GACETA =
PENAL 69
& procesal penal
Pane
Comité Consuttivo
Luis Roy Freyre
Felipe Vilavicencio Terreros
José Urquizo Olaechea
‘Victor Prado Saldarriaga
Percy Garcia Cavero
‘Victor Cubas Vilanueva
Hugo Principe Trujillo
Maria del Carmen Garcia Cartizan
Fel Rojas Vargas
José Luis Castilo Alva
Dino Carlos Caro Coria
César Azabache Caracciolo
Witredo Pedraza Sierra
Luis Vargas Valdivia
Rosa Mavila Led =
Pablo Talavera Eiguera Le
Guillermo Urbina Ganwvini #} =
José Neyra Fores
Pedro Angulo Arana
«ull Armaza Galdos
Jorge Hugo Alvarez
Luis Miguel Reyna Alfaro
‘Alonso Peta Cabrera Freyre
Carlos Avalos Rodriguez
James Redtegui Sanchez
Rail Pariona Arana
Julio Rodriguez Delgado
Mario Rodriguez Hurtado
Victor Rabi Reyes Alvarado ACETA
JURIDICA
@ {01)710-8900 / TELEFAX: (01)241-2323
‘-mai:
[email protected] pe
‘ww. gacetajidica.com pePARTE ESPECIAL
DELITOS COMUNES
La ferocidad en el delito
de homicidio
José URQUIZO OLAECHEA™ / David ROSALES ARTICA**
Los autores, luego de objetar la imprecision de las posturas que entienden la agra-
vante de ferocidad en el homicidio como la ausencia de méviles o la verificacién
de méviles fitiles, proponen rastrear su contenido en el propio comportamiento
inhumano del asesino, reflejado en el poco valor y estima que le genera la vida de
a victima, con lo cual el agente manifestaria que, én sus distorsionados procesos de
interrelacién con los demds, estos son para él solo un medio y no un fin en si mismos.
MARCO NORMATIVO
* Codigo Penal: art. 108 ino. 1.
1. Introduccién
El Diccionario de la Real Academia Espa-
fiola define ferocidad como la “cualidad
de feroz” 0 como un “dicho o hecho brutal,
cruel 0 atrevido”. Asimismo, precisa que
feroz es un adjetivo que sirve para identi-
ficar a “un animal: fiero, agresivo” 0 para
calificar aquello que es “brutal, agresivo,
cruel, despiadado”, asi como lo que es
“enorme, muy intenso”. Establece también
que el término fiero es un calificativo util
para tildar aquello que es “perteneciente
0 relativo a las fieras™, “duro, agreste 0
ras”,
intratable” o que se presenta como “grande,
excesivo, descompasado” e, incluso,
horroroso, terrible”, sugiriendo que se trata
de un término utilizado sobre “los animales
no domesticados”. Ademas, puntualiza que
animal fiero es “el que vagando libre por
la tierra, el aire 0 el agua, es objeto ade-
cuado para la apropiacién, caza 0 pesca”, 0
el “animal salvaje”.
En el imaginario colectivo y en el lenguaje
coloquial se emplea el término ferocidad en
sentido figurado para calificar la accién de
matar a otro que se asemeja a la manera de
matar de los animales fieros y sanguinarios
* Doctor en Derecho por la Universidad Auténoma de Barcelona-Espafa. Catedrético principal de Derecho Penal
de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
+ Abogado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Profesor de Derecho Penal.
1 Por su origen etimologico, la palabra fiera proviene del latin fera y significa bestia, animal salvaje.
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3N° 69 + MARZO 2015
PENAL
del mundo de la naturaleza. En ese sentido,
mata con ferocidad quien asesina con safia,
con furor y enojo ciego,
El homicidio por ferocidad aparece en el
Derecho Penal peruano en el denominado
Cédigo de Santa Cruz de 1836%, en cuyo ar-
ticulo 483.6 se consideraba asesinos a los
que mataban “con tormentos, 0 con algiin
acto de ferocidad o crueldad’” (el resaltado
es nuestro).
Aunque este homicidio agravado no fue tipi-
ficado en el CP peruano de 1863, la situacién
cambié en la primera parte del siglo XX, pues
fue incorporado en el articulo 152 del CP de
1924, denominado Cédigo de Mairtua, bajo
la siguiente descripcién: “Se impondra inter-
namiento al que matare por ferocidad (...)”
(el resaltado es nuestro). Esta redaccién se
sustenté y apoy6 en los Proyectos suizos en
los que se hacia referencia a la férocité, radi-
cando ahi el motivo por el cual se acepta que
nuestro pais se afili6, siguiendo al helvético,
a la orientacién alemana’
Cabe poner de manifiesto que el CP de
1924 no siguié el modelo del CP italiano de
1889 que se referia al homicidio cometido
per impulso di brutale malvagitd, tal como
si ocurrié, por ejemplo, con la legislacién
argentina que agravaba el homicidio por
la “perversidad brutal con que actua el
agente”. Sobre esta tipificacién hay que
mencionar que las duras criticas en su contra
por parte de los penalistas argentinos, con-
Hevé su exclusién del CP en el afio 1967,
incorporando en su lugar la circunstancia de
matar “por placer”, con lo que los argenti-
nos se afiliaron a la orientacién germana’.
Finalmente, en este recorrido por las normas
penales nacionales que acogieron la figura de
la ferocidad, el vigente CP peruano de 1991
ha conservado su tipificacién como agravante
del homicidio, manteniendo las fuentes que
sustentaron la redaccién del articulo 152 de
1924°. Ubicada ahora en el articulo 108.17
junto a las circunstancias de codicia, lucro y
placer, la ferocidad convierte al homicidio en
un asesinato y agrava, por ende, la culpabi-
lidad del autor. Segin la regulacién vigente:
“Serd reprimido con pena privativa de libertad
no menor de quince afios el que mate a otro
concurriendo cualquiera de las circunstancias
siguientes: 1. Por ferocidad, codicia, lucto 0
por placer (...)"* (el resaltado es nuestro).
2 Como relatan HURTADO POZO. Manual de Derecho Penal, Parte general I. 3 edicién, Grijley, Lima, 2005,
parr. 255, pp. 102-103: y VILLAVICENCIO TERREROS. Derecho Penal. Parte general. 3* reimpresion de la
1" edicion, Grijley, Lima, 2010, par. 331, p. 156; entre los afios de 1836 y 1838, rigié en el Estado Sud-Perua-
no el CP boliviano impuesto por el General Santa Cruz al constituirse la Confederacién Peri-Bolivia. Este CP se
inspir6 en el CP espafiol de 1822, el cual, a su vez, poseia una marcada influencia francesa (Cédigo de Napoleén
de 1810) y el Derecho historico espafiol
Sobre la aparicién y evolucién de la ferocidad en nuestro Derecho Penal, véase HURTADO POZO, Manual,
1993, p. 30; también: Marual, 1982, p. 51
4 Como recuerdan HURTADO POZO, Manual, parr. 274 y 279, pp. 107-109; y VILLAVICENCIO TERREROS,
Parte general, pitt. 336, pp. 157-158; si bien el CP de 1924 es ecléctico, debido a la copiosa cantidad de legisla-
ciiones extranjeras que fueron adoptadas, la mayor parte de las figuras delictivas de la parte especial fueron ela-
boradas de acuerdo a criterios suizos (anteproyectos de 1915 y 1916 y proyecto de 1918). Véase también HUR-
TADO POZO, Manual, 1982, p. 52; también en Manual, 1993, p. 30.
HURTADO POZO, Manual, 1993, p. 30; también en Manual, 1982, pp. 53-54.
