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Entre Tupas y Perros

Este documento es una carta abierta de Daniel De Santis dirigida a Eleuterio Fernández Huidobro, dirigente histórico de los Tupamaros. En la carta, De Santis expresa su sorpresa y dolor luego de leer el libro de Fernández Huidobro "En la nuca", donde se acusa al PRT-ERP de haber dado "un golpe en la nuca" a los Tupamaros. De Santis se presenta brevemente, contando su militancia política desde joven y su ingreso al PRT-ERP. Manifiesta quer

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Entre Tupas y Perros

Este documento es una carta abierta de Daniel De Santis dirigida a Eleuterio Fernández Huidobro, dirigente histórico de los Tupamaros. En la carta, De Santis expresa su sorpresa y dolor luego de leer el libro de Fernández Huidobro "En la nuca", donde se acusa al PRT-ERP de haber dado "un golpe en la nuca" a los Tupamaros. De Santis se presenta brevemente, contando su militancia política desde joven y su ingreso al PRT-ERP. Manifiesta quer

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E ntre Tupas y Perros

Carta abierta a Eleuterio Fernndez Huidobro a propsito de la experiencia guerrillera en Amrica Latina

Daniel De Santis

E ntre Tupas y Perros

Carta abierta a Eleuterio Fernndez Huidobro a propsito de la experiencia guerrillera en Amrica Latina

Daniel De Santis

N DICE

Prlogo de Luis Horacio Santucho...................................... Introduccin........................................................................... Carta abierta a Eleuterio Fernndez Huidobro................. APNDICE: a. Un postergado debate (una respuesta a Luis Mattini)......... b. La lucha obrera en Propulsora Siderrgica y las Jornadas de junio y julio de 1975.............................

...el MLN Tupamaros, el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), el Ejrcito de Liberacin Nacional (ELN) y el Ejrcito Revolucionario del Pueblo (ERP), llaman a los trabajadores explotados latinoamericanos, a la clase obrera, a los campesinos pobres, a los pobres de la ciudad, los estudiantes e intelectuales, los cristianos revolucionarios y a todos aquellos elementos provenientes de las clases explotadoras dispuestos a colaborar con la justa causa popular, a tomar con decisin las armas, a incorporase activamente a la lucha revolucionaria antiimperialista y por el socialismo que ya se est librando en nuestro continente bajo la bandera y el ejemplo del Comandante Guevara.

A los pueblos de Amrica Latina, Che Guevara, Revista de la Junta de Coordinacin Revolucionaria, n 1, noviembre de 1974

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Carta a un Tupamaro

N OT A SO BRE LA EDICIN :

El libro que el lector tiene entre manos se compone de tres textos. El primero (y que constituye su cuerpo central) es un extenso debate entre el autor, militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT-ERP) de Argentina y Eleuterio Fernndez Huidobro, el dirigente tupamaro uruguayo, a propsito de las causas de la derrota de los aos '70. Ha sido escrito exclusivamente para esta edicin. A los efectos de aclarar aspectos del debate que el lector pueda desconocer, se editan tambin como apndice dos trabajos ms de Daniel De Santis. Uno de ellos est destinado a la polmica con Luis Mattini acerca de la divisin del PRT en el exilio. El otro busca informar sobre aspectos de la lucha de clases en la coyuntura revolucionaria y el lugar que De Santis ocup en ella. Ambos circularon en versiones que han sido corregidas para esta ocasin, el primero en diferentes formatos y publicaciones, el segundo, en la revista Taller.

