Poemas
Ernesto Che Guevara
Autorretrato oscuro
De una joven nacin de races de hierba
(races que niegan la rabia de Amrica)
vengo a ustedes, hermanos norteos.
Cargado de gritos de desaliento y de fe,
vengo a ustedes, hermanos norteos,
vengo de donde venimos los homos sapiens,
devor kilmetros en ritos trashumantes;
con mi materia asmtica que cargo como una cruz
y en la entraa extraa de metfora inconexa.
La ruta fue larga y muy grande la carga,
persiste en m el aroma de pasos vagabundos
y an en el naufragio de mi ser subterrneo
a pesar de que se anuncian orillas salvadoras
nado displicente contra la resaca,
conservando intacta la condicin de nufrago.
Estoy solo frente a la noche inexorable
y a cierto dejo dulzn de los billetes,
Europa me llama con voz de vino aejo,
aliento de carne rubia, objetos de museo.
Y en la clarinada alegre de pases nuevos
yo recibo de frente el impacto difuso
de la cancin, de Marx y Engels,
que Lenin ejecuta y entonan los pueblos
El mar me llama con
su amistosa mano
El mar me llama con su amistosa mano
Mi prado un continente
se desenrosca suave e indeleble
como una campana en el crepsculo.
Canto a Fidel
Vmonos,
ardiente profeta de la aurora,
por recnditos senderos inalmbricos
a liberar el verde caimn que tanto amas.
Vmonos,
derrotando afrentas con la frente
plena de martianas estrellas insurrectas,
juremos lograr el triunfo o encontrar la muerte.
Cuando suene el primer disparo y se despierte
en virginal asombro la manigua entera,
all, a tu lado, seremos combatientes,
nos tendrs.
Cuando tu voz derrame hacia los cuatro vientos
reforma agraria, justicia, pan, libertad,
all, a tu lado, con idnticos acentos,
nos tendrs.
Y cuando llegue el final de la jornada
la sanitaria operacin contra el tirano,
all, a tu lado, aguardando la postrer batalla,
nos tendrs.
El da que la fiera se lama el flanco herido
donde el dardo nacionalizador le d,
all, a tu lado, con el corazn altivo,
nos tendrs.
No pienses que puedan menguar nuestra entereza
las doradas pulgas armadas de regalos,
pedimos un fusil, sus balas y una pea.
Nada ms.
Y si en nuestro camino se interpone el hierro,
pedimos un sudario de cubanas lgrimas
para que se cubran los guerrilleros huesos
en el trnsito a la historia americana.
Nada ms.
De pie el recuerdo cado en el camino
De pie el recuerdo cado en el camino,
cansado de seguirme sin historia,
olvidado en un rbol del camino.
Ir tan lejos que el recuerdo muera
destrozado en las piedras del camino,
seguir siendo el mismo peregrino
de pena adentro y la sonrisa fuera.
Esa mirada circular y fuerte
en un mgico pase de muleta
esquiv en mi ansia toda meta
convirtindome en vector de la tangente.
Y no quise mirar para no verte,
sonrosado torero de mi dicha,
invitarme con aire displicente.
Y aqu
"Soy mestizo", grita un pintor de paleta encendida,
"soy mestizo", me gritan los animales perseguidos,
"soy mestizo", claman los poetas peregrinos,
"soy mestizo", resume el hombre que me encuentra
en el diario dolor de cada esquina,
y hasta el enigma ptreo de la raza muerta
acariciando una virgen de madera dorada:
"es mestizo este grotesco hijo de mis entraas".
Yo tambin soy mestizo en otro aspecto:
en la lucha en que se unen y repelen
las dos fuerzas que disputan mi intelecto,
las fuerzas que me llaman sintiendo de mis vsceras
el sabor extrao de fruto encajonado
antes de lograr su madurez el rbol.
Me vuelvo en el lmite de la Amrica hispana
a saborear un pasado que engloba el continente.
El recuerdo se desliza con suavidad indeleble
como el lejano tair de una campana.