6 Cir, HURTADO POZO, Manual, 1982, p. 52; también en Manual, 1993, p. 30
‘Texto conforme a la modificacién del articulo 108, introducida por el articulo 2 de la Ley N° 30054 publicada el
30 de junio de 2013
Texto vigente conforme a la modificacién del articulo 108, introducida por el articulo 1 de la Ley N° 30253,
publicada el 24 de octubre de 2014.Ahora bien, tanto en la doctrina como en la
jurisprudencia penal nacional y extranjera
se han citado diversos casos que graficarfan
este asesinato, Por ejemplo, se explica el
homicidio por ferocidad haciendo referencia
al siguiente hecho: “la tarde del 25 de marzo
de 1954, en circunstancias en que el acu-
sado H.J.G., quien se hallaba en estado de
relativa embriaguez por haber bebido algu-
nas copas de licor después del almuerzo, en
unién de su conviviente F.E. se dedicaban a
efectuar los trabajos necesarios para levan-
tar una ‘quincha’ en la casa de P.J., ubicada
en las inmediaciones del Colegio San José
de la ciudad de Chiclayo, advirtié que el
hijo de F.E., que era el producto de sus rela-
ciones con otro hombre, se hallaba lorando
en una hamaca vecina, lo que le mortifi-
caba, ya que el Ilanto del infortunado era
frecuente, en razén de encontrarse enfermo
del estémago, y se dirigié hacia la mencio-
nada hamaca y cogiendo a la infeliz cria-
tura la arrojé contra el suelo, privandola del
conocimiento y causandole traumatismos
graves, que momentos después, determina-
ron su fallecimiento™,
Es descriptivo también el caso del “chofer-
cobrador que victima al pasajero de trans-
porte urbano por el solo hecho de recla-
mar su boleto municipal’, Asimismo, el
profesor Bramont Arias sefiala que el ase-
sinato por ferocidad comprende los homi-
cidios verificados por “androfobia, lujuria
de sangre, vanidad criminal, espiritu de
9 VILLAVICENCIO TERREROS. Lecciones de Derecho Penal. Parte especial 1. Gios Editores, Lin
PEELEIOI PARTE ESPECIAL]
Comentario relevante
de los autores
“aionaimonte se ha stsionido
~ que ef asesinato por ferocidad tie
eee caer acne
s -alguno, Jo que en el lenguaje clasi-
c0.se denomind homicidio ad lasci-
viam, por sed de sangre 0 por brutal
perversidad.
prepotencia, etc.”, como también el “matar
a una persona para que deje de silbar o por-
que dias antes le habia dicho ‘Ud. va a morir
pronto
En la doctrina italiana y argentina también
se han planteado algunos ejemplos, empero,
bajo la idea del homicidio “per impulso di
brutale malvagita” 0 “perversidad brutal
con que actiia el agente”. Carrara expuso el
caso Ciolli, en el cual un grupo de “malvados
habian jurado derramar todos los dias sangre
humana, y que, en ejecucién del truculento
complot, de noche mataban y herian al pri-
‘mero que encontraban por la calle”
Asimismo, Levene (h.), refiriéndose a Alta-
villa, mencioné el supuesto de “un estudiante
que corre para aleanzar a sus compaieros y
al pasar frente a un zapatero que esta traba-
jando le voltea las herramientas; el zapatero
1991
p. 51. Similar HURTADO POZO, Marual, 1993, p. 32; también en Manual, 1982, p. 54.
10 PENA CABRERA. Traiado de Derecho Penal. Parte especial I. Ediciones Juridicas, Lima, 1992.
11 BRAMONT ARIAS, Temas de Derecho Penal. N° 01, Lima, 1988, p. 44. Similar VILLA STEI
* edicién, San Marcos, Lima, 2004, p. 78.
nal. Parte especial I-A,
90.
Derecho Pe-
12 CARRARA. Programa del curso de Derecho criminal. Parte especial, Vol. 1, traduccion de Sebastian Soler, Er-
nesto R. Gavier y Ricardo C. Nafiez, Depalma, Buenos Aires, 1945, §1200, p. 245.
163N° 69 - MARZO 2015
PENAL
lo persigue y le da muerte”, o también “el
del individuo que quiere probar punteria con
un ser humano maténdolo, o el que victima a
su compafiero de cuarto porque ronca y no lo
deja dormir”,
‘Ademas, se mencionan sucesos como el de
quien “solo para experimentar la calidad
de su pélvora, descarga su fusil contra un
infeliz que ni siquiera conocia; o el de quien
después de concluido un incidente entre un
extrafio y un hermano suyo, sin alteracién
alguna de su énimo ni razén particular contra
la victima, sale a la calle, da muerte al pri
mero que acierta a acercarse y hiere grave-
mente al vecino que se asoma”; asi como los
supuestos de quien “se juega en una apuesta
la vida de un tercero, sin razén particular
para elegirlo, como el que prefiere matar al
niflo antes que al perro para experimentar
cientificamente, en igualdad de condicio-
nes; 0 el que por cabala mata una persona
cualquiera”,
Ya en el campo de la justicia penal nacio-
nal se calified como homicidio por feroci-
dad el siguiente hecho: “el encausado (...)
al quitarle la vida al menor (...) actué con
total desprecio por la vida humana, pues ante
la sustraccién del teléfono mévil de su hija,
extrajo un arma de fuego de su casa, se diri-
gid a un grupo de adolescentes reunidos en
inmediaciones del lugar donde se produjo la
sustraccién y realizé tres disparos, uno de los
cuales impact6 en el citado menor y le causé
la muerte; es decir, reaccioné de manera vio
lenta irracional ante un motivo insignificante
o fatil” (Sala Penal Permanente, Casacion
N° 163-2010-Lambayeque, p. 5).
‘Nuestros tribunales han considerado también
que se presenté esta agravante cuando: “el
acusado agredié con su correa a la menor
agraviada de un afio y once meses de edad,
por haberse negado a ingerir sus alimentos y,
ante el Ilanto de la citada menor, la condujo
al patio de su vivienda donde la golpeé a la
altura del abdomen y luego la tiré al suelo
donde habia piedra chancada, lo que pos-
teriormente le causé la muerte” (Ejecutoria
Suprema, R.N. N° 2804-2003-Lima Norte
del 12 de enero de 2004); 0 cuando: “el acu-
sado (...) dispar6 con su arma de fuego con-
tra la agraviada produciendo su muerte, por
el solo hecho de no responderle el saludo
que le hiciera, demostrando asi el poco valor
y sentimiento por la vida humana” (Ejecu-
toria Suprema, R.N. N° 3456-94-Lima del
10 de abril de 1995). E, incluso, se aprecié
esta forma de asesinato en el siguiente caso:
“Jos acusados (...) dieron muerte a las dos
victimas sin mayor motivo o Gnicamente
por el hecho de que una de las agraviadas
le hizo caer la bateria del teléfono celular
que portaba uno de los agentes, lo que cons-
tituye un movil nimio o insignificante; por
tanto, el doble homicidio que perpetraron
estos se califica en razén a la ferocidad con
la que actuaron” (Ejecutoria Suprema, R.N
N° 1554-2000 del 17 de julio de 2000).
Esta variada casuistica sobre el homicidio
por ferocidad permite notar que existe poca
claridad en la doctrina y jurisprudencia
LEVENE (h.). EI delito de homicidio. 3* edicién, Depalma, Buenos Aires, 1977, p. 200. En la doctrina nacional,
PENA CABRERA. Derecho Penal peruano. Parte especial. Lima, 1977, p. 28, en donde comenta el homicidio
por ferocidad regulado en el articulo 152 del Cédigo Penal de 1924; también en Tratado, p. 90, en donde se re-
fiere al homicidio por ferocidad regulado en el articulo 108 del CP de 1991.
