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Ferocidad

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GACETA = PENAL 69 & procesal penal Pane Comité Consuttivo Luis Roy Freyre Felipe Vilavicencio Terreros José Urquizo Olaechea ‘Victor Prado Saldarriaga Percy Garcia Cavero ‘Victor Cubas Vilanueva Hugo Principe Trujillo Maria del Carmen Garcia Cartizan Fel Rojas Vargas José Luis Castilo Alva Dino Carlos Caro Coria César Azabache Caracciolo Witredo Pedraza Sierra Luis Vargas Valdivia Rosa Mavila Led = Pablo Talavera Eiguera Le Guillermo Urbina Ganwvini #} = José Neyra Fores Pedro Angulo Arana «ull Armaza Galdos Jorge Hugo Alvarez Luis Miguel Reyna Alfaro ‘Alonso Peta Cabrera Freyre Carlos Avalos Rodriguez James Redtegui Sanchez Rail Pariona Arana Julio Rodriguez Delgado Mario Rodriguez Hurtado Victor Rabi Reyes Alvarado ACETA JURIDICA @ {01)710-8900 / TELEFAX: (01)241-2323 ‘-mai: [email protected] pe ‘ww. gacetajidica.com pe PARTE ESPECIAL DELITOS COMUNES La ferocidad en el delito de homicidio José URQUIZO OLAECHEA™ / David ROSALES ARTICA** Los autores, luego de objetar la imprecision de las posturas que entienden la agra- vante de ferocidad en el homicidio como la ausencia de méviles o la verificacién de méviles fitiles, proponen rastrear su contenido en el propio comportamiento inhumano del asesino, reflejado en el poco valor y estima que le genera la vida de a victima, con lo cual el agente manifestaria que, én sus distorsionados procesos de interrelacién con los demds, estos son para él solo un medio y no un fin en si mismos. MARCO NORMATIVO * Codigo Penal: art. 108 ino. 1. 1. Introduccién El Diccionario de la Real Academia Espa- fiola define ferocidad como la “cualidad de feroz” 0 como un “dicho o hecho brutal, cruel 0 atrevido”. Asimismo, precisa que feroz es un adjetivo que sirve para identi- ficar a “un animal: fiero, agresivo” 0 para calificar aquello que es “brutal, agresivo, cruel, despiadado”, asi como lo que es “enorme, muy intenso”. Establece también que el término fiero es un calificativo util para tildar aquello que es “perteneciente 0 relativo a las fieras™, “duro, agreste 0 ras”, intratable” o que se presenta como “grande, excesivo, descompasado” e, incluso, horroroso, terrible”, sugiriendo que se trata de un término utilizado sobre “los animales no domesticados”. Ademas, puntualiza que animal fiero es “el que vagando libre por la tierra, el aire 0 el agua, es objeto ade- cuado para la apropiacién, caza 0 pesca”, 0 el “animal salvaje”. En el imaginario colectivo y en el lenguaje coloquial se emplea el término ferocidad en sentido figurado para calificar la accién de matar a otro que se asemeja a la manera de matar de los animales fieros y sanguinarios * Doctor en Derecho por la Universidad Auténoma de Barcelona-Espafa. Catedrético principal de Derecho Penal de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. + Abogado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Profesor de Derecho Penal. 1 Por su origen etimologico, la palabra fiera proviene del latin fera y significa bestia, animal salvaje. — = ~ 161 Fy € 4 ry 2 5 é 3 N° 69 + MARZO 2015 PENAL del mundo de la naturaleza. En ese sentido, mata con ferocidad quien asesina con safia, con furor y enojo ciego, El homicidio por ferocidad aparece en el Derecho Penal peruano en el denominado Cédigo de Santa Cruz de 1836%, en cuyo ar- ticulo 483.6 se consideraba asesinos a los que mataban “con tormentos, 0 con algiin acto de ferocidad o crueldad’” (el resaltado es nuestro). Aunque este homicidio agravado no fue tipi- ficado en el CP peruano de 1863, la situacién cambié en la primera parte del siglo XX, pues fue incorporado en el articulo 152 del CP de 1924, denominado Cédigo de Mairtua, bajo la siguiente descripcién: “Se impondra inter- namiento al que matare por ferocidad (...)” (el resaltado es nuestro). Esta redaccién se sustenté y apoy6 en los Proyectos suizos en los que se hacia referencia a la férocité, radi- cando ahi el motivo por el cual se acepta que nuestro pais se afili6, siguiendo al helvético, a la orientacién alemana’ Cabe poner de manifiesto que el CP de 1924 no siguié el modelo del CP italiano de 1889 que se referia al homicidio cometido per impulso di brutale malvagitd, tal como si ocurrié, por ejemplo, con la legislacién argentina que agravaba el homicidio por la “perversidad brutal con que actua el agente”. Sobre esta tipificacién hay que mencionar que las duras criticas en su contra por parte de los penalistas argentinos, con- Hevé su exclusién del CP en el afio 1967, incorporando en su lugar la circunstancia de matar “por placer”, con lo que los argenti- nos se afiliaron a la orientacién germana’. Finalmente, en este recorrido por las normas penales nacionales que acogieron la figura de la ferocidad, el vigente CP peruano de 1991 ha conservado su tipificacién como agravante del homicidio, manteniendo las fuentes que sustentaron la redaccién del articulo 152 de 1924°. Ubicada ahora en el articulo 108.17 junto a las circunstancias de codicia, lucro y placer, la ferocidad convierte al homicidio en un asesinato y agrava, por ende, la culpabi- lidad del autor. Segin la regulacién vigente: “Serd reprimido con pena privativa de libertad no menor de quince afios el que mate a otro concurriendo cualquiera de las circunstancias siguientes: 1. Por ferocidad, codicia, lucto 0 por placer (...)"* (el resaltado es nuestro). 2 Como relatan HURTADO POZO. Manual de Derecho Penal, Parte general I. 3 edicién, Grijley, Lima, 2005, parr. 255, pp. 102-103: y VILLAVICENCIO TERREROS. Derecho Penal. Parte general. 3* reimpresion de la 1" edicion, Grijley, Lima, 2010, par. 331, p. 156; entre los afios de 1836 y 1838, rigié en el Estado Sud-Perua- no el CP boliviano impuesto por el General Santa Cruz al constituirse la Confederacién Peri-Bolivia. Este CP se inspir6 en el CP espafiol de 1822, el cual, a su vez, poseia una marcada influencia francesa (Cédigo de Napoleén de 1810) y el Derecho historico espafiol Sobre la aparicién y evolucién de la ferocidad en nuestro Derecho Penal, véase HURTADO POZO, Manual, 1993, p. 30; también: Marual, 1982, p. 51 4 Como recuerdan HURTADO POZO, Manual, parr. 274 y 279, pp. 107-109; y VILLAVICENCIO TERREROS, Parte general, pitt. 336, pp. 157-158; si bien el CP de 1924 es ecléctico, debido a la copiosa cantidad de legisla- ciiones extranjeras que fueron adoptadas, la mayor parte de las figuras delictivas de la parte especial fueron ela- boradas de acuerdo a criterios suizos (anteproyectos de 1915 y 1916 y proyecto de 1918). Véase también HUR- TADO POZO, Manual, 1982, p. 52; también en Manual, 1993, p. 30. HURTADO POZO, Manual, 1993, p. 30; también en Manual, 1982, pp. 53-54. 