15 Leyendas de Guatemala 2
15 Leyendas de Guatemala 2
Los orgenes del Lago de Atitln son de hace mucho tiempo cuando los cakchiqueles dieron muerte a
saetazos a Tolgom: se marcharon ms all del lugar de Qakbatzul y arrojaron a la laguna los pedazos de
Tolgom. Desde entonces es famosa la punta del cerro del lanzamiento de Tolgom. Enseguida dijeron: Vamos
adentro de la laguna. Pasaron ordenadamente y sintieron todos mucho miedo cuando se agit la superficie del
[Link] all se dirigieron a los lugares llamados Panpat y Payn Chocol, practicando sus artes de hechicera.
All encontraron nueve zapotes en el lugar de Chitulul. A continuacin comenzaron a cruzar el lago todos los
guerreros yendo por ltimo Gagavitz y su hermana llamada Chetehauh. Hicieron alto y construyeron sus casas
en la punta llamada actualmente Qabouil Abah. Enseguida se march Gagavitz; fue realmente terrible cuando
lo vieron arrojarse al agua y convertirse en la serpiente emplumada.
Al instante se obscurecieron las aguas, luego se levant un viento norte y se form un remolino en el agua que
acab de agitar la superficie del lago.
Los poblados mencionados han de haber estado en la parte noroeste del lago, mientras que lo siguiente pudo
haber sucedido cercano al actual Santiago Atitln: All deseaban quedarse las siete tribus, queran ver la ruina
del poder de los zutujiles. Cuando aquellos bajaron a la orilla del agua y se detuvieron all, les dijeron a los
descendientes de los Atziquinahay: Acaba de agitarse la superficie de nuestra laguna, nuestro mar oh
hermano nuestro! Que sea para ti la mitad del lago y para ti una parte de sus frutos, los patos, los cangrejos,
los pescados, les dijeron. Y despus de consultar entre s, contestaron: Est bien, hermano. La mitad de la
laguna es tuya, tuya ser la mitad de los frutos, los patos, cangrejos y pescados, la mitad de las espadaas y
las caas verdes. Y as tambin juntar la gente todo lo que mate entre las espadaas.
As respondi el Atziquinahay. De esta manera fue hecha la divisin del lago, segn contaban nuestros
abuelos. Y as fue tambin como nuestros hermanos y parientes se quedaron con los zutujiles.
Pero nosotros no aceptamos la invitacin para quedarnos. Nuestros primeros padres y abuelos, Gagavitz y
Zactecauh se fueron y pasaron adelante entre las tinieblas de la noche.
Cuando hicieron todo esto no haba brillado la aurora todava, segn contaban, pero poco despus les
alumbr. Luego llegaron al lugar de Pulchich, de donde partieron en grupos.
Todos los das a los doce de la noche, los vecinos del Barrio de La Recoleccin escuchan pasos de
encadenados. Son penitentes fantasmas que quieren librarse de sus culpas.
Cuando los han visto no solo van encadenados sino con capuchones antiguos. Algunos se
flagelan. Son animas por las cuales las viejitas dicen hay que rezar.
Verlos atemoriza pero tambin produce pena y compasin porque a nadie le gustara estar
eternamente encadenado a sus malas acciones.
Leyenda de la Llorona
tambin llego a la Villa de la Asuncin de las Aguas Calientes. Este personaje de leyenda, cuya presencia
atemoriza no solamente a los nios, sino tambin a las persona mayores, es conocido de Sonora a Yucatn.
En nuestra tierra, la fbula cuenta que una mujer de sociedad, joven y bella, caso con un hombre mayor,
bueno, responsable y carioso, que la consenta como una nia, su nico defecto... que no tenia fortuna.
Pero el sabiendo que su joven mujer le gustaba alternar en la sociedad y " escalar alturas ", trabajaba sin
descanso para poder satisfacer las necesidades econmicas de su esposa, la que sintindose consentida
despilfarraba todo lo que le daba su marido y exigindole cada da mas, para poder estar a la altura de sus
amigas, las que dedicaba tiempo a fiestas y constantes paseos.
Marisa Lpez de Figueroa, tuvo varios hijos estos eran educados por la servidumbre mientras que la madre se
dedicaba a cosas triviales. As pasaron varios aos, el matrimonio Figueroa Lpez, tuvo cuatro hijos y una
vida difcil, por la seora de la casa, que repulsaba el hogar y nunca se ocupo de los hijos. Pasaron los aos y
el marido enferm gravemente, al poco tiempo muri, llevndose " la llave de la despensa ", la viuda se qued
sin un centavo, y al frente de sus hijos que le pedan que comer. Por un tiempo la seora de Figueroa
comenz a vender sus muebles. Sus alhajas con lo que la fue pasando.
Pocos eran los recursos que ya le quedaban, y al sentirse intil para trabajar, y sin un centavo para mantener
a sus hijos, lo pens mucho, pero un da los reuni dicindoles que los iba a llevar de paseo al ro de los
pirules. Los chamacos saltaban de alegra, ya que era la primera vez que su madre los levaba de paseo al
campo. Los subi al carruaje y sali de su casa alas voladas, como si trajera gran pisa por llegar. Lleg al ro,
que entonces era caudaloso, los bajo del carro, que ella misma guiaba y fue aventando uno a uno a los
pequeos, que con las manitas le hacan seas de que se estaban ahogando.
