0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 225 vistas52 páginasEl Banquete
Lo que oye señora, el banquete escrito por Platón hace muchos años, más de veinte. Está muy de moda es muy vintage. A euro.
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186 piitodes.
respectivamente, nos ha sido de mucha utilidad la de U.
Galli, Platone. I simposio, Turin, 1935.
De las traducciones espaftolas del Banguete, la mejor
con mucha diferencia es la de L. Gil, Platén. El Banquete,
Fedén. Fedro, Guadarrama, Madrid, 1969, reimpresa aho-
ra en Plat6n, El Banquete. Fedén, Planeta, Barcelona, 1982,
‘con una nueva y excelente introduccién, Otras versiones
espaftolas dignas de mencién son las de J. D, Garcia Bac-
ca, Obras completas de Platén. Banquete. I6n, U.N.AM.,
México, 1944, y la de M. Sacristén, Platén, EI Banguete,
Barcelona, 1982. De las traducciones a otros idiomas he-
‘mos manejado las alemanas de Fr. Schleiermacher, Pla
‘on. Samtliche Werke, vol. 2, Rowohlt, Hamburgo, 1957,
y la de O. Apelt-A. Capelle citada en la n. 41; las france:
sas de L. Robin, Platon. Le Banquet, Les Belles Lettres,
Paris, 1976, y la de F. Chambry, Platon. Le Banquet,
Phédre, Garnier-Flammarion, Paris, 1964; y la inglesa de
W. Hamilton, Plato, The Symposium, Penguin Books, Lon-
dees, 1951, reimpr. 1976.
DBIBLIOORAFIA
Los trabajos més importantes en relacién con el Ban-
‘quete los citamos en nuestras notas a pie de pagina. Para
el resto de la bibliografia puede acudirse a la obra de W.
K. C, Guthrie citada en la n. 15, pags. 562-581, asi como
a la recopilacién de L. Brisson, «Platon 1958-1975», en
la revista Lustrum 20 (1977), 5-304, y al libro de R. D.
Mckirahan, Plato and Socrates. A Comprehensive Biblio
graphy, N. York-Londres, 1978.
M. Magrinez HERNANDEZ
BANQUETE
ApovopoRo, AxsiGo
‘Apoxoporo. — Me parece que sobre lo que preguntais 1722
estoy preparado. Pues precisamente anteayer subia a la cit
dad desde mi casa de Falero * cuando uno de mis conoci-
dos, diviséndome por detris, me llamé desde lejos y, bro-
meando? a la vez que me lamaba, dijo:
—iEh!, ti, falerense, Apolodoro, espérame.
Yo me detuve y le esperé. Entonces él me dijo:
—Apolodoro, justamente hace poco te andaba buscan-
do, porque quiero informarme con detalle de la reunién
mantenida por Agatén, Sécrates, Alcibiades y los otros que
‘entonces estuvieron presentes en el banquete, y oir cules,
fueron sus discursos sobre el amor. De hecho, otro que
los habia oido de Fénix ', el hijo de Filipo, me los contd
I ms amtiguo de los tres puertos de Atenas, a unos 4 Km. de
ta ciudad, en la costa oriental del Piteo: era ala ver uno de tos 170,
demos del Aca, de donde era orlundo Apolodor, el narrador de ilogo,
* La brom esté en a manera en que es interpeado Apolodoro, con
empleo de la formula oficial, ueada en ceremonias y wibunales de just
‘a, 4 ave del nombre de persona en nominatvo y de Ia mencin de
su demo.
> Personaje deconocido, qve muy bien pudiera ser wn nombre f=
cio. H, Tiastr, «The Intertelation and Date ofthe Symposia of Pato186 iktooos.
¥ afirmé que también ti los conocias, pero, en realidad,
‘no supo decirme nada con claridad. Asi, pues, cuéntame-
los tt, ya que eres el més idéneo para informar de los
discursos de tu amigo, Pero —continud— antes dime, jes-
tuviste td mismo en esa reunién 0 no?
Y yo le respondi:
—Evidentemente parece que tu informador no te ha
contado nada con claridad, si piensas que esa reunién por
«la que preguntas ha tenido lugar tan recientemente como
ara que también yo haya podido estar presente.
—Asi, en efecto, Io pensé yo —dijo,
—iPero c6mo —le dije— pudiste pensar eso, Glaucén “?
éNo sabes que, desde hace muchos afios, Agatén no ha
estado aqui *, en la ciudad, y que aiin no han transcurrido
tes altos desde que estoy con Sécrates y me propongo ca
da dia saber lo que dice o hace? Antes daba vueltas de un
1a sitio a otro al azar y, pese a creer que hacia algo impor-
tante, era més desgraciado que cualquier otro, no menos
ue ti ahora, que piensas que es necesario hacer todo me-
nos filosofar.
snd Xenophon», BICS 25 (1978), 168, apunta Is ides de que su padre
lipo tenga algo que vr con et Flipo que aparece ea et Rangute de
fenofonte,
* No se sabe, cirtamente, quién puede se ete personaj. Algunos
iensan que se trata del hermano de Plan que encontamos en la Rep
‘ic, peo la ignorancia« ingenuldad que demuestra hace pensar, mds
bien, que se trate, simplemente, de un homdnimo del hermano de Plata,
El despst cronoléyio en que incurre nos indica gue es un cronsta poco
Serio que no se fla en ls verdaderos propsitse imtencones de Soar
ex, Otro Glaucén, padre de Carmides, aparece mencionado en 222,
Por Ansstoranes, Ran, 83. sabemos que Azaton se habia ausen,
{do de Atenas y habia marchado aa corte de Arguelao, rey de Macedo.
ia, hacia et 408 C.
BANQUETE 187
No te burles —dijo— y dime euéndo tuvo lugar la
reunién ésa,
Cuando éramos todavia nios —Ie dije yo— y Aga-
tén triunfé con su primera tragedia, al dia siguiente de
‘cuando él y los coreutas celebraron el sacrificio por su vic
toria.
—Entonces —dijo—, hace mucho tiempo, segiin pare-
ce, Pero, :quién te la contd? {Acaso, Sécrates en persona? »
=No, ipor Zeus! —dije yo—, sino el mismo que se
Ja conté a Fénix. Fue un tal Aristodemo, natural de Cida-
teneon *, un hombre bajito, siempre descalzo, que estuvo
presente en la reunién y era uno de los mayores admirado-
res de Sécrates de aquella época, segiin me parece. Sin em-
bargo, despues he preguntado también a Sécrates algunas
de las cosas que Ie of a Aristodemo y estaba de acuerdo
en que fueron tal como éste me las contd.
— Por qué, entonces —dijo Glaucén— no me las cuen-
tas ti? Ademés, el camino que conduce a la ciudad es muy
apropiado para hablar y escuchar mientras andamos.
Asi, mientras fbamos caminando hablébamos sobre ello,
de suerte que, como dije al principio, no me encuentro
sin preparacién, Si es menester, pues, que os lo cuente «
también a vosotros, tendré que hacerlo. Por lo demés, cuan-
do hago yo mismo discursos filoséficos 0 cuando se los
‘igo a otros, aparte de creer que saco provecho, también
yo disfruto enormemente. Pero cuando oigo otros, espe-
Imente los vuestros, los de los ricos y hombres de nego-
cios, personalmente me aburro y siento compasién por Vo-
sotros, mis amigos, porque creéis hacer algo importante
‘cuando en realidad no estdis haciendo nada. Posiblemente ¢
‘vosotros, por el contrario, pensdis que soy un desgraciado,
cer de los demos de Atenas del queer oriundotambin Arians,188 rdvocos
¥ creo que tenéis razén; pero yo no es que lo crea de voso-
ttos, sino que sé muy bien que lo sois.
‘Ansico. — Siempre eres el mismo, Apolodoro, pues
siempre hablas mal de ti y de los demas, y me parece que,
excepto a Sécrates, consideras unos desgraciados absolut.
mente a todos, empezando por ti mismo. De dénde reci-
biste el sobrenombre de «blando» ’, yo no lo sé, pues en.
tus palabras siempre eres asi y te irritas contigo mismo
¥ con los demds, salvo con Socrates.
© Apor. — Queridisimo amigo, realmente esta claro que,
al pensar asi sobre mi mismo y sobre vosotros, resulto un
loco y deliro.
‘AM. — No vale la pena, Apolodoro, discutir ahora so-
bre esto. Pero lo que te hemos pedido, no lo hagas de
otra manera y cuéntanos cuiles fueron los discursos.
APoL. — Pues bien, fueron més o menos los siguien-
tes... Pero, mejor, intentaré contéroslos desde el principio,
14 como Aristodemo los conté.
Me dijo, en efecto, Aristodemo que se habia tropezado
con Sécrates, lavado y con las sandalias puestas, lo cual
* Sequim la lecture dels ediciones de Burnet y Robin y la interpre
tacidn dela edicn de Dover, ya que malekd(lando, temo, impresio.
rable) va muy bien con el carécter de Apolodor, quien, en la muerte
de Socrates, sorpende a todos con un deeiperado lant (cf. Fein 117),
[No nos parece que haya razones convincents para aceptar Is ota vara
'e, maniokés (loco, manitico), que pudo haberse ntroducdo en algunos
IMSS. por influencia el verbo mainomal de cuatro lineas mas abajo.
De todas maneras, editors, traducorese itérpretes de este paste 5¢
muestran divididos entre ung w ova varante. Sobre la evston, vans,
nie oto, los siguientes trabajos: H. NEUWANN, «On the madness of
Plato's Apollodorus», TAPhA 96 (1965), 28.89; G. J. DE Vales, «A
rote on Plato Symp. 1734s, Mn 19 (1966), 147, «The philosophastr’s
Softness», ibid, 22 1969), 23032; J. D. Moone, «The philosopher's
frenzy», Mn 22 (196), 22-250 5. B, Ses, «The phosop's frenzy
ibid, 23 (1970), 302-4
BANQUETE 189
éste hacia pocas veces, y que al preguntarle adénde iba
tan elegante Ie respondié:
A la comida en casa de Agatén. Pues ayer logré es-
quivarlo en la celebracién de su victoria, horrorizado por
{a aglomeracién. Pero convine en que hoy haria acto de
presencia y ésa es la razén por la que me he arreglado
asi, para ir elegante junto a un hombre elegante. Pero tt,
dijo, gquertias ir al banquete sin ser invitado? >
Y yo, dijo Aristodemo, Ie contesté:
—Como ti ordenes.
—Entonces sigueme, dijo Sécrates, para aniquilar el pro-
verbio cambidindolo en el sentido de que, después de todo,
también «los buenos van espontaneamente a las comidas
de los buenos» *. Homero, ciertamente, parece no s6lo ha-
ber aniquilado este proverbio, sino también haberse burla-
do de él, ya que al hacer a Agamenén un hombre extraor~
dinariamente valiente en los asuntos de la guerra y &
Menelao un «blando guerrero» ®, cuando Agamenén es- ¢
taba celebrando un sacrificio y ofreciendo un banquete,
hizo venir a Menelao al festin sin ser invitado, él que era
peor, al banguete del mejor.
Al off esto, me dijo Aristodemo que respondié:
—Pues tal vez yo, que soy un mediocre, correré el ries-
g0 también, no como tti dices, Sécrates, sino como dice
Homero, de ir sin ser invitado a la comida de un hombre
La forma originarla de este proverbio ha sido muy dscutida, Para
los detales de sus diverss transformaciones, véas el comentario de ete
pusae en Ia ediién de Dover el abajo de A. ALLEN, «Plato's prover
bial perversion», Hermes 102 (1978), 306-7
* No ex precsamente, Hosexo el que califia asi x Menelao, sino
Apolo, quien, en XVI 547.5 intents hacer volver ® Hésior al comb
te: Los gregs, cuando taba, raras veces expeacaba el conteto exacto
fen ol que se desian tales © cuales palabras,190 piALooos
sabio. Mira, pues, si me Hlevas, qué vas a decir en tu dé
fensa, puesto que yo, ten por cierto, no voy a reconocer'
haber ido sin invitacién, sino invitado por ti
—«Juntos los dos —dijo— marchando por el camino»
deliberaremos lo que vamos a decir. Vayamos, pues.
Tal fue, més 0 menos —cont6 Aristodemo—, el didlo-
{80 que sostuvieron cuando se pusieron en marcha, Enton-
ces Séerates, concentrando de alguna manera el pensamiento
en s{ mismo", se quedé rezagado durante el camino y
como aquél le esperara, le mands seguir adelante, Cuando
estuvo en la casa de Agatén, se encontré la puerta abierta,
¢y dijo que alli le sucedié algo gracioso '. Del interior de
CF. Howeno, 1. X 224, Platén altera aqui el texto omérice que
se ts tambien en Prot. 348 corectamente
" Priera mension del estado de recogimento usvalmente practice
4 por Séerates,parodco por Anisréravzs en Lar Nubes 634, queen
‘ste didlogo tiene panclarimportancia (et, ambi, 175, b, 220-45,
Fed, Bc, 98, et). Frene a etimonion sn dada exagerados que hablan
Ge éxtasssocrtios de las enteros, la meditacion extticn de Scrates
vando se dirgis a la casa de Agat6n suele considerare histria, J.
N-Fisouay, Plato. The Writen and Unwritten Doctrines, Londres, 1974,
Dlgina 148, cee que, en esta meditaién, SScrtes se concentrara eo
la idea deta Belleca'en si de 12 que Iuego iba a hablar. De ahi que
stores come N. I, Bouwoutas, «Démon Socratgue et Eros ciate
dans fe Bonquet de Platons, Hellenica 25 (1972), 6-77, esp. pis. 8,
‘ean en ete incdente ula clave de toda la consrucién metafisca del
logo». Para una informaciin general sobre este tipo de meditacion
socritca, ease A. J. Festuca, Contemplation et vie contemplative
selon Ploton, Pais 1936, imp. 1967, pas. 699 ses, y J, LaBonDen,
Le dialogue platonicen de fo matarit, Paris, 1978, pgs 175-178. Sobte
1a Inerpetacién de exe fendmeno soertic entendido eréineamente co-
‘mo catalepsa,sonambulismo, et. f. A Tovak, Vide de Sdcrtes, Me
Arid, 1966, pigs. 107.
La praia std en que Arstodemo, que no habia sido invitado,
se ve solo en la puerta sin Séerates, el invitado
‘BANQUETE 19
fa casa salié a su encuentro de inmediato uno de los escla-
vyos que lo levé a donde estaban reclinados los demés, sor-
prendiéndoles cuando estaban ya a punto de comer. ¥ ape-
nas lo vio Agatén, le dijo:
—Aristodemo, llegas a tiempo para comer con noso-
ts0s. Pero si has venido por alguna otra razén, déjalo para
otro momento, pues también ayer te anduve buscando pa-
ra invitarte y no me fue posible verte. Pero, ge6mo no
nos traes a Sécrates?
'Y yo —dijo Aristodemo— me vuelvo y veo que Sécra-
tes no me sigue por ninguna parte. Entonces le dije que
yo realmente habia venido con Sécrates, invitado por él
‘2 comer alli
"—Pues haces bien, dijo Agatén. Pero, gdénde esti S6-
crates?
—Hasta hace un momento venia detrés de mi y tam-
bién yo me pregunto dénde puede estar.
Esclavo, ordené Agatén, busca y trae aqui a Sécra-
tes, ¥ ti, Aristodemo, dijo, reclinate junto a Eriximaco .
'Y cuando el esclavo le estaba lavando —continué
Aristodemo— para que se acomodara, lleg6 otro esclavo,
anunciando:
EI Socrates que decis se ha alejado y se ha quedado
plantado en el portal de los vecinos. Aunque le estoy lla-
mando, no quiere entrar.
Es un poco extrafio Io que dices, dijo Agat6n. Llé-
malo y mo lo dejes escapar.
"Lo invitados aun banquetegrego eran acomodados en uns espe-
ie de lechos o kno, genralmentebiperonales. Sobre la dscutid colo
‘acdn de Arisodemo al lado de Esiaimaco y su posterior desapariion
ea sere de oradors,véase F- Maris Fennsno, «El puesto de Aristo
‘demo entre los comensles y su desaparcin de la serie de oradores en
1 Bonquete de Platéan, CRC $ (1973, 193.206,192 piiocos
Entonces intervino Aristodemo —segin conte:
ciendo:
—De ninguna manera. Dejadle quieto, pues esto es una
de sus costumbres. A veces se aparta y se queda plantado
dondequiera que se encuentre. Vendré enseguida, supon-
g0. No le molestéis y dejadle tranquilo
—Pues asi debe hacerse, si te parece —me dijo Aristo-
demo que respondié Agaton—. Pero a nosotros, a los
demas, servidnos la comida, esclavos. Poned libremente so-
bre la mesa lo que querdis, puesto que nadie os estard vig
lando, lo cual jamas hasta hoy he hecho. Asi, pues, imagi
nad ahora que yo y los demés, aqui presentes, hemos sido
invitados a comer por vosotros y tratadnos con cuidado
a fin de que podamos elogiaros
Después de esto —dijo Aristodemo—, se pusieron a co-
‘mer, pero Sécrates no entraba. Agatén ordené en repeti-
das ocasiones ir a buscarlo, pero Aristodemo no lo consen-
‘ia, Finalmente, llegé Sécrates sin que, en contra de su
costumbre, hubiera transcurride mucho tiempo, sino, més
(© menos, cuando estaban en mitad de la comida. Entonces
Agatén, que estaba reclinado solo en el ultimo extremo,
segin me cont6 Aristodemo, dijo:
Aqui, Sécrates, échate junto a mi, para que también
yo en contacto contigo goce de esa sabia idea que se te
presenté en el portal. Pues es evidente que la encontraste
Este comportamientoimusual de Agatén con sus eslavos se hain
terpretado como un geso de su humanidad en un dia tan sefalado para
como la celebracion de su vetora teatral, eatin Dovex (en su ediion
4a didlo, pig. 84), Agatdn con esta actitud hace simultneamente tres
cosas: piear el amor propio de sus esclavos; jactarse de que dos om,
tan Miles que no necesitan supervision, y explotar el hecho tnico de
‘que sea lo que See lo que se ordene, sempre se oben lo que hay en
Ja cocina y sirven los eslavos
BANQUETE 193
yllatienes, ya que, de otro modo, no te hubieras retirado
antes.
