Leyendas, Cuentos, Leyendas y Historias
Leyendas, Cuentos, Leyendas y Historias
La Leyenda
Una de las leyendas ms conocidas
sobre este personaje de la cultura
guatemalteca y adems tambin es
muy conocida en Aguadas, Caldas
dice as: Una noche El Sombrern
caminaba en un barrio de La Antigua
Guatemala cuando vio a una
muchacha muy bella con pelo largo y
se enamor de ella. Busc su casa y le
llev serenata una y otra noche, pero
ella no le dijo nada a sus padres sobre
l. Un da empez a dejar de comer
hasta el punto de que casi muri, y fue
entonces cuando la madre se dio
cuenta que era por El Sombrern.
Llev a su hija a un convento creyendo que ah iba a estar mejor, pero la nia sigui sin
comer y un da despert con una trenza en su pelo hecha por el espectro y ese da muri.
Luego en el velorio, apareci El Sombrern llorando y sus lgrimas eran como cristales.
Jamas olvida a las muchachas que ha amado. Tambin se cuenta que les hace trenzas a los
caballos y mulas... Se cuenta tambin que este espanto a parte de enamorar a muchachas
jvenes, gusta por cabalgar mulas y caballos de los establos de las fincas en las noches
agotndolos. Por ello, las bestias durante el da no cumplen las tareas sumado a que se
vuelven hostiles con las personas, los campesinos y finqueros al ver este comportamiento
buscan si el Sombrern no les ha hecho trenzas en la greas. Si es as, el animal ya no sirve
para tareas... Una forma de saber si el Sombrern est haciendo de las suyas en fincas y
casas, es colocar ya sea cerca de un balcn de casa o cerca de los establos una silla y mesa
de pino recin elaboradas, junto a aguardiente y una guitarra en noche de luna y deben
guardar silencio todas las personas, slo as se escuchar la guitarra y los cantos del
Sombrern. Al Sombrern le atraen las muchachas de pelo largo y ojos grandes, por ello,
cuando se sospecha que est tras una joven se le debe cortar el pelo a esta para que el
Sombrern no se gane el alma de la joven.
La llorona
La Llorona, la mujer fantasma que recorre las calles
de las ciudades en busca de sus hijos.
Cuenta la leyenda que era una mujer de sociedad,
joven y bella, que se cas con un hombre mayor,
bueno, responsable y carioso, que la consenta
como una nia, su nico defecto... que no tena
fortuna.
Pero el sabiendo que su joven mujer le gustaba
alternar en la sociedad y " escalar alturas ", trabajaba
sin descanso para poder satisfacer las necesidades
econmicas de su esposa, la que sintindose
consentida despilfarraba todo lo que le daba su
marido y exigindole cada da ms, para poder estar a la altura de sus amigas, las que
dedicaba tiempo a fiestas y constantes paseos.
Marisa Lpez de Figueroa, tuvo varios hijos estos eran educados por la servidumbre
mientras que la madre se dedicaba a cosas triviales. As pasaron varios aos, el matrimonio.
Figueroa Lpez, tuvo cuatro hijos y una vida difcil, por la seora de la casa, que repulsaba el
hogar y nunca se ocup de los hijos. Pasaron los aos y el marido enferm gravemente, al
poco tiempo muri, llevndose " la llave de la despensa ", la viuda se qued sin un centavo, y
al frente de sus hijos que le pedan que comer. Por un tiempo la seora de Figueroa
comenz a vender sus muebles. Sus alhajas con lo que la fue pasando.
Pocos eran los recursos que ya le quedaban, y al sentirse intil para trabajar, y sin un
centavo para mantener a sus hijos, lo pens mucho, pero un da los reuni dicindoles que
los iba a llevar de paseo al ro de los pirules. Los ishtos saltaban de alegra, ya que era la
primera vez que su madre los levaba de paseo al campo. Los subi al carruaje y sali de su
casa a las voladas, como si trajera gran prisa por llegar. Lleg al ro, que entonces era
caudaloso, los bajo del carro, que ella misma guiaba y fue aventando uno a uno a los
pequeos, que con las manitas le hacan seas de que se estaban ahogando.
Pero ella, tendenciosa y fra, vea como se los iba llevando la corriente, haciendo gorgoritos
el agua, hasta quedarse quieta. A sus hijos se los llevo la corriente, en ese momento ya
estaran muertos. Como autmata se retir del lugar, tomo el carruaje, sali como "alma que
lleva el diablo ", pero los remordimientos la hicieron regresar al lugar del crimen. Era intil las
criaturas haban pasado a mejor vida. Cuando se dio cuenta de lo que haba hecho, se tiro
ella tambin al ro y pronto se pudieron ver cuatro cadveres de nios y el de una mujer que
flotaban en el ro.
Dice la leyenda que a partir de esa fecha, a las doce de la noche, la seora Marisa venia de
ultratumba a llorar su desgracia: sala del cementerio (en donde les dieron cristiana
sepultura) y cruzaba la ciudad en un carruaje, dando alaridos y gritando Aaaaay mis hijos!
Donde estarn mis hijos y as hasta llegar al ro de los pirules en donde desapareca!
Todas las personas que la vean pasar a medianoche por las calles se santiguaban con
reverencia al escuchar sus gemidos y gritos. Juraban que con la luz de la luna vean su
carruaje que conduca una dama de negro que con alaridos buscaba a sus hijos.
Las mujeres cerraban las ventanas, y al trasnochador que vena con copas, hasta la
borrachera se le quitaba al ver aquel carro que conduca un espectro, donde iba la llorona,
del carruaje salan grandes llamaradas y se escuchaba una largo y triste gemido de una
mujer, un esqueleto vestido de negro, el que guiaba el carruaje, jalado por caballos briosos.
Un da, cuatro amigos, hacindose los valientes, quisieron seguir al carruaje que corra a
gran velocidad por cntrica calle de Aguascalientes que daba al ro pirules.
Ellos la seguan, temblando de miedo, pero dndose valor con las copitas, dio un ltimo grito
de tristeza y dolor Aaaay mis hijos y desapareci con todo y carruaje.
Leyenda del Callejn del Beso
Todo viajero que viene a esta ciudad pregunta por el Callejn del Beso, lugar al que se
atribuye varias leyendas.
La ms sorprendente por su sabor trgico y romntico de autntica leyenda, es la siguiente:
Se cuenta que doa Carmen era hija nica de un hombre intransigente y violento pero como
suele suceder, siempre triunfa el amor por infortunado que ste sea.
Doa Carmen era cortejada por su galn, don Luis, en un templo cercano al hogar de la
Su llanto angustioso de apenas nio, de adolescente casi, de nada haba servido para evitar
la destruccin. Haba visto cmo los brbaros arrasaban con sus armas brutales y su
ambicin despiadada los smbolos del Teotl, la energa creadora. Haba contemplado caer
muerto a su padre. Haba escuchado los gritos aterrados de sus mamacitas: Piedad! Mas
todo haba sido destruido. Luego confusin, oscuridad, lgrimas, hambre y sin explicrselo
bien, aquella agua fra sobre su cabeza y aquel hombre vestido de caf hasta los pies
dicindole algo en extraa lengua y un soldado popoloca que le obligaba a besar, daga
amenazante en mano, a quien decan era un verdadero dios.
