0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 95 vistas32 páginasFascículo 10
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Y PEDAGOGICAS DE SALVAT =
«QRGANIZACION MUNDO DE LOS NINOS»
Direceién: Juan Salvat
Direecidn de la Division: Ramén Nieto
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\orial: Isabel Gortizar, Camila Battles,
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Sonorizacién: Gritos y
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CUENTA CUENTOS se publica en forma de 26 fasciculos
de aparicién quincenal, cada uno de los cuales consta de
36 paginas, incluidas las cubiertas y un encarte de 4 psiginas
para colorear. Con cada fasciculo se distribuye una cassette,
Distribuidor para la Capital Federal y el Gran Buenos Aires: de unos 45 minutos de duracién, en donde se reproducen los
Distribuidora RUBBO, Garay, 4226. Distribuidor para
el interior: Distribuidora SADYE, S.A, Belgrano, 355,
‘Titalo
Los viajes de Gulliver
Lily y el canguro (Lily vuelve a casa)
La bici de Miguel
Los tres deseos
David y Goliat
El caballo encantado
Jugando al escondite
182 cuentos, 12 canciones y 14 poemas de la serie,
‘convenientemente sonorizados.
Iustrador Narrador
Malcolm Carrick ‘Marta Martorell
Richard Hook Maria Luisa Sol
Cris Weten Rafel Turia
Kim Whybrow ‘Marta Martorell
Rex Archer Constantino Romero
Mark Copeland Maria Luisa Sold
Carmen Pers ‘Vor: Rosa Leén
Administraci6n de suscripciones:
Salvat, S.A. de Distribucién, f
Arrieta, 25 - Pamplona (Navarra)rase una vez un hombre que se
Mamaba Gulliver. Era médico de un
barco y a menudo emprendia viajes que
le llevaban a tierras muy lejanas. En uno
de esos viajes, a bordo del mercante
Antilope, no podia ni imaginar cuan
lejos le llevaria el barco ni qué
asombrosas aventuras le aguardaban.
Después de muchos meses
navegando, el barco se acercé a las
costas de una tierra desconocida. De
pronto estallé una terrible tormenta y el
viento arrojé al Antilope contra las
rocas. Inmediatamente, el barco se
partié en dos. Antes de que se hundiera,
los tripulantes, aterrados, se tiraron por
la borda. Sdlo Gulliver consiguié nadar
a través del furioso oleaje y llegar a
tierra sano y salvo. Los otros marineros
se ahogaron todos.
Una vez fuera del agua, Gulliver se
arrastré por la playa. Luego,
completamente agotado, quedé sumido
en un profundo suefio. Al despertar,
sin idea de cuanto tiempo habia estado
durmiendo, el sol brillaba intensamente
en sus ojos. Solté un gemido e intentd
estirarse, pero comprobé horrorizado
que no podia moverse. iTenia los
brazos, las piernas y la espesa cabellera
firmemente sujetos al suelo!
Entonces sintié que algo le subia
por la pierna. Levanté la cabeza cuanto\\. pudo y vio a un diminuto personaje —no
mayor que su dedo mefiique—
caminando sobre su pecho. Luego vio
con asombro que al menos otros
cuarenta hombrecillos trepaban por
todo el cuerpo iarmados con pequefios
arcos y flechas!
Lanzando un enorme grito, Gulliver
traté de liberarse. Rugio tan
violentamente que muchos de los
hombrecillos que se habian encaramado
a él cayeron al suelo; los otros salieron
huyendo. Pero al ver que Gulliver no
podia soltarse, se volvieron y le
lanzaron una Iluvia de flechas, tan
pequefias y afiladas como agujas.
—iAy! iAy! -exclamo Gulliver al
sentir las flechas que le herian en la
cara. Mas tarde, otra rociada de flechas
le dio en el pecho,y en las manos.
Retorciéndose de dolor, Gulliver trato
desesperadamente de romper los miles,
de hilos que le sujetaban al suelo.cadenas en las piernas aseguradas con
cientos de candados.
Cuando se desperté, Gulliver
comprobé que habian cortado todas las
ligaduras que le sujetaban. Se levantd
despacio y miré a su alrededor.
Asombrado, vio a sus pies una ciudad
entera en miniatura, con casas, calles y
parques. Miles de personajillos
le contemplaban con la boca abierta.
A cierta distancia de la
muchedumbre habfa un magnifico
caballo, sobre el cual iba sentado el
emperador, de porte majestuoso. Mas
alto y bien parecido que el resto de la
gente que habia visto hasta entonces
Gulliver, el emperador de Liliput lucia
un casco de oro, incrustado con piedras
preciosas y decorado con un airoso
penacho. En su diestra sostenia una
espada casi tan grande como él, con la
empufiadura engarzada con brillantes.
El caballo, al yer a Gulliver, se
encabritd asustado; entonces el
emperador desmonté y camind
majestuosamente en torno a los
enormes pies de Gulliver.
