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Epitecto - Estoicos - Adam Smith

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LA ANTROPOLOGIA DE EPICTETO José M* Melero Martinez Carmelo Blanco Mayor «De todo Jo que existe, unas cosas dependen de nosotres, otras no. Las que dependen de nosotros son por naluraleza libres... mientras que las que no de~ ppenden de nosotros son incoascientes..» EPICTETO, Enguiridén, 1, pp.3-4 BIOGRAFIA Nacimiento condicién servil ‘ACE hacia el afio 50 en Hierdpolis, seis millas al norte de Laodi- cea, regién célebre por sus ritos orgidsticos y el culto a Cibeles. Hijo de una esclava, Epicteto, fue esclavo el mismo durante muchos afios. Bjercié de paedagogus, preceptor en Roma al servicio de un tal Epafrodito, secretario de Nerén que fue condenado a mucrte por Do- miciano. Las Pldticas son una fuente autobiogréfica inestimable para conocer su cardcter y pensamiento intimo, El siervo que queria ser ma- numitido ejercid diligentemente su oficio. Las ensefianzas del Estoicismo, Musonio Epafrodito ante de manumitirlo permiti6 a Epicteto asistir a las lec- ciones de Musonio Rufo el mas famoso predicador de la religi6n y fi losofia estoica, y el verdadero y, sin duda tinico maestro de nues:to fi- 16sofo. Siente también gran admiracién por Didgenes. Los grandes maestros del estocismo fueron: Cenén de Citio (ca 332-264 a. de C.), Cleantes de Asos (ca, 331-231 a, de C.) y Crisipo de Soloi (ca. 281-204 a. de C.), Panecio de Rodas y Posidonio de Apamea (ca. 135-51 a. de C.) ‘Musonio fue desterrado a Asia Menor en el affo 60, retomé a Roma bajo el reinado de su amigo Tito. (4) Nasr We; Historia dl esprit griego, Barceona-Caracas México, 1981 (3c), pp.318- 322 ss. (Ari; LONG, A.A. Laflengiahelentstien, Mad, 1973, eap. IV eB estocis- 4 Nic6polis. El magisterio de Epicteto Debja de ser famoso hacia el afio 94, para ser comprendido en el decreto del Senado, bajo Domiciano, que arrojé de la ciudad a todos los fil6sofos «matemiticos» y «asir6logos». a) Auditorio, «Vejete poca sustanciar, fino psicélogo, conocia a sus discipulos, adivinaba sus pensamientos. Tiene oyentes oca- sionales, Les propone casos de conciencia. Entre sus discipulos nos ha Ilegado a nosottos el nombre de Arriano, politico e histo- riador a quien debemos el texto de las Pldticas. b) La jornada escolar, Realizaban un cierto mimero de ejercicios. Lefa un pasaje de sus obras, lo interpretaba (prelecciGn), se ser- via de un manual, Crisipo es uno de los estoicos mis citados. También Jen6fanes y Epicuro. ©) La formacién filoséfica. Epicteto no trataba de hacer sabios, eru- ditos, sino de forjar hombres. Exige modestia. Recomienda la paciencia: no se hace uno fildsofo en un dia. Insiste en que no se paren en el estudio de las opiniones de los auto- res, y en la erudicién, La formacién de la inteligencia procede a la vo- Juntad y es su fundamento. La escuela de filosofia se parece a la tienda de un médico: se acude alla para recobrar o confirmar {a salud moral. Ultimos afios y muerte. Vivié pobre, sin mujer y sin sién, Ss, para no distraerse de su alta mi- Del testimonio de sus Pldricas podemos ver a un anciano, desme- drado, que cojea al andar, que lleva barba cana de fil6sofo y viste po- bre capa, pero limpio y aseado. Las obras de Crisipo las maneja con mano diuma y nocturna. Tam- bign tendrfa a mano los Memorabilia de Jenofonte. Su muerte