Sderates se sent6 y dijo:
—Fstaria bien, Agatén, que la sabiduria fuera una co-
sa de tal naturaleza que, al ponernos en contacto unos con,
otros, fluyera de lo més lleno a lo més vacio de nosotros,
como fluye el agua en las copas, a través de un hilo de
Jana, de la mas lena a la més vacia ', Pues si la sabidurfa,
se comporta también asi, valoro muy alto el estar recfina-
do junto a ti, porque pienso que me Henaria de tu mucha
y hermosa sabiduria. La méa, seguramente, es mediocre,
© incluso ilusoria como un suefto, mientras que la tuya
es brillante y capaz de mucho crecimiento, dado que desde
tu juventud hha resplandecido con tanto fulgor y se ha puesto
de manifiesto anteayer en presencia de més de tseinta mil
atiegos como testigos ".
—Eres un exagerado, Sécrates, contesté Agatén. Mas
este ltigio sobre la sabiduria lo resolveremos tii y yo un
poco més tarde, y Dioniso "sera nuestro juez. Ahora, en
cambio, presta atencién primero a la comida.
7 De acuerdo con Is aplicaion del ley de capitaridad se puede ha
cer pasar el agua de un vaso leno a ott vacio a través de un hilo de
Jana, cuyos exremos unen ambos vss; el experimento s6l0 funciona
si el vaso leno std 8 un nivel mas alto que el vacio, La idea de que
1a comunicaidn intelectual podelaefectuarse por contacto fisico ea una
cezncia comin ene ls gregos, que encontramos también en et dilogo
pseudoplaténico Teages 130d-<, y de la que hay huelas ene reo de
Ja iectura greg, especialmente en Homero, Esquilo y Euripides. Cf
sobre el tema, D. Taanan, «The touch of Socrates», CQ (1958), 958
© Caa evidencemente exagerada, pues 30.000 eset nimero traicio
nal de ciudadanosatenenses a principios del s.1V a C., y en el tenr0
e Dioniso caban,aproximadamentc, unos 18,000 espctadores. La cfta
= 30.000 era casi una expresion proverbial
fam lamado tn atencin las abundantescferecias Dioniso en
fstedilogo, lo que estaria en rlacién con el uso deliberado, por parte
wa198 piktosos
A. continuacién —siguié contindome Aristodemo—
después que Sécrates se hubo reclinado y comieron él y
los demés, hicieron libaciones y, tras haber cantado a la
divinidad y haber hecho las otras cosas de costumbre, se
dedicaron a la bebida™, Entonces, Pausanias —dij
‘Aristodemo— empez6 a hablar en los siguientes términos:
—Bien, sefores, de qué manera beberemos con mayor
comodidad? ". En lo que a mi se refiere, os puedo decir
{que me encuentro francamente muy mal por la bebida de
ayer y necesito un respiro. Y pienso que del mismo modo
Ja mayoria de vosotros, ya que ayer estuvisteis también
presentes. Mirad, pues, de qué manera podriamos beber
To mas comodo posible.
Esa es —dijo entonces Aristofanes— una buena idea,
Pausanias, la de asegurarnos por todos los medios un cier-
to placer para nuestra bebida, ya que también yo soy de
los que ayer estuvieron hecho una sopa.
4e Pltén, de materites ysraiclonestlisisss en te in de Ia refor
‘mas en este campo inicadas por los potas tics. Sobre la cues,
1-1. P. Axtox, «Some Dionysian relerences inthe Platonic caingucsn
(C138 (1982), 49.55, yD. SiDeR, «Plato's Symposium as Dionysian Fest
valyy QUCC, N. 5. 4 (1980), 41-56.
"Por varias Fuentes aniquas sabemos que en un bangueteantguo
espuds del comida se procedia a Ia timpieza y reirada de ae mesa,
se distbuian coronas los invitados, se hacan tees ibaciones (@ Zeus
Olimpco, a los heroes y a Zeus Salvador, se entonabs un pen 0 canto
de salutacion en honor de Apolo y se pasa
serida por los esclavos,
"Las continua referencias al vino 9 a Bebida en general a como
su importancia en este ddiogo, han sido muy bien analizadas por G.
K. Puocimuns, «Supporting Themes inthe Smmpasium, J.P. ANTON:
GL. Resta (es), Eusays in Ancien! Greek Philosophy, Albany, 197),
Pigs. 328.344, esp. pig. 331, y D. Baac, «Peinture et dépassement de
Ja eat dane le Banquet de Paton», REA 82 (1980), $29, esp. pg. 29.
BANQUETE. 195
Al oirles —me dijo Aristodemo—, Eriximaco, el hijo
de Aciimeno, intervino diciendo:
En verdad, decis bien, pero todavia necesito ofr de
uno de vosotros en qué grado de fortaleza se encuentra
‘Agatén para beber.
—En ninguno —respondis éste—; tampoco yo me sien-
to fuerte
Seria un regalo de Hermes ™, segiin parece, para
nosotros —continud Eriximaco—, no slo para mi y para
‘Aristodemo, sino también para Fedro y para éstos, el que
‘vosotros, los més fuertes en beber, renuncigis ahora, pues,
‘en verdad, nosotros siempre somos flojos. Hago, en cam-
bio, una excepcién de Sécrates, ya que es capaz de ambas
cosas "', de modo que le dara lo mismo cualquiera de las,
dos que hagamos. En consecuencia, dado que me parece
ue ninguno de los presentes esté resuelto a beber mucho
vino, tal vez yo resultara menos desagradable si os dijera
la verdad sobre qué cosa es el embriagarse, En mi opinién,
creo, en efecto, que esté perfectamente comprobado por
Ja medicina que la embriaguez es una cosa nociva para
los hombres. Asi que, ni yo mismo quisiera de buen grado
beber demasiado, ni se lo aconsejaria a otro, sobre todo
cuando uno tiene todavia resaca del dia anterior.
En realidad —me conté Aristodemo que dijo inte-
rrumpigndole Fedro, natural de Mirrinunte—, yo, por mi
parte, te suelo obedecer, especialmente en las cosas que
dices sobre medicina; pero ahora, si deliberan bien, te obe-
deverén también los demés.
® bt halasg ineperado de algo bueno se atribulaconvencionalmen-
te al dior Hermes.
la resistencia de Sderates al vino y su capacidad pa
bwiagutse nunca insite también Alcibiades en 214a y 2208, Cf. ual
mente, Jesoroxre, Bong 9, 7.196 ikto9os.
© Alofr esto, todos estuvieron de acuerdo en celebrar la
reunin presente, no para embriagarse, sino simplemente
bebiendo al gusto de cada uno.
—Pues bien —dijo Eriximaco—, ya que se ha decidido
beber Ja cantidad que cada uno quiera y que nada sea for:
030, la siguiente cosa que propongo es dejar marchar &
Ja flautist que acaba de entrar, que toque la flauta para,
si misma 0, si quiere, para las mujeres de ahi dentro, y
{que nosotros pasemos el tiempo de hoy en mutuos
sos. ¥ con qué clase de discursos, es Io que deseo expone-
10s, si queréis.
i Todos afirmaron que querian y le exhortaron a que
hiciera su propuesta. Entonces Eriximaco dijo:
—EI principio de mi discurso es como la Melanipa de
Euripides, pues «no es mio el relator ® que voy a decir,
sino de Fedro, aqui presente. Fedro, efectivamente, me es-
14 diciendo una y otra vez.con indignacién: «No es extra-
fio, Eriximaco, que, mientras algunos otros dioses tienen
hhimnos y peanes compuestos por los poctas, a Eros, en
cambio, que es un dios tan antiguo y tan importante, ni
siquiera uno solo de tantos poetas que han existido le haya
compuesto jamés encomio alguno? *. Y si quieres, por otro
La representacion de esavas tocando In lau en os banquetes
€s feevente en los ¥aosariegos. sta pintutas dan a entender también
fue, cuando alguien etabs Borracho, elas Flnisasactuaban ms como
Paejas seruales que como acompafantes del canto (véase, al respect,
la edcida de Dover, pig. 87). En Prot Med, Sécratesafima que
cf alquiler de Mlauistas en los banquets es propio de genes ignorantes,
¥ sin formacién incapaces de sostener une convesacén
Melanipa,nicta det cenauro Quira, es Ia heroina de dos pezas
perdidas de Euripides, La prudente Melanipa y Melanipa cauiva. acta
procede dela primera y eel comienzo de un disurso didactico dela
herina sobre el orgen det mundo (ef. Evninies, fr. 484 N)
™ Podiia pensarse que hay agu una exageracia en ls palabras de
BANQUETE 197
lado, reparar en los buenos sofistas, eseriben en prosa elo-
ios de Heracles y de otros, como hace el magnifico Prédi-
co. Pero esto, en realidad, no es tan sorprendente, pues
yo mismo me he encontrado ya con cierto libro de un sa-
bio en el que aparecia la sal con un admirable elogio por
su utilidad *. ¥ otras cosas parecidas las puedes ver clo-
siadas en abundancia, iQue se haya puesto tanto afin en
semejantes cosas y que ningiin hombre se haya atrevido
hasta el dia de hoy a celebrar dignamente a Eros! ;Tan
descuidado ha estado tan importante dios!» En esto me
parece que Fedro tiene realmente raz6n. En consecuencia,
deseo, por un lado, ofrecerle mi contribucién y hacerle un
favor, y, por otro, creo que es oportuno en esta ocasién
aque nosotros, los presentes, honremos a ese dios. Asi, pues,
Si os parece bien también a vosotros, tendriamos en los
discursos suficiente materia de ocupacién. Pienso, por
tanto, que cada uno de nosotros debe decir un discurso,
de igquierda a derecha, Io més hermoso que pueda como
Fedro, ya que debian de ser familares por ext époce ls oda «Eros
de Soroctss, Ant TELS, y de Eoniiaes, Hip. 625-66, Pero ninguna
4s ells era, en realidad, un elogo de Eros, pues en una se tata de
‘i rina que causa este dios y de los erinenes a que induce, incluso en
caso de personas jonas, y la ota es una plegaria en contra de su
Wioleneittdnica (ef. A.B. Tavton, Plato. The Mon and his Work,
Londtes, 1926, seimpr. 1960, pig. 211, n. 2. En cambio, ! fr. 327 de
Acca (ef. F. Rooaiouse ADRADOS, Lirica grige eras, Madrid, 1980,
Te 85, pig, 327) wele considerarse como un auténico himno a Eres
» ‘Serata del eblebe sista Proaica de Coot, bien conocido en I
‘enas de fnales dls. v a. C. (ef. Prot. 315d), cuya famosa alegoria
‘Hlerates ene el Visio Ia Virtud» o La elescén de Heracles» eb
resumida por Jexorowre, en Mem. M1, 21-34,
En eu Elogio de Helena 12, habla sdceares de aquellos adores
due han elogiado «a los mosquitos, @ las sales y a cosas semejantes»
Ys est de acuerdo en que se refer al sofista, de prinepios dels
v4. C, Poirats, que podria ser también el sbioal qu alude aqui Feo,198 iALooos
logio de Eros y que empiece primero Fedro, ya que tam-
bign esta situado el primero y es, a la ver, el padre de
Ia idea”,
Nadie, Eriximaco —dijo Sécrates— te votara lo con-
trario. Pues ni yo, que afirmo no saber ninguna otra cosa
ue los asuntos del amor, sabria negarme, ni tampoco Aga-
ton, ni Pausanias, ni, por supuesto, Aristéfanes, cuya en-
tera ocupacién gira en torno a Dioniso y Afrodita *,
eni ningiin otro de los que veo aqui presentes. Sin em.
bargo, ello no resulta en igualdad de condiciones para no-
sotros, que estamos situados los ultimos, De todas mane-
ras, silos anteriores hablan lo suficiente y bien, nos dare-
‘mos por satisfechos. Comience, pues, Fedro con buena for~
tuna y haga su encomio de Eros.
En esto estuvieron de acuerdo también todos los demas
¥ pedian lo mismo que Sécrates. A decir verdad, de todo
v7 lo que cada uno dijo, ni Aristodemo se acordaba muy
bien, ni, por mi parte, tampoco yo recuerdo todo lo que
éste me refirid. No obstante, os diré las cosas més impor-
tantes y el discurso de cada uno de los que me parecié
digno de mencién,
En primer lugar, pues, como digo —me conté
Aristodemo—, comenzé a hablar Fedro, haciendo ver, més
‘© menos, que Eros era un gran dios y admirable entre los
hombres y los dioses por muchas otras razones, pero fun-
damentalmente por su nacimiento.
" kn Fedro 242, afirma Socrates que, excepto Simmias et tebano,
‘nadie ha logrado, como Fedro, que se hcierantantos discursos or so
™ Gran parte de Is temitica de la comedia antigua se relacionaba
fundamentalmente con el vino y el amor, dominios de Dons y Afrodi
ta, respectivamene
BANQUETE 199
—Pues ser con mucho el dios mas antiguo, dijo, es dig
no de honra y he aqui la prueba de esto: padres de Eros,
en efecto, ni existen ni son mencionados por nadie, profa-
no 0 poeta”. Asi, Hesfodo afirma que en primer lugar
existi6 el Caos
»y luego
|a Tierra de amplio seno, sede siempre segura de todos,
y Eros™.
Y con Hesiodo estd de acuerdo también Acusilao ™ en que,
después del Caos, nacieron estos dos, Tierra y Eros. Y Par-
ménides, a propésito de su nacimiento, dice:
De todo los dioses concibié primero a Eros ™.
Eta afirmacin de Fedro nose sjusta ala verdad, ya que muchos
poetashablan hablado de los padres de Eros, aunque con genealogias
‘erences. AS, por ekmplo, Aleo lo hace hio de Céfio ¢ Irs; Saf,
de ln Tierea y'Urano 0 de Urano y Alrite; Siménides, de Afrodita
y Ares fico, del Caos; Euripides, de Zeus: el miico poeta iio Olé,
ela, In diosa de Tor alumbramientos, Se suponia que las almas de certs héroes legendaros segulan vi-
viendo desputs de muerte en unas ‘sas utpicas situadas en algin
ugar del Ooéano occidental. Entre los primeros autores griegos en men
‘lonar unas Isis de los Bienavenarados de los Afortunados estén Pi
Dano (€. Ol 1179-80) y Hisiooo (ef. Trab. 1703). Hows, en cambio,
habla de Campos Elis para la misma idea (ef, Od. IV $619). La loca:
Tzacn de Aguile en esas ils desputs de su muerte aparece también
‘eles lamados sesoliossticos, coneetamente ene conjunto de estos
freoos que se conoce con el nouibre de Canc de Harmadio (ct. F.
5 CoanraKo, «Estudios sobre a esolo aicon, BIEHT 1 [1967], 5-38,
tsp. pigs. 2021, y Rootiours ADmavos, Linea riega arcoca.. PKs
110-111 i, 87-9). Desde um punto de vita general sobre el tema, vésse
Hosoat, Die Instn der Selizen in Mythus und Sage der Vorcit, Mu
ich, 1901 y, me recientemente, 1. G. Gansu, «ln Search ofthe Isles
ff the Blestn, G. ond R. 16 (1940), 122 y sis
cf, Howe, H. IX 410-16 y XVIII 8636
“© [a relacién nice Aguiles y Patroco se ve en Homero como una
relacién meramente amistosa entre éroes, pero desde época clisicn se
fetendia como una rlacon homosexual, y posblemente es Esquilo e
primero en rettatar« Aquiles como amanie de Patrol. El tema ha sido
‘muy bien estuiado por W. M. CLAREE, «Achilles and Patrcls in Lo
‘en, Hermes 106 (1978), 38)-396.
“1 Esquilo do wna visiOn erdtica de In relaciin Agulles-Patroclo en
su tilogia Los Mirmidones-Las Nereidar-Los Prigas. Para ta interpret
tion esgilea de eta reac, cf. K. J. DOVER, Greek Homaserualty
(Cambridge, 1978, pes. 1978208 DiALocos PANQUETE 205
j
troclo, ya que Aguiles era més hermoso, no sélo que Pa- | declarar de antemano.a cual se debe elogiar. Asi, pues,
troclo, sino también que todos los héroes juntos *, siendo intentaré rectficar esto, sefalando, en primer lugar, qué
todavia imberbe y, por consiguiente, mucho mas joven, Eros hay que elogiar, para luego elogiarlo de una forma
como dice Homero“". De todos modos, si bien, en veal. | digna del dos. Todos sabemos, en efecto, que no hay Afro.
dad, los dioses valoran muchisimo esta virtud en el amor, dita sin Eros. Por consiguiente si Afrodita fuera una, uno
sin embargo, la admiran, elogian y recompensan més evan seria también Eros. Mas como existen dos, existen también
do el amado ama al amante, que cuando el amante al ama- necesariamente dos Eros. zY cémo negar que son dos las
do, pues un amante es cosa més divina que un amado, diosas? Una, sin duda més antigua y sin madre, es hija
de Urano, a la que por esto llamamos también’ Urania;
Ja otra, mas joven, es hija de Zeus y Dione y la llamamos
Pandemo “. En consecuencia, es necesario también que
1 Eros que colabora con Ia segunda se lame, con razén,
Pandemo y el otro Uranio ™*, Bien es cierto que se debe «
elogiar a todos los dioses, pero hay que intentar decir, na-
turalmente, lo que a cada uno le ha correspondido en suer-
te. Toda acciOn se comporta asi: realizada por si misma
no es de suyo ni hermosa ni fea, como, por ejemplo, lo
que hacemos nosotros ahora, beber, cantar, dialogar.