Palenque
Algo queda vivo en la piedra
hermana de las verdes alboradas
tu silencio de manes
escandaliza las tumbas reales.
Te hiere el corazn la piqueta indiferente
de un sabio de gafas aburridas
y te golpea el rostro la procaz ofensa
del estpido "Oh!" de un gringo turista.
Pero tienes algo vivo.
Yo no s qu es,
la selva te ofrenda un abrazo de troncos
y an la misericordia araa de sus races.
Un zoolgico enorme muestra en alfiler
donde prender tus templos para el trono,
y t no mueres todava.
Qu fuerza te mantiene,
ms all de los siglos,
viva y palpitante como en la juventud?
Qu dios sopla, al final de la jornada
el hlito vital en tus estelas?
Ser el sol jocundo de los trpicos?
Por qu no lo hace en Chichn-Itz?
Ser el abrazo jovial de la floresta
o el canto melodioso de los pjaros?
Y por qu duerme mas hondo a Quirigua?
Ser el tair del manantial sonoro
golpeando entre los riscos de la sierra?
Los incas han muerto, sin embargo.
Vieja Mara
Vieja Mara, vas a morir,
quiero hablarte en serio.
Tu vida fue un rosario completo de agonas,
no hubo hombre amado, ni salud, ni dinero,
apenas el hambre para ser compartida;
quiero hablar de tu esperanza,
de las tres distintas esperanzas
que tu hija fabric sin saber cmo.
Toma esta mano que parece de nio
en las tuyas pulidas por el jabn amarillo.
Restriega tus callos duros y los nudillos puros
en la suave vergenza de mi mano de mdico.
Escucha, abuela proletaria:
cree en el hombre que llega,
cree en el futuro que nunca vers.
Ni reces al dios inclemente
que toda una vida minti tu esperanza;
ni pidas clemencia a la muerte
para ver crecer a tus caricias pardas;
los cielos son sordos y en ti manda el oscuro,
sobre todo tendrs una roja venganza
lo juro por la exacta dimensin de mis ideales.
Muere en paz, vieja luchadora.
Vas a morir, vieja Mara;
treinta proyectos de mortaja
dirn adis con la mirada,
el da de estos que te vayas.
Vas a morir, vieja Mara,
quedarn mudas las paredes de la sala
cuando la muerte se conjugue con el asma
y copulen su amor en tu garganta.
Eres tres caricias construidas de bronce
(la nica luz que alivia tu noche),
esos tres nietos vestidos de hambre,
aorarn los nudos de los dedos viejos
donde siempre encontraban alguna sonrisa.
Eso era todo, vieja Mara.
Tu vida fue un rosario de flacas agonas,
no hubo hombre amado, salud, alegra,
apenas el hambre para ser compartida,
tu vida fue triste, vieja Mara.
Cuando el anuncio de descanso eterno
enturbia el dolor de tus pupilas,
cuando tus manos de perpetua fregona
absorban la ltima ingenua caricia,
piensas en ellos. y lloras,
pobre vieja Mara.
No, no lo hagas!
No ores al dios indolente
que toda una vida minti tu esperanza;
ni pidas clemencia a la muerte
tu vida fue horriblemente vestida de hambre,
acaba vestida de asma.
Pero quiero anunciarte
en voz baja y viril de las esperanzas,
la ms roja y viril de las venganzas,
quiero jurarlo por la exacta
dimensin de mis ideales.
Toma esta mano que parece de nio
en las tuyas pulidas por el jabn amarillo,
restriega los callos duros y los nudillos puros
en la suave vergenza de mi mano de mdico.
Descansa en paz, vieja Mara,
descansa en paz, vieja luchadora,
tus nietos todos vivirn la aurora,
LO JURO.
(A una paciente suya que mora, mientras Guevara se desempeaba como mdico en un hospital
de Mxico, poco antes de su partida en el Granma rumbo a la lucha guerrillera en Sierra Maestra)
Despedida a Toms
A ti, encallado amigo,
hacia las aguas quietas
del arrecife blanco
donde te amarra tu sueo de nufrago,
va mi cancin de despedida.
