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Seco Rafael Manual de Gramatica Española

Libro orientado al estudio de la gramática de la lengua Española.
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RAFAEL SECO MANUAL GRAMATICA ESPANOLA Revisado y ampliado por MANUEL SECO SP x TOLLE, LEGE AGUILAR NOVENA EDICION, 1967 PRIMERA REIMPRESION, 1968 SEGUNDA REIMPRESION, 1969 TERCERA REIMPRESION, 1971 Depésito Lecat, M. 1291.—1971 © HEREDEROS DE RAFAEL SECO, 1953; MANUEL SECO, 1953. Aauitar, S, A. DE EDICIONES, Juan Bravo, 38, Madrid (Espafia), 1971. Printed in Spain, Impreso en Espafia por Selecciones Graficas, Avda, del Dr, Federico Rubio y Galf, 184, Madrid.—1971. INTRODUCCION INTRODUCCION EL LENGUAJE Y SU IMPORTANCIA El lenguaje es el gran instrumento de comunicacién de que dispone la Humanidad, intimamente ligado a la civili- zacién, hasta tal punto, que se ha llegado a discutir si fue el lenguaje el que nacié de la sociedad o fue la sociedad la que nacio del lenguaje. Todas las agrupaciones humanas de la tierra disponen de un sistema de signos—idioma—para la expresién del pensa- miento o del sentimiento, y, en cada una de ellas, cada hom- bre se ve precisado a usar ese sistema, no otro, para ser comprendido por los demas, de la misma manera. que tiene que emplear en sus negocios una determinada moneda que sea precisamente la corriente y admitida dentro de esa co- munidad. Y asi como una moneda circula porque todos los moradores del pais han convenido en darle un cierto valor, asi también una palabra o un uso lingiiistico cualquiera circula y tiene valor en un idioma por convenio de todos los hablantes del mismo. Pero este pacto solo se cumple en teoria, En la practica. no hay nadie que posea todas las palabras y todos los usos del idioma. No es solamente el campesino el que no com- prende bien lo que le dice el hombre culto, sino que este mismo @ su vez desconoce infinitas palabras de aquel, tan legitimas——Zpor qué no?—como las suyas propias. Lo que lamamos “nuestro idioma” no es nuestro nds que en parte, pues de él solo poseemos los escasos mules de palabras y los pocos centenares de construcciones que empleamos en nues- tra conversacion diaria, més los otros pocos miles de pala- -bras y construcciones que entendemos, sin usarlas nosotros, al oirlas o leerlas en la calle, en el periddico, en la radio o en el libro. Fuera de nuestro dominio, de nuestro alcance, xt INTRODUCCION queda todavia una amplia zona de la lengua, de extension muy variable segtin la inteligencia y la formacién de cada individuo. Dentro de esta desigualdad de caudal lingiiistico entre las personas, no cabe duda de que las ventajas estardn siem- pre de parte de aquellas en que ese caudal sea mayor. Todo el mundo sabe que el que consigue hacerse entender mejor, el que se expresa con mayor claridad y precision, es duefio de recursos poderosos para abrirse camino en el trato con sus semejantes. El arte de hablar es el arte de persuadir. Por otra parte, la importancia social del lenguaje se ex- terioriza, en la vida coditiana, por la diversa estimacién que hacemos de las personas partiendg del grado y cuantia de esa posesién del idioma y de la perfeccién de su uso. Todos hemos juzgado de manera automdtica a una persona cuando nos ha dicho andé, de seguida o jse siente usted! Un seftor rechazé a un profesor particular de Ciencias-para su hijo por- que le oyé decir ojepto. Juicios tales, sin duda, son suma- risimos, muchas veces injustos, pero siempre instintivos e in- evitables, pues es un hecho evidente que la educacién se re- fleja en el habla tanto como pueda hacerlo en cualquir otro aspecto de la personalidad. Pero no es el lenguaje tinicamente medio de comunica- cién, ni siquiera es este el servicio mds importante que nos presta. Las palabras no se limitan a ser vehiculo de las ideas, sino que sirven para configurarlas y estructurarlas, para deli- mitarlas, para darles, en resumen, su existencia como tales ideas. Los pensamientos y los estados de dnimo son siempre aigg vago e inconcreto, si no se traducen en palabras, si no se hablan mentalmente. La mayoria de lo que pensamos es intimo monéloge, y al pensar, mds que manejar ideas, ma- nejamos las etiquetas de esas ideas, que son las palabras. “En el lenguaje—dice Balmes—tiene el espiritu una especie de tabla de registro, adonde acude cuando necesita recordar, ordenar o aclarar sus ideas.’ Y Unamuno va mas alla, afir- mando que la lengua no es la envoltura del pensamiento, sino el pensamiento mismo: “No es que se piense con palabras..., INTRODUCCION XHE sino que se piensan palabras.” Asi puede comprenderse la paradoja tan conocida entre los lingiiistas: “No se explica la invencién del lenguaje sin lenguaje.” Tan patente resulta esta segunda—o primera—utilidad del lenguaje, que los psicélogos lo consideran en sus tests como uno de los indices mas seguros para determinar la capacidad y el desarrollo mental de un individuo. GPOR QUE NO ESTUDIAMOS EL LENGUAJE? Si el lenguaje, pues, sirve para relacionarnos con los de- mas humanos, y, sobre todo, si es el cauce de toda nuestra vida intelectual; si afecta tan radicalmente a dos aspectos tan fundamentales de nuestra existencia, ghabrd cosa mds légi- ca que el cuidarse de él y esmerarse en su estudio? Y, sin embargo, es minima la atencién’ que un hombre medio presta a su lengua, limitdndose a hacer de cuando en cuando una pregunta sobre la correccién de tal palabra o sobre el signi- ficado de ial otra. Este desinierés lo atribuye W. Porzig a dos causas. La primera es que “la lengua esté tan inmediatamente unida a la conciencia del individuo, que es muy dificil que este se coloque ante si mismo objetivamente para, en cierto modo, observarse desde fuera”. “De la misma manera que el hom- bre ingenuo califica de vacia una vasija lena de aire, porque este se encuentra naturalmente en todas partes, asi tampoco puede ver el lenguaje como un problema, puesto que es él la base natural de su propio pensar y, por tanto, del proble- matizar mismo.” La segunda causa que apunta Porzig es sencillamente el métode poco afortunado que para la ense- Ranza del lenguaje se sigue todavia en las escuelas, y cuyo unico resultado, en la mayoria de los casos, es ahuyentar de estas cuestiones a los alumnos para toda la vida. xiv ANTRODUCCION EL CONOCIMIENTO DEL LENGUAJE Todo el que habla un idioma posee de él un conoci- miento practico: conoce el idioma directamente. de oirlo usar y de usarlo él mismo. A lo largo de toda la vida va aumentando, con diverso ritmo, el caudal lingiiistico de cada persona. Este conocimiento préctico es de mayor 0 menor cuantia segtin el ambiente social y la cultura del individuo. Al lado del conocimiento practico esta el tedrico, que, baséndose en aquel. deduce las normas por las que se rige el lenguaje, Para poseer este conocimiento tedrico no hace falta haber estudiado Gramédtica, sino solamente tener uso de raz6n:. si por la experiencia sabemos que varios indivi- duos del género caballo se llaman caballos y que varios indi- viduos del género vaca se llaman vacas, sin necesidad de consultar una gramdtica seremos capaces de decir que los ‘plurales de ornitorrinco y halieto son ornitorrincos y halie- tos, aunque no conozcamos practicamente estus formas. La utilidad de este conocimiento teérico, que esté al al- cance de todos, es indudable; pero, como es légico, ird en proporcién directa con el conocimiento prdctico de cada uno. Asi, un hombre que ha leido mucho poseeré un notable conocimiento tedrico de la lengua, que aumentard su po- tencial lingiiistico; esta es la razén de que pueda haber excelentes escritores que no han estudiado Gramdtica en su vida, En cambio, una persona iletrada no tendrdé en su po- der sino unos pocos teoremas del lenguaje, que, por la cor- tedad de horizontes, aplicard unas veces bien y otras mal. De la existencia de traiga deduce la de haiga y vaiga; de la existencia de juego deduce la de juegar. Tanto el hombre culto come el inculto aplican el mismo principio de analo- gia; pero el uno lo hace con fundamento suficiente, y el otra, no, Cada uno de nosotros, pues, posee una teoria de la len- gua, sin nombres técnicos ni reglas formuladas, sin consti- tuir un sistema, la cual aplicamos a nuestra habla cuando es necesario. Sin embargo, esa gramdtica intima no nos sabe INTRODUCCION xv ayudar en muchos casos, y a veces incluso nos engata. Mu- chos de los usos que hoy tenemos por normales fueron en otro tiempo formas risticas, hijas de disparatadas analogias: el pretérito de andar es anduve, por semejanza con hube; su forma antigua era andide, calcada de estide (=“estu- ve”); pero la tinica forma correcta seria andé, precisamente la que hoy consideramos inadmisible. Constantemente surge lo imprevisto, la irregularidad, que no es, al fin yal cabo, mds que una regularidad distinta. Porque el lenguaje es, por naturaleza, un fendmeno complejo, y es necesario someterlo @ un estudio metédico muy atento, que no todos tiene opor- tunidad de evar a cabo, para llegar, con cierta aproxima- cién, @ tener una idea de su estructura, Este conocimiento sistemdtico—que se denomina cientifico—es precisamente el objeto de la ciencia que lamamos Gramdtica. EL ESTUDIO DE LA LENGUA En el aprendizaje de la lengua hay una primera etapa, en la que se obtiene exclusivamente conocimiento practico. Esta etapa corresponde a los primeros ajios de la vida, y en ella la adquisicion natural del lenguaje puede favorecerse artificialmente por medio de vocabularios, juegos y ejerci- cios adecuados. En la segunda, que no debe comenzar antes que el nifio tenga suficientemente desarrollada la capacidad de abstraccién, se une al aprendizaje prdctico el tedrico, y es el momento en que entramos en contacto con la Gramda- tica. Para que el estudio de esta tenga alguna eficacia es indispensable que esté combinado con la adquisicién prac- tica de la lengua, y no solamente en intima colaboracién con ella, sino toméndola como punto de partida. Sin la conexién directa con la realidad del habla, el estudio de la Gramidtica espaiiola seguird siendo tan mortecino y ciego para el alum- no como ha sido hasta hoy, y como lo es también, en la ma- yoria de los casos—-que no debiera—, el estudio del latin. Pero la ensefianza del lenguaje, tal como se ha Wevado a cabo hasta ahora en et Bachillerato, se ha limitado a una Gramatica de definiciones y clasificaciones, sin vida y sin XVE INTRODUCCION interés. Por otra parte, todo estudio del lenguaje cesaba al egar al cuarto curso, como si este hecho tan profundamen- te humano no pudiese interesar al hombre més que en la primera edad, cuando ain no esté en condiciones de darse cuenta de toda su trascendencia. LA GRAMATICA ES PARA TODOS Y es que se suele considerar la Gramdtica como una cosa de ninos, al igual que el catecismo, las lecciones de co- sas y las cuatro reglas, La Gramdtica viene a ser la conti- nuacién inmediata de la cartilla y del Caton moderno, + hasta habré quien se sonria de que en la Universidad exista una cdtedra de Lengua espafiola, Podrdé parecer que esta ac- titud es propia de la gente inculta; pero lo cierto es que, prescindiendo de las obras de pura investigacion, accesibles solo a los especialistas, y de las dedicadas a la ensefianza primaria y media—esto es, para lectores de siete @ trece aiios—, se pueden contar con los dedos los libros que tratan de esta materia. Es decir, que, haciéndose eco del desinterés general hacia ella, los gramdticos apenas se han atrevido a escribir libros que, abandonando el tono preceptivo y la definicién “de memorieta”, por un lado, y la cite erudita, la polémica y la enmarafada casuistica, por otro, hablen a la inteligencia con sencillez, con naturalidad, discurriendo al ‘lado del lector, come amigo con amigo y no como démine con parvulo. CARACTERISTICAS DE LA PRESENTE OBRA Tal fue el intento del autor (1) de este MANUAL DE GRaA- mATICA EspANOLA, cuya primera edicién aparecié en 1930 en dos tomitos, formando parte de una coleccién de divul- gacién. En él se procuraba satisfacer el interés del hombre de cultura media, y también del hombre culto no especialis- ta, respecto a@ la estructura de nuestro idioma, describién- (2), RaragL Seco SAncHez nacié y murié en Madrid (1895-1933), Ade- mas del Manual De GramAtica Espafiota, publicé, con 1a colaboracién de A. LacaLle, otra Gramdtica, con ejercicios practicos, destinada a ia Ensefianza INTRODUCCION “xv dosela en forma breve y racional, sin imponerle leyes ni ter- minologias y discusiones complicadas. Por ello la caracte- ristica del libro es algo que no han sabido imitar ciertos gramdticos de ultima fila, desahogados pescadores en aguas ajenas: la claridad. Esa ‘transparencia, esa racionalidad, que son sus princi- pales virtudes, no he querido que las perdiese el libro en esta nueva edicién, y por ello, a pesar del tiempo transcu- rrido, las innovaciones que se han introducido ahora son discretas, de manera que no queda alterado en absoluio el plan primitivo ni, en lo esencial, ninguna de las partes. Se . han subsanado errores tipogrdaficos, se han eliminado lige- ras contradicciones, se ha reforzado en lo posible la claridad de la exposicién (1), se ha subrayado la cohesion de la obra por medio de numerosas referencias dentro del texto; se ha afadido, para facilitar la consulta, un indice alfabético de materias, y, sobre todo, se ha ampliado él texto con notas que, respetando siempre el criterio bdsico del autor, apor- tan unas veces el punto de vista de las investigaciones re- cientes (2), explican otras con mayor detalle la doctrina ya expuesta, y otras veces, por ultimo, retocan y puntualizan cuestiones no bien precisadas en el texto. Esas notas van, algunas, en pie de pagina, y, la mayoria, intercaladas en letra pequena en el cuerpo de la obra. Media {3 ediciones, 1931-1933; reeditada Ivego dos veces m&s por Lacalle), y algunos estudios-prélogos para ediciones de clésicos. A su mwuerte preparaba varios trabajos de Sintaxis y Estilistica, Era profesor en ta Facultad de Filosofia ¥ Letras de la Universidad Central. . @) Han sido refundidos el cuadro de los adverbios y los- pétrafos que se refieren a los pronombres demostrativos, relativos, indefinidos y numerales, coraciones impersonales pasivas y oraciones de causalidad, asi como todo lo relativo al “modo” potencial. Modificaciones de menor importancia se han introducido en los cuadros de los sustantivos, pronombres personales, pronom- bres posesivos y tiempos verbales, y en los parrafos de la interjeccién, el vo- cativo, los casos en el pronombre, etc. También han sido suprimidos los pro- nombres sujetos en los paradignas de conjugacién. Los restantes cambios son de importancia minima: supresién de alguna frase, sustitucién de alguna pa- Jabra, etc, Esta ha sido mi tnica intervenci6n en el texto, aparte de las notas. 2) Las obras generales. més tenidas en cuenta con este fin han sido la Gramética castellana de AMADO ALONSO y Pepro Henriquez Urea (2 tomos, 8.* ed., Buenos Aires, 1947); el Curso superior de Sintaxis espafiola, de SAMUEL Gut Gaya (4." ed., Barcelona, 1954), y el tinico tomo aparecido hasta ahora de la Gramética espaiiola, de Sa.vapor Fernknpez (Madrid, 1951). Otros traba- jos consultados se citan en ef lugar correspondiente del texto. XVIIL . INTRODUCCION El objetivo principal de esta revisién y estas notas ha sido, pues, ensanchar en algunos aspectos la informacién del lector, introduciende las opiniones de la Gramética actual siempre que la estructura y la unidad del libro lo permitian. Gon esta limitacién no ha sido siempre posible incorporar algunas de las innovaciones que hoy dan una nueva fisono- mia a la ciencia del lenguaje. Pero obrar de manera dis- tinta a como he hecho hubiera significado escribir un libro nuevo, y no ha sido ese en ningun momento mi proposito, ni, por otra parte, hacia falta cuando el libro sigue conser- vando su actualidad. Quisiera haber acertado en tan delicada tarea, respon- diendo asi dignamente a la inestimable ayuda y consejo ge- neroso de los catedrdticos don Damaso Alonso, don Salva- dor Ferndéndez Ramirez, don Rafael Lapesa y don Samuel Gili Gaya. A todos quiero darles aqui mis sinceras gracias. ManueL Seco. Madrid, 1954. NOTA A LA CUARTA EDICION En la tercera edicién de este libro—1958—agregué un apéndice de Fonética y Ortografia, en que recogia lo mds sustancial de las dos disciplinas, procurando no apartarme de los objetivos de claridad, racionalidad y brevedad que dieron cardcter a esta obra. Ahora, en esta nueva salida, aftado un capitulo para exponer metédicamente las Nuevas normas de Prosodia y Ortografia establecidas de manera pre- ceptiva por la Real Academia Espafola en 1959. Con ello y con al- gunos leves retoques en el texto del apéndice, quedan estas materias puestas rigurosemente al dia, dentro, claro estd, de los limites refe- ridos. Madrid, 1960. Quiero agradecer aqui las resefias que sobre las ediciones ante- riores—1954 @ 1963—han publicado B. Moreno Quintana (Arbor), A. Porqueras Mayo (Ateneo y Romanistisches Jahrbuch), A. Car- BALLO Picazo (Cuadernos Hispanoamericanos), J. Arce (Quaderni Tbero-Americani), J. Montero Pavitta (Arbor), J. W. ScHWEITZER (Hispania), E, Lorenzo (Filologia Moderna) y fa revista Insula, fNDICE GENERAL {NDICE GENERAL INTRODUCCION «2.00.00... ee ce ee ce ee ... Pag. PRELIMINARES . Gramética, pag. oraci 5 cién, 6.—Partes ae la Gramética, 8. MORFOLOGIA EL NOMBRE © SUSTANTIVO ... 00.0... ce. cee cee cee cee cee cee Definicién y clasificacién, pdg. 11. Nombres concretos y abs- tractos, 11.—Nombres comunes y propios, 13.