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Es una produceién de la DIVISION DE PUBLICACIONES INFANTILES, Y PEDAGOGICAS DE SALVAT = «QRGANIZACION MUNDO DE LOS NINOS» Direceién: Juan Salvat Direecidn de la Division: Ramén Nieto Edicion y Grabacidn: José Gaya Direccién Artistica: Francese Espluga \orial: Isabel Gortizar, Camila Battles, Canciones: Rosa Leon Sonorizacién: Gritos y Publicado por: SALVAT EDITORES, S.A. Mallorca, 41-49. Barcelona, 29. Espaiia, © SALVAT EDITORES, S.A.. Barcelona, 1983 © MARSHALL CAVENDISH, London, i983 Impreso por: Cayfosa Sta, Perpetua de Moguda (Barcelona) Depésito legal: B. 2956-1983 ISBN: 84-345-6 148-4 Printed in Spain Distribuci6n: Marco Ibérica, Distribucién de Ediciones, S. A. Carretera de Irin, Km. 13,350 Variante de Fuencarral - Madrid (34) Direceidn en Argentina Salvat Editores Argentina, Corrientes, 2777. BUENOS AIRES. Direcci6n en Colombia: Salvat Editores Colombiana, S.A. Carrera, 10, N.° 19-65, 4.° piso. Edificio Camacol Apartado aéreo 6552. BOGOTA. Direccién en Chile: Salvat Editores Chilena, Ltda. Providencia, 2008, Dpto A SANTIAGO DE CHILE, Direccién en Ecuador: Salvat Editores Ecuatoriana, S.A. Carondelet 208, y 10 de Agosto Casilla 2957. QUITO. Direccidn en México: Salvat Mexicana de Ediciones, S.A. de C.V. Mariano Escobedo, 438. MEXICO S DF. Direceién en Peri? Salvat Editores Peruana, S.A. ‘Avda, Grau, 768, Miraflores, LIMA, Direceién en Puerto Rico: Salvat Ediciones de PR INC. G P 0 BOX 4846 San Juan, PUERTO RICO 00936. Direccién en Venezuela: Salvat Editores Venezolana, S.A. Gran Avenida, Edificio Arauca, CARACAS, CUENTA CUENTOS se publica en forma de 26 fasciculos de aparicién quincenal, cada uno de los cuales consta de 36 paginas, incluidas las cubiertas y un encarte de 4 psiginas para colorear. Con cada fasciculo se distribuye una cassette, Distribuidor para la Capital Federal y el Gran Buenos Aires: de unos 45 minutos de duracién, en donde se reproducen los Distribuidora RUBBO, Garay, 4226. Distribuidor para el interior: Distribuidora SADYE, S.A, Belgrano, 355, ‘Titalo Los viajes de Gulliver Lily y el canguro (Lily vuelve a casa) La bici de Miguel Los tres deseos David y Goliat El caballo encantado Jugando al escondite 182 cuentos, 12 canciones y 14 poemas de la serie, ‘convenientemente sonorizados. Iustrador Narrador Malcolm Carrick ‘Marta Martorell Richard Hook Maria Luisa Sol Cris Weten Rafel Turia Kim Whybrow ‘Marta Martorell Rex Archer Constantino Romero Mark Copeland Maria Luisa Sold Carmen Pers ‘Vor: Rosa Leén Administraci6n de suscripciones: Salvat, S.A. de Distribucién, f Arrieta, 25 - Pamplona (Navarra) rase una vez un hombre que se Mamaba Gulliver. Era médico de un barco y a menudo emprendia viajes que le llevaban a tierras muy lejanas. En uno de esos viajes, a bordo del mercante Antilope, no podia ni imaginar cuan lejos le llevaria el barco ni qué asombrosas aventuras le aguardaban. Después de muchos meses navegando, el barco se acercé a las costas de una tierra desconocida. De pronto estallé una terrible tormenta y el viento arrojé al Antilope contra las rocas. Inmediatamente, el barco se partié en dos. Antes de que se hundiera, los tripulantes, aterrados, se tiraron por la borda. Sdlo Gulliver consiguié nadar a través del furioso oleaje y llegar a tierra sano y salvo. Los otros marineros se ahogaron todos. Una vez fuera del agua, Gulliver se arrastré por la playa. Luego, completamente agotado, quedé sumido en un profundo suefio. Al despertar, sin idea de cuanto tiempo habia estado durmiendo, el sol brillaba intensamente en sus ojos. Solté un gemido e intentd estirarse, pero comprobé horrorizado que no podia moverse. iTenia los brazos, las piernas y la espesa cabellera firmemente sujetos al suelo! Entonces sintié que algo le subia por la pierna. Levanté la cabeza cuanto \\. pudo y vio a un diminuto personaje —no mayor que su dedo mefiique— caminando sobre su pecho. Luego vio con asombro que al menos otros cuarenta hombrecillos trepaban por todo el cuerpo iarmados con pequefios arcos y flechas! Lanzando un enorme grito, Gulliver traté de liberarse. Rugio tan violentamente que muchos de los hombrecillos que se habian encaramado a él cayeron al suelo; los otros salieron huyendo. Pero al ver que Gulliver no podia soltarse, se volvieron y le lanzaron una Iluvia de flechas, tan pequefias