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La Glosolalia Libro ¿Un Nuevo Pentecostes?

Este pequeño libro analiza de una forma clara y sencilla el discutido tema de hablar en lenguas. Historica, psicologica y Biblicamente
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La Glosolalia Libro ¿Un Nuevo Pentecostes?

Este pequeño libro analiza de una forma clara y sencilla el discutido tema de hablar en lenguas. Historica, psicologica y Biblicamente
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CAPITULO 1

Un Moderno
"Reavivamiento Carismático
UNO de los fenómenos más misteriosos y
más discutidos, y que a la vez más han sacu-
dido en los últimos años las filas de las
iglesias del mundo evangélico, es el de la
así llamada glosolalia. Este vocablo se com-
pone de dos palabras griegas que quieren decir
sencillamente "hablar en lenguas".

Breve historia
Sabido es que desde comienzos de nues-
tro siglo se fue esbozando, primero en los
Estados Unidos, y luego en toda Latinoamérica
y Europa, una nueva corriente religiosa lla-
mada "pentecostal". Esta se ha concretado en
una serie de diversas iglesias evangélicas
que, aunque sustentan las mismas doctrinas
básicas profesadas por las otras congregacio-
nes tradicionales, se diferencian de ellas
por un común denominador: la creencia de que
el centro mismo de la experiencia cristiana
consiste en "hablar en lenguas". Además, que
este fenómeno 1) debe ocurrir indispensable-
mente en todo cristiano; 2) como evidencia de
la recepción del Espíritu Santo; 3) y que es
la señal obligada e inicial de la conversión.
El "hablar en lenguas" sobreviene, por
lo general, en un ambiente de frenesí colec-
tivo, en que un dirigente religioso va enfer-
vorizando a la congregación hasta que una per-
sona, o varias al mismo tiempo, después de la

1
imposición de las manos o sin ella, prorrumpen
en exclamaciones y sonidos en "lenguas" des-
conocidas de manera simultánea, a veces con
gestos y movimientos sobre los cuales la vo-
luntad no tiene dominio.
Si bien ésta ha sido la práctica ruti-
naria y casi semanal en todas las iglesias
denominadas genéricamente pentecostales, las
comunidades evangélicas más conservadoras ha-
bían considerado hasta hace poco tiempo esta
actividad como inconveniente o impropia. Sin
embargo, en forma casi repentina, el movi-
miento contemporáneo surgió en las filas de
la Iglesia Episcopal, cuando el Rev. Dennis
J. Bernett, rector de la Iglesia de San Mar-
cos, situada en Van Nuys, cerca de Los Ánge-
les, Estados Unidos, relató a su congregación
su propia experiencia pentecostal. Esto, que
ocurría en 1960, hizo que la junta directiva
de su iglesia solicitara su renuncia. El hecho
se difundió rápidamente por todo el país.

"Reavivamiento carismático"
No sólo los episcopales, sino también
los luteranos han sentido esa influencia en
su seno. En un determinado momento, en el sur
de California, se informó que unos dos mil
episcopales hablaban en lenguas, y en la Pri-
mera Iglesia Presbiteriana de Hollywood, la
mayor del país, 600 miembros participaban
también de esa actividad. Además, práctica-
mente todas las iglesias evangélicas mayores
han sido afectadas por este así llamado
"reavivamiento carismático". 1
2
Esto ha estado ocurriendo tanto entre
los laicos como entre los ministros. El Dr.
Howard M. Erwin relata que mientras un clérigo
de la Iglesia Bautista de
Nueva Jersey imponía las manos sobre su
cabeza y realizaba una oración durante una
convención de pastores» "algo semejante a
flechas de relámpago" le corrió por la médula
espinal. "Sin entender lo que ocurría —narra
el Dr. Erwin— reparé que al levantarme por la
mañana estaba empapado en sudor. No sabía yo
entonces que aquello era el calor del Espíritu
Santo. Al salir de debajo de la ducha y mien-
tras me rodeaba con una toalla, oí palabras
que se precipitaban en mi espíritu. Pensé que
mi subconsciente estaba regurgitando lo que
yo había estado oyendo en ese lugar. Pero
entonces tuve la visión de una cinta de indi-
cador automático en que pude leer la expresión
'sa-da-mali' ". Al pronunciar esos sonidos,
su boca enunció otros, y continuó formulando
una oración compuesta de palabras que no co-
rres pon-den a ningún idioma conocido. "Poco
tiempo después —sigue refiriendo— elevé las
manos y continué alabando a Dios en estos
vocablos que él me había dado, y mi lengua
cobró alas".2 Compulsiones similares han sido
la experiencia de veintenas de pastores de
diversas iglesias.
El surgimiento de esta nueva corriente
en las filas de las iglesias más aristocráti-
cas de los Estados Unidos ha producido verda-
dera alarma en las esferas dirigentes de las
mismas. Algunos hasta lo han calificado como
3
"una obra del diablo". El Dr. Guillermo Cul-
berton, presidente del Instituto Bíblico
Moody, de Chicago, amonestó a todo el cuerpo
estudiantil de esa institución, una de las
escuelas fundamentalistas más antiguas de los
EE. UU., en contra de orar en lenguas. En
California, el muy discutido y ahora extinto
obispo Santiago A. Pike prohibió, en sus días,
hablar en lenguas, y pronunció una casi exco-
munión sobre quienes lo hicieran en su dióce-
sis. El obispo dijo que la glosolalia era
"peligrosa para la unidad y la paz de la igle-
sia", y "una amenaza para la sana doctrina".
Además, la calificó de "herejía en embrión".
Y el obispo Francisco Eric Bioy de Los Ánge-
les, después de la renuncia del padre Bernett,
escribió una carta pastoral en que prohibía
la actividad de hablar en lenguas bajo los
auspicios de la iglesia.3
Aunque en los últimos años parece haber
decrecido la frecuencia de los casos de glo-
solalia entre las iglesias conservadoras y
aristocráticas, el movimiento sigue su curso,
aunque en forma más velada y menos espectacu-
lar. Además existe un serio conflicto, ya
planteado, que origina una gran polémica. Por
una parte, la divergencia se manifiesta entre
las iglesias pentecostales y las "fundamenta-
listas"; y por la otra en el seno de estas
últimas, entre el sector mayoritario, opuesto
a la manifestación del don de lenguas, y el
minoritario pero creciente, que simpatiza con
esa actividad y la práctica.

4
Es natural que frente a una discusión
de esta naturaleza, ninguna persona intere-
sada en los problemas religiosos pueda quedar
completamente al margen de la misma o revelar
apatía para conocer los pro y contra de cada
una de las posiciones.

La psiquiatría y la psicología
Aun desde el punto de vista humano y
científico, la controversia reviste un inte-
rés apasionante. Siendo que toda manifesta-
ción de glosolalia comporta una invasión de
la conciencia por elementos que provienen del
plano del inconsciente, es un asunto que tiene
que ver con la vida afectiva y espiritual del
individuo.
Debido a que se trata de un fenómeno
psíquico, es indudable que la psiquiatría y
la psicología pueden realizar algún aporte
valioso y pueden ofrecer los frutos de expe-
riencias realizadas por algunos de sus más
destacados representantes. A esto nos referi-
remos más tarde.
Por otra parte, debido a que es una ac-
tividad de tipo religioso, debe ser encarada
desde el punto .de vista teológico, tanto en
el plano teórico como en el práctico. En tal
sentido, será necesario consultar lo que al
respecto enseña el único libro que es autori-
dad en materia de fe y doctrina, la Biblia,
las Sagradas Escrituras, investigando a la
vez los resultados prácticos del ejercicio
del don de lenguas en la vida de quienes lo

5
practican, para averiguar si es auténtico o
no.

Manifestación ortodoxa y pseudo don de


lenguas
Aunque la psicología y la psiquiatría
estén en condiciones de asesorarnos en el
breve examen que iniciamos de esta cuestión,
será la Biblia la que tendrá la palabra final,
la que dará el veredicto definitivo, resol-
viendo el problema de manera específica.
Baste decir por ahora que según las Es-
crituras existe un don de lenguas verdadero,
que está clasificado entre los dones del Es-
píritu Santo en las enseñanzas del apóstol
San Pablo, quien escribió: "No quiero, herma-
nos, que ignoréis acerca de los dones espiri-
tuales. . . Hay diversidad de dones, pero el
Espíritu es el mismo. . . A cada uno le es
dada la manifestación del Espíritu para pro-
vecho. Porque a éste es dada por el Espíritu
palabra de sabiduría; a otro, palabra de cien-
cia según el mismo Espíritu; a otro, fe por
el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanida-
des por el mismo Espíritu. A otro, el hacer
milagros; a otro, profecía; a otro, discerni-
miento de espíritus; a otro, diversos géneros
de lenguas; y a otro, interpretación de len-
guas".4
Y cerca del fin del capítulo, el apóstol
vuelve a hacer una lista de los dones del
Espíritu Santo, entre los cuales ubica en úl-
timo lugar el don de lenguas. "A unos puso
Dios en la iglesia —dice él—, primeramente
6
apóstoles, luego profetas, lo tercero maes-
tros, luego los que hacen milagros, después
los que sanan, los que ayudan, los que admi-
nistran, los que tienen don de lenguas”. 5
Ahora bien, como el don de lenguas es
un fenómeno que pertenece al ámbito de lo
sobrenatural, porque es algo que excede la
capacidad ordinaria del individuo que lo
ejerce, se presta a que resulte falsificado,
sea en forma deliberada o espontánea.
Y esto podría ocurrir aun salvando la
sinceridad de la persona. Podría aparecer en
la vida de alguien algo que se asemeje al don
de lenguas, pero que resulte completamente
espurio en su origen y en su naturaleza. Esa
imitación puede ser otra de orden patológico,
ora producida por un poder extrahumano que,
en un momento determinado, utilice el incons-
ciente y lo gobierne.
De ahí la advertencia del apóstol San
Juan: "Amados, no creáis a todo espíritu, sino
probad los espíritus si son de Dios; porque
muchos falsos profetas han salido, por el
mundo".6
Tan injusto y peligroso resultaría
aceptar toda manifestación del "don de len-
guas" como auténtica, como sería rechazar
todo caso considerándolo espurio e ilegítimo.
En los próximos capítulos analizaremos la en-
señanza de la Biblia sobre este importantí-
simo tema.

7
1. Christianity Today, 13 de septiembre,
1903.
2. Saturday Evening Post, de Filadelfia,
EE. UU., 23 de mayo, 1964.
3. Ibid. San Francisco Examiner, 7 de mayo,
1963.
4. 1 Corintios 12:1-10.
5. Id., Vers. 28.
6. 1 S. Juan 4:1.

8
CAPITULO 2

La Glosolalia y la Biblia

GRITOS exaltados de variada tonalidad


se sobreponían al ruido normal del tránsito
nocturno en una calle trajinada. Eran cerca
de las diez de la noche cuando, con otros dos
compañeros, habíamos salido a hacer una cami-
nata antes de entregarnos al descanso.
Aquellas voces humanas parecían prove-
nir de alguien que estuviera predicando al
aire libre. No se veía ningún grupo de perso-
nas que localizara a algún entusiasta diser-
tante. Pero al observar en la dirección de la
cual provenían los sonidos, advertimos, al
otro lado de la ancha avenida, a un hombre
que hacía derroche de entusiasmo y que acom-
pañaba sus enfáticas frases con movidos ade-
manes.
Cruzamos la calle para observarlo. En
vano buscamos siquiera una sola persona que
pudiera estar escuchando su prédica. Ni si-
quiera había transeúntes. Después de un ins-
tante advertimos la presencia de dos jóvenes
que estaban a .un lado con algunos folletos
en las manos, y adivinando que fueran compa-
ñeros del "predicador", entablamos con ellos
una conversación. Bien pronto ésta desembocó
en el interesante tema de la glosolalia.

