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Dictadura de Primo de Rivera en España

El documento resume la Dictadura de Miguel Primo de Rivera en España entre 1923 y 1930. Primo de Rivera dio un golpe de estado en 1923 con el apoyo del rey Alfonso XIII y estableció una dictadura militar. Inicialmente tuvo cierto apoyo público por restaurar el orden, pero su falta de un proyecto político claro y el fracaso de sus intentos de institucionalizarse llevaron a su caída en 1930 tras aumentar la oposición de intelectuales, estudiantes y partidos políticos.

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Dictadura de Primo de Rivera en España

El documento resume la Dictadura de Miguel Primo de Rivera en España entre 1923 y 1930. Primo de Rivera dio un golpe de estado en 1923 con el apoyo del rey Alfonso XIII y estableció una dictadura militar. Inicialmente tuvo cierto apoyo público por restaurar el orden, pero su falta de un proyecto político claro y el fracaso de sus intentos de institucionalizarse llevaron a su caída en 1930 tras aumentar la oposición de intelectuales, estudiantes y partidos políticos.

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LA DICTADURA DE MIGUEL PRIMO DE RIVERA

Introducción

Alfonso XIII nació en Madrid en 1886, hijo póstumo de Alfonso XII y de María Cristina de Habsburgo.
Hasta 1902, fecha en que juró la Constitución de 1876 y empezó a reinar efectivamente, su madre
ejerció la Regencia. En 1906 se casó con Victoria Eugenia Battenberg, con la que tuvo seis hijos.

La crisis de 1898 destapó los grandes problemas de España. Un estado de opinión regeneracionista
puso a prueba el sistema político de la Restauración. Los acontecimientos de 1909 y 1917, mostraron
signos claros de su descomposición.

La desaparición de los dos grandes líderes de los partidos -Conservador (Cánovas) y Liberal
(Sagasta)- provocó su fraccionamiento. Desde principios de siglo, nuevos líderes competirán por la
jefatura de los dos partidos dinásticos.

En 1923 Alfonso XIII aceptó el golpe militar y la Dictadura de Primo de Rivera como solución de fuerza
ante la crisis. En 1930, después del fracaso de Primo de Rivera, el rey intentó restaurar el orden
constitucional, pero las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 trajeron la II República dos días
después: el 14 de abril.

Alfonso XIII abandonó el país y pasó sus últimos años en Roma, donde murió en 1941. En 1980 sus
restos fueron trasladados al Panteón de los Reyes del Monasterio de El Escorial donde reposan en la
actualidad.

Durante su reinado la cultura y la ciencia vivieron años de esplendor.

Durante el primer tercio del siglo XX los diferentes gobiernos tuvieron que afrontar los problemas
existentes en España, cuyo origen se remontaba en muchos casos a los inicios del sistema liberal.

En las décadas finales del siglo XIX surgieron con fuerza los nacionalismos en territorios que tenían
peculiaridades culturales: Cataluña y País Vasco, sobre todo. Estos nacionalismos periféricos
manifestaron la necesidad de disponer de órganos de gobierno autónomos y preservar sus señas de
identidad lingüísticas y culturales.

La cuestión religiosa derivó del excesivo peso de la religión y de la Iglesia católica en la sociedad y en la
política españolas. La Constitución de 1876 -aunque reconocía la libertad de culto- definía un Estado
confesional católico, circunstancia discutida por la izquierda en general.

Los problemas sociales, referidos a las condiciones de vida de los obreros y los campesinos, tenían
raíces muy hondas y se agudizaron en estos años con el desigual crecimiento económico del país. Sus
protestas fueron canalizadas a través del anarquismo y del socialismo.

Finalmente, la guerra de Marruecos se convirtió en una sangría de hombres y dinero para España.
Provocó inquietud en el ejército y malestar e impopularidad en la sociedad española.

El término regeneracionismo encuadra las críticas al sistema de la Restauración y acoge tendencias


distintas. Se originó en medios intelectuales y acabó por crear un estado de opinión muy generalizado tras
el Desastre del 98.