Ninguna de estas cosas en si misma es hermosa, sino que ite
ya que esta poseido por un dios “, Por esto también hon.
raron més a Aquiles que a Alcestis y lo enviaron a las
Islas de los Bienaventurados.
En resumen, pues, yo, por mi parte, afirmo que Eros
s, de entre los dioses, el mas antiguo, el mas venerable
¥y el més eficaz para asistir a los hombres, vivos y muertos,
fn la adquisicién de virtud y felicidad.
© Tal fue, aproximadamente, el discurso que pronuncié
Fedro, segiin me dijo Aristodemo. ¥ después de Fedro hus
‘bo algunos otros de los que Aristodemo no se acordaba
muy bien, por lo que, pasindolos por alto, me conté el
discurso de Pausanias, quien dijo lo siguiente: ‘inicamente en Ta accion, segin como se haga, resulta una
—No me parece, Fedro, que se nos haya planteado bien cosa u otra: si se hace bien y rectamente resulta hermosa
4a cuestién, a saber, que se haya hecho de forma tan sim- pero sino se have revtamente, fea*". Del mismo modo,
ple la invitacién a encomiar a Eros. Porque, efectivamen-
te, si Eros fuera uno, estaria bien; pero, en realidad, no a cee eee OO ae ee ee ee
so sae de foveal de Urano cennon por soo Cron Eo
¢std bien, pues no es uno. ¥ al no ser uno es mis corrcto Clube pun Honan, 1 3900, ato esha de 2s y Dione
© Cf, Homexo, 11, 11 673-4. Pawsanias utiliza aqui ambas genealogias para confirmar la existencia de
fos Atos ssi, Por tn pre torino Prva no
Toma de ompoe none Ron dear Aton en 1 6
Yio 2 un Attia Urn) yon 12,3 aA Peneno)
* fn dvicon de Pans tle Eros ever ane
ve doi Ens ra yorHrsone Tr 2s, una bea yo a
fossa aa nie En ea ncn (fy sore fan, Wa
Sn, Pitre care ge, Es TE ps 57)
ten qe Pats rept bei esoter
* i. bid, XI786 5, Este extenso conocimieno libesco que met
‘ea ag Fedro pone de manifesto que sabe coreg un pocta con oto,
4 Esquilo con Homero. Cf. Viesiat, Paton... pig. 159,
“El ejemplo dela reacién AqulesPatroclo desert por Fedro se
‘ha entendido como una preparacién antiipadora de la relaion ms com.
plein entre Sdorates y Aleibiades que se expondr4 iis adelante ef
2N4.221e). Sobre la cues, véase D. Ca¥, «The tras and comic
Poet of the Symposiums, Arion 2, 2 (1975), 238-61, esp. pg. 246206 piktoaos, BANQUETE. 207
pues, no todo amor ni todo Eros es hermoso ni digno de rastia misma podria uno reconocer también a los autén
ser alabado, sino el que nos induce a amar bellamente. ccamente impulsados por este amor, ya que no aman ad
Por tanto, el Eros de Afrodita Pandemo es, en verdad, Jos muchachos, sino cuando empiezan ya a tener alguna
vulgar y leva a cabo lo que se presente. Este es el amor inteligencia, y este hecho se produce aproximadamente cuan-
con el que aman los hombres ordinarios. Tales personas ddo empieza a crecer la barba. Los que empiezan a amar
‘aman, en primer lugar, no menos a las mujeres que a los desde entonces estan preparados, creo yo, para estar con
rmancebos; en segundo lugar, aman en ellos mas sus cuer- 1 amado toda la vida y convivir juntos, pero sin engafar-
pos que sus almas y, finalmente, aman a los menos intli- le, después de haberle elegido cuando no tenia entendimiento
gentes posible, con vistas sélo a conseguir su propésito, por ser joven, y abandonarle desdeftosamente corriendo de-
despreocupandose de si la manera de hacerlo es bella 0 trds de otro. Seria preciso, incluso, que hubiera una ley
no, De donde les acontece que realizan lo que se les pre- {que prohibiera enamorarse de los mancebos, para que no
Sente al azar, tanto si es bueno como si es lo contrario. se gaste mucha energia en algo incierto, ya que el fin de e
Pues tal amor proviene de la diosa que es mucho més jo- étos no se sabe cual serd, tanto en lo que se refiere @
ven que la otra y que participa en su nacimiento de hembra rmaldad como a virtud, ya sea del alma o del cuerpo. Los
cy varén *. El otro, en cambio, procede de Urania, que, hombres buenos, en verdad, se imponen a si mismos esta
én primer lugar, no participa de hembra, sino tnicamente ley voluntariamente, pero seria necesario también obligar
de varén *” —y es éste el amor de los mancebos *—, y, a algo semejante a esos amantes vulgares, de la misma ma
en segundo lugar, es més vieja y esté libre de violencia nera que les obligamos, en la medida de nuestras posi
De aqui que los inspirados por este amor se dirijan preci- dades, a no enamorarse de las mujeres libres. Estos son, 182e
samente a o masculino, al amar lo que es més fuerte por en efecto, los que han provocado el escéndalo, hasta el
naturaleza y posee mas inteligencia *". Incluso en la pede- punto de que algunos se atreven a decir que es vergonzoso
conceder favores a los amantes. Y lo dicen apuntando a
éstos, viendo su falta de tacto y de justicia, ya que, por
supuesto, cualquier accién hecha con orden y segin la ley
Rom (f, su ediciém del dilogo, igs. Ly 18, m3) ef desaroio de
un frmalisno moral que recuerda at pensamient estoco: hacer abstrac:
clin de fa materia y atender solo a la forma no puede en justicia provocar reproche.
“Es decir, Zeus y Dione Por lo demés, ciertamente, la legislacion sobre el amor
© Urano, que e5 mutlado por Crone mucho antes de que nacira cn las otras ciudades es facil de entender, pues esté defini-
Zeus, hijo de ete da de forma simple, mientras que la de aqui y la de
Esta frase se ha consderado teadicionlmente como una glosa
Interpol, devr, Atenas. Esta pare del discurso de Pavsaias en Ia que
Sobre Ia iden de que los hombres son més ingens que las mu se exponen las aormas sobre la poderasta en Atenas, Elid, Beoca, La
Jetes como rfljo del tratamiento dela mujer por los griegos aniguos. edemoniay nine, junto con el dscuso Conta Timarco de Esavines,
Mase K. J. Doven, Greek popular morality in the time of Plato and ‘ua de las Foentes mas importantes para elconocimiento de Ia atid
Aristotle, Oxford, 1934, pes, 95102 aiega frene ala homosexualdad. Para un minucoso andliss de todo208 pidtooos.
» Lacedemonia es complicada. En efecto, en Elide y entre
los beocios, y donde no son expertos en hablar, est esta-
blecido, simplemente, que es bello conceder favores a los
amantes y nadie, ni joven ni viejo, podra decir que ello
fs vergonzoso, para no tener dificultades, supongo, al in-
tentar persuadir con la palabra a los jévenes, pues son
ineptos para hablar. Por el contrario, en muchas partes de
Jonia y en otros muchos lugares, que viven sometidos al
dominio de los barbaros, se considera esto vergonzoso. En-
tre los barbaros, en efecto, debido a las tiranias, no s6lo
es vergonzoso esto, sino también Ia filosofia y la aficién a
Ja gimnasia, ya que no le conviene, me supongo, a los
gobernantes que se engendren en los gobernados grandes
sentimientos ni amistades y sociedades sélidas, lo que, par-
ticularmente, sobre todas las demés cosas, suele inspirar
precisamente el amor. Y esto lo aprendieron por experien-
cia propia también los tiranos de aqui, pues el amor de
Aristogit6n y el afecto de Harmodio, que lleg6 a ser inque-
brantable, destruyeron su poder. De este modo, donde
se ha establecido que es vergonzoso conceder favores a Tos,
amantes, ello se debe a la maldad de quienes lo han
aestablecido, a Ia ambicién de los gobernantes y a la co-
‘te pase, véase K. J. Doves, «Eris and Némos Plato, Symposium
WQA-IBSC)>, BICS 11 (1968), 31-42, y Creek Homosexuality... ps
81 y sis ¥ 190 y sg.
Durante las estas de las Pansteneas del S14. C., Aristopton
¥ s8 amado Harmotio conspiraron para malar los tiranos Hiparco €
ipias,nijos de Pissrato, ya que segin Tuciowss, VI 58:9, el primero
pretendia también el amor de Harmodio. Pero slo lgraron matar a
‘para, muriendo Harmodio en la refrega: Artin fue condenad
| muerte, Aungue Hipias se mantavo en el poder hasta el $10 a, C
la tadiion popular considera estos amantes como ley aémtios ber
tdores de Atenas de latiraniay fondadores, portant, del résimen de-
‘mocrétic (f. ls esolioscompuesos en su honor ciados en laa. 3)
BANOUETE 209
bbardia de los gobernados; en cambio, donde se ha conside-
rado, simplemente, que es hermoso, se debe a la pereza
mental de os legisladores. Pero aqui esta legislado algo
‘mucho mas hermoso que todo esto y, como dije, no fécil
de entender. Pignsese, en efecto, que se dice que es més
hermoso amar a la vista que en secreto, y especialmente
a los mas nobles y mejores, aunque sean mas feos que
‘otros, y que, por otro lado, el estimulo al amante por par-
te de todos es extraordinario y no como si hiciera algo
vergonzaso, al tiempo que considera hermoso si consigue
su propésito y vergonzoso si no lo consigue. Y respecto
al intentar hacer una conquista, nuestra costumbre ha con-
cedido al amante la oportunidad de ser elogiado por hacer
actos extrafios, que si alguien se atreviera a realizar con
Ja intencién y el deseo de Ilevar a cabo cualquier otra cosa,
que no sea ésta, cosecharia los mas grandes reproches.
ues si uno por querer recibir dinero de alguien, desem-
pear un cargo publico u obtener alguna otra influencia,
tuviera la intencién de hacer las mismas cosas que hacen
los amantes con sus amados cuando emplean suplicas y
rruegos en sus peticiones, pronuncian juramentos, duermen.
fen su puerta y estén dispuestos a soportar una esclavitud
como ni siquiera soportaria ningiin esclavo, seria obstacu-
lizado para hacer semejante accién tanto por sus amigos
‘como por sus enemigos, ya que los unos le echarian en
cara las adulaciones y comportamientos impropios de un
hombre libre y los otros le amonestarian y se avergonza-
rian de sus actos, En cambio, en el enamorado que hace
todo esto hay cierto encanto y le esta permitido por la cos-
tumbre obrar sin reproche, en la idea de que lleva a térmi
no una accién muy hermosa. Y lo que es més extraordina-
rio, segin dice la mayorfa, es que, incluso cuando jura,
es el tinico que obtiene perdén de los dioses si infringe210 iALocos
los juramentos, pues afirman que el juramento de amor
no ¢s valido “. De esta manera, los dioses y los hombres
hhan concedido toda libertad al amante, como dice la cos-
tumbre de aqui. En este sentido, pues, pudiera uno creer
que se considera cosa muy hermosa en esta ciudad amar
y hacerse amigo de los amantes. Pero, dado que los padres,
hhan puesto pedagogos al cuidado de los amados y no les
permiten conversar con los amantes, cosa que se ha im:
puesto como un deber al pedagogo, y puesto que los jéve-
nies de su edad y sus compaiteros les critican si ven que
sucede algo semejante, mientras que a los que critican, a
su vez, no se lo impiden las personas de mayor edad
ai les reprenden por no hablar con correccién, podria uno
pensar, por el contrario, atendiendo a esto, que aqui se
considera tal comportamiento sumamente escandaloso. Mas
la situacién es, creo yo, fa siguiente: no es cosa simple,
como se dijo al principio, y de por si no es ni hermosa
ni fea, sino hermosa si se hace con belleza y fea si se hace
feamente. Por consiguiente, es obrar feamente el conceder
favores aun hombre pérfido pérfidamente, mientras que
es obrar bellamente el concederlos a un hombre bueno y
de buena manera. Y es pérfido aquel amante vulgar que
se enamora més del cuerpo que del alma, pues ni siquiera,
es estable, al no estar enamorado tampoco de una cosa.
estable, ya que tan pronto como se marchita la flor del
cuerpo del que estaba enamorado, «desaparece volando» *,
‘as violar muchas palabras y promesas. En cambio, el que
esté enamorado de un cardeter que es bueno permanece
TaLida de que la vilacin del juramento de amor no tiene castigo
or parte de los doses era proverbial y remonta a Hesodo (ct. Hsloo0,,
Obras y Frogmemas, WC.G. 13, Madsid, 1978, tf. 124, pie. 258)
* Expesion homies (ef. 1 171) relerida al sseno de Agamensn,
BANQUETE, an
firme a lo largo de toda su vida, al estar intimamente uni-
do a algo estable. Precisamente a éstos quiere nuestra cos-
tumbre someter a prueba bien y convenientemente, para
asi complacer a los unos y evitar a los otros. Esta es, ise
pues, la razén por la que ordena a los amantes perseguir
y a los amados huir, organizando una competicién y po-
nigndolos a prueba para determinar de cual de los dos es,
el amante y de cual el amado. Asi, justo por esta causa
se considera vergonzoso, en primer lugar, dejarse conquis-
tar répidamente, con el fin de que transcurra el tiempo,
que parece poner a prucba perfectamente a la mayoria de
las cosas; en segundo lugar, el ser conquistado por dinero
y por poderes politicos, bien porque se asuste uno por
‘malos tratos y no pueda resistir, bien porque se le ofrezcan,
Javores en dinero 0 acciones politicas y no los desprecie.
Pues nada de esto parece firme ni estable, aparte de que &
tampoco nace de ello una noble amistad. Queda, pues, una.
sola via, segiin nuestra costumbre, si el amado tiene la in-
tenci6n de complacer bellamente al amante. Nuestra nor-
ma es, efectivamente, que de la misma manera que, en
el caso de los amantes, era posible ser esclavo del amado,
voluntariamente en cualquier clase de esclavitud, sin que
constituyera adulacién ni cosa criticable, asi también queda e
otra nica esclavitud voluntaria, no vituperable: la que se
refiere a la virtud. Pues esté establecido, ciertamente, en-
tre nosotros que si alguno quiere servir a alguien, pensan-
do que por medio de él va a ser mejor en algin saber
‘en cualquier otro aspecto de la virtud, ésta su voluntaria,
esclavitud no se considere, a su vez, vergonzosa ni adula-
idn. Es preciso, por tanto, que estos dos principios, el
relativo a la pederastia y el relativo al amor a la sabiduria,
y a cualquier otra forma de virtud, coincidan en uno solo, #
si se pretend que resulte hermoso el que el amado conce-212 iALocos
da sus favores al amante, Pues cuando se juntan amante
y amado, cada uno con su principio, el uno sirviendo en
‘cualquier servicio que sea justo hacer al amado que le ha
complacido, ef otro colaborando, igualmente, en todo lo
‘que sea justo colaborar con quien le hace sabio y bueno,
puesto que el uno puede contribuir en cuanto a inteli
y Virtud en general y el otro necesita hacer adquisiciones
‘en cuanto a educacién y saber en general, al coincidir jus-
tamente entonces estos dos principios en lo mismo, sélo
fen este caso, y en ningiin otro, acontece que es hermoso
{que ef amado conceda sus favores al amante, En estas con-
diciones, incluso et ser engafiado no es nada vergonzoso,
pero en todas las demas produce vergienza, tanto para
el que es engafiado como para el que no lo es. Pues si
uuno, tras haber complacido a un amante por dinero en
la idea de que era rico, fuera engafiado y no lo recibiera,,
al descubrirse que el amante era pobre, la accién no seria
‘menos vergonzosa, puesto que el que se comporta ast pare-
ce poner de manifiesto su propia naturaleza, 0 sea, que
ppor dinero haria cualquier servicio a cualquiera, y esto no
fs hermoso. Y por la misma razén, si alguien, pensando
ue ha hecho un favor a un hombre bueno y que él mismo
iba a ser mejor por la amistad de su amante, fuera engafia-
do, al ponerse de manifiesto que aquél era malo y no tenia
virtud, tal engafio, sin embargo, es hermoso, pues también
éste parece haber mostrado por su parte que estaria dis-
puesto a todo con cualquiera por la virtud y por Negar
ser mejor, y esto, a su vez, es lo mas hermoso de todo.
Asi, complacer en todo por obtener la virtud es, en efecto,
absolutamente hermoso. Este es el amor de la diosa celes-
te, celeste también él y de mucho valor para la ciudad y
para los individuos, porque obliga al amante y al amado,
igualmente, a dedicar mucha atencién a si mismo con res-
BANQUETE, 213
pecto a la virtud. Todos los demas amores son de la otra,
diosa, de la vulgar. Esta es, Fedro —dijo— la mejor con-
tribucién que improvisadamente te oftezco sobre Eros.
Y habiendo hecho una pausa Pausanias * —pues ast
me ensefian los sabios a hablar con términos isofénicos—,
me dijo Aristodemo que debia hablar Aristéfanes, pero
que al sobrevenirle casualmente un hipo, bien por exceso
de comida o por alguna otra causa, y no poder hablar,
le dijo al médico Eriximaco, que estaba reclinado en el,
asiento de al lado:
—Eriximaco, justo es que me quites el hipo 0 hables
por mi hasta que se me pase.