Desde esa poca muy poco quedaba ya de la grandiosa ciudad de sus abuelos; slo
recuerdos, borrosos recuerdos de una antigua felicidad... (sus papacitos del calpulli, la casa
que florece para todos, trabajando unidos para fomentar la creatividad y la evolucin del
Teotl. Y las sementeras llenas de flores, de hortalizas. Y los cantares colectivos de los
laboriosos agricultores. Y su madre y todas sus mamacitas preparando el sostenimiento de
los que trabajan).
Pero ahora todo era tristeza. A los que eran como l, les nombraban "indios" y los hacan
esclavos y la voluntad de vivir se iba. Su pueblo, los suyos, que en dos siglos haban
construido una esplendorosa ciudad para que reviviera la grandeza astronmica de la
legendaria Teotihuacan y prosiguiera con la labor del Teotl de los antiguos nahuatlacos
desaparecidos haca ms de diez mil aos en una catstrofe increble, se hallaba humillado,
oprimido por quienes fingindose en un principio amigos, teules, lo haban destrozado todo,
todo!, sin respetar la creativad esencial del Teotl. Y las costumbres de los invasores se
extendieron...
Cuauhtzin, dicen que era su nombre, desde ese da se visti de una profunda tristeza, tanta
que jams nadie lo vio sonrer. Vag durante algn tiempo por diversos barrios de la naciente
nueva ciudad, como perdido, hasta que pareci encontrar lo que buscaba, un lugar...
Ahora, casas a la usanza castellana se levantaban con las mismas piedras que haban
servido a los Teocallis, casas para la meditacin creadora, y de stos, nada quedaba. Y all
se sent y permaneci toda su vida, no obstante los menosprecios y los insultos que se
acostumbr a no entender. Indio taimado! Indio holgazn! Indio ladino! Indio borracho!
Indio ignorante! A veces lo quitaban a la fuerza de este sitio, su sitio, pero luego volva a su
calle para recordar y fomentar su tristeza.
Don Pedro vive en la calle del Indio triste.
Vieron ya la casa que se construy Doa Marina en la calle del Indio triste?
Comenzaron a ubicar el lugar por el siempre presente personaje y pronto se convirti en
un punto de referencia para los habitantes de la ciudad.
Una maana, dicen, en el rincn donde nunca dejaba de verse al hombre triste, encontraron
una estatua igual al indio, en la misma postura, con semejante gesto y todos dijeron: Se
volvi piedra! Se volvi piedra! De boca en boca circul el rumor. Y la noticia se arremolin
en asombros y en incrdulas miradas. Hubo en varios temor y remordimientos... Nadie supo
cmo, pero la imaginacin y la fantasa acrecentaron la leyenda. Y la calle se llam desde
entonces y hasta hace poco en que le cambiaron el nombre: La calle del Indio triste.
El cadejo, leyenda Mexicana
El bien y el mal siempre estn presentes
En Mxico se cuenta una leyenda de 2
perros. En Mxico en los aos de las calles
empedradas y las casa coloniales, las
personas no saban cmo cuidarse entonces
Dios al ver esto creo a un animal como el
perro pero con la habilidad de pensar y
razonar es de pelaje blanco de ojos celestes,
lo blanco representa a las nubes grandes que
muestran el poder de Dios y lo celeste el
cielo que nos cubre que muestra que Dios
nos cubre con amor.
Pero al ver esto el diablo se enfureci y entonces cre una copia idntica pero con pelaje
negro representando la oscuridad y la maldad y de ojos rojos representando el infierno.
Ambos mandaron a estos guardianes del bien y el mal, el perro bueno ayudaba a los que
se quedaban el piso dormidos o tirados, pero el malo hacia que bebieran ms y que murieran
cuando l se atravesaba a las personas en dos o cinco minutos les pasaban cosas mortales,
el equilibrio del bien y el mal paso sin que se conocieran los animales.
Hasta 50 aos despus en una noche de niebla se vieron causando una pelea legendaria
el mal lo rodeaba de llamas y al bien de luz que quemaba la pelea sigui hasta causar la
muerte de los 2 Dios se dio cuenta en esos 50 aos que el bueno siempre ayudaba a los
humildes y tambin a los egostas e hipcritas hace que levanto los dos cuerpos y formo uno
solo pero le faltaba patas entonces se las quito a un carnero le faltaba orejas y le quito unas
al carnero pero al quitrselas tambin se prendieron los cuernos.
Una vez formado le dio la habilidad de ayudar a los buenos y traicionar a los malos y as
nace el Cadejo. CA de carnero DE es el bien y JO de mal.
Exhaustos y tratando de olvidar el horror que dejaban atrs, regresaron a Tebas, en busca de
ms instrucciones de quien era en realidad su ms difcil enemigo, Euristeo.
Nace la Siguanaba
Originalmente llamada Sihuehuet (mujer hermosa), tena
un romance con el hijo del dios Tloloc, del cual result
embarazada. Ella fue una mala madre, dejaba solo a su
hijo para satisfacer a su amante. Cuando Tlaloc descubri
lo que estaba ocurriendo maldijo a Sihuehuet llamndola
Sihuanaba (mujer horrible). Ella sera hermosa a primera
vista, pero cuando los hombres se le acercaran, dara
vuelta y se convertira en un ser horrible.
Segn lo que cuenta la leyenda, todos los trasnochadores
estn propensos a encontrarla. Sin embargo, persigue
con ms insistencia a los hombres enamorados, a
los Don Juanes que hacen alarde de sus conquistas
amorosas. A estos, la Siguanaba se les aparece en
cualquier tanque de agua en altas horas de la noche, o a orillas de ros segn otras
versiones. La ven bandose con Guacal de oro y peinando su hermoso cabello negro con
un peine del mismo metal, su bello cuerpo se trasluce a travs del camisn.
Dicen las tradiciones que el hombre que la mira se vuelve loco por ella. Entonces, la
Siguanaba lo llama, y se lo va llevando hasta un barranco. Ensea la cara cuando ya se lo ha
ganando, su rostro se vuelve como de muerta, sus ojos se salen de sus cuencas y se tornan
rojos como si sangraran,su antes tersa y delicada piel se torna arrugada y verduzca, sus
uas crecen y suelta una estridente risa que paraliza de terror al que la escucha. Para no
perder su alma, el hombre debe morder una cruz o una medallita y encomendarse a Dios.
