100% encontró este documento útil (1 voto)
608 vistas13 páginas

Reinos Eielson

Este documento presenta el índice de contenido de un libro de poemas titulado "Reinos" de Jorge Eduardo Eielson publicado en Lima en 1944. El índice incluye los títulos de 20 poemas que abordan temas como la muerte, la naturaleza, la soledad y la introspección.

Cargado por

Dilú Liviapoma
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (1 voto)
608 vistas13 páginas

Reinos Eielson

Este documento presenta el índice de contenido de un libro de poemas titulado "Reinos" de Jorge Eduardo Eielson publicado en Lima en 1944. El índice incluye los títulos de 20 poemas que abordan temas como la muerte, la naturaleza, la soledad y la introspección.

Cargado por

Dilú Liviapoma
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Reinos

Jorge Eduardo Eielson. Lima, 1944

Contenido

Soneto a un ebrio de la antigua Roma

Genitales bajo el vino

Reino primero

Oda al invierno

Parque para un hombre dormido

Poesa

La muerte del organista mayor

Esposa sepultada

Reina de cenizas

Prncipe del olvido

La tumba de Ravel

ltimo reino

Poesa de la casa entre los pinos

Piano de otro mundo

El cielo

A un ciervo otra vez herido

Los jvenes sabios en invierno

Librera enterrada

Nocturno terrenal

REINOS
Jorge Eduardo Eielson. Lima, 1944

En el invierno son las lgrimas

Contemplan all el verde, arcaico Seor


De los cedros, reinar furtivo en sus telas,
Guiar la nube esmeralda y sonora del mar
Por el bosque, o besar los abetos de Dios,
Orinados por los ngeles la luna y las estrellas:
Manzanas de amor en la yedra de muerte
Ve el joven, solemnes y ureos cubiertos
En la fronda maldita, que un ciervo de vidrio estremece.
La joven, que nada es ya en el polvo sombro,
Sino un cielo puro y lejano, recuerda su tumba,
Llueve e irrumpe en los brazos del joven
En un rayo muy suave de santa o paloma.

del hombre ms altas y sonoras

Reino primero
Sobre los puros valles, elctricos sotos,
Tras las ciudades que un ngel diluye
En el cielo, cargado de heces sombras y santas,
El joven oscuro defiende a la joven.

Parque para un hombre dormido


Cerebro de la noche, ojo dorado
De cascabel que tiemblas en el pino, escuchad:
Yo soy el que llora y escribe en el invierno.
Palomas y nveas gradas hndense en mi memoria,

Y ante mi cabeza de sangre pensando


Moradas de piedra abren sus plumas, estremecidas.
Aun cado, entre begonias de hielo, muevo
El hacha de la lluvia y blandos frutos
Y hojas desveladas hilanse a mi golpe.
Amo mi crneo como a un balcn
Doblado sobre un negro precipicio del Seor.
Labro los astros a mi lado oh noche!
Y en la mesa de las tierras el poema
Que rueda entre los muertos y , encendido, los corona
Pues por todo va mi sombra tal la gloria
De hueso, cera y humus que me postra, majestuoso,
Sobre el bello csped, en los dioses abrasado.
Amo as este crneo en su ceniza, como al mundo
En cuyos fros parques la eternidad es el mismo
Hombre de mrmol que vela en una estatua
O que se tiende, oscuro y sin amor, sobre la yerba.

Como glauca msica, y mi respeto es mudo


Y oscuro como la oruga ante el sol reluciente:
Yo soy el desdichado aceite que recoge su reflejo
En una grieta de la tierra.
Acudid, plateados prados, venturas, contentos,
Das de entera llama por l incendiados.
No hay quin lo rescate a las altas sierpes
De tornasol que braman en sus odos,
Y ms y ms lo enroscan y le ahogan el alma
En una negra oracin?
Veo la metlica sombra de David a su espalda
Con sus lumbares frutos
En los dedos melodiosos y eternos
El organista besa el nogal del clavijero
Saborea una ltima nota en la sombra
Ah muerte, dorado regocijo, sonoridad y silencio,
Cun tiernos y heroicos pulmones
Sobre el letal teclado acoge!
Recitad lejanos valles y montaas, callados insectos,
En la alta noche del organista
Himnos y alabanzas inaudibles.

