Edgar
Breve historia
de la barbarie
en Occidente59,
Espacios del Saber
(Citimos titulos publicados)
8, Zitek, Las metéstasi del yoce
L. Lewkowicz, Sucesos argentinos
R. Forster, Critica y smpecka
D. Oubitia, 7. L. Godard: El pensamento del cine
F. Monjeauy lia invendin rascal
P. Virno, Ef recuerdo del presente
. A. Negri y otros, Dudiygo sobre la glbaltzaciin, la muieudl y la
experiencia argentina
M. Jay, Campos de fversa
§, Amin, Mar alld del capitelizns seni
3. P. Vieno, Palabra com palabras
A. Negri, Jol: la fuerza del esclavo
T.Lewkowicn, Peacar sin Fotade
M. Hard, Gilles Delenze, Un aprendizaje flefico
8. Zifek, Violenci en acto, Conferenias on Bucros Aires
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. E, Griiner, La Cosa politica el acecho de lo Real
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Expaiia y Argentina en la conseruccién de wn imaginario cultural
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Brose'y la revista Ver y Extimsar
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‘amor y ta diferencia
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enfermedad
J. Butler, Vide precaria
M. Carman, Las srampas de la cultura
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Edgar Morin .
cree!
Breve historia de la
barbarie en Occidente
PAIDOS wp
Buenos Aires - Barcelona - MéxicoB2e.g
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200g
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1 Bayard, 2005
oes, 2005,
‘xc hen mca el Programe Aya Piss Yn cae
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Norn Edgar
rave historia fe a barbarie en Oceidente - ta ed. - Buenos
‘ives Paid, 2006,
1d po3 21X13 em. (Zspacios del saber)
‘Traducido por: Alfredo Grieco y Bavio
ISBN 95012-6560.9
1, Ensayo Histérico en Espa. | Grieco y Bavio, Alfredo, trad
1 fiewte
cd 864
CCabierts de Gustavo Macti
raduccin Ue Allies Greco y Bavio
Pedtcrn, 2000
© Pome tos ts etetones en castellano
Eitri Pais SAIC
-Esmul Tiemviaeditorapaidos omar
swe puldosrgentna coma
(Queda hecho el depo gue reviene Is Lay 11.723
Ines ea Ia Argentina. Prited in Argentina
‘wspreso ea Glia MPS, Santiago del Estero 236,
Lai, en ago de 20065
Tiada: 3000 efmplares
ISBN 950-12.8560:9
Para Jean-Louis
y Natascha Vuillerme.Indice
dotas culturales europeos B
Ja barbarie del siglo XX 731. Barbarie humana y
barbarie europeawa comenzar, me gustarfa poder esbozar una
ologia de la barbarie humana.' En mis su-
9 trabajos, he intentado mostrar que las
le Homo sapiens, de Homo fabery de Homo
icus resultaban insuficientes: el Homo sa-
‘de espiritu racional, puede ser al mismo
po Homo demens, capaz de delirio, de de-
El Homo faber, que sabe fabricar y uti-
-utensilios, también ha sido capaz, desde los
es de la humanidad, de producir innu-
les mitos. El Homo economicus, que se de-
en funcién de sus intereses, es también
texto constituye la transcripci6n corregida de tres
encias pronunciadas en la Bibliotheque Nationale
is Mitterrand los das 17, 18v 19 demmayo de 2005, Aera-
Jean Teller por haber colaborado de manera indis-
ep kis correcciones y en la puesta en forma final.4 Edgar Morin
el Homo ludens del que se ha ocupado Huizinga
hace algunas décadas, es decir, el hombre del jue-
go, de! gasto, del derroche. Es necesario integrar
y vincular esos rasgos contradictorios. En las
fuentes de lo que consideraremos la barbarie
humana, encontramos por cierto esta vertiente
“demens” productora de delirio, de odio, de des-
precio y que los griegos llamaban bybris, desme-
sura.
Cabria pensar que el antidoto para “demens”
se encuentra en “sapiens”, en la raz6n, pero la
racionalidad no puede definirse de una manera
univoca. A menudo, la racionalidad en que cree~
mos movernos es sdlo racionalizacién, un sis-
tema enteramente légico, pero al que le faltan las,
bases empiricas que permitirian justificarlo. Y
sabemos que la racionalizacién puede servir a la
pasi6n, y levar hasta el delirio. Existe un deli
de la racionalidad cerrada sobre s
El Homo faber, el hombre fabricador, crea tam-
bign mitos delirantes. Da vida a dioses feroces y
crucles que cometen actos barbaros. Tomo de
Teilhard de Chardin el término “noosfera” que
enmiconcepcién designa el mundo de las ideas,
de losespiritus, de los dioses producidos por los
humanos en el seno de su cultura. Aunque pro-
ducidos por los humanos, los dioses adquieren
Barborie kumana y birbavie europea 1s
na vida propia y el poder de dominar a los es-
piritus. Asi la barbarie humana engendra dioses
crueles que, 2 su vez, incitan a los humanosa la
parbarie. Damos forma a dioses que nos dan for-
ma, Pero esta posesién por las ideas religiosas
no se deja reducir, como émico aspecto, ala bar~
arie. Los dioses que poseena los creyentes pue-
den obtener de ellos no sdlo los actos més ho-
rribles sino también los mas sublimes.
Como las ideas, les técnicas nacidas de los hu-
manos se vuelven contra ellos. Los tiempos con-
temporineos nos muestran una técnica que se
desata y escapa a la humanidad que la ha pro-
ducido. Nos comportamos como aprendices de
brujos. Ademés, la técnica aporta su propia
barbarie, una barbarie del cilculo puro, frio,
helado, que ignora las realidades afectivas pro-
piamente humanas.
En cuanto al Homo iudens, se puede sefialar
que conoce juegos crucles, como los del antiguo
Circo o la tauromaquia, aunque innumerables
juegos no tengan un cardcter bérbaro. Final-
mente, el Homo economsicus, que coloca el interés
econémico por encima de todo, tiende a adop-
tar conductas egocéntricas, que ignoran al otro
¥ que, por ello mismo, desarrollan su propia
barbaric, Asf, vemos cémo las potencialidades,16
igar Morin
las formas virtuales de barbarie aparecen en
todos los rasgos caracteristicos de nuestra
especie humana.
Estas formas virtuales de barbaric, sin em-
bargo, no son las mismas en las sociedades ar-
caicas y en las socicdades historicas. Las socie~
dades arcaicas se han extendido sobre todo el
planeta hace varias decenas de miles de aiios.
Produjeron una extrema diversidad de lenguas,
de culturas, de misicas, de ritos, de dioses. Todas
tienen un cardcter comtn: son pequefias
sociedades de algunos centenares de individuos
dedicados a la caza y la recoleccién. Practi-
camente son autosuficientes, no tienen nece-
sidad de conquistar el territorio de una sociedad.
Por cierto, conocen las guerras locales y acaso
también el crimen y el asesinato.?
Estas sociedades no tienen nada en comin con
las sociedades histéricas surgidas de la formi-
dable metamorfosis que se ha comenzado a ope-
rar hace quizés ocho mil afios en el Medio
Oriente, en Ja cuenca del Indo, en China, des-
pués en México y en los Andes. Esta metamor-
2. Se han registrado comportamientos asesinos entre los
chimpancés,
Barbarie humane y barbavie europea 7
fosis ha producido las grandes civilizaciones de
sociedades que cuentan con miles, hasta con mi-
jlones de miembros, que practican le agricultura,
que construyen ciudades, crean Estados y gran-
des religiones, inventan los ejéreitos, desarrollan
considerablemente las técnicas. Aun cuando ras-
gos de barbaric podian caracterizar a las socie-
dades arcaicas, es en las sociedades histéri-
cas donde se ven aparecer los rasgos de una
barbarie vinculada al poder del Estado y a la
desmesura demencial, a la Aybris. Se emprenden
conquistas de territorios para ascgurar las mate-
rias primas o las reservas de subsistencia para
los periodos de sequia o de exceso de lluvia, Pero,
sobre todo, se produce una verdadera escalada
de conquistas que va mds alla de la mera
necesidad vital y que se manifiesta en las ma-
sacres, las destrucciones sisterndticas, los pilla~
jes, las violaciones, la esclavizacion. Existe
entonces una barbarie que toma forma y se de-
sencadena con la civilizacién.
Por otra parte, estas grandes sociedades se
caracterizen por un desarrollo urbano sin prece-
dentes, forman Babilonias donde se retnen po-
blaciones diferentes, clases diversas fundadas
Sobre la dominacién de los amos y la esclavitud
generalizada. En los bajos fondos, prosperan la18 Fedgar Morin
delincuencia, la criminalidad. En las sociedades
arcaicas, demogrdficamente limitadas, en las que
Ia mayorfa de los individuos se integraban a la
colectividad, la marginalidad debfa ser una
excepcidn. Reinaba una especie de supery6 de la
colectividad, tanto mas importante dado que
estas sociedades estaban regidas por el mito del
ancestro comin que alentaba la fraternidad de
todos sus miembros.
En los grandes imperios, en las ciudades-esta~
do, se desarrollaron fermentos de delincuencia
y de criminalidad. Se presencié la aparicién de
Gioses feroces y guerreros, de dioses que deman-
daban el exterminio del enemigo. La barbarie
de la guerra resulta por lo demés inseparable de
los tiempos hist6ricos. La historia de las grandes
sociedades es Ia historia de las guerras ininte~
rrumpidas, como lo ha demostrado Gaston
Bouthoul, fundador de la polemologia. Sin em-
bargo, al mismo tiempo que dicha barharie, estas
sociedades producen un florecimiento de las ar-
tesy dela cultura, un desarrollo del conocimien-
to, laaparicién de una elite cultivada. La barbarie
se vuelve entonces un ingrediente de les gran-
des civilizaciones. Como lo ha puesto en evi-
dencia Walter Benjamin, no hay un signo o un
acto de civilizacién que no sea al mismo tiempo
Barbarie humana y barbie enropea 19
unacto de barbaric. Surge una pregunta: si se pue~
deyse debe resistir a la barbarie, y aun se debe
jntentar reprimirla, zno es sin embargo un ingre~
diente de civilizacion que jamas podra su-
primirse?
La barbaric no es sdlo un elemento que acom-
pafta a la civilizaci6n, sino que la integra. La
civilizacién produce barbarie, en particular la bar-
barie de Ia conquista y de la dominacién. La
conquista romana, por ejemplo, fue una de las
mis barbaras de toda la Antigtiedad: el saqueo
de Corinto en Grecia, el sitio de Numancia en
Espaiia, la aniquilacién de Cartago, etc. Sin em-
bargo, la cultura griega se infiltr6 en el interior
del mundo romano, que se habia convertido en
imperio. De allf la famosa expresién del poeta
latino: “Grecia, derrotada, derroté a su feroz
vyencedor”, De esta manera, la barbarie también
generé civilizacién
La conquista barbara de los romanos condujo
@una gran civilizacién. En 212, el edicto de Ca-
Faealla concede Ja ciudadania romana a todos los
stibditos de ese vasto imperio que cubre Africa del
Rorte y parte de Europa del este y de Inglaterra.
Sime puedo permitir un paréntesis —dado que
RO Ie impongo aqui un discurso lineal, sino que20 Bilger Morin
invito a reflexionar sobre momentos historicos—,
me gustarfa recordar que Simone Weil, en un
articulo de los Nowveaux Cahiers publicado en
visperas de la Segunda Guerra Mundial, anti-
cipaba que otro tanto ocurriria en el imperio
europeo posterior a la conquista nazi. Ella pre~
yefa una victoria de Alemania, y, en dos siglos,
un florecimiento de las civilizaciones, segiin el
modelo de aquella que habfa generado Roma.
Esto no le impidié involucrarse con convicci6n
en la Resistencia, como ustedes saben. Pero
tampoco deja de ser cierto que esta idea inspit6
asocialistas ¥ pacifistas, que colaboraron con los
nazis desde el comienzo de la guerra, cuando
todavia no era europea, pero cuando se pensaba
que Alemania dominarfa largamente a Europa.
Muchos pensaban, tragicamente, que colaboran-
do con la Alemania hitleriana colaboraban de
hecho para Hegar a una Europa socialista.
Sialudoa este articulo, es porque me ha influi-
do no s6lo en lo que concierne a la Alemania na-
Zi, sino también en lo que atafie a la Unién Sovié-
tica. En 1942, a los veintitin aftos, yo conocfa ya
los peores aspectos de la URSS, no habia olvi-
dado los procesos de Mosci, habia leido a Trots-
ky y Souvarine, Yo tenfa la idea de que la vie~
toria de la Unidn Soviética permitiria a las
Barberie humana barbarie eurspea at
simientes fnsitas en Ia ideologia socialista, ideo-
Jogia comunitaria, igualitaria, libertaria, florecer
en una era maravillosa de armonfa social. Em-
pecé a desilusionarme cuando legaron la Guerra
Fria y una tenovada glaciacion estalinista. Hoy
no puedo apartar la idea de que la Unién Sovié-
tica, quizés, habria podido hacer florecer, con el
tiempo, los ideales ylos fermentos de civilizacin que
subarbarie habiaahogado enun comienzo. Lascon-
quistas bérbaras pueden conducir al florecimien-
to de una civilizacion, sin que por ello, ciertamente,
esas barbaries originarias deban ser justificadas
retrospectivamente, ni recubiertas por el alvido.
Existe también una barbarie religiosa, de la
que conviene hablar ahora. En la Antigitedad,
cada uno de los pueblos del Medio Oriente tenia
su dios de la guerra, despiadado con sus enemi-
gos. Sin embargo, tanto en Grecia como en la
antigua Roma, el politeismo permitié la coexis-
tencia entre diferentes dioses. El politeismo
gtiego recibié un dios aparentemente barbaro,
Yiolento, un dios de la ebriedad, de la bybris: Dio-
nisos. La extraordinaria tragedia de Euripides,
Las bacantes, muestra ¢| arribo destructor, la lo-
cura desencadenada, de este dios. Dionisos, sin
embargo, no resulté por ello menos integrado 22 Edgar Marin
lasociedad de los dioses griegos. En el siglo XIX,
cuando Nietzsche plantea la cuestion del origen
de la tragedia, pone de relieve el doble aspecto
que caracterizaba a la mitologfa griega. Por un
lado Apolo, simbolo de la mesura; del otro, Dio-
nisos, simbolo del exceso. Es esta dualidad y com-
plementariedad de Apolo y Dionisos la que
ilustra el fragmento de Herdclito: “Unid lo
concordante y lo discordante”.
