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Mercenarios 2 - La Promesa Del Rey Brujo - R.A. Salvatore

El documento narra una persecución entre Artemis Entreri y un lich. Entreri y su compañero Jarlaxle huyen por un pasillo resbaladizo, esquivando trampas mortales. Jarlaxle demuestra habilidades mágicas al fundirse con la pared. Aunque Entreri logra herir al lich, este escapa. La persecución continúa.
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Mercenarios 2 - La Promesa Del Rey Brujo - R.A. Salvatore

El documento narra una persecución entre Artemis Entreri y un lich. Entreri y su compañero Jarlaxle huyen por un pasillo resbaladizo, esquivando trampas mortales. Jarlaxle demuestra habilidades mágicas al fundirse con la pared. Aunque Entreri logra herir al lich, este escapa. La persecución continúa.
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LA PROMESA DEL REY BRUJO

LOS MERCENARIOS, 2

R.A. Salvatore

MATAR AL REY BRUJO


Cuando la sagrada espada de Gareth brill en lo alto
Cuando la forma de Zhengyi fue destrozada
Una llama ennegrecida de detritus
Su forma corprea una ruina
Cuando el clamor de la victoria bram estruendosamente
Cuando los corazones se hincharon de esperanza
Regocijaos valientes hombres ante el golpe de Gareth
Los fragmentos de Zhengyi se esparcieron.

Pero no puedes matar aquello que no est vivo


No puedes golpear una idea
No puedes atacar a fuerza de brazo
La magia de la negra devocin.
As pues la espada de Gareth s deshizo
Lo fsico, lo corpreo destroz.
El centro del Rey Brujo fue negado
La esencia mgica esparcida

Entonces nios, agudicen sus odos ante las palabras maternas


Caminen derecho hasta el Padre, sigan.
Ya que un fragmento de Zhengyi los vigila
En el vaco oscuro de los Pramos.

PRLOGO

El hombre menudo patinaba por el pasillo mgicamente engrasado inclinado hacia


abajo, sus pies movindose en puntazos cortos para continuar escarbando hacia adelante
y mantenerlo derecho, tarea nada fcil. Ribetes de humo se elevaban de su estropeada
capa de viaje y una larga rasgadura mostraba el costado izquierdo de su pantaln, con
reluciente sangre manando por debajo.
Artemis Entreri se desliz por el muro a mano derecha y rod a lo largo de ste, sin
frenarse para romper su vertiginoso salto, ya que al hacerlo le permitira al lich verlo.
Y eso, sobre todo, era lo que el asesino no quera.
Termin de rodar y plant sus brazos firmemente contra el muro frente a l, luego se
propuls hacia abajo diagonalmente bajando el angosto pasillo. Escuch el sonido de
llamas rugir tras l, seguidas por la tensa risa de Jarlaxle, su compaero drow. Entreri
reconoci que el confiado elfo oscuro estaba tratando de poner nervioso al perseguidor
con esa risa estridente, pero incluso Entreri la escuch como realmente era: un sonido
discordante agitndose sobre un lecho de total desasosiego.
Pocas veces en los meses que haban estado juntos, Entreri haba escuchado un indicio
de preocupacin por parte del calmado elfo oscuro, pero no se equivocaba en ello, y eso
nicamente reforzaba sus propios temores reales.
Estaba ya muy lejos de la iluminacin de la ltima antorcha puesta a lo largo del
extenso corredor para ese entonces, pero un sbito destello violento detrs de l ilumin
el camino, mostrndole que el pasillo terminaba abruptamente una docena de metros
ms all y se curvaba bruscamente a la derecha. El asesino tom en cuenta aquel curso
perpendicular, su nica oportunidad, ya que en ese resplandor, l vio claramente el final
del juego de la asquerosa trampa del lich: un puado de palos afilados sobresaliendo del
muro.
Entreri golpe el muro a mano derecha y nuevamente rod. En una vuelta, envain su
conocida daga enjoyada, y en la siguiente se las arregl para deslizar su espada, la Garra
de Charon, dentro de su funda en la cadera izquierda. Con sus manos libres, control
mejor su patinazo a lo largo del muro. El piso era ms resbaladizo que un declive de
hielo en una caverna sin viento del Gran Glaciar mismo, pero los muros eran llanos y
slidos como roca. Sus manos trabajaban duramente cada vez que se recobraba, y sus
pies derrapaban y giraban en el lugar mientras tiraba atrs sus hombros para mantenerse
erguido. Se aproxim a la marcada curva y a la abrupta y mortal parte final.
Grit al tiempo que otra estruendosa explosin sacudi el pasillo detrs de l. El asesino
se alej con todas sus fuerzas mientras se acercaba a la curva, midiendo el tiempo
perfectamente para el mximo efecto.
Voltendose, inclin la parte superior de su cuerpo para reforzar el movimiento,
tomando un atajo por el pasillo hacia el pasaje lateral. Tan pronto como sus pies se
deslizaron por ese pasillo principal, tropez ya que el engrasado mgico terminaba

abruptamente. Tom la curva y se impuls nuevamente a ella, entrando duramente, con


el rostro contra el muro. Mir hacia atrs solo una vez, y en la dbil luz pudo ver las
puntas afiladas de las fatales estacas. Comenz a ojear alrededor, hacia atrs por donde
haba venido, pero casi grit de la sorpresa al ver una forma agitndose pasando a su
lado. Trat de sujetar a Jarlaxle, pero el drow lo eludi, y Entreri pens que su
compaero terminara en la punta de una estaca.
Pero Jarlaxle no golpe las estacas. De algn modo, el drow se detuvo abruptamente,
vir a la izquierda, y se estrell fuertemente contra el muro en frente de Entreri. El
asesino trat de alcanzarlo pero grit y volvi a caer detrs de la curva al tiempo que un
rayo azulado pasaba a su lado explotando en una lluvia de chispas ardientes mientras
chocaba contra el muro del fondo, cortando varias de las estacas en el proceso.
Entreri oy la carcajada del lich, una criatura esqueltica y demacrada, cubierta
parcialmente por una piel macilenta. Resisti la urgencia de alejarse a toda velocidad
bajando por el corredor y en cambio gru en desafo.
Saba que terminara asesinado! le espet a Jarlaxle.
Temblando de furia, Entreri salt de vuelta al medio del resbaladizo pasillo principal.
Vamos, entonces, pen de Zhengyi! rugi el asesino.
El lich sali a la vista, con una andrajosa tnica flotando por detrs, un rostro sin labios,
de un marrn putrefacto y blanco esqueltico, y una amplia mueca.
Entreri fue por su espada, pero cuando el lich se extendi con sus dedos huesudos, el
asesino en cambio empuj su mano enguantada ante l. De nuevo, Entreri gritdesafiante, negndose, de furia- mientras otro rayo estallaba.
Entreri sinti como un abrasador viento caliente. Sinti la quemadura y hormigueo de
tremendas energas encresparse a su alrededor. Estaba de rodillas pero no lo saba.
Haba sido arrojado contra el muro, justo debajo de las estacas, pero ni siquiera haba
registrado el firme asidero de la base de la pared del fondo contra sus pies. l todava se
estaba arrojando hacia adelante con su guante encantado, su brazo temblando
notablemente, chispas blancas y azules girando en el aire y despareciendo dentro del
guante.
El asesinado no registr nada de esto, y sus dientes estaban tan fuertemente apretados
que ni siquiera pudo proferir un grito ms fuerte que un gruido gutural. Puntos
danzaban ante sus ojos, y olas de mareo lo asaltaban. Escuch la vituperante carcajada
del lich.
Instintivamente se propuls contra la pared, flexionando de vuelta hacia su izquierda y
dentro del pasillo. Plant un pie en la superficie desengrasada y salt hacia arriba. Sac
su espada, todava ciego, y se tambale por el costado del pasaje, luego se lanz tan
rpido como pudo, balanceando la Garra de Charon a diestro y siniestro y sin tener idea
si estaba algo cerca del lich.
Lo estaba.

La oscura hoja baj, chispas danzando a su alrededor, ya que el guante haba atrapado la
mayora de la energa del rayo y la solt de vuelta a travs del metal de la espada de su
compaero.
El lich, sorprendido por lo lejos y rpido que haba llegado el adversario, alz un brazo
para bloquearlo, y la Garra de Charon la cercen a la altura del codo. El golpe de Entreri
habra destruido a la criatura entonces, excepto que el impacto con el arma le provey el
conducto para soltar la energa del rayo
Nuevamente la explosin envi a Entreri resbalando de vuelta a la pared del fondo,
siendo arrojado duramente.
El chillido del lich forz al asesino a alzarse y despejar su embotamiento. Se dio vuelta,
asentando la mano en el suelo hasta que una vez ms agarr la empuadura de la Garra
de Charon. Alz la mirada al pasillo justo a tiempo para ver al lich retirarse con la capa
flameando.
Jarlaxle? pregunt el asesino, mirando de vuelta a su derecha, hacia donde haba
estado el drow presionado contra espada.
Confundido de ver tan solo la pared, Entreri mir en un rincn, esperando ver un bulto
de drow calcinado. Pero no, Jarlaxle simplemente... no estaba.
Entreri mir fijamente la pared y avanz lentamente hacia el pasillo opuesto. Fuera del
sector engrasado, recobr su asidero y casi salt de sus botas cuando vio dos ojos rojos
mirarlo fijamente desde dentro de la piedra del pasillo de enfrente.
Bien hecho, dijo el drow, adelantndose para que el perfil de su rostro apareciera en la
piedra.
Entreri permaneci all impresionado. De alguna manera Jarlaxle se haba fundido con
la piedra, como si hubiera convertido a la pared en una gruesa pasta y se hubiera
sumergido en ella. En verdad, Entreri no saba por qu estaba tan sorprendido, acaso su
compaero haba hecho alguna vez algo dentro del mundo de lo ordinario?
Un fuerte chasquido volvi su atencin hacia el otro lado, por el hall. Lo supo
inmediatamente por el picaporte de la puerta encima de la rampa, donde l y Jarlaxle
haba quedado de encontrarse, y haban sido perseguidos por el lich.
"Scame de aqu," le dijo Jarlaxle, la voz del drow sonaba arenosa y burbujeante, como
si estuviera hablando bajo piedras lquidas, lo cual, de hecho haca. Empuj una mano
afuera para alcanzar a Entreri. El estruendo creci a su alrededor. Entreri asom la
cabeza por el rincn. Algo malo se vena.
El asesino agarr la mano ofrecida por Jarlaxle y jal fuerte pero se encontr con la
sorpresa de que el drow tambin jalaba fuerte hacia su lado.
"No," dijo Jarlaxle.

Entreri mir el inclinado y curvado pasillo detrs y sus ojos se abrieron tanto que casi se
le saltaron de la cabeza. El estruendo vena en la forma de una bola de acero que le
llegaba a la cintura y bajaba rodando rpidamente hacia ellos.
Se detuvo y reflexion sobre cmo podra esquivarla, cuando ante sus ojos, la bola
duplic su tamao, casi llenando el corredor. Con un alarido, el asesino regres al
pasadizo lateral, tropez y gir. Mir la forma retirada de Jarlaxle en la piedra una vez
ms, pero no tena tiempo para detenerse y sopesar si su compaero poda escapar de la
trampa. Entreri se volte y gate, finalmente poniendo los pies debajo suyo y corriendo
por su vida. La explosin detrs de l, cuando la enorme bola de acero colision contra
la pared del fondo hizo que trastabillara de nuevo, la sacudida lo puso de rodillas.
Ech una mirada atrs para ver que el impacto se haba llevado la mayor parte del
impulso de la bola pero no fren su movimiento. Estaba viniendo nuevamente,
lentamente, pero tomando impulso.
Entreri se arrastr sobre manos y rodillas, maldiciendo a Jarlaxle una vez ms por
haberlo trado a este lugar.
Se puso de pie y avanz a brincos, poniendo distancia entre la bola y l. Eso no durara,
lo saba, ya que la bola ganaba velocidad y el pasillo segua y rodeaba la torre circular
por un largo, largo trecho.
Corri velozmente y busc alguna salida. Empuj con los hombros varias puertas
mientras pasaba pero no se sorprendi de descubrir que la trampa haba sellado los
portales. Busc un lugar en donde el techo fuera ms alto, a donde quizs pudiera trepar
y dejar que la bola rodara debajo de l.
Pero no haba nada.
Mir hacia atrs para ver si la bola se estrechaba contra una u otra pared, as l podra
deslizarse hacia un costado, pero para su asombro, si no su sorpresa, la bola volvi a
crecer, hasta que sus lados prcticamente raspaban las paredes.
Corri.

Las sacudidas le hacan doler los dientes en la boca. Dentro de las piedras, cada
repercusin al tiempo que la bola se estrellaba contra la pared, haca eco dentro del
mismsimo ser de Jarlaxle. Lo senta hasta los huesos.
Por un momento solo hubo oscuridad, luego la bola comenz a retroceder, rodando a lo
largo del pasillo adyacente.

Jarlaxle inspir profundamente varias veces. Haba sobrevivido a esa pero tema que iba
a tener que procurarse otro compaero.
Comenz a pujar para salir de la piedra de nuevo pero se detuvo cuando escuch una
familiar risa jadeante.
Retrocedi, sus ojos escudriando a travs de una fina capa de piedra, y el lich se par
delante de l. El drow no se atreva a respirar o moverse. El lich no lo estaba mirando a
l sino que miraba el corredor, rindose a carcajadas victorioso. Para gran alivio de
Jarlaxle, la poderosa criatura no muerta comenz a alejarse, deslizndose como si
estuviera flotando sobre el agua.
Jarlaxle se preguntaba si simplemente podra presionar hacia atrs fuera de la torre y
luego sencillamente levitar hacia el suelo y salir del lugar. Aunque not las obvias
heridas del lich, infligidas por la revocacin del rayo de Entreri y el pesado golpe de la
Garra de Charon, y se le ocurri otra posibilidad.
Haba venido con la idea de un tesoro despus de todo, y sera una lstima irse con las
manos vacas.
Dej que el lich se alejara doblando una esquina. Luego, el drow comenz a empujar
para salir fuera del muro.

Tiene que ser una ilusin, se dijo repetidamente a s mismo Artemis Entreri. Las bolas
de acero no crecan, despus de todo, pero cmo poda ser? Era tan real, en sonido,
forma, y sensacin Cmo poda una ilusin imitar tan perfectamente una cosa?
El truco para derrotar una ilusin era poner los propios pensamientos en contra de ella,
Entreri lo saba, negarla, con el corazn y el alma. Mir hacia atrs de nuevo y supo que
esa no era una posibilidad. Trat de bloquear el creciente estruendo detrs de l. Agach
la cabeza y corri a toda velocidad, forzndose a rememorar todos los detalles del
pasillo ante l. No sigui intentando empujar las puertas con los hombros, ya que
estaban cerradas para l y solo estara perdiendo el tiempo en el intil esfuerzo.
Tir de la pequea mochila en su espalda mientras corra. Extrajo una cuerda plateada y
un arpeo y arroj la bolsa al piso detrs de l, esperando contra toda esperanza que
interrumpiera el creciente impulso de la bola de piedra.
No lo hizo. La bola la aplast.
Entreri no permiti que sus pensamientos volvieran a la amenaza rodante, ms bien,
manipul la cuerda frenticamente, encontrando el largo, imaginndose el punto en el
pasillo todava a cierta distancia ms adelante, calibrando el largo que necesitaba. El

suelo se sacudi debajo de l. Pensaba que cada uno de sus pasos sera el ltimo, con la
esfera rodndole encima.
Jarlaxle le haba dicho una vez que incluso una ilusin poda matar a un hombre si este
crea en ella.
Y Entreri crea en ella.
Sus instintos le decan que se tirara al suelo a un costado, con la esperanza de que
hubiera suficiente espacio para l entre el fino rincn y los bordes redondeados de su
perseguidora. Sin embargo, nunca encontr el valor para seguir esa idea, y rpidamente
se la quit de la mente, concentrndose en cambio en la mejor oportunidad que yaca
ante l.
Entreri prepar la cuerda mientras se abalanzaba a toda carrera por su vida. Dio un salto
en la siguiente curva, la bola justo detrs de l. Pas de largo el muro que a su mano
derecha llevaba a un enrejado que le llegaba a la cintura, dando al centro de una enorme
torre, con el camino que continuaba en crculo a lo largo de su permetro.
Afuera fue el arpeo, expertamente arrojado para engancharse alrededor de un gran
candelabro que estaba colocado encima del cavernoso vestbulo de la torre. Entreri
sigui corriendo llanamente. No tena opcin, ya que detenerse significaba ser
aplastado. La cuerda estaba firme en sus manos, y cuando se termin de tensar dej que
la fuerza lo virara a la derecha. Lo elev de un tirn sobre el enrejado mientras la
rodante esfera de acero pasaba veloz por debajo, casi rozndole un hombro ligeramente
mientras se balanceaba en el aire. Gir en pequeos crculos dentro de los crculos ms
grandes del impulso de la cuerda.
Se las apa para observar el continuado descenso de la bola, golpeando los bordes,
pero rpidamente fue distrado por un an ms ominoso chirrido desde arriba. Entreri se
revolvi, sus manos para liberarse y soltar la cuerda. Comenz su deslizamiento a toda
velocidad, las manos bajando por la soga. Sinti un sbito tirn, y luego otro mientras el
decorativo candelabro de cristal se soltaba del techo.
Luego estaba cayendo.

La puerta permaneci ligeramente entreabierta. Dada la artimaa que haba dispuesto,


no haba razn alguna para que el hospedero creyera que alguno de los intrusos
pudiera llegar hasta all.

An as, el drow sac una varita y utiliz un poco de su magia. La puerta y la jamba
brillaron con una irrompible y slida luz azul, revelando que no haba trampas, mgicas
o mecnicas.
Jarlaxle avanz y la empuj cautelosamente.
El cuarto, el piso de la cima de la torre, estaba mayormente vaco. Las grises paredes de
piedra no tenan adornos, siguiendo en un semi crculo detrs de una silla peculiarmente
alta, de amplio respaldo y madera pulida. Ante ese asiento yaca un libro, abierto sobre
un pedestal.
No, no un pedestal, Jarlaxle se dio cuenta cuando se aproxim sigiloso. El libro estaba
suspendido sobre un par de gruesos zarcillos que llegaban hasta el suelo del cuarto y
penetraban la piedra.
El drow sonri maliciosamente, sabiendo que haba encontrado el corazn de la
construccin, el arquitecto mgico de la torre misma.
Se movi alrededor del libro a cierta distancia, luego se le acerc al lado de la silla.
Observ las escrituras desde lejos y reconoci unas cuantas runas mgicas all. Un
rpido recitado de un sencillo hechizo le permiti enfocar mejor las runas y con mayor
claridad.
Se arrim, atrado por el poder del tomo. Not que haba imgenes de runas en el aire
por encima del libro, girando y sumergindose en las pginas debajo. Recorri unas
pocas lneas despus se arriesg a empezar por el principio.
Un libro de creacin, mascull, reconociendo algunos de los primeros pasajes como
frases comunes para tales duormers. Cerr el libro y trat de sacarlo de all, pero no
ceda. Por lo que volvi a leer, examinndolo ms bien, buscando algn indicio, alguna
pista sobre los secretos de la torre y su propietario no muerto.
Mi nombre no encontrars all, le lleg una voz chillona que pareca al borde de la
agudeza, una voz sostenida tenuemente, como una nota alta, lista para estallar en un
berrido tembloroso.
Jarlaxle se maldijo silenciosamente por dejarse atraer por el libro. Consider al lich,
quien permaneca en la puerta abierta.
Tu nombre? pregunt l, reprimiendo su genuino deseo de gritar de terror. Por qu
deseara yo saber tu nombre, Oh gran putrefacto?
La putrefaccin implica muerte, dijo el lich. Nada podra estar ms lejos de la
verdad.
Jarlaxle retrocedi lentamente detrs de la silla, queriendo poner la mayor distancia y la
mayor cantidad de obstculos entre esa horrible criatura y l como pudiera.
T no eres Zhengyi, remarc el drow, aunque el libro era de l.

Uno de los suyos, por supuesto.


Jarlaxle se toc la punta del sombrero.
Piensas en Zhengyi como si fuera una criatura, explic el siempre sonriente lich a
travs de sus dientes sin labios, como una entidad peculiar. Ese es tu error.
No s nada de Zhengyi.
Eso es muy obvio, o nunca habras sido tan tonto como para venir aqu! finaliz el
lich con un sbito incremento en el volumen e intensidad, y apunt con sus dedos
huesudos.
Rayos verdosos de energa irrumpieron de sus dgitos, uno de cada uno, volando por el
aire, ondulando y retorcindose alrededor del libro, para que el pedestal de tentculo, y
la silla explotaran contra el drow.
Esa fue la intencin, al menos, pero cada rayo mgico, mientras se aproximaba, se
desviaba hacia un punto especfico de la capa del drow, justo debajo de su garganta y
hacia un costado, sobre el hueso de su cuello, en donde un gran broche abrochaba su
capa. El broche absorba los misiles, los diez, sin un sonido, sin un rastro.
Muy buena jugada, lo felicit el lich. A cuntos puedes contener?
Mientras la criatura no muerta terminaba de hablar, le envi otra descarga.
Jarlaxle ya se estaba moviendo para entonces, alejndose con un giro de la silla, hacia
atrs. Los misiles mgicos bulleron en su espalda como un montn de abejas, pero de
nuevo, mientras se le acercaban, viraban y se abatan a su alrededor para ser tragados
por el broche.
El drow acort por un costado, y al tiempo que se volva a medias hacia su enemigo,
sac su brazo febrilmente. Con cada retraccin, su brazal mgico alimentaba su mano
con otra daga, la cual enviaba prontamente girando a travs del aire hacia el lich. Tan
furioso fue su flujo que la cuarta daga estuvo en el aire antes de que la primera siquiera
diera en el blanco.
O tratara de dar en blanco, ya que el lich no estaba desprotegido. Sus barreras
protectoras detuvieron las dagas a pocos centmetros y las dejaron caer al suelo con un
repiqueteo.
El lich se ri a carcajadas, y el drow lo envolvi en un globo de completa oscuridad.
Un rayo de energa verde estall desde el globo y Jarlaxle se alegr de haberse movido
velozmente. Observ al rayo socavar el muro de la torre, desintegrando la piedra
mientras pasaba.

Entreri pleg sus pies estrechamente y los movi en ngulo a un costado para que
cuando golpeara, se girara de soslayo. Entr su cabeza muy tiesamente y hundi los
hombros, permitindose rodar una y otra vez, absorbiendo la energa de la cada de diez
metros.
Sigui rodando, poniendo la mayor distancia posible entre l y el punto de impacto del
candelabro, donde el vidrio y el cristal se hicieron aicos y volaron por todas partes.
Cuando finalmente se coloc sobre sus pies, Entreri se tambale y dio un respingo. Un
taln le daba fuertes dolores a lo largo de la pierna. Haba evitado heridas graves pero
no haba escapado ileso.
Ni tampoco haba realmente escapado, se dio cuenta un momento ms tarde. Estaba
en el vestbulo de la torre, una habitacin amplia y circular. A un costado, bien en lo
alto, la bola de piedra continuaba su bamboleo atronador. Ante l, ms all del
destrozado candelabro y justo pasando el fondo de aquellas escaleras perimetrales, yaca
la puerta cerrada por la cual l y Jarlaxle haban entrado a la mgica construccin.
A un costado permaneca la enorme estatua de acero que el par haba notado cuando
apenas haban ingresado, una construccin que Jarlaxle prontamente haba identificado
como un golem.
Tenan que tener cuidado, le haba dicho Jarlaxle a Entreri, de no activar ningn
dispositivo que pudiera animar al peligroso centinela de acero.
Entreri descubri ahora que aparentemente haban hecho justo eso.
El metal cruji y gimi al tiempo que el golem cobraba vida, fuegos rojos aparecieron
en sus ojos huecos. Dio un enorme paso adelante, aplastando el cristal y aplanando el
retorcido metal del candelabro cado. No llevaba armas, pero Entreri cay en la cuenta
de que no necesitaba ninguna, ya que era ms del doble de su altura y varios kilos ms
su peso.
Cmo puedo lastimar a eso? susurr el asesino y extrajo sus espadas.
El golem se acerc un paso ms y exhal una nube de gases venenosos.
Demasiado gil como para ser atrapado en eso, Entreri gir a un lado. Vio un hueco en
la pesada criatura y supo que poda alcanzarlo rpido y golpear duro.
Pero en cambio corri, a toda velocidad hacia la puerta cerrada.
Las piernas de acero del golem se quejaron en protesta mientras se volva para
perseguirlo.
Entreri empuj la puerta con su hombro, aunque saba que no la abrira. Aunque
exager el impacto, y se movi como si estuviera furiosamente aterrorizado por
atravesarla.

El golem se le arrimaba, concentrndose solamente en l. Esper hasta el ltimo


segundo y se tir a un costado del muro por la izquierda mientras el golem golpeaba
fuerte contra la inquebrantable puerta. El centinela se volvi y lo persigui, con los
brazos extendidos en busca del asesino.
Entreri se mantuvo en sus trece- al menos por un tiempo- y lanz una descarga de fintas
y estocadas que mantuvieron al golem confundido y en el lugar justo...
... el tiempo suficiente.
El asesino se arroj a su izquierda, hacia el centro de la habitacin. La esfera de acero
rodante baj retumbando el ltimo tramo de las escaleras y choc con fuerza contra la
espalda del inconsciente golem de acero, arrojando a la construccin hacia adelante y al
suelo, luego rebot sobre l, mellando y retorciendo el acero.
La bola continu rodando por su camino, pero la mayor parte del impulso haba sido
descargado sobre la desafortunada construccin.
En medio de la habitacin, Entreri observ al crispado golem. Trat de levantarse, pero
sus piernas estaban inutilizadas y abolladas y no pudo hacer ms que levantar su torso
sobre un brazo.
Entreri comenz a hacer sus armas a un lado pero se detuvo ante el sonido desde arriba.
Mir hacia arriba para ver que muchas de las decoraciones del techo, estatuas de
grgolas, flexionaban sus alas.
Suspir.

Su globo de oscuridad se desvaneci y Jarlaxle se encontr una vez ms enfrentando a


la horrible criatura no muerta. Mir al lich y luego al libro de nuevo y viceversa.
Estuviste vivo hasta hace unas pocas semanas atrs, razon el elfo oscuro.
An estoy vivo.
Tu existencia puede estirar el significado de la palabra.
Pronto sabrs lo que significa y lo que no significa eso, prometi el lich y levant sus
huesudas manos para comenzar a realizar otro hechizo.
Extraas la sensacin del viento sobre tu piel viva? le pregunt el drow,
esforzndose por sonar verdaderamente curioso y no condescendiente.
Extraars el tacto de una mujer o el aroma de las flores en primavera?
El lich se detuvo.

Vale la pena la no muerte?sigui Jarlaxle. Y si es as, puedes ensearme el


camino?
Pocas expresiones poda mostrar el mayormente huesudo rostro del lich, por supuesto,
pero Jarlaxle reconoca la incredulidad cuando la vea. Mantuvo sus ojos clavados en los
de la criatura pero torci sus pies despacio para poner en el camino de una carga sobre
el libro.
Hablas de inconvenientes menores respecto al poder que he encontrado, le rugi el
lich.
Incluso mientras la criatura aullaba, el drow salt hacia adelante, una daga apareci en
una de sus manos. Dio vuelta una pgina a medias, se ri del lich, y la arranc, confiado
en que haba encontrado el secreto.
Una nueva rasgadura apareci en la desgarrada capa del lich.
Los ojos de Jarlaxle se ensancharon y comenz a trabajar furiosamente, arrancando
pgina tras pgina, hundiendo su daga en la otra mitad del tomo.
El lich aull y tembl. Caan partes de su tnica y aparecieron astillas en sus huesos.
Pero no fue suficiente, se dio cuenta el drow, y supo de su error cuando las pginas
arrancadas revelaron algo oculto dentro del libro: una diminuta gema violeta brillante
con la forma de una calavera. Ese era el secreto, cay en la cuenta, el lazo entre el lich y
la torre. Esa calavera era la llave de toda la construccin, del sobrenatural remanente de
Zhengyi, el Rey Brujo.
El drow quiso tomarla, pero su mano se ampoll y fue arrojada a un lado. El drow la
apual, pero la daga se astill y sali volando.
El lich se le ri. Somos uno! No puedes derrotar a la torre de Zhengyi ni al encargado
que ha elegido.
Jarlaxle se encogi de hombros y dijo, Podras tener razn.
Luego dej caer otro globo de oscuridad sobre el lich, quien nuevamente estaba
conjurando. El drow desliz un anillo que guardaba hechizos mientras se iba.
Considerando lo sobrenatural que era su enemigo, pens para s mismo, fro o caliente?
Y rpidamente eligi.
Eligi correctamente. El hechizo que solt del anillo cubri su cuerpo con un clido
escudo de llamas justo al tiempo que el lich hacia estallar un roco cnico de fro
mgico tan intenso que lo habra congelado a medio camino.
Jarlaxle se haba ganado un momento, pero solo un momento, lo saba, y ante las tres
opciones que surgan ante l- rebatir con magia agresiva, abalanzarse y golpear
fsicamente, o huir- slo una tena sentido prctico.
Tir de la enorme pluma de su sombrero y la dej caer con una palabra directiva que
llam a un gigantesco pjaro sin alas, un ave de ocho patas con un grueso pescuezo y un

mortal y poderoso pico ganchudo. Con un pensamiento, el drow envi a su diatryma a la


batalla, y sigui su curso pero rompi completamente su velo mientras entraba en el
globo de oscuridad.
Jarlaxle rez para que se torciera en el ngulo correcto y rez de nuevo para que el lich
no hubiera cerrado la puerta. Respir mucho mejor cuando sali de la oscuridad para
encontrarse una vez ms en el pasillo, corriendo libre.
Y corriendo rpido.

Un lquido oleoso, la sangre de las grgolas, corra por el canal a lo largo de la roja hoja
del la Garra de Charon. Una criatura con una sola ala se tambaleaba en el piso, herida
mortalmente pero negndose a detener su intil vapuleo. Otra se sumergi en busca de
la cabeza de Entreri mientras l saltaba por el piso. Se agach bien bajo, luego ms
abajo, y despus se arroj hacia adelante rodando, rpidamente acercndose a otra de las
criatura que se aposentaba sobre el suelo frente a l.
Se puso de pie velozmente, lanzndose espada adelante.
La mano de piedra de la grgola barri a lo largo, parando la arremetida, y Entreri baj
su hombro y lo empuj con fuerza. La poderosa criatura apenas se movi, y Entreri
gru cuando sinti el embate del dao por la colisin l mismo.
La daga del asesino sali volando hacia las entraas de la grgola. Entreri gru y salt
hacia atrs, llevando su mano arriba mientras abra ms profundamente el corte.
Comenz a golpear con la Garra de Charon de nuevo pero a ltimo momento salt a un
costado.
Una grgola que bajaba en picada pas por su lado, estrellndose de cabeza contra su
compaera herida. Entreri acuchill a la criatura voladora desde atrs, recorriendo
fuertemente la espalda de la grgola con la Garra de Charon. La criatura chill y su
destripada compaera gru y se retir tambaleante. Entreri no pudo perseguir a las
enredadas criaturas, sin embargo, ya que otra grgola se le vino encima velozmente,
forzndolo a retroceder.
Rod a un costado, yendo a parar justo bajo una mesa y se dio duro contra la base de
una caja rectangular puesta contra el muro. Se puso de pie con la mesa encima de l, la
levant y la arroj lejos.
La caja se abri detrs de l
El asesino sacudi la cabeza y mir atrs para ver a una carnosa criatura humanoide
espindolo desde adentro de la caja. Era ms grande que l, ms alto de lo que poda ser
cualquier hombre.
Supo que era otro golem, pero uno de carne suturada ms que de acero esculpido.

La criatura avanz y el asesino se alej trastabillando, voltendose slo lo justo para


cortar con la Garra de Charon los antebrazos del golem. El golem sali en su
persecucin, y detrs de este, Entreri vio el fondo de la caja, el falso fondo, abrirse para
revelar a un segundo golem de carne.
Encantador, dijo el asesino, agachndose de nueva para esquivar otra grgola que
bajaba en picada.
Mir arriba y vio que se formaban ms grgolas, creciendo a lo largo del alto techo .La
torre estaba cobrando vida y estaba incubando un ejrcito para defenderse.
Entreri corri a toda velocidad a lo largo de vestbulo pero se detuvo en seco al tiempo
que vislumbr otra forma que vena hacia l. Recul unos pasos y prepar su espada,
luego reconoci a su oponente ms nuevo.
Jarlaxle toc la punta de su sombrero, pero sin detener su rpido descenso, y toc el
suelo delicadamente
Entreri gir y rastrill nuevamente su espada sobre los brazos estirados del golem de
carne que lo persegua.
Me alegro que por fin hayas podido llegar hasta aqu, farfull el asesino.
Pero me temo que no vine solo, le advirti Jarlaxle, haciendo que sus palabras
voltearan al asesino hacia l.
La mirada del elfo oscuro lo llev a Entreri arriba, al alto balcn donde el lich corra
hacia las descendentes escaleras.
El lich se detuvo en la cima de los escalones y empez a menear sus huesudos dedos en
el aire.
Detn a la bestia! grit Entreri.
Lanz una rutina ms vigorosa contra el golem, tajeando con la Garra de Charon y
usando su magia para traer una nube de cenizas negras. Con esa barrera ptica colgando
en el aire, Entreri se apresur a pasar al primer golem y acuchill al segundo
ferozmente.
Debemos salir, lo llam Jarlaxle, mientras Entreri se agachaba para esquivar una
grgola que caa a pique.
La puerta est cerrada! le grit Entreri.
Ven y apresrate! replic el elfo oscuro.
Entreri se dio vuelta mientras iba y vio una serie de rayos verdes salir de los dedos del
lich, retorcindose y arrojndose hacia abajo. Cinco golpearon a Jarlaxle- o lo habran
hecho excepto que fueron recogidos por la magia de su broche- mientras que los otros
cinco surcaron el aire para darle certeramente a Entreri.

El asesino arroj al aire la Garra de Charon en el aire y extendi su mano enguantada,


absorbiendo los misiles unos tras otro. Atrap el arma y mir atrs para ver que los
delgados dedos de Jarlaxle los estaban llamando. Arriba, el lich bajaba a toda prisa las
escaleras.
Entreri se agazap a ltimo momento, apenas evadiendo un pesado golpetazo de uno de
los golems que le hubiera podido arrancar la cabeza de los hombros. Gru y corri
hacia el drow, enfundando la espada mientras avanzaba.
Jarlaxle sonri maliciosamente, toc la punta de su sombrero, dobl las rodillas y brinc
hacia arriba. Entreri tambin salt, agarrndose del cinturn de Jarlaxle mientras la
levitacin del drow los elevaba rpidamente, arrastrando a Entreri.
Debajo, los golems se estiraron y balancearon sus brazos intilmente en el aire vaco.
Desde el costado lleg el ataque de una grgola, la criatura dando zarpazos con fuerza a
las piernas de Entreri. El asesino hbilmente se repleg, justo por encima de las garras y
le pateo duramente la cara a la grgola.
Sin embargo le hizo poco dao, y la grgola regres velozmente y con fuerza- o empez
a hacerlo, pero luego se dirigi arriba batiendo las alas furiosamente mientras Entreri
extenda su guantelete y le enviaba los misiles que el lich le haba arrojado a l. Los
dardos mgicos crepitaron contra la negra piel de la grgola, haciendo que la criatura se
sacudiera de un lado a otro. Sin embargo, se coloc detrs de la pareja suspendida y
desde arriba llegaron los chillidos de ms grgola, ya crecidas y listas para lanzarse en
picada desde las alturas.
Pero los compaeros ya haban alcanzado la balaustrada para ese entonces, y Jarlaxle se
agarr de ella y se propuls por encima, con Entreri rpidamente tras l.
Retrocede de espaldas! grit el drow. Hay una manera!
Entreri lo mir fijamente por un momento, pero con las grgolas vinindoseles desde
arriba y ms all de la balaustrada y el lich retrocediendo y corriendo de espaldas por las
escaleras hacia ellos, la orden de Jarlaxle pareca bastante obvia.
Saltaron hacia atrs por el inclinado pasillo, con la grgola pisndoles los talones,
obligando a Entreri a detenerse prcticamente a cada paso para espantar a las criaturas.
Rpido! llam Jarlaxle.
Entreri le lanz una mirada al drow y vio que tena una varita en la mano, y solo pudo
imaginarse la catstrofe que pudiera estar contenida en ese delgado objeto. El asesino
sali volando.
Jarlaxle apunt la varita detrs de Entreri y pronunci las palabras desatadoras.
Apareci un muro de piedra en el pasillo, bloquendolo de pared a pared hasta el techo.
Detrs, escucharon el golpe seco cuando una grgola colision contra ste y luego ms

ruidos de rasguos mientras las frustradas criaturas hundan sus garras en la


inquebrantable roca.
Sigue corriendo, le dijo Jarlaxle a su compaero. Los golems pueden demolerla con
el tiempo, y no va a demorar al lich para nada.
Que alegre, dijo Entreri.
Lo adelant en la carrera a Jarlaxle y no esper a que el drow lo alcanzara. Aunque s
mir hacia atrs al tiempo que el muro de piedra desapareca de vista al doblar por el
pasillo, y vio que la advertencia de Jarlaxle era cierta ya que el lich apareci pasando a
travs de la barrera de piedra.
La puerta de la habitacin ms alta de la torre estaba cerrada pero no asegurada y
Entreri la empuj con el hombro. Se detuvo abruptamente, mirando fijamente al
parcialmente destrozado libro y al brillo que emanaba desde su rea central. Sinti un
empujn en la espalda.
Ve a l, rpido! le pidi Jarlaxle.
Entreri corri hacia el libro y lo rode al igual que al pedestal de tentculos. All vio
claramente la brillante calavera, pulsando con luz y poder.
Un temblor estruendoso se estrell contra la puerta, la cual Jarlaxle haba cerrado, y
qued abierta, con ribetes de humo elevndose desde un punto calcinado en el centro.
Ms all de sta y abajo por el pasillo vena el lich, deslizndose mgicamente, los ojos
brillando, los dientes apretados en una eterna mueca no muerta.
No hay escape, llegaron las palabras de la criatura, llevadas por un aliento fro que
barri la habitacin.
Agarra la calavera, le indic Jarlaxle.
Entreri estir su mano izquierda y sinti un sbito pinchazo doloroso.
Con el guantelete! le implor Jarlaxle.
Qu?
El guantelete! grit el drow, y se bambole y sacudi para adelante y atrs mientras
una serie de misiles con un resplandor verde lo golpeaban. Su broche absorbi los
primeros y luego brill y despidi humo al tiempo que los misiles restantes lo hacan
tambalear. Dos rpidos pasos sacaron al drow de la mira del lich, y Jarlaxle se tir de
cabeza y rod a un costado de la habitacin.
Eso dej a Entreri mirando a travs de la puerta abierta al lich, consciente de que se
haba convertido en el blanco principal de la horrible criatura.
Pero Entreri no se hizo un costado. Saba que no tena a donde correr y as desech el
pensamiento que tena fuera del alcance. Mirando fijamente al enemigo que se

aproximaba, con su rostro lleno de determinacin sin el ms mnimo asomo de temor, el


asesino levant su mano enguantada y la dej caer sobre la resplandeciente calavera.
El lich se paraliz tan abrupta y completamente como si se hubiera dado contra una
pared slida. Entreri no lo vio, sin embargo porque en el momento en que su guante
come-magia cay sobre la palpitante calavera, rayos de poder formaron un arco hacia el
asesino. Los msculos de su brazo derecho se anudaron y retorcieron. Sus dientes se
apretaron fuertemente sobre la punta de su lengua, y comenzaron a mascar
incontrolablemente, escupiendo sangre con cada apertura, su cuerpo se tensaba y
sacuda con cada espasmo poderoso mientras rayos rojos y azules de energa crepitaban
y echaban chispas a travs del guantelete.
Agrralo rpido! le implor Jarlaxle.
El drow rod de vuelta ante la vista del lich, quien permaneca rasgando y clavndole
las garras al aire. Parches de oscuridad parecan sujetar a la criatura no muerta y
comerla, compactndolo, disminuyndolo.
No puedes vencer el poder de Zhengyi! gru el lich, las palabras perplejas y
desiguales.
La risa de Jarlaxle fue interrumpida de golpe mientras miraba de vuelta la forma
sacudida y convulsionada de Entreri, quien se estremeca al borde del desastre, como si
estuviera pronto a ser arrojado por la habitacin y a travs de los muros de la torre. Sus
ojos se hincharon extraamente, como si fueran a saltrseles de las cuencas. An
escupa sangre de su boca y le goteaba de sus odos tambin, sus brazos se retorcan, los
hombros desencajados, los msculos tensndose tanto que parecan como si
simplemente fueran a desgarrarse.
Los gruidos se le escaparon de la boca del asesino. Hizo una mueca, tenso y luch con
todas sus fuerzas y todo su poder de voluntad. Entre la resonancia de sus gruidos lleg
la palabra No, repetida frecuentemente.
Era un desafo. Era un combate.
Entreri lo acept.
Resisti.
Afuera en el pasillo, el lich gimi y ara el aire vaco, y con cada momento que
pasaba, pareca disminuir un poquito ms.
La torre comenz a tambalearse. Aparecieron rajaduras en las paredes y los pisos.
Jarlaxle corri hacia su compaero pero se cuid de no tocarlo.
Resiste, le implor el drow.
Entreri rugi de rabia y se sujet ms fuerte an. El humo comenz a levantarse del
guantelete.

La torre se tambale una vez ms. Un trozo enorme cay de una de las paredes, y los
rayos del sol se asomaron.
Afuera en el pasillo, el lich grit.
Ah, s amigo mo, resiste, susurr Jarlaxle.
La calavera se sali del libro, y fue agarrada rpidamente por el ardiente guante. Entreri
se las arregl para dar vuelta la mano y mirarla tan solo por un momento.
Luego la torre se desplom bajo l.
Entreri sinti una mano en su hombro. Mir a un costado.
Jarlaxle sonrea y se tocaba la punta del sombrero.

LEGADO DE INTRIGA

Para cuando haba dejado la derrumbada torre, Jarlaxle ya haba asegurado la gema
mgica en forma de calavera en un lugar indetectable: un bolsillo extra-dimensional en
uno de los botones de su chaleco diseado para protegerlo de emanaciones mgicas.
Aun as, el drow no confiaba que el objeto permanecera indetectable, ya que en verdad
lata con energa arcana.
A pesar de ello, lo llev consigo- ya que dejar su familiar chaleco habra levantado
sospechas-cuando fue al palacio-torre de Ilnezhara apenas colaps la construccin de
Zhengyi.

Encontr a su patrona descansando en una de sus muchas cmodas sillas , con sus pies
arriba de un banquillo y mostrando sus bien formadas piernas a travs de un tajo alto
en su vestido de seda blanco que haca que el material flotara hasta el suelo como una
fantasmal extensin de su cremosa piel blanca de mujer.
Ella movi su largo y grueso cabello rubio al tiempo que Jarlaxle haca su entrada,
para que as enmarcara su hermoso rostro. Se asent cubrindole uno de sus azules
ojos, aadindole un toque de misterio a su aura.
Jarlaxle comprendi que todo era una artimaa, por supuesto, una ilusin de magnfica
belleza. Ya que la verdadera forma de Ilnezhara estaba cubierta por escamas de color
cobre y portaba grandes cuernos y una boca llena de varias hileras de colmillos cada
uno tan largo como el brazo del drow. Aunque, ilusin o no, Jarlaxle ciertamente
apreci la belleza que se reclinaba frente a l.
Era una construccin de Zhengyi declar, no pregunt el dragn convertido en mujer
En verdad, eso pareca ser respondi el drow, sacndose su sombrero de ala ancha
para descubrir su calva cabeza mientras haca una profunda reverencia.
Lo era declar Ilnezhara con toda certeza. Hemos rastreado su creacin mientras
estabas lejos.
Lejos? Querrs decir dentro de la torre. Me fui debido a tu insistencia, recurdalo
por favor.
No era una acusacin, y tampoco nos apresuramos a enviarte a ti y a tu amigo a
investigar. Mi hermana encontr ms informacin casi por accidente y bastante
inesperadamente. An as, no sabemos cmo fue facilitada esta construccin, pero
ahora lo sabemos, por supuesto, que en verdad fue facilitada, y sabemos por quin.
Fue un libro, un enorme y antiguo tomo, replic Jarlaxle.
Ilnezhara se inclin hacia adelante en su silla pero contuvo. No poda negar el brillo de
inters en sus azules ojos, por lo que el drow dej que el anzuelo colgara en el aire. Se
mantuvo calmado e inmvil, dejando que pasara el momento de silencio y forzando el
inters de Ilnezhara.
Mustralo entonces.
No puedo, admiti l. La torre fue construida por la magia del libro y controlada
por el poder de un lich. Para derrotar a ste ltimo, Artemis y yo tuvimos que destruir
al primero. No haba otra manera.
Ilnezhara hizo una mueca de dolor. Eso es desafortunado, dijo ella. Un libro
redactado por Zhengyi sera de lo ms interesante... y beneficioso.
La torre tena que ser destruida. No haba otra manera.

Si hubieras matado al lich, el efecto habra sido el mismo. La torre habra muerto, si
no cado, pero no se habran levantado ms defensas en tu contra. Quizs mi hermana y
yo podramos haberte dado la torre a ti y a Entreri como una expresin de nuestra
gratitud.
A pesar de la vaca promesa, haba ms que una pizca de frustracin en la voz de la
dragona, not Jarlaxle.
Una tarea fcil?replic, dejando que su voz derramara sarcasmo.
Ilnezhara carraspe, y movi su mano descartando el comentario y dijo, Era un mago
menor de Heliogabalus, un tonto llamado Herminicle Duperdas. Puede un hombre con
semejante nombre asustar al gran Jarlaxle? Quizs mi hermana y yo te sobrestimamos
a ti y a tu amigo.
Jarlaxle hizo otra reverencia. Un mago menor en vida, tal vez, pero un lich es un lich
despus de todo.
De nuevo, la dragona carraspe y puso sus azules ojos en blanco. Era un mediocre
usuario de magia cuanto ms- muchos de sus compaeros estudiantes los consideraban
un novato. Incluso en su estado no muerto no puede haber demostrado ser demasiado
formidable para el gusto de ustedes dos.
La torre misma lo estaba ayudando a defenderse.
No los enviamos a ustedes dos a destruir el lugar, sino para explorarla y saquearla,
le rega Ilnezhara. Nosotras bien podramos haberla destruido por nuestra cuenta.
Ruego que lo hagan, la prxima vez.
La dragona entrecerr sus ojos, recordndole a Jarlaxle que sera ms sabio tener ms
cuidado.
Si no nos beneficiamos con tus servicios, Jarlaxle, entonces no te necesitamos, le
advirti Ilnezhara. En verdad es ese el curso que deseas?
Una tercera reverencia tuvo lugar, No, milady. No, claro que no.
Herminicle encontr el libro y lo subestim, explic Ilnezhara, aparentando haber
puesto a un lado el desacuerdo. l lo ley, como lo hara usualmente todo necio y
curioso hechicero, y lo consumi, tomando su magia y fuerza vital como propia. El
libro lo at a la torre al igual que la torre se at a l. Cuando destruiste los lazos- el
libro- robaste la fuerza compartida de ambos, enviando a la torre y al lich a la ruina.
Qu otra cosa podramos haber hecho?
Si hubieras matado al lich, quizs la torre se hubiera derrumbado, le lleg otra voz
femenina, una un poco ms profunda, menos femenina y menos melodiosa que la de
Ilnezhara. Jarlaxle no estaba realmente sorprendido de ver a Tazmikella salir
caminando de detrs de una cortina en el fondo del enorme y desordenado saln. Pero

aunque no lo quisieras, habras destruido la fuerza que inicialmente le haba dado vida
y material. En cualquier caso, el dao habra pasado, pero el libro habra
permanecido. No te lo ha dicho ya Ilnezhara?
Por favor, aprende esta leccin y recurdala bien, le instruy Ilnezhara, y
molestamente aadi, para la prxima vez.
Prxima vez? Jarlaxle no tuvo que fingir inters.
La aparicin de este libro nos confirma lo que ya sospechbamos, explic
Tazmikella. En algn lugar en los yermos de Vaasa, ha sido descubierto un tesoro del
Rey Brujo. Los artefactos de Zhengyi estn apareciendo por toda la regin.
Ha pasado antes despus de los aos de su cada, sigui Ilnezhara. Cada tanto, uno
de los calabozos personales del Rey Brujo es encontrado, una de sus celdas es abierta,
o una tribu de monstruos es derrotada, tan solo para que los victoriosos se encuentren
en medio de las armas, varitas y otros artefactos de las bestias y de las cuales las
estpidas criaturas no tenan conocimiento.
Sospechbamos que una de las bibliotecas de Zhengyi, quizs su nica biblioteca,
haya sido saqueada recientemente aadi Tazmikella. Un par de libros sobre el arte
de la necromancia- tomos verdaderos y no los tpicos desvaros de hechiceros
completamente necios y que se creen importantes- fueron comprados en los Bajos
Halfling no hace un mes.
Por ustedes, presumo, dijo Jarlaxle.
Por nuestros agentes, por supuesto, confirm Ilnezhara. Agentes que han sido ms
beneficiosos que Entreri y Jarlaxle hasta el momento.
Jarlaxle ri ante el desaire e hizo una reverencia una vez ms. Hubiramos sabido que
la destruccin del lich habra preservado el libro, entonces habramos peleado contra
la bestia mucho ms ferozmente, se los aseguro. Perdonen nuestra inexperiencia. No
hemos estado por mucho tiempo en esta tierra y las historias sobre el Rey Brujo son
nuevas para nosotros todava.
Sospecho que la inexperiencia, es uno de los defectos de Jarlaxle, dijo Tazmikella, y
su tono le revel al drow las sospechas de ella de que quizs l les estaba ocultando
algo de su reciente aventura en la torre.
Pero no teman, soy un rpido estudioso, replic. Y me temo que yo- nosotros- no
podemos repetir nuestros errores con esta torre si apareciera otra. Sostuvo en alto un
guantelete, negro con puntadas rojas, y lo dio vuelta para mostrar un agujero en la
palma. El precio de un artefacto al derrotar la magia del libro.
El guantelete que acompaaba la magnfica espada de Entreri? pregunt
Tazmikella.
Ay, aunque la espada no lo intimida con o sin l. De hecho, desde su encuentro con la
sombra, creo firmemente que la espada se ha encaprichado con l. Aun as, nuestra

excursin ha probado ser bastante costosa, ya que el guantelete tena muchas otras
utilidades valiosas.
y qu quieres que hagamos al respecto? pregunt Ilnezhara.
Recompensarlo? se atrevi a preguntar el drow. Estamos debilitados sin el
guantelete, no lo duden. Nuestras defensas contra los usuarios de la magia han sido
enormemente vaciadas. Ciertamente que no puede ser beneficioso dadas nuestros
deberes para con ustedes.
Las hermanas se miraron una a la otra e intercambiaron sonrisas de complicidad.
Si este tomo ha salido a la superficie, podemos esperar otros artefactos
Zhengyinianos, dijo Tazmikella.
Que el tomo haya llegado tan al sur nos indica que alguien en Vaasa ha descubierto
un tesoro con los artefactos de Zhengyi. aadi Ilnezhara. A tales objetos poderosos
no les gusta permanecer dormidos. Encuentran un camino para resurgir, una y otra
vez, para la ruina del mundo.
Interesante... comenz el drow, pero Tazmikella lo cort en seco.
Mucho ms de lo que comprendes, insisti ella. Rene a tu amigo, Jarlaxle, por que
el camino los espera- uno que todos podemos encontrar bastante lucrativo.
No era un pedido sino una orden, y ya que las hermanas era, despus de todo,
dragonas, no era una orden que el drow pretendiera ignorar.
Not algo ms en el timbre de voz de las hermanas, sin embargo, que lo intrig al
menos tanto como el remanente en forma de calavera de la construccin Zhengyiana.
Estaban aparentando entusiasmo, como su una gran aventura y ganancia potencial los
esperaran a todos ellos, pero detrs de eso, Jarlaxle claramente escuchaba algo ms.
Las dos enormes dragonas estaban asustadas.

En las remotas y fras tierras del norte de Vaasa, una segunda calavera, brillaba
hambrienta. Senta la cada de su pequea hermana en Damara profundamente, pero
no con el pavor de alguien que ha perdido a un miembro de la familia.
No, los acontecimientos lejanos eran el simple orden de las cosas. La otra calavera, era
menor y dbil.
De lo que se haba llegado a enterar la lejana remanente de la devocin del Rey Brujo
sobre todo lo dems era de que los poderes podan despertarse- que los poderes se
despertaran. Demasiado tiempo haba pasado en la memoria de los necios humanos y
de aquellos otros que haban derrotado a Zhengyi.

Ya estaban dispuestos a importunar su sabidura y fuerza contra los artefactos de un


ser mucho ms grandioso que ellos, un ser ms all de su entendimiento. Su arrogancia
los llevaba a creer que podan alcanzar ese poder.
No entendan que el poder del Rey Brujo haba venido de adentro, no de fuera, y que
sus remanentes, la esencia de la magia dispersada, las partes que fluyeron de
Zhengyi, en las canciones de los tontos e ingenuos bardos, a travs del acto de la
creacin, los abrumaran y tomaran de ellos incluso cuando ellos trataran de sacar
provecho de los esparcimientos de Zhengyi.
Esa era la verdadera promesa del Rey Brujo, la que haba enviado a las dragonas
volando a su lado.
La diminuta calavera solo encontr alivio. El libro que la contena fue encontrado, las
mentes se preguntaban sobre ella, pero los recuerdos eran breves. La pieza de esencia
esparcida conocera la creacin, el poder, la vida en la muerte.
Algn necio mortal se encargara de ello.
La dragona gru sin sonido.

CAPTULO 1

LA COMPAA

Parissus, la mujer Impilturiana hizo una mueca mientras el enano de barba roja le
pasaba un vendaje ajustado alrededor de su antebrazo herido.
Ms vale que ests aqu para decirme que has decidido entregar el resto de nuestro
tesoro, le dijo al soldado sentado en frente al otro lado del pequeo cuarto en donde el
clrigo haba establecido su capilla. Su apariencia, con anchos hombros y cabello rubio
muy corto y despeinado, le aada amenaza a sus palabras, y cualquiera que hubiera
visto alguna vez a Parissus blandir su ancha espada hubiera dicho que la sensacin de
amenaza estaba en lo cierto.
El hombre, apuesto de manera tosca, con grueso cabello negro y barba, y con una piel
bronceada por estar muchas horas afuera al sol, pareca bastante divertido por todo.
No te sonras, Davis Eng, dijo la compaera de la mujer, una semi elfa, mucho ms
menuda que Parissus. Ella estrech su mirada y luego abri sus ojos ferozmente- y de
hecho, aquellos ojos haban provocado miedo en muchos enemigos. Celestes, casi
grises, los ojos de Calihye haban sido la ltima imagen que muchos oponentes haban
visto. Aquellos ojos! Tan intensos que haca que muchos ignoraran la ardiente cicatriz
sobre la mejilla derecha de la mujer, donde el garfio de un pirata la haba atrapado y casi
desgarrado el rostro, dejndole una spera lnea desde su mejilla hasta el borde de sus
finos labios y hacia la mitad de su mentn.
Sus ojos parecan aun ms sorprendentes por el contraste entre ellos y su largo cabello
negro, y sus rasgos angulosos lficos del rostro que, de no haber sido por la cicatriz no
podran haber sido considerados sino hermosos.
Davis Eng se ri por lo bajo. Qu piensas, Practus? le pregunt al clrigo enano.
Esa pequea herida de ella parece lo suficientemente fea como para haber sido hecha
por un gigante?
Es la oreja de un gigante! le gru Parissus.
Pequea para ser de un gigante, le replic Davis Eng, y rebusc entre la bolsita de su
cinto y sac la oreja arrancada, sostenindola en lo alto ante sus ojos.
Pequea para ser de un ogro, dira, pero podras persuadirme con una moneda a cambio
del tesoro de un ogro.
O podra sacrtelo cortando tu pellejo, le dijo Calihye.
Con tus uas, espero, le respondi el soldado, y el enano se ri.
Parissus lo palme en la cabeza, lo que por supuesto hizo que se riera ms fuerte
todava.
Todas las semanas es el mismo juego remarc Practus, y a pesar de lo desabrida
Calihye no pudo evitar rer por lo bajo ante eso.

Ya que de hecho, cada semana cuando llegaba el momento de repartir los botines, Davis
Eng, ella y Parissus jugaban su pequeo juego, discutiendo sobre el nmero de orejasde goblins, orcos, bugbears, hobgoblins, y gigantes- que la exitosa dupla haba
despachado a las Puertas de Vaasa.
Solo un juego ya que esa est pensada para embolsar un poco las monedas de Ellery
dijo Calihye.
Comandante Ellery corrigi Davis Eng, y su voz tom un tono serio.
Esa, o no sabe contar, dijo Parissus, mientras grua de nuevo cuando Practus tir del
vendaje en su lugar. O no sabe la diferencia entre un ogro y un gigante. S, eso debe
ser, supongo, ya que no ha puesto un pie fuera de Damara en aos.
Tuve mis peleas arguy el hombre.
En la Guerra del Rey Brujo? le respondi abruptamente. Eras un nio.
Vaasa no est ni cerca de ser tan indmita como lo era despus de la cada del Rey
Brujo, dijo Davis Eng.
Cuando primero me un al Ejrcito de Bloodstone, monstruos de todo tipo merodeaban
por estas colinas. Si al Rey Gareth le hubiera parecido apropiado pagar un botn en
aquellos primeros meses, a su tesoro se le habran acabado las monedas, no lo duden.
Mataste algn gigante? le pregunt Calihye, y el hombre la mir.
Ests seguro que no eran ogros? O goblins, siquiera?
Eso hizo rer nuevamente a Practus.
Bah, ese siempre es el problema en medir las cosas agreg Parissus. Eso es lo que
estn diciendo en la Taberna Cabeza de Hierro y en Botas Embarradas y en Espadas
Sangrientas. Pero l no tiene consistencia, porque si est midiendo ahora como lo haca
entonces, de seguro que constatara que le hemos dado la oreja de un titn!
Pratcus resollaba y se sacuda de la risa, y Parissus termin con un chillido cuando
inadvertidamente l le retorci el vendaje.
Calihye tambin se estaba riendo, y despus de un momento, incluso Davis Eng se les
uni. Nunca haba podido resistirse ante esas dos, cuando haba sido y hecho.
Dir que es un gigante, entonces, se rindi. Un beb gigante.
Nunca vi nada referido a la edad en la tabla de botines, dijo Calihye mientras Davis
Eng comenzaba a contar las monedas.
Una matanza es una matanza, concord Davis Eng.

Te has estado interesante de manera particular en nuestras ganancias estas ltimas


semanas, dijo Calihye. Hay alguna razn?
Practus comenz a rerse, contndole en secreto a la mujer. Parissus lo alej con una
mano y lo mir hoscamente. Qu sabes?
Pratcus mir a Davis Eng, quien estaba rindose igualmente y asinti.
Vuestro amigo ha estado con Athrogate, explic el sacerdote enano y mir a Calihye.
Estar de regreso en unas semanas, y no le agradar que todo el tiempo que haya
pasado fuera sea invertido en contar el botn ganado por Calihye.
La mirada que entrecruzaron entre Parissus y Calihye fue ms una de preocupacin que
de orgullo. Era ese honor realmente deseado, considerando la disposicin de Athrogate
y sus conocidas conexiones con la Ciudadela de los Asesinos?
Y t , Parissus, te ests acercando rpidamente al enano, agreg Davis Eng.
Davis Eng le arroj una pequea bolsa de plata a Calihye y dijo, l estar fumando y
carraspeando y corriendo furioso cuando regrese. Har estpidas rimas sobre ustedes
dos. Luego, saldr y masacrar a la mitad de los monstruos en Vaasa, solo para ponerlas
a ustedes dos en su lugar. Probablemente contrate carretas para transportar las orejas de
vuelta.
Ninguna de las mujeres sonri siquiera.
Ah, pero estas dos pueden pasarle por encima a Athrogate, dijo Pratcus.
Davis Eng se ri y tambin lo hizo Calihye y un momento despus Parissus. Podra
alguien caminar sobre Athrogate?
l tiene un fuego interno que nunca he visto algo parecido antes, admiti Calihye. Y
nunca corre tan rpido como cuando hay cientos de enemigos parados delante de su
camino.
Pero nosotras estamos all, justo a su lado, y pretendo pasarlo tambin, dijo Parissus,
permitindose desplegar su [Link] nuestros compaeros cazadores vean el
tablero afuera de la Cabeza de Hierro, van a verlos nombres de Parissus y Calihye
escritos all en la punta!
Calihye y Parissus, corrigi la semi elfa.
Davis Eng y Pratcus estallaron en carcajadas.
Solo porque estamos siendo generosos con esta ltima matanza, dijo Davis Eng.
Era un gigante! dijeron ambas mujeres al unsono.
Despus de eso, replic el soldado. Estaban muertas antes de llegar al muro, si el
Comandante Ellery no se hubiera apresurado. Eso solo debera negarles el botn.

Eso lo dices t solo, chistoso pendenciero!le rugi Calihye en desafo.


Derrotamos a los goblins limpiamente. Tu mismo compaero quera un poco de pelea
para s mismo. A l es a quien Ellery necesit salvar.
Comandante Ellery, lleg el aviso desde la puerta, y las cuatro cabezas se volvieron
para ver a la importante mujer en persona, entrar al cuarto.
Pratcus trat de parecer sobrio y decoroso, pero las risitas se le seguan escapando de la
boca mientras se esforzaba por ajustar el vendaje de Parissus.
Comandante Ellery dijo con deferencia Calihye, y le ofreci una ligera reverencia de
disculpas. Un ttulo bien ganado, aunque todos los ttulos no me salen fcilmente de los
labios. Ruego me disculpe, Comandante Ellery, Dama Azotadragones.
Dada la ocasin, tu indiscrecin no preocupa, dijo Ellery, tratando de no sonrojarse
ante el halago de usar su apellido, Azotadragones, un apellido de gran renombre a lo
largo de las Tierras de Bloodstone. Tcnicamente, el apellido de Ellery era Peidopare,
aunque Azotadragones enseguida precedi ese nombre, y el uso de la semi elfa del
apellido ms prominente de la familia era uno de los mayores cumplidos que se le poda
hacer a Ellery.
Ella era alta y delgada, pero no haba ninguna fragilidad en su contextura, ya que haba
visto muchas batallas y haba blandido su pesada hacha desde la niez. Sus ojos eran
grandes y de un azul brillante, su piel bronceada, pero an as delicada, y con muchas
pecas alrededor de la nariz. No le hacan mella a su belleza, sino ms bien la exaltaban,
aadindole un toque infantil a un rostro lleno de intensidad y poder.
Quera agregar esto al botn. Sac una pequea bolsa del cinto y se lo arroj a
Calihye. Una recompensa extra del Ejrcito de Bloodstone por vuestro heroico
trabajo.
Estbamos discutiendo si Athrogate estara satisfecho cuando regresara, explic Davis
Eng, y eso aadi una sonrisa burlona al rostro de Ellery.
Espero que no tome la degradacin de rango como segundo puesto al igual que
Mariabronne acept el ascenso de Athrogate.
Con todo respeto a Athrogate, remarc Parissus, Mariabronne el Explorador posee
ms habilidades Vaasanas que nosotros tres juntos.
Un punto difcil de discutir, aunque el guardabosques no acepta ningn botn ni
ovaciones pblicas, dijo Davis Eng, y por la forma en que habl fue evidente que
estaba haciendo una distincin entre Mariabronne el Explorador, un nombre legendario
en toda Damara, y las dos mujeres.
Mariabronne obtuvo tanto su nombre como su reputacin en los primeros aos que
siguieron a la muerte de Zhengyi, aadi Ellery. Una vez el Rey Gareth lo tuvo en
cuenta y lo nombr caballero, no tena sentido para Mariabronne que continuara

compitiendo por los botines de Vaasa. Quizs nuestras dos amigas aqu, y Athrogate
encuentren honores similares pronto.
Athrogate convertido en caballero por el Rey Gareth? dijo Davis Eng, y Practus, se
bamboleaba con esfuerzo tratando de contener su risa ante la absurda imagen que esas
palabras conjuraban que casi se cae de cabeza.
Bueno, tal vez no se, concedi Ellery, para sorpresa de todos.

Algo no se senta bien, no ola bien.


Su rostro mostraba el trabajo duro, las batallas de ms de veinte aos. Aunque todava
era apuesto, con sus rizos castaos sueltos y su desaliada barba. Sus brillantes ojos
marrones brillaban con el realce de la juventud ms apropiados para un hombre la mitad
de su edad, y esa sonrisa burlona de l era tanto autoritaria como picaresca, una sonrisa
que poda derretir a una mujer y una que el guerrero nmada haba sabido utilizar bien.
Haba ascendido a travs de los rangos del Ejrcito de Bloodstone en aquellos aos
durante la guerra con el Rey Brujo, y haba seguido ms all incluso de aquellas
distinciones sobre su liberacin del servicio oficial al Rey Gareth despus de la cada de
Zhengyi.
Era llamado Mariabronne el Explorador, un nombre que casi todo hombre, mujer y nio
en Damara conoca bien, y uno que provocaba un golpe de miedo y odio en los
monstruos de Vaasa. Ya que la finalizacin de su servicio en el Ejrcito de Bloodstone
haba sido solo el principio del servicio de Mariabronne al Rey Gareth y a la gente de
los dos estados respectivamente conocidos como las Tierras de Bloodstone.
Atravesando los estrechos norteos del Paso de Bloodstone, el cual conectaba Vaasa y
Damara a travs de las imponentes Montaas Galena, Mariabronne haba servido como
incansable guardaespaldas de los trabajadores que haban construido la enorme Puerta
de Vaasa. Ms que nadie, incluso ms que los hombres y mujeres que rodeaban al Rey
Gareth mismo, Mariabronne el Explorador haba trabajado para domar la salvaje Vaasa.
El progreso fue lento, tan lento, y Mariabronne dudaba si vera Vaasa realmente
civilizada en su vida. Pero terminar el viaje no era el objetivo. No poda resolver todos
los problemas del mundo, pero poda ayudar a sus compaeros a recorrer el camino que
eventualmente llevara a ello.
Pero algo ola mal. Una sensacin en el aire, un sexto sentido, le deca al
guardabosques, que grandes pruebas pronto podran estar por delante.
Deba haber sido la llamada de Wingham, se dio cuenta, ya que haba el semi-orco
alguna vez solicitado a alguien a su lado antes? Todo lo relacionado con Wingham- el
Raro Wingham, era llamado, y orgullosamente se llamaba a s mismo- levantaba
sospechas, por supuesto, del tipo curioso sino del malicioso. Pero, qu poda ser? Se
preguntaba Mariabronne Qu sensacin traa el viento, oscureciendo el cielo de Vaasa?
Qu presagio de malvolo portento haba notado l inconscientemente por el rabillo del
ojo?

Te ests volviendo viejo y tmido, se reprendi.


Mariabronne hablaba consigo mismo a menudo, ya que Mariabronne estaba solo con
frecuencia. No quera ningn compaero para su cacera o para su vida, a menos que
fuera un arreglo temporario, un cuerpo tibio y suave, en una cama tibia y suave. Sus
responsabilidades estaban ms all de sus deseos personales. Sus visiones y
aspiraciones estaban enraizadas en la esperanza de toda una nacin, no en los antojos de
un solo hombre.
El guardabosque suspir y cubri sus ojos contra el sol naciente mientras miraba al este
a travs del pantanoso llano Vaasa. El verano haba llegado a los yermos, aunque la
brisa todava cargaba una pizca de fro. Muchos de los monstruos ms brutos, los
gigantes y los ogros, haban migrado al norte cazando los rebaos de alces, y sin los
enemigos ms formidables rondando por ah, las razas humanoides ms pequeas-orcos
y goblins mayormente- permanecan fuera de vista, en las profundidades de las cuevas o
arriba entre las rocas.
Mientras consideraba eso, Mariabronne dej que su mirada se demorara hacia la
izquierda, hacia el sur , y hacia la vasta muralla de la fortaleza conocida como la Puerta
Vaasana.
Su enorme rastrillo estaba levantado pero el guardabosque poda ver los puntos oscuros
de los aventureros desplazndose para comenzar la cacera matutina. Ya haba
conversaciones sobre construir ms torreones fortificados al norte de la gran puerta,
debido a que el nmero de monstruos all estaba declinando y los cazadores de
recompensas no poda seguir asegurndose sus monedas de plata y oro.
Todo iba como lo haba planeado y deseado el Rey Gareth. Vaasa sera domesticada,
milla por milla, y las dos naciones se fundiran como una sola entidad de Bloodstone.
Pero algo lo tena a Mariabronne al borde. Un sentimiento le adverta en el fondo de su
mente, que la oscuridad no haba sido erradicada completamente de las tierras salvajes
de Vaasa.
Todo el por la llamada de Wingham, decidi, y regres a la hondonada cubierta y
comenz a recoger sus armas.

La Comandante Ellery paseaba por la cima de la gran muralla que fue la puerta Vaasana
un breve tiempo despus. Conoca escasamente a las dos mujeres, Calihye y Parissus,
quienes habas ascendido hasta el momento tan rpido en el ranking de los cazadores de
botines, y a decir verdad, Ellery no senta aprecio por la pequea, Calihye. El carcter
de la semi elfa era tan rugoso, como su anterior rostro bonito. Ellery lo saba. Aun as,
Calihye poda combatir con los mejores guerreros en la puerta y beber con ellos
tambin, y Ellery tena que admitir, para ella misma al menos, que senta un poco de
regocijo al ver a una mujer obtener el rango ms alto en la cuenta de los botines.
Todos ellos se haban estado riendo de la reaccin de Athrogate, pero Ellery entenda
que no era una broma. Ella conoca bien al enano, aunque pocos entendan que los dos

haban forjado un compaerismo de beneficio mutuo, y ella comprenda que el enano, lo


que sea que pudiera indicar su continua risotada, no se tomaba a bien el ser
sobrepasado.
Pero todos distinguan a Calihye, y pronto a Parissus, pens la sobrina de Gareth
Azotadragones. Sin importar como se sintiera ella al respecto- y en verdad, la grandota
era un poco tosca para el gusto de Ellery, tambin- ella, Athrogate y cualquier otro en la
Puerta Vaasana tenan que admitir sus proezas.
Calihye y Parissus eran buenas peleadoras y mejores cazadoras. Los ataques de los
monstruos haban decado abruptamente alrededor de la Puerta de Vaasa, pero esas dos
siempre se las arreglaban para encontrar goblins u orcos para masacrar. Era raro el da
en que Calihye y Parissus dejaban la fortificacin para regresar sin una bolsa llena de
orejas.
Y s, le caa bien a Ellery que un par de mujeres, entre las pocas en la Puerta de Vaasa,
hubieran logrado tanto. Ellery saba bien por experiencia personal cun difcil era para
una mujer, incluso una enana, escalar posiciones en los rangos patriarcales de la clase
guerrera, ya fuera informalmente como una cazadora de recompensas o formalmente en
el Ejrcito de Bloodstone. Ella se haba ganado el rango de Comandante con una pelea y
una discusin de por vez. Haba batallado por cada promocin y cada tarea difcil. Se
haba ganado su grandiosa hacha de la mano de un ogro que la blanda y se haba
ganado la pluma en su grandioso casco por medio de hazaas y slo hazaas.
Pero siempre estaban esas voces, susurros al borde de su consciencia, gente insistiendo
por lo bajo que la herencia de la mujer, vanagloriarse de ambos nombres el de Tranth y
particularmente el de Azotadragones, serva como explicacin de su ascenso.
Ellery se movi hacia el borde norte de la gran muralla, plant sus manos sobre la
barandilla de piedra y mir las yermas tierras de Vaasa. Sirvi bajo el mando de muchos
hombres en el Ejrcito de Bloodstone que ni siquiera haban visto la mitad de las
batallas que ella haba iniciado y ganado. Sirvi bajo el mando de muchos hombres en
el Ejrcito de Bloodstone que no saban cmo liderar una patrulla, o establecer una
vigilancia apropiada y hacer un permetro alrededor de un acantonamiento nocturno.
Sirvi bajo el mando de muchos hombres en el Ejrcito de Bloodstone cuyas tropas se
quedaban sin suministros regularmente, todo por un mal planeamiento.
A pesar de ello, las voces dudosas todava permanecan, susurrando en su cabeza y
golpeando su corazn.

CAPITULO 2

MIRANDO EN EL ESPEJO

Eres un arma de desproporcin, susurr Artemis Entreri. Sentado al borde de la cama


en el pequeo aposento, mirando fijamente a travs del cuarto a su arma distintiva, la
daga enjoyada. Colgaba en la pared a un centmetro del alto espejo, atascada
rpidamente por un lanzamiento hecho de frustracin apenas unos minutos antes.
Su empuadura haba dejado de oscilar, pero la forma en que la luz de la vela jugaba
sobre el rojo granate cerca de la base del pomo la haca parecer como si el arma an se
estuviera moviendo, o como si estuviera viva.
No te satisface herir, pens Entreri, o ni siquiera matar.
No, eso no es suficiente.
La daga le haba servido bien a Entreri por ms de dos dcadas. Se haba hecho un
nombre en las duras calles de Calimport, desgarrando y escarbando desde sus primeros
das como un mero muchacho contra aparentemente insuperables obstculos. Haba
estado rodeado por asesinos toda su vida y los haba abatido en su propio juego. La daga
enjoyada colgada en la pared haba jugado una gran parte en ello. Entreri la poda usar
para hacer ms que herir o matar; poda usar sus propiedades vampricas para robar la
fuerza vital de una vctima.
Pero ms all de la mesura, pens l. Tienes que tomar todo de tus vctimas- sus vidas,
sus mismas almas. Cmo ser , ese vaco que traes? Entreri buf suavemente y
desvalidamente ante la ltima pregunta obvia. Se removi un poco en la cama ,
colocndose de manera tal que pudiera ver su reflejo en el alto y ornamentado espejo.
Cuando primero se haba despertado, enarbolando la daga en su mano para dejarla
volar, le haba apuntado al espejo, pensando destrozar el vidrioso recordatorio. Slo en
el ltimo segundo haba cambiado la direccin de su objetivo, colocando la daga en la
pared en cambio.

Entreri odiaba el espejo. Era el premio de Jarlaxle, no el suyo. El drow se pasaba


demasiado tiempo parado en frente del espejo, admirndose a s mismo, acomodndose
el sombrero para que la ancha ala del mismo quedara en el ngulo justo con sus cejas.
Todo era una pose para ese, y nadie apreciaba la belleza de Jarlaxle ms que Jarlaxle
mismo. Tirara la capa hacia atrs por encima del hombro y luego simplemente se
volteara, dara vuelta la capa y se pondra en una pose exactamente opuesta a la
anterior. Igualmente movera el parche del ojo derecho al izquierdo, y luego al revs,
coordinndolo con la capa. No se le escapaba el ms mnimo detalle de su apariencia al
astuto ojo de Jarlaxle.
Pero cuando Artemis Entreri miraba en el espejo, se encontraba enfrentado con una
imagen que no le gustaba. No aparentaba ni de cerca sus ms de cuatro dcadas de vida.
En forma y acicalado, con msculos finamente modelados y la agilidad enjuta de un
hombre de la mitad de su edad, pocos que lo miraran a Entreri pensaran que pasaba los
treinta.
Ante la insistencia de Jarlaxle y constante acoso, mantena su negro cabello pulcramente
recortado y partido de izquierda a derecha, y su rostro casi siempre estaba afeitado
excepto por el pequeo bigote que haba dejado crecer.
Usaba ropas de seda, finamente cortadas y ajustadas- Jarlaxle no permitira otra cosa.
Sin embargo, haba una sola cosa respecto de la apariencia de Entreri, que el
meticulosos y quisquilloso drow no poda remediar, y mientras consideraba el tono de
su piel, de una cualidad griscea que lo haca sentir como si estuviera siendo exhibido
en un atad, la mirada de Entreri inevitablemente se desliz de vuelta hacia esa daga
enjoyada.
El arma le haba hecho eso a l, haba tomado la esencia de la vida de un humanoide
extra-dimensional conocido como una sombra y la haba atrado hacia la forma humana
de Entreri.
Nunca es suficiente para ti simplemente matar, no? pregunt Entreri en voz alta, y su
mirada altern entre la sentencia de la daga a su imagen en el espejo y viceversa.
Al contrario, le lleg una suave y lrica voz del costado. Me enorgullezco solo
cuando es necesario, y usualmente encuentro eso ms que suficiente para saciar
cualquier sentimiento que me haya incitado al hecho en primer lugar.
Entreri volte su cabeza para ver entrar a Jarlaxle en el cuarto, con sus altas botas de
cuero entrechocando ruidosamente contra el suelo de madera. Un momento antes, esas
botas no susurraban sonido alguno, lo saba Entreri, ya que Jarlaxle poda silenciarlas o
amplificarlas con un simple pensamiento.
luces desaliado, remarc el drow. Se acerc al tocador de oscura madera y sac una
de las camisas blancas de Entreri, luego se la arroj al asesino sentado.
Me acabo de despertar.
Ah, la tigresa que te traje anoche te agot hasta el cansancio.

O me aburri hasta que me dorm.


Me preocupas.
Si supieras con cuanta frecuencia el pensamiento de matarte entr por mi mente, pens
Entreri, pero se detuvo al tiempo que una sonrisa burlona de conocimiento se
ensanchaba en el rostro de Jarlaxle. Jarlaxle estaba adivinando sus pensamientos, lo
saba, si no leyndolos en detalle con algn medio mgico.
Dnde est la muchacha pelirroja?
Entreri mir alrededor de la pequea habitacin y se encogi de hombros. Sospecho
que se fue.
Incluso con el sueo nublndote los ojos, sigues siendo el perceptivo.
Entreri suspir y mir de reojo su daga, y su reflejo, las dos imgenes juntas
provocndole sentimientos similares. Meti su rostro entre las manos y se restreg sus
legaosos ojos.
Levant su cabeza al sonido de un traqueteo para observar a Jarlaxle usar el pomo de su
daga para clavar un adorno en la jamba encima de la puerta.
Un regalo de Ilnezhara, explic el drow, retrocediendo y poniendo sus manos a un
lado para revelar el amuleto del tamao de su palma: una estatuilla de un dragn
plateado, encabritndose, con las alas y mandbulas desplegadas.
Entreri no estaba sorprendido. Ilnezhara y su hermana Tazmikella se haban convertido
en sus benefactoras, o sus empleadoras, o sus compaeras, o lo que fuera que Ilnezhara
y Tazmikella queran, o eso pareca.
Las hermanas mantenan cada triunfo en la relacin porque, despus de todo, eran
dragonas.
Siempre dragonas ltimamente.
Entreri nunca haba posado sus ojos sobre un dragn hasta que conoci a Jarlaxle.
Desde ese tiempo, haba visto demasiado a las bestias.
Rayo del azul, le susurr Jarlaxle a la estatuilla, y los ojos de la figura llamearon con
una intensa, glida luz azul por un momento y luego palideci.
Qu acabas de hacer?
Jarlaxle se volvi para mirar a Entreri, su sonrisa radiante. Digamos que bastar con
atravesar esa puerta son identificar primero el tipo de dragn.
Azul?
Por ahora, lo molest el drow.

Cmo sabes que no lo cambiar cuando salgas? pregunt Entreri determinado a darle
vuelta a la tortilla al atrevido elfo oscuro.
Jarlaxle le dio unos golpecitos al parche del ojo. Porque puedo ver a travs de las
puertas, explic. Y los ojos siempre lo delataran. Su sonrisa desapareci y mir
alrededor por el cuarto una vez ms. Ests seguro de que la tigresa se ha ido?
pregunt.
O se ha vuelto muy, muy pequea.
Jarlaxle lo mir a Entreri con una expresin agria. Est bajo tu cama?
T eres el que usa el parche en el ojo. Tan solo mira a travs de la cama.
ah, me lastimas otra vez, dijo el drow. Dime, amigo mo, si espiara tu pecho, vera
nada ms que una cavidad en donde debiera estar tu corazn?
Entreri se levant y se puso la camisa. Infrmame si ese es el caso, dijo caminando
hacia la pared para sacar su daga. as podra arrancarle el corazn a Jarlaxle para que
me sirviera de reemplazo.
Demasiado grande para el gusto de Entreri me temo.
Entreri comenz a responder pero se dio cuenta que no estaba de nimo para ello.
Hay una caravana que sale en dos das, le inform Jarlaxle.
Puede que no solo encontremos pasajes al norte sino que adems juntemos algn
empleo remunerado en el proceso. Vers, estn necesitando guardias.
Entreri lo consider a l cuidadosamente y curiosamente, no sabiendo exactamente qu
hacer con la sbita, continua promocin de viajar a las Puertas de Damara, las dos
masivas murallas que bloqueaban cualquier entrada al Paso de Bloodstone a travs de
las Montaas Galena hacia las tierras salvajes de la vecina Vaasa. Esta campaa por una
aventura nortea haba comenzado enseguida despus de que el do haba sido casi
asesinado en su ltima escapada, y esa batalla en la extraa torre todava lo tena
conmocionado a Entreri.
Nuestra bona, mi amigo, dijo el drow, y el rostro de Entreri se torci ms an por la
curiosidad.
Muchos hroes se estn haciendo un nombre en Vaasa, le explic Jarlaxle. Las
oportunidades para la fortuna, la fama, y la reputacin raramente son tan buenas.
Pens que nuestro objetivo era hacernos una reputacin en las calles de Heliogabalus
replic Entreri,entre potenciales empleadores.
Y actuales empleadores, concord Jarlaxle. Y as lo haremos. Pero piensa en cuantos
servicios y ganancias podramos lograr con una reputacin heroica. Nos elevar de la
sospecha, y quizs aislar del castigo si nos atrapan en una accin indiscreta. Unos

cuantos meses en las Puertas de Vaasa elevarn nuestra reputacin ms de lo que unos
cuantos aos haran en Heliogabalus.
Los ojos de Entreri se entrecerraron. Tiene que haber algo ms que esto, pens.
Ellos haban estado en Damara por varios meses, y se haban enterado de las
oportunidades para hroes en las tierras salvajes de Vaasa desde el comienzo- cmo
no haberlo sabido cuando en cada taberna y mitad de las esquinas de la ciudad de
Heliogabalus estaban empapeladas con esos anuncios? Y a pesar de eso, slo
recientemente, solo despus del casi desastre en la torre, Jarlaxle haba tenido la idea de
viajar al norte, algo que Entreri encontraba bastante poco peculiar. El trabajo en Vaasa
era difcil, y los lujos inexistentes, y Entreri saba demasiado bien que Jarlaxle apreciaba
los lujos sobre todo lo dems.
Entonces, qu te ha dicho Ilnezhara sobre Vaasa que te ha intrigado tanto? pregunt
Entreri.
La sonrisa de Jarlaxle vino en la forma de una sonrisa torcida, una que no negaba las
sospechas de Entreri.
Sabes de la guerra? pregunt el drow.
Poco, admiti Entreri. He odo de la gloria del Rey Gareth Azotadragones. Quin
no, en la ciudad que le sirve de relicario para el hombre y sus compaeros hroes?
Ellos en verdad combatieron con Zhengyi, el Rey Brujo, explic el drow, un lich de
tremendo poder.
Y con andanadas de dragones, le cort Entreri, sonando bastante aburrido. S, s ya lo
he escuchado todo.
Muchos de los tesoros de Zhengyi han sido descubiertos, solicitados y trados a
Damara, dijo Jarlaxle. Pero lo que han encontrado es una pitanza. Zhengyi posea
artefactos, y una horda de tesoros suficientes como para que una andanada de dragones
respondieran a su llamado. Y era un lich. Saba el secreto.
Y t mantienes tales aspiraciones? Entreri no ocult el disgusto en su voz.
Jarlaxle se mof de tal idea. Yo soy un drow. Vivir por muchos siglos ms, aunque
los siglos han nacido y muerto durante mi vida. En Menzoberranzan hay un lich de gran
poder.
Lo s, el Lichdrow Dyrr, le record Entreri.
La criatura ms vil en la ciudad, de lejos. Trat con l en una ocasin, lo suficiente
para saber que prcticamente todos sus esfuerzos estn dedicados a perpetuar su
existencia. Ha comprado la eternidad para s mismo as que tiene miedo de perderla. Es
una existencia retorcida, tan fra como su piel, y un estado solitario de ser que sabe que
no le gusta la compaa. Cuntas barreras tiene que tejer para sentirse seguro, cuando

ha llegado al punto donde puede llegar a perder demasiado como para comprenderlo?
No, el ser un lich no es algo a lo que aspire, te lo aseguro.
Tampoco yo.
Pero te das cuenta del poder que obtendras al poseer el conocimiento de Zhengyi?
pregunt el drow. sabes cun grande sera el precio que pagaran los envejecidos
reyes, temiendo su inevitable muerte?
Entreri simplemente mir fijamente al drow.
Y quin puede decir que otras maravillas posea Zhengyi? prosigui Jarlaxle. Hay
arcas llenas de poderosos amuletos mgicos o montculos de gemas del tamao de un
dragn? Tena el Rey Brujo armas que empequeeceran el poder de propia Garra de
Charon?
No hay otro propsito en tu vida ms all del acto de adquirir?
Eso puso pies en tierra a Jarlaxle- uno de las pocas veces que Entreri lo haba visto
temporalmente estremecido. Pero por supuesto, eso pas rpidamente.
Si lo es, entonces parece que es el propsito de mi vida y la tuya, le retruc finalmente
el drow. Acaso no cruzaste la faz de Faerun para cazar a Regis y el pendiente de rub
del Baj Pook?
Era un trabajo
Uno que podras haber rechazado.
Disfrut la aventura.
Entonces vaymonos, dijo el drow, moviendo su brazo de manera exagerada
sealando la puerta. La aventura espera! Experiencias ms all de cualquier cosa que
hayamos conocido. Cmo puedes resistirte?
Vaasa es una tundra vaca y congelada durante la mayora del ao y un pozo fangoso el
resto.
Y debajo de esa tundra? lo acos el drow. Hay tesoros all fuera ms all de
nuestros sueos.
Y hay cientos de aventureros buscando esos tesoros.
Por supuesto, concedi el drow, pero ninguno de ellos sabe buscarlos como yo.
Podra tomar eso de dos formas.
Jarlaxle puso una mano sobre su cadera, se volte ligeramente e hizo una pose. Y
estaras en lo cierto en ambos clculos, le asegur a su amigo. El drow busc en la
bolsa de su cinto y extrajo una tortita de pan de maz artsticamente decorada con una

cubierta dulce blanca y rosada. La sostuvo delante de sus ojos, una gran sonrisa
maliciosa ensanchndose en su rostro. Tambin se cmo encontrar, y retener tesoros,
dijo, y le arroj la confitura a Entreri con la explicacin, Un presente de Piter.
Entreri mir la torta, aunque no estaba de humor para confituras o ninguna comida.
Piter, susurr.
Saba que el hombre en s era el tesoro al que Jarlaxle se estaba refiriendo y no la torta.
Entreri y Jarlaxle haban liberado al gordo cocinero, Piter McRuggle, de una banda de
ineptos forajidos, y Jarlaxle consecuentemente lo haba establecido al hombre y su
familia en un lindo negocio en Heliogabalus. El drow reconoca el talento cuando lo
vea, y con Piter no haba dudas. La panadera estaba haciendo maravillosos negocios,
llenando los bolsillos de Jarlaxle con monedas extras y llenando sus apuntes con
informacin.
Se le ocurri a Artemis Entreri que l, tambin, poda caer en la categora de Jarlaxle de
tesoros encontrados y retenidos. Era bastante obvio cual de los dos llevaba el liderazgo
y quien estaba siguiendo.
Ahora, he mencionado ya que hay una caravana que sale en dos das?remarc
Jarlaxle con esa sonrisa irresistible de l. Entreri comenz a responder pero las palabras
murieron en su garganta.
Cul era el propsito?