Y Eriximaco le respondié:
—Pues haré las dos cosas. Hablaré, en efecto, en tu
ugar y ti, cuando se te haya pasado, en el mio. Pero mien-
tras hablo, posiblemente reteniendo la respiracién mucho
tiempo se te quiera pasar el hipo; en caso contrario, haz
gérgaras con agua. Pero si es realmente muy fuerte, coge
algo con lo que puedas irritar la nariz y estornuda. Si
hhaces esto una o dos veces, por muy fuerte que sea, se
te pasard,
—No tardes, pues, en hablar, dijo Arist6fanes. Yo voy
a hacer lo que has dicho *”.
Juego de palabras simiares, om asonanci y smetia, fueron pustos
«de moda por Goreits¥ st infuencia ela oratoria de finales del. v.
Y princpios del a. C. es evdente(€. Vieains, Plato. pg. 308)
"Este incdente dl hipo de Arstfanes, aparentemente intrasce
dente, he dado lugar ya desde la Antigedad innumerabls interpreta
clones, muchas de elas recogdas en la ediion de Bury (pi. XXID,
Para algunas de las interpretacones moderna, vése S. Rost, Plato's
Symposium, New Haven-Londtes, 1968, pig. $0 sigs. Ente las tori
nds lamativas propuestas pura expla este hipo queremos destaar gut
Jas siguientes: a) Que se trata de una venganza de Plton ridiulzando
as a Aristofanes, que, en Las Nubes, se habia burlado de Sérates. Es24 DiiLoces
Entonces, Friximaco dijo:
—Bien, me parece que es necesario, ya que Pausanias
‘no concluyé adecuadamente Ia argumentacién que habia
iniciado tan bien, que yo deba intentar levarla a término.
una teoria antigua que, ex época moderna, ha sido defendida especie
mente por V. Brocnato, «Sobre et Bunguete de Platénn, eb Exdos
sore Scraesy Paton, Buenos Aires, 1940 (194%, pags. 4281. b) Para
‘varios iuérpretes la funcion de este incidents posponer la intervencisn
de Aristofanes y aterar, as, el orden dilético de los discursos, bien
Para romper wna especie de composcién anular ue se formara con
‘orden: Fedro / Pausanias / Aritfanes / Eriximaco / Agatn, ps los
Aliscursos de Fedro y Agata y los de Paustnias y Eriximaco son pareeh
os y se relacionan etre si (es la tess sustentads por G. Giense, Zur
Komposition des platoischen Simposions, Gymnasium 77 (1970), 48.76),
bin para hacer seguir al poeta trigic después de emico (ess mantei
4a por varios autores, ene ellos, por M. W. Isewnsxo, The Order of
‘he Discourses in Plato's Symposium, Chicago, 190, 9 Chay, «The te
Bic... 0 bin, ya mAs sofisticadament, para conseguir on los cuatro
rimerosdiscursos una unidad armenica, en fa que el dicurso de Fedo
epresentaia ta unidad, el de Pausanis ia duaidad y el de Avstfane,
‘du ceraria este conjunio, la triad, simboo de la totaled en las om.
‘ogonias antiguas (sla torta de E. Homurs, Uber Patons Sypo
sium, Heidelberg, 1947.) W. K, C. Guta, A History of Greek Ph
‘asophy, vol. V, Cambridge, 1975, pig. 19, se ia en que Eriloaco
significa aque combate el erctor, lo cual podria haberle sugerido Pl
‘nia idea del hipo, d) Para TavvoR, Plato, ps. 216, a8 tataia de
un mero recurso literario, una broma que, de no produce, provocata
‘un vaeio en et programa de la velada,«) Segin J. L. Pewwnt, aden
'm Love. Aspets of Plato's Symposiums, Ramus 7 (1978), 149, lo que
se pretendia con exe incident era hacer ver qu, en definitive poeta
epende del demiurgo, que ls expresion del arte depende de ls medios
fisicos de la téeniea. f) De acuerdo con G, K. Puocawann, «Hicupe
and Hangovers inthe Symposiums, Bucknell Review Xt (1963), 1-18,
suando Eriximaco le responde a Arisfanes que hard «las dos cosssn,
to sigifce no solo un eambio de personas, sino también de conteniso
Jos discurses, ya que To que se esperaria era que AristOfanes tears
! tema del amor de manera general como pasion universal, mientras
We Eriximaco deberi de hablar dela filogénesis de este senimiento y
BANQUETE ais
Que Eros es doble, me parece, en efecto, que lo ha dis- 1850
tinguido muy bien. Pero que no sélo existe en las almas
de los hombres como impulso hacia los bellos, sino tam-
bign en los demas objetos como inclinacién hacia otras mu-
chas cosas, tanto en los cuerpos de todos los seres vivos
como en lo que nace sobre la tierra, y, por decirlo asi,
en todo lo que tiene existencia, me parece que lo tengo
bien visto por la medicina, nuestro arte, en el sentido de
gue es un dios grande y admirable y a todo extiende su.
influencia, tanto en las cosas humanas como en las di- »
vinas **. Y comenzaré a hablar partiendo de la medicina,
para honrar asi a mi arte. La naturaleza de los cuerpos,
posee, en efecto, este doble Eros. Pues el estado sano del
cuerpo y el estado enfermo son cada uno, segiin opinién
lundnime, diferente y desigual, y lo que es desigual desea
¥y ama cosas desiguales. En consecuencia, uno es el amor
Su poser maine, pero, como ve eo, cure examen &
Ietaves:f) Pot timo, Don (comer a eps ot
ciclo) pits usa cra angie ee acest rasa
fos con pons flies ynngvo de lor cme et ds ae
pido eur Artne pra qu lsd a p,q, por os pa,
tha to mens scandals gue ke pai uedr geen a omido mi
Sho. Porto dens, Plaon odo haber sued con ee inet Que
Avan, igesionment, gana eno para prepare metas
Gian 7 ao Eien propre nese de pends 9
ia concuenca con sue conoiton medals
Ta omnipotence ro, ema en lq ambi Ui npo
Arte (19), +o eo peo as eats de eat
‘a tn ghega amiga, especie en la pos, El pata de Soo
Cis ats spoils go elo exon ms pies
‘Shr te tama y fre de npn de vain sore arn CL
Cancun, «teat macho, en Comin. Fesgee fr KZ
fl, Set, 984, pg. 3,08 Rout, xcs de ain
tic amour du a tragtie eaten, en Miele ‘rape in honor
41.6. amet, rtrd, 1995, ps. 3082)216 pidtocos
ue reside en lo que esta sano y otro el que reside en lo
que estd enfermo. Ahora bien, al igual que hace poco de-
cla Pausanias que era hermoso complacer a los hombres
buenos, y vergonzoso a los inmorales, asi también es her-
«-moso y necesario favorecer en los cuerpos mismos a los
Es més largo —dijo— de contar, pero, con todo, te
lo diré *. Cuando nacié Afrodita, los dioses celebraron
lun banquete y, entre otros, estaba también Poros, el hijo
de Metis, Después que terminaron de comer, vino @ men-
ddigar Penia ®, como era de esperar en una ocasién festiva,
y estaba cerca de la puerta, Mientras, Poros, embriagado
de néctar —pues atin no habia vino—, entré en el jardin
de Zeus y, entorpecido por la embriaguez, se durmié. En-
tonces Penia, maquinando, impulsada por su carencia de
recursos, hacerse un hijo de Poros, se acuesta a su lado
EL mito que se expone a continuaién sobre el nacimiento de Eros
scl considearse como una de las paginas més poticas de Plats (t
|A. Vansiove, «Deux pages podtques de Paton (Banguet, 2036-208)
LEC XX (1982), 3.21, que ve la func de este mito en preisar lo que
‘debe cntenderse por demon intermediaro, iystrando de esta manera las
conclusions alas que antriormente haban legado Socrates y Diotims
de comin acuerdo). Para las interpretacones poseriores de ese mito
por pate de Plutatco, Pltin, el neplatoinms y el rsianismo, véase
Rais, La thdori¢.. pigs. 1037
Peniae, evidentemente, la personificacion de a Pobrez tal coma
se encuenta en el Pluo de Atistanes,esrta unos aos antes de este
Ailogo. Poros no es la personifcacién de su conteario, ya que éxte es
Pluto. De acuerdo con su eimologlay con ls caracteriicn que le
‘a Diotima en 2024 podria equvaler al espaot Recuso. La soncepcign
‘de Poror como esfuerzo dinkmic, aimentado por un perpetuo deseo
‘ave da plenitud le vide'y que ex expresién de la valenia del hombre
puede decrse que es creaciéa de Patén (cf. F. Novoret, ePoVos, pete
Eros» (en eheco, con eesumen en francés}, LF (1989, 39-49. Metis,
la Prudencia, es Ia primera esposa de Zeus (ef. Hssiono, Teog. 886) y
madre de Atenea (cf. HESi0D0, fr. 43)
BANQUETE 249
yy concibié a Eros. Por esta razén, precisamente, es Eros ¢
también acompafante y escudero de Afrodita, al ser en-
gendrado en la fiesta del nacimiento de la diosa y al ser,
a la ver, por naturaleza un amante de lo bello, dado que
también Afrodita es bella, Siendo hijo, pues, de Poros
Penia, Eros se ha quedado con las siguientes caracteristi-
cas. En primer lugar, es siempre pobre, y lejos de ser deli
cado y bello, como cree la mayoria, es, més bien, duro,
¥y seco, descalzo y sin casa, duerne siempre en el suclo y a
descubierto, se acuesta a la intemperie en las puertas y al
borde de los caminos, compafiero siempre inseparable de
la indigencia por tener la naturaleza de su madre. Pero,
por otra parte, de acuerdo con la naturaleza de su padre,
estd al acecho de Io bello y de lo bueno; es valiente, audaz
y activo, hébil cazador, siempre urdiendo alguna trama,
vido de sabiduria y rico en recursos, un amante del cono-
cimiento a lo largo de toda su vida, un formidable mago,
hechicero y sofista, No es por naturaleza ni inmortal ni
mortal, sino que en el mismo dia unas veces floreve y vive,
‘cuando esté en la abundancia, y otras muere, pero recobra,
Ia vida de nuevo gracias a la naturaleza de su padre. Mas
lo que consigue siempre se le escapa, de suerte que Eros
rnunea ni esté falto de recursos ni es rico, y esté, ademés,
en el medio de la sabiduria y la ignorancia. Pues la cosa
es como sigue: ninguno de los dioses ama la sabiduria ni
desea ser sabio, porque ya lo es, como tampoco ama la
sabiduria cualquier otro que sea sabio. Por otro lado, los,
ignorantes ni aman la sabiduria ni desean hacerse sabios,,
pues en esto precisamente es la ignorancia una cosa moles-
ta: en que quien no es ni bello, ni bueno, ni inteligente
se crea a si mismo que lo es suficientemente. Asi, pues,
el que no cree estar necesitado no desea tampoco lo que
nno cree necesitar.
g250 iL0cos BANQUETE 251
es son, Diotima, entonces —dije yo— los que —Que Heguen a ser suyas —alije yo.
aman Ia sabiduria, sino son ni los sabios ni los ignorantes? —Pero esta respuesta —dijo— exige atin la siguiente
> —Hasta para un nino es ya evidente —dijo— que son pregunta: gqué seré de aquel que haga suyas las cosas
Jos que estén en medio de estos dos, entre los cuales estard bella?
también Eros" Labrie eco, ev una des || Eatnces ld ave tdi no pla responder de r-
cosas més bellas y Eros es amor de lo bello, de modo que || pente a esa pregunta.
Eros es necesariamente amante de la sabiduria, y por ser —Bien —dijo ella—. Imaginate que alguien, haciendo «
amante de la sabiduria est, por tanto, en medio del sabio un cambio y empleando la palabra «bueno» en lugar de
y del ignorante. ¥ la causa de esto es también su nacimien- || bello», te preguntara: «Veamos, Socrates, el que ama las
to, ya que es hijo de un padre sabio y rico en recursos cosas buenas desea, gqué desea».
y de una madre no sabia e indigente, Esta es, pues, queri- | —Que Heguen a ser suyas —dije.
do Sécrates, a naturaleza de este demon. Pero, en cuanto iY qué sera de aquel que haga suya las cosas buenas?
alo que ti pensaste que era Eros, no hay nada sorpren- Esto ya —dije yo— puedo contestarlo més facilmen-
dente en ello, Ti crest, segtin me parece deducirlo de lo | te: que serd feliz
« que dices, que Eros era lo amado y no lo que amma. Por esa —Por la posesién —dijo— de las casas buenas, en efec- 20%
razén, me imagino, te parecia Eros totalmente bello, pues | __¢o, los Flices son felices, y ya no hay necesidad de aiadir
Jo que es susceptible de ser amado es también To verdade- la pregunta de por qué quiere ser feliz el que quiere serio,
ramente bello, delicado, perfecto y digno de ser tenido por sino que la respuesta parece que tiene su fin
dichoso, mientras que lo que ama tiene un carécter dife- —Tienes razén —dije yo.
rente, tal como yo lo descrbi —Ahora bien, esa voluntad y ese deseo, erees que €5
—Sea asi, extranjera —dije yo entonees—, pu comiin a todos los hombres y que todos quieren poseer
bien. Pero siendo Eros de tal naturaleza, i9 siempre lo que es bueno? ;0 cdmo piensas 1?
ne para los hombres? | Asi —dije yo—, que es comin a todos.
Esto, Séerates —dijo—, es precisamente lo que voy | Por qué entonces, Sdcrates —dijo—, no decimos que
4a intentar enseharte a continuacién. Eros, efectivamente, | _ todos aman, si realmente todos aman lo mismo y siempre,
hablas
Funcién tie-
es como he dicho y ha nacido asi, pero ala vez es amor | _—_ sino que decimos que unos aman y otros no? >
de las cosas bellas, como ti afirmas. Mas si alguien nos) También a m{ me asombra eso —dije.
Preguntara: «En qué sentido, Socrates y Diotima, es Eros {| Pues no te asombres —dijo—, ya que, de hecho, he:
i
amor de las cosas bellas?» O asi, mas claramente: el que | ‘mos separado una especie particular de amor y, dindole
‘ama las cosas bellas desea, qué desea? H el nombre del todo, la denominamos amor, mientras que
para las otras especies usamos otros nombres.
—iComo por ejemplo? —dije yo.
= |
8 Sobre al aspecto de Eros como algo intermedio (metaxy), véase, |
cepeimente, R. Dews, «Eton, The Jounal of Phosopny 13 (938), |
53745, en eel aes 340 sis |252 iALocos
—Lo siguiente, Tu sabes que la idea de «ereacién» (poi.
sis) es algo miiltiple, pues en realidad toda causa que haga
‘pasar cualquier cosa del no ser al ser es creacién, de suerte
{que también los trabajos realizados en todas las artes son,
creaciones y los artifices de éstas son todos creadores,
(poieta).
—?
—Pero también sabes —continué ella— que no se la-
‘man creadores, sino que tienen otros nombres y que del
conjunto entero de creacién se ha separado una parte, la
concerniente a la misica y al verso, y se la denomina con
el nombre del todo. Unicamente a esto se llama, en efecto,
poesia», ¥ «poetas» a los que poseen esta porcién de
creacién '
—Tienes razén —dije yo.
—Pues bien, asi ocurre también con el amor. En gene-
ral, todo deseo de lo que es bueno y de ser feliz es, para
todo el mundo, «el grandisimo y engatoso amor» '. Pe-
ro unos se dedican a él de muchas y diversas maneras,
ya sea en los negocios, en la aficién a la gimnasia o en
el amor a la sabiduria, y no se dice ni que est enamora-
dos ni se les lama amantes, mientras que los que se diri-
Te eecldn aga de término acreaiénw para ejemplifca asi
tinas coanotaciones de alpunas palabras puede deberse la mens de
‘Agaion en 196, Para el concepto de pots dscito en este lugar, cf
E. Lusno, £1 cuncepio de uPoiesi» on la Flosofiasregs, Herdelo,
Sofias. Plat, Madrid, 1961, pgs. 84y sigs. y, dee una pespeciva
rms general, D. Rowexo wz Souis, Posts. Sobre ls relaiones enire
Alosofia y poesia desde ef aima tgica, Madsid, 1981
"= Dado quel vocabloarego dolerdswengatoson no cs may comin
fen pros tia y que, por otra parte, recuerda el eplteto sitco doléplo
ke wejedora de engator»aplicado a Afrodita, se ha pensado que tene
‘mos aqui una sta podtca. Otros, en cambio, lo consideran una poss,
BANQUETE 283
gen a ély se afanan segiin una sola especie reciben el nom:
bre del todo, amor, y de ellos se dice que estin enamora-
dos y se les Hama amantes
—Parece que dices 1a verdad —dije yo.
=Y se cuenta, ciertamente, una leyenda '°* —siguié
clla—, seguin la cual los que busquen la mitad de si mismo
son los que estén enamorados, pero, segiin mi propia teo-
ria, el amor no lo es ni de una mitad ni de un todo,
‘a no ser que sca, amigo mio, realmente bueno, ya que los
hombres estén dispuestos a amputarse sus propios pies y
‘manos, si les parece que esas partes de si mismos son ma-
las. Pues no es, creo yo, a lo suyo propio a lo que cada
cual se aferra, excepto si se identifica lo bueno con lo par~
ticular y propio de uno mismo y lo malo, en cambio, con
lo ajeno. Asi que, en verdad, lo que los hombres aman no es
otra cosa que el bien ', 20 a ti te parece que aman otra
—A mi no, ipor Zeus! —dije yo.
{Entonces —dijo ella—, se puede decir asi simple
mente que los hombres aman el bien?
—Si —dije.
