0% encontró este documento útil (0 votos)
18 vistas2 páginas

Mi Casa

El autor regresa a su antigua casa, evocando recuerdos de su infancia y la vida familiar que allí se desarrolló. La casa, ahora desierta y convertida en un archivo municipal, simboliza la pérdida de un tiempo y un lugar lleno de amor y alegría. A través de su nostálgico relato, se refleja la tristeza por la transformación del espacio que albergó sus más preciados recuerdos.

Cargado por

1q2w1q2w1q2w
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
18 vistas2 páginas

Mi Casa

El autor regresa a su antigua casa, evocando recuerdos de su infancia y la vida familiar que allí se desarrolló. La casa, ahora desierta y convertida en un archivo municipal, simboliza la pérdida de un tiempo y un lugar lleno de amor y alegría. A través de su nostálgico relato, se refleja la tristeza por la transformación del espacio que albergó sus más preciados recuerdos.

Cargado por

1q2w1q2w1q2w
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

MI CASA

AYER PAS por lo que un da fue mi casa. Y all estaba ella, solita, como si hubiera
estado esperndome a lo largo de estos ltimos veinte aos. Qu enorme tristeza sent al
ver que ya no quedaba nada de lo que un da alberg toda mi infancia!
La casita quedaba a un costado de la bulliciosa gallera donde fui testigo, desde la ventanita
de la cocina, con mis asombrados ojos de nio, de grandes rias con un gran revuelo de
plumas y tambin de la casta y valenta de algunos legendarios gallos de pelea.
El jirn Atahualpa, ahora, haba sido transformado en una calle peatonal con faroles y
bancas donde se besaban de noche los enamorados.
Antao, un ejrcito de mozalbetes jugbamos desde el medioda al anochecer fulbito
callejero hasta que se destapaban las suelas de nuestros zapatos. Tambin ramos duchos
jugando al trompo, los zancos, las bolitas, las aperis, a las escondidas, a la rayuela, etc.
ramos igualmente el alma de nuestro querido barrio. Entre aquellos palomillas y
mataperros, podemos mencionar a los Conde, los Aguirre, los Zambrano, los Cceres, los
Rejas, los Burga, y por supuesto los Pereyra.
Y an me parece or a la loca Riboty que vociferaba y nos maldeca desde su ventana por
ensuciar con la pelota su prstina pared. Por su parte, el Negro Manisero nos alquilaba
revistas de historietas que desbordaban nuestra imaginacin y tambin nos convidaba man
confitado envuelto en papel celofn.
Mi querida casa. Su pequea puerta de dos hojas, el pequeo escaln de la calle, las tres
ventanitas de madera con sus rejas de fierro, la coqueta salita, y aquel enorme pasillo con su
piso encerado como espejo que mi madre tercamente pula hasta que se pareciera a un ro
cristalino. El soleado patiecito con sus innumerables macetas de geranios florecidos y los
helechos que desplegaban su hermosa cabellera verde.
En ese patio jugamos de nios mis cinco hermanos y yo. Y bajo el alero del tejado, a su
sombra en verano, mi padre lea y lea, y mi madre teja y teja con el crochet las maravillas
de su sueo. Mencin aparte merece Panchito, nuestro queridsimo huanchaco, que desde
su jaula ensayaba los trinos ms bellos y melifluos.
Y qu dolor es ver desierto ahora el lugar de mis ms tiernos recuerdos.
Las recmaras no muy grandes, del primer y segundo piso, donde de nios soamos con las
portentosas historias que nos contaba mi padre y con los regalos de Navidad, casi nunca
concedidos completamente.
Cmo olvidar que a mis hermanas Sonia y Vilma se les ocurri levantar las losetas debajo
de la cama de mis padres y cavar en busca de un tesoro imaginario, aprovechando que mis
progenitores haban ido a los Baos del Inca a un matrimonio. Y al regresar, el susto que se
llevaron cuando su cama se hundi como si estuviera sobre arenas movedizas.

Mi cuarto quedaba en el segundo piso y, a travs de la ventana que daba al patio, el sol me
despertaba cada maana con su clido aliento. Asimismo, por la ventanita que daba a la
calle, me descolgaba por las noches para ir con mis amigos a dar serenatas a la luz de la
luna a las mujeres que alguna vez amamos. Y al regresar, me ayudaban a trepar por la pared
al estilo del Hombre Araa.
Y aquella cocina pequeita, con su ventana hacia el norte, donde en Navidad mam
cocinaba los riqusimos tamales, las humitas, las cachangas, el pavo y los muy dulces
buuelos. Nuestra cocina, fresquecita en verano y muy tibia en invierno, era el punto de
reunin de la familia y de las visitas de mis tas maternas a quienes mi padre
socarronamente llamaba las tatalachas.
En tanto que, en derredor de la mesa del comedor, mi padre nos ense a leer deletreando
los titulares de El Comercio, al tiempo que nos informaba de las cosas que sucedan, da a
da, en el Per y el mundo. Algunas de ellas todava las recuerdo, otras ya las olvid.
All, en derredor de esa mesa, hubo llantos y risas, se festejaron triunfos y se lloraron
fracasos. Y all tambin mis padres jugaban con maestra al rocambor con sus amistades,
derrotndolas inmisericordemente.
En esa casita se quedaron las ilusiones que de adolescentes tuvimos, y encerrados entre
esos muros estn las alegras y las penas de mis padres. Y en los pisos encerados, an
resuenan los pasos de mis mayores, las risas de mis parientes, y los afanes de mi madre por
tener la casa limpia.
En esa mgica atmsfera se qued la energa y el amor de mi madre, y la dulce
comprensin del ms tierno de los padres.
Dnde estn, casita, tus viejos muros de adobe? Dnde tus techos de teja? Y tus pisos
como espejos hechos con tantos esfuerzos?
Ya nada queda. Slo una pared muy triste y un piso que no es el mismo, y una soledad muy
grande que les hace compaa.
Ahora funciona all un lbrego archivo de la Municipalidad de Cajamarca. Y todos sus
ambientes estn llenos de papeles y papeles.
Y de aquella pintoresca casita de tan bonitos helechos y geranios, solo queda en mi
memoria el ms hermoso recuerdo.
Ay! qu tristeza sent al ver que ya nada queda de lo que un da fue mi casa.

También podría gustarte