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EL CUENTO
DEL ANTEPASADO
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EL CUENTO
DEL ANTEPASADO
Un viaje a los albores
de la evolucin
Richard Dawkins
Con la colaboracin de Yan Wong
Traduccin de Vctor V. beda
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Publicado por Antoni Bosch, editor
Palafolls, 28 08017 Barcelona Espaa
Tel. (+34) 93 206 07 30
e-mail:
[email protected]www.antonibosch.com
Ttulo original de la obra
The Ancestors Tale: A Pilgrimage to the Dawn of Life
2004, Richard Dawkins
de la edicin en castellano: Antoni Bosch, editor, S.A.
ISBN: 978-84-95348-28-9
Depsito legal: B-25.291-2010
Maquetacin: Fotoletra, S.A.
Diseo de la cubierta: Compaa de Diseo
Impresin: Novoprint
Impreso en Espaa
Printed in Spain
No se permite la reproduccin total o parcial de este libro, ni su incorporacin a un sistema informtico, ni su transmisin en cualquier forma o por cualquier medio, sea ste electrnico, mecnico, reprogrfico, gramofnico u otro, sin el permiso previo y por escrito de los
titulares del copyright.
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A John Maynard Smith
(1920-2004)
que ley el borrador y tuvo la deferencia de aceptar esta dedicatoria
que ahora, por desgracia, ha de ser
IN MEMORIAM
No te preocupes de las ponencias ni de los talleres; manda al
diablo las excursiones en autocar a los bellos parajes de los alrededores; djate de refinadas herramientas audiovisuales y de micrfonos inalmbricos; lo nico que de verdad importa en una conferencia es que John Maynard Smith est presente y que haya un
bar espacioso donde poder conversar. Si no le vienen bien las fechas
que tenas previstas, cmbialas... Maynard Smith cautivar y divertir a los jvenes investigadores, escuchar lo que tengan que contarle, los estimular, levantar el nimo a quienes anden de capa
cada y los mandar de vuelta a sus laboratorios, o al barro de sus
respectivos campos de investigacin, alegres, llenos de energa y
ansiosos por poner a prueba las nuevas ideas que tan generosamente les habr sugerido.
Las conferencias no son lo nico que jams volver a ser lo mismo.
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Agradecimientos
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La vanidad retrospectiva
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Prlogo general
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COMIENZA LA PEREGRINACIN
El Cuento del Agricultor
El Cuento del Croman
53
54
65
ENCUENTRO 0
El gnero humano
El Cuento del Tasmano
El Cuento de Eva
El homo sapiens arcaico
El Cuento del Neandertal
Ergaster
El Cuento del Ergaster
Hbiles
El Cuento del Hbil
Monos antropoides
El Cuento de Little Foot
Eplogo a El Cuento de Little Foot
69
73
82
101
104
106
112
118
120
132
137
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ENCUENTRO 1
Chimpancs
El Cuento del Bonobo
151
156
ENCUENTRO 2
Gorilas
El Cuento del Gorila
159
162
ENCUENTRO 3
Orangutanes
El Cuento del Orangutn
167
170
ENCUENTRO 4
Gibones
El Cuento del Gibn
175
181
ENCUENTRO 5
Monos del viejo mundo
199
ENCUENTRO 6
Monos del nuevo mundo
El Cuento del Mono Aullador
205
210
ENCUENTRO 7
Tarseros
225
ENCUENTRO 8
Lmures, glagos y semejantes
El Cuento del Ayeaye
229
233
LA GRAN CATSTROFE
DEL CRETCICO
241
ENCUENTRO 9
Caguanes y tupayas
El Cuento del Cagun
247
250
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ENCUENTRO 10
Roedores, conejos y semejantes
El Cuento del Ratn
El Cuento del Castor
253
257
261
ENCUENTRO 11
Laurasiaterios
El Cuento del Hipoptamo
Eplogo a El Cuento del Hipoptamo
El Cuento de la Foca
269
274
282
283
ENCUENTRO 12
Desdentados
El Cuento del Armadillo
295
297
ENCUENTRO 13
Afroterios
301
ENCUENTRO 14
Marsupiales
El Cuento del Topo Marsupial
309
314
ENCUENTRO 15
Monotremas
El Cuento del Ornitorrinco
Lo que el topo estrellado le dijo
al ornitorrinco
REPTILES MAMIFEROIDES
ENCUENTRO 16
Saurpsidos
Prlogo a El Cuento del Pinzn
de las Galpagos
El Cuento del Pinzn de las Galpagos
El Cuento del Pavo Real
El Cuento del Dodo
319
323
334
339
349
352
356
360
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El Cuento del Ave Elefante
Eplogo a El Cuento del Ave Elefante
ENCUENTRO 17
Anfibios
El Cuento de la Salamandra
El Cuento de la Rana de Boca
Estrecha
El Cuento del Ajolote
12
380
392
399
407
421
424
ENCUENTRO 18
Peces pulmonados
El Cuento del Dipnoo
433
435
ENCUENTRO 19
Celacantos
439
ENCUENTRO 20
Actinopterigios
El Cuento del Caballito de Mar Foliceo
El Cuento del Lucio
El Cuento del Saltarn del Fango
El Cuento de los Cclidos
El Cuento del Pez Ciego de las Cavernas
El Cuento de la Platija
443
445
449
451
453
463
468
ENCUENTRO 21
Tiburones y semejantes
471
ENCUENTRO 22
Lampreas y mixinos
El Cuento de la Lamprea
477
483
ENCUENTRO 23
Peces lanceta
El Cuento del Pez Lanceta
487
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ENCUENTRO 24
Tunicados
493
ENCUENTRO 25
Ambulacrarios
ENCUENTRO 26
Protstomos
El Cuento de la Gusana del Fango
El Cuento de la Artemia Salina
El Cuento de la Hormiga Cortadora
de Hojas
El Cuento del Saltamontes
El Cuento de la Mosca del Vinagre
El Cuento del Rotfero
El Cuento del Percebe
El Cuento del Gusano
Aterciopelado
Eplogo a El Cuento del Gusano
Aterciopelado
499
505
516
521
527
530
552
565
577
581
597
ENCUENTRO 27
Platelmintos acelomorfos
609
ENCUENTRO 28
Cnidarios
El Cuento de la Medusa
El Cuento del Polipfero
615
620
623
ENCUENTRO 29
Ctenforos
633
ENCUENTRO 30
Placozoos
637
ENCUENTRO 31
Esponjas
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El Cuento de la Esponja
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645
ENCUENTRO 32
Coanoflagelados
El Cuento del Coanoflagelado
647
649
ENCUENTRO 33
DRIPs
653
ENCUENTRO 34
Hongos
657
ENCUENTRO 35
Amebozoos
663
ENCUENTRO 36
Plantas
El Cuento de la Coliflor
El Cuento de la Secuoya
667
672
676
ENCUENTRO 37
Inciertos
El Cuento de Mixotricha
689
695
EL GRAN ENCUENTRO HISTRICO
703
ENCUENTRO 38
Arqueas
709
ENCUENTRO 39
Eubacterias
El Cuento de Rhizobium
El Cuento del Taq
713
715
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CANTERBURY
734
EL RETORNO DEL ANFITRIN
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Lecturas recomendadas
807
Notas a las filogenias
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Bibliografa
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Procedencia de las ilustraciones
845
ndice analtico
851
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Agradecimientos
Quien me convenci de que escribiese este libro fue Anthony
Cheetham, fundador del grupo editorial Orion Books. El hecho de
que Cheetham abandonase la empresa sin verlo publicado pone de
manifiesto el monumental retraso con que lo he terminado. Michael
Dover sobrellev ese retraso con buen humor y entereza, y, agudo e
inteligente como es, capt perfectamente lo que me propona y me
anim constantemente a conseguirlo. La mejor de sus muchas decisiones acertadas fue contratar a Latha Menon como editora freelance.
Como ya hizo en El capelln del diablo, Latha me ha brindado un apoyo valiossimo. Su aguda comprensin tanto del conjunto como de los
detalles, su saber enciclopdico, su amor por la ciencia y su dedicacin desinteresada a la divulgacin de la misma, nos han beneficiado
a este libro y a m mucho ms de lo que pueda expresar en estas lneas. Gracias a Eamon Dolan, de Houghton Mifflin, enseguida se entabl el tipo de relacin cordial entre autor y editor que hace que la
publicacin deje de ser un negocio para convertirse en un placer.
Yan Wong, mi ayudante de investigacin, ha participado activamente en todas y cada una de las etapas de la planificacin, investigacin
y redaccin del libro. Sus mltiples recursos y su minucioso conocimiento de la biologa moderna slo se han visto igualados por su
buena mano con los ordenadores. Si bien en este terreno he asumido con gratitud el papel de aprendiz, puede decirse que l fue aprendiz mo antes de que yo lo haya sido suyo, pues no en vano fui su
tutor en New College. Teniendo en cuenta que all se doctor bajo la
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agradecimientos
supervisin de Alan Grafen, que en su da tambin fue alumno mo,
podra calificar a Yan no slo de alumno hijo sino de alumno nieto. Aprendiz o maestro, el caso es que la contribucin de Yan ha
sido de tal envergadura que, en ciertos cuentos, he insistido en citarlo como coautor. Cuando se march a recorrer la Patagonia en bicicleta, para la ltima fase del libro recurr a Sam Turvey, que me ayud con sus extraordinarios conocimientos en materia de zoologa y
del concienzudo esmero con que los aplica.
Las siguientes personas me han ofrecido gustosamente sus consejos y ayuda de todo tipo: Michael Yudkin, Mark Griffith, Steve Simpson,
Angela Douglas, George McGavin, Jack Pettigrew, George Barlow, Colin
Blakemore, Lidnell Bromham, Mark Sutton, Bethia Thomas, Eliza
Howlett, Tom Kemp, Malgosia Nowak-Kemp, Richard Fortey, Derek
Siveter, Alex Freeman, Nicky Warren, A. V. Grimstone, Alan Cooper
y, sobre todo, Christine DeBlase-Ballstadt.
Estoy profundamente agradecido a Mark Ridley y Peter Holland,
lectores contratados por la editorial, por darme exactamente los consejos que necesitaba. En este caso, es ms que necesario por mi parte
asumir la responsabilidad exclusiva por las posibles deficiencias de la
obra.
Como siempre, agradezco de corazn a Charles Simony su creativa generosidad. Y mi esposa, Lalla Ward, ha sido una vez ms mi apoyo y mi fuerza.
RICHARD DAWKINS
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EL CUENTO DEL ANTEPASADO
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La vanidad retrospectiva
La historia no se repite, pero rima.
MARK TWAIN
La historia se repite; es uno de sus defectos.
CLARENCE DARROW
Alguien ha definido la historia como un maldito hecho detrs de otro.
Puede que la frase nos advierta contra un par de tentaciones pero, tras
tomar debida nota, paso a ceder prudentemente a ambas. En primer
lugar, el historiador est tentado de registrar el pasado en busca de
pautas recurrentes; o, por lo menos siguiendo a Mark Twain, de buscarle rima a todo. Esta mana de las pautas indigna a quienes insisten
en que, como tambin sostena Mark Twain, la historia suele ser
algo fortuito sin pies ni cabeza, algo que no va a ninguna parte ni obedece a regla alguna. La segunda tentacin, relacionada con la primera, es la vanidad del presente, la presuncin de considerar que el objetivo del pasado era desembocar en nuestros das, como si los personajes
de la obra de teatro de la historia no hubiesen tenido otro objetivo
en la vida que prefigurar nuestro advenimiento.
Bajo denominaciones que no hace falta detallar, estos asuntos han
jalonado desde siempre la historia humana y se plantean con mayor
fuerza an, aunque sin suscitar mayor consenso, en el marco temporal
ms dilatado de la evolucin. La historia de la evolucin tambin se
puede definir como una maldita especie detrs de otra, pero muchos
bilogos coincidirn conmigo en que se trata de una visin muy pobre:
quien contemple la evolucin en esos trminos se pierde todo lo importante. La evolucin rima, las pautas se repiten, y esto no ocurre por casualidad, sino por razones perfectamente comprensibles y en su mayor parte darvinianas, pues la biologa, al contrario que la historia o que la fsica,
cuenta ya con su gran teora unificada, aceptada por todos los profe21
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sionales informados, aunque en diferentes versiones e interpretaciones.
A la hora de escribir sobre la historia de la evolucin no rehuyo la bsqueda de pautas y principios, pero trato de hacerlo con prudencia.
Qu decir de la segunda tentacin, la de la vanidad retrospectiva, la idea de que la nica funcin del pasado era producir nuestro
presente? El difunto Stephen Jay Gould seal atinadamente que, en
la mitologa popular, la imagen preponderante de la evolucin una
caricatura de la realidad casi tan omnipresente como la de las hordas
de lemmings que se suicidan despendose por los acantilados (otro
mito igual de falso) consiste en una fila de desgarbados antepasados simiescos que se yerguen progresivamente tras los pasos de la majestuosa silueta erecta y de andar solemne del Homo sapiens sapiens: el
hombre como la ltima palabra de la evolucin (porque en este contexto siempre es el hombre, nunca la mujer), como meta final de toda
la empresa evolutiva. El hombre como imn que atrae a la evolucin
desde el pasado hacia su posicin eminente.
Me gustara mencionar brevemente la versin que los fsicos dan
de la vanidad retrospectiva y que la hace resultar menos presuntuosa.
Se trata de la idea antrpica segn la cual las mismsimas leyes de la fsica, o las constantes fundamentales del universo, son un artificio cuidadosamente orquestado al objeto de propiciar la aparicin de la especie humana. Esta teora antrpica no se basa necesariamente en la
vanidad ni tiene por qu significar que el universo se cre ex profeso
para que existisemos; tan slo significa que estamos aqu y que no
podramos estar en un universo que no tuviese la capacidad de crearnos. Como sealan los fsicos, no es casualidad que veamos estrellas
en el firmamento por cuanto las estrellas son elemento imprescindible de todo universo capaz de generarnos. Esto, repito, no significa
que las estrellas existan para producirnos a nosotros sino, simplemente, que sin ellas no habra tomos ms pesados que el litio en la
tabla peridica, y una qumica con slo tres elementos sera demasiado pobre para sustentar la vida. La visin es un tipo de actividad que
slo puede darse en un universo en el que lo visto sean las estrellas.
Pero hace falta aadir algunas observaciones. Aun admitiendo el
hecho insignificante de que nuestra presencia comporte leyes y constantes fsicas capaces de producirnos, la existencia de tan poderosas reglas
se antoja sumamente improbable. Basndose en sus suposiciones, los fsi22
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la vanidad retrospectiva
cos podran calcular que el nmero de todos los universos posibles es
vastamente superior que el de aquellos universos cuyas leyes y constantes permiten que la fsica se convierta, gracias las estrellas, en qumica y,
gracias a los planetas, en biologa. Para algunos, la alta improbabilidad
del fenmeno slo significa una cosa: que las leyes y constantes tuvieron que concebirse con premeditacin desde un principio (aunque no
me entra en la cabeza que eso pueda llamarse explicacin, toda vez que
el problema se torna instantneamente en uno an mayor: el de explicar la existencia de un premeditador igual de sutil e improbable.)
Otros fsicos no estn tan convencidos, para empezar, de que las
leyes y las constantes puedan variar tanto. Cuando yo era pequeo
no me resultaba tan evidente que cinco por ocho tuviese que dar lo
mismo que ocho por cinco. Aceptaba el dato como uno de tantos
que afirmaban los adultos. Slo pasado un tiempo logr entender, quiz imaginando rectngulos, por qu esas dos multiplicaciones no pueden variar independientemente una de otra. Comprendemos que la
circunferencia y el dimetro del crculo no son independientes, de
lo contrario estaramos tentados de postular un sinfn de universos
posibles, en cada uno de los cuales tendra un valor distinto. Segn
algunos cientficos, como el premio Nobel de fsica Steven Weinberg,
las constantes fundamentales del universo, que en la actualidad consideramos independientes unas de otras, en un futuro, cuando se consiga formular la gran teora unificada, podran tener un menor grado de
arbitrariedad de lo que imaginbamos. Tal vez el universo slo pueda
ser de una forma, lo que socavara la aparente coincidencia antrpica.
Otros fsicos, entre ellos sir Martin Rees, admiten que, efectivamente, hay una coincidencia que explicar y la explican postulando la existencia de mltiples universos paralelos que no se comunican entre s
y que obedecen cada uno a su propio conjunto de leyes y constantes1.
1. No hay que confundir esta idea de los universos mltiples (aunque a menudo se
confunda) con la idea cuntica de los mundos mltiples propugnada por Hugh Everett y
defendida con brillantez por David Deutsch en su libro La estructura de la realidad. El
parecido entre ambas es superficial e irrelevante. Las dos hiptesis, que podran ser ambas
verdaderas, o no serlo ninguna, o ser verdadera una y falsa la otra, se propusieron como
respuesta a dos problemas completamente diferentes. Segn la de Everett, los diferentes
universos tienen las mismas constantes fundamentales, mientras que la que aqu nos
ocupa sostiene que los diferentes universos tienen diferentes constantes fundamentales.
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Lgicamente, nosotros, que reflexionamos sobre estas cuestiones, hemos
de encontrarnos en uno de esos universos, por raros que sean, cuyas
leyes y constantes sean capaces de generarnos.
El fsico terico Lee Smolin aadi un ingenioso giro darviniano
que reduce la aparente improbabilidad estadstica de nuestra existencia. Segn su hipotesis, los universos engendran universos hijo
que varan en cuanto a sus leyes y constantes. Estos universos hijo nacen
en agujeros negros producidos por el universo madre del que heredan sus leyes y constantes pero con alguna posibilidad de pequeos
cambios aleatorios o mutaciones. Los universos hijo que disponen de
lo necesario para reproducirse (por ejemplo, que duren lo bastante
como para producir agujeros negros) son, naturalmente, los que a su
vez transmiten sus leyes y constantes a sus hijos. Las estrellas son las
precursoras de los agujeros negros que, segn el modelo de Smolin,
coinciden con el nacimiento de universos hijo. As pues, en este darvinismo csmico, los universos que tengan lo necesario para generar
estrellas se veran favorecidos. Las propiedades que permiten tal desarrollo futuro son casualmente las mismas que conducen a la produccin de grandes tomos, entre ellos los tomos de carbono, esenciales para la vida. No slo vivimos en un universo capaz de producir vida,
sino que sucesivas generaciones de universos evolucionan progresivamente hasta parecerse cada vez ms al tipo de universo que, como
efecto secundario, es capaz de producir vida.
La lgica de la teora de Smolin por fuerza ha de resultarle atractiva a un darviniano, y, en realidad, a cualquiera que tenga imaginacin, pero, en lo que respecta la fsica, no estoy cualificado para juzgarla. No conozco ningn fsico que la considere completamente
equivocada; como mucho la tildan de superflua. Algunos, como ya
hemos visto, suean con una teora definitiva a cuya luz el presunto
ajuste perfecto del universo resultar infundado. Nada de lo que conocemos invalida la teora de Smolin, quien reclama se conceda a su
creacin el mrito de que se pueda falsear (algo que los cientficos
consideran mucho ms importante de lo que les parece a los profanos). El libro de Smolin se titula The Life of the Cosmos, y recomiendo
su lectura.
Pero esto ha sido un parntesis acerca de la idea que los fsicos tienen de la vanidad retrospectiva. La versin de los bilogos es ms
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fcil de rebatir desde la aparicin de Darwin (aunque antes de l era
ms desagradable de abordar) y es la que aqu nos concierne. La evolucin biolgica no privilegia a ningn linaje ancestral ni tiene un
fin preconcebido. La evolucin ha alcanzado muchos millones de objetivos provisionales (el nmero de especies que sobreviven en el momento de la observacin) y no existe ningn motivo aparte de la vanidad
de la vanidad humana, puesto que somos nosotros quienes hablamos
del tema para declarar a una especie ms privilegiada o ms evolucionada que otra.
Esto no significa, como habr de seguir sosteniendo, que en la
historia de la evolucin nada rime con nada. Estoy convencido
de que hay pautas recurrentes. Aunque hoy el argumento sea ms
controvertido de lo que ya fue, tambin estoy convencido de que, en
ciertos sentidos, la evolucin puede considerarse direccional, progresiva y hasta predecible. Pero progreso no equivale ni por asomo
a progreso hacia la humanidad, y debemos resignarnos a vivir sin la
fuerte y gratificante sensacin de haber estado previstos desde el
comienzo. El historiador debe guardarse de hilvanar un relato que
parezca, siquiera en lo ms mnimo, estar abocado a un clmax humano.
Tengo en mi poder un libro (que en general es bueno, as que me
abstendr de dar el ttulo para no dejarlo en mal lugar) que puede
servir de ejemplo de la tendencia a ver al ser humano como culmen
de la evolucin. El autor compara al Homo habilis (una especie humana, probablemente antepasada nuestra) con sus predecesores australopitecinos2 y sostiene que era considerablemente ms evolucionado
que los australopitecinos. Ms evolucionado? Qu puede significar
semejante comentario sino que la evolucin se mueve en una direccin predeterminada? El texto no deja lugar a dudas sobre cul es la
2. Las leyes de la nomenclatura zoolgica siguen un estricto orden de precedencia y me temo que no hay ninguna posibilidad de cambiar el trmino Australopithecus
por algo que resulte menos equvoco a la mayora de personas privadas de una formacin clsica. No tiene nada que ver con Australia y, de hecho, nunca se ha encontrado un solo miembro del gnero fuera de frica. Australo significa simplemente meridional. Australia es el gran continente meridional, la aurora austral es el equivalente
sureo de la aurora boreal (boreal significa septentrional) y el primer Australopithecus,
el nio de Taung, se encontr en Sudfrica.
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supuesta direccin. Se aprecian los primeros indicios de un mentn.
Eso de primeros invita a pensar que va a haber segundos y terceros
indicios dentro del proceso evolutivo hacia el mentn humano completo. La dentadura empieza a parecerse a la nuestra..., como si esa
dentadura fuese como era, no por ser apta para la dieta del Homo habilis, sino por estar destinada a convertirse en nuestra dentadura. El pasaje concluye con una reveladora observacin acerca de una especie posterior, el Homo erectus:
Aunque los rostros siguen siendo diferentes de los nuestros, los tienen una
expresin mucho ms humana. Son como esculturas a medio hacer, obras
incompletas.
A medio hacer? Incompletas? nicamente si son contempladas con
la estupidez que da la experiencia. En descargo del libro, debo decir
que si nos encontrsemos de frente a un Homo erectus, podra parecernos una escultura incompleta, pero slo porque lo miraramos desde
nuestra perspectiva humana. Un ser vivo siempre est luchando por
sobrevivir en su propio entorno. Nunca est incompleto; o, en otro
sentido, siempre lo est. As que, presumiblemente, nosotros tambin.
La vanidad retrospectiva nos tienta en otras fases de nuestra historia. Desde el punto de vista humano, el trnsito de nuestros remotos
antepasados acuticos del agua a la tierra fue un momento trascendental, un rito de paso evolutivo. Lo protagonizaron en el periodo
Devnico unos peces de aleta lobulada un poco parecidos a los actuales dipnoos. Miramos a los fsiles de esa poca con el comprensible
anhelo de ver en ellos a nuestros antepasados y, seducidos por el conocimiento de lo que vino despus, tendemos a considerar a esos peces
devnicos criaturas a mitad del camino entre animales acuticos y
animales terrestres; todo en ellas nos parece transitorio y abocado a
la pica tarea de invadir la tierra y dar comienzo a la siguiente gran
etapa de la evolucin. Sin embargo, las cosas no eran exactamente
as en esa poca, no eran as. Los peces devnicos sencillamente tenan que ganarse la vida. No tenan la misin de evolucionar, ni andaban en busca de un futuro lejano. En otro libro, por lo dems excelente, sobre la evolucin de los vertebrados, se afirma que los peces
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se aventuraron a salir del agua a finales del periodo Devnico para aventurarse en tierra firme y salvaron, por as decirlo, la distancia que separa
una y otra clase de vertebrados para convertirse en los primeros anfibios...
Esa distancia slo existe vista en retrospectiva. A la sazn no haba
distancia alguna y las clases que hoy identificamos no estaban ms separadas que dos especies. Como veremos ms adelante, la evolucin no
se dedica a salvar distancias.
Poner como objetivo final de nuestra narracin histrica al Homo
sapiens no tiene ms (ni menos) sentido que poner a cualquier otra
especie moderna, ya sea Octopus vulgaris, Panthera leo o Sequoia sempervirens. Un vencejo que tuviese inters por la historia y que, comprensiblemente, considerase el vuelo la principal habilidad del reino
animal, juzgara que el smmum del progreso evolutivo son esas espectaculares mquinas volantes dotadas de alas en forma de flecha que
son los vencejos mismos, capaces de permanecer en el aire un ao
entero e incluso de copular en pleno vuelo. Por parafrasear una ocurrencia de Steven Pinker, si los elefantes escribiesen libros de historia, quiz representaran a los tapires, a las musaraas elefante, a los
elefantes marinos y a los nsicos como tmidos pioneros que enfilaron
la va principal de la evolucin, dieron unos primeros pasos titubeantes pero, por el motivo que fuese, nunca llegaron hasta el final: tan
cerca y a la vez tan lejos. Los elefantes astrnomos tal vez se preguntaran si, en otro mundo, existiran formas de vida extraterrestre que
hubiesen cruzado el Rubicn nasal y dado el salto definitivo hacia la
proboscitud total.
Nosotros no somos vencejos ni elefantes, sino seres humanos.
Cuando fantaseamos sobre pocas remotas, es natural que sintamos
un afecto y una curiosidad especial por cualquier especie, por lo dems
corriente, que sea antepasada nuestra (y nos resulta intrigante que
siempre haya una de tales especies). Cuesta trabajo resistirse a la tentacin humana de considerar que dicha especie se encuentra en la
va principal de la evolucin y que las dems son actores secundarios,
figurantes, comparsas. Hay, sin embargo, una manera de permitirse
un antropocentrismo legtimo evitando caer en ese error y respetando el decoro histrico: basta con escribir la historia marcha atrs, segn
el sistema que he decidido seguir en este libro.
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La cronologa inversa en busca de antepasados puede apuntar
con sensatez hacia un nico objetivo distante: el gran antepasado de
todos los seres vivos. Sea cual sea nuestro punto de partida el elefante o el guila, el vencejo o la salmonela, la velintonia o el hombre,
es imposible no converger en l. Tanto la cronologa regresiva como
la cronologa progresiva tienen sus ventajas, para los distintos propsitos. Si se va hacia atrs, se empiece por donde se empiece, se termina ensalzando la unidad de la vida. Si se va hacia delante, lo que se
ensalza es la diversidad. Esto es as tanto para las escalas temporales
pequeas como para las grandes. La cronologa progresiva de los mamferos, dentro de su amplia y sin embargo limitada escala temporal, presenta numerosas ramificaciones y diversificaciones que revelan la riqueza de ese grupo de animales peludos de sangre caliente. La cronologa
regresiva, que consiste en partir de cualquier mamfero moderno y
dirigirse hacia el pasado, siempre converger en el mismo proto-mamfero: un misterioso insectvoro nocturno, contemporneo de los dinosaurios. Esto constituye una convergencia localizada. Otra convergencia an ms localizada es la del antepasado ms reciente de todos los
roedores, que vivi ms o menos en la poca en que se extinguieron
los dinosaurios. Ms localizada todava es la convergencia de todos
los simios (incluidos los humanos) en un antepasado comn que vivi
hace unos 18 millones de aos. A mayor escala, tenemos la convergencia que se da cuando retrocedemos en el tiempo a partir de cualquier vertebrado, y mayor an es la que se obtiene al remontarnos desde cualquier animal hasta el antepasado de todos los animales. La
mayor convergencia de todas es la que nos retrotrae desde cualquier
criatura moderna animal, planta, hongo o bacteria hasta el progenitor universal de todos los organismos vivos que, con toda probabilidad, tena aspecto de bacteria.
He usado el trmino convergencia, pero sera mejor reservarlo para
la cronologa progresiva, donde tiene un significado completamente
diferente. De manera que, en el presente contexto, lo sustituir por
confluencia o, por razones que enseguida aclarar, por encuentro. Podra
haber usado el trmino coalescencia, slo que, como veremos, los genticos ya lo han adoptado en un sentido ms preciso, similar a mi empleo
de confluencia, pero relativo a los genes en vez de a las especies. En una
cronologa regresiva, los antepasados de cualquier grupo de especies
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han de encontrarse finalmente en un momento geolgico concreto.
Ese punto de encuentro es el ltimo antepasado que todas tienen en
comn, lo que he dado en llamar su contepasado3: el roedor, mamfero o vertebrado, por as decirlo, focales. El contepasado ms antiguo
es el gran progenitor de todos los seres vivos que han sobrevivido
hasta hoy.
Podemos estar seguros de que hay un solo antepasado de todas las
formas de vida existentes en nuestro planeta. La prueba es que todos
los organismos estudiados comparten (la mayora exactamente, el resto casi exactamente) el mismo cdigo gentico; y el cdigo gentico es
demasiado detallado, en aspectos arbitrarios de su complejidad, como
para haber sido inventado dos veces. Aunque no se han examinado todas
y cada una de las especies, s se han analizado bastantes como para deducir con seguridad que, por desgracia, no nos espera ninguna sorpresa.
Si de repente se descubriese una forma de vida lo bastante extraa como
para tener un cdigo gentico completamente diferente, para un bilogo como yo sera el descubrimiento biolgico ms emocionante posible, tanto si el organismo en cuestin procediese de este planeta como
si no. Sin embargo, tal y como estn las cosas, parece que todas las formas de vida conocidas provienen de un nico antepasado que vivi hace
ms de 3.000 millones de aos. Si en el pasado hubo otros orgenes de
la vida independientes del que conocemos, no han dejado descendientes observables. Y si hoy surgiesen nuevas formas de vida, se veran
aniquiladas al instante, probablemente por bacterias.
La gran confluencia de todos los organismos actuales no es lo mismo que el origen de la vida propiamente dicha, habida cuenta de
que todas las especies modernas tienen en comn un mismo contepasado que vivi despus de la aparicin de la vida: cualquier otra
hiptesis presupondra una coincidencia harto improbable por cuanto sugerira que la forma de vida inicial se ramific inmediatamente y
que ms de una de sus ramificaciones ha sobrevivido hasta nuestros
das. Segn la ortodoxia biolgica, los fsiles de bacterias ms antiguos datan de hace unos 3.500 millones de aos, luego el origen de
la vida ha de ser, como mnimo, anterior a esa fecha. Si damos crdi-
3. Agradezco a Nicky Warren la sugerencia del trmino.
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to a una reciente refutacin de la antigedad de estos fsiles4, el origen de la vida podra ser un poco ms reciente. La gran confluencia,
el ltimo antepasado comn de todas las criaturas hoy vivas, podra
ser anterior a los fsiles ms antiguos (no dej huellas fsiles) o podra
haber vivido mil millones de aos despus (todos los dems linajes
ancestrales se extinguieron, menos uno).
Dado que todas las cronologas regresivas, comiencen por dnde
comiencen, siempre culminan en la gran confluencia, podemos satisfacer legtimamente nuestro inters humano y concentrarnos en la
lnea evolutiva de nuestros propios antepasados. En lugar de tratar la
evolucin como si tuviese al ser humano como objetivo final, lo que
hacemos es escoger al moderno Homo sapiens como punto de partida
arbitrario, pero comprensiblemente preferido, de nuestro viaje hacia
atrs. De todas las posibles rutas hacia el pasado, elegimos sa en particular porque sentimos curiosidad por nuestros antepasados. Al mismo tiempo, aunque no hace falta que los sigamos minuciosamente,
no debemos olvidar que hay otros historiadores, animales y plantas de
otras especies, que, arrancando desde sus respectivos puntos de partida independientes, se embarcan en un viaje histrico anlogo en busca de sus propios antepasados, incluidos aqullos que finalmente compartirn con nosotros. Es inevitable que, al volver sobre los pasos de
nuestros antepasados, nos encontremos con estos otros peregrinos y
hagamos causa comn con ellos en un orden definido, el orden en
el cual sus linajes ancestrales se dan cita con los nuestros y el parentesco se hace cada vez ms inclusivo.
Peregrinaciones? Hacer causa comn con peregrinos? Y por qu
no? La imagen describe bien nuestro viaje al pasado. Este libro adop-
4. Las citadsimas pruebas con que J. W. Schopf sustent la hiptesis de la existencia de unas bacterias de 3.500 millones de aos de antigedad han sido duramente criticadas por mi colega de Oxford Martin Brasier. Puede que Brasier tenga razn
en cuando al material de Schopf, pero nuevas pruebas, publicadas mientras este libro
estaba en la imprenta, vuelven a corroborar la hiptesis de los 3.500 millones de
aos. En el curso de unas investigaciones en Sudfrica, el cientfico noruego Harald
Turnes y sus colegas encontraron unos agujeros diminutos en obsidiana de aquella
poca que, a su juicio, son producto de microorganismos. Estas madrigueras contienen carbono que, segn Furnes y su equipo, es de origen biolgico. De los microorganismos propiamente dichos no hay rastro.
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tar la forma de una pica peregrinacin desde el presente al pasado. Todos los caminos llevan al origen de la vida pero, dado que somos
humanos, el camino que seguiremos ser el de nuestros propios ancestros. Ser una peregrinacin humana con el objeto de descubrir antepasados humanos. A lo largo del camino nos encontraremos con otros
peregrinos que se nos unirn por riguroso orden, segn vayamos alcanzando los antepasados que tenemos en comn con ellos.
Los primeros peregrinos a los que daremos la bienvenida, hace
unos cinco millones de aos, en el corazn de esa frica donde Stanley
y Livinsgtone se dieron su memorable apretn de manos, son los chimpancs, los cuales ya se habrn reunido con los bonobos antes de que
los recibamos. Y aqu nos encontramos con una pequea dificultad
lingstica que ms vale abordar de entrada antes de que nos atormente durante el resto del periplo. He escrito en cursiva la palabra antes
porque puede prestarse a confusin. Me refiero a antes en sentido
regresivo, es decir, antes, en el transcurso de la peregrinacin al pasado, lo que obviamente, en sentido cronolgico, significa despus, es
decir, exactamente lo contrario. Estoy seguro de que en este caso
concreto nadie se habra confundido, pero habr otras ocasiones
que podran poner a prueba la paciencia del lector. Mientras escriba
este libro trat de acuar una nueva preposicin a la medida de las
peculiares necesidades de un historiador regresivo, pero en vista de
que la cosa no funcionaba decid adoptar la convencin de poner la
palabra antes en cursiva. As que, cuando el lector se encuentre con
antes, recuerde que en realidad significa despus, y cuando antes
aparezca en redonda, significar antes. Mutatis mutandis, lo mismo
vale para despus y despus.
Los siguientes peregrinos que se nos unirn al reemprender viaje
son los gorilas y despus los orangutanes (en un pasado bastante ms
remoto y, probablemente, ya fuera de frica). A continuacin daremos la bienvenida a los gibones, a los monos del Viejo Mundo, a los
del Nuevo, luego a varios otros grupos de mamferos... y as hasta que
todos los peregrinos del mundo marchen juntos hacia el pasado en
pos del mismo objetivo: el origen de la vida misma. A medida que retrocedamos en el tiempo, llegar un momento en que ya no tendr sentido dar el nombre del continente en el que tienen lugar los encuentros: el mapa del mundo era a la sazn muy diferente debido al
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extraordinario fenmeno de la tectnica de placas. Y cuando retrocedamos ms an, todos los encuentros tendrn lugar en el mar.
Es bastante sorprendente que los peregrinos humanos slo pasemos por 40 puntos de encuentro antes de llegar al origen de la vida.
En cada uno de esos 40 puntos nos encontraremos con un solo antepasado comn, el Contepasado, al que asignaremos el mismo nmero que el Encuentro. Por ejemplo, el Contepasado 2, con el que nos
reunimos en el Encuentro 2, es el antepasado comn ms reciente del
gorila, por un lado, y de los {humanos + [chimpancs + bonobos]}
por otro. El Contepasado 3 es el antepasado comn ms reciente de
los orangutanes y los{[humanos + (chimpancs + bonobos)] + gorilas}. El Contepasado 39 es el gran antepasado de todos los seres vivos.
El Contepasado 0 es un caso especial: el antepasado ms reciente de
todos los seres humanos.
Seremos, pues, peregrinos, e iremos construyendo una hermandad
cada vez ms nutrida con otros grupos de peregrinos que tambin habrn
ido aumentando por su cuenta mientras se dirigan a nuestro encuentro. Al trmino de cada reunin, reemprenderemos juntos la marcha
hacia nuestra meta comn all en el En Arcaico, nuestro Canterbury.
Hay, desde luego, otras alusiones literarias. Estuve a punto de tomar a
Bunyan como modelo y titular el libro El regreso del peregrino, pero, en
nuestras deliberaciones, mi ayudante de investigacin Yan Wong y yo
siempre terminbamos refirindonos a los Cuentos de Canterbury, y al final
juzgu ms natural mantener el modelo chauceriano para todo el libro.
A diferencia de la mayora de los peregrinos de Chaucer, los mos
no emprenden la marcha todos juntos, aunque s parten todos en el
mismo momento, el presente. Los dems peregrinos ponen rumbo a
su remoto Canterbury desde diferentes puntos de partida y se incorporan a nuestra peregrinacin humana en diversos puntos de encuentro situados a lo largo del camino. En este sentido, son distintos de
los que se reunieron en la taberna Tabard de Londres. Se parecen ms
al siniestro clrigo y a su comprensiblemente desleal criado, que se
unen a los peregrinos chaucerianos en Boughton-under-Blee, a cinco millas de Canterbury. Siguiendo la falsilla de Chaucer, mis peregrinos, que son todas las especies de seres vivos, tendrn ocasin de
contar cuentos en el camino a su Canterbury, que es el origen de la
vida. Esos cuentos constituyen el meollo del libro.
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Los muertos no hablan, as que criaturas extintas como los trilobites no contarn sus historias, pero har una excepcin en dos casos.
Animales como el dodo, que sobrevivi hasta pocas recientes y del
que an disponemos ADN, se considerarn miembros honorarios de
la fauna moderna que inician su peregrinacin a la vez que nosotros
y se nos unen en un punto de encuentro concreto. Teniendo en cuenta que somos los responsables de su reciente extincin, es lo menos
que podemos hacer. Los otros peregrinos honorarios que excepcionalmente, pese a estar muertos, tomarn la palabra, son hombres (o
mujeres). Dado que los peregrinos humanos vamos directamente en
busca de nuestros antepasados, los fsiles que posiblemente podran
considerarse nuestros antepasados tambin formarn parte de nuestra peregrinacin humana y, en consecuencia, oiremos cuentos narrados por estos peregrinos fantasma como, por ejemplo, el del Homo
habilis.
He evitado la narracin en primera persona de los animales y vegetales protagonistas del viaje porque creo que habra resultado empalagoso. Salvo en acotaciones espordicas y en observaciones preliminares, los peregrinos de Chaucer tampoco hablan en primera persona.
Muchos de los cuentos de Chaucer tienen prlogo y algunos hasta eplogo, todos ellos narrados por la misma voz que Chaucer emplea en
el resto del libro. De vez en cuando seguir este ejemplo. Como en Los
cuentos de Canterbury, un eplogo podr servir para enlazar un cuento
con el siguiente.
Antes de dar inicio a los cuentos, Chaucer inserta un largo Prlogo
general en el que describe de forma sumaria a los viajeros, mencionando sus profesiones y, en algunos casos, sus nombres. Yo, en cambio, presentar a los nuevos peregrinos segn se nos vayan uniendo.
El jovial anfitrin de Chaucer se ofrece a guiar a los peregrinos y los
anima a contar historias para amenizar el viaje. En mi calidad de anfitrin, dedicar el prlogo general a hacer algunas observaciones preliminares sobre los mtodos de reconstruccin de la historia evolutiva y los problemas que sta plantea, cuestiones que se han de afrontar
y resolver tanto si escribimos nuestra historia hacia atrs como si lo
hacemos hacia delante.
Acto seguido emprenderemos nuestra historia regresiva propiamente dicha. Aunque nos centraremos en nuestros propios antepa33
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sados y, por regla general, slo prestaremos atencin a otras criaturas
en el momento en que se unan a nosotros, de vez en cuando levantaremos la vista de nuestro camino para no olvidarnos de los otros peregrinos que tambin siguen sus propias trayectorias, ms o menos independientes, rumbo a nuestro destino definitivo. Los hitos numerados
que sealan los puntos de encuentro, amn de unos pocos indicadores intermedios necesarios para apuntalar la cronologa, constituirn
el andamiaje de nuestra andadura. Cada piedra miliar marcar un nuevo captulo, donde nos detendremos para hacer balance de la peregrinacin, y tal vez escuchar algn que otro cuento. En contadas ocasiones tendr lugar un suceso importante en el mundo que nos rodea
y nuestros peregrinos se condecern un instante de reflexin. Pero en
general mediremos nuestra peregrinacin hacia los albores de la vida
mediante esos 40 jalones naturales y de los otros tantos encuentros
que la enriquecen.
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Cmo haremos para conocer el pasado y describirlo cronolgicamente? Qu recursos nos ayudarn a explorar los antiguos teatros de la
vida, a reconstruir las escenas y los actores, a consignar las entradas y
salidas de escena? La historiografa humana suele usar tres mtodos
principales, cuyos equivalentes buscaremos en la escala temporal,
mucho ms dilatada, de la evolucin. El primero es la arqueologa, el
estudio de los huesos, puntas de flecha, fragmentos de vasijas, cmulos de conchas, estatuillas y dems reliquias que representan testimonios fehacientes del pasado. En la historia evolutiva, las reliquias ms
obvias son los huesos, los dientes y los fsiles en que terminan convertidos. En segundo lugar existen reliquias renovadas, esto es, testimonios que en s no son antiguos, pero son una copia o una representacin del original antiguo. En la historia humana podemos
identificarlos con la tradicin escrita u oral: narraciones transmitidas, repetidas, reimpresas o duplicadas por cualquier otro medio
desde el pasado hasta el presente. En el mbito de la evolucin, la principal reliquia renovada es el ADN, el equivalente de un registro escrito y copiado repetidas veces. El tercer mtodo es la triangulacin, cuyo
nombre procede de un mtodo de clculo de distancias basado en la
medicin de ngulos. Medimos la distancia entre nosotros y un punto y usamos esa distancia como base de un tringulo cuyos lados forma la base de otros tringulos adyacentes. Con el clculo los ngulos
de los tringulos, se obtienen las posiciones de los otros puntos de la
red. Algunos telmetros fotogrficos se basan en este principio, y los
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topgrafos siempre han recurrido a l. En cierto modo, los evolucionistas triangulan un antepasado comparando dos (o ms) de sus descendientes vivos. Expondr a continuacin los tres mtodos por orden,
empezando por las pruebas concretas y, en particular, los fsiles.
Fsiles
Cuerpos y huesos a veces sobreviven y, escapando a la labor destructiva de hienas, escarabajos necrforos y bacterias, llegan hasta nosotros.
Oetzi, el hombre de hielo del Tirol italiano, se conserv en un glaciar durante 5.000 aos. Ciertos insectos han permanecido embalsamados en mbar (la resina petrificada de ciertos rboles) durante 100
millones de aos. Sin la ayuda del hielo ni del mbar, las partes duras
del cuerpo como los dientes, los huesos y las conchas y caparazones
tienen ms probabilidades de conservarse que las partes blandas. Los
dientes resisten ms que todas las dems ya que, para cumplir su funcin, tenan que ser ms duros que cualquiera de los alimentos ingeridos por su propietario. Los huesos y los caparazones tambin son
duros por diversos motivos y tambin pueden durar mucho. De vez en
cuando, estas partes duras, y, en circunstancias excepcionalmente afortunadas, tambin las blandas, se petrifican y se convierten en fsiles
que duran cientos de millones de aos.
A pesar de la fascinacin que despiertan los fsiles, sin ellos tambin sabramos muchsimas cosas de nuestro pasado evolutivo. Si todos
los fsiles desapareciesen como por arte de magia, el estudio comparado de los organismos modernos, de la distribucin de las similitudes entre las diversas especies en especial las de sus secuencias genticas y de la distribucin de stas entre continentes e islas, seguira
demostrando, ms all de toda duda razonable, que nuestra historia
es evolutiva y que todos los seres vivos son parientes. Los fsiles slo
son un extra: un extra muy de agradecer, por supuesto, pero no imprescindible. Merece la pena tenerlo presente para cuando algn creacionista insista (tan plomizamente como suelen hacerlo) en hablarnos de las lagunas del registro fsil. Aunque no hubiese ningn fsil
y todo el registro fuese una enorme laguna, las pruebas a favor de la
evolucin seguiran siendo aplastantes. Y viceversa: si dispusiramos
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solamente de fsiles y de ninguna otra prueba, la evolucin tambin
se vera confirmada de manera abrumadora e indiscutible. Sin embargo, se da el caso de que contamos con ambos tipos de pruebas, tanto
fsiles como moleculares.
