Hugo Fscolo
Los sepulcros
a Hiplito Pindemonte
Deorum manium iura sancta sunto.
(XII Tablas)
All'ombra de'cipressi e dentro l'urne...
Del ciprs a la sombra, en rica urna
Baada por el llanto, es menos duro
El sueo de la muerte? Cuando yazga
Yo de la tumba en el helado seno,
Y no contemple ms del sol la lumbre
Dorar las mieses, fecundar la tierra,
Y de yerbas cubrirla y de animales,
Y cuando bellas, de ilusin henchidas,
No pasen ya mis fugitivas horas,
Ni, dulce amigo, tu cantar escuche
Que en armona lgubre resuena;
Ni en mi pecho el amor, ni arda en mi mente
El puro aliento de las sacras Musas,
Bastar a consolarme yerto mrmol
Que mis huesos distinga entre infinitos
Que en la tierra y el mar siembra la Muerte?
Es verdad, Pindemonte, aun la Esperanza,
ltima diosa, los sepulcros huye;
Todo el olvido en su profunda noche
Presto lo oculta, y sin cesar girando
Una fuerza invencible lo arrebata,
Y el hombre y sus sepulcros suntuosos
Y sus ltimos restos y sus nombres
De la tierra y del cielo borra el Tiempo.
Mas no vive el mortal, cuando ya muda
Es para l del mundo la armona,
Si puede alimentar dulces recuerdos
En los pechos amantes? La celeste
Correspondencia de amoroso afecto
Don es a los humanos otorgado;
Por l vivimos con el muerto amigo,
Y l vive con nosotros; la piadosa
Tierra que en su niez le alimentaba
Le ofrece en su regazo ltimo asilo,
Y sus cenizas de la lluvia impa
Y del profano pie guarda y defiende;
Su nombre escribe en mrmol, y con flores
De rbol amigo su sepulcro cubre,
Sobre l tendiendo bienhechora sombra.
Mas quien afectos no dej en herencia
Con triste rostro mirar las tumbas,
Errar ver su espritu desnudo
Por las orillas de Aqueronte ro,
O levantarse en las augustas alas
Del divino perdn, pero su polvo
Deja a la ortiga del terrn desierto,
Donde ni dama enamorada ruegue,
Ni escuche el pasajero los suspiros
Con que desde el sepulcro hablan los Manes.
Nombre tan slo aquellos muertos tienen
Que con piadoso llanto son honrados.
Oh Tala! sin tumba el sacerdote
Yace, que con amor, en pobre asilo,
Te consagr un laurel, ci tus sienes
Con preciada corona; t aplaudas
En dulce risa el cntico festivo,
Punzante al Sardanpalo lombardo,
Con el mugir dormido de sus bueyes,
Que arando las campias del Tesino
Ocio le dan, riquezas y abundancia.
Oh bella Musa! dnde ests? No siento
Pura ambrosa, indicio de tu numen,
Entre las plantas do sentado lloro
Por mi techo materno. Aqu venas
Tu poeta a escuchar, bajo aquel tilo
Que hoy gime y tiende sus dobladas hojas
Porque no cubre, oh Diosa, del anciano
La urna con la sombra de sus ramas.
Buscas tal vez en tmulos plebeyos
El lugar do descansa la cabeza
Sagrada de Parini? No en sus muros
Sombra le puso, mrmol ni inscripciones
Miln, la de cantores enervados
Engendradora; sus cenizas mancha
Tal vez con torpe sangre el homicida
Que purg en el patbulo su crimen;
Acaso siente cul sus huesos roe
Abandonado can que triste alla
Y hambriento escarba la olvidada fosa,
Mientras nocturno buho vuelve al nido,
Si la luna alumbr el fnebre campo,
Y en inmundos sollozos se lamenta
Del plido fulgor que los luceros
Sobre la tumba abandonada vierten.
Oh sacra Musa! de la oscura Noche
Por tu poeta la merced implora.
Ay del difunto que ni gloria humana
Tras s dejare ni amoroso llanto!
Flores no nacern sobre su losa.
Cuando las nupcias, tribunales y aras
Dulcificaron de la humana gente
Las speras costumbres, y piadosas
Tornronlas, los vivos arrancaron
Al aire vago, a las voraces fieras
Los mseros despojos que Natura
En raudo vuelo, en incesante giro,
Nueva existencia a producir destina.
Monumentos de gloria los sepulcros
Fueron al par que venerandas aras.