6
Cerca del templo habia una elevada
torre, casi tan alta como el propio
Gulliver y, con mucho, el edificio mas.
alto de Liliput. El emperador y sus
cortesanos subieron las escaleras de la
torre para ver mejor a Gulliver. Luego
se dirigieron a él a trayés de bocinas,
Pero aunque Gulliver les hablé en
inglés, aleman, francés, espafiol ¢
italiano, aquéllos parecian no entender
una palabra de lo que les decia, y él no~~ Pero efa inutil luchar: las ligaduras
eran demasiado fuertes. Por fin,
Gulliver se dio por vencido.
Permanecié tendido en silencio y poco
a poco le fue venciendo el suefio. Al
cabo de un rato le despertd el ruido de
martillazos. Volviendo otra vez la
©» cabeza cuanto pudo, vio que junto a él
habian construido una pequefia
plataforma de madera y un
© Shombrecillo, elegantemente vestido, se
encaramaba a ella lentamente.
-/Hilo bigismo ad poples Liliput! Ig
Golbasto magnifelus Emperoribory...
_=grité el hombrecillo al oido de
Gulliver.
Gulliver le respondio:
-No comprendo. éDice usted que su
pais se llama Liliput?
Gulliver traté de hacerle entender al
hombrecillo que estaba hambriento y
sediento. Pero cuando le trajeron una
bebida, iresulté estar drogada! Total que
quedé dormido.
Mientras dormia, quinientos
carpinteros ¢ ingenieros construyeron
una estrecha carreta de madera para
trasladarlo a ver al emperador de
Liliput. Fueron necesarios novecientos
hombres armados con palos para
colocarlo sobre la carreta y mas de mil
caballos para transportarlo a la ciudad.
La procesién se detuvo a las afueras
de la poblacién, junto a las ruinas de un
viejo templo. Alli fue trasladado
Gulliver, donde le colocaron pesadas:lograba entenderles a ellos. El congregada a sus pies, Gulliver pudo
emperador bajo de la torre y dio unas distinguir a las damas de la corte por
palmadas. De inmediato le fueron sus lujosos ropajes. Cuando se
llevadas al gigante veinte carretas inclinaron ante él con una reverencia,
repletas de carne y pan. sus mantos de raso y las colas plateadas
Al mirar a Ja multitud que habia lanzaban destellos. Eran todas tanbonitas que Gulliver sintié deseos de
tomar a una en sus manos para
examinar mds de cerca sus diminutos
vestidos. Pero era demasiado educado
para hacer semejante cosa.
Las elegantes damas de la corte
parecian escandalizadas y se taparon los
ojos cuando vieron a Gulliver tomar
cada carreta una por una y engullir la
comida que le habian ofrecido. Al verle
tragar barriles enteros de vino algunas
hasta se desmayaron.
Al fin termin6 la visita real y
Gulliver se queds a solas en el
templo..., a solas, exceptuando a los
cientos de soldaditos que le
custodiaban.
Pero no todos los habitantes de
Liliput se sentian felices de tener a un
gigante encadenado tan cerca de la
poblacion. Aquella noche, un grupo de
hombres se deslizaron furtivamente
entre los guardias y atacaron a Gulliver
con sus flechas, lanzas y cuchillos.
Rapidamente fueron rodeados por la ..
guardia personal del emperador, que les
ataron las manos a la espalda. Con el
pufio de su afilada lanz: pitan de
la guardia fue empujando a los
atacantes mds y mas cerca de las manosextendidas de Gulliver, al tiempo que
parecia decir:
-Han intentado matarte, gigante.
iEncargate tu de ellos!
Gulliver tomé6 en sus manos a sus
atacantes y se metié a cinco en el
bolsillo. Al sexto lo sostuvo frente a su
boca abierta como si fuera a tragdrselo.
iCémo gritaba y chillaba aquel
hombrecillo!
Pero Gulliver lo deposité
suavemente en el suelo y luego colocé a
los otros cinco junto a él. Rapidos
como el rayo, todos salieron corriendo
tan deprisa como se lo permitian sus
piernecillas.
Toda Liliput estaba asombrada de
la benevolencia mostrada por Gulliver
hacia los hombres que habian intentado
matarlo y corrieron a darle la noticia *
emperador. Todos los ministros de
Estado se hallaban reunidos en la corte
para discutir lo que habia de hacerse
con el extrafio gigante que las olas ‘
habian arrojado a la playa de Liliput.
-/Ehg, likibugal bigismo avidaly!
—dijo el emperador, lo cual significaba:
“esta claro que es un gigante amigable,
no hay nada que temer”. Pero Gulliver
se sentia muy solo encadenado en el
templo y deseaba poder huir y volver a
su casa junto a su esposa y sus hijos.