La palabra fsil se utiliza convencionalmente para designar cualquier
reliquia de ms de 10.000 aos de antigedad: una convencin que no
resulta muy prctica, en tanto que una cifra redonda como 10.000 no
es significativa. Si tuvisemos ms o menos de diez dedos, las cifras que
consideramos redondas seran otras1. Cuando hablamos de un fsil, por
lo general queremos decir que el material original se ha visto sustituido, a menudo por infiltracin, por un mineral de composicin qumica diferente que le ha insuflado nueva vida, o, mejor dicho, nueva muerte. Una impresin en piedra de la forma originaria puede conservarse
muchsimo tiempo, tal vez mezclada con parte del material original.
Esto puede ocurrir de diversas maneras pero dejar los detalles, cuyo
estudio se conoce como tafonoma, para El Cuento del Ergaster.
Cuando se descubrieron y clasificaron los primeros fsiles, no se
saba de cundo databan y lo mximo que caba esperar era ordenarlos por antigedad. La clasificacin se basa en un supuesto conocido
como ley de superposicin. Por motivos obvios, los estratos ms recientes, salvo en circunstancias excepcionales, se hallan encima de los ms
antiguos. Las excepciones, aunque a veces causen un desconcierto
pasajero, se suelen explicar fcilmente. Un fragmento de roca antigua
lleno de fsiles, tal vez empujada por un glaciar, pudo, por ejemplo,
caer sobre un estrato ms reciente, o una serie de estratos pudo darse la vuelta en bloque y su disposicin vertical invertirse. Para resolver estas anomalas basta comparar rocas equivalentes en otras partes
del mundo. Una vez hecha la comparacin, el paleontlogo reconstruye la verdadera secuencia del registro fsil gracias a un rompecabezas de secuencias imbricadas procedentes de diversos lugares del
mundo. En teora el procedimiento parece fcil, pero en la prctica
se complica por el hecho (vase El Cuento del Ave Elefante) de que
la configuracin del mundo cambia con el paso de las eras.
1. Si tuvisemos ocho dedos (o diecisis), calcularamos naturalmente en base
octal (o hexadecimal), la lgica binaria sera ms fcil de entender y puede que se
hubiesen inventado mucho antes los ordenadores.
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Qu necesidad tenemos de este rompecabezas? No podramos
limitarnos a excavar tan hondo como quisiramos y considerar que
eso equivale a retroceder en el tiempo a un ritmo constante? Pues
no, porque si bien el tiempo discurre de manera uniforme e ininterrumpida, eso no significa que haya un solo lugar en el mundo donde una nica secuencia de sedimentos se haya depositado de manera
uniforme e ininterrumpida desde el inicio de las eras geolgicas hasta hoy. Aun cuando se dan las condiciones propicias, los depsitos fsiles se forman a trompicones.
Si se escoge al azar una localidad cualquiera en un momento cualquiera, difcilmente se encontrar un fsil o una roca sedimentaria
en proceso de formacin. Pero es muy probable que, en cualquier
momento dado, haya fsiles formndose en algn lugar del planeta.
Recorriendo yacimientos del mundo en los que puedan encontrarse
diversos estratos cerca de la superficie, el paleontlogo puede aspirar
a recopilar un registro bastante continuo. Los paleontlogos, por
supuesto, no van de yacimiento en yacimiento, sino de museo en museo,
observando los especimenes guardados en cajones, o de biblioteca en
biblioteca, en las universidades, leyendo revistas donde se describen
los fsiles y se detalla minuciosamente su procedencia, y emplean toda
esa informacin para juntar las piezas del rompecabezas mundial.
La tarea se ve facilitada por el hecho de que determinados estratos, de propiedades lticas caractersticas y reconocibles, y que siempre albergan el mismo tipo de fsiles, aparecen con regularidad en
diversas regiones. La roca devoniana, as llamada porque en un primer momento se la describi como la vieja arenisca roja del hermoso condado de Devon, aflora en varios otros lugares de las Islas
Britnicas, as como en Alemania, Groenlandia, Amrica del Norte y
otras partes del mundo. Dondequiera que se encuentre se la reconoce, en parte por sus caractersticas externas, pero tambin por la evidencia interna, esto es, por los fsiles que contiene. Puede parecer
un argumento circular, pero en realidad no lo es; es lo mismo que
cuando un especialista, basndose en la evidencia interna, determina que un manuscrito del Mar Muerto es un fragmento del Primer
Libro de Samuel. Las rocas devonianas se identifican con fiabilidad
gracias a la presencia de determinados fsiles.
Lo mismo ocurre con las rocas de otros periodos geolgicos, inclu38
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so si retrocedemos la poca de los primeros fsiles petrificados. Desde
el remoto Cmbrico hasta el actual Holoceno, los periodos geolgicos enumerados en la tabla adjunta se delimitan en su mayor parte
con arreglo a variaciones en el registro fsil. En consecuencia, el
final de un periodo y el comienzo del siguiente suelen venir definidos por extinciones que interrumpen de manera significativa la continuidad de los fsiles. Como seal Stephen Jay Gould, ningn paleontlogo tiene la menor dificultad en determinar si un pedazo de roca
es anterior o posterior a la gran extincin masiva de finales del Prmico.
Entre los tipos animales prcticamente no se da solapamiento alguno.
Es ms: los fsiles (sobre todo los microfsiles) son tan tiles a la
hora de clasificar y datar rocas que las industrias minera y petrolfera
estn entre sus principales usuarios.
As pues, esta datacin relativa ha sido posible desde hace mucho
tiempo gracias a la recomposicin vertical del rompecabezas que forman las rocas. A los periodos geolgicos se les puso nombre con el fin
de facilitar la datacin relativa cuando an no era posible la datacin
absoluta, y stos siguen siendo tiles. Sin embargo, es ms difcil efectuar la datacin relativa con rocas que contienen pocos fsiles, y esto
incluye a todas las rocas anteriores al Cmbrico, es decir, todas aqullas
que datan de las primeras ocho novenas partes de la historia de la Tierra.
Para la datacin absoluta ha habido que esperar a recientes descubrimientos en el campo de la fsica, en concreto de la fsica radioactiva. Esto requiere una explicacin detallada que vamos a posponer
hasta el Cuento de la Secuoya. Por ahora, basta saber que disponemos
de una gama de mtodos fiables para averiguar la edad absoluta de un
fsil, o de las rocas que lo contienen o rodean. Adems, cada uno de
esos mtodos presenta una sensibilidad diferente dentro del espectro temporal, desde centenares de aos (los anillos de los rboles) hasta millares (el carbono 14), millones, cientos de millones (el uraniotorio-plomo) y miles de millones (el potasio-argn).
Reliquias renovadas
Los fsiles, al igual que los especmenes arqueolgicos, son testimonios ms o menos directos del pasado. Ahora vamos a ocuparnos de
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Era Periodo
poca
Holoceno
Pleistoceno
Plioceno
Mioceno
Palegeno (E) Oligoceno
En
Mda
23
1000
Paleoceno
MESOPROTEROZOICA
(MP)
65
Superior
145
Jursico (J)
Superior
1600
PALEOPROTEROZOICA
(PP)
Medio
Inferior
200
Trisico (T)
Superior
Medio
Prmico (P)
Precmbrico
MESOZOICA (MZ)
Inferior
FANEROZOICO
Mda
Eoceno
Cretcico (K)
2500
NEOARCAICA
Inferior
251
Lopingiano
Guadalupiano
2800
Cisuraliano
MESOARCAICA
299
Penn.
PALEOZOICA (PZ)
359
Devnico (D)
ARCAICO
Carbonfero
(C)
Miss.
3200
PALEOARCAICA
Superior
3600
EOARCAICA
Medio
Inferior
Silrico (S)
Pridoliano
Ludloviano
Wenlockiano
Llandoveriano 444
Cmbrico (3)
Abreviaturas
Penn. Pennsylvanian
Miss. Mississippian
Medio
Inferior
Lmite inferior no definido
formalmente (desde 3900 millones
de aos hasta el origen de la Tierra,
4500 millones de aos atrs. En
ocasiones tambin denominada
Hadeica)
416
Ordovcico (O) Superior
488
Superior
Medio
Inferior
542
40
Era
NEOPROTEROZOICA
(NP)
Negeno (N)
PROTEROZOICO
CENOZOICA (CZ)
En
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la segunda categora de pruebas histricas: las reliquias renovadas,
copiadas y vueltas a copiar a lo largo de las generaciones. Para los
historiadores de la actividad humana, este tipo de testimonios consiste en relatos de testigos presenciales transmitidos por la tradicin
oral o en forma de documentacin escrita. No podemos preguntar a
ningn testigo vivo cmo era la vida en la Inglaterra del siglo XIV,
pero tenemos una idea de cmo era gracias a diversos documentos
escritos, entre ellos la obra de Chaucer. Esos textos contienen informacin que se ha copiado, impreso, almacenado en bibliotecas, reimpreso y distribuido para que hoy podamos leerla. Una vez que una historia se publica, o, en la actualidad, se almacena en un ordenador, hay
bastantes posibilidades de que sus copias se transmitan hasta el lejano futuro.
Los documentos escritos son, de largo, ms fiables que la tradicin oral. En teora, los hijos de cada generacin que, como la mayora de los nios conocen bien a su familia, deberan prestan atencin
a los minuciosos recuerdos de sus padres y transmitrselos a la siguiente generacin, y al cabo de cinco generaciones debera haberse creado una slida tradicin oral. Recuerdo ntidamente a mis cuatro abuelos, pero de mis ocho bisabuelos apenas me quedan unas pocas
ancdotas sueltas. Uno de mis bisabuelos, cada vez que se ataba los
cordones de los zapatos, cantaba una cancioncilla absurda (que yo
tambin me s). Otro se pirraba por la nata, y cuando perda al ajedrez tiraba el tablero al suelo. Un tercero era mdico rural. Eso es
todo. Cmo es posible que ocho vidas se hayan reducido a tan poco?
Cmo es posible, cuando la cadena de informadores que nos conecta con los testigos es tan corta y la conversacin humana tan profusa,
que los miles de detalles personales que constituan la vida de ocho
individuos se hayan olvidado tan rpido?
Versin simplificada de la escala temporal publicada por la Comisin Internacional
de Estratigrafa (www.stratigraphy.org). La escala se divide en eones, eras, periodos y
pocas. El tiempo se mide en millones de aos (mda) y los tonos de gris son proporcionales a la antigedad. El Pleistoceno y Holoceno suelen llamarse informalmente
Cuaternario, aunque este trmino, al igual que Terciario, forma parte de un sistema de
datacin ya obsoleto. El lmite inferior de la escala no est definido formalmente,
aunque por lo general se supone que abarca hasta hace unos 4.600 millones de aos,
poca en la que se formaron la Tierra y el resto del sistema solar.
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Por desgracia, la tradicin oral se extingue casi inmediatamente,
a menos que se consagre en composiciones poticas como las que
Homero decidi consignar por escrito, y aun as dista mucho de ser
exacta: al cabo de poqusimas generaciones la historia se descompone en disparates y falsedades. Los hechos histricos acerca de hroes
verdaderos, villanos verdaderos, animales verdaderos y volcanes verdaderos rpidamente degeneran (o se erigen, dependiendo del gusto de cada uno) en mitos sobre semidioses, diablos, centauros y dragones ignvomos.2 Pero no viene a cuento abundar en las tradiciones
orales y sus imperfecciones, habida cuenta de que, sea como fuere, no
tienen correspondencia en la historia evolutiva.
La escritura supone un avance enorme. El papel, el papiro y hasta
las tablillas de piedra pueden deteriorarse o desintegrarse, pero los
documentos escritos pueden copiarse fielmente a lo largo de un nmero indefinido de generaciones, aunque en la prctica la exactitud no
sea absoluta. Ser mejor que explique qu sentido particular estoy atribuyendo a la palabra exactitud y, sobre todo, a la palabra generacin.
Si alguien me escribe un mensaje y yo lo copio y se lo paso a un tercero (la siguiente generacin de copistas), no ser una rplica exacta, ya que mi escritura es diferente de la del lector. Pero si el autor
del mensaje escribe con cuidado, y si yo me esmero en encontrar
dentro de nuestro alfabeto comn el signo correspondiente a cada
uno de sus trazos, existen muchas posibilidades de que consiga copiar
el mensaje con total precisin. En teora, esta exactitud podra conservarse a lo largo de un nmero indefinido de generaciones de
escribas. Dado que existe un alfabeto discreto (en el sentido de discontinuo) aceptado tanto por el escritor como por el lector, la copia
permite que el mensaje sobreviva a la destruccin del original. Esta
propiedad de la escritura puede denominarse autonormalizacin
2. En su libro Man on Earth, John Reader seala que los incas, que no tenan un
lenguaje escrito (a no ser que, como se ha propuesto recientemente, usasen los llamados quipus, ramales de cuerdas anudadas que simbolizaban nmeros, como recurso lingstico adems de contable), hicieron un esfuerzo, tal vez para compensar esa
laguna, por mejorar la exactitud de su tradicin oral. Los historiadores oficiales estaban obligados a memorizar enormes cantidades de informacin y a repetirla cuando los administradores se lo solicitasen. No es de extraar que el cargo de historiador
se transfiriese de padres a hijos.
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y funciona porque las letras de un alfabeto verdadero son discontinuas. Este hecho, que recuerda a la diferencia entre cdigo analgico y cdigo digital, exige una explicacin ms detenida.
En ingls existe un sonido consonntico a medio camino entre la
c y la g (es la c de la palabra francesa comme), pero a nadie se le ocurrira representarlo dibujando un carcter que pareciese a medio camino entre la c y la g. Todos aceptamos que en ingls todo carcter escrito ha de ser un miembro, y solamente uno, del alfabeto de 26 letras.
Sabemos que los franceses usan esas mismas 26 letras para representar sonidos que no son exactamente los mismos que los del ingls y que
pueden estar a medio camino entre algunos de los de ste. Cada idioma, en realidad cada acento o dialecto local, usa el alfabeto de un modo
distinto para autonormalizarse a partir de sonidos diferentes.
La autonormalizacin combate la distorsin del tipo telfono estropeado3 que sufren los mensajes a lo largo de las generaciones. Un dibujo, copiado y vuelto a copiar por toda una sucesin de imitadores, no
goza del mismo mecanismo protector a menos que su estilo incorpore
una serie de convenciones prefijadas a guisa de autonormalizacin.
A diferencia de un testimonio representado por medios grficos, el
informe escrito de un testigo ocular tiene bastantes probabilidades de
que los libros de historia sigan reproducindolo fielmente siglos despus. Si hoy disponemos de una descripcin probablemente fiel de la
destruccin de Pompeya en el ao 79 d.C., es gracias a que un testigo,
Plinio el Joven, escribi lo que vio en dos epstolas dirigidas al historiador Tcito, algunos de cuyos escritos, mediante sucesivas copias y, finalmente, impresiones, han sobrevivido hasta nuestros das. Incluso en la
poca anterior a Gutenberg, cuando la duplicacin de los documentos era obra de amanuenses, la escritura garantizaba una exactitud
mucho mayor que la memoria y la tradicin oral.
El principio de que las copias sucesivas conservan una exactitud
total es un ideal puramente terico; en la prctica, los escribas son fali-
3. En el juego del telfono estropeado, unos cuantos nios se colocan en fila.
Alguien le susurra al odo una historia al primero sin que los dems la oigan, ste a su
vez se la susurra al segundo, y as hasta llegar al ltimo nio, cuya versin de la historia, revelada en voz alta, resulta ser una divertida y embrollada distorsin del mensaje original.
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bles y suelen ceder a la tentacin de manipular el texto original para
que diga cosas que, en su opinin (sin lugar a dudas sincera), debera decir. El ejemplo ms famoso, ampliamente documentado por los
telogos alemanes del siglo XIX, es la adulteracin de los pasajes histricos del Nuevo Testamento para que validasen las profecas del Viejo.
Puede que los escribas que alteraban el texto no mintiesen a sabiendas. Al igual que los autores del Evangelio, que tambin vivieron mucho
despus de la muerte de Jesucristo, crean sinceramente que ste era
el Mesas llamado a cumplir las profecas del Viejo Testamento. As
pues, deba haber nacido en Beln y ser descendiente de David. Si los
documentos, inexplicablemente, no afirmaban tal cosa, el deber de
todo escriba escrupuloso era corregir la deficiencia. Supongo que para
un escriba lo bastante devoto semejante enmienda no supondra mayor
falsificacin que para nosotros la correccin automtica de una falta
de ortografa o un error gramatical.
Aparte de la manipulacin efectiva, todo proceso de copia est sujeto a errores simples como saltarse un rengln o una palabra de una
lista. En cualquier caso, la escritura no puede retrotraernos ms all
de cuando se invent, hace slo unos 5.000 aos. Los smbolos identificadores, las marcas para contar y los dibujos son un poco anteriores, tal vez unas decenas de aos, pero todos estos periodos resultan
insignificantes comparados con la escala temporal evolutiva.
Por suerte, volviendo al mbito de la evolucin, existe otro tipo
de informacin duplicada que ha sido objeto de un nmero casi inconcebible de copias y que, con una pequea licencia potica, podemos
considerar el equivalente de un documento escrito: un registro histrico que se renueva con pasmosa exactitud desde hace centenares
de millones de generaciones precisamente porque, como nuestro sistema de escritura, posee un alfabeto autonormalizante. Se trata del
ADN, que est contenido en todos los seres vivos y que se ha venido
transmitiendo desde los antepasados ms remotos con prodigiosa fidelidad. En el ADN, los tomos individuales se hallan en continua rotacin, pero la informacin codificada en su disposicin definitiva se
copia durante millones o incluso cientos de millones de aos. Gracias
a las tcnicas de la moderna biologa molecular, podemos leer dicha
informacin directamente, es decir, descifrar las propias secuencias
de letras del ADN; o, de manera un poco ms indirecta, podemos
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leer las secuencias de aminocidos que componen las molculas de
protena a las que el ADN estn traducido. O bien, de forma mucho
ms indirecta, oscuramente, como por medio de un espejo4, podemos examinar los productos embriolgicos del ADN, es decir, la forma, la qumica y los rganos de los cuerpos. No hacen falta fsiles para
sondar los abismos de la historia. Dado que el ADN cambia muy lentamente a lo largo de las generaciones, la historia puede leerse en la
estructura de las plantas y animales modernos por cuanto est inscrita en sus caracteres codificados.
Los mensajes genticos se valen de un autntico alfabeto. Al igual
que los sistemas de escritura latino, griego y cirlico, el alfabeto del
ADN es un repertorio rigurosamente limitado de smbolos que no tienen, de por s, un significado evidente. Se escogen smbolos arbitrarios y se combinan para componer mensajes coherentes de complejidad y tamao ilimitados. Mientras que el alfabeto espaol tiene 28
letras, el ingls 26 y el griego 24, el alfabeto del ADN apenas cuenta
con cuatro. La mayor parte de ADN til consiste en palabras de tres
letras extradas de un diccionario de tan slo 64 palabras, cada una de
las cuales recibe el nombre de codn. Algunos codones son sinnimos,
lo que, desde el punta de vista tcnico, significa que el cdigo gentico es un cdigo degenerado5.
El diccionario registra 64 palabras para 21 significados: los 20 aminocidos biolgicos ms un signo de puntuacin universal. Las lenguas humanas son numerosas y en constante evolucin, y sus diccionarios contienen decenas de miles de vocablos diferentes, mientras
que el diccionario de 64 palabras del ADN es universal e inmutable
4. La cita es del Nuevo Testamento: Porque ahora vemos oscuramente, como por
medio de un espejo, mas entonces, cara a cara; ahora conozco en parte, pero entonces conocer as como tambin soy conocido (1 Corintios 13: 12). [N. del t.]
5. A veces se usa el trmino redundante en lugar de degenerado pero es un error,
porque significan cosas distintas. El cdigo gentico, por ejemplo, tambin es redundante, ya que si se descodifica cualquiera de las dos hebras de la doble hlice, se obtendra la misma informacin. En la prctica slo se descodifica una, y la otra se usa para
corregir errores. Los ingenieros tambin se sirven de la redundancia para corregir
errores. La degeneracin del cdigo gentico es distinta de la redundancia, y a ella
nos referimos en el texto. Un cdigo degenerado es el que contiene sinnimos y que,
por tanto, podra dar cabida a una gama de significados ms amplia de la que realmente alberga.
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(salvo mnimas variaciones en unos pocos casos excepcionales). Los
20 aminocidos estn dispuestos en secuencias de unos cuantos centenares y cada secuencia constituye una molcula de protena especfica. Mientras que las letras son slo cuatro y los codones 64, en teora no existe un lmite al nmero de protenas que las diferentes
secuencias de codones pueden producir. La cifra es simplemente incalculable. Una frase de codones que especifica la fabricacin de una
molcula de protena concreta constituye una unidad identificable
que suele llamarse gen. Nada diferencia los genes de sus vecinos (ya
sean stos otros genes o tramos redundantes), a no ser lo que se lee
en la propia secuencia. En este sentido recuerdan a TELEGRAMAS QUE
CARECEN DE SIGNOS DE PUNTUACIN Y TE OBLIGAN A ESCRIBIRLOS COMO SI
FUESEN PALABRAS COMA SLO QUE HASTA LOS TELEGRAMAS TIENEN LA VENTAJA DE PODER INTERCALAR ESPACIOS ENTRE LAS PALABRAS COMA MIENTRAS
QUE EL ADN NO STOP
El ADN se diferencia del lenguaje escrito en que representa islas
de sentido en medio de un mar de disparates que nunca se transcriben. Durante la transcripcin de un cdigo gentico, los genes enteros se agrupan a partir de exones dotados de significado que se encuentran separados por intrones, a saber, tramos de ADN carentes de
sentido cuyos textos el aparato de lectura simplemente se salta. Es ms,
en muchos casos ni siquiera se leen ciertos tramos de ADN dotados de
sentido: cabe suponer que se trata de antiguas copias de genes que
en su da eran tiles pero que hoy persisten en el genoma como los
primeros borradores de un captulo en un disco duro abarrotado.
De hecho, en diversos pasajes del libro comparar al genoma con un
viejo disco duro que est pidiendo a gritos una limpieza general.
Repito que lo que se conserva no son las molculas del ADN de animales muertos hace mucho tiempo, sino la informacin presente en
su ADN, que puede conservarse eternamente, aunque slo mediante
frecuentes duplicados. El guin de Parque Jursico, si bien no es ninguna tontera, se da de bofetadas con la realidad. Se puede aceptar
que un insecto hematfago, despus de quedar embalsamado en mbar,
contenga durante un breve espacio de tiempo las instrucciones necesarias para reconstruir un dinosaurio, pero, por desgracia, una vez
muerto, el ADN presente en su cuerpo y en la sangre que haya chupado no se conserva intacto ms que unos pocos aos y, en el caso de
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ciertos tejidos blandos, apenas unos pocos das. La fosilizacin tampoco preserva el ADN.
Ni siquiera la congelacin conserva mucho tiempo el cdigo gentico. Mientras redacto estas lneas, unos cientficos estn extrayendo
un mamut congelado del permafrost siberiano con la esperanza de obtener el suficiente ADN como para dar vida a un nuevo mamut, clonado en el tero de una elefanta moderna. Si bien el mamut apenas lleva muerto unos milenios, me temo que se trata de una vana esperanza.
Entre los cadveres ms antiguos de los que se ha extrado ADN legible se encuentra un hombre de Neandertal de hace 30.000 aos.
Figrense el escndalo que se armara si alguien lograse clonarlo.
Lamentablemente, slo pueden rescatarse fragmentos sueltos de su
ADN. En el caso de plantas congeladas en permafrost, el rcord est
en unos 400.000 aos de antigedad.
La ventaja fundamental del ADN es que, mientras no se rompa la
cadena de vida reproductora, su informacin codificada se copia en una
nueva molcula antes de que se destruya la vieja. De esta forma, la
informacin contenida en el cdigo gentico sobrevive con mucho a
sus molculas. El ADN es renovable esto es, copiable y, dado que la
mayora de las letras se copia en todas las ocasiones de manera absolutamente perfecta, puede durar indefinidamente. Gran parte de la
informacin gentica de nuestros antepasados se mantiene completamente inalterada gracias a que, incluso en el caso de fragmentos que
datan de hace cientos de millones de aos, sucesivas generaciones de
organismos vivos la han conservado.
Visto desde esa ptica, el registro gentico constituye un regalo
de valor incalculable para el historiador. Quin de aqullos se habra
atrevido a imaginar un mundo en el que todos y cada uno de los miembros de todas y cada una de las especies albergasen dentro de su cuerpo un texto extenso y detallado, un documento escrito transmitido de
siglo en siglo y de milenio en milenio? El registro gentico, adems,
presenta mnimas variaciones aleatorias, lo bastante excepcionales
como para no desbaratar el conjunto, pero lo bastante frecuentes como
para proporcionar sellos distintivos. La situacin es an mejor de lo
que se piensa, puesto que el texto no es arbitrario. En mi libro Destejiendo
el arco iris seal, con argumentos darvinianos, que el ADN de los animales poda considerarse un libro gentico de los muertos: un docu47
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mento descriptivo de mundos pretritos. De la evolucin darviniana
se sigue que todo lo concerniente a un animal o planta, incluidos su
constitucin, su comportamiento heredado y la estructura qumica de
sus clulas, constituye un mensaje en cdigo acerca de los mundos
en que sobrevivieron sus antepasados: los alimentos con que se nutrieron, los depredadores que burlaron, los climas que soportaron, los
semejantes con los que se aparearon. Con el tiempo, el mensaje queda inscrito en el ADN, que pas por esa sucesin de tamices que es la
seleccin natural. Cuando aprendamos a interpretarlo correctamente, algn da el ADN de un delfn podra confirmarnos lo que ya nos
han revelado los detalles ms significativos de su anatoma y fisiologa,
a saber, que sus antepasados vivieron en tierra firme. Trescientos millones de aos antes, los antepasados de todos los vertebrados terrestres, entre ellos los antepasados terrestres de los delfines, salieron del
mar, donde haban vivido desde el origen de la vida. Sin lugar a dudas,
este hecho, que an no hemos sabido leer correctamente, consta en
nuestro ADN. Todo lo perteneciente a un animal moderno, no slo
el cdigo gentico (que lo es de manera particular) sino tambin los
miembros, el corazn, el cerebro y el ciclo reproductor, son en el
fondo un archivo, una crnica de su pasado, por ms que dicha crnica sea un palimpsesto, sobrescrita repetidas veces.
La crnica del ADN puede ser un regalo para el historiador, pero
no es un regalo de fcil lectura por cuanto exige una docta interpretacin. Como herramienta se torna ms poderosa si se usa en combinacin con nuestro tercer mtodo de reconstruccin histrica, la triangulacin, que analizaremos en el siguiente apartado con otro ejemplo
extrado de la historia humana, en concreto de la lingstica histrica.
Triangulacin
Los lingistas, entre otras cosas, se interesan por los orgenes histricos de las lenguas. Cuando se dispone de documentos escritos la tarea
es bastante sencilla. El lingista puede usar el segundo de nuestros dos
mtodos de reconstruccin y estudiar reliquias renovadas, que en este
caso seran palabras renovadas. Por ejemplo, siguiendo la tradicin
literaria ininterrumpida de Shakespeare, Chaucer y el poema Beowulf,
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se puede retroceder desde el ingls moderno hasta el llamado ingls
medio y de ah al anglosajn. Pero, naturalmente, los orgenes del
habla son muy anteriores a la invencin de la escritura y, de hecho,
muchas lenguas no poseen forma escrita. Para abordar la historia
primitiva de las lenguas muertas, los lingistas recurren a un tipo de
triangulacin: comparan los idiomas modernos y los agrupan jerrquicamente en familias y subfamilias. La romnica, la germnica, la
eslava, la cltica y otras familias lingsticas europeas confluyen con
algunas familias lingsticas indias en la lengua indoeuropea. Los lingistas sostienen que el protoindoeuropeo fue una verdadera lengua,
hablada por una tribu concreta hace unos 6.000 aos, e incluso aspiran a reconstruirla con detalle, extrapolando los rasgos comunes de
sus descendientes. Otras familias lingsticas de otras partes del mundo, de rango equivalente a la indoeuropea, se han identificado del
mismo modo: por ejemplo, la altaica, la dravidiana y la ralo-yucguira. Algunos lingistas optimistas (y controvertidos) creen posible
remontarse todava ms y aglutinar todas esas grandes familias en
una familia de familias ms vasta y general. Estn convencidos, en suma,
de que pueden reconstruir elementos de una hipottica lengua primigenia a la que llaman nostrtico y que, segn postulan, se habra
hablado hace entre 12.000 y 15.000 aos.
Muchos otros lingistas, aunque conformes con la existencia del
protoindoeuropeo y de otras lenguas atvicas de rango equivalente,
ponen en duda que se pueda reconstruir una lengua tan antigua como
el nostrtico. Su escepticismo profesional reafirma mi incredulidad
de aficionado. Pero es indudable que anlogos mtodos de triangulacin, como las diversas tcnicas para comparar organismos modernos, sirven para la historia evolutiva y pueden usarse para retroceder
cientos de millones de aos en el tiempo. Aunque no se dispusiera
de fsiles, una comparacin refinada de los animales modernos nos
permitira reconstruir de una forma bastante aproximada y verosmil
a sus antepasados. De la misma manera que los lingistas se remontan en el pasado hasta llegar al protoindoeuropeo a base de triangular entre los idiomas modernos y las lenguas muertas ya reconstruidas,
los bilogos podemos comparar tanto las caractersticas externas como
las internas, esto es, las secuencias protenicas y genticas, de los organismos modernos. Teniendo en cuenta que las bibliotecas de todo el
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mundo estn recopilando largos y exactos listados del cdigo gentico de cada vez ms especies modernas, la fiabilidad de nuestras triangulaciones ir en aumento, sobre todo porque los textos genticos presentan una amplia gama de coincidencias.
Permtanme explicar brevemente qu quiero decir con gama de
coincidencias. Aun cuando procedan de parientes extremamente lejanos, como por ejemplo los seres humanos y las bacterias, amplios
segmentos de ADN se parecen de un modo inequvoco. Y los parientes ms cercanos, como los humanos y los chimpancs, tienen mucho
ms ADN en comn. Si se escogen con tino las molculas, se obtiene
todo un espectro de proporciones cada vez mayores de ADN compartido a lo largo del camino que separa una especie de otra. Es posible seleccionar molculas que, en conjunto, abarquen toda la gama
de comparaciones, desde parientes tan lejanos como los humanos y
las bacterias hasta primos tan cercanos como dos especies de rana. Las
semejanzas entre lenguas son ms difciles de apreciar, salvo en el caso
de parejas de idiomas muy semejantes, como el alemn y el neerlands. La cadena deductiva que lleva a algunos lingistas optimistas a
postular la existencia del nostrtico es lo bastante endeble como
para que algunos de sus colegas pongan los eslabones en tela de juicio. El equivalente gentico de la triangulacin que conduce al nostrtico, sera la triangulacin entre, pongamos por caso, los humanos y las bacterias? En realidad, los seres humanos y las bacterias poseen
algunos genes que prcticamente no han cambiado un pice desde la
poca del antepasado comn, el equivalente del nostrtico. El propio
cdigo gentico es sustancialmente idntico en todas las especies, y
tambin debe de haber sido idntico en los antepasados comunes.
Podra decirse que el parecido que guardan el alemn y el neerlands es comparable con el de cualquier par de mamferos. El ADN
del ser humano y el del chimpanc son tan similares que vienen a
ser como un mismo idioma hablado con dos acentos ligeramente
distintos. Las semejanzas entre el ingls y el japons, o entre el espaol y el uscara, son tan escasas que no es posible establecer un paralelismo con ninguna pareja de organismos vivos, ni siquiera con los
seres humanos y las bacterias, ya que stos tienen secuencias genticas tan similares que hay prrafos enteros que son idnticos palabra
por palabra.
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He hablado de usar secuencias de ADN para triangular. En principio, se podra usar la misma tcnica para macrocaractersticas morfolgicas, pero cuando falta la informacin molecular los antepasados
lejanos son tan esquivos como el nostrtico. Con la morfologa, como
con el ADN, damos por sentado que los rasgos comunes a muchos descendientes de un mismo antepasado probablemente sean herencia de
ste. Como todos los vertebrados tienen espina dorsal, suponemos que
la heredaron (o, mejor dicho, que heredaron los genes necesarios para
desarrollarla) de un antepasado remoto que, segn indican los fsiles, vivi hace ms de 500 millones de aos y tambin tena una. ste
es el tipo de triangulacin morfolgica que he utilizado para imaginar la estructura corporal de los contepasados que conoceremos en
este libro. Habra preferido apoyarme ms en la triangulacin directamente basada en el ADN, pero nuestra capacidad para predecir cmo
cambia la morfologa de un organismo a resultas de una variacin en
un gen es inadecuada para esa tarea.
La triangulacin es todava ms eficaz si incluimos muchas especies, pero para eso hacen falta mtodos de gran complejidad que exigen contar con un rbol filogentico muy preciso. En El Cuento del
Gibn explicaremos esos mtodos. La triangulacin tambin se presta a una tcnica para calcular la fecha de cualquier rama evolutiva que
se desee. Se trata del llamado reloj molecular y consiste, en pocas palabras, en contar las discrepancias entre las secuencias moleculares de
diferentes especies vivas. Los parientes cercanos con antepasados comunes recientes presentan menos discrepancias que los lejanos toda vez
que la edad del antepasado comn es proporcional, o se espera que lo
sea, al nmero de discrepancias moleculares entre sus dos descendientes. A continuacin se calibra la escala temporal arbitraria del reloj molecular y se traduce en aos reales, usando fsiles de antigedad conocida para unos cuantos puntos de ramificacin cruciales en los que haya
fsiles disponibles. En la prctica, la cosa no es tan simple como parece; las complejidades, dificultades y controversias asociadas a este mtodo sern el tema del Eplogo al Cuento del Gusano Aterciopelado.
En el prlogo general de los Cuentos de Canterbury, Chaucer presentaba, uno por uno, a su elenco completo de peregrinos. Mis personajes son demasiado numerosos para que pueda hacer lo propio. En cualquier caso, el relato en s consiste en presentar, en cada uno de los 40
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puntos de encuentro, a todos los protagonistas del viaje. Es necesario, sin embargo, hacer una introduccin preliminar, aunque de manera diferente a la de Chaucer. Su reparto era un conjunto de individuos;
el mo es un conjunto de grupos. Hace falta, en pocas palabras, explicar el mtodo con arreglo al cual agrupamos animales y plantas. En
el Encuentro 10 se nos unen cerca de 2.000 especies de roedores,
ms 87 especies de conejos, liebres y pikas, todas ellas denominadas
Glires. Las especies se agrupan siguiendo un orden jerrquico y cada
grupo recibe un nombre particular (la familia de los roedores similares al ratn es la de los Mridos; la de los roedores similares a la ardilla, la de los Esciridos). Y cada categora de grupo tambin tiene un
nombre. Los Mridos son una familia, y los Esciridos otra. El orden
al que ambas pertenecen es el de los Roedores. Glires es el superorden que une a los roedores con los conejos y sus semejantes. Estos
nombres de categoras conforman una jerarqua. Familia y orden se
encuentran ms o menos en la mitad del escalafn, mientras que las
especies estn en la parte baja. Desde ah ascendemos a gnero, familia, orden, clase y filo, valindonos de prefijos como sub y super para
efectuar interpolaciones.
Como veremos en el transcurso de varios cuentos, las especies gozan
de un estatus particular. Cada una tiene un nombre cientfico exclusivo, que consiste en el nombre de su gnero escrito con mayscula
seguido del nombre de la especie propiamente dicha en minscula,
ambos en cursiva. El leopardo, el len y el tigre son, respectivamente, Pantera pardus, Panthera leo y Pantera tigris, miembros todos ellos del
gnero Pantera y de la familia de los flidos, que a su vez es miembro
del orden de los carnvoros, de la clase de los mamferos, del subfilo
de los vertebrados y del filo de los cordados. De momento no me extender ms sobre los principios de la taxonoma, pero, cuando sea necesario, los mencionar a lo largo del libro.
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Comienza la peregrinacin
Es hora de emprender nuestra peregrinacin al pasado, una andadura que, en cierto modo, es un viaje en una mquina del tiempo en busca de nuestros antepasados, o mejor dicho, como explicar en El
Cuento del Neandertal, en busca de nuestros genes ancestrales.
Durante las primeras decenas de milenios de nuestra bsqueda, esos
genes ancestrales residen en individuos iguales a nosotros. Bueno,
en realidad no es as, pues nadie es exactamente igual. Permtanme
reformular la frase: durante las primeras decenas de milenios, la gente que nos encontraremos al apearnos de la mquina del tiempo no
se diferenciar de nosotros ms de lo que los seres humanos actuales diferimos unos de otros. No olvidemos que entre stos hay alemanes y zules, chinos y pigmeos, bereberes y melanesios. Nuestros antepasados
genticos de hace 50.000 aos presentaran el mismo grado de variabilidad que vemos en el mundo actual.
Si no indicios de evolucin biolgica, qu cambios habremos de
percibir, entonces, al retroceder unas pocas decenas de milenios en
el tiempo, en vez de cientos de miles de milenios? En las primeras
etapas de nuestro viaje al pasado, un proceso similar al evolutivo,
aunque muchsimo ms rpido que la evolucin biolgica, dominar
el paisaje que se divise por la ventanilla. Unos lo llaman evolucin
cultural, otros lo llaman evolucin exosomtica o tecnolgica. Se pone
de manifiesto, por ejemplo, en la evolucin del automvil, de la corbata o del idioma ingls. No debemos exagerar su parecido con la evolucin biolgica y, en cualquier caso, tampoco vamos a detenernos
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mucho en l. Tenemos por delante un trayecto de 4.000 millones de
aos y enseguida habr que pisar el acelerador de la mquina del tiempo y meter una velocidad tan alta que apenas lograremos echar un vistazo fugaz a los acontecimientos de la historia humana.
Pero antes, mientras vayamos en primera y viajemos dentro de la
escala temporal de la historia humana y no de la evolutiva, nos referiremos a dos avances culturales fundamentales. El Cuento del
Agricultor es la historia de la revolucin agrcola, que probablemente haya sido la innovacin humana ms cargada de consecuencias
para los dems organismos del planeta. El Cuento del Croman
trata del gran salto adelante, ese florecimiento de la mente humana que,
en cierto sentido, proporcion un nuevo medio de expresin para el
proceso evolutivo propiamente dicho.
EL CUENTO DEL AGRICULTOR
La revolucin agrcola comenz hace unos 10.000 aos, a finales de
la ltima edad de hielo, en Mesopotamia, la regin situada entre los
ros Tigris y Eufrates y que los historiadores denominan creciente frtil. La civilizacin mesopotmica fue la cuna de la civilizacin humana, y algunas de sus insustituibles reliquias, expuestas en el museo de
Bagdad, fueron destrozadas en 2003 bajo la indiferente mirada de
los invasores estadounidenses, que prefirieron proteger el Ministerio
del Petrleo. La agricultura tambin surgi, puede que por separado, en China y en las riberas del Nilo, y tuvo un desarrollo completamente autnomo en el Nuevo Mundo. Otro caso interesante de surgimiento independiente es el que tuvo como marco las montaas del
interior de Nueva Guinea, una regin completamente aislada del
resto del mundo. La revolucin agrcola seala el comienzo de la nueva edad de piedra, el Neoltico.
La transicin de cazadores-recolectores nmadas a agricultores
sedentarios representa con toda probabilidad el nacimiento del concepto de casa. En otras partes del mundo, los contemporneos de esos
primeros agricultores eran cazadores-recolectores recalcitrantes que
vagaban constantemente de un lugar a otro. De hecho, el estilo de vida
cazador-recolector (en el concepto de caza tambin va incluida la
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pesca) no se ha extinguido, sino que pervive en varias zonas aisladas
del mundo: an lo practican, entre otros, algunos aborgenes australianos, los san y las tribus sudafricanas emparentadas con ellos (los mal
llamados bosquimanos), varias tribus de nativos americanos (denominadas indias por culpa de un error de navegacin) y los inuit del rtico (que prefieren que no se les llame esquimales). Lo normal es que
los cazadores-recolectores no cultiven plantas ni cren animales. En
la prctica existen muchos estadios intermedios entre cazadores-recolectores puros y agricultores o pastores puros, pero hasta hace unos
10.000 aos todas las poblaciones humanas eran cazadoras-recolectoras. Es probable que dentro de poco ninguna lo sea. Las que no se
extingan, se civilizarn o corrompern, segn el punto de vista de cada
uno.
En su librito Neandertales, bandidos y granjeros: cmo surgi realmente
la agricultura, Colin Tudge coincide con Jared Diamond (autor de El
tercer chimpanc) en que el paso de la caza y recoleccin a la agricultura no supuso ni mucho menos el avance que los humanos actuales,
dada nuestra autocomplacencia retrospectiva, podramos imaginar. A
juicio de ambos historiadores, la revolucin agrcola no aument la
felicidad humana. La agricultura garantizaba el sustento a poblaciones ms numerosas que el estilo de vida cazador-recolector que vino
a sustituir, pero no mejor necesariamente la salud ni increment la
felicidad. De hecho, una poblacin ms numerosa ms suele albergar enfermedades ms graves por razones evolutivas de peso (un parsito se preocupa menos de prolongar la vida de sus huspedes si encuentra fcilmente otras vctimas que infectar).
Con todo, la situacin de los cazadores-recolectores tampoco deba
de ser jauja. De un tiempo a esta parte se ha puesto de moda considerar que los cazadores-recolectores y las sociedades agrcolas primitivas1 estaban ms en armona con la naturaleza que nosotros, pero
esto probablemente sea un error. Es muy posible que conociesen la
naturaleza salvaje mejor que nosotros, por la sencilla razn de que vivan y sobrevivan en ella, pero, al igual que nosotros, se valan de ese
conocimiento para explotar (y a menudo sobreexplotar) el medio
1. A lo largo del libro usar el trmino primitivo en el sentido tcnico de ms parecido al estado original, que no connota inferioridad de ningn tipo.
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en la mxima medida que se lo permitan sus capacidades tcnicas.
Jared Diamond hace hincapi en que la sobreexplotacin de la tierra
por parte de los primeros agricultores conduca al colapso ecolgico
y a la desaparicin de sus sociedades. Lejos de vivir en armona con
la naturaleza, los cazadores-recolectores preagrcolas probablemente
fueron los responsables de muchas extinciones de animales de gran
tamao registradas en todo el planeta. Con demasiada frecuencia, la
colonizacin de regiones remotas por parte de cazadores-recolectores en vsperas de la revolucin agrcola suele ir acompaada en el
registro arqueolgico por la exterminacin de muchas aves y mamferos de gran tamao (presumiblemente apetitosos).
Se tiende a considerar el trmino urbano como el opuesto de agrcola, pero desde la perspectiva a largo plazo adoptada en este libro, los
habitantes de las ciudades entran en la misma categora que los agricultores y se contraponen a los cazadores-recolectores. Casi todos los
alimentos que se consumen en una ciudad proceden de tierras propiedad de alguien que las cultiva o manda cultivar; en la antigedad
llegaban de los campos que rodeaban la propia ciudad, en la actualidad provienen de las regiones ms dispares del mundo y son transportados y vendidos por una cadena de intermediarios antes de ser consumidos. La revolucin agrcola no tard en propiciar la especializacin.
Alfareros, tejedores y herreros hacan su trabajo a cambio de los frutos de la tierra que otros cultivaban. Antes de la agricultura, los alimentos no se cultivaban en tierras propiedad de nadie sino que se capturaban o se recolectaban en tierras comunales que eran propiedad
de todos. El pastoreo, es decir, la labor de apacentar animales en terrenos de propiedad comn, tal vez represent un paso intermedio.
Tanto si mejor como si empeor las cosas, el caso es que la revolucin agrcola no tuvo lugar de un da para otro. La agricultura no
fue una idea genial que se le ocurri de repente a un iluminado, el
equivalente neoltico de Turnip Townsend2. En un primer momento,
los cazadores, que seguan a los animales salvajes en sus desplazamien-
2. Lord Charles Townsend (1674-1738), ms conocido por el apodo de turnip
(nabo). Tras servir como secretario de Estado bajo el reinado de Jorge I, se convirti
en entusiasta promotor de diversas innovaciones agrcolas, en particular de la rotacin
de cultivos. [N. del t.]
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tos, tal vez vigilasen sus territorios de caza o los mismos rebaos para
protegerlos de cazadores rivales. A partir de ah, lo lgico era pasar a
arrear y custodiar a los animales, despus a alimentarlos y, por ltimo, a apriscarlos y darles cobijo. Creo que ninguno de estos cambios
result revolucionario en la poca en que se produjo.
Mientras tanto, los propios animales iban evolucionando, iban
volvindose ms y ms domsticos mediante procesos rudimentarios
de seleccin artificial. Las consecuencias darvinianas tuvieron que
ser paulatinas. Nuestros antepasados, sin ninguna intencin premeditada de criar especmenes ms dciles, cambiaron sin pretenderlo la
presin selectiva que sufran los animales. En el acervo gnico de los
rebaos ya no primaban la velocidad ni ninguna otra de las caractersticas que ayudan a sobrevivir en estado salvaje. Generaciones sucesivas de animales domsticos fueron hacindose ms mansos, menos
capaces de valerse por s mismos, ms propensos a crecer gordos y saludables en la molicie de la vida domstica. Existen fascinantes paralelismos con la domesticacin que llevan a cabo hormigas y termitas de
sus rebaos, representados por los pulgones, y de sus plantaciones
de hongos. Analizaremos este fenmeno en el Encuentro 26, cuando
se nos unan las hormigas y leamos El Cuento de la Hormiga Cortadora
de Hojas.