All los Lares responder solan,
Del orculo all la voz oyose,
Y fue temido el juramento horrible
Sobre el paterno polvo pronunciado.
Tal religin que con diversos ritos
La virtud patria y la piedad una,
Fue por largas edades continuada.
No siempre el pavimento recubrieron
De los templos las losas sepulcrales,
Ni el hedor de cadveres mezclado
Al humo del incienso respirose,
Ni entristecieron la ciudad efigies
De hrridos esqueletos, ni la madre
Despertaba del sueo estremecida,
Tendiendo el nudo brazo a la cabeza
Del tierno nio que en su seno yace,
Or pensando de irritada sombra
Largo gemir que el corazn lo helaba.
En otra edad los cedros, los cipreses,
De efluvios puros impregnando el aire,
Hojas tendan en memoria eterna
Sobre la urna, y en corintios vasos
Derramadas las lgrimas votivas,
Una antorcha encendan los amigos,
Para alumbrar la subterrnea noche,
Porque los ojos moribundos buscan
La luz del sol, y el ltimo suspiro
Todos los pechos a su luz exhalan.
Las fuentes derramando aguas lustrales,
Amarantos regaban y violas
En el fnebre cerco, do si alguno
A libar leche y a contar sus penas
A los caros finados se acercaba,
Senta en torno una fragancia pura
Como las auras del Elseo prado.
Hoy piadosa locura a las doncellas
Britanas hace suburbanos predios
Mucho estimar, donde el amor las lleva
De la perdida madre, do imploraron
Al Genio del lugar por el retorno
Del hroe que rompi vencida nave,
Y de su mstil fabric su tumba.
Donde duerme el afn de nclitos hechos,
Y el trmulo pavor y la opulencia
Son del vivir poltico ministros,
Intil pompa, precursora imagen
Del Orco son marmreos monumentos.
Ya el rico, el docto y el patricio vulgo,
Gloria y decoro de la Ausonia tierra,
En sus palacios, entre vil lisonja,
Tiene, aun en vida, excelsa sepultura,
Y en vanos timbres su grandeza asienta.
Ven, dulce muerte, reposado albergue
Do la fortuna sus venganzas cesa;
Recoja la amistad no de tesoros
Herencia, mas de canto no humillado
Y libres pensamientos el ejemplo.
A egregios hechos, Pindemonte, excitan
Las urnas de los fuertes; bella y santa
Hacen al peregrino aquella tierra
Que las oculta. Cuando vi el sepulcro
Donde de aquel varn los restos yacen,
Que el cetro del tirano gobernando,
Deshoja su laurel, y al pueblo muestra
Con qu lgrimas crece y con qu sangre,
Y el fretro de aquel que nuevo Olimpo
Alz en Roma a los Dioses, y la tumba
Del que vio al sol inmvil y a los mundos
Bajo el etreo pabelln rodando,
Y al nglico inmortal mostr la va
Del antes ignorado firmamento;
Dichosa te llam, ciudad que baa
Aura vital, y lava el Apenino
Con torrentes lanzados de su cumbre.
Limpidsima luz vierte la luna
En tus collados que la vid adorna,
En los cercanos valles que a los cielos
Despiden de mil flores el aroma.
T, Florencia, escuchaste la primera
Del desterrado Gibelino el canto,
Y t los padres diste y el idioma
Al dulce vate, de Caliope labio,
El que al Amor desnudo en Grecia y Roma
De un velo candidsimo adornando,
Volvi al regazo de la Urania Venus
Y ms felice an, porque en un templo
Conservas fiel las italianas glorias,
Las nicas quiz, pues de los Alpes
El mal vedado paso y la inconstante
Omnipotencia de la humana suerte
Armas te arrebataron y defensa,
Y aras y patria; esta memoria sola
Nos resta; de aqu brote refulgente
Luz de esperanza a la oprimida Italia
Y el fuego encienda en generosos pechos.
Alfieri en estas tumbas a inspirarse
Venir sola; con los patrios dioses
Airado, en torvo ceo, erraba mudo
Por la orilla del Arno ms desierta
Con ansioso recelo contemplando
Los montes y los valles, do ninguno
A su anhelar quejoso responda;
Sobre el mrmol dobl la frente austera
Con palidez mortal, mas an brillaba
La divina esperanza en su semblante.