6 Cir, HURTADO POZO, Manual, 1982, p. 52; también en Manual, 1993, p. 30 ‘Texto conforme a la modificacién del articulo 108, introducida por el articulo 2 de la Ley N° 30054 publicada el 30 de junio de 2013 Texto vigente conforme a la modificacién del articulo 108, introducida por el articulo 1 de la Ley N° 30253, publicada el 24 de octubre de 2014. Ahora bien, tanto en la doctrina como en la jurisprudencia penal nacional y extranjera se han citado diversos casos que graficarfan este asesinato, Por ejemplo, se explica el homicidio por ferocidad haciendo referencia al siguiente hecho: “la tarde del 25 de marzo de 1954, en circunstancias en que el acu- sado H.J.G., quien se hallaba en estado de relativa embriaguez por haber bebido algu- nas copas de licor después del almuerzo, en unién de su conviviente F.E. se dedicaban a efectuar los trabajos necesarios para levan- tar una ‘quincha’ en la casa de P.J., ubicada en las inmediaciones del Colegio San José de la ciudad de Chiclayo, advirtié que el hijo de F.E., que era el producto de sus rela- ciones con otro hombre, se hallaba lorando en una hamaca vecina, lo que le mortifi- caba, ya que el Ilanto del infortunado era frecuente, en razén de encontrarse enfermo del estémago, y se dirigié hacia la mencio- nada hamaca y cogiendo a la infeliz cria- tura la arrojé contra el suelo, privandola del conocimiento y causandole traumatismos graves, que momentos después, determina- ron su fallecimiento™, Es descriptivo también el caso del “chofer- cobrador que victima al pasajero de trans- porte urbano por el solo hecho de recla- mar su boleto municipal’, Asimismo, el profesor Bramont Arias sefiala que el ase- sinato por ferocidad comprende los homi- cidios verificados por “androfobia, lujuria de sangre, vanidad criminal, espiritu de 9 VILLAVICENCIO TERREROS. Lecciones de Derecho Penal. Parte especial 1. Gios Editores, Lin PEELEIOI PARTE ESPECIAL] Comentario relevante de los autores “aionaimonte se ha stsionido ~ que ef asesinato por ferocidad tie eee caer acne s -alguno, Jo que en el lenguaje clasi- c0.se denomind homicidio ad lasci- viam, por sed de sangre 0 por brutal perversidad. prepotencia, etc.”, como también el “matar a una persona para que deje de silbar o por- que dias antes le habia dicho ‘Ud. va a morir pronto En la doctrina italiana y argentina también se han planteado algunos ejemplos, empero, bajo la idea del homicidio “per impulso di brutale malvagita” 0 “perversidad brutal con que actiia el agente”. Carrara expuso el caso Ciolli, en el cual un grupo de “malvados habian jurado derramar todos los dias sangre humana, y que, en ejecucién del truculento complot, de noche mataban y herian al pri- ‘mero que encontraban por la calle” Asimismo, Levene (h.), refiriéndose a Alta- villa, mencioné el supuesto de “un estudiante que corre para aleanzar a sus compaieros y al pasar frente a un zapatero que esta traba- jando le voltea las herramientas; el zapatero 1991 p. 51. Similar HURTADO POZO, Marual, 1993, p. 32; también en Manual, 1982, p. 54. 10 PENA CABRERA. Traiado de Derecho Penal. Parte especial I. Ediciones Juridicas, Lima, 1992. 11 BRAMONT ARIAS, Temas de Derecho Penal. N° 01, Lima, 1988, p. 44. Similar VILLA STEI * edicién, San Marcos, Lima, 2004, p. 78. nal. Parte especial I-A, 90. Derecho Pe- 12 CARRARA. Programa del curso de Derecho criminal. Parte especial, Vol. 1, traduccion de Sebastian Soler, Er- nesto R. Gavier y Ricardo C. Nafiez, Depalma, Buenos Aires, 1945, §1200, p. 245. 163 N° 69 - MARZO 2015 PENAL lo persigue y le da muerte”, o también “el del individuo que quiere probar punteria con un ser humano maténdolo, o el que victima a su compafiero de cuarto porque ronca y no lo deja dormir”, ‘Ademas, se mencionan sucesos como el de quien “solo para experimentar la calidad de su pélvora, descarga su fusil contra un infeliz que ni siquiera conocia; o el de quien después de concluido un incidente entre un extrafio y un hermano suyo, sin alteracién alguna de su énimo ni razén particular contra la victima, sale a la calle, da muerte al pri mero que acierta a acercarse y hiere grave- mente al vecino que se asoma”; asi como los supuestos de quien “se juega en una apuesta la vida de un tercero, sin razén particular para elegirlo, como el que prefiere matar al niflo antes que al perro para experimentar cientificamente, en igualdad de condicio- nes; 0 el que por cabala mata una persona cualquiera”, Ya en el campo de la justicia penal nacio- nal se calified como homicidio por feroci- dad el siguiente hecho: “el encausado (...) al quitarle la vida al menor (...) actué con total desprecio por la vida humana, pues ante la sustraccién del teléfono mévil de su hija, extrajo un arma de fuego de su casa, se diri- gid a un grupo de adolescentes reunidos en inmediaciones del lugar donde se produjo la sustraccién y realizé tres disparos, uno de los cuales impact6 en el citado menor y le causé la muerte; es decir, reaccioné de manera vio lenta irracional ante un motivo insignificante o fatil” (Sala Penal Permanente, Casacion N° 163-2010-Lambayeque, p. 5). ‘Nuestros tribunales han considerado también que se presenté esta agravante cuando: “el acusado agredié con su correa a la menor agraviada de un afio y once meses de edad, por haberse negado a ingerir sus alimentos y, ante el Ilanto de la citada menor, la condujo al patio de su vivienda donde la golpeé a la altura del abdomen y luego la tiré al suelo donde habia piedra chancada, lo que pos- teriormente le causé la muerte” (Ejecutoria Suprema, R.N. N° 2804-2003-Lima Norte del 12 de enero de 2004); 0 cuando: “el acu- sado (...) dispar6 con su arma de fuego con- tra la agraviada produciendo su muerte, por el solo hecho de no responderle el saludo que le hiciera, demostrando asi el poco valor y sentimiento por la vida humana” (Ejecu- toria Suprema, R.N. N° 3456-94-Lima del 10 de abril de 1995). E, incluso, se aprecié esta forma de asesinato en el siguiente caso: “Jos acusados (...) dieron muerte a las dos victimas sin mayor motivo o Gnicamente por el hecho de que una de las agraviadas le hizo caer la bateria del teléfono celular que portaba uno de los agentes, lo que cons- tituye un movil nimio o insignificante; por tanto, el doble homicidio que perpetraron estos se califica en razén a la ferocidad con la que actuaron” (Ejecutoria Suprema, R.N N° 1554-2000 del 17 de julio de 2000). Esta variada casuistica sobre el homicidio por ferocidad permite notar que existe poca claridad en la doctrina y jurisprudencia LEVENE (h.). EI delito de homicidio. 3* edicién, Depalma, Buenos Aires, 1977, p. 200. En la doctrina nacional, PENA CABRERA. Derecho Penal peruano. Parte especial. Lima, 1977, p. 28, en donde comenta el homicidio por ferocidad regulado en el articulo 152 del Cédigo Penal de 1924; también en Tratado, p. 90, en donde se re- fiere al homicidio por ferocidad regulado en el articulo 108 del CP de 1991. 