Dos das despus, l y Jarlaxle cabalgaban sobre fornidos ponis, protegiendo el flanco
izquierdo de una caravana de seis carretas que se abra camino fuera de la puerta norte
de Heliogabalus.

CAPITULO 3

VIDA EN FUGA

Entreri se arrastr fuera de la tienda, se puso de pie y se estir lentamente hasta sus
lmites. Se retorci mientras se estiraba lo ms alto hasta que una sbita punzada en la
parte baja de la espalada le record su edad. El duro suelo no le serva mucho como
cama.
Finaliz su desperezamiento restregndose los ojos y luego mir alrededor a la planicie
llena de tiendas establecidas entre las monumentales murallas de montaas al este y
oeste. Justo al norte del campamento de Entreri se vislumbraban las piedras grisceas y
el acero de las Puertas Vaasanas, la de ms al norte de las dos grandes murallas de la
fortaleza que sellaba el Valle de Bloodstone al norte y al sur. La Puerta Vaasana
finalmente haba sido terminada, si tal trabajo viviente poda ser considerado como
terminado, con fortalezas en los extremos oriental y occidental de la estructura principal
establecida en las laderas de las Montaas Galena, la puerta serva como ltima barrera
entre Entreri y las salvajes tierras de Vaasa.

l y Jarlaxle haban acompaado a la caravana a travs de la ms grande de las dos


puertas, la Puerta de Damara, la cual estaba bajo construccin en el sur todava. Haban
conducido las carretas durante otro da, movindose hacia el noroeste bajo la sombra de
la ladera de la montaa, hacia la Aldea de Bloodstone, hogar del Rey Gareth- aunque el
monarca estaba bajo presin de mover su asentamiento de poder a la ciudad ms grande
del reino, Heliogabalus.
No queriendo permanecer en el ms lcito de los lugares, el do rpidamente haba
partido , movindose nuevamente hacia el norte, una jornada de una docena de millas
los haba llevado a un rea amplia, relativamente llana que reuna aventureros los cuales
la haban bautizado como el Plano de la Fuga. Un ttulo adecuado, pens Entreri, ya que
se rumoreaba que el nombre en s del Plano de la Fuga era un estado extra dimensional
del limbo para las almas que partan recientemente, la regin en donde se congregaban
lo muertos recientes antes de su viaje final al paraso o al Tormento. El lugar entre los
cielos y los infiernos.
La ciudad de campaa no era menos que una encrucijada, ya que al sur yaca Damaraen paz, unida y prspera bajo el liderazgo del Rey Paladn- mientras que al norte ms
all de la muralla estaba la tierra de salvajes aventuras y batallas desesperadas.
Y por supuesto, l y Jarlaxle se estaban dirigiendo al norte.
Todo tipo de rufianes habitaban la ciudad de campaa, el tipo de gente que Entreri
conoca bien desde sus das en las calles de Calimport. Aspirantes a hroes, todos los
hombres y unas pocas mujeres que haran cualquier cosa para ganarse un nombre por
ellos mismos. Cuntas veces se haba aventurado el joven Entreri con semejante gente?
Y ms a menudo que no, el viaje haba terminado con un conflicto entre los miembros
de la banda. Mientras consideraba eso, la mano de Entreri instintivamente iba hacia su
daga enfundada en su cadera. Saba bien que no deba confiar en la gente ambiciosa.
El aroma a carne cocinndose permeaba el aire matutino colmado de roco. Marcas de
fogatas para el desayuno se esparcan por el campo, y el siseo como de lagartijas de los
cuchillos siendo afilados rompa el canto de las aves que merodeaban por all.
Entreri divis a Jarlaxle en una de las fogatas para el desayuno a una docena de metros
en un costado. El drow permaneca en medio de varios personajes de aspecto rudo: un
par de hombres que lucan como si pudieran ser hermanos- o padre e hijo posiblementeya que uno tena el pelo ms gris que negro- un enano con la barba partida al medio, y
una mujer semi elfa que llevaba su dorado cabello trenzado en una cola en la espalda.
Entreri poda decir por la postura de ellos que los cuatro no estaban excesivamente
confiados con la inesperada presencia de un elfo oscuro. La posicin de sus brazos, sus
hombros ligeramente torneados, mostraban de una que estaban preparados para una
veloz reaccin defensiva si el drow realizaba algn movimiento inesperado.
A pesar de eso, pareca como si el encantador Jarlaxle estuviera echando abajo esas
defensas. Entreri observaba como el elfo oscuro realizaba una corts reverencia,
sacndose su enorme sombrero y barra el suelo con l. Cada uno de sus movimientos
mostraba una postura inofensiva, manteniendo sus manos a la vista en todo momento.

Unos instantes despus, Entreri solo poda rerse por lo bajo mientras aquellos que
rodeaban a Jarlaxle comenzaban a rerse presumiblemente de un chiste que hubiera
contado el drow. Entreri observaba, su expresin atrapada en algn lugar entre envidia y
admiracin, mientras la semi elfa comenzaba a inclinarse hacia Jarlaxle, su postura
revelando claramente su creciente inters por l. Jarlaxle se acerc al enano y manipul
su mano para hacer parecer como si su mano justo hubiera sacado una moneda de la
diminuta oreja del compaero. Eso trajo un momento de confusin en el que los cuatro
espectadores instintivamente se llevaron una mano a sus respectivas bolsas en los
cintos, pero fue rpidamente reemplazado por unas sonoras carcajadas, con el hombre
ms joven palmeando al enano en la nuca.
La alegra y la atencin de Entreri fueron robadas cuando un estruendo de pezuas
volvi la atencin de todos ellos al norte.
Un pequeo pero poderoso caballo negro cargaba entre las tiendas, con armaduras
plateadas en sus flancos y el pecho. Su jinete estaba igualmente armado con brillantes
lminas plateadas, decoradas con suaves grabados y delicados diseos.
El caballero llevaba un gran yelmo, con la punta chata y emplumado con un penacho
rojo del lado izquierdo. Al tiempo que el caballo pasaba por la posicin de Entreri, not
un hacha de guerra bien adornada a un costado de la gruesa y fornida silla de montar.
El caballo se desliz hasta detenerse justo en frente de Jarlaxle y sus cuatro compaeros,
y en el mismo fluido movimiento el jinete se desplaz hasta pararse cara a cara con el
drow. Entreri se apresur a acercarse, esperando problemas.
Se preguntaba si el recin llegado, alto pero delgado, tendra algo de sangre lfica pero
cuando se sac el yelmo y un dej al descubierto una larga y gruesa melena de un rojo
furioso, cayendo por la espalda, Entreri se dio cuenta de la verdad de ello.
Retom su paso apresurado y se acerc lo suficiente como para escuchar y a su vez para
ver mejor su rostro, y lo que vio, ciertamente lo intrig. Pecosa y con hoyuelos, el
aspecto del caballero chocaba con su vestimenta, ya que no pareca el traje de un
guerrero. Por la forma en que se paraba, y la forma en que haba cabalgado y
desmontado tan graciosamente a pesar de su pesada armadura, Entreri poda ver que ella
estaba curtida y era resistente- cuando tena que serlo, se dio cuenta.
Pero esas caractersticas tambin le dijeron que haba otro lado de ella, uno al que le
gustara explorar. El asesino se detuvo de golpe y consider sus propios pensamientos,
sorprendido por su inters.
Entonces los rumores son ciertos, dijo la mujer, y l estaba lo suficientemente cerca
para escuchar. Un elfo drow.
Mi reputacin me precede, dijo Jarlaxle. Una desarmadora sonrisa resplandeci en su
rostro e hizo otra de sus reverencias patentadas. Jarlaxle, a vuestro servicio, milady.
Tu reputacin? se mof la mujer. No, elfo de piel oscura. Cientos de susurros
hablan de ti, rumores de las miserables hazaas que podemos esperar de ti, ciertamente,
pero nada de tu reputacin.

Ya veo. Y as es que has venido a verificar esa reputacin?


Para atestiguar de un elfo oscuro en nuestra medio, replic la mujer. Nunca he visto
una criatura semejante a ti.
Y cuento con tu aprobacin?
La mujer entrecerr los ojos y comenz a caminar en crculos alrededor del drow.
Tu raza evoca imgenes de ferocidad, y sin embargo pareces una cosa frgil. Me dicen
que debera estar precavida- incluso aterrorizada- y en cambio me encuentro menos que
impresionada por tu estatura y tu difcilmente imponente postura.
Ay, pero vigila sus manos, se entrometi el enano. Es uno de los hbiles, con esos
sus finos dedos, no lo dudes.
Un arrebatador de bolsas? pregunt ella.
Seora, me insultas.
Pregunto sobre ti y espero una respuesta honesta, le rebati, con un temblor de furia
deslizndose en el fondo de su slida pero melodiosa voz. Muchos en la Fuga son
conocidos arrebatadores que han venido aqu por edictos de la corte, para trabajar en las
salvajes tierras de Vaasa y redimirse de sus pecados de dedos ligeros.
Pero yo soy un drow, replic Jarlaxle. Crees que haya suficientes monstruos en toda
Vaasa como para que permitan redimir la reputacin de mi herencia?
Nada me importa de tu herencia.
Entonces no soy ms que una curiosidad. Ah, pero nuevamente me has herido.
Un sentimiento al que muy bien tendras que acostumbrarte. Todava no has
respondido mi pregunta.
Jarlaxle inclin su cabeza y sonri astutamente.
Sabes quin soy? pregunt la mujer.
Por la manera en que lo preguntas me hace creer que debera saberlo.
La mujer pas su mirada del drow a la mujer elfa.
Comandante Ellery, del Ejrcito de Bloodstone, de la Puerta de Vaasa, recit la elfa
sin pausa.
Mi nombre completo.
La elfa tartamude y pareci perdida.

Soy la Comandante Ellery Tranth Dopray Kierney Azotadragones Peidopare, dijo la


mujer, con un tono incluso ms arrogante que antes.
Clasificar tus posesiones deber ser toda una tarea, dijo el drow secamente, pero la
mujer lo ignor.
Proclamo al Barn Tranth como mi to; la Dama Christine Azotadragones, Reina de
Damara como mi prima; y el Rey Gareth Azotadragones mismo como primo segundo,
una vez removido.
La Dama Christine y el Rey Gareth?
La mujer elev los hombros y la mandbula.
Primos en direcciones opuestas , esperara yo, dijo Jarlaxle.
Eso atrajo una mirada menos arrogante y ms curiosa.
Detestara pensar que el futuro prncipe o princesa de Damara llevara en sus hombros
una segunda cabeza o seis dedos en cada mano, despus de todo, explic el drow, y la
mirada de curiosidad se torn tenebrosa. Ah, pero las vueltas de la realeza.
Te burlas del hombre que persigui al Seor demonio Orcus a travs de los planos de
la existencia?
Burlarme de l? pregunt Jarlaxle, llevndose una mano al pecho y mirando como si
hubiera sido abofeteado inesperadamente. Nada podra estar ms lejos de la verdad, mi
buena Comandante Ellery. Expreso alivio ya que mientras que afirmas relaciones de
sangre con ambos, sus propios lazos no son tan cercanos. Lo ves?
Ella endureci su mirada. Averiguar sobre vuestra reputacin, le prometi.
Desears entonces incluir a Daerthe en tu coleccin de nombres, te lo aseguro,
replic el drow.
Jarlaxle Daerthe?
A vuestro servicio, dijo l, haciendo una barrida nuevamente con su reverencia.
Y sers vigilado de cerca, drow, prosigui la Comandante Ellery. Si vuestros dedos
se tornan demasiado astutos, o tus hbitos muy desorganizados, sabrs del peso de la
justicia de Bloodstone.
Como desees, concedi Jarlaxle.
Al tiempo que Ellery daba media vuelta para marcharse, hizo otra reverencia ms. Se las
arregl para echarle una mirada e Entreri mientras lo haca, ofrecindole un rpido
guio y una fugaz sonrisa.

Los dejo con su comida, le dijo Ellery a los otros cuatro, volviendo a montar su silla.
Elijan sabiamente la compaa que mantienen cuando se aventuren en Vaasa. Ya
demasiados yacen muertos en la yerma tundra, y demasiados yacen muertos porque no
se rodearon de compaeros confiables.
Har buen caso de tus palabras, Jarlaxle fue ligero al contestar, aunque no haban sido
dirigidas a l. Ya me estaba poniendo un poco receloso del pequeo, de todas formas.
Hey! dijo el enano, y Jarlaxle le ofreci una de sus desarmadoras sonrisas.
Entreri dej de prestarle atencin al grupo de los cinco para observar a la mujer alejarse
cabalgando, notando ms que nada todas las reacciones de respeto hacia ella mientras
pasaba.
Es formidable, dijo l cuando Jarlaxle apareci a su lado un momento despus.
Peligrosa y llena de fuego, concord Jarlaxle.
Quizs tenga que matarla.
Quizs tenga que llevarla a la cama.
Entreri se volvi para considerar al drow. Acaso algo lo desquiciaba alguna vez? Es
parienta del Rey Gareth, le record Entreri.
Jarlaxle frot su mentn con sus delgados dedos, sus ojos pegados en la lejana figura
con una obvia intriga.
Simplemente pronunci una sola palabra en respuesta: Dote.

"La Dama Ellery," dijo Athrogate, un enano de renombre en el submundo de Damara


como un supremo asesino. Usaba su negra barba partida en el medio, con dos largas
trenzas de pelo lacio que le llegaban a la mitad del pecho, cada una sujetada con unas
bandas que tena un tro de brillantes gemas azules. Sus cejas eran tan tupidas que
prcticamente cubran sus casi negros ojos, y sus orejas tan grandes que muchos
especulaban que podra llegar a volar si tan solo l aprendiera a batirlas.
"Se han buscado una delicada compaa ya. Observen a ese, se los digo. Obsrvenlo o
mtenlo, y que si no lo hacen, entonces l nos matar a nosotros, no lo duden."
"Es un giro interesante, si no es nada ms que una mera coincidencia," admiti Canthan
Dolittle, un tipo de apariencia estudiosa con ojos pequeos y brillantes y una larga nariz
recta. Su cabello ms gris que castao, era fino, con una larga calva arriba en la cabeza
que se haba vuelto rojo brillante debido a una quemadura reciente. El tipo delgado y
nervioso se frotaba los dedos mientras hablaba, mientras que al mismo tiempo se
crispaba sutilmente.

"Asumir es invitar al desastre," aconsej el tercero y ms impresionante del grupo. Ms


impresionante para aquellos que saba la verdad sobre l, eso era, por que el Archimago
Knellict usaba ropa poco distinguible con sus ms preciadas posesiones guardadas a
salvo en la Ciudadela de los Asesinos.
Athrogate se lama los labios nerviosamente mientras observaba al grandioso mago,
segundo solo despus de Timoshenko, el Abuelo de los Asesinos, en esa la ms notoria
de las cofradas de asesinos. Como un agente de Bolsaceida, la cofrada lder de
ladrones de Heliogabalus, Athrogate haba sido asignado para cabalgar junto a Jarlaxle
y Entreri a la Aldea de Bloodstone, e informarle a Canthan en la Fuga. Haba estado
bastante sorprendido de encontrar a Knellict en el campamento. Pocos nombres en todos
los Reinos del norte inspiraban temor como el del Archimago de la Ciudadela de
Asesinos.
"Has averiguado algo ms del drow?" pregunt Canthan. "Sabemos de su comercio
con el posadero Feepun y el asesinato de la sombra, Rorli."
"y el asesinato de Feepun," dijo Knellict.
"Tienes prueba de que fue a causa de estos dos?" pregunt un sorprendido Canthan.
"Tienes prueba de que no fue as?"
Canthan cedi no queriendo enfurecer al hombre ms peligroso de las Tierras de
Bloodstone.
"La informacin sobre sus paraderos desde el incidente con Rorli ha estado
incompleta," admiti Knellict.
"Han estado tranquilos desde entonces por todo lo que estamos viendo," replic
Athrogate, su tono revelando que estaba ansioso por complacer. Aunque le estaba
respondiendo a Canthan, sus ojos marrones seguan arrojndose sobre Knellict para
considerar su reaccin. Sin embargo, el archimago, callado y calmado, era simplemente
imposible de leer. "Han estado haciendo tratos con un par de interesantes damas
prestamistas, pero no los hemos vito comprando nada que valga nada. Puede que sea
que han buscado ms los encantos de las damas que encantos mgicos, si me hago
entender. Siendo conocidos por ser aficionados a las seoritas, siendo los dos,
especialmente el oscuro.
Canthan lo mir de vuelta a Knellict, quien dio el ms leve de los asentimientos.
"Mantnganse cerca y precavidos" le dijo Canthan a Athrogate. "Si nos necesitas coloca
tu ropa lavada como arreglamos y te buscaremos."
"Y si ustedes mismo me tan necesitando?"
"Nosotros te encontraremos , no lo dudes," intervino Knellict.

El tono del archimago era demasiado parejo, demasiado controlado, y a pesar de querer
mantener una fachada ruda, Athrogate se estremeci. Casi se cay cuando tropez al
hacer una reverencia y luego se escurri, agachndose de sombra en sombra.
"Presiento algo ms sobre el humano," remarc Knellict cuando l y Canthan estuvieron
solos.
"Preveo que los dos son formidables."
"Merecen nuestro respeto, por supuesto," concord Knellict. "Y requieren ms ojos que
los de ese imbcil de Athrogate."
"Ya estoy trabajando en ello," le asegur Canthan a su superior.
Knellict hizo un pequeo asentimiento de cabeza pero sigui mirando a travs de la
ciudad de campaa a Jarlaxle y Entreri mientras caminaban de regreso al campamento.
Bolsaceida haba estado preparado para seguir al do de regreso en Heliogabalus y lo
habra hecho- ms probablemente para resultar en desastre, pensaba Knellict- de no
haber intervenido la Ciudadela de Asesinos.
Para estmulo de Knellict, Timoshenko haba decidido prestarle atencin al do,
particularmente al elfo oscuro ms inusual quien haba aparecido tan sbitamente entre
medio de ellos.
Los drows no eran una visin comn en la superficie de Toril, y menos comn en las
Tierras de Bloodstone que en otras regiones. Menos comn en Damara al menos, una
tierra que se estaba moviendo rpidamente hacia la ley estable y el orden bajo el reinado
de Gareth Azotadragones y su banda de poderosos hroes.
Zhengyi haba sido echado, flotas de dragones destruidos, y la propia varita del seor
demonio Orcus haba sido enviada a la nada.
Gareth solo se estaba volviendo ms fuerte, los tentculos de sus organizaciones se
estiraban ms ominosamente en la consolidacin de los varios seores feudales de
Damara. No haba hecho un secreto de sus deseos de traer a Vaasa bajo su control
tambin, uniendo las dos tierras como un nico reino de Bloodstone. Con ese fin, la red
de exploradores del Rey Gareth, Cancin Espa se estaba tornando ms elaborada con
cada da que pasaba.
Timoshenko y Knellict sospechaban que de hecho Vaasa pronto sera domesticada, y si
eso suceda, quedara algn lugar en toda la regin para la Ciudadela de los Asesinos?
Knellict haca bien en ocultar su mala cara mientras consideraba una vez ms las
continuas tendencias en las Tierras de Bloodstone. Sus ojos relampaguearon brevemente
mientras miraba al do, drow y humano, desaparecer en la tienda.

Haba una sensacin diferente en el aire en el momento en que Jarlaxle y Entreri


salieron del lado Vaasano de la muralla de la fortaleza. El olor a humedad de la tundra y

la podredumbre derritindose le llenaban las fosas nasales a los dos, llevada por una
severa brisa que morda framente, aunque el verano estaba an a pleno.
Est soplando fuerte desde el Gran Glaciar hoy, Entreri le haba escuchado remarcar a
uno de los guardias. Poda sentir el escalofro hasta los huesos mientras el viento
juntaba la humedad del hielo suavizado por el sol y lo levantaba a lo largo de las
llanuras Vaasanas.
Un lugar notable, apunt Jarlaxle, escudriando el mar de vaco marrn desde debajo
del ala ancha de su estrambtico sombrero. Enviara ejrcitos aqu para batallar y
reclamar este paraso.
El sarcasmo del drow no le sentaba bien a Entreri. No poda estar ms de acuerdo con la
deprimente evaluacin.
Entonces, Por qu estamos aqu?
Ya te lo he explicado en detalle.
Te atienes a un extrao entendimiento del trmino, 'en detalle'.
Jarlaxle no lo mir pero Entreri sinti un poco de satisfaccin ante la sonrisa del drow.
Con eso, presumo que quieres decir que lo has explicado tan bien como crees que yo
necesito saberlo, prosigui Entreri.
A veces los jugos ms exquisitos pueden ser encontrados enterrados entre las frutas ms
mundanas.
Entreri mir de vuelta la muralla y dej su mirada all. Haban salido en un da de
paseo, como se conocan esas excursiones en la Puerta de Vaasa, una misin de
exploracin y golpe rpido. Todos los recin llegados a la Puerta de Vaasa les
encomendaban esas tareas, permitindoles tantear la tundra. Cuando haban hecho la
primera llamada para los aventureros, no haba habido ofrecimientos de gua para sus
excursiones en los remotos parajes. Muchos haban salido derecho hacia las
profundidades de Vaasa desde la puerta, para no saberse nada ms de ellos. Pero el
Ejrcito de Bloodstone estaba ofreciendo ms instruccin y control, y ofrecindolo de
manera ms obligatoria que sugerente.
A Entreri no le agradaban esas reglas, pero tampoco senta muchos deseos de alejarse
demasiado de la puerta. No deseaba encontrar su final buscando el fondo de un pantano
sin fondo. Jarlaxle dio vueltas en crculo lentamente, aparentemente husmeando el aire.
Cuando complet el crculo, sealando nuevamente al noreste, la direccin general
hacia el lejano Gran Glaciar, asinti e inclin su sombrero.
Por aqu, creo, dijo el drow. Jarlaxle avanz y encogindose de hombros, no teniendo
mejor opcin, Entreri avanz detrs de l.
Permanecieron al pie de las rocosas Montaas Galena, no queriendo probar el llano y
pantanoso suelo. Por supuesto que eso los dejaba ms vulnerables ante las emboscadas

de los goblins, pero el do no tena miedo en particular a plantarle batalla a semejantes


criaturas.
Pens que haba monstruos a montones para encontrar y vencer aqu, remarc Entreri
despus de una hora andando con dificultad alrededor de rocas grises y a travs de
parcelas de agua estancada congelada. Eso es lo que afirmaban los anuncios en
Heliogabalus, no?
Veinte piezas de oro por da, aadi Jarlaxle. Y todo por el placer de matar diez
goblins. Si, esa era la suma, y quizs la lucrativa recompensa termin siendo bastante
efectiva. Podr ser que todas las tierras cercanas a la puerta hayan sido despejadas?
Si tenemos que rastrear por kilmetros a travs de estos parajes salvajes, entonces mi
camino est de regreso al sur, dijo Entreri.
Siempre el optimista.
Siempre el obvio.
Jarlaxle se ri y se ajust el enorme sombrero. No por muchos ms kilmetros, dijo.
Notaste la seal de despejado de adversarios?
Entreri lo mir escptico.
"Una huella al lado del ltimo charco," explic Jarlaxle
"Eso podra tener das."
"A mi entender tales cosas no suelen durar mucho aqu en la superficie," replic el
drow. "En la Antpoda Oscura, la huella de una bota en suelo blando podra ser de hace
un milenio, pero aqu arriba....."
Entreri se encogi de hombros.
"Pens que eras famoso por tu habilidad para cazar enemigos."
"Eso se logra al conocer los mtodos de la gente, no por las seales en el suelo. Yo
encuentro a mis enemigos a travs de la informacin que recaudo de aquellos que los
han visto."
"Informacin recabada con la punta de tu daga, sin duda."
"Lo que funcione. Normalmente no busco en los parajes inhspitos persiguiendo
monstruos."
"Sin embargo, no eres ajeno a las seales de tales parajes inhspitos," dijo el drow.
"Reconoces una huella."

"Reconozco que algo dej una impresin cerca del charco," clarific Entreri. "Podra
haber sido hoy, o podra haber sido hace varios das- en cualquier momento despus de
la lluvia. Y no s lo que la hizo."
"Estamos en tierras de goblins," le interrumpi Jarlaxle. "Los avisos me lo indicaban
as."
"Estamos en tierras llenas de gente persiguiendo goblins," le record Entreri.
"Siempre el obvio," dijo el drow.
Entreri lo mir de malos modos.
Caminaron por unas pocas horas, luego como nubes de tormenta se alzaban en el norte,
regresaron a las Puertas de Vaasa. Lograron llegar enseguida despus del atardecer, y
despus de discutir un poco con los nuevos centinelas, se las arreglaron para
convencerlos de que ellos, incluyendo el elfo oscuro, haba salido por esa misma puerta
ms temprano ese da y que deban ser readmitidos sin cuestionamientos tan extensos.
Movindose por los estrechos, y bien construidos corredores de ladrillos oscuros, y
pasando ante los ojos de muchos guardias sospechosos, Entreri dobl por el saln
principal que los llevara de vuelta a la Fuga y a su tienda.
"No todava," le rog Jarlaxle. "Se encuentran placeres a montones por aqu, as me han
contado."
"Y goblins a montones para matar all afuera, as te han contado."
"Veo que nunca acaba."
Entreri simplemente permaneci al final del corredor, el reflejo de las distantes fogatas
del campamento brillando en los ojos de Jarlaxle mientras miraba ms all de su
malhumorado amigo.
"No tienes sentido de la aventura?" le pregunt el drow.
"Ya hemos pasado por esto demasiadas veces."
"Y a pesar de todo sigues poniendo mala cara, y dudas y grues sobre ello."
"Nunca me ha gustado desperdiciar mis das caminando a travs de pistas barrosas."
"Esas pistas nos llevarn a grandes cosas," dijo Jarlaxle. "Lo prometo."
"Quizs cuando me cuentes sobre ellas, mi humor mejore," replic Entreri, y el elfo
oscuro sonri ampliamente.
"Estos corredores podran llevarnos hacia grandes cosas tambin," contest el drow."Y
creo que no necesito contarte sobre ellas."

Entreri mir atrs por sobre su hombro hacia las fogatas del campamento a travs de las
lejanas puertas abiertas. Se ri por lo bajo al tiempo que se volva hacia Jarlaxle ya que
resistirse era intil ante la interminable retahla de persuasin de ese. Movi una mano ,
indicando que Jarlaxle debera guiar , y luego lo sigui por detrs.
Haba muchos establecimientos-artesanos, proveedores, pero mayormente tabernas- en
la Puerta de Vaasa. Mercaderes y emprendedores haban acudido rpidamente al
llamado de Gareth Azotadragones, sabiendo que los vigorosos aventureros que salan de
la muralla a menudo seran bien recompensados a su regreso, dadas las considerables
recompensas por las orejas de goblins, orcos, ogros y otros monstruos. Tambin haban
venido las damas de la noche, desplegando su mercanca en cada taberna, a menudo
congregndose alrededor de los jugadores a quienes buscaban para sacarles las recientes
ganancias a los tontos y orgullosos aventureros. Todas las tabernas eran parecidas, as
que el do se dirigi a la primera de la fila. El cartel en la pared al lado de la puerta lea:
"Botas Embarradas y Hojas Ensangrentadas," pero alguien haba trazado una lnea
encima y garabateado: "Hojas Embarradas y Botas Ensangrentadas," debajo para
demostrar la reciente frustracin de ni siquiera encontrar monstruos que matar.
Jarlaxle y Entreri se movieron entre el atestado cuarto, el drow atrayendo ms que unas
pocas miradas incmodas al pasar. Escupieron al tiempo que ellos se acercaban a una
mesa con cuatro sillas donde solamente se sentaban dos hombres, Jarlaxle
aproximndose y Entreri esfumndose en la multitud.
"Puedo acompaarlos?" pregunt el drow.
Le devolvieron miradas horrorizadas y amenazantes. "Estamos esperando a dos ms,"
contest un hombre.
Jarlaxle retir una silla. "Muy bien, entonces," dijo. "Un lugar para descansar mis
fatigados pies tan solo por un momento, entonces. Cuando sus amigos lleguen me ir."
Los dos hombres se miraron el uno al otro.
"Vete ahora!" le gru uno, casi saltando de su silla, mostrando los dientes como si
tuviera la intencin de morder al elfo oscuro.
A su lado, puso una cara igualmente amenazadora, y cruz sus largos brazos sobre su
fuerte pecho, con los ojos entrecerrados. Aunque sus ojos se abrieron de golpe, y sus
brazos se colocaron a ambos lados-lentamente, sin amenaza-cuando sinti la punta de
una daga contra la parte baja de su espalda.
La ruda expresin del hombre que se haba inclinado hacia Jarlaxle se derriti
igualmente, y que por debajo de la mesa, el drow haba lanzado una daga diminuta, y
aunque no poda alcanzarlo con esa arma en particular, con no ms que un pensamiento,
le haba urgido al pual encantado que se elongara.
As pues, mientras que Jarlaxle ni siquiera se haba inclinado hacia adelante en su silla,
y mientras que sus brazos no se haban movido en lo ms mnimo, el amenazante rufin
senta la punta del filo bastante claramente, empujando contra su barriga.

"He cambiado de opinin," dijo Jarlaxle con voz fra. "Cuando tus amigos lleguen,
tendrn que buscarse otro lugar para descansar."
"T maloliente..."
"Difcilmente."
"...apestoso drow," sigui el hombre. "Sacar un arma aqu es un crimen contra el Rey
Gareth."
"La pena vale lo mismo por destripar a un tonto?"
"Apestoso drow," repiti el hombre. Mir a su amigo y luego puso cara de intrigado.
"Uno a mi espalda," dijo el otro. "No estoy para ayudarte."
El primer pareci incluso ms confundido, y Jarlaxle casi se larg a rer ante el
espectculo, ya que detrs del otro lado permaneca la multitud de gente que llenaba
cada hueco de las Botas Embarradas y Hojas Ensangrentadas, pero ninguno pareca
estar prestndole atencin. Jarlaxle reconoci la capa gris del hombre ms cercano y
supo que era Entreri.
"Hemos terminado ya con esta tontera?" le pregunt Jarlaxle al primer hombre.
El hombre lo mir y comenz a asentir luego barri la mesa, alejando su silla.
"Un arma! Chill, ponindose de pie y sealando al drow. "Sac un arma!"
Un tumulto empez a rodear la mesa, los hombres giraban y se ponan en guardia,
muchas manos iban a sus armas, y algunos, como Entreri, aprovechando el momento
para mezclarse en la multitud. Sin embargo, como todas las tabernas en la Puerta de
Vaasa, las Botas Embarradas y Hojas Ensangrentadas se anticipaba a tales problemas.
En unos poco segundo-el tiempo que le llev a Jarlaxle echar su silla atrs y poner las
manos vacas en alto, ya que la espada se haba encogido hasta desaparecer a su antojoun grupo de soldados de Bloodstone se dirigi a restaurar el orden.
"Me hinc con una espada!" chill el hombre, punzando su dedo en la direccin de
Jarlaxle.
El drow puso cara de desconcertado y sostuvo sus manos vacas en alto. Luego se
acomod la capa para mostrar que no tena espada alguna, ningn arma, enfundad en su
cinto.
Aunque eso no hizo que el soldado ms cercano dejara de mirarlo ceudo. El hombre se
agach e hizo una bsqueda rpida bajo la mesa.
"Muy astuto de parte de ustedes dos de usar mi herencia en mi contra," le dijo Jarlaxle
al hombre que protestaba. "Lstima que no saban que no llevaba ningn arma encima."
Todos los ojos se posaron sobre el acusador.

"Les digo que me hinc."


"Con?" replic Jarlaxle, manteniendo sus brazos y capa abiertos. "Me das demasiado
crdito, me temo, aunque espero que las damas te estn prestando atencin
cuidadosamente."
Unas risitas disimuladas vinieron de un costado y luego crecieron hasta convertirse en
un acceso de aullidos de burla contra el balbuciente hombre. Y peor para l, ya que los
guardias parecan ms que divertidos.
"Sigue con lo tuyo," le dijo uno de los guardias, y la risa solo se increment.
"Y su amigo me puso una daga en la espalda!" grit el hombre que lo acompaaba y
segua an sentado, atrayendo todas las miradas sobre l. Se puso de pie y comenz a
dar vueltas.
"Quin lo hizo?" pregunt el soldado.
El hombre mir alrededor, aunque por supuesto que Entreri ya estaba al otro lado del
saln.
"l!" dijo de todas formas el hombre, sealando a un bribn cercano. "Tuvo que ser
l."
Un soldado se arrim inmediatamente para inspeccionar al acusado, y de hecho el
hombre llevaba un largo y delgado pual en el cinto.
"Qu tontera es esta?" protest el acusado. "Le creern a ese idiota balbuciente?"
"Mi palabra contra la tuya!" grit el otro hombre, tornndose ms seguro de que le
haba acertado.
"Contra las nuestras, querrs decir," dijo otro hombre.
Ms de una docena, todos compaeros del recientemente acusado hombre, se
adelantaron.
"Creo que deberas de tener ms cuidado a quien le apuntas con esos dedos torcidos
tuyos," dijo otro.
El acusador estaba titubeando. Mir a su amigo quien pareca incluso ms intranquilo y
desvalido ante el sbito cambio de eventos.
"Y yo creo que ustedes deberan de estar yndose," dijo el bribn acusado.
"Y rpido," aadi otro de los amigos de apariencia tosca.
"Seor?" le pregunt Jarlaxle al guardia. "Yo simplemente estaba tratando de descansar
de mis viajes a Vaasa."

El soldado oje al drow suspicazmente por un largo, largo rato, despus se dio media
vuelta y se alej. " Causan algn otro disturbio ms y los encadenar," le advirti al
hombre.
"Pero..." termin con un suspiro la quejosa vctima mientras el soldado lo pateaba por
detrs, haciendo surgir otro coro de risotadas de muchos de los espectadores.
"No nos tamos yendo!" decret tozudamente el compaero del hombre.
"Probablemente deberas de pensarlo un poquito ms," le advirti uno de los amigos del
hombre al que l haba acusado, desbaratndole la bravata.
Todo se calm rpidamente, y Jarlaxle tom asiento en una de las mesas vacantes,
hacindole una seal a una moza para que le sirviera.
"Un vaso del vino ms fino que tengan y una de la mejor cerveza." le dijo.
La mujer vacil, sus oscuros ojos escudrindolo.
"No, no me acus falsamente," le confes Jarlaxle con un guio.
La mujer se ruboriz y casi tropez cuando fue a buscar las bebidas.
"A esta altura alguna otra mesa se habra despejado para nosotros," dijo Entreri
sentndose frente al drow, " sin tanto drama."
"Sin tanta diversin," le corrigi Jarlaxle.
"Los soldados nos estn vigilando ahora."
"Precisamente ese es el punto," le explic el drow. "Queremos que todos en la Puerta de
Vaasa nos conozcan. La reputacin es exactamente el punto.
"La reputacin ganada en la batalla con enemigos comunes, eso es lo que pens."
"A su tiempo, mi amigo," dijo Jarlaxle. Su sonrisa brill cuando regres la joven mujer
con las bebidas. "A tiempo," repiti y le dio a la mujer una pieza de platino- mucho ms
el precio del vino y la cerveza.
"Por las historias de aventuras y aquellas que nos quedan por vivir todava," le dijo a
ella ladinamente, y ella se sonroj nuevamente, sus ojos oscuros destellantes mientras
estimaba la moneda. Su sonrisa era tmida pero no difcil de ver al tiempo que corra a
toda prisa. Jarlaxle se volvi y sostuvo su vaso en alto hacia Entreri y luego repiti su
ltima frase como brindis.
Derrotado ya por el incansable optimismo del drow, Entreri dio un ligero golpecito a su
vaso con el suyo y bebi un largo y bienvenido trago.

CAPITULO 4

NO TANTO UNA ORCA

Arrayan Faylin se levant de su cama de paja, arrastrando su nica manta con ella y
envolvindose con la misma sus sorprendentemente delicados hombros. Esa delicadeza
distintiva femenina era reflejo de las muchas sorpresas que se llevaba la gente cuando
observaba a Arrayan y se enteraban de su herencia. Ella era semi orca, como la gran
mayora de los residentes de la fra ciudad barrida por el viento de Palishchuk, en el
rincn noreste de Vaasa, un asentamiento con una clara vista al elevado ro de hielo
conocido como el Gran Glaciar.
Arrayan tena sangre humana tambin- y algo de lfica, as le haba dicho su madre- y
ciertamente sus facciones haban combinado las cualidades ms atractivas de todos sus
aspectos raciales. Su cabello castao rojizo era largo y tan suave y flotante que a
menudo pareca como si su rostro fuera enmarcado por un halo de un atenuado rojo. Era
baja, como muchos orcos, pero quizs como resultado de su supuesta sangre lfica, no
era para nada rechoncha. Mientras que su rostro era ancho, como la de un orco, sus otras
facciones- grandes ojos verdes esmeralda, gruesos labios, finas y arqueadas cejas, y una
nariz pequea-eran facciones distintivamente no orcas, y esa curiosa mezcla, en el caso
de Arrayan, haba logrado acentuar los atributos positivos desde todos los puntos de
vista.
Se desperez y bostez, tir su cabello hacia atrs y se restreg los ojos. Mientras las
telaraas mentales del sueo se esfumaban, la excitacin de Arrayan comenz a crecer.
Se movi rpidamente por el cuarto, sus pies descalzos golpeando con el duro suelo de
tierra.
Ansiosa, tom su libro de hechizos de una repisa cercana, us su otra mano para
despejar el rea central de su escritorio y luego se desliz en su silla, introduciendo su
dedo en la lengeta correcta del organizado tomo y lo abri en la seccin titulada
Magia de Adivinacin.

Al tiempo que consideraba la tarea por delante, sus dedos empezaron a temblar tanto
que a duras penas pudo dar vuelta la pgina.
Arrayan se recost contra la silla y se oblig a respirar larga y profundamente. Repaso
las disciplinas mentales que haba aprendido varios aos antes en una torre de
hechiceros en la lejana Damara. Si poda dominar el control cuando era adolescente,
ciertamente a sus veintitantos poda calmar su ansiedad.
Un instante ms tarde, volvi a su libro. Con una mano firme, la hechicera examin la
lista de potenciales hechizos, distingui aquellos que crea que le seran ms tiles,
incluyendo una pila de defensas mgicas y hechizos para desbaratar barreras ofensivas
antes de que fueran activadas, y comenz la ardua tarea de comprometerse a
memorizarlos.
Un golpe en la puerta la interrumpi unos minutos despus. La naturaleza gentil del
golpe, pero con una firmeza por detrs que le demostraba que el golpecito era
deliberado, le dijo quien poda ser. Corri la silla mientras se abra la puerta, y una
enorme y sonriente cara con colmillos se introduca.
Los grandes ojos del semi orco le indicaron a Arrayan del hecho de que haba dejado
que su manta se deslizara un poquito demasiado y ella rpidamente la sujet con fuerza
sobre sus hombros.
Olgerkhan, bienvenido, dijo ella.
No le sorprenda cuan alegre se pona su voz cada vez que ese semi orco en particular
apareca.
Fsicamente, los dos parecan polos opuestos, ya que las facciones de Olgerkhan
mayormente favorecan su lado orco. Sus labios estaban perpetuamente torcidos debido
a sus enormes y disparejos caninos, y su gruesa frente y peculiares cejas tupidas cubran
con una oscura sombra sus amarillentos ojos inyectados en sangre. Su nariz era chata y
torcida, su rostro estaba marcado con pequeos e irregulares parches de pelo, y su frente
se abultaba llegando a las cejas. No era demasiado alto, atrapado entre un metro y
medio y poco ms, pero pareca mucho ms grande, ya que sus miembros eran gruesos
y fuertes y su pecho podra haber cabido apropiadamente en un hombre treinta
centmetros ms alto que l.
El enorme semi orco se lami los labios y empez a mover la boca como si quisiera
decir algo.
Arrayan se ajust un poco ms la manta alrededor de sus hombros. Realmente no estaba
demasiado avergonzada; simplemente no pensaba mucho en esas cosas, aunque
Olgerkhan obviamente s.
Estn aqu? pregunt Arrayan.
Olgerkhan oje el cuarto, en apariencia desconcertado.

Las carretas, aclar Arrayan, y ese pensamiento trajo una sonrisa al rostro del
corpulento semi orco.
Wingham, dijo l. Afuera de la puerta sur. Veinte coloridas carretas.
Arrayan le devolvi la sonrisa y asinti, pero la noticia le produjo un poco de turbacin.
Wingham era su to, aunque ella realmente nunca lo haba visto el tiempo suficiente
como para considerarse cercana a l y a su banda de mercaderes viajantes. En
Palishchuk, ellos simplemente eran conocidos como los Bribones de Wingham, pero
en las regiones ms amplias de las Tierras de Bloodstone, la banda era llamada los
Extraos Esgrimistas de Espadas del Estrafalario Wingham. ( Weird Winghams Wacky
Weapon Wielders.)

El show lo es todo le haba dicho una vez Wingham a Arrayan, explicndole el


ridculo nombre. A todo el mundo le gusta el show.
Arrayan sonrea incluso ms ampliamente mientras consideraba su siguiente consejo ese
da cuando no era ms que una nia, incluso antes de que hubiera ido a Damara para
entrenarse en la magia arcana. Wingham le haba explicado que ese nombre,
evidentemente estpido, era una tarjeta de invitacin a propsito, una forma de
confirmar los prejuicios de los humanos, elfos, enanos y otras razas.
Deja que piensen que somos estpidos, le haba dicho Wingham con un gran ademn,
aunque Wingham siempre hablaba con un gran ademn. Luego deja que vengan y
regateen con nosotros por nuestras mercancas!
Arrayan se dio cuenta con un sobresalto de que se haba quedado callada por un largo
rato. Mir de vuelta a Olgerkhan, quien pareca no haberlo notado.
Alguna palabra? pregunt ella, a duras penas haciendo la pregunta.
Olgerkhan sacudi su gruesa cabeza. Ellos cantan y bailan pero poco hasta ahora, le
explic. Aquellos que han ido a disfrutar del circo an no han regresado.
Arrayan asinti y salt de su silla, movindose prestamente por el cuarto hacia su
guardarropa. Casi no consider la accin, ella dej caer su manta-luego la agarr a
ltimo momento y mir de reojo a Olgerkhan tmidamente.
l desvi sus ojos al piso y sali sigilosamente del cuarto, cerrando la puerta tras de s.
Era uno bueno, se dio cuenta Arrayan, como siempre trataba de recordrselo a s misma.
Se visti velozmente, ponindose unos pantalones de cuero y un chaleco, y un delgado
cinto que llevaba varias bolsitas con componentes para hechizos, al igual que un
conjunto de materiales para escribir. Se encamin hacia la puerta pero se detuvo y sac
del guardarropa una bata azul de un material liviano, quitndose rpidamente el cinto y
luego ponindose la bata sobre sus prendas. Raramente usaba su bata de hechicera entre
sus hermanos semi orcos, ya que ellos consideraban que a la prenda flotante con sus
voluminosas mangas de poca utilidad, y la nica moda que los hombres de Palishchuk
parecan apreciar era cuando ella usaba menos ropa y no ms.

La bata era para Wingham, se dijo Arrayan mientras se colocaba nuevamente el cinto y
se apresuraba hacia la puerta.
Olgerkhan la estaba esperando pacientemente, y ella le ofreci su brazo y se apresuraron
hacia la puerta del sur. All se haba reunido una multitud, fluyendo de la ciudad de casi
unos mil residentes.
Filtrndose por el camino, empujando a Olgerkhan con ella, Arrayan finalmente se las
arregl para echarle una mirada a la fuente de conmocin, y al igual que muchos otros
de sus compaeros Palishchukianos, sonri ampliamente ante la vista de los Extraos
Esgrimistas de Espadas del Estrafalario Wingham. Su caravana de carretas haba sido
puesta en crculo, los brillantes colores de sus pabellones y toldos relucan
deslumbrantes en el resplandor del sol de fines de verano.
La msica navegaba con la brisa, llevando la rstica voz de uno de los bardos de
Wingham, cantando un cuento de las Montaas Galena y al igual que el resto eran
arrastrados por el entusiasmo, Arrayan y Olgerkhan se encontraron caminando ms
apresuradamente y luego incluso trotando por el predio, sus pasos aboyados por el
anhelo.
La compaa de Wingham vena a Palishchuk solo unas pocas veces cada ao, a veces
solo en una o dos ocasiones, y ellos siempre traan bienes exticos trocados en tierras
muy lejanas, y maravillosas historias de hroes distantes y poderosos villanos.
Entretenan a nios y adultos por igual con canto y danza, y aunque eran conocidos a lo
largo de las tierras como negociantes difciles, cualquiera de las personas de Palishchuk
que comprara un objeto del Estrafalario Wingham saba que estaba obteniendo una
buena ganga.
Por que Wingham nunca haba olvidado sus races, nunca haba rememorado nada ms
que con amor por la comunidad que haba trabajado tan duramente para permitirle a l y
a todos los otros semi orcos de su compaa quitarse de encima las restricciones de su
herencia.
Un par de malabaristas bordeaban la principal entrada al crculo de las carretas,
lanzando extraos cuchillos de tres hojas en una lnea ininterrumpida ida y vuelta uno a
otro, las armas girando sobre las cabezas de los nerviosos y deleitados Palishchukianos
al tiempo que entraban o salan.
Justo dentro del crculo, un par de bardos actuaba, uno tocando un instrumento curvo
parecido a una flauta mientras que el otro cantaba sobre las Galenas. Pequeos kioskos
y estantes armas y ropas llenaban el lugar, y el aroma de una mirada de perfumes
exticos y velas perfumadas camuflaban apropiadamente el tpico olor a podredumbre
de la tundra a fines de verano, donde las plantas crecan velozmente y moran
velozmente a lo largo del corto perodo clido, y el apretn congelado sobre la capa
superficial del suelo se renda, soltando la fragancia de estaciones pasadas.
Por un momento, un aspecto diferente y extraamente sentido por Arrayan se filtr, y
ella tuvo que detener sus pasos para meterse en la visin de un gran baile en una ciudad
lejana, llena de danzas, de hombres y mujeres ricamente vestidos. Aunque esa pequea
parte de su compuesto imaginario no dur cuando divis a un semi orco, encorvando

por la edad, calvo, rengo, pero con una chispa en sus brillantes ojos que no poda ms
que llamar la atencin, sin importar cun brevemente, de cualquier jovencita que
cruzara su mirada con l.
Seora Maggotsweeper! (Barredora de gusanos) grit el viejo semi orco al verla.
Arrayan hizo una mueca ante el correcto recitado de su apellido, uno que haba
abandonado haca mucho tiempo, prefiriendo su segundo nombre lfico, Faylin. Aunque
eso no hizo que su rostro se agriara, ya que saba que su To Wingham lo haba gritado
con profundo afecto.
Pareca volverse ms alto y recto a medida que se acercaba a ella, y la envolva en un
fuerte y poderoso abrazo.
Verdaderamente la ms anticipada, agradable, amorosa, maravillosa, asombrosa y ms
bienvenida visin en todo Palishchuk! dijo Wingham usando la voz lrica de
anunciante que haba dominado tan bien por dcadas con su compaa ambulante.
Empuj a su sobrina tomando distancia. Cada vez que me aproximo a Palishchuk,
temo llegar solo para descubrir que te has ido a Damara o a cualquier otro lado fuera de
aqu.
Pero sabes que regresara enseguida si supiera que estabas regresando al pueblo, le
asegur ella, y sus ojos centellearon y ensanch su pcara sonrisa.
He regresado al galope con hallazgos maravillosos nuevamente, como siempre, le
prometi Wingham con un guio exagerado.
Como siempre, concord bajando la voz.
Jugando al coy?
Al lado de Arrayan, Olgerkhan gru desaprobadoramente, incluso amenazadoramente,
puesto que coy- koi en la lengua de los orcos- era el nombre de un juego muy lascivo.
Wingham entendi la indirecta en la sobreprotectora advertencia y retrocedi, oteando
al bruto de Olgerkhan sin pestaear. Wingham no haba sobrevivido por tantos aos en
las inclemencias de Vaasa estando ciego ante cada una de las posibles amenazas.
No koi, le explic rpidamente Arrayan a su encrespado compaero. l quiere decir,
astuto, husmeador. Mi to quiere dar a entender que yo podra saber algo ms de lo que
le estoy diciendo.
Ah, el libro dijo Olgerkhan
Arrayan suspir y Wingham se ri.
Ah, me has descubierto, dijo Arrayan.
Y yo que pens que tu alegra se deba solamente por verme, replic Wingham con
fingida desilusin.

As es! le asegur Arrayan. O lo sera. Quiero decir... no es que..., To, ya sabes...


Aunque obviamente estaba disfrutando del espectculo de tartamudeos, Wingham,
misericordiosamente levant una mano para calmar a la mujer.
Nunca sales a buscarme la maana del primer da, querida sobrina. Sabes que estar
bastante ocupado saludando a la multitud. Pero no me sorprende verte aqu este da, tan
temprano. El rumor me ha precedido respecto a los escritos de Zhengyi.
Lo es verdaderamente? pregunt Arrayan a duras penas pronunciando las palabras.
Prcticamente salt hacia adelante mientras hablaba, sujetndolo a su to por los
hombros. Wingham mir de reojo nervioso a su alrededor.
No aqu, muchacha. No ahora, le advirti serenamente. Ven esta noche cuando el
crculo de las carretas est cerrado y hablaremos.
No puedo esperar a- comenz a decir Arrayan, pero Wingham le puso un dedo sobre
sus labios para silenciarla.
No aqu. No ahora.
Ahora, queridas damas y caballeros, dijo Wingham con sus ademanes de presentador.
Examinen nuestros exticos aromas, algunos creados tan lejos como en Calimshan,
donde el viento mueve montaas de arenas tan gruesas que no podran ver sus manos
aunque la pusieran a un centmetro de sus caras!
Otros varios semi orcos Palishchukianos pasaron mientras Wingham hablaba y ella
entendi la distraccin. Asinti a su to, aunque realmente era reticente a marcharse, y
se llev con ella al confundido Olgerkhan.
La pareja dio un vistazo al carnaval por otra hora o ms y luego Arrayan se fue y
regres a su pequea casa. Pas toda la tarde pasendose y restregndose las manos.
Wingham lo haba confirmado: el libro en cuestin era de Zhengyi.
Las palabras mismas de Zhengyi!
Zhengyi, quien haba dominado a dragones y haba desplegado su oscuridad a lo largo
de todas las Tierras de Bloodstone. Zhengyi, quien haba dominado la magia y la muerte
misma. Seres poderosos como el Rey Brujo no escriban tomos ociosamente o
descuidadamente. Arrayan saba que Wingham entenda estas cosas. El viejo
examinador no era ajeno a los elementos de poderes mgicos. El hecho de que
Wingham ni siquiera discutiera sobre el libro pblicamente le deca mucho a Arrayan:
l saba que era un elemento especial. Ella tena que esperar, y el atardecer no llegaba lo
suficientemente rpido para ella. Cuando lleg, cuando finalmente las campanas
comenzaron a sealar el final de la actividad del mercado, Arrayan tom un chal y se
apresur hacia la puerta. No le sorprendi encontrar a Olgerkhan esperando por ella, y
juntos se movieron aprisa por la ciudad, saliendo de la puerta del sur y de regreso al
crculo de carretas de Wingham.

Los guardias estaban escoltando a los ltimos compradores, pero saludaron a Arrayan
con una inclinacin de cabeza y le dejaron pasar al crculo. Encontr a Wingham
sentado a la pequea mesa en su carreta personal, y en ese momento pareca muy
distinto del presentador de carnaval.
Sombro y tranquilo, apenas levant la mirada de la mesa para reconocer la llegada de
su sobrina, y cuando ella lo rode y consider lo que haba en la mesa delante de l,
Arrayan entendi porque.
All reposaba un enorme y antiguo tomo, su rica cubierta negra hecha de cuero pero de
una clase ms suave y gruesa de la que Arrayan jams haba visto. Invitaba a tocar sus
bordes y ojear las pginas que protega.
Arrayan no se atreva, pero se inclin un poco ms cerca, advirtiendo los diversos
diseos que sosegada y discretamente bordeaban el lomo y la cubierta del libro.
Distingui las formas de dragones, alguno enrollados durmiendo, algunos encabritados
y otros en agraciado vuelo, y se le ocurri a ella que la suave cubierta del libro podra
ser del pellejo de un dragn.
Se lami sus labios secos y cay en la cuenta de que sbitamente estaba insegura de su
accionar. Lenta y deliberadamente, la temblorosa mujer tom asiento en la silla frente a
su to y le indic a Olgerkhan que se quedara junto a la puerta.
Pas un buen rato y Wingham no daba seal de romper el silencio.
El libro de Zhengyi? Arrayan reuni el coraje para preguntar, y pens que la
pregunta era increblemente absurda, dado el peso del tomo.
Finalmente, Wingham la mir e hizo un ligero asentimiento.
Un libro de hechizos?
No.
Arrayan esper tan pacientemente como pudo a que su to se explicara, pero
nuevamente, l simplemente se qued all sentado. El desacostumbrado comportamiento
del normalmente extrovertido semi orco la tena al borde de la silla.
Entonces qu--? empez a preguntar. Fue cortada en seco por un tajante, No lo s.
Despus de otra interminable pausa, Arrayan se anim a alcanzar el tomo. Wingham
atrap su mano y la sostuvo firmemente, justo a un centmetro de la negra cubierta.
te has equipado con hechizos de adivinacin hoy? pregunt l.
Por supuesto, respondi ella.
Entonces busca las propiedades mgicas del tomo antes de proceder.

Arrayan se recost contra la silla lo ms lejos que pudo, oteando a su to curiosamente.


Nunca lo haba visto as, y aunque la visin la entusiasmaba ms an sobre el potencial
del tomo, era ms que un poco perturbador.
Y, prosigui Wingham, sujetndole rpidamente la mano, has preparado hechizos
de proteccin mgica tambin?
Qu pasa to?
El viejo semi orco la mir severamente por largo rato, sus ojos grises relampagueando
con intriga y miedo honesto.
Finalmente dijo, Una invocacin.
Arrayan tuvo que recordarse conscientemente de respirar.
O un envo, sigui Wingham. Y ningn demonio est involucrado , ni ninguna otra
criatura de otros planos por lo que puedo discernir.
Lo has estudiado detenidamente?
Tan detenidamente como me atrev a hacerlo. No estoy ni de cerca avezado en el Arte
como para atreverme con un tomo semejante a este. Pero s como reconocer el nombre
de un demonio, o de un plano, y no hay nada as en este tomo.
Y un hechizo de adivinacin te dijo todo eso?
Cientos de esos hechizos, replic Wingham. Se agach y extrajo una delgada varita
de metal de su cinto, sostenindola frente a l. La he vaciado -tres veces- y todava mis
pistas siguen siendo pocas. Estoy seguro de que Zhengyi utiliz su magia para ocultar
algo... algo magnfico. Y tambin estoy seguro de que este tomo es la llave para
destrabar ese elemento escondido, sea lo que fuere.
Arrayan solt su mano del apretn de l, se estir para tomar el libro, pero luego cambi
de opinin y cruz ambas manos sobre su regazo. Se sent mirando alternativamente el
tomo y a su to.
Ciertamente que debe tener trampas, dijo [Link] no he podido encontrar
ninguna- y no es por no intentarlo!
Me dijeron que solo lo habas encontrado recientemente, dijo Arrayan.
Hace meses, replic Wingham. No habl con nadie de esto hasta que hube agotado
todos mis recursos personales en l. Adems, no quera que el rumor se expandiera tan
lejos. Sabes que muchos estaran interesados en semejante tomo, incluyendo a ms de
unos cuantos hechiceros poderosos de verdadera reputacin.
Arrayan se dio cuenta de todo en un momento, y empez a sonrer.

Wingham haba esperado a estar cerca de Palishchuk para empezar a esparcir el rumos
del tomo de Zhengyi porque haba planeado desde un principio drselo a Arrayan, su
sobrina usuaria de magia poderosa,. Su regalo para ella sera un tiempo en privado con
el fascinante y valioso tomo.
El Rey Gareth enviar investigadores, le explic Wingham, confirmando ms an las
sospechas de Arrayan. O un grupo, quizs, cuyo nico propsito ser confiscar el tomo
y regresarlo a la Aldea de Bloodstone o Heliogabalus, donde hechiceros ms poderosos
empleen su magia. Pocos saben de su existencia-aquellos que han escuchado los
susurros aqu en Palishchuk y Mariabronne el Guardabosques.
Arrayan dio un respingo ante la mencin de Mariabronne, un rastrero cuyo ttulo estaba
alcanzando un estatus legendario en las tierras salvajes. Mariabronne se haba vuelto
bastante rico con las recompensas de las orejas de los monstruos ofrecida en la Puerta
de Vaasa, as se rumoreaba. Conoca a casi todos, y todos lo conocan a l. Amigable y
de pocas palabras, astuto e inteligente, pero apaciguadoramente sencillo, el vigilante
tena su mtodo para hacer que la gente- incluso aquellos que estaban bien al tanto de su
reputacin- en la posicin de subestimarlo.
Arrayan lo haba encontrado en solo dos ocasiones, ambas en Palishchuk, y se haba
encontrado rindose de sus muchos cuentos, o abriendo los ojos bien grandes ante las
narraciones de sus increbles aventuras. Era un rastreador por comercio, un vigilante al
servicio de los parajes inhspitos, pero para la consideracin de Arrayan, l estaba
posedo por el carcter de los bardos. De seguro que haba una picarda detrs de sus
brillantes y curiosos ojos.
Mariabronne le comentar a los comandantes de Gareth en la Puerta de Vaasa,
prosigui Wingham, y el sonido de su voz sac a Arrayan de sus contemplaciones. Su
sonrisa mientras ella lo observaba le deca a la mujer que haba traicionado bastantes de
sus sentimientos con sus expresiones, y sinti que se acaloraban sus mejillas.
Por qu se lo dijiste a alguien? pregunt ella.
Este es un tomo demasiado poderoso. Sus poderes van ms all de mi.
Y an as dejaras que yo lo inspeccione?
Tus poderes con semejante magia sobrepasan los mos.
Arrayan consider la atemorizante tarea delante de ella a la luz del lmite de tiempo que
le haba impuesto la revelacin de Wingham sobre Mariabronne.
No temas, querida sobrina, mis palabras hacia Mariabronne fueron apropiadamente
crpticas- incluso ms que los rumores que permit que surcaran el norte hacia
Palishchuk, donde saba que encontraran tus odos.
Probablemente l permanezca en la regin y no cerca de la Puerta, y espero verlo de
nuevo antes de que vaya con los comandantes de Gareth. Tendrs todo el tiempo que
necesites con el tomo.

Le gui un ojo a Arrayan y luego hizo un ademn hacia el libro forrado de negro. La
mujer lo mir fijamente pero no se movi para darle vuelta la tapa.
No has preparado ninguna defensa mgica, razon Wingham despus de un largo
rato.
No esperaba ... es demasiado...
Wingham levant una mano para detenerla. Luego se agach detrs de su silla y sac
una bolsa de cuero, alcanzndosela a Arrayan.
Protegida, le asegur mientras ella la tomaba. Nadie observndote, incluso con un
ojo mgico entender el poder del elemento contenido dentro de este saco protegido.
Arrayan casi no poda creer el ofrecimiento. Wingham pretenda permitirle llevarse el
libro con ella! No pudo ocultar su sorpresa mientras segua considerando a su to, al
tiempo que repasaba su larga e intermitente historia. Wingham no la conoca tan bien,
y a pesar de ello le entregaba voluntariosamente lo que podra llegar a ser el elemento
ms precioso que hubiera descubierto en su larga historia de artefactos sobrenaturales?
Cmo podra ella jams demostrar ser merecedora de esa clase de confianza?
Vamos, sobrina, la anim Wingham. No soy tan joven y estoy necesitado de una
buena noche de descanso. Espero que mantendrs a tu siempre curioso to informado de
tu progreso?
Casi sin pensar en el movimiento, Arrayan se levant de la silla y salt hacia adelante,
envolviendo a Wingham con sus delgados brazos y plantndole un enorme beso en la
mejilla.

CAPITULO 5

NMERO DE VCTIMAS

Entreri baj saltando la ladera de la montaa, brincando de piedra en piedra, nunca


manteniendo derecho su camino. Casi no era consciente de sus movimientos, sin
embargo cada paso era perfecto y completamente equilibrado, ya que el asesino haba
entrado en un estado de pura claridad combativa. Sus movimientos llegaban con fluidez,
su cuerpo reaccionando justo por debajo de su nivel de consciencia perfectamente
sincronizada con lo que instintivamente l determinaba que tena que hacer. Entreri iba
a la carrera tan fcilmente por el quebrado y anguloso camino bajando la pronunciada
cuesta al norte de la falda de la montaa Galena, un lugar en donde inclusive los
excursionistas ms cuidadosos podan doblarse un tobillo o caer en una grieta, como si
estuviera corriendo por un herboso prado.
Baj saltando por un sendero embarrado mientras otra lanza le pasaba volando por
sobre la cabeza. Rode una roca en su camino, pero rpidamente se subi a ella por el
costado, luego salt por la derecha de la roca hacia la cima de otra piedra ms grande.
Un veloz vistazo atrs le indic que los goblins lo estaban cercando, movindose por un
mejor terreno para aislarlo antes de que alcanzara el sendero principal.
Una delgada sonrisa apareci en el rostro de Entreri al tiempo que brincaba de esa
segunda roca de vuelta al suelo, corriendo a toda prisa y siguiendo virando hacia el
oeste, su izquierda.
El estallido de un rayo detrs por el otro lado lo sorprendi por un momento, hasta que
se dio cuenta de que Jarlaxle se haba encargado de los monstruos con una destacada
descarga de magia. Entreri descart el pensamiento. Jarlaxle estaba lejos de l,
dejndolo solo con sus enemigos ms inmediatos.
Solo. Justamente como le gustaba a Artemis Entreri. Lleg a un sendero derecho
bajando por el norte de la ladera y levant velocidad a plena carrera, con los goblins
viniendo del costado y pisndole los talones. Mientras se acercaba al final del sendero,
gir y desenvain su espada mgica en un arco detrs suyo, soltando un velo opaco de

cenizas oscuras de su encantada espada rojo sangre. Mientras completaba el giro,


Entreri se lanz adelante en un salto mortal, luego dobl sus pies mientras rodaba,
arrojando su mpetu a un costado y haciendo un giro brusco detrs de una roca.
Se agarr con los dedos mientras pasaba de largo y se mantuvo, despus se aplast
contra la piedra y mantuvo la respiracin. Un leve jadeo le indic al asesino la posicin
exacta de sus enemigos. Desenvain su daga enjoyada, y mientras el primer goblin le
pasaba a un costado como un rayo, l golpe, rpido y duro, una punzada que puso a la
viciosa hoja entre las costillas del monstruo.
El goblin ladr y se tambale, trastabillando y tropezando, y Entreri lo dej ir sin
pensarlo ms. Rode la roca apresuradamente y se puso de rodillas justo delante del
remolino de cenizas.
Pasaron los jarretes de un goblin sobre su costado, y el monstruo sali rodando. Un
tercero le sigui de cerca, enredndose con el anterior al tiempo que se estrellaban
contra el suelo. Entreri se arrastr hacia adelante y rod, ponindose de pie de espalda a
las cenizas que quedaban.
Sin siquiera mirar, dio vuelta la poderosa espada en su mano y apunt con ella detrs de
l, dndole justo en el pecho al cuarto goblin que segua. El asesino se volte y repleg
su larga espada, batindola para separa una lanza propulsada por la pareja de goblins
que quedaban y se haban recompuesto lo suficiente para un ataque coordinado.
Getsun innks arr! le instruy un goblin a otro, lo que Entreri entendi como
Rodalo por la izquierda!
Entreri, con la daga en su mano derecha, y la espada en la izquierda, se puso de cuclillas
con las armas extendidas para defenderse de ambos.
Beenurk! grito el goblin. Ve ms!
El otro goblin hizo como se le ordenaba y Entreri comenz a voltearse con l, tratando
de parecer asustado. Quera que el goblin ms grandote se concentrara en su expresin,
y aparentemente as lo hizo, ya que Entreri furtivamente hizo girar la daga sobre su
mano luego la levant y arroj. An estaba observando al goblin que lo rodeaba cuando
arremeti contra el otro, pero saba que haba dado en el blanco cuando la siguiente
orden del goblin ms grandote lleg como poco ms que un gorjeo lleno de sangre.
El asesino movi su espada alrededor creando otro campo de cenizas, luego retrocedi
de un salto como si quisiera recobrar su daga. Se detuvo a medio paso, e invirti su
impulso para cargar contra el acosador goblin.
Rod justo por encima de la pujante espada del goblin, saliendo por la derecha del
humanoide, un salto mortal completo que hizo que Entreri aterrizara de nuevo
firmemente de cuclillas. Mientras avanzaba, hizo girar a la Garra de Charon de su mano
izquierda a la derecha. Puso la hoja perfectamente en ngulo para que cuando se
detuviera, la hoja cayera justo bajo las costillas del goblin. Con el empujn,
impulsndolo adelante, Entreri levant al goblin del suelo con la punta de su fina
espada, la criatura golpeando al tiempo que se deslizaba por el filo.

Entreri fren una retraccin, luego gir velozmente, trayendo la hoja al otro lado al
nivel del hombro, y cuando se dio vuelta, la fina espada cruz a travs del silbante
cuello del goblin tan limpiamente que su cabeza permaneci unida hasta que la criatura
se cay a un costado y golpe el suelo con una sacudida.
El asesino salt a un lado, sujetando el pomo de la daga que sobresala de la garganta
del goblin arrodillado y tembloroso. La retorci sbitamente y la gir mientras liberaba
el arma, asegurndose de haberle sacado la garganta a la criatura completamente. Para
ese entonces, los dos que haba hecho tropezar ya estaban de pie y avanzaban-aunque
tentativamente.
Entreri observ sus ojos y not que miraban ms a menudo hacia el costado ms que a
l. Queran correr, lo saba, o esperaban refuerzos. Y la ltima no era una esperanza
pasajera, ya que Entreri pudo escuchar goblins a lo largo de la ladera de la montaa.
La impetuosidad de Jarlaxle los haba arrojado justo en medio de una tribu criaturas.
Ellos slo haban visto a tres en el campamento, rebuscando en una olla hirviendo con
un maloliente estofado miserable.
Pero detrs del campamento estaba la entrada oculta a una cueva.
Jarlaxle no haba escuchado la advertencia de Entreri, o no le haba importado, y el
sbito asalto de ellos dos haba trado consigo una chorrera de monstruos aulladores.
Era sobrepasado dos a uno, pero Entreri tena el terreno ms elevado, y lo utiliz para
facilitar un imprevisto y subyugante ataque. Avanz apualando con su espada luego
barrindola hacia la izquierda y de vuelta a la derecha. Escuch el timbre del metal
sobre el metal mientras el goblin a su derecha frenaba el revs con su propia espada,
pero eso difcilmente interrumpa el flujo de Entreri.
Dio un paso adelante, enviando la Garra de Charon en un movimiento descendente
detrs de l, luego por sobre su hombro. Avanz dando un fuerte golpe de largo alcance,
uno diseado para surcar a su enemigo si ste decida saltar hacia atrs. Para su mrito,
salt hacia adelante de nuevo.
Pero eso era exactamente lo que haba anticipado Entreri. La espada del goblin atac
hacia adelante- y una daga enjoyada fue contra el costado del arma y la volte, alterando
el ngulo justo lo suficiente para provocar un fallo. Su mano trabajando en un
imprevisto trazo confuso, Entreri envi su daga arriba y sobre la hoja, luego abajo y
alrededor, retorcindola mientras lo haca para voltear la espada un poco ms. Machac
con la Garra de Charon al tiempo que la llevaba hacia su derecha, obligando al otro
goblin a mantenerse atrs, y continu su avance, haciendo rodar su daga otra vez,
torciendo la espada incluso ms lejos. Y una vez ms, hizo rodar su espada, hacindola
caminar por encima de la espada del goblin. Finalmente, la destrab con un ademn,
empujando la daga ms cerca, luego golpeando con ella tres veces en una rpida
sucesin, soltando un gruido con cada porrazo.
Con brillante sangre manando de las tres punzadas, el goblin se tambale. Seguro de
que estaba vencido, Entreri ya le haba dado la espalda para ese entonces, su espada
trabajando furiosamente para defenderse del ataque inesperadamente feroz de los otros

goblins. Fren una arremetida baja, una segunda que apuntaba a su pecho, e intercept
una tercera que vena en el mismo ngulo.
El goblin grit y presion con una cuarta arremetida.
Entreri hizo volar su daga.
El goblin se quej una sola vez y luego qued en silencio. La punta de su espada se
deslizaba al suelo mientras al mismo tiempo, su mirada bajaba para enfocarse en el
pomo de la daga que sobresala de su pecho. Mir de vuelta a Entreri. Su espada cay al
suelo.
Supongo que duele, dijo el asesino.
El goblin cay muerto.
Entreri pate a la criatura muerta para ponerlo de espalda y luego liber su daga. Mir
arriba hacia la ladera de la montaa al continuo tumulto, aunque no vio enemigos all.
En lo bajo de la montaa, se dio cuenta de que el primer goblin que haba pasado de
largo junto a l, al que haba apualado en un costado, se haba ido.
Un destello de fuego en un costado le llam la atencin. Slo poda imaginarse la
carnicera que Jarlaxle deba estar llevando a cabo.

Jarlaxle corri al centro de un claro, los goblins lo rodeaban, lanzas volando hacia l
desde todas las direcciones.
Sus defensas mgicas manejaban los misiles con bastante agilidad, y estaba bastante
seguro de que los rsticos monstruos no posean suficiente magia de realce como para
traspasar las barreras y en verdad golpearlo. Una docena de lanzas se le vinieron encima
y fueron sencillamente desviadas a un lado, pero siguindolas de cerca, saliendo desde
detrs de cada roca que rodeaba el claro, pareca que vena un goblin, arma en mano,
chillando y a la carga. Aparentemente, la reputacin de los elfos oscuros se haba
perdido en ese grupo en especial de salvajes.
As como l haba contado con las carencias mgicas para que sus lanzas le hicieran
dao, igualmente Jarlaxle haba contado con las limitaciones intelectuales de los
goblins. Fluyeron como abejas para rodearlo, y con un encogimiento de hombros,
Jarlaxle descubri una varita, apunt con ella sus propios pies y pronunci una orden.
La bola de fuego resultante engull al drow, los goblins y a todo el claro y las rocas que
lo rodeaban. Gritos de terror acompaaron a las llamas naranjas.
Excepto que no eran llamas.

Ignorando completamente su propia ilusin, Jarlaxle observ poco ms que divertido


como los goblins trastabillaban y se arrojaban al suelo. Las criaturas azotaban y les
daban manotazos a las llamas, y pronto sus gritos de terror se convirtieron en gemidos
de agona. El elfo oscuro not que algunos de la docena de enemigos yacan muy
quietos, y es que haban sido consumidos por la ilusin de la bola de fuego ya que la
magia haba creado en sus mentes los mismos resultados reales que habran producido
llamas verdaderas ante semejante explosin.
Jarlaxle haba matado a casi la mitad de los goblins con una nica y simple ilusin.
Bueno, medit el drow, no una simple ilusin. Haba pasado horas y horas, quemando
su varita con cientos de recargas para perfeccionar el remolino de llamas.
No se felicit dndose palmaditas en la espalda por demasiado tiempo, ya que tena que
lidiar con una media docena de criaturas todava.
Todos estaban distrados, sin embargo, y por ello el drow comenz a bombear su brazo,
llamando a la magia del brazalete que llevaba en su mueca derecha para invocar las
dagas perfectamente cargadas hacia su mano. Salieron en una seguidilla mortal mientras
el drow se daba vuelta lentamente. Justo haba completado la vuelta, ponindole dagas a
los seis goblins que arremetan- y a otros tres slo para asegurarse- cuando escuch el
aullido de ms criaturas aproximndose.
Jarlaxle no necesitaba elementos mgicos. Busc dentro de l en la esencia de su
herencia, e invoc un globo de oscuridad absoluta. Luego utiliz su agudizado odo para
dirigirse fuera del claro a un costado, donde se alej piedra a piedra del acercamiento
goblin.

Podras dejar de correr? pregunt Entreri casi sin aliento mientras segua tenaz
persecucin del ltimo goblin herido.
La pista de sangre era suficientemente fcil de seguir y cada tanto divisaba a la criatura
zigzagueando por el interrumpido sendero debajo de l. Crea que haba apualado
severamente a la criatura, pero el goblin no mostraba seales de detenerse. Entreri saba
que deba dejar que la criatura se desangrara, pero la frustracin lo incitaba.
Lleg a una curva escarpada en el camino pero no dobl. Salt sobre la cima del muro
de piedra bordeando el sendero de la hondonada y corri a toda velocidad sobre este,
saltando a travs de otra hendidura y bajando derecho por la ladera de la montaa, vio el
serpenteante sendero, avist rpidamente al goblin fugitivo y vir apropiadamente, sus
piernas movindose por puro instinto para mantenerlo avanzando hacia adelante y en
equilibrio sobre las piedras y por sobre los agujeros oscuros que amenazaban con
tragarlo. Tropez ms de una vez, despellejndose una rodilla y torcindose un tobillo,
pero nunca fue una cada catastrfica.

Casi sin disminuir la marcha con cada ligero tropiezo, Entreri grua de dolor y se
concentraba en su presa. Cruz el serpenteante sendero y resisti al buen sentido de
doblar y seguir su curso, de nuevo acortando camino por la descampada y rocosa ladera
de la montaa.
Cruz nuevamente el camino, y unos instantes despus lleg a la cuarta curva. Confiado
de que estaba por delante de su enemigo, se detuvo y recobr el aliento, se acomod la
ropa y se sec la sangre de su rtula.
El aterrorizado y herido goblin, dobl por la curva, ponindose a la vista. Tan absorto
estaba en el sendero detrs de l que el desgraciado jams vio siquiera a Entreri
mientras corra a la par.
Lo habras hecho mucho ms fcil, dijo Entreri, sacando sus armas y acercndose
tranquilamente. La voz del asesino golpe la susceptibilidad del goblin tan slidamente
como si se hubiera estrellado contra un muro de piedras cuando corra.
La criatura chill y se detuvo abruptamente con un derrape, y cay de rodillas.
Por favor, seor. Por favores, suplic, utilizando la lengua comn.
Oh, cllate, replic el matador.
Seguramente no matars a una criatura que suplica por su vida tan elocuentemente,
lleg una tercera voz, una que sorprendi a Entreri pero solo momentneamente- hasta
que reconoci al portavoz.
No tena idea de cmo Jarlaxle haba llegado tan velozmente, pero ya no se sorprenda
de nada de los que hiciera Jarlaxle. Entreri enfund su espada y sujet al goblin por un
mechn de su spero pelo, tirndole la cabeza hacia atrs violentamente. Dej que su
daga enjoyada se deslizara acosadoramente a lo largo de la garganta de la criatura, luego
la movi hacia el costado de la cabeza del goblin.
Le corto solo las orejas entonces? le pregunt a Jarlaxle, con un tono que demostraba
que no tena intenciones de hacer tal cosa ni de mostrar semejante misericordia.
Siempre piensas en trmino de lo inmediato, replic el drow, y se acerc al par. De
acuerdo a esos trminos, por cierto, deberamos ser rpidos en nuestros asuntos ya que
cientos de sus compaeros incluso ahora estn bullendo por las laderas de la montaa.
Entreri hizo un movimiento como si fuera a darle el golpe de gracia, pero Jarlaxle lo
llam y lo detuvo.
Mralo a largo plazo, le insisti el drow.
Entreri le arroj una mirada cnica a Jarlaxle.
Estamos compitiendo con cientos de rastreadores por cada oreja, explic el drow.
Cunto ms progresaramos si nos hacemos con un explorador que nos gue?

Un explorador?Entreri mir abajo hacia el gimoteante y temblequeante goblin.


Pues por supuesto, dijo Jarlaxle, y camin hasta Entreri y tranquilamente alej la daga
de la cabeza del goblin. Luego tom la otra mano de Entreri y lo apur gentilmente para
que soltara el pelo del goblin.
Empuj un paso atrs a Entreri y despus se agach a la altura de la criatura.
Qu me dices de ello? pregunt l.
El despatarrado goblin se le qued mirando.
Cul es tu nombre?
Gools.
Gools? Un buen nombre. Qu dices Gools? Te interesara entrar en sociedad con mi
amigo y yo?
La expresin del goblin no cambi.
Tu tarea ser bastante simple, te lo aseguro, dijo el drow. Mustranos el camino a los
monstruos- ya sabes tus amigos y dems- y luego te quitas de en medio. Te buscaremos
cada da- hizo una pausa y mir alrededor- all mismo. Parece un buen lugar para
nuestras discusiones.
El goblin finalmente pareca entender. Jarlaxle le arroj una brillante moneda de oro.
Y muchas ms para Gools de donde vino esa. Interesado?
El goblin mir fijamente la moneda con los ojos abiertos por un rato luego levant la
vista hacia Jarlaxle y lentamente asinti.
Muy bien, entonces, dijo el drow.
Avanz, rebuscando en la bolsa del cinto y alarg su mano, la cual estaba cubierta por
una sutil substancia calcrea celeste. El elfo oscuro se estir hacia la frente del goblin.
Gools se ech para atrs ante eso, pero Jarlaxle expidi una severa amenaza, mostrando
su espada en la otra mano y poniendo una expresin que prometa una muerte dolorosa.
El drow busc la frente del goblin nuevamente y comenz a dibujar all con la tiza, al
tiempo que pronunciaba un encantamiento arcano- un balbuceo que cualquier estudiante
de magia de tercer ao habra reconocido como un disparate incoherente.
Te he impuesto una maldicin, le dijo. Si sabes algo de mi gente, los drows, entonces
comprendes bien que esta maldicin ser de las ms ruines. Es bastante sencillo,
Gools. Si permaneces leal a m, a nosotros, entonces no te suceder nada. Pero si nos
traicionas, sea porque huyas o nos conduzcas a una emboscada, la magia de la
maldicin cobrar efecto. Tu cerebro se transformar en agua y correr por tus odos,
y suceder lentamente, muy lentamente! Sentirs cada quemadura, cada aguijonazo,

cada torcedura. Conocers la agona que ninguna espada podra suplantar jams.
Gemirs y llorars y suplicars piedad, pero nada te ayudar. E incluso en la muerte te
atormentar esta maldicin, ya que su magia enviar tu espritu al altar de la Reina
Araa Lolth, la Diosa Demonio del Caos. Sabes de ella?
Gools temblaba tanto que apenas poda sacudir la cabeza.
Conoces las araas? pregunt Jarlaxle y camin sus dedos sobre la sudada mejilla
del goblin.
Araas reptantes.
Gools se estremeci.
Ellas son los instrumentos de Lolth. Te devorarn por la eternidad. Te morderpellizc fuertemente al goblin-un milln de veces. No habr alivio para su ardiente
veneno.
Le ech una mirada a Entreri, luego mir al aterrorizado goblin a los ojos una vez ms.
Me comprendes Gools?
El goblin asinti tan rpidamente que sus dientes castaeteaban con el movimiento.
Trabaja con nosotros, y gana oro, dijo el drow, an en la lengua gutural del salvaje
goblin. Le arroj otra moneda de oro a la criatura. Gools ni siquiera se movi para
buscarla, aunque la moneda lo golpe en el pecho y cay en la suciedad.
Traicinanos y conocers la tortura interminable.
Jarlaxle retrocedi, y el goblin se agach repentinamente. Gools se las arregl para
retener parte de su buen sentido y alcanz la segunda pieza de oro.
Maana, a esta hora, le instruy Jarlaxle. Luego, en Comn, comenz, Piensas
que--?
Se detuvo y lanz una mirada hacia atrs arriba de la ladera de la montaa ante el sbito
sonido de batalla renovada.
Entreri y Gools tambin, levantaron la vista hacia la colina, sorprendidos.
Comenzaron a sonar los cuernos, y los goblins chillaron y aullaron, y el sonido del
metal contra metal hizo eco en el viento.
Maana le dijo Jarlaxle al goblin, empujndolo con un dedo. Ahora vete, idiota.
Gools se alej tambaleando a cuatro patas, y finalmente se puso de pie y corri a toda
prisa.
Realmente crees que lo veremos de nuevo? pregunt Entreri

Poco me importa, dijo el drow.