Otra forma de librarse del influjo de la Siguanaba, consiste en hacer un esfuerzo supremo y
acercarse a ella lo ms posible, tirarse al suelo cara al cielo, estirar la mano hasta tocarle el
pelo, y luego halrselo. As la Siguanaba se asusta y se tira al barranco. Otras versiones
dicen que debe agarrarse de una mata de escobilla, y as, cuando ella tira de uno, al
agarrase la vctima de la escobilla, ella siente que le halan el pelo. Esta ltima prctica es
ms efectiva, ya que es el antdoto propio que contrarresta el poder malfico de esta mujer
mgica. Un mtodo funcional al observar a una mujer en el ro sin saber si es la Siguanaba,
consiste en gritar tres veces seguidas: "No te vas a ir Mara pata de gallina"; si es la
Siguanaba se asustar y se lanzar al barranco, si no era ella te dirn que sos un loco; pero
se te pasara el susto.
FBULA
La zorra y las uvas
Haba una vez una zorra que llevaba casi una semana sin comer,
haba tenido muy mala suerte, le robaban las presas y el gallinero que
encontr tena un perro guardin muy atento y un amo rpido en
acudir con la escopeta.
Ciertamente estaba muertecita de hambre cuando encontr unas
parras silvestres de las que colgaban unos suculentos racimos de
doradas uvas, debajo de la parra haba unas piedras, como
[Link] fin va a cambiar mi suerte, pens relamindose
, parecen muy dulces. Se puso a brincar, intentando alcanzarlos,
pero se senta muy dbil, sus saltos se quedaban cortos los racimos
estaban muy altos y no llegaba. As que se dijo: Para que perder el
tiempo y esforzarme, no las quiero, no estn maduras.
Pero resulta que si la zorra hubiese trepado por las piedras parndose en dos patas hubiese
alcanzado los racimos, esta vez le falt algo de astucia a doa zorra, parece ser que el
hambre no la deja pensar.
MORALEJA:
Hay que esforzarse para conseguir lo que se desea pero pensando primero que es lo que
queremos y como conseguirlo, no sea que nos pongamos a dar brincos cuando lo que
necesitamos es estirarnos, y perdamos el tiempo y el esfuerzo.
El leopardo y las monas
En Tetun, ciudad que est al norte de Marruecos, un
leopardo tena problemas con la comida porque cazaba
monas. Ya las coga no a pares, sino a docenas. Luego, las
devoraba con muchsimo gusto. Pero al ver la carnicera
que haca la fiera, las monas que no haban cado en sus
garras, huyendo, se subieron a los altsimos rboles, y el
peligroso felino nada pudo hacer ya para cogerlas. Las
miraba como si fuesen uvas verdes, porque no estaban a
su alcance.
El leopardo se mora de hambre y un da decidi hacerse el muerto. El astuto cazador lo
fingi tan bien que pareca que realmente se haba muerto de hambre porque no poda ya
comer las monas, que eran su alimento. Estaba tendido en el suelo, sin moverse.
Las monas desde lo ms alto de los rboles lo vieron. Esperaron toda la maana porque no
saban si dorma o estaba muerto. Pero como el leopardo no hizo el menor movimiento, no
tuvieron duda alguna de que estaba muerto.
Hasta las monas ms viejas y ms sabias bajaron del rbol y empezaron a dar saltos
alrededor del leopardo muerto. Primero lo hacan mirando an al rbol al que subirse por si
tenan que huir corriendo, pero luego ya se olvidaron de l.
La mona ms atrevida se acerc al muerto sin hacer ningn ruido. Lo mir de patas a
cabeza, y despus lo oli e incluso se atrevi a tocarlo. Nada: muerto y bien muerto. Y,
contentsima, les dijo a gritos a las otras monas:
-Venid! Est muerto y bien muerto. Empieza ya a oler a muerto!
Entonces todas las monas bajaron rpidamente de los rboles, incluso las ms miedosas.
Saltaban, gritaban. Se acercaban al leopardo muerto y le tocaban la cara. Algunas le saltaron
encima. Una se le arrim y le hizo mimos. Otra se tendi a su lado hacindose la muerta,
porque quera imitarle y no saba que lo estaba haciendo de verdad!
El astuto leopardo segua sin moverse, soportando todas las moneras de las alegres monas.
Dej que se cansaran de correr, de saltar, de hacer monadas.
Y cuando not que los saltos ya no eran tan giles y que las monas empezaban a calmarse,
supo que estaban cansadas. Y entonces, zas! Se levant con la ligereza que lo
caracterizaba, con la fiereza del cazador experto que era, y pill, mat, devor a todas las
monas que pudo.
La fiera se pareca al Cid Campeador matando a sus enemigos y cubriendo el campo de
batalla con los cuerpos muertos. As acabaron las tontas monas.
El peor enemigo es el que finge que no puede causar dao. No olvides la historia de las
monas y del leopardo, porque el enemigo ms peligroso es el que intenta inspirar confianza
para no hallar el golpe al atacar.
El campesino y la serpiente
En la estacin invernal y tras encontrar una serpiente
congelada bajo el fro, un campesino al compadecerse de ella
y cogerla, la coloc bajo su regazo. Y al calentarse y recobrar
su naturaleza propia, mordi a su benefactor y lo mat. ste,
al morir, deca: " Sufro justamente al compadecerme de un
malvado."
La historia demuestra que las maldades son inmutables,
aunque sean tratadas con la mayor humanidad.
En las noches claras, cuando el viento rompe el crepsculo del agua en ondas oscuras,
aora galopar bajo el vientre de una doncella desnuda como la luna como una pecera de
fondo.
A veces atraviesa a algunos baistas con su afilado cuerno buscando a No desde
tiempos remotos.
La cigarra y la hormiga. Fbula sobre el esfuerzo
La Lechera
Una vez, una Lechera caminaba alegremente de
camino al mercado, y a la vez, llevaba un
Cntaro con Leche. En su camino muy feliz, iba
imaginando las cosas hermosas que aoraba en
su futuro, y se deca: "Llevo muy buena leche y
de gran calidad. Estoy muy segura que me
pagarn muy bien por ella. Con eso, comprar
una canasta de huevos para incubarlos y tener
muchos pollitos. Luego, vender los pollitos para
comprarme un bonito Cerdito que lo engordar
cuidadosamente, y cuando este grande, lo vender por mucho dinero. Luego comprar una
Vaca con un Ternerito que jugar por el campo todos los das." La Lechera segua en su
fantasa con muchos pensamientos bonitos sobre su futuro, hasta que por desgracia, se
tropez y su Cntaro fue a caer al piso rompindose y derramando toda la Leche. La
Lechera, muy triste solo poda ver cmo la tierra absorba la Leche y se desvanecan sus
ilusiones. Moraleja No anheles impaciente el bien futuro, mira que ni el presente est seguro.
El Toro y las Cabras amigas
Un da en un hermoso prado, un Toro y Tres Cabras jugaban muy
contentos. Con el pasar de los das, se hicieron buenos amigos. A lo
lejos, un Perro vagabundo los observaba pero a la vez, no comprenda
que hacan juntos aquellos animales. Luego, se dijo: "Pero que hace
un Toro grande y robusto conviviendo con aquellas Cabras esculidas y
feitas?" Al da siguiente, el Toro se encontraba solo, as que el Perro se
acerc a el y le dijo: "Estimado Toro, usted que es tan fuerte y grande,
qu hace al lado de aquellas flacas y desagradables Cabras?. Todo el
mundo creer que eres un Toro dbil." El Toro, pens sobre lo dicho por
el Perro, as que se alej de sus amigas Cabras. Mientras segua sin
rumbo, pensativo se dijo: "Ellas eran buenas y tambin diverta mucho.