14 LEVENE (h).0b. cit, p. 200. En la doctrina nacional, PENA CABRERA. Derecho, p. 28; también en Tratado, p90. pp. 60-61, NUNEZ, Derecho Penal argentino. Parte especial. Tomo Il, Bibliogréfica Omeba, Buenos Aires, 1961, nacional cuando pretenden identificar su contenido esencial'®, Esta imprecision se aprecia ain mds cuando nuestros tribunales han considerado que: “en cuanto a la feroci- dad, esta modalidad homicida se encuentra en el mévil de la accién, esto es, en su inhu- manidad —que no sea consciente 0 racio- nal, que sea desproporcionado, deleznable © bajo, o que se actie impulsado por un odio acérrimo-, lo que revela en su autor una personalidad particular con un grado de culpabilidad mayor que la del simple homi- cida” (Sala Penal Permanente, R.N. N° 1488- 2004-Piura, p. 2) (el resaltado es nuestro). Lo mismo puede advertirse cuando nuestros jjueces expresaron que: “Si bien es cierto, esta debidamente acreditado que el acusado (...) caus6 la muerte del agraviado, también lo es que en la conducta desplegada por aquel para cometer dicho acto no se dan los presupuestos del delito de homicidio calificado por feroci- dad, como asi lo ha considerado el sefior Fis- cal Supremo, ya que para ello se requiere que la muerte haya sido causada por un instinto de perversidad brutal o por el solo placer de matar, esto es, que el comportamiento delictivo es realizado por el agente sin ningan motivo o mévil aparentemente explicable” (Exp. N° 1658-2004-Cono Norte-Lima, Sala Penal”) (el resaltado es nuestro). Incluso esta indeterminacién ha conducido a nuestros magistrados a establecer, infunda- damente, ciertos presupuestos del asesinato por ferocidad: “lo primero que notamos de estos casos es que, en la mayoria de ellos, la victima del ataque mortal propiciaba una DERECHO PENAL figs sa) afectacién insignificante al homicida (...) Un segundo punto, que creemos conveniente resaltar, es que el homicida por ferocidad debe poder comprender que la conducta de la victima le genera una afectacién que la valoracién social considera de leve magnitud o inexistente. En tercer lugar, se debe apreciar que en estos casos, como en todos los casos en que se hable de accion humana, el movimiento muscular que rea- liza el sujeto, que en este caso consiste en dar muerte a otro hombre, debe tener un objetivo o fin. Asi, en todos los casos ana- lizados el homicida tenia un objetivo: (...) calmar su fastidio” (Exp. N° 1555-11-11 del 5 de marzo de 2014, c/Monumental'®, p. 51) (el resaltado es nuestro). Probablemente esta acentuada imprecision sobre el contenido y los limites del homici- dio por ferocidad obedece a que las pautas empleadas para caracterizar este ilicito no guardan correspondencia con su naturaleza En ese sentido, en las lineas siguientes expon- dremos las diversas definiciones planteadas sobre el asesinato por ferocidad para. poste- riormente, formular y fundamentar nuestra apreciacién personal sobre esta figura penal. il. Interpretacién del homicidio por ferocidad en la doctrina y juris- 1. Ferocidad como ausencia de moviles en el homicida Tradicionalmente se ha sostenido que el ase- sinato por ferocidad tiene lugar cuando el 16 Comentando el CP de 1924, ROY FREYRE. Derecho Penal. Parte especial. Tomo 1, 2° edicién, Lima, 1986, p. 138, puso en evidencia que la jurisprudencia de ese entonces interpretaba la ferocidad en el mismo sentido que Ta ausencia de movil , cl impulso de perversidad brutal o el hecho de matar por placer. 17. En: CASTILLO ALVA. Jurisprudencia penal 3. Grijley, Lima, 2006, pp. 20-21 18 Cabe mencionar que esta decisién judicial fue objeto de la interposicién de Recurso de Nulidad y, ala fecha de la elaboracién de este articulo, se encuentra en giro ante la Corte Suprema de la Repiblica, 165 N° 69 - MARZO 2015 PENAL Comentario relevante Cate Cy La ferocidad agrava et homicitio no en razon de ta futilidad del mo- rary enna go eee de la victima. hecho es cometido obrando el agresor sin motivo alguno, lo que en el lenguaje clasico se denominé homicidio ad lasciviam, por sed de sangre 0 por brutal perversidad”. En opinién de Alimena se tratarfa del mas grave de los homicidios, pues “ningiin motivo, por mas pérfido que sea, puede igualar a la ausencia de todo motivo, cualquiera que él sea” En nuestro pafs esta forma:de entender el homicidio por ferocidad ha sido esbozada por Bramont Arias y Roy Freyre, quienes sostuvieron que era posible concebir su comisién cuando se mata “sin causa apa- rente o presunta (por ejemplo, homicidio verificado por androfobia, lujuria de sangre, vanidad criminal, espiritu de prepotencia, etc.)” o “sin motivo consciente™". Ahora bien, se ha afirmado que el desvalor de Ia conducta de quien mata sin motivo alguno radica en el peligro y la alarma general de ser victimas de un sujeto frente a quien nadie puede razonablemente saberse a cubierto™ de qué valen frente a él, las virtudes, los méritos, las precauciones?™ Nos encontramos, pues, ante un sujeto peli- groso para todos, pues su actuar homi- cida puede desencadenarse en cualquier momento, de ahi que el fundamento politico de la represién de este asesinato “no estd en la posibilidad de que el hecho se reproduzca, sino en la dificultad de premunirse contra el hecho cuando se ha producido. El daiio mediato se acrecienta por su mayor difusion, desde que no hay nadie que pueda conside- rarse seguro de ser victima de esta clase de atentados”™. Carrara expres también que la causa del mayor rigor de la pena para este tipo de asesinato halla su justificacién politica en Ja dificultad que encuentran los ciudadanos para precaverse contra el hecho cuando esté por reproducirse. En su opinién, “el dafio mediato crece por su mayor difundibili- dad, cuando no hay ciudadano que pueda decirse a si mismo: yo estoy seguro frente a esta forma de delitos, y con una prudente 19 Cir, ALIMENA. Delitos contra la persona, Traduccién de Simén Carrejo y Jorque Guerrero, Temis, Bogota, 19 5.p. 167, 20. Cf. ALIMENA. Ob. cit, p. 167, 21 BRAMONT ARIAS. Ob. cit., p. 44; ROY FREYRE. Ob. cit., p. 135. Siguen esta idea, en la actualidad, GAL- VEZ VILLEGAS y DELGADO TOVAR. Derecho Penal. Parte especial. Tomo |, Jurista Editores, 2011, Lima, p. 410, cuando declaran que la ferocidad supone la “ausencia total de motivos para la realizacién de la muerte de la vietima”, o incluso VILLA STEIN. Ob. cit, p. 78, cuando acepta que se trata de una “modalidad amotivada” 22 Cit. CARRARA. Ob. cit, §1199, p. 243, 23. Cfi, ALIMENA. Ob. cit, p. 168. 