14 LEVENE (h).0b. cit, p. 200. En la doctrina nacional, PENA CABRERA. Derecho, p. 28; también en Tratado,
p90.
pp. 60-61,
NUNEZ, Derecho Penal argentino. Parte especial. Tomo Il, Bibliogréfica Omeba, Buenos Aires, 1961,nacional cuando pretenden identificar su
contenido esencial'®, Esta imprecision se
aprecia ain mds cuando nuestros tribunales
han considerado que: “en cuanto a la feroci-
dad, esta modalidad homicida se encuentra
en el mévil de la accién, esto es, en su inhu-
manidad —que no sea consciente 0 racio-
nal, que sea desproporcionado, deleznable
© bajo, o que se actie impulsado por un
odio acérrimo-, lo que revela en su autor
una personalidad particular con un grado de
culpabilidad mayor que la del simple homi-
cida” (Sala Penal Permanente, R.N. N° 1488-
2004-Piura, p. 2) (el resaltado es nuestro).
Lo mismo puede advertirse cuando nuestros
jjueces expresaron que: “Si bien es cierto, esta
debidamente acreditado que el acusado (...)
caus6 la muerte del agraviado, también lo es
que en la conducta desplegada por aquel para
cometer dicho acto no se dan los presupuestos
del delito de homicidio calificado por feroci-
dad, como asi lo ha considerado el sefior Fis-
cal Supremo, ya que para ello se requiere que
la muerte haya sido causada por un instinto
de perversidad brutal o por el solo placer
de matar, esto es, que el comportamiento
delictivo es realizado por el agente sin ningan
motivo o mévil aparentemente explicable”
(Exp. N° 1658-2004-Cono Norte-Lima, Sala
Penal”) (el resaltado es nuestro).
Incluso esta indeterminacién ha conducido a
nuestros magistrados a establecer, infunda-
damente, ciertos presupuestos del asesinato
por ferocidad: “lo primero que notamos de
estos casos es que, en la mayoria de ellos, la
victima del ataque mortal propiciaba una
DERECHO PENAL figs sa)
afectacién insignificante al homicida (...)
Un segundo punto, que creemos conveniente
resaltar, es que el homicida por ferocidad
debe poder comprender que la conducta
de la victima le genera una afectacién
que la valoracién social considera de leve
magnitud o inexistente. En tercer lugar, se
debe apreciar que en estos casos, como en
todos los casos en que se hable de accion
humana, el movimiento muscular que rea-
liza el sujeto, que en este caso consiste en
dar muerte a otro hombre, debe tener un
objetivo o fin. Asi, en todos los casos ana-
lizados el homicida tenia un objetivo: (...)
calmar su fastidio” (Exp. N° 1555-11-11 del
5 de marzo de 2014, c/Monumental'®, p. 51)
(el resaltado es nuestro).
Probablemente esta acentuada imprecision
sobre el contenido y los limites del homici-
dio por ferocidad obedece a que las pautas
empleadas para caracterizar este ilicito no
guardan correspondencia con su naturaleza
En ese sentido, en las lineas siguientes expon-
dremos las diversas definiciones planteadas
sobre el asesinato por ferocidad para. poste-
riormente, formular y fundamentar nuestra
apreciacién personal sobre esta figura penal.
il. Interpretacién del homicidio por
ferocidad en la doctrina y juris-
1. Ferocidad como ausencia de moviles
en el homicida
Tradicionalmente se ha sostenido que el ase-
sinato por ferocidad tiene lugar cuando el
16 Comentando el CP de 1924, ROY FREYRE. Derecho Penal. Parte especial. Tomo 1, 2° edicién, Lima, 1986,
p. 138, puso en evidencia que la jurisprudencia de ese entonces interpretaba la ferocidad en el mismo sentido que
Ta ausencia de movil
, cl impulso de perversidad brutal o el hecho de matar por placer.
17. En: CASTILLO ALVA. Jurisprudencia penal 3. Grijley, Lima, 2006, pp. 20-21
18 Cabe mencionar que esta decisién judicial fue objeto de la interposicién de Recurso de Nulidad y, ala fecha de
la elaboracién de este articulo, se encuentra en giro ante la Corte Suprema de la Repiblica,
165N° 69 - MARZO 2015
PENAL
Comentario relevante
Cate Cy
La ferocidad agrava et homicitio
no en razon de ta futilidad del mo-
rary enna go eee
de la victima.
hecho es cometido obrando el agresor sin
motivo alguno, lo que en el lenguaje clasico
se denominé homicidio ad lasciviam, por
sed de sangre 0 por brutal perversidad”. En
opinién de Alimena se tratarfa del mas grave
de los homicidios, pues “ningiin motivo,
por mas pérfido que sea, puede igualar a la
ausencia de todo motivo, cualquiera que él
sea”
En nuestro pafs esta forma:de entender el
homicidio por ferocidad ha sido esbozada
por Bramont Arias y Roy Freyre, quienes
sostuvieron que era posible concebir su
comisién cuando se mata “sin causa apa-
rente o presunta (por ejemplo, homicidio
verificado por androfobia, lujuria de sangre,
vanidad criminal, espiritu de prepotencia,
etc.)” o “sin motivo consciente™".
Ahora bien, se ha afirmado que el desvalor de
Ia conducta de quien mata sin motivo alguno
radica en el peligro y la alarma general de
ser victimas de un sujeto frente a quien nadie
puede razonablemente saberse a cubierto™
de qué valen frente a él, las virtudes, los
méritos, las precauciones?™
Nos encontramos, pues, ante un sujeto peli-
groso para todos, pues su actuar homi-
cida puede desencadenarse en cualquier
momento, de ahi que el fundamento politico
de la represién de este asesinato “no estd en
la posibilidad de que el hecho se reproduzca,
sino en la dificultad de premunirse contra
el hecho cuando se ha producido. El daiio
mediato se acrecienta por su mayor difusion,
desde que no hay nadie que pueda conside-
rarse seguro de ser victima de esta clase de
atentados”™.
Carrara expres también que la causa del
mayor rigor de la pena para este tipo de
asesinato halla su justificacién politica en
Ja dificultad que encuentran los ciudadanos
para precaverse contra el hecho cuando esté
por reproducirse. En su opinién, “el dafio
mediato crece por su mayor difundibili-
dad, cuando no hay ciudadano que pueda
decirse a si mismo: yo estoy seguro frente
a esta forma de delitos, y con una prudente
19 Cir, ALIMENA. Delitos contra la persona, Traduccién de Simén Carrejo y Jorque Guerrero, Temis, Bogota,
19
5.p. 167,
20. Cf. ALIMENA. Ob. cit, p. 167,
21 BRAMONT ARIAS. Ob. cit., p. 44; ROY FREYRE. Ob. cit., p. 135. Siguen esta idea, en la actualidad, GAL-
VEZ VILLEGAS y DELGADO TOVAR. Derecho Penal. Parte especial. Tomo |, Jurista Editores, 2011, Lima,
p. 410, cuando declaran que la ferocidad supone la “ausencia total de motivos para la realizacién de la muerte de
la vietima”, o incluso VILLA STEIN. Ob. cit, p. 78, cuando acepta que se trata de una “modalidad amotivada”
22 Cit. CARRARA. Ob. cit, §1199, p. 243,
23. Cfi, ALIMENA. Ob. cit, p. 168.
24 CORNEJO. Derecho Penal especial. Tomo I, Lima, 1937, pp. 24-25. Similar SOLER. Derecho Penal argentino,
8 reimpresién total, TEA, Buenos Aires, 1978, p. 36. Similar PENA CABRERA. Tratado, pp. 89-90conducta puedo evitar el peligro de ser su
victima, Frente a quien mata sin odio, sin
pasién, sin finalidad de lucro, por la sola sed
de sangre, no hay quien pueda considerarse
seguro: no basta ni el ser pobre, ni el ser
prudente, ni el no tener enemigos. Ademés,
frente a este individuo no hay prevencién
posible por parte de la cautela privada, por-
que la agresicn se hace por un desconocido a
un desconocido. Existe, pues, el sumo grado
de difundibilidad en el dafio mediato de este
homicidio; existe el sumo grado de la amino-
rada potencia de la defeensa privada’®*.