debié de ocurrir hacia el aiio 130, ‘o> pp. 111-203 (Revista de Occidente); MONDOLFO, RE! pentomieno anti, (Boe ‘os Aires, 1972 (ed) «Capftulo IL EI Esoicis pp 113-14, (Losads). (2) BPICTETO Pécs FV, Barcelona, 1958, JORDAN DE URIES y AZARA, P. «lntrodvc- n>, Ep. XEXXXY, A) EL HOMBRE Leyendo las Platicas, se encuentra uno con un hombre en toda su ‘complejidad e internas contradicciones. Los pensadores que mas influyeron en él son: Hércules héroe del esfuerzo individual, Didgenes, misionero de Ia verdad y Sécrates el stro en doctrina y vida (a quien cita sesenta y siete veces). ‘Se conjugan en él, la impasibilidad del estoico y un gran coraz6n, ‘una varonil termura, una intensidad y vehemencia tan dificiles de aco- ‘modar con la tranquilidad del alma, el ideal del sabio; y celibat» casi eclesidstico y su aprecio al matrimonio y su gtan amor a los nifios. La Independencia y la autarqufa el sabio la rechaza. Tiene Epicteto una ‘concepci6n del matrimonio andloga a la Iglesia: sc recomienda, mds el celibato se tiene por mejor y més elevado: se postula para los que sc alisten como maestros en el servicio de Dios”. Su natural modestia, su noble orgullo intelectual propio de la escue~ Ja; un concepto pesimista de la vida y de los hombres, que hace a estos blanco constante de sus sitiras, y sin embargo una conformidad con Jos planes de la Providencia. La vida es un drama, -recordemos a Cal- derén-, un autor influido por Epicteto. «Acuérdate de que eres actor de ‘una drama que habré de ser cual el autor lo quiera: breve si lo quiere breve, largo, si lo quiere largo» (Enquiridion, 17, p. 37).. «La muerte, el destierro y todas las cosas que parecen terribles ten- las ante los ojos a diario, pero Ta que més de todas la muerte, y nunca ‘dari cabida en tu énimo a ninguna bajeza ni anhelards nada en dema- sia» (Enquirididn, 31, p. 41). «No pretendas que lo que sucede suceda como quieres, sino quiérelo tal como sucede, y te ird bien» (Enquiri- didn, 8, p. 21). «Las dificultades son las que sefialan a los hombres» (Platicas, U, 24, p. 108). Es una visi6n a veces tan cercana a nuestro Séneca. En su pobreza Epicteto no se sentia desamparado. Dios esta «dentro de tir. Nuestra vvida ha de ser una continua acciGn de gracias. La vocacién filoséfica es de origen religioso y siente un noble or- gullo, su misi6n pedag6gica la vive como un verdadero sacerdocio. La filosofia debia de hacer al hombre libre (ehev@epoc). El vescla- vo» es el ignorante y cobarde", «De lo que existe, unas cosas dependen de nosotros, otras no. De nosotros dependen juiicio, impulso, deseo, aversién y, en una palabra, ‘cuantas son nuestras propias acciones, mientras que no dependen de (©) BLonour, BB exoiismo F1,Barcelona 1972 (Gres) ene tomo Ip. 157.Epcieto tn cereano en tanta casas al Crsanismo. Bs la pina de Zeller, ctado en. XXXVIL (4) FLoaouy, E El estocioma I, exresa ln ea de que el sbio que se dedica ala comterpla- ‘én es atnto yeas as come modest, pp. 2-291 (9) FLoaoov, E: Bl esoicono [ea libertad humana» pp. 139-13, 5 76 nosotros el cuerpo, la riqueza, honras, puestos de mando y, en una pa- Tabra, todo cuanto no son nuestras propias acciones. 