Por qu me aleje de ellas e hice caso a un Perro vagabundo a quien
no conoca?" Tras esto, el Toro regres con sus Amigas para disculpase, y les prometi una
gran y bonita amistad eterna. Moraleja A la amistad la aleja quien con envidia aconseja.
CUENTOS
Cuento de la Bella y la Bestia
rase una vez un mercader que antes de irse para un largo viaje de negocios, llam a sus
tres hijas para preguntarles qu queran que les trajera a cada una como regalo. La primera
pidi un vestido de brocado, la segunda un collar de perlas y la tercera, que se llamaba Bella
y era la ms gentil, le dijo a su padre: "Me bastar una rosa cortada con tus manos."
El mercader parti y, una vez ultimados sus asuntos, se dispuso a volver cuando una
tormenta le pill desprevenido. El viento soplaba glido y su caballo avanzaba fatigosamente.
Muerto de cansancio y de fro, el mercader de improviso vio brillar una luz en medio del
bosque. A medida que se acercaba a ella, se dio cuenta que estaba llegando a un castillo
iluminado. "Confo en que puedan ofrecerme hospitalidad", dijo para s esperanzado. Pero al
llegar junto a la entrada, se dio cuenta de que la puerta estaba entreabierta y, por ms que
llam, nadie acudi a recibirlo.
Entr decidido y sigui llamando. En el saln principal haba una mesa iluminada con dos
candelabros y llena de ricos manjares dispuestos para la cena. El mercader, tras meditarlo
durante un rato, decidi sentarse a la mesa; con el hambre que tena consumi en breve
tiempo una suculenta cena. Despus, todava intrigado, subi al piso superior. A uno y otro
lado de un pasillo largsimo, asomaban salones y habitaciones maravillosos. En la primera de
estas habitaciones chisporroteaba alegremente una lumbre y haba una cama mullida que
invitaba al descanso. Era tarde y el mercader se dej tentar; se ech sobre la cama y qued
dormido profundamente. Al despertar por la maana, una mano desconocida haba
depositado a su lado una bandeja de plata con una cafetera humeante y fruta.
El mercader desayun y, despus de asearse un poco, baj para darle las gracias a quien
generosamente lo haba hospedado. Pero al igual que la noche anterior, no encontr a nadie
y, agitando la cabeza ante tan extraa situacin, se dirigi al jardn en busca de su caballo
que haba dejado atado a un rbol, cuando un hermoso rosal atrajo su atencin. Se acord
entonces de la promesa hecha a Bella, e inclinndose cort una rosa. Inesperadamente, de
entre la espesura del rosal, apareci una bestia horrenda que iba vestida con un bellsimo
atuendo; con voz profunda y terrible le amenaz: " Desagradecido! Te he dado hospitalidad,
has comido en mi mesa y dormido en mi cama y, en seal de agradecimiento, vas y robas
mis rosas preferidas? Te matar por tu falta de consideracin!"
El mercader, aterrorizado, se arrodill temblando ante la fiera: Perdname!Perdname la
vida! Har lo que me pidas! La rosa era para mi hija Bella, a la que promet llevrsela de mi
viaje!" La bestia retir su garra del desventurado. " Te dejar marchar con la condicin de que
me traigas a tu hija." El mercader, asustado, prometi obedecerle y cumplir su orden. Cuando
el mercader lleg a casa llorando, fue recibido por sus tres hijas, pero despus de haberles
contado su terrorfica aventura, Bella lo tranquiliz diciendo: " Padre mo, har cualquier cosa
por ti.
No debes preocuparte, podrs mantener tu promesa y salvar as la vida! Acompame
rase
una
vez
una
capa
Un dia , su madre le pidio que llevase unos pasteles a su abuelita que vivia al otro lado del
bosque ,
recomendandole que no se entretuviese en el camino , porque cruzar el bosque era muy
peligroso , ya
que siempre estaba acechando por alli el lobo.
Caperucita Roja recogio la cesta con los pasteles y se puso en camino. La nia tenia que
atravesar el
bosque para llegar a casa de la Abuelita , pero no tenia miedo porque alli siempre se
encontraba con
muchos amigos:
los pajaros, las ardillas...
De repente vio al lobo , que era enorme , delante de ella.
- A donde vas , nia? - le pregunto el lobo con su voz ronca.
- A casa de mi Abuelita - dijo Caperucita.
- No esta lejos - penso el lobo para si, dandose media vuelta.
Caperucita puso su cesta en la hierba y se entretuvo cogiendo flores: - El lobo se ha ido
-penso- , no tengo nada que temer. La abuelita se pondra muy contenta cuando la lleve un
Para castigar al malvado lobo , el cazador le lleno el vientre de piedras y luego lo volvio a
cerrar.
Cuando el lobo desperto de su pesado sueo, sintio muchisima sed y se dirigio a un
estanque
proximo para beber. Como las piedras pesaban mucho, cayo en el estanque de cabeza y se
ahogo.
En cuanto a Caperucita y su abuela, no sufrieron mas que un gran susto, pero Caperucita
Roja
habia aprendido la leccion. Prometio a su Abuelita no hablar con ningun desconocido que se
encontrara en su camino. De ahora en adelante , seguiria los consejos de su Abuelita y de su
Mama.
El cuento del Gato con Botas.
rase una vez un viejo molinero que tena tres hijos. Acercndose la hora de su muerte hizo
llamar a sus tres hijos. "Mirad, quiero repartiros lo poco que tengo antes de morirme". Al
mayor le dej el molino, al mediano le dej el burro y al ms pequeito le dej lo ltimo que le
quedaba, el gato. Dicho esto, el padre muri.
Mientras los dos hermanos mayores se dedicaron a explotar su herencia, el ms pequeo
cogi unas de las botas que tena su padre, se las puso al gato y ambos se fueron a recorrer
el mundo. En el camino se sentaron a descansar bajo la sombra de un rbol. Mientras el amo
dorma, el gato le quit una de las bolsas que tena el amo, la llen de hierba y dej la bolsa
abierta. En ese momento se acerc un conejo impresionado por el color verde de esa hierba
y se meti dentro de la bolsa. El gato tir de la cuerda que le rodeaba y el conejo qued
atrapado en la bolsa. Se hecho la bolsa a cuestas y se dirigi hacia palacio para entregrsela
al rey. Vengo de parte de mi amo, el marqus Carrabs, que le manda este obsequio. El rey
muy agradecido acept la ofrenda.
