordomo fiel? 12:42–46

37, 38 Jerusalén, Jerusalén! 13:34, 35

4 Ninguno puede servir a dos señores 16:13

Nótese la diferencia en la secuencia entre Mateo y Lucas. ¿No parece más probable que
Lucas esté aquí usando notas de Mateo y no el Evangelio mismo? Lo que está escrito en notas
puede ser insertado dondequiera que sea necesario.
[p 35] Además, hay muchos pasajes que tienen menos semejanza. En realidad, a veces el
parecido es tan remoto que autores tendrán diferentes opiniones respecto de atribuir el
material de tales pasajes a “Q”. Es por esto que según algunos hay 200, y según otros 250
pasajes que no están en Marcos y son comunes a Mateo y Lucas.
Diferentes grados de semejanza se pueden notar en las secciones de la lista que hay en el
diagrama que va a continuación. La lista no es completa. Aquí también la columna de la
derecha es la básica:

Ejemplos de Semejanza entre Mateo y Lucas


29

Mateo Breve indicación del contenido Lucas

Predicación, enseñanza y curaciones de 6:17–


3–25
Cristo 19

Bienaventuranzas (Mt. y Lc.) y ayes 6:20–


–12
(Lucas) 26

6:27–
8–48 Amad a vuestros enemigos
36

6:37–
–5 No juzguéis
42

6:43–
7–20 Ningún árbol bueno da fruto malo
45

6:46–
4–27 Los dos constructores
49

–13 La curación del siervo del centurión 7:1–10

7:18–
2–19 ¿Eres tú el que había de venir?
35

9:57–
9–22 Te seguiré adondequiera que vayas
62

10:13–
20–24 ¡Ay de ti, Corazín!
16

25–27; Yo te alabo, oh Padre—bienaventurados 10:21–


13:16, 17 los ojos 24

El Padre nuestro—Pedid, buscad, 11:1–


–15; 7:7–11
llamad! 13

Pajarillos: dos por un cuarto (Mt); cinco


28–31 12:4–7
por dos cuartos (Lc.)

32, 33;
12:8–
12:32; Confesar contra negar a Cristo, etc.
12
10:19, 20

1, 25–34 Donde esté vuestro (tu: Mt.) tesoro, allí 12:22–


30

estará también vuestro (tu:Mt) corazón 34

12:49–
34–36 No paz, sino división (espada: Mt.)
53

12:57–
5, 26 Arréglate con tu adversario
59

13:22–
3, 14, 21–23 La puerta estrecha
30

17, 18, 23– 17:20–


Como en los días de Noé
28, 37–41 37

Todo el material “Q” se encuentra en las secciones I y II del Evangelio de Lucas. “Q” no
tiene relato de la pasión ni de la resurrección. No es un evangelio o un mensaje de buenas
nuevas. Como se mostró en C.N.T. sobre Mateo, no hay razones válidas para creer que haya
existido en realidad un documento “Q”.
[p 36]
4. Paralelos verbales entre Lucas y Juan
F. L. Cribbs, “St. Luke and the Johannine Tradition”, JBL, 90 (Dic. 1971), pp. 422–450, y
antes G. W. Broomfield, J. V. Bartlet, J. A. Findlay y otros, han señalado paralelos verbales
entre Lucas y Juan. Véase también E. E. Ellis, op. cit., p. 28. Así Anás el sumo sacerdote es
mencionado solamente por Lucas (3:2; cf. Hch. 4:6) y por Juan (18:13, 24). Lo mismo vale
con respecto a Marta y María (Lc. 10:38–41; Jn. 11:1, 5, 19–21, 24, 30). Aunque es un hecho
que la historia del ungimiento de Jesús por María de Betania, hermana de Marta, se
encuentra no solamente en Jn. 12:1 ss, sino también en Mt. 26:6–13 y Mr. 14:3–910 su
nombre, en relación con ese hecho sólo es mencionado por Juan (12:3).
Otro vínculo posible entre Lucas y Juan es el hecho de que en ningún otro Evangelio
aparecen en forma tan prominente Samaria y los Samaritanos como en Lucas (9:51–55;
10:25–37; 17:11–19; cf. Hch. 1:8; 8:1, 14, 25; 9:31; 15:3) y en Juan (4:1–42). Además,
solamente en estos dos Evangelios se menciona el hecho de que Satanás entró en (el corazón
de) Judas (Lc. 22:3; Jn. 13:27); que fue la oreja derecha del siervo del sumo sacerdote la que
sufrió el golpe (Lc. 22:50; Jn. 18:10); que Pilato declaró inocente a Jesús no menos de tres
veces (Lc. 23:4, 14, 22; Jn. 18:38; 19:4, 6); que el sepulcro de José era “nuevo”, es decir, que
nunca había sido usado (Lc. 23:53; Jn. 19:41); que se vieron dos ángeles en la tumba del
Cristo resucitado (Lc. 24:4; Jn. 20:12); y que después de su resurrección Jesús apareció a
sus discípulos en Jerusalén (Lc. 24:33, 36 ss; Jn. 20:19–31). La visita de Pedro a la tumba es
relatada en c. 24:12, 24, y en forma más completa en Jn. 20:1–10, no en Mateo y Marcos.
Tanto Lucas (5:1–11) como Juan (21:1–14) relatan una pesca milagrosa, pero la de este
último ocurrió mucho después que la descrita por el primero. En realidad, el milagro relatado
en forma tan interesante por “el discípulo a quien amaba Jesús” se atribuye al Cristo
resucitado de entre los muertos.
B. Las fuentes del Evangelio de Lucas

JBL Journal of Biblical Literature


10
¡Definitivamente no en Lc. 7:37–39!
31
1. El material “L”
Es muy dudoso que haya existido “L” como un documento escrito real y definido. Ya hemos
visto que lo mismo se puede decir con respecto a “Q”. Por lo tanto, el mismo carácter
insustancial hay que atribuirle a “Proto-Lucas”, una combinación imaginaria de “Q” y “L”
(menos el relato del nacimiento). Quítese “Q” y “L”, considerados como documentos realmente
existentes, o quítese “Q” o “L” y Proto-Lucas, considerado como el anteproyecto del Evangelio
de Lucas al cual él supuestamente agregó posteriormente el relato del nacimiento y partes de
[p 37] Marcos, también se evapora. Esto no elimina el hecho de que si se toman a “L” y “Q”
sencillamente como designaciones simbólicas, de modo que el primero identifica todo el
material del Evangelio de Lucas que es nuevo—esto es, material que no se encuentra en
Mateo ni en Marcos—y la segunda se refiere a todo el material común a Mateo y Lucas que no
aparece en Marcos, estos símbolos, si se usan cuidadosamente, son inobjetables y aun útiles.
Parece probable que por lo menos parte del material “L” fue derivado de fuentes semíticas,
probablemente escritas y orales. La razón de esta inferencia es que el lenguaje y estilo no
solamente de los relatos de la niñez sino también varios otros pasajes “L” tienen esta
característica lingüística. Lucas declara específicamente que ha consultado a “testigos
oculares”. Probablemente el lenguaje cotidiano de ellos era predominantemente el arameo,
una lengua semítica. Por lo menos algunos de ellos deben haber conocido otra lengua semita
estrechamente relacionada, el hebreo. Véase más al respecto en 6. Fuentes orales. Y en
cuanto al lenguaje de Lucas y su estilo, véase abajo, inciso V.
El hecho de que gran parte del material “L”—no menos de 34 secciones como un todo o en
parte—se encuentra en 9:51–18:14, y que alienta el espíritu cosmopolita y condena todo
exclusivismo rígido (véanse 10:25–37; 14:5–24; cap. 15; 17:11–19; 18:9–14) ha hecho que
algunos atribuyan “L” a la influencia de Pablo sobre Lucas. Acerca del énfasis de Pablo sobre
el “evangelio para el mundo”, véanse pasajes tales como Ro. 3:21–24; 1 Co. 7:19; Gá. 3:9, 29;
Ef. 2:14, 18; Col. 3:11. Otros, con igual justificación, a ese material lo llaman “juanino”.
Véanse Jn. 1:29; 3:16; 4:42; 10:16, etc.
Sin embargo, no debemos olvidar que básicamente el así llamado espíritu cosmopolita es
evidente a través del tercer Evangelio (véase arriba: Punto I A. 5. a.), y era el espíritu de
Jesús. El mismo, por medio de su enseñanza oral, fue la “Fuente” primaria de “L”, así como
de todo el tercer Evangelio; sí, de las buenas nuevas en todo lugar: el mensaje de salvación
plena y gratuita, concedida por la gracia soberana de Dios a todos los creyentes, judíos o
gentiles.
En cuanto a las fuentes secundarias no tenemos derecho a limitar su número en forma
demasiado rígida. Lc. 1:1s deja la impresión que el evangelista tenía una buena cantidad de
fuentes orales y escritas. Hoy sería completamente imposible determinarlas todas.
2. El material de Marcos
Ya se ha mostrado—véase C.N.T. sobre Mateo, pp. 45–55—que con toda probabilidad fue
Lucas quien usó Marcos y no al revés. En realidad, es probable que tanto Mateo como Lucas
tuvo a Marcos como una de sus [p 38] fuentes. Pero difieren en la forma en que usaron
Marcos. Parece que Mateo no pudo olvidarse de Marcos. Parece estar ampliando el bosquejo
de Marcos. Por otra parte, el Evangelio de Lucas está formado por la alternación de bloques
de material de Marcos y ajenos a Marcos. Véase el C.N.T. sobre Mateo, pp. 33–40 (“los tres
ríos”). Además, cabe recordar que Lucas conoció personalmente a Marcos (Col. 4:10, 14; Flm.
24).
3. El material “Q”
32
Este material, que se encuentra en los Evangelios de Mateo y Lucas, pero no en Marcos,
como se hizo notar anteriormente, pudo haberse derivado en parte de fragmentos escritos por
testigos tempranos, especialmente por Mateo.
En este punto se presenta un problema. Hay quienes sostienen que en Lucas estos
pasajes o secciones aparecen en un contexto diferente del de Mateo. Una investigación cabal,
versículo por versículo, sección por sección, pronto revela que el problema no es tan serio
como con frecuencia se representa. Por ejemplo, es verdad que en Lucas el sermón que
incluye las Bienaventuranzas fue pronunciado cuando Jesús estaba en “un lugar llano”,
mientras Mateo menciona “el monte”. Pero la pretendida contradicción desaparece
suponiendo que Jesús pronunció este discurso en un llano sobre una montaña. Otra
solución posible se presenta en C.N.T. sobre Mt. 5:1.
Otra contradicción aparente entre Lc. 11:1–4 y Mt. 6:9–15. Mateo incluye la oración
llamada “Padre Nuestro” en el Sermón del Monte; Lucas, según algunos lo ven, atribuye la
enseñanza de esa oración a un período considerablemente posterior en el ministerio de
Cristo. Aquí nuevamente la “contradicción” está en la mente de quienes están buscando
contradicciones. Se ha sugerido más de una solución posible: (a) Mt. 5–7 Mateo incluye
dichos que pertenecen a un período posterior; (b) Lucas sencillamente está relatando lo que
había ocurrido antes; (c) los Doce, muy olvidadizos (Mt. 16:9, 10), tenían necesidad que se les
repitiera esta oración; (d) el discípulo que pidió, “Señor, enséñanos a orar” (Lc. 11:1) no era de
los Doce; así para él la oración era nueva. Sea cual fuere la solución que se adopte—véase el
comentario sobre 11:1–4—no se puede demostrar que exista una verdadera contradicción. Y
lo mismo vale para cada caso.
El predicador viajero—ministro, evangelista, misionero, estudiante de teología—que ha
usado el mismo sermón en diversos lugares no debiera tener dificultades en creer que
nuestro Señor repetía sus maravillosos dichos. Por ejemplo, el relatado en Mt. 16:25; Mr.
8:35; Lc. 9:24; 17:33; Jn. 12:25 podría haberse usado en diversas ocasiones. ¿No estaba
plenamente consciente del hecho de que el (por naturaleza) egoísta corazón [p 39] humano
necesitaba oír repetidas veces la demanda de una completa rendición, y en toda época? Cf.
Ro. 15:4.
Además, el hecho mismo de que la “historia se repite” (aunque nunca en forma
precisamente igual) añade peso a la necesidad de una constante repetición y reafirmación de
las verdades y principios básicos. Los hechos paralelos abundan en la historia y en la vida de
todo individuo. Por esa misma razón los casos de déjà vu (la ilusion que a uno le parece
haber vivido una experiencia similar con anterioridad) son muchos.
En los Estados Unidos de América, a partir del año 1840, cuando fue elegido el Presidente
W. H. Harrison, cada veinte años (1840, 1860, 1880, 1900, 1920, 1940, 1960) señaló la
elección o reelección de un presidente que falleció en el cargo, fuera por causas naturales o
asesinato. ¿Y en cuantos detalles no se repiten los sucesos de la Primera Guerra Mundial en
la Segunda? ¿Además, quién negaría a Lucas el derecho de vincular dichos del Señor de una
ocasión con otros pronunciados posteriormente cuando veía conexión en el pensamiento?
Véase especialmente 9:51–18:14.
4. El material juanino
¿Cómo podemos explicar las semejanzas existentes entre Lucas y Juan? ¿Había visto Juan
al Evangelio de Lucas antes de escribir el suyo y esto explica las semejanzas? L. Morris
responde a esta pregunta en forma negativa. Por otra parte, Clemente de Alejandría (floreció
entre 190–200), escribe: “Por último, Juan, percibiendo que los hechos externos habían
quedado claros en los Evangelios, a petición de sus amigos e inspirado por el Espíritu Santo,
compuso un Evangelio espiritual”. Tómese nota de las palabras que puse en bastardilla. Por
lo tanto, este testigo muy antiguo tiene que haber pensado que Juan conocía el contenido de
33
los Sinópticos. L. Berkhof expresa su opinión con estas palabras: “Juan podría haber leído
los Sinópticos antes de escribir su obra, pero no los usó como fuente de los cuales tomara
parte de su material”.11 Acerca de pasajes del Evangelio de Juan que según diversos
intérpretes parecen indicar que Juan, al escribir su Evangelio, supuso que sus lectores ya
tenían conomiento de los Sinópticos, véase C.N.T. sobre Juan, p. 34.
En un hecho están de acuerdo todos los estudiantes serios de los cuatro Evangelios, a
saber que tiene que haber habido una muy rica tradición común, especialmente oral, de la
cual pudieron haber tomado material tanto Lucas como Juan. Eso, más que cualquiera otra
cosa, puede muy bien explicar las semejanzas entre el tercero y cuarto Evangelios.
[p 40]
5. Fuentes que coinciden parcialmente
Las diversas fuentes consultadas por Lucas probablemente no estuvieran tan
artificialmente separadas de modo que sin reservas uno pudiera decir: “Para el material “L”
Lucas tomó de esta fuente, para el material “Q”, de aquella”. Con frecuencia el material de las
diversas fuentes tiene que haber tenido coincidencias parciales. Esto vale también para las
fuentes escritas cuando se las distingue de las orales.
6. Fuentes orales
Debemos poner cuidado en no hacer que Lucas dependa de las fuentes escritas solamente.
Sabemos que el escritor del tercer Evangelio, que fue compañero de Pablo, vivía en un tiempo
cuando aún vivían muchos de los testigos oculares (1 Co. 15:6). En Cesarea, rumbo a
Jerusalén en el tercer viaje misionero de Pablo, Lucas pasó algun tiempo con Felipe el
Evangelista (Hch. 21:8ss). Este era el mismísimo Felipe a quien el Señor había dado el poder
de realizar un ministerio muy exitoso en Samaria (Hch. 8:5–8). ¿Podría ser que la
prominencia del material sobre Samaria en el Evangelio de Lucas se debiera en parte a esta
reunión de Lucas con Felipe?
Llegado a Jerusalén, Lucas pasó algún tiempo en aquella ciudad (Hch. 21:17). Además,
durante los años 58–60, mientras Pablo se encontraba preso en Cesarea, Lucas bien pudo
haber consultado a varios testigos originales. ¿Pudo uno de ellos haber sido María, la madre
de Jesús? ¿O, quizás, alguno de los amigos íntimos o parientes cercanos de ella a quienes
ella había dado a conocer los hechos correspondientes a la concepción y el nacimiento de
Jesús?
Se considera posible que Juana, esposa de Chuza, administrador de la casa de Herodes,
haya dado a Lucas la información respecto de los asuntos relativos a Herodes (Lc. 8:2, 3;
23:56–24:10). Esta Juana la menciona solamente Lucas. El podría haberla conocido y haber
establecido contacto con ella. ¿Explica esto, quizás, el hecho de que la historia de la
comparecencia de Cristo ante Herodes se encuentre solamente en Lucas (23:6–12)?
La estrecha asociación de Lucas con Pablo, que comenzó antes que fuese escrito el tercer
Evangelio, no debe ser pasada por alto. Tanto antes como después de su conversión, Pablo
había estado en contacto con testigos originales (Hch. 9:1ss.; 1 Co. 15:1–8; Gá. 1:18; 2:9).
7. Un hecho final, el más importante de todos
El hecho que estoy por mencionar es generalmente dejado sin decir y sin escribir cuando
se trata este tema. Sin embargo, el trato de las fuentes, [p 41] cuando no se toma en cuenta,
en el mejor de los casos llega a ser deísta. El hecho es éste: con respecto a los escritores de

11
Para Morris, véase su Studies in the Fourth Gospel, Grand Rapids, 1969, p. 38. Para Clemente de Alejandría véase Eusebio,
Historia Eclesiástica VI.xiv.7. Para Berkhof véase su New Testament Introduction, Grand Rapids, 1915, p. 114.
34
las Escrituras el impulso por escribir, la investigación de los hechos y el hecho mismo de
escribir ocurrió bajo la dirección del Espíritu Santo (2 P. 1:21; cf. 2 Ti. 3:16, 17).
Como resultado de la operación del mismo Espíritu, en el momento mismo de comenzar a
leer, el lector acepta el relato inspirado como la Palabra de Dios, ni más ni menos. “Los
evangélicos están obligados a rendir homenaje a una estricta teoría de la inspiración, porque
si ésta queda fuera del camino, todo se viene abajo” (H. Bavinck).
Las palabras de S. Greijdanus son muy instructivas. En un lugar muy poco común, el
final mismo de su muy completo comentario en dos tomos sobre el Evangelio según Lucas,
escribe una posdata ¡que es realmente una introducción al tercer Evangelio)!12 Su oración
inicial sobre las Fuentes es la siguiente (traducción mía): “La búsqueda de las fuentes para
juzgar en conexión con ellas la historicidad de los que Lucas nos imparte en su Evangelio,
puede ser llamada impropia y completamente inútil”. Prosigue: “Nadie puede establecer por
medio de la investigación la verdad de la posición de que Jesús es el Hijo de Dios, que en su
naturaleza humana fue concebido por el Espíritu Santo, que realizó los milagros y pronunció
las palabras narradas por Lucas y que resucitó de entre los muertos y subió al cielo. El que
afirma que el reconocimiento de estas verdades depende de tal investigación comienza con su
rechazo, por lo menos con la suposición de que son discutibles … Entonces no es
sorprendente que llegue a conclusiones negativas. En último análisis uno o cree o rechaza lo
que Lucas dice sobre tales asuntos”.
Si uno lee con cuidado las palabras del estudioso holandés, notará claramente que
Greijdanus no está negando sumariamente el valor de la búsqueda de fuentes. Por el
contrario, su advertencia es contra el proceso de llevar a cabo tal estudio sin estar
correctamente motivado. Con todo candor, ¿no llegamos a reconocer que una buena cantidad
de la crítica negativa está manchada de este mal? Aun cuando el texto griego es indiscutible,
el crítico insiste en cavar más profundamente hasta que imagina haber descubierto por qué
“la iglesia primitiva” (¡maravillosamente creativa!) o quizás el evangelista mismo modificó o
“redactó” un dicho de Jesús o el relato de un acontecimiento para llegar a producir el texto
actual.
En una elección entre lo que dice verdaderamente el mejor texto griego a la luz de su
propio contexto inspirado por una parte, y el producto frecuentemente especulativo de la
cuasi investigación por la otra, ¡adhiramos a la primera!
[p 42] IV. ¿Cuándo y dónde fue escrito este Evangelio?
A. ¿Cuándo?
Sería desperdicio de espacio y de tiempo hablar de todos los puntos de vista. Básicas para
gran parte de la argumentación son las palabras de Jesús relatadas en Lc. 19:41–44; 21:20
ss:
“Vendrán días sobre ti cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por
todas partes te estrecharán … cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed
entonces que su destrucción ha llegado …”
Los conservadores interpretan estas palabras como una verdadera profecía sobre la caída
de Jerusalén. Dado que esta caída ocurrió el año 70 d.C., dan una fecha anterior para Lucas
y Hechos.13
Por otra parte, los liberales consideran estas palabras como una descripción, por cierto en
forma de profecía, pero que fueron escritas después de la caída de Jerusalén. Basan esta

12
Kommentaar op het Nieuwe Testament, Vol. II, pp. 1209ss.
13
Considerados como una sola obra, en vista de Lc. 1:1–4; cf. Hch. 1:1. Acerca de la teoría de una sola obra, véase también N. B.
Stonehouse, The Witness of Luke to Christ, pp. 12–14.
35
conclusión en el carácter vívido y—según ellos—detallado de la descripción. En consecuencia,
fijan una fecha posterior al año 70 d.C. para Lucas y Hechos.
Sin embargo, por Jn. 6:15 sabemos claramente que los judíos ya eran rebeldes durante la
peregrinación de Cristo sobre la tierra. Se podía prever que esta actitud, si no era reprimida a
tiempo, podría conducir a la destrucción de Jerusalén. Cf. Jn. 11:48. En cuanto el resto, en
vez de considerar que las palabras citadas son demasiado detalladas para haber sido
pronunciadas antes que ciudad fuese destruida por el terrible desastre, ¿no sería correcto
decir, en el espíritu de Jue. 14:18:
(Cuando el enemigo intenta tomar una ciudad)
¿Qué es más natural que un sitio,
y ¿que es más efectivo que un ejército sitiador?
En otras palabras, si la “descripción” se hubiera escrito después de los hechos, ¿no
hubiera sido muchísimo más detallada? Es exactamente la falta de detalles lo que habría
hecho más bien fácil creer que estas palabras fueron pronunciadas antes de la caída de
Jerusalén, y que Lucas y Hechos tienen una fecha anterior al año 70 d.C. Sin embargo, me
apresuro a decir que quien por la gracia soberana de Dios ha sido llevado a considerar las
pretensiones de Cristo como verdaderas no vacila en creer que esta excelsa Persona podía
pronunciar las profecías más minuciosamente detalladas (Mt. 17:27; 21:2; Mr. 10:32–34).
¿Podría ser que la razón para dar una fecha posterior de Lc. 19:41–44; 21:10ss, y
consecuentemente [p 43] una fecha tardía para Lucas y Hechos, sea la incredulidad con
respecto a la posibilidad de la profecía predictiva genuina?
Entre los diversos argumentos presentados por quienes aceptan una fecha tardía para
Lucas y Hechos hay uno que es demasiado interesante como para pasarlo por alto. Josefo, en
su obra Antigüedades (XX.97–99), declara que cuando Fado era procurador de Judea, un
cierto profeta falso llamado Teudas, hizo que una gran multitud creyese que ante una orden
suya el Jordán se dividiría. Cuando Fado oyó esto, envió un escuadrón de caballería que dio
muerte a muchos de los seguidores del impostor, esclavizó a los otros e hizo decapitar a
Teudas. Un poco más adelante Josefo menciona a un rebelde contra Roma, llamado Judas
(XX.102), cuyos hijos fueron juzgados y crucificados. Ahora, en Hch. 5:35–39 aparecen estos
mismos dos nombres y en la misma secuencia: Teudas y Judas. Lucas relata las palabras de
Gamaliel, famoso fariseo y miembro del Sanedrín. Por medio de un discurso elocuente, este
influyente dirigente refrenó a sus semajantes del Concilio de tomar una acción precipitada
contra Pedro y los demás apóstoles. En su discurso, Gamaliel relata cómo murieron Tuedas y
Judas. Hay quienes, en conformidad con esto, sostienen que Lucas tiene que haber derivado
su relato sobre Teudas y Judas de Josefo, y dado que Antigüedades no se publicó hasta el
año 93, el tercer Evangelio y Hechos deben ponerse en fecha posterior, quizás en los
alrededores del fin del primer siglo y comienzos del segundo.14
Ahora bien, hay que reconocer que es ciertamente sorprendente la identidad de los
nombres. Sin embargo, este argumento en pro de una fecha tardía para Lucas y Hechos no
logra su objetivo por las siguientes razones:
a. Los falsos profetas a quienes Gamaliel alude vivieron en una fecha considerablemente
anterior a las personas mencionadas por Josefo. La revuelta a la cual se refiere las
Antigüedades ocurrió en los años 45–46 d.C. Cuando Gamaliel pronunció su discurso, poco
antes del año 37, el Teudas y el Judas que menciona ya habían muerto.

14
Para los nombres de algunos defensores de esta teoría y los títulos de sus libros véanse las observaciones editoriales agregadas al
pasaje en Loeb Library, Josefo, Vol. IX (Libro XX), p. 441.
36
b. Según Gamaliel, “unos cuatrocientos hombres” habían seguido a Teudas. Ni Gamaliel ni
Lucas pudieron haber obtenido este dato de Josefo, porque él no lo menciona.
c. Josefo dice que los hijos de Judas fueron crucificados; Gamaliel informa que Judas fue
quien murió.
Así que es claro que los dos informes no pueden ser referencias al mismo incidente.
Positivamente, puede decirse que en cuanto al libro de Hechos tenemos “una fecha
mínima probable” (terminus a quo, si uno prefiere la expresión [p 44] latina) y una “fecha
máxima probable” (terminus ad quem). La fecha mínima probable es el año 62 d.C. Razón: se
puede establecer con un alto grado de probabilidad que Pablo llegó a Roma en el año 60, o
cerca de ese año.15 Dado que el libro de Hechos abarca la vida de Pablo hasta cuando tuvo
que pasar dos años de prisión en Roma (Hch. 28:30), Lucas no puede haber terminado el
libro antes del año 62. En cuanto a la fecha máxima posible, hay que tener mucho cuidado. A
veces se dice que dado que Pablo tuvo que haber sido puesto en libertad más o menos el año
63 o poco después y Hechos termina con Pablo todavía prisionero, el libro no puede haber
sido escrito más allá del año 63, porque si Lucas sabía de la liberación de Pablo,
probablemente la habría mencionado.
Sin embargo, este argumento es más bien débil. Porque en primer lugar hay que recordar
que Lucas no está escribiendo una biografía de Pablo, sino la historia del progreso del
evangelio, controlado por Cristo, desde Jerusalén hasta Roma y así, en un sentido, hasta lo
último de la tierra. Véase Hch. 1:1–8. Además, hay quienes piensan que la expresión “y vivió
dos años enteros en su propia casa alquilada”, o “a sus expensas” podría tener un significado
jurídico, esto es, esperó dos años completos (¿límite establecido por el derecho romano?)
durante los cuales los acusadores tenían la oportunidad de presentar los cargos. Al no
presentarse cargo alguno (¿apunta en esa dirección Hch. 28:21?), el juicio terminó por
incomparecencia y Pablo fue puesto en libertad, habiéndose cumplido la exigencia de dos
años.16 Así interpretado, Hch. 28:30 podría significar la liberación de Pablo. No se ha
establecido si esta interpretación es correcta o no. Sin embargo, se deja en claro que uno
puede hacer muy poco con Hch. 28:30, 31 para intentar a determinar la fecha máxima
probable de Hechos. Sin embargo, nótese lo siguiente:
La noche entre el 18 y el 19 de julio del año 64 estalló un terrible incendio en Roma. Diez
de los catorce distritos de aquella ciudad quedaron convertidos en una masa informe de
ruinas. ¿Quién o qué causó el incendio? Se levantó un dedo acusador contra Nerón. Con el
fin de distraer la atención de sobre su persona, él, a su vez, echó la culpa a los cristianos.
Resultado: una persecución diabólicamente cruel contra los creyentes, un baño de sangre en
Roma, una amarga hostilidad contra el cristianismo por parte del gobierno romano.
No solamente no se mencionan estos horrores en parte alguna del libro de Hechos, sino
que todo el espíritu del libro hace casi imposible creer que pudiera haber sido escrito durante
o después de mediados del año 64 d.C.
Lucas siempre enfatiza la relativa equidad, aun a veces el carácter amistoso y cooperador
de las autoridades romanas. Rescatado por el [p 45] tribuno militar de las manos de la
multitud asesina en Jerusalén, se permite a Pablo hacer su propia defensa, primero ante el
pueblo y luego ante el concilio judío (Hch. 21:31–23:9). El tribuno lo rescata una vez más de
las manos de los fariseos y saduceos que discutían acaloradamente (Hch. 23:10); y aun una
tercera vez, de una banda de más de cuarenta judíos juramentados para dar muerte a Pablo.

15
Véase Hendriksen, Survey of the Bible, pp. 66–68, 74.
16
Véase L. Pherigo, “Paul’s Life After the Close of Acts” JBL LXX (diciembre de 1951), pp. 277–284. Véase además, la
disertación doctoral de N.G. Veldhoen, Het Process van den Apostel Paulus, Leiden, 1924. Y véase GTT, Vol. 55, No. 2, 3 (1955),
pp. 60, 61.
37
Lo llevan a Cesarea. Claudio Lisias escribe una carta al gobernador Felix en favor de Pablo.
Félix también permite a Pablo hacer su defensa, pero deseando hacer un favor a los judíos lo
deja en la cárcel. Cuando Festo sucede a Félix, el apóstol apela a César. Festo le dice al rey
Agripa que Pablo nada ha hecho que merezca la pena de muerte y le permite hacer su
defensa ante el rey. A bordo de un barco rumbo a Roma, el apóstol es tratado con humanidad
por el centurión romano, Julio (Hch. 27:3), quien también más adelante le salva la vida (Hch.
27:43). Después de la tormenta y el naufragio, habiendo sido atendidos con mucha
hospitalidad por el jefe de la isla de Malta (Hch. 28:7), y habiendo cubierto luego la etapa final
del viaje, llega a Roma donde se le permite estar solo con un soldado que lo custodia (Hch.
28:16). Aunque es un prisionero que espera juicio, se le permite considerable libertad
personal, así como oportunidad de predicar el evangelio (Hch. 28:30, 31).
Conclusión: El libro de Hechos probablemente haya sido escrito antes de la mitad del año
64. Una suposición razonable podria ser el año 63 d.C. Y puesto que Lucas y Hechos en
realidad son una sola obra, la fecha en que Teófilo recibió el tercer Evangelio no puede haber
sido mucho antes, probablemente “dentro del período 61–63 d.C.”
B. ¿Donde?
Como se ha indicado, el Prólogo antimarcionita dice que Lucas escribió su Evangelio en
Acaya, provincia de la antigua Grecia. Sin embargo, sabemos que Lucas llegó a Roma con la
compañía que iba con el apóstol Pablo y que aún—o nuevamente—estaba en Roma cuando
durante este mismo primer encarcelamiento en Roma, Pablo escribió Colosenses (véase 4:14)
y Filemón (véase v. 24). ¿Dejó Lucas a Pablo solo temporalmente para ir a Acaya a escribir su
Evangelio, y luego regresó a Roma? Es difícil imaginar que Lucas hiciera esto. La referencia a
Acaya como el lugar donde Lucas escribió su Evangelio podría ser sencillamente una
inferencia del hecho de que el médico amado estaba completamente familiarizado con el
mundo griego, escribía en un griego excelente, “era probablemente griego” (A. T. Robertson), y
quería que fuera leído por todo el mundo de habla griega de su tiempo.
De todas las demás suposiciones—Efeso, Corinto, Cesarea, Roma—la última parece más
probable. Armoniza mejor con los hechos ya declarados [p 46] en el punto A. Como se ha
indicado, gran parte de la obra preparatoria—la recolección y selección de datos y la
organización de ellos—podría haber sido hechos en Cesárea y otros lugares.
Al comentar respecto de la fecha y lugar en que fue escrito Hechos, A. T. Robertson
escribe: “En conjunto, la fecha más temprana es la mejor. Por lo tanto, nosotros fechamos
Hechos más o menos en el año 63 D. C. y en Roma”.17
También F. F. Bruce señala que la fecha exacta de Lucas y Hechos debe quedar sin
precisar y que es una cuestión sin importancia en comparación con el escritor y el carácter
histórico del libro.18
No puedo encontrar defectos en ninguna de estas afirmaciones.
V. ¿Cuáles son sus características?
A. Su estilo es multifacético19
El estilo de Lucas es todo menos uniforme. El del prefacio es clásico; el de 1:5–2:52 es
semítico; y el resto del Evangelio es similar al griego de la Septuaginta, pero con amplia
variación. A veces se acerca mucho al griego clásico; luego se ve teñido de semitismos.

17
Luke the Historian in the Light of Research, p. 37.
18
Commentary on the Book of Acts (New International Commentary on the New Testament), Grand Rapids, 1964, p. 23.
19
Véase H. J. Cadbury, The Style and Literary Method of Luke, Cambridge, 1920.
38
Aparte del hecho de que el médico amado era una persona muy versátil, no hay
certidumbre en cuanto a que pudiera haber razones para esta extraordinaria variedad de
estilos. Digna de consideración es la siguiente: Lucas usa el estilo clásico para el prefacio
debido a que es natural para él hacerlo así, especialmente cuando no está usando fuentes, y
debido al deseo de indicar desde el principio mismo que su Evangelio era para todo el mundo
de habla griega. Se expresa en estilo semítico porque dondequiera que lo hace—especialmente
en el relato del nacimiento—está haciendo uso de material de fuentes muy antiguas, o sean
escritas u orales. Adopta el estilo de la LXX para mostrar que la historia de Jesús es un
verdadero cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento. Estas profecías eran leídas
por muchos y generalmente Lucas las citaba tal como habían sido traducidas en la
Septuaginta.
Lucas usa no menos de 266 palabras (sin contar los nombres propios) que no se
encuentran en el resto del Nuevo Testamento. Compárese esto con menos de la mitad para
Mateo, y menos de un tercio para Marcos.
Aun cuando Lucas usa el Evangelio de Marcos, cambia el estilo, de modo que donde
Marcos coordina oraciones (y … y … y) Lucas con frecuencia subordina. En cuanto a los
detalles véase C.N.T. sobre [p 47] Mateo, nota 37. Lucas también omite las palabras arameas
de Marcos. Véase sobre Mr. 1:9. En lugar de “cananeo” (Mr. 3:18) Lucas pone “zelote” (6:15);
en lugar de “Rabí” (Mr. 9:5), “Maestro” (9:33); en lugar de “Rabboni” (Mr. 10:51), “Señor”
(18:41); y en lugar de “Gólgota” (Mr. 15:22), “Calavera” (23:33). Y cf. Mr. 5:41 con Lc. 8:54.
Sin embargo, cabe recordar que el tipo de griego usado por cada evangelista responde en
la mejor forma a su propósito. En este sentido, el lenguaje idiomático de Marcos no es peor
que el estilo más pulido de Lucas. Los tres Sinópticos—en realidad, los cuatro Evangelios—
deben ser considerados como el producto de la inspiración divina. Pero la inspiración,
aunque ciertamente plenaria, es orgánica. Usa a los evangelistas con diferentes antecedentes
y habilidades y los equipa a cada cual para su tarea específica.
B. Abarca un tramo mayor de historia que los otros
Sinópticos y relaciona con mayor frecuencia sus
relatos con los acontecimientos contemporáneos
Lucas y Hechos cubren la historia de la redención desde la predicción del nacimiento de
Juan el Bautista (1:5–23) hasta la implantación y propagación del evangelio en Roma (Hch.
28:16–31). Aun el primer tratado de Lucas supera a los otros Sinópticos en cuanto a su
carácter de completo, porque traza la genealogía de Jesús hasta Adán (3:38) y termina con el
relato de la ascensión de Cristo desde el monte de los Olivos (24:50–53). En realidad, el tercer
Evangelio llega a contener una alusión al cumplimiento de la promesa del Padre, a saber, la
venida del Espíritu Santo. Véase Lc. 24:49; cf. Hch. 1:4, 8. Para Lucas, Jesús era de nuestra
raza. El Hijo de Dios era también el hombre perfecto o ideal.
Repetidas veces Lucas relaciona su relato con hechos históricos contemporáneos. Nos
informa que fue en días de Herodes—el que con frecuencia es presentado como “Herodes el
Grande”—que “cierto sacerdote llamado Zacarías” recibió la promesa del nacimiento de un
hijo, que se iba a llamar Juan (1:5); que fue mientras “Cirenio era gobernador de Siria” que se
llevó a efecto el censo y ocurrió el nacimiento de Jesús (2:1, 2, 7); y que fue en el año
decimoquinto del reinado de Tiberio César”, etc., que “vino palabra de Dios a Juan”, y que él
por lo tanto inició su ministerio. Otras referencias cronológicas se pueden encontrar en los
siguientes pasajes: 1:36, 56, 59; 2:42; 3:23; 9:28, 37, 51; 22:1, 7, 66; 23:44, 54; 24:1, 13, 29,
39
33. Por otra parte, a veces Lucas puede ser muy indefinido: “Mientras Jesús estaba en una de
las aldeas” (5:12); “Uno de aquellos días” (5:17); “Otro día de reposo” (6:6); etc.
[p 48] C. Su geografía e historia son fidedignas.
Defensa de esta tesis en oposición a
la crítica de redacción
Hoy en día, más que nunca antes, hay que enfatizar este carácter fidedigno. No todos los
que han leído y comentado los escritos de Lucas han reconocido su carácter fidedigno. Hay
Crítica de los Evangelios, y hay críticos de los Evangelios: los que no creen en la verdad de
todo lo escrito por los cuatro evangelistas reconocidos.
En el C.N.T. sobre Mateo fueron dedicadas varias páginas (63–86) para hacer un breve
resumen de los puntos de vista de estos hombres, comenzando con Harnack (1851–1930). Se
dejó en claro que cada crítico, aunque prestaba un servicio al delatar los puntos débiles de la
teoría de su predecesor, presentaba su propio sistema … el que a su vez (hasta cierto punto)
era bombardeado por el crítico siguiente.
El último que mencionamos era Bultmann con su teoría de las unidades distintas del
Evangelio y con su consejo de desmitologización. Estableció lo que podría denominarse una
“escuela” de discípulos, muchos de los cuales en la actualidad ocupan influyentes cátedras
en diversas instituciones de educación superior a ambos lados del Atlántico y en otros
lugares. Sin embargo, sus teorías de ninguna manera se han librado de la crítica penetrante.
Y los críticos, por su parte, aunque merecen elogios por lo que han logrado en la crítica y a
veces en otros aspectos, están presentando puntos de vista que en algunos casos necesitan
ser demolidos con prontitud, o, por lo menos, ser modificados fundamentalmente.
En la actualidad está en su apogeo la “Crítica de Redacción”. ¿Qué es la Critica de
Redacción? Un libro que lleva ese título fue escrito por Norman Perrin.20 El autor de ese libro
es un entusiasta defensor de ese ismo. Cabe decir en su favor que con un lenguaje claro nos
ha dado un punto de vista completo de este avance relativamente nuevo en el estudio de los
Evangelios. Invito enfáticamente al lector a leer su tratado. Aparte de un prefacio, un glosario
y una bibliografía, el libro tiene solamente 79 páginas de material de lectura. No sería justo
depender enteramente de lo que alguien tiene que decir sobre el contenido de lo escrito por
Perrin. El libro mismo merece ser leído.
Brevemente entonces, la Crítica de Redacción, según se bosqueja en el libro al que se ha
hecho referencia, podría describirse como una disciplina que considera que las distintas
unidades que componen los Evangelios no son relatos históricos fidedignos, etc., sino más
bien el producto del trabajo de redacción, esto es, de la revisión y elaboración editorial de
variadas tradiciones. En vez de reproducir necesariamente los hechos [p 49] como realmente
ocurrieron, los evangelistas reúnen, modifican y aun llegan a crear tradiciones. Así, con
frecuencia el material que se encuentra en los Evangelios debe ser atribuido a la motivación
teológica del evangelista o de este o aquel editor. Véanse pp. 40, 42, 66, 69. Los escritores de
los Evangelios nos ofrecen información acerca de la teología de la iglesia primitiva más bien
que sobre la enseñanza del Jesús histórico.
Para apoyar esta tesis Perrin refiere, entre otras cosas, al incidente ocurrido en Cesarea de
Filipos (Mr. 8:27–9:1; cf. Mt. 16:13–28; Lc. 9:18–27). Se recordará que aquí Jesús preguntó a
sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy?” Al recibir la respuesta de ellos, preguntó: “Y
vosotros, ¿quién decís que soy?” Pedro respondió: “Tú eres el Cristo”, etc. Jesús entonces
comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir muchas cosas … Pedro lo tomó a
un lado y comenzó a reprenderlo … Jesús reprendió a Pedro … Mr. 8:34, 35 dice: “Y llamando

