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Clave Cubana

que es la clave cubana

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Fernando Ortiz |LOS INSTRUMENTOS DE LA MUSICA AFROCUBANA La clave MUSE UNWERSH benxeiey Fotocopia / Federico Otero aa © Sobre ta presente ediciGn: Editorial Letras Cubanas, 1995 ISBN 959-10-0229-7, Instituto Cubano del Libro altri! Letras Cubanas "alacio del Segundo Cabo OReilly 4, esquina a Tacén La Habana, Cuba LA CLAVE ae Laclave. Su cardcterxilofonico ¢ idiofénico. Sus dos palitos y su cavidad resonante. £Sus antecedentes en Oceanta? Sus antecedentes africanos. 4Su oriundez espaniola? éSu origen chino? Palito macho y patito hembra. El origen habanero de la clave. Carceleras y martinetes. La clave y et guajiro. Su valor folklorico. Su valor musical. La Clavesita estd en grave peligro. {Qué es la clave? Este vocablo se aplica en Cuba, con otras acepeiones diversas, a un instrumento misico, derivado de los palos entrechocantes. Se dio también el nombre de claves a ciertos grupos de cantadores que por el siglo xix salfan en La Habana a los carnavales y otras ocasiones propicias al jolgorio popular, recreéndose con canciones de la tierra, las cuales se acompafiaban con la clave y otros instrumentos. A esas cancio- nes luego se las denominé también claves; asi como en Espafia de tarro surgieron tarrefia y tarraftuela, que es la tejucla, y también tdrraga, que cs un baile. La clave fue asf descrita hace afos: «Es un instrumento musical que consiste en dos palos redondos, como de un jeme de largo, de madera dura y sonora, que se usan golpedndolos uno contra otro, para guardar el ‘compas y acompaiiar a la guitarra en los cantos populares particularmen- te, aunque también suelen offse en orquestas.»' Esta definicién es incom- pleta, como luego se veré. ‘En ningdn museo etnogréfico, de los que hemos recorrido en América y Europa (1928), se encuentra una clave. Nila hemos hallado en ninguna de nuestras bisquedas etnograficas por los relatos de los exploradores, viajeros y etnégrafos, Ni la hemos visto como formando parte de los instrumentos de la mésica hist6rica, ni de la contempordnca, en tos pueblos indohispanicos. No hemos encontrado la clave en Europa, de donde pudo venirnos por, nuestra troncalidad espafiola; ni entre’ los miltiples instrumentos de Africa, de donde nos lleg6 lo mas caracteristico de nuestra misica tipica, ardiente de africanidad y mulatez; ni tampoco entre los escasos instrumentos de los indios precolombinos; ni se halla entre los pocos influjos asiaticos de nuestra miisica vernécula. Pensamos tiempo atras que ello se deberia a que la simplicidad de ese instrumento miisico lo ha privado aparentemente de tal cardcter, haciéndolo aparecer ante el explorador profano como cosa improvisada y no como in artefacto elaborado y permanente para captacién de su monétona pero bella sonoridad. Hemos de pensar, pues, que Cuba puede ofrecer a la organo- graffa musical un tipo original de instrumento, muy simple pero de fina expresi6n estética, ¢Por qué en Cubase llama clave a este instrumento idiéfono? Sin duda, el nombre de clave es bien espaiiol, derivado de ser los trocitos de madera dura que constituyen el instrumento a manera de «clavijas» o «claves», ‘como las «claves» de antafio eran tan corrientes en las usuales construc. ciones de madera, asf arquitect6nicas como navales, Ain se dice clavija al «trozo cilindrico o ligeramente conico de madera, metal u otra materia apropiada que se encaja en un taladro para asegyrar el ensamble de dos maderas y que sirve para otros muchos usos».? Clavija es un castizo diminutivo de clave. En la arquitectura naval hay otra pieza muy parecida a la clavija o clave. Tal es el tolete 0 escdlamo, sestaca pequeta y