Su principal teórico fue Joaquín Costa. A sus planteamientos se sumaron muchos intelectuales de la
época, como Unamuno, Maeztu, Ortega o Azaña, aunque tuvieron evoluciones muy diversas. Llegó a
influir en políticos de la Restauración, como Maura.

La reflexión regeneracionista sobre el “problema español” se puede sintetizar en tres puntos:

1. Un diagnóstico pesimista sobre el pasado español. La historia de España es contemplada


como un proceso que desembocaba en una “nación frustrada”. Costa llegó a decir que era
necesario “fundar España otra vez, como si no hubiera existido”. Las supuestas hazañas de
ese pasado debían revisarse: “doble llave al sepulcro del Cid”.

2. La solución a los problemas de España había que buscarla en Europa. Los países más
avanzados del continente europeo aparecían como una realidad que gozaba de riqueza
material, orden social, auténticos sistemas parlamentarios y de una expansión popular de la
cultura.

El sistema político de la Restauración lo resumió Costa en dos rasgos negativos: oligarquía y


caciquismo. El país estaba dirigido por una “minoría absoluta, que atiende exclusivamente a su interés
personal, sacrificándole el bien de la comunidad”. El pueblo carecía de sentimiento activo de ciudadanía y
necesitaba un “cirujano de hierro”, especie de dictador altruista que lo sacase de su apatía.

El golpe de estado

El 13 de septiembre de 1923, el capitán general de Cataluña Miguel Primo de Rivera, dio un golpe de
Estado. Alfonso XIII se apresuró a aceptar el pronunciamiento y encargó al general sublevado la
formación de un nuevo Gobierno o Directorio compuesto exclusivamente por militares.

Se trataba de implantar -con carácter provisional- gobierno autoritario, suspendiendo la Constitución, el


Parlamento y los partidos políticos. Todo ello bajo el amparo de la monarquía.

La actitud de la población ante el golpe osciló entre la satisfacción y la pasividad. La burguesía


(especialmente la catalana) pensaba en un rápido restablecimiento del orden. Muchos españoles vieron
en el pronunciamiento el ideal “regeneracionista” de poner fin a la corrupta “vieja política”. Dentro del
movimiento obrero, los socialistas adoptaron una posición expectante y cauta, y sólo los anarquistas
trataron de ofrecer resistencia.

La oposición a la Dictadura -débil en un principio- fue creciendo a medida que la situación se prolongaba.

La evolución política de la Dictadura pasó por distintos periodos: el Directorio militar, el Directorio civil
y el intento frustrado de vuelta al orden constitucional, que desembocará en la proclamación de la II
República.

Durante los dos primeros años (1923-1925), Primo de Rivera encabezó un Directorio, compuesto
exclusivamente por generales de todas las armas y un marino. Todas sus resoluciones eran sometidas a
la firma del rey.

Los puestos claves de la administración provincial (Gobiernos civiles) y local (Ayuntamientos) fueron
ocupados por el ejército. El orden público se estableció con medidas contundentes.

Para organizar el respaldo social al régimen, se creó la Unión Patriótica en 1924. Era una especie de
partido único que recogía los principios populistas del dictador. Pretendía aglutinar a “los patriotas de
buena voluntad” partidarios del orden.

El éxito más importante fue la pacificación de Marruecos. En septiembre de 1925, después de conseguir
la colaboración de Francia, organizó el desembarco de Alhucemas, primer paso para la resolución del
conflicto marroquí.

Este hecho le dio mucha popularidad y le animó a continuar al frente de la gobernación del país e
institucionalizar la Dictadura

En diciembre de 1925 se restableció el Consejo de Ministros. El nuevo gobierno fue conocido como
Directorio civil por la entrada de políticos civiles, como José Calvo Sotelo (ministro de Hacienda), el
conde de Guadalhorce (Fomento) y Eduardo Aunós (Trabajo).

La política de la Dictadura podemos sintetizarla en tres ámbitos:

• Política económica:
Desarrolló una política de nacionalismo económico en un contexto internacional favorable
(los “felices veinte”). Creó el monopolio de petróleos (CAMPSA) y la Telefónica. Intentó
introducir un impuesto global sobre la renta, que tuvo muchas resistencias.