A diferencia de los criadores y cultivadores modernos, nuestros
antepasados de la revolucin agrcola no practicaban a sabiendas la
seleccin artificial con el fin de obtener caractersticas deseables. Dudo
que supiesen que, para aumentar la produccin de leche, hay que aparear vacas que produzcan mucho con toros nacidos de buenas productoras, y descartar los terneros de las que dan poca leche. Un interesante trabajo realizado por investigadores rusos con zorros plateados ilustra
bien las consecuencias genticas accidentales de la domesticacin.
D. K. Belyaev y sus colegas capturaron unos cuantos zorros plateados, Vulpes vulpes, y emprendieron un plan de cra sistemtico encaminado a la obtencin de ejemplares dciles. El xito fue espectacular. Al cabo de 20 aos de aparear los ejemplares ms mansos de cada
generacin, Belyaev haba conseguido producir zorros que se comportaban como perros ovejeros, buscaban en todo momento la compaa del hombre y meneaban la cola cuando alguien se les acercaba. No tiene nada de extrao, aunque la rapidez del proceso puede
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llamar la atencin. Ms inesperados fueron los efectos secundarios
de la seleccin encaminada a la domesticacin. Los zorros domesticados genticamente tenan no slo el comportamiento, sino tambin
el aspecto de un perro ovejero. El pelaje se les volvi blanco y negro,
y la cara parcial o completamente blanca, y, en lugar de las caractersticas orejas puntiagudas de los zorros salvajes, desarrollaron unas simpticas orejas gachas. Su equilibrio hormonal reproductivo tambin
se modific y adoptaron el hbito de procrear todo el ao en lugar
de durante una poca de celo determinada. Asimismo, tal vez a causa de la menor agresividad, presentaban niveles ms elevados de serotonina, una sustancia qumica que acta como neurotransmisor. Slo
hicieron falta 20 aos para convertir zorros en perros mediante la
seleccin artificial3.
He escrito perros en cursiva porque nuestros canes domsticos no
descienden del zorro, sino del lobo. Por cierto, hoy se sabe que la famosa conjetura de Konrad Lorenz de que slo algunas razas caninas
(sus favoritas, como los chow-chow) provienen del lobo y todas las
dems del chacal, es errnea. El etlogo respald la hiptesis con agudas observaciones sobre el carcter y el comportamiento de los animales en cuestin, pero la taxonoma molecular es ms fuerte que la perspicacia humana y a nivel molecular se ha demostrado de manera
fehaciente que todas las razas caninas actuales descienden del lobo
gris, Canis lupus. Los segundos parientes ms cercanos de los perros
(y de los lobos) son los coyotes y los chacales de las Simien (que segn
parece deberan llamarse lobos de las Simien). Los chacales verdaderos
(en sus variantes dorado, rayado y de lomo negro) guardan un parentesco ms lejano con perros y lobos, aunque sigan incluyndose en el
gnero de los Cnidos.
No cabe duda de que la evolucin del perro a partir del lobo fue
similar a la que simul Belyaev con los zorros, con la diferencia de que
el investigador buscaba deliberadamente cras cada vez ms mansas.
Nuestros antepasados llevaron a cabo una operacin anloga, slo que
de forma involuntaria, y es probable que ocurriese varias veces de
manera independiente en diversas partes del mundo. Tal vez los lobos
3. La arqueloga canadiense Susan Crockford ha atribuido dichos cambios a variaciones en los niveles de dos hormonas tiroideas.
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buscaban comida en torno a los asentamientos, los hombres los juzgaron tiles basureros y puede que hasta guardianes, y, en determinadas circunstancias, incluso los usaron como clidos edredones para
resguardarse del fro de la noche. Puede que al lector le choque una
relacin tan cordial entre lobo y hombre, pero tngase presente que
la leyenda medieval que hizo del lobo un smbolo mtico del terror
capaz de surgir repentinamente del bosque era fruto de la ignorancia. Nuestros antepasados que vivan en estado salvaje en campo abierto, a buen seguro conocan mejor el carcter del lobo. De hecho, es
evidente que s, toda vez que terminaron domesticando al lobo y transformndolo en el fiel y leal perro.
Desde el punto de vista del lobo, los campamentos humanos eran
una rica fuente de alimento en forma de despojos, y los individuos
con ms probabilidades de beneficiarse de esto eran aqullos que,
por sus niveles de serotonina y otras caractersticas neuronales (tendencia a la docilidad), se sintiesen ms a gusto con el hombre. Diversos
autores han especulado, de forma bastante verosmil, que los nios
posiblemente adoptaban lobeznos hurfanos como mascotas. Algunos
experimentos han demostrado que los perros domsticos son ms
hbiles que los lobos a la hora de leer nuestras expresiones faciales.
Quiz sea una consecuencia involuntaria de nuestra coevolucin
mutualista a lo largo de muchas generaciones. Tambin nosotros leemos las caras de los perros, cuyas expresiones se han ido haciendo
ms humanas que las de los lobos, debido a nuestra seleccin involuntaria. Tal vez por eso la expresin de los lobos nos resulta siniestra, mientras que la de los perros nos parece tierna, avergonzada, sensible, etctera.
El fenmeno de la domesticacin recuerda vagamente el caso de
unos cangrejos japoneses que tienen en el dorso un dibujo parecido
al rostro de un guerrero samurai. La explicacin darviniana de esta
caracterstica es que los pescadores supersticiosos devolvan al mar
todos aquellos especmenes cuyo dibujo se pareciese ligeramente a un
samurai, con el resultado de que, al cabo de las generaciones, los genes
que daban lugar a motivos similares a un rostro humano tenan ms
probabilidades de sobrevivir en los cuerpos de sus cangrejos. La frecuencia de tales genes aument de tal forma en el acervo de la especie que hoy en da son la norma. Sea o no cierta esta historia de los
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cangrejos, el caso es que algo parecido tuvo que ocurrir en la evolucin de los animales verdaderamente domesticados.
Volvamos al experimento de los zorros plateados, que demuestra
la rapidez con que puede darse la domesticacin y la elevada probabilidad de que la seleccin de los ms mansos genere una serie de consecuencias imprevistas. Es perfectamente probable que bvidos, cerdos, caballos, ovejas, cabras, gallinas, gansos, patos y camellos siguiesen
una trayectoria igual de rpida y de rica en efectos secundarios inesperados. Probablemente, tambin nosotros, a partir de la revolucin
agrcola, evolucionamos por una senda paralela de domesticacin,
mostrando a nuestra vez una creciente docilidad y nuevos rasgos derivados, colateralmente, de la propia domesticacin.
En algunos casos, la historia de la domesticacin del hombre est
claramente escrita en nuestros genes. El ejemplo clsico, minuciosamente documentado por William Durham en su libro Coevolution, es
la tolerancia a la lactosa. En su origen, la leche era un alimento exclusivamente infantil, no destinado a los adultos ni bueno para su salud.
Para digerir la lactosa, el azcar de la leche, hace falta una enzima concreta, la lactasa. (A propsito, merece la pena recordar una convencin terminolgica: el nombre de las enzimas suele formarse aadiendo el sufijo -asa a la raz del nombre de la sustancia sobre la que acta).
En los mamferos jvenes, una vez llegan a la edad normal del destete, el gen que produce la lactasa se desactiva. Esto no significa, naturalmente, que el gen desaparezca: los genes que solamente son necesarios en la infancia no se eliminan del genoma, ni siquiera en las
mariposas, que siguen cargando con un elevado nmero de genes que
slo sirven para hacer orugas. Por influencia de otros genes con funcin reguladora, la produccin de lactasa se interrumpe en los nios
ms o menos a la edad de cuatro aos. La leche fresca sienta mal a
los adultos, provocando sntomas que van desde flatulencia y retortijones a vmitos y diarrea.
A todos los adultos? No, desde luego que no: hay excepciones,
entre ellas el autor de estas lneas y, muy probablemente, el lector.
Me refiero al conjunto de la especie humana e, implcitamente, al
Homo sapiens primitivo del que todos descendemos. Es como si hubiese escrito los lobos son unos carnvoros grandes y feroces que cazan
en manada y allan a la luna, sabiendo perfectamente que los pequi60
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neses y los yorkshire contradicen tal aserto. La diferencia es que tenemos una palabra, perro, para designar al lobo domstico, pero no tenemos ninguna para designar al ser humano domstico. Los genes de
los animales domsticos han cambiado como consecuencia de generaciones y generaciones de contacto con seres humanos, siguiendo
el mismo tipo de trayectoria que los genes de los zorros plateados del
experimento. Los genes de algunos seres humanos han cambiado
como consecuencia del largo periodo transcurrido en estrecho contacto con animales domsticos. La tolerancia a la lactosa se ha desarrollado en una minora de tribus, entre ellas los tutsis de Ruanda (y, en
menor medida, los humus, sus enemigos tradicionales), los pastores
fulanis de frica occidental (aunque no la rama sedentaria de los fulanis, lo cual no deja de ser interesante), los sindhis del norte de la India,
los tuaregs de frica occidental, los bejas de frica nororiental, y algunas tribus europeas de las que el autor de este libro, y quizs el lector,
descendemos. El detalle significativo es que todas estas tribus tienen
en comn un pasado ganadero.
En el extremo opuesto del espectro se encuentran los pueblos
que han conservado la normal intolerancia del adulto humano a la
lactosa, como los chinos, japoneses, inuits, la mayora de nativos americanos, javaneses, fijianos, aborgenes australianos, iranes, libaneses,
turcos, tamiles, cingaleses, tunecinos y muchas tribus africanas como
los san, los tswanas, los zules, los xhosas y los swazis de frica meridional, los dinkas y los nuers de frica septentrional y los yorubas e
igbos de frica occidental. Por regla general, los pueblos que no toleran la lactosa no tienen una historia de pastoreo a sus espaldas. Hay,
sin embargo, excepciones reveladoras. Los masais de frica oriental
se alimentan casi exclusivamente de leche y sangre, as que lo lgico
sera que hubiesen desarrollado una notable tolerancia a la lactosa.
Sin embargo no es as, probablemente porque cuajan la leche antes
de consumirla y, como ocurre con el queso, las bacterias eliminan
casi toda la lactosa. Una de las formas de librarse de los efectos negativos es eliminar aquello que la produce, en este caso la lactosa; la
otra forma es modificando los propios genes, el mtodo que adoptaron las tribus ganaderas enumeradas en el prrafo anterior.
Ni que decir tiene que nadie se cambia los genes a propsito: slo
ahora est comenzando la ciencia a idear tcnicas para hacerlo. Como
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de costumbre, de realizar la modificacin se encarg, hace miles de
aos, la seleccin natural, aunque exactamente no s de qu modo
logr producir la tolerancia a la lactosa en los individuos adultos. Quiz
los adultos recurran a la leche en pocas de hambruna y los individuos que mejor la toleraban tenan ms probabilidades de supervivencia, o quiz algunas culturas prolongaban el periodo de lactancia y la
seleccin natural de los nios capaces de sobrevivir en tales circunstancias se transform poco a poco en tolerancia a la lactosa en los adultos. Sean cuales fuesen los pormenores, el cambio, aunque gentico,
tuvo un origen cultural. La evolucin de la domesticacin y el incremento de la produccin lctea de vacas, ovejas y cabras marcharon
paralelos al aumento de la tolerancia a la lactosa entre las tribus que
las criaban. Ambas tendencias eran realmente evolutivas en tanto
que representaban cambios en las frecuencias genticas de determinadas poblaciones, pero las dos vinieron dadas por cambios culturales, no genticos.
No ser la tolerancia a la lactosa tan slo la punta del iceberg?
Estn nuestros genomas plagados de indicios de una domesticacin
que no slo nos influy a nivel bioqumico sino tambin mental? Al
igual que los zorros domesticados de Belyaev y que los lobos domsticos que hoy denominamos perros, tambin nosotros nos hemos vuelto ms mansos y simpticos, y mostramos los equivalentes humanos de
las orejas gachas, las expresiones tiernas y los meneos de cola? Dejo
al lector que lo medite y paso a otro asunto.
Mientras la caza daba paso al pastoreo, la recoleccin se transform en cultivo de plantas. Tambin en este caso el proceso debi de
ser en su mayor parte involuntario. Sin duda hubo momentos de descubrimiento creativo, por ejemplo cuando los humanos advirtiesen
que si colocaban semillas en el suelo, nacan plantas iguales que aqullas de las que proceden, o cuando alguien reparase por primera vez
en que era bueno regarlas, escardarlas y abonarlas. Ms difcil debi
de ser caer en la cuenta de que convena reservar las mejores semillas para plantarlas en lugar de seguir el instinto y comerse las buenas
para plantar las malas (mi padre me cont que sa era una de las ideas ms difciles de inculcar a los campesinos del frica central a quienes en la dcada de 1940, recin salido de la universidad, imparti
nociones de agricultura). Pero la transicin de recolector a cultivador,
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como ocurri con la de cazador a pastor, pas desapercibida a los interesados.
Muchos de los principales cultivos alimenticios, como el trigo, la
avena, la cebada, el centeno y el maz, son gramneas que, debido a
la seleccin humana, primero involuntaria y despus deliberada, se
han visto sensiblemente modificadas desde los inicios de la agricultura. Es posible que nosotros tambin hayamos experimentado una modificacin gentica a lo largo de los ltimos milenios y que, as como
hemos desarrollado la tolerancia a la leche, tambin hayamos desarrollado tolerancia a los cereales. Cereales ricos en almidn, como el trigo y la avena, no pudieron representar una parte sustancial de nuestra alimentacin antes de la revolucin agrcola. A diferencia de las
naranjas o las fresas, las semillas de los cereales no desean ser comidas. El paso por el aparato digestivo de un animal no forma parte de
su estrategia de dispersin, como es el caso, en cambio, de las semillas de ciruela o de tomate. En cuanto a nosotros, el tubo digestivo
humano no es capaz, por sus propios medios, de absorber muchos
nutrientes de las semillas de la familia de las gramneas, caracterizadas por exiguas reservas de almidn y cascabillos duros y desagradables. Algo ayudan la molienda y la coccin, pero tambin cabe la
posibilidad de que, mientras desarrollbamos la tolerancia a la leche,
hayamos adquirido una creciente tolerancia fisiolgica al trigo con
respecto a nuestros antepasados salvajes. La intolerancia al trigo es un
problema para un nmero considerable de desafortunados individuos
que han descubierto, por dolorosa experiencia, que ms les vale abstenerse de consumirlo. Sera interesante comparar la incidencia de
la tolerancia al trigo entre cazadores-recolectores como los san con
la de otras poblaciones cuyos antepasados agricultores hubiesen comenzado pronto a alimentarse de ese cereal. Desconozco si en el caso de
la tolerancia al trigo ya se ha llevado a cabo un amplio estudio comparativo como el que se hizo con la tolerancia a la lactosa en diferentes tribus. Tambin sera interesante un estudio comparativo sistemtico sobre la tolerancia al alcohol. Se sabe que ciertos alelos hacen que
nuestros hgados sean menos capaces de descomponer el alcohol de
lo que quiz desearamos.
En cualquier caso, la coevolucin entre los animales y las plantas
de que se alimentan no es ninguna novedad. Ciertos herbvoros lle63
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van millones de aos ejerciendo una especie de benvola seleccin
darviniana sobre las gramneas, encauzando su evolucin hacia una
cooperacin mutualista, desde muchsimo antes de que los humanos
empezsemos a cultivar trigo, cebada, avena, centeno y maz. Las gramneas se dan bien en presencia de los animales que pastan y es probable que as haya sido durante la mayor parte de los 20 millones de
aos transcurridos desde la primera aparicin de su polen en el registro fsil. Naturalmente, no es que las gramneas, a ttulo individual,
se beneficien de que se las coman, sino que resisten mejor que las plantas rivales el hecho de ser pasto de los herbvoros. El enemigo de mi
enemigo es mi amigo, y las gramneas, aun cuando las estn paciendo, prosperan por cuanto los herbvoros tambin comen otras plantas que competiran con ellas por tierra, agua y luz del sol. Con el paso
de millones y millones de aos, se fueron haciendo ms capaces que
las otras de prosperar en presencia de bvidos, antlopes, caballos y
otros herbvoros salvajes (y, en ltima instancia, de las cortacspedes).
Los herbvoros, por su parte, se equiparon para sacar el mximo partido de una dieta a base de hierba, desarrollando, por ejemplo, una
dentadura especializada y un complejo aparato digestivo que inclua
cavidades con cultivos de microorganismos en las que el alimento
fermenta.
No es esto lo que normalmente se entiende por domesticacin,
pero en la prctica el proceso es muy parecido. Cuando nuestros antepasados, hace unos 10.000 aos, domesticaron gramneas silvestres del
gnero Triticum transformndolas en lo que hoy llamamos trigo, en
cierto modo hicieron lo mismo que muchas especies de herbvoros
haban hecho durante 20 millones de aos con los antepasados del
Triticum. Nuestros antepasados aceleraron el proceso, sobre todo cuando posteriormente pasaron de la domesticacin fortuita e involuntaria a la cra selectiva intencionada y planificada (y, en fechas muy recientes, a la hibridacin cientfica y a la modificacin gentica).
Eso es cuanto quera decir sobre los orgenes de la agricultura.
Ahora, mientras nuestra mquina del tiempo deja atrs el letrero de
los 10.000 aos y pone rumbo al Encuentro 0, vamos a detenernos brevemente a la altura de los 40.000 aos. En esa poca, la sociedad humana, compuesta exclusivamente por cazadores-recolectores, pas por
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cultural. La historia del gran salto adelante nos la va a contar el hombre de Croman, que toma su nombre de la cueva de la Dordogne
donde se descubrieron los primeros fsiles de esta raza de Homo sapiens.
EL CUENTO DEL CROMAN
La arqueologa indica que hace unos 40.000 aos empez a ocurrirle
algo muy especial a nuestra especie. Desde el punto de vista anatmico, los antepasados humanos que vivieron antes de esta fecha decisiva eran iguales a los que vivieron despus. Los homnidos anteriores
a esa lnea divisoria no diferan de nosotros ms de lo que se diferenciaban de sus contemporneos de otros lugares del mundo, ni siquiera ms de lo que nosotros diferimos de los nuestros. Esto, repito, desde el punto de vista anatmico. Desde el punto de vista cultural, la
diferencia es enorme. De acuerdo, entre las culturas de los diversos
pueblos que viven en el mundo actual tambin se dan diferencias enormes, y es probable que a la sazn ocurriese otro tanto, pero no si nos
remontamos mucho ms de 40.000 aos. En esa fecha crtica ocurri
algo que muchos arquelogos consideran lo bastante repentino como
para merecer el nombre de acontecimiento. Me gusta la expresin que
ha acuado Jared Diamond para definirlo: el gran salto adelante.
Antes del gran salto adelante, los artefactos fabricados por el hombre apenas haban cambiado en un milln de aos. Los que han llegado hasta nuestros das son herramientas y armas de formas muy rudimentarias, hechas casi exclusivamente de piedra. Seguro que la madera
(o, en Asia, el bamb) era un material mucho ms utilizado, pero es
difcil que resista a los estragos del tiempo. Por lo que sabemos, no
haba pinturas, tallas, estatuillas, objetos funerarios ni ornamentos.
Despus del gran salto, todas estas cosas surgen de repente en el registro arqueolgico, adems de instrumentos musicales como flautas de
hueso, y no mucho tiempo despus aparecen las esplndidas pinturas rupestres de las cuevas de Lascaux, obra de cromaones. Un observador imparcial, llegado de otro planeta, que adoptase una perspectiva ms amplia podra considerar nuestra cultura moderna, con sus
ordenadores, sus aviones supersnicos y sus viajes espaciales, un mero
corolario del gran salto adelante. En la largusima escala geolgica,
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todos nuestros logros modernos, desde la Capilla Sixtina a la teora
especial de la relatividad, desde las Variaciones Goldberg a la conjetura
de Goldbach, pareceran prcticamente contemporneos de la Venus
de Willendorf y de las pinturas de Lascaux: expresiones de la misma
revolucin cultural, de la radiante eclosin que sucedi al prolongado estancamiento del Paleoltico inferior. En realidad no estoy seguro de que la visin uniformitaria4 de nuestro observador extraterrestre resistiese un anlisis riguroso, pero podra defenderse al menos
durante un breve periodo.
En el libro La mente en la caverna, David Lewis-Williams examina la
cuestin del arte rupestre del Paleoltico superior y de lo que puede
aportarnos para desentraar el misterio del florecimiento de la conciencia en el Homo sapiens.
Algunos paleontlogos estn tan impresionadas por el gran salto
adelante que consideran hubo de coincidir con el origen del lenguaje. Qu otra cosa, se preguntan, podra explicar un cambio tan repentino? La hiptesis de que el lenguaje hubiese surgido sbitamente
no es ninguna tontera. Todo el mundo coincide en que la escritura
no tiene ms de unos pocos miles de aos de antigedad y todo el
mundo est de acuerdo en que la anatoma cerebral no cambi en
correspondencia con una invencin tan reciente. En teora, el habla
podra ser un ejemplo ms del mismo fenmeno, pero tengo la impresin, avalada por lingistas tan autorizados como Steven Pinker, de
que el lenguaje es ms antiguo que el gran salto. Retomaremos el asunto cuando, al llegar a la cota del milln de aos, nuestra peregrinacin alcance al Homo ergaster (erectus).
Si no con el lenguaje propiamente dicho, el gran salto adelante
tal vez coincidi con el repentino descubrimiento de, por as decirlo,
un nuevo software : quizs un nuevo truco gramtico o como, por ejemplo, la oracin condicional, que de golpe habra permitido a nuestros antepasados imaginar razonamientos del tipo Qu pasara si...?.
O tal vez, antes del salto, el lenguaje primitivo slo se usase para hablar
de cosas que estaban presentes en el marco fsico de la conversacin
4. El uniformitarianismo es una doctrina geolgica de ndole reduccionista que
explica cualquier cambio geolgico del pasado en funcin de la existencia de procesos que operaban de la misma manera que en el presente. [N. del t.]
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comienza la peregrinacin
y un genio annimo se dio cuenta de que se podan utilizar ciertas
palabras para referirse a cosas que no se hallaban presentes. Es la diferencia entre ese pozo que ambos estamos viendo y supongamos
que haya un pozo al otro lado de la colina. O quiz fue el arte representativo, del que no hay rastro en el registro arqueolgico anterior
al gran salto, lo que hizo de puente hacia el lenguaje referencial. Tal
vez nuestros antepasados, antes de aprender a hablar de bisontes que
no estaban a la vista, aprendieron a pintarlos.
Me encantara entretenerme en la emocionante poca del gran salto adelante, pero tenemos por delante una larga peregrinacin y
conviene reemprender la marcha. Nos estamos acercando al punto en
que nos reunieremos con el Contepasado 0, el ms reciente antepasado de todos los seres humanos vivos.
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Encuentro 0
El gnero humano
Cuando concluy el Proyecto del Genoma Humano, una humanidad que bien poda sentirse orgullosa festej el acontecimiento. Como
es natural, todos nos preguntbamos de quin era ese genoma que
se acababa de secuenciar. Se haba elegido a un ilustre dignatario para
tamao honor, se haba cogido a un fulano cualquiera que pasaba por
la calle, o se haba sacado del laboratorio un annimo clon de clulas de tejido cultivado? La cuestin es importante por la sencilla razn
de que los humanos somos diferentes unos de otros. Yo tengo los
ojos castaos, mientras que el lector tal vez los tenga azules. Yo no consigo doblar la lengua en forma de tubo, mientras que hay un 50 por
ciento de posibilidades de que el lector s lo consiga. Qu versin
del gen responsable del doblado de lengua figura en el genoma humano recin secuenciado? Cul es el color de ojos cannico?
He planteado el asunto slo para establecer un paralelismo. Este
libro va en busca de los remotos antepasados humanos, pero de qu
antepasados estamos hablando? De los del lector o de los mos? De
los de un pigmeo bambuti o de los de un nativo de las Islas del Estrecho
de Torres? Enseguida abordar esta cuestin, pero no quiero dejar
en el aire la pregunta anloga sobre el Proyecto del Genoma Humano:
de quin era el genoma escogido para el anlisis? En el caso del proyecto oficial, la respuesta es que, por lo que respecta al escaso porcentaje de letras del ADN que varan, el genoma cannico es el voto mayoritario de un grupo de doscientas personas escogidas de forma que
representasen una amplia diversidad racial. En el caso del proyecto
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el cuento del antepasado
Millones
de aos
PACFICO (Y AUSTRALIA)
ASIA
FRICA
EUROPA
Raza Humana
0.01
N
CZ
0.02
0.03
El gnero humano. Grfico simplificado del rbol genealgico humano. No
pretende ser una representacin exacta: el verdadero rbol sera de una
frondosidad imposible de reflejar. Ascendiendo a lo largo de la pgina se retrocede
en el tiempo; la escala geolgica (vase pgina 29) est indicada en la barra de la
derecha. Las lneas blancas representan entrecruzamientos, la mayora de los cuales
tiene lugar dentro de los continentes, aunque tambin se observan espordicas
migraciones de un continente a otro. El circulito con el 0 seala al Contepasado
0, el antepasado comn ms reciente de todos los seres humanos vivos. Para
comprobarlo basta seguir las rutas ascendentes que parten del Contepasado 0: se
escoja la ruta que se escoja, se desemboca en cualquiera de las extremidades
superiores, que representan a los seres humanos actuales.
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el gnero humano
rival, dirigido por el doctor Craig Venter, el genoma analizado fue en
su mayor parte... el del doctor Craig Venter. El dato lo dio a conocer
el propio doctor1, para ligera consternacin del comit tico, que, aduciendo toda clase de motivos loables y sensatos, haba recomendado
que los donantes fuesen annimos y de diversa extraccin racial. Hay
unas serie de proyectos dedicados al estudio de la diversidad gentica humana que, por increble que parezca, son objeto de reiterados
ataques polticos, como si fuese incorrecto reconocer que los seres
humanos somos diferentes. Menos mal que lo somos, aunque tampoco tanto.
Pero volvamos a nuestra peregrinacin. De quin son los antepasados que nos encontraremos? Si retrocedemos lo bastante en el tiempo, veremos que toda la humanidad tiene antepasados comunes. Todos
los antepasados del lector, sea quien sea, son mos, y todos los mos
son suyos. Es una de esas verdades para las que, bien mirado, no hacen
falta pruebas: se demuestra mediante la pura razn, valindonos del
expediente matemtico de la reductio ad absurdum. Retrocedamos con
nuestra mquina del tiempo a una poca remotsima, pongamos hace
100 millones de aos, cuando nuestros antepasados parecan musaraas o zarigeyas. En algn lugar del mundo, en esa fecha tan distante, al menos uno de mis antepasados personales tena que estar vivo
o, de lo contrario, yo no estara aqu. Pongamos a este pequeo mamfero el nombre de Henry (que da la casualidad de que es uno de mis
apellidos) y tratemos de demostrar que si Henry es antepasado mo,
tambin debe serlo del lector. Imaginemos, por un momento, lo contrario: que yo desciendo de Henry y el lector no. Para que esto fuese
cierto, hara falta que todos los antepasados del lector y todos los mos
hubiesen marchado en paralelo sin tocarse jams durante 100 millones de aos de evolucin, hasta el presente; que hubiesen avanzado
sin cruzarse en ningn momento, pero alcanzando la misma meta evolutiva, una meta tan similar que sus parientes y los mos siguen siendo capaces de reproducirse entre s. La reductio es, desde luego, absurda. Si Henry es antepasado mo, tambin tiene que serlo del lector. Y
si no lo es mo, tampoco puede serlo del lector.
1. Cuando su equipo pas a descifrar el genoma canino, nadie se sorprendi al
enterarse de que el perro elegido era Shadow, el caniche del doctor Venter.
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Sin necesidad de especificar cul ha de ser la antigedad de un
antepasado suficientemente lejano, acabamos de demostrar que un
individuo suficientemente lejano que tenga descendientes humanos
habr de ser por fuerza antepasado de toda la raza humana. La ascendencia lejana de un grupo concreto de descendientes como los seres
humanos es uno de esos problemas del tipo todo o nada. Es ms,
es perfectamente posible que Henry sea mi antepasado (y tambin,
necesariamente, del lector, habida cuenta de que es lo bastante humano como para estar leyendo este libro) y que, en cambio, su hermano Eric sea el antepasado, pongamos, de todos los cerdos hormigueros actuales. No slo es posible, sino que es incuestionable que, en
un momento dado de la historia, existieron dos animales pertenecientes a la misma especie, de los cuales uno se convirti en el antepasado de todos los seres humanos y de ningn cerdo hormiguero, y el
otro en el antepasado de todos los cerdos hormigueros y de ningn
ser humano. Bien pudieron conocerse y tal vez incluso fueran hermanos. Podemos tachar cerdo hormiguero y sustituirlo por cualquier
otra especie moderna: la afirmacin seguir siendo vlida. Si se piensa detenidamente, se ver que es una consecuencia lgica del parentesco que guardan todas las especies. Tngase presente, al recapacitar sobre el tema, que el antepasado de todos los cerdos hormigueros
tambin ser antepasado de muchas otras criaturas adems de cerdos hormigueros (en este caso, de todo un grupo llamado Afrotheria
con el que nos reuniremos en el Encuentro 13 y del que forman parte elefantes, dugongos, damanes y tenrecs de Madagascar).
He construido mi razonamiento como una reductio ad absurdum que
presupone que Henry vivi en un pasado lo bastante remoto como para
haber generado o bien todos los seres humanos actuales o ninguno.
Cunto tiempo es bastante? Eso ya es ms difcil de responder. Cien
millones de aos son ms que suficientes para asegurarnos la conclusin deseada. Si slo nos remontamos cien aos, no habr ningn individuo que pueda proclamarse antepasado directo de toda la humanidad. Entre esos dos extremos tan evidentes de 100 millones de aos
(posible) y 100 aos (imposible) hay opciones intermedias, como
10.000, 100.000 o un milln de aos, que no son tan palmarias. Cuando
expliqu esta reductio en El ro del Edn, los clculos exactos no estaban a mi alcance, pero, afortunadamente, un estadstico de la univer72
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sidad de Yale llamado Joseph T. Chang se ha encargado de efectuarlos. Sus conclusiones, y las consecuencias que de ellas se derivan, son
el fundamento de El Cuento del Tasmano, una historia que viene
particularmente al caso en este encuentro por cuanto el Contepasado
0 es el antepasado comn ms reciente de todos los seres humanos
actuales. Para averiguar la antigedad del Contepasado 0 hacen falta
versiones ms complejas de los clculos de Chang.
El Encuentro 0 es aqul en que, dentro de nuestra peregrinacin hacia el pasado, nos reunimos por primera vez con un antepasado humano comn. Sin embargo, segn nuestra reductio, hay en
el pasado un punto ms lejano en el que todos los individuos que
encontramos con nuestra mquina del tiempo son o bien un antepasado comn, o no son un antepasado en absoluto. Y aunque en ese
hito ms distante no se singularice ningn antepasado concreto,
merece la pena echar un vistazo al escenario porque seala el punto a partir del cual podemos dejar de preguntarnos si estamos viendo un antepasado mo o del lector: de ah en adelante todos marchamos hacia el pasado, hombro con hombro, en una misma falange
de peregrinos.
EL CUENTO DEL TASMANO
Escrito en colaboracin con Yan Wong
Buscar antepasados es un pasatiempo fascinante. Como en el caso de
la historia humana, existen dos mtodos: podemos ir del presente al
pasado, enumerando nuestros dos padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos, etctera, o podemos escoger un antepasado lejano y avanzar
hacia el presente, registrando sus hijos, nietos, bisnietos, etctera, hasta llegar a nosotros mismos. Los genealogistas aficionados usan los dos
mtodos, yendo y viniendo de una generacin a otra hasta completar
el rbol genealgico en la medida en que lo permitan los libros de
familia y los registros parroquiales. Este cuento, como el libro en
conjunto, utiliza el primero de los dos mtodos.
Si se escogen dos personas y se retrocede en el tiempo, tarde o temprano se encuentra su antepasado comn ms reciente, o ACMR. El
lector y yo, el fontanero y la reina, cualquier conjunto de individuos
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ha de converger forzosamente en un nico contepasado (o pareja de
ellos). Sin embargo, a menos que se escojan parientes cercanos, para
dar con el contepasado hace falta un extenso rbol genealgico, en
su mayor parte desconocido. Esto es aplicable, con mayor motivo, para
el contepasado de todos los seres humanos actuales, el Contepasado
0, su antepasado comn ms reciente. Asignarle una fecha no es una
tarea al alcance de un genealogista profesional, sino digna de un matemtico.
El experto en matemtica aplicada trata de entender el mundo real
construyendo una versin simplificada del mismo, lo que se llama un
modelo, que facilita el razonamiento sin perder toda la capacidad de
dilucidar la realidad. A veces un modelo nos proporciona una base
de referencia, un punto de partida desde el que empezar a explicar
el mundo real.
A la hora de idear un modelo matemtico para datar al antepasado comn a todos los seres humanos actuales, una buena suposicin
simplificadora, una especie de mundo en miniatura, es una poblacin
frtil de tamao fijo y constante que viva en una isla sin inmigracin
ni emigracin. Pongamos que se trate de una poblacin ideal de aborgenes tasmanos en la poca feliz en que los colonos del siglo XIX
todava no los haban exterminado como alimaas. El ltimo tasmano de pura raza, una mujer llamada Truganinni, muri en 1876, poco
despus de su amigo King Billy, cuyo escroto termin convertido en
tabaquera (un precedente de las tulipas de las lmparas nazis). Los
aborgenes tasmanos se aislaron del mundo hace 13.000 aos cuando,
a causa del aumento del nivel del mar, los puentes terrestres entre la
isla y Australia quedaron inundados, y los primeros extranjeros que
vieron despus de todo ese tiempo fueron los mismos que, en el siglo
XIX, los aplastaron y exterminaron. A los efectos de nuestro modelo,
vamos a considerar que Tasmania permaneci completamente aislada del resto del mundo durante 13.000 aos, hasta 1800. Y a los mismos efectos, fijamos nuestro presente imaginario en ese 1800 d.C.
El siguiente paso es elaborar un modelo de apareamiento. En el
mundo real la gente se enamora o concerta matrimonios, pero aqu
somos nosotros los que imponemos las reglas y sustituimos despiadadamente los detalles humanos por matemticas manejables. Pueden
concebirse varios modelos de apareamiento. En el modelo de difusin
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aleatoria, hombres y mujeres se comportan como partculas que desde el lugar de nacimiento se difunden hacia el exterior y que tienen
ms probabilidades de aparearse con personas cercanas que con lejanas. Ms simple y menos realista todava es el modelo de apareamiento aleatorio, en el que se prescinde de la idea de distancia y se presupone que, nica y exclusivamente dentro de la isla, el apareamiento
de cualquier macho con cualquier hembra es igual de probable.
Naturalmente, ni uno ni otro modelo son remotamente verosmiles. La difusin aleatoria presupone que los individuos echan a andar
en cualquier direccin desde su punto de partida, cuando lo cierto
es que hay senderos o caminos que los orientan en un sentido u otro:
estrechos canales genticos a travs de los bosques y praderas de la
isla. El modelo de apareamiento aleatorio es an ms improbable.
Pero no importa, los modelos se construyen para ver lo que sucede
en condiciones hipotticas y simplificadas. Los resultados pueden ser
sorprendentes; despus tendremos que reflexionar si el mundo real
es ms o menos sorprendente que nuestro modelo, y en qu sentido.
Fiel a una larga tradicin de genetistas matemticos, Joseph Chang
ha optado por el apareamiento aleatorio. Su modelo no tiene en cuenta el tamao de la poblacin, pues da por hecho que se mantiene constante. Chang no se refiere a Tasmania en particular, pero vamos a suponer, una vez ms con un exceso calculado de simplificacin, que nuestra
poblacin-modelo se mantenga estable en la cota de los 5.000 habitantes, que es una de las cifras que se barajan para el nmero de aborgenes tasmanos en 1800, antes de que comenzasen las masacres.
Insisto en que estas simplificaciones son esenciales para la elaboracin
de modelos matemticos: y lejos de ser los puntos flacos son para segn
qu cosas, uno de los puntos fuertes del mtodo. Chang, evidentemente, no cree que la gente se aparee al azar, como tampoco Euclides
crea que las lneas careciesen de anchura. Adoptamos suposiciones
abstractas para ver adnde nos llevan y luego decidimos si las diferencias con el mundo real son importantes o no.
Cuntas generaciones hay que remontarse para estar bastante seguro de encontrar un individuo que sea antepasado de todos los seres
humanos actuales? Segn el modelo abstracto, la respuesta es el logaritmo (en base 2) del total de la poblacin. El logaritmo en base 2 de
un nmero es la potencia a que hay que elevar 2 para obtener ese
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determinado nmero. Para obtener 5.000 hay que elevar 2 a 12,3, de
modo que, en nuestro ejemplo de Tasmania, hace falta remontarse
12,3 generaciones para encontrar el contepasado. Calculando cuatro
generaciones por siglo, eso supone menos de cuatro siglos, y menos
an si los individuos se reproducen antes de los 25 aos.
Vamos a llamar Chang Uno a la fecha del antepasado comn ms
reciente de una poblacin determinada. Si seguimos retrocediendo
en el tiempo desde Chang Uno, no tardaremos en llegar al punto
Chang Dos, en el cual todo individuo, o bien es un antepasado comn,
o no tiene ningn descendiente vivo. Tan slo durante el breve intervalo entre Chang Uno y Chang Dos existe una categora intermedia
de individuos que tienen algunos descendientes vivos pero no son antepasados comunes de todo el mundo. Una deduccin sorprendente,
cuya lgica no voy a explicar en detalle, es que en Chang Dos un gran
nmero de individuos son antepasados universales: cerca del 80% de
individuos de cualquier generacin son, en teora, antepasados de todos
los que vivan en un futuro lejano.
Por lo que respecta a la cronologa, las matemticas dicen que
Chang Dos es 1,77 veces ms antiguo que Chang Uno. Si se multiplica 1,77 por 12,3 se obtienen poco menos de 22 generaciones, es decir,
entre cinco y seis siglos. As pues, mientras en Tasmania viajamos hacia
el pasado con nuestra mquina del tiempo, en Inglaterra, cerca de la
poca en que vivi Geoffrey Chaucer, entramos en el territorio del
todo o nada. Desde ese punto hasta la poca en que Tasmania estaba
unida a Australia y no haya ms porcentajes sobre los que especular,
todo individuo con el que se cruce nuestra mquina del tiempo tendr por descendientes a toda la poblacin o no tendr ninguno.
No s al lector, pero a m me sorprende que las fechas sean tan
recientes. Es ms, aun presuponiendo una poblacin mayor, las conclusiones no varan gran cosa. Si se toma como modelo una poblacin
de 60 millones de habitantes, como la de la Gran Bretaa actual, basta remontarse 23 generaciones para llegar al Chang Uno y encontrarnos con nuestro antepasado comn ms reciente. Si el modelo se
aplicase a Gran Bretaa, el Chang Dos, el punto en el que todo individuo sera o bien antepasado de todos los britnicos actuales o de ninguno, se encontrara a tan slo 40 generaciones de distancia, es decir,
hacia el ao 1000 d.C. Si los supuestos del modelo fuesen verdaderos
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(y evidentemente no lo son), el rey Alfredo el Grande sera el antepasado de todos los britnicos actuales o de ninguno.
Debo repetir las advertencias que hice al comienzo. Ya sea en Gran
Bretaa, en Tasmania o en cualquier otro lugar, existen diferencias
de todo tipo entre poblaciones modelo y poblaciones reales. A lo largo
de la historia, la poblacin britnica ha aumentado de forma vertiginosa hasta alcanzar su tamao actual, lo cual modifica por completo
los clculos. En las poblaciones reales, las personas no se aparean al
azar, sino que muestran preferencia por los miembros de su propia tribu, grupo lingstico o rea geogrfica, adems, por supuesto, de las
preferencias personales. El caso de Gran Bretaa presenta la dificultad aadida de que, aunque geogrficamente sea una isla, su poblacin dista mucho de estar aislada. A lo largo de los siglos han llegado
a sus costas diversas oleadas migratorias procedentes de Europa, entre
ellas las de los romanos, los sajones, los daneses y los normandos.
Si Tasmania y Gran Bretaa son islas, el mundo es una isla mayor,
ya que no tiene ni inmigrantes ni emigrantes (salvo alguna que otra
abduccin aliengena a bordo de platillos volantes). Pero est subdividido de manera irregular en continentes e islas menores, y no slo
los mares y ocanos, sino tambin las cordilleras, los ros y los desiertos obstaculizan en diversa medida el desplazamiento humano. Una
serie de complejas desviaciones con respecto al modelo de apareamiento aleatorio vienen a desbaratar considerablemente nuestros
clculos. En la actualidad el mundo tiene 6.000 millones de habitantes, pero sera absurdo calcular el logaritmo de 6.000.000.000, multiplicarlo por 1,77 y aceptar que la fecha resultante: 500 d.C., fuese la
del Encuentro 0!. La verdadera fecha es ms antigua, aunque slo
sea porque hay bolsas de humanidad que han permanecido aisladas
mucho ms tiempo que las cifras que estamos manejando ahora. Si
una isla ha estado separada del resto del mundo durante 13.000 aos,
como es el caso de Tasmania, es imposible que el conjunto de la raza
humana tenga un antepasado universal de menos de 13.000 aos de
antigedad. Incluso el aislamiento parcial de algunas subpoblaciones trastoca la terica precisin de nuestros clculos, y lo mismo ocurre con cualquier tipo de apareamiento que no sea aleatorio.
La fecha en que la ms separada de las poblaciones insulares del
mundo comenz su aislamiento establece el lmite inferior de la fecha
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del Encuentro 0. Pero para dar credibilidad a este lmite hace falta
que el aislamiento sea total, como se sigue de cuanto hemos dicho ms
arriba sobre el 80% de la poblacin en el punto Chang Dos. Un inmigrante que llegase a Tasmania, una vez estuviese lo bastante integrado en la sociedad como para reproducirse normalmente, tendra
un 80% de posibilidades de terminar siendo antepasado comn de
todos los tasmanos. As pues, hasta el flujo migratorio ms exiguo
basta para injertar el rbol genealgico de una poblacin, por lo dems
aislada, en el de la poblacin continental. Lo ms probable es que la
fecha del Encuentro 0 dependa de la fecha en que la bolsa de seres
humanos ms retirada del conjunto se aisl completamente de la poblacin vecina, de la fecha en que esta poblacin vecina se aisl completamente de su poblacin vecina, y as sucesivamente. Puede que sea
necesario averiguar las fechas de aislamiento de unas cuantas islas
antes de poder reunir todos los rboles genealgicos, pero a partir
de ah bastar retroceder unos pocos siglos para tropezarse con el
Contepasado 0. Esto quiere decir que el Encuentro 0 habra tenido
lugar hace unas cuantas decenas de milenios o, como mximo, unos
pocos cientos.
Por lo que respecta al lugar donde se produjo, la conclusin es casi
igual de sorprendente. El lector tal vez se incline por frica, como yo
mismo pens en un primer momento. Teniendo en cuenta que frica alberga las diferencias genticas ms profundas dentro del gnero
humano, parece el lugar ms lgico donde buscar al antepasado comn
de todos los seres humanos vivos. Se ha sealado, no sin razn, que si
borrsemos del mapa el frica subsahariana, se perdera la mayor parte de la diversidad gentica humana, mientras que si se eliminase el
resto del planeta, el panorama gentico no cambiara mucho. Sin
embargo, el Contepasado 0 pudo perfectamente haber vivido fuera
de frica. Es el antepasado comn ms reciente en el que convergen
la poblacin geogrficamente ms aislada del mundo, como Tasmania,
y el resto de la humanidad. Suponiendo que las poblaciones del resto del mundo, incluida frica, se cruzasen siquiera parcialmente durante el largo periodo en que Tasmania permaneci totalmente aislada,
la lgica de los clculos de Chang podra inducirnos a sospechar que
el Contepasado 0 vivi fuera de frica, cerca del punto del que partieron los emigrantes cuyos hijos se convirtieron en inmigrantes tas78
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manos. Sin embargo, las poblaciones africanas conservan la mayor parte de la diversidad gentica humana. Esta aparente paradoja quedar
resuelta en el prximo cuento, donde exploraremos rboles genealgicos de genes, no de personas.
Nuestra sorprendente conclusin es que el Contepasado 0 probablemente vivi hace tan slo unas decenas de milenios, y, muy probablemente, ni siquiera lo hiciera en frica. Otras especies tambin pueden tener antepasados comunes bastante recientes, pero ste no es
el nico aspecto de El Cuento del Tasmano que nos obliga a replantearnos ciertas ideas biolgicas. A los bilogos darvinistas les resulta
paradjico que ocho de cada diez individuos de una poblacin terminen siendo antepasados universales. Me explico: solemos pensar
que los organismos individuales estn continuamente esforzndose
por maximizar una variable denominada aptitud. No hay un acuerdo
pleno sobre el significado exacto del trmino. Una acepcin que goza
de cierto consenso es nmero total de hijos, otra es nmero total
de nietos, pero no existe ningn motivo plausible por el que detenerse en los nietos y muchos expertos prefieren decir que, en la prctica, la aptitud es el nmero total de descendientes que viven en un
futuro lejano. Sin embargo, se nos plantea un problema si, en esa
poblacin ideal donde no existe seleccin natural, ocho de cada diez
individuos tienen la mxima aptitud posible, y sta consiste en que:
esos ocho de cada diez individuos van a ser progenitores de toda la
poblacin! El asunto es de fundamental importancia para los darvinistas puesto que en general dan por hecho que la aptitud es aquello
que todos los animales luchan constantemente por maximizar.
