Inmunologia UMH (Colección de Apuntes)
Inmunologia UMH (Colección de Apuntes)
Farmacia UMH
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El Sistema Inmune. Propiedades.
1) Definición del Sistema Inmune
2) Inmunidad innata y adaptativa.
3) Propiedades de la respuesta inmune.
4) Defectos en la respuesta inmunológica y en la enfermedad.
Células del Sistema Inmune. Marcadores de diferenciación leucocitarios.
1) Líneas de diferenciación celular en la hematopoyesis.
2) La nomenclatura "CD".
3) Células linfoides: Linfocitos T y B y células plasmáticas, Células "Natural Killer". Marcadores
moleculares citoplasmáticos y de membrana de diferenciación y activación.
4) Células presentadoras de antígeno: Fagocitos monomorfonucleares, Células de Langerhans, Células
interdigitantes, Células foliculares dendríticas. Marcadores moleculares.
5) Otras células que participan en la Respuesta Inmune: Fagocitos polimorfonucleares, Basófilos,
Mastocitos, Eosinófilos.
El tejido linfoide: Órganos primarios. Órganos secundarios.
1) Tejidos linfoides: a) Primarios. b) Secundarios.
2) El sistema linfático.
3) Médula ósea.
4) Timo.
5) Bazo. a) Areas T dependientes. b) Areas B dependientes.
6) Ganglios linfáticos: a) Areas T dependientes. b) Areas B dependientes.
7) Organización del tejido linfoide asociado a las mucosas (MALT).
8) Tráfico linfocitario. "Homing".
Inmunoglobulinas.
1) Definición de anticuerpo.
2) Estructura de las inmunoglobulinas y características fisicoquímicas. Estructura en dominios.
3) Regiones constantes y variables. Relación entre estructura y función.
4) Isotipos de cadenas pesadas y ligeras.
5) Alotipos e idiotipos.
6) Cadena J y componente secretor.
7) Funciones de los anticuerpos.
Genética de las inmunoglobulinas I. Generación del repertorio de BCR.
1) Genes de las Inmunoglobulinas.
2) Mecanismo de reordenamiento génico.
3) Generación de la diversidad.
4) Eliminación de clones autorreactivos.
Genética de las inmunoglobulinas II.
1) Cambio de isotipo.
2) Inmunoglobulinas secretadas Vs inmunoglobulinas de membrana.
3) Maduración de la afinidad: Hipermutación somática en centros germinales.
4) Fisiología de la producción de anticuerpos.
La estructura antigénica. Interacción antígeno-anticuerpo.
1) Nomenclatura: Antígeno, Epítopo, Inmunogenicidad, Antisuero.
2) La unión antígeno-anticuerpo. Complementariedad espacial. Fuerzas de intervienen en la unión.
3) Parámetros que expresan la fuerza de unión entre un antígeno y un anticuerpo.
4) Inmunogenicidad. ¿Qué hace que una molécula sea antigénica?
5) Antígenos T dependientes y T independientes.
Linfocitos B. Receptor antigénico.
1) El complejo BCR.
2) BCR y subpoblaciones B.
3) Ontogenia de los linfocitos B.
4) Selección de linfocitos B en médula ósea.
5) Reconocimiento de antígeno soluble e internalización.
6) Diferenciación de linfocitos B. Células plasmáticas.
El Complejo Mayor de Histocompatibilidad. Estructura molecular y función.
1) Importancia de las moléculas MHC. Sistema HLA.
2) Estructura de las moléculas MHC de clase I.
3) Función de las moléculas MHC de clase I.
4) Estructura de las moléculas MHC de clase II.
5) Función de las moléculas MHC de clase II.
6) Patrones generales de unión de péptidos a moléculas HLA-I y HLA-II. Diferencias. Residuos de anclaje
primarios y secundarios.
Genética del Complejo Mayor de Histocompatibilidad
1) Organización cromosómica de los genes del complejo HLA.
2) Polimorfismo alélico.
3) Patrón de herencia de los genes MHC. Desequilibrio de ligamiento.
4) Aplicaciones del tipaje HLA: trasplante de tejidos, asociación HLA-enfermedad, paternidad,
distribución étnica de haplotipos.
Procesamiento y presentación de antígeno.
1) El procesamiento antigénico.
2) Presentación antigénica asociada a moléculas MHC de clase I.
3) Presentación antigénica asociada a moléculas MHC de clase II.
4) Naturaleza del péptido procesado. Péptidos intracelulares Vs extracelulares.
5) Las células T y B reconocen formas distintas del antígeno.
6) Superantígenos.
Linfocitos T. Receptor antigénico: TCR.
1) Estructura del receptor antigénico de los linfocitos T. El complejo CD3/TCR.
2) Tipos de receptor: TCR alfa/beta y TCR gamma/delta.
3) Topología del complejo MHC-PEPTIDO ANTIGENICO-TCR.
4) Función de las cadenas de CD3 en la transducción de señales.
5) Papel de las moléculas coestimuladoras en la activación de linfocitos T.
Genética del receptor antigénico del linfocito T. Generación y selección del
repertorio de especificidades.
1) Estructura y organización génica de las cadenas del TCR.
2) Reordenamiento génico intratímico.
3) Selección positiva y negativa de timocitos CD4+CD8+.
4) Papel de las células del estroma en la selección.
5) Desarrollo de las poblaciones de células T con TCR de tipo gamma/delta.
6) Apoptosis como mecanismo de homeostasia.
Activación linfocitaria.
1) La activación celular en la respuesta inmune.
2) Secuencias intracelulares inductoras de activación e inhibición.
3) Cascada bioquímica de la activación linfocitaria. Segundos mensajeros. Fosforilación de proteínas.
Factores de transcripción.
Citocinas.
1) Estructura y función de las citocinas
2) Sistemas celulares productores de citocinas.
3) Receptores de citocinas. Familias.
4) Mecanismos de acción de las citocinas.
5) Clasificación de las citocinas. Citocinas que regulan la respuesta inespecífica.
6) Citocinas que regulan la respuesta adaptativa.
7) Quimiocinas y sus receptores.
8) Citocinas hematopoyéticas.
9) Subpoblaciones de linfocitos T según su patrón de secreción de citocinas (Th1, Th2, Th0).
Moléculas de adhesión en la respuesta inmune.
1) Moléculas de adhesión célula-célula y célula-matriz extracelular.
2) Clasificación de las moléculas de adhesión: Selectinas, Familia supergénica de las inmunoglobulinas,
Integrinas, Adresinas (diriginas) vasculares.
3) Control de la expresión de las moléculas de adhesión en las células y tejidos.
Respuestas citolíticas: Mecanismos efectores.
1) Citotoxicidad mediada por células de estirpe linfoide: Células T citotóxicas. Células "Natural Killer".
2) Reconocimiento de la célula diana. Receptores para HLA-I de función inhibidores.
4) Mecanismos moleculares de citotoxicidad.
5) Autoprotección citolítica.
El Sistema del Complemento.
1) Definición. Nomenclatura de los factores.
2) Activación del Complemento: Vía alternativa. Vía de las lectinas. Vía clásica.
3) Complejo de ataque a la membrana.
4) Factores reguladores solubles y de membrana.
5) Receptores celulares para el Complemento.
6) Funciones biológicas del Complemento.
Generación, dinámica y regulación de la respuesta inmune.
1) Focalización de la respuesta.
2) Mediadores inflamatorios. Mediadores de los mastocitos y macrófagos.
3) Interacciones leucocito-endotelio.
4) Regulación de la infiltración leucocitaria.
5) Interacción APC/Ag con linfocitos T.
6) Interacción linfocito T activado-linfocito B en tejido linfoide.
7) Generación de linfocitos efectores y de memoria.
8) Papel regulador del antígeno.
9) Papel regulador de los inmunocomplejos.
10) Interacciones idiotípicas.
11) Regulación neuroendocrina de la respuesta inmune
Tolerancia inmunológica.
1) ¿Qué se entiende por tolerancia inmunológica?.
2) Mecanismos de tolerancia: Deleción clonal, Anergia
3) Supresión, Desviación inmune, Ignorancia inmunológica.
Reacciones de hipersensibilidad.
1) Concepto de hipersensibilidad.
2) Hipersensibilidad de tipo I.
3) Hipersensibilidad de tipo II.
4) Hipersensibilidad de tipo III.
5) Hipersensibilidad de tipo IV.
Autoinmunidad.
1) El fenómeno de autoinmunidad.
2) Mecanismos de daño tisular en enfermedades autoinmunes.
3) Enfermedades autoinmunes no organoespecíficas.
4) Enfermedades autoinmunes organoespecíficas.
Inmunodeficiencias.
1) Inmunodeficiencias primarias.
2) Inmunodeficiencias secundarias.
3) Infección por el virus de la inmunodeficiencia humana.
Técnicas Inmunológicas.
1) Reacciones de precipitación en geles. Imunodifusión radial simple, inmunodifusión doble,
inmunoelectroforesis, inmunofijación y contrainmunoelectroforesis
2) Enzimoinmunoensayo y Radioinmunoensayo.
3) Nefelometría.
4) Electroinmunotransferencia.
6) Inmunoprecipitación.
8) Producción de antisueros.
9) Producción de anticuerpos monoclonales. Utilidad.
10) Inmunofluorescencia directa/indirecta.
11) Técnicas de histocompatibilidad.
Tema 01. Introducción a la Inmunología
Todos los individuos tienen la necesidad de defender constantemente su integridad biológica frente a
agresiones externas, causadas por bacterias, virus, hongos y parásitos, para poder sobrevivir.
En cada organismo, los mecanismos de defensa son de tipo innato y de tipo adaptativo, que en general
son muy diversos y heterogéneos (Figura Tipos de respuesta inmune), aunque siempre existe una
actuación integrada de todos los componentes de ambos mecanismos.
Los mecanismos que conforman la inmunidad de tipo innato están cons- tituidos por las barreras
naturales, que las componen junto con la piel que aísla lo interior de lo exterior otra gran cantidad de
elementos naturales, dentro de los cuales están las mucosas que actúan como un puesto fronterizo
entre dos compartimientos y otros factores particulares como la lisozima de la saliva y las secreciones
lagrimales y nasales que tienen la capacidad de romper la unión de los azúcares presentes en las
paredes bacterianas, favoreciendo su destrucción, y la respuesta inmune innata propiamente dicha, en
la que intervienen diversas moléculas como el complemento y ciertas citocinas; así como un conjunto de
células, que en general se caracterizan por su capacidad para actuar de manera inmediata sin requerir
de un aprendizaje previo
Adicional a los mecanismos de defensa innatos, existe la respuesta inmune adaptativa, que
corresponde con la segunda línea de defensa del individuo y se caracteriza por desarrollarse solo y
específicamente frente a cada una de las sustancias extrañas que han conseguido penetrar en el
organismo y que no han sido previamente eliminadas por los mecanismos de la respuesta innata. En
esta respuesta participan prioritariamente linfocitos T, linfocitos B y las moléculas liberadas por estas
células producto de su activación, como son los anticuerpos y las citocinas.
A diferencia de la respuesta innata, cuyas células siempre poseen un número limitado de receptores
preformados con una amplia capacidad de reconocimiento que permite que con pocos receptores se
reconozcan prácticamente la mayoría de las bacterias, en la respuesta adaptativa los linfocitos T y los
linfocitos B en su conjunto sí poseen receptores para la mayoría de patógenos existentes en la
naturaleza.
Por otra parte, el sistema inmune adaptativo genera memoria de un estímulo antigénico a otro de la
misma índole, debido a la permanencia por tiempos indefinidos de poblaciones linfoides sensibilizadas
luego de un estímulo antigénico y a diversos mecanismos internos de control que permite que la
intensidad de la respuesta inmune se automodule y regule.
Basado en todas estas propiedades descritas, la respuesta adaptativa a diferencia de la respuesta innata
posee las características de especificidad, clonalidad, memoria y autorregulación.Hemos dicho que el
sistema inmune defiende y preserva lo propio de lo extraño, pero comencemos por reflexionar y
analizar sobre “lo propio” y lo “extraño” para el sistema inmune de cada individuo.
El primer gran objetivo del sistema inmune es el reconocimiento de sí mismo y la identificación selectiva
de lo extraño al objeto de neutralizarlo. Sin embargo, la estrategia de defensa utilizada por el “sistema
inmune” no parece ser rígida; sino adaptable y flexible, ya que en unas circunstancias ciertas bacterias
son identificadas como extrañas y destruidas, y en otras circunstancias el organismo decide que puede
convivir con ellas e incluso utilizar las vitaminas que producen en beneficio propio.
Se entiende por extraño todo aquello que no haya sido reconocido adecuadamente por el sistema en su
entorno durante el desarrollo fetal o en las primeras semanas de vida. Estos componentes biológicos o
sustancias extrañas se denominan antígenos y pueden formar parte de los miles de microorganismos
como bacterias, virus, parásitos y hongos que tanto abundan en la naturaleza o incluso de un tejido u
órgano proveniente de otros individuos.En este sentido, todas las sustancias que tienen la capacidad de
estimular al sistema inmune y generar una respuesta inmune, se conocen como antígenos, mientras que
las zonas o partes del mismo que tienen capacidad inmunógena, se conocen como determinantes
antigénicos o epítopos.
Sabemos que prácticamente cualquier tipo de molécula biológica, incluyendo azúcares, lípidos,
hormonas, metabolitos intermediarios, carbohidratos complejos, fosfolípidos, ácidos nucleicos y
proteínas pueden ser antígenos.En general los antígenos son de mayor tamaño que la zona que
participa en la unión con el anticuerpo denominado determinante antigénico o epítopo de modo que un
anticuerpo solo se une a una zona muy restringida del antígeno.
La mayoría de los antígenos poseen múltiples epítopos, con lo que pueden unir múltiples anticuerpos a
la vez siempre que los epítopos estén suficientemente alejados entre ellos para que no existan
interferencias estéricas que lo impidan. Clásicamente se llamaba antígeno a toda molécula capaz de
generar un anticuerpo, pero en la actualidad se considera antígeno a cualquier molécula capaz de unirse
a un anticuerpo independientemente de que pueda, por si sola generarlo.
Aquellas moléculas que además sean capaces de generar un anticuerpo se les denomina inmunógenas.
En este sentido existen moléculas muy pequeñas que llamamos haptenos, que para generar anticuerpos
necesitan ir unidas a moléculas más grandes llamadas transportadoras. Una vez que se han generado de
este modo, anticuerpos contra el hapteno, éste puede unirse a los anticuerpos. El hapteno es por lo
tanto, una molécula antigénica pero no inmunógena.La capacidad de unión antígeno-anticuerpo (Ag-
Ac), es la característica más importante y común de todas las inmunoglobulinas.
Esta unión es no covalente y débil, de tal forma que la reacción es reversible, encontrándose los
antígenos y los anticuerpos libres en equilibrio dinámico con los unidos. Tras la unión Ag-Ac, as
sustancias extrañas o antígenos son neutralizadas y posteriormente destruidas por las inmunoglobulinas
a través de mecanismos, que pueden ser diferentes según el tipo de inmunoglobulina que participa.
Por ultimo, debemos considerar que el sistema inmune se constituye en el elemento de control de todo
el universo bioquímico interno, tomando en cuenta el hecho de que la piel nos sirve de primera barrera
para aislar lo interior de lo exterior y las mucosas actúan como
puestos fronterizos a fin de permitir la necesaria interacción
entre lo interno y lo externo. Pero decíamos antes que a veces
toleramos incluso bacterias que nos son útiles a pesar de que
no son propias, lo cual se explica porque el organismo es
mucho más receptivo a lo extraño cuando no hay una señal de
alarma. En definitiva, parece que no estamos ante un sistema
exclusivamente centrado en la autodefensa frente a la
amenaza de “contrarios”, sino que más bien se trata de un sistema dedicado a la protección de la
integridad biológica vital de cada individuo, para que éste pueda sobrevivir de manera independiente en
un universo altamente biodiversificado,
Los conocimientos actuales indican que cada individuo entiende por propio todos aquellos
componentes naturales presentes en sí mismo y que ya desde el seno materno, el sistema inmune del
feto, aun inmaduro comienza a identificar con precisión. Sin embargo no resulta tan sencillo entender
cómo el sistema inmune ya desde el seno materno comienza a diferenciar en todo momento los
componentes propios de los que no lo son a pesar de la compleja estructura individual compuesta de
miles de millones de moléculas y de células. Un sistema que además no “nace” con el nuevo individuo,
sino que una vez formado en el feto y en el recién nacido va progresivamente madurando a través de
nuevas experiencias.