Los Editores

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Daniel De Santis

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Carta a un Tupamaro

Luis Horacio Santucho

PRLO GO

Desde el alma y con dolor, cual si fuera el Gaspar Ruiz de Joseph Conrad, noble guerrero sanmartiniano, el compaero Daniel De Santis, empapado de pasin revolucionaria, reconstruye la historia de su amado PRT-ERP, la suave doncella esplendente de los tiempos del vencer o morir por la Argentina. El Teniente Federico Mndez, sobreviviente de la guerrilla del EGP al mando del Comandante Jorge Ricardo Masetti, dijo alguna vez que haba que esperar 20 aos para escribir la historia de esa experiencia revolucionaria. Lamentablemente, este heroico guerrillero falleci cuando se dispona a exhumar los dolorosos recuerdos, guardados respetuosamente entre el silencio y el ninguneo de propios y extraos. Su compaera Sara y sus hijos conservan escrupulosamente la memoria de este acontecimiento frustrante en la historia de la guerra popular y se mantienen indignados y decorosos ante las mltiples versiones en torno a este fallido intento guevarista. Ms tarde, otro egregio guerrero de la revolucin, Carlos Samojedny, desaparecido en el fallido intento de copamiento al Regimiento 3 de La Tablada, el 23 de enero de 1989, haba escrito la historia del PRT-ERP y ah est, an guardada bajo el rescoldo de amor de su compaera Cintia Castro. Otros por el contrario, y al mejor estilo de un Regis Debray adocenado, prefirieron escribir la historia desde el sitio de la asepsia absoluta o desde la psicosis del arrepentimiento preclusivo, y cuando an todos aturdidos por los fogonazos de Monte Chingolo y la divisin perretiana en el exilio.
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Daniel De Santis

De este modo nace la primera versin de la historia del PRTERP, bajo la pomposa denominacin de Hombres y Mujeres del PRT-ER, escrita por el renunciante y responsable directo de la posicin liquidacionista que se fue elaborando posteriormente en un sector del partido. As llega este Seor K, que ve siempre desde lejos, envuelto en el aroma pulcro de su atalaya intelectual, increpando en duros trminos a la doncella revolucionaria. As aparecen los siguientes eptetos arrojados impunemente: soberbia elitista, infantil interpretacin del proceso cubano, foquistas, espritu de clan casi de gens en el FRIP, El V Congreso comete un error fatal al declarar la guerra revolucionaria en la Argentina. Hasta alcanzar, vaco de sutileza, la figura del Comandante: Santucho no entiende la poltica, impulsivo, son algunos tramos ejemplificadores del dao inferido al honor de la generacin ms brillante de la historia argentina. Lamentablemente, desde esta algazara derrotista, Eleuterio Fernndez Huidobro hace suya esta devaluada y desacreditada versin de la historia del PRT-ERP. En funcin de ello, condena arbitrariamente el proyecto ms claro de poder en la Argentina setentista. Digna y triste respuesta la de Daniel De Santis, porque hay tristeza cuando se responden golpes upalleros. Pero a la vez digno y altivo, reivindicando la verdadera verdad de una historia que debe ser contada sin ocultamientos pero al mismo tiempo aventando la espesa niebla del diversionismo ideolgico, como deca nuestro Comandante Santucho. Por ello aqu est la respuesta de un autntico revolucionario de estirpe. Digna y triste como la mirada de Ral Sendic, que desde algn sitio horada la conciencia de todos nosotros

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Carta a un Tupamaro

DESDE EL AL MA Y CON DOLOR Carta abierta a Eleuterio Fernndez Huidobro

En la Ctedra Che Guevara que coordino aqu en la ciudad de La Plata, tenamos programada, como cierre del curso Las Revoluciones del siglo XX en Amrica Latina, la clase sobre los Tupamaros. Habamos tenido la suerte de contar, en clases anteriores, con compaeros de pases limtrofes: Bolivia, Chile y Brasil que nos ilustraron, mucho mejor de lo que podamos hacerlo nosotros, sobre sus respectivos procesos de lucha. En el caso de Uruguay intentamos invitar un dirigente histrico de la hermana organizacin Tupamaros, invitacin que no pudimos concretar. Dadas as las cosas, no hubo otro remedio que ponerse a leer de apuro. Contbamos, entre otros textos, sus tres tomos sobre la Historia de los Tupamaros. Consultado un librero amigo nos recomend lo que podramos llamar el tomo 4, que no conocamos, titulado En la nuca. El martes 7 de setiembre a las 6:30 hs. de la maana, pronto a salir para contribuir como fiscal de mesa con la lista de la alianza de izquierda en las elecciones sindicales de CTERA (gremio docente al que pertenezco desde poco tiempo despus de mi retorno del exilio, en diciembre de 1983), hoje las primeras pginas. Muy grande fue mi sorpresa al leer que tenamos, el PRT-ERP, una destacada actuacin en el golpe en la nuca propinado a los Tupamaros. Dada la poca afluencia de votantes, y previo aclararle a mi ocasional contrincante que si bien yo era bastante locuaz tena que preparar una
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Daniel De Santis

