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AP Francisco Villaespesa - Poemario

Este documento presenta una selección de poemas del poeta español Francisco Villaespesa. Los poemas exploran temas como el amor, la belleza, la naturaleza y la mitología griega. La selección incluye 12 poemas titulados "Los Jardines de Afrodita", "Fantasía morisca", "Lucha", "Morena mía" y otros.

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Este documento presenta una selección de poemas del poeta español Francisco Villaespesa. Los poemas exploran temas como el amor, la belleza, la naturaleza y la mitología griega. La selección incluye 12 poemas titulados "Los Jardines de Afrodita", "Fantasía morisca", "Lucha", "Morena mía" y otros.

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Francisco Villaespesa

(Laujar, Almera 1877 - Madrid 1936)


Poemas

(Los Archivos del Parnaso,


Voltil 2001)

Seleccin:
Los Jardines de Afrodita
Fantasa morisca
Lucha
Morena ma
Ocaso

Los Jardines de Afrodita


I
El ritmo, el gran rebelde, me rinde vasallaje,
y cuando quiero re, y cuando quiero vuela,
y he domado a mi estilo como a un potro salvaje,
a veces con el ltigo y a veces con la espuela.
Conozco los secretos del alma del paisaje,
y s lo que entristece, y s lo que consuela,
y el viento traicionero y el brbaro oleaje
conocen la invencible firmeza de mi vela.
Amo los lirios msticos y las rosas carnales,
la luz y las tinieblas, la pena y la alegra,
los ayes de las vctimas y los himnos triunfales.
Y es el eterno y nico ensueo de mi estilo
la encarnacin del alma cristiana de Mara
en el mrmol pagano de la Venus de Milo.

II
Te vi muerta en la luna de un espejo encantado.
Has sido en todos tiempos Elena y Margarita.
En tu rostro florecen las rosas de Afrodita
y en tu seno las blancas magnolias del pecado.
Por ti mares de sangre los hombres han llorado.
El fuego de tus ojos al sacrilegio incita,
y la eterna sonrisa de tu boca maldita
de plidos suicidas el infierno ha poblado.
Oh, encanto irresistible de la eterna Lujuria!
Tienes cuerpo de ngel y corazn de Furia,
y el spid, en tus besos, su ponzoa destila...
Yo evoco tus amores en medio de mi pena...
Sansn, agonizante, se acuerda de Dalila,
y Cristo, en el Calvario, recuerda a Magdalena!

III
Hay rosas que se abren en selvas misteriosas
y mustias languidecen, nostlgicas de amores,
sin que haya quien aspire sus pdicos olores...
Hay almas que agonizan lo mismo que esas rosas!
Las mariposas tienden sus alas temblorosas
y en alegra loca de luces y colores,
ebrias de amor expiran en tlamos de flores...
Hay vidas que se acaban como esas mariposas!
"Oh, pdicas vestales! Oh, locas meretrices!
Quines son ms hermosas? Quines son ms felices?"
los hombres preguntaron, en una edad lejana,
a un Fauno que en las frondas oculto sonrea...
Hace ya muchos siglos... Y en la conciencia humana
el Fauno, a esa pregunta, sonre todava.

IV
Soy un alma pagana. Adoro al dios bifronte
y persigo a las ninfas por las verdes florestas,
y me gusta embriagarme en mis lricas fiestas
con vino de las vias del viejo Anacreonte.
Que incendie un sol de prpura de nuevo el horizonte;
que canten las cigarras en las clidas siestas,
y que dancen las vrgenes al son del sistro expuestas
al violador abrazo de los faunos del monte!
Oh, viejo Pan lascivo!... Yo sigo la armona
de tus pies, cuando danzas. Por ti amo la alegra
y las desnudas ninfas persigo por el prado.
Tus alegres canciones disipan mi tristeza,
y la flauta de caa que taes me ha iniciado
en todos los misterios de la eterna Belleza!

V
El cisne se acerc. Trmula Leda
la mano hunde en la nieve del plumaje,
y se adormece el alma del paisaje
de un rojo crepsculo de seda.
La onda azul, al morir, suspira queda;
gorjea un ruiseor entre el ramaje,
y un toro, ebrio de amor, muge salvaje
en la sombra nupcial de la arboleda.
Tendi el cisne la curva de su cuello,
y con el ala --cndido abanico--,
acarici los senos y el cabello.
Leda dio un grito y se qued extasiada...
y el cisne levant, rojo, su pico
como triunfal insignia ensangrentada.

