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Las Sesenta y Siete Conclusiones

Este documento presenta las 67 conclusiones de Ulrico Zuinglio sobre temas religiosos. Zuinglio afirma que sus conclusiones se basan únicamente en las Escrituras y que está dispuesto a reconsiderar cualquier conclusión que no esté fundamentada en ellas. Las conclusiones cuestionan doctrinas y prácticas católicas como la autoridad de la Iglesia, la misa como sacrificio, la confesión sacramental y los votos de castidad del clero. También defienden la autoridad secular por encima de la eclesiástica y la libertad del
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Las Sesenta y Siete Conclusiones

Este documento presenta las 67 conclusiones de Ulrico Zuinglio sobre temas religiosos. Zuinglio afirma que sus conclusiones se basan únicamente en las Escrituras y que está dispuesto a reconsiderar cualquier conclusión que no esté fundamentada en ellas. Las conclusiones cuestionan doctrinas y prácticas católicas como la autoridad de la Iglesia, la misa como sacrificio, la confesión sacramental y los votos de castidad del clero. También defienden la autoridad secular por encima de la eclesiástica y la libertad del
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LAS SESENTA Y SIETE CONCLUSIONES

por Ulrico Zuinglio


Yo, Ulrico Zuinglio, confieso haber predicado
en la muy noble ciudad de Zrich
los artculos y pensamientos
que luego pasar a exponer.
Se basan en la Sagrada Escritura,
la theopneustos, o sea, la inspirada por Dios.
Me ofrezco a defender dichos artculos
y estoy dispuesto a dejarme aleccionar
en el caso de que yo no haya
comprendido bien la Sagrada Escritura;
pero cualquier correccin que se me haga
ha de estar basada exclusivamente
en la Sagrada Escritura.
LAS SESENTA Y SIETE CONCLUSIONES
1. Yerran y ofenden a Dios todos los que dicen que nada vale el Evangelio
si no es confirmado por la Iglesia.
2. He aqu resumido el Evangelio: Nuestro Seor Cristo Jess, el
verdadero Hijo de Dios, nos ha dado a conocer la voluntad de su Padre
celestial y con su muerte inocente nos ha redimido y reconciliado con
Dios.
3. Por eso es Cristo el nico camino de salvacin para todos los hombres
que fueron, son y sern.
4. Cualquiera que busque o indique otra puerta yerra e incluso es un
asesino de las almas y un ladrn.
5. Por consiguiente, todos cuantos ensean falsas doctrinas diciendo que
son iguales al Evangelio o que valen ms que ste ignoran lo que es el
Evangelio.
6. Porque Cristo Jess es el jefe y capitn por Dios prometido a los
hombres y por Dios enviado,
7. para que l fuese la salvacin eterna y la cabeza de todos los
creyentes. Estos son su cuerpo que, sin El, sera un cuerpo muerto,
incapaz de emprender nada.
8. De aqu se colige:
Primero: Todos los que viven en Cristo como cabeza son sus miembros e
hijos de Dios, o sea, la Iglesia o comunin de los santos, la esposa de
Cristo, la Ecclesia Catholica, es decir, universal.
9. Segundo: As como los miembros corporales nada pueden si no son
regidos por la cabeza, tampoco puede nadie nada si est en el cuerpo de
Cristo sin su cabeza, que es Cristo.
10. Si ya actan los hombres neciamente cuando sus miembros obran sin
contar con la cabeza y en consecuencia se hieren entre s y salen
perjudicados, igualmente obran neciamente los miembros de Cristo si
intentan emprender algo sin su cabeza: Cristo. Lo que hacen es herirse a
s mismos y sobrecargarse con leyes imprudentes.