Reina de cenizas
La muerte del organista mayor
Escucho su muerte resonante oh mortales!

Violo tus exequias, amada, difunta ma,


Prpados de lys, corona de doradas cucarachas,

Donde el reptil amargo y verde suea.


Consulame en mi trono de sangre, amada,
Donde a solas, rodeado de antorchas, me he dormido
Y no he escuchado tus heraldos,
Con fuego en la gorguera, cantar tu santa muerte.
Consulame Reina, consulame tremenda,
Yo soy el Rey en su torre y t eres media luna alada,
Ceniza que gobierna, atad abierto y profanado.
Oh seora ma, luto de mi amor!
Qu antigua dicha, bajo tu enjoyado seno,
Bajo la imperial ceniza, alumbra?
Cae el terciopelo de tus fulgurantes clavculas,
La Muerte llega a tus pies,
Junto a mi yelmo, mi crneo, mi esqueleto arrodillado
Ante las escamas negras del Infierno.

Al fondo del piano, de augusta polilla


Rodeada, tu cabeza de cmbalo se oye.
Nadie sabe quin es el caballo que a diario
Solloza en tu lpida oscura o entreabre
Los dedos marmreos del nicho en la sombra.
Fantasma mo, en tu espalda ha cado
La mosca mortuoria con alas de vidrio.
Pastor subterrneo del sol, ya silbando,
O en filones de yedra, de bronce y madera
Sentado, hiciste tu tumba en un piano, fantasma.

Poesa de la casa entre los pinos


La tumba de Ravel
Fantasma que ests en el harpa y la yedra,
En bajorrelieves de msica o torre, dormido,
Hiciste tu tumba en un piano, fantasma.
Entre cuerdas doradas el fauno sonoro
Te sopla los ojos en globo a la luna,
Y en peldaos que bajan cargados de abismo

Habitaciones dolientes de esta casa ma entre los pinos


Cuyas puertas se abren con sed a las estrellas
Hay en ellas una madre y una esposa suave
Cuya permanencia en el polvo es como un viejo
Plato de frijoles, una nube o una fruta antigua.
Oscuras personas, tos, parientes que duermen
Para siempre, vigilan en la noche con su chispa azul

En el semblante. A su acera humilde,


A sus umbros muebles, que una ola de nieve ha deslumbrado,
cun tarde he de llegar hoy da,
cun tarde he de morir, con mi vestido augusto,
Cuando ella ya est hundida y sus palomas
De pobreza hayan volado hacia una negra calle.
Muerto entre pinos, ver nacer el sol debajo de ella.
Corrientes de yedra es ste vuestro ro agonizante,
Como un caballo fro, vido de albergue, ante mis pies,
Y es esta casa ma sin cocina, con su luna plebe, la elegida?
Seor de las cenizas eres t el que golpea desvelado?
No sabes tambin que esta casa hizo suyos el establo,
El jardn y los astros lejanos? Entablados astros,
Muros, techos fantasmas de los que dormidas aves
Penden dulcemente, sin memoria, como restos
De una antigua caza. Y rotas chimeneas, caos
Abiertos en la noche, tapicera hundindose al igual
Que un buque de cuero en un ocano tibio,
Tienen en esta inmensa casa de tablas el rumor
De una botella de leche rodando sin cesar hacia la muerte.
Yo he venido tan slo a conocer sus desolados muros
Y a morir en ellos, sin sombrero y dorado como el da.

Recuerdo a mi hermano muerto


Abrieras, joven, criptas de esto, soledoso,
Alas de panten aqu posadas, ojo de buitre,
Ojo normando que me miras, tristemente,
Viendo que me ests amando, ojo, ojo, ojo,
Ojo de bosque qu buscas en mis ojos -te diraJoven soledoso, permanente y puro?
(Firme linterna el muro parte y sierpes
Del cielo all encerrado, y dentelladas
De brumosa flora abren tu yelmo o sumen
Tu calavera en m, a golpes tristes, duros.)
No es esto puro, siniestro helecho, ogro dorado? [1]
No es esto claro, cinaga negra, sereno cielo?
No hay nadie vivo ni yo respiro -te diraMis manos buscan un rostro, una alegra.