• Obras Públicas. Puso en práctica ambiciosas obras hidráulicas, amplió la red carreteras y
modernizó la de ferrocarriles.

• Política laboral. Creó los “comités paritarios” para resolver los conflictos entre obreros y
patronos. Se inspiró en algunos aspectos del corporativismo fascista y contó con la
colaboración de los socialistas. Estas medidas, combinadas con la represión, redujeron la
conflictividad social.

La Dictadura fracasó cuando intentó institucionalizarse. No tenía, en realidad, un proyecto político claro y
Primo de Rivera demostró grandes vacilaciones.

En 1927 se creó la Asamblea Nacional con funciones meramente consultivas. Fue inoperante: su
proyecto de una nueva Constitución (de carácter corporativo) disgustó a casi todos. A la altura de 1929, la
Dictadura apenas tenía respaldo, empezando por el rey.
La Dictadura cayó más por su fracaso político que por la fuerza de sus opositores.

En sus comienzos, la oposición se limitó a algunos representantes de la “vieja política” (liberales y


conservadores). En cuanto al movimiento obrero, la oposición de los anarcosindicalistas fue liquidada
de forma contundente y rápida.

Más importancia tuvo la oposición de los intelectuales. Al principio fueron pocos. El más destacado fue
Miguel de Unamuno, cesado en sus cargos académicos y desterrado a Fuerteventura. Huyó y se refugió
en Hendaya -en la frontera francesa-, desde donde hostigó sin descanso a la Dictadura. Otros
intelectuales, como Marañón, fueron únicamente multados.

A partir de 1927, esta actitud intelectual conectó con un movimiento estudiantil organizado en la
Federación Universitaria Escolar (FUE), que protagonizó protestas. En 1929 el Gobierno cerró varias
universidades, y varios profesores (Ortega, Fernando de los Ríos,...) renunciaron a sus cátedras en
solidaridad.

Los grupos republicanos, muy divididos y dispersos, se fueron reorganizando. Lerroux creó la Alianza
Republicana y Azaña fundó Acción Republicana.

Surgieron disensiones en el propio ejército. Los artilleros se opusieron a la modificación en el sistema


de ascensos y fueron disueltos.

Finalmente, en 1929 los socialistas se apartaron de la colaboración y se decantaron con claridad por la
salida republicana.
El 28 de enero de 1930, Primo de Rivera dimitió tras una consulta a los capitanes generales, que le
negaron un apoyo explícito. El rey, que veía la Dictadura agotada, encargó formar gobierno al general
Dámaso Berenguer. Su objetivo fue la vuelta a la normalidad constitucional.

Hubo un periodo de apertura política, aunque el régimen seguía siendo formalmente dictatorial. Por eso
se le llamó la “Dictablanda”. Volvieron otra vez los partidos políticos. Proliferaron los mítines y las
protestas estudiantiles. La prensa gozó otra vez de libertad. Los dos hechos sociopolíticos más
importantes fueron:

• La incapacidad del sistema para volver a poner en funcionamiento sus mecanismos de control
social y político (que Primo había desarticulado).

• El cambio de una parte importante de la opinión pública -clases medias urbanas, movimiento
obrero socialista- hacia opciones republicanas.

Republicanos, socialistas y regionalistas firmaron el Pacto de San Sebastián (agosto de 1930) y


formaron un Comité revolucionario para derribar la monarquía. En diciembre se produjo la sublevación
militar de Jaca, que fracasó (y fueron ejecutados sus dos capitanes: Galán y García Hernández).

Berenguer fue sustituido al frente del Gobierno por el almirante Aznar en febrero de 1931. Se le encargó
la organización de un proceso electoral escalonado, cuyo destino final serían unas Cortes que definieran
el futuro político español.

El proceso se detuvo en el primer peldaño: las elecciones municipales del 12 de abril de 1931. Dos días
después se proclamaba la II República y Alfonso XIII tomaba el camino del exilio.

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