Enel fasciculo 11 descubritis lo que le sucode
‘Gulliver cuando pretende escapar:)E la mafiana del tercer dia que pasaba Lily
en el bosque, el sol aparecié todo dorado
y tefiido de carmesi sobre un mundo
Tuminoso, fresco y perfumado, Cantaban los
grillos, las ranas croaban y los pajaros
trinaban. Quiza entre las aves se encontraba el
aguzanieves, que conocia el camino de regreso
ala casa de Lily.
El canguro estaba muy cansado tras haber
escapado de los cazadores aborigenes
defendiéndose de sus perros. Asi que Lily tuvo
que ir andando en vez. de viajar en la bolsa del
canguro y al mediodia se sintié también muy
fatigada. Cuando llegaron a un paraje al abrigo
del sol, el canguro dijo
Tu quédate aqui a descansar, Lily.
Mientras te echas una siestecita, yo iré en
busca del aguzanieves.
A Lily ya no le daba tanto miedo quedarse
sola en el bosque, con lo que se acosté y no
tardé en dormirse. Pero sus suefios eran
confusos y extrafios. Le parecié oir una
multitud de voces que murmuraban. Al
despertarse, comprendié que las voces eran
reales.
Habia un cierto vocerio:
-iEste no es tu sitio!
~iPonte ahi!
~iHa visto alguien al oso australiano?
~(Quién hard de juez?
Lily se incorporé y miré a su alrededor.
Practicamente todos los animales de quieneshabia oido hablar estaban reunidos alli.
grullas, cisnes, pelicanos, canguros, ratas de
Malabar, koalas y un arco iris de loros de
brillante colorido que no paraban de chillar.
—iQué amables habéis sido al venir a
saludarme! -exclamé6 Lily.
Los animales callaron un instante; el
pelicano avanzé contoneandose y dijo:
Estamos aqui para juzgarte por los dafios
que los humanos han causado a las eriaturas,
del bosque. Seremos justos ¢ imparciales. Yo
presentaré los cargos. La cacattia hard de juez.
Las aves que estan ahi constituiran el jurado.
; ~iQué gracioso! —dijo Lily, que no estaba
\ nada asustada. Amaba tanto a todos los
animales que no podia creer que quisieran
hacerle dafio.
La urraca dijo:
prisionera le esta rascando la cabeza al juez!
(La cacatiia recordé de pronto que hacia de
juez y Lily dejé de rascarle las plumas de la
cabeza). Llamad al pajaro charlatan. La
semana pasada unos humanos blancos
mataron a tiros a dos de su especie.
El pajaro charlatan (que habia salvado a
Lily de la serpiente cuando aquélla se
encontraba perdida) permanecié en un Arbol
riendo por lo bajito.
—4Por qué no Ilamais al ornitorrinco
primero? Los humanos quieren saber muchas
~iNo tiene ninguna gracia! iPero fijaos! iLa
cosas de su vida y esté muy enfadado con ellos.
La rata exclamé:
-El ornitorrinco no vendra. Dice que tiene
mag antepasados que todos nosotros. Se cree
superior.
Entonces, el pelicano intervino diciendo:
Bueno, pues Ilamad al koala. Los
humanos le meten en parques zooldgicos y
esta que trina.
—Este juicio me parece una comedia
ridicula -dijo el koala, que se quedé dormido en
el arbol.
EI pelicano agrego:
—iPues llamad al canguro para que declare!
iEs quien mas padece! Los humanos le acosan,
le matan, le despellejan y hacen con él botas y
sopa!
El pajaro charlatan rid y dijo:
ia! ija! Es inutil. El canguro y Lily son
grandes amigos. No querré declarar contra la
pequefia humana.
El pelicano pregunté:
—4Pero es posible que el canguro haya
perdonado a los cazadores?
-Si -contesté el pajaro charlatan con una
risita.Ahora se ha hecho tarde, pero mafiana
cruzaremos esa hilera de robles y Ilegards a tu
casa.
Lily y el canguro se quedaron charlando
hasta bien entrada la noche. El simpatico
animal dijo:
—Cuando te vayas sera como volver a
perder a mi hijito.
Por la maiiana, Lily y el canguro,
conducidos por el aguzanieves, llegaron a un
descampado y se encontraron con un emt. Era
un signo evidente de que los humanos no
andaban lejos, pues a los emiles les encanta
vivir cerca de los rebaiios de ovejas. La
enorme ave dijo:
—Me voy a beber a la pila de las ovejas.
Podriais acompafiarme, pero los humanos han
echado veneno para que no se acefquen los
canguros. Con nosotros no se meten... les gusta
~WYo me rindo! -dijo el pelicano.
El juicio acabé en medio de un gran
alboroto.
En aquel momento aparecié en el claro del
bosque el canguro, dando grandes saltos y
jadeando de emocién:
-iLily, Lily! iHe encontrado al aguzanieves!
iEI conoce el camino de regreso a tu casa!