24 CORNEJO. Derecho Penal especial. Tomo I, Lima, 1937, pp. 24-25. Similar SOLER. Derecho Penal argentino, 8 reimpresién total, TEA, Buenos Aires, 1978, p. 36. Similar PENA CABRERA. Tratado, pp. 89-90 conducta puedo evitar el peligro de ser su victima, Frente a quien mata sin odio, sin pasién, sin finalidad de lucro, por la sola sed de sangre, no hay quien pueda considerarse seguro: no basta ni el ser pobre, ni el ser prudente, ni el no tener enemigos. Ademés, frente a este individuo no hay prevencién posible por parte de la cautela privada, por- que la agresicn se hace por un desconocido a un desconocido. Existe, pues, el sumo grado de difundibilidad en el dafio mediato de este homicidio; existe el sumo grado de la amino- rada potencia de la defeensa privada’®*. Por el contrario, no concurriré la agravante si nos topamos con la existencia de algiin motivo que, por trivial que fuera, fue el que impuls6 a actuar al homicida. En este sentido opinaba Alimena que “el reo que se dirige contra determinada persona, dejando de lado a todas las demis, dificilmente ha estado movido por brutal maldad. Si quiere darle muerte a esa persona y solo a ella, lo cierto es que un motivo ~por fit e injusto que sea~ debe tener contra ella, mientras que en caso de la maldad brutal todos los hombres tienen un mismo valor” Una serie de reproches se han esgrimido con- tra la comprensién del homicidio por fero- cidad como el realizado sin motivo alguno © consciente. Carmignani manifesté que “era repugnante a la humanidad admitir un CARRARA. Ob. cit., §1199, pp. 243-244. 26 ALIMENA. Ob. cit. pp. 167-168 y 171 homicidio sin causa; y porque un homicidio sin causa deberia hacer excluir la criminali- dad”””; mientras que Levene (h.) se mostré disconforme con “aceptar que se Hegue a matar a un ser humano sin raz6n alguna, lo que ha hecho pensar a parte de la doctrina (Vico, Carmignani, Alimena) que posible- mente quien en esa forma acta tiene que ser un anormal, que quien asi obra debe ir aun manicomio y no a una cércel, por lo que siempre es aqui conveniente y necesaria la pericia psiquidtrica del sujeto"™. En su opinién, los sentimientos que impulsan a dar muerte a otro hombre son “sentimientos rela~ tivamente aceptables, como son Ia defensa del honor o una tendencia politica definida; 6 inaceptables, como serian el lucto. el odio, la venganza, la codicia”, por lo que causa asombro “que pueda darse muerte a un seme- jante sin motivo”®. En la doctrina nacional, Pefia Cabrera mani- fest6 que la existencia de este tipo de homi- cidio es bastante controvertida, pues “resulta dificil aceptar la tesis de que se mate a una persona sin motivo alguno que lo expli- que”, lo cual, ademés, no es conforme a “las actuales doctrinas psicolégicas, puesto que “la admisién de un acto sin motivo es una hipétesis irreal””. De forma cercana a estas criticas se ha ido construyendo la idea de la inimputabilidad 27 GOMEZ. Tratado de Derecho Penal. Tomo II, Buenos Aires, 1939, pp. 63-64. DERECHO PENAL GGUC:Sig[d1 28 Noobstante ello, LEVENE (h.). Ob. cit, p. 198, reconocié la necesidad de diferenciar entre el homicida loco que mata por una necesidad, buscando una valvula de escape a su locura homicida, porque hace eclosisn en él todo tun proceso que deriva de su alcoholismo, de su epilepsia 0 de su melancolia ~a cuyo respecto nos remitimos a 1o ya explicado sobre psicologia del homicida loco-, y el delincuente que mata por impulso de perversidad bru- tal quien lo hace voluntariamente, casi siempre por darse un placer y sin que haya ninguna razén valedera por parte del sujeto activo y mucho menos por parte de la victima, 29 LEVENE (h.). Ob. cit. pp. 197-198, 30 PENA CABRERA, Derecho, p. 28 31 PENA CABRERA, Derecho, p. 28; también en Tratado, p. 89. —— 167 ez N° 69 » MARZO 2015 PENAL del sujeto que asesina con ferocidad”?. Cor- nejo, comentando el articulo 152 del CP peruano de 1924, decia que “algunos escrito- res afirman que esta especie de homicidio no puede admitirse en el Derecho Penal como una de las figuras criminosas mas graves, sino por ignorancia de algunas nociones de siquiatria. Donde se ha querido ver y encon- trar, dice Pulci, el colmo de la perversidad, no vemos mas que la desventura de un enfermo, porque la ausencia de un motivo individual, cardicter propio de este delito, puede presen- tarse al ojo no profano de los estudios y de los que observan los hechos siquidtricos, como causa de manias sin delirio”. En su opinién, aunque estas observaciones sean dignas de tenerse en cuenta, “no puede negarse que el que mata por impulso de su perversidad, no procede con orden légico; lo que lo impulsa al crimen es su perversion moral, el libido de sangre, no la perversién intelectual, y el legislador tiene derecho de defender a la sociedad de estos malhechores”. En la doctrina italiana también Alimena ha sostenido que este homicidio, en el que esté ausente todo motivo, “es un exponente de locura” y cita como ejemplo al hombre del que hablaba Maudsley, “ese hombre que daba muerte a nifias que revelaba el hecho en su periédico y que junto al nombre de una de sus victimas escribia: ‘era tierna y célida’, ciertamente era un loco”™. | | Ahora bien, frente a las posiciones que se resisten a aceptar la concurrencia de la feroci- dad cuando se mata sin motivo consciente, se ha opuesto Carrara, quien al analizar el juicio realizado contra Ciolli y sus compaiieros en Toscana en 1840 (proceso seguido contra un grupo de sujetos quienes habian jurado derra- mar todos los dias sangre humana, y que, en ejecucién del truculento complot, de noche mataban y herian al primero que encontra- ban por Ia calle), manifest que expresio- nes como la de Carmignani, quien pretendio suprimir esta modalidad de asesinato de los problemas penales", caen en el sofisma que también habja censurado en otros escritores en muchas ocasiones, esto es, “el sofisma de resolver un problema negando su posibilidad por la rareza del caso practico”™. 2. Ferocidad y homicidio causado por odio a la comunidad Ya Carrara defendia que el homicidio por ferocidad debia aplicarse “al hombre que actiia solo por odio contra el género humano y que presenta un peligro universal, y, de esta manera, un incremento inmenso de dafio mediato””. Ensefié que para determi- nar la procedencia del homicidio por libidine de sangre “es necesario que se encuentre ausencia completa de cualquier causa, aun- que levisima, de enojo y de antipatia que haya impulsado a la muerte. Lo que lleva a 32 FIANDACA y MUSCO. Diritto Penale. Parte generale. 4° edicién, Zanichelli editore, Bologna, 2001, p. 394, cconsideran que el homicidio por impulso de perversidad brutal es incompatible con el “vicio parcial de la men- te, puesto que no puede responsabilizarse al agente de una maldad que encuentra explicacién en el ambito de un cuadro morboso" 33. CORNEJO. Ob. cit, p. 24. En sentido similar, ROY FREYRE. Ob. cit., pp. 136-137; BRAMONT ARIAS. Ob. cit, p.44; PENA CABRERA. Derecho, p.29. Asitambién, CASTILLO ALVA. Derecho Penal. Parte especial. Grijley, Lima, 2008, pp. 368-369. 34 ALIMENA. Ob. cit, p. 168. 35. Cir. ALIMENA. Ob. cit, p. 167. 36 CARRARA. Ob. cit. §1201, pp. 245 y 246. 