—2¥ qué? {No hay que aiadir —dijo— que aman tam-
bién poseer el bien?
© Bm exe pasae se ha fjadorecentemente F. RoDR/OUEZ ADRADOS,
ska tori det sino lingistico en un passe del Bangueeplaténicon,
SEL 10, 2 (1980), 33137, para expicar Ia dstinc6n platénica de un
so genéricoy oto especiico en la palabra és, lo que implica In user
‘ia del binariemo tan caracteritiea de nuestro autor.
DU ghusign evidene a fo que habia dicho Arstofancs on 1910-1934,
como se ve claramente por 10 que se rele en 212e
"5 Que lo nico que valoramos como perenetiente a nosotros es el
bin, eu ides favorita de Paar (ct Crm, 13; Lis 2223; Rep. S86)284 iALoos
Hay que anadirlo.
ZY no s6lo —siguid ella— poseerlo, sino también po-
seerlo siempre?
> —También eso hay que afladirlo,
—Entonces —dijo—, el amor es, en resumen, el deseo
de poseer siempre el bien 1°,
—Es exacto —dije yo— lo que dices.
—Pucs bien —dijo ella—, puesto que el amor es siem
pre esto, gde qué manera y en qué actividad se podria lla
mar amor al ardor y esfuerzo de los que lo persiguen? ;Cudl
justamente esta accién especial? ;Puedes decirla?
—Si pudiera —dije yo—, no estaria admiréndote, Dio-
tima, por tu sabiduria ni hubiera venido una y otra vez
@ ti para aprender precisamente estas cosas.
—Pues yo te lo diré —dijo ella—. Esta accién especial
es, efectivamente, una procreacién en la belleza, tanto se-
agin el cuerpo como segin el alma.
Lo que realmente quieres decir —dije yo— necesita
adivinacién, pues no lo entiendo.
= —Pues te lo diré més claramente —dijo ella—, Impul-
so creador, Sécrates, tienen, en efecto, todos los hombres,
no s6lo segin el cuerpo, sino también segin el alma, y
cuando se encuentran en cierta edad, nuestra naturaleza
desea procrear. Pero no puede procrear en lo feo, sino
s6lo en lo bello. La unién de hombre y mujer es, efectiva-
‘mente, procreacién y es una obra divina, pues la fecundi
dad y la reproduccién es lo que de inmortal existe en el
"ta definciin se ha entendido como tpn de fo que es amor
platénico. Véase, sobre el tema, L. A. Kontak, «Platonic Lover, en
W. H. Wensonisra (ed), Facets of Pato’ Philosophy, Amsterdam,
1976, pgs. $349, Jason, pas. S81, 64, ha puesto esta definiion
«en relacin con el concept aistotlice de phouta © amor de mismo
tal como el esagiia lo define en Et. Nic. IX 8.
BANQUETE 258
set vivo, que es mortal. Pero es imposible que este proceso,
Iegue a producirse en lo que es incompatible, ¢ incompati-
ble es lo feo con todo lo divino, mientras que lo bello
¢, en cambio, compatible. Asi, pues, la Belleza es la Moi-
ra y la Hlitia del nacimiento "”. Por esta razén, cuando
To que tiene impulso creador se acerca a lo bello, se vuelve
propicio y se derrama contento, procrea y engendra; pero
cuando se acerca a lo feo, ceftudo y afligido se contrae
cn si mismo, se aparta, se encoge y no engendra, sino que
retiene el fruto de su fecundidad y lo soporta penosamen-
te, De ahi, precisamente, que al que esta fecundado y ya
abultado le sobrevenga el fuerte arrebato por lo bello,
porque libera al que lo posee de los grandes dolores del
arto, Pues el amor, Sderates —dijo—, no es amor de lo
bello, como ti crees
{Pues qué es entonces?
—Amor de la generacién y procreacién en Io bello.
—Sea asi —dije yo.
Por supuesto que es asi —dijo—. Ahora bien, :por
‘qué precisamente de Ia generaci6n? Porque la generacién,
¢s algo eterno e inmortal en la medida en que pueda existir
cen algo mortal. Y es necesario, segin lo acordado, desear
la inmortalidad junto con el bien, si realmente el amor
tiene por objeto la perpetua posesién del bien. Asi, pues,
segiin se desprende de este razonamiento, necesariamente
el amor es también amor de la inmortalidad,
Todo esto, en efecto, me ensefiaba siempre que habla-
ba conmigo sobre cosas del amor. Pero una vez me pre-
sunt
1 Tia es la dose que presi os alumbramletos, en los que estar
tba presents una o varias Moras ue aignaban a recta nacido el lott
ue le correspondia en vida. La Beleza persnifcada asume, agul, 1s
papelee de ambas en toda case de part, material y epiritul256 piktocos,
—iQue crees ti, Séerates, que ¢s la causa de ese amor
y de ese deseo? {0 no te das cuenta de en qué terrible
estado se encuentran todos os animales, los terrestres y
los alados, cuando desean engendrar, cémo todos ellos es-
tin enfermos y amorosamente dispuestos, en primer lugar
en relacién con su mutua unién y luego en relacién con
el cuidado de la prole, cémo por ella estin prestas no slo
@ luchar, incluso los mas débiles contra los més fuertes,
sino también a morir, cémo ellos mismos estén consumi-
dos por el hambre para alimentarla y asi hacen todo lo
demas? Si bien —dijo— podria pensarse que los hombres
hhacen esto por reflexién, respecto a los animales, sin em-
bargo, zeual podria ser Ia causa de semejantes disposicio-
nes amorosas? {Puedes decirmela?
Y una vez mds yo le decia que no sabia,
iY piensas —dijo ella— llegar a ser algiin dia exper-
to en las cosas del amor, si no entiendes esto?
—Pues por eso precisamente, Diotima, como te dije
antes, he venido a ti, consciente de que necesito maestros.
Dime, por tanto, la causa de esto y de todo lo demés rela-
cionado con las cosas del amor.
—Pues bien, —dijo—, si crees que el amor es por natu-
raleza amor de lo que repetidamente hemos convenido, no
ate extrafles, ya que en este caso, y por la misma razén
que en el anterior, 1a naturaleza mortal busca, en la medi-
a de lo posible, existir siempre y ser inmortal. Pero sélo
puede serlo de esta manera: por medio de la procreacién,
Porque siempre deja otro ser nuevo en lugar del viejo. Pues
incluso en el tiempo en que se dice que vive cada una de
ls criaturas vivientes y que es la misma, como se dice,
por ejemplo, que es el mismo un hombre desde su niftez
hhasta que se hace viejo, sin embargo, aunque se dice que
es el mismo, ese individuo nunca tiene en si las mismas
SANQUETE, 257
cosas, sino que continuamente se renueva y pierde otros
elementos, en su pelo, en su carne, en sus huesos, en su.
sangre y en todo su cuerpo. Y no s6lo en el cuerpo, sino
también en el alma: los hébitos, caracteres, opiniones, de-
seos, placeres, tristezas, temores, ninguna de estas cosas
jamas permanece la misma en cada individuo, sino que
‘unas nacen y otras mueren. Pero mucho mas extrafo toda-
via que esto es que también os conocimientos no sélo
nacen unos y mueren otros en nosotros, de modo que nun-
ca somos los mismos ni siquiera en relacién con los cono-
cimientos, sino que también le ocurre lo mismo a cada uno,
de ellos en particular. Pues lo que se llama practicar existe
porque el conocimiento sale de nosotros, ya que el olvido,
¢s la salida de un conocimiento, mientras que la préctica,
por el contrario, al implantar un nuevo recuerdo en lugar
del que se marcha, mantiene el conocimiento, hasta el punto
de que parece que es el mismo. De esta manera, en efecto,
se conserva todo lo mortal, no por ser siempre completa-
mente lo mismo, como lo divino, sino porque lo que se
marcha y esté ya envejecido deja en su lugar otra cosa
nueva semejante a lo que era. Por este procedimiento, S6-
crates —dijo—, lo mortal participa de inmortalidad, tanto
€l cuerpo como todo Io demés; 10 inmortal, en cambio,
participa de otra manera, No te extrafles, pues, si todo
ser estima por naturaleza a su propio vastago, pues por
‘causa de inmortalidad ese celo y ese amor acompaia a to-
do ser
"Wn vt parte det discurto de Diotima se ha qurido ver una postr
a diferente de Platn frente la dea dela inmoraidad del alma, una
de las doccinas fundamentals de su Mlosofla de la madurez expuesta
tn Fedsn, Meni y Fedro, Se ha hablado de un cierto esepticismo de
Paton en eta materia cuando essbe el Banquee. La evestion ha sido
‘muy debaid y para ua ampli informacion véase Gris, A Mistry.
aon258° pktocas
‘Cuando hube escuchado este discurso, leno de admira-
cidn le dije:
—Bien, sapientisima Diotima, jes esto asi en verdad?
Y lla, como los auténticos sofistas, me contesté:
© —Por supuesto, Séerates, ya que, si quieres reparar en
el amor de los hombres por Ios honores, te quedarias asom-
brado también de su irracionalidad, a menos que medites
en relacién con lo que yo he dicho, considerando en qué
terrible estado se encuentran por el amor de legar a ser
famosos «y dejar para siempre una fama inmortaly
Por esto, atin més que por sus hijos, estin dispuestos a
4 arrostrar todos los peligros, a gastar su dinero, a soportar
cualquier tipo de fatiga y a dar su vida, Pues, zerees ni
—dijo— que Aleestis hubiera muerto por Admeto 0 que
Aquiles hubiera seguido en su muerte a Patroclo 0 que
vuestro Codro '"® se hubiera adelantado a morir por el rei-
nado de sus hijos, si no hubiera creido que iba a quedar
de ellos el recuerdo inmortal que ahora tenemos por su
‘vol IV, pigs. 38792. Lo que Pltén dice aqua rexpecto, debe vere
como una ampliacion desu tera de la inmortalidads Patén no (nia
por costumbrereeoeiar Io que dice en una obra con Io que habia dicho
preslamente en otra, por lo que muchas veces e fi devi i ha cam
bad de opinién os exh expresando aspectosditerentes del mismo pro-
bem (f. Doven, Greek Homasemualiy.. pag. 16, 2, 9). Lo que
aqui expone su autor es, simplemente, el afin del hombre por hacese
inmortalen esta vida a través de su pele. En todo el dislogo no hay
i una palabra que aluda a que el alma sea perecder,
Hexdmetro de autor dexonocide, Se penta que pusta tratarse
de la propia Ditima (Pltén),parodiando lo que Agatén habia hecho
lambldn en 197e
"© Legendato rey dl Aca, que, stbiend por el oriculo de Delfos
que unos invasores doros conseputianapodrarse de Atenas si respeta
tan la vida demu ey, se isrand de mendigay log que lo matran,
on lo qu los invasores desintiron de tomar la ciudad, Sus hijor fueron
Anaroclo y Neleo (ef. Herovoro, V 65-76
BANQUETE 259
virtud? Ni mucho menos —dijo—, sino que mas bien, creo
‘yo, por inmortal virtud y por tal ilustre renombre todos,
hhacen todo, y cuanto mejores sean, tanto mas, pues aman
Jo que es inmortal. En consecuencia, los que son fecundos
—dijo— segtin el cuerpo se dirigen preferentemente a las
‘mujeres y de esta manera son amantes, procurindose me-
diante la procreacién de hijos inmotalidad, recuerdo y feli-
cidad, segiin ereen, para todo tiempo futuro, En cambio,
los que son fecundos segin el alma... pues hay, en efecto
—dijo—, quienes conciben en las almas atin més que en
los cuerpos lo que corresponde al alma concebir y dar a
luz. g¥ qué es lo que le corresponde? El conocimiento y
‘cualquier otra virtud, de las que precisamente son pro-
creadores todos los poetas y cuantos artistas se dice que
son inventores. Pero el conocimiento mayor y el més
bello es, con mucho, la regulacién de lo que concierne a
las ciudades y familias, cuyo nombre es mesura y justicia.
Ahora bien, cuando uno de éstos se siente desde joven
fecundo en el alma, siendo de naturaleza divina, y, legada
la edad, desea ya proctear y engendrar, entonces busca tam-
bién él, creo yo, en su entorno la belleza en la que pueda
engendrar, pues en lo feo nunca engendrara. Asi, pues,
en raz6n de su fecundidad, se apega a los cuerpos bellos
mas que a los feos, y si se tropieza con un alma bella,
noble y bien dotada por naturaleza, entonces muestra un
gran interés por el conjunto; ante esta persona tiene al punto
abundancia de razonamientos sobre la virtud, sobre cémo
debe ser el hombre bueno y lo que debe practicar, ¢ inten-
ta educarlo. En efecto, al estar en contacto, creo yo, con
lo bello y tener relacién con ello, da a luz y procrea lo
que desde hacfa tiempo tenia concebido, no sélo en su pre-
sencia, sino también recordéndoto en su ausencia, y en co-
‘min con el objeto bello ayuda a criar lo engendrado, de260 ikLocos
suerte que los de tal naturaleza mantienen entre si una co-
munidad mucho mayor que la de los hijos y una amistad
mas sélida, puesto que tienen en comtin hijos més bellos
y més inmortales. Y todo el mundo preferiria para sf haber
engendrado tales hijos en lugar de los humanos,
cuando echa una mirada a Homero, a Hesfodo y demés
buenos poetas, y siente envidia porque han dejado de
si descendientes tales que les procuran inmortal fama y
recuerdo por ser inmortales ellos mismos; 0 si quieres
—dijo—, los hijos que dejé Licurgo en Lacedemonia, sal-
vadores de Lacedemonia y, por asi decir, de la Hélade en-
tera '"!, Honrado es también entre vosotros Solén ', por
haber dado origen a vuestras leyes, y otros muchos hom-
bres lo son en otras muchas partes, tanto entre los griegos
como entre los barbaros, por haber puesto de manifiesto
muchas y hermosas obras y haber engendrado toda clase
de virtud. En su honor se han establecido ya también mu-
cchos templos y cultos "* por tales hijos, mientras que por
hijos mortales todavia no se han establecido para nadie.
" Ljcuroo eal semilegendario leeslador de Esparta considera co-
smo el cendor de las eyes ¢ insttuciones espartanas (que Diotima deno-
‘mina sos whi» calicadas de salvadoras de Lacedemonia por el poder
altar que otorgaron a sparta, y de la Helade por et papel de Esparta
on las Gucrras Médicas,
"poeta legislador ateniense, de principio dels. vt a. C., que
‘con sus reformas consitcionales puto los cimientos de la demoeraca
"La palabra greg ierd ale tanto a templosy santuarios, como
8 fitesy sactifcos. En cualquier cas, la alusén a levantar tempos en
hhonoe de hombres de etd deiiados se retire posiblemente a comun
dades orientale, en las que las lyes se consideran radicionalmence ads-
critas a lependatoslegistadores divinos. Los geeges no deiicaton 8 sus,
legisladores (ef. Tavzon, Par... pig. 28, n. 2).
BANQUETE, 261
Estas son, pues, las cosas del amor en cuyo misterio
también ti, Socrates, tal vez podrias iniciarte. Pero en los
ritos finales y suprema revelacién, por euya causa existen
aquéllas, si se procede correctamente, no sé si serias capaz
de iniciarte '“, Por consiguiente, yo
—afirmé— y no escatimaré ninngtin esfuerzo; intenta se-
guirme, si puedes. Es preciso ''S, en efecto —dijo— que
quien quiera ir por el recto camino a ese fin comience des-
de joven a dirigirse hacia los cuerpos bellos Y, si su guia
Seguin G. M.A. Gatas, EI pensamiento de Platén, Maas, 1973,
pig. 165, n. 11, estas palabras de Diotima hay que entenderlas en el
Sonieo dela conocida ignorancia y modest socriieas, pues suponer
{ue Platén por boca de Diotima pretende stuarse a un nivel superior
4 su maestro sera ridiculo. En cambio, F. M. Consrosp, aL dectrina
{de Bros en el Bongueten, ens ibeo La flesofia no escrit, Bardon,
1974, pgs. 127-146, exp. pp. 139, enende que, asia esta parte del
icurso de Diotima, se ha hablado de una inmortalidad de la ciate
oral que se perpetin ef ls raza, en la ams ¥ en sis ideas, corespon
‘lett la osofla scritica de la vida en exe mundo, mientras que
la revelacin del oo mundo, del mundo de las Ideas, se reserva para
Jos grandes misteri que wenen& coninuacin. E panto en que macro
x dscipulo se separanestariaen eta palabras de Diotima que indcan
qe Platin supera al Serates bistro
"Todo este pasa, hasta 212a, suele considearse como una de las
partes mas conosias de corpus platénio y una de las mis hermosas
sina’ filosfies de todos los tempos, wexpresién de uno de los mo:
‘mentos cumbes del pensamiento humanos (cf. J. Vives, Gnesi y evo
Iueidn de la éiea platénica, Madrid, 1970, pig. 209). La descrpcién de
la sere de eapas © grados por Ios que hay que atravesar hasta Hegar
al comprensién de lies o forma de Beleza Uega hasta 2108 (ef.
sobre esta parte, JM. E. Mosavean, «Reason and Fros ip the “As
‘cent-Pasage of the Symposium, en J.P. Avtos-G, L. Kustas (ed.
say, pgs. 285-302), Para J. N. Four, «The Myths of Plato,
Dionysius I (1978, 19.34, lo que se describe en ete pase 6 wna expe
cle de yora eidéico que procede ssematicament defo sensual ¢ indi
dal a lo potico ¥ genio.