Esta es la razón por la que se habla de “aprendizaje”, ya que se entiende que el sistema inmune del
nuevo individuo identifica como propio todas aquellas moléculas generadas por el feto durante su
periodo de desarrollo en el seno materno y que han sido reconocidas como algo natural de su
entorno.La inmunología actual nos habla también de que ese “aprendizaje” va unido a un sistema más
complejo de “etiquetaje” interno.
Así de la misma manera en que todos los miembros de una especie cuentan con componentes idénticos
como son las hormonas, también cuentan con unos componentes muy variables denominados
“moléculas de histocompatibilidad” que son diferentes de unos individuos a otros incluso dentro de la
misma especie y en consecuencia son los verdaderos “marcadores de lo propio de cada individuo”
(Figura: Individualidad)
Estas moléculas actúan a modo de “código de barras biológico” que si bien, se transmiten de padres a
hijos, son únicos e irrepetibles, debido a la diversidad que se genera tanto por recombinación genética
como por mutaciones espontáneas. Así pues, podemos decir que la especie humana es biológicamente
diversa al estar formada por individuos que a su vez son biológicamente únicos.
En este contexto, también cabe preguntarse ¿Cuáles son las consecuencias de los errores de la
interpretación entre lo propio y lo extraño?, por lo que no se escapa que un serio dilema para el sistema
inmune es la necesidad de compatibilizar por una parte la defensa de cada persona, manteniendo su
individualidad, y la defensa de la especie, propiciando su diversidad. Debido a la complejidad de esta
función, existen mecanismos muy precisos de control que evitan que sea el sistema inmune el que
destruya los componentes propios del organismo donde asienta. Sin embargo, la biología humana no
está exenta de fallos, apareciendo así en ciertos casos enfermedades, conocidas como de
autoinmunidad, en las que el sistema inmune falla en estos sistemas de reconocimiento y pierde la
tolerancia que debe mantener frente a los componentes propios.
Los procesos moleculares y celulares implicados en cada mecanismo de defensa desarrollado por el
sistema inmune, son fundamentales para la salud y por ende para la supervivencia del individuo. En
ausencia de un sistema inmune eficaz y competente, muchos microorganismos pueden producir
diversas infecciones que en la mayoría de los casos pueden resultar mortales. Cuando el individuo, a
pesar de poseer un sistema inmune eficiente, desarrolla cuadros clínicos asociados a infecciones,
generalmente es debido a que necesita tiempo para construir una respuesta fuerte contra los
microorganismos invasores, lo que favorece, que estos patógenos tomen ventaja sobre todo durante la
infancia o la vejez, épocas en las que el individuo es más vulnerable inmunológicamente.
Un serio dilema para el sistema inmune es la necesidad de compatibilizar por una parte la defensa del
individuo manteniendo su individualidad, y por otra la defensa de la especie propiciando su
diversidad. Hoy se sabe, que el desarrollo del sistema inmune es un evento bien estudiado que parte de
su característica inmadurez en la época fetal del individuo. Los linfocitos, que son los principales
protagonista de la respuesta inmune, aparecen ya en la semana 13 de gestación y no es hasta la semana
25 cuando adquieren capacidad funcional.
El feto posee pues una capacidad de respuesta muy primitiva, y sólo al final del embarazo comienza a
producir algunos tipos de anticuerpos, que son otra de las grandes herramientas del sistema inmune,
para defender al individuo después de nacer. Sin embargo, la mayoría de los anticuerpos que posee el
recién nacido son propios de la madre, quien se los pasa a través de la placenta. En general, la acción del
sistema inmune en el periodo de vida fetal es muy compleja, ya que por una parte tiene que madurar en
el sentido de reconocerse a sí mismo y por otra tiene que tolerar los componentes maternos
desarrollando mecanismos para no entrar en conflicto con ellos.
Finalmente y en consecuencia de todo lo anterior, hemos de decir que la Inmunología es una ciencia de
gran amplitud que comprende diversas áreas en continua expansión, dentro de las que destacan:
Inmunogenética, Inmunobiología, Inmunopatología o Inmunología clínica, Inmunofarmacología,
Inmunología veterinaria, etc.
Cuando los mecanismos inmunes se alteran dan lugar a procesos patológicos, siendo en muchos casos el
sistema inmune en sí la causa de enfermedad. Esto se evidencia, por ejemplo en lo que ocurre cuando el
individuo reacciona de forma exacerbada frente a sustancias que en principio son inocuas, como es el
polen de plantas, en cuyo caso aparecen reacciones de hipersensibilidad como las alérgicas y el asma,
que cada vez son más frecuentes en la población.
En consecuencia la Inmunología debe estudiar no sólo el papel que tiene el sistema inmune en el
mantenimiento de la salud sino también en la génesis y evolución de la enfermedad.También a veces,
por razones todavía no muy bien entendidas, el sistema inmune no reconoce como propio sus
componentes, ocasionando las enfermedades por autoinmunidad, en las que se lesionan tejidos
causando graves trastornos que pueden incluso llevar a la muerte del individuo.
Esto es por ejemplo lo que ocurre en la esclerosis múltiple, la artritis reumatoide, la diabetes tipo 1, etc.,
en las que el sistema inmune trata de destruir la mielina, articulaciones o las células beta del páncreas
respectivamente.Así, la inmunidad protectora y la hipersensibilidad patológica pueden coexistir porque
son manifestaciones del mismo tipo de respuesta inmune específica, donde las diferencias entre
individuos en los patrones de respuesta inmune frente a microorganismos son determinantes
importantes de la progresión de la enfermedad y de su resultado clínico.
A continuación en este primer capítulo tratemos de aspectos generales de la respuesta inmune innata y
adaptativa, los mecanismos de regulación, consideraciones históricas y lo que en ello ha representado el
desarrollo de vacunas, identificando los puntos más vulnerables y susceptibles de alteración, sea por
defecto o por exceso y que sean el origen de patologías. También se hará un resumen de las principales
aportaciones de la inmunología a la medicina, veterinaria, farmacia y biología moderna, para terminar
analizando los retos futuros de esta disciplina que crece de manera vertiginosa con nuevas aportaciones
cada día.
Respuesta inmune innata
La respuesta innata forma parte de los mecanismos inespecíficos de defensa y representa el primer
sistema defensivo del organismo y es de especial significación frente a la protección del mismo ante
infecciones ya sean de tipo bacteriano o viral.
Como se ha dicho con anterioridad, los mecanismos que conforman la inmunidad de tipo innato están
constituidos por las barreras naturales y que son la piel y las mucosas no solamente actúan aislando
al individuo del exterior sino también por su capacidades bactericidas y promotoras de la inflamación
debido a la presencia de múltiples moléculas, factores y células con función defensiva en la piel y
mucosas o que se pueden acumular en caso de necesidad.
La piel que representa casi el 20 % del peso corporal del individuo consta de tres capas con funciones
diferenciadas (Figura: Piel). Son la:
Las mucosas que actúan como puesto fronterizo entre el interior y exterior de la cavidad ocular, oral,
uretra, vagina, intestinal y pulmonar principalmente tiene en su conjunto una extensión en el
organismo humano equivalente a 500 metros cuadrados y que posee diferentes mecanismos tanto
microbicidas como microbiostáticos de suma importancia. Las mucosas según su localización posee
adicionalmente la capacidad de producir elementos defensivos como es el moco que las reviste y otras
sustancias con acción antimicrobiana directa como son la lisozima, defensinas, aglutininas, histamina e
incluso ciertas citocinas y quimiocinas.
Así pues entre las moléculas y factores de la respuesta inmune innata presentes en la piel y mucosas y
que forman parte de la respuesta inmune innata se encuentran ciertas citocinas, quimiocinas y
factores del complemento. Las citocinas son prioritariamente de los tipos IL-1, 6. 7 y 15 y poseen una
acción relevante como elementos proinflamatorios e incluso contribuyendo al inicio de la respuesta
inmune adaptativa. Las quimiocinas esenciales son Il-8 y RANTES e intervienen atrayendo nuevas
células al foco inflamatorio en caso de una agresión por patógenos por ejemplo. El complemento, que
como se sabe se encuentra preformado en cada individuo, puede intervenir en los procesos de
destrucción de microorganismos con una gran eficacia al poseer una acción directa destructiva de los
mismos o ser inductores de su destrucción por células fagocíticas, así como por su acción quimiotáctica
y anafilotóxica.
A su vez dentro de las células de la respuesta inmune innata presentes en la piel y mucosas destacan
los fibroblastos, las células dendríticas, monocitos, neutrófilos, macrófagos, células NK e incluso
linfocitos T y B. Estas células, con la excepción de los linfocitos, se caracterizan por su capacidad para
actuar de manera inmediata sin requerir de un aprendizaje previo siempre que cualquier patógeno
sobrepasa las barreras naturales. Esto es por ejemplo lo que ocurre, tras una herida de piel como
consecuencia de una caída en la que se puede producir una entrada de microorganismos patógenos
(Figura: Inflamación local).
En resumen, las principales características de la respuesta inmune innata se exponen a con- tinuación y
son:
Los linfocitos que participan en este tipo de respuesta son de dos tipos: linfocitos B y linfocitos T. Los
linfociotos T a su vez pueden ser de los tipos
colaborador (Th), citotóxico (Tc) o regulador
(Treg).
Los linfocitos B reconocen el antígeno mediante inmunoglobulinas de membrana (mIg) mientras que los
linfocitos T lo reconocen mediante el receptor de linfocitos T (TCR) (Figura 1.10). La activación de los
linfocitos B conduce a la síntesis de Inmunoglobulinas por los mismos mientras que cuando lo que se
activan son los linfocitos T su función prioritaria es la producción de linfocinas o la de lisar células
respectivamente. Las inmunoglobulinas (Ig) son glicoproteínas formadas, al menos, por cuatro cadenas
mientras que el receptor de los linfocitos T (TCR) es también una glicoproteína pero de solo dos
cadenas. Ambos tipos de moléculas tienen
la propiedad de reconocer y unirse al
antígeno de manera específica.
Para que los linfocitos T, tal como se ha dicho anteriormente puedan reconocer el antígeno, éste debe
ser debidamente
presentado.
Es importante destacar
que las células
presentadoas y en
concreto las célus
dendríticas pueden tam-
bién transportar el antígeno desde el foco inflamatorio a los ganglios linfáticos regionales, lo cual es
importante en el inicio de la respuesta adaptativa y una prueba más de la colaboración entre respuesta
innata y adaptativa.
Las moléculas del Complejo Mayor de Histocompatibilidad son glicoproteínas presentes en las
membranas de la mayoría las células nucleadas, entre las que se encuentran las células
inmunocompetentes.
Estas moléculas son esencialmente de dos tipos, tipo I y tipo II y tienen entre otras funciones las de
presentar el antígeno a los linfocitos así como participar en el proceso de maduración de los linfocitos T
en el timo. Las células presentadoras de
antígeno (APC) tienen como misión captar,
procesar proteolíticamente en el interior de
estas células y después presentar el antígeno a
los linfocitos T conjuntamente con las
moléculas de histocompatibilidad.
Interacción celular
Este fenómeno se lleva a cabo prio- ritariamente por las moléculas de adhesión que son un grupo muy
heterogéneo de sustancias que se encuentran en la superficie tanto de células presentadoras
como respondedoras del mismo y que como se ha dicho hacen posible la adherencia entre ellas y en
consecuencia permiten la unión entre el receptor de las células T y el complejo MHC-Ag de las APCs
(Figura 1.12).
Inmunomoduladores de la respuesta inmune
La respuesta inmune es
regulada por moléculas
conocidas como citocinas, que
son sustancias pro- ducidas por
linfocitos y otras células en
respuesta a una gran variedad
de estímulos y que son capaces
de regular el funcionamiento
de otras células del sistema
inmune.
Activación Th y Tc
Aunque existen excepciones, la separación de las funciones de los linfocitos Th y Tc viene dada por el
origen de los antígenos que reconocen. Los linfocitos Tc reconocen a los antígenos presentados en
superficie por moléculas MHC de clase I (Figura 1.14), mientras que los linfocitos Th interaccionan con
el antígeno en el contexto de moléculas MHC de clase II.
Asociados a las dos cadenas polipeptídicas polimórficas que constituyen el TCR se encuentra un grupo
de moléculas monomórficas de membrana llamado colectivamente CD3, formando así el complejo
TCR/CD3 y que sabemos que es imprescindible para la transmisión de la señal del reconocimiento
antigénico al interior celular.
RESPUESTA INMUNE
HUMORAL
En la (Figura 1.16) se
muestra un esquema con
una visión general de la
respuesta inmune tanto
innata como adaptativa con indicación de los prin- cipales componentes celulares que participan en
cada una de ellas.
La respuesta inmune adaptativa se caracteriza por reconocer unos antígenos y no otros (especificidad),
ser de carácter clonal, desarrollar memoria y ser autorregulable. Veamos con más detalle estas
carácttristicas.
Especificidad. Se sabe que cada antígeno estimula solo a aquel linfocito o grupo de linfocitos que han
desarrollado y en consecuencia poseen en su membrana los receptores capaces de reconocer y unirse
específicamente a él. Estos receptores, tal como se ha indicado anteriormente, son las
inmunoglobulinas de superficie cuando se trata de linfocitos B o el TCR cuando se trata de linfocitos T.
Esta teoría decía que cada antígeno estimulará a aquel linfocito o grupo de linfocitos que poseen en su
membrana receptores capaces de reconocer y unirse específicamente a él y que como consecuencia se
producía su proliferación y diferenciación en células con las mismas características de reconocimiento
que los linfocitos originales (Figura 1.17) Este carácter clona, le confiere a este tipo de respuesta el
carácter de gran eficiencia en cuanto que cada individuo solo pone en marcha aquellos elementos,
celulares y moleculares, que le son necesarios para una determinada acción.
Memoria Inmunológica. Otra característica importante de este tipo de repuesta es que el organismo
mantiene memoria de un estímulo a otro cuando son de la misma índole. Eso se debe a la permanencia
de linfocitos sensibilizados de larga
vida después de un estímulo
antigénico.
Cuando por primera vez un antígeno se pone en contacto con el organismo, se produce una respuesta
inmune que se denomina respuesta primaria. Por el contrario, cuando al cabo de un tiempo el mismo
antígeno vuelve a activar al sistema inmune, se produce una respuesta que denominamos respuesta
secundaria o adaptativa (Figura 1.19). Ambas respuestas son, cualitativa y cuantitativamente,
diferentes. Las diferencias esenciales son:
Como ejemplos de esta cooperación se encuentran el papel desempeñado por los macrófagos como
células presentadoras de antígeno a los linfocitos T; los anticuerpos IgM e IgG son capaces de activar el
sistema del complemento por la vía clásica; o la citotoxicidad dependiente de anticuerpo por parte de
las células natural killer.
Las partes del antígeno que actuan induciendo la formación de anticuerpos se conocen como grupo
determinante. Sin embargo estos grupos no tiene capacidad inductora de anticuerpos si no van
formando parte o unidos a otra molécula
mayor. A su vez los anticuerpos frente a
los antígenos se unen concretamente a
sus grupos determinantes a los que
tambien se les denominan epitopos (Fig
1.20).
A su vez auellas moléculas que son capaces de generar anticuerpos se les considera poseer capacidad
inmunógena. En este sentido las moléculas demasiado pequeñas como son los haptenos para generar
anticuerpos necesitan ir unidas a moléculas más grandes llamadas transportadores. Una vez que se han
generado de este modo, anticuerpos contra el hapteno, éste puede unirse a los anticuerpos. El hapteno
es por tanto, una molécula antigénica pero no inmunógena.
Tras la unión antígeno-anticuerpo (Ag-Ac), las sustancias extrañas (o antígenas) son neutralizadas y
posteriormente destruidas por las inmunoglobulinas a través de mecanismos, que pueden ser diferentes
según el tipo de inmunoglobulina que participa.