9
El orador también dio por terminada su
alocución y se unió a nuestro grupo, tomando
activa participación.
Ante una serie de preguntas que les di-
rigimos, respecto a lo que la Biblia enseña
sobre el don de lenguas, la manera de hablar
de nuestros interlocutores comenzó a subir de
tono, a cobrar mayor colorido y velocidad, y
a moverse en una atmósfera de emocionalismo.
Por último, uno de ellos, en el ápice de su
exaltado entusiasmo, comenzó a proferir soni-
dos ininteligibles que, según explicó, eran
una demostración de glosolalia. Nos confesó
que no entendía lo que decía.
Después de despedirnos del grupo, se-
guimos comentando entre nosotros cuan alejado
parecía todo aquello de la manifestación real
del don de lenguas.

Un don auténtico del Espíritu


En nuestro capítulo anterior, después
de historiar un poco el movimiento pentecos-
tal de nuestro siglo, y de referirnos a las
manifestaciones contemporáneas de glosolalia
aparecidas en diversas iglesias, finalizamos
diciendo que existe un don de lenguas verda-
dero, que el apóstol San Pablo clasifica entre
los diversos dones del Espíritu,1 los cuales
son otorgados con el propósito de edificar a
la iglesia de Cristo.2
El fin básico del don de lenguas —o fa-
cultad sobrenatural impartida por el Espíritu
Santo para hablar un idioma que una persona
desconoce— es el de habilitar al individuo y
10
a la iglesia a cumplir con la misión de pre-
dicar el Evangelio a "toda nación, tribu, len-
gua y pueblo".3
Un día memorable en los anales de la
iglesia apostólica primitiva, el de Pentecos-
tés, mientras 120 discípulos de Cristo esta-
ban reunidos en un aposento alto de Jerusa-
lén,4 esperando y orando, Dios derramó sobre
ellos el Espíritu y les concedió el don de
lenguas. Así lo relata el libro de los Hechos:
"De repente vino del cielo un estruendo como
de un viento recio que soplaba. . . y se les
aparecieron lenguas repartidas, como de
fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y
fueron todos llenos del Espíritu Santo, y co-
menzaron a hablar en otras lenguas, según el
Espíritu les daba que hablasen.
"Moraban entonces en Jerusalén judíos,
varones piadosos, de todas las naciones bajo
el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la
multitud; y estaban confusos, porque cada uno
les oía hablar en su propia lengua. Y estaban
atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no
son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo,
pues, les oímos nosotros hablar cada uno en
nuestra lengua en la que hemos nacido?" 5
Es interesante advertir que había una
razón específica por la cual aquellas perso-
nas recibieron la facultad de hablar en idio-
mas que hasta entonces les eran desconocidos.
Había en Jerusalén, asistiendo a la fiesta,
una gran multitud de judíos de la diáspora,
nacidos y criados en el extranjero, que casi
habían perdido el uso de su propio idioma.
11
Pero ahora, hablando los discípulos en las
diversas lenguas de la gente allí congregada,
expresaban, "bajo la influencia del Espíritu.
. . , palabras de arrepentimiento y confesión"
que "mezclaban con cantos de alabanza por el
perdón de los pecados. Se oían palabras de
agradecimiento y profecía". 6
Como resultado admirable de aquella ma-
ravillosa jornada en la tarea de los apósto-
les, "se añadieron aquel día como tres mil
personas" a la iglesia incipiente. 7
El libro de los Hechos de los Apóstoles
menciona otras dos ocasiones en que el don de
lenguas se manifestó en la iglesia. La primera
fue cuando, después de una visión especial,
se le pidió a San Pedro que instruyera a Cor-
nelio —el piadoso centurión romano de Cesá-
rea— y a sus acompañantes. Mientras San Pedro
todavía estaba anunciándoles el Evangelio de
Cristo, descendió sobre esos gentiles el Es-
píritu y se manifestó este don especial, pues
"los oían que hablaban en lenguas, y que mag-
nificaban a Dios".8
El otro pasaje bíblico pertinente ex-
plica que "habiéndoles impuesto Pablo las ma-
nos" a unos conversos de Éfeso, "vino sobre
ellos el Espíritu Santo; y hablaban en len-
guas, y profetizaban".9 Es decir que, como
consecuencia de la recepción del Espíritu, se
manifestaron dos dones: el de lenguas y el de
profecía.

¿Doctrina heterodoxa?

12
En la presentación de estos temas no
nos mueve ningún afán de controversia con
grupo religioso alguno, pues todos los cris-
tianos sinceros nos inspiran profundo respeto
y admiración. Pero siendo que la sinceridad
no libra necesariamente del error, y siendo
que este tema de la glosolalia es tan debatido
en estos días dentro de la iglesia, a pedido
específico de numerosas personas, deseamos
presentar algunos aspectos de la doctrina
distintiva del movimiento pentecostal.
La primera enseñanza heterodoxa de esa
doctrina que no halla fundamento alguno en
las Escrituras, es la distinción que pretende
hacerse entre el hablar en lenguas como don
del Espíritu Santo, y el hablar en lenguas
como señal evidente de la recepción del mismo.
No existe un solo pasaje de la Biblia
que respalde esta diferenciación. Hay sólo
cuatro referencias al don de lenguas en toda
la Palabra de Dios: tres en los Hechos10 y
una en 1 Corintios.11 Pero en ninguno de esos
pasajes se indica que el hablar en lenguas
era sólo una señal y que en ese caso no era
un don del Espíritu.
De hecho, en las cuatro oportunidades,
la manifestación de esta actividad aparece a
la vez como: 1) un don o capacidad impartida
por el Espíritu Santo; 2) una señal de la
presencia del Espíritu en la vida de la per-
sona; 3) con el propósito de: a) evangelizar;
b) testificar acerca de Dios o alabar su nom-
bre, lo cual es otra manera de evangelizar.

13
Fuera del caso del día de Pentecostés,
donde el propósito de evangelizar se halla
explícitamente declarado, y donde el don ac-
tuó también como señal de la autenticidad del
mensaje, en el caso de Hechos 10 —el de San
Pedro y Cornelio— el relato dice que "los oían
que hablaban en lenguas y que magnificaban a
Dios" (vers. 46) , lo cual es testificar.
En Hechos 19 —que refiere la actividad
de San Pablo en Efeso— se afirma que "hablaban
en lenguas y profetizaban" (vers. 6), es de-
cir, enseñaban o transmitían el mensaje de
Dios. Y en 1 Corintios 12-14, pasaje en el
cual se basan algunos para destacar el aspecto
del hablar en lenguas como señal, es de notar
que Pablo está dando instrucciones sobre los
dones del Espíritu (cap. 12:1-31), y aprove-
cha entonces para hablar en particular de uno
de esos dones, del cual se había hecho abuso,
y que era mal empleado por la iglesia de Co-
rinto. Esto lo hace en el capítulo 14, después
de referirse en el 13 a la mayor excelencia
del amor.
El segundo aspecto heterodoxo de la en-
señanza básica del movimiento pentecostal es
la afirmación de que el hablar en lenguas,
entendido como señal, constituye una expe-
riencia por la cual deben pasar todos los
cristianos necesariamente, y que es la evi-
dencia inicial indispensable de la recepción
del Espíritu.

No existe fundamento bíblico

14
Esta doctrina no se enseña en ningún
pasaje de la Biblia.
Más todavía. Es contraria a lo que se
desprende lógicamente de todo el relato sa-
grado. No existe ninguna prueba de que el don
de lenguas fuera una experiencia universal en
la iglesia primitiva. "El hecho de que no era
practicado universalmente por los creyentes
en la iglesia primitiva —afirma S. Lewis John-
son (h) — resulta evidente por las pocas veces
que ocurrió en el período de los Hechos, así
como a juzgar por las declaraciones de las
epístolas (véase P Corintios 12:30; Hebreos
2:3, 4) ".12
Por otra parte, en ninguna de las oca-
siones memorables en que se registra la con-
versión y el bautismo de miles de personas,
se menciona ni por asomo que los mismos ha-
blaron en lenguas.
El relato histórico del notable libro
de los Hechos establece que, además de los
tres mil cristianos convertidos el día de Pen-
tecostés,13 "el Señor añadía cada día a la
iglesia los que habían de ser salvos". 14 Algo
más adelante se dice: "Muchos de los que ha-
bían oído la palabra creyeron; y el número de
los varones era como cinco mil". 15 Se insiste
luego en que "el número de los discípulos se
multiplicaba grandemente en Jerusalén".16
Pero en ninguna de esas oportunidades
se dice una sola palabra de que los nuevos
conversos hablaron en lenguas como evidencia
de la recepción del Espíritu. Sin embargo,
según la narración bíblica, en aquellos días
15
"todos fueron llenos del Espíritu Santo, y
hablaban con denuedo la palabra de Dios". 17
No hay duda de este hecho indiscutible: los
primeros cristianos estaban llenos del Espí-
ritu, a juzgar por el fruto extraordinario de
sus labores. Pero nada se dice de que hablaran
en lenguas.
Por otra parte, hay una serie de desta-
cados hombres de Dios cuyas actividades evan-
gélicas y misioneras atestiguan que habían
recibido el bautismo del Espíritu divino.
Pero tampoco hallamos un solo versículo que
establezca que hablaron en lenguas. Entre
ellos podemos ubicar a Timoteo, Bernabé, San-
tiago, Esteban, Felipe, Lidia, Dorcas, y de-
cenas de otros. Sólo unos pocos fueron elegi-
dos por Dios, en ocasiones especiales, para
hablar en lenguas.
Todo esto constituye una prueba evi-
dente de que: 1) el hablar en lenguas es un
don del Espíritu al mismo tiempo que una señal
cuyo propósito es habilitar a quien lo recibe
a testificar para Dios; 2) no puede ni debe
esperarse que todo cristiano pase por esa ex-
periencia.
Pero en los próximos capítulos veremos
pruebas bíblicas aun más contundentes en este
sentido. A la vez documentaremos el hecho de
que no son los dones del Espíritu en general,
o uno de ellos en particular —el de lenguas—
, la evidencia necesaria de que la experiencia
cristiana ha alcanzado cierto grado de madu-
rez y de que el Espíritu de Dios llena nuestra
vida. En cambio es el fruto del Espíritu,
16
manifestado particularmente en forma de amor,
lo que resulta la señal inconfundible de nues-
tra filiación divina.

1. 1 Corintios 12:1-11.
2. Efesios 4:11-13.
3. Apocalipsis 14:6.
4. Hechos 1:15.
5. Hechos 2:1-8.
6. E. G. White, Los hechos de los apósto-
les, pág.31.
7. Hechos 2:14.
8. Id. 10:1-48.
9. Id. 19:6.
10. Id. 2:1-12; 19:6; 10:45-47.
11. 1» Corintios, Caps. 12-14.
12. S. Lewis Johnson (h), en Biblioteca Sa-
cra, de octubre de 1963.
13. Hechos 2:41, 42.
14. Id. 2:41.
15. Id. 4:4.
16. Id. 6:7.
17. Id. 4:31.

17
CAPITULO 3

El Fruto del Espíritu Como Señal

ACABABAMOS de instalarnos en una nueva


casa, y nos proponíamos plantar en el patio
algunos árboles y entre ellos dos naranjos de
la variedad que da fruta sin semilla. Al con-
versar con el dueño de un vivero cercano, le
explicamos lo que queríamos comprar. Nos
llevó a un sector del jardín y, señalando unos
arbolitos, dijo:
—Esta es la clase que Ud. busca, señor.
Pero por alguna razón nos entró la sos-
pecha. Pese a no ser expertos en la materia,
algo nos dijo que podría no tratarse del tipo
que habíamos planeado.
— ¿Está Ud. seguro de que estos arboli-
tos dan naranjas sin semilla?
—Absolutamente —replicó el comerciante.
Por fortuna, uno de los árboles tenía
dos naranjas. Señalándolo, le dijimos:
—Si Ud. nos permite, vamos a cortar una
de estas naranjas, sólo para cerciorarnos de
que no se trata de un error.
Como el hombre accediera, aunque con
alguna reserva, cortamos una de las frutas,
la partimos, y para nuestra sorpresa tenía
semillas. El vendedor quedó abochornado, e
ideó una disculpa.