Vengo sosteniendo desde hace tiempo que la nica razn por la
que un organismo se comporta de un modo casi intencional como
un organismo capaz de maximizar algo es que est compuesto de
genes que han sobrevivido a lo largo de generaciones. Resulta tentador personificar y atribuir intenciones; convertir supervivencia de genes
en el pasado en algo as como intencin de reproducirse en el futuro o intencin individual de tener muchos descendientes en el futuro. Esta personificacin tambin afecta a los genes: caemos en la
tentacin de pensar que los genes obligan a los organismos individuales a actuar de tal manera que aumente el nmero de copias futuras de esos mismos genes.
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Los cientficos que se expresan en estos trminos, ya sea a nivel de
individuos o de genes, saben perfectamente que slo se trata de una
figura retrica. Un gen es una simple molcula de ADN. Hace falta
estar loco de remate para creer que los genes egostas tienen realmente
la intencin de sobrevivir. Traduciendo el concepto a lenguaje respetable, el mundo se llena de los genes que han sobrevivido en el pasado. Dado que el mundo posee cierta estabilidad y no cambia caprichosamente, los genes que han sobrevivido en el pasado tienden a ser los
que mejor sobrevivirn en el futuro, es decir, los que lograrn programar cuerpos capaces de sobrevivir y engendrar hijos, nietos, bisnietos y descendientes lejanos. Hemos llegado as a nuestra definicin
de aptitud basada en el individuo y proyectada hacia el futuro, pero
reconozcamos ahora que los individuos slo son vehculos de supervivencia gentica. Que los individuos tengan nietos y descendientes
lejanos no es ms que un medio para lograr un objetivo: la supervivencia de los genes. Y esto nos lleva de vuelta a la paradoja de los ocho
de cada diez individuos que tienen tal aptitud que son los antepasados de toda la poblacin.
Para resolverla, volvamos al fundamento terico, es decir, a los
genes, y neutralicemos una paradoja fabricando otra, como si dos errores sumasen una verdad. Pensemos en la siguiente afirmacin: un organismo individual puede ser antepasado universal de toda la poblacin
en un futuro lejano sin que uno slo de sus genes haya llegado hasta
ese futuro. Cmo es posible?
Cada vez que un individuo tiene un hijo, le transmite exactamente
la mitad de sus genes. Cada vez que tiene un nieto, una cuarta parte
de sus genes por trmino medio va a parar a ese nio. A diferencia
de la contribucin que reciben los descendientes de primera generacin, que siempre es un porcentaje exacto, en el caso de los nietos la
cifra es estadstica: puede ser ms de una cuarta parte, o puede ser
menos. La mitad de nuestros genes procede de nuestro padre, la otra
mitad de nuestra madre. Cuando traemos un hijo al mundo le transmitimos la mitad de nuestros genes; pero, qu mitad le transmitimos?
Por trmino medio, procedern en igual medida de aqullos que en
su da recibimos del abuelo del nio y de la abuela del nio. Pero tambin puede ocurrir que le transmitamos todos los genes que recibimos de nuestra madre y ninguno de los que recibimos de nuestro
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padre. En ese caso, nuestro padre no le habr transmitido ningn gen
a su nieto. Se trata, desde luego, de una posibilidad sumamente improbable, pero a medida que se avanza hacia los descendientes ms lejanos, se hace cada vez ms posible que ciertos genes no se transmitan.
Como promedio, podemos contar con que una octava parte de nuestros genes ir a parar a cada uno de nuestros bisnietos y una dieciseisava a cada tataranieto, aunque podran ser ms, o menos. Al final,
en los descendientes lejanos, la probabilidad de que nuestra contribucin gnica sea literalmente nula se torna muy elevada.
En nuestra hipottica poblacin tasmana, el Chang Dos tiene lugar
hace 22 generaciones. As pues, cuando decimos que ocho de cada
diez miembros de la poblacin terminarn siendo antepasados de
todos los individuos vivos, nos estamos refiriendo a sus descendientes
de vigsimo segunda generacin. La fraccin de genoma de un antepasado que, por trmino medio, podemos encontrar en un descendiente de vigesimo segunda generacin es un cuarto de micra, es decir,
una cuatromillonsima parte. Teniendo en cuenta que el genoma
humano slo tiene unas cuantas decenas de miles de genes, no parece un porcentaje muy alto que digamos. En la prctica, naturalmente, no sera as, ya que nuestra hipottica Tasmania slo tiene 5.000
habitantes y en ella cualquier individuo puede descender de un antepasado concreto por mltiples vas. Pero podra darse perfectamente el caso de que un antepasado universal terminase por no transmitir ninguno de sus genes a la posteridad.
Quiz no soy imparcial, pero todo esto se me antoja un motivo ms
para volver a considerar al gen la piedra angular de la seleccin natural; un motivo ms para pensar hacia atrs, en los genes que han sobrevivido hasta el presente, y no hacia delante, en los individuos (o, bien
mirado, en los genes) que tratan de sobrevivir en el futuro. El pensamiento intencional hacia el futuro puede servir si se emplea con cautela y no se malinterpreta, pero en realidad no es necesario. Cuando
uno se habita a usarlo, el lenguaje gentico-retrospectivo es igual de expresivo, ms cercano a la verdad y menos equvoco.
En El Cuento del Tasmano hemos hablado de los antepasados
genealgicos, individuos histricos que son progenitores de los actuales en el sentido que los genealogistas han dado tradicionalmente
al trmino, esto es, antepasados de carne y hueso. Pero lo que sirve
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para las personas tambin sirve para los genes. Los genes tambin
tienen padres, abuelos, nietos. Tambin tienen linajes, rboles genealgicos y ACMR, antepasados comunes ms recientes. Tambin
tienen su propio Encuentro 0 y, en este caso, s podemos afirmar con
toda certeza que, para la mayora de genes, tuvo lugar en frica. La
finalidad de El Cuento de Eva ser explicar esta aparente contradiccin.
Antes de entrar en materia, quiero aclarar un problema relacionado con el significado de la palabra gen, que podra prestarse a confusin. Segn quien hable, gen puede significar muchas cosas, pero
en este caso concreto, la confusin que nos amenaza es la siguiente:
algunos bilogos, sobre todo los genetistas moleculares, designan
con dicho trmino nica y exclusivamente un emplazamiento en un
cromosoma (el denominado locus) y recurren al trmino alelo para
referirse a cada una de las dos versiones alternativas del gen que pueden encontrarse en ese locus. Por poner un ejemplo muy simple, el
gen que determina el color de los ojos se presenta en diferentes versiones o alelos, inclusive en un alelo azul y otro castao. Otros bilogos, sobre todo los de mi rama, a los que unas veces se llama sociobilogos, otras eclogos conductuales y otras incluso etlogos, suelen usar la
palabra gen para referirse al alelo y locus para designar la posicin que
ocupa en el cromosoma cualquiera de los alelos disponibles. La gente como yo suele decir: Imaginemos un gen para ojos azules y un
gen rival para ojos castaos. No todos los genetistas moleculares aprueban esta forma de expresarse, pero es una costumbre muy arraigada
entre los bilogos de mi especializacin, que seguir en determinadas
ocasiones.
EL CUENTO DE EVA
Escrito en colaboracin con Yan Wong
Hay una significativa diferencia entre rboles genealgicos de genes y
rboles genealgicos de personas. A diferencia de las personas, que tenemos dos padres, los genes slo tienen uno. Cada uno de nuestros genes
procede o bien de nuestro padre o de nuestra madre, de uno y solamente uno de nuestros cuatro abuelos, de uno y solamente de nues82
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tros ocho bisabuelos, y as sucesivamente. En la genealoga humana
convencional, sin embargo, todo individuo desciende por igual de dos
padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos, etctera. Esto significa que
una genealoga de personas est mucho ms mezclada que una
genealoga de genes. En cierto sentido, un gen recorre un nico
sendero dentro del laberinto de caminos que se entrecruzan en el
rbol genealgico de una familia. Los apellidos se comportan como
genes, no como personas. Escogen una ruta muy precisa que atraviesa todo el rbol y pone de manifiesto la ascendencia masculina. El
ADN, salvo dos notables excepciones que abordar ms adelante, no
es tan sexista como los apellidos: los genes reparten su ascendencia
entre varones y hembras con la misma probabilidad.
Algunos de los linajes humanos mejor documentados son los de las
familias reales europeas. En el rbol genealgico de la casa de SajoniaCoburgo representado en la pgina siguiente figuran los prncipes
Alexis, Waldemar, Enrique y Ruperto. El rbol gentico de uno de
sus genes es fcil de rastrear porque, para desgracia de los SajoniaCoburgo y fortuna nuestra, el gen en cuestin era defectuoso y provoc que los cuatro prncipes y muchos otros miembros de su desventurada familia padeciesen hemofilia, una enfermedad de la sangre
que se reconoce fcilmente y que impide una coagulacin correcta.
La hemofilia es hereditaria, pero se hereda de un modo peculiar ya
que se porta en el cromosoma X. Los hombres slo tienen un cromosoma X, heredado de sus madres; las mujeres tienen dos, uno que heredan del padre y otro de la madre. Las mujeres slo padecen la enfermedad si heredan la versin defectuosa del gen tanto del padre como
de la madre (dicho de otro modo, la hemofilia es recesiva). Los hombres la padecen si su nico e indefenso cromosoma X porta el gen
defectuoso. En consecuencia, hay poqusimas mujeres hemoflicas,
pero muchas son portadoras de la dolencia, es decir, albergan una
copia del gen defectuoso y tienen un 50% de probabilidades de transmitrselo a cada uno de sus hijos o hijas. Por eso, las portadoras sanas
que se quedan embarazadas siempre esperan dar a luz una hija, aunque en este caso el riesgo de tener nietos hemoflicos tambin ser
considerable. Si un varn hemoflico vive lo suficiente como para procrear, no se lo transmitir a un hijo (los varones nunca heredan el cromosoma X del padre) pero forzosamente se lo transmitir a una hija
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Alejandro I
Mara
Cristiano IX
Luisa
Alexis
Carlos
Isabel
Irene
Alicia
Waldemar
Alberto
Victoria
Guillermo I
Enrique
Augusta
Leopoldo
Jorge
Helena
Ruperto
Adolfo
Augusta
Alejandro
Claudina
Lneas de sangre de la desafortunada Casa de Sajonia-Coburgo
(las mujeres siempre heredan el nico cromosoma X del padre).
Conociendo estas reglas y sabiendo qu miembros varones de la casa
real eran hemoflicos, podemos seguir el rastro del gen defectuoso.
Parece ser que la mutante fue la mismsima reina Victoria. No fue
su esposo Alberto toda vez que su hijo, el prncipe Leopoldo, era hemoflico, y los hijos no reciben el cromosoma X del padre. Ninguno de
los parientes colaterales de Victoria padeca de hemofilia. Ella fue el
primer miembro de la realeza en portar el gen de marras. El error de
copiado debi ocurrir en un vulo de su madre, Victoria de SajoniaCoburgo, o bien, cosa ms probable por los motivos que mi colega
Steve Jones explica en su libro The Language of the Genes, en los augustos testculos de su padre, Eduardo, duque de Kent.
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Aunque ni el padre ni la madre de Victoria eran portadores de la
hemofilia ni la padecan, uno de ellos tena un gen (en rigor un alelo) que fue el padre premutado del gen responsable de la hemofilia
monrquica. Aunque no podamos detectarla, s podemos reflexionar sobre los orgenes del gen defectuoso de Victoria antes de que
mutase y se convirtiese en el gen de la hemofilia. A los efectos de este
anlisis, de nada sirve saber, salvo por motivos diagnsticos, que la
copia del gen de Victoria era defectuosa mientras que las de sus antecesores eran normales. Al elaborar el rbol gentico, hacemos caso
omiso de sus efectos en la medida en que no lo tornen visible. Los
orgenes del gen son anteriores a Victoria, pero no es posible seguirle el rastro cuando an no era un gen hemoflico. La moraleja es que
todo gen tiene un solo padre, por ms que, a consecuencia de una
mutacin, no sea idntico a ste. Anlogamente, tiene un solo abuelo, un solo bisabuelo, etctera. Puede parecer una forma de pensar un tanto extraa, pero hay que tener en cuenta que la nuestra es
una peregrinacin en busca de antepasados. Con esta reflexin pretendo ilustrar cmo sera dicha peregrinacin desde el punto de vista de un gen en lugar de un individuo.
En El Cuento del Tasmano nos hemos tropezado con las siglas
ACMR (antepasado comn ms reciente), una alternativa a contepasado. Prefiero reservar contepasado para designar al antepasado
comn ms reciente dentro de una genealoga completa (tanto de
personas como de cualquier otro organismo). Para hablar de genes
usar ACMR. Dos o ms alelos de individuos diferentes (o incluso,
como veremos, de un mismo individuo) comparten, desde luego, un
ACMR, a saber: el gen ancestral del que cada uno de ellos es una copia
(posiblemente mutada). El ACMR de los genes hemoflicos de los prncipes Waldemar y Enrique de Prusia se encontraba en uno de los dos
cromosomas X de su madre, Irene von Hesse und bei Rhein. Cuando
Irene no era ms que un feto, dos copias del gen de la hemofilia del
que era portadora se desgajaron y pasaron sucesivamente a dos de
sus vulos: los progenitores de sus desafortunados hijos. Estos genes
a su vez compartan un ACMR con el gen de la hemofilia del zarevich
Alexis de Rusia (1904-1918), es decir, un gen del que era portadora
la abuela materna de los tres prncipes, la princesa Alicia de Hesse.
Por ltimo, el ACMR de los genes de la hemofilia de nuestros cuatro
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prncipes es precisamente el que primero llam nuestra atencin: el
gen mutante de la propia reina Victoria.
Los genetistas emplean un trmino para referirse a esta especie
de rastreo regresivo de un gen: coalescencia. Si se mira hacia atrs, se
dice que las respectivas descendencias de dos genes coalescen en el punto en que un padre (y de nuevo miramos hacia delante) transmite
dos copias del gen en cuestin a dos hijos sucesivos. El punto de coalescencia es el ACMR. Cualquier rbol gentico presenta muchos puntos de coalescencia. Los genes de la hemofilia de Waldemar y de
Enrique coalescen en el ACMR portado por su madre, Irene. Esta lnea
a su vez coalesce con la que lleva al zarevich Alexis. Y como ya hemos
visto, la gran coalescencia de todos los genes de la hemofilia real tiene lugar en la reina Victoria, cuyo genoma alberga el ACMR del gen
de la hemofilia de toda la dinasta.
En nuestro ejemplo, la coalescencia de los genes de la hemofilia de
los cuatro prncipes se produce precisamente en el individuo (Victoria)
que tambin resulta ser su antepasado comn ms reciente en el plano genealgico (personal), o sea, su contepasado. Pero es pura coincidencia. Si eligisemos otro gen (el del color de ojos, por ejemplo),
el camino que recorrera en el rbol familiar sera muy diferente y la
coalescencia de los genes tendra lugar en un antepasado ms lejano
que Victoria. Si escogisemos el gen de los ojos castaos del prncipe
Ruperto y el de los ojos azules del prncipe Enrique, el punto de coalescencia sera como mnimo tan distante como la escisin del gen del
color de ojos en las dos formas, castaa y azul, un acontecimiento
que se pierde en la prehistoria. Todo fragmento de ADN posee una
genealoga que se puede rastrear mediante un procedimiento anlogo al que emplea un genealogista para seguir la pista de un apellido
a travs de los certificados de nacimiento, matrimonio y defuncin.
Se puede hacer lo mismo en el caso de dos genes idnticos pertenecientes a una misma persona. El prncipe Carlos tiene los ojos azules y dado que el azul es recesivo, eso significa que tiene dos alelos de
ojos azules. Esos dos alelos coalescen en algn momento del pasado,
pero no podemos precisar cundo ni dnde. Podra ser hace siglos o
hace milenios, pero en el caso especial del prncipe Carlos, es posible
que coalezcan en un individuo tan reciente como la reina Victoria.
De hecho, da la casualidad de que el prncipe Carlos desciende de
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Victoria por partida doble, a saber: por parte del rey Eduardo VII y
por parte de la princesa Alicia de Hesse. Segn esta hiptesis, un nico gen de ojos azules de Victoria se copi dos veces en dos ocasiones
diferentes y esas dos copias del mismo gen llegaron, respectivamente,
a la reina actual (bisnieta de Eduardo VII) y a su esposo, el prncipe
Felipe (bisnieto de la princesa Alicia). As pues, dos copias de un mismo gen victoriano se habran vuelto a encontrar, dentro de dos cromosomas diferentes, en la figura del prncipe Carlos. En realidad, es algo
que casi seguro ha sucedido con algunos de sus genes, ya sean o no
los de los ojos azules. E independientemente de si esos dos genes de
ojos azules coalescen en la reina Victoria o en otro antepasado anterior, lo cierto es que en un punto concreto del pasado por fuerza tuvo
que haber un ACMR de ambos genes. Tanto da que hablemos de dos
genes en una sola persona (Carlos) o en dos personas distintas (Ruperto
y Enrique), la lgica ser la misma. Dos alelos cualesquiera, ya sea en
dos personas distintas o en la misma, suscitan la siguiente pregunta:
en qu punto y en qu individuo del pasado coalescen? Por extensin,
podemos preguntar lo mismo de tres o cualquier otro nmero de genes
de una poblacin situados en un mismo emplazamiento gentico (locus).
Remontndonos mucho ms en el tiempo, podemos formular la
misma pregunta a propsito de genes en loci diferentes, pues mediante un proceso denominado duplicacin pueden aparecer nuevos genes
en loci diferentes. Volveremos a encontrarnos con este fenmeno en
El Cuento del Mono Aullador y en El Cuento de la Lamprea.
Los individuos estrechamente emparentados tienen en comn un
gran nmero de rboles genticos. La mayora de nuestros rboles
genticos los compartimos con nuestros parientes ms cercanos. Pero
algunos de estos rboles emiten un voto minoritario que nos aproxima a parientes por lo dems ms lejanos. Bajo un cierto prisma, el
parentesco estrecho entre personas es una especie de votacin entre
los genes. Algunos de nuestros genes votan, pongamos por caso, a la
reina como pariente cercana; otros, en cambio, sostienen que estamos
ms emparentados con individuos en apariencia mucho ms lejanos
(incluso, como veremos, con otras especies). Cuando se le somete a
interrogatorio, cada segmento de ADN da una versin diferente de
la historia, porque cada uno ha seguido un camino diferente a lo largo de las generaciones. La nica forma de obtener un testimonio com87
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pleto es interrogando a un gran nmero de genes. Pero en principio
debemos sospechar de los genes que se encuentren cerca unos de otros
en un mismo cromosoma. Para entender el porqu, primero debemos
conocer la recombinacin, el fenmeno que se produce cada vez que
se forma un vulo o un espermatozoide.
La recombinacin consiste en un intercambio aleatorio de secuencias homlogas de ADN entre cromosomas diferentes. En el ser humano se dan de media slo uno o dos intercambios por cromosoma
(durante la formacin de espermatozoides, menos; durante la de vulos, ms: no se sabe por qu). Pero con el tiempo, al cabo de muchas
generaciones, se habrn intercambiado muchas partes del cromosoma. As pues, en trminos generales, cuanto ms cerca estn dos fragmentos de ADN en un cromosoma, menos posibilidades hay de que
sean intercambiados y ms de que se hereden juntos.
A la hora de recontar los votos de los genes, debemos pues tener
presente que cuanto ms cerca estn dos genes en un cromosoma,
ms probabilidades tienen de experimentar la misma historia. Esto
hace que los genes ms allegados se voten mutuamente. El caso extremo es el de los tramos de ADN que mantienen tal cohesin que viajan juntos a lo largo de la historia como una sola unidad. Estos fragmentos que se transmiten en bloque a sucesivas generaciones reciben
el nombre de haplotipos, trmino al que volveremos ms adelante. Entre
todas estas formaciones que integran el parlamento gentico hay dos
que sobresalen por encima del resto, no porque su versin de la historia sea ms vlida, sino por lo mucho que se las ha utilizado para zanjar disputas biolgicas. Las dos mantienen posturas sexistas, ya que
que una nos ha llegado a travs de organismos exclusivamente femeninos, y la otra jams ha salido de un organismo masculino. Son las
dos excepciones principales a la imparcialidad de la herencia gentica que he mencionado ms arriba.
Como ocurre con el primer apellido, el cromosoma Y (su fragmento no recombinado) se transmite nicamente por va masculina. Junto
con otros pocos genes, el cromosoma Y contiene el material gentico
que activa el patrn de desarrollo masculino, en lugar del femenino,
del desarrollo embrionario. El ADN mitocondrial, en cambio, se transmite exclusivamente por va femenina (aunque en este caso no es el
responsable de que el embrin se desarrolle como hembra: los machos
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tambin tienen mitocondrias, slo que no las transmiten). Como veremos en el Gran Encuentro Histrico, las mitocondrias son corpsculos diminutos presentes en el interior de las clulas, vestigios de bacterias en su da libres que, hace probablemente unos 2.000 millones
de aos, se establecieron definitivamente en el interior de las clulas,
donde han venido reproducindose asexualmente, por simple escisin, desde entonces. Han perdido muchas de sus cualidades bacterianas y la mayor parte de su ADN, pero conservan lo suficiente como
para ser de utilidad a los genetistas. Las mitocondrias, de hecho, constituyen una lnea independiente de reproduccin gentica dentro
de nuestros cuerpos, sin conexin con la principal lnea nuclear que
solemos identificar con nuestros genes.
Debido a su tasa de mutacin, los cromosomas Y son muy tiles a la
hora de estudiar poblaciones recientes. En el curso de un ingenioso estudio se recogieron muestras de ADN de cromosomas Y a fin de comprobar de qu forma se hallaban distribuidos por la Gran Bretaa actual.
Los resultados demostraron que los cromosomas Y anglosajones cruzaron la isla de este a oeste procedentes de Europa hasta detenerse bruscamente en la frontera con Gales. No es difcil imaginar las razones por
las que este ADN portado exclusivamente por varones no es representativo del resto del genoma. Por poner un ejemplo ms obvio, los barcos
vikingos transportaban cargamentos de cromosomas Y (y de otros genes)
que se esparcieron por poblaciones muy diseminadas. Hoy en da la
distribucin de genes de cromosomas Y de los vikingos demuestra que
viajaron un poco ms que otros genes vikingos, los cuales, estadsticamente hablando, preferan la huerta familiar a la mar funesta y gris.
Qu mujer es sa que abandonas
junto con el hogar y la hacienda
para hacerte a la mar funesta y gris?
Rudyard Kipling
Cancin para arpa de las mujeres danesas
El ADN mitocondrial tambin es til para la investigacin, sobre todo
de modelos muy antiguos. Si comparsemos el ADN del lector con el
mo, podramos determinar cunto hace que compartieron una mito89
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condria ancestral. Y como todos recibimos nuestras mitocondrias de
nuestras madres, y, por consiguiente, de nuestras abuelas, bisabuelas,
tatarabuelas, etc. maternas, la comparacin de nuestras mitocondrias
nos dira cundo vivi nuestro antepasado comn ms reciente por
parte de madre. Se puede hacer lo mismo con los cromosomas Y para
averiguar cundo vivi nuestro antepasado comn ms reciente por
parte de padre, pero, por razones tcnicas, no es tan sencillo. Lo bueno de los cromosomas Y y del ADN mitocondrial es que ninguno de
los dos est contaminado por la mezcla de sexos. Esto facilita la bsqueda de esos antepasados concretos.
El ACMR mitocondrial de toda la humanidad, que seala el antepasado comn (no gnico sino de carne y hueso) por la lnea femenina, a veces recibe el nombre de Eva Mitocondrial, la protagonista de
este cuento. Naturalmente, el equivalente en la lnea masculina podra
llamarse perfectamente Adn Cromosoma Y. Todos los varones tenemos
el cromosoma Y de Adn (se ruega a los creacionistas no saquen esta
frase de contexto). Si los apellidos siempre se hubiesen heredado segn
las reglas de la mayora de los pases occidentales, todos tendramos
tambin el apellido de Adn, en cuyo caso no tendra mucho sentido
usar el apellido.
Eva siempre tienta al error y ms vale estar prevenido. Los errores
son bastante instructivos. En primer lugar, es importante entender que
Adn y Eva slo son dos de los muchos ACMRs que podramos alcanzar si recorrisemos diferentes lneas geneaolgicas. Son los antepasados comunes especiales que alcanzamos si ascendemos por el rbol
genealgico de madre en madre y de padre en padre, respectivamente. Pero existen muchas, muchsimas otras maneras de recorrer una
genealoga: de madre en padre en padre en madre, de madre en madre
en padre en padre, etctera. Cada uno de estos recorridos posibles
nos deparara un ACMR distinto.
En segundo lugar, Eva y Adn no fueron pareja. Sera una enorme
coincidencia que hubiesen llegado siquiera a conocerse; es perfectamente posible que los separasen decenas de miles de aos. Adems, existen otros motivos para creer que Eva vivi antes que Adn. Los varones
tienen una eficacia reproductora ms variable que la de las hembras:
mientras que algunas hembras pueden tener cinco veces ms hijos que
otras, los varones de mayor xito reproductor pueden tener cientos de
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veces ms hijos que los de menor xito. Un hombre con un gran harn
lo tiene fcil para convertirse en antepasado universal. Las mujeres, que
tienen menos probabilidades de tener una familia numerosa, requieren un nmero mayor de generaciones para llevar a cabo la misma
proeza. De hecho, segn los clculos de reloj molecular ms fiables, Eva
vivi hace unos 140.000 aos y Adn hace tan slo 60.000.
En tercer lugar, Adn y Eva son ttulos honorficos de ACMR que
mudan de depositario, no los nombres de dos individuos concretos.
Si maana muriese el ltimo miembro de una tribu remota, en esta
especie de carrera de relevos, el testigo de Adn, o el de Eva, podra
avanzar de golpe varios milenios. Lo mismo cabe decir de todos los
dems ACMR definidos por los diversos rboles genticos. Para entender por qu, supongamos que Eva tuvo dos hijas, una de las cuales,
andando el tiempo, dio origen a los aborgenes tasmanos y la otra, al
resto de la humanidad. Supongamos tambin, pues es perfectamente verosmil, que el ACMR de la lnea femenina que une al resto de la
humanidad viviese 10.000 aos despus y que todos los otros linajes
colaterales que descendan de Eva se hubiesen extinguido a excepcin de los tasmanos. Al morir Truganinni, la ltima tasmana, el ttulo de Eva habra avanzado instantneamente 10.000 aos.
En cuarto lugar, ni Adn ni Eva tenan nada que llamase particularmente la atencin en su poca. A diferencia de sus legendarios tocayos, Eva Mitocondrial y Adn Cromosoma Y no se encontraban precisamente solos. Los dos estaban muy acompaados, y bien pudieron
tener un gran nmero de partenaires sexuales con los cuales engendraran una descendencia que tal vez est representada incluso hoy. Lo
nico que los distingue del resto es que, con el tiempo, ambos han terminado generando una enorme prole, Adn por la lnea paterna y Eva
por la materna. Pero entre sus contemporneos tambin pudo haber
otros individuos igual de prolficos.
Mientras redactaba estas lneas, alguien me envi un vdeo de un
documental de la BBC titulado Motherland (Patria), una obra impactante y conmovedora, segn proclamaba la cartula, realmente hermosa y memorable. Los protagonistas son tres negros2 cuyas familias
2. Para entender por qu pongo la palabra en cursiva, vase El Cuento del
Saltamontes.
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haban emigrado a Gran Bretaa desde Jamaica. En un intento de averiguar en qu parte de frica haban hecho esclavos a sus antepasados, los responsables del documental compararon el ADN de los tres
individuos con una base de datos mundial y, una vez averiguada, orquestaron una serie de lacrimgenos reencuentros entre los protagonistas y sus familias africanas. Los genetistas utilizaron ADN Y-cromosmico y ADN mitocondrial ya que, por los motivos que hemos explicado,
son ms fciles de rastrear que los genes en general. Por desgracia, sin
embargo, los productores no explicaron a los tres protagonistas las
limitaciones inherentes a este mtodo de bsqueda; en vez de eso, lo
que hicieron, sin duda por razones televisivas de peso, fue poco menos
que engaar a estas tres personas, y a sus parientes africanos, para
que se emocionasen con los reencuentros mucho ms de lo que legtimamente les corresponda.
Me explico, cuando Mark, que posteriormente recibira el nombre
tribal de Kaigama, visit la tribu Kanuri de Nger, crea estar regresando a la tierra de los suyos. Beaula, recibida como una hija prdiga
por ocho mujeres bubis de una isla guineana cuyas mitocondrias coincidan con la suya, se expresaba en estos trminos:
Fue como el reencuentro de una misma sangre... ramos como de la familia... Se me saltaban las lgrimas y el corazn me palpitaba con fuerza. Lo
nico que pensaba era: He vuelto a mi patria.
Chorradas sentimentaloides: nadie debera haberla hecho creer algo
as. Con lo nico que realmente se encontraron Beaula y Mark y eso
suponiendo que de verdad se obtuviesen pruebas genticas fue con
individuos que tenan las mismas mitocondrias que ellos. En realidad,
a Mark ya le haban informado de que su cromosoma Y proceda de
Europa (lo cual le disgust muchsimo, aunque luego, cuando se descubre que sus mitocondrias tienen unas respetables races africanas,
se queda mucho ms tranquilo). Beaula, naturalmente, carece de cromosoma Y, y nadie se molest en analizar el de su padre, aunque habra
sido interesante puesto que la chica es bastante clara de piel. Es ms,
nadie explic ni a Beaula ni a Mark, ni tampoco a la audiencia del documental, que los genes situados fuera de sus mitocondrias procedan,
casi con toda seguridad, de una enorme variedad de patrias muy dis92
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tantes de las identificadas a los efectos del documental. Si se hubiese
seguido el rastro de sus otros genes, los protagonistas podran haber
tenido reencuentros igual de emotivos en cientos de lugares diferentes:
toda frica, Europa y, muy probablemente, Asia. Claro que no se habra
generado toda esa tensin dramtica.
Como he sealado repetidas veces, referirse a un solo gen puede
inducir a error, pero el testimonio combinado de muchos genes nos
brinda una potente herramienta de anlisis para indagar en la historia. Los rboles genticos de una poblacin y los puntos de coalescencia que los definen reflejan los acontecimientos del pasado. Gracias
al reloj molecular, no slo podemos identificar estos puntos de coalescencia, sino tambin calcular su antigedad. Y ah radica la clave,
porque la pauta de ramificaciones a travs del tiempo encierra una
historia. El apareamiento aleatorio, que es el supuesto que adoptamos
en El Cuento del Tasmano, genera una pauta de coalescencia muy
diferente de las que resultan de diversos tipos de apareamiento no aleatorio, cada uno de los cuales, a su vez, imprime un sello particular al
rbol gentico. Las oscilaciones demogrficas tambin dejan su huella caracterstica. As pues, basndonos en las pautas actuales de distribucin de genes, podemos deducir tamaos de poblaciones en el
pasado y fechar migraciones. Por ejemplo, cuando una poblacin es
pequea, las coalescencias sern ms frecuentes. Una poblacin en
expansin viene representada por rboles de ramas alargadas, y en
este caso los puntos de coalescencia se concentrarn cerca de la base
del rbol, es decir, la poca en que la poblacin an era reducida. Con
ayuda del reloj molecular, puede aprovecharse este fenmeno para
calcular cundo se expandi la poblacin y cundo se contrajo en
cuellos de botella. (Aunque por desgracia, al eliminar lneas genticas,
los cuellos de botella ms acusados tienden a borrar las huellas de lo
que ocurri antes de que se produjeran.)
Los rboles genticos coalescentes han ayudado a dirimir un largo debate sobre el origen del hombre. Segn la teora de la salida de
frica, tambin conocida como Eva negra, todos los seres humanos
no africanos descienden de un solo xodo que se produjo hace unos
100.000 aos. En el polo opuesto se encuentran los defensores de
la teora del origen separado, tambin llamados multirregionalistas, que
creen que las razas que an viven en, pongamos, Asia, Australia y Europa
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se dividieron en pocas remotas y descienden por separado de poblaciones regionales de Homo erectus, la especie precedente. Los nombres
de las dos teoras son engaosos. El de salida de frica porque en
general todo el mundo coincide en que, si retrocedemos lo bastante
en el tiempo, todos nuestros antepasados son africanos. El nombre de
origen separado tampoco es idneo porque, una vez ms, si se retrocede lo bastante, la separacin desaparece de cualquier teora. La manzana de la discordia es la fecha en que salimos de frica. Sera mejor
referirse a las dos teoras como salida antigua de frica (SAA) y salida
reciente de frica (SRA), unos nombres que tienen la ventaja aadida
de que ponen de relieve la continuidad entre ambas.
Si todos los seres humanos actuales que no son africanos derivasen de una nica migracin que sali de ese continente en fechas
recientes, la distribucin gnica actual debera mostrar un cuello de
botella reciente y centrado en una pequea poblacin de frica. El
foco que polarizase ms puntos de coalescencia indicara la fecha del
xodo. En cambio, si descendisemos por separado de distintas poblaciones regionales de Homo erectus, en cada regin deberan apreciarse indicios de lneas genticas separadas desde muy antiguo. En la poca en que segn los partidarios de la teora SRA tuvo lugar el xodo,
hubiramos visto, sin embargo, una escasez de puntos de coalescencia. Qu teora es la correcta?
Por querer responder a esta pregunta con una sola respuesta hemos
cado en la misma trampa que el documental Motherland. Cada gen
cuenta una historia diferente. Es perfectamente posible que algunos
de nuestros genes hayan salido de frica en pocas recientes y que
otros, en cambio, nos los transmitiesen poblaciones distintas de Homo
erectus. O dicho de otro modo, podemos ser al mismo tiempo descendientes de un xodo africano reciente y de un Homo erectus regional
toda vez que, en cualquier momento del pasado, el nmero de nuestros antepasados genealgicos es enorme. Unos podran haber salido de frica hace poco y otros haber vivido durante miles de aos en
Java, por poner un ejemplo. Y podramos haber heredado genes africanos de unos y genes javaneses de otros. Un solo fragmento de ADN,
como el procedente de una mitocondria o de un cromosoma Y, nos
da la misma visin reducida del pasado que nos dara una sola frase
extrada de un libro de historia. Bueno, pues as y todo, los partida94
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rios de la teora SRA suelen basarse casi siempre en la ubicacin de la
Eva Mitocondrial. Qu pasara si interrogsemos a los dems miembros del parlamento gentico?
Eso fue precisamente lo que hizo el bilogo evolutivo Alan Templeton, autor de la teora conocida como Salida repetida de frica.
Templeton emple una teora de la coalescencia similar a la que hemos
visto en nuestro anlisis de la hemofilia, slo que en lugar de aplicarla a un solo gen la aplic a muchos genes diferentes. Eso le permiti
reconstruir la historia y la distribucin geogrfica de esos genes por
todo el mundo y en un marco temporal de cientos de miles de aos.
En este momento me inclino por esta teora porque me parece que
aprovecha toda la informacin disponible para generar el mximo
de conclusiones, y porque, en todas las fases del proceso, se cuid de
ver pruebas donde no las haba.
Lo que hizo fue repasar toda la literatura gentica aplicando un
criterio riguroso para separar el grano de la paja: slo le interesaban
estudios de gentica humana a gran escala que empleasen muestras
recogidas en diferentes partes del mundo, incluidas Europa, Asia y
frica. Los genes examinados pertenecan a haplotipos longevos. Como
ya hemos visto, un haplotipo es un segmento de genoma que, o bien
es difcil que se fragmente por recombinacin sexual (como por ejemplo el ADN del cromosoma Y o el mitocondrial), o se puede reconocer intacto durante un nmero de generaciones la bastante elevado
como para cubrir la escala temporal que interesa (como es el caso de
ciertas partes ms pequeas del genoma). En resumidas cuentas, un
haplotipo es un tramo longevo y reconocible de genoma; no es del
todo equivocado considerarlo un gen de gran tamao.
Templeton se concentr en 13 haplotipos. Calcul el rbol genealgico de cada uno y fech los diversos puntos de coalescencia usando el reloj molecular calibrado con fsiles. Basndose en esas fechas
y en la distribucin geogrfica de las muestras, fue capaz de hacer
deducciones sobre la historia gentica de nuestra especie durante los
dos ltimos millones de aos. El bilogo sintetiz sus conclusiones
en el prctico diagrama que reproducimos en la pgina siguiente.
La conclusin principal es que no hubo dos, sino tres grandes migraciones desde frica. Adems del xodo SAA (Homo erectus) de hace
unos 1,7 millones de aos (que todo el mundo acepta y del que exis95
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frica
Europa m.
Europa sep. Asia m.
Asia sep.
Pacfico
Amrica
Fragmentacin
indicada por
el ADN
mitocondrial?
Flujo gnico
recurrente con
aislamiento
causado por la
distancia indicado
por ADN
mitocontrial,
ADN-Y, ADN
vinculado al
cromosoma X y
ADN autosmico
Extensin de la
gama indicada por
ADN mitocontrial
y los marcadores
genticos MX1,
MS205, MC1R y EDN
Migracin desde Asia
indicada por ADN-Y y locus de
la hemoglobina beta
Migracin desde frica indicada por
ADN mitocondrial y ADN-Y
0,08 a 0,15
millones de aos
Flujo gnico recurrente con aislamiento
causado por la distancia indicado
por el gen Xq13,3 hemoglobina beta,
ECP, EDN y PDHA1
Migracin desde frica indicada por la
hemoglobina beta, MS205 y MC1R
Flujo gnico recurrente con aislamiento
causado por la distancia indicado por el
gen Xq13,3, hemoglobina beta, ECP, EDN
y PDHA1?
0,42 a 0,84
millones de aos
Flujo gnico recurrente con aislamiento
causado por la distancia indicado por MX1?
Migracin desde frica del Homo erectus
indicada por el registro fsil
1,7 aos
millones
de aos
frica
Europa
Asia
Salida repetida de frica. Resumen de Templeton de las principales migraciones
humanas, basado en el estudio de 13 haplotipos. Las lneas verticales representan
descendencia gentica; las verticales, flujo gnico. Las flechas muestran las
principales migraciones humanas conocidas gracias a datos genticos. Adaptado de
Templeton [284] (los nmeros entre corchetes remiten a las fuentes enumeradas
en la bibliografa).
ten pruebas en su mayor parte de tipo fsil) y de la reciente migracin
que postula la teora SRA, habra habido un tercer gran xodo de frica a Asia hace entre 840.000 y 420.000 aos. Esta emigracin intermedia, que podramos llamar salida intermedia de frica (SIA), est avalada por seales existentes en tres de los 13 haplotipos. La emigracin
SRA se ve corroborada por pruebas mitocondriales y del cromosoma
Y. Otras seales genticas revelan una importante emigracin de
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regreso a frica desde Asia hace unos 50.000 aos. Poco despus, el
ADN mitocondrial y varios genes menores ponen de relieve otras migraciones: de Europa meridional a Europa septentrional, de Asia meridional a Asia septentrional, a travs del Pacfico y a Australia. Por
ltimo, segn indican el ADN mitocondrial y las pruebas arqueolgicas, hace unos 14.000 aos unas poblaciones humanas procedentes
del noreste de Asia colonizaron Norteamrica a travs de lo que entonces era el puente terrestre de Bering. Poco despus tuvo lugar la colonizacin de Sudamrica a travs del istmo de Panam. Por cierto, la
teora de que Cristbal Coln o Leif Ericsson descubrieron Amrica
es absolutamente racista. Pero igual de odioso resulta, a mi modo de
ver, el respeto de los relativistas por esas historias orales de los indios
norteamericanos que afirman, con crasa ignorancia, que sus antepasados jams vivieron fuera de Amrica.
Entre las tres grandes migraciones africanas que sostiene Templeton,
otras seales genticas revelan un ir y venir incesante de genes entre
frica, Europa meridional y Asia meridional. De las pruebas aducidas por el bilogo se deduce que las migraciones, tanto las de mayor
como de menor calado, suelen dar pie a cruzamientos con las poblaciones indgenas y no, como bien podra haber ocurrido, a exterminaciones completas de uno u otro bando. Esto, sin lugar a dudas, ha
influido considerablemente en la evolucin de la especie humana.
Este cuento, y el estudio de Templeton, tienen por objeto los seres
humanos y sus genes, pero, evidentemente, todas las especies tienen
rboles genealgicos y heredan material gentico, y todas aquellas que
presentan diferencias sexuales tienen su Adn y su Eva. Los genes y
los rboles genticos son un rasgo omnipresente de la vida en la tierra. Las tcnicas que aplicamos a la historia humana reciente tambin valen para los dems organismos. El ADN del guepardo revela
que hace unos 12.000 aos la poblacin de esta especie atraves por
un cuello de botella, un dato importante para los conservacionistas.
El ADN del maz lleva impresa la huella inconfundible de su domesticacin a manos de nativos mexicanos hace 9.000 aos. Las pautas
de coalescencia de las cepas de VIH pueden ayudar a los epidemilogos y mdicos a entender y controlar el virus. Los genes y sus rboles
genealgicos revelan la historia de la flora y fauna europeas: las enormes migraciones provocadas por las glaciaciones, que obligaron a las
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especies acostumbradas al clima templado a buscar refugio en el sur
de Europa y, cuando terminaron, dejaron aisladas a las especies rticas en enclaves montaosos incomunicados. Estos y otros acontecimientos pueden deducirse de la distribucin del ADN alrededor del
mundo, un manual histrico de consulta que apenas estamos aprendiendo a leer.
Hemos visto que cada gen tiene una historia diferente que contar,
y que juntando las distintas versiones es posible reconstruir en parte
la historia antigua y moderna de la humanidad. Cmo de antigua?
Por increble que parezca, nuestros genes ACMR pueden remontarse incluso a pocas en que todava no ramos humanos, sobre todo
cuando la seleccin natural propicia una gran diversidad poblacional.
La cosa funciona de la siguiente manera.
Supongamos que existen dos grupos sanguneos llamados A y B
que proporcionan inmunidad contra diversas enfermedades. Cada
grupo sanguneo es propenso a la enfermedad a la cual el otro es inmune. Las enfermedades se expanden cuando el grupo al que pueden
atacar es abundante, porque podr declararse una epidemia. As, pongamos por caso, si en una poblacin son comunes las personas del grupo B, la enfermedad que los afecte asumir las proporciones de una
epidemia. Los individuos del grupo B irn muriendo hasta convertirse en minoritarios y los del grupo A se harn ms numerosos; y viceversa. Siempre que haya dos grupos, de los cuales el ms raro se vea
favorecido por dicha caracterstica, se darn las condiciones para
que exista polimorfismo, esto es, la conservacin de la diversidad por
mero amor a la diversidad. El sistema de grupos sanguneos A-B-0 es
un famoso caso de polimorfismo que probablemente se haya conservado por esa razn.
Algunos polimorfismos pueden ser muy estables: tan estables que
superan el cambio de una especie ancestral a su descendiente. Parece
asombroso, pero el polimorfismo humano de los tres grupos sanguneos se halla presente en los chimpancs. Podra ser que los humanos y los chimpancs hubisemos inventado el polimorfismo por separado y por la misma razn. Pero parece ms verosmil que ambas
especies lo hayamos heredado de nuestro antepasado comn y lo hayamos mantenido por separado durante los seis millones de aos de evolucin paralela, habida cuenta de que durante todo ese periodo las
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enfermedades en cuestin han seguido campando a sus anchas. El
fenmeno recibe el nombre de polimorfismo interespecfico y tambin se da entre especies vinculadas por un parentesco mucho ms
lejano que el que guardamos con los chimpancs.
Una conclusin pasmosa es que, en el caso de determinados genes,
el lector est ms emparentado con algunos chimpancs que con algunos humanos, y yo soy pariente ms cercano de algunos chimpancs
que del lector (o de sus chimpancs). Los humanos como especie, y
tambin como individuos, somos recipientes temporales que contienen una mezcla de genes de diversa procedencia. Los individuos somos
puntos de encuentro temporales en el entramado de caminos que
los genes siguen a lo largo de la historia. Es una forma de expresar,
con la terminologa de los rboles genticos, el mensaje central de
mi primer libro, El gen egosta, en el que escrib: Una vez cumplida
nuestra funcin, se nos elimina, mientras que los genes, en cambio,
se encuadran en el tiempo geolgico: los genes son eternos. En el
banquete con que se cerraba una conferencia en Estados Unidos, recit el mismo mensaje en verso:
Un gen egosta muy andarn
dijo: Tantsimos cuerpos ya v.
Se creen muy despiertos
pero yo soy eterno.
No son ms que mis mquinas de sobrevivir.