Por el contrario, no concurriré la agravante
si nos topamos con la existencia de algiin
motivo que, por trivial que fuera, fue el que
impuls6 a actuar al homicida. En este sentido
opinaba Alimena que “el reo que se dirige
contra determinada persona, dejando de lado
a todas las demis, dificilmente ha estado
movido por brutal maldad. Si quiere darle
muerte a esa persona y solo a ella, lo cierto
es que un motivo ~por fit e injusto que sea~
debe tener contra ella, mientras que en caso
de la maldad brutal todos los hombres tienen
un mismo valor”
Una serie de reproches se han esgrimido con-
tra la comprensién del homicidio por fero-
cidad como el realizado sin motivo alguno
© consciente. Carmignani manifesté que
“era repugnante a la humanidad admitir un
CARRARA. Ob. cit., §1199, pp. 243-244.
26 ALIMENA. Ob. cit. pp. 167-168 y 171
homicidio sin causa; y porque un homicidio
sin causa deberia hacer excluir la criminali-
dad”””; mientras que Levene (h.) se mostré
disconforme con “aceptar que se Hegue a
matar a un ser humano sin raz6n alguna, lo
que ha hecho pensar a parte de la doctrina
(Vico, Carmignani, Alimena) que posible-
mente quien en esa forma acta tiene que
ser un anormal, que quien asi obra debe ir
aun manicomio y no a una cércel, por lo
que siempre es aqui conveniente y necesaria
la pericia psiquidtrica del sujeto"™. En su
opinién, los sentimientos que impulsan a dar
muerte a otro hombre son “sentimientos rela~
tivamente aceptables, como son Ia defensa
del honor o una tendencia politica definida;
6 inaceptables, como serian el lucto. el odio,
la venganza, la codicia”, por lo que causa
asombro “que pueda darse muerte a un seme-
jante sin motivo”®.
En la doctrina nacional, Pefia Cabrera mani-
fest6 que la existencia de este tipo de homi-
cidio es bastante controvertida, pues “resulta
dificil aceptar la tesis de que se mate a una
persona sin motivo alguno que lo expli-
que”, lo cual, ademés, no es conforme a
“las actuales doctrinas psicolégicas, puesto
que “la admisién de un acto sin motivo es
una hipétesis irreal””.
De forma cercana a estas criticas se ha ido
construyendo la idea de la inimputabilidad
27 GOMEZ. Tratado de Derecho Penal. Tomo II, Buenos Aires, 1939, pp. 63-64.
DERECHO PENAL GGUC:Sig[d1
28 Noobstante ello, LEVENE (h.). Ob. cit, p. 198, reconocié la necesidad de diferenciar entre el homicida loco que
mata por una necesidad, buscando una valvula de escape a su locura homicida, porque hace eclosisn en él todo
tun proceso que deriva de su alcoholismo, de su epilepsia 0 de su melancolia ~a cuyo respecto nos remitimos a
1o ya explicado sobre psicologia del homicida loco-, y el delincuente que mata por impulso de perversidad bru-
tal quien lo hace voluntariamente, casi siempre por darse un placer y sin que haya ninguna razén valedera por
parte del sujeto activo y mucho menos por parte de la victima,
29 LEVENE (h.). Ob. cit. pp. 197-198,
30 PENA CABRERA, Derecho, p. 28
31 PENA CABRERA, Derecho, p. 28; también en Tratado, p. 89.
—— 167ez N° 69 » MARZO 2015
PENAL
del sujeto que asesina con ferocidad”?. Cor-
nejo, comentando el articulo 152 del CP
peruano de 1924, decia que “algunos escrito-
res afirman que esta especie de homicidio no
puede admitirse en el Derecho Penal como
una de las figuras criminosas mas graves,
sino por ignorancia de algunas nociones de
siquiatria. Donde se ha querido ver y encon-
trar, dice Pulci, el colmo de la perversidad, no
vemos mas que la desventura de un enfermo,
porque la ausencia de un motivo individual,
cardicter propio de este delito, puede presen-
tarse al ojo no profano de los estudios y de los
que observan los hechos siquidtricos, como
causa de manias sin delirio”. En su opinién,
aunque estas observaciones sean dignas de
tenerse en cuenta, “no puede negarse que el
que mata por impulso de su perversidad, no
procede con orden légico; lo que lo impulsa
al crimen es su perversion moral, el libido
de sangre, no la perversién intelectual, y el
legislador tiene derecho de defender a la
sociedad de estos malhechores”.
En la doctrina italiana también Alimena ha
sostenido que este homicidio, en el que esté
ausente todo motivo, “es un exponente de
locura” y cita como ejemplo al hombre del
que hablaba Maudsley, “ese hombre que
daba muerte a nifias que revelaba el hecho
en su periédico y que junto al nombre de una
de sus victimas escribia: ‘era tierna y célida’,
ciertamente era un loco”™.
|
|
Ahora bien, frente a las posiciones que se
resisten a aceptar la concurrencia de la feroci-
dad cuando se mata sin motivo consciente, se
ha opuesto Carrara, quien al analizar el juicio
realizado contra Ciolli y sus compaiieros en
Toscana en 1840 (proceso seguido contra un
grupo de sujetos quienes habian jurado derra-
mar todos los dias sangre humana, y que, en
ejecucién del truculento complot, de noche
mataban y herian al primero que encontra-
ban por Ia calle), manifest que expresio-
nes como la de Carmignani, quien pretendio
suprimir esta modalidad de asesinato de los
problemas penales", caen en el sofisma que
también habja censurado en otros escritores
en muchas ocasiones, esto es, “el sofisma de
resolver un problema negando su posibilidad
por la rareza del caso practico”™.
2. Ferocidad y homicidio causado por
odio a la comunidad
Ya Carrara defendia que el homicidio por
ferocidad debia aplicarse “al hombre que
actiia solo por odio contra el género humano
y que presenta un peligro universal, y, de
esta manera, un incremento inmenso de
dafio mediato””. Ensefié que para determi-
nar la procedencia del homicidio por libidine
de sangre “es necesario que se encuentre
ausencia completa de cualquier causa, aun-
que levisima, de enojo y de antipatia que
haya impulsado a la muerte. Lo que lleva a
32 FIANDACA y MUSCO. Diritto Penale. Parte generale. 4° edicién, Zanichelli editore, Bologna, 2001, p. 394,
cconsideran que el homicidio por impulso de perversidad brutal es incompatible con el “vicio parcial de la men-
te, puesto que no puede responsabilizarse al agente de una maldad que encuentra explicacién en el ambito de un
cuadro morboso"
33. CORNEJO. Ob. cit, p. 24. En sentido similar, ROY FREYRE. Ob. cit., pp. 136-137; BRAMONT ARIAS.
Ob. cit, p.44; PENA CABRERA. Derecho, p.29. Asitambién, CASTILLO ALVA. Derecho Penal. Parte especial.