18
La prueba terminante de la naturaleza
del árbol es el fruto. Esa evidencia silencia
todo argumento.

Por sus frutos los conoceréis


Eso es precisamente lo que Jesús enseñó
cuando dijo en el Sermón de la Montaña: "Por
sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen
uvas de los espinos, o higos de los abrojos?
Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero
el árbol malo da frutos malos. . . Así que,
por sus frutos los conoceréis". 1
En ninguna parte de las Escrituras se
indica que es indispensable poseer un don de-
finido del Espíritu Santo —el de ser apóstol,
el de ser profeta, el de enseñar, el de hacer
milagros, el de sanidad, el don de lenguas-
como evidencia de que uno ha sido bautizado
por el Espíritu. Lo que sí se enseña es que
quien dice ser cristiano debe andar como
Cristo anduvo,2 es decir, revelar por los fru-
tos que se manifiestan en su vida y en su
conducta cotidiana que el Espíritu de Dios
está obrando en él. ¿Cuáles son esos frutos?
He aquí la hermosa lista, que presenta el
apóstol San Pablo: "El fruto del Espíritu es
amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bon-
dad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales
cosas no hay ley. . . Los que son de Cristo
han crucificado la carne con sus pasiones y
deseos".3
— ¿Cómo explica Ud. este fenómeno? —le
preguntábamos no hace mucho al pastor de una
congregación que cree que el hablar en lenguas
19
es la señal necesaria de la recepción del
Espíritu Santo. Acabábamos de asistir a un
culto religioso en su iglesia, y la conversa-
ción amigable con el ministro se había exten-
dido por más de una hora—. ¿Cómo explica Ud.
el contrasentido de que personas que "hablan
en lenguas" —continuamos preguntándole— y
aseveran haber recibido el Espíritu, sigan
viviendo la misma vida viciosa y perdida que
siempre llevaron, sigan mintiendo, embriagán-
dose, siendo deshonestos, malos obreros o ma-
los padres?
—Es porque ellos no permiten que el Es-
píritu Santo gobierne su vida —replicó el pas-
tor, admitiendo que en muchos casos eso es
precisamente lo que ocurre.

Evidencia indispensable
—Si es así —contestamos—, ésa es la me-
jor señal de que las tales personas no han
recibido el Espíritu Santo, pese a la glo-
solalia. El Espíritu no puede impartir dones
sin que antes se manifiesten los frutos, y
éstos constituyen la evidencia indispensable
de la presencia y la obra del Espíritu en la
vida. Si no se ven los frutos debidos, ésta
es la mejor demostración de que el injerto
admirable del Espíritu y el poder de Dios no
se ha realizado en el árbol del corazón.
Ahora bien, de entre los frutos del Es-
píritu mencionados por San Pablo, el primero
y más importante de todos es el amor. Este es
de tanta trascendencia en la vida cristiana,

20
que San Juan afirma: "El que no ama, no ha
conocido a Dios; porque Dios es amor". 4
El amor es el padre, el generador de
todos los demás frutos, y es lo primero que
se manifiesta en la vida del hombre conver-
tido, como una demostración de que el Espíritu
de Dios está en él. Podrá el converso equivo-
carse, podrá caer en errores y debilidades
con las cuales ha nacido o que ha cultivado
por largo tiempo. Sin embargo, cada vez que
cae, se levanta de nuevo, movido por el amor
a Dios y a sus semejantes, para pedir perdón
a Dios y al prójimo, corregir su mal proceder,
y marchar de nuevo por la senda que va hacia
adelante y hacia arriba, y que tiene como meta
la perfección.
Claro está que los dones del Espíritu —
capacidades o facultades especiales concedi-
das por el mismo— son muy deseables. Por eso
San Pablo dice: "Procurad, pues, los dones
mejores".5
De paso, notaremos que la palabra "me-
jores", aplicada a dones del Espíritu, indica
que existe una clasificación definida de los
mismos en orden de importancia, y resulta de
interés advertir que en la lista hecha por el
apóstol, en que establece el orden jerárquico
de los mismos, el don del apostolado y el de
profecía figuran a la cabeza, y el don de
lenguas y el de interpretación de lenguas son
los últimos. En la enumeración que aparece en
la Epístola a los Efesios, el don de lenguas
ni siquiera está mencionado.

21
No depende de la voluntad
Decíamos, pues, que el anhelar la pose-
sión de algún don del Espíritu es deseable.
Sin embargo, dicha posesión no depende de la
voluntad o el deseo del individuo, sino de la
determinación de Dios y de su Espíritu. Así
lo explica el apóstol al decir: "Todas estas
cosas [la concesión de dones] las hace uno y
el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en
particular como él quiere".6 Probablemente
todos reciben algún don, aunque quizá nadie
reciba todos los dones juntos.
Pero con toda seguridad muchos no reci-
ben el don de lenguas, así como muchos no
reciben el don de ser profetas, o maestros, o
el don de sanidad. Para enseñar esto, San
Pablo pregunta: "¿Son todos apóstoles? ¿son
todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos
milagros? ¿tienen todos dones de sanidad?
¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?"7
La respuesta evidente es no.
Es claro, pues, que no todos reciben el
don de hablar en lenguas, así como no todos
pueden ser profetas o realizar sanidades.
Así como resultaría un contrasentido,
lógica y bíblicamente, esperar que todos sean
profetas, es igual o mayor contrasentido —
pues el don de lenguas es el menor— esperar
que manifiesten por la glosolalia que poseen
el Espíritu. Lo que sí necesitan mostrar son
los frutos. Con lo cual queda demostrado que
es contrario a la enseñanza bíblica pretender
que todo cristiano hable en lenguas, y que el

22
hacerlo sea una señal del bautismo del Espí-
ritu.
"Un camino más excelente"
Esa es la razón por la cual, hablando
por inspiración divina, San Pablo, después de
decir: "Procurad, pues, los dones mejores",
completa su pensamiento declarando: "Mas yo
os muestro un camino aún más excelente. Si yo
hablase lenguas humanas y angélicas, y no
tengo amor, vengo a ser como metal que re-
suena, o címbalo que retiñe". 8 Y sigue dedi-
cando todo el maravilloso capítulo 13 de 1
Corintios al tema excelso del amor.
De manera que los frutos del Espíritu,
y particularmente éste que es el generador de
todos los demás, el amor, constituyen "un ca-
mino más excelente" que cualquier don, y re-
velan que el poder divino, a través del Espí-
ritu Santo, está trabajando en la vida y ase-
mejándola a Cristo.
Cuando el apóstol de los gentiles re-
sume las instrucciones más importantes desti-
nadas a los nuevos conversos, en los capítulos
5 y 6 de su epístola a los Efesios, no dice
una sola palabra acerca de hablar en lenguas,
pero se explaya en el cambio de vida que debe
verse en cada uno, "porque —dice él— el fruto
del Espíritu es en toda bondad, justicia y
verdad".9
En nuestro próximo capítulo entraremos
en algunos de los aspectos aparentemente más
misteriosos e intrincados de este importante
tema, en base a 1 Corintios 14.

23
San Pablo describe las características
sublimes del amor —el "camino más excelente"
para todo cristiano—. Dice: "El amor es su-
frido, es benigno; el amor no tiene envidia,
el amor no es jactancioso, no se envanece; no
es indecoroso, no busca lo suyo, no se irrita,
no guarda rencor; no se goza de la injusticia,
mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo
lo cree, todo lo espera, todo lo soporta". 10
Esta no es sólo la mejor definición de
amor que alguna vez se haya escrito, sino a
la vez la más acertada descripción de un cris-
tiano. ¡Qué desafío a que cada uno de nosotros
posea estas cualidades abriendo el corazón y
rogando a Dios que envíe liberalmente su Es-
píritu, el cual produce esos frutos tan mara-
villosos!
He aquí, para terminar, un notable con-
traste que presenta la Escritura: "El amor
nunca deja de ser; pero las profecías se aca-
barán, y cesarán las lenguas, y la ciencia
acabará".11
Quiera Dios otorgar a cada cual este
fruto supremo y eterno —el amor— que enriquece
la vida, la hace más profunda y la llena de
significado.

24
1. S. Mateo 7:16-20 7. Id. 12:29, 30.
2. 1 S. Juan 2:6. 8. Id. 12:31; 13:1.
3. Calatas 5:22-24. 9. Efesios 5:9.
4. 1 S. Juan 4:8. 10. 1 Corintios
5. 1 Corintios 13:4-7.
12:31. 11. Id. 13:8.
6. Id. 12:11.

25
CAPITULO 4

¿Una Glosolalia Misteriosa?

ALGUNOS han interpretado que el hablar


en lenguas que menciona el apóstol San Pablo
en 1 Corintios 14 se refiere a una glosolalia
especial y misteriosa que se produce en estado
de éxtasis con el propósito de alabar a Dios,
y afirman que ésta es la clase que se observa
hoy en día en las congregaciones modernas.
En efecto, hay tres versículos que con-
viene transcribir, aunque el lector intere-
sado necesitará leer toda la enseñanza del
apóstol que se extiende a través de todo el
capítulo 14. He aquí los tres pasajes:
Vers. 2: "El que habla en lenguas no
habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie
le entiende, aunque por el Espíritu habla mis-
terios".
Vers. 4: "El que habla en lengua ex-
traña, a sí mismo se edifica".
Vers. 22: "Las lenguas son por señal,
no a los creyentes, sino a los incrédulos".

26
Características del don de lenguas
En el capítulo segundo de esta obra es-
tablecimos que el don de lenguas en las Es-
crituras responde a las siguientes caracte-
rísticas:
1) Es una capacidad impartida por el
Espíritu Santo.
2) Lo mismo que ocurre con los demás
dones, no todos lo reciben, así como no todos
son profetas o maestros. De hecho, una gran
cantidad de auténticos cristianos, hijos de
Dios, hombres y mujeres consagrados y llenos
del Espíritu, nunca hablan en lenguas.
3) A pesar de ello, cuando alguien
manifiesta el don de hablar en lenguas, y ese
don es auténtico (a esto nos referiremos más
tarde), ello es una señal de la presencia del
Espíritu en la vida.
4) Sin embargo, por lo mismo que el
hablar en lenguas es una experiencia que re-
ciben sólo algunos, en tanto que muchos cris-
tianos realmente convertidos nunca participan
de ella, es antibíblica la enseñanza de que
la glosolalia es la señal indispensable y
obligada de que se ha recibido el Espíritu.
En cambio, los frutos del Espíritu en la vida,
o sea una conducta transformada, son sí la
evidencia necesaria del bautismo del Espíritu
Santo.
5) Dos son los propósitos con los
cuales el Espíritu otorga ese don: a) testi-
ficar acerca de Dios o evangelizar (cosa que
ocurrió el día de Pentecostés); b) alabar al
Señor o comulgar con él (Hech. 10:46 y 1 Cor.
27
14). En ambos casos, la manifestación del ver-
dadero don de lenguas es una prueba de auten-
ticidad.
Antes de llegar a una conclusión defi-
nida con respecto a la glosolalia moderna,
para ver si cumple con las especificaciones
bíblicas, convendrá que analicemos algunos
otros hechos fundamentales que surgen de la
consideración de los capítulos 12 al 14 de la
1 Epístola a los Corintios.