clase para el viernes siguiente, me dediqu, en esas 10 horas de votacin, a devorar las pginas de En la nuca, lectura que me caus un tremendo impacto emocional y me dej una mezcla de desazn y dolor que motivan esta carta. A mod o de pr esentaci n Usted probablemente no me conozca, salvo que haya reparado en mi presencia en la feria del libro de Buenos Aires de 1995, cuando se acerc a saludar a Luis Mattini. En aquella oportunidad, me toc hacer de panelista en la presentacin de la reedicin del libro de ste, Hombres y mujeres del PRT-ERP, que usted utiliza en las citas de En la nuca. Le recuerdo que mi intervencin gener una situacin de tensin en el autor y dems co-presentadores, debido a mi caracterizacin de comunista ortodoxo y no inspirado en el marxismo latinoamericano del libro (cosa que no le poda sorprender al autor, con quin haba polemizado duramente en varias oportunidades y en particular en el proceso de nuestra divisin, ni al editor, a quin le haba advertido de mi posicin). Paso a presentarme en los trminos que creo vinculados con el tema que nos ocupa. Nac en 1948. Soy originario de Chivilcoy, ciudad de la pampa gringa de la provincia de Buenos Aires en la que varios miles de campesinos sin tierra se convirtieron en chacareros (gracias a un efectivo programa de colonizacin) y en la que poco despus, sus trabajadores, el 1 de mayo de 1890, realizaron uno de los cuatro actos fundadores del movimiento obrero argentino. Quizs influenciado por la activa militancia radical de mi padre y la formacin catlica de mi madre y abuela me inici de muy nio en la militancia. Primero en agrupaciones catlicas y luego, tambin, en el centro de estudiantes de mi escuela secundaria. En la poca en que cursaba el cuarto ao mantuve, dentro de la Accin Catlica, una polmica contra la posicin saavedrista, rosista, peronista y antisemita del Cura y en defensa de la Revolucin de Mayo, de Mariano Moreno y con16