20
What is Redaction Criticism?, Filadelfia, 1969.
40
a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí
mismo, y tome su cruz y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo
el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará”. También se recordará que
el principal añadidura de Mateo al relato de Marcos de este hecho se encuentra en 16:17–19:
“Bienaventurado eres Simón hijo de Joñas”, etc.
El argumento de Perrin para demostrar que tenemos casos de redacción incluye lo
siguiente:
a. La inserción de los vv. 17–19 en Mt. 16 es un trozo de tradición que no tiene paralelo en
Marcos ni en Lucas Véase Perrin, pp. 58, 59.
b. Las palabras (aquí en bastardilla) “tome su cruz” y “por causa de mí y del evangelio” (Mr.
8:34, 35) representan un lenguaje que cabe en la situación de la iglesia primitiva y no en
ninguna situación de la vida o ministerio de Jesús, p. 42.
c. Las tres predicciones de la pasión (Mr. 8:31ss; 9:31s; 10:33ss y sus paralelos) revelan
un patron editorial constante de predicción—mal entendida—enseñanza, p. 45.
No es necesario que reflexione en (a), puesto que ya lo hice en C.N.T. sobre Mateo, p. 677.
Hay una explicación muy razonable para la omisión de este pasaje de Marcos y Lucas.
En cuanto a (b), aunque es cierto que Jesús aún no había sido crucificado, esto no puede
ser objeción contra el uso muy anticipado de la frase “tome su cruz”, puesto que la crucifixión
no era algo poco usual en aquellos días. Los discípulos de Jesús podrían muy bien haber
visto a un hombre que tomaba su cruz y era llevado por los soldados para ser ejecutado. Por
lo tanto, eran bien capaces de entender que el acto de parte de alguien de tomar
deliberadamente la cruz simbolizaba la negación de sí mismo.
[p 50] Esto también vale con respecto a la frase “por mi causa y del evangelio”. Ya en
tiempos precristianos la palabra evangelio se usaba en el sentido de “buenas nuevas”.21
Y en cuanto a (c), esta objeción es ciertamente extraña. ¿No está la historia llena de
repeticiones y coincidencias? Además ¿no es más bien natural que estos hombres, que hasta
que se asociaron con Jesús probablemente nunca habían oído de un Mesías sufriente,
reaccionaran negativamente a estas predicciones de la pasión, y que lo hicieran más de una
vez? ¿Necesitamos realmente una redacción editorial para explicar esta repetición?
Si un historiador informara que un soldado, al entrar a un edificio, encontró a un grupo
de hombres que llevaban al presidente de los Estados Unidos mortalmente herido, y que años
más tarde el mismo soldado, ahora Ministro de Defensa, al entrar a un edificio, encontrara a
un grupo de hombres que llevaban al Presidente de los Estados Unidos mortalmente herido; y
por tercera vez, años más tarde esta misma persona, al entrar a un edificio, encontrara a un
grupo de hombres que llevaban al Presidente de los Estados Unidos mortalmente herido,22
¿no parecería haber mucho más razón para gritar: “¡Redacción editorial!”? El patrón sería en
realidad muy llamativo, porque en el caso de las predicciones de la Pasión las reacciones
negativas, aunque similares, no serían tan similares como lo fueron en el caso de las tres
experiencias mencionadas que encontró Robert Lincoln.
La Crítica de Redacción, a fin de probar su argumento tendrá que producir algo mejor que
lo que hasta aquí ha presentado.
En cuanto a los críticos de redacción y sus libros, nótense también los siguientes:

C.N.T. G. Hendriksen, Comentario del Nuevo Testamento


21
Véase A. Deissmann, Light from the Ancient East, Nueva York, 1927, p. 366.
22
Este interesante hecho histórico se reproduce aquí, en forma ligeramente abreviada, del The Ft. Lauderdale News, 6 de
septiembre de 1975. Acerca de otras sorprendentes coincidencias históricas, véase arriba, punto III B 3.
41
J. Rhode, Rediscovering the Teaching of the Evangelists, Filadelfia, 1969.
G. Bornkamm, G. Barth, y H. J. Held, Tradition and Interpretation in Matthew, Filadelfia,
1963.
W. Marxsen, Der Evangelist Markus, Gotinga, 1959.
En p. 28 de su libro, Perrin llama a Hans Conzelmann el más importante de los
verdaderos críticos de redacción. Por eso, ahora volveremos hacia él nuestra atención. Su
libro, al cual vamos a hacer referencia, tiene como título, Die Mitte Der Zeit, Tubinga, 1954. El
subtítulo del libro es Studien zur Theologie des Lukas. El título de la versión inglesa se basa
en este subtítulo, The Theology of St. Luke, Nueva York, Evanston, San Francisco, Londres,
1957.
[p 51] Sin ningún menosprecio por la traducción del alemán al inglés que me parece muy
buena, sigue en pie el hecho de que siempre es mejor leer las palabras mismas del autor en el
idioma en que escribió originalmente. Pero habrá lectores de este comentario que no pueden
leer el alemán o el inglés. Para acomodarme a todos, las referencias que se dan a
continuación son en primer lugar del original alemán (señalado con una A.) y luego de la
versión inglesa (señalada con una I).
Conzelmann cree que los escritores de los Evangelios eran autores, verdaderos, no
sencillamente hombres que recolectaron el material y luego conectaron lo que eran inconexas
unidades del Evangelio. Tomemos como ejemplo a Lucas. El no era solamente un autor; era
teólogo. Según él lo veía, el corazón y centro23 de las buenas nuevas es Jesucristo mismo. El
énfasis que Conzelmann pone en este hecho es grande. Y en cuanto al archienemigo de
Cristo, Satanás, aquel adversario poderoso carece por completo de siquiera un ápice de
autoridad independiente. Debe siempre ser servidor del propósito de Dios.24 Hasta aquí muy
bien.
Sin embargo, hay también otras afirmaciones. Muchos lectores no podrán estar de
acuerdo con algunos de los puntos de vista de Conzelmann, y con razón. A fin de
proporcionar un trasfondo para estas posiciones muy discutibles, nótense los dos siguientes
pasajes del tercer Evangelio:
“Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo” (4:13).
“Entonces Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, el cual era uno del número de los
Doce” (22:3).
Según Conzelmann, estos dos pasajes de Lucas dividen la historia de la salvación en tres
etapas: (a) La era de Israel, que termina con 4:13; (b) La era de Jesús, que se extiende desde
4:13 hasta 22:3; y (c) La era de la iglesia, desde 22:3 hasta el final.25 Según él lo ve, las líneas
de demarcación no se pueden trazar en forma demasiado fina. Además, la era central, la de
Jesús, es protegida de toda actividad de Satanás.26
Lo que Conzelmann quiere decir cuando describe a Lucas como un buen teólogo, ahora se
aclara. Ciertamente, el evangelista también tiene interés en la geografía y la historia, pero
solamente en la medida que sirven a la teología. En realidad, según la estimación de
Conzelmann, el interés geográfico de Lucas es muy fuerte; sin embargo, sus referencias
geográficas no se deben interpretar literalmente sino simbólica y teológicamente; p. ej., el
Jordán es solamente la esfera en que Juan el Bautista desarrolla su [p 52] ministerio. La

23
Nótese el título alemán del libro de Conzelmann, que significa El Centro del Tiempo.
24
A. p. 135; I. p. 156.
25
A. p. 129s; I. p. 149s.
26
A. p. 146; I. p. 170.
42
interpretación que Conzelmann hace de Lc. 17:11 muestra que acepta la probabilidad de que
Lucas frecuentemente esté ignorante de la real situación geográfica.
Repetidas veces Conzelmann arroja dudas en torno a la exactitud del conocimiento del
evangelista acerca del lugar o territorio exacto donde ocurrieron los acontecimientos acerca
de los cuales escribe.27
Y en cuanto a la historia, “En el trato (de Conzelmann) parece estar implícito el punto de
vista tradicional (y erróneo) de que el Evangelio tiene el propósito de ser un relato cronológico
continuado del ministerio de Jesús”.28
Las objeciones a la posición de Conzelmann son las siguientes:
a. Que fuera la intención de Lucas dividir la historia de la salvación en estas tres etapas es
una pura suposición. Ni el texto ni el contexto señalan en esa dirección. Si se necesitan tres
etapas, por qué no la mucho más natural y bíblica: De Adán a la primera venida de Cristo; de
la primera venida de Cristo a su segunda venida a juzgar; la Gehenna y lo opuesto a ella: El
cielo nuevo y la tierra nueva? Véanse pasajes como los siguientes: Mt. 25:46; Lc. 3:23–38;
12:35–40; 16:16; 17:22–37; 21:25–28; 24:27; Gá. 4:4; Ap. 12:1–5; 20:14, 15; 21:1ss.
b. La mayor parte de los pasajes de Lucas con respecto a la actividad satánica las
encontramos en la “Sección central”, la misma que, dice Conzelmann—A. p. 135; I. p. 156—
está exenta de tal actividad.29
c. La ignorancia o descuido de parte de Lucas respecto de la geografía y la historia jamás
ha sido probado. Más bien es lo opuesto.
Hubo un tiempo cuando Guillermo Ramsay también abrigaba dudas con respecto a los
conocimientos que Lucas tenía de geografía y otros temas relacionados. La investigación
diligente lo curó.30 En parte debido de la influencia de Ramsay (y de Hobart), ¿no invirtió su
posición Harnack en relación con el escritor de Lucas y Hechos? ¿No experimentó un cambio
parecido Goodspeed con respecto al escritor de Mateo?
Frank Morison, convencido que la resurrección de entre los muertos era una
imposibilidad, planificó un libro con el título Jesús, la Ultima Fase. Por la gracia de Dios, el
estudio de los hechos en la forma presentada por los Evangelios lo hizo cambiar de parecer.
Por cierto, escribió un libro pero con un contenido exactamente opuesto a lo que había sido
su plan [p 53] original.31 Así que, oremos y esperemos que a su tiempo también Conzelmann
cambie su pensamiento respecto de la ignorancia y la falta de exactitud de Lucas.
Cuando uno lee lo que Conzelmann dice, y aun más frecuentemente implica con respecto
al descuido de Lucas en cuanto a la geografía e historia, surge la pregunta: “¿Hay que librar
nuevamente la vieja batalla?” ¿No han probado las obras de Ramsay y Robertson, las
inscripciones y otros descubrimientos arqueológicos más allá de toda posibilidad de una
duda razonable que Lucas era un escritor completamente digno de confianza?
Antes se respondían las siguientes preguntas con un estruendoso “No”:
Lc. 2:1, 2. ¿Hubo un censo cuando Cirenio fue gobernador de Siria, uno que se llevó a
cabo antes del censo mencionado en Hch. 5:37?

27
Véanse las siguientes páginas: A: 56, 57, 58, 60, 69, 78, 79. I: 69, 70, 71, 73, 83, 93, 94.
28
E. E. Ellis. op. cit., p. 147.
29
Acerca de este punto de crítica véase también Schuyler Brown, Apostasy and Perseverance in the Theology of Luke, Roma,
1969, p. 6.
30
Véanse sus muchos libros que siguen esta línea; en la presente conexión, especialmente The Bearing of Recent Discovery on the
Truthworthiness of the New Testament, reimpresión Grand Rapids, 1953; y Was Christ Born at Bethlehem?, 1898. Véase también
A. T. Robertson, Luke the Historian; y M. F. Unger, Archaeology and the New Testament, Grand Rapids, 1962.
31
Título del libro: ¿Quien movió la piedra?, Miami, Caribe.
43
Lc. 2:3, 4. Para satisfacer las exigencias de este primer censo, ¿tenía que volver la gente a
sus hogares ancestrales?
Lc. 3:1, 2. ¿Comenzó Juan el Bautista su ministerio en “el año decimoquinto de Tiberio
César … siendo Lisanias tetrarca de Abilinia”?
Lc. 9:51; 13:22; 17:11. ¿Tiene sentido el relato que Lucas hace del viaje de Jesús a
Jerusalén?
Hch. 13:7. ¿Había un procónsul en Chipre cuando Pablo proclamó la palabra de Dios en
aquella isla?
Hch. 17:6, 8. ¿Eran llamados “politarcas” los gobernantes de la ciudad de Tesalónica?
Hch. 18:12. ¿Era Galión el procónsul de Acaya cuando en su segundo viaje misionero
Pablo realizó su ministerio en Corinto?
Sin embargo, en la actualidad sabemos que dondequiera que ha sido posible comprobar las
declaraciones de Lucas, ha saltado a la luz su impecable confiabilidad como historiador. En
ningún caso se ha establecido que haya estado en un error. Hay que reconocer que no se han
solucionado completamente todos los problemas relacionados con el censo mencionado en Lc.
2:1–4; además, los expositores no han logrado la unanimidad en su interpretación de Lc.
9:51; 13:22; 17:11. Pero la evidencia en favor de Lucas es abrumadora, como siguen
testificando artículos y libros.32
En cuanto a la solución de las dificultades mencionadas arriba:
[p 54] Sobre Lc. 2:1, 2 (Cirenio) véase el trato de este pasaje en este mismo comentario;
además, de este mismo autor, Survey of the Bible, pp. 139, 400.
Sobre Lc. 2:3, 4 (censo), vease el comentario sobre ese pasaje.
Sobre Lc. 3:1, 2 (año decimoquinto de Tiberio), vease sobre este pasaje; además, Survey of
the Bible, pp. 66, 400.
Sobre Lc. 9:51; 13:22; 17:11, en este comentario véase Resumen e introducción a la sección
central de Lucas; especialmente en el punto B, (Ref. A., al final).
Sobre Hch. 13:7 (procónsul en Chipre) y sobre Hch. 17:6, 8 (politarcas en Tesalónica),
véase Survey of the Bible, p. 401.
Sobre Hch. 18:12 (Galión) véase Survey of the Bible, p. 67; además, A. T. Robertson, Luke
the Historian, pp. 175, 176.
Lo que ciertamente es muy sorprendente es la notable correspondencia entre el tercer
Evangelio y otras fuentes en cuanto a la ubicación de pueblos, aldeas, etc. La gran mayoría
de estas unidades geográficas no presentan un gran problema. Esto es válido para Nazaret
(1:26; 2:39, 51, etc.); Capernaum (4:23, 31; 7:1, 2; 10:15); Naín (7:11); Jerusalén (2:22, 41;
4:9, etc.); el lago de Genesaret (5:1); Sarepta en la región de Sidón (4:26); el distrito de los
gadarenos (8:26); Betfagé y Betania en el monte llamado monte de los Olivos (19:37); Jericó
(en el camino hacia Jerusalén desde el noreste, 18:31, 35; 19:1); etc. En cuanto a Betsaida
(9:10; 10:13) véase C.N.T. sobre Jn. 6:1; y sobre Emaús, véase sobre Lc. 24:13 en este
comentario. Por cierto, las observaciones aparentemente incidentales del tercer Evangelio

32
Véase, p. ej., F. F. Bruce, Commentary on the Book of Acts. Bruce proporciona abundante evidencia arqueológica en apoyo y
aclaración de pasajes que en Hechos en alguna ocasión usaron los críticos para mostrar que Lucas no era un historiador fidedigno.
Véase p. 344, sobre “politarcas”, y p. 374 sobre Galión. E. E. Ellis, op. cit., escribe que la investigación ha confirmado la
convicción que Lucas era un “cuidadoso historiador” (p. 9). Véanse también los excelentes artículos de H. W. Hoehner
(“Chronological Aspects of the Life of Christ”) que aparecieron en BS Vol. 130, No 520 (oct–dic, 1973), pp. 338–351; y Vol. 131,
No 521 (enero-marzo de 1974), pp. 41–54. Estos artículos contestan muchas de las preguntas suscitadas en relación con Lc. 2:1–4
y 3:1, 2.
44
relacionadas con historia y geografía, hasta donde se puede comparar con otras fuentes,
están en completa armonía con lo que se sabe sobre Palestina y las regiones circundantes.33
Lo que se dice con respecto a historia y geografía también es válido para las costumbres
prevalecientes en los días descritos por el Evangelio de Lucas. Todas corresponden con la
información disponible de otras fuentes, sagradas y seculares. Para mencionar solamente
unas pocas de estas prácticas: la liturgia del templo y los deberes sacerdotales (1:5–10, 21,
23; 6:4); costumbres que corresponden al nacimiento y el acto de dar nombre a un niño
(1:57–63); la circuncisión (1:59; 2:21); la purificación y presentación (2:22); la asistencia a la
Pascua y la preparación para la ceremonia del Bar Mitzvah (2:41, 42); la costumbre de los
publicanos de exigir más de lo que les correspondía (3:13); la avienta, la recolección del trigo,
la quema de la paja (3:17); la liturgia de la sinagoga (4:16–21); el lavado de redes (5:2). Y así
uno podría seguir.
[p 55] Con respecto a Hechos, la historia no es diferente:
1:8: “Jerusalén, Judea, Samaria, lo último de la tierra”. Desde Jerusalén como punto de
partida esta división del territorio para la actividad misionera sucesiva es lógica.
1:11: La designación varones galileos es exacta.
1:12: El monte de los Olivos está ciertamente “camino de un día de reposo”—más o menos
un kilómetro—de Jerusalén.
1:19: Lucas sabe que el lugar para sepulcros que los sumos sacerdotes adquirieron con el
dinero de sangre de Judas llegó a llamarse “campo de sangre”:
2:9–11: La serie de naciones representadas en Jerusalén el día de Pentecostés sigue un
patrón natural, como se puede ver al señalarlas en el mapa.
8:26: La designación camino desierto es adecuada para el de Jerusalén a Gaza.
9:11: En cuanto a “la Calle que se llama Derecha” en Damasco, véase L. H. Grollenberg,
op. cit., láminas 387–390, p. 133.
9:32–38: Lida (“Lud” en el A.T.) está ciertamente “cerca de” (unos 16 kilómetros al sureste
de) Jope (moderna Jaffa) en el mar Mediterráneo. Era de esperar que la noticia de la curación
de Eneas en Lida se esparciera a través de toda la llanura de Sarón.
10:1: Es muy natural que se mencionase enseguida Cesarea en la llanura de Sarón.
10:6: Era natural que un curtidor viviese fuera de la ciudad, cerca del mar. Piénsese en los
olores desagradables relacionados con su oficio, y la necesidad de un acceso fácil a una
fuente abundante de agua para el lavado de las pieles.
12:4–10: Nótese: prisión, grupos de cuatro soldados cada uno (cuaterniones), cadenas,
centinelas, puertas de hierro. Lucas tiene un conocimiento detallado de la prisión.
12:12–17: También conoce exactamente donde estaban reunidos los discípulos; hasta
conoce el nombre de la sierva de María.
12:19–23: Lucas conoce bien el dónde, cuándo, cómo y por qué de la muerte de Herodes
Agripa I. Cf. Josefo, Antigüedades XIX. 343–350.
21:40: Nuevamente el evangelista muestra un conocimiento cabal de Jerusalén y su
templo. La fortaleza Antonia, al noroeste del templo, estaba conectada con el templo por
medio de dos tramos de gradas.
Uno de los capítulos más dramáticos, definidamente emocionante, de Hechos es el
veintitrés. Primero vemos a Pablo ante el Sanedrín. El apóstol dice haber vivido en armonía
33
En esta conexión véase L. H. Grollenberg, Atlas of the Bible, Nueva York, etc., 1956, p. 132.
45
con los dictados de su conciencia y esto corresponde con lo que encontramos en Hch. 24:16 y
Fil. 3:6. La acción del sumo sacerdote Ananías, hombre despreciado aun por los judíos
debido a su codicia, era irresponsable tanto legal como moralmente. [p 56] Por lo tanto, la
reacción de Pablo es por lo menos comprensible. La disculpable falla del apóstol al no
discernir la identidad del hombre que había dado la orden de abofetearle la boca, muestra
que era muy “humano”. La historia de la sedición para acabar con la vida de Pablo, la forma
cómo se descubrió y cómo fue frustrada se presenta en forma dramática y real. Nótese
también la amable actitud del tribuno romano hacia el sobrino de Pablo, su carta y su
enérgica actitud en favor del apóstol. Luego trátese de visualizar la cabalgata nocturna de
Jerusalén a Antipatris (unos 55 kilómetros), el viaje de Antipatris a Cesarea (otros 43
kilómetros), y la llegada a la sede del gobernador Félix en Cesarea. Todo es claro, vívido,
manifiestamente exacto.
Estamos tratando de ser justos con la “critica de redacción”. Lo que tiene de bueno ya ha
sido mencionado. También se han expuesto sus errores. Tendremos ocasión de referirnos a
ella nuevamente; véanse Ref. B., al final. Véanse también las observaciones anteriores (C.N.T.
sobre Mateo, pp. 29, 30; y sobre Marcos, pp. 608, 609). Nuestra crítica principal es que
habiendo—explícita o implícitamente—puesto a un lado el hecho de que las palabras de 2 Ti.
3:16, 17 y 2 P. 1:21 también se aplican a los primeros cuatro libros del Nuevo Testamento, la
crítica de redacción frecuentemente presta demasiado poca atención a lo que está escrito en
el texto sagrado. A veces, en vez de exégesis ofrece fantasías. No siempre, por cierto, pero
muchas veces.
Si esta crítica parece demasiado severa, que el lector lea la nota bibliográfica de Quentin
Quesnell. Véase JBL, Vol. 39, No. 4 (Dic. 1974), pp. 614, 615. Trata del tema de la Crítica de
Redacción. Advierte que si este tipo de crítica comienza a eximir a los exégetas de adherirse al
texto, podría ya haber vivido más de lo necesario. Señala correctamente que la verdadera
cuestión siempre debiera ser: “¿Cuál era el propósito del escritor de este texto?” Muestra que
el método erróneo de usar el material que se nos presenta en los Evangelios conduce a la
“fantasía y a la extravagancia”. ¡Exactamente! ¡Is. 40:8!
D. Si se puede hablar así, el Evangelio de Lucas,
más que los otros Sinópticos, enfatiza el tierno
amor de Cristo, su compasión inagotable
En cada Evangelio Jesús es presentado como el largamente esperado Mesías, enviado por
el Padre y ungido por el Espíritu para ser el gran Profeta de su pueblo, compasivo Sumo
Sacerdote y Rey Eterno. Ya se ha indicado que es su oficio profético el que ocupa el primer
plano en Mateo (véase C.N.T. sobre Mateo, pp. 92, 93), y el real en Marcos (C.N.T. sobre
Marcos, pp. 22, 25, 26).
¿Corremos el riesgo de concluir arbitrariamente, por un proceso de eliminación, que en
Lucas se enfatiza el oficio sumo sacerdotal de Cristo?
[p 57] Respuesta: Al describir al Sumo Sacerdote celestial, Heb. 4:15 afirma: “Porque no
tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades”. Esta es
claramente una litotes porque “definitivamente tenemos un sacerdote que puede
compadecerse—y se compadece—de nuestras debilidades”. Su corazón se derrama hacia
nosotros hasta el punto de que él mismo se ofreció por nuestros pecados (7:27). Además, está
constantemente intercediendo por nosotros …; más bien, vive siempre para interceder por
nosotros (7:25), lo cual es aun más consolador y significativo. En vista de esta compasión

JBL Journal of Biblical Literature


46
profunda, tierna y amplia, el Salvador con toda justicia lleva el título de Nuestro compasivo
Sumo Sacerdote. ¡Yes especialmente Lucas quien lo describe así!
El libro de Lucas abunda en historias, parábolas y dichos en que el amor misericordioso
del Señor hacia los menos privilegiados, los débiles y los despreciados halla plena expresión.
Su amor en acción se revela a los pobres y despreciados de la sociedad, los niños, los
pastores y los publicanos; al enfermo, el inválido y los leprosos; a los samaritanos y los
gentiles (2:7, 8, 24; 4:18; 6:20; 7:2, 6, 9; 8:42, 55; 14:13, 23; 17:11–19; etc.). Sin embargo,
véase también sobre 2:39.
El libro del médico amado ha sido llamado el Evangelio de la Mujer, debido a que la tierna
y profunda consideración del Salvador por las mujeres se destaca en su Evangelio en forma
más clara que en cualquier otro. Por ejemplo, nótese la prominencia que se da a María, la
madre de Jesús, y a Elizabet (caps. 1 y 2). Recuérdese también que solamente en este
Evangelio se mencionan Ana la profetisa y Juana, la leal seguidora (2:36–38; 8:3; 24:10). La
hermosa historia en que María (hermana de Marta y de Lázaro) hace una elección correcta
también aparece solamente aquí (10:38–42). Esto también vale para el emocionante relato
acerca de la bondad de Cristo mostrada hacia la viuda de Naín (7:11–18), y hacia la mujer
pecadora que ungió al Señor (7:36–50). Además, es inolvidable la parábola de la Viuda que
perseveró (18:1–8). Y véase 11:27, 28; 13:10–17; 23:27s.
La compasión del Salvador por quienes están en angustia, sin hacer cuestión de raza, está
maravillosamente retratada en la parábola del samaritano que se compadeció (cap. 10). La
gracia perdonadora del Padre se encuentra exquisitamente enclavada en las parábolas del
hijo perdido (“pródigo”—cap. 15) y el fariseo y el publicano (cap. 18), historias ilustrativas que
se encuentran solamente en el Evangelio de Lucas. Y es solamente aquí que leemos las
significativas palabras: “Y toda carne verá la salvación de Dios” (3:6). Sobre esto (“la amplitud
de la misericordia de Dios”) véase también arriba: punto I. A. 5. Cf. Is. 52:10; Tit. 2:11.
Casi no es necesario decir que cuando Lucas presenta de este modo a Cristo, no está
simplemente contando un cuento interesante. Por el [p 58] contrario, por medio de la historia
está diciendo: (a) “Recibe al compasivo Sumo Sacerdote como tu Señor y Salvador”; y (b) “Por
la gracia de Dios, muestra sus virtudes en tu vida”.
En cuanto a la fuente del énfasis de Lucas en este aspecto de la actividad de Cristo,
diversos autores dicen que está en Pablo, el amigo íntimo del médico. Y es verdad que las
virtudes ensalzadas por Lucas y atribuidas por él a Jesús, son las mismas que Pablo elogia y
muestra. Véanse, p. ej., Ro. 12:9–21; 13:10; 14:19; 15:1–13; 1 Co. 13; 2 Co. 2:8; Gá. 4:19,
20; 5:22–24; Fil. 4:8, 9; Col.: 3:12–17; 1 Ts. 2:11, etc. Así que sería posible agregar un
séptimo punto de semejanza entre Lucas y Pablo a los seis que fueron mencionados
anteriormente.
Sin embargo, aquí debemos ser cautos. Después de todo, Lucas relató las palabras y obras
de Otro, a saber, Jesús. Y en las epístolas de Pablo se refleja el espíritu de Cristo. Lucas y
Pablo estaban bebiendo agua de la misma Roca, y esa Roca era y es Cristo. Lucas lo describe
a él. Pablo hace que sus lectores se acuerden de él (2 Co. 8:9; Ef. 4:31–5:2).
Una palabra más de precaución. Hemos estado extendiéndonos en la misericordia y
compasión de Cristo según se refleja en Lucas y en Pablo … en realidad, en todos los
emisarios verdaderos de Dios. Pero, no importa cuan tierna, profunda y ampliamente
pintemos su compasión y deseos de ayudar a los necesitados, no debemos detenernos aquí—
como generalmente se hace—como si Jesús fuera solamente la encarnación de la humildad,
la compasión y el perdón, como si tanto Lucas como Pablo no tuvieran otro mensaje que
entregar. Tales representaciones son definitivamente desequilibradas.
47
¿Qué ocurre cuando el amor de Dios no es correspondido? Léase al respecto en 1 Co. 5:3–
5; Gá. 1:6–9; 5:1–4; sí, pero también en Lc. 3:17; 9:5, 41; 10:13–15; 11:17–19, 29–32, 39–52;
12:1, 2, 13, 14, 45, 46, 49–53; 13:28; 16:15; 19:22–27. ¡Lucas, no Mateo, relata que cuando
Jesús pronunció las Bienaventuranzas también pronunció cuatro Ayes (6:20–26)! Proclamar
la bondad de Dios y omitir su severidad (Ro. 11:22) es predicar solamente la mitad del
evangelio, lo que finalmente no es ningún evangelio ¿Y no tiene aun esta severidad como uno
de sus propósitos conducir los hombres al arrepentimiento? ¿No enseñan esto Pablo y
Lucas—y básicamente Cristo mismo? Véanse 1 Co. 5:5b; cf. 2 Co. 2:6–8; además, Lc. 11:32;
12:15; 13:24, 34.
VI. ¿Cuál es el tema y cómo se puede bosquejar?
Una de las diferencias entre los escritores de los otros Evangelios y Lucas es que éste
último presenta un largo relato del nacimiento. Mateo ofrece una genealogía de Jesús y
dedica 8 versículos muy importantes a su concepción y nacimiento y luego continúa:
“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a
Jerusalén unos [p 59] magos”, etc. Marcos no presenta relato alguno del nacimiento. Juan
comienza desde la eternidad, diciendo: “En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba cara a
cara con Dios, y el Verbo era Dios” (1:1; cf. 8:58). Resume el nacimiento y vida como sigue: “Y
aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del
unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (1:14). En conformidad con su propósito
(20:30, 31), Juan selecciona de la vida de Jesús sobre la tierra ciertos hechos importantes y
presenta además un relato de su muerte y resurrección. Considera a Jesús como El que vino
del cielo, habiendo sido dado y enviado por el Padre (3:16; 6:51, 57; 8:42, etc.). Nuevamente,
no hay un relato del nacimiento.
Pero el Evangelio de Lucas es diferente. Dedica no menos de 100 versículos al nacimiento
de Jesús y de su precursor (1:1–2:20) y luego otros 32 versículos a los acontecimientos
relacionados con el día ocho y el día cuarenta de la vida del santo niño y a lo que ocurrió
cuando tenía doce años, terminando con el resumen de 2:52.
Sin embargo, el tercer Evangelio, así como los otros indica claramente que en un aspecto
muy importante el nacimiento de Jesús difiere de todos los demás nacimientos. No solamente
nació; fue enviado. Vino para desempeñar una tarea designada por el Padre (22:29). Esa tarea
era “buscar y salvar lo que se había perdido” (19:10). Véanse también 12:50; 22:22. En
consecuencia, un buen tema (véase Jn. 17:4b) para la historia relatada en cualquiera de los
Evangelios es:
La obra que le diste que hiciera
Las divisiones principales serían las mismas para los tres Sinópticos, a saber:
I. El comienzo de la tarea
II. La continuación de la tarea
III. El cumplimiento de la tarea
O, en una fraseología ligeramente diferente:
I. Su comienzo o inauguración
II. Su progreso o continuación
III. Su clímax o culminación
En cuanto a las divisiones de Lucas bajo cada uno de estos encabezamientos principales,
véase la tabla de contenido y los bosquejos al comienzo de cada capítulo.
VII. ¿Qué luz arroja este evangelio sobre los problemas de hoy?
48
Habiendo terminado ahora este Comentario sobre Lucas, me hago esta pregunta. La
respuesta se puede dividir en cuatro partes:
[p 60] A. Este Evangelio es un libro de doctrina que nos
muestra lo que debemos creer
Sin la revelación de Dios el hombre está viviendo en las tinieblas. Uno puede decir que lo
que era bueno para que lo creyesen las generaciones del pasado no es bueno para hoy, pero
él está olvidando que las necesidades básicas del hombre son todavía las mismas. Al
enfrentar el hombre no solamente los problemas de la vida sino también los de la muerte la
pregunta final todavía es: “Cómo se justificará el hombre con Dios?” (Job 9:2). Así que lo que
el hombre necesita es doctrina. ¡Verdadera doctrina! El Evangelio de Lucas se presenta como
un libro de doctrina. Sus palabras iniciales pueden resumirse como sigue: “Teófilo, escribo
este libro para que sepas qué creer”. Al principal de la sinagoga se le dice: “Cree solamente”
(8:50). El propósito de Satanás es ver que el pecador no crea y, como resultado, no se salvará
(8:12).
Entonces, ¿cuáles son algunas de las doctrinas que el hombre debe creer? Hay espacio
para mencionar solamente unas pocas:
1. ¿Qué debo hacer para ser salvo? Respuesta: Debo confesar mi pecaminosidad a Dios e
implorar su gracia, su misericordia (Lc. 18:13).
2. Debo creer que la misericordia nos es concedida por medio de la obra de Cristo, el Hijo
de Dios, quien, siendo a la vez Dios y hombre y completamente sin pecado, puede salvar
hasta lo sumo a todos los que se rinden a él. Ese Salvador nació de una madre humana,
María, y por lo tanto es hombre. Pero esta madre humana era virgen cuando concibió a
Jesús, y su concepción fue producida no por hombre sino por Dios. Por lo tanto, Jesús es
Dios y completamente sin pecado, habiéndose cuidado el Espíritu Santo de que la
contaminación del pecado no le fuera transmitida. Son especialmente Mateo y Lucas (1:21–23
y 1:34, 35, respectivamente) quienes enseñan la doctrina del nacimiento virginal.
3. En cualquier edad es un consuelo saber que “mi vida con todo su plan perfecto fue
ordenada antes del comienzo de mis días”. El Evangelio de Lucas da prominencia a esta
doctrina (2:14; 12:32; 18:7, 31; 22:22; cf. Hch. 2:23). Como estos pasaje también lo
muestran, de ningún modo se suprime la responsabilidad humana.
B. Es un libro de ética que nos dice cómo vivir
Debido a la entrada del pecado, el hombre carece del sentido del deber. Puede jactarse de
sus logros. ¿No ha llegado a la luna? Al mismo tiempo, se están intensificando las
inquietudes de todo orden. La razón es que aparte de Dios y de su revelación especial el
hombre no sabe cómo vivir. Junto con los otros Evangelios, pero a veces aun más
enfáticamente que otros, Lucas enfatiza el triple deber de la humildad—la madre de la
gratitud—la honra y el servicio. Con respecto a la humildad, véanse [p 61] Lc. 9:46–48;
22:24–30; en cuanto a la gratitud, 17:11–19. La honra, incluyendo elementos tales como
humilde petición, alabanza, etc., se enfatiza en 10:38–11:13. El servicio se ilustra en forma
inolvidable en 10:25–37.
El Cristo descrito por Lucas entró en un mundo lleno de distinciones de clase y barreras:
raciales, nacionales, sociales, sexuales. El insistió que por medio de la aplicación de una
amor abnegado y sacrificado hacia todos fuesen rotas estas barreras (4:25–27; 7:9, 36–50;
8:3; etc.). Debemos amar aun a nuestros enemigos (6:35), debemos proclamar el evangelio a
todas las naciones (24:47) y en nuestro entusiasmo por la causa de las misiones no debemos
olvidarnos de fortalecer a los hermanos (1:1–4). Todo esto debe ser hecho “para la gloria de
Dios” (2:14, 20; 5:25; 18:43; 24:53).
49
C. Es un libro de consuelo que nos enseña por qué
regocijarnos
Más enfáticamente que cualquiera de los otros Evangelios, el libro de Lucas subraya la
necesidad y el privilegio de regocijarse. El gozo canta a través de toda la senda de este libro,
como ocurre también, por ejemplo, en la carta de Pablo a los Filipenses. Bueno, Lucas y
Pablo eran amigos. Con frecuencia podía vérseles juntos.
El Evangelio de Lucas comienza con cinco cantos (véase el comentario), y termina con
“gran gozo” y con continuas alabanzas a Dios (24:52, 53). En el corazón y centro del libro
(10:20, 21; 15:7, 10) Dios mismo se está regocijando … en el gozo del pecador salvado. ¿No es
hermoso esto?
El mundo en que estamos viviendo está lleno de desesperación. Muchos de los cantos más
populares son superficiales y no logran satisfacer.
D. Es un libro de profecía que nos informa sobre lo que
debemos esperar
1. Nos revela claramente que la gloriosa profecía de Is. 53 fue cumplida en Cristo y que,
por lo tanto, él es ciertamente el Redentor prometido (léase el comentario sobre 22:37; 23:34;
23:50s).
2. Enfatiza la necesidad del estudio de la profecías con un corazón creyente (24:25s).
3. Revela algunas cosas sobre la vida venidera que de otro modo no se habrían sabido
(12:47, 48).
4. Proclama ante nosotros que en la vida venidera Jesús nos concederá un honor y un
gozo que son casi increíbles (véase sobre 12:37).
¡En un mundo de confusión con respecto al futuro, cuán a propósito es el libro de Lucas!
50
[p 63]
Comentario
sobre
el Evangelio según Lucas
[p 65]
La obra que le diste que hiciera
Su comienzo
o
Inauguración
Capítulos 1:1–4:13
[p 66]
Bosquejo del Capítulo 1
Tema: La obra que le diste que hiciera
1:1–4 Prefacio y dedicatoria
1:5–25 Predicción del nacimiento de Juan el Bautista
1:26–38 Predicción del nacimiento de Jesús
1:39–45 María visita a Elisabet
1:46–56 El “Magnificat” de María
1:57–66 Nacimiento, circuncisión y nombre de Juan el Bautista
1:67–80 Profecía de Zacarías
[p 67]

CAPITULO 1
LUCAS 1:1

1 Puesto34 que muchos han intentado escribir un relato de las cosas que se han cumplido entre
1

nosotros, 2 tal como nos las han entregado los que desde el principio fueron testigos oculares y
ministros35 de la palabra, 3 también a mí me ha parecido bien, después de haber investigado con
exactitud el curso de todas las cosas desde el principio, escribir un relato ordenado para ti,
excelentísimo36 Teófilo, 4 para que puedas conocer37 la verdad38 exacta con respecto a materias en que
has recibido instrucción.
1:1–4 Prefacio y dedicatoria