Elimperio romano se caracterizaba, antes del
ctistianismo, por la tolerancia religiosa. Los cul-
tos mas diversos, y aun las religiones salvificas,
como el culto de Osiris, el culto de Mitra, el orfis~
mo, eran perfectamente aceptables. El mono-
teismo judio, y después cristiano, al mismo
tiempo que su universalismo potencial, apor
taron una intolerancia propia, yo dirfa hasta una
barbaric propia, fundada sobre el monopolio de
laverdad de su revelacion. En efecto, el judaismo
sdlo podia concebir como idolos sacrilegos a los
dioses romanos. E] cristianismo, a través de su
proselitismo con voluntad universal, s6lo podia
acentuar esta tendencia. Mientras que el judais-
mo ten‘a la posibilidad de permanecer en el in-
terior de si mismo en la alianza privilegiada que
crefa tener con Dios, el cristianismo finalmen-
te buscé destruir a los otros dioses y a las otras
Barbarie bumama y barbarie ewropea 23
religiones. Por otraparte, desde el momento que
fue reconocido como la tinica religion de Estado,
hizo cerrar la escuela de Atenas, y puso fin asf a
toda filosofia auténoma.
Una de las armas de la barbarie cristiana ha
sido lautilizacién de Satén. Bajo esta figura, hay
que ver al separador, al rebelde, al negador, al
enemigo mortal de Dios y de loshumanos. Aquel
que no esté de acuerdo y que no quiere renunciar
a su diferencia ha de estar por fuerza posefdo
por Satan. Fs con tal maquina argumentativa
delirante que el cristianismo ha ejercido su bar-
barie. Por supuesto, no ha gozado de la exclu-
sividad del arma satinica. Hoy se ve cémo Satin
regresa més virulento que nunca en el discurso
islémico radicalizado.
Por ultimo, el cristianismo triunfante ha susci-
tado en su seno diversas corrientes de pensa-
miento, variadas interpretaciones del mensaje
de origen. Pero en lugar de tolerarlas, ha
Teaccionado con la elaboracién de una ortodoxia
implacable, que denuncia todo desvio como
herejfa, persiguiéndolas y destruyéndolas con
odio, en nombre de la religién del amor.
Estas pocas observaciones muestran que, aun
cuando Europa no detenta el monopolio de la bar-24 Edgar Morin
barie, ha manifestado todas las formas de batba-
rie propias de las sociedades histricas de las que
aeabo de hablar. Lo ha hecho de manera mis
duradera, més integrada, y, sin duda, ms inno-
vadora. Esta innovacion en la barbarie esta vineu-
lada a Ja formacién de las naciones eutopeas
modernas: Espafia, Francia, Portugal, Inglaterra
Las naciones son profundamente diferentes de
losimperios y de las cindades-estado. En primer
lugar, retinen mas poblaciones diversas que las
ciudades-estado —una nacién coma Francia, por
ejemplo, integra una notable diversidad de et-
nias-. Y la verdadera diferencia con el imperio
se debe a la actividad integradora del Estado-
nacién que unifica en una identidad nacional
comin sus elementos diversos.
Un caso ejemplar es el de Espafta, donde en
la zona islémica, Al Andalus, la regla era la tole-
rancia para cristianos y judios, y en la zona cris-
tiana, hasta 1492, la tolerancia para judios y mu-
sulmanes. ¢Qué ocurrid en ese aio inaudito,
14922 No sélo el descubrimiento de América y
el comienzo de la conquista del Nuevo Mundo.
Es también el afio de la caida de Granada, el ilti-
mo bastion musulmén en Espaiia, y casi inme-
diatamente después, del decreto que obligaba a
os judios y a los musulmanes a clegir entre la
Barberie buomanca y barbarie europea
conversi6n y la expulsion. Esta invencidn euro-
pea, la nacién, se constrayé entonces, enn prin-
cipio, sobre la base de una purificacion religiosa.
Progresivamente, esta purificacion tender a
adoptar un cardcter é:nico, Siempre en Espaiia,
a comienzos del siglo XVI, dos siglos después
del decreto que constreifa a los judios y musul-
manes a elegir entre conversidn y expulsién, se
encontraba, especialmente en Andaluefa, una
fuerte poblacién morisea. Se trataba de moros
oficialmente convertidos al catolicismo, pero
que continuaban practicando sus creencias en
elinterior de grandes propiedades privadas. Los
latifandistas, los sefiores propietarios, los tolera-
ban o cerraban los ojos. En alguna barraca
transformada con simpleza en mezquita, se podia
practicar un resto de culto musulman. Para la
Inquisicidn, esto resulté intolerable. Hagamos
notar que ésta no profesé el principio de una
Purificacién émica. Perseguia a los judeocon-
versos que “judaizaban” en secreto como tam-
bign a los moriscos que “islamizaban” del mismo
modo. Pero una vez que habia podido establecer
li sinceridad de su fe cristiana, les reconoefa
todos los derechos de los cristianos, Bajo el
impulso de una nueva presién de intolerancia,
Se lleg6 a la expulsién de los moriscos. Se sepa-26 Edgar Morin
rabaa las mujeres de sus esposos que eran expul-
sados y embarcados con rambo al norte de
Africa. Se pas6 de la purificacion religiosa a la
purificacién étnico-religiosa. En una parte de
laaristocraciay de la burguesfa espafiola, se de-
sarrollé la tendenciaa querer imponer la dmpiexe
de sangre, la pureza de sangre, lo que ya era una
nocion racial, racista. Los monarcas espaiioles
finalmente no dicron curso a esta imposicién y
lapureza de sangre nunca se volvi6 oficial. Debo
precisar que en verdad la Inquisicién nunca ha-
bia sido defensora de esta idea. Ella sélo busca-
ba verdaderamente la pureza religiosa, pero esta
pureza habia empezado a asociarse con otra, una
intolerancia empezé a despuntar bajo la otra.
Volveré luego sobre una consecuencia de esta
tentativa de purificacidn religiosa en Espafia, con-
secuencia subterrénea pero muy profunda, carac-
terizada por el fenomeno de los conversus, lamados
peyorativamente marranos.
Para terminar, sefialemos que la intoleran-
cia religiosa espafiola se desaté_ con la conqui:
ta de América, y tuvo como consecuencia la
destruccién de todas las religiones precolom-
binas.
Por cierto, se puede considerar que el prin-
cipio de la purificacién religiosa ya estaba en
Berbarie humana y barbarie europea ro
-germencon el triunfo del cristianismo en e] Im-
perio Romano. Pero de hecho este principio
conoceria un notable fortalecimiento con el
surgimiento del Estado-nacién. Hasta tal punto,
que las guerras de religion que se desencade-
nardn en el siglo XVI, como consecuencia de la
reforma de Lutero y de Calvino, serdn guerras
civiles antes de ser guerras entre naciones. Con-
cluirdn en la paz de Westfalia, que acentué la
tendencia dominante de cada naciéna la purifi-
cacién religiosa. Estos tratados instauraban la
religion del principe como religion del Estado,
principio importante para Alemania, que se ha-
bia dividido en principados. En Inglaterra, el
anglicanismo se constituird sobre la base de la
expulsion del catolicismo y muchos catélicos de-
bieron emigrar a Livorno o a Francia en el siglo
XVI. Existio una excepcién francesa, provisoria,
el edicto de Nantes, firmado en 1598 por En-
Tique IV. Provisoria, porque bajo Luis XIV, el
edicto se vio severamente limitado por las cruel-
dades de los soldados que perseguian a los pro-
festantes para que se convirtierany les imponfan
Testricciones que afectaban todos sus derechos.
Como ustedes saben, el edicto de Nantes serd
Tevocado en 1685, y a esta revocacién seguirin
humerosas consecuencias trégicas.28 Edgar Morin
En las ciudades de los Paises Bajos, que no
estaban organizadas bajo el principio de nacién,
la tolerancia religiosa persistid; especialmente
en Amsterdam, donde incluso era posible no
practicar religion alguna. Calvinistas, luteranos,
catélicos, judios coexistian. Spinoza, después de
que lo excomulgara la sinagoga, no se adhiri6 a
ninguna religion y pudo continuar con su vida
en total independencia, Gomo una consecuencia
de este estado de cosas, fue en Amsterdam que se
imprimieron muchos de los libros que la censura
prohibié en Francia hasta fines del siglo XVILL.
Uno puede pensar que estos fendmenos de
purificacién han sido las enfermedades infantiles
de las naciones occidentales modernas. Pero
estas mismas naciones sabrén producir el anti-
doto contra este veneno. Inspirada por la Ifustra~
ci6n, una nueva concepcidn de la Nacién surge
apartir de la Revolucién Francesa. E114 de julio
de 1790, un aito después de la toma de la Basti-
Ila, delegados de todas las provincias de Francia
acudena la gran fiesta de las federaciones, expre-
sando asf su comin intencién de formar parte
de la gran nacién: una nacién como Francia esta
concebida como producto de una voluntad co-
min. La idea de un espiritu comin y de una
voluntad comin se desarrolla, impulsada en el
Barbarie burana y barbwrie europea 29
siglo XIX por pensadores como Renan, para
; quien “la existencia de una nacién es un plebis~
cito cotidiano”. Esta idea se afirma en contra de
Jas teorfas de filésofos alemanes como Herder y
Fichte, quienes insisten més bien sobre el suelo,
Ja lengua y Ja cultura para definir una nacion.
[Esta oposicién se reencuentra en el diferendo
franco-aleman sobre Alsacia y Lorena. Para los
franceses, Alsacia y los alsacianos eran franceses,
por el espiriru francés del que eran portadores,
Jos alemanes sostenfan por su parte que los alsa-
cianos eran de etnia y cultura alemanas, y por lo
tanto alemanes.
En todo caso, fuertemente inspirada por la
_ concepcién revolucionaria, se instaura una cierta
idea moderna de la nacién: la integracién de
etnias diferentes a través de la educacién, la
laicidad, los medios de comunicacién, el desa-
ee de las rutas y de los ferrocarriles, pero,
no hay que olvidarlo, también a través de las
or Las guerras son integradoras porque
‘unen en el odio del enemigo a las etnias més
"diversas en el seno de una comunidad patrié-
tica. Consideremos a los bretones: la conciencia
de un habitante del Finistére se definia, y en cier-
ta medida todavia se define, en relacién con la
de un habitante de Cap Sizun, es decir, en30 Edgar Morin
relaci6n con el pueblo vecino. Cuando entra en
el ejército, oye que le dicen “el breton”. Una
identidad que le resultaba lejana y abstracta se
vuelve concreta y, por sobre todo, descubre una
parte de esta complejidad que lo constituye: es
breton francés. Las guerras han contribuido ast
ala integracion.
Por supuesta, Europa nose libers tan ficilmente
de las cuestiones étnico-religiosas y de sus lazos
con una cierta concepcién de la nacién. El pro-
blema de Irlanda del Norte, que esté a punto de
resolverse, lo demuestra suficientemente. Hoy
sc plantean también los problemas del Pafs Vasco
yde Cércega, aunque sin dada son periféricos y
secundarios.
El siglo XX nos ha permitido medir la barba~
rie producida por la idea de nacién cuando ésta
reposa sobre una voluntad de purificacién étnica.
Por cierto, no se puede reducir la nacin a sus
efectos barbaros, porque ella es también un ope-
rador de integracion entre las emias. Pero hay
que sefialar que el siglo XX invents la mons-
truosidad de la nacion monoétnica. En el seno
de los imperios que reinaban en Europa central
y oriental a comienzos del siglo XX, austro-hiin-
garo, otomano, zarista, operaban fuerzas de in-
tegracién y de entendimiento entre los pueblos.
“ Barbarie humana y barbavie europea 44
En el imperio oromano, por ejemplo, se ejercia
‘una tolerancia religiosa y no prevalecia una
-yoluntad encarnizada de convertir. El modo de
“gobierno, que hacia que los impuestos fueran
“recaudados por la autoridad religiosa, permitia
Jos judios y a los catdlicos coexistir en una
sma ciudad. Sarajevo es el ejemplo extra-
dinario de la reunidn de los catdlicos croatas,
de los ortodoxos serbios, de los judios sefaradies
de los eslavos convertidos al Islam. Este
-caracter multictnico, esta mezcla de culturas que
‘nos parece un rasgo positive del imperio oto-
mano, se revel6 desastroso después de su des-
cmantclamiento, En cuanto al imperio austro-
“hingaro, antes del primer conflicto mundial se
encaminaba poco a poco, a pesar y a causa de
“todas las disensiones y descontentos de sus nu-
“merosos pueblos, hacia el reconocimiento de
“una cierta autonomia y coexistencia pacifica de
‘las nacionalidades: htingaros, checos, croatas
Desgraciadamente, la voluntad de los vence-
-dores en 1918, y especialmente de Francia, pro-
Voos la dislacacién de estos equilibrios. Cle-
renceau estaba persuadido de que el conjunto
austro-hiingaro era un bastion del catolicismo.
Los vencedores i impusieron la constitueién de
haciones que, por el hecho de la explosion del32 Edgar Morin
imperio y de las divisiones arbitrarias, se en
contraron bruscamente sumergidas en la légica
multiémica de las naciones modernas (Serbia y
Grecia, por su parte, ya se habfan emancipado
en el siglo XTX). Ahora bien, cada una de estas
naciones, aunque incluyeran importantes mi-
norfas étnicas y religiosas, quiso concebirse bajo
una forma monoétnica.
Elhistoriador Toynbee, que presencid la gue-
rra greco-turca de 1921, calificaba de “desastre”
la importacion de la idea occidental denaci6n en
estas regiones. Una doble purificacién étnica
tutca y griega se estaba produciendo entonces.
Los turcos expulsaron a las importantes pobla-
ciones griegas de Asia Menor, que estaban alli
desde la Antigiiedad, y las deportaron a Mace-
donia, Por su perte, les poblaciones turcas de
Macedonia fueron deportadas a Turquia.
En 1990, no cabian dudas de que la nacion
yugoeslava no habia completado su proyecto de
integracién de los pucblos que Ja constitufan,
pero ese proceso estaba en marcha. Es verdad
que habia sufrido una dictadura y que podia con-
siderarse que la nacién era impuesta por él tota-
litarismo, un totalitarismo sin embargo tempe-
rado después de Ja ruptura con la URSS. Esta
nacién inacabada se dislocé en tres naciones con
“Borbarie humane y barberie exropea 3
‘eldesencadenamiento de una barbaric guerrera
‘yoruel. Fl objetivo de depuracién éunica fue tan-
ode los serbios como de los croatas, que expul-
saron importantes poblaciones serbias. En Sa~
‘rajevo, atin se conservaba un cierto cardcter
“smultiétnico con los serbios que desempefiaban
un papel importante en el poder, la prensa, etc.
‘Este mal de la purificacién se reencuentra, por
cierto de manera pacifica, en el proceso de sepa-
‘racién entre los checos y los eslovacos.
No hablo aqui expresamente de la purifica-
ciénnazi, objeto de mi tercer capitulo, que puede
er considerada como la cuispide de la obsesion
purificadora de una nacién y que desgracia-
‘damente se enrafza en la historia curopea. Sin
embargo, conviene advertir que después de la
victoria de los aliados en 1945, pueden ob-
“secvarse fendmenos de purificacién de las pobla-
-ciones alemanas, deportadas de una Silesia que se
habia vuelto polaca, y de unos Sudetes que aho-
‘raeran checos. Los mismos polacos fueron de-
Portados de las zonas ucranianas anexadas por
los soviéticos. Y atin existen, en nuestras nacio-
_ hes occidentales, minorias que estin convencidas
de que la presencia extranjera de emigrados
haturalizados contamina la identidad nacional.