Orejas? le record Entreri.
Puede que quieras ganarte tu reputacin una oreja a la vez, mi amigo, pero yo nunca
elijo hacer las cosas de la manera difcil.
Entreri comenz a responder , pero Jarlaxle levant una mano para silenciarlo. El drow
se dirigi por la izquierda hacia la ladera de la montaa y empez a ver de qu se trataba
toda esa conmocin.

"Ahora s que me he metido en un mal sueo," remarc Entreri.


l y Jarlaxle se aplastaron contra el muro de rocas, mirando desde lo alto un campo de
piedras redondeadas. All abajo, los goblins corran por todos lados, peleando en
completo desorden debido a que halflings cargaban contra ellos- docenas de halfling
cabalgando en cerdos con armaduras.
Los diminutos guerreros balanceaban mayales, soplaban cuernos y arrojaban dardos,
virando sus monturas en lneas de zig zag que deben de haberles parecido perfectamente
caticas a los pobres y confundidos goblins.
Desde su ventajoso punto de vista desde arriba, sin embargo, Entreri y Jarlaxle podan
ver la precisin de los movimientos de los halflings, una fluida seguidilla de destruccin
que pareca como si los pequeos guerreros montados se hubieran fundido en una
singular criatura con forma de serpiente.
"En Menzoberranzan, la Casa Baenre a veces hace desfilar a sus fuerzas por las calles
para mostrar su disciplina y poder," remarc Jarlaxle. "Estos pequeitos no son menos
precisos en sus movimientos."
Entreri no haba sido testigo de semejantes desfiles en su corto tiempo en la ciudad de
los elfos oscuros, pero viendo la movediza mquina masacradora de los jinetes
halflings, fcilmente entendi a que se refera su compaero.
Era fcil tambin para el do determinar la duracin de la batalla unilateral, por lo que
comenzaron a bajar por la cuesta, Jarlaxle guiando a Entreri hacia el campo rocoso
mientras el ltimo de los goblins era reducido.
"Quiebrarodillas!" gritaron los halfling al unsono, mientras alineaban a sus cerdos de
guerra en perfectas filas. Unos pocos haban sido heridos, pero solo uno pareca
seriamente herido, y los sacerdotes halflings ya estaban trabajando duro atendindolo.
El grito de auto felicitacin de los halflings qued cortado en seco, cuando varios de
ellos notaron las dos figuras que se aproximaban, una un elfo oscuro.

Las armas se levantaron en un abrir y cerrar de ojos, y los gritos de advertencia le


dijeron a los recin llegados que se mantuvieran en sus trece.
"Inurree waflonk," dijo Jarlaxle en un lenguaje que Entreri no entendi.
Sin embargo, mientras consideraba las curiosas expresiones de los halfling, y recordaba
a su vieja amiga all en Calimport, Dwahvel Tiggerwillies, y algunas de sus
idiosincrasias lingsticas, calcul que su amigo estaba hablando la lengua halfling-y
aparentemente, bastante fluido. Entreri no estaba sorprendido
"Buena pelea," tradujo Jarlaxle, guindole un ojo a Entreri. "los observamos desde
arriba y vimos que los desorganizados goblins no tenan oportunidad alguna."
"Te das cuenta de que eres un elfo oscuro, correcto?" pregunt uno de los halflings, un
tipo pequeo y fornido con un bigote marrn que se le curvaba en crculos sobre las
mejillas.
Jarlaxle fingi cara de sorpresa mientras pona una de sus manos delante de sus
brillantes ojos.
"Pues, de hecho, s, es verdad!" exclam l.
"Te das cuenta de que somos los Quiebrarodillas, correcto?"
"Eso es lo que les escuch proclamar."
"Te das cuenta de que nosotros los Quiebrarodillas tenemos la reputacin de matar
sabandijas, correcto?"
"Si no la tuvieran, y despus de ser testigo de vuestra exhibicin, yo mismo correra la
voz, se los aseguro."
"Y te das cuentas de que los elfos oscuros entran en esa categora, por supuesto."
"En serio? Pues yo haba llegado a creer que las razas civilizadas, entre las que algunos
dicen se incluye la halfling-aunque algunos insisten que los halflings solo pueden ser
considerados civilizados cuando no hay comida alrededor- proclaman su superioridad
por su predisposicin a juzgar a los otros basndose en sus acciones y no en su herencia.
No es ese uno de los factores determinantes de la civilidad?"
"Tiene razn en eso," farfull otro halfling.
"Yo le dar una razn," dijo otro ms, uno que sostena una larga (relativamente
hablando) lanza puntiaguda.
"Puede que adems hayas notado que muchos de los goblins ya estaban muertos cuando
ustedes entraron en escena," aadi Jarlaxle. "No fue una pelea interna lo que los
aniquil, se los aseguro."

"Ustedes dos estaban combatiendo a los diablillos?" pregunt el primero,


aparentemente el lder.
"Combatiendo? Masacrando sera un mejor trmino. Lo que s creo es que tu pequeo
ejrcito aqu nos ha robado nuestra matanza."
Hizo un rpido escrutinio y apunt con el dedo varias veces, como contando los
muertos.
"Cuarenta o cincuenta piezas de oro, mnimo."
Los halflings comenzaron a murmurar entre ellos.
"Pero no es nada que mi amigo y yo no podamos perdonar u olvidar, ya que observando
vuestra delicada fuerza en una maniobra tan brillante vali la pena como precio
razonable de admisin," aadi Jarlaxle.
Barri el suelo con una de sus caractersticas reverencias, sacndose el sombrero y
cepillando las piedras con la enorme pluma de diatryma. Eso pareci tranquilizar un
poco las filas de halflings.
"Tu amigo, no habla mucho, no?" pregunt el lder.
"l provee las espadas," replic Jarlaxle.
"Y t las ideas, presumo."
"Yo, o el prncipe demonio que est parado detrs de ti."
El halfling se puso plido y se volte, junto con los otros, las armas listas. Por supuesto
que no haba ninguno demonio a la vista, por lo que toda la tropa gir nuevamente ante
un Jarlaxle muy divertido.
"Realmente tienen que superar sus miedos de mi herencia de piel oscura," les explic
Jarlaxle rindose. Qu les parece si disfrutamos de una comida juntos?"
"Quieres que te alimentemos?"
"Ms bien al contrario," dijo el drow. Se sac la mochila de viaje y extrajo una varita y
un pellejo de vino. Busc alrededor con la mirada, divisando unas pequeas rocas
cadas, incluyendo unas lo suficientemente bajas como para que sirvieran de mesas.
Indicndoles ese camino, les dijo, "Les parece?"
Los halflings lo miraron fijamente dudando y no se movieron. Con un gran suspiro,
Jarlaxle rebusc en su mochila de nuevo y sac un mantel y lo extendi en el suelo
frente a l, cuidando de encontrar un lugar que estuviera limpio y sin manchas de sangre
goblin.
Dio un paso atrs, apunt el mantel con la varita, y pronunci una palabra.
Inmediatamente, el rea del centro del mantel se hinch desde el suelo. Jarlaxle se

acerc al mantel, sujet una punta y lo retir, revelando autntico festn de panes dulces,
frutas, bayas, e incluso un cordero en espetn goteando jugo y todo.
La hilera de ojos de los halflings se abrieron tanto que pareca que fueran a saltrseles y
rebotar todos juntos por el suelo.
"Siendo halfling, y unos civilizados, asumo que han trado una buena cantidad de
utensilios para comer, platos y frascos para beber, correcto?" dijo el drow, imitando
eficazmente la manera de hablar del lder de los halflings.
Algunos de los halfling arrimaron sus cerdos adelante, pero el testarudo lder sostuvo su
mano en alto y oje al drow sospechosamente.
"Oh, vamos," dijo Jarlaxle. "Podras haber vislumbrado una mejor muestra de mi
amistad?"
"Vinieron de la muralla?"
"De la Puerta de Vaasa, por supuesto," respondi Jarlaxle. "Enviado a explorar por la
mismsima Comandante Ellery Tranth Dopray Kierney Azotadragones Peidopare ."
Entreri trat con todas sus fuerzas de no dar un respingo ante la mencin del nombre de
la mujer, ya que pens que su amigo estaba jugando un juego peligroso.
"La conozco bien," dijo el lder halfling.
"En serio?" dijo el drow, y se ilumin de pronto como si todas las piezas hubieran
encajado para l. "Puede que seas el renombrado Hobart Bracegirdle en persona?"
jade.
El halflings se enderez y golpe el pecho con orgullo, toda la respuesta que
necesitaban los compaeros.
"Entonces debes cenar con nosotros," dijo Jarlaxle. "Debes hacerlo! Yo..." hizo una
pausa y le ech una severa mirada a Entreri. "Nosotros," se corrigi, "insistimos."
De nuevo la mirada severa, y por ese aguijoneo, se las arregl para atisbar un simple
"Por supuesto" de parte del asesino.
Hobart mir alrededor a sus compaeros, muchos de los cuales salivaban abiertamente.
Nunca viene mal una buena comida despus de la batalla, seal l.
O antes, dijo otro de la tropa.
O durante, le lleg un comentario impasible a Jarlaxle desde el costado, y en el rostro
del drow apareci una sonrisa mientras lo miraba a Entreri.
El encanto es una habilidad que se aprende, le susurr Jarlaxle a travs de la sonrisa.

Al igual que el asesinato, le devolvi susurrando el humano.

Entreri no estaba exactamente cmodo sentado en un campamento con docenas de


halflings borrachos. Aunque, no poda negar que la cerveza era buena, y pocas razas en
todos los Reinos podan rehusarse a una mejor seleccin de sabrosas carnes que los
halflings, a pesar de que la comida de sus mochilas difcilmente se podan comparar con
el festn que Jarlaxle haba conjurado mgicamente.
Entreri permaneci en silencio durante la comida, disfrutando de la delicada comida y el
vino, y midiendo a sus invitados. Sin embargo, su compaero no era tan tranquilo,
suplicndole a Hobart y los otros por cuentos de aventuras y batallas. Los halflings
estaban ms que dispuestos a complacerlo. Hablaron de su ascenso a la fama, cuando el
Rey Gareth primero reclam el trono y las Tierras de Bloodstone eran ms salvajes
incluso que en el momento presente.
No es inusual que los miembros de vuestra raza prefieran el camino y la batalla a sus
cmodos hogares? pregunt Jarlaxle.
Esa es la reputacin, admiti Hobart.
Y todos estamos conociendo bien la reputacin de los elfos oscuros, dijo otro de la
tropa, y todos los diminutos guerreros se rieron, varios de ellos levantaron sus jarros en
un brindis.
Ay, dijo Hobart, y si hubieras credo en esa reputacin, te habramos matado en la
cuesta, verdad?
Por los guerreros aventureros halflings, ofreci Jarlaxle levantando su jarro de plida
cerveza.
Hobart sonri. Ah, y por todos aquellos que se elevan por encima de la limitaciones de
sus ancestros.
Huzzah! vitorearon los otros halflings.
Bebieron y brindaron un poco ms, y otro poco ms y justo cuando Entreri pens que la
comida haba terminado, el chef principal, un tipo rechoncho llamado Rockney
Hamsukker avis que el cordero estaba listo.
Eso trajo ms vtores y ms brindis, y ms, -mucha ms-comida.
El sol se haba ocultado haca tiempo y ellos todava coman, y Jarlaxle comenz a
pedirle de nuevo a Hobart que contara sus hazaas. Historia tras historia de goblins y
orcos cayendo ante las acciones de los Quiebrarodillas, con Hobart incluso revelando
las variaciones del enjambre, la trama y el golpazo frontal como llamaban los
Quiebrarodillas a las tcticas de batallas.

Bah, se buf Jarlaxle. Con los goblins y los orcos son necesarias las tcticas?
Difcilmente son oponentes que valgan la pena.
El campamento qued en silencio y una expresin ceuda se esparci por el rostro de
Hobart. Detrs de l, otro Quiebrarodillas se levant y balance su proyectil de arma, un
par de bolas de acero atadas a un trozo de cuerda para que los extraos lo pudieran ver
claramente.
Entreri dej de comer y mir duramente a ese amenazante halfling, rpidamente
vislumbrando la ruta ptima de ataque para infligir el mayor dao posible sobre el
mayor nmero de enemigos.
En nmeros, por supuesto, aclar Jarlaxle. para la mayora de los grupos, el nmero
de goblins podra ser un problema. Pero los he visto en batalla, se olvidan?
Los ojos marrones de Hobart se estrecharon.
Despus de vuestro despliegue en el campo rocoso, buen sir Hobart, pasaras un mal
momento tratando de convencerme de que slo un gran nmero de goblins podran
llegar a ser un problema de peso para los Quiebrarodillas. Acaso alguno de los ltimos
goblins se las arregl para golpear una sola vez a tus jinetes?
Tuvimos algunos heridos, le record Hobart.
Ms por casualidad que a propsito.
El terreno favoreci nuestras tcticas, explic Hobart.
Bastante cierto, concedi Jarlaxle. Pero debo de creer que una tropa tan precisa como
la suya no podra fcilmente adaptarse a cualquier terreno?
Me esfuerzo mucho para recordarles a mis soldados que vivimos en el precipicio del
desastre, declar Hobart. Estamos a un error de la completa ruina.
El borde del guerrero, en efecto, dijo el drow. No subestimo vuestras victorias, por
supuesto, pero s que hay ms.
Hobart enganch sus pulgares a los lados de su brillante pechera.
Hemos recorrido un buen trecho, explic. Ya que es nuestro objetivo el regresar a la
Puerta de Vaasa para vaciar los cofres de la Comandante Ellery.
Bah, pero si tan solo ests buscando sacarle los calzones a Ellery!dijo otro halfling, y
muchos resoplaban divertidos. Hobart mir alrededor, sonrindole a sus compaeros,
quienes murmuraban y asentan. Y eso haremos- me refiero a los cofres.
El lder halfling chasque sus regordetes dedos en el aire y un tipo nervioso, y flacucho
a la derecha de Jarlaxle y Entreri se tambale por ah, y finalmente trajo una enorme
bolsa. Mir a Hobart, le devolvi la constante sonrisa del lder, y luego dio vuelta la
bolsa, dejando caer cien orejas, las cuales haba del tamao de orejas humanas, varias

que pertenecan a grandes criaturas como ogros y un par tan enormes que Jarlaxle las
podra haber usado de sombrero.
Hobart se lanz de nuevo a sus cuentos, contando de un enfrentamiento con un tro de
ogros y otro par de ogros en compaa de algunos hobgoblins. Elev su voz, casi como
un bardo cantara la historia, cuando lleg al clmax de los eventos, y los
Quiebrarodillas a su alrededor comenzaron a vitorearlo enloquecidamente.
Un par de halflings se pararon y representaron la escena de la batalla, el falso gigante
saltando sobre una roca para alzarse sobre sus enemigos.
Muy a su pesar, Artemis Entreri no pudo evitar rerse. Los movimientos de los halflings,
la pasin, la comida, la bebida, todo eso, le recordaba tanto a algunos de sus ms
cercanos amigos en Calimport, a Dwahvel Tiggerwillies y el gordo Dondon.
El gigante mora en el cuento de Hobart-y el halfling gigante mora sobre la roca con un
ademn dramtico- y la tropa entera retomaba el cntico de , Quiebrarodillas
!Quiebrarodillas!
Bailaban, cantaban, vitoreaban, coman y beban.
Y as siguieron, entrada la noche.
Artemis Entreri haba perfeccionando el arte de dormir ligeramente muchos aos antes.
El hombre no poda ser atrapado por sorpresa, incluso cuando estaba aparentemente
muy dormido. As pues, las sacudidas de su compaero lo haba mantenido bien
despierto por momentos, an antes del amanecer. Todos a su alrededor, los
Quiebrarodillas roncaban y gruan en sueos, y los pocos que haban sido apostados
como centinelas no mostraban mayores signos de conciencia.
Jarlaxle mir a Entreri y le gui un ojo, y el asesino asinti curioso. Sigui al drow
hasta el halfling dormido con la bolsa de orejas, la cual estaba dispuesta en medio de
varias otras bolsas de igual o mayor tamao al lado del halfling que haba servido de
burro de carga para los Quiebrarodillas.
Con un movimiento de sus largos y hbiles dedos, Jarlaxle desat la bolsa de orejas. La
desliz lentamente y despus sali silenciosamente fuera del campamento, seguido de
cerca por el igualmente silencioso Entreri.
Pasaron al lado de los guardias sin ser notados no fue ms difcil que pasar por una pila
de piedras sin que se desparramaran.
El do lleg a un claro bajo la luz de luna menguante. Jarlaxle desabroch un botn de
su chaleco, sonrindole a Entreri todo el momento. Lo agarr entre los dedos, luego
sacudi su mueca tres veces en rpida sucesin
Entreri difcilmente se sorprendi cuando el botn se estir y ampli, y su base casi
cay hasta el suelo, as pareca como si Jarlaxle estuviera sosteniendo un sombrero de
copa que hubiera cabido en un gigante de montaa.

Con un asentimiento de Jarlaxle, Entreri volc la bolsa de orejas y comenz a lanzarlas


en la bolsa mgica del botn de Jarlaxle. El drow lo detuvo un par de veces, indicndole
de que debera dejar unas cuantas, incluyendo las orejas del gigante.
Un chasquido de las muecas de Jarlaxle y su bolsa mgico volvi a su inofensiva
forma de botn, y se lo coloc en su chaleco en el lugar apropiado y lo palme fuerte,
asegurndolo al material con su magia.
Le hizo una seal a Entreri para que se alejara con l y luego sac, de la nada por
supuesto, un escobilln. Barri sus huellas.
Entreri se dispuso a regresar al campamento halfling, pero Jarlaxle lo sujet del hombro
para detenerlo. El drow le dio un guio cmplice y extrajo una delgada varita desde uno
de los bolsillos de su grandiosa capa de viaje. Apunt con la varita la bolsa desechada y
las pocas orejas y pronunci una orden.
Le sigui un sonido de estallido acompaado por una explosin de humo, y cuando se
despej, haba un pequeo lobo parado en medio del humo.
Disfruta de tu comida, le instruy Jarlaxle al canino, y se dio la vuelta encaminndose
al campamento, con Entreri justo por detrs. El asesino echaba una ojeada atrs de vez
en cuando para ver al lobo conjurado desgarrar las orejas, luego recoger la bolsa y
sacudirla, rasgndola. Jarlaxle sigui andando, pero Entreri se detuvo un poco ms. El
lobo merode alrededor, pareciendo muy molesto de ser privado de ms comida, razon
Entreri ya que comenz a desintegrarse, expirando su magia temporal, reducindolo a
una nube de humo. El asesino solo pudo observar maravillado.
Apenas haban vuelto a introducirse en sus mantas cuando los primeros rayos del
amanecer se asomaron por el horizonte occidental. A pesar de ello, haban de pasar
muchas horas antes de que los halfling realmente se removieran, y Entreri encontr un
poco ms de sueo necesario.
El imprevisto tumulto en el campamento lo despert alrededor del medioda. Se apoy
sobre los codos medio dormido, y mir alrededor asombrado el frentico ir y venir de
los halflings. Levantaba piedras y pateaban los remanentes de la fogata de la noche
anterior a un lado. Husmeaban debajo de las botamangas de los camaradas, y a menudo
eran pateados por esa tontera
Presumo que hay un problema, le seal Entreri a Jarlaxle, quien estaba sentado y se
desperezaba.
Realmente creo que nuestros amiguitos han perdido algo. Y con toda la desorganizada
conmocin, sospecho que tardarn bastante en encontrarlo.
Porque una bolsa de orejas los oira acercarse, dijo Entreri con la voz tan seca como
siempre. Jarlaxle ri con ganas.
Creo que ests comenzando a entender, mi amigo, este viaje que llamamos vida.
Eso es lo que ms me asusta de todo.

Los dos se quedaron en silencio y se dieron cuenta de que Hobart y un tro de tipos que
lucan muy serios, los miraban severamente. En procesin, con los otros tres caminando
respetuosamente dos pasos por detrs de comandante Quiebra rodillas, el grupo se
acerc.
La sospecha cae sobre nosotros, subray Jarlaxle. Ah, la intriga!
Una excelente y buena maana tengan ustedes, maestro Jarlaxle y Entreri, los salud
Hobart, y no haba nada de jovial en su tono. Asumo que durmieron bien.
Estaras sumiendo mucho entonces, dijo Entreri.
Mi amigo aqu, no disfruta mucho de las comodidades, le explic Jarlaxle. No lo
sabras por su apariencia o su reputacin , pero me temo que l es un poco petimetre.
Cada insulto debidamente anotado, dijo Entreri por lo bajo. Jarlaxle le hizo un guio.
Una retorcida extra de la espada vers, prometi Entreri.
Estoy interrumpiendo algo? pregunt Hobart.
No estaras interrumpiendo nada en todo caso si no te dignas a hablarnos de una vez,
dijo Entreri.
El halfling asinti luego mir con curiosidad a Entreri, despus de igual modo a
Jarlaxle, y luego consider a sus amigos. Los cuatro se encogieron de hombros al
unsono.
Durmieron toda la noche de corrido? pregunt Hobart.
Y la mayor parte de la maana, al parecer, respondi Jarlaxle
Bah, si es temprano todava.
Buen seor halfling, en verdad creo que el sol est en su cenit, dijo el drow.
Como dije, subray Hobart. La caza de goblins se realiza mejor en el crepsculo.
Las cositas feas toman confianza cuando el sol languidece, claro est. No es que tenga
motivo alguno para tomar confianza.
No con vuestra gran habilidad contra ellos, de eso seguro.
Hobart oje al drow con evidente sospecha.
Nos falta algo, explic l. Algo en lo que ustedes podran estar interesados.
Jarlaxle mir hacia Entreri, su expresin no tan inocente y sin abrir demasiado los ojos,
pero ms curiosa que otra cosa- la mirada exacta que uno esperara de alguien intrigado
pero completamente ignorante del robo.

Entreri tuvo que luchar para mantener su propia apariencia de desinteresado, ya que
estaba bastante divertido de ver cun perfectamente Jarlaxle poda jugar al juego del
mentiroso.
Nuestra bolsa de orejas, dijo Hobart.
Jarlaxle dio un largo suspiro. Eso es preocupante.
Y entendern por qu tenemos que registrarlos?
Y nuestras mudas de ropas, por supuesto, dijo el drow, y se hizo a un lado
sosteniendo su capa abierta a cada lado.
Veremos si la tuviste t, dijo Hobart, a menos que haya sido guardada o camuflada
mgicamente.
Le indic a uno de los halfling detrs de l, un tipo de aspecto estudioso con ojos
grandes, el cual pestaeaba continuamente, y tena los delgados cabellos castao partido
al medio. Aparentando ser ms un erudito que un guerrero, el pequeo sac una larga
varita azul.
Asumo que para detectar magia, remarc Jarlaxle.
Hobart asinti. Prense separados, por favor.
Entreri mir a Jarlaxle y luego de vuelta al halfling. Con un encogimiento de hombros
dio un amplio paso al costado. El halfling apunt su varita, susurr un comando, y un
resplandor engull a Entreri por un momento y despus desapareci. El halfling se
qued all estudiando al asesino, y sus grandes ojos siguieron yendo hacia el cinto de
Entreri, hacia la daga enjoyada en una cadera y luego hacia la espada, poderosamente
encantada, en la otra. La cara del halfling se retorci y contorsion, y tembl.
No querras que ninguna de esas espadas te atravesara, de seguro, dijo Jarlaxle,
entendiendo el silencioso intercambio en el que la varita le indicaba al pequeo mago lo
verdaderamente potentes que eran las armas del humano.
Ests bien? pregunt Hobart, y aunque el que sostena la varita apenas poda
respirar, asinti.
Date vuelta, entonces, le pidi a Entreri, y el asesino hizo como se le peda, incluso
levantando su capa as el pequeo erudito fisgn poda obtener una visin completa.
Unos momentos ms tarde, el portador de la varita miraba a Hobart y sacuda la cabeza.
Hobart seal con su mano a Jarlaxle, y el otro halfling levant su varita. Pronunci el
comando una vez ms y el suave resplandor descendi sobre un sonriente Jarlaxle. El
portador de la varita chill y cay de espaldas, cubrindose los ojos.
Qu? pregunt Hobart.

El otro tartamude y balbuce, sus labios movindose, y mantuvo su mano libre frente a
l. Entreri se ri entre dientes. Solo poda imaginarse el cegador resplandor de magia
que uno poda ver sobre la persona de Jarlaxle!
Es que no... hay... quiero decir... nunca antes... no en el propio Rey Gareth...
Qu?, demand Hobart.
El otro sacudi tan rpidamente su cabeza que casi se tumba al suelo.
Concntrate! le orden el comandante Quiebrarodillas. Ya sabes lo que ests
buscando!
Pero...pero...pero se las arregl para decir el halfling a travs de sus balbucientes
labios.
Jarlaxle levant su capa y lentamente se dio vuelta, y el pobre halfling se cubri ms
aun sus ojos.
Sobre su cinto! chill el pequeo mientras caa al suelo con un jadeo.
Sus dos compaeros lo atraparon antes de que se cayera, y lo enderezaron, ponindolo
derecho y sacudindole el polvo. l tiene un elemento de almacenaje en el cinto, le
cont el halfling Hobart cuando finalmente recobr la compostura. Y otro en su
sombrero.
Hobart volvi un ojo precavido hacia Jarlaxle.
El drow sonriendo con seguridad, se sac el cinto-con una orden, no desabrochando una
mundana hebilla- y desat la bolsita sostenindola frente a l.
Este es el punto de referencia, si? le pregunt al portador de la varita, quien asinti.
Me han descubierto entonces, dijo dramticamente Jarlaxle, y luego suspir.
Hobart frunci el ceo.
Una simple bolsa de almacenaje, explic el drow, y se la arroj a Hobart. Pero ten
cuidado, ya que adentro contiene mi precioso brandy Cormyreano. Ya s, ya s, tendra
que haberlo compartido con ustedes, pero es que son tantos, y yo tema sus potentes
efectos en los ms pequeos.
Hobart sac la botella de la bolsa y la sostuvo en alto para leer la etiqueta. Su expresin
de gran aprobacin, y la desliz de vuelta a la bolsa. Luego revolvi en resto del
contenedor mgico, casi a punto de enojarse.
Compartimos el brandy, tu y yo, un ratito ms tarde? le propuso Jarlaxle cuando
Hobart hubo terminado con la bolsa.

O si ese sombrero tuyo contiene mis orejas, me lo quedo, bebo lo suficiente para
apagar mi sed y uso el resto para encender tu pira funeraria.
Jarlaxle ri fuerte. Me encanta que hables directamente, buen seor Bracegirdle
(ceidor de cinturones)! dijo. Hizo una reverencia y se sac el sombrero, barriendo el
suelo con l, luego se lo lanz girando a Hobart.
El halfling empez a manipularlo, pero Jarlaxle lo detuvo con una severa advertencia.
Primero devulveme la bolsa, dijo l, y los cuatro halflings lo miraron con dureza.
No querrn estar jugueteando con dos elementos de naturaleza extra dimensional.
Grieta. Astral. Malo, explic Entreri.
Hobart lo mir fijamente y luego al divertido drow y le arroj la bolsa de vuelta a
Jarlaxle. El comandante Quiebrarodillas comenz a inspeccionar el enorme sombrero de
ala ancha, y despus de un momento, descubri que poda darle vuelta la parte interna
de la punta del sombrero.
Un falso compartimiento? pregunt l.
En cierto sentido, admiti Jarlaxle, y la expresin de Hobart se torn curiosa mientras
la solapa de tela sala por completo en su mano, dejando el interior de la punta intacta,
sin revelar ningn compartimiento. Luego el halfling sostuvo el pedazo de tela en alto,
un pedazo de tejido circular de pocos centmetros de dimetro. Hobart lo mir, le dio la
vuelta, se encogi de hombros desconcertado y sacudi la cabeza. Se arroj la
aparentemente benigna cosa por sobre su hombro.
No! grit Jarlaxle, pero demasiado tarde, ya que el disco giratorio de tela se estir en
el aire y cay a los pies de los tres compaeros de Hobart, amplindose y abrindose en
un hoyo de tres metros. Los tres se tambalearon y cayeron dentro.
Jarlaxle se llev las manos al rostro.
Qu? pregunt Hobart. Por los seiscientos sesenta y seis niveles del Abismo que
pas?
Jarlaxle se llev las manos al rostro.
"Qu?" pregunt Hobart. "Por los seiscientos sesenta y seis niveles del Abismo que
pas?"
Jarlaxle se sac el cinto y le susurr a la punta del mismo, la cual se retorci y tom la
forma de un cabeza de serpiente. Todo el cinto comenz a crecer y cobrar vida.
"Estn bien?" le pregunt de paso el drow a Hobart, quien estaba asomado al borde del
hoyo de rodillas, gritndole a sus compaeros. Otros Quiebrarodillas se haban acercado
tambin, observando por el foso, o deambulando por ah buscando sogas o una rama
para usar como escalera. El cinto-serpiente de Jarlaxle serpente por sobre el borde.

Hobart grit y sac el arma, una espada corta hermosamente diseada con un perverso
borde dentado
"Qu ests haciendo?" chill y pareci que iba a cortar a la serpiente.
Jarlaxle puso una mano en alto rogando paciencia. Incluso ese pequeo retraso fue
suficiente, ya que la rpida y creciente serpiente ya estaba por completo en el foso para
entonces, excepto por la punta de su cola, la cual estaba asegurada y sujeta cerca de una
raz cercana.
"Una soga de escalamiento," explic el drow. Hobart supervis la escena.
"Que uno se sujete y la soga los ayudar salir del foso."
Llev unos momentos ms y otro uso de la varita para confirmar la afirmacin, pero
pronto los tres temblequeantes pero escasamente lastimados halflings estaban de regreso
fuera del hoyo.
Jarlaxle camin tranquilamente y levant un extremo del bolsillo extra dimensional.
Con un movimiento de su mueca y la pronunciacin de una orden, se revirti a la
forma de un disco de tela que entrara perfectamente en el enorme sombrero del drow.
Al mismo tiempo, la soga-serpiente trep por la pierna de Jarlaxle hasta su cintura,
obedientemente enrollndose dentro del ojal del cinto de sus finos pantalones. Cuando
complet la vuelta, la "cabeza" se mordi la cola y comenz a tragarla hasta que el cinto
estuvo ajustado a la cintura del drow.
"Bueno..." empez a decir el obviamente azorado Hobart, mirando fijamente al portador
de la varita. "T piensas..." Hobart trat de seguir. "Quiero decir, hay...?"
"Debera haberte matado en Calimport," dijo Entreri a modo de respuesta. "Por el bien
de mi cordura."
"Ms cierto de lo que pudieras darte cuenta."
"A-algo ms que tengas que buscar en ese?" finalmente se las arregl Hobart para
decir.
El portador de la varita sacudi su cabeza tan enrgicamente que sus labios hicieron un
ruido de estallidos y bofetadas.
"Considera mis juguetes," le dijo Jarlaxle a Hobart. "Realmente crees que tus orejas
valen tanto para m como para arriesgarme a malquistar tan entretenidos e
impresionantes nuevos amigos en adquirirlas?"
"Tiene razn en eso," dijo el halfling parado junto a Hobart.
"Todo lo mejor para ti y tu bsqueda, buen Seor Bracegirdle", dijo Jarlaxle,
recuperando su sombrero y colocando de nuevo la tela mgica. "Mi ofrecimiento de
brandy sigue en pie."

"Creo que un trago ahora mismo es propicio," subray Entreri."Aunque no tanto como
para ese," aadi sealando al aterrorizado, pasmado y estupefacto portador de la varita.
"Con propsitos medicinales," agreg Jarlaxle, mirando al temblequeante pequeo
halfling.
"Tiene suerte de que no lo hayas dejado ciego," aadi Entreri.
"No sera el primero."
"Despampanante."

CAPITULO 6

EN AGUAS PROFUNDAS

Puntos negros giraban y danzaban antes sus ojos y un fro sudor baaba su cuerpo,
reluciendo, pareca, de cada poro. Arrayan trat de pararse derecha y afianzarse a su
concentracin, pero esos puntos! Puso un pie delante del otro, apenas avanzando unos
centmetros hacia la puerta atravesando la sala de estar de su diminuta casa.
Tres pasos me harn llegar, pens, un pattico intento de querer sacudirse de encima su
estado de desorientacin y vrtigo y tan solo dar unos rpidos pasos.
El golpeteo continu , incluso ms intensamente. Arrayan sonri a pesar de su estado.
Por la frentica y rtmica urgencia de los golpecitos, saba que era Olgerkhan. Siempre
era Olgerkhan, preocupndose demasiado por ella. El reconocimiento de su querido
viejo amigo envalenton a Arrayan lo suficiente para que ella luchara contra el remolino
de puntos negros de mareo tan solo por un momento y llegara a la puerta. La abri,
apoyndose en ella pero poniendo una expresin que intentaba fuertemente negar su
fatiga.
Bien venido, salud ella al semi orco.
Un destellos de preocupacin cruz el rostro de Olgerkhan al tiempo que la examinaba,
y le llev un largo tiempo responderle, Y t tambin.
Es demasiado temprano para una visita, dijo Arrayan, tratando de cubrirse, aunque
poda decir por la posicin del sol, un punto brillante en el tpicamente nublado cielo de
Palishchuk, que era pasado el medioda.
Temprano? Olgerkhan mir a su alrededor. Iremos a lo de Wingham, si? Como
acordamos?
Arrayan guard silencio por un momento para reprimir una oleada de nausea y mareo
que casi la derriba de la puerta.
S, por supuesto, dijo ella, pero no ahora. Necesito dormir ms. Es demasiado
temprano.
Es ms tarde de lo que acordamos.
No dorm bien anoche, dijo ella. El esfuerzo de simplemente permanecer parada all
estaba comenzando a fatigarla enormemente. Los dientes de Arrayan comenzaron a
castaetear. Estoy segura de que comprendes.

El enorme semi orco asinti, mir a su alrededor una vez ms, y se alej.
Arrayan movi la mano y su peso contra la puerta hizo que sta se cerrara con fuerza.
Se dio vuelta sabiendo que tena que regresar a la cama, y dio un tembloroso paso y
luego otro. El lento avance no la llevara all a tiempo, lo saba, por lo que intent una
rpida carga a travs del cuarto.
Dio un paso ms lejos antes de que el suelo pareciera alzarse y engullirla. Permaneci
all por un largo rato, tratando de recobrar su aliento, tratando con pura determinacin
de hacer que el cuarto dejara de girar. Tendra que arrastrarse, lo saba, y se esforz para
ponerse sobre sus manos y rodillas y hacer tan solo eso.
Arrayan! lleg un grito detrs de ella, y son como si estuviera a cientos de
kilmetros de distancia.
Oh, mi Arrayan, le dijo la voz a su odo un momento despus, restallando con cada
palabra. Arrayan difcilmente registr la voz y apenas sinti al poderoso Olgerkhan
llevarla gentilmente en sus brazos hasta depositarla en la cama. l sigui susurrndole
mientras la cubra con una manta, pero ella ya estaba lejos, muy lejos.

Knellict no estar satisfecho si fallamos en esta, le dijo Canthan Dolittle a Athrogate


en cuanto el enano hubo regresado a su mesa en el pequeo rincn de las Botas
Embarradas y Espadas Ensangrentadas.
Cunta veces me queris decir eso, bruto? pregunt el enano de negra barba.
Las veces que sea necesario para que verdaderamente los aprecies- Canthan se trag
el aliento y contuvo la lengua mientras Athrogate se levantaba por el borde de la mesa,
plantando sus dos manos callosas firmemente sobre la pulida madera.
El enano segua avanzando, inclinndose tanto por encima de la mesa hacia el erudito
que las largas trenzas de la barba del enano y las gemas que las sujetaban casi se posan
sobre el regazo de Canthan.
Canthan poda sentir el calor y oler el hedor del aliento del enano en su cara.
Knellict es--comenz Canthan de nuevo.
Un tacao hijo de puerca, termin Athrogate por l. Si, ya lo s yo muy bien,
esqueltico tonto. Las veces que habr sentido el aguijn de sus retorcidos dedos, no lo
dudes.
Entonces no debemos olvidarlo.
Olvidarlo? le rugi Athrogate en la cara.

Canthan palideci mientras toda conversacin cesaba en las mesas alrededor. El enano
tambin subi el volumen de su queja y ech una mirada sobre el hombro para ver un
grupo de ojos enfocndose sobre l.
Bah, que estn mirando, a menos que sea su perdicin? les ladr a los otros.
Athrogate no guardaba pequea reputacin de ferocidad en la Puerta de Vaasa,
habiendo dominado la caza de recompensas de orejas por tantos meses, y habindose
involucrado en ms de una docena de alborotos de taberna, en las cuales haba dejado
siempre a sus oponentes mucho ms apaleados que l. El enano entrecerr sus ojos
,acentuando an ms sus tupidas cejas, y gradualmente se sent de nuevo en su silla.
Cuando los mirones finalmente enfocaron su atencin a otra cosa, Athrogate se volvi
nuevamente a su compaero. No estoy para olvidarme de nada, le asegur a Canthan.
Disculpa mi petulancia, dijo Canthan. Pero, por favor, mi pequeo y fornido amigo,
nunca ms olvides que, aqu t eres mi subordinado.
El enano lo mir furioso.
Y yo soy el subalterno de Knellict, continu Canthan,y esta mencin del poderoso e
impiadoso archimago realmente lo calm en cierto modo a Athrogate.
Canthan en verdad era el hombre de Knellict, y si Athrogate avanzaba contra Canthan,
se estara enfrentando a un muy enojado y muy potente hechicero en poco tiempo.
Knellict haba dejado la Fuga y haba vuelto a la Ciudadela de los Asesinos, pero
Knellict poda moverse tan rpido como poda inesperadamente.
No vamos a fallar en esta, gru el enano, volviendo al punto original. He estado
observando a esos dos de cerca.
Salen a Vaasa casi todos los das. Los sigues?
El enano buf y sacudi la cabeza. No estoy para seguir a ningn hediondo elfo oscuro
ah afuera en el yermo, explic. Los he estado observando cuando regresan. Eso es
suficiente.
Y si no regresan?
Entonces es porque tan muertos en una cinaga y mejor para nosotros, replic
Athrogate.
Se estn haciendo menuda reputacin en poco tiempo, dijo Canthan. Cada da llegan
con orejas para la recompensa. Estn sobrepasando a grupos mucho ms grandes, de
acuerdo a todos los informes, y de hecho que hace rato han sobrepasado la cantidad de
monedas repartidas en la Puerta de Vaasa para las recompensas en tan poco tiempo- un
desempeo que hasta muy recientemente fue alcanzado por ti mismo, creo.
Athrogate refunfu por lo bajo.
Muy bien entonces, aunque esperaba que los siguieras a lo largo de todas sus rutinas
diarias, dijo Canthan.

Piensas que tienen contactos en el yermo?


Queda como una posibilidad. Quizs los elfos oscuros han salido de su huecos en la
Antpoda Oscura para encontrar un lugar en Vaasa- han sido conocidos por aprovechar
oportunidades similares.
Bueno, si ese tipo Jarlaxle tiene amigos drows en Vaasa, entonces no estoy para irme
all.
Repar en la expresin de sorpresa de Canthan frunciendo el ceo.
Soy ms rudo que cualquier elfo oscuro, gru pero no voy a pelear contra una
bandada de malditos embusteros!
Por supuesto.
Athrogate hizo una larga pausa, dejando que el por supuesto se hundiera, tratando de
calibrar si haba algn tipo de sarcasmo en esas palabras o si era una honesta aceptacin
y acuerdo.
Adems, dijo al rato, los muchachos de Hobart los han estado viendo seguido al
igual que los otros. Los rumores dicen que Jarlaxle se procur un explorador goblin que
lo est guiando a buenos lugares de caza.
Eso no le debe sentar nada bien a Hobart, razon Canthan. Los Quiebrarodillas ven a
los goblins como larvas para ser asesinadas y nada ms.
Un montn de sus camaradas parecen no estar llevndose bien con Hobart, o eso
escuch, concord Athrogate. Parece que algunos de los halflings estn refunfuando
sobre las orejas que tan trayendo Entreri y Jarlaxle. Parece que los halflings perdieron
una bolsa llena de orejas que haban ganado ellos.
Un par de ladrones? Interesante.
Estara ms interesante y ms fcil de entender si tus amigos nos trajeran algn cuento
sobre estos dos. Son un do poderoso- no puede ser que se aparezcan por ac para robar
cosas nomas. Tiene que haber una pista.
Knellict se est apresurando tras la pista de esa informacin, no lo dudes, dijo
Canthan. l est rebuscando en los planos mismos de la existencia en busca de las
respuestas al dilema de Artemis Entreri y este misterioso drow, Jarlaxle. Obtendremos
nuestras respuestas.
Es bueno saber cuan desagradables haremos que sean sus muertes, gru el enano.
Canthan simplemente se ri por lo bajo. Claro que sospechaba que Knellict le enviara
un mensaje para hacer justamente eso y librarse del peligroso do.
Que as fuera.

Olgerkhan grua y retena el aliento mientras la pobre Arrayan trataba de tomar la sopa
que l le haba trado. Su mano temblaba tanto que ella derramaba la mayora del
humeante lquido de vuelta en el cuenco mucho antes de que la larga cuchara hubiera
llegado a la altura de su boca. Una y otra vez lo intent, pero para cuando la cuchara
llegaba a su boca y ella sorba, apenas poda mojarse los labios.
Finalmente, Olgerkhan se adelant y tom la temblorosa mano de Arrayan.
Djame ayudarte, le ofreci.
No, no, dijo Arrayan. Trat de sacar su mano pero no tena mucha fuerza para ello.
Olgerkhan fcilmente se la sostuvo. Es bastante...
Soy tu amigo, le record el enorme semi orco.
Arrayan empez a discutir, como la mujer orgullosa que siempre lo haba hecho cuando
alguien la irritaba, pero mir dentro de los ojos de Olgerkhan y sus palabras se
perdieron en la garganta. Olgerkhan no era una criatura apuesta bajo ningn estndar.
Favoreca su herencia de orco ms que la humana, con una boca de la cual sobresalan
dos retorcidos colmillos y el pelo le salpicaba todo el rostro y la cabeza. Se paraba
encorvado, su hombro derecho ms bajo que el izquierdo y mucho ms para adelante.
Mientras que sus miembros nudosos y musculosos exudaban fuerza, no haba nada
flexible o tpicamente atractivo en ellos.
Pero sus ojos era un asunto diferente, al menos para Arrayan. Ella vea ternura en esos
enormes ojos marrones, y un nivel de entendimiento ms all de la inteligencia ms bien
limitada de Olgerkhan. Quizs Olgerkhan no era capaz de descifrar runas msticas o
resolver ecuaciones complejas, pero no era tonto, y nunca incompasivo.
Arrayan vio todo eso, mirando fijamente a su amigo- y verdaderamente l era el mejor
amigo que jams haba conocido.
La enorme mano de Olgerkhan se desliz por su antebrazo hasta su mueca y mano, y
ella le dej asir la cuchara. Tanto para beneficio propio como para el de su amigo,
Arrayan se trag su orgullo y le permiti a Olgerkhan alimentarla. Se sinti mejor
cuando al final l le acerc el cuenco a la boca dejndole beber lo que quedaba del
contenido, pero todava estaba muy dbil y abrumada.
Intent ponerse de pie y seguramente se habra cado de no ser por su amigo que la
sostuvo y la asegur. Luego la alz en sus poderosos brazos y la llev hasta la cama en
donde la deposit gentilmente.
Tan pronto como su cabeza se pos sobre la almohada, Arrayan sinti que su conciencia
se deslizaba lejos. Not un destello de alarma en el rostro de su amigo semi orco, y
mientras la negrura se cerna sobre ella, sinti que l la sacuda gentil pero
insistentemente, varias veces.

Un momento ms tarde, escuch un golpe, y en algn rincn dentro de ella entendi que
deba ser la puerta cerrndose. Pero eso difcilmente le importaba a Arrayan al tiempo
que la oscuridad la envolva, llevndola lejos, muy lejos de la tierra del despertar.

Los brazos de Olgerkhan se balanceaban frenticamente mientras caminaba por las


calles de Palishchuk, dirigindose a una puerta, luego a otra, cambiando de direccin a
cada paso. Palishchuk no era una comunidad de fuertes lazos ; cada uno se mantena en
lo suyo excepto en tiempos de celebracin o de un peligro en comn. Olgerkhan no
tena muchos amigos, y todos menos Arrayan, se dio cuenta, estaban cazando ese da de
verano tardo. Deambul, y gradualmente fue encaminndose al sur. Aporre un par de
puertas ms pero ninguna respondi, y no fue hasta que estuvo en la mitad del pueblo
que se dio cuenta de la razn. El sonido del carnaval lleg hasta sus odos. Wingham
haba abierto su negocio.
Olgerkhan sali brincando hacia la puerta sur y al crculo de carretas. Escuch a
Wingham proclamando las variadas atracciones y sigui en esa direccin para
encontrarlo. Empuj a travs de la muchedumbre e inadvertidamente tropez y casi se
lleva por delante al pobre Wingham. Lo nico que mantuvieron al anunciante de pie
fueron las angustiadas manos de Olgerkhan. Unos enormes guardias se acercaron a la
pareja, pero Wingham recobrando su sentido, los alej con una seal.
Dime, le implor Olgerkhan. Arrayan, gimi Olgerkhan.
Mientras se detena para recobrar su aliento, el semi orco not la aproximacin de un
humano- supo a primera vista que era un humano, no un semi orco que se pareca ms a
esa raza. El hombre pareca tener unos cuarenta aos, de cabello castao bastante largo
que le cubra las orejas y cosquilleaba en su cuello. Era delgado pero musculoso y vesta
un desgastado y sucio traje que mostraba que no era un extrao en los yermos de Vaasa.
Sus brillantes ojos marrones, tan contrastantes con su aspecto rudo y su grueso cabello
negro lo delataban. Aunque Olgerkhan no lo haba visto en ms de dos aos, reconoci
al humano.
Se llamaba Mariabronne, un vigilante de gran reputacin en las Tierras de Bloodstone.
Adems de su trabajo en la Puerta de Vaasa, Mariabronne haba pasado sus aos desde
la asuncin de Gareth y la cada de Zhengyi patrullando los pramos de Vaasa y
sirviendo a Palishchuk como mensajero de las grandes puertas y como gua para las
fuerzas cazadoras de la ciudad de los semi orcos.
Arrayan? lo presion Wingham. Sujet el rostro de Olgerkhan y forz al jadeante
semi orco a que lo mirara de nuevo.
Est en cama, le explic Olgerkhan. Est enferma.
Enferma?
Dbil....temblorosa, explic el enorme semi orco.

Enferma o exhausta? pregunt Wingham y comenz a asentir.


Olgerkhan lo mir fijo sin saber que responder.
Prob la magia, susurr Mariabronne al lado de Wingham.
No est sin protecciones mgicas, dijo Wingham.
Pero es la magia de Zhengyi de la que estamos hablando, dijo el vigilante, y Wingham
le dio la razn asintiendo.
Llvanos a ella, Olgerkhan, dijo Wingham. Hiciste bien en venir hasta nosotros.
Le grit unas rdenes a sus compaeros, dicindoles que se encargaran del lugar del
anunciante, y l, Mariabronne y Olgerkhan se apresuraron a salir del crculo de carretas
de regreso a Palishchuk.

CAPITULO 7

SOADORES

Entreri levant su silla en dos patas y se apoy contra la pared. Sorba su vino
mientras observaba la interaccin entre Jarlaxle y la Comandante Ellery. La mujer haba
buscado al drow especficamente, Entreri lo saba por sus movimientos, aunque era
obvio para l que ella estaba tratando de aparentar lo contrario. No vesta su armadura ni
un uniforme del Ejrcito de Bloodstone, y pareca bastante una dama con su vestido
rosa, sutilmente bordado con hebras plateadas que brillaban con cada paso. Un chaleco
gris plido completaba el atuendo, cortado y entallado para realzar sus encantos
femeninos. No llevaba armas-abiertamente al menos- e incluso le haba llevado unos
minutos a Entreri reconocerla cuando la haba divisado primero mezclada entre la
multitud.
Incluso en el campo, cuando haba llegado con una armadura completa, sucia por el
polvo del camino Entreri la haba considerado atractiva, pero ahora casi no poda
quitarle los ojos de encima.
Cuando se dio cuenta de la verdad de sus sentimientos le molest ms que un poquito.
Cundo haba sido distrado alguna vez por semejantes sentimientos?
Estudiaba sus movimientos mientras hablaba con Jarlaxle, la forma en que se inclinaba
hacia adelante, la manera en que sus ojos se abran, brillando con inters. Una sonrisa,
resignada e impotente, se expandi por el rostro del asesino y brevemente sostuvo su
copa en alto en un brindis secreto por su compaero elfo oscuro.
tan esta y la otra silla libre de traseros? pregunt una voz ronca, y Entreri mir a un
costado para ver un par de sucios enanos mirndolo a l.
Y bien? pregunt el otro, sealando una de las tres sillas vacas.
Qudense con toda la mesa, les ofreci Entreri.
Termin su bebida de un solo trago luego se levant y se alej por la pared del fondo.
Hizo un rodeo en su camino para no interrumpir la conversacin de Jarlaxle.

Gusto en conocerla Comandan- Lady Ellery, dijo Jarlaxle, y entrechoc su copa de


vino con la de ella.
Y ahora afirmar que ni siquiera me reconoci, supongo.

Subestima el aspecto singular de sus ojos, buena dama, dijo el drow. En un abismo
repleto de rostros , espero no perderme esa singular belleza.
Ellery comenz a responderle pero se contuvo por un instante. Jarlaxle hizo bien en
enmascarar su sonrisa pcara.
Hay algunas preguntas que me gustara hacerle, empez Ellery, y su voz son urgente
cuando el drow se dio vuelta. Aunque gir rpidamente de vuelta, sosteniendo una
segunda copa que aparentemente haba encontrado esperando en el bar. Se la ofreci a
la mujer, y ella entrecerr los ojos y mir alrededor sospechosamente. Cmo era que la
segunda copa de vino haba estado esperando all?
S, saba que vendras a m, revelaba claramente la sonrisa de Jarlaxle cuando Ellery
acept la bebida.
Preguntas? sugiri el drow a la obviamente anonadada mujer un momento ms tarde.
Ellery trat de mostrarse calmada y sosegada, pero se las arregl para dejar caer unas
gotitas de vino por la comisura de sus labios y se consider una boba mientras se
enjugaba.
Nunca he conocido a un elfo oscuro antes, aunque he vi visto a un par desde lejos y he
escuchado historias de una semi drow que se hizo fama en Damara.
Tenemos la costumbre de hacer eso, para bien o para mal.
Aunque he escuchado muchas historias, dijo abruptamente Ellery.
Ah, y est intrigada por la reputacin de mi raza oscura?
Ella lo estudi cuidadosamente, sus ojos iban de su cabeza a los pies y de vuelta arriba.
No pareces tan formidable.
Quizs esa es la mayor de las ventajas.
Eres un guerrero o un hechicero?
Por supuesto, dijo el drow mientras tomaba otro trago.
El rostro de la mujer se arrug por un breve instante. Dicen que los drows son maestros
de las artes marciales dijo despus de recuperarse.
Dicen que solo ms formidable de los guerreros elfos podran batallar individualmente
contra uno de los drows.
Supongo que ningn elfo que buscara comprobar semejante teora sigue vivo para
confirmarla o negarla.

La rpida sonrisa de respuesta de Ellery le indic a Jarlaxle el hecho de que se estaba


poniendo a la altura de su ingenio- unos modales que siempre eran un poco demasiado
secos o implacables para la mayora de los habitantes de la superficie.
Es esa una confirmacin o un alarde? pregunt ella.
Justo eso.
Una sonrisa endiablada creci en el rostro de la mujer. Entonces repito, no lucen tan
formidables.
Es esa una acotacin honesta o un desafo?
Justo eso.
Jarlaxle levant su copa y Ellery entrechoc la suya contra la de l.
Algn da, quizs, te topes conmigo en Vaasa y obtengas tu respuesta, dijo Jarlaxle.
Mi amigo y yo hemos encontrado xito en nuestras caceras all afuera.
Me he dado cuenta por vuestros trofeos, dijo ella y de nuevo sus ojos escudriaron al
drow de pies a cabeza.
Jarlaxle ri a carcajadas. Aunque, se acall rpidamente bajo la intensidad de la mirada
de Ellery, los brillantes ojos de ella taladrando los suyos.
Preguntas? pregunt l.
Muchas, respondi ella, pero no aqu Crees que se las arreglar bien tu amigo sin
ti?
Al preguntar, ambos ella y Jarlaxle volvieron sus miradas hacia la mesa del rincn,
donde el drow haba dejado a Entreri solo para encontrar que ste se haba ido.
Cuando volvieron a mirarse el uno al otro, Jarlaxle se encogi de hombros y dijo,
Respuestas.
Dejaron el ruido de las Botas Embarradas y Espadas Ensangrentadas detrs, Jarlaxle
siguiendo a la mujer mientras ella recorra fcilmente la mirada de corredores y pasillos
del complejo de la muralla. Bajaron por pasaje lateral y cruzaron a travs del cuarto en
donde se intercambiaban las orejas de monstruos por la recompensa. Movindose hacia
la puerta del final de la cmara, el drow se inclin para ver detrs del escritorio, y divis
un pequeo cofre. Anot mentalmente eso.
La puerta gui al do a otro pasillo. Una vuelta a la derecha en una interseccin de
cuatro caminos los llev a otra puerta.
Ellery sac casualmente una llave de su pequeo morral en el cinto, y Jarlaxle la
observ curioso, sus sentidos ajustndose ms precisamente a sus alrededores. La
mujer guerrera haba planeado su encuentro desde el principio?

Un largo camino a recorrer por las respuestas a unas pocas preguntas, subray l, pero
Ellery simplemente le devolvi la mirada, sonriendo. Tom una antorcha cercana y la
llev con ella a la siguiente cmara, movindose contra la pared para alumbrar otras
ms.
La sonrisa de Jarlaxle se agrand al igual que su curiosidad mientras reconoca el
propsito de la habitacin.
Los muecos permanecan silenciosamente alrededor del permetro y los blancos de
arquera se alineaban contra la pared del fondo. Haba varios estantes aqu y all,
mostrando rplicas de armas de madera de varios tipos.
Ellery se arrim a uno de tales estantes y extrajo una espada larga de madera. La estudi
por un instante y luego se la arroj a Jarlaxle, quien la atrap con una mano y la
balance fcilmente.
Ellery extrajo una segunda espada y levant su escudo de madera.
No hay un escudo similar para m? pregunt el drow.
Con una risilla, Ellery le arroj una segunda espada. He escuchado que los de tu raza
prefieren un estilo de pelea de dos espadas.
Jarlaxle atrap la espada arrojada con el borde de la primera espada de madera,
quebrando su cada, balancendola, luego hacindola girar controladamente.
Algunos s, replic l. Algunos son bastante expertos con espadas largas de igual
longitud.
Con un movimiento de su mueca envi la segunda espada girando hacia arriba, y el
drow inmediatamente la descart mirando a Ellery, colocando la punta de la espada que
le quedaba contra el piso, encajando un pie detrs de su otro tobillo y asumiendo una
pose casual sobre la espada apoyada en el suelo.
Yo mismo, prefiero la variedad, aadi con ms que una pequea sugerencia en su
tono.
Mientras terminaba, atrap la segunda espada que caa con su mano libre.
Ellery lo oje cautelosamente, luego desvi su mirada hacia el estante de armas. Hay
alguna otra que preferiras?
Preferir? Para qu?
Los ojos de la mujer se entrecerraron. Se ajust el escudo al brazo, luego se estir y
sac un hacha de guerra de madera del estante.
Mi querida dama Ellery, dijo Jarlaxle, me ests desafiando?

He escuchado tantas historias sobre las proezas de batalla de tu raza, replic ella. Lo
sabr.
Jarlaxle se ri fuerte. Ah, s, respuestas.
Respuestas, repiti Ellery.
Presumes mucho, dijo el drow, y dio un paso atrs y levant las dos espadas delante
de l, probando su peso y su equilibrio. Las puso en movimiento en una rpida rutina,
girando una espada sobre la otra, luego acometiendo velozmente con la segunda.
Retrajo las espadas inmediatamente, llevndolas a descansar a su costado.
Qu inters tendra yo en batallar contigo?
Ellery dej que el hacha se balanceara fcilmente al final de su brazo. No eres
curioso? le pregunt.
Sobre qu? Ya he visto demasiados guerreros humanos, hombres y mujeres. Envi
una de las espadas de madera girando nuevamente, luego paus y le ofreci una tmida
mirada a Ellery. Y no estoy impresionado.
Quizs yo pueda hacerte cambiar de opinin.
Lo dudo.
Temes saber la verdad?
El temor no tiene nada que ver. T me trajiste aqu para satisfacer tu curiosidad no la
ma. Me pides que te revele algo de m ,por qu quieres. T revelars tus proezas de
batalla a cambio de satisfacer tu curiosidad. Para m, hay ...?
Ellery se enderez y lo mir agriamente.
La oportunidad de ganar, dijo ella un momento despus.
Ganar significa poco, dijo el drow. El orgullo es una debilidad, no lo sabes?
A Jarlaxle no le gusta ganar?
A Jarlaxle le gusta sobrevivir, replic el drow sin vacilar.
Esa no es una diferencia sutil.
Entonces qu? pregunt Ellery , la impaciencia permeaba su tono.
Qu?
Cul es tu precio? le demand.
Ests tan desesperada por saberlo?

Ella lo mir duramente.


Una dama con tus obvios encantos no debera hacer semejante pregunta, dijo el drow.
Ellery no retrocedi. Slo si tu ganas.
Jarlaxle lade su cabeza y sus ojos se pasearon por el cuerpo de la mujer. Cuando yo
gane, me llevars a tu alcoba?
No ganars.
Pero, y si lo hago?
Si ese es tu precio.
Jarlaxle sofoc la risa, El orgullo es una debilidad, mi lady, pero la curiosidad...
Ellery lo detuvo golpeando con fuerza su hacha contra el escudo.
Hablas demasiado, dijo ella mientras daba un paso al frente.
Levant su hacha por sobre su hombro, y cuando Jarlaxle se puso en una postura
defensiva, ella carg. Elev su brazo como su fuera a golpear pero se adelant con ms
mpetu con el pie contrario y barri con su escudo en cambio, aporreando las armas del
drow a diestra y siniestra. Comenz a avanzar con ese mpetu, el movimiento usual,
pero luego se dio la vuelta, girando hacia atrs y agachndose. Ella dej que el brazo de
su arma se extendiera, al nivel del hacha y abajo mientras volva a su lugar de giro. Si l
hubiera esperado el movimiento, Jarlaxle podra haberse adelantado fcilmente detrs
del escudo y acuchillarla.
Pero no se lo haba esperado, y saba al tiempo que Ellery volva a su lugar, forzndolo
a brincar por encima del hacha, que la mujer haba juzgado su postura perfectamente. l
la haba subestimado y ella lo saba.
Jarlaxle cay de espaldas mientras Ellery rpidamente se le vena encima y presionaba
con su ataque, cortando con su hacha de manera ms directa. l trat de contraatacar,
arremetiendo con su espada derecha primero, luego la izquierda, pero la mujer
fcilmente bloque la primera con su escudo y diestramente fren la segunda con una
barrida de su hacha.
Sin embargo, Jarlaxle chasque su mano derecha a travs, abatiendo el costado de esa
hacha con fuerza, luego rod su mano izquierda adentro y por encima, golpeando
nuevamente el mismo costado del hacha. Hizo un molinete sobre el arma, casi
arrancndosela de la mano a Ellery y abatindola con cada golpe.
Pero Ellery reaccion apropiadamente, rodando el hombro de su escudo hacia adentro y
empujando hacia adelante con fuerza como para evitar que Jarlaxle la desarmara.
Si gano, te tendr, dijo el drow.

Ellery gru y empuj fuertemente con su escudo, alejndolo.


Y qu reclamar Ellery si ella gana? pregunt Jarlaxle.
Eso detuvo a la mujer incluso cuando empezaba a arremeter una vez ms. Se par sobre
la punta de sus talones y espi al drow por sobre el borde de su escudo.
Si yo gano, comenz y se detuvo para causar efecto y luego aadi, Yo te tendr.
La mandbula de Jarlaxle bien podra haber pegado contra el piso, excepto que el escudo
de Ellery seguramente la habra atrapado, ya que la mujer us el momento de
distraccin para propulsar otra carga agresiva , barrindolo, con el escudo empujando y
cortando con el hacha.
A Jarlaxle le llev cada montn de agilidad y velocidad en l para mantener a un lado
esa hacha, y solo de las arregl para rodar a un costado y dejar que Ellery se conectara
con la precipitacin de su escudo. El drow aprovech ese impulso para alejarse, rodando
hacia atrs sobre su espalda. Se puso gilmente de pie y se hizo a un costado
rpidamente mientras evitaba un corte salvaje de la mujer.
Ah, pero haces trampa! grit l y continu retrocediendo, poniendo considerable
distancia entre los dos.
Mi buena dama, robas todo mi incentivo. No debera simplemente arrojar mis armas y
rendirme?
Entonces si gano, te lo niego! grit ella y carg contra l.
Jarlaxle se encogi de hombros y susurr, Entonces no ganars.
El drow esquiv a la izquierda, luego rpidamente de vuelta a la derecha mientras Ellery
trataba de compensarlo, y aunque trat de mantener su iniciativa, se encontr
sbitamente rodeaba de una mareante acometida de cortes ,avances, y pualadas cortas
y veloces. En un punto, Jarlaxle incluso de algn modo movi sus pies hacia adelante y
la hizo caer al suelo, barriendo sus piernas. No se cay directamente pero tropez,
retorcindose y dndose vuelta.
Aunque fue intil, porque cay al piso. Su agilidad le sirvi bien entonces, ya que rod
a un costado y se apoy sobre una rodilla a tiempo para interceptar el esperado
contraataque del drow. Ella fren y bloque la primera oleada de ataques, e incluso se
las arregl para tratar de ponerse de pie nuevamente.
Jarlaxle presion el ataque, sus espadas viniendo sobre ella desde un sinfn de ngulos
distintos y mareantes. Trabaj con sus brazos furiosamente, colocando su escudo,
volteando su hacha, al tiempo que esquivaba y retroceda, retorcindose para evitar esos
astutos golpes que se las apaaban para deslizarse por sus defensas. En un par de
ocasiones, la mujer vio una abertura y pudo haber dado vuelta la presin del ataque.
Pero no lo hizo.

Jug a pura defensa y le mostr al drow una serie de aparentes aberturas, pero solo para
cerrarlas rpidamente cuando Jarlaxle trataba de presionarla. En un punto, su defensa
fue tan rpida que el drow perdi el equilibrio y su enorme sombrero se le desliz por
sobre los ojos. Aunque fue solo por un instante, ya que levant una mano, se sac el
sombrero y lo arroj a un lado. Gotas de transpiracin marcaban su cabeza calva. Se ri
y atac con fuerza nuevamente, presionando el ataque hasta que la mantuvo alejada de
l a Ellery.
Eres joven, pero peleas como un drow veterano, la felicit Jarlaxle despus de otra
rutina de ataque poco exitosa.
No soy tan joven.
No has visto ni treinta inviernos, protest el drow.
La mueca que arrug el amplio rostro de Ellery la hizo parecer incluso ms joven
todava.
Pas mi infancia bajo la sombra del Rey Brujo, explic ella. La Aldea de Bloodstone
saba de las continuas guerras de las hordas de Vaasa. Ningn nio all era ajeno a las
espadas.
Te ensearon bien, dijo Jarlaxle. Se enderez y levant una de las espadas a modo de
saludo.
Sin estar dispuesta a dejar pasar semejante abertura , Ellery salt hacia adelante, con el
hacha balancendose salvajemente. A medio camino de ese balanceo, se dio cuenta de
que haba mordido el anzuelo, por lo que se ri impotentemente mientras vea como su
objetivo giraba fcilmente a un costado. Su risa se convirti en un gaido cuando con la
parte chata de su espada de madera, Jarlaxle le golpe duro contra su trasero. Empez a
darse vuelta para enfrentarlo, pero l fue demasiado rpido y la golpe duramente de
nuevo, y una tercera vez antes de que el drow finalmente se hiciera a un lado y brincara
hacia atrs.
Por todos los clculos eso debera contar como una victoria, arguy Jarlaxle. Ya que
si mis espadas hubieran sido reales podra haberte desjarretado tres veces.
Tus golpes fueron un poco altos para eso.
Solo porque no deseaba lastimar tus piernas, le respondi, y arque una ceja
sugestivamente.
Tienes planes para ellas?
Por supuesto.
Si ests tan ansioso entonces deberas dejarme ganar. Lo prometo, lo encontrars ms
divertido.
Dijiste que me negaras.

He cambiado de opinin.
Jarlaxle se enderez, dej caer las espadas a un costado. La mir, sonri, se encogi de
hombros arroj sus espadas. Ellery aull y salt hacia adelante. Pero el drow haba
planeado su desarme cuidadosamente y precisamente, dejando caer sus espadas desde lo
bajo para as que cayeran perfectamente sobre sus pies. Con un pequeo movimiento de
su pierna envi ambas espadas volando de vuelta a sus manos y aterriz con un giro,
espadas entrechocndose con fuerza para azotar duramente el hacha de Ellery. Jarlaxle
rod a la derecha detrs de los tambaleantes brazos de la mujer, y justo detrs de la
tambaleante mujer , sujetndola por detrs y con un brazo rodendola, su espada
presionando contra su garganta.
Prefiero guiar yo, le susurr en el odo.
El drow poda sentirla temblar bajo el calor de su aliento, y tena una vista maravillosa
de su pecho jadeando por el afn de la pelea.
Ellery baj la guardia, dejando caer su hacha al suelo. Se desabroch el escudo y lo
arroj a un costado.
Jarlaxle respir hondo, absorbiendo su esencia.
Ella se dio vuelta y lo sujet firmemente a l, presionando sus labios contra los de l.
Ella le dejara guiar hasta all, al parecer.
Jarlaxle no iba a quejarse.

Entreri no saba si se supona que poda estar caminando tan libremente a travs de los
pasillos de la Puerta de Vaasa, pero no haba guardias que le bloquearan el avance. No
tena destino fijo en mente; l simplemente necesitaba sacarse de encima su desasosiego
caminando. Estaba cansado, pero no haba cama que lo sedujera, ya que saba que
ltimamente ninguna cama le ofreca ningn descanso real.
As que camin y los minutos pasaron y pasaron. Cuando encontr una alcoba latera
con una escalera alta dej que su curiosidad lo guiara y subi por ella. Ms corredores,
habitaciones vacas y escaleras lo saludaron arriba y continu su vagabundeo a travs de
los oscuros pasillos de esta enorme fortaleza. Otra escalera lo llev a un descansillo y
una puerta, suelta que daba al este, con luz brillando por los costados. Curioso, Entreri
la abri.
Sinti el viento en su rostro mientras observaba los primeros rayos del amanecer,
alcanzando la planicie de Vaasa y reptando por sobre los valles y picos de las Galenas,
encendiendo brillantes reflejos sobre la nieve de la montaa.
El sol aguijone los cansados ojos de Entreri mientras sala afuera y caminaba por el
parapeto de la Puerta de Vaasa. Se detuvo a menudo y observ y no le import el paso

del tiempo. La cima del muro era de ms de cinco metros de ancho en sus puntos ms
angostos y creca a ms del doble de ese ancho en algunos puntos, y desde all Entreri
verdaderamente pudo apreciar la magnitud de la enorme construccin. Varias torres
salpicaban el largo de la muralla estirndose ante el asesino hacia el este, y not los
ocasionales centinelas, apoyados o sentados. Aun sin indicacin de si deba o no estar
all, sali del descansillo a lo largo de la cima de la gran muralla, unos veinte o treinta
metros por encima del yermo extendindose hacia el norte. Sus ojos permanecieron en
esa direccin principalmente, raramente echando una mirada hacia el sur al largo valle
que corra entre las majestuosas Galenas. Poda ver las carpas de la Fuga, inclusa la
suya propia, y se preguntaba si Jarlaxle haba regresado all pero pens que ms
probablemente Ellery le haba ofrecido un lugar ms cmodo.
La curiosa pareja no permaneci en sus pensamientos ms de lo que lo hizo la tierra del
sur. El norte mantena su atencin y sus ojos, donde Vaasa se extenda ante l como un
cadver apabullado y descompuesto.
Vir por ese lado en su paseo, acercndose a la cintura de la muralla a lo largo del borde
as poda ver mejor la vista de Vaasa despertando a la luz del amanecer.
All haba una belleza, Entreri la vio, original y fra: piedras de bordes endurecidos,
esqueletos de puntas filosas de rboles hace tiempo muertos, y las suaves y lechosas
cinagas. Barrenadas por la guerra, incendiada por la marcha de los ejrcitos, escaldada
por el fuego de los hechiceros y el aliento de los dragones, la tierra misma, el alma de
Vaasa, haba sobrevivido. Haba soportado todos los golpes y choques y pisotones de
las botas y haba permanecido como lo haba sido antes. Muchos de aquellos que haban
vivido all haban perecido, pero Vaasa haba sobrevivido.
Entreri pas a un centinela, sentado dormido a medias y con su espalda contra la
muralla norte. El hombre lo mir con leve curiosidad y luego asinti con la cabeza
mientras el asesino pasaba a su lado.
A cierta distancia, Entreri detuvo su caminata y se volvi completamente para
supervisar el norte, descansando sus manos en el borde de la muralla que corra a lo
largo de la puerta. Mir a Vaasa con una mezcla de afecto y auto aborrecimiento- como
si estuviera mirando dentro de un espejo.
Te creen muerta , susurr, por que no ven la vida que hormiguea bajo tus cinagas y
rocas, y en cada cueva, abertura, y tronco hueco. Creen que te conocen, pero no es as.
Hablando con la tierra? le lleg una voz familiar, y Entreri encontr robado su
momento de contemplacin por la aproximacin de Jarlaxle.
Piensas que te escucha?
Entreri consider a su amigo por un momento, el brinco en su andar, el poquito de
humedad justo debajo del ala de su enorme sombrero, la mirada de calma serenidad
detrs de su tpicamente animada expresin.

Algo ms estaba fuera de lugar, se dio cuenta Entreri, antes de que lo registrara
completamente, y era que el parche del ojo de Jarlaxle haba sido movido sobre el otro
ojo como en la taberna.
Entreri pudo adivinar fcilmente la ruta que haba llevado al menos a Jarlaxle a la cima
de la muralla, y solo entonces el asesino apreci verdaderamente las varias horas que
haban pasado desde que hubiera dejado a su amigo en las Botas Embarradas y Espadas
Ensangrentadas.
Creo que hay algunos a los que les vendra bien escucharme menos, le respondi y
volvi sus ojos de nuevo a Vaasa.
Jarlaxle se ri y se coloc justo a su lado sobre la muralla, apoyndose contra la baranda
con su espalda dando al norte.
Por favor no dejes que mi llegada aqu perturbe tu conversacin, dijo el drow.
Entreri no le respondi, ni siquiera lo mir.
Avergonzado?
Eso s licit una mirada de despedida.
No has dormido, remarc Jarlaxle.
Mi descanso no te incumbe.
Descanso? le lleg la sarcstica respuesta. As le llamas a tus horas de desasosiego
cada noche?
Mi descanso no te incumbe. dijo de nuevo Entreri.
Tu falta de descanso si lo es, le corrigi el drow. Si los reflejos se tornan lentos....
Te gustara una demostracin?
Jarlaxle bostez, atrayendo otra mirada menos que amistosa. El drow le devolvi una
sonrisa- una que se perdi con Entreri quien de nuevo miraba la fangosa superficie de
Vaasa. Jarlaxle tambin se volte e inclin hacia el norte, apreciando la sobrenatural
escena. La niebla de la maana se retorca en remolinos grises en algunos lugares, y se
elevaba como un gigante despertndose en otros.
En verdad, Vaasa pareca un remanente de los tiempos de antes de las razas con
entendimiento habitaran la tierra. Pareca un remanente de un tiempo, tal vez, antes de
que cualquier criatura caminara por estas tierras siquiera, como si el resto del mundo
hubiera seguido avanzando sin llevarse consigo a Vaasa.
Una tierra olvidada, seal Jarlaxle, mirando a Entreri.

El asesino regres esa mirada, incluso asinti un poco, y el drow se sorprendi al darse
cuenta de que Entreri haba comprendido por completo su referencia.
Qu ves cuando miras all afuera? pregunt [Link] desperdiciado?
Esterilidad donde debera haber fertilidad? Muerte donde debera haber vida?
Realidad, respondi Artemis Entreri con fra determinacin.
Se volvi y le ofreci una rgida mirada al drow y luego pas a su lado alejndose.

Jarlaxle escuch incertidumbre en la voz de Entreri, presinti que el hombre estaba


desequilibrado. Y supo la fuente de ese desequilibrio, ya que l haba jugado buena
parte al asegurarse que la flauta de Idalia hubiera encontrado su camino hasta la mano
de Artemis Entreri.
Permaneci en la baranda un rato, embebido en la escena frente a l, recordando la
noche que haba pasado y considerando a su siempre terco amigo. Sobre todo, el elfo
oscuro se preguntaba que podra hacer para dominar la primera, recrear la segunda y
alterar la tercera.
Siempre preguntndose, siempre pensando.

CAPITULO 8

LA CABALGATA DE MARIABRONNE

Arrayan tuvo que detenerse y considerar la pregunta por un tiempo antes de responder.
Dnde haba dejado el libro? La mujer se sinti una tonta, de seguro. Cmo podra
ella haber dejado algo tan poderoso fuera de su vista? Cmo no poda siquiera recordar
dnde lo haba dejado? Su mente retrocedi hasta la noche anterior, cuando se haba
atrevido a comenzar a leer el tomo. Recordaba haber conjurado cada hechizo de defensa
que conoca, creando intrincadas barreras y protecciones contra la potencialmente
devastadora magia que Zhengyi haba puesto sobre el libro.
Mir de vuelta la mesa en el centro de la habitacin, y supo que haba abierto el libro
justo all. Una sensacin de vastedad inund su memoria, un sentimiento de tamao, de
magia y un construccin fsico tambin, demasiado grande como para ser contenido.
Lo saqu, dijo ella volvindose a Wingham y Mariabronne. Fuera de aqu.
Lo dejaste en algn lugar fuera de tu control? la rega Wingham, su voz incrdula.
Se levant de un salto de su silla, como si su cuerpo estuviera simplemente demasiado
agitado como para ser contenido en una silla. un artefacto con ese poder?
Mariabronne puso una mano encima del brazo de Wingham para intentar calmarlo.
El libro est fuera de la casa, le dijo a Arrayan. En algn lugar de Palishchuk?
Arrayan consider la pregunta, tratando desesperadamente de explorar sus recuerdos.
Mir a Olgerkhan, necesitando su siempre ptreo soporte.
No, respondi, pero era ms una sensacin que una certeza.
Fuera de la ciudad. La ciudad era.... demasiado pequea.
Wingham se desliz nuevamente en su asiento y por un momento pareci boquear en
busca de aire. Demasiado pequea? Qu fue lo que creaste?
Arrayan slo poda mirarlo fijamente. Recordaba haber dejado la casa con el libro bajo
su brazo, pero solo vagamente, como si estuviera caminando en un sueo. Haba sido
un sueo?
has dejado la casa desde tu regreso desde el viaje con el libro? le pregunt
Mariabronne.
La mujer neg con la cabeza.
Alguna idea de adonde fuiste? la presion el vigilante. Norte? Al sur cerca de la
caravana de Wingham?
No hacia el To Wingham, replic sin pausa Arrayan.
Wingham y Mariabronne se miraron mutuamente.

Palishchuk solo tiene dos puertas abiertas la mayor parte del tiempo, dijo
Mariabronne. Norte y Sur.
Si no es al sur, entonces ... dijo Wingham.
Mariabronne fue el primero en ponerse de pie, indicndoles al resto que lo siguieran.
Olgerkhan fue inmediatamente al lado de Arrayan, ofrecindole un chal para protegerla
de helado viento en su debilitado estado.
Cmo pude haber sido tan tonta? le susurr la mujer al enorme semi orco, pero
Olgerkhan solo poda sonrerle, no teniendo respuestas prcticas.
la magia del libro estaba ms all de tu control, quizs, le replic Mariabronne. He
odo de cosas semejantes antes. Incluso el gran Kane, con toda su disciplina y fuerza de
voluntad, fue casi destruido por la Varita de Orcus.
La varita era un artefacto de un dios, le record Arrayan.
No subestimes el poder de Zhengyi, dijo Mariabronne
No era un dios quizs, pero ciertamente tampoco era un mortal. Se detuvo y mir a
los perturbados ojos de la mujer. No temas. le dijo. Encontraremos el libro y lo
subsanaremos.
La ciudad estaba tranquila esa tarde, con casi nadie rezagado todava en el circo de
Wingham. El cuarteto casi no vio a nadie mientras recorran el camino hacia la puerta
norte. Una vez all, Mariabronne se agach frente a Arrayan y le pidi que levantara un
pie. l inspeccion su bota, luego estudi la huella que ella acababa de hacer.
Le indic al resto que esperaran y fue hasta la puerta y luego comenz a hurgar
alrededor, estudiando los rastros en el fangoso suelo.
Fuiste y viniste por el mismo camino, le inform a Arrayan
El vigilante seal al noreste, hacia las sombras ms cercanas del Gran Glaciar, el ro
congelado que se alzaba ante ellos.
Otros pocos han pasado por esta puerta en los ltimos das. No debera ser difcil
seguir tu rastro.
En verdad no lo fue, ya que justo fuera del rea de la puerta las huellas de Arrayan,
ambos pares, sobresalan solas sobre la tundra ablandada por el verano. Aunque, lo que
era sorprendente para Mariabronne y el resto de los otros era cun lejos de la ciudad los
haba llevado el rastro de Arrayan.
El Gran Glaciar apareca ms y ms grande ante ellos mientras caminaban
trabajosamente hacia el noreste, y ms directamente al norte.
La ciudad quedaba atrs y la noche descenda, trayendo con ella el mordisco fro del
viento. El aire prometa que el verano, al igual que todos los veranos anteriores en el

lejano norte, sera uno corto, pronto a terminar. Un cambio abrupto en el clima
congelara el suelo en cuestin de das. Despus de eso, la tierra se mantendra slida
por las tres cuartas partes del ao o ms. No era desconocido que el deshielo de verano
durara menos de un solo mes.
No hay dudas de por qu estabas tan cansada, le dijo Wingham a Arrayan un tiempo
despus, con varios kilmetros a sus espaldas.
La mujer solo pudo mirarlo, impotente. No tena idea de cun lejos de la ciudad haba
ido y slo poda recordar a duras penas haber dejado su casa.
El cuarteto lleg a una cresta, que miraba hacia un amplio valle, con una mata de
rboles en el fondo a pie de una colina ante ellos, y un grupo de varias rocas grandes
hacia la derecha.
Arrayan jade, All!
Seal, indicando las rocas, el recuerdo del lugar la inundaba nuevamente.
Mariabronne, usando una antorcha as poda ver el rastro, estaba por sealarles la misma
direccin.
Nadie ms ha salido, confirm el vigilante. Vayamos y recojamos el libro as puedo
llevarlo ante el Rey Gareth.
Arrayan y Olgerkhan captaron el rpido destellos de conmocin en el rostro de
Wingham ante esa proclamacin, pero en su favor, el astuto comerciante no presion el
asunto justo en ese momento. Mariabronne, antorcha en mano, fue el primero en rodear
el guijarro ms cercano y grande. Los otros casi tropezaron con su espalda cuando, al
dar la vuelta tambin, se dieron cuenta de que el vigilante se haba detenido. Mientras se
arrastraban hacia su costado para poder ver lo mismo que l, rpidamente lo
entendieron.
Ya que estaba el libro de Zhengyi suspendido en el aire a la altura de la cintura por un
par de tentculos de piedra grises que salan rodando desde los costados y hacia abajo al
suelo. El libro estaba abierto con solo unas pocas pginas volteadas. Los cuatro miraban
estupefactos como unas imgenes rojas de varias runas mgicas flotaban arriba de las
pginas abiertas y se disipaban en el trmulo aire encima del libro.
Qu has hecho? pregunt Wingham.
Mariabronne se aproxim cautelosamente.
El libro se est leyendo a s mismo, observ Olgerkhan, y mientras que la declaracin
sonaba ridcula al ser pronunciada, otra mirada al libro pareca confirmar la simple y
llana observacin que haba hablado el semi orco.
Qu es eso? pregunt Wingham mientras que la antorcha de Mariabronne se extenda
por detrs del libro, revelando una hilera de piedras grises cuadradas que sobresalan en
la tundra.

Piedras de cimientos, respondi Arrayan.


Los cuatro intercambiaron miradas nerviosas, luego dieron un salto al tiempo que una
mano espectral apareca en medio del aire encima del libro abierto y lentamente daba
vuelta una hoja.
El libro est ejecutando sus propios duormers, dijo Arrayan. Est efectuando la
magia de Zhengyi establecida entre sus pginas.
No fuiste ms que un catalizador, agreg Wingham, asintiendo con su cabeza
mientras todo estaba comenzando a cobrar sentido para l. Tom un poco de tu fuerza
vital y ahora la est utilizando para facilitar los planes de Zhengyi.
Qu planes? pregunt Olgerkhan.
La magia estaba en la escuela de la creacin, replic Arrayan.
Y est creando una estructura, dijo Mariabronne al tiempo que se mova a lo largo de
los cimientos. Algo enorme y formidable.
Castillo Peligroso, farfull Wingham, y los tres lo miraron con gran alarma, ya que
ese era el nombre todava no removido lo suficiente de la consciencia de la regin como
para que alguno lo escuchara cmodamente.
Aun no sabemos nada sobre el asunto, le record Mariabronne. Slo que el libro est
creando una estructura. Tales artefactos no son desconocidos. Por supuesto que han
escuchado del trabajo de Doerm?
Arrayan asinti. El legendario hechicero Doerm haca mucho haba perfeccionado un
mtodo de crear torres menores extra dimensionales que los aventureros podan conjurar
para protegerlos de los peligros y crudezas del camino abierto.
Es posible que Zhengyi creara este tomo, quizs con otros iguales, para que sus
comandantes pudieran construir fortalezas defensivas sin la necesidad del msculo,
herramientas, provisiones y tiempo, razon Mariabronne acercndose cada vez ms al
borde del fascinante libro.
Puede ser, Wingham, que tu sobrina Arrayan no haya hecho ms que construirse un
nuevo e impresionante hogar.
Wingham tambin se aproximo al libro, y de cerca las elevadas y disipantes runas se
vean ms claramente. Letras individuales y reconocibles se tornaban visibles. Wingham
comenz a ondear su mano sobre el campo de poder encima del libro abierto.
Por casi un pelo el viejo semi orco haba permanecido al borde y dio un graznido
cuando sali volando y cay sobre el suelo. Los otros tres estuvieron all en un instante,
Arrayan ayudndolo a sentarse.
Parece que el libro de Zhengyi se protege a s mismo, subray Mariabronne.