casi cilindrica, fijada y encajada en el borde de la galera u otra embarcacién, ala cual se ata el remo». Por su forma semejante se pudo llamar escdlamos alas clavijas de palo que interesan en este libro; pero son diferentes. Los escélamos suelen ser mas largos y menos cilindricos. Ademés, clave fue ef nombre que tuvo un instrumento antecesor del Piano, el cual sirvié en los siglos xvil y Xvi para acompafar los cantos, lo mismo que la vihuela o guitarra, Por esto, el nombre de clave parccié ,™ la clave en et auditorio de Cuba provocs Por si sola, con su Gniea nota que vale fo que una melodia eonvencional, emociones ¢ ideas inefables. anisica con que se acompafabs 1 recitacién del himnario de Confucio, ciertas notas individuales y aisiadas tenfan en su dnico sonido compas signficaciones, hasta cosmologias la clave en su sola nota difunde vibraciones de feminidad amorosa, de termura idea y de ambientalidad bucica, como la fagancia que brota alabrirse de un eapall. Creemos que al son del lave los musiegrafos pod pedire efectos de infanilidad ysimplezaingenua, de feminiad Virgina y morass, y de presencia de ada o de driadas y de espectros benévolos, Saint-Saéns en su Danse macabre ano obtuve del seeotableteo de la marimba muy notables efectos fiinebres, evocadores de un entre- chocar de mondas huesos sepulerales? caso ese lenguae de esqucletos tose logré con un xiléfono, que no es sino una serie de claves monéxilas? Pero la voz de la clave es una sola, la sacra voz del misterio amoroso y benévolo, Sien la Danse macabre sonara una clave, por ella hablar‘a ua espiritu bueno su mensaje inefable de esperanza y resurreceiOn, que se fa de entre los muertos. sera los cubanos ln clave vena, ademds,con los ricos valores folkI6- ricos, tradicionales yevocadores de las verndculas emociones campesinas, {que esa meliflua y somnflocua monotonia de la elave despierta siempre en el alma criolla, De la nota tipica de la clave puede decirse que nada enc de la mérbida sonacién de la piel, tan africana, y que hay algocn ella que la aleja de opaco sonido de la madera, Es como un tintineo, La eave es vegetal ain, pero tiene vibraciones que le dan resonancia casi cristalina 33 0 metélica.* De viejo se conocia ese timbre eristalino de ciertas maderas tropicales de América. El padre Gumilla decia: «Se negaré que en las costas de Ticrra-Firme el palo guayacdn pardo dentro del agua s vierte en pedernal, no obstante que una y otra conversi6n son evidentes, yyo he tenido en mis manos une de los gayacanes, fa mitad palo yla otra mitad convertida ya en pedernal fino.»™ «Yunque de plata» ha dicho de a clave Emile Vuillermoz. Bois de fer Haman los franceses a una de esas maderas durisimas y sonantes. El mismo critico musical ha sentido que en el sonido de la clave hay una jugosidad vital; més alla de la sonoridad metdlica. Y, buscando con qué sonido del mundo comparar el de las notas dela clave, ha pensado que en estas hay ala pureza luminosa ymelancélica del canto nocturno del sapo». Otro gran musicblogo ha escrito: «Elsonido de la clave es delicioso, como ef de ka flautita del sapo cantor.» Voz, de noche, voz de batracio hundido en la charca, es la pristina pronuncia de la naturaleza que ya suspira por modular un lenguaje, Un poeta ha recordado cl sonido de la gota. La clave, en verdad, da su humilde sonacién como la gola que cae, sola y bella, en la pkicida superficie del agua dormida, clistica y vibratil como un pergamino de cristal. Pero el poeta, Federico Garcia Lorea, ba escuchado y entendido cl alma vegetal de la clave. Y ha dicho de su sonido que es «gota de madera». Evocando las claves y kis maracas tipicas de la misica cubana dijo el infortunado poeta hispano-gitano: ° a Cuba! iOh ritmo de semillas secas! JOh cintura