Salah Serour
Salah Serour
ORIENTE
Salah SEROUR
U.P.V./E.H.U.
0. Introduccin.
Al echar una mirada sobre la larga lista de poetas andaluces cuyos nombres nos han
trasmitido los historiadores arbigos, es difcil dominar el sentimiento de tristeza que nos
inspira lo caduco de la gloria literaria. Las obras de estos poetas, sobradamente conocidos y
que los crticos y literatos contemporneos exaltaban con extraordinarias alabanzas, que
eran el encanto de un pueblo ingenioso y culto, han desaparecido en gran parte. Y son
bastante numerosas las que se han salvado de la prdida general en los Diwanes y
antologas, pero no llaman la atencin de los fillogos orientalistas cuanto deben, para que
stos las descifren. Si bien la poesa de los musulmanes destaca por la ternura del
sentimiento y por la riqueza y el brillo de las imgenes empleadas, el valor de su contenido
histrico no es menor.
Paralelamente a lo que estaba ocurriendo en el Oriente musulmn de la Edad Media,
en Espaa y en Sicilia se cultivaban dos ramas de la literatura rabe.
Limitndonos a la primera, diremos que comenz con el inters por la poesa en el
primer siglo que sigui a la conquista, pero que acerca de ella no hay suficientes datos hasta
el siglo XI. Pueden citarse a autores de la talla de Yusuf Ibn Harun er-Ramadi, poeta de
Crdoba que muri en esa ciudad en 1013; Abdallah Ibn Abd es-Selam; Al al-Mayorqui,
nacido en las islas Baleares; el califa de Sevilla A1-Motamid, e Ibn-Zaydun, de una
importante familia de Crdoba, que ocup altos cargos civiles y militares, y lleg a ser
primer ministro en Sevilla cuando reinaba Al-Motamid, y que ha merecido ser estudiado y
traducido por notables orientalistas. En fin, la lista sera larga y pesada si pretendiramos
nombrarlos a todos.
Al hablar de la poesa rabe en Espaa, hay que sealar que sta sigui durante
mucho tiempo los viejos esquemas, y que slo en el siglo X comenzaron a aparecer nuevas
formas estrficas en la poesa andaluza. Primero, la muwashshah, caracterizada por sus
estrofas y estribillo y reservada para los temas erticos y amorosos, ejerci gran influencia
en la naciente poesa popular en lengua romance. Luego, el zjel, forma mtrica dialectal,
alcanza nivel literario gracias al trovador Ibn Quzrnan (muerto en 1160). Tambin hay que
resear que los poetas andaluces gozaban de gran fama en Oriente y se situaban a la misma
altura literaria que los mejores poetas orientales. Es el caso del mayor poeta andalus de
Crdoba Ibn Zaydun (1003 - 1070), amigo de la princesa Wallada, gran admirador de la
belleza, cantor de la naturaleza y del placer, pero en ocasiones tambin de la melancola y
la desesperacin. As obtuvo Ibn-Zaydun el ttulo de Al-Bothori de Occidente; y as
tambin, cada uno de los tres poetas Ibn-Jani, Yusuf ar-Ramendi e Ibn-Derradsch fue
designado con el ttulo de Mutanabbi occidental. El propio Mutanabbi, al or recitar una
poesa andaluza, no pudo por menos que exclamar entusiasmado:
Este pueblo posee en alto grado las facultades poticas!
I. La poesa andalus.
La poesa era el punto central de toda la vida intelectual de los andaluces. Durante
seis siglos, por lo menos, fue cultivada con tal celo y por tan gran multitud de personas que
el mero catlogo de los poetas arbigo-hispanos llenara tomos en folio.
El don de improvisar era frecuentsimo, pues hasta el gan que iba tras el arado
haca versos sobre cualquier asunto y tambin los califas y los prncipes ms egregios nos
han dejado algunas poesas como testimonio de su talento. Cualquier obra, que trata de los
reyes grandes de Andaluca recoge tambin sus dotes poticas.
Las mujeres en el harn competan con los hombres en sus cantares, pues con sus
composiciones poticas formaban primorosos y variados dibujos que constituan un adorno
capital de las columnas y paredes en los palacios; e incluso en las chancilleras ejerca la
poesa su papel. Ningn historiador o cronista, por ms rido que fuese, dejaba de amenizar
las pginas de sus libros con fragmentos poticos. Tambin sujetos de la clase ms baja se
elevaban slo por su talento potico a las ms altas y honrosas posiciones y obtenan el
reconocimiento de los prncipes. La poesa daba la seal de los ms sangrientos combates y
tambin desarmaba la clera del vencedor; echaba su peso en la balanza para prestar ms
fuerza a las negociaciones diplomticas; y una improvisacin feliz rompa a menudo las
cadenas del cautivo o salvaba la vida del condenado a muerte. Cuando dos ejrcitos
enemigos se encontraban, algunos guerreros salan de la lnea de batalla e incitaban a la
pelea a los contrarios con un par de versos improvisados, a los cuales se sola responder en
el mismo metro y con la misma rima. Ejercicios de este orden, pero con un fin ms
pacfico, y slo para que cada cual mostrase su habilidad de improvisacin, eran muy
usuales en la vida cotidiana. Igualmente la correspondencia epistolar entre amigos o entre
enamorados se escriba en verso con frecuencia1.
I. 1. La poesa en el perodo del emirato y en el califal (711-1031).
Nunca nacin alguna se ha criado en suelo ms apropiado para la poesa que la de
los rabes.Bajo la dinasta de los Omeyas, que fund Abd-ar-Rahman I y que dur dos
siglos despus de la cada de su antecesora en Oriente, floreci Espaa hasta tal punto de
poder y de esplendor que oscureci a los dems Estados de la Europa de entonces. Con las
abundantes fuentes de la riqueza pblica, que nacan de la agricultura favorecida por un
cuidadoso sistema de irrigacin, de la actividad industrial, y del comercio que se extenda
por todas las regiones del mundo, la poblacin creci tambin de un modo portentoso.
Desde el primer instante en que hubo en Espaa una corte mahometana, el arte de la
poesa arbiga se encontr all como en su patria. En el palacio de Abd arRahman, el
primer omeya, se celebraban reuniones a las que asista Hiam, el prncipe heredero, y
donde se entretenan los convidados recitando versos, refiriendo leyendas o sucesos
histricos, y haciendo panegricos de hombres distinguidos y de grandes acciones.