Introducción a la Inmunopatología
Hay multitud de casos en los que los sistemas de defensa son en sí causa de enfermedad. Esto es, por
ejemplo, lo que ocurre cuando el individuo reacciona incluso frente a sustancias que en principio son
inocuas, como es el polen de
plantas, etc. Entonces se
habla de reacciones de
hipersensibilidad (Figura
1.21).
También a veces, las células encargadas de la defensa inmune, comienzan a proliferar en grandes
cantidades, llegando a producir auténticos cánceres de células libres como son las leucemias, que
incluso en tan sólo meses pueden terminar con la vida del individuo. La Inmunología, en consecuencia,
debe estudiar no sólo el papel que tiene el sistema inmune en el mantenimiento de la salud sino tam-
bién en la génesis y evolución de la enfermedad.
Durante la fase empírica que podemos considerar anterior al comienzo del presente siglo, la
inmunología ofreció la solución a uno de los grandes problemas que ha azotado a la humanidad, las
pandemias.
Ello fue posible gracias a Jenner quien a finales del siglo XVIII y a Pasteur quien a su vez a finales del
siglo XIX, prepararon las vacunas de la viruela y de la rabia respectivamente. Posteriormente se
desarrollarían, entre otras, las vacunas antitifoidea (1898), anticólera (1892) y antidiftérica (1913).
Después, en lo que podríamos denominar fase científica, y debido a un mejor conocimiento de las bases
biológicas y celulares del sistema inmune, la inmunología se ha desarrollado ampliamente, siendo una
de las ciencias que más ha evolucionado en los últimos años. Hasta aproximadamente los años sesenta
los aspectos inmunológicos conocidos aparecían, en el contexto de la Microbiología, como el sistema
capaz de defender al organismo frente a las infecciones.
Transfusiones sanguíneas: La Inmunología hizo posible el descubrimiento de los grupos sanguíneos y los
anticuerpos séricos frente a los mismos, gracias a lo cual se pueden realizar las transfusiones sanguíneas
sin riesgo para el enfermo.
Trasplantes de órganos: Haciendo posible la prevención del rechazo de muchos de los órganos
trasplantados. Eso se ha debido a un perfeccionamiento de las técnicas quirúrgicas pero, sobre todo, al
descubrimiento de los antígenos responsables del rechazo (antígenos de histocompatibilidad) y a un
mejor conocimiento de los mecanismos inmunológicos responsables del rechazo del trasplante, que
están permitiendo la utilización de modernas terapias inmunosupresoras de gran efectividad en la
actualidad. Los avances más recientes indican que pronto será posible el trasplante de animales al
hombre (xenotrasplante) con lo cual se podrá dar solución a la escasez de donaciones de órganos.
Métodos analíticos: Una gran variedad de métodos analíticos de gran precisión y sensibilidad se han
desarrollado gracias a los conocimientos inmunológicos. Entre estas técnicas las más importantes que
se pueden destacar son la inmunoelectroforesis, radio-inmunoensayo, hemaglutinación, etc. Hoy se
puede considerar que, por ejemplo, la endocrinología moderna se ha podido desarrollar gracias a la
aparición de un método, el radioinmunoensayo, capaz de medir los niveles de las distintas hormonas.
También ha permitido disponer de nuevos métodos de estudio basados en la inmunología, sin cuya
existencia hubiese sido imposible alcanzar los niveles actuales de excelencia en la investigación
biosanitaria.
Biotecnología, industria y farmacia: Esto está siendo realmente posible gracias al extraordinario grado
de cooperación existente entre los inmunólogos y científicos dedicados a la bioquímica, biología
molecular, genética y farmacia, cuyos métodos como, por ejemplo, la tecnología del DNA recombinante,
hibridaciones celulares, etc., están permitiendo la obtención de manera industrial, de sustancias y
factores de gran interés farmacológico, entre los que podemos destacar, como mas sobresaliente, los
anticuerpos monoclonales (AcMo).
La inmunología es una ciencia que actualmente se encuentra en pleno desarrollo, por lo que es de
suponer que en el futuro siga aportando nuevos conocimientos para la solución de muchos de los
problemas que tiene planteado la medicina y biología. En la Tabla 1.3 se expone una lista de los Premios
Nobel concedidos a investigadores en el campo de la inmunología, como prueba de las grandes
aportaciones realizadas en esta área.
Todas estas infecciones están causando numerosas muertes al año y en consecuencia son un desafío
serio y preocupante para la inmunología. En unos casos, la dificultad se debe a la aparición de mutantes
virales que les permite escapar a la respuesta inmune del individuo; esto es que una vez que el sistema
inmune ha aprendido a luchar contra el patógeno, éste cambia y ya no le sirve de nada el aprendizaje y
tiene que comenzar de nuevo. En otros casos se debe a la aparición de resistencias de los patógenos a
los medicamentos, que toman normalmente para curarse, en cuyo caso el medicamento no ejerce el
efecto deseado.
En el caso de la gripe aviar el panorama es preocupante debido a que es capaz de infectar a seres
humanos desde los animales y aunque afortunadamente no es capaz de pasar de unos seres humanos a
otros, sí existe preocupación de que pueda combinarse con el virus de la gripe humana y de ese modo
aprender a hacerlo y dar lugar a una pandemia. No se puede olvidar que la pasada pandemia de gripe
ocurrida en 1918 mató entre 20-40 millones de personas. Otro de los objetivos de la inmunología del
siglo XXI se centra en prevenir las alergias.
Los investigadores están mirando actualmente la posibilidad de desarrollar vacunas contra la mayoría de
las formas de alergias. Por ejemplo, identificando las proteínas del polen o los cacahuetes que son
responsables de causar alergia y utilizándolas a muy bajas dosis poder actuar como vacuna. Aunque es
importante señalar que este caso sería una vacuna que enseñaría al sistema inmune a no responder en
vez de a responder como las vacunas utilizadas hasta ahora contra las enfermedades infecciosas.
Encontrar mejores remedios para las enfermedades autoinmunes, figura también entre los programas
destacados de trabajo. En este área se esperan nuevos inmunomoduladores de gran capacidad de
acción, por ejemplo en la artritis reumatoide y otras enfermedades de tipo autoinmune. También se
está trabajando en mejorar los resultados en trasplantes en donde dos de los grandes problemas son la
escasez de donantes y alcanzar mejores resultados a largo plazo.
Hasta ahora para evitar que el individuo destruya el órgano trasplantado se le trata con
inmunosupresores que actúan disminuyendo la capacidad del sistema inmune del individuo
trasplantado de atacar el trasplante pero también de defenderse de infecciones. Por ello, uno de los
objetivos futuros es ayudar al sistema inmune para que tolere de manera selectiva el trasplante al que
ha sido sometido y evitar así las complicaciones de la inmunosupresión tradicional, como por ejemplo
son la aparición de infecciones virales, tumores y otros.
Se trataría en definitiva de copiar lo que la naturaleza ya realiza en la mujer gestante que acepta de
manera selectiva a su feto (trasplante natural) lo cual permite que éste sea tolerado aunque lleva el
componente paterno que es extraño a la madre desde el punto de vista biológico. Por otra parte los
avances más recientes indican que pronto será posible el trasplante de animales al hombre
(xenotrasplante) y el uso de células madre, que por su gran capacidad de crecimiento multidireccional,
son una gran esperanza en el futuro en programas de terapia regenerativa de muy diversos tipos de
tejidos dañados, aspectos éstos que son tratados mas extensamente en otros capítulos.
Una mayor contribución a la nueva biotecnología, figura también en la agenda de trabajo del
inmunólogo, ya que mediante la inmunotecnología será posible seguir produciendo agentes que
protejan a las personas y animales contra muchos tipos de enfermedades. Mientras tanto, la tercera
generación de vacunas empleando DNA ya ha comenzado. Hasta ahora para desarrollar vacunas hay que
purificar o producir las proteínas del patógeno lo cual es caro y poco estable, y obliga en la mayoría de
los casos a administrar varias dosis.
Todo ello dificulta por ejemplo las campañas de vacunación en países en desarrollo con malos medios
técnicos y malas comunicaciones, donde en muchos casos no es posible administrar una segunda dosis
de la vacuna. Las vacunas de DNA podrán permitir desarrollar campañas de vacunación más baratas y
estables y sin necesidad de administrar más de una dosis. Consisten en introducir parte del DNA de un
patógeno dentro de un individuo, entonces el individuo producirá una respuesta frente a ciertos
componentes del germen. Tienen como ventaja no causar la enfermedad y de poder producirse de
forma duradera.
Bibliografía
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Características del Sistema Inmune
LINFOCITOS B
Los anticuerpos son producidos exclusivamente por los linfocitos B. Los linfocitos B
humanos, son células que se generan, e inician su maduración, en la Médula Ósea, expresan
inmunoglobulinas en su membrana y utilizan esta inmunoglobulina de membrana como receptor
para el reconocimiento del antígeno. Estas células activadas por un determinante antigénico y
por diversas señales procedentes de linfocitos T activados, terminan de diferenciarse
convirtiéndose en células que secretan anticuerpos al medio en gran cantidad, es decir, en
células plasmáticas. Los anticuerpos secretados tienen la misma especificidad por el antígeno
que las inmunoglobulinas de membrana y se unirán a los antígenos que iniciaron la respuesta.
Los anticuerpos al unirse a los antígenos van a cumplir varias funciones importantes. Por un lado
pueden bloquear su actividad biológica, por ejemplo neutralizando una toxina o bloqueando la
infectividad de una partícula viral. Por otra parte los anticuerpos pueden facilitar la captación del
antígeno por otras células del organismo, como los macrófagos, que los destruirán y eliminarán.
Además de las inmunoglobulinas (receptor para el antígeno), los linfocitos B expresan en
su membrana diversas moléculas más o menos características, entre las que cabe destacar las
moléculas del Complejo Principal de Histocompatibilidad (MHC) de clase II. Estas moléculas, que
se denominan HLA-II en humanos, están encargadas de presentar el antígeno en forma de
pequeños fragmentos peptídicos a los linfocitos T para que se activen. Con la misma finalidad de
interaccionar con los linfocitos T, los linfocitos B expresan moléculas adicionales entre las que
destacan especialmente B7 (CD80) y CD40. Otras moléculas son los receptores para los
fragmentos C3b y C3d del complemento, receptores para el fragmento Fc de la IgG y moléculas
de activación como CD19, CD20, CD21. Los linfocitos B cuando se activan, expresan en
membrana receptores para citocinas (factores solubles que regulan la respuesta inmune), que
actúan como factores de crecimiento y diferenciación.
LINFOCITOS T
Los linfocitos T se originan en médula ósea y maduran en el Timo. De manera análoga a
como los linfocitos B expresan inmunoglobulinas de membrana que funcionan como receptor de
antígeno, los linfocitos T expresan un receptor antigénico exclusivo de cada clon celular. El
receptor antigénico de los linfocitos T (TCR) tiene la peculiaridad de reconocer antígenos
extraños no en forma libre, sino como pequeños péptidos físicamente asociados a moléculas del
MHC presentes en la membrana de otras células. Al tener lugar el reconocimiento TCR-
(péptido/MHC), el linfocito T inicia su activación y lleva a cabo su función efectora. Además del
TCR los linfocitos T tienen dos importantes moléculas accesorias que se expresan de manera
excluyente: CD4 y CD8. Los linfocitos T CD4+ reconoce péptidos antigénicos asociados a las
moléculas de HLA de clase II, que se expresan en linfocitos B, macrófagos y otras células que se
denominan "presentadoras de antígeno". Las células presentadoras se especializan en presentar
los antígenos que captan del medio extracelular a los linfocitos T CD4+, que decidirán finalmente
si los péptidos son normales o proceden de proteínas extrañas (toxinas, microorganismos,...). En
este último caso los linfocitos T CD4+ se activarán y secretarán citocinas que sirven para regular
la función de otros linfocitos y de diversos tipos de células. También al activarse expresan en
membrana receptores para citocinas, incluso para las mismas que secretan, y moléculas para
interaccionar con linfocitos B e inducir su diferenciación a células plasmáticas. Entre estas
moléculas destaca CD40L, que interacciona específicamente con CD40. Por todas estas razones,
los linfocitos T CD4+ se denominan linfocitos T cooperadores. Por otro lado, los linfocitos T
CD8+ reconoce péptidos antigénicos en asociación con las moléculas de HLA de clase I, que se
expresan en todas las células del organismo exceptuando los eritrocitos. La función de las
moléculas HLA-I es presentar péptidos procedentes de proteínas intracelulares. Las células
infectadas por virus o que han sufrido transformación tumoral, presentarán péptidos que serán
reconocidos como extraños por los linfocitos T CD8+. Al activarse, estos linfocitos adquieren la
capacidad de lisar a la célula que presenta los péptidos extraños. Por esta razón los linfocitos T
CD8+ se denominan "citotóxicos". Los linfocitos T citotóxicos constituyen un arma del sistema
inmune relativamente eficaz para proteger al organismo de la diseminación de infecciones
virales y para eliminar células tumorales, casos en los que los anticuerpos no son eficaces.
Los linfocitos T expresan también otras moléculas, que se denominan accesorias, y que
sirven para interaccionar con mayor firmeza con linfocitos B u otras células y para contribuir a la
activación de los propios linfocitos T. Entre estas moléculas están CD2, CD5, CD11a (LFA1) y
especialmente CD28, cuyo ligando es la molécula CD80 anteriormente nombrada.
CÉLULAS NK
Las células NK derivan de médula ósea, al parecer de un precursor común con los
linfocitos T pero sufrirían maduración extratímica. La denominación NK, Natural Killer o células
líticas naturales, hace referencia a que estas células muestran actividad citotóxica frente a
algunas células tumorales y células infectadas por virus. En esta caso, sin embargo, no requieren
una exposición previa a la célula a lisar ni la expresión de moléculas HLA-I que requieren los
linfocitos T citotóxicos. Por el momento se desconoce si las células NK tienen receptor específico
distribuido clonalmente.
MACRÓFAGOS
Son células importantes en la respuesta inmune natural y puesto que son células
presentadoras de antígeno tienen un papel fundamental en la respuesta inmune adquirida. Los
macrófagos fagocitan sustancias extrañas, las digieren enzimáticamente y presentan los péptidos
resultantes en moléculas MHC-II a los linfocitos T CD4+ para que se activen. Además producen
citocinas inflamatorias, y amplifican la respuesta inmune específica.
GRANULOCITOS
Los granulocitos o células polimorfonucleares constituyen una primera barrera defensiva
del organismo, que actúa rápidamente fagocitando microorganismos antes de que una respuesta
de anticuerpos específicos tenga lugar. Además participan en las respuestas efectoras del
Sistema Inmune respondiendo a estímulos quimiotácticos y aumentando su capacidad fagocítica
al ser activados por citocinas. Los neutrófilos son las células predominantes en las reacciones de
inflamación aguda.
TEJIDO LINFOIDE
El tejido linfoide está constituido por dos grandes grupos de órganos: órganos linfoides
primarios que inician la diferenciación linfoide y órganos linfoides secundarios donde los
linfocitos responden a antígenos extraños.
Los órganos linfoides primarios, en humanos, son: la médula ósea y el timo. Los órganos
linfoides secundarios son: los ganglios linfáticos, el bazo, los tejidos linfodies asociados a las
mucosas y el sistema inmune cutáneo además de otros acúmulos linfoides repartidos por todo
el organismo.
MÉDULA ÓSEA
En la médula ósea se generan las stem cells o células pluripotenciales hematopoyéticas de las
estirpes eritroide, megacariocítica, granulocítica, monocítica y linfocítica. En la propia médula
ósea se incia la maduración de los linfocitos B, antes de su salida al torrente circulatorio. Además,
en la médula ósea hay linfocitos B maduros y gran cantidad de células plasmáticas que provienen
de linfocitos B, que se han activado en los órganos linfoides secundarios y que han recirculado
hasta la médula ósea.
TIMO
Aquellos linfocitos que tras salir de la médula ósea entran en el timo (timocitos), o bien
mueren (la gran mayoría), o bien maduran hacia linfocitos T.