Y metiendo a Lily dentro de su bolsa, salté
habilmente sobre el juez y se la Ilevé lejos.
No tardaron en oir el “cliqui-ti-clac,
cliqui-ti-clac” de la cancién del aguzanieves.
Este dijo:
~iVaya jaleo se ha armado contigo! iHay
un montén de humanos que te andan
buscando! Y estén tan tristes y desfallecidos...
12:
:
\
demasiado comer nuestros huevos. Sélo nos
matan cuando bailamos entre sus ovejas...
IQué tendrdn las ovejas para que se preocupen
tanto por ellasl... iFijaos en ese rebaiio!
| 1Apenas puedo contener las ganas que siento
de bailar!
Y el emi se alejé riendo para ira bailar
entre las ovejas y dispersarlas por toda la
Manura.
Alacercarse a la casa, Lily y el canguro
vieron junto a ella a un hombre que Ilevaba
~ una escopeta. El hombre miré de pronto hacia
os matorrales y exclamé:
~iQué raro ver a un canguro por aqui!
En aquel momento una mujer aparecié en
a puerta de su casa y, resguardandose los ojos
del sol, miré también hacia los matorrales.
Entonces, el canguro entré en el corral
dando saltos, y el padre de Lily levanté la
escopeta dispuesto a disparar. Pero la madre se
acered corriendo y torcié la direccién del tiro.
-INo! iMira, si es Lily! -grité.
La escopeta se disparé al aire.
La nifia, que acababa de caerse de la bolsa
del canguro, corrié hacia ellos con los brazos
extendidos y sus padres la abrazaron y
esaron. La madre de Lily se eché a llorar de
Io feliz que se sentia, y eso hizo que Lily
rompicra a lorar también, Hasta su padre se
enjugé los ojos, mientras abrazaba a la hijita
que creia muerta.
=No me lo explico -repetia-. 6Cémo has
podido...?
Lily se eché a rei y dijo:
-iTengo muchas cosas que contarte, papa!
Pero antes quiero que vengas y le des unas
palmaditas a mi canguro. iPor poco lo matas
de un disparo! iHa sido él quien me ha salvado
y me ha traido a casa! Prométeme que nunca,
nunca mas, volverds a hacerle dafio a un
canguro..., ni a ningtin otro animal del bosque.-Te lo prometo, carifio ~dijo su padre, y le
dio otro beso muy fuerte.
Durante todo ese rato, el bondadoso
canguro habia permanecido sentado sobre sus
cuartos traseros, resoplando asustado desde
que oy6 la detonacion. Pero al ver lo
agradecido que se sentia el padre de Lily,
comprendié que éste cumpliria su promesa
Cuando Ios humanos hubieron entrado en la
casa, riendo todavia y abrazandose, el animal
se acercé a la ventana para echar un vistazo al
interior. Y entonces sucedié algo muy curioso.
Una eria de canguro salié por la puerta dando
brincos y de un salto aterrizé en la célida bolsa
del canguro.
La madre de Lily levanté la vista y al ver
aquella carita gris asomandose por el borde de
Ta bolsa, dijo: }
—Fijate, tu canguro tiene a nuestra cria... la
que se encontré Jack la semana pasada cuando
salieron a cazar canguros.
Lily se volvié y, al ver al canguro ya la
cria, dijo:
—iPero si es su hijito! 1a se han
encontrado! iQué felices seremos todos ahora!
Al anochecer, cuando despidi6 con la
mano al canguro y lo vio alejarse dando
brincos en la oscuridad, Lily sintié una gran
tristeza, aunque sabia que esta vez no se
alejaria demasiado. En adelante, aquel paraje
seria un lugar seguro para todas las aves y los
animales de los bosques de Australia.
1E fantastico! —suspiré Miguel, tendido
en la cama y contemplando su péster
favorito-; IQué bérbarol iE| rayo del espacio,
la bici espacial! iMenude aparato!
Cada noche, antes de dormirse, se quedaba
1a con ella
Una noche de verano, acababa de cerrar
los ojos cuando de repente oyé un ruido
exirafio.
Asombrado, Miguel la miré, boquiabierto, y
se cayé de la cama. Alli mismo, en su cuarto,
estaba la bici en tamaio natural... y la chica
del poster en carne y hueso.
Se incorpord répidamente y vio que el
poster se agitaba violentamente. De pronto
F Sond como un silbido y la bici se desprendié
| dela pared y fue a caer al suelo.
15102 ~preguntd
un lio.
—Me llamo Tina y soy una
ta del espacio.
iVamos a dar una vuelta!
jlosamente, Miguel ayudé a Tina a transportar la
bici escaleras abajo hasta el jardi
tendrian mamé y papa si me vi
Miguel estaba
Cintecele eta ee
en ella y cuando Tina se
bajs, salté [Link] rayo
Ceieesrterenaesaltatct
=No ha estado mal,
ipero fijate en mi!