La Iglesia de Corinto y el don de len-


guas
En primer término, como marco histórico
indispensable, recordemos que la iglesia de
Corinto, a la cual Pablo dirige su carta, se
hallaba en una condición espiritual muy baja,
con una serie de problemas de verdadera gra-
vedad. Era una iglesia cosmopolita, mundana-
lizada, establecida en un centro de paganismo
y de vicio. Sólo en el templo de Afrodita o
Venus había mil vestales, o sacerdotisas
prostitutas que practicaban ritos licencio-
sos. En la epístola se mencionan una serie de
pecados y debilidades que el apóstol quiere
corregir.
Entre los males de la iglesia de Corinto
figuraban las manifestaciones de un falso don
de lenguas, un don de lenguas heterodoxo, con-
trario a las enseñanzas bíblicas.
Aquella congregación se gloriaba de la
posesión del don de lenguas, pero tenía con-
ceptos tan equívocos y prácticas tan erradas
y contrarias al método correcto y divino, que
28
el apóstol se ve en la necesidad de incluir,
en la serie de amonestaciones y consejos, tres
capítulos (12 al 14) consagrados a instruir a
los hermanos acerca del tema, y a corregir
los errores en que habían caído.
El capítulo 12 lo dedica a enunciar y
clasificar la importancia de los dones. En él
se destacan los siguientes puntos:
Consideraciones de San Pablo acerca del
ejercicio del don de lenguas
1) Es el Espíritu el que otorga los
dones, y por lo tanto la recepción de un don
particular no depende de la voluntad del in-
dividuo (vers. 11).
2) La diversidad de los dones, re-
glada por el Espíritu Santo, tiene como pro-
pósitos la salud espiritual, la armonía
cooperativa y la unidad funcional del cuerpo
de la iglesia (vers. 1-28) .
3) No todos pueden tener el don de
lenguas (vers. 29, 30).
4) El don de lenguas es de entre to-
dos el de menor jerarquía (vers. 8-10; 29-
31).
El último versículo del capítulo 12 y
todo el capítulo 13 se consagran a mostrar
que hay "un camino aún más excelente" que los
dones, y éste es el de lograr en la vida el
fruto del Espíritu: por antonomasia, el amor.
Del capítulo 14, un capítulo controver-
tido y tan mal empleado por algunos, surgen
los siguientes hechos:
1) El don de profecía es superior al
don de lenguas (vers. 1-5). Hay un esfuerzo
29
consistente del apóstol para rebajar la im-
portancia de esta última actividad, de la cual
tanto se jactaba la iglesia de Corinto.
2) Si quien ha de hablar en lenguas
va a usar un idioma desconocido o extraño,
debe interpretarlo él, o pedir que alguien
que tenga el don de interpretación lo haga.
En caso contrario, debe callar (vers. 6-19,
27, 28).
3) El apóstol amonesta a los corin-
tios a suspender el espectáculo lastimoso de
una iglesia en que muchos hablan, a veces
simultáneamente, y en lenguaje extraño, sin
que haya nadie que interprete. Les muestra
que esto produce confusión y ridículo, des-
acredita la verdad y el Evangelio, y desvirtúa
una de las funciones del don de lenguas debi-
damente usado, la de ser una señal para los
incrédulos, o sea una marca de la autenticidad
divina (vers. 20-26).
4) El hablar en lenguas en la igle-
sia, además de la interpretación, debe obser-
var estas otras dos reglas: a) Deben hablar
sólo dos o tres personas, y no mayor cantidad,
b) Deben hablar por turno, y no simultánea-
mente.
Es de notar que, por lo común, en la
glosolalia de estos días practicada por los
grupos llamados pentecostales, a pesar de la
evidente sinceridad de quienes intervienen en
ella, las tres normas resultan violadas: 1)
las más de las veces no se interpreta; 2)
hablan muchas personas; 3) muy a menudo si-
multáneamente.
30
Por esta razón, el consejo final de Pa-
blo en este capítulo es el siguiente: "Dios
no es Dios de confusión sino de paz. . .
Hágase todo decentemente y con orden" (vers.
33-40).
Ahora bien, la tarea de evaluar la glo-
solalia de nuestros días es de primera impor-
tancia hoy, así como lo fue en lo pasado.
Además de la necesidad que tenemos de saber
si alguien habla o no "por el Espíritu", de-
bemos cerciorarnos de cuál es el espíritu que
lo hace hablar.
Ha de recordarse que Satanás, enemigo
de la verdad y padre de toda mentira, está
siempre interesado en falsificar toda autén-
tica actividad espiritual o enseñanza divina.
Por ese motivo las Escrituras nos ad-
vierten acerca de la necesidad de probar los
espíritus. Dice, en efecto, el apóstol San
Juan: "Amados, no creáis a todo espíritu, sino
probad los espíritus si son de Dios; porque
muchos falsos profetas han salido por el
mundo" (1 S. Juan 4:1).
La iglesia de Corinto estaba rodeada de
paganismo, y algunas de esas prácticas la ha-
bían influido profundamente. Las religiones
paganas estaban saturadas de espiritismo, en
su forma primitiva (magia, adivinación,
oráculos, etc.).
En el culto griego, la actividad de los
oráculos era muy corriente. A ellos concurría
la gente, y aun los grandes personajes, para
recibir consejo y para que se les revelara el

31
porvenir. En esos oráculos, una sibila o sa-
cerdotisa, que ejercía una función similar a
las médiums modernas, entraba en trance y emi-
tía una serie de sonidos incoherentes e inin-
teligibles. A partir de ellos, el sacerdote
interpretaba aquel hablar en lengua descono-
cida, realizado en forma de éxtasis o sub-
conscientemente, y ofrecía al consultante el
consejo o la predicción requerida.
Probablemente los miembros corintios
deseaban probar que las manifestaciones de
esta forma de hablar en estado de éxtasis o
de modo misterioso e ininteligible, podía re-
producirse en la iglesia cristiana, y su en-
tusiasmo los llevó a la imitación de aquellas
escenas paganas en las que los malos espíritus
tomaban posesión de la persona sumergida en
estado de trance.
Debido, pues, a la práctica existente
en las religiones paganas de hablar en forma
extática e incoherente, bajo posesión demo-
níaca —y ello corresponde al estado de trance
espiritista moderno o al estado de autohipno-
sis— era y es hoy muy fácil caer sinceramente
en una falsificación del don de lenguas, en
cualquiera de sus manifestaciones.

Una doble prueba de autenticidad


De ahí la amonestación de las Escritu-
ras —ya mencionada— de probar los espíritus.
¿De qué manera pueden probarse? La Pa-
labra de Dios establece, entre otras, dos
pruebas infalibles, a las cuales debe respon-
der cualquier actividad en un ciento por
32
ciento para que pueda considerarse ortodoxa y
de origen divino. Helas aquí:
1) "¡A la ley y al testimonio! Si no
dijeren conforme a esto, es porque no les ha
amanecido" (Isaías 8:20) . La "ley y el tes-
timonio" representan genéricamente la Palabra
de Dios, que contiene su voluntad revelada.
Todo lo que en la doctrina o en la práctica
ofrezca divergencias con lo que enseña la Bi-
blia, la gran piedra de toque, debe descar-
tarse como de origen espurio.
2) "Guardaos de los falsos profetas.
. . Por sus frutos los conoceréis" (S. Mateo
7:15, 16).
¿Cómo aparece el movimiento de la glo-
solalia de este siglo ante las claras ense-
ñanzas y especificaciones de la Palabra de
Dios? ¿Cuáles son los frutos que se observan
en la vida individual de una gran parte de
los que aseveran hablar en lenguas por medio
del Espíritu Santo? ¿Y cuáles son esos frutos
en la vida colectiva de las organizaciones
que propician esa actividad? Esto es lo que
veremos en nuestro próximo capítulo.

33
CAPITULO 5

La Glosolalia Moderna a la Luz


de las Pruebas Bíblicas

LA NUESTRA es una época de contrastes y


paradojas. En la hora de las mayores confe-
rencias de paz se han reñido las más mortífe-
ras guerras de la historia. En la hora de
mayor progreso tecnológico e industrial, el
hambre azota endémicamente al 50% de la po-
blación mundial. En la hora de la mayor ilu-
minación científica reina la máxima confusión
espiritual y religiosa. No en vano el profeta
Isaías predijo este fenómeno con las inspira-
das palabras del capítulo 60 de su libro: "He
aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y os-
curidad las naciones".1
En efecto, una multitud de concepciones
filosóficas y doctrinas religiosas, algunas
de ellas enseñadas hasta bajo el nombre de
cristianismo, se hallan tan distanciadas de
la verdad como la oscuridad lo está de la luz.
Es que el plan estudiado del enemigo ha sido
desde el comienzo confundir las mentes de los

34
seres humanos e inducirlos al error y al en-
gaño. Pero si esto fue cierto en todos los
tiempos, lo es mucho más ahora cuando el dia-
blo sabe que tiene poco tiempo. 2
Así se explica por qué, desde mediados
del siglo pasado, junto con un florecimiento
extraordinario de la ciencia y un aumento sin
precedentes de los conocimientos humanos —lo
cual también estaba profetizado—3 han surgido
una cantidad de movimientos filosóficos y re-
ligiosos que cumplen la profecía y esparcen
tinieblas espirituales en el siglo de las lu-
ces científicas.
Ahora bien, la estrategia del "padre de
mentira"4 consiste en hacer que todo sistema
erróneo esté compuesto en su mayor parte de
verdad. De otra manera no podría engañar a
muchos. Esta es la razón por la cual se impone
a nuestra conciencia de cristianos la necesi-
dad de extremar las precauciones en el estudio
y el análisis de lo que hoy se nos presenta
como verdades cristianas, aplicando con toda
honestidad y rigor las dos grandes pruebas de
la revelación, para descubrir el error en to-
das sus formas: 1) "A la ley y al testimo-
nio",5 es decir, a la Palabra inspirada de
Dios, la Biblia, como norma suprema; y 2) "Por
sus frutos los conoceréis".6
¿Cómo aparece el movimiento de la glo-
solalia, en sus diferentes manifestaciones de
este siglo, ante las pruebas bíblicas?
Profesamos un alto respeto y aprecio a
todo cristiano, cualquiera sea su iglesia, y
rendimos particular tributo a la sinceridad
35
de cada cual. Pero la sinceridad no pone al
hombre a cubierto del error ni es criterio
para la verdad. Por ello, si al hacer nuestro
análisis, expresáramos alguna divergencia con
las ideas de alguien, lo haremos de manera
completamente objetiva, sólo en base a las
explícitas declaraciones de la Biblia y sin
el menor ánimo de herir ni desmerecer a nadie.

"A la ley y al testimonio"

I. Del punto de vista doctrinal, la posición


de que el hablar en lenguas es la eviden-
cia inicial necesaria de la recepción del
Espíritu, no resiste el análisis de la
enseñanza bíblica.
1. Como ya lo demostramos oportunamente,
no podrá hallarse en las Escrituras
ninguna declaración que indique que
todo cristiano debe necesariamente ha-
blar en lenguas para revelar que posee
el Espíritu Santo.
2. Pablo explica que no todos hablan en
lenguas.9
3. El Espíritu es el que concede este don
a quien él quiere.10
4. Acerca de miles de cristianos llenos
del Espíritu nunca se dice que recibie-
ron el don de lenguas.
II. La glosolalia, como se la práctica hoy día,
contraviene las siguientes reglas especí-
ficas dadas por el apóstol Pablo:
1. Que hable uno solo a la vez, y no más
de dos o tres en una misma reunión. 11
36
2. Debe hacerse que alguien interprete
todo mensaje, o de otra suerte debe
guardarse silencio.12
3. No debe darse al hablar en lenguas una
importancia que no tiene. Hoy en día,
sin embargo, se convierte a esta acti-
vidad en la experiencia suprema de la
vida cristiana, olvidando lo que el
apóstol enseña:
a) Que el don de lenguas es el último
en jerarquía.13
b) Que el don de profecía es más impor-
tante.14
c) Que conviene procurar los mejores
dones.15
d) Pero que sobre todo deben buscarse
los frutos, y entre ellos el mayor:
el amor.16

"Por sus frutos": los frutos en el


campo espiritual
Esta segunda prueba es bien objetiva y
fácil de aplicar. Los frutos, y no los dones,
o algún don en particular, son la demostración
evidente de una conversión genuina y de la
presencia del Espíritu en la vida. Por otra
parte, la pretensión de tener un don del Es-
píritu cuando la vida revela ausencia de los
frutos, es decir, de una conversión sincera,
no sólo resulta un contrasentido, sino que
trasunta una condición de engaño propio.
El señor Morton T. Kelsey, ministro pro-
testante y psicoterapeuta, que dirige una

37
clínica pastoral, ha escrito un libro intere-
sante y con buena documentación titulado Ton-
gue Speaking (El hablar en lenguas), en el
cual estudia en forma exhaustiva y más bien
favorable la glosolalia. Sin embargo, con
criterio objetivo enumera en la parte final
del mismo algunos de los resultados negativos
de esta actividad en las iglesias donde se
practica, incluso en la suya propia. Tiene un
significado especial esta presentación, en
boca de un ministro que manifiesta real entu-
siasmo por la glosolalia, y que formula sus
reflexiones a raíz de su propia observación
personal.