La xenofobia, el antijudaismo persisten a pesar34 Fdgar Morin
de la integracién europea. Los nacionalismos chau-
vinistas, fundados sobre la idea de pureza, no
estan muertos. En Austria, el movimiento de
Haider, los movimientos neonazis en Alemania,
en Holanda, en Francia, parecen marginales,
minoritarios, pero pueden ganar importancia en
caso de crisis, Basta con pensar que durante la gran
crisis de 1929, que tan brutalmente golpes a
Alemania en 1931, un pequefio partido, el partido
nazi, que en tiempos normales munca podia esperar
superar el 15 0 el 18 por ciento de los votos, pudo
llegar al 35 por ciento.
Las tendencias barbaras coexisten con las ten-
dencias civilizadoras. De la misma manera que
enel seno de los imperios, donde reinaba la bar-
barie de las conquistas guerreras, nacieron for-
mas refinadas de civilizacién, del mismo modo
en el seno de las naciones, coexistiendo con sus
tendencias depuradoras, se observa un flore-
cimiento de las artes, de la cultura, del conoci-
miento. Asila Espafia depurada del Siglo de Oro
produjo a Lope de Vega, Calderén, Géngora y
una pléyade de grandes artistas. De igual manera
que la Francia “purificada” seguin la revocacion
del edicto de Nantes es de todas maneras el pafs
de los grandes autores clisicos. Nunca olvido
j
arbarie humvana y harbarie europea a5
este doble aspecto, es decir, de hecho, la com-
plejidad de la civilizaci6n.
Paso ahora a eso que acabo de Iamar la
&harbarie de las conquistas guerreras”. Es mile-
aria, pero ha encontrado sus formas modernas
con el colonialismo. Para simplificar, se puede
considerar que comienza con las conquistas de
“Alejandro. Sin embargo, éstas no fueron, hablan-
do propiamente, barbaras. Alejandro respetaba
Jos dioses de las diferentes civilizaciones que ha-
bia conquistado. En cada ciudad, casaba a cente-
nares de sus soldados con mujeres naturales del
pais, preparando de esta manera‘una eivilizacion
mestiza. Pero el caso de Alejandro sigue siendo
excepcional. Los otros grandes conquistadores
son terribles. Gengis Khan, el conquistador mon-
gol del siglo XII y comienzos del XIII, sembré la
Thuerte y la destruccién tanto en Oriente, en
China, como en Occidente, al crear un imperio
desmesurado. Pero estos imperios desmesurados
No pueden durar. Precisamente porque son des-
mMesurados carecen de factor de integracién. El
de Gengis Khan solo duré un siglo. Tamerlin
(1336-1405), un siglo mas tarde, constrayé un
imperio formidable que pronto dividié entre sus
Cuatro descendientes.36 Edgur Movin
Las conquistas que emprendieron las naciones
europeas fueron de otro tipo y, sobre todo, resul~
taron duraderas. Fueron favorecidas por la su~
perioridad militar que les daban las armas de
fuego. Asi, en Pert, un pequeio grupo de caba~
lleros y de hombres armados hizo que se derrum-
bara un gigantesco imperio que se extendfa des-
de el norte del ecuador hasta el sur de Chile. La
conquista de México fue més complicada. De
alguna manera Cortés se sirvié de la estrategia
del mestizaje. Se alié a naciones sometidas por los
aztecas, descontentas de pagarles a estos ultimos
su tributo y, sobre todo, de entregarles sus ado-
lescentes para los sacrificios. Se ha podido decir
que México fae conquistado por los mexicanos.
Fl pequefio grupo de Cortés—y él mismo se ha-
bia unido a una mujer india, la Malinche-, logré
beneficiarse, después de diversos episodios, con
la ayuda de esas poblaciones. No es menos cierto
que esta conquista fue animada por una codicia
y un fanatismo sin parang6n.
Esta codicia se nutria del mito de El Dorado.
Al encontrar una delgada capa de oro sobre los
muros de los templos de Cuzco en Peri, los
conquistadores esperaron descubrir las fuentes
fabulosas del metal, como lo ilustra ese filme tan.
hermoso de Herzog, Aguirre o la ira de Dios. El
marbarie humana y barbarie ewopea a
natismo religioso no era menor: los idolos
ncas fueron abatidos, destruidos. Por lo demas,
tuberculosis, contra las cuales las poblaciones
cales no estaban inmunizadas. En lugar de bie-
s culturales, intercambiaron virus y bacterias.
cambio de la tuberculosis, la sffilis gané Oc-
nntey, por la ruta de las caravanas, llego hasta
hina. También el alcohol provocé estragos.
pués de seis u ocho mil afios, la seleccién
al habia climinado en el Viejo Continente
ortalidad masiva fue por cierto la esclavitud.
Las poblaciones indigenas fueron sobre-ex-
otadas para extraer la plata de las minas de Potosi
oy plata.
Frente a semejante baja demografica, los con-
quistadores recurrieron a la trata masiva de los
“Regros. La esclavitud de los negros fue un hecho
-enel que participé la casi totalidad del continen-38 Elgar Mori “Parbavie bunvina y barbaric europea 39
cia de la esclavitud en los estados del sur de los
Estados Unidos fue una de las causas de la Gue-
rra de Secesion. En Francia, la esclavitud en las
colonias ser4 abolida recién en 1848 gracias a
Victor Schoelcher. Sin embargo, perduraré de
manera residual. En cuanto a la colonizacién,
no desaparecera hasta fines del siglo XX. Entre
tanto, se desaté la colonizacién inglesa y fran-
cesa, pero también alemana y portuguesa, sobre
todo en Africa. André Gide, durante su viaje al
Congo, informé sobre la mancra atroz en la que
eran practicamente sometidos a la esclavinud los
negros que trabajaban en el ferrocarril Congo-
Océano. Esta barbarie colonialista, de una ex-
trema brutalidad, continuara manifestandose en
Francia en pleno siglo XX, tal como lo de- comprenderlos mejor y asi evitar que nos posean
muestra la masacre de Sétif, cometida el mismo: ciegamente.
dia del fin de la guerra, el 8 de mayo de 1945, y
las numerosas atrocidades durante la guerra de
Argelis
el curso de esta mundializacién de la barbarie
ropea, hubo mestizajes de culturas, inter-
F ‘os, contactos creadores. En la actualidad
emos cémo se polemiza sobre una directiva
isterial que pretende que en los manuales
historia se indiquen las caracteristicas posi-
de la colonizaci6n francesa en Argeliay en
s otras antiguas colonias de Africa. La ver-
dadera cuestin es saber si estas caracteristicas
ositivas estin en primer plano 0 son s6lo fené-
enos secundarios. Tal interrogante deberfa ser
reubicado en un marco general. Habria que sub-
Ja ambivalencia, la complejidad de lo que
barbarie, de lo que es civilizacién, por cierto
Querria terminar refiriéndome a otra forma
> barbarie que aiin hoy perdura. Las sociedades
A fin de cuentas, se observa una cxplosién de |
cinco siglos de barbarie europea, cinco siglos
de conquistas, de reduccién a la servidumbre, de
colonizacién. Por cierto, hay que decirlo nue-
vatnente, la barbarie se via acompaiiada pot
efectos de eivilizacién, ¢ incluso los ha inducide.
do progresivamente a les pequefias socie-
ides arcaicas que las han precedido, Pero es
el auge mundial de la civilizacién occiden-
fal que se opera la destruccién genocida de la
‘nidad arcaica y de los pueblos sin Estado.
n Tasmania, la poblacién indigena ha sido ani-40 Edgar Movin fuavie buomane y barbarie europea 4
quilada. En Australia, hoy es residual. En Amé
rica del Sur, en el sur de Chile, los alakalufes, el
pueblo de los némades del mar, que acogian a
los navegantes cuando pasaban en los siglos
XVII o XVIII, ha sido aniquilado. En Améri
del Norte, las poblaciones indias, después de ha
ber sido burladas los tratados que habian firma- ‘coloniales. Igualmente, en lo que concierne a la
do con la autoridad politica no fueron respe: ‘yarie depuradora, las naciones enropeas re-
tados-, hoy estan inmovilizadas, en reservas que
son como guetos. La asociacién Survival Inter
nacional defiende sus derechos, y lo hace muy
activa y justamente. En Asia, los habitantes de
Jas montafias de la peninsula Indochina ya han
sido reprimidos por los pueblos dominantes.
Africa negra, la poblacién de los bantiies bi
avanzado sobre los bosquimanos, y practica- Europa.
mente los ha exterminado. Grandes zonas de.
selva virgen amazénica sufren hoy un proce
de destrucci6n, que condena a los tiltimos pue-
blos independientes a exiliarse en los suburbios
La barbaric conquistadora europea no ter
mina, lo repito, con el fin de la Segunda Guerra
Mundial. En lo que toca a Francia, no se acaba
mas que con la guerra de Argelia, y termina mas
srde para Portugal con Angola y Mozambique.
wuncian de a poco, gracias a la constitucién de
n espacio europeo, al nacionalismo basada en
mireza étnica. Estamos entonces en una época
nde la barbarie europea esté en fuerte re-
ion y donde los antidotos culturales euro-
08, que han desempeiiado un papel importante
de quienes en Brasil crearon asociaciones del
cha para la salvaguarda de las poblaciones in
digenas y de sus derecho:2. Los antidotos culturales
europeospueda parecerles que estoy dando ami
yn. una forma de fresco histérico dema-
J apresurado. Sin embargo, el hilo hist6rico
‘0 no es para mi un medio de exposicion
olégica del fendmeno de la barbarie, sino
dio para su comprension.
1el siglo XVI se opera una profunda meta-
osis de Europa occidental. Asistimos a la
un auge econdmico, a un esplendor de las
les, ya la formacién de las naciones mo-
El Renacimiento da nueva vida a la he-
dela Antigiiedad griega ylatina, en espe-
la griega, encerrada hasta entonces en el
ior del discurso teolégico. Dicho de otro
odo, este retorno de Grecia puso fina la suje-
in teolégica, y produjo una autonomizacién
ensamiento, permitiendo asf el auge de la46 Edgar Morin. s-antidots coltarales earopess ar
filosofia y de la ciencia modemas. Por cierto,
existfa un pensamiento racional en el seno de 4 Palas Atenea no gobierna, sdlo protege;
teologia y especialmente en el tomismo, pera ‘es el significado de la democracia: los ciu-
quedaba bajo el control religioso. La ciencia s danos responsubles tienen en sus manos el
desarrollard entonces marchando sobre cuatro eno de la ciudad.
piernas: el empirismo, la racionalidad teérica, sible pensar que de hecho las dos fuentes
Ja verificacién y Ja imaginacidn. El Renacimiento
es también la época del desarrollo de las hu- a crear el humanismo europeo. Es cierto que
manidades, de una cultura fundada en la inte- nera fuente, en la que el hombre esti hecho
gracién de la cultura griega y de la cultara latina. agen y semejanza de Dios y en la qne Dios
En esta época, muchos pensadores se caracte- ace hombre, si bien promucve el respeto por
rizaban porn espiritu enciclopédico, conocian el ida humana, también conducira a un antro-
Srabe, el hebreo, el griego, el latin. entrismo ingenuo y seré fuente de mega-
Fue en el curso del Renacimiento que tuyo, mania, Liberado de Dios, el hombre ocuparé
lugar la gestacién del humanismo europeo. A la r de sujeto y centro del universo. Es pre-
pregunta de cual es la esencia del humanismo, iso indicar, también, como corriente que irriga
caben dos tipos de respuestas absolutamente di- humanismo europeo, el mensaje del propio
yergentes. Una respuesta del primer tipo €s, s, al que no menciona ninguno de estos au-
por ejemplo, la del filésofo polaco Leszek Kola- Es un mensaje que habla de compasion y
Kowski. Segvin él, el humanismo europeo hebe perdén. De esta palabra se desprende un
en la fuente del judeo-cristianismo: en 1a Biblia, itu de fraternidad que se unird a la racio-
Dios ha hecho al hombre a su imagen y, en los. lidad eriega: algo afectivo que se enlaza al ca-
Evangelios, Dios se encarna en un ser humano. cter frio de la racionalidad para formar el
Alo que el filésofo checo Jan Patocka objet anismo europeo.
que la fuente del humanismo europeo es griega,
porque es en el pensamiento griego que el espi-
rita humano y su racionalidad afirman su auto-
mfa, En la ciudad democritica de Atenas, la
__ Este humanismo tiene dos rostros, uno domi-
Mante, el otro fraternal, lo que provocard una50 Edgar Morin
En la emergencia de la racionalidad autocri-
tica, merece destacarse la importancia mal co-
nocida del marranismo. Los marranos eran de
hecho ensu mayoria de origen judio, ya que mu
chos musulmanes habian retornado al Maghreb
tras la caida de Granada. Entre los judios con~
versos, algunos quedaron en Espafia y otros se |
instalaron en los Paises Bajos. A su vez, existen_
dos tipos de marranos. Los primeros olvidaron
su ascendencia y se volvieron cristianos. Los se-
gundos guardaron secretamente la fe y la iden-
tidad judias. Este fue el caso del doctor Fernando
Cardoso. Hombre del siglo XVI, poeta cortesa-
no, amigo de los grandes dramaturgos, autor de
poemas, en especial uno sobre la erupcién del
Vesubio, en apariencia esta perfectamente
integrado. Sin embargo, realiza un viaje a Ve-
necia, ve a las autoridades del gueto, y les pide
que lo reconozcan como judio. Obtenido esto,
que las autoridades le conceden a condicién de
que sea el médico de los pobres, escribe alli un
libro que seré impreso en Holanda, De Ja exce-
lencia de los judios, para demostrar que la ley de
Moisés es superior a la de Cristo.
Y atin existe un tercer rostro del marranismo,
nacido a partir de una doble identidad, del senti-
miento de pertenecer a dos modos de existencia
antidstos culturales europeos ai
into nuevo. Estos casos son raros, pera nota-
bles. Bartolomé de las Casas, por ejemplo, que
ne una ascendencia de converso, hizo que la
rarquia catélica aceptara la idea de que los in-
os de América eran humanos y tenian un al-
La Iglesia se rehusaba a admitirlo: jeomo
iderarlos hombres si Jestis no se habia des-
do nunca hasta América del Sur! Las perse-
la fuente paulina: “No hay hombres ni mujeres,
ni judios ni griegos, ni hombres libres ni escla-
,vosotros sois todos uno en Jesucristo” (Epis
aa los Gélatas). Desgraciadamente, por falta
oportunidad, Bartolomé de las Casas puso
entre paréntesis la suerte de los africanos victi-
las de la trata. La trata de los negros comenzé
fe svamente desde 1502 en la isla de Hispa-
mola.