Siguiendo el ejemplo que haba dado en oriente su antepasado Yazid I, los omeyas tuvieron
a sueldo poetas de corte, y hubo grandes seores que se complacan en ser protectores muy
liberales de los poetas, como Ibrahim, que vivi en Sevilla en 912 bajo el reinado de Abd
Allah, y que alcanz un poder y una riqueza casi regios.
1
J. VEGLISON ELAS DE MOLINA, La Poesa rabe Clsica, Madrid, Hiperin, 1997, pp. 4554.
Con el intento de embellecer su capital por todos los medios, a imitacin de las
ciudades de Oriente, Abd arRahman I empez en Crdoba la construccin de la gran
mezquita que an sobresale hoy da entre las ruinas de tantas obras maestras del arte
arbigo, como una maravilla del mundo. Abd-ar-Rahman puso as los cimientos del
esplendor de la ciudad de Crdoba. Al mismo tiempo, edific una quinta hacia el noroeste
de la ciudad, a la que llam Ruzafa, en conmemoracin de una casa de campo cercana a
Damasco y perteneciente a su abuelo Hisam. En los jardines que se extendan en torno a
este palacio hizo plantar rboles raros de Siria y de otras tierras de Oriente. Los siguientes
versos estn inspirados por una palma que creci all, bajo el apacible cielo de Andaluca,
como en su patria oriental, y provoc en el alma de Abd-arRahman melanclicos
recuerdos del pas natal:
Tu tambin eres oh palma!
en este suelo extranjera.
Llora, pues; mas siendo muda,
cmo has de llorar mis penas?
T no sientes, cual yo siento,
el martirio de la ausencia.
Si t pudieras sentir,
amargo llanto vertieras.
A tus hermanas de Oriente
mandaras tristes quejas,
a las palmas que el ufrates
con sus claras ondas riega.
Pero t olvidas la patria,
a la par que la recuerdas;
la patria de donde Abbas
y el hado adverso me alejan2
Los msicos gozaban de igual favor en la corte y entre el pueblo. Abd arRahman II
convid al cantor Ziryab para que viniese de Bagdad a Crdoba, y le recibi muy
afectuosamente y con mil honrosas muestras de estimacin, entre ellas una lujosa vivienda
en su propio palacio, y dicindole las condiciones bajo las cuales quera tenerle cerca de s.
stas eran en extremo brillantes: Ziryab deba recibir doscientas monedas de oro como
presente anual y deba gozar del usufructo de varias casas, campos y jardines, que
constituan un capital de catorce mil monedas de oro. Despus de haber hecho estos
esplndidos ofrecimientos, pidi Abd ar-Rahman al cantor que se dejase or, y cuando hubo
cantado, qued el califa tan prendado de su habilidad que en adelante no quiso or cantar a
ningn otro. Pronto escogi a Ziryab para que fuese de los que ms ntimamente le
trataban, y se complaca en hablar con el de poesa, de historia, de artes y de ciencias. El
cantor tena muy extensas nociones de todo: prescindiendo de que saba de memoria la
meloda y letra de diez mil cantares, haba estudiado astromona e historia, y no haba nada
ms instructivo que orle hablar sobre los diversos pases y las costumbres de sus
habitantes.
Pero an ms que su gran saber eran admirados su ingenio y su buen gusto. Su canto
era tan encantador que se divulg la creencia de que por las noches venan los genios a
visitarle y a ensearle sus melodas. Viva Ziryab con un boato de prncipe y siempre que
aparecia en las calles lo rodeaban cien esclavos. Del celo con que se estudiaba entonces la
2
Traduccin personal basada en el texto rabe recogido en la obra de Shuki Dief , cuyo ttulo en traduccin al
espaol sera La literatura rabe en Al-Andalus El Cairo, 1999, p. 23.
msica vocal e instrumental dan testimonio no slo las obras tericas que se escribieron
sobres este arte sino tambin un gran libro de los cantares andaluces, compuesto para
competir con la coleccin que hizo Al de Ispahan de los cantares de Oriente.
I. 2. La poesa en el perodo de los reinos de taifas.
En el siglo X, despus de la cada de los omeyas, la vida de los poetas rabes
presenta mucha analoga con la de los trovadores. Todas las pequeas cortes que haba
entonces en Espaa hubieran parecido desiertas a sus soberanos si no las hubiese
embellecido la poesa.
Para la historia de la Espaa musulmana3 el siglo XI representa el profundo
contraste de un notable esplendor cultural y potico mientras que paralelamente se produce
la desintegracin de la unidad poltica del califato cordobs. Desaparecido el califato
cordobs en 1031, durante el siglo XI la Pennsula se halla dividida en multitud de reinos
enfrentados entre s. En el lado musulmn, cada reyezuelo lucha bien por la supervivencia
bien para ampliar sus dominios a costa de sus vecinos y correligionarios. Pero, por encima
de estas guerras locales, subsiste el enfrentamiento entre rabes, berberes y eslavos.
Durante un siglo se tendi conscientemente a la fusin de los grupos tnicos de la
pennsula, tendencia que haba caracterizado la poltica de Abd ar-Rahman III. Tras esto, y
como consecuencia, aparece un nuevo elemento en la sociedad musulmana: ahl al-andalus,
en terminologa de los historiadores rabes de la poca; es decir, la poblacin de alAndalus, cuyas acciones y reacciones permiten identificarlo como un grupo de lealtades
polticas muy prximo a lo que hoy podramos llamar partido nacional andalus.
Despus de la cada del califato, empez un nuevo perodo histrico, en general
favorable a la literatura. Los numerosos estados independientes que se levantaron entre las
ruinas del destrozado imperio fueron otros tantos centros de actividad literaria y artstica.
Entre las pequeas dinastas de Sevilla, Almera, Badajoz, Granada y Toledo reinaba una
verdadera rivalidad por proteger las ciencias y cada una procuraba aventajar a las otras en
sus esfuerzos para lograr este fin.