y afiladas como agujas. —iAy! iAy! -exclamo Gulliver al sentir las flechas que le herian en la cara. Mas tarde, otra rociada de flechas le dio en el pecho,y en las manos. Retorciéndose de dolor, Gulliver trato desesperadamente de romper los miles, de hilos que le sujetaban al suelo. cadenas en las piernas aseguradas con cientos de candados. Cuando se desperté, Gulliver comprobé que habian cortado todas las ligaduras que le sujetaban. Se levantd despacio y miré a su alrededor. Asombrado, vio a sus pies una ciudad entera en miniatura, con casas, calles y parques. Miles de personajillos le contemplaban con la boca abierta. A cierta distancia de la muchedumbre habfa un magnifico caballo, sobre el cual iba sentado el emperador, de porte majestuoso. Mas alto y bien parecido que el resto de la gente que habia visto hasta entonces Gulliver, el emperador de Liliput lucia un casco de oro, incrustado con piedras preciosas y decorado con un airoso penacho. En su diestra sostenia una espada casi tan grande como él, con la empufiadura engarzada con brillantes. El caballo, al yer a Gulliver, se encabritd asustado; entonces el emperador desmonté y camind majestuosamente en torno a los enormes pies de Gulliver. 6 Cerca del templo habia una elevada torre, casi tan alta como el propio Gulliver y, con mucho, el edificio mas. alto de Liliput. El emperador y sus cortesanos subieron las escaleras de la torre para ver mejor a Gulliver. Luego se dirigieron a él a trayés de bocinas, Pero aunque Gulliver les hablé en inglés, aleman, francés, espafiol ¢ italiano, aquéllos parecian no entender una palabra de lo que les decia, y él no ~~ Pero efa inutil luchar: las ligaduras eran demasiado fuertes. Por fin, Gulliver se dio por vencido. Permanecié tendido en silencio y poco a poco le fue venciendo el suefio. Al cabo de un rato le despertd el ruido de martillazos. Volviendo otra vez la ©» cabeza cuanto pudo, vio que junto a él habian construido una pequefia plataforma de madera y un © Shombrecillo, elegantemente vestido, se encaramaba a ella lentamente. -/Hilo bigismo ad poples Liliput! Ig Golbasto magnifelus Emperoribory... _=grité el hombrecillo al oido de Gulliver. Gulliver le respondio: -No comprendo. éDice usted que su pais se llama Liliput? Gulliver traté de hacerle entender al hombrecillo que estaba hambriento y sediento. Pero cuando le trajeron una bebida, iresulté estar drogada! Total que quedé dormido. Mientras dormia, quinientos carpinteros ¢ ingenieros construyeron una estrecha carreta de madera para trasladarlo a ver al emperador de Liliput. Fueron necesarios novecientos hombres armados con palos para colocarlo sobre la carreta y mas de mil caballos para transportarlo a la ciudad. La procesién se detuvo a las afueras de la poblacién, junto a las ruinas de un viejo templo. Alli fue trasladado Gulliver, donde le colocaron pesadas: lograba entenderles a ellos. El congregada a sus pies, Gulliver pudo emperador bajo de la torre y dio unas distinguir a las damas de la corte por palmadas. De inmediato le fueron sus lujosos ropajes. Cuando se llevadas al gigante veinte carretas inclinaron ante él con una reverencia, repletas de carne y pan. sus mantos de raso y las colas plateadas Al mirar a Ja multitud que habia lanzaban destellos. Eran todas tan bonitas que Gulliver sintié deseos de tomar a una en sus manos para examinar mds de cerca sus diminutos vestidos. Pero era demasiado educado para hacer semejante cosa. Las elegantes damas de la corte parecian escandalizadas y se taparon los ojos cuando vieron a Gulliver tomar cada carreta una por una y engullir la comida que le habian ofrecido. Al verle tragar barriles enteros de vino algunas hasta se desmayaron. Al fin termin6 la visita real y Gulliver se queds a solas en el templo..., a solas, exceptuando a los cientos de soldaditos que le custodiaban. Pero no todos los habitantes de Liliput se sentian felices de tener a un gigante encadenado tan cerca de la poblacion. Aquella noche, un grupo de hombres se deslizaron furtivamente entre los guardias y atacaron a Gulliver con sus flechas, lanzas y cuchillos. Rapidamente fueron rodeados por la .. guardia personal del emperador, que les ataron las manos a la espalda. Con el pufio de su afilada lanz: pitan de la guardia fue empujando a los atacantes mds y mas cerca de las manos extendidas de