34
O: En vista de que; o: puesto que por ahora.
35
O: siervos.
36
O: nobilísimo.
37
O: puedas llegar a conocer.
38
O: la certeza
51
Con el propósito de retener algo del sabor de la hermosa y equilibrada oración inicial de
Lucas, he resistido la tentación de dividirla en varias afirmaciones breves.39
En tiempos antiguos eran bastante comunes los prólogos de este carácter general. Josefo
comienza su obra Contra Apión (I.1–3) de la forma siguiente:
“En mi historia de nuestras Antigüedades, excelentísimo Epafrodito, creo haber hecho
suficientemente clara, para quien quiera que hojee esa obra, la antigüedad de nuestra raza
judía … Sin embargo, puesto que me he dado cuenta que un número considerable de
personas, bajo la influencia de calumnias maliciosas de ciertos individuos, desacredita las
declaraciones de mi historia … Considero mi deber dedicar un breve tratado a todos estos
puntos, con el fin de convencer a nuestros detractorea … corregir la ignorancia de otros, e
instruir a todo aquel que quiera conocer la verdad acerca de la antigüedad de nuestra raza”.
El tomo II de la misma obra se inicia como sigue: “En el primer tomo de esta obra (cf. Hch.
1:1), [p 68] estimadísimo Epafrodito, demostré la antigüedad de nuestra raza … También
contradije las declaraciones de Manetón y Queremón y de algunos otros. Ahora procederé a
refutar a los autores restantes que nos han atacado”. Véase también la introducción del
mismo autor a su libro Guerra judaica.
Compárese los prólogos con que los siguientes escritores comienzan sus escritos: médicos
griegos tales como Hipócrates, Dioscórides y Galeno; los historiadores Heródoto, Tucídides y
Polibio; y el biógrafo y autor de variados temas, Plutarco.40
Pero aunque es verdad que Lucas, como escritor de elevada cultura, escribiendo en un
elegante griego sin tachas, adapta el tipo de introducción que se acostumbraba entre los
escritores de su tiempo y era, su prólogo está más hermosamente equilibrado que cualquier
otro y además de tono más amable que algunos de ellos. Una comparación rápida con las
introducciones de Josefo inmediatamente hace que el contraste salte a la vista: el prefacio de
Lucas, correctamente interpretado, no contiene afirmaciones recriminatorias. ¡Es producto de
la inspiración divina!
El prefacio de Lucas trata dos asuntos: (a) la motivación, y (b) el propósito.
Motivación
Tan importantes son los sucesos respecto de Jesús que muchas personas ya han puesto
manos a la obra de reunir en un relato los informes acerca de estos acontecimientos (v. 1).
Testigos oculares nos han entregado estos informes (v. 2).
Yo (Lucas) he investigado cabalmente todos los asuntos esenciales (v. 3).
Propósito
Así preparado, yo (Lucas) escribo este Evangelio para que tú, Teófilo—y otros como tú—,
puedas conocer la verdad exacta en cuanto a las cosas en las cuales ya has recibido alguna
instrucción (v. 4).
1. Puesto que muchos han intentado escribir un relato de las cosas que se han
cumplido entre nosotroa …
[p 69] a. “Puesto que muchos han intentado … también a mí me ha parecido bien …
escribir”.
39
Los vv. 1–4 son una sola oración en V.R.V. 1960, Taizé, Herder, Moderna, Nacar Colunga y BJ.
40
Para más acerca de estas oraciones introductorias—Lc. 1:1–4—véase en H. J. Cadbury, The Beginnings of Christianity (5 tomos,
editado por F. J. Foakes Jackson y K. Lake, Londres, 1920–1933), tomo II, p. 490s; H. Mulder, De Eerste Hoofdstukken van het
Evangelie naar Lukas in hun Structurele Samenhang, disertación doctoral, Amsterdam-Delft, 1948, pp. 105, 106; N. B.
Stonehouse, The Witness of Luke to Christ, Grand Rapids, 1951, pp. 24, 25; y J. Sneen, “An Exegesis of Luke 1:1–4 with Special
Regard to Luke’s Purpose as a Historian”, ET Vol. 83, No̱ 2 (nov. 1971), pp. 40–43.
52
¿Quiere decir Lucas, “Puesto que otros han hecho un trabajo tan pobre, yo haré uno
mejor”? El historiador eclesiástico Eusebio (op. cit., III.xxiv.15) parece haber sido de esa
opinión. Representa a Lucas diciendo en efecto: “Remediaré lo que otros han tratado de hacer
con imprudencia. Corregiré lo que otros han escrito”.
Sin embargo, una lectura imparcial de 1:1–4 muestra inmediatamente que Lucas no dice:
“Yo lo haré mejor que ellos”, sino más bien, “Yo también me daré a la tarea de escribir un
relato de estas cosas”. Nótese el v. 3: “también a mí me ha parecido bien”, etc.
La pregunta siguiente bien podría ser: “Pero si Lucas no desaprueba lo que los demás ya
han hecho y quizás hasta lo apruebe, ¿por qué entonces quiere él también escribir?” La
respuesta bien podría ser que aunque otros habían escrito, todavía nadie había hecho un
relato tan completo como el que Lucas quería realizar. Nótese el v. 3: “después de haber
investigado con exactitud el curso de todas las cosas desde el principio …” Véase más acerca
de esto en la Introducción, punto V B, y véase sobre 1:3. En relación con esto, no se debe
descuidar el hecho de que cuando el evangelista escribió estos cuatro versículos
indudablemente ya estaba pensando en escribir Hechos tanto como el tercer Evangelio. La
historia que comienza con la predicción del nacimiento de Juan el Bautista y que se extiende
hasta la difusión del evangelio desde Roma como centro, por los trabajos del apóstol y
prisionero Pablo, ¡nunca había sido presentada en un solo relato hermosamente ordenado.
Lucas escribe: “Muchos han intentado escribir un relato” ¿Quiénes eran esos “muchos”?
¿Incluye a Mateo? No se debe negar la posibilidad de que Lucas haya usado el Evangelio de
Mateo. Al respecto, véase C.N.T. sobre Mateo, p. 61. Sin embargo, es posible interpretar Lc.
1:2 de tal modo que aquí en 1:1 Lucas esté excluyendo las obras escritas por testigos
oculares como Mateo. Además, como se ha dejado bien en claro—véase Introducción, III A 2, y
B 2—una considerable porción de Lucas nos hace recordar a Marcos. Se ha mostrado—véase
C.N.T. sobre Mateo, pp. 44, 45—que con toda probabilidad fue Lucas quien usó a Marcos y
no a la inversa. Por lo tanto, aquí en 1:1 Lucas bien podría haber estado pensando en Marcos
como uno de los “muchos” que habían intentado escribir un relato. Además, puesto que por
debajo del relato de la natividad de Lucas hay un relato escrito en arameo o hebreo (1:5–2:52)
y que probablemente ocurra lo mismo con secciones posteriores, es muy probable que el
médico amado haya incluido al autor o autores de tales materiales en su referencia a los
“muchos” que se habían puesto a escribir un relato. Y dado que Lucas dice “muchos han
intentado escribir un relato”, hay que dar lugar a la posibilidad de que algunos de [p 70]
estos “muchos” no hubieran logrado completar lo que habían comenzado a hacer.
b. “escribir un relato de las cosas que se han cumplido …” Véase la nota 48 sobre el
significado de la palabra cumplido.
Por todo el evangelio es claro que Lucas considera la historia no como la suma total de
sucesos casuales, o como el resultado de una serie de circunstancias fortuitas, sino como el
cumplimiento del plan divino, por lo tanto, de la profecía. Esto resulta claro especialmente de
22:22, pero véanse también 1:45, 54, 55, 69, 70; 2:38; 3:3–6; 4:21, 43; 5:32; 7:20; 9:22, 44;
12:50; 18:31–33; 19:41–44; cap. 21; 24:25–28, 44–49. Y en cuanto a Hechos, véase en ese
libro, 2:23; 3:18; 4:28.
c. “entre nosotros”. Aunque este pronombre es suficientemente amplio como para abarcar
todas las personas entre quienes Juan el Bautista y Jesús se movieron y aun a quienes en
alguna forma fueron afectados por el derramamiento del Espíritu Santo—los testigos
oculares, las personas a quienes fueron transmitidos sus relatos, Lucas mismo, sus
contemporáneos, sean creyentes o inconversos—con toda seguridad se refiere especialmente a
los creyentes que fueron receptores de la gracia de Dios en Cristo. Fue a ellos solamente que

48 O: rey del país de los judíos.


53
se anunció el nacimiento de Juan el Bautista y el de Jesús, que se predijo los sufrimientos y
la muerte del Mesías y que apareció el Cristo resucitado. Sobre ellos, ellos solamente, se
había derramado el Espíritu Santo, etc.
2.… tal como nos las han entregado los que desde el principio fueron testigos
oculares y ministros de la palabro … Nótese que Lucas no se incluye a sí mismo entre los
testigos oculares, sino entre aquellos a quienes estos testigos oculares entregaron sus
informes y testimonios. 1 Jn. 1:1 muestra claramente que la palabra testigo ocular incluye a
los que oyeron. Entre estos primeros testigos uno debe incluir ciertamente a los apóstoles
Pedro (Mt. 16:13–20; Lc. 24:34; Jn. 1:40–42; 21:15–23; 1 Co. 15:5; 1 P. 5:1; 2 P. 1:16), y
Juan (Jn. 21:24; 1 Jn. 1:1); de hecho, los Doce (Jn. 15:27); también los hermanos de Jesús,
su madre y otras mujeres (Hch. 1:14); además, José llamado Barsabás, Matías (Hch. 1:21–
23), etc. Véase también Introducción, III B 6.
Lucas no especifica si los informes fueron entregados en forma oral o escrita. Deja lugar
para ambos tipos de transmisión.
Estas mismas personas, los testigos oculares, no solamente recibieron, también dieron:
todo lo que habían visto y oído lo proclamaron y lo “entregaron” a otros de su misma
generación y de las posteriores. Se convirtieron en “ministros” o “siervos” de la palabra, esto
es, del evangelio. Fue con un sentimiento de profunda reverencia y temor que entregaron los
mensajes que habían recibido de los labios del Salvador y los hechos acerca de él. No se
pusieron por sobre la palabra, usándola meramente como un instrumento para su propio
servicio, sino por debajo de ella, haciéndose siervos de ella.
[p 71] A las dos razones ya mencionadas (véanse vv. 1 y 2) Lucas ahora añade una tercera
mostrando lo que le motivaba y capacitaba para escribir: 3.… también me ha parecido bien,
después de haber investigado con exactitud el curso de todas las cosas desde el
principio … Esto muestra que Lucas quiere no solamente que su tratado sea completo sino
también exacto. ¿Fue quizás por esta misma razón que cuando apela a fuentes semitas (p.
ej., los relatos de la natividad) deja la fraseología y el estilo prácticamente sin tocar y a veces
parece que sencillamente traduce, casi palabra por palabra, del semita al griego?
Continúa: escribir un relato ordenado … Según el sentido de la palabra ordenado que se
usa en el original, un relato ordenado es uno en que uno dice a continuación lo que debe
decirse a continuación. Es un relato que no es confuso ni arbitrario. De ningún modo está
prometiendo el evangelista escribir un evangelio en que cada suceso será relatado en una
estricta secuencia cronológica. Aun en la actualidad los libros de historia no siguen siempre
ese patrón. Un historiador, por cierto, al describir la administración de Jorge Washington
informará los acontecimientos importantes de cualquier carácter—políticos, militares,
sociales, económicos, etc.—año por año, o aun mes por mes, en una exacta secuencia
cronológica. Otro, habiendo descrito los acontecimientos políticos desde el principio (1789)
hasta el fin (1797), pasará luego a describir lo que ocurrió durante este período en la esfera
de la economía; por ejemplo, la invención de la máquina que separa la fibra de la semilla de
algodón por Eli Whitney (1793).
En gran medida la secuencia de los sucesos según los presenta Lucas es cronológica. Por
otra parte, respecto de los detalles particulares no se sigue siempre tal norma. Estúdiese (a)
el relato que Lucas hace de las tres tentaciones (4:3–13), comparándolo con el de Mateo (4:3–
11); (b) el lugar que da Lucas al rechazo de Jesús en Nazaret al principio de su ministerio,
comparándolo con la posición muy posterior en los respectivos Evangelios donde Mateo y
Marcos relatan el mismo acontecimiento (Mt. 13:54–58; Mr. 6:1–6); (c) el problema planteado
por Lc. 9:51; 13:22; 17:11 (¿tres viajes separados a Jerusalén?); y (d) la pregunta que suscita
Lc. 22:19–23 (cf. Jn. 13:30) si Judas participó o no en la última Cena. Sin embargo, estos
asuntos serán analizados en relación con cada uno de los pasajes de Lucas. En cuanto a Lc.
54
9:51; 13:22; 17:11, véase el estudio especial en este comentario, títulado Resumen de
introducción a la sección central de Lucas (9:51–18:14), inciso B. Quedará en claro que Lucas
no se equivoca. Tiene buenas razones para escribir exactamente como lo hace, pues es
guiado por el Espíritu. Para él frecuentemente es más importante una conexión lógica o
temática que una secuencia cronológica precisa. En toda su obra está escribiendo un relato
verdaderamente “ordenado”, como promete aquí en 1:3.
[p 72] Continúa: para ti, excelentísimo Teófilo.
¿Quién era Teófilo? Aun cuando reconocemos—como debe ser—que Teófilo era una
persona real y no un símbolo de cualquiera “amado por Dios”, que es el significado del
nombre, descubrimos que hay grandes diferencias de opinión respecto del destinatario. Los
siguientes son algunos puntos de vista:
a. Teófilo era, o había sido, un propietario de esclavos. Uno de sus esclavos había sido
Lucas, que, habiendo conquistado la confianza y el afecto de su amo, recibió la libertad y
hasta una educación.41 Véase también arriba (Introducción, I B 2,).
Comentario: Es una teoría interesante, pero no hay evidencias que la apoyen.
b. Era el “patrocinador literario” de Lucas. Puesto que Teófilo era una persona influyente y
un hombre de medios y además amigo de Lucas, éste esperaba que aquél sufragase los
gastos relacionados con la composición y distribución del tercer Evangelio y Hechos.42
Comentario: Si se adopta la teoría del “patrocinador”, porque se piensa que está en
armonía con lo que en aquel tiempo era una práctica más bien general, y si se considere que
el obtener el apoyo de tal patrocinador era en un sentido el propósito de Lucas, se debe tener
tal objetivo como un propósito definitivamente subsidiario, siendo su principal objetivo el que
se declara muy definidamente en el v. 4.
c. Era un “temeroso de Dios”, esto es, pertenecía al extenso grupo de gentiles que habían
renunciado al politeísmo, habían abrazado el monoteísmo ético de los judíos, asistían a la
sinagoga, pero no habían prometido obedecer toda la ley judaica incluyendo su requisito de la
circuncisión. El hecho de que Lucas menciona con frecuencia a estos “temerosos de Dios” o
semi prosélitos (Hch. 13:43, 50; 16:14; 17:4, 17; 18:7) lleva a la conclusión de que Teófilo
también pertenecía a este grupo.43
Véase el comentario del punto d.
d. Según se describe en Lc. 1:4, Teófilo es todavía un gentil, porque antes del tercer siglo
d.C. el epíteto excelentísimo nunca se usaba en relación con creyentes en Cristo. Sin
embargo, puesto que en Hch. 1:1 se deja a un lado el adjetivo excelentísimo y se conserva
solamente el nombre [p 73] Teófilo, se permite la conclusión de que por medio del la lectura
del tercer Evangelio Teófilo se había convertido al cristianismo.44
Comentario sobre las teorías (c) y (d). No hay una evidencia sólida en apoyo de estas
teorías. En cuanto a (c), no es claro que Teófilo haya llegado al conocimiento de la religión
cristiana a través del judaísmo. Podría ser, pero no lo sabemos. En cuanto a (d), podría haber
cualquier cantidad de razones posibles por las que Lucas no incluyó el epíteto en Hch. 1:1.

41
D. A. Hayes, The Most Beautiful Book Ever Written, Nueva York, etc., 1913, pp. 46, 50, 51.
42

Esta es una opinión extensamente sustentada. Véase F. Godet, A Commentary on the Gospel of St. Luke, Edimburgo, 1890, Vol. I,
p. 31; W. J. Harrington, op. cit., p. 33. E. E. Ellis, op. cit., p. 64, para mencionar sólo unos pocos.
Sin embargo falta un acuerdo generalizado. H. Mulder, en su disertación doctoral, De Eerste Hoofdstukken, rechaza esta
teoría, considerando que está en conflicto con el propósito de Lucas declarado en 1:4.
43
Esta es la teoría de H. Mulder, como la describe en varios de sus libros, incluyendo Hoofdlijnen van Lucas 2, La Haya, 1959, pp.
9–12.
44
Esta es la teoría de T. Zahn, adoptada por Lenski, op. cit., pp. 35, 36.
55
Una razón podría ser que consideraba Lc. 1:1–4 como un preámbulo a ambos libros, como
probablemente era, y por lo tanto, no consideró necesaria la repetición del “excelentísimo”.
e. “Es imposible para nosotros determinar si aquí Teófilo es aludido como ocupante de una
elevada posición en el gobierno, como parte de la orden ecuestre, o simplemente como una
persona digna de alta honra. Por lo tanto, no podemos decir si la traducción correcta de
Lucas (1:3) es ‘su excelencia’ (o algo parecido), o más bien “honorabilísimo”, “preeminente”, o
“nobilísimo”. En los encabezamientos o introducciones dedicatorias el epíteto usado por
Lucas aparece en forma más bien frecuente, a veces, quizás, como una expresión de
cortesía”.45
Comentario: Este punto de vista tiene sentido. No restringe las posibilidades demasiado. La
opinión de que Teófilo podría haber ocupado un elevado cargo en el gobierno romano tiene en
su favor que, si es que este es verdad, el epíteto excelentísimo podría tener más o menos el
mismo significado que tiene en Hch. 23:26; 24:3; y también en 26:25, pasajes en los que se
aplica respectivamente a los procuradores Félix Y Festo. Pero, como también lo señala
Greijdanus, Teófilo sencillamente podría haber sido “una persona digna de alto honor”, o,
como lo afirma F. F. Bruce, “un miembro representativo de la inteligente gente de clase media
de Roma”.46
Aunque no se puede demostrar que Teófilo estaba viviendo en Roma, o cerca de Roma,
cuando Lucas—quizás ahora también en Roma; véase arriba, Introducción, IV B,—se lo envió
su relato, tampoco es una idea enteramente especulativa. En Hch. 28:15 Lucas hace mención
de las Tres Tabernas y del Foro de Apio (Latín: Tres Tabernae, Appii Forum). Menciona estos
dos lugares sin mayor aclaración acerca de su ubicación (más bien cerca de Roma,
respectivamente unos 53 y 69 Km al sur de la ciudad). Por otra parte, Lucas frecuentemente
es más específico cuando menciona los lugares que están a una distancia de Roma (Lc. 1:26;
4:31; 8:26). Por lo tanto, no hay demasiado riesgo al inferir que la razón para este grado de
diferencia al proporcionar los detalles geográficos [p 74] pudiera ser que Teófilo estuviera
viviendo en Roma o cerca de ella y, por lo tanto, no necesitaba recibir un informe más
detallado acerca de los lugares cercanos.47
Habiendo declarado las razones que motivaron su Evangelio y le habilitaban para
escribirlo, ahora Lucas procede a mencionar su propósito: 4. para que puedas conocer (o:
puedas llegar a conocer) la verdad exacta con respecto a las materias en que has
recibido instrucción.
Es claro que Teófilo ya había recibido alguna—quizás aun una buena cantidad de—
información sobre la doctrina cristiana. En cierta medida, la verdad de la religión cristiana
había estado resonando en sus oídos; es decir, él había sido “catequizado”. Sin embargo,
tiene necesidad de un fundamento más completo en la verdad, los hechos acerca de Cristo y
su iglesia. Por lo que él ya ha dicho, es claro que Lucas considera significativa esta “verdad”
(véase especialmente v. 3). Para Teófilo era importantísimo conocer (o: llegar a conocer) la
exacta verdad. Para ello había dos razones: (a) guardarlo de caer en el error. Piénsese en los
muchos ataques contra la verdad que constantemente hacían tanto judíos como gentiles (Mt.
19:3–8; 27:63; Jn. 6:42, 52; 7:40–49; 9:24; Hch. 26:24; 28:22; 1 Co. 1:23); y (b) obtener la
salvación en medida plena para la gloria de Dios.
En relación con (b), las palabras “para que puedas conocer (o: llegar a conocer) la verdad
exacta” nos hacen recordar la afirmación de Jesús, “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará
libres” (Jn. 8:32). Otros pasajes significativos que muestran la gran importancia que Jesús y

45
S. Greijdanus, Kommentaar, Vol. I, p. 11.
46
Commentary on the Book of Acts, p. 31.
47
Véase C. F. Keil, Commentar über die Evangelien des Markus und Lukas, Leipzig, 1879, p. 184; y H. Mulder, Hoofdlijnen, p.
10.
56
el Nuevo Testamento atribuyen al conocimiento de la verdad son Jn. 16:13; 17:17, 19; Gá.
2:5; Ef. 1:13; 4:15; 2 Ts. 2:10, 12, 13; 1 Ti. 2:4; 3:15; 2 Ti. 2:15; 2 P. 1:12. Y en cuanto al
Antiguo Testamento, véase especialmente Os. 4:6: “Mi pueblo fue destruido porque le faltó
conocimiento”.
Esto nos lleva a la interesante pregunta: ¿Cómo se relacionan entra sí los diversos
elementos de la experiencia cristiana—lo intelectual, lo emocional y lo volitivo? ¿Cuál es el
elemento básico (si es que alguno lo es) y cuál le sigue en importancia? ¿Cómo se realiza su
interacción? Consúltese una repuesta, según este autor lo entiende, en C.N.T. sobre Juan,
pp. 274, 275. Las líneas finales de este análisis, según se encuentran allí, son las siguientes:
“La única conclusión lógica frente a estas presentaciones variadas y (a primera vista)
aparentemente (aunque nunca realmente) contradictorias, es esta: cuando hablamos de
conocimiento, amor y obediencia, no pensamos en tres experiencias totalmente separadas,
sino en una sola experiencia comprensiva en la que los tres elementos están de tal modo [p
75] unidos que cada uno de ellos contribuye algo, y todas cooperan a la salvación del hombre
y a la gloria de Dios. Esta experiencia es de carácter personal. Por ello, no se puede hablar de
la primacía del intelecto o la primacía de las emociones o de la primacía de la voluntad, sino
de la primacía de la gracia soberana de Dios que influye en toda la personalidad y la
transforma para la gloria de Dios”.
Ese era el resultado que Lucas estaba tratando de lograr, por la gracia y el poder de Dios,
en el corazón y vida de Teófilo, y de todos aquellos que en él estaban representados.
Lecciones prácticas derivadas de Lucas 1:1–4
V. 1 “Las cosas que se han cumplido entre nosotros”. Es consolador saber que la historia—
incluyendo la de nuestras propias vidas—es el cumplimiento del plan de Dios. Esto no anula
la responsabilidad humana. Véase Lc. 22:22; Hch. 2:23.
V. 2 “Siervos de la palabra”. El que da rienda suelta a sus aficiones interpretativas se está
poniendo por sobre la Palabra de Dios.
Vv. 2, 3 “Testigos oculares … haber investigado con exactitud el curso de todas las cosas
desde el principio”. La religión cristiana no es una cuestión de “fábulas artificiosas” (2 P.
1:16), sino que descansa sobre hechos históricos concretos. Debemos dar gracias a Dios por
haber preparado hombres como Lucas y los demás evangelistas, con sus diversos talentos,
para escribir los cuatro evangelios.
V. 3 “Excelentísimo” o “nobilísimo”. La religión cristiana no destruye la cortesía ni excusa la
rudeza.
Vv. 3 y 4 “Escribir … para que puedas conocer”. El creyente—en este caso Lucas—se
preocupa profundamente por sus semejantes para conducirlos al conocimiento de la verdad.
V. 4 “Materias en que has recibido instrucción”. La iglesia que descuida la instrucción
catequístico es la culpable cuando disminuye sus fuerzas.
En los días de Herodes, rey de Judea,48 hubo un sacerdote llamado Zacarías, que pertenecía a la
5

división sacerdotal de Abías. Su esposa era también descendiente de Aarón,49 y su nombre era
Elisabet. 6 Ambos eran justos ante los ojos de Dios, observando todos los mandamientos y ordenanzas
del Señor, irreprensibles. 7 Sin embargo, no tenían hijos, porque Elisabet era estéril, y ambos
avanzados en años.
Una vez, mientras Zacarías servía como sacerdote delante de Dios en el orden de su división, 9 en
8

conformidad con la costumbre del sacerdocio fue elegido por suerte para

49
O: y su esposa era de las hijas de Aarón.
57
[p 76] Entonces se le apareció un ángel del Señor, puesto en pie a la derecha del altar del
11

incienso. Cuando Zacarías lo vio, se turbó y quedó sobrecogido de temor.50 Pero el ángel le dijo: “No
12

temas,51 Zacarías, porque tu petición ha sido oída. Tu esposa Elisabet te dará a luz un hijo, y le
pondrás el nombre Juan. 14 Tendrás gozo y alegría,52 y muchos se regocijarán en su nacimiento;
15 porque será grande ante los ojos del Señor. Vino o sidra no debe tocar jamás, y será lleno del

Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre. 16 A muchos de los hijos de Israel los volverá al
Señor su Dios. 17 E irá delante de él en el espíritu y poder de Elías, para volver los corazones de los
padres a los hijos, y los desobedientes a la disposición de los justos, a fin de preparar para el Señor
un pueblo bien dispuesto”.
Entonces Zacarías preguntó al ángel: “¿Cómo puedo estar seguro de esto? Porque soy viejo y mi
18

esposa está entrada en años”.


“Yo soy Gabriel”, respondió el ángel. “Yo estoy en la presencia de Dios, y fui enviado para
19

hablarte y entregarte estas buenas nuevas. 20 Y ahora, tenlo presente, por cuanto no creíste mis
palabras, las cuales se cumplirán a su debido tiempo, permanecerás mudo y no podrás hablar hasta
el día que estas cosas acontezcan”.
Mientras tanto, la gente estaba esperando a Zacarías y se preguntaba por qué se demoraba en el
21

santuario. 22 Y cuando salió, no les podía hablar. Entonces comprendieron que él había visto una
visión en el santuario, porque les hacía señales pero permaneció sin poder hablar.
23 Y cuando se cumplieron los días de su servicio, regresó a su casa. 24 Después de estos días su

esposa Elisabet quedó encinta. Durante cinco meses se recluyó, diciendo: 25 “Así es como me ha
tratado el Señor en los días en que me miró (con favor), para quitar mi desgracia entre la gente”.
1:5–25 Predicción del nacimiento de Juan el Bautista
Lucas ha promitedo un relato ordenado. En los primeros dos capítulos ya comienza a
cumplir su promesa. Nótese la exquisita simetría, el grato paralelismo:
Se prometen dos nacimientos: el del heraldo y el de Aquel a quien el heraldo debe
presentar al pueblo. En cada caso es el ángel Gabriel el que predice el nacimiento. Lo predice
respectivamente al futuro padre Zacarías, y a la futura madre del que iba a ser grande (1:5–
38). ¿Cuándo y cómo se dio cuenta de su preñez José con quien estaba comprometida María
en matrimonio? Véase Mt. 1:18–25. Los dos relatos—el de Mateo y el de Lucas—se
complementan. En ningún punto hay conflicto.
Luego en el Evangelio de Lucas las dos futuras madres, Elisabet y María, se ven juntas,
porque María está visitando a su parienta Elisabet que vive en una aldea en la parte
montañosa de Judea. Cuando María entra, Elisabet exclama: “Bendita tú entre las mujeres, y
bendito [p 77] el fruto de tu vientre”, etc. Por su parte, María pronuncia el Magnificat (1:39–
56).
También se registran dos nacimientos: el de Juan, nacido de Elisabet (1:57), y el de Jesús,
nacido de María en Belén de Judea, adonde viajó la pareja—José y María—desde su hogar en
Nazaret (2:1–7).
En cada caso, Lucas relata las circunstancias que acompañaron el nacimiento, la
circuncisión y la ceremonia de ponerle nombre al niño (1:58–66; 2:21). Pero ahora, nótese el
contraste: En el caso de Juan los incidentes del octavo día son seguidos por el canto de su
padre Zacarías (1:67–79). Sin embargo, en el caso de Jesús, el cántico no puede esperar. El
nacimiento que iba a sacudir el universo es seguido inmediatamente por el anuncio a los
pastores, el canto del coro de ángeles y la resultante visita de los pastores. Estos
acontecimientos, incluyendo el “Gloria a Dios en las alturas”, etc. (2:8–20), preceden los
sucesos del octavo día. ¡Que arreglo notable y significativo!
50
Literalmente: y cayó temor sobre él.
51
O: Dejad de tener miedo.
52
O: y desbordante alegría.
58
En un solo versículo se resume la vida del precursor hasta el tiempo cuando hace su
aparición en público (1:80). En forma muy apropiada en el caso de la figura principal, esto es,
de Jesús mismo, el evangelista entra en mayores detalles. Leemos de la presentación en el
templo, el “Nunc Dimittis” de Simeón, la acción de gracias y el testimonio de Ana, el regreso a
Nazaret, y “el niño en medio de los sabios” (2:25–52). Y veáse también Mt. 2.
Es propio que Marcos, al describir la venida de nuestro Rey Eterno, comience su Evangelio
introduciendo al heraldo del Rey; y que Mateo, al fijar la atención en nuestro Gran Profeta, ya
en el primer capítulo (vv. 22, 23) y repetidamente a continuación hace mención del
cumplimiento de la profecía en él, y le describe como que el mismo Mensajero de Dios.
Piénsese de los seis discursos del Señor registrados por Mateo, y de los muchos dichos
dominicales.53 Y así también es apropiado que Lucas, que en su Evangelio—véase la
Introducción, V D—subraya las mismísimas cualidades que la Escritura en otros lugares
también asocia con nuestro Compasivo Sumosacerdote (Lc. 4:16–27; cf. Heb. 4:14–16; 7:25),
en el principio mismo describa a un sacerdote que entra en el santuario a fin de quemar el
incienso. Los pasajes del tercer Evangelio que le son peculiares y que se refieren al templo
son: 1:5–23; 2:22–35, 36–38, 41–51; 18:9–14; 21:37, 38; 24:53.
5. En los días de Herodes, rey de Judea, hubo un sacerdote llamado Zacarías, que
pertenecía a la división sacerdotal de Abías.
¡En los días de Herodes! Este es Herodes I, frecuentemente denominado “Herodes el
Grande”. La fecha de su nacimiento parece haber sido el 74 [p 78] a. C. El período durante el
cual reinó sobre los judíos generalmente se fecha 37–4 a. C.
No llegó a ser el rey de toda Palestina de repente. Más bien, había sido nombrado rey de
Judea por el senado romano el año 40 a.C. Se le hizo entrega de un ejército. Con este
ejército—por eso, “con su propia espada”—habría de labrarse un reino. En esto tuvo éxito
poco a poco.
Se le menciona aquí (Lc. 1:5) y también en Mt. 2:1–22, pero en ningún otro lugar del
Nuevo Testamento. No debe ser confundido con su hijo “Herodes el tetrarca”, como Lucas a
veces llama a ese hijo (véase también Mt. 14:1).
Herodes el Grande, el rey a quien se refiere Lc. 1:5, era capaz, astuto y cruel. El fue el
hombre que, con el fin de que nadie pudiera quitarle a él y a él solamente la designación el
rey de los judíos, y para aplacar su ira, iba a ordenar que todos los niños varones de Belén y
sus alrededores fuesen muertos. Véase otra descripción de este terrible tirano en C.N.T. sobre
Mt. 2:3–6; 13–23; y nótese el cuadro de su genealogía en la p. 201 de ese tomo.
En la designación rey de Judea, la palabra Judea podría muy bien indicar “la tierra de los
judíos en su totalidad”. Véase también sobre 4:44 y véase Hch. 26:20.
Entonces, en los días de este monstruo diabólico vivía un hombre que junto con su esposa
mostraban rasgos de carácter totalmente distintos. Tirano terrible—sacerdote piadoso, ¡qué
contraste! El nombre de este sacerdote era Zacarías. No debe ser confundido con alguno de
más de treinta personas que tienen (básicamente) el mismo nombre en las Escrituras. Es fácil
comprender que un nombre que significa “Jehová ha recordado” fuese popular.
El Zacarías de la historia de Lucas era miembro de la “suerte” o división de Abías. Durante
el reinado de David, los sacerdotes fueron organizados y divididos en 24 grupos (1 Cr. 24:1–
6). Estas divisiones fueron reafirmadas por Salomón, el hijo de David (2 Cr. 8:14). La octava
división o clase o grupo, la de Zacarías, era la división de Abías (1 Cr. 24:10). Solamente
cuatro divisiones regresaron de Babilonia (Esd. 2:36–39). Pero estas cuatro fueron redivididas
en veinticuatro y se le dieron los nombres antiguos. Cada división cumplía deberes en el

53
.6 por versículo en Mateo; .51 en Lucas; .49 en Juan y .42 en Marcos.
59
templo dos veces al año y cada vez el período de servicio era de una semana. Su esposa era
también descendiente de Aarón, y su nombre era Elisabet. Su nombre también tenía un
significado hermoso: “Dios (o: mi Dios) es un voto”, esto es, “el absolutamente digno de
confianza”.
Era ciertamente una gran bendición que un sacerdote se casara con una mujer de linaje
sacerdotal.54 Esto no era requerido por la ley, que sólo [p 79] estipulaba que fuese una virgen
de su propio pueblo (Lv. 21:14). Entre Zacarías y Elisabet no había peligro de
incompatibilidad. El hecho de que, ¡sin la ayuda de una computadora!, este hombre se había
casado con una mujer con la cual podía vivir en paz y con felicidad, es claro de Lc. 1:60, 63;
nótese la completa armonía entre marido y mujer. También se hace evidente en el v. 6.
Ambos eran justos ante los ojos de Dios, observando todos los mandamientos y
ordenanzas del Señor, irreprensible.
¿Qué se quiere decir por “… eran justos”? Sin la gracia soberana de Dios revelada
básicamente en la muerte expiatoria (la “sangre”) de Cristo, nadie puede jamás ser
verdaderamente “justo” (Ex. 12:13; Sal. 49:7; Is. 53:4–6; Mt. 20:28; Mr. 10:45; Lc. 22:19, 20;
Ro. 3:21–24; Ef. 1:7; Heb. 9:22; 1 P. 2:24; Ap. 7:14). Otra forma de decir esto es que
básicamente no hay ningún medio por el cual una persona pueda ser verdaderamente “justa
delante de Dios” o “irreprensible”, si no es por imputación, de modo que la culpa del pecador
es puesta sobre es Salvador y la justicia del Salvador se imputa al pecador. La Escritura
misma justifica la terminología: justicia por imputación y justicia impartida. A la segunda se le
da frecuentemente el nombre de santificación. Aunque estas dos hay que distinguirlas, no se
deben separar. Aunque es verdad que las buenas obras nunca han salvado a nadie, también
es verdad que la persona que está consciente de haber sido salvada por gracia por la fe
pondrá todos sus esfuerzos en hacer buenas obras. Ef. 2:8, 9 jamás debe ser separado de Ef.
2:10; ni Tit. 2:11 de 2:14. La “transgresión perdonada” y el “corazón sin engaño” son gemelos
inseparables:
Bienaventurado aquel cuya transgresión ha
sido perdonado, y cubierto su pecado
Bienaventurado el nombre a quien Jehová
no culpa de iniquidad,
Y en cuyo espíritu no hay engaño
Salmo 32:1, 2
A veces la Escritura hace referencia a estos dos tipos de justicia casi en una misma
oración. Ro. 8:1 es un buen ejemplo. Cf. “Mis pecados él expió. Lavará de todo mal” (Himno—
En la vergonzosa cruz). A veces el énfasis está en la justicia por imputación (Ro. 3:24, 28; 5:1;
Gá. 2:16; 3:11, 13); a veces, como aquí en Lc. 1:6, sobre la justicia por haber sido impartida.
El mejor comentario sobre “justos ante los ojos de Dios” seguramente es el texto mismo:
“observando todos los mandamientos y ordenanzas del Señor”. Era en ese sentido que ante
los ojos de Dios estas dos personas eran “irreprensibles”. ¿Verdad que delante de Dios la
intención honesta es equivalente a la acción? Véase 1 R. 8:18.
[p 80] “Mandamientos y ordenanzas”. Cf. “mandamientos, estatutos y decretos” (Dt. 4:1,
40; 6:2). Una persona que observa tanto los mandamientos como los estatutos y decretos está
interesada no solamente en el principio básico, sino también en la aplicación a situaciones
concretas de la vida. No trata solamente de guardar el primer mandamiento en una forma
muy general, “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Ex. 20:3), sino que también está

