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Poemas

Este poema describe un amor doloroso y lleno de incertidumbre. El yo poético extraña intensamente a su amada aunque su amor los separa. Añora los momentos que pasaron juntos pero sabe que no podrán estar unidos de nuevo. Siente desesperación y soledad sin ella. El poema expresa la agonía de un amor imposible a través del lamento del yo poético por la pérdida de su amada.

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Poemas

Este poema describe un amor doloroso y lleno de incertidumbre. El yo poético extraña intensamente a su amada aunque su amor los separa. Añora los momentos que pasaron juntos pero sabe que no podrán estar unidos de nuevo. Siente desesperación y soledad sin ella. El poema expresa la agonía de un amor imposible a través del lamento del yo poético por la pérdida de su amada.

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Poemas
XAVIER VILLAURRUTIA
Nuestro Amor

si tus palabras fueran

Si nuestro amor no fuera,

slo palabras para

al tiempo que un secreto,

nombrar con ellas cosas

un tormento, una duda,

tuyas, no ms, y mas;

una interrogacin;

si no resucitaran

si no fuera una larga

si no evocaran trgicas

espera interminable,

distancias y rencores

un vaco en el pecho

traspuestos, olvidados;

donde el corazn llama

si tu mirada fuera

como un puo cerrado

siempre la que un instante

a una puerta impasible;

-pero un instante eterno!-

si nuestro amor no fuera

es tu ms honda entrega;

el sueo doloroso

si tus besos no fueran

en que vives sin m,

sino para mis labios

dentro de m, una vida

trmulos y sumisos;

que me llena de espanto;

si tu lenta saliva

si no fuera un desvelo,

no fundiera en mi boca

un grito iluminado

su sabor infinito;

en la noche profunda;

si juntos nuestros labios

si nuestro amor no fuera

desnudos como cuerpos,

como un hilo tendido

y nuestros cuerpos juntos

en que vamos los dos

como labios desnudos

sin red sobre el vaco;

no formaran un cuerpo

2
y una respiracin,
no fuera amor el nuestro,
no fuera nuestro amor!

Amor condusse noi ad una norte


(Amor nos conduce a una muerte)
Amar es una angustia, una pregunta,
una suspensa y luminosa duda;
es un querer saber todo lo tuyo
y a la vez un temor de al fin saberlo.
Amar es reconstruir, cuando te alejas,
tus pasos, tus silencios, tus palabras,
y pretender seguir tu pensamiento
cuando a mi lado, al fin inmvil, callas.
Amar es una clera secreta,
una helada y diablica soberbia.
Amar es no dormir cuando en mi lecho
sueas entre mis brazos que te cien,
y odiar el sueo en que, bajo tu frente,
acaso en otros brazos te abandonas.
Amar es escuchar sobre tu pecho,
hasta colmar la oreja codiciosa,
el rumor de tu sangre y la marea
de tu respiracin acompasada.
Amar es absorber tu joven savia
y juntar nuestras bocas en un cauce
hasta que de la brisa de tu aliento
se impregnen para siempre mis
entraas.
Amar es una envidia verde y muda,
una sutil y lcida avaricia.
Amar es provocar el dulce instante
en que tu piel busca mi piel despierta;
saciar a un tiempo la avidez nocturna
y morir otra vez la misma muerte
provisional, desgarradora, oscura.
Amar es una sed, la de la llaga
que arde sin consumirse ni cerrarse,
y el hambre de una boca atormentada
que pide ms y ms y no se sacia.
Amar es una inslita lujuria
y una gula voraz, siempre desierta.

Pero amar es tambin cerrar los ojos,


dejar que el sueo invada nuestro
cuerpo
como un ro de olvido y de tinieblas,
y navegar sin rumbo, a la deriva:
porque amar es, al fin, una indolencia.
DCIMAS DE NUESTRO AMOR
I
A m mismo me prohbo
revelar nuestro secreto
decir tu nombre completo
o escribirlo cuando escribo.
Prisionero de ti, vivo
buscndote en la sombra
caverna de mi agona.
Y cuando a solas te invoco,
en la oscura piedra toco
tu impasible compaa.
II
Si nuestro amor est hecho
de silencios prolongados
que nuestros labios cerrados
maduran dentro del pecho;
y si el corazn deshecho
sangra como la granada
en su sombra congelada,
por qu dolorosa y mustia,
no rompemos esta angustia
para salir de la nada?
III
Por el temor de quererme
tanto como yo te quiero,
has preferido, primero,
para salvarte, perderme.
Pero est mudo e inerme
tu corazn, de tal suerte
que si no me dejas verte
es por no ver en la ma
la imagen de tu agona:
porque mi muerte es tu muerte.
IV
Te alejas de m pensando
que me hiere tu presencia,
y no sabes que tu ausencia
es ms dolorosa cuando
la soledad se va ahondando,
y en el silencio sombro,
sin quererlo, a pesar mo,
oigo tu voz en el eco
y hallo tu forma en el hueco
que has dejado en el vaco.

