RIMAS DE G.
ADOLFO BECQUER
RIMA I
Yo s un himno gigante y extrao
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas pginas son de este himno
cadencias que el aire dilata en las sombras.
Yo quisiera escribirlo, del hombre
domando el rebelde, mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.
Pero en vano es luchar; que no hay cifra
capaz de encerrarlo, y apenas, oh hermosa!
Si, teniendo en mis manos las tuyas,
pudiera, al odo, cantrtelo a solas.
RIMA II
Saeta que voladora
cruza, arrojada al azar,
sin adivinarse dnde
temblando se clavar;
hoja del rbol seca
arrebata el vendaval,
sin que nadie acierte el surco
donde a caer volver;
gigante ola que el viento
riza y empuja en el mar,
y rueda y pasa, y no sabe
qu playa buscando va;
luz que en los cercos temblorosos
brilla, prxima a expirar,
ignorndose cul de ellos
el ltimo brillar;
eso soy yo, que al acaso
cruzo el mundo, sin pensar
de dnde vengo, ni adnde
mis pasos me llevarn.
RIMA III
Sacudimiento extrao
que agita las ideas,
como huracn que empuja
las olas en tropel;
murmullo que en el alma
se eleva y va creciendo
como volcn que sordo
anuncia que va a arder;
deformes siluetas
de seres imposibles;
paisajes que aparecen
como un travs de un tul;
colores que fundindose
remedan en el aire
los tomos del Iris
que nadan en la luz
ideas sin palabras
palabras sin sentido;
cadencias que no tienen
ni ritmo ni comps;
memorias y deseos
de cosas que no existen;
accesos de alegra
impulsos de llorar;
actividad nerviosa
que no halla en qu emplearse;
sin rienda que lo gue
caballo volador;
locura que el espritu
exalta y enardece
embriaguez divina
del genio creador...
Tal es la inspiracin!
gigante voz que el caos
ordena en el cerebro,
y entre las sombras hace
la luz aparecer;
brillante rienda de oro
que poderosa enfrena
de la exaltada mente
el volador corcel;
hilo de luz que en haces
lo pensamientos ata;
sol que las nubes rompe
y toca en el cnit;
inteligente mano
que en un collar de perlas
consigue las indciles
palabras reunir;
armonioso ritmo
que con cadencia y nmero
las fugitivas notas
encierra en el comps;
cincel que el bloque muerde
la estatua moldeando
y la belleza plstica
aade a la ideal;
atmsfera en que giran
con orden las ideas,
cual tomos que agrupa
recndita atraccin;
raudal en cuyas ondas
su sed la fiebre apaga;
oasis que al espritu
devuelve con vigor...
Tal es nuestra razn!
Con ambas siempre en lucha
y de ambas vencedor,
tan slo el genio puede
a un yugo atar las dos.
RIMA IV
No digis que agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeci la lira:
Podr no haber poetas; pero siempre
habr poesa.
Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas;
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista;
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonas;
mientras haya en el mundo primavera,
habr poesa!
Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
Y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al clculo resista;
mientras la humanidad siempre avanzando,
no sepa a do camina;
mientras haya un misterio para el hombre,
habr poesa!
Mientras sintamos que se alegra el alma
sin que los labios ran;
mientras se llore sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazn y la cabeza
batallando prosigan;
mientras haya esperanzas y recuerdos,
Habr poesa!
Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran;
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira;
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas;
mientras exista una mujer hermosa,
Habr poesa!
RIMA V
Espritu sin nombre,
indefinible esencia,
yo vivo con la vida
sin formas de la idea.
Yo nado en el vaco
del sol tiemblo en la hoguera
palpito entre las sombras
y floto con las nieblas.
Yo soy el fleco de oro
de la lejana estrella,
yo soy de la alta luna
la luz tibia y serena.
Yo soy la ardiente nube
que en el ocaso ondea;
yo soy del astro errante
la luminosa estela.
Yo soy nieve en las cumbres,
soy fuego en las arenas,
azul onda en los mares
y espuma en las riberas.
En el lad soy nota,
perfume en la violeta,
fugas llama en las tumbas
y en las ruinas hiedra.
Yo atrueno en el torrente,
y silbo en la centella
y ciego en el relmpago
y rujo en la tormenta.
Yo ro en los alcores
susurro en la alta yerba,
suspiro en la onda pura
y lloro en la hoja seca.
Yo ondulo con los tomos
del humo que se eleva
y al cielo lento sube
en espiral inmensa.
Yo, en los dorados hilos
que los insectos cuelgan
me mezclo entre los rboles
en la ardorosa siesta.
Yo corro tras las ninfas
que en la corriente fresca
del cristalino arroyo
desnudas juguetean.
Yo, en bosque de corales,
que alfombran blancas perlas,
persigo en el ocano
las nyades ligeras.