Grijley, Lima, 2008, pp. 368-369.
34 ALIMENA. Ob. cit, p. 168.
35. Cir. ALIMENA. Ob. cit, p. 167.
36 CARRARA. Ob. cit. §1201, pp. 245 y 246.
37 CARRARA. Ob. cit, $1200, p. 245.Serer eee eee errr seer secrete meeersenrrenemnnnnnni se aan Gee) OO te ere
la conclusién de que cuando el ataque fue
dirigido contra un individuo determinado, al
cual solamente, y no a ningiin otro hombre,
se queria quitar la vida, la tesis de la califi-
cante en cuestién resultaré siempre insoste-
nible; porque no actiia por el solo barbaro
placer de derramar sangre humana aque! que
particular y exclusivamente anhela la sangre
de un individuo. Lo odia a aquel (aunque sea
irrazonablemente), pero no odia a la humani-
dad”. A su juicio, debe criticarse la actitud
de ciertos acusadores que al no comprender
el contenido de esta agravante, se apresuran
a invocarla todas las veces que se mata a un
agente de la fuerza piblica o a un sacerdote
por odio a tal calidad”.
En nuestro pais, esta postura que establece
coincidencias entre el homicidio por feroci-
dad con el ocasionado por odio a la comuni-
dad en general no ha sido acogida pacifica-
mente. Por ejemplo, Castillo Alva manifiesta
que para la configuracién del asesinato por
ferocidad “es indiferente que el sujeto odie 0
no a una persona en particular o a la humani-
dad en general; tal como, anecdéticamente,
sostenia la doctrina antigua™®. En su opinién,
la exigencia de la ley “solo se centra en el
matar con ferocidad, independientemente de
si existe 0 no un odio sobre la victima o sobre
una clase social o la humanidad entera™!,
Nuestros tribunales tampoco han aceptado
undnimemente la inclusién del movil de odio
en la comprensién del homicidio por feroci-
dad, tal como se puede apreciar a continua-
cidn: “de las circunstancias descritas en la
sentencia de vista, se verifican indicadores
indiscutibles —mévil fatil e insignificante,
el empleo de arma de fuego contra un grupo
de jévenes que se encontraban sentados,
disparar a la victima en la zona frontal o a
una distancia aproximada de dos metros y
medio, sin mediar agresién verbal o discu-
sién alguna~ de que el crimen cometido (...)
fue con ferocidad, resultando indiferente
que este odie o no a la victima o a una per-
sona en particular o a la humanidad en
general” (Sala Penal Permanente. Casacion
N° 163-2010-Lambayeque, considerando
noveno, p. 11) (él resaltado es nuestro)
3. Ferocidad como desproporcion entre
la muerte producida y el movil futil
que impuls6 al homicida
‘Como habia expresado Alimena, en la doc-
trina penal italiana el homicidio cometido
sin motivo alguno, ad lasciviam, por sed de
sangre o por brutal perversidad era conside-
rado el mas grave de los homicidios y su ver-
dadera esencia estaba constituida no por un
motivo justo o frivolo, sino por la ausencia
de todo motivo, cualquiera que él sea”
Sin embargo, los reproches y recelos a acep-
tar que se pueda matar a otro sin motivo
alguno Ilevaron a la doctrina penal a preferir
38 CARRARA. Ob. cit., $1203, p. 247. También ALIMENA. Ob. cit, pp. 167-168 y 171
39 CARRARA. Ob. cit., §1203, p. 247. Esta vinculacién entre el homicidio por ferocidad con el causado por odio
a la comunidad encontré también acogida en la doctrina penal argentina. Por ejemplo comentaba LEVENE (h.).
Ob. cit, p. 198, que “a partir de Carrara y Crivellari exigen que en el sujeto no haya el deseo de matar a wna de-
terminada persona, que no haya un odio a una persona, sino un odio general a la humanidad. El sujeto debe tener
aversion a sus semejantes, y esa aversién genérica encuentra, de repente, ala victima que lo determina a levar a
cabo su propésito de matar”, Esta idea fuse refrendada por NUNEZ. Ob. cit, pp. 60-61, para quien “los actos de
los homieidas reflejan un desprecio por el ser humano o ferocidad inhumana, pero no desprecio u odio contra de-
terminada persona por una razén particular respecto de la cual esta sea inocente o culpable”.
40 CASTILLO ALVA. Ob. cit, p. 367.
41 Ibidem, p. 368.
42. Cf, ALIMENA. Ob. cit, p. 167.
~- 169fay N°69 - MARZO 2015
PENAL
una comprension de este asesinato relacio-
nandolo con la preexistencia de un motivo
fiitil. Y asi se explica que en Italia, Maggiore
haya manifestado que en casos como el de
quien mata para vengar una leve injuria o por
un litigio insignificante se afirma “vulgar-
mente” que se ha matado sin motivo, pero
“como no existen acciones inmotivadas, solo
debe afirmarse que el mévil es fatil, 0 sea
inadecuado, segin la sicologia comtn, para
determinar el resultado”®.
Es probable entonces que ahi radique la
razon por la que la opinién de la doctrina*
y de Ia jurisprudencia'* de nuestro pais sos-
tiene mayoritariamente que el homicidio
por ferocidad consiste en matar por motivo
fiitil, esto es, matar sin causa aparente 0
causa insignificante.
Ahora bien, en nuestro Derecho Penal es,
asimismo, opinién mayoritaria aquella que
sostiene que acta con mévil fatil quien
comete un hecho en el que. existe despro-
porcién entre lo que impulsé su actuacion y
el resultado acaecido, siendo que los criterios
que se han empleado para determinar si con-
curre tal desproporcién han provenido, fun-
damentalmente, del Derecho Penal italiano.
B_ MAGGIORE. Derecho Penal. Vol. Il, reimpresi6n
Los penalistas italianos han expresado que lo
fiatil pertenece al grupo de los motivos moral-
mente reprobables mas bajos en la escala de
Ja desvalorizacién ética, reflejando, al mismo
tiempo, la maxima depravacién espiritual
del agente“, Se le define como “el motivo
no proporcionado con el delito, el motivo
que por lo exiguo y mezquino no explica la
accién criminal; antes bien, denota insensi-
bilidad moral en el actor cuyo maximo grado
Jo constituye la maldad brutal, [por ejemplo},
el caso del que mata para vengar una leve
injuria, 0 por un litigio insignificante™”. El
motivo fistil se presenta en “la accién del que
mata para probar la carga de un arma, o para
eliminar a un militar, a un sacerdote 0 a un
noble, solo por ser tales.
Tomando como base estas ideas, también
en nuestro pais se acepta que la ferocidad
como agravante funciona “en caso de que
el mévil sea insignificante comparado con
la magnitud del resultado producido™”, es
decir, cuando el homicida “Hlega a ultimar
una existencia sin ser evidente 0 identificable
el interés perseguido con el delito, o sin tener
a la vista ventajas proximas 0 ciertas que la
aceién criminal le pueda producir™’.
de la 2*edicidn, traduccion de José Ortega Torres de la S* edi-
ciom italiana de 1951-1952, Temis, Bogoti, 1985, pp. 19-20.
44 Blo puede apreciarse, por ejemplo, cuando Peta Cabrera al aceptar lo dificil que resulta imaginar que se pueda
rmatar a alguien sin motivo alguno que lo explique, ef
dio cometido por causa nimia o fil”.
ald que es “aconsejable extender la agravante al homici-
4S. Vease el RIN. N° 1222-05-Huaneavelica de la Segunda Sala Penal Transitoria de la Corte Suprema de Justi
Gia. En: URQUIZO OLAECHEA. Jurisprudencia penal de la Corte Suprema de Justicia (2006-2010). Tomo |,
Idemsa, Lima, 2011, pp. 808-812.
