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Revista de Estudios Sociales No. 43 [Link]. ISSN 0123-885X Pp. 208. Bogot, agosto de 2012 Pp. 166-173.

Poder, vida y subjetivacin


por Vanessa Lemm * por Miguel Vatter ** por Benjamin Noys *** por Gustavo Chirolla ****
DOI-Digital Objects of Information:[Link]

Carlos Manrique y Laura Quintana (CM y LQ): en el debate contemporneo sobre biopoltica, en particular en el contexto italiano y siguiendo, entre otros, el impulso de Roberto Esposito, ha cobrado una cierta fuerza la idea de que una verdadera resistencia al gobierno sobre la vida tendra que implicar necesariamente repensar la categora de la vida (ms all de las oposiciones metafsicas entre lo humano y lo animal, o entre bios y zo) y desarrollar en conformidad con esto las posibilidades de lo que sera una poltica afirmativa de la vida: Cul es su posicin frente a las posibilidades que dicha propuesta podra abrir en la bsqueda de instancias de dislocacin y resistencia frente a las tecnologas de poder sobre la vida en el mundo contemporneo? Cmo situara usted la posicin de Foucault sobre lo poltico y sus reflexiones sobre los modos de resistencia a las tcnicas de poder desplegadas en las sociedades modernas (incluido su proyecto de rastrear genealgicamente una actitud crtica en la historia de Occidente), frente a la propuesta de una biopoltica afirmativa? Vanessa Lemm y Miguel Vatter (VL y MV): Se podra distinguir entre dos formas de entender el gobierno sobre la vida: una forma totalitaria, la otra neoliberal. Nos parece difcil mantener la tesis de que sean reducibles una a la
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otra, aunque ambas son claramente biopolticas. Sobre la resistencia al gobierno totalitario sobre la vida se ha escrito mucho a partir de la Escuela de Frankfurt, de Hannah Arendt y otros autores que preceden el debate sobre la biopoltica abierto por Foucault a fines de los setenta. Mucho ms complicada es la cuestin de cmo resistir el gobierno neoliberal sobre la vida, justamente porque esta forma de gobierno es ms un gobierno de la vida que sobre la vida. El problema en relacin con esto es que Foucault introdujo los trminos de gobierno y de biopoltica pero nunca propuso una teora sistemtica acerca de la relacin entre ellos. Por un lado, dentro de una discusin muy vasta sobre la gubernamentalidad, Foucault se da cuenta de que en la poca moderna, el problema del gobierno comienza a centrarse en la vida biolgica de los hombres y propone el anlisis de una nueva forma de poder: el biopoder. Al mismo tiempo, sugiere, casi de paso, la posibilidad de que la vida siempre se escapa o muestra un exceso con respecto al biopoder: de aqu la idea de una biopoltica que no se reduzca al biopoder. Por otro lado, en los cursos dedicados supuestamente a la biopoltica, tenemos una discusin principal sobre el neoliberalismo y la relacin entre gobierno, economa y sistema jurdico. En suma, cuando Foucault parece hablar de gobierno, en realidad habla de biopoltica; y cuando quiere hablar de biopoltica, habla de gobierno. Sigue siendo un misterio cmo es que Foucault entenda de verdad la relacin biopoltica-gobierno. Es por esta razn que los intrpretes de Foucault, podramos decir, se dividen en dos escuelas de pensamien-

Doctora en Filosofa de la New School for Social Research, Estados Unidos Profesora Titular del Instituto de Humanidades de la Universidad Diego Portales y miembro fundador de [Link], Chile. Actualmente es profesora de Filosofa en la Universidad de New South Wales (Australia), donde dirige la Escuela de Humanidades de la misma universidad. Correo electrnico: [Link]@[Link] ** Doctor en Filosofa de la New School for Social Research, Estados Unidos. Profesor de la Escuela de Ciencia Poltica y del Instituto de Humanidades de la Universidad Diego Portales, Chile. Catedrtico en la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad de New South Wales (Australia). Es miembro fundador del grupo de investigacin sobre la biopoltica en Chile. Correo electrnico: [Link]@[Link] *** Ph.D. en Literatura en ingls. Profesor Asistente en el Departamento de Ingls de University of Chichester y editor de la revista Historical Materialism, Inglaterra. Correo electrnico: [Link]@[Link] **** Filsofo de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogot y candidato a doctor por la misma universidad. Actualmente es profesor de la Facultad de Filosofa de la Pontificia Universidad Javeriana, Colombia. Correo electrnico: chirolla@[Link]