Protegerse a si mismo mientras hace eso? pregunt Wingham, sus dientes


castaeteando por la descarga.
Los cuatro intercambiaron miradas de preocupacin.
Creo que es tiempo de que cabalgue hasta la Puerta de Vaasa, dijo Mariabronne.
Ya era hora, concord Arrayan.
Mariabronne y Wingham dejaron a Arrayan y Olgerkhan en la casa de la mujer y luego
fueron a la puerta del sur de Palishchuk y hacia las carretas de Wingham ms all.
Mi caballo est en la caballeriza en la ciudad, protest repetidamente Mariabronne,
pero Wingham sigui alejando el pensamiento y las palabras.
Tan solo sgueme, le instruy. Para el beneficio de todos.
Cuando llegaron a la carreta de Wingham, el viejo semi orco se apresur adentro,
regresando casi inmediatamente con una pequea bolsita.
Un caballo de obsidiana, le explic buscando en la bolsa de cuero y sacando una
pequea estatuilla de obsidiana retratando un casi esqueltico caballo con amplios y
llameantes fosas nasales. Convoca a una pesadilla que correr incansablemente- bueno,
al menos hasta que se le acabe la magia, pero eso debera ser bien despus de que la
bestia te haya llevado hasta la Puerta de Vaasa.
Una pesadilla? lleg la precavida respuesta. Una criatura de los planos inferiores?
S, s, por supuesto, pero una controlada por la magia de la piedra. Estars lo
suficientemente seguro, gran vigilante.
Mariabronne tom la piedra cuidadosamente y la meci en sus manos.
Tan solo di 'Fuegonegro,' le dijo Wingham.
Fuegone comenz a replicar Mariabronne, pero Wingham lo cort en seco
colocndole un dedo sobre sus labios.
No lo pronuncies mientras sostienes la piedra, a menos que quieras que te cabalgue a
ti, dijo el semi orco con una risilla. Y por favor, no convoques a la montura infernal
aqu en mi campo. Detesto cuando espanta a los compradores.
Y se come a ms de unos cuantos, estoy seguro.
Es una bestia temperamental, le confirm Wingham.
Mariabronne se toc la frente a modo de saludo y comenz a alejarse pero Wingham lo
sujet por el brazo. Discrecin, te lo ruego. le rog el viejo semi orco.

Mariabronne lo mir fijamente por un largo [Link] disminuir el enredo de


Arrayan?
Ella lo empez, dijo Wingham y ech una mirada hacia atrs hacia la ciudad como si
Arrayan todava estuviera a la vista.
Quizs ella lo est alimentando con su propia fuerza vital. Las buenas intenciones de
todos puede pesarle amargamente a la pobre chica, y ella no tiene la culpa en esto.
De nuevo Mariabronne se detuvo un momento para estudiar a su amigo. Ganar
fcilmente, al precio de su vida? le pregunt y antes de que Wingham pudiera
responder, aadi, Los juicios de Zhengyi han probado ser a menudo un dilema moral
para todos nosotros. Tal vez podramos derrotar este construccin, y fcilmente, pero a
costa de una inocente.
Y a costa de nuestras almas por hacer ese sacrificio, dijo Wingham.
Mariabronne le ofreci una sonrisa confortable y asinti en consentimiento. Regresar
rpidamente, le prometi.
Wingham ech una mirada de vuelta hacia el norte, como si esperara ver un castillo
gigante proyectndose sobre la muralla norte de la ciudad.
Eso sera sabio, suspir.
Justo al sur del crculo de carretas de Wingham, Mariabronne levant el corcel de
obsidiana con ambas manos. Fuegonegro, susurr mientras colocaba la estatuilla
sobre el suelo, y casi grit cuando la piedra comenz a danzar con llamas negras y
prpuras. Aunque antes de que pudiera reaccionar lo suficiente como para alejarse de
las llamas, se dio cuenta de que no estaban quemndole la carne.
El fuego llameaba ms alto. Mariabronne observ, hipnotizado.
Saltaban a proporciones ms grandes, azotadas por la briza de la tardecita, y tomaban
gradualmente la forma de un caballo, una rplica tamao real de la estatuilla. Luego los
fuegos se extinguieron , levantando en el aire una enorme bola que se deshizo, dejado
detrs lo que pareca ser un caballo de humo.
Los bordes indistintos de jirones de humo se disiparon y una criatura ms slida
apareci frente al vigilante, sus ojos rojos mirndolo con odio, bocanadas de humo acre
arrojndose de sus llameantes fosas nasales, y gotas de fuego negro explotaban de sus
pezuas mientras piafaba contra el suelo.
Fuegonegro, dijo con una profunda exhalacin Mariabronne, y se esforz mucho para
calmarse. Se record a s mismo la urgencia de la misin, y se movi lentamente y
deliberadamente, en guardia y con su mano en el pomo de Bayurel, su renombrada
espada bastarda, una slida y gruesa hoja encantada con un odio especial hacia la piel de
gigante.
Mariabronne trag con fuerza cuando camin hacia la pesadilla.

Cautelosamente se alarg para tocar la melena de la criatura, la cual pareca nada menos
que fuego negro viviente. Lo sujet con fuerza cuando sinti su solidez, y con un
movimiento fluido, se lanz encima del lomo de la pesadilla. Fuegonegro no tard
mucho en encabritarse y escupir fuego, pero Mariabronne no era un jinete novato y se
mantuvo firme en su montura.
Pronto estaba galopando el fiero corcel hacia el sur, las sombras de las Galenas lo
bordeaban por la izquierda, la ciudad de Palishchuk y el Gran Glaciar retrocedan
velozmente tras l. Normalmente era un viaje de cinco das, pero la pesadilla no
necesitaba descansar, no remita al galope para nada.
Los kilmetros se acumulaban detrs del vigilante. No le prest atencin a las amenazas
del costado del camino- un campamento goblin o el rugido de un yeti de la tundra- sino
que agach la cabeza y dej que la pesadilla pasara a toda velocidad.
Despus de varias horas, los brazos y piernas de Mariabronne dolas por el esfuerzo,
pero todo lo que tena que hacer era conjurar una imagen del libro mgico y la
estructura que estaba haciendo crecer, todo lo que tena que hacer era imaginar el
peligro que poda acarrear la creacin del Rey Brujo , para hacer pasar el dolor y
sujetarse fuerte a su montura.
Encontr que la estimacin de Wingham era un poco optimista, sin embargo, ya que
senta el debilitamiento de la magia de su montura al tiempo que el cielo del este
empezaba a brillar con el amanecer. No siendo ningn extrao a las tierras yermas,
Mariabronne detuvo su cabalgata y escudri el rea a su alrededor, rpidamente
discerniendo un lugar prometedor para poder acampar. Casi tan pronto como desmont,
la pesadilla se convirti en una llama negra ondulante y luego desapareci
completamente.
Mariabronne tom la figura de obsidiana del suelo y sinti su peso en su mano. Le
pareca ms liviana a l, carente de sustancia, pero incluso mientras permaneca all
sopesndola, sinti un pequeo cambio como si el peso se incrementara y su magia
comenzara a juntarse nuevamente. De esa manera la estatuilla le dira a l cuando poda
recurrir a sus poderes otra vez. El vigilante reconoci el rea, disfruto una comida de
pan seco y carne salada, luego se acomod para un muy necesitado descanso.
Se despert apenas pasado el medio da e inmediatamente fue hasta la figura. An no
estaba completamente recuperada, lo reconoci, pero entendi implcitamente que poda
conjurar la pesadilla si as lo deseaba. Dio un paso atrs y supervis el rea
cuidadosamente bajo la plena luz del da. Mir hacia el norte y el sur, midiendo su
progreso. Haba cubierto casi la mitad del camino a la puerta de Vaasa en la cabalgata
de una noche-tres veces la distancia que podra haber esperado hacer con un caballo
viviente sobre el difcil terreno, incluso si hubiera estado cabalgando durante las horas
del da.
Mariabronne asinti , mir a la estatuilla y la reacomod en su bolsa. Se resisti a la
testarudez de empezar a incursionar hacia la Puerta de Vaasa y en su lugar se forz a
descansar un poco ms, para tomar una segunda comida, y para pasar por un rgimen de
estiramiento suave y preparar sus msculos para otra larga cabalgata nocturna. Antes de

que los ltimos rayos del da desaparecieran detrs de la llanura Vaasana en el oeste, el
vigilante estaba de vuelta montado sobre su infernal corcel, cargando duro hacia el sur.
Lleg hasta la gran fortaleza de nuevo sin incidentes, justo antes del siguiente amanecer.
Reconocido y siempre aplaudido por los guardias del Ejrcito de Bloodstone,
Mariabronne se encontr compartiendo el desayuno con el Honorable General
Dannaway Bridgestone Tranth, hermano del gran Barn Tranth quien haba estado junto
a Gareth en la guerra contra el Rey Brujo. Elevndose ms por la reputacin de su
familia que por cualquier hazaa, Dannaway serva como ambos comandante militar y
alcalde de la eclctica comunidad de la Puerta de Vaasa y la Fuga.
Normalmente orgulloso y con aires de superioridad, Dannaway no mostraba semejantes
pretensiones en sus conversaciones con Mariabronne el Errante . La fama del vigilante
lo haba hecho ms que merecedor de comer el desayuno con el Honorable General, as
lo crea Dannaway, y ese era un lugar de honor que Dannaway reservaba para pocas
personas.
Por su parte, y a pesar de que nunca entendi la necesidad de usar ms de un utensilio
para comer, Mariabronne saba cmo jugar el juego de la realeza. El renombrado
guerrero, a menudo llamado el Domador de Vaasa, haba cenado frecuentemente con el
Rey Gareth y la Dama Christine en su gran Corte en la Aldea de Bloodstone y en el
segundo palacio en Heliogabalus. Nunca haba sido afecto a la pretensin y su elevacin
de clase social, pero entenda su practicidad, incluso la necesidad, de tal estratificacin
en una regin abatida tanto tiempo por los conflictos. Tambin entenda que sus hazaas
lo haban puesto en una posicin de continuar mejorando la regin, como en ese mismo
instante, mientras le relataba los acontecimientos en Palishchuk al regordete y
envejecido Honorable General. Tan pronto como comenz a ofrecer detalles, Dannaway
llam a su sobrina, la Comandante Ellery para que se les uniera. Dannaway dio un gran
y resignado suspiro, un adems dramtico, mientras Mariabronne terminaba su relato.
La maldicin de Zhengyi persistir a travs de toda mi vida y de la de mis hijos, y los
hijos de stos, es lo que me temo, dijo l.
Al parecer, estas molestias no son poco comunes.
Recemos para que no sea ms que una molestia, dijo Mariabronne.
Hemos transitado por este camino muchas veces antes, le record Dannaway, y si el
general estaba en algo preocupado, no lo demostr.
Necesito acaso recordarte de la enorme estatua de Dragn que creci hasta gigantescas
proporciones en la cinaga del norte de Darmshall, y ...Qu? Se hundi en la cinaga,
eso creo.
Y no nos olvidemos del cinto abotonado con una gema descubierta por ese pobre
jovencito en las laderas norteas de las Galenas, prosigui Dannaway. S, cmo iba a
saber l que la piedra gris junto a la cual encontr ajustado el cinto y descuidadamente
hizo a un lado apenas hubo desatado el cinto, era en realidad el disparador mgico de las
veinticinco bolas de fuego de rubes encantadas dispuestas en el cinto? Si no fuera por

los testigos-los amigos aventureros que lo observaban desde una cresta cercana. Quizs
nunca hubiramos sabido la verdad sobre esa reliquia de Zhengyi. Realmente no qued
mucho del pobre tipo para identificar.
Realmente no qued nada en absoluto del hombre, aadi Ellery.
Una mezcla de emociones envolvi a Mariabronne mientras escuchaba el recuento de
Dannaway. No quera minimizar el potencial creciente peligro justo al norte de
Palishchuk, pero por el otro lado se senta de algn modo aliviado al recordar todos
estos incidentes de los despojos de Zhengyi, aunque varios de ellos haban sido trgicos.
Ya que ninguno de los muchos incidentes haban predicho la condenacin a gran escala,
un regreso de Zhengyi o de la oscuridad que haba cubierto las Tierras de Bloodstone
tan solo once aos atrs.
Este no es un encantamiento menos, ni tampoco es algo que permanecer
desapercibido, me temo. El Rey Gareth debe reaccionar, y rpidamente, dijo el
vigilante.
Dannaway dio otro suspiro sobradamente dramtico, pos una dolorida mirada sobre
Ellery y dijo, Congrega una compaa para que cabalgue con Mariabronne de regreso a
Palishchuk.
Solamente soldados? replic la mujer, sin un rastro de miedo o duda en su fuerte y
firme voz.
Como desees, le dijo el general.
Ellery asinti y mir hacia el vigilante con curiosidad no disimulada. Quizs te
acompae personalmente, le dijo atrayendo una mirada de sorpresa de su to. Ha
pasado demasiado tiempo desde que he visto Palishchuk, en cualquier caso, y que he
visitado la compaa teatral de Wingham en ms de un ao.
Tu compaa ser bienvenida, Comandante, replic Mariabronne, pero pedira un
poco ms de apoyo.
Dannaway se entrometi, No creers que permitir que la Comandante de la Milicia
de la Puerta de Vaasa viaje hacia las sombras del Gran Glaciar sola, verdad?
Mariabronne retrocedi como si estuviera herido, aunque claro que todo era un juego.
El Errante, dijo furtivamente Dannaway. No es un ttulo fcil de ganarse y t te lo
has ganado diez veces de todas maneras.
Honorable General, la reputacin de Mariabronne.... empez a intervenir Ellery,
aparentemente sin captar el chiste.
Dannaway la detuvo alzando una mano. El Errante, dijo de nuevo. Es el ttulo de un
libertino, aunque de uno honorable. Pero eso no es de mi incumbencia, mi querida
Ellery. No temo por ti en la cama de Mariabronne, ni en la cama de cualquier otro
hombre. Eres un paladn de Bloodstone, despus de todo.

No, el Errante es tambin una observacin sobre la naturaleza de este aventurero,


prosigui Dannaway, obviamente perdindose la expresin agria de Ellery.
Mariabronne es el explorador que camina hasta la guarida del dragn para satisfacer su
curiosidad. El Rey Gareth habra usado al joven Mariabronne para buscar a Zhengyi, sin
duda excepto que el tonto habra camino justo hasta Zhengyi para preguntarle el nombre
a modo de confirmacin. Temerario hasta el punto de la tontera, Mariabronne?
La falta de confianza no es una caracterstica que favorezca.
Dannaway se ri estridentemente y luego se volvi a Ellery.
Lleva a un pequeo pero poderoso contingente contigo, te lo ruego. Se rumorea que
hay muchas guaridas de dragones en la regin de Palishchuk.
Ellery lo mir duramente por un largo tiempo, como si tratara de verle el sentido a todo
eso.
Tengo a varios en mente, soldados y otros por el estilo, dijo ella y Mariabronne
asinti satisfecho.
Con otra sonrisa y reverencia a Dannaway, se march para as poder descansar para su
cabalgata de regreso al norte. Se estableci en el cuarto complementario que siempre lo
esperaba en el pasillo que albergaba a los comandantes de la guarnicin. Se durmi
esperando que la actitud casual de Dannaway hacia la construccin estuviera bien
garantizada. Aunque durmi con dificultad, ya que en su corazn, Mariabronne
sospechaba que esta vez los restos de Zhengyi podan ser algo ms.

Eres un paladn de Bloodstone despus de todo.


Ellery no pudo evitar torcer el gesto ante esta observacin, porque todava no era del
todo cierta- y poda no serlo nunca, lo saba, aunque muchos otros como Dannaway,
aparentemente no lo vean as. Muchos en su familia y entre los nobles esperaban el da
en que ella demostrara su primer milagro, imponiendo las manos para curar a los
heridos tal vez. Ninguno de ellos dudaba de que ocurriera pronto, ya que la mujer
mantena una genuina reputacin y era descendiente de una larga lnea de guerreros
santos.
Los otros amigos de Ellery lo saban mejor, por supuesto.
Bien lejos del general, se mova paso a paso traicionando su nerviosismo.
Puedo derrotarlo en caso de necesidad, le dijo al delgado hombre parado en la sombra
de la mella del muro angular.
He medido la magnitud de su habilidad y es tan formidable como temas.

Aun as crees que puedes matarlo?


No me has entrenado exactamente en ese arte? replic la mujer. Un solo golpe,
fatal? Un movimiento imposible de detener?
l es superior, le lleg la delgada voz del delgado hombre, un sonido de araazos y
resuellos, pero extraamente slido en su seguro y mortalmente parejo tono.
Ellery asinti y admiti, Pocos podran mantenerse en pie por mucho tiempo, es
verdad.
Pero, se cuenta Ellery entre esos pocos?
No hago esa afirmacin, replic ella tratando con esfuerzo de no sonar agitada. Luego
agreg el recordatorio ms para ella misma que para el delgado hombre, Mi hacha me
ha servido bien, le ha servido bien al Rey Gareth, y te ha servido bien a ti.
Eso provoc una risa, de nuevo de resuellos y delgada, pero de nuevo llena de
confianza- confianza bien ganada, Ellery lo saba.
Una improbable continuacin de servicio, observ l.
Ella poda ver la sonrisa afectada del hombre, estirndose hasta la mitad de las sombras.
No ests de acuerdo?pregunt el delgado hombre, y Ellery tambin sonri
afectadamente y encontr humor en esa irona.
Pocos le encontraran la lgica a su ltima afirmacin, se dio cuenta ella, porque pocos
entenderan el matiz de la poltica y la practicidad en Damara y Vaasa.
Dilo abiertamente, le rog el delgado hombre. Si surge la necesidad, ests segura de
que puedes derrotar al elfo drow, Jarlaxle?
La mujer se tens ante el tono recriminador. No sigui mirando a su alrededor nerviosa,
pero mir con dureza a su contraparte.
Tiene una debilidad, dijo ella. La he visto. Puedo explotarla. S. No podr derrotar
aquello en lo que me has entrenado para ejecutar.
El delgado hombre replic, Siempre fuiste una buena alumna.
Envalentonada, Ellery le hizo una reverencia ante el cumplido.
Esperemos que no llegue a eso, prosigui el delgado hombre. Pero son un par difcil
de leer, este drow y su compaero humano.
Viajan juntos y combaten lado a lado, aunque el humano parece considerar al de piel
oscura con desdn, concord Ellery. Pero no veo all debilidad alguna que yo pueda
aprovechar, aadi rpidamente, al tiempo que el semblante de su contraparte pareca
iluminarse con la posibilidad.

Un golpe contra uno es un golpe contra ambos.


El delgado hombre hizo una pausa y absorbi el razonamiento por un tiempo, y ella
estaba muy segura de que l estara de acuerdo.
El vigilante es uno alborotadizo, dijo l, cambiando de tema.
Incluso despus de veinte aos cazando en los yermos de Vaasa, Mariabronne es
fcilmente alterado.
sta es una reliquia de Zhengyi la que l ha descubierto. Muchos consideraran esa una
razn para alterarse.
Lo crees?
Wingham lo cree, as dice Mariabronne, y con el propsito de hacer un trato,
obviamente, de lo contrario el oportunista semi orco habra vendido el artefacto bajo
cuerda.
Eso hizo que el delgado hombre se reclinara aun ms profundamente en las sombras, la
oscuridad tragando casi toda su frgil forma. Junt sus manos delante de l, golpeteando
sus finos dedos juntos.
Wingham no es tonto, advirti la sombra figura.
Sabe de magia, y poco ms, replic Ellery. Confiara en su juicio en esto.
Entonces Zhengyi dej un libro, murmur el delgado hombre, un libro de poder.
Un libro de creacin, segn dice Mariabronne.
Irs a Palishchuk?
Ir.
Con una escolta de tu eleccin?
Por supuesto. Mariabronne conducir un pequeo grupo en la maana.
sabes a quin elegir?
Ellery ni siquiera intent esconder su sorpresa cuando ella dijo, Deseas un lugar en la
caravana?
El delgado hombre golpete sus dedos unos instantes ms, y en las sombras, Ellery
pudo verlo asentir.

Tus hazaas no han pasado desapercibidas, le dijo Ellery a Jarlaxle esa noche, de
vuelta en las Botas Embarradas y Espadas Ensangrentadas.
Si lo hubieran pasado estara profundamente herido, replic el drow, golpeando su
vaso y ofrecindole un lascivo guio.
Ellery se sonroj a pesar de s misma, y Jarlaxle pens que su cabello rojizo no haca
ms que acentuar el sbito color de sus mejillas.
Viajo a Palishchuk maana, dijo ella, componindose.
He escuchado de este lugar, Palishchuk- semi orcos, correcto?
Ciertamente, pero bastante civilizados.
Deberamos celebrar tu partida.
Nuestra partida.
Eso tom al drow con la guardia baja, pero por supuesto que no lo demostr.
Estoy reuniendo una tropa para hacer el viaje, explic ella.
Tus hazaas no han pasado desapercibidas.
Ni tampoco han sido logradas solas.
Tu amigo tambin est invitado.
Mientras ella hablaba de Entreri, el par se dio vuelta para considerar al hombre que
permaneca junto al bar, con una jarra de cerveza calentndose sobre la barra frente a l,
y su tpica expresin de burla y desprecio oculta justo detrs de esa expresin de
distanciamiento. Llevaba su capa gris echada por sobre un hombro, mostrando la fina
camisa blanca que Ilnezhara le haba dado en el viaje a la Puerta de Vaasa y revelando
adems el pomo enjoyado de su fabulosa daga, enfundada en su cadera.
No se le escapaba a la atencin de Jarlaxle y Ellery aquellos alrededor de Entreri se
mantenan a una respetuosa distancia, y le otorgaban un espacio personal ms que a
cualquier otro en el bar.
l tiene esa cualidad, musit en voz alta Jarlaxle.
Continu admirando a Entreri incluso mientras Ellery lo miraba a l buscando una
explicacin. Pero el drow no se molest en explicar su observacin. Entreri estaba lejos
de ser el hombre ms corpulento en la taberna y no haba hecho movimientos agresivos
hacia nadie, sin embargo era obvio que aquellos alrededor de l podan presentir su
fuerza, su competencia.

Tena que ser sus ojos, presumi Jarlaxle, ya que su mirada hablaba de la suprema
concentracin- quizs el mejor atributo de un verdadero guerrero.
Ir? escuch el drow que preguntaba Ellery, y por su tono, le era patente que no era
la primera vez que ella haba formulado la pregunta.
l es mi amigo, replic Jarlaxle, como si esa descripcin aclarara todo. No me
dejara encaminarme al peligro solo.
Entonces ests de acuerdo?
Jarlaxle se volvi a ella y le sonri pcaramente. Slo si me prometes que no pasar
fro con el viento nocturno.
Ellery le devolvi la sonrisa y luego puso su bebida sobre la mesa al lado de ellos.
Al amanecer, le instruy y comenz a alejarse.
Jarlaxle la sujet del brazo y dijo, Pero tengo fro.
Todava no estamos en camino, dijo ella.
Ellery se liber de su agarre y cruz el lugar y sali de la taberna.
Jarlaxle sigui sonriendo mientras consideraba sus curvas desde el ngulo ms
ventajoso. Al momento en que ella estuvo fuera de vista, volvi su mirada de vuelta a
Entreri y suspir, sabiendo que el hombre se resistira a su persuasin, como siempre.
Iba a ser una larga noche.

Luciendo esplndida en su brillante armadura, con el escudo sujeto a su espalda, y el


hacha colocada a su lado, Ellery se sent sobre un caballo ruano a la cabeza de las dos
caravanas de carretas. Mariabronne cabalgaba a su lado sobre un caballo bayo. Un par
de soldados montados los complementaban al final de la formacin , dos enormes
hombres de apariencia de enojados. Uno de ellos era el oficinista de las recompensad,
Davis Eng, el otro un hombre mayor de pelo gris.
Las dos mujeres que manejaban la primera carreta no eran del Ejrcito de Bloodstone,
sino mercenarias de las tabernas locales. Jarlaxle conoca a una como Parissus de
Impiltur, de huesos grandes, cara redonda y con el pelo rubio muy corto. A menudo l y
Entreri haban escuchado a las mujeres alardear de sus hazaas, y parecan estar muy a
gusto con ellas mismas.
Jarlaxle no poda evitar conocer a la otra, ya que su nombre figuraba en la cima de la
lista de pagos de recompensas. Se llamaba Calihye y era una semi elfa con largo cabello

negro y un hermoso rostro anguloso- excepto por la cicatriz que le daba esa expresin
de enojo y que corra desde una mejilla a travs del borde de sus finos labios y hasta la
mitad de su mentn. Cuando le inform a la Comandante Ellery de que estaba lista para
partir, Jarlaxle y su compaero humano- sorprendidos de encontrarse asignados a dirigir
la segunda carreta- escucharon un distintivo ceceo causado por la cicatriz sobre sus
labios.
Bah! le lleg un gruido desde el costado. Sujeten sus caballos, sus bestias se vayan
cojeando. Mi sangre est a punto de hervir y estoy bufando y resoplando !
Todos observaban como un enano se paseaba por el corto extensin desde la puerta, sus
musculosos brazos desnudos y ladendose en cadencia con sus pasos determinados, su
negra barba recogida en dos largas trenzas. Tena un par de estrellas matutinas de
extraa apariencia, sujetas en forma de X a su espalda, con las manijas sobresaliendo
por encima de la espalda de su tupida cabeza. Cada una terminaba en una bola con
puntas de metal, el par rebotaba y se balanceaba en las extremidades de sus respectivas
cadenas en igual cadencia que sus movimientos bamboleantes.
Mientras que eso era bastante normal, el material de las armas brillaba con un anodino y
casi traslcido gris. Eran de glassteel (acero de vidrio) una fabricacin mgica rara y de
poderosas propiedades.
Me pidieron que fuera, y estoy yendo, pero no me estn esperando, as que quin los
entiende? Bah!
Vuestro perdn, buen Athrogate, dijo la Comandante Ellery. Pens que quizs habas
cambiado de opinin.
Bah! resopl de nuevo Athrogate.
Camin hacia la parte trasera de la carreta abierta, sac una bolsa de su cinto y la arroj
dentro- lo que hizo que un segundo enano ya dentro de la carreta se hiciera a un ladoluego se sujet con ambas manos y se tir adentro, sobre el asiento al lado de un
delgado hombre, de apariencia frgil.
Jarlaxle not eso con un poco de curiosidad, pensando que un enano normalmente
habra elegido el asiento al lado de otro enano, el cual estaba libre. Slo haba tres al
final de la carreta, la cual podra haber albergado a seis fcilmente.
Se conocen, le remarc el drow a Entreri, sealando al enano y al hombre.
Encuentras eso interesante? le lleg el comentario sarcstico.
Jarlaxle simplemente dijo un Hmm, y volvi su atencin de vuelta a las riendas y los
caballos.
Entreri lo mir con curiosidad, luego consider al odioso enano y al hombre de
apariencia frgil de nuevo. Anteriormente, Jarlaxle haba razonado que el hombre deba
ser un sabio, un erudito trado para ayudar a descifrar el misterio de lo que fuera a lo
que estaban yendo a ver a esta nortea ciudad de Palishchuk. Pero el enano no era del

tipo erudito, ni siquiera pareca muy curioso sobre los asuntos cerebrales. Si l y el
hombre se conocan, como haba razonado Jarlaxle, entonces haba algo ms en el
hombre de lo que ellos haban presumido?
l es un mago, dijo Entreri por lo bajo.
Jarlaxle mir al asesino quien pareca estar inconsciente del movimiento mientras
cerraba y abra su mano derecha, sobre la cual haca no mucho tiempo haba usado el
guantelete mgico que acompaaba su espada.
El guantelete que derrotaba la magia estaba perdido para l e igualmente le deba ocurrir
a Entreri, al considerar al hechicero, y deba estar deseando usarlo antes de que el viaje
terminara. Aunque el hombre no haba hecho nada que indicara alguna amenaza hacia
Entreri, el asesino nunca haba estado y nunca lo estara, cmodo alrededor de los
hechiceros.
No los entenda.
No quera entenderlos.
Usualmente quera matarlos.
Ellery les dio la seal y ella y Mariabronne comenzaron a conducir sus caballos hacia el
norte, las carretas rodando justo detrs, los otros dos soldados acomodndose a los
costados de la carreta de provisiones de Entreri y Jarlaxle.
Jarlaxle empez a hablar, por supuesto, notando el paisaje y contando cuentos sobre
lugares similares que haba visitado de vez en cuando. Y Entreri lo ignor, por supuesto,
prefiriendo mantener su atencin sobre los otros viajeros al lado de l y el drow.
La mayora de su vida, Artemis Entreri haba sido un aventurero solitario, un asesino a
sueldo quien confiaba solamente en s mismo y en sus instintos. l senta una
incomodidad peculiar con la compaa, y ciertamente se preguntaba como lo haba
convencido el drow para que se les uniera.
Tal vez se preguntaba por qu Jarlaxle haba querido ir en primer lugar.

EL CAMINO DE JARLAXLE

Jarlaxle dej a Ilnezhara y Tazmikella discutiendo entusiasmadas las posibilidades de


la biblioteca de Zhengyi poco despus de que cayera la torre del lich. Tan pronto como

sali de la guarida del dragn, el drow se desvi del camino principal que llevaba de
regreso a Heliogabalus justamente. Deambul lejos en los yermos, hacia una arboleda
de oscuros robles, e hizo un rpido escudri del rea para asegurarse de que no haba
nadie alrededor. Se apoy contra un rbol y cerr los ojos, y reprodujo en sus
pensamientos la conversacin, viendo de nuevo las expresiones de las hermanas
mientras divagaban sobre Zhengyi.
Estaban entusiasmadas, claro, y quin poda culparlas? Pero haba algo ms en la
mirada de Ilnezhara cuando le haba hablado de la torre derrumbada. Un poco de
miedo, pens nuevamente.
Jarlaxle sonri. Las hermanas saban ms sobre el potencial de los tesoros de Zhengyi
de lo que demostraban, y teman a los artefactos que resurgan.
Por qu temera algo un dragn?
La mueca en el rostro de Ilnezhara cuando l le dijo que el libro haba sido destruido
centelle en sus pensamientos, y se dio cuenta de que haca bien al mantener oculto su
tesoro- la pequea gema en forma de calavera-escondida a salvo por un largo, largo
tiempo.
Ilnezhara no le haba credo completamente, sospechaba l, y eso nunca era algo bueno
cuando se trataba con un dragn. Saba sin dudas de que las hermanas dragonas
trataran de confirmar si l estaba diciendo la verdad. Por supuesto, como era su
naturaleza de acaparamiento, las dragonas desearan semejante tomo como el que
haba construido la torre, pero esa expresin en el rostro de Ilnezhara hablaba sobre
algo ms all de un simple y obvio deseo.
A pesar de sus mejores instintos el drow sac la diminuta calavera brillante, slo por
un momento. La apret fuerte en su mano y dej que sus pensamientos fluyeran hacia la
magia, aceptando cual fuera la ruta impuesta delante de l. Kimmuriel, el elfo oscuro
psionista que Jarlaxle haba dejado al mando de su banda mercenaria, Bregan
D'aerthe, haca tiempo le haba enseado una manera de obtener algo del sentido de
propsito de un objeto mgico. Claro que Jarlaxle ya saba una parte de las
propiedades de la calavera, ya que sin duda haba sido una gran parte de la creacin
de la torre. Entenda lgicamente que la calavera haba sido el conducto entre la fuerza
vital del tonto de Herminicle y el poder de creacin del tomo mismo.
Todas las tonalidades de colores se desvanecieron de la visin de Jarlaxle. Incluso en
la oscuridad de la noche l reconoca que se estaba moviendo en una especie de reino
visual alternativo. Al principio retrocedi, temiendo que la calavera estuviera tomando
su fuerza vital, que le estuviera succionando la energa vital y lo estuviera acercando a
la muerte.
Rpidamente se dio cuenta de que ese no era el caso sin embargo. Ms bien, el poder
de la calavera le estaba permitiendo a sus sentidos entrar en el reino inferior.
Sinti los huesos de una ardilla muerta justo bajo sus pies, y aquellos de muchas otras
criaturas que haban muerto en ese lugar. Aunque no sinti ninguna atraccin hacia
ellos, tan solo un reconocimiento, un entendimiento de que estaban all.

Pero s sinti un tironeo, muy claramente, y se dio vuelta y sali de la arboleda,


dejando que la calavera lo guiara.
Pronto estuvo parado sobre los restos de un antiguo y olvidado cementerio. Un par de
piedras podran haber sido indicadores, o quizs no, pero Jarlaxle supo con certeza de
que era un cementerio, donde cualquier otro merodeador que se topara con el lugar no
lo habra adivinado.
Jarlaxle sinti los cuerpos largo tiempo enterrados, yaciendo en prolijas hileras. Lo
estaban llamando, pens ...
No, se dio cuenta y abri los ojos de par en par y mir hacia la calavera. No lo estaban
llamando a l, estaban esperando que l los llamara.
El drow respir profundamente para calmarse. Not los restos de un enano y un
halfling, pero cuando se concentr en ellos, comprendi que no estaban conectados de
ninguna manera sino por el suelo en el cual reposaban y no estaban conectados de
forma alguna con el elfo oscuro.
Esta calavera estaba concentrada en su poder. Posea fuerza sobre los humanos- vivos
y muertos, as pareca.
Interesante, le susurr Jarlaxle al helado aire de la noche, y subconscientemente
mir hacia la direccin de la torre de Ilnezhara.
Jarlaxle sostuvo el artefacto brillante ante sus destellantes ojos.
Si inicialmente hubiera encontrado el tomo y hubiera efectuado el poder de creacin
con mi fuerza vita, la calavera que creci entre las pginas habra sido la de un
drow? pregunt.
Puede un dragn hacer una calavera que encontrara su conexin con los dragones
hace tiempo muertos?
Sacudi la cabeza mientras deca las palabras en voz alta, porque no sonaban
correctas para l. La disposicin de la calavera predispuso la construccin de la torre
y haba sido embebida dentro del libro antes de que el tonto humano Herminicle la
hubiera encontrado. El libro estaba predeterminado a ese resultado final, crea l.
Si, le eso sonaba mejor al anciano y mgicamente instruido elfo oscuro. Zhengyi ejerca
gran poder sobre los humanos y tambin haba dirigido un ejrcito de muertos, as
decan las historias.
Seguramente, la calavera era uno de sus artefactos para efectuar ese fin. Jarlaxle mir
hacia atrs de vuelta en la direccin de la distante torre.
No era un secreto que Zhengyi tambin haba dirigido una flota de dragones- de tipos
dispares que de algn modo haban sido reunidos bajo un propsito nico y bajo su
control.

La sonrisa del drow se ensanch y cay en la cuenta de que un viaje a Vaasa estaba de
hecho en su futuro.
Felizmente.

CAPITULO 9

EL VIENTO EN EL CAMINO

Nos mantendremos cerca del pie de la colina, le dijo Ellery a Jarlaxle acercando su
caballo a la traqueteante carreta. Han habido muchos informes de monstruos en la
regin y Mariabronne ha confirmado que estn en los alrededores. Estaremos en las
sombras alejados de la planicie descubierta.

No podran estar esperndonos escondidos esos monstruos en dichas sombras?


pregunt Jarlaxle.
Mariabronne est con nosotros, remarc Ellery. No seremos tomados por sorpresa.
Ella sonri con confianza y se hizo a un lado con el caballo.
Jarlaxle pos su expresin dubitativa sobre Entreri.
S, le asegur el asesino a l, Casi a todos a los que he matado pronunciaron ltimas
palabras similares a esas.
Entonces me alegro una vez ms de que ests de mi lado.
Tambin dijeron eso a menudo.
Jarlaxle se ri a carcajadas.
Entreri no.
El avance era ms lento sobre el terreno irregular bajo la sombra de las Galenas, pero
Ellery insisti , y ella estaba, despus de todo, al mando. Mientras el sol comenzada su
perezoso desliz bajo el cielo oriental, la comandante dispuso a las carretas en un prado
cubierto entre un montculo de piedras y deleg las variadas tareas de levantar el
campamento las defensas. Predeciblemente, Mariabronne sali a explorar y los dos
soldados establecieron puntos de vigilancia- aunque curiosamente, pens Entreri, bajo la
vigilancia del enano con las estrellas matutinas gemelas. Mucho ms curioso incluso, el
delgado sabio se sent en contemplacin al costado del campamento principal, con las
piernas cruzadas y las manos descansando sobre sus rodillas. Era ms que simple
meditacin, Entreri lo saba. El hombre estaba preparando hechizos que podran
necesitar durante la defensa nocturna.
Igualmente, el otro enano, quien se haba presentado como Practus Bristlebeard (Barba
de seda) construy un pequeo altar a Moradin y comenz a llamar el nombre de su dios
para las bendiciones. Ellery haba cubierto ambos lo arcano y lo divino.
Y probablemente un poco de ambos con Jarlaxle, pens Entreri con una sonrisa irnica.
El asesino sali pronto del campamento principal, trepando ms alto al pie de la
montaa y finalmente se estableci sobre un ancho guijarro que le permita supervisar la
suprema vista de las hondonadas de Vaasa extendindose hacia el oeste.
Se sent en silencio y mir la puesta del sol, largos rayos inclinndose a travs de las
enormes cinagas barrosas, ntidas lneas de humedad brillantes luminosas.
Deslumbrantes distorsiones tornaban la luz en trmulas charcas de esplendor,
demandando su atencin y atrayndolo a un estado ms profundo de contemplacin. A
duras penas, consciente del movimiento, Entreri alarg su mano hasta el cinto y sac
una pequea flauta , ms bien de apariencia comn, un regalo de las hermanas dragonas
Ilnezhara y Tazmikella.

Ech una rpida mirada alrededor, asegurndose de que estaba solo, luego llev la
flauta a sus labios y sopl una simple nota. Dej que ese silbido se prolongara en el aire
y luego sopl de nuevo, sostenindola un poquito ms. Sus delicados pero fuertes dedo
trabajaron sobre los agujeros del instrumento y toc una simple cancin, una que haba
aprendido solo o una que le haba enseado la flauta; no poda estar seguro de cmo
haba sido. Continu por un tiempo ms, dejando que el sonido se amontonara en el aire
a su alrededor, urgindole a que se llevara sus pensamientos lejos, muy lejos.
La flauta le haba hecho eso antes. Quizs su magia o quizs tan solo el simple placer de
su timbre perfecto, pero bajo el hechizo de su msica, Artemis Entreri varias veces se
las haba arreglado para esclarecer sus pensamientos a partir de una confusin normal.
Un tiempo despus, el sol mucho ms bajo en el cielo, el asesino baj la flauta y la mir
fijamente.
De algn modo, el instrumento no sonaba tan delicado como en aquellas otras ocasiones
en que lo haba probado, ni tampoco l se senta atrado hacia la flauta como lo haba
sentido antes.
Quizs el viento est contrarrestando la bocanada de tu ftido aliento, dijo Jarlaxle
desde detrs de l.
El drow no poda ver el ceo fruncido que cruzaba el rostro de Entreri- Alguna vez iba
a tener un momento lejos de ese molesto elfo oscuro?
Entreri apoy la flauta sobre su regazo y mir perdidamente hacia el oeste , y al
menguante sol, el borde de abajo justo tocando el lejano horizonte y estableciendo una
lnea de fuego a lo largo de los dientes de las lejanas colinas. Encima del sol, una fila de
nubes se tornaban de un tono anaranjado fuego.
Promete ser un hermoso atardecer, remarc Jarlaxle, fcilmente escalando el guijarro
y tomando asiento cerca del asesino.
Entreri lo mir como si apenas le importara.
Quizs es por mi antecedente, continu el drow. He pasado por siglos mi amigo, sin
presenciar los ciclos del sol. Quizs la ausencia del este evento diario solo aumenta mi
apreciacin por ello ahora.
Entreri an no mostraba signos de ninguna respuesta.
Tal vez despus de unas cuantas dcadas en la superficie me volver tan aburrido como
pareces estarlo t.
Acaso dije eso?
Alguna vez dices algo? le replic Jarlaxle. O te divierte dejar que todos los que te
rodean simplemente adivinen tus palabras a partir de tus continuas miradas ceudas y
tus muecas?

Entreri resopl divertido y volvi a mirar al oeste. El sol estaba ms bajo an, casi la
mitad desaparecido. Por encima del semi crculo de fuego que quedaba, las nubes
brillaban ms ardientemente , como una lnea de fuego agitndose en el profundo azul
del cielo.
Alguna vez sueas, mi amigo? pregunt Jarlaxle.
Todos suean, respondi Entreri. O as me han dicho. Creo que lo hago, aunque
raramente me preocupa acordarme de ellos.
No sueos nocturnos, explic el drow. Todos sueas, por cierto, de noche. Incluso
los elfos encontramos en nuestra Ensoacin estados de sueo y visiones. Pero hay dos
clases de soadores, aquellos que suean de noche y aquellos que suean de da.
l tena la atencin de Entreri.
Esos soadores nocturnos, prosigui Jarlaxle, no me preocupan. Los sueos de noche
son para descargarse, dicen algunos, una purga de preocupaciones o vuelos fantasiosos
sin fin. Aquellos que suean de noche solamente estn condenados a la mundanidad, no
lo ves?
Mundanidad?
A lo ordinario. La mediocridad. Los soadores nocturnos no me preocupan
sobremanera porque no pueden elevarse a ningn lado. Pero aquellos que suean de
da... esos mi amigo, son los problemticos.
No se considerara Jarlaxle en ese montn?
Tendra algo de credibilidad si no admitiera que soy de naturaleza problemtica?
No conmigo.
Ah lo tienes, entonces, dijo el drow.
Hizo una pausa y mir hacia el oeste, y Entreri hizo lo mismo, observando al sol
deslizarse ms abajo.
S otro secreto sobre los soadores diurnos, dijo Jarlaxle al tiempo.
Por favor, dilo, vino la, poco menos que entusiasta respuesta del asesino.
Los soadores diurnos estn verdaderamente vivos, explic Jarlaxle. Mir de vuelta a
Entreri, quien correspondi su mirada. Ya que los soadores diurnos encuentran
perspectiva en la existencia y buscan maneras de subir por encima del curso de la
simple supervivencia.
Entreri no pestae.

Si sueas despierto, decidi Jarlaxle. Pero slo en esas raras ocasiones en que tu
dedicacin a ... a qu? Me pregunto con frecuencia, te permite salirte de tu perfecta
disciplina.
Quizs esa dedicacin a la disciplina perfecta es mi sueo.
No, respondi el drow sin dudarlo. No. El control no es la facilitacin de la fantasa,
mi amigo, es el miedo a la fantasa.
Consideras soar y fantasear como lo mismo entonces?
Por supuesto! Los sueos estn hechos en el corazn y son filtrados por la mente
racional. Sin el corazn...
Control?
Y solo eso. Una lstima, digo yo.
Yo no pido tu lstima, Jarlaxle.
Los soadores diurnos aspiran a dominar todo lo que reconocen, por supuesto.
Como lo hago yo.
No. T te dominas a ti mismo y nada ms, porque no te atreves a soar. No te atreves a
permitirle a tu corazn a elevar una voz en el proceso de vivir.
La mirada de Entreri se convirti en un mal gesto.
Es una observacin, no una crtica, dijo Jarlaxle. Se levant y se sacudi los
pantalones. Y quizs es una sugerencia. T, que has logrado la disciplina, podras
encontrar grandeza ms all de tu temida reputacin.
Presumes que quiero ms.
S que necesitas ms, como cualquier hombre necesita ms, dijo el drow. Se volvi y
mir el borde del guijarro. Para vivir y no meramente sobrevivir- ese secreto est en tu
corazn, Artemis Entreri, solo si eres lo suficientemente sabio como para buscar.
Hizo una pausa y mir nuevamente a Entreri, quien estaba sentado mirndolo
duramente y le arroj una flauta al asesino, aparentemente una rplica exacta de la que
tena Entreri en el regazo.
Usa la verdadera, le urgi Jarlaxle. La que Ilnezhara te dio. Esa que fabric Idalia
hace siglos atrs.
Idalia puso una llave dentro de esta flauta para abrir cualquier corazn, pens Jarlaxle
pero no lo dijo, y se dio vuelta y comenz a alejarse.
Entreri mir la flauta en sus manos y la que tena en el cinto.

En realidad no le sorprenda de que Jarlaxle hubiera robado el valioso artefacto y


aparentemente haba creado una copia exacta- no, no exacta, comprendi Entreri
mientras consideraba la vacuidad de las notas que haba tocado ese da. Fsicamente, las
dos flautas parecan iguales, y se maravill del trabajo del drow mientras las comparaba
una al lado de la otra.
Pero haba ms en la verdadera creacin de Idalia. Un pedazo del corazn del
artesano?
Entreri hizo rodar la flauta en sus manos, sus dedos deslizndose a lo largo de la suave
madera, sintiendo la fuerza dentro de la aparente delicadeza. Levant la copia en una
mano, y la original en la otra, y cerr los ojos. No poda saber la diferencia. Slo cuando
sopl la flauta pudo saberlo, en la forma en que la msica de la verdadera creacin lo
baaba y lo atravesaba, llevndolo con ella a lo que pareca ser una realidad alternativa.

Sabio consejo, salud a Jarlaxle una voz al costado del sendero al tiempo que l se
alejaba de su amigo.
Sin ser tomado por sorpresa, Jarlaxle salud a Mariabronne tocndose la punta de su
enorme sombrero y dijo, Escuchaste nuestra conversacin privada?
Mariabronne se encogi de hombros. Me declaro culpable, me temo. Estaba
caminando por el sendero cuando escuch tu voz. Quise seguir de largo pero tus
palabras me atraparon. He escuchado esas palabras antes, sabes, cuando era joven y
estaba aprendiendo los distintos caminos de un mundo ms ancho.
Tu consejero tambin te explic sobre los peligros de escuchar indiscretamente?
Mariabronne se ri- o empez a hacerlo pero luego se aclar la garganta en su lugar.
Te encuentro una curiosidad, elfo oscuro. Ciertamente eres diferente de todos los que
he conocido, en apariencia al menos. Sabra si esa es la profundidad de la variacin, o si
eres verdaderamente un ser nico.
nico entre las razas menores, tales como los humanos, querrs decir.
Esta vez, Mariabronne se permiti rer.
S del incidente con los Quiebrarodillas, dijo l.
Estoy seguro de que no s de lo que dices.
Estoy seguro de que s lo sabes, insisti el vigilante. Conjurar el lobo fue un astuto
truco de magia, al igual que regresar las orejas suficientes a Hobart como para

congraciarte mientras que conservabas las suficientes como para fabricarte una leyenda
fue un astuto truco de diplomacia.
Presumes demasiado.
Las seales fueron muy fciles de leer, Jarlaxle. Eso no es presuncin sino deduccin.
Ests seguro de estudiar cada uno de mis movimientos, claro est.
Mariabronne hizo una reverencia. Yo y otros.
El drow hizo bien en ocultar el destello de alarma de sus delicadas facciones.
Sabemos lo que hiciste, pero tranquilo, ya que no juzgamos esa accin en particular.
Tienes mucho que vencer respecto a la reputacin de tu herencia, y tu pequeo truco
sirvi bien para elevar tu reputacin de respetabilidad. No puedo negarle a ningn
hombre, o drow semejante escalada.
Es el fin de esa escalada lo que temes? Jarlaxle sonri ampliamente, con una sonrisa
que cubra todos los espectros desde siniestro a desarmadora, una expresin
perfectamente ilegible.
Con qu fin? el vigilante se encogi de hombros como si realmente no importara- no
en ese entonces al menos. Yo juzgo a una persona por sus acciones solamente. He
conocido halflings que le cortaran la garganta a un nio humano inocente y semi orcos
que daran sus vidas en defensa de lo mismo. Tus travesuras con los Quiebrarodillas no
desataron ninguna alarma, ya que los Quiebrarodillas son un grupo gracioso cuya
reputacin est bien solidificada, y viven por la aventura y no por la reputacin en
cualquier caso. Hobart ciertamente te ha perdonado. Incluso levant su jarra para
brindar por tu inteligencia cuando todo le fue revelado.
Los ojos del drow llamearon solo por un momento- un lapso de control. Jarlaxle no
estaba acostumbrado a tales ruedas giratorias fuera de su control y no le gustaba la
sensacin. Por un momento, casi se sinti como si estuviera tratando con la Matrona
Baenre, la ms tortuosa de los elfos oscuros, quien siempre pareca estar unos pasos por
delante de l o a su altura incluso. Rpidamente repas en su mente todos los eventos de
sus encuentros con los Quiebrarodillas, recordando la postura y actitud de Hobart para
ver si poda descubrir el momento en que el halfling haba descubierto la artimaa.
Levant una mano para frotarse la barbilla, mirando fijamente a Mariabronne todo el
tiempo y mentalmente anotando que no hara mal en no subestimar al hombre de nuevo.
Era difcil para un elfo oscuro tomar a los humanos y a otras razas de la superficie
seriamente. Durante toda su vida a Jarlaxle le haban contado de la inferioridad de ellos,
despus de todo.
Pero saba ms que eso. l haba sobrevivido- y prosperado- elevndose por encima de
las limitaciones de sus propios prejuicios. Reafirm eso nuevamente, pasando el
recuerdo como un trago amargo.
Es segura el rea? le pregunt al vigilante.

Estamos bastante seguros.


El drow asinti y comenz a regresar al campamento.
Fueron bien dichas tus palabras a Artemis Entreri, dijo Mariabronne detrs de l,
deteniendo sus pasos. El hombre se mueve con la gracia de un verdadero guerrero y
con la seguridad de un emperador. Pero solo en un sentido marcial. Est completamente
solo en cualquier otro sentido. Una lstima, creo yo.
No estoy seguro de que Artemis Entreri apreciara tu lstima.
No es por l por lo que lo digo sino por los que estn a su alrededor.
Jarlaxle consider la sutil diferencia slo por un momento y luego sonri y toc la punta
de su sombrero.
S, pens, Entreri tomara eso como un gran cumplido.
Mayor es la lstima.

El terreno era irregular, a veces blando, a veces duro, y lleno de piedras y barro, races
secas y hondos charcos. Los conductores del lento viaje, las cabezas colgando mientras
dejaban que las sacudidas pasaran. Debido al continuo traqueteo, le llev unos instantes
a Entreri detectar la sbita vibracin debajo de su carro, temblores imprevistos tomando
impulso bajo las ruedas en movimiento. Mir a Jarlaxle, quien pareca igualmente darse
cuenta del abrupto cambio.
Al lado de la carreta, el caballo de Ellery pisote el suelo. Hacia el frente, el caballo de
uno de los guardias se encabrit y buf, con las pezuas surcando el aire.
Mariabronne control firmemente a su caballo y espole a la criatura hacia adelante,
pasando a Ellery y la carreta de Entreri y luego pasando la carreta delantera.
Cabalguen a travs de ellos y cabalguen duro!grit el [Link], digo!A
toda velocidad!
Chasque su rienda sobre un costado del cuello del caballo y luego sobre el otro,
espoleando al animal.
Entreri busc el ltigo al igual que la mujer que manejaba la carreta de enfrente. Jarlaxle
se asegur y se puso de pie, mirando alrededor, mientras que Ellery recobraba el control
de su corcel y sala a toda carrera tras Mariabronne.
Qu pasa? le urgi Entreri a su compaero.

Siento un bamboleo y una sacudida, grit Athrogate desde el fondo de la carreta de


enfrente. Estoy pensando en darle a un monstruo una paliza!
Entreri observ al enano extraer sus estrellas matutinas con un veloz y fluido
movimiento, las bolas girando inmediatamente delante de l.
Sin embargo, Athrogate perdi toda su concentracin y ritmo en un segundo, al tiempo
que el suelo entre las carretas explot y varias criaturas parecidas a serpientes saltaron
en el aire. Desplegaron pequeas alas mientras se elevaban, sobrevolando el lugar,
pequeas bocas con colmillos sonriendo en hambrienta anticipacin.
Los caballos se encabritaron otra vez y el pobre jinete apenas pudo aguantar.

Se encaram una criatura serpiente, justo frente a sus aterrorizados ojos. Instintivamente
llev sus manos frente a su rostro mientras la serpiente escupa un chorro de cido en
sus ojos.
Cay al suelo, su arma an enfundada a un costado de su encabritado caballo, y todo a
su alrededor brincaban serpientes aladas desde los agujeros hacia el aire.
Chorros de saliva sobresaltaron al hombre, haciendo que su capa ardiera con una docena
de volutas de humo gris. Grit y rod mientras ms y ms cido lo golpeaba, quemando
su piel.
Su caballo se encabrit y pate y sali al trote, un grupo de serpientes volando de cerca
en una hambrienta persecucin. Al lado del hombre de pelo gris, Davis Eng mantuvo a
su caballo bajo control y se arrim para tratar de proteger al cado camarada, pero ms y
ms serpientes aladas se abalanzaron desde el suelo, elevndose para interceptarlo.
Davis Eng desenfund la espada, y una veloz cuchillada enrosc a una de las
revoloteantes serpientes alrededor de la hoja y la envi volando lejos mientras acababa
con su grandioso balanceo.
Pero haba otra serpiente justo all, escupindole al rostro al soldado, cegndolo con su
cido. Llev hacia atrs su espada furiosamente, revolendola en un intil esfuerzo por
mantener a las desagradables criaturas a raya.
Ms veneno golpe al hombre y su montura. Otro par de serpientes se emergieron desde
atrs y mordieron duramente al caballo, provocando que se alzara y bramara de dolor.
El soldado resisti pero perdi toda idea de ayudar a su postrado compaero. Ese
hombre postrado sigui retorcindose bajo una barrera de chorros de cido. Gate en el
suelo, tratando de proporcionarse algo de impulso para poder salir de all. Pero una
serpiente se le abalanz al cuello, envolviendo su cuerpo y dirigiendo sus colmillos
goteantes de cido hacia su garganta. La sujet frenticamente con ambas manos, pero
las otras serpientes arremetieron rpidamente y con fuerza, escupiendo y mordiendo.

Entreri grit, y los caballos pifiaron y patearon en terror y torcieron hacia la derecha,
avanzando por la irregular y elevada falda de la montaa
Contenlos! chill Jarlaxle, sujetando sus riendas.
La carreta se tambale fuertemente, sus ruedas traseras repicaron sobre unas piedras y
se zambulleron en una rodada. El grupo de caballos se liber, empujando los arneses del
marco y llevando a ambos Jarlaxle y Entreri con ellos- por el momento al menos.
Ambos mantuvieron el suficiente sentido como para soltarlos al tiempo que caan hacia
adelante por el salto y el tirn, y ninguno fue lo suficientemente tonto como para resistir
el sbito impulso. Cayeron al suelo uno al lado del otro , Entreri rodando y el drow
aterrizando suavemente sobre sus pies y corriendo para absorber el choque.
Entreri se puso de pie enseguida, con la espada y la daga en mano y trabajando. Dispuso
opacos velos de cenizas en el aire a su alrededor, protegindose visualmente del
creciente acoplamiento de serpientes aladas.
Chorros de escupitajos cidos surgieron a travs de las lminas de negra ceniza, pero el
asesino no fue tomado por sorpresa. Ya voltendose y desplazndose para esquivar la
acometida, arremeti con fuerza tomando a las serpientes por sorpresa mientras stas
intentaban atraparlo.
Un corte de la Garra de Charon derrib a un par, y una cuchillada de su daga enjoyada
se incrust arduamente en el torso de una tercera. Esa serpiente lade su cabeza para
morder la mueca del asesino, pero Entreri anticip el movimiento, torciendo su mano
hacia abajo y golpeando con la espada para enviar volando lejos a la criatura.
Antes de que la espada se hubiera desembarazado de la criatura, el asesino estaba en
posicin defensiva nuevamente, cortando con su espada para apartar a un tro de
culebras y para desviar tres retahlas de cido.
Llegaron ms del otro lado, y l saba que no podra derrotarlas a todas. Cedi terreno,
saltando de regreso a la falda de la montaa hacia los dos enanos y el hombre delgado,
quienes haban formado una postura triangular defensiva al fondo de la carreta rodante.
Las estrellas matutinas de Athrogate se movan borrosamente, con las bolas con puntas
metlicas girando velozmente al extremo de sus respectivas cadenas. Las desenrollaba y
enrollaba con tremenda precisin, nunca interrumpiendo el flujo, sino alterando
astutamente sus ngulos para golpear y mandar volando cualquier serpiente que se
aventuraba demasiado cerca.
Athrogate dej escapar una serie de maldiciones que rimaban mientras luchaba, ya que
las retahlas de cido le salpicaban, levantando volutas de humo de su barba y tnica.

Practus permaneca a su lado, concentrado en la oracin, y cada tanto llamaba a


Moradin y suavemente tocaba a su salvaje guardaespaldas, usando la magia curativa
para ayudarle a curar sus muchas heridas.
Al costado del clrigo, el delgado hombre meneaba sus dedos, enviando rayos de
energa que empujaba a las criaturas ms cercanas.
Entreri saba que tena que tomar esa carreta.
A un lado! grit, tomando un atajo por un lado, y saliendo hacia el fondo de la
carreta al tiempo que saltaba desde una roca.
Athrogate se dio vuelta rpido, asegurndole el pasaje al lecho.
Antes de que el enano pudiera gritar , Cuidado al costado! Entreri lo pas, entre el
otro enano y el delgado hombre. Hizo un esfuerzo por subir al asiento del transporte y
sentarse entre los dos conductores, los cuales estaban agachados y gritando de dolor.
Entreri se ech la capucha de su capa sobre la cabeza y tom las riendas de Calihye. La
mujer semi elfa estaba obviamente cegada y casi inconsciente.
Mantnganlas alejadas de m! le grit al tro detrs.
Se agach en el asiento, urgiendo a los caballos a ir ms rpido. Parissus, sentada a la
derecha de Entreri musit algo y choc con rudeza contra l, haciendo que se torciera e
inadvertidamente tironeara las rindas y retardara al grupo de caballos. Con un gruido,
Entreri la empuj de vuelta a su lugar, sin darse cuenta de que la mujer haba perdido la
consciencia. Ella se tambale hacia el otro lado y sigui de largo, cayendo por el
costado. Entreri la sujet pero no poda sostenerla a ella y al grupo de caballos en la
corrida.
Eligi la carreta.
La mujer rod por el borde, cayendo bajo la rueda delantera con un gemido, luego lleg
un segundo gemido al tiempo que la segunda rueda tropezaba con ella. Calihye grit y
sujet el brazo de Entreri, gritndole de que detuviera la carreta.
Se volvi para mirarla fijamente, para dejarle saber en obvios trminos que si no lo
soltaba inmediatamente l la arrojara por el otro costado.
Ella retrocedi con temor y dolor y luego grit de nuevo mientras otro chorro de veneno
cido la golpeaba en el rostro, quemndole una mejilla.

Resistan!Resistan!
Eso fue todo lo que el pobre, confundido Davis Eng pudo pensar mientras continuaba el
ataque. Se haban ido sus esperanzas de ayudar a su cado amigo, ya que cabalgaba al

borde mismo de la perdicin, desorientado, perdido en un mar de serpientes


revoloteantes, mordedoras y escupidoras.
Hileras de sangre corran por sus brazos y a lo largo de los flancos de su caballo, y
furiosas ampollas cubran su rostro.
Abominaciones de Zhengyi! escuch que gritaba su amada comandante desde algn
sitio lejano, muy lejano- demasiado distante como para que lo ayudara, lo saba.
Tena que encontrar una direccin y alejar a su caballo, pero qu poda empezar a
hacer si solo poda aferrarse a su vida?
Su caballo se encabrit, clam y gir sobre sus patas traseras. Luego algo lo golpe
fuerte a un costado, deteniendo el giro, y el soldado se tambale y no pudo mantenerse.
Pero una mano lo sujet fuertemente y lo tir hacia arriba, luego lo desliz detrs de l y
tom sus riendas, enderezndolo a l y a su caballo y guindolos.

Tan grandioso era el control de Mariabronne sobre su montura que el caballo acept las
picaduras de las abominaciones, acept la colisin con el caballo de Davis Eng, y
prosigui exactamente como se lo demandaba el vigilante, buscando un lugar por donde
salir de all al galope.
Sobre el suelo detrs de Mariabronne, el soldado cado segua retorcindose y rodando,
pero obviamente estaba ms all de toda ayuda. Le dola enormemente a Mariabronne
abandonarlo, pero claramente no haba eleccin, ya que docenas de serpientes se
deslizaban a su alrededor, mordindolo repetidamente, llenando sus venas con veneno.
Los caballos podan correr ms rpido que las criaturas, Mariabronne lo saba, y esta era
la nica esperanza para este soldado y para l mismo.

La guerrera grit, agachndose y blandiendo su hacha en el aire mientras su caballo


avanzaba al galope al drow pronto-a-estar-sobrepasado. l mova frenticamente los
brazos- y magnficamente, tena que admitir Ellery-enviando una corriente de dagas
giratorias contras las serpientes cercanas. l giraba continuamente tambin, su capa
volaba ampliamente y ofreca ms de una proteccin nominal contra la barrera de
veneno cido que se diriga hacia l.

A pesar de eso, lo golpearon ms de una vez e hizo una mueca de dolor, y Ellery estaba
segura de que no podra posiblemente mantener lo que pareca un interminable
suministro de misiles. Se agach ms todava, se estremeci y casi cay de la silla al
tiempo que una retahla de fluido custico golpeaba un costado de su mandbula, justo
bajo la parte inferior de su gran casco. Se mantuvo en sus trece lo suficiente como para
enviar balanceando su hacha hacia adelante para desgarrar el ala de otra de las
serpientes, pero una segunda se agazap sobre la hoja y se zambull con saa sobre su
mueca y mano. Sac unos colmillos encorvados y mordi fuerte a travs del guantelete
de Ellery.
La espadachina aull y dej caer su hacha, luego sacudi furiosamente su mano
enviando a ambos la serpiente y el guantelete dando tumbos. Le grit al drow y condujo
a su corcel hacia l, alargando su mano para tomar la suya.
Jarlaxle atrap su agarradera, su segunda mano bajando velozmente para arrojar una
daga, y la sorpresa de Ellery fue absoluta cuando se encontr deslizndose para abajo de
su asiento en lugar de remolcar al drow.
Algn tipo de magia se haba apoderado del elfo oscuro, se dio cuenta, ya que su fuerza
estaba aumentada muchas veces ms, y no haba cedido un paso mientras su caballo
segua galopando.
Ella estuvo en el suelo en un instante, asombrada y rebotando, pero Jarlaxle la mantuvo
de pie.
Qu...? comenz ella a preguntar.
El drow la empuj hasta ponerla frente a l, y Ellery not unas dbiles chispas en el aire
alrededor de ellos, un globo de algn tipo.
No te alejes! le advirti l.
Levant su otra mano para mostrarle una varita negra de tipo rub en sus delicados
dedos.
Los ojos de la mujer se abrieron de par en par de miedo y mir por sobre el hombro de
Jarlaxle para ver un enjambre de serpiente que volaban hacia ellos.
Jarlaxle no demostr el ms mnimo temor. Tan solo apunt con su varita al suelo y
pronunci unas rdenes que hicieron caer una diminuta bola de fuego desde el extremo
de la varita.
Instintivamente, Ellery retrocedi pero el drow la sostuvo rpidamente en su agarradera
de acero aumentada mgicamente.
Ella retrocedi incluso ms cuando la bola de fuego estall a su alrededor, furiosas
llamas abrasando el aire. Ella sinti que le extraan el aliento de los pulmones, sinti
una sbita presin de resplandeciente calor y todo alrededor de ella y del drow, el globo
chisporrote y brill en furiosa respuesta.

Pero resisti. Las llamas asesinas no pudieron pasar. Fuera de ese espacio, sin embargo,
todo a la redonda, fue comido por las hambrientas llamas. Las serpientes cayeron
encendidas al suelo, chamuscadas y convertidas en cenizas antes de aterrizar.
A un costado, en la carreta que haban abandonado sin ceremonia como un rayo Entreri
y Jarlaxle, el maz en las bolsas de suministros estallaba atrapadas por las enormes
llamas. Del lado opuesto, el cuerpo del soldado cado crepitaba y arda, al igual que una
docena de serpientes que se retorcan encima.
Una bocanada de humo negro onde en el aire por encima de la guerrera y el drow. La
carreta sigui quemndose, enviando un hilillo de humo tambin, sus vigas crepitando
en protesta. Pero ms que eso, el aire alrededor de ellos se calm, sobrenaturalmente
sereno, como si la bola de fuego de Jarlaxle hubiera depurado el aire mismo.

Una ola de calor pas volando al lado de Entreri- los vientos clidos de la bola de
Jarlaxle. Escuch al delgado hombre en la carreta detrs de l gritar de la sorpresa,
seguido por el apreciativo de Athrogate, Muy bueno el estallido para limpiarlo todo de
un soplido!
Sin embargo, si el asesino tena alguna intencin de demorarse y mirar atrs, fue
rpidamente descartado por el plop del escupitajo de cido en la capucha de su capa y el
batir de las alas de la serpiente junto a su odo.
Incluso antes de que pudiera moverse para encargarse de la situacin, escuch un sonido
de chasquido seguido por un fuerte whack y la visin de la maldita serpiente saliendo en
espiral a un lado. El chasquido continu y Entreri lo reconoci como las estrellas
matutinas de Athrogate, el enano estaba trabajando con una precisin mortal.
Le doy al torso, y le doy a la cabeza, le lleg el chillido del enano, si las serpientes
te atacan, terminarn muertas!
Slo cllate y mtalas, musit por lo bajo Entreri- o eso es lo que pens. Un rugido de
risa vino desde Athrogate y eso le dio la pauta de que lo haba dicho un poco demasiado
fuerte.
Otra serpiente sal volando, pasando justo por encima de su cabeza, y Entreri escuch
una rpida serie de impactos, cada uno acompaado por un rugido del enano.
Entreri se las arregl para echar una mirada a un costado para ver la mujer que quedaba,
rpidamente deslizndose de la consciencia, comenzando a rodar por encima del borde
de la carreta.
Con una sonrisa poco divertida, Entreri la sujet y la puso de vuelta en su lugar al lado
de l.

Luego Entreri ech una mirada hacia atrs y vio que Athrogate corra furioso. Sus
estrellas matutinas zumbaban y volaban, aplastando serpientes y arrojndolas lejos,
envindolas al aire o dejndolas caer para golpearlas con fuerza en el suelo.
Detrs de los dos enanos el hombre delgado se mantena al fondo de la carreta, de cara
al lugar por el que haban venido y meneaba sus dedos. Una nube de niebla verde se
desprendi de sus manos, siguiendo el camino de la veloz carreta.
Las serpientes que la perseguan ms de cerca se detuvieron y comenzaron a retorcerse
en espasmos cuando entraban en contacto con la niebla. Un momento ms tarde, caan
muertas al suelo.
S! grit el otro enano.
Astuto hechicero, el aire envenena? dijo Athrogate. Asfixiando a las hediondas,
salivantes culeb--
No lo digas! le grit Entreri.
Qu cosa? replic el enano.
Solo cllate, dijo el asesino.
Athrogate se encogi de hombros, sus estrellas matutinas perdiendo impulso finalmente
y cayendo hacia abajo en los extremos de sus respectivas cadenas.
No queda nada que golpear. remarc l.
Entreri lo mir fijamente como desafindolo a que encontrara una frase que rimara.
Relaja al grupo de caballos, dijo el hombre delgado. Ha cesado la persecucin.
Entreri solt un poco las riendas y urgi a los caballos a que aminoraran la marcha. Tir
de la carreta a un costado y not la aproximacin de Mariabronne y el soldado herido, el
vigilante todava manejaba las dos monturas.
Entreri fue hacia terreno ms llano, pudiendo ver as la ruta de escape. La nube verde de
niebla asesina del hechicero comenzaba a disiparse, y la lejana carreta en llamas
apareci ms claramente ante su vista, una columna de humo negro elevndose en el
aire.
A su lado, Calihye tosa y se quejaba.
Mariabronne encomend al cuidado de Athrogate el caballo del soldado y luego le hizo
dar la vuelta a su propio caballo y galop de regreso hasta donde estaba el cuerpo de la
mujer cada. Ms all de l, Entreri se dio cuenta de que el otro soldado estaba muerto,
ya que el cuerpo chamuscado del hombre estaba a la vista.
Por el aspecto de la mujer cada, toda torcida, ensangrentada e inmvil, el asesino
supuso que haban perdido a dos en el encuentro.

Al menos dos, cay en la cuenta, y para su propia sorpresa un escalofro de alarma lo


recorri y mir alrededor, calmndose casi inmediatamente cuando vio a Jarlaxle del
otro lado, arriba en la falda de la colina, caminando tranquilamente hacia ellos. Vio a
Ellery tambin, detrs del drow, siguiendo a su asusta montura sin jinete.
La mujer herida en el suelo gru y Entreri se volvi para ver a Mariabronne tomando
la cabeza de ella en sus manos. El vigilante levant gentilmente su abatida figura del
barro y la sent sobre su montura, despus lentamente gui al caballo de regreso a la
carreta.
Parissus? pregunt Calihye. Se sent en el suelo, abri los ojos de par en par y llam
de nuevo a su amiga, ms alto. Parissus!
La expresin del rostro de Mariabronne no era prometedora. Ni tampoco lo eran los
movimientos desmayados de Parissus, balancendose flojamente.
Parissus? grit nuevamente la mujer al lado de Entreri, de forma ms urgente a
medida que regresaban sus sentidos. Empez a caminar pasndolo al asesino pero se
detuvo en seco. T le hiciste esto a ella! grit poniendo su torcido rostro justo frente
al de Entreri.
O intent hacerlo, ya que cuando la palabra final se le escapo de los labios, sali con un
gorjeo. La fuerte mano de Entreri se aferraba a su garganta, los dedos perfectamente
colocados para destrozarle la trquea.
Ella sujet el asidero con ambas manos y luego baj una-para sacar un arma, Entreri lo
saba. No estaba muy preocupado por ello, sin embargo, porque ella se fren en seco
cuando la punta de la daga enjoyada del asesino la pinch con fuerza bajo el mentn.
Querras pronunciar otra acusacin? le pregunt Entreri.
Tranquilzate, muchacho, le dijo Athrogate.
A su lado, el otro enano comenz un cntico despacio.
Si ese es un hechizo destinado a m, entonces seras ms sabio si lo reconsideraras,
dijo Entreri.
El clrigo enano se detuvo- pero slo cuando una mano drow lo sujet por el hombro.
No hay necesidad de animosidad, les dijo Jarlaxle a todos ellos. Un enemigo difcil
pero uno que se ha desvanecido.
Porque t decidiste quemarlas, y tu compaero, acus la temblorosa y conmocionada
guerrera semi elfa.
Tu amiga ya estaba muerta antes de que iniciara la bola de fuego, dijo el drow. Y si
no lo hubiera hecho entonces yo y la Comandante Ellery hubiramos sufrido un final
similar.

No sabes eso!
Jarlaxle se encogi de hombros como si no importara. Me salv a m y a la
Comandante Ellery. No podra haber salvado a tu amiga o a ti en cualquier caso.
Abominaciones de Zhengyi, dijo Mariabronne, acercndose a los otros. Pueden haber
ms en los alrededores. No tenemos tiempo para estas tonteras.
Entreri mir al vigilante, y luego a Jarlaxle, quien asinti para que l soltara a la semi
elfa. l hizo justamente eso, dndole a ella una ltima mirada de advertencia. Calihye
tuvo un poco de arcadas y luego se alej de l, pero se recuper rpidamente. Salt del
asiento de conductor de la carreta y fue hacia su compaera cada. Mariabronne la dej
pasar, pero mir a los otros y sacudi la cabeza.
Yo tengo algunos hechizos, dijo el enano clrigo.
Mariabronne se alej del caballo dejando a la mujer con su amiga cada. Entonces
salos, le dijo al enano. Pero dudo de que sean de ayuda. Est llena de veneno y la
cada le rompi la columna.
El enano asinti vehementemente y march hacia ella. Abraz a la pequea Calihye
quien lloraba descontroladamente, y pareca que fuera a derretirse en el suelo junto al
caballo.
Parissus... susurraba una y otra vez.
Una ronda de bebidas en su honor, musit Athrogate.
Como mnimo, dijo Jarlaxle.
El sonido de un caballo aproximndose hizo que todos se volvieran para considerar a
Ellery.
Mariabronne, conmigo, le orden la comandante. Volveremos y veremos que
podemos rescatar. Necesito recuperar mi hacha y tenemos otro caballo corriendo
libremente. No lo dejar atrs.
Le dio una ojeada a la mujer cada, mientras Practus y Calihye la bajaban del caballo.
Qu hay de ella?
No, dijo Mariabronne, su voz tranquila y respetuosa.
Pnganla en la carreta entonces, y pnganla en marcha, le instruy Ellery.
Su tono endurecido hizo que Entreri sonriera. Poda adivinar que ella estaba nerviosa
bajo esa fachada de calma.
Soy Canthan, escuch que le deca el hombre delgado a Jarlaxle. Presenci tu
explosin. Muy impresionante. No me di cuenta de que eras aficionado al Arte.

Soy un drow de muchos talentos.


Canthan hizo una reverencia y pareca impresionado.
Y muchos artefactos, tuvo que aadir Entreri.
Jarlaxle toc la punta de su gran sombrero y sonri.
Aunque Entreri no le devolvi la sonrisa, ya que haba captado la mirada de Calihye.
Vio una clara amenaza en sus ojos azul grises. S, ella lo culpaba por la cada de su
amiga.
Vengan aqu, bobos, y la carreta carguen! rugi Athrogate mientras Mariabronne y
Ellery comenzaban a alejarse. Sean rpidos antes que Zhengyi con un dragn nos
ataque! Buajaja!
Ser un viaje interesante, le dijo Jarlaxle a Entreri mientras suba al asiento del
conductor al lado del asesino.
'Interesante' es una buena palabra, contest Entreri

CAPITULO 10

CON EL CORAZN ABIERTO

Tranquilo, mi enorme amigo, dijo Wingham, dijo palmeando las manos en el aire
para calmar al semi-orco.
Pero Olgerkhan no se calmara. Se est muriendo! Trat de ayudarla pero no puedo.
No sabemos si se est muriendo.
est enferma de nuevo, y est peor que antes, prosigui Olgerkhan. El castillo crece y
su sombra enferma a Arrayan.
Wingham empez a responder de nuevo pero se detuvo y consider lo que Olgerkhan le
haba dicho. No caba duda de que el confundido guerrero estaba haciendo solo una

conexin de pasada, usando al castillo para ilustrar su temor por Arrayan, pero en esa
simple declaracin Wingham escuch una pista de la verdad. Arrayan haba abierto el
libro, despus de todo. Era posible que al hacerlo, ella hubiera creado un lazo mgico
entre ella y el tomo? Wingham haba sospechado que ella haba servido de catalizador,
pero poda ser algo ms que eso?
El Viejo Nyungy est todava en el pueblo? pregunt el comerciante.
Nyungy? repiti Olgerkhan. el hilador de cuentos?
S, el mismo.
Olgerkhan se encogi de hombros y dijo, No lo he visto desde hace un tiempo, pero
conozco su casa.
Llvame hacia all, de una vez.
Pero Arrayan...
Para ayudar a Arrayan, le explic Wingham.
Al instante en que las palabras salieron de su boca, Olgerkhan lo tom de la mano y lo
sac de la carreta., llevndolo al norte y a la ciudad. Se movan a toda velocidad, lo que
significaba que el pobre comerciante iba medio corriendo medio volando detrs del
guerrero empellante.
En poco tiempo, estaban frente a la dilapidada puerta de una vieja casa de tres pisos, su
exterior en un terrible estado de decadencia, enredaderas muertas trepando a mitad de la
estructura con nuevos brotes por encima y con las races agrietando los cimientos.
Sin la ms mnima pausa, Olgerkhan aporre con fuerza la puerta, la cual se sacudi y
tembl como su los pesados golpes fueran a dislocarla de las precarias percas.
Tranquilo, amigo, dijo Wingham. Nyungy es muy viejo. Dale tiempo para
responder.
Nyungy! grit Olgerkhan.
Golpe con fuerza la casa al lado de la puerta que casi todo el edificio tembl. Despus
llev hacia atrs su puo en alineacin con la puerta y lade el brazo. Se detuvo cuando
la puerta se abri y revel a un viejo hombre arrugado y calvo, ms humano que orco en
apariencia, excepto por los dientes demasiado largos para que cupieran en su boca.
Manchas marrones le cubran la pelada, y un penacho de pelo gris le sobresala de un
enorme lunar al lado de su gruesa nariz. Temblequeaba al estar parado all, como si
estuviera a punto de caerse, pero ambos, Olgerkhan y Wingham vieron una claridad en
sus ojos azules que desafiaban su edad.
Oh, por favor ,no me pegues, enorme e impetuoso muchacho, dijo l en un resoplido,
una voz silbante. Dudo que encuentres mucho desafo en tirarme al suelo. Espera unos

pocos instante y ahrrate el trabajo, ya que mis piernas no me sostendrn por mucho
tiempo! Termin con una risa que rpidamente se transform en una tos.
Olgerkhan baj su brazo y se encogi de hombros, bastante avergonzado. Wingham le
puso una mano en el hombro a Olgerkhan y gentilmente lo hizo a un lado para luego
adelantarse y encarar al viejo Nyungy.
Wingham? pregunt el hombre. Wingham, ests de regreso?
Cada ao, viejo amigo, le respondi el comerciante, pero no te he visto en una
dcada o ms. Te solan gustar tanto los condimentos de mi carnaval...
Y todava me gustaran, joven tonto, replic Nyungy, pero es una caminata
demasiado larga para m.
Wingham hizo una reverencia, Entonces disclpame por no haberte buscado estos
ltimos aos.
Pero ahora ests aqu. Pasa. Pasa. Trae a tu enorme amigo, pero por favor, no dejes que
siga aporreando mis paredes.
Wingham se ri y le ech una mirada al mortificado Olgerkhan.
Nyungy comenz a perderse entre las sombras de la casa, pero Wingham le rog que se
detuviera.
En otro momento, ciertamente, le explic el comerciante. Pero no hemos venido para
una charla amena. Hay algo que est pasando cerca de Palishchuk que necesita de tu
conocimiento y sabidura.
Hace mucho ya que he abandonado el camino, la cancin y la espada.
No es demasiado lejos para viajar, presion Wingham, y te aseguro que no te
molestara si hubiera otra posibilidad. Pero hay una gran construccin en marcha- una
reliquia de Zhengyi, sospecho.
No pronuncies ese nombre nefasto!
De acuerdo, dijo Wingham con otra reverencia. Y no lo hara, si hubiera otro modo
de ponerte en accin.
Nyungy se tir un poco para atrs y consider las palabras. Una construccin dices?
Estoy seguro de que si subieras a tu habitacin ms alta y miraras por la ventana hacia
el norte, podras verlo desde aqu.
Nyungy mir atrs en el cuarto detrs de l, y la desvencijada escalera que ascenda por
la pared de la mano derecha.

No dejo mucho el piso de abajo. Dudo que pudiera subir por las escaleras. Estaba
sonriendo cuando se dio vuelta hacia Wingham, y luego mir a Olgerkhan. Peor quizs
tu enorme amigo aqu pueda ayudarme- o a ambos, si tus piernas son tan viejas como
las mas.
Wingham no necesit la ayuda de Olgerkhan para subir las escaleras, aunque la baranda
de madera era frgil y tambaleante, con muchas balaustradas faltantes o que sobresalan
sueltas de la baranda.
El viejo comerciante encabez el camino, con Olgerkhan cargando con Nyungy de
cerca por detrs y ocasionalmente alargando una mano para sostener a Wingham. La
escalera suba uno diez metros, desembocando a un balcn que ventilaba el gran saln.
A lo largo del camino, una tercera escalera suba hasta el tercer piso. Esa pareca ms
solida, con las balaustradas en su lugar, pero no haba sido usada en aos, obviamente, y
Wingham tuvo que apartar telas de araa para continuar.
Mientras las escaleras se desparramaban hacia el lado sur de la casa, Wingham tuvo que
rodear el balcn por el otro lado hacia la puerta del lado norte. Ech una mirada atrs
cuando lleg all, ya que Nyungy estaba caminando de nuevo y haba perdido el
equilibrio con su pierna coja. Nyungy le indic con un adems de que siguiera adelante,
y as traspas la puerta, cruzando hacia la lejana ventana en donde descorri la cortina.
Mirando hacia el norte, Wingham casi se cay de espaldas, porque aunque haba
esperado ver el creciente castillo, no esperaba cuan dominante sera la estructura desde
tan lejos. Slo haban pasado unos das desde que Wingham se haba aventurado hacia
el libro mgico y la estructura que creca por detrs, y el castillo era mucho ms grande
de lo que haba sido. Wingham no poda ver el libro desde tanta distancia obviamente
pero la piedra circular que creca detrs era claramente visible, levantndose en alto
sobre la llanura de Vaasa.
Mucho ms sorprendente era el hecho de que la torre estaba al fondo de la estructura,
centrando un muro al fondo arqueado por dos pequeas torres redondas en las esquinas.
Desde estas, las paredes iban hacia el sur, hacia Palishchuk, y Wingham poda ver las
seales de una garita central en lo que saba que sera la pared del frente de la muralla
superior. Otras varias estructuras estaban creciendo ante la garita tambin, una muralla
exterior y una pared ms baja ya se elevaban desde el suelo.
Por los dioses, qu hizo? pregunt el viejo Nyungy, ponindose al lado de Wingham.
Parece que nos dej unos regalos, respondi Wingham.
Casi parece una rplica del Castillo Peligroso, maldito el nombre, subray Nyungy.
Wingham oje al viejo bardo, sabiendo bien que Nyungy era uno de los pocos que
quedaban vivos que haba visto ese terrible lugar durante la cspide del poder de
Zhengyi.
Un hechicero hizo esto, dijo Nyungy.
Zhengyi, como lo expliqu.

No, mi viejo amigo, me refiero a ahora. Un hechicero hizo esto. Un hechicero que
sirvi como catalizador para traer a la vida la vieja torre de poder del Rey Brujo.
Ahora.
Algunas maldiciones no tienen fin, replic Wingham, pero se guard el resto de sus
pensamientos respecto a Arrayan y su propia tontera al haberle dado el libro. Haba
credo que era un manual de instrucciones para la necromancia o la creacin de un
golem o una historia quizs. Nunca podra haber imaginado la verdad de ello.
Por favor, ven conmigo, Nyungy, le rog Wingham.
Hacia all? dijo el viejo hombre con una mirada horrorizada. Mis das de aventuras
han quedado muy atrs, me temo. No tengo fuerza para batallar contra--
No hacia all, le explic Wingham. A la casa de una amiga: mi sobrina, quien
necesita de tu sabidura en esta hora oscura.
Nyungy mir a Wingham con obvia curiosidad y pregunt, La hechicera?
La mueca en la expresin de Wingham era toda la respuesta que necesitaba el semi orco
mayor.
Wingham pronto descubri que Olgerkhan no haba estado exagerando en su insistencia
de que el viejo comerciante fuer rpidamente hasta Arrayan. La mujer parece estar
mucho peor que antes. Su piel estaba plida y pareca carecer de fluidos, como un papel
gris y seco. Trat de levantarse de la cama, en donde Olgerkhan la haba apoyado con
las almohadas casi en una posicin de sentada, pero Wingham pudo ver que el esfuerzo
era demasiado grande y l rpidamente la coloc de vuelta en su ms cmodo reposo.
Arrayan mir ms all de Wingham y Olgerkhan al encorvado y anciano semi orco. Su
expresin pas prestamente de atrayente a sospechosa.
Conoces a mi amigo Nyungy? le pregunt Wingham.
Arrayan prosigui con el escrutinio cuidadoso del semi orco, una chispa de lejano
reconocimiento brill en sus cansados ojos.
Nyungy est bien versado en las propiedades de la magia, explic Wingham. Nos
ayudar a ayudarte.
Magia? pregunt Arrayan con voz dbil.
Nyungy se le acerc y se inclin encima de ella. La pequea Arrayan
Maggotsweeper? le dijo.
La mujer hizo una mueca ante el sonido de su nombre. Siempre fuiste de una clase
curiosa, cuando eras joven. No me sorprende enterarme de que eres una hechicera- y
una poderosa, si es que ese castillo sirve de referencia.