Pretensión de tener el Espíritu sin


los frutos
Por ejemplo, se refiere el Sr. Kelsey a
"los excesos morales de los primeros días del
movimiento pentecostal,
34 tan lamentados por sus escritores más
preceptivos. . . Es igualmente válido criti-
car a los que hablan en lenguas que parecen
religiosos sólo desde afuera, en tanto que en
sus casas sus esposas e hijos son tiraniza-
dos".17 Este es un fenómeno muy frecuente, y
evidencia el carácter espurio de la glosola-
lia.

Produce confusión
"Cuando ella [la glosolalia] —sigue re-
firiendo el mismo autor— se desata en el culto
regular de una iglesia en que no se la espera,
interrumpe la devoción de los que allí están
38
y estorba su culto. Cuando se desata de manera
incontrolada en cualquier grupo, puede resul-
tar en un completo desbarajuste y confusión.
Para el que no la entiende o aprecia, esta
explosión de lenguas aparece como una jeri-
gonza completamente sin sentido. O resulta
incongruente, o testifica del hecho de que
una personalidad humana racional está poseída
por alguna fuerza psíquica o cósmica descono-
cida".18

Acarrea divisionismo
"El sucesor de Dennis Bernett (que re-
nunció como rector cuando su parroquia epis-
copal se dividió ante la aprobación de su
actividad de hablar en lenguas) tuvo razón
para-publicar una reciente declaración, en la
carta parroquial que cada semana despachaba a
los miembros de la Iglesia de San Marcos, Van
Nuys, California: 'La práctica de hablar en
lenguas (glosolalia) produce divisionismo,
que a menudo induce a pretensiones exageradas
de poder'. El obispo Pike también señala el
mismo peligro. La Alianza Cristiana y Misio-
nera puede testificar de la misma verdad. El
hablar en lenguas bien puede causar división
entre cristianos. De hecho, ha habido tiempos
en que yo habría estado feliz de que no hu-
biera un grupo tal en mi propia iglesia". 19

Induce al orgullo y al ensalzamiento


Los individuos que pasan por la expe-
riencia de la glosolalia tienden a enorgulle-
cerse y ensalzarse a sí mismos, y a considerar
39
inferiores a quienes no la han tenido. "Ellos
llegan a inflarse por esa experiencia, y pro-
ceden a juzgar a todos los demás que no han
hablado en lenguas como inferiores del punto
de vista religioso, y tratan por ende de for-
zarlos a sentir lo mismo. Este es un desastre
espiritual. Precisamente contra esta actitud
San Pablo escribió tres capítulos de su pri-
mera carta a los Corintios: 12, 13, 14. En
ellos el apóstol amonesta a los corintios a
no presumir que todo individuo puede recibir
todos los dones del Espíritu".
Se refiere luego el autor al caso fre-
cuente de quienes pretenden recibir de Dios
mensajes en base a los cuales afirman: " 'Dios
me dijo esto con respecto a Ud. . .' o 'Dios
desea que Ud. haga esto. . .' y éstas son,
normalmente —comenta él—, las mismas personas
que reciben mensajes para todos los demás ex-
cepto para sí mismas".20
¿Puede esta clase de glosolalia proce-
der de Dios?

Engaña e induce a una falsa seguridad


Hace que las personas se conformen con
su estado carnal, pensando que ya son salvas
y santas, cuando todavía no han vencido sus
peores vicios, debilidades y pecados. Esta
experiencia engañosa induce al individuo a no
emprender la marcha por la senda angosta, la
guerra contra el pecado y el yo. Le hace bajar
la guardia, y lo guía a entregarse incauta-
mente en manos del enemigo.

40
Desplaza a Cristo como centro de la
vida
El mismo estudioso observador sigue ma-
nifestando: "Si la experiencia [de la glo-
solalia] es considerada como el centro de la
vida cristiana [y lo es], entonces Cristo, a
quien ninguna otra experiencia puede superar,
es desplazado como centro, y la integridad
cristiana se pierde".21
El resumen de los argumentos y pruebas
de la Biblia y de la experiencia basta para
convencernos de cómo el enemigo ha introdu-
cido en las iglesias cristianas del siglo XX
un torpe remedo del auténtico don de lenguas
bíblico. Esta actividad está perjudicando de
veras a miles de hombres y mujeres sinceros,
pero que han sido desviados de la verdad. Todo
el resto de su teología puede ser ortodoxo,
pero basta un error básico para impedir el
logro de una auténtica experiencia con
Cristo.
Si la forma moderna del "hablar en len-
guas" se halla reñida con las Escrituras, no
sólo en los fundamentos de su posición doc-
trinal, sino también en los frutos que produce
en las vidas, es evidente que Dios no puede
ser el origen de esas manifestaciones psíqui-
cas comúnmente conocidas como glosolalia. En
el capítulo próximo haremos algunas conside-
raciones sobre los frutos de esa experiencia
en el campo psíquico.
Agradezcamos a Dios por el firme funda-
mento que nos ha dado, para una época de erro-
res y equívocos espirituales, y aferrémonos a
41
su Palabra como la norma suprema de la verdad
y la guía suficiente para nuestra salvación.

1. Isaias 60:2.
2. Apocalipsis 12:12.
3. Daniel 12:4
4. S. Juan 8:44.
5. Isaias 8:20.
6. S. Mateo 7:20.
9. 1 Corintios 12:29,30.
10. Id. 12:11.
11. Id. 14:27.
12. Id. 14:27-28.
13. Id.12:7-10.
14. Id. 14:1-4.
15. Id. 12:31.
16. Id. 12:31; 13:1.
17. Morton T. Kelsey, Tongue Speaking, pág. 225.
18. Id., pág. 222
19. Id., pág. 223
20. Id., pág. 223, 224.
21. Id., pág. 225.

42
CAPITULO 6

La Glosolalia Desde
el Punto de Vista Psíquico

ALGUNOS han sugerido la posibilidad de que la


glosolalia sea en muchos casos el resultado
de una anormalidad psíquica. La proporción
creciente de personas que acusan síntomas de
trastornos psíquicos constituye un rasgo
alarmante de nuestro tiempo. Los problemas
externos e internos del alma repercuten gra-
vemente sobre el equilibrio emocional de mi-
llones de seres humanos, que ven su salud
mental y psíquica quebrantada.
¿Tiene la glosolalia moderna alguna relación
con esta clase de problemas? El tema ha sido
objeto de estudio por parte de teólogos, psi-
quiatras, analistas y psicólogos, que han he-
cho interesantes aportes en esta materia.

¿Cuál es el origen de la glosolalia espuria?


Siendo que en los capítulos anteriores demos-
tramos ampliamente que el hablar en lenguas
que se practica en este siglo se halla en
desacuerdo con las enseñanzas de la Palabra
de Dios, norma suprema en temas espirituales
y religiosos; y siendo que ese desacuerdo
43
existe no sólo desde el punto de vista de la
doctrina misma sino también del de la práctica
y de los frutos, la pregunta del párrafo an-
terior resulta lógica. Si no es el Espíritu
Santo el que produce los fenómenos de la glo-
solalia, tal como la vemos hoy, ¿cuál es el
origen de los mismos?
Ya a fines del siglo pasado, el filósofo nor-
teamericano William James, después de obser-
var un caso definido, se refirió a él en los
siguientes términos: "En los primeros años de
la década de 1870 fui invitado a ver a una
mujer que venía del campo a Boston con la
esperanza de hallar en esa ciudad algunos hom-
bres eruditos (pie pudieran determinar el
idioma en que sus labios eran irresistible-
mente impelidos a hablar. No puedo recordar
ahora el relato que hizo de la manera en que
este fenómeno se había originado en ella, pero
era algo muy extraño escucharla. Cuando ella
lo permitía, sus órganos vocales articulaban
sílabas sin sentido con la mayor volubilidad
y animación, y sin aparente fatiga, y luego
se detenía a voluntad".
Fue en 1906 cuando un grupo de protestantes
de color, a los cuales se unieron más tarde
una cantidad de blancos, comenzaron a hablar
en lenguas en cierto rincón de los Estados
Unidos. "Entonces llegaron pastores de todo
el país y se llevaron de vuelta las noticias
y también la experiencia en una reacción en
cadena que ha producido iglesias pentecosta-
les por doquiera, las cuales han congregado a
cerca de dos millones de miembros en cincuenta
44
años. . . En muchos de los casos que ocurrie-
ron en este primer reavivamiento del siglo
XX, se manifestaba una descarga emocional,
con llantos, gemidos y temblores".2
Hace apenas dos años, cuando estos fenómenos
estaban en su apogeo en una serie de iglesias
evangélicas
40 tradicionales y aristocráticas de Norte-
américa, el Sr. Morton T. Kelsey —que ya men-
cionamos en el capítulo anterior— escribió su
interesante libro sobre este tema tan deba-
tido.
Este autor se halla particularmente bien si-
tuado para poder hacer una evaluación obje-
tiva, desapasionada y científica de la expe-
riencia. Por ser pastor evangélico, observó
de manera directa cómo se manifestaba el fe-
nómeno en varias de las iglesias que han es-
tado a su cargo. Por otra parte, a través de
todo el libro revela una actitud positiva y
de simpatía hacia el hablar en lenguas. En
adición a su carácter de ministro, es un psi-
cólogo y psicoterapeuta inquieto y estudioso,
y atiende una clínica psicoterápica en su pa-
rroquia.
En el capítulo anterior transcribimos algunas
de sus observaciones sobre los frutos negati-
vos del pentecostalismo —observados por él—
en el terreno espiritual. Ellos tienen un va-
lor particular por tratarse de alguien favo-
rablemente dispuesto hacia la glosolalia.
Aquí nos referiremos a sus apreciaciones del
punto de vista psíquico.