Pero ella, tendenciosa y fra , vea como se los iba llevando la corriente, haciendo gorgoritos el agua, hasta
quedarse quieta. A sus hijos se los llevo la corriente, en ese momento ya estaran muertos . Como autmata
se retiro de el lugar, tomo el carruaje, sali como "alma que lleva el diablo ", pero los remordimientos la
hicieron regresar al lugar del crimen. Era intil las criaturas haban pasado a mejor vida. Cuando se dio cuenta
de lo que haba hecho, se tiro ella tambin al ro y pronto se pudieron ver cuatro cadveres de nios y el de
una mujer que flotaban en el ro.
Dice la leyenda que a partir de esa fecha, a las doce de la noche, la seora Marisa venia de ultratumba a llorar
su desgracia: sala del cementerio (en donde les dieron cristiana sepultura) y cruzaba la ciudad en un carruaje,
dando alaridos y gritando Aaaaay mis hijos Donde estarn mis hijos y as hasta llegar al ro de los pirules
en donde desapareca. Todas las personas que la vean pasar a medianoche por las calles se santiguaban
con reverencia al escuchar sus gemidos y gritos. Juraban que con la luz de la luna vean su carruaje que
conduca una dama de negro que con alaridos buscaba a sus hijos.
La Tatuana
Leyenda de la Tatuana
Apareci en mitad de la plaza del pueblo como quien planta un rbol y espera que de fruto al instante. Erguida
hasta la arrogancia, saludable y en ademn de invitar a la cata del fruto prohibido. Dijeron que haba llegado
en barco sin que pudiera afirmarse que lo vieron arribar en playa o puerto alguno.
Corran los tiempos de la Inquisicin y su temible brazo castigador consegua vadear las aguas del Atlntico
sin perder nada de su lava destructora, cuando la mujer ms hermosa a la que accediera mirada humana se
present bajo el nombre de Tatuana.
Apenas transcurridos unos meses, y sin que tampoco nadie pudiera explicar de dnde salieran los dineros,
mont casa. Y era casa de postn y mucha juerga por la que no hubo hombre maduro ni joven que no se
dejara caer , cuando menos, alguna nochecita.
El tiempo pasaba y los adoquines se embriagaban noche y da de chillones atuendos coronados por
generosos escotes.
Todos saban y callaban, hasta que lleg el da en que la Tatuana celebraba fiesta de aniversario de la feliz
inauguracin de su casa cuando con mandado de la Inquisicin vinieron a buscarla y a prenderla.
Y de qu se me acusa quiso saber. La respuesta slo lleg tras varios das de encierro al conducirla ante el
Tribunal . Se le acusaba de bruja por haber hechizado a todos los hombre s de la localidad, amn de muchos
extranjeros de paso.
No tuvo defensa ni tortura pues la condena fue inmediata: morira quemada viva.
La Tatuana, an esplndidamente ataviada de fiesta en la vspera de su ajusticiamiento, mir desde lo ms
profundo de sus negros ojos a los de su carcelero y le rog que le concediera un ltimo deseo: un carbn para
dibujar.
Por la maana vinieron a buscarla para conducirla hasta la pira. En uno de los muros, con trazo firme y algo
infantil, se vea navegando y alejndose un velero como el que decan que la haba trado alas costas de
Amrica, el catre an caliente y la celda vaca.
El Carreton de la Muerte
El carretn de la muerte
Llegada la media noche, muchas personas del Centro Histrico escuchan el roce de las ruedas de una carreta
con el suelo. Hay quienes aseguran han odo hasta relinchar a los [Link] la curiosidad hace que las
personas vayan a ver, no ven nada, aunque escuchan y hay quienes dicen sienten un aire extrao que pasa
sobre sus cabezas porque este carretn no roza el piso sino que vuela... La gente prefiere quedarse en su
casa y solo escucharlo pasar porque dicen que en ese carretn nos iremos todos, el dia que la muerte decida
trasladarnos al mas all.
El Cadejo
El Cadejo o Cadejos
La leyenda del cadejo o cadejos est presente en casi todo centroamrica, se trata de un perro enorme de
color blanco y ojos rojos que protege a los hombres cuando llegan a altas horas de la noche, sin embargo el
cadejo tiene un enemigo, el cadejo negro, un ser diablico que ataca y mata a las personas de dudosa moral,
cuando ambos el espritu protector y el diablico se encuentran comienza entre ambos una lucha a muerte
que normalmente da tiempo a la persona a huir.
El cadejo blanco como protector acompaa al hombre que trasnocha hasta su casa lo hace muchas veces
desde las sombras y sin dejarse ver, normalmente se siente como un presencia que no puedes localizar. Su
finalidad es defender al borracho o trasnochador del cadejo negro
El cadejo negro dependiendo de la cultura que enfoca la leyenda puede tener dos fines, matar a las personas
de dudosa moral a las que no puede defender el cadejo blanco siempre a altas horas de la noche, o
simplemente golpearle y aplastarle, en ambas creencias el cadejo nunca muerde (salvo en su lucha con el
cadejo blanco) y causa el dao golpeando y aplastando, debido a su gran tamao deja al hombre al que ataca
como si hubiera recibido una paliza.