VI
De la Grecia y de Italia bajo los claros cielos
en tu honor se entonaron los ms dulces cantares,
y ofrecieron las vrgenes al pie de tus altares
las trtolas ms blancas y sus ms ricos velos.
Hoy triste y solitaria, en el parque sombro,
carcomida y musgosa, los brazos mutilados,
bajo la pesadumbre de los cielos nublados
el mrmol de tu carne se estremece de fro.
Dnde se alzan ahora tus templos, Afrodita?
Ya la Pnica flauta en los bosques no invita
a danzar a los stiros danzas voluptuosas.
Ha huido la Alegra, ha muerto la Belleza...
No hay risas en los labios y una inmensa tristeza
cubre como un sudario las almas y las cosas.

VII
Enferma de nostalgias, la ardiente cortesana,
al rojizo crepsculo que incendia el aposento,
su anhelo lanza al aire, como un halcn hambriento,
tras 1a ideal paloma de una Thule lejana.
Suea con las ergstulas de la Roma pagana;
cruzar desnuda el Coso, la cabellera al viento,
y embriagarse de amores en el Circo sangriento
con el vino purpreo de la vendimia humana.
Suea... Un len celoso veloz salta a la arena,
ensangrentando el oro de su rubia melena.
Abre las rojas fauces... A la bacante mira,
salta sobre sus pechos, a su cuerpo se abraza...
Y ella, mientras la fiera sus carnes despedaza,
los prpados entorna y sonriendo expira!

VIII
Para escanciar el vino de mi via temprana,
Fidias, divino artfice, en marfil y oro puro
model fina copa, sobre el ms blanco y duro
seno que sorprendiera jams pupila humana.
Son dos ninfas en arco las asas de esa copa,
y en ella estn grabados, entre vides y flores
y stiros que acechan, los lbricos amores
de Leda con el Cisne, y el Toro con Europa.
Amada, bebe y bsame! Al destino no temas,
que al borde de la copa rebosante de gemas,
cincel Anacreonte estos versos divinos
cuyo ritmo el secreto de la existencia encierra:
--Bebe, ama y algrate mientras sobre la tierra
haya labios de rosas y perfumados vinos.

IX
Con el fervor de un lapidario antiguo,
quiero miniar a solas y en secreto,
la tentacin de tu perfil ambiguo
en las catorce gemas de un soneto.
Para nimbar tu tez blanca y severa,
a modo griego, cual real tesoro,
recoger tu negra cabellera
sobre la nuca un alfiler de oro.
En lneas escultricas plegada
la tnica e inmvil la mirada
con la clsica uncin de las flautistas...
La siringa en el labio, y temblorosos
sobre el registro, en gestos armoniosos,
tus dedos enjoyados de amatistas.

X
Para cantar mi mente quiero un verso pagano;
un verso que refleje la cndida tristeza
del azahar, que, trmulo, deshoja su pureza
a 1aS blancas caricias de una tmida mano.
No amortajad mi cuerpo con el sayal cristiano;
ceid de rosas blancas mi juvenil cabeza,
y prestadme un sudario digno por su riqueza
de envolver a un fastuoso emperador romano.
Que abra la cruz sus brazos en negra catacumba!
Yo amo al sol, luz y vida, y quiero que en mi tumba
brotes, cual dulces versos, las ms fragantes flores.
Y que al son de la flauta y del sistro, en la quieta
tarde, las locas vrgenes tejan danzas de amores
es torno de la estatua de su muerto poeta.

XI
Llueve... En el viejo bosque de ramaje amarillo
y grises troncos hmedos, que apenas mueve el viento,
bajo una encina, un stiro de rostro macilento,
canciones otoales silba en su caramillo.
De vejez muere... Cruzan por sus ojos sin brillo
las sombras fugitivas de algn presentimiento,
y entre los dedos dbiles el rstico instrumento
sigue llorando un aire montono y sencillo.
Es una triste msica, vieja cancin que evoca
aquel beso primero que arrebat a la boca
de una ninfa, en el claro del bosque sorprendida.
Su cuerpo vacilante se rinde bajo el peso
de la Muerte, y el ltimo suspiro de su vida
tiembla en el caramillo como si fuese un beso.