El otro caso que conviene citar es el de Mon-
¢. Se asombrarin de ofr que lo califique
como marrano, porque todo el mundo lo conoce
‘Como gascén, pero una cosa no quita la otra. Se52 Ldgar Morin
“fos aniidetos culturates ewropeos 53
sabe, segtin fuentes seguras, que la familia ma~
tema, los Loupe, desciende de los Lépez, de quie-
nes s¢ encontraron huellas en Espafta. Pareceria
extrafio que esta unidn, en una época en la que s costumbres”. Uno de los aspectos de la bar-
Jos matrimonios eran arreglados, no haya sido Ber roserheeldetaardebibary al oro,
hecha entre dos descendientes de marranos, aun al diferente, en lugar de celebrar esta diferencia
cuando no se sepa nada de la familia paterna. Es ‘ye ver cn clla la ocasin deun enriquecimiento
interesante anotar que, en los Ensayos, las refe- conocimiento y de la relacién entre los hu-
rencias principales son griegas y latinas, exclu- anos. Montaigne representa un pensamiento
yendo cesi las referencias a los Evangelios, y en una libertad inaudita que ha sabido eman-
definitiva a todos los textos religiosos. Una carta, ciparse de los prejuicios barbaros de su tiempo.
escrita a su padre para narrarle la muerte de su
amigo, La Boétie, cayos ritos fiinebres habjan
seguido la liturgia catélica, es bien extrafia. Al
final, La Boétie dice con voz firme: “Muero en
esta fe que Moisés ha plantado en Egipto, que de
alli rransportéa Judea y que nuestros padres han
transmitido hasta nosotros”. Pregunté a los espe-
cialistas en La Boétie qué podfa significar esto,
pero no me pudieron responder.
Lo que importa es que ese marrano que es
Montaigne constituya un fendmeno verdadera-
mente excepcional en una época de guerras de
religion. Lo es por su escepticismo y por su re~
chazo de considerar a los amerindios como infe-
riores. “Aquellos a quienes se llama bérbaros -es-
cribe—son seres de una civilizaci6n diferente dé
‘Ja nuestra”. Aftade: “Encuentro [...] que no hay
y birbaro en esta nacién... sino que
eada uno llama barbarie aquello que no entra en
allé del judafsmo y més allé del cristianismo. No
6 el antagonismo entre judio y cristiano,
sulmén y judio, fiel ¢ infiel. Por cierto, los
igenes marranos de Montaigne podian ser may
ejanos y es mas bien el espiritu del marranismo
dente en el plano politico, lo es dentro de la linea
su ética de tolerancia. De hecho, sostiene al
rey en todos los esfuerzos de moderacién que
despliega para evitar una guerra de religiSn.
Me gustaria abordar también el caso de Spi-
‘Noza. En su obra, es expulsado el Dios exterior,
‘que sin embargo seguiré muy presente en Des-
Cartes © en Newton, y se adopta Ia idea de unst Edgar Morin
mundo autoengendrado, “causa de si”, como
dice Spinoza, idea que sc impondré en el pensa~
miento europeo recién a partir de Hegel. Como
lo indica la célebre formula Deus sive natura, la
fuerza creadora esté en la naturaleza. Esto puede
entenderse de la siguiente manera: Dios 0, si
ptefieren, la naturaleza: yo no hago diferencias, En
Spinoza, la raz6n es soberana, pero no se trata de
una raz6n friay helada, es una raz6n profunda-
mente compasiva, “amante” si se puede decir,
Rechaza la idea de pueblo elegido, que segtin él
es inactual, y asf laiciza la identidad judia, y, mas
alls del cristianismo, reencuentra los lazos con.
Ja idea de universalidad. Se reencuentra en él el
mismo espiritu de independencia que en Mon-
taigne. Vivid por cierto en la Amsterdam tole-
rante de entonces, pero no por ello escapé a los
ataques de la intolerancia. Expulsado de la sina~
goga, escapado por poco de un atentado contra
su vida, debié vivir en una semi-miseria
No se puede negar el acierto de los inquisi-
dores espafioles cuando consideraban que el ma~
rranismo era una fuente de escepticismo y de
racionalismo. Los casos abundan en el siglo
XVIL El Don Quijote de Cervantes, por ejemplo,
esté marcado por una doble ironfa: la critica de
lo imaginario por la realidad, encarnada por el
ps ancidorisculeurales earopeos 35
ojo ctitico que Sancho dirige a Don Quijote,
pero también la critica de la realidad prosaica
nor lo imaginario, fuente de poesia, que encarna
caballero errante. Don Quijote anuncia asi el
desencantamiento del mundo moderno, descrito
ancho y Don Quijote sean inseparables, no hay
onciliacién posible entre sus dos universos:
es por ello que esta obra no ha perdido su fas-
inaci6n, y surge como un aerolito en el universo
Ge la literatura y de lo novelesco.
_ De esta manera, el humanismo se desarrolla
en los otros paises occidentales con excepcién
¢ Espafia. Pero incluso a partir de esta Espafia
donde el mensaje ha sido excluido, surgié subte-
éneamente a partir del mensaje de aquellos a
quienes podemos llamar los postmarranos, que
limentaron y afirmaron un humanismo en un
-espiritu de laicidad y de universalidad.
‘También seria interesante evocar un fend-
‘Meno que aparecié en el imperio otomano, y
que deriva del posmarranismo: el movimiento
thesignico de Sabbatai’Isevi. Antes de que lo pre-
Sentaran como nuevo Mesias, Sabbatai Tsevi se
habia conyertidoal Islam. Sus disefpulos mantu-56 Edgar Morin
vieron secretamente el culto de este mesias judio
aun cuando oficialmente eran musulmanes con~
versos. A estos conversos se les daba el nombre
de dénme (“los que se dieron vuelta”). Eran
bastante influyentes en Estambul. En el siglo
XIX, crearon escuelas laicas. En estas escuela
se formaron los jvenes oficiales turcos y Mus-
tafé Kemal, que en la década de 1920 debia es-
tablecer el laicismo. Este episodio también
demuestra que los desvios de la historia son to-
talmente curiosos, pero sobre todo coloca nue
yamente en un primer plano la virtud eman-
cipadora del espiritu marrano. Los sabateos, all
separarse de la ley judia y adoptar un islamismo
superficial, se liberaban ¢ la vez de la una y dela
otra, Por lo que se los puede inscribir en el movi-
miento del humanismo europeo.
Esta tradicién del humanismo europeo, su
parte de autocritica, se expresa muy bien en las
Cartas persas de Montesquieu, y se va a perpetuar
hasta Claude Lévi-Strauss. Montesquieu se
imagina a unos persas que llegan a Occidente y
consideran a los franceses como seres exdticos,
lo que constituye una actitud tipica de la racio-
nalidad autocritica: considerarse a si mismo co-
mo objeto de curiosidad y de critica. Voltaire da
otro ejemplo de ello en su Discours aux Welches.
ps aatidytosculturales enropeos sy
‘Desgraciadamente, Ja racionalidad autocritica es
‘gn aspecto que siguid siendo menor en la tra-
dicién occidental. Enel siglo XVIIL, enla época
ie Ia [lustracién, la racionalidad es eminente-
fente critica y se dirige en primer lugar contra
Jas religiones, consideradas como tejidos de f4-
ules y de supersticiones. Esta critica es reduc-
jonista. No llega a ver lo que Marx hard valer
s tarde, el hecho de que la religién es como
el suspiro de la criatura desdichada, el sesgado
‘medio por el que se expresan las aspiraciones
humanas més profundas.
_ Elespiritu humanista de la Tustracidn va a en-
contrar su formulacién en la Declaracién de los
derechos del hombre y del ciudadano, un mensaje que
era mucho més el de Ja aristocracia ilustrada que
‘elde la burguesfa, segiin demostré Francois Furet.
En la noche del 4 de agosto, son los aristécratas
tnismos quienes abandonan sus privilegios.
La razon, en esta época que marca su triunfo,
-exhibe rostros sin embargo diferentes. La raz6n
-cientifica construye teorias. Pero estas teorias,
“aparentemente fundadas sobre datos coherentes,
pueden verse viciadas por la “racionalizacién”,
“Poruna visién demasiado légica que s6lo retiene
-aquello que la confirma, Laplace, por ejemplo,
Anyecta la racionalizacién en el seno mismo de58 Edgar Morin
la ciencia. Propone una cosmovisién entera-
mente determinista, en un marco que, por
supuesto, ya es totalmente laico: supone que un
demonio dotado de poderes superiores seria ca
paz no slo de conocer todos los aconteci-
mientos del pasado sino de anticipar todos los
acontecimientos del futuro. Cuando Napoleén
le pregunta: *:Y qué hace usted con Dios?”, La-
place le responde: “Majestad, no necesito esa
hipotesis”. La concepcion de Laplace era una ra-
cionalizacion extrema de la racionalidad newto-
niana. En la actualidad, nos hemos dado cuenta
de que no todo en el universo puede ser some-
tido al determinismo. Esto prueba que existe una
racionalidad critica que evita las trampas de la
racionalizaci6n, una racionalidad autocritica que
asocia raz6n, conocimiento y autoexamen del
sujeto. Las enfermedades de la razén no se deben
ala rracionalidad en s{ misma, sino a su perversion
en la racionalizacion y a su cuasi-deificaci6n.
La instrumentalizacién de la raz6n, colocada
por ejemplo al servicio de fines totalmente irra~
cionales y barbaros como la guerra, participa de
otro tipo de racionalizacién. De hecho, lo que
hay que ver por detr4s de todas las racionali-
zaciones es, ademas de la ausencia del pensa-
miento critico y autocritico, el olvido de lo que
Los antidotes cilturales ewrnpees 590
Rousseau llama la sensibilidad y que es el ol-
yido de nuestra propia naturaleza, Presente en
Rousseau, la naturaleza ha permanecido igno-
yada por Ia Ilustracién. Todo cambia con el
romanticismo.
Elprimer romanticismo es una re-poetizacion
del universo; responde a una nostalgia de le co-
munidad, una idealizacién de la Edad Media.
Pero esta nostalgia del pasado va a mudar, pocos
‘aiios més tarde, en una aspiracién al futuro libe-
‘rador, que expresan Lamartine y Hugo, quienes
‘obran una simbiosis entre el espiritu romantico
yelespiritu de la Tlustracién. Lamartine fue uno
de los héroes de la revolucién de 1848, la que
afiadié la palabra “Fraternidad” a los primeros
términos de la célebre divisa de la Revolucién
Francesa. Hugo, por su parte, con su espiritu
visionario, imagina ya los Estadas Unidos de Eu-
ropa, preludio de los Estados Unidos del mundo.
Esta época da nueva vida alos derechos del hom-
bre, derechos de los pueblos, derechos de la hu-
manidad, especialmente bajo la influencia del
Pensamiento socialista.
En el siglo XIX se opera una especie de fer-
Mentacidn, con Fourier, Leroux, Proudhon, los
j6venes hegelianos, Stirner, el tedrico del anar-
quismo, y finalmente Marx. A Marx debemos0 Edgar Morin
una notable sintesis filos6fica e intelectual al ser-
vicio de ese florecimiento humano que leva en
si el socialismo —que es una aspiracién univer-
salista de mayor libertad e igualdad-. Su pensa~
miento puede ser calificado de posmarrano,
dado que en el corazén de su concepeién hay
un mesianismo judco-cristiano laicizado. El
mesias transmutd en proletariado industrial, el
Apocalipsis en revolucidn, Ja salvacién terrenal
en sociedad sin clases. La mayorfa de los mar-
xistas crey6 practicar la racionalidad total sin
advertir que practicaban una religién de la sal-
vaci6n terrenal. En el seno de esta esperanza
socialista se reencuentra la tendencia a la uni-
versalidad del humanismo europeo, gracias a la
creaci6n de las Internacionales —aunque por el
momento su organizacién se limite a los pafses
europeos dominantes y a los Estados Unidos de
América—. A pesar de todo, la mayor parte del
mundo occidental no ha abandonado la idea de
que la racionalidad ¢s el privilegio y el monopolio
de los occidentales.
Llegamos asia dos ideas complejas. En primer
lugar, Europa occidental, hogar de la més im-
portante dominacién que haya existido en el
mundo, es también el dinico hogar de las ideas
or antidotos culturales enropers 61
emancipatorias que van a socavar esa domi-
jnacion. Los portadores de esas ideas emancipa-
torias se inspiran en el humanismo europeo mo-
derno: intelectuales, militantes y, menos estre-
chamente, hombres y mujeres de buena voluntad
surgidos de diferentes clases de la sociedad. La
iniciativa ha sido adoptada por espiritus mar-
cados por las ideas de la Revolucién, como
Victor Scheelcher, quien en 1848, recordémoslo,
decreta la abolicién de la esclavitud en las colo-
nias francesas. Estas ideas no sélo van a ser
difundidas en las colonias a través de la ensefian-
za de la cultura francesa, sino que van a ser apro-
piadas por los portavoces de los paises coloni-
zados, y son ellos quienes van a remitir a Oc-
cidente a sus propios principios: libertad, dere-
cho de los pueblos, etc. Estas ideas han sido los
fermentos de la descolonizacién. Es entonces
en Europa, hogar de la dominacién y de la con-
quista, que se formaron esos antidotos que son
las ideas emancipatorias.
La segunda idea clave se refiere a ese proceso
que llamo la “era planctaria”. Con la conquista
de América, y la circunnavegacion del globo por
los navegantes portugueses y espafioles, el pla~
Neta entra en un sistema de intercomunicacién
que va a desarrollarse sin cesar. Si este procesooz Edgar Morin
es inseparable del sometimiento y de la escla-
yitud, los gérmenes de la descolonizacién y de
la liberacién de todas las servidumbres estdn en
su lugar desde un comienzo, junto a lz mundia-
lizacién del comercio de los traficantes de es-
clavos y de los mercaderes, se desarrollé una
mundializacién de las ideas de emancipaci6n que
condujeron a la abolicién de la esclavitud. Por
cierto, esta abolicién tardé, y fue dificil alean-
zarla, En los Estados Unidos, por ejemplo, las
ideas de emancipacién también suscitaron la
Guerra de Secesién. Del mismo modo, después
de la Segunda Guerra Mundial, el movimiento
mundial de emancipacién acab6 por suscitar un
movimiento mundial de liberacién de los co-
lonizados. La partida de los colonizadores se lo-
gro a veces de manera pacifica, como en Ttinez
o en Marruecos, y otras de manera trégica, como
en Argelia. Este proceso culmina con la llegada
al poder de Mandela, heredero del pensamiento
marxista. El quiso acabar con la separacion de
negros y blancos, quiso construir una misma
nacidn para todos. Siguid asi una ldgica muy di-
ferente de la que encarnaban en Europa oriental
los impulsos nacionalistas desprovistos de todo
humanismo, impulsos que condujeron a la gue-
rra de Yugoslavia, y a la destruccién de lo que
estaba unido.