45
Si la glosolalia no es un auténtico fenómeno
religioso de origen divino, es menester estu-
diarlo bajo otro aspecto.
"El método más común de explicar las lenguas
—dice el Sr. Kelsey— consiste en relacionar
el fenómeno con ciertas otras experiencias
extáticas conocidas en el mundo antiguo que
se repiten en los tiempos modernos. Se sos-
tiene que es comparable al frenesí extático
más o menos común en los pueblos primitivos.
. . En esas expresiones primitivas existe un
hablar extático, gemidos, quejidos, danzas,
lamentos, que liberan frustraciones reprimi-
das".3

Posible origen
Clarence Craig afirma al describir la glo-
solalia: "Se profieren en estado de éxtasis
palabras y sonidos que no tienen relación o
significado alguno para los hombres. El fenó-
meno es bien conocido para los estudiosos de
la psicología de los tipos de religión primi-
tiva y emocional. Tales explosiones se cono-
cían en las religiones mixtas helenísticas. .
. Los papiros mágicos muestran fórmulas que
contenían un embrollo de exclamaciones in-
coherentes. Y ha habido formas seculares de
lenguas". Al comentar esta descripción, el
Sr. Kelsey declara que ella representa un
punto de vista ampliamente sostenido con res-
pecto a la experiencia de las "lenguas".4
Más tarde se refiere al carácter subcons-
ciente de esa actividad. "A fin de tener la

46
experiencia de la glosolalia uno debe va-
ciarse de sí mismo y abandonar el control
consciente, entregándose a la experiencia".
De esta suerte, ésta se hace "automática, y
uno no tiene mayor dominio consciente de las
palabras que llegan a sus labios que el que
la persona que sueña tiene de las imágenes
que acuden a él. . . Es un tipo de sonambu-
lismo mientras uno está despierto, un sonam-
bulismo de las cuerdas vocales mientras uno
está todavía consciente".5 En tal caso sería
un tipo de estado hipnótico.
También el psicólogo Jung se refirió a las
lenguas en una obra impresa en 1902, la pri-
mera que publicó, y que es en realidad su
tesis doctoral, titulada Sobre la psicología
y patología de los así llamados fenómenos
ocultos. El clasifica el fenómeno como un tipo
de sonambulismo.
El proceso del hipnotismo y de la sugestión
es otro marco en el cual se ha colocado a las
lenguas. "La idea de una persona que es con-
ducida a esa experiencia bajo el dominio po-
deroso de la sugestión colectiva, o como el
paciente cuyo ego se coloca bajo el control
del hipnotizador, parece tener una relación
obvia con la glosolalia. En el estado hipnó-
tico el paciente tiene facultades de memoria
de las cuales no tenía noticia, y puede rea-
lizar hazañas normalmente imposibles; también
existe un contacto similar con el incons-
ciente, tanto en el hablar en lenguas como en
los estados de sugestión. Un último rótulo

47
psicológico coloca las lenguas en el pensa-
miento moderno como un fenómeno de autosuges-
tión"."
Explorando otra posibilidad, y a raíz de su
observación, nuestro autor también cree que
"el hablar en lenguas bien puede ser el desa-
rrollo de un estado de neurosis. La histeria
y las lenguas, ambas surgen incuestionable-
mente en el área de la psiquis denominada
inconsciente". Y finaliza esta observación
afirmando: "He observado a un hombre cuya neu-
rosis parecía estar relacionada con las len-
guas".7 Esto también lo hemos visto nosotros.

Peligros
Guando en 1962 se iban multiplicando los casos
de glosolalia en una serie de iglesias no
pentecostales, y la controversia se hallaba
en su apogeo, se realizó una importante
reunión de psiquiatras, analistas y clérigos
en la Iglesia de Santo Tomás, de Nueva York,
para dar un estudio detenido a estas manifes-
taciones, y una buena parte de aquellos estu-
diosos expresaron sus dudas sobre el valor y
la utilidad de esa actividad, "porque no veían
cómo una experiencia que no se entendía siem-
pre, podía ser asimilada y tener un efecto
positivo en el desarrollo consciente del in-
dividuo".8
La conclusión a la cual llega Kelsey es ésta:
"No hay duda de que la glosolalia es peli-
grosa. . . Jesús y Pablo señalaron que existen
fuerzas espirituales malignas, así como las

48
hay buenas, y que las primeras son peligro-
sas".9 Efectivamente, Pablo se refirió a las
"huestes espirituales de maldad",19 que no
son otra cosa que los demonios o ángeles caí-
dos, secuaces de Satanás. Estos seres, siendo
enemigos de la verdad, tratan de falsificar
toda experiencia auténtica para desviar y se-
ducir a los seres humanos. Por eso el Señor
Jesús, una de cuyas obras consistió en liberar
a los endemoniados, amonestó contra los fal-
sos profetas y las manifestaciones religiosas
espurias, y por eso también San Juan reitera
la advertencia de probar los espíritus.11
"El ex obispo Pike, al vincular el hablar en
lenguas en sus formas más extremas' con la
esquizofrenia, y solicitar la vigilancia psi-
quiátrica en relación con esta práctica, no
fue sino el último en sugerir que el hablar
en lenguas era, o una posible señal de ines-
tabilidad psicológica o de anormalidad, o, a
lo menos, nada más que un mecanismo psicoló-
gico sin significado. Se conocen casos des-
afortunados de individuos que han hablado en
lenguas y han resultado tan abrumados por la
experiencia, que nunca más volvieron a adqui-
rir el equilibrio psicológico".12 ¿No ocu-
rrirá con esto lo mismo que con el hipnotismo?
Una autoridad afirma que una persona que se
ha sometido al hipnotismo no vuelve a ser
nunca "tan fuerte y confiable".13

¿Fuerzas demoníacas?
Aun prescindiendo de las claras advertencias
bíblicas, algunos investigadores y psicólogos
49
han atribuido las formas de glosolalia mo-
derna a la intervención de fuerzas demonía-
cas. "Dos psicólogos —dice Kelsey—, Teodoro
Flournoy y William James, han escrito acerca
de fenómenos espiritualistas en que algo com-
parable a lenguas era parte de la experiencia.
Ya nos hemos referido a varios ejemplos en
que se afirma que la habilidad de hablar en
otras lenguas fue otorgada por fuerzas demo-
níacas más bien que por el Espíritu Santo.
León Christiani, un sacerdote católico romano
cuya obra ya citamos, da dos ejemplos deta-
llados y documentados, de nuestro propio si-
glo, de posesión demoníaca en que estaba pre-
sente la glosolalia".14
Por otra parte, hay casos de médiums espiri-
tistas que en estado de trance han hablado y
escrito en los idiomas más extraños y desco-
nocidos para ellos, capacidad que les fue con-
ferida en estado inconsciente por los poderes
demoníacos que los dominaban.
"Otra identificación muy clara y muy intere-
sante del hablar en lenguas con agentes demo-
níacos —dice, por fin, el psicólogo Kelsey—,
se halla en el libro de Alma White, Demons in
Tongues (Demonios en lenguas) . La Sra. Alma
White, uno de los dirigentes de la iglesia
denominada La Columna de Fuego, tiene buenas
razones para albergar ese punto de vista. Su
esposo la abandone') mientras ella procuraba
la experiencia de las lenguas. Ella considera
que la experiencia, en la mayor parte de las
asambleas pentecostales, es perjudicial y de
inspiración demoníaca. Sus frutos son malos.
50
La teoría básica aquí, es que el deseo volun-
tario de anular el ego individual y el estado
consciente del individuo, abre la personali-
dad a la intrusión de potencias espirituales
externas, y que son los poderes malos más bien
que los buenos los que están listos para hacer
la- invasión y asumir el control".15

Una plataforma segura


No cabe duda de que cuando la persona humana,
creada con conciencia y responsabilidad, a la
imagen de Dios, de alguna manera renuncia a
esos atributos que lo asemejan al Creador, y
permite que sus pies se deslicen de la segura
plataforma de la verdad, tal como se halla en
la Palabra de Dios, se coloca en el campo
enemigo, y entrega la ciudadela del alma sin
defensa alguna para que sea invadida y avasa-
llada por las fuerzas del mal.
Pero nadie necesita errar en esta materia. La
Biblia nos proporciona clara y explícita ins-
trucción, y nos advierte de los peligros su-
tiles de que está erizado el camino a la sal-
vación. Sea cada cual sabio y prudente, y eche
mano de este inagotable tesoro que es la Pa-
labra de Dios. Y a la luz de esta lámpara
maravillosa, sus pies andarán seguros por la
senda de la verdad.

51
CAPITULO 7

Un Marco Indispensable para el Au-


téntico Don de Lenguas

NO SERIA propio terminar esta breve revisión


del interesante tema de la glosolalia sin vol-
ver a la fuente básica de la verdad. Debemos
considerar, con la Biblia en la mano, otra
pauta muy importante —adicional a las que vi-
mos en capítulos anteriores—, para descubrir
cuándo una manifestación del don de lenguas
es auténtica y cuándo es falsa.
La Palabra de Dios predice un notable derra-
mamiento del Espíritu Santo en estos últimos
días de la historia humana, similar al que
hubo en el tiempo de Pentecostés (Hechos 2:17-
19; Joel 2:28-32). Junto con el Espíritu
Santo, y como resultado de su presencia, es
de esperar que también se manifestarán los
dones del Espíritu de manera más notable. Pero
el enemigo de toda verdad se esforzará por
confundir y desviar a los hombres presentando
una falsificación.
Naturalmente que para que esa imitación re-
sulte eficaz, ella ha de ser muy parecida a
52
lo auténtico, o de otra manera no atraería a
muchos. Esta es la razón por la cual conviene
extremar las precauciones, y utilizar todos
los recaudos posibles a fin de no caer en el
engaño.
Para cada don del Espíritu hay una falsifica-
ción. También hay una para el don de lenguas.
En primer término —ya lo dijimos en un capí-
tulo previo—, antes de los dones del Espíritu,
forzosamente vienen los frutos. Siendo algo
más específicos, añadiremos que el Espíritu
se derrama sobre un cristiano maduro, sobre
un hijo de Dios cuya experiencia espiritual
es floreciente, y no sobre alguien que está
desanimado, o que está por apostatar o apar-
tarse de la verdad.
En los relatos que la Biblia nos da del de-
rramamiento del Espíritu Santo, notamos que
este hecho sólo benefició a cristianos plena-
mente convertidos. Sin embargo, en las mani-
festaciones contemporáneas del supuesto don
de lenguas —que se aceptan como evidencia del
derramamiento del Espíritu—, muchísimas veces
reciben ese "don" personas desanimadas, o sin
una fe sólidamente establecida, o convertidos
sólo a medias.
Cuando el Espíritu llena el corazón, en primer
lugar convence de pecado (S. Juan 16:8) y
transforma la vida (S. Juan 3:3). El bautismo
del Espíritu Santo y el don de lenguas no
pueden ser simultáneos con una vida de pecado,
una experiencia cristiana descuidada o una
situación de incertidumbre y desaliento espi-
ritual.
53
Por otra parte, en 1 Corintios 12, donde el
apóstol explica lo referente a los dones, se
establece que éstos hacen su aparición dentro
de un marco definido, específico, que consti-
tuye su ambiente natural, y no en un ambiente
adverso.
¿Cuál es ese marco? La iglesia de Dios. El
versículo 28 dice: "A unos puso Dios en la
iglesia, primeramente apóstoles, luego prote-
tas, lo tercero maestros, luego los que hacen
milagros, después los que sanan, los que ayu-
dan, los que administran, los que tienen don
de lenguas". El don de lenguas se manifiesta
en el seno de la iglesia de Dios.
Pero cuando uno habla de la iglesia de Dios,
inmediatamente se plantea una pregunta vital:
De entre todas las que se llaman cristianas,
¿de qué iglesia se trata? ¿Cuál es la autén-
tica iglesia de Dios?
Es evidente que la verdad es una sola, y por
lo tanto, aunque haya muchos hijos sinceros
de Dios dispersos en todas las diferentes
iglesias, iglesia verdadera, como tal, debe
haber una sola.
¿Y cuál es la iglesia verdadera? Debe ser,
sencillamente la que siga y practique toda la
verdad, la que se adhiera en un todo a lo que
la Palabra de Dios enseña, la que esté com-
pletamente de acuerdo con la única norma de
la verdad, que es la Sagrada Escritura.
Vivimos en una hora de reavivamiento y de
manifestaciones colectivas de religiosidad.
El emocionalismo, los "milagros", los fenóme-
nos de éxtasis, no pueden nunca ser una prueba
54
de origen divino, porque Satanás haría surgir
falsos profetas (S. Mateo 24:11), y produci-
ría milagros engañosos (2 Tesalonicenses 2:9,
10).
Una regla adicional muy importante, pues,
para definir si una manifestación cualquiera
proviene auténticamente de Dios y es produ-
cida por el Espíritu Santo y no por otro es-
píritu, es que aparezca en el marco de la
iglesia verdadera y se halle en el concierto
de las otras verdades de la Biblia.
En las profecías se describe a la iglesia
auténtica di-Dios como una mujer pura, una
esposa casta (Apocalipsis. 12:1; 21:9). En
cambio a las iglesias falsas se las representa
como rameras, mujeres impuras, y se las en-
globa bajo el nombre genérico y simbólico de
Babilonia, sinónimo de confusión (Apocalipsis
17:1-5).
En otras palabras, a la vez que existe una
auténtica iglesia de Cristo en la tierra, que
tiene toda la verdad, la Biblia predice que
habría otras iglesias desviadas que, al re-
chazar abiertamente la verdad, formarían en
los días finales la "gran Babilonia", centro
de error y confusión.
Este hecho hace aún más necesario tomar en
cuenta todas las advertencias bíblicas rela-
tivas a los engaños de que los hombres podrían
ser víctima, sobre todo en los días finales.
Ahora bien, el derramamiento especial del Es-
píritu Santo y la manifestación de los dones
espirituales han de realizarse en el marco de
la verdad y no en el marco del error. Han de
55
acontecer en el seno de la iglesia de Dios y
no en el seno de Babilonia.
Esto hace necesario repasar sucintamente las
características principales de la verdadera
iglesia de Dios. He aquí una