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tra el antisemitismo, la que marc el inicio de mi ruptura con la Iglesia Catlica. Llegu a La Plata en enero de 1966 para estudiar en la Universidad. A poco de eso se produjo el golpe de estado del 28 de junio y, como muchos otros jvenes, fui conmovido por la intervencin a la Universidad y por el golpe mismo ya que, como dije, provengo de una familia de activos militantes radicales. En octubre de 1967, recibimos con dolor la cada del Che Guevara y en enero del ao siguiente seguimos con sumo inters la ofensiva del ao nuevo lunar del Vietcong contra los yanquis. Al promediar esta ofensiva sent que no slo la razn me vinculaba con los vietnamitas, sino que mi corazn ya lata junto a ellos. El Che y los vietnamitas me ganaron para las ideas del socialismo y me puse a militar en una agrupacin que curiosamente se llamaba Movimiento de Liberacin Nacional, pero no Tupamaros sino Malena. La mayor parte del tiempo de nuestra militancia era ocupado por la solidaridad con la recin nacida CGT de los Argentinos, cuyo peridico vendamos, y con la heroica huelga de 61 das que sostuvieron los seis mil obreros petroleros de la Destilera de Berisso. El Malena reivindicaba la revolucin cubana, pero no a la guerrilla, aunque yo an no cerraba posicin al respecto. Al ao siguiente, 1969, hice la colimba y de regreso mi MLN, Cordobazo y Rosariazo mediante, se haba disuelto. Los compaeros con los que me reun hablaban de la tupamarizacin, idea a la que adher inmediatamente, ya que la brillante lnea operativa de los tupamaros a muchos nos haba ganado para la estrategia guevarista. Unos das antes de comenzar a escribir esta carta comentaba esto a dos compaeras del PRT de mi misma edad. Les dije que el Che y los vietnamitas me haban ganado para el socialismo, pero que los que me haban ganado para la guerrilla haban sido los tupamaros. Me contestaron que ellas sentan lo mismo. Como dice el cantor que tuvieron ustedes, una gota con otra se hace aguacero. En esta poca, comenzaban las acciones guerrilleras en la Argentina y tanto los diarios como la poblacin decan: fueron los tupamaros. No por confusin sino porque de este lado del Ro de la Plata lleg primero la palabra tupamaro que guerrillero.
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Despus de estar un ao sin pertenencia orgnica, me decid por los que tenan una clara concepcin marxista, una lnea operativa muy dinmica y que mejor realizaban la propaganda armada. Entonces, me incorpor al PRT y al ERP como militante del frente universitario. A finales del 71, en una reunin de la agrupacin universitaria, un compaero de incipiente bigote, muy bajito, muy chiquito y muy buen militante nos dijo que l, por problemas personales, por un tiempo no iba a poder venir a las reuniones, pero que nosotros no nos desalentramos ya que l iba a volver a militar. Me llam la atencin que sus palabras no transmitieran tristeza sino conviccin. No lo vimos ms ni supimos de l hasta que en El Combatiente, peridico del PRT, lemos un comunicado del MLN Tupamaros que deca: el 22 de agosto de 1973 fueron asesinados en el cuartel Florida, de Montevideo, los compaeros Walter Arteche y Gerardo M. Alter, miembros de MLN Tupamaros. Alter era tambin militante del PRT y combatiente del ERP y haba sido enviado al Uruguay en ejercicio del internacionalismo proletario, concepcin comn a ambas organizaciones. A partir del 72, comenzaron a llegar uruguayos a la Argentina. La solidaridad con ellos y una escuela poltica con compaeros bolivianos (que funcionaba clandestinamente en una casa que me haban prestado), me hizo comprobar que lo del internacionalismo para el PRT no era una cuestin slo de declaraciones o de programa. Sabamos que en el ERP militaban muchos tupas y que su tarea era de primera. Gran admiracin causaban las obras de ingeniera clandestina que los comentarios atribuan fundamentalmente a nuestros vecinos. Se hablaba de las tatuceras, esas cosas mitolgicas que ellos haban construido en su paisito sin montaas ni bosques. Ese mismo ao haba dejado la universidad y me haba proletarizado1. Fue lo mejor que me pas en la militancia. Trabaj en fbrica hasta mediados de 1975 y particip en la lucha de sus trabajadores. A fines de julio, el PRT realiz la reunin del Comit Central Ampliado Vietnam Liberado, con la presencia de compaeros de la Junta de Coordinacin Revolucionaria2 (el Mayor Snchez de Bolivia, Edgardo Enrquez de Chile y Juan