—Nombres indi- viduales y nombres colectivos, 14.—Accidentes gramaticales, 15. Género de los nombres, 15.—Género de los nombres de perso- nas y animales, 16.—Género de los nombres de cosas, 18.—Nu- mero de los nombres, 20. EL ADJETIVO ... 0.0... we ee Definicién, pdg. 23—Clasificecién de los adietivos, 24,—-Adjeti- vos calificativos, 24.—Adjetivos__determinativos, _26.—Adjetivos atributivos y_predicativos, 28.—Concordancia de nombre y ad- jetivo, 28.—Forma genérica de los adjetivos, 28.—Forma nu- mérica de los adjetivos, 29.—Apécope de los adjetivos, 29. Gradacién de los adjetivos, 30.—Adjetivos sustantivados, 33. Aposicién, 35, Definicién, pdg. 37.—Clasificacién, 39.—Pronombres _ personales, 39.—Pronombres posesivos, 42.—Pronombres demostrativos, 44.— Pronombres relativos, 45.—Concordancia de los pronombres re- lativos, 46.-Pronombres interrogativos, 47.—Pronombres indefi- nidos, 47.—Pronombres numerales, 48. Ev arTicuce ... Definicién, pdg 50.—Forma del articulo, 52.—Concordancia del articulo, $2.—Matices del artfculo definido. 52.—Uso de} articu- lo, $3. EL VERBO .. Definicién, pag. 54. Clases ‘de verbos, 55.—Verbos auxiliares, ‘38 Formas simples y formas compuestas. 58.—-Accidentes del verbo, 58.—Radicat_ y ‘desinencias, 59.—Conjugacién, 59.—Personas y némeros, 59.—Modos, 60.—Formas verbales auxiliares, 61.—- 23 37 50 54 XXIT INDICE GENERAL Tiempos verbales, 62.—Tiempos de! modo indicativo y su_sig- nificacién, 64.—Los tiempos del modo subjuntivo, 70.—El modo imperativo, 73.—Infinitivo, participio, gerundio, 73.—Voz_ verbal, 73.—Conjugaciones, 74.—Conjugacién del verbo auxiliar “haber”, 74,—Conjugacién del yerbo auxiliar “ser”, 76.—Verbos regula- res © irregulares, 78.—Conjugacién de los verbos regulares, 78.— Modelo de un verbo de la primera conjugacién, 78.—Modelo de un verbo de la segunda conjugacién, 81.—Modelo de un verbo de Ja tercera conjugacién, 83.—Verbos irregulares, 84.—Verbos que diptongan vocales radicales, 86.—-Verbos que afiaden con- sonantes al radical, 87.—Verbos con debilitacién vocilica, 89.— Verbos con diptongacién y debilitacién vocdlica, 90.—Verbos con futuro irregular, 92,—Verbos con pretérito fuerte, 93.—Verbos con especial irregularidad en os presentes, 94.—-Otros_ verbos irregulares, 95.—Conjugacién de los verbos reflexivos, 97.—Mo- delo de un verbo reflexivo, 98.—Conjugacién de los verbos uni- personales, 100.—Modelo de un verbo unipersonal, 100.—Verbos defectivos, 101.—-Los participios, 102. EL ADVERBIO ... 0.) eee eer eCenTTaeT) Definicién, pdg. 104—Clasificacién de los adverbios, 105.—Cua- dro general de Ja clasificacién’ de los adverbios, 167.—Apécope en los adverbios, 109.—Relaciones entre los adjetivos y los ad- verbios, 109.—Frases adverbiales. 112 LA PREPOSICIGN Definicién, pdg. 113.—Frases prepositivas, pospuestas, 115. —Preposiciones LA CONJUNCION .. LA INTERJECCION . FORMACION DE LAS PALABRAS . Palabras primitivas y derivadas, pag. simples compuestas, 119.—Raiz y afijos, 119.—Significacién de tos pri cipales pretijos, 120.—Sufijos de sustantivos, 121.—Sufijos de _ad- jetivos, 125—Sufijos de verbos, 126.—Composicién. 126.—Plu- ral de as palabras compuestas, 127. SINTAXIS ELEMENTOS DE LA ORACION ... ... ce tee tee tte tee See tee ee La oracién y sus elementos sintécticos, pag. 131.—El suicto y su concordancia con el verbo, 133.—E! predicado, 134.—Omisi6n de los elementos oracionales. Oraciones implicitas, 135. LoS COMPLEMENTOS ... ... . : Loe ee tee Complementos y régimen. pdg. 138.—Complementos en la ora- cién, 138,—Clasificacién de complementos, 140.—Complementos predicativos, 141. 104 113 116 7 138 131 138 inpICE GENERAL Los casos ... See ce ce bee nee tee tee tee nee nee ote Valor de los casos, pég. 142.—Nominativo, “143.——Genitivo, 143. ‘Acusative, “14Se"Dativor” 147--Vocntive, 149-~Ablativor 1S0-~- Los casos y las preposiciones, 152.—Los casos en el pronombre, 152.—Deelinacién de los ‘pronombres personales, 153.—Las for- mks pronominales dtonas, 155.—Leismo y laismo, 1$7.— Pro- nombres encliticos, 158. DETERMINACION DEL SUSTANTIVO .. Determinacién dei sustantivo, pdg. 160.—Formas de_indetermina- cién, 160.—Determinacién por teferencia, 161.—Determinacién por atribucién, 162,.—Adjetivacién, 162.—Aposicién, 163.-—Deter- minacién por relacién, 164.-+Frases sustantivas, 165. DETERMINACION DEL ADJETIVO 2.0 1.0. ec ee cee ee : Medios de determinacién, pdg. 166.—Modificacién de la intensi- dad, 166.—Determinacién por comparacién, 166.—Determinacién por relacién, 167.—Frases adjetivas, 168, DETERMINACIGN DEL PRONOMBRE ... DETERMINACION DEL YERBO ... ... ... . see Los complementos verbales, pdg._ 170.—Comptementos directos, 170,—Complementos indirectos, 170.—Complementos _circunsta ciales, 170.—Caracterizacién de la oracién, 171.—Determinacién por verbos auxiliares. Frases verbales, 172. ORACIONES SIMPLES 2.00... 52 ce ee cee te ce te eee eee Oraciones simples y compuestas, pdg. 176.— Clasificacién de 1a oracién simple, 176.—Oraciones’ cualitativas, 177.—Oraciones ac- tivas, 178.—Oraciones de verbo de estado, 179.—Oraciones pa: vas, 179.—La_pasiva ‘refleja, 182.—Oraciones reflexivas, 183.— Oraciones recfprocas, 185.—Oraciones impersonales, 186.—Ora- ciones impersonales naturales, 186.—Oraciones impersonales sri maticales, 187.—Oraciones impersonales eventuales, 188.—Oracio- nes impersonales pasivas, 189. La ORACION SIMPLE DESDE EL PUNTO DE VISTA SUBJETIVO ... Intervenci6n del sujeto hablante, pdg. 191— La oracién segin el cardcter subjetivo del predicado, 191—La oracién segin la .ac- titud del sujeto respecto del juicio, 193.~-Oraciones afirmativas, 193.—Oraciones negativas, 194.—Oraciones interrogativas, 195. Oraciones exclamativas, 196. QRACIONES COMPUESTAS ... ... ... Coordinacién y subordinacién, pdg. 198.—Oraciones coordinadas, 199.—Oraciones coordinadas copulativas, 199.—Coordinadas dis- tributivas, 202,—Oraciones coordi disyuntivas, _202.—Ora- ciones coordinadas adversativas, 203.—Oraciones coordinadas cau- cs, ORACIONES SUBORDINADAS ... 2.0 50. cee ete tee tee rte tenes XXL 142 160 169 170 176 191 198 XXIV iNDICE GENERAL @RACIONES SUBORDINADAS SUSTANTIVAS .. ‘Sus clases, pdg, 208. “Subjetivas, 208.—Objetivas, “208.—Oracio- subordinadas finales, '2.—Oraciones subordinadas atribu- nes tivas, 213. ORACIONES SUBORDINADAS ADJETIVAS ... ... Prreerst Su_naturaleza, pdg. 214.—Oraciones determinativas e incidentales, 215.—Formas de la oraci6n de relativo, 216.—Modos verbales, 227.—El relativo “que” con articulo y_preposicié: Concordancia en las oraciones adjetivas, 719-—Construcci6n, 219. ORACIONES SUBORDINADAS ADVERBIALES ... ... ..- eee eee ‘Su naturaleza y clasificacién, pdég. 220.—Oraciones ‘ae Jona, tiem- po y modo, 220.—Oraciones comparativas y consecutivas, 223.— Oraciones de causalidad, 226. SINTAXIS DE LAS FORMAS AUXILIARES DEL VERBO ... ... 230.—El infinitivo, 230.—Ei partici- Orientacién general, pag. pio, 233.—El gerunion fis, APENDICE Fonética, ‘par. 23! —Fonacién, 240. ~Articulacién, 240 Punto y modo de articulacién, 242.—Sonoridad y nasalidad, 243.— Sonido y fonema. Fonologia, 243.—Alfabetos. Ortografia, 244. Vocales y consonantes, 246.—Las vocales, 246.—Clasificacién de las yvocales, 249.—Diptongos, 250.—Las_ consonantes, 253.—Con- sonantes oclusivas, 254.—Consonantes fricativas sonoras, 255.— Consonantes fricativas sordas, 260.—Consonantes africadas, 263.— Consonantes vibrantes, 264.—Consonantes laterales, 265.—Conso- nantes nasales, 268,—Clasificacién de las consonantes, 268,— Grupo fénico y sflaba, 271.—Silabeo, 273.—Sflaba libre y tra- - dada, 274.—Acento, 274,—Palabras sin acento, 274.—Palabras con acento, 276.—TIono, 277.—Entonacién enunciativa, 279.— Entonaci6n interrogativa, 281,—Entonacién volitiva y exclama- tiva, 282. OrrocraFia .. see eee eee Las reglas ortogréficas, pdg. 284-—Ortografia oe las vocales, 287. Qrtogralia del fonema b. 287.—Ortografia del fonema z, 288. Ortografia del fonema y, 289.—Ortografia del fonema z, 289. Ortografia del fonema s, 290.— Ortografia del fonema j, 290. Ortografia dei fonema rr, 291.—Ortografia ce Jos fonemas n y m, 291.—La letra H, 292.—Ortografia de Ja silaba, 2...—Orto- grafia de la palabra: Acentuacién, 293.—Empleo de las etras mayiscuias, 296.—Las palabras compuestas, 297.—Ortografia de Ja frase, 298.—Abreviaturas, 300. Las “NUEVAS NORMAS” DE LA ACADEMIA ... ... ... J. Normas de Gramética, pdg, 304—II. Normas de Ortologta: 1, Grupos de vocates, 304.2. Grupos de consonantes, 305.— 3. Acentuacién fonética, 305.—III. Normas de Ortograjia: 1. Reduceién de grupos vocélicos y consonfnticos, 306.—2. Acen- tuacién ortogréfics, 306-3. Digresis, 308-4. Guida, 308, INDICE ALFABETICO DE MATERIAS ... 214 220 230 239 303 313 MANUAL DE GRAMATICA ESPANOLA PRELIMINARES Gramatica.—La GramAtica no es, como se ha dicho mu- chas veces, “el arte de hablar y escribir correctamente un idioma”. El idioma es un hecho natural, un instrumento de expresion que los hombres no necesitan aprender en nin- gin libro. Desde el momento en que un hombre habla y es- cribe de suerte que exprese sus pensamientos en forma com- prensible a los demds, queda cumplido el fin del lenguaje. Se puede, por otra parte, hablar correctamente y escribir con la mayor elegancia sin ningtin conocimiento doctrinal de Gramatica; pero no es que aquel hablar o escribir sea antigramatical: examinado a la luz de los preceptos grama- ticales, no ofrece la menor disparidad. Es que la Gramatica no es ni debe ser_sino la teoria del lenguaje, la teoria de cada lengua, construida sobre la observacién y la experi- mentacién de los usos normales de] idioma, asi del hablado como del escrito. El hombre somete a su estudio cuanto ve a su alrededor; claro es que el lenguaje, como hecho na- tural, no podia ser una excepcién. Ahora bien: no hay una verdadera unidad en un, idio- ma. Como en la naturaleza toda, domina en las lenguas la mas abigarrada variedad:. una es la lengua popular, otra es la lengua familiar burguesa, otra es la lengua literaria; hay variacion en relacién con las clases sociales, con la cultura, hasta con los grupos profesionales; hay diversidad segin las regiones, las ciudades, los pueblos, las épocas; y estas va- riedades se refieren principalmente al léxico, influido en cada caso por multitud de circunstancias étnicas, dialectales, sociales; pero también a la estructura morfolégica de las palabras y a su trabazén organica. Si se trata de hacer _una-Gramatica, ;qué lengua de to- das estas se elegira como base? Con qué derecho se exclui- ran las demas, todas legitimas? Hasta el haiga (haya) y el semos (somos) del aldeano, que a muchas gentes aterran, 4 PRELIMINARES tienen una explicacién natural dentro de la historia del Jen- guaje. La Gramatica ideal seria la que recogiese y sistema- tizase las formas y giros de todas las modalidades parciales del idioma. Mas como esto no es posible, es preciso _fijarse en un cierto tipo lingiiistico, que es esencialmente la lengua literaria, no solo por sus caracteres de fijeza y continuidad, sino porque ella es, para un ptblico de lenguas extraiias, representativa por excelencia de todo el idioma. Afin de Ia lengua literaria se extiende por grados sucesivos el lenguaje urbano, ciudadano y familiar de diversos grupos sociales, desde los mas refinados hasta un tipo medio de cultura. Como todas las Gramaticas—y, desde luego, en cuanto al espafiol, la Gramdtica oficial de la Real Academia Es- paiiola—estudian y sistematizan este tipo de lenguaje, se cae en el peligro de convertirlo en arquetipo, llegdndose asi al concepto de un idioma correcto y académico, frente al cual —en nombre de un malhumorado purismo—se rechazan to- dos los usos lingiiisticos no coincidentes o ajustados a regla. Se olvida que en la incesante evolucién de los tipos de len- guaje, muchas formas, hoy legitimas y admitidas por los puristas, arrancaron de uso impropio, vicioso o erréneo. No obstante esto, no cabe duda de que puede ofrecer un interés de cultura cuanto se haga por extender un tipo de lengua ideal que retina las mayores excelencias expresivas, y el incitar a todo el mundo al! conocimiento consciente, gramatical, de los usos de esta lengua, lo cual serd tanto mas facil cuanto que las demas modalidades particulares del lenguaje a que aludimos no apareceran, en realidad, sino como variantes o alteraciones locales del tipo gramatical, que, a falta de una tradicién culta, no se han sancionado en los textos preceptivos. Pero no por esto se han de rechazar desdefiosamente formas inferiores de lenguaje que en su uso como vivas tienen la suficiente legitimidad. Sefidlense en buen hora los usos no conformes con el idioma correcto y académico que teoriza’la Gramatica; pero no se cierren los ojos a la realidad, y la realidad, en este caso, es el uso, y el uso termina muchas veces por ser la ley. LA ORACION 5 El que se proponga como “ideal” Ja lengua literaria no sola- mente no debe entenderse en e] sentido de que se excluyan todos los demas usos, sino que tampoco puede interpretarse como una preferencia sistematica hacia este tipo de lengua. Lo que en Grama- tica se considera correcto es no solo lo que se ajusta al uso litera- rio, sino lo que en el lenguaje oral corriente se aproxima més al “ideal literario, sin que sea preciso que se identifique con él ni mucho menos. En el habla familiar serian inadmisibles, por consi- derarseles afectados o pedantes, usos y formas exclusivamente lite- rarios, como amar, quedéme, ambos. Sefidlese de paso el grave error que se comete introdu- ciendo rutinarios estudios teéricos gramaticales en la escue- la. Hasta los catorce o los quince afios (1) no deben darse a Jos nifios nociones gramaticales sistematicas, so pena de la mas absoluta ineficacia. La Gramatica supone una se- rie de abstracciones que no estan al alcance de los nifios de primera ensefianza, ni aun de los de segunda, hasta un cier- to limite. En cambio, lo que si es absolutamente necesario es que, tanto en unos como en otros, se sustituyan los es- tudios de Gramatica con los de Lenguaje, hoy lamentable- mente confundidos. En vez de una terminologia gramatical incomprendida y fatigosa, ejercicios de redaccién y com- posicién, gimnasia Iingiiistica mucho mas provechosa, que amplia el léxico de los escolares y desarrolla sus facultades de expresién. La oracién.—Para estudiar el idioma es_indisper partir de una cierta unidad lingiiistica, Esta unidad lingiiis- tica no es la palabra, como pudiera creersé, sino la oracién. La oraci6n es la expresién de un juicio. Juicio es la ope- racién mental por la cual afirmamos una cosa de otra, rela- cionamos un concepto con otro concepto. Si pensamos: EI perro ladra, atribuimos la idea de ladrar a la idea de perro, porque advertimos Ja conveniencia entre ellas. Mientras no hagamos sino pensarlo, esto no pasara de ser un juicio légico; pero si lo expresamos de palabra o por escrito, el (LD) Véase sobre esta cuestidn el interesante libro La ensefianza de la Grae mdtica, por Laura BrackeNpury. Trad. de Alice Pestane. Madrid, ediciones de La Lectura. Véanse también A. Castro: La ensefianza del espariol en Es- pata, Madrid, Suarez, 1922; S. Gui Gaya: La ensefanza de la Gramdtica. Revista de Educacién, 1952, 1, 119, y M. Seco: Metodologia de la Lengua y Literatura Espafolas en el Bachillerato, Madrid, Direccién General de Ense- fianza Media, 1961. 6 PRELIMINARES juicio légico se convierte en oracién. La oracién nace, pues, cuando el juicio légico se manifiesta al exterior por medio del lenguaje. Antes de expresarse, el juicio pertenece al te- rreno de la Légica; una vez expresado, la oracién pertene- ce al terreno de la Gramatica. Entre Jas dos categorias, 16- gica y gramatical, hay, por tanto, una correlaci6n inicial: la idea o concepto de una cosa Ja expresamos por una palabra; la relacién entre dos ideas o conceptos, es decir, el juicio, la expresamos por una oracién. Con la palabra perro significamos la idea mas 0 menos compleja que nosotros tenemos del animal que Iamamos asi; con la palabra ladrar indicamos la idea que tenemos de esta facultad del perro. Por otra parte, cuando oimos las palabras perro o ladrar, cada una de ellas evoca en nos- otros la idea correlativa. Ahora bien: si en la mente rela- cionamos—por un mecanismo cualquiera—ambas ideas y atribuimos al perro el ladrar, es decir, juzgamos la con- veniencia mutua de una a otra idea, del acto que expresa el ladrar a) ser que representa Ja palabra perro, ello tendra su manifestacién dentro de la categoria gramatical, en la oracién el perro ladra, con la que efectivamente entende- mos que se afirma del perro et hecho de ladrar. En esta definicién de la oracién se atiende solo al punto de vista légico. Pero el lenguaje es algo mas que la simple expresién del pen- samiento: es la expresién de todo nuestro ser espiritual, es decir, de nuestras ideas y de. nuestros sentimientos; (Por tanto, la oracién gramatical no solo serd la expresién de un juicio, no se limitaré a rear ieeter la relacién entre un concepto y otro concepto, sino que tam! hay diferencia alguna en cuanto al juicio expresado—los términos son los mismos—, pero si la hay en cuanto a la actitud del hablante, manifestada externamente en este caso por cl orden de las palabras y por la entonacién de la frase. Palabras y partes de la oracién.