Pasaron los das y el gato segua mandndole regalos al rey de parte de su amo. Un da, el
rey decidi hacer una fiesta en palacio y el gato con botas se enter de ella y pronto se le
ocurri una idea. "Amo, Amo! S cmo podemos mejorar nuestras vidas. T solo sigue mis
instrucciones." El amo no entenda muy bien lo que el gato le peda, pero no tena nada que
perder, as que acept. "Rpido, Amo! Qutese la ropa y mtase en el ro." Se acercaban
carruajes reales, era el rey y su hija. En el momento que se acercaban el gato chill:
"Socorro! Socorro! El marqus Carrabs se ahoga! Ayuda!". El rey atrado por los chillidos
del gato se acerc a ver lo que pasaba. La princesa se qued asombrada de la belleza del
marqus. Se visti el marqus y se subi a la carroza.
El gato con botas, adelantndose siempre a las cosas, corri a los campos del pueblo y pidi
a los del pueblo que dijeran al rey que las campos eran del marqus y as ocurri. Lo nico
que le falta a mi amo -dijo el gato- es un castillo, as que se acord del castillo del ogro y
decidi acercarse a hablar con l. "Seor Ogro!, me he enterado de los poderes que usted
tiene, pero yo no me lo creo as que he venido a
ver si es verdad."
El ogro enfurecido de la incredulidad del gato,
cogi aire y zs! se convirti en un feroz len.
"Muy bien, -dijo el gato- pero eso era fcil, porque
t eres un ogro, casi tan grande como un len.
Pero, a que no puedes convertirte en algo
pequeo? En una mosca, no, mejor en un ratn,
puedes? El ogro sopl y se convirti en un
pequeo ratn y antes de que se diera cuenta
zs! el gato se abalanz sobre l y se lo comi.
En ese instante sinti pasar las carrozas y sali a
la puerta chillando: "Amo, Amo! Vamos, entrad."
El rey qued maravillado de todas las posesiones
del marqus y le propuso que se casara con su
hija y compartieran reinos. l acept y desde
entonces tanto el gato como el marqus vivieron felices y comieron perdices.
El cuento de Peter Pan.
rase una vez 3 nios llamados Wendy, Michael y John eran tres hermanos que vivan en las
afueras de Londres. Wendy, la mayor, haba contagiado a sus hermanitos su admiracin por
Peter Pan.
Todas las noches les contaba a sus hermanos las aventuras de Peter. Una noche, cuando ya
casi dorman, vieron una lucecita moverse por la habitacin.
Era Campanilla, el hada que acompaa siempre a Peter Pan, y el mismsimo Peter. ste les
propuso viajar con l y con Campanilla al Pas de Nunca Jams, donde vivan los Nios
Perdidos... - Campanilla os ayudar. Basta con que os eche un poco de polvo mgico para
que podis volar.
Cuando ya se encontraban cerca del Pas de Nunca Jams, Peter les seal: - Es el barco
del Capitn Garfio. Tened mucho cuidado con l. Hace tiempo un cocodrilo le devor la mano
y se trag hasta el reloj. Qu nervioso se pone ahora Garfio cuando oye un tic-tac!
Campanilla se sinti celosa de las atenciones que su amigo tena para con Wendy, as que,
adelantndose, les dijo a los Nios Perdidos que deban disparar una flecha a un gran pjaro
que se acercaba con Peter Pan. La pobre Wendy cay al suelo, pero, por fortuna, la flecha
no haba penetrado en su cuerpo y enseguida se recuper del golpe. Wendy cuidaba de
todos aquellos nios sin madre y, tambin, claro est de sus hermanitos y del propio Peter
Pan.
Procuraban no tropezarse con los terribles piratas, pero stos, que ya haban tenido noticias
de su llegada al Pas de Nunca Jams, organizaron una emboscada y se llevaron prisioneros
a Wendy, a Michael y a John. Para que Peter no pudiera rescatarles, el Capitn Garfio
decidi envenenarle, contando para ello con la ayuda de Campanilla, quien deseaba
vengarse del cario que Peter senta hacia Wendy. Garfio aprovech el momento en que
Peter se haba dormido para verter en su vaso unas gotas de un poderossimo veneno.
Cuando Peter Pan se despert y
se dispona a beber el agua,
Campanilla, arrepentida de lo
que haba hecho, se lanz
contra el vaso, aunque no pudo
evitar que la salpicaran unas
cuantas gotas del veneno, una
cantidad suficiente para matar a
un ser tan diminuto como ella.
Una sola cosa poda salvarla:
que todos los nios creyeran en
las hadas y en el poder de la
fantasa. Y as es como, gracias
a los nios, Campanilla se salv.
Mientras tanto, nuestros amiguitos seguan en poder de los piratas.
Ya estaban a punto de ser lanzados por la borda con los brazos atados a la espalda. Pareca
que nada poda salvarles, cuando de repente, oyeron una voz: - Eh, Capitn Garfio, eres un
cobarde! A ver si te atreves conmigo! Era Peter Pan que, alertado por Campanilla, haba
llegado justo a tiempo de evitarles a sus amigos una muerte cierta. Comenzaron a luchar.
De pronto, un tic-tac muy conocido por Garfio hizo que ste se estremeciera de horror. El
cocodrilo estaba all y, del susto, el Capitn Garfio dio un traspi y cay al mar. Es muy
posible que todava hoy, si viajis por el mar, podis ver al Capitn Garfio nadando
desesperadamente, perseguido por el infatigable cocodrilo.
El resto de los piratas no tard en seguir el camino de su capitn y todos acabaron dndose
un saludable bao de agua salada entre las risas de Peter Pan y de los dems nios. Ya era
hora de volver al hogar. Peter intent convencer a sus amigos para que se quedaran con l
en el Pas de Nunca Jams, pero los tres nios echaban de menos a sus padres y deseaban
volver, as que Peter les llev de nuevo a su casa. - Qudate con nosotros! -pidieron los
nios. - Volved conmigo a mi pas! -les rog Peter Pan-.
No os hagis mayores nunca. Aunque crezcis, no perdis nunca vuestra fantasa ni vuestra
imaginacin. De ese modo seguiremos siempre juntos. - Prometido! -gritaron los tres nios
mientras agitaban sus manos diciendo adis.
El cuento de las Hadas.
rase una vez una viuda que tena dos hijas. La mayor asemejaba a la madre en todo, tanto
fsicamente como en el carcter, quien vea a la madre vea a la hija. Las dos eran
sumamente antipticas y llenas de soberbia, a tal punto que nadie quera estar cerca de
ellas, ni vivir junto a ellas.
La ms joven por el contrario, tena una dulzura increble, y por la bondad del corazn, era el
retrato de su padre, y era de una belleza incomparable que era difcil encontrar otra joven tan
bella como ella. Naturalmente, como todos aman a sus semejantes, la madre tenia
predileccin por la mayor y senta por la menor una aversin y repugnancia espantosa.
Le haca comer en la cocina, y todos los que haceres de la casa le tocaban a ella. Aparte de
todo, esta pobre nia deba dar dos viajes a una fuente distante, de ms de una milla y media
a buscar agua y traer un gran cntaro lleno.