“as antidatos cuturales eurepeos 63
‘A menudo, hemos podido observar un pro-
ceso de descolonizacién en dos etapas. Hay una
primera descolonizacién, que no es In obra de
Jos colonizados, sino de los colonos implantados
en el pais, de las elites de origen europeo, que
hacen acceder al pais a la independencia, como
‘en Argentina o Brasil. Advirtamos que Brasil, a
pesar de la declaracién de independencia, cono-
cié la esclavitud hasta fines del siglo XIX. Advir-
tamos que en América latina se desarrolla una
concepcién dela nacién que es mas amplia que
a de las grandes naciones europeasy que se ali-
mente del mestizaje. En Brasil, en Ecuador, en
México y en Colombia, los mestizajes son muil-
ttiples, Por cierto, son menores en los paises an-~
dinos, donde las castas de origen blanco mantienen
fuera de las zonas de poder a una gran mayoria de
Ja poblacién indigena—lo que por otra parte plan-
tea un problema particularmente agudo-
Para comprender entonces la mundializacién,
hay que saber ver el proceso dialéctico que la
produce. Una primera mundializacion obra bajo
la hegemonia de una superpotencia, la Espafia
del Siglo de Oro, y hoy los Estados Unidos. A
su vez, produce una segunda mundializacin que
Puede parecer que permanece en un segundo
plano, que carece del poder de la primera, pero64 Edgar Morin
que lleva en sflas esperanzas de emancipacién y
de humanidad.
2Qué ocurre en efecto desde 1989? La mun-
dializaci6n del mercado ha conducido al de-
rrumbe del sistema soviético, de su economia
burocratizada, asi como también al abandono
de ese tipo de economia por parte de China, de
Vietnam, de todos los paises comunistas, aun
cuando en el poder perdure la dictadura del par
tido comunista. Fso que fue Iamado neolibe-
ralismo se aproveché del descrédito de las ideas
del socialismo real y de las virtudes de la eco-
noma socialista. Triunfa la idea de que las auto-
rregulaciones econémicas espontineas bastan
para resolver todos los problemas, incluidos los
educativos —mientras que el liberalismo clasico
no salfa del marco de las regulaciones de los
Estados—. Actualmente, nos encontramos atin
enese periodo, marcado por la ausencia de toda
verdadera regulacion en el nivel planetario. Sin
embargo, esta mundializacién del mercado
suscita una mundializacién paralela permitida
por el extraordinario progreso de las técnicas
de comunicacién. De ahora en més, vivimos en
la era de la ubicuidad, gracias al fax, al e-mail, al
teléfono celular. Estas nuevas condiciones téc-
nicas y econ6micas abren una nueva €poca, una
“Loc antidotes calturales europeos 65
gpoca en la cual las ideas pueden circular a Ja
-yelocidad de la luz, Ya el derrumbe de la Unién
Soviética ha permitido una propagacién de las
_jdeas democriticas, no s6lo en los paises vasallos
de la Unién soviética, las ex democracias popu-
Jares, sino igualmente en América latina y en
Africa. Es la época de la caida de la mayoria de
Jas dictaduras de América latina. Es la revancha
de 1789 sobre 1917. Durante décadas, 1789 pa-
-reci6- una pequefia revolucién preliminar, de ca-
-racter secundario, ya que la verdadera revolucién
-s6lo podéa llegar a su climax con 1917 y la toma
del poder por el partido bolchevique. En el
actual mercado de valores, 1917 se derrumbé y
_las acciones de 1789 subieron.
Estamos en una situacion en la cual la segunda
mundializacién progresa, por cierto a un ritmo
diferente de la primera, pero progresa de todos
-modos. La prediccién de Marx revelé ser ente-
‘tamente admirable, cuando se observa el proble-
‘ma de la cultura, de la literatura, de las artes.
Marx odiaba y a la vez. admiraba a la burguesfa.
Vefa en ella ia clase que, en uno de sus aspectos,
explotaba duramente a una parte de la huma-
nidad, pero que en otro destruja las antiguas re-
laciones de servidumbre y de feudalidad, crean-
do un espacio donde pudiera desplegarse una66 Edgar Morin
literatura mundial. En la accualidad, zqué es una
literatura mundial? Es el acceso a la literatura
de todas las regiones del mundo gracias a los
medios de comunicacién y de difusidn generados
por el capitalismo, pero también la creacion de
artes de un nuevo tipo. No por estar fandada
sobre la busqueda de Ja ganancia la industria
cultural deja de necesitar originalidad y crea-
tividad. Hollywood, con sus medios casi indus-
triales de realizar films, produjo obras maestras
camo las de John Ford, mientras que en com-
paracién el cine soviético parece poco creativo.
Por desgracia, las necesidades de la produecién
han aniquilado muchas vecesa las de la creacién.
Orson Welles es un triste ejemplo, En todo caso,
no se puede reducir la mundializacién econd-
mica y mercantil a una homogeneizacién me-
diocre, porque suscita y ella misma se nutre de
una mundializacién humanista -sin por ello
confundirse con ésta~
Esta dialéctica propia de la nmundializacién en-
cuentra una formulacion casi conceptual en el
altermundialismo, que es la emergencia de una
mundializaci6n no centrada en los valores met-
cantiles, y no el “antinnandialismo” globalifébico
del que desde hace tiempo hablan los medios.
Los antidotos culturales exerepens 67
Desde Seattle, en 1999, se ha visto a José Bové
expresar la idea de una mundializacién alter-
nativa. Con la férmula: “E] mundo no es una
mercancla”, se trataba de hacer emerger otro
munda y no sélo de salvaguardar las especi-
ficidades de los diferentes paises. Aun si el alter-
mundialismo todavia se busca a si mismo, y no
llega a formular su propia vision, y a-veces se ve
desgarrado por luchas de facciones, es un movi-
miento viviente y activo. Una ciudadanfa del
mundo nacié en la oportunidad de la guerra de
Biafra, esa provincia de Nigeria que hichaba por
su independencia. Una asociacién fue creada:
Médicos sin Fronteras, cuya misién era Ja de
atender a los humanos, sin importar su raza ni
sureligién. Fue un paso capital. Desde entonces,
estas organizaciones humanitarias se vieron
multiplicadas, y son el testimonio de una nueva
conciencia planetaria, en el momento mismo en
que declina el espiritu internacionalista, el dela
Internacional comunista y la Internacional
socialdemécrata.
Estos internacionalismos se hicieron devorar
por las naciones. En Francia, la IT* Internacional,
tan poderosa en 1914, con un partido socialista
francés guiado por Jaurés, queria la paz, como
también la querfa el partido aleman. Pero desde68 Eagar Morin
el comienzo de las hostilidades, la mayorfa de les
socialistas franceses se reunié en la Union sagra-
da contra Alemania, y la mayoria de los socia~
listas alemanes se reunién en la Unién sagrada
contra Francia. Sélo algunos raros espiritus,
como Romain Rolland y algunos sindicalistas,
pudieron escapar de esta hipnosis nacionalista,
La I Internacional fue asf devorada por la gue-
tra de 1914, En cuanto a la ITD, la Internacional
comunista, se puso al servicio del Estado sovié-
tico, el que estuvo cada vez més al servicio de su
propio poderio. Los ideales del socialismo inter-
nacional se vieron desviados en provecho de un
patriotismo que por lo dem(s fue vital para la
salvaguardia de la Union Soviética. Stalin nom-
bro ala Segunda Guerra Mundial como “la gran
guerra patridtica”. La IT? Internacional se hig
devorar por el nacionalismo del imperio sovié-
tico. De uno u otro modo, todas estas Interna~
cionales habian descuidado la realidad de Jas
patrias y de las naciones, Habian crefdo que las
naciones sdlo eran ilusiones ideoldgicas y que
¢] Estado nacional sélo era un instrumento de
la clase dominante. Habian subestimado la
profundidad de la nacidn, Sin embargo, desde
el siglo XIX, Otto Bauer intenta construir una
teoria de la nacién fundada sobre la idea de cO-
Los antiotos culrurales exropeos 69
munidad de destino, y Stalin mismo, en su juven-
tud, habia recibido de Lenin el encargo de escribir
un libro sobre el marxismo y la cuestién nacional
en el que procurarfa establecer algunos funda-
mentos de la naci6n.
Pero el marxismo ha sido ciego y los revolu-
cionarios mismos, que, segiin crefan, habfan ba-
rrido con todo en la Unién Soviética, prepa-
raron, sin saberlo, el retorno con toda su fuerza
no s6lo del nacionalismo ruso, sino también del
armenio, uzbeko, lituano. Habjan creido erra-
dicar la religion, pero regres6 con fuerzas reno-
vadas. Habfan creido que liquidando a los bur-
gueses el capitalismo estaba acabado para siem-
pre, y advino un capitalismo peor que el de la
€poca zarista. Esto ilustra lo que yo he llamado
“ecologia de la accién”. Especialmente en poli-
tica, las acciones pueden ir en un sentido con-
trario a lasintenciones, y producir entonces efec-
tos que las destruyen. Quien ignora la ecologia
de la accién esta condenado a engafiarse por
largo tiempo.
Las Internacionales no han podido transfor-
marse en conciencia planetaria, y dan prueba de
la debilidad del espfrivu de ciudadanfa mundial.
‘Yo habja propuesto la idea de “Tierra-pauria”,
sabiendo que la palabra de “patria” recubre una70 Edgar Morin
mitologia muy rica, a la vez maternal y paters
nal, hasta en sus connotaciones. La nocién de
patria nos dice que debemos amar esta tierra ma~
terna de la que hemos salido y la autoridad
paterna del Estado, si cs justa. Esta idea todavia
no adquiri6 dimensi6n planetaria. La globaliza-
cién tecno-econdémica creé en el curso del tlti-
mo milenio los medios que podrian permitir la
emergencia de esta conciencia planetaria, afec~
tiva al mismo tiempo que refloxiva. Produjo las
infraestructuras de una sociedad-mundo even-
tual. Para que exista una sociedad, tienen que
existir un territorio y medios de comunicacién,
Es necesario que exista una economia. Ahora
bien, existe un territorio mundial que dispone
de innumerables medios de comunicacién y de
‘una estructura propia. Lo que hay que deplorar
no es la mundializacién de la economia, sino el
hecho de que no esté regulada institucional-
mente. Hace falta entonces una autoridad regu-
ladora legitima de alcance planetario. Desgra-
ciadamente, ustedes saben por dénde andan las
Naciones Unidas y el Derecho Internacional...
Por otro lado, el proceso tecno-econémico que
crea las infraestructuras de una sociedad-mundo
impide a esta sociedad emerger como tal. Asise
desarrolla la légica de didlogo entre la mundia-~
Los antidotor cudturates europeos n
lizacién cconémica y la mundializacién huma-
nista. Esta ldgica de didlogo significa que hay
una oposicién entre estas mundializacionesy que
sin embargo una se alimenta dela otra, al menos
en el sentido de que una no puede existir sin la
otra.
Esta época de mundializacién implica graves
peligros. Como siempre, civilizacién y barbaric
vienen asociadas. Asistimos al retorno de violencias
émicas, nacionalesy religiosas en una gran cantidad
de paises y regiones. Algunas de sus mani-
festaciones pueden hacemos pensar que una
guerra de las religiones o una guerra de las culturas,
hasta de las civilizaciones, es posible. Esto muestra
nuevamente que la mundializaci6n presenta rasgos
contradictorios y divergentes. Asistimos a la vez a
una universalizacién tecno-econémica y a
resistencias que comprenden el retorno a las
teligiones y a los cultos particularistas.
Una idea ha empezado a despuntar en las vil-
timas décadas del siglo XX, aunque sus origenes
son antiguos: la de una nave espacial, la tierra,
donde navega la humanidad. Esta nave es pro-
pulsada hoy por cuatro motores: ciencias, téc-
nica, economia y ganancia, y esos motores no
estin bien controlados. No me inscribo en un
Densamiento binario, y no digo que la ciencia esLos primeros gérmenes de barbarie histérica
hacen su aparicién, como hemos visto, seis mil
_afios atrés en el seno de los grandes imperios
"del Medio Oriente. Se perpetuaron hasta hoy
y han producido las diversas formas de la bar-
barie de conquista y de colonizaci6n, como las de
‘Tamerlén o Gengis Khan. Pero estas conquistas
_no formaron imperios duraderos, mientras que
Jas de Europa Occidental tendran consecuencias
a largo plazo: la colonizacin se termina sélo
después de la Segunda Guerra Mundial, en la
década de 1960, e incluso mas tarde en el caso
de Portugal.
‘A partir de fines del siglo XV surge una barba~
tie ligada a la idea de nacién. La nacién mo-
derna, efectivamente, engendr6, por su obsesivo
afin de purificaci6n, de pureza religiosa y des-7% Edgar Morin
pués étnica, una forma particular de barbarie que
no existia en el Imperio Romano o en los anti-
guos imperios del Medio o del Extremo Oriente.
Sin duda el monoteismo, en especial el catélico,
puede explicar en parte este delirio de la puri-
ficaci6n, sobre todo a causa de su caracter exclu-
sivo, de su repudio de las otras religiones. Hay
que decir que la Segunda Guerra Mundial lle-
vard hasta su climax estas dos formas de barbarie.
En el curso del segundo capitulo, quise ilu-
minar un fenémeno aparentemente paradéjico:
si Europa occidental ha sido el hogar de la domi-
nacién barbara sobre el mundo, también ha sido
lacuna de las ideas emancipatorias, como las de
los derechos del hombre y las de ciudadanga, gra-
cias al desarrollo del humanismo, Las ideas eman-
cipatorias han sido retomadas por los represen-
tantes de los pueblos colonizados y sometidos a
servidumbre: es a partir de los derechos de los pue-
blos, derechos del hombre y derechos de las na-
ciones, que los procesos de emancipacién han
tenido lugar. Para finalizar, subrayé el hecho de
que la mundializacién, un fenémeno cuya fecha
simbélica de nacimiento es 1492, se manifest6
por la trata de negros, y por otras numerosas
formas de sometimiento. Pero yo agregaba que
Pensar Ia barbaric del sigh XX 77
un segunda mundializacion se habfa puesto en
marcha, casi al mismo tiempo: la de los derechos
de la humanidad, del derecho de las naciones, de
la democracia. Finalmente, hoy nos encontramos
en una mundializacién contradictoria: los
progresos fantésticos de la mundializacin tecno-
econdémica suscitan, pero también sofocan, una
mundializacion ciudadana y humanista.
Llego ahora a la cuestin de la emergencia de
los totalitarismos, otro fendmeno europeo mo-
demo. A veces se critica el uso que se hace de esa
misma palabra “totalitarismo” para calificar sis-
temas diversos, como pueden serlo el estaliniano
o el hitleriano. Creo que conviene adoptar un
punto de vista complejo que subraye tanto las
diferencias y las oposiciones como las semejan-
zasy las analogias. Por lo mismo, no esnecesario
apresurarse a justificar un totalitarismo rojo para
asi condenar mejor un totalitarismo pardo. Fl
modo de reflexién me impide atenerme aun pen-
samiento unilateral y maniqueo, y me he rehu-
sado tanto a idealizar como a demonizar a Eu-
ropa, concibiendo que ésta produce a la vez lo
mejor y lo peor. En el mismo orden de ideas,
me reliiso a distinguir entre una ciencia “buena”
yuna ciencia “mela”, etc. Tampoco creo, como8 Edgar Morin
he intentado demostrar, que haya una “buena”
y una “mala” mundializaci6n.