Gulliver, al tiempo que parecia decir: -Han intentado matarte, gigante. iEncargate tu de ellos! Gulliver tomé6 en sus manos a sus atacantes y se metié a cinco en el bolsillo. Al sexto lo sostuvo frente a su boca abierta como si fuera a tragdrselo. iCémo gritaba y chillaba aquel hombrecillo! Pero Gulliver lo deposité suavemente en el suelo y luego colocé a los otros cinco junto a él. Rapidos como el rayo, todos salieron corriendo tan deprisa como se lo permitian sus piernecillas. Toda Liliput estaba asombrada de la benevolencia mostrada por Gulliver hacia los hombres que habian intentado matarlo y corrieron a darle la noticia * emperador. Todos los ministros de Estado se hallaban reunidos en la corte para discutir lo que habia de hacerse con el extrafio gigante que las olas ‘ habian arrojado a la playa de Liliput. -/Ehg, likibugal bigismo avidaly! —dijo el emperador, lo cual significaba: “esta claro que es un gigante amigable, no hay nada que temer”. Pero Gulliver se sentia muy solo encadenado en el templo y deseaba poder huir y volver a su casa junto a su esposa y sus hijos. Enel fasciculo 11 descubritis lo que le sucode ‘Gulliver cuando pretende escapar:) E la mafiana del tercer dia que pasaba Lily en el bosque, el sol aparecié todo dorado y tefiido de carmesi sobre un mundo Tuminoso, fresco y perfumado, Cantaban los grillos, las ranas croaban y los pajaros trinaban. Quiza entre las aves se encontraba el aguzanieves, que conocia el camino de regreso ala casa de Lily. El canguro estaba muy cansado tras haber escapado de los cazadores aborigenes defendiéndose de sus perros. Asi que Lily tuvo que ir andando en vez. de viajar en la bolsa del canguro y al mediodia se sintié también muy fatigada. Cuando llegaron a un paraje al abrigo del sol, el canguro dijo Tu quédate aqui a descansar, Lily. Mientras te echas una siestecita, yo iré en busca del aguzanieves. A Lily ya no le daba tanto miedo quedarse sola en el bosque, con lo que se acosté y no tardé en dormirse. Pero sus suefios eran confusos y extrafios. Le parecié oir una multitud de voces que murmuraban. Al despertarse, comprendié que las voces eran reales. Habia un cierto vocerio: -iEste no es tu sitio! ~iPonte ahi! ~iHa visto alguien al oso australiano? ~(Quién hard de juez? Lily se incorporé y miré a su alrededor. Practicamente todos los animales de quienes habia oido hablar estaban reunidos alli. grullas, cisnes, pelicanos, canguros, ratas de Malabar, koalas y un arco iris de loros de brillante colorido que no paraban de chillar. —iQué amables habéis sido al venir a saludarme! -exclamé6 Lily. Los animales callaron un instante; el pelicano avanzé contoneandose y dijo: Estamos aqui para juzgarte por los dafios que los humanos han causado a las eriaturas, del bosque. Seremos justos ¢ imparciales. Yo presentaré los cargos. La cacattia hard de juez. Las aves que estan ahi constituiran el jurado. ; ~iQué gracioso! —dijo Lily, que no estaba \ nada asustada. Amaba tanto a todos los animales que no podia creer que quisieran hacerle dafio. La urraca dijo: prisionera le esta rascando la cabeza al juez! (La cacatiia recordé de pronto que hacia de juez y Lily dejé de rascarle las plumas de la cabeza). Llamad al pajaro charlatan. La semana pasada unos humanos blancos mataron a tiros a dos de su especie. El pajaro charlatan (que habia salvado a Lily de la serpiente cuando aquélla se encontraba perdida) permanecié en un Arbol riendo por lo bajito. —4Por qué no Ilamais al ornitorrinco primero? Los humanos quieren saber muchas ~iNo tiene ninguna gracia! iPero fijaos! iLa cosas de su vida y esté muy enfadado con ellos. La rata exclamé: -El ornitorrinco no vendra. Dice que tiene mag antepasados que todos nosotros. Se cree superior. Entonces, el pelicano intervino diciendo: Bueno, pues Ilamad al koala. Los humanos le meten en parques zooldgicos y esta que trina. —Este juicio me parece una comedia ridicula -dijo el koala, que se quedé dormido en el arbol. EI pelicano agrego: —iPues llamad al canguro para que declare! iEs quien mas padece! Los humanos le acosan, le matan, le despellejan y hacen con él botas y sopa! El pajaro charlatan rid y dijo: ia! ija! Es inutil. El canguro y Lily son grandes amigos. No querré declarar contra la pequefia humana. El pelicano pregunté: —4Pero es posible que el canguro haya perdonado a los