Se disponia a partir
Cuando se detuvo en
emacs
lieron al jardin,
iluminado por la Luna, Tina
salté sobre el rayo del espacio
y salié disparada.
-iMirame, Miguel! iQué | SB ued
i
divertido es pedalear en esta Cece
bicicleta espacial!Tina sefialé su cabeza y dijo:
~iPero si lo llevas puesto!
De vez en cuando el casco soltaba como un leve silbido.
~Es el oxigeno —dijo Tina.
Miguel llevaba también un reluciente traje espacial, con grandes
bolsillos para las provisiones. Mont6 de un salto en la bici, listo
para lanzarse a pedalear.
—Has de apretar ese
botén que hay en el
Pero qué trabajoso era pedalear en aquella bici. manillar. iNo, no lo
—Ojalé tuviera motor. toques! iNO!
—Vaya, si tiene cohetes propulsores... Era demasiado tarde... 7Al apretar Miguel el botén, se oyé un ruido —- -8Dénde esta?
sordo debgijo del sillin y los cohetes se antes de que Tina pudiera responder,
pusieron en marcha. soné una explosién y de la parte trasera de
—iHas de apretar el interruptor para la bici se escapé una llamarada de color
desconectarlos! purpura.
Miguel salié disparado a través del jardin en Pero no bajé por el otro
direccién al auto de’su papé... Pang! La rueda lado y Tina se quedé observando impotente
delantera chocé con el guardabarros del auto. cémo Miguel, agarrandose con
iCataclocl, sonaron los cohetes, mientras la bici fuerza a la bici, se remontaba con
idad del cielo.-Ya tengo hecha una lista. Mira: un
palacio para mi y una corona de rey
para ti. Para mi he pedido belleza, para
ti larga vida. Pediremos una reina que
nos haga de criada y oro y joyas... jHe
estado tan ocupada haciendo la lista
que no me ha dado tiempo de preparar
Ta cena!
Federico exclamé irritado:
=2Cémo? Que no esté la cena?
Como voy a tomar decisiones
105 TRES DESEOS
C uando Federico llegé a su casa una
noche, malhumorado y
refunfuiiando como de costumbre,
encontré a su mujer sentada en la silla
de la cocina con una expresién muy
rara. En el regazo tenia una carta
arrugada.
—~.Qué te pasa? —pregunté él de
malos modos.
-Entra y cierra la puerta, Federico.
No vas a creértelo, pero he recibido
una carta de las hadas. jNos han
concedido que expresemos tres deseos!
El cogié la carta bruscamente y la
ley6 despacio.
~-Hemos de sacarle a esto el maximo
provecho, Magda. No debemos
precipitarnos. Tres deseos que pueden
hacernos ricos, importantes, famosos. ‘
Pero debemos pedir lo que mas nos ‘ ¢
convenga. Fie i ‘
Magda se levanté de un salto y dijo:importantes con el est6mago vacio? No
"creo que sea pedir mucho. ;Qué gandula
eres, Magda! ;Ojala hubiera algo
_ preparado..., aunque fueran unas pocas
-} salchichas!
Se oy6 un curioso zumbido, como el
batir de alas de hadas y, jplop!, sobre el
plato de la mesa de la cocina aparecié
una sarta de salchichas. Federico las
observé humeando en el plato y
relamié sus labios.
Magda le dio con una hogaza de pan
en la cabeza, gritando:
i Has desperdiciado un deseo! ;Qué
) esttipido eres! Si hay que hacer algo, lo haré yo,
qué torpe eres, Federico, me pones mala...
iOjala que esas salchichas te colgaran
de la punta de la nariz!
Se oyé un ruidito magico, como de
hadas cantando, y, jclact, las salchichas
saltaron del plato y fueron a engancharse
a la punta de la nariz de Federico.
El se quedé mirando y rompié a llorar.
Atbos tiraron, tiraron y tiraron de
Jas salchichas, pero fue imitil.
-jHay, qué calientes estan! -exclamo Federico.
-jNo te muevas! Las cortaré con un cuchillo.—{Deja ese cuchillo, mujer! {Como
has podido hacerme esto!
Pero las salchichas estaban
firmemente sujetas.
En esto, llamaron a la puerta.
Federico y Magda se miraron.
{No vayas! Quieres que todos
Jos vecinos sepan que llevas unas
salchichas pegadas en la nariz?
—;Cémo! jNo voy a pasarme
el resto de la vida escondiéndome!
iAy!, ahora me doy cuenta de
lo afortunado que era antes
cuando tenia una nariz normal y
corriente. ;Ojala no estuviéramos
siempre peleando!
—Si, es verdad, no sabes
cuanto lo siento —dijo Magda.
—-No, no, la culpa no es tuya,
querida. Ojala que las hadas se
hubieran guardado sus deseos y
todo siguiera como antes.