sma te los diré 2262 iALocos
lo dirige rectamente, enamorarse en primer lugar de un
solo cuerpo y engendrar en él bellos razonamientos; Inego
>» debe comprender que la belleza que hay en cualquier cuer~
po es afin a la que hay en otro y que, si es preciso perse-
guir la belleza de la forma, es una gran necedad no consi-
derar una y la misma la belleza que hay en todos los cuer~
pos. Una vez que haya comprendido esto, debe hacerse
amante de todos los cuerpos bellos y calmar ese fuerte arre~
bbato por uno solo, desprecidndolo y considerdndolo insig-
nificante, A continuacién debe considerar mas valiosa la
belleza de las almas que la del cuerpo, de suerte que si
alguien es virtuoso de alma, aunque tenga un escaso es-
plendor, séale suficiente para amarle, cuidarle, engendrar
y buscar razonamientos tales que hagan mejores a los j6-
venes, para que sea obligado, una vez mas, a contemplar
Ia belleza que reside en las normas de conducta y en las,
leyes y a reconocer que todo Jo bello esté emparentado
consigo mismo, y considere de esta forma la belleza del
cuerpo como algo insignificante. Después de las normas
de conducta debe conducirle a las ciencias, para que vea
también la belleza de éstas y, fijando ya su mirada en esa
«4 inmensa belleza, no sea, por servil dependencia, mediocre
y corto de espiritu, apegandose, como un esclavo, a la be-
leza de un solo ser, cual la de un muchacho, de un bom-
bre o de una norma de conducta, sino que, vuelto hacia
ese mar de lo bello "* y contempléndolo, engendre muchos
bellos y magnificos discursos y pensamientos en ilimitado
amor por Ia sabiduria, hasta que fortalecido entonces y
"Oe a metifora reaparece en autores tardies como Dioniso el Areo
‘agita y Gregorio Nacianceno, quien le emplea en relaién con la een
Infinia de Dios (ef. P. CoLactnés, «Variations sur une metaphore de
Platon», C. and M, 27 (1966), 16°,
BANQUETE 263
crecido descubra una tinica ciencia cual es la ciencia de «
una belleza como la siguiente. Intenta ahora —dijo— pres-
tarme la maxima atencién posible. En efecto "”, quien hasta
‘aqui haya sido instruido en las cosas del amor, tras haber
contemplado las cosas bellas en ordenada y correcta suce-
sién, descubriré de repente, legando ya al término de
su iniciacin amorosa, algo maravillosamente bello por ni
turaleza, a saber, aquello mismo, Sécrates, por lo que
precisamente se hicieron todos los esfuerzos anteriores,
‘que, en primer lugar, existe siempre y ni nace ni perece, 2118
ni crece ni decrece; en segundo lugar, no es bello en un
aspecto y feo en otro, ni unas veces bello y otras no, ni
bello respecto a una cosa y feo respecto a otra, ni aqui
bello y alli feo, como si fuera para unos bello y para otros,
feo. Ni tampoco se le apareverd esta belleza bajo la forma
de un rostro ni de unas manos ni de cualquier otra cosa
de las que participa un cuerpo, ni como un razonamiento,
ni como una ciencia, ni como existente en otra cosa, por
c’jemplo, en un ser vivo, en la tierra, en el cielo 0 en algiin,
otro, sino ta belleza en si, que es siempre consigo misma
‘especificamente tinica, mientras que todas las otras cosas »
bellas participan de ella de una manera tal que el naci-
"Desde agul hasta 211b, tenemos Ia descripcin de as caraterist
cas de la Blleza en si que consituyen un verdadero paradigma de 10,
‘que se denoraina una Ferma paténiza, con ls propiedades que éta debe
feunie para que s a considere un verdadero universal Sobre la doctina
lati dels formas en general, pueden consular los siguientes ea
bajos: J. A. Nuso, La dlaléeticaplaténlea, Su desarrollo en relacién
con a teorla de las formas, Caracas, 1962; R. E. ALLEY, Pat's Euthy-
_phron andthe Barly Theory of Forms, Londres, 1970; J. M.E. Monave-
Sk, «Revolting the Theory of Forms, en WERKMISTER (6), Facets
igs. 1-20; H. Tixos, «The lslaton and Conzction of the Forms in
Plato's Middle Dialogues, Apeiron X (1976), 2033264 iktooos
‘miento y muerte de éstas no le causa ni aumento ni dismi-
nnucién, ni le ocurre absolutamente nada, Por consiguiente,
cuando alguien asciende a partir de las cosas de este mun-
do mediante el recto amor de los jévenes y empieza a divi-
sar aquella belleza, puede decirse que toca casi el fin, Pues
ésta es justamente la manera correcta de acercarse a las
cosas del amor 0 de ser conducido por otro: empezando
por las cosas bellas de aqui y sirvigndose de ellas como
de peldanos ir ascendiendo continuamente, en base a aque-
lla belleza, de uno solo a dos y de dos a todos los cuerpos
bellos y de los cuerpos bellos a las bellas normas de
conducta, y de las normas de conducta a los bellos conc
mientos, y partiendo de éstos terminar en aquel conoci-
miento que es conocimiento no de otra cosa sino de aque-
lla belleza absoluta, para que conozea al fin lo que es la
belleza en si "*, En este periodo de la vida, querido Séera-
4 tes —dijo la extranjera de Mantinea—, mas que en ningin
‘otro, le merece la pena al hombre vivir: cuando contempla,
Ja belleza en si. Si alguna ver Hlegas a verla, te parecer’
que no es comparable ni con el oro ni con los vestidos
ni con los jévenes y adolescentes bellos, ante cuya presen=
cia ahora te quedas extasiado y estas dispuesto, tanto 1
como otros muchos, con tal de poder ver al amado y estar
sta descripcidn dela forma de Beleza se ha considerado similar
21a descipein que hace PaRssibes del Seren s fr. 28 B 8 (ef, Las
Mlésofos presoratico, vol. , rs. 1080-10, pes. 479-481), ¥ se ba
Densado en una infuencia de fa escuela eleata en una fase temiprana de
su desartolo sobee Paton. Para la eacia PlatSa-Parmenides a props
Sito de ete passe, vase P. Souwses, «Parmenides and the description
Of perfect beauty in Plato's Symposiums, AJPh 92 (1971), 62-70; R.
K. Seaacue, «S)mposum 2118, and Parmenides, fag. 6», CPh 66 (1971),
261; 0. Roos-Laws, «Platon, les Muss et le Resi, BAGH (1983),
265-276, esp. pig, 74
BANQUETE, 265
siempre con él, a no comer ni beber, si fuera posible, sino
Ginicamente a contemplarlo y estar en su compatiia. ;Qué
debemos imaginar, pues —dijo—, si le fuera posible a al-
guno ver la belleza en si, pura, limpia, sin mezcla y no
infectada de carnes humanas, ni de colores ni, en suma,
de otras muchas fruslerias mortales, y pudiera contemplar
Ja divina belleza en sf, especificamente Unica? ;Acaso eres,
—dijo— que es vana la vida de un hombre que mira en
sa direcci6n, que contempla esa belleza con lo que es ne-
cesario contemplarla y vive en su compania? ,O no crees
—dijo— que sélo entonces, cuando vea la belleza con lo
‘que €s visible, le serd posible engendrar, no ya imagenes,
de virtud, al no estar en contacto con una imagen, sino
Virtudes verdaderas, ya que esta en contacto con la ver~
dad? Y al que ha engendrado y criado una virtud verdade-
ra, gno crees que le es posible hacerse amigo de los doses,
y llegar a ser, si algin otro hombre puede serlo, inmortal
también 61?
Esto, Fedro, y demas amigos, dijo Diotima y yo quedé
convencido; y convencido intento también persuadir a los
demas de que para adquirir esta posesién dificilmente po-
dria uno tomar un colaborador de la naturaleza humana
mejor que Eros. Precisamente, por eso, yo afirmo que to-
do hombre debe honrar a Eros, y no s6lo yo mismo honro
las cosas del amor y las practico sobremanera, sino que
también las recomiendo a los demas y ahora y siempre clo-
sio el poder y la valentia de Eros, en la medida en que
soy capaz. Considera, pues, Fedro, este discurso, si quie-
res, como un encomio dicho en honor de Eros o, si prefie~
res, dale el nombre que te guste y como te guste.
‘Cuando Sécrates hubo dicho esto, me cont6 Aristode-
‘mo que los demés le elogiaron, pero que Arist6fanes inten-
16 decir algo, puesto que Sécrates al hablar le habia men-
>266 pikooos
cionado a propésito de su discurso ". Mas de pronto la
puerta del patio fue golpeada y se produjo un gran ruido
como de participantes en una fiesta, y se oyé el sonido
de una flautista. Entonces Agatén dijo
4 —Esclavos, id a ver y si es alguno de nuestros conoci-
dos, hacedle pasar; pero si no, decid que no estamos be-
biendo, sino que estamos durmiendo ya.
No mucho después se oy6 en el patio la vor de Alcibia-
des, fuertemente borracho, preguntando a grandes gritos
dénde estaba Agatén y pidiendo que le Hevaran junto a
4, Le condujeron entonces hasta ellos, asi como ala flau-
tista que le sostenia y a algunos otras de sus acompanan-
tes, pero él se detuvo en la puerta, coronado con una
etupida corona de hiedra y violetas y con muchas cintas
sobre la cabeza, y dijo:
Salud, caballeros. ;Acogéis como companero de be-
bida a un hombre que esta totalmente borracho, o debe-
‘mos marcharnos tan pronto como hayamos coronado a
Agatén, que es a lo que hemos venido? Ayer, en efecto,
dijo, no me fue posible venir, pero ahora vengo con estas
cintas sobre la cabeza, para de mi cabeza coronat la cabe-
za del hombre més sabio y mas bello, si se me permite
hablar asi. {Os burldis de mi porque estoy borracho?
213e Pues, aunque os ridis, yo sé bien que digo la verdad. Pero
decidme enseguida: jentro en los términos acordados, 0
no?, gbebertis conmigo, 0 no?
Todos lo aclamaron y lo invitaron a entrar y tomar
asiento. Entonces Agatén lo llamé y él entré conducido,
por sus acompanantes, y desatandose al mismo tiempo las,
cintas para coronar @ Agatén, al tenerlas delante de los
ojos, no vio a Sécrates y se sent6 junto a Agatén, en
Cr. supra, 108
BANQUETE, 267
medio de éste y Sécrates, que Ie hizo sitio en cuanto 10 »
vio. Una vez sentado, abraz6 a Agatén y lo corond,
—Esclavos —dijo entonces Agatén—, descalzad a Al-
cibiades, para que se acomode aqui como tercero,
—De acuerdo —dijo Aleibiades—, pero jquién es ese
tereer compafiero de bebida que esta aqui con nosotros?
Y, a la vez que se volvia, vio a Sécrates, y al verlo
se sobresalt6 y dijo:
Heracles! {Qués es esto? {Sécrates aqui? Te has aco-
‘modado aqui acechindome de nuevo, segiin tu costumbre
de aparecer de repente donde yo menos pensaba que ibas,
aestar. ZA qué has venido ahora? ;Por qué te has coloca-
do precisamente agui? Pues no ests junto a Aristofanes
ni junto a ningun otro que sea divertido y quiera serio,
sino que te las has arreglado para ponerte al lado det més
bello de Ios que estin aqui dentro.
—Agatén —dijo entonces Sécrates—, mira a ver si me
vas a defender, pues mi pasion por este hombre se me ha
convertido en un asunto de no poca importancia. En efec-
to, desde aquella vez en que me enamoré de él, ya no me a
‘es posible ni echar una mirada ni conversar siquiera con,
tun solo hombre bello sin que éste, teniendo celos y envidia,
cde mi, haga cosas raras, me increpe y contenga las manos
fa duras penas. Mira, pues, no sea que haga algo también
ahora; reconeilianos 0, si intenta hacer algo violento, pro-
tégeme, pues yo tengo mucho miedo de su locura y de st.
pasién por el amante.
En absoluto —dijo Alcibiades—, no hay reconcilia-
cién entre tii y yo. Pero ya me vengaré de ti por esto en,
‘otra ocasién. Ahora, Agatin —dijo—, dame algunas de
‘esas cintas para coronar también ésta su admirable cabeza
y para que no me reproche que te coroné a ti y que, en268 biALooos,
cambio, a él, que vence a todo el mundo en discursos,
‘no s6lo anteayer como ti, sino siempre, no le coroné
Al mismo tiempo cogié algunas cintas, coroné a Sécra-
tes y se acomodé. Y cuando se hubo reclinado dijo:
—Rien, caballeros. En verdad me parece que estdis so-
brios y esto no se 0s puede permitir, sino que hay que
beber, pues asi lo hemos acordado. Por consiguiente, me
elijo a mi mismo como presidente de la bebida, hasta que
vosotros bebdis lo suficiente. Que me traigan, pues, Aga-
t6n, una copa grande, si hay alguna. O més bien, no hace
ninguna falta. Trae, esclavo, aquella vasija de reftescar el
vino —dijo—, al ver que contenia mas de ocho cétilas
ae Una vez lena, se la bebié de un trago, primero, él y,
luego, ordené llenarla para Sécrates, a la vez que decia:
—Ante Séerates, seores, este truco no me sirve de na~
da, pues beberd cuanto se le pida y nunca se embriagard.
En cuanto hubo escanciado el esclavo, Séerates se puso
fa beber. Entonces, Eriximaco dij:
—iComo lo hacemos, Alcibiades? ;Asi, sin decir ni
» cantar nada ante la copa, sino que vamos a beber simple-
mente como los sedientos?
—Eriximaco —dijo Alcibiades—, excelente hijo del me-
jor y mas prudente padre, salud.
—También para ti, dijo Eriximaco, pero zqué vamos
a hacer?
—Lo que tit ordenes, pues hay que obedecerte
Porque un médico equivale a muchos otros hombres ",
% Media de liquidos de unos 27 a; en total, pues, un poco més
ae 21
"Palabras de Idomeneo a Néstor, dichas dst méico Macadn en
1m xL Sis
‘BANQUET 269
Manda, pues, 1o que quieras.
—Bscucha, entonces —dijo Eriximaco—. Antes de que
ti entraras habiamos decidido que cada uno debia pronun-
ciar por turno, de izquierda a derecha, un discurso sobre «
Eros lo més bello que pudiera y hacer su encomio. Todos
Jos demas hemos hablado ya. Pero puesto que tt no has
hhablado y ya has bebido, es justo que hables y, una vez
{que hayas hablado, ordenes a Sécrates lo que quieras, ¥
éste al de la derecha y asi los demés.
“—Dices bien, Eriximaco —dijo Alcibiades—, pero com-
parar el discurso de un hombre bebido con los discursos,
de hombres serenos no seria equitativo, Ademds, biena-
venturado amigo, :te convence Sécrates en algo de lo que
acaba de decir? {No sabes que es todo lo contrario de lo 4
‘que decfa? Efectivamente, si yo elogio en su presencia a
algiin otro, dios u hombre, que no sea él, no apartard de
‘mi sus manos.
=iNo hablarés mejor? —dijo Sécrates.
{Por Poseidon! —exclamé Alcibiades—, no digas na-
dda en contra, que yo no clogiaria a ningiin otro estando
tii presente. 5
‘Pues bien, hazlo asi —dijo Eriximaco—, si quieres.
Elogia a Sécrates.
{Qué dices? —dijo Aleibiades. {Te parece bien, Eri-
‘ximaco, que debo hacerlo? ;Debo atacar a este hombre «
y vengarme delante de todos vosotros?
Eh, ta! —dijo Sécrates-—, gqué tienes en la mente?
‘Blogiarme para ponerme en ridiculo?, ;0 qué vas a hacer?
—Diré la verdad. Mira si me lo permites.
—Por supuesto —dijo Sécrates—, traténdose de la ver-
dad, te permito y te invito a decirla ;
La dire inmediatamente —dijo Aleibiades—. Pero ti
haz lo siguiente: si digo algo que no es verdad, interrimpe-270 ikLosos
ime, si quieres, y di que estoy mintiendo, pues no falsearé
21se nada, al menos voluntariamente. Mas no te asombres si
ccuento mis recuerdos de manera confusa, ya que no es na-
da fécil para un hombre en este estado enumerar con fact-
lidad y en orden tus rarezas.
A Socrates, sehores, yo intentaré elogiaslo de la siguiente
manera: por medio de imagenes "*. Quizas él creer que
es para provocar Ia risa, pero la imagen tendra por objeto
la verdad, no la burla. Pues en mi opinién es lo més pare-
ido a esos silenos " existentes en los talleres de escultu-
ra, que fabrican los artesanos con siringas o flautas en la
mano y que, cuando se abren en dos mitades, aparecen
con estatuas de dioses en su interior. Y afirmo, ademés,
{que se parece al sétiro Marsias "'. Asi, pues, que eres se-
"= La eiempliflacion por medio de comparacones 0 imagenes est
ca del humor griego (ef. AnsTOFANs, Ay. SI-AOS: Avsp. 1308-1313),
Yen Pltsn se relasiona con Ia docrina de In imitaciSn (., también,
‘Men. 80a). Para el tema, véase A. Dis, Autour de Paton, Pats, 1927,
ig. 594, y W. J. Veapexs, «Plato's Doctrine of Artistic Imitation»,
en ViAsTOs (ed. Plato, pgs. 289-273, esp. pe. 269.