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-por lecturas actuales supongo que se trata de Flix Bentn- un Peludo del MLN). En esta reunin se entregaron condecoraciones por acciones militares y trabajos de masas, siempre guard como uno de mis mayores orgullos el diploma por el trabajo de masas que me entreg el Peludo tupamaro Juan, quin, recuerdo, haba perdido un ojo en la lucha de clases, no s si por la explotacin o en un combate (un culatazo, me dijo hace poco Cacho Ledesma). Aos despus mi hijo mayor cav todo el jardn de su abuela, buscando el pergamino que desafortunadamente, para ambos, se haba tragado la tierra. En aquella reunin, el Negro Carlos Ferreyra, un tucumano, militante de base hasta ese momento y obrero de la gran industria en Buenos Aires, me propuso para integrar el CC, propuesta que fue aprobada. En mayo-junio de 1977, mientras cumpla una tarea en el exterior junto a otros compaeros, se produjo la cada de la estructura nacional del PRT, lo que motiv que replegramos hacia el exterior a los grupos de compaeros sobrevivientes y que nos quedramos los que ya estbamos. Luego, ante la incapacidad de organizar el retorno, se produjo la divisin del Partido. Esta signific, para casi todos nosotros, la mayor tragedia de nuestra vida militante. El PRT lo era todo, all nos habamos formado, con l tenamos puestas las esperanzas de construir un mundo mejor, le habamos dedicado los mayores esfuerzos, habamos contribuido a su construccin, habamos abierto frentes, construido zonas y dirigido regionales, lo habamos ligado al proletariado de las grandes fbricas y dirigido muchas de sus luchas: estbamos derrotando al populismo en sus mismas entraas y, despus de muchos aos de hegemona peronista, la juventud obrera se estaba haciendo socialista. En l aprendimos a combatir, a tener miedo y controlarlo. El estrecho pero fructfero marco de la clula nunca fue un obstculo para nuestro desarrollo individual, por el contrario, el Partido lo potenciaba, tenamos nuestros amigos y nuestros amores. Habamos perdido a muchos entraables compaeros, pero el Partido era nuestra casa, nuestra familia y tambin nuestro padre. Yo me fui con mi sector a militar a Nicaragua. En esos aos de divisin y soledad, cuando las fuerzas flaqueaban, tuve un
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amigo, El Coco, que era un militante tupamaro. En una de esas conversaciones de exiliados nostlgicos, llenas de dolor por todas las prdidas que se nos juntaban, escuch de Coco el mejor de los elogios, de esos que ayudaban a llenar un rinconcito del vaco en el alma que tenamos. Me dijo que le haca acordar a los viejos militantes tupamaros. Aos despus, a fines de los 80, calculo, me encontr en Buenos Aires con un dirigente del MLN. Despus de varias horas de conversacin, cuando la charla deriv hacia Nicaragua, le describ a mi amigo tupa. Lleg a la conclusin que Coco era su hermano. No pas mucho tiempo para que viajara a Montevideo a visitar a mi amigo del exilio. Al encontrarme con el dirigente del MLN me dijo que estaba confundido, que Coco no era su hermano, no exista, Coco se transform en una entelequia. Regres con cierta incertidumbre.... Luego hice algunos intentos de vincularme al MLN, pero todos estuvieron regidos por una formalidad rayana en el ms polar de los fros. Algo comenc a sospechar cuando hace unos aos Juan Carlos Cacho Ledesma me dijo que los tupamaros estaban enojados con el Gringo Menna porque haba influido en ellos en la poca de la Junta de Coordinacin Revolucionaria. Estos desencuentros fueron inexplicables, para m, hasta la maana del 7 de setiembre de 2004. Comenzar citando ampliamente todo lo referido al PRTERP de En la nuca, para responder, primero, apreciaciones parciales que usted hace y, luego, las dos cuestiones de fondo: la supuesta colonizacin del MLN por el PRT y su opinin acerca de que fue nuestra ideologa la que nos llev al desastre. La similitud en la derrota de ambas organizaciones y las crisis posteriores que llevaron a sus respectivas fragmentaciones son tan similares, cosa que intentar demostrar, que me ver en la obligacin de relatar los hechos e ideas que provocaron la nuestra. Desde haca algunos veranos, le vena prometiendo a mis jvenes compaeros que escribira sobre este tema pero nunca haba encontrado el empuje para meterme en tan dolorosos y tristes sucesos. Para bien o para mal, el tiempo dir, usted me ha dado el empujn que me faltaba.