—Tienes raz6n —sollozé Magda.
Entonces se oyé in ruidito, como de
hadas riéndose, y, ;blip!, las salchichas
se desprendieron de la nariz de Federico.
Federico y Magda se abrazaron,
rieron y se pusieron a bailar por la
cocina. Y las hadas que estaban en la
puerta salieron apresuradamente a
echar otra carta al correo.pesada que ningin
hombre corriente
habria podido sostenerse
en pie bajo su peso.
Su lanza era gruesa como
una viga y su espada de bronce resultaba
tan larga como un remo.
Goliat se pased frente a las filas de los
filisteos y lanzé un desafio a los israelitas:
-Enviad a un solo hombre a luchar
conmigo. Si gano yo, vosotros los israelitas
seréis nuestros esclavos. Si soy derrotado, los
filisteos serdn vuestros esclavos.
Por tres veces repitié Goliat su reto. Luego
grité:
avid era el menor de los ocho hijos de
Isai. Mientras tres de sus hermanos se
hallaban lejos combatiendo en el ejército del
rey Satil, David se quedé en casa guardando
las ovejas de su padre.
‘A veces, leones y osos hambrientos
atacaban a las ovejas por la noche. Pero David
no salia huyendo. Cuando se Ilevaban a un.
cordero, él iba en su busca, haciendo girar su
honda de cuero sobre su cabeza y arrojando
piedras a la fiera. En mas de una ocasién habia
matado a osos tres veces mas grandes que él.
Un dia, Isai envié a David al campamento:
del ejército del rey con presentes de viveres
para sus tres hijos, Al llegar, vio a los ejércitos
israelitas y filisteos frente a frente, listos para
la batalla. Pero los filisteos no se disponian &
entrar en combate. De entre sus filas salié el
gigante Goliat, dos veces mas grande que un
hombre normal. Llevaba una armadura tan
ae
22~iCobardes! ¢Es que nadie va a luchar
conmigo? iMerecéis ser esclavos!
Dentro de su tienda de seda, Saiil, rey de
los israelitas, exclamé muy enfadado:
No hay nadie en nuestro ejército
dispuesto a luchar con ese gigante? Le
recompensaré con mas dinero del que nunca
pudo sofiar. Le haré comandante de mi
ejército, Hasta permitiré que se case con
mi hija!
Frente a la tienda, David observé las filas
de soldados israelitas y le dijo a su hermano
mayor:
=No le tengo miedo. Yo lucharé con él
Pero sus hermanos se rieron y le volvieron
la espalda, diciendo:
=Vete a casa a cuidar las ovejas,
muchacho.
EI mensajero del rey oyé las palabras
de David y fue a contarselo al rey:
-En el campamento hay un hombre que no
Ie tiene miedo a Goliat.
—iQuién es? iTrdelo a mi presencia!
-exclamé Saul.
Cuando Saiil vio a David, se le cayd el
alma a los pies.~iCémo va a poder un nifio luchar con un
soldado tan diestro como Goliat? iPero si es
‘tres veces mas grande que tu! iTe hara
pedazos!
David contesté tranquilamente:
-No lo creo. He matado a osos mayores
que él con mi honda. Ademds, Dios velaré por
los israelitas, como ha hecho siempre. Estoy
seguro de que E] me ayudard a ganar,
Y Saul dijo:
-Entonces toma mi espada.
No, gracias. No necesito mas que mi
honda -respondié David.
Y David partié a luchar contra Goliat
vestido como estaba, con su humilde traje de
pastor.
Yendo al lugar donde esperaba el gigante,
David atravesé un arroyuelo ¢, inclinandose,
escogié cuidadosamente cinco piedras
redondas.
A lo lejos vio a Goliat aguardandole, con
el sol reluciendo sobre su armadura de bronce.
Goliat dio una patada en el suelo, haciéndolo
temblar, y grité:
~Por ultima vez ENVIAD A UN
HOMBRE A LUCHAR CONMIGO!
~-Yo lucharé contigo -dijo David. Pero el
gigante no oyé su débil voz.
-Yo lucharé contra ti, Goliat.
24
-iTU? iTu! iPero si no eres mas que un
nino!
El gigante hizo girar su espada
furiosamente sobre su cabeza. Pero David no
se arredré y dijo:
-Yo te mataré, Goliat, y te cortaré la
cabeza.
Cuando Goliat avanz6 hacia él, David
colocé con esmero una piedra en su honda y la
hizo girar sobre su cabeza, una, dos, hasta tres
veces, y luego la arrojé. La piedra saliédisparada a gran
velocidad y acerté a dar
en la cabeza de Goliat justo
entre los ojos. El gigante
se detuvo, solté la espada, doblo
las rodillas y se dejé caer
como un arbol inmenso.