Multitud de escritores y de floridos ingenios se reunan en estas cortes, algunos
disfrutando de elevadas pensiones, otros recompensados con ricos presentes por las
dedicatorias de sus obras. Otros sabios conservaban toda su independencia para consagrarse
al saber libres de todo lazo. En balde envi Muyahid alAmiri, rey de Denia, mil monedas
de oro, un caballo y un vestido de honor al fillogo Abu Galib, rogndole que le dedicara
una de sus obras. El orgulloso autor devolvi el presente, diciendo: He escrito mi libro
para ser til a los hombres y para hacerme inmortal. Cmo he de ir ahora a poner en l un
nombre extrao, para que se lleve la gloria? Nunca lo har! Cuando el rey supo esta
contestacin de Abu Galib se admir mucho de su magnanimidad y le envi otro presente
mayor. Todas las preocupaciones religiosas desaparecieron de estas pequeas cortes y
reinaba una tolerancia como an no se ha visto igual en nuestro siglo en ninguna parte de
la Europa cristiana.
Los filsofos podan, por lo tanto, entregarse a las ms atrevidas especulaciones.
Muchos prncipes procuraban ellos mismos sobresalir por sus trabajos literarios. Al
Muzaffar, rey de Badajoz, escribi una gran obra enciclopdica en cerca de cien
3
E. MANZANO MORENO, Historia de las sociedades musulmanas en la Edad Media, Madrid, Editorial
Sntesis, 1992, pp. 39-67.
felicidad de una tierna cita y lamentan con acento apasionado el pesar de una separacin.
La bella naturaleza de Andaluca los mueve a ensalzar sus bosques, ros y frtiles campos, o
los induce a la contemplacin del tramontar resplandeciente del sol o de las claras noches
ricas de estrellas. Entonces acude de nuevo a su memoria el pas nativo de su raza donde
sus antepasados vagaban sobre llanuras de candente arena. Expresiones de un extrao
fanatismo salen a veces de sus labios como el ardiente huracn del desierto y otras sus
poesas religiosas rezuman blanda piedad y estn llenas de aspiraciones hacia lo infinito.
Elogian la magnanimidad y el poder de los prncipes, la gala de sus palacios y la
belleza de sus jardines. Van con ellos a la guerra y describen el relampaguear de los aceros,
las lanzas baadas en sangre y los corceles rpidos como el viento. Los vasos llenos de vino
circulan en los convites y los paseos nocturnos por el agua a la luz de las antorchas son
tambin celebrados en sus canciones. En ellas describen la variedad de las estaciones del
ao, las fuentes sonoras, las ramas de los rboles que se doblegan al impulso del viento, las
gotas de roco en las flores, los rayos de la luna que rielan sobre las ondas, el mar, el cielo,
las plyades, las rosas, los narcisos, el azahar y la flor del granado. Tienen tambin
epigramas que elogian todos aquellos objetos que adornaban con lujo refinado la mansin
de los magnates, como estatuas de bronce o de mbar, vasos magnficos, fuentes y baos de
mrmol y leones que vierten agua.
Sus poesas morales o filosficas discurren sobre lo fugaz de la existencia terrenal y
lo voluble de la fortuna, sobre el destino, al que ningn hombre puede sustraerse, y sobre la
vanidad de los bienes de este mundo y el valor real de la virtud y de la ciencia. Con
predileccin, procuran que perduren en sus versos ciertos momentos agradables de la vida,
describiendo una cita nocturna, un rato alegre pasado en compaa de lindas cantadoras,
una muchacha que coge fruta de un rbol, un joven copero que escancia el vino, y otras
cosas similares. Las diversas ciudades y comarcas de Espaa, y tambin sus mezquitas,
puentes, acueductos, quintas y dems edificios suntuosos, son encomiadas por ellos.
Por ltimo, la mayor parte de estas poesas estn enlazadas con la vida del autor;
nacen de la emocin del momento; son en suma, improvisaciones, de acuerdo con la ms
antigua forma de la poesa semtica.
En su conjunto, la poesa andalus tena, quiz en mayor medida que la de Oriente,
el gusto por la naturaleza y el sentido del amor cortesano (al lado del erotismo), en el
sentido de que se desarrollaron unas estrofas poticas populares ms ligeras y ms cercanas
a las reglas de la poesa romance7.
III. Cantos de amor.
La situacin de las mujeres en Espaa era ms libre que en los otros pueblos
mahometanos. En toda la cultura intelectual de su tiempo tomaban parte las mujeres y no es
pequeo el nmero de aquellas que alcanzaron fama por sus trabajos cientficos o
disputando a los hombres la palma de la poesa. Tan alta civilizacin fue causa de que se les
tributase en Espaa una estimacin que jams el oriente musulmn les haba tributado.
Mientras que all, con raras excepciones, el amor se funda slo en la sensualidad,
aqu arranca de una ms profunda inclinacin de las almas y ennoblece las relaciones entre
ambos sexos. A menudo el ingenio y el saber de una dama tenan poderoso atractivo para
sus adoradores, como sus prendas y hechizos corporales, y una inclinacin comn a la
poesa o a la msica sola formar el lazo que ligaba dos corazones entre s. Como
7
SHUKI DIEF, La literatura rabe en Al-Andalus, (Libro en lengua rabe), El Cairo: Dar Al-Marif, 1999,
pp. 60-68.
testimonio de lo dicho, los cantos de amor de los rabes andaluses manifiestan, en parte,
una pasmosa profundidad de sentimientos. En los movimientos y voces del alma de estos
cantares se halla una mezcla de blandos arrobos y de violentas pasiones.
Si examinamos ahora algunos cantos de amor de diversos autores, veremos la
variedad de tonos que hay en ellos. Una idea que se repite a menudo en la poesa de aquella
poca es la de que dos amantes se ven mutuamente en sueos durante la ausencia, y as
hallan algn consuelo en su afliccin. Ibn Jafaja (1058-1138) canta:
Envuelta en el denso velo
de la tenebrosa noche,
vino en sueos a buscarme
la gacela de los bosques.
Vi el rubor que en sus mejillas
celeste prpura pone,
bes sus negros cabellos,
que por la espalda descoge,
y el vino aromoso y puro
de nuestros dulces amores,
como en limpio, intacto cliz,
beb en sus labios entonces.