- Guatemala
Segn las leyendas en Guatemala, es un animal fantsmagrico que aparece en suelo guatemalteco. La
versin ms conocida de este animal es la de forma de un perro de color negro y ojos rojos que pareciera
tienen fuego. Se cree que cuida a aquellos que se embriagan y deambulan por las noches ayudndoles a
encontrar el camino a casa o bien durmiendo cerca de ellos para evitar les roben o daen. Las otras versiones
refieren que este ser tiene dualidad, el negro y blanco, este ltimo cuida de mujeres en el mismo estado fsico,
sin embargo stos son rivales y no pierden oportunidad de agredirse, aunque se narra que se han unido para
salvaguardar a sus protegidos de otro espectro como La Llorona, Siguanaba o de algn maleante. Tambin
este personaje tiene su resonancia precolombina maya en un espectro bienechor guardin de los caminos.
Pnico en la carretera
El seor J.L. Gmez trabaja para una importante compaa fabricantes de productos populares. Su labor consiste en
colocar la mercanca en las tiendas del interior, razn por la cual, realiza constantes viajes por todas las carreteras del pas.
El da Lunes 26 de Junio de 1969, como de costumbre aunque retrasado en esa oportunidad, sali a las cuatro de la tarde
rumbo a la costa sur.
Infortunadamente antes de llegar a Paln tuvo que detenerse por falta de aire en un neumtico. La suerte pareca no
acompaarle, debido a que la llanta de repuesto tambin estaba en malas condiciones. Gracias a la ayuda de un piloto muy
atento, pudo regresar a la poblacin de Amatitln. Repar las dos llantas y continu hasta Escuintla. El atraso fue de unas
dos horas y media y sin embargo todo iba muy bien. Muchos vehculos le acompaaban en el camino. El viaje era
extremadamente duro. Tena que llegar a Coatepeque esa misma noche, debido a un buen negocio que le esperaba en esa
poblacin.
Se detuvo a comer en un restaurant al lado de la carretera. Tom de nuevo el volante y por fin lleg a Retalhuleu. El
descanso fue agradable. Bebi un vaso de agua e hizo revisar el aire y el aceite. Eran casi las diez y media de la noche,
cuando se dispuso a tomar el ltimo trayecto del camino. Senta un raro presentimiento. Nunca le haba sucedido algo
parecido y sin embargo no le dio importancia y parti. Quizs haba recorrido unos 15 kilmetros cuando tuvo problemas
con la mquina. Fallaba constantemente y se detena por momentos. Era muy raro en un coche de modelo reciente, que
adems era revisado con regularidad. Pareca faltarle la corriente en alguna parte, las luces se apagaban. El temor de
quedar varado en el camino a esas horas, se manifestaba en el seor Gmez. Por prevencin detuvo completamente el
auto y trat de averiguar la causa de la falla. El cielo estaba limpio y las estrellas fulguraban en forma imponente.
A pesar de ser un hombre acostumbrado a caminar largos trechos solo, ahora senta una terrible ansiedad sin compaa.
Algo le pareci muy extrao. Fue un olor fuertemente azufrado que le causaba malestar estomacal. Se imagino que la
batera era la causa. Despus de unos minutos de intil trabajo por hacer volver a caminar el carro, pens pacientemente
esperar que alguien le auxiliara. La intranquilidad se apoder de l y los minutos pasaban. De pronto vio sobre la cinta
esfltica una baga silueta que caminaba muy raramente.
Era una figura alta que vena en zig-zag. Ante el temor de ser atacado sorpresivamente, encendi los faros del auto y as
pudo ver aunque brevemente la forma exacta de aquel hombre. La luz se apago bruscamente. Sin saber por qu el miedo lo
sobrecogi. Cerr los vidrios sin tardanza y esper que algo ocurriera. No sabe exactamente si l lo pens o alguien se lo
dijo, pero una idea surgi en su mente. El carro no estaba malo, la falla era debida a un enorme campo de energa y
pronto desaparecer . Despus de esto pudo observar que a travs de la maleza, se escurra aquella extraa figura. No
haban transcurrido ni dos minutos, cuando un penetrante silbido agudo se hizo presente. Una luz clarsima e instantnea
surgi y l solo pudo ver las sombras proyectadas por ella. Se movi rpidamente y parti rumbo al sur. Por la ventanilla
pudo observar como un punto luminoso desapareca en el firmamento.
Despus de esta y en un estado casi histrico, trat de arrancar el coche, ahora sin dificultad el motor se puso en marcha.
Sin pensarlo dos veces parti velozmente hacia la poblacin ms cercana. Hasta en ese momento no haba credo en los
tales OVNIS, pero el piensa que algo de eso tuvo que ver en este pasaje inverosmil de su vida.
Qu haba pasado en aquel lugar esa noche? Quin era aquel ser tan misterioso que no se haba dejado ver? Era un
campesino o un ser de otro mundo? Nadie lo podr afirmar o negar, ya que este caso permanece an en el misterio.