caliente y gota de madera!” iBellas metaforas! E! musivélogo y el pocta han tratado de traducir en ella, para fa inteligencia del pro‘ano, ese inefable sonido de la clave, que 6s vor suave de la diosa Flora, como el quejido de la rama al despajarse © de la caita al partirse. Es choque de una flecha sobre el arco de Cupido en el momento de lanzar una centella de vida. Su secreto no estd en lo vegetal, ni en Io metélico © inorganico del yunque argentino, sino en lo organico y vital de su sonoridad. Tampoco en lo fluido de la gota, que suspira un instante y slo suena por el silencio sin vida en que eae y muere. La sonoridad que cae de la clave es gota percusiva, y, por lo breve, igual insistente, sencillo y dulce de su voz, es como goteo vivo, No es tan s6le ota de madera, sino gota de madera... de corazén, gota con dnima, gota de ‘miisica, como gota de sacra viriud, rica de vibraciones biodinameas. es gota germinal, como una semilla reventona que concentra en su seno ana gama de comprimidas potencialidades sonoras. Mas que gota que suena 34 al caer para morir, es germen que sube del silencio animado y estalla al brotar a la vida, Y mas que son de frio metal, que llama 0 ahuyenta, es voz cAlida de un énima que viene a nosotros y balbucea su encantamiento, su lenguaje monosilabico y sin consonantes; todo él una sola vocal ultramun- dana. Platén dice que los egipcios atribuian sus melodias sacras a la diosa Isis, con las que se calmaban las pasiones humanas y se purificaban los espiritus. La clave evoca la divinidad hembra; es suspiro conmovido de Isis. No es voz de carnalidad, sino de espiritu. «Si —como asegura el mismo Vuillermoz— la orquestacién de la masica verndcula de Cuba es, mas que otras, muy cercana a la vida», la clave es en ella la voz més prOxima a un espiritu. Si esa sonoridad de metales, maderas y pieles de la mésica criolla, «parece ser el consentimiento universal de las cosas al ritmo de la danzam; la clave, que parece « la vez son de plata, voz de la selva y canto nocturne de sapo, encierra en su nota solitaria una interjecci6n de la vida pura que, brotando por igual de todas las formas materiales, aspira a escaparse de ellas y sutlizarse hasta expresar un anhelo de la sustancia esencial La clave ¢s el instrumento patético que en la mésica afrocubana da la nota femenina, suplicante, cariciosa y palpitante de ternura, La clave da también nota de melancolia, de resignacién y dulce esperanza. A este valor motivo, que tanto cunsuena con el sentimentalismo criollo, débese la creciente difusién de su uso entre e! pueblo cubano, De las claves no podré quizis decirse, como Levinson delas castaftuelas,® que «encierran tna tal sutileza de timbres, que parecen casi una voz, yuna tal intensidad de expresin, de impaciencia, desafio y triunfo que ya no son una voz sino una palabra». La clave es siempre voz y palabra, pero s6lo exclamativa y no de afin, reto y vencimiento erdticos, sino de inefable dulzura... de coraz6n, ingenua y humilde, de chiqueo y de entrega, de cuna y de télamo, suspiro del amor. ‘Valdés Plana también oy6 en el son de la clave la «clarinada alegre de esa emocién pura que produce la libertad». En esto discrepamos, Los criollos han ritmado su libertad en el tambor, ahora en el frenesf dionisfa- co del bongé, nunca en las languideces y melifluencias de la clave. La emocién que da la clave es quizs la de ansia por la libertad, pero nunca Jade una liberacién conquistada, La clave no es clarinada de triunfo, sino congoja esperanzada; no es exaltacién de gozo sina serenidad anhelosa y de ternura implorante; es todavia voz de alma presa, que se acerca al goce de la vida plena pero que ain gime tras los barrotes de madera dura, a los cuales est4 asida mientras atisba otra vida