'Y as cosas que dependen de nosotros son por naturaleza libres, sin ‘impedimento, sin trabas; mientras que la que no dependen de nosotros son inconsistentes, serviles, sujetas a impedimento, ajenas» (Enquiri- dion, 1, pp. 3-4), Las decisiones de Ia voluntad son libres, La enfermedad es impedi- ‘mento del cuerpo, pero no de la voluntad (Enquiridién, 9, p. 23). Quien quiera ser libre cuente tan s6lo con lo que de él dependa. Que no quiera, ni rehuya cosa alguna de las que depende de otros; si no, serii necesariamente esclavo (Enguiridién, 14, pp. 29-31). ‘Hay que menospreciar las cosas que no dependen de nosotros (En- quirididn, 19, p. 41). Las cosas que no dependen de nosotros no nos deben angustiar, porque no podemos hacer nada para evitarlas (Pléti- cas, 13, pp. 77-81). Lo que es extraffo al albedrio, no depende de noso- tos, por tanto, no es bien ni mal. En nuestro albedrio reside nuestro bien y nuestro mal. (Pldticas J, 25, pp. 112-117). En la tesis estoica: «Sélo el sabio es libre» (tt Svos J Gods eevdepog Kai méic Hppav 500A0c). xiste tn parentesco entre el sabio y Dios. «El sabio es hijo de Dios con una in contraida por semejainza, mejor dicho, por una identi- dad del ser moral de ambos»”. Se ve al filésofo haciendo progresos en la virtud. IrGnico, con una ironfa humana y desengafiada (el uso tan personal y reiterado de los di- minutivos confirma esto). Su sétira no es agresiva y con hiel. Con los ignorantes se muestra condescendiente como con los nifios. Si persis~ ten en su impertinencia, adopta obstinado silencio. Sefial de incapacidad mental, pasarse la vida en las cosas concer- nientes al cuerpo (Enguiridién, 41, pp. 89-91), Hay que compadecer a los que yerran (Pldticas 1, 18, pp. 88- 92). Hay en la doctrina un cierto fondo de egoismo: salvaguardia de nuestro propio bien, al gue no debemos renunciar. ‘Arriano da testimonio de Ia ausencia de vanidad cn Bpicteto y de su fundamental orgullo: la conciencia del propio valer, de nuestro divino albedrfo®, «No te jactes de ningyin mérito ajeno» (Enquiridién, 6. p. 19). De las cosas que no dependen de nosotros no podemos pretender ‘obtener recompensas (Enquiridién 25, pp. 49-51), Debemos actuar con rectitud sin cuidar del que diran (Enguirididn, 35, p. 83). Actée cada (6) Nosmus, Ws Historia del espe griegap. 217 (Buono, EB extolctsmo Hp. 159 ya sabi» pp 289-291 (Garcia nea Mona, J M. «Estado itrodstoro» en: EPICTETO Enguiidon, Barcelona, 19, pp. VIEXXIV (Anthvopes y MEC) y pp. XXXV-XLVI FLORDUY, El esti: ‘mo I ofl istntasvshones de «Cualdads, eit, eonsttucié, «personalidad, pp 264-291 cual segsin sus capacidudes (Enquiridicn 37, p. 85). Te portaras de ma- nera suave con el que te agravie (Enguirididn 42. p. 91), B) EL FILOSOFO Hay que desembarazarse de todo lo que impida acudir presto a la Mamada de Dios (Enquiridién, 7, p. 21). Con la moderaci6n legarés a ser digno de ser convidado al banquete de los dioses (Fnquiridién, 15, pp- 31-33). La piedad para con los dioses consiste en tener de ellos dectrinas rectas (Enguiridién, 31, pp. 61-67). Expone cinco doctrinas sobre la divinidad (Platicas, 1, 12, pp. 69-73). La méntica es una de las cosas {que no dependen de nosotros por lo tanto no es ni un buen ni un mal (Enquiridién, 32, pp. 69-73). ‘AL fil6sofo no han de apartarlo del bien obrar las murmuraciones y befas del vulgo (Enguirididn, 22, p. 43). Sé de veras filésofo, sin que- rer andar pareciéndolo (Enguiridién, 23, p. 43). «Bn ninguna ocasién te digas filésofo, ni hables a menudo entre profanos acerca de tus prin- cipios filos6ficos, sino haz lo que de estos principios se deduce» (En- quiridién, 46. pp. 