El seor Gmez desde entonces ha quedado muy impresionado. Es una persona agradable y perfectamente normal. Nunca
ha tenido problemas y parece siempre feliz. No obstante eso cada vez que recuerda el incidente de su vida, el pnico se
apodera de l y prefiere nunca mencionarlo.
Sus viajes siguen sucediendo normalmente y por lo general nunca viaja de noche, ya que por nada del mundo deseara
encontrarse de nuevo con aquella figura sobrecogedora. Muy seguido nos ocurren esas cosas misteriosas a nosotros los
habitantes de la tierra, muchas veces no les podemos encontrar una explicacin satisfactoria y adecuada. Ante esta
imposibilidad, solo nos queda dar nuestro relato como un autntico testimonio de lo extrao .
Cuenta la leyenda que hace cientos de aos una tribu indgena se estableci en la zona Atlntica
de nuestras tierras. Entre ellos haba un guerrero muy cruel llamado Batsu. Un buen da Batsu
decidi buscar esposa y escogi a Jilgue, una hermosa joven que acostumbraba pasear por el
bosque cantando como un pajarillo. Cuando Jilgue se enter de las intenciones de Batsu huy a
esconderse en el bosque.
Batsu estall en clera cuando supo que la joven haba desaparecido y mand a sus guerreros a
buscarla. Al poco andar escucharon el canto de Jilgue. Pero cada vez que se acercaban al sitio de
dnde vena el canto, Jilgue haba desapareci. Entonces Batsu mand a quemar el bosque.
Cuando las llamas comenzaban a levantarse le grit a Jilgue que si sala poda salvarse. Ella le
respondi que prefera la muerte. El fuego se haca cada vez ms fuerte. De pronto vieron como
Jilgue cay al cuelo u agoniz. Pero un pajarillo color ceniza, con el pico y las patas rojas,
comenz a cantar sobre sus cabezas. No era el canto de un pjaro, era la voz de Jilgue, que
desde entonces se sigue escuchando en el canto de los jilgueros que hoy pueblan los bosques de
nuestras tierras.
La Loba
Cuentan que hace muchos aos en Guatemala, los padres de dos nios de 1 y 2 aos, dejaron
abandonados a los pequeos en un bosque, por razones que se desconocen.
Cuando los padres regresaron al bosque ya no pudieron encontrar a los dos pequeos, por lo que
luego de buscarlos por horas y muy destrozados tuvieron que abandonar el lugar. Al paso del
tiempo unos cazadores que se encontraban en las montaas de este mismo lugar, se toparon
con la sorpresa de encontrar a los dos nios a salvo, gracias a que una loba maternal los haba
cuidado todo ese tiempo y los haba alimentado con su leche.
Por tal razn, los cazadores decidieron no matar a la loba y entregaron a los pequeos a sus
padres. Hoy en da se puede observar un monumento en el palacio de la loba, en la
municipalidad, en honor a lo maternal y al suceso heroico de la loba.
EL DUENDE
La historia comienza realmente aqui, cuando un amigo (al que llamar Juan) viaja junto a su
esposa, su hijo pequeo y un amigo (al que llamar Marcos) a la selva para asistir al matrimonio
de un pariente de Juan y amigo de Marcos.
Ya que ese pariente conoca las leyendas de la amazonia, les advirti a la pareja que ya que su
hijo no estaba bautizado, lo cuidaran bien en la noche porque los duendes se lo llevaran.
El matrimonio no hizo caso alguno de esto ya que no crean en duendes y esas "tonteras", pero
a Juan lo dej un poco pensativo.
Dos das antes de la boda, en la noche, dejaron el beb en el cuarto donde dormira. El nio, que
no tendra ms de 1 ao, estaba en su cuna cuando sus padres lo dejaron. A eso de las 12 de la
noche, escucharon al beb llorando y fueron a verlo, pero no estaba en su cuna, al contrario, se
encontraba al borde de las escaleras a punto de caerse. La madre lo tom y lo acun. Al da
siguiente no ocurri nada y nadie habl del tema.
Esa noche, un episodio parecido volvi a repetirse, con la diferencia de que esta vez el nio
apareci al pie de la escalera y ya no lloraba. Al volver a ocurrir esto, Juan se preocup y dijo que
dormira con el nio pero Marcos se opuso y como l dorma solo, aceptaron que fuera l el que
durmiera con el nio hasta que lo bautizaran el da de la boda.
Juan se despert esa tercera noche al or el sonido de las escaleras. Despert a su esposa y a
todos mientras corra hacia el cuarto del nio. No estaba Marcos ni el beb, ni en el cuarto ni en
las escaleras, pero lograron ver una figura muy pequea corriendo por el patio hacia los arboles
que haban ah cerca.