Debo decir ante todo que no ha existido un
pensamiento del rotalitarismo, como si ha exis-
tido un pensamiento del capitalismo (Marx),
un pensamiento de la democracia (Montes-
quieu, Tocqueville), un pensamiento de la dicta~
dura. El totalitarismo ha emergido por fuera
de toda previsién. Es el fruto de un proceso
hist6rico nacido del enorme accidente que ha
sido la Primera Guerra Mundial. Esta guerra
significé una explosién de barbaric asesina al
mismo tiempo que un acto suicida para Europa.
Empecemos por el caso del comunismo sovié-
tico, crisol del totalitarismo estaliniano. El mar-
xismo, en sus origenes, es un pensamiento muy
rico yque permanece muy actual, en particular en.
lo que concieme a los problemas de la mundia-
lizacién. Pero su debilidad es la de no abordar
verdaderamente la cuesti6n de la politica. Mars
concibe tinicamente al Estado como un instrumen=
tode la clase dominante, es decir como una estruc-
tura en Ia légica de la guerra de clases y de las
relaciones de clases. Estudia a fondo los conflictos
sociales pero no se interesa en la politica propia~
mente dicha,
Pensin Ia burburie de! sighs XX 79
El pensamiento marxista ha engendrado dos
ramas de las que una se convirtié bastante ré-
pidamente en la socialdemocracia alemana, a par-
tir de la formacién del partido socialdemécrata
que data de la época de Engels. Esta primera
rama se desarrollé en oposicion ala tesis de una
revolucién violenta y bratal, “la Gran Noche”,
en la que la revolucién proletaria aboliria al capi-
talismo. La socialdemocracia preferia una es-
trategia reformista, gradualista, ilustrada por
Bernstein. A comienzos del siglo XX, se opera
una escisién en el partido socialdemécrata ruso
entre una tendencia mayoritaria “bolchevique”
yuna tendencia minoritaria “menchevique”. El
partido bolchevique se construye poco a poco,
en el seno de la Rusia zarista, en condiciones de
clandestinidad y de represién policial. Fs una
organizacién centralizada, casi militar, diigida
acontrolar cuidadosamente a sus miembros, con
el fin de evitar los agentes infiltrados de la policia
zarista, la Okhrana. Las particularidades del
bolcheviquismo se deben entonces al hecho de que
aparece cn la Rusia zarista. En 1914, sigue siendo
un partido muy pequefio cuyos dirigentes, en su
Tayoria, estan exiliados. Por otra parte, en aquella
€pora el marxismo habia perdido en el mundo
intelectual ruso mucho de su atraccién, a causa80 Edgar Morin
desu carécter limitado o sectario, En el seno de
la intelligentsia rusa, muy sensible a las com
plejidades humanas, el mensaje de Tolstoi, que
predicaba un fratemalismo amplio, gozaba de una
mayor influencia,
El abjetivo de los bolcheviques es la revolu-
cién burguesa. Estén convencidos, y Lenin es el
primero, de que la revolucién burguesa es el pre-
ambulo de la revolucién socialista. Es necesario
que el capitalismo, la burguesfa y el proletariado
se desarrollen para que este dltimo, crecido en
fuerzas y en poder, pueda derrocar ala sociedad
burguesa. Durante la guerra, las numerosas de-
rrotas rusas provocan una revolucién democré-
tica, Pista involucra el derzocamiento del zarismo
y el ascenso al poder del socialdemécrata Ke-
renski, quien se revela tan incapaz de hacer la
guerra como de negociar la paz. Su fracaso acen-
tia la desmoralizacién de las tropas y provoca
una manifestacién obrera en Petrogrado ~anti-
gua San Petersburgo y futura Leningrado-. Los
bolcheviques se mueven segtin los aconteci-
mientos e imponen muy habilmence un doble
Jema: “La tierra a los campesinos”, lo que evi-
dentemente inflama a los mujiks movilizados, y
“todo el poder a los soviets”, es decir, a los con-
sejos obreros que se habian formado en 1as
fabricas de Petrogrado.
Pensar la barbaric del siglo XX. 81
Sobreviene entonces un acontecimiento de
extrema importancia: las tesis de abril de Lenin.
En ellas se sostiene que en Rusia es posible
ahorrarse la revolucién burguesa. Como Rusia
es el eslabon mas débil del mundo imperialista
y capitalista, una revolucién en este pais desen-
cadenaré la revolucién social en los grandes pai-
ses industriales como Inglaterra, Alemania y
Francia. Mucho le cuesta a Lenin convencer a
sus amigos bolcheviques de que esta tesis esti
bien fundada, pero finalmente lo logra. Prepara
entonces el golpe de Estado de octubre. En Pe-
trogrado, los soviets ayudados por los soldados
amotinados toman por asalto los palacios y los
edificios del poder. Esta revolucion es guiada,
no sélo por Jos bolcheviques, sino también por
anarquistas y socialistas revolucionarios que
comparten su vision. Se convocan elecciones pa-
ra elegir una asamblea constituyente, la primera
asamblea democratica en Rusia. Como los hol-
cheviques estén en minoria, Lenin disuelve
pronto esta asamblea.
La guerra civil se desencadena, las tropas blan-
cas intentan reconquistar Petrogrado. La in-
tervenci6n extranjera vendra desde el fin de la
Primera Guerra Mundial. En estas condiciones,
un proceso de radicalizacién extrema comienza82 Badgar Morin
muy pronto. Los anarquistas son barridos, lo
mismo que los socialistas revolucionarios; el
partido bolchevique se transformard en un par-
tido tinico que dirigiré a una Rusia transformada
en Union Soviética. Pero la situacin econdémica
es catastréfica, la hambruna amenaza por todag
partes. Lenin decide entonces instaurar la NEP,
la nueva politica econémica. Se trata de dejar
un cierto lugar a la economia de mercado, de
dar un poco de libertad al pequefio campesinado,
a los pequefios empresarios y comerciantes. Esto
favorece un conato de recuperacién econémica.
Perola NEP ser suprimida por Stalin en 1930.
En el curso de los afios 1920-1924, después
de la victoria sobre los ejércitos blancos y el
abandono de la intervencién extranjera, en la
Unién Soviética no fue creada una sociedad de
un nuevo tipo, una sociedad fundada sobre re-
laciones fraternales. No se dio la constitucién
deun verdadero poder del proletariado, sino que,
muy répidamente, el partido no sélo controla a
laclase obrera, sino que también la reprime. Bajo
el rostro de una dictadura del proletariado, fue
una dictadura sobre el proletariado. En 1921,
los marinos de la ciudadela de Kronstadt se
rebelan. Exigen la aplicacién de un programa
verdaderamente popular, socialista y demo-
Pensa la barbaric del siglo NX 83
cratico. Trotsky, jefe del Ejército Rojo, los hace
masacrar despiadadamente.
El fracaso de la Revolucién Rusa es funda-
mentalmente cultural, porque no existié enton-
ces una cultura socialista. Tampoco hay una re-
yolucién mundial. Esta falta permitio el éxito
del estalinismo, E] estalinismo abandona total-
mente la perspectiva revolucionaria mundial y
sdlo se propone construir el socialismo en wn
Yinico pais, a través del desarrollo industrial. Este
fracaso de la idea socialista, fraternal y huma-
nista, es casi andlogo al fracaso espiritual del cris-
tianismo, que, al convertirse en institucién, des:
figuré el mensaje original de Cristo. A sus
discipulos Jess les habia dicho que Fl volverfa
en vida de ellos. Durante cerca de un siglo, los
disefpulos y sus descendientes vivieron persua-
didos de que el fin de los tiempos estaba pré-
ximo, y de que su Gran Noche legaria. Cuando
se volvié evidente que no habrfa ninguna Gran
Noche, construyeron una Iglesia jerarquizada,
organizada, potencialmente “totalitaria” en un
cierto sentido, Asi, el fracaso del mensaje reden-
tor de Jestis ha provocado el triunfo de la Iglesia
catdlica. De la misma manera, se puede decir
que el fracaso cultural del socialismo en Ja Unién
Soviética ha provocade la ereccién del socialis-
P8 Edgar Morin
mo real y el desarrollo espectacular de su poder
bajo la férula de Stalin.
Por primera vez, se instala un sistema tota~
litario. :Qué significa esto? En primer lugar, que
todos los clementos de la sociedad civil, politica,
econérmica, cultural, pedagégica, alos que se afia~
den la policfa, el ejército, la juventad, son con-
troladosy dirigidos por el partido. Este se vuelve
un centro a la vez omnisciente y omnipotente,
Se considera que el partido y sus dirigentes de-
tentan el conocimiento supremo de las leyes de
lasociedady de la historia, un conocimiento que
es propio al marxismo-leninismo. El totalita-
rismo noes entonces cl control hipertréfico del
Estado. Es la instauracién de un partido que tie~
ne un poder enorme y que controla al Estado.
F] Estado ya no es més que un instrumento en
manos del partido que controla todo. El totali-
tarismo puede ser definido como una organiza-
én total a partir de un partido tinico. Del mis-
mo modo que un sistema teocritico se funda
sobre un faraén-dios que todo lo sabe y todo lo
puede, el totalitarismo reposa sobre un sistema
en el que se atribuye a los dirigentes la dispo-
sicién de un conocimiento verdadero y hicido.
Sobre este saber, que se afirma como absolu-
tamente verdadero, se elabora un poder absoluto.
“Pensar ta barbarie del siglo XX s
Es importante sefialar que no obra aqui nin-
gan determinismo histdrico. La Revolucién de
‘Octubre no debia producir necesariamente el
totalitarismo estaliniano, como por otra parte
‘ninguna “Idgica” del marxismo mismo, o del
Jeninismo, tampoco debia conducir obligato-
riamente a la barbarie totalitaria. El totalitarismo
no era previsible, no ha sido anhelado cientifica
¢ intencionalmente, como lo creen quienes re-
_ducen siempre la historia a una serie de conspira~
ciones. Algunos elementos en el marxismo per-
‘mitian el desvio totalitario, mientras que otros
‘conducian a otras vias. Por otra parte este desvio
no ha sido siquiera teorizado por Lenin. Por el
contrario, en El Estado y la revolucién, anuncia
que las consecuencias de la revolucién serdn el
debilitamiento y la supresién del Estado. El sis-
tema soviético se instala de hecho como conse-
cuencia de una serie de perturbaciones histé-
ticas. Va a mantenerse, en parte, como con-
Secuencia del atraso de una burocracia zarista
dela que es heredero, y por el asedio capitalista
que va a fortalecer sus tendencias a pensarse
‘como una ciudad sitiada.
En sus comienzos, Mussolini fue socialista.
En 1919, funda los Fasci di ombattimento. Toda-86 Elgar Morin “Peasar la barbarie dei siglo XX 87
via no es un partido, sino le reunién en ligas de
antiguos combatientes y de sindicalistas, en con-
diciones de extrema agitacién. El elemento
nacionalista es virulonto, y se ve exacerbado por ito bavaro durante Ja Primera Guerra Mundial.
las decepciones ocasionadas por el trato suftido: n 1925, se une a un pequeno partido, el Deutsche
por Italiz después de la guerra, al que juzgaban Natinalsozialistische Arbeiter Partei (DNSAD),
injusto. Este trato parecfa una verdadera humi-
Hacion, porque Ttalia se contaba entre los ven -dores. También aquf estén muy fuertemente
cedores. Mussolini llega al poder en 1922. Como
consecuencia de la marcha sobre Roma, el rey
Victor Manuel II] se ve obligado a confiarle el
poder. El parlamentarismo se mantiene hasta
1925, pero después del asesinato de Matteotti
por los fascistas, las leyes “fascistisimas” orga-
nizan la dictadura sobre la base de un partido
linico. Sin embargo, este totalitarismo queda
inacabado, subsiste un pequefio sector que Te- ania haya sido privada de colonias en Africa y
presenta a los reyes de Italia, un compromiso +n otras partes. El espacio vital de Alemania sera
conla Iglesia, y la econom{a capitalista contintia ‘entonces Furopa oriental. Dado que la teorfa
funcionando. Lo que conviene retener aqui, es ista afirma la superioridad de los arios ale-
el contenido capitalista. Fl fascismo italiano es un anes y la inferioridad de los eslavos, de algin
nacional-fascisme y, como el nazismo, un na- nodo se sigue que Ucrania debe ofrecerse ala
cional-socialismo. Por cierto, nace a partir de olonizacién de los alemanes, El DNSAP con-
las condiciones econémicas desastrosas de la tintia siendo un partido poco importante, hasta
posguerra, pero también y sobre todo de senti- Que Iegan las elecciones de 1930, en las que
mientos fascistas decepcionados, y exacer- ‘ciento treinta diputados nazis ganan bancas en
bados.
Hitler, que era austriaco, se enrolé en el ejér-
jonal. Fa 1924, después de un putich que fra
6 en Munich, clabora en la prisién su doc-
ay el resultado sera Mi lucha. Este texto
tas, antisemitas, como también la idea de que
Alemania debe conquistar su Lebensraum, su cs-
pacio vital. Serebela contra el hecho de que Ale-
€l Parlamento. ;Cémo se puede explicar esto?#8 Edgar Morin
La gran crisis econémica mundial, nacida en
1929 en Wall Street en los Estados Unidos, se
abatié sobre Alemania con una fuerza inaudita,
Alemania era entonces el pais més industria-
lizado de Europa y esta crisis, que alcanzaba a
todos los sectores de la sociedad, arrojé al de-
sempleo a una gran parte de la clase obrera. A
estas condiciones de desempleo, de crisis eco-
némica, se agrega la humillacién nacional. El
tratado de Versalles privé a Alemania de terri~
torios germandfones, en particular de una buena
parte de la Prusia oriental cedida a Polonia, lo
que creé el corredor de Danzig. Pero sobre todo
se hizo notable la debilidad de la democracia de
‘Weimar. La desunién de los demécratas no per-
mitié a Hitler obtener la mayorfa absoluta en el
Parlamento -nunca la tuvo-, pero sf acrecentar
sus fuerzas y su representatividad. Cuando se
presenta como candidato a la presidencia de la
Republica, es derrotado. Fl elegido es Hinden-
burg. Hider negocia entonces con los partidos
de derecha para constituirse una mayorfa, La
estratagema funciona, y es llamado a ocupar el
puesto de canciller por el presidente de la Re-
publica. Todo esto ocurre sobre el fondo de una
desuni6n catastréfica. E] partido comunista de
la época tiene como enemigo principal a la
Pensar-la barbarie del siglo XX 89
socialdemocracia. Los comunistas se imaginan
que si Hitler llega al poder, su incapacidad para
sesolvet los problemas sociales y econdmicos les
abriré el camino para llegar a gobernar ellos. Es
en estas circunstancias, y en un marco legal, que
Hitler es nombrado canciller del Reich por el
mariscal Hindenburg, el 30 de enero de 1933
Ripidamente, decreta la disolucién de los par-
tidos comunista y socialista, y, desde 1933, se
crea la Gestapo. Se decide la instalacién de cam-
pos de concentracién para oposivores y en junio
de 1933, muy poco tiempo después de su llegada
al poder, Hitler proclama al partido nazi como
partido Gnico. Las SS y SA, grupos militarizados,
leaseguran ya un poder temible. Esto le permite
operar una depuracién violenta entre sus opo-
sitores politicos, pero también promulgar las pri-
meras medidas antijudias y practicar las primeras
persecuciones. Un cierto imero de judios aban-
dona Alemania. Hitler todavia no busca cortarles
la huida; por el momento, de lo que se trata es
de aislarlos y marginarlos.