54
Según W. H. Gispen, Het Boek Leviticus, Kampen, 1950, p. 303, esto ocurría frecuentemente. Véase también S.BK., II, pp. 55–
71.
60
consciente de sus corolarios, uno de los cuales es: “Las primicias de los primeros frutos de tu
tierra traerás a la casa de Jehová tu Dios” (Ex. 23:19). Lo mismo hace con el sexto
mandamiento, “No matarás” (Ex. 20:13); por ejemplo, “No angustiarás al extranjero” (Ex.
23:9); con el octavo: “No hurtarás” (Ex. 20:15); por ejemplo, “no recibirás cohecho” (Ex. 23:8);
con el noveno: “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” (Ex. 20:16), implícito “No
admitirás falso rumor” (Ex. 23:1); y así con cada mandamiento. En relación con esto, véase
también el trato que Cristo da a los mandamientos en el Sermón del Monte (nótese
especialmente Mt. 5:21–48).
Zacarías y Elisabet eran, pues, personas como Job (Job 1:1) y Simeón (Lc. 2:25).
Hasta aquí todo lo relacionado con Zacarías y Elisabet era maravilloso. Pero nótese ahora:
7. Sin embargo, no tenían hijos, porque Elisabet era estéril, y ambos avanzados en
años. La esterilidad era de lo peor que podría ocurrirle a una mujer casada. A través de los
muchos siglos transcurridos podemos aún oír a Raquel que dice a Jacob: “Dame hijos o me
muero” (Gn. 30:1). Aún duele al leer cómo sufría Ana debido a que su rival, Penina, en vez de
compadecerse de ella, maliciosamente le recordaba siempre el hecho de que el Señor le había
cerrado la matriz (1 S. 1:6). Resultado: Ana lloraba amargamente.
Además, ¿no se contaba la fertilidad entre las bendiciones de la obediencia a Dios, de
acuerdo con lo prometido por Dios a Israel? Véase Dt. 7:14; Sal. 113:9.
El problema era que muchas personas sacaban deducciones erradas de esta promesa,
como si cualquier caso particular de esterilidad fuese una señal infalible del desagrado de
Dios. Injustamente, pero con demasiada frecuencia, a la mujer estéril se la evitaba, se la
miraba en menos y era despreciada.
Sin embargo, para muchas de estas esposas dolientes los días lúgubres y las noches de
insomnio se veían iluminados a veces por la esperanza de que la situación pudiese cambiar.
Pero, para Zacarías y Elisabet aun esa chispa de esperanza iba apagándose. Al fin se había
extinguido completamente, puesto que ahora ambos eran “avanzados en años” (lit. “en días”).
Y entonces ocurrió lo más inesperado: 8–10 Una vez, mientras Zacarías servía como
sacerdote delante de Dios en el orden de su [p 81] división, en conformidad con la
costumbre del sacerdocio fue elegido por suerte para quemar el incienso después de
entrar al santuario del Señor. A la hora de quemar el incienso, toda la congregación
reunida estaba afuera, orando.
Cada día las diversas funciones del sacerdocio eran designadas por sorteo. La parte más
solemne de toda la liturgia era el acto de quemar el incienso. Era entonces cuando el
sacerdote se encontraba más cerca del velo que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo.
¿En la estructura de la antigua dispensación, no tenía el Lugar Santísimo “el altar de oro del
incienso”? Desde luego, por razones comprensiblemente prácticas ese altar estaba realmente
en el Lugar Santo (Ex. 30:6, 10). Pero pertenecía al Lugar Santísimo (Heb. 9:4). ¿No era
llevado el incienso en el día de la Expiación, una vez al año, desde este altar dentro del Lugar
Santísimo y la sangre que había sido rociada en el propiciatorio no se aplicaba también al
altar del incienso? Véase Lv. 16:15–19. ¿No hay una correspondencia entre el derramamiento
de la sangre y la ascensión de la nube de incienso? ¿No forman la redención y la acción de
gracias un par como causa y efecto?
Es comprensible que el ser elegido por sorteo para quemar el incienso fuese considerado
un privilegio único. Solamente una vez en la vida se permitía a un sacerdote recibir este
honor. Después de eso siempre se le consideraba “rico y santo”. Numéricamente hablando,
ser escogido por suerte para encender el incienso era un privilegio del que participaban
solamente unos pocos.
61
El incienso se ofrecía dos veces al día: en la mañana y a la media tarde. Algunos55 creen
que este hecho sucedió en la mañana. Otros,56 basando sus puntos de vista en el hecho de
que en este día había llegado hasta los atrios del templo una multitud de una magnitud
considerable, creen que el hecho que se va a relatar ocurrió en la tarde. Sea como fuere, lo
ocurrido se puede introducir como sigue:
Zacarías camina hacia el altar de oro. Es acompañado por dos ayudantes. Uno de estos
hombres lleva en un tazón de oro carbones encendidos tomados del altar del holocausto y los
esparce sobre el altar del incienso. Enseguida se retira. El otro asistente lleva un incensario
de oro lleno de incienso. Pone el incienso sobre el altar.
Ahora se produce un profundo silencio, porque está a punto de celebrarse el acto más
solemne del ritual. Se da una señal. El momento sagrado ha llegado en que Zacarías debe
poner el incienso sobre las brasas, provocando una nube que sube y se esparce con su grata
fragancia. Junto con el perfume que asciende, desde el corazón y los labios del [p 82]
sacerdote se eleva una oración ferviente de gratitud por las bendiciones recibidas y de súplica
pidiendo paz sobre Israel. El pueblo, reunido “fuera” del santuario, pero “dentro” de sus
atrios (el Atrio de Israel, el Atrio de las Mujeres, estando presentes los sacerdotes y levitas
especialmente en el Atrio de los Sacerdotes; véase mapa en C.N.T. sobre Marcos, p. 460),
también ora postrado y con las manos extendidas. Luego esperan que Zacarías regrese del
altar del incienso y camine hacia el oriente, hacia la escalinata que está frente al santuario
(Lugar Santo y Lugar Santísimo). Desde estas gradas, Zacarías, acompañado por otros
sacerdotes, debe pronunciar la bendición aarónica sobre el pueblo. Esta bendición debe ser
seguida por cantos de alabanza, las ofrendas públicas, etc.57
La gente espera … y espera … y espera. Pero durante minutos que deben de haberles
parecido horas, nada ocurre. Explicación: 11, 12. Entonces se le apareció un ángel del
Señor, puesto en pie a la derecha del altar del incienso. Cuando Zacarías lo vio, se turbó
y quedó sobrecogido de temor. Repentinamente el ángel está de pie allí, al lado derecho del
altar; esto es, exactamente al sur de él, porque las direcciones se da desde el punto de vista
de un hombre mirando hacia el oriente. Entonces el angel tendría el altar de oro a su
izquierda y el candelabro a su derecha y un poco hacia el frente. Véase al mapa antes
referido.
Es natural que la aparición repentina e inesperada de un ángel fuerte, santo, con un
resplandor deslumbrante, haga temblar al hombre débil y pecador. El temor “cayó sobre”
Zacarías. Véanse también Jue. 6:22; 13:22; Dn. 10:5–9; Lc. 1:29; 2:9; Hch. 10:4; y cf. Is. 6:1–
5.
13. Pero el ángel le dijo: No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido oída. Tu
esposa Elisabet te dará a luz un hijo y le pondrás el nombre Juan. Nótense los siguientes
puntos:
a. “No temas”. En otras palabras, “Deja de tener miedo; anímate”. ¿No es alentador notar
con cuánta frecuencia en las Escrituras Dios o Cristo dice a su pueblo que no tema sino que
cobre ánimo? Una lista parcial de los pasajes en que de un modo u otro se encuentra esta
exhortación es la siguiente: Gn. 15:1; 26:24; 46:3; Ex. 14:13, 14; Jos. 1:9; 11:6; Jue. 6:23; 2
R. 19:6, 7; 1 Cr. 28:20; 2 Cr. 20:15; 32:7; Neh. 4:14; Sal. 49:16; 91:5; Is. 10:24; 37:6; 41:10,
13, 14; 43:1, 5; 44:2, 8; Dn. 10:19; Zac. 8:13; Mt. 14:27; 17:7; 28:10; Mr. 5:36; Lc. 1:30;
2:10; 5:10; 8:50; 12:4, 7, 32; Jn. 14:1, 27; 16:33; Hch. 18:9; 27:24; Heb. 13:6; 1 P. 3:14; Ap.
1:17. ¿Y no es, “no temáis”, otra forma de decir “Tened fe”? Verdaderamente la salvación por

55
P. ej., A. Fahling, The Life of Christ, St. Luis, 1936, p. 67. Muy interesante es S.BK, II, p. 75.
56
P. ej., Greijdanus y Lenski en sus respectivos comentarios sobre este pasaje.
57
Para una descripción más detallada, véase A. Edersheim, The Temple, Londres, 1908, pp. 157–173.
62
gracia por medio de la fe no es una invención paulina. Está firmemente arraigada en todas
las Escrituras.
[p 83] b. “Tu petición ha sido oída”. ¿Qué petición? Aquella que apenas Zacarías acababa
de pronunciar cuando en forma repentina le apareció el ángel; ¿era, en consecuencia, la
súplica para que la paz en su sentido más rico—la salvación—fuera otorgada a Israel? ¿O se
estaba refiriendo el ángel a la petición de un hijo, petición que pertenecía a días ya remotos?
A pesar de lo que ciertos comentarios dicen en otro sentido, no es cierto que esta cuestión
pueda ser resuelta sobre la base gramatical (tiempo del verbo). Quienes favorecen la primera
alternativa basan su conclusión en el hecho de que Zacarías apenas había terminado de orar
por la paz de Israel cuando se apareció el ángel. Pero, con por lo menos igual derecho los que
favorecen la segunda postura señalan la estrecha conexión entre “Tu petición ha sido oída” y
“Tu esposa Elisabet te dará a luz un hijo”. Es como si con un solo aliento el ángel hubiera
hecho las dos afirmaciones. Si hubiera que elegir entre estas dos alternativas, este intérprete
elegiría la segunda.
¿Pero es absolutamente necesario hacer esta elección? ¿No hay una relación muy estrecha
entre los dos? ¿No estaba destinado a ser este hijo que Elizabet engendraría el precursor del
Mesías, a través de quien la salvación vendría a Israel, mejor aun, a todos los hijos de Dios,
judíos y gentiles?
c. “Tu esposa Elisabet”. La misma cuya condición de estéril era conocida por todos sería
liberada de su aflicción. Por medio de Elisabet y no a través de otra mujer, Zacarías llegaría a
ser el padre de un hijo.
d. “un hijo”. ¡Se predice hasta el sexo del niño!
e. “… y le pondrás el nombre Juan”. Véase sobre vv. 59, 63.
El ángel prosigue: 14. Tendrás gozo y alegría y muchos se regocijarán en su
nacimiento. El corazón de Zacarías será lleno de una alegría exuberante. Muchos otros
también se regocijarán debido al nacimiento de este niño. Su nacimiento no sólo producirá
un júbilo instantáneo (1:58) sino, como lo señala el contexto inmediato (véanse vv. 16, 17), en
el futuro también, cuando el niño se haga hombre, mucha gente va a dar gracias al Señor por
el hecho de que Juan hubiese nacido. Por medio de su ministerio, las multitudes se volverán
de las tinieblas a la luz; otros por lo menos exclamarán: “Juanes—o era—profeta” (Lc. 7:29;
cf. Mt. 21:26, 32).
Continúa: 15. porque será grande ante los ojos del Señor. Era acerca de él que Jesús
iba a decir: “Entre los nacidos de mujer no se ha levantado ninguno mayor que Juan el
Bautista” (Mt. 11:11). Esto iba a ser así no solamente porque Juan mismo iba a ser un
profeta, sino también debido a que iba a ser aquel cuya entrada en el escenario de la historia
había sido predicha. Estaba destinado a ser el heraldo del Mesías. Como tal, iba a dirigir la
atención del pueblo hacia Aquel que había sido largamente esperado, y acerca del cual iba a
decir: “He aquí, el Cordero de Dios que [p 84] está quitando el pecado del mundo” (Jn. 1:29).
El iba a enfatizar la necesidad de la verdadera conversión como el único camino por el que el
pecador podía entrar al reino del Mesías (Lc. 1:76, 77; 3:3). Y, puesto que el deber del heraldo
es permanecer en el segundo plano cuando el Rey se hace presente, Juan iba a resistir la
tentación de atraer la atención hacia sí mismo. En cambio, con espíritu de humildad iba a
decir: “Es necesario que él crezca y que yo mengüe” (Jn. 3:30). Ahora, en vista del hecho de
que Jesús mismo, al describir la naturaleza de la verdadera grandeza, siempre la relaciona
con la humildad (Lc. 7:6, 9; cf. Mt. 8:8, 10; Lc. 9:46–48; cf. Mt. 18:1–5; Mr. 9:33–37; y véase
también Mt. 15:27, 28), ¿no es del todo probable que esta característica que iba a señalar a
Juan también se encuentra implícita aquí en Lc. 1:15? ¿Sería siquiera posible que sin
humildad alguien fuera “grande”, especialmente “ante los ojos del Señor”?
63
El ángel añade, continuando con el tema de la grandeza: Vino o sidra no debe tocar
jamás, y será lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre. Juan será lleno,
no de vino, sino del Espíritu Santo. Este mismo contraste implícito (lleno con vino en
contraste con lleno con el Espíritu Santo) se encuentra también en otros pasajes (Hch. 2:15–
17; Ef. 5:18). Juan no va a recibir su poder ni su inspiración de medios terrenales sino del
Espíritu Santo.
“Lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre”. ¿Sugiere esta expresión que
ocurrió algo misterioso en el corazón de Juan mientras aún estaba en la matriz? ¿O es
sencillamente una expresión que indica una extensión de tiempo: desde el comienzo mismo
de su vida y hasta el fin Juan iba a ser lleno del Espíritu Santo? Puesto que este capítulo
contiene otras dos referencias a Juan como un bebé en el vientre de su madre (véanse vv. 41
y 44), se postergará la exposición de este tema hasta que lleguemos al v. 44.
¿Era Juan un nazareo? Acerca de la ley del nazareato, léase Nm. 6. Nótense especialmente
estas dos reglas: (a) Durante el período en que estaban bajo el voto, los nazareos debían
abstenerse de beber vino u otras bebidas fermentadas, y (b) no debían pasar navaja por su
cabello. En relación con Sansón, se mencionan estas dos restricciones (Jue. 13:7; 16:17). En
cuanto a Samuel, sabemos que su madre Ana hizo voto como símbolo de perpetua
consagración al Señor de que no pasaría navaja por su cabello (1 S. 1:11). En su caso no se
menciona la abstención de bebidas embriagantes. Con respecto a Juan ocurre lo contrario:
Tenía que evitar el vino y (otras) bebidas fermentadas, pero nada se dice de la navaja. En
consecuencia, algunos sostienen que Juan no era nazareo,58 otro que sí lo [p 85] era.59 Para
llegar a una conclusión en el caso de Juan, nos podría ser de ayuda tomar nota del hecho de
que, según el presente pasaje (v. 15) durante toda su vida el retoño prometido jamás bebería
vino ni (otras) bebidas fermentadas. Así que en el caso de Juan, esta restricción era mucho
más rígida que en el caso de los sacerdotes, a quienes se les prohibía el uso de estas bebidas
solamente durante el período de su servicio (“cuando entréis en el tabernáculo”, Lv. 10:9), y
era por lo menos más severa que en el caso de los nazareos, porque para ellos la prohibición
tenía vigencia solamente durante los días que duraba el voto (Nm. 6:4, 5). Por lo tanto, si
Juan era nazareo, debe ser considerado nazareo vitalicio. ¿No deja una lectura cuidadosa de
Lc. 1:15 la impresión que la idea de una consagración total y perpetua a un servicio especial
para el Señor es lo que aquí se enfatiza?
Después de lo que ya se ha dicho en relación con v. 14 (“muchos se regocijarán en su
nacimiento”), no es necesario decir mucho más con respecto al v. 16. A muchos de los hijos
de Israel los volverá al Señor su Dios. En lugar de “hijos” uno puede también leer “pueblo”.
Ya se ha mostrado que esta profecía fue cumplida.
Sin embargo, no hay que pasar por alto una importante lección. Tiene que ver con el
corazón mismo de Dios. Nótese que Israel se presenta aquí en su estado de “no vuelto”, es
decir, “no convertido”. No obstante, el ángel informa a Zacarías que aun ahora Dios se
considera como su Dios. Todavía está profundamente preocupado de ellos. En relación con
esto, léase también el Sal. 78:1 (“Mi pueblo oirá”, etc.); Is. 1:3 (“Mi pueblo no entiende”); Ez.
16:21 (“mis hijos”). ¡Habiendo hecho un pacto con su pueblo, el Señor tiene un derecho
especial sobre ellos, un interés único en ellos! Eso tiene vigencia aún hoy día, porque Gn.
17:7 tiene su eco en Hch. 2:38, 39. Y en relación con esto no hay que olvidar Lc. 13:6–10.
El ángel termina su mensaje dando a Zacarías esta descripción adicional de la relación del
niño prometido con el Mesías, el efecto de su ministerio sobre la vida familiar y el propósito
final de todo ello: 17. E irá delante de él en el espíritu y poder de Elías, para volver los

58
S. Greijdanus, Lucas (Korte Verklaring), p. 26
59
W. M. Christie, artículo “Nazirite”, I.S.B.E., Vol. IV, p. 2125; A. T. Robertson, Word Pictures, Vol. 2, p. 10; A. Plummer, op.
cit., p. 14, y cf. S.BK., II, p. 80 s.
64
corazones de los padres a los hijos, y los desobedientes a la disposición de los justos, a
fin de preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto. Lo que aquí tenemos es el propio
comentario de Cristo sobre las palabras de Mal. 4:5, 6. La aparición pública de Juan ante
Israel precedería a la de Jesús. Pero lo que el texto (tanto en Malaquías como en Lucas) ofrece
es más que un dato cronológico, aunque eso también está claramente implícito. Juan no
solamente iba a preceder a Jesús en el tiempo; realmente iba a ser su heraldo o precursor.
Como tal, anunciará y presentará a su Maestro ante el pueblo. Además: por medio de su
ministerio—el de llamar al pueblo a [p 86] convertirse—será un instrumento en las manos de
Dios en la preparación del pueblo para la recepción de su Mesías. Véase Lc. 3:4s.
Nótese: “en el espíritu y poder de Elías”. ¿Significa esto que Juan era Elías? La respuesta
es “No” y “Si” al mismo tiempo. Literalmente, no, como queda en claro cuando le preguntan a
Juan “¿Eres tú Elías?” y él responde: “No soy” (Jn. 1:21). Pero, figuradamente, sí, de modo
que aun Jesús lo llama Elías (Mt. 11:13, 14; cf. 17:12; Mr. 9:12, 13). La solución se da aquí
en Lc. 1:17:
El “espíritu y poder de Elías” se iba a mostrar claramente en Juan el Bautista. Cf. la
osadía de Elías: “Yo no he turbado a Israel, sino tú Acab” (1 R. 18:18), con la del Bautista
(Mt. 14:4): “No te (Herodes Antipas) es lícito tenerla (a Herodías la esposa de tu hermano
Felipe)”. Y véase también Mt. 3:7; Lc. 3:7, 19.
Para las palabras “volver los corazones de los padres a los hijos, y los desobedientes a la
disposición de los justos” hay dos interpretaciones diferentes:
a. Los “padres” son los patriarcas. La conversión de mucha gente a través del ministerio de
Juan haría que los patriarcas—Abraham, Isaac, Jacob, etc.—mirasen con favor desde sus
moradas celestiales a su hijos antes desobedientes, pero ahora transformados.
Los que proponen esta teoría le encuentran apoyo bíblico en Heb. 12:1, que se interpreta
como si las almas de los que han muerto son espectadores que constantemente están
mirando el teatro de las luchas de sus descendientes que están vivos (Heb. 12:1: “la nube de
testigos”).60
Comentario. Podemos entender que este tipo de interpretación atraiga a quienes caen en
especulaciones fantásticas acerca de la vida venidera. Un autor señala sus debilidades como
sigue:
“Algunas personas piensan que esto se refiere al contraste entre una ascendencia devota y
una descendencia apóstata. Como lo vemos, este punto de vista es incorrecto, porque sobre la
base de esa interpretación es imposible entender cómo podría el corazón de los padres,
muertos ya tanto tiempo, volverse a sus hijos.” Llega a la conclusión correcta: “Debemos
pensar en la relación de padres con sus hijos”.61
Y en cuanto a la interpretación también especulativa de Heb. 12:1, léase el punto de vista
correcto en F. F. Bruce, The Epistle to the Hebrews (New International Commentary), Grand
Rapids, 1964, pp. 345, 346.
b. La verdadera conversión tiene como resultado, entre otras cosas, un avivamiento en las
relaciones armoniosas y cariñosas en el hogar.
[p 87] Comentario. Esta interpretación armoniza con el trasfondo histórico de Malaquías.
Como resultado de los matrimonios mixtos (Mal. 2:11) y el divorcio fácil (2:14) se habían
corrompido las relaciones familiares.

60
Quienes favorecen la teoría (a) también apelan a veces a Is. 29:22s. Este es un pasaje difícil del cual hay varias y a veces
ampliamente divergentes traducciones e interpretaciones. Por esa misma razón, apelar a él es difícilmente justificable.
61
J. Ridderbos, De Kleine Profeten (Korte Verklaring), Kampen, 1935, Vol. III, p. 234.
65
Las condiciones de esa especie continuaron en la nueva dispensación, como se entiende
claramente a partir de las enseñanzas de Cristo sobre el divorcio y el segundo casamiento
(Mt. 5:32; 19:9). No obstante, la vida familiar es de suma importancia y esto no solamente
para el bienestar físico y espiritual de padres e hijos, sino también para la verdadera
prosperidad de la nación, la iglesia y la sociedad en general. Desde un punto de vista
espiritual, la brecha entre las generaciones es frecuentemente ruinosa.
Uno de los propósitos de la predicación de Malaquías era invertir esta situación y también
lo era de la predicación de Juan el comienzo de la nueva dispensación. Con padres creyentes
e hijos igualmente justos viene como resultado la armonía familiar; como consecuencia
también un testimonio efectivo.
El resultado final del ministerio del precursor será, por lo tanto, la presentación de “un
pueblo bien dispuesto”, esto es, “útil al Señor” (2 Ti. 2:21).
Según algunos lo ven, la explicación recién dada está en conflicto con la declaración de
Jesús relatada en pasajes como Mt. 10:34–37 (cf. Lc. 12:51–53; 14:26): “No penséis que vine
a traer paz en la tierra. Yo no he venido a traer paz sino espada. Porque vine a poner a un
hombre contra su padre, a una hija contra su madre”, etc. Sin embargo, toda sugerencia de
conflicto real carece de base. En realidad, es muy fácil concebir un resultado doble de la
predicación del evangelio, sea por el Bautista o por Jesús: (a) En muchas familias se
produciría una aguda división, en que algunos toman partido por la verdad y otros se oponen
a ella. (b) Sin embargo, en otras familias, los que se habían opuesto se iban a convertir, de
modo que padres e hijos se unirían en espíritu, sirviendo todos al Señor.
La reacción de Zacarías a las gratas palabras del ángel fue desilusionante: 18. Entonces
Zacarías preguntó al ángel: ¿Cómo puedo estar seguro de esto? Porque soy viejo y mi
esposa está entrada en años. Para esta reacción no había excusa. Era definitivamente una
respuesta de incredulidad.
Con el fin de aminorar la gravedad de la respuesta impropia del sacerdote, se ha alegado
que Abraham, Gedeón y Ezequías reaccionaron en forma similar ante promesas
sorprendentes. ¿No preguntó Abraham “¿Cómo sabré …?” (Gn. 15:8)? ¿No pidió Gedeón una
señal; mejor dicho, dos señales? (Jue. 6:36–40). Y ¿no pidió aun el rey Ezequías una señal
que le mostrara que sanaría (2 R. 20:8–11)?
Sin embargo, hay diferencias:
a. Como se ve claramente en Gn. 15:6, la respuesta de Abraham fue definitivamente una
respuesta de fe, no de incredulidad. A la luz de ese [p 88] pasaje, Gn. 15:8 quizás pueda
interpretarse mejor como la petición de una señal para fortalecer su fe.
b. Quizás lo mismo valga para el caso de Gedeón. Nótense también sus palabras de temor
y reverencia: “No se encienda tu ira contra mí”, etc.
Igualmente, la fraseología misma que emplea Ezequías muestra que no estaba ofreciendo
objeciones sino que en forma muy definida quería creer la promesa de Dios.
En contraste con todo ello está la respuesta de Zacarías que casi equivale a “No te creo,
porque la gente de mi edad no puede tener hijos”. Además, lo que a veces se calla es el hecho
de que Zacarías actuó como lo hizo a pesar de tener ante sí todos estos ejemplos: la fidelidad
de Dios en sus promesas a Abraham, Gedeón, Ezequías y muchos otros.
Léanse otras ilustraciones de escepticismo pecaminoso en Gn. 3:6; 2 R. 2:16–18; Lc.
24:37, 38; Jn. 20:24, 25; Hch. 12:12–15; 2 P. 3:4.
19. Yo soy Gabriel, respondió el ángel. Yo estoy en la presencia de Dios, y fui
enviado para hablarte y entregarte estas buenas nuevas.
66
Es verdad que las palabras del ángel “Yo soy Gabriel” siguen a las palabras de Zacarías
“Soy viejo”. Sin embargo, no se indica de esta forma el contraste que se pretende. La
confrontación está más bien entre el frío escepticismo del sacerdote y la certidumbre
retumbante del ángel, entre la duda presuntuosa del primero y la profunda convicción de
éste. Gabriel está consciente de haber entregado las buenas nuevas de Dios, que han de ser
cumplidas en cuanto llegue el tiempo que le corresponde (v. 20). Y puesto que ha cuestionado
una maravillosa promesa evangélica proveniente del corazón y la mente de Dios mismo,
Zacarías merece un castigo.
“Yo soy Gabriel”. El nombre Gabriel ha sido interpretado en diversas formas como que
significa: “hombre de Dios”, “poderoso de Dios”, “poderoso (es) Dios”. También se menciona a
Gabriel en Dn. 8:16, donde explica la visión del carnero y el macho cabrío; en Dn. 9:21s,
donde interpreta la profecía de las setenta semanas; y en Lc. 1:26–38, donde promete que de
un modo misterioso María llegará a ser la madre del largamente esperado Mesías. El único
otro ángel que se nombra en las Escrituras es Miguel (Dn. 10:13, 21; Jud. 9; Ap. 12:7).
Nótense, además, las significativas palabras: “Yo estoy en la presencia de Dios”. Debido en
parte a este calificativo adicional, han surgido diversas teorías más o menos especulativas
con respecto a Gabriel:
a. que no es un ser creado, sino el Espíritu
b. que a diferencia de la tarea dada a Miguel y las otros ángeles, la función especial de
Gabriel es no sólo traer sino también interpretar el mensaje de Dios a los seres humanos a
los cuales es enviado; y
[p 89] c. que Gabriel es uno de los “siete ángeles” (Ap. 8:2)—y no debe confundirse con los
“siete espíritus” (Ap. 1:4)—que están en la presencia de Dios.62
Nada hay en el texto ni en el contexto que siquiera en forma remota sugiera la teoría (a).
En cuanto a (b), es dudosa que tenga suficiente apoyo. En cuanto a (c), esta teoría podría ser
correcta. Al menos es notable la correspondencia que hay entre Lc. 1:19 y Ap. 8:2. Tanto
Gabriel como los “siete ángeles” se describen como que “están en la presencia de Dios”. Sin
embargo, es imposible una certeza absoluta. Debido a Mt. 18:10, se podría preguntar: “¿Pero
no están todos los ángeles en la presencia de Dios, mirando el rostro del Padre?”63
¿Ha pedido señal el sacerdote? Tendrá una señal, pero no la que pidió. Así Gabriel
continúa: 20. Y ahora, tenlo presente, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se
cumplirán a su debido tiempo, permanecerás mudo y no podrás hablar hasta el día que
estas cosas acontezcan.
Zacarías va a ser castigado por su manifestación de incredulidad. Por cuanto hizo mal uso
de la lengua, su lengua será silenciada. Pero, nótese cómo la justicia se ve templada por la

62
Las tres teorías son analizadas por A. Kuyper en su libro De Engelen Gods, Kampen, 1923, pp. 176–179. Rechaza (a), pero
acepta (b) y (c). Véase también S.BK., II, p. 90s, y p. 97s.
63

Sobre el tema general ángel, ángeles, véanse también los siguientes pasajes y los C.N.T. sobre ellos en los que ya han sido
publicados:
Resumen de la doctrina bíblica respecto de los ángeles; véase sobre Mt. 18:10.
Los ángeles en relación con la ley de Dios (Gá. 3:19).
Como objetos de adoración (Col. 2:18).
Arcángeles (1 Ts. 4:16).
¿Angeles guardianes? (Mt. 18:10).
Angeles y el matrimonio (Mr. 12:25).
Lucas sobre los ángeles (además de 1:11, 13, 18, 19, véanse también 26–38; 2:9–21; 4:10; 9:26; 12:8, 9; 15:10; 16:22; 20:36;
24:23).
Función de los ángeles en relación con la venida de Cristo (Mt. 13:39; 25:31; Mr. 8:38; 13:27; 2 Ts. 1:7).
67
misericordia: “Permanecerás mudo … hasta el día que estas cosas acontezcan”. Eso ocurrirá
exactamente cuando hay a llegado el tiempo señalado, con toda certeza. Cuando ello ocurra—
el nacimiento del niño y la ceremonia de ponerle nombre—Zacarías recibirá nuevamente su
voz, porque a pesar del grave error del sacerdote, el amor de Dios todavía está sobre él.

La justicia de Dios templada con la misericordia

Pecado, castigo

o amenaza revelado en Misericordia y

de castigo el caso de: paciencia divinas

Gn. 3:16, 19 Adán y Eva Gn. 3:15

Gn. 4:7, 11,


Caín Gn. 4:15
12

Los
Gn. 6:7 Gn. 6:3 b
antediluvianos

[p 90] Gn.
Sodoma Gn. 18:26–32
18:20, 21

El pueblo de
Ex. 32:10 Ex. 32:32; 33:14
Israel

1 R. 21:19 El rey Acab 1 R. 21:29

Mr. 16:7 (“… y Pedro”); Lc.


Mt. 26:74 Pedro
22:61a; 24:34; Jn. 21:15–17

La higuera
Lc. 13:7 Lc. 13:8, 9
estéril

Jn. 20:25 Tomás Jn. 20:27

Mt. 26:56 Los Doce Mt. 28:16–20; Jn. 17:8; 20:19

Ap. 2:21 (“tiempo para


Ap. 2:22, 23 “Jezabel”
arrepentirse”)

Lucas ahora dirige nuestra atención hacia los feligreses. En los atrios del templo estaban
esperando que Zacarías volviera a salir: 21. Mientras tanto, la gente estaba esperando a
Zacarías y se preguntaba por qué se demoraba en el santuario. Acerca del trasfondo, véase
68
arriba sobre vv. 8–10. La gente estaba esperando a Zacarías; esperaban y se preguntaban por
qué demoraba tanto en el “santuario”. Como se ha dicho en otro lugar, es necesario en este
caso distinguir entre (a) templo en el sentido de todo el complejo de edificios, incluyendo los
atrios, y (b) el santuario, constituido por el Lugar Santo y el Lugar Santísimo. Zacarías había
entrado en el Lugar Santo. El pueblo estaba en los atrios.
Según el Talmud, era costumbre que el sacerdote que tenía que ofrecer el incienso se
alejara del altar tan pronto como le fuera posible, para no cometer inconscientemente un acto
de profanación (cf. Lv. 10:1s; 2 S. 6:6, 7). Pero en este caso, en forma completamente
contraria a la costumbre, el sacerdote “se tomó tanto tiempo” (así dice literalmente) antes de
regresar del santuario. 22. Y cuando salió no les podía hablar. Entonces comprendieron
que él había visto una visión en el santuario, porque les hacía señales pero permaneció
sin poder hablar. Como anunciado por Gabriel (v. 20), Zacarías estaba mudo sin poder
hablar. Por medio de señales estaba tratando de dar a entender esto a la multitud reunida.
Aunque el texto en ningún lugar dice que el temor se reflejaba en los ojos del sacerdote,
blanqueaba sus mejillas y hacía temblar su cuerpo, algo muy parecido a esto bien podría
haber ocurrido. En todo caso, como resultado de este lenguaje por señas—quizás
movimientos de cabeza y [p 91] gestos—la gente comprendió que Zacarías había vista una
visión (cf. Lc. 24:23; Hch. 26:19; 2 Co. 12:1), un objeto o ser temible, generalmente invisible a
los ojos humanos.
Hay quienes, basándose en el v. 62—que dice que tiempo más tarde la gente le habló por
señas a Zacarías; si no estaba sordo, ¿por qué sencillamente no le hablaban?—concluyen que
Zacarías no debe de haber estado mudo solamente sino también sordo. En cuanto a esta
teoría, véanse algunas observaciones en el comentario sobre el v. 62.
Concluye: 23–25. Y cuando se cumplieron los días de su servicio, regresó a su casa.
Después de estos días su esposa Elisabet quedó encinta. Durante cinco meses se
recluyó, diciendo: Así es como me ha tratado el Señor en los días en que me miró (con
favor), para quitar mi desgracia entre la gente.
Hay una conexión estrecha entre v. 23 y v. 24. Interpretado de este modo, diciendo que
Zacarías regresó a casa después de terminado su período de servicio, el v. 23 adquiere más
significación que si fuera el final de un pequeño párrafo. Más bien, Zacarías fue a su casa y
Elisabet quedó encinta.
La concepción de Juan hace que uno recuerde la concepción de Isaac (Gn. 21:1, 2). Fue
necesario un milagro para abrir la matriz de Sara (Heb. 11:11, 12). Este fue también el caso
de Elisabet (Lc. 1:7, 18, 36, 37). En forma similar, fue necesario un milagro para dar a
Abraham la potencia para depositar la simiente en ella (Ro. 4:19). En vista de Lc. 1:7, que
indica que Zacarías era “viejo”, ¿no fue también el resultado de un milagro la restauración de
su poder de reproducción?
En el caso de María y su hijo Jesús, el milagro fue aun más asombroso. Físicamente
hablando, su hijo Jesús no tuvo padre humano. Dios fue su padre, María su madre. Véase
más al respecto en el comentario sobre Lc. 1:35.
Elisabet concibió porque las promesas de Dios nunca fallan. Luego ella se recluyó durante
cinco meses. No se da la razón de ello. Algunos dicen que su conducta era “según la
costumbre”. Sería mejor explicar su reclusión a la luz del contexto que sigue. En conexión
con v. 7 se mostró que mucha gente consideraba la esterilidad como una señal del desprecio
divino. Así surge el pensamiento (especialmente en relación con v. 25) que ella decidió no
aparecer nuevamente en público hasta el momento en que la gente pudiera ver que el Señor
la había mirado favorablemente y había quitado de ella la (injusta) “desgracia” de si
esterilidad. El hecho de que no solamente comprende sino confiesa abiertamente que su
69
preñez fue una bendición divina otorgada por gracia muestra que ella era ciertamente una
mujer muy devota.
[p 92] Lecciones prácticas derivadas de Lc. 1:5–25
V. 5 “Su esposa era también descendiente de Aarón”. La compatibilidad es esencial para que
haya felicidad en el matrimonio.
V. 6 “Justos ante los ojos de Dios”. Aunque la “reputación” ante los hombres no debe ser un
asunto indiferente, lo más importante es la “justicia” ante los ojos de Dios.
“Observando todos los mandamientos y ordenanzas del Señor”. La ley moral de Dios debe
ser aplicada a las situaciones actuales de la vida.
V. 7 “Sin embargo, no tenían hijos”. “La extrema incapacidad del hombre es la oportunidad de
Dios”.
Vv. 8–10 “Elegido para quemar el incienso”. El descenso de las lluvias (de bendición) requiere
que ascienda el incienso (de la acción de gracias y la oración).
“Toda la congregación reunida … orando”. La oración es para los muchos, por los muchos.
No debe convertirse en un monopolio.
Vv. 11, 12 “Entonces se le apareció un ángel del Señor”. Aunque generalmente no los vemos,
los ángeles están aquí. Están interesados en el establecimiento del reino de Dios sobre la
tierra.
V. 13 “Zacarías … tu petición ha sido oída”. Las tardanzas de Dios no son negaciones.
“Nada es demasiado tarde
hasta que el corazón de palpitar se canse”
(Longfellow)
V. 14 “Muchos se regocijarán en su nacimiento”. Es bueno llorar con los que lloran. ¿Puede
ser que gozarse con los que se gozan sea igualmente bueno?
V. 15 “Será grande ante los ojos del Señor”. La insignia de la verdadera grandeza es la
humildad (cf. Lc. 9:46–48).
“Lleno del Espíritu”. El entusiasmo proveniente de la embriaguez deja un amargo sabor.
La energía derivada de la transformación trae una recompensa perdurable.
V. 16 “A muchos de los hijos de Israel hará volver al Señor su Dios”. El que gana almas es
sabio”.
[p 93] V. 17 “Para volver los corazones de los padres a los hijos”.
Entra el amor de Dios,
Sale la brecha generacional.
A fin de preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto”. La salvación empieza con Dios.
También termina con él.
Vv. 18–20 “¿Cómo puedo estar seguro de esto?” El escepticismo con respecto a las promesas
de Dios es inexcusable.
“Permanecerás mudo … hasta el día que estas cosas acontezcan”. La justicia de Dios se ve
temperada con la misericordia.
Vv. 23–25 “Así es como me ha tratado el Señor”. Las bendiciones no solamente deben ser
relatadas. Deben ser atribuidas al Dador, para que pueda haber reconocimiento y acción de
gracias.
70
En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a Nazaret, aldea de Galilea, 27 a una virgen
26

comprometida para casarse64 con un hombre llamado José, de la casa de David. El nombre de la
virgen (era) María. 28 Entrando, él le dijo: “Te saludo, muy favorecida; el Señor es contigo”. 29 Ella se
turbó mucho por sus palabras y se preguntaba qué clase de saludo podría ser este.
30 Pero el ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado favor delante de Dios. 31 Y, mira, tú

concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás el nombre Jesús. 32 El será grande y será
llamado el Hijo del Altísimo. Y el Señor Dios le dará el trono de su padre David. 33 El reinará sobre la
casa de Jacob para siempre, y su reino nunca tendrá fin”.
34 María dijo al ángel: “¿Cómo será esto? Porque no vivo con un marido”.
35 El ángel respondió: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su

sombra. Por eso también el santo ser que te nacerá será llamado el Hijo de Dios. 36 Y fíjate, tu parienta
Elisabet, aun ella ha concebido un hijo en su vejez. De hecho, este es el sexto mes para ella a quien
llamaban estéril. 37 Porque para Dios nada es imposible”.
María dijo: “Heme aquí, la sierva del Señor. ¡Hágase conmigo según tu palabra!” Y el ángel se fue
38

de ella.
1:26–38 Predicción del Nacimiento de Jesús
De la predicción del nacimiento del heraldo, en este “relato ordenado”, el escritor ahora
procede a relatar la predicción del nacimiento de Aquel anunciado por el heraldo:
26, 27. En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a Nazaret, aldea de
Galilea, a una virgen comprometida para casarse con un hombre llamado José, de la
casa de David.
[p 94] Era el sexto mes del embarazo de Elisabet (v. 36). Gabriel, el mismo ángel que había
predicho el nacimiento de Juan, ahora es enviado a Nazaret, aldea de Galilea.
Esta pequeña aldea está situada en un lugar pintoresco, en una de las laderas más
meridionales de la cadena montañosa del Líbano; o, para describirla en forma diferente, en el
extremo norte de la fértil llanura de Esdraelón. Está ubicada cerca del meridiano 35 grados
este, y, como Bagdad, Nagasaki y Augusta (Georgia, EE.UU.), casi en los 33º latitud norte. A
unos 24 kilómetros de Nazaret, hacia el este, está el extremo sur del mar de Galilea, y 35
kilómetros al oeste de Nazaret está el mar Mediterráneo. Cerca, hacia el este por sureste de
Nazaret, está el monte Tabor, cono simétrico, situado en la conjunción de los antiguos
territorios de Neftalí, Zabulón e Isacar.
Fue a esta pequeña aldea en Galilea (véase Is. 9:1, 2; cf. Mt. 4:15, 16) que fue enviado
Gabriel, porque aquí vivía María, virgen prometida en matrimonio a un hombre de la misma
aldea llamado José, quien, al igual que María, era de la casa de David.
A medida que se desarrolla la historia del evangelio, Nazaret va a ser mencionada
repetidas veces. En Lucas, véanse también 2:4, 39, 51; 4:16; en otros libros, Mt. 2:23; 4:13;
21:11; Mr. 1:9; Jn. 1:45, 46; Hch. 10:38.
Con serena dignidad y con diligencia digna de elogio, como la que uno atribuye a los
ángeles, fue que Gabriel había llevada a cabo su misión a Zacarías. Había entregado un
mensaje de gozo y alegría. Sin embargo, la recepción que se le dio a él y a su buena noticia no
había sido del todo favorable. La reacción había sido, “¿Cómo puedo estar seguro de ello?” Y
ahora el mismo Gabriel recibe otra comisión. Desde un punto de vista terrenal el mensaje que
ahora debe entregar es todavía más increíble.
Finalmente ha llegado el gran momento que todas las generaciones precedentes habían
estado esperando. El Mesías está por hacer su aparición y Gabriel ha recibido la orden de