"°° También JeNorowre, Bang. IV 19, compara a Sécrats com sl
‘os. Sileno es, unas veces, pare de Ios sitios (como en ET Cieope de
Euripides y, otras, una categoria mas de sttos. Siitosy slenor pene
fnecen al séguito de Dioiss los primeros son deiades pelopondscas y
Jos segundos jéniess. Por influencia del drama stico leparon & se
prictiamente idémticas. Es posible que los artistas de In. Atenas dels
Va C. adornasen sus talleres con arandes cajas en forma de silenos
fen las que guardaban sus mas bella estatuss, aunque no tenemos otras
Feferencias 8 esta costumbve
"8 Hetoporo, VI 26 3, lama a Marsa llno,y a denominacin
aqui de sitio se debe a lo que hemos dicho en la nota anterior. Mesias
una figura legendaria que quiso competr en misi con Apolo y foe
desllado por ése. El mito de Marsias (que Herédota cuenta en el pase
arriba mencionaéo) parece eeflejar el antagonismo ente la ctara,arso-
BANQUETE mn
mejante a éstos, al menos en la forma, Sécrates, ni ti mis-
mo podrés discutirlo, pero que también te pareces en lo
‘demas, esctichalo a continuacién. Eres un lujurioso 1
20 no? Si no estés de acuerdo, presentaré testigos. Pero,
{que no eres flautista? Por supuesto, y mucho mas ex-
traordinario que Marsias. Este, en efecto, encantaba a los,
hombres mediante instrumentos con el poder de su boca
y ain hoy encanta al que interprete con la flauta sus melo-
‘dias —pues las que interpretaba Olimpo "* digo que son
de Marsias, su maestro—~. En todo caso, sus melodias, ya
las interprete un buen flautista o una flautista mediocre,
son las tinicas que hacen que uno quede poseso y revelan,
por ser divinas, quignes necesitén de los dioses y de los
ritos de iniciacion. Mas ti te diferencias de él solo en que
sin instrumentos, con tus meras palabras, haces lo mismo,
De hecho, cuando nosotros oimos a algin otro, aunque
sea muy buen orador, pronunciar otros discursos, a ningu-
‘no nos importa, por asi decir, nada. Pero cuando se te
oye a ti 0 @ otro pronunciando tus palabras, aunque sea
muy torpe el que las pronuncie, ya se trate de mujer,
hombre © joven quien las escucha, quedamos pasmados
critica, representa por Apolo, yl Nauta, popular, de procedencia asi
‘ia, repeventada por Marsas, El miico certamen entre Apolo y Maras
aparece en las pnturas de lot sos gvegos desde el 435 a. C.
"8 Hemostraducdo at el eino giego Aybrsés para guardar It
relacin que Aebiads etablece ag entre Sdorates ls sitios -ilenos,
‘aya hybris ms frecuente era, como se sabe, el aslo sexual. Apicado
1 Sdcrates es irénco, ya que, como se demostaré luego, la Aybris de
Socrates era distinta (cf, M, GAoaRO, wSocearss’s Aybris and Alciba
ee fires, Phoenix 31 (1977, 2237)
"Al igual que Maria, tampoco Ofimpo es una fgurahistéica (en
Leyes 671d yen Hn $3 aparece ete persoajes miios) En époc lish
‘oe tocabaa, en dterminadas fiestas, ciertascomposiciones muy an
suas que pasaban por ser suyasm pikLocos
y posesos. Yo, al menos, seflores, si no fuera porque iba
a parecer que estoy totalmente borracho, os diria bajo ju-
ramento qué impresiones me han causado personaimente
sus palabras y todavia ahora me causan, Efectivamente,
‘cuando Ie escucho, mi corazén palpita mucho mas que el,
de los poseidos por la misica de los coribantes "”, as lé-
‘rimas se me caen por culpa de sus palabras y veo que
también a otros muchos les ocurre fo mismo. En cambio, al
it a Pericles "* y a otros buenos oradores, si bien pensaba
‘que hablaban efocuentemente, no me ocurria, sin embar~
0, nada semejante, ni se alborotaba mi alma, ni se irrita-
‘ba en la idea de que vivia como esclavo, mientras que por
culpa de este Marsias, aqui presente, muchas veces me he
encontrado, precisamente, en un estado tal que me parecta
que no valia la pena vivir en las condiciones en que estoy.
¥ esto, Sécrates, no dirs que no es verdad. Incluso toda-
via ahora soy plenamente consciente de que si quisiera pres-
tarle odo no resistiria, sino que me pasaria lo mismo,
pues me obliga a reconocer que, a pesar de estar falto,
de muchas cosas, alin me descuido de mi mismo y me
ccupo de los asuntos de los atenienses. A la fuerza,
" Los corbantes eran un grupo mito de sacerdotes asocisdo al
‘ato dela diosa frigia Cibees. El rasgo mis llamativo de su culto era
1a misia de tambor y auta ejecutada con acompanamieno de danzas
‘om la que s¢ eniraba en un estado de tance misc, de propiedades
curativas, en el que se crea ofr diretamente Ia vor de Ia diosa (€f. E.
1. DooDs, Los griegos y fo iracionl, Madrid, 1980, pigs. 8388). Aei-
biades sugiee que el tambien eree escuchar uns vor divin cuando ove
hablar a Socrates,
Fn ta comedia Demos de Eupolis,esrita unos 17 ats después
dela muerte de Pericles, se hablaba de Ia incvestionable soperioridad
en In oratoria de ete sran esadita aleiense (ef, fr 98K). Para It
relacin de algunas expresoneswsadas aqui por Alcibiades con este fag
mento, f. Vicaine, Paton... pigs. 15S
BANQUETE, m3
pues, me tapo los oidos y salgo huyendo de él como de
las sirenas ™, para no envejecer sentado aqui a su lado.
Sélo ante él de entre todos los hombres he sentido lo que
no se creeria que hay en mi: el avergonzarme ante alguien,
Yo me avergilenzo tnicamente ante él, pues sé perfecta-
mente que, si bien no puedo negarle que no se debe hacer
lo que ordena, sin embargo, cuando me aparto de su lado,
‘me dejo vencer por el honor que me dispensa la multitud,
Por consiguiente, me escapo de él y huyo, y cada vez que
le veo me avergiienzo de lo que he reconocido. Y muchas «
veces veria con agrado que ya no viviera entre los hom-
bres, pero si esto sucediera, bien sé que me dolerfa mucho,
més, de modo que no sé cémo tratar con este hombre.
Tal es, pues, lo que yo y otros muchos hemos experi-
mentado por las melodias de flauta de este sitiro. Pero
odme todavia cuén semejante es en otros aspectos a aque-
los con quienes le comparé y qué extraordinario poder tie-
ne, pues tened por cierto que ninguno de vosotros le conoce.
Pero yo os lo describiré, puesto que he empezado. Veis,
fn efecto, que Socrates est en disposicién amorosa con
los jévenes bellos, que siempre estd en torno suyo y se
queda extasiado, y que, por otra parte, ignora todo y nada
sabe, al menos por su apariencia. {No es esto propio de
sileno? Totalmente, pues de ello esté revestido por fuera,
como un sileno esculpido, mas por dentro, una vez abierto,
ade cudintas templanzas, companeros de bebida, creéis que
std leno? Sabed que no le importa nada si alguien es be-
Ilo, sino que lo desprecia como ninguno podria imaginar,
ni sies rico, ni si tiene algun otro privilegio de los celebra- e
dos por la multitud. Por el contrario, considera que todas,
Las personas que olan la misica de
cllas y morian (ef. Homsno, Od. XII 37
Sienas permaneian con
¥ 154-20)
now‘que eran tan divinas y doradas, tan extremadamente bellas, que debia saber definitivamente cual era la situacién. Le
y admirables, que tenia que hacer sin mas lo que Sécrates invito, pues, a cenar conmigo, simplemente como un amante
aime mandara. Y creyendo que estaba seriamente interesado por que tiende una trampa a su amado. Ni siquiera esto me
‘mj belleza pensé que era un encuentro feliz y que mi buena lo acepté al punto, pero de todos modos con el tiempo
suerte era extraordinaria, en la idea de que me era posible, se dejé persuadir. Cuando vino por primera vez, nada mas
si complacia a Séerates, oir todo cuanto él sabia, ;Cudn ccenar queria marcharse y yo, por vergilenza, le dejé ir en
tremendamente orgulloso, en efecto, estaba yo de mi belle- cesta ocasin. Pero volvi a tenderle la misma trampa y, des-
za! Reflexionando, pues, sobre esto, aunque hasta enton- pués de cenar, mantuve la conversacién hasta entrada la
es no solia estar solo con él sin acompanante, en esta oca- noche, y cuando quiso marcharse, alegando que era tarde,
sidn, sin embargo, lo despedi y me quedé solo en su com- le forcé a quedarse. Se echo, pues, a descansar en el Iecho
palia. Preciso es ante vosotros decir toda la verdad"; ccontiguo al mio, en el que precisamente habia cenado, y
asi, pues, prestad atencidn y, si miento, Sécrates, refita- ningtin otro dormia en la habitacidn salvo nosotros. Hasta
me. Me quedé, en efecto, sefiores, a solas con al y crei esta parte de mi relato, en efecto, Ia cosa podria estar bien
que al punto iba a decirme las cosas que en la soledad, Y contarse ante cualquiera, pero lo que sigue no me lo iriais,
lun amante diria a su amado; y estaba contento. Pero no decir si, en primer lugar, segin el dicho, el vino, sin niftos,
sucedié absolutamente nada de esto, sino que tras dialogar a
conmigo como solia y pasar el dia en mi compafia, se fue
y me dejé, A continuacién le invité a hacer gimnasia con-
‘igo, y hacia gimnasia con él en la idea de que asi iba
«a conseguir algo "*. Hizo gimnasia, en efecto, y luché con-
y con ninos "™, no fuera veraz y, en segundo lugar, por-
‘que me parece injusto no manifestar una muy brillante ac-
cién de Sécrates, cuando uno se ha embarcado a hacer
su elogio. Ademds, también a mi me sucede lo que le pasa
‘8 quien ha sufrido una mordedura de vibora, pues dicen,
La ironia consttuye no de los easgos mds dominants de Ia per
sonalidad de Sécrats, y este pasaje en Boca de Alabiades es uno de
os mis isrativos al fespect (et, también, 2184), Sobre tem, vase
Lasoanentt, Le diiogue.., pags, 23-42,
PE Se ha pensado que esta exposcién detallada de Ia relaciin
Alcibiades Sdcrates, dela que tant te hablaba, ex para exeuiar a Soca
les Gt. Tovar, Vide de Séerate... pits. 97:98 y 289-29),
"EL glmnaio y la pasta ofrecian muchas oportundades de ver
esnudos a os jvenesy funcionaban com centros sociale en 18 Que
tsa posbleestablecer sin comact (cf. PLATO, Cirm. 184a-<; Buti
Fide; Lis, 2062), Sobre ete aspesto, ease J. Orman, «Gymnasium,
fen RE, XVI (1912), cols. 2003-202, y Dover, Greek Homosexual...
lg. 54, 30
' Esisian, al parecer, dos formas de este proverio:ofnos kal al
‘hea esino y vetdads y olnos kai poes oléthets wel vino y los nitos
dicen a verdad». En las plabras de Aebiades May una mezcia de ambas
formas.
274 piALooos, BANQUETE, 215
estas posesiones no valen nada y que nosotros no somes, igo muchas veces sin que nadie estuviera presente, Y ;qué
hada, 0s lo aseguro. Pasa toda su vida ironizando ™ y ebo decir? Pues que no logré nada. Puesto que de esta
bromeando con la gente; mas cuando se pone serio y se ‘manera no alcanzaba en absoluto mi objetivo, me parecid
bre, no sé si alguno ha visto las imfgenes de su interior. que habia que atacar a este hombre por la fuerza y no
Yo, sin embargo, las he visto ya una vez y-me parecieron desistit, una vez que habia puesto manos a la obra, sino276 pikLogos
que el que ha experimentado esto alguna vez no quiere
decir cémo fue a nadie, excepto alos que han sido mordi-
dos también, en la idea de que s6lo ellos comprenderan
y perdonardn, si se atrevié a hacer y decir cualquier cosa
bajo los efectos del dolor. Yo, pues, mordido por algo
més doloroso y en la parte mas dolorosa de las que uno
podria ser mordido —pues es en el corazén, en el alma,
‘© como haya que llamarlo, donde he sido herido y mordi-
do por los discursos filosoficos, que se agarran mas cruel-
mente que una vibora cuando se apoderan de un alma jo-
ven no mal dotada por naturaleza y la obligan a hacer
y decir cualquier cosa— y viendo, por otra parte, a los
Fedros, Agatones, Eriximacos, Pausanias, Aristodemos y
‘Arist6fanes —gy qué necesidad hay de mencionar al pro-
pio Sécrates y a todos los demas?; pues todos habéis parti
cipado de la locura y frenesf del filésofo— ...por eso pre-
cisamente todos me vais a escuchar, ya que me perdonaréis,
por lo que entonces hice y por lo que ahora digo. En cam-
bio, los eriados y cualquier otro que sea profano y vulgar,
poned ante vuestras orejas puertas muy grandes '*.
ues bien, sefiores, cuando se hubo apagado Ia limpa.
ra y los esclavos estaban fuera, me parecié que no debia,
andarme por las ramas ante él, sino decirle libremente 10,
{que pensaba. Entonces le sacudi y le die:
Socrates, jestés durmiendo?
En absoluto —dijo él
—iSabes lo que he decidido?
Qué exactamente?, —dijo.
Creo —dije yo— que ti eres el tinico digno de con-
vertirse en mi amante y me parece que vacilas en mencio-
‘OF Referencia un verso éfico que proclamaba Isley del silencio
obligatorio a tos profanos 0 no insiads (ef. G. Hemsans, Orphice,
Leinig, 1805 (reimp, Hldesheim, 1970, pig. 44).
BANQUETE 27
narmelo. Yo, en cambio, pienso lo siguiente: considero que
es insensato no complacerte en esto como en cualquier otra,
cosa que necesites de mi patrimonio o de mis amigos. Para
mi, en efecto, nada es mas importante que el que yo legue
1 ser lo mejor posible y creo que en esto ninguno puede
serme colaborador mis eficaz que ti. En consecuencia, yo
‘me avergonzaria mucho mas ante los sensatos por no com=
placer a un hombre tal, que ante la multitud de insensatos
por haberlo hecho.
Cuando Sécrates oy6 esto, muy irénicamente, segin su
estilo tan caracteristico y usual, dijo
—Querido Alcibiades, parece que realmente no eres un
tonto, si efectivamente es verdad lo que dices de mi y hay
en mi un poder por el cual tu podrias legar a ser mejor.
En tal caso, debes estar viendo en mi, supongo, una belle-
2a irresistible y muy diferente a tu buen aspecto fisico. Aho-
1a bien, si intentas, al verla, compartirla conmigo y cam-
biar belleza por belleza, no en poco piensas aventajarme,
pues pretendes adquirir lo que es verdaderamente bello a
cambio de lo que lo es s6lo en apariencia, y de hecho te
propones intercambiar «oro por bronce» '*, Pero, mi feliz
amigo, examinalo mejor, no sea que te pase desapercibido 21%
‘que no soy nada. La vista del entendimiento, ten por cier-
to, empieza a ver agudamente cuando [a de los ojos co-
rienza "a perder su fuerza, y t0 todavia estas lejos de eso.
Y yo, al oirle, dije:
En lo que a mi se refiere, é0s son mis sentimientos
y no se ha dicho nada de distinta manera a como pienso.
"5 Alusion al conocido intercambio de armat de, VI 2326, donde
Glauco permuta sus armas de oro por las de bronce de Diomedes,
"para la eleccidn de drei en lugar de epioher, ef. H. RENE
eax, «Plato, Symposium 2194 2-ts, CR 19 (1969), 270.278 piktoo0s,
do ello asi, delibera td mismo lo que consideres mejor
para ti y para mi,
En esto, ciertamente, tienes razén —dijo—. En el fu-
turo, pues, deliberaremos y haremos lo que a los dos nos,
» parezea lo mejor en éstas y en las otras cosas.
Después de oir y decir esto y tras haber disparado, por
as{ decir, mis dardos, yo pensé, en efecto, que lo habia
herido. Me levanté, pues, sin dejarle decir ya nada, 10 en-
volvi con mi manto —pues era invierno—, me eché debajo
del viejo capote de ese viejo hombre, aqui presente, y
‘endo con mis brazos a este ser verdaderamente divino y
‘maravilloso estuve asi tendido toda la noche. En esto tam-
poco, Sécrates, dirés que miento. Pero, a pesar de hacer
yo todo eso, él salié completamente victorioso, me despre-
ci6, se burl6 de mi belleza y me afrentd; y es0 que en
‘este tema, al menos, creia yo que era algo, joh jueces!
pus jueces sois de la arrogancia de Sécrates—. Asi, pues,
sabed bien, por los dioses y por las diosas, que me levanté
4 después de haber dormido con Sécrates no de otra manera
que si me hubiera acostado con mi padre o mi hermano
mayor.
Después de esto, qué sentimientos ereéis que tenia yo,
pensando, por un lado, que habia sido despreciado, y ad-
mirando, por otto, la naturaleza de este hombre, su tem-
planza y su valentia, ya que en prudencia y firmeza habia
tropezado con un hombre tal como yo no hubiera pensado
que iba a encontrar jamés? De modo que ni tenia por qué
irritarme y privarme de su compania, ni encontraba la ma-
nera de cémo podria conquistérmelo. Pues sabia bien que
fen cuanto al dinero era por todos lados mucho més invul-
‘enerable que Ayante al hierro "”, mientras que con lo
"Bt ema dela invulerabildad de Ayante es posthomérico; no se
BANQUETE 279
‘co que pensaba que iba a ser conquistado se me habia es-
capado. Asi, pues, estaba desconcertado y deambulaba de
aca para alld esclavizado por este hombre como ninguno
lo habia sido por nadie. Todas estas cosas, en efecto, me
habjan sucedido antes; mas luego hicimos juntos la expedi-
cién contra Potidea '* y alli ramos compafteros de mesa.