Cuando toma el poder en esta Alemania
democratica de Weimar, la opasicién a Hitler
€s muy fuerte; pero, en contra de las previsiones
de los politicos, el éxito econémico va a darle
una gran popularidad. Aun antes del boom de0 Fdgar Morin
la industria armamentista, el Dr. Schacht, mix
nistro de economia de Hitler desde 1934 hasta
1937, conoce el éxito, con medidas no ortodoxas,
en volver a poner en marcha la miquina indus_
trial y en reabsorber el desemplea. Muchas veces
se olvida este factor de éxito econémico. Cons-
tituy6 un importante triunfo para el hitlerismo,
El hecho de que la economia almana haya po-
dido funcionar hasta el fin, aun en el momento
de los peores reveses militares y a pesar de los
peores bombardcos aliados, muestra bastante
bien hasta qué punto el factor industrial y eco-
némico ha sido importante. Pero el nazismo fue
también impulsado por una serie de éxitos en el
plano politico. La remilitarizacion de la region
del Ruhr ha sido wna paso determinante. Los
franceses no se mueven cuando el ¢jército alemin
vuelve a ocupar ese territorio. Otro ejemplo es
ja anexion de Austria, el Anschluss. En cuanto a
ja ancxién de los Sudetes, esos macizos monta-
fiosos que constituan los bastiones de Che-
coslovaquia y en su mayorfa estaban poblados
por alemanes, fue un gran golpe de audacia y de
cinismo por parte de Hitler. Consiguio obtener
de los franceses y de los ingleses, por los acaer~
dos de Munich que violaban abiertamente los
compromisos de Francia y de Inglarerra con
Pensur ta borkarie del siglo XX 91
respecto a Checoslovaquia, launién de los Sude-
tes a Alemania. La Wehrmacht invadié inme-
diatamente Checoslovaquia, anexando 30.000
kilémetros cuadrados de su territorio,
En un pafs como Francia, con fuerte tradicién
pacifica de izquierda y marcada por la experien-
cia de la Primera Guerra Mundial, el elemento
‘mas determinante es la voluntad pacifista. Ante
estas conquistas militares, el campo de la paz se
ve extremadamente dividido: segin algunos,
Hitler ejerce el derecho de autodeterminacién
ie los pueblos, segiin otros, esta militarizacion
yeste apetito de anexi6n son inquietantes en el
més alto grado.
El nazismo es un producto catastréfico de la
barbarie europea, y encuentra su fuente en la na-
cién més cultivada de Europa. Los grandes poc-
tas como Goethe, los grandes miisicos como
Beethoven, las tradiciones democraticas que exis
‘tian mucho antes de la Primera Guerra Mundial
‘ho bastan para contencr la barbarie. Frecuente-
mente, esto ha impresionado a los espititus, pero
NO conviene detenerse demasiado en estos par-
ticulares. En todo caso, nunca hasta el punto de
olvidar que estalinismo, fascismo y nazismo, si
€s cierto que efectivamente nacen de la civi-92 Edgar Mori.
lizacin, y aun de sus més altas producciones,
slo emergen en condiciones histéricas de-
terminadas. Son, esencialmente, consecuencias
de la Primera Guerra Mundial. Con otras con-
diciones, quizis también con algunos azares fe-
lices, los mismos fermentos de civilizacién ha-
brian podido evitar el totalitarismo. Sin la Pri-
mera Guerra Mundial, no habrian existido el
comunismo, el fascismo, ¢l nazismo. Sin la crisis
de 1929, no habria habido éxito nazi en 1933.
Fueron la guerra y la crisis las que llevaron a
Hider al poder. El nazismo es un producto re-
tardado de la Primera Guerra Mundial, como
el comunismo es un producto inmediato, En
conjunto, serin coproductores de la Segunda
Guerra Mundial.
Viendo cémo en efecto los occidentales capi-
tulaban en Munich, y temiendo que finalmente
se pusieran de acuerdo para dejarle las manos
libres a Hitler, Stalin se adelanta y firma con
éste el pacto germano-soviético por intermedio
de Ribbentrop. Este pacto implica que Alemania
va a atacar Polonia, pero también incluye un
cierto mimero de clausulas, como la ocupacién
de una parte de Polonia por la Unién Soviética
yssu dominio en los paises hilticos, Lituania, Es-
tonia y Letonia. Hitler tiene las manos libres en
Pensir la barbarie del sigh XX 93
el este de Europa y puede lanzar su guerra re-
lampago en Polonia. Después llega la guerra de
Francia y la desintegracion del ejército francés
Esel pacto entre dos totalitarismos el que desen-
cadené la Segunda Guerra Mundial.
Abordemos la famosa cuestién de la eva-
Juacién reciproca de los totalitarismos hitleriano
y estaliniano. Se puede observar ya una dife-
encia evidente en los fundamentos ideologicos
de estos dos sistemas. La ideologia comunista
es internacionalista, universalista, igualitaria; la
ideologia nazi es racista. Las cartas del nazismo
estin sobre la mesa desde Mi lucha, mientras que
la ideologia fraternal del comunismo, explicitada
en ese evangelio que es el Manifiesto del Partido
Comunista de Marx, ha enmascarado durante
demasiado tiempo los crimenes del totalitarismo
soviético. Millones de seres humanos han sido
persuadidos de que los soviéticos eran libres y
felices. Otro punto de comparacion concierne
al nacionalismo, y aqui también muchos estarén
tentados de considerar que este punto muestra
una diferencia en la barbarie, en apariencia
menor en el sistema estaliniano. Fs verdad que
el nacionalismo esté en el origen del nazismo,
Mientras que es el internacionalismo el que seoF Edgar Morin
encuentra en el fundamento de la revolucién
soviética, En el nacionalismo nazi, el antijudais-
mo desempefia un papel fundamental. Ha
servido de alguna manera como cimiento a ese
sentimiento nacional, segiin la légica del chivo
emisario descrita por René Girard. El interna~
cionalismo, sin embargo, no estaba ausente en
ol nazismo. Al final de la guezra, existe un inter~
nacionalismo de los SS: algunos son noruegos,
otros franceses, etc. Comparten el mito de una
Europa nacionalsocialista, pero siempre sobre
la base de un racismo de exclusién, en virtud
del cual serfan expulsados todos los elementos
heterogéneos.
Como el totalitarismo soviético no tenia en
sus origenes una base nacionalista, el papel del
antijudaismo es nulo en un comienzo. Existia,
en el seno del partido bolchevique, un niimero im-
portante de judios, empezando por Trotsky. Por
otra parte, la Liberacion, con el horror que des-
perto el descubrimiento de los campos de exter-
minio, va a detener los fenomenos de rechazo
que empevaban a manifestarse. Sin embargo,
progresivamente, los judios van a empezar aser
discriminados en el seno de la Komintern (Stalin.
consideraba, incluso, después del pretendido
complot de las “blusas blancas”, su deportacion
Pensar la barbavie del sigh NX os
a Siberia), y durante la Guerra Fria, el antiju-
daismo y la denuncia del “cosmopolitismo judio”
yano se disimmulan. Se ve entonces, por lomenos
en el nivel de la barbarie de intolerancia y de ex-
clusién del otro, que los dos sistemas, aun siendo
de inspiracion muy diferente, acaban por ser
convergentes. En lo que se refiere 2 lz barbarie
exterminadora, hablaré de ello después, pero
quiero dejar indicado que en este punto también
son comparables.
Conviene ahora abordar la cuestién del racis
mo nazi, ¢ intentar comprenderla, La asociacion
del nacionalismo y del racismo, evidentemente,
‘no es una invencidn nazi. En los nacionalismos
exaltados 0 virulentos siempre hay gérmenes
racistas. Aun en la Espafia de la Reconquista se
encuentra, como he intentado demostrar, el te-
ma de la pureza de la sangre. Pero para que ver-
daderamente se pueda hablar de racismo, es ne-
cesario que aparezca una concepcién racial
legitimada, validada por la antropologia cien-
tifica, Ahora ocurre que la ciencia antropolégica,
sin ser nazi, ha sostenido largo tiempo que las
yazas eran cualitativamente cientificas, y afir-
maba la superioridad de algunas de ellas sobre
otras. Recuerdo que en los manuales de geo-96 Edgar Morin
gratia de mi infancia, la raza blanca era definida
por cualidades eminentes, mientras que los “ne~
gros” eran presentados como perezasos e indo-
lentes, los “amarillos” como hdbiles y astutos,
El hombre blanco cantado por Kipling evoca
ese racismo latente.
Una cierta antropologia, como la ilustrada por
Georges Vacher de Lapouge (1854-1936), ha de-
sarrollado el tema de la superioridad de la “raza
aria” desde el siglo XIX. Se sabe que Gobineau
también habia sostenido esta superioridad, y
que, por intermedio de Wagner, habfa influido
sobre Hitler. Chamberlain, quien en 1899 escri-
bid los Fundamentos del sigh XX, pretendid
fundar sobre bases cientificas la superioridad
racial de los arios. Elaboré la teoria de un racis~
mo que todavia no exa sistemdticamente jerir
quico. Fue él, sin embargo, quien introdujo el
criterio de la pureza de sangre en la definicién
de le “taza aria”, al mismo tiempo que conside-
raba que el judio habia mezclado sus sangres, y
por lo tanto era biolégicamente inferior. Pocoa
poc, las cosas irdn dando un giro muy grave, y
el antisemitismo (racial) ird triunfando sobre el
antijudaismo (religioso). El antijudaismo ha
podido ser violento y bérbaro, ha inspirado po-
gromos y ejecuciones sobre la hoguera. Pero
Pensar la barbevie del sigla XX 97
como privilegiaba la dimensi6n religiosa, los ju-
dios que se convertian sinceramente eran per-
donados. El antisemitismo, en cambio, es una
actitud de repudio del judio en tanto que racial-
jhente otro.
E] antisemitismo combate la supuesta per-
yersidad radical y racial de los judios, Esta raza
pervertida serfa portadora de-un virus que corre
el riesgo de desintegrar las esencias nacionales.
Puede verse asi cOmo el antisemitismo ha fun-
cionado como un medio delirante para salvar
Jas esencias nacionales de los peligros de su di-
soluci6n y corrupcidn. En este proceso, las ideas
racistas han desempeiiado, ciertamente, cl im-
portante papel que acabo de sefialar, pero no
hay que olvidar el peso de los factores histéricos,
econémicos, el clima de desastre humano que se
vivid después de la Primera Guerra Mundial.
Serfa demasiado facil que la barbaric pudiera es-
tar solamente en las ideas.
Se sabe suficientemente bien que ha existido
un antisemitismo francés que se desencadend
particularmente con ocasion del affizire Dreyfus.
El libro de Edouard Drumont, La France juive,
Publicado en 1886, presenta a los judios como
agentes del mal que se infiltraron en toda la so-
ciedad y la pusieron en peligro. Este affirire no8 Edgar Morin
se limité a despertar esos relentes de peligro,
‘También despert una fuerte tradicién repu-
Blicana y humanista, caya lucha encarnizada per-
mitira probar la inocencia de Dreyfus. La Fran-
cia que apoyé a Dreyfus triunfé sobre la Francia
que se le oponfa. La revancha de los opositores
de Dreyfus solo Hegaré con Ia ocasién del go-
bierno de Vichy. El antisemitismo sufre entonces
en la Francia republicana una detencién, o por
Jo menos una contencién. Los antisemitas, sin
embargo, no se contienen. Se focalizan en el ju-
dfo emancipado, ya reconocido como ciudadano,
asimilado por la sociedad. A sus ojos, seria tanto
nds peligroso porque da la impresi6n de ser co-
mo los otros, como cualquier francés, cuando
en realidad no lo es; posee una “extrafeza in-
quictante”. Cuanto més se parecen los judios al
resto de la poblacién, més se vuelven una ame-
naza portadora de todo lo que desintegra una
nacién: son judeo-bolcheviques, judeo-capi-
talistas, judeo-masones, ete.
Frente a los ataques antisemitas, intentando
ignorarlosu oponerse 2 ellos, los judios han de-
sarrollado por lo menos tres tipos de reaccio-
nes. El primer tipo se manifiesta en aquellos que
se sentian integrados, que se reconocian en la ca~
togorfa de chudadanos, y participaban en la exis-
Pensar la barbarie del siglo XX 99:
vencia nacional como los judfos alsacianos o del
mediodia. Se consideraban como franceses,
porque Francia los habia reconocido como tales.
Francia no es solamente la patria de los Gobi-
neau, de los Lapouge y de los Drumont, es tam-
bién, y sobre todo, la Francia de la integracin,
que defiende los derechos del hombre y del
ciudadano y que ha triunfado sobre los per-
seguidores de Dreyfus. Pero a pesar de todo exis-
tfa en ellos una bipolaridad que les hacfa sentir,
a menudo inconscientemente, el caracter de-
masido estrecho del marco nacional. De donde
surge un segundo tipo de reaccién: algunos de-
sarrollaron conscientemente un meta-nacio-
nalismo. Sc sintieron motivados por una volun-
tad de superar la nacién. Por una parte, porque
estaban convencidos que existirfan siempre, en
cualquier marco nacional que fuera, tendeacias
antijudias que los rechazarfan; por otra, por una
auténtica inclinacién universalista. E] interna-
cionalismo les vaa parecer como la soluci6n para
evitar los peligros del nacionalismo. Y el socia~
lismo va a alimentar el sueiio de otra sociedad,
yde otro mundo, Este sueno era el de Don Qui-
jote, imaginado por ese marrano que era Cer-
vantes. De un lado, entonces, el polo de la
integracién nacional, y del otro el del internacio-100 Edgar Morin
nalismo. Una tercera reaccién se desarrolla
lentamente cn torno del polo sionista. El sionis-
mo encuentra en parte su origen en el affzire
Dreyfus. Un joven periodista htingaro, Theodor
Herzl, asiste a la ceremonia de degradacién del
capitén Dreyfus, Emocionado, conmovido hasta
a repugnancia por el clima de odio antisemita,
extrae de estos hechos la conclusiéa de que los
judios no deben esperar la integracién sino crear
sa propio Estado nacional, Muy rapidamente,
os judios van a crear colonias en Palestina. Este
movimiento va a amplificarse, vaa franquear di-
‘versas etapas, y finalmente concluiré en la crea-
cidn del Estado de Israel.