GANGLIOS LINFÁTICOS
Los ganglios linfáticos son acúmulos de tejido linfoide. En su interior, formando folículos
hay una gran cantidad de células fagocíticas dispuestas a fagocitar los antígenos extraños, que
son transportados hasta ahí a través de los vasos linfáticos. Además, hay linfocitos que
reconocen los antígenos presentes en la membrana de las células fagocíticas activándose y
pudiendo migrar al torrente circulatorio.
BAZO
Los linfocitos y las células accesorias tienen, en el bazo, una localización similar a la de los
ganglios linfáticos. El bazo es el lugar donde se realizan la mayor parte de las respuestas frente a
antígenos circulantes por sangre periférica.
RESPUESTA INMUNE
Así mismo, los anticuerpos inducen la liberación de proteínas de fase aguda que ayudan
a combatir infecciones.
Los linfocitos T, especialmente los cooperadores, producen proteínas que tienen
actividad sobre las propias células del sistema inmune y sobre otras células, con mecanismos de
acción que recuerdan a las hormonas. A estas proteínas se les denomina citocinas. Las citocinas,
entre otras muchas funciones, aumentan la fagocitosis y las respuestas inflamatorias.
AUTOINMUNIDAD
Como se ha indicado antes el Sistema Inmune distingue lo propio de lo extraño. La falta
de respuesta a las sustancias propias se denomina autotolerancia. En ocasiones se pierde la
autotolerancia y se induce la respuesta inmune contra antígenos propios, a este fenómeno se le
denomina autoinmunidad. El fenómeno autoinmune puede desencadenar una enfermedad
autoinmune.
El fenómeno autoinmune puede ser consecuencia de alteraciones intrínsecas de los
linfocitos B, de los linfocitos T, o de su regulación. Además de las alteraciones inmunológicas que
inducen los fenómenos autoinmunes, se necesitan otros factores genéticos, infecciosos,
hormonales, anatómicos, etc., para que aparezca la enfermedad autoinmune.
HIPERSENSIBILIDAD
La respuesta inmune específica va asociada a mecanismos efectores inespecíficos como
la activación del complemento, activación de las células fagocíticas, inducción de citocinas, etc.,
que no son específicos de antígeno. En ocasiones los fenómenos de inflamación, como
consecuencia de la respuesta inmune, van asociados a lesiones locales o sistémicas. La falta de
control de algunas respuestas excesivas produce patologías denominadas enfermedades por
hipersensibilidad.
Estas patologías pueden ser desencadenadas por inmunocomplejos, por lisis celular
mediada por el complemento, por lesiones tisulares mediadas por linfocitos T y por anticuerpos
del tipo IgE que activan la degranulación de los mastocitos (la alergia).
INMUNODEFICIENCIAS
Las deficiencias de alguno de los elementos del Sistema Inmune pueden provocar
patologías denominadas inmunodeficiencias. Las inmunodeficiencias pueden ser congénitas o
primarias y adquiridas o secundarias.
Los pacientes con inmunodeficiencias tienen una mayor susceptibilidad a sufrir
infecciones por microorganismos y suelen tener mayor tendencia a sufrir procesos neoplásicos
especialmente los inducidos por virus.
Las inmunodeficiencias adquiridas se suelen relacionar con la malnutrición, neoplasias,
tratamientos inmunosupresores, o enfermedades de tipo autoinmune.
02 Células Inmunocompetentes
C.Alonso y J.Peña
TABLA 2.1
Tipos de células inmunocompetentes y
sus funciones principales
Célula Función
B Producción de Igs y presentación Ag.
Th Producción de linfocinas
Tc Citotoxicidad
NK Citotoxicidad y producción de linfocinas
Macrófagos Fagocitosis y presentación de Ag
Dendríticas Presentación de antígenos
Neutrófilos Fagocitosis
LINFOCITOS T Y B
Los linfocitos son células de tamaño pequeño con un núcleo muy voluminoso y
provistos de una membrana citoplasmática de especial importancia en la regulación de su
funcionalidad. Estas células se dividen en linfocitos T y linfocitos B.
Ambos tipos de linfocitos al igual que todas las células sanguíneas derivan de una
célula progenitora pluripotencial que en el feto se encuentra en el hígado y después del
nacimiento en la médula ósea. A esta célula precursora común se le denomina CFU-LH o
Unidad formadora de colonias linfoides y hematopoyéticas (Figura 2.1). Posteriormente esta
célula se diferenciará para dar lugar, por un lado, a la célula madre hematopoyética
pluripotencial (CFU-GMEM) para las series eritrocítica, granulocítico-macrofágica y
megacariocítica. Por otro lado, dará lugar a una célula progenitora unipotencial (CFU-L),
específica para la serie linfoide.
Fig.:2.1 Cada una
de estas células
progenitoras
continuará diferen-
ciándose hacia
otras células
inmaduras,
originándose así
las CFU-E
(precursor
eritrocítico), CFU-
GM (precursor
mielomonocítico) y
CFU-Meg
(precursor
megacariocítico) a
partir de la célula
precursora
hematopoyética.
De la célula madre linfoidea derivarán dos células precursoras, CFU-T y CFU-B, que
tras un proceso de maduración, conocido como linfopoyesis, originarán los linfocitos T y B
respectivamente. En sangre periférica la proporción de linfocitos T es aproximadamente de un
70% mientras que la proporción de linfocitos B es de un 15%. En la Figura 2. 2. Se muestra
una imagen de microscopía electrónica de barrido de un linfocito B (a) y un linfocito T (b)
donde pueden observarse las diferencias en su superficie.
Linfopoyesis
Fig.:2.4
Los timocitos
más inmaduros no
expresan CD3, CD4
ni CD8, por lo que
son conocidos como
células triples
negativas. A medida
que van madurando,
en estas células se
produce la
reorganización del
TCR, la expresión
del complejo CD3 y
de las moléculas
CD4 y CD8
conjuntamente
(células dobles
positivas), para
después perder una
u otra quedando
bien como CD4-CD+
o como CD+CD8-.
PM
Marcador (daltons) Función
CD7 40.000 Activación células T con γδ TCR
CD2 50.000 Receptor para CD58 o LFA-3 y adhesión celular
CD5 67.000 Ligando para CD72
CD1 a, b, c 45.000 Asociado a β-2-microglobulina
CD3 γ 25.000 Asociado al TCR y transmisión señal activación
δ 20.000
ε 20.000
55.000
CD4 Unión al MHC- II en el fenómeno de presentación Ag
α 34.000
CD8 Unión al MHC- I en el fenómeno de presentación Ag
β 34.000
CD44 80.000
Modulación de la apoptosis de linfocitos T.
CD27 55.000
Señal coestimuladora para activación linfocitos T
Mediante el empleo de ratones transgénicos para el TCR se han estudiado los factores
responsables de la maduración de timocitos que conduce específicamente a linfocitos Tc
maduros. Así, cuando el TCR del timocito reconoce moléculas del MHC clase I las células que
preferentemente se desarrollan son los linfocitos Tc (CD8+), mientras que cuando lo que
reconoce el TCR son moléculas MHC clase II las células que esencialmente se desarrollan
son los linfocitos Th (CD4+).
Linfopoyesis B.
Fig.:2.7 El
proceso de
diferenciación
conducente a la
formación de
linfocitos B es
independiente de
todo estímulo
antigénico y se
regula por fac-
tores presentes
en el
microambiente
de los órganos
linfoideos
primarios.
Durante el
proceso de
maduración de los linfocitos B, a partir de la célula progenitora (CFU-B), se distinguen varios
estadios de diferenciación, que incluyen las células pre-pre-B, las células pre-B, células B
inmaduras y linfocitos B maduros (Figura 2.7). En cada uno de estos estadíos de maduración
las células expresan distintas moléculas en la superficie, utilizadas como marcadores de dife-
renciación
TABLA 2.3
Marcadores diferenciación de linfocitos B
CD Pm Función reguladora de
(daltons)
CD19 95.000 Proliferación cel. B
CD20 35.000 Activación cel. B
CD24 35.000 Diferenciación cel. B
CD10 100.000 Endopeptidasa
CD21 130.000 Receptor de C3d/EBV
CD22 145.000 Ligando de CD45Ro
CD37 45.000 Desconocida
CD40 50.000 Activación/diferenciación
Fig.:2.8 Linfocitos B
Morfológicamente los
linfocitos B son indistinguibles de
los linfocitos T. Sin embargo, es
posible establecer diferencias de
tipo molecular que justifican su
distinta función (Tabla 2.4). La
característica más importante de
los linfocitos B, por contribuir a su
actividad funcional, es el hecho
de que poseen inmunoglobulinas
unidas a su membrana
citoplasmática. Estas
inmunoglobulinas son los
receptores específicos para los
antígenos, de tal forma que
cuando se realiza la unión del antígeno a la inmunoglobulina de superficie, se va a producir la
activación del linfocito B y su posterior transformación en célula plasmática. Éstas, son células
más grandes que los linfocitos, muy ricas en retículo endoplásmico, y especializadas en la
síntesis y secreción de grandes cantidades de inmunoglobulinas (Figura 2.9.).
Fig.:2.9 También
los linfocitos
B poseen recep-
tores para
mitógenos y para
el virus Epstein-
Barr (EBV).
Precisamente el
tratamiento de
linfocitos con
EBV es el proce-
dimiento de
elección para la
preparación de
líneas celulares de tipo B (inmortalización de una población celular) de gran utilidad en la
actualidad para el estudio de estas células. El receptor que utiliza el EBV en la superficie del
linfocito B es el mismo receptor que la fracción C3d del sistema del complemento o CD21.
TABLA 2.4
Algunas características diferenciales de las
células de estirpe linfocítica
Marcador B T NK
CD2 (Receptor de LFA-3) - +++ +++
CD3 (Asociado a TCR) - +++ -
CD19 +++ - -
CD16 (Recept. de FcγIIIα) - - +++
CD56 (N-CAM) - - +++
CD11b (Recep. C3bi) - - ++
CD11a (LFA-1) -- +++ +++
Ig de superficie ++++ - -
HLA-clase I +++ +++ +++
HLA-clase II +++ - -
Linfocitos T
Los linfocitos T son una población celular muy heterogénea formada por, al menos, tres
tipos diferentes de células. Entre los marcadores de diferenciación que definen los linfocitos
cabe destacar el marcador CD2 que actúa de receptor para la molécula LFA-3, fundamentales
para la unión entre el linfocito y la célula diana. En la Figura 2.2b se muestra una imagen de un
linfocito T al microscopio electrónico de barrido.
Los linfocitos T poseen receptores específicos para los antígenos. Estas moléculas
conocidas como receptores T o TCR, han sido identificadas, utilizando tecnología de DNA
recombinante, resultando ser altamente polimórficas y de gran importancia funcional.
Estructuralmente constan de dos cadenas glicoproteicas ancladas en la membrana celular y
unidas por puentes disulfuro y que estudiaremos en el capítulo 7. El receptor T se encuentra
asociado estrechamente en la superficie celular al complejo molecular CD3.
Tipos de linfocitos T
No todos los linfocitos T son idénticos entre sí. Analizando las características funcionales
de los linfocitos T, se observan al menos tres comportamientos muy distintos entre sí que
deben basarse en diferencias moleculares y estructurales de estas células. Los tres tipos de
linfocitos T funcionalmente distintos son:
Una vez activada esta subclase de linfocitos T, adquiere capacidad citotóxica, siendo,
por tanto, los principales responsables de los fenómenos de citotoxicidad de la respuesta
inmune celular. Estas células se caracterizan por expresar el marcador CD8 y, al igual que lo
hacen los linfocitos Th, el complejo TCR-CD3 y otras moléculas importantes funcionalmente
tales como CD2 y LFA-1.
Las células NK contribuyen a la defensa frente a células infectadas por virus, bacterias,
hongos y parásitos. Pero la principal actividad de la célula NK es su capacidad de actuar frente
al crecimiento de células tumorales impidiendo su expansión y la formación de metástasis. El
síndrome de Shediack-Higashi es una deficiencia selectiva de actividad NK y cursa con una
alta incidencia de tumores.
Células mielomonocíticas
Fig.:2.11
Monopoyesis
Durante el
proceso de maduración
de los macrófagos, a
partir de la célula
progenitora (CFU-GM)
de médula ósea, se
distinguen varios esta-
díos diferenciativos,
que incluyen los mono-
blastos, promonocitos,
monocitos y ma-
crófagos. En cada uno
de estos estadíos de
maduración las células
expresan distintas
moléculas en su
superficie, cuya
función, en la mayoría
de los casos, es aún
desconocida (Figura
2.11). Las mejor caracterizadas son las moléculas CD16 y CD11b que, como ya hemos
indicado, actúan como receptores para el extremo Fc de la IgG y para la fracción C3bi del
complemento respectivamente.
TABLA 2.5
Marcadores de de células mielopoyéticas
CD Pm* Función
CD33 67 Desconocida
CD34 120 Desconocida
CD35 190 Receptor C3b
CD14 55 Receptor LPS/LBP
CD15 - Adhesión neutrófilos
CD16 50 Receptor FcgIII
CD11a 180 Adhesión celular
CD11b 160 Receptor C3bi
CD13 150
*103 dalton
Mielopoyesis
Macrófagos
Granulocitos
Otras células
Además de las células tratadas hasta el momento, hay otras células que pueden
intervenir como células inmunocompetentes. Estas son los eosinófilos, basófilos, células
cebadas, células dendríticas y células de Langerham.
Fig.:2.14 Las células dendríticas, son de
gran importancia en la presentación
antigénica a los linfocitos y se encuentran
en los ganglios linfáticos y en el bazo.
Fenotípicamente estas células se
caracterizan por poseer en su membrana
una gran densidad de moléculas de
histocompatibilidad de clase II. En la Figura
2.14.se muestra una imagen de
microscopia electrónica de barrido
correspondiente a una célula dendrítica.
ANTIGENOS DE DIFERENCIACION
Los órganos linfoides secundarios que incluyen bazo, ganglios linfáticos y MALT
(mucosal associated lymphoid tissue) (amígdalas, placas de Peyer del intestino y cúmulos
linfoides del tracto urogenital), proporcionan el medio en el que las células implicadas
(macrófagos, células presentadoras de antígeno, linfocitos T y B) pueden interaccionar entre sí
y con el antígeno.
Ganglios linfáticos
Conforman junto a los vasos linfáticos una compleja red corporal cuya función es filtrar
los antígenos procedentes del espacio extracelular y la linfa durante su circulación desde la
periferia hasta el ducto torácico.
Fig.:2.18
El paracórtex, contiene linfocitos T y abundantes células presentadoras de antígeno
(células interdigitantes o histiocitos de la zona T) quienes presentan abundantes antígenos
MHC clase II en superficie. La zona medular presenta algunos cordones linfoides separados
por espacios vasculares (senos medulares) que contienen la mayor parte de las células
plasmáticas y los macrófagos sinusales de los ganglios linfáticos.
En el tracto intestinal, se
observan elementos linfoides difusos en
la submucosa del órgano, y formando
folículos linfoides con centro germinal en
las denominadas placas de Peyer. El
epitelio que reviste las placas de Peyer
transporta el antígeno y en sentido
inverso, la IgA secretora producida por
las células plasmáticas muy abundantes en el epitelio (Figura 2.21.).
Fig.:2.21
CIRCULACIÓN LINFOCITARIA
Una vez que los linfocitos B y T abandonan los órganos primarios, pasan al torrente
circulatorio, a través del cual circulan por el organismo. A los tejidos llegan a través del torrente
sanguíneo, siendo recogidas por los vasos periféricos del sistema linfático que las conduce a
los distintos ganglios linfoideos, de donde pueden de nuevo volver a la sangre y a los diferentes
tejidos o almacenarse en el bazo (Figura 2.22).
Fig.:2.22
Fig.:2.23
BIBLIOGRAFIA
1. Lewis, C.E. and McGee, J.O.D. (1992). The Macrophage. IRL Press.
2. Lewis, C.E. and McGee, J.O.D. (1992). The Natural Killer Cell. IRL Press.
3. Nasal, G.J. (1997). Annual Review of Immunology, 1. P.F. Ed. Metzger
Inmunología General, 2º Medicina (2005-2006)
TEMA 2
CÉLULAS DEL SISTEMA INMUNE.