64
O: prometida a.
71
anunciar su inminente advenimiento, que ocurrirá por medio de la concepción y el
nacimiento.
Además, esta concepción va a ser única, de un modo que jamás ha ocurrido y nunca más
volverá a suceder. ¡Va a producirse dentro de la matriz de una virgen! La futura madre, a
quien se va a dar la promesa de la encarnación del Salvador del mundo (Mt. 1:21; Jn. 4:42; 1
Jn. 4:14), el Rey de Reyes y Señor de señores (Ap. 19:16; cf. 17:14), está viviendo en …
¿Roma indudablemente? ¡No! ¿En Jerusalén, entonces? ¡No! ¡En Nazaret, una pequeña aldea
de Galilea, que algunos juzgan con desprecio (Jn. 1:46), y que ni siquiera se ha mencionado
en el Antiguo Testamento. ¿Y la matriz que llevará este tesoro, el más grande de todos es la
de una princesa? ¡No! ¡Es la de una virgen comprometida para casarse con el carpintero de la
aldea! Cf. Is. 55:8, 9.
[p 95] Sin embargo, aunque en comparación con la comisión llevada a cabo hace seis
meses ésta podría ser recibida con escepticismo aun más frío, Gabriel obedece
inmediatamente.
En todo lugar las Escrituras enfatizan la santidad de los ángeles buenos, su rendición
incondicional a la voluntad de Dios, mientras en actitud de sublime adoración están en su
reverencial presencia, prestos a llevar a cabo instantáneamente sus órdenes (Sal. 103:21;
148:2; Is. 6:1–4). El lema de ellos es siempre: “Preparado para hacer tu voluntad, oh, Señor”.
En la forma descrita por Ezequiel, cada querubín tiene cuatros rostros y la carroza
“manejada” por ellos tiene ruedas dentro de ruedas. En otras palabras, los mensajeros
angélica están preparados y deseosos de moverse en cualquier dirección que su Soberano
desee. ¿No da cierta luz a la tercera petición del Padre Nuestro: “Sea hecha tu voluntad, como
en el cielo, así también en la tierra”?
El mensaje de Gabriel debía ser entregado a “una virgen comprometida para casarse con
un hombre llamado José, de la casa de David”. En cuanto al concepto virgen, véase nota
sobre v. 27 al final de esta seccion. Aunque esta virgen estaba “comprometida” con José, esto
es, le había sido prometida en presencia de testigos en ceremonia solemne, la fiesta de bodas
aún no se había celebrado, y aún no vivían juntos en la relación matrimonial. Todo eso era
una cuestión aun futura, en conformidad con las costumbres de la época. Como ya se ha
indicado, José, el futuro marido, que en sentido anticipado y podía ser llamado “esposo” (Mt.
1:19) era, como María, descendiente de David, según lo declara en forma específica Lucas, no
solamente aquí, sino también en 2:4, y como lo muestra con detalle Mateo (1:1–17).
El nombre de la virgen (era) María. Esta María debe ser distinguida de las otras mujeres
que llevaban ese nombre: (a) la madre de Juan Marcos (Hch. 12:12); (b) María de Betania (Lc.
10:42; Jn. 11:1); (c) La madre de Jacobo y José, que parece haber sido la esposa de Cleofas
(Mt. 27:61); y (d) María Magdalena (Lc. 8:2).
Además de lo dicho acerca de María, la madre de Jesús, en los relatos de la infancia (Mt.
1:18, 23–25; 2:11, 14, 19–21; Lc. 1:26–56; 2:1–20, 27, 33–35, 41–51), véanse otras
referencias a ella en Mt. 12:46–50; Jn. 2:1–11; 19:25–27; Hch. 1:12–14; y Gá 4:4.
Antes de entrar en detalles sobre vv. 28–30, que relatan la reunión de Gabriel y María,
sería bueno dar un breve vistazo al conjunto.
Se incluyen los siguientes puntos:
a. La amable salutación del ángel (v. 28).
b. El temor y la perplejidad de María (v. 29).
c. Las palabras tranquilizadoras del ángel. Su promesa que María va a concebir y a dar a
luz un hijo muy especial (vv. 30–33).
72
[p 96] d. La explicación solicitada por María, puesto que ella no está viviendo con un
marido y, por lo tanto, no entiende cómo, en su condición actual, puede ella concebir un hijo
(v. 34).
e. La reconfortante respuesta del ángel (vv. 35–37).
f. La valiente expresión de sincera rendición, después de lo cual el ángel se va (v. 38).
¡Con qué belleza se encuentran engastadas las reacciones preliminares de María—puntos
b. y d.—entre las palabras angélicas de aliento y aclaración! El corazón de Gabriel está en su
trabajo. El ama a María. Por su parte, él está haciendo solamente lo que Dios le ha dicho que
haga y solamente está diciendo lo que Dios le ha ordenado que diga. Por lo tanto,
debidamente considerada, la historia revela el maravilloso amor de Dios. El clímax, a saber,
la expresión de María de una incondicional sumisión a Dios y su voluntad, es también todo lo
que uno pudiera desear.
A menos que se dé este vistazo a vuelo de pájaro al principio y se le tenga presente en todo
el análisis, uno podría dejar de ver el bosque a causa de los árboles.
28. Entrando, él le dijo: Te saludo, muy favorecida, el Señor es contigo. Como se ve a
partir de la expresión entrando (es decir, como un amigo, familiar o vecino entraría por la
puerta) y la familiar palabra de salutación, Te saludo, desde el comienzo mismo el ángel está
tratando de crear un ambiente de tranquilidad.
Gabriel continúa: “muy favorecida”. Aquí la versión latina de Jerónimo (La Vulgata) dice
gratiae plena, llena de gracia, que no es una mala traducción a menos que se interprete
erróneamente como si significase: “María, estás llena de gracia, la que está a tu disposición
para otorgarla a otros”. El verdadero sentido es: “Estás llena de la gracia que has recibido …
en un sentido único eres una persona divinamente favorecida”. El contexto inmediato prueba
que esta interpretación es correcta, porque el ángel añade: “El Señor es contigo”.
29. Ella se turbó mucho por sus palabras y se preguntaba qué clase de saludo podría
ser este. A pesar de la cordial entrada del ángel, María estaba asustada. Experimentó un
temor momentáneo. ¿Por qué? Con toda probabilidad porque ella, aunque era una joven de
un excelente carácter moral y espiritual, era pecadora, y ahora estaba inesperadamente cara
a cara con un ser fuerte, resplandeciente y sin pecado. Es verdad que el pasaje no menciona
esta causa de su alarma, pero eso no es una buena razón para negarla (como lo hacen
algunos comentaristas). Es seguro que Lucas no consideró necesario afirmar lo que era del
todo obvio.
No obstante, el evangelista llama la atención al hecho de que María estaba turbada por las
palabras” del ángel. Ella sabía que era sólo una joven de baja posición social—véanse vv. 48,
52 b—y por lo tanto no podía comprender cómo era posible que se le hablara a ella con
palabras [p 97] tan elevadas. ¿Qué? ¿Ella señalada por el Señor como el objeto de un favor
muy especial? El sólo pensarlo la perturbaba.
¿Se olvidaba María de Sal. 38:6: “Aunque Jehová es excelso, atiende al humilde”? Y en Is.
57:15:
“Porque así dijo el Alto y Sublime,
el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo:
Yo habito en la altura y la santidad,
y con el quebrantado y humilde de espíritu,
para hacer vivir el espíritu de los humildes,
y para vivificar el corazón de los quebrantados”?
73
30. Pero el ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado favor delante de Dios.
También a Zacarías el ángel había dicho: “No temas”. Como se ha mostrado en relación con v.
13, esta palabra de aliento hace oír su canto a través de las Escrituras. La expresión
siguiente también—a saber, “Has hallado favor delante de Dios”—es esencialmente una
explicación adicional de “muy favorecida, el Señor es contigo”. Un pasaje interpretativo muy
hermoso es Is. 43:4: “Te amo”. ¿No es la gracia o el favor de Dios su amor hacia el que no lo
merece?
En este caso, el contenido o sustancia de este alto favor se declara por parte del ángel en
vv.
31–33. Y mira, tú concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás el nombre
Jesús.
El será grande y será llamado el Hijo del Altísimo. Y el Señor Dios le dará el trono de
su padre David.
El reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino nunca tendrá fin.
Estos pensamientos, simétricamente ordenados, constituyen un clímax; esto es, en esta
pequeña serie de tres líneas, la segunda añade significación a la primera, y la tercera
fortalece la primera y la segunda. En breve, las tres líneas encierran lo siguiente:
a. María, tú tendrás un hijo, Jesús (v. 31).
b. Este hijo será verdaderamente grande, el Hijo del Altísimo, y recibirá el trono de David,
su padre (v. 32).
c. Su reino nunca tendrá fin (v. 33).
En cuanto a (a).
Nótese la semejanza entre este versículo e Is. 7:14. Aquí también, como ocurre
generalmente, la expresión He aquí (Mira, en el v. 31) introduce una declaración
sorprendente: María, la virgen, va a concebir y a dar a luz un hijo.
Es ella quien va a poner nombre al hijo. En Mt. 1:21 es José. Eso constituye una perfecta
armonía, como ocurre también en el caso de Zacarías y Elisabet (1:60, 63).
[p 98] En cuanto al nombre Jesús, no se explica en Lucas sino en Mateo: “porque él
salvará a su pueblo de sus pecados”. Véase C.N.T. sobre Mt. 1:1; 1:21. Los siguientes pasajes
arrojan más luz sobre el significado del nombre Jesús y sobre la obra que el Padre le dio que
hiciese: Mt. 11:27–30; Lc. 19:10; Jn. 3:16; 14:16; Hch. 4:12; 5:31; 13:23, 38; Ro. 5:1, 2; 2 Co.
5:21; Heb. 7:25; Ap. 1:5.
En cuanto a (b):
Gabriel informa a María que su hijo será grande. Entre los muchos pasajes que revelan
esta grandeza están Is. 6:3 (a la luz de Jn. 12:41); 9:6, 7; y 61:1–3 (véase Lc. 4:16–21). Los
salmos también proclaman este hecho en forma profética (110:1, 2; 118:22, 23). El Nuevo
Testamento está lleno de evidencia corroborativa: Mt. 7:28, 29; 9:26, 33; 14:33; Lc. 4:32, 36;
8:25, 49–56; Jn. 20:30; Hch. 4:12; Ro. 9:5; Ef. 1:20–23; Fil. 2:9–11; Col. 2:9; 1 Ti. 3:16; Heb.
8:1, 2; Ap. 1:5–7; 17:14; 19:16.
En realidad, este niño será llamado—esto es, será realmente y será reconocido como tal—
“el Hijo del Altísimo”. Además de Lc. 1:32, el médico amado usa este título divino en Lc. 1:35,
76; 6:35 y Hch. 7:48; además en citas de los endemoniados en Lc. 8:28 (Cf. Mr. 5:7); Hch.
16:17.
El primer uso de la designación que enfatiza la majestad de Jehová y su soberanía se
encuentra en Gn. 14:18 (“Era sacerdote del Dios Altísimo”; hebreo:’el elyon). Cf. Heb. 7:1. En
74
el Antiguo Testamento este título, o sencillamente el Altísimo, aparece con frecuencia. Véanse,
p. ej.: Dt. 32:8; 2 S. 22:14; Sal. 7:17; 9:2; 21:7; 46:4; 47:2; Lam. 3:35, 38; Dn. 4:17, 24; 5:18,
21; 7:18.
La “grandeza” que se atribuye proféticamente en Lc. 1:32 al hijo de María, que es llamado
“el Hijo del Altísimo”, es más notable porque se va a combinar con la humildad y la
disposición del Excelso a sacrificarse por la salvación de los pecadores. Por tanto, al hacer
una lista de los pasajes que testifican de su grandeza uno debiera referirse no solamente a Is.
53:12a, sino también a Is. 53:12b; no solamente a Mt. 11:27, sino también a 11:28–30 y
12:17–21; no solamente a Mt. 28:18–20, sino también a 20:28 (cf. Mr. 10:45).
Para cumplir la profecía (2 S. 7:11b–13; véanse también Sal. 89:4, 29, 35–37; 132:11; Is.
9:6, 7; 16:5; Jer. 23:5, 6; Ap. 5:5) el Señor le daría a Jesús “el trono de su padre David”. La
profecía, que se encuentra en 2 S. 7:11b–13, se iba a cumplir en Jesús. En relación con esto,
nótese que su descendencia de David, según su naturaleza humana, también se confirma
aquí (Lc. 1:32) en forma muy definitiva. Entre los muchos otros pasajes que prueban esto
mismo ya se han mencionado algunos (además de 2 S. 7:11b–13, especialmente Sal. 132:11;
Jer. 23:5, 6; y Ap. 5:5); otros son Mr. 12:35; Lc. 18:38 y Ro. 1:3. Véase sobre Lc. 1:69.
[p 99] En cuanto a (c):
No sólo va a tener un hijo María, y no sólo va a ser grande, el Hijo del Altísimo, a quien
Dios dará el trono de su padre David, sino que en tercer lugar, el reino de este Jesús durará
para siempre: reinará sobre la casa Jacob para siempre; su reino nunca tendrá fin.
Sería innecesario afirmar que en conformidad con al explicación propia de nuestro Señor,
no es un reino terrenal o político lo que se tiene en vista aquí, sino más bien un reino o
reinado de la gracia y la verdad establecida en los corazones y en las vidas de todos aquellos
que tienen al Dios de Jacob como su refugio (Sal. 46:7, 11). Véanse Lc. 17:21; Jn. 6:15;
18:36, 37; Hch. 1:6–8. En las palabras del apóstol Pablo, este reino es uno de “justicia y paz y
gozo en el Espíritu Santo” (Ro. 14:17). Su manifestación externa final será “el nuevo cielo y la
nueva tierra” y todas las bendiciones que van con este universo gloriosamente renovado.
Véase también C.N.T. sobre Mt. 4:23.
La declaración de Gabriel, “y su reino nunca tendrá fin” (literalmente, “y de su reino no
habrá fin”), debe tomarse en el sentido pleno de la palabra:
Cuando diez mil años hayamos pasado
resplandecientes como el sol,
no tendremos menos días que al principio65
para, cantando, alabar a Dios
John Newton
Ahora, la segunda reacción de María:
34. María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? Porque no vivo con un marido. Se recordará
que cuando Gabriel dijo a Zacarías que la esposa de éste, Elisabet, iba a tener un hijo, el
sacerdote respondió: “¿Cómo puedo estar seguro de esto?” Su respuesta equivalía a un “no lo
puedo creer”. Por otra parte, María no es culpable de falta de fe. Ella cree (véase v. 45), pero
está turbada, perpleja, confundida. Ha interpretado correctamente el mensaje del ángel que
quiere decir que sin la participación de un marido ella va a concebir un hijo. Hasta aquí está

65
En general, Lenski nos ha dado una excelente explicación de Lc. 1:30–33. Sin embargo, en la p. 45 afirma que el tiempo
concebido como una “sucesión de momentos” va a terminar. Uno encuentra este pensamiento con frecuencia en los comentarios de
Lenski. Quienes aceptan este punto de vista lo basan en Ap. 10:6. Esta interpretación del pasaje es errónea, como lo he mostrado
en mi libro La Biblia y la vida venidera, T.E.L.L., pp. 96–98.
75
bien. ¿Pero cómo iba a ser esto posible? La concepción sin inseminación era algo desconocido
entre los humanos.
[p 100] Aunque la respuesta que recibió María dejaba aún ciertas dudas sin responder,
contenía todo lo que ella necesitaba saber por el momento:
35. El ángel respondió: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te
cubrirá con su sombra. Así el ángel deja muy en claro a María que su concepción será el
resultado de una acción divina y no de una acción humana.
La respuesta se expresa en la forma de paralelismo sinónimo, de modo que “el Espíritu
Santo” se hace equivalente con “el poder del Altísimo” y “vendrá sobre ti” con “te cubrirá con
su sombra”. El sentido resultante es: El Espíritu Santo, que es persona, producirá esta
maravilla en el seno de María al ejercer su poder divino.
La actividad aquí descrita como “vendrá sobre” o “cubrirá con su sombra” es relacionada
por la mayoría de los comentaristas, con la Shekinah (nube de luz) gloriosa que manifestaba
la presencia de Jehová desde sobre el arca del pacto y entre los dos querubines de oro (Ex.
25:22; cf. 40:34–38). Véanse también Is. 60:2; Mt. 17:5; Lc. 2:9; Ro. 9:4. Es probable que esta
referencia sea legítima. No obstante, hay algo que quizás deba añadirse. El hacer sombra o
cubrir de que habla Lucas aquí, no es estático sino activo. Es creativo, productivo. Hace que
María conciba un hijo. Por lo tanto, nuestros pensamientos también se ven dirigidos—y
quizás en forma especial—hacia el Espíritu de Dios que se mueve creativamente sobre las
aguas en el tiempo de la creación (Gn. 1:2). En relación con esto mismo, véase Sal. 104:30,
donde se expresa la idea poéticamente en la línea: “Tu Espíritu, oh Dios, hace abundar la
vida”. La sombra del Espíritu, por lo tanto, no solamente protege, sino también crea. Produce
la concepción dentro de la matriz de María.
La conclusión es muy lógica: Por eso también, el santo ser que te nacerá será llamado
el Hijo de Dios. ¡No de José, sino de Dios!
¿Significa esto que ahora Gabriel ha dejado todo perfectamente claro a María? Por cierto
que no. Como cualquier persona que haya seguido un curso de embriología humana lo sabe,
aun la concepción “ordinaria” en el seno de una mujer está velada por el misterio. Véase Sal.
139:13–16. Así que esta concepción única en su género, por medio de la cual el Verbo de Dios
preexistente asume la naturaleza humana es algo que sobrepasa toda comprensión humana.
Ni Dios ni Gabriel exigen a María que comprenda todo. Lo que de ella se requiere es
solamente esto: que crea y se someta gustosamente.
A fin de fortalecer su fe el ángel ahora dirige la atención de María a lo que ella bien podría
considerar otro “milagro”, a fin de que de la aceptación de “lo milagroso, pero no único” (v. 36)
su fe pueda avanzar a la aceptación de lo que es “milagroso y único”:
36. Y, fíjate, tu parienta Elisabet, aun ella ha concebido un hijo en su vejez. De
hecho, éste es el sexto mes para ella, a quien llamaban estéril.
[p 101] Nótese lo siguiente:
a. Como se ha indicado, la concepción de Juan fue en un sentido milagrosa. Fue un
milagro que esto pudiera sucederle a personas de edad tan avanzada. Sin embargo, no era un
caso único. Podía compararse con la concepción de Isaac. Por otra parte, la concepción de
Jesús era milagrosa en forma única porque ocurrió sin la contribución de varón humano.
Entonces, si el Dios todopoderoso puede producir la concepción de Isaac y Juan, ¿no podrá
hacer también lo que es aun más milagroso?
b. “Elisabet tu parienta”. Mucho se ha escrito sobre esto. Casi increíblemente, algunos
han llegado a la conclusión que ya que Elisabet era descendiente de Aarón y por lo tanto de
76
Leví (v. 5), y dado que María era su parienta (v. 36), se sigue que María ¡no era de la tribu de
Judá! El paso siguiente también lo dan diciendo que Jesús no venía de Judá.
Comentario. Se ha mostrado ya—véase sobre v. 32—que según la enseñanza uniforme de
la Escritura, en su naturaleza humana Jesús sí era descendiente de David y Judá. Además,
dados dos antepasados—Judá antepasado de María y Leví de Elisabet—es ciertamente
concebible que un pariente anterior o lateral de María o de Elisabet se había casado con un
descendiente de otro antepasado. El resultado sería que hasta cierto punto las tribus se
mezclarían, de modo que en el caso presente, María que pertenece ciertamente a la tribu de
Judá, y Elisabet, que era también definidamente descendiente de Leví, podían ser parientes
por vínculo sanguíneo. Mientras escribe esto, el autor está pensando en cierto ministro del
evangelio, ya jubilado, que es caucásico por parte de madre y padre. Sin embargo, tiene
primos, con vínculos sanguíneos, ¡que además de ser caucásicos son en parte chinos,
malayos y etíopes! En realidad, el hecho de ser María descendiente de David y de Judá y su
parienta Elisabet descendiente de Aarón y Leví no ofrece ninguna dificultad.
c. “ha concebido en su vejez. En realidad, este es el sexto mes”, etc. Dado que durante ese
mes el feto crece y gana en peso con rapidez, pronto se iba a hacer evidente para todo el
mundo el estado de preñez de Elizabet. Véase arriba sobre v. 24. Se ha sugerido que Gabriel,
al informar a María acerca del estado de Elisabet, está sugiriendo que ella le haga una visita
a su parienta. Al hacer esto, puede ver por sí misma que “Jehová nuestro Dios … hace que la
estéril … se goce en ser madre” (Sal. 113:9).
37. Porque para Dios nada es imposible. El puede hacer todo lo que quiera hacer (Gn.
18:14; Sal. 115:3; Jer. 32:17; Dan. 4:35; Mt. 19:26; Mr. 10:27; Lc. 18:27; Ef. 1:19; 3:20). Por
lo tanto, él podía dar un hijo a Zacarías y Elisabet aun cuando ambos ya hubieran desechado
la esperanza de tener uno. Y, en consecuencia, también podía cumplir la promesa a María,
sin ninguna ayuda de José.
38. María dijo: Heme aquí, la sierva del Señor. ¡Hágase conmigo según tu palabra! En
lugar de “sierva” o “sirvienta”, algunos insisten [p 102] en la traducción “esclava”. La mayoría
de los traductores y expositores han llegado a la conclusión que en el presente contexto esa
traducción no sería apta.66
Esta conclusión está basada en el hecho de que la palabra esclava generalmente la
asociamos con las ideas de sumisión forzosa, servicio no voluntario, y (frecuentemente) trato
duro. Por otra parte, la reacción final de María fue lo contrario. “Hágase conmigo según tu
palabra”, hace que uno recuerde la actitud humilde y completamente rendida del “Siervo” en
los grandes pasajes de Isaías sobre el “Siervo” (42:1–9; 49:1–9a; 50:4–11; y 52:13–53:12). Ella
es la “sierva del Señor” y está deseosa de servirle, dispuesta a hacer su voluntad y ser usada
para llevar a cabo sus propósitos.
En vista de la historia relatada en Mt. 1:18, 19, esto no era fácil. María sabía que el hecho
de quedar encinta en este momento en particular, antes de la consumación de su matrimonio
con José, la expondría a una crítica dolorosa y al ridículo; quizás a algo peor (véase Dt.
22:23s). Pero ella hizo un acto de completa rendición. Se puso ella, cuerpo y alma, a
disposición del Dios que la amó y que, por medio de esta embarazo y parto prometidos estaba
otorgándole una bendición incalculable.
La misión de Gabriel se había cumplido cabalmente. Así que ahora no nos sorprende leer:
Y el ángel se fue de ella.
Lecciones prácticas derivadas de Lc. 1:26–38

66
Entre las versiones que la han evitado se cuentan: V.R.V. 1960, Versión Moderna, Nácar Colunga, que tienen “sierva” o
“sirvienta”. En favor de “esclava”, Biblia de Jerusalén, Moderna Versión (católica), Herder, y Taizé.
77
Vv. 26, 27 “Gabriel fue enviado por Dios a Nazaret … a una vírgen”. El hombre mira la
apariencia exterior, pero Dios mira el corazón (1 S. 16:7b).
Vv. 28–30 “Muy favorecida … has sido favorecida por Dios”. De principio a fin nuestra
salvación es obra de Dios, el producto de su gracia o favor.
V. 31 “Llamarás su nombre Jesús”.
Conozco un Nombre, precioso Nombre
Jean Perry
Vv. 32, 33 “Será grande … y su reino nunca tendrá fin”.
“Trono y coronas pueden perecer,
De Jesús la iglesia constante ha de ser”.
Firmes y Adelante de
Sabine Baring-Gould.
[p 103] V. 35 “El santo ser que te nacerá … Hijo de Dios”. Para la salvación del hombre fue
necesario que el Salvador fuese (a) hombre, (b) sin pecado, (c) Dios. Este pasaje muestra que
Jesús era y es las tres cosas; por lo tanto, él es el perfecto Salvador.
Vv. 36, 37 “Elisabet … ha concebido en su vejez … Porque para Dios nada es imposible”.
Castillo fuerte es nuestro Dios,
Defensa y buen escudo, etc.
Martín Lutero
V. 38 “Heme aquí, la sierva del Señor”, etc. Aunque María no comprendió completamente
todo, ¡creyó! La fe consiste en encomendar el camino de uno al Señor, confiando en él,
sabiendo que él hará lo mejor (Sal. 37:5). Véanse otras descripciones de la fe en C.N.T. sobre
Mr. 11:22, 23.
39 En este tiempo, María fue de prisa a una aldea en la región montañosa de Judá, 40 donde entró

al hogar de Zacarías y saludó a Elisabet. 41 Cuando Elisabet oyó el saludo de María, el niño saltó en su
matriz. Elisabet fue llena del Espíritu Santo, 42 y en voz alta exclamó:
¡Bienaventurada eres entre las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre!
43 Pero, ¿cómo se me concede esto a mí,
que me venga a mí la madre de mi Señor?
44 Porque en cuanto llegó a mis oídos
la voz de tu saludo,
el niño dentro de mi matriz saltó de gozo.
45 Y bendita es la que creyó,
porque habrá un cumplimiento de las palabras
que le habló el Señor.67
1:39–45 María visita a Elisabet

C.N.T. G. Hendriksen, Comentario del Nuevo Testamento


67
O: … la que creyó que habrá un cumplimiento, etc.
78
39, 40. En este tiempo María fue de prisa a una aldea en la región montañosa de
Judá, donde entró al hogar de Zacarías y saludó a Elisabet. Sin duda la decisión de María
de visitar a su querida y anciana parienta (véase sobre v. 36) y de hacerlo sin demora, fue
precipitada por el mensaje de Gabriel acerca de ella misma (vv. 28–35) y acerca de Elisabet
(vv. 36, 37); sí, y también por el hecho de que en su caso (de María) las predicciones ya se
estaban comenzando a cumplir.
Así que ella se va de prisa a esa parte del sur de Palestina que originalmente había sido
entregada a la tribu del patriarca Judá.68 La [p 104] ciudad principal de esta región
montañosa era Hebrón. El nombre de la aldea donde vivían Elisabet y Zacarías no se
menciona aquí ni en el v. 23.
Entrando a la casa, María saluda a Elisabet. ¿Qué saludo fue este? Algunos creen que fue
un saludo muy amplio. Creen que María, habiendo recibido del ángel Gabriel el anuncio
acerca de la venida del Mesías y de su propia participación en esa venida (véanse
especialmente vv. 30–33, 35, 37), ahora por su parte está transmitiendo a Elisabet este
saludo mesiánico que imparte gozo.69 En favor de esta teoría uno podría argumentar que
habría sido natural para María querer impartir a una amada parienta de su sexo el anuncio
tremendamente importante que había recibido, y que ya estaba comenzando a convertirse en
una realidad histórica, porque María ya estaba encinta (véanse vv. 42, 43). Además, esta
teoría acerca de la naturaleza del saludo dirigido a Elisabet explicaría mucho que de otro
modo permanecería en el misterio; por ejemplo, que Elisabet inmediatamente llama a María
la mujer más bienaventurada del mundo y el hecho de que identifica el fruto del vientre de
María como el Mesías.
Sin embargo, la teoría podría estar abierta a la objeción de que así se está dando a la
palabra salutación (entre amigos y parientes) un sentido mucho más amplio del que
normalmente tiene. Además, si ha de darse una explicación al misterio de la exclamación de
Elisabet (véanse especialmente vv. 42, 43), ¿no la proporciona Lucas mismo cuando dice que
ella estaba “llena del Espíritu Santo”?
Habiendo ahora tributado a esta teoría el respeto que merece, pero con vacilaciones en
cuanto a aceptarla, probablemente tengamos que aceptar la interpretación más corriente,
esto es, que el saludo en referencia consistió de un cariñoso abrazo acompañado de una
pocas palabras de amor genuino.
41. Cuando Elisabet oyó el saludo de María, el niño saltó en su matriz. Elisabet fue
llena del Espíritu Santo.… En esta etapa de la preñez de Elizabet—nótese la expresión el
sexto mes en el v. 36—un movimiento del feto generalmente no se hubiera considerado
desacostumbrado. Sin embargo, en este caso en particular, Elisabet, iluminada por el
Espíritu Santo, interpretó esta acción como una expresión de gozo experimentado por el hijo
aún no nacido. Véase sobre v. 44.
Continuación: 42. y en voz alta exclamó … Lo que Elisabet exclamó a gran voz está
impreso más arriba. Nótese que allí está reproducido en la [p 105] forma de un poema. Por
cierto, se puede considerar propiamente como una reproducción griega de una pieza poética
semita. La estructura de las líneas en paralelismo, tan característica de la poesía hebrea o
aramea y la equilibrada forma y contenido de oraciones ordenadas con nitidez—nótese, por
ejemplo:

68
No se dice por qué Lucas escribe “región de Judá” en vez de decir sencillamente “Judea”. ¿Podrá ser que ya en esta etapa inicial
del relato quiera dirigir la atención del lector al hecho de que Jesús, cuyo precursor era Juan, era un descendiente de Judá; en otras
palabras, que el evangelista esté anticipando la idea que se expresa más claramente en 2:4 y 3:33? Es improbable la sugerencia de
que la Judá presente es realmente “Juta”, al sur de Hebrón (Jos. 15:55; 21:16). Hay que considerar probable que el “Judá” de Lucas
aquí en 1:39 tiene el mismo sentido que tiene en 3:33, donde claramente se refiere a un hijo de Jacob.
69
Véase J. H. van Halsema, “De Groet van de engel en van Maria in Lukas 1”, NedTT, 25 (abril 1971), pp. 186, 187.
79
Bienaventurada eres …
y bendito sea …
Y bendita es …
las señalan como un poema, o, si uno así lo prefiere, una canción, el Canto de Elisabet.
“Cántico” aquí significa composición métrica. Véase sobre 2:13, 14.
Así que esta es la primera de cinco composiciones poéticas con la natividad como tema
central. En las cinco Dios es el objeto de la adoración (1:43, 46–55, 68–73, 78, 79; 2:14, 30–
32). Este sentimiento a veces es acompañado por una expresión de asombro. El espíritu de
humillación ante un Señor tan grande y maravilloso se hace evidente con mucha frecuencia
(1:43, 48, 52, 77–79; 2:29).
Cuando se pregunta, con la debida consideración por lo que estos poemas tienen en
común, ¿Cuál es la característica que distingue cada cántico de los demás?, la respuesta no
es fácil. Esto se debe al hecho de que encontramos aquí una muy agradable mezcla de
diversas actitudes de corazón y mente. Sin embargo, el siguiente es un intento que podría
merecer alguna consideración:

Cinco composiciones poéticas en Lucas

Rasgo
Nombre del cántico Referencia
distintivo

El cántico de Elisabet 1:42b–45 AMOR

El cántico de María 1:46–55 FE

La profecía de Zacarías 1:68–79 ESPERANZA

El canto de los ángeles 2:14 ADORACION

El cántico de Simeón 2:29–32 SUMISION

El cántico de Elisabet
Ella exclamó en alta voz porque su corazón estaba maravillado, lleno de gratitud y por
sobre todo, de amor. No podía refrenarse; en verdad ni siquiera quiso retenerse.
[p 106] Lo que ella exclamó fue:
¡Bienaventurada eres entre las mujeres,
Y bendito es el fruto de tu vientre!
“Bienaventurada” significa más que “feliz”, “Feliz” indica a menudo cómo se siente la
persona; “bienaventurada” indica lo que es. Una persona es bienaventurada cuando descansa
sobre ella el favor de Dios, cuando el Señor se deleita en tal persona. Véase C.N.T. sobre
Mateo, p. 276.
80
“Bienaventurada eres entre las mujeres” es el modo arameo y hebreo de expresar el
superlativo. Así que el sentido es: “María, entre todas las mujeres de la tierra tú eres la más
bienaventurada de todas”. Véase Gram. N.T. p. 660.
“Y bendito es el fruto de tus entrañas” muestra que María está encinta y que no solamente
María, sino también su hijo es objeto de la complacencia del Padre. El hecho de que a través
del ministerio terrenal de Cristo el Padre tuvo especial complacencia en su Hijo se hace
evidente por pasajes como Mt. 3:17 (cf. Mr. 1:11; Lc. 3:22); Mt. 17:5 (cf. Mr. 9:7; Lc. 9:35); Mt.
12:18; Jn. 12:28; 17:24.
43. Pero, ¿cómo se me concede esto a mí,
que me venga a mí la madre de mi Señor?
El hecho de que María fuera a visitar a su parienta Elisabet muestra que estas dos
probablemente se habían conocido con anterioridad. Pueden haber estado en compañía por
un tiempo con motivo de una o más fiestas religiosas. Cf. Lc. 2:44. Pero este pasaje muestra
que en este punto específico de la historia, Elisabet ve a María como algo más que una
parienta o conocida. La mujer de Zacarías llama a María “la madre de mi Señor”.
¿Cómo había descubierto esta verdad Elisabet? ¿Le había dicho María la gran noticia?
Hemos visto que con toda probabilidad el “saludo” como tal no implica necesariamente esto.
¿Reveló el movimiento intrauterino mencionado en vv. 41 y 44 este maravilloso secreto a
Elisabet? Sí, pero no sin la actividad del Espíritu Santo, como lo indica claramente Lucas
cuando dice: “El niño saltó en su matriz. Elisabet fue llena del Espíritu Santo y … exclamó”,
etc.
Nótese la expresión significativa la madre de mi Señor, y compárese con Sal. 110:1 donde
David—otra vez “en el Espíritu” (Mt. 22:43, 44; Mr. 12:36)—usa proféticamente el título (“mi
Señor”) para describir al Mesías venidero. Cf. 1 Co. 12:3.
Elisabet prosigue:
44. Porque en cuanto llegó a mis oídos la voz de tu saludo,
el niño dentro de mi matriz saltó de gozo.
¿Significa este “salto de gozo” que el niño que estaba en el vientre de Elisabet
repentinamente había reconocido la presencia cercana del [p 107] Mesías? Hay quienes
defienden esta teoría. El distinguido comentarista holandés S. Greijdanus, al comentar el v.
44, escribe: “La declaración tiene que ver con una operación del Espíritu Santo que hizo que
el hijo de Elisabet sintiese, experimentase y supiese que la madre del Señor, y dentro de ella
el Señor mismo, estaba presente aquí y ahora, lo cual hizo que el niño saltase hacia el Señor
en una danza jubilosa de gozo”.70 Y luego, “Por medio de esta acción, el hijo de Elisabet
también reconoció su inferioridad en relación con el hijo de María”.71
¿Pero dice realmente o implica esto el relato de Lucas? Más bien parece que el v. 44 (en
conexión con los vv. 40–43 declara e implica solamente lo siguiente: (1) María saluda a
Elisabet. (2) Elisabet oye el saludo. (3) El feto salta de gozo dentro de Elisabet. (4) Elisabet,
llena del Espíritu Santo, responde al saludo. En su entusiasta exclamación ella llama a María
“la mujer más bienaventurada” y expresa con gozo su asombro maravillado de que aquella a
quien llama “la madre de mi Señor” la honre con su visita. (5) Ella interpreta el movimiento

Gram. N.T. A. T. Robertson, Grammar of the Greek New Testament in the Light of Historical Research
70
Het Evangelie naar Lucas (Korte Verklaring der Heilige Schrift), Kampen, 1941, Vol 1, p. 40. De aquí en adelante cuando se
haga referencia a este libro, su título se abreviará Korte Verklaring.
71
Het Heilig Evangelie naar de Beschrijving van Lucas (Kommentaar op het Nieuwe Testament), Amsterdam, 1940, p. 61. De aquí
en adelante, cuando quiera que se haga referencia a este libro, el título se abreviará Kommentaar.
81
del bebé en su vientre como una señal de alegría, evidencia para ella de la presencia “del
Señor” en la matriz de María. Véase más al respecto en el comentario sobre 1:67.
A nuestra parecer probablemente sea mejor no tratar de profundizar más allá de esto, o
tener que aceptar la posibilidad de un conocimiento religioso proposicional de parte de un
feto de unos seis meses aproximadamente. Es bien sabido que en esta etapa de su desarrollo
ya tiene todos los nervios que puede llegar a tener y puede reaccionar normalmente a los
estímulos. En vista del v. 15 se debe añadir que de un modo misterioso, imposible de analizar
más ampliamente, el Espíritu Santo ya estaba activamente presente en el alma del hijo de
Elisabet. Más allá de esto no podemos ir.72 Véase también C.N.T. sobre Jn. 1:31a.
Elisabet añade:
45. Y bendita es la que creyó,
porque habrá un cumplimiento de las palabras
que le habló el Señor.
Aunque la traducción “Y bendita sea la que creyó que será”, etc., es también posible, la
primera traducción tiene lo siguiente en su favor:
[p 108] a. La seguridad positiva que Dios va a cumplir sus promesas a María es una base
más sólida, una razón más válida, para llamarla “bendita” que su propia fe subjetiva en el
cumplimiento de estas promesas.
b. “Bendita es la que creyó” es una expresión más rica que “bendita es la que creyó que”,
etc. La primera traducción más definitivamente que la segunda describe a María como una
mujer de fe.
c. “Bendita es la que creyó” está en armonía con “Bienaventurados los que aun sin ver
son, sin embargo, creyentes” (Jn. 20:29). Véase también Gn. 15:6 (cf. Ro. 4:3; Gá 3:6, 9; Stg.
2:23).
d. En lo que respecta a lo conciso de la fraseología, la bienaventuranza “Bendita es la que
creyó” está más en armonía con las conocidas bienaventuranzas de Lc. 6:20s, cf. Mt. 5:1s.
e. Finalmente, la construcción “Bendita es la que creyó” describe más adecuadamente que
lo hace su alternativa lo que había sido la reacción de María ante el mensaje de Gabriel.
Recuérdese que la reacción había sido: primero, alarma y asombro (v. 29); luego, una
sincera petición de una explicación (v. 34); y finalmente, la completa rendición que
caracteriza a la persona que vive por la norma: “Cree y obedece” (v. 38). En cuanto al resto,
véase nota sobre el v. 45 abajo. En cuanto a … “habrá un cumplimiento”, etc., nótese lo
siguiente: las palabras del Señor (por medio de Gabriel) narradas en 1:31a, 35a (concepción
única) ya habían sido cumplidas, y las promesas contenidas en 31b, 32, 33, 35b (aun no
cumplidas en su mayor parte) iban a llegar a su cumplimiento, como lo demuestran
abundantemente el resto de los Evangelios.
Lo que merece atención especial es este hecho sobresaliente, a saber, que en toda la
exuberante exclamación de Elisabet (vv. 41b–45) nunca aparece la envidia. Después de todo,
Elisabet era mucho mayor que María (cf. 1:7, 18, 36 con 2:5). Sin embargo, esta anciana está
profundamente consciente de su indignidad personal y, ¡con toda sinceridad se goza en el
regocijo de su parienta mucho más joven!