Entre tanto, habrén ocurrido los exterminios
dela Segunda Guerra Mundial en Alemania. Hay
una paradoja en que muchos judios se identifi-
caran muy intensamente con la nacién alemana.
Una vez, en una visita a la ciudad israeli de Haifa,
encontré una importante colonia de emigrantes
judios alemanes. Segiin parece, muchos de ellos
habjan lorado ante cl anuncio de ta dertora
alemana en Stalingrado.
¢Cémo explicar ahora, o intentar explicar, el
desencadenamiento diltimo de la barbarie, el del
exterminio propiamente dicho? A partir de 1935,
Pensar la barborie del siglo XX 101
aio de la promulgacion de las primeras leyes
antisemitas, se despoja de sus bienes a los judios
alemanes, se les niega la ctudadania, se les prohibe
casarse con “arios”. En 1941, el dominio de los
nazis sobre Europa cs total. ‘Tienen lugar una
serie de masacres locales, perpetradas por los $S,
o por el ejércico. Paralelamente, los nazis crean
los guetos, como los de Varsovia o Cracovia. La
voluntad de los nazis es, todavia, la de expulsar
a todos los judios fuera de Europa. Por un mo-
mento se considera su deportacién masiva a
Madagascar. Se hicieron estudios en esta isla,
para verificar que el territorio no contuviera de-
masiadas riquezas en su subsuelo. Este proyecto
de expulsién masiva hace pensar en la de los mo-
riscos en el siglo XVIL El giro que conducea la
solucién final de exterminio se sitta a fines de
1941 y comienzos de 1942. En septiembre de
1941, bloqueado por un invierno precoz y extre-
madamente riguroso, el ejército aleman no ha
podido penetrar en Mosed. Entre tanto, como
Stalin ha sabido por su espia Richard Sorge que
Jos japoneses no atacarfan Siberia, hace volver a
Sus tropas del Extremo Oriente. Otorga el man-
do del frente de Moset al muy eficaz. Zhtikov.
E16 de diciembre de 1941 comienza la contra-
ofensiva soviética, que durard de enero a abril y102 Edgar Morin
rechazard a las tropas alemanas umos 350 kiléme-
tros al oeste. Es el primer fracaso militar que
Hitler conocié. E17 de diciembre, los japoneses
atacan Pearl Harbor, y los Estados Unidos en-
tran en guerra. Por primera vez, Hitler concibe
la posibilidad de la derrota. Una interpretacién
plausible seria entonces la de suponer que no
desea que la derrota nazi se convierta en el triun-
fo de los judios. Decide liquidarlos. La “solu-
cidn final” se pone a punto el 20 de enero de
1942. Desde la primavera de 1942, comienzan
las deportaciones y los exterminios en masa de
los judios. Es verdad que Mi lucha ya describia
conjeruralmente a Auschwitz, y que el racisino
exacerbado del nazismo Ievaba en sf po-
tencialmente el exterminio. Pero hizo falta espe-
rar hasta el paroxismo de la Segunda Guerra
Mundial y el fantasma de la derrota para que se
produzca en los hechos y de manera sistematica.
No olvidemos que el odio racial y la voluntad
de exterminio de los nazis no se concentraba so-
lamente sobre los judfos. Si éstos son climinados
bajo el pretexto de perversidad y de impureza
de sangre, los gitanos y los rom lo seran como
“desechos” que hay que eliminar, los “débiles
mentales” como indignos de pertenecer a la raza
aria, Los eslavos, si bien no estin expresamente
"
Pensar la barburie del siglo XX 103
destinados al exterminio, en todo caso si lo estén
ala colonizaci6n y la explotacion.
Se sabe que esta empresa de exterminio de
los judios, la suerte que les fue reservada, en es-
pecial en Auschwitz, fire ocultada o mas o menos
ignorada en Francia durante la posguerra, Puede
haber dos razones. En primer lugar, en Francia
hubo 86.000 deportados por razones politicas,
75.000 deportados judios. En los otros paises,
la poblacién judia fue deportada entre un 60 y
un 75 por ciento, lo que constituye un porcentaje
netamente mas elevado. En Bulgaria, se eneuen-
tran més judios al final de la guerra que al co-
mienzo. :Por qué sélo este pais y Francia han
sido tan poco afectados? En Bulgaria, bajo la
presién de la inte/igentsia parlamentaria, el rey
rehus6 a Hitler el permiso de deportar a los ju-
dios de su pais. En Francia, las convicciones re-
publicanas y humanitarias hicieron que muchos
ciudadanos escondieran a los judfos y la Resis
tencia les proporcioné papeles falsos. La mayoria
de los judios deportados de Francia no volvié,
Cuando se cred la Federacién nacional de los
deportados repatriados patriotas, la FNDIRP,
reagrupé a los deportados, los internados y los
resistentes, Los judios, considerados como pa-104 Edgar Morin
triotas, sélo son contabilizados como tales -y
no como jadios~ en la FNDIRP.
En nuestros dias, el reconocimiento del exter~
minio de los judios europeos se desarrolla en
paralelo a a auto-afirmacién de una identidad
judia, a su vez favorecida por la existencia del
Estado de Israel. Cada vez mis, la evocacion del
martirio judio sufrido en Auschwitz sirve de una
cierta manera para protegera Israel contra aque-
Tlos que ven al Estado como un opresor de los
palestinos. Cuando el 27 de enero de 2005 se con-
memoré la liberacién de Auschwitz, se asistié a
una especie de sobre-exposicién del martirio
judio, olvidando a los gitanos, los eslavas y los
resistentes. Esta sobre-exposicién ha sido sub-
rayada tanto por Annette Wieviorka como por
Simone Weil. En su libro Auschwitz, 60 aitos des-
(puss, Annette Wieviorka recuerda la compo:
cidn del campo de exterminio: presos politicos,
criminales, homosexuales, testigos de Jehovs,
prisioneros de guerra soviéticos, judios. Evoca
también las dificultades para introducir la cali-
ficacién de “crimen contra los gitanos”.
Un efecto de boomerang de esta conmemo-
racién concentrada exclusivamente sobre el mar
tirio judio fue la demanda, proveniente tanto de
Pensav a barbarie del siglo XX 105
los negros de la Martinica en el Caribe como
del Africa negra, de que se reconociera la barba-
rie que fue la trata de esclavos. Por lo que res-
pecta a Argelia, los franceses reconocimos, tar-
dizmente, la masacre del Sétif. En el curso de la
guerra de Argelia, los dos bandes perpetraron
masacres, pero era Francia la que mantenfa a
Argelia bajo la tutcla de la colonizacién, Esto es
lo que explica que la demanda de un recono
miento proviniera de Argelia
Puede decirse que, a través del recuerdo de las
vietimas del nazismo, pero también a través del
de Ja esclavitad de las poblaciones africanas de-
portadas y cl de la opresién colonial, lo que as-
ciende a la conciencia es la barbarie de Europa
occidental, manifestada por la esclavizacién y cl
sometimiento de los pueblos colonizados. El na-
zismo no esmas que el estadio tltimo, cl nazismo
que combatfa las razas que declaraba inferiores,
corruptas ¢ impuras: los eslavos como inferiores,
Ios gitanos impuros, los judios a la vez impuros,
inferiores y perversos. Pero no separemos a los
judios de todos los mértires de la barbaric.
Para concluir, querria insistir sobre el hecho
de que hay que evitar encerrarse en un pensa-
miento binario, vale decir, un pensamiento ob-
nubilado por un solo polo de atencién, en de-106 Fadgar Morin
trimento de los otros. Si se insiste demasiado
sobre el solo caso de Auschwitz, se corre el ries-
go de minimizar el gulag y de callar otras barba~
ries. Ahora bien, si nos limitamos tinicamente
al factor cuantitativo, el ntimero de muertos pro-
vocado por los campos de concentracién sovié-
ticos ha sido con mucho el més importante. El
gulag ha durado mas que el periodo de exter
minio nazi que comienza en 1942 y termina a
comienzos de 1945. Este perfodo acabé por otra
parte en la hecatombe, resumida trégicamente
en algunos dias, de los sobrevivientes. El tifus,
las largas marchas agotadoras bajo el mando de
los $8 para huir ante el avance de los aliados,
resultaron terriblemente mortiferos. Cuando los
aliados legan ante las puertas de Dachau, ven
ingentes pilas de cadéveres. Tavicron cntonces
la impresién, que perdura, de que el horror del
nazismo consistfa en ese efecto de amontona-
miento de los cuerpos. En realidad, se debia al
hecho de que la maquinaria de exterminio y de
eliminacién acababa de detenerse. Los hornos
ya no funcionaban, los cadaveres se apilaban.
Ahora bien, ¢l horror se debe menos a la acu-
mulacién de los cadéveres que al funcionamicnto
de esta perfeccionada maquina de muerte. No
hay que permitir que una imagen, por elocuente
Pensar la barbarie del siglo XX 107
y horrible que sea, nos esconda le realidad. Es,
de algtin modo, lo que esta ocurriendo en la ac-
tualidad. El genocidio judio nos parece mas ho-
rrible que el exterminio masivo que fue el gulag,
del que no hemos tenido imagenes, y que fue
ocultado largo tiempo. Todo esto pera decir que
la tendencia a negar el gulag en beneficio de
Auschwitz,—o la tendencia inversa, por supues-
to-, carece de sentido. Desconfiemos de la
barbaric mental que, para minimizar a sabiendas
o inconscientemente los crimenes del esta-
linismo, convierte al hitlerismo en el horror
supremo y absoluto.
‘Alo que deben conducir las trigicas experien-
cias del siglo XX, es a una nueva reivindicacin
humanista: que la barbarie sea reconocida como
tal, sin simplificacién ni falsificacién de ningtin
tipo. Lo que importa, no es el arrepentimiento,
es el reconocimiento. Este reconocimiento debe
pasar por el conocimiento y por la conciencia.
Hay que saber qué fue lo que realmente ocurris.
Hay que tener conciencia de la complejidad de
esta tragedia colosal, Fste reconocimiento debe
referirse a todas las victimas: judios, negros, gita
nos, homosexuales, armenios, colonizados de
Argelia o de Madagascar. Es un reconocimiento
necesario si se quiere superar la barbarie europea.108 Edgar Movin
Hay que ser capaces de pensar la barbarie eu-
ropea para superarla, porque lo peor es siempre
posible. En el seno del desierto amenazador de
la barbarie, por el momento nos encontramos
bajo la proteccién relativa de un oasis. Pero tam-
bién sabemos que estamos en condiciones
hist6ricas, politicas y sociales que hacen que lo
peor sea algo factible, especialmente en momen-
tos de periodos paroxisticos.
La barbarie nos amenaza, por detrés de las
estrategias mismas que se creen que se le opo-
nen. Hablé mucho de Auschwitz y del gulag,
pero no hay que olvidar Hiroshima. La idea que
Hevé a esta nueva barbaric es la aparente légica
que coloca sobre un platillo de la balanza a los
200,000 muertos debidos ala bomba, y sobre el
‘otro los dos millones de muertos entre los cua-
Jes se cuentan 500.000 GI norteamericanos-,
que habrfa costado la prolongacién de la guerra
por medios convencionales. Al menos, asf serfan
los néimeros si se los calculara a partir de una
extrapolacién de las pérdidas sufridas solamente
en la toma de Okinawa. Hay que decir primero
que estas cifras han sido voluntariamente exa-
geradas. Pero, por sobre todo, no hay que temer
poner en primer plano un factor decisivo que entr6
enla decisién de recurrira la bomba atémica. En
Pensar la barbavie del sigle XX 109
Ja conciencia del presidente Truman y de nume-
rosos norteamericanos, los japoneses eran s6lo
ratas, sub-humanos, seres inferiores. Nos encon-
tramos aqui, por afiadidura, con un hecho de
guerra que contiene un ingrediente de barbarie
suplementaria: los progresos extraordinarios de
Jaciencia han sido puestosal servicio de un pro-
yecto de eliminacién tecno-cientifica de una
parte de la humanidad. Lo repito: lo peor siem-
pre es posible.
Asi, en lo que concierne a Europa, lo que de-
bemos evitar a todo precio es la buena concien-
cia, que es siempre una conciencia falsa. El tra-
bajo de la memoria debe dejar refluir hacia no-
sotros la preocupacién constante por las barba-
ries: sometimientos a servidumbre, trata de los
negros, colonizaciones, racismos, totalitarismos
nazi y soviético. Esta obsesién, al integrarse a la
idea de Europa, hace que integremos la barbarie
ala conciencia europea. Es una condicién indis-
pensable si queremos superar los nuevos peligros
de la barbaric. Pero como la mala conciencia es
también una falsa conciencia, lo que nos hace falta
es.una doble conciencia. A la conciencia de la bar-
barie se debe integrar la conciencia de que Euro-
pa produjo-por el humanismo, el universalismo,
la progresiva constitucién de una conciencia0 Fazer Morin
planetaria— los antidotos a su propia barbarie.
Es la otra condiciGn para superar los riesgos
siempre presentes de nuevas, peores barbaries,
Nada es irreversible, y las condiciones demo-
criticas humanistas deben regenerarse de mane-
ra permanente, de lo contrario degeneran. La
democracia necesita recrearse de manera perma-
nente. Pensar la barbarie es contribuir a recrear
el humanismo. Por lo tanto, es resistirse a ella.yw Paidés
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yw paidosargentina.comarPata evitar qué el mundo sé hinda en nuevas formas de locura colectiva
6 indispensable compronder la relacion compleja entre cultura y harbarie.
Dos conceptos que -sexin el socidlogo francés Edgar Morit~ son ten
‘opuestos come complemientarics. En este breva muestra de su erucicion,
41 autor ensaya una antropologia de la barber, veloz pero atercadora, que
recorre toda la historia occidental para detenerse especialmente en el sé
alo XX. Hace referencia a los dos grandes tctaltarismos que lo dominaran
ei itlerisma y el estainismo-, pera también @ os dosastres de la era pos-
‘colorial, emergentes del imperiaismo europea. Dadica un espacio knpor-
tante 2 (os grupos y personas que se opusieron 2 las exolosiones de ber-
barie ~y que califica de “antidotos cullurales'~y propane Categorias flasd-
ficas que ayudan a identiicar la itrupeion canstante del fiomo demens por
encima de su hermano sapiens.
Breve historia de la barbarie en Occidente es, ms que nada, una lectura
Uurgerte. Estamos viviencdo condiciones histérioas, pelticas y sociales que
‘wiowen reales Ias pectes amenaras, y solo Serd posible evtalas si com
pprondemos las lecciones de la histona, No pata regorearnos en un arre-
pentimierto init, Siro para demandar el mas rmmediato recarocimiento de
todas las victims, tanto minoles enieas, sexuiales 0 rligiosas como opr
mmidos y colonizetios dle cuelauier rincén del mundo,
Edgar Morin as director emnérito de investigeciones del CNRS y docto|
honoris causa de varios uriversidades en el mundo enterc. Su solic treba
jo en el area de is ciencias humenas y sociales, encabezado por E
miiodo (sets vollmienes), ejerce una fuerte infuencia sobre Ia reflex6r
contemporanea,