Arrayan absorbi el cumplido durante el tiempo suficiente como para reconocer la


implicancia detrs y luego su rostro se torci de horror.
Yo no cre el castillo, dijo ella.
Nyungy comenz a responder , pero se detuvo en seco, como si se hubiera dado cuenta
de su afirmacin.
Perdona mi equivocacin, dijo l al fin.
El viejo semi orco se inclin ms para mirar en sus ojos. Le rog a Olgerkhan que fuera
a buscarle un poco de agua o una sopa, pas unos momentos ms escudrindola, y
luego retrocedi cuando el enorme semi orco regres. Con un asentimiento dirigido a
Wingham para que lo escoltara de vuelta al cuarto del frente de la casa.
No est enferma, le explic el viejo bardo cuando hubieron salido de la recmara de
Arrayan.
Te refieres a que no est descompuesta?
Nyungy asinti. Lo supe antes de llegar, pero al mirarla, estoy seguro ms all de
cualquier duda. Eso no es una enfermedad o veneno. Ella era saludable hasta hace unos
pocos das, correcto?
Bailando y saltando cuando lleg al principio para saludarme apenas llegu.
Es la magia, razon Nyungy. Zhengyi ha hecho esto antes.
Cmo?
El libro es una trampa. No es un tomo de creacin, sino uno de auto creacin. Una vez
que un poder mgico adecuado comienza a leerlo, atrapa la esencia vital de esa persona.
A medida que el castillo crece, lo hace a costa de la fuerza vital de Arrayan, de su
intelecto y destreza mgica. Ella est creando un castillo inconscientemente."
"Por cunto tiempo?" pregunt Wingham, y dio un paso adelante y mir con
preocupacin hacia el dormitorio.
"Hasta que ella muera, supongo," dijo Nyungy. "Consumida por la creacin, no creo
que el despiadado Zhengyi se detenga ante tal eventualidad por compasin hacia su
involuntaria vctima."
"Cmo podemos detener esto?" pregunt Wingham.
Nyungy mir ms all de l con preocupacin y luego una expresin de sombro temor
se dibuj en su rostro cuando se encontr nuevamente con la mirada de Wingham.
"No, no puedes," dijo Wingham con un sbito entendimiento.

"Ese castillo es una amenaza- hacindose ms y ms fuerte," razon Nyungy. "Tu


sobrina est perdida, me temo. No hay nada que pueda hacer, ciertamente ni nadie ms
en Palishchuk, para detener el avance que seguramente la matar."
"Tenemos curadores."
"Quienes sern impotentes, cuanto ms," respondi el semi orco ms viejo.
"O, si no lo son, le ofrecern algn alivio a Arrayan, y luego quizs solo contribuyan a
la energa que est siendo canalizada para el crecimiento de la monstruosidad de
Zhengyi. Entiendo tu vacilacin aqu, mi amigo. Ella es tu amada sobrina, puedo verlo
cuando miro en tus ojos. Pero no recuerdas la miseria de Zhengyi? Ayudaras, en tu
falsa compasin a que eso regresara?"
Wingham ech una rpida mirada hacia el dormitorio una vez ms y dijo, " No puedes
saber todo esto con seguridad. Hay mucha presuncin aqu."
"Lo s, Wingham. Esta no es una mera coincidencia. Y t lo sabes tambin."
Mientras terminaba, Nyungy fue hacia el mostrador y encontr un largo cuchillo de
cocina. "Ser rpido con esto. No ver venir el golpe. Roguemos que no sea demasiado
tarde para salvar su alma y aplacar el dao que involuntariamente nos ha trado."
Wingham apenas poda respirar, apenas poda mantenerse en pie. Trat de digerir las
palabras de Nyungy, buscando algn defecto, una pizca de esperanza. Instintivamente
alarg una mano para bloquearlo al viejo semi orco, pero Nyungy se mova con una
decisin que no haba conocido en muchos, muchos aos.
Esquiv a Wingham y fue hacia el dormitorio y le rog a Olgerkhan que se mantuviera
a un lado.
El enorme semi orco hizo justamente eso, dejndole el camino despejado hacia Arrayan,
quien estaba descansando con los ojos cerrados y su respiracin superficial.
Nyungy saba mucho del mundo que rodeaba Palishchuk. Haba pasado sus dcadas
aventurndose, recorriendo las campias como un trovador vagabundo, un recolector de
informacin y canciones por igual. l haba viajado extensivamente con Wingham por
muchos aos tambin, estudiando magia y artefactos mgicos. Haba servido en el
ejrcito de Zhengyi en los primeros das de ascenso del Rey Brujo, antes de que se
descubriera la verdad sobre la horrible criatura.
Nyungy no dudaba de su deduccin del insidioso lazo que haba sido creado entre el
libro y el lector, ni tampoco cuestionaba su necesidad de llevar a cabo este desagradable
acto antes de la terminacin del castillo. Su mente todava estaba lcida; saba mucho.
Lo que no comprenda era el profundo lazo entre Arrayan y Olgerkhan. No pens en
ocultar su intencin mientras blanda ese enorme cuchillo y se acercaba hacia la
indefensa mujer.

Algo en sus ojos lo delat ante Olgerkhan. Algo en su arremetedora y ansiosa postura le
dijo al joven guerrero semi orco que el viejo semi orco no estaba por realizar un
ejercicio de curacin- al menos, no de la manera en que la sensatez de Olgerkhan lo
permitira.
Nyungy se inclin en busca de la garganta de Arrayan y fue detenido en seco por una
poderosa mano helada que se cerr sobre su antebrazo. Luch por alejarla, pero muy
bien podra haber estado intentando detener a un caballo en carrera.
"Sultame, idiota!" le reprendi y Arrayan abri los ojos para verlos a ambos parados
frente a ella.
Olgerkhan dobl su mueca, forzando fcilmente a que Nyungy soltara el cuchillo de la
mano, y el viejo semi orco hizo una mueca de dolor.
"Debo hacerlo... no lo entiendes!" arguy Nyungy.
Olgerkhan mir de Nyungy a Wingham, quien permaneca en la puerta.
"Es por su propio bien," protest Nyungy. "Como el sangrado para el veneno, lo ves?"
Olgerkhan sigui mirando a Wingham en busca de respuestas.
Nyungy sigui forcejeando y despus se congel en el lugar cuando escuch a
Wingham decir, "Intenta matarla, Olgerkhan."
Los ojos de Nyungy se abrieron de par en par y ms aun cuando el puo del joven y
fuerte semi orco vino a estamparse contra su rostro lanzndolo hacia atrs sobre el piso,
en donde no supo nada ms.

CAPITULO 11

LA SOMBRA DE PALISHCHUK

Apresrate! le grit Calihye a Entreri. Condcelos ms fuerte!


Entreri gru en respuesta pero no utiliz el ltigo con el grupo de caballo. Entenda su
desesperacin, pero difcilmente era su problema. A lo ancho, una amplia extensin de
suelo rocoso con parches de lodo, ms adelante, se asomaba la baja lnea del horizonte

de Palishchuk. Aun estaban a cierta distancia de la ciudad, Entreri lo saba, y si forzaba


ms al grupo de caballos estos posiblemente colapsaran antes de que llegaran a las
puertas.
Jarlaxle se sentaba al lado de l en el banquillo de conductor, con Athrogate junto a l,
lejos a la izquierda de Entreri. Pratcus se sentaba atrs, junto con Calihye y los dos
heridos, el soldado Davis Eng y la quebrada compaera de Calihye, Parissus.
Ms fuerte, te digo, por tu vida! chill desde atrs Calihye.
Entreri resisti la urgencia de detener al grupo de caballos. Jarlaxle le puso una mano
sobre su antebrazo y cuando l mir al drow, Jarlaxle le hizo un gesto para que no le
respondiera.
En verdad, Entreri no estaba pensando en gritarle una respuesta a la desesperada mujer,
aunque el pensamiento de sacar su daga, saltar hacia atrs y cortarle la inquieta lengua
se le haba ocurrido ms de una vez.
Una segunda mano se pos en el hombro del asesino, y volvi rpidamente su fra y
amenazadora mirada para observar del otro lado, cara a cara a Pratcus.
Es seguro que la dama Parissus muera pronto, explic el [Link] quedan instantes
y nada ms.
No puedo conducirlos ms rpido que -- comenz a responder Entreri, pero el enano
le cort enseguida levantando una mano y con una mirada que demostraba que no eran
necesarias las explicaciones.
Tan solo te lo estoy contando para que no te vuelvas y hagas callar a la pobre chica, le
explic Pratcus. Los semi elfos son proclives al lamento, si me entiendes.
No hay nada que puedas hacer por la mujer? pregunt Jarlaxle.
He hecho todo lo posible por mantener a Davis Eng con vida, explic Pratcus. Y l
no estaba tan malherido en comparacin, excepto por las quemaduras del cido. Ella
recibi las malditas mordidas. Tantas de ellas. Envenenadas estaban y una desagradable
mordida le dieron. Y Parissus, morira aun sin el veneno, aunque estoy seguro que en
sus venas hay suficiente como para matarnos a todos nosotros.
Entonces has que Athrogate le aplaste el crneo. dijo Entreri. Acaben con ello,
acaben con su dolor.
Ella est ms all de cualquier dolor, creo.
Mayor es la lstima, dijo Entreri.
Se pone as cuando est frustrado, dijo sarcsticamente Jarlaxle.
Recibi una mira perfectamente cruenta de Entreri y por supuesto, el drow respondi
con una de sus desarmadoras sonrisas.

Entonces va a vivir ese soldado? pregunt Athrogate pero Pratcus pudo solo
encogerse de hombros.
Detrs de todos ellos, Calihye grit fuerte.
Me salv del golpe, subray Athrogate, entendiendo, al igual que todos a partir del
vaci e impotente timbre del alarido que la muerte haba venido al fin por Parissus.
Calihye continu sollozando incluso despus de que Pratcus se uni a ella para tratar de
consolarla.
Puede que todava necesite un golpe de todas formas, musit Athrogate unos minutos
despus del canto fnebre.
Ellery detuvo su caballo junto a la carreta rodante, preguntndole al clrigo por Parissus
y su soldado.
Una fea mordedura de veneno, escucharon Entreri y Jarlaxle que remarcaba el enano.
No estamos siquiera cerca de la ciudad y ya han cado dos, le dijo Entreri al drow.
Dos menos para repartir el tesoro que sin duda nos esperar al final del camino.
Entreri no se molest en contestar.
Un rato ms tarde, la lnea del horizonte de Palishchuk apareca ms claramente ante
ellos, la cuadrilla not el crculo de carretas coloridas colocadas frente a la muralla sur
de la ciudad. En ese punto, Mariabronne galop pasando junto a la carreta y
adelantndose.
Wingham el comerciante y su tropa, explic Ellery, colocndose al lado de Entreri.
No lo conozco, le dijo Jarlaxle.
Wingham, respondi furtivamente Athrogate, y todos los ojos fueron hacia l para ver
que estaba sosteniendo una de sus estrellas matutinas de glassteel frente a l, dejando
que la cabeza con puntas se balanceara al extremo de la cadena con el ritmo de la
carreta rodante.
Wingham es conocido por comerciar con artefactos extraos, particularmente armas,
explic Ellery. Tendr ms que un inters pasajero en tu espada, aadi dirigindose a
Entreri.
Entreri sonri a pesar de s mismo. Poda imaginarse dndole el arma a un curioso
Wingham, quienquiera o lo que fuera que fuese un Wingham. Sin el guantelete
protector, un dbil o desprevenido individuo tratando de sujetar la Garra de Charion se
vera sobrepasado y devorado por el poderoso y sensitivo artefacto.
Un buen par de estrellas matutinas, felicit Jarlaxle al enano.

Mejor de lo que al ver alcanzas, respondi Athrogate con un grotesco guio.


Enviando a los enemigos volando ms lejos de lo que los lanzas!
Entreri resopl divertido.
Buenas armas, acord Jarlaxle.
Encantadas poderosamente, dijo Ellery.
Jarlaxle llev su mirada de las tambaleantes estrellas matutinas de vuelta a la
comandante y dijo, Ya veo que tendr que ir a visitar a este Wingham
Lleva una bolsa de oro! dijo a gritos el enano. Y una buena idea para llevrtela!
Wingham es conocido por ser un comerciante feroz, explic Ellery.
Entonces realmente tendr que ir a visitarlo, dijo el drow.
Practus regres contonendose para colocarse entre Entreri y el drow.
Se ha ido, confirm. mejor para ella que se fue rpido, pienso, ya que no podra
haber usado sus piernas o sus brazos nunca ms.
Eso hizo que Entreri se estremeciera un poco, al recordar los tumbos que haba dado la
carreta al pasarle por encima a la pobre Parissus.
Qu hay de Davis Eng? pregunt Ellery.
Est enfermo pero creo que podr ponerse en pie nuevamente. Unas cuantas semanas
en cama harn que se recupere.
Un mes? replic Ellery. No pareca a gusto con esa informacin.
Tres menos, le farfull Entreri al drow, a quien no pareca importarle realmente.
Sin embargo, a Ellery s que le importaba. Mantenlo vivo, a toda costa, le instruy
ella y luego dio la vuelta con su caballo y apret su talones contra los flancos del animal
para apurarlo.
Acompaado por los continuos lloriqueos de Calihye, Entreri condujo la carreta el resto
del camino a Palishchuk. Por rdenes de Ellery, llev el carro ms all del circo de
Wingham hacia la puerta sur de la ciudad, en donde se les permiti el paso sin
interferencias- sin duda arreglado por Mariabronne, quien haba entrado en lado ciudad
hacia rato.
Levantaron una garita, justo dentro de la puerta sur, y las manos de los mozos de las
caballerizas y asistentes vinieron a saludarlos.
Prometo que no olvidar lo que hiciste, le susurr Calihye a Entreri al tiempo que
pasaba a su lado para bajarse de la carreta. Jarlaxle nuevamente puso una mano sobre el

antebrazo del asesino, pero Entreri no iba a responder esa amenaza abierta- con palabras
al menos.
Entreri raramente si es que lo haba hecho alguna vez, responda con palabras. En sus
pensamientos, comprendi que Calihye pronto se reunira con Parissus.
Un tro de guardias se apresur a recoger a Davis Eng, rogndole a Practus que fuera
con ellos. Otro par vino para llevarse el cuerpo de Parissus.
Tenemos cuartos asegurados adentro, aunque no estaremos por mucho tiempo, les
explic Ellery a los otros. Pnganse cmodos, descansen lo ms que puedan.
Nos dejas? pregunt el drow.
Mariabronne ha dejado dicho que he de encontrarme con l en el circo de Wingham.
explic ella. Regresar pronto con noticias de nuestro curso a seguir.
Tu curso, corrigi Calihye, atrayendo todas las miradas sobre ella. Yo he terminado
contigo.
Sabas de los peligros cuando te uniste a la bsqueda, le reprendi Ellery, pero no
demasiado enojada, al igual que Parissus.
Yo no voy a ser parte de un grupo con ese, replic Calihye sealando con su mentn
en direccin a Entreri. Arrojara a cualquiera de nosotros a nuestra perdicin para
salvarse a s mismo. Es increble que ningn otro sobreviviera al camino ms que l y
ese drow.
Ellery mir al asesino quien apenas se encogi de hombros.
Bah! Pero tu amiga cay y al infierno march, interrumpi Athrogate. No importa
lo que hagamos, todos algn da vamos a morir, as que deja de gemir! Buajaja!
Calihye lo mir hoscamente, lo cual hizo que l se riera ms todava. Se alej
contonendose hacia la garita, en apariencia totalmente despreocupado.
Con l es con quien hay que estar precavido, le susurr Jarlaxle a Entreri y el asesino
estuvo de acuerdo.
Acordaste entrar en esto, le dijo Ellery a Calihye. Ella se le acerc mientras hablaba, y
forz a la mujer a que la mirara cara a cara. Parissus se ha ido y no hay nada que yo, o
t podamos hacer al respecto. Tenemos una misin que cumplir aqu.
Tu propia misin, ya no ms la ma.
Ellery le dio una dura mirada a ella.
Me encontrar entonces como una forajida en las tierras del rey Gareth, porque me
niego a viajar con una tropa de poco confiables?

La mirada de Ellery se suaviz. No, por supuesto que no. No solo te pedira que te
quedaras y cuidaras de Davis Eng. Parece que l no viajar ms con nosotros tampoco.
Cuando terminemos en Palishchuk, te regresaremos a la Puerta de Vaasa-con el cuerpo
de Parissus, si esa es tu eleccin.
y mi particin est aun asegurada? se atrevi a preguntar la mujer. Y la de
Parissus, la cual me dej ante tus propios ojos?
Para la sorpresa de ambos Entreri y Jarlaxle, Ellery no vacil en estar de acuerdo.
Una pequea criatura enojada, le susurr Jarlaxle a su amigo.
Una fuente de problema? musit Entreri.

Mariabronne ha regresado, le inform Wingham a Olgerkhan cuando encontr al


enorme semi orco de regreso de la casa de Nyungy. Ha tra do a una comandante de la
Puerta de Vaasa, junto con otros varios mercenarios para inspeccionar el castillo.
Encontrarn una solucin, Olgerkhan. Arrayan ser salvada.
El guerrero lo mir con un escepticismo poco disimulado.
Te les unirs en el viaje, prosigui Wingham, para ayudarles a encontrar una forma
de derrotar la maldicin de Zhengyi.
Y tu cuidars de Arrayan? le pregunt Olgerkhan con la misma duda evidente. Ech
una mirada al costado de un ancho saln de entrada, a una puerta que llevaba a un
pequeo armario. La protegers de l?
Wingham tambin mir para el mismo lado. Pusiste al gran Nyungy en una armario?
Olgerkhan se encogi de hombros y Wingham empez a ir hacia all.
Djalo ah! le orden Olgerkhan.
Wingham gir sobre s mismo, asombrado de que el normalmente dcil- o al menos
controlable- guerrero le hubiera dado una orden.
Djalo all, reiter Olgerkhan. Te lo ruego. Puede respirar. No est atado de manera
peligrosa.
Los dos se miraron mutuamente por un largo rato, y a Olgerkhan le pareci como si
Wingham estuviera sosteniendo una batalla interna sobre alguna decisin a tomar. El
viejo comerciante comenz a hablar unas cuantas veces pero se detuvo en seco y
finalmente asumi una pose pensativa.

No cuidar de Arrayan, decidi al fin Wingham.


Entonces no la dejar sola.
Wingham dio un paso hacia Olgerkhan, buscando en su bolsillo mientras lo haca.
Olgerkhan retrocedi en una postura defensiva, pero se calm al darse cuenta de los
objetos que haba sacado Wingham: un par de anillos, unos cintillos dorados con una
brillante gema incrustada en cada uno.
dnde est ella? pregunt Wingham. De regreso en su casa?
Olgerkhan lo mir fijamente por un tiempo ms, luego sacudi la cabeza. Mir hacia
arriba de las escaleras y luego lo gui hasta el primer balcn. En una pequea
habitacin, llegaron hasta Arrayan, quien yaca muy quieta pero an respirando con un
ritmo suave.
Se sinti mejor, un poquito, explic Olgerkhan.
Sabe lo de Nyungy?
Le dije que estaba contigo, buscando algunas respuestas.
Wingham asinti, luego se aproxim a su sobrina. Se sent en la cama a su lado,
bloqueando mayormente la vista de Olgerkhan. Se agach por un momento y despus se
corri a un lado.
La mirada de Olgerkhan fue hacia la mujer y al anillo que Wingham haba colocado en
su dedo. La brillante gema resplandeci por un breve instante y luego se torn gris,
como si el humo se hubiera infiltrado de algn modo dentro de la gema. Continu
oscurecindose al tiempo que Olgerkhan y para cuando levant gentilmente la mano de
Arrayan para una inspeccin de cerca, la gema era tan negra como el nice.
El guerrero mir a Wingham, quien mantena su mano extendida hacia Olgerkhan,
sosteniendo el anillo. Eres lo suficientemente fuerte como para compartir su carga?
pregunt Wingham.
Olgerkhan lo mir sin entender bien. Wingham sostuvo el otro anillo.
Estos son Anillos de Mediacin, explic el viejo comerciante.
Ambos una bendicin y una maldicin, creados hace mucho tiempo por magia perdida
para este mundo. Solo existen unos pocos pares, objetos creados artesanalmente por
amantes que estaban unidos en cuerpo y alma.
Arrayan y yo no somos--
Lo s, pero no importa. Lo que importa es lo que hay en tu corazn. Eres lo
suficientemente fuerte para compartir su carga, y ests dispuesto a morir por ella o a su
lado, si se llegara a eso?

Lo estoy. Por supuesto, respondi Olgerkhan sin la menor vacilacin.


Alarg su mano hacia Wingham y tom el anillo que le ofreca. Con una rpida mirada
a Arrayan se desliz el anillo en el dedo. Incluso antes de que lo tuviera en el dedo, un
profundo abatimiento cay sobre l. Su visin se nubl y su cabeza le palpitaba con un
dolor penetrante. Su estmago se revolvi por oleadas de mareos y sus piernas se
bambolearon como si simplemente fueran a doblarse bajo su peso. Sinti como si una
garra se hubiera materializado y hubiera comenzado a jalar su misma fuerza vital,
haciendo vibrar esa delgada lnea de energa tan abruptamente e insistentemente que
Olgerkhan temi que fuera a romperse, a explotar en una diseminacin de energa.
Sinti la mano de Wingham sobre l, enderezndolo, y utiliz el apretn tangible como
una gua para regresar al mundo exterior. A travs de su visin borrosa divis a
Arrayan, yaciendo quieta pero con sus ojos abiertos. Levant uno de sus brazos para
echar atrs su grueso cabello, e incluso a travs de la bruma, le era aparente a Olgerkhan
que el color haba regresado al rostro de ella.
Lo entendi todo entonces, muy claramente. Wingham le haba pedido que
compartiera su carga. Con ese pensamiento en mente, el semi orco gru y se esforz
para hacer a un lado su mareo, e intencionalmente la alej. Mir al viejo comerciante y
asinti. Baj su mirada hacia el anillo y vio como una neblina rojo sangre flotaba dentro
y remolineaba en las caras de la piedra preciosa. La neblina se torn gris, pero un gris
claro, no en la oscuridad que haba visto sobre el dedo de la pobre Arrayan. Mir
nuevamente a la mujer, a su anillo y tambin vio que ya no era de un color negro nice.
La carga es compartida a travs del poder de los anillos, le susurr Wingham a l.
Solo puedo esperar no haberle dado una mayor fuente de poder a la creciente
construccin.
No fallar en esto, le asegur Olgerkhan, aunque ninguno de los dos realmente saba
lo que esto poda significar en verdad.
Wingham estudi a Arrayan quien estaba descansando ms cmodamente, obviamente,
aunque haba cerrado sus ojos nuevamente.
Es un alivio temporal, dijo el comerciante. La torre seguir succionndola, y
mientras ella se debilite, tambin lo hars tu. Esta es nuestra ltima oportunidad- nuestra
nica oportunidad- de salvarla. Ustedes dos irn con Mariabronne y los emisarios de
Gareth. Derrota el poder que ha oscurecido nuestra tierra, pero si no puedes, Olgerkhan
hay algo ms que debes hacer por m.
El enorme semi orco se mantuvo atento, observando con dureza al viejo Wingham.
No debes dejar que el castillo de apodere de ella, le explic Wingham.
Se apodere de ella?
Que la consuma, le lleg la respuesta. No puedo comprender realmente lo que eso
significa siquiera, pero Nyungy, quien es ms sabio que yo, insisti sobre este punto. El
castillo crece debido a la fuerza vital de Arrayan, y el castillo ha obtenido grandes

logros porque nosotros no supimos con lo que nos enfrentamos. Incluso ahora, no
podemos saber cmo derrotarlo, pero debes derrotarlo, y pronto. Y si no puedes,
Olgerkhan, tendr tu palabra de que no dejars que el castillo consuma a mi querida
Arrayan!
La mirada de Olgerkhan fue de nuevo hacia Arrayan mientras intentaba dilucidar las
palabra y cuando finalmente comenz a darse cuenta del sentido de Wingham, su suave
apariencia se volvi mucho ms spera.
Me pides que la mate?
Te pido compasin y te exijo fortaleza.
Olgerkhan pareci como si fuera a pasarle por encima y arrancarle la cabeza a Wingham
de los hombros.
Si no puedes hacer esto por m, entonces... comenz Wingham, y levant el brazo
flojo de Arrayan e intent tomar el anillo.
No lo hagas!
entonces me dars tu palabra, dijo el comerciante. Olgerkhan, no hay otra eleccin
frente a nosotros. Ve y da pelea, si se presenta una batalla: Mariabronne es sabio en los
caminos del mundo, y l ha trado una tropa interesante consigo, incluyendo a un elfo
oscuro y un arrugado sabio de Damara. Pero si la batalla no puede ser ganada, o ganada
a tiempo, entonces no debes permitir que el castillo tome a Arrayan. Tienes que
encontrar la fuerza para ser compasivo.
Olgerkhan estaba respirando con bocanadas entrecortadas para ese entonces, y sinti
que su corazn de desgarraba mientras miraba a su querida Arrayan recostada sobre la
cama.
Baja su mano, dijo Olgerkhan al fin. Comprendo y no fallar en esto. El castillo no
tendr a Arrayan, pero si ella muere por mi mano, espero sepas que yo la seguir
enseguida al otro mundo.
Wingham asinti lentamente.

Es mejor esto que entrar en el castillo al lado de ese enano camorrero, dijo Davis Eng,
su voz debilitada por el veneno.
Los herbalistas haban ido a verlo, y Pratcus haba realizados ms hechizos sobre l.
Sobrevivira, todos estaban de acuerdo en ello, pero pasara un tiempo antes de que
siquiera recuperara la fuerza para regresar a la Puerta de Vaasa, y era probable que
pasaran unas cuantas semanas antes de que pudiera sostener su espada de nuevo.

Athrogate? pregunt Calihye.


Un sucio pequeo cretino.
Si te escuchara decir eso, te aplastara el crneo, replic la mujer. El mejor luchador
de la muralla, o as dicen, y hay algo ms que un poquito de magia en esas estrellas
matutinas que balancea tan astutamente.
Fuerza de brazo es una cosa. Fuerza de corazn es otra. Acaso un guerrero tan hbil
no ha pensado alguna vez enlistarse en el Ejrcito de Bloodstone?
Al servir en la muralla, l est sirviendo los designios del Rey Gareth, le record
Calihye.
Recostado sobre su espalda, Davis Eng levant una mano temblorosa y la movi como
descartando la idea.
Calihye insisti. Cuntas orejas de monstruos le ha entregado a tu Comandante
Ellery, entonces? Y esas de gigantes tambin. No muchos pueden afirmar haber
derrotado a un gigante combatiendo solo, pero Athrogate se vanagloria en ello
fcilmente.
Y cmo sabes que estaba solo? l tiene a ese esqueltico amigo suyo- ms
problemtico que el enano!
Y ms peligroso, dijo Calihye.
No hables mal de Canthan en mi presencia. Davis Eng levant lo suficiente su cabeza
para mirarla furioso.
y t s especialmente sabio como para hacer lo que te diga mientras yaces aqu
impotente, aadi la mujer y eso hizo que bajara de nuevo su cabeza.
No saba que eran amigo, se burl la mujer. Mientras ms terreno hay entre nosotros,
ms calmo late mi corazn. Pero al igual que tu enano, a ese lo prefiero de mi lado antes
que del lado de mi enemigo. Ella hizo una pausa y cruz la pequea habitacin hacia el
fogn en donde una olla de guiso herva.
Quieres ms?
El hombre movi la mano y sacudi la cabeza. Ya pareca como si estuviera cayendo
lejos, lejos del mundo consciente.
Mejor es salir de aqu, en verdad, se dijo Calihye a s misma, ya que Davis Eng haba
cado en la inconsciencia. Estn por ir a ese castillo, o eso es lo que escuch, y ese no
es un lugar en el que quiera estar, con Athrogate y Canthan a mi lado o no.
Pero no dijiste acaso que el enano es un buen guerrero? le lleg una voz diferente
detrs de ella, y la mujer se congel en el lugar. Y el delgaducho ms peligroso an?

Calihye no se atreva a darse vuelta; saba por la proximidad de la voz que el recin
llegado poda tomarla fcilmente si ella lo amenazaba. Cmo se haba acercado tanto?
Cmo haba logrado siquiera entrar en la habitacin?
Al menos podra saber quin se est dirigiendo a m? se atrevi a preguntar.
Una mano la sujet del hombro y la dio vuelta para que mirara en los oscuros ojos de
Artemis Entreri. La furia llame en los ojos de Calihye, y ella tuvo que luchar contra la
urgencia de saltar sobre el hombre que haba permitido que su amiga cayera bajo las
ruedas de la carreta.
Aunque, la prudencia super la tentacin, y que al mirar al hombre parada tan a sus
anchas, sus manos relajadas y listas para desenfundar una de sus adornadas armas en un
abrir y cerrar de ojos, ella supo que no tena ninguna posibilidad.
No ahora. No con sus propias armas del otro lado cerca de la cama de Davis Eng.
Entreri le sonri, y ella supo que la mirada de ella hacia el soldado dormido la haba
traicionado.
Qu quieres? le pregunt.
Quera que siguieras hablando, as poda escuchar lo que necesitaba escuchar y seguir
mi camino. replic Entreri. Ya que esa no es una opcin, aparentemente, decid
rogarte que contines.
Que contine qu?
Tu apreciacin de Athrogate y Canthan, para empezar, dijo el asesino. Y cualquier
informacin que puedas ofrecer sobre los otros.
Por qu habra de ofrecerla?
Ella se mordi las ltimas palabras y casi la punta de su lengua cuando ms rpido de lo
que poda seguir el ojo, el asesino tena su daga enjoyada en la mano y apuntaba con
ella la parte de abajo de su mentn.
Porque no me gustas, le explic Entreri. Y a menos que hagas que me gustes en los
prximos pocos minutos, har que tu muerte sea insoportable.
l presion un poco ms fuerte, forzando a Calihye a que se pusiera en punta de pie.
Puedo ofrecerte oro, dijo ella a travs de sus dientes apretados.
Tomar todo el oro que quiera de ti, le asegur l.
Por favor, le suplic ella. Con qu derecho--
No me amenazaste en el camino? dijo l. Yo no dejo pasar esas charlatanera. Yo no
dejo a mis enemigos vivos en mi velatorio.

No soy tu enemiga, carraspe ella. Por favor, si me dejas demostrrtelo.


Ella levant una mano como si fuera a acariciarlo suavemente, pero l solo sonri y
presion la horrible daga ms fuertemente, rompiendo un poco la piel.
No te encuentro encantadora, dijo Entreri. No te encuentro atractiva. Me molesta que
todava ests viva. Te queda muy poco tiempo.
Dej que la daga absorbiera un poco de la fuerza vital de la semi elfa en su vamprico
abrazo. Los ojos de Calihye se abrieron en una expresin de completo horror por lo que
el asesino supo que tena la total atencin de ella.
Levant la otra mano y la puso sobre el pecho de ella, retir la daga y empuj con poca
ceremonia la empuj envindola a ella al lado de fogn de la cocina.
Qu quieres preguntarme? boque Calihye, con una mano sujetndose el mentn,
como si creyera que tena que contener la esencia de su vida as.
Qu ms hay que saber sobre Athrogate y Canthan?
La mujer levant las manos como si no entendiera.
Tu combates monstruos para vivir, y a pesar de ello le temes a Canthan, dijo Entreri.
Por qu?
Tiene amigos peligrosos.
Qu amigos?
La mujer trag con fuerza.
Dos latidos de tu acelerado corazn, dijo Entreri.
Dicen que est asociado con la ciudadela.
Qu ciudadela? Y por favor entiende que me canso de tener que sacarte cada palabra
de tu boca una por vez.
la Ciudadela de los Asesinos.
Entreri asinti dando a conocer su entendimiento , como si en verdad hubiera escuchado
los rumores de la tenebrosa banda, sobreviviendo la cada de Zhengyi, desenterrando su
reino de las sombras creadas por el resplandor de la brillante luz del Rey Gareth. No
eran muy diferentes de los bajs a los que Entreri haba servido por tanto tiempo en las
calles de Calimport.
Y el enano?
No lo s, dijo Calihye. Es peligroso, por supuesto, y grandioso en batalla. El hecho
de que hable con Canthan me asusta. Eso es todo.

Y los otros?
De nuevo la mujer levant sus manos como si no entendiera.
El otro enano?
No s nada de l.
Ellery? pregunt, pero sacudi su cabeza al tiempo que el nombre sala de sus labios,
dudando de si la semi elfa pudiera decirle algo sobre la comandante pelirroja.
Mariabronne?
No has odo hablar de Mariabronne el Errante?
Una mirada de Entreri le record que no le corresponda a ella en realidad hacer las
preguntas.
l es el viajero ms renombrado en Vaasa, un hombre de leyenda, explic Calihye.
Se dice que podra rastrear el veloz vuelo de un pjaro sobre las montaas sin rocas. Es
hbil con la espada y ms aun con su ingenio, y siempre aparece en medio de los
momentos cruciales. Todos los nios de Damara podran contarte historias de
Mariabronne el Errante.
Maravilloso, musit por lo bajo el asesino. Cruz la habitacin hasta el cinturn de la
espada de Calihye, lo enganch con el pie y se la arroj a la mano de ella que esperaba
agarrarlo.
Muy bien, le dijo a ella. Hay algo ms que desees aadir?
Ella mir la espada y luego al asesino y dijo, No puedo viajar contigo- estoy a cargo de
la vigilancia de Davis Eng.
Viajar? Milady, t no dejars esta habitacin. Pero tus palabras me satisfacen. Te
creo. Y te aseguro que eso no es poca cosa.
Entonces qu?
Te has ganado el derecho a defenderte.
Contra ti?
Bueno, no sospecho que prefieras pelear contra l, ech una rpida mirada al
inconsciente Davis Eng- No creo que est a la altura de la circunstancia.
Y si me niego?
Har que sea ms doloroso.
La mirada de Calihye pas de la incertidumbre a esa expresin primitiva y determinada
que Entreri haba visto tantas veces antes, la mirada que da un peleador cuando sabe que

no hay escapatoria de la pelea que tiene por delante. Sin pestaear, sin quitarle la vista
de encima ni por un segundo, Calihye desenvain su espada y la coloc defensivamente
ante ella.
No hay necesidad de esto, subray ella. Pero si debes morir ahora, entonces que as
sea.
No dejo enemigos para mi velatorio, dijo nuevamente Entreri, y sac a la Garra de
Charion.
Sinti un pequeo tirn en su conciencia del arma sensitiva pero desech la intrusin
con un pensamiento. Luego avanz, un sbito y borroso movimiento que envi a su
daga por delante y su espada en una barrida por lo bajo.
Calihye movi rpidamente su espada para bloquearlo, pero Entreri cambi el ngulo a
ltimo momento, haciendo que la espada pasara sin ser tocada-hasta que invirti el flujo
y golpe con fuerza contra la parte inferior de la espada de ella, extrayndole un aullido
de sorpresa para acompaar el silbante sonido del metal.
Entreri aporre la espada su espada mientras ella trataba de aguantarlo, luego retrocedi
un paso. La mujer se refugi detrs del fogn y espi a Entreri por encima del
resplandor. Su mirada baj hasta la olla, slo fugazmente.
Suficiente para Entreri.
La Garra de Charon cruz verticalmente mientras Calihye salt hacia el pote,
envindolo con el trpode incluido hacia l, y desparramando el guiso caliente. Ella
prosigui con un aullido, uno que se torn en sorpresa cuando vio el muro de oscura
ceniza que haba creado la espada de Entreri. A pesar de ello, no pudo frenar su impulso
al tiempo que saltaba por encima del pequeo fogn, y envi la olla a travs del muro de
cenizas, explotando con una cortejada salvaje de su espada para sin dudas hacer
retroceder al intruso un poco ms.
Excepto que l no estaba all.

"Cmo?" se las arregl para decir Calihye incluso cuando sinti la explosin de dolor
en su rin.
El fuego ardi a travs de ella y antes de que pudiera recuperar su sentido estaba de
rodillas. Trat de voltear sus hombros y enviar la espada volando hacia atrs, pero una
bota detuvo en seco su codo, extendiendo dolorosamente su brazo, y la espada sali
disparada de su mano. Sinti la pesada hoja apoyarse en su clavcula, su malvado filo
contra el costado de su cuello.

Entreri saba que tendra que acabar con ella ah mismo y en ese momento. El odio de
ella en el camino haba sonado como una clara advertencia para l de que ella podra un
da hacerle pagar por el dao recibido. Pero algo le pas por encima en ese momento,
fuerte e insistente. Vio a Calihye bajo una luz distinta, ms suave y vulnerable, una que
lo hizo reconsiderar sus anteriores palabras hacia ella- casi.
Mir ms all de la cicatriz de su rostro y vio la belleza que resida detrs. Qu haba
llevado a semejante mujer a un camino tan duro?, se pregunt.
Retrajo la espada, pero en lugar de empujarla para llevarse la cabeza de su enemiga,
pero en su lugar se inclin muy cerca de ella, con su aliento clido en su odo.
Perturbado por sus emociones, Entreri toscamente los hizo a un lado.
Recuerda cun fcilmente fuiste abatida, susurr l. Recuerda que no te mat ni
tampoco mat a tu amiga. Su muerte fue un desafortunado accidente, y lo evitara si
pudiera retroceder hasta ese momento de frenes y sujetarla antes de que se cayera, pero
no puedo. Si no puedes aceptar esa verdad entonces, recuerda esta.
El asesino empuj su espantosa daga contra la mejilla de ella, y la mujer se estremeci
de repulsin.
Ser doloroso, Calihye. Har que me ruegues que acabe con ello, pero...

Le llev unos cuantos minutos a Calihye darse cuenta de que el fro metal de la
demonaca hoja ya no estaba contra su piel. Lentamente se atrevi a abrir los ojos y
luego ms lentamente incluso se atrevi a darse la vuelta.
La habitacin estaba vaca excepto por Davis Eng, quien yaca con los ojos abiertos
llenos de terror, obviamente habiendo presenciado los ltimo momentos de la batalla de
un solo lado.

CAPITULO 12

LA MIRADA EN SU OJO

Para cuando Entreri lleg junto a Jarlaxle y los otros, ellos haban acampado sobre un
montculo ms all de la muralla norte de Palishchuk. Desde ese punto ventajoso, el
creciente castillo negro era muy fcil de ver.
La ltima vez que me fui de aqu no era ms que unas cuantas piedras de cimientos y
aparentemente para una estructura mucho ms pequea que esta, les inform
Mariabronne en tono silencioso. Wingham lo mencion como una rplica del Castillo
Peligroso, y me temo ahora de que estaba en lo cierto.
Y tu una vez le echaste una mirada a ese espantoso lugar. dijo Ellery.
Bueno, si no hay nadie all, lo tomaremos como hogar! rugi Athrogate. Me
conseguir unos amigos para esos muros vigilar!
Conseguirs la costumbre de acarrearte tu propia cada, musit Jarlaxle por lo bajo,
pero lo suficientemente fuerte como para que Athrogate lo escuchara, lo cual por
supuesto solo caus una explosin de carcajadas del enano de ojos salvajes.
Buen pesar, dijo el drow.
Es del nico tipo que me gusta! dijo Athrogate sin perderse ninguna parte.
Dudo de que est deshabitado, es decir, que permanezca as por mucho, aadi
Practus. Puedo sentir la maldad que emana de esa cosa- una llamada que gua, creo, a
todos los monstruos de los rincones de Vaasa.
Entreri mir hacia Jarlaxle y el do intercambi miradas de conocimiento. El extrao
castillo, al igual que la torre en la que haban estado previamente, no necesitaba una
guarnicin desde fuera. Esa torre casi los haba matado a ambos, haba destruido quizs
sus mejores artefactos en la batalla. Entreri se preguntaba cuanto ms formidable sera
el castillo, ya que era muchas veces ms grande que aquella nica torre.
Lo que sea que ests sintiendo, buen enano, y cualesquiera sean nuestros temores, por
supuesto que nos incumbe investigarlo ms de cerca, agreg Canthan. ste es nuestro
curso a seguir, verdad Comandante Ellery?
Entreri capt algo en los subtonos de las palabras de Canthan. Una familiaridad?
En verdad, nuestra tarea parece tomar claramente ese camino, replic Ellery.
A Entreri le pareci que ella estaba siento un poco demasiado formal con el delgado
hechicero, un poco demasiado fra.

Por la maana entonces, dijo Mariabronne. Wingham dijo que nos encontrara aqu
esta noche y no es de los que faltan a su palabra.
Y no lo ha hecho, lleg una vos abajo de la colina, y el grupo de dio vuelta para
observar al viejo semi orco subiendo con esfuerzo el costado del montculo, del brazo
de una mujer cuyo otro brazo estaba enganchado con otro semi orco, un espcimen alto
y corpulento.
Normalmente Entreri se habra concentrado en el ms grande del grupo, ya que se
manejaba como un guerrero y era lo suficientemente alto como para sugerir que poda
representar una potencial amenaza. Pero el asesino no lo estaba mirando a ese, sus ojos
se volvieron hacia la mujer del medio. Ella pareca ser absorbida por la luz del
campamento como si fuera la aparicin de un sueo. Aunque la llevaban de ambos
brazos con los dos hombres flanquendola, pareca separada de ellos, casi etrea.
Haba algo familiar en su ancho y liso rostro, algo en el brillo de sus ojos y en la
comisura de sus labios mientras sonrea algo nerviosa. Haba algo clido en ella, Entreri
lo presenta en algn lugar en el fondo, como si la mera presencia de ella hubiera sacado
en l recuerdos largamente olvidados y an no comprendidos del todo sobre tiempos y
lugares mejores.
Ella mir para su lado y qued atrapada por su mirada. Por un largo tiempo, pareci que
un aura tangible creca en el aire entre ellos.
Como lo promet, Mariabronne, traje a mi sobrina Arrayan Faylin y a su escolta
Olgerkhan, dijo Wingham rompiendo el momentneo encantamiento.
Arrayan pestae, se aclar la garganta y desvi su mirada.
El libro estuvo perdido por un tiempo para nosotros, explic Mariabronne a los
dems. Fue Arrayan quien lo descubri y al crecimiento de ste en el norte de la
ciudad. Fue ella quien primero lo reconoci este oscuro poder y alert al resto de
nosotros.
Entreri mir a la mujer y despus a Jarlaxle, tratando esforzadamente de mantener el
pnico fuera de su expresin. Los recuerdos de la torre en las afuera de Heliogabalus
enterraron aquellos de una lejana e inalcanzable calidez, y el hecho de que esta mujer
estuviera de alguna manera conectada a la maldita construccin del Rey Brujo hera la
sensibilidad de Entreri.
Se detuvo y consider esa sensacin.
Por qu debera importarle?

La mirada que le dio Entreri a Arrayan cuando Wingham la present no le pas


desapercibida a Jarlaxle. Ni tampoco al enorme escolta del otro lado de Arrayan, not el
drow.
Tambin Jarlaxle haba sido tomado desprevenido cuando mir por primera vez a la
sobrina de Wingham, ya que la atractiva mujer era difcilmente lo que habra esperado
de una semi orco. Claramente era favorecida por su herencia humana mucho ms que su
padres, o abuelos orcos o ms que eso, Jarlaxle vio una similitud en Arrayan con otra
mujer que haba conocido- no humana, sino halfling.
Si Dwahvel Tiggerwillies hubiera tenido una prima humana, hubiera lucido mucho
como Arrayan Faylin. Quizs eso haba hecho saltar el obvio inters de Entreri.
Jarlaxle pens que la vuelta del asunto era perfectamente divertida. Un poco peligrosa
tal vez, dado el tamao de la escolta de Arrayan, pero de nuevo, Artemis Entreri poda
cuidar de s mismo.
El drow se movi para unirse a su compaero mientras los otros se acomodaban cerca
del borde norte del montculo. Entreri estaba del lado ms alejado, vigilando los
extremos del sur, la corta expansin de terreno entre el campamento y el muro de la
ciudad.
Un castillo, le musit Entreri al tiempo que Jarlaxle se mova para agazaparse a su
lado. Un maldito castillo. Ilnezhara te cont sobre esto.
Por supuesto que no, replic el drow.
Entreri volte su cabeza y lo mir fijamente. Vinimos hacia el norte a Vaasa y justo
resulta que nos topamos con algo similar a lo que dejamos atrs en Damara? Una
coincidencia asombrosa, no ests de acuerdo?
Te dije que nuestras benefactoras crean que poda haber tesoros para encontrar,
respondi inocentemente el drow. Se acerc ms y baj la voz mientras agregaba, La
apariencia de la torre en el sur indica que otros tesoros pueden ser desenterrados pronto,
si, pero yo te dije sobre esto.
Tesoros? le lleg el eco escptico. As es como llamas a este castillo?
Potencialmente...
Ya te has olvidado con lo que nos enfrentamos en la torre?
Ganamos.
A duras penas escapamos con vida, arguy Entreri. Sigui la mirada de preocupacin
de Jarlaxle de vuelta al norte y se dio cuenta de que deba mantener su voz baja. Y
qu ganamos?

La calavera.
Por mi guantelete? Difcilmente un trueque justo. Y cmo te propones batallar contra
esta construccin ahora que no est ms el guantelete? Te ha dado Ilnezhara algn
artefacto sobre el que no tengo conocimiento, o alguna pista?
Jarlaxle luch por mantener su expresin en blanco. Lo ltimo que quera hacer en ese
momento, dada la naturaleza de la mirada de Entreri a Arrayan, era explicarle la
conexin entre Herminicle el hechicero, Herminicle el lich y la torre misma.
El sentido de aventura, mi amigo, fue todo lo que Jarlaxle dijo. Un gran artefacto
Zhengyiniano, un tomo, quizs, o alguna otra pista, nos espera dentro. Cmo podemos
no explorar esa posibilidad?
La cueva de un dragn a menudo contiene grandes tesoros, artefactos incluso, y a todas
luces semejante cacera constituira la mayor de las aventuras, contradijo Entreri con
un disimulado sarcasmo. Tal vez, cuando terminemos aqu, nuestras 'benefactoras' nos
den los mapas para llegar a sus distantes parientes. Un camino de aventura tras otro.
Es un pensamiento.
Entreri tan solo sacudi su cabeza lentamente y volvi su mirada de vuelta hacia la
tierra del sur y al distante muro de Palishchuk.
Jarlaxle se ri y lo palme en el hombro cuando se levant y comenz a alejarse.
Hay conexiones entre nuestros compaeros que no entendemos del todo, dijo Entreri
haciendo que el elfo oscuro de detuviera por un momento.
Jarlaxle estaba contento de que su compaero se mantuviera tan astuto y alerta como
siempre.

Qu es lo que te pasa decrpito patn? rugi Athrogate mientras se aproximaba a


Canthan en la lejana ladera occidental del montculo, en donde el hechicero haba
establecido su tienda- una tienda comn en forma de V invertida apropiada para uno,
quizs dos, si era tan delgado como el hechicero.
Mantente callado, tonto, le susurr Canthan desde dentro de la tienda.
Ven aqu.
Athrogate ech una mirada alrededor. Los otros parecan perfectamente contentos y
ocupados en sus propios asuntos. Practus y Ellery trabajaban en el fuego, cocinando
algo que ola bien, pero en verdad, no haba comida que no oliera bien para Athrogate.

En el extremo norte de la plana superficie de la colina, Arrayan y Olgerkhan se sentaban


mirando la oscuridad, mientras al frente, hacia el sur, el maldito elfo oscuro haba ido a
reunirse con su moreno amigo.
Athrogate saba que Mariabronne estaba por all en la noche, junto con el extrao semi
orco, Wingham. Con un encogimiento de hombros, el enano de barba negra se puso de
rodillas y se arrastr hasta la tienda de Canthan. No haba luz all ms que el resplandor
de la fogata, pero Athrogate no necesitaba ms para darse cuenta de que estaba solo en
la tienda. Pero de dnde haba venido la voz de Canthan?
En qu andas? pregunt Athrogate.
Qudate callado tonto, y sube aqu.
Sube? Mientras se mova hacia la voz, el rostro de Athrogate roz contra una cuerda
que colgaba desde el vrtice de la tienda. Sube?
Trepa por la soga, le lleg un spero susurro desde arriba.
Le pareca tonto al enano, ya que si se tena que poner de pie, su cabeza levantara la
tienda desde el suelo. Haba estado junto a Canthan el tiempo suficiente como para
entender las extraas maneras del hechicero, sin embargo, con otro encogimiento de
hombros, tom la soga y comenz a trepar. Tan pronto como sus dobladas piernas se
despegaron del suelo, Athrogate sinti como si hubiera dejado los confines de la tienda.
Sonriendo maliciosamente, el enano movi sus poderosos brazos con ms urgencia,
subiendo la soga con sus manos. En lugar de haberse topado con la slida barrera del
techo de la tienda, se encontr en cambio con una extraa rea neblinosa, una hendidura
mgica entre las dimensiones. Se precipit por ella y se le acab la soga- simplemente
se terminaba en medio del aire!
Athrogate se arroj hacia adelante dando una voltereta, aterrizando sobre una suave
alfombra. Se tambale hasta quedarse sentado y se encontr en una habitacin bastante
grande, quizs de unos seis metros cuadrados, y bien amoblada con varias alfombra de
felpa, una par de sillas de madera dura, y un pequeo pedestal encima sobre la cual
descansaba una bola de cristal. Canthan escudri dentro del orbe.
Bueno, dijo Athrogate, Si ibas a traer tales comodidades como estas sillas, entonces
porqu estableces una tienda para que un enano entre de rodillas?
Canthan le hizo una dems de impaciencia, y el enano suspir ante el rechazo de su
esforzada astucia. La hizo a un lado, se par y camin por la suave alfombra para
sentarse frente al esqueltico hechicero.
Halflings desnudas? le pregunt con un guio lascivo.
Nuestras respuestas, de Knellict, ni ms ni menos, dijo Canthan invocando una vez
ms el nombre del imponente hechicero para robarle la sonrisa de la expresin de
presumido de Athrogate.

El enano arrim su rostro hacia la bola de cristal, mirando dentro. Su rostro


salvajemente distorsionado llen el globo y eso provoc un chillido de Canthan, quien
cay de espaldas y lo mir furioso.
No he visto ni trucha, dijo Athrogate. Excepto tu cara delgaducha!
Slo un hechicero puede mirar en la bola. Un enano solo puede mirar a travs de ella.
Entonces para qu me has pedido que suba? pregunt Athrogate, recostndose en la
silla. Ech una mirada alrededor de la habitacin, y not una llameante chimenea justo
en frente con una olla sobre el fuego. Tienes algo bueno para comer?
Los espas de la ciudadela han buscado a lo largo y ancho por respuestas, explic
Canthan. Todo el camino hasta Calimport.
Nunca o sobre eso. Es un lugar?
Sobre las lejanas costas del suroeste de Faerun, dijo Canthan, aunque Athrogate no
estaba para nada impresionado.
All es de donde nuestros amigos- y ni siquiera se han cambiado los nombres- son
originarios. Bueno, el drow vino de Menzoberranzan.
Nunca o sobre eso tampoco.
No importa, replic el hechicero. Los dos estuvieron en Calimport no hace mucho
tiempo, acompaados por muchos otros elfos oscuros de la Antpoda Oscura.
S he escuchado sobre eso, y si, de ah es de donde vienen los elfos oscuros.
Cllate.
El enano suspir y se encogi de hombros.
Trataron de conquistar las callejuelas de la ciudad, dijo Canthan.
Y las calles no se rendan, verdad?
Una vez ms el hechicero entrecerr los ojos y mir furioso al enano.
Fueron en contra de las cofradas de ladrones, las cuales son muy parecidas a las de
nuestra propia ciudadela. Este tal Jarlaxle busc controlar los rateros y asesinos de
Calimport.
Athrogate consider eso por unos momentos, y luego puso una expresin ms seria.
Piensas que viene aqu queriendo hacer lo mismo?
No hay indicativo de que hayan trado aliados con ellos, por todo lo que he visto,
explic el hechicero. Quizs ellos han apocado y han entendido su lugar entre nosotros.
Quizs no, y si no es as...

Si, ya s, los mataremos hasta que mueran en batalla, dijo el enano aparentemente
aburrido.
Ellery est preparada para encargarse del drow.
Bah, yo puedo aporrearlos a los dos y terminar de una vez.
Canthan se adelant velozmente, sus ojos abiertos, con una expresin salvaje. Los
sobrestimas! le advirti. Este no es un do comn. Han viajado a lo largo de Toril, ya
para que un drow haga tal cosa, no es asunto menor.
Si, si , si, concord Athrogate, palmeando el aire con su torcida mano para calmar al
voltil hechicero. Cudate y presta atencin y todo eso. Sobre todo eso.
Al contrario que tus tpicos mtodos.
Unos que me han llevado a donde estoy. Hizo una pausa y se levant de un salto, se
inspeccion rpidamente, e incluso pareci que contaba sus dedos. Con todas mis
partes intactas, y qu sabes de eso?
Cllate.
Sigue dicindolo.
Te olvidas de porqu vinimos aqu? Knellict nos envi con un propsito.
Si, si, si.
Estate preparado, dijo Canthan. Si las cosas se ponen feas, entonces podemos esperar
que Ellery termine con el drow. El otro es tarea tuya.
Athrogate chasque los dedos en el aire.

Incluso con Athrogate an sentado all, Canthan prosigui trabajando en un segundo


plan, por si acaso. Pero se detuvo en seco, dndose cuenta por la presuntuosa expresin
del enano de que el poderoso Athrogate realmente no consideraba que era necesario. En
verdad, y considerando los muchos enemigos que haba visto a Athrogate despachar
fcilmente, tampoco lo haca Canthan.

La Comandante Ellery corri hacia el lado oriental del montculo. Hacia su izquierda
apareca la creciente rplica del Castillo Peligroso, Palishchuk a su derecha pareca
empequeecer por la mera grandiosidad de la nueva construccin. Frente a ella se
levantaban los picos del noreste de las Galenas, expandindose hacia el norte para
chocar contra los gigantes tmpanos del Gran Glaciar.
Ellery entrecerr los ojos y se agach, tratando de alterar el ngulo del negro horizonte,
ya que capt un movimiento all abajo cerca de la negra oscuridad.
Qu fue eso, entonces? pregunt Practus el enano, apresurndose a su lado.
Ellery sacudi la cabeza y lentamente sac su hacha del arns en su espalda.
Frente al camino, Entreri y Jarlaxle lo notaron tambin, al igual que Olgerkhan y
Arrayan.
Una forma ms negra que las sombras se cerni por encima de la comandante, pasando
volando con alas de murcilago. Ellery cay de espalda con un chillido, al igual que
Practus, pero entonces, actuando por puro instinto, la mujer llev atrs el brazo con su
hacha, sujet el mango con ambas manos, y envi volando el extremo de su arma hacia
el agresor que se aproximaba. El hacha golpe con un ruido sordo y crujido, y la
criatura alada se tambale ms alto en el cielo. Ellery se agach mientras ste se
precipitaba sobre ella.
Demonios! aull Pratcus cuando vio a la bestia al resplandor de la fogata, la luz haca
relucir sus manos y pies en forma de garras, y sus odiosa cabeza con cuernos. Era un
humanoide con amplias alas. Ms alto que Pratcus, pero ms bajo que Ellery, la criatura
era ambas cosas, slida y nervuda.
Grgolas, corrigi Jarlaxle desde un costado.
La obsidiana criatura araaba el hacha de Ellery que ella haba incrustado
profundamente en su pecho, una oscura sangre flua a ambos lados del filoso corte.
Permaneci extendido horizontalmente por un tiempo ms, pero luego se fue de cabeza
y se estrell y rod por la ladera del montculo.
Ellery fue tras ella en un segundo.
Viene ms! grit ella.
Cay de rodillas junto a la grgolas cada, tom su hacha con ambas manos y la liber.
Detrs de ella, Pratcus ya estaba realizando hechizos, llamando la magia de Dumathoin,
el dios enano, el Guardin de Secretos bajo la montaa. Termin con un gran ademn,
levantando sus brazos abiertos en alto, y mientras pronunciaba la ltima slaba del
hechizo, una explosin de brillante luz llen el aire alrededor de ellos, como si el mismo
sol se hubiera levantado.
Y en esa luz, el enano y los otros vieron que las palabras de Ellery haban dado en el
blanco, ya que oscuras figuras revoloteaban hacia ellos al borde de la resplandeciente
magia.

Comienza la diversin, le dijo Entreri a Jarlaxle.


Desenfund su espada y su daga y carg hacia adelante al combate, virando en el
camino, aunque casi no estaba consciente de eso, para acercarse a la mujer Arrayan.
Formen defensas! grit Ellery. Una llamada de Mariabronne desde algn lugar abajo
de la colina hizo que ella y los otros se dieran vuelta. Formaciones cerradas! chill
mientras brincaba por el borde de la elevacin y desapareca en la noche.
Entreri se lanz adelante en una voltereta al tiempo que una grgola se precipitaba sobre
l, las garras traseras de la criatura rasguaban el aire encima del asesino. Se enderez
acuchillando y cercen la pata de la grgola antes de que pudiera ponrsele fuera de
alcance. Entreri no pudo seguirla ya que una segunda estaba sobre l, con los brazos
batindose furiosamente. La criatura trat de acercarse para morderlo o cornearlo, pero
la espada de Entreri lleg desde arriba rodendola, forzndola a retroceder y llevando
ambos brazos sobre la izquierda del asesino. Entreri dio un paso adelante y a la derecha,
haciendo fintas con su daga mientras avanzaba. La grgola se volte y rod detrs de l,
pero el asesino intercambi armas, la espada en la izquierda y la daga en la derecha y
asindolas al revs. Avanz con su pie izquierdo, pero lo enterr en el suelo y se par en
seco, invirtiendo su impulso, contramarchando hacia la grgola que se acercaba. Una
garra rastrill su hombro, pero no era una herida seria. El asesino gustosamente
devolvi el golpe con uno propio, enterrando su daga profundamente con un poderoso
revs en el pecho de la grgola.
Como una buena medida, Entreri extrajo algo de la fuerza vital de la grgola a travs de
su hoja vamprica, y sinti la dulce tibieza cuando su herida san rpidamente.
Mientras se retiraba y se daba vuelta, Entreri lanz un revs con su espada tambin,
doblando la cara de la criatura y envindola al suelo dando tumbos. Complet el giro,
juntando las manos, y cuando se enderez, tena sus armas de nuevo en una posicin
ms cmoda, la Garra de Charon a su derecha, y la daga enjoyada a la izquierda.
Entreri ech una rpida mirada a su derecha para ver a Arrayan, Olgerkhan y al enano
Pratcus formados en un slido tringulo defensivo, y luego a la izquierda donde Jarlaxle
contraa y estiraba sus brazos enviando una retahla de dagas a las grgola que pasaban
volando.
La criatura se alz con las alas desplegadas para atrapar el aire. Plane por un segundo,
aceptando otro golpe punzante, luego maniobr en medio del aire y se precipit con
fuerza sobre el drow.
Jarlaxle se encontr con la mirada de Entreri slo por un segundo, le ofreci un guio
exagerado, y luego cre n globo de oscuridad, oscureciendo completamente su forma y
el rea a su alrededor.
Entreri no pudo evitar fruncir el gesto mientras la grgola se zambulla a toda velocidad.
Cualquier pensamiento que hubiera tenido de ir hacia su amigo dur poco, e
instintivamente se dej caer y rod cortando con su espada para defenderse de otra de
las encornadas criaturas. Otra ms estaba en el suelo y cargaba contra l, y su cojera le
indic que era la misma que haba acuchillado anteriormente.

Entreri dobl sus rodillas y levant sus caderas del suelo, arqueando su espalda. Con un
chasquido de sus msculos finamente tonificados, se puso de pie y recibi la embestida
con un fuerte golpe lateral que forz a la grgola a detenerse en seco.
La segunda cay detrs de l, pero el asesino no fue tomado por sorpresa. Se dio vuelta
al tiempo que la criatura aterrizaba, arremetiendo con la daga- sin ninguna oportunidad
de dar en el blanco pero simplemente para mantener a raya a la grgola.
Arriba y en crculos iba su espada, de derecha a izquierda , luego de izquierda a
derecha, y en esa segunda ronda, ya tena los ojos y brazos de la grgola siguiendo la
hoja de la espada. La espada sigui de la otra manera de nuevo, y la grgola tuvo que
retorcerse perdiendo el equilibrio. Entreri dej que la hoja fuera todo el camino hasta
que la punta estuvo
Entreri dej que la espada siguiera camino hasta que la punta estuvo derecha hacia
abajo. Se dio vuelta con ella y bajo ella, levantndola al igual que los brazos de la
grgola. De nuevo la criatura trat de esquivarlo, pero el movimiento de Entreri lo haba
puesto encima de la criatura. Se dej caer sobre la grgola, hundiendo la daga en el
costado de la criatura mientras caa.
El asesino recuper su equilibrio fcilmente, usando el peso de la grgola para
amortiguar su cada. Liber su daga mientras giraba para enfrentarse a la segunda,
acosadora grgola. Cruz la espada y arriba fue la grgola saltando alto tratando de
esquivarla, batiendo las alas. Entreri dej que las opacas cenizas negras de la espada
fluyeran y avanz hacia la grgola que pasaba por encima de l. Se agach bajo el muro
de ceniza y balance su espada hacia atrs para crear un segundo muro de cenizas.
Aun cuando las grgolas revoloteaban para analizar el enigma, Entreri apareci de
improviso a travs del velo, acuchillando con la espada y cortando con la daga por la
izquierda. Hizo un corte rpido por la derecha, en donde ya haba acertado antes, y se
adelant hundiendo la daga en el centro de las entraas de la criatura, seguido por una
media vuelta que le permiti asestarle un golpe a la grgola en medio de la cara con el
pomo de la Garra de Charon. Asi la daga del revs mientras la liberaba y luego
apual una, dos y tres veces la herida de la criatura.
Brinc hacia adelante como si fuese a enfrentar a la segunda grgola, su artimaa oblig
a la criatura a frenar su impulso , pero Entreri se par en seco y gir, su espada
cruzndose a la altura del hombro para tomar la cabeza de la bestia herida. Entreri se
rod hacia atrs, coordinndolo perfectamente la renovada aproximacin de la segunda,
la cual saltaba por encima de l mientras cargaba nuevamente. Lanz una pualada
arriba, cortando a la grgola cerca de la rodilla, y rod otra vez hacia atrs, ponindose
de pie detrs de la criatura mientras sta luchaba por darse la vuelta.
Demasiado lento.
Entreri le dio en el rin con su daga, y la grgola aull y se alej de un salto, girando
en el camino. Pero el asesino estaba justo ah con la Garra de Charon, movindola de
abajo a arriba. La grgola trat de bloquear el golpe y perdi un brazo por el esfuerzo.
Difcilmente se dio cuenta ya que el asesino presion hasta que la daga toc el fondo de
la cadera de la bestia.

Entreri retorci y tir con fuerza mientras se retiraba rpidamente, extendiendo su pie
izquierdo bien atrs y empujando la grgola hacia adelante un poquito. Lo
suficientemente cerca para la Garra de Charon.
Con la mano derecha, el asesino le asest un tremendo corte con la poderosa espada
desde la cara hasta la cadera herida. La criatura se estremeci, un sonido sobrenatural de
hecho, y se tambale un paso atrs, luego otro. Trat de batir sus alas para elevarse,
pero ya era demasiado tarde para eso, y con una mirada de confusin al asesino, cay
muerta.

Unos rayos de una luminiscencia verde salieron de los dedos de Arrayan, quemando una
grgola que los atacaba. Uno tras otro, sus misiles mgicamente creados alcanzaban y
achicharraban a la criatura, y con cada uno de los misiles, sus pasos hacia ella se volvan
cada vez ms inseguros.
A pesar de ello, an vigilando a la mujer, Pratcus tema que la grgola fuera a
abalanzarse sobre ella. Hizo a un lado la vista- ella tendra que resistir!- y prosigui con
su encantamiento, brincando hacia Olgerkhan quien combata contra dos de las
criaturas, con su pesado garrote aplastando las garras que llegaban hasta l. Una magia
azulada fluy desde Pratcus hacia el enorme semi orco. Una energa curativa tapon la
sangre que flua de una de las heridas que haba sufrido el semi orco en el primer
intercambio.
Un grito desde el costado hizo que el enano girara en redondo, justo a tiempo para ver a
la grgola chocar contra Arrayan, ambos cayendo en revoltijo. El enano sali corriendo
hacia ella y aporre la parte trasera de la cabeza cornuda de la grgola con sus puos de
acero. Supo mientras haca las conexiones que los misiles de Arrayan ya haban
cumplido con la tarea. Sujet a la cosa muerta por los hombros y lo tir a un lado para
liberar a la mujer, luego tom la mano de Arrayan y la puso de pie.
La sangre corra libremente por la nariz rota de Arrayan, pero el enano no tena tiempo
para ese en ese momento. Dio media vuelta y comenz a realizar un hechizo, al igual
que Arrayan, aunque el canto arcano de ella sonaba nasal por la sangre en su boca. Los
misiles de ella salieron disparados primero, alcanzando ambos costados de Olgerkhan
para golpear a las criaturas con las que estaba luchando frenticamente.
Cierra los ojos! le grit Pratcus un segundo antes de que se disparara su
encantamiento.
Una explosin de luz brillante llen el rea alrededor de la batalla, y tanto Olgerkhan
como las dos grgolas retrocedieron horrorizados por la sorpresa. Sin embargo, antes de
que el enorme semi orco o Arrayan pudieran cuestionar la tctica del enano, el propsito
se torn obvio ya que la grgola a la izquierda de Olgerkhan comenz a revolotear
desesperadamente en el aire, aparentemente cegada. Olgerkhan fue hacia la de la
derecha. Balance su pesada cachiporra frente a l. Mientras la llevaba hacia la
izquierda, la solt de su mano. Hizo rodar el garrote bajo su brazo izquierda al tiempo

que prosegua balancendolo, llevndolo por detrs de su espalda, en donde lo atrap de


nuevo con su mano derecha. Hizo rodar el arma de modo que la parte trasera resaltaba
delante de l, y la atrap con su mano izquierda por la punta, arrojndola con fuerza
hacia el pecho de la tambaleante grgola mientras l tambin daba un paso adelante.
El impacto devastador hizo que la grgola se doblara en dos, y Olgerkhan dio un paso al
costado rpidamente y desliz su garrote de vuelta para que as tener sus dos manos
asiendo el mango nuevamente. Con un rugido, el rudo semi orco descarg su garrote
con un grandioso balanceo sobre la parte de atrs de la cabeza de la grgola y aplast su
cara contra el suelo. Olgerkhan fue en busca de la segunda grgola y Pratcus ya estaba
realizando otro hechizo de curacin para el guerrero cuando Arrayan dio un grito y vol
hacia adelante golpeada fuertemente por la punta de la cola de otra criatura que iba en
picada hacia ellos.
Pratcus volvi su atencin a la grgola que estaba a su lado, por supuesto, pero no antes
sin notar que Olgerkhan tambin, arqueaba su espalda ante un sbito dolor aunque nada
lo haba golpeado all. Sin tiempo para poder resolver el enigma, el enano se lanz a un
costado arrojando su pequeo mazo. La grgola la atrap por el mango, justo bajo la
punta con picas, pero eso era exactamente lo que haba esperado el enano. Las piernas
musculosas de Pratcus lo impulsaron lanzndolo hacia la criatura, y le arroj un gancho
que dio de lleno en pleno rostro de la grgola. Eso, y no la maza, era lo que Pratcus
prefera como mtodo de ataque, ya que usaba pesados guanteletes de acero, encantados
mgicamente para la batalla.
El enano sigui taladrando, presionando su rostro contra el pecho de la grgola. Solt su
maza y comenz a aporrear el pecho de la grgola con sus puos, cada uno de sus
golpes extrayendo un aullido y levantando a la grgola del suelo.
Junto a l, Arrayan se reorientaba en la batalla.
Un pesado ruido sordo llam la atencin de ella hacia Olgerkhan, su garrote enviaba
rodando a la grgola enceguecida, tan brutal era el golpe.
Arrayan capt un movimiento por el rabilo del ojo y tom su bolsito en donde guardaba
los ingredientes para los hechizos. Hizo un gesto con su mano y reuni su magia, y el
aire encima y al costado de Olgerkhan se llen con unas hebras finas y pegajosas.
Arrayan no tena nada sobre lo cual aposentar su red, as que no detuvo el descenso de
la grgola, pero para cuando la criatura toc el suelo entre ella y Olgerkhan, estaba toda
enredada y luchaba furiosamente para liberarse de los pegajosos filamentos.
Sus esfuerzo solo empeoraron su situacin cuando una segunda grgola pas volando
por encima de Arrayan, tropezando con los pies de la que estaba enredada en la red y
llevndosela por delante. Justo detrs de la figura abatida lleg Pratcus, aullando su
grito de batalla. Y Olgerkhan estaba all tambin, moliendo a palos los huesos de la
grgola con su pesado garrote. Esos golpes pronto disminuyeron, y Pratcus se volvi
para preguntarle al enorme semi orco. Esas palabras sin embargo quedaron atrapadas en
la boca del enano, cuando se dio cuenta de que Olgerkhan estaba boqueando, exhausto y
forcejeando. El enano lo observ con curiosidad sin entender. El guerrero no haba
sufrido golpes serios, y la pelea recin haba comenzado.

Sacudiendo la cabeza, Practus solo pudo darse la vuelta y buscar algo ms que golpear.

Entreri se preguntaba porque se molestaba siquiera en pararse de nuevo despus de dar


otra voltereta bajo las cercanas garras de una grgola que se abalanzaba sobre l.
Tambin de preguntaba por qu en los Nueve Infiernos el enano guerrero y el delgado
hechicero no se haban sumado todava a la refriega. Descubri que eso sera
prontamente remediado en cualquier caso, cuando una grgola derrumb la pequea
tienda del hechicero, desgarrando la tela de la misma.
Pero los dos no estaban all.
Los ojos de Entreri se entrecerraron mientras la tienda rodaba a un costado, dejando a la
grgola confundida ante la cuerda que colgaba en medio del aire. La grgola tirone
primero de la cuerda y luego escal por ella. Su cabeza y hombros desaparecieron en un
agujero extra dimensional. Hubo una resplandeciente llamarada y el cuerpo decapitado
de la grgola se tambale al suelo.
De la nada, salt Athrogate, con una de sus estrellas matutinas echando humo.
Djenme a los muchachos y ustedes peleen con las chicas, rugi. Ya que todos
saben que soy bueno en las rias!Buajaja!
Entreri rogaba que una docena de grgolas estrangulara a la pequea bestia.
Pareca que un par estuviera por hacer exactamente eso, bajando en picada a toda
velocidad pero las giratorias estrellas matutinas del enano las mantuvieron a raya, y
unos abrasadores rayos salieron desde el agujero extra dimensional. Al otro lado del
camino, Entreri qued claramente impresionado por ese estallido ya que fue tan intenso
su poder que las grgolas quedaron incineradas y fueron arrojadas al suelo. Vio la cara
de Canthan que se asomaba por encima de la soga, y supo que el hechicero de
apariencia frgil no era uno al que se deba tomar a la ligera.
Una tercera grgola, en el suelo, carg contra el enano, quien aullaba y arremeta a su
vez. La criatura se abalanz y agach su cabeza para ensartarlo con su cuerno, pero
Athrogate brinc y en una posicin similar, forzando un impacto con la frente de la
criatura antes de que pudiera poner en lnea el cuerno. La grgola y el enano rebotaron
hacia atrs, ambos mirndose mutuamente, y aparentemente con las piernas flojas.
Athrogate chill, Buajaja! de nuevo y lanz un escupitajo a la cara de la grgola.
Te marco con un escupitajo as s donde darte el porrazo! grit.
El enano dio un giro inesperado, arremetiendo con una de las estrellas matutinas que se
estrell contra la aturdida cara de la grgola. La cabeza de la criatura se torci hacia

atrs con los brazos abiertos, la grgola arque la espalda y qued mirando el oscuro
cielo. Athrogate torci su espada al tiempo que segua girando para que sus brazos
quedaran en diagonal, y la segunda punta con picas de la estrella matutina le dio de
lleno a la grgola.
La criatura cay al suelo y pareci rebotar, y pareci como si fuera a desarmarse.
El enano no se arriesg sin embargo, o lo estaba disfrutando demasiado. Ajust ms sus
armas y altern sus giros por encima de su cabeza, aporreando a la grgola varias veces,
arrojndola hacia atrs y ms atrs hasta que por fin dej a la cosa muerta en el suelo.
'Buajaja! chill el enano ,mientras cargaba en direccin a Pratcus y los dos semi
orcos.
Aunque se detuvo en seco, sus pesadas botas se hundieron en el suelo.
Entreri sacudi la cabeza y comenz a dirigirse al mismo lugar, pero luego se detuvo
cuando el enano se plant y dio media vuelta. Supo lo que haba llamado la atencin de
Athrogate, y se le hizo un nudo a la garganta mientras observaba un cuarteto de grgolas
que se abalanzaban sobre el globo de oscuridad del drow.
Jarlaxle! grit l.
El asesino hizo una mueca al tiempo que las grgola desaparecan dentro de la sombra
impenetrable .Aullido y gritos, chillidos de dolor y de sed de sangre surgieron desde
adentro.
Entreri casi no poda respirar.
Entra all, enano, se oy susurrar.

EL CAMINO DE JARLAXLE

Jarlaxle dej a Ilnezhara y Tazmikella discutiendo entusiasmadas las posibilidades de


la biblioteca de Zhengyi poco despus de que cayera la torre del lich. Tan pronto como
sali de la guarida del dragn, el drow se desvi del camino principal que llevaba de
regreso a Heliogabalus justamente. Deambul lejos en los yermos, hacia una arboleda
de oscuros robles, e hizo un rpido escrutinio del rea para asegurarse de que no haba
nadie alrededor. Se apoy contra un rbol y cerr los ojos, y reprodujo en sus
pensamientos la conversacin, viendo de nuevo las expresiones de las hermanas
mientras divagaban sobre Zhengyi.
Estaban entusiasmadas, claro, y quin poda culparlas? Pero haba algo ms en la
mirada de Ilnezhara cuando le haba hablado de la torre derrumbada. Un poco de
miedo, pens nuevamente.

Jarlaxle sonri. Las hermanas saban ms sobre el potencial de los tesoros de Zhengyi
de lo que demostraban, y teman a los artefactos que resurgan.
Por qu temera algo un dragn?
La mueca en el rostro de Ilnezhara cuando l le dijo que el libro haba sido destruido
centelle en sus pensamientos, y se dio cuenta de que haca bien al mantener oculto su
tesoro- la pequea gema en forma de calavera-escondida a salvo por un largo, largo
tiempo.
Ilnezhara no le haba credo completamente, sospechaba l, y eso nunca era algo bueno
cuando se trataba con un dragn. Saba sin dudas de que las hermanas dragonas
trataran de confirmar si l estaba diciendo la verdad. Por supuesto, como era su
naturaleza de acaparamiento, las dragonas desearan semejante tomo como el que
haba construido la torre, pero esa expresin en el rostro de Ilnezhara hablaba sobre
algo ms all de un simple y obvio deseo.
A pesar de sus mejores instintos el drow sac la diminuta calavera brillante, slo por
un momento. La apret fuerte en su mano y dej que sus pensamientos fluyeran hacia la
magia, aceptando cualfuera la ruta impuesta delante de l. Kimmuriel, el elfo oscuro
psionista que Jarlaxle haba dejado al mando de su banda mercenaria, Bregan
D'aerthe, haca tiempo le haba enseado una manera de obtener algo del sentido de
propsito de un objeto mgico. Claro que Jarlaxle ya saba una parte de las
propiedades de la calavera, ya que sin duda haba sido una gran parte de la creacin
de la torre. Entenda lgicamente que la calavera haba sido el conducto entre la fuerza
vital del tonto de Herminicle y el poder de creacin del tomo mismo.
Todas las tonalidades de colores se desvanecieron de la visin de Jarlaxle. Incluso en
la oscuridad de la noche l reconoca que se estaba moviendo en una especie de reino
visual alternativo. Al principio retrocedi, temiendo que la calavera estuviera tomando
su fuerza vital, que le estuviera succionando la energa vital y lo estuviera acercando a
la muerte.
Rpidamente se dio cuenta de que ese no era el caso sin embargo. Ms bien, el poder
de la calavera le estaba permitiendo a sus sentidos entrar en el reino inferior.
Sinti los huesos de una ardilla muerta justo bajo sus pies, y aquellos de muchas otras
criaturas que haban muerto en ese lugar. Aunque no sinti ninguna atraccin hacia
ellos, tan solo un reconocimiento, un entendimiento de que estaban all.
Pero s sinti un tironeo, muy claramente, y se dio vuelta y sali de la arboleda,
dejando que la calavera lo guiara.
Pronto estuvo parado sobre los restos de un antiguo y olvidado cementerio. Un par de
piedras podran haber sido indicadores, o quizs no, pero Jarlaxle supo con certeza de
que era un cementerio, donde cualquier otro merodeador que se topara con el lugar no
lo habra adivinado.
Jarlaxle sinti los cuerpos largo tiempo enterrados, yaciendo en prolijas hileras. Lo
estaban llamando, pens ...

No, se dio cuenta y abri los ojos de par en par y mir hacia la calavera. No lo estaban
llamando a l, estaban esperando que l los llamara.
El drow respir profundamente para calmarse. Not los restos de un enano y un
halfling, pero cuando se concentr en ellos, comprendi que no estaban conectados de
ninguna manera sino por el suelo en el cual reposaban y no estaban conectados de
forma alguna con el elfo oscuro.
Esta calavera estaba concentrada en su poder. Posea fuerza sobre los humanos- vivos
y muertos, as pareca.
Interesante, le susurr Jarlaxle al helado aire de la noche, y subconscientemente
mir hacia la direccin de la torre de Ilnezhara.
Jarlaxle sostuvo el artefacto brillante ante sus destellantes ojos.
Si inicialmente hubiera encontrado el tomo y hubiera efectuado el poder de creacin
con mi fuerza vita, la calavera que creci entre las pginas habra sido la de un
drow? pregunt.
Puede un dragn hacer una calavera que encontrara su conexin con los dragones
hace tiempo muertos?
Sacudi la cabeza mientras deca las palabras en voz alta, porque no sonaban
correctas para l. La disposicin de la calavera predispuso la construccin de la torre
y haba sido embebida dentro del libro antes de que el tonto humano Herminicle la
hubiera encontrado. El libro estaba predeterminado a ese resultado final, crea l.
Si, le eso sonaba mejor al anciano y mgicamente instruido elfo oscuro. Zhengyi ejerca
gran poder sobre los humanos y tambin haba dirigido un ejrcito de muertos, as
decan las historias.
Seguramente, la calavera era uno de sus artefactos para efectuar ese fin. Jarlaxle mir
hacia atrs de vuelta en la direccin de la distante torre.
No era un secreto que Zhengyi tambin haba dirigido una flota de dragones- de tipos
dispares que de algn modo haban sido reunidos bajo un propsito nico y bajo su
control.
La sonrisa del drow se ensanch y cay en la cuenta de que un viaje a Vaasa estaba de
hecho en su futuro.
Felizmente.

CAPITULO 13

EL CASTILLO VIVIENTE

Pratcus poda decir que los semi orcos a su lado estaban desfalleciendo, y l los
animaba frenticamente con palabras y oraciones. Llam a su dios para que bendijera a
sus aliados y les envi olas de curacin mgica, sellando sus heridas. A pesar de ello,
todava se desvanecan. Arrayan arroj explosiones de energa mgica destructiva, pero
su repertorio disminua rpidamente, y muchos de sus ataques mgicos no eran ms que
hechizos menores que molestaban ms que daaban verdaderamente al enemigo.
Nadie poda cuestionar la determinacin y bravura de Olgerkhan, mantenindose fuerte
como una roca contra la corriente de grgolas- al menos al principio. Eventualmente, el
enorme semi orco pareca ms un molde de sal, quebrndose y debilitndose, como si su
misma solidez estuviera decayendo.
Algo estaba mal, Pratcus lo saba. O el do no era tan formidable como aparentaban en
un principio o sus fuerzas se le escapaban demasiado rpido. Las grgolas parecan
presentirlo tambin. Cayeron sobre ellos ms furiosamente y directamente, y Pratcus

cay de espaldas mientras una cruzaba por encima de Olgerkhan, cuyo balanceo flojo de
la espada no fue lo suficiente cerca como para interceptarla, y se abalanz sobre el
clrigo.
Pratcus arroj sus manos arriba en defensa, esperando ser sobrepasado, pero not que la
grgola se mova extraamente, y otra vez. Al tiempo que el enano rodaba a un costado,
la criatura no reaccion sino que mantuvo su curso, estrellndose de frente contra el
suelo. Los ojos de Pratcus se abrieron de par en par cuando descubri dos flechas con
plumas sobresaliendo del costado de la cabeza de la grgola. El enano luch por
alcanzar el borde norte del montculo y vio a sus dos compaeros perdidos batallando
furiosamente. Ellery resguardaba el flanco de Mariabronne, su grandiosa espada hacia
grandes cortes a travs del aire, cortando los miembros de cualquier grgola que se
aventurara demasiado cerca. Con la guerrera protegindolo, Mariabronne, el legendario
Vigilante de Vaasa, pona su enorme arco a trabajar mortferamente, enviando hileras de
flechas surcando el oscuro cielo, casi cada una encontrando su blanco en el pellejo de
las grgolas que planeaban.
Los necesito! grit Pratcus, y los dos hroes atendieron al llamado e inmediatamente
marcharon hacia donde estaba el enano. Incluso ese momento estuvo perfectamente
coordinado, con Ellery rodeando a Mariabronne, protegiendo su retaguardia y ambos
costados, mientras que el arco del vigilante vibraba en una rpida sucesin de flechas,
despejando el camino delante de ellos de cualquier enemigo.
Se reunieron con Pratcus casi en el momento justo, ya que Olgerkhan estaba a punto de
colapsar. El semi orco, de rodillas, a penas se las arreglaba para defenderse contra una
grgola que pronto lo habra matado de no ser porque la flecha que arroj Mariabronne
le dio a la cosa en la garganta. Junto al enorme semi orco, Arrayan, sus hechizos
agotados, se mantena con una daga en la mano. Daba puntazos salvajemente, con
movimientos desequilibrados y exagerados, con cada corte dejando huecos en su
defensa que cualquier guerrero novato hubiera aprovechado fcilmente.
Ellery salt hacia el costado de Arrayan al tiempo que una grgola acorralaba a la mujer
semi orca, con sus brazos abiertos plenamente para envolverla en una abrazo fatal. Ese
impulso fue detenido cuando con un brusco tajo la guerrera enterr su hacha en el pecho
de la grgola.
Arrayan cay de espaldas con un chillido, tropezando al suelo. Ellery not una segunda
criatura que se aproximaba y trat desesperadamente de liberar su hacha, pero estaba
enganchada en una de las costillas de la criatura. Ellery se adelant con su escudo para
resguardarse pero saba que era vulnerable. El aullido de la grgola sin embargo no se
deba a su anhelo de victoria sino que era de dolor y sorpresa, debido a que un par de
flechas se clavaban en su pecho. Ellery se las arregl para echar una mirada atrs y
ofrecerle un asentimiento apreciativo a Mariabronne. El vigilante no se dio cuenta
porque ya estaba divisando a su prximo blanco, con el arco abaja y las flechas listas
para volar. A su lado, Pratcus respir con alivio.