3
V
Por qu dejas entrever
una remota esperanza,
si el deseo no te alcanza,
si nada volver a ser?
Y si no habr amanecer
en mi noche interminable
de qu sirve que yo hable
en el desierto, y que pida
para reanimar mi vida,
remedio a lo irremediable?
VI
Esta incertidumbre oscura
que sube en mi cuerpo y que
deja en mi boca no s
que desolada amargura;
este sabor que perdura
y, como el recuerdo, insiste,
y, como tu olor, persiste
con su penetrante esencia,
es la sola y cruel presencia
tuya, desde que partiste.
VII
Apenas has vuelto, y ya
en todo mi ser avanza,
verde y turbia, la esperanza
para decirme: "Aqu est!"
Pero su voz se oir
rodar sin eco en la oscura
soledad de mi clausura
y yo seguir pensando
que no hay esperanza cuando
la esperanza es la tortura.
VIII
Ayer te so. Temblando
los dos en el goce impuro
y estril de un sueo oscuro.
Y sobre tu cuerpo blando
mis labios iban dejando
huellas, seales, heridas...
Y tus palabras transidas
y las mas delirantes
de aquellos breves instantes
prolongaban nuestras vidas.
IX
Si nada espero, pues nada
tembl en ti cuando me viste
y ante mis ojos pusiste
la verdad ms desolada;
si no brill en tu mirada
Un destello de emocin,
la sola oscura razn,
la fuerza que a ti me lanza,

perdida toda esperanza,


es...la desesperacin!
X
Mi amor por ti no muri!
Sigue viviendo en la fra,
ignorada galera
que en mi corazn cav.
Por ella desciendo y no
encontrar la salida,
pues ser toda mi vida
esta angustia de buscarte
a ciegas, con la escondida
certidumbre de no hallarte.
NOCTURNO DE AMOR
El que nada se oye en esta alberca de
sombra
no s cmo mis brazos no se hieren
en tu respiracin sigo la angustia del
crimen
y caes en la red que tiende el sueo.
Guardas el nombre de tu cmplice en
los ojos
pero encuentro tus prpados ms duros
que el silencio
y antes que compartirlo mataras el
goce
de entregarte en el sueo con los ojos
cerrados
sufro al sentir la dicha con que tu
cuerpo busca
el cuerpo que te vence ms que el
sueo
y comparo la fiebre de tus manos
con mis manos de hielo
y el temblor de tus sienes con mi pulso
perdido
y el yeso de mis muslos con la piel de
los tuyos
que la sombra corroe con su lepra
incurable.
Ya s cul es el sexo de tu boca
y lo que guarda la avaricia de tu axila
y maldigo el rumor que inunda el
laberinto de tu oreja
sobre la almohada de espuma
sobre la dura pgina de nieve
No la sangre que huy de m como del
arco huye la flecha
sino la clera circula por mis arterias
amarilla de incendio en mitad de la
noche
y todas las palabras en la prisin de la
boca
y una sed que en el agua del espejo

4
sacia su sed con una sed idntica
De qu noche despierto a esta desnuda
noche larga y cruel noche que ya no es
noche
junto a tu cuerpo ms muerto que
muerto
que no es tu cuerpo ya sino su hueco
porque la ausencia de tu sueo ha
matado a la muerte
y es tan grande mi fro que con un calor

nuevo
abre mis ojos donde la sombra es ms
dura
y ms clara y ms luz que la luz misma
y resucita en m lo que no ha sido
y es un dolor inesperado y an ms fro
y ms fuego
no ser sino la estatua que despierta
en la alcoba de un mundo en el que
todo ha muerto.