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to: por un lado, aquellos que dan una cierta prioridad a la biopoltica sobre el gobierno (y en general, podemos decir que sta es la recepcin italiana de Foucault), y por otro lado, aquellos que dan una cierta prioridad al problema del gobierno en cuanto una nueva mutacin del poder/saber (y en general, podemos decir que sta es la recepcin anglosajona y francoalemana de Foucault). A nosotros nos parece que enfatizar el lado de la biopoltica, en lugar de la vertiente poder/saber, y del problema del gobierno, tiene su lgica y puede defenderse desde buenos argumentos. En efecto, segn Foucault, la idea de gobierno es una forma de control o de poder o de regulacin que se ejerce a partir de la naturaleza misma de las cosas; no se aplica desde afuera a estas cosas, pero les es inmanente. Ahora, para entender la resistencia posible a una gubernamentalidad neoliberal, uno debera entender sobre cules lgicas de la vida se modela tal gubernamentalidad. Tales lgicas son muy variadas: van desde lgicas darwinistas (evolucin), o nietzscheanas (voluntad de poder), hasta lgicas del tipo explorado por Canguilhem (normativas), o por Derrida y Esposito, del tipo autoinmunitario, etc. Todas estas lgicas, aunque evidentemente son discursos con pretensiones epistemolgicas, suponen que la vida se caracteriza por una irreducible positividad o afirmatividad que va ms all de la reduccin a un objeto de conocimiento sobre la base de conceptos. De aqu, algunas consideraciones que se pueden hacer: cualquier gobierno de la vida no va a plantear nunca el control total sobre tal positividad o afirmacin de la vida, y por eso estas formas de gobierno de la vida tienen un lado que va ms all de la racionalidad poltica, e incluyen una dimensin anrquica o de laisser aller. Pero no es nada claro de qu forma puede darse una resistencia al gobierno cuando ste ltimo toma la forma de laisser faire: se tratara de algo bastante paradjico, algo como una resistencia anrquica a la anarqua propia de la razn gubernamental. Benjamin Noys (BN): The centrality of life as the political and theoretical category necessary to grasp contemporary experience seems uncontested. Life appears to us as an equivocal category, as at once the site where we are subject to the deadly forms of State and capitalist power and the site of possible resistance and liberation. This equivocation is embedded in the various political vitalisms that try to take the measure of forms of thanatopolitical power which reduce us to the state of what Giorgio Agamben calls bare life, and which insist on the immeasurable capacities of life to be transfigured into the glory of life freed from domination. This affirmative biopolitics tries to extract us from our miring in the capillary effects of power, and affirm life as excessive to any control. I find in this schema a fundamentally theological, or to be more precise Judeo-Christian, attitude. The repetition, via Heidegger, of Hlderlins But where danger is, grows/ The saving power also (Wo aber Gefahr ist, wchst/ Das Rettende auch) is one sign of this. In this theological conception, the suffering of life, most significantly in Christs passion, is the site of redemption, transfiguration, and glory. While such forms of vitalism draw on Foucaults analysis of biopolitics, they trade the asceticism and analytic neutrality of his work for the postmodern passion (Negri) of affirming life in extremis. What we witness is a process of outbidding, as a series of increasingly hyperbolic affirmations try to locate and insist on a form of life that can forge the passage to redemption and resistance. Drawing out the enigmatic claims Foucault made for perpetual moments of resistance secreted in the spirals of power, life proliferates as both micropolitical and potential macro-subject. The risk of the miring of life in power, in which resistance is always bound to the power it contests, is rejected in the name of what Foucault identified in The Order of Things as the savage ontology of life that overturns all limits and all forms of domination. Gustavo Chirolla (GCh): Quisiera empezar a responder esta primera pregunta desde el final, desde la referencia a la actitud crtica foucaultiana, para despus intentar examinar la posibilidad de una biopoltica afirmativa. Foucault entiende el ethos filosfico que caracterizara al pensamiento crtico como una actitud experimental, un ejercicio del pensamiento que, precisamente, en cuanto crtico, no deja de interrogarse sobre sus propios lmites. Sin embargo, en cuanto experimental, tal actitud no conduce a la forma de una constriccin necesaria, sino a la posibilidad misma de franquear tales lmites. Por otro lado, en una entrevista con Duccio Trombadori, Foucault seala la distancia que lo separa de la fenomenologa en relacin con la nocin de experiencia. Mientras que el fenomenlogo se centra en la experiencia de lo cotidiano y en la vivencia, en su significado y en su sentido, l prefiere hablar de experiencia lmite. La nocin de experiencia propia de la fenomenologa resulta demasiado candorosa frente a pensadores que como Nietzsche, Bataille o Blanchot, de quienes Foucault recoge toda la enseanza en este asunto, intentan llegar por medio de la experiencia a ese punto de la vida que est lo ms cerca