72
¿No corre peligro de errar el intérprete que atribuye conocimiento religioso proposicional a un feto también en su concepto de
“ideas innatas”? Sobre este tema difícil, véase el tratamiento completo de H. Bavinck, Gereformeerde Dogmatiek, 3a̱ edición,
Kampen, 1918, Vol. II, pp. 29–49; o, para los que no saben leer el holandés, véase mi traducción: H. Bavinck, The Doctrine of
God, Grand Rapids, 1955, pp. 41–59.
82
¿Cómo se puede explicar esta ausencia completa de una actitud de mala gana? La
respuesta se encuentra en 1 Co. 13:4: “El amor no tiene envidia”. ¿No es una buena razón
para llamar a este poema “El cántico de amor de Elisabet”?
Lecciones prácticas derivadas de Lc. 1:39–45
Vv. 39, 40 “María fue de prisa … a Elisabet”. La gracia de Dios hace desaparecer la brecha
entre las generaciones.
V. 41 “Elisabet estaba llena del Espíritu Santo”. En esta historia nótense los siguientes
“frutos” del Espíritu: conocimiento, humildad, gratitud, amor.
[p 109] V. 42 “Bienaventurada eres entre las mujeres”. ¡En nuestra legítima oposición al culto
a María (Mariolatría) debemos guardarnos de caer en el extremo opuesto!
V. 43 “Mi Señor”. Si Elisabet así describió a Jesús cuando (en su naturaleza humana) era
todavía un bebé en el seno de María, ¡cuánto más debemos glorificar a Cristo quien murió por
nosotros y vive para siempre para interceder por nosotros! Véase Heb. 7:25.
V. 44 “El niño dentro de mi matriz saltó de gozo”. No se puede cuestionar el hecho de que en
una forma misteriosa, que supera a toda explicación, el Espíritu Santo puede estar
activamente presente en el corazón y vida de un bebé en la matriz. Cf. Lc. 1:15.
V. 45 “Bendita es la que creyó”. No solamente “él” (p. ej., Abraham, Gn. 15:6), sino también
“la”. No sólo “feliz” sino “bienaventurada”. ¿Cuándo creyó María? No solamente cuando la
promesa de Dios llegó al principio de su cumplimiento, sino antes. ¿Qué creyó? Lo que jamás
había ocurrido antes—la concepción sin la intervención de un padre humano—ahora iba a
suceder; que la esperanza de todas las edades llegaría a su cumplimiento, en su etapa inicial,
en la matriz de una humilde virgen judía, esto es, en ella misma. ¿Cómo manifestó su fe en
Dios? Por medio de una entrega voluntaria y completa a Su voluntad. Véase 1:38. ¡Qué tema
para un sermón!
“Habrá un cumplimiento”. Dios es amor (1 Jn. 4:8). Por lo tanto, si sus advertencias se
han cumplido, ¿no se cumplirán sus promesas?
46 Y María dijo:
“Magnifica mi alma al Señor,
47 y se regocija mi espíritu en Dios mi Salvador;
48 Porque ha mirado con favor a su sierva en su humilde estado.
Porque, por cierto desde ahora todas la generaciones me llamarán bienaventurada.
49 Porque el Todopoderoso ha hecho grandes cosas por mí:
Santo es su nombre,
50 Y su misericordia extiende de generación en generación a los que le temen.
51 Obras poderosas ha realizado con su brazo;
dispersó a los que son soberbios en sus más íntimos pensamientos.
52 Ha hecho bajar de (sus) tronos a los gobernantes,
y ha ensalzado a los humildes.
53 A los hambrientos ha llenado buenas cosas,
pero a los ricos ha enviado vacíos.
54 Ha ayudado a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
83
55 como la prometió73 a nuestros padres—
[p 110] (misericordia) a Abraham y su descendencia para siempre”.
56 María permaneció con Elisabet unos tres meses, y luego regresó a su casa.
1:46–56 El Magníficat de María
Es necesario prestar atención a unos pocos puntos introductorios:
1. Este es el famoso “himno de alabanza” de María. Salió de su corazón y sus labios
cuando visitó a Elisabet. Su título popular, El Magnificat, se deriva de la primera palabra del
himno en la versión latina: Magníficat anima mea Dominum, que significa: “Magnifica mi alma
al Señor”.
2. La teoría según la cual habría que atribuir este canto a Elisabet debe desecharse,
porque la evidencia textual para “Elisabet” en lugar de “María” (en 1:46) es tan poca que
puede ser descartada.
3. Se ha dicho que el cántico de María está “lleno” de la oración de Ana (1 S. 2:1–10). Es
verdad que hay un grado de semejanza entre estas dos expresiones de alabanza. Esto no es
extraño. Ambas autoras eran judías devotas. El hijo de Ana nació en respuesta a la oración;
el primogénito de María fue concebido en cumplimiento de la promesa de Gabriel (es decir, de
Dios). Algo maravilloso se iba a escribir acerca del niñito Samuel (1 S. 2:26). Una expresión
casi idéntica se iba a usar con respecto al niño Jesús (Lc. 2:52).
Hay que tener presente un hecho más. El sistema de educación en Israel era tal que desde
su primera infancia los niños eran instruidos en las “sagradas escrituras” (2 Ti. 3:15). Los
padres y los maestros no padecían de fobia a la memorización. Véase C.N.T. sobre 1 y 2
Timoteo y Tito, la sección especial sobre Principios y métodos de educación en Israel, pp. 334–
337. Así que es muy natural que María, en un momento de regocijo, expresaría su alabanza
en un lenguaje bíblico y que, entre otros pasajes, le hayan venido a la mente frases del
cántico de Ana. En el siguiente cuadro se destacan las semejanzas:

El Magnificat de María comparado con el


cántico de Ana

El
Cántico
El Magníficat de María Lucas 1:
de Ana
1 S. 2:

46, 47 1

“Magnifica mi alma al Señor”, etc.

49 2

“Santo es su nombre”

51 4, 9, 10

73
O: dijo a.
84

“Dispersó a los soberbios”

52 8

“Ha ensalzado a los humildes”

53 5, 7

“A los hambrientos ha llenado de buenas


cosas, pero a los ricos ha enviado
vacíos”.

[p 111] Sin embargo, al hacer un examen detenido, se hace claro que los parecidos son
pocos y que la semejanza raras veces es cercana. No hay tal “saturación”. Hay sólo suficiente
semejanza como para creer que María podría haber estado consciente del cántico de Ana.
Si uno busca los precursores de la fraseología usada en el Magníficat, encontrará varios en
los salmos y unos pocos en otros lugares. Una cantidad de esos paralelos son estrechos,
como lo muestra un examen del siguiente cuadro, que no es completo:

El Magnificat de María comparado con otros pasajes


bíblicos

Magnificat de María (Lc. 1) Los Salmos, etc.

46, 47 Sal. 103:1

“Magnifica mi alma al Señor y


se regocija mi espíritu en Dios
mi Salvador”

48

“Porque ha mirado con favor a


1 S. 1:11 (¡esto no es parte del
su sierva en su humilde
cántico de Ana!); Sal. 25; 18
estado”.

49

Con ligeras variaciones, esta


frase se encuentra en muchos
“Santo es su nombre”
salmos: 22:3; 71:22; 89:18;
99:3; 103:1, etc.

50 Sal. 103:17
85

“Y su misericordia extiende de
generación en generación a
los que le temen”

51 Sal. 44:3; 98:1; Is. 53:1

“Obras poderosas ha realizado


con su brazo”

“Dispersó a los que son


Sal. 89:10; Job 12:19
soberbios”

52 2 S. 22:28

“Ha hecho bajar de sus tronos


a los gobernantes”

“y ha ensalzado a los
2 S. 22:18; Job 5:11
humilde”

53 Sal. 103:5; 107:9

“A los hambrientos ha llenado


de buenas cosas”.

54 Sal. 98:3; 147:2, 19

“Ha ayudado a Israel su


siervo”

“Acordándose de su Sal. 25:6; 98:3; 136 (la


misericordia” segunda parte de cada v.)

55

“—como prometió a nuestros


Gn. 12:2, 3; 17:7; 22:15–18;
padres—(misericordia) a
Ex. 2:24; 2 S. 22:51; Sal.
Abraham y su descendencia
105:6–10; Miq. 7:20
para siempre”.

[p 112] 4. El Magnificat se puede dividir en cuatro párrafos o estrofas.74 El arreglo es


lógico, y por lo tanto fácil de recordar.
En la primera estrofa (vv. 46–48) María alaba a Dios por lo que él ha hecho por ella, una
muchacha de humilde nacimiento

74
Véase también A. Plummer, op. cit., p. 31 y otras.
86
En la segunda (vv. 49–50), su acción de gracias y alabanza, habiendo alcanzado un clímax
(“Santo es su nombre”), comienza—por decirlo así—abarcar más territorio. Su horizonte
espiritual se amplía. Del modo en que Dios la favoreció a ella con su misericordia, ahora
asciende a la contemplación de la misericordia divina según se ha revelado “de generación en
generación a los que le temen”.
Como se indica en la tercera estrofa (vv. 51–53), esta misericordia se ve mucho más
claramente cuando se pone en contraste con la severidad de Dios hacia los que no le temen.
La conclusión del Magnificat (cuarta estrofa, vv. 54, 55) es grandiosa. Expresa un
pensamiento que hoy en día se descuida mucho aun en los círculos conservadores, a saber,
que la manifestación de la misericordia de Dios es el cumplimiento de la promesa del pacto
hecha por Dios a los padres, promesa de valor supremo aun en la actualidad para los
creyentes y sus descendientes (Gá. 3:9, 29).
Ahora analizaremos el Magnificat estrofa por estrofa:
La primera estrofa dice así:
46–48. Y María dijo:
Magnifica mi alma al Señor,
y se regocija mi espíritu en Dios mi Salvador;
porque ha mirado con favor a su sierva en su humilde estado.
Porque, por cierto, desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada.
Con su corazón rebosando de gratitud por lo que Dios ha hecho por ella, María dice:
“Magnifica mi alma al Señor”, esto es, proclama la grandeza de Jehová. María hace esto con
alegría y entusiasmo, porque agrega: “Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador”.
Inmediatamente debe dejarse en claro que en estas dos líneas paralelas no puede haber
diferencia—y ciertamente ninguna diferencia de importancia—entre “alma” y “espíritu”. Véase
más al respecto en C.N.T. sobre Marcos, nota 370.
¿En qué sentido llama María a Dios “mi Salvador”? Por cierto, nadie negará que en el
Antiguo Testamento palabras como Salvador, salvar, salvación no siempre se usan en un
sentido estrictamente espiritual. Una persona o un pueblo puede ser salvado no solamente
del pecado sino también de la enfermedad, la muerte, el enemigo, etc. Por ejemplo, [p 113]
véanse 1 S. 11:13; 2 Cr. 20:17; Sal. 22:21; 106:21; 116:8. A veces parece haber una mezcla
de males físicos y espirituales de los cuales es liberado el pueblo de Dios, de modo que Dios
es su salvador en un sentido doble (Is. 63:8, 9; etc.). Además, hay pasajes en que las palabras
en cuestión se refieren exclusiva o por lo menos predominantemente a la liberación del
pecado y a la restauración del favor divino. Véase especialmente Sal. 51:12–14, y examínese
además Sal. 119:81 y Ez. 37:23. ¿Y no indican los siguientes pasajes que por la operación
divina ha sido implantado en el corazón del pueblo de Dios un sentido vivo de pecado y un
profundo deseo de ser librado de él y de ser restaurado a la comunión con Dios? Véanse Is.
1:18; 12:2, 3; cap. 53; Dn. 9:8, 9, 19; Miq. 7:19; Zac. 8:7, 8; 13:1.
Entonces, ¿qué quiere decir María cuando llama a Dios su Salvador? ¿Qué implica el
contexto y el Antiguo Testamento con su trasfondo en cuanto a la respuesta probable? ¿Es
suficiente decir que ella estaba pensando solamente en el hecho de que Dios la había
rescatado del olvido que de otro modo hubiera sido su suerte? Se puede conceder que algo de
eso debe de haber estado incluido en la razón de su exuberante acción de gracias. Nótese el
contexto que muestra que ella estaba consciente de su “estado humilde” y del hecho de que el
Señor la había liberado de ello y que de ahora en adelante todas las generaciones la llamarían
bienaventurada. ¿Pero estaba ella pensando en nada más que eso?
87
Debemos recordar que estamos considerando aquí una hija de Dios de mucha
profundidad espiritual y muy dada a la meditación (Lc. 2:19, 51; Jn. 2:5); que, como se ha
mostrado, los pasajes de “salvación” del Antiguo Testamento de ningún modo excluyen la
liberación del pecado y el deleite en la comunión con Dios; y que, en otro pasaje sobre la
natividad (Mt. 1:21) el ángel de Dios declara: “Llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a
su pueblo de sus pecados”. ¿No establecen estos hechos la respuesta de que María llamó a
Dios mi Salvador en el sentido especialmente espiritual?
María estaba profundamente consciente del hecho de que era una mujer de “humilde
estado”, la “esposa” (Mt. 1:20) de un carpintero de aldea. En los ojos de muchos ella
probablemente era considerada como alguien a quien difícilmente Dios hiciera objeto de su
special favor. No obstante, de ahora en adelante no solamente Elisabet (véase v. 42) sino
todas las generaciones la llamarían bienaventurada.
Una “generación”, en el sentido en que se usa aquí, significa un número de personas que
constituyen un peldaño en la escala de descendientes, un grupo de contemporáneos. Además,
María no dice que todas las generaciones la van a considerar mediadora, y como tal un objeto
legítimo de hiperdulía (veneración de la virgen María como la más santa de las criaturas). Lo
que quiere decir es que todas las generaciones van a alabar a Dios por el modo maravilloso en
que la ha honrado.
[p 114] La segunda estrofa prueba esto:
49, 50. Porque el Todopoderoso ha hecho grandes cosas por mí:
Santo es su nombre.
Y su misericordia extiende de generación en generación a los que le temen.
En el espíritu del Sal. 71:19, María reflexiona en las grandes cosas que Dios, aquí con
razón llamado “el Todopoderoso”, había hecho por ella. ¿No la había ensalzado de su humilde
estado otorgándole el más alto honor que se pueda concebir, a saber, ser la madre del
Mesías, en lo que respecta a su naturaleza humana? ¿No había realizado en ella el milagro de
la partenogénesis, una concepción sin la fecundación de un óvulo femenino por una célula
masculina? ¡Cuán maravilloso es el poder de Dios!
Pero María no solamente magnifica el poder de Dios. Su misericordia—llámese “amor
firme” o aun “bondad”, si se prefiere—también excita su alabanza. Usando la fraseología del
Sal. 103:17 ella exclama: “Y su misericordia se extiende de generación en generación a los
que le temen”.
Como se indicó anteriormente, aquí María hace que su cántico ascienda de lo individual a
lo general, de lo que ella misma había experimentado a lo siempre aguarda una generación
tras otra a través del curso de la historia, siendo la promesa repetida constantemente a
medida que transcurren los siglos. Cf. Sal. 89:2; 90:2; Is. 34:17.
Sin embargo, nótese el requisito: “a los que le temen”, esto es, a los que de corazón y
mente están llenos de una reverente actitud hacia Dios; para las personas genuinamente
devotas, verdaderamente piadosas.
No es que el Señor había retirado completamente su bondad para con los hombres en
general. Estúdiese Gn. 17:20; 39:5; Sal. 36:6; 145:9, 15, 16; Mt. 5:42; Mr. 8:2; Lc. 6:35, 36;
Hch. 14:16, 17; Ro. 2:4 y 1 Ti. 4:10. ¿Puede alguien leer el precioso pasaje de la misericordia
de Dios hacia los ninivitas, hacia sus pequeñitos y aun hacia su ganado (Jon. 4:10, 11), sin
ser vencido por la emoción?
La negación de la manifestación de la bondad de Dios a los hombres en general—llámese
“gracia común” si se quiere o invéntese un mejor nombre para ella—es una posición extrema.
Sin embargo, nos tenemos que cuidar de no asumir la posición del extremo opuesto. Este
88
pasaje es solamente uno entre muchos que enfatizan el favor de Dios otorgado no a todos,
sino a su pueblo, a ellos, y a ellos solamente. Nótese: “su misericordia … a los que le temen”.
Véanse también Dt. 7:9; Sal. 25:10; 103:18; Is. 55:3, 6; 57:15; Mt. 5:1–12; Jn. 10:11, 15, 28;
11:25, 26. En realidad, son tan numerosos los pasajes que limitan la expresión de su
misericordia que sería inútil tratar de citarlos todos. Entonces, María está pensando en la
maravillosa e infalible bondad de Dios que él está haciendo que la sientan y experimenten
todos los necesitados que le temen reverentemente y le aman.
[p 115] Lo que quizás sea más sorprendente es el hecho de que entre estas dos
declaraciones acerca de Dios, la primera enfatizando su poder y la segunda su misericordia,
está la declaración “Santo es su nombre”. A primera vista, estas palabras parecerían “fuera
de contexto”. Quizás uno se pregunte: “¿Pero por qué insertó María esta referencia a la
santidad e impecabilidad de Dios? ¿Qué tiene ello que ver con el tema respecto del cual está
elevando su voz en alabanza sincera, elocuente y entusiasta?”
Algunos son de la opinión que en relación con esto María estaba pensando en su
concepción y que, en vista de que con tanta frecuencia los hombres vinculan el acto de
concebir con el pecado, ella está diciendo que en su caso la concepción fue efectuada por el
santo poder de Dios, “absolutamente separado del pecado y la pecaminosidad de los
hombres”.75
¿Pero no es demasiada estrecha esta interpretación de la santidad de Dios? Hay que tener
presente que María era judía, instruida desde su niñez en la religión judía. En consecuencia,
sus palabras y frases se deben entender a la luz del Antiguo Testamento. Cuando se hace
esto, pronto se hace evidente que su exclamación “Santo es su nombre”—esto es, “Santo es
Dios como se ha revelado a sí mismo”—está definitivamente en el lugar que le corresponde.
Para el judío, el adjetivo qādōsh significa básicamente “separado”, “apartado”, “exaltado”.
Atribuir “santidad” a dios significa describirlo como siendo exaltado infinitamente por sobre
todas las criaturas, y, en consecuencia, por sobre todas las debilidades de las criaturas,
incluido el pecado.76 “La santidad, cuando se atribuía a Dios, no se consideraba como un
atributo que debía coordinarse con los demás atributos” (H. Bavinck). Quizás la mejor forma
de obtener una idea adecuada del sentido básico de la palabra santo como se aplica a Dios en
el Antiguo Testamento sería leer repetidas veces Is. 6:1–5. Otra forma muy provechosa sería
cantar,
Alabad, alabad, alabad al gran Rey,
Adorad, adorad, adoradle su grey.
Es nuestro Escudo, Baluarte y Sostén
El Omnipotente por siglos. Amén.
Himnos de la vida cristiana
Léase también Is. 57:15.
Al aplicar todo esto al Magnificat, debemos llegar a la conclusión que María estaba tan
profundamente impresionada con las “grandes cosas” [p 116] que Dios había hecho por ella,
y a lo cual acaba de hacer referencia (en la frase inmediatamente precedente del v. 49), que
exclama “Santo (esto es, infinitamente excelso) es su nombre”. ¿Y no era también muy natural
que, al reflexionar en su propia experiencia, aplicaría esta santidad o incomparable grandeza

75
Véase Lenski, op. cit., pp. 81, 82.
76
No se niega el hecho de que el adjetivo hebreo, en sentido derivado, indica en ciertos contextos puesto aparte del pecado, sin
pecado y lleno de virtud. Sin embargo, debiéramos comenzar con lo que es básico, especialmente cuando la palabra se aplica a
Dios. Véase también Brown, Driver, Briggs, A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament, Boston y Nueva York, 1906, p.
872.
89
de Dios no solamente a su poder (las grandes cosas que hizo por mí), sino también ahora a su
misericordia? Por eso, “Santo es su nombre, y su misericordia”, etc. ¿Cuando reflexionaba en
el modo en que había concebido, no resaltaría el poder de Dios? ¿Cuando pensaba en la
honra que Dios le había conferido, no se le vendría inmediatamente al pensamiento su
misericordia o tierna compasión? ¿Y dado que estas dos cualidades eran maravillosas en el
más alto grado, no era completamente lógico, después de todo, que María expresase este
hecho combinando así los dos?
Y ahora, la tercera estrofa:
51–53. Obras poderosas ha realizado con su brazo;
Dispersó a los que son soberbios en sus más íntimos pensamientos.
Ha hecho bajar de (sus) tronos a los gobernantes,
y ha ensalzado a los humildes.
A los hambrientos ha llenado de buenas cosas,
pero a los ricos ha enviado vacíos.
María había dicho: “El Todopoderoso ha hecho grandes cosas por mí” (v. 49). Ahora ella
sigue elaborando el tema y comienza a alabar a Dios por la manifestación general de su poder
y misericordia.
Dice que Dios ha realizado obras poderosas “con su brazo”. Se atribuye de este modo a
Dios algo que pertenece al hombre, esto es, un brazo. En otras palabras, está hablando
antropomórficamente de Altísimo. Esta figura de expresión tiene sus raíces en el hecho de
que Dios creó al hombre a su imagen (Gn. 1:26, 27).
Como se dijo anteriormente, María es judía, entendida en el Antiguo Testamento,
conocedora de su fraseología. El Antiguo Testamento menciona el brazo y la mano de Dios
(Dt. 4:34; Sal. 44:3; 89:13), sus ojos y oídos (Sal. 34:15), su dedo (Ex. 8:19; 31:18; Dt. 9:10);
su rostro (Sal. 27:8, 9; 143:7) y aun su nariz (Ex. 15:8; Is. 65:5).
Estas expresiones no se deben tomar literalmente. El “brazo” de Dios, mencionado aquí en
el v. 51, denota su poder. Se puede usar para salvar, para sostener y para apoyar. También
es usado para esparcir, para abatir y para echar. En esta estrofa el “brazo” de Dios hace
ambas cosas.77
[p 117] María ahora hace un contraste. Cf. 1 Co. 1:26–29. Con el fin de expresar en forma
resaltante cuan profunda es la deuda que los hijos de Dios tienen con él, presenta las
bendiciones que ellos reciben en contraste con los castigos recibidos por los malos. Por una
parte describe a los arrogantes, a los poderosos y ricos, por otra, a los humildes y
hambrientos. Con toda probabilidad ella está pensando solamente en dos categorías de
personas: por una parte, los gobernantes—orgullosos, autocráticos y ricos; por la otra, los
hijos de Dios—humildes y pobres.
Con referencia al primer grupo, ella dice que Dios los ha esparcido, esto es, dispersado,
quebrantado y perseguido en todas direcciones (cf. Mt. 26:31 = Mr. 14:27), los que son
soberbios “en la imaginación de sus corazones”.
Según la Escritura, el corazón es el centro de los sentimientos y la fe, la fuente originadora
de los impulsos, las emociones, los pensamientos, las palabras y los hechos. Es el centro
mismo del hombre, su ser interior. Véanse 1 S. 16:7; Pr. 4:23; Mt. 12:34; 15:19; 22:37; Jn.

77
Los artículos que aparecen bajo el título Anthropomorphism en distintas obras incluyen los siguientes: R.L. Dabney, Systematic
and Polemic Theology, Richmond, 1927, pp. 34, 35; C. A. Beckwith, S.H.E.R.K., Vol. I, pp. 193, 194; J. Lindsay, I.S.B.E., Vol. I,
pp. 152–154; y R.E.D. Clark, The New International Dictionary of the Christian Church, Grand Rapids, 1974, p. 46.
90
14:1; Ro. 10:10; 1 Ti. 1:5. La traducción “soberbios en sus más íntimos pensamientos” es,
por lo tanto, excelente. Lo que María está diciendo es que en el curso de la historia Dios con
su poder ha castigado repetidas veces a esta gente arrogante. Los ha dispersado, los ha
destronado, los ha privado de sus riquezas y los ha enviado vacíos.
Hay que dar lugar a la posibilidad de que, cuando está diciendo estas cosas, hayan venido
a la mente de María historias de reyes tanto nacionales como extranjeros, a quienes había
sucedido exactamente eso. Su “Biblia” puede haberle proporcionado abundante información
según estas líneas. Ella sabía muy bien que lo ocurrido hace siglos estaba sucediendo ahora
e iba a suceder en el futuro. Los caminos de Dios no cambian (Mal. 3:6).
Además, estaba profundamente consciente del hecho de que era Dios quien había
“ensalzado al humilde”. ¿No lo había experimentado personalmente? Véanse vv. 47, 48. En la
lista que sigue, a la que se podrían agregar fácilmente muchos puntos, se dan los nombres de
hijos fervientes de Dios que han recibido esta ayuda de lo alto. Sus nombres están en la
columna de la izquierda. En la columna central está el pasaje que relata su humildad o
anhelo de servir o ambas cosas y en la columna de la derecha aparece el pasaje donde se
expresa el modo en que Dios los ensalzó.

Ayuda de lo alto

Referencia a la
humilidad y/o
Persona Cómo Dios lo ensalzó
deseo de
servir

Moisés Ex. 3:11 Ex. 3:12

Josué Jos. 5:14 Jos. 1:5; 4:14

Gedeón Jue. 6:15 Jue. 6:14, 16

[p 118] Rut Rut 2:10 Rut 2:11, 12

Ana 1 S. 1:11 1 S. 1:17, 20, 27, 28

David 1 S. 18:18 2 S. 7:14–17

Abigail 1 S. 25:24–31 1S. 25:32–35

Isaías Is. 6:5 Is. 6:6, 7

Jeremías Jer. 1:6 Jer. 1:7–10

Ebed-melec Jer. 38:7–9 Jer. 38:10–13; 39:15–


91

18

En cuanto a la declaracion a los hambrientos ha llenado de buenas cosas” (cf. Sal. 103:5;
107:9), nótese lo siguiente:
a. El cuidado de Dios por el físicamente hambriento aparece en pasajes tales como 1 S.
21:1–6 (cf. Mt. 12:1–8); 1 R. 17:1–16; 19:5–8; 2 R. 4:42–44; Sal. 37:25.
b. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento también reconocen el hambre espiritual (Is.
55:1, 2; Am. 8:11; Mt. 5:6; Jn. 6:35, 48. En quienes confían en él, Dios también satisface esta
hambre, al igual que la sed espiritual (Sal. 42:1; Is. 55:1; Jn. 4:13, 14; 7:37; 1 Co. 10:1–4;
Ap. 22:17).
No sabemos si María tenía ejemplos concretos de humildad y hambre en la mente cuando
cantó su himno de alabanza. Sin embargo, lo que se ha demostrado es que el Antiguo
Testamento, su propia experiencia y lo que otros le han contado pueden haberle
proporcionado material suficiente en que basar el contenido de los vv. 51–53.
La estrofa final o cuarta es:
54–55. Ha ayudado a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia—
como prometió a nuestros padres—
(misericordia) a Abraham y su descendencia para siempre.
Hasta este punto María ha estado alabando a Dios en canción por sus hechos. Ahora, en
esta estrofa final, ella señala, cantando aún, lo que significan estos hechos en relación con
Israel y las promesas hechas a los padres. “Ha ayudado a Israel”. Esto había ocurrido una y
otra vez en el pasado. El Antiguo Testamento relata numerosos casos en que Dios se había
puesto de lado de Israel en contra de sus enemigos. Véase el hermoso resumen en Is. 63:9.
Aquí “Israel” es considerado como el pueblo del pacto de Dios. Cf. Lc. 1:16, 68; luego,
también en Ex. 4:22; Is. 41:8–16; 44:1, 2, 21–23; 49:3. El modificativo su siervo fortalece esta
conclusión. La palabra siervo que aquí se usa es la más amable de las dos que pudieran
haberse usado para destacar la idea de “siervo”. En ciertos contextos, esta palabra se traduce
correctamente por “hijo”.
Lo que María probablemente quiso decir era algo más o menos como lo que sigue: Así
como en el pasado Dios ha ayudado a Israel tantas veces [p 119] cuando estaba en angustia,
así también lo hace ahora, en relación con la venida del Mesías. Nótese también “acordándose
de su misericordia”. Esta es “su bondad hacia el que está en miseria” que se extiende “de
generación en generación a los que le temen” (v. 50). No es solamente un sentimiento o
disposición amable, sino un tierno amor en acción, acción que realmente ayuda … ¡y salva!
Esta frase “acordándose de su misericordia” es otro caso de un modo humano de hablar
acerca de Dios (véase arriba sobre v. 51), dado que Dios realmente nunca necesita que se le
recuerde algo.
La declaración parentética “como prometió (o dijo) a nuestros padres”, hace que el
pensamiento vaya hacia Abraham. Dios le dijo: “En ti serán benditas todas las familias de la
tierra”. A veces “en tu simiente” es reemplazado por “en ti”, y “naciones” por “familias”. El
sentido básico sigue siendo el mismo. Véanse Gn. 12:3; 18:18; 22:18.
De Gn. 26:3, 4 es claro que esta bendición dada a Abraham seguía en vigencia para Isaac,
pues allí no solamente se repite el mensaje, sino que se afirma claramente: “Confirmaré el
juramento que hice a Abraham tu padre”. En el tiempo de Jacob, el hijo de Isaac, todavía está
92
en vigencia (Gn. 28:14). Aun se llega a llamar pacto “con Abraham, con Isaac y con Jacob”
(Ex. 2:24). “Seré tu Dios” en realidad tiene vigencia para Israel considerado como pueblo del
pacto de Dios (cf. Gn. 17:7 con Lv. 11:45; 26:12, 45). El Magnificat muestra claramente que
María considera lo que estaba ocurriendo ya ahora como una realización de la antigua
promesa hecha a Abraham. La misericordia que alaba en su cántico tenía referencia a
“Abraham y a su descendencia por la eternidad”, esto es “para siempre”. La promesa no fue
anulada con el acto de dar la ley (Gá. 3:17) ni por la primera venida de Cristo (Gá. 3:9, 29).
Esa misericordia todavía fluye del trono de la gracia. La promesa del pacto aún tiene
vigencia. Cf. 1:72, 73. Es sobre la base de esta promesa que los padres creyentes hacen
bautizar a sus hijos (Hch. 2:38, 39). La sustancia de la promesa—“Seré tu Dios”; en
consecuencia, la salvación completa y gratuita—es llevada a cabo en los corazones de todos
aquellos que por la gracia soberana de Dios y por medio de una fe dada por Dios abrazan a
Cristo como su Señor y Salvador. Véase C.N.T. sobre Gá. 3:9, 16, 29.
Elisabet había elogiado la fe de María (v. 45). ¿Y no es exactamente la fe de María la que se
expresa en forma tan conmovedora en el Magnificat: fe en el Dios poderoso y misericordioso,
el Santo, la Ayuda en tiempo de necesidad, el Dios del pacto, Aquel a quien ella llama “mi
Salvador”? ¿Y no es esta “profesión de fe”, que corre a través de estos renglones desde el
principio hasta el fin del cántico, una buena razón para llamar a su poema “El cántico de fe
de María”?
El cántico ha terminado. La visita descrita desde v. 39 no fue exactamente una visita
corta. Leemos: 56. María permaneció con Elisabet [p 120] unos tres meses y luego
regresó a su casa. Así que María debe haber quedado hasta—probablemente casi hasta—el
nacimiento de Juan. Véanse vv. 26, 36. María entonces “regresó a su casa”, expresión que es
casi la misma que se encuentra en el v. 23 con respecto a la salida de Zacarías del templo
para ir a su casa. Ya sabemos que para María “casa” era el lugar de su residencia en Nazaret
(v. 26). En cuanto a lo que ocurrió allí antes del nacimiento de Jesús, véase Mt. 1:18–24.
Para María fue prudente no permanecer más tiempo con Elisabet, dada su condición. Si
hubiera permanecido por más tiempo, la casa de Elisabet se hubiera visto llena de vecinos,
etc., personas que no siempre usan de discreción en sus conversaciones (véanse vv. 59, 61).
¡Quién sabe qué podrían haber dicho acerca de María, o por lo menos, pudieran haber
pensado de ella! Además, una confrontación desagradable entre María y algunos vecinos de
Elisabet no hubiera resultado placentera para Elisabet ni para Zacarías. Además, María debía
regresar a José, que era un hijo de Dios sincero, un buen hombre, que amaba profundamente
a María. Véase C.N.T. sobre Mt. 1:18.
Lecciones prácticas derivadas de Lc. 1:46–56
Vv. 46, 47 “Mi alma magnifica … se regocija mi espíritu”. Aunque han pasado diecisiete siglos
hasta cuando se adoptó el Catecismo Menor (de Westminster), nótese la notable semejanza
entre la respuesta a su primera pregunta (“glorificar a Dios y gozar de él para siempre”) y el
cántico de María.
V. 48a “Ha mirado con favor a su sierva”. Es el favor (o la bendición) de Dios lo que constituye
la riqueza. Véase Pr. 10:22.
V. 48b “Me llamarán bienventurada”. No: “invocarán mi bendición”.
V. 49 “Porque el Todopoderoso ha hecho grandes cosas por mí”. La verdadera religión es una
relación muy personal entre Dios y su hijo. Así fue para David (Sal. 23, 27, 51, 63), para el
escritor del Sal. 42, para Asaf (Sal. 73), Isaías (Is. 6:5–8), Daniel (Dn. 9:18, 19), el hijo
“pródigo” (Lc. 15:17–21), el publicano arrepentido (Lc. 18:13), el ciego de nacimiento (Jn.
9:25), y Pablo (Gá. 1:15, 16; 2:20; 6:14).
93
Vv. 50, 54, 55 “De generación en generación … a Abraham y a su descendencia para
siempre”. Aunque la salvación es personal, es también un asunto familiar: como norma, Dios
perpetúa su pacto en la línea de las generaciones. Esta verdad está definitivamente arraigada
en las Escrituras (Gn. 18:19; Sal. 105:6–10; Pr. 22:6; Hch. 2:38, 39; 2 Ti. 1:5).
[p 121] Vv. 51, 52 “Obras poderosas ha realizado … Ha hecho bajar de sus tronos a los
gobernantes”. Los libros de historia, los periódicos, la radio y la televisión enfatizan las
causas secundarias. El Magnificat señala la causa primaria, al Dios cuyo plan se ejecuta en
la tierra para beneficio de su pueblo y para Su propia gloria. Véanse Ro. 8:28; Ef. 1:11.
V. 53 “… a los ricos ha enviado vacíos”. Aun antes que los ricos malvados sean despachados
ya están vacíos. Véanse Is. 48:22; 57:21.
Ahora bien, se cumplió el tiempo en que Elisabet debía dar a luz, y tuvo un hijo. 58 Cuando sus
57

vecinos y parientes supieron cuán bueno había sido el Señor con ella,78 se regocijaban con ella.
59 Al octavo día vinieron para circuncidar al niño, y le iban a llamar79 Zacarías, según el nombre de

su padre. 60 Pero la madre del niño se opuso y dijo: “¡Definitivamente no; debe llamarse Juan!” 61 Ellos
le dijeron: “Ninguno de tus parientes tiene ese nombre”. 62 Así comenzaron a hacerle señas a su padre
(para descubrir) qué nombre querría ponerle al niño. 63 Habiendo pedido una tablilla, escribió: “Juan
es su nombre”. Y todos se sorprendieron grandemente. 64 Al momento su boca fue abierta, desatada
su lengua y él comenzó a hablar, alabando a Dios.
Todos los que vivían cerca de ellos estaban asombrados, y por toda la región montañosa de
65

Judea la gente hablaba de todas estas cosas.80 66 Y todos los que las oían las guardaron en sus
corazones. Decían: “¿Qué va a ser este niño?” Porque la mano del Señor estaba con él.
1:57–66 El nacimiento, la circuncisión y
el nombre de Juan el Bautista
La historia ahora vuelve a centrarse en Zacarías y Elisabet
57. Ahora bien, se cumplió el tiempo en que Elisabet debía dar a luz, y tuvo un hijo.
Terminado el tiempo normal después de la concepción, Elisabet dio a luz un hijo. Era un hijo
varón, como había sido predicho por el ángel Gabriel (vv. 13, 19). 58. Cuando sus vecinos y
parientes supieron cuán bueno había sido el Señor con ella, se regocijaban con ella. Con
el fin de mostrar su interés, estos vecinos y parientes vinieron a visitar a Elisabet.
¿Por qué se mencionan los vecinos antes que los parientes? ¿Porque los primeros vivían
más cerca, mientras los otros vivían esparcidos en diversas direcciones, algunos de ellos
viviendo muy lejos? Así interpretan algunos el orden de las palabras en esta oración. Pero es
probablemente incorrecto atribuir una especial significación a la secuencia en que se dan
estas dos palabras: vecinos y parientes.
[p 122] Los visitantes habían oído “cuán bueno (o misericordioso) había sido el Señor” con
Elisabet. Literalmente, habían oído “que el Señor había engrandecido su misericordia para
con ella”.
Este tipo de lenguaje muestra claramente que Lucas está haciendo uso de fuentes
semitas—esto es, hebreas o arameas. En el relato de la natividad esta es la regla, no la
excepción.81