La sombra, rpida huyendo,
en el Occidente hundise,
y con tnica flotante,
cercada de resplandores,
sali la risuea aurora
a dar gozo y luz al orbe.
En perlas verti el roco,
que de las sedientas flores
el lindo seno entreabierto
ansiosamente recoge;
Rosas y jazmines daban
en pago ricos olores.
Mas para ti y para m,
oh gacela de los montes!,
qu ms roco que el llanto
que de nuestros ojos corre?8
Traduccin de Adolf Friedrich VON SCHACK , Poesa y arte de los rabes en Espaa y Sicilia, Madrid,
Libros Hiperin, 1988, p. 82-102.
9
A. F. VON SCHACK, op. cit., p. 160.
10
entendida como difusin de sus poemas entre el "gran pblico", es un hecho real, puesto
que se han recitado y se recitan popularmente, generndose incluso una leyenda, entre
erudita y vulgar, segn la cual, quien aprenda de memoria la casida en nun morir en el
destierro. No hay que olvidar que el poeta, en su sentimiento por la ausencia de Wallada, se
pinta como un "desterrado" lleno de tristeza.
De todos modos, la nota de destierro ms aguda en su vida viene dada por la
verdadera y prolongada ausencia de su tierra natal, Crdoba, a la que recuerda siempre con
indudable cario: en algn poema cuajado de remembranzas despliega ante nosotros una
apretada topografa de aorados parajes cordobeses entre los que planea su sombra juvenil,
que se percibe encarada al cielo de ar-ruzafa, o tendida al solano en la ladera de Alocab, o
retozando por otros lugares placenteros en compaa de alguna musa inspiradora ms
tangible ciertamente- que las presentidas por el poeta griego en la ladera del Helicn. Es
un drenaje nostlgico y una confesin de amor a Crdoba, despus de su peregrinaje por
otras tierras que no podan compararse con la tierra cordobesa de su recuerdo, pensamiento
que simboliza proclamando, al fin, que las noches pasadas a orillas del Betis eran siempre
ms cortas (es decir, ms felices) que las pasadas junto al Anas.
IV. 2. Su poesa amorosa.
La poesa de Ibn Zaidn posee una fuerza superior a la de la magia, y su sublimidad
compite con la sublimidad de las estrellas. Sus versos son inspirados en gran parte por su
amor a Wallada. Entre las recientes ruinas de la grandeza omeya, en los devastados mgicos
jardines de al-Zahra, aumenta su constante amor a Wallada, y pone por testigos de su dolor
a los astros que iluminan sus noches de insomnio14.
Ibn Zaidn es, entre los poetas hispanorabes, el que mejor expresa los matices
humanos del amor y representa uno de los ejemplos ms puros de la tradicin clasicista de
la poesa rabe. Su encuentro con la princesa Wallada tuvo gran transcendencia para la
poesa de al-Andalus, puesto que dio lugar a unos poemas amorosos en un tono casi
completamente nuevo en la poesa rabe de su tiempo. La novedad reside en la fusin de
conceptos, personal y nica, presente en sus poemas. En la poesa amorosa, y en los
tratados sobre el amor escritos hasta entonces, el amor es siempre una cualidad del espritu,
y nunca del cuerpo; por tanto, la unin a que se aspira es algo enteramente espiritual. De
hecho, en buena parte de la poesa de inspiracin se rechaza la unin fsica, que se
considera responsable del hasto de los amantes y de la corrupcin del sentimiento
amoroso.
En los poemas motivados por Wallada, Ibn Zaidn reconcilia los dos aspectos del
amor, el sensual y el espiritual, de una manera natural basada en su experiencia. Ahora
bien, el amor potico rabe en general, y tambin el expresado en los versos de Ibn Zaydun,
no est concebido en trminos de una tendencia o emocin abstracta, sino que busca la
concrecin primera de su objeto en la unin del amante con la persona amada, siendo su
sentido trascendental una evaluacin tan slo de este sentimiento concreto. Por esta razn,
la poesa amorosa de Ibn Zaydun, escrita en su mayor parte tras la ruptura con la princesa
Walada, tiene como notas predominantes el abandono y la soledad. Es una poesa en la que
tambin se advierte el doble carcter de universalidad y del momento histrico concreto. La
soledad, as concebida, se expresa como una privacin del bien pasado y toma, con
14
11
frecuencia, un aspecto temporal que divide la existencia del amante en un antes amoroso y
un despus de soledad:
Mis das, tan hermosos cuando estbamos juntos,
han cambiado desde que se alej tu bello rostro15.
De esta manera, se polarizan en la poesa rabe las relaciones con la amada ausente.
En la medida en que el amor nace de una tendencia trascendente hacia el desdoblamiento
del yo-amante, se impone a ste una constancia amorosa que es independiente de la
correspondencia feliz que el amante pueda hallar en el ser amado. En ningn caso se trata
de un concepto del amor a distancia, tal como lo vemos ms tarde hecho convencin en el
llamado amor corts. En Ibn Zaydun, se trata ms bien de una actitud semejante a la del
mstico, para quien los preceptos del amor son vlidos en su camino hacia la unin divina,
siempre deseada aunque no siempre conseguida. Por esta razn, incluso en la desarmona
amorosa, el amante en su soledad tiene que observar los preceptos de fidelidad y sumisin
que el amor impone:
Manda a tu voluntad, yo soy constante,
no temas de m olvido ni mudanza.
Cmo puede olvidar quien desde tu partida
ya no encuentra en la vida sabor, ni olvido en la distancia?
Por Dios!, que jams mi corazn am de nuevo,
ni pudo aceptar otro amor que el tuyo16.
2
Por qu has cortado el lazo de la unin,
por Dios santo!, y te haces tan altiva con el vil?
Por qu rechazas la splica de un amor
y una amistad sincera del que ya tiene el cuerpo enfermo?
Por qu no me visitas, ya que no sueles hacerlo
en persona, con carta o mensajero?
15
Traduccin personal basada en el texto rabe recogido en la obra de Shuki Dief , cuyo ttulo en traduccin
al espaol sera La literatura rabe en Al-Andalus, El Cairo, 1999, p. 157.
16
Traduccin personal basada en el texto rabe recogido en la obra de Shuki Dief , cuyo ttulo en traduccin
al espaol sera Ibn Zaydun, El Cairo, 1996, p. 67.