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posible de la imposibilidad de vivir, su punto lmite, para captar el mximo de su intensidad y, al mismo tiempo, su imposibilidad (Foucault y Trombadori 2010, 45). En la misma respuesta, el filsofo francs comprende esta experiencia lmite como una empresa de subjetivadora, una experiencia que lleva al sujeto fuera de s, que lo arranca de s mismo. En este sentido, el ejercicio de su propia escritura filosfica lo entiende como una experiencia jalonada por un proceso de desubjetivacin. Resulta del todo interesante, entonces, que la actitud crtica remita a una confrontacin con los lmites precisamente en trminos de vida. De hecho, Nietzsche, Bataille o Blanchot experimentan una vida llevada al punto lmite, all donde se experimenta su mxima intensidad, all donde se encuentra con la muerte; en eso consiste la experiencia lmite, una experiencia de la vida en la frontera con la muerte. Deleuze suele citar un hermoso texto de Melville para describir la experimentacin foucaultiana: [d]esde que el mundo es mundo, los buceadores del pensamiento regresan a la superficie con los ojos inyectados de sangre, y contina: el pensamiento es un ejercicio extremo y raro. Pensar es afrontar una lnea en la que necesariamente se juegan la muerte y la vida, la razn y la locura (Deleuze 1995, 167). De tales abismos no se regresa ileso, se ha producido un proceso de desubjetivacin. Dira, en primer lugar, que una ontologa crtica del presente, tal como Foucault la concibi, no podra desembarazarse de la imperiosidad de pensar lo impensable, la vida misma como experiencia lmite. Quizs por ello, sea necesario repensar la categora de la vida y, por consiguiente, las posibilidades de una poltica afirmativa de la vida, una poltica con la cual resistir al presente e intentar franquear sus lmites. Podramos sostener, nuevamente con Deleuze, que repensar la vida ya no significa que haremos comparecer la vida ante las categoras del pensamiento, arrojaremos el pensamiento en las categoras de la vida. Las categoras de la vida son, precisamente, las actitudes del cuerpo, sus posturas, y desde una perspectiva spinocista aade: [p]ensar es aprender lo que puede un cuerpo [] su capacidad, sus actitudes, sus posturas (Deleuze 1986, 251). No en vano, Roberto Esposito (2006), como ustedes sealan, propone una bipoltica afirmativa a partir de los anlisis que sobre el cuerpo y la carne, el nacimiento y la vida, realizan pensadores como Spinoza, Canguilhem, Simondon y Deleuze, e incluso Michel Henry y Merleau-Ponty, ms all de lo que hemos afirmado de la perspectiva fenomenolgica. Por su parte, Giorgio Agamben (2007), en un texto dedicado a Deleuze, La inmanencia absoluta, ha hecho

notar una singular coincidencia en los textos publicados por Foucault y Deleuze antes de morir; en cada uno de estos escritos el eje central es el concepto de vida. En ambos casos, seala el filsofo italiano, se trata de un testamento: [i]mplica la enunciacin de una herencia que concierne de manera inequvoca a la filosofa que viene. Si quiere recibir esta herencia la filosofa que viene deber partir del concepto de vida que nos indican, con su gesto ltimo, los dos filsofos (Agamben 2007, 481). Sabemos que Foucault nunca se interes por desarrollar una ontologa de la vida; por consiguiente, fiel a tal posicin, el concepto de vida al que se refiere Agamben tiene lugar en un texto dedicado a la obra de Georges Canguilhem, La vida: la experiencia y la ciencia. No dejan de ser interesantes, de todas formas, los puentes que establece el italiano entre la nocin de vida presentada por Foucault a propsito del autor de Lo normal y lo patolgico y la cuestin de la biopoltica. Por su parte, en Deleuze s encontramos la que sera una ontologa de la vida; de este modo, podra afirmarse que la preocupacin por desarrollar un concepto de vida, con todas sus variaciones y todos sus matices, est presente en toda su filosofa. En este sentido, su ltimo texto dado a publicacin, La inmanencia: una vida, al cual tambin hace referencia Agamben, tiene la forma de una sntesis lacnica y definitiva de un pensamiento. Sin embargo, a su vez, Deleuze no explora a nombre propio la cuestin de la biopoltica; cuando se refiere a esta nocin, lo hace comentando los trabajos de Foucault. En este caso, tambin el filsofo italiano no dejar de insinuar las consecuencias que para la biopoltica tendra la nocin de una vida impersonal y asubjetiva propuesta por Deleuze. En su texto consagrado a Canguilhem, La vida: la experiencia y la ciencia, Foucault afirma que la vida y la muerte nunca son en s mismos (sic) problemas mdicos. Incluso cuando el mdico, en su trabajo, arriesga su propia vida o la de otros, se trata de una cuestin de moral o de poltica, no de una cuestin cientfica (Foucault 2007, 54). Y considera que la historia de las ciencias desarrollada en Francia por Koyr, Bachelard, Cavaills y Canguilhem ocupara un lugar central en la historia de la actitud crtica de Occidente, en la medida en que estos autores supieron poner en juego la cuestin de la Aufklrung como esencial para la filosofa contempornea (Foucault 2007, 46). Con la historia de la ciencias retorna a Francia la cuestin de la Ilustracin, sobre todo porque a travs de ella se interroga a la razn occidental y a sus lmites, en la relacin con los poderes a los cuales ha servido: [l]a razn como despotismo y como iluminismo (Foucault 2007, 47). Frente a la experiencia fenomenolgica de lo vivido