97-99) « del logos, y el logos «consciente y personals", La mujer. «Con Musonio y Epicteto la co- (9) BLonowy, BH extlctsmo I, p.29. (40) te, 2. (1D homo tp. 12. (12) Ib, tomo I pp. 99-192 rriente feminista gané terreno. Prueba de ello son los hermosos capitu- los 3 y 4 de Musonio, La mujer tiene las mismas obligaciones que el hombre. Sus virtudes particulares son la justicia y el valor para no dejarse deshonrar por el tirano, Las mismas ideas tiene su discfpulo Epicteto en gran can- tidad»”, Sentido préctico «Bn cada negocio considera los presupuestos y las consecuencias, y entonces entra en él. Que si no, al principio irs con entusiasmo, como nada preocupado de la consecuencias; més luego al presentarte algu- nas, torpemente desistirés» (Platicas 111, 15, pp. 88-90). «Cuando te anuncien algo inguietante, ten aquello a la mano, que no cabe noticia tocante a cosa de tu albedtfon (Platicas If, 18, pp. 96-97). Tu mal es ‘malamente defender tu causa. «Dite primero quién quieres ser: nego, en esa conformidad haz lo que haces» «Hospital es, oh hombres, la es- cuela del filésofo: no habiendo gozado, sino dolidos habéis de salir» (Platicas II, 23, pp. 131-139). «Considera, que los negocios que em- prendiste, cul acabaste y cules no, y cmo de unos te complace re~ cordarlos, de otros te disgusta, y, si es posible, reanuda también aque- Ios que dejaste escapar» (Platicas, IM, 25, pp. 162-163). Fisica-Teologia. Toma de la escuela el principio de Ia regularidad y unidad de todo acaecer (Posidonio puso Ia simpatfa ovpmddeto. tov ‘hay como punto central de su interpretacién del mundo) y también la ‘xr%)peoo1 o periddica conversién del mundo al fuego. Epicteto y Marco Aurelio (a diferencia de Séneca y Panecio que yen a los dioses de la fe popular como «alegorias») retinien criticamen- te la creencia popular y la filosoffa. Bpicteto ve a Zeus como gobema- dor sabio y omnipotente del mundo, Se identifica con el genio bueno 0 demonio del mundo, y es su Custodio desde su nacimiento. Todo esti lleno de dioses 0 de genios, Epicteto, como estoico, cree en un Dios, inmanente al mundo, que como espiritu todo lo configura. Manticne la antigua definicién de que el mundo es un sistema de dio- ses y hombres, slo que sustituye el plural dioses por el singular Dios © divinidad, Aguf mantiene el plural dioses en alusién al conocido de Tales, Didgenes Laet 127, eft. Platicas II, 24, 11 I, 14, 12 (Platicas I, 13, pp. 79-84) la cita n® 3 de la pag, 82". Dios viene a identificarse con la Naturaleza, el Universo, el Todo, Esta muy prdximo a la doctrina monfstico-pantefsta de Zendn y de Cri- sipo o de Séneca y de Marco Aurelio. (no entramos en Ia polémica (13) 1B, tomo Ip 267, ctando a Bonhifer, Die Eiik Epis, p89. (14) Nasu, We Historia del epi greg pp. 322-323, 9 s zanjada por Bonhoffer, sobre la posible influencia del cristianismo en la doctrina de Epicteto, influencia ya insinuada en la antigiiedad). EL Dios supremo ordena el gran Estado, el Universo, como un amo de casa, como un artesano sus obras. Teodicea. Zenén adopté el principio platénico odSe1g éxtv Gdusog «nadie yerra voluntariamente>. El imprudente o ignorante es incapaz de intelecto, es un demente. Psicologia. Da en apariencia un divisi6n bipartita: la de la carne od, y el alma, yuzr}. Acepta también la divisién tripartita (cuerpo, alma sensitiva, alma pensante o raz6n) aristotélica, La representacién (gor