Enunciación sintética de verdades bíblicas


fundamentales
1. La inspiración de las Sagradas Escritu-
ras, es fundamento de nuestra seguridad en
materia religiosa, y convierte ese maravi-
lloso libro en la norma suprema de nuestra fe
y la pauta de nuestra vida. Ella es completa
en sí misma, y no necesita ningún aditamento,
porque cuando San Pablo dice que "toda Escri-
tura es inspirada divinamente", agrega tam-
bién que es "útil para enseñar, para redar-
güir, para corregir, para instituir en justi-
cia, para que el hombre de Dios sea perfecto,
enteramente instruido para toda buena obra"
(2 Timoteo 3:16, 17).
2. Las tres Personas que componen la Divi-
nidad son el Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo. Cada una de ellas es divina, y es una
persona en sí, pero las tres constituyen una
unidad perfecta que no encuentra símil alguno
en la tierra, de manera que piensan, planean
y actúan en absoluta y perfecta consonancia
(S. Mateo 28:19; S. Juan 17:21, 22; 16:7, 13,
14) . El misterio de su cabal unidad, armonía
e interdependencia, dentro de su individuali-
dad como personas, nunca será abarcado en esta
56
tierra por la mente finita del hombre, como
un vaso no puede contener la mar.
3. Dios es el Creador de todo cuanto existe
(Génesis 1). He aquí algunas de sus notables
características:
a) Tiene vida en sí, porque es el autor
de la vida. S. Juan 5:26.
b) Es un Dios personal, y al mismo
tiempo es omnipresente. Salmo 139:7-
12.
c) Aunque está en todas partes, el
Creador está por encima y es dife-
rente de la criatura, y por lo tanto
la Biblia rechaza el error pan-
teísta de hacer de los seres y las
cosas parte de Dios. Romanos 1:21-
23.
d) Es todopoderoso. S. Mateo 19:26.
e) Dios es amor, y por esto dio por el
hombre lo mejor que tenía, a su pro-
pio Hijo Jesucristo. 1» S. Juan 4:8,
9; S. Juan 3:16.
f) Es justo, y a la vez lleno de mise-
ricordia y bondad. Salmo 129:4;
Nehemías 9:31.
4. Jesucristo es el Hijo de Dios, el per-
sonaje central de las Escrituras, y la única
y gran esperanza del hombre:
a) Es tan divino y eterno como Dios
mismo. 1 S. Juan 5:20; S. Juan 1:1-
3.

57
b) Tiene vida en sí mismo como el Pa-
dre. S. Juan 10:28; 5:26.
c) Es el creador de todo cuanto
existe, junto con el Padre. Hebreos
1:2; S. Juan 1:1-3.
d) Se hizo hombre, y vivió sometido a
todas las pruebas y tentaciones de
la humanidad. Filipenses 2:6, 7;
Hebreos 2:14, 16-18.
e) Pese a ello, mantuvo un carácter
perfecto: nunca pecó. Hebreos 4:15.
f) Ofreció voluntariamente su vida por
la salvación de los hombres. Isaías
53; 1 S. Pedro 2:24; Hebreos 9:14.
g) Por su vida perfecta y su sacrifi-
cio expiatorio llegó a ser nuestro
único Salvador. S. Juan 3:16. He-
chos 4:12.
h) Es por ello nuestro Pontífice. He-
breos 8:1-6.
i) Es nuestro único intercesor ante
Dios, nuestro único Abogado ante el
Padre. P Timoteo 2:5; 1 S. Juan
2:1.

58
5. El Espíritu Santo es la tercera Per-
sona de la Divinidad.
a) Es enviado por Dios como represen-
tante del Padre y del Hijo. S. Juan
16:7; 14:26.
b) Gracias a su mediación, Dios puede
morar en el corazón humano entrando
en una relación personal con el
hombre. Salmo 51:11; Romanos 8:9;
1» Corintios 2:11, 12.
c) Es quien convence al hombre de que
ha pecado. S. Juan 16:8.
d) Es el poder que opera el nuevo na-
cimiento. S. Juan 3:5-8; Tito 3:5.
e) Nos guía a toda verdad; es el único
Maestro infalible. S. Juan 16:13;
S. Mateo 10:19, 20; S. Juan 14:26.
f) Se produjo un derramamiento espe-
cial del Espíritu en la época apos-
tólica. Hechos 2.
g) De la misma suerte habrá una conce-
sión abundante del mismo poder en
estos días finales de la historia.
Joel 2:28-32.
h) Él es quien impartirá poder para
finalizar la tarea evangelizadora
en el mundo. Hechos [Link] Zacarías
4:6.
6. El hombre, creado por Dios, cayó en el
pecado y redimido por Cristo.

59
a) El hombre fue creado a la imagen
divina. Génesis 1:26, 27.
b) Dios se proponía que viviera feliz
en el Edén. Génesis 2:8-10.
c) Mediante la institución del hogar,
debía fructificar y multiplicarse
para llenar la tierra de seres di-
chosos. Génesis 1:27, 28; 2:24.
d) Pero el pecado atrajo sobre los
hombres la debilidad moral y la
muerte. Romanos 3:23; 5:12; 6:23.
e) Aunque el hombre es impotente,
Cristo le ofrece el triunfo sobre
el mal. Jeremías 13: 23; Romanos
7:14-25; 1 Corintios 15:57.
f) El sacrificio vicario de Cristo
salva del pecado y otorga poder
para vivir una vida nueva. 1 S. Pe-
dro 2:24.
7. La justificación del hombre se produce
por la fe en Cristo. Las obras que se hacen
con el fin deliberado de ganar la salvación
no tienen poder ni mérito alguno, porque la
manera exclusiva en que podemos ser justifi-
cados —o convertidos en justos— es por gra-
cia, es decir, por el favor o regalo inmere-
cido que Dios nos otorga, con la condición
de que ejerzamos fe en Jesús y lo aceptemos
como nuestro Salvador personal. Gálatas
2:16; Romanos 3:20; Efesios 2:8, 9; Romanos
3:24.

60
8. La conversión y la santificación si-
guen a la justificación. La justificación,
que entraña el derecho a la salvación, se
logra por la fe. Pero el hombre necesita
luego una preparación para el cielo. Esta
comienza con el nuevo nacimiento (S. Juan
3:1-8), que determina un cambio en la con-
ducta y actuación del hombre (Efesios 4:22-
32). Luego se va operando un perfecciona-
miento del carácter o santificación (1 Tesa-
lonicenses 4:3).
9. La oración es el medio para comuni-
carse con Dios. Esta constituye el diálogo
directo con la Divinidad, ante quien el
cristiano puede abrir su corazón y expre-
sarle en forma espontánea sus necesidades y
aspiraciones.
a) Cristo enseñó a orar y anima al
hombre a hacerlo. S. Mateo 6:6-13;
7:7-12; Santiago 5:16.
b) En oración se confiesa a Dios el
pecado y se recibe perdón. Salmo
51; 32:5, 1 S. Juan 1:9.
c) La oración se usa para expresar
gratitud a Dios por sus bondades y
pedirle poder para triunfar. Salmo
34:1; S. Mateo 6:13.
d) Por la oración el cristiano le con-
fía a Dios sus problemas y recibe
orientación y auxilio. Salmo 37:5.

61
10. La ley de Dios, o Decálogo, es
norma eterna de justicia.
a) Abarca los supremos principios de
conducta y la suma del deber hu-
mano. Eclesiastés 12:13.
b) Es eterna e inmutable, porque es el
reflejo del carácter de Dios. S.
Mateo 5:17-19.
c) Es santa, justa y buena. Romanos
7:12.
d) Será el código en base al cual se
hará el juicio. Santiago 2:10-12.
e) Señala el pecado y conduce a Jesús.
Romanos 7:7; Santiago 1:22-25; Gá-
latas 3:24.
f) Es la norma para la vida cristiana,
y Cristo nos capacita para cum-
plirla escribiéndola en nuestro co-
razón. Hebreos 8:10.
La teología popular ha intentado alte-
rar la ley de Dios. Esa alteración se pro-
dujo suprimiendo en los catecismos comunes
el segundo mandamiento que comienza di-
ciendo: "No te harás imagen, ni ninguna se-
mejanza de cosa que esté arriba en el cielo,
ni abajo en la tierra, ni en las aguas de-
bajo de la tierra; no te inclinarás a ellas
ni las honrarás. . ." (Éxodo 20:4, 5).
11. La observancia del verdadero día
de reposo, enseñado en las Escrituras, es

62
violada generalmente por un gran sector de
la cristiandad, pues en lugar de observarse
el séptimo día de la semana, o sábado, se
festeja el primero, o domingo. Este cambio
fue también instituido en el cristianismo
popular, que así intentó la segunda altera-
ción de la eterna ley divina.
Siendo que la ley es eterna e inmutable,
tanto que no podía modificarse siquiera un
tilde o una jota de la misma, el cambio de
un mandamiento entero constituye una adulte-
ración perniciosa y grave. Esta gravedad se
acrecienta por el hecho de que, en el mismo
mandamiento, escrito por el dedo de Dios, el
Señor se dignó explicar las razones concre-
tas por las cuales el descanso debía efec-
tuarse el séptimo día, o sábado, y no en
ningún otro.
a) El sábado es el monumento recorda-
tivo de la creación de Dios. Éxodo
20:11.
b) Durante los 40 años de peregrina-
ción del pueblo hebreo por el de-
sierto, Dios realizaba un doble mi-
lagro para hacer posible la fiel
observancia del sábado. Éxodo 16.
c) El ejemplo de Cristo en la obser-
vancia del sábado lo confirma como
día sagrado. S. Juan 15:10; S. Lu-
cas 4:16-21.

63
d) Fue observado por los apóstoles.
Hechos 17:2; 18:1-4.
e) En todas las épocas hubo cristianos
fieles que lo observaron, aunque
fueran minoría, sin sumarse a la
apostasía general.
f) En 1844 se formó una iglesia que
resucitó está perdida institución
bíblica —la observancia del sábado
como verdadero día de reposo—, que
llegó a llamarse Iglesia Adventista
del Séptimo Día.
g) La fidelidad a los mandamientos de
Dios —inclusive el cuarto— será la
característica del verdadero pueblo
de Dios del último tiempo. Apoca-
lipsis 14:12.
h) En la tierra nueva, los redimidos
irán cada sábado a adorar a Dios
observando ese día. Isaías 66:22,
23.
i) De allí la promesa que Dios hace de
darles parte en su eterno reino a
los que no pisoteen el sábado, sino
que lo respeten y observen. Isaías
58:13, 14.
12. Dios establece el deber religioso de
cuidar la salud.
a) Todo lo que favorece la buena salud
se conforma al plan de Dios. 3 S.
Juan 2.