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(vcu) y su intencionalidad, Foucault muestra la apuesta de Canguilhem por la experiencia de lo viviente (vivant). Para el autor de Lo normal y lo patolgico, la vida es aquello que es capaz de error, de all su carcter radical. A partir de esta nocin de error y de anomala, el hombre deviene ese viviente que nunca se encuentra en su lugar, un ser vivo condenado a errar y a equivocarse (Foucault 2007, 55).1 Pierre Macherey, en De Canguilhem a Foucault: la fuerza de las normas, ha insistido en ese carcter singular de la experiencia de lo viviente, con lo cual viene a apoyar la idea de la experiencia lmite, de la vida misma como umbral crtico. Experiencia de lo viviente que en Canguilhem estara asociada a ciertos valores negativos, en el sentido en que el poder de la vida slo se dejara aprehender a travs de sus errores o sus flaquezas, cuando tropieza con obstculos que impiden o traban su manifestacin (Macherey 2011, 148). Estos valores negativos haran parte de la dinmica de la vida y su potencia: la enfermedad, la monstruosidad y la muerte no son fallas de la vida sino sus riesgos y avatares constituyentes. Pues bien, una ontologa del presente no podr prescindir de esta experiencia de lo viviente, necesaria a la hora de pensar con sentido crtico el biopoder contemporneo y todas las formas de intervencin biotecnolgica en eso que nos hace ser lo que somos y en lo que podemos devenir. Precisamente, la vida como error y como errancia ha de ser el punto de partida de una filosofa por venir, que, ms all de toda sacralizacin conservadora, ha de servir como instrumento conceptual para pensar las relaciones complejas entre bios, techn y poltica. CM y LQ: Asimismo, pero claramente en una direccin distinta, hay un debate acerca de los alcances de la reflexin foucaultiana en torno a la subjetivacin, entendida como elaboracin y transformacin de s, en su potencial de permitirnos pensar y ejercer formas de resistencia poltica con respecto a los dispositivos de poder que modulan los modos de ser de los sujetos y del ser-en-comn. En efecto, por un lado, se encuentran quienes piensan que el potencial poltico de reconfiguracin de las relaciones de poder puede darse a partir del espacio tico concebido como la relacin cultivada y transformadora del sujeto consigo mismo (por ejemplo, en ciertas prcticas artsticas). Por el otro, hay quienes consideran que las reflexiones de Foucault en torno a la subjetivacin tica no pueden dar cuenta de lo que se pone en juego en la subjetivacin poltica (Rancire), entendida como acciones conflictivas que reconfiguran el espacio de lo comn. Teniendo en cuenta este debate, qu alcances le atribuye usted, o no, a la problematizacin de la subjetivacin en el pensamiento de Foucault, en cuanto al esfuerzo por pensar hoy modos de agenciamiento tico-polticos alternativos, que logren intervenir de modo antagnico en los ejercicios y repartos de poder que estructuran los ordenamientos sociales dominantes? O, en qu medida la problematizacin foucaultiana en torno a la subjetivacin tica puede ser fructfera para pensar y dar cuenta de ciertas experiencias relevantes en el contexto del mundo contemporneo, independientemente de su efectividad poltica? VL y MV: Creemos que hay que distinguir entre dos maneras de entender el problema de la subjetividad en relacin con la obra de Foucault. Por un lado, tal problema est contextualizado, para Foucault, a travs del debate entre Althusser y Sartre de los aos sesenta. Althusser propone una visin estructuralista de Marx que tiene la intencin de aniquilar toda reconstruccin del marxismo en cuanto gran narrativa o ciencia teleolgica de la Historia. Althusser quiere un Marx sin leyes de la Historia, un marxismo sub species aeternitatis, o una idea de devenir histrico sin sujeto. A Sartre, en cambio, le interesa entender cmo es posible un acontecimiento, una accin de ruptura, dentro de un mundo radicalmente cosificado: para l, la subjetividad se define a partir de tal accin. Todos los postalthusserianos, desde Rancire hasta Badiou, entienden sus teoras del sujeto como una manera de reconciliar a Althusser con Sartre. Foucault, pero siempre de manera ms distanciada, tambin interviene en este debate, especialmente con su concepto de ontologa del presente, que casi se podra traducir como poltica del acontecimiento. Esposito avanza la hiptesis muy interesante de que tal ontologa del presente es el nombre que Foucault le da al esfuerzo de pensar la relacin entre historia y filosofa desde la perspectiva de la biopoltica afirmativa. Una concepcin biopoltica de la historia sera aquella donde el significado de los acontecimientos no es impuesto desde un comienzo, desde una trascendencia, siguiendo un modelo providencial, sino cuyo significado filosfico es inmanente y abierto a una lucha de interpretaciones. Nos permitimos referirnos sobre estos temas a los ensayos en Ruiz y Vatter (2011). Por otro lado, este mismo ensayo de Foucault sobre Qu es la Ilustracin? fue recibido en los aos ochenta en el mundo anglosajn como prueba de que Foucault haba tomado un giro liberal o esttico-tico, como si Foucault ahora entendiera el problema de la subjetivacin a partir de la idea del yo como obra de arte, etc.