El cielo
Piano de otro mundo

ste que veo, cielo, y no otro, lleno de ciervos,


De arrebolados astros, de mrmoles y vino,
Cuyas astas son todo lo que hay como una luz dorada.

Oh la gran llama azul del cielo y de la gracia


Y la noche que se agita de ciervos y mi alma!
Yo desconozco mayor ventura que este cielo
Donde duermen mis amores entre el fuego
Y la nieve de los astros, pastores de la luna;
Yo no s nada que en las antiguas grutas
De la tierra su lozana sonora haya turbado.
S, el cielo, el cielo sobre todo, que no huya
Jams de mi vista: ah, nveo viento!
Bajado de los ngeles a mi rubor, eterno,
Que no otro adoro por sus gradas puras
De perfume ms sutil que desciende hasta el nublado
Corazn del rbol de la prpura y la especie.
S, el cielo, ste que veo eterno y real y no otro,
Poblado por la mano de fuego de los dioses
Y ya sereno, templado, celeste y amable
Como un dulce rey palideciendo entre las nubes.
Oh el bello cielo sobre todo, oh ventura!
Extindeme tu rostro -as- tu barba labrada en el viento
Y llvame a ese cielo que me mira sin reposo,
A ese cielo de ciervos donde vive lo soado.

A un ciervo otra vez herido


Desdicha es del presuroso ciervo, el cielo
A sus gloriosas astas confinado,
El aire que en fruicin, lejos del suelo,
Es como fruta que el vuelo ha devorado.

Raudo descendido con azul cuidado,


En tan amable invierno, blando herido,
De sangre y yerba y polvo coronado,
Su cuello palpitante es el zumbido.
Quin la miel de sus prpados supiera,
Ciervo, sobre sus turbios ojos, as herido
En medio del bosque, cual si fuera
Otro oscuro ciervo de s mismo desprendido?
Oh nveos pmpanos, oh vida, oh hermosura,
Ya todo un ciervo que se muere de blancura!

Los jvenes sabios en invierno


Quin sabe en qu brazo divino, alado y nocturno,
La oscura vivienda terrestre reposa,
Cuando sobre la nieve de casas dormidas, eterno,
El mgico gallo su alba sostiene, cual naipe
Dorado que asoma en la noche. Sera ceniza
De gloria la dulce buja en las noches
De invierno, que tiende llanuras de pluma
Su negra enseanza pisando la estufa,
Heladas veredas y casas cadas de holln y de luna.

Y la huella del vago en la banca marmrea,


Que duerme y desle su lpiz de sueo en la fuente.
O la fra, tambin, primavera que se hunde
Con rosas y todo detrs de la luna, sus ojos,
sus dedos con fsforos abriendo otro cielo dormido.
Grises montaas que avanzan sera el reposo,
Por sobre los valles o espuma de libros,
Que jvenes plidos leen en desvelo, dobladas
Sus frentes de amargo cartn ante Palas,
Y la pluma, el trofeo, a un lado cual naves
Remotas, que negros hisopos alfombran de hasto.
Quin sabe qu crneo de cera inclinado y augusto
Vaca en la azul biblioteca su grave magnolia,
O qu inteligencia de nieve ha cavado en la noche
Los astros, ventanas y pinos cuya barba es poesa
En las noches de invierno que huyen en humo y ceniza.

O han callado tan slo en sus sombras, cual desconocidos.


Naturaleza que ora an en ellos, a sus signos
De hierro se arrodilla, con flores en el vientre,
Por el humano que al pasar no los vio en el polvo,
No los vio en el cielo, en la humedad de sus grutas,
Y se vinieron abajo cual un bloque de los dioses.
Desde entonces slo queda en ellos un verde velo
De armaduras, de brazos enjoyados y corceles que volvieron
A su nobleza de esqueleto entre sus hojas.
Y olmos abatidos, tunas de la guerra, gloria y rosa
Duermen tambin en ellos, cubiertos de invernal herrumbre.
Y slo hasta sus viejas letras muy calladamente,
La sutil retama o el lirio de la orina acuden,
Y una mano azul que vuelve sus pginas de sodio
Entre las rocas, y avienta sus escamas a la Muerte.
Me permitiris, Seor, morir entre estos libros, de cuyo seno,
Cubiertos de aroma, mana el negro aceite de la sabidura?