cazadores? -Si -contesté el pajaro charlatan con una risita. Ahora se ha hecho tarde, pero mafiana cruzaremos esa hilera de robles y Ilegards a tu casa. Lily y el canguro se quedaron charlando hasta bien entrada la noche. El simpatico animal dijo: —Cuando te vayas sera como volver a perder a mi hijito. Por la maiiana, Lily y el canguro, conducidos por el aguzanieves, llegaron a un descampado y se encontraron con un emt. Era un signo evidente de que los humanos no andaban lejos, pues a los emiles les encanta vivir cerca de los rebaiios de ovejas. La enorme ave dijo: —Me voy a beber a la pila de las ovejas. Podriais acompafiarme, pero los humanos han echado veneno para que no se acefquen los canguros. Con nosotros no se meten... les gusta ~WYo me rindo! -dijo el pelicano. El juicio acabé en medio de un gran alboroto. En aquel momento aparecié en el claro del bosque el canguro, dando grandes saltos y jadeando de emocién: -iLily, Lily! iHe encontrado al aguzanieves! iEI conoce el camino de regreso a tu casa! Y metiendo a Lily dentro de su bolsa, salté habilmente sobre el juez y se la Ilevé lejos. No tardaron en oir el “cliqui-ti-clac, cliqui-ti-clac” de la cancién del aguzanieves. Este dijo: ~iVaya jaleo se ha armado contigo! iHay un montén de humanos que te andan buscando! Y estén tan tristes y desfallecidos... 12 : : \ demasiado comer nuestros huevos. Sélo nos matan cuando bailamos entre sus ovejas... IQué tendrdn las ovejas para que se preocupen tanto por ellasl... iFijaos en ese rebaiio! | 1Apenas puedo contener las ganas que siento de bailar! Y el emi se alejé riendo para ira bailar entre las ovejas y dispersarlas por toda la Manura. Alacercarse a la casa, Lily y el canguro vieron junto a ella a un hombre que Ilevaba ~ una escopeta. El hombre miré de pronto hacia os matorrales y exclamé: ~iQué raro ver a un canguro por aqui! En aquel momento una mujer aparecié en a puerta de su casa y, resguardandose los ojos del sol, miré también hacia los matorrales. Entonces, el canguro entré en el corral dando saltos, y el padre de Lily levanté la escopeta dispuesto a disparar. Pero la madre se acered corriendo y torcié la direccién del tiro. -INo! iMira, si es Lily! -grité. La escopeta se disparé al aire. La nifia, que acababa de caerse de la bolsa del canguro, corrié hacia ellos con los brazos extendidos y sus padres la abrazaron y esaron. La madre de Lily se eché a llorar de Io feliz que se sentia, y eso hizo que Lily rompicra a lorar también, Hasta su padre se enjugé los ojos, mientras abrazaba a la hijita que creia muerta. =No me lo explico -repetia-. 6Cémo has podido...? Lily se eché a rei y dijo: -iTengo muchas cosas que contarte, papa! Pero antes quiero que vengas y le des unas palmaditas a mi canguro. iPor poco lo matas de un disparo! iHa sido él quien me ha salvado y me ha traido a casa! Prométeme que nunca, nunca mas, volverds a hacerle dafio a un canguro..., ni a ningtin otro animal del bosque. -Te lo prometo, carifio ~dijo su padre, y le dio otro beso muy fuerte. Durante todo ese rato, el bondadoso canguro habia permanecido sentado sobre sus cuartos traseros, resoplando asustado desde que oy6 la detonacion. Pero al ver lo agradecido que se sentia el padre de Lily, comprendié que éste cumpliria su promesa Cuando Ios humanos hubieron entrado en la casa, riendo todavia y abrazandose, el animal se acercé a la ventana para echar un vistazo al interior. Y entonces sucedié algo muy curioso. Una eria de canguro salié por la puerta dando brincos y de un salto aterrizé en la célida bolsa del canguro. La madre de Lily levanté la vista y al ver aquella carita gris asomandose por el borde de Ta bolsa, dijo: } —Fijate, tu canguro tiene a nuestra cria... la que se encontré Jack la semana pasada cuando salieron a cazar canguros. Lily se volvié y, al ver al canguro ya la cria, dijo: —iPero si es su hijito! 1a se han encontrado! iQué felices seremos todos ahora! Al anochecer, cuando despidi6 con la mano al canguro y lo vio alejarse dando brincos en la oscuridad, Lily sintié una gran tristeza, aunque sabia que esta vez no se alejaria demasiado. En adelante, aquel paraje seria un lugar seguro para todas las aves y los animales de los bosques de Australia. 