Y para la inmediata respuesta del cuerpo al gen, parodi la mismsima Cancin para arpa de las mujeres danesas que he citado ms arriba:
Qu cuerpo es ese que tomas primero,
Lo haces crecer y abandonas luego
para huir con el viejo relojero ciego?
Hemos calculado que el Encuentro 0 probablemente tuvo lugar hace
decenas o, como mucho, cientos de milenios. No hemos avanzado
mucho en nuestra peregrinacin hacia el pasado. La prxima cita,
nuestra reunin con los peregrinos chimpancs en el Encuentro 1,
est a millones de aos de distancia y la mayora de los encuentros
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restantes, a cientos de millones. Si queremos completar nuestra peregrinacin, ms vale que apretemos el paso y nos sumerjamos en las
profundidades del tiempo. Tendremos que acelerar y dejar atrs las
otras 30 glaciaciones ocurridas en los ltimos tres millones de aos,
as como acontecimientos tan drsticos como los que tuvieron lugar
en el Mediterrneo hace entre 4,5 y 6 millones de aos, cuando se sec
y volvi a llenarse. Para hacer menos brusca esta aceleracin inicial,
me tomar la libertad, por lo dems inslita, de hacer un alto en algunos hitos intermedios y dejar que los fsiles nos cuenten sus historias.
Estos peregrinos fantasma en estado fsil que nos iremos encontrando, y los cuentos que nos relaten, nos ayudarn a responder las preguntas que nos hacemos sobre nuestros antepasados directos.
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El homo sapiens arcaico
El primer hito en nuestro camino hacia el Encuentro 1 se halla en el
corazn del penltimo periodo glacial, hace unos 160.000 aos. He
decidido hacer esta escala para examinar unos fsiles procedentes
de Herto, en la depresin etope de Afar3. Los hombres de Herto son
interesantes porque, en palabras de sus descubridores, Tim White y
su equipo, pertenecen a una poblacin que desde el punto de vista
anatmico se encuentra muy cerca del hombre moderno pero todava no es moderna del todo. Segn el ilustre paleoantroplogo
Christopher Stringer, los fsiles de Herto son el testimonio ms antiguo de lo que hoy se tiene por Homo sapiens moderno, un rcord
que anteriormente posean unos fsiles de Oriente Prximo cuya antigedad oscila en torno a los 100.000 aos. Dejando a un lado estas distinciones bizantinas entre moderno y casi moderno, lo que est claro es
que los humanos de Herto representan la cspide entre el hombre
moderno y sus predecesores, llamados genricamente Homo sapiens
arcaicos. Algunos paleontlogos emplean este nombre hasta los
900.000 aos de antigedad; a partir de ah recurren al de una especie anterior, Homo erectus. Como veremos, otros especialistas prefieren dar diversos nombres latinos a las formas arcaicas intermedias
entre esas dos especies. Vamos a eludir estas disputas usando trminos
del lenguaje corriente, tal y como hace mi colega Jonathan Kingdom,
3. El mismo Afar que dio nombre a un fsil mucho ms antiguo: Australopithecus
afarensis, tambin conocido como Lucy.
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que simplemente habla de Modernos, Arcaicos, Erectos, y otros que
iremos mencionando sobre la marcha. No es posible trazar una ntida lnea divisoria entre los primeros Arcaicos y los Erectos de los cuales evolucionaron, o entre los Arcaicos y los primeros Modernos que
evolucionaron a partir de aqullos. A propsito, que nadie se confunda por el hecho de que los Erectos fuesen an ms arcaicos (con
a minscula) que los Arcaicos (con a mayscula) ni por el hecho de
que los tres fuesen... erectos con minscula.
Los Arcaicos coexistieron con los Modernos hasta hace al menos
100.000 aos (ms an si incluimos a los neandertales, de los que
hablaremos enseguida). Los fsiles de Arcaico se encuentran por todo
el mundo y datan de diversas pocas repartidas en un espacio temporal de algunos centenares de milenios; entre los ejemplos ms conocidos estn el hombre de Heidelberg, descubierto en Alemania, el hombre
de Rhodesia, en Zambia (que en su da se llam Rhodesia del Norte), y el
hombre de Dali, en China. Los Arcaicos tenan el cerebro un poco ms
pequeo que el nuestro, de 1.200 a 1.300 centmetros cbicos de media
frente a los 1.400 del nuestro, pero la gama de tamaos era casi la misma. Eran ms robustos que nosotros, tenan el crneo ms grueso, el
arco supraciliar ms pronunciado y el mentn ms retrado. Se parecan ms que nosotros a los Erectos y no en vano, vistos en retrospectiva, se les considera una especie intermedia. Algunos taxnomos los
clasifican como una subespecie de Homo sapiens denominada Homo
sapiens heidelbergensis (nosotros seramos Homo sapiens sapiens); otros
ni siquiera los reconocen como Homo sapiens y los llaman Homo heidelbergensis, e incluso hay quien divide a los Arcaicos en ms de una
especie, como por ejemplo Homo heidelbergensis, Homo rhodensiensis y
Homo antecessor. Bien mirado, lo preocupante sera que no hubiese discrepancias en cuanto a las divisiones. Desde el punto de vista evolutivo, lo lgico es que exista una gama continua de estadios intermedios.
El moderno Homo sapiens sapiens no es el nico vstago de los
Arcaicos. Otra especie de humanos avanzados, los llamados neandertales, fueron contemporneos nuestros durante buena parte de nuestra prehistoria. En algunos aspectos se parecan ms que nosotros a
los Arcaicos, y parece ser que surgieron de una raz Arcaica hace entre
100.000 y 200.000 aos, en este caso no en frica sino en Europa y
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el HOMO SAPIENS arcaico
en Oriente Prximo. Los fsiles procedentes de estas regiones indican una transicin gradual de Arcaicos a neandertales y los primeros
fsiles inequvocos de neandertal encontrados datan de hace unos
130.000 aos, justo antes del comienzo de la ltima glaciacin. La
especie sigui viviendo en Europa durante casi todo el periodo glacial y se extingui hace unos 28.000 aos. En otras palabras, durante
toda su existencia los neandertales fueron contemporneos de
Modernos que haban emigrado de frica a Europa. Hay quien cree
que los responsables de su extincin fueron los Modernos, bien porque directamente los mataron o porque compitieron con ellos y salieron victoriosos.
Dado que la anatoma de los neandertales era bastante diferente
de la nuestra, algunos paleontlogos prefieren considerarlos una especie diferente y llamarlos Homo neanderthalensis. Conservaban algunos
rasgos de los Arcaicos, como el arco supraciliar pronunciado, que los
Modernos no tenan (razn por la que algunos expertos los clasifican simplemente como otro tipo de Arcaicos). Entre las adaptaciones a su glido entorno cabe citar un cuerpo bajo y fornido, extremidades cortas y narices enormes; seguramente se abrigaban con pieles
de animales. Tenan el cerebro tan grande como el nuestro o incluso
mayor. Se ha incidido mucho sobre ciertos indicios de que enterraban
a sus muertos. No se sabe si hablaban, tema ste que suscita opiniones encontradas. Ciertos hallazgos arqueolgicos dan a entender que
neandertales y Modernos pudieron haber intercambiado conocimientos de ndole tecnolgica, pero podra haber sido por imitacin, no
mediante un lenguaje.
Las reglas de la peregrinacin estipulan que slo tienen derecho
a contar un cuento aquellos animales actuales que emprendan el camino desde el presente. Vamos a hacer una excepcin con el dodo y el
ave elefante porque los dos vivieron en pocas histricas recientes. Los
fsiles de Homo erectus y Homo habilis tambin tienen derecho en calidad de peregrinos fantasma, pues entra dentro de lo posible que fuesen nuestros antepasados directos. Esto tambin faculta a los neandertales como narradores? Tambin descendemos de ellos? se es
precisamente el tema del cuento que quieren contarnos. El Cuento
del Neandertal viene a ser una peticin de palabra.
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el cuento del antepasado
EL CUENTO DEL NEANDERTAL
Escrito en colaboracin con Yan Wong
Descendemos de los neandertales? Si as fuese, tendran que haberse cruzado con Homo sapiens sapiens. Lo hicieron? Ambas especies
coincidieron en Europa durante un largo periodo y sin duda se produjeron contactos, pero hubo algo ms que simples contactos? Han
heredado los europeos genes de los neandertales? El tema es objeto
de acalorados debates que recientemente se han visto avivados por la
extraccin de ADN de unos huesos de neandertal. Naturalmente, slo
se trata de de ADN mitocondrial heredado por va materna, pero
basta para arriesgar una conclusin provisional. Las mitocondrias neandertales son claramente distintas de las de todos los seres humanos
modernos, lo que indica que los neandertales no estn ms emparentados con los europeos que con ningn otro pueblo moderno.
Dicho de otro modo, el antepasado comn por lnea femenina de
los neandertales y de todos los humanos vivi en fechas muy anteriores a la Eva Mitocondrial: hace medio milln de aos frente a los
140.000 de sta. Dado que este testimonio gentico indica que los cruces fructferos entre neandertales y Modernos fueron raros, se suele
afirmar que se extinguieron sin dejar descendientes.
Sin embargo, no debemos olvidar el argumento del 80% que tanto nos sorprendi en El Cuento del Tasmano. Todo inmigrante
que hubiese logrado introducirse en la poblacin frtil de Tasmania
habra tenido un 80% de probabilidades de pasar a formar parte del
conjunto de antepasados universales, esto es, de los antepasados de
todos los tasmanos que viviesen en un futuro lejano. Del mismo modo,
si un solo macho neandertal se hubiese introducido en un crculo
reproductor sapiens, eso le habra otorgado buenas posibilidades de
convertirse en antepasado comn de todos los europeos actuales, y
esto sera cierto aun cuando los europeos no poseyeran un solo gen
neandertal. Una posibilidad asombrosa.
As pues, aunque pocos de nuestros genes, por no decir ninguno,
procedan de los neandertales, es posible que algunas personas tengan
muchos antepasados de esta especie. sta es la distincin que analizamos en El Cuento de Eva entre rboles genticos y rboles genealgicos de personas. La evolucin est determinada por el flujo gni104
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el HOMO SAPIENS arcaico
co, y la moraleja del Cuento del Neandertal, si le dejamos que nos lo
cuente, es que no podemos, o al menos no deberamos, examinar la
evolucin en trminos de linajes de individuos. Por supuesto que los
individuos son importantes en muchos otros planos y sentidos, pero
cuando se trata de linajes, lo que cuenta son los rboles genticos. La
expresin descendencia evolutiva se refiere a antepasados-genes, no
a antepasados-persona.
Los cambios en el registro fsil tambin son reflejo de linajes genticos, no (o al menos no slo por casualidad) de linajes genealgicos.
Los fsiles sealan que la anatoma de los Modernos se extendi por
el resto del mundo a travs de las migraciones de tipo SRA. Sin embargo, de las investigaciones de Alan Templeton (descritas en El Cuento
de Eva) se deduce que en parte tambin descendemos de Arcaicos
no africanos y puede que hasta de Homo erectus que tampoco lo eran.
La descripcin es ms simple y a la vez ms convincente si, en lugar
de hablar de personas, pasamos a hablar de genes. Los genes que determinan nuestra anatoma Moderna salieron de frica a bordo de emigrantes SRA que dejaron tras de s un rastro de fsiles. Al mismo
tiempo, las pruebas de Templeton indican que otros genes que ahora poseemos circulaban por el mundo siguiendo diversas rutas pero
dejaron pocas huellas anatmicas de sus andanzas. La mayora de nuestros genes probablemente siguieron la ruta SRA mientras que tan slo
unos pocos nos llegaron por otras vas. Creo que no hay una forma
ms eficaz de expresar el concepto.
Han demostrado, pues, los neandertales que tenan derecho a contarnos su historia? Puede que s, aunque slo desde el punto de vista
genealgico, no gentico.
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Ergaster
Adentrndonos ms en el pasado en busca de ancestros, volvemos a
aterrizar con nuestra mquina del tiempo, esta vez hace un milln de
aos. Los nicos antepasados probables de esta poca pertenecen al
tipo normalmente denominado Homo erectus, aunque algunos paleontlogos se refieren a su versin africana como Homo ergaster, ejemplo
que seguir en estas pginas. A la hora de buscar un trmino en lenguaje informal, me he decidido por Ergaster en lugar de Erectos, en
parte porque creo que la mayora de nuestros genes proceden del tipo
africano, y en parte porque, como ya he sealado, no eran ms erectos que sus predecesores (Homo habilis) ni que sus sucesores (nosotros).
Sea cual sea el nombre que le pongamos, el caso es que los Ergaster
vivieron desde hace aproximadamente 1,8 millones de aos hasta hace
unos 250.000. Existe un amplio consenso a la hora de aceptarlos como
predecesores inmediatos y contemporneos parciales de los Arcaicos,
que a su vez fueron los predecesores de nosotros, los Modernos.
Los Ergaster eran sensiblemente diferentes del moderno Homo
sapiens y, a diferencia de los sapiens Arcaicos, diferan de nosotros en
aspectos sobre los que no existe coincidencia alguna. Los fsiles hallados demuestran que vivieron en el Medio y Extremo Oriente, incluida la isla de Java, y que provienen de una antigua migracin procedente de frica. Puede que el lector los conozca por sus antiguos
nombres: hombre de Java y hombre de Pekn. En latn, antes de que
se les admitiese en el gnero Homo, tenan el nombre genrico de
Pithecanthropus y Sinanthropus. Eran bpedos como nosotros, pero te106
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ergaster
nan el mentn retrado y un cerebro ms pequeo (900 c.c. los especmenes ms antiguos y 1.100 c.c. los ms recientes) alojado en crneos ms achatados, menos abombados que los nuestros, con la frente ms inclinada hacia atrs. El prominente arco supraciliar formaba
una especie de cornisa horizontal encima de los ojos, que parecan
hundidos en mitad de una cara muy ancha.
Como el pelo no se fosiliza, no hay un lugar concreto en nuestra
historia donde podamos analizar el hecho evidente de que en un
momento dado de nuestra evolucin perdimos casi todo el pelo del
cuerpo salvo la frondosa cabellera. Es muy probable que los Ergaster
fuesen ms peludos que nosotros, pero no se puede descartar la posibilidad de que hace un milln de aos ya hubiesen perdido el pelo
del cuerpo y fuesen tan lampios como nosotros. Pero es igualmente
plausible que fuesen tan peludos como los chimpancs o presentasen un grado intermedio de hirsutismo. Los seres humanos modernos, al menos los machos, variamos mucho en cuanto a vellosidad, una
caracterstica que aumenta o disminuye repetidas veces a lo largo de
la evolucin. El pelo vestigial, con sus correspondientes estructuras
celulares de apoyo, acecha hasta en la piel ms aparentemente lampia, listo para evolucionar y convertirse en un espeso pelaje (o replegarse de nuevo) en cuanto se lo ordene la seleccin natural. No hay
ms que fijarse en los lanudos mamuts y rinocerontes que evolucionaron rpidamente en respuesta a las ltimas glaciaciones de Eurasia.
Por extrao que parezca, volveremos a ocuparnos de la prdida evolutiva del pelo humano en El Cuento del Pavo Real.
Unos indicios un tanto tenues de hogueras usadas repetidamente
indican que al menos algunos grupos de Ergaster conoca el uso del
fuego, lo que, visto a posteriori, representa un hecho trascendental en
la historia del ser humano. Las pruebas no son todo lo concluyentes
que sera de desear. Los tiznajos del holln y del carbn no se conservan durante periodos muy dilatados, pero el fuego deja otras huellas
ms duraderas. Los investigadores actuales han llevado a cabo experimentos sistemticos encendiendo diversos tipos de fuegos y examinando posteriormente los efectos causados. Sin que se sepa por qu,
se ha descubierto que las fogatas encendidas por la mano del hombre magnetizan el suelo de un modo particular que las diferencia de
los incendios de monte y de los tocones incinerados. Estas seales
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demuestran que los Ergaster, tanto en frica como en Asia, ya se calentaban al amor de una hoguera hace casi un milln y medio de aos.
Esto no significa necesariamente que supiesen encenderlas. Quiz
empezaron capturando y reavivando fuegos de origen natural, alimentndolos y mantenindolos con vida como quien cuida de un Tamagochi; quiz, antes de comenzar a usarlo para asar alimentos, se sirviesen del fuego para ahuyentar animales peligrosos, obtener luz y
calor, as como para crear un foco de socializacin.
Los Ergaster fabricaban y utilizaban tiles de piedra, y es de suponer que tambin de madera y hueso. No se sabe si hablaban y es difcil conseguir pruebas a este respecto. Hay quien pensar que aqu difcil es un eufemismo, pero es que en esta peregrinacin nuestra
hemos llegado a un punto en el que los testimonios fsiles empiezan
a revelarnos informacin. Del mismo modo que las hogueras dejan
huellas en el suelo, las exigencias del lenguaje hablado comportan
pequeas modificaciones en el esqueleto: nada tan llamativo como los
huesos en forma de cajita que los monos aulladores de las selvas sudamericanas tienen en la garganta y que les sirve para amplificar sus
estentreas voces, pero s signos reveladores como los que se puede
esperar encontrar en algunos fsiles. Por desgracia, los signos descubiertos no son lo bastante significativos como para zanjar la cuestin,
que sigue siendo controvertida.
Segn parece, hay dos partes del cerebro humano relacionadas con
el habla: el rea de Broca y el rea de Wernicke. En qu momento
de la historia humana aumentaron de tamao? El objeto ms parecido a un cerebro fsil es el molde endocraneal que describir en El
Cuento del Ergaster. Por desgracia, las lneas que dividen las diferentes regiones del cerebro no se fosilizan con demasiada nitidez, pero
algunos paleontlogos creen estar en condiciones de afirmar que las
zonas del cerebro relacionadas con el habla ya haban aumentado de
tamao hace ms de dos millones de aos, un dato alentador para
quienes desean creer que los Ergaster posean la facultad del habla.
Sin embargo, cuando pasamos a analizar el esqueleto, los datos ya
no resultan tan alentadores. El Homo ergaster ms completo que se conoce es el Nio de Turkana, que muri cerca del lago del mismo nombre, en Kenia, hace ms o menos un milln y medio de aos. Las costillas y el reducido tamao del foramen intervertebral por el que pasan
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los nervios indican que el nio de Turkana careca del preciso control respiratorio que se suele vincular al habla. Otros cientficos, tras
estudiar la base del crneo, han concluido que ni siquiera los neandertales, que vivieron hace apenas 60.000 aos, eran capaces de hablar.
Lo demostrara el hecho de que la forma de su garganta no les permita toda la gama de vocales que nosotros empleamos. Sin embargo, tal y como ha sealado el lingista y psiclogo evolucionista Steven
Pinker: en lengueje que selemente tengue en nmere pequee de
vequeles tembn pede ser expreseve. Si el hebreo escrito se puede
entender sin vocales, no veo por qu el neandertal hablado, o incluso el ergaster, habran de ser incomprensibles. El veterano antroplogo sudafricano Philip Tobias sospecha que el lenguaje podra ser
incluso anterior al Homo ergaster, y quiz tenga razn. Como ya hemos
visto, hay, en cambio, otros paleotlogos que se van al extremo opuesto y fijan el origen del lenguaje en el gran salto adelante, hace unas
pocas decenas de milenios.
Podra tratarse de una de esas controversias que jams se resuelven. En todas las deliberaciones sobre el origen del lenguaje se empieza aludiendo a la Sociedad Lingstica de Pars que, en 1886, prohibi debatir sobre este asunto por considerarlo imposible de responder
y, por tanto, ftil. Ser difcil dar con una respuesta, pero, a diferencia de lo que ocurre con determinadas cuestiones filosficas, el problema, al menos en principio, no carece de solucin. Siempre que lo
que est en juego es el ingenio cientfico me declaro optimista. Del
mismo modo que hoy en da la deriva de los continentes es un hecho
incontestable avalado por mltiples y convincentes pruebas, y que
los anlisis de ADN permiten determinar la procedencia de una mancha de sangre con una precisin que los forenses de antao ni soaban, me atrevo a confiar en que un da los cientficos descubrirn un
ingenioso mtodo para determinar cundo empezaron a hablar nuestros antepasados.
Con todo, ni siquiera yo tengo la menor esperanza en que podamos llegar a saber qu se decan aqullos homnidos ni en qu idioma se lo decan. Empezaron con simples palabras, sin nada de gramtica, como el lenguaje de los bebs, que al principio slo balbucean
sustantivos, o la gramtica surgi enseguida y de repente, posibilidad
sta ni absurda ni imposible? Puede que la predisposicin a la gram109
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tica ya existiese en el cerebro y se usase para otros fines, como por
ejemplo la elaboracin de planes. Otra posibilidad es que la gramtica, al menos aplicada a la comunicacin, fuese la creacin inopinada
de un genio; lo dudo mucho, pero en este terreno no descarto de manera tajante ninguna hiptesis.
La aparicin de una prometedora evidencia gentica ha supuesto
un pequeo paso hacia la datacin del origen del lenguaje. Una familia concreta, que recibe el nombre en cdigo de KE, muestra una extraa carencia hereditaria. De unos 30 miembros repartidos en tres generaciones, la mitad son normales, pero los otros 15 sufren una curiosa
disfuncin lingstica que merma tanto la capacidad de hablar como
la de comprender. El sndrome, llamado dispraxia verbal, se manifiesta en un primer momento como incapacidad infantil de articular
con claridad las palabras. Algunos expertos creen que el problema se
debe a una ceguera gramatical que los incapacita para captar ciertos accidentes gramaticales como el gnero, el tiempo y el nmero. Lo que
es indudable es que se trata de una anomala es gentica: las personas nacen con ella o sin ella, y est relacionada con una mutacin de
un importante gen denominado FOXP2 que quienes no sufrimos el
trastorno poseemos en forma no mutada. Como ocurre con la mayora de nuestros genes, una versin de FOXP2 tambin est presente
en ratones y otras especies, y es probable que realice diversas funciones en el cerebro y otros lugares4. El hecho de que exista una familia
como la KE da a entender que en los seres humanos el FOXP2 es importante para el desarrollo de alguna regin del cerebro implicada en el
lenguaje.
Nos interesa, pues, comparar el gen FOXP2 humano con el de los
animales que carecen de lenguaje. En general los genes se comparan
analizando o bien las secuencias de ADN propiamente dichas o las
secuencias de aminocidos de las protenas que aqullas codifican. Hay
veces que se llega a resultados diferentes dependiendo del mtodo
empleado en esas ocasiones. El gen FOXP2 codifica una cadena proteica de 715 aminocidos de longitud. La versin de los ratones y la de
los chimpancs se diferencian en un solo aminocido. La versin huma-
4. Muchos genes tienen ms de un efecto, fenmeno conocido como pleiotropismo.
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na se diferencia de ambos en otros dos aminocidos. Advierte el lector lo que eso puede significar? Aunque los humanos y los chimpancs tengamos en comn la mayor parte de nuestra historia evolutiva y
de nuestro genoma, el FOXP2 humano es uno de los elementos en los
que ha habido una evolucin ms rpida en el breve espacio de tiempo transcurrido desde que el ser humano se separ de sus parientes.
Uno de los aspectos ms importantes que nos distinguen de los chimpancs es el lenguaje, del que ellos carecen. Si lo que pretendemos es
comprender cmo evolucion esa facultad, lo que deberamos buscar
precisamente es un gen que haya mutado en algn momento de nuestra lnea ancestral pero despus de que nos separsemos de los chimpancs; y se es justamente el gen que aparece mutado en la desventurada familia KE (y tambin, de forma diferente, en otro individuo que
no guarda la menor relacin con aqulla pero que presenta la misma
disfuncin lingstica). Quiz lo que capacit a los seres humanos y
no a los chimpancs para el desarrollo del lenguaje fue una serie de
mutaciones en el FOXP2. Tambin lo tenan mutado los Ergaster?
Sera maravilloso que pudisemos usar esta hiptesis gentica para
determinar la fecha del origen del lenguaje en nuestros antepasados.
Si bien no podemos establecer ese dato con certeza, s podemos hacer
algo bastante sugerente empleando dicho mtodo. El procedimiento ms obvio sera triangular marcha atrs partiendo de variantes observables entre los humanos actuales para calcular as la antigedad del
FOXP2. Sin embargo, a excepcin de casos tan raros como el de los
desafortunados miembros de la familia KE, en los aminocidos del
FOXP2 no se registran variaciones, y sin un nmero suficiente de variaciones no se puede llevar a cabo la triangulacin. Por suerte, sin embargo, hay otras partes del gen que nunca se traducen en protenas y que,
por tanto, son libres de mutar sin que la seleccin natural se entere :
son las letras mudas de las partes del gen que nunca se transcriben,
los llamados intrones (que se contraponen a los exones, los cuales s
se expresan y no pasan desapercibidos a la seleccin natural). Las letras
mudas, a diferencia de las que se expresan, varan bastante de un ser
humano a otro, y tambin de un ser humano a un chimpanc.
Analizando las pautas de variacin en las reas mudas podemos entender parte de la evolucin del gen. Aunque las letras mudas no estn
sometidas a la seleccin natural, pueden verse arrastradas por la selec111
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cin de los exones aledaos. Mejor todava: el anlisis matemtico de
las pautas de variacin de los intrones ofrece una buena indicacin
del momento en que tuvieron lugar esas modificaciones impuestas
por la seleccin natural. En el caso del FOXP2, la respuesta la encontramos hace menos de 200.000 aos. Uno de los cambios de la versin humana del FOXP2 propiciados por la seleccin natural parece
coincidir ms o menos con el paso del Homo sapiens arcaico al Homo
sapiens anatmicamente moderno. Fue entonces cuando surgi el
lenguaje? En este tipo de clculos el margen de error es amplio, pero
en la prctica este ingenioso testimonio gentico representa un voto
en contra de la teora de que el Homo ergaster hablaba. Y lo que a mi
juicio es ms importante: este novedoso e inesperado mtodo alimenta mis esperanzas de que la ciencia pueda dejar un da con un palmo de narices a los pesimistas de la Sociedad Lingstica de Pars.
En nuestra peregrinacin, el Homo ergaster es el primero de los antepasados fsiles que pertenece claramente a una especie diferente de
la nuestra. Nos disponemos a emprender una etapa del viaje en la que
los fsiles constituirn las pruebas ms importantes, y, aunque nunca
lleguen a superar el valor de los testimonios moleculares, seguirn
teniendo gran relevancia hasta que lleguemos a pocas lejansimas
en que los realmente relevantes comenzarn a ralear. Es un buen
momento para examinar los fsiles con ms detalle y ver cmo se forman. Que nos lo cuente el Ergaster.
EL CUENTO DEL ERGASTER
Richard Leakey describe emotivamente el momento en que su colega Kimoya Kimeu descubri, el 22 de agosto de 1984, al Nio de
Turkana (Homo ergaster), que con su milln y medio de aos de antigedad es el esqueleto casi completo de homnido ms antiguo que
jams se haya encontrado. Igualmente emotiva es la descripcin que
hace Donald Johanson de Lucy, un australopitecino ms antiguo todava y, como cabe imaginar, ms incompleto. Y no menos extraordinario es el relato del descubrimiento de Little Foot (piececillo), un fsil
que todava no se ha descrito con detalle (vase pgina 134). Sean cuales fuesen las inslitas condiciones por las que Lucy, Little Foot y el
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Nio de Turkana han sobrevivido hasta nuestros das, no nos gustara que, cuando nos llegase la hora, se nos concediese una forma de
inmortalidad parecida? Qu obstculos hemos de salvar para materializar semejante ambicin? Cmo se forma un fsil? De eso trata
El Cuento del Ergaster, pero antes de nada ser mejor hacer un breve inciso de carcter geolgico.
Las rocas se componen de cristales demasiado pequeos para apreciarse a simple vista. Un cristal es una nica molcula gigante cuyos
tomos estn dispuestos con regularidad formando una retcula en
la que la distancia entre los tomos se repite miles de millones de veces
hasta llegar a la cara externa. Los cristales se forman cuando los tomos pasan del estado lquido al slido y se acumulan de forma creciente en torno a un ncleo ya existente. Dicho lquido suele ser agua.
En otras ocasiones no se trata de un solvente sino del propio mineral
fundido. La forma del cristal y los ngulos en que se encuentran sus
facetas son una transposicin directa, a gran escala, de la retcula
atmica. A veces la forma de la retcula se proyecta a gran tamao de
manera evidente, como en el caso de los diamantes o amatistas cuyas
facetas revelan, a simple vista, la geometra tridimensional de la estructura atmica espontneamente formada. Lo normal, sin embargo, es
que las unidades cristalinas que componen las rocas sean demasiado
pequeas para apreciarlas a simple vista, lo cual es uno de los motivos por los que la mayora de las rocas no son transparentes. Entre
los cristales de roca ms importantes y comunes se encuentran el cuarzo (dixido de silicio), los feldespatos (tambin compuestos en su
mayor parte por dixido de silicio, pero con algunos de sus tomos de
slice sustituidos por tomos de aluminio) y la calcita (carbonato de
calcio). El granito es una mezcla muy compacta de cuarzo, feldespato y mica, resultante de la cristalizacin de magma fundido. La piedra caliza es casi toda calcita, la arenisca es casi toda cuarzo, y ambas
estn compuestas de grnulos compactados procedentes de sedimentos de arena o barro.
Las rocas gneas se forman a partir de lava consolidada por enfriamiento (lava que a su vez es roca fundida) y con frecuencia, como en
el caso del granito, son cristalinas. A veces parecen lquido solidificado, muy semejante al vidrio. Con mucha suerte, la lava lquida puede
quedar presa en un molde natural, como un crneo o una huella de
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dinosaurio, pero para quienes estudian la historia de la vida, las rocas
gneas sirven, sobre todo, de herramienta de datacin. De hecho, como
veremos en El Cuento de la Secuoya, los mejores mtodos de datacin slo funcionan con rocas gneas. Por lo general no se puede fechar
con precisin un fsil basndose nicamente en sus caractersticas,
pero si en las proximidades hay alguna roca gnea, se puede asumir
que sea contempornea suya; o si el fsil se encuentra en medio de
dos muestras datables de roca gnea, una encima y otra debajo, se puede establecer su antigedad comparando las de los dos bloques. En
esta datacin de fsiles emparedados se corre el ligero riesgo de que el
cadver haya sido arrastrado hasta un yacimiento de otra poca por
una crecida, o lo llevasen all las hienas o sus equivalentes entre los
dinosaurios equivalentes. Si hay suerte, se podr apreciar si ocurri
algo parecido; de lo contrario, har falta cotejar el resultado de la datacin con un patrn estadstico general para confirmar la validez de
la fecha.
Las rocas sedimentarias como la arenisca y la caliza estn compuestas de materiales duros como conchas o de fragmentos diminutos que
el viento o el agua arrancan de rocas ms antiguas. Ese material se desplaza en suspensin en forma de arena, limo o polvo, hasta depositarse en otra parte, donde, con el tiempo, se asienta y compacta dando lugar a nuevos estratos de roca. La mayora de los fsiles se encuentra
en lechos sedimentarios.
Lo propio de las rocas sedimentarias es que sus materiales se reciclen continuamente. Sometidas a la lenta erosin del agua y el viento, las montaas antiguas como las Highlands escocesas van cediendo materiales que posteriormente se depositan en sedimentos y que
podran acumularse en cualquier otra parte hasta formar montaas
ms jvenes, como los Alpes, con lo que el ciclo se reanuda. En un
mundo donde este tipo de ciclos se suceden sin tregua, bien haramos
en dominar la ansiedad con que exigimos un registro fsil continuo
que cubra todas las lagunas de la evolucin. Si faltan fsiles no es
slo cuestin de mala suerte, sino una consecuencia inherente al modo
en que se forman las rocas sedimentarias. Lo que de veras sera preocupante es que no hubiese lagunas en el registro fsil. Las rocas ms
antiguas resultan destruidas, junto con los fsiles que albergan, como
consecuencia del mismo proceso que da lugar a rocas nuevas.
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Los organismos enterrados suelen fosilizarse cuando el agua cargada de minerales penetra sus tejidos. En los organismos vivos, los huesos, por razones econmicas y estructurales, son porosos y esponjosos.
Cuando el agua se filtra por los intersticios de los huesos de un cadver, los minerales se depositan lentamente a lo largo de las eras. Digo
lentamente casi por sistema, pero el proceso no siempre es tan lento; pinsese en lo rpido que un tetera se cubre de sarro. Una vez, en
una playa australiana, me encontr un tapn de botella engastado en
una piedra. Con todo, el proceso suele ser lento. Sea cual sea la velocidad, la piedra de un fsil adopta en ltima instancia la forma del
hueso original, y esa forma se nos revela millones de aos despus,
aunque haya desaparecido hasta el ltimo tomo del hueso original
(lo que no siempre ocurre). El bosque petrificado del Desierto Pintado
de Arizona est formado por rboles cuyos tejidos fueron sustituidos
lentamente por slice y otros minerales filtrados de las aguas subterrneas. Los rboles, muertos hace 200 millones de aos, son ya pura
piedra, pero todava hoy se pueden apreciar con nitidez, en esa forma petricadada, muchos de sus detalles celulares microscpicos.
Ya he mencionado que a veces el organismo original, o parte del
mismo, forma un molde natural del que posteriormente puede extraerse o disolverse. Recuerdo con placer los dos das tan felices que pas
en Tejas en 1987, chapoteando en el ro Paluxy para examinar las huellas de dinosaurio que se conservan en su terso lecho calcreo y en
las que llegu a colocar mis propios pies. Por aquel entonces se extendi la estrambtica leyenda local de que algunas de las pisadas eran
gigantescas huellas humanas contemporneas de las indiscutibles huellas de dinosaurio. El resultado fue que la vecina ciudad de Glen Rose
se convirti en el centro de produccin de una floreciente industria
artesanal dedicada a fabricar toscas rplicas en cemento de las huellas
humanas gigantescas, para vendrselas a crdulos creacionistas que
saben perfectamente que En aquellos das haba gigantes en la tierra (Gnesis 6:4) La verdadera historia de las huellas, que se ha estudiado concienzudamente, es fascinante. Las que son pisadas inequvocas de dinosaurio tienen tres dedos, mientras que las que tienen una
vaga forma humana carecen de dedos y fueron obra de dinosaurios
que, en lugar de correr sobre las puntas de los pies, caminaban sobre
los talones. Como el cieno tiende a desbordar los contornos de la pi115
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sada, los dedos laterales de los dinosaurios haban quedado desfigurados.
Ms conmovedor resulta el yacimiento de Laetoli, en Tanzania,
donde se encontraron, impresas unas junto a las otras, las huellas de
tres homnidos verdaderos, probablemente de la especie Australopithecus
afarensis, que caminaron juntos hace 3,6 millones de aos sobre lo que
a la sazn eran cenizas volcnicas recientes. Uno no puede evitar preguntarse qu relacin mantendran aquellos tres individuos, si iran
de la mano o incluso si hablaran, o qu misin compartan en aquel
remoto da del Plioceno.
A veces, como he explicado al hablar de la lava, el molde puede llenarse de un material diferente que posteriormente se endurece y da
lugar a una reproduccin del animal u rgano original. Escribo estos
renglones encima de una mesa de jardn hecha con una losa cuadrada de ms de dos metros de lado y 15 centmetros de grosor: una
roca caliza sedimentaria de Purbeck que data del Jursico y puede que
tenga unos 150 millones de aos de antigedad5. Adems de un montn de conchas fsiles, en la parte inferior de la mesa (al menos segn
el distinguido y excntrico escultor que me la consigui) hay una huella de dinosaurio; pero es una huella en relieve, es decir, que sobresale de la superficie. La huella original (si de veras es autntica, porque
a m me parece bastante anodina) debi de servir como molde, en
ste se deposit posteriormente el sedimento, y por ltimo desapareci la matriz. Mucho de lo que sabemos sobre los cerebros ancestrales nos ha llegado en forma de reproducciones de ese tipo: vaciados
endocraneales que a menudo llevan impresa, hasta en los mnimos
detalles, la superficie del cerebro.
En ciertas ocasiones, aunque con menor frecuencia que huesos,
conchas y dientes, las partes blandas de los animales tambin se fosilizan. Los yacimientos ms famosos son el de Burgess Shale, en las
Montaas Rocosas canadienses, y el de Chengjian, en el sur de China,
que es un poco ms antiguo y al que volveremos en El Cuento del
5. Una vez un periodista me entrevist durante ms de una hora delante de este
megalito de dos toneladas y posteriormente, en su artculo, lo describi como una
mesa blanca de hierro forjado. Es el ejemplo que siempre pongo para demostrar la
falibilidad de los testimonios presenciales.
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Gusano Aterciopelado. En ambos se han encontrado fsiles de gusanos y otras criaturas sin huesos ni dientes (adems de los habituales
organismos duros) que constituyen un maravilloso documento de la
vida en el periodo Cmbrico, hace ms de mil millones de aos. Somos
inmensamente afortunados de disponer de esos dos autnticos tesoros; en realidad, como ya he sealado, tenemos mucha suerte de tener
fsiles del tipo que sea y en donde sea. Se calcula que del 90 por ciento de todas las especies jams llegaremos a tener noticia en forma fsil.
Si se es el porcentaje para las especies, pinsese en los poqusimos
individuos que pueden esperar alcanzar la inmortalidad mediante la
fosilizacin, ese capricho del que hablbamos al inicio de este cuento. Segn un clculo realizado ex profeso, entre los vertebrados la posibilidad sera de una entre un milln. Me parece una cifra demasiado
elevada; y creo que para los animales sin partes duras, el porcentaje
debe ser mucho menor.
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Un milln de aos antes del Homo ergaster, es decir, hace dos millones
de aos, ya no hay ninguna duda de cul es el continente donde se
hunden nuestras races genticas. Todo el mundo, incluidos los multirregionalistas, coinciden en que se trata de frica. Los fsiles ms signficativos de esta poca suelen clasificarse como Homo habilis. Algunos paleontlogos distinguen un segundo tipo, muy similar y contemporneo de
aqul, al que denominan Homo rudolfensis, otros lo equiparan al
Kenyapithecus, descrito por el equipo de Leakey en 2001, y otros se abstienen por prudencia de dar a estos fsiles el nombre de especie y se limitan a llamarlos Homo primitivo. Como de costumbre, no me pronunciar en materia de nombres. Lo que importa son las criaturas de carne y
hueso propiamente dichas, y me referir a todas ellas con el trmino hbiles. Los fsiles de Hbil son menos abundantes que los de Ergaster, lo
cual es comprensible dado que son ms antiguos. El crneo que mejor
se conserva lleva el nmero de referencia KNM-ER 1470 y se conoce
comnmente como el 14-70. Vivi hace unos 1,9 millones de aos.
Los Hbiles eran tan diferentes de los Ergaster como stos de nosotros y, como caba esperar, existieron especmenes intermedios que
son difciles de clasificar. El crneo del Hbil es menos robusto que
el de Ergaster y tiene menos pronunciado el arco supraciliar. En este
sentido era ms parecido a nosotros, lo cual no debiera sorprender a
nadie. La corpulencia y los arcos supraciliares prominentes son peculiaridades que, como el vello, los homnidos adquieren y pierden repetidamente a lo largo de las eras evolutivas.
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Los Hbiles sealan el momento de nuestra historia en que el cerebro, la ms extraordinaria de las peculiaridades humanas, comienza
a aumentar; o, dicho con mayor precisin, comienza a superar el tamao de los cerebros ya voluminosos de los dems simios. De hecho, ste
es el motivo por el que se incluye a los Hbiles en el gnero Homo. Para
muchos paleontlogos, el cerebro grande es el sello distintivo de nuestro gnero. Los Hbiles, al poseer cerebros que superan la barrera
de los 750 c.c., han cruzado el Rubicn y se han hecho humanos.
Como el lector me escuchar repetir una y otra vez, no soy partidario de rubicones, barreras ni brechas. En concreto, no existe razn
alguna para pensar que entre un Hbil primitivo y su predecesor hubiese una diferencia mayor que la apreciable entre el Hbil y sus sucesores. Estamos tentados de ver dicha diferencia porque el gnero del
predecesor (Australopithecus) es diferente del gnero del sucesor (Homo
ergaster), que es simplemente otro Homo. Es verdad que, si analizamos las
especies actuales, parece lgico que los miembros de gneros distintos sean menos afines que los miembros de especies diferentes dentro del mismo gnero, pero esto no es extensible a los fsiles, siempre que exista una descendencia histrica continua en el marco de la
evolucin. En el lmite entre una especie fsil cualquiera y su inmediata predecesora han de existir algunos individuos de cuya adscripcin sera ridculo discutir ya que la reductio ad absurdum de semejante discusin sera que los padres de una especie engendraron un hijo
de otra. Ms absurdo an es insinuar que un beb del gnero Homo
haya nacido de padres pertenecientes a un gnero completamente
diferente como es el Australopithecus. Nuestras convenciones taxonmicas no estn pensadas para explorar estas regiones evolutivas6.
Podemos dejar de lado el tema de los nombres para debatir una
cuestin ms constructiva como es la de por qu el cerebro comenz
de repente a aumentar de tamao. Cmo podramos medir el aumen6. El Rubicn de los 750 c.c. que es necesario cruzar para merecer la definicin
de Homo fue establecido por sir Arthur Keith. Como cuenta Richard Leakey en su libro
La formacin de la humanidad, cuando Louis Leakey describi el primer Homo habilis,
el crneo de su especimen tena una capacidad de 650 c.c., de manera que desplaz
el Rubicn para acogerlo entre los humanos. Especmenes posteriores de Homo habilis han venido a darle la razn por cuanto presentan una capacidad craneal cercana a
los 800 c.c. Todo esto me afianza en mi postura antirubiconiana.
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to del cerebro de los homnidos y construir un grfico que reflejase
el tamao de cerebro medio a lo largo de las eras geolgicas? La unidad de medida temporal es fcil de escoger: millones de aos. Calcular
la progresin del cerebro ya es ms complicado. Los crneos fsiles y
los moldes endocraneales nos permiten medirlo en centmetros cbicos, que se convierten fcilmente a gramos, pero el tamao absoluto
del cerebro no es necesariamente la medida que ms nos interesa. Los
elefantes tienen un cerebro ms grande que el nuestro y, sin embargo, no es slo vanidad lo que nos hace creernos ms inteligentes que
ellos. El cerebro de los Tyrannosaurus no era mucho menor que el nuestro, pero tenemos a todos los dinosaurios por criaturas torpes y de
escasa inteligencia. Lo que nos hace ms inteligentes que los dinosaurios es que tenemos cerebros ms grandes en relacin a nuestro
tamao. Ahora bien, qu significa exactamente en relacin a nuestro tamao?
Existen mtodos matemticos para corregir el tamao absoluto y
expresar cun grande debera ser el cerebro de un animal teniendo en
cuenta su estatura. El tema se merece por s solo un cuento y nos lo
narrar el Homo habilis, el hbil situado a caballo de esa ardua frontera que es el Rubicn del tamao cerebral.
EL CUENTO DEL HBIL
Queremos saber si el cerebro de una criatura concreta, como por ejemplo el Homo habilis, es mayor o menos de lo que debera en relacin a
su estatura. Aceptamos (en mi caso un poco a regaadientes, pero lo
dejar estar) que los animales grandes deben tener cerebros grandes
y los pequeos, cerebros pequeos. Aun tomando esto en consideracin, seguimos sin saber por qu unas especies son ms sesudas que
otras. Cmo hacemos para tener en cuenta el tamao corporal? Nos
hace falta una base razonable para calcular qu dimensiones debe
tener el cerebro de un animal con arreglo al tamao de su cuerpo y
poder establecer as si el cerebro de un animal concreto es mayor o
menor de lo previsto.
En esta peregrinacin hacia el pasado nos hemos topado con este
problema en relacin al cerebro, pero podramos plantearnos la mis120
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ma cuestin respecto de cualquier otra parte del cuerpo. Quiz algunos animales tengan corazones, riones o clavculas mayores (o menores) de lo que deberan teniendo en cuenta su tamao. Si as fuese,
es probable que el modo de vida de dichos animales exija mucho a
su corazn (o a sus riones o a sus clavculas). Cmo podemos saber
cul debera ser el tamao de una parte cualquiera de un animal en
relacin a sus dimensiones totales? Advirtase que debera ser no significa debe tener por razones funcionales, sino cabe esperar que tenga, considerando lo que tienen animales comparables. Como ste
es El Cuento del Hbil y el rasgo ms sorprendente del Hbil es el
cerebro, seguiremos usando el cerebro como objeto de anlisis, pero
las enseanzas que obtengamos sern de ndole ms general.
Empezaremos trazando un diagrama de dispersin que contraponga la masa cerebral y la masa corporal de un gran nmero de especies.
Cada uno de los smbolos del grfico de la pgina siguiente (obra de
mi colega y eminente antroplogo Robert Martin) representa una
especie de mamfero actual: en total 309, desde la ms pequea hasta la ms grande. Por si el lector estuviese interesado, el Homo sapiens
es el punto que seala la flecha y el que est justo a su lado es un delfn. La lnea negra continua que atraviesa la nube de puntos es la
recta que, segn los clculos estadsticos, mejor encaja con todos los
puntos.7
Una ligera complicacin, que enseguida se entender, es que la
cosa funciona mejor si se hacen logartmicas las escalas de ambos ejes,
y as es, de hecho, como se ha contruido este diagrama, donde el
logaritmo de la masa cerebral de un animal se contrapone al de su
masa corporal. Logartmico significa que los segmentos equivalentes a
lo largo del eje de abscisas (o del de ordenadas) representan multiplicaciones por un nmero fijo determinado, como por ejemplo diez, y
no adiciones de un nmero, como en los grficos normales. La razn
por la que diez es un nmero conveniente es que nos permite ver los
logaritmos como una serie de ceros. Esto significa que si hay que
multiplicar la masa de un ratn por un milln para obtener la de un
elefante, habr que aadir seis ceros a la masa del ratn, es decir, que
7. Es la lnea que minimiza la suma de los cuadrados de las distancias desde los
puntos hasta ella.