Los soldados del ejército filisteo
enmudecieron. Acto seguido, al darse cuenta
de que Goliat estaba muerto, dieron media
vuelta y emprendieron la huida. David tomé
la espada de Goliat y le corté la cabeza.
Los soldados israelitas vitorearon al
unisono a David, y sus hermanos se
acercaron corriendo para llevarlo en hombros a
la tienda del rey Saul, quien al verle exclamé:
-iHas salvado a nuestro pueblo de la
esclavitud! De hoy en adelante seras
comandante de mi ejército y vivirds conmigo
en la corte.
Y asi fue como David, el humilde
pastorcillo, permanecié junto al rey Sail y al
cabo de unos afios se casé efectivamente con la
hija del rey. Andando el tiempo, él mismo.
Tlegé a ser rey.
25El
CABALLO ENCANTADO
1 dia del cincuenta cumpleajios del
rey Sabur de Persia, llegaron a
palacio multitud de obsequios de todos
los rincones del pais.
Habia espadas, sedas, plata, mantos,
camellos, tejidos de hilo fino... Pero el
mejor regalo lo trajo un extrafio y
grotesco enano, vestido de negro de los
pies a la cabeza. Le ofrecié.al rey un.
caballo tallado en ébano, con Ia silla de
cuero escarlata.y guarniciones doradas.
El rey Sabur exclamo:
-Es perfecto. Parece de verdad.
El enano sonrié burlonamente.
—Pero no se mueve como un caballo
de verdad, majestad. Se trata de un
caballo magico. Puede volar sobre el
arco iris hasta alcanzar la otra orilla del
océano mas lejano. .
El rey Sabur estaba contentisimo.
Su unico hijo varén, el apuesto principe
Kamar, salté sobre la silla y exclamé:
-iDime cémo funciona! iDeja que lo
monte!
Pero el rey levanté la mano para
imponer silencio y dijo al enano:
-Es un regalo tan magnifico, que
debo darte algo a cambio. Pide lo que
quieras, lo que sea. Si esta en mi mano.
no dudaré en concedértelo.
El enano contesté en tono burlon:
—Supuse que dirias eso. Sdlo te pidoa tu hija, tu bella hija, como esposa.
El rey le miré aténito.
Esta en tu mano el concedérmela,
éno es verdad?
—Bueno, s
tristeza.
—Me has prometido lo que yo
quiera... sea lo que sea, dno?
Bueno, si... -murmuro el rey.
El principe Kamar, montado en el
caballo, exclamo:
-iINo lo hagas, padre! iNo le
entregues a este extrafio a tu unica hija,
mi bella hermana! iTe ha tendido una
trampa! iNo tienes por qué cumplir tu
promesa!
EI rey dijo:
-Es cierto. Lo siento, pero creo que
no puedo concederte a mi hija, mi bella
hija, como esposa.
El enano estaba furioso, sobre todo
con el principe Kamar. Tomé las
riendas del caballo y tird de ellas. rs
Al instante, el curioso animal cobré
vida. Sus cascos resonaron sobre el
-respondié el rey con
suelo de marmol. Luego salto sobre la
barandilla del balc6n y se remonto por
los aires, galopando mas y mas alto,
mientras el principe Kamar se agarraba
a él desesperadamente.
El rey miré estupefacto al caballo
volador y gritd:
—iVuelve, Kamar! iVuelve aqui!
El enano rid maliciosamente y dijo:
-iNo puede! No sabe donde esta el
interruptor que obligara al caballo a
descender. Volara mas y mas alto hasta
abrasarse con el calor del sol. No has
querido darme a tu hija, conque me he
llevado a tu tnico hijo varon. iNo
volverds a verle nunca jamas!
El rey Sabur arrojo al enano a la
mazmorra mds sombria de su palacio y
suspendio los festejos de su
cumpleaiios. En sus cincuenta afios,
nunca se habia sentido tan triste.
A lomos del caballo yolador, Kamar
sentia cada vez mas calor a medida que
se acercaba al Sol.
Lo habia intentado todo para
27obligar al caballo a descender. Le habia
gritado y le habia golpeado con los
talones en los ijares. Habia tirado de las
riendas y de su sedosa crin. Al final
habia perdido toda esperanza.
—Lamento haberte gritado, haberte
dado patadas y tirado de la crin —dijo al
caballo como si se tratase de uno de
verdad, dandole unas palmaditas en su
cuello de ébano,
De pronto, por casualidad, encontré
el interruptor, no mayor que la cabeza
de un alfiler. Debajo de la sedosa erin,
Kamar palpé el botdn y lo oprimié.
El caballo de ébano descendié del
cielo y Kamar tuvo que tirar fuerte de
las riendas para que no cayera al mar.
AL poco lleg6 a tierra firme en un
pais extranjero. Volo por encima de
una ciudad espléndida y posé al caballo
en el tejado de un maravilloso palacio.
Bajé por una claraboya y se
encontré en un precioso dormitorio.