1 E fantastico! —suspiré Miguel, tendido en la cama y contemplando su péster favorito-; IQué bérbarol iE| rayo del espacio, la bici espacial! iMenude aparato! Cada noche, antes de dormirse, se quedaba 1a con ella Una noche de verano, acababa de cerrar los ojos cuando de repente oyé un ruido exirafio. Asombrado, Miguel la miré, boquiabierto, y se cayé de la cama. Alli mismo, en su cuarto, estaba la bici en tamaio natural... y la chica del poster en carne y hueso. Se incorpord répidamente y vio que el poster se agitaba violentamente. De pronto F Sond como un silbido y la bici se desprendié | dela pared y fue a caer al suelo. 15 102 ~preguntd un lio. —Me llamo Tina y soy una ta del espacio. iVamos a dar una vuelta! jlosamente, Miguel ayudé a Tina a transportar la bici escaleras abajo hasta el jardi tendrian mamé y papa si me vi Miguel estaba Cintecele eta ee en ella y cuando Tina se bajs, salté [Link] rayo Ceieesrterenaesaltatct =No ha estado mal, ipero fijate en mi! Se disponia a partir Cuando se detuvo en emacs lieron al jardin, iluminado por la Luna, Tina salté sobre el rayo del espacio y salié disparada. -iMirame, Miguel! iQué | SB ued i divertido es pedalear en esta Cece bicicleta espacial! Tina sefialé su cabeza y dijo: ~iPero si lo llevas puesto! De vez en cuando el casco soltaba como un leve silbido. ~Es el oxigeno —dijo Tina. Miguel llevaba también un reluciente traje espacial, con grandes bolsillos para las provisiones. Mont6 de un salto en la bici, listo para lanzarse a pedalear. —Has de apretar ese botén que hay en el Pero qué trabajoso era pedalear en aquella bici. manillar. iNo, no lo —Ojalé tuviera motor. toques! iNO! —Vaya, si tiene cohetes propulsores... Era demasiado tarde... 7 Al apretar Miguel el botén, se oyé un ruido —- -8Dénde esta? sordo debgijo del sillin y los cohetes se antes de que Tina pudiera responder, pusieron en marcha. soné una explosién y de la parte trasera de —iHas de apretar el interruptor para la bici se escapé una llamarada de color desconectarlos! purpura. Miguel salié disparado a través del jardin en Pero no bajé por el otro direccién al auto de’su papé... Pang! La rueda lado y Tina se quedé observando impotente delantera chocé con el guardabarros del auto. cémo Miguel, agarrandose con iCataclocl, sonaron los cohetes, mientras la bici fuerza a la bici, se remontaba con idad del cielo. -Ya tengo hecha una lista. Mira: un palacio para mi y una corona de rey para ti. Para mi he pedido belleza, para ti larga vida. Pediremos una reina que nos haga de criada y oro y joyas... jHe estado tan ocupada haciendo la lista que no me ha dado tiempo de preparar Ta cena! Federico exclamé irritado: =2Cémo? Que no esté la cena? Como voy a tomar decisiones 105 TRES DESEOS C uando Federico llegé a su casa una noche, malhumorado y refunfuiiando como de costumbre, encontré a su mujer sentada en la silla de la cocina con una expresién muy rara. En el regazo tenia una carta arrugada. —~.Qué te pasa? —pregunté él de malos modos. -Entra y cierra la puerta, Federico. No vas a creértelo, pero he recibido una carta de las hadas. jNos han concedido que expresemos tres deseos! El cogié la carta bruscamente y la ley6 despacio. ~-Hemos de sacarle a esto el maximo provecho, Magda. No debemos precipitarnos. Tres deseos que pueden hacernos ricos, importantes, famosos. ‘ Pero debemos pedir lo que mas nos ‘ ¢ convenga. Fie i ‘ Magda se levanté de un salto y dijo: importantes con el est6mago vacio? No "creo que sea pedir mucho. ;Qué gandula eres, Magda! ;Ojala hubiera algo _ preparado..., aunque fueran unas pocas -} salchichas! Se oy6 un curioso zumbido, como el batir de alas de hadas y, jplop!, sobre el plato de la mesa de la cocina aparecié una sarta de salchichas. Federico las observé humeando en el plato y relamié sus labios. Magda le dio con una hogaza de pan en la cabeza, gritando: i Has desperdiciado un deseo! ;Qué ) esttipido eres! Si hay que hacer algo, lo haré yo, qué torpe eres, Federico, me pones mala... iOjala que esas salchichas te colgaran de la punta de la nariz! Se oyé un ruidito magico, como de hadas cantando, y, jclact, las salchichas saltaron del plato y fueron a engancharse a la punta de la nariz de Federico. El se quedé mirando y rompié a llorar. Atbos tiraron, tiraron y tiraron de Jas salchichas, pero fue imitil. -jHay, qué calientes estan! -exclamo Federico. -jNo te muevas! Las cortaré con un cuchillo. —{Deja ese cuchillo, mujer! {Como has podido hacerme