MARGARITA MICHELENA
Por el laurel Difunto
Aqu ests, en la tierra que me duele
por la corola abierta y emigrada
y justo en el invierno que atravieso
para ir de mi dolor a mis palabras.
Mira aqu, en la tiniebla que te sigue,
tu desolado rostro y estas lgrimas,
tan hondas que te brotan inconclusas
y te llenan de estrellas desgarradas.
Debajo de tu piel hay como un nio
que no sali a la sombra de los rboles
ni sinti la dulzura con que instala
su dolor y su jbilo la sangre.
Y es as que en tu voz, donde naufragan
los pjaros no vistos, los cristales
de corriente y de msica negadas,
algo que duele fracasado y tierno
no se puede morir, siempre se queda
tal como en la estatura de la ola,
coronada de espumas y de espacios,
dulcsimo y menor se escucha siempre
el lrico metal de las arenas.
Yo te he amado en la sombra
de mi predio espantable y transitorio.
Mas no con brazos de mujer te he
amado,
ni con los dedos de esperanza y hambre
que tejen mi tapiz, mientras desciende
sobre mi sol desrtico el eclipse
del ala que me falta y vuelve el ngel:

con el dolor te am de ver un ro


ausente de su cauce.
No nos une en el tiempo sino un llanto
que no tuvo garganta en que alojarse
y la tibia estacin de una caricia
de cuyas manos vi la arquitectura
adentro de m misma desplomarse.
Esa ceniza de alguien que no vino,
a quien no pude dar el minucioso
labrado de su voz y su columna,
ese entraable muerto de m misma
cuyo nombre no s ni s su rostro,
es la madera impar de este naufragio
y nada ms la huella de nosotros.
Eres toda la tierra que contengo,
todo el dolor mortal que haya sufrido.
Por el nio que am bajo tus ojos
y que nunca saliera de ti mismo,
por el laurel difunto que me diste
para que en m elevara sombra y fruto,
este amargo poema en que recuerdo
la nica posible coincidencia
que existi entre mi carne y mi destino.
A ti, Rosal, Nevado por la cima
A ti, rosal, nevado por la cima
de hielo ligersimo,
a ti, que en el rigor abres tu rosa
pstuma, desplegada

5
sobre tu vago verde, y que la agitas
como una carta del verano ausente.
A ti, esbeltez intrpida, que subes
para estallar de tu mudez de espinas
hasta tu coro de dispersa nieve,
para mecer y para orear tu viaje,
en sa tu paloma de alas quietas,
bajel de suavidad, vuelo de espumas.
Para ti, que contigo la trajiste,
que la sacaste de la tierra oscura
como si nos subieras un diamante.
Para ti, que una noche la tuviste
en soledad, como se tiene un sueo,
y luego, bajo el sol, su puerta abriste

igual que desatando


una celeste voz en tus espinas,
lo mismo que si anclaras
una pequea nube en tus orillas.
Para ti, tesorero de la nieve,
silencioso arquitecto de la espuma,
este poema de este triste da.
Es que hablndote as, del frgil tallo
hundido y doloroso de mi voz,
desde mi noche que olvid su estrella,
desde mi soledad, desde mi enero
y su granizo y sus perdidas aves,
me parece, londote en la gloria
tarda y denotada en que terminas,
que, como t, levanto yo una rosa.

RENATO LEDUC
Alusin a los Cabellos castaos
As como fui yo, as como eras t,
en la penumbra inocua de nuestra
juventud
as quisiera ser,
mas ya no puede ser.
Como ya no seremos como fuimos
entonces,
cuando lmpida el alma trasmutaba en
pecado
al ms leve placer,
Cuando el mundo y t eran sonrosaba
sorpresa.
Cuando hablaba yo solo dialogando
contigo,
es decir, con tu sombra,
por las calles desiertas,
y la luna bermeja era dulce incentivo
para idilios de gatos, fechoras de
ladrones
y soar de poetas.
Cuando el orbe rodaba sin que yo lo
sientiera,
cuando yo te adoraba sin que t lo
supieras
-aunque siempre lo sabes, aunque
siempre lo sepasy el invierno era un tropo y eras t
primavera

y el romntico otoo corretear de hojas


secas.
T que nunca cuidaste del rigor de los
aos
ni supiste el castigo de un marchito
ropaje;
t que siempre tuviste los cabellos
castaos
y la tersa epidermis, satinado follaje.
Tus cabellos castaos, tus castaos
cabellos
por volver a besarlos con el viejo fervor,
vendra yo la ciencia que compr con
dolor
y la tela de araa que tej en sueos.
As como fui yo, as como eras t,
en la inconciencia trrida de nuestra
juventud,
as quisiera ser,
mas ya no puede ser

Aqu se habla del tiempo perdido


que como dice el dicho los santos
lo lloran
Sabia virtud de conocer el tiempo;
a tiempo amar y desatarse a tiempo;
como dice el refrn: dar tiempo al
tiempo
que de amor y dolor alivia el tiempo.