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Carta a un Tupamaro

En la nu ca Usted comienza el tomo 4 de su Historia de los Tupamaros (En la nuca), con una de cal: Hay que entrar con mucho respeto en la Argentina de 1975. Vamos a tocar lugares, personas, pueblos que llegaron a los puntos ms altos de herosmo (...) Nivel slo parangonable en la regin y hasta la fecha con el 1810. (...) Esa es por lo tanto nuestra pr imer a concl usi n . Conclusin con la que estamos de acuerdo. Luego contina relatando que, en 1985, se reunieron la mayora de los tupamaros en la Tercera Convencin Nacional del MLN, que marc el comienzo de su reconstruccin. El tema de la autocrtica fue uno de los centrales. Y nos dice que entre las cuarenta y tres tesis sobre el temita, estaba la suya que sostena que: El gran golpe al MLN se produjo despus de 1972 debido a las gravsimas decisiones tomadas en Chile y en Argentina. Entre ellas hubo una que result fatal: se r eso lvi l a au to crtica . () Esta autocrtica y sus funestas consecuencias deberan formar parte de la de hoy. Autocrtica de la autocrtica porque fue el golpe en la nuca del MLN. () En los casos de ms cruda responsabilidad, los que entonces dirigan con absolutismo al MLN y lo transformaron por decreto en el Partido del proletariado para sacarlo de sus deformaciones pequeo burguesas (causa principal, segn ellos, de la derrota de 1972), terminaron en el Partido Nacional unos y en el Colorado otros... Hasta hoy. Traicionaron desde la direccin suprema, abandonaron en plena batalla armas y bagajes (...) Pero no estuvieron solos: muchos los acompaaron (...) y muchos () acompaaron las disparatadas conclusiones tericas. El agujero negro en la historia del MLN y en especial la nica autocrtica oficial y orgnica elaborada hasta la fecha reconoce orgenes varios y muy comprensibles. Luego contina citando otro de sus libros, escrito en colaboracin con Graciela Jorge, Chile Roto. All leemos que:
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Daniel De Santis

En febrero de 1973 los tupamaros de Uruguay, Argentina y Chile realizan una importantsima reunin en Via del Mar. A ese encuentro lo llamaron Simposio (). En Chile, los uruguayos descubrieron a las masas movilizadas. () Se dice en Via del Mar que el principal error del MLN () era la debilidad ideolgica: no habamos sido suficientemente marxistas-leninistas. Por lo tanto () se pasa a transformar al MLN en un Partido (El Partido), recaracterizar a los cuadros y a una campaa (...) de formacin ideolgica proletarizando a los militantes (en su mayora, segn el Simposio, pequeo burgueses o influidos por la pequea burguesa y sus deformaciones...). () El MIR chileno y f unda mentalm ente 3 el PRT argentino cobrarn una influencia y un peso determinantes en la vida interna del MLN. Habr una colonizacin ideolgica. Un vicio -la copia- del que los tupamaros se venan salvando al extremo que su heterodoxia los caracterizaba. Se crea la Junta de Coordinacin Revolucionaria entre el MIR chileno, el ELN boliviano, el PRT argentino y el MLN uruguayo. Se funda y comienza a funcionar en Chile una aplastante escuela de cuadros internacional. () Este proceso va a ser el golpe en la nuca del MLN. Se trataba, como los hechos demostraron despus, de una sofisticada racionalizacin de la derrota y de la falta de respuestas (o falta de ganas) frente a lo que haba que hacer -concretamente- en el Uruguay. () Via del Mar, Chile, febrero de 1973, es el comienzo de lo que va a conducir, en dos aos, a la atomizacin del MLN (...). Como la crtica de sus dichos nos llevara a un ir y volver permanente a su libro, prefiero citar, ahora y de un tirn, todo lo que le hace falta saber al lector para comprender el debate. Cito, entonces, extensamente y sin comentarios, a Huidobro: El dedo est puesto en la llaga por algo que tambin sigue surgiendo, como fantasma que no cesa, desde Argentina: el tono paternalista. Forma parte, a nuestro juicio, de una estructura ideolgica o, ms bien, psicolgica, que por lo general condujo y conduce al desastre. Fantasma porque vamos a demostrar que ese paternalismo dio sus frutos en 1975. El PRT-ERP colo22