—Si en el orden légico hay, pues, dos conceptos relacionados—dejando aparte, como cuestién ajena a nuestro propésito, el modo como se ha lle- gado al establecimiento del juicio—, en el orden gramati- cal habra también dos elementos representativos de aque- PALABRAS Y PARTES DE LA ORACION 7 llos. Ambos reciben, tanto en Légica como en Gramiti- ca, los mismos nombres: sujeto y predicado. Sujeto es aquello de que se afirma algo; predicado es aquello que se afirma del sujeto, En la oracién citada antes, el perro sera el sujeto, y ladra, el predicado. Sujeto y predicado pueden venir expresados por una o varias palabras, cuantas sean necesarias para la expresién perfecta de los conceptos re- lacionados, tal como los percibe el que habla; pero, esen- cialmente, las afirmaciones contenidas en el predicado ver- san sobre objetos—personas, animales, cosas materiales e inmateriales, que penetran en nuestro mundo interior 0 ex- terior—, mientras que lo que de estos objetos se afirma es alguna propiedad, cambio, modificacién, alteracién 0 estado que nuestra mente aprecie en ellos. De este modo Ilegamos al concepto de parte de la ora- cién. La oracién estd constituida por elementos, partes, que desempefian en ella un cierto papel. Una de estas partes, por ejemplo, es la que designa los objetos de que se hace mencién; otra, la que designa las propiedades o cualidades que tienen estos mismos objetos, y otra; los cambios, mo- dificaciones o estados que reconocemos en ellos. Asi tene- mos, respectivamente, las partes de la oracién llamadas sus- tantivo, adjetivo y verbo. Hemos empleado hasta ahora el término palabra. Es una expresién que todo el mundo conoce y que ofrece, sin em- bargo, dificultades cuando se trata de definirla. Palabra, en nuestra experiencia habitual, es cada una de las porciones naturales en que se divide una expresién escrita. Se nos apa- rece, pues, como una unidad indivisible y de sentido inde- pendiente mas © menos vago. de la oracién, Una palabra puede } tersnei ser una na parte de la ora- cién. Pero una parte de la oracién puede constar de varias palabras. En la reunién ha sido suspendida, la expresioén ha sido suspendida es una parte de la oracién compuesta de tres palabras. El conjunto de Jas tres realiza, en efecto, en la oracién, una funcién gramatical determinada, que no 8 PRELIMINARES puede realizar por si sola ninguna de las tres palabras que la forman. Segtin las diversas funciones gramaticales, son nueve las partes de la oracién: el sustantivo o nombre, el adjetivo, el pronombre, el articulo, el verbo, el adverbio, la preposicién, la conjuncién y la interjeccién; aunque esta ultima no pue- de, en realidad, llamarse parte de la oracidn (v. pag, 117). La clasificacién que precede es la tradicional; pero, naturalmente, no_es la unica que se puede establecer. En rigor, y de acuerdo con las nociones que se exponen en este libro, no solo hay que excluir de las partes de la oracién la interjeccién, sino también el pronombre y el articulo. Como se indica en la pag, 45, el articulo no es en reali- dad mas que un pronombre; y en la pag. 38 veremos que, por su parte, el pronombre desempefia en la oracién siempre las funciones de sustantivo, adjetivo o adverbio. Segtin esto, tendriamos solamente las siguientes partes de la oracién: sustantivo, adjetivo, verbo, ad- verbio, preposicién y conjuncién. Las cuatro primeras »expresan conceptos; las dos uJtimas expresan relaciones entre los conceptos. Partes de la Gramatica—La Gramatica hemos dicho que es la teoria de la lengua. Por tanto, comprendera el es- tudio de las formas que ofrece la lengua y ademas su enlace o trabazén organica para la expresién de los pensamientos. Estos estudios constituyen las dos partes de que consta la Gramatica: Morfologia y Sintaxis. El estudio de los sonidos que constituyen el lenguaje ha- blado (Fonética), y las reglas referentes a la escritura co- rrecta (Ortografia), si se srefieren ala lengua, caen, sin em- ica: las rela- ciones entre el pensamiento 3 y_el idioma. Sin embargo, Jos signos que componen el sistema de una lengua - gon de naturaleza sonora, y es necesario tener en cuenta sus carac- teres si se quiere adquirir una vision completa de la Gramatica. Es- tos signos 0 sonidos se representan en el lenguaje escrito con arreglo a una serie de normas que el uso ha ido estableciendo; normas que dan en cada idioma una fisonomia al lenguaje escrito, como los so- nidos del idioma dan una fisonomia al lenguaje oral. Tanto aquellas normas como estos sonidos constituyen sistemas coherentes que se han formado paralelamente y en combinacién mds o menos estrecha con los sistemas morfoldégico y sintaéctico de la lengua. Por ello, aunque la Fonética y la Ortografia no sean en si Graméatica, cons- tituyen_ un complemento necesario de su estudio, y como tal han icionalmente incorporadas a ella. MORFOLOGIA EL NOMBRE O SUSTANTIVO Definicién y clasificacién.—Todos cuantos seres rodean al hombre y pueden por ello ser objeto del lenguaje han sido y son designados con un nombre, sin el cual no podriamos referirnos a ellos de un modo comprensible. Estos nombres con que se designan los seres que son objeto de nuestros juicios son los sustantivos o nombres sus- tantivos. Los sustantivos sirven, pues, para nombrar cuanto tiene existencia, lo mismo si esta existencia es real, tangible, fisica, que si solamente se verifica en nuestra imaginacién. Asi, por ejemplo, un libro es un objeto cuya existencia real podemos comprobar con los sentidos; en cambio, el ocio no podemos nunca percibirlo de un modo material, sino solamente me- diante una cierta operacién mental. i i: genéricos...\ individuales. | comunes..... } colectivos. concretos... de materia. \ propios. Sustantivos. de fenémeno. abstractos... de cualidad. - de cantidad 0 colectivos } numerales. indefinidos. Nombres concretos y abstractos.—Nosotros no conoce- mos los objetos mas que por sus cualidades, y estas por las impresiones que producen en nuestros sentidos (1). Conoce- mos el azticar por su color, por su sabor, por su aspecto, etcétera, que consideramos inseparables del concepto o idea que nosotros tenemos del aziicar. Cuando oimos la palabra azicar, se nos sugiere en seguida aquel conjunto de cuali- (1) Sweet: A New English Grammar, logical and historical. Oxford, 1892. 12 MORFOLOGIA.—EL NOMBRE © SUSTANTIVO dades sin las cuales no podemos concebir esta sustancia; por el contrario, la presencia de estas cualidades nos evocara in- mediatamente la palabra azticar. Asi, para nosotros, un sus- tantivo no es sino un conjunto de cualidades mayor o menor septin sea nuestro conocimiento del objeto. Para un hombre vuigar, la palabra azticar encierra un nimero de cualidades mucho menor que para un quimico, por ejemplo. Ahora bien: una misma cualidad podemos apreciarla en varios objetos; !a blancura del azicar Ia encontramos asi- mismo en la nieve, en la leche, en el algodon. Asi, pues, blan- cura nombra, no un objeto, sino una cualidad que puede encontrarse en distintos objetos independientemente. Sin em- bargo, esta cualidad no se puede separar o aislar de un modo material de ninguno de los objetos que Ja poseen. Sera posi- ble hacer desaparecer 1a blancura del azticar; lo que no se puede hacer es separar una cosa de otra de suerte que. ten- gamos, por decirlo asi, en una mano el azticar y en otra la blancura. Esta separacién solo puede hacerse por el meca- nismo mental que se llama abstraccién. Del mismo modo, las sustancias no presentan solo cuali- dades permanentes, sino también otras accidentales, o fené- menos, por las cuales se ponen en comunicacién con el mundo que las rodea. Asi, el perro se mueve, respira, come, etcétera. Ahora bien: este fendmeno, por ejemplo, de mo- verse, o sea el movimiento, se observa en otros muchos ob- jetos, y solamente por una abstraccién, como hemos dicho antes, podemos separarlo de Jos seres en quienes lo obser- vamos. Asi pues, distinguimos dos primeras especies de nom- bres: los nombres concretos, 0 sea los nombres de los seres u objetos que tienen una existencia real, como aziicar, perro, guante, casa; y los nombres abstractos, o sea los nombres de las cualidades, o fenédmenos, separados mentalmente o abstraidos de los objetos a que se refieren, como blaacura, movimiento, grandeza, alabanza, etc. Como las cualidades se expresan con adjetivos, gran nu- mero actos de ali si ustanti a. NOMBRES COMUNES Y PROPIOS 13 derivados, o sea, procedentes de_adjetivos, Asi, blancura y grandeza se han formado sobre los adjetivos blanco y gran- de. Del mismo modo, como los fenédmenos se expresan por verbos, suelen ser los abstractos de fendmenos nombres de- rivados de_estos mismos verbos. como movimiento, alaban- za, de mover y alabar. Sin embargo, hay muchos _abstractos que_no proceden de derivacién. Por ejemplo: luz, vida, sue- no, noche, ocio, etc. De: mntro_de los abstractos deben incluirse también los sustantivos de_cantidad, 0. colectivos abstractos. Entre ellos estan los colectivos numerales, que indican simplemente un determinado nimero de objetos no determinados, como par, docena, decena, centenar; y los indefinides, que indican, como los numerales, una agrupacién de objetos de una misma especie no determinada, pero, a diferen- cia de ellos, el mimero de objetos es impreciso: grupo, montén, punado, serie, conjunto, etc. izse estos sustantivos abstractos numerales ¢ indefinidos con los pronombres sustantivos numerales e indefini- dos (pags. 47 y 48). Asimismo se distinguen estos colectivos abs- tractos de los colectivos concretos, de que se tratard en la pag. 15. Nombres comunes y propios.—Entre los nombres con- cretos cabe_establecer_una nueva distincién. Nombre genérico es aquel que designa un grupo de indi- viduos que poseen un cierto numero de cualidades comunes que los distinguen de los demas. Por ejemplo: con el nom- bre de silla se conocen todos aqiellos objetos que existen, han existido o existiran y que, aunque son extraordinaria- mente variados en tamafio, forma, materia y estructura, tie- nen un cierto namero de caracteres comunes adecuados al fin a que se destinan, lo cual nos permite reconocerlos bajo un solo nombre. La palabra silla designa, pues, por si misma, un nimero practicamente infinito de objetos; mas, como en nuestro len- guaje hemos de referirnos forzosamente a objetos determi- nados, hay que delimitar la significacién de los nombres genéricos con la afiadidura de otras palabras que restrinjan su extension: la sila, esta silla, mi silla. Los nombres de materia no designan ningiin objeto de- terminado, sino una masa indefinida, sin forma ni exten- “4 MORFOLOG{A.—EL NOMBRE 0 SUSTANTIVO sién, de aquella sustancia que posee las cualidades que el nombre lleva consigo. Cuando decimos cobre, no pensamos en ningin objeto construido de cobre, sino en todo aquello repartido por el Universo que, sin forma ni magnitud de- terminada, retina las cualidades de color, dureza, tenacidad, conductibilidad, etc., que exactamente corresponden al co- bre. Del mismo modo tendremos en vino, sal, estatio y agua, nombres de materia. Tanto los nombres genéricos como los de materia se lla: man nombres comunes por su amplio sentido de generalidad. Nombre propio es el que designa, por el contrario, un individuo determinado, dentro del grupo genérico a que per- tenece. Asi, Mallorca, frente a isla; Valencia frente a ciu- dad; Italia, frente a pais, nacién, estado; Vespasiano, frente a emperador, etc,, son nombres propios. Evidentemente, un nombre propio puede a veces servir para designar todo un grupo, mas o menos extenso, de indi- viduos, Asi, Antonio designa un numero indefinido de per- sonas que se Ilaman asi; Toledo puede referirse a diversas ciudades de este nombre. Sin embargo, no dejan por ello de ser nombres propios, porque lo que especialmente caracte- riza a esta clase de nombres es el propésito del que habla de referirse con ellos, en cada caso, a un individuo deter- minado, sin perjuicio de que, si es preciso, se especifique lo que sea necesario: Antonio, el hijo del herrero; Toledo (Estados Unidos de América del Norte). La_distincién entre nombre comin y propio radica, més que en la designacién de especie o individuo, en la manera de designarlos. El nombre comin nombra a su objeto fijéndolo por medio de un conjunto de cualidades; el nombre propio no alude a las cualida- des (1). Asi se explica el aparente contrasentido de que haya nom- bres comunes de seres tinicos, como ed cielo, y que al mismo tiem- po haya nombres propios que convienen a varios individuos, como acabamos de ver. Nombres individuales y nombres colectivos.—Entre los sustantivos cerdo y piara existe la diferencia de que el uno (1) A. ALonso y P. Henriquez Urefa, I, § 41. CENERO DE LOS NOMBRES 15 se refiere a un individuo, cualquiera que sea, de su especie, y el otro se refiere a un cierto grupo o conjunto de indivi- duos de la misma especie. Dispone, pues, el lenguaje de pala- bras distintas para designar a un individuo solo (sustantivos individuales) 0 a una usual agrupacién en nimero indefi- nido de los mismos individuos (sustantivgs colectivos). Com- parese a este respecto navio con flota; roble con robledo; abeja con enjambre; sacerdote con clero, etc. Deben cotejarse estos sustantivos colectivos concretos con los colectivos ahstractos explicados bajo un epigrafe ante- rior. Accidentes gramaticales.—Son las modificaciones de for- ma que experimenta una palabra, por las cuales se hace esta apta para expresar otros matices de la misma idea. Asi, en- tre le-o y le-i, que expresan la misma idea de leer, existe una diferencia de terminacién justificada por el hecho de que leo expresa la idea en el tiempo actual, y lei, en tiempo pa- sado. Lo que diversifica a ambas es. pues, un accidente de tiempo. Cada parte de la oracién tiene sus accidentes caracteris- ticos, En_el_sustantivo, estos accidentes son el género y el numero. Género de los nombres.—E! sustantivo ledn puede to- mar también la forma leona. Esta variedad morfolégica esta justificada porque leén designa un animal macho de su espe- cie, y leona, un animal hembra. La diferencia real que existe entre ambos animales es el sexo; la diferencia gramatical de las dos formas que los representan se llama género. Gé- nero es, pues, el accidente gramatical que corresponde al sexo. Cada una de las dos formas tiene un género, correla- tivo del sexo del animal que representa. En espafiol solo hay dos géneros: el masculino, que co- rresponde a los varones y animales machos, y el femenino, que corresponde a las mujeres y animales hembras. Los demas substantivos que no designan seres sexuados tienen, sin embargo, gramaticalmente alguno de los dos gé- neros antedichos, que el uso de la lengua les atribuye. Todos 16 MORFOLOCIA.—EL NOMBRE O SUSTANTIVO distinguen externamente en todo caso su género masculino o femenino segan les acomode, respectivamente, el articulo el o el articulo a. Ningtin sustantivo ofrece en espafiol el_género_neutro. Sin embargo, este género se presenta, como veremos mas adelante, en la sustantivacién de los adjetivos y en determi- nadas formas pronominales, siempre con un sentido carac- teristico. Muchos gramaticos definen hoy el gepero como la necesidad gramatical de concordar con una u otra forma del adjetivo. Asi, hombre y traje seran del género masculino porque concuerdan con el adjetivo masculino bueno; tierra y mujer, femeninos, porque concuerdan con el adjetivo femenino buena. Género de los nombres de personas y animales.—Los sustantivos que designan personas y animales ofrecen, por lo general, i i femenina. Examinando diversas formas genéricas correlativas, po- dra estudiarse 1a usual formacién de los femeninos de esta clase de nombres e inducir las leyes correspondientes. Sustantivos masculinos Sustantivos femeninos padre madre le toro vaca a hermano eee hermana i ge perro. voces perra " autor. foeeeceree, autora leén : sores leona 38 marqués - marquesa baron baronesa ) profeta profetisa 40 gallo ..... gallina \ emperador emperatriz Del examen de estos ejemplos resultan_las siguientes le- yes de formacién del _femenino en los nombres de personas y animales: 1 En algunos casos, el femenino es una palabra dis- tinta del masculino. Asi, comparense los masculinos yerno, GENERO DE LOS NOMBRES DE PERSONAS Y ANIMALES vs caballo, varén, carnero, con sus femeninos nuera, yegua, hembra, oveja. 2.4 Si el masculino termina en 9, el femenino se forma cambiando esta o ena. Ejemplos: lobo, hijo, abogado, gato, muchacho, frente a loba, hija, abogada, gata, muchacha. También algunos acabados en e siguen la misma regla: elefante, elefanta; presidente, presidenta. 3.* Los masculinos terminados en consonante forman sus femeninos, por lo general, afiadiendo una a. De este tipo son: sefior, doctor, pastor, pintor, ladrén, faisdn. 4° Un corto nimero de sustantivos forman sus feme- ninos con variadas terminaciones: esa, isa, ina, iz, etcétera. Véanse los femeninos de abad, duque, papa, sacerdote, jaba- li, rey, etc., que son: abadesa, duquesa, papisa, sacerdotisa, jabalina, reina, etc. Muchos nombres de personas tienen Ja misma forma para el masculino que parafel femenino, distinguiéndose solo por el articulo su género. |Estos sustantivos se vienen Ilamando tradicionalmente “comunes en cuanto al género” (1), aunque convendria mejor darles la simple denominacion de .invaria- bles. Asi, el sustantivo artista es masculine en el artista y femenino en /a artista, La invariabilidad de estos nombres pudo obedecer a di- versas causas. Pueden_sefialarse entre ellos varios grupos: a) Algunos nombres terminados en_a@ en el masculino, que no hallaron facilidad para formar un femenino distinto, porque en espafiol es caracteristica la terminacién en a de los femeninos, A este grupo pertenecen parta, pianista, tele- fonista, periodista, y un gran nimero de nombres de pro- fesién terminados en ista. Modista ha llegado a formar un extrafio masculino, modisto, de uso muy generalizado. 