Aquel amor a quien am a destiempo


martirizme tanto y tanto tiempo
que no sent jams correr el tiempo,
tan acremente como en ese tiempo.
Amar queriendo como en otro tiempo
-ignoraba yo an que el tiempo es orocunto tiempo perd -ay- cunto tiempo.
Y hoy que de amores ya no tengo
tiempo,
amor de aquellos tiempos, cmo aoro
la dicha inicua de perder el tiempo

Ineludible poema del adis


Slo un occiduo sol que disemina
en tintas jaldes la silueta tuya,
extraviada en los riesgos de una
esquina,
sin quien a mi fervor la restituya.
Blanco pauelo
que tremolaste con enhiesto brazo,
signo ser de adis y desconsuelo
cuando se vuelva a presentar el caso.
Rueda la noche y en la noche el tren,
el uno y la otra por distinta va;
alguien habr que en el desierto andn
consigne fardos de melancola.
Difano cielo
con un errante corazn de plata;

cuntas muchachas llorarn en celo.


Oh, gemebundo amor de gato y gata.
El agrio viento que en Paris y en otros
turbios pases torna la veleta,
por falta de veleta entre nosotros
a transportar suspiros se concreta.
Luces, fugaces luces
de una casa perdida en la llanura;
cuntas doncellas bebern de bruces
sueos, que el sol amargo desfigura.
Viento del mar que con hinchado aliento
al viento avienta iridiscente espuma;
al cruzar tu recuerdo amarillento,
olor de viaje y de marisco exhuma.
Estos gajos lunticos de luna
saben a menta;
cuntas muchachas llorarn a una
dicha, perdida por error de imprenta.
Brumoso viento que nos cuenta el
cuento
del viejo Valdemar
y sus hijas, que en modo truculento
sucumbieron, cansadas de esperar.
A viajero veloz, senda florida.
Oh, muchachas de amable contextura,
hay que decir adis porque la vida
es menos dura cuanto menos dura.
Estrella, estrella
que contemplas cien mundos a la vez,
dnde est, di, la postrimer doncella?
dnde est, pues

MARIO BENEDETTI
Te Quiero
Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia
si te quiero es porque sos
mi amor mi cmplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho ms que dos
tus ojos son mi conjuro

contra la mala jornada


te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro
tu boca que es tuya y ma
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebelda
si te quiero es porque sos
mi amor mi cmplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho ms que dos

y por tu rostro sincero


y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero
y porque amor no es aureola
ni cndida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no est sola
te quiero en mi paraso
es decir que en mi pas
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso
si te quiero es porque sos
mi amor mi cmplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho ms que dos.
Un Padrenuestro Latinoamericano
Padre nuestro que ests en los cielos
con las golondrinas y los misiles
quiero que vuelvas antes de que olvides
cmo se llega al sur de Ro Grande
Pdre nuestro que ests en el exilio
casi nunca te acuerdas de los mos
de todos modos dondequiera que ests
santificado sea tu nombre
no quienes santifican en tu nombre
cerrando un ojo para no ver las uas
sucias de la miseria
en agosto de mil novecientos sesenta
ya no sirve pedirte
venga a nos el tu reino
porque tu reino tambin est aqu abajo
metido en los rencores y en el miedo
en las vacilaciones y en la mugre
en la desilusin y en la modorra
en esta ansia de verte pese a todo
cuando hablaste del rico
la aguja y el camello
y te votamos todos
por unanimidad para la Gloria
tambin alz su mano el indio silencioso
que te respetaba pero se resista
a pensar hgase tu voluntad

sin embargo una vez cada tanto


tu voluntad se mezcla con la ma
la domina
la enciende
la duplica
ms arduo es conocer cul es mi
voluntad
cundo creo de veras lo que digo creer
as en tu omniprescencia como en mi
soledad
as en la tierra como en el cielo
siempre
estar ms seguro de la tierra que piso
que del cielo intratable que me ignora
pero quin sabe
no voy a decidir
que tu poder se haga o se deshaga
tu voluntad igual se est haciendo en el
viento
en el Ande de nieve
en el pjaro que fecunda a la pjara
en los cancilleres que murmullan yes sir
en cada mano que se convierte en puo
claro no estoy seguro si me gusta el
estilo
que tu voluntad elige para hacerse
lo digo con irreverencia y gratitud
dos emblemas que pronto sern la
misma cosa
lo digo sobre todo pensando en el pan
nuestro
de cada da y de cada pedacito de da
ayer nos lo quitaste
dnosle hoy
o al menos el derecho de darnos
nuestro pan
no slo el que era smbolo de Algo
sino el de miga y cscara
el pan nuestro
ya que nos queda pocas esperanzas y
deudas
perdnanos si puedes nuestras deudas
pero no nos perdones la esperanza
no nos perdones nunca nuestros
crditos
a ms tardar maana
saldremos a cobrar a los fallutos
tangibles y sonrientes forajidos
a los que tienen garras para el arpa