46 Cir. MAGGIORE. Ob. cit, p. 18,
47 MAGGIORE. Ob. cit
p. 19:Similar BETTIOL. Derecho Penal, Parte general. Traduccion de José Ls
n Paga-
no th) de la 4 edicién italiana de 1958, Temis, Bogoté, 1965, p. 450; FANDACA y MUSCO. Ob. cit, p. 394;
MANTOVANI Diritio Penale. Parte generale. 7 edicién, Cedam, 2011, p. 408.
48. MAGGIORE. Ob. cit. p. 20.
49 ROY FREYRE. Ob. cit, p. 135; BRAMONT ARIAS. Ob. cit, p. 44; HURTADO POZO. Manual, p. 32; tam-
p.28: VILLA STEIN. Ob. cit,, pp. 75-78.
50 ROY FREYRE. Ob. cit,, pp. 133-134.
>. 54; PENA CABRERA. Tratado, p. 89; con menor desarrollo también en Derecho,Esta tesis de la desproporcién entre el motivo
y el resultado acontecido ha encontrado aco-
gida también en nuestros tribunales. Por
ejemplo, en la sentencia del caso Barrios
Altos" se declaré que el asesinato por feroci-
dad “significa dar muerte a una persona a par-
tir de un mévil o motivo futil, inhumano”,
es decir, que “no es atendible o significativo”
(Exp. N° A.V. 19-2001, fundamento juridico
697, pp. 610-611). En esta decision se mani-
fest6, asimismo, que: “La jurisprudencia de
la Corte Suprema (...) también menciona
que el motivo o mévil es insignificante o
futil, o inhumano, desproporcionado, delez-
nable y bajo [Ejecutorias Supremas del doce
de enero de dos mil cuatro, nimero 2804-
2003-Lima Norte: veintiuno de enero de dos
mil cinco, niimero 3904-2004-La Libertad;
y nueve de septiembre de dos mil cuatro,
numero 1488-2004)".
Cabe anotar que de la revisién de las decisio-
nes judiciales sobre el homicidio por feroci
dad en nuestro pais, hemos encontrado que se
acredita la desproporcién entre el motivo que
impulsa a actuar al agente y el resultado ocu-
rrido a partir de la concurrencia de una nece-
saria agresion previa de la victima“, la cual
es calificada como afectacién insignificante.
En opinién de nuestros tribunales: “Se dara
un homicidio por ferocidad en los supues-
tos de que alguien conociendo que la accién
de una persona le provoca una afectacion
51 Sentencia de la Corte Suprema del 7 de abril de 2009 recaida en el Exp. N° AV, 19-2001-C:
Cantuta y s6tanos SIE.
manente, p. &
52 Lamisma idea aparece en el considerando quinto de la Ci
bette Uo
de los autores
‘Ethomicida que actia impulsado por
ferocidad es un sujeto que ha degra-
dade los procesos de comunicacion
‘pues su percepcién de
c6mo se establecen los vinculos en
referencia al “otro” se encuentran
‘totalmente descantiguratos.
que, segiin la valoracién social, es de cardc-
ter ménimo, y que por lo tanto, el interés en
la anulacién de tal afectacién también es
minimo, ocasiona la muerte de una persona
con la finalidad de conseguir la anulacién de
tal afectacién, pues en tales casos, el sujeto
le estaria dando un peso mayor a un interés
insignificante por sobre el bien juridico de
mayor valor del ordenamiento juridico (la
vida)” (Exp. N° 1555-11-11, c/Monumental
p. 52)* (el resaltado es nuestro)
Ill. El homicidio por ferocidad en el
Derecho Penal peruano
La ferocidad constituye una circunstan-
cia agravante del homicidio recogida en el
articulo 108.1 del CP de 1991, y cuyo antece-
dente legislativo mas proximo es el articulo
05 Barrios Altos, La
acién N° 163-2010-Lambayeque de la Sala Penal Per-
53. Similar la Casacién N° 163-2010-Lambayeque, considerando quinto, p. 9.
54. Refiriéndose a la incompatibilidad del homicidio por impulso de perversidad brutal con la atenuante de la provo-
cacién, FIANDACA y MUSCO. Ob. cit.. p. 394; MANTOVANI, Ob. cit. p. 409.
$5. Sobre este mismo punto, en la doctrina penal nacional, GALVEZ VILLEGAS y DELGADO TOVAR. Ob. cit.,
p. 413, han asentido también que en el asesinato por ferocidad “lo que finalmente importa es establecer cual fue
Ja circunstancia concreta que motivé la reaccién homicida, a fin de poder establecer, luego de realizar Ia respec-
tiva valoracién, si esta reaccién aparece como irracional ¢ inhumana”.
171152 del CP de 1924, que la tipificd bajo la
influencia helvética. Como ya hemos afir-
mado, originalmente los trabajos suizos se
referian al matar por instinto sanguinario
(par instinct sanguinaire) (Anteproyecto de
1908, articulo 64, pf. 2) y asi lo expres6 gré-
ficamente Zitcher: “se ha colocado, primera~
mente. la circunstancia agravante del mévil
en lugar preferente, el mévil inhumano,
con Io que hace referencia al instinto sangui-
nario, designado en los proyectos posteriores
con el término ferocidad (en francés, férocité
significa: caractére sanguinaire, barbarie,
inhumanitey
Cuando nuestra ley penal se refiere a la
ferocidad la utiliza en su sentido de mévil o
motivo que impulsa a matar a otro”. Mien-
tras el tipo objetivo del asesinato presenta
caracteristicas similares al homicidio simple
(sujeto activo y pasivo puede ser cualquier
persona, la conducta prohibida es la de matar
otro) y el tipo subjetivo supone la presencia
del dolo, con la ferocidad se hace referencia
10s especiales motives del autor”.
a
Ahora bien, el reproche dirigido a quien mata
a otro por ferocidad no debe incardinarse en la
ausencia de méviles, la presencia de mévi-
les fitiles o la desproporcién entre el motivo
que llevé a actuar al asesino y el resultado
muerte ocasionado. Definir este asesinato
implica resaltar la inhumanidad que impuls6
a actuar al agresor, pues, como aseveraria
Carrara, nos encontramos ante un homicidio
que “dibuja a un hombre peor que una fiera”™®.
Esta tesis ya de alguna manera puede encon-
trarse también en la literatura penal, cuando
Nicolini, en su conclusién como abogado
general ante la Corte Suprema de Napoles al
que remite Carrara, afirmé que: “Pero, pre-
cisamente, porque su delito trasciende toda
costumbre humana nuestros antepasados lo
llamaron brutal, y no brutal a la manera del
leén 0 del toro, sino al uso del tigre, cuyo
ciego furor, cuya vil maldad, incluso harto
de rapifia, sin provocacién ni hambre, lo hace
volver no solo a devorar cualquier otro ani-
mal, sino a despedazar sus propios hijos y la
madre
56 HURTADO POZO, Manual, 1982, p. 53; también en Manual, 1993, pp. 31-32.
57 Asi, HURTADO POZO, Manual, 1982, p.
imilar en Manual, 1993, p.30; VILLA STEIN. Ob..