Athrogate no pudo llegar al globo a tiempo y Entreri mir impotentemente como las
cuatro grgolas desaparecan en la oscuridad. Aullidos y chillidos surgieron
inmediatamente, una confusin de garras desgarrando carne y una cacofona de
berridos, fundindose y entremezclndose en una macabra cancin de muerte.
Jarlaxle susurr Entreri, y de nuevo supo que estaba solo.
Realmente estn haciendo un lo all, seal una voz familiar, y Entreri casi salt de
sus botas cuando se dio cuenta de que el elfo oscuro estaba parado a su lado.
Jarlaxle sostena una delgada varita metlica con un rub en la punta. La alarg y
pronunci una orden, y un diminuto chorro de fuego sali en forma de arco hacia el
globo de oscuridad. Notando el ngulo del diminuto rayo de fuego y la aproximacin de
Athrogate, casi le pareci a Entreri como si el drow se la estuviera arrojando al enano.
Entreri pens gritarle una advertencia a Athrogate pero luego supo que su llamado no
poda hacer nada para detener al comprometido guerrero. El diminuto rayo desapareci
dentro de la oscuridad.
Al igual que el enano.
Una explosin de llamas ilumin la noche, surgiendo desde el globo, y cuando acab, la
oscuridad se disip y seis grgolas yacan ardiendo sobre el suelo.
Athrogate corra hacia el otro lado, dejando un rastro de humo y una retahla de
coloridas maldiciones.
Un tipito rudo, seal Jarlaxle.
Peor todava, dijo Jarlaxle.

Por el camino, Canthan asom la cabeza por el agujero extra dimensional y miraba lo
que pasaba con gran diversin. Vio a Ellery y Mariabronne cargan para ayudar al enano
clrigo y a los dos semi orcos y se distrajo con el rugido de Athrogate-ese siempre
estaba rugiendo!- mientras el enano arremeta contra el globo de oscuridad.
Era un globo de drow, Canthan lo saba y si el elfo oscuro estaba adentro, el hechicero
solo poda esperar que las grgolas se encargaran pronto de l.
Una visin familiar, usualmente la de dejar de mirarse las propias manos, se cruz por
su campo visual, de derecha a izquierda, y la sigui rpidamente para terminar viendo al
elfo oscuro parado al lado de Entreri, varita en mano. Una mirada atrs hizo que
Canthan pusiera mala cara por su malhumorado aliado, pero era por puro instinto y
reaccin, ciertamente no porque le tuviera simpata al enano.

Athrogate sali por entre la bola de fuego, por supuesto, echando humo y maldiciendo.
Canthan a duras penas pudo prestarle atencin , ya que su mirada haba vuelto hacia
donde estaba Jarlaxle. Quin era este elfo drow? Y quin era ese mortfero
compinche, que permaneca en medio de una ineludible pila de carroa de grgolas
muertas? El hechicero no se menta a s mismo y se deca que no estaba impresionado.
Canthan haba servido a Knellict por muchos aos, y en la jerarqua de la Ciudadela de
los Asesinos, la supervivencia significaba nunca subestimar fuera a tus amigos o
enemigos.
Por qu ests aqu drow? le murmur a la noche Canthan.
En ese instante sucedi que Jarlaxle justo se volvi hacia su lado y obviamente lo
divis, ya que el drow lo salud tocndose la punta de su enorme sombrero emplumado.
Canthan se mordi el labio y se maldijo en silencio por su error. Debera haber lanzado
un hechizo de invisibilidad antes de asomar la cabeza.
Pero sospechaba que el drow lo habra visto de todas formas.
Dio un suspiro de impotencia, y sujet la soga, deslizndose por ella hasta aterrizar
sobre sus pies. Una rpida miraba a su alrededor le indic que la pelea haba terminado,
las grgolas haban sido destruidas y as con un chasquido de sus dedos, descart el
agujero extra dimensional.

El castillo est vivo, dijo Olgerkhan.


Estaba doblado por la mitad, resoplando y boqueando, y a los dems le pareca que era
todo cuanto poda hacer para mantenerse en pie y no dejarse caer de rodillas. A su lado,
Arrayan le puso una mano en el hombro, aunque ella pareca estar igualmente agotada.
Y ya estn creciendo ms ...grgolas, dijo el viejo Wingham, subiendo por la ladera
norte de la colina. Sobre las almenas, quiero decir. Inclusive a pesar de que esa fuerza
sobrevol en la noche, ms comenzaron a tomar forma en los lugares desocupados.
Bueno, he ah un encantador giro, seal Canthan.
Debemos derribar el castillo, declar Pratcus. Por la voluntad de Moradin, ninguna
abominacin como esa deber permanecer en pie! Aunque supongo que Dumathoin
querra averiguar cmo es que la magia de ese lugar puede hacer tal cosa.
Una pared alta de hierro y piedra, dijo Mariabronne. Derrumbarlo? Tiene
Palishchuk la capacidad de comenzar una empresa como esta? Por su tono, estaba claro
que la pregunta del guardabosque era una retrica.
Somos afortunados de que este grupo volara en nuestro camino, dijo [Link]
estragos podran ellos haber causado sobre la confiada gente de Palishchuk?

ya no ms confiados, entonces, concord el vigilante. Estableceremos las defensas.


O prepararemos la huida, agreg un Athrogate que rea disimuladamente por lo bajo.
El rey Gareth enviar un ejrcito si es necesario, dijo Ellery. Pratcus est en lo cierto.
Esta abominacin no permanecer en pie.
Ah, pero no seramos todos unos tontos si atacramos una tortuga armada a travs de
su caparazn? dijo Jarlaxle, atrayendo todas las miradas, particularmente la de Entreri.
Tienes una mejor idea? pregunt Athrogate.
Tengo algo de experiencia con estas construcciones Zhengyianas, admiti el drow.
Mi amigo y yo derrotamos una torre no muy distinta a esta, aunque mucho ms
pequea por supuesto, all en los alrededores de Heliogabalus
Athrogate levant una de sus cejas ante eso. Ustedes formaron parte de eso? Unos
das antes que ustedes- nosotros partiramos con la caravana hacia el Paso de
Bloodstone? Ese gran estruendo en el este?
As es, buen enano, replic Jarlaxle. Fuimos el bueno de Entreri y yo mismo quienes
tiramos abajo la torre y a sus malvados servidores.
Buajaja!
Entreri tan solo sacudi la cabeza mientras Jarlaxle haca una reverencia.
La forma de ganar, dijo el drow al tiempo que se enderezaba, es desde adentro.
Arrastrarse por debajo del duro caparazn hacia la suave barriga.
Suave? Esa s que es una palabra, seal un obviamente inquieto y sospechoso
Entreri, y cuando Jarlaxle dirigi su mirada hacia l, vio que su amigo tampoco estaba
demasiado feliz. Ni tampoco muy confiado, sus oscuros ojos le lanzaban dardos al
drow.
Te escuchamos, buen drow, le inst Mariabronne
El castillo tiene un rey- una fuerza vital que lo mantiene junto, explic Jarlaxle,
aunque claro est que no tena idea si estaba en lo cierto o no.
Ciertamente la torre en Heliogabalus haba colapsado cuando hubieron quitado la gema
del libro, y las hermanas le haban dicho que matando al lich hubiera sucedido lo
mismo, pero en verdad, no tena ms que una conjetura sobre la estructura mucho
mayor- y si la estructura era mucho mayor, entonces, qu pasaba con su rey?
Si destruimos esta fuerza vital, la torre- el castillo- se desbaratar prosigui el drow.
Todo lo que quedar de ello ser una pila de piedra y metal para que los herreros y
canteros revuelvan.

Not que mientras terminaba de hablar, ambos Arrayan y Olgerkhan se movan


inquietos. Eso le revel un montn.
Quizs sera mejor que alertramos al Rey Gareth, replic un dubitativo Mariabronne.
El Maese Wingham puede enviar corredores desde Palishchuk con ese fin, declar la
Comandante Ellery. Por ahora, nuestro camino est despejado- hacia el caparazn
entonces, y hacia el suave interior.
Eso lo dices por ti misma, bravucone Athrogate.
As es, buen enano, dijo Ellery. Entrar en el castillo al amanecer. Hizo una pausa y
los mir a cada uno por vez. Los traje hasta aqu en caso de una eventualidad como
esta. Ahora el enemigo est claramente frente a nosotros. Palishchuk no puede esperar a
que el mensaje llegue a la Aldea de Bloodstone y que se rena un ejrcito. Por eso es
que voy a entrar. No le ordenar a ninguno de ustedes que me siga, pero
Por supuesto que no tendrs que hacerlo, la interrumpi Jarlaxle, y cuando todas las
miradas se volvieron hacia l de nuevo, hizo otra reverencia. Nos aventuraremos por
una eventualidad como esta, y as a tu lado, permaneceremos.
A su lado, Jarlaxle poda sentir la mirada fija de Entreri que lo penetraba.
Buajaja! bram de nuevo Athrogate.
S, claro que debemos investigar esto ms a fondo, dijo Canthan.
Por Dumathoin! dijo Pratcus.
Todos ustedes, entonces, seal Wingham, junto con Arrayan y Olgerkhan,
derrotarn esta amenaza. De eso estoy seguro.
Esos dos? pregunt Athrogate con un gran Harrumph.
Representan lo mejor de Palishchuk, replic Wingham.
Entonces mejor que pongas a todo el maldito pueblo a correr ahora y te ahorres la
molestia!
Tranquilo, buen enano, dijo Canthan.
Pasaremos ms tiempo acarreando a estos dos que cazando al enemigo, gru
Athrogate. Yo no estoy para--
Suficiente, buen enano, dijo Canthan.
Arrayan sali del costado de Olgerkhan para enfrentar al furioso enano.
No fallaremos en esta, dijo ella.

Bah! se mof Athrogate, y dio media vuelta.


Dos reemplazantes para nosotros dos, le susurr Entreri a Jarlaxle mientras se
encaminaban hacia sus respectivas bolsas de dormir.
No desears perderte esta gran aventura, claro est.
Lo supiste todo el tiempo, le acus el asesino. Las hermanas nos enviaron hasta aqu
precisamente para esto.
Ya hemos pasado por esto, le respondi el drow. Se ha abierto una biblioteca y la
aventura recin comienza.
La torre que derrotamos no le servira ni de garita a esta estructura, le advirti Entreri.
Y ese lich estaba ms all de nosotros.
El lich fue destruido.
Al igual que mi guante.
Jarlaxle dej de caminar y mir fijamente a su amigo por unos instantes.
Un buen punto, le concedi finalmente, pero no te preocupes, ya que encontraremos
la manera.
Es esa la mejor respuesta que puedes encontrar?
Siempre encontramos una manera.
Y supongo que siempre lo haremos?
Por supuesto.
Hasta la ltima vez. Habr una nica ltima vez.
Jarlaxle lo consider por unos momentos.
Luego se encogi de hombros.

La primera vez que se caigan esos dos solo me darn un lugar ms blando en donde
posar mis botas, farfull Athrogate, sentado sobre la desgarrada tela que haba sido la
tienda de Canthan. Sigui gruendo sus interminables quejas, pero el hechicero no lo
estaba escuchando. Los ojos de Canthan estaban centrados al otro lado del camino, en
donde Wingham se sentaba con Arrayan y Olgerkhan.
Algo no estaba bien en esos dos.

Qu? Qu? le pregunt el enano, aparentemente prestando atencin al hecho de que


no lo estaba escuchando y no lo disfrutaba mucho tampoco. Canthan comenz a realizar
un hechizo rpido, y una forma traslcida, casi con forma de oreja, apareci flotando en
medio del aire frente a l. Sopl sobre ella y se desliz, planeando hacia la conversacin
del lado oriental del campamento. La mujer, Arrayan, se alej dejando a Wingham solo
con el bruto Olgerkhan. Y con Canthan, aunque por supuesto que Wingham no lo saba.
Ya sabes nuestro trato, dijo el viejo semi orco, su tono grave.
Lo s.
No debe llegar demasiado lejos, dijo Wingham. No puede haber demora, ni dudas en
tu mano si el golpe fatal es necesario.
Lo s! gru el semi orco ms corpulento.
Olgerkhan, yo estoy tan herido por esta posibilidad como t. Dijo Wingham. Esto no
es ni mi eleccin ni mi deseo. Solo seguimos el nico camino posible, sino todo estar
ya perdido.
Su voz se calm y Olgerkhan contuvo su respuesta cuando Arrayan se acerc
nuevamente a ellos.
Interesante, musit Canthan.
Qu? Qu? lo apur Athrogate.
Nada, tal vez, dijo el hechicero, volviendo su rostro a su amigo. Volvi su mirada
hacia el otro lado del camino mientras aada, O tal vez todo.

Boca abajo, con los brazos atados a la espalda, su cabeza encapuchada, Nyungy haba
perdido de todo menos las esperanzas. Resignado a su destino, ya ni siquiera gritaba.
Pero de pronto una mano tom su capucha y la retir gentilmente, y el viejo sabio se
encontr mirando la cara de su amigo.
Cuntos das? dijo ahogadamente a travs de sus labios secos y resquebrajados.
Slo dos, replic Wingham. Trat de venir antes, pero Olgerkhan... Termin con un
suspiro y sostuvo en alto sus muecas, con restos de cuerdas cortadas todava colgando
de ellas.
Tu amigo se ha vuelto loco!

Protege a la muchacha.
Tu sobrina. No haba forma de esquivar la acusacin en ese tono.
Wingham mir con dureza a Nyungy, pero solo por un instante, luego se corri y
comenz a desatarlo. Simplemente asesinar--
No es asesinar, sino que ella misma se lo busc.
Inconscientemente.
Irrelevante. Dejaras que la ciudad corriera peligro slo por una muchacha? le
pregunt el sabio. Otra vez Wingham levant sus muecas, pero Nyungy era demasiado
astuto como para caer en esa trampa.
Juegas un juego peligroso aqu, Wingham.
Wingham dio un suspiro y dijo, El juego haba comenzado antes de que yo supiera
siquiera los peligros, y una vez puesto en marcha, no hubo otro curso delante nuestro.
Podras haber matado a la muchacha y acabar con ello.
Wingham se detuvo por un momento. Vamos, le rog a su viejo amigo. Debemos
preparar a la ciudad.
Dnde est la muchacha?
Han llegado hroes de la Puerta de Vaasa.
Dnde est la muchacha?
Fue al castillo.
Los ojos de Nyungy se abrieron tanto que parecan que iban a salirse de sus cuencas.
Con la Comandante Ellery, sobrina de Gareth Azotadragones, explic Wingham, y
con Mariabronne el vigilante.
Nyungy se le qued mirando, luego asinti y pregunt, Est Olgerkhan con ella?
Con rdenes de no permitir que la estructura se la lleve. A cualquier precio.
El viejo sabio consider todo esto por un momento.
Demasiado peligroso, decidi con una sacudida de cabeza, y pas caminando al lado
de Wingham.
A dnde vas?

Acaso no dijiste que tenamos que ir y preparar la ciudad? Pero prepararla para qu?
Para la defensa o para la huida?
Para un poco de ambas, me temo, concedi Wingham.

SECRETOS POR DENTRO


SECRETOS POR FUERA

Muchas veces a lo largo de su viaje de regreso al aposento que comparta con Entreri,
Jarlaxle sacaba la brillante gema violeta de su bolsillo. Muchas veces la sostena ante
sus ojos, sopesando las posibilidades escondidas dentro de sus facetas con forma de
calavera mientras recordaba vvidamente las sensaciones en el cementerio. Era un
poder, necromancia, de la que Jarlaxle saba poco, y una que haba enganchado su
curiosidad. Qu ganancias poda obtener de esa gema prpura?
El libro que la haba ocultado haba sido destruido. Al igual que la torre que haba
creado alimentndose de la fuerza vital de Heminicle. Todo lo que quedaba eran
escombros y fragmentos. Pero la gema sobrevivi , y titilaba con poder. Era el
verdadero premio. El libro haba sido el glaseado, tan dulce como todo lo que

espolvoreaba Piter sobre sus creaciones, pero la gema, la calavera violeta, era la torta
en s. Si sus poderes podan ser guarnecidos y utilizados...
Para construir otra torre quizs?
Para encontrar una mejor conexin con los muertos? Para informacin?
Para encontrar aliados entre los muertos?
El elfo oscuro a duras penas poda contener su sonrisa. Adoraba tanto examinar los
nuevos juguetes mgicos, y su casi desastrosa sociedad con el infame artefacto
Crenshinibon, La Piedra de Cristal, haba hecho poco para desalentar su insaciable
curiosidad. Deseaba que Kimmuriel estuviera disponible para l, ya que el drow
sionista poda desentraar los ms profundos misterios mgicos con facilidad. Si tan
solo Jarlaxle hubiera encontrado la gema calavera antes de su ltimo encuentro con su
lugarteniente.
Pero tendra que esperar semanas para su prxima cita pactada.
Qu puedes hacer por mi? le susurr a la gema y tal vez fuera su imaginacin, pero
el artefacto pareci llamear con ms mpetu.
Y ese artefacto Zhengyiano era de poca relevancia, hablando comparativamente, si el
miedo en los ojos de Ilnezhara serva de indicio. Qu otros tesoros yaca por all
esperando por l y Entreri? Qu otros juguetes haba dejado esparcidos por ah
Zhengyi para acarrearle el mal a sus vencedores?
Poder para derrocar a un rey quizs?
O poder para crear un rey?
Ese ltimo pensamiento qued colgando en el aire, esperando a que el drow lo tomara
para examinarlo.
Consider la ruta que l y Entreri haban recorrido para llegar a Heliogabalus en las
quietas e indomables Tierras Bloodstone. Eran aventureros errantes, usureros vestidos
de hroes. Viviendo libres y corriendo libres, sus espaldas al viento, fuera por
cualquier camino que el viento soplara.
No los guiaba ningn propsito, excepto el deseo del drow por una nueva experiencia,
alguna emocin diferente de las que lo haban rodeado por tantos siglos. Lo mismo
para Entreri?
No, pens Jarlaxle. No era la atraccin por nuevas experiencia solo que conduca a
Entreri, sino otra necesidad que el asesino probablemente no comprenda ni l mismo.
Entreri no saba por qu se quedaba junto a Jarlaxle en su serpenteante camino. Pero
Jarlaxle lo saba, y l tambin lo saba, de que Entreri se quedara con l mientras que
esa ruta los llevara ms lejos hacia el norte y hacia las tierras salvajes de Vaasa y la
promesa de un tesoro ms grandioso incluso que la gema calavera.

Cmo reaccionara Entreri si Jarlaxle decidiera que deberan quedarse por un


tiempo- por siempre, tal vez, como en las medidas de la vida humana? Si los artefactos
Zhengyianos caan en sus manos, con el poder de derribar o erigir un reino, Entreri
participara gustosamente?
Un viaje a la vez, decidi Jarlaxle, mientras suba por las escaleras de madera que
llevaban al balcn del segundo piso del aposento.
El sol ya estaba arriba para entonces, ardiendo a travs de la gruesa niebla del cielo
oriental. Jarlaxle se detuvo all para considerar las palabras de despedida de las dos
hermanas dragonas:
Los secretos de Zhengyi eran mayores que Zhengyi. La gente de Damara, el Rey
Gareth ms que nadie, rogaban que esos secretos murieran con el Rey Brujo, haba
dicho con seguridad Ilnezhara.
Pero ahora sabemos que no fue as, haba agregado Tazmikella.
Algunos de ellos al menos, han sobrevivido.
Jarlaxle record las palabras y revivi aun ms vvidamente el timbre con el que
haban hablado, la reverencia e incluso el temor. Record la mirada en sus respectivos
ojos, centelleando con avidez, intriga y terror.
Con todo respeto, Rey Gareth, le dijo Jarlaxle al neblinoso aire matutino, esperemos
que poco haya sido destruido.
Mir abajo hacia la calle al pequeo negocio que le haba establecido a Piter el
panadero. Las puertas no estaban abiertas todava, pero Jarlaxle saba que su
corpulento amigo no le negara la entrada.
Un instante despus, Jarlaxle suba las escaleras, sabiendo que la primera batalla en su
nueva ruta, la de convencer al agrio y aun hiriente Entreri yaca detrs de su puerta
con mltiples cerraduras.

CAPITULO 14

EL MUNDO ALTERNATIVO DE Z H E N G Y I

Tan completo estaba la construccin del castillo para cuando los nueve compaeros se
aproximaron a las puertas del frente a la maana siguiente, que encontraron un camino
de losa fantstico y bien diseado que llegaba hasta ellos. Sobre los muros a cada lado
del rastrillo cerrado, grgolas a medio formar les echaban una mirada de reojo a la tropa
que se aproximaba, y en los pocos minutos que les llev llegar hasta el rastrillo, esas
estatuas tomaron una forma ms definida.
Estarn listas para lanzarse al cielo de nuevo esta noche, percibi Mariabronne.
Wingham hara bien en forzar a Palishchuk a que tomen una fuerte postura defensiva.
Como si fuera a servirle de mucho, gru Athrogate.
Entonces apresurmonos en nuestra tarea, replic Ellery.
Nosotros hroes, musit Entreri por lo bajo, para que solo Jarlaxle , quien permaneca
justo a su lado al ltimo de la fila, pudiera escucharlo.
El drow estaba a punto de responderle, pero sinti un sbito tirn en su sensibilidad.
Siniestra seguro de lo que eso podra significar, Jarlaxle puso una mano sobre su botn
mgico del chaleco, en donde tena guardada la gema en forma de calavera. Una mirada
de preocupacin centelle sobre su rostro anguloso. Sera posible que las gemas

mgicas pudieran llamarse la una a la otra? Le haba errado al traer su gema calavera
tan cerca de la nueva construccin?
Mariabronne fue el primero en llegar al rastrillo, sus picas de acero eran tan gruesas
como sus brazos. Espi a travs de los barrotes hacia el vallado inferior del castillo.
Parece vaco, inform mientras los otros se le acercaban.
Puedo conseguir un arpeo sobre el muro, quizs, y localizar el elevador.
No hay necesidad, dijo Canthan, y el delgado hechicero asinti a Athrogate.
Bah! se mof el enano y comenz a moverse haciendo a un lado con amabilidad a
Mariabronne. Me voy a sacar las entraas, maldito mago.
Todos tenemos nuestras utilidades, le replic Canthan a l. Sin embargo, algunos de
nosotros las usamos sin tanta charlatanera.
Algunos de ustedes se sientan y menean los dedos mientras algunos de nosotros
detenemos garrotes con la cara.
Menos mal que no hay demasiada belleza que robar entonces.
Bah!
Los otros siete escuchaban divertidos, pero la chanza fue considerara ms astutamente
por Entreri y Jarlaxle.
Esos dos suenan un poco familiar, se lament Entreri.
Aunque no gracioso y all es donde yace el truco, dijo el drow.

Athrogate escupi en sus manos y se sujet al rastrillo, con las rodillas inclinadas.
Gru y trat de enderezarse, sin resultado, por lo que dio otro rugido, escupi en sus
manos de nuevo, y reacomod su agarre.
Una ayudita, si no les importa, dijo.
Mariabronne sujet el rastrillo de un costado del enano, mientras que ambos Pratcus y
Olgerkhan se colocaban del otro lado.
Ustedes no, pedazos de imbciles, refunfu el enano.
Detrs de ellos, Canthan complet las palabras de un hechizo y una ola de energa rod
de las manos del hechicero para extenderse sobre el enano. Los msculos se abultaron y
los huesos crujieron al tiempo que creca, y Athrogate se dilat hasta el tamao de un
hombre alto, y sigui creciendo.

Y otra vez! exigi el enano, con su voz ms resonante an.


Canthan pronunci un segundo encantamiento, y pronto Athrogate era del tamao de un
ogro, con sus ya musculosos brazos tan gruesos como viejos rboles.
Bah! gru con su estentrea voz grave, y con un rugido de desafo, comenz a
enderezar sus piernas.
El rastrillo gimi en protesta, pero el enano sigui presionando , levantndola del suelo.
Avancen! aull, pero incluso cuando lo deca, incluso cuando Entreri y Ellery se
sumergan debajo, Athrogate gru y comenz a doblarse, y los otros tres no pudieron
empezar a detener el descenso de la enorme barrera.
Entreri, con mucho el ms veloz al llegar al suelo, fue tambin el ms rpido para
detener su movimiento y darse vuelta, se las arregl para sujetar a la lanzada Ellery
mientras la desviaba lo suficiente como para que no quedara ensartada bajo las pesadas
picas del portn al tiempo que ste se estrellaba contra el suelo nuevamente.
La comandante grit, al igual que Arrayan y Pratcus, pero Canthan meramente se ri
por lo bajo y Jarlaxle atrapado por la curiosa sensacin de la gema calavera, no haba
siquiera escuchado la llamada o notado el levantamiento del rastrillo, ni mucho menos
la cercana prdida de uno de sus compaeros. Cuando mir a Athrogate, de pronto
mucho ms enorme que antes, sus ojos se abrieron de par en par y retrocedi varios
pasos.
Oh, t hijo de mala barrera puta ! maldijo Athrogate, y no se le escap que Entreri le
ech una rpida mirada al enano que hubiera agriado la leche. Por el raudo descenso
del portn, se preguntaba el drow? O eran esas pocas palabras? Raramente Jarlaxle
miraba dentro de las profundidades de ese enigma que era Artemis Entreri, ya que el
disciplinado asesino raramente demostraba sus emociones en su expresin.
Aunque cada tanto....
Athrogate carg nuevamente, frotndose sus callosas manos y ajustndose el cinto
repetidamente, una enorme y decorada faja con una hebilla de plata en la que se
cruzaban dos rayos.
Por los dioses, enano, le dijo Mariabronne a Athrogate. Realmente creo que estuviste
levantando eso prcticamente t solo, y que nuestras manos fueron de poca ayuda o no
sirvieron de nada. Cuando te inclinaste sent como si una montaa estuviera cayendo
sobre m.
Hechizos de mago, refunfu Athrogate, aunque casi no sonaba convincente.
Entonces te ruego que uses el conjuro con el resto de nosotros, le rog Mariabronne a
Canthan. Este portn sera elevado fcilmente en ese caso.
Mis hechizos estn agotados, dijo el hechicero, tan poco convincente como el enano.

Jarlaxle sigui su mirada de Canthan a Athrogate, midindolos. Sin duda el hechizo de


agrandamiento haba cumplido una funcin, pero esa no era la fuente de increble fuerza
del enano. Una vez ms el enano fue hasta su cinto, ajustndolo con otra muesca y el
drow sonri.
Haba fajas que imbuan a los que las llevaban con la fuerza de un gigante, de las cuales
las mejores eran las de los gigantes de tormentas que arrojaban rayos a travs de los
picos de las montaas. Jarlaxle se concentr en la hebilla del cinto de Athrogate y en los
rayos que tena.
Athrogate retrocedi para pararse frente al rastrillo, con las manos en la cadera y
mirndola fijamente como si fuera una esposa traicionera. Una o dos veces se alarg
para tocar los gruesos barrotes, pero siempre retraa sus manos y farfullaba.
No puedo levantarlas, admiti finalmente.
El enano gru nuevamente y asinti mientras que el primero de los encantamientos de
Canthan desapareca, reducindolo al tamao de un hombre alto. Para cuando Athrogate
suspir y se dio vuelta, era un enano otra vez. Intimidante de seguro, pero aun un enano.
Sobre el muro, entonces, dijo Mariabronne.
Nah, le corrigi el enano.
Sac sus estrellas matutinas gemelas de su espalda y las puso a girar, con el glassteel
brillando tenuemente en la suave luz matinal. Llev el mango de la que estaba en su
mano izquierda frente a su rostro y susurr algo. Un lquido gris rojizo comenz a
exudar de las pequeas protuberancias de las impactantes bolas, empapando todo el
extremo del arma. Luego levant la de la mano derecha y susurr algo similar, y el
lquido exud de esa tambin, solo que la cosa pegajosa era de un color gris azulado en
lugar de rojo.
Retrocedan, tontos, dijo cuando Ellery se adelant para investigar.
No querrs que te caiga algo de esto sobre tu esplndida armadura de plata. JAJA!
Su risa se convirti e n un rugido y elev las estrellas matutinas con giros rechinantes
por sobre su cabeza. Luego gir por completo, juntando impulso, y lanz la punta del
arma cubierta de rojo en un balanceo poderoso contra una de los barrotes verticales del
rastrillo. Le sigui un choque de la otra arma, una que cre una explosin que sacudi el
suelo bajo los pies de todos los estupefactos espectadores. Otro giro se convirti en una
rplica estruendosa, el enano golpeaba- uno, dos y siempre con la estrella matutina
primero- un barrote perpendicular.
Otro golpe le dio a ese entrecruce, el barrote horizontal de nuevo. Para asombro de
todos menos Canthan, la gruesa cruz del barrote se quebr por la mitad, a medias entre
las dos picas verticales. Athrogate volvi a cargar sobre su blanco inicial, una de esas
picas.

La cabeza coloreada de rojo del arma carg contra esta, a la altura de los ojos del
furioso enano que bailaba salvajemente, seguido por un golpe de la azulada un poco
ms abajo.
La pica se dobl hacia afuera. Athrogate la golpe de nuevo en el mismo lugar, una, dos
veces y la pica se cay, dejando suficiente espacio para que los compaeros pudieran
apretujarse para pasar a la muralla del castillo.
Athrogate se detuvo de golpe, los extremos de sus estrellas matutinas rebotando a su
alrededor. Plant sus manos en la cadera e inspeccion su obra y luego asinti con un
movimiento de cabeza.
Para un poco de emocin me contrataron. Para qu quieren hacer las cosas explotar si
yo las puedo derribar?
Siete expresiones sorprendidas y una mirada aburrida del mago se volvieron hacia l,
haciendo que soltara un rugido, Buajaja!
Pudiera ser que le resbalaran de ambas manos y se golpear repetidamente en la cara,
le musit Entreri a Jarlaxle.
Entonces as cuando ya no est mi amigo Entreri pueda ocupar su lugar? respondi
sarcsticamente el drow.
Cllate.
Es un aliado poderoso.
Y un formidable enemigo.
Viglalo de cerca, entonces.
Desde atrs, concord Entreri.

Entreri hizo justamente eso, observando duramente al enano, quien permaneca con las
manos en la cadera, mirando fijamente el hueco que haba provocado en el rastrillo. El
poder de ese balanceo, magia y msculo, eran notables, lo saba el asesino, al igual que
la soltura con la que Athrogate manejaba sus armas. A Entreri no le gustaba el enano
particularmente y quera estrangularlo con cada estpida rima, pero el asesino respetaba
las proezas marciales del enano. Sospechaba que pronto llegara a los puos con
Athrogate, y no esperaba con ansias el encuentro.
Ante el grupo, ms all del pasillo recortado entre las dos pequeas garitas, la muralla
inferior del castillo se abra a lo ancho. A cada lado del pasillo de las garitas podan ver

aberturas: escaleras que llevaban a la cima del muro, con tneles internos quizs que
serpenteaban a travs de las anchas paredes.
Izquierda, derecha, o al centro? pregunt Athrogate. Mejor que rpido empecemos.
Podras terminar con eso? le exigi Entreri, y obtuvo un tpico Buajajaja! como
respuesta.
El libro est derecho al fondo, si? le pregunt Mariabronne a Arrayan quien estaba
parada a su lado.
La mujer se detuvo por un momento y trat de recuperar la compostura. Su mirada fija
en la torre central, la estructura ms grande del castillo, la cual se proyectaba ms all
del muro interior del castillo.
Si, dijo ella, derecho al fondo. Creo.
Haz algo mejor que eso, le rog Canthan pero Arrayan solo tena una dbil expresin
de disculpa por respuesta.
Entreri not que Jarlaxle se movi como para decir algo a modo de protesta. Sin
embargo, el drow se qued en silencio, y percibi como lo mirada que le ofreci el
asesino.
Preprate, le advirti silenciosamente Jarlaxle.
Qu es lo que sabes?
Jarlaxle solamente se encogi de hombros, pero Entreri haba estado cerca del drow lo
suficiente como para saber que no habra dicho nada si no estuviera seguro de que se
avecinaban problemas. Mirando al castillo, a las oscuras piedras y el duro acero, Entreri
tena el mismo sentimiento.

Atravesaron el portn y se detuvieron en el enlodado patio, Athrogate a la cabeza,


Pratcus y Ellery cerrando la fila. Jarlaxle hizo una pausa tan pronto como se desliz a
travs del rastrillo, y se bambole con una sbita debilidad. Una sobrecogedora
sensacin de poder pareci concentrar su sensible atencin sobre l. Mir a Arrayan e
inmediatamente supo que no era ella. El castillo haba progresado fuera de ella. Los ojos
del drow fueron hacia el terreno de ms adelante, y en su mente mir hacia abajo, muy
abajo, pasando los esqueletos enterrados en el viejo cementerio, ya que eso era lo que el
lugar haba sido una vez. Visualiz tneles y una gran cmara. Supo que algo all abajo
lo estaba esperando.

Los otros no notaron la demora de Jarlaxle, por que estaban ms preocupados por lo que
yaca delante. Unas pocas piedras del edifico aparecan esparcidas por la muralla: un
establo sobre el muro del lado izquierdo inmediatamente adentro, el trabajo de un
herrero situado en el mismo lugar a la derecha, y un par de largas barricadas de techo
bajo que se extendan a lo largo de la base de ambos muros de una muralla ms lata que
bloqueaba el muralln interno. La nica estructura que permaneca independiente era
una torre redonda agazapada de dos pisos dispuesta a dos tercios del camino frente al
patio delante de las puertas del muralln interno.
Mariabronne se acerc a Ellery y le seal la torre.
La comandante asinti y le indic con un gesto a Athrogate que guiara el camino.
Yo no ... comenz a decir Jarlaxle, pero sus palabras quedaron tapadas por el
improvisto grito de Athrogate. Todas las miradas se dirigieron al enano al tiempo que
ste saltaba hacia atrs o trataba de hacerlo, ya que un esqueleto haba surgido de
entre la blanda tundra de verano y lo sujetaba por el tobillo. Athrogate se retorci, chill
y cay rodando por el suelo. Se puso de nuevo en pie casi tan pronto como hubo cado,
aunque, brincando y gritando nuevamente, esta vez de rabia y no de sorpresa.
La mano esqueltica ara ms alto en el aire, un brazo huesudo surgiendo hasta el
codo. La estrella matutina de Athrogate la aplast convirtindola en polvo. Pero la otra
mano del esqueleto emergi a travs del lodo al otro lado, y mientras el enano se
apresuraba a aplastarla grit, Hunnerds!
Quizs era una exageracin nacida de la conmocin , o quizs era una afirmacin
certera, dado que a lo largo de toda la tierra blanda del muralln externo, las
esquelticas manos de humanoides hacia tiempo muertos araaron el aire a travs del
endurecido barro.
Athrogate acab con la segunda mano del esqueleto y carg hacia adelante, rugiendo,
Huesos esquelticos para convertir en polvo!
Y Pratcus se puso a su lado de un salto. Presentando un smbolo en forma de yunque, el
sacerdote jur, Por la sabidura de Moradin, la gracia de Dumathoin y la fuerza de
Clangeddin, condeno a las demonacas bestias al polvo!
Un esqueleto, casi la mitad fuera de su agujero, vibr bajo las olas de la energa
invisible, su estructura huesuda traqueteando notablemente. Pero los otros, a lo largo de
todo el camino, siguieron liberndose de la turba con las garras.

Manchas negras danzaban frente a los ojos de Jarlaxle, y su cabeza tamborileaba con un
cntico rtmico, un canto de sonido maligno y arcano, llamando a los esqueletos. La
gema con forma de calavera en su botn pareca cobrar peso y sustancia, y la sinti
vibrar en su pecho.

A travs de su poder el drow senta agudamente el despertar de su alrededor, y entendi


la profundidad del desfile de los no muertos. Por la mera fuerza del llamado, prevea
que el lugar haba servido de cementerio para los semi orcos y sus ancestros orcos de
Palishchuk, por siglos.
Cientos de dientes esquelticos castaeteaban en los pensamientos del drow. Cientos de
voces largamente muertas se despertaban una vez ms para cantar la cancin
comunitaria. Y all resida una profunda y enorme fuerza, sobrecogedora por su fuerza.
Sinti una constriccin en sus bceps y grit, despus gir y utiliz su magia de su
brazal para colocar una daga en su mano. Comenz a golpear pero sinti que le
sujetaban la mueca de pronto, brutalmente, Jarlaxle abri sus ojos como si despertara
de un mal sueo, y all permaneca parado un confundido y no muy feliz Artemis
Entreri, sujetndole el brazo y la mueca, y mirndolo atnito.
No, estoy bien, le asegur el elfo oscuro al tiempo que sacuda la cabeza y se alejaba.
Qu ests viendo? le pregunt Entreri. Qu sabes?
Que estamos en problemas, le respondi el drow, y junto, el par se dio vuelta para
enfrentar la creciente embestida.
Resquebraja con tu espada, no apuales, le inform el drow a Entreri.
Es bueno que me ests cuidando, respondi sarcsticamente Entreri antes de que
saltara hacia adelante y cortajeara a un esqueleto que se aproximaba.
La Garra de Charon cort a travs de las costillas del monstruo y se estrell con fuerza
contra su columna vertebral. Entreri esperaba que el golpe partiera a la esqueltica
monstruosidad en dos, pero el esqueleto se tambale un par de pasos a un costado y se
levant otra vez.
Y de nuevo Entreri lo golpe con ms fuerza. Y luego otra vez mientras la obstinada
criatura se acercaba implacablemente. El asesino retrocedi un paso, luego se sumergi
de costado al tiempo que un brillante rayo de luz centelleaba frente a l, haciendo
estallar al esqueleto. El huesudo monstruo se tambale unos pasos con ese golpe, y un
par de costillas se le cayeron, junto con un brazo. Pero aun as carg de nuevo hacia el
incrdulo Jarlaxle y la delgada varita que sostena el drow.
Entreri lo esquiv y revent la calavera del esqueleto con un corte hacia abajo con las
dos manos. Finalmente, la criatura no muerta cay al suelo, con su armazn huesuda en
una pila.
No son animaciones ordinarias, remarc Jarlaxle.
Estamos en problemas, coincidi Entreri.

Pratcus mir fijamente el smbolo sagrado en forma de yunque de plata como si lo


hubiera engaado. Los labios del enano temblaban y susurraban el nombre de sus
dioses, uno detrs del otro, con el resquebrajamiento de su voz suplicndoles una
explicacin.
Armas contundentes! escuch que gritaba Mariabronne. Destrocen sus huesos!
Pero el sacerdote enano permaneca all sacudiendo su cabeza incrdulamente.
Una mano huesuda surgi del suelo y lo tom del tobillo, pero Pratcus, aun musitando,
se las arregl con facilidad para liberar su pie. Una segunda mano sali del suelo y entre
la resquebraja turba entre ellos apareci una calavera. Pratcus aull, y mantuvo una nota
chillona, saltando en el aire y dejando caer, con sus nudillos de metal, un demoledor
puetazo sobre la calavera. Sinti que el hueso se fracturaba debajo, pero el furioso
enano, lejos de estar satisfecho, se puso de nuevo en pie. Brinc y le asest otro golpe al
crneo, aplastando su mano contra este. Los dedos alargados de la mano esqueltica
temblaron y se doblaron hasta que quedaron muy quietas.
Bien para ti, malditos demonios, subray un confundido y enojado enano y luego le
peg otro porrazo a la calavera.

Mariabronne no desenvain la larga espada sino que en cambi extrajo una pequea
maza. Confiando ms en la velocidad y habilidad que en la fuerza bruta, el vigilante
gir, aporreando repetidamente a un par de esqueletos que se le echaban encima.
Ninguno de los golpes era pesado por naturaleza, pero pedazo a pedazo caan al tiempo
que Mariabronne pareciendo casi el tamborilero del rey, matraqueaba docenas de
golpes. A su lado, Ellery no se molest en cambiar de armas, ya que su pesada hacha de
doble hoja devastaba igualmente carne y hueso. Se esparcan fragmentos de costillas o
piernas bajo los cortes devastadores. Pero a pesar de ello los esqueletos seguan
avanzando, expeditos y sin miedo, y por cada uno que Ellery o Mariabronne
destrozaban, dos ms tomaban su lugar.
Detrs de ellos Olgerkhan se afanaba con su garrote frenticamente y Arrayan disparaba
una serie de hechizos mgicos menores, misiles brillantes de pura energa, en su
mayora. Pero ninguno era demasiado efectivo, y ambos semi orcos obviamente se
estaban cansando rpidamente.

Olgerkhan escud a Arrayan con su considerable corpachn y gru ms de dolor que


de furia de batalla cuando dedos huesudos rastrillaban su carne. Luego aull de terror
cuando uno de los esqueletos pas por encima de l. Tena el camino libre hacia
Arrayan.
El enorme semi orco intent darse vuelta y alcanzarlo pero se sorprendi al ver que no
haca falta ya que el animado monstruo no muerto no se acerc a la mujer. Olgerkhan
crea saber porqu. De todas formas se acerc al esqueleto y lo pulveriz con su fuerza,
no queriendo que los dems se dieran cuenta de la aversin de la cosa hacia Arrayan.
De todos los compaeros, ninguno estaba mejor equipado para lidiar con semejantes
criaturas que Athrogate. A pesar de que no haba arrojado ninguno de los
encantamientos sobre ellas, las estrellas matutinas giratorias, devastaban las filas de
esqueletos, cada golpe reduciendo los huesos a polvo o lanzando las calaveras de sus
percas a una pila de columnas vertebrales.
El enano verdaderamente pareca disfrutarlo mientras se lanzaba adelantando a los otros
en medio del enjambre de esqueletos. Sus armas trabajaban en un borrn devastador, y
un polvo blanco llenaba el aire a su alrededor, cada golpe explosivo iba acompaado de
una atronadora carcajada.
Canthan se mantuvo cerca de su diminuto compaero todo el tiempo. El mago activ
solamente un hechizo ms, llamando a una enorme, desmembrada mano traslcida que
flotaba en medio del aire frente a l.
Un esqueleto salt hacia l y el guardin de cinco dedos lo sujet, apretujando
fuertemente sus dedos alrededor de la huesuda estructura. Con una sonrisa y un
pensamiento, Canthan le orden a la mano que estrujara, y el esqueleto se hizo aicos
bajo el poder de su apretn. La mano se cerr en un puo, y sali volando al tiempo que
otro esqueleto se aproximaba al hechicero. El efecto del encantamiento golpe
fuertemente a la criatura y la envi volando lejos.

Presionen orden Mariabronne . La torre es nuestro objetivo nuestro nico


objetivo!
Pero las palabras del vigilante se perdieron en el viento un instante despus, cuando
Olgerkhan flaque y grit. Mariabronne se volte para ver como el enorme semi orco
caa sobre una rodilla, sus balanceos con la espada desganados a penas manteniendo a
raya a los esqueletos.
Enanos, a l! grit el vigilante.

Pratcus tom la delantera, lanzndose sobre los esqueletos que apabullaban a


Olgerkhan, pero Athrogate estaba demasiada lejos y apasionadamente involucrado
como para comenzar a dispersarse.
Igualmente, Jarlaxle haba quedado arrinconado contra el muro. El drow no mostraba
ningn entusiasmo por hacerse camino esquivando la creciente muchedumbre de no
muertos, a pesar de que su compaero, an con las armas inapropiadas para combatir
esqueletos, se haba movido hacia los semi orcos antes incluso de que el vigilante
hubiera gritado.
Canthan, tampoco fue hacia Olgerkhan y Arrayan, sino que se hizo a un lado mientras el
vigilante y Ellery se daban la vuelta y se dirigan hacia los semi orcos. Canthan
retrocedi hasta la posicin que Jarlaxle mantena despejada. Con un pensamiento, el
hechicero envi su mano encantada retrocediendo justo hasta detrs del drow, con sus
dedos gigantes volteando esqueletos. Lleg hasta Athrogate, quien la mir con un poco
de curiosidad. Luego sujet al enano y lo levant de los pies. La mano sali en rpida
persecucin de su maestro hechicero.
Mariabronne, Ellery, y Pratcus formaron un tringulo defensivo alrededor de
Olgerkhan, repeliendo el asalto de los esqueletos. Entreri, mientras tanto, sujet a
Arrayan por el brazo y comenz a tirar de ella, cortando cualquier interferencia de los
no muertos con sus tajos.
Vaymonos, le orden a la mujer, pero sinti que se rezagaba, y cuando la mir
entendi por qu.
Arrayan cay al suelo desmayada. Entreri enfund sus armas, desliz su brazo alrededor
de los hombros de ella, luego desliz su otro brazo bajo sus rodillas y la levant.
Entrando y saliendo de la inconsciencia, Arrayan todava se las arregl para poner sus
brazos alrededor del cuello de Entreri y asegurar su sostn.
El asesino escap, zigzagueando entre los esqueletos.
Detrs de Entreri, cuando finalmente se present una brecha, Mariabronne sujet a
Olgerkhan y lo puso de pies. Aun as, cuando el vigilante lo solt, el semi orco casi
cay de nuevo.
No disfruto hacer de niera, musit Canthan mientras Entreri llevaba a una Arrayan
casi inconsciente por completo a su lado.
Entreri frunci el ceo, y por un momento ambos Jarlaxle y Canthan pensaron que iba a
destrozar al insultante hechicero.
Est herida? pregunt el drow.
Entreri se encogi de hombros al tiempo que consideraba a la temblorosa mujer, ya que
no vea ninguna seal de dao.

Si, te ruego nos digas porqu nuestra amiga Arrayan necesita que la carguen por ah
cuando no hay ni una gota de su sangre derramada sobre el campo, aadi Canthan.
Nuevamente Entreri le puso mala cara. Cuida a tu amigo, hechicero, le dijo, una clara
advertencia, al tiempo que una desmembrada mano flotaba y depositaba a un muy
enojado Athrogate sobre el suelo frente a ellos.
Renanse y pelean hasta llegar a la torre! llam Mariabronne al grupo.
Demasiado, le contest gritando Jarlaxle. No podemos pelear contra ellos en campo
abierto. Nuestra nica esperanza est entre los muros de los tneles.
Mariabronne no respondi inmediatamente, pero una mirada a campo traviesa le mostr
a l y los otros tres que la observacin del drow era acertada. Ya que docenas de
esqueletos se les echaban encima y ms manos huesudas se abran camino a travs de
prcticamente cada centmetro de turba a lo largo del muralln externo.
Despeja un camino para ellos, le orden Canthan a Athrogate.
El enano resopl y puso sus estrellas matutinas a girar otra vez. La enorme mano
mgica de Canthan trabaj a su lado, y pronto el do haba despejado un sendero para
Mariabronne y los otros tres para que se reunieran en el muro.
Jarlaxle desapareci en la garita sobre la mano izquierda, luego resurgi unos segundos
ms tarde y les indic que lo siguieran.
Escudados por la mano mgica de Canthan, conteniendo la horda de no muertos, los
nueve se deslizaron por la garita hacia los tneles de ms all. Haba una pesada puerta
al final de ese tnel, la cual Mariabronne cerr y asegur justo a tiempo, ya que ni bien
el vigilante se hubo dado la vuelta para estimar a los otros ocho que las garras de los
esqueletos sonaban contra el portal.
Dira que es un comienzo auspicioso, dijo Canthan.
El castillo se protege a s mismo, concord Jarlaxle.
Protege muchas cosas, o as parece, replic Canthan, y se las apa para echar una
artera mirada en direccin a Arrayan.
No podemos seguir as, les recrimin Mariabronne. Estamos luchando en puados,
protegiendo a nuestros compaeros inmediatos y no como un grupo en su conjunto.
Podra ser porque no pensamos que algunos necesitaran tanta maldita proteccin,
farfull Athrogate, su mirada de acero fija en los dos semi orcos.
Es lo que es, buen enano, dijo el vigilante. Este grupo ha de encontrar la armona y la
unidad si hemos de alcanzar la torre y encontrar nuestras respuestas. Estamos aqu
juntos, los nueve como uno solo.
Bah!

All es donde reside nuestra nica esperanza, dijo Mariabronne.


Para la aparente sorpresa de Athrogate, Canthan estuvo de acuerdo. Bien cierto, dijo
el hechicero, cortando en seco el siguiente gruido del enano. Los nueve como uno
solo y trabajando para un solo propsito.
El timbre de su voz era menos que convincente, y no le pas desapercibido ni a Jarlaxle
ni a Entreri.

CAPITULO 15

ESCUPIENDO MONSTRUOS

El tnel a travs del muro era angosto y bajo, forzando todo el resto que no fuera
Athrogate y Pratcus a agacharse. El pobre Olgerkhan tena que doblarse casi por la
mitad para recorrer el pasillo, y muchos lugares eran tan angostos que el semi orco de
hombros anchos tena que pasar de costado.
Llegaron a un rea ms amplia, una cmara circular con un pasillo que segua ante ellos
por el otro lado.
Cautela, susurr Jarlaxle. No queremos meternos en una pelea en estos cuarteles.
Bah! se mof Athrogate, bastante fuerte.
Gracias por ofrecerte a tomar la delantera, dijo Entreri, pero no se supona que fuera
ningn tipo de comentario negativo para el bullicioso e intrpido enano, pero
obviamente no lo interpret as.
Oh, all vamos entonces! rugi Athrogate y sali marchando fuera de la habitacin y
hacia el pasillo, con sus estrellas matutinas en las manos y balancendose. Las armas a
menudo repicaban contra los muros de piedra y cada vez que una de ellas lo haca el
resto contena la respiracin.
Por supuesto que Athrogate solo aullaba de risa.
Si lo matamos correctamente podra bloquear el pasillo lo suficiente como para que
escapramos, dijo Entreri, quien estaba tercero en la fila, justo detrs de los enanos y
delante de Jarlaxle.

No nos espera nada por detrs, le record Pratcus.


Irnos sin ese podra llegar a ser una victoria, dijo Entreri y Athrogate se ri ms fuerte
todava.
All vamos entonces! rugi de nuevo. Vigorosos enanos y dbiles hombres. Ahora
es el momento de ser hermanos y agradar, ya que juntos vamos a ganar!buajaja!
Suficiente, gru Entreri, y justo en ese momento llegaron a un lugar ms amplio y
alto en el irregular pasillo, y el asesino sali del camino. Una zancada, un salto y una
arremetida lo envi volando por sobre la cabeza de Pratcus y Athrogate dej escapar un
chillido y gir como si esperara que Entreri se le abalanzara con sus armas.
Sin embargo, cuando Athrogate se daba vuelta, Entreri pas de largo, y para cuando los
confundidos enanos de detuvieron tropezando y se concentraron una vez ms, el asesino
haba desaparecido.
Qu fue todo eso? le pregunt Athrogate a Jarlaxle.
Oh, est a mi cuidado, buen enano.
Est corriendo adelante, pero para qu? le exigi saber el [Link] decirle a
nuestros enemigos que estamos aqu?
Creo que t ya has hecho un buen trabajo al respecto sin la ayuda de Artemis Entreri,
buen enano, le respondi el drow.
Basta de esto, dijo Mariabronne desde detrs de Ellery, quien estaba justo atrs del
drow. No tenemos el tiempo para darnos el lujo de pelear entre nosotros. El castillo
est repleto de enemigos ya.
Bien, a dnde se fue entonces? pregunt el enano. Est explorando o matando? O
un poco de ambos?
Probablemente ms que eso, replic Jarlaxle. Contina, te lo ruego, y con toda la
velocidad y con toda la precaucin que debas reunir. Encontraremos contratiempos en
cada rincn- ruego que no traigas ms de la que ya tendremos con tu .... entusiasmo.
Bah! se mof Athrogate.
Gir y dio fuertes pisadas- o comenz a hacerlo, ya que apenas haba dado dos pasos
doblando velozmente una curva cerrada en el pasillo, cuando una forma surgi para
bloquearle el paso.
Era humanoide y carnoso, tan alto como un hombre, fornido como un enano, con
musculosos brazos carnosos y retorcidos, gruesos dedos. Tena una cabeza cuadrada y
gruesa sobre un cuello corto, con una calva completamente pelada, y ni un pice de vida
brillaba en sus ojos. Fue derecho hacia Athrogate sin vacilar, era lo nico que haca
pensar que la criatura no estaba muerta del todo.

Y t de qu te las traes? empez a preguntarle el enano, mostrando as que l, a


diferencia de Pratcus y Jarlaxle detrs de l, no comprenda del todo la naturaleza de la
barrera animada. Qu? le pregunt otra vez a la criatura que se aproximaba
rpidamente.
Golem! grit Jarlaxle.
Eso rompi cualquier vacilacin en Athrogate y aull y salt hacia adelante, ansioso de
arremeter contra la criatura. Un rpido lanzamiento de las estrellas matutinas por
encima del hombro, una despus de la otra, dio de lleno en las defensas de la criatura de
movimientos lentos. Ambos golpearon duramente la gruesa y desnuda carne, y ambos
sacudieron al golem.
Pero ninguno de los golpes pareci daar o detener a la criatura ms que
momentneamente.
Pratcus retrocedi por miedo a que su cabeza quedara aplastada por un balanceo hacia
atrs cuando Athrogate se lanzaba en una furiosa serie de puetazos, y ataques. Sus
estrellas matutinas zumbaban y daban en el blanco, una y otra vez.
Y a pesar de todo el golem segua avanzando, tratando de sujetarlo.
El enano arroj una trompada cruzada, pero el movimiento lo acerc demasiado hacia el
muro del lado izquierdo, y la cabeza de la bola de su arma rasp contra la piedra,
deteniendo su giro rtmico. De inmediato, el golem sujet la cadena de la estrella
matutina. El otro brazo de Athrogate se movi rpidamente y golpe con rudeza con su
segunda arma la mejilla y mandbula del golem. Fractur el hueso y desgarr la carne, y
cuando la bola rebot lejos, dej la cara del golem extraamente distorsionada, con la
mandbula colgando abierta y desencajada.
Aunque el golem pareca no sentir dolor ni querer cambiar de opinin. Jal hacia atrs,
y el terco Athrogate se neg a soltar su arma y fue levantado del suelo y arrojado. Una
flecha de una pequea ballesta pas a su lado mientras volaba por el aire, acertando en
el ojo del golem. Eso provoc un quejido, y un charco de moco salt de la rbita
reventada, pero el golem no afloj, tirando con fuerza al enano contra su pecho y
envolvindolo con sus poderosos brazos. El enano dej escapar un chillido de dolor, no
por la aplastante fuerza, sino porque sinti una punta clavarse en su armadura, como si
el golem estuviera usando un escudo con clavos en el pecho.
Luego el punzante dolor desapareci y el golem comenz a estrujarlo. A pesar de toda
su fuerza, Athrogate pens por un instante que seguramente morira aplastado. Luego
fue apualado de nuevo y grit de dolor.
Pratcus fue rpidamente hacia l, invocando a Moradin y arrojando ondas de energa
mgica curativa hacia el rudo guerrero. Detrs del clrigo, Jarlaxle recarg y dej volar
otro dardo, dando en el blanco justo en el centro del otro ojo del golem y dejando ciego
por completo a la criatura.
El drow se aplast contra la pared del pasillo mientras disparaba, permitindole a
Mariabronne un ngulo para que pudiera disparar con su gran arco. Una flecha ms

mortfera y pesada se clav en el hombro del golem. Athrogate aull una y otra vez. No
entenda; qu arma estaba empleando esta extraa criatura? Y por qu de pronto el
golem lo haba soltado?
Cay al suelo y rebot hacia atrs, llevndose por delante a Pratcus en el camino.
Luego el enano comprendi, cuando la hoja lacerante surgi de entre el pecho del golem
una vez ms. Athrogate reconoci esa punta de espada de acero roja. El enano solt una
carcajada y empez a cargar contra el golem pero se detuvo abruptamente y puso sus
manos en la cintura, observando muy divertido como la espada se hunda una vez ms.
Luego se retract y el golem cay.
Artemis Entreri baj de un salto y limpi su espada sobre la carne de la criatura.
Podras habernos advertido, dijo Athrogate.
Grit pero hablabas muy fuerte como para escuchar, respondi el asesino. El camino
est despejado hacia la torre por la esquina del muro, explic Entreri. Pero una vez
que pasemos esa puerta hacia el edificio de dos pisos, estaremos presionados
nuevamente.
Por? pregunt Mariabronne.
Grgolas. Un par de ellas. Pate al golem destruido y aadi," Ms si hay alguna
esperando detrs de la puerta de la torre norte y eso nos llevar hacia el muro occidental
del castillo."
"Deberamos avanzar con magia y flechas" seal Mariabronne, y mir
alternativamente a Canthan y Jarlaxle.
"Entonces sigamos adelante," dijo el delgado hechicero. "Mientras ms nos demoremos,
creo que ms peleas encontraremos. El castillo est crea no defensas mientras nosotros
nos quedamos aqu a charlar- est escupiendo monstruos."
"Y regenerndolos, si es que las grgolas sirven como algn indicativo," dijo
Mariabronne.
"Entonces se parece a un lugar para entrenar jvenes guerreros enanos," se entrometi
Athrogate. "Vierte un poco de lquido destripador por sus gargantas y envalos a pelear,
pelear y pelear. Es algo para decir ya que nunca se nos acaban las caras de monstruos
para aplastar."
"Cuando terminemos aqu, puedes quedrtelo entonces," le asegur Jarlaxle al bruto
pequeo guerrero. "Para tus nios."
"Jaja! Treinta de ellos ya estn por ah peleando, no lo dudes!"
"Visin de la que un da tendr que ser testigo, estoy seguro."
"Jaja!"

"Podemos continuar y terminar con esto?" pregunt Canthan y seal a


Entreri."Guanos hasta el cuarto y despeja la puerta por m."
Entreri le ech una ltima mirada al molesto enano y luego parti por el pasillo.
Se ensanchaba un poco, y se elevaba ligeramente, terminando en una puerta pesada de
madera bloqueada con un hierro. Entreri mir al grupo, asinti para confirmar que era el
cuarto correcto y luego se dio vuelta para empujar la puerta.
Inmediatamente siguindolo, casi pasando a toda velocidad por su espalda apareci una
bola de fuego. Se arque por el cuarto de la torre, sobre el balcn. Justo cuando
desapareca de vista debajo de la balaustrada, explot, llenando completamente el rea
de la torre con una gran llamarada.
Llegaron aullidos desde dentro y afuera. Athrogate refreg sus botas sobre la piedra
para ganar impulso y atraves la puerta con las estrellas matutinas girando.
Se encontr con una grgola, con las alas en llamas, virutas de humo elevndose de la
punta de su cabeza. La criatura alargaba sus garras hacia l, pero medio desganada, ya
que todava estaba mareada por la bola de fuego.
Athrogate esquiv fcilmente las garras, gir y golpe a la grgola en el pecho con su
estrella matutina. Cay por el borde de la balaustrada y rpidamente una segunda
grgola fue tras el merodeador Athrogate.
Entraron en la habitacin Pratcus, Jarlaxle- con una expresin de preocupacin- de
cerca, con Ellery y Mariabronne pisndole los talones.
Les sigui Canthan, rindose entre dientes y mirando de un lado a otro. Mientras
cruzaba el umbral una mano sali disparada desde un costado, sujetndolo rudamente
por el cuello.
All estaba Artemis Entreri, de algn modo escondido completamente fuera de vista
hasta este improvisto movimiento.
"Pensaste que haba entrado en la habitacin," dijo l.
Canthan lo oje, su expresin yendo de sorpresa a una pizca de miedo y a una cara
ceuda. "Retira tu mano."
"O tu garganta?" contrarrest Entreri. "Pensaste que haba entrado en la habitacin, y
an as arrojaste la bola de fuego sin advertencia alguna."
"Esperaba que fueras lo suficientemente listo como para no ponerte en medio de un
mago de guerra," le contest Canthan, con un timbre de voz ambiguo que combinaba
con sus palabras de doble filo.
El creciente sonido de la batalla rod hasta donde estaba el do, junto con la insistencia
de Olgerkhan de que salieran del medio. Ninguno de los dos ni Entreri ni Canthan se
molestaron en mirar hacia donde estaba el semi orco.

Mantuvieron la pose, mirndose duramente uno al otro por unos instantes. Lo s,


brome Canthan. La prxima vez no esperaras a preguntar.
Obviamente, Entreri le rob la sonrisa y la comodidad cuando replic, No habr una
prxima vez.
Solt al mago, dndole un rudo empujn mientras lo haca. Con un slo movimiento
sac ambas su daga y su espada. Su primer pensamiento cuando lleg hasta sus
compaeros de batalla fue salir de la lnea de fuego de Canthan.
Salt por encima de la balaustrada, aterrizando gilmente sobre el borde del balcn de
ms all. Sobre un pie, apunt con el dedo del otro pie y lo desliz en la brecha entre el
fondo de la balaustrada y el suelo. Rod hacia adelante por la cornisa. Mientras caa
balancendose hacia el punto ms bajo, tens su pierna para en cierto modo detener el
impulso, luego liber su pie enganchado y lo pleg mientras giraba sobre s mismo,
dejndose caer los ltimos seis metros hasta el suelo de la torre. Inmediatamente un tro
de grgolas y un golem de carne descendieron sobre l, pero estaban seriamente
daados por la bola de fuego. Ninguna de las grgolas tena alas que les funcionaran, y
una no poda levantar su ampollado brazo para golpear. Esa encabezaba la marcha hacia
Entreri, agachando la cabeza y cargando con sorprendente ferocidad.
La Garra de Charon detuvo esa carga, abollando el crneo de la criatura y envindola
dando tumbos hasta dejarla sentada en el piso. Se las arregl para echar una ltima
mirada llena de odio a Entreri antes de que cayera muerta.
La mirada solo hizo que el asesino sonriera, pero no pudo, no poda dejarse estar. Dio
un furioso salto giratorio, apualando con la daga y cortando con la espada. Las
criaturas estaban renqueantes lentas, y Entreri estaba justo por delante de ellas,
lanzndose velozmente de izquierda a derecha, dndose vuelta continuamente haciendo
que se enredaran y tropezaran entre ellas. Y en todo momento su daga las atac, al igual
que su espada las aguijoneaba. El balcn de abajo estuvo rpidamente asegurado, con
Athrogate y sus poderosos porrazos lanzando otra grgola ms al aire.
Esa casi golpe a Entreri mientras se estrellaba, pero se las arregl para ponerse detrs
de la cada criatura. Cay al piso justo delante de l, y el golem de carne, acercndose
tropez con ella. La Garra de Charon parti la cabeza del golem por la mitad. Entreri se
lanz a la derecha, quedndose bajo el balcn. Vio a Ellery y Mariabronne sobre la
escalera de piedra que llevaba al lado este de la torre, al muro externo, conduciendo a
una moribunda y abatida grgola ante ellos.
Las grgolas tambin los vieron y se apresuraron hacia ellos.
Entreri despach rpidamente a la otra, sacndole el nico brazo que le funcionaba con
una brutal parada de su espada, luego se le acerc velozmente y clav profundamente la
daga en el pecho de la criatura. Retorci y revolvi la hoja mientras la deslizaba a un
costado, y despus cort la garganta de la grgola con la Garra de Charon como
precaucin. La criatura sali volando derramando sangre y contoneando y
convulsionndose. Aunque sus ataques no tenan direccin, y Entreri simplemente se
hizo a un lado cuando la criatura cay al suelo hirindose ms y en donde continuaron
sus espasmos de muerte.

Entreri apareci detrs de la segunda grgola, la cual ya estaba empeada con el


vigilante, y le clav la espada en la columna.
Buena pelea, dijo Mariabronne.
De todos, aadi prestamente Ellery y Entreri tuvo la impresin de que la mujer no
apreciaba que el vigilante los estuviera destacando a l por encima de ella. No le pareci
tan hermosa a Entreri en ese momento, y no solo porque hubiera recibido un llamativo
golpe en un hombro, con la sangre fluyendo libremente por su brazo.
Pratcus se apresur a su lado, musitando a cada paso mientras se acercaba a la mujer
herida. Seguramente mis dioses se deben estar cansando de escuchar mis llamadas, se
quej. por cunto tiempo podremos seguir as?
Bah! respondi Athrogate. Por los siglos de los siglos!
Para acentuar su opinin, el salvaje enano salt encima de una grgola quebrada, la
desgraciada criatura arrastrndose por el suelo, con las alas y el torso arrasados debido a
las llamas de la bola de fuego de Canthan. La grgola percibi su aproximacin con ojos
llenos de odio y se levant sobre sus codos, elevando la cabeza para poder escupirle a
Athrogate.
El enano aull ms fuerte y alegremente, y dej caer su estrella matutina rpidamente
sobre la cabeza de la grgola aplastndola contra el suelo.
Por los siglos de los siglos! repiti Athrogate.
Entreri dio una amarga mirada en direccin a Jarlaxle como diciendo, Va a hacer que
nos maten a todos.
El drow simplemente se encogi de hombros y pareca ms divertido que preocupado
por el enano, y eso afliga mucho ms a Entreri.
Y lo frustraba. Por alguna razn el asesino se senta vulnerable, como si pudiera ser
herido o matado. Mientras se daba cuenta de la verdad de sus emociones, entendi
tambin que nunca antes haba albergado semejantes sentimientos. En todas las batallas
y mortferas peleas de las ltimas tres dcadas de su vida, Artemis Entreri nunca haba
sentido como si su prxima pelea fuera a ser la ltima.
O al menos nunca le haba importado.
Pero de pronto s le importaba, y no poda negarlo. Mir a Jarlaxle de nuevo,
preguntndose si el drow haba encontrado un nuevo encantamiento que arrojarle para
desestabilizarlo. Luego mir ms all de Jarlaxle hacia los dos semi orcos de
Palishchuk. Permanecan contra la pared externa del sur, obviamente tratando de
quedarse pequeos y fuera del camino. Entreri concentr su mirada en Arrayan, y tuvo
que resistir la urgencia de ir hacia ella y asegurarle de que superaran todo esto.
Se sobresalt cuando el sentimiento pas, y dej caer su mano hasta la Garra de Charon
y levant las hojas unos centmetros de su vaina. Envi su pensamiento a la espada,

exigindole su lealtad, y predeciblemente respondi atacndolo con una pila de


maldiciones y ordenes propias, dicindole que l era inferior, asegurndole que un da
se distraera y la espada lo dominara por completo y derretira la carne de sus huesos al
tiempo que consumira su alma.
Entreri sonri y desliz la espada nuevamente, su momento de empata y temor
compartido arrojados a un lado.
Si los recursos del castillo son ilimitados, las nuestras no lo son, estaba diciendo
Canthan cuando Entreri volvi a prestarle atencin a la conversacin. Por la forma en
que el mago musitaba las palabras y miraba a Athrogate, Entreri supo que el enano
estaba proclamando que podan pelear hasta el fin de los tiempos.
Pero no podemos ni esperar ni recuperarnos, dijo Ellery. Las defensas del castillo
simplemente continuarn regenerndose y volviendo contra nosotros.
Tienes un mejor plan verdad? pregunt Pratcus. No me quedan muchos hechizos
ms que pronunciar. Traje un par de pergaminos, pero son poderes curativos menores, y
tengo una pocin para que la sangre fluya de golpe pero solo una. Us ms magia en la
huida de la carreta de las serpientes voladoras y ms magia en la pelea del montculo
delo que me queda en el corazn y las entraas. Necesitar descanso y oraciones para
obtener algo ms.
Por cunto tiempo? pregunt Ellery.
El sueo de una media noche.
Ellery, Mariabronne, y Canthan estaban sacudiendo sus cabezas.
No tenemos ese tiempo, replic la comandante.
Seguimos entonces, declar Athrogate.
Suenas como si supieras nuestro rumbo, dijo Ellery.
Athrogate seal con su mano a Arrayan. Ella dijo que encontr el libro por aqu, en
donde ahora est la torre principal, razon l. bamos a por eso, si mal no recuerdo.
En verdad que s, dijo Mariabronne. Pero ese es solo un lugar para empezar.
Realmente no sabemos qu es el libro, ni tampoco sabemos si aun sigue all.
Bah! buf Athrogate.
An est all, replic una suave voz desde el costado, y todo el grupo se volvi al
unsono para observar a Arrayan quien pareca, muy , muy pequea en ese momento.
Qu es lo que sabes? le ladr Athrogate.
El libro aun est all, dijo Arrayan. Se enderez un poco y mir a Olgerkhan buscando
apoyo. To Wingham no te dijo todo.

Entonces tal vez t deberas, replic Canthan.


La torre..... todo esto, fue creado por el libro, explic Arrayan.
Esa fue nuestra suposicin, interrumpi Mariabronne, en un intento por aliviarla, pero
ella lo hizo a un lado, levantando la mano para acallar al vigilante.
El libro es parte del castillo, enraizado en l a travs de lazos mgicos,2 sigui
Arrayan. Yace abierto. Ella sostuvo sus palmas hacia arriba, como si estuviera
sosteniendo el gran tomo. Las pginas se dan vuelta solas, como si hubiera un lector
encima de ellas, invocando una brisa mgica para volar la siguiente hoja.
Como Canthan sospechosamente le pregunt a Arrayan como poda saber todo esto,
Entreri y Jarlaxle se miraron uno al otro, ninguno sorprendido por supuesto.
Entreri trag con fuerza, pero eso no alivi el nudo de su garganta. Se volvi hacia
Arrayan y trat de pensar en algo para decir e interrumpir la conversacin, ya que saba
lo que iba a venir y saba que ella no debera admitir que...
Fui yo quien abri primero el libro de Zhengyi, dijo ella, y Entreri contuvo la
respiracin. To Wingham me rog que lo inspeccionara mientras Mariabronne
cabalgaba hacia la Puerta de Vaasa. Esperbamos poder darte un informe ms completo
cuando llegaras a Palishchuk.
Olgerkhan se mova nervioso al costado de ella, un movimiento que no pas
desapercibido por el resto.
Y? presion Canthan cuando Arrayan no continu.
Arrayan tartamude un par de veces cuando replic, No lo s.
Qu no sabes? le pregunt repentinamente a ella, y avanz un paso hacia ella,
pareciendo mucho ms imponente y poderoso de lo que su delgada estructura le
permita.
Abriste el libro y comenzaste a leer. Qu ocurri despus?
Yo.... la voz de Arrayan se perdi.
No tenemos tiempo para tus juegos crpticos, nia tonta, la rega Canthan.
Entreri cay en la cuenta de que sus manos estaban sobre sus armas y tambin se dio
cuenta de que verdaderamente quera saltar sobre Canthan y cortarle la garganta en ese
mismo momento
O apresurarse a apoyar a Arrayan.
Comenc a leerlo, admiti Arrayan. No recuerdo nada de lo que deca no creo que
dijera nada- tan solo slabas, guturales y que rimaban.

Bien! interrumpi Athrogate, pero nadie le prest atencin.


No recuerdo ninguna... solo que las palabras, si es que eran palabras, fluan por mi
garganta y yo no deseaba detenerlas.
El libro te utiliz como un instrumento, razon Mariabronne.
No lo s, dijo nuevamente Arrayan. Me despert de regreso en mi casa en
Palishchuk.
Y estaba enferma, intervino Olgerkhan, parndose delante de la mujer como si
desafiara a alguien a que hiciera alguna acusacin contra ella. El libro la maldijo y la
pone enferma.
Y as es que Palishchuk nos maldice haciendo que te llevemos con nosotros? dijo
Canthan, y su voz no revelaba si estaba hablando con sarcasmo o razonando
lgicamente.
Todos pueden huir de esto, pero ella no puede, termin Olgerkhan.
Ests segura de que esa es la torre principal? pregunt Mariabronne, y a pesar de que
estaba tratando de ser comprensivo y gentil, no pasaba desapercibido el filo de su voz.
Y por qu no lo dijiste antes? le exigi [Link] habras hecho pelear contra
grgolas y enemigos por siempre? Con qu fin?
No! rog Arrayan. No saba que-
Para alguien que practica las artes mgicas, pareces saber muy poco, le rega el viejo
hechicero. Una de las combinaciones ms peligrosas y temerarias.
Suficiente! dijo Mariabronne. No iremos a ninguna parte constructiva con estos
dimes y diretes. Lo que pas, pas. Ahora tenemos nueva informacin y nuevas
esperanzas. Nuestro enemigo est identificado ms all de estas animaciones que usa
como escudo. Encontremos un camino hasta la torre y el libro, ya que all
encontraremos nuestras respuestas, de eso estoy seguro.
Hurra por tu optimismo, vigilante, le escupi Canthan. Ondears el estandarte del
Rey Gareth frente a nosotros y contratars trompetistas para que anuncien nuestra
travesa?
Ese sbito arranque de ira y sarcasmo, mencionando al amado rey ni ms ni menos,
puso a todos de cabeza. Mariabronne frunci el ceo y mir fijamente al mago, pero lo
que termin siendo ms apremiante para Jarlaxle y Entreri fue la reaccin de Ellery.
Lejos de ser la noble y heroica comandante, pareca pequea y asustada, como si
estuviera atrapada entre dos fuerzas ms all de ella.
Emparentada con los Azotadragones, le susurr Jarlaxle a su compaero, una
advertencia ms de que algo no era lo que aparentaba ser.

La torre probar ser un recorrido largo y difcil, intervino Pratcus. Tendremos que
hacer acopio de fuerza e inteligencia, y ajustarnos los cinturones. Sabemos dnde
estamos yendo as que vayamos a donde estamos yendo.
Bien dicho! lo felicit Athrogate.
Un largo recorrido y el nico, concord Mariabronne. All encontraremos nuestras
respuestas. Ruego que asegures la puerta de arriba, buen Athrogate. Yo recorrer el
pasillo del norte. Recuperen el aliento y el corazn. Tomen algo de comida y bebida si
as lo necesitan, y s ajstense los cinturones.
Realmente creo que vuestro tristemente potico amigo acaba de decirnos que nos
tomemos un descanso, le dijo Jarlaxle a Entreri, pero el asesino no lo estaba siquiera
escuchando.
Estaba pensando en Herminicle y la torre en las afueras de Heliogabalus. Estaba
mirando a Arrayan.
Jarlaxle miraba en esa direccin tambin, y observ a Entreri hasta que capt la
atencin del asesino. Se encogi de hombros impotentemente y mir de vuelta a la
mujer.
Ni siquiera lo pienses, le advirti Entreri sin ambigedad en su voz. Se alej de
Jarlaxle y camin hacia la mujer y su brutal guardaespaldas.

Un atnito Jarlaxle observ cada paso con el que l se alejaba.


Creaste una flauta fina, Idalia el monje, susurr por lo bajo.
Se preguntaba si Entreri estara de acuerdo con esa afirmacin o si el asesino lo matara
durante el sueo por jugar un papel en la gran manipulacin.

Me gustara tener un momento contigo, le dijo Entreri a Arrayan al tiempo que se le


acercaba.
Olgerkhan lo oje con sospecha y dio un paso ms cerca de la mujer.
Ve y habla con la Comandante Ellery o uno de los enanos, le dijo Entreri, pero eso
solo provoc que el brutal semi orco expandiera su postura y cruzara los brazos sobre el
pecho, fruncindole el ceo a Entreri con sus pronunciadas cejas.

Olgerkhan es mi amigo, dijo Arrayan. Lo que tengas que decirme puedes decrselo a
l tambin.
Quizs yo prefiera ms escuchar que hablar, dijo Entreri. Y preferira que furamos
solos los dos. Vete, le dijo a Olgerkhan. Si quisiera lastimar a Arrayan, ella ya estara
muerta.
Olgerkhan se eriz, sus ojos centelleando de rabia.
Al igual que tu, prosigui Entreri, sin piedad. Los he visto en la batalla- a los dos- y
s que vuestro repertorio mgica est ms que exhausto, Lady Arrayan. Perdname por
decir esto, pero no estoy impresionado.
Olgerkhan se puso tenso y pareci como si fuera a saltarle encima a Entreri.
El libro te est agotando, robando la vida, dijo el asesino, despus de echar una rpida
mirada alrededor para asegurarse de que los otros no estuvieran cerca para orlo.
Empezaste un proceso del cual no puedes escapar fcilmente.
Ambos semi orcos quedaron desestabilizados por las palabras, confirmando la
suposicin de Entreri. Ahora hablars conmigo a solas, o no ?
Arrayan lo mir lastimeramente, luego se volvi hacia Olgerkhan y le rog que se fuera
por unos pocos minutos. El enorme semi orco mir con rabia a Entreri por un instante,
pero no pudo resistir los ruegos de Arrayan. Vigilando al asesino con cada paso, se
alej.
Abriste el libro y comenzaste a leer, y luego descubriste que no podas detenerte, le
dijo Entreri a Arrayan. Correcto?
Yo... creo que s, pero todo est muy borroso para m, le respondi. Como un sueo.
Pens que haba establecido las barreras suficientes como para defenderme de las
maldiciones residuales de Zhengyi, pero me equivoqu. Todo lo que s es que estaba
enferma tan pronto como regres a mi casa. Olgerkhan trajo a Wingham y Mariabronne,
y a otro, a Nyungy, un viejo bardo.
Wingham insisti en que vinieras con nosotros al castillo.
No haba otra opcin.
Para destruir el libro antes de que te consuma, razon Entreri, y Arrayan no discuti
ese punto.
Estabas enferma, eso dijiste.
No poda salir de la cama, ni poda comer.
Pero ahora no ests tan enferma, y tu amigo... Mir a Olgerkhan. No puede resistir
una sola pelea, y cada golpe de su garrote es menos poderoso y preciso.

Arrayan se encogi de hombros y sacudi su cabeza levantando las manos.


Entreri advirti su anillo, una rplica del que llevaba Olgerkhan, y adems not que la
nica gema puesta en el cintillo era de una tonalidad diferente, ms oscura de lo que
haba sido antes. Desde el costado, Olgerkhan vio el movimiento de la mujer y empez
a caminar de regreso atravesando el cuarto.
Ten cuidado con cuanto le admites a nuestros compaeros, le advirti Entreri antes de
que el enorme semi orco llegara. Si el libro est consumiendo tu vida, entonces se est
alimentando y volviendo ms fuerte gracias a ti. Encontraremos- tenemos que- la forma
de derrotar esa magia de la que se alimenta, pero una de las formas parece obvia, y no es
una que espere que tu o tu enorme amigo disfrutaran.
Es esa una amenaza? le pregunt Arrayan, y Olgerkhan pareci escucharla, ya que
apresur el resto del camino a su lado.
Es un consejo gratuito, respondi Entreri. Por tu propio bien, buena dama, cuida tus
palabras.
Le dio solo una apresurada mirada al imponente Olgerkhan mientras se daba la vuelta y
se alejaba. Dada su experiencia con el lich Herminicle en la torre de las afueras de
Heliogabalus, y las palabras de las hermanas dragonas, la respuesta a todo esto pareca
ser bastante obvia para Artemis Entreri. Matar a Arrayan y derrotar la construccin de
Zhengyi en su corazn. Suspir mientras se daba cuenta de que no haca mucho tiempo
atrs esa idea no le hubiera parecido tan repulsiva y no hubiera vacilado en lo ms
mnimo.
El hombre que l haba sido habra dejado a Arrayan muerta en un charco con su propia
sangre. Pero ahora vea el desafo de manera diferente y su tarea pareca infinitamente
ms complicada.
Ella ley el libro, le inform a Jarlaxle. Ella es el Herminicle de este castillo. Matarla
sera la forma ms fcil de acabar con esto.
Jarlaxle sacudi su cabeza con cada palabra. No esta vez.
Dijiste que destruyendo al lich hubiramos derrotado la torre.
As me lo dijeron Ilnezhara y Tazmikella con seguridad.
Arrayan es la lich de este edificio- o pronto lo ser, replic Entreri y aunque estaba
discutiendo este punto, no tena intencin , de probarse lo contrario, de seguir el curso
que en ese momento estaba defendiendo.
Pero aun as Jarlaxle segua sacudiendo la cabeza. En parte quizs.
Ella ley el libro.
Entonces djalo as.

Liber su magia.
Se dice desat, le corrigi Jarlaxle y Entreri lo mir con curiosidad.
Qu es lo que sabes? le pregunt el asesino.
Poco, tan poco como t, me temo, admiti el drow. Pero este...
Mir hacia arriba y movi sus brazos para indicar la vastedad del castillo, Realmente
crees que una maga novata, esa joven mujer, podra ser la fuerza vital creadora de todo
esto?
El libro de Zhengyi?
Pero Jarlaxle sigui sacudiendo la cabeza, aparentemente convencido de que haba algo
ms detrs de eso. El drow sigui determinado, por el bien de la bolsa de monedas y el
poder solamente, a averiguar qu era.

CAPITULO 16

IMPROVISANDO

Entreri se adelant, y el grupo pas velozmente por la torre de la esquina y a lo largo


de los pasillos del muro occidental interno. No encontraron ningunas criaturas
guardianas esperndolos, aunque se toparon con un par de grgolas muertas y un golem
de carne decapitado, todos ellos con profundas pualadas en la espalda.
l es eficiente, seal Jarlaxle ms de una vez sobre su ausente amigo.
Llegaron hasta una escalera ascendente, que terminaba en una puerta que permaneca
ligeramente entreabierta para permitir entrar los rayos de sol detrs de ella. Cuando
comenzaron a caminar, la puerta se abri y Artemis Entreri apareci por ella.
Estamos en el punto en que se juntan el muro externo con el muro interno que separa el
muralln del castillo, explic.
Permanezcan junto al muro externo de atrs y la curva los llevar a la torre principal,
replic Mariabronne, pero Entreri sacudi su cabeza con cada palabra.

Cuando las grgolas cayeron sobre nosotros anoche, no eran el contingente completo
del castillo, explic el asesino. Desde este punto final, el muro externo se alinea con
las mugrosas criaturas y cruzar cerca de ellas probablemente las despierte y nos
mantendrn peleando a cada paso del camino.
Por el muro interno y hasta el centro entonces? pregunt Ellery. Dnde
desembarcaremos y saltaremos hacia el patio hasta la puerta del frente de la torre?
Una puerta probablemente cerrada, razon Mariabronne.
Y cerrada frente a un patio cementerio que se nos presentar con cientos de no muertos
para pelear, les asegur Jarlaxle en un tono de voz que nadie cuestion.
De cualquier modo vamos a pelear, se uni a la conversacin [Link] a los
huesudos de menos talante! ri tontamente y luego prosigui, Sigan adelante y
apresrense ya que esto suena emocionante. El enano ri a carcajadas, pero estaba solo
en su regocijo.
Cun lejos? pregunt Mariabronne.
Entreri se encogi de hombros y dijo, Varios metros de terreno desde la garita interna
hasta la puerta de la torre.
Y probablemente una puerta cerrada que nos mantendr afuera, aadi Ellery.
Seremos hacinados por los no muertos. Ella mir a Pratcus.
Me hice de poderes contra esas cosas huesudas, dijo l, aunque pareca poco
convencido. Pero la primera vez descubr que no obedecan mucho mis rdenes.
Posiblemente porque estn siendo controlados por un poder ms grandioso, dijo
Jarlaxle y todos los ojos se posaron sobre l. Se encogi de hombros, mostrndoles que
solo era una conjetura. Luego se enderez rpidamente, sus rojos ojos centelleando y
mir a Entreri. Cun lejos estamos ahora de esa torre?
Entreri pareci perplejo por un momento y despus dijo, Unos cien metros?
Y cunto ms alta est la cima por arriba de la cumbre del muro aqu?
Entreri mir hacia atrs, fuera de la puerta abierta. Luego se inclin hacia atrs y mir al
noroeste en direccin a la torre circular.
No es muy alta, dijo el asesino. Tal vez quince metros por encima nuestro en su
punto ms alto.
Guanos hacia la cima del muro, le instruyo Jarlaxle.
Qu es lo que sabes? pregunt Athrogate.
S que ya me he hartado de pelear.