afuera, Los creyentes en trasgos yalmas en pena podrdn ofr en la clave la queja del dnima sola, que aparece en las devociones vernéculas; deprecacién de quien ya sabe que legaré a ta gloria eviterna, pero sin conocer todavia cudndo saldré del purgatorio, y suplica el momento de liberacidn, Es voz mistica; exclamacién de un divino sufrir con gozo, es como suspiro de renovada y sobrehumans desfloracién, La clave da una vor para crear. Tiene sonoridades simples como interjeccién de nina; pero transida de ansias. Su tafido es todo femenino y puro, pero capaz de amor y lleno ya de presentidas ternuras maternas. Es un ay! que cvoca la nubilidad ingenua, pero anhelosa de fecundacién; es beso de ninfas lésbicas en la fronda; es estallido que da un caputlo cuando se abre al sol, tal como los escuchan los silfos que se esconden en el ramaje. Asi debié de sentirse el suspira de la Diosa Madre alos mstrios precristianos vor de vegen pura que ya quiere ser made Hay algo en ese sonido tinico y reiterativo que acerca alo sacro, No es ronco y grave como el del tambor, voz hombruna o de los elementos temederos; pero su son mujeril, al repetirse al infinito, con ligerisimas Hlexiones, tiene como la voz del tambor un oculto poder hipnético, de magica seduccién, Llama al misterio con ternura, con suavidades de naturaleza preanimal que no conocen los cueros atirantados de los tam bores en su enérgico lenguaje de bestias, de cabros, de hombres o de dioses tonantes. En el ritmo orgaésmico y carnal de los bongoes, la clave Soma beso o un quejido que inicia una melodia expresiva del amor El sonido de Ia clave dard a las grandes orquestaciones futuras sus acentos de magia primeval. Como la clave, asi debe de sonar la vatita ‘maravillosa de las hadas cuando hiere una y otra vez. la realidad dura hace brotar de ella Ia poesta para los espiritus limpios de los niiios y de las virgenes. De esa sugestiva sacralidad musical de la clave, se ha dado cuenta un poeta seducide por el espiritu popular. «Besar la cruz de las claves» dice un verso patético de Emilio Ballagas.” La nota sale de la clave cuando con sus dos palos se hace la cruz. Es una nota en ertz, que mace como en un impulso de religion natural, como voz que se escapm'en uno de esos paroxismos de amor y sacrificio que son la quintaesencia de la religiosidad, cuando en un instante indivisible de arrobamiento a la vez se pierde y se recobra la vida, En este instante sonoro de la clave est la ‘més profunda, sutil y emotiva expresién del alma lirica de Cubs Pero la clave esta en grave peligro. Hoy va corriendo por el mundo, sacada de La Habana por las maravillosas artes de la reproduccion sonora; pero las mismas fuerzas que la difunden y la explotan la estén estrangulando, Quizés antes de mucho habré que escribir la historia de Clavesita. Clavesita habré que decirle (iqué bello nombre para una cuba. 36 ORR ‘exes et ReSE na cantarina!) y no Clavija, ni Clavita, ni Clavilla, como estaria bien de ‘una gitana, Ni siquiera Clavecita, lo cual ya seria a lo castizo; pero no a lo criollo, que ya es como una casta nueva, Clavesita es la habanera blanco- naza que nacié en la pobreza, en cuna de trabajadores forzados, pero fue regalando su palotco sandunguero y su vor fresca a las expansiones de los, humildes de su tierra, Fue como una Cecilia Valdés de la mésica verna- ula, ni toda negra como el tambor, ni toda blanca como la castaiuela. Quizés nacié de ambos, mestiza de un encontrén en las sombras de una edrcel. Y se qued6 con su folk, con el pucblo bajo de su cuna, con las gentes marginales de la capital y del campo, No la llamaron a los bailes de los hacendados y del sefiorio en los palacios, donde no gustaban tas, mésicas de «la gentualla». Ni tampoco la quisieron en los