11. De aqu procede el que veamos cmo los preceptos promulgados por
gente que llamamos clrigos, referentes a su boato, sus riquezas, su
rango, sus ttulos y leyes son la causa de toda necedad; porque no
concuerdan con la cabeza.
12. Por eso obran neciamente, aunque no por causa de la cabeza (ya se
realizan esfuerzos, mediante la gracia divina, para restablecer el valor de
la cabeza), sino que decimos del obrar necio porque ya no estamos
dispuestos a soportarlo, sino que deseamos escuchar solamente lo que la
cabeza dice.
13. Oyndola, se aprende a conocer la voluntad de Dios en forma clara y
precisa, y gracias al Espritu de Dios el hombre es atrado hacia Dios y
transformado en EL.
14. Por esta razn todos los cristianos deberan poner su mxima
atencin en que en todo el mundo sea predicado nicamente el
Evangelio.
15. Porque nuestra salvacin consiste en creer en el Evangelio y, por el
contrario, nuestra condenacin consiste en la incredulidad. Y es que el
Evangelio contiene claramente toda la verdad.
16. En el Evangelio y del Evangelio se aprende que las doctrinas y los
preceptos humanos no ayudan en absoluto para salvacin.
17. Cristo es el eterno y nico Sumo Sacerdote. De esto colegimos que
quienes se han proclamado Sumos Sacerdotes no solamente se
oponen a la gloria y el poder de Cristo, sino que incluso le desechan.
18. Cristo se sacrific a s mismo una vez y su sacrificio vale eternamente
como actuante y expiatorio y acontecido por los pecados de todos los
creyentes. Esto permite reconocer que la misma misa no es ningn
sacrificio, sino un memorial del sacrificio y, a la vez, la confirmacin de la
redencin que Cristo ha realizado en bien nuestro.
19. Cristo es el nico Mediador entre Dios y nosotros.
20. Dios quiere concedernos todas las cosas en el nombre de Cristo y de
esto se deduce que tampoco necesitamos de otro Mediador en el Ms
All.
21. Si aqu, en este mundo, oramos los unos por los otros, lo hacemos
confiando en que solamente por Cristo todo nos ser concedido.
22. Cristo es nuestra justicia 1 y de ello colegimos que nuestras obras,
siempre que sean buenas, es decir, realizadas en Cristo, son buenas
obras; pero no lo son si las realizamos por cuenta propia.
23. Cristo dej a un lado el provecho y las glorias de este mundo y de ello
deducimos que aquellos que en nombre de Cristo atesoran riquezas, le
perjudican sobremanera; porque le invocan como pretexto de su avaricia
y arbitrariedad.
24. Como ningn cristiano est obligado a hacer obras no ordenadas por
Dios, puede tomar en cualquier tiempo los alimentos que le plazcan. Y de
esto deducimos que el permiso del gustar del queso y la mantequilla son
un engao papista.2
25. El cristiano no depende de fechas o lugares determinados, sino al
contrario. Por consiguiente, quienes sealan fechas y lugares privan al
cristiano de su libertad.
26. Lo que ms desagrada a Dios es la hipocresa. Por lo tanto, todo
cuanto el hombre haga para aparentar ser mejor que los dems es pura

hipocresa y merece ser puesto en entredicho. En esto van incluidos los


hbitos o ropajes, los signos (cruces, etctera) cosidos a la vestimenta, la
tonsura, etc.
27. Todos los cristianos son hermanos de Cristo y hermanos entre s y
ninguno debe considerarse superior a otros delante de Dios. Esto quiere
decir que las Ordenes Religiosas, las sectas y los movimientos
revolucionarios cristianos no tienen razn de ser.
28. Justo es todo lo que Dios ha permitido y no ha prohibido. Por
consiguiente, el matrimonio es cosa lcita para todos los hombres.
29. y de aqu colegimos que aquellos que se denominan clrigos pecan
si habiendo advertido que Dios no admite su continencia no la remedian
casndose.
30. Quienes hacen voto de castidad realizan una promesa ingenua o
neciamente. Y por eso los que tales votos hacen obran alevosamente para
con los hombres piadosos.
31. La excomunin no puede ser dictada por una sola persona, sino por la
Iglesia, es decir, por la comunin de aquellos con quienes convive el
posible excomulgado juntamente con el que vigila, o sea, el pastor.
32. Solamente puede ser castigado con la excomunin quien cause
escndalo pblica y notoriamente.
33. Si alguien ha acumulado bienes de fortuna por medios injustos,
dichos bienes no deben servir para beneficio de los templos, los
conventos, los frailes o las monjas, sino que deben ser destinados a
personas indigentes, o sea, necesitadas.
34. El boato que ostentan las autoridades eclesisticas, como suele
decirse, no tiene ningn fundamento en la doctrina de Cristo;
35. pero, por el contrario, las autoridades civiles y seculares tienen poder
y fundamento en la doctrina y los hechos de Cristo.
36. Ese poder autoritativo que pretende ejercer la autoridad eclesistica le
pertenece, en realidad, a las autoridades seculares, siempre que stas
sean cristianas.
37. Todos los cristianos sin excepcin deben obediencia a la autoridad
secular,
38. mientras ella no ordene cosas que vayan contra Dios.
39. Por eso, las leyes de la autoridad secular en su totalidad han de estar
en conformidad con la voluntad de Dios, de modo que protejan al
oprimido, aunque ste no levante la voz.
40. Solamente la autoridad civil tiene el derecho de condenar a muerte sin
provocar la ira de Dios. Pero puede sentenciar a muerte nicamente a
aquellos que pblica y notoriamente escandalicen contra lo que Dios ha
ordenado.
41. Si en forma justa la autoridad civil aconseja y ayuda, consejo y ayuda
de que rendir cuentas ante Dios, est tambin obligada a proporcionar el
sustento corporal de quienes hayan sido por ella juzgados.
42. Mas si, por el contrario, las autoridades civiles actan al margen de la
regla de Cristo es la voluntad de Dios que sean destituidas.
43. Resumiendo: El mejor y ms firme gobierno legislativo es el que rige
conforme a la voluntad de Dios, mientras que el peor y ms dbil
gobierno es el que acta slo conforme a su propio arbitrio.