\VILLAVICENCIO TERREROS. Cédigo Penal comentado, 3
p. 50; PENA CABRERA. Tratado, p. 89; con menor desarrollo también en Derecho, p. 28.
pp. 74-75:
edicién, Grijley, Lima, 2001, p. 289; también en
58 En esa misma linea, ROY FREYRE, Ob. cit.,p. 135, considera que “casi todas las modemas leyes penales sin-
rial 1993, p. 3.
del movil que earacteriza Ia
rizan momentos especiales del animo, que van siempre mas alli del doto, con el fin de caracterizar el con-
tenido especifico del desvalor ético-social del hecho”
también en Manual, 1982. p. 53
‘cin del homicida y que revela en él tanto una personalidad particular como un
"ilo de culpabilidad mayor que la del simple homicida”. Esta idea ha sido adoptada expresamente en el R.N.
N° 1488-2004-Piura de a Sala Penal Permanente (p. 2). En 0
res, p. SU, estos especiales motivos del autor pertenecen al jue
No se trata pues, como opina HURTADO POZO. Ma-
fe una peculiar manera de matar a alguien, sino mas bien
jon de VILLAVICENCIO TERREROS, Leccio-
de la culpabilidad; similar CASTILLO ALVA
Gp. cit, p. 363. Esta idea ha sido sostenida también por los jueces de la Corte Suprema en la sentencia del 7 de
gu
ecurioce que existe polémica y confusion sobre si en realidad deben ser incluidos en la culpabilidad o constitu-
tes precisos entre los motivasy las finalidades
5) CARRARA. Ob. cit, $1201, p. 245.
60 Cio por NUNEZ. Ob. eit. p
“3009 recaida en el Expediente N° AV 19-2001, Casos Barrios Altos, La Cantuta y sotanos SI
‘ao por ferocidad es “una circunstancia que pertenece a la esfera de la culpabilidad, en cuanto cate-
berga la formacién de la voluntad del agente criminal (...) refigja un nimo perteneciente a Ia esfe-
ra subjetiva y personal del agente” (Fundamento juridico 697, p. 610). La misma idea aparece en el considerando
{io de fa Casacién N° 163-2010-Lambayeque de la Sala Penal Permanente, p. 8. No obstante, Villavicencio
Jentos subjetivos diferentes al dolo. En su opinion, esta indeterminacién obedece a a ausencia de limi
al afirmarEntonces, el homicida que actia impulsado
por ferocidad es un sujeto que ha degradado
los procesos de comunicacién valorativos,
pues su percepcidn de cémo se establecen los
vinculos en referencia al “otro” se encuen-
tran totalmente desconfigurados. Su accién
refleja objetivamente un nivel tal de degra-
dacién y sus niveles de accién (la ferocidad)
son muestra tangible de su propia desconfi-
guracién como persona humana.
Para él, matar es exaltar la perversidad
como algo natural, ensalzar su propia inhu-
manidad, instintiva y animalesca, su propia
intemperancia, ya sea provocada esponté-
neamente o incitada por un factor imperso-
nal, Actia con ferocidad, entonces, quien
mata al médico porque no logré salvar la
vida de su hijo o quien asesina al vecino por
considerarlo un hombre malo.
Como vemos, el desvalor que ha insertado
el legislador en la tipificacion del homicidio
por ferocidad resalta el profundo reproche al
homicida por su comportamiento inhumano,
en tanto se trata de una conducta que “apa-
rece cargada de cierta dosis de irracionalidad,
barbarie, abyeccién y atrocidad propia de un
salvaje y no de un hombre civilizado™®.
En definitiva, nos encontramos ante una cir-
cunstancia en la cual se mata por un impulso
de perversidad brutal®. Este impulso no
necesariamente reside en un motivo externo
consciente referible directa o indirectamente
a la victima, sino en un estimulo inhumano
de la propia mente del autor, como el caso
del que “solo para experimentar la calidad
61 Ci NUNEZ. Ob. cit, p. 61
62 CASTILLO ALVA. Ob. cit, p. 364
DERECHO PENAL [Gila au
de su pélvora, descarga su fusil contra un
infeliz que ni siquiera conocia: o el de quien
después de concluido un incidente entre un
extrafio y un hermano suyo, sin alteracion
alguna de su animo ni raz6n particular con-
tra las victimas sale a la calle, da muerte
al primero que acierta a acercarse y hiere
gravemente al vecino que se asoma”: asi-
mismo, “el que se juega en una apuesta
la vida de un tercero, sin razén particular
para elegirlo, como el que prefiere matar al
niflo antes que al perro para experimentar
cientificamente, en igualdad de condicio-
nes; o el que por cébala mata a una per-
sona cualquiera”; pues en estos casos “son
impulsados por objetivos que se sustentan
en el desprecio 0 en el odio del ser humano
como tal, sin razones individuatizadoras de
ese desprecio u odio y, por esto, su impulso
homicida es perverso —porque expresa suma
maldad- y es brutal por inhumano”™
En todos estos casos es posible establecer
una correspondencia entre la ferocidad con la
que mata el agente y su consideracidn del ser
humano no como un fin en si mismo, sino
como un medio de su particular vision del
mundo, tal como ocurre cuando se mata a
un bebé por su incesante Ianto que coima la
paciencia de su verdugo o cuando se victima
a quien empuj sin intencién al homicida y le
hizo caer sus pertenencias
Todo ello certifica que la ferocidad aumenta
el desvalor de la conducta homicida, supone
un incremento del injusto e implica probar
que un objetivo revelador de perversidad
63 GOMEZ. Ob. cit. p. 63, seftala que por eso se le ha llamado también homicidio brutal u homicidio ad lasciviam,
tal como lo ha considerado, por ejemplo, la doctrina y jurisprudencia italianas al interpretar el Céuigo toscano y
el de 1889, que lo incorporaban
64 NUNEZ. Ob. cit. pp. 60-61
173N° 69 + MARZO 2015
PENAL
brutal ha impulsado predominantemente al
criminal
‘Naturalmente la concurrencia de esta agra-
vante debe estar también sujeta a limites para
su composicién. Los jueces peruanos, por
ejemplo. han considerado que no se presenta
cuando el homicidio solo se explica como
reaccién del agresor ante una afrenta de la
victima para con él 0 un tercero. Asi se nego
ta configuracién de este ilicito en el siguiente
caso: “el acusado (...) dio muerte a su cuftado
(...) en el interior del Bar La Escondida
(...) utilizando un arma blanca (cuchillo) y
luego que estuvieron libando licor (ron con
gaseosa); que, teniendo en cuenta la forma,
modo y circunstancias como se han produ-
cido los hechos, de ninguna manera cabe
invocar la concurrencia de las circunstancias
agravantes de la ferocidad [pues] si bien el
acusado y el agraviado aparentaban una rela-
cién producto de parentesco de caracteris-
ticas ‘normales’, esta no era tal, puesto que
entre ambos existfan desavenencias en razén
a que este illtimo agredia fisicamente y de
manera constante a su esposa y hermana de
aquel (...) lo que originé que por tales hechos
sc le instaurara un proceso penal por el delito
de lesiones graves, el cual corre acompafiado
al presente proceso, situacién que ha moti-
vado la reaccién del acusado, aunque no se
justifica de ninguna manera” (Sala Penal,
R.N, N° 1245-99-Canchis-Cusco).
Asimismo, los tribunales nacionales han sos-
tenido que no cabe apreciar asesinato por
ferocidad cuando se mata atendiendo a un
plan previamente determinado®. Tal razo-
namiento se advierte en la sentencia del caso
Barrios Altos cuando se expres que: “No
existe fundamento, por el contrario, para
68 NUNEZ. Ob. cit, p. 58
estimar que el homicidio tuvo un mévil feroz.