Cursivas fuera de texto original.

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Nosotros pensamos, en cambio, que es desde el problema del gobierno que, para Foucault, aparece la cuestin de la subjetivacin, esencialmente porque el gobierno es gobierno de hombres, en el doble sentido de la expresin: por un lado, la ley ya no detiene el verdadero poder porque es siempre una persona quien gobierna, y, por otro lado, el objeto de gobierno son los hombres en su radical diversidad, y no los ciudadanos o los pueblos (es decir, colectivos constituidos de manera jurdicopoltica). Para decirlo con una frmula: un gobierno de la ley (sea en el sentido tradicional, sea en un sentido ms contemporneo, por ejemplo, en la teora de los sistemas) no opera a travs de sujetos o de procesos de subjetivacin, y por esa razn la expresin gobierno de la ley es en realidad un oxmoron, porque donde hay ley, no hay gobierno, y viceversa. Ahora bien, asumiendo que hablar de subjetivacin tiene sentido solamente dentro de una ptica de gobierno, hay que dejar en claro que Foucault toma tal idea de Max Weber y de su concepto de Lebensfhrung, es decir, la idea de una conducta racional de la vida. El modelo de las tecnologas del yo de Foucault es una variacin del concepto de tica (protestante) descubierto por Weber (quien, por otro lado, se apoya en la idea de ideal asctico de Nietzsche). Si hay un giro tico en Foucault, esto es simplemente un giro hacia el estudio de las formas de Lebensfhrung. Foucault parece haber jugado con la idea de que existen dos formas de Lebensfhrung que aparentan no tener una finalidad asctica o gubernamental: por un lado, formas de vida msticas, y por otro lado, formas de vida filosficas. Pero, a decir verdad, es muy discutible si la mstica y la filosofa, en cuanto formas de vida, sean en realidad lo contrario del gobierno: lo que sabemos es que son formas de vida contrarias al bios politiks de los ciudadanos caracterizado por un gobierno de la ley; pero justamente por eso puede ser, al fin de cuentas, que la mstica y la filosofa estn mucho ms involucradas con el gobierno de lo que incluso Foucault poda suponer. Aqu, junto con la interpretacin de Platn que se encuentra en los ltimos cursos de Foucault, sera necesario volver a la lectura nietzscheana de los presocrticos. Nietzsche entenda a estos filsofos como los verdaderos actores polticos, y es altamente probable que ste sea el verdadero contexto en el cual Foucault desarrolla su ltima discusin sobre el platonismo. BN: The reworking of Christian eschatology in these affirmative political vitalisms is also another of those attempts to find a replacement revolutionary subject, after the disappointments of the proletariat or the empirical working-class. Life becomes an object of concern precisely