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logaritmo de la masa cerebral (mg.)
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logaritmo de la masa corporal (g.)
Grfico logartmico de la relacin entre masa cerebral y masa corporal de diversas
especies de mamferos placentarios. Los tringulos negros representan primates.
Adaptado del original de Martin [185].
basta con aadir seis ceros al logaritmo de uno para obtener el del
otro. A medio camino entre esos dos animales en la escala logartmica (tres ceros) figura un animal que pesa mil veces ms que un ratn,
o mil veces menos que un elefante: un ser humano, quiz. Si usamos
nmeros redondos como mil o un milln es simplemente para que
la explicacin resulte ms sencilla. Tres ceros y medio significa una
posicin intermedia entre mil y diez mil. Advirtase que intermedia
supone algo muy diferente cuando contamos ceros que cuando contamos gramos. Todo esto se calcula automticamente mirando los logaritmos de los nmeros. Las escalas logartmicas exigen un planteamiento diferente del de las escalas aritmticas simples y son tiles para
otras finalidades.
Existen como mnimo tres buenas razones para emplear la escala
logartmica. En primer lugar, permite incluir una musaraa enana, un
caballo y una ballena azul en el mismo grfico sin necesidad de usar
100 metros de papel. En segundo lugar, facilita la lectura de los facto122
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res multiplicadores, que a veces es lo que hace falta hacer. No nos
basta saber que tenemos un cerebro mayor de lo que deberamos
teniendo en cuenta de nuestro tamao; queremos saber que nuestro
cerebro es, pongamos, seis veces mayor de lo que debera. En un grfico logartmico los factores multiplicativos se obtienen directamente: eso es precisamente lo que significa logartmico. La tercera razn
por la que conviene usar escalas logartmicas es un poco ms larga de
explicar. Una forma de expresarlo sera diciendo que en estas escalas
los puntos de dispersin forman lneas rectas en lugar de curvas,
pero eso no es todo. Tratar de aclarar el concepto en atencin a quienes sean tan negados para las matemticas como un servidor.
Supongamos que cogemos un objeto como una esfera o un cubo,
o mismamente un cerebro, y que lo inflamos de manera homognea
para que, conservando la misma forma, aumente diez veces de tamao. En el caso de la esfera esto significa un dimetro diez veces mayor;
en el caso del cubo, o del cerebro, significa diez veces ms ancho (y
ms alto y ms profundo). En todos estos casos de aumento proporcionado del tamao, qu ocurre con el volumen? La respuesta es que
se hace no diez, sino mil veces mayor! Podemos demostrarlo imaginando una pila de terrones de azcar. O aumentando uniformemente cualquier forma que se nos ocurra. Si se multiplica la longitud por
cien, siempre que la forma no vare, el volumen se multiplicar automticamente por mil. En el caso especial de una decuplicacin de
todas las dimensiones de un objeto, es como aadir tres ceros. Dicho
de un modo ms general, el volumen es proporcional al cubo de la
longitud, y el logaritmo se multiplica por tres.
Podemos efectuar el mismo tipo de clculos con respecto a la superficie. Ahora bien, la superficie aumenta en proporcin al cuadrado de
la longitud, no al cubo. El volumen de un terrn de azcar determina cunto azcar hay y cunto cuesta, pero la rapidez con que se diluye viene dada por su superficie (lo cual no es un clculo muy sencillo
que digamos, puesto que, a medida que se disuelve el terrn, la superficie restante se reduce ms lentamente que el volumen de azcar
restante). Cuando expandimos un objeto de manera uniforme a base
de duplicar su longitud (anchura, etc.), multiplicamos por dos su superficie: 2 x 2 = 4. Si multiplicamos por diez la longitud, tambin se multiplica por diez la superficie: 10 x 10 = 100 (o sea, aadimos dos ceros
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al nmero). El logaritmo de la superficie se dobla con respecto al de
la longitud, mientras que el del volumen se triplica. Un terrn de
dos centmetros contendr ocho veces ms azcar que uno de un centmetro, pero se disolver en el t tan slo cuatro veces ms rpido
(por lo menos al principio), porque lo que est en contacto con el t
es la superficie del terrn.
Ahora imaginemos que trazamos un diagrama de dispersin de
terrones de azcar de una gran variedad de tamaos, con la masa del
terrn (proporcional al volumen) representada en el eje de abscisas
y la tasa (inicial) de disolucin en el de ordenadas (dando por hecho
que es proporcional a la superficie). En un grfico no logartmico,
los puntos seguiran una lnea curva que sera bastante difcil de interpretar y, por consiguiente, no servira de mucho. En cambio, si contraponemos el logaritmo de la masa al de la tasa de disolucin inicial, obtendremos mucho ms informacin. Cada vez que la masa se
triplica, la superficie se duplica. En el grfico logartmico, los puntos
no siguen una curva sino una lnea recta. Adems, la pendiente de
dicha recta tiene un significado muy preciso. Se trata de una pendiente de dos tercios, es decir: a cada dos puntos en el eje de la superficie corresponden tres en el eje del volumen. Cada vez que el logaritmo de la superficie se duplica, el del volumen se triplica. La pendiente
de dos tercios no es la nica significativa que se puede apreciar en un
grfico logartmico. Los grficos de este tipo son informativos porque la pendiente de la lnea permite intuir lo que sucede con relacin
a magnitudes tales como volmenes y superficies. Y los volmenes,
superficies y sus complicadas relaciones son aspectos fundamentales
a la hora de entender los cuerpos de lo seres vivos y sus partes.
No es que se me den muy bien las matemticas (y diciendo esto me
quedo corto), pero hasta yo soy capaz de captar lo fascinante de los grficos logartmicos. Y la fascinacin aumenta si se repara en que el mismo principio sirve para todas las formas, no slo las regulares como
los cubos y las esferas, sino tambin las complicadas, como los cuerpos
de los animales y sus rganos y partes, como los riones o el cerebro.
El nico requisito es que el tamao vare de forma uniforme, sin que
se modifique la forma. Esto nos da una especie de medidad de referencia con la que cotejar las mediciones reales. Si una especie animal
es diez veces ms larga que otra, su masa ser mil veces mayor, pero slo
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si tienen la misma forma. En realidad, es muy probable que, en el paso
de especies pequeas a especies grandes, la evolucin haya impuesto
una variacin sistemtica de la forma, y ahora veremos por qu.
Los animales grandes deben tener una forma diferente a la de los
pequeos, aunque slo sea por las reglas de la proporcin superficie/volumen que acabamos de ver. Si convirtisemos una musaraa
en elefante slo a base de inflarla, sin modificar la forma, no sobrevivira. Sera un milln de veces ms pesada y esto provocara un sinfn de
inconvenientes. Algunos de los problemas que ha de afrontar un animal dependen del volumen (masa), otros dependen de la superficie, y
otros de una compleja funcin de esas dos magnitudes, cuando no de
otras consideraciones completamente diferentes. Al igual que la velocidad a la que se diluye un terrn de azcar, la velocidad a la que un animal pierde calor o agua a travs de la piel es proporcional a la superficie que mantiene expuesta al mundo exterior. Sin embargo, el ritmo al
que genera calor probablemente est ms relacionado con el nmero
de clulas de su cuerpo, que es una funcin del volumen.
Una musaraa del tamao de un elefante tendra patas largas y
finas que se romperan bajo el enorme peso y unos msculos demasiado estrechos y dbiles para cumplir adecuadamente su funcin.
La fuerza de un msculo no es proporcional a su volumen sino a la
superficie de su seccin transversal. Esto es as porque el movimiento muscular es la suma del movimiento de millones de fibras moleculares que se deslizan en paralelo. El nmero de fibras que puede contener un msculo depende de la superficie de su seccin transversal
(el cuadrado de la longitud). Pero la tarea que debe cumplir (sustentar a un elefante, pongamos por caso) es proporcional a la masa del
animal (el cubo de la longitud). Por consiguiente, el elefante, para
sostener su masa, necesita proporcionalmente ms fibras musculares
que una musaraa. De ah que la superficie transversal y el volumen
de sus msculos tengan que ser mayores de lo que se obtendra mediante una simple ampliacin de la escala. En el caso de los huesos, por
motivos diversos y especficos, se llega a una conclusin parecida. He
ah la razn por la que los animales de gran tamao como los elefantes tienen patas macizas como troncos de rbol.
Supongamos que un animal del tamao de un elefante sea 100
veces mayor que un animal del tamao de una musaraa. Dando por
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hecho tengan la misma forma, el rea de su epidermis ser 10.000
veces superior al de la musaraa, y su masa y volumen, un milln
de veces. Si tiene clulas sensibles al tacto repartidas de manera uniforme por la piel, el elefante necesitar 10.000 veces ms clulas que
la musaraa, y puede que la regin cerebral que se ocupa de ellas tambin tenga un tamao proporcionalmente superior. El nmero total
de clulas en el cuerpo del elefante ser un milln de veces el de la
musaraa, y ser necesaria una cantidad adecuada de vasos capilares.
Cuntos kilmetros de vasos sanguneos deber tener el animal grande con respecto al pequeo? Se trata de un clculo complicado que
vamos a dejar para otro cuento. De momento, basta con que entendamos que a la hora de efectuarlo deberemos tener presente estas
reglas de volmenes y superficies, y que el diagrama logartmico es un
buen mtodo para encontrar indicios de tipo intuitivo sobre este tipo
de problemas. La conclusin principal es que, cuando a lo largo de
la evolucin los animales aumentan o disminuyen de tamao, su forma vara en direcciones previsibles.
Hemos llegado hasta aqu al reflexionar sobre el tamao del cerebro. La cuestin es que no podemos comparar nuestros cerebros con
los del Homo habilis, del Australopithecus, o con los de alguna otra especie sin tener en cuenta el tamao del cuerpo. Hace falta un ndice de
tamao cerebral que tome en consideracin el corporal. No podemos
dividir el tamao del cerebro entre el del cuerpo, aunque siempre ser
mejor hacer eso que limitarse a comparar las dimensiones cerebrales
absolutas. Lo ms apropiado es utilizar los grficos logartmicos que
acabamos de analizar, esto es, confrontar el logaritmo de la masa cerebral y el logaritmo de la masa corporal de muchas especies de diversos tamaos. Los puntos probablemente se agruparn a lo largo de
una lnea recta, como de hecho ocurre en el grfico anterior. Si la pendiente de la lnea es 1/1 (tamao del cerebro exactamente proporcional a tamao del cuerpo), cada clula cerebral ser capaz de ocuparse de un nmero fijo de clulas corporales. Una pendiente de 2/3
indicara que el cerebro es como los huesos y los msculos, es decir,
que un determinado volumen corporal (o nmero de clulas corporales) exige una determinada superficie cerebral. Cualquier otra pendiente requerira una interpretacin distinta. As pues, cul es, en
concreto, la pendiente?
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Pues no es ni 1/1 ni 2/3, sino un valor intermedio. Para ser exactos,
es prcticamente 3/4. Y por qu 3/4? se es el tema del cuento que, como
sin duda habr adivinado el lector, nos contar la coliflor (al fin y al
cabo, un cerebro parece una coliflor). Para no destripar el final de El
Cuento de la Coliflor, me limitar a sealar que la pendiente 3/4 no
es exclusiva de los cerebros, sino que surge continuamente en todo
tipo de seres vivos, incluidas plantas como la coliflor. Para entender
el motivo deberemos, pues, esperar hasta el susodicho cuento; hasta
entonces, por lo que respecta al tamao del cerebro, dir simplemente que la pendiente de 3/4 es la prevista, en el sentido que hemos
empleado esta palabra al comienzo de este cuento.
Aunque los puntos se arraciman a lo largo de la recta de pendien3
te /4 prevista, no todos los puntos caen exactamente sobre ella. Una
especie ms cerebral es aqulla cuyo punto se sita por encima de la
lnea; eso significa que tiene un cerebro mayor de lo previsto teniendo en cuenta su tamao corporal. En cambio, una especie cuyo cerebro sea menor de lo previsto, aparecer representada debajo de la
lnea. La distancia desde el punto hasta la recta indica cun mayor o
menor de lo previsto es el cerebro de la especie en cuestin. Un punto situado justamente sobre la lnea representa una especie cuyo cerebro tiene exactamente el tamao que caba esperar dada su masa
corporal.
Ahora bien, qu caba esperar? con arreglo a qu? Pues con
arreglo a la proporcin tpica de las especies con cuyos datos se ha elaborado el grfico. As, si el grfico se elabor a partir de una muestra
representativa de vertebrados terrestres que abarcase desde las salamanquesas a los elefantes, el hecho de que todos los mamferos caigan del lado superior de la lnea (y todos los reptiles del inferior) significa que aqullos tienen un cerebro mayor de lo que se prevea
para un vertebrado tpico. Si elaboramos otro grfico a partir de una
muestra representativa de mamferos, la lnea resultante ser paralela a la de los vertebrados, es decir, presentar la misma pendiente de
3
/4 , pero en trminos absolutos ser ms alta. Un grfico distinto construido para una muestra representativa de primates (monos y simios)
arrojar una recta ms alta todava, pero sta seguir siendo paralela
a las otras dos en virtud de su pendiente de 3/4. Y la recta del grfico
relativo al Homo sapiens ser ms alta que todas ellas.
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El cerebro humano es demasiado grande incluso en relacin a los
parmetros de los primates, y el cerebro medio de los primates tambin lo es en relacin a los parmetros de los mamferos. A su vez, el
cerebro medio de los mamferos es demasiado grande para los parmetros de los vertebrados. Dicho de otro modo, los puntos del grfico de los vertebrados estn ms dispersos que los puntos del grfico
de los mamferos, que a su vez estn ms dispersos que los puntos de
los primates incluidos en ste. La nube de puntos de los desdentados
(un orden de mamferos sudamericanos al que pertenecen el perezoso, el oso hormiguero y el armadillo) se sita por debajo de la media
de los mamferos, de los cuales constituye una parte.
Harry Jerison, el padre de los estudios sobre el tamao de los cerebros fsiles, propuso el cociente de encefalizacin (CE) para medir
en qu medida el cerebro de una especie particular, perteneciente a
una categora ms amplia como la de los vertebrados o los mamferos, difiere del tamao que debera tener en funcin de su tamao
corporal. Para medir el CE hace falta especificar cul es esa categora
ms amplia que estamos usando de referencia para la comparacin.
El cociente de encefalizacin de una especie viene expresado por la
distancia que la separa, por arriba o por abajo, de media de la categora de referencia. Jerison pensaba que la pendiente de la recta era
de 2/3, pero los estudios actuales coinciden en que es de 3/4, as que,
como bien ha sealado Robert Martin, hay que corregir los propios
clculos de CE de Jerison. Hechas las correcciones, resulta que el cerebro humano moderno es unas seis veces mayor de lo que debiera ser
en un mamfero del tamao del hombre (si en lugar de calcularse el
CE con relacin al parmetro del conjunto de los mamferos, se hiciera con relacin al de los vertebrados, sera ms elevado; si se realizase el clculo con relacin al del conjunto de los primates, sera ms
bajo).8 El cerebro de un chimpanc moderno es el doble de grande
8. Prcticamente lo mismo ocurre con el cociente intelectual (CI), que no es una
medida absoluta de la inteligencia. El CI de una persona refleja la diferencia, positiva o negativa, entre su inteligencia y la inteligencia media convencionalmente fijada
en 100 de una poblacin determinada. Si se calcula con relacin a la poblacin de
la universidad de Oxford, mi CI ser ms bajo que si se realiza el clculo respecto al
conjunto de la poblacin inglesa. De ah nace el chiste del poltico que se lamenta de
que la mitad de la poblacin tenga un CI menor de 100.
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de lo normal para un mamfero tpico, y lo mismo ocurre con los cerebros de los australopitecinos. El Homo habilis y el Homo erectus, las
especies probablemente intermedias entre los Australopithecus y nosotros, tambin son intermedias en cuanto al volumen cerebral; ambas
tienen ms o menos un 4 de cociente enceflico, lo que significa que
sus cerebros eran unas cuatro veces mayores de lo normal para mamferos de su tamao.
El siguiente grfico muestra un clculo aproximado del CE de varios
primates y monos antropoides fsiles, con relacin a la poca en que
vivieron. Cuidndonos muy mucho de tomarlo al pie de la letra, se
puede interpretar como ndice aproximado de la disminucin cerebral que se observa a medida que se retrocede en el tiempo evolutivo. En lo alto del diagrama figura el Homo sapiens con un CE de 6, lo
que significa que nuestro cerebro pesa seis veces ms de lo que debera pesar en un mamfero tpico de nuestro tamao. En la parte inferior aparecen los fsiles que podran representar algo as como el
Contepasado 5, el antepasado que tenemos en comn con los monos
del Nuevo Mundo. Se calcula que su CE era ms o menos 1, lo que
quiere decir que tenan un cerebro casi exacto para un mamfero actual
de su tamao. En posiciones intermedias se sitan varias especies de
Australopithecus y Homo que en la poca en que vivieron pudieron estar
prximas a nuestro linaje ancestral. Una vez ms, la lnea trazada es
la recta que mejor encaja con todos los puntos del grfico.
He advertido de que haba que interpretar el grfico con su grano
de sal pero ahora, ms que un grano, recomiendo una cucharada entera. El CE se calcula a partir de dos magnitudes, la masa cerebral y la
masa corporal. En el caso de los fsiles, ambas cantidades se calculan
a partir de los fragmentos que han llegado hasta nosotros y el margen de error es considerable, sobre todo a la hora de evaluar la masa
corporal. Segn el punto que lo representa en el grfico, el Homo habilis es ms cerebral que el Homo erectus, pero no creo que fuese as.
El volumen cerebral absoluto del Homo erectus es indiscutiblemente
mayor. El hecho de que Homo habilis tenga un CE ms elevado se
debe al valor mucho ms bajo atribuido a su masa corporal. Para tener
una idea del margen de error, pinsese en la enorme variedad de tamaos corporales del ser humano actual. El CE est especialmente sujeto a errores a la hora de calcular la masa corporal, que, no olvide129
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H. sapiens
tamao cerebral seis
veces mayor de lo
normal para un
mamfero tpico
ndice de encefalizacin
5
H. erectu H. habilis
4
Proconsul
A. robustus
3
A. boisei
A. africanus
A. afarenssi
primeros prosimios
tamao cerebral
tpico de un mamfero
1
Aegyptopitheus
0
actualidad
10
1
edad (millones de aos; escala logartmica)
100
Grfico del cociente de encefalizacin (CE) en relacin al tiempo, para diversas
especies fsiles. El tiempo, medido en millones de aos, est expresado en una
escala logartmica. Los resultados se han corregido para una pendiente de 3/4 con
respecto a la lnea horizontal de referencia (vase el texto).
mos, se eleva a una determinada potencia en la frmula del CE. La
dispersin de los puntos a ambos lados de la lnea refleja en buena
medida la irregularidad de la estimacin de la masa corporal. En cambio, la tendencia a largo plazo indicada por la recta probablemente
sea real. Los mtodos que hemos explicado en este cuento, en particular los clculos del CE en el ltimo grfico, confirman la impresin subjetiva de que uno de los acontecimientos ms importantes de
los ltimos tres millones de aos de nuestra evolucin ha sido el aumento de nuestro cerebro de primate, ya de por s grande. La pregunta
que surge inevitablemente es por qu. Qu presin selectiva en sentido darviniano suscit esa modificacin durante los ltimos tres millones de aos?
Debido a que el aumento tuvo lugar tras la adquisicin de la postura erecta, algunos cientficos sugieren que el aumento vino inducido por el hecho de que nuestras manos quedasen libres, pudiendo
ejercitarse en tareas de precisin. En general me parece una explicacin verosmil, pero no ms que muchas otras que tambin se han propuesto. Lo que sucede es que el aumento del cerebro humano, para
lo que suelen ser las tendencias evolutivas, fue fulminante. Creo que
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una evolucin inflacionista exige una explicacin inflacionista. En el
captulo El globo de la mente de mi libro Destejiendo el arco iris, desarroll este asunto dentro de una teora general que di en llamar coevolucin software-hardware. La analoga informtica se basa en que
las innovaciones en materia de programas y en cuestiones de equipo
se estimulan mutuamente generando una espiral explosiva. Las innovaciones en el terreno de la programacin exigen un desarrollo de los
equipos, lo que a su vez provoca la escalada de los programas, con el
resultado de que la tendencia inflacionista se dispara. A mi modo de
ver, los equivalentes cerebrales de la innovacin en materia de programas eran el lenguaje, el rastreo de pistas, el lanzamiento de objetos y
los memes. Una de las teoras sobre el crecimiento del cerebro que no
trat como se mereca en Destejiendo el arco iris es la de la seleccin
sexual; slo por eso le dedicar una atencin especial ms adelante.
Es posible que el aumento del tamao del cerebro humano, o,
mejor dicho, productos suyos tales como la pintura corporal, la poesa pica o las danzas rituales, obedezcan al modelo evolutivo de la
cola del pavo real y sean, por tanto, una especie de cola de pavo real
mental? Siempre tuve debilidad por esta idea, pero nadie se decida
a desarrollarla como es debido hasta que Geoffrey Miller, un joven psiclogo evolucionista estadounidense que trabaja en Inglaterra, escribi The Mating Mind. Oiremos esta idea en El Cuento del Pavo Real,
cuando, en el Encuentro 16, se sumen a nuestra peregrinacin las aves.
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Los libros divulgativos sobre fsiles humanos siempre se jactan de
haber descubierto el antepasado humano ms antiguo. Menuda tontera. Preguntas especficas como cul fue el primer antepasado
humano que caminaba normalmente en posicin erecta?, cul fue
el primer antepasado nuestro y no de los chimpancs?, o cul fue el
primer antepasado humano con un volumen cerebral superior 600 c.c.?
tienen, al menos en principio, algn significado, aunque en la prctica sean difciles de contestar, y algunas incurran en el vicio de crear
falsos hiatos en un continuo sin fisuras. Pero eso de cul fue el primer antepasado humano? no significa absolutamente nada.
Ms insidioso resulta el hecho de que la competicin por encontrar antepasados humanos lleve a algunos paleontlogos a pregonar
a los cuatro vientos, en cuanto parezca mnimamente posible, que
sus hallazgos fsiles pertenecen a la principal lnea ancestral humana.
Sin embargo, cuantos ms fsiles se descubren, ms evidente se hace
que, durante la mayor parte de la historia de los homnidos, el continente africano alberg simultneamente varias especies. Esto significa por fuerza que muchos fsiles que hoy se consideran nuestros antepasados resultarn ser tan slo parientes cercanos.
Desde que apareciera por primera vez en frica, el gnero Homo
comparti en varias pocas el continente con homnidos ms robustos, puede que de muchas especies distintas. Como de costumbre, las
afinidades de estas especies con el gnero Homo y su nmero exacto
son objeto de acaloradas discusiones. Entre los nombres asignados a
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algunas de ellas (las hemos visto representadas en el segundo grfico
de El Cuento del Hbil) figuran Australopithecus (o Paranthropus)
robustus, Australopithecus (o Paranthropus o Zinjanthropus) boisei, y
Australopithecus (o Paranthropus) aethiopicus. Por lo visto evolucionaron
a partir de simios ms grciles (entendiendo grcil como antnimo
de robusto). Los simios grciles tambin se incluyen en el gnero
Australopithecus, y nosotros, casi con toda seguridad, tambin surgimos
de algunos autralopitecinos grciles. De hecho, suele ser difcil distinguir a los primeros Homo de los australopitecinos grciles (de ah
mi diatriba contra las convenciones taxonmicas que los encasillan en
gneros separados).
Los antepasados inmediatos de los Homo seran un tipo cualquiera de australopitecino grcil. Echemos un vistazo a los fsiles de estas
grciles criaturas. Mrs. Ples es alguien por quien siento un cario especial desde que el Museo del Transvaal de Pletoria me regalase un bonito vaciado de su crneo cuando, con ocasin del quincuagsimo aniversario de su hallazgo en la cercana localidad de Sterkfontein, di
una conferencia en honor de Robert Broom, el paleontlogo que la
descubri. Mrs. Ples vivi hace unos dos millones y medio de aos. El
apodo le viene de Plesianthropus, el gnero al que se la adscribi inicialmente, antes de que la definiesen como Australopithecus ; el Mrs.
se debe a que en su momento se pens (quiz errneamente, segn
se sospecha ahora) que se trataba de una hembra. Los fsiles de homnido suelen tener motes por el estilo. No poda faltar Mr. Ples, un
fsil de Sterkfontein descubierto ms recientemente, que pertenece
a la misma especie que Mrs. Ples, Australopithecus africanus. Otros fsiles con motes son Dear Boy, (querido muchacho), un australopiteco robusto tambin conocido como Zinj porque en un primer momento se le puso de nombre Zinjanthropus boisei, Little Foot (piececillo; vase
el prximo cuento), y la clebre Lucy, de la que nos ocuparemos a continuacin.
En el momento de encontrarnos con Lucy la aguja de nuestra mquina del tiempo marca 3,2 millones de aos. Se trata de otro australopitecino grcil cuya especie, Australopithecus afarensis, es un serio aspirante al puesto de antepasado humano: por eso se la menciona tan a
menudo. Sus descubridores, Donald Johansson y sus colegas, tambin
encontraron, en la misma zona, fsiles de trece individuos similares:
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la denominada primera familia. Desde entonces, varias otras Lucys,
de entre tres y cuatro millones de aos de antigedad, se han descubierto en otras partes de frica oriental. Las pisadas de 3,6 millones
de aos de antigedad que Mary Leakey descubri en Laetoli (vase
El Cuento del Ergaster) tambin se atribuyen a un Australopithecus
afarensis. Sea cual sea el nombre latino, lo que est claro es que, por
aquel entonces, alguien caminaba sobre dos piernas. Lucy no es muy
diferente de Mrs. Ples, y hay quienes la consideran una versin ms
primitiva de sta. Sea como fuere, son ms parecidas la una a la otra
que a cualquier australopitecino robusto. Las primeras Lucys de frica oriental tienen un cerebro algo ms pequeo que las ltimas Mrs.
Ples de frica meridional, pero la diferencia es insignificante. Sus cerebros no diferan ms de lo que difieren entre s ciertos cerebros humanos actuales.
Como caba suponer, los afarensis ms recientes, como Lucy, son
ligeramente diferentes de los afarensis de hace 3,9 millones de aos.
Las diferencias se acumulan con el paso de las eras y, al apearnos
de nuestra mquina hace cuatro millones de aos, nos encontramos
con criaturas que podran ser antepasados de Lucy y de su estirpe, pero
que son lo bastante distintas, es decir, bastante parecidas a chimpancs, como para merecer un nombre de especie diferente. Estos
Australopithecus anamensis, descubiertos por Mauve Leakey y su equipo, estn representados por ms de 80 fsiles procedentes de dos yacimientos distintos en los alrededores del lago Turkana. No se ha encontrado ningn crneo intacto, pero s un esplndido maxilar inferior
que bien podra pertenecer a un antepasado nuestro.
El descubrimiento ms emocionante de este periodo, que justifica un momentneo alto en el camino, es, sin embargo, un fsil del que
an no se ha publicado ninguna descripcin exhaustiva. En un primer momento se pens que el esqueleto hallado en las cuevas sudafricanas de Sterkfontein, conocido por el carioso apelativo de Little Foot,
tuviese unos tres millones de aos de antigedad, pero los ltimos clculos realizados le atribuyen ms cuatro millones. Su descubrimiento
fue una labor detectivesca digna de Sherlock Holmes. En 1978 se encontraron en Sterkfontein fragmentos del pie izquierdo de Little Foot,
pero se guardaron en una caja sin rtulo y no se volvi a saber de
ellos hasta que en 1994 el paleontlogo Ronald Clarke, que trabaja134
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ba a las rdenes de Philip Tobias, se los encontr por casualidad en
la caseta que usan los trabajadores de las cuevas. Tres aos despus,
esta vez en un trastero de la universidad de Witwatersrand, Clarke
volvi a toparse de manera fortuita con otra caja de huesos de
Sterkfontein cuya etiqueta pona: Cercopitcidos. Como estaba interesado en ese tipo de monos, mir dentro y se llev una gran alegra
al descubrir, entre todos los huesos de mono, el hueso de un pie de
homnido. Dentro de la caja haba varios huesos de pies y patas que
parecan corresponder a los fragmentos que l mismo haba encontrado anteriormente en la caseta de Sterkfontein. Uno en concreto
era una tibia izquierda partida por la mitad; Clarke sac un molde de
escayola, se lo dio a dos asistentes africanos, Nkwane Molefe y Stephen
Motsumi, y les pidi que volviesen a Sterkfontein a buscar la otra mitad.
Era como buscar una aguja en un pajar porque la cueva es enorme, honda y oscura, con las paredes, el suelo y el techo de brecha viva. Sin embargo, el 3 de julio de 1997, despus de dos das buscndola linterna en mano,
la encontraron.
La hazaa de Molefe y Motsumi resulta si cabe ms asombrosa considerando que el hueso que encajaba con el modelo de escayola estaba
en el extremo opuesto a donde habamos excavado anteriormente. La
media tibia encajaba a la perfeccin, a pesar de que el hueso se haba
partido como consecuencia del explosivo que, ms de 65 aos antes, usaban los mineros que extraan piedra caliza. A la izquierda del extremo
de la tibia derecha que haba quedado al descubierto se apreciaba la seccin de la tibia izquierda tronchada, a la que poda acoplarse perfectamente el extremo inferior de sta, con los huesos del pie y todo. Ms a la
izquierda se apreciaba el peron izquierdo roto. A juzgar por las posiciones de los miembros inferiores y por la correcta relacin anatmica que
guardaban, el esqueleto entero tena que estar all, tumbado boca abajo.
En realidad no estaba all, pero tras considerar los derrumbamientos
geolgicos de la zona, Clarke dedujo dnde deba estar y Motsumi,
con su cincel, lo encontr. Clarke y su equipo tuvieron mucha suerte, pero su caso constituye un ejemplo perfecto de esa mxima que
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gua a los cientficos desde la poca de Louis Pasteur: La fortuna sonre a la mente preparada.
Todava no se ha extrado completamente, no se lo ha descrito en
detalle ni se le he asignado un nombre cientfico, pero los informes
preliminares sobre Little Foot dan a entender que se trata de un descubrimiento valiossimo, casi tan completo como Lucy y, encima, ms
antiguo. El pulgar del pie, aunque sea ms parecido al del ser humano que al del chimpanc, es ms divergente que el nuestro, lo cual
podra significar que agarraba las ramas con los pies, algo que nosotros no podemos hacer. Aunque casi con toda seguridad caminaba
erguido, quiz tambin trepaba a los rboles y caminaba de un modo
distinto a nosotros. Al igual que otros australopitecinos, puede que
pasase tiempo en los rboles, tal vez pernoctando en ellos, como los
chimpancs modernos.
Despus de esta pausa en el hito de los cuatro millones de aos,
echemos un rpido vistazo al trayecto que tenemos por delante.
Retrocediendo ms en el tiempo, hasta hace unos 4,4 millones de aos,
hay restos fragmentarios de una criatura semejante al Australopithecus
que posiblemente fuese bpeda. La descubrieron Tim White y su equipo en Etiopa, bastante cerca de la ltima morada de Lucy, y la denominaron Ardipithecus ramidus9, aunque hay quienes prefieren situarla
en el gnero Australopithecus. Hasta ahora no se ha encontrado ningn crneo de Ardipithecus, pero la dentadura indica que se pareca
ms al chimpanc que ningn humano posterior. El esmalte de los
dientes era ms grueso que el de los chimpancs, pero no tanto como
el nuestro. Los huesos craneales sueltos que se han encontrado indican que el crneo se apoyaba directamente sobre la columna vertebral, como en el ser humano, y no delante como en los chimpancs.
Esto invita a pensar que Ardipithecus era bpedo, y los huesos del pie
que se han encontrado corroboran esta hiptesis.
El bipedalismo establece una separacin tan tajante entre los humanos y los dems mamferos que pienso se merece un cuento aparte.
Y quin mejor que Little Foot para contarlo?
9. Algunos distinguen una segunda especie, Ardipithecus kadabba.
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EL CUENTO DE LITTLE FOOT
No sirve de mucho ponerse a elucubrar sobre las ventajas de la postura erguida. Si fuesen indiscutibles, tambin seran bpedos los chimpancs, por no hablar de otros mamferos. No hay ningn motivo
evidente para afirmar que con dos patas se corre con mayor rpidez
o agilidad que con cuatro, ni viceversa. Algunos mamferos cuadrpedos pueden alcanzar velocidades asombrosas valindose de la flexibilidad de su espina dorsal para conseguir, entre otras cosas, una zancada ms larga y efectiva. Los avestruces, sin embargo, son la prueba
de que algunos bpedos (como el hombre) no tienen nada que envidiar a los cuadrpedos (como el caballo). De hecho, un buen velocista humano, aunque bastante ms lento que un perro o un caballo
(o, ya puestos, que un avestruz o un canguro), no es terriblemente lento. En general, los monos y simios cuadrpedos son corredores mediocres, quiz porque su estructura corporal debe satisfacer las necesidades de un trepador. Hasta los babuinos, que suelen buscar alimento
en el suelo y se desplazan con rpidez, se suben por las noches a los
rboles para protegerse de los depredadores (aunque son capaces de
correr rpido cuando hace falta).
As pues, cuando nos preguntamos por qu nuestros antepasados
se irguieron sobre las patas traseras e imaginamos la alternativa cuadrpeda a la que renunciaron, hay que descartar la hiptesis de que
se hicieron bpedos para competir con los guepardos o algo por el estilo. Cuando nuestros ancestros adoptaron por primera vez la posicin
erecta no disfrutaron de ninguna ventaja abrumadora en cuanto a eficacia o velocidad. Hemos de buscar en otro lugar la presin selectiva
que impuls este revolucionario cambio de andares.
Al igual que otros cuadrpedos, los chimpancs, con un entrenamiento adecuado, aprenden a caminar sobre dos patas, y de hecho
suelen recorrer distancias cortas en posicin erguida por voluntad
propia. El cambio, pues, quiz no les resultara demasiado difcil si
les ofreciese un provecho sustancioso. Los orangutanes son mejores bpedos todava. Incluso los gibones, que se desplazan de rama
en rama balancendose con los brazos (un medio de locomocin
conocido como braquiacin), corren por los calveros de la selva
sobre las patas traseras. Algunos monos se yerguen para otear el hori137
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zonte por encima de la hierba alta o para vadear charcas y ros. Si
bien pasa casi todo el tiempo en los rboles, donde realiza espectaculares acrobacias, el lmur conocido como sifaka de Verreux, tambin se desplaza sobre dos patas por el terreno entre los rboles, danzando con los brazos en alto y el garbo de una bailarina de ballet.
A veces los mdicos nos hacen correr sobre una cinta rodante con
una mscara puesta para medirnos el consumo de oxgeno y otros ndices metablicos en pleno esfuerzo fsico. En 1973 los bilogos estadounidenses C. R. Taylor y V. J. Rowntree hicieron correr sobre una
cinta a unos chimpancs y unos monos capuchinos adiestrados. Al
hacerles correr primero a cuatro patas y luego sobre dos (con un soporte donde agarrarse), pudieron comparar el consumo de oxgeno y la
eficacia de ambas posturas. Los investigadores esperaban que la cuadrpeda fuese ms eficaz pues ambas especies corren naturalmente
a cuatro patas y su anatoma est preparada para eso. Quiz la carrera en posicin erguida se vio favorecida por el hecho de que tenan
algo donde sujetarse; sea como fuere, el resultado no fue el previsto.
La carrera cuadrpeda y la bpeda no presentaban diferencias significativas en cuanto al consumo de oxgeno. Taylor y Rowntree concluyeron que
el coste energtico relativo de la carrera sobre dos patas con respecto al
de la carrera sobre cuatro no debera considerarse uno de los motivos por
los que el hombre desarroll la locomocin bpeda.
Aunque el tono quiz sea exagerado, debera animarnos a buscar
en otra parte los posibles beneficios de nuestro inslito modo de
andar. Es lcito pensar que, sean cuales sean las ventajas no locomotrices que motivasen la evolucin del bipedalismo, lo ms probable
es que no tuvieran que competir con un alto coste en trminos de
locomocin.
Cul podra ser uno de esos beneficios no locomotores? Maxine
Sheets-Johnstone, de la Universidad de Oregn, ha propuesto la estimulante hiptesis de la seleccin sexual, segn la cual nuestros antepasados se habran erguido sobre las patas traseras para hacer ostentacin del pene (aqullos que lo tenan, claro est). Las hembras, en
opinin de Sheets-Johnstone, habran hecho lo propio por el motivo
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opuesto, esto es, esconder los genitales, que en los primates cuadrmanos quedan mucho ms expuestos. La idea es atractiva pero no
me convence; la cito slo como ilustracin de lo que quiero decir
con ventajas no locomotrices. Como ocurre con tantas otras hiptesis, nos deja con la duda de por qu cabe aplicarla a nuestra estirpe
y no a otros primates.
Otras teoras subrayan que la ventaja fundamental del bipedalismo
fue que nos dej las manos libres. Quiz nos pusimos de pie no porque fuese un buen mtodo de desplazamiento, sino por lo que nos
permita hacer con las manos (acarrear comida, por ejemplo). Muchos
primates se alimentan de vegetales muy abundantes en la naturaleza
pero que no son muy nutritivos, de modo que han de ingerirla continuamente mientras se desplazan, un poco como hacen las vacas. Otros
tipos de alimento, como la carne o los tubrculos que crecen bajo
tierra, son ms difciles de conseguir pero, una vez hallados, representan una posesin valiosa, es decir, que conviene llevarse a casa una cantidad mayor de la que pueda ingerirse de una sentada. Cuando un leopardo abate una presa, lo primero que suele hacer es subirla a un rbol
y colgarla de una rama, donde estar relativamente a salvo de carroeros y podr recurrir a ella cada vez que tenga hambre. El leopardo
se vale de sus potentes mandbulas para cargar con el cadver y las cuatro patas para trepar al rbol. La pregunta es si nuestros antepasados,
que tenan mandbulas mucho ms pequeas y dbiles que las de un
leopardo, le sacaron provecho a la maa de andar sobre dos patas porque les dej las manos libres para transportar comida (tal vez a un
compaero, o a las cras, o para intercambiar favores con otros semejantes, o para guardarla en la despensa en previsin de futuras necesidades).
Dicho sea de paso, las dos ltimas posibilidades quiz estn ms
relacionadas entre s de lo que parece. La idea (y atribuyo a Steven
Pinker el mrito de haberla expresado con tanta viveza) es que, antes
de invertarse el frigorfico, la mejor despensa de carne era la barriga de un compaero. En qu sentido? Pues en el de que, aunque
una vez comida por el compaero, la carne naturalmente ya no
estaba disponible, el beneficiario de la generosidad del donante mantendra en lo sucesivo una disposicin benvola hacia ste y cuando
la suerte cambiase de signo y se volviesen las tornas, devolvera el
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favor.10 Se sabe que los chimpancs ofrecen carne a cambio de favores. En la historia humana, esta especie de trueque encontr su
smbolo en el dinero.
El antroplogo estadounidense Owen Lovejoy ha formulado una
versin peculiar de la teora de llevar comida a casa. A su modo de ver,
la lactancia de las cras deba de estorbar a las hembras a la hora de
buscar comida e impedir que se alejasen mucho en pos de alimento.
La consiguiente malnutricin y escasa produccin de leche retrasaban a su vez el destete. Las hembras lactantes son estriles; cualquier
macho que alimente a una hembra lactante acelera el destete de la
cra que est amamantando en ese momento y la torna receptiva en
un periodo ms breve. Cuando la hembra se vuelve receptiva, se muestra ms disponible al macho que, al procurarle alimento, le devolvi
la fertilidad. As, el macho que lleve mucha comida a casa obtiene una
ventaja reproductiva directa sobre el macho rival que se come en el
acto todo lo que encuentra. El beneficio del bipedalismo habra sido
dejar las manos libres para transportar alimentos.
Otros sostienen que la postura erecta evolucion por las ventajas
de la altura; quiz nuestros antepasados se alzaron sobre dos patas para
atisbar por encima de la hierba alta, o para mantener la cabeza fuera
del agua al vadear un ro. Esta ltima es la imaginativa teora del mono
acutico de Alister Hardy, hbilmente defendida por Elaine Morgan.
Segn otra hiptesis, propugnada por John Reader en su fascinante
historia de frica, la postura erguida minimiza la exposicin al sol,
limitndola a la coronilla (que por eso est protegida con una mata
de pelo); un beneficio adicional sera que, al no estar encorvado cerca del suelo, el cuerpo pierde calor ms rpido.
Mi colega Jonathan Kingdon, destacado artista y zologo, ha dedicado enteramente un libro, Lowly Origin, al tema de la evolucin del
bipedalismo humano. Despus de pasar revista a trece hiptesis ms
o menos distintas, entre ellas las que acabo de mencionar, Kingdon
10. Existe una teora darvinista bien articulada de altruismo recproco, formulada por primera vez por Robert Trivers y desarrollada posteriormente por Robert Axelrod
y otros. El intercambio de favores en el que se posterga la devolucin del primero, funciona muy bien. He explicado el principio en El gen egosta, sobre todo en la segunda
edicin del libro.
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avanza una sutil y polifactica teora de su cosecha. En lugar de buscar un beneficio inmediato al hecho de caminar erguido, el zologo
expone una serie de variaciones anatmicas cuantitativas que surgieron por alguna otra causa, pero que posteriormente habran facilitado la adopcin del bipedalismo (el nombre tcnico de este fenmeno es preadaptacin). La preadaptacin que postula es la que l mismo
denomina alimentacin en cuclillas. Dado que los babuinos suelen comer
de cuclillas en campo abierto, Kingdon supone que algo parecido ocurri con nuestros antepasados simios en la selva, que levantaban piedras u hojarasca en busca de insectos, gusanos, caracoles y dems
criaturas comestibles. Para poder hacerlo con eficacia tuvieron que
deshacerse de algunas de sus adaptaciones a la vida arborcola. Los
pies, que hasta entonces parecan manos y les servan para agarrarse
de las ramas, tuvieron que hacerse ms planos para conformar una
plataforma estable sobre la que acuclillarse. El lector ya habr adivinado por dnde van los tiros: esos pies ms planos y menos parecidos a
las manos que permitan acuclillarse terminaran sirviendo como
preadaptaciones para caminar erguido. Como de costumbre, debemos tener presente que esta forma aparentemente teleolgica de hablar,
como si nuestros antepasados hubiesen perseguido un objetivo claro
(eso de tuvieron que deshacerse de sus adaptaciones arborcolas,
etctera), no es ms que una especie de taquigrafa que puede traducirse fcilmente a trminos darvinianos. Aquellos individuos cuyos
genes determinaron por casualidad que sus pies fuesen ms apropiados para comer en cuclillas, sobrevivieron y transmitieron dichos genes
a su descendencia por la sencilla razn de que comer en cuclillas era
eficaz y favoreca la supervivencia. Seguir utilizando este lenguaje
taquigrfico porque se adapta a nuestra forma natural de pensar.
Con un poco de imaginacin podramos decir que, en cierto sentido, lo que hace un simio braquiador es caminar al revs bajo las ramas
(o, en el caso de un atltico gibn, correr y saltar), usando los brazos
como patas y el anillo escapular como pelvis. Probablemente, nuestros antepasados pasaron por una fase de braquiacin como consecuencia de la cual la verdadera pelvis qued unida al tronco de un
modo poco flexible mediante largos huesos que son una parte esencial de un tronco rgido capaz de cimbrearse como una sola unidad.
Segn Kingdom, buena parte de este acomodo tuvo que cambiar para
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que del antiguo braquiador derivase un individuo capaz de comer en
cucillas; buena parte pero no todo. Los brazos siguieron siendo largos. De hecho, los tpicos brazos alargados de un braquiador seran
una preadaptacin claramente ventajosa por cuanto aumentaran el
alcance del simio en cuclillas y reduciran la frecuencia con que tendra que cambiar de posicin. Ahora bien, el tronco macizo, inflexible y demasiado pesado en la parte superior, supondra una desventaja a la hora de acuclillarse. La pelvis tendra que ser ms flexible para
unirse de una forma menos rgida al tronco y los huesos deberan reducirse a proporciones ms humanas. Por anticipar la ltima parte del
razonamiento (despus de todo, lo propio de la preadaptacin es la
anticipacin), estas proporciones dan como resultado una pelvis ms
adecuada para andar sobre dos patas. La cintura se hizo ms flexible
y la columna ms vertical para permitir al animal buscar a su alrededor con los brazos mientras permaneca en cuclillas sobre las plantas
de los pies. Los hombros y la parte superior del cuerpo se hicieron
menos pesados. Dicho brevemente, estos sutiles cambios cuantitativos, unidos a las variaciones en el equilibrio y en la compensacin
que trajeron consigo, tuvieron como efecto fortuito el preparar el cuerpo para la locomocin bpeda.