17
traduccin personal basada en el texto rabe recogido en la obra de Shuki Dief , cuyo ttulo en traduccin al
espaol sera La literatura rabe en Al-Andalus, El Cairo, 1999, p. 169.
18
Traduccin personal basada en el texto rabe recogido en la obra de Shuki Dief , cuyo ttulo en traduccin
al espaol sera Ibn Zaydun, El Cairo, 1996, p. 45.
12
3
Me dejaste, oh gacela!,
atado en manos del infortunio.
Desde que me alejaste de ti,
no he conocido placer de sueo.
Si entrara en mi destino un gesto
tuyo o una mirada fortuita!
Mi intercesor -mi verdugo!en el amor es tu bello rostro.
Estaba libre del amor
y yo hoy me veo rendido.
Fue mi secreto silencioso,
y ahora ya se sabe.
No hay escape de ti,
lo que desees para m,
as sea.
4
Qu mal puede haber en que te muestres compasiva
si t eres mi enfermedad y t lo sabes?
Te complace, mi exigencia y mi deseo!,
estar libre de mi queja
y rerte del amor mientras yo lloro.
Dios sea el juez de nuestro pleito.
Yo exclamo, cuando el sueo se me escapa,
como el afligido por su corazn enamorado:
La que duerme y por cuyo amor sufro vigilias,
reglame el sueo!, t que duermes!
5
Ay, aquella gacela joven!
a quien ped el licor,
y me dio generosa
el licor y la rosa.
As pas la noche
bebiendo del licor de su saliva,
y tomando la rosa en su mejilla.
7
Aquellas gacelas de moradas tan amables para m!
Mi corazn les pertenece, las nias de mis ojos, y el fondo de mi ser.
6
Acaso, cuando sabes la parte de mi amor que tomas
y no ignoras el lugar que en mi corazn ocupas,
y cmo el amor me gua y me dejo llevar con obediencia
y no soporto ms cadenas que las tuyas,
te satisface que la enfermedad me revista como tnica al cuerpo?
He teido de negro por su causa mis ojos con vigilias.
Pasa tus ojos sobre las lneas de mi escrito
y encontrars mis lgrimas desposadas con la tinta.
Por Dios!, que ya mi corazn se derrama
en su lamento por un corazn tan duro!
8
Si yo supiera que alguna vez te encontrar en la soledad,
para poder quejarme de algo de lo que siento!
Dios traiga el da en que pueda declarar mi amor
con las lgrimas de mis ojos como testigo!
10
Cmo puede el tiempo hacerme sentir la desolacin
cuando t eres mi compaa,
y hacerme el da tan oscuro
cuando t eres mi sol,
y plantar en tu amor mis deseos,
pero recoger la muerte entre los frutos
de mi siembra?
Has pagado con la traicin mi lealtad
y has malbaratado mi amor injustamente.
Si el destino se sometiera a mi razn,
te rescatara de sus contradicciones al precio
de mi ser.
12
Por el ramo oloroso cuyo perfume cura al enfermo;
alientos ungidos, dulce aroma!
Con l me sealan los dedos suaves
de una joven esbelta, sus ojos oscurecidos con colirio de magia.
Esplndida belleza hecha de amor asciende entre sus ramas,
enferma con almizcle de radiantes virtudes.
Cuando ofrece jazmines con su mano,
recibo estrellas luminosas de mano de la luna.
Tiene virtudes dulces en un hermoso cuerpo,
una elegancia como fragante perfume o aroma de vino,
y consuela mi alma con una pltica que me da contento
como los deseos y la unin que siguen a la ausencia.
14
La que hice famosa entre los hombres
por mi corazn abrumado de anhelos y penas!
Ausente t no encuentro ser que me consuele
13
15
Cundo te contar lo que me aflige?
Mi consuelo y tormento!
Cundo tomarn mis labios
el lugar de la pluma al expresarme?
Bien sabe Dios que yo
por tu culpa me he puesto en este estado,
pues no encuentro sabor en los manjares
ni hallo grato el beber.
Tentacin del devoto!,
oh pretexto del seductor!
T eres sol que se oculta
tras un cendal a mis miradas.
La luna, cuyo esplendor se filtra
a travs de la nube transparente,
es igual a tu rostro cuando
bajo el velo se alumbra.
V. AL-MUTAMID (1040-1095).
Si los andaluses hubiesen compuesto cantares de gesta, su hroe indiscutible
hubiese sido el rey al-Mu`tamid de Sevilla. AlMutamid, ocupa un distinguidsimo lugar
entre los poetas rabes y por su extrao destino, y por la trgica cada en que arrastr a
todos los suyos, aparece como un hroe digno de la poesa. A pesar de su ndole malvada,
este tirano cruel, no slo fue amante y favorecedor de las letras, sino tambin poeta y autor
de muchas composiciones. Sirva de ejemplo la siguiente a la ciudad de Ronda:
La perla de mis dominios, mi fortaleza te llano,
desde el punto en que mi ejercito, a vencer
acostumbrado, con lazas y con alfanjes,
te puso al fin en mi mano. Hasta que llega
a la cumbre de la gloria peleando, mi ejercito
valeroso no se reposa en el campo. Yo soy
tu seor ahora, tu mi defensa y amparo.
Dure mi vida, y la muerte no evitaran
mis contrarios. Sus huestes cubr de oprobio.
En ellas sembr el estrago, y de cortadas
cabezas. Hice magnfico ornato, que cie,
cual gargantilla. Las puertas de mi palacio19.
V. 1. LA POESA DE AL-MU`TAMID.
La poesa de Al-Mu`tamid de Sevilla est, en gran parte, libre del lenguaje
hermtico para los no iniciados que emplea con profusin la poesa rabe medieval. La
clave de su claridad se encuentra, tal vez, en un hecho extraliterario: su condicin real, que
le permiti servirse de la poesa y no ser el sirviente de sta.
Su poesa no est libre de retrica, pues utiliza diversos juegos de palabras tpicos
de la poesa rabe: Tagns o paranomasia, tadmn o intercalacin, e incluso un acrstico,
19
Traduccin de M J. RUBIERA MATA, Poesas Almutamid Ibn Abbad, Madrid, Clsicos Hispano-rabes
bilinges, n.3), 1982, p. 84.