6) Muchos adjetivos de forma ‘mica que se sustanti- van. Asi, joven, imbécil, homicida, suicida. c) Algunos nombres terminados en ante, ente_o iente, (1) La Acapemia Hama a estos nombres del género comin. Ya se entiende que no son otra cosa que masculinos o femeninos, segin los casos. La misma observacién hay que hacer con los epicenos y ambiguos en cuanto al género, de que luego hablaremos. 18 MORFOLOGIA.—EL NOMBRE 0 SUSTANTIVO que en su primitivo caracter adjetivo de participios activos no admiten en principio variedad de género. Asi, estudiante significa que estudia; por eso admite indistintamente los atticulos el o la: el que estudia = el estudiante, o la que es- tudia = la estudiante. En el mismo caso estén contrincante, delincuente, aspirante, conferenciante, adolescente, etc. Sin embargo, muchos de estos van adoptando formas femeninas en a, que invaden poco a poco el lenguaje culto: dependien- te-dependienta; presidente-presidenta. Aun el mismo sustan- tivo parturiente, en que no habia confusion de género, va transformandose en parturienta. d) Reo, testigo, méartir, consorte, cényuge y otros, man- tenidos probablemente invariables, unos por su caracter eru- dito o semierudito, y otros por su etimologia. Los nombres de los animales que por su tamajio, su do- mesticidad o alguna nota peculiar hax llamado preferente- mente la atencién del hombre, son los qué\ofrecen distincién de. género. Todos los demas nombres de animales tienen _un género gramatical determinado, aplicable lo mismo al macho que a la hembra de su especie correspondiente. Asi, ratén, mos- quito, supo, pato, ruisefior, etc., son masculinos, y rata, ba- lena, cigarra, aguila y culebra son femeninos; pero tanto unos como otros designan indistintamente al macho o a la hembra. Los_nombres ide esta clase se vienen lamando epi- cenos (1). Género de los nombres de cosas.—Todos los nombres de cosas, lo mismo materiales que inmateriales, tienen un Yinico_y determinado_género_gramatical, discernido por el uso de la lengua, Segin esto, a unos les conviene el articulo el y a otros el la. Cudles sean estos y cuales aquellos es dificil de deter- minar elementalmente, pues contra toda posible ley se alza buen nimero de excepciones. Sin embargo, pueden obtenerse por_observacion algunas indicaciones_atiles: 1.2 Los nombres especificos de rigs, montes, golfos, ma- (1) Nepria, en su Gramdtica, tos Mamaba mezclados, GENERO DE LOS NOMBRES DE COSAS 19 res, volcanes, vientos, islas, junto a los cuales parecen siem- pre sobrentenderse los nombres genérivos correspondientes, ofrecen el mismo género gramatical que estos, Asi, Guadal- quivir, Nervién y Fisue-ga son masculinos, cos:0 rio (1); Baleares, Canarias, Maldivas, femeninos, como isi. Por una raz6n semejante, los nombres de Arboles suele: ser masculinos; en cambio, los de frutos son femenines, obe- deciendo a motivos etimologicos. Entre otras excepciones, higuera e higo contradicen la regla. 2. Fundamentalmente son linos ios nombres sus- tantivos terminados en-or-7 Tenenings loa en & En estas ter- minaciones se incluye gran parte del fondo de origen latino de la lengua castellana. Las excepciones masculinas en a son generalmente eruditas o estén explicadas bajo el epi- grafe anterior. Las excepciones mas importantes a esta norma general eon: dia, masculino, y mano, femenino, Forman grupo nutrido los cultismos en ma masculinos (problema, drama, fantasma, reuma, idioma...), aunque algunos se ajustan a la norma (diadema, broma...). 3." Los sustantivos de las demas inaci son, en su mayor parte, masculine! pero hay un gran numero de ex- cepciones fi i pecialmente los terminados en d y z. Un grupo no muy nutrido de nombres de cosas consti- tuyen los llamados_ambiguos (2), que vacilan, en el uso corriente de Ja lengua, entrellos dos géneros. Asi, de mar se dice el mar inmenso, frente a la mar salada; de dote, un buen dote y una buena dote. En el mismo caso se encuen- tran color, calor, puente, margen, prez, etc. Sin embargo, tiende a desaparecer la ambigiiedad de estos nombres, pues, por lo general, en el uso correcto de la lengua se va afir- mando para cada uno un género determinado. Color, calor y¥ puente deben considerarse hoy como masculinos, desechan- dese las formas femeninas, anticuadas. Margen tiende quizé a diferencia: su significacién en relacién con el género, de- signando el masculino el espacio blanco de un escrito, y el (Q) Son curioses excepciones de rfos espafioles la Huerva y 1 . (2) Nepava los lama dudosos, uerva y ta Esgueva, 20 MORFOLOGIA-EL NOMBRE O SUSTANTIVO femenino los bordes de una corriente de agua; dote es fe- menino las mas veces, acercandose a la otra acepcién, tam- bién femenina, de Ja palabra (en plural, buenas cualidades de una persona); prez es femenino; mar se mantiene vaci- lante, sostenida en género femenino por el uso proverbial y de la gente de mar, frente a otro uso masculino, mas eru- dito. No deben de ningim modo confundirse con los ambiguos, grupo de sustantivos mas bien llamado a desaparecer, otros muchos nombres que tienen el doble uso masculino-femenino, pero cuyo cambio de género obedece a una variedad de la significacién: el cometa, la cometa; el orden, la orden; el pendiente, la pendiente; el contra, la contra; el tema, la tema. Niimero de los nombres.—Entre ledn y leones existe la diferencia de la silaba es en cuanto a la forma. Por lo que toca al significado, el primer sustantivo expresa un indi- viduo solo de su especie, mientras el segundo indica varios individuos de la misma. Pues esta diferente forma que una palabra puede tomar para indicar si se refiere a un objeto solo o a mas de uno, numero. En espafiol existen dos nimeros: singular y_plural. Examinando las formas numéricas en distintos sustan- tivos podran inducirse las leyes_a que obedece la formacién de los plurales: Sustantivos en singular Sustantivos en plural mesa mesas gato gatos La sofé . sofas corsé corsés razOn ... razones bondad hondades ae tos... toses jabali jabalies Ja crisis las crisis el martes los martes 3a la didécesis . las diécesis Carlos los Carlos . NUMERO DE LOS NOMBRES 21 Del examen de estos hechos se desprende que se puede formar el plural de tres maneras: 12 Afiadiendo ung_s.—Cuando el singular termina en vocal no acentuada o en e acentuada: de letra, letras; de café, cafés. 2.° Afiadiendo la silaba_es.—Cuando el singular ter- mina en consonante o vocal acentuada: virtud, virtudes; bisturi, bisturies; marroqui, marroquies. Son importantes ex- cepciones papd, mamd, sofa, chacé (1). 3.4 Sin modificacién alguna.—Cuando es palabra grave o esdrtjula terminada en s. En este caso se distingue el numero por el articulo: el éxtasis, los éxtasis; la dosis, las dosis. Se citan algunos nombres que carecen de significacion y forma singular (“pluralia tantum”). Asi, anicos, enseres, vi- veres, gafas, maitines, manes, nupcias, zaragiielles, zahones. Muchos nombres de este tipo se usan corrientemente en plu- ral, pero va extendiéndose cada vez mas su forma singu- lar, correspondiente a una légica tendencia del lenguaje. Asi, tijeras, tenazas, enaguas, calzoncillos. El erudito efemérides se halla junto al barbarismo efeméride, formado ante la fal- sa apariencia de plural del primero (2). Del mismo modo suele sefalarse un gran numero de sus- tantivos que carecen de plural por razones de significacién. Sin embargo, rara vez existe una verdadera y absoluta im- posibilidad de emplear estos mismos nombres en plural, ya por un transito de abstracto a conereto (la Fe, las fes de bau- tismo; la Farmacia, las farmacias); por una necesidad de especificacién (el cobre, los cobres de Huelva); por conver- sién de nombres propios en comunes (dos Goyas, los Aniba- les), 0 por otras evoluciones de significado que es dificil prever dentro de la flexibilidad de Ia lengua. (1) El lenguaje popular y familiar se resiste a esta formacién para los nombres terminados en vocal acentuada, empleando casi constantemente jaba- lis, rubis, maniquis, bigudts, as (plural de a), dominés, y manejando los plu- tales burlescos papaes y mamaes. El plural de esqui es csquis segin el Dic cionario de la Academia; pero algunos periodistas escriben esquies por ultra- correccién, Q)_ Véase, sin embargo, sobre esta palabra, M. Seco: Diccionario de dudas de la lengua espaiola. Madrid, 1961, pag. 135. EL NOMBRE O SUSTANTIVO 22 MOREOLOGT. Ultimatum, déficit y superdvit se usan. sin duda, en plu- ral con su propia forma (1). Por lo demas, los nombres pro- pios pueden, sin variar su sentido, formar plurales: los Bor- bones, los Quinteros, los Madrazos (2). Como plurales de voces extranjeras, pueden verse cita- dos por la Academia dlbumes, de dlbum; fraques, de frac; lores, de lord; clubs, de club, y complots, de complot. Pue- den afiadirse bares. de bar; blocs, de bloc: tickets, de ticket, v goles, de gol. En la formacién del plural de palabras extranieras se suele se- guir hoy la norma general de afiadir -s, tanto si terminan en vocal como en consonante: bikini, bikinis; penalty, penaltys; club, clubs; complot, complots; soviet, soviets. En la lengua hablada es fre- cuente el plural invariable: unos lindleum preciosos. Pero si la con- sonante fina] es -l, -r o -n, al no ser terminacién extrafia a la fo- nologia espafiola, el idioma asimila mds fécilmente la palabra, y asi tenemos plural regular en revdlver, revdlveres; gol, goles; bar, bares; chéfer, chéferes; lider, lideres; bidén, bidones; mitin, mitines; lord (pronunciado en Espafia vulgarmente Jor), lores. Régimen y cardcter cambian de lugar el acento para for- mar_el plural: regimenes, caracteres. Nétese, finalmente, la peculiaridad del espafiol de que el plural masculino encierra los dos géneros. Ejemplos: Jos padres = el padre + la madre. los hermanos = el hermano + la hermana. los sefiores = el sefior + la sefiora. los marqueses = e] marqués + la marquesa. los reyes = el rey +a reina; etc. (1) Hoy es frecuente en los periédicos el plural -s para estas palabras: déficits, ultimdtums, etc. (2) Para formar el plural de los apellidos se aplican las reglas expuestas para jos nombres comunes, si tales apellidos estén usados en un sentido genérico el siglo de los Cervantes, de los Quevedos, de los Gracianes. Se exceptian los apellidos terminados en -az 0 -anz, -ez 0 -enz, -iz 0 -inz Stonos, que son siem- pre invariables: Jos Veldzquez, los Istitriz, los Diaz, los Herranz. Pero si con el apellido en plural se trata de designar a una familia, el uso vacila entre la forma comin del plural—los Borbones, ios Pinzones, los Monteros—y la forma invariable—ios Madrazo, los Quintero, los Argensola—. Cuando el apellido va precedido de la palabra hermanos, es desde luego invariable: los hermanos Béc- auer, las hermanas Fleta. Igual ocurre cuando el apellido es compuesto: nadie diria, por ejemplo, las Pardos Bazanes. EL ADJETIVO Definicién.—E) sustantivo hombre tiene una significa- cién infinita. Abarca todos los hombres habidos y por haber. Luego si queremos referirnos a uno determinado, es indis- pensable que restrinjamos el significado de aquel éustantivo de modo que este resulte apropiado para la designacién del hombre preciso de quien queremos hablar. Asi, se habra con- cretado mas la expresién si decimos hombre alto, grueso, calvo, inteligente, con lo cual hemos hecho una descripcién del hombre de que se trata, indicando algunas cualidades de las que permanentemente posee. Lo mismo ocurre si decimos hombre pensativo, asustado, cohibido, atado, aunque en este caso las cualidades atribuidas tienen un cierto cardcter acci- dental, como que estan en relacién con las actividades mu- dables del individuo. La cualidad de grueso, por ejemplo, es mas durable en un individuo que la de pensativo, que responde a un estado momenténeo. También si decimos este, ese, aquel hombre, otro hom- bre, cada hombre, babremos logrado especificar al individuo de que se trate, pero por un camino distinto del anterior, puesto que aqui no describimos en modo alguno al hombre. Las palabras este, ese, aquel, otro y cada no nos dart la menor idea acerca de cémo es el hombre; nos lo presentan segin una relacién que nos lo dé a conocer: este hombre es el hombre que esta aqui al lado; otro hombre es un hombre distinto de uno ya consabido; cada hombre es el hombre su- cesivamente apartado de los demds de un grupo. Todas estas palabras que reducen mas 0 menos la exten- sién indefinida del sustantivo, ya por la afiadidura de una cualidad descriptiva, ya delimitandolo por el establecimiento de relaciones més complicadas, se aman adjetivos. Es, por tanto, nota esencial del adjetivo la de acompanar y modi- ficar al sustantivo. 24 . MORFOLOGI Clasificacién de los adjetivos.—Los adjetivos. pueden cla- sificarse del siguiente modo (1): | calificativos. demostrativos. . : indefinidos. if ién... see nificacié cuantitativos. determinati- cardinales. vos .. . ordinales. numerales ... aes Adjetivos. miltiplos. partitivos. distributivos. interrogativos. por su cons-| atributivos. truccién ...{ predicativos. Adjetivos calificativos.—Los adjetivos de esta clase des- criben al sustantivo informandonos acerca de alguna cuali- int o jeto. Es dificil obtener una clasificacién sistematica de estos adjetivos. Sin embargo, pueden sefialarse, como hace Lenz, algunos matices cuyo estudio y consideracién puede cons- tituir un excelente ejercicio de lenguaje. Ya hemos visto que las cualidades pueden ser pernia- nen acciden, , aunque muchas veces quede indeter- minada esta caracteristica. Comparese mudo con callado. Los participios pasivos constituyen con frecuencia calificativos accidentales. Algunos adjetivos, en vez de manifestar una determinada cualidad del sustantivo, se limitan a referir_a este una o ya- i i i tro sustantivo, de quien suelen proceder. Asi tenemos poético, artistico, militar, politico, econdmico, legendario, quijotesco, etc. En muchos casos el adjetivo se limita a establecer_una relacién variable entre dos sustantivos, en que el significado del adjetivo de- pende tanto de él como de Jos sustantivos a quienes modifica. Asi, comparese el valor del adjetivo telegrafico en diversas (1) R. Lenz: La oracién y sus partes. Madrid, Centro de Estudios His- téricos, 1920. ADJETIVOS CALIFICATIVOS 25 frases: red telegrafica, respuesta telegrafica, agencia telegra- fica, clave telegrdfica, organizacidn telegrdfica, mapa tele- grafico, etc. La cualidad ofrece, ademas, dos sentidos. Si se dice la blanca nieve, no se afiade nada a la idea que tenemos de la nieve, pues entre sus cualidades reconocemos como esencial la blancura, No hemos hecho, pues, sino dejar patente una cualidad que de hecho esta contenida en el sustantivo. Los adjetivos empleados en este sentido se llaman explicatives, o bien, epitetos. Suelen colocarse delante de sus sustantivos y tienen un valor puramente ornamental en la expresion, por lo que ofrecen un gran interés en el estilo literario. Lo mismo podemos apreciar en el anciano profesor o el majes- tuoso edificio, donde las cualidades de anciano y majestuoso apare- cen como esenciales del profesor y del edificto de que hablamos. Pero obsérvese que las cualidades aqui no estén de hecho’ contenidas en el sustantivo, como ocurria en la blanca nieve, donde la palabra nieve por si misma evocaba el color blanco: el sustantivo profesor no supone implicita la cualidad de anciano. Lo que caracteriza en todos los casos al adjetivo explicativo es que presenta la cualidad como algo inherente @ la persona o cosa en cuestién (1) y al mismo tiempo la pone de relieve. También tiene valor explicativo, aunque generalmente con matis causal, el adjetivo pospuesto separado del sustantivo por una pausa: el hombre, ingenuo, se lo creyé todo. Este adjetivo equivale a una oracién de relativo incidental (que también se Hama explicativa: véase pag. 215): el hombre, que era ingenuo... Pero si decimos los animales feroces, el adjetivo feroces expresa una idea no contenida dentro del concepto que tene- _ mos del sustantivo animales, que lo mismo pueden ser man- sos que feroces. Luego si decimos animales feroces, es por- que queremos establecer la distincién, concretando de este modo la idea del sustantivo y distinguiendo estos animales de todos los demas de su especie. Los adjetivos empleados en este sentido se llaman especificativos y suelen ir pospues- tos a los nombres. Esta distincién entre epitetos y especificatives es a veces dudosa, y pende solo de la intencién del que habla o escribe. (i) W. vy. Wartaura y P. ZumtHor: Précis de Syntaxe du Francais com- temporain, Berna, 1947, pég. 307. Véase también Gm Gara, § 164, 26 MORFOLOGIA.—EL ADJETIVO La diferencia entre uno y otro puede definirse de la siguiente forma: el especificativo restringe la significacién del sustantivo al que acompafia, individualizando, mediante la cualidad, el objeto designado; la expresién de la cualidad es entonces necesaria para la integridad Iégica de lo enunciado en la frase. El epiteto, en cambio, no restringe la significacién del sustantive, el cual sin necesidad del adjetivo ya estaba suficientemente individualizado; no es, pues, necesaria la expresién de la cualidad para la integridad \égica de la frase (1). La distincién entre adjetivos epitetos y especificativos se concreta a veces en diversidad de significacion. Compa- rese un pobre hombre con un hombre pobre; un gran cua- dro (excelente, magnifico) con un cuadro grande (de tama- fio); no tener un mal traje con no tener un traje malo. En estos casos, el sentido recto siempre se conserva en el adjetivo pospuesto, mientras que en el antepuesto esté mds o menos de- formado. Adjetives determinativos.