Kingdon no habla en ningn momento de anticipaciones con vistas al futuro. Simplemente seala que un simio con antepasados
braquiadores que hubiese empezado a alimentarse en cuclillas en
el suelo de la selva, habra posedo en un momento dado un cuerpo
relativamente adaptado a caminar sobre las patas traseras y as habra
empezado a desplazarse cuando, al buscar alimento, pasase de una
posicin en cuclillas a otra. Sin darse cuenta, estos individuos, con
el paso de las generaciones, estaban preparando sus cuerpos para
sentirse ms cmodos caminando sobre dos patas y ms incmodos
sobre cuatro. He usado la palabra cmodo deliberadamente. No es una
consideracin banal. Como todos los mamferos, nosotros tambin
somos capaces de andar a cuatro patas, pero nos resulta incmodo:
las proporciones alteradas de nuestro cuerpo dificultan la operacin.
Segn Kingdon, esas variaciones proporcionales que ahora hacen
que nos sintamos cmodos sobre dos piernas surgieron originariamente para favorecer un pequeo cambio de hbitos alimenticios:
comer en cuclillas.
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Hay muchas ms consideraciones en la compleja y refinada teora
de Jonathan Kingdon, pero ahora, tras recomendar la lectura de Lowly
Origin, debo pasar a otro asunto. Mi propia teora del bipedalismo,
ligeramente excentrica, es muy diferente de la suya, aunque no incompatible. En realidad, la mayora de las teoras del bipedalismo humano son compatibles y capaces de reforzarse unas a otras en lugar de
contradecirse. Como en el caso de la ampliacin del cerebro humano, mi propuesta es que el bipedalismo pudo evolucionar por medio
de la seleccin sexual, as que de nuevo pospondr el tema hasta el
Cuento del Pavo Real.
Sea cual sea la teora que propugnemos, el caso es que el bipedalismo humano result ser un acontecimiento importantsimo.
Antiguamente se pensaba que el primer suceso evolutivo crucial que
nos separ de los dems simios fue el aumento de las dimensiones
del cerebro; as lo creyeron al menos los antroplogos ms respetados
hasta la dcada de 1960. La postura erguida se consideraba un fenmeno secundario, inducido por la necesidad de tener las manos libres
para desarrollar el tipo de actividades complejas que un cerebro ampliado era capaz de controlar y explotar, pero los fsiles descubiertos recientemente indican con toda claridad que la secuencia fue inversa.
El bipedalismo surgi primero. Lucy, que vivi mucho despus del
Encuentro 1, era casi tan bpeda como nosotros o igual, y sin embargo tena un cerebro del tamao del de un chimpanc. Se puede relacionar el aumento del volumen cerebral con el hecho de que las manos
quedasen libres, pero el orden de los acontecimientos fue el contrario: lo que impuls la ampliacin del cerebro fue, en todo caso, la libertad de las manos derivada del bipedalismo. Primero surgi el hardware manual y despus evolucion el software cerebral para sacarle mayor
partido.
EPLOGO A EL CUENTO DE LITTLE FOOT
Sea cual sea la causa de la evolucin de la postura erecta, diversos
fsiles descubiertos recientemente muestran que en fechas cercanas
al Encuentro 1, cuando nos separamos de los chimpancs, ya haba
homnidos bpedos, lo cual resulta desconcertante (porque parece un
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margen de tiempo muy limitado para la evolucin del bipedalismo).
En el ao 2000, un equipo francs dirigido por Brigitte Senut y Martin
Pickford anunci el hallazgo de un nuevo fsil en las colinas Tugen,
al este del lago Victoria, en Kenia. Apodado como el Hombre del milenio, tena una antigedad de seis millones de aos, y se le puso el nombre cientfico de Orrorin tugenensis. Segn sus descubridores, era bpedo. Es ms, Senut y Pickford afirman que la parte superior de su fmur,
cerca de la articulacin de la cadera, es ms humana que la de los
Australopithecus. Este indicio, complementado por fragmentos de huesos craneales, movieron a los dos paleontroplogos franceses a pensar que los antepasados de los homnidos ms recientes son los orrorinos y no las Lucys. Es ms, sugieren que el Ardipithecus no es
antepasado nuestro sino del chimpanc moderno. Est claro que hacen
falta ms fsiles para zanjar estas discrepancias. Algunos cientficos
se muestran escpticos con respecto a las afirmaciones de los franceses y otros dudan incluso de que haya suficientes pruebas para determinar si Orrorin era bpedo o no. Aun admitiendo que lo fuese, teniendo en cuenta que segn los testimonios moleculares el hombre se
separ del chimpanc hace seis millones de aos, sorprende bastante la rapidez con que habra surgido el bipedalismo.
Si la posibilidad de un Orrorin bpedo resulta inquietante por hallarse tan cerca del Encuentro 1, el crneo que acaba de descubrir en Chad
un equipo francs dirigido por Michel Brunet contradice de un modo
todava ms alarmante la opinin establecida, en parte por su antigedad, pero tambin porque el yacimiento se encuentra muy al oeste del
valle del Rift (como veremos, muchos expertos pensaban que los primeros homnidos slo haban evolucionado al este del citado valle).
Apodado Toumai (que significa esperanza de vida en goran, la lengua local), oficialmente se llama Sahelanthropus tchadensis, por el Sahel,
la regin del Sahara meridional donde ha sido descubierto. Se trata
de un crneo de lo ms intrigante, pues de frente parece bastante
humano (no tiene el rostro protuberante de un chimpanc ni de un
gorila), pero por detrs se asemeja al de los chimpancs, con los que
coincide en tamao. Dado que el arco supraciliar es muy prominente, ms an que el de los gorilas, se cree que Toumai era un macho.
Los dientes son bastante parecidos a los nuestros, sobre todo en el grosor del esmalte, que est a medio camino entre el los chimpancs y el
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Esperanza de vida. Crneo de Sahelanthropus tchadensis, o Toumai, descubierto en el
Sahel chadiano por Michel Brunet y su equipo en 2001.
del ser humano. El foramen magno (el agujero por el que pasa la
mdula espinal) est situado ms arriba que en los chimpancs o los
gorilas, lo que a juicio de Brunet, aunque no de otros expertos, indica que Toumai era bpedo. Lo ideal sera confirmarlo con huesos de
la pelvis y de las piernas, pero hasta ahora, por desgracia, slo se ha
encontrado el crneo.
En la zona no hay restos volcnicos de los que obtener fechas radiomtricas, por lo que el equipo de Brunet tuvo que valerse de otros fsiles de la zona para datar el hallazgo de manera indirecta. El mtodo
consiste en comparar esos fsiles con fauna ya conocida de otras partes de frica de la que s se dispone de fechas absolutas. La conclusin
es que Toumai tiene una antigedad de entre seis y siete millones de
aos. Brunet y sus colegas afirman que es tan antiguo como Orrorin,
lo que, como era de esperar, ha provocado respuestas indignadas por
parte de Brigitte Senut y Martin Pickford. Senut, del museo de ciencias naturales de Pars, ha dicho que Toumai es un gorila hembra,
mientras que su colega Martin Pickford afirma que tiene los tpicos
colmillos de una mona grande. Recordemos que se trata de los dos
antroplogos que (tal vez con razn) negaron la condicin humana
del Ardipithecus, otro espcimen que tambin amenazaba la primaca
de su criatura, Orrorin. Otras autoridades se han mostrado ms generosos con Toumai, definindolo como asombroso e increble y
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declarando que su descubrimiento tendr el efecto de una pequea
bomba atmica.
Si sus descubridores estn en lo cierto y tanto Orrorin como Toumai
son bpedos, las teoras hasta ahora aceptadas sobre el origen del hombre se vern en apuros. Se tiende a creer, ingenuamente, que el cambio evolutivo se extiende de manera uniforme para colmar el tiempo
de que dispone. Segn esta concepcin, si entre el Encuentro 1 y el
Homo sapiens moderno han transcurrido seis millones de aos, el cambio debera de haberse distribuido proporcionalmente a lo largo de
todo ese periodo. Sin embargo, Orrorin y Toumai vivieron en una
poca muy prxima a la fecha que, segn las pruebas moleculares,
correspondera al Contepasado 1, es decir, la fecha en que el hombre se separ del chimpanc. Segn algunas dataciones, los dos fsiles son anteriores incluso al Contepasado 1.
Suponiendo que las dataciones fsiles y las moleculares sean correctas, hay cuatro maneras (adems de alguna combinacin de las mismas) de responder al problema que plantean Orrorin y Toumai.
1. Orrorin y/o Toumai eran cruadrpedos. No es una inverosmil, pero
las otras tres hiptesis parten del supuesto terico de que es errnea. Si aceptamos esta opcin, el problema simplemente desaparece.
2. Inmediatamente despus del Contepasado 1, que era cuadrpedo como el chimpanc, tuvo lugar una explosin evolutiva rapidsima durante la cual Toumai y Orrorin, ms humanoides que aqul,
desarrollaron su bipedalismo con tanta celeridad que no es fcil
distinguir entre las fechas del Contepasado 1 y la suya.
3. Los rasgos humanoides, como el bipedalismo, han evolucionado
no una sino muchas veces. Orrorin y Toumai podran ser ejemplos
de esos casos precedentes en que los simios africanos experimentaron con la postura erecta y puede que tambin con otras caractersticas humanas. De acuerdo con esta hiptesis, podran incluso ser anteriores al Contepasado 1 sin dejar por ello de ser bpedos,
y nuestro propio linaje representara una incursin posterior en
el bipedalismo.
4. Los chimpancs y los gorilas descienden de antepasados ms similares al hombre, puede que incluso bpedos, y se han vuelto cua146
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drpedos en fechas ms recientes. Segn esta hiptesis, Toumai,
pongamos por caso, podra ser perfectamente el Contepasado 1.
Las tres ltimas hiptesis tienen puntos dbiles, y muchos expertos
ponen en cuestin o bien de las fechas, o el supuesto bipedalismo,
de Toumai y Orrorin. Pero si dejamos momentneamente a un lado
esas dudas y analizamos las tres hiptesis que dan por descontada la
postura erecta, no existen razones tericas de peso para estar a favor
ni en contra de ninguna en particular. En el Cuento del Pinzn de
las Galpagos y en el Cuento del Dipnoo aprenderemos que la evolucin puede ser muy rpida, pero tambin muy lenta, luego la segunda teora no es inverosmil. El Cuento del Topo Marsupial nos ensear que la evolucin puede seguir el mismo camino, o caminos
increblemente paralelos, en ms de una ocasin, luego tampoco hay
nada particularmente absurdo en la tercera teora. A primera vista, la
cuarta parece la ms sorprendente. Estamos tan acostumbrados a la
idea de que descendemos del mono que nos da la sensacin de que
semejante hiptesis equivale a empezar la casa por el tejado, e incluso, por si fuera poco, ofende la dignidad humana (algo que, segn
mi experiencia, viene bien para rerse un poco). Adems, existe una
supuesta ley, la llamada ley de Dollo, que afirma que la evolucin nunca vuelve sobre sus pasos, y parece que la cuarta hiptesis la vulnera.
El Cuento del Pez Ciego de las Cavernas, que trata de la ley de
Dollo, nos convencer de que no es as. En principio, la cuarta hiptesis no tiene nada de errnea. Los chimpancs podran haber pasado
perfectamente por una fase ms humanoide y bpeda antes de volver
al cuadrupedalismo propio de los simios. Da la casualidad de que
esta misma idea la han rescatado John Gribbin y Jeremy Cherfas en
sus libros The Monkey Puzzle y The First Chimpanzee, donde llegan a afirmar que los chimpancs descienden de australopitecinos grciles (como
Lucy) y los gorilas, de australopitecos robustos (como Dear Boy). Los
argumentos con que defienden tan impactante e innovadora teora
estn expuestos de manera muy convincente y se basan en una interpretacin de la evolucin humana aceptada desde hace tiempo (aunque no exenta de controversia), a saber, que los humanos somos simios
infantiles que hemos adquirido la madurez sexual. O dicho de otro
modo, que somos como chimpancs que nunca han llegado a crecer.
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En El Cuento del Ajolote explicaremos esa teora, conocida como
neotenia. Por avanzar un resumen, el ajolote es una larva ms grande de lo normal, un renacuajo con rganos sexuales. En un experimento ya clsico realizado en Alemania, las hormonas que Vilm
Laufberger inyect a un ajolote lo convirtieron en una salamandra
adulta de una especie que nadie haba visto jams. Ms conocido en
el mundo anglosajn es el experimento de Julian Huxley, que repiti
el de Laufberger sin saber que ya se haba llevado a cabo. En la evolucin del ajolote, el estadio adulto, el ltimo tramo del ciclo vital,
haba sido eliminado. Bajo la influencia de las hormonas inyectadas
en el experimento, el ajolote termin de completar su desarrollo y se
convirti en una salamandra adulta que presumiblemente nadie haba
visto hasta entonces. La ltima fase del ciclo vital qued, pues, reestablecida.
La leccin no pas desapercibida al hermano pequeo de Julian,
el novelista Aldous Huxley, cuya novela Viejo muere el cisne fue una de
mis lecturas favoritas durante la adolescencia. Trata de un hombre
muy rico, Jo Stoyte, que recuerda a William Randolph Hearst y colecciona obras de arte con la misma indiferencia voraz que ste. Su estricta educacin religiosa le ha inculcado tal pnico a la muerte que contrata y financia a un cnico bilogo, el doctor Sigismund Obispo,
para que investigue la manera de prolongar la vida en general y la suya
en particular. Tambin contrata a un erudito (muy) britnico llamado Jeremy Pordage para que le catalogue un lote de manuscritos dieciochescos que acaba de adquirir. En un viejo diario escrito por el
primer conde de Gonister, Jeremy descubre algo sensacional y se lo
comunica al doctor Obispo. Resulta que el viejo conde haba descubierto casi con toda seguridad el secreto de la vida eterna (comer entraas de pescado crudas) y no hay pruebas de que llegase a morir jams.
Obispo se lleva a un nerviossimo Stoyte a Inglaterra para buscar los
restos del conde... y se lo encuentran vivito y coleando con 200 aos.
El secreto est en que ha alcanzado pleno desarrollo, dejando de ser
el simio infantil que somos todos los hombres para convertirse en un
simio completamente adulto, un cuadrpedo, peludo y repelente que
orina en el suelo mientras tararea una versin grotesca y distorsionada de lo que en su da fuera un aria de Mozart. Riendo a ms no poder,
el diablico doctor Obispo, que sin duda estaba al tanto del trabajo
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monos antropoides
de Julian Huxley, le dice a Stoyte que puede empezar con las tripas
de pescado a la maana siguiente.
Gribbin y Cherfas sugieren, efectivamente, que los chimpancs y
gorilas modernos son como el conde de Gonister, esto es, seres humanos (o australopitecinos, Orrorin o Sahelanthropus) que han adquirido
plena madurez y han vuelto a convertirse en simios cuadrpedos, como
sus (y nuestros) antepasados ms lejanos. Nunca he pensado que la
teora de Gribbin y Cherfas fuese una tontera. Los recientes descubrimientos de homnidos tan antiguos como Toumai y Orrorin, que
vivieron cerca de la poca en que nos estbamos separando de los
chimpancs, podran perfectamente susurrarnos sotto voce: Ya os lo
decamos!.
Aun aceptando que Toumai y Orrorin fuesen bpedos, yo no escogera con mucha confianza entre la segunda, tercera y cuarta hiptesis. Tampoco podemos olvidarnos de la primera hiptesis (que caminaban a cuatro patas): para muchos es la ms verosmil y, de ser cierta,
abacara de golpe con el problema. Pero es evidente que todas ellas
formulan predicciones acerca del Contepasado 1, que es nuestra prxima parada. Las tres primeras coinciden en presuponer que pareca
un chimpanc y andaba a cuatro patas, aunque de vez en cuando se
alzase sobre las traseras. La cuarta, en cambio, se lo imagina ms humanoide. A la hora de relatar el Encuentro 1, me he visto obligado a optar
entre las cuatro hiptesis; un tanto a mi pesar, me he sumado a la mayora y he dado por hecho que el Contepasado 1 se pareca al chimpanc. Vayamos a su encuentro.
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Encuentro 1
Chimpancs
Hace entre 5 y 7 millones de aos, en algn lugar de frica, los peregrinos humanos tenemos una cita de capital importancia: nuestro
primer encuentro con peregrinos de otra especie. De otras dos especies, para ser exactos, pues los peregrinos chimpancs comunes y los
peregrinos chimpancs pigmeos o bonobos ya han unido fuerzas unos
cuatro millones de aos antes de encontrarse con nosotros. El antepasado que tenemos en comn con ellos, el Contepasado 1, es nuestro doscientoscincuentamilsimo tatarabuelo, es decir, que entre l y
nosotros median 250.000 generaciones (la cifra, por supuesto, es aproximada, como todas las que ir dando para el resto de contepasados).
Segn nos aproximamos al Encuentro 1, los peregrinos chimpancs se estn aproximando al mismo punto desde otra direccin de la
cual, por desgracia, no sabemos nada. Aunque el continente africano nos ha proporcionado varios miles de fsiles o de fragmentos de
fsiles de homnidos, no se ha encontrado un solo fsil que pertenezca con toda seguridad a la lnea ancestral que del Contepasado 1
lleva a los chimpancs, quiz porque son animales silvcolas y la capa
de detritos foliceos que cubre el suelo de las selvas no es propicia para
los fsiles. Sea cual sea el motivo, eso significa que los peregrinos chimpancs estn buscando a ciegas. Nunca se han encontrado los equivalentes chimpancs del Nio de Turkana, 14-70, Mrs. Ples, Lucy, Little
Foot, Dear Boy ni del resto de nuestros fsiles.
No obstante, en nuestro relato fantstico, los peregrinos chimpancs se renen con nosotros en algn calvero del Plioceno, y sus
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Millones de aos
Humanos
Bonobo (Pan paniscus)
Chimpanc comn (Pan troglodytes)
3
N
CZ
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Incorporacin de los chimpancs
Incorporacin de los chimpancs. Las
lneas blancas representan el rbol
evolutivo (o filogentico) de los
chimpancs y los humanos, que se
ramifica en el Contepasado 1
(sealado con un circulito numerado).
La rama vertical de la derecha
representa el grupo de peregrinos en
este preciso momento; en este caso
slo lo integran seres humanos. La
rama de la izquierda muestra como los
chimpancs divergieron hace unos dos
millones de aos y dieron origen a dos
especies.
Si analizasemos detalladamente
cualquiera de las lneas, veramos que
no son macizas sino que estn
formadas por una red de lneas
cruzadas, tal y como aparecen en el
diagrama del gnero humano del
Encuentro 0. De aqu en adelante
seguiremos representndolas como
lneas compactas.
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chimpancs
ojos de color castao oscuro, al igual que los nuestros (cuyo color ya
es ms imprevisible), se clavan en el Contepasado 1: su antepasado, y
tambin el nuestro. A la hora de imaginar a este antepasado comn,
surge inevitablemente una pregunta: Se pareca ms a los chimpancs o al hombre moderno? Se pareca a los dos por igual o era completamente diferente de ambos?
A pesar de las simpticas conjeturas con que terminamos el captulo anterior, y que yo ni mucho menos descartara, la respuesta ms
prudente es que el Contepasado 1 se pareca ms a un chimpanc, aunque slo sea porque los chimpancs son ms parecidos a los dems simios que los humanos. Los humanos somos la excepcin entre los
simios, tanto actuales como fsiles. Esto equivale a decir que en la rama
humana que desciende del antepasado comn se ha producido un
mayor cambio evolutivo que en las ramas que dieron lugar al chimpanc. No debemos dar por hecho, como hacen muchos profanos
en la materia, que nuestros antepasados eran chimpancs. De hecho,
la propia expresin eslabn perdido revela este malentendido.
Todava hay gente que viene y te dice: A ver, si venimos de los chimpancs, cmo es que todava existen?.
Cuando nos reunimos con los peregrinos chimpancs y bonobos
en el Encuentro 1, lo ms probable, por tanto, es que el antepasado
comn al que saludamos en el calvero del Plioceno sea tan peludo
como un chimpanc y tenga un cerebro del tamao del del chimpanc. A pesar de las hiptesis del captulo anterior, lo ms probable
que es que anduviese apoyando los nudillos en el suelo como un chimpanc, y tambin sobre las patas traseras. Seguramente pasaba mucho
tiempo en los rboles, pero tambin en el suelo, quiz alimentndose en cuclillas, como aventura Jonathan Kingdon. Todas las pruebas
disponibles indican que vivi nica y exclusivamente en frica. Es fcil
que usara y fabricara herramientas segn las tradiciones locales, como
los chimpancs modernos. Seguramente fuese omnvoro; a veces cazaba, pero mostraba preferencia por la fruta.
Aunque se han visto bonobos abatiendo duikers, la prctica de la
caza se observa con mayor frecuencia entre chimpancs comunes, que
son capaces de formar grupos bien coordinados para perseguir colobos. Pero la carne no es ms que un complemento de la fruta, que
representa el alimento bsico de ambas especies. Jane Goodall, la
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biloga que descubri que los chimpancs cazaban y guerreaban con
otras especies, tambin fue la primera que inform sobre su costumbre, hoy clebre, de pescar termitas con herramientas construidas por
ellos mismos. No hay constancia de que los bonobos hagan lo propio, pero tal vez sea porque se los ha estudiado menos. Los bonobos
en cautividad usan herramientas sin ningn problema. Mientras los
chimpancs de Jane Goodall, que habitan al este del valle del Rift,
cazan termitas, otros grupos situados al oeste han desarrollado la prctica tradicional de cascar frutos secos con mazos y yunques de piedra
o de madera. La operacin requiere cierta maa; hay que golpear el
fruto lo bastante fuerte como para romper la cscara, pero no tanto
como para hacer papilla los gajos.
Por cierto, aunque suele aludirse a esta prctica como si se tratase
de un descubrimiento nuevo y emocionante, Darwin ya la mencion
en el tercer captulo de El origen del hombre (1871):
Con frecuencia se afirma que ningn animal usa herramientas, pero los
chimpancs en estado salvaje se valen de una piedra para cascar un fruto
autctono parecido a una nuez.
Las pruebas que aporta Darwin (el informe de un misionero en Liberia,
publicado en la edicin de 1843 del Boston Journal of Natural History)
son breves y genricas. El informe simplemente declara que los
Troglodytes niger, u orangutanes negros africanos son aficionados a una
especie no identificada de fruto seco que cascan con piedras exactamente igual que hacemos los seres humanos.
Lo verdaderamente interesante de la prctica de cascar frutos secos,
pescar termitas y dems hbitos chimpancs es que los grupos que residen en una zona concreta tienen sus propias costumbres que se transmiten a nivel local. Se trata de autntica cultura. Las culturas locales
incluyen los usos y actitudes sociales. Por ejemplo, un grupo que habita en las montaas Mahale de Tanzania practica una variante peculiar
del acicalamiento social llamada apretn de manos. El mismo gesto se
ha observado en una poblacin de la selva de Kibale, en Uganda, pero
nunca en la de Gombe Stream, que es la que Jane Goodall ha estudiado tan a fondo. Curiosamente, el gesto tambin surgi espontneamente y se extendi entre un grupo de chimpancs en cautividad.
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chimpancs
Si las dos especies de chimpancs modernos empleaban, como nosotros, herramientas en estado salvaje, puede que tambin las usase el
Contepasado 1. Lo creo probable puesto que, si bien nunca se ha visto a los bonobos manejar utensilios en la selva, en cautividad lo hacen
con notable destreza. El hecho de que los chimpancs comunes utilicen herramientas diferentes en zonas diferentes, segn las tradiciones
locales, me hace pensar que la ausencia en una zona concreta de una
tradicin de ese tipo no debera considerarse una prueba negativa.
Al fin y al cabo, nunca se ha visto cascar frutos secos a los chimpancs
que Jane Goodall estudi en Gombe Stream, pero cabe presumir que
lo haran si alguien los iniciase en la tradicin de cascar nueces que
observan sus congneres del frica occidental. Me figuro que con los
bonobos sucede lo mismo. Quiz no se los haya estudiado lo suficiente en estado salvaje. En cualquier caso, me parece que son indicios
bastante convincentes de que el Contepasado 1 fabricaba y utilizaba
herramientas. Esta idea se ve corroborada por el hecho de que los
orangutanes salvajes tambin emplean utensilios y tambin tienen tradiciones locales que difieren de un grupo a otro.1
Los representantes actuales de la lnea ancestral de los chimpancs son dos especies de simios de la selva, mientras que los humanos
somos simios de las sabanas, ms parecidos a los babuinos, los cuales,
sin embargo, no son simios sino monos. Hoy en da los bonobos viven
exclusivamente en las selvas al sur de la gran curva del ro Congo y al
norte de uno de sus afluentes, el Kasai. Los chimpancs comunes habitan en una franja ms amplia situada al norte del Congo y que se extiende desde la costa occidental del continente hasta el valle del Rift.
Como veremos en el Cuento del Cclido, segn la actual ortodoxia darviniana, para que una especie ancestral se escinda en dos especies filiales primero ha de existir entre ellas una separacin de tipo
geogrfico. Sin esta barrera geogrfica, las dos especies se mantienen
unidas en virtud de la mezcla sexual de los dos acervos gnicos. Es muy
posible que el gran ro Congo constituyese la barrera que obstaculiz
el flujo gnico y propici la divergencia evolutiva de las dos especies
de chimpancs hace unos dos o tres millones de aos. De manera an1. En cualquier caso, el uso de herramientas est extendido entre los mamferos
y las aves, como bien ha demostrado la propia Jane Goodall (entre otros).
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loga, hay quien sostiene que el valle del Rift, por entonces en plena
formacin, pudo representar la barrera que fren el flujo gnico y
posibilit, en un pasado an ms remoto, que nuestro linaje se separase del de los chimpancs.
El autor y promotor de la teora del valle del Rift fue el eminente primatlogo holands Adriaan Kortland, pero quien ms la divulg fue
el paleontlogo francs Yves Coppens, que le puso el nombre por el
que hoy se la conoce generalmente: East Side Story, oportuna paronimia con el clebre musical. (Por cierto, no s qu pensar sobre el
hecho de que, en su nativa Francia, se considere a Yves Coppens
el descubridor, cuando no directamente el padre, de Lucy; en el mundo anglosajn, este importante hallazgo se atribuye sin discusin a
Donald Johansson.) La East Side Story se las ve y se las desea para
dar cuenta del Sahelanthropus (Toumai) descubierto en el Chad, a
miles de kilmetros al oeste del valle del Rift. Si bien es ms joven que
Toumai, Australopithecus bahrelghazali, un australopitecino muy poco
conocido que tambin se ha descubierto en el Chad, viene a agravar
el problema.
Todo lo que pueda decir sobre este asunto quedar desfasado en
cuanto se descubran nuevos fsiles, de manera que voy a cederle la
palabra al bonobo para que nos cuente su historia.
EL CUENTO DEL BONOBO
El bonobo, Pan paniscus, se parece mucho a un chimpanc comn,
Pan troglodytes, y hasta 1929 se les consideraba una misma especie. A
pesar de que tambin se le llama chimpanc pigmeo, denominacin
que se debera dejar de usar, el bonobo no es menor a simple vista que
el chimpanc comn. Sus proporciones y costumbres s son ligeramente distintas, y sta es la razn de que le adjudiquemos un cuento. El
primatlogo Frans de Waal lo ha expresado a la perfeccin: Los chimpancs resuelven los conflictos sexuales mediante el poder; los bonobos resuelven los conflictos de poder mediante el sexo. Los bonobos usan el sexo como moneda de cambio en materia de interaccin
social, un poco como nosotros usamos el dinero. Se valen de la copulacin, o de los gestos copulatorios, para apaciguar a la otra parte,
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chimpancs
imponer autoridad y afianzar vnculos con otros miembros del grupo
de cualquier edad o sexo, incluidas las cras. La pedofilia no les supone ningn trauma; cualquier filia les parece bien. Cuenta De Waal que
los machos del grupo que l estudiaba tenan erecciones en cuanto
vean acercarse al guardin a la hora de la comida; a su juicio, podra
tratarse de los preparativos para las cpulas que median durante el
reparto de la comida. Las hembras de bonobo se emparejan para practicar el llamado frotamiento GG (genital contra genital).
Una hembra se aferra con brazos y piernas a su compaera que, colocada a cuatro patas, la levanta del suelo. Acto seguido las dos hembras restriegan sus excitados genitales, haciendo muecas y emitiendo agudos
chillidos que con toda probabilidad reflejan experiencias orgsmicas.
La imagen un poco hippie de los bonobos como criaturas que practican al amor libre ha provocado que algunas almas caritativas se hagan
pas ilusiones y se formen un concepto falso que probablemente madur en los aos sesenta... o igual es que pertenecen a la escuela filosfica del bestiario medieval, segn la cual los animales slo existen
para ensearnos moralejas. Esa concepcin ilusoria es la de que estamos ms emparentados con los bonobos que con los chimpancs comunes. La Margaret Mead que todos llevamos dentro siente ms afinidad
por este modelo de conducta tierno y delicado que por el patriarcal
y asesino de los chimpancs comunes. Pero, por desgracia, nos guste
o no, estamos exactamente igual de emparentados con ambas especies toda vez que Pan troglodytes y Pan paniscus tienen un antepasado
comn que vivi hace menos tiempo que el antepasado que comparten con nosotros. Del mismo modo, las pruebas moleculares indican
que los chimpancs y los bonobos estn ms emparentados con nosotros que con los gorilas; de esto se deduce que los humanos estamos
exactamente igual de emparentados con los gorilas que los chimpancs lo estn de los bonobos, y guardamos exactamente el mismo grado de parentesco con los orangutanes que los gorilas, los bonobos y
los chimpancs.
Lo que no se deduce es que seamos igual de parecidos a los chimpancs que a los bonobos. Si los chimpancs han cambiado ms que
los bonobos desde la poca del Contepasado 1, podramos parecer157
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nos ms a los segundos que a los primeros, o viceversa. Lo ms probable es que tengamos, casi en la misma medida, ciertas cosas en comn
con unos y otros. Los dos estn igual de emparentados con nosotros
porque comparten con nosotros el mismo antepasado comn. sta
es la moraleja de El Cuento del Bonobo, una enseanza simple y
muy general con la que volveremos a toparnos una y otra vez en diversas etapas de nuestra peregrinacin.
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Encuentro 2
Gorilas
El reloj molecular nos dice que el Encuentro 2, donde los gorilas se
unen a nuestra peregrinacin en el mismo escenario africano que el
Encuentro 1, es tan slo un milln de aos ms antiguo que ste. Hace
siete millones de aos, Norteamrica y Sudamrica no estaban unidas,
los Andes no haban terminado de elevarse y el Himalaya acababa de
completar su formacin. Los continentes, no obstante, deban de ser
prcticamente iguales que ahora y el clima africano, aunque menos
tropical y un poco ms hmedo, sera similar al actual. Eso s, frica
estaba ms arbolada que ahora: hasta el Shara era a la sazn una sabana boscosa.
Por desgracia, ningn fsil nos permite salvar la distancia entre
los Contepasados 1 y 2, nada nos ayuda a decidir si el Contepasado 2,
que tal vez sea nuestro trescientosmilsimo tatarabuelo, era ms parecido a un gorila, a un chimpanc o incluso a un ser humano. Yo dira
que a un chimpanc, pero slo porque el enorme gorila me resulta
ms extremo y menos parecido a los dems simios. Ahora bien, tampoco hay que exagerar el carcter excepcional de los gorilas. No son los
simios ms grandes que jams hayan existido. El simio asitico
Gigantopithecus, una suerte de orangutn gigante, le habra sacado ms
de una cabeza al mayor de los gorilas. Viva en China y se extingui
recientemente, har medio milln de aos, cuando todava vivan el
Homo erectus y el Homo sapiens arcaico. Se trata de una extincin tan
reciente que algunas personas de imaginacin desatada han llegado a
sugerir que quizs el Yeti, el abominable hombre de las nieves del
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Millones de aos
Ya incorporados
Gorilas (Gorilla)
N
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Incorporacin de los gorilas
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Incorporacin de los gorilas. rbol
filogentico que muestra como los
gorilas se separaron de los dems
simios africanos hace unos siete
millones de aos, segn estudios
genticos. La rama derecha
representa a los chimpancs y a los
humanos (el puntito gris, situado
hace seis millones de aos, simboliza
al Contepasado 1). La rama
izquierda representa el gnero
Gorilla, compuesto, segn se
considera actualmente, de dos
especies.
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gorilas
Himalaya... perdn, me estoy yendo por las ramas. Es muy probable
que el Giganthopitecus caminase como un gorila, sobre los nudillos de
las manos y las plantas de los pies, como tambin hacen los chimpancs, pero no los orangutanes, dado su modo de vida arborcola.
Entra dentro de lo verosmil que el Contepasado 2 tambien caminase sobre los nudillos pero que, al igual que los chimpancs, pasaba
parte del tiempo en los rboles, sobre todo de noche. Dado que la
seleccin natural, bajo el sol de los trpicos, propicia una pigmentacin oscura como proteccin contra los rayos ultravioleta, es probable que el color del Contepasado 2 fuese negro o marrn oscuro. Todos
los simios menos el hombre son peludos, luego sera muy raro que
no lo fuesen tambin los Contepasados 1 y 2. Teniendo en cuenta
que los chimpancs, los bonobos y los gorilas viven en el corazn de
la selva, parece lgico situar el Encuentro 2 en una selva de frica,
aunque no existen razones de peso para decantarnos por alguna regin
en particular.
Los gorilas no son simplemente chimpancs gigantes sino que difieren en otros aspectos que debemos tener presentes a la hora de recrear al Contepasado 2. Por ejemplo, son exclusivamente vegetarianos y
los machos tienen harenes de hembras. Los chimpancs son ms promiscuos y las diferencias en sus hbitos reproductivos tienen efectos
interesantes en el tamao de sus testculos, como veremos en el Cuento
de la Foca. Tengo la impresin de que, bajo un prisma evolutivo, los
hbitos reproductivos son lbiles, es decir, que cambian con facilidad.
No veo nada que permita aventurar cul era la posicin del
Contepasado 2 a este respecto. Es ms, el hecho de que las diferentes
culturas humanas actuales muestren un amplio abanico de hbitos
reproductivos, que van desde la rigurosa monogamia hasta la poliginia ms desenfrenada, me confirma lo inconveniente de especular
sobre esta cuestin y de hacer cualquier reflexin sobre los hbitos
reproductivos del Contepasado 2.
Los simios, y sobre todo los gorilas, han sido durante mucho tiempo inspiradores y a la vez vctimas de mitos humanos. En El Cuento
del Gorila examinaremos cmo ha ido cambiando nuestra actitud
hacia estos parientes tan cercanos.
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el cuento del antepasado
EL CUENTO DEL GORILA
La aparicin del darvinismo en el siglo XIX polariz las actitudes hacia
los simios. Algunos opositores que podran haber tolerado la idea de
la evolucin en s se negaron rotundamente, presa de un miedo cerval, a aceptar cualquier parentesco con lo que a su juicio no eran sino
bestias inferiores y repugnantes, y trataron por todos los medios de
exagerar lo que nos diferenciaba de ellas. Donde ms se acus esta
reaccin fue en el caso de los gorilas. Los simios eran animales;
nosotros no. Para colmo, mientras que algunos animales como los
gatos o los ciervos podan considerarse hermosos a su manera, los gorilas y otros simios, precisamente por su semejanza con el hombre, parecan caricaturas, esperpentos, deformaciones grotescas.
Darwin nunca dejaba escapar la oportunidad de subrayar las semejanzas, a veces en sucintas acotaciones al margen, como la encantadora observacin que introdujo en El origen del hombre segn la cual
los monos fuman tabaco con mucho gusto. T. H. Huxley, el formidable aliado de Darwin, mantuvo un acalorado intercambio de palabras con sir Richard Owen, el anatomista ms destacado de la poca,
que sostena (equivocadamente, tal y como demostr Huxley) que el
hipocampo menor era un rasgo exclusivo del cerebro humano. Hoy
en da los cientficos no slo piensan que nos parecemos a los simios,
sino que incluyen al ser humano en el grupo de los simios, concretamente al de los africanos. En cambio, hacen hincapi en que los simios,
incluido el hombre, son distintos de los monos. Llamar mono a un chimpanc o a un gorila es un error.
No siempre fue as. En la antigedad sola agruparse a los simios
con los monos y en las descripciones ms antiguas se los confunda
con los babuinos o con las monas de Gibraltar (cuyo nombre en ingls,
de hecho, sigue siendo Barbary apes, o simios de la Berbera). Ms
sorprendente resulta el hecho de que, mucho antes de que se empezara a pensar en trminos evolutivos y se aprendiera a distinguir a unos
simios de otros o de los monos, se sola confundir a los grandes simios
con seres humanos. Por ms que coincidamos con esta nocin anticipada de la teora de la evolucin, lo ms probable, por desgracia, es que
se debiera al racismo. Los primeros exploradores blancos de frica
vean a gorilas y chimpancs como parientes cercanos de los seres
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gorilas
humanos de raza negra, no de s mismos. Curiosamente, tanto en el
Sudeste asitico como en frica existen leyendas tradicionales en la
que la evolucin se representa al contrario: los simios antropomorfos locales se consideran humanos cados en desgracia. Orangutn
significa hombre de la selva en malayo.
En palabras de T. H. Huxley, el Ourang Outan que el doctor holands Bontius retrat en 1658 no era sino una mujer muy peluda y
bastante hermosa, con proporciones y pies completamente humanos.
La criatura, efectivamente, es muy peluda, salvo, curiosamente, en uno
de los pocos lugares donde las verdaderas mujeres tienen vello: el
pubis, que llama la atencin por lo lampio. Muy humanas resultan
tambin las ilustraciones que en 1763, ms de un siglo despus, hizo
Hoppius, el discpulo de Linneo. Una de las criaturas representadas
tiene cola, pero por lo dems es totalmente humana: est erguida sobre
dos patas y lleva bastn. Plinio el Viejo afirma que a las especies con
cola se las ha visto incluso jugando a las damas.
Cabra pensar que semejante mitologa habra predispuesto a nuestra civilizacin a aceptar la idea de la evolucin y que hasta habra acelerado la formulacin de la teora evolutiva, pero se ve que no fue
as. El panorama decimonnico revela una gran confusin entre simios,
monos y humanos; por eso cuesta tanto fechar el descubrimiento de
cada especie de simio y determinar cul es la especie descubierta en
cada ocasin. La excepcin es el gorila, que de todos los simios es el
que la ciencia conoce desde hace menos tiempo.
En 1847 el doctor Thomas Savage, un misionero estadounidense,
vio en la casa de otro misionero situada junto al ro Gabn un crneo que, segn los nativos, perteneca a un animal parecido a un mono
que destacaba por su tamao, ferocidad y costumbres. La injusta fama
de animal feroz, que se exagerara hasta el delirio en la historia de
King Kong, se refleja claramente en un artculo del Illustrated London
News que sali publicado el mismo ao que El origen de las especies. El
texto est repleto de tantas y tan descomunales patraas que supera
incluso las fantsticas consejas de los viajeros de la poca:
...es prcticamente imposible examinarlo de cerca, sobre todo porque, en
cuanto ve a un hombre, lo ataca. El macho adulto, dotado de una fuerza
prodigiosa y de gruesos y poderosos dientes, se esconde en las ramas ms
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gruesas de los rboles de la selva a la espera de que se acerque un hombre; en cuanto lo ve pasar bajo el rbol, descuelga las terribles patas traseras y con pies provistos de enormes pulgares, agarra a su presa por la
garganta, la levanta en vilo y, por ltimo, la deja caer asfixiada. La bestia
obra as por pura maldad, pues luego no se come la carne del hombre
muerto, sino que obtiene un placer diablico del simple acto de matar.
En un primer momento Savage pens que el crneo en poder del
misionero perteneca a una nueva especie de orangutn. Despus
pens que esta nueva especie no era sino la de los Pongo, unos animales mencionados en crnicas ms antiguas de viajes por frica. A
la hora de ponerle un nombre oficial, Savage, junto con su colega el
catedrtico de anatoma Wyman, desech el trmino Pongo y rescat
el de Gorilla, nombre usado por un antiguo almirante cartagins para
designar a una raza de salvajes peludos que afirmaba haber encontrado en una isla frente a la costa occidental africana1. La palabra gorila ha sobrevivido como nombre comn del animal catalogado por
Savage, mientras que Pongo es el nombre cientfico del orangutn asitico.
A juzgar por la zona en que lo encontr, la especie de Savage deba
ser el gorila occidental, Gorilla gorilla. Savage y Giman lo incluyeron
en el mismo gnero que el chimpanc y lo llamaron Troglodytes gorilla. Segn las reglas de la nomenclatura zoolgica, tanto el chimpanc como el gorila tuvieron que renunciar al nombre Troglodytes porque ya se le haba adjudicado, nada ms y nada menos, al minsculo
chochn. El termino persisti como nombre especfico del chimpanc comn, Pan troglodytes, mientras que gorilla, el nombre que Savage
haba usado para la especie cuyo crneo haba visto en casa del misionero, fue ascendido a nombre genrico. El gorila de montaa no
fue descubierto hasta la dcada de 1920, cuando el alemn Robert
von Beringe mat a uno de un tiro. En la actualidad, como veremos
ms adelante, se la considera una subespecie del gorila oriental, y la
especie oriental al completo se denomina Gorilla beringei, en honor
1. En realidad, lo que hizo Hann, que es como se llamaba el almirante cartagins, fue una transcripcin sui generis del trmino kikongo ng dida, que significa
animal poderoso que se golpea con violencia. [N. del t.]
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gorilas
de quien mat al primer ejemplar conocido (lo cual no deja de ser
un tanto injusto).
Savage nunca crey que sus gorilas fuesen los isleos referidos
por el navegante cartagins. En cambio, los exploradores de los siglos
XVII y XVIII dieron por hecho que los chimpancs que a la sazn se
estaban descubriendo en frica no eran ni ms ni menos que los pigmeos, la raza legendaria de hombres diminutos que primero mencionaron Homero y Herodoto. Tyson (1699) muestra un dibujo de un
pigmeo que, como seala Huxley, es a todas luces un chimpanc joven,
por ms que tambin aparezca erguido sobre dos patas bastn en ristre. Sobra decir que hoy en da hemos vuelto a usar la palabra pigmeo
para designar seres humanos de baja estatura.
Esto nos lleva de vuelta al tema del racismo, un fenmeno endmico en nuestra cultura hasta hace relativamente poco. Los primeros
exploradores solan atribuir a los nativos de la selva una afinidad mayor
con chimpancs, gorilas y orangutanes que con ellos mismos. En el
siglo XIX, despus de Darwin, los evolucionistas solan considerar que
los africanos representaban un estadio intermedio entre los simios y
los europeos, dentro de la escala ascendente que culminaba en la supremaca del hombre blanco. Esta concepcin no es solamente un error
de hecho, sino que adems viola un principio fundamental de la evolucin. Dos primos siempre tendrn exactamente el mismo grado de
parentesco con un grupo externo cualquiera, por la sencilla razn de
que estn vinculados a l por medio de un antepasado comn. Por
los motivos aducidos en El Cuento del Bonobo, todos los humanos
somos parientes exactamente igual de cercanos de todos los gorilas.
El racismo, el especismo y nuestro eterno desconcierto cuando se trata
de escoger lo que incluimos en nuestra esfera tica y moral y lo que
dejamos fuera, salen a relucir ntida y vergonzosamente en cuanto
repasamos la historia de nuestras actitudes hacia nuestros semejantes, y hacia los simios, que tambin son nuestros semejantes.2
2. El Proyecto Gran Simio, ideado por el ilustre filsofo moral Peter Singer, va al
meollo del asunto al proponer que, en la medida en que lo permita el sentido prctico, se conceda a los simios antropomorfos el mismo estatus moral que a los seres humanos. Mi propia contribucin al libro The Great Ape Project es uno de los ensayos recopilados en El capelln del diablo.
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Encuentro 3
Orangutanes
Las pruebas moleculares sitan el Encuentro 3, el punto en que los
orangutanes se incorporan a nuestra peregrinacin, hace 14 millones de aos, en pleno Mioceno. Aunque el mundo empezaba a entrar
en su actual fase fra, el clima era ms clido y el nivel del mar ms
elevado que en el presente, lo cual, unido a ligeras diferencias en la
posicin de los continentes, motivaba que el territorio entre Asia y
frica, as como buena parte del sureste europeo, estuviesen sumergidos en el mar de manera intermitente. Como veremos ms adelante, este fenmeno influye a la hora de calcular dnde vivi el
Contepasado 3, que debi de ser nuestro tatarabuelo nmero 650.000.
Vivi en frica, como el 1 y el 2, o bien en Asia? Teniendo en cuenta que se trata del antepasado que compartimos con un simio asitico, debemos estar preparados para encontrrnoslo en cualquiera de
los dos continentes, y no faltan partidarios de ambas hiptesis. A favor
de Asia est la abundancia de fsiles adecuados de la poca adecuada, la segunda mitad del Mioceno. Por otro lado, frica parece haber
sido la cuna de los simios, antes del comienzo del Mioceno. Este continente fue escenario de una enorme explosin de simios en el inicio
del Mioceno: proconslidos (varias especies pertenecientes al antiguo
gnero de simios Proconsul) y otros como Afropithecus y Kenyapithecus.