El sistema inmune de los vertebrados superiores está compuesto por una variedad
de células morfológica y funcionalmente diferentes, que se diferencian a partir de células
primordiales pluripotenciales. Todos estos tipos celulares ejercen funciones diferentes,
interaccionando constantemente entre sí. Estas interacciones pueden estar mediadas por
contacto físico o a través de factores solubles que ejercen su función en células con
receptores específicos. Las células que forman el sistema inmune se organizan a su vez
en tejidos y órganos, estructuras que reciben el nombre genérico de sistema linfoide. Los
tejidos y órganos linfoides se pueden dividir en primarios o centrales y en secundarios o
periféricos. Los órganos primarios son los lugares de la linfopoyesis, mientras que los
periféricos son los lugares de interacción entre las distintas células y tienen como misión
proveer un ambiente favorable para que se desencadenen las respuestas inmunológicas.
Existen múltiples células dendríticas con distintos precursores (tanto mieloides como
linfoides). Del progenitor linfoide derivan :
Algunas células dendríticas,
Linfocitos B,
Linfocitos T (tanto cooperadores Th, como citotóxicos Tc)
Linfocitos NK,
1
Inmunología General, 2º Medicina (2005-2006)
b) Granulocitos:
Neutrófilo o Polimorfonuclear (diapositiva 2.7): presentan núcleo multilobulado, con AG
poco desarrollado y gránulos primarios y secundarios además de gránulos de glucógeno.
Eosinófilo (diapositiva 2.8): su núcleo es, normalmente, bilobulado. Presenta un AG poco
desarrollado y gránulos con centro cristalino.
Basófilo (diapositiva 2.9): núcleo con lobulaciones suaves. Tiene gránulos primarios,
otros con cristaloides y estructuras lamelares concéntricas y gránulos pequeños con
glucógeno. Su RER y AG están poco desarrollados.
Durante un tiempo se creyó que mastocitos y basófilos eran el mismo tipo de células (la
primera en tejidos y la segunda en la sangre). Hoy se sabe que son dos estirpes celulares
diferentes con funciones muy similares: liberación de mediadores inflamatorios (en tejidos
o en sangre, respectivamente). Los mastocitos tienen un núcleo sencillo y gran profusión
de microvilli en su superficie. Pero además, hay otras diferencias entre ambos tipos
celulares (diapositiva 2.11):
1º-Los basófilos viven en sangre periférica y los mastocitos en el tejido conectivo y
mucosas.
2º-Los basófilos tienen núcleo bilobulado y los mastocitos núcleo sencillo.
3º-El diámetro de los basófilos es de 10 micras y los mastocitos llegan a las 30 micras.
4º-Los basófilos tienen gránulos de glucógeno y los mastocitos no.
5º-Los gránulos en los mastocitos son más pequeños y están en mayor número.
Todos ellos hacen dos cosas: 1) fagocitan y digieren patógenos y 2) avisan mediante
factores solubles a otras células para que echen una mano con la infección y para reparar
el posible desaguisado que haya hecho el patógeno.
En cualquier caso , presentan un núcleo simple o ligeramente lobulado. Su AG es
mediano; en el macrófago existen vacuolas fagocíticas, lisosomas (1º ´s y 2º´s).Sus
mitocondrias son filamentosas. Presentan cuerpos multilaminares y pueden
aparecer pseudópodos en la superficie celular (en el caso de los macrófagos) o
microvellosidades (en el caso de los monocitos).
2
Inmunología General, 2º Medicina (2005-2006)
3
Inmunología General, 2º Medicina (2005-2006)
Para realizar sus funciones, estas células presentan una serie de receptores en su
superficie celular (diapositiva 2.23):
a) Algunos reconocen estructuras del propio patógeno: existen en células de la
inmunidad natural, fagocitos, dendrocitos e inflamocitos. Incluyen receptores MR
(manosa), SR (scavenger), LPSR (lipopolisacáridos) que reconocen estas
sustancias directamente en la superficie de los patógenos.
b) Otros reconocen patógenos opsonizados por proteínas del sistema inmune:
como las Inmunoglobulinas (FcR) o fragmentos de activación del sistema de
complemento (CR). Estos receptores están presentes en células de la inmunidad
innata (fagocitos, dendrocitos, inflamocitos, linfocitos NK) y de la inmunidad
adaptativa (Linfocitos B).
c) Receptores de linfocitos NK: NKPR1 (receptor de lisis) reconoce azúcares en la
superficie de otras células , KIR (receptor de inhibición) reconoce péptidos propios
en la cavidad de moléculas MHC de clase I. Hay un equilibrio entre receptores de
lisis e inhibitorios (diapositiva 2.24) para decidir si la célula NK va a proceder o no
a la lisis de la célula diana.
d) Receptores específicos de linfocitos T y B: los linfocitos T presentan el TcR (en
sus 2 formas: γ−δ o α−β) y los linfocitos B presentan el BcR (que incluye la
Inmunoglobulina de superficie. Estos receptores reconocen el patógeno en
pequeños péptidos dentro del antígeno HLA (caso del linfocito T) o intacto y en
solución (caso del linfocito B). Además, los linfocitos T pueden ser de dos tipos:
cooperadores (Th) o citotóxicos (Tc), según su función. En cada caso presentan un
co-rreceptor diferente: CD4 y CD8 alternativamente que reconoce porciones
conservadas de los antígenos HLA de clase II o clase I, respectivamente.
4
Indice de contenidos del Tema 2
Células del Sistema Inmune
2.1 Hematopoyesis:
Hematopoyesis: linfo y mielopoyesis
2.2 Las Células:
lulas:
* Granulocitos:
Granulocitos: Eosinó
Eosinófilos,
filos, Basó
Basófilos y Neutró
Neutrófilos / Mastocitos
* Plaquetas,
Plaquetas, Monocitos-
Monocitos-Macró
Macrófagos
2.-
2.-Células del sistema * Linfocitos (T y B), Células plasmá
plasmáticas y LGL (linfocitos NK) NK
Inmune * Células dendrí
dendríticas
2.3 Funciones y gestió
gestión de receptores para antí antígenos
(Células de la inmunidad innata y
especí
específica)
fica)
1 2
Progenitor Progenitor
mieloide linfoide
Gránulos 1º
azurófilos Retículo endoplásmico
rugoso (RER)
Inflamocitos
Fig. 2.1. Todas las células del sistema inmune provienen de células hematopoyéticas pluripotentes. NK (natural killer): linfocito citolítico natural.
5 6
Neutrófilo Eosinófilo
Retículo endoplásmico
rugoso (RER)
Núcleo multi- Gránulos 1º
lobulado azurófilos
Gránulos con
Gránulos 2º centro cristalino
específicos
Golgi
pequeño Núcleo bi
lobulado
Gránulos de Golgi
glucógeno pequeño
7 8
Basófilo Mastocito
Profusión de Profusión de
gránulos microvilli
Nucleo sencillo
Gránulos con
Golgi muy cristaloides y Golgi pequeño
pequeño estructuras lamelares
concéntricas
RER reducido
RER muy
reducido
Gránulos de
glucógeno
Núcleo
lobulado (suave)
9 10
Plaquetas
Similitudes y Diferencias entre Basófilos y Mastocitos:
11 12
Monocitos Macrófagos
Pseudópodos
Acúmulos lipídicos
Núcleo sencillo ó
suavemente lobulado RER pequeño
Vacuola fagocítica
Gránulos pequeños
Lisosomas 1ºs
(lisosomas)
Cuerpos
multilamelares Lisosomas 2ºs
Mitocondrias filamentaosas
RER pequeño
Núcleo simple con nucleolo
Vesículas
13 14
Núcleo compacto
Citoplasma en llanta distribución radial
de heterocromatina
Núcleo grande y sencillo
con nucleolo
Ribosomas libres
Citoplasma engrosado
RER muy reducido
15 16
Linfocito NK (LGL) Células dendríticas
Núcleo simple
Citoplasma irregular, alargado, casi vacío
Vesículas con pseudópodos y “velos”.
Profusión de gránulos
Gotas lipídicas
Golgi mediano Tipos de células dendríticas
Célula Tejidos
Mitocondrias redondeadas
Mitocondrias *Interdigitante Médula o Timo
*De zona Marginal Bazo Núcleo simple con nucleolo pequeño
*Cél. Langerhans Epidermis
*Intersticial Otros tejidos Golgi pequeño
(corazón, riñón) RER
muy reducido
*Cél. Velada Linfa aferente
*De Sangre Sangre
17 18
Fagocitosis
Tamaños y presencia en sangre de las diferentes células: Macrófago
Inicio de la respuesta inmune;
Hipersensibilidad retardada (DTH)
Célula Diámetro nº celulas/litro
Fagocitosis en respuesta a señales
Neutrófilo
Total células blancas ----- 4-10 x 109 (complemento y anticuerpos)
Neutrófilos 8-12 um 2-7 x 109
Eosinófilos ~12 um 0.4-4 x 109
Basófilos 10-12 um 0.1-1 x 109 Eosinófilo Involucrado en respuesta anti-parásitos
Mastocitos 20-30 um NO (Tej. Conectivo y mucosa)
Monocitos 9-12 um 0.2-0.8 x 109
Macrófagos 10-12 um NO (infiltrados en tejidos)
Basófilo Libera mediadores de la inflamación
Linfocitos 8-12 um 1.5-3.5 x 109
T (70-75%) B (15-20%) NK (5-10%)
Plaquetas ~3 um 15-400 x 109
Libera mediadores de la inflamación;
Células Dendríticas 10-12 um indetectables Mastocito Involucrado en respuestas alérgicas
Macrófago o
granulocito
Toxinas
Lisosoma
Neurotoxicidad
Vaso dilatación
Citotoxicidad
Extravasación
Quimiotaxis
Fagosoma Edema 21 22
(lisis) (Inflamación)
Tc Tc
TCR NKRP1
NKRP1
KIR
Tc
Los granulocitos segmentados se originan a partir de las bandas por segmentación nuclear, y son los
elementos más maduros de la granulopoyesis. Circulan por la sangre periférica donde ejercen sus
funciones de fagocitosis y bacteriolisis. Según el tipo de granulación específica se identifican los neutrófilos,
eosinófilos y basófilos. A compás de la maduración de los polinucleares acontecen importantes cambios,
entre los que citaremos el aumento de su capacidad de movilización, gracias a la presencia de proteínas
contráctiles. En el polinuclear adulto un 10% de sus proteínas totales corresponden a actina y un 1% a
miosina. La aparición de receptores de superficie para la fracción Fc de la inmunoglobulina G y para la
fracción 3 del complemento también acontece en este avanzado estadio de maduración.
Los granulocitos segmentados neutrófilos son células redondeadas, de tamaño entre 12 y 14 um. Su
núcleo está segmentado en 2 a 5 lóbulos, unidos por unos finos puentes cromatínicos. El citoplasma
contiene numerosos gránulos neutrófilos que se tiñen de color marrón con las coloraciones panópticas
habituales, así como cierto número de gránulos primarios o azurófilos dificilmente visibles al quedar
enmascarados por los neutrófilos. Citoquímicamente los granulocitos segmentados neutrófilos son
positivos a la mieloperoxidasa, fosfatasa ácida, cloroacetatoesterasa, catepsina G y elastasa. Contiene,
asimismo, material PAS positivo y lactoferrina, entre otras sustancias detectadas citoquímicamente.
Imágenes:
EOSINÓFILOS
Características citológicas:
Los granulocitos segmentados se originan a partir de las bandas por segmentación nuclear, y son los
elementos más maduros de la granulopoyesis. Circulan por la sangre periférica donde ejercen sus
funciones de fagocitosis y bacteriolisis. Según el tipo de granulación específica se identifican los neutrófilos,
eosinófilos y basófilos. A compás de la maduración de los polinucleares acontecen importantes cambios,
entre los que citaremos el aumento de su capacidad de movilización, gracias a la presencia de proteínas
contráctiles. En el polinuclear adulto un 10% de sus proteínas totales corresponden a actina y un 1% a
miosina. La aparición de receptores de superficie para la fracción Fc de la inmunoglobulina G y para la
fracción 3 del complemento también acontece en este avanzado estadio de maduración.
Imágenes:
BASÓFILOS
Características citológicas:
Los granulocitos segmentados se originan a partir de las bandas por segmentación nuclear, y son los
elementos más maduros de la granulopoyesis. Circulan por la sangre periférica donde ejercen sus
funciones de fagocitosis y bacteriolisis. Según el tipo de granulación específica se identifican los neutrófilos,
eosinófilos y basófilos. A compás de la maduración de los polinucleares acontecen importantes cambios,
entre los que citaremos el aumento de su capacidad de movilización, gracias a la presencia de proteínas
contráctiles. En el polinuclear adulto un 10% de sus proteínas totales corresponden a actina y un 1% a
miosina. La aparición de receptores de superficie para la fracción Fc de la inmunoglobulina G y para la
fracción 3 del complemento también acontece en este avanzado estadio de maduración.
Los granulocitos segmentados basófilos son células redondeadas cuyo tamaño oscila
entre 10 y 13 µm. El núcleo, de cromatina densa, posee generalmente dos o tres lóbulos
unidos por puentes cromatínicos, en ocasiones difíciles de visualizar dada la presencia de
las numerosas granulaciones basófilas propias de esta célula. Los gránulos basófilos se
disponen encima del núcleo. la granulación basófila, de tamaño entre 0.2 y 1 um,
adquiere una coloración rojo-violácea oscura con las tinciones panópticas y tiene una
forma poligonal. En ocasiones, los gránulos basófilos se disponen en el interior de vacuolas citoplasmáticas,
imagen óptica que traduce la disolución parcial de estos gránulos tras las maniobras de fijación. La
característica principal de los gránulos basófilos es su metacromasia con los colorantes azules (azul de
metileno, azul de toluidina), con los que adquiere una tonalidad rojiza, mientras que el resto de las
estructuras celulares se tiñen de color azul. La metacromasia se debe a la riqueza de estos gránulos en
mucopolisacáridos ácidos sulfatados. Los gránulos basófilos también son ricos en histamina, heparina,
glucógeno y determinados enzimas ( peroxidasa). Otro enzima a destacar es la omega exonucleasa,
localizada en la zona intercelular del basófilo y mastocito y que es de gran utilidad para la identificación de
basófilos degranulados presentes en ciertas hemopatías. A diferencia de los mastocitos, no contienen
cloroacetatoesterasa; tampoco tienen fosfatasa alcalina. Otra característica diferencial entre los gránulos
basófilos y los del mastocito es la hidrosolubilidad de los primeros, por lo que el citoplasma del basófilo
aparece, a veces, con numerosas vacuolas que no son más que gránulos parcialmente extraídos.
Imágenes:
MONOCITOS
Características citológicas:
Los monocitos son las células de mayor talla halladas en la sangre periférica. Su tamaño oscila entre 15 y
30 µm de diámetro, adquiriendo una forma irregular, cuadrangular u oval. El núcleo, situado en posición
central, es voluminoso y adopta formas abigarradas en herradura, indentado o doblado; la cromatina es
densa y con aspecto como peinada en finas franjas cromatínicas, lo cual es característico de estas células.
Los monocitos están desprovistos de nucleolos. El citoplasma es amplio con ocasionales mamelones
periféricos, de color azul plomizo y contiene un número variable de gránulos azurófilos.
Estudios ultraestructurales han permitido obsevar en los monocitos dos tipos de granulación: la primaria,
peroxidasa positiva, que aparece en estadios evolutivos más jóvenes,y la secundaria, peroxidasa negativa
típica de los monocitos maduros. Este segundo tipo de granulación no tiene nada que ver con la
granulación secundaria de la granulopoyesis. El citoplasma puede contener alguna vacuola.
Citoquímicamente estas células se caracterizan por su riqueza en esterasas inespecíficas (naftol-As-D-
acetatoesterasa, alfa-naftilacetatoesterasa ácida y butiratoesterasa) que se inhiben casi totamente con el
fluoruro sódico. Asimismo son ricas en fosfatasa ácida, lisozima, beta-glucuronidasa, catepsina y
arilsulfatasa. A diferencia de la granulopoyesis neutrófila, los monocitos son naftol-As-D-
cloroacetaroesterasa negativos; tampoco contienen fosfatasa alcalina y lactoferrina.