esto! Pero las salchichas estaban firmemente sujetas. En esto, llamaron a la puerta. Federico y Magda se miraron. {No vayas! Quieres que todos Jos vecinos sepan que llevas unas salchichas pegadas en la nariz? —;Cémo! jNo voy a pasarme el resto de la vida escondiéndome! iAy!, ahora me doy cuenta de lo afortunado que era antes cuando tenia una nariz normal y corriente. ;Ojala no estuviéramos siempre peleando! —Si, es verdad, no sabes cuanto lo siento —dijo Magda. —-No, no, la culpa no es tuya, querida. Ojala que las hadas se hubieran guardado sus deseos y todo siguiera como antes. —Tienes raz6n —sollozé Magda. Entonces se oyé in ruidito, como de hadas riéndose, y, ;blip!, las salchichas se desprendieron de la nariz de Federico. Federico y Magda se abrazaron, rieron y se pusieron a bailar por la cocina. Y las hadas que estaban en la puerta salieron apresuradamente a echar otra carta al correo. pesada que ningin hombre corriente habria podido sostenerse en pie bajo su peso. Su lanza era gruesa como una viga y su espada de bronce resultaba tan larga como un remo. Goliat se pased frente a las filas de los filisteos y lanzé un desafio a los israelitas: -Enviad a un solo hombre a luchar conmigo. Si gano yo, vosotros los israelitas seréis nuestros esclavos. Si soy derrotado, los filisteos serdn vuestros esclavos. Por tres veces repitié Goliat su reto. Luego grité: avid era el menor de los ocho hijos de Isai. Mientras tres de sus hermanos se hallaban lejos combatiendo en el ejército del rey Satil, David se quedé en casa guardando las ovejas de su padre. ‘A veces, leones y osos hambrientos atacaban a las ovejas por la noche. Pero David no salia huyendo. Cuando se Ilevaban a un. cordero, él iba en su busca, haciendo girar su honda de cuero sobre su cabeza y arrojando piedras a la fiera. En mas de una ocasién habia matado a osos tres veces mas grandes que él. Un dia, Isai envié a David al campamento: del ejército del rey con presentes de viveres para sus tres hijos, Al llegar, vio a los ejércitos israelitas y filisteos frente a frente, listos para la batalla. Pero los filisteos no se disponian & entrar en combate. De entre sus filas salié el gigante Goliat, dos veces mas grande que un hombre normal. Llevaba una armadura tan ae 22 ~iCobardes! ¢Es que nadie va a luchar conmigo? iMerecéis ser esclavos! Dentro de su tienda de seda, Saiil, rey de los israelitas, exclamé muy enfadado: No hay nadie en nuestro ejército dispuesto a luchar con ese gigante? Le recompensaré con mas dinero del que nunca pudo sofiar. Le haré comandante de mi ejército, Hasta permitiré que se case con mi hija! Frente a la tienda, David observé las filas de soldados israelitas y le dijo a su hermano mayor: =No le tengo miedo. Yo lucharé con él Pero sus hermanos se rieron y le volvieron la espalda, diciendo: =Vete a casa a cuidar las ovejas, muchacho. EI mensajero del rey oyé las palabras de David y fue a contarselo al rey: -En el campamento hay un hombre que no Ie tiene miedo a Goliat. —iQuién es? iTrdelo a mi presencia! -exclamé Saul. Cuando Saiil vio a David, se le cayd el alma a los pies. ~iCémo va a poder un nifio luchar con un soldado tan diestro como Goliat? iPero si es ‘tres veces mas grande que tu! iTe hara pedazos! David contesté tranquilamente: -No lo creo. He matado a osos mayores que él con mi honda. Ademds, Dios velaré por los israelitas, como ha hecho siempre. Estoy seguro de que E] me ayudard a ganar, Y Saul dijo: -Entonces toma mi espada. No, gracias. No necesito mas que mi honda -respondié David. Y David partié a luchar contra Goliat vestido como estaba, con su humilde traje de pastor. Yendo al lugar donde esperaba el gigante, David atravesé un arroyuelo ¢, inclinandose, escogié cuidadosamente cinco piedras redondas. A lo lejos vio a Goliat aguardandole, con el sol reluciendo sobre su armadura de bronce. Goliat dio una patada en el suelo, haciéndolo temblar, y grité: ~Por ultima vez ENVIAD A UN HOMBRE A LUCHAR CONMIGO! ~-Yo lucharé contigo -dijo David. Pero el gigante no oyé su débil voz. -Yo lucharé contra ti, Goliat. 