Nuestros parientes actuales ms cercanos y todos nuestros fsiles posteriores al Mioceno, son africanos.
Sin embargo, la relacin especial que nos une a chimpancs y orangutanes slo se conoce desde hace unas pocas dcadas. Hasta enton167
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Millones de aos
Ya incorporados
Orangutanes (Ponga)
CZ
N
Incorporacin de los orangutanes
10
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Incorporacin de los orangutanes.
En general se acepta que las dos
especies de orangutn asitico se
separaron de los dems simios
antropomorfos hace unos 14
millones de aos. Como en todas las
filogenias de este libro, la rama
derecha representa las especies que
ya se han incorporado a la
peregrinacin, y los puntitos, las
posiciones de los contepasados
precedentes.
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orangutanes
ces, la mayora de antroplogos pensaba que ramos el grupo hermano de todos los simios y, por tanto, que estbamos igual de emparentados con los simios africanos que con los asiticos. Estaban convencidos de que Asia era la patria de nuestros ancestros del Mioceno
superior, y algunas autoridades en la materia llegaron incluso a escoger a un antepasado fsil concreto, Ramapithecus. Hoy se considera
que este animal es el mismo al que anteriormente se haba puesto el
nombre de Sivapithecus, que, en virtud de las leyes de la nomenclatura zoolgica, tiene prioridad sobre aqul. Es una pena no poder seguir
usando el trmino Ramapithecus, que se haba popularizado. Sea o no
Sivapithecus/Ramapithecus antepasado del hombre, muchos expertos
coinciden en que se halla prximo a la lnea evolutiva que dio lugar
al orangutn y hasta podra ser su antepasado directo. Giganthopitecus
era una especie de versin gigante, aunque no arborcola sino terrestre, de Sivapithecus. Existen varios otros fsiles asiticos que datan del
Mioceno. Ouranopithecus y Dryopithecus se disputan el ttulo del antepasado humano ms verosmil de ese periodo; ojal (dan ganas de
decir) estuviesen en el continente adecuado. Como veremos, ese ojal podra terminar tornndose realidad.
Si los simios del bajo Mioceno se hubiesen encontrado en frica
en lugar de Asia, tendramos una serie initerrumpida de fsiles verosmiles que vinculara a los simios africanos modernos con el copioso contingente de proconslidos del alto Mioceno africano. Cuando las pruebas moleculares demostraron ms all de toda duda que estbamos
emparentados con los chimpancs y gorilas africanos y no con los orangutanes asiticos, los paleontlogos, mal de su grado, le volvieron la
espalda a Asia. A pesar de la credibilidad de los simios asiticos, dieron
por hecho que nuestro linaje ancestral tuvo que radicar en frica durante todo el Mioceno y llegaron a la conclusin de que, por alguna razn,
nuestros antepasados africanos no se fosilizaron despus de la temprana floracin de simios proconslidos a comienzos del Mioceno.
As qued la cosa hasta 1998, cuando Caro-Beth Stewart y Todd R.
Disotell ofrecieron un ingenioso ejemplo de razonamiento creativo
en un artculo titulado La evolucin de los primates: dentro y fuera
de frica. Esta historia de idas y venidas de frica a Asia nos la va a
contar el orangutn. La moraleja del cuento es que, despus de todo,
es probable que el Contepasado 3 de veras viviese en Asia.
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el cuento del antepasado
Pero de momento no importa dnde vivi. Qu aspecto tena?
Es el antepasado comn de los orangutanes y de todos los simios africanos actuales, luego podra parecerse a los primeros, a los segundos
o a ambos. Qu fsiles podran darnos alguna pista? Si se examina
el rbol filogentico, se aprecia que los fsiles conocidos como
Lufengpithecus, Oreopithecus, Sivapithecus, Dryopithecus y Ouranopithecus
vivieron todos ellos en la poca adecuada o poco despus. Segn la
reconstruccin ms verosmil, el Contepasado 3 podra ser una combinacin de todos estos cinco gneros de fsiles asiticos, pero sera
til poderlo colocar en Asia. Escuchemos el Cuento del Orangutn
para ver qu nos sugiere.
EL CUENTO DEL ORANGUTN
Tal vez nos hayamos precipitado al dar por descontado que nuestros
vnculos africanos vienen de muy largo. Y si nuestro linaje ancestral
hubiese salido de frica hace unos 20 millones de aos, prosperado
en Asia hasta hace unos 10 y despus regresado a frica?
Segn esta hiptesis, todos los simios actuales, incluidos los que terminaron viviendo en frica, descenderan de una lnea ancestral que
emigr de frica a Asia. Los gibones y los orangutanes seran descendientes de los emigrantes que se quedaron en Asia, mientras otros descendientes posteriores habran regresado a frica, donde los antiguos
simios del Mioceno ya se habran extinguido. Una vez asentados en
el antiguo hogar de sus ancestros, estos emigrantes dieron origen a los
gorilas, chimpancs, bonobos y seres humanos.
Los datos disponibles sobre la deriva de los continentes y la oscilacin del nivel del mar son compatibles con esa hiptesis. En la poca
en cuestin existan puentes terrestres con Arabia. Las pruebas que
refrendan la teora son, en ltima instancia, cuestin de parsimonia1,
es decir, en la necesidad de economizar suposiciones. Una buena
teora es aqulla que, postulando poco, explica mucho. (Como ya sea1. El principio de parsimonia es la regla cientfica segn la cual, si existen dos o ms
soluciones a un problema o hiptesis suficientes que lo expliquen, siempre se ha de
optar por la ms simple. [N. del t.]
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orangutanes
chimpancs
Especies encontradas en frica
Dryopithecus
gorilas
14
Ouranopithecus
siamangs
8
Af
gibones
ro
25
us
Proconsul
ec
th
pi
Kenyapitheus
macacos asiticos
Aegypthopithecus
mona de Gibraltar
babuinos y
mangabeys
10
14
guenones
langures y nsicos
10
colobos
Victoriapithecus
35
30
25
20
15
10
colobinos
orangutanes
Sivapithecus
Lufengpith
ecus
Orepopithecus
simios
cercopitecinos
antropomorfos menores
18
catarrinos
humanos
Monos del Viejo Mundo
hominoides
Australopithecus
simios
antropomorfos
Especies encontradas en Eurasia
millones de aos atrs
Entrada y salida de frica. rbol filogentico de los simios africanos y asiticos
elaborado por de Stewart y Disotell. Las zonas redondeadas representan fechas
conocidas gracias a fsiles, mientras que las lneas que las unen al rbol se han
calculado con arreglo a un criterio de parsimonia. Las flechas simbolizan episodios
migratorios. Adaptacin de Stewart y Disotell [273].
lado varias veces en otros libros, de acuerdo con este criterio, la teora de la seleccin natural de Darwin tal vez sea la mejor teora jams
ideada.) En este caso concreto, se trata de minimizar nuestras suposiciones acerca de los episodios migratorios. La teora de que nuestros
antepasados permanecieron en todo momento en frica (sin migracines) pareca, sobre el papel, ms econmica que la teora de que
nuestros antepasados se desplazaron de frica a Asia (primera migracin) para despus regresar a frica (segunda migracin).
Pero este clculo era demasiado restringido ya que se centraba en
nuestra lnea ancestral sin tomar en consideracin a todos los dems
simios, en particular a las numerosas especies fsiles. Stewart y Disotell
hicieron un cmputo de los episodios migratorios, pero teniendo tambin en cuenta los que haran falta para explicar la distribucin de
todos los simios, incluidos los fsiles. Lo primero que hay que hacer
es colocar en el rbol filogentico a todas las especies de las cuales se
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dispone de informacin suficiente. Lo siguiente es indicar si cada una
de esas especies vivi en frica o en Asia. En el diagrama adjunto,
que est sacado del artculo de Stewart y Disotell, los fsiles asiticos
aparecen en negro y los africanos en blanco. Los autores no incluyeron todos los fsiles conocidos, pero s todos aqullos que podan localizarse con claridad en el rbol. Asimismo, incorporaron a los monos
del Viejo Mundo, que se escindieron de los simios hace unos 25 millones de aos (como veremos, la diferencia ms evidente entre monos
y simios es que los primeros conservaron la cola). Las migraciones vienen simbolizadas por flechas.
Teniendo en cuenta los fsiles, la teora del salto a Asia y regreso a
frica es ms econmica que la de la permanencia constante de nuestros
antepasados en frica. Dejando a un lado los monos, que, segn ambas
hiptesis, fueron responsables de dos episodios migratorios de frica a Asia, basta postular dos migraciones de simios, a saber:
1. Una poblacin de simios emigr de frica a Asia hace unos 20 millones de aos y dio origen a todos los simios asiticos, entre ellos los
gibones y orangutanes actuales.
2. Una poblacin de simios regres de Asia a frica y dio origen a
los simios africanos actuales, incluidos los seres humanos.
En cambio, la teora de la permanencia constante de nuestros antepasados
en frica requiere seis movimientos migratorios para explicar el flujo
de frica a Asia de los antepasados de:
1.
2.
3.
4.
5.
6.
Gibones, hace unos 18 millones de aos.
Oreopithecus, hace unos 16 millones de aos.
Lufengpithecus, hace unos 15 millones de aos.
Sivapithecus y orangutanes, hace unos 14 millones de aos.
Dryopithecus, hace unos 13 millones.
Ouranopithecus, hace unos 12 millones de aos.
Naturalmente, todos estos cmputos migratorios slo sern vlidos si
Stewart y Disotell han acertado con las comparaciones anatmicas en
las que se basa su rbol. Por ejemplo, segn ellos, Ouranopithecus es,
de todos los simios fsiles, el ms cercano a los simios africanos moder172
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orangutanes
nos (en el diagrama, es la ltima rama en escindirse del rbol antes
de los simios africanos). Los siguientes parientes ms cercanos, segn
sus clculos anatmicos, son todos asiticos (Dyopithecus, Sivapithecus,
etc.). Pero si se hubieran equivocado con la evaluacin anatmica y,
por ejemplo, el fsil africano Kenyapithecus sea, en realidad, el ms cercano a los simios africanos modernos, habr que repetir desde el principio todo el recuento migratorio.
El rbol propiamente dicho est construido en funcin del criterio de parsimonia. Pero es un tipo de parsimonia diferente. En lugar
de minimizar el nmero de episodios migratorios que nos hace falta
postular, nos olvidamos de la geografa y tratamos de minimizar el
nmero de coincidencias anatmicas (evolucin convergente) que es
preciso postular. Una vez construido el rbol sin tener en cuenta la
geografa, se superpone la informacin geogrfica (el cdigo blanco
y negro del diagrama) para contar los episodios migratorios. Y se
concluye que, con toda probabilidad, los simios africanos recientes, es
decir, los gorilas, chimpancs y humanos, proceden de Asia.
En relacin con esto hay un dato interesante. Richard G. Klein,
de la universidad de Stanford, es el autor de un importante manual
sobre la evolucin humana donde se describe minuciosamente cuanto se conoce sobre la anatoma de los principales fsiles. En un momento dado, Klein compara al asitico Ouranopithecus con el africano Kenyapithecus y se pregunta cul de los dos se parece ms a nuestro cercano
pariente (o antepasado) Australopithecus y concluye que este ltimo
es ms parecido a Ouranopithecus que a Kenyapithecus. A continuacin
aade que, si el Ouranopithecus hubiese vivido en frica, habra sido
incluso un antepasado humano verosmil. Sin embargo, teniendo en
cuenta los factores geogrfico-morfolgicos, Kenyapithecus es un candidato ms probable. Capta el lector la suposicin implcita? Klein
est afirmando tcitamente que no es probable que los simios africanos descendiesen de un antepasado asitico, aun cuando as lo indican las pruebas anatmicas. Subconscientemente, est concediendo
ms valor a la parsimonia geogrfica que a la anatmica. De acuerdo
con la parsimonia anatmica, el Ouranopithecus es un pariente ms cercano del hombre que el Kenyapithecus. Sin embargo, Klein, aunque no
lo formula de manera explcita, deja que la parsimonia geogrfica se
imponga sobre la anatmica. Stewart y Disotell sostienen que, cuan173
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do se tiene en cuenta la adscripcin geogrfica de todos los fsiles, la
parsimonia anatmica y la geogrfica concuerdan. As pues, la geografa confirma la primera estimacin anatmica de Klein, segn la cual
Ouranopithecus es ms parecido al Australopithecus que el Kenyapithecus.
Puede que la discusin an no est zanjada. Hay que hacer verdaderos malabarismos para compatibilizar la parsimonia anatmica y la
geogrfica. El artculo de Stewart y Disotell ha desencadenado un
aluvin de cartas en las publicaciones cientficas, tanto a favor como
en contra. En funcin de las pruebas disponibles en este momento,
creo que, en conjunto, deberamos mostrar preferencia por la teora
del salto a Asia y regreso a frica. Dos episodios migratorios es una opcin
ms parsimoniosa que seis. Y es cierto que existen semejanzas elocuentes entre los simios asiticos del bajo Mioceno y algunos simios africanos de nuestra lnea ancestral como Australopithecus y los chimpancs. Se trata simplemente de una preferencia en conjunto, pero
me basta para situar el Encuentro 3 (y el 4) en Asia y no en frica.
La moraleja de El Cuento del Orangutn es doble. A la hora de
escoger entre teoras opuestas, un cientfico siempre tiene presente el
principio de parsimonia, pero no siempre est claro cmo aplicarlo.
Disponer de un buen rbol genealgico suele ser el primer requisito
esencial de una reflexin solvente sobre la evolucin, pero elaborar
un buen rbol supone ya de por s un arduo ejercicio. De los pormenores de esta labor van a hablarnos en melodioso coro los gibones
cuando se unan a nuestra peregrinacin en el Encuentro 4.
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Encuentro 4
Gibones
El Encuentro 4, donde nos reunimos con los gibones, tiene lugar hace
unos 18 millones de aos, probablemente en Asia, en el entorno ms
clido y boscoso del alto Mioceno. No hay acuerdo en cuanto al nmero de especies modernas de gibn, pero parece que son doce, todas
de las cuales viven en el sudeste asitico, incluidas Indonesia y Borneo.
Algunas autoridades en la materia los agrupan a todos en el gnero
Hylobates. En su poca se dejaba fuera al siamang y se hablaba de gibones y siamangs, pero cuando se descubri que los gibones se dividen
en cuatro grupos y no en dos, la distincin qued obsoleta. As pues,
me referir a todos con el nombre de gibones.1
Los gibones son simios pequeos y tal vez los mejores acrbatas
arborcolas que jams han existido. En el Mioceno haba montones
de simios pequeos. En el mbito evolutivo, aumentar o disminuir
de tamao es relativamente fcil. Del mismo modo que el Giganthopitecus
y el Gorilla aumentaron de tamao por separado, muchos simios, en
esa edad dorada que para ellos fue el Mioceno, se hicieron ms pequeos. Los pliopitecidos, por ejemplo, eran unos simios pequeos muy
abundantes en Europa en el alto Mioceno y que probablemente llevaban una vida parecida a la de los gibones, sin ser sus antepasados.
Supongo, por ejemplo, que tambin braquiaban.
1. A los siamangs se los separaba porque son ms grandes y poseen una bolsa gutural para amplificar los gritos.
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N
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Incorporacin de los gibones
Ya incorporados
Gibones crestados (Nomascus)
Siamangs (Symphalangus)
Otros gibones (Hylobates)
Hulocs (Bunopithecus)
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el cuento del antepasado
Millones de aos
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gibones
Brachia es brazo en latn y braquiar significa desplazarse por medio
de los brazos, no de las piernas, algo que a los gibones se les da de
maravilla. Sus grandes manos prensiles y sus potentes muecas son
como botas de siete leguas invertidas que catapultan a los gibones de
rama en rama y de rbol en rbol. Gracias a sus largos brazos, que
son una materializacin perfecta del principio fsico del pndulo,
son capaces de propulsarse en el vaco y salvar de un solo salto distancias de hasta diez metros. La braquiacin a alta velocidad me resulta
ms emocionante si cabe que el vuelo, y me complace imaginarme a
mis antepasados disfrutando de una de las experiencias ms intensas
de la vida. Por desgracia, la corriente de pensamiento actual pone en
duda que nuestros antepasados pasaran por una fase totalmente gibonesca, pero es lcito suponer que el Contepasado 4, nuestro millonsimo tatarabuelo, fuese un pequeo simio arborcola con ciertas aptitudes para la braquiacin.
De todos los simios, los gibones son, despus de los humanos, los
que mejor practican el difcil arte de andar erguidos. Sirvindose de
las manos nicamente para guardar el equilibrio, se desplazaban sobre
dos patas a lo largo de las ramas, mientras que la braquiacin la usan
para desplazarse de una rama a otra. Si el Contepasado 4 practicaba
el mismo arte y se lo transmiti a los gibones que descienden de l,
podra haber persistido algn vestigio de esta habilidad en el cerebro de los descendientes humanos y haber resurgido ulteriormente
en frica? No es ms que una grata reflexin, si bien es cierto que,
en general, lo simios tienen tendencia a andar erguidos de vez en cuando. Podramos tambin especular si el Contepasado 4 posea el mismo virtuosismo vocal que sus descendientes gibones, y si esto no sera
un presagio de la extraordinaria versatilidad de la voz lingstica y
musical de la voz humana. Por otro lado, sin embargo, los gibones son
devotos mongamos, a diferencia de los simios antropomorfos ms
Incorporacin de los gibones. Las 12 especies de gibones se subdividen
actualmente en cuatro grupos, cuyo orden de ramificacin, como se explica
detalladamente en el Cuento del Gibn, es objeto de controversia.
Ilustraciones, de izquierda a derecha: huloc (Bunopithecus hoolock); gibn malayo
(Hylobates agilis); siamang (Symphalangus syndactylus); gibn de mejillas doradas
(Nomascus gabriellae).
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cercanos a nosotros y de la mayora de culturas humanas, en las cuales la costumbre, y, en varios casos, la religin, fomentan (o al menos
consienten) la poliginia. No sabemos si, en este apartado, el Contepasado 4 se pareca a sus descendientes gibones o a sus descendientes
simio de gran tamao.2
Vamos a tratar de reconstruir al Contepasado 4 partiendo del consabido presupuesto de que deba de tener muchos de los rasgos comunes a todos sus descendientes, es decir, todos los simios, incluidos
nosotros. Es probable que fuese ms arborcola y ms pequeo que
el Contepasado 3. Si, como sospecho, se balanceaba de las ramas con
los brazos, no deba, sin embargo, ser un braquiador tan hbil como
los gibones modernos, ni sus brazos deban de ser tan largos.
Seguramente tena la cara chata de los gibones. No tena cola, o, mejor
dicho, tena, como todos los simios, una pequea cola interna formada por la unin de las ltimas vrtebras: el llamado cccix.
No s por qu los simios perdimos la cola. Me sorprende que los
bilogos hablen tan poco del tema. Una excepcin reciente es Jonathan
Kingdon en el libro Lowly Origin, pero ni siquiera l ofrece una explicacin concluyente y satisfactoria. Los zologos que se enfrentan a este
tipo de enigmas suelen recurrir a las comparaciones: buscan, de entre
todos los mamferos, aqullos que hayan perdido de forma independiente la cola (o la hayan reducido al mnimo) y tratan de descifrar
el fenmeno. Creo que ninguno ha abordado el problema de manera sistemtica, pero sera muy interesante. Adems de en los simios,
la cola est ausente en topos, erizos, tenrecs sin cola (Tenrec ecaudatus),
cobayas, hmsters, osos, murcilagos, koalas, perezosos, agutes y varias
otras especies. Tal vez lo ms interesante para el caso que nos ocupa
sea que existen monos anuros, o con una cola tan corta que es como
si no la tuviesen, como los gatos de la Isla de Man. Los gatos de esta
2. Quizs habra que llamar la atencin de la mayora moral de extrema derecha
estadounidense (cuya oposicin cerril y oscurantista a los principios evolucionistas est
poniendo en peligro la calidad de la enseanza en varios de los estados ms atrasados
de su pas) sobre los ejemplares valores familiares de los gibones y sobre la pa esperanza de que nuestros antepasados evolutivos tambin los observasen. Ni que decir tiene que extraer del comportamiento de los gibones cualquier enseanza moral supondra cometer la falacia naturalista, pero es que a esta gente lo que mejor se le da son
precisamente las falacias.
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gibones
raza tienen un gen concreto que hace que sean rabones. Cuando es
homocigtico (es decir, cuando se halla presente por duplicado) resulta letal, luego es poco probable que se difunda a lo largo de un proceso evolutivo, pero se me ha ocurrido preguntarme si los primeros
simios no seran monos de la Isla de Man. Si hubiese sido as, la mutacin probablemente se producira en un gen Hox (vase El Cuento
de la Mosca de la Fruta). Suelo estar en contra de la teora evolutiva
del monstruo prometedor3, pero podra ser sta la excepcin? Sera interesante examinar el esqueleto de los mutantes sin cola de especies de
mamferos que normalmente la tienen para ver si han renunciado a
ella de la misma manera que los simios.
La mona de Gibraltar (Macaca sylvanus) es un mono anuro al que
en ingls, tal vez por eso, se suele llamar errneamente, como hemos
visto, Barbary ape (simio de Berbera). El macaco de las Clebes
(Macaca nigra) es otro mono sin cola. Jonathan Kingdon me ha contado que, por el aspecto y los andares, parece un chimpanc en miniatura. En Madagascar existen algunos lmures sin cola, como el indr,
y varias especies extintas como los lmures koala (Megaladapis) y los
lmures perezosos, algunos de los cuales alcanzaban el tamao de un
gorila.
Si no intervienen otros factores, todo rgano que no se use tender a atrofiarse, aunque slo sea por motivos econmicos. Entre los
mamferos, las colas cumplen una enorme variedad de funciones.
Las ovejas la usan como reserva de grasa. Los castores la usan como
remo. La cola del mono araa tiene una almohadilla callosa prensil
que le sirve de quinta extremidad en las copas de los rboles de
Sudamrica. La gigantesca cola del canguro es un resorte que le ayuda a saltar. Los animales ungulados usan la cola como matamoscas.
Los lobos y muchos otros mamferos la usan para hacer seales, aunque es probable que se trate de un oportunismo secundario por parte de la seleccin natural.
3. La teora del monstruo prometedor, trmino acuado por uno de sus partidarios, el gentico germanoestadounidense Richard Goldschmidt, postula que las macromutaciones monstruosas, una vez aparecen, pueden verse favorecidas por la seleccin natural y, por tanto, constituir un importante motor de cambio evolutivo.
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Pero aqu debemos prestar atencin sobre todo a los animales
que viven en los rboles. Las colas de las ardillas cogen aire, luego un
salto es casi un vuelo. Los animales arborcolas suelen tener colas largas que hacen las veces de contrapeso o de timn para el salto. Los
loris y los potos, con los que nos reuniremos en el Encuentro 8, se desplazan lentamente a las presas, casi reptando por las ramas, y tienen
colas cortsimas. Sus parientes los glagos, en cambio, son briosos saltadores y poseen largas colas peludas. Los perezosos son anuros, como
los koalas, a los que cabra considerar sus equivalentes australianos, y
ambos, como los loris, se mueven lentamente por los rboles.
En Borneo y Sumatra el macaco cangrejero (Macaca fascicularis)
vive en los rboles, mientras que el macaco de cola de cerdo (Macaca
nemestrina), con el que est estrechamente emparentado, vive en el
suelo y es rabn. Los monos arborcolas suelen tener la cola larga y
corren por las ramas a cuatro patas, usando la cola para mantener el
equilibrio. Saltan de rama en rama con el cuerpo en posicin horizontal y la cola estirada a modo de timn y contrapeso. Entonces,
cmo es que los gibones, que llevan una vida arborcola tan activa
como la de cualquier mono, carecen de cola? Tal vez la respuesta estriba en su peculiar manera de desplazarse. Como hemos visto, todos los
simios son bpedos de vez en cuando y los gibones, cuando no braquian, corren a lo largo de las ramas sobre las patas traseras, usando
sus largos brazos para mantener el equilibrio. Es fcil entender el engorro que para un bpedo debe de representar la cola. Mi colega
Desmond Morris me ha contado que a veces los monos araa andan
sobre dos patas y que, en su caso, la larga cola les supone un serio
estorbo. Adems, cuando un gibn se lanza hacia una rama alejada,
lo hace partiendo de una posicin vertical, a diferencia de los monos
saltadores, que adoptan una posicin horizontal. Lejos de ser un timn
estabilizador que se prolonga hacia atrs, una cola sera un verdadero lastre para un braquiador vertical como el gibn o, presumiblemente, el Contepasado 4.
Es todo cuanto se me ocurre. Creo que los zologos deberan prestar ms atencin al misterio de por qu perdimos la cola los simios. A
posteriori, el supuesto contrario suscita simpticas conjeturas. Cmo
habramos compaginado la cola con nuestra costumbre de vestir ropa,
sobre todo pantalones? En semejante tesitura, la clsica pregunta de
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los sastres, El seor carga a la izquierda o a la derecha?, habra
cobrado una relevancia completamente distinta.
EL CUENTO DEL GIBN
Escrito en colaboracin con Yan Wong
En el Encuentro 4 nos reunimos por primera vez con ms de dos especies ya unidas. Un nmero ms alto de especies puede plantear problemas a la hora de establecer parentescos, cuestiones que se irn agravando conforme avancemos en nuestro peregrinar. El tema de El
Cuento del Gibn es cmo resolverlos.4
Existen, como hemos visto, 12 especies de gibones que se clasifican
en cuatro grupos principales: Bunopithecus (un grupo que consta de
una sola especie vulgarmente conocida como huloc), Hylobates (seis
especies, de las cuales la ms conocida es el Hylobates lar, o gibn de
manos blancas), Symphalangus (el siamang) y Nomascus (cuatro especies de gibones crestados). En este cuento se explica cmo construir
una relacin de parentesco evolutivo, o filogenia, que vincule a los
cuatro grupos.
Los rboles filogenticos pueden ser dirigidos o no dirigidos. Cuando
construimos un rbol dirigido, sabemos dnde se encuentra el ancestro. La mayora de los diagramas filogenticos que aparecen en este
libro son de este tipo. En los rboles no dirigidos, en cambio, no hay
un sentido de orientacin. Se les suele llamar diagramas de estrella y
no siguen una direccin temporal determinada. No empiezan en un
lado de la pgina para terminar en el lado opuesto. En la ilustracin
podemos ver tres ejemplos, que muestran todas las posibles maneras
de relacionar cuatro entidades.
En cada una de las bifurcaciones del diagrama no es relevante
cul es la rama izquierda y cul la derecha. Y de momento (aunque
la cosa cambiar ms adelante) la longitud de las ramas no nos pro4. El tema de este cuento hace que inevitablemente resulte ms difcil de leer
que otras partes del libro. El lector puede escoger entre devanarse los sesos durante
las prximas diez pginas, o saltar directamente a la p. 199 y volver a este cuento
cuando desee ejercitar las neuronas. Dicho sea de paso, muchas veces me he preguntado cmo se devana uno los sesos. Ojal lo supiera.
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Bunopithec
Symphalangus
rbol A
Hylobates
Bunopithec
Hylobates
Bunopithecus
rbol B
Nomascus
Symphalangus
Hylobates
rbol C
Nomascus
Nomascus
Smphalangusy
porciona ninguna informacin. Un rbol en el que la longitud de las
ramas no significa nada se denomina cladograma (en este caso, se tratara de un cladograma no dirigido). La nica informacin que transmite un cladograma es el orden de ramificacin: el resto es adorno.
Podemos intentar, por ejemplo, rotar cualquiera de las bifurcaciones
laterales en torno a la lnea media horizontal: el patrn de relaciones
permanecer idntico.
Estos tres cladogramas no dirigidos representan las posibles maneras de vincular cuatro especies, siempre que nos ciamos a conexiones por medio de ramas que slo se escinden en dos (dicotomas).
Como en el caso de los rboles dirigidos, es costumbre considerar irresueltas las ramificaciones en tres (tricotomas) o ms ramas (politomas): el equivalente de una admisin temporal de ignorancia.
Todo cladograma no dirigido se convierte en dirigido en cuanto
especificamos el punto ms antiguo (la raz) del rbol. Los investigadores a quienes hemos confiado la construccin del diagrama situado al comienzo de este cuento han propuesto el cladograma dirigido
de los gibones situado a la izquierda. Otros, en cambio, han propuesto el de la derecha.
En el primero, los gibones crestados, Nomascus, son parientes lejanos de todos los dems gibones. En el segundo, esta distincin recae
sobre los hulocs (Bunopithecus). A pesar de sus diferencias, los dos proceden del mismo rbol no dirigido (el diagrama A). Los cladogramas slo se diferencian en sus races: el primero se construye colocando la raz del rbol A en la rama que lleva al Nomascus ; el segundo,
colocndola en la rama que lleva al Bunopithecus.
Cmo se dirige un diagrama de rbol? El mtodo habitual es
ampliarlo para que incluya al menos un grupo externo (y de preferen182
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Bunopithecus
Bunopithecus
Hylobates
Hylobates
Symphalangus
Symphalangus
Nomascus
Nomascus
cia ms de uno), esto es, un miembro de un grupo que, segn un
consenso universal establecido de antemano, slo mantiene un parentesco lejano con todos los dems. Por ejemplo, en el diagrama de
los gibones, los orangutanes o los gorilas (o incluso los elefantes o
los canguros) podran hacer las veces de grupos externos. Por ms
dudas que tengamos en cuanto a las relaciones de parentesco entre
los gibones, sabemos que el antepasado que cualquier gibn tiene
en comn con un antropomorfo, o con un elefante, es ms antiguo
que el que tiene en comn con cualquier otro gibn. Por eso no se
corre el menor riesgo colocando la raz de un diagrama que incluya
a los gibones y a los simios antropomorfos en algn punto entre los
dos grupos.
Es fcil comprobar que los tres rboles no dirigidos que he dibujado son los nicos diagramas dicotmicos posibles para relacionar
cuatro grupos. En el caso de cinco grupos, el nmero de diagramas
posibles asciende a 15. Pero abstngase el lector de intentar calcular
el nmero de diagramas posibles para, pongamos, 20 grupos, pues llega a los cientos de millones de millones de millones.5 Dado que el
nmero de diagramas aumenta exponencialmente con el nmero
de grupos que clasificar, hasta el ordenador ms veloz puede tardar
una eternidad. En principio, sin embargo, nuestra tarea es sencilla: de
entre todos los diagramas posibles, hemos de escoger el que mejor
explique las semejanzas y diferencias entre nuestros grupos.
5. El nmero exacto es (3 2 5) (4 2 5) (5 2 5) ... (n 2 5), donde n es el nmero de grupos.
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Qu significa el que mejor explique? Cuando analizamos un
conjunto de animales se nos hacen evidentes una infinidad de semejanzas y de diferencias, pero son ms difciles de cuantificar de lo
que parece. Con frecuencia un rasgo es parte inextricable de otro:
si los contamos por separado, en realidad es como si contsemos
lo mismo dos veces. Supongamos, como ejemplo extremo, que haya
cuatro especies de ciempis: A, B, C y D. A y B se parecen en todo
salvo en que A tiene las patas rojas y B azules. C y D son iguales entre
s, y muy diferentes de A y B, slo que C tiene las patas rojas y D
azules. Si contamos el color de las patas como un nico rasgo,
agruparemos correctamente a AB aparte de CD. Pero si pecamos de
ingenuos y contamos cada una de las 100 patas por separado, los
rasgos que justificaran un agrupamiento alternativo, el de AC frente a BD, se haran 100 veces ms numerosos. Todo el mundo estara de acuerdo en que hemos contado el mismo rasgo 100 veces.
En realidad, se trata de un solo rasgo puesto que fue una sola decisin embriolgica la que determin de una tacada el color de las
100 patas.
Lo mismo vale para la simetra izquierda-derecha: la embriologa
opera de tal forma que, salvo raras excepciones, cada lado de un animal es un reflejo exacto del otro. A la hora de construir un cladograma, ningn zologo contara dos veces un mismo rasgo reflejado. Lo
que ocurre es que la dependencia no siempre resulta tan evidente.
Por ejemplo, una paloma necesita tener una quilla profunda para sujetar los msculos del vuelo, mientras que un ave incapaz de volar como
el kiwi, no. Contamos la quilla profunda y las alas como dos rasgos
separados que diferencian a las palomas de los kiwis? O los contamos como uno solo, aduciendo que la naturaleza de uno determina
el otro, o al menos reduce su margen de variacin? En el caso de los
ciempis y la simetra, est claro cul es la respuesta correcta, pero
en el de las quillas de las palomas, no lo est tanto. Personas muy
razonables podran argir en uno y otro sentido.
Esto por lo que se refiere a semejanzas y diferencias visibles. Pero
los rasgos visibles slo evolucionan en tanto que manifestaciones de
secuencias de ADN. Hoy en da podemos comparar secuencias de ADN
directamente. Como beneficio aadido, los textos de ADN, al consistir en largas ristras, proporcionan muchos ms objetos que contar y
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comparar; lo ms probable es que disyuntivas como la del ala y la quilla desapareciesen en un mar de datos. Adems, muchas diferencias
genticas habrn pasado inadvertidas a la seleccin natural y proporcionarn indicios filogenticos ms puros. Como ejemplo de un caso
extremo, algunos cdigos de ADN son sinnimos: especifican exactamente el mismo aminocido. Una mutacin que cambie una palabra
de ADN por uno de sus sinnimos ser invisible a los ojos de la seleccin natural. A los de un genetista, en cambio, es tan visible como cualquier otra. Lo mismo ocurre con los pseudogenes (rplicas normalmente accidentales de genes autnticos) y con muchas otras secuencias
de ADN basura que figuran en el cromosoma pero nunca se leen ni
se usan. La inmunidad a la seleccin natural permite al ADN mutar
de un modo que deja huellas muy reveladoras para los taxnomos.
Nada de esto quita, naturalmente, para que algunas mutaciones tengan verdaderos e importantes efectos. Aunque slo sean puntas de iceberg, son las puntas que no pasan desapercibidas a la seleccin natural y que explican todas las bellezas y complejidades perceptibles y
conocidas de la vida.
El ADN tambin dista mucho de ser inmune al problema del cmputo mltiple, el equivalente molecular de las patas del ciempis. A
veces una misma secuencia se repite muchas veces a lo largo del genoma. Ms o menos la mitad del ADN humano consiste en copias mltiples de secuencias sin sentido, elementos transponibles que, como
parsitos, se apropian de la maquinaria replicadora del ADN para
difundirse por el genoma. Uno slo de estos elementos parsitos, llamado Alu, est repetido ms de un milln de veces en la mayora de
individuos, y volveremos a encontrrnoslo en El Cuento del Mono
Aullador. Incluso en el ADN til y con significado, hay unos cuantos
casos en que un mismo gen se repite docenas de veces de manera idntica (o casi idntica). En la prctica, sin embargo, no suele darse el
problema del cmputo mltiple porque suele ser fcil identificar las
secuencias duplicadas.
Otro motivo para ser prudentes es que en amplias zonas del ADN
se aprecian misteriosas similitudes entre criaturas que, en un sentido
relativo, no guardan un parentesco cercano. Nadie pone en duda que
las aves estn ms emparentadas con las tortugas, lagartos, serpientes
y cocodrilos que con los mamferos (vase el Encuentro 16). Sin embar185
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go, las secuencias genticas de las aves y de los mamferos presentan
ms semejanzas de las que cabra esperar habida cuenta de su lejano
parentesco. Ambas clases tienen un exceso de pares G-C (guanina-citosina) en el ADN no codificante. El par G-C es qumicamente ms fuerte que el A-T (adenina-timina); quiz es que las especies de sangre
caliente (aves y mamferos) necesitan un ADN ms estable desde el
punto de vista qumico. Sea cual sea la razn, no hay que dejar que
esta primaca del par G-C nos convenza de que todos los animales de
sangre caliente estn estrechamente relacionados. El ADN se vislumbra como la tierra prometida de los taxnomos, pero debemos ser
conscientes de los peligros que nos acechan: hay muchas cosas del
genoma que todava no entendemos.
Una vez formuladas las necesarias advertencias, la pregunta es
cmo se puede usar la informacin contenida en el ADN. Curiosamente, los fillogos, a la hora de averiguar la genealoga de un
texto, usan las mismas tcnicas que los bilogos evolutivos, y aunque parezca demasiado bonito para ser verdad, da la casualidad de
que uno de los mejores ejemplos de ese procedimiento es el trabajo
realizado por el Canterbury Tales Project. Los miembros de esta asociacin internacional de fillogos han recurrido a las herramientas
de la biologa evolutiva para reconstruir la historia de 85 versiones
manuscritas diferentes de Los cuentos de Canterbury. Estos textos antiqusimos, copiados a mano antes de la invencin de la imprenta, constituyen la nica esperanza de reconstruir el original perdido de
Chaucer. Como ocurre con el ADN, el texto de Chaucer ha sobrevivido a numerosas copias, en el curso de las cuales se han producido
variaciones accidentales. Anotando meticulosamente las diferencias
acumuladas, los especialistas pueden reconstruir la historia de las
copias, el rbol evolutivo del texto (pues se trata verdaderamente
de un proceso evolutivo por cuanto consiste en la acumulacin gradual de errores a lo largo de generaciones sucesivas). Las tcnicas y
dificultades del anlisis de la evolucin del ADN y de la del texto
literario son tan similares que cualquiera de las dos puede usarse para
explicar la otra.
De manera que vamos a olvidarnos momentneamente de los gibones para ocuparnos de Chaucer y, en concreto, de cuatro de las 85 versiones manuscritas de Los cuentos de Canterbury: las versiones Biblioteca
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britnica, Christ Church, Egerton y Hengwrt.6 He aqu los dos primeros
versos del Prlogo general:
biblioteca britnica: Whan that Aprylle / wyth hys showres soote
The drowhte of Marche / hath pcede to the rote 7
CHRIST CHURCH: Whan that Aurell wt his shoures soote
The drowte of Marche hath pced to the roote
EGERTON: Whan that Aprille with his showres soote
The drowte of marche hath pcede to the roote
HENGWERT: Whan that Aueryll wt his shoures soote
The droghte of March / hath pced to the roote
Lo primero que tenemos que hacer con el ADN o con los textos literarios es localizar las semejanzas y las diferencias. Para eso hace falta
alinearlos, tarea no siempre fcil por cuanto los textos pueden estar
incompletos o revueltos y ser de diferente extensin. Cuando la cosa
se complica un ordenador puede ser de gran ayuda, pero no hace falta un ordenador para alinear los dos primeros versos del Prlogo general de Chaucer, cuyos catorce puntos de discordancia he resaltado.
Hay dos lugares, el segundo y el quinto, que presentan tres variantes en lugar de dos. Esto hace un total de diecisis diferencias. Una
vez recabadas todas las variantes, se trata de averiguar cul es el rbol
que mejor las explica. Hay muchas formas de hacerlo y todas ellas pue-
6. El manuscrito Biblioteca britnica perteneca a Henry Dene, arzobispo de
Canterbury en 1501, y actualmente se encuentra, junto con el manuscrito Egerton y
otros, en la British Library de Londres. El manuscrito Christ Church se conserva cerca
de donde escribo estas lneas, en la biblioteca oxoniense de Christ Church. El primer
documento que hace mencin del manuscrito Hengwrt demuestra que en 1537 era
propiedad de Fulke Dutton. Deteriorado por las ratas que royeron el pergamino, hoy
se encuentra en la Biblioteca Nacional de Gales.
7. Cuando abril con sus fragantes lluvias haya calado hasta la raz la sequa de marzo. [N. del t.]
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den usarse tanto en el mbito biolgico como en el filolgico. La
ms sencilla es agrupar los textos en funcin de su semejanza general, para lo cual se suele aplicar el mtodo siguiente: primero se identifican los dos ms parecidos, despus se tratan como un nico texto
tipo y se coteja con los restantes en busca de la siguiente pareja ms
similar. Se repiten esos pasos sucesivamente, formando grupos consecutivos y anidados unos en otros, hasta construir un rbol de relaciones. Estos mtodos (uno de los ms corrientes se denomina mtodo del vecino ms prximo) son fciles de aplicar, pero no permiten captar
la lgica del proceso evolutivo: son meros indicadores de semejanza.
Por esta razn, la escuela cladista de taxonoma, cuyos principios son
profundamente evolutivos (aunque no todos sus miembros sean conscientes de ello), prefiere otros mtodos, de los cuales el primero que
se ide fue el de la parsimonia.
Como hemos visto en El Cuento del Orangutn, la palabra parsimonia, en este contexto, significa economa de explicaciones. En
materia de evolucin, ya sea de animales o de manuscritos, la explicacin ms parsimoniosa es la que postula una menor cantidad de
variaciones evolutivas. Si dos textos tienen un rasgo en comn, la explicacin parsimoniosa es que ambos lo han heredado conjuntamente
de un antepasado comn, no que cada uno lo adquiri por separado. Dista mucho de ser una regla invariable, pero al menos tiene ms
probabilidades de ser cierta que la contraria. El mtodo de la parsimonia, al menos en principio, examina todos los rboles posibles y
escoge el que minimiza la cantidad de cambio.
Al escoger diagramas en funcin de su parsimonia, hay ciertos tipos
de diferencias que no nos sirven de ayuda. Las diferencias que son
exclusivas de un nico manuscrito o de una sola especie animal no
aportan informacin alguna. El mtodo del vecino ms prximo las
utiliza, pero el mtodo de la parsimonia no las tiene en cuenta en absoluto. La parsimonia se basa en los cambios que aportan informacin,
esto es, los que se dan en ms de un manuscrito. El rbol filogentico preferido es el que usa las lneas ancestrales comunes para explicar el mximo nmero posible de diferencias informativas. En nuestros versos chaucerianos hay cinco diferencias informativas que explicar.
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Cuatro de ellas dividen los manuscritos en
{Biblioteca Britnica y Egerton} frente a {Christ Church y Hengwrt}.
Son las diferencias marcadas con la primera, tercera, sptima y octava lneas verticales. La quinta diferencia, la barra oblicua, sealada con
la duodcima lnea gris, establece una divisin diferente:
{Biblioteca Britnica y Hengwrt} frente a {Christ Church y Egerton}
Estas clasificaciones entran en conflicto. No podemos construir ningn rbol en el que cada cambio slo se d una vez. Lo mximo que
podemos hacer es construir el siguiente rbol (advirtase que se trata de un rbol no dirigido), que minimiza el conflicto por cuanto
slo requiere que la barra oblicua aparezca o desaparezca dos veces.
Christ Church
Hengwrt
Egerton
Biblioteca Britnica
En este caso, la verdad sea dicha, nuestros clculos no me convencen. En los textos son frecuentes las convergencias y reversiones, sobre
todo cuando no afectan al significado del verso. Un amanuense medieval no deba de tener mucho reparo en modificar la grafa de una palabra, y menos an en insertar o suprimir un signo de puntuacin como
es una barra oblicua. Las alteraciones tales como la reordenacin de
palabras son mejores indicadores de parentesco. Los equivalentes genticos son las llamadas alteraciones genmicas raras: fenmenos tales como
grandes inserciones, supresiones o duplicaciones de ADN. Podemos
reconocerlas explcitamente asignando mayor o menor importancia
a los diferentes tipos de alteraciones. Las alteraciones que se sabe
que son corrientes o poco fiables se ponderan a la baja en el cmputo de los cambios, mientras que las manifiestamente raras o que indi189
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can de manera fiable un parentesco, se tienen en mayor consideracin: se les otorga un mayor peso. Esta mayor consideracin que atribuimos a una variacin determinada significa, entre otras cosas, que
lo ltimo que nos interesa es contarla dos veces. El rbol ms parsimonioso, por tanto, ser el que tenga un menor peso total.
El mtodo de la parsimonia se usa mucho para construir rboles
evolutivos, pero si las convergencias o reversiones son frecuentes, como
ocurre con muchas secuencias de ADN y tambin con nuestros textos chaucerianos, la parsimonia puede inducir a error. Es el famoso
quebradero de cabeza de la atraccin de ramas largas. Veamos en
qu consiste.
Los cladogramas, tanto los dirigidos como los que no lo son, slo
expresan el orden de ramificacin. Los filogramas, o rboles filogenticos (del griego phylon: raza, tribu, clase) son parecidos pero tambin usan la longitud de las ramas para transmitir informacin. En
general, la longitud de las ramas representa la distancia evolutiva: las
ramas largas representan muchas alteraciones; las cortas, pocas. El primer verso de Los cuentos de Canterbury da pie al siguiente filograma:
Egerton
ca
2
3 cambios
ca
0
ca
bi
os
Hengwrt
bi
os
bi
am
1c
bi
os
Christ Church
Biblioteca Britnica
En este filograma, las ramas no son muy diferentes en cuanto a la
longitud. Pero imaginemos lo que ocurrira si dos de los manuscritos
variasen mucho en comparacin con los otros. Las ramas que llevan
a los dos primeros se alargaran considerablemente y algunas de las
variaciones ya no seran nicas: seran idnticas a otras variaciones
representadas en otras partes del rbol, pero sobre todo (y aqu radica
el quid de la cuestin) a las representadas en la otra ram