64
b) Según la Biblia, el cuerpo es tem-
plo de Dios. 1 Corintios 3:16, 17;
6:19, 20.
c) Por lo tanto, todo lo que perjudi-
que la salud, mancilla ese templo e
impide la presencia de Dios en él.
d) Por ello, la religión de la Biblia
elimina de los hábitos del hijo de
Dios el uso del alcohol, el tabaco,
los estupefacientes, y todo ali-
mento malsano, e impone a la vez la
moderación en las cosas buenas.
e) Siendo que las leyes de la salud
son tan sagradas como la ley moral
de Dios, el llevar una vida higié-
nica, pura y exenta de vicios es
parte integrante de la auténtica
religión de Cristo.
13. Es inminente la segunda venida
de Jesús. Es ésta una de las enseñanzas que
más veces se menciona en las Escrituras.
a) Este suceso ha sido la esperanza
milenaria de los patriarcas y pro-
fetas de la antigüedad. S. Judas
14; Job 19:25-27; Isaías 40:10; 25:
8, 9; Daniel 2:44.
b) Es la gran esperanza de los apósto-
les. Tito 2:12, 13; 2 S. Pedro 3:9-
12; Apocalipsis 1:7.
c) El mismo Señor Jesús prometió vol-
ver. S. Juan 14:1-3.

65
d) Toda una multitud de profecías
anuncian la inminencia de este su-
ceso. S. Mateo 24; S. Lucas 21; Da-
niel 2:44; 7:13, 14.
e) Ocurrirá en forma literal, visible,
y gloriosa. Hechos 1:10, 11; S. Ma-
teo 24:24-27; Apocalipsis 1:7.
f) Necesitamos una preparación espiri-
tual para ese fausto aconteci-
miento. S. Lucas 21:34-36.
14. El estado inconsciente de los
muertos y la imposibilidad de que se comuni-
quen con los vivos, son temas claramente es-
tablecidos en la Biblia, y constituyen un
elemento importante en el armonioso conjunto
de verdades bíblicas. Eclesiastés 9:5, 6;
Salmo 146:4.
a) La resurrección de los justos se
realiza en ocasión del regreso de
Cristo. 1 Tesalonicenses 4:16, 17.
b) La resurrección de los impíos ocu-
rre mil años más tarde, para que
sean juzgados y destruidos para
siempre. Apocalipsis 20:5; Mala-
quías 4:1.
c) Los que hayan muerto en Jesús resu-
citarán con cuerpos incorruptibles
e inmortales cuando vuelva Cristo,
y los hijos de Dios fieles que es-
tén vivos serán transformados sin

66
ver la muerte. 1 Corintios 15:51-
55; 1 Tesalonicenses 4:15-17.
15. La Santa Cena o Eucaristía es un
rito sagrado meramente conmemorativo. El pan
y el vino son meros símbolos del cuerpo y la
sangre de Cristo, y no sufren ninguna trans-
formación, pues Jesús fue sacrificado una
sola vez (1 S. Pedro 3:18; Hebreos 9:28).
16. El bautismo por inmersión repre-
senta el nuevo nacimiento. Este santo rito
de la iglesia, portal de entrada del cris-
tiano en la confraternidad de los hermanos,
representa la sepultura del hombre viejo en
la tumba líquida, y la resurrección del hom-
bre nuevo para andar en novedad de vida (Ro-
manos 6:3-6). Cristo fue bautizado por in-
mersión (S. Mateo 3:13-17), y así se prac-
ticó siempre esta ceremonia en la era apos-
tólica; y así debe continuar efectuándose
para no desvirtuar su hermoso simbolismo.
¿Existe, entre las iglesias actuales, alguna
que siga con fidelidad todas éstas y las demás
verdades bíblicas? Sí. Es la Iglesia Adven-
tista del Séptimo Día, a la cual el autor se
honra en pertenecer.
Es interesante descubrir que, en adición a
todas estas doctrinas básicas de la Biblia, y
con el propósito de hacer aún más fácil dis-
tinguir la iglesia auténtica en una época es-
pecial de la historia humana, Dios nos dio en
su Palabra lo que sigue:
Cinco marcas identificadoras adicionales
67
La profecía del Apocalipsis referente a las
siete iglesias (capítulos 2 y 3), describe
siete períodos definidos de la iglesia cris-
tiana, que van desde los días del apóstol San
Juan hasta la segunda venida de Cristo. Al
hacer un estudio cuidadoso y comparado de la
Biblia, se llega a la conclusión cierta de
que estamos viviendo en el séptimo período,
que corresponde a la última fase de la iglesia
de Dios en la tierra.
En este período histórico, que sería el úl-
timo, la iglesia cristiana tendría una serie
de rasgos adicionales que servirían para
identificarla de Babilonia, en una hora espe-
cial en que la obra maestra de falsificación
del enemigo alcanzaría su grado culminante:
1. Guarda los mandamientos de Dios.
En la visión que observaba el vidente de Pat-
mos, donde se describe la persecución de que
la iglesia [la mujer] sería objeto por parte
de Satanás [el dragón], aparece el siguiente
episodio:
"Entonces el dragón [Satanás, vers. 9] Se
llenó de ira contra la mujer [la iglesia]; y
se fue a hacer guerra contra el resto de la
descendencia de ella, los que guardan los man-
damientos de Dios y tienen el testimonio de
Jesucristo" (Apocalipsis 12:17).
"El resto de la descendencia" de la iglesia,
es decir el grupo de hijos de Dios que vivi-
rían en los últimos días de la historia, ten-
drían este rasgo saliente: guardarían los
mandamientos de Dios. Todos ellos, y no sólo

68
nueve. El cuarto mandamiento, que ordena ob-
servar el séptimo día de la semana, es hoy
universalmente violado por casi todas las
iglesias cristianas. El sábado, monumento
conmemorativo de la obra creadora de Dios y
regeneradora de su Espíritu, señal de santi-
ficación, ha sido reemplazado por el domingo,
una institución de origen pagano sin ninguna
sanción bíblica.
Tan importante es este rasgo en el tiempo del
fin —un tiempo que se caracterizaría por ser
una época de apostasía—, que el apóstol vuelve
a mencionarlo: "Aquí está la paciencia de los
santos, los que guardan los mandamientos de
Dios y la fe de Jesús" (Apocalipsis 14:12) .
La Iglesia Adventista del Séptimo Día, como
su nombre lo indica, observa el sábado o sép-
timo día de la semana como día santo consa-
grado por el Señor.
2. Tiene la fe de Jesús.
En el versículo ya citado (14:12) dice que
"los santos", los hijos de Dios que vivieran
en los últimos días de la historia, "guardan.
. . la fe de Jesús". No sólo la fe en Jesús,
sino también la fe de Jesús, la misma fe que
Jesús tenía.
Jesús es el tema central de la Biblia, el
fundamento de la iglesia, la piedra angular
de su edificio espiritual. Jesús es el secreto
de una vida espiritual victoriosa, la llave
para lograr la justificación, la santifica-
ción y la salvación final.
Jesús y su doctrina, Jesús y su fe, Jesús y
su vida, es el centro mismo de la enseñanza
69
de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Todo
sermón que se predica en ella, todo libro
religioso que se publica bajo sus auspicios,
tratan de tener a Cristo como su esencia bá-
sica.
3. Predica el Evangelio en todo el mundo:
es una iglesia mundial.
Cuando San Juan describe a la iglesia de Dios
en su obra final dice: "Vi volar por en medio
del cielo a otro ángel, que tenía el Evangelio
eterno para predicarlo a los moradores de la
tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo"
(Apocalipsis 14:6). Ese "ángel" (en griego
"mensajero"), representa a la iglesia de los
últimos días cuya actividad evangelizadora
está simbolizada por un raudo vuelo. El Evan-
gelio sería predicado a toda criatura humana.
La Iglesia Adventista posee el más poderoso
programa misionero mundial entre todas las
iglesias evangélicas. Predica el Evangelio en
1.068 idiomas y dialectos en el 98 por ciento
de los países del mundo. Su obra ha sido es-
tablecida hasta en las islas lejanas y peque-
ñas del Pacífico Sur y en las zonas más pri-
mitivas del África con sus densos millones.
4. Predica el mensaje del juicio.
¿Cuál sería el mensaje de ese ángel de Apoca-
lipsis 14 (la iglesia de Cristo) que surca
los cielos con gran celeridad? Helo aquí: ".
. . diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle
gloria, porque la hora de su juicio ha lle-
gado" (vers. 7) .

70
¿De qué juicio se trata? Pues nada menos que
del juicio que Dios hará de todos los morta-
les, el juicio investigador, el juicio del
cual habla San Pablo en Hechos 17:31, el jui-
cio, en fin, al cual se refiere el profeta
Daniel en el capítulo 7 (vers. 9, 10) de su
libro.
Ese juicio comenzaría en las cortes del cielo
en el año 1844, según se deduce del estudio
comparado de varios pasajes de las Escritu-
ras.
La Iglesia Adventista ha hecho de la presen-
tación del juicio investigador de Dios uno de
los aspectos importantes de su predicación.
5. Se organizaría en 1844.
El versículo 7 del capítulo 14 establece que
la iglesia proclamaría este mensaje: "Temed a
Dios, y dadle gloria, porque la hora de su
juicio ha llegado". En otras palabras, ese
mensaje debería comenzar a darse cuando lle-
gara la hora del juicio, o sea en 1844, y no
antes ni después.
Según esto, la última iglesia de Dios, debía
organizarse como movimiento en torno a esa
fecha. Eso es precisamente lo que aconteció.
Si bien la Iglesia Adventista se estableció
oficialmente en 1863, el movimiento como tal
comenzó a nuclearse a partir de 1844, fecha
en la cual una gran cantidad de cristianos,
procedentes de diversas iglesias, ya conven-
cidos de que la segunda venida de Cristo es-
taba cercana, descubrieron que el juicio co-
menzaba precisamente ese año.
"Salid de ella, pueblo mío"
71
El apóstol San Juan, a quien el Señor Jesús
mismo transmitió las visiones del Apocalip-
sis, después de describir, por una parte, a
la mujer casta, o sea la iglesia pura de Dios,
y por la otra a Babilonia, la mujer ramera,
que abarca la gran masa de iglesias apóstatas,
toma nota de un ruego ferviente hecho por un
ángel de Dios:
"Oí otra voz del cielo, que decía: Salid de
ella, pueblo mío" (está hablando de Babilonia
con sus errores, engaños y confusión reli-
giosa). (Apocalipsis 18:4.)
No hay duda de que grandes cantidades de cris-
tianos sinceros, que militan hoy en las más
diversas iglesias, son verdaderos hijos de
Dios, anhelosos de hacer la voluntad del Se-
ñor. El los reconoce como sus hijos. Los ama
tiernamente, así como ama a todos los seres
humanos y quiere su salvación. A los tales,
Cristo les dice: Salid de Babilonia, pueblo
mío. La verdad ha llegado hasta vosotros. Debe
haber un solo redil, y un solo pastor. Oíd la
voz de vuestro Pastor, mi propia voz. Venid
al redil.
Este mundo está observando las escenas fina-
les de su historia. Pronto será testigo de
sucesos tremendos que constituirán la culmi-
nación de los siglos. Entonces el Señor apa-
recerá por segunda vez de acuerdo con su pro-
mesa, y traerá el galardón a los fieles. Ahora
todavía resuena el mensaje de paz, la invita-
ción amorosa a abandonar el mundo con su con-
fusión, la teología popular con sus errores,
para enrolarse en las filas del pueblo de
72
Dios, el pueblo que recibirá con júbilo a su
Maestro. "El Espíritu y la Esposa dicen: Ven"
(Apocalipsis 22:17).

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