toques de los Darracones y santerias, donde los nimenes no admitfan su voz profana porque «no hablaba lengua». Ni blancos de arriba ni negros de abajo, ni Espafa cn su colonia ni Africa en su esclavitud, conocieron la clave mi le tuvieron amor. La clave eanté silo para la gente criolla, en los amorenados arrabales de La Habana y en los guateques de los tostados sitierfos; aqui libro, sintiéndose duet de su propia tierra y mésica de sus bosques. Clavesita, como tantas trigueiias eubanas de la canciin y del baile, subié desde lo hondo. En su nubilidad y afios mozas, en sus «buenos tiempos», fue delcite de la gente «del campo» y de la «orillera», como muchacha que cantaba slo con los rasgucos de un tiple o una guitarra, uniendo su voz, la més fina y pura, a las canturrias y contrapunteos, como un ol de la tierra cubana salido de un corazén del monte. Con las guerras de independencia la clave dio su grito por tas maniguas y serranfas de toda la isla como insistente excitacién de cubania y, sin otro instrumento, se bast6 para llenar de masica y de esperanzas los campamentos nostilgicos. No en vano la clave era instrumento nacido en Cuba y precisamente en Jas opresiones coloniales, cuando en las galeras se buscaba la libertad aun cuando fuese en los ritmos y melodias de un cantao. En la tropa liber dora los guamos de las playas, como lo previé Marti, fueron clarines de guerra; pero la clave decia la duleedumbre de la mujer cubana, que esperabay enseabaa esperar. Después, ya en el esplendor desujuventud {g020sa, la democratizaciin social subi6 la clave ala sala, al liceo, ala uni6n y hasta al casino y luego al club, como bello acento de la cubanidad triunfante. Pero alii se maridé o aconchabé con el dinero y fue enferman- do su voz. Esta, se dijo, era demasiado penetrante y a muchos parecia, por Io insistente, como un quejido de los caiiaverales y veguerios, que Hegaba donde no se querfan off esos hondos sollozos que salen hasta de la lef dura, sies de buen corazén, La clave tuvo que apagar un tanto su 37 voz y arrinconarse como subalterna entre otros instrumentos del abiga- rrado conjunto sinfénico de Cuba. A Clavesita le operaron la garganta Dijeron que cra «curarla»; pero la herida que le hicieron es como una aga de la cual dificilmente podré sanar. Ella es a veces mas rica, pero es menos libre; corre por el mundo y la aplauden en todas partes, pero esti caida en anemia y desvaneciéadose su cubania, Adin es nota de sexo en las orquestas, pero ahora es pagada y ya fria de amor. Hoy dfa apenas hay conjunto de masicos cubanos que prescinda de ese instrumento, Sin embargo, los actuales ambientes reveptivos y difusivos de la mésica no parecen ser favorables a la clave y esta es victima de la mercantilizacién. Los cabarets nocturnos, donde la miisica a menudo se achabacana, o las cémaras herméticas, donde las opulentas empresas de cinematografia, de fonografia, de perifonia o de televisién fabrican la miisica para venderla a domicilio en envases 0 a chorro, no son propi para Clavesita, Ante los microfonos y en los recintos cerrados de las nocturnas disipaciones urbanas, la clave ya no puede cantar con su vocecita linda, salida de muy adentro del corazén de guayacdn, Se le apaga el sonido, se le opaca su timbre. Para ello al palillo hembra se le hacen unas ranuras 0 una gran muesea; como una traqueotomia que la enron- quece. Sia los nifios destinadosa la pontificia Capilla Sixtina los castraban Para que tuvicran voz de tiple, a la tiple nativa de la flora cubana la estan atropellando para que deje de serlo y se le amachorre el sonido. O, peor atin, ya desde fa cuna a las claves las «abastardan» y no nacen de madera fuerte, sino de una debilucha y fofona, para que sus voces sean mas graves. Hoy se