37 CARRARA. Ob. cit, $1200, p. 245. Serer eee eee errr seer secrete meeersenrrenemnnnnnni se aan Gee) OO te ere la conclusién de que cuando el ataque fue dirigido contra un individuo determinado, al cual solamente, y no a ningiin otro hombre, se queria quitar la vida, la tesis de la califi- cante en cuestién resultaré siempre insoste- nible; porque no actiia por el solo barbaro placer de derramar sangre humana aque! que particular y exclusivamente anhela la sangre de un individuo. Lo odia a aquel (aunque sea irrazonablemente), pero no odia a la humani- dad”. A su juicio, debe criticarse la actitud de ciertos acusadores que al no comprender el contenido de esta agravante, se apresuran a invocarla todas las veces que se mata a un agente de la fuerza piblica o a un sacerdote por odio a tal calidad”. En nuestro pais, esta postura que establece coincidencias entre el homicidio por feroci- dad con el ocasionado por odio a la comuni- dad en general no ha sido acogida pacifica- mente. Por ejemplo, Castillo Alva manifiesta que para la configuracién del asesinato por ferocidad “es indiferente que el sujeto odie 0 no a una persona en particular o a la humani- dad en general; tal como, anecdéticamente, sostenia la doctrina antigua™®. En su opinién, la exigencia de la ley “solo se centra en el matar con ferocidad, independientemente de si existe 0 no un odio sobre la victima o sobre una clase social o la humanidad entera™!, Nuestros tribunales tampoco han aceptado undnimemente la inclusién del movil de odio en la comprensién del homicidio por feroci- dad, tal como se puede apreciar a continua- cidn: “de las circunstancias descritas en la sentencia de vista, se verifican indicadores indiscutibles —mévil fatil e insignificante, el empleo de arma de fuego contra un grupo de jévenes que se encontraban sentados, disparar a la victima en la zona frontal o a una distancia aproximada de dos metros y medio, sin mediar agresién verbal o discu- sién alguna~ de que el crimen cometido (...) fue con ferocidad, resultando indiferente que este odie o no a la victima o a una per- sona en particular o a la humanidad en general” (Sala Penal Permanente. Casacion N° 163-2010-Lambayeque, considerando noveno, p. 11) (él resaltado es nuestro) 3. Ferocidad como desproporcion entre la muerte producida y el movil futil que impuls6 al homicida ‘Como habia expresado Alimena, en la doc- trina penal italiana el homicidio cometido sin motivo alguno, ad lasciviam, por sed de sangre o por brutal perversidad era conside- rado el mas grave de los homicidios y su ver- dadera esencia estaba constituida no por un motivo justo o frivolo, sino por la ausencia de todo motivo, cualquiera que él sea” Sin embargo, los reproches y recelos a acep- tar que se pueda matar a otro sin motivo alguno Ilevaron a la doctrina penal a preferir 38 CARRARA. Ob. cit., $1203, p. 247. También ALIMENA. Ob. cit, pp. 167-168 y 171 39 CARRARA. Ob. cit., §1203, p. 247. Esta vinculacién entre el homicidio por ferocidad con el causado por odio a la comunidad encontré también acogida en la doctrina penal argentina. Por ejemplo comentaba LEVENE (h.). Ob. cit, p. 198, que “a partir de Carrara y Crivellari exigen que en el sujeto no haya el deseo de matar a wna de- terminada persona, que no haya un odio a una persona, sino un odio general a la humanidad. El sujeto debe tener aversion a sus semejantes, y esa aversién genérica encuentra, de repente, ala victima que lo determina a levar a cabo su propésito de matar”, Esta idea fuse refrendada por NUNEZ. Ob. cit, pp. 60-61, para quien “los actos de los homieidas reflejan un desprecio por el ser humano o ferocidad inhumana, pero no desprecio u odio contra de- terminada persona por una razén particular respecto de la cual esta sea inocente o culpable”. 40 CASTILLO ALVA. Ob. cit, p. 367. 41 Ibidem, p. 368. 42. Cf, ALIMENA. Ob. cit, p. 167. ~- 169 fay N°69 - MARZO 2015 PENAL una comprension de este asesinato relacio- nandolo con la preexistencia de un motivo fiitil. Y asi se explica que en Italia, Maggiore haya manifestado que en casos como el de quien mata para vengar una leve injuria o por un litigio insignificante se afirma “vulgar- mente” que se ha matado sin motivo, pero “como no existen acciones inmotivadas, solo debe afirmarse que el mévil es fatil, 0 sea inadecuado, segin la sicologia comtn, para determinar el resultado”®. Es probable entonces que ahi radique la razon por la que la opinién de la doctrina* y de Ia jurisprudencia'* de nuestro pais sos- tiene mayoritariamente que el homicidio por ferocidad consiste en matar por motivo fiitil, esto es, matar sin causa aparente 0 causa insignificante. Ahora bien, en nuestro Derecho Penal es, asimismo, opinién mayoritaria aquella que sostiene que acta con mévil fatil quien comete un hecho en el que. existe despro- porcién entre lo que impulsé su actuacion y el resultado acaecido, siendo que los criterios que se han empleado para determinar si con- curre tal desproporcién han provenido, fun- damentalmente, del Derecho Penal italiano. B_ MAGGIORE. Derecho Penal. Vol. Il, reimpresi6n Los penalistas italianos han expresado que lo fiatil pertenece al grupo de los motivos moral- mente reprobables mas bajos en la escala de Ja desvalorizacién ética, reflejando, al mismo tiempo, la maxima depravacién espiritual del agente“, Se le define como “el motivo no proporcionado con el delito, el motivo que por lo exiguo y mezquino no explica la accién criminal; antes bien, denota insensi- bilidad moral en el actor cuyo maximo grado Jo constituye la maldad brutal, [por ejemplo}, el caso del que mata para vengar una leve injuria, 0 por un litigio insignificante™”. El motivo fistil se presenta en “la accién del que mata para probar la carga de un arma, o para eliminar a un militar, a un sacerdote 0 a un noble, solo por ser tales. Tomando como base estas ideas, también en nuestro pais se acepta que la ferocidad como agravante funciona “en caso de que el mévil sea insignificante comparado con la magnitud del resultado producido™”, es decir, cuando el homicida “Hlega a ultimar una existencia sin ser evidente 0 identificable el interés perseguido con el delito, o sin tener a la vista ventajas proximas 0 ciertas que la aceién criminal le pueda producir™’. de la 2*edicidn, traduccion de José Ortega Torres de la S* edi- ciom italiana de 1951-1952, Temis, Bogoti, 1985, pp. 19-20. 44 Blo puede apreciarse, por ejemplo, cuando Peta Cabrera al aceptar lo dificil que resulta imaginar que se pueda rmatar a alguien sin motivo alguno que lo explique, ef dio cometido por causa nimia o fil”. ald que es “aconsejable extender la agravante al homici- 4S. Vease el RIN. N° 1222-05-Huaneavelica de la Segunda Sala Penal Transitoria de la Corte Suprema de Justi Gia. En: URQUIZO OLAECHEA. Jurisprudencia penal de la Corte Suprema de Justicia (2006-2010). Tomo |, Idemsa, Lima, 2011, pp. 808-812. 