at the point of the decay and destruction of the traditional forms of workers identity (parties, unions, etc.) under the impact of resurgent neoliberalism and workers struggles. The penetrative power of capitalism, largely left to one side by Foucault, subsumes life as the site of value extraction. In this context life becomes a new generic form of resistance to the global power of capitalism, unconstrained and unleashed. Alain Badiou has described our present moment as a return to the 1840s, to the time of the early Marxs encounter with capitalist triumphalism. We could say that Marxs appeal to Gattungswesen (speciesbeing) in his early writings is prefigurative of current debates. The search is for a subjectivity or subjectivation of this generic life as a point of resistance. The very subsumption of life everywherehorizontally across the life-course, and vertically down into DNA (the building blocks of life)encourages the turn to life as the potentially universal site of resistance. Hence, we could argue that political vitalism takes the form of a neo-populism, which erects Life against the bloc of Power in a biopolitical populism. Contrary to Foucaults pluralization of power we find a return to the Great refusal, and the squaring-up of Life to Power re-enacts the dramas of repression and revolution that Foucault claimed to have done away with. Certainly there is no doubting the galvanizing effects of such a discourse. The tortured mediations of capitalisms indirect despotism, and the tortured meditations on this despotism, are replaced by a political division: the contest of life against death, the 99% against the 1%, the people against neoliberalism. This new populism constructs monolithic blocs and a fundamentally ethical relation of opposition to replace the failures of the discourse of politics. This may be why the late Foucaults articulation of parrhesia (truth-telling), as an ethico-political practice, gains such resonance in this moment. Foucault remarks, in his lecture series The Courage of the Truth (198384), that this practice is a mode of truth-telling designed to give some kind of form to this bios. Life is given a political form in an ethical act of truth-telling that risks life in the confrontation of power. This ethical practice in relation to the self is a style of existence that prefigures what Agamben will later call the form-of-life (although for Agamben this is focused on life as zo). It is the practice of the ancient Cynics that is the immediate embodiment of this practice, and this is a practice that operates as immediacy. Again we see how the ethical articulation of life operates directly, and how this immediacy dominates the conceptualizations of political vitalism. To act directly against power, through the

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form of ethical life, bypasses political mediation. Yet Foucaults account is again equivocal; while he links the Cynics practice of parrhesia to the practice of the revolutionary and the militant life we should not necessarily regard this as an endorsement, considering Foucaults own doubts on the function of militancy. I would suggest we be more skeptical about reinvigorating and revitalizing the tired trope of telling the truth to power in biopolitical form. In this case the activation of the subject seems to be borne at the cost of any sophistication of analysis, with the dream of another escape from the totalizing effects of capital. This is particularly true if we place this moment from the late Foucault alongside his lectures of 1978-79, titled The Birth of Biopolitics, which in fact reflect on the birth of neoliberalism. Foucaults own prescient reflections on the emergence of an active subjectivation in terms of the individual as enterprise-machine complicate his later tracing of resistant subjectivities. The activity of subjectivation, the articulation of freedom, is here bound to a neoliberal project that withdraws from the direct imposition of power. In addition, the proximity of Foucaults own style of analysiswith its emphasis on heterogeneity, historicity, and multiplicityto his sketch of neoliberalism is striking. Neoliberalism rejects the singular logic of capital for a description of various historical and institutional forms of capitalism, suggesting possible new capitalist rationalities. In the same way, Foucaults decapitation of Power into a historical multiplicity of circuits of power seems to trace a similar gesture. The result is that the ethical life of parrhesia appears more in the mode of historical inquiry than as a possible solution, whatever Foucault intended (which is no easy matter to analyze). GCh: Si la pregunta anterior pona el nfasis en la nocin de vida respecto de la posibilidad de una biopoltica afirmativa, sta lo hace a su vez respecto a la nocin de poltica. En su crtica a Foucault, Rancire considera insuficientes las relaciones de poder para dar cuenta de lo poltico. No habra propiamente en el pensamiento foucaultiano un concepto de poltica; ste se circunscribira ms bien al de polica. Ahora bien, esta crtica tiene el mrito de poner en juego el ser de lo comn y el modo como los sujetos participan de ste. Sin embargo, Rancire, al concebir la poltica como el desacuerdo (msentente) que la parte que no tiene parte entabla frente a la constitucin y participacin de lo comn, hace de la poltica siempre una poltica revolucionaria o de democracia radical. Si no se ponen en entredicho lo comn mismo y sus formas de reparto, cualquier otro tipo de discusin o de impugnacin pertenecera a la esfera de la gestin y administracin de los bienes comunes que presuponen un consenso respecto a su constitucin; se tratara de una cuestin de polica. No es ste el lugar, pero me gustara sugerir, frente a la frmula poltica igual democracia; polica igual gestin del consenso, la distincin y las mltiples relaciones complejas que Deleuze y Guattari establecen entre macropoltica y micropoltica, ms all de las oposiciones entre tica y poltica, entre lo individual y lo colectivo, entre lo pblico y lo privado. Los anlisis de Deleuze y Guattari, habr que recordarlo, se centran menos en los antagonismos y ms en una multiplicidad de lneas, molar, molecular y de fuga, que constituyen lo poltico. De todas formas, aun admitiendo la carencia en Foucault de un pensamiento acerca de lo comn, resulta extrao no apreciar en la agonstica entre las relaciones de poder y las resistencias, entre las tecnologas de gobierno de las conductas y las contraconductas, en definitiva, entre el poder y las prcticas de libertad, una impugnacin de un estado de cosas que arrastra, como hemos sealado ms arriba, a un franqueamiento de los lmites, que busca relanzar tan lejos y tan ampliamente como sea posible el trabajo indefinido de la Libertad (Foucault 1999, 348). Habr que pensar incluso lo que Foucault denomin poltica de la verdad y que atribuyo a su propio trabajo, en trminos de una poltica en realidad efectiva, precisamente all donde tiene su objeto, en la interrogacin permanente de las evidencias que se presentan bajo la forma de la necesidad y la universalidad. Una poltica de la verdad as concebida no dejar de impugnar la verdad comnmente establecida, establecida en el consenso forzoso de los regmenes de poder-saber. CM y LQ: Finalmente, una perspectiva que ha ganado bastante influencia en el debate contemporneo sobre la biopoltica, y que se cruza con las discusiones provenientes del as llamado comunitarismo impoltico (Agamben en la estela de Blanchot, Nancy, Bataille y el primer Esposito), insiste en que la interrupcin del poder sobre la vida supone repensar otras formas del ser-en-comn desde el nfasis en la inoperancia, es decir, desde la suspensin de la intencionalidad proyectiva de un sujeto (individual o colectivo) y de sus formas de accin. En la medida en que este nfasis en la inoperancia conlleva tambin un nfasis en la desubjetivacin (como alteracin radical e irreversible del sujeto), hasta qu punto no abre esto un contraste significativo con las reflexiones de Foucault en torno a la subjetivacin (como instancia tanto de sujecin como de resistencia)?