Bah! se mof el enano. Escuch que ustedes los elfos drows estaban todos a favor
de la batalla.
Cuando debemos estarlo.
Bah!
Jarlaxle le ofreci una sonrisa al enano mientras se escurra de su lado, subiendo las
escaleras para seguir a Entreri hacia descansillo de afuera. Para cuando los otros lo
alcanzaron, l estaba asintiendo e insistiendo. Funcionar.
Te ruego compartas tu plan, le pidi Mariabronne.
Este siempre le est rogando a los tipos, le dijo mofndose Athrogate a Pratcus.
Deberas hacer que se una a tu iglesia!
Nosotros los drows somos poseedores de ciertos ...trucos, replic Jarlaxle.
Puede levitar, dijo Entreri.
Levitar no es volar, dijo Canthan.
Pero si puedo acercarme lo suficientemente alto, puedo colocar un arpeo sobre la cima
de esa torre, explic Jarlaxle.
Esa es una larga escalada, particularmente en una inclinacin, seal el vigilante, su
cabeza movindose de atrs para adelante considerando la anchura entre los dos puntos
para cualquier soga.
Mejor que pelear todo el camino, dijo Jarlaxle.
Mientras hablaba, se sac el sombrero y busc debajo de su banda de seda, sacando un
fino cordn. Lo extrajo, y pareci seguir y seguir eternamente. El drow tir la otra punta
sobre el piso a sus pies mientras lo jalaba del sombrero y para cuando hubo terminado,
tena un considerable rollo casi hasta la altura de sus rodillas.
Ciento veinte metros, le explic a Entreri quien no pareca sorprendido por la
aparicin del cordn mgico. Despus Jarlaxle se sac un aro enjoyado, se lo acerc a la
boca y susurr en l. Creci al tiempo que l se alejaba, y para cuando lo tena cerca del
extremo del cordn, era del tamao de un pequeo gancho para asidero. Jarlaxle lo at y
comenz a arrollar el cordn flojamente en una mano, mientras Entreri tomaba el otro
extremo y lo sujetaba a una de las ventanillas para disparos a lo largo del muro de la
torre.
El mayor peligro es que nuestros movimientos atraern a las grgolas, le dijo Jarlaxle
a los otros. No sera prudente enzarzarnos en una batalla mientras estamos avanzando
por una cuerda.
Bah! lleg la predecible burla de Athrogate.

Barajen un orden para cruzar, le rog Jarlaxle al vigilante. Mi amigo, por supuesto,
ir primero una vez que yo haya colocado la cuerda, pero deberamos tener otro
guerrero sobre la cima de esa torre lo ms rpido posible. Y ella necesitar ayuda,
aadi asintiendo hacia Arrayan. Puedo hacer eso con mi levitacin, y mi amigo podra
tener algo de ayuda...?
Mir a Entreri, quien frunci el ceo, pero ste empez a revolver en su enorme bolsita.
Extrajo un armatoste de ganchos y correas, la cual pareca algo como una brida para un
caballo enorme, y se la arroj casualmente al drow.
Jarlaxle la desenred rpidamente y la sostuvo frente a l, mostrndoles al resto que era
un tipo de arns, conocido como un atracador de casas para cualquiera que estuviera
familiarizado con las costumbres de los ladrones de la cuidad.
Suficiente chanza, le apur Ellery, y seal con la cabeza hacia el norte a la lnea de
grgolas que colgaban del muro externo.
Un fuerte empelln, buen enano, le dijo Jarlaxle a Athrogate, quien se apresur a su
lado con los brazos extendidos.
Cuando te lo diga, le explic prestamente Jarlaxle, antes de que el enano lo pudiera
arrojar del muro- y probablemente en la direccin equivocada tambin! Coloc a
Athrogate en el reborde interno de la cima de la torre, luego se alej hacia el ngulo
directo de la lejana torre.
S rpido, le rog a Entreri.
Asegrala bien, replic el asesino.
Jarlaxle asinti y sali a toda carrera. Salt e invoc el poder de su emblema encantado,
una insignia que se pareca a la de la Casa Baenre, para activar la levitacin mgica,
elevndolo del suelo. Athrogate lo agarr del cinturn y lo arroj hacia la torre, y con la
misteriosa fuerza de propulsin del enano, Jarlaxle se encontr remontando vuelo lejos
de los otros
Jarlaxle continu elevndose mientras se alejaba del muro. A mitad de camino a la torre,
estaba por encima del punto ms alto. Todava se estaba aproximando, pero en gran
medida muy lentamente. El poder de levitacin poda hacerlo ir solamente de forma
vertical, por lo que el impulso del empelln de Athrogate se acab y aun le quedaban
unos veinte metros o ms para llegar al muro de la torre. Pero estaba por encima de ella,
por lo que comenz a revolear el arpeo al extremo de un brazo.
Grgolas cerca de la cima, le grit a Entreri , quien estaba listo para enrollarse el otro
extremo de la cuerda. No reaccionarn ante mi presencia, ni lo harn ante la tuya
probablemente, hasta que pises la piedra.

Maravilloso, musit por lo bajo Entreri.

Mantuvo su faz determinada y estoica, y su respiracin tranquila, pero lo asaltaron


imgenes de grgolas caminando por encima y arrojando el arpeo, y despus
simplemente dejndolo caer en medio del patio. O quizs se apiaran a su alrededor
mientras colgaba indefenso de la cuerda.
Entra el remanente rpidamente, le dijo Entreri a Athrogate mientras Jarlaxle dejaba
volar el arpeo.
Incluso cuando golpeaba detrs de la pared con ventanillas similares para tiros, el enano
comenz a jalar con fuerza el remanente, tensando el cordn, el cual se estiraba y caa
por el muro de piedra.
March Entreri, saltado del muro al cordn. Enganch sus tobillos mientras lo atrapaba,
sus brazos moviendo se de arriba a abajo con movimientos fluidos y furiosos. Recorri
la cuerda con las manos, retorciendo su cuerpo, luego desenrollndose en perfecta
sincrona, y se estaba moviendo tan velozmente que a los otros le pareci como si l se
estuviera deslizando en vez de trepando hacia arriba.
Al poco rato, se acerc al techo de la torre. Mientras lo haca, solt sus pies y gir al
tiempo que balanceaba sus piernas hacia abajo, juntando impulso. Encorv su columna
para juntar impulso cuando se solt en una trayectoria y un ngulo perfectos.
Haciendo una voltereta mientras volaba, desenvainando sus armas al mismo tiempo,
aterriz perfectamente sobre sus pies en la cima del muro, justo cuando una grgola se
apresuraba a su encuentro. La criatura recibi un corte de espada a lo largo del rostro,
seguido por una veloz daga que se incrustaba en su garganta, y Entreri sigui abajo a la
criatura que caa, saltando del muro al techo a tiempo para recibir la arremetida de una
segunda grgola.

Vamos, semi feo, le dijo Athrogate a Olgerkhan, quien ya estaba sujeto al arns atraca
casas.
Antes de que el guerrero semi orco pudiera responderle, el enano salt sobre la cima del
muro, lo sujet por detrs del cinturn, y lo arroj, enganchando el arns al cordn al
mismo tiempo. Con extraordinaria fuerza, Athrogate sujet fcilmente a Olgerkhan con
un brazo mientras con el otro agarraba y jalaba, agarraba y jalaba, propulsndose a lo
largo de la brecha.
Olgerkhan protestaba y se contoneaba, intentando sujetarse al brazo del enano para
apoyarse.
Qudate quieto y ahorra tus fuerzas, tonto, le rega [Link] dejo ac y ms
vale que te prepares para mantener una pelea hasta que regrese!
Y con eso, Olgerkhan se calm, y la cuerda dio unos brincos. El semi orco se las arregl
para echar una mirada atrs, al igual que Athrogate, para ver a Mariabronne subirse al

cordn. El vigilante se mova casi tan fluidamente como Entreri lo haba hecho, y se
acerc prudentemente al enano mientras se arrimaban a los crecientes sonidos de
batalla.
Arriba por encima de ellos, Jarlaxle se elev un poco ms, obteniendo un mejor ngulo
desde donde poder arrojar sus proyectiles, los mgicos desde una varita y los
envenenados desde su pequea ballesta.
Ve t, le rog la Comandante Ellery a Pratcus. Necesitarn tu magia.
Se asom por el muro, estirndose para ver la batalla en el camino. Cada tanto se
elevaba una grgola desde el techo de la torre, sus enormes alas de cuero batindose, y
Ellery slo poda rogar que la criatura no notara la cuerda y los hombres indefensos que
cruzaban por ella.
Pratcus vacil y Ellery le dio una aguda mirada. El enano sujet la cuerda y sacudi la
cabeza. No soportar a otro, le explic.
Ellery asent su mano sobre la pared y se volvi hacia Canthan, No tienes nada con lo
que ayudar?
El mago neg con la cabeza. Luego se dispuso tan imprevistamente a conjurar un
hechizo que Ellery retrocedi un paso y solt un chillido. Se dio vuelta al tiempo que
Canthan lanzaba un rayo que acab atrapando a una grgola que se abalanzaba sobre
Athrogate y Olgerkhan.
Nada con lo que ayudar a la escalada, si a eso te refieres, le aclar el hechicero.
Lo que sea que puedas hacer, le respondi Ellery, su tono igualmente seco.

Entreri supo de la peor manera que su posicin encima del techo de la torre lo haba
puesto en estrecha proximidad con muchas de las grgolas. Haba abatido a tres de ellas,
pero mientras cuatro bestias ms saltaban y revoloteaban a su alrededor, el asesino
comenz a moverse ms defensivamente que tratando de asestar golpes mortales.
Desde arriba, Jarlaxle derrib una, enviando un globo de una sustancia viscosa verde
desde su varita. Le dio a una grgola en las alas y la envi abajo, en donde se qued
pegada, perdidamente adherida a una piedra.
Una segunda grgola se separ bruscamente de Entreri y vol hacia el drow levitando,
pero antes de que el asesino pudiera comenzar a recuperar terreno y seguir atacando a
las dos que quedaban, otro par se le acerc desde el muro encima de l.

Musitando por lo bajo, el asesino sigui su danza salvaje, usando la Garra de Charon
para establecer muros de cenizas opacas para ayudarlo en su constante retroceso. Ech
una rpida ojeada a la lnea de la cuerda para notar el progreso de Athrogate y tuvo que
admitir que estaba contento de ver que el enano se aproximaba rpidamente- una
admisin que pens que nunca le hara justamente a ese.
Entreri se esforz deliberadamente entonces, tratando no solo de mantenerse alejado de
las garras y cuernos del cuarteto de revoloteadoras grgolas sino de distraerlas
apropiadamente para que sus refuerzos pudieran obtener un presta ventaja.
Salt a la izquierda, luego cort por la derecha, hacia el centro del techo. Cay veloz
sobre una rodilla y arroj su espada hacia arriba, cortando a una grgola que se le
arrojaba encima, la cual bati sus alas enseguida para elevarse fuera de alcance.
Entreri empez a ponerse de pie, pero una garra lo azot justo por encima de su cabeza,
por lo que en cambio se lanz rodando hacia adelante. Se levant enseguida, girando al
mismo tiempo, el brazo de la espada extendido, para frenar los furiosos ataques. Con
sus habilidades para volar y saltar por encima de l, las bestias tendran que haberlo
tenido- habran tenido a cualquier guerrero humano tpico- pero Artemis Entreri era
demasiado rpido para ellos y se las arregl para ladear el ngulo de su lacerante espada
para defenderse de los ataques de arriba tambin.

Colgando del arns bajo la cuerda, Athrogate lleg al muro de piedra de la torre.
Sube hasta all y ponte a pelear! le rugi a Olgerkhan.
Aun con un solo brazo, el enano jal al enorme semi orco por encima del borde del
muro de piedra. Olgerkhan enganch su pie mientras pasaba por encima, y eso lo envi
rodando de cabeza por el techo.
El enano ri a carcajadas.
Ve, buen enano! lo llam desde la derecha por detrs en la soga Mariabronne.
Regreso por la muchacha, explic Athrogate. Pasa por encima mo, trepador de
rboles y mtete en la pelea!
Sin necesidad de que se lo pidieran dos veces, Mariabronne se arrastr por encima de
Athrogate. El vigilante pareca tratar de ser gentil, o al menos de no darle un pisotn en
la cara al enano. Pero el enano, con sus dos manos libres nuevamente, sujet al vigilante
por los tobillos y lo empuj hacia arriba y lo envi dando tumbos al lado de Entreri y
Olgerkhan.
Athrogate no pudo ver nada de eso, ya que estaba colgando por debajo de la cuerda,
pero escuch la conmocin lo suficiente como para soltar otra carcajada.
Tan pronto como la cuerda dej de bambolearse, el enano solt un segundo gancho en el
arns y unos pocos movimientos de sus brazos poderosos hicieron que bajara zumbando

la declinacin hasta los otros. Aunque se asegur a la cuerda, detenindose de golpe


cuando vio a Pratcus trepando hacia l. A diferencia de Entreri y Mariabronne, el enano
haba enganchado sus talones sobre la cuerda pero simplemente colgaba de sus manos.
Se soltaba con la mano que se aferraba a la cuerda y rotaba las caderas de manera que
cuando sujetaba la cuerda de nuevo, esa mano estaba adelante. Y as avanz,
mecindose rpidamente y caminando por la soga.
Athrogate asinti y sonri al ver el avance del sacerdote. Pratcus usaba un chaleco son
mangas de cuero, y los msculos de sus brazos se abultaban con el esfuerzo- y con algo
ms, Athrogate lo saba.
Te pusiste un encantamiento propio, eh? le dijo Athrogate a Pratcus cuando se le
acerc. Athrogate se gir de forma que su cabeza estaba hacia abajo en direccin al otro
enano, y se estir para tomar la mano de Pratcus.
La fuerza de un toro, le confirm Pratcus, y sujet con fuerza la mano ofrecida de
Athrogate.
Un giro y un balanceo pusieron a Pratcus por encima del colgado enano, en donde
atrap fcilmente la cuerda otra vez y continu su camino. Athrogate aull de la risa y
prosigui su descenso hasta el muro de la torre.
Quin sigue? le pregunt al tro que quedaba.
Ellery mir a Canthan. Lleva a Arrayan, decidi ella, luego Canthan y yo iremos al
ltimo.
No tenemos tiempo para eso, me temo, le lleg una voz desde arriba, y todos se
dieron vuelta para observar a Jarlaxle. El drow le arroj un segundo cordn a Athrogate,
y el enano lo acerc.
El castillo est despertando con nuestra presencia, explic Jarlaxle mientras
descenda. Hizo una sea indicando el suelo, unos veinte metros abajo. Athrogate
empez a protestar pero perdi la voz cuando sigui la mirada de Jarlaxle hacia abajo.
All estaba la horda de no muertos otra vez, escarbando a travs de la tierra y
movindose bajo la larga cuerda.
Oh, encantador, dijo Canthan.
Estn viniendo por los tneles de la muralla tambin, le inform Jarlaxle.
Piensas que son lo suficientemente listos como para cortar la cuerda detrs
nuestro?rugi Athrogate.
Oh, encantador, dijo Canthan.
Jarlaxle cabece hacia Ellery. Ve, le rog. De prisa.
Ellery amarr su hacha y escudo a la espalda y trep por la cuerda sobre el colgante
Athrogate.

Apresrate o vas a tener mi peluda cabeza en tu trasero, le ladr Athrogate.


Ella no mir atrs y sigui adelante lo ms rpido que pudo.
Toma a la muchacha semi orco y djala caer sobre la horda, son una voz en la cabeza
de Athrogate.
El enano puso cara de no entender por un momento, y luego ech una mirada hacia el
lado de Canthan. Nuestra victoria ser casi completa cuando ella est muerta, le
explic el hechicero.
Vamos, muchacha, le dijo el obediente Athrogate a Arrayan.
Jarlaxle se ape sobre la cima del muro al lado de la mujer y la sujet por el brazo al
tiempo que ella avanzaba hacia el enano. Yo la llevar, le dijo al enano, y le aadi a
Canthan, Tu ve con l.
Canthan trat de no demostrar su sorpresa y enojo- y sospechas, ya que haba de algn
modo el drow interceptado su mensaje mgico al enano? O el que Athrogate mirara en
su direccin de algn modo le haba indicado al perceptivo Jarlaxle sus designios para
con Arrayan?
Canthan utiliz su acostumbrado sarcasmo para ocultar sus verdaderas emociones.
Puedes volar ahora? le dijo el mago.
Levitar, le corrigi Jarlaxle.
Hacia arriba y abajo.
Con poco peso, explic el drow, y tom el extremo de su segundo cordn de
Athrogate y lo enroll alrededor del plomo del arns atraca casas. No seremos un
obstculo para ti en absoluto, buen enano.
Athrogate lo entendi todo de golpe y aull ms fuerte todava. Canthan se estaba
arrimando tentativamente al borde hacia l , cuando el enano se estir y lo sujet por el
cinturn, empujndolo rudamente.
Me consegu un elfo drow barrilete! declar Athrogate con una vigorosa carcajada.
Engancha tus brazo por el arns y aguanta, le rog Jarlaxle al hechicero. Suelta los
brazos del enano, te lo ruego, de lo contrario le castillo nos atrapar antes de que
alcancemos el otro lado.

Canthan sigui mirando fijamente al sorprendente drow, y vio claramente en la mirada


devuelta de Jarlaxle que las instrucciones del elfo oscuro haban emanado de una ms
que prudencia. Se estaba dibujando una lnea entre ellos. Canthan lo saba.
Pero el momento de cruzar esa lnea y aventurarse a que Jarlaxle lo desafiara no haba
llegado todava. Haba guardado varios hechizos a mano y estaba lejos de que se le
agotaran, pero crear problemas justo en ese momento poda costarle caro con las hordas
del castillo, cualquiera que fuera el resultado de su disputa personal con el drow.
Aun mirando fijamente a Jarlaxle, el mago se movi hacia el borde del muro y se
inclin tentativamente para encontrar un asidero en el arns de Athrogate. Solt un grito
de sorpresa cuando el enano lo sujet de nuevo y lo arroj por encima, mantenindolo
en su lugar hasta que pudo enroscar sus delgados brazos a travs de algunas correas.
Luego grit otra vez cuando Athrogate plant sus pesadas botas contra la piedra del
muro, se propuls y comenz a avanzar con las manos la soga.
Jarlaxle tom el remanente de soga y se acerc al borde con Arrayan.
Sujtate, le rog el elfo oscuro, y ante su obvia conmocin, dio un paso al vaco.
Tal vez para calmar los aferrados nervios de la mujer, el drow us su poder de
levitacin para elevarse un poco ms alto, poniendo ms distancia entre ellos y los
monstruos no muertos. Canthan haba escuchado que todos los drows eran poseedores
de la habilidad de levitar pero sospechaba que Jarlaxle de hecho estaba utilizando algn
artefacto encantado- quizs un anillo u otra joya. Estaba muy al tanto de que el
misterioso drow tena ms que unos cuantos artefactos mgicos en su poder, y no
sabiendo precisamente de que estaban hechos el hechicero era reticente a dejar que las
cosas entre ellos fueran ms lejos.
Nos estamos acercando de prisa, Ellery! le grit Athrogate a la mujer ms adelante.
Vas a tener una cabeza de enano cerca! buajaja!
Ellery que no era ninguna tonta, pareci ganar un poco de velocidad ante esa
afirmacin.

El techo estaba despejado, pero la pelea todava segua en la torre, ya que los no
muertos haban comenzado a escalar la torre- o tratar de hacerlo al menos- y ms
grgolas se estaban despertando ante la intrusin y volaban hacia la estructura central.
Mariabronne trabajaba con su arco furiosamente, corriendo de un muro al otro,
disparndole a las grgolas de arriba y a los esqueletos que merodeaban abajo.
Olgerkhan tambin, se mova por el techo, aunque torpemente. Tena demasiadas
heridas de la pelea inicial despus de que Athrogate lo hubiera arrojado con pocos
miramientos hacia el muro, y la mayora de ellas las haba recibido porque el enorme
guerrero, exhausto hasta los huesos para ese entonces, haba sido simplemente

demasiado lento para reaccionar. A pesar de todo, trataba de ayudar, utilizando los
cuerpos de las grgolas como bombas que le llovan a los no muertos que trepaban.
Artemis Entreri trat de bloquearlos. Se haba bajado ocho metros por la pequea
escalera a lo largo del muro del fondo hasta un descansillo con una pesada puerta de
acero. Pronto descubri que la puerta estaba cerrada, y de manera astuta. Una rpida
inspeccin tambin le haba mostrado que ms de una trampa haba sido dispuesta
alrededor del portal, otro claro recordatorio de que las construcciones de Zhengyi saban
cmo protegerse. De todas formas, no estaba apurado- no tena intencin de abrir la
puerta hasta que los otros llegaran- por lo que cuidadosa y deliberadamente analiz los
detalles de la jamba, el candado, los potenciales lminas de presin dispuestas en el
suelo...
Tenemos que entras enseguida! le grit Mariabronne, y el vigilante acentu su
advertencia con el zumbido de su arco largo.
Mantn las bestias lejos de m, contrarrest Entreri.
Como si hubiera sido un indicio, Olgerkhan grit de dolor.
Haz una brecha! clam Mariabronne
Maldiciendo por lo bajo, Entreri se dio la vuelta y se apresur por las escaleras para ver
como Mariabronne batallaba ferozmente contra un par de grgolas sobre su derecha,
cerca de donde la cuerda haba sido colocada. Una tercera criatura se aproximaba
velozmente. Detrs del vigilante, Olgerkhan caa bruscamente sobre las piedras a la
altura de la cintura del muro.
Aydame a subir! llam el enano sacerdote desde ms all del muro.
Olgerkhan luch por ponerse de pie, pero se las arregl para pasar su mano por encima.
Entreri golpe la espalda de una de las grgolas justo cuando Pratcus pisaba el techo. El
enano fue hasta Olgerkhan primero, pero puso cara de disgusto y mir ms all de l
cuando comenz a realizar un hechizo de curacin, apuntndole no al mayormente
herido semi orco, sino a Mariabronne, quien estaba comenzado a mostrar signos de
cansancio en la batalla, al tiempo que las garras traspasaban sus defensas y lo
desgarraban.
Lo tenemos, le grit el vigilante a Entreri, y mientras la curacin del enano lo baaba,
Mariabronne se mantuvo ms derecho y pele con renovada [Link] puerta! Haz
una brecha!
Entreri se detuvo lo suficiente para echarle un vistazo al tro y ver el dolorosamente
lento avance de Ellery sobre la cuerda y a los otros cuatro esforzndose por llegar hasta
l en una extraa formacin, con Jarlaxle y Arrayan flotando detrs de Athrogate y el
colgado mago.
Sacudi la cabeza y corri de vuelta a la puerta ms alta de la torre. Consider el tiempo
que el quedaba antes de que llegara el resto y volvi a revisar si haba ms trampas.
Como siempre, el cronometraje del asesino fue casi perfecto, y abri justo la puerta

cuando los otros se amontonaron detrs de l en las escaleras. Entreri abri la puerta de
un empujn y dio un paso atrs, y Athrogate pas de largo. Entreri lo sujet del hombro,
detenindolo.
Eh? pregunt el enano, y pretenda discutir ms pero Entreri ya haba colocado un
dedo sobre sus labios fruncidos.
El asesino pas por al lado de Athrogate y se agach. Despus de una inspeccin
apresurada de las piedras ms all del umbral, Entreri busc en su bolsa y extrajo un
poco de polvo de tiza. Lo arroj encima de ciertos sectores de las piedras
Lminas de presin, le explic, dando un paso atrs e indicndole a Athrogate que
continuara.
Tiene sus usos, farfull el enano.
Entreri esper a Jarlaxle, quien vena a la retaguardia de la fila. El drow lo mir y le
sonri adrede, despus se pos a propsito sobre la tiza del asesino.
Hazles creer que eres ms til de lo que eres, le felicit Jarlaxle, y Entreri
simplemente se encogi de hombros.
Realmente creo que ests comenzando a entenderlo todo, aadi Jarlaxle. Debera
estar preocupado?
S.
La simplicidad de esa respuesta trajo otra sonrisa al rostro negro como el carbn de
Jarlaxle.

CAPITULO 17

LA CONFIRMACION DE CANTHAN

La puerta se abri a una habitacin circular que abarcaba todo un piso de la torre. Un
altar de basalto sobresala del borde norte de la habitacin directamente en frente de
ellos. Vetas rojas se disparaban a travs de las piedras, acentuando las decoradas

imgenes de bajo relieve de dragones Detrs del altar, entre un par de ardientes
braseros, se asentaba un enorme huevo, lo suficientemente enorme como para que un
hombre del tamao de Entreri pudiera enroscarse dentro.
Este parece un lugar para pelear, musit Athrogate, y no pareca desanimado en lo
ms mnimo ante esa probabilidad. Dada la escena afuera con lo no muertos, las
palabras del enano sonaban ciertas, ya que todo alrededor de la habitacin, dispuestas de
manera equidistantes, haba colocados sarcfagos de piedra pulida y decorados con oro.
El frente de los atades ornamentados mostraba una criatura humanoide de pie con los
brazos apretados a los costados, con largos pies y un hocico largo canino.
Gnolls? pregunt Jarlaxle. Detrs de l, Entreri asegur la puerta, colocando el
cerrojo expertamente.
No nos demoremos en averiguarlo, dijo Mariabronne, sealando la otra salida de la
habitacin: otra escalera descendente sobre el lado derecho. Estaba bordeada por una
baranda a la altura de la cintura, que entraba hasta el otro lado de la habitacin. El
vigilante, sus ojos puestos en el sarcfago ms cercano, una mano lista sobre su espada
envainada, dio un paso adelante hacia el centro de la habitacin. Sinti un rugido, como
si fuera un movimiento procedente del sarcfago ms cercano, y le advirti al resto a
gritos.
Pero los otros no necesitaron la advertencia, ya que tambin lo sintieron , y Entreri entr
en accin, pasando como un rayo al lado de los otros hacia la baranda. Se sujet a ella y
rod por encima, dejndose caer con destreza sobre las escaleras de abajo. Casi sin
detenerse, estuvo ante la segunda puerta en un instante, trabajando con sus dedos,
alrededor de los bordes, sus ojos lanzando rpidas miradas a un lado y a otro. Respir
hondo. Aunque no vio trampas, el asesino saba que debera inspeccionar la puerta con
mayor detalle, pero simplemente no tena tiempo. Detrs de l, escuch a sus amigos
gatear por las escaleras, seguido por el crujiente sonido de los monstruos no muertos
dentro de los sarcfagos que empujaban para abrir los atades,
Fue por la cerradura. Pero antes de que pudiera comenzar, la puerta se abri. Entreri
retrocedi, desenvainando sus armas.
Sin embargo, nada sali, y el asesino se calm cuando not la cara presumida de
Canthan detrs de l en las escaleras.
Un hechizo mgico para abrirla? le pregunt Entreri.
No tenamos tiempo para tu inspeccin. le respondi el mago. Lo pens prudente.
Claro que lo pensaste, mientras yo estuviera lo suficientemente cerca como para pudiera
hacerle frente a cualquier trampa o monstruo que estuviera a la espera, Entreri pens
pero no dijo nada- aunque su expresin les dio una pista a los otros de lo que pasaba por
su mente.
Estn saliendo, les advirti la Comandante Ellery desde arriba en la habitacin.
Gnolls momificados, dijo Jarlaxle. Interesante.

Entreri no estaba tan interesado y no sent deseos de ver criaturas tan extraas. Gir
alejndose de Canthan, desenvainando sus espadas al mismo tiempo y carg
atravesando la puerta. Se sorprendi, al igual que todos los otros cuando la atravesaron,
de ver que no estaba en el nivel ms bajo de la torre. Desde afuera, la estructura no
pareca ser lo suficientemente alto como para albergar tres pisos, pero lo que era seguro
es que Entreri se encontr en el balcn que rodeaba la circunferencia de la torre,
abrindose ante una escalera de piedra sobre el muro ms al norte.
Movindose hacia la baranda de acero, sus balaustres con formas que asemejaban a
dragones retorcidos con alas desplegadas, Entreri resolvi el acertijo. Ya que el nivel
del suelo debajo de l estaba parcialmente bajo tierra- la seccin circular de sta al
menos.
Sobre el lado ms al sur de ese suelo de abajo, un pequeo juego de escaleras suba
hasta un alcoba rectangular que sostena las puertas principales del la torre, de modo tal
que el perfil de ese nivel ms bajo le recordaba al asesino al hueco de una cerradura.
Y all, justo en la cima de esas escaleras, dispuesto en una alcoba rectangular frente a las
puertas, descansaba el libro de Zhengyi, el tomo de creacin suspendido sobre
tentculos que le parecan demasiado familiares a Artemis Entreri. El asesino
eventualmente desvi sus ojos de seductor objetivo y complet su escrutinio del piso de
abajo.
Oy que la puerta detrs de l se cerraba, seguido inmediatamente de un pesado
martilleo y Jarlaxle diciendo con su tpica tendencia al eufemismo, Deberamos
movernos rpidamente.
Pero Entreri no tena ningn apuro para bajar las escaleras o bajar por la baranda. Not
un par de estatuas de acero dispuestas al este y oeste en el cuarto de al lado, y record
vvidamente su encuentro en la torre de Herminicle. An peor que la posibilidad de un
par de golems de acero, el cuarto de abajo no estaba cerrado, ya que cada pocos metros
alrededor del permetro haba una abertura a un tnel trabajado con piedras
acomodadas, de manera que llevaban hacia el subsuelo. Podran estar aproximndose
en ese momento las hordas de no muertos por esas rutas?
Un agudo campanilleo detrs hizo que Entreri se diera vuelta. Athrogate permaneca
cerca de la puerta cerrada de acero, las barras bloqueadoras y los cerrojos desgarrados
por los fuertes porrazo de los gnolls momificados. El enano se puso a trabajar
metdicamente, dejando caer su mochila al suelo y sacando una clavija tras otra. Las
coloc estratgicamente alrededor de la puerta y las introdujo bien hondo en la piedra
con un solo golpe de las estrellas matutinas- con la que estaba encantada con un aceite
para impactos.
Un momento ms tarde, dio un salto atrs y puso las manos en la cadera, supervisando
su trabajo. Si, los retendr por un rato.
Ellos son la menor de nuestras preocupaciones, dijo Entreri.
Para entonces, varios de los otros estaban en la barandilla mirando desde arriba el cuarto
y bajando con el mismo comentario sombro que haba hecho Entreri. No as, Arrayan y

Olgerkhan. La mujer se desplom contra la pared del fondo, como si el mero hecho de
estar all, tan cerca del libro mgico, la estuviera dejando impotente. Su compaero ms
grandote no pareca mucho mejor.
All estn nuestras respuestas, dijo Canthan sealando el libro. Llvenme hasta l.
Probablemente esas estatuas se animarn, dijo Jarlaxle. Los golems de acero no son
enemigos fciles.
Athrogate rugi de risa al tiempo que caminaba hasta ponerse al lado del drow.
No has visto nada todava de Vapuleadora y Fracturadora? y mientras mencionaba a
las armas, las present delante del elfo.
Vapuleadora y Fracturadora? respondi el drow.
Athrogate se rea a carcajadas mientras miraba por sobre la baranda, mirando
directamente hacia abajo en la encima superior de una de las estatuas de acero. Nos
vemos abajo! le grit y con eso le susurr a cada una de las armas, urgindolas a que
vertieran sus fluidos mgicos. Con otra carcajada salvaje, salt por la baranda y se dej
caer..
Vapuleadora y Fracturadora? pregunt de nuevo Jarlaxle.
Sola llamarlas Putrefactora y Masacradora, le respondi Ellery, y Entreri not que
por primera vez desde que hubiera conocido a Jarlaxle, el drow pareca no tener
respuesta.
Pero as como nadie negaba la inanidad de Athrogate, tampoco haba forma de negar su
efectividad.
Aterriz sentado sobre los hombros de la estatua de acero, sus piernas enroscadas
alrededor de la cabeza. El golem comenz a cobrar vida, como haban predicho, pero
antes de que pudiera siquiera alcanzar al enano, Fracturadora lo aporre en la parte
superior de la cabeza. El negro acero del crneo de la estructura se torn de un marrn
rojizo , su integridad robada por las secreciones de un monstruo oxidado. Cuando
Vapuleadora, brillante con el aceite de impacto, golpe el mismo lugar, volaron
esquirlas de acero de la cima y la cabeza del golem se hundi.
A pesar de ello, la criatura desgranaba, pero Athrogate tena una gran ventaja, batiendo
sus armas con precisin, derrotando la integridad de la armadura natural de su oponente
con una estrella matutina, y despus haciendo estallar la otra.
Un miembro de acero sali volando, y a pesar de que la otra mano se las arregl para
agarrar al enano y arrojarlo al suelo, el fuerte y rudo Athrogate se puso de pie con un
salto y golpe al golem con una combinacin de uno-dos, uno-dos que le hizo volar una
pierna. Y luego le hundi el costado del pecho como medida de precaucin.
Pero el otro golem se lanz a la carga y otros ruidos hicieron eco desde los tneles.

Mariabronne y Ellery, con Pratcus llevado a rastras, se lanzaron hacia la escalera


mientras Entreri, se deslizaba por encima de la baranda y se dejaba caer unos diez
metros hasta el suelo, absorbiendo su aterrizaje rodando de costado.
Canthan tambin, pas por sobre la baranda, largando el extremo de una soja mientras
que su otro extremo estaba anclado en medio del aire. Se desliz hacia abajo a un
costado de la refriega sin intenciones de unirse a ella. Para el mago, el objetivo estaba a
la vista, yaciendo all para que l lo tomara.
No le gust cuando Jarlaxle descendi flotando a su lado y march con l hasta la
alcoba del frente.
Mantenlos lejos de m, le orden Canthan al drow.
Mantenlos? pregunt Jarlaxle.
Canthan no lo estaba escuchando. Se detena a cada paso y comenz a realizar una serie
de hechizos, tejiendo barreras protectoras a su alrededor para alejar la magia defensiva
que sin duda protega el tomo.
Jarlaxle! llam a gritos Ellery. A m!
El drow se dio vuelta y mir a la mujer. La situacin en el cuarto estaba bajo control por
el momento, poda ver que en mayor parte era gracias a las habilidades de Athrogate y
su efectividad contra los golems de acero.
Uno estaba cado, arrastrndose sin remedio, y el segundo ya se estaba levantando y
vacilaba mientras un estallido tras otro lo destruan, con el enano corriendo a su
alrededor y ya golpeando con desgano.
Jarlaxle! grit nuevamente Ellery.
El drow la observ y se encogi de hombros.
A m! insisti ella.
Jarlaxle mir hacia atrs a Canthan, quien permaneca frente al libro, luego se volvi y
le ech una mirada a Ellery. Ella pretenda mantenerlo alejado y no era por ningn otro
motivo ms que permitirle a Canthan examinar el libro primero.
Ellery lo mir fijamente, mostrando en su mirada sin duda alguna de que si l la
desobedeca, la pelea comenzara entonces.
Mir una vez ms a Canthan y volvi a confiar en que todava tena tiempo de hacer su
jugada, ya que el hechicero se estaba moviendo con mucha precaucin y pareca
profundamente perplejo.
Jarlaxle empez a cruzar el cuarto hacia Ellery. Se detuvo y seal las escalera, en
donde Olgerkhan y Arrayan estaban abrindose camino para bajar, el enorme semi orco
, prcticamente la llevaba en brazos a la exhausta mujer.

Aseguren el permetro, les orden Ellery a todos, y les hizo una sea a los semi orcos
para que regresaran al balcn. Debemos darle tiempo a Canthan para que desentrae el
misterio de este lugar. Les agreg a Mariabronne y Entreri, Exploren los tneles hasta
la primera puerta o treinta metros.
Entreri solo la estaba escuchando de refiln, porque ya estaba escudriando los tneles.
Todos ellos parecan tomar el mismo rumbo: bajando en picada, de cuatro metros de
ancho que doblaban a la izquierda despus de unos doce metros. Haba antorchas
dispuestas en las paredes, a derecha e izquierda pero no estaban encendidas. Aunque,
incluso en la oscuridad, el habilidoso Entreri entenda que los pisos no eran tan slidos
como aparentaban.
Todava no, dijo el asesino al tiempo que Mariabronne comenzaba a bajar por un
tnel.
El vigilante se detuvo y esper mientras Entreri retroceda por la entrada del tnel y
sacaba la cabeza destruida de un golem de acero. Fue hasta el frente de uno de los
tneles y le pidi al resto que retrocedieran.
Dej caer la cabeza y salt a un lado como si esperara una explosin, y tal como
sospechaba, el objeto rebot a lo largo de una plancha de presin dispuesta en el suelo.
Brotaron llamas, pero no las llamas de una trampa de fuego. Ms bien, las antorchas se
encendieron, y mientras la cabeza rodaba hacia el recodo, golpe una segunda plancha
de presin, encendiendo las antorchas de enfrente tambin.
Qu conveniente, seal Ellery.
Son todos as? pregunt Mariabronne.
Hay planchas de presin en todos, respondi Entreri. Qu hacen, no sabra decirlo.
Acabas de mostrrnoslo, tonto, dijo Athrogate.
Entreri no contest, ms que con una abyecta mueca. La primera regla para crear
trampas efectivas era presentar una situacin que hiciera sentir a los intrusos a gusto.
Inspeccion a Athrogate y decidi que no necesitaba contarle al enano ese pensamiento
sobre sentido comn.
Extrao era que ella eligiera ese momento para creerse una lder, musit el mago
cuando escuch a Ellery ladrar rdenes a la distancia. Despus de todo, para Canthan,
Ellery nunca sera ms que un pen. Aunque, no poda negar su eficiencia en su
presente papel. Los otros no se atrevan a contrariarla, especialmente con el tonto de
Mariabronne asintiendo y moviendo los labios ante cada una de las palabras de ella.
Una ojeada superficial le dijo a Canthan que Ellery estaba desarrollando sus
responsabilidades bien. Los tena a todos ocupados, recorriendo los diferentes tneles,
con Olgerkhan y Arrayan custodiando la puerta arriba en las escaleras. Pratcus se
aferraba a las armas de Ellery mientras esta iba en misin exploradora, el enano
permaneca en el cuarto circular y saltaba de un lado al otro vigilando cada oscura

abertura al tiempo que Ellery, Entreri, Jarlaxle, Mariabronne y Athrogate exploraban los
pasillos.
Canthan vislumbr a Ellery mientras ella sala de un tnel y doblaba por otro con el
escudo en un brazo y el hacha lista en el otro.
Te he enseado bien, susurr por lo bajo. Se volvi a concentrar mientras terminaba y
se rega a s mismo por permitirse semejante distraccin- cualquier distraccin- en el
momento ms importante. Respir hondo y volvi al libro. Su confianza creci mientras
segua leyendo, ya que sinti las intrusiones empticas del tomo viviente y lleg a creer
que sus barreras defensivas seran suficientes para mantenerlas a raya. Rpidamente el
versado mago comenz a descifrar los caminos del libro. Las runas aparecan en el aire
por encima y caan dentro como si fueran traducciones de energa vital, atradas por una
fuente exterior. Esa energa le haba dado alas a la construccin, servido como una
fuente viva de poder animando a los no muertos, provocado que las grgolas se
regeneraran en sus propias percas, y trado a la vida a los golems.
Canthan a duras penas poda respirar. El mero poder de la traduccin lo sobrecoga. Por
casi dos dcadas, los hechiceros de las Tierras de Bloodstone consideraban el hecho de
que Zhengyi fuera un lich, que hubiera engaado a la muerte misma, era uno de sus
mayores logros, pero el libro...
El libro rivalizaba incluso con eso. El hechicero devor otra pgina y ansiosamente dio
vuelta la siguiente. Enseguida haba llegado al punto en que la inscripcin terminaba y
mir con asombro como las runas aparecan en el aire y oscilaban sobre las pginas,
escribiendo al mismo tiempo. El proceso haba sido vamprico al principio, reconoci
Canthan, con el tomo tomando lo que necesitaba de la fuerza vital, pero se haba vuelto
ms simbitico, una conjuncin de voluntad y propsito.
La fuente de energa? Musit Canthan. Consider a Arrayan, su debilidad y la de su
compaero. Ella haba encontrado al libro perdido, le haban dicho Mariabronne y
Wingham.
No, decidi el mago. Ese no era todo el asunto. Arrayan estaba mucho ms entrelazada
en todo ello aparte de haber estado siendo drenada de su energa vital. Canthan sonri
cuando finalmente comprendi el poder del tomo y supo como derrotarlo. Y no solo
derrotarlo, esperaba, sino tambin como poseerlo. Desvi su mirada de la pgina y mir
arriba hacia las escaleras para ver a Arrayan apoyndose sobre la pared, mirando a
Olgerkhan. Lo miraba desesperadamente, lastimeramente. Demasiado, Canthan lo saba.
Haba ms en juego para la joven mujer que si encontraban o no la salida del castillo.
Para ella, era mucho ms personal que la seguridad de Palishchuk.
Entreri les haba mostrado como probar cada plancha de presin de forma segura, pero
Mariabronne no necesitaba tales instrucciones. El vigilante haba jugado en escenarios
similares muchas veces- y saba cmo y tena el equipo necesario para abrirse camino
bajo el tnel que haba elegido.
Haba seguido curvndose hacia la izquierda por varios metros, con planchas de presin
dispuestas entre cada conjunto de antorchas cada una docena de metros ms o menos.
Mariabronne encendi la primera golpeando ligeramente la plancha con un largo palo

plegable, pero no accion la siguiente , o la siguiente despus de esa, prefiriendo


caminar casi en la oscuridad. Luego, convencido de que todo estaba despejado, el
vigilando se apresur hacia el segundo conjunto de antorchas y activ la plancha.
Repiti el proceso, siempre encendiendo las antorchas dos conjuntos por detrs.
Despus de cerca de cincuenta metros, el tnel se converta en una escalera, yendo hacia
abajo por muchos, muchos escalones. Mariabronne ech una miraba atrs por el camino
por el que haba venido.
Ellery les haba dicho que exploraran los tneles solo por treinta metros ms o menos.
Aunque el vigilante siempre haba sido un explorador muy avanzado e independiente y
confiaba en sus instintos. Sigui hacia abajo, probando los escalones y las paredes.
Lenta y prudentemente, puso una distancia de tres docenas de escalones antes de que se
tornara simplemente demasiado oscuro para que continuara. No queriendo marcar su
posicin claramente encendiendo una vela o antorcha propia, Mariabronne suspir y se
dio la vuelta.
Pero justo entonces una luz apareci por debajo de l, detrs de una puerta entreabierta
de una recmara al final de las escaleras. Mariabronne la oje por un largo rato, el pelo
de su nuca hormigueando y parados en punta. Viva para tales momentos, al precipicio
del desastre, burlando lo desconocido. Sonriendo a su pesar, Mariabronne baj
silenciosamente hacia la puerta.
Escuch por un corto instante y se atrevi a espiar. Todo castillo debe tener su cuarto
del tesoro, fue su primer pensamiento, e imagin que estaba mirando una de las
antecmaras de justamente esos cuartos. Dos sarcfagos decorados estaban dispuestos
en paredes opuestas, enmarcando una puerta cerrada de acero. Ante ellos, en el centro
del cuarto, arda dbilmente un brasero, una delgada lnea de humo negro se alzaba
hasta el techo. En el centro de ese techo haba una depresin circular con un tipo de bajo
relieve que Mariabronne no pudo descifrar- aunque le semejaban huevos de piedra
encajados all.
Mesas de piedra decorados con candelabros plateados y baratijas variadas se alineaban
en las paredes, y el vigilante distingui algunas campanillas de plata, un cetro cubierto
de joyas y un incensario de oro. Artefactos religiosos en su mayora, o eso le parecan a
l. Un solo mantel colgaba de una mesa, bordado con una escena de gnolls danzando
alrededor de un dragn alzado.
Encantadora combinacin, susurr.
Mariabronne mir atrs hacia el pasillo ascendente detrs de l. Tal vez no debera
presionar su suerte. Poda adivinar fcilmente lo que contenan esos sarcfagos. El
vigilante sonri. Esa haba sido la historia de su vida; siempre empujando mucho ms
adelante de lo que debera. Record el regao que el Rey Gareth le haba dado en su
primera expedicin de exploracin oficial en Vaasa oriental. Gareth le haba urgido a
que hiciera un mapa de la regin a lo largo de las Galenas por cinco millas.
Mariabronne haba ido hasta Palishchuk. As es como era y como jugaba: siempre al
lmite y lo suficientemente habilidoso o lo suficientemente afortunado como para salir
airoso de cualquier problema con el que se hubiera topado su personalidad aventurera.

Y as era todava y no poda resistirlo. El Honorable General Dannaway de la Puerta de


Vaasa haba sido lo suficientemente sabio como para no confiarle el cuidado de Ellery
solo a Mariabronne. El vigilando abri del todo la puerta y se introdujo en la habitacin.
Oro y plata se reflejaron en sus ojos marrones, brillando a la luz del brasero. Sin
embargo Mariabronne trat fuertemente de no distraerse y se coloc en lnea con los
atades. Tal como haba esperado, las tapas decoradas con cara de perros se abrieron de
par en par.
Mientras una momia gnoll sala caminando de su atad, Mariabronne estaba all, con
una sonrisa en su rostro, su espada hbilmente cortando y apualando. Golpe a la
criatura varias veces antes de que sta hubiera salido del todo de su atad, y cuando
alarg un brazo hacia l, movindose pesadamente, Mariabronne gustosamente le
arranc el brazo a la altura del codo.
El segundo ya estaba sobre l para entonces y el vigilando salt hacia atrs. Dio un giro
rpido sobre s mismo, con la hoja nivelada, y la espada encantada cort el rea
abdominal del gnoll, desgarrando los sucios vendajes y abriendo un tajo a lo largo de la
panza disecada de la criatura no muerta. La momia gnoll gru y fren su persecucin.
Mariabronne sonri ms ampliamente an, sabiendo que su arma realmente poda herir
a esa cosa. Y las dos criaturas no muertas simplemente no eran lo suficientemente
rpidos como para representar una seria amenaza al diestro guerrero.
La hoja de Mariabronne trabaj brillantemente y con la velocidad de la luz y perfecta
precisin, encontrando cada abertura en las defensas de las momias, tomando lo que le
ofrecan y nunca pidiendo ms. Pele sin urgencia, como era su caracterstica y estaba
arraigado en la confianza de que fuese lo que fuese lo que siguiera, tendra la capacidad
de derrotarlo.
Un traqueteo desde arriba puso a prueba esa confianza. Ambas momias eran cosas
desgarradas para ese entonces, mucho ms de lo que lo haban estado al principio
cuando emergieron de sus atades, con las vendas deshilachadas colgando sueltas y
profundos cortes de los cuales exudaban olores putrefactos y el ocasional goteo de
secreciones alrededor de ambas criaturas. Una solo tena la mitad del brazo, una
estribacin oscura griscea sobresaliendo del mun. El otro a duras penas se mova ,
con las tripas afuera, y sus piernas dobladas.
El vigilante lo llev hasta el costado ms cercano de la habitacin, de regreso a la puerta
por la que l haba entrado, luego se desembaraz de ellos y encontr el tiempo para
echar una mirada arriba hacia el traqueteo. Not que uno de las formas de huevo se
meca atrs y adelante encima del brasero. Se solt del techo y cay sobre el recipiente
llameante. Mariabronne mir con los ojos bien abiertos de curiosidad como caa. Se dio
cuenta de que no era una roca con forma de huevo sino un huevo real de alguna clase.
Cay sobre los carbones ardientes y se abri en dos, y una lnea de humo ms negro se
apresur a salir de ste, ensanchndose mientras se elevaba. Esperaba que no fuera
venenoso, Mariabronne retrocedi hasta donde estaban las momias pensando en abrirse
camino entre ellas con la espada y prepararse para un escape rpido. Golpe a la ms
cercana en las entraas otra vez, extendiendo la ya profunda herida tan a fondo que la
criatura se dobl por la mitad y cay de cabeza. El otro le tir un gancho a Mariabronne

pero el vigilante fue demasiado veloz. Se agach esquivando el golpe y fue derecho
hacia la puerta.
No corrers! le lleg una retumbante voz a sus odos, y el vigilante sinti un
escalofro por su espina dorsal. Acompaando la voz, lleg un sbito vendaval que tir
la capa del vigilante hacia su espalda.
Aunque lo peor para Mariabronne fue que el viendo cerr de golpe la puerta. Rod y se
dio vuelta al levantarse, de modo que le dio la espalda a la puerta y qued enfrentando
la habitacin. Su mandbula cay al piso cuando sigui con la vista la ondulante
columna de humos negro que suba y suba hasta formar el torso y una cabeza cornuda
de una gigante criatura demonaca que irradiaba un aura de pura maldad. Su cabeza y
rasgos faciales se asemejaban al del arrugado hocico de un bulldog, con enormes
caninos y un par de cuernos encorvados hacia adentro a los costados de su cabeza. Sus
brazos y manos parecan formados de humo, grandes manos negras como garras con
dedos que terminaban en afiladas puntas.
Bienvenido, humano, le salud la criatura demonio. Viniste aqu buscando aventura
y a probar tus habilidades, sin duda. Te iras ahora que finalmente la has encontrado?
Te enviar de regreso al Abismo, demonio! prometi Mariabronne.
Se adelant pero se dio cuenta de su error inmediatamente, ya que en su fascinacin con
la formidable bestia, haba perdido de vista a la momia. Se le tir encima con un torpe
gancho . El vigilante se desvi y esquiv el golpe. Pero el segundo, con el brazo
arrancado y apualado, el despojado, cort el cuello de Mariabronne con el hueso.
Nuevamente la velocidad de Mariabronne lo rescat antes de que la momia pudiera
continuar, pero sinti la tibieza de su propia sangre goteando por el cuello. Antes de que
siquiera pudiera considerar eso, estaba saltando a un costado una vez ms.
La humeante criatura sopl un cono de ardiente aliento.
Daemon, corrigi la bestia. Y mi hogar est en el plano de Gehenna, a donde
regresar gustosamente. Pero no hasta que me haya saciado con tus huesos.
Las llamas danzaron desde la capa de Mariabronne y se gir, sacndosela mientras se
volteaba. Se dio cuenta entonces que la momia que lo persegua no haba sido muy
afortunada, habiendo captado toda la fuerza del fuego del demonio. Se revolcaba, las
llamas danzndole encima, un brazo movindose frenticamente, intilmente.
Mariabronne tir su capa al suelo como medida de precaucin. Luego salt adelante y el
demonio avanz , el humo formando unas poderosas piernas mientras sala del brasero.
Barri el aire con sus sombras manos e inclin su cabeza rpidamente para morder a
Mariabronne, pero de nuevo el vigilante se dio cuenta enseguida que l era el luchador
superior y que su espada poda infligirle verdadero dao a la abominable criatura.
Gehenna, entonces, grit l. Pero irs all hambriento!
Tonto, siempre estoy hambriento!

Su ltima palabra son ms como una grgara, cuando la fina espada del vigilante
golpe su rostro. En su aullido de triunfo, Mariabronne no escuch caer al segundo
huevo.
Ni al tercero.

CAPITULO 18

EL VIAJE DEL VIGILANTE

El sonido de la batalla recorri el pasillo hasta la habitacin principal de la torre.


Canthan gru ante el sonido pero se neg a alejarse del tomo. Estaba seguro de que
haba ms secretos enterrados dentro de ese libro. La energa le haca hormiguear la piel
y zumbaba en el aire a su alrededor. El libro era mgico, las runas eran mgicas, y l
tena un mejor entendimiento de cmo haba surgido el castillo, sobre la fuente de
energa que haba facilitado la construccin, pero haba ms. Algo permaneca
escondido justo debajo de la superficie. Incluso las runas mgicas que iban apareciendo
sobre las pginas podan llegar a ser un clave.
El ruido del acero lo distrajo. Se dio vuelta para ver a un muy agitado Pratcus saltando
de un pie a otro en medio del cuarto. Ellery sali del tnel y tom un atajo por el
costado por donde emanaba el sonido. Mir a Pratcus al tiempo que Athrogate emerga
del tnel de enfrente. Arriba en el balcn, Olgerkhan y Arrayan se inclinaban por la
barandilla, mirando hacia abajo con preocupacin.
Quin? pregunt Ellery.
Tiene que ser el vigilante. respondi Pratcus.
Ellery corri hacia el sonido. Qu tnel? pregunt ella, ya que todas las antorchas se
haban apagado de nuevo, y el eco de los sonidos la confundan.
Todos los ojos se posaron sobre el enano y Pratcus simplemente se encogi de hombros.
Luego desde arriba, Olgerkhan grit, Brecha!
La pelea haba llegado.
Tan slo mantnganlos lejos de m! gru Canthan y se esforz por concentrarse de
nuevo sobre el libro abierto.

Otro huevo cay y se rompi, y con ese eran cinco. Mariabronne termin con el primero
con un corte a dos manos a la cabeza, pero estaba demasiado ocupado alejndose del
ardiente aliento de los demonios como para detenerse y aplaudir la matanza. Se puso de
cabeza en unos tumbos y giros frenticos, cortando, tajeando y golpeando una y otra vez
y lleg a darse cuenta de que las criaturas solo podan escupirle su aliento de fuego a

cierta distancia. Por lo que corri, acercndose alternativamente. Reciba algunos golpes
y daba otros ms, y su confianza solo se increment cuando, al escuchar ms traqueteos
desde arriba, salt a un lado y volte con el hombro el brasero al piso.
El traqueteo se detuvo.
No habra otros ms que esos cuatro parados frente a l. Todo lo que tena que hacer era
aguantar hasta que llegaran sus compaeros. Brinc hacia adelante y carg pero se
detuvo de golpe y vir a un costado. Us el sarcfago como escudo y mantuvo las
garras y humeantes manos a raya. Su sonrisa apareci una vez ms, esa confianza que
recordaba al joven Mariabronne quien se haba ganado por derecho el sobrenombre de
El Explorador y que tambin se haba ganado una vivaz reputacin con las damas a lo
largo de toda Damara. Su sentido de la aventura lo abrumaba. Nunca se sinti ms vivo,
que al borde del desastre, de la libertad y el destino en los momentos de mayor peligro.
Son todos los de Gehenna tan lentos? trat de decir para vituperar a los demonios,
pero en la mitad de la oracin tosi sangre.
El vigilante se congel. Se llev su mano libre al cuello y sinti que la sangre todava
manaba. Una oleada de mareo casi lo voltea al piso. Tuvo que agacharse cuando dos de
los demonios le arrojaron conos de fuego y l se sinti tan dbil que apenas pudo volver
a ponerse de pie- y cuando lo hizo, perdi el equilibrio y casi cae de cabeza contra una
tercera de las bestias.
Sacerdote, te necesito! grit Mariabronne el explorador a travs de la sangre y de
golpe no se sinti tan confiado y exuberante. Sacerdote! Enano, te necesito!

Entreri y Jarlaxle se apresuraron hacia la habitacin para reunirse con los otros. Sonidos
de batalla los asaltaron desde arriba, y ambos Entreri y Athrogate fueron hacia all.
Y luego les lleg el desesperado llamado de Mariabronne, Sacerdote, te necesito!
Athrogate, contn el balcn! le orden Ellery. El resto conmigo!
Entreri oy el grito de Arrayan e ignor la orden de la comandante. En sus
pensamientos se imagin el destino de Dwahvel, su querida amiga halfling, y tan
sobrecogedora fue la sensacin que nunca se detuvo lo suficiente para considerarla.
Pas de un salto al enano y lleg a las escaleras corriendo, subindola de a tres
escalones. Dobl a la derecha, aunque la puerta y sus compaeros estaban en el balcn
de la izquierda.
Luego tom un tajo por la izquierda y brinc hacia la inclinada barandilla de la escalera
en una carrera mortal. Apoy su pie delantero pero comenz a deslizarse, pero el
asesino estamp su pie derecho sobre la barandilla y salt, girando en el camino de
modo que cuando se elev hasta estar cerca del suelo del balcn, le daba la espalda a la
barandilla. Arroj sus manos hacia arriba y se sujet de los balaustres y con el resto en

el suelo mirndolo con las bocas abiertas, los fibrosos msculos de Entreri se
flexionaron y estiraron. Se enrosc mientras se levantaba, arrojando sus pies por encima
de su cabeza. No solo que su giro mortal hacia atrs por sobre la barandilla fue
ejecutado con perfeccin, y no solo aterriz suavemente y en perfecto equilibrio, sino
que en el camino logr desenvainar su daga y su espada.
Dio un giro y se lanz directamente sobre la momia gnoll ms cercana, sus cuchillas
trabajando como un remolino de guadaas. Vendajes grises explotaban en el aire,
volando a su alrededor.
Abajo, Jarlaxle mir a Ellery y le dijo, Considera a la habitacin asegurada.
Ellery se las arregl para echar una mirada en direccin al drow mientras saltaba hacia
la entrada de uno de los tneles.
Por cul? pregunt de nuevo a Pratcus, quien corra a su lado.
Tu a la derecha, yo a la izquierda! respondi el enano, y se separaron en las dos
posibles aberturas.
Jarlaxle los sigui por detrs, pero se detuvo all. Athrogate bajaba a trompicones por la
escalera tratando de alcanzarlos. Las antorchas cobraron vida cuando Ellery corri por
all. Un segundo ms tarde, los pesados pasos de Pratcus encendan igualmente el
primer par en su descendente pasillo.
Por cul entonces? le pregunt Athrogate a Jarlaxle.
Aqu! grit Ellery antes de que el drow pudiera responder, y ambos Jarlaxle y
Athrogate siguieron tras los pasos de la guerrera.
En el otro tnel, Pratcus tambin escuch el llamado, justo cuando pasaba por el
segundo conjunto de antorchas, las cuales se encendieron. El enano instintivamente
disminuy la marcha pero sacudi la cabeza. Quizs su tnel interceptara con el otro y
no tendra que perder todo el tiempo retrocediendo, pens, y decidi encender otro
grupo ms de antorchas. Golpe la siguiente plancha de presin, ponindose de costado
para as poder darse la vuelta rpidamente por si la luz no revelaba una interseccin.
Pero las antorchas no se encendieron. En cambio surgi un sbito sonido como de
campana y result que Pratcus mir en la direccin correcta para ver cmo sala una
estaca de la pared. Pens en arrojarse a un costado pero solo se las arregl para gritar.
La estaca se movi demasiado rpido. Le dio en el vientre y lo empuj con violencia
bien lejos contra la pared del fondo del pasillo. Sigui avanzando clavndose justo a
travs del enano y chocando con fuerza contra la piedra detrs de l. Con temblorosas
manos, Pratcus asi la estaca. Trat de recobrar el sentido, de invocar a sus dioses para
alguna cura mgica. Pero el enano saba que necesitara ms que eso.

Las llamas lamieron a Mariabronne desde cada ngulo. Condujo su espada a travs de la
cabeza de un demonio, la liber y decapit otro mientras la balanceaba salvajemente.
Sin embargo toda la habitacin estaba girando y l estaba tambalendose ms que
cargando cuando fue contra el ltimo par de demonios.
Su consciencia se escapaba rpidamente; senta el rasgado de las garras. Levant un
brazo para defenderse y una boca monstruosa se le vino encima. Puntos negros se
convirtieron en una oscuridad general. Sinti fro....mucho fro. Mariabronne el
Explorador invoc toda su fuerza y se advoc a una enloquecida y violenta serie de
patadas, cortes y puetazos. Despus, el viaje del vigilante estuvo justo frente a l, el
nico camino que siempre haba esperado certeramente cuando segua a su espritu
aventurero.
Estaba en paz.

La negrura engull a Arrayan mientras los fuertes brazos de la momia se cerraban sobre
su garganta. No pude empezar a concentrarse lo suficiente como para arrojar uno de los
pocos hechizos que le quedaban, y saba que su magia no tena la fuerza suficiente como
para derrotar o siquiera demorar a los monstruos en cualquier caso. Ni tampoco tena la
fuerza fsica como para presentarle batalla. Sujet las muecas de la momia con sus
manos, pero podra muy bien haber intentado arrancar un viejo tronco de roble del suelo
tambin. Se las arregl para echarle una mirada a Olgerkhan, quien estaba batindose a
golpes con otro par de repulsivas criaturas, y esa mirada le dijo a la mujer que su amigo
probablemente se unira a ella en el otro mundo.
La momia presion con ms fuerza, empujando su cabeza hacia atrs, y en algn lugar
muy en el fondo dentro ella dese que su cuello se rompiera antes de que se le acabara
el aire y sucumbiera. Luego retrocedi tambaleante, y los brazos de la momia
disminuyeron su presin. Confundida, Arrayan abri los ojos luego se ech para atrs
del terror cuando se dio cuenta de que estaba sosteniendo dos miembros cercenados.
Los arroj al suelo, tom una profunda bocana de fresco y bienvenido aire y mir atrs
a la criatura slo para ver al remolino que era Artemis Entreri destrozndola.
Otra momia sujet a Arrayan por el costado, y ella grit.
Y Entreri estaba all, haciendo rodar su extraordinaria espada de derecha a izquierda y
de revs de manera que forz los brazos de la momia a un costado. El asesino gir
mientras avanzaba, arroj su daga al aire y la atrap de revs, luego la dirigi derecho al
rostro de la momia cuando se daba vuelta. <un polvo gris explot a causa del impacto.
Entreri liber la daga, dio una vuelta de manera que estaba enfrentando a la criatura, y
dispar, propulsndola por encima de la barandilla. Arrayan solloz de horror y
debilidad, y el asesino la tom del brazo y la gui hacia las escaleras. Baja! le
orden.

Arrayan, demasiado abatida y conmocionada, demasiado dbil y asustada, vacil.


Ve! grit Entreri.
Salt hacia ella haciendo que gritara otra vez, y luego fue hacia la derecha,
abalanzndose con furioso abandono contra otra de las empeadas momias gnoll.
Ahora, mujer! le grit mientras sus armas comenzaban su danza mortal una vez ms.
Arrayan no se movi.

Entreri gru de frustracin. Ya iba a ser bastante duro mantenerse l mismo con vida
all arriba mientras ms criaturas caan, como para encima tener que proteger a Arrayan.
Una mirada hacia la puerta lo inspir.
Arrayan, grit, Debo llegar hasta Olgerkhan. Te lo ruego, por las escaleras contigo.
Quizs fue la mencin de su amigo semi orco, o quizs fue el calmante cambio de tono
en su voz, pero Entreri se alegr de verdad al ver que la mujer bajaba de golpe por las
escaleras.
La momia frente a l se desmoron y l salt hacia adelante.
Olgerkhan estaba perdiendo terriblemente. Moretones y cortes lo cubran en ese
momento, y se tambaleaba con cada movimiento de su pesado garrote de guerra. Entreri
lo empuj con fuerza por atrs, envindolo ms all de las momias combatientes, y el
asesino sigui empujando, arrojando a Olgerkhan con fuerza contra la parte trasera de la
puerta abierta. La puerta se cerr de un golpe , o al menos quiso hacerlo, pero una
grgola hacia cua entre la jamba y la puerta.
Pero Entreri sigui movindose, derecho hacia la criatura entrante. Ignor las momias
que saba se le estaban acercando y concentr toda su furia en cambio sobre la grgola
atrapada. Cort y acuchill y la hizo retroceder.
El peso de Olgerkhan finalmente cerr la puerta.
Tan solo mantenla cerrada! le grit Entreri a l. Por lo que ms quieras.
El asesino carg contra las otras dos momias que quedaban.

Ellery supo instintivamente de que ella estaba en grave peligro. Quizs haba sido el
tono de splica de ayuda de Mariabronne o incluso el hecho de que el legendario
Explorador hubiera llamado por ayuda. Quizs era la puerta cerrada al final de las
escaleras frente a ella, o tal vez era el sonido. Ya que adems de sus pisadas y las del
do que estaban detrs de ella, todo estaba silencioso. Baj su hombro y volte la
puerta, entrando a trompicones en la habitacin, con el escudo y la espada listos. Luego
se congel, despus cay al suelo con horror y desesperacin, sus temores confirmados.
Ya que all yaca Mariabronne, de espaldas, inmvil y con su cuello y pecho cubiertos
con su propia sangre. La sangre segua fluyendo desde la herida en su cuello, pero no
sala a borbotones como antes, debido a que el corazn del vigilante ya no lata.
Demasiados, dijo Athrogate, entrando tras ella.
Guardianes demonios, seal Jarlaxle, notando las cabezas demonacas, todo lo que
quedaban de las criaturas, desparramadas por la habitacin. Una valiente batalla.
Ellery continu simplemente parada all, mirando fijamente a Mariabronne, observando
el cuerpo sin vida del hroe de Damara. Desde los primeros das, Ellery haba odo
historias de ese gran hombre, de su trabajo con su to, el rey y su particular relacin con
la lnea de Tranth, los Barones de Bloodstone y los miembros inmediatos de la familia
de Ellery. Como tantos otros guerreros de su generacin, Ellery haba considerado la
leyenda de Mariabronne como el epitome de un hroe, el dolo y el cometido. Al igual
que Gareth Azotadragones y sus amigos haban inspirado a los jvenes guerreros de la
generacin de Mariabronne, tambin l le haba pasado esa inspiracin a ella.
Y l yaca muerto a los pies de Ellery. Muerto en una misin que ella estaba
conduciendo. Muerto a causa de su decisin de separarse para explorar los tneles.
Casi sin darse cuenta de lo que la rodeaba, Ellery fue sacudida de su torbellino por el
grito de Athrogate. Ese es el sacerdote! grit el enano, y sali a toda prisa de la
habitacin.
Jarlaxle se acerc a Ellery y puso una reconfortante mano sobre su hombro.
Te necesitan en otro lado, le rog el elfo oscuro. No hay nada ms que puedas hacer
aqu.
Ella le ofreci al drow una mirada vaca.
Ve con Athrogate, dijo Jarlaxle. Hay trabajo que hacer y rpido.
Casi sin pensarlo, Ellery sali trastabillando de la habitacin. Me encargar de
Mariabronne, le asegur Jarlaxle mientras ella sala tambaleante hacia el pasillo.

Fiel a su palabra, el drow estuvo con el vigilante tan pronto como Ellery estuvo fuera de
vista. Extrajo una varita y realiz un hechizo de adivinacin. Se sorprendi y
desilusion al ver cun poca magia registraba un hombre con la reputacin de
Mariabronne. La espada del hombre, Bayurel, estaba encantada por supuesto, al igual
que su armadura, pero ninguno en demasa. Llevaba un solo anillo mgico, pero una
mirada superficial le dijo a Jarabe que l posea al menos una docena de anillos con
mayores encantamientos- por lo que sacudi la cabeza y decidi que hurtar el obvio
anillo no vala la pena.
Una cosa s le llam la atencin sin embargo, y tan pronto como abri la pequea bolsa
del cinturn de Mariabronne, la sonrisa de Jarlaxle de ensanch en su rostro.
Un corcel de obsidiana, seal, extrayendo la pequea figura negra de un caballo. Una
rpida inspeccin le revel las palabras para dirigirlo.
Jarlaxle cruz los brazos del vigilante sobre su pecho y coloc a Bayurel en la posicin
apropiada encima de l. Sinti un momento de arrepentimiento. Haba odo tanto de
Mariabronne el Explorador durante su corta estada en las Tierras de Bloodstone, y supo
que l se haba convertido en parte de un evento trascendental. La conmocin de la
muerte del hombre resonara en toda Vaasa y Damara por mucho tiempo y se le ocurri
a Jarlaxle que en verdad era una prdida importante. Le hizo un rpido saludo al hroe
muerto y reconoci la tristeza de su deceso.
Claro que el arrepentimiento no fue suficiente como para que devolviera el corcel de
obsidiana.

Aw, qu te han hecho? le pregunt Athrogate a Pratcus tan pronto como lleg hasta
el moribundo sacerdote.
Apuntalado contra la pared del pasillo, su pecho desgarrado y aplastado, Pratcus solo
poda mirar ateridamente a su compaero. Athrogate sujet la lanza y trat de sacarla ,
pero no pudo asirla. No habra importado de todas formas, ambos lo saban, al igual que
Ellery cuando se coloc detrs del enano de barba negra.
Bah, te vas a La Morada de Moradin, entonces, dijo Athrogate. Extrajo un pellejo
colgado a su cuello y lo sostuvo ante el sacerdote. Un poco del quema entraas, le
explic, refirindose a se, el lquido ms potente de los licores enanos. Te ayudar a
llegar all de buen humor para hablar con el jefe.

Duele, boque Pratcus. Tom un sorbo del pellejo, e incluso se las arregl para darle
un asentimiento en agradecimiento mientras el potente lquido le quemaba la garganta.
Despus estaba muerto.

CAPITULO 19

DESPEJANDO EL CAMINO

Inclinados uno sobre el otro buscando un anhelado apoyo, Arrayan y Olgerkhan


bajaron despacio las escaleras. Entreri subi y pas por entre medio de ellos, empujando
a Olgerkhan un poco ms contra la barandilla y forzando al semi orco a sujetarse con
ambas manos.

Entreri se volvi hacia Arrayan, quien se sujetaba a l y se bamboleaba inestable.


Cambi de posicin para poner su hombro detrs de ella, luego con un solo movimiento
la tom entre sus brazos. Con una rpida mirada hacia Olgerkhan para asegurarse de
que el bufn no vendra a trompicones detrs de l, el asesino sigui su camino.
Arrayan levant una mano contra su cara y l la mir a los ojos.
Me salvaste, dijo ella, con una voz apenas audible. A todos nosotros.
Entreri sinti un arrebato de clida sangre en su rostro. Tan solo por un breve instante,
vio la imagen del rostro de Dwahvel superpuesta sobre los rasgos similares de Arrayan.
Se sinti clido en verdad, y se le ocurri que debera seguir caminando, lejos del
grupo, llevando a Arrayan lejos de todo. Su susceptibilidad, tan atrincherada y
pragmtica despus de haber pasado casi toda su vida en un desesperado intento por
sobrevivir, trataba de cuestionar, trataba de ilustrar lo ilgico de esto. Pero por primera
vez en tres dcadas, esas susceptibilidades prcticas no tuvieron voz en los
pensamientos de Artemis Entreri.
Gracias, le susurr Arrayan, y su mano recorri el perfil de sus mejillas y labios.
El nudo en su garganta era demasiado grande como para permitirle responder a Entreri,
ms all de un rpido asentimiento de cabeza.
Eso aguantar, pero no por mucho tiempo, anunci Athrogate, asomndose por la
barandilla del balcn y mirando por encima del piso principal de la torre. Desde abajo,
los seis compaeros del enano que quedaban miraron hacia arriba vindolo a l y al
continuo aporreo y rasgado de la puerta detrs de l.
Ms grgolas que momias, explic Athrogate. Las grgolas no pegan tan fuerte.
La habitacin est lejos de ser segura, le interrumpi Canthan, quien estaba al lado del
libro abierto. Encontrarn la manera de entrar. Sigamos nuestro camino.
Destruimos el libro? pregunt Olgerkhan.
Si pudiera lo hara.
Lo llevamos con nosotros entonces? pregunt Arrayan, y el horror en su voz revel
demasiado.
Canthan se le ri disimuladamente.
Entonces qu? coment Ellery, las primeras palabras que haba pronunciado en un
tiempo, y con una voz temblorosa. Vinimos aqu con un propsito, y eso parece claro
frente a nosotros. Acaso vamos a huir sin haber completado--?
No dije nada de huir, mi querida Comandante Ellery, la interrumpi Canthan. Pero
deberamos irnos de esta habitacin en particular.
Con el libro, razon Ellery.

No es posible, le inform Canthan.


Bah, lo arrancaremos del suelo! dijo Athrogate, y baj deslizndose por la barandilla
y brinc por las escaleras.
El libro est protegido, dijo Canthan. No es sino un conducto en todo caso. No lo
destruiremos o reclamaremos hasta que la fuente de su poder ya no exista.
Y esa fuente es...? pregunt Olgerkhan y ni Canthan ni Jarlaxle pasaron por alto la
forma en que el semi orco se tensaba con la pregunta.
Eso es lo que tenemos que deducir, le respondi el hechicero. Jarlaxle no estaba
convencido ya que la mirada de Canthan pas hacia Arrayan cuando habl. El drow
saba que el mago haba deducido hacia mucho la fuente, al igual que lo haban hecho
Jarlaxle y Entreri. Una ojeada a su amigo asesino, el rostro del hombre rgido y fro
mirando con dureza a Canthan le indic a Jarlaxle que Entreri tambin lo sospechaba y
que no estaba muy feliz acerca de las conclusiones a las que obviamente haba llegado
Canthan.
Entonces por dnde empezamos? pregunt Ellery.
Sospecho que por abajo, dijo Canthan.
Jarlaxle reconoci que el hombre estaba disimulando, en parte al menos, aunque el drow
no estaba muy seguro de porqu. En verdad, Jarlaxle no estaba del todo seguro de que la
conjetura de Canthan fuera desatinada. Ciertamente parte de la fuente de la construccin
estaba justo frente a l en la forma de una mujer semi orca. Pero esa era una pequea
parte, Jarlaxle lo saba, como si Arrayan hubiera sido una chispa inicial para enviar una
llamarada hacia el cielo antes de que la gran explosin llenara el cielo con sus ascuas
ardiendo.
El castillo debe tener un rey, seal el drow, y lo crey , aunque Canthan presenta
que era una reina en realidad- y una que no estaba muy lejos. Jarlaxle se dio cuenta de
que no era el momento ni el lugar para enfrentarse al hechicero abiertamente.
El golpeteo contra la puerta continuaba desde arriba, y el volumen de los araazos en las
puertas principales de la torre, justo detrs de Canthan y el libro, llevaron a creer a
Jarlaxle que cientos de las monstruosidades no muertas se haban levantado contra ellos.
La habitacin no era ningn santuario y pronto se convertira en una cripta.

Jarlaxle examinar a fondo el libro y t lo escoltars, reson el envo mgico de


Canthan en la cabeza de Ellery. Cuando nos hayamos ido, hars aquello por lo que se
te entren que hicieras. Como prometiste que lo haras.
Los ojos de Ellery se abrieron pero ella hizo bien en esconder su sorpresa. Otro mensaje
mgico le lleg a ella: Nuestra victoria ser lograda fcilmente, y s cmo hacerlo.
Pero Jarlaxle se interpondr en mi curso. Ve una ganancia personal aqu, sin importar
el costo para Damara. Por nuestro bien y el de nuestra tierra, el drow debe morir.
Ellery asimil las continuas palabras sin sorpresa. No entenda del todo de lo que estaba
hablando Canthan, por supuesto. Lograda fcilmente? Por qu Jarlaxle no estara de
acuerdo con algo as? O tena sentido, pero Ellery no poda hacer a un lado la fuente de
la informacin y sus rdenes. Canthan la haba encontrado muchos aos atrs, y a travs
de su trabajo, ella haba logrado un alto rango y reputacin. Su habilidad como guerrera
haba sido afilada a lo largo de muchos aos de entrenamiento, pero ese filo aadido, el
borde que le permita ganar cuando los dems no podan, solo haba sido posible por el
trabajo de Canthan y sus asociados.
Aunque ellos eran los enemigos del trono y sus propios parientes, Ellery saba que la
relacin entre la corona de Damara y la Ciudadela de los Asesinos era complicada y no
tan abiertamente hostil y adversaria como muchos espectadores crean. Ciertamente
Ellery haba sacado partido de su relacin con Canthan- y el hechicero nunca le haba
pedido que hiciera algo que fuera en contra de la corona.
Sin embargo, en sus entraas, ella saba que pasaba algo ms que el hechicero no le
estaba contando. Estaba Canthan buscando un beneficio personal? Estaba usando a
Ellery para arreglar una inquina personal entre l y el elfo oscuro?
Ahora!
Ellery dio un respingo ante la brutal intrusin, su mirada yendo hacia Canthan. l
permaneca resuelto, con los ojos entrecerrados y los labios finos. Cientos de preguntas
surgieron en la cabeza de Ellery, cientos de reclamos que quera hacerle al hechicero.
Cmo poda seguir semejante orden contra alguien que no se haba extralimitado
durante toda la expedicin, alguien a quien ella haba reclutado y quien hasta el
momento se haba comportado tan admirablemente? Cmo poda hacerle esto a alguien
a quien ella haba conocido como amante, aunque eso poco significaba para ella?
Observando a Canthan, Ellery se dio cuenta de cmo podra hacerlo y por qu debera.
El hechicero la aterrorizaba, al igual que la banda de degolladores que representaba.
Se le hizo muy claro a la Comandante Ellery en ese momento, al tiempo que admita
para sus adentros, por primera vez, la verdad de su implicancia con la Ciudadela de los
Asesinos y su representativo hechicero. Haba pasado aos justificando su secreta
relacin con Canthan, dicindose a s misma que sus ganancias personales y la forma en
que poda utilizarlas beneficiaran al reino. Ella, familiar de Tranth y de ambos el Rey
Gareth y la Dama Christine, siempre haran lo que fuera mejor por Damara y la
grandiosa Bloodstone.

?Qu importaba si los oscuros tentculos de sus elecciones la demoraban de su


momento de milagro que todos sus parientes esperaban envidiosamente que ella
soltara el poder sagrado que le demostrara al mundo que ella iba ms all de ser una
guerrera ordinaria, que ella era un paladn en la lnea de Gareth Azotadragones?
Aunque en ese momento, la desnudez de su falsa ilusin y justificacin la golpe duro.
Quizs Canthan le estaba impartiendo pensamientos fidedignos para justificar el
asesinato del drow. Quizs ella intentaba decirse a s misma que el elfo oscuro era
verdaderamente un impedimento para la necesaria victoria de ellos.
S, eso era, se dijo la mujer. Todos ellos queran ganar, todos queran sobrevivir. La
muerte de Mariabronne tena que significar algo. El castillo de Zhengyi deba ser
derrotado. Canthan saba eso, y aparentemente tambin saba algo sobre Jarlaxle que
Ellery no. A pesar de sus ltimos razonamientos, en el fondo de su corazn Ellery
sospechaba algo ms. En el fondo de su corazn, Ellery comprenda la verdad de su
relacin con Canthan y la Ciudadela de los Asesinos.
Pero algunas cosas es mejor dejarlas enterradas en el fondo.
Tena que confiar en l, no por su bien sino el de ella misma.

El parche de su ojo le cosquilleaba. Nada especfico vino a l, pero Jarlaxle comprendi


que una intrusin mgica- un envi o un escrutinio, algn tipo de onda de energa
mgica- le haba rozado. Al principio el drow temi que el rey del castillo a quien l se
haba referido los estuviera observando, pero luego, cuando Ellery le pregunt, Crees
que puedes dilucidar algo ms profundo en el tomo mgico? Algo que Canthan haya
pasado por alto?
Jarlaxle termin de entender que la fuente de la magia no haba sido otra ms que la de
su compaero hechicero. El drow trat de no dejar que su reaccin ante tal asunto lo
atrapara con la guardia baja cuando minti, Estoy seguro de que el buen conocimiento
de Canthan del Arte es mayor que el mo.
Los ojos de Ellery se agrandaron y sus fosas nasales echaron humo, y el drow supo que
la haba sorprendido y preocupado con su tentativo rechazo. Decidi no desilusionarla.
Pero soy un drow y he pasado siglos en la Antpoda Oscura, en donde la magia es un
poco diferente. Quizs haya algo que pueda reconocer que Canthan no haya podido.
Mir al mago mientras hablaba, y Canthan hizo una reverencia agraciada, se hizo a un
lado y e invit con un movimiento del brazo a que Jarlaxle se acercara al libro.

All estaba, tan claro como el agua.


No tenemos tiempo para eso, gru Athrogate, y el pensamiento a escena le lleg al
drow.
Muy cierto, sigui actuando Ellery. Lleva a los otros afuera, Athrogate, le orden.
Yo permanecer aqu para custodiar a Jarlaxle tanto como la situacin nos lo permita.
Ellery seal el libro, pero Jarlaxle le indic que pasara ella primero. l pas al lado de
un Entreri de expresin confundida mientras la segua. Problema, se las arregl para
susurrar despacio.
Entreri no hizo movimiento alguno que indicar que hubiera escuchado nada, y sali con
Canthan, Athrogate y los dos semi orcos, bajando por el tnel que haba seguido
Mariabronne en su viaje final.
Jarlaxle se par delante del libro abierto pero no empez a ojearlo. Ms bien, observ a
los otros desaparecer por el tnel y se qued mirando la oscura salida por algn tiempo.
Sinti y escuch a Ellery ponerse inquieta, movindose nerviosamente cambiando el
peso de un pie al otro. l era su objetivo, entendi; difcilmente lo estaba custodiando.
Vigilando era lo ms acertado.
Tu amigo Canthan cree que ha desentraado el acertijo del castillo, dijo el drow. Se
dio vuelta para contemplar a la mujer, notando especialmente como sus nudillos se
haban puesto blancos sobre el mango de su hacha.
Pero est equivocado.
El rostro de Ellery se frunci por la confusin. Qu te ha dicho? Cmo lo sabes?
Porque s lo que ha discernido de este libro, ya que he visto un tomo similar a este.
Ellery lo mir con fiereza, su mano retorcindose sobre el mango, y se mordisqueaba
los labios, claramente intranquila con todo eso.
Te dijo que me mantuvieras aqu y me mataras, no porque teme que llegue a ser un
impedimento para nuestro escape o victoria, sino porque Canthan teme que yo compita
con l por el libro y los secretos que contiene. No es ms que un oportunista.
Ellery se ech para atrs y pareci como si fuera a caer al piso ante las acertadas
observaciones de Jarlaxle. Sin embargo, Jarlaxle no era tan tonto como para pensar que
poda disuadir a la mujer de su planeado curso de accin, por lo que no lo tom con la
guardia baja cuando, justo al haber terminado de hablar, Ellery rugi y se le abalanz.
Apareci una daga en la mano del drow, y con un rpido movimiento de su mueca, se
convirti en una espada. La arroj al aire hacia su izquierda a tiempo para detener el
barrido del hacha de Ellery y retrocedi lo suficientemente rpido para esquivar el golpe
del escudo de ella. Una segunda daga se desliz de su muequera, y se la arroj,
demorando su avance lo necesario para extraer una tercera de su muequera encantada y
chasquear su mueca de nuevo.

Cuando el asalto inicial termin, y los dos quedaron enfrentados a igual distancia, el
drow sostena un par de delgadas espadas largas.
Ellery lanz un corte de revs y presion hacia adelante mientras Jarlaxle rodaba a un
costado y cortaba y tajeaba con su espada. Su escudo hizo a un lado una de las espadas
y un revs astuto de su hacha desvi la direccin de la segunda hojas del drow, viniendo
de abajo y apuntando a la rodilla delantera de la mujer.
Ellery tir hacia abajo su escudo, gir apenas detrs de ste, y se estir al tiempo que
terminaba de darse vuelta, Jarlaxle tir hacia atrs sus caderas y comenz otra vez
detrs de la veloz hacha. Se detuvo y vol a un costado mientras Ellery detena en seco
su aventn y se abalanzaba en una corrida, su poderosa hacha lista. Ella se mantuvo a su
altura, paso por paso. Una espada inclinada hizo a un lado su poderoso tajo. El escudo
de ella choc contra una espada, conducindola hacia abajo, lo llev arriba para atajar la
segunda, luego abajo otra vez , luego.....
Jarlaxle fue demasiado rpido con su segunda hoja, haciendo una finta en lo alto una
vez ms pero arrojndola abajo esta vez. Pero Ellery era veloz tambin, y su escudo la
ataj apropiadamente. La mujer se levant con un rugido, y Jarlaxle tuvo que dar un
paso atrs prestamente y girar hacia un costado. Llev ambas espadas en una parada
desesperada y acept la embestida del escudo contra su brazo, contento de que el
impulso le hubiese permitido poner cierta distancia entre l y la sorprendentemente
habilidosa mujer.
Si gano encontrar tu cama? la molest. Ellery ni siquiera esboz una sonrisa.
Esos das ya son del pasado.
No tienen por qu serlo.
La respuesta de Ellery le lleg en la forma de otra sbita carga y un aventn de golpes
que Jarlaxle tuvo que atajar y desviar, paso tras paso.

Entreri pas velozmente al lado de Athrogate. Ya s cul es el punto, explic.