El pariente que se iba a casar, Juan, su esposa y los que se haban despertado con el alboroto
cogieron unas armas que haban en la cocina y salieron en bsqueda del hombrecillo (por no
llamarlo duende, pues eso pareca)
Corrieron a travs del bosque, cuando estuvieron cerca le vieron unas orejitas en punta y un
cuerpecito chiquitito y regordete. El duendecito se trep a un rbol y volte la cabeza para ver
donde estaban sus perseguidores. Los perseguidores se quedaron atnitos con lo que vieron; el
duende tena el rostro de Marcos y una sonrisa burlona en la cara. Luego salt del rbol y cay
en un riachuelo, en el cual se sumergi (o se hundi) y no lo vieron salir.
Cuando el grupo se acerc al riachuelo se dieron cuenta de que el agua no les llegaba ni a las
rodillas, Cmo pudo haberse sumergido, aun con su tamao? Qu le pas a Marcos esa noche,
ya que nadie lo volvi a ver? Y si Marcos fuera el duende, qu fue lo que realmente pas con l
y con el nio?
Leyenda de kiaby:
En Santa Cruz La Laguna, regin tz'utujil, cuentan los Ajtziij, ancianos rezadores, que una pareja
de esposos que viva a la orilla del lago, entre los tulares, tuvieron una hija muy bonita. Cuando
la nia lleg a la "edad de merecer y de hacer oficio", la enviaban todas las tardes a traer agua
en la tinaja . La nia, adems de acarrear agua, se baaba en la playa del lago.
El espritu del agua, al verla se enamor de ella. Los tatas de la nia se fijaron que siempre que
regresaban del lago vena muy contenta y sospecharon, porque el lago se pona cristalino. Los
tatas un da tuvieron que ir al pueblo y dejaron a la nia encerrada, pero la muchacha se sali
por la ventana para baarse en el lago y ver al espritu del mismo. Cuando volvieron los tatas no
la encontraron, se enojaron y se fueron a vivir a Nahual para que ella ya no pudiera ver al lago.
La nia se puso triste y llor tanto hasta que se muri. Pero el lago se desesper y empez a
buscarla, por lo que cada vez que sale desesperado, hace un oleaje todas las tardes, para buscar
a la muchacha
Segn la mitologa griega las sirenas eran criaturas fantsticas con la mitad del cuerpo en forma de pjaro y la otra mitad de
mujer.
Eran compaeras de Persfone y al ser raptada sta por Hades, no lograron salvarla por lo que en venganza la madre de
Persfone, la diosa Demter, las transform en un hibrido, mitad mujer y mitad pescado.
Vivan en la isla de Artemisa y tenan un canto meldico como el de los pjaros, sumamente atractivo, seductor, que
llamaba la atencin de los marineros, advirtindoles de los encantos ocultos del mundo submarino, engandolos as para
hacerlos caer en su trampa y devorarlos.
En la Odisea, el autor griego Homero relata que cuando el barco de Ulises navegaba frente a la isla Artemisa, l hizo que
toda su tripulacin tapara sus odos con cera para no escuchar el seductor canto de las sirenas y caer en sus encantos
malficos. En tanto l no pudo tolerar su curiosidad y planific una estrategia, se at al mstil del barco y orden que no lo
dejaran soltarse por nada. Ante esta frustracin las sirenas se tiraron al mar ahogndose.
Hace muchsimo tiempo atrs, en otras pocas muy remotas, salvajes y fantsticas criaturas vivan y andaban
libres por ah.
La ms hermosa de todas ellas era el Unicornio, una criatura de color blanco, con cuerpo de caballo, barba de
chivo, patas de antlope y un cuerno en la frente, que era perseguido permanentemente debido a los mgicos
poderes curativos y de juventud eterna de ste ltimo.
Pero esta criatura no era fcil de atrapar, era muy rpida y gil. La nica forma de hacerlo, era recurriendo a
los encantos de las inocentes doncellas, de corazn puro, a las que los unicornios se acercaban
ingenuamente atrados por su pureza y apoyaban la cabeza en sus regazos.
De esta manera al estar distrados eran atrapados por ambiciosos cazadores que les cortaban los cuernos,
muriendo como consecuencia inmediatamente despus. As, progresivamente fueron desapareciendo y
extinguindose todos los unicornios, siendo hoy tan slo una hermosa y recordada leyenda.
15 CUENTOS DE MIEDO:
MIEDO AJENO
Acabo de despertar con una argolla aprisionando mi mueca izquierda, en una habitacin
desconocida, vaca. Frente a mi hay una ventana, a mi derecha una puerta. No s como he llegado
hasta aqu. Sin tiempo para reflexionar, un chillido atraviesa mis odos. Viene desde fuera. Me
levanto del suelo y corro hacia la puerta. Una persona no para de gritar desesperadamente al otro
lado. A un metro de la puerta noto como mi brazo izquierdo se tensa con violencia y soy devuelto al
suelo por el efecto de la cadena que me mantiene preso en aquella habitacin. Los gritos continan
al otro lado de la pared, la puerta parece vibrar con cada uno de esos desgarradores berridos.