—Estos adjetivos concretan la le tomarse el _sustanti edio de_diferentes_relaciones. Todos los adjetivos determinativos son_pronombres con funcign Por esta razén aqui no se hace otra cosa que enunciarlos rapidamente; la naturaleza y funciones de los pronombres se ex- ponen en las pags. 37 y ss. En los amados demostrativos esta relacién es de lugar, y por traslacién, de tiempo. Este, ese y aquel, con sus corres- pondientes formas femeninas y plurales, constituyen este grupo. Este libro, ese libro, aquel libro, forman una grada- cién de distancias, en relacién con los interlocutores: este indica cercania a la persona que habla; ese, a la que escu- cha, y aquel, lejania en general. Los adjetivos indefinidos tienen un caracter demostrativo mas o menos vago, que puede apreciarse en cualquier dia, cierta, persona, tal tal motivo, otro libro. Semejante y determi- nado vienen a ser muchas veces sinénimos de cierto y tal. Los adjetivos posesivos sefialan una relacién de posesién respecto de la persona que habla, la que escucha y aquella (LG, Sonesavo: El epiteto en Ia lirica espafiola. Madrid, 1956, paginas 119-21 y 482. ADJETIVOS DETERMINATIVOS 27 de quien se habla. Asi tenemos las formas mi libro, tu libro, su libro, o sea el libro poseido por mi, por ti, por él. Mi, ti y su—que pospuestos al sustantivo son mio, twyo y suyo—, nuestro y vuestro, y sus correspondientes formas femeninas y plurales, forman el total de los adjetivos posesivos. itativos restringen el concepto del sus- tantivo delimitandolo en su extensién: todo el pan (1), mu- cho dinere, poca fruta, bastante vino, algiin amigo, ningun negocio, un solo hombre, mds dias. Mas concretan en este mismo sentido los numerales, que sefialan una cantidad precisa. El niicleo fundamental de los numerales lo fotman lys cardinales, grupo constituido por la serie natural de los nimeros: uno, dos, tres, cuatro, etc. Los numerales ordinales afiaden la idea de disposicién sucesiva, Aunque son muy poco empleados, por su caracter erudito, y se sustituyen generalmente por los cardinales, con- viene conocer sus formas, que son: primero decimosexto segundo decimoséptimo tercero decimoctavo cuarto decimonono (0 noveno} quinto vigésimo + saxto trigésimo séptimo cuadragésimo octavo, quincuagésimo neveno (o nono) ~ sexagésimo décimo septuagésimo undécimo octogésimo duodécimo nonagésimo decimotercio (0 tercero) centésimo decimocuarto ducentésimo decimoquinto tricentésimo, etc. Los miltiplos expresan multiplicacién por la serie natu- ral de los nimeros. Son doble, triple, cuddruple, quintuple. elcétera. Los_partitivos expresan divisién: medio, tercio, cuarto, quinto, etc. Menos medio, que se emplea muchisimo, los de- mas apenas se ven mas que acompafiando al sustantivo (1) Nétese que el adjetivo todo ofrece la particularidad de ir detante del articulo, caso que no se repite en ningtin otro adjetivo. 28 MORFOLOG{A.—EL ADJETIVO parte, o en una forma sustantiva. (Véanse los sustantivos abstractos.) : Los adjetivos distributivos (1) implican la previa descom- posicion del sustantivo en elementos, y la designacion. de alguno de ellos en relacién con los demas. Asi, ambos amigos (uno y otro); sendos cigarros (uno para cada uno uno); cada libro (uno, con exclusién en turno de los demas); las demas botellas (las que quedan, excluyendo una o varias). Los _interrogativos preguntan por una determinacién del sustantivo al que acompafian: {qué camino?, ¢Zcudl cua- dro? A veces tienen sentido exclamativo: jqué felicidad! Adjetivos atributivos y predicativos.—Si decimos: tie- nes un jardin bonito, el adjetivo bonito es un mero _aditamen- to calificativo del_sustantivo Jardin, que no tiene mayor in- fluencia en la oracién que la de atribuir una cualidad al nombre; pero si decimos: tu jardin es bonito ° jbonito jar- din!, el adjetivo bonito tiene edi en_la oracién, refiriéndose a jardin, que es ahora sujeto. En este ultimo uso el adjetivo se llama predicativo; en el pri- mero se llama atributivo. Mas adelante habra ocasién en la Sintaxis (pAgs. 132 v 162) de aclarar esta idea. Concordancia de nombre y adjetivo.—Evidentemente no se puede decir mesa rotos, sino mesa rota, porque el sus- tantivo mesa requiere que el adjetivo roto tenga su mismo género femenino y su mismo nimero singular. Esta iden- tidad de género_ ynamero ¢ que obligatoriamente debe existir entre un nombre y su adjetive.se llama concordancia, Puede ocurrir que un_adjetivo se refiera_a varios sus- tantivos. En este caso, el adjetivo debe ir en plural, y en género masculino si alguno de los nombres fuese mascu- lino. Asi, por ejemplo: Pedro, su madre y su hermana son ricos; ella y su prima vinieron cansadas. Forma genérica de los adjetivos.—Requiere, por tanto, el adjetivo, no_géneros ni nimeros (aunque asi acaba de decirse por hablar en los términos de la Gramitica tradi- (1) Entiéndase que 1a palabra distributivos esté aqui tomada en el sen- tido de reparticién en partes, no en su acostumbrada significacién, segin la cual el adjetivo sendos es el tinico propiamente distributive. APOCOPE DE LOS ADJETIVOS 29 cional), que solo pueden tener los sustantivos, sino formas que_se_adapten a los géneros y numeros de los sustantivos a los que modifican. La_forma genérica_femenina se obtiene del siguiente modo: 1° Los adjetivos terminados en o cambian esta 9 en @- bello, bella; duro, dura. Asimismo los terminados en ete y ote cambian la e final en a: regordete, regordeta; grando- te, grandota, 2.° Los terminados en an, on y or agregan una aa la forma masculina: holgazdn, holgazana; pelén, pelona; roe- dor, roedora. También los acabados en consonante que in- dican nacionalidad: andaluz, andaluza; leonés, leonesa; ma- Uorguin, mallorquina. Se excluyen: exterior, interior, supe- rior, inferior, mejor, peor, mayor, menor, ulterior. 3.° Los adjetivos de cualquier otra terminacién ofrecen una forma _genérica tnica: amable, belga, baladi, azul, ruin, familiar, cortés, soez. Forma numérica de los adjetivos.—Los adjetivos forman el_plural_lo_ mismo que los sustantivos. Ejemplos: malo, ma- los; bribén, bribones; gris, grises; marroqui, marroquies. Noétese que ambos y sendos, por su naturaleza, solo_se usan_en plural en sus dos formas genéricas. Lo mismo pasa con demas en su forma nica, aunque puede emplearse en singular con sentido colectivo, como en expresiqnes neutras del tipo lo demas no tiene importancia, y acaso en la demds gente. Cadg es invariable y acompafia a sustantivos en singular y en plural: cada tres aitos, cada cinco dias, cada minuto. Apécope de los adjetivos.—Las formas plenas mio, twyo; suyo y femeninas se reducen a mi, tu, su, por pérdida de Ja_sflaba final cuando van delante del sustantivo. Este fené- meno gramatical se llama apdcope. Sobre estas formas apo- copadas en singular se forman los plurales mis, tus, sus. También sufren_apécope de la iltima silaba o de Ja ul- tima vocal grande, santo, bueno, malo, alguno, ninguno, pri- mero, tercero y postrero cuando van inmediatamente de- 30 MORFOLOGIA.—EL ADJETIVO lante del sustantivo. Pero obsérvese que esta apécope es solo en _las_ formas _masculinas. no en las femeninas, No parece bien decir /a primer vez, la primer persona, por la primera vez, la primera persona. Grande, como invariable, admite apécope ante masculinos y femeninos: el gran dia, la gran reina. Sobre cualquiera también hay que notar que la _apécope cualquier vale tanto para el masculino como para el femenino, va que cual- quiera, como grande, es invariable; cualquier hombre, cualquier mu- jer, Las formas erréneas cualquiera cosa, cualquiera dificultad, etcé- tera, obedecen a una [alsa idea de femenino por la terminacién -a. Gradacién de los adjetivos (v. pag. 166).—Si decimos Juan es mejor, se advierte que el adjetivo mejor acompaiia predicativamente al sustantivo Juan; pero la idea no esta completa, porque mejor implica una previa comparacién con otro objeto, que aqui falta. La idea podria completarse di- ciendo, por ejemplo, Juan es mejor que Pedro, en que re- sulta haberse comparado a Juan y a Pedro en cuanto a la bondad, hallandose 1a superioridad en este sentido del pri- mero sobre e] segundo. Obsérvese que el adjetivo mejor no expresa de modo absoluto ninguna cualidad; el hecho de ser Juan mejor que Pedro no quiere decir que Juan sea bueno; puede incluso ser francamente malo, con tal que Pedro sea peor. De modo que mejor solo expresa una sim- ple relacién comparativa entre dos objetos en cuanto a la cualidad de bueno. Entre bueno y mejor se ha distinguido siempre una diferencia /de grado, y se dice que bueno esta en grado positivo y mejor en grado comparativo; pero la diferencia fundamental entre ambos consiste, como hemos visto, en que bueno expresa la cualidad de modo absoluto, y mejor, de un modo relativo. _En latin, la mayor parte de los adjetivos era susceptible de recibir, por medio de terminaciones especiales (sufijos comparativos ior, ius), es decir, por procedimientos morfo- légicos, el grado comparativo. En castellano no existe para este objeto medio alguno morfolégico, y solo_conservamos GRADACION DE LOS ADJETIVOS _ i cuatro formas comparativas, derivadas del latin, que son las siguientes: mejor, comparativo de superioridad, de bueno. peor, id. id. de malo. mayor, fd. id. de grande. menor, id. id. de pequeno. Hay otras cuatro formas—anterior, posterior, superior, inferior— comparativas por el sentido, pero no por la construccién: no se dice Juan es inferior que Pedro, sino inferior a Pedro. Sin embargo, en los demas adjetivos puede obtenerse una expresién relativa comparativa analitica\gon_los_adverbios mds, menos y tan, antepuestos a los adjetivos, como existia ya en latin para la comparacién de igualdad e inferioridad. De este modo resultan tres tipos de expresién relativa_com- parativa; con el absoluto negro tendremos, por ejemplo: Comparativo de superioridad. Esta tinta es MAs NEGRA que aquella. ” de igualdad .... Esta tinta es TAN NEGRA como aquella. ” de inferioridad. Esta tinta es MENOS NEGRA que aquella. Existia en latin un tercer_grado. tlativo, que ad- mitia el doble sentido absolutaly oe el primero expre- saba Ia cualidad poseida absolutamente por el objeto en alto grado; el segundo expresaba que el objeto poseia la cuali- dad en grado superior a todos los demas de su grupo. Asi, teniamos: Cicero erat eloquentissimus = Cicerén era ELOCUENTiSIMO (superla- tivo absoluto). Cicero erat eloquentissimus oratorum = Cicerén era EL MAS ELO- cUENTE de los oradores (superlativo relativo). Esta especial forma del superlativo latino terminada en issimus_ha pasado al castellano, pero _solo_en_su_sentido absoluto, sin cardcter relativo comparativo de ninguna clase. Los adjetivos espafioles admiten, pues, en general, una forma superlativa en_isimo: grandisimo, lindisimo, muchi- simo, malisimo, que algunos cambian etimolégicamente en éxrimo: acérrimo (de acre), celebérrimo (de célebre), inte- 32 MORFOLOGIA.—EL ADJETIVO gérrimo (de integro), libérrimo (de libre) misérrimo (de misero), pulquérrimo (de pulcro) y paupérrimo (de po- bre), aunque se extiende la forma pobrisimo (1). Existen también las formas eruditas dptimo, de bueno; pésimo, de malo; mdximo, de grande, y minimo, de pequefio. Estos dos Ultimos son quiza los unicos superlativos originarios que han conservado, en cierto modo, matiz relativo, pero sin expre- sar el segundo término de comparacién, por lo general so- brentendido: el poder maximo es el poder mayor de to- dos; el precio minimo es el menor posible. os _adietivos que terminan en -n o en -r, suelen formar el superla- tivo en -cisimo, més que en -isimo: jovencisimo, tragoncisimo, ha- bladorcisimo. Comparese este caso con el de otros sufijos (ito, uelo, ote): jardincito, motorcito, -jovenzuelo, mayorzote. Salvo un leve matiz de énfasis, no percibimos diferencia real entre malisimo y muy malo, por ejemplo; por eso se ha acostumbrado considerar como superlativos analiticos los adjetivos con muy y aun con otros adverbios (sumamente, enormemente, considerablemente, etc.), Ello confirma el sen- tido de superlativos absolutos que tienen las formas en isimo. Por eso Bello (2) los considera exclusivamente como aumentativos, y Lenz propone que se les llame elativos. Resumiendo, pues, resulta que en espafiol solo existen cuatro adjetivos relativos comparativos de superioridad (me- jor, peor, mayor y menor) y, en cierto modo, dos super- lativos (mdximo y minimo). Las demas relaciones de cua- lidad no se expresan por medios morfolégicos. Su estudio corresponde, por consecuencia, a la Sintaxis. Existe, ade- mas, una formacién de adjetivos absolutos en isimo y en érrimo, de gran interés. Algunos de estos transparentan su forma latina: bonisi- mo, fortisimo, crudelisimo, fidelisimo, nobilisimo, amabili- simo, recentisimo, ardentisimo, sapientisimo, amicisimo, fri- gidisimo, etc. Sin embargo, el lenguaje popular va recons- (@® También van ganando terreno pulcrisimo, integrisimo, asperisimo algén otro. Las formas en -érrimo nunca han sido populares en espafiol. @) Anorés Beto y RUuFINo J. Cuervo: Gramdtica Castellana (7.* e4.), Paris, Roger y Chernovitz, 1902. § 219. ADJETIVOS SUSTANTIVADOS 33 tituyendo los mas comunes sobre las formas espajiolas: buenisimo, recientisimo, ardientisimo, friisimo, etc. Las ponderaciones vulgares tan grandisimo, muy gran- disimo, no son admisibles. En espafiol escrito, en efecto, se tienen por incorrectas. Sin embargo, en el habla coloquial son muy frecuentes, y no solo entre el pueblo precisamente. . La explicacién de estos giros estdé, como es natural, en la inten- cién expresiva, que considera mas eficaz muy grandisimo que los simples grandisimo o muy grande. Lo mismo en jqué chica més guapisima! o jqué tontisimo eres!; o—con otro afijo—en una chica muy requeteguapa. Ninguna de estas ponderaciones afectivas se suele considerar correcta en Ja lengua escrita, aunque se admite tan sumamente grande, que no es més légica que aquellas. Algunos comparativos y superlativos morfolégicos (estos dltimos cuando su formacién no es la corriente) pierden a veces su valor de grado: las personas mayores (= adultas); un sefor mayor (= de cierta edad); la mds minima sospecha (= la més pequefa sospecha). Suele existir diferencia de matiz, y a veces de significado, entre los superlatives normales y los cultos: en el uso corriente no es lo mismo malisimo que pésimo, buenisimo que éptimo, muy acre que acérrimo, etc., y esto indica que los hablantes no asocian ya el super- lativo culto a su base positiva, sino que lo consideran, en cierto modo, un adjetivo independiente, de sentido particularmente ex- presivo, igual que horrible, por ejemplo, con respecto a feo. Adjetivos sustantivados.—Con la expresién un hombre ciego designamos a un hombre—concepto sustantivo—a quien atribuimos ademdas la cualidad—concepto afiadido, ad- jetivo—de ciego. Pero si decimos solamente un ciego, la cua- lidad ha asumido sobre sf Jo sustantivo y lo adjetivo, es de- cir, la hemos constituido en un verdadero sustantivo del cual no se nos manifiesta mas que una sola cualidad, la ceguera; un ciego decimos entonces que jetiv ivado. No es de extrafiar que una cualidad pueda adquirir en ciertos momentos un caracter sustantivo, porque, como he- mos visto antes, un sustantivo no representa, en ultimo tér- mino, sino un cierto niimero de cualidades, las que nosotros reconocemos en el objeto que nombra. La sustantivacién del jetivo vendra lo lo sustantivo pierda interés para nos- otros porque sea algo citado ya, consabido © tan conocido 34 MORFOLOGIA.—EL ADJETIVO que se sobrentienda inmediatamente debajo del concepto adjetivo. Asi, el segundo (el piso segundo), la derecha (la mano derecha), el laxante (el medicamento laxante), la obli- cua (la linea oblicua), el rectdngulo (el paralelogramo rec- tangulo), la quimica (la ciencia quimica); pero, en la mayor parte de los casos, el adjetivo incorpora a si facilmente lo sustantivo de la personalidad humana masculina o femeni- na: los protestantes, el vecino, la inglesa, el tonto, los des- ocupados, las coquetas. Pero no es esta la tinica sustantivacién posible de los ad- jetivos. Todos los anteriores ojemplos constituyen susan: vos_concretos. Otras veces los adjetivos, sustantivarse, originan sustantivos abstractos. En alabé lo noble de su con- ducta, lo noble es un adjetivo empleado sustantivamente y cuyo cardcter abstracto se advierte cotejandolo con la no- bleza en la frase equivalente: alabé la nobleza de su con- ducta. La misma comparacién puede hacerse con me gusta por lo amable (... por su amabilidad) ; empalaga por lo dulce (... por su dulzura); lo dcido del limon (la acidez del limon). En las expresiones lo noble, lo amable, lo dulce, lo dcido, los adjetivos sustantivados abstractos van precedi- dos, como se ve, del articulo Jo. “Nuestra lengua—dice Cuervo (1)—aventaja en este punto a las demas lenguas romances, pues tiene una forma propia del articulo, que se une con los adjetivos usados de este modo; y como nunca se junta con nombres masculinos ni femeninos, gs_realmen- te neutro, y por tal debe también reputarse el adjetivo asi sustantivado.” . . . Sin embargo de esto, existen también ad jetivos sustanti- vados abstractos con el articulo, y, por consiguiente, el gé- nero, masculino; pero, como formacién exética, en espafiol tiene tendencia a desaparecer. Los mas usuales son, por ejemplo: el vacio, el largo, el ancho, el grueso, el interior, el extranjero, el natural, el desnudo, el infinito, el absurdo, el sobrante, etc. De estos, unos pueden facilmente sustituir- se por los sustantivos abstractos correspondientes: eb largo, (1) Nota 54 @ la Gramdtica de BELLo. APOSICION 35 por la longitud; el ancho, por la anchura; otros, por los ad- jetivos sustantivados neutros: el absurdo, por lo absurdo; el sobrante, por lo sobrante, etc. Sin embargo, muchas veces la sustitucién no es indiferente: ef extranjero, “los paises extranjeros”, y lo extranjero, “las cosas ex- tranjeras”; el fisico de una persona y lo fisico, etc. El articulo masculino da, en general, un sentido més restringido al adjetivo y tiende a fijarlo como verdadero sustantivo, El articulo neutro, en cambio, no olvida el cardcter adjetivo de la palabra a la que acom- paita, puesto que é| mismo viene a tener un cardcter sustantivo, con el significado de “la parte”, “las cosas”, “la calidad” (1): lo alto de la torre (= la parte alta de la torre); lo bueno dura poco (= las cosas buenas); comprende lo tonto de tu conducta ({ = la calidad de tonta..., cudn tonta es tu conducta). El articulo, como veremos més adelante (pag. 51), es el elemento sustantivador por excelencia, Sin embargo, no_es_necesario que_al adjetivo le preecda ningin determinante. para que haya sustantiva- ibn: una pelicula de buenos y malos. Aposicién.