Un da mientras estaba en la fuente llenando su cntaro, se le acerca una pobre vieja, quin
le rog que le diera agua de beber. "Pero claro, abuelita, con mucho gusto." respondi la
nia, "espere que le llene la jarra". Inmediatamente la limpi, la llen con agua fresca y se la
present, sostenindola en sus propias manos para que bebiera cmodamente y hasta
saciarse. Cuando hubo bebido, la viejita le dijo: "Eres tan buena, y tan bella que por esto no
puedo hacer menos que darte un regalo". Aquella era un hada que haba tomado la forma de
una vieja campesina para ver hasta donde llegaba la bondad de la jovencita. Y continu."Te
doy por regalo que por cada palabra que sale de tu boca brotar o una flor o una piedra
preciosa".
La muchacha regres a la casa con el cntaro lleno, algunos minutos ms tarde; la madre
estaba hecha una furia por el minsculo retardo. "Mam, ten paciencia, te pido perdn" dijo la
hija toda humilde, y en tanto hablaba le salieron de la boca dos rosas, dos perlas y dos
diamantes enormes. "Pero qu sucede aqu!!" dijo la madre estupefacta, "me equivoco o
ests escupiendo perlas y diamantes!... Oh pero cmo, hija ma? ..."
Era la primera vez en toda su vida que la llamaba as y en tono afectuoso. La nia cont
ingenuamente todo lo que le haba sucedido en la fuente; y mientras hablaba , brotaban los
rubes, topacios de sus labios. "Oh, qu fortuna!", dice la madre, "necesito enviar tambin a
esta otra nia.
Mira, Cecchina, mira lo que sale de la boca de tu hermana cuando habla. Te gustara tener
tambin a ti este don?... Es necesario que solamente vayas a la fuente de agua y si una
viejita te pide agua, dsela con mucha amabilidad." "No faltaba ms, ir a la fuente ahora!"
reclam la otra. "Te digo que vayas ahora mismo!" Grit la mam.
Sali corriendo la muchacha, llevando consigo la ms bella jarra de plata que haba en la
casa. ... Apenas haba llegado a la fuente, apareci a una gran seora, vestida
magnficamente, que le pide un poco de agua. Era la misma hada que haba aparecido a su
hermana; pero haba tomado el aspecto y vestuario de una princesa, para ver hasta dnde
llegaba la malacrianza de esa joven. "Pero claro" dice la soberbia, "que he venido aqu para
darle de beber a usted! ...Seguro!...Para darle de beber a usted y no a otra persona!...Un
momento, si tiene sed, la fuente est ah!" "Tienes muy poca educacin, muchacha..." dijo el
hada sin inmutarse "Ya que eres tan maleducada te doy por regalo , que por cada palabra
pronunciada saldrn de tu boca una rana o una serpiente".
Apenas la vio la madre a lo lejos, que le grita a plena voz: "Como te fue, Cecchina?" "No
me molestes mam!, replic la muchacha; e inmediatamente escupi dos vboras y dos
ranas Oh Dios, que veo!... la culpa debe ser toda de tu hermana!, me las pagar!" Y se movi
para pegarle. Aquella pobre joven huy del rencor y fue a refugiarse en el bosque cercano.
El hijo del Rey que regresaba de la caza la encontr en un sendero , y vindola tan hermosa,
le pregunt qu haca en ese lugar tan sola, y porqu lloraba tanto. "Mi madre me ha sacado
de la casa y me quera golpear" Respondi la joven. E hijo del Rey quien vio salir de aquella
boca cinco o seis perlas y otros tantos brillantes, le rog que le contara cmo era posible algo
tan maravilloso. Y la muchacha le cont toda la
historia de lo que le haba sucedido.
El prncipe real se enamoro de inmediato de
ella, y considerando que el don del hada era
mas valioso que cualquier dote que ninguna de
las damas del reino podran tener, la llevo sin
chistar a palacio y se cas con ella. La otra
hermana, mientras tanto se hizo odiar por todos
de tal manera, que su misma madre la sac de
la casa; y la desgraciada joven despus de
tratar de convencer a muchos de que la
recibieran, todo en vano; se fue a morir al fin del bosque.
El cuento de Cenicienta.
rase una vez una joven muy bella que no tena
padres, sino madrastra, una viuda impertinente
con dos hijas a cual ms fea.
Era ella quien haca los trabajos ms duros de la
casa y como sus vestidos estaban siempre tan
manchados de ceniza, todos la llamaban
Cenicienta. Un da el Rey de aquel pas anunci
que iba a dar una gran fiesta a la que invitaba a
todas las jvenes casaderas del reino.
T Cenicienta, no irs -dijo la madrastra-. Te
quedars en casa fregando el suelo y
preparando la cena para cuando volvamos.
Lleg el da del baile y Cenicienta
apesadumbrada vio partir a sus hermanastras hacia el Palacio Real. Cuando se encontr
sola en la cocina no pudo reprimir sus sollozos. - Por qu ser tan desgraciada? -exclam-.
De pronto se le apareci su Hada Madrina. - No te preocupes -exclam el Hada-. Tu tambin
podrs ir al baile, pero con una condicin, que cuando el reloj de Palacio d las doce
campanadas tendrs que regresar sin falta. Y tocndola con su varita mgica la transform
en una maravillosa joven.
La llegada de Cenicienta al Palacio caus honda admiracin. Al entrar en la sala de baile, el
Rey qued tan prendado de su belleza que bail con ella toda la noche. Sus hermanastras
no la reconocieron y se preguntaban quin sera aquella joven.
En medio de tanta felicidad Cenicienta oy sonar en el reloj de Palacio las doce. - Oh, Dios
mo! Tengo que irme! -exclam-. Como una exhalacin atraves el saln y baj la escalinata
perdiendo en su huda un zapato, que el Rey recogi asombrado. Para encontrar a la bella
joven, el Rey ide un plan. Se casara con aquella que pudiera calzarse el zapato. Envi a
sus heraldos a recorrer todo el Reino. Las doncellas se lo probaban en vano, pues no haba
ni una a quien le fuera bien el zapatito.
Al fin llegaron a casa de Cenicienta, y claro est que sus hermanastras no pudieron calzar el
zapato, pero cuando se lo puso Cenicienta vieron con estupor que le estaba perfecto. Y as
sucedi que el Rey se cas con la joven y vivieron muy felices.
El cuento de Las Habichuelas Mgicas.
Periqun viva con su madre, que era viuda, en una cabaa de bosque. Con el tiempo fue
empeorando la situacin familiar, la madre determino mandar a Periqun a la ciudad, para
que all intentase vender la nica vaca que posean. El nio se puso en camino, llevando
atado con una cuerda al animal, y se encontr con un hombre que llevaba un saquito de
habichuelas. -Son maravillosas -explico aquel hombre-. Si te gustan, te las dare a cambio de
la vaca. Asi lo hizo Periquin, y volvio muy contento a su casa. Pero la viuda, disgustada al
Asi la viuda y su hijo tuvieron dinero para ir viviendo mucho tiempo. Sin embargo, llego un
dia en que el bolson de cuero del dinero quedo completamente vacio.