8
y un panamericano temblor con que se
enjugan
la ltima escupida que cuelga de su
rostro
poco importa que nuestros acreedores
perdonen
as como nosotros
una vez
por error
perdonamos a nuestros deudores
todava
nos deben como un siglo
de insomnios y garrote
como tres mil kilmetros de injurias
como veinte medallas a Somoza
como una sola Guatemala muerta
no nos dejes caer en la tentacin
de olvidar o vender este pasado
o arrendar una sola hectrea de su
olvido
ahora que es la hora de saber quines
somos
y han de cruzar el ro
el dlar y su amor contrarrembolso
arrncanos del alma el ltimo mendigo
y lbranos de todo mal de conciencia
amn.
Te acords, hermano ?
Te acords hermano que tiempos
aquellos
cuando sin cortedades ni temor ni
vergenza
se poda decir impunemente pueblo?
cada uno estaba donde corresponda
los capos all arriba/ nosotros aqu
abajo
es cierto que no siempre
logr colarse el pueblo en las
constituciones
o en las reformas de las constituciones
pero s en el espritu de las
constituciones/
los diputados y los senadores
todos eran nombrados sin boato
como representantes de ese pueblo

ahora el requisito indispensable


para obtener curules en los viejos
partidos
y algunos de los nuevos
es no pronunciar pueblo
es no arrimarse al pueblo
no soar con el pueblo
incluso hubo un ministro mexicano
(sabines dixit) que en el sesenta y ocho
unos meses despus de tlatelolco
dijo/ con el pueblo me limpio el culo
despus de todo el tipo era sincero
por otra parte en las obras ms doctas
de los historiadores con oficio
el pueblo an figura en las notas al pie
y en el ltimo tramo de la bibliografa
pero el voquible pueblo/ en general/
es contasea de las catacumbas
de los contactos clandestinos
de las exhumaciones arqueolgicas
de vez en cuando surge un erudito
que descubre que engels dijo pueblo
que gramsci el che guevara y rosa
luxemburgo
que maritegui y marx y pablo iglesias
dijeron pueblo alguna que otra vez
y ciertos profesores que todava tienen
en sus armarios el pauelo rojo
llevan a sus alumnos al museo
para que tomen nota disimuladamente
de cmo eran las momias y los pueblos
y claro los muchachos que absorben
como esponjas
se levantan sonmbulos en mitad de la
noche
y trotan por los blancos corredores
diciendo pueblo saboreando pueblo
mas como en la vigilia vigilada
ya nadie grita ni murmura pueblo
hay en las calles y en plazoletas
en los clubes y colegios privados
en las academias y en las autopistas
una paz algo densa/ a prueba de

9
disturbios
y un silencio compacto/ sin fisuras
algo por el estilo del que encontr Neil
Amstrong
cuando anduvo paseando por la luna sin
pueblo.

pero antes habremos metido en ellas


nuestra arrogancia masoquista
nuestros escrpulos blandengues
nuestros menosprecios por sutiles que sean
nuestra capacidad de ser menospreciados
nuestra falsa modestia y la dulce homila
de la autoconmiseracin

Cuando ramos nios

y no slo eso
tambin habr en las naves a quemar

Cuando ramos nios


los viejos tenan como treinta
un charco era un ocano
la muerte lisa y llana
no exista.

hipoptamos de wall street


pinginos de la otan
cocodrilos del vaticano
cisnes de buckingham palace
murcilagos del pardo
y otros materiales inflamables

luego cuando muchachos


los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era un ocano
la muerte solamente
una palabra

el da o la noche en que por fin lleguemos


habr sin duda que quemar las naves
as nadie tendr riesgo ni tentacin de
volver
es bueno que se sepa desde ahora
que no habr posibilidad de remar

ya cuando nos casamos


los ancianos estaban en los cincuenta
un lago era un ocano
la muerte era la muerte
de los otros.

nocturnamente
hasta otra orilla que no sea la nuestra
ya que ser abolida para siempre
la libertad de preferir lo injusto
y en ese solo aspecto
seremos ms sectarios que dios padre

ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el ocano es por fin el ocano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.

no obstante como nadie podr negar


que aquel mundo arduamente derrotado
tuvo alguna vez rasgos dignos de mencin
por no decir notables
habr de todos modos un museo de
nostalgias

Quemar la Nave
El da o la noche en que por fin lleguemos
habr que quemar las naves

donde se mostrar a las nuevas


generaciones
cmo eran Pars el whiski Claudia Cardinale

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