Pues bien, en primer lugar, en las fatigas era superior no
s6lo a mi, sino también a todos los demas. Cada vez que
nos vefamos obligados a no comer por estar aislados en.
algin lugar, como suele ocurrir en campafla, los demés
‘no eran nada en cuanto a resistencia. En cambio, en las
comidas abundantes s6lo él era capaz de disfrutar, y espe- 2202
cialmente en beber, aunque no queria, cuando era obliga.
do a hacerlo vencia a todos; y lo que es més asombroso
de todo: ningun hombre ha visto jamés a Sécrates borra-
cho. De esto, en efecto, me parece que pronto tendréis,
la prueba. Por otra parte, en relacién con los rigores del
invierno —pues los inviernos allison terribles—, hizo siem-
pre cosas dignas de admiracién, pero especialmente en una
‘ocasi6n en que hubo la mas terrible helada y mientras to-
‘ebia nada sobrenatural, sino @ su enorme escudo ¥ a Ia ple de lebn
«que cubria su cuerpo (et. Povoato, fat. VI47 5. ySopoctss, Ay. 515-6,
'* Potides, en la peninsulacaledica, er colonia de Carin ¥ prt
rela a Ia coafederacién atenense, de la que se subleva en ol 32 a
C., consttuyend, por asf deci, el primer acto de la Guerra del Pelopo-
reso. Atenas enid all un ecto de unos 3.000 hopitas, ete fs que
se encontraba Sécrats, y se puso sitio a la cluded que duré hasta el
430 a, C., fecha de su capitulacién(f., sobre estos hechos, Tuco,
156465, y 1 70). En Pray, Cam, 1S}a-, vemos a Sderates al reres0
de esta campana (ef, sobre la misma, Tova, Vida de Sdorates.. pg
‘nas 103-105,
Sobre los aspecios asombrosos de erates, vase A. AxDRsS Roto,
‘Sobre el asombro en los diglogor platnicos», en Actar del Primer Sim
pos Nacional de Estudios Cldsicos, Mendora, 1972, pigs. 241256280 iALocos
+ dos, o no salian del interior de sus tiendas o, si salia algu-
no, iban vestidos con las prendas més raras, con los pies
calzados y envueltos con fieltro y pieles de cordero, él,
en cambio, en estas circunstancias, salié con el mismo man-
to que solia llevar siempre y marchaba descalzo sobre el
hielo con mds soltura que los demas calzados, y los sol-
dados le miraban de reojo creyendo que los desafiabs
Esto, ciertamente, fue ast;
‘pero qué hizo de nuevo y soporté el animoso varén “
alli, en cierta ocasién, durante la campana, es digno de
oirse. En efecto, habiéndose concentrado en algo, perma-
necié de pie en el mismo lugar desde la aurora mediténdo-
lo, y puesto que no le encontraba la solucién no desistia,
sino que continuaba de pie investigando. Era ya mediodi
y los hombres se habian percatado y, asombrados, se de-
unos @ otros:
—Socrates esta de pie desde el amanecer meditando algo.
Finalmente, cuando Ilegé la tarde, unos jonios, después
de cenar —y como era entonces verano—, sacaron fuera
«sus petates, y a la vez que dormian al fresco le observaban
por ver si también durante la noche seguia estando de pic.
Y estuvo de pie hasta que llegé la aurora y salié el sol
Luego, tras hacer su plegaria al sol '!, dejé el lugar y
"Verso tomade de la Odsea IV 242 y 271, dicho en une oostidn
(242) por Helena y en otra @Q71) por Menelao 8 propésto de Ulises.
"Las devocionese ideas tlisionas de Sdrates se partan de Ia relic
sin tradicional. Ea JeNorONT, Bang 8,1. 10 encontranos hacen
do a oracin al dios Bros. La adoracién que hace aqui del sl seen:
marca dentro de la prética popular, que testimonian Hesiooo, Trab
338 Ss, y ARISTOMANES, Put. 71, de hacer sactifcos y siplicas «le
Salida ¥ puesta del sol, Segin B. R. Doops, «Plato and the irtional
Souln, en Viasos (i), Plato... pgs. 206-29, sp. i. 224 yn, 70,
BANQUETE 281
se fue. Y ahora, si queréis, veamos su comportamiento en
las batallas, pues es justo concederle también este tributo.
Efectivamente, cuando tuvo lugar la batalla por la que los
‘generales me concedieron también a m{ el premio al valor,
ningiin otro hombre me salvé sino éste, que no queria aban
donarme herido y asi salv6 a la vez mis armas y a mi
mismo ", ¥ yo, Sécrates, también entonces pedia a los
‘generales que te concedieran a ti el premio, y esto ni me
lo reprocharis ni dirds que miento. Pero como los genera-
les reparasen en mi reputaciOn y quisieran darme el premio
a mi, ti mismo estuviste mas resuelto que ellos a que lo
recibiera yo y no ti. Todavia en otra ocasién, seftores,
valié a pena contemplar a Sécrates, cuando el ejército hua
de Delion "en retirada. Se daba la circunstancia de que 22ie
yo estaba como jinete y él con la armadura de hoplita.
persados ya nuestros hombres, él y Laques “se retiraban
juntos. Entonces yo me tropiezo casualmente con ellos y, en
cuanto Ios veo, les exhorto a tener dnimo, diciéndoles que
la eran novedad de In ceforma religioa proyectada por Patn esd en
cl eafasis que puso en el culo cuerpos celeste como el sol, 1a Tuna
4 las estrellas, cuyos antecedents, al menos para el sol, deben buscarse
fel pensamieno y prietcas ptagrias (ef. tambien, TovAR, Vida de
Séerates.n, pat. 145 y sis):
"2 ta batalla tuo lugar en la campana de Pot
en ol verano del 482 a. C.
"La batalla de Delién, comarca situada al SE. de Beoca, en el
424 a, Cy fe la ms sangrienta de la Guerra del Pelopones (ct. Tuci
pes. 1V 89-101). Unor ocho mil stenienses al mando de Hipécrates fue
ron derrtados yaispersados por los lebanos comandados por Pagondas
°° General ateiense ere el 427y 425 a. C.y ene A aC. fecha
‘en que mere en Ia balla de Mantinea. En el dilogo platnico que
leva sv nombre (181, Laques admiva el comportamieno de Séerates
en esta batalla afizma que si todos hubleran combatido como #! no
la ubieran perdido (of. Tova, Vide de Sécrares.. pigs. 103-08)
ea, justo antes de282 piktocos
no los abandonaria. En esta ocasién, precisamente, pude
contemplar a Sécrates mejor que en Potidea, pues por es-
tar a caballo yo tenia menos miedo, En primer lugar, jeudn-
to aventajaba a Laques en dominio de si mismo! En se-
gundo lugar, me parecia, Aristéfanes, por citar tu propia
expresion, que también alli como aqui marchaba «pevo-
nedndose y girando los ojos de lado a lado» "*, observan-
do tranquilamente a amigos y enemigos y haciendo ver @
todo el mundo, incluso desde muy lejos, que si alguno to-
aba a este hombre, se defenderia muy enérgicamente. Por
esto se retiraban seguros él y su compaftero, pues, por lo
general, a los que tienen tal disposicién en la guerra ni
« siquiera los tocan y slo persiguen a los que huyen en
desorden.
Es cierto que en otras muchas y admirables cosas po-
dria uno elogiar a Sécrates, Sin embargo, si bien a props-
sito de sus otras actividades tal vez podria decirse lo
‘mo de otra persona, el no ser semejante a ningtin hombre,
ni de los antiguos, ni de los actuales, en cambio, es digno
de total admiracién. Como fue Aquiles, en efecto, se po-
dria comparar a Brisidas “ y a otros, y, a su vez, como
Pericles a Néstor y a Antenor "7 —y hay también otros—;
y de la misma manera se podria comparar también a los
«dems. Pero como es este hombre, aqui presente, en origi-
‘Addeptacin del verso aristtinico de Nuber 362, Se trata dl i
0 psaje de Platn en el que se recoge una cita de Aristéfanes (ef. Vicat>
nt, Platon., a. 18)
"El més famoso general espartano en l primera pate de la Guerra
a1 Peloponeso,extraocdinaro por sv hablda, eerie y valor, que murs
combatiendo en Antipolis en et 422 a, C. (ef Tvetoibes, V 10, I),
"Néstor y Antenor son famosos héroes de lado ariegoy troyano,
respectivament,iustes por su sabidur, pridenciay elocuencia ef Hos
weno, I. 1 248 y Ill 148-51),
|
|
BANQUETE, 283
nalidad, tanto 61 personalmente como sus discursos, ni si-
‘quiera remotamente se encontrard alguno, por més que se
le busque, ni entre los de ahora, ni entre los antiguos,
‘menos tal vez que se le compare, a él y a sus discursos,
con los que he dicho: no con ningin hombre, sino con
los silenos sétiros,
Porque, efectivamente, y esto lo omiti al principio, tam-
bién sus discursos son muy semejantes a los silenos que
se abren, Pues si uno se decidiera a oir los discursos de
‘Séerates, al principio podrian parecer totalmente ridiculos. «
‘Tales son las palabras y expresiones con que estan revesti-
dos por fuera, la piel, por asi decir, de un sétiro insolente!
Habla, en efecto, de burros de carga, de herreros, de zapa-
teros y curtidores “*, y siempre parece decir lo mismo con
las mismas palabras, de suerte que todo hombre inexperto,
¥y estiipido se burlaria de sus discursos. Pero si uno los ze
ve cuando estén abiertos y penetra en ellos, encontrar,
en primer Iugar, que son los tinicos discursos que tienen,
sentido por dentro; en segundo lugar, que son los més di-
vinos, que tienen en si mismos el mayor nimero de image~
nes de virtud y que abarcan la mayor cantidad de temas,
‘© més bien, todo cuanto le conviene examinar al que pien-
sa llegar a ser noble y bueno “*.
Esto es, seflores, 1o que yo elogio en Sécrates, y mez-
lando a la vez lo que le reprocho os he referido las ofen:
"Un reproche parecido sobre este modo de expresion sorties 10
hace Calistes en Gorn, 490 ed.
“La belleza interior dela que aqui habla Alsibiadesy su comps
‘gn con Ios silenos dl principio de su diseurso reeverdan un poco el
Final el Fedro (2796-2), donde Plat pone en boca de Serates el Unico
cjemplo de oraign precisamente en honor de la bella interna, y se
Ts considera como modelo de oracén dl fi6sofo (ef. Jasasn, Pade.
plgina 58).284 piktooos.
sas que me hizo. Sin embargo, no las ha hecho s6lo a mi,
» sino también a Carmides, el hijo de Glaucén, a Butide-
mo "®, el hijo de Diocles, y a muchisimos otros, a quienes
41 engaiia entregandose como amante, mientras que luego.
resulta, mds bien, amado en lugar de amante. Lo cual tam-
bién a ti te digo, Agatén, para que no te dejes engafar
or este hombre, sino que, instruido por nuestra experien-
cia, tengas precaucién y no aprendas, segtin el refrin, co-
‘mo un nevio, por experiencia propia !*,
© Al decir esto Alcibiades, se produjo una risa general
por su franqueza, puesto que parecia estar enamorado to-
davia de Sécrates
—Me parece, Alcibiades —dijo entonces Séerates—, que
stds sereno, pues de otro modo no hubieras intentando
jamés, disfranzando tus intenciones tan ingeniosamente,
‘ocultar la razén por la que has dicho todo eso y lo has
colocado ostensiblemente como una consideracién acceso-
tia al final de tu discurso, como si no hubieras dicho todo
4 para enemistarnos a mi y a Agatén, al pensar que yo debo
amarte a ti y a ningin otro, y Agatén ser amado por ti
¥ por nadie més. Pero no me has pasado desapercibido,
sino que ese drama tuyo satirico y silénico esté perfecta-
"9 Carmides era un joven de extraordinacia bella, senn podemos
ver por el dialogo que lleva su nombre (ef. 1543-155), Eutidemo, que
no debe confundirse con et sfista al que e refer el didogo platnico
‘el mismo nombre, era también bello segn se dsprende de JeNOrENTE,,
Mem. 12,28 9 4, 2,1
"Bl tema de qu el necio aprende padciendo se encuentra forms
do ya en Howeno, JL XVIL 32, ¥en Hastooo, Trab. 238, y consiuye
Mego uno de los tpicos més constants en In eratra griega posterior
(eréov, Esquilo, Sifocls, es). Sobre la cues, vase la monotre
fia de H. Donnie, Leld und Brfahrune. Die Wort- und Sinn-Verbindung
‘athein-mathein im grechischen Denker, Wiesbaden, 1956,
BANQUETE 285
mente claro. Asi, pues, querido Agatén, que no gane nada
‘con ély arréglatelas para que nadie nos enemiste a mi y a ti.
—En efecto, Sécrates —dijo Agatén—, puede que ten-
gas raéén, Y sospecho también que se senté en medio de
ti y de mi para mantenernos aparte. Pero no conseguir
nada, pues yo Voy a sentarme junto a ti.
Muy bien —dijo Sécrates—, siéntate aqui, junto a mi
10h Zeus! —exclamé Alcibiades—, jcémo soy trata-
do una vez mds por este hombre! Cree que tiene que ser
superior a mi en todo. Pero, si no otra cosa, admirable
hombre, permite, al menos, que Agatén se eche en medio
de nosotros.
—Imposible —dijo Sécrates—, pues ti has hecho ya mi
elogio y es preciso que yo a mi vez clogie al que esta a
mi derecha. Por tanto, si Agatn se sienta a continuacién,
tuya, zno me clogiard de nuevo, en lugar de ser elogiado,
més bien, por mi? Déjalo, pues, divino amigo, y no tengas
celos del muchacho por ser elogiado por mi, ya que, por
lo demas, tengo muchos deseos de encomiarlo.
—iBravo, bravo! —dijo Agatén—. Ahora, Alcibiades,
no puedo de ningiin modo permanecer aqui, sino que a
la fuerza debo cambiar de sitio para ser elogiado por
Séerates.
Esto es justamente, dijo Alcibiades, lo que suele ocu-
rrir: siempre que Sécrates esta presente, a ningin otro le
es posible participar de la compania de los jévenes bellos..
ion qué facilidad ha encontrado ahora también una ra-
zn convincente para que éste se siente a su lado!
Entonces, Agatén se levanté para sentarse al lado de
Sécrates, cuando de repente se presenté ante la puerta una
gran cantidad de parrandistas y, encontrandola casualmen-
te abierta porque alguien acababa de salir, marcharon di-
rectamente hasta ellos y se acomodaron. Todo se llené de
nie286 prktooos
ruido y, ya sin ningtin orden, se vieron obligados a beber
uuna gran cantidad de vino. Entonces Eriximaco, Fedro y
algunos otros —dijo Aristodemo— se fueron y los deja-
ron, mientras que de 41 se apoderé el suefio y durmié
‘« mucho tiempo, al ser largas las noches, despertindose de
ia, cuando los gallos ya cantaban. Al abrir los ojos vio
que de los demés, unos seguian durmiendo y otros se ha-
Dian ido, mientras que Agat6n, Arist6fanes y Sécrates eran
los tinicos que todavia seguian despiertos y bebian de una
gran copa de izquierda a derecha. Sdcrates, naturalmente,
conversaba con ellos. Aristodemo dijo que no se acordaba
4 de la mayor parte de la conversacién, pues no habia asisti-
do desde el principio y estaba un poco adormilado, pero
ue lo esencial era —dijo— que Sécrates les obligaba a
econocer que era cosa del mismo hombre saber componer
comedia y tragedia, y que quien con arte es autor de trage~
dias lo es también de comedias '*, Obligados, en efecto,
a admitir esto y sin seguirle muy bien, daban cabezadas.
"9 Ena opiidn, aqui, de Sdcrates es muy dlstina a ln que de en
{in $3te-S34, n0 a sido desarcllada por Platén en ningin oro sito.
En el 416 a, C., 0 hubo en Ateoas un autor que esribiera 8 la vee
teageda y comediselo ocurre niamente en épacahelenistic, Por eta
raz se ha pensado que esta escena final del didlogo es extra y, en
sieta medida, incoherente. Es mérito, sobre todo, de G. KROGER e ha
ber estudado esta parte final del Banquete no como wn mero epoeo,
sino como parte esenial del dilogo (ef. su libro Einsicht und Leiden-
schaft,Francor., 1973, esp. pigs. 292308). F. Ropaicurz Apkapos
hha analiza este pasaje desde fa perspestiva de la maturaleza del teatro
Yen relacidn con el problems general dela pottica patna (of su act
lo «El Bongueteplasnico la teovis del teatro», Emerita 37 (1963),
1.28). Para otras opiniones sobre este pasje emitimos alos siguientes
trabajos: H. Bacon, «Socrates Crowned», VOR 35 (1959), 415430; L,
‘Sexzasono, «Un assert di Pltone (Simposio 234), . d. SF. 28 (1975),
S815; D. Cay, eThe tage. pigs. 238-261
BANQUETE. 287
Primero se durmié Aristofanes y, luego, cuando ya era
de dia, Agatén, Entonces Sécrates, tras haberlos dormido,
se levant6 y se fue. Aristodemo, como solia Ie siguié, Cuan-
do Sécrates llegé al Liceo ™®, se lav6, pasé el resto del
dia como de costumbre y, habiéndolo pasado asi, al atar-
decer se fue a casa a descansar.
7 Santuario de Apolo Liceo,stuado al E. de Atenas, donde habia
también un gimnasio que, en Eu, 271a, vemos como lugar favorito
de Socrates y que se ita tambien en oo dilogos (ef. Li. 2034; Eutid
27la), Hacienda sa vida usual después del banguete, Séerats demuestra
Su inmunidad fs efectos del alcohol a a que haba aludido Alcibiades,
fn 2208 (f. Bancr, «Peinture..n, pgs. 27 y sigs)
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