—La expresién el soldado poeta la hemos de entender en el sentido de el soldado que es asimismo poeta; es decir, que, ademds de sus atributos intrinsecos de solda- do, ajiade todo aquel conjunto de cualidades que leva con- sigo el significado de poeta. Por tanto, concretamos la idea de soldado atribuyéndole con caracter adjetivo cuanto con- tiene el concepto de poeta, Poeta es, morfolégicamente, un sustantivo, y aqui, como se ve, esté empleado en un sentido muy semejante al de un adjetivo, Asi como hay adjetivos sustantivados, vemos, pues, la posibilidad de que haya asi- mismo gustantivos en cierto modo adjetivados. Soldado y poeta se dice que van en aposicién. Lo mismo tenemos en el galdn fantasma, el Niro Dios, la dama duende, el rey profeta. Claro es que la aposicién tiene un sentido mas general que el que acaba de explicarse y un valor esencialmente sin- tactico, como ya veremos en lugar oportuno (pag. 163); pero en casos como los que hemos visto no deja de tener in- terés morfolégico. por lo que supone de adaptacién de un (1) Son los tres valores que SaLvaDor FERNANDEZ, § 72, denomina limita- tivo, colectivo © intensivo. 36 MORFOLOGIA.--EL ADJETIVO sustantivo para fines adjetivos, cuando la cualidad distintiva que trate de expresarse no encuentra manifestacién exacta en ningtn adjetivo de la lengua. De todo lo expuesto se deduce la estrecha corresponden- cia_que existe entre sustantivos y adjetivos, que se mani- fiesta: : 1° En los numerosos sustantivos abstractos de cualidad que se forman de los adjetivos: blandura, suavidad, amar- gor. 2° En Ja sustantivacion, ya abstracta, ya concreta, de los adjetivos: el verde, lo verde; el ancho, lo ancho; el ciego. | 3° En el gran numero de adjetivos procedentes de sus- tantivos: burlesco, telegrdfico, cervantino. 4.°. En muchos casos de aposicién. EL PRONOMBRE Definicién.—Con_la denominacion de pronombres se co- noce a muy diferentes grupos de palabras cuyo caracter co- mun es su peculiaridad de sustituir al sustantivo. Este sus- tantivo a quien sustituye el pronombre se llama en todo caso antecedente. En_los pronombres pueden _sefialarse los _siguientes_ca- racteres: Te oe . io. Yo no representa a ninguna persona determinada: puede ser Pedro, Juan, Andrés, etc., todos cuantos intervengan en la conversacién, a medida que cada uno de ellos vaya to- mando la palabra. Este es la persona que esté mas cerca de mi; cambiara de significado en cuanto se altere la disposi- cién de las personas. 2.° Sustituyen al nombre de_un_ ser pensado, sefialado, expresado previamente o manifestado por el hecho de la pa- labra. Véase, por ejemplo, el siguiente didlogo: ~—-éQuién ha venido? —Yo—dijo Pedro—no lo sé; pero este—sefialando a Juan—ha visto a alguien; al parecer, el mismo mendigo que vino el otro dia. Las palabras quién, yo, este, alguien y que son pronom- bres: quién sustituye a un concepto supuesto, pensado, de persona, que por el momento se ignora y es por ello objeto de pregunta; yo sustituye a Pedro, tan pronto como este ha tomado la palabra; este sustituye a Juan, que, como se indica, ha sido sefialado previamente con un gesto; alguien sustituye a un concepto vago de persona; que sustituye a mendigo, citado inmediatamente antes. 3.° El _pronombre no expresa, en general, nada nuevo. Sin embargo, \simplifica_y_flexibiliza considerablemente la expresién, evitando una enojosisima y constante repeticién del sustantivo. a7 38 MORFOLOGIA.-EL PRONOMBRE La sencilla frase: El obrero necesita que le proporcionen trabajo para poder llevar a su familia el pan que le hace falta, se convertiria, suprimiendo todos los pronombres que contiene, en la caética expresién: El obrero necesita que proporcionen trabajo al obrero para poder llevar a la fami- lia del obrero el pan. Dicho pan hace falta a la familia del obrero (1). 4° | TOno: i Los_pronombres_ pueden ofrecer dos sentidos: uno, sustantivo, y otro, adjetivo. En el primero reproducen el sus- tantivo, desempefiando en la oracién las mismas funciones que este; en el segundo reproducen el sustantivo anteceden- te, modificando en sentido determinativo a otro nombre. Asi, en alguno vendrd, alguno es pronombre con valor sus- tantivo; en mi libro, mi, que sustituye a la persona que ha- bla, a la vez que determina al sustantivo libro, tiene valor adjetivo. Los pronombres adjetivos se han estudiado ya como adjetivos determinativos. El_pronombre _se_distingue esencialmente del. nombre y_del_adje- tivo_calificativo en que estos designan a los seres por medio de un conjunto de caracteres o notas; los caracterizan: asi, la palabra ventana no es sino una suma de notas (abertura + por encima del suelo +en la pared, etc.) que constituyen un concepto més o me- nos complejo, imagen fija en nuestra mente de todas las ventanas posibles. En cambio, el pronombre designa a los seres sin catac- terizarlos; los sefala, actuando en la frase, en el didlogo, igual que un dedo indice: yo; ahi; aquel; tuyo. Nétese la ausencia de un significado fijo en estas palabras—a diferencia de ventana, trabaja- dor o embustero—; su significacion depende siempre de la situa- cién. Esta situacién es unas veces la de las personas que intervienen en Ia conversacién (asi en los pronombres personales, posesivos, demostrativos); otras veces es la de las palabras dentro de la frase (pronombres relativos...). len lo sustantivo: jetit sino también adverbios. Basta ver la relacién que hay entre las palabras yo-este-aqui, o tt-ese-ahi, o él-aquel-alli, para comprender que los adverbios aqui, ahi, alli, correlativos de los pronombres este, ese, aquel, cambiaran, como ellos, de significado en cuanto se altere la (1) Quizé no esté de mas emplear con frecuencia medios intuitivos para dar a conocer algunos fenémenos gramaticales. La Gramdtica de fa Lengua Castellana, en tres grados, de M. Montottu, Barcelona, Seix Barral, alcanza un gran valor pedagégico por este procedimiento. PRONOMBRES PERSONALES 39 disposicién de las personas; esto es, tienen la misma significacién ocasional que los pronombres sustantivos y adjetivos (1). a Si lag funciones que desempefia el pronombre son las de otros grupos de palabras—sustantivo, adjetivo, adverbio—, podemos con- cluir que el pronombre no se caracteriza por su funcién sintdctica, sino por su especial manera de significar los objetos. No es, pues, una verdadera parte de Ja oracién, al menos en el sentido tradicional. Clasificaci6n.—Los pronombres se clasifican en perso- nales, posesivos, demostrativos, relativos, indefinidos, inte- rrogativos y numerales. Pronombres personales.—Acabamos de decir que el pro- nombre no expresa, en general, ningun concepto nuevo. Asi es, en cierto sentido. Sin embargo, el pronombre personal introduce en la expresién una relacién nueva, el elemento subjetivo, e] yo, la conciencia del sujeto que habla. Frente al yo, y también desde un punto de vista subjetivo del que habla, se forma el #2. En un didlogo entre Pedro y Juan, Pe- dro es yo, y Juan, tt, cuando es Pedro el que habla; pero si habla Juan, Juan es el yo, y Pedro, el tu. La persona que habla—yo—aparece, pues, como punto céntrico del discur- so, y se llama primera persona; la que escucha—tu—se llama segunda persona, Todo cuanto no es yo ni ti es tercera per- sona, en que se incluye todo aquello—personas 0 cosas—de que se habla. El pronombre yo representa, pues, al sustantivo Pedro, un concepto ya conocido, o Juan—si es Juan el que ha- bla—; pero lo presenta como punto céntrico del discurso en cuanto se manifiesta por el acto de la palabra. Partiendo del yo, y desde un punto de vista espacial en relacién con el yo, se encuentran ui y él. Pronombres personales son los aue sustituyen a los nom- bres de las personas que de algin modo intervienen en el acto de Ia palabra. Como la conversacién puede recaer sobre diversas per- (@) Aquf se estudian en un mismo capitulo los pronombres sustantivos ¥ adjetivos, por set ambas funciones de indole nominal (aunque de los pronom- bres adjetivos ya se hablé algo en el capitulo anterior); los pronombres ad- verbios, cuya funcién ofrece otro cardcter, se estudiardn aparte, en ta pag. 105, bajo la denominacién de adverbios determinativos. 40 MORFOLOGIA.—EI. PRONOMBRE sonas 0 cosas, claro es que no solo habra una tercera per- sona, sino que también podra haber una cuarta, una quinta, una sexta persona. Sin embargo, el lenguaje incluye a to- das ellas en un grupo total indiferenciado de tercera per- sona, pudiendo uno con las mismas formas gramaticales re- ferirse tanto a unas como a otras. Asi, en el ejemplo del apartado 3.° de la Definicidn, el primer le se refiere a obre- ro, y el segundo, a familia. Las formas yo y ui, por el hecho de referirse a perso- nas presentes en la conversacién, no necesitan diferenciar el_género. No ocurre asi con él, que ofrece las tres formas: masculina—él—, femenina—ella—y neutra—ello—. Esta for- ma neutra, ello, no se refiere a ninguna persona o cosa determinada, pues en este caso habria de tener el mismo género del sustantivo reproducido. Se refiere a conjuntos de cosas, de -ideas complejas, y este mismo sentido colectivo tienen, en general, todas las formas neutras de los pronem- bres. Asi se ve en los ejemplos: dinero, bienestar, alegria, salud; todo ELLO se fue. ¢Alcanzar un porvenir sin esfuer- zos? No pienses en ELLO. El_pronombre ello se encuentra en decadencia en la lengua ha- blada, sustituido frecuentemente por otros pronombres neutros o por sustantivos: No pienses en ESO; EL CASO es que... Sin embar- go, la lengua literaria lo conserva: ELLo fue que...; no se inmuté por ELLO. La forma 4tona del mismo pronombre neutro,_/g. se mantiene, en cambio, en toda su vitalidad: tan coloquial puede ser como lite- rario te portas generosamente, pero no te LO agradecen. Las formas que ofrecen los pronombres personales, todas sustantivas, son las siguientes: PRONOMBRES PERSONALES 41 SINGULAR PLURAL, yo nosotros nosotras . formas tonicas } mi Primera conmigo persona. a formas dtonas. me nos nos 5 ta vosotros vosotras z formas tonicas § ti Segunda contigo 8 \ persona. 4 formas dtonas. te os, 08. z él ella ello ellos ellas e formas ténicas { si si si ol Tercera consigo consigo consigo consigo persona. le le lo les Tes formas dtonas. { lo la los Jas se se se se Lai e, si, consigo, suclen Iamarse pronombres_reflexi- vos, aunque tal denominacién no es muy exacta, ya que también desempefian el papel de reflexivos otros pronombres, como me, en me peino, u os, en os cuiddis; ademas, se no es solo reflexivo, como vemos en se lo agradezca, se la dejaste, etc. (V. pags. 97, 156 y 182.) La significacién y uso de esta diversidad de formas solo podran apreciarse al estudiar en_la Sintaxis los casos en los pronombres (pag. 152 y ss.). Téngase en cuenta que las formas nosotros y vosotros no_representan énti i del yo o del ti, que no puede existir, segtin el concepto que de ellos hemos dado. Nosotros no es igual a yo + yo + yo..., sino igual a yo + él + él..., 0 yo + ti. Asimismo, vosotzos es igual a ui + él + él, etc. Ambas formas fueron empleadas primiti- vamente para poner la primera o segunda persona en con- iraste con otra (1). 1) “La unica Gramética en que encuentro este hecho expuesto con cla- vids, respecto al significado de nosotros, vosotros es 1a Gramdtica histérica, de Menéndez Pidal”. dice Lenz. Aunque sin rigor, puede verse indicada la misma idea en la Primera Gramdtica espajiola razonada, por MANUEL Maria Dfaz Rusto, Toledo, 1884. La mejor exposicisn ahora es la de S. Gur Gaya: Nos-otros, vos-otros. Rev. de Filologia Espajiola, 1946, XXX, 108. 42 MORFOLOGIA.—EL PRONOMBRE La forma usted, usada para la segunda persona de res- peto, no es sino el ultimo grado de Ja evolucién de vuestra merced. Tiene, pues, un sentido sustantivo, y por lo mismo —a pesar de representar a una segunda persona—, grama- ticalmente. funciona siempre como ¢ercera. Pese al origen sustantivo de esta palabra—-que exige verbo en tercera persona—, usted es verdadero pronombre por el cardcter ocasional de su significacién. Por eso, como tti, no tiene género pro- pio, que si tendria en el caso de ser sustantivo. Cuando nos dirigi- mos a un hombre, usted funcionaré como masculino, pero seré femenino cuando hablemos con una mujer: usted es gracioso (a un hombre), es usted muy habladora (a una mujer). También fun- cionan como pronombres otros tratamientos, como usia (vuestra sefioria), vuecencia (vuestra excelencia), etc. Para la primera perso- na de modestia tenemos un servidor, el que suscribe, el abajo fir- mante, el autor... Solo la primera férmula se usa en la lengua ha- blada, aunque va perdiendo prestigio. Existen todavia nombres ténicos con significado singular, cuyo uso vive hoy restringido al lenguaje oficial: Nos mayestati- co, empleado por los obispos en sus pastorales, y d vos ceremonioso 0 de respeto, que solo aparece de vez en cuando en discursos diplo- méaticos (también en oraciones y jaculatorias) (1). de estos pronombres son nos y os, respectivamente. Como son formas de plural, ¢l verbo concierta con ellas en plu- ral; pero el predicado va en singular, ya que representan a una sola persona: Nos estamos satisfecho; vos, sefior Embajador, sed bien venido. Sin embargo, el nosotros periodistico, que es un plural de modes- tia, usado frecuentemente en lugar del yo en reportajes, entrevistas, etcétera, [leva verbo y predicado siempre en plural. Nos, con valor de “nosotros”. se conserva como arcaismo en al- gunas oraciones: venga a nos el tu reino; ruega por nos. Pronombres posesivos.—Los_pronombres posesivos enla- zan los objetos a las personas gramaticales, estableciendo entre ambos una relacién de posesién o pertenencia. Asi, en mi casa, el objeto casa se ha relacionado conmigo, indican- do que yo soy el poseedor de ella. Los pronombres posesivos son_adjetivos o adjetivos sus- tantivados: en el primer caso son los adjetivos determinati- vos de posesién que hemos estudiado ya, en los que, como (1) Prescindimos del vos de algunos paises hispanoamericanos, de caréc- ter dialectal. T PRONOMBRES POSESIVOS 43 se ve, hay que apreciar ademas un sentido pronominal: mi pensamiento, tu conducta, su libro, etc.; en el segundo caso funcionan como sustantivos: lo mio, lo nuestro, lo suyo. Los pronombres posesivos gon. por_naturaleza, adjetivos, vayan 0 no acompafiando a un sustantivo. El adjetivo es concepto depen- diente, que se piensa apoyado en el sustantivo. Asi, en este ejem- plo: Arriba esta el cuarto pequeno, y abajo esta el grande, la pala- bra grande es tan adjetivo como pequerio, porque se refiere a cuarto. Lo mismo ocurre con los posesivos: ne pueden pensarse si no se apoyan en un sustantivo; en la frase arriba estd tu cuarto, y abajo estd el mio, mio es adjetivo lo mismo que tu, porque ambos se refieren al sustantivo cuarto. lo ive tantivan, Jo hacen en la misma forma que los otros adjetivos: se dice lo mio, lo tuyo, como se dirit verde, lo bueno, Pero hay también un posesivo sustantivo especial: saluda a los tuyos, Juan vive con los suyos (los miembros de tu familia, de su familia). Estos pronombres distinguen en la posesién_que el_po- seedor sea uno o varios; la persona gramatical en cada caso; ademas, que lo_poseido sea una cosa o varias, y, por fin, que lo poseido sea un objeto masculino o femenino, o bien un conjunto de cosas o idea compleja (neutro). El _cuadro_ge- neral de las formas sera, pues, el siguiente: OBJETOS POSE[DOS ee UNO VARIOS ee Masculino " a y neutro Femenino = Masculino Femenino 1 pers, mio (mi) mia (mi) mfos (mis) mias (mis) Uno ...4 2.8 pers. tuyo (tu) tuya (tu) tuyos (tus) tuyas (tus) 3° pers. suyo (su) suya (su) suyos (sus) suyas (sus) 14 pers. nuestro nuestra nuestros nuestras. Varin} 2.8 pers. vuestro -vuestra vuestros —- vuestras. 3" pers. suyo (su) suya (su) suyos (sus) suyas (sus) POSEEDORES Obsérvese que dentro de cada persona gramatical no hay distincién de formas para el caso en que el poseedor sea masculino o femenino: asi, la carta nuestra puede ser la carta de nosotros o de nosotras. 44 MORFOLOGIA.—EL PRONOMBRE Obsérvese asimismo la repeticién de formas para uno o varios poseedores de tercera persona: una casa suya puede ser una casa de él, de ella, de ellos o de ellas, de usted o de ustedes. Pronombres demostrativos.