Entonces tirado en el suelo, noto las crecientes vibraciones que se acercan. Sin duda son pasos,
tranquilos y sosegados. Alguien se acerca con sonoras pisadas hacia los gritos. La intensidad de
los gritos aumenta por segundos, me taladran la cabeza, me nublan el sentido. Me esfuerzo en
percibirlo todo y los pasos son cada vez ms prximos. Noto como las pisadas cruzan frente a la
puerta y continan hacia el foco de los gritos. Qu esta pasando?. Los gritos se mezclan ahora
con el ruido incesante de unas cadenas que repetidamente cortan el aire con un chasquido
metlico. Alguien esta pegando tirones de esas cadenas, sin duda. Ya no siento las pisadas pero
los gritos siguen envenenando mi conciencia. Un grito aun ms fuerte que el resto acompaa el
sonido de las cadenas al golpear el suelo. Durante un segundo cesan los gritos, la calma reina, mi
mente empieza a aclararse.
Dnde estoy?, Por qu estoy aqu?, Cmo voy a salir?. Las preguntas se desvanecen, han
vuelto los gritos. Se aproximan a la puerta, cada vez los oigo mas cerca, mis odos no lo soportan,
tengo que taparlos. Pero antes de que mis manos lleguen a estos, percibo otro sonido. Cadenas
arrastrndose, junto a los chillidos un pequeo rumor de cadenas arrastrndose por el suelo.
Cuando la mezcla de sonidos que est taladrndome pasa junto a la puerta percibo que van
acompaados por las pisadas de antes. Ahora lo reconozco, es una voz de chica. Es una mujer
quien grita. Su garganta no durar mucho ms si sigue dando esas voces. Permanezco inmvil en
el suelo, no he podido moverme en todo el tiempo, ni siquiera lo haba intentado desde que ca. Se
alejan, los alaridos y el resto de sonidos disminuyen a medida que se alejan de mi habitacin. Los
noto bajar, entonces soy consciente: estoy en una segunda planta. Miro la ventana, me levanto y
dirijo hacia ella. No puedo acercarme a ms de un metro y medio. Maldita cadena. Y tiro con
fuerza, sintiendo como la argolla muerde mi mueca como un perro salvaje. Ceso mis esfuerzos.
Apenas oigo las voces. A travs de la ventana alcanzo a ver un campo de tierra a los pies del lugar
donde me encuentro, ocupado solo por un poste de cemento, de un metro de altura, con una
argolla metlica en su parte superior. Otro enganche para estas cadenas. Entonces los veo
aparecer. Se acercan al poste, una figura corpulenta con una chica en brazos. Veo como ella grita,
pero a m apenas me llega el desgarrador sonido que antes haba torturado mis odos. La criatura
engancha las cadenas que cuelgan de las muecas de la joven. Desde mi ventana puedo ver la
cara descompuesta por los gritos y el terror atravesando cada poro de su piel. Sus ojos parecen a
punto de explotar, su cuerpo tiembla y se retuerce. Entonces, mi respiracin se detiene, mi cuerpo
parece a punto de desfallecer: Es mi hermana.
Petrificado contemplo como la criatura se aleja, sin embargo, mi hermana grita con ms fuerza,
puedo percibir la tensin de cada msculo. Las venas de su cuello quieren abandonar su cuerpo.
Ella tira de las cadenas una y otra vez. De sus muecas nacen cascadas sangrientas que
empiezan a colorear la tierra a su alrededor. Ella mira hacia el edifico donde yo estoy, hacia donde
se ha dirigido la criatura tras dejarla all, y sus gritos siguen aumentando, algo hace que su miedo
se intensifique por segundos. Intenta huir pero las cadenas la reclaman una y otra vez. Llora
desconsolada, sus gritos se han convertido en gemidos de suplica, puedo verlo en su expresin.
Pero no puedo acercarme a la maldita ventana, no puedo hacerle ver que estoy aqu, ni ver qu se
esta acercando a ella y le inflinge tanto terror. S por su expresin que si no escapa va a morir
atada a ese poste de cemento salpicado por su propia sangre. Sigue tirando de las cadenas con
desesperacin.
Recuerdo aquella noche, ha pasado tiempo; recuerdo su delicado cuerpo tendido en el suelo;
recuerdo su piel blanca, mas blanca que lo normal, aun mas blanca que esta hoja de papel;
recuerdo su largo cabello negro, brillante, en parte debido a los dbiles rayos de luz de luna que
entraban por la ventana, pero mas que nada brillante por la sangre que lo humedeca; recuerdo su
hermoso rostro encerrado en una expresin, casi imperceptible, de terror; recuerdo sus ojos azules,
inertes, descubiertos, observando fijamente la figura de aquel que los haba marchitado, aquel que
les haba arrancado su luz, luz que haba convertido la mirada de su duea en la mirada mas bella
y encantadora, mirada que me cautivo y enamoro, pero que en ese momento se haba convertido
en una mirada fra y opaca, una mirada que me condenaba, provocando en cada centmetro de mi
ser una terrible sensacin de escalofri, sensacin hasta aquel momento desconocida por mi.
Tambin recuerdo haber sentido su ultimo aliento cerca de mi cuello, su ultimo latido en mi pecho,
su cuerpo cayendo en una horrible relajacin, su miedo transformarse en una inusual calma, calma
provocada por el desprendimiento de su alma mortal, calma que indicaba que su vida estaba por
concluir en ese momento; aunque tambin recuerdo parte de su esencia impregnada en lo mas
profundo de mi ser, quedndose dentro de mi.