14
pero siempre con un refinado equilibrio. Su lxico, por otra parte, es sencillo, sin arcasmos
ni palabras rebuscadas.
Su lenguaje potico parece centrarse en la anttess, especialmente en la
contraposicin luz/oscuridad, por lo que su poesa se convierte, en su primera poca, en
nocturna y astral: la noche iluminada por los astros es la nica descripcin de la naturaleza
que se encuentra en sus poemas. Los otros elementos naturales (jardn, flores, animales,
agua) slo aparecen como comparaciones antropolgicas. El lon ser el guerrero; la
gacela, la mujer; el agua ser metfora de la generosidad como roco o como nube y en sus
poemas del exilio, ser llanto, hiperblicamente transformado en lluvia y ocano; los
pjaros sern, tambin en Agmat, metforas de la libertad. La mujer ser jardn perfumado,
rama por su cintura y rosa por sus mejillas, pero sobre todo astro:
La amada
Oh mi elegida entre todos los seres humanos!
Oh Estrella! Oh luna!
Oh rama cuando camina,
oh gacela cuando mira!
Oh aliento del jardn, cuando
le agita la brisa de la aurora!
Oh duea de una mirada lnguida,
que me encadena!
Cundo me curar? Por ti dara la vista y el odo!
Tu frescor aliviara
la oscuridad de mi corazn20.
Sin el contraste de las tinieblas, al-Mu`tamid no gusta demasiado del sol diurno,
smbolo de la gloria:
Nuestra gloria es como el sol, en altura y brillo22.
La noche tiene otro significado para el poeta: el sueo, lleno de visiones erticas.
Sus poemas onricos son los ms sensuales, como vemos en este poema:
20
15
Amor onrico
Te he visto en sueos en mi lecho
y era como si tu brazo mullido fuese mi almohada,
era como si me abrazases y sintieses
el amor y el desvelo que yo siento,
es como si te besase los labios, la nuca,
las mejillas, y lograse mi deseo.
Por tu amor!, si no me visitase tu imagen
en sueos, a intervalos, no dormira ms24.
CARTA
Te escribo consciente de que ests lejos de m,
y en mi corazn, la congoja de la tristeza;
no escriben los clamos sino mis lgrimas
que trazan un escrito de amor sobre la pgina de la mejilla;
si no lo impidiera la gloria, te visitara apasionado
y a escondidas, como visita el roco los ptalos de la rosa;
Te besara los labios rojos bajo el velo
y te abrazara del cinturn al collar;
Ausente de mi lado, ests junto a m!
Si de mis ojos ests ausente, no de mi corazn.
Cumple la promesa que nos hicimos, pues yo,
t lo sabes, cumplo mi parte!
DESPEDIDA
Cuando nos encontramos para despedirnos, de maanita,
ya tremolaban las banderas en el patio del alczar;
eran acercados los corceles, redoblaban los atabales:
eran las seales de partida.
Lloramos sangre, hasta que nuestros ojos eran como heridas
al fluir aquel lquido rojo.
Y esperbamos volver a vernos a los tres das...
Qu habra sucedido si hubiesen sido ms?
LA AURORA LADRONA
Disfraz la pasin que quera ocultar,
ms la lengua de las lgrimas se neg a callar;
Partieron, y ocult su dolor, ms lo divulg
el llanto de la pena, tan evidente y balbuceante;
les acompa mientras la noche descuidaba su vestidura,
hasta que apareci ante sus ojos una seal evidente:
Me detuve all perplejo: la mano de la aurora
me haba robado las estrellas.
EL RELMPAGO
El relmpago le asust, cuando en su mano
el relmpago del vino resplandeca.
Ojal supiera cmo, si ella es el sol de la maana,
se asusta de la luz!
EL CORAZN
El corazn persiste y yo no cesa;
la pasin es grande y no se oculta;
las lgrimas corren como las gotas de lluvia,
el cuerpo se agosta con su color amarillo;
y esto sucede cuando la que amo, a m est unida:
Qu sera, si de m se apartase?
16
musulmn, hay que acudir a un especialista para que nos diga que fue muy famoso Al
Mutanabbi, que vivi entre los aos 915 y 965 d.C.; y tambin lo fue el cnico y genial Abu
Nowas ( 806-813).
A pesar de la divisin poltica, y lejos de destruir el impulso de la cultura
musulmana, los desrdenes sociales la estimularon. Indudablemente, la poca de los
Abbassi es su Edad de Oro. Cualquiera que haya sido el papel material y cultural
desempeado por las cortes de los prncipes, lo cierto es que, frente a la cultura europea de
la poca, la cultura musulmana se caracteriza socialmente por una difusin ms amplia,
ligada al desarrollo urbano y a la fabricacin del papel. La mayor parte de los sabios eran
hombres que tenan un oficio. No haba ninguna ciudad, exceptuando las principales, que
no contase con una biblioteca o ms, y con escuelas y estudiantes dependientes de las
mezquitas o de fundaciones privadas, ya que se consideraba que era una obra pa contribuir
a extender la ciencia. A lo largo de todo el mundo, se emprenda la bsqueda de los
manuscritos que contenan la ciencia y autnticos ejrcitos de copistas trabajaban para
multiplicarlos. Los waqfs se encargaban de su mantenimiento, igual que los maestros y sus
discpulos, muchos de los cuales no disponan de una gran fortuna. El oficio de librero era
remunerador. Sin embargo, antes del siglo XI, no hubo en ningn sitio una enseanza
autnticamente oficial, lo que traa consigo una notable diversidad. Los estudiantes, con
frecuencia de cierta edad, iban de maestro en maestro, de ciudad en ciudad, para completar
su bsqueda de la ciencia. Lean bajo la supervisin de un maestro, o ms
exactamente, lo escuchaban tomando notas, mientras lea un texto bsico y lo comentaba,
pata discutirlo despus entre ellos. Los que haban superado las pruebas estaban autorizados
para transmitir lo que el maestro les haba transmitido a ellos. El fin perseguido era llegar a
ser omnisciente.
Los letrados y los sabios se encontraban en las audiencias, es decir, en los salones
de los mecenas. La atmsfera era liberal en extremo, a pesar del ardor de las discusiones.