—El_pronombre demostrativo indica un objeto marcando la relacién de distancia que guar- da respecto a las personas gramaticales: este es el que esta mas préximo a mi (primera persona); ese es el que esta mas proximo a ti (segunda persona); aquel es el que esta mas lejano de una y de otra (tercera persona). Las tres formas pueden indicar también diferentes proximidades respecto de Ja primera persona, sin atender a Jas otras dos, Esta relacién de distancia puede entenderse no solamente en cuanto al es- pacio, sino también en cuanto al tiempo: aquellos afos, esta temporada. Los demostrativos son, como los posesivos, unas veces see ene 7 era muy buena; mira estos dibu- jos) y otr® if (este dice que no va; eso no se debe hacer). Las formas masculinas y femeninas pueden emplear- se de las dos maneras, Ilevando, cuando son sustantivas, acento grafico (1). Hay, ademas, formas neutras, que solo pueden ser sustantivas: Masculinc Femenino Nevtro Singular este esta esto a L* pers. Be te estos estas Pronombres Singul: demostrati- ¢ 2.4 pers. | eo ese esa eso Plural . esos esas VOS ooeseces Singular aquel aquella —_aquello 3 pers. | Bnget : aquellos aqueHae Suelen incluirse en los demostrativos también tal y tanto, que parecen formar un grupo indeciso entre demostrativos e indefinidos: tal es mi situacién; no dije tanto. (1) El acento puede suprimirse cuando no hay riesgo de anfibologfa. (Aca- DEMIA: Nuevas normas de Prosodia y Ortografia, 1959, § 16.) PRONOMBRES RELATIVOS 45 i i i cial_de_d iyo que indica que un objeto cae dentro del campo de atencién del que oye, pero sin sefialar su situacién en el espacio ni en el tiempo; es un “pronombre descolorido” (pag. 51). Su empleo més corriente es ad- jetivo: a butaca, los nirios; pero puede funcionar también como sus- tantivo:. mi hermana era la que gritaba (= aquella que gritaba). Obsérvese que también aquel, aquella, aquellos, aquellas, demos- trativos, pierden a veces su idea de situacién cuando son pronom- bres sustantivos: “Los riesgos mds tristes, por ser los mds insidio- SOS, nos Uegan de nuestros semejantes, de AQUELLOS que juzgamos nuestros amigos, nuestros hermanos” (Palacio Valdés) (1). Véase pégina 217. Pronombres relativos.—Examinemos las dos oraciones que siguen: Ahi esté un hombre. El hombre te busca, Entre las dos existe una cierta relacién mental, puesto que ese hombre que te busca es, sin duda, el mismo que esté ahi. La misma idea la podemos expresar diciendo: Ahi esté un hombre que te busca, La relacién que descubrimos entre ambas oraciones esté ya gramaticalmente establecida por virtud del pronombre relativo que, e] cual esté sustituyendo al sustantivo un hombre. Pronombre relative es, pues, el que Teproduce un ante- cedente, relacionandg este con otra oracién de la que él mis- mo forma parte. De aqui la gran importancia sintactica de esta clase de pronombres. Los pronombres relativos son: que, cual, quien, cuanto y cuyo. Sus formas son: SINGULAR ‘PLURAL — eee Masculino —-Femenino Masculine —_-Femenino que que que que Pronombres_ } cual cual cuales cuales relatives... \ quien quien quienes quienes cuyo cuya cuyos: cuyas cuanto cuanta cuantos cuantas Donde se _ve que el relativo que es totalmente invaria- ble; cual y quien varian solo en numero; cuanto y cwyo (1) Citado por SaLvapor FERNANDEZ, § 141. 46 MORFOLOGIA.—EL PRONOMBRE son los unicos que tienen sus formas completas. Sin embar- go, que admite articulo en muchas ocasiones, y cual lo lleva casi siempre, incluso el neutro (se acordaba de nosotros, lo cual nos tranquilizé). Sus _usos no son indiferentes. Que_y cual se refieren tan- to a personas como a cosas: el hombre que rie; la semana que viene. Quien se refiere siempre a personas: ti eres el hombre en quien mds confio. A veces lleva absorbido dentro de si su propio antecedente, que se sobrentiende ser un pro- nombre demostrativo: quien (aquel que) bien te quiere. Todos estos tienen un cardcter_sustantiyo. Otros relativos afiaden a su valor de tales una nocién de cualidad, de cantidad 0 de posesién. Son cual (sin articulo), cuanto y cuyo. Cuye_es relativo_posesivo, equivalente en este sentido a “de que”, “del cual”, “de quien”, etc.: el libro de cuyo autor me hablas (el libro del autor del cual); Ja sefora por cuya hija me intereso (por la hija de la cual). Siempre es Jietivo. Cual_y cuanto se suelen llamar correlativos porque solo se presentan con determinados antecedentes. Cual, relativo de_cualidad, va siempre sin articulo y lleva como antece- dente tal: entonces los vi a todos tales cuales eran. Tiene caracter sustantivo. Cugnio es relativo de cantidad, y sus tnicos antecedentes posibles son todo o tanto’ o un sustan- tivo acompafiado de todo o tanto: le di cuanto tenia (1); le di todo cuanto tenia; vinieron tantos cuantos cabian en el coche (2). Es adjetivo unas veces y sustantivo otras. Concordancia de los pronombres relativos.—E] pronom- bre relativo concierta, en general, con su_antecedente en género y numero. Asi decimos el hombre al cual (0 a quien) llamaste; la mujer a la cual (o a quien) Namaste; (1) Al igual que quien, cuanto puede llevar envuelto su antecedente. (Q) V. pags. 223-25. PRONOMBRES INDEFINIDOS 47 los hombres a los cuales (o @ quienes) lamaste; las muje- res a las cuales (0 a quienes) llamaste. Sin embargo, cwyo no concierta con su_antecedente, sino que, por su cardcter adjetivo, debe concertar con el sus- tantivo al que acompafia. Asi, en la casa cuyos sdtanos ocupo, cuyos concierta con sdtanos, no con casa, Pronombres interrogativos.—, li el que sustituye a un nombre de persona o de cosa que por el momento se ignora, y que es por ello objeto de pregunta. Los. interrogativos son: quién, quiénes, para preguntar por la identidad de las personas: ¢quién es ese?; ¢quiénes vendran? ; qué, para preguntar por la identidad de las cosas o por una cualidad de las personas 0 cosas: gqué ocurre?; gqué amigos tienes?; jqué es usted? ; cudl, cudles, para individualizar personas o cosas dentro de un grupo de semejantes: ¢cudl elegiste?; gcudl de aquellos es tw pri- mo?; cudnto, cudnia, cudntos, cudnias, para preguntar por la canti- dad de personas 0 cosas: ¢cudntos vinieron?; ¢cudnto costé? (1). La forma c#yo para preguntar por el poseedor ({ctiya es esta casa? = ¢de quién es esta casa?) esta anticuada. Estos_pronombres son _adjetivos o sustantivos; en un caso y en otro van acentuados, como toda palabra de ca- racter interrogativo. 5 ivos qué y cuanto neutros y quién: {qué dices? ; écudnto duré?; gquién vive? Es adjetivo qué masculino o femenino: cqué periédicos traes? Cudnto masculino, cudnta y cudl son unas veces sustantivos y otras adjetivos: ¢a cudntos has engafado? ; gcudntos aviones han pasado? ; gcudl es el peor?; icudles parientes viniercn, los de Sevilla 0 los de Burgos? Algunos interrogativos, en frases cargadas de afectividad, pierden todo sentido de Sregunta pure_emplearse como exclamativos: iqué chico mds tonto!; icudnta gente!; jquién lo creyera! Pronombres indefinidos.—E]_ pronombre indefinido sus- tituye a una persona o cosa no bien concretada o cuya determinacién no interesa a los interlocutores. Cuando se dice alguien ha llamado se desconoce quién pueda ser el que llame; alguien, pues, sustituye a un concepto vago de persona que por el momento no puede ser determinada; aw V. pégs. 195-96. 48 MORFOLOGiA.—EL PRONOMBRE pero cuando se dice: he leido algo muy interesante sobre ti, algo representa una cosa conocida, pero que no interesa especificar por lo pronto. En este caso, es incluso recurso de lenguaje para enfocar el interés hacia algun objeto. i inidos pueden ser adjetivos y_sustantivos. lguien, nadie, algo, nada, quienquiera, y los adjetivos indefinidos cuando se sustantivan. Son adjetivos, entre otros: uno, alguno, ninguno, mu- cho, poco, bastante, demasiado, varios, cierto, cualquiera, otro, etc., ya indicados entre los diversos grupos de !os adje- sivos determinativos. Véanse ejemplos de pronombres indefinidos: sustanti- vos: muchos son los llamados, pocos los elegidos; sea quien- quiera, no le creo; nadie se enteré; conozco a bastantes del mismo apellido; demasiado hacen; adjetivos: tiene muchos empieados; cualquier nifio lo sabe; ponle mds patatas. Uno, adjetivo numeral, se emplea como pronombre in- definido sustantivo, y en este sentido admite plural: habia unos que no hablaban, Con matiz distributivo solo puede usarse en singular: alli uno hace lo que quiere (= cada uno...). Muchas veces sirve para referirse indirectamente al sujeto que habla, el cual, aunque alude a si mismo, da a la frase caracter de generalidad, poniendo el verbo en tercera persona: ya sabe uno lo que se hace. El mismo indefinido uno, cuando tiene carécter adjetivo (formas un, una, unos, unas), se opone al articulo el, la, los, las, y por eso lo estudiamos en el capitulo siguiente, bajo el nombre de articulo indeterminado o indefinido. Sin embargo, no es articulo, sino puro indefinido, cuando va acompafiando a un numeral para indicar mera aproximacién: esperé una media hora, estaremos fuera unas tres semanas. El_pronombre_reflexivo se funciona en ocasiones corio pronom- bre indefinido sustantivo, como resultado de la evolucién de la voz pasiva refleja de los verbos (v. pag. 189): aqui se estd bien; no se ve a nadie; se habla, pero no se trabaja. Pronombres numerales.—Los numerales se_han_consi- derado_siempre_como “‘adjetivos” cuando las gramaticas oponian como dos categorias diferentes el pronombre y el PRONOMBRES NUMERALES 49 adjetivo. (Ya hemos visto cémo los pronombres pueden ser adjetivos sin dejar de ser pronombres.) Pero al catalogar- seles entre los adjetivos determinativos se reconocia una afinidad entre ellos y los restantes determinativos, en los que se observa el caracter pronominal. El caracter pronominal aparece muy claro en los pro- nombres personales, posesivos, demostrativos, relatives e in- terrogativos; menos claro en los indefinidos, y menos atin en los numerales. Sin embargo, se nota en estos la misma ausencia de significacién de un objeto fijo y la misma naturaleza puramente sefialadora que encontramos en los demastrativos o en Jos posesivos; solo que, en vez de indi- car situacién o pertenencia, indican otra circunstancia, que es la cantidad, Asi, en una pasteleria podemos decir, ante una bandeja de pasteles: pdéngame ESTOS; 0 péngame VARIOS; 0 pén- game TRES. También indican cantidad los llamados indefinidos cuan- titativos (pag. 27): todo, mucho, poco, mds...; pero se ve facilmente que se distinguen de los numerales en no sefialar una cantidad concreta, sino indeterminada. Las diversas clases de numerales ya estén expuestas en la pag. 27. Aunque en ellos predomina el caracter adjetivo, los nu- merales funcionan como _sustantivos 0 come ivos j di : cardinales: Aan ve- nido dos preguntando por ti; mataron a tres de ellos; or- dinales: el primero que venga, que espere; multiplicativos: aqui cabe el doble de gente que alli; fraccionarios: cuarto de kilo; un tercio de la poblacién. : eardinales: dame dos cuartillas; ordinales: es la primera vez que le veo; mul- tiplicativos: doble cantidad; parto triple; fraccionarios: re- corrié medio mundo; ahora tengo la cuarta parte de lo que tenia, eran A EL ARTICULO Definicién.—La naturaleza del articulo se advierte com- parando dos ejemplos tales como trdeme el periédico de hoy y tréeme un periddico de hoy. En el primer caso nos refe- rimos a un periddico conocido previamente de las perso- nas que hablan, el que acostumbramos leer diariamente; en el segundo se trata de un periddico cualquiera de los que se han publicado hoy. Las palabras el y un se Haman articulo determinado ¢ indeterminado, respectivamente. En el primer ejemplo, el periddico es un periddico de- terminado; lo conocemos por el aditamento el que lleva el sustantivo delante. Sin embargo, este articulo e/ no es, como pudiera creerse, lo que determina al sustantivo. El perid- dico viene determinado de antemano por el hecho de ser un periédico ya consabido, sefalado por una especie de convenio tacito entre las personas que intervienen en la conversacién. La “notoriedad” del periddico es en este caso privativa de cierto niimero de personas, que saben de qué periddico se trata. Otras veces la notoriedad del objeto es comin a todos los hablantes del idioma, ya porque aquel sea individual (el cielo, da verdad) ° materia simple (el agua, el trigo, el oro), ya porque esté indivi- dualizado por algiin complemento (la calle de Alcald, la novela que estoy leyendo, la Edad Antigua) (1). Comparemos ahora las frases la mesa es redonda; esta mesa es redonda. En el segundo caso, la mesa de que se trata esta perfectamente concretada por la relacién de dis- tancia a la primera persona que establece el adjetivo demos. trativo esta; en el primer caso, la mesa no sabemos cual mesa pueda ser, a menos que estemos prevenidos anterior- mente, pues la expresién la mesa no lleva dentro de si nada (I) Véase G. GoucenHemm: Systéme grammatical de la Langue francaise. Parfs, Bibliothaque du Francais Moderne, 1938, pag. 140. aa DEFINICION 51 que distinga una mesa de todas las demas. Lo tnico que se halla es el intento de referirse a una mesa consabida, de aislar en cierto modo una cierta mesa de todas las demas para referirnos a ella en nuestra conversacién. El mismo sentido encontramos en el frio era intenso; la bon- dad encuentra recompensa; el estimulo alcanza grandes triunfos. El articulo en todas estas expresiones no parece tener otro valor que el de aislar los sustantivos frio, bondad y estimulo de la vaguedad sin limites del sustantivo comin para presentarlo como foco o centro de nuestros pensa- mientos. El _articulo, pues, supone una corporeizacién, una materializacién de Ta esencia expresada por el sustantivo solo, sin Iegar a la concre- tizacion Gltima que supone ya el demostrativo. El mismo valor ac- tualizador se ve cuando precede a una oracién sustantiva, como en EL que sea tarde no nos impedird dar una vuelta. De tal manera es caracteristico del sustantivo el articulo, que cuando una palabra o una expresién va precedida de él, queda sus- tantivada: EL no sé qué, EL qué dirdn, mds vale uN por si acaso que UN quién pensara. Etimolégicamente, el articulo ef no es sino un demos- trativo que ha perdido el valor de localizacién que tenia en latin, semejante al de nuestro demostrativo aquel (1). Por otra parte, la expresién un pez oscila muchas veces en su significado entre el sentido numeral de unidad (un solo pez, frente a dos, por ejemplo) y el sentido indefinido de algin pez. Su eficiencia no se advierte, en realidad, hasta que se establece el cotejo con el articulo determinado: el sombrero, un sombrero (2) Resulta, pues, que los articulos el y un no son sino adje- tivos determinativos descoloridos, que tienen el especial ca- racter comin de anteceder a los sustantivos, presentandolos en una esfera de determinacién 0 indeterminacién. Hoy _se_suele definir el_articulo diciendo sencillamente. que es la palabra que anuncia el caracter sustantivo de la expresién que le (1) Compérese pig. 45. (2 Compérese pag. 48. 52 MORFOLOGIA—EL ARTICULO sigue, indicando al mismo tiempo Jos accidentes gramaticales de ese sustantivo 0 expresién sustantivada. Formas del articulo.—Segin lo anterior, existen dos cla- ses de articulo: el articulo definido, o determinado, que tiene las formas el, la, lo, para el singular (masculino, femenino y neutro), y los, las, para el plural (masculino y femenino); y i indefini i i , que tiene las for- mas un, una, para el singular masculino y femenino, y unos, unas, para el plural de los mismos géneros. Concordancia del articulo.—Los articulos conciertan_en género_y numero con los sustantivos correspondientes. Los nombres masculinos de singular requieren, como ya se ha dicho, el articulo el, y los femeninos, el /a, La forma neutra lo se emplea, como también quedé expuesto, con los adjeti- _ vos sustantivados abstractos. La misma correlacién genérica y numérica se observa en todas las demas formas. No obstante, con el sustantivo femenino que empieza por sonido de a acentuada se usa, por razén de eufonia, la for- ma el, en lugar de Ja: el alba, el ancla, el agua, el hacha, el alma, el dguila, etc. No serfa exacto decir que en estos casos “se usa el articulo masculine”. En ellos ef es articulo femenino, resultado fonético del antiguo articulo ela en tales condiciones: ela agua >el agua. Tdéntico fenémeno ocurre con una ante los mismos sustantivos: una alma > un alma. Cuando concurren la preposicién de y el articulo el, la expresién de el se convierte en del por reduccién 9 contrac. cién del sonido vocal prolongado ee. Una contraccién seme- jante ocurre en a el, que se transforma en al. Matices del articulo definido.—Aparte de los sentidos generales que hemos apreciado en el articulo determinado, cabe sefialar en él tres _distintos matices de _significacion, en relacién con el nombre: al que acompaiia: a) _Absoluto—El articulo aisla al sustantivo, colocan- dolo dentro de una esfera de determinacién: ef hombre del gaban; el calor del verano. b) Distributive —E} articulo no demarca solamente un USO DEL ARTICULO 53 objeto determinado, sino todos los de la misma especie: ef perro es un animal util (esto es, todos y cada uno de los perros) ; el crepisculo tropical es breve (esto es, todos y cada uno de los crepisculos tropicales). _c)_Genérico.—E] articulo no demarea un objeto deter- minado, sino que presenta a este como representante de to- dos los de su especie: el hombre es mortal; la mujer es fragil (1). Uso del articulo.