Ahora me pregunto: Que esperanza podra existir para alguien que no se le otorgo el don de
amar? Que consuelo podra ofrecerse a aquel que lo ha perdido todo? Aquel que ha perdido lo
nico que amaba, aquel que ha perdido una salvacin para su alma; la respuesta es sencilla: No
existe esperanza alguna para un ser creado por el deseo de Dios, para un ser cuyo nico propsito
es servir, para un ser castrado de todo sentimiento humano; no podra existir esperanza para un
ngel, un ngel que conoci al ser mas sublime de toda la creacin, un ngel que se enamoro
perdidamente de el, de su forma de ser, de sentir, de expresar y de vivir; no, definitivamente no se
puede ofrecer consuelo a un ngel enamorado que no sabia amar.
Decid cortar mis alas por ella, decid negar el destino que el creador tena planeado para m,
decid darle la espalda al todopoderoso solo para estar con ella, Ah! Si tan solo hubiera sabido lo
que nos esperaba, habra abandonado mi empeo de estar junto a ella, habra preferido pasar mil
eternidades sin su amor en lugar de hacerle dao; y es que un ngel sabe muy poco de
Cuento el Horno
Son las 5:42 a.m. y no puedo dormir todava. Mi pap me oblig a cerrar la computadora hace
casi 4 horas y despus de dar varias vueltas en el colchn no he podido hacer lento el ritmo de
mis pensamientos en mi cerebro y tampoco puedo sacarme de la cabeza esta historia tan
fascinante que he trado todo el da pensando. He decidido usar stos minutos que me quedan
del da para escribir sta historia en lo que la pastilla que me tom me ayuda a cerrar los ojos y
poder dormir. Qu si de qu se trata? Qu si de qu gnero es? Lanla y ustedes contesten
esas preguntas.
Los cuatro se preguntaban que si donde chingados estaban. Llevaban caminando como 2 horas
por entre la maleza porque les pareci muy bonito el paisaje y quisieron ver que ms haba en
ese lugar. Era muy verde, con muchas plantas tropicales. A m me recuerda a las imgenes del
sur de Estados Unidos como con lagos que parecen tener cocodrilos y con bananos y rboles
llorones con ramas como las que usa Tarzn para ir de rbol en rbol.
3 hombres y una mujer estaban fascinados por el hermoso lugar que visitaban y llegaron a un
lugar donde haba un cerco de hierro entrelazado, ya s que saben de cuales cercos les digo,
pero el cerco tena un letrero que deca NO PASAR. Los 4 se miraron y vieron que haba parte
del cerco que estaba roto como con pinzas y no dudaron en mirar que haba ms all.
Los cuatro aventureros miraban su alrededor las plantas y los espacios grandes de zacate y
tierra donde se tiraban y rean mientras vean que pasaba el tiempo y se llegaban las horas del
atardecer, de la luz naranja.
Era muy bello el lugar en el que estaban pero algo estaba mal. A lo lejos se vean estructuras,
algo construido por el hombre. Se acercaron para ver mejor y encontraron algo que los dej
confundidos, en medio de la nada, lejos de la civilizacin, haba una especie de palapa
construida con troncos bien tallados y embarnizados pero estaba incompleta y pareca que algo
andaba mal con sta palapa.
La palapa estaba construida enseguida de una laguna muy pequea. Tal vez del tamao de una
casa de una familia de clase media, no muy profunda, quizs 1.80 de profundidad. Aun as, todo
esto era muy raro. La mujer era la que ms expresaba el sentimiento extrao que tenan los
cuatro, algo parecido al asombro, por la gran belleza del lugar, pero miedo e incertidumbre ante
la rareza de lo que se encontraba ms all de la cerca.
Uno de los hombres se quit la ropa y se hecho un clavado al agua y comenz a chapotear. El
agua estaba tibia y el ambiente era agradable, eso aparentaba sentir ste hombre. Desnudos lo
acompaaron los 3 aventureros para intentar eliminar ste sentimiento que an no lograban
descifrar por qu tenan, en un paraso como ste Por qu hay que temer?
A eso de las 4:00 de la tarde, despus de 2 horas de estar nadando y mirando la hermosa
naturaleza, el sentimiento de incomodidad era tan fuerte que la mujer tuvo que salirse de la
laguna y se empez a vestir rpidamente, los 3 hombres la miraban burlndose y dicindole que
qu simple, que no pasaba nada. Defendindose, la mujer les deca que algo andaba mal con
todo esto, senta como que todo estaba al revs, incmoda, extraada y no terminaba de
vestirse cuando se escuch un ruido atrs de los arbustos y un tigre muy grande la miraba
acercndose lentamente con sus ojos enfurecidos ensendole sus colmillos. Otro tigre salt por
atrs de un arbusto del otro lado de la laguna y la mujer solo corri y se trep en la parte
incompleta de la palapa y los hombres entraron en pnico y uno corri por su ropa y se trep a la
palapa con la mujer, los otros dos se zambulleron en el agua a esperar a que los tigres se fueran,
les sorprendi lo mucho que duraron debajo del agua, casi 15 minutos.