Se cogio Periquin por tercera vez a las ramas de la planta, y fue escalandolas hasta llegar a
la cima. Entonces vio al ogro guardar en un cajon una cajita que, cada vez que se levantaba
la tapa, dejaba caer una moneda de oro. Cuando el gigante salio de la estancia, cogio el
nio la cajita prodigiosa y se la guardo. Desde su escondite vio Periquin que el gigante se
tumbaba en un sofa, y un arpa, oh maravilla!, tocaba sola, sin que mano alguna pulsara sus
cuerdas, una delicada musica. El gigante, mientras escuchaba aquella melodia, fue cayendo
en el sueo poco a poco Apenas le vio asi Periquin, cogio el arpa y echo a correr. Pero el
arpa estaba encantada y, al ser tomada por Periquin, empezo a gritar: -Eh, seor amo,
despierte usted, que me roban! Despertose sobresaltado el gigante y empezaron a llegar de
nuevo desde la calle los gritos acusadores: -Seor amo, que me roban! Viendo lo que
ocurria, el gigante salio en persecucion de Periquin.
Resonaban a espaldas del nio pasos del gigante, cuando, ya cogido a las ramas empezaba
a bajar. Se daba mucha prisa, pero, al mirar hacia la altura, vio que tambien el gigante
descendia hacia el. No habia tiempo que perder, y asi que grito Periquin a su madre, que
estaba en casa preparando la comida: -Madre, traigame el hacha en seguida, que me
persigue el gigante! Acudio la madre con el hacha, y Periquin, de un certero golpe, corto el
tronco de la tragica habichuela. Al caer, el gigante se estrello, pagando asi sus fechorias, y
Periquin y su madre vivieron felices con el producto de la cajita que, al abrirse, dejaba caer
una moneda de oro.
El cuento de La Ratita Presumida.
rase una vez, una ratita que era muy presumida. Un da la ratita estaba barriendo su casita,
cuando de repente en el suelo ve algo que brilla... una moneda de oro. La ratita la recogi del
suelo y se puso a pensar qu se comprara con la moneda.
Ya s me comprar caramelos... uy no que me dolern los dientes. Pues me comprare
pasteles... uy no que me doler la barriguita. Ya lo s me comprar un lacito de color rojo
para mi rabito?
La ratita se guard su moneda en el bolsillo y se fue al mercado. Una vez en el mercado le
pidi al tendero un trozo de su mejor cinta roja. La compr y volvi a su casita. Al da
siguiente cuando la ratita presumida se levant se puso su lacito en la colita y sali al balcn
de su casa. En eso que aparece un gallo y le dice:
?Ratita, ratita t que eres tan bonita, te quieres casar conmigo??.
Y la ratita le respondi: ?No s, no s, t por las noches qu ruido haces??
Y el gallo le dice: ?quiquiriqu?. ?Ay no, contigo no me casar que no me gusta el ruido que
haces?.
Se fue el gallo y apareci un perro. ?Ratita, ratita t que eres tan bonita, te quieres casar
conmigo??. Y la ratita le dijo:
?No s, no s, t por las noches qu ruido haces??. ?Guau, guau?. ?Ay no, contigo no me
casar que ese ruido me asusta?.
Se fue el perro y apareci un cerdo. ?Ratita, ratita t que eres tan bonita, te quieres casar
conmigo??.
Y la ratita le dijo: ?No s, no s, y t por las noches qu ruido haces??. ?Oink, oink?. ?Ay
no, contigo no me casar que ese ruido es muy ordinario?.
El cerdo desaparece por donde vino y llega un gato blanco, y le dice a la ratita: ?Ratita, ratita
t que eres tan bonita te quieres casar conmigo??. Y la ratita le dijo:
?No s, no s, y t qu ruido haces por las noches??. Y el gatito con voz suave y dulce le
dice: ?Miau, miau?. ?Ay s contigo me casar que tu voz es muy dulce.?
Y as se casaron la ratita presumida y el gato blanco
de dulce voz. Los dos juntos fueron felices y
comieron perdices y colorn colorado este cuento se
ha acabado.
HISTORIAS
Fascinacin.
De un tiempo a la fecha he notado que me fascina la gente
joven. Se trate de chicos o chicas, mi admiracin es asexual. El
solo mirarlos me causa un placer irremplazable. Sus
movimientos, gestos, esa fingida indiferencia ante todos y todo.
Me gusta disfrutar de sus facciones, su piel lozana y fresca, los
labios ligeramente humedecidos por la lengua. Tan perfectos,
bellos y encantadores.
Yo solo mirando, sin moverme, sosteniendo la respiracin ante
la maravilla.
Como las alas de una preciosa mariposa aleteando delante de mis ojos en cmara lenta.
En particular, me gusta ms an cuando los miro y ellos vagan por el mundo sin saber lo
hermosos que son, y lo son por muchas razones, una, mi favorita, quizs, es que lo son por
toda esa juventud que cargan como si se tratase de cualquier cosa, toda esa energa. Sin
darle casi ninguna importancia.
Como un pauelo mal guardado en el bolsillo trasero del pantaln, la mitad de fuera,
esperando a que algn extrao en un descuido te lo saque sin darte cuenta. De un jaln.
Si, de un tiempo a la fecha los prefiero jvenes, se trate de chicos o chicas.
Me fascina mirarlos. Estn vivos o muertos.
T como yo.
De la mano todo el da Daniela y Ana corran por el patio y el interior de la gran casona. La
nia llenaba de constantes mimos a su mueca de trapo, su padre recin la haba trado de
su ltimo viaje. Con pedazos de telas finas que sobraban de la hechura de sus propios
vestidos, la nia confeccionaba en pequeo una rplica para su compaera.
La hora de la comida era tambin una cosa digna de contemplar.
La mamita amorosa le daba pequeos bocados a la mueca con una cuchara de palo
diminuta.
Para ir a la cama, ambas se cepillaban el largo cabello y los dientes.
Una cubra a la otra con el extremo de la cobija.
El apego de Daniela a su nuevo tesoro, se deba al escaso o casi omiso caso que hacia de
ella su madrastra. Una mujer hermosa y joven, ms preocupada por que sus enaguas
estuviesen bien almidonadas que de la falta de atencin que denotaba la nia.
Daniela nunca conoci a su madre a suerte que la pobre muriera en el parto.
La nueva madrastra, que no haba sido la nica, constantemente alentaba a la nia a jugar
fuera de formas nada gentiles o amorosas. Por ello el apego a su Ana.
El padre haba olvidado comprar boletos para el teatro, una actividad imperdible para la
nueva madrastra que enseguida comenz a dar muestras de berrinche.
Desde luego que una de ellas era desquitar su enojo con la nia.
A la hora de la cena, el ambiente era algo pesado, el padre evitaba la charla y cualquier
confrontacin en la mesa. Por otro lado la mujer se esmeraba en hacer notar que aun segua
disgustada, gritando a los criados que ponan aprisa la mesa y servan la comida.
- Sintate bien!
- Quita los codos de la mesa!
- Cmete los vegetales!
Se luca la madrastrilla con cada movimiento que hacia la pequea involuntariamente.