Nocturno terrenal

Librera enterrada
Qu libros son stos, Seor, en nuestro abismo, cuyas hojas
Estrelladas pasan por el cielo y nos alumbran?
Verdes, inmemorables, en el humus se han abierto, quizs
Han acercado una oracin a nuestros labios,

Te
he buscado, Tesoro,
he cavado en las
noches profundas.
RAINER MARA RILKE

Amo cierta sombra y cierta luz que muy juntas, creo yo, azulan
Las casas profundas de los muertos, amo la llama
Y el cabo de la sangre, porque juntas son el mundo
Y hacen de m un muro que separa la noche del da.
He visto los rojos campos labrados por el cielo azul,
La antigua naturaleza desflecada y hmeda
De vino, de roco, mortalmente hecha con racimos
De amor, tal un lecho donde ardiera lo deseado,
Pero debajo de todo, siempre despierta, un agua pura
Pensando por nosotros contra un rbol de dolor.
Y las cosas cuya ltima lucirnaga ha volado
Con nuestro ltimo sueo, que tienen todava, como un templo
Majestuoso, el gran consuelo de su polvo donde nada
Ni nadie ha osado penetrar sino los muertos.
Amo todava aquello que habla lejos, como los astros
De terciopelo, al odo del viento, aun las rosas y la luz
Y todo lo que igual a una plaga, inextinguible pero real
Transcurre entre los hombres y agita su plumaje.
Fosforescencia, da esmeralda de las tumbas,
Slo tus ojos adivino adorados por lagartos y races,
Y tras de ellos casas y crepsculos, altas montaas
Destronadas contra cielos de nieve en un soplo;
Todo bajo el musgo de sus ojos, blanco Amante,
De cuyo seno mana una leche antigua a cada fruto.
Yo amo por ello este hundido bosque, de brillantes hojas
Donde reposa, inmemorial, el Gran Sol de los Tiempos.

Soneto a un ebrio de la antigua Roma


Perdi de amor la blanda espina, la certeza
de la esposa y de la rosa en la tibieza;
no da paz al vino y con la zurda reza,
su purprea tnica de len tristeza.
Drase al vino y a la guerra con altura,
drase a gloria y a la sombra ms segura,

ms a la amante de letal ternura


dar desdenes y de luz la desventura.
Oh embeleso que de flores lo fustiga;
deleitosa alondra rdele en el pecho,
do el alma muere y nace la fatiga!
Mas nada turba aquel mortal esto
de su vida, y gusta, como en dulce lecho,
su vino soledoso entre el gento.

Genitales bajo el vino


yeme tierra, as, escribiendo as,
En la espesura de pmpanos dormido:
Mi pecho fro junto a mis intestinos
Se ha cuajado. Mis dedos alhajados
Buscan el rbol de la Noche, clavan
Sus uas de imprenta en los racimos

De la Vida y de la Muerte. yeme tierra


De grandes frutos ureos y serpientes,
Lucirnaga entre muros de papiro,
Negro universo del quinqu y el sexo,
Justicia del gusano, mal Paraso.
Mrame tierra, as escribiendo, as
Desnudo, Adn poeta, quieto y triste,
En esqueleto, sierpe y uva convertido.

Oda al invierno
El invierno es todo frutas y linternas
Olvidadas y esqueletos santos de palomas
En el bosque. El invierno besa, enamorado,
Los labios gloriosos de la vid con sus labios
De granizo, y se duerme sobre ella.
El invierno puede venir un da, blandamente,
Por el valle y, cual un fsforo en la mano,

Llevarse una vida a su ciudad como un ladrn.