Hoy he despertado
con afn de alas en las jarcias,
y tiendo velas inalmbricas
navegando hacia el puerto de la hora
marcado por la brjula indolente.
Hoy estiro mi lenguaje al viento
para estrechar tus palabras
y llevarme algo de tu lamento tierno
a compartir asombros
que ya estoy viviendo.
Se fue ya la primavera
que fertiliza tu almohada;
no es por mi partida
sino por tu nave que ya no navega.
Te comprendo golondrina truncada.
Quisiera llevarte a la fuente Castalia
darte elxir de iguales poderes;
y aunque soy un mdico asomado a las cosas
que no las transforma y apenas comprende.
Tengo no obstante una frmula mgica
-creo que la aprend en una mina de Bolivia,
tal vez chilena, peruana o mexicana,
en el destrocado imperio del Sonora,
en un puerto negro del Brasil Africano,
tal vez en cada punto una palabra-.
La frmula es sencilla:
No te ocupes del cerco, ataca el arrecife,
une tus manos jvenes a la piedra anciana
y dale en tu pulso a los rojos corales palpitantes
en diminutas ondas cotidianas.
Un da, aunque mi recuerdo sea una vela
ms all del horizonte
y tu recuerdo sea una nave
encallada en mi memoria,
se asomar a la aurora a gritar con asombro
viendo a los rojos hermanos del horizonte
marchando alegres hacia el porvenir.
Ellos los males quietos terribles y blancos
como la noche sorprendida al revs.
Y entonces, poeta blancuzco de cuatro paredes,
sers el cantor del universo;
entonces, poeta trgico, delicado, enfermo,
sers un robusto poeta del pueblo.
Canto al Nilo
Enorme es tu pasado
insumiso mar de dos mareas.
Tu sinfona de inquietos cocodrilos
dio marco al monoltico arquitecto;
las plegarias del hombre labraron su futuro
a partir del concepto que aprendiste de la vida,
tu sangre legamosa llen las tierras de blancos
trinos vegetales;
tu mecanismo de csmico impulso
llev al frica a travs de eras
desde antes que a los toros venerara.
Pero cunto dormiste;
cuarenta siglos fueron hasta el grito de coraje
que slo estremeciera tu msculo atrevido.
Si hoy le canto al ayer de muerta piedra
y convoco los recuerdos de Tebas,
es que el presente aflora en tu pasado,
es que vive en la presa de Asun
en el Suez reconquistado.
Canto al nuevo grito de tu garganta sonora,
al hondo retumbar de las pisadas solemnes
uniendo su destino en el polvo del desierto.
Canto a la mano sobria que estrecha su certeza
con la certeza inculta del ltimo beduino.
Va el canto hacia los hijos que defienden tu suelo
con los firmes morteros de los rifles del pueblo.
Alguien puede afirmar sin sonrojarse
el triunfo de la fuerza sobre la fe del hombre?
Te admiro y te presento en tus almas sustanciales
con toda su justicia de arteria nutritiva,
te quiero porque hermano mi aurora con tu aurora
y en mis carnes se adentra la feroz mordedura de coloniales fauces
(decadentes mandbulas celadores de Israel)
y retumba en mis sienes, en el clsico son,
el eco de las bombas que caen sobre tu hermano
rectilneo y sosegado hermano artificial,
sin doblegar tu cielo de impvidas alburas.
Hoy que mi patria est llena de jalones huecos
y yo inicio mi pistola en hazaas menores,
tu epopeya acicatea mis ideales
espuela de la lucha nos recuerda
badajo de la furia ms sublime.
Si tu impulso no emerge en las riberas del Plata
y es vano tu ejemplo para ahuyentar la modorra,
llevar mis pupilas cargadas de tu esperma
para derramarlas sobre la tierra en derrota.
Al fin,
alguien puede afirmar sin sonrojarse
el triunfo de la espada sobre la fe del hombre?