78
Literalmente: que el Señor hubiese magnificado su misericordia para con ella.
79
O: y trataron de llamarlo.
80
Literalmente: todas estas cosas se siguieron conversando entre ellos.
81
Los tres idiomas—hebreo, arameo y griego—se usaban en Palestina, incluyendo aun Judea durante el primer siglo y bien
avanzado el segundo siglo d.C. Véase C.H.H. Scobie, John the Baptist, Filadelfia, 1964, pp. 51, 52; J.M. Grintz, “Hebrew as a
Spoken and Written Language in the Last Days of the Second Temple”, JBL, 79 (1960), pp. 32–47. Véase también el argumento
94
Nótese, además, el énfasis aquí como en otros lugares (vv. 50, 54, 55, 72, 78) sobre la
misericordia o la bondad de Dios en acción.
La teoría de que el regocijo de estos visitantes no estaba relacionado con el nacimiento del
niño (véase v. 14) sino solamente con Elisabet, porque había sido librada de su esterilidad, es
difícil de aceptar. El claro significado parecería ser: (1) Elisabet se regocijaba porque, en
cumplimiento de la predicción de Gabriel, ha nacido este hijo; y (b) los vecinos y parientes se
regocijaban con ella; este es, se unieron con ella en su regocijo. Todos estaban agradecidos y
felices por el nacimiento del niño.
59. Al octavo día vinieron para circuncidar al niño … Probablemente una persona
específicamente designada para este propósito realizaba el rito, mientras otros visitantes
actuaban como testigos. En conformidad con la ley (Gn. 17:12; Lv. 12:3), la circuncisión se
realizaba el octavo día.82 Continúa: y le iban a llamar Zacarías, según el nombre de su
padre. En la antigua dispensación el acto de dar nombre al hijo se hacía en relación con su
nacimiento (Gn. 21:1–3; 25:24–26; etc.). Este pasaje (y cf. Lc. 2:21) parece ser el testimonio
más antiguo de la práctica de relacionar ese acto con el momento de la circuncisión.83
Ninguna de nuestras fuentes muestra que era una costumbre en los tiempos bíblicos dar
a un niño el nombre de su padre. Probablemente el de un pariente, como bien podría estar
implícito en el v. 61, pero no necesariamente el de su padre. Y ciertamente no aun siempre el
nombre de un pariente. Véase sobre v. 61.
Sin embargo, no es difícil sugerir posibles razones por las que estos visitantes trataban de
convencer a los padres que le pusieran al niño el nombre de su padre. El nombre tenía un
hermoso significado (véase sobre v.5), aplicable también a la situación presente. Además, los
misteriosos acontecimientos que habían ocurrido (la visión en el templo, etc) podrían [p 123]
haber ayudado a aumentar el deseo de que el niño se llamara como su padre, ahora famoso.
60. Pero la madre del niño se opuso y dijo: ¡Definitivamente no: debe llamarse Juan!
Elisabet no vacila por un momento. Sabía que por medio del ángel Gabriel Dios mismo había
dado el nombre Juan al niño (v. 13) ¿Cómo sabía ella esto? Después de todo, el ángel no le
había hablado a ella sino a su marido. Y durante todo el período entre la aparición del ángel y
el momento de ponerle nombre al niño, Zacarías había estado privado de la facultad de
hablar. Solución: ¡El esposo de Elisabet debió haber usado mucho su tablilla de escribir!
No satisfechos, los vecinos y parientes tratan nuevamente: 61. Ellos le dijeron: Ninguno
de tus parientes tiene ese nombre. Este intento también fracasó. No hay que maravillarse,
porque lo que pudiera haber sido una costumbre de ningún modo era una regla inflexible.
Véase C.N.T. sobre Mateo, nota 146, que muestra cómo se seleccionaba el nombre de los
niños. Además, Elisabet sabía lo que Dios había estipulado. 62. Así comenzaron a hacerle
señas a su padre (para descubrir) qué nombre querría ponerle al niño.
Comenzaron a hacerle señas. ¿Pero por qué? El hombre no era sordo … o ¿lo era? Antes
de responder esta pregunta, hay que señalar que en griego la palabra kōphos usada al final
de Lc. 1:22 y traducida “mudo”, puede tener cualquiera de tres significados, dependiendo del
contexto de cada caso específico. Los tres son: sordo, mudo y sordomudo. La pregunta es:
¿qué significa esta palabra en Lc. 1:22? Las opiniones son diversas:

bien documentado (en apoyo de la teoría que los tres idiomas los usaban los judíos en el primer siglo en Palestina) de R. H.
Gundry, en su disertación, The Use of the Old Testament in St. Matthew’s Gospel, Leiden, 1967, pp. 174–177.
82
Acerca del significado religioso de la circuncisión, véase C.N.T. sobre Colosenses, p. 136, nota 85.
83
Véase S.BK., Vol. II, p. 107.
95
a. La circunstancia misma, en el caso presente la gente estaba haciendo señas—con la
cabeza, indicando con las manos, haciendo movimientos con las manos y los ojos—muestra
que Zacarías estaba sordo y mudo. Esto hacía necesarias las señas para preguntarle.84
Comentario. En ningún otro lugar en el Nuevo Testamento tiene la palabra kōphos el
sentido doble “sordomudo”. En Mr. 9:25, donde se combinan los dos sentidos, se usan dos
palabras en el original para dar esta idea. El pasaje dice “espíritu mudo y sordo” (así
literalmente). Además, en Lc. 1:20, 22, la oración con la sentencia sobre Zacarías dice así:
“Permanecerás mudo y no podrás hablar hasta … Y cuando salió no les podía hablar”, etc.
Estos pasajes se refieren solamente a la incapacidad de hablar del sacerdote. No mencionan
su incapacidad de oír. A esto se puede agregar v. 64 acerca de la restauración de Zacarías,
donde nuevamente la referencia es solamente a la restauración del poder de hablar, no al de
oír. La explicación (a) debe ser rechazada.
[p 124] b. En la mente popular, había una estrecha conexión entre la mudez y la sordera.
Fue por esta razón que estas personas hacían señas al padre del niño.85
Comentario. Esta explicación podría ser la correcta. En todo caso es mejor que la respueta
(a).
También hay que reconocer la posibilidad de que debido a la emoción del momento la
gente sencillamente olvidó que aunque el sacerdote no podía hablar, sí podía oír. No podemos
estar seguros.
Si, como se ha señalado (véase v. 60), la respuesta de Elisabet fue inequívoca, la de
Zacarías fue, si esto es posible, más definitiva: 63. Habiendo pedido una tablilla, escribió:
Juan es su nombre. La tablilla de escribir probablemente era una tablita cubierta con cera.
Con un estilo se podían grabar las palabras sobre ella. Al escribir “Juan es su nombre”,
Zacarías está diciendo: “¡El niño ya tiene nombre! Ese nombre es Juan”. Dios era quien había
puesto el nombre al niño (v. 13).
Sin embargo, bien podría preguntarse: “¿Por qué el nombre Juan con preferencia sobre
cualquier otro nombre?” La razón básica para ponerle ese nombre es, por cierto, “Porque Dios
así lo mandó” ¿Es posible ir más allá de esto y señalar el carácter apropiado de este nombre
para este niño particular?
Aquí debemos ser cautelosos. El significado del nombre es: “Jehová es (o ha sido)
misericordioso.” En relación con este significado hay principalmente dos posibilidades: (a)
Dios ordenó que pusieran este nombre al niño porque sabía que la disposición o actitud de
los padres iba a ser: “El Señor ha revelado su maravillosa gracia a nosotros al darnos este
hijo”.
¿No es así que los nombres muchas veces describen al dador más que al receptor de él?
Véase C.N.T. sobre Mt. 1:22, 23. Por otra parte, también es verdad que en los casos en que el
nombre describe la fe o el sentimiento de los padres (con frecuencia de la madre), ese nombre
normalmente lo pone la madre misma o los padres; no hay un mandamiento divino sobre
esto.
En consecuencia, es razonable suponer que en este caso, siendo Dios mismo quien
proporcionó el nombre, hay una estrecha relación entre el nombre y quien lo recibe. Véase
nuevamente C.N.T. sobre Mt. 1:22, 23.
Sin embargo, se podría poner objeción: Pero en este caso, ¡qué inadecuado era este
nombre en particular! ¿No es verdad que Juan el Bautista llegó a ser el predicador de la
inminente condenación y juicio? No estaba su predicación llena de un vocabulario de

84
Así S. Greijdanus, Korte Verklaring, pp. 29, 47.
85
F. Danker, op. cit., p. 17.
96
retribución divina; esto es, de palabras como ‘generación de víboras’, ‘ira venidera’, ‘hacha
puesta a la raíz del árbol’, ‘fuego que no se apaga’?
[p 125] Responder, como algunos, que Lucas no estaba pensando en la etimología del
nombre Juan cuando escribió la sección sobre el nombre del niño, es un intento de librarse
de la dificultad de un modo demasiado fácil. La pregunta básica no es: “¿Qué estaba
pensando Lucas?”, sino “¿Por qué insistió Dios en que el niño fuese llamado Juan?”
Además, en el caso del hijo de María, también fue Dios quien proporcionó el nombre y ese
nombre sí, era descriptivo de quien lo iba a llevar: “Dará a luz un hijo y llamarás su nombre
Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt. 1:21). ¿Debemos suponer que en el
caso del precursor de Jesús el nombre carecía de significación? Esto parece muy improbable.
Con toda probabilidad la solución verdadera y muy consoladora está en otra dirección, (b)
El nombre Juan—esto es, Jehová es misericordioso—era muy adecuado a su objetivo. En
conformidad con todas las Escrituras, la advertencia de un juicio venidero y la condenación
si no se produce una conversión verdadera, es uno de los medios elegidos por Dios para
exhortar a los hombres a que se aparten de las tinieblas del pecado y se vuelvan hacia Dios
para servirle y así entrar a su reino de luz. Entre los muchos pasajes que se pudieran poner
en una lista para demostrar este punto véanse los siguientes: Sal. 94:12; 119:67, 71; Pr.
13:24; Is. 26:9b; Am. 4:9; Hag. 2:17; 1 Co. 5:3–5; 2 Co. 7:9, 10; Heb. 12:5 s.; Ap. 2:21; 3:19.
Así considerado, el nombre Juan era verdaderamente apto, porque por medio de él y su
severo mensaje, muchos de los hijos de Israel se volverían al Señor su Dios (véase sobre v. 16)
y experimentarían de que “Jehová es verdaderamente misericordioso”.
Y todos se sorprendieron grandemente. No debido al sincero acuerdo entre Elisabet y
Zacarías, sino debido a la completa falta de duda o vacilación de parte de ambos.
64. Al momento su boca fue abierta, desatada su lengua y él comenzó a hablar
alabando a Dios. De acuerdo con la promesa de Gabriel (véase 1:13, 20), Zacarías
inmediatamente recupera la facultad de hablar. En un estilo típicamente semita, se nos dice
que la boca de Zacarías fue abierta, desatada su lengua—véase la nota sobre este versículo al
final de la sección—y comenzó a hablar, “bendiciendo”, esto es “alabando” a Dios.
El cántico de alabanza de Zacarías se registra en los versículos que siguen (67–80),
aunque no se puede establecer si el canto en referencia es el ya mencionado en v. 64. Puede
ser que hay a habido unas pocas exclamaciones de alabanza que precedieron al cántico. El
punto principal es este: ¡recobrada la voz, lo primero que Zacarías hace con esta bendición
nuevamente obtenida es alabar a Dios!
Es fácil de visualizar la rústica escena del v. 65. Todos los que vivían cerca de ellos
estaban asombrados y por toda la región montañosa de [p 126] Judea la gente hablaba
de todas estas cosas. Prosigue el estilo hebreo o arameo de escritura. Literalmente, leemos:
“Y temor vino sobre todos que vivían alrededor de ellos”. El notable suceso llenó la mente de
la gente con la convicción de que Dios estaba presente en su medio y estaba llevando a cabo
su plan en la tierra. Es como si ellos temblasen con santo pavor debido a su presencia y sus
hechos.
Los sucesos registrados en Lc. 1:5–25, 39–64 fueron por largo tiempo el tema principal de
conversación entre gente que vivía en la región montañosa de Judea. Por cierto, muchos eran
los extraños y maravillosos sucesos que habían ocurrido: la visión de Zacarías en el templo,
su imposibilidad de hablarle a la gente que esperaba su regreso del altar del incienso, la
visita de María, el nacimiento de un hijo a padres bien entrados en años, el hecho de que se
había predicho el nacimiento de un varón, y un varón había nacido, la forma sin
ambigüedades en que contra la persistente oposición de los vecinos y parientes, los dos
padres habían insistido en llamar “Juan” al niño, la apertura repentina de los labios del
97
anciano sacerdote como una recompensa inmediata a su obediencia, y el modo inmediato y
sincero con que entonces alabó a Dios. Todo ello siguió por largo tiempo siendo el comentario
obligado y repetido en la conversación en el más puro estilo rural.
Que estas cosas fueron tomadas muy en serio se ve en el v. 66. Y todos los que las oían
las guardaban en sus corazones. La gente estaba evidentemente impresionada hasta lo más
profundo de su ser con los sucesos y tomaron su significado al pecho. Cf. 1 S. 21:12; Dn.
7:28; Lc. 2:19, 51. Meditaban en su significado, preguntándose particularmente qué podrían
indicar estos acontecimientos con respecto al carácter y el papel futuro de este niño: Decían:
¿Qué va a ser este niño? Sus esperanzas se intensificaban.
Reflexionando sobre todo esto, años más tarde, y escribiendo bajo la dirección del Espíritu
Santo, Lucas, el evangelista e historiador, añade: porque la mano del Señor estaba con él.
Esta es una expresión típica de Lucas. Cf. Hch. 11:21; 13:11. Véase también Is. 41:20, y
arriba sobre vv.51–53.
Lo que Lucas está diciendo equivale a esto: al abrigar tan altas expectativas con respecto a
este niño, la gente no se equivocó. Como lo demostraron los acontecimientos posteriores,
tenían razón, como es claro del hecho de que Juan creció bajo el tierno cuidado y dirección de
Dios. Véase el v. 80.
Lecciones prácticas derivadas de Lc. 1:57–66
Vv. 57, 58 “Elisabet … dio a luz un hijo … sus vecinos y familiares … se regocijaron con ella”.
Gozarse con los que se gozan es el gozo del cristiano.
[p 127] Vv. 59–63 “Lo iban a llamar Zacarías … Juan es su nombre”. Véase también v. 13. El
plan de Dios no puede ser frustrado. Cf. Dn. 4:35; Ef. 1:11.
Vv. 60–63 “La madre del niño se opuso … su padro … escribió: Juan es su nombre”.
¡Bienaventurado el hogar donde el padre y la madre viven de acuerdo para hacer la voluntad
de Dios!
V. 64 “Al momento su boca fue abierta, desatada su lengua”. Parece que Dios apenas podía
esperar para levantar el castigo y recompensar la obediencia. Cf. Lm. 3:33; Ez. 18:23, 32;
33:11; Os. 11:8.
“Comenzó a hablar alabando a Dios”. El primer uso que Zacarías hizo de su facultad de
hablar recién recuperada era alabar a Dios con ella. Por la gracia de Dios este hombre parece
haber entendido el propósito para el cual había sido castigado. El mensaje de Dios a todos
sus hijos es:

Original Holandés Versión Libre

Oprimido por mi
Drukt u mijn kruis
cruz,

Treft u mijn roe, herido por mi vara,

Vraag nooit
No busques la causa,
Waarom

Maar wel Waartoe busca el propósito.

V. 65 “A través de la región montañosa de Judea, la gente hablaba de todas estas cosas”. La


conversación entre la gente acerca de las obras de Dios es mucho mejor que los chismes
acerca de los defectos de los hombres.
98
V. 66 “Porque la mano del Señor estaba con él”. Sugerencia para una serie de sermones sobre
el tema La Mano del Señor: además de Lc. 1:66 b, los “textos” podrían ser: Sal. 104:28;
145:16; Is. 49:2; 50:2; 62:3; Jn. 10:28; Ap. 1:17. Véase también Sal. 73:23–25.
67 Zacarías, su padre, fue lleno del Espíritu Santo y profetizó, diciendo:
68 “Bendito (sea) el Señor, el Dios de Israel,
Porque ha cuidado a su pueblo y efectuado redención para ellos,
69 y nos ha levantado un cuerno de salvación en la casa de David su siervo,
70 como habló por boca de sus santos profetas de antaño,
71 salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecen;
72 para tratar misericordiosamente a nuestros padres y acordarse de su santo pacto,
73 el juramento que hizo a Abraham nuestro padre,
74 de concedernos que, habiendo sido liberados de la mano de nuestros enemigos,
75 le serviríamos sin temor, en santidad y justicia en su presencia todos nuestros días.
76 “Y tú, hijo (mío), serás llamado profeta del Altísimo, porque irás delante de la faz del
Señor para preparar sus caminos,
77 para impartir a su pueblo el conocimiento de la salvación
[p 128] por medio del perdón de sus pecados,
78 debido al corazón misericordioso de nuestro Dios,
con que nos visitará desde lo alto el Sol naciente,
79 para dar luz a los que se sientan en tinieblas y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pies en el camino de paz”.
80 Y el niño crecía y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su aparición

pública a Israel.
1:67–80 La Profecía de Zacarías
El cántico de Zacarías es una profecía que fue pronunciada bajo la dirección iluminadora
del Espíritu Santo. Nótense las palabras de introducción: 67. Zacarías, su padre, fue lleno
del Espíritu Santo y profetizó, diciendo. Por lo tanto, debemos aceptar estos dos hechos:
1. Zacarías fue lleno del Espíritu Santo. Igual que Elisabet (v. 41) como se recordará.
Cuando María llegó, Elisabet estaba tan definidamente guiada, influenciada e iluminada por
el Espíritu Santo que, en relación con el salto del niño en su matriz, ella repentinamente
supo (a) quién era realmente María, a saber, no solamente una pariente, sino la más
bienaventurada de todas las mujeres, la madre de su Señor, y (b) quién era el niño que
estaba en las entrañas de María, esto es, el Señor de Elisabet (1:41–43).
Así ahora también esta misma iluminación hizo posible que Zacarías viera y dijera cosas
que de otro modo no habría podido ver ni decir.
2. El canto de Zacarías merece este título: Profecía de Zacarías; nótese: “y profetizó”. ¿En
qué sentido es este cántico una profecía? Muy claramente, en un doble sentido: (a) Es una
proclamación de la verdad, un mensaje de Dios al pueblo. Tomado en este sentido, profetizar
significa transmitir, entregar (un mensaje). Así entendido el vocablo, su contenido puede tener
referencia al pasado, al presente y/o al futuro. Cuando quiera que un siervo de Dios
proclama fielmente el mensaje de Dios, sea una palabra de condenación, reprensión, precepto
amonestación, consolación, predicción o cualquier combinación de estas, él está profetizando.
Véase también sobre v. 76. (b) También es una predicción. Así interpretada, la palabra
99
profetizar significa predecir. Aunque el elemento de predicción ya está implícito en la primera
parte de este cántico (vv. 68–75, nótense especialmente vv. 74, 75), predomina en la segunda
parte (vv. 76–79): “Y tú, hijo (mío), serás llamado … Porque irás …” y probablemente, aun
“visitará el Sol naciente”.
Otro nombre que se da a la Profecía de Zacarías es El Benedictus, en conformidad con la
primera palabra del himno en la versión latina: Benedictus esto Dominus Deus Israelis, que
significa: “Bendito sea el Señor, el Dios de Israel”.
La forma más sencilla de dividir la Profecía de Zacarías es hacerlo en dos partes, cada una
formada por una oración (vv. 68–75 y 76–79). En la [p 129] primera parte Zacarías alaba a
Dios por haber provisto salvación para su pueblo, en cumplimiento de la profecía y de su
“santo pacto”, “el juramento que hizo a Abraham”. En la segunda parte, en armonía con Is.
40:3; Mal. 3:1, resume la misión del niño como precursor del Mesías, a quien describe como
“la aurora”, y respecto del cual afirma que alumbrará a los que están en tinieblas, etc.
El lenguaje del Benedictus es también lenguaje del Antiguo Testamento. En el cuadro
siguiente se notan los paralelos o, por lo menos, las semejanzas:

El Benedictus comparado con pasajes del Antiguo


Testamento

El Benedictos (Lc. 1) El Antiguo Testamento

68 a
Sal. 41:13; 72:18; 106:48 = las
conclusiones de los libros I, II y IV del
“Bendito (sea) el salterio hebreo.
Señor, el Dios de
Israel”

68 b

Ex. 4:31; Sal. 111:9


“Porque ha
efectuado redención
para su pueblo”.

69
Sal. 18:2; 132:17
“Y ha levantado un
cuerno”

70
Esd. 1:1; Jer. 1:9; Zac. 8:9
“Como habló por
boca de”,

71 Sal. 106:10
100

“Salvación de
nuestros enemigos”

72 a
Sal. 25:6; 98:3; 136 (segunda parte de
“Para tratar cada versículo)
misericordiosament
e a nuestros padres”

72 b, 73

Gn. 12:2, 3; 17:7; 22:15–18; Ex. 2:24; 2


“Y acordarse de su S. 22:51; Sal. 105:6–10; Miq. 7:20
santo pacto, el
juramento que hizo
a Abraham”, etc.

74, 75

Ex. 19:6; Jer. 30:9, 10


“Concedernos que
… le serviríamos”,
etc.

76

Is. 40:3; Mal. 3:1


“Irás delante”, etc.
Véase también Lc.
1:17

77

“Para impartir a su Sal. 103:11, 12; Is. 1:18; 43:25; 53:5, 8,


pueblo el 10, 12; Jer. 31:34b; Miq. 7:19
conocimiento de la
salvación, por medio
del perdón de sus
pecados”

78, 79
Sal. 107:10; Is. 9:1; 42:7; 60:1–3; Mal.
ebido al corazón 4:2
misericordioso de
nuestro Dios,

n que nos visitará


desde lo alto el Sol
naciente …
101

ra dar luz a los que


se sienten en
tinieblas”, etc.

[p 130] Primera Parte


Vv. 68–75
68. Bendito (sea) el Señor, el Dios de Israel,
Porque ha cuidado a su pueblo y efectuado redención para ellos …
Zacarías comienza con una doxología. Alaba a Jehová el Dios de Israel, el Dios del pacto,
por su preocupación por su pueblo y por su intervención salvadora en su favor. Dice que Dios
los “ha cuidado”. Usa el mismo verbo aquí que se usa en Mt. 25:36, “Estuve enfermo y me
cuidasteis”. Véase nota sobre este versículo al final de la sección.
Agrega: “y ha efectuado redención para ellos”, es decir, su pueblo. ¿Es una redención
política? ¿Es, por ejemplo, la liberación de la esclavitud de un opresor extranjero? La decisión
hay que hacerla a la luz del contexto. El v. 71, tomado solo, presta poca ayuda, porque la
pregunta queda: “Esos enemigos que los odian, ¿son políticos o espirituales?” Sin embargo, v.
77 afirma: “Para impartir a su pueblo el conocimiento de la salvación por medio del perdón de
sus pecados”. Véanse también vv. 74, 75: “que … le serviríamos sin temor, en santidad y
justicia”, y el v. 79: “para guiar nuestros pies en el camino de paz”. En tal contexto, la
“redención” a que se refiere el v. 68 parece ser de naturaleza espiritual; por lo menos, básica
y predominantemente espiritual; probablemente redención de Satanás, el pecado y de todas
sus consecuencias.
Otra manera de enfocar a la respuesta sería preguntar: “¿Qué significa la misma palabra
redención (griego lutrōsis) en los únicos otros pasajes del Nuevo Testamento en que aparece?”
En Lc. 2:38 leemos: “Llegando a esa misma hora, ella (Ana) … hablaba … a todos los que
estaban esperando la redención de Jerusalén”. ¿Hemos de creer que el énfasis de esta
anciana y devota hija de Dios y de aquellos a quienes se dirigía estaba puesto en la liberación
del yugo romano? ¿O quizás de las crueldades de Herodes? ¿No estaba más bien en la
restauración a una posición de favor de parte de Dios? Y cuando el inspirado escritor de la
epístola a los hebreos afirma que Jesús “entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo,
habiendo obtenido eterna redención” (9:12), ¿no añade “por su propia sangre”?
No podemos llegar a otra conclusión: Zacarías estaba pensando en la redención por medio
de Cristo, esto es la salvación. Si algunos piensan que esta explicación atribuye a Zacarías
una cristología demasiado elevada, la respuesta es que este sacerdote estaba “lleno del
Espíritu Santo” cuando pronunció estas palabras.
El versículo siguiente está en línea con esta explicación:
69. Y nos levantado un cuerno de salvación en la casa de David su siervs …
Como lo señalan vv. 71 y 74, este “cuerno” simboliza poder; en realidad, un poder
destructivo. No se refiere al cuerno de la abundancia. [p 131] La figura subyacente es el
cuerno de un carnero, de un toro salvaje o de un buey. Véanse pasajes tales como 1 R. 22:11;
Sal. 22:21; 75:5; Dn. 8:5–7. No obstante, por medio del ataque y la destrucción del enemigo,
el cuerno se convierte “en cuerno de salvación” para el verdadero Israel.
Nótese: “en la casa de David su siervo”. No en “la casa de Leví”, aunque Zacarías mismo
pertenecía a esa tribu. En consecuencia, Zacarías estaba pensando en Jesús, el hijo de María
en cuanto a su naturaleza humana. ¿No fue exactamente Jesús quien por medio de su
sufrimiento vicario destruiría el poder de Satanás y salvaría a su pueblo? No se debe silenciar
102
el hecho de que aquí nuevamente se confirma la descendencia de Jesús de David a través de
María. Véase arriba sobre v. 32.
70. Como habló por boca de sus santos profetas de antaño … Es un hecho innegable
que los antiguos profetas realmente habían anunciado la venida del Hijo de David, Aquel que
destruiría a todos sus enemigos y traería salvación a su pueblo. Véanse Lc. 24:27, 32, 44–47;
Hch. 10:43. No que algún profeta—con la posible excepción de Isaías (53)—haya contado la
historia en forma completa, sino que la relataron colectivamente, uno al predecir esto y el
otro aquello con respecto al Libertador que venía.
El Antiguo Testamento describe una cuádruple preparación para la venida del Mesías. Esa
preparación era histórica, tipológica, profética y psicológica. Un desarrollo de estos cuatro
puntos se encuentra en mi Survey of the Bible, pp. 93, 94.
Limitándonos a la preparación profética, es claro que las personas que aparecen en la lista
que sigue estaban entre quienes anunciaron la venida del Señor y Salvador.

Profetas del Antiguo Testamento que predijeron la


venida del Señor

El profeta Describe al Mesías como:

El profeta a quien Dios levantaría (Dt.


Moisés
18:15, 18; cf. Hch. 3:22, 23; 7:37).

El que se iba a sentar a la diestra de


Dios (Sal. 110:1; cf. Mt. 26:64; Heb.
David
1:3; 8:1; 10:12; 12:2; etc.). Véase
también Sal. 16:10; cf. Hch. 2:25–27.

Emanuel (7:14; 8:8), Admirable,


Consejero, etc. (9:6); el que fue herido
Isaías
por nuestras transgresiones y molido
por nuestras iniquidades, etc. (cap. 53).

El Renuevo (Jer. 33:15; Zac. 3:8; 6:12,


Jeremías y Zacarías
13; cf. Is. 11:1).

Jeremías El Señor, justicia nuestra (23:6)

El Pastor (Ez. 34:23; Zac. 13:7; cf. Is.


40:11; véanse también Mt. 26:31; Mr.
Ezequiel y Zacarías
14:27; Lc. 19:10; Jn. 10:11, 14–16, 26–
28).

Un Hijo de hombre cuyo dominio es


Daniel eterno, etc. (7:13, 14; cf. Mt. 26:64; Mr.
14:62).
103

[p 132] Miqueas Señor en Israel, etc. (5:2; cf. Mt. 2:6).

Malaquías El ángel del pacto (3:1b).

Además de todos estos, véanse también Gn. 3:15; 49:10;


Nm. 21:8; Job 19:25; partes de los Salmos 2, 8, 22, 31, 69,
72, 89, 118, etc.; Is. 42:1–4; 61:1s; 63:9; Zac. 9:9; 13:1; etc.

Nótese: “Habló por boca de sus profetas …” El que hablaba era Dios mismo. Los profetas
eran sólo sus portavoces.
71. Salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecen.
Ahora tenemos una definición más de lo que se quiere decir por “redención” (v. 68).
Repetidas veces Jesucristo es presentado como Aquel que vence a Satanás y a sus aliados,
el pecado, la muerte, el sepulcro, el infierno, todas las huestes del mal (Gn. 3:15; Jn. 12:31,
32; 16:11, 33; 1 Jn. 3:8; Ap. 5:5; 12:5, 9, 10; 17:14; 19:11–16).
La himnología ha captado esta verdad: Castillo Fuerte (“El triunfa en la batalla”), Ved a
Cristo (“Ved a Cristo, Rey de gloria, es del mundo vencedor”, etc.), Estad por Cristo firmes (“es
nuestra la victoria, con él por Capitán; por él serán vencidas las huestes de Satán”).
Implícito en v. 71 es que cuando Cristo vence, sus seguidores vencen con él (Ap. 7:14).
Nótese también: “salvación de la mano de todos los que nos aborrecen”. Entre los que nos
aborrecen también hay personas. Pero el pasaje no dice que nosotros debemos odiarlos a
ellos. En cuanto a esto, véanse Mt. 5:44; Lc. 23:34.
72, 73. Para tratar misericordiosamente a nuestros padres,
y acordarse de su santo pacto,
el juramento que hizo a Abraham nuestro padre,
Cuando, por medio del Hijo de David, Dios rescata a su pueblo de todos sus enemigos y
les concede la salvación, está mostrando así su misericordia a los padres antiguos, con
quienes estableció su pacto. Se mantiene fiel a ellos. En cuanto al resto, puesto que vv. 72,
73 son sustancialmente idénticos con vv. 54 b y 55 del Magnificat en cuanto a significado,
véase sobre esos versículos.
Sin embargo, nótese que ahora se menciona claramente “su santo pacto”; además, aun “el
juramento” que hizo a Abraham nuestro padre. Véase Gn. 22:15–18. Nótese también en Heb.
6:13–18 la inovidable y consoladora explicación y aplicación de esta promesa y juramento del
pacto.
¡Tan anhelante está Dios, como si fuera, de inculcar en los corazones de sus hijos la fe en
sus promesas misericordiosas, que con el fin de confirmarla él aun juró por sí mismo!
[p 133] 74, 75. De concedernos que, habiendo sido liberados de la mano de nuestros
enemigos,
le serviríamos sin temor, en santidad y justicia
en su presencia todos nuestros días.
La redacción misma muestra que esta cláusula de propósito corresponde a lo que fue
introducido en vv. 68–71, de modo que la conexión del pensamiento puede resumirse así: El
104
Dios de Israel nos trajo redención, a nosotros su pueblo, con este propósito, a saber, que
nosotros, habiendo sido rescatados de la mano de nuestros enemigos, le sirviríamos, etc.
En último análisis, el fin de nuestra salvación es la gloria de Dios. El Señor redime su
pueblo para que por gratitud pueda servirle. Según nuestro pasaje este culto o servicio debe
ser:
a. sin temor. Esto se desprende lógicamente del hecho de que hemos sido rescatados de la
mano de nuestros enemigos. Como evidencia que corrobora que quienes han sido liberados
deben servir a Dios sin temor, véanse Sal. 27:1s; 56:11; Ro. 8:31–39.
b. en santidad y justicia. Como algunos lo ven, la palabra santidad según se usa aquí
indica lo que debiera ser la relación del salvado con respecto a Dios; la palabra justicia lo que
debiera ser la relación con respecto a los hombres. Sin embargo, otros sostienen que santidad
significa no hacer lo que Dios prohibe; justicia, hacer lo que él demanda. Sin embargo, como
quiera que se interprete, es claro que nada menos que la perfección ante los ojos de Dios es lo
que debiera ser la meta del pueblo de Dios.
c. en su presencia. A la luz de vv. 15, 17 y 19, esta frase indica que el pueblo de Dios
debiera estar profundamente consciente del hecho de que ellos constituyen un “sacerdocio de
creyentes” y, por lo tanto, debieran presentar sus vidas a Dios como ofrenda voluntaria.
d. perdurable. Nótese la expresión todos nuestros días. No sólo por algún tiempo. Véanse
Mt. 13:5, 6, 20, 21 y paralelos.
Ahora se presenta la pregunta: “Si hay alguna relación entre este niño, Juan el Bautista, y
la redención divinamente otorgada por la cual el padre del niño ha estado alabando a Dios,
¿cuál es esa relación?” La respuesta es la siguiente:
Segunda Parte
Vv. 76–79
76. Y tú, hijo (mío), serás llamado profeta del Altísimo … Lo que es sorprendentemente
hermoso acerca de esta “profecía” es el hecho de que Zacarías no está principalmente
preocupado acerca de sí mismo, ni siquiera de este su hijo, sino más bien de la poderosa obra
de gracia que Dios va a cumplir por medio del “cuerno de salvación” de la casa de [p 134]
David. El hijo de Zacarías será profeta de este gran Dios que aquí nuevamente es llamado
Altísimo (véase sobre v. 32) y será reconocido como tal, es decir, uno que proclama al pueblo
cualquier mensaje que El que lo envía desea que proclame. Vemos el cumplimiento de esta
predicción en pasajes tales como Mt. 11:9s (Lc. 7:26 s); 14:5; 21:26 (Mr. 11:32; Lc. 20:6).
Continúa: Porque irás delante de la faz del Señor para preparar sus caminos. Véase sobre
v. 17. Cf. Is. 40:3; Mal. 3:1; Mt. 3:3. Los caminos o senderos del Señor son aquellos por los
que avanza a fin de otorgar su salvación. En esta conexión pensamos especialmente en el
llamado divino a la conversión y a la fe en Jesús como el Mesías.
Se sigue precisando la tarea de Juan en el v. 77. Para impartir a su pueblo el
conocimiento de la salvación por medio del perdón de sus pecados. El sentido es: “para
preparar sus caminos, a saber, para impartir a su pueblo”, etc. Eso era importantísimo,
absolutamente necesario, porque la salvación se recibe por medio del conocimiento del
pecado; esto es, la conciencia de culpabilidad y de inmundicia preceden a la fe en Cristo
como el Salvador completo y perfecto. Véase Ro. 7:24, 25.
Es Dios, solamente Dios, quien salva. Juan era el instrumento escogido de Dios para
impartir al pueblo el conocimiento de la salvación por medio del perdón. El puede hacer esto
debido al poder y la sabiduría que le fueron dados por Dios. Nótese: salvación por medio del
perdón, no por reunir méritos. Cf. Sal. 32:1; 130:4; Dn. 9:9; Ef. 1:7; 4:32. El camino de
105
salvación es el mismo en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Es el camino de la gracia por
medio de la fe (Gn. 15:6; Is. 55:1; Ef. 2:6, 8).
Hay que notar también, que esta salvación es un asunto completamente espiritual,
aunque, por cierto, afecta todos los dominios y aspectos de la vida. No es una cuestión de
liberación de la esclavitud a Roma. No se trata de lograr riquezas, prestigio, gloria terrenal,
etc. Es un asunto de reconciliación con Dios por medio de la obra salvadora del Redentor
prometido, cuyo precursor designado iba a ser Juan.
Y si alguien pudiera pensar que de algún modo, por alguna causa, la raíz de la salvación
después de todo hay que encontrarla en el hombre, el pasaje final del hermoso himno de
Zacarías debiera curarlo completamente: la salvación por el perdón de pecados es:
78, 79. Debido al corazón misericordioso de nuestro Dios,
con que nos visitará desde lo alto el Sol naciente,
para dar luz a los que se sientan en tinieblas y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pies en el camino de paz.
Nótese lo siguiente:
a. “El corazón misericordioso de nuestro Dios” es literalmente “las entrañas (o: intestinos)
de misericordia de nuestro Dios”. Se puede encontrar un análisis de esta figura en C.N.T.
sobre Filipenses, nota 39.
[p 135] b. “Con que” = “equipado con este (corazón misericordioso)”.
c. “El Sol naciente” (algunos prefieren “la Aurora”), como “cuerno de salvación” en el v. 69,
indica y describe al Mesías. El punto es que en él y por medio de él el Altísimo mismo visitará
a su pueblo con tierna misericordia para ayudarlo y salvarlo.
Básicamente la palabra griega que se usa (anatolē) significa que se levanta (cf. Mt. 2:2).
Refiriéndose a la salida del sol, es Sol naciente. Puesto que sabemos que Zacarías, el autor de
este himno, estaba profundamente consciente de las profecías de Malaquías (nótese la
semejanza entre 1:17, 76 y Mal. 3:1), no es difícil creer que aquí él se está haciendo eco de
Mal. 4:2, el pasaje acerca de la venida del “Sol de justicia y en sus alas traerá salvación”.
d. Hay considerable apoyo textual para la lectura “nos ha visitado” en vez de “nos visitará”.
Pero la lectura “nos visitará” es por lo menos igualmente fuerte. Además, aceptar el futuro
aquí se ve favorecido por el hecho de que el pasaje se presenta en un contexto de futuros
(“serás llamado”, “irás”, v. 76). Además, Jesús aún no había nacido, de modo que “ha
visitado” sólo se justifica si se interpreta como un pasado profético. De todos modos, parece
que el tiempo futuro merece la preferencia en este caso.
e. La “visita” del “Sol” tiene como propósito: “dar luz a los que se sientan en tinieblas y
sombra de muerte” (v. 79). Esta fraseología deriva de Is. 9:1, 2, que también se cita en Mt.
4:16.
Sentarse en tinieblas y sombra de muerte indica una situación de peligro, temor y
desesperanza, un languidecerse, sin ayuda humana a la vista. En la Escritura, la designación
tinieblas cuando se usa figuradamente, se refiere a uno o más de los siguientes rasgos:
engaño (ceguera de mente y corazón: cf. 2 Co. 4:4, 6; Ef. 4:18); depravación (Hch. 26:18); y
desaliento (Is. 9:2; véase su contexto, v. 3). Aunque probablemente las tres cualidades estén
en el cuadro aquí, el énfasis podría bien estar sobre la última de las tres (desaliento,
desesperanza).
106
El antónimo de tinieblas es luz, que, en consecuencia, se refiere a un aprender genuino (el
verdadero conocimiento de Dios, Sal. 36:9), una vida para la gloria de Dios (Ef. 4:15, 24; 5:8,
9, 14), y risa (alegría, Sal. 97:11). Podrían bien estar incluidas las tres, pero aquí también el
énfasis está sobre la última de las tres.
El verdadero sentido de las palabras, en consecuencia, es que Jesús, por medio de su
presencia, su enseñanza, sus obras de misericordia y poder, llenaría los corazones de sus
seguidores con el gozo de la salvación. Nunca más se iban languidecer en la tristeza y
desesperación. Cuando [p 136] quiera que Jesús entra en el corazón humano, se llevan a
cabo las palabras del himno popular:
El mundo perdido en pecado se vio,
Jesús es la luz del mundo,
Mas en las tinieblas la gloria brilló,
Jesús es la luz del mundo.
f. “Para guiar nuestros pies en el camino de paz”. Los mismos que un momento antes se
describían como sentados en desesperación, ahora están de pie; en realidad, están
caminando. La tristeza se ha convertido en alegría. Nótese la conexión: “dar luz a los que …
para guiar nuestros pies”. Al dar luz, el Sol naciente guía nuestros pies. Todos nosotros,
pecadores, nos descarriamos para seguir nuestros propios caminos (Is. 53:6), no conociendo
el “camino de paz” (Is. 59:8, 9). Entonces se levanta el Sol, alumbra, dirige nuestros pies en el
camino de paz.
Esta paz es al mismo tiempo objetiva y subjetiva. Objetivamente, equivale a la
reconciliación con Dios por medio del “cuerno de David”, “el Sol naciente”, el Mesías (2 Co.
5:20). Subjetivamente es la tranquila y consoladora seguridad del perdón y de la adopción
(Ro. 8:16s). Es la sonrisa de Dios reflejada en el corazón del pecador reconciliado, el refugio
de la tormenta, el escondedero a la sombra de sus alas, el arroyo que fluye de la fuente de la
gracia. A esa paz dirige nuestros pasos el Sol naciente.
Cuando este cántico emotivamente hermoso llega a su fin, nos parece ya oír canto de los
ángeles:
Gloria a Dios en la alturas,
y en la tierra paz a los hombres que él ha elegido
por su gracia.
Hemos estudiado “El cántico de amor de Elisabet” y el “Cántico de fe de María”.
Difícilmente se puede dudar que tenemos todo el derecho de llamar a la profecía del sacerdote
“Cántico de esperanza de Zacarías”. La misma palabra profecía que aquí usa, implica también
un mirar hacia adelante, que, como se ha mostrado, es el rasgo distintivo de este cántico.
La frase final de Lucas es:
80. Y el niño crecía y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el
día de su aparición pública a Israel.
Como todo niño normal, Juan creció. Cf. Jue. 13:24, 25. Puesto que sus padres eran
avanzados en años ya cuando fue concebido, probablemente el niño haya quedado huérfano
a temprana edad. Pero física y espiritualmente su desarrollo fue muy favorable. En realidad,
se hizo fuerte en espíritu, lleno de excelentes cualidades mentales, morales y espirituales.
[p 137] Vivía en lugares desiertos. Véase más al respecto en el comentario sobre 3:2b.
Esta vida solitaria duró hasta el comienzo de su “aparición” o “presentación” pública a Israel.
Con todo este versículo compárese lo que se dice acerca del niño Jesús en Lc. 2:40.
107
Lecciones prácticas derivadas de Lc. 1:67–80
V. 68 “Bendito (sea) …” La verdadera religión sin doxología es inconcebible.
V. 69 “Un cuerno de salvación para nosotros en la casa de David”. No hay mezquindad en
Zacarías. Nótese cómo sus pensamientos y acciones de gracias se vuelven de su propio hijo a
aquel otro Niño, El de la casa de David.
V. 70 “Sus santos profetas”. Mientras más bajo nuestro concepto de la inspiración, menores
son las bendiciones que recibimos y menor la capacidad de permitir que la Palabra sea una
bendición a los demás.
Vv. 71, 72, 75 “Salvación de nuestros enemigos … para servirle”. Cuando somos salvados de
algo, al mismo tiempo somos salvados para algo, esto es, ser de utilidad a otros, para la gloria
de Dios. Con frecuencia se olvida esto último.
V. 72 “Su santo pacto”. La salvación nunca comienza con nosotros. Comienza con Dios. Fue
él quien estableció su santo pacto con Abraham, pacto que todavía está en vigor. Léase Gá.
3:29; 1 Jn. 4:19.
Vv. 76, 77 “Y tú, hijo (mío) … impartirás al pueblo de Dios el conocimiento de la salvación”.
La más noble aspiración de los padres para sus hijos es que lleguen a ser “canales de
bendición”.
V. 78 “El corazón misericordioso de Dios”. ¡Qué alentadora es esta frase!
Vv. 78, 79 “El Sol nacients … para dar luz a quienes se sientan en tinieblas”. Cuando él los
alumbra, también ellos comienzan a brillar … más y más hasta la plena luz del día (Pr. 4:18).
“Para guiar nuestros pies en el camino de paz”. Ser un canal de bendición produce paz.
V. 80 “Estuvo en lugares desiertos”. Los que tienen planes de influir sobre las multitudes
deben prepararse estando a solas con Dios.
[p 138] Resumen del Capítulo 1
Prefacio dedicatorio (vv. 1–4). Lucas se vio motivado a escribir porque (a) los
acontecimientos que se centraron en Jesús eran tan importantes que muchas personas ya
habían tratado de sacar de ellos un relato; (b) había recibido información respecto de estos
acontecimientos de testigos dignos de confianza, y (c) él mismo había hecho una investigación
a fondo. Su propósito era que su amigo (¿auspiciador?) Teófilo, personaje distinguido que
puede haber ocupado una elevada posición en la cuidad de Roma y que ya había recibido
alguna instrucción en doctrina cristiana, pudiera llegar a conocer más completamente la
verdad acerca de Jesús. Indudablemente, el evangelista estaba tratando de alcanzar para
Cristo no solamente a Teófilo, sino a todo el mundo romano de habla griega.
Predicción del nacimiento de Juan (vv. 5–25). El ángel Gabriel repentinamente apareció a
Zacarías, mientras este anciano sacerdote estaba cumpliendo sus funciones en el altar del
incienso en el templo de Jerusalén. Gabriel dijo al sacerdote que su esposa Elisabet, que ya
era bien entrada en años, tendría un hijo que se llamaría Juan, y que este hijo, cuando
hubiera crecido, “volvería a muchos de los hijos de Israel al Señor se Dios”. Zacarías no creyó.
Como resultado se le dijo que no podría hablar hasta el día del cumplimiento de la
predicción. Cuando volvió ante la multitud que esperaba, el sacerdote trató de indicar por
medio de señales lo que le había ocurrido. Después Zacarías regresó a su hogar y Elisabet
quedó encinta.
Predicción del nacimiento de Jesús (vv. 26–38). En una pequeña aldea de Galilea vivía una
virgen llamada María. Por medio de una ceremonia solemne se había hecho el acuerdo de que
fuera la esposa del carpintero de Nazaret, José. El era un hombre bueno, que
108
verdaderamente la amaba. Véase Mt. 1:18, 19. Tanto María como José eran descendientes del
rey David y en consecuencia pertenecían a la tribu de Judá.
Un día Gabriel, el mismo ángel que había aparecido a Zacarías, se presentó también a
María. Le dijo que ella había sido favorecida por Dios y que concebiría y daría a luz un hijo
que se llamaría Jesús. Agregó que este niño sería grande, sería llamado “Hijo del Altísimo” y
reinaría para siempre. Cuando María preguntó cómo, en su estado virginal, podría realizarse
esta predicción, Gabriel respondió que el Espíritu Santo la cubriría con su sombra,
haciéndola concebir. Resultado: su hijo sería en realidad el Hijo de Dios. El ángel agregó que
debido a la omnipotencia de Dios aun la anciana Elisabet, su amiga y pariente, había
concebido y tenía ya seis meses de embarazo. María respondió: “Heme aquí, la sierva del
Señor. ¡Hágase conmigo según tu palabra!” Su rendición era total.
[p 139] María visita a Elisabet (vv. 39–45). Así María va a la región montañosa de Judea
para visitar a Elisabet. La anciana, al dirigirse a María, exclama:
¡Bienaventurada eres entre las mujeres,
y bendito el fruto de tu vientre!
El poema o himno en que muestra cuánta felicidad había sentido por la condición de María
se puede llamar “El cántico de amor de Elisabet”, porque el amor no tiene envidia (1 Co.
13:4).
El Magnificat de María (vv. 46–56). En este famoso himno, que se podría llamar “Cántico
de fe de María”, ella da evidencias de su confianza en el Dios poderoso y misericordioso, el
Santo, el Ayudador en tiempo de necesidad, el Dios del pacto. Las líneas iniciales son:
Magnifica mi alma al Señor,
y se regocija mi espíritu en Dios mi Salvador.
El nacimiento y nombramiento de Juan el Bautista (vv. 57–66). Cuando se hubo cumplido el
curso normal del embarazo de Elisabet, dio a luz un hijo varón, como se había anunciado, Al
octavo día, cuando el niño fue circuncidado, los vecinos y familiares querían ponerle el
nombre de su padre, Zacarías. Sin embargo, Elisabet insistía en que fuese llamado Juan
(“Jehová es misericordioso”). Cuando se consultó sobre esto a Zacarías, él escribió en una
tablilla, “Juan es su nombre”. Este acto de obediencia de su parte fue inmediatamente
recompensado con la restauración de la facultad de hablar. Comenzó a hablar alabando a
Dios. Todos estos maravillosos acontecimientos hicieron una profunda impresión sobre la
gente que vivía en la región montañosa de Judea.
Profecía de Zacarías (vv. 67–80). Otro nombre sería “Cántico de esperanza de Zacarías”. Se
divide en dos partes: en realidad son dos largas oraciones (vv. 68–75 y vv. 76–79). En la
primera oración Zacarías alaba a Dios por haber provisto salvación para su pueblo, en
cumplimiento de la profecía y de su santo pacto con Abraham. En la segunda, con esperanza
firmemente anclada, resume la misión de su hijo como precursor del Mesías, a quien describe
como el “Sol naciente” que está por alumbrar a “los que se sientan en tinieblas”.
La frase de Lucas que cierra el capítulo es: “Y el niño crecía y se fortalecía en espíritu; y
estuvo en lugares desiertos hasta el día de su aparición pública a Israel”.
109
[p 140]
Bosquejo del Capítulo 2
Tema: La obra que le diste que hiciera
2:1–7 El nacimiento de Jesús
2:8–21 Pastores y angeles
La circuncisión y el nombramiento de Jesús
2:22–38 La presentación de Jesús en el templo:
El Nunc Dimittis de Simeón
La acción de gracias y el testimonio de Ana
2:39, 40 El regreso a Nazaret
2:41–52 El niño en medio de los maestros
[p 141]