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Revista de Estudios Sociales No. 43 [Link]. ISSN 0123-885X Pp. 208. Bogot, agosto de 2012 Pp. 166-173.

Qu implicaciones tendra este contraste, tendiendo en cuenta a su vez, por un lado, la proximidad del Foucault temprano con pensadores que le han dado impulso a este comunitarismo impoltico, tales como Bataille y Blanchot; y, por el otro, el nfasis del Foucault tardo en relacin con la alteracin de la vida (de la mano, por ejemplo, de su lectura de los cnicos)? VL y MV: El problema de la inoperancia recobra su sentido slo dentro de un contexto gubernamental, es decir, dnde el gobierno deja ser la naturaleza de las cosas y a partir de estas interacciones fortuitas entre esencias se constituye, sin ninguna relacin con la intencionalidad y con el obrar de nadie, un esquema providencial que conduce todas las cosas hacia su ms propio bien. La idea de inoperancia en Agamben o de Gelassenheit en Heidegger es posible slo a partir de la gubernamentalidad neoliberal; ellas son, en ltima instancia, variaciones deconstructivas de la estructura providencial del gobierno, ya descubierta por Max Weber en su anlisis del espritu del capitalismo. La inoperancia de Agamben o la Gelassenheit de Heidegger demuestran lo difcil que es pensar una resistencia a una forma de gobierno que se basa en el laissez faire. En nuestra opinin, no era ste el camino del ltimo Foucault, en parte porque l nunca pens que el misterio de la economa divina (Agamben) o el misterio [de la economa] del ser (Heidegger) tenan algo esencial que decir sobre la economa poltica: Agamben y Heidegger hacen una forma de economa teolgica, mientras que para Foucault la economa poltica es una ciencia atea que probablemente escapa a cualquier modelo de secularizacin. Por eso, si se quiere pensar una alternativa a la economa poltica, sera una buena idea comenzar por repensar la economa poltica de manera cientfica y crtica (como Marx trat de hacer), en lugar de la manera post-secular que hoy comienza a estar de moda. Una manera de entender la relacin entre Foucault y el nuevo pensamiento de la comunidad se puede ver en el desarrollo de la obra de Esposito. Mientras que en Communitas Esposito est cerca de intuiciones heideggerianas acerca de la nada de la comunidad, en Bios, en cambio, se aproxima a la cuestin de la comunidad desde la perspectiva de la biopoltica afirmativa: la intuicin es que estamos en comunidad no tanto a travs de lo que nos debemos el uno al otro sino desde el horizonte comn de la vida; y desde la perspectiva de la vida, lo comn es la productividad de la distincin y del conflicto. Esta concepcin biopoltica de la comunidad es ms bien una concepcin heracltea, donde la comunidad se entiende a partir del polemos y de la coincidencia de los opuestos (de lo no-coincidente).