44. Los verdaderos adoradores invocan a Dios en espritu y en verdad sin


jactarse delante de los hombres.
45. Los hipcritas realizan sus obras para que los hombres las vean; pero
ahora ya reciben su recompensa.
46. As pues, los cnticos en el templo y el predicar
mucho, pero sin
devocin y solamente para ganar dinero, son cosas hechas buscando la
alabanza de los hombres o por mero afn de lucro.
47. Todo hombre debe preferir dejarse matar antes que escandalizar al
cristiano o hacerle caer en desgracia.
48. Si alguien por debilidad o ignorancia se siente escandalizado, no se le
debe dejar en su debilidad o ignorancia, sino que es preciso fortalecerle,
a fin de que no considere pecado lo que no es pecado.
49. El mayor escndalo que conozco es que se prohba casarse a los
clrigos y, en cambio, se les permita, si abonan dinero, tener trato con
rameras.
50. Sola y exclusivamente Dios mismo perdona los pecados por Cristo
Jess, nuestro Seor.
51. Quien permita a la criatura humana perdonar pecados despoja a Dios
de su gloria para drsela a lo que no es Dios. Esto es en el fondo pura
idolatra.
52. De aqu que la confesin de los pecados hecha ante un sacerdote o
simplemente ante el prjimo no deba considerarse como perdn de los
pecados, sino como solicitar prudente y buen consejo.
53. Menos la excomunin, los actos de penitencia impuestos son
consecuencia del juicio u opinin puramente humanos. Dichos actos
tampoco borran los pecados, sino que solamente han de ser impuestos
para que los dems se atemoricen.
54. Cristo ha soportado todos nuestros dolores y padecimientos. Quien
atribuya a los actos de penitencia lo que slo es de Cristo yerra y ofende
a Dios.
55. Quien diga que al hombre arrepentido no le es perdonado este o aquel
pecado; quien tal cosa diga no obra en lugar de Dios ni de Pedro, sino de
Satans.
56. Quien solamente por dinero perdone ciertos pecados hace causa
comn con Simn y Balaam y es un verdadero apstol del diablo.
57. La verdadera Sagrada Escritura nada sabe de un Purgatorio despus
de la muerte.
58. El juzgar sobre los muertos le corresponde exclusivamente a Dios.
59. Cuanto menos Dios nos ha dado a conocer de estas cosas tanto ms
hemos de guardarnos de intentar saber algo acerca de ellas.
60. No considero sea malo el que una persona atribulada ruegue por los
muertos la gracia de Dios. Pero determinar que se ruegue en determinada
fecha y con afn de lucro no es humano, sino diablico.
61. La Sagrada Escritura nada sabe de ese carcter especial que
finalmente se han apropiado los sacerdotes.
62. La Sagrada Escritura tampoco reconoce otros sacerdotes fuera de
aquellos que predican el Evangelio.
63. Acerca de estos ltimos ordena que se les honre, o sea, que se les
proporcione lo necesario para su sustento.

64. A todos cuantos reconozcan sus errores no hay que castigarles, sino
dejarlos que vivan y mueran en paz, y por lo que respecta a los ingresos
que como sacerdotes venan disfrutando, mrese esta cuestin con
cristiana caridad.
65. Por lo que atae a aquellos que no reconozcan sus errores, ya Dios
los juzgar conforme a su justicia divina. En consecuencia, no deben
aplicrseles castigos corporales, a no ser que se comporten tan
desconsideradamente que no haya modo de tratarlos de otra forma.
66. Ahora ya han de humillarse todos los jerarcas eclesisticos y levantar
la cruz de Cristo en lugar de alzar el arca del dinero. Si as no lo hacen, se
hundirn; porque el hacha ya est puesta junto a las races del rbol.
67. Si alguno desea discutir conmigo acerca de los intereses sobre el
prstamo, el diezmo, los nios sin bautizar o la Confirmacin, me ofrezco
gustoso a dar respuesta. Pero que nadie intente discutir conmigo
esgrimiendo argumentos sofsticos o aduciendo charlataneras humanas,
sino que de antemano reconozca la Sagrada Escritura por nico juez, a fin
de que se encuentre la verdad o se mantenga en pie, si, como espero, ya
ha sido hallada. Amn.
Que Dios sea con nosotros!

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