taota) es una copia del alma, El sentimien- to, se llama padecer (1480). E1 impulso, tendencia, o fmpetu (Spin) y,la repulsién o desvio (dpopyi{). Deseo (8petic), y aborrecimento (ExKdor9), El impulso puede ir acompafiado por un acontecimiento racional (xpoaipeotg) albedrio o voluntad electiva. En Epicteto no se encuentra prueba alguna de que acepte la inmor- talidad del alma, ‘Triple divisién de las funciones anfmicas: «Tres son los t6picos en que debe ejercitarse quien haya de ser bue- no y honrado: el referente a los deseos y los aborrecimientos, a fin de que ni su deseo se malogre ni él incida en el objeto de su aborreci- miento; el referente a los impulsos y repulsiones y, en summa, al deber, a fin de comportarse con orden, con justificacién, sin descuido; el ter. cero es el referente a la prevenci6n de los errores y juicios temerarios Y, en general, alos acontecimientos»(Platicas Il, 2, pp. 37-41). La voz pen sélo ta usa Epicteto en sentido técnico en relacién con la divi- sin triple de las funciones animicas, como aqui; en otros lugares, en sentido general, p. e. Il, 9, 20. (Enquiridién, 52, nota pag. 113). Epicteto como Séneca, insiste en una permanente auto-educaci6n y tun examen de conciencia indeclinables (Platicas, 11, 10, pp. 69-72). «Soledad es el estado del desamparo, No, en ofecto, quien se en- cuentra solo es, sin mas un solitario, como tampoco quien se halla en- {te muchos, por eso deja de ser solitatio» (Platicas ITT, 13, pp. 79-84). La autoeducacién espititual aprecia la solitariareflexi contra el mal ambiente; se burla de quienes no saben viv logar consigo mismo, creyéndoles desamparados. y previene solos y dia (15) Buono, EE estoliomo 1 nade aie una mora ten eleva como Sénccay Eptecton, pus, Légica formal y teoria del conocimiento Epicteto parece conservar la progresién didéctica de Crisipo y Ia Jética estoica, en cuanto identifica razén 0 albedrfo y virtud. Nadie tie- ne una moral tal elevada como Séneca y Epicteto'. En la teorfa del conocimiento acepta expresamente, la llamada re- presentacién comprensiva KexceAntixt}, y las presunciones (o ‘angi- bles) mpoda{yerc'®. La Igica es una materia fundamental para el es- toicismo, como puede verse en Crisipo, Zenén, Séneca”. ‘La ética, Elfin ético, Bl fin (tehoc) en Zenén consiste en el «vivir ‘consecuientemente» (SnoAoyoupévinc Civ). La denominacién mds frecuente del fin intuitivo del obrar es la lie bertad. Pone al hombre libre al nivel del propio Zeus y como hemos ‘visto llama «esclavo» siempre a su interlocutor ignorante. Dos cadenas hhay en la esclavitud: los afectos y las cosas exteriores ‘La compasién la prohibe Epicteto porque contradice la tranquilidad del sabio (Spinoza, Kant, Nietzsche le atribuyen también escaso valor), EI primer principio de la moral es la distincién entre lo que pende de nosotros y Tas cosas exteriores que no penden de nosotros, que estén fuera de nuestra esfera de poder. : Eldeber y los deberes. Los estoicos introdujeron en la Etica el eon- copto de «deber». Epicteto ademas de la comtin concepeién biolégica del deber otxel@otg 0 propio acomodo, incluye en este concepto las acciones ordenadas universalmente por la ley 0 costumbres y aquellas ‘mandadas por el sabio. Del hecho de la simpatia de todas las partes del Universo se sigue que el hombre es miembro de un gran Estado, Nuestro filésofo reco- mienda la benevolencia a los