BN: Our reading and analysis of the present moment requires, I would argue, the de-theologization of life. We must take Foucaults insight into the formations of power and its capillary domination to dispute the schema of ethical contestation and the unmediated valorization of life. At the same time we must reengage Foucaults conceptuality with the horizon of global capitalism that he, implicitly, leaves as plural. The reason for this is that the theology of life reflects or refracts the theology of capitalism. The theological form of the commodity, as noted by Marx, is a theology of labor in which capitalism insists on the possibility of the transubstantiation of labor into value. In this schema capitalism itself is a political vitalism that hymns the powers of life, which it treats as external to its own form. Invoking a fundamentally parasitic capitalism vampirizing the powers of life is not sufficient to grasp the operations of capital and its own forms of subjectivation. Instead, the invocation of immeasurable and boundless life results in a mirror of vitalism, in which capitalist domination through life is treated as the site for a new hyper-transubstantiation. In the experience of the abandonment by capitalism of the surplus forms of life, which is to say ourselves, we should not, I would argue, trace a redemptive exodus. GCh: Entiendo la posicin de Agamben respecto a esa potencia suspendida o inoperante y de qu modo implica una forma de resistencia, una potencia de no, que ha tomado de Aristteles (adynamia). Se trata de una potencia que es simultneamente una impotencia: [s]e mantiene en relacin con el acto en la forma de una suspensin, puede el acto pudiendo no realizarlo, puede soberanamente la propia impotencia (Agamben 1998, 63). La frmula del Bartleby de Melville es ejemplar: el clebre escribano, ante todas las rdenes que lo conminan a ejecutar las tareas propias de su trabajo, no cesa de repetir: preferira no hacerlo. Teniendo la capacidad efectiva de hacerlo, Bartleby se resiste, no pasa deliberadamente de la potencia al acto. No veo en este caso, como algunos pretenden advertir, un trabajo de lo negativo que conducira al nihilismo; antes bien, una potencia de no hace explcita una potencia efectiva, un poder de no pasar al acto y la manifestacin de que se est en realidad en posesin de ese poder, el poder soberano de cualquiera de hacer o no hacer. Muchas veces se intenta oponer, como lo hace, entre otros, Antonio Negri, esta potencia de no en Agamben a la experimentacin de una vida afirmativa en Deleuze. Sin embargo, cuando Agamben al comentar el texto testamentario de Deleuze al que nos referamos antes da cuenta de la figura deleuziana de una vida, una vida

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Poder, vida y subjetivacin Vanessa Lemm, Miguel Vatter, Benjamin Noys, Gustavo Chirolla

Debate Dossier
que slo contiene virtualidades, acontecimientos, singularidades (Deleuze 2007, 350), y reconoce la realidad e inmanencia de una vida impersonal y asubjetiva slo constituida por virtualidades, esto quiere decir que los sujetos y objetos slo podemos asignarlos del lado de las actualizaciones. Segn Deleuze, [l]o que llamamos virtual no es algo a lo que le falte realidad [] (Deleuze 2007, 350). Una vida as entendida, afirma Agamben, seala la imposibilidad radical de establecer jerarquas y separaciones (Deleuze 2007, 509), y se opone al procedimiento que desde Aristteles mismo consiste en aislar una vida desnuda, a partir de la cual se establece una serie de funciones y oposiciones, entre ellas, vida vegetativa y vida animal, vida desnuda y vida polticamente calificada.
4. Deleuze, Gilles. 1995. Conversaciones. Valencia: Pre-Textos. 5. Deleuze, Gilles. 2007. Dos regmenes de locos. Textos y entrevistas (1975-1995). Valencia: Pre-Textos. 6. Esposito, Roberto. 2006. Bios. Biopoltica y filosofa. Buenos Aires: Amorrortu. 7. Foucault, Michel. 1999. Qu es la Ilustracin? En Esttica, tica y hermenutica. Obras esenciales. Vol. III, 335-351. Barcelona: Paids. 8. Foucault, Michel. 2007. La vida: la experiencia y la ciencia. En Ensayos sobre biopoltica. Excesos de vida, comps. Gabriel Giorgi y Fermn Rodrguez, 41-58. Barcelona: Paids. 9. Foucault, Michel y Duccio Trombadori. 2010. Conversaciones con Foucault. Pensamientos, obras, omisiones del ltimo matre--penser. Buenos Aires: Amorrortu. 10. Macherey, Pierre. 2011. De Canguilhem a Foucault: la fuerza de las normas. Buenos Aires: Amorrortu. 11. Ruiz, Miguel y Miguel Vatter (Eds.). 2011. Poltica y acontecimiento. Santiago de Chile: Fondo de Cultura Econmica.

Referencias
1. Agamben, Giorgio. 1998. Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida. Valencia: Pre-Textos. 2. Agamben, Giorgio. 2007. La potencia del pensamiento. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora. 3. Deleuze, Gilles. 1986. La imagen-tiempo. Estudios sobre cine 2. Barcelona: Paids.

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