XII
Alma ma! Soemos con la estacin florida.
Abril, lleno de rosas, a nuestro encuentro avanza...
El Arte ser el ltimo refugio de la Vida
cuando ya no tengamos ni en la Vida esperanza.
No aceptes de otras manos lo que yo pueda darte.
Siembra en tu propia tierra tus futuros laureles...
Haz de tus penas mrmoles y de tu amor cinceles,
para elevar con ellos un monumento al Arte!
Teje nuestro sudario de mirtos y de flores.
Labremos un sarcfago digno por su riqueza
de encerrar las cenizas de los emperadores.
Y cincela en su lpida nuestra ltima elega:
--Aqu yacen dos almas que han muerto de tristeza
llorando las nostalgias de su eterna alegra.

Fantasa morisca

A Alfredo Murga.
El reloj encantado
retumba la una.

Bajo el plateado
temblor de la Luna,
la fuente sonora
del patio, entre tanto,
nos cuenta el encanto
de la reina mora.

Un dragn vigila
su lbrego encierro.
La feroz pupila
se revuelve inquieta.

A quien mira, mata.


La mano de hierro
crispada an, sujeta
la llave de plata.

Lenta el agua llora;


y la reina mora,
sola con su llanto,
espera el acero
del joven guerrero
que rompa el encanto.

Plida y sumisa,
bajo una palmera,
con su peine de oro
y marfil, alisa
el negro tesoro
de su cabellera!

El reloj encantado
retumba la una.
Bajo el plateado
temblor de la Luna,
la fuente sonora
del patio, entre tanto,
nos cuenta el encanto
de la reina mora!

Lucha
A Emilio Fernndez Vaamonde

De la vida me lanzo en el combate


sin que me selle filiacin alguna,
y atrs no he de volver, hasta que ate
a mi triunfante carro la Fortuna!
Contra mis enemigos, terco y rudo,
esgrimir en la lid, que no me apoca,
por lanza mi razn y como escudo
mi carcter ms firme que una roca!
Ni el desengao pertinaz me arredra,
ni ante los golpes del dolor me humillo:
la estatua surge de la tosca piedra
a fuerza de cincel y de martillo!
Combatir es vivir!... La luz sublime
entre las sombras de la noche crece:
espada que en la lucha no se esgrime,
colgada en la panoplia se enmohece!
Mi razn en peligros no repara.
O subir a la cspide consigo,
o muero, sin volver atrs la cara,
despreciando, al caer, a mi enemigo!
Ni la derrota en mi valor rehuyo...
Mas, antes de rendirme fatigado,
me encerrar en la torre de mi orgullo,
y en sus escombros morir aplastado!...

Morena ma
I
Bajo el fulgor lunar el mar es plata;
entreabre t, mi bien, tu mirador,
y asmate a escuchar la serenata
que, mientras duermes t, vela el amor
Asmate al balcn, morena ma,
las sombras de mis noches a alumbrar,
que, como un ciego, sin bordn ni gua,
as voy sin la luz de tu mirar.
II
La brisa de jazmines perfumada
despierta la pasin que duerme en m;
la noche est para el amor creada
y todo vive, como yo, por ti.
Asmate al balcn, morena ma,
las sombras de mis noches a alumbrar,
que, como un ciego, sin bordn ni gua,
as voy sin la luz de tu mirar.
III
Sal a darle consuelo a mi tormento;
que si no sales, del balcn al pie,
como esas rosas que deshoja el viento,
sin la luz de tus ojos morir.
Asmate al balcn, morena ma,
las sombras de mis noches a alumbrar,
que, como un ciego, sin bordn ni gua,
as voy sin la luz de tu mirar.

Ocaso

Asmate al balcn; cesa en tus bromas,


y la tristeza de la tarde siente.
El sol, al expirar en Occidente,
de rojo tie las vecinas lomas.
El jardn nos regala sus aromas;
mece el aire las hojas suavemente,
y en las blancas espumas del torrente
remojan su plumaje las palomas.
Al ver con qu tristeza en la llanura
amortigua la luz su refulgencia,
mi corazn se llena de amargura...
Quiz el amor que en vuestros pechos arde,
apagarse veremos en la ausencia,
como ese sol en brazos de la tarde!...

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