Los histiocitos y macrófagos constituyen el último estadio evolutivo de las células del sistema
mononuclear fagocítico. Originados a partir de los monocitos sanguíneos, los histiocitos adoptan un
aspecto morfológico característico y diferencial dependiendo del tejido u órgano donde finalmente se
ubiquen. Los histiocitos del tejido conjuntivo se caracterizan por poseer un núcleo pequeño en relación con
la gran extensión del citoplasma, que adopta una forma variable (redondeada, oval, incurvada, bilobulada)
situándose, generalmente, en un extremo de la célula. La cromatina, típicamente reticulada, puede
contener uno o dos nucleolos de tonalidad basófila. El citoplasma incoloro o débilmente basófilo se
caracteriza por su gran extensión y por sus límites imprecisos. Agunas veces puede contener abundante
granulación azurófila y vacuolas.
Los macrófagos son aquellos histiocitos que contienen en su interior restos de material fagocitado. Son
fáciles de identificar y se observan con frecuencia en la médula ósea, ganglios linfáticos, bazo, etc. En
circunstancias patológicas los macrófagos se transforman adoptando diversos aspectos morfológicos
(células gigantes de Langhans, de cuerpo extraño y células epitelioides). Estas modificaciones morfológicas
traducen, sin duda, ciertas actividades funcionales inducidas por tóxicos químicos o bacterianos.
En condiciones normales los histiocitos pueden ofrecer una variada expresividad morfológica según el
tejido donde asienten (células de Kupffer en el hígado, macrófagos de los alveolos pulmonares, macrófagos
de las cavidades serosas, osteoclastos de la médula ósea, microglía en el sistema nervioso central). Los
histiocitos y macrófagos son muy ricos en hidrolasas ácidas (fosfatasa ácida, beta-glucuronidasa, alfa-
naftilacetatoesterasa ácida) y esterasa inespecíficas en adaptación a su intensa capacidad digestiva, por lo
que deben considerarse como fagocitos profesionales. También contiene muramidasa, proteasa neutras,
inhibidores enzimáticos como la alfa-2-macroglobulina, factor quimiotáctico de los neutrófilos y ciertas
proteinas como fibronectina, transcobalamina II, etc. No contiene habitualmente peroxidasa.
Las funciones del monocito-macrófago pueden resumirse en capacidad de migración, fagocitosis, actividad
microbicida y modulación de la respuesta inmune, y síntesis de múltiples factores solubles como
interferón, interleucinas, prostaglandinas, factor de necrosis tisular y factores de crecimiento de als células
hematopoyéticas. Su papel en el complejo mecanismo de la inmunidad es decisivo; así, en este contexto se
ha comparado al linfocito con el director de orquesta y al monocito con el primer violín.
Imágenes:
INMUNOLOGÍA GENERAL
2º Medicina
2 4
Estructura esquemática del Timo humano
arteria
cápsula trabécula
Folículo linfoide
Tejido linfoide difuso
capilares
cortex
médula
Placas de Peyer Amígdalas
vena cortex
Bazo
6 8
9 11
10 12
13 15
Corriente linfoide
periarteriolar Folículo
Pulpa roja
Estructura esquemática del Zona marginal
Bazo humano Pulpa blanca
Arteria
trabecular
Folículo Zona marginal
Cápsula
trabécula Arteriola
central
Arteria
esplénica
Corriente linfoide
periarteriolar
Folículo
Linfático
eferente
Seno
venoso
Pulpa roja
Pulpa blanca
14 16
17 19
18 20
Inmunología General, 2º Medicina (2005-2006)
TEMA 3
TEJIDOS DEL SISTEMA INMUNE
1
Inmunología General, 2º Medicina (2005-2006)
2
Inmunología General, 2º Medicina (2005-2006)
Una característica única de los linfocitos es que pueden cruzar el cuerpo a través de la
sangre y la linfa. Este tráfico de sangre a linfa se denomina “recirculación linfocitaria”. Los
linfocitos abandonan los tejidos infectados hacia los ganglios linfáticos regionales. Allí, son
activados tras encontrar células presentadoras de antígeno. Una vez activados, vía
conductos linfáticos se vuelcan en el ducto torácico a la circulación sanguínea. Y por
último, a través de la circulación vuelven al tejido infectado para ejercer su función
(diapositiva 3.20).
3
Tema 03. Inmunoglobulinas
Las inmunoglobulinas son sustancias de una gran importancia en la defensa del organismo al tener la
capacidad de identificar y colaborar en la destrucción de antígenos extraños al organismo. Son los
principales responsables en lo que se ha venido en denominar respuesta inmune humoral, cuyo
funcionamiento normal es imprescindible para la defensa de los organismos. De lo contario el individuo
moriría por infecciones de todo tipo y su
defecto, es por tanto, incompatible con la
vida si no se instaura un tratamiento con
inmunoglobulinas.
Cadenas ligeras
Hay dos tipos de cadenas ligeras, diferentes, cadenas ligeras tipo kappa (κ) y cadenas ligeras tipo lambda
(λ). En cada molécula de inmunoglobulina las dos cadenas ligeras son del mismo tipo, κ o bien λ, pero
nunca de distinto tipo. Las cadenas ligeras están formadas por
unos 200 aminoácidos con la particularidad de que existen
dos puentes disulfuro que unen grupos de unos cincuenta
aminoácidos (Figura 3.4).
Cadenas pesadas
En las cadenas pesadas, y a nivel de los puentes disulfuro intercatenarios, hay una zona de unos 15
aminoácidos, de gran flexibilidad que constituye lo que se denomina zona bisagra que es por donde se
deforma la molécula de inmunoglobulina cuando se produce la unión con el antígeno, facilitándose así su
acoplamiento con éste.
Por otra parte, aproximadamente los dos tercios del extremo carboxílico de todas las cadenas pesadas de
un mismo tipo de inmunoglobulinas poseen una estructura idéntica. De ahí que esta parte de las cadenas
pesadas se conozca como parte constante de las cadenas pesadas (C H ).Esta parte constante es diferente
según la clase de inmunoglobulina que consideremos, determinando la existencia de cinco tipos de
cadenas pesadas: γ, α, μ, δ y ε que definen a su vez las cinco clases de inmunoglobulinas: IgG, IgA, IgM, IgD
e IgE respectivamente. (Figura 3.5).
Debido a esta distinta estructura, las cadenas pesadas van a presentar distintas propiedades biológicas,
tales como la capacidad de unirse entre sí, fijar complemento, fijar la pieza de secreción y unirse a
macrófagos, neutrófilos y células NK. En la Tabla 3.1 se recogen los principales tipos de inmunoglobulinas y
en la (Tabla 3.3) las principales propiedades de las mismas. Hemos de considerar que incluso entre
moléculas de una misma clase existen, según a la subclase a la que pertenezcan, ciertas diferencias cómo
se observa en la Tabla 3.4.
Isotipos
Se entiende por isotipo las distintas clases y subclases de una familia de proteínas o péptidos presentes en
todos los miembros de una especie. Así los isotipos de las inmunoglobulinas son las clases, G, A, M, D y E.
Los genes que codifican para las distintas variantes isotípicas están presentes en todos los individuos
sanos, es decir, todos los individuos sanos poseen los genes que codifican respectivamente para las
regiones constantes G, M, A, D y E de las cadenas pesadas y para las regiones constantes κ y λ de las
cadenas ligeras.
Regiones hipervariables
La pieza de secreción es una glicoproteína de 58 kD de peso molecular que sintetizan las células epiteliales
de las mucosas y glándulas exocrinas y que uniéndose a la IgA hace posible el paso de esta
inmunoglobulina a través de las células epiteliales.
Las cadenas pesadas y ligeras están plegadas sobre si mismas, tal como se ha visto mediante análisis
cristalográfico (Figura 3.10). Cada uno de los dominios de las cadenas está constituido a modo de
“cilindros” en los que se encuentran plegados en forma de sándwich dos grupos de cadenas proteicas, una
con tres cadenas polipeptídicas y la otra con cuatro, que presentan estructuras secundarias es de hoja
plegada β. Estas dos capas proteicas están alineadas paralelamente rodeando un espacio interior en el que
predomina la presencia de aminoácidos hidrófobos (Figura 3.11).
Subclases de inmunoglobulinas
Se sabe que no todas las Inmunoglobulinas de una misma clase tienen idéntica estructura, sino que dentro
de las clases se pueden establecer subclases considerando la secuencia de aminoácidos de la región
constante de las cadenas H y el diferente número y situación de los puentes disulfuro intercatenarios
establecidos entre las cadenas pesadas. Así, la IgG humana se divide en cuatro subclases (IgG 1 , IgG 2 , IgG 3 e
IgG 4 ) y la IgA e IgM en dos (IgA1 e IgA 2 ; IgM 1 e IgM 2 )
respectivamente (Tabla 3.4).
Alotipos
Idiotipos
Los idiotipos parecen tener importancia fisiológica en la regulación del sistema inmune. Según la teoría de
la red de Jerne, frente a los idiotipos se formarían anticuerpos que al unirse a los mismos formarían un
entramado (“red”) de anticuerpos unidos a otros anticuerpos que tendrían como acción final la regulación
del proceso de síntesis de nuevas inmunoglobulinas.
Las inmunoglobulinas se encuentran distribuidas en todos los fluidos orgánicos de la economía de los
vertebrados y en las membranas de los linfocitos B y células plasmáticas. Las cantidades relativas de cada
una de las clases de inmunoglobulinas en los diferentes compartimentos del organismo son muy
diferentes. En el torrente sanguíneo predomina la IgG mientras que en las secreciones (saliva, lágrimas,
secreción bronquial, así como en el líquido cefalorraquídeo y mucosas) la IgA es la predominante. Los
niveles de inmunoglobulinas séricas fluctúan ampliamente en función de diversos aspectos, tales como el
estado nutricional, la edad, etc.
Durante la lactancia, descienden los niveles de IgG por catabolismo de esas moléculas que no son
repuestas por carecer el niño aún de la capacidad de síntesis de las mismas. También en la edad fetal se
sintetizan pequeñas cantidades de IgM (Figura 3.14). Cuando las inmunoglobulinas se encuentran insertas
en la membrana de los linfocitos (inmunoglobulinas de membrana), actúan como receptores de las señales
de activación antigénicas por su capacidad de reconocimiento del antígeno constituyendo el receptor para
el antígeno del linfocito B.
La superfamilia de inmunoglobulinas son proteínas que tienen uno o más dominios extracelulares
homólogos a las inmunoglobulinas. Entre las diferentes moléculas de la superfamilia, éstas participan y
forman parte:
La unión del antígeno (Ag) con el anticuerpo (Ac) o inmunoglobulina es semejante a la que se establece
entre la enzima y su substrato o entre proteínas que pertenecen a cualquier vía de señalización
intracelular. Estas interacciones se deben a la formación de múltiples enlaces no covalentes (enlaces de
hidrogeno, interacciones electrostáticas, de Van der Waals e hidrófobas), cada uno de los cuales por si
solos son débiles. Los anticuerpos (Igs) se unen al antígeno en unos lugares determinados conocidos como
epítopos.
Epítopos.
La afinidad de la interacción es de vital importancia, por cuanto de ello dependerá tanto la utilidad
diagnóstica y de investigación de un anticuerpo como su importancia fisiopatológica. Para cuantificar la
afinidad de una interacción, deberemos entender primero una serie de conceptos de los que nos
ocuparemos a continuación. Al tratarse de uniones no covalentes, la unión Ag/Ac será reversible de modo
que cuando el antígeno y el anticuerpo se mezclan en solución, se estarán formando y disociando
complejos constantemente de acuerdo con la siguiente ecuación:
Cuanto mayor sea la velocidad de asociación y menor la de disociación mayor será la afinidad de la
interacción de esa pareja Ag/Ac. Otra forma complementaria y más directa de cuantificar la afinidad de la
interacción Ag/Ac, es hacerlo una vez que se ha alcanzado el equilibrio y utilizando concentraciones bajas
de anticuerpo. En estas condiciones la concentración de antígeno que permite que la mitad de los
anticuerpos estén unidos a ellos y la otra mitad libre, medida en molaridad, se denomina constante de
disociación (K D ) y es una medida
directa de la afinidad de la
interacción.
Esta técnica se basa en la utilización de una membrana semipermeable de un poro tal, que permita el paso
de un antígeno suficientemente pequeño (un hapteno) pero no del anticuerpo. A concentraciones bajas de
antígeno, la concentración de anticuerpo libre ira bajando rápidamente hasta que se alcance el equilibrio,
puesto que todo el antígeno que entre a través de la membrana semipermeable quedara retenido por el
anticuerpo.
Realizando el experimento anterior con varias concentraciones de antígeno, podremos encontrar aquella
en la que la mitad del anticuerpo se encuentra unido al antígeno que como hemos dicho corresponde a la
K D . La afinidad que hayamos calculado corresponderá exclusivamente a la de la interacción de esa pareja
Ag/Ac. Un determinado anticuerpo podrá unirse a más de un antígeno con afinidades distintas en cada
caso.
Como apuntábamos anteriormente, el fenómeno de la unión Ag/Ac es en realidad mucho más complejo,
pues cada uno de los antígenos poseen varios epítopos distintos, por lo que podrán unir más de un
anticuerpo. Cada molécula de anticuerpo, por su parte, podrá unir al menos dos moléculas de antígeno,
una por cada Fab y en el caso de la IgM hasta diez moléculas (como se comento anteriormente las
inmunoglobulinas IgM se ensamblan en unidades funcionales constituidas por cinco moléculas de
anticuerpo).
Finalmente en un antígeno, un determinado epítopo puede estar representado varias veces siendo capaz
de unir varias moléculas del mismo anticuerpo. La fuerza total de la interacción que considera todas las
interacciones epítopo/parátopo que tienen lugar entre antígenos y anticuerpos multivalentes (con varios
sitios de unión), se denomina avidez y es mucho mayor que la suma de las afinidades puesto que las
distintas interacciones se estabilizan entre ellas.
Estas interacciones multivalentes poseen una gran importancia fisiopatológica cuando se encuentran Ag y
Ac en solución, como es el caso del plasma o tejidos, se forman agregados inmunocomplejos constituidos
por muchas moléculas. A concentraciones equivalentes de Ag y Ac estos inmunocomplejos serán de gran
tamaño y podrán quedar atrapados en los tejidos, iniciando una respuesta inflamatoria y dando lugar a las
llamadas enfermedades por depósito de inmunocomplejos.
La unión entre el Ag e Ig tiene una gran especificidad, de tal manera que una Ig se unirá fundamentalmente
y con mayor avidez, a un antígeno determinado. En algunos casos la inmunoglobulina podrá unirse a
antígenos con epítopos muy similares, aunque en este caso la afinidad de la unión es mucho menor (Tabla
3.7).
La consecuencia final de la acción de las inmunoglobulinas es la de destruir al antígeno y/o neutralizar los
efectos nocivos de los mismos. Para la consecución de estos objetivos todas las inmunoglobulinas poseen,
como ya se ha indicado, una característica esencial y común, que es la de unirse específicamente al
antígeno.
Tras la unión del antígeno y la inmunoglobulina, ésta puede anular la acción del antígeno por
neutralización, precipitación o aglutinación. Así si la Ig es específica para una toxina bacteriana, cuando se
produce la unión ag-ig (toxina-antitoxina) quedan neutralizados los efectos tóxicos de la toxina. De ahí que
clásicamente cuando no se conocía la estructura, se le denominase antitoxinas, precipitinas o aglutininas
en función de la reacción que se detectaba en cada caso.
Los fenómenos de neutralización, precipitación y aglutinación de los antígenos no son suficientes por sí
solos para la destrucción y total eliminación de éstos. Para ello, además de las inmunoglobulinas se
requiere de la colaboración de otros muchos elementos, tales como el sistema del complemento,
macrófagos, polimorfonucleares o células NK. Podemos decir que las inmunoglobulinas, al detectar los
antígenos y producirse la subsiguiente unión a ellos, actúan como transductores de la información de la
presencia de los mismos que serían destruidos por el complemento, macrófagos, los polimorfonucleares o
células NK a los que dan
especificidad.
Opsonización.