24 -iTU? iTu! iPero si no eres mas que un nino! El gigante hizo girar su espada furiosamente sobre su cabeza. Pero David no se arredré y dijo: -Yo te mataré, Goliat, y te cortaré la cabeza. Cuando Goliat avanz6 hacia él, David colocé con esmero una piedra en su honda y la hizo girar sobre su cabeza, una, dos, hasta tres veces, y luego la arrojé. La piedra salié disparada a gran velocidad y acerté a dar en la cabeza de Goliat justo entre los ojos. El gigante se detuvo, solté la espada, doblo las rodillas y se dejé caer como un arbol inmenso. Los soldados del ejército filisteo enmudecieron. Acto seguido, al darse cuenta de que Goliat estaba muerto, dieron media vuelta y emprendieron la huida. David tomé la espada de Goliat y le corté la cabeza. Los soldados israelitas vitorearon al unisono a David, y sus hermanos se acercaron corriendo para llevarlo en hombros a la tienda del rey Saul, quien al verle exclamé: -iHas salvado a nuestro pueblo de la esclavitud! De hoy en adelante seras comandante de mi ejército y vivirds conmigo en la corte. Y asi fue como David, el humilde pastorcillo, permanecié junto al rey Sail y al cabo de unos afios se casé efectivamente con la hija del rey. Andando el tiempo, él mismo. Tlegé a ser rey. 25 El CABALLO ENCANTADO 1 dia del cincuenta cumpleajios del rey Sabur de Persia, llegaron a palacio multitud de obsequios de todos los rincones del pais. Habia espadas, sedas, plata, mantos, camellos, tejidos de hilo fino... Pero el mejor regalo lo trajo un extrafio y grotesco enano, vestido de negro de los pies a la cabeza. Le ofrecié.al rey un. caballo tallado en ébano, con Ia silla de cuero escarlata.y guarniciones doradas. El rey Sabur exclamo: -Es perfecto. Parece de verdad. El enano sonrié burlonamente. —Pero no se mueve como un caballo de verdad, majestad. Se trata de un caballo magico. Puede volar sobre el arco iris hasta alcanzar la otra orilla del océano mas lejano. . El rey Sabur estaba contentisimo. Su unico hijo varén, el apuesto principe Kamar, salté sobre la silla y exclamé: -iDime cémo funciona! iDeja que lo monte! Pero el rey levanté la mano para imponer silencio y dijo al enano: -Es un regalo tan magnifico, que debo darte algo a cambio. Pide lo que quieras, lo que sea. Si esta en mi mano. no dudaré en concedértelo. El enano contesté en tono burlon: —Supuse que dirias eso. Sdlo te pido a tu hija, tu bella hija, como esposa. El rey le miré aténito. Esta en tu mano el concedérmela, éno es verdad? —Bueno, s tristeza. —Me has prometido lo que yo quiera... sea lo que sea, dno? Bueno, si... -murmuro el rey. El principe Kamar, montado en el caballo, exclamo: -iINo lo hagas, padre! iNo le entregues a este extrafio a tu unica hija, mi bella hermana! iTe ha tendido una trampa! iNo tienes por qué cumplir tu promesa! EI rey dijo: -Es cierto. Lo siento, pero creo que no puedo concederte a mi hija, mi bella hija, como esposa. El enano estaba furioso, sobre todo con el principe Kamar. Tomé las riendas del caballo y tird de ellas. rs Al instante, el curioso animal cobré vida. Sus cascos resonaron sobre el -respondié el rey con suelo de marmol. Luego salto sobre la barandilla del balc6n y se remonto por los aires, galopando mas y mas alto, mientras el principe Kamar se agarraba a él desesperadamente. El rey miré estupefacto al caballo volador y gritd: —iVuelve, Kamar! iVuelve aqui! El enano rid maliciosamente y dijo: -iNo puede! No sabe donde esta el interruptor que obligara al caballo a descender. Volara mas y mas alto hasta abrasarse con el calor del sol. No has querido darme a tu hija, conque me he llevado a tu tnico hijo varon. iNo volverds a verle nunca jamas! El rey Sabur arrojo al enano a la mazmorra mds sombria de su palacio y suspendio los festejos de su cumpleaiios. En sus cincuenta afios, nunca se habia sentido tan triste. A lomos del caballo yolador, Kamar sentia cada vez mas calor a medida que se acercaba al Sol. Lo habia intentado todo para 27 obligar al caballo a descender. Le habia gritado y le habia golpeado con los talones en los ijares. Habia tirado de las riendas y de su sedosa crin. Al final habia perdido toda esperanza. —Lamento haberte gritado, haberte dado patadas y tirado de la crin —dijo al caballo como si se tratase de uno de verdad, dandole unas palmaditas en su cuello de ébano, De pronto, por casualidad, encontré el interruptor, no mayor que la cabeza de un alfiler. Debajo de la sedosa erin, Kamar palpé el botdn y lo oprimié. El caballo de ébano descendié del cielo y Kamar tuvo que tirar fuerte de las riendas para que no cayera al mar. AL poco lleg6 a tierra firme en un pais