El invierno enjoya al hombre tristemente,
El invierno lava tumbas de monarcas
Y mendigos, y corona el ureo y viejo otoo
Con un rayo de ceniza en la cabeza. Respetad
Al invierno, la antigedad de sus plantas,
Su cetro de roco en la espesura; respetad
Los rostros eternos de los rboles y el viento
En su dominio, cuando cesa todo en torno
Y l se inclina, carcomido y sonoro, como un piano
En un estanque o como un muerto en una tumba.

Poesa del gato sin vida, el reloj


Y el ladrn en el polvo. Poesa
Del viento y la luna que pasa,
Del rbol frondoso o desnudo
Que un fsforo cruza. Poesa
Del polvo en mi mesa de gala,
Orlada de coles, antigua y triste
Cristalera, dedos y tenedores.

Poesa

Esposa sepultada

En mi mesa muerta, candelabros


De oro, platos vacos, poesa
De mis dientes en ruina, poesa
De la fruta rosada y el vaso
De nadie en la alfombra. Poesa
De mi hermana difunta, amarilla,
Pintada y vaca en su silla;

Encerrado en tu sombra, en tu santa sombra,


Con el agua en las rodillas, te pregunto
Es el peso del manzano, claveteado de estrellas,
Sobre mi corazn oscuro, o eres t, cabeza
Fugitiva de las horas, novia ma enterrada,
La que arrastras tu cabellera incesante
Como una botella rota, por entre mi sangre?

Yo no s, seora ma, luto de mi amor,


Si eres t la que reinas sobre tanta ceniza,
O si es slo tu sombra, tu velo de novia en el aire,
Poblado de perlas, naves y calaveras
El que inunda mi alcoba, igual que un ocano.

Sepultura de la carne, yo os imploro,


Caballos encerrados, polvo incansable,
Un solo instante clido, perfecto junto a ella,
Un solo instante vivos, y el olvido, la corriente
De mil aos destruidos por un beso.
No importa ya su rostro a la deriva, iluminado
Y chorreante de gusanos, los diez dedos
De turquesa en que diluye las edades.
No importa ya su lmpara encendida bajo tierra,
Si antes hubo de rodearme mansamente
Con sus ojos y sus labios an vivos,
Si antes hubo de asistir, como una sombra, a la cada
De la fruta sobre el mundo. Mansiones vtreas
Con alas de lagarto, entre las nubes,
Lagos areos pasan ante m, batiendo sus cenizas.
Yo slo s, reina ma enterrada, gorgona inerte,
Cul es mi silla y mi corona, cul mi tristeza.

Prncipe del olvido


ltimo reino
Soy yo, arenas giratorias, libres astros,
Firmamento hundido, el que se inclina
Y besa su rostro puro entre velos y serpientes?
Mil aos dormida junto a un crneo, un candelabro
De oro, un pao colgado, la he besado.
Sobre mi cabeza avanza su respiracin,
Sus labios sordos, como un ruido de tambores.
Irrespirable y santo es su castigo, su osamenta!
(Aqu, en la sombra, crter de terciopelo,
Sabiamente amueblado est el volcn, lo que es suyo
Como el fuego, salones olvidados de espantable encaje,
Sofs donde su cuerpo grita roncamente, degollado.)

Aura suprema, besa mi garganta helada,


Confireme la gracia de la vida, dame
El suplicio de la sangre, la majestad
De la nube. Que en cada gota del diluvio
Haya tristeza, sombra y amor. Oh, romped
Hervores materiales, crteres radiosos!
El sol del caos es grato a la serpiente
Y al poeta. Las nieves que ellos funden
Caen al fondo del verano, entre aletazos
De gloriosa lava, de lucirnagas
Y cerdos fulgurantes. Nada impide ahora

Que la onda de los aires resplandezca


O que reviente el seno de la diosa
En algn negro bosque. Nada
Sino los puros aros naturales arden,
Nada sino el suave heliotropo favorece
La entrada lila de las bestias y el otoo
En el planeta. Yo quisiera que as fuera
La alta puerta que me aguarda tras el humo
De mi vida, como una grave dalia en pedestal

De piedra, o un esqueleto deslumbrado.

La versin de Piano de otro mundo que aparece en la


Pgina de Eielson de Per Cultural no incluye el verso:
No es esto puro, siniestro helecho, ogro dorado?
[1]

También podría gustarte