El hombre y la mujer que estaban sobre la palapa se mantuvieron en silencio e inmviles por el
tiempo en que los otros estaban debajo del agua. Llenos de miedo y arrepentimiento por haber
cruzado el cerco, y al ver que los tigres se haban ido, ellos bajaron de la palapa, fueron a sacar a
sus amigos de la laguna, se vistieron y decidieron huir del lugar corriendo como nunca haban
corriendo antes. 3 de ellos estaban llorando asustados rogando por que los tigres no volvieran a
aparecer, solo un hombre no lloraba porque estaba ms preocupado pensando que la luz naranja
ya estaba sobre ellos, lo que significaba que la noche se acercaba y que no tenan ni idea de a
donde se dirigan, no saban donde estaba el cerco que deca NO PASAR.
Y despus de correr por 1 hora y media, a eso de las 7 de la tarde, la luz del cielo era azul
marino, y los 3 llorones ya se haban calmado un poco. Tenan hambre y queran volver a casa,
pero lo que ms les afectaba era ese constante sentimiento de miedo profundo y de
incomodidad de que el lugar en el que estaban no era para nada normal, era raro, algo estaba
muy mal con ese lugar.
Muy cansados vieron una luz entre las plantas y los arboles, y despus de caminar por mucho
tiempo encontraron una casa que si la viramos de arriba pareciera como una L y en el espacio
que faltara para completar el rectngulo haba un patio muy amplio y de multi-usos, uno pudiera
poner una cancha de volleybol ah pero en vez de eso haba una mesa grande con varias sillas
para un banquete. Lentos y con mucho miedo se acercaron, haba cables entre rbol y rbol con
focos que iluminaban el lugar y que de lejos parecan lucirnagas alineadas.
Ninguno de los 4 deca nada porque todos estaban llenos de miedo, ya era de noche, estaban
lejos de casa, no saban donde estaban y tenan miedo de encontrarse otra vez a esos tigres o
incluso a cualquier otra cosa que habitara ese lugar, todo ese lugar daba miedo, era majestuoso
pero daba miedo.
Dos de los hombres se asomaron por la ventana de la casa para ver si vean algn telfono o
seales de vida, aunque dudaban si de verdad queran tener contacto con esa vida que pudiesen
encontrar. La mujer y el otro hombre se mantuvieron al margen por si cualquier cosa pasaba.
Los ruidos de los animales del bosque eran intimidantes y ttricos, jams haban tenido tanto
miedo en su vida. Los dos hombres que inspeccionaban la casa vieron la puerta abierta y
entraron lentamente y con mucho silencio para no alterar an ms el ambiente. Entraron a una
sala y luego a un comedor donde todas las luces estaban apagadas y solo las luces de afuera
iluminaban la casa por entre las ventanas.
Los dos hombres miraban por todas partes y a tientas buscaban un telfono. Uno de los hombres
se qued en la sala y notaba que haba algo an mas extrao en la sala. Notaba como si la
fuente de su miedo y su incomodidad estuviera cerca de l, quizs en el cuarto de a un lado y
prefiri quedarse en la sala mientras su amigo se adentraba ms en la casa, pero saba que los
dos podan percibir ese malestar, su estomago revuelto y el hormigueo de su cerebro. En la sala
miraba siluetas de sillones y una chimenea de ladrillo que captaba su atencin y no pudo percibir
que haba alguien en el silln. Un humano como l que tena los ojos cerrados pero que su
cuerpo y su estructura era tan extraa que le caus tanto miedo que corri a alcanzar a su
amigo tumbando lmparas y sillas a su paso. Por suerte el humanoide no abri los ojos, pareca
que esperaba algo.
hierba.
Cuantas noches de luna llena, adormilados en la hamaca bajo las estrellas,
gozaron de aquel paraje selvtico y solitario que la viera nacer. Cuantos
sueos haba despertado en ella! Cuantos deseos!
Y una maana, inexplicablemente, volvi a pasar frente a su puerta como un
desconocido ms, ignorndola. Como si todos esos momentos nunca hubiesen
existido, como si de golpe su inmenso amor se hubiese esfumado
El no entenda que era su nica razn para vivir? No vea el dolor que le
causaba?
As pasaron los das Y cuando ella ya no resista ese rechazo decidi salirle al
paso y pedirle explicaciones
Entonces, el slo contest con desconcierto que ella estaba confundida, que
haca ms de dos aos que el se haba ido y no haba regresado hasta el
momento. Que no se conocan.
Y con un simple Lo siento- comenz a alejarse.
Es que acaso el estaba burlndose? De ser as, ella no lograba entrar en
razn. Todo en su cabeza daba vueltas.
No poda soportarlo. Ellos estaban destinados a vivir juntos por siempre!
Un manantial de lgrimas comenz a brotar de sus ojos, empapando sus
mejillas, y el dolor se volvi ms agudo y enloquecedor. Cada paso que l daba
alejndose, iba astillando su corazn y hasta le costaba respirar.
No poda permitirle que se marchara, tena que impedrselo, deba detenerlo!
Y como ltimo recurso. El hacha que descansaba sobre los leos.