En ningn otro lugar durante la Edad Media, y tampoco ms tarde en el mundo musulmn,
podremos encontrar un ambiente similar.
En este perodo, al igual que en los anteriores, no haba una separacin clara entre la
reflexin religiosa y el pensamiento literario o cientfico. Ciertamente, se distingue entre las
ciencias musulmanas y las restantes ciencias, pero apenas se puede encontrar a alguien que
no haya cultivado ambas y, de todos modos, los problemas que se planteaban filsofos y
sabios incidan necesariamente en el terreno religioso.
En esta poca, bajo el poder de la dinasta de los abasidas, el Islam alcanza el
mximo esplendor en las ciencias y en las artes, haciendo de Bagdad el centro no slo
poltico, sino tambin cultural del califato al que acuden la mayora de escritores, como el
persa Bachchar Ibn Bourd (del 783); Al Bohtori nacido en 820 y muerto en 897; la poetisa
Fadhl (del 873), clebre como admirable improvisadora, y otros muchos. Al mismo tiempo
se hizo notar la influencia de Persia, con su refinamiento, su elegancia, su cultura, y,
fundindose con las cualidades rabes, dio por resultado el gran perodo clsico o Siglo de
Oro de la literatura rabe, en el que observamos -en los pases conquistados por los
musulmanes- un desarrollo progresivo y rpido, pues todos se esfuerzan en aprender la
lengua del Islam. Pero muchos no se contentan con esto, sino que tambin quieren
dominarla a la perfeccin y dominar su literatura. Cuando nos acercamos a la mitad del
17
siglo II de la Hgira (VIII y IX d.C.), nos encontramos con muchos poetas que no son
rabes, sino que pertenecen a los pueblos extranjeros dominados por los rabes27.
En este perodo, la produccin literaria adquiere un nuevo carcter. Compuesta por
una sociedad urbana, est dirigida por primera vez a las poblaciones de estirpe no rabe. Si
pasamos revista a los poetas que sobresalieron en esta poca, ornato de Bagdad, de los que
se enorgullece la civilizacin islmica, hallaremos que muchos son persas, o bien de origen
semita (arameo y nabateo), que conocen la lengua rabe y destacan en la misma, dando
lugar a que surjan poetas que rivalicen con los poetas rabes y puedan alcanzar la posicin
de primersima figura.
A medida que avanza el siglo II de la Hgira (VIII y IX d.C.), comprobamos que la
lengua rabe, restringida al norte de la Pennsula Arbiga, solamente es hablada por tribus
de beduinos cuya forma de vida tan agreste es lo ms penoso que se pueda describir,
aunque ms tarde se dulcific. Esta lengua pudo reunir la literatura de la India, la filosofa
de los griegos y la cultura de los persas. Todo esto transcurre en tan poco tiempo que no
podemos afirmar que fuera suficiente para transferir estas culturas a una sola lengua, de
forma que se transformen estas comunidades en una sola de sentimiento y pensamiento
homogneos, en una sola cultura donde no resalte diferencia alguna28.
Pero alejados de Bagdad, brillaban Abu Temmam (del 846), autor de la antologa
llamada Hamasa (que literalmente significa la fuerza); Al-Mutanabbi (915-965), el poeta
famoso de noble entonacin en sus versos ampulosos de aspirante a profeta y a rey; Abu
Firas al-Harndani, el que muchos consideran creador de un arte ingenioso y sugestivo y
cuya corte de Alepo fue un centro de cultura donde brilla tambin Al-Mutanabbi.
En este perodo clsico de la literatura rabe, la casida adquiere un carcter cada vez
ms ceremonial, pues se enriquece de tecnicismos y de artificiosidad persiguiendo la
belleza de la metfora y de los smiles. ste es el nuevo estilo, llamado por los fillogos
al-badi, que fue adoptado por vez primera con xito por Bashshar Ibn Burd. Pero su
principal exponente es Abu an-Nowas, que se educ en la escuela de Basra y vivi en la
corte del gran califa Harun al-Rashid.
Abu an-Nowas (h. 139 h. 199), alegre y cnico, cantor del vino y de las tabernas,
de las danzarinas y de los efebos, de los jardines y de las aguas claras, funde el sentimiento
persa del dolor csmico con la ndole pasional de los beduinos. En edad tarda se dedica a
la mstica componiendo poemas ascticos.
Muy distinto es su austero contemporneo Abu al-atahiya (h. 748 - h. 825), de
personalidad asctica y poeta en una lengua sencilla accesible al pueblo.
Al Mutanabbi (915-965)
Abul Tayyib Ahmad ibn al Hussein, al-Mutanabbi, naci en Cufa (Irak), en el barrio
de los Kindes, en el ao 915, el ao 303 de la Hgira. Su padre era un humilde aguador, un
beduino agobiado por la ciudad, pero descendiente de la orgullosa tribu de los Banu Jufi.
Desde nio, Mutanabbi mostr un talento especial para componer versos y recibi la
educacin ms esmerada que la pobreza de su familia permiti. En 927 pas una larga
temporada en el desierto de la Samawa, en donde adems de aprender rabe clsico, se
"beduiniz" y particip en algunos hechos de armas. Un poco despus vivira la gran
aventura que deja entrever la soberbia que lo empujara a buscar en la poesa la expresin
ms rigurosa y atrevida, y que al final lo perdera. En 933 se interna de nuevo en el desierto
27
28
18
y emprende una reescritura potica del Corn29. Se finge milagroso y algunos clanes lo
siguen.
Abul Tayyib se autoproclama profeta, de ah el apodo "Mutanabbi" (el que se las da
de profeta). La aventura, por supuesto, termin en la crcel y slo la benevolencia de un
emir, que atribuy a la juventud del acusado la descabellada empresa, impidi que
Mutanabbi muriera. Tras obtener su libertad, comenz un frustrante vagabundeo hasta que
en 948 llega ante el temido Sayf al-Dawla de Alepo, "Espada del Estado". El valor, la cuna
y la generosidad de al-Dawla encontraron su par en el orgullo y el talento de Mutanabbi y
se establece as una relacin que habra de durar nueve aos, nueve aos de amistad, guerra,
caceras y luto. Sayf al-Dawla sera reconocido en todo el Islam y a travs de los siglos
gracias a las odas llamadas el Saffiyat que el poeta compuso en su honor. Pero las intrigas
de los envidiosos y la falta de astucia de Mutanabbi, cuyo feroz carcter le impeda
defenderse de las intrigas, los separaron.