inferiores. «Bienes son, por cierto, las virtudes y lo que participa de ellas; ma- les, los vicios y lo que participa del vicio, ¢ indiferentes, lo entre uno y otro, la riqueza, la salud, la vida, la muerte, el placer, el dolor» (Pldti- cas II, 19, pp. 115- 116). Los bienes alli donde reside el albedrio, donde se da el uso recto de las representaciones (Platicas II, 22, pp. 133-139). El deseo lo es de bienes, y el aborrecimiento se refiere a los males (Platicas 1, 4, pp. 32-37). Los bienes externos sélo son préstamos, y su pérdida, devoluciones (Enguiridién 11, p. 25). La remuncia a las cosas exteriores es el precio que ha de pagarse por la felicidad (Enquiridién 12, pp. 25-27). La medida de lo que posco ha de ser para cada uno su cuerpo, como lo es del calzado (Enquaridién 24, p. 87) (16) Hod, tomo J, agen es uns materia fundamental parse esticismo, puede verse Crspo, “enn, Seca ente ors en: A) «Prchlemas bcos» pp 295308, B) «Problems dst ‘ore ip. 309-343, ) «Metin pp. 34386, nel om, Ea ora alae p. 970. (1 Lose, A. As La flovofiahelenitic, La Wigca estoias pp. 123-145. 81 82 «En el Estoicismo la felicidad se identifica con la claritas inmortal integrante de la persona, participacién sacral de los atributos divinos de la Sabidurfa y de Ia Bondad en una vida celeste, que pasar a ser también el ideal de la santidad personal y colectiva en el cristianismo. Esto Io vetemos principalmente en Séneca»' «Materia del hombre bueno y honrado, su propio regente; que el cuerpo, del médico y masajista, él campo, del labrador la materia. Mas labor del hombre bueno y honrado, usar de las representaciones con- forme ala naturaleza. Naruralmente toda alma, asi como asiente a la verdad, de lo falso disiente y ante lo incierto ‘suspende el juicio, asi ante lo bueno con deseo se mueve, ante 1o malo con aborzecimiento y ante aquello ni malo ni bueno, ni uno ni otro» (Pldticas I, 3, pp. 42- 46). La virtud. No habla nunca de la sabidurfa (cola), y apenas se em- plea la palabra (cogés, sabio; de Ia prudencia 0 razén préetica (opdvnorc), Gnicamente dos veces; de la educacién filoséfica (nandeto), en cambio, muy a menudo. Con su Tema «soporta y renuncia» (thvézov et daceyov), ha expre~ ssado en forma perifréstica el autodominio. fdeic (pucdor), niowis (Fides) «temor al reproche justificado,» sig- nifica para Epicteto el respeto a la propia dignidad del hombre como inviolable santuario. Elbien y los valores. La virtud del alma se apoya en el conocimien- to, en la raz6n préctica o el saber, que son sinénimos. Lo que es bien estd en nuestro poder, y s6lo es bien eso, es decir, la virtud. Son indife- rentes (Btc:p0p0) como valores, la gloria, la salud, la riqueza, la po- breza™ El Artista. Aprovecha, la forma popular de la diatriba cfnica y de la anéedota picante. Recuérdese el intencionado uso de diminutivos iré- nicos y sus contundentes réplicas, Es un observador agudo, tolerante y burl6n a pesar suyo y de sus protestas. Influencias para la posteridad. Son claras en: Origenes, Gregorio Nazianceno, Boecio, Simplicio, Fray Luis de Granada, Francisco de Quevedo, Calderén de la Barea, Gracian, Gabriel Mir6, Voltaire”. (18) BLoeooy, BB extltamo ,p 163 (19) ib, tomo I, pp 81-89, también pueden verse Ins distin tora dl bien ene tomo I 96-128 (25) JoROAN OF Unies v Azan, Pi: alntroducciée» en: EPITECTO Plas J pp. XLVI Xxx.

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