Al marchar a su recamara, Daniela se sent con su querida Ana sobre las piernas, acomodo
Mariachi aqu
En el nmero 12 de la calle del Olmo Ernesto miraba
a su madre y a sus tias andar de un lado para el otro
de la enorme casona con el pauelo en la mano y
lloriqueando. Lupe la nica criada de la casa se
encargaba de tapar los espejos de la habitacin con
grandes sabanas blancas. Mara la madre de Ernesto
le haba encargado estar atenta para detener el reloj
en el momento preciso. La puerta principal no dejaba
de sonar por los parientes interesados en dar el ltimo
adis a la anciana abuela; as como para saber algo
sobre el testamento.
El medico de cabezera no se apartaba del lado de
doa Eulalia; tomando los signos vitales de cuando en
cuando y suministrando morfina para que el pobre
cuerpo ya cansado no sufriera de ms.
Ernesto y sus primos no saban realmente lo que estaba por venir, que era todo eso de las
tias lloronas y los espejos tapados. Los tios que nunca venan de visita ahora contaban
chistes en el corredor.
Era como una fiesta sin ser fiesta.
Las manos de Lupe abrieron el enorme reloj de pie y detuvieron las manecillas a las siete
menos cinco.
El galeno entrego unos papeles a Mara y se retir muy serio. No le dio paletas a ninguno de
los nios como era su costumbre.
Fue una de las tas quin cubri el azulado rostro de la pobre abuela.
Justo al lado, en la calle del Olmo nmero 11, Manuel escuchaba el llanto de su primognito,
la partera salio para anunciarle que se trataba de un sano y rosado varoncito.
Lleno de gozo Manuel mando a traer mariachis para festejar a su hijo y dar las gracias a su
mujer.
Al arribar a la calle del Olmo y ver tanta multitud, los mariachis no saban si entrar en el 11 o
en el 12.
Pa' que?
Esta semana se ha ganado las palmas de entre las ms
difciles que me han tocado sortear entre las tormentas de
mis ocanos internos. De un sin avisar me llegaron
oportunidades. y eso de tener que tomar decisiones as en
dos minutos es no solo difcil, sino hasta doloroso. Te
dueles y te apenas por ser un pobre diablo que no sabe
decidir lo que ser de su futuro prximo o lejano.
Pero, como consuelo (como hace todo idiota), me imagino que a todos nos sucede as
cuando nos llegan de golpe tantas cosas, buenas, malas y las peores.
El martesno, era mircoles?, no, seguro fue el martes, vena de regreso del trabajo como
cada tarde, con el calor inmundo que ha hecho estas tardes empapando mi pecho que se
fingida que parece contentarlos a todos, menos a mi; de igual forma no falto nunca a mis
charlas con el psiquiatra. Ese viejo.
El pobre piensa que hemos hecho algunos avances.
Todas las pastillas que me ha recetado solo han conseguido hundirme en un estado de
permanente sigilo, soy como un gato abandonado, siempre con hambre, pero siempre
callado. Dolido tan hondo que ya es imposible que salga de m ser maullido alguno.
Lo he venido pensando desde hace mucho pero no haba dado con eso que hace falta para
decidirse de una buena vez. El sentido de supervivencia me vena sosteniendo no se de que
manera.
Hasta que el otro da por la tarde el buen doctor me ha dicho las palabras que si no mgicas,
precisamente adecuadas Necesitas borrarla ya de tu mente para siempre, debes eliminarla
por completo.
Por eso estoy aqu, parado a mitad de la cocina con ambas manos temblorosas aferradas al
mango del cuchillo enterrado en mi vientre, mirando como ese chorro oscuro y espeso
semejante al aceite, llora hasta llegar al suelo. Era el nico modo.
Tenia que cortarte de m.
El factor sorpresa.
Entre semana por lo regular a las
cuatro de la tarde el andn del metro
estaba tan a reventar, como un
mercado de pulgas el sbado por la
maana. Los codos de la gente se
golpeaban a veces con suavidad, otras
con una completa y notable falta de
cortesa; todo con tal de ganar algn
espacio lo mas cercano posible a la
llegada del tren y a la puerta del
mismo.
Con su bastn para ciegos camin
entre los bolsos de mano, los
portafolios y los empellones. Logr
abrirse paso y llegar hasta la misma
orilla del andn. La punta negra y
redondeada por el desgaste acaricio varias veces la lnea lisa que marca el lmite seguro
para los pasajeros.
La punta del bastn jugueteaba con la lnea de color amarillo de brillantes azulejos, mientras
su mente viajaba imaginndose que entre tanta gente nadie lo notaria, podra tratarse de un
accidente comn. La multitud, la cercana al borde, la inquietud de los otros por estar cerca,
la precipitada llegada del tren.
El buen hermano
Nadie es capaz de arrancarse un brazo solo por que te lo digan los dems, aun si los dems
son tus propios padres.
Nadie abandona a un hermano.
La maana de la mudanza Hctor estaba muy serio observando desde el asiento trasero del
auto de su padre, como los empleados de uniforme azul suban los muebles y las decenas
de cajas al enorme camin.
Casi al mismo tiempo de arrancar el auto se terminaba de subir el ltimo tanto de cajas,
Hctor se sent sobre sus rodillas para poder mirar hacia atrs.
La gente del camin suba para partir hacia la nueva casa en caravana y en el lago, detrs
de la casa, el cadver del seor Gonzles flotaba.
2:32
El calcinante ardor que entraba por garganta y
pulmones dificultaba la respiracin hasta
convertirla en un esfuerzo gomoso y casi intil.
La blanquecina luz del lugar encegueca
dolorosamente los ojos hinchados
obligndolos a permanecer pegados por las
lgrimas. En sus adentros todo se senta al
rojo vivo. Era como una herida que jams
podra curar. Las vsceras se le compactaban
con esa incomoda presin que oprime de
afuera hacia adentro. Una mezcla de moco y
lquido salio de l al mismo tiempo que
expuls un desgarrador gemido que rompiera el silencio de la noche. El medico dijo entonces
en voz alta Hora de nacimiento 2:32 de la madrugada.
As es el amor.
Se conocan desde muy pequeos, haban nacido en la misma
calle y jugado los mismos juegos. Sus madres adems de
primas en un grado muy lejano, eran las mejores amigas. En
las parrilladas de los das de fiesta, se sentaban en el columpio
y sin que nadie lo notara, se tomaban tiernamente de las
manos.
Ya en el colegio l le cargaba los libros de regreso, mientras
ella le contaba lo alocadas que eran sus compaeras de clase. Ella se la pasaba noches
enteras escribindole cartitas de amor, en las que le deca todo lo que durante el da no tena
oportunidad de compartirle, y lo que por pudor, no se atreva a contarle.
Sentados sobre en pozo de piedra, precisamente el da de los enamorados; los dos lanzan
una moneda y cada uno en solemne silencio pide un deseo.
Ella, casarse pronto y tener cuatro lindas y sonrosadas criaturas.
El, empacar dos mudas de ropa y perderse en el monte.