46 Cir. MAGGIORE. Ob. cit, p. 18, 47 MAGGIORE. Ob. cit p. 19:Similar BETTIOL. Derecho Penal, Parte general. Traduccion de José Ls n Paga- no th) de la 4 edicién italiana de 1958, Temis, Bogoté, 1965, p. 450; FANDACA y MUSCO. Ob. cit, p. 394; MANTOVANI Diritio Penale. Parte generale. 7 edicién, Cedam, 2011, p. 408. 48. MAGGIORE. Ob. cit. p. 20. 49 ROY FREYRE. Ob. cit, p. 135; BRAMONT ARIAS. Ob. cit, p. 44; HURTADO POZO. Manual, p. 32; tam- p.28: VILLA STEIN. Ob. cit,, pp. 75-78. 50 ROY FREYRE. Ob. cit,, pp. 133-134. >. 54; PENA CABRERA. Tratado, p. 89; con menor desarrollo también en Derecho, Esta tesis de la desproporcién entre el motivo y el resultado acontecido ha encontrado aco- gida también en nuestros tribunales. Por ejemplo, en la sentencia del caso Barrios Altos" se declaré que el asesinato por feroci- dad “significa dar muerte a una persona a par- tir de un mévil o motivo futil, inhumano”, es decir, que “no es atendible o significativo” (Exp. N° A.V. 19-2001, fundamento juridico 697, pp. 610-611). En esta decision se mani- fest6, asimismo, que: “La jurisprudencia de la Corte Suprema (...) también menciona que el motivo o mévil es insignificante o futil, o inhumano, desproporcionado, delez- nable y bajo [Ejecutorias Supremas del doce de enero de dos mil cuatro, nimero 2804- 2003-Lima Norte: veintiuno de enero de dos mil cinco, niimero 3904-2004-La Libertad; y nueve de septiembre de dos mil cuatro, numero 1488-2004)". Cabe anotar que de la revisién de las decisio- nes judiciales sobre el homicidio por feroci dad en nuestro pais, hemos encontrado que se acredita la desproporcién entre el motivo que impulsa a actuar al agente y el resultado ocu- rrido a partir de la concurrencia de una nece- saria agresion previa de la victima“, la cual es calificada como afectacién insignificante. En opinién de nuestros tribunales: “Se dara un homicidio por ferocidad en los supues- tos de que alguien conociendo que la accién de una persona le provoca una afectacion 51 Sentencia de la Corte Suprema del 7 de abril de 2009 recaida en el Exp. N° AV, 19-2001-C: Cantuta y s6tanos SIE. manente, p. & 52 Lamisma idea aparece en el considerando quinto de la Ci bette Uo de los autores ‘Ethomicida que actia impulsado por ferocidad es un sujeto que ha degra- dade los procesos de comunicacion ‘pues su percepcién de c6mo se establecen los vinculos en referencia al “otro” se encuentran ‘totalmente descantiguratos. que, segiin la valoracién social, es de cardc- ter ménimo, y que por lo tanto, el interés en la anulacién de tal afectacién también es minimo, ocasiona la muerte de una persona con la finalidad de conseguir la anulacién de tal afectacién, pues en tales casos, el sujeto le estaria dando un peso mayor a un interés insignificante por sobre el bien juridico de mayor valor del ordenamiento juridico (la vida)” (Exp. N° 1555-11-11, c/Monumental p. 52)* (el resaltado es nuestro) Ill. El homicidio por ferocidad en el Derecho Penal peruano La ferocidad constituye una circunstan- cia agravante del homicidio recogida en el articulo 108.1 del CP de 1991, y cuyo antece- dente legislativo mas proximo es el articulo 05 Barrios Altos, La acién N° 163-2010-Lambayeque de la Sala Penal Per- 53. Similar la Casacién N° 163-2010-Lambayeque, considerando quinto, p. 9. 54. Refiriéndose a la incompatibilidad del homicidio por impulso de perversidad brutal con la atenuante de la provo- cacién, FIANDACA y MUSCO. Ob. cit.. p. 394; MANTOVANI, Ob. cit. p. 409. $5. Sobre este mismo punto, en la doctrina penal nacional, GALVEZ VILLEGAS y DELGADO TOVAR. Ob. cit., p. 413, han asentido también que en el asesinato por ferocidad “lo que finalmente importa es establecer cual fue Ja circunstancia concreta que motivé la reaccién homicida, a fin de poder establecer, luego de realizar Ia respec- tiva valoracién, si esta reaccién aparece como irracional ¢ inhumana”. 171 152 del CP de 1924, que la tipificd bajo la influencia helvética. Como ya hemos afir- mado, originalmente los trabajos suizos se referian al matar por instinto sanguinario (par instinct sanguinaire) (Anteproyecto de 1908, articulo 64, pf. 2) y asi lo expres6 gré- ficamente Zitcher: “se ha colocado, primera~ mente. la circunstancia agravante del mévil en lugar preferente, el mévil inhumano, con Io que hace referencia al instinto sangui- nario, designado en los proyectos posteriores con el término ferocidad (en francés, férocité significa: caractére sanguinaire, barbarie, inhumanitey Cuando nuestra ley penal se refiere a la ferocidad la utiliza en su sentido de mévil o motivo que impulsa a matar a otro”. Mien- tras el tipo objetivo del asesinato presenta caracteristicas similares al homicidio simple (sujeto activo y pasivo puede ser cualquier persona, la conducta prohibida es la de matar otro) y el tipo subjetivo supone la presencia del dolo, con la ferocidad se hace referencia 10s especiales motives del autor”. a Ahora bien, el reproche dirigido a quien mata a otro por ferocidad no debe incardinarse en la ausencia de méviles, la presencia de mévi- les fitiles o la desproporcién entre el motivo que llevé a actuar al asesino y el resultado muerte ocasionado. Definir este asesinato implica resaltar la inhumanidad que impuls6 a actuar al agresor, pues, como aseveraria Carrara, nos encontramos ante un homicidio que “dibuja a un hombre peor que una fiera”™®. Esta tesis ya de alguna manera puede encon- trarse también en la literatura penal, cuando Nicolini, en su conclusién como abogado general ante la Corte Suprema de Napoles al que remite Carrara, afirmé que: “Pero, pre- cisamente, porque su delito trasciende toda costumbre humana nuestros antepasados lo llamaron brutal, y no brutal a la manera del leén 0 del toro, sino al uso del tigre, cuyo ciego furor, cuya vil maldad, incluso harto de rapifia, sin provocacién ni hambre, lo hace volver no solo a devorar cualquier otro ani- mal, sino a despedazar sus propios hijos y la madre 56 HURTADO POZO, Manual, 1982, p. 53; también en Manual, 1993, pp. 31-32. 57 Asi, HURTADO POZO, Manual, 1982, p. imilar en Manual, 1993, p.30; VILLA STEIN. Ob.. \VILLAVICENCIO TERREROS. Cédigo Penal comentado, 3 p. 50; PENA CABRERA. Tratado, p. 89; con menor desarrollo también en Derecho, p. 28. pp. 74-75: edicién, Grijley, Lima, 2001, p. 289; también en 58 En esa misma linea, ROY FREYRE, Ob. cit.,p. 135, considera que “casi todas las modemas leyes penales sin- rial 1993, p. 3. del movil que earacteriza Ia rizan momentos especiales del animo, que van siempre mas alli del doto, con el fin de caracterizar el con- tenido especifico del desvalor ético-social del hecho” también en Manual, 1982. p. 53 ‘cin del homicida y que revela en él tanto una personalidad particular como un "ilo de culpabilidad mayor que la del simple homicida”. Esta idea ha sido adoptada expresamente en el R.N. N° 1488-2004-Piura de a Sala Penal Permanente (p. 2). En 0 res, p. SU, estos especiales motivos del autor pertenecen al jue No se trata pues, como opina HURTADO POZO. Ma- fe una peculiar manera de matar a alguien, sino mas bien jon de VILLAVICENCIO TERREROS, Leccio- de la culpabilidad; similar CASTILLO ALVA Gp. cit, p. 363. Esta idea ha sido sostenida también por los jueces de la Corte Suprema en la sentencia del 7 de gu ecurioce que existe polémica y confusion sobre si en realidad deben ser incluidos en la culpabilidad o constitu- tes precisos entre los motivasy las finalidades 5) CARRARA. Ob. cit, $1201, p. 245. 