extranjero. Volo por encima de una ciudad espléndida y posé al caballo en el tejado de un maravilloso palacio. Bajé por una claraboya y se encontré en un precioso dormitorio. En la cama habia una dama, profundamente dormida. Kamar la I fi miro y se enamoré de ella al instante. —Despertad, sefiora. GQuién es vuestro padre? Debo pedirle permiso para casarme con vos... -le susurrd. La princesa Shalem se desperté; vio los ojos azules, el pelo negro y rizado de Kamar, y también se enamoro de él. De pronto, el rey aparecié junto ala puerta, sacudiendo el pufio y diciendo: Qué hacer en la aleoba de mi hija, ladr6n, atracador, extranjero? —No soy un ladron, sefior. Soy el principe Kamar de Persia. (Concedéis el permiso para que me case con vuestra hija? -iNo hablar! iMandaré decapitar por esta insolencia! -exclamé el rey. La princesa Shalem solté un grito. Kamar dijo cortésmente: -Eso no seria honorable para un principe de Persia. Estoy dispuesto a luchar contra todo vuestro ejército para poder casarme con la princesa. El rey rid. Tenia un ejército de mil jinetes; Kamar no saldria con vida. -iSea! éNecesitar un corcel de guerra? -Os lo agradezco, sefior; tengo el mio —contest6 Kamar. A la mafiana siguiente, en un extremo del campo de batalla un millar de jinetes se disponian a entrar en combate. En el otro extremo estaban Kamar y el caballo de ébano. Los jinetes desenyainaron sus espadas y mil afiladas hojas relucieron al sol. Los corceles de guerra se lanzaron a galope, levantando la hierba a su paso. Shalem observaba al principe Kamar, esperando, perfectamente tranquila. El negro caballo del principe estaba completamente quieto, casi como si fuera de madera. -iAlgjate, Kamar! iNo quiero que te maten por mi culpa! -grité ella. Pero Kamar la saludé con la mano, sonriendo, y tomé las riendas de su caballo. Cuando el primero de los jinetes alcanz6 al principe, blandiendo la espada, Kamar tiré de las riendas y se elev6 por los aires. Volé sobre el millar de cabezas y espadas relucientes, 29 y fue a aterrizar al otro lado. Asombrados, los jinetes retrocedieron, chocando unos contra otros y cayéndose de sus caballos. Mientras retrocedian galopando por el campo de batalla, Kamar despegé de nuevo y vold a baja altura sobre sus cabezas, cortando los penachos de sus cascos con su cimitarra persa. Una hora mas tarde, un millar de soldados yacian sobre la hierba, completamente agotados. Todos habian sido derribados de sus caballos. Absolutamente todos habian perdido los penachos de sus brillantes cascos. El principe volé hasta la ventana donde estaba sentada la princesa Shalem, que reia y aplaudia complacida. Entonces la tomo en sus brazos y colocandola sobre la silla se alej6 volando por el cielo azul. El rey Sabur y su tinica y bella hija se hallaban de pie en el balcon del palacio real persa, cuando divisaron una oscura silueta en el cielo. A primera vista creyeron que era un 30 pajaro. Luego precisaron los rasgos y vieron como se acercaba a toda velocidad un caballo, montado por dos jimetes con una larga cola de seda negra y una preciosa cabellera rubia. El gozo del rey Sabur y su hija crecié por momentos. En sus cincuenta afios no se habia sentido el rey tan feli: Jugando al escondite en el bosque anochecié, jugando al escondite en el bosque anochecié, el cuco cantando el miedo nos quit6, el cuco cantando el miedo nos quité, cu-cu, cu-cu. Lobo, destis? Estoy poniéndome los calcetines. Jugando al escondite en el bosque anochecié, jugando al escondite en el bosque anochecié, el cuco cantando el miedo nos quité, el cuco cantando el miedo nos quit, cu-cu, cu-cu. Lobo, éestas? Estoy poniéndome los pantalones. Jugando al escondite en el bosque anochecié, jugando al escondite en el bosque anochecié, el cuco cantando el miedo nos quité, el cuco cantando el miedo nos quit6, cu-cu, cu-cu. Lobo, destas? Estoy poniéndome el sombrero. Jugando al escondite fen el bosque anocheci, jugando al escondite en el bosque i el cuco cantando el miedo nos quito, el cuco cantando el miedo nos quit6, cu-cu, cu-cu. Lobo, estas? Si, ahora salgo y os comeré a todos. Jugando al escondite en el bosque anochecié, jugando al escondite en el bosque anocheci6, el cuco cantando el miedo nos quitd, el cuco cantando el miedo nos quit6, curcy,.cu-cu, cu-cu.

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