encuentran claves hechas hasta de dos palotes de guayabo. La clave asf va perdiendo su valor original y su finura sensitiva. La clave era una bella voz en la canci6n, ahora va siendo un seco paloteo. Ya raras veces tiene el gorjeo de su juventud, que unfa los suspiros de sus propias ansias a las voces de los cantacores; ya s6lo es como el forzado jaleo de luna voz cascada por el vicio o ls frase de una miisica que se toca sin alma, s6lo para cobrar y comer, Las claves ahora no se oyen generalmente con sus tipicas notas campanilleras, sino con las voces carraspefias de sus Viejas abuelas, las tejoletas andaluzas de las canciones lupanarias, La clave tuvo més libertad cuando comenz6 a sonar en galeras que ahora al irse estragando con notas garraspesas en los bailoteos a la moda, que ella jams oy6. No agradé su libertad ingenua, ni virgen ni amante, y se la ests Teduciendo poco a poco a voz pagada de manceba 0 a bronco requiebro de Celestina. Si Clavesita no se salva de ese proxenctismo que la adultera, volviendo de nuevo al monte y las espontaneidades folkl6ricas, para que } i asfreviva con aire librey calor de su pueblo, sufrird de asfixia y algo bueno ymuy de Cuba, cubano... na mé, moriré con ella NOTAS nla Introducci6n del primer tomo de Los insorumentos de la miisica afrocubana, Eoautor Fernando Ofte planted que eLas referencias blogic por orden alfabético de autores y otros indices irdn al final del sitimo volumen de esta obrin, aludido, en muy escasas ocasiones el titulo, y casi siempre la fecha de publicacion ya pagina o paginas referidas alasunto. Sin embargo, en el volumen V no llegaron ‘a aparecer ni la bibliografia ni los indices anunciados en el I, por lo que no existen, otras referencias que no sean las de las notas, que hemos mantenido como se presentan en Ia edicién tomada de base (la Gnica hasta el presente: Los insirumen- tos de ia miisica afrocubana. La Habana, Publicaciones de fa Direceisn de Cultura del Ministerio de Educacién, 1952, t. 1, Hy Hl; Zbidem, Cardenas y Cia., Editores ce Impresores, 1954, 1. IV, 1955, V) para estos cuadernos. (N. de! E.) 1 Suarez. Voc., vor «clave. ? Guevara, cap. VIII. Artifano, t. 1H, p. 50. > Dicho sea al correr de ka plums, ki voz dcana parece derivada de otra bani, “Acane, que quiere decir «buend» en et Congo, ¥ que, como akan, legs hast los calabares,en sentidode «excelente», «superior en condicién. (Véase: Ortiz, 1924.) Acana y jacdn hoy son afronegrismos de Cuba, aplicados a arboles de madera muy dura. ‘Ferguson, 1946. S Montandon, 1919, p. 8 * Coopersmith, 1949, p. 99. TKnosp, 1922, p. 3241. “Iden, * Eyimann, 1919, p. 376. % Skeat, 1902, p. I24y 141 ™ Roberts, 1926, p. 53. ® Handy, 1923, p. 338 ® Borditlon, 1904 Simons, 1927. 39 "Las palabras pie ‘corteza son intercambiables en no pocos idiomas; entre estos, en muchos. rica. "Schaefiner, 1926, p. 287. "Partridge, 1905, p. 49. *Hambly, 1926. Sanchez de Fuentes, 1927, p. 151. ® Ortiz, 1950, cap. IV. * Morlote, 1949, Ordonez, 1615, ed. 1905, p. 271. ® Carpentier, 1946, p. 9. ™ Quevedo, Parnaso, musa V, jécara * La Meri, 1948, p. 92. * Salaaar, 1930. * Coopersmith, 1919, vol. 1. Dive ser la «contradanza espatiola. * Idem, p. 48. ® La Meri, 1948, p. 130. * Hearn, 1921, 1° de marzo, ™ Goodman, 1873, p. 138. ” Carpentier, 1930, p. 16. * Valdés Plana, 1930. ™ Gulik, 1940, p. 66. Cita de Sachs, 1943, p. 108, * Wuillermoz, 1930. * Gumilla, 1882, 1.11, p. 84 *” Garefa Lorca, 1930. ** Levinson, p. 244. * Baliagas, 1934, I mnt ROE Figura 1. La clave Figura 2. Notas de la clave en ritmo binario, Figura 3. Notas de la clave en ritmo ternario, Ia onquesta, (Dibujo de Jaime Valls) Figura 5. La clave en Figura 4. Tocador de clave. (Dibujo de Jaime Valls.)

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