60 Cio por NUNEZ. Ob. eit. p “3009 recaida en el Expediente N° AV 19-2001, Casos Barrios Altos, La Cantuta y sotanos SI ‘ao por ferocidad es “una circunstancia que pertenece a la esfera de la culpabilidad, en cuanto cate- berga la formacién de la voluntad del agente criminal (...) refigja un nimo perteneciente a Ia esfe- ra subjetiva y personal del agente” (Fundamento juridico 697, p. 610). La misma idea aparece en el considerando {io de fa Casacién N° 163-2010-Lambayeque de la Sala Penal Permanente, p. 8. No obstante, Villavicencio Jentos subjetivos diferentes al dolo. En su opinion, esta indeterminacién obedece a a ausencia de limi al afirmar Entonces, el homicida que actia impulsado por ferocidad es un sujeto que ha degradado los procesos de comunicacién valorativos, pues su percepcidn de cémo se establecen los vinculos en referencia al “otro” se encuen- tran totalmente desconfigurados. Su accién refleja objetivamente un nivel tal de degra- dacién y sus niveles de accién (la ferocidad) son muestra tangible de su propia desconfi- guracién como persona humana. Para él, matar es exaltar la perversidad como algo natural, ensalzar su propia inhu- manidad, instintiva y animalesca, su propia intemperancia, ya sea provocada esponté- neamente o incitada por un factor imperso- nal, Actia con ferocidad, entonces, quien mata al médico porque no logré salvar la vida de su hijo o quien asesina al vecino por considerarlo un hombre malo. Como vemos, el desvalor que ha insertado el legislador en la tipificacion del homicidio por ferocidad resalta el profundo reproche al homicida por su comportamiento inhumano, en tanto se trata de una conducta que “apa- rece cargada de cierta dosis de irracionalidad, barbarie, abyeccién y atrocidad propia de un salvaje y no de un hombre civilizado™®. En definitiva, nos encontramos ante una cir- cunstancia en la cual se mata por un impulso de perversidad brutal®. Este impulso no necesariamente reside en un motivo externo consciente referible directa o indirectamente a la victima, sino en un estimulo inhumano de la propia mente del autor, como el caso del que “solo para experimentar la calidad 61 Ci NUNEZ. Ob. cit, p. 61 62 CASTILLO ALVA. Ob. cit, p. 364 DERECHO PENAL [Gila au de su pélvora, descarga su fusil contra un infeliz que ni siquiera conocia: o el de quien después de concluido un incidente entre un extrafio y un hermano suyo, sin alteracion alguna de su animo ni raz6n particular con- tra las victimas sale a la calle, da muerte al primero que acierta a acercarse y hiere gravemente al vecino que se asoma”: asi- mismo, “el que se juega en una apuesta la vida de un tercero, sin razén particular para elegirlo, como el que prefiere matar al niflo antes que al perro para experimentar cientificamente, en igualdad de condicio- nes; o el que por cébala mata a una per- sona cualquiera”; pues en estos casos “son impulsados por objetivos que se sustentan en el desprecio 0 en el odio del ser humano como tal, sin razones individuatizadoras de ese desprecio u odio y, por esto, su impulso homicida es perverso —porque expresa suma maldad- y es brutal por inhumano”™ En todos estos casos es posible establecer una correspondencia entre la ferocidad con la que mata el agente y su consideracidn del ser humano no como un fin en si mismo, sino como un medio de su particular vision del mundo, tal como ocurre cuando se mata a un bebé por su incesante Ianto que coima la paciencia de su verdugo o cuando se victima a quien empuj sin intencién al homicida y le hizo caer sus pertenencias Todo ello certifica que la ferocidad aumenta el desvalor de la conducta homicida, supone un incremento del injusto e implica probar que un objetivo revelador de perversidad 63 GOMEZ. Ob. cit. p. 63, seftala que por eso se le ha llamado también homicidio brutal u homicidio ad lasciviam, tal como lo ha considerado, por ejemplo, la doctrina y jurisprudencia italianas al interpretar el Céuigo toscano y el de 1889, que lo incorporaban 64 NUNEZ. Ob. cit. pp. 60-61 173 N° 69 + MARZO 2015 PENAL brutal ha impulsado predominantemente al criminal ‘Naturalmente la concurrencia de esta agra- vante debe estar también sujeta a limites para su composicién. Los jueces peruanos, por ejemplo. han considerado que no se presenta cuando el homicidio solo se explica como reaccién del agresor ante una afrenta de la victima para con él 0 un tercero. Asi se nego ta configuracién de este ilicito en el siguiente caso: “el acusado (...) dio muerte a su cuftado (...) en el interior del Bar La Escondida (...) utilizando un arma blanca (cuchillo) y luego que estuvieron libando licor (ron con gaseosa); que, teniendo en cuenta la forma, modo y circunstancias como se han produ- cido los hechos, de ninguna manera cabe invocar la concurrencia de las circunstancias agravantes de la ferocidad [pues] si bien el acusado y el agraviado aparentaban una rela- cién producto de parentesco de caracteris- ticas ‘normales’, esta no era tal, puesto que entre ambos existfan desavenencias en razén a que este illtimo agredia fisicamente y de manera constante a su esposa y hermana de aquel (...) lo que originé que por tales hechos sc le instaurara un proceso penal por el delito de lesiones graves, el cual corre acompafiado al presente proceso, situacién que ha moti- vado la reaccién del acusado, aunque no se justifica de ninguna manera” (Sala Penal, R.N, N° 1245-99-Canchis-Cusco). Asimismo, los tribunales nacionales han sos- tenido que no cabe apreciar asesinato por ferocidad cuando se mata atendiendo a un plan previamente determinado®. Tal razo- namiento se advierte en la sentencia del caso Barrios Altos cuando se expres que: “No existe fundamento, por el contrario, para 68 NUNEZ. Ob. cit, p. 58 estimar que el homicidio tuvo un mévil feroz. No solo se actué a partir de un objetivo defi- nido, mas allé de su intrinseca ilegalidad y su obvio reproche ético, injustificable desde todo punto de vista, sino que el mévil no fue fitil o insignificante. La consideracion 0 coartada antiterrorista, mas alld de ser repu- diable en atencién a lo exigido a funcionarios puiblicos respecto de su comportamiento ante quien se entiende son delincuentes