No solo se actué a partir de un objetivo defi-
nido, mas allé de su intrinseca ilegalidad y
su obvio reproche ético, injustificable desde
todo punto de vista, sino que el mévil no
fue fitil o insignificante. La consideracion 0
coartada antiterrorista, mas alld de ser repu-
diable en atencién a lo exigido a funcionarios
puiblicos respecto de su comportamiento ante
quien se entiende son delincuentes terroris-
tas, no expresa un mévil desproporcionado,
deleznable o bajo. Se maté en funcién de un
plan previamente elaborado, y la ejecu-
cién del crimen siguié, por lo menos exter-
namente, pautas propias del desarrollo de
operaciones militares, aunque al margen y
encontradiccién con la propia normativa cas-
trense. La concepcién que se asumié se bas,
sin duda, en el desprecio a la vida humana y
en una abierta rebeldia a las reglas basicas de
una sociedad civilizada, a la esencia misma
del honor militar y de los lineamientos que
rigen el enfrentamiento y trato al enemigo
vencido o desarmado. Esto tiltimo, pese a su
dramitica y escandalosa ilegalidad, no puede
reputarse como actuacién precedida de un
movil feroz. En consecuencia (...) se rechaza
el homicidio por ferocidad” (Exp. N° A.V.
19-2001, fundamento juridico 701, p. 613).
También es importante destacar que para
nuestros magistrados no cabe apreciar homi-
cidio por ferocidad cuando la muerte de una
persona es ocasionada en el marco de una
pelea o rifia. Asi, se ha indicado que: “de lo
actuado, se desprende, como una interpreta-
cién més realista y ajustada a los hechos, que
el mévil que impulsé su accién se originé
no solo en que tomaron como una afrenta
de alto calibre que [la victima] haya pose-
sionado los palcos del estadio Monumental,
66 Es contrario a esta idea, HURTADO POZO, Manual, p. 32; también en Manual, 1982, p. 54.DD ERECHO PENAL GSES
sino fundamentalmente en que este, junto
con otros hinchas aliancistas salieran a
hacerle frente, lo cual si bien no justifica
desde ningun aspecto que se atrevieran a
darle muerte, centra el contexto del homi-
cidio y su motivacién, en el ambito de las
rifias 0 peleas, acrecentada, ademas, por la
rivalidad histérica que se tienen ambos equi-
pos, de manera que, desde el punto de vista
de los imputados, se presentaba, ademas de
un contexto de agresién, un desprecio por
el rival futbolistico de siempre, que si bien,
como se recalca, no justifica el homicidio, no
lo ubica en el campo de la ferocidad” (Exp.
N° 1555-11-11 del 5 de marzo de 2014, c/
Monumental, p. 53).
Ahora bien, las ideas que hemos esbozado
deben conducir también a evitar cualquier
identificacion entre el homicidio cometido
por ferocidad con el realizado con gran
erueldad®. Ya el profesor Bramont Arias,
comentando el CP de 1924, afirmé que no
debia confundirse este asesinato con la sim-
ple ejecucién torpe, cruel o brutal®, pues es
“natural que se pueda cometer un homici-
dio por ferocidad utilizando medios brutales,
pero también dicho delito puede darse por
medios “benignos’, por ejemplo el caso de
quien abre, sin mévil, las valvulas de una
camara de gas letal para que muera el ope-
rador; o el médico que aplica, sin razén, una
inyeccién de mostaza a un paciente”™.
Esta disimilitud entre actuar por ferocidad y
con gran crueldad puede sustentarse también
a partir de lo estipulado por nuestro CP, que
recoge en el articulo 108.1 ala ferocidad y en
el articulo 108.3 a la circunstancia de gran
crueldad como agravante del homicidio,
‘Tampoco converge la ferocidad en el homi-
cidio cuando el comportamiento fue guiado
por odio a ta victima o a la humanidad”. En
realidad, esta animadversion puede concurrir
junto a la ferocidad, pero no es el elemento
central a tomar en cuenta. Asi, puede no
odiarse a la victima, pero si quitarle fa vida
ferozmente.
IV. Reflexion final
La ferocidad agrava el homicidio no en razon
de la futilidad del motivo que impulsé al
homicida a matar, ni tampoco a causa de la
manifiesta desproporcion entre el acto y el
resultado acaecido, Su contenido se encuentra
en el propio comportamiento del asesino, en
su inhumanidad, reflejada en el poco valor
y estima que le genera la vida de la victima.
‘Aun cuando esta aseveracién suponga res-
tringir el campo de aplicacién de esta cir-
cunstancia agravante, debe tenerse en cuenta
Jo sefialado por Carrara, cuando afirma que
aunque en la sociedad resultara rarisimo un
malyado de tal indole, “ya que (aunque raro)
puede existir, su rareza no quita que cuando
exista sea més peligroso que todos los otros;
y peligroso para todos los miembros (sin
excepcién) de la coasociacién civil”; y en
esta misma linea, que el caso practico de la
& Al respect, CASTILLO ALVA. Ob. cit, p. 374, opina que “si la ferocidad requiere de una objetividad rea
fexterna al hecho mismo, este requisito es cumplido holgadamente por la crueidad”
68
69 BRAMONT ARIAS. Ob. cit. p. 44.
HURTADO POZO, Manual, 1993, pp. 30-31. Ast también, ROY FREYRE, Ob, cit. p. 135, Asimismo, PENA
CABRERA, Derecho, p.29; también en Tratado, p. 90. Similar CASTILLO ALVA. Ob.
p. 367
30 Fs contrario a esta opinién, HURTADO POZO, Manual, p. 32; también en Martual, 1982, p. 54.
71 CARRARA. Ob. cit,, §1199, pp. 243-244,N° 69 - MARZO 2015
PENAL
configuracion de un delito “sea raro en un
pais es raz6n de consuelo; pero cuando, aun-
que raro, el caso sea posible, es obligacién
del iegislador prover a él, y obligacién de la
ciencia estudiarlo”
El homicidio por ferocidad supone, enton-
ces, castigar a un sujeto que con su accion
manifiesta que en sus procesos de interre-
lacién con los demas, estos son para él un
medio y no un fin en si mismos. Un sujeto
para quien su percepcién sobre cémo se
deben establecer los procesos de interrela-
cién con los demas ciudadanos se encuentra
distorsionada, siendo su comportamiento fiel
reflejo de su propia degradacién como per-
sona humana.
He ahi, pues, donde debe encontrarse la
configuracién de esta circunstancia agra-
vante, por lo que se presentard este asesinato
cuando el homicida le quita la vida a quien
no lo salud6, a quien le hizo caer su celular,
al bebé que por su incesante Hlanto colmé su
paciencia, a la persona sobre quien quiere
CARRARA. Ob. cit, §1201, pp. 245-246,
NUNEZ. Ob. cit., pp. 62-63.
probar su punteria disparando, a su com-
pafiero de cuarto porque ronca y no lo deja
dormir, a quien silba simplemente para que
se calle, 0 cuando laborando como cobrador
de un servicio de transporte piiblico mata
al pasajero por el solo hecho de que este le
reclamé su boleto.
Luego, no concurrira este asesinato cuando
Jo que impulsé al autor a matar no fue su
inhumanidad, sino otra causa que, aunque
débil y despreciable. fue la que efectivamente
“movié su brazo contra esa persona”. Efec-
tivamente, como el desvalor del homicidio
por ferocidad yace en el mévil inhumano,
instintivo y salvaje con el que se mata a otro,
este asesinato no abarca casos como el de
quien en plena rifia causa la muerte de otro
por darle un escarmiento (¥. gr. el sujeto que
mata porque la victima junto a su pandilla
“ingresé al territorio” de otra) o el de quien
mata por la propia condicién de la victima
(v. ge. dar muerte a un homosexual o al sim-
patizante de un grupo politico contrario),