Proceder con cuidado , pero con rapidez.
Baj corriendo por el pasillo, empujando la puerta y entrando al cuarto en donde yaca
inmvil Mariabronne, la espada sujeta por ambas manos sobre su pecho, la hoja
llegando hasta debajo de su cintura. Entreri sacudi la cabeza y rechaz la trgica
visin. Cruz la habitacin hasta la otra puerta, la examinaba rpidamente en busca de
trampas cuando vio que no haba sido abierta recientemente y la atraves para
encontrarse con otro tnel que se curvaba y descenda.

Sali a la carrera y encendi cuidadosamente las primeras antorchas pisando las


planchas de presin. Despus se dio la vuelta y se apresur a regresar a la puerta,
ponindose al lado de ella en la punta de la jamba. Usando ese diminuto espacio y el
techo encima de l, el asesino se apretuj en el lugar. Unos momentos ms tarde,
Athrogate pasaba debajo de l, seguido de cerca por Olgerkhan y Arrayan, con Canthan
al ltimo. Pasaron sin notar al asesino, y antes de que siquiera hubieran desaparecido
por la curva del tnel, Entreri enganch los dedos en el borde de la jamba de la puerta y
se dej caer arrojndose y aterrizando suavemente de vuelta en la habitacin con
Mariabronne. Toc el suelo y sali corriendo de regreso por el pasillo.

Sus movimientos estaban mucho ms a la altura del estilo de pelea y el nivel de


habilidad que le haba mostrado a l en su duelo de espadas en aquellos das frente a la
Puerta de Vaasa. Ellery no era novata en la batalla y haba practicado extensamente en
tcnicas de combate individual. Sus esfuerzos ponan a prueba a Jarlaxle en cada vuelta.
Sin embargo, la haba derrotado en ese entonces, y saba que poda derrotarla de nuevo.
Ella tena que saberlo tambin, al igual que Canthan quien la haba enviado, tena que
entenderlo.
A menos que....
Ellos eran la Ciudadela de los Asesinos, despus de todo.
Ellery continu el curso de la pelea, forzando su hacha con cortes y tajos rpidos,
generalmente dirigindose ms y ms a la derecha de Jarlaxle. Sigui casi cada uno de
sus embates con un sbito envin de su brazo con el escudo, sin dejar ninguna abertura
para las espadas del drow y adems se equilibraba en los giros para mantener sus pies
alineados apropiadamente y propulsarse de un lado a otro o adelante y atrs como lo
requera. Era bueno, pero no lo suficiente, y ambos lo saban. Casi se le pas por alto al
observador drow que Ellery haba cruzado los pies, tan suave fue la transicin. A pesar
de notarlo, Jarlaxle se vio sorprendido al ver la manera eficiente y veloz con la que la
mujer ejecutaba un improvisto giro, de modo que al darse vuelta, su hacha cort con
fuerza, dirigindose de nuevo a la izquierda del drow.
Y l no pudo detenerlo.
Los ojos de Jarlaxle se ensancharon e incluso sonri ante el embate asesino- ese nico
movimiento que los asesinos usaban a menudo, ese nivel extra de pelea ms all de
cualquier cosa que el oponente pudiera esperar ver razonablemente. Jarlaxle haba
anticipado algo de esa naturaleza, por supuesto, pero aun as, mientras lo vea venir
frente a l, temi, supo que no poda detenerlo.
Ellery rugi y golpe con fuerza al hombro del drow. Jarlaxle hizo una mueca y cruz
sus espadas en un esfuerzo de al menos detener el golpe y tirarse a un costado en un
intento desesperado por salirse de en medio.

Pero el rugido de Ellery se convirti en un grito, y en medio del embate su hacha se


tambale, desviando su ngulo, su brazo cayendo inmvil, al tiempo que la Garra de
Charon se estrellaba con fuerza en su hombro. Su pechera de fina plata se estremeci y
afloj cuando la cuerda de su hombro se desgarr bajo la fuerza del golpe de Entreri.
Ella se tambale y se dio la vuelta, tratando de dar un rodeo y poner su escudo arriba
para rechazar al asesino. Sin embargo, la otra mano de Entreri estaba debajo de su
escudo, y su daga encontr fcilmente la costura en su pechera y se desliz entre las
costillas de la mujer hacia el lado izquierdo de su pecho.

Ellery se hel, impotente y sobre el borde del desastre. Entreri no termin el


movimiento sino que lo mantuvo all, con la daga en posicin. Ellery lo mir fijamente
y l convoc los poderes absorbentes de vida de su arma solo por un instante, dejndole
saber el destino final que le esperaba.
Ella no persisti. Estaba derrotada y lo demostr. El brazo que sostena su arma colgaba
inmvil y no trat de evitar que el hacha cayera al suelo mientras se deslizaba de su
mano.
Una interesante vuelta de eventos, seal Jarlaxle, el que Canthan se hubiera
movido en nuestra contra tan rpido.
Y que una parienta del Rey de Damara fuera un instrumento para la cofrada de un
asesino, aadi Entreri.
No sabes nada, le gru Ellery, o comenz a hacerlo, ya que l apenas torci su daga
y puso a la mujer en puntas de pie. La comandante se trag la respiracin ante la oleada
de dolor.
Cuando te pida que respondas, t respondes, le orden Entreri.
Te dije que Canthan estaba engaado, le dijo Jarlaxle a ella. l cree que matando a
Arrayan derrotar a la torre. Se volvi hacia Entreri. l cree que ella es la Herminicle
de este castillo, pero yo no estoy de acuerdo.
Los ojos de Entreri se ensancharon.
Esto est ms all de Arrayan, explic Jarlaxle. Quizs ella comenz el proceso, pero
algo ms grande que ella ha intervenido.
No sabes nada, dijo entre dientes Ellery.
S que tu, la legtima representante del Rey Gareth en esta travesa, estabas a punto de
matarme, a pesar de que no he hecho nada en contra de la corona y he arriesgado todo
por el bien del reino, le seal Jarlaxle.
Tu lo dices.

Y as niegas, sin pruebas, porque Canthan se deshara de Jarlaxle, se deshara de todos


nosotros, aadi el drow, que l podra reclamar cualquiera de los secretos y poderes
que quedan de Zhengyi en este lugar y en ese libro. Eres un pen, y uno ms bien
estpido, Lady Ellery. Me desilusionas.
Entonces acaba conmigo, le dijo ella.
Jarlaxle mir a Entreri y vio que su amigo apenas estaba prestando atencin. Liber el
cuchillo y sali como una flecha hacia la salida del tnel y hacia los cuatro que
tontamente se dio cuenta haba dejado solos.

Su escudo mgico absorbi la mayora del golpe ,pero aun as el rayo que le lanz
Canthan envi a Arrayan volando contra la pared.
Doler menos si bajas tus barreras y aceptas lo inevitable, le seal el hechicero.
A un costado, Olgerkhan intent de nuevo llegar hasta Canthan y de nuevo Athrogate
estaba all para bloquearle el camino.
Ella es la base de este castillo, le dijo Canthan al enorme y furioso semi orco.
Cuando ella caiga, caer tambin esta bestia Zhengyiana!
Olgerkhan gru y carg- o trat al menos, pero Athrogate le pate los tobillos desde
abajo y lo envi de cara al suelo.
Djalo estar, le advirti el enano. No hay opciones aqu.
Olgerkhan se puso de pie de un salto y balance su garrote salvajemente hacia el enano.
Muy bien entonces, dijo el enano, fcilmente esquivando el torpe golpe. Estas
tomando las decisiones que no deberas tomar.
Termina con el tonto testarudo, le orden Canthan, y calmadamente lanz una serie de
filosos misiles brillantes en direccin a Arrayan.
Nuevamente, la hechicera semi orco haba conjurado suficientes barreras como para
derrotar la mayora de los ataques, pero el continuo bombardeo de Canthan la haba
acorralado, impotente para contraatacar.
Para Olgerkhan el desastre sera ms rpido en llegar. El semi orco era un delicado y
logrado guerrero para los estndares de Palishchuk, pero contra Athrogate, no era ms
que un novato, y en su estado debilitado, ni siquiera uno prometedor. Balance su
garrote otra vez y fue bloqueado, luego intent un barrido extrao hacia un lado.
Athrogate pas por debajo del garrote en movimiento, ambas estrellas matutinas

girando. Las armas del enano le dieron duro, casi simultneamente, contra el exterior de
las rodillas de Olgerkhan. Antes de que las piernas del semi orco pudieran temblequear,
Athrogate salt hacia adelante y estrell su cabeza contra la ingle del semi orco.
Mientras Olgerkhan se doblaba por la mitad, Athrogate levant una de las estrellas
matutinas para que la cadena se enrollara en el cuello del semi orco, y la pesada bola le
golpeara en el rostro. Con un retorcijn y una brutal sacudida, una que rompa huesos,
Athrogate lanz a Olgerkhan en un salto mortal que lo dej gimiendo e impotente sobre
el suelo.
Olgerkhan! grit Arrayan, y ella tambin se tambale y cay de rodillas.
Canthan lo observaba todo muy entretenido. De algn modo est ligados, musit en
voz alta. Fsicamente. Quizs el castillo tiene un rey al igual que una reina.
El humano est llegando, le avis Athrogate, mirando ms all de Canthan hacia el
pasillo.
Suficiente meditacin, se dio cuenta el hechicero y aprovech el momento de debilidad
de Arrayan para disparar otro hechizo, un dardo mgicamente lleno de cido. Punz su
esfera defensiva y se estrell contra su estmago, envindola sentada contra la pared.
Grit de dolor y trat de asir el diminuto proyectil con sus temblorosas manos.
Mtalo cuando entre, le orden Canthan al enano.
El hechicero sali corriendo de la habitacin por uno de los pasillos del costado justo
cuando Entreri se precipit dentro. Entreri mir a Athrogate, a Olgerkhan y a Arrayan,
luego de vuelta al enano, quien se aproximaba firmemente, con las estrellas matutinas
balancendose fcilmente. Athrogate le ofreci un encogimiento de hombros.
Supongo que esta es la forma en la que tiene que ser, dijo el enano, casi
disculpndose.

Ellery mantuvo sus manos a los costados, sin saber que se supona que hiciera.
Bueno, recoge tus armas y partamos, le dijo Jarlaxle a ella.
Ella lo mir fijo por unos momentos y luego se inclin para recuperar su hacha, ojeando
a Jarlaxle todo el tiempo como si esperara a que la atacara.
Oh, levntala, dijo el drow.
Aun as Ellery se detuvo.
No tenemos tiempo para esto, dijo Jarlaxle. Llamar a nuestra pequea batalla aqu
un malentendido, ya que estoy seguro de que vemos las cosas de la misma manera

ahora. Adems, ya conozco tu truco ahora- y es un delicado movimiento!- y te matar si


te enfrentas conmigo otra vez. Hizo una pausa y le dio una mirada lasciva. Tal vez te
saque una pequea paga despus , pero por ahora, terminemos con este castillo y el
infernal Zhengyi.
Ellery recogi su hacha. Jarlaxle se dio la vuelta y avanz detrs de Entreri. La mujer no
tena idea de que hacer o creer. Sus emociones revoloteaban al igual que sus
pensamientos, y se senta muy extraa. Dio un paso hacia Jarlaxle, tan solo queriendo
terminar con esto y regresar a Damara.
El suelo se abri y la trag.

Jarlaxle se dio vuelta enseguida, con las espadas listas cuando escuch el ruido detrs de
l. Se dio cuenta enseguida de que esas armas no seran necesarias. Fue rpidamente
hasta Ellery y trat de sacudirla. Puso su rostro cerca de su boca para intentar detectar
su respiracin, e inspeccion la pequea herida que le haba infligido Entreri.
Al final la daga s llego a tu corazn despus de todo, dijo Jarlaxle con un gran
suspiro.

Entreri no estaba seguro si Athrogate era increblemente bueno o era simplemente que
el estilo poco ortodoxo del enano y sus armamento- nunca haba siquiera sabido de
nadie que revoleara dos estrellas matutinas simultneamente- pero lo tena movindose
de forma incmoda y extraa. Cualquiera fuera la razn, Entreri entendi que estaba en
problemas. Mirando de reojo a Arrayan, se dio cuenta de que la situacin de ella era aun
ms desesperante. De algn modo, eso lo molestaba igualmente, sino ms.
Gru e hizo a un lado el perturbador pensamiento y cre una serie de muros de cenizas
para tratar de detener al testarudo y feroz enano. Claro que Athrogate simplemente
penetr a travs de cada uno de los muros de cenizas sucesivamente, rugiendo y
balanceando las estrellas tan rudamente que Entreri no se atrevi a acercarse demasiado.
Trat de medir al enano. Trat de encontrar un hueco en las defensas de la pequea
bestia. Pero Athrogate era demasiado compacto, los movimientos de sus armas
demasiado coordinadas. Dada la fuerza del enano y los extraos encantamientos de sus
estrellas matutinas, Entreri simplemente no poda arriesgarse a devolver golpe por
golpe, incluso con sus propias magnficas armas. Ni tampoco las poda bloquear, ya que

acertadamente tema que Athrogate pudiera enredar una de sus armas en la cadena de su
estrella matutina y arrancrsela de su mano. O incluso peor, poda ser que ese
herrumbrado fango que cubra el arma de la mano izquierda del enano arruinara la fina
hoja de la Garra de Charion?
Entreri utiliz su velocidad, brincando de un lado al otro, haciendo una finta y
retrocediendo casi inmediatamente. No estaba tratando de asestar un golpe en ese punto,
aunque podra haberlo apualado si se presentaba una abertura. En cambio, Entreri se
movi para poner al enano en un ritmo diferente. Mantuvo los pies de Athrogate
movindose de costado o lo hizo darse la vuelta rpidamente- ambos movimientos que
el luchador directo encontraba ms tpicos.
Pero eso llevara un largo, largo rato, Entreri lo saba, y con otro mirada de reojo a
Arrayan, entendi que era justamente tiempo lo que a ella no le quedaba. Con ese
incmodo pensamiento en mente, arremeti de repente, revirtiendo su mpetu para
esquivar en un intento de lograr una matanza rpida.
Pero una de las giratorias estrellas matutinas puso a un lado la Garra de Charon , y la
segunda envi a Entreri de cabeza rodando. Athrogate lo persigui, con las armas
girando, y Entreri apenas escap y evit un encuentro que le aplastara el crneo.
Paciencia... paciencia, lo acos el enano.
Entreri se dio cuenta de que Athrogate conoca exactamente su estrategia, que
probablemente haba visto la misma tcnica utilizada en cada oponente diestro con el
que se haba enfrentado. El asesino tena que repensarlo. Necesitaba algo de espacio y
tiempo. Avanz en una sbita explosin de nuevo, pero a pesar de que Athrogate
aullaba de la excitacin, Entreri se haba ido, saliendo a brincos de la habitacin.
Athrogate se detuvo y lo mir con obvia curiosidad. Ests huyendo o pensando en
golpearme desde lejos? Pregunt. Si ests huyendo, tonto, entonces salta como los
conejos. Pero ten en cuenta que no estar muy lejos !Buajaja!
A pesar de que encuentro tu fealdad repelente, enano, no pienses ni por un momento de
que huyo de los que son como t.
Athrogate aull de la risa de nuevo, y carg- o empez a hacerlo, ya que cuando
comenz a acortar terreno entre l y Entreri, un disco alongado flot desde el costado,
estirndose y ensanchndose, y posndose sobre el suelo entre ellos. Athrogate, sin
poder detener su impulso, cay cuan largo era dentro del hueco extra dimensional.
Aull. Maldijo. Aterriz con fuerza, quince metros abajo. Despus maldijo un poco
ms, y con rimas.
Entreri mir hacia la entrada del tnel, en donde permaneca Jarlaxle, inclinado. El drow
se encogi de hombros y seal, Una trampa para osos?
Entreri no respondi. Fue corriendo hacia Arrayan y quebr rpidamente el dardo
mgico de su estmago. Mir fijo el malicioso misil, observando con creciente rabia
como la punta segua vertiendo cido. Una mirada a Arrayan le dijo que l haba llegado

a tiempo, que la herida no era mortal, pero no poda negar la verdad de ello cuando mir
el plido rostro de Arrayan. Ella estaba muriendo, literalmente con un pie en el infra
reino.
La desesperacin remolc a Entreri. No vea a Arrayan sino a Dwahvel yaciendo frente
a l. Sacudi a la mujer y le grit que volviera. Casi sin pensar en el momento, se
encontr abrazndola, y despus tomando distancia de ella y llamndola una y otra vez.

Yaciendo en el suelo a un costado, el moribundo Olgerkhan vio la huidiza salud de


Arrayan y comprendi claramente que mucha de la pena de su querida compaera
estaba siendo causada por su ligadura mgica a l. Como el anillo haba forzado a
Olgerkhan a compartir la carga de Arrayan, haban revertido el efecto. Olgerkhan saba
que sus heridas eran mortales, saba que estaba al borde mismo de la muerte. Y estaba
llevndose a Arrayan con l.
Con toda la fuerza que pudo reunir, el semi orco se sac el anillo de su dedo y lo arroj
lejos a un lado.
Su mundo se torn negro al mismo tiempo que Arrayan abra los ojos.

Entreri se alej de ella por la sorpresa. Todava luca terrible, ms dbil que cualquiera
que hubiera visto jams- l solo poda describirla como delgada y vaciada de su energa
vital- ms frgil de lo que cualquier otro ser humano poda serlo, mucho ms de lo que
lo haba estado antes de la pelea.
Pero an le quedaba vida, y consciencia, y como aprendi el asesino, rabia tambin.
No! grit la mujer. Olgerkhan, no!
El tono de su voz demostraba que estaba regaando al semi orco, no negando sus
heridas. Eso combinado con el imprevisto regreso de la tumba de ella, hizo que el
asesino se rascara la cabeza confundido. Entreri mir de nuevo a Jarlaxle, quien estudi
al do intensamente pero al parecer con igual curiosidad.
Arrayan tan dbil y consumida y seriamente herida, se arrastr pasando por el lado de
Entreri hacia su compaero semi orco. Te sacaste el anillo, dijo ella, sosteniendo su
rostro en sus manos. Pntelo de vuelta!Olgerkhan, pntelo de vuelta!
Crees que me salvas, llorique Arrayan, pero no lo sabes? No puedo ser salvada de
verte morir. Olgerkhan, regresa a m. Debes hacerlo! Eres todo lo que amo, todo lo que
siempre he amado. Eres t, Olgerkhan. Siempre has sido t. Por favor, regresa a m!

Su voz se volvi ms dbil, sus hombros temblaban con los sollozos, y sostuvo
cariosamente a su amigo.
el anillo?2 pregunt Jarlaxle.
Arrayan no respondi, pero el drow se lo imagin de todas formas. Pens en todo el
tiempo en que los dos haban parecido compartir su dolor y cansancio.
Entonces el castillo s tena un rey, le seal Jarlaxle a Entreri, pero el asesino apenas
escuchaba.
Se qued mirando a la pareja, rindose entre dientes de s mismo y todas sus fantasas
sobre un futuro al lado de Arrayan.
Sin una palabra de explicacin, Artemis Entreri sali corriendo de la habitacin.

CAPITULO 20

PORQUE SI

Aunque tena confianza en que su trabajo con lo que respectaba a Arrayan y


Olgerkhan estaba hecho y que Athrogate se deshara del asesino, Canthan mir hacia
atrs varias veces mientras corra por el pasillo descendente. A pesar de que sus ojeadas
se volvan a lo que yaca detrs de l, sus pensamientos estaban en el futuro, ya que
saba que haba un grandioso premio para ser encontrado en las pginas del libro del
Rey Brujo. Su lectura cuidadosa del tomo le haba mostrado posibilidades ms all de
su imaginacin. De algn modo dentro de ese libro se vislumbraba el secreto que le
concedera la posesin del castillo, sin arrebatarle su fuerza vital como lo haba hecho
con Arrayan. Estaba seguro de eso. Zhengyi lo haba diseado as. El libro atrapara a
los desprevenidos y usara esa alma para construir el castillo.
Pero eso era solo la mitad del encantamiento. Una vez construido, la fortaleza estaba all
para tomar- para alguien que fuera lo suficientemente astuto y fuerte que lo acaparara.
Canthan poda hacer eso, y ciertamente Knellict, entre los ms grandiosos de los
hechiceros de las Tierras de Bloodstone, poda hacerlo tambin. Habra encontrado la
Ciudadela de los Asesinos un nuevo hogar, uno desde el cual podran desafiar
abiertamente al Rey Gareth reclamando su dominio?
Ah, las posibilidades, musit Canthan mientras se aproximaba a la siguiente puerta.
El castillo estaba o dormido o pronto a estarlo, crea l, o al menos no estaba disponible
para su regeneracin debido a la cada de sus fuentes de vida. Aun as el hechicero
permaneci alerta.
Lanz un hechizo de apertura que abri la puerta antes de que l entrara fsicamente a la
habitacin. En la gran cmara de ms all, vio un movimiento, y ni siquiera esper a
discernir el tipo de criatura frente a l cuando comenz su conjuro. Una momia gnoll
apareci en el umbral. Sirvi como el primer blanco, como el punto de partida.
Una descarga de rayos se curv hacia su cabeza y luego se dispar al siguiente blanco, y
as sigui. Disminuy con cada golpe sucesivo pero salt varias veces. Aquella primera
momia ech humo y se deshizo en una pila de trapos requemados, y Canthan actu con

rapidez, con el siguiente hechizo listo. Una rpida inspeccin al enorme cuarto le indic
el curso de su primer golpe, la cadena haba rebotado contra los cinco objetivos, todas
las momias. La criatura saludable que quedaba haba sido la ltima en ser golpeada, por
lo que Canthan revirti su lnea e hizo a esa la primera.
En el tiempo que le llev a la segunda cadena de rayos saltar a travs de las restantes
momias, las cuatro haban cado reducidas a cscaras humeantes. Canthan se apresur a
entrar y los braceros llamearon con vida. El hechicero levant la vista al techo diez
metros arriba y vio las formas de huevos de los guardianes demonios anidados por
encima de cada uno de los cuatro braceros en el cuarto.
Sonriendo, Canthan llen los dos metros superiores de la habitacin, de pared a pared,
con hebras de una pegajosa telaraa. Era solo una precaucin, crey l, ya que el castillo
deba de estar muerto.
Los monstruos que ya estaban animados, como las momias, podan permanecer, as lo
pensaba, pero con Arrayan muerta, ningn otro debera animarse.
El hechicero se detuvo para recobrar el aliento y considerar la situacin. Esperaba que
Ellery hubiera acabado con el problemtico drow y Athrogate con el igualmente
problemtico asesino.
La muerte de Mariabronne haba sido una suerte para la Ciudadela. El problemtico
pero leal vigilante habra seguramente dirigido Damara.
Aunque Canthan saba que todava tena que acercarse a las cosas con sumo cuidado.
Esperaba que su conjetura respecto a las cualidades del castillo fuera correctas, ya que
la tarea de realmente descifrar los secretos del libro sera mucho ms difcil, si tuviera
que pasarse la mitad del tiempo destruyendo monstruos.
El hechicero tena que reunir pronto a Athrogate y Ellery a su lado y descansar. Haba
casi agotado sus hechizos mgicos por el da, y aunque crea que la batalla estaba
ganada, a Canthan no le gustaba sentirse vulnerable.
Su hechicera era su armadura y su espada. Sin sus hechizos, no era ms que un hombre
astuto pero debilucho. No le gust lo que vio, cuando un hombre solitario entr con
gran determinacin a la cmara.

Lejos de estar muerto como haba presumido Canthan, las paredes externas de la gran
estructura bullan de vida. Grgolas regeneradas de su anterior noche de batalla sobre la
lomada, volaron con la puesta del sol, a toda velocidad a los largo de los pocos
kilmetros hasta los muros de Palishchuk. All, las defensas haban sido dispuestas, y
all comenz la desesperada batalla. Pero las murallas probaron ser poco impedimento
para las criaturas aladas, y bulleron sobre la ciudad en busca de objetivos fciles.
En su habitacin, Calihye oy la conmocin comenzando en las calles, los gritos de
alarma y los sonidos de la batalla que se le unan. Mir a Davis Eng, sus ojos bien

abiertos, su respiracin pesada por la anticipacin y el miedo. Una punzada de simpata


la recorri, ya que solo poda imaginar el terror de l al estar completamente desvalido.
Qu pasa? logr susurrar.
Calihye no tena respuesta. Fue hasta una de las ventanas del cuarto y corri la cortina.
Afuera en las calles debajo, vio la pelea, en donde un tro de guardias semi orcos
tajeaban y acuchillaban salvajemente tras los cortos saltos y vuelos de una nica
grgola. Calihye observ por un rato, hipnotizada por una extraa secuencia y danza.
Despus solt un grito y cay de espaldas mientras una grgola se estrellaba contra la
ventana, esparciendo fragmentos de vidrio, sus garras estirndose hacia su garganta.
La mujer se dej caer y rod hacia atrs, y se puso de pie gilmente, revirtiendo su
impulso y saltando hacia adelante al tiempo que la tonta grgola cargaba hacia ella,
empalndose en su espada.
Pero haba otra en la ventana, lista para ocupar su lugar.
Aydame, grit Davis Eng.
Calihye lo ignor, excepto para pensar que si la situacin se tornaba demasiado
desesperada quizs podra usar al hombre como carnada para las bestias mientras ella
escapaba por la puerta. Sin embargo, estaba muy lejos de esa desagradable posibilidad,
y se adelant para enfrentar a la nueva invasora, trabajando con su espada con la
habilidad de una sazonada veterana.

S razonable, mi amigo, le dijo Canthan mientras retroceda.


Artemis Entreri, su rostro perfectamente inexpresivo, camin hacia l.
La chica est muerta?
Ninguna respuesta.
S razonable, hombre, reiter Canthan. Ella era la fuente de poder de este lugar- su
fuerza vital lo estaba alimentando.
Ninguna respuesta. Pronto Canthan tena la pared a su espalda, y Entreri segua
avanzando, con la espada y la daga en mano.
Ah, pero fantaseabas con ella, no? le pregunt Canthan. Se ri- un sonido que tena
que admitir no tena otro motivo ms que cubrir su sincera desazn. Debido que a
Canthan no le quedaban muchos hechizos que conjurar y si Entreri haba descubierto la
forma de derrotar a Athrogate, era un enemigo formidable de seguro.

An sin respuestas, y Canthan conjur un hechizo rpido que lo envi en un pestaeo


extra dimensional al otro extremo del cuarto.
Entreri no hizo nada ms que proseguir con su determinado avance.
Por los dioses no me digas que mataste a Athrogate? le dijo Canthan. Porque le era
de bastante valor a la Ciudadela- un favor que te hago ahora es matarte. Sin embargo,
podramos hablar, no puedo perdonar eso, me temo, ni tampoco lo har Knellict!.
Termin con un adems de sus brazos, y lanz una descarga de rayos en direccin a
Entreri.
Pero no fue tan fcil. Entreri se movi antes de que la descarga surgiera, una improvista
y eficiente zambullida que termin en un rol hacia el costado. Canthan ya estaba
conjurando por segunda vez, enviando una serie de proyectiles mgicos que ningn
hombre, ni siquiera Artemis Entreri, podra esquivar.
Pero el asesino gru a travs de sus hirientes mordidas y avanz. Riendo, Canthan
prepar otra descarga de rayos, pero una daga centelle en el aire, golpendolo en el
pecho e interrumpiendo su conjuro. Por supuesto que el hechicero estaba bien protegido
de tales ataques mundanos, e incluso la enjoyada daga rebot.
Rpidamente se concentr de nuevo y dej salir una descarga hacia el hombre- o a lo
que pens era el hombre se dio cuenta ms tarde, ya que no era ms que un muro de
cenizas.
Volvindose ms temeroso, Canthan gir alrededor para inspeccionar la habitacin.
Ningn Entreri.
Gir de nuevo, luego se detuvo y musit, Oh, astuto.
Ni siquiera tuvo que mirar para comprender la artimaa y el movimiento del asesino. Ya
que en ese instante de distraccin de la daga, en ese pestaeo reflexivo del ojo del
hechicero, Entreri no solo haba balanceado su espada y dispuesto un muro de cenizas,
peor haba saltado hacia arriba, sujetndose sobre las telaraas de Canthan. El mago
levant la vista hacia l. El asesino estaba encorvado, las piernas encogidas sobre su
pecho, sus manos hundidas en la red segura. Se desenroll y columpi hacia atrs y
despus hacia Canthan. Al tiempo que avanzaba, chasque algo que sostena en una
mano- un simple artilugio de piedra y acero. La chispa resultante incendi la red y
quem por completo ese sector en un instante, justo cuando Entreri estaba en la cima de
su balanceo.
Vol hacia adelante, cayendo en un salto mortal hacia atrs, estirando sus piernas y
brazos para controlar la cada.
Aterriz suavemente y en perfecto equilibrio justo frente al hechicero, y sac la espada.
El diestro hechicero atac primero, una descarga de atronadores rayos que crepitaron
por todo el cuerpo de Entreri, chispas volando de su espada. Su mandbula castaeteaba
incontrolablemente, sus msculos tensndose y agarrotndose, los dedos de una mano

cerrndose en una bola apretada, los nudillos de la otra blanquendose sobre el pomo de
la Garra de Charon.
Pero Entreri no se ech atrs ni se cay de espaldas. Gru y se mantuvo firme. Soport
el golpe y con increble determinacin y simple tenacidad, luch contra ste.
Cuando el rayo termin. Entreri sali de ste con un sbito giro, la Garra de Charon
volando a lo ancho. Dada el consumado poder de esa hoja, ms all de cualquiera de las
barreras y defensas, Entreri pudo haber matado fcilmente al horrorizado hechicero,
podra haber cortado la cabeza del hombre de sus hombros.
Pero la Garra de Charon se par en seco en un corte diagonal, cortando al hechicero
desde el hombro hasta la cadera opuesta. Atnito y cayendo de espaldas, Canthan no
pudo alejarse lo suficiente cuando Entreri, su rostro an fro y sin expresin ante el cual
Canthan se pregunt brevemente si no era ms que un cadver animado, brinc alto en
un giro y se dio la vuelta con una patada lateral que envi la cabeza de Canthan hacia
atrs virulentamente.
Entreri recuper su apreciada daga y limpi la sangre de su nariz y boca mientras
marchaba hacia el postrado Canthan. Boca abajo, el hombre se retorca y despus
testarudamente se levant apoyndose sobre sus codos. Entreri le pate la cabeza y lo
pate otra vez antes de que Canthan se quedara tirado sobre el suelo.
El asesino hizo a un lado su espada pero sostuvo la daga mientras agarraba al hechicero
semiconsciente por la nuca y lo arrastraba de vuelta al pasillo.

Seguramente sers razonable en este asunto, le dijo Jarlaxle quien estaba sobre su
manos y rodillas en el suelo asomado al borde del agujero a Athrogate. No puedes salir
sin mi ayuda,
Athrogate con las manos en la cintura, simplemente lo miraba fijo. Tena que hacer
algo, dijo Jarlaxle. Acaso iba a permitirte que mataras a mi amigo?
Bah! Bien, no habra peleado contra l si l no hubiera peleado contra m.
Bastante cierto, pero considera a Olgerkhan.
Lo hice y lo mat.
A veces esos actos molestan a la gente.
No debera haberse entrometido con mi amigo.
Para qu tu amigo pudiera matar a la chica?
Athrogate se encogi de hombros como si no le importara. Tena su razn.

Una razn errnea.


Lo hecho, hecho est. Quieres una disculpa?
No s si quiera algo, replic Jarlaxle. Tu pareces ser el que est necesitado, no yo.
Bah!
No puedes salir. Morir de hambre es una forma vil de morir para un guerrero.
Athrogate simplemente se encogi de hombros y se movi hacia un costado del agujero,
estudi el slido muro por un momento, y se sent. Jarlaxle suspir y se dio la vuelta
para enfocarse en Arrayan. Ella todava acunaba la cabeza de Olgerkhan, susurrndole.
No te atrevas a dejarme, le rogaba.
Y ahora te das cuenta de que lo amas? le pregunt Jarlaxle. Arrayan le arroj una
mirada de odio que le dijo que su conjetura era acertada.
Ruidos desde el pasillo hicieron que Jarlaxle volviera su cabeza pero no la de la mujer.
Entreri entr, musitando en voz baja y arrastrando a Canthan por el extremo del brazo.
Rode el agujero y se dirigi hacia Arrayan y Olgerkhan. La mujer lo mir con una
mezcla de sorpresa, curiosidad y horror. Entreri no tena tiempo para esto. La sujet del
hombro y la hizo a un lado, luego arroj a Canthan frente a Olgerkhan.
Arrayan regres a l, pero la detuvo con la mirada ms fra y temible que una mujer
haya visto jams. Con ella fuera del camino, Entreri volvi su atencin a Olgerkhan.
Sujet la mano del enorme semi orco y se la extendi al quejoso Canthan. Puso su daga
en la palma de Olgerkhan y forz los dedos del semi orco para que se cerraran sobre
ella. Mir a Arrayan y despus a Jarlaxle, y hundi la daga en la espalda de Canthan.
Liber su pulgar, y lo coloc sobre la base del pomo de la enjoyada daga, y la inst a
que se alimentara. El arma vamprica se avoc a su tarea con apetito, robando el alma
misma de Canthan y dndosela a su esgrimidor.
El pecho de Olgerkhan se elev y sus ojos se abrieron mientras tosa su primer aliento
en muchos segundos. Continu boqueando por un momento. Sus ojos se abrieron de par
en par del terror cuando lleg a comprender la fuente de su curacin. Trat de sacar la
mano. Pero Entreri la mantuvo firme en su lugar, forzndolo a alimentarse hasta que se
agotara la fuerza vital de Canthan.
Qu hiciste? grit Arrayan, su voz atrapada entre el horror y la alegra. Ella se
adelant y Entreri no intent detenerla.
Extrajo la daga del asidero de Olgerkhan y se hizo a un lado. Arrayan cay sobre su
amigo semi orco, sollozando de alegra y diciendo, Siempre fuiste t, una y otra vez.
Olgerkhan simplemente sacudi su cabeza, mirando inexpresivamente a Entreri por un
momento. Se sent, su fuerza y salud renovadas. Luego se concentr en Arrayan, en sus
palabras y enterr su rostro en el cabello de ella.

Ah, la bondad de tu corazn, le coment Jarlaxle al asesino. Cuan altruista de tu


parte, siendo que el contrincante por tu premio estaba a punto de dejar de existir.
Tal vez solo quera a Canthan muerto.
Entonces quizs deberas haberlo matado en la otra habitacin.
Cllate.
Jarlaxle se ri y suspir al mismo tiempo.
Dnde est Ellery? pregunt Entreri.
Creo que le rompiste el corazn.
Entreri sacudi la cabeza ante lo descabellado de la idea.
No era de confiar, en cualquier caso, dijo Jarlaxle. Obviamente que no. Realmente
me ofende cuando una mujer con la que me he acostado se vuelve contra m con
semejante furia.
Si sucede con tanta frecuencia, entonces quizs deberas trabajar en tu tcnica.
Eso hizo que Jarlaxle se riera pero solo por un momento. Entonces, somos cinco, dijo
l. O quizs cuatro, agreg echando una mirada al agujero.
Un enano cabezota? pregunt el asesino.
Los hay de otro tipo?
Entreri se acerc al borde del agujero. Oye feo, le llam. Tu amigo hechicero est
muerto.
Bah! se mof Athrogate.
Entreri mir de vuelta a Jarlaxle y se corri, agarr el cuerpo de Canthan y lo arroj por
el borde del agujero, dejndolo caer con un chapoteo al lado del sorprendido enano.
Tu amigo est muerto, dijo de nuevo Entreri, y el enano no se molest en discutir el
asunto. Por lo que ahora tienes una opcin.
Comrmelo o morirme de hambre? pregunt Athrogate.
Comrtelo y eventualmente morirte de hambre, corrigi Jarlaxle, ponindose al lado
de Entreri para espiar al enano. O podras salir del agujero y ayudarnos.
Ayudarlos a qu?
Ganar, dijo el drow.

Acaso no terminaron con esa posibilidad cuando la lanz?


No, dijo Jarlaxle con seguridad. Canthan estaba equivocado. Crea que Arrayan era
la continua fuente de poder del castillo, pero no es as. Ella fue el comienzo del
encantamiento, es cierto, pero este lugar va ms all de ella.
El drow tena a todos los otros escuchndolo para ese entonces, con Olgerkhan, de
vuelta con color en su rostro, parado slidamente una vez ms.
Si creyera lo contrario, entonces abra matado a Arrayan yo mismo, prosigui
Jarlaxle. Pero no. Este castillo tiene un rey, uno poderoso y grandioso.
Cmo sabes todo esto? pregunt Entreri, y pareca dudoso y confundido como los
otros, inclusive Athrogate.
Vi lo suficiente del libro como para reconocer que tiene un diseo diferente al que
Herminicle us en las afueras de Heliogabalus, explic el drow. Y hay algo ms.
Puso una mano sobre el botn del bolsillo extra dimensional que usaba, en donde
mantena la gema en forma de calavera que haba tomado del libro de Herminicle.
Siento una fuerza aqu, un poder abrumador. Est claro para m, dado todo lo que
conozco de Zhengyi y todo lo que me han contado las hermanas dragonas, con sus
palabras y con el miedo que era tan evidente en sus ojos, no es tan difcil ver la lgica
en todo esto.
De qu ests hablando? pregunt Entreri.
Hermanas dragonas? aadi Athrogate, pero nadie le prest atencin.
El rey, dijo Jarlaxle. S que existe y s donde est.
Y sabes cmo matarlo? pregunt Entreri. Era una pregunta esperanzadora, pero sa
no fue contestada con una respuesta esperanzadora.
El asesino lo dej pasar, seguramente dndose cuenta de que nunca conseguira una
respuesta directa de Jarlaxle. Mir abajo de nuevo a Athrogate, quien estaba parado
mirando arriba a propsito.
Ests con nosotros? O deberamos dejarte para que te comas a tu amigo y te mueras
de hambre? pregunt Entreri.
Athrogate mir a Canthan y luego a Entreri. No parece que supiera sabroso y algo que
me gusta es tener comida a mi antojo Pronunci sabroso y antojo un poco
separadas, para que parecieran rimar y eso hizo que Entreri frunciera el ceo.
Si empieza de nuevo con eso se queda en el agujero, le seal a Jarlaxle, y el drow,
quien ya estaba sacndose el cinto para poder dirigirlo y sacar al enano, se ri de nuevo.

Tendremos tu palabra de que no hars nada en contra de ninguno de nosotros, dijo


Entreri.
Vas a aceptar mi palabra?
No, pero as podr matarte con la consciencia limpia.
Buajajaja!
Realmente lo odio tanto, le musit Entreri a Jarlaxle, y se alej. Jarlaxle consider eso
con una sonrisa irnica, pensando que tal vez sta era otra razn para dejar salir a
Athrogate y que se quedara al lado de ellos. La falta de preocupacin del enano por
Canthan era genuina, lo saba Jarlaxle, y Athrogate no ira contra ellos a menos que lo
considerara como un gran beneficio. Lo cual, por supuesto era la forma de proceder de
todos los amigos de Jarlaxle.

CAPITULO 22

A LOS VICTORIOSOS. . .

Olgerkhan gru y se quej y contuvo su aliento mientras Athrogate le ajustaba un


cinto de cuero alrededor de su pierna quebrada. El enano hizo un bucle con el cinto y
sostuvo uno de los extremos cerca del rostro del semi orco.
Mejor que muerdas fuerte, le dijo.
Olgerkhan lo mir por un momento, luego tom el extremo de la correa en su boca y se
afianz a ella. Athrogate asinti y le dio un buen tirn a la correa, ajustndola y
enderezando la pierna del semi orco. La correa amortigu de alguna manera el grito de
Olgerkhan, pero aun as rebot por la cmara. Las manos del semi orco se cerraron y
aporre el suelo de piedra.
Sip, apuesto a que eso doli, le coment Athrogate.
El semi orco se apoy de espaldas, cerca del colapso. Sali y cay en la inconsciencia
por unos pocos momentos, puntos negros danzando frente a sus ojos, pero luego a
travs del mareo y el dolor, vio algo que le exigi atencin.
Arrayan apareci en la cornisa. Ella permaneca derecha, por primera vez en mucho
tiempo, sin apoyarse en nada. Olgerkhan se apoy en sus codos mientras ella se
encontraba con su mirada.
Y as termina, seal Jarlaxle, l y Entreri acercndose al enano y el semi orco.
Aydalo a levantarse, entonces. Los llevar levitando uno a la vez hasta la cornisa para
unirnos a Arrayan.
Athrogate se movi para ayudar a pararse a Olgerkhan, pero Entreri se alej hasta el
muro en donde rpidamente escogi una ruta y comenz a escalar. Para cuando Jarlaxle
hizo su primer viaje hasta arriba, depositando a Olgerkhan al lado de Arrayan, Entreri
ya casi estaba all, movindose firmemente. Cuando finalmente asom su cabeza por
encima de la cornisa, encontr que Arrayan haba cado sobre Olgerkhan, abrazndolo
fuertemente y prodigndole todo su amor. Entreri dio un salto al lado de ellos, les

ofreci una dbil sonrisa que ninguno de ellos registr y sigui de largo para
inspeccionar el pasillo ascendente.
Corri a toda velocidad una distancia pero no encontr enemigos ni escuch sonido
alguno. Cuando regres, encontr a los otros cuatros esperndolo, Olgerkhan
apoyndose sobre el enano con Arrayan sujetndole del otro brazo.
El corredor est despejado, les inform.
El castillo est muerto, replic Arrayan, y su voz son mucho ms fuertemente de lo
que Entreri la haba escuchado previamente.
No puedes estar segura, respondi Athrogate.
Pero Arrayan asinti, su confianza trabajando contra las dudas de los otros. No s
cmo pero lo s. explic. Simplemente lo s. El castillo est muerto. Ni momias ni
grgolas se levantarn en nuestra contra, ni demonios ni otros monstruos. Incluso las
trampas, creo que estn inertes.
Me asegurar de eso a cada paso, le asegur Entreri.
Bah, no puedes estar segura, le reiter Athrogate.
Yo creo que s lo est, dijo Jarlaxle. Segura y en lo correcto. El dracolich era la
fuente de vida continua del castillo, le estaba dando poder al libro, y el libro le daba
poder a las grgolas y otros monstruos. Sin el dragn, estn convertidos en piedra y
cuerpos vacos, nada ms.
Y el dragn le estaba dando poder al libro para robarme la vida, aadi Arrayan. En
el momento en que cay, mi carga fue alivianada. No lo entiendo del todo, buen enano,
pero estoy segura de que estoy en lo cierto.
Bah, y yo justo estaba empezando a divertirme.
Eso trajo risas, incluso de Olgerkhan, aunque hacia muecas por el esfuerzo. Jarlaxle se
adelant al tro para unirse a Entreri.
Iremos a arriba y nos aseguraremos de que el camino est despejado, dijo el elfo
oscuro, y l y Entreri se alejaron.
Trotaron ligeramente, poniendo un montn de distancia entre ellos y los otros.
Est el castillo verdaderamente muerto? pregunt Entreri cuando estuvieron solos.
Arrayan es perceptiva, y siendo que ella estaba inextricablemente atada al castillo,
confiara en su juicio en esto.
Tu pareces saber ms que ella.
Jarlaxle se encogi de hombros.

Sin grgolas y sin momias, prosigui Entreri. Su fuente de poder se ha ido. Pero qu
pasa con los no muertos? Encontraremos esqueletos esperndonos cuando regresemos
a la torre?
Qu quieres decir?
Parecera que su maestro camina a mi lado. Jarlaxle solt una pequea risa.
Cundo te convertiste en un nigromante? pregunt Entreri. Jarlaxle sac la calavera
gema.
Tu estuviste detrs de todo eso, por supuesto, dijo el asesino. En todo.
No del todo cierto, replic Jarlaxle. Traje de vuelta a tres de los compaeros
perdidos, cierto. En verdad los escuchaste seguirnos hasta abajo.
Y dejaste al cuarto colgando de la punta?
Otra risa. l es un enano- la gema no me otorga poder sobre los enanos muertos, slo
sobre humanos. Por lo que si t caes en batalla...
A Entreri no le diverta. Tienes el poder de erigir un ejrcito de esqueletos? pregunt.
No lo hice, explic el drow. No a todos ellos. El dracolich los animaba, o el castillo
lo haca. Pero los escuch, a cada uno, y ellos me escucharon, y atendieron mis rdenes.
Quizs guardaban viejos agravios contra el dragn que los haba masacrado tanto
tiempo atrs.
Cruzaron por la habitacin en la que Entreri haba peleado con Canthan y siguieron
aprisa. Ningn huevo se cay de los bajo relieves del techo, soltando guardias demonios
para aterrorizarlo, y ningn sarcfago se abri. Cuando por fin alcanzaron la sala
principal de la torre, se encontraron con que los monstruos haban irrumpido por las
puertas.
Pero no quedaba ninguno en pie para enfrentarlos. Huesos esparcidos sobre el suelo, un
par de momias gnoll yaca inmviles sobre las escaleras, pero no haba ninguna grgola
a la vista. Afuera estaba oscuro, ya que era bien entrada la noche para entonces.
Jarlaxle le prest poca atencin. Su premio estaba a la vista, y fue rpido hacia el libro,
el cual permaneca en su plataforma de pmpanos. Ninguna runa mstica giraba encima
en el aire, y el drow no sinti el cosquilleo de poder mgico mientras se acercaba para
pararse frente al ste.
Mir a Entreri y despus dio vuelta una pgina. Se detuvo y mir alrededor, como si
escuchara esperando que una pared se derrumbara.
Qu? pregunt Entreri.
El castillo no se va a derrumbar como lo hizo con la torre de Herminicle

Por qu?
Porque a diferencia de esa estructura, sta est completa, explic Jarlaxle. Y porque
la fuerza vital que complet este castillo an sigue viva.
Arrayan? Pero dijiste que ...
Jarlaxle sacudi la cabeza. Ella no fue ms que la que inici el proceso, y el castillo la
succion por conveniencia, no por supervivencia. Su muerte no habra significado nada
para la integridad de la estructura, ms all quizs de frenar el crecimiento de las
grgolas o de alguna otra cosa menor.
Pues sino Arrayan, entonces quin? pregunt Entreri. El dracolich?
Jarlaxle dio vuelta otra pgina, despus otra ms. Los dracoliches son eso. Sus espritus
corren y se esconden aguardando otro cuerpo idneo para animar y habitar.
Los ojos de Entreri se agrandaron y sin querer echaron una mirada alrededor como si
esperara que la bestia cayera sobre l. Comenz a preguntarle a Jarlaxle que quera decir
con eso pero se detuvo cuando escuch a los otros entrar en la cmara detrs de l.
Bien venidos, les dijo Jarlaxle. Y justo a tiempo para presenciar el fin de la
amenaza.
Dio un paso atrs del libro mientras terminaba de hablar y se toc la punta de sus
pulgares juntos. Los dedos se extendieron ante l, e invoc el poder de uno de sus
anillos mgicos. Las llamas surgieron de sus manos extendidas, baando el libro mgico
e incendindolo. Riendo, Jarlaxle puso una daga en sus manos y comenz a desgarrar el
tomo, enviando volando pergaminos quemados y ennegrecidos.
En ese show, el drow encontr su tesoro, y se lo desliz por la manga bajo la cubierta de
sus diestros movimientos. No se sorprendi por la vista del premio; una gema de brillo
prpura con forma de calavera. Pero no una calavera humana esta vez, como la que
Jarlaxle ya posea , sino la calavera de un dragn.
Inmediatamente despus de cerras sus dedos sobre la gema, el drow sinti la fuerza vital
del inmenso dragn negro contenida dentro.
Sinti el odio, la violencia.
Pero sobre todo, sinti el miedo del dragn.
Disfrut eso.

Los cinco miembros restantes del grupo no tuvieron que ir muy lejos para encontrar ms
aliados. Con la derrota del dragn, la derrota del artefacto de Zhengyi, haba llegado la
derrota de las grgolas. Adivinando que algo positivo e importante deba haber sucedido
all afuera, Wingham rpidamente haba conducido un contingente de soldados semi
orcos fuera de la puerta norte de Palishchuk.
Cun contentos estuvieron de ver a los cinco salir por el hueco del rastrillo que
Athrogate haba hecho anteriormente. Contentos y preocupados al mismo tiempo, ya
que cuatro no estaban, incluyendo un hombre que haba sido amigo de Palishchuk por
dcadas.
Arrayan corri hacia Wingham y lo envolvi en un gran abrazo. Surgieron vtores
alrededor de la pareja- por Olgerkhan y por Arrayan, con el recuerdo ocasional
impartido para saludar a los otros tres.
Sin embargo, esos vtores fueron prestamente mitigados cuando Olgerkhan confirm las
muertes de Canthan y Ellery, el bueno de Pratcus y de Mariabronne el Errante. Por lo
que fue una celebracin silenciosa, pero una celebracin de todas formas. Despus de
poco tiempo de vtores y muchas oraciones ofrecidas por los muertos, Wingham
demand un recuento completo.
Habr tiempo para eso cuando regresemos a Palishchuk, respondi Jarlaxle, y los
otros, incluso el siempre curioso Wingham, rpidamente estuvo de acuerdo. El castillo
deba de estar muerto pero ellos todava estaban en las salvajes tierras de Vaasa,
despus de todo.
Casi la perdimos, le dijo ms tarde Jarlaxle a Wingham, ya que se haba asegurado de
caminar al lado del anciano semi orco en su viaje de regreso.
Olgerkhan arroj a un lado su anillo, y la sbita conmocin de haber soportado toda la
carga casi abruma a la pobre muchacha.
Wingham le lanz una mirada curiosa y casi dijo abruptamente, Cmo sabes eso?
Jarlaxle lo dedujo ya que ley claramente el rostro del viejo traficante de armas.
Cuando no pudimos encontrar el anillo de Olgerkhan, supimos que tenamos que
movernos con mayor rapidez. Afortunadamente, para ese entonces, ya estbamos listos
para presentar batalla contra el verdadero rey del castillo, un dracolich negro de enorme
tamao y poder.
Eso hizo que Wingham abriera grandes los ojos. Tienes unas cuantas historias que
contar, le dijo.
Ha sido un largo da, replic Jarlaxle.

Toda la ciudad sali afuera esa noche, los ancianos , los muy jvenes, y todos
entremedio, para escuchar la historia de la cada del dracolich. Jarlaxle sirvi de
narrador por los cinco, por supuesto, ya que pocos en todo el mundo podan tramar una
historia mejor que el antiguo y extrao elfo oscuro. Athrogate acot unas cuantas rimas
y apreci deleitarse particularmente con los quejidos de los espectadores. A pesar de
todo, Entreri se movi a un rincn alejado de la sala comn, tratando de llamar poco la
atencin. Realmente no quera hablar con nadie, no quera ninguna palmeada en la
espalda y senta pocos deseos de contestar preguntas sobre las muertes de Ellery y
Canthan particularmente.
Pero s vio un rostro entre la multitud, al fondo y sobre la puerta, que no pudo ignorar.
Davis Eng? pregunt cuando lleg al lado de Calihye.
Descansando bien, replic ella bruscamente. casi muri cuando las grgolas atacaron
el pueblo, pero yo estaba all.
Siempre el hroe.
Calihye lo mir de soslayo. Ese sera tu ttulo, no ?
Te pedimos que vinieras con nosotros.
Para yacer muerta al lado de Ellery, sin duda.
Entreri simplemente sonri, hizo una reverencia y se alej.
El alboroto se desvaneca detrs de l a medida que caminaba hacia la noche de
Palishchuk. Estaba solo con sus sentimientos, incluyendo aquellos que no haba sabido
que posea. Se imagin el rostro de Arrayan luego pens en Dwahvel Tiggerwillies.
Consider su rabia, su dolor, cuando Arrayan le haba profesado su amor a Olgerkhan.
Por qu se haba sentido as? Por qu tan agudamente?
Admiti para s mismo que en verdad se senta atrado hacia Arrayan, pero tambin lo
haba estado hacia Ellery y Calihye, en ese nivel. l no amaba a la semi orca- cmo
podra si ni siquiera la conoca en realidad?
Todo haca que sacudiera su cabeza, y mientras lo consideraba, con tiempo para pensar
y reflexionar, sin peligros presionando y sin distracciones, encontr su respuesta.
Extrajo la flauta de Idalia y la mir fijamente, luego solt una carcajada de impotencia.
As pues, las hermanas dragonas- y su amigo drow, sin duda- haban conspirado para
manipularlo.

Extraamente, en ese momento de reflexin, Artemis Entreri no estaba enojado con


ellos.

Una carreta parti de Palishchuk tres das ms tarde, llevando a Entreri y Jarlaxle.
Calihye, Athrogate, y Davis Eng. Un puado de soldados de Palishchuk haban
acordado servir como guardias y conductores. Detrs de esta vena una segunda carreta,
conteniendo los cuerpos de Pratcus y la Comandante Ellery. De Mariabronne no haban
encontrado lo suficiente para enterrar, y la parte inferior del torso de Canthan, aunque
haba sido recuperado por los guardias de Palishchuk que haban regresado al castillo,
no haba sido dispuesto en el carro.
Rumores susurrados decan que haba sido reclamado y removido en silencio el da
anterior, pero incluso los siempre desconfiados Jarlaxle y Entreri le haban dado poco
crdito a esos confusos informes.
Seras prudente en mantener a todos los buscadores curiosos fuera del castillo, le dijo
Jarlaxle a Wingham, quien permaneca al lado de Arrayan y Olgerkhan y un semi orco
mucho ms anciano, quien haba sido presentado como un antiguo y renombrado bardo.
El libro est destruido, por lo que el lugar debera estar muerto, con toda razn. Pero
era un artefacto de Zhengyi, despus de todo, y no sabemos qu otras sorpresas dej el
Rey Brujo en el lugar.
Los soldados que fueron le han contado a todos el destino de Pratcus, replic
Wingham, Y que aparentemente all no haba ningn tesoro que buscar. El castillo
permanecer como est hasta que el rey Gareth pueda enviar una fuerza apropiada para
investigar.
Adis entonces, dijo el drow con una profunda reverencia y barrida de su enorme
sombrero. Esperen mi retorno aqu en Palishchuk, en un tiempo cuando quizs pueda
explorar y disfrutar ms completamente el pueblo.
Y sers bienvenido, Jarlaxle, aadi Arrayan. Aunque probablemente no te veremos
hasta el deshielo de la primavera.
Jarlaxle sonri y sostuvo en alto el anillo mgico que ella le haba dado, con su solicitud
de que podra estudiarlo en mayor profundidad y quizs reemplazar a su compaero
perdido. Arrayan no tuvo problema en entregrselo despus de que Wingham hubiera
estado de acuerdo, puesto que ninguno de los dos saba que Jarlaxle ya tena el anillo
hermano en su posesin. Tan pronto como los otros haban dejado ese cuarto de batalla,
un rpido hechizo le haba mostrado a Jarlaxle su ubicacin, y el drow no era de los que
dejaban que semejantes objetos fueran desperdiciados.
El invierno se aproxima con velocidad, dijo Wingham. Pero en realidad, aqu arriba,
el invierno siempre se aproxima con rapidez, si no es que ya est aqu!

Y t tambin sers bienvenido Artemis Entreri, agreg Olgerkhan.


Entreri trab miradas con el semi orco y despus volvi su mirada a Arrayan. La sonrisa
de ella era clida y amigable, y llena de agradecimiento.
Entreri busc dentro de su capa y sac la flauta de Idalia, luego mir nuevamente a la
pareja. Sintiendo la mirada curiosa de Jarlaxle sobre l, se volvi hacia el drow.
Hubo aprensin all, y Entreri tuvo el presentimiento de que su amigo iba a estar
bastante decepcionado. Sostuvo en alto la flauta pero no se la arroj a Olgerkhan, como
haba su intencin.
Quizs aprenda a tocarla lo suficientemente bien para entretenerlos cuando regrese,
dijo y vio que la sonrisa de Jarlaxle se ensanchaba en su rostro oscuro.
Entreri no estaba seguro de como senta al respecto.
Eso me gustara, dijo Arrayan.
Las carretas marcharon. Artemis Entreri pas un largo rato mirando atrs a los semi
orcos, y un largo tiempo dejando que sus manos sintieran la artesana del trabajo de
Idalia.
El resto del da prob ser tranquilo. Incluso Jarlaxle estaba callado y dej a Entreri
mucho solo. Establecieron su campamento para la noche, y Entreri eligi uno de los
banquillos de la carreta como su cama, mayormente porque as nadie elegira dormir
demasiado cerca de suyo. Quera mucho estar solo de nuevo y slo deseaba haber
estado ms alejado de los otros para as poder tomar la flauta y tratar de aprender ms
sobre su magia.
Se encontr deseando poder estar ms lejos incluso , cuando un rato despus en el
silencio de la noche, Calihye trep para ponerse a su lado.
Al principio temi que ella pudiera hacer un movimiento contra l. Su daga en mano,
supo que podra derrotarla y matarla fcilmente, pero no deseaba hacer eso.
La ruta no estar despejada maana, le dijo la semi elfa.
Entreri puso cara de confundido y se gir para quedar sentado.
Antes del medioda, quizs antes, encontraremos caza, una banda de jinetes viniendo
con preguntas y acusaciones, explic ella.
Qu sabes?
La Ciudadela de Asesinos desea saber sobre Canthan, explic Calihye. No era un
jugador menor en esa oscura asociacin, y ahora est muerto. Los rumores dicen que
por tu mano.
Los rumores dicen muchas cosas.

Olgerkhan cont su experiencia cercana a la muerte en el castillo. Cont sobre una


daga y la cada de Canthan. Muchos odos detrs del pequeo grupo de amigos sentados
al lado del semi orco oyeron esa historia.
Entreri la mir con dureza.
El Archimago Knellict no es Canthan, sigui Calihye. Cualquier xito que hayas
conseguido contra ese infeliz no ser fcilmente repetido con un Knellict preocupado.
Ni tampoco vendr solo, y los hombres que lo acompaen no sern novatos en el arte de
matar.
Por qu me ests diciendo esto?
La mujer lo observ por un largo rato. No vivir en deuda con Artemis Entreri, dijo y
se dio la vuelta.
No por primera vez, Entreri se alegr de no haberla matado.

El amanecer an estaba lejos cuando Entreri y Jarlaxle salieron de las carretas.


La palabra es 'Fuegonegro', le explic Jarlaxle mientras le pasaba la estatuilla de
obsidiana a su compaero.
Fuego-- comenz a preguntar Entreri, pero el drow lo interrumpi con una mano
levantada y unas palabras de advertencia.
No pronuncies la invocacin hasta que ests listo para cabalgar, explic Jarlaxle. Y
coloca la estatuilla sobre el suelo antes de hacerlo, ya que invocar una bestia equina de
los planos inferiores para servirte. Lo encontr en el cuerpo de Mariabronne- un objeto
curioso de llevar para un vigilante bonachn del Ejrcito de Bloodstone.
Entreri lo mir fijo y despus a la estatuilla.
As que si ests listo, deberamos partir, dijo Jarlaxle.
Cabalgars detrs de m?
A tu lado, dijo el drow, y desde otra de sus muchas bolsitas, extrajo un objeto
idntico.
Entreri no sinti la fuerza siquiera para empezar a sacudir la cabeza.
Los bufidos de las pesadillas hendieron la noche, despertando a los otros en las carretas,
y recordndole a aquellos que se supona estaban vigilando la compaa que justamente

se supona que tenan que estar vigilando a la compaa. Para cuando cualquiera de ellos
llegara a lado sur del campamento, Entreri y Jarlaxle haca tiempo que ya no estaban.
El viento azotaba el cabello de Entreri y aleteaba su capa mientras la pesadilla marchaba
adelante, las fieras pezuas destrozando la suave tundra. Cuando amaneci, los
compaeros aun seguan corriendo, sus corceles no mostraban ningn signo de
cansancio, aunque ya haban puesto muchos, muchos kilmetros entre ellos y las
carretas. Sin embargo, a pesar de eso, descubrieron que no estaban solos.
La mujer habl verazmente, coment Jarlaxle cuando una hilera de jinetes apareci
detrs de ellos a un costado, cabalgando duro y con determinacin. Esperemos que las
Tierras de Bloodstone estn repletas con lugares para esconderse!
Los caballos no los alcanzaran, sin importar cun arduamente los manejaran sus jinetes.
Los corceles infernales eran demasiado poderosos y no se cansaban.
Pronto el par estaba corriendo libremente de nuevo, y supieron que estaban mucho ms
cerca de las Puerta de Vaasa.
Podramos buscar la proteccin del Rey Gareth, seal Jarlaxle.
Hasta que se entere que matamos a su sobrina.
Matamos?
Entreri volte su cabeza, y si Jarlaxle no hubiera estado sonriendo en ese momento,
Entreri le habra saltado encima y estrangulado.
Si la Ciudadela de los Asesinos nos persigue, entonces el Rey Gareth nos acogera ms
incluso, dijo el drow. No soy adepto a confiar en tales cosas, pero hasta que podamos
encasillar el potencial de nuestro nuevo poder, tendr que funcionar. Bien, eso y las
hermanas dragonas, quienes estoy seguro nos mirarn con renovado respeto.
Respeto u odio?
No son tan diferentes como pareces creer.
Entreri quiso responder pero antes de que pudiera dejar salir una palabra, el aire
alrededor de la pareja de jinetes brill con luz trmula, como una ola de suave pao
azul.
Sus caballos conjurados desaparecieron de abajo de ellos. Entreri cay al suelo con
dureza, rebotando y rodando, cortndose el rostro y casi dislocndose la mandbula.
Cuando finalmente aterriz en el suelo, finalmente controlando los tumbos, vio a
Jarlaxle flotar al lado, aun derecho y levitando con el impulso de la cada.
Eso no fue un accidente, ni tampoco la magia de las monturas mgica se acab
simultneamente, le llam el drow desde muy adelante.
Entreri mir alrededor, sus manos yendo hacia sus armas.

Al pie de la colina, y rpido, insisti Jarlaxle. La Ciudadela no debe atraparnos en el


descampado.
Regresaron corriendo para recuperar sus monturas, simples estatuillas de obsidiana una
vez ms. Luego se escabulleron hacia el oeste, en donde el suelo comenzaba a ir cuesta
arriba, y enormes guijarros despeados de las Galenas les ofrecieron algo de refugio.
Todava estaban trepando cuando lejos en la distancia al norte, divisaron el
inconfundible polvo y movimiento de muchos caballos galopando.
Cmo hicieron eso? pregunt Entreri cuando se detuvieron con sus espaldas pegadas
contra una inmensa roca para un muy necesitado descanso. Fue una emboscada? Hay
un hechicero cerca?
Fueron ellos siquiera? pregunt Jarlaxle.
Si no , esta compaa debera pasar de largo, razon Entreri.
Ambos l y Jarlaxle se atuvieron a esa pista y escudriaron los alrededores del guijarro
y abajo las llana planicie, en donde la verdad de todo se hizo evidente. Ya que los
perseguidores haban disminuido la marcha, con algunos girando ya hacia el oeste y
filtrndose al pie de la colina hacia el norte en la actual posicin de ellos.
Deberamos encontrar un lugar defendible, sugiri Jarlaxle. Entreri no pestae.
Cuando ellos se nos acerquen. T simplemente te volvern una cosa de sombras y te
fundirs en una grieta de roca, sin duda, le dijo.
Jarlaxle medit las palabras por un momento, pero dado el incidente en la cueva del
dracolich, no estaba en ninguna posicin que prometiera ser diferente.
Vamos, le ofreci el drow. No toda esperanza est perdida. Hay cuevas tal vez.
Ninguna que sea de vuestra conveniencia, lleg una voz, y los dos voltearon sus
cabezas muy lentamente para ver a un hombre anciano, bien peinado y vestido con una
bata esplndida de color prpura y roja, y sin una mancha de barro en l.
La manera en que se ergua, la inclinacin de su cabeza, y la obvia reverencia que le
tenan aquellos varios guardias a su alrededor, incluyendo un enano que ambos
conocan muy bien, les dijeron quien era l antes incluso de que se presentara como el
Archimago Knellict.
No s si me referira a Canthan como un amigo, dijo Knellict. Era uno molesto,
quien pareca buscarse compaeros aun ms molestos todava.
se sera yo, anunci orgullosamente Athrogate, y a nadie le divirti.
Pero era ventajoso para mi organizacin, continu Knellict. Uno de valor, y uno
perdido para m.
Si lo hubiera sabido, habra dejado que me matara, coment irnicamente Entreri.

buajaja!
Cllate, enano, dijo Knellict y cuando Athrogate cerr la boca inmediatamente,
comenz a moverse inquieto y puso su mirada en el suelo, se le ocurri a Entreri y
Jarlaxle que ese archimago era todo lo que su reputacin proclamaba y ms.
La Comandante Ellery no era un recurso menor tampoco, dijo Knellict. Un lazo con
los acontecimientos de la corona- mayormente un recurso inadvertido y estpido, pero
un recurso al fin y al cabo.
Ah, y ahora buscar reclamar aquello que has perdido, replic Jarlaxle.
En serio? Knellict empez a caminar alrededor hacia un costado, estudiando a ambos
mientras tanto. Ustedes fueron ms fuertes que Canthan, obviamente ya que lo
aniquilaron, dijo. Y sin duda el Rey Gareth les dara la bienvenida en su corte, ya que
han salvado Palishchuk y vencido la magia de Zhengyi.
Creo que simplemente nos ofrecimos voluntarios, seal Entreri.
Prefieres la alternativa? le contest rpidamente Jarlaxle.
No necesito explicarles los detalles, claro, dijo Knellict.
Ambos estn al tanto de las reglas. Nos entendemos entonces?
He creado tales organizaciones, le asegur Jarlaxle.
Knellict realiz un movimiento brusco. Entreri busc sus armas, pero Jarlaxle,
reconociendo el gesto, sujet el brazo de su amigo. Se levant un fuerte viento y el
polvo se arremolin a su alrededor, cegndolos momentneamente. Y cuando se fue,
ellos dos permanecan solos.
Nunca estuvieron aqu en realidad, dijo Jarlaxle. Knellict proyect la imagen y los
sonidos de todo el grupo hacia nosotros. Es uno poderoso.
Pero realmente tuvimos esa conversacin?
Nosotros los escuchamos y ellos nos escucharon, le asegur Jarlaxle. El drow realiz
unos pequeos hechizos y palme el parche del ojo ms de una vez.
Y ahora trabajamos para la Ciudadela de los Asesinos? pregunt Entreri.
Y las hermanas dragonas. No sera prudente olvidarnos de ese par.
Pareces conforme con todo.
El camino ms fcil para ganar control es el transitado al lado de aquellos que lo
gobiernan actualmente.

Pens que era Jarlaxle quien lo tena siempre en control,2 seal Entreri, y su voz se
torn filosa de pronto.
El drow lo mir curiosamente, captando el tono cortante.
Incluso cuando no deberamos estar en control, prosigui el asesino. Incluso en esas
circunstancias en donde l no debera asumir el control de algo que no le incumbe.
Cundo comenzaste a hablar con acertijos?
Cundo asumiste a manipularme?
Manipularte? Jarlaxle solt una risilla. Por qu mi amigo, no esa la naturaleza de
nuestra relacin? Una manipulacin mutua para beneficio propio?
Lo es?
Vamos a pasarnos toda la conversacin hacindonos preguntas sin respuestas?
En respuesta, Entreri extrajo la flauta de Idalia y la arroj a los pies de Jarlaxle.
Yo no te di eso, afirm el drow.
En serio? pregunt Entreri. No era un regalo de las hermanas, con el
consentimiento y entendimiento de Jarlaxle?
Es un instrumento precioso, un regalo que muchos apreciaran.
Es una manipulacin del corazn , y lo sabas.
El drow puso una expresin de inocencia pero no pudo mantenerla y se ri en cambio.
Escuchaste algo como que yo no iba a ir al castillo a menos que sintiera algo por
Arrayan?
No tena idea de que haba una Arrayan, seal Jarlaxle.
Pero disfrutaste la manipulacin.
Amigo mo... empez Jarlaxle, pero Entreri lo cort en seco.
No me llames as.
De nuevo el tono de voz de Entreri tom al drow por sorpresa, como si ese filo en su
voz se hubiera vuelto una hoja endiablada y aserrada.
Veo que an no puedes admitir lo obvio, dijo Jarlaxle. Dio un paso atrs, casi
esperando que Entreri desenfundara su espada contra l.
Ella asesino mir a su alrededor.

Knellict y sus secuaces hace tiempo que se fueron, le asegur Jarlaxle, y palme su
parche encantado para acentuar su seguridad.
Jarlaxle sabe, coment Entreri. Jarlaxle lo sabe todo.
Eso nos mantiene vivos.
Y de nuevo, eso es por la eleccin de Jarlaxle.
Me ests empezando a aburrir.
Entreri se le abalanz y lo tom del cuello. Jarlaxle dej caer un cuchillo de su brazalete
mgico hacia su mano, listo para buscarle un hogar. Pero Entreri no estaba presionando
la situacin, ms que gritarle en la cara. Eres mi padre acaso?
Difcilmente lo sea.
Entonces qu? pregunt Entreri, y lo solt, enviando a Jarlaxle trastabillando unos
pasos atrs. Tu me manipulas y empujas adelante, y para qu? Por gloria? Para darle
credibilidad a un elfo oscuro entre los humanos? Para los tesoros que no puedes
acarrear solo?
Esos tesoros no existen, le lleg la seca respuesta.
Entonces para qu? le grit Entreri.
Para que, repiti Jarlaxle con otra de sus risitas y sacudi su cabeza. Porque ,para
todo y para nada.
Entreri lo mir con intriga.
No tienes propsito ni rumbo, le explic Jarlaxle. Deambulas musitando para t
mismo. No transitas ningn camino, porque no ves ningn camino frente a ti. Te estara
haciendo un favor si te matara.
Eso trajo una mirada mostrando una aceptacin completa, incluso un anhelo, por el
desafo.
No es acaso la verdad? pregunt Jarlaxle. Cul es el punto de tu vida, Artemis
Entreri? No es acaso tu propia vacuidad la que te gui todos esos aos desear una
batalla con Drizzt Do'Urden?
Cada vez que mencionas ese nombre, me recuerda lo mucho que te odio.
Por darte lo que deseabas? Por facilitarte la pelea contra el drow renegado? Ah,
pero acaso te rob lo nico en tu vida que te daba sentido, al darte eso que decas que
deseabas? Es un lastimero estado del corazn, no ests de acuerdo?
Qu quieres que diga? Slo conozco aquello que siento.

Y te sientes que querras matarme.


Ms de lo que podrs entender.
Porque te forc a mirar dentro de ti y no te gust lo que viste. Es esa una razn para
matarme, porque te estoy ofreciendo una oportunidad de ordenar tus propias
emociones? Sospecho que esa es toda la magia que te hizo la flauta. Te ofreci la
oportunidad de miras ms all de tus barreras emocionales.
Ped yo ayuda?
Los amigos ayudan cuando no se les pide que lo hagan.
Entreri suspir y sacudi la cabeza, pero no pudo negar nada de lo que el drow haba
dicho. Sus hombros se hundieron un poco y Jarlaxle dej caer su daga al suelo detrs
suyo, seguro de que no necesitara ningn arma.
Unos momentos pasaron entre ellos hasta que finalmente Entreri levant la vista, su
rostro calmo, y pregunt. Quin eres t?
Jarlaxle ri otra vez y era una expresin sincera de alegra, ya que era all a donde haba
esperado que todo fuera.
Cmo, Artemis Entreri, todava no lo sabes? No has llegado a entender nada de
esto?
Cada da entiendo menos.
Soy tu musa, anunci Jarlaxle.
Qu?
Yo soy aqul que le dar significado a tu vida, Artemis, amigo mo. No comienzas
siquiera a comprender el hlito de tus poderes. Conoces muy bien cmo puedes acechar
a travs de las sombras, conoces demasiado bien tus proezas con la espada, pero nunca
has llegado a entender lo que esos bien merecidos y ganados poderes pueden brindarte.
Presumes que quiero algo.
Oh, s lo quieres. Si tan solo te atrevieras a desearlo.
Qu? La Ciudadela de los Asesinos de Athrogate? Nos lanzamos a dominarles?
Por supuesto, para comenzar.
Para comenzar?
Piensa en grande, mi amigo. Expande tu objetivo. Athrogate nos dar el tino y los
beneficios que necesitamos para encontrar un lugar fuerte dentro de la organizacin de
la Ciudadela- aprenderemos rpidamente si vale la pena nuestro tiempo dominar por

completo el lugar o meramente ejercer control encubiertamente para desarmarlos y que


se rindan a nosotros.
No podramos en cambio matar al molesto enano?
Jarlaxle se ri. Ha habido un vaco de poder aqu arriba por muchos aos.
Desde la cada de Zhengyi.
Vaasa es nuestra para que la tomemos.
Vaasa? Entreri apenas poda repetir la palabra, y por una de las pocas veces en su
vida, efectivamente tartamude. T- t iras en contra del Rey Gareth?
Jarlaxle se encogi de hombros. Tal vez. Pero hay otras maneras. Termin por
sostener en alto la gema con forma de calavera de dragn. Las hermanas sabrs de un
nuevo equilibrio de poder entre nosotros, para comenzar. Y dentro de sta piedra yace el
control del castillo y un nuevo aliado.
Un aliado que nos partir a la mitad de un mordisco.
Jarlaxle sacudi la cabeza. No mientras yo est en posesin de su filacteria. l y yo ya
estamos en comunicacin, te lo aseguro. Si elijo dejarlo salir de nuevo, solamente lo
har confiando mucho en m, ya que si destruyo la filacteria, destruyo el espritu del
dracolich. Del todo.
Gareth enviar soldados al castillo.
Y yo dejar que se queden por un tiempo.
Vaasa?
Al menos.
Irs contra un legendario rey paladn?
Vamos, no puedes admitir que podra ser divertido?
Entreri empez a hablar varias veces, pero nada descifrable sali de su boca.
Finalmente, l simplemente sacudi la cabeza, suspir y se dio la vuelta, bajando hacia
el suelo llano.
Confa en m, dijo Jarlaxle.
Mi musa?
Tu amigo.

EPLOGO

Pas el necio humano tu tonta pruebita? le pregunt Jarlaxle a Kimmuriel Oblodra


unos das ms tarde, afuera en las sombras debajo de la Puerta de Vaasa.
No subestimes a Artemis Entreri, replic Jarlaxle, O su valor para conmigo nosotros.
Y t no deberas sobrestimar el poder de la gema calavera que has encontrado, le
advirti Kimmuriel, ya que haba acabado de inspeccionar el par a pedido de Jarlaxle. l
haba hablado con el dracolich, de nombre Urshula, y haba confirmado las sospechas
de Jarlaxle de que la bestia no se atrevera a ir contra el poseedor de la filacteria.
No son ms que el comienzo, dijo Jarlaxle con una sonrisa. Artemis Entreri y yo
tenemos una audiencia con el rey paladn en dos das, justo al sur de aqu en la Aldea de
Bloodstone. Seremos recibidos como hroes por nuestros esfuerzos en Vaasa y como
solemnes testigos del heroico final de la nica sobrina de Gareth.
No pudo evitar rerse tontamente ante la irona de su ltimo comentario. Si tan solo el
Rey Gareth supiera!
Kimmuriel mir a Jarlaxle, cautelosamente, reconociendo la mirada de seguridad y
esquemas de grandiosidad en sus ojos, puesto que haba visto ya esa mirada en sus
anteriores maestros docenas de veces a lo largo de los siglos. Pero no estaban en la
Antpoda Oscura, en Menzoberranzan donde
Bregan Daerthe y Jarlaxle haban logrado muchos triunfos secretos.
Has encontrado otra Crenshinibon? le pregunt el psionista con obvio disgusto y
preocupacin.
He encontrado oportunidad, le corrigi Jarlaxle.
Bregan Daerthe no pondr sus fuerzas al servicio de semejantes como el Rey Gareth
Azotadragones.

Jarlaxle lo mir fijamente con agradecimiento y dijo, Me alegra haber tenido la


prudencia para poner a Kimmuriel en control de mi banda, dijo l. Claro que ests en
lo correcto al resistir esta intrpida movida. Eres un buen lder, e insisto en que prosigas
con precaucin, pero tambin con una mente abierta. Hay muchos eventos todava por
jugar aqu arriba en esta tierra indomable y yo estoy en control de la mayora de ellos.
Alarg la estatuilla de dragn. Mi relacin con un par de dragonas vivientes justamente
cambi de manera que ellas no pueden entender.
Ms aliados para tu batalla?
Aliados? Ya veremos.
A pesar de s mismo, Kimmuriel no pudo evitar ofrecer una mueca pervertida.
Encontrars el modo de encajar en esto a medida que lo eventos se desarrollen, le dijo
Jarlaxle. Ruego que Kimmuriel permanezca como un lder oportunista. El objetivo de
Bregan Daerthe es ms que la supervivencia, no? Es crecer en poder.
Casi nos destruyes en Calimport.
Nop, le corrigi Jarlaxle. Era un inconveniente para ustedes. Es a m a quien casi
destru.
Tu y Entreri derrocarn a un rey paladn?
Si llegamos a eso.
Kimmuriel no respondi sino que hizo una respetuosa reverencia.

Las Botas Embarradas y Espadas Ensangrentadas haca tiempo que se haba vaciado esa
noche, pero Entreri le haba arrojado suficiente oro al tabernero como para quedarse con
la llave de la puerta. Se sentaba solo con sus pensamientos y una cerveza, considerando
las emociones que lo haban acompaado a lo largo de todo el camino y Entreri aun no
estaba seguro de si odiaba el objeto o lo apreciaba.
Todo era tan nuevo para l.
Iba a partir por la maana con Jarlaxle a un encuentro con el rey, en donde recibiran
una encomienda y una oferta para unirse al Ejrcito de Bloodstone, as les haba
informado el Honorable General Dannaway. Tan intrigante como lo era todo, sin
embargo, los pensamientos de Entreri eran ms pequeos en escala. Pensaba en las
mujeres que lo haban acompaado al norte, de cmo esa flauta de apariencia inocente
le haba dado a l una forma diferente de verlas. Ese nuevo punto de vista no lo haba
detenido de matar a Ellery, al menos, y eso le daba un poco de consuelo.

Una suave pisada detrs de l le dijo que no estaba solo, y por el sonido de sta, el
asesino entendi mucho. Ella lo haba estado observando desde el frente del cuarto la
mayor parte de la noche, despus de todo.
No mat a tu amiga, dijo l, sin darse vuelta. No a propsito al menos.
Los pasos se interrumpieron, an a unos doce pasos por detrs.
Finalmente se dio la vuelta para ver si su razonamiento era correcto. Calihye
permaneca all, con el rostro muy tenso. Entreri se senta aliviado de ver que ella no
tena ningn arma en la mano.
Acptalo como la verdad o no, le dijo a ella, y se volvi a su cerveza. Poco me
importa.
Comenz a llevrsela a sus labios, pero Calihye se aproxim con rapidez. La mano de
ella sujet su mueca, haciendo que se detuviera y que la mirara al rostro.
Si no te importa que te crea o no, entonces porque me dijiste eso otra vez? le
pregunt ella.
Fue el turno de Entreri de mirar fijamente a la semi elfa.
O simplemente es que tienes miedo de que s te importe, Artemis Entreri? le acos
Calihye, y lo solt y se alej unos pasos.
Entreri se levant, volc la silla detrs de l, y dijo, Te adulas sola.
An estoy viva, no? razon Calihye. Podras haberme matada all en Palishchuk,
pero no lo hiciste.
No valas la molestia, dijo Entreri. Un soldado de la corona estaba bajo tu cuidado.
Podras haberme matada en cualquier momento, a pesar de eso aun sigo viva, quizs
aun como una amenaza para ti.
Si que te adulas sola.
Pero Calihye ni siquiera lo estaba escuchando, se dio cuenta cuando ella se le puso justo
al frente, sus brillantes ojos mirando fijamente en los suyos.
Te aseguro, Artemis Entreri, que siempre valgo la pena la molestia, le dijo, su voz
tornndose ronca, su aliento clido sobre el rostro de l, sus labios prcticamente
rozando los suyos mientras ella hablaba.
No mat a tu amiga, reiter Entreri, pero su voz no era tan fuerte ni tan segura en ese
momento. Calihye levant gentilmente su mano, rozando el pecho de l y
aposentndose en el cuello de su camisa, de donde lo sujet fuerte.
Acepto eso, dijo ella, y lo atrajo ms cerca, atrayndolo hacia ella.

Ella lo bes rudamente y mordi su labio. Sus brazos lo rodearon y lo atrajeron ms


cerca incluso, y Entreri no se resisti. Sus propios brazos rodearon a la semi elfa,
estrechndola contra l. Levant una mano para sujetar su grueso y sedoso cabello
negro.
Calihye lo arrastr con ella mientras caa sobre una mesa- o trat de hacerlo, ya que la
pareja estaba demasiado lejos del borde y la endeble mesa se dio vuelta, hacindolos
caer contra un par de sillas las cuales rebotaron lejos, y ellos cayeron al suelo.
Ninguno de los dos lo not ni le import. Se quitaron la ropa de cada uno torpemente,
sin que sus labios se separaran jams. Artemis Entreri, sobreviviendo en las salvajes
calles de Calimport desde sus das de niez, haba conocido muchas mujeres en su vida,
pero nunca antes le haba hecho el amor a una mujer. Nunca antes el acto haba
significado para l ms que una descarga fsica.
Pero no era as esta vez.
Cuando hubieron terminado, Entreri se levant encima de Calihye y la observ a la
suave luz de la chimenea de la taberna. Levant su mano para acariciar la lnea de su
cicatriz facial, e incluso eso no le pareca feo en ese momento.
Pero fue solo un momento, puesto que el ruido afuera en el corredor le record a la
pareja donde estaban y les dijo que la noche casi haba terminado. Se pusieron de pie de
un salto y se vistieron rpidamente, sin decirse una palabra hasta que estuvieron cara a
cara, con Calihye abotonndose los ltimos botones de su camisa.
Ests mirando mi rostro y arrepintindote de tu eleccin? le pregunt.
Entreri puso una expresin de incredulidad. Te piensas fea?
Lo piensas tu?
Entreri ri. Eres una combinacin de talento y belleza, dijo. Pero si tu vanidad te
exige forzar tales cumplidos, entonces por qu no buscar un hechicero o un sacerdote
para repararla... Se detuvo en seco, viendo el ceo de la mujer.
Y Entreri lo comprendi. Sin la cicatriz, Calihye habra calificado entre las mujeres ms
hermosas que jams hubiera visto. Era atltica y hbil, delgada pero no dbil. Sus ojos
brillaban, al igual que su cabello, y sus facciones tenan las caractersticas suficientes de
elfo para hacerla parecer extica de acuerdo a estndares humanos.
Aun as ella conservaba la cicatriz y la haba llevado por aos, aunque ciertamente ella
posea los medios financieros, con las recompensas solamente, de librarse de ella. Pens
de nuevo cuando hicieron el amor, en el frentico comienzo, en la mitad muy tentadora ,
y finalmente el punto en donde ellos dos simplemente se dejaron llevar y se permitieron
ahondar en el placer de cada uno. Ese no haba sido un momento de ruptura fcil para
Entreri, y se dio cuenta que tampoco para Calihye.
As que ella poda desenfundar su espada y luchar contra un gigante sin temor, pero ese
encuentro ms ntimo la haba aterrado. La cicatriz era su defensa.

Eres hermosa, con o sin la cicatriz, le dijo a ella. Cunto desearas que no fuera
verdad.
Calihye se qued sorprendida, pero como siempre, no estaba por mucho sin una
respuesta,
No soy la nica que se esconde tras una cicatriz.
Entreri dio un respingo. He matado gente por hacer tales presunciones sobre m.
Calihye se le ri y se acerc. Entonces djame hacer otra, Artemis Entreri, dijo ella, y
puso las manos sobre su hombro, luego las desliz hasta mecer su rostro mientras se
acercaba ms a l.
Nunca me matars, le dijo suavemente.
Por una de las pocas veces en su vida, Artemis Entreri no tuvo respuesta.

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