CAPITULO 2
LUCAS 2:1

2 1En aquellos días, fue promulgado un edicto por César Augusto que se levantara un censo de
todo el mundo [romano]. 2 Este, el primer censo, fue hecho mientras Cirenio era gobernador de86
Siria.87 E iban todos a empadronarse cada uno a su propio pueblo. 4 Así de Galilea, de la aldea de
Nazaret, José también subió a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, porque era de la casa
y familia de David, 5 para empadronarse88 con María su esposa, que estaba encinta. 6 Y mientras
estaban allá se cumplieron89 los días para que ella diese a luz. 7 Y dio a luz a su hijo primogénito. Lo
envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
2:1–7 El nacimiento de Jesús
Cf. Mt. 1:18–2590
1. En aquellos días, fue promulgado un edicto por César Augusto que se levantara un
censo en todo el mundo [romano].
Lc. 1:5 hace mención de Herodes, el rey; 2:1 se refiere a Augusto, el emperador. En cierta
medida, ¡qué diferentes eran el malévolo Herodes y el benévolo Augusto! Tenían en común por
cierto que eran paganos y hombres de capacidad superior, pero en ello se termina la
semejanza. En el tiempo del censo, mencionado aquí en Lc. 2:1, 2, aún vivía Herodes el
Grande (o Herodes I). Debe de haber muerto poco tiempo después.
El censo fue decretado por el emperador. El reinado del emperador y el del rey fueron
paralelos por lo menos durante veintitrés años (27–4 a.C.), como se muestra en la siguiente
página.
Ahora, en cuanto al censo. Pero antes hay que decir algo sobre el hombre que lo decretó,
el emperador Augusto. El conocer a este famoso emperador nos ayudará a entender Lc. 2:1s.
[p 142]
86
O: estaba al mando de.
87
O: Este empadronamiento ocurrió por primera vez mientras Cirenio, etc.
88
O: para hacerse empadronar.
89
O: completado.
90
Aunque estos dos párrafos narrativos armonizan, son paralelos sólo en una pequeña medida.
110

[p 143] Su nombre original era Cayo Octavio. En el período temprano de su vida (63–27
a.C.) se le conoce como Octavio. Como se muestra en el diagrama, fue emperador desde el 27
a.C. (o un poco antes) hasta su muerte el año 14 d.C. Véase lo que se dice de él en C.N.T.
sobre Mateo, en el comentario sobre 2:3.
Era sobrino nieto de Julio César, es decir, Atia, la madre de Octavio, era hija de Julia,
hermana de Julio César:

C.N.T. G. Hendriksen, Comentario del Nuevo Testamento


111

Julia

Julio ↓
César y
Atia
su
hermana ↓

Octavio

Su tío abuelo, Julio César, tenía un gran concepto de él y lo colmó de obsequios y


honores. Cuando el gran estadista y general fue asesinado (44 a.C.), Octavio supo que en su
testamento se la había nombrado a él que era su sobrino nieto, como hijo y heredero de
César. Entonces cambió de nombre y se llamó Cayo Julio César Octavio.
Una hermana de Octavio se casó con Antonio, miembro del segundo triunvirato (Antonio,
Octavio y Lépido). Cuando Antonio abandonó a su esposa y quedó hechizado por la
embrujadora reina de Egipto, Cleopatra y cuando, además, comenzó a mostrar mucho más
preocupación por sí mismo y por Cleopatra que por el bienestar de Roma, Octavio y los
romanos muy comprensiblemente se volvieron en su contra. En le batalla naval de Accio (31
a.C.) Antonio fue derrotado. Poco después, él y Cleopatra se suicidaron. Octavio había
vencido.
El año 27 a.C. el senado romano le confirió al antiguo Octavio—ahora Cayo Julio César—
el título Augusto (= majestuoso, sublime, altamente reverenciado). De allí en adelante fue
conocido como César Augusto o Augusto César.
Su carácter es difícil de analizar. Durante su ascensión al poder, fue despiadado. Sin
embargo, una vez en el poder, se suavizó. En realidad, llegó a ser un sabio administrador y
famoso organizador, especialmente de sus fuerzas militares y su guardia personal. Cf. Fil.
1:13. Por haber elegido con sabiduriá sus generales, ganó muchas batallas. Mostró un tacto
superior al tratar a sus súbditos y permitió que aun las provincias derrotadas retuvieran una
considerable medida de autonomía y participación en el gobierno local. Respetó sus
costumbres, sus convicciones religiosas y aun sus leyes, mientras no interfirieran con las de
Roma. Hizo que se promulgara una ordenanza que constituía en delito el adulterio. Estimuló
las artes y fomentó la literatura más limpia. Fue un gran constructor. Dio al mundo un largo
período de paz como hasta ese momento no se había conocido. Ha sido llamado “rey
benevoló”, y aun “el padre de su pueblo”.
Después de 41 años de un reinado predominantemente exitoso, murió tranquilamente en
los brazos de su esposa. Muchas de las reformas que [p 144] instituyó le sobrevivieron. Por
medio del censo contribuyó impensadamente al cumplimiento de la profecía de Mi. 5:2.
Al decir algunas cosas buenas de Augusto lo estamos poniendo en contraste con Herodes I
(frecuentemente llamado “el Grande”) que en comparación con Augusto era peor que una
bestia. De ningún modo estamos diciendo “Augusto era casi un cristiano”. ¡Lejos de ello! Que,
después de todo, era un pagano, se nota claramente no sólo por la manera despiadada en que
asumió el poder, sino también por varios otros hechos: aunque por un acto jurídico convirtió
el adulterio en delito, como se dijo anteriormente, en su propia vida él minaba la santidad del
matrimonio. Cuando su primera esposa Scribonia, no pudo darle un hijo—le había dado una
hija, Julia—se divorció de ella y se casó con Livia, de quien se había enamorado locamente.
Además, obligó al hijo mayor de Livia (hijo del primer matrimonio de ella), Tiberio, que más
adelante fuera emperador, a que se divorciara de su esposa para casarse con Julia.
112
En cuanto al culto al emperador, puesto que Augusto comprendió que la impopularidad de
su padre adoptivo, Julio César, se debía a su aceptación de los honores divinos, no estimuló
el culto a su persona. No obstante, no solamente aceptó para sí el título de Pontifex Maximus
o Sumo Sacerdote esto es, jefe de todo culto religioso, sino también insistió en la deificación
del asesinado Julio César, llegando a construir un templo en su honor. Además, no se opuso
a la edificación de templos a “Roma y Augusto”.
Considerándolo todo, por lo tanto, probablemente sea justificado decir esto de César
Augusto: ciertamente era mejor que la mayoría de los emperadores romanos y que Herodes I.
Sin embargo, estaba muy lejos de alcanzar la medida de las normas cristianas. Augusto era
pagano. Sin embargo, en la inescrutable sabiduría de Dios, este pagano fue usado para el
progreso del reino de Dios. Fue la Pax Romana (paz romana), a la que contribuyó liberalmente
Augusto, lo que hizo posible que la religión cristiana avanzara hasta que, en un tiempo muy
breve, se hubo extendido por todo el mundo mediterráneo.92
Puesto que, como se ha indicado, Augusto era un hombre metódico y un buen
administrador que había tomado nota del confuso estado de los asuntos en el reino que se
había encomendado a su cuidado, ordenó que en todo el mundo habitado se hiciera un
censo, esto es, en el mundo poblado hasta donde llegaba el dominio romano. El censo fue
ordenado “en [p 145] aquellos días”, una expresión muy indefinida, probablemente
refiriéndose a los días de Herodes (1:5).
Algo se puede decir en favor de la interpretación de que el emperador realmente no ordenó
un censo sino un sistema regular de censos: un empadronamiento con miras al
establecimiento de un sistema de recaudación de impuestos que se produciría en intervalos
regulares.
Ya no se puede negar que se hayan realizado aquellos empadronamientos periódicos. Se
han encontrado los papeles mismos que indican un empadronamiento cada catorce años; a
saber, los que prueban que se tomó un censo en los años d.C. 230, 216, 202, 188, 174, 160,
146, 132, 118, 104, 90, 62, 34. Hay también referencias indirectas a censos en los años 48 y
20 d.C.93
A 20 d.C. le restamos 14 y esto nos lleva al año 6 d.C. como un año de censo. Josefo nos
proporciona evidencia indirecta para corroborar que esta fecha es correcta, en Antigüedades
XVIII.26 (véase también XVII.355; XVIII.1). Afirma que el censo se llevó a cabo en el “año 37
de la derrota causada por César a Antonio en Accio”. Puesto que sabemos que esa batalla
ocurrió el 2 de septiembre del año 31 a.C., nos señala el año 6 d.C. como la fecha del censo
que provocó una gran inquietud entre los judíos. Véase Hch. 5:37; Josefo, Guerra judaica,
VII.253.
Cuando una vez más sustraemos 14 años, llegamos finalmente al año 8 a.C. como la fecha
del primer censo. ¿Pero significa esto necesariamente que en el dominio de Herodes el censo
fue completado el año 8 a.C.? Esto nos introduce al v. 2. Este, el primer censo, fue hecho
mientras Cirenio era gobernador de Siria. Es claro que el sentido es que el sistema de

92

También se ve que Augusto se rendía culto a sí mismo en su Monumentum Ancyranum, necrología escrita por él mismo, en que
relata sus logros. En su testamento, ordenó que este necrología fuese grabada en bronce sobre dos columnas en frente de su
mausoleo en Roma.
La obra Cambridge Ancient History, Vol X, cap. 1–8 (1934), da un amplio tratamiento a la vida y los tiempos de Augusto y
proporciona bibliografías. Véase también el artículo sobre Augustus en la Encyclopaedia Britannica, Chicago, Londres, etc.,
edición de 1969, vol. 2, pp. 758–761; y A. Hyma y J. F. Stach, World History, A Christian Interpretation, Grand Rapids, 1942, pp.
80, 86, 87.
93
Véase W. M. Ramsay, Was Christ Born in Bethlehem?, pp. 129, 132, 170; The Bearing of Recent Discovery, pp. 255–274; A. T.
Robertson, Luke the Historian, p. 123.
113
empadronamientos periódicos se puso en acción por primera vez cuando Cirenio era
gobernador de Siria.94
[p 146] En este punto surgen dos dificultades, las dos relacionadas con la fecha 8 a.C. La
primera tiene que ver con 8 a.C. y Cirenio; la segunda con 8 a.C. y Jesús.
En cuanto a la primera dificultad, ¿no es verdad que según Josefo (Antigüedades XVIII.1)
Cirenio fue gobernador de Siria no en 8 a.C. sino en 6 d.C., cuando “llegó … para hacer una
tasación”, y cuando un cierto Judas (cf. Hch. 5:37) instigó una rebelión?
Respuesta: Inscripciones descubiertas por William Ramsay muestran que Cirenio fue
“gobernador” en Siria tanto antes como después del nacimiento de Jesús, aunque no
necesariamente en el mismo sentido cada vez. Véanse más detalles en las obras de Ramsay y
de Robertson mencionadas ya (nota 30), especialmente Ramsay, Was Christ Born at
Bethlehem?, p. 109; Robertson, Luke the Historian, p. 128. En realidad, con breves
interrupciones, Cirenio tuvo el cargo de gobernador militar o comandante en jefe en Siria
desde 12 a.C. hasta 16 d.C.95
En cuanto a la segunda dificultad, si es verdad que el censo a que se refiere Lc. 2:2, y por
lo tanto, que el nacimiento de Jesús ocurrió al año 8 a.C., entonces el comienzo del ministerio
de Cristo, cuando tenía unos 30 años (Lc. 3:23), debe fecharse el año 22 d.C., y la primera
purificación del templo (Jn. 2:12ss) aproximadamente el año 23 d.C. Pero esto nos pone en
conflicto con Jn. 2:20 según el cual esa estructura, obra comenzada el 19 a.C., había estado
en proceso de edificación durante 46 años. El lapso de 46 años nos da la fecha 27 d.C. para
la primera purificación del templo, y la fecha 26 d.C. para el comienzo del ministerio de
Cristo. Por eso no es irrazonable la fecha diciembre del año 5 a.C. para el nacimiento de
Cristo. Pero 8 a.C. sería demasiado temprano.
Uno llega al mismo resultado procediendo a partir de la suposición válida de que con toda
probabilidad el nacimiento de Jesús ocurrió poco antes de la muerte de Herodes I (véase
C.N.T. sobre Mateo, pp. 192, 193), el 4 de abril del año 4 a.C. o antes.96

94

Al poner la palabra censo (o empadronamiento) en lugar de tasación (en Lc. 2:2) se lee “Este censo fue hecho primero cuando
Cirenio (o Quirinio, mejor) era gobernador de Siria”, lo cual es una buena traducción de diversas versiones castellanas. Es
incorrecto: “Este fue el primer censo que se hizo mientras Cirenio era gobernador de Siria”, como si Lucas estuviera mirando hacia
adelante y dijera” “De los dos censos hechos mientras cirenio era gobernador de Siria este fue el primero; el mencionado en Hch.
5:37 fue el segundo”. La redacción del texto en el original muestra que Lucas no está mirando al futuro, sino atrás a un tiempo
cuando aun no había censos. Esta es la interpretación de L.N.T. (A. y G.), p. 733.
Otro punto de vista dudoso es aquel según el cual Lucas estaría diciendo: “Este primer censo no ocurrió sino hasta [el año 6
d.C., cuando] Quirinio era gobernador de Siria”. Aunque esto elimina la necesidad de poner dos censos bajo Cirenio, no armoniza
con el contexto inmediatamente siguiente: “e iban todos para ser empadronados … José también subió a Belén … para ser
empadronado con María … Y mientras estaban allí, ella dio a luz”, etc. Además es difícil de ver cómo esta interpretación se puede
reconciliar con la redacción del texto griego. Esa objeción también vale con respecto a la traducción de F. M. Heichelheim en An
Economic Survey of Ancient Rome, editado por T. Frank, Vol. IV, Baltimore, 1938, p. 161, a saber, “Este censo fue el primero
antes del realizado bajo la prefectura de Quirinio en Siria”.
30 Véanse sus muchos libros que siguen esta línea; en la presente conexión, especialmente The Bearing of Recent Discovery on the
Truthworthiness of the New Testament, reimpresión Grand Rapids, 1953; y Was Christ Born at Bethlehem?, 1898. Véase también
A. T. Robertson, Luke the Historian; y M. F. Unger, Archaeology and the New Testament, Grand Rapids, 1962.
95

F. W. Danker, op. cit., p. 23.


La declaración de Tertuliano (Contra Marción, Libro IV, cap. 19) que en Judea el censo fue tomado por Sencio Saturnino
tiene poco peso. Relaciona este censo con el hecho relatado en Mt. 12:46–50 y hasta se contradice a sí mismo, cuando en otra parte
da una fecha completamente distinta para el nacimiento de Cristo. Véase The Ante-Nicene Fathers, Grand Rapids, 1951, Vol. III,
p. 378, nota 3.
96
Véase también H.W. Hoehner, “Chronological Aspects of the Life of Christ”, Parte I: “The Date of Christ’s Birth”, BS, Vol. 130,
No 529 (oct.–dic. 1973), pp. 338–351. En la p. 350, Hoehner afirma: “Satisface mejor la evidencia el final del año 5 a.C. o los
comienzos del año 4 a.C.” Yo concuerdo con esto.
114
¿Cómo, entonces, podemos dar razón de la presunta discrepancia: el censo 8 a.C.,
nacimiento probablemente 5 a.C. y no antes de 6 a.C.?
Esto sigue siendo un problema, aunque no reviste gravedad. Podríamos, con mucha
probabilidad, suponer que en el reino de Herodes la ejecución del decreto fue postergada. Hay
algunas consideraciones que señalan en ese sentido:
[p 147] Siempre, desde los sucesos relatados en 2 S. 24, los judíos tenían miedo a los
censos. Por sobre todo se oponían a un censo impuesto por una potencia extranjera. Esto iba
a ser muy claro por lo ocurrido en año 6 d.C.—esto es, varios años después de la muerte de
Herodes—en relación con el segundo censo.
Por lo tanto, es comprensible la vacilación de Herodes para llevar a cabo el decreto del
emperador. Podría haber pensado que precipitarse en la realización del censo decretado iba a
significarle problemas. Así que se puede suponer que Herodes obtuvo permiso del emperador
para postergar la realización del censo. Se ha indicado que Augusto tomaba en cuenta los
deseos de las naciones subyugadas. Por tanto, que Herodes prepare gradualmente a su
pueblo para el censo. En su reino que se posponga la ejecución del decreto por un tiempo.
Sin embargo, la postergación no significa la anulación. Hombre determinado, sistemático y
ordenado, Augusto aún insiste en el censo, y esto no solamente en otros lugares—por
ejemplo, en Egipto, que ha dejado muchas evidencias de un censo periódico—sino también en
el reino de los judíos. Mientras tanto, como se ha indicado en el C.N.T. sobre Mateo, pp. 169–
176; 190–204, se estaba deteriorando la condición física, mental y especialmente moral de
Herodes, de modo que se convierte en el asesino de aquellas personas que más debió amar.
Una vez antes el emperador le había escrito: “Así como anteriormente te traté como amigo,
ahora te trataré como a un súbdito”. Y ahora, habiendo sido informado de las insensatas y
diabólicas atrocidades de Herodes—¡hasta hizo matar a sus propios hijos!—Augusto observa:
“Es mejor ser el cerdo (hun) de Herodes que su hijo (huion)”.97 En consecuencia, el emperador
ahora se niega a esperar por más tiempo. De este modo el censo originalmente ordenado el
año 8 a.C. finalmente se ejecuta—o se completa—más o menos el año 5 a.C.
Hay que subrayar que este intento de resolver el problema de 8 a.C. y Jesús es sólo
conjetura. Una solución más sencilla podría ser que desde el principio el emperador haya
dejado el momento exacto de la ejecución del decreto al arbitrio de quienes estaban
inmediatamente encargados en cada lugar. O alguien podría alegar que especialmente en los
dominios de Herodes la toma de un censo era algo que llevaba mucho tiempo.
Sea cual fuere la solución real, un hecho se destaca, como se mencionó anteriormente en
la Introducción, a saber, que cada vez que ha sido posible controlar las declaraciones de
Lucas, ha saltado a la luz su impecabilidad como historiador. Nada de lo que dice ha podido
ser refutado.
[p 148] Es bueno saber esto. Sin embargo, es más importante el hecho de que el creyente
se acerca a las Escrituras con la firme convicción de que es la verdad. El cree esto sin
siquiera esperar una pretendida “confirmación” de fuentes externas.
3. E iban todos a empadronarse, cada uno a su propio pueblo. Consecuentemente, en
la tierra de los judíos el empadronamiento era por “familias”. Esto también ocurrió en Egipto,
como lo indica un edicto de G. Vibius Maximus, gobernador de Egipto el año 104 d.C.98

97
El juego de palabras tiene sentido especialmente si uno tiene presente que como rey de los judíos, que trataba de hacer creer a
sus súbditos que él adoraba al Dios de ellos y respetaba sus leyes, ¡no debía él comer cerdo! Los cerdos nada tenían que temer de
él, ¡pero sí sus hijos!
98
Véase A. Deissmann, op. cit., pp. 270, 271, incluyendo la fig. 51. Véase también F. G. Kenyon y H. I. Bell, Greek Papyri in the
British Museum, Vol. III, Londres, 1907, p. 125.
115
4, 5. Así, de Galilea, de la aldea de Nazaret, José también subió a Judea, a la ciudad
de David que se llama Belén, porque era de la casa y familia de David, para
empadronarse con María desposada con él, que estaba encinta.
En el C.N.T. sobre Mateo, p. 116, se señaló la importancia que tenía para el judío conocer
su línea genealógica, su linaje familiar. José era de la casa y familia de David, como también
es claro al considerar Mt. 1:6, 16. Nótese “casa y familia”. “Casa” es aquí la palabra más
amplia, de otro modo no se habría añadido la palabra “y familia”.
En 1 S. 20:6 Belén es llamada “ciudad de David”. Es el lugar donde nació. En los campos
que rodeaban esta aldea fue donde cuidaba ovejas (1 S. 17:15). Es un hecho que durante
largo tiempo David y sus familiares tenían cada año una fiesta con un sacrificio, un tipo de
sagrada reunión familiar en este lugar, como lo da a entender 1 S. 20:6. Véase también 2 S.
23:15, 16. Por lo tanto, podemos suponer que era allá donde se encontraban los registros de
la familia.
Se ha negado que se requiriera la presencia de María, que era de la casa de David, como
ya se ha mostrado, para ser empadronada. Pero de un acta de empadronamiento que
completó y entregó alguien que vivía en Egipto se puede llegar a la conclusión de que en
aquel país marido y mujer tenían que estar presentes.99 ¿Y no sugieren las palabras “José
subió … para ser empadronado con María”, que lo que se hacía en Egipto también se
aplicaba en el reino de Herodes?
Pero fuera o no necesaria su presencia, estaba fuera de dudas si María debía quedarse en
Nazaret. Con toda probabilidad se habría visto expuesta a calumnias. José era una persona
demasiado buena como para permitir que esto ocurriese. Además, quería estar con ella
cuando naciera el niño. También, no hay que excluir la posibilidad que estas dos personas
devotas, que habían recibido mensajes angelicales acerca de Aquel que iba a nacer (Mt. 1:20–
23; Lc. 1:26–37), conocieran la profecía de Mi. 5:2 (cf. Jn. 7:42).
[p 149] El evangelista llama a María “desposada con el (= José)”. En esos momentos María
ya era la “esposa” de José, como es claro de Mt. 1:20, 24. Pero, aunque eran marido y mujer,
en un sentido seguían en una relación de novios, como se desprende claramente de Mt. 1:24
b, 25, “… no tuvo relaciones sexuales con ella hasta que hubo dado a luz un hijo”. Esa
situación podría bien haber sido la razón por la que Lucas describe a María como la
“desposada” de José.
Para José, el viaje de Nazaret a Belén no debe de haber sido agotador en exceso. Pero para
María, en los días finales del embarazo, viajar esta considerable distancia—unos 140
kilómetros por el camino de Transjordania que hace un rodeo—tiene que haber sido
completamente agotador. Y si el viaje fue hecho durante el tiempo de las lluvias, posibilidad
que no tenemos derecho de descontar, la tensión y el cansancio deben de haber sido aun
mayores.
Finalmente los viajeros llegaron al valle desde el cual podían ver la empinada ladera en
que se encontraba Belén. ¿Tuvieron tiempo de pensar en David cuidando las ovejas mientras
tocaba el arpa? ¿O en Rut espigando en los campos de Booz? Si así hubiera sido, en cuanto
llegaron a la aldea tales pensamientos debieron dar paso a la imperiosa necesidad de
encontrar alojamiento.
6, 7. Y mientras estaban allí, se cumplieron los días para que ella diese a luz. Y dio a
luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no
había lugar para ellos en el mesón.
En relación con este sencillo pero importantísimo pasaje, nótese lo siguiente:

99
Véase G. D. J. Aalders, Het Romeinsche Imperium En Het Nieuwe Testament, Kampen, 1938, pp. 34, 35.
116
a. La expresión “mientras estaban allí se cumplieron (se completaron) los días” podría
significar que los dos pasaron unos pocos días en Belén antes del nacimiento del niño. Por
otra parte, las palabras podrían poner especial énfasis en el hecho de que Jesús nació
indudablemente en Belén: el gran acontecimiento ocurrió mientras ellos estaban allí.
b. “Se cumplieron los días”. El nacimiento ocurrió en “el cumplimiento del tiempo” (Gá.
4:4). Sin embargo, en este caso particular, el sentido podría ser sencillamente que el
nacimiento se produjo cuando expiró el tiempo normal de gestación. Aun cuando la
concepción misma era un milagro, el proceso de desarrollo dentro de la matriz tuvo que
seguir su curso normal.
c. “Su hijo primogénito”. Nótese: no su “único hijo”, sino su “hijo primogénito”. La
explicación natural es ciertamente esta, que después del nacimiento de Jesús María siguió
teniendo hijos. En el Nuevo Testamento se mencionan los nombres mismos de los hermanos
de Jesús (Mt. 13:55). El hecho de que tenía hermanos también es claro en Mt. 12:46, 47 (cf.
Mr. 3:31, 32; Lc. 8:19, 20); Jn. 2:12; 7:3, 5, 10; Hch. 1:14. Y Mt. 13:56 hace referencia a sus
hermanas.
[p 150] d. “Lo envolvió en pañales”. Nótese “ella” lo envolvió. ¿Significa esto que María,
acabando de dar a luz su primogénito, inmediatamente, con sus propias manos, lo envolvió?
¡No necesariamente! No más que la declaración de Herodes: “A Juan decapité” (Lc. 9:9),
significa que él personalmente había blandido el hacha del verdugo; y no más que la
declaración de Pilato: “Lo castigaré” (Lc. 23:16), significa que él en persona intentaba hacerlo.
Si suponemos que María dio las instrucciones y José (o alguna otra persona) las llevó a cabo,
probablemente habremos expresado lo que el pasaje quiere decir.
En cuanto a la manera en que el pequeño fue envuelto en pañales, véase B.S. Easton,
“Swaddle, Swaddling-Band”, I.S.B.E., Vol. V, p. 2874, aunque se puede cuestionar si ese
procedimiento se siguió en forma exacta en este caso. Baste decir que el bebé fue envuelto
con tiras de tela, que daban vueltas alrededor de su cuerpo, atándolo firmemente. Volveremos
sobre esto en un momento.
e. “… y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón”.
Acerca de este “mesón” hay diversas interpretaciones, a veces muy divergentes.100 Nótense
las siguientes teorías:
(1) El mesón, albergue, o caravasar se edificaba en torno a los cuatro lados de un patio
interior. Generalmente tenía dos pisos. En el segundo piso, al que se llegaba por una rústica
escalera, estaban las habitaciones para los viajeros. Los que se detenían en el mesón llevaban
consigo su propia frazada y almohada. Si una persona no tenía frazada, se envolvía en su
túnica. En el piso bajo se encontraba el establo para los animales. Allí también se podía
almacenar temporalmente la carga que transportaba la caravana. Y también allí se
albergaban los criados que se encargaban de los animales de carga (asnos, camellos). Fue en
ese tipo de “establo” que José y María encontraron albergue cuando ya no había lugar para
ellos en el mesón propiamente dicho, el segundo piso.101
(2) Similar a esta es la explicación de A. T. Robertson, Word Pictures, p. 23, que, sin
embargo, dice que el establo estaba “en uno de los costados del cuadrado, fuera del muro”.

I.S.B.E. International Standard Bible Encyclopedia


100
Véase especialmente, Lenski, op. cit., pp. 112, 113. Este expositor, que ha dado a sus lectores mucho material valioso, parece
perder la paciencia cuando llega a esta parte de la historia de la Navidad. Llama, “exégesis barata” a la idea de que el Nuevo
Testamento enseñara que María tuvo más hijos y describe como “absurdo” el pensamiento que José y María se hubieran detenido
en un mesón, particularmente uno como lo descrito por A.T. Robertson en Word Pictures. Todo lo que podemos decir es que en
este caso la interpretación de Lenski no alcanza el nivel de excelencia que le es usual.
101
Véase la interesante descripción en H. Mulder, Spoorzoeker in Bijbelse Landen, Amsterdam, 1973, pp. 64–67.
117
Tiene cuidado en señalar que el pesebre en que fue puesto el niño o estaba conectado con el
mesón o estaba en una cueva.
[p 151] (3) El pesebre estaba en una cueva, pero la cueva estaba definitivamente en una
parte de la posada o estaba asociada con ella.
(4) El mesón estaba lleno: el piso de arriba estaba lleno de pasajeros cansados. Aun en la
azotea se había agotado el espacio. Y abajo los criados llenaban el patio, acostando los
animales para pasar la noche. Por sugerencia de algún aldeano, José y María encontraron
albergue en una cueva establo.102
(5) La traducción “mesón” (“posada”, “albergue”) es errónea. La traducción correcta es
“lugar de detención” (Lenski), o “aposento alto” (Christie, en I.S.B.E., Vol. III, p. 1470, y varios
otros).
Ellos razonan a partir de la palabra griega que aquí se traduce mesón, en Mr. 14:14
significa “aposento alto” (= Lc. 22:11); entonces, si tiene ese significado allá, ¿porqué no aquí?
Según Lenski, José y María trataron de encontrar alojamiento con algunos parientes, pero,
como todo el espacio disponible en sus hogares ya había sido ocupado, estos familiares
pusieron a sus visitas en un cobertizo adyacente, donde se guardaban los asnos.
Comentario sobre las teorías (1) a (5)
Cualquiera de las primeras cuatro teorías podría ser la correcta. Tienen en común su
apoyo a la traducción mesón en 2:7.
¿Por qué no había lugar para ellos en el mesón? ¿Fue porque Belén estaba lleno de
personas que querían ser empadronadas? Esa es la razón que se da frecuentemente. Podría
ser correcta, pero probablemente sea incorrecta o por lo menos incompleta. Merece
consideración el hecho de que la aldea ahora estaba llena de hombres encargados de hacer el
censo: oficiales y soldados del gobierno romano. Es bien sabido que puesto que Augusto y los
que llevaban a cabo su decreto estaban en conocimiento del hecho de que los judíos, por
escrúpulos religiosos, tenían un gran temor de tomar contacto con los no judíos, los oficiales
del censo debían albergarse hasta donde fuera posible, no en hogares privados sino en
lugares públicos, por ejemplo, en mesones. Así que no es sorprendente que sea exactamente
en el mesón donde no hubo lugar para José y María.
Esto también muestra que la traducción mesón probablemente sea correcta y que la teoría
(5) probablemente sea defectuosa. Véase más al respecto en la nota sobre estos versículos
más abajo.
El propietario del mesón no debe ser acusado de crueldad. Sencillamente no había lugar,
salvo en el establo de la posada o en la cueva que se usaba como establo.
La creencia que los viajeros de Nazaret se albergaron “en cierta caverna” se remota a
Justino Mártir (aproximadamente 114–165 d.C.). Véase su Dialogue with Trypho, cap. 78. Un
punto de vista similar fue expresado por Orígenes, Contra Celso, I.51.
[p 152] Elena, la madre de Constantino, edificó un templo en el presunto lugar del
nacimiento. El edificio de la iglesia que actualmente hay allí fue construido por Justiniano.
En su interior, las gradas que hay a ambos lados del altar conducen a una cueva abajo,
donde el supuesto lugar del nacimiento de Jesús está señalado por una estrella. ¿Estuvo allí
realmente el establo en que el niño nació? Esto no se puede probar ni refutar. No tiene mayor
importancia. Una cosa es cierta: el brillo, el esplendor y el perfume del actual lugar no
representan las circunstancias habidas cuando este niño nació. No se peca de ser demasiado
enfático cuando se afirma que nuestro Señor nació en un establo y fue acostado en un

102
G. E. Wright (editor), Great People of the Bible and How They Lived, Pleasantville, Montreal, etc., 1974, p. 320.
118
pesebre, esto es, en un comedero para animales, posiblemente un nicho cavado en el muro de
la cueva.
“Salve, muy favorecida, el Señor es contigo”
“No había lugar para ellos en el mesón”
“Será grande y será llamado el Hijo del Altísimo”.
“Lo acostó en un pesebre”.
¿Por qué estos contrastes? La respuesta la da 2 Co. 8:9: “Porque conocéis la gracia de
nuestro Señor Jesucristo, que aunque era rico, por amor a vosotros se hizo pobre, para que
vosotros por su pobreza fueseis enriquecidos”. Véanse también Jn. 3:16;