Comenz entonces un vagabundeo que, despus de las glorias que conoci junto al
prncipe de Alepo, hubo de ser muy amargo. En septiembre de 957 tuvo que componer un
panegrico en honor del visir Kafur de Fostat, en el Cairo Viejo, y la falta de sinceridad es
evidente en el poema. Kafur era un esclavo etope y eunuco, brillante estadista, pero muy
distinto del temerario al-Dawla. Despus de una agrio ruptura, Mutanabbi se vio obligado a
huir, dejando atrs los ms ofensivos poemas burlescos, en los que quedan manifiestas la
hiel y la rabia.
Hubo de buscar nuevos patronos, ninguno satisfactorio. El poeta, iracundo, ve cmo
se repiten los das extenuantes de su juventud, en los que tanto se fatig buscando un
patrono digno de su pluma. En 965, cuando su caravana se acercaba a las puertas de
Bagdad, fue sorprendido por los beduinos de la tribu Assad. Mutanabbi y su hijo son
acuchillados se cree que por rdenes de Kafur y los manuscritos del poeta se pierden en
las arenas del desierto.
Ab-l-'Al' al-Ma'arri (973-1057 1058)
A partir del ao 1000, se inicia la llamada segunda poca abbsi, de franca
decadencia literaria. Con el transcurso de los aos, la poesa mira cada vez ms a la
elegancia de la expresin y a ela riqueza del lenguaje mientras que el contenido pierde poco
a poco importancia. La aparicin inslita e inesperada de un poeta ilustre es la de Abl-'Al' al-Ma'arri (973-1057 1058), del que contamos con dos colecciones: una, Saqt azland (Chispas del eslabn), recoge las primeras poesas, las menos originales; la otra,
Luzumiyat (Obligaciones de lo que no obliga), refleja su desprecio por la vida, cantada con
acentos llenos de amargura y escepticismo.
La noche es una novia
Aunque con vestido negro hay tal vez una noche tan hermosa como el alba.
En ella nos precipitamos con alegra cuando se detuvo, inquieta, la Plyade de estrellas.
La noche es una novia oscura que usa collares de perlas.
Esta noche el sueo huy de mis prpados tal como lo que tranquiliza se evade del corazn del temeroso.
Se dira que la luna creciente desea la Plyade y que juntas se abrazan para un primer adis.
Ay, nosotros los nufragos!
Cmo podran salvarnos dos estrellas, que en lo oscuro tambin han naufragado?
La Quilla de la nave Argos es como la mejilla roja de la amada, como el cuerpo del amante en el amor.
Sus pies estelares se mantienen detrs de l y l est en lo imposible
como el que camina con los tobillos quebrados.
Luego se blanquearon las sienes de la noche
29
19
que se alarm de estar tan desamparada: bajo el azafrn ocult la aurora 30.
El camino del sediento
Muchos protegen sus mejillas de los besos
y no saben qu polvo vendr a apoderarse de ellas.
Otros atan a su cuello todas las desdichas del mundo
y ni siquiera pueden soportar su propio collar.
Puede ser que el sediento que va hacia el manantial slo encontrar all la muerte 31.
Una palabra de eternidad
Me he alejado de los hombres hasta que no hubiera ya ni uno que se dijera mi hermano,
y defend a mis enemigos al grado de que nadie me vuelva a considerar un enemigo.
La desdicha se me volvi fcil de soportar como si empezara a amarla.
Se dira que soy una palabra en la lengua de la eternidad, una palabra cargada de fines infinitos.
Algunos insisten en que quieren comprenderme, como si machacaran un sentido multiplicado.
Si slo a m me dieran el paraso, detestara esa soledad celeste.
Que las nubes que en todos lados se esparcen no lluevan ni sobre mi tierra ni sobre m! 32
Bibliografa
1. A. F. VON SCHACK, Poesa y arte de los rabes en Espaa y Sicilia. Madrid, Libros
Hiperin, 1988.
2. ADONIS, Poesa y potica rabes, Madrid, Ediciones del Oriente y del Mediterrneo, 1997.
3. E. MANZANO MORENO, Historia de las sociedades musulmanas en la Edad Media, Madrid,
Editorial Sntesis, 1992.
4. H. PERES, Esplendor de Al-Andalus. La poesa andaluza en rabe clsico en el siglo XI, sus
aspectos generales, sus principales temas y su valor documental, Madrid, Hiperin, 1983.
5. J. VEGLISON ELAS DE MOLINA, La Poesa rabe clsica, Madrid, Hiperin, 1997.
6. J. VERNET, La cultura hispanorabe en Oriente y Occidente, Barcelona, 1978.
7. M J. RUBIERA MATA, Literatura hispanorabe, Madrid, Editorial Mapfre, 1992.
8. ----------------------------, Poesas Almutamid Ibn Abbad, Madrid, Clsicos hispano-rabes
bilinges, n 3, 1982.
9. R. MENNDEZ PIDAL, Poesa rabe y poesa europea, Madrid, Espasa, 1973.
10. SHUKI DIEF, La literatura rabe en Al-Andalus, El Cairo, Dar Al-Marif, 1999 (libro en
lengua rabe)
11. SHUKI DIEF, Ibn Zaydun, El Cairo, Dar Al-Marif, 1996 (libro en lengua rabe).
12. SHUKI DIEF, La literatura rabe en la poca de los Abases, El Cairo, Dar Al-Marif, 1997
(libro en lengua rabe).
13. T. GARULO, La literaura rabe de Al-Andalus durante el siglo XI, Madrid, Hiperin, 1998.
14. V. CANTARINO, Casidas de amor profano y mstico, Mjico, Editorial Porra, 1988.
30
Traduccin personal basada en el texto rabe recogido en la obra de Shuki Dief , cuyo ttulo en traduccin
al espaol sera La literatura rabe en la poca de los Abases, El Cairo, 1997, p. 116.
31
Sh. Dief, op. cit., p. 129.
32
Sh. Dief, op. cit., p. 147.
20