terroris- tas, no expresa un mévil desproporcionado, deleznable o bajo. Se maté en funcién de un plan previamente elaborado, y la ejecu- cién del crimen siguié, por lo menos exter- namente, pautas propias del desarrollo de operaciones militares, aunque al margen y encontradiccién con la propia normativa cas- trense. La concepcién que se asumié se bas, sin duda, en el desprecio a la vida humana y en una abierta rebeldia a las reglas basicas de una sociedad civilizada, a la esencia misma del honor militar y de los lineamientos que rigen el enfrentamiento y trato al enemigo vencido o desarmado. Esto tiltimo, pese a su dramitica y escandalosa ilegalidad, no puede reputarse como actuacién precedida de un movil feroz. En consecuencia (...) se rechaza el homicidio por ferocidad” (Exp. N° A.V. 19-2001, fundamento juridico 701, p. 613). También es importante destacar que para nuestros magistrados no cabe apreciar homi- cidio por ferocidad cuando la muerte de una persona es ocasionada en el marco de una pelea o rifia. Asi, se ha indicado que: “de lo actuado, se desprende, como una interpreta- cién més realista y ajustada a los hechos, que el mévil que impulsé su accién se originé no solo en que tomaron como una afrenta de alto calibre que [la victima] haya pose- sionado los palcos del estadio Monumental, 66 Es contrario a esta idea, HURTADO POZO, Manual, p. 32; también en Manual, 1982, p. 54. DD ERECHO PENAL GSES sino fundamentalmente en que este, junto con otros hinchas aliancistas salieran a hacerle frente, lo cual si bien no justifica desde ningun aspecto que se atrevieran a darle muerte, centra el contexto del homi- cidio y su motivacién, en el ambito de las rifias 0 peleas, acrecentada, ademas, por la rivalidad histérica que se tienen ambos equi- pos, de manera que, desde el punto de vista de los imputados, se presentaba, ademas de un contexto de agresién, un desprecio por el rival futbolistico de siempre, que si bien, como se recalca, no justifica el homicidio, no lo ubica en el campo de la ferocidad” (Exp. N° 1555-11-11 del 5 de marzo de 2014, c/ Monumental, p. 53). Ahora bien, las ideas que hemos esbozado deben conducir también a evitar cualquier identificacion entre el homicidio cometido por ferocidad con el realizado con gran erueldad®. Ya el profesor Bramont Arias, comentando el CP de 1924, afirmé que no debia confundirse este asesinato con la sim- ple ejecucién torpe, cruel o brutal®, pues es “natural que se pueda cometer un homici- dio por ferocidad utilizando medios brutales, pero también dicho delito puede darse por medios “benignos’, por ejemplo el caso de quien abre, sin mévil, las valvulas de una camara de gas letal para que muera el ope- rador; o el médico que aplica, sin razén, una inyeccién de mostaza a un paciente”™. Esta disimilitud entre actuar por ferocidad y con gran crueldad puede sustentarse también a partir de lo estipulado por nuestro CP, que recoge en el articulo 108.1 ala ferocidad y en el articulo 108.3 a la circunstancia de gran crueldad como agravante del homicidio, ‘Tampoco converge la ferocidad en el homi- cidio cuando el comportamiento fue guiado por odio a ta victima o a la humanidad”. En realidad, esta animadversion puede concurrir junto a la ferocidad, pero no es el elemento central a tomar en cuenta. Asi, puede no odiarse a la victima, pero si quitarle fa vida ferozmente. IV. Reflexion final La ferocidad agrava el homicidio no en razon de la futilidad del motivo que impulsé al homicida a matar, ni tampoco a causa de la manifiesta desproporcion entre el acto y el resultado acaecido, Su contenido se encuentra en el propio comportamiento del asesino, en su inhumanidad, reflejada en el poco valor y estima que le genera la vida de la victima. ‘Aun cuando esta aseveracién suponga res- tringir el campo de aplicacién de esta cir- cunstancia agravante, debe tenerse en cuenta Jo sefialado por Carrara, cuando afirma que aunque en la sociedad resultara rarisimo un malyado de tal indole, “ya que (aunque raro) puede existir, su rareza no quita que cuando exista sea més peligroso que todos los otros; y peligroso para todos los miembros (sin excepcién) de la coasociacién civil”; y en esta misma linea, que el caso practico de la & Al respect, CASTILLO ALVA. Ob. cit, p. 374, opina que “si la ferocidad requiere de una objetividad rea fexterna al hecho mismo, este requisito es cumplido holgadamente por la crueidad” 68 69 BRAMONT ARIAS. Ob. cit. p. 44. HURTADO POZO, Manual, 1993, pp. 30-31. Ast también, ROY FREYRE, Ob, cit. p. 135, Asimismo, PENA CABRERA, Derecho, p.29; también en Tratado, p. 90. Similar CASTILLO ALVA. Ob. p. 367 30 Fs contrario a esta opinién, HURTADO POZO, Manual, p. 32; también en Martual, 1982, p. 54. 71 CARRARA. Ob. cit,, §1199, pp. 243-244, N° 69 - MARZO 2015 PENAL configuracion de un delito “sea raro en un pais es raz6n de consuelo; pero cuando, aun- que raro, el caso sea posible, es obligacién del iegislador prover a él, y obligacién de la ciencia estudiarlo” El homicidio por ferocidad supone, enton- ces, castigar a un sujeto que con su accion manifiesta que en sus procesos de interre- lacién con los demas, estos son para él un medio y no un fin en si mismos. Un sujeto para quien su percepcién sobre cémo se deben establecer los procesos de interrela- cién con los demas ciudadanos se encuentra distorsionada, siendo su comportamiento fiel reflejo de su propia degradacién como per- sona humana. He ahi, pues, donde debe encontrarse la configuracién de esta circunstancia agra- vante, por lo que se presentard este asesinato cuando el homicida le quita la vida a quien no lo salud6, a quien le hizo caer su celular, al bebé que por su incesante Hlanto colmé su paciencia, a la persona sobre quien quiere CARRARA. Ob. cit, §1201, pp. 245-246, NUNEZ. Ob. cit., pp. 62-63. probar su punteria disparando, a su com- pafiero de cuarto porque ronca y no lo deja dormir, a quien silba simplemente para que se calle, 0 cuando laborando como cobrador de un servicio de transporte piiblico mata al pasajero por el solo hecho de que este le reclamé su boleto. Luego, no concurrira este asesinato cuando Jo que impulsé al autor a matar no fue su inhumanidad, sino otra causa que, aunque débil y despreciable. fue la que efectivamente “movié su brazo contra esa persona”. Efec- tivamente, como el desvalor del homicidio por ferocidad yace en el mévil inhumano, instintivo y salvaje con el que se mata a otro, este asesinato no abarca casos como el de quien en plena rifia causa la muerte de otro por darle un escarmiento (¥. gr. el sujeto que mata porque la victima junto a su pandilla “ingresé al territorio” de otra) o el de quien mata por la propia condicién de la victima (v. ge. dar muerte a un homosexual o al sim- patizante de un grupo politico contrario),

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