Estos receptores pueden ser de distinta naturaleza, conociéndose en la actualidad tres: FcgRI (CD64),
FcgRII (CD32) y FcgRIII (CD16). Además de en los macrófagos estos receptores se encuentran en otras
células como plaquetas, linfocitos B y NK (Tabla 3.8) Cuando se produce la unión a células NK estas se
activan y lisan a las células portadoras del antígeno por un mecanismo conocido como citotoxicidad celular
dependiente de anticuerpos (ADCC). Algunos de estos receptores e encuentran en los mastocitos y
basófilos en cuyo caso a ellos se puede unir la IgE activándolos y produciendo su degranulación con
liberación de histamina y otros sustancias vasoactivas que darán lugar a proceso de hipersensibilidad que
pueden ser graves.
Cuando la inmunoglobulina que se une a un antígeno es de las clases IgM o IgG, en sus extremos Fc se
producen ciertos cambios alostéricos gracias a los cuales éstas adquieren la propiedad de fijar y activar uno
de los componentes del complemento. Las fracciones activas del complemento poseen diferentes acciones
de gran importancia en la defensa del organismo, una de las cuales es la lisis celular. Este fenómeno se
conoce como citotoxicidad mediada por el complemento, será estudiada en el capítulo dedicado al
complemento.
Además de las funciones arriba indicadas, las inmunoglobulinas, especialmente la IgM tienen la capacidad
de intervenir en el reconocimiento del antígeno por los linfocitos B cuando se encuentran ligadas a la
membrana celular de estas células como inmunoglobulinas de membrana constituyendo parte del
receptor para el antígeno del linfocito B (BCR). Este proceso será estudiado con detalle en el capítulo
dedicado a la activación de linfocito B.
Se entiende por respuesta primaria aquella que aparece como consecuencia de un primer contacto del
sistema inmune con un determinado antígeno, mientras que por respuesta secundaria se entiende aquella
respuesta que aparece frente a un determinado antígeno que ya ha tenido previamente contacto con el
individuo. Las características de estas respuestas se esquematizan en la figura y tabla anexa. En resumen se
puede decir que la respuesta primaria es de aparición más inmediata que la secundaria, pero que ésta
suele ser más duradera y en muchos casos más eficiente que la primaria. (Figura 3.20) (Tabla 3.7)
Inmunoglobulina G.
La propiedad de atravesar activamente las membranas biológicas es de sumo interés por lo que, además
de ejercer esta inmunoglobulina, su efecto en toda la “economía del organismo”, lo hace también en el
feto al atravesar la placenta desde la madre, merced a la existencia de receptores para la porción Fc en el
sincitiotrofoblasto.
Como el feto sólo sintetiza pequeñas cantidades de inmunoglobulinas, adquiere de este modo la
posibilidad de defensa, no solamente mientras se encuentra en el seno materno, sino incluso durante la
lactancia, período en el cual todavía no ha desarrollado la capacidad total de síntesis de inmunoglobulinas.
Sin embargo, este paso de IgG desde la madre al feto no siempre es beneficioso para el feto. De todos es
sabido que cuando hay incompatibilidad del tipo Rh entre la madre y el feto, se puede desarrollar el
síndrome de eritroblastosis fetal como consecuencia de la destrucción de glóbulos rojos fetales, de
nefastas consecuencias si no se acude a tiempo. Esto no se presentaría si la IgG no pasase de la madre al
feto. La IgG se sintetiza tardíamente tras un primer contacto con el antígeno, sin embargo, tras un segundo
contacto la mayoría de las Igs formadas pertenecen a esta clase (Respuesta Secundaria) (Tabla 3.9)
Inmunoglobulina M.
Los anticuerpos del tipo IgM son los que más rápidamente se forman en respuesta a un estímulo
antigénico (Respuesta primaria). Esta Ig se caracteriza también por poseer capacidad neutralizante,
precipitante, aglutinante, fijar complemento, activar la respuesta inmune, sin embargo no atraviesa
activamente las membranas biológicas. Esta última propiedad hace que esta inmunoglobulina ejerza su
acción normalmente en los espacios intravasculares. Representa del 5 al 10 % de las Igs séricas totales y
junto a la IgD es la más frecuentemente encontrada en la superficie de los linfocitos B como
inmunoglobulina de membrana.
Inmunoglobulina A.
Esta inmunoglobulina posee capacidad neutralizante y precipitante, mientras que su capacidad de fijar
complemento y de opsonización son muy débiles, limitándose su efecto a neutrófilos y no a macrófagos. La
propiedad más importante de esta inmunoglobulina viene determinada por su capacidad de unirse por el
extremo Fc a la pieza secretora, gracias a la cual puede ser secretada por las mucosas y glándulas
exocrinas, ejerciendo su acción más importante en la superficie de mucosas y líquidos biológicos (sobre
todo IgA 2 ), tales como el liquido cefalorraquídeo, secreción bronquial, lágrima, saliva, etc.
Esto es importante porque así protegen precisamente los puntos más vulnerables del organismo, esto es,
las puertas de entrada al mismo, como son ojos, boca, aparato digestivo, sistema respiratorio, vagina, etc.
No olvidemos que, por ejemplo, si desplegamos la mucosa del aparato respiratorio, la superficie que
cubriríamos es de unos 300 m2, superficie que se encuentra en contacto directo con el exterior a través del
aire que se respira. Se deduce de ello que, sin duda, deben ser importantes los mecanismos de defensa
local entre los cuales la IgA tiene un papel esencial. Esta inmunoglobulina se encuentra también en la leche
materna.
Los niveles de todas las inmunoglobulinas, a excepción de la IgG en recién nacidos son muy bajos, siendo
por tanto de gran significación el hecho de que la IgA se transfiera desde la madre al lactante a través de la
secreción láctea. De ahí que tengamos que insistir en que los lactantes se amamanten en el mayor grado
posible directamente por las madres y no con leche de otros orígenes, a lo que actualmente existe excesiva
tendencia. La IgA recibida de la madre ejerce un importante papel de defensa a nivel de todo el aparato
digestivo. En ello parece que influyen las especiales características de pH gástrico del lactante que es
menos ácido que en el adulto y una especial resistencia de esta inmunoglobulina frente al mismo, por lo
que no se destruye a su paso por el estómago.
Inmunoglobulina D.
La concentración de esta inmunoglobulina en suero es muy baja. Hasta fechas muy recientes no se había
demostrado que esta inmunoglobulina poseía capacidad de unirse a antígenos, por lo que se dudaba de
que actuase con función de anticuerpo. Sin embargo, aunque actualmente se ha demostrado su acción de
anticuerpo, no se conoce con precisión cuáles son sus funciones específicas, aunque se piensa que
colabora de forma importante en la activación de linfocitos B al actuar como receptor en la superficie de
los mismos.
Inmunoglobulina E.
En muchos individuos alérgicos esta inmunoglobulina se presenta en grandes cantidades. El estímulo para
su síntesis puede proceder de una gran variedad de antígenos, a los que en este caso se conocen como
alérgenos. Estos alérgenos pueden penetrar en el organismo a través de la piel o de las mucosas
respiratoria, ocular, del aparato digestivo, etc., así como por inyectables, como es el caso de la penicilina u
otros medicamentos. La vida media de la IgE en sangre periférica es de 24-48 horas.
No tiene capacidad de atravesar la placenta, por lo tanto, las reacciones de hipersensibilidad inmediata no
pueden transferirse de manera pasiva de la madre al feto. Sin embargo, puede existir una predisposición
de tipo familiar a padecer enfermedades de naturaleza alérgica. Esta predisposición parece estar
relacionada con una tendencia a producir anticuerpos de tipo IgE en la respuesta secundaria frente a
antígenos, en lugar de IgG que sería la respuesta normal en individuos no alérgicos. La IgE se encuentra en
forma libre en sangre (Tabla 3.10) en donde se observa que los niveles cambian a lo largo de la edad.
También la IgE se encuentra en otros líquidos biológicos así como unidos a basófilos y células cebadas,
gracias a la propiedad que tiene esta inmunoglobulina de unirse por su extremo Fc a receptores de
superficie presentes en dichas células. Estas células se caracterizan por encontrarse en la piel y mucosas y
por contener abundantes gránulos citoplasmáticos, ricos en sustancias vasoactivas que liberan una vez se
activan.
Tipos de segmentos
génicos
Estos segmentos
codifican por separado
la parte variable, la parte
constante y las partes
por las que ambas
regiones se unen, esto
es, las regiones bisagra.
Los segmentos que
codifican la parte
variable son de dos
tipos, segmentos V y
segmentos D,
responsables de la
variabilidad y diversidad
de las inmunoglobulinas respectivamente. Le siguen los segmentos J o de unión, responsables de unir
los fragmentos anteriores con los segmentos C que codifican para la parte constante. El número de
segmentos responsables de la codificación de la parte constante es muy limitado en relación con el
número de segmentos que codifican la parte variable de las inmunoglobulinas (Figura 4.2).
En las células embrionarias los segmentos de una misma clase se encuentran separados del resto de tal
forma que, por una parte, se encuentran los segmentos V, por otra los D, los J y los C. Estos segmentos
están contenidos en los exones, que son aquellos fragmentos de DNA que serán transcritos para dar
lugar a la síntesis de proteínas, y que se encuentran separados entre sí por fragmentos de DNA no
codificadores de proteínas denominados intrones. En consecuencia se puede concluir que: La síntesis de
las cadenas ligeras y pesadas de las inmunoglobulinas está regulada por cromosomas distintos. En esta
síntesis participan varios segmentos de genes que combinados dan lugar a los genes funcionales
responsables de la codificación de las cadenas de las inmunoglobulinas.
Las observaciones anteriores se interpretaron como que a lo largo del proceso madurativo de los
linfocitos B, se produce un reagrupamiento de segmentos de genes para la iniciación de la síntesis de las
cadenas ligeras y pesadas. A este fenómeno se denomina recombinación intracromosómica. A medida
que se produce el proceso madurativo de los linfocitos B, los segmentos V, D y J cambian de sitio en el
cromosoma de tal manera que se colocan juntos. Posteriormente este conjunto V/D/J se reagrupa con
el segmento C correspondiente quedando constituido en consecuencia un gen con toda la información
de la cadena. Cuando el linfocito B es maduro posee ya reagrupados los genes correspondientes a sus
cadenas ligeras y pesadas
y sólo podrá producir un
determinado tipo de
anticuerpo.
Reordenamiento de
genes de cadenas ligeras
En la síntesis de cadenas
ligeras participan los
segmentos V, J y C (es
decir, no hay genes D para
la cadena ligera). Así pues,
en el proceso de
recombinación de genes
de cadenas ligeras se
acopla un segmento V con
un segmento J y el
conjunto V/J se
recombina con el segmento correspondiente a la parte constante C. El proceso de transcripción se hace
de tal manera que el RNA mensajero contiene información secuenciada V, J y C. En la (Figura 4.3) se
esquematiza el proceso de recombinación y trascripción ocurridos en la línea celular B conducente a la
síntesis de cadenas k.
A su vez, un proceso similar, si bien esta vez en dos etapas, ocurre para la formación de una cadena
pesada. En este caso participan los segmentos V, D, J, y C. Primero se produce la recombinación entre
un segmento D y un segmento J. En la segunda fase, este conjunto D/J se recombina con un segmento V.
El complejo V/D/J se puede por último recombinar con cada uno de los segmentos que codifican las
regiones constantes, según la inmunoglobulina a formar. El proceso de recombinación con los genes C
tiene lugar a nivel de RNA. Vamos a encontrar en este momento el siguiente orden: el segmento líder;
un fragmento V/D/J
reordenado y unido y a
continuación cada uno
de los genes que
codifican para las
regiones constantes
(C m ; C d ; C t , etc)
separados entre sí por
los correspondientes
intrones y a su vez
precedidos por sus
respectivos
promotores.
En este caso la recombinación se ha producido entre VH3, D1, JH2, responsables de la parte variable de
la cadena pesada que se ha recombinado con la parte constante del segmento del gen Cg3, que
originará la cadena pesada correspondiente a la IgG3. En el caso de los genes V de las cadenas pesadas,
al igual que hemos visto para las cadenas ligeras, junto a su segmento génico se encuentran las
estructuras líder y cerca de las mismas se sitúan las secuencias promotoras.
Asociados a los segmentos V y situados en dirección 5' de los mismos, existen otros segmentos génicos
conocidos como segmentos líder (L). Estos segmentos génicos codifican un péptido pequeño que servirá
de guía tanto para las cadenas ligeras como pesadas a su paso por el retículo endoplásmico pero que se
separa de estas cadenas antes de que las mismas se unan entre sí para formar la molécula completa de
inmunoglobulina.
Junto a estos segmentos génicos se sitúan otros conocidos como segmentos promotores y que son
responsables de iniciar la señal del proceso de transcripción del mRNA. La secuencia promotora
comienza normalmente a una distancia de alrededor de 25 pares de bases antes del lugar de inicio de la
transcripción y continúa alejándose del mismo en dirección 5', aunque su localización y longitud no son
siempre las mismas. El lugar preciso de la iniciación de la transcripción es reconocido por la combinación
conservada de cuatro bases en las que se alternan timina y adenina, para formar lo que se conoce como
caja "TATA", siendo continuada por el triplete de bases que codifica el aminoácido metionina, que suele
ser el primero codificado de manera casi constante en la mayoría de los genes eucarióticos.
Dentro de las secuencias promotoras, vamos a encontrar los denominados motivos de secuencias, esto
es, secuencias del DNA a las que se van a unir de manera específica ciertas proteínas nucleares que son
las que van a regular su función. En definitiva, las proteínas que van a unirse a estos motivos en el DNA
van a regular, en última instancia, la transcripción del DNA, por lo que también estos factores o
proteínas de unión son conocidos como factores transcripcionales. En el caso de los genes de las
inmunoglobulinas, encontramos en la región promotora la presencia conservada de un octámero
(secuencia de ocho bases) en la región 5' no traducida de los genes V k , mientras que la secuencia
complementaria pero invertida de este octámero es encontrada en los genes V H .
Este complejo proceso de recombinación que hemos estudiado hasta ahora ha de tener,
necesariamente, un mecanismo de regulación muy estricto. Este mecanismo está constituido por, al
menos, los genes RAG-1 y RAG-2 (genes activadores de la recombinación 1 y 2).
Estos genes fueron descubiertos en el laboratorio de David Baltimore en 1990. El descubrimiento previo
de que cada uno de los genes V, D y J era precedido de una corta secuencia única de DNA cuya función
es la de servir de señal para los procesos de recombinación, y que es conocida como secuencia de señal
de recombinación (SSR) permitió la identificación de estos genes.
Este sistema experimental permitió la posterior identificación de RAG-1, seguido del descubrimiento de
un segundo gen (RAG-2) muy ligado al anterior tanto en su localización como en su estructura, y que
actuaba de una manera sinérgica con RAG-1 facilitando los procesos de recombinación.
El papel in vivo que cada uno de estos genes juega en el desarrollo ontogénico del sistema inmune es
crítico. Para demostrarlo, se generaron mediante un proceso de ingeniería genética, conocido como
gene targeting, ratones que carecían específicamente de RAG-1 o de RAG-2. El análisis de estos ratones
demuestra que no se producen fenómenos de recombinación en ninguno de los dos casos, y que como
consecuencia, no se encuentran presentes en la periferia ni linfocitos B ni T maduros.
Esto indica que los procesos de recombinación génica tanto de los genes del TCR y de las
inmunoglobulinas van a estar sometidos a mecanismos comunes de regulación. Aún más importante, se
ha encontrado recientemente un grupo de pacientes que tienen mutaciones en RAG-1 o RAG-2, dando
como resultado la aparición de una inmunodeficiencia combinada severa por bloqueo en los procesos
de recombinación tanto de linfocitos B como T.
Por tanto, este acercamiento implica la formación de un bucle en la estructura espacial del DNA, de
manera que la aproximación entre ambas regiones no es lineal, sino espacial. Al igual que en el caso de
los segmentos promotores, las regiones enhancer van a contener motivos de unión que van a
interactuar con los factores transcripcionales. Uno de los primeros factores en ser descubierto y más
relevante funcionalmente es el factor de transcripción NF-kB, que se une a la región amplificadora del
gen k. En la (Figura 4.5) se muestra un esquema del proceso por el cual se eliminan los segmentos de
genes que no se van transcribir.