Hoy yace en esos mrmoles; sus huesos
Aun a la voz de patria se estremecen;
Desde el sacro recinto un numen habla,
Numen de patria que anim a los griegos
Contra el persa invasor, en Salamina
Y en Maratn, do consagrara Atenas
Trofeos a sus hijos. El piloto
Que surc desde entonce el mar Eubeo,
Vio centellear en la tiniebla oscura
Fulgor de yelmos y encendidas teas,
Humear gneo vapor las rojas piras,
Armas brillar cual si la lid tomara,
Y escuch en el silencio de la noche
Tumulto de falanges por el campo,
Clangor vibrante de torcidas trompas,
Relincho de corceles voladores,
Gemir de moribundos, triste llanto,
Himnos de gloria, y funerales trenos.
Feliz t que el imperio de los vientos
En tus floridos aos recorrieras,
Y si la antena dirigi el piloto
Tras las islas Egeas, cierto oste
Del Helesponto resonar la costa
Con los hechos antiguos, y espumosa
Y rugiente miraste a la marca
Las armas conducir del fuerte Aquiles,
A las playas Reteas, a la tumba
De Ayax de Telamn! Slo la muerte
Dispensa con justicia eterna gloria;
Ni astuto ingenio ni favor de reyes
Al taco falaz aprovecharon;
Las ondas le arrancaron su despojo
Por los nferos dioses concitadas.
Yo en peregrinas tierras fugitivo
Por anhelo de gloria y triste suerte
Estos nombres evoco, que las Musas
Del mortal pensamiento animadoras,
Fieles custodios, los sepulcros guardan,
Y cuando el tiempo con sus alas fras
Osa tocarlos, las Pimpleas hacen
Alegres con su canto los desiertos,
Y vence poderosa su armona
De siglos mil las sombras y el olvido.
Por eso hoy en la Trade contempla
Con asombro y respeto el peregrino
Un lugar por la ninfa consagrado
Que fue esposa de Jove, y dio la vida
A Drdano inmortal, de do Asaraco
Y los cincuenta tlamos proceden
Y Troya, el reino de la Julia gente.
Oy Electra el decreto de la Parca
Que del aura vital la transportaba
A los Elseos coros, y al Tonante
Esta postrer plegaria diriga:
Si te agrad mi rostro y mi belleza
Y las dulces vigilias a mi lado,
Y algn premio mayor no me deparas,
La muerta amada desde el cielo mira
Y haz sagrado el lugar de su sepulcro.
Rogando as, mora y el Saturnio,
Gimi, doblando la inmortal cabeza,
Y ambrosa verti sobre la Ninfa,
Y aquella tumba consagr por siempre.
All yace Erictonio y duerme el justo
Ilin; all venan las troyanas
Sacrificios a hacer, queriendo en vano
El hado detener de sus maridos;
All vino Casandra, cuando el pecho
Ardiendo en sacro fuego, el Dios la haca
De Prgamo anunciar los tristes hados,
Y a las sombras cantaba himno amoroso,
Guiando a sus sobrinos exclamaba
Con profundo suspiro: Si de Argos
Do al hijo de Laerte, al de Tideo
Conduciris al pasto los corceles,
Tal vez tornar os concediera el hado,
En vano buscaris la patria vuestra;
Los muros ardern, obra de Febo,
Aun veris humeantes sus reliquias.
En esta sacra tumba los Penates
Habitarn de Ilin, que en la desdicha
Los Nmenes conservan el recuerdo.
Oh palmas y cipreses que las nueras
De Pramo plantaron, y que presto
Ay! creceris con lgrimas baados
De tristes viudas, proteged mis padres!
Y quien llegare a la espesura sacra
Que vuestras ramas formarn creciendo,
Po se doler de nuestros males
Y tocar con reverencia el ara,
Amparad a mis padres algn da;
Veris errante a un ciego en vuestros bosques,
Trmulo penetrar en los sepulcros,
Las urmas abrazar e interrogarlas;
Entonces gemirn los hondos antros
Y narrarn las tumbas el destino
De Ilin, dos veces en el polvo hundida
Y dos tornada a alzar con gloria nueva
Para adornar el ltimo trofeo
Del Plide fatal. El sacro vate,
Aplacando las sombras con su canto,
Ensalzar a los prncipes argivos
Por cuanto baa el pilago sonante,
Y a ti, Hctor, dar llanto sublime.
Santa ser la sangre derramada
Por la patria infeliz, mientras radiante
El sol alumbre la miseria humana.
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