En la cama habia una dama,
profundamente dormida. Kamar la
I
fi
miro y se enamoré de ella al instante.
—Despertad, sefiora. GQuién es
vuestro padre? Debo pedirle permiso
para casarme con vos... -le susurrd.
La princesa Shalem se desperté; vio
los ojos azules, el pelo negro y rizado de
Kamar, y también se enamoro de él.
De pronto, el rey aparecié junto ala
puerta, sacudiendo el pufio y diciendo:
Qué hacer en la aleoba de mi hija,
ladr6n, atracador, extranjero?
—No soy un ladron, sefior. Soy el
principe Kamar de Persia. (Concedéis
el permiso para que me case con
vuestra hija?
-iNo hablar! iMandaré decapitar
por esta insolencia! -exclamé el rey.
La princesa Shalem solté un grito.
Kamar dijo cortésmente:
-Eso no seria honorable para un
principe de Persia. Estoy dispuesto a
luchar contra todo vuestro ejército para
poder casarme con la princesa.
El rey rid. Tenia un ejército de mil
jinetes; Kamar no saldria con vida.-iSea! éNecesitar un corcel de
guerra?
-Os lo agradezco, sefior; tengo el
mio —contest6 Kamar.
A la mafiana siguiente, en un
extremo del campo de batalla un millar
de jinetes se disponian a entrar en
combate. En el otro extremo estaban
Kamar y el caballo de ébano.
Los jinetes desenyainaron sus
espadas y mil afiladas hojas relucieron
al sol. Los corceles de guerra se
lanzaron a galope, levantando la hierba
a su paso.
Shalem observaba al principe
Kamar, esperando, perfectamente
tranquila. El negro caballo del principe
estaba completamente quieto, casi
como si fuera de madera.
-iAlgjate, Kamar! iNo quiero que te
maten por mi culpa! -grité ella.
Pero Kamar la saludé con la mano,
sonriendo, y tomé las riendas de su
caballo.
Cuando el primero de los jinetes
alcanz6 al principe, blandiendo
la espada, Kamar tiré de las riendas
y se elev6 por los aires. Volé sobre el
millar de cabezas y espadas relucientes,
29y fue a aterrizar al otro lado.
Asombrados, los jinetes
retrocedieron, chocando unos contra
otros y cayéndose de sus caballos.
Mientras retrocedian galopando por el
campo de batalla, Kamar despegé de
nuevo y vold a baja altura sobre sus
cabezas, cortando los penachos de sus
cascos con su cimitarra persa.
Una hora mas tarde, un millar de
soldados yacian sobre la hierba,
completamente agotados. Todos habian
sido derribados de sus caballos.
Absolutamente todos habian perdido
los penachos de sus brillantes cascos.
El principe volé hasta la ventana
donde estaba sentada la princesa
Shalem, que reia y aplaudia
complacida. Entonces la tomo en sus
brazos y colocandola sobre la silla se
alej6 volando por el cielo azul.
El rey Sabur y su tinica y bella hija
se hallaban de pie en el balcon del
palacio real persa, cuando divisaron
una oscura silueta en el cielo. A
primera vista creyeron que era un
30
pajaro. Luego precisaron los rasgos y
vieron como se acercaba a toda
velocidad un caballo, montado por dos
jimetes con una larga cola de seda negra
y una preciosa cabellera rubia. El gozo
del rey Sabur y su hija crecié por
momentos. En sus cincuenta afios no se
habia sentido el rey tan feli:Jugando al escondite
en el bosque anochecié,
jugando al escondite
en el bosque anochecié,
el cuco cantando
el miedo nos quit6,
el cuco cantando
el miedo nos quité,
cu-cu, cu-cu.
Lobo, destis?
Estoy poniéndome
los calcetines.
Jugando al escondite
en el bosque anochecié,
jugando al escondite
en el bosque anochecié,
el cuco cantando
el miedo nos quité,
el cuco cantando
el miedo nos quit,
cu-cu, cu-cu.
Lobo, éestas?
Estoy poniéndome
los pantalones.
Jugando al escondite
en el bosque anochecié,
jugando al escondite
en el bosque anochecié,
el cuco cantando
el miedo nos quité,
el cuco cantando
el miedo nos quit6,
cu-cu, cu-cu.
Lobo, destas?
Estoy poniéndome
el sombrero.
Jugando al escondite
fen el bosque anocheci,
jugando al escondite
en el bosque i
el cuco cantando
el miedo nos quito,
el cuco cantando
el miedo nos quit6,
cu-cu, cu-cu.
Lobo, estas?
Si, ahora salgo y
os comeré a todos.
Jugando al escondite
en el bosque anochecié,
jugando al escondite
en el bosque anocheci6,
el cuco cantando
el miedo nos quitd,
el cuco cantando
el miedo nos quit6,
curcy,.cu-cu, cu-cu.
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