Otro mecanismo
importante en la regulación
del reordenamiento de los
genes de las
inmunoglobulinas es el que
controla las uniones entre
los genes V, D y J. Es decir,
cuales son las señales que
hacen que un gen D
identifique, dentro del
cromosoma, la secuencia de un gen J con el que puede unirse, y, a su vez, el gen V identifique la
secuencia del complejo DJ ya formado. Los reconocimientos y uniones de unos genes con otros están
controlados por combinaciones de secuencias de DNA que se encuentran conservadas y son únicas de
los genes de las inmunoglobulinas. Estas secuencias están formadas por un heptámero palindrómico, un
espaciador variable de 23 pares de bases y un nonámero palindrómico (Figura 4.6).
Este motivo va a reconocer otro formado por un nonámero de secuencia igual pero invertida al anterior,
continuado por un espaciador variable de 12 pares de bases y un heptámero cuya secuencia es, otra vez,
igual pero invertida al heptámero anterior. La longitud conservada de los espaciadores no es casual, en
tanto que se ha sugerido que 12 pares corresponden a una vuelta de la hélice de DNA, y 23 a dos. Así,
los segmentos que contienen un espaciador de 12 bases sólo se pueden unir a otro de 23. Esto asegura,
en el caso de las cadenas pesadas, que los genes se reordenen en el orden correcto. El mecanismo
exacto por el que estas secuencias conservadas regulan la unión de los genes de las inmunoglobulinas
no se conoce todavía con exactitud.
El primer mecanismo implica que las células B cambian su isotipo tiene lugar esta vez a nivel de DNA, así
una célula que ha sido comprometida a producir anticuerpos de un determinado isotipo, va a sufrir una
delección de todos los genes C a excepción del correspondiente a la subclase que va a ser producida
(Figura 4.7). El segundo mecanismo es conocido como splicing alternativo (Figura 4.8). Este proceso
molecular genera polimorfismo proteico debido a la transcripción alternativa de los exones Estos
fenómenos pueden ser influenciados por ciertas citocinas. Así por ejemplo, la IL-4 induce el cambio de
isotipo de IgM a IgG1 o bien a IgE.
CAUSAS DE LA DIVERSIDAD DE LAS INMUNOGLOBULINAS.
La diversidad de las inmunoglobulinas deriva de la variabilidad de las cadenas ligeras y pesadas, por una
parte, y por otra de las diversas posibilidades de unirse entre sí estas cadenas. La variabilidad de
cadenas, tanto L como H, que un mismo organismo es capaz de producir, se debe al alto número de
segmentos V existentes, a las diversas regiones J y D también existentes y a la multiplicidad de formas
de combinación de V/J, en las cadenas ligeras, y V/J y J/D, en las cadenas pesadas. Es decir, el primer
mecanismo de generación de diversidad procede de las diferentes posibilidades combinatorias de cada
uno de los genes entre sí.
Así, si consideramos que para la cadena pesada de las inmunoglobulinas del ratón existen unos 300
genes V H (aunque éstos pueden llegar hasta 1000), 12 genes D H y 4 genes J H , las posibilidades de
combinación diferentes son como mínimo de 1.4x104 (300x12x4). A esto hay que añadir las
provenientes de las cadenas ligeras. La cadena k tiene 300 genes V k y 4 J k , mientras que la l sólo tiene 2
genes V l (aunque en humanos contiene muchos más) y 3 J l . Las posibilidades combinatorias son por
tanto de 1.2x103 en el primer caso y de 6 en el segundo. Al necesitarse la unión de cadenas pesada y
ligera, las posibilidades combinatorias son las resultantes de multiplicar cada una de ellas.
Este mecanismo multiplica por, al menos, nueve las posibilidades combinatorias de los genes de la
cadena pesada y por tres las posibilidades de los genes de las cadenas ligeras, en tanto que por término
medio se producen tres reordenamientos por cada unión. Además, toda la diversidad generada por los
dos mecanismos ya mencionados, puede verse amplificada por la aparición de mutaciones puntuales en
el gen responsable de una determinada cadena de inmunoglobulinas. La ocurrencia de hipermutaciones
somáticas como vía de generación de diversidad se ha demostrado al encontrarse cadenas de
inmunoglobulinas que, obtenidas del mismo tipo de mieloma, poseían secuencias de aminoácidos
ligeramente diferentes a pesar de estar codificadas por un mismo gen.
Estas mutaciones somáticas son de gran importancia en los procesos de incremento de la afinidad del
anticuerpo. Sabemos que conforme se produce en el tiempo la respuesta de inmunoglobulinas, esta no
sólo incrementa el número de moléculas producidas, sino que igualmente lo hace la afinidad de las
mismas. También, hay que indicar que a la diversidad de las cadenas ligeras y pesadas en sí mismo, hay
que añadir la diversidad derivada de las diferentes formas de unión de las cadenas ligeras con las
pesadas.
Normalmente cada célula productora de anticuerpos sólo expresa un tipo de cadena pesada y otro de
cadena ligera. Este fenómeno se produce a pesar de que los genes que codifican estas cadenas se
encuentran presentes en los dos cromosomas, uno de origen paterno y otro de origen materno, en
tanto que las células productoras de inmunoglobulinas son diploides. Es decir, a pesar de que existan
dos copias para cada uno de los segmentos génicos V, D, J y parte constante de las cadenas pesadas y
ligeras, sólo una es expresada. De no ser así se generaría un serio problema en el individuo que
generaría anticuerpos por una misma célula con especificidades diferentes.
Se piensa que este fenómeno, conocido como exclusión alélica, se debe a que sólo los genes de un
cromosoma sufren los procesos de reagrupamiento antes indicados de manera que sólo la información
del cromosoma no reorganizado es abortada y no se expresa. Esto implica que una vez que se ha
producido una unión productiva V/D/J, los procesos de recombinación son bruscamente detenidos en el
otro cromosoma, de manera que no se puede dar lugar a un segundo anticuerpo maduro.
El mecanismo exacto por el que se produce la exclusión alélica no está completamente definido. No
obstante, se piensa que una vez producido un reordenamiento efectivo de los genes de las
inmunoglobulinas, la proteína madura va a enviar una señal negativa de manera que la célula no
produzca nuevos reordenamientos.
Así, la presencia de un reordenamiento completo de la cadena pesada va suponer el envío de una señal
que inhiba nuevos reordenamientos de otras cadenas pesadas, por un lado, y por el otro va a hacer que
se inicien los reordenamientos correspondientes a las cadenas ligeras, comenzando por las cadenas k.
El proceso de exclusión alélica tiene como fin asegurar que cada una de las células B produce un único
tipo de anticuerpo, a fin de evitar el reconocimiento de más de un epítopo mediante la producción de
anticuerpos multireactivos.
En el proceso de traducción en el ribosoma se sintetizan los péptidos. Una vez formados los péptidos de
una Ig se produce la glicosilación de los mismos en el propio retículo endoplásmico, así como su
ensamblaje para la formación de la Ig completa, antes de ser secretada por la célula. El proceso de
ensamblaje parece desarrollarse en las siguientes fases: H+H àH2+LàH2L+LàH2L2. En el caso de la IgM,
parece que por el contrario se unen primero una cadena pesada con una ligera, uniéndose esta media
molécula a su otra media independientemente formada.
Una vez que se ha producido el ensamblaje de la inmunoglobulina, esta molécula tiene dos opciones
funcionales. Una primera es la de permanecer en la membrana de las células B, convirtiéndose de esta
forma en el receptor de las células B para el antígeno. La segunda opción es la de ser secretada al medio,
con la función de interaccionar directamente con el antígeno y conseguir su destrucción.
La única diferencia entre ambas es que las formas de Igs de membrana tienen en la región carboxi-
terminal de la cadena pesada un fragmento añadido de 19 aminoácidos. La decisión de optar entre una
forma u otra es tomada a nivel de transcripción del RNA, una vez más mediante un proceso de splicing.
En el caso que nos ocupa, el proceso conlleva la transcripción adicional de dos exones (M1 y M2)
situados en la región 3' del gen C H , lo que a su vez da como resultado que se genere el fragmento de 19
aminoácidos que origina una región transmembrana hidrofílica continuada por una muy corta región
intracitoplasmática.
Si esto ocurre así, se origina el anclaje de la molécula a la superficie celular, dando por tanto lugar a una
inmunoglobulina de superficie, mientras que si estos dos exones no son transcritos, la hidrofobicidad
conferida a la inmunoglobulina hace que la molécula no pueda anclarse a la superficie y sea secretada.
Por primera vez se habían desarrollado cultivos continuos de células híbridas que segregaban un
anticuerpo monoclonal de especificidad predefinida. Una vez seleccionado el hibridoma adecuado, éste
puede conservarse largo tiempo congelado. En cualquier momento el clon puede hacerse crecer para la
producción de anticuerpos por inyección a ratones o siembra en cultivo. Generalmente el clon se
inyecta intraperitonealmente generándose ascitis extraordinariamente ricas en anticuerpos, de donde
son fácilmente purificables. Cuando el clon se ha cultivado in vitro el anticuerpo se recolecta a partir del
sobrenadante del cultivo.
Tecnología de la obtención de AcMo.
Generalmente se comienza por inmunizar a ratones de la cepa BALB/C con el antígeno frente al cual se
desea obtener el anticuerpo. El protocolo de inmunización suele ajustarse a tres dosis del material
antigénico que se administran intraperitonealmente, con intervalos de unas dos semanas.
Aproximadamente a los veinte días de la primera dosis, se comprueba la presencia de anticuerpos
dirigidos frente al antígeno en el suero del ratón. Comprobada la presencia de anticuerpos se procede al
aislamiento de las células B productoras de los mismos del bazo de los animales, en condiciones de
esterilidad.
Las células así obtenidas serán utilizadas para su fusión con células mielomatosas, generalmente del tipo
NSI. La línea mielomatosa NSI procede de un mieloma inducido en la cepa BALB/C que ha perdido la
capacidad de secretar inmunoglobulinas, por lo que no interferirá en la producción de anticuerpos con
los hibridomas que se obtengan. Mientras los linfocitos B, sensibilizados frente al antígeno
correspondiente aportan al híbrido los genes que codifican las cadenas ligeras y pesadas de las
inmunoglobulinas, la línea mielomatosa dota al híbrido de la capacidad de crecimiento ilimitado propia
de las células tumorales y, por tanto, de la posibilidad de desarrollarse tanto in vitro como in vivo.
Esta línea mielomatosa se ha hecho resistente a la 8- azaguanina porque carece de la enzima HGPRT
(hipoxantin-guanidin-fosforibosil-transferasa). La síntesis de su DNA la tiene que realizar a través de la
vía de novo que obtiene nucleótidos a partir de aminoácidos y azúcares. La aminopterina bloquea la
síntesis de novo de nucleótidos, por lo que las células de la línea NSI no sobrevivirán en presencia de
este fármaco. Esta característica permitirá eliminar las células NSI que no se han podido fusionar en el
medio rico en aminopterina. Las células NSI no fusionadas morirán, mientras que los híbridos podrán
seguir creciendo porque poseen la enzima HGPRT, aportada por los esplenocitos.
La fusión celular entre los esplenocitos del ratón inmunizado y la línea mielomatosa NSI se realiza en el
medio de cultivo adecuado que contiene, además de los nutrientes necesarios para un cultivo celular,
polietilen glicol (PEG) que es un detergente capaz de disolver parte de la membrana celular permitiendo
así la formación de células que contienen dos núcleos (fusión celular).Posteriormente se procede a la
selección de los híbridos que se inicia a partir de las 24 horas después de la fusión.
Para ello se añade medio de cultivo con HAT (mezcla de hipoxantina aminopterina y timidina), a cada
uno de los pocillos de las placas en donde se encontraban las células en cultivo. Hacia la tercera semana,
se retira la aminopterina de los cultivos añadiéndose medio HT (hipoxantina-timidina) y, por último,
durante la cuarta semana las células se mantienen sólo en medio de cultivo.
Terminado este proceso se estudian los sobrenadantes de los híbridos para determinar si producen
anticuerpos. Los hibridomas productores de anticuerpos se expanden y si siguen siendo positivos se
clonan cuando se estabilizan en cultivo. La clonación tiene como objetivo aislar el hibridoma productor
del anticuerpo deseado y que todas las células que lo constituyen procedan de la misma célula
progenitora, dado que los hibridomas productores de anticuerpos se encuentran mezclados en cultivo
con otros hibridomas que, o bien no son productores o sintetizan anticuerpos que no interesan.
• En la caracterización y cuantificación
de sustancias de interés biológico que se
encuentran en cantidades muy pequeñas, tales como hormonas, enzimas, interferones, etc (Tabla 4.1).
• En trasplantes de órganos y enfermedades autoinmunes en donde los AcMo dirigidos contra los
linfocitos T se utilizan frecuentemente en casos de amenaza de rechazo agudo.
• En oncología para la localización de células tumorales y/o su destrucción. Para ello los
anticuerpos específicos frente a antígenos tumorales tales como el antígeno carcinoembrionario pueden
ser marcados con sustancias radioactivas, como por ejemplo In111 o Tc99, y así localizar su situación en el
organismo mediante una gammacamara especial cuando son administrados a individuos afectos de
tumores. También los AcMo pueden ser utilizados en la destrucción de células tumorales en oncología,
para lo cual los anticuerpos son marcados con
drogas citostáticas y citotóxicas.
Sin embargo, sería deseable que, para su aplicación terapéutica, los anticuerpos procedieran de
linfocitos humanos y no de ratón o rata. Contrariamente a lo que se esperaba en un comienzo, la
utilización de linfocitos humanos ha resultado difícil, en tanto que los intentos de inmortalizar
hibridomas humanos mediante su fusión con células mielómicas de ratón o rata, han sido, hasta la
fecha, decepcionantes.
El problema reside en que, cuando se fusionan células humanas con células animales, hay una rápida
pérdida preferencial de los cromosomas humanos en las células híbridas interespecies resultantes. En la
actualidad se comienza a producir AcMo humanos empleando linfocitos B a los que se transforma en
tumorales mediante su infección con el virus de Epstein Barr, obteniéndose así linfocitos B productores
de AcMo que pueden ser clonados y, por consiguiente, anticuerpos monoclonales homogéneos en su
composición y especificidad.
Como se ha comentado con anterioridad, uno de los problemas del uso de AcMo en medicina es que al
ser en su mayoría de origen murino, cuando son administrados a individuos, éstos producen
anticuerpos frente a los mismos que disminuyen su eficacia o bien pueden presentar problemas de tipo
alérgico cuando se usan reiteradamente.
Para evitar este problema se están ya obteniendo mediante técnicas de ingeniería genética anticuerpos
humanizados de tipo quimérico. Estos anticuerpos se preparan mediante la creación de una molécula
híbrida en la que se mantienen las partes del anticuerpo monoclonal de ratón que le confieren la
especificidad (regiones V, D y J), y sustituir la región constante del anticuerpo de ratón por una región
igualmente constante del mismo isotipo
pero de procedencia humana.
De acuerdo con esto, es posible eliminar de un anticuerpo de ratón (al menos parcialmente) sus
regiones más inmunógenas, de manera que no sea reconocido como extraño por la persona que es
inyectada el organismo humano (Figura 4.14).Un paso más adelante en la humanización de los
anticuerpos monoclonales producidos en ratón ha sido ya dado mediante la realización de los llamados
anticuerpos hiperquiméricos.
En este caso se rediseña la parte variable del anticuerpo, de manera que los aminoácidos
correspondientes a la secuencia del anticuerpo de ratón que codifican las partes hipervariables para el
sitio de unión se introducen en el constructor que codificará la parte variable dentro del marco de la
región variable de un anticuerpo humano. Es decir, el anticuerpo humano va a servir únicamente como
vehículo o vector de las regiones de determinantes complementarios (CDR) murinas, que son en
realidad las responsables de la unión específica del anticuerpo con el antígeno.
2 cadenas pesadas idénticas
INMUNOLOGÍA GENERAL
2º Medicina 2 cadenas ligeras idénticas ( o !)
UVA
Las células B en reposo transcriben RNA que incluye ambos genes (C% y
C&). Por procesamiento alternativo del RNA, las células pueden
simultáneamente separar RNAs para IgM e IgD, ambos con la misma
especificidad de antígeno.
Secrección
de IgA
secretora.
Cadena J
Pieza
Secretora