—Segiin cuanto se ha expuesto en la de- finicién, es evidente que el articulo determinado no debe acompafiar a Jos nombres propios, por cuanto ellos se mar- can a si mismos una suficiente esfera de determinacion. Sin embargo, se ve el articulo: en lenguaje popular y forense con los nombres de personas: la Juana, la Maria, el Pérez; cuando estos nombres de persona requieren alguna cierta determinacién mostrativa: de sus hijos, conozco al- Pepe (esto es, a aquel que tiene e] nombre de Pepe); cuando se toman en sentido genérico: los Quintero, los Borbones. Los nombres geograficos Ievan el que corresponde a su ge- nérico correspondiente: el Tajo, la Penibética. También acompafia el articulo a algunos apellidos de artistas italianos (el Tasso, etc.) y a los de mujeres (la Gémez). Estos dos empleos, sin embargo, van cayendo en desuso, en especial el pri- mero: hoy nadie diria, por ejemplo, el Pirandello. El segundo, cuando no es de ambiente popular, esté adquiriendo un matiz des- pectivo, del que desde luego carecen las denominaciones consa- gradas por otra época: la Pardo Bazan, la Avellaneda. La cantidad indeterminada de una materia se expresa en castellano con el sustantivo sin articulo: dame pan; sirveme vino (2). jofD FRDEMCo Hanssen: Gramética histrica de Ja lengua eastelona, Halle, @) Sobre Ja presencia o ausencia del articulo, la preferencia de el o un y el mayor o menor grado de determinacién que cada una de cllas expresa, véanse pigs. 160 y 161. (Formas de indeterminacién del sustantivo y Deter: minacidn por referencia.) EL VERBO Definicién.—E]_ verbo es la palabra por excelencia, que expresa el juicio mental incluyendo sus dos términos esen- ciales: el predicado y el sujeto (1). Asi, en la forma verbal leo esta contenida la idea de leer mas la del sujeto que lee, yo. Asi como los sustantivos designan los objetos, y los adje- tivos las cualidades de estos objetos, esta en el verbo la ex- presién_de_los cambios. movimientos, alteraciones de estos mismos objetos en relacién con el mundo exterior. Los obje- tos no estan inertes y reducidos. a sus solas cualidades; hay en ellos una dinamicidad, una actividad continua, que es para nosotros de mucho mayor interés que la estatica mos- tracién de un cierto niimero de atributos adjetivos. Asi, el drbol crece, florece, fructifica, envejece, muere; el gato anda, come, bebe, arana, mailla, corre, duerme. Todas estas pala- bras crece, florece, fructifica..., anda, come..., duerme, et- cétera, que expresan los cambios, los movimientos, las alte- raciones, las actividades de las cosas en relacién con el mun- do que las rodea, es decir, las palabras que expresan lo que. les ocurre a las cosas—los fendmenos—, son los verbos. Pero hay en la palabra verbal otra notable caracteristica. La forma dormi, por ejemplo, expresa en primer término un fenédmeno que ocurre en alguien (dormir); pero la forma dormi no expresa el fendmeno de dormir sino precisamente atribuido a una persona gramatical, la primera, yo; si hubié- ramos tenido que referir el mismo fendmeno a la persona ti, no hubiéramos dicho dormi, sino que hubiéramos tenido que emplear otra forma distinta, dormiste. Por otra parte, dormi atribuye la idea de dormir a la primera persona; pero se (1) Segin J. Cesapor: La lengua de Cervantes, Gramédtica y Dicciona- rio. I. Madrid, 1905. Nétese que esta definicién es aplicable solo al espafiol y lenguas que conservan en las terminacioncs de sus formas verbales la expre- sién del sujeto pronominal. =, CLASES DE VERBOS 55 la atribuye ademas en una cierta época, en este caso pasada. Si quisiéramos referimos a un momento distinto, venidero, por ejemplo, empleariamos otra forma: dormiré. Resulta, pues, que el verbo expresa el fendmeno, pero relativo a una persona gramatical determinada y como ocu- rrido en una época también determinada. Esto es, expresa_el fenémeng con indicacién de tiempo y de persona, Esta indicacién de fenémeno y su relacién a una persona sujeto del fenémeno es lo que determina el cardcter predi- cativo del verbo y justifica su definicién anterior. Por otra parte, sus caracteristicas de persona y tiempo preservan formalmente al verbo de posibles confusiones con cierta clase de sustantivos abstractos que, como vimos a su tiempo, designaban fenémenos. La palabra crecimiento ex- presa, en efecto, el fenédmeno de crecer; pero este fendmeno puede atribuirse a cualauier persona en cualquier tiempo. La palabra crecimiento es invariable, tanto para expresar mi crecimiento, como el tuyo, el de nosotros, el de Pedro o el de los arboles; asimismo este crecimiento puede ser el de ahora, el que hubo antes 0 el que habré después. En cambio, creceré expresa también un crecimiento, pero exclusivamen- te el crecimiento mio y en época venidera; para expresar cualauier otra cosa habria que emplear formas distintas. Clases de verbos.—Si decimos ese hombre ha dado una limosna, el verbo ha dado supone, desde luego, una persona que da y una cosa que se da, es decir, un sujeto y un objeto; un sujeto, punto de partida de la accién, y que por ello Ia- mamos agente en este caso, y un objeto, en quien parece que la accién tiene su acabamiento. Los verbos como este, que, por una parte, expresan una accién, y, por otra, la ponen en relacién sencilla con un objeto, en el cual la accién logra su cumplimiento, deben Ilamarse activos transitivos, nombre en que quedan registradas las dos citadas notas esenciales. Son, pues, verbos activos transitivos los que figuran en los ejem- plos: Antonio lee el periéddico; un incendio destruyé la casa; el vecino pagé sus deudas. Si decimos Cain maté a Abel, matar sera un verbo activo 56 MORFOLOGIA—EL VERBO transitivo, con un sujeto agente, Cain, y un objeto, Abel. Mas si examinamos la oracién la alegria repentina mata, ya el verbo matar no tiene el mismo caracter, pues aqui, aunque sigue expresando una accién, y en este sentido es activo, y aun relaciona esta accién con un sujeto agente, no se refiere, en cambio, a ningin objeto en que la accién quede comple- tada o terminada. Decimos entonces que es activo _intransi- tivo, Entre los verbos activos o que indican accién existe, por tanto, una distincidn en transitivos 0 intransitivgs, segin ha- gan o no relacién a un objeto. La presencia o ausencia de este objeto determinaré que un mismo verbo activo sea de una u otra clase. Son activos intransitivos los de los ejem- plos que siguen: no acabaremos en un afio; mi hermano aprende; ya ha pagado José. Otros verbos, como, por ejemplo, dormir, pasear, llegar, venir, crecer, morir, hacen solamente referencia a un sujeto, del cual expresan fenémenos no relacionados con ningin objeto, un simple modo de ser mas o menos estable. Los ver- bos de este tipo se Ilaman verbos de estado. Asi son los de los ejemplos siguientes: los chicos corren por las calles; las frutas maduran en primavera; mi sobrino vive en Madrid. En el ejemplo la mujer lava la ropa encontramos un ver- bo activo transitivo que relaciona Ja accion de lavar con un sujeto (mujer) y un objeto (ropa). Mas puede muy bien ocurrir que el sujeto se lave a si mismo, es decir, que sujeto y objeto sean la misma persona, y en este caso particular habria que expresarse diciendo: La mujer se lava, como también habria que decir me lavo, te lavas, nos lavamos, os lavais, se lavan, si el sujeto, en vez de la mujer, fuera yo, tu, nosotros, vosotros o ellos, respectivamente. Asi pues, habria que poner al lado del sujeto ciertas formas, me, te, se, nos, os y se, que ya hemos visto en los pronombres personales. Los verbos cuyo sujeto y objeto coinciden, esto es, cuya accién se refleja o vuelve otra vez sobre el sujeto, se llaman verbos reflexivos, caracterizados por el empleo de ciertas for- mas pronominales juntas con el sujeto. Mas no se crea que los verbos reflexivos son todos de origen activo transitivo, CLASES DE VERBOS 57 como el verbo lavar, citado para ejemplo. Existen muchos verbos cuya forma es exclusivamente reflexiva, como, por ejemplo, quejarse, condolerse, atreverse, jactarse, arrepen- tirse, dignarse, en los cuales no puede decirse yo jacto, sino yo me jacto; té quejas, sino ti te quejas. Existen ademas verbos de estado que a veces se presentan como reflexivos: morirse, pasearse, irse, venirse, marcharse. Asi como se dice yo paseo, yo voy, puede decirse yo me paseo, yo me voy, por cierto con una diferencia de matiz que explicaremos oportunamente (pg. 183). Muy cercanos a los verbos reflexivos estan los verbos re- ciprocos, que tienen por sujeto agente dos o mds personas, cada una de las cuales ejerce una accién sobre las otras y la recibe de ellas. La forma distintiva de estos verbos es la misma de los reflexivos, de los que se distinguen, en caso de duda, afiadiendo expresiones como mutuamente, uno a otro, reciprocamente, etc. En él y yo nos escribimos a diario, nos escribimos es un verbo reciproco que manifiesta el hecho de que yo le escribo a él y él a mi. Son también verbos reci- procos corrientes cartearse, pegarse, odiarse, tutearse, Los verbos como lover, tronar, nevar, amanecer, etc., que indican fenédmenos atmosféricos de sujeto confuso y vaci- lante, como por esta circunstancia no pueden llevarlo ex- presado, se refieren siempre vagamente a la tercera persona gramatical singular. Asi se dice: Uueve, llovia, Uoveré; ha nevado, nevaba, nevaria; amanezca, habia amanecido, ama- neciese, siempre con formas propias de la tercera persona de singular. Esta particularidad de los verbos de la Natu- raleza de no emplearse sino en una sola forma personal hace que se les Hame unipersonales, Resumiendo, pues, lo anterior, resulta que los verbos por su propia naturaleza pueden _clasificarse en: transitivos. ivos .... . sey acti intransitivos. de estado. reflexivos. reciprocos. unipersonales. Verbos ... | ~~ 58 MORFOLOGIA—EL VERBO Verbos auxiliares.—Saludo, he saludado y soy saludado son tres formas verbales distintas que por su significacién corresponden evidentemente al verbo saludar; pero en las dos ultimas advertimos la presencia de dos formas, he y soy, correspondientes a otros dos verbos, haber y ser, que no tie- nen otro valor que contribuir a la constitucién de las ante- riores formas del verbo saludar. Los verbos que de algin modo intervienen en la expresién de formas correspondientes a otros verbos se Ilaman verbos auxiliares. Los verbos auxi- _ liares ma > aunque también se em- plean como tales con cardcter especial los verbos estar, tener, ir, venir, etc. Formas simples y formas compuestas.—Asi resultan en los verbos dos series distintas de formas: unas constituidas por una sola palabra; por ejemplo: saludé, saludaré, salu- daria, saludaba, etc., y otras formadas con la ayuda de ver- bos auxiliares: he saludado, habia saludado, habré saludado, etcétera. Las primeras se Ilaman simples, y las segundas, compuestas. Accidentes del verbo.—Por la definicién del verbo he- mos visto ya como este habia de adoptar formas distintas para referir los fenédmenos a las distintas personas gramati- cales (por supuesto, de singular y de plural), y asimismo para ofrecer la expresién de las épocas en que se verifican los fenémenos. Pero hay mas: el verbo presenta también medios para la expresién de ciertas relaciones del fendmeno con la persona que habla, o sea los modos, y, por fin, para distinguir el caso en que el sujeto a que se refiere la accién - verbal sea el productor de esta o, por el contrario, el que la recibe; es decir, lo que se llama_voz. Los _accidentes gramaticales segtin los cuales varia el ver- bo son, pues: el numero, la persona, el tiempo, el modo y la voz. Debemos afiadir a estos accidentes del verbo el_aspecto, aunque suele incluirse dentro del accidente tiempo. Por el aspecto se distin- gue si la accion es considerada en su transcurrir 0 como algo aca- bado. Este accidente se expresa en general por medio de la distin- cién entre tiempos simples y compuestos. PERSONAS Y NUMEROS 59 Asi_resulta_una gran cantidad de formas distintas, que en cada verbo se eleva a unas doscientas, contandc las sim- ples y las compuestas. Esta riqueza morfoldégica del verbo se justifica por la extraordinaria importancia de este en el lenguaje, cuyo elemento esencial y céntrico constituye. Radical y desinencias—;Cémo se constituyen tantas formas? Un gran nimero de ellas, las compuestas, ya hemos dicho que se obtienen con ayuda de los verbos auxiliares. En cuanto a las formas simples, se logran con no mayor sencillez. Si comparamos varias formas verbales, como habl-o habl-dbamos habl-amos habl-erian habl-aste habl-asen observamos que hay en todas ellas un elemento invariable y fijo, que es habl, el cual indudablemente ha de expresar ja idea fundamental del verbo, y frente a este elemento cons- tante, una serie de terminaciones afadidas: 0, amos, aste, dbamos, etc., que expresan los distintos matices accidentales de la idea verbal. E] primer elemento, fijo e invariable para cada verbo, se llama raiz o radical; los demas elementos in- corporados, que forman series aplicables a los distintos radicales, se aman desinencias. Conjugacién.—De este modo, agregando al radical de un verbo las desinencias que expresan los diversos matices de persona, mimero, tiempo y modo, se conjuga ese verbo y se obtiene su conjugacién. Conjugacién es, pues, el con- junto de formas que puede afectar un verbo para expresat todas las variaciones posibles de su significacién. Personas y mimeros.—Los verbos presentan seis formas correspondientes a las tres personas gramaticales de singu- lar y plural, dentro de cada tiempo, y estos dentro de cada modo. Asi, de la raiz habl tendriamos, afadiéndole las de- sinencias de persona y numero, las formas: hablo habl-amos habl-as _habl-dis habl-a habl-an. 60 MORFOLOGIA.—EL VERBO Pero esto es en el tiempo presente; para otro tiempo, el que llamaremos pretérito imperfecto, por ejemplo, aiiadi- remos seis desinencias semejantes al radical habl, combi- nado con la desinencia aba que caracteriza el tiempo cita- do. Tendremos asi: habl-cba habl-dbamos habl-abas habl-abais habl-aba habl-aban Pero este tiempo corresponde al modo llamado indica- tivo. Si se tratara de] subjuntivo, por ejemplo, obtendria- mos otras seis formas de la siguiente manera: habl-ara habl-dramos hab}-aras pabl-arais habl-ara abl-aran Modos.—Comparemos las siguientes frases: Pedro vendré hoy. Yo no creo que Pedro venga hoy. Ven hoy, Pedro. Aqui tenemos tres formas del verbo venir, referentes todas al mismo sujeto, Pedro. En las tres el verbo venir tiene, naturalmente, el mismo significado; sin embargo, este significado se manifiesta desde tres puntos de vista dife- rentes, que constituyen tres modos verbales distintos. En el primer ejemplo, el hecho de venir Pedro se enun- cia de un modo absolutamente objetivo, sin que el que habla tenga otra intervencién que enunciar el juicio. La forma vendrd corresponde al modo _indicativo. En el segundo ejemplo, el hecho de venir Pedro se mani- fiesta de modo puramente subjetivo: no es sino una creen- cia, una opinion mia, o sea del que habla. Si hubiéramos dicho yo quiero, yo deseo, yo necesito que venga Pedro, el venir Pedro dependeré de mi voluntad, o de mi deseo, o de mi necesidad, etc. Asi, pues, en ningin caso se afirma que Pedro venga 0 no, sino que este hecho de venir existe solo en la mente del que habla como una cierta disposicién sub- jetiva suya. Este es, en general, el significado del_modo_sub- Juntivo, al cual corresponde la forma venga. E] hecho se considera como algo que, para el que habla—yo—, FORMAS VERBALES AUXILIARES 61 no tiene existencia real, sino que queda encerrado dentro del campo de lo puramente pensado. Ni se afirma ni ee niega el hecho: tan solo se le toma como algo que esta en el aire. En otras palabras, podriamos decir que el subjuntivo expresa la “esencia” de un hecho, frente al indicativo, que expresa la “existencia”. Knud Togeby (1) lo caracteriza diciendo que, asi como el indicativo tiene un sentido de “afirmacién”, el subjuntivo significa la “suspensién de Ia afirma- cién”, y se aplica a hechos reales, pero solamente cuando no se quiere o no es necesario afirmarlos. Veamos el ejemplo tercero: ven, Pedro. Tampoco aqui se quiere decir, de ningun modo, que Pedro viene 0 no, sino que se exptesa la voluntad decidida del que habla de que el que oye, que es Pedro, ejecute un acto; es, pues, un mandato, que en ocasiones puede suavizarse hasta conver- tirse incluso en ruego o siplica (jten piedad de mi!; jcom- padeceos, Sefior!). Ello requiere, evidentemente, que el su- jeto haya de ser siempre la persona que escucha, es decir, la segunda persona gramatical. Por eso el modo imperativo, que es el que ofrece la forma ven y del cual estamos tra- tando, no tiene, en realidad, mas que dos personas (segunda del singular y del plural), no las seis que tiene cualquier tiempo. Por lo demas, tampoco permite, por su naturaleza, otra época de accién que el presente. La Graméatica tradicional cita oiros dos modos: el potencial y el infinitive. En el lugar oportuno veremos cémo ninguno de los dos es modo. Asi pues, reconocemos la existencia de tres modos ver- bales, es decir, maneras de considerar el fenémeno desde el punto de vista subjetivo del que habla: el indicative, que expresa la accién objetivamente; el_subjuntivo, que la pre- senta como una simple idea en la mente de la persona que habla, y el imperative, que expresa la accién como una or- den inmediata del que habla. Formas verbales auxiliares.—Tradicionalmente s¢ ha ve- nido considerando la existencia de otro modo verbal, el modo infinitive, integrado por las formas venir {infinitivo), viniendo (gerundio) y venido (participio). Sin embargo, estas (1) Mode, aspect et temps en espagnol. Copenhague, 1953; pég. 117.

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