Carta a un Tupamaro

niz ideolgicamente a la Direccin del MLN (entendiendo por tal no slo al grupo que la ocupaba sino a su entorno de colaboradores). Debido a ello el MLN pas, por decreto, a ser el brazo armado del Partido que comenz a construirse seleccionando para ello, a dedazo limpio desde la Direccin, a los cuadros que por su extraccin de clase o su nivel terico en la ciencia del marxismo-leninismo o por su firmeza ideolgica estaban en condiciones de dirigir al resto. () Para poder llevar adelante la mproba tarea (no careca de audacia el disparate) se decret desde el Bureau Poltico (que por un restito de pudor fue denominado Comisin Poltica para su traduccin uruguaya) un descomunal y macarrnico proceso llamado de recaracterizacin de los militantes a lo largo y ancho del por entonces inmenso MLN. () Se tomaron otras dos importantes medidas para construir el Partido y corregir los errores del pasado. A una se la llam Proceso de homogeneizacin ideolgica. La denominacin, por s sola, ya es temible. Y elocuente. Para ello se constru-yeron -no poda ser menos- unas formidables aplanadoras denominadas Escuelas de Cuadros, destinando ingentes recursos materiales y humanos tanto en Chile como en Argentina. Por aquellas trituradoras deban ir pasando los pobres tupamaros para ser cortados parejito sacndoles, como en mquina de picar carne, las densas nervaduras pequeo-burguesas causantes de la derrota del 72. Para complementar la colosal tarea de homogeneizar -se trabajaba febrilmente-, los mimegrafos y las imprentas clandestinas sudaron ros de tinta editando manuales de estudio (elaborados por la direccin) sobre el marxismo-leninismo. Los que tenemos a la vista -pruebas documentales de lo que venimos diciendo e insuperables piezas de museo- no tienen desperdicio en materia de catecismos pero tampoco tenan ninguna novedad: los viejos militantes de la izquierda tradicional uruguaya (aquella de la que nos habamos ido para fundar el MLN) ya los habamos sufrido como tres o cuatro veces a lo largo de nuestra doliente vida. Casi todos esos cuadernillos coleccionables y de lectura obligatoria so pena de baja inmediata, terminan ordenando tres o cuatro lecturas de apoyo (Marx, Lenin, Mao, Engels...)
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Daniel De Santis

que montaban a veces la friolera de unas cuatrocientas pginas por cuadernillo... Era, como se ve, algo muy apropiado para la clase obrera y para transformar la recua de pequeoburgueses en ciclpea falange de hoplitas proletarios. La otra gran medida destinada a dar cabal cumplimiento a la autocrtica consisti en lo que dio en llamarse al principio: Proceso de proletarizacin de los militantes. Sin embargo, y antes de pasar adelante, debe decirse que la palabra proletarizacin dio lugar a una polmica de fondo en el seno de la brillante Direccin que nos conduca. Finalizada la misma, que fue larga y tendida, emitieron el veredicto: En el Partido, la palabra que deba utilizarse era peludizacin. Gracias a esa genialidad, el proceso pas a llamarse entonces Proceso de peludizacin de los militantes y las profundas razones y significacin de tal cambio fueron, para que nadie se animara a sonrer tan siquiera, eruditamente fundamentadas en largas diarreas tericas abarrotadas de citas clsicas... () Pero, la peludizacin, esa cosa, no qued reducida a libros: la militancia debi pasar por un dantesco proceso f si co. Peludizarse era vestir, comer, cortarse el pelo de cierta manera, en especial las compaeras, realizar mucho trabajo fsico y de ser posible vivir en colonias anaerobias... Como ciertos protozoarios. Este patolgico fenmeno es por otra parte muy conocido. Cualquier estudiante de psiquiatra puede describir causas y consecuencias. Las sectas son tan viejas como la humanidad y no pueden existir sin dogmas. Tambin sabemos, cualquiera lo sabe, que este tipo de partidos produce, segrega -y fatalmente- el jugo de la superioridad. Los elegidos estarn orgullosos de serlo y en el mejor y ms complaciente de los casos tratarn a los dems con un benevolente paternalismo, tanto a las masas atrasadas como a las dems desgraciadas organizaciones amigas que an no han llegado a escalar la cordillera ideolgica desde la que nosotros los vanguardizamos -mal que les pese- por no poder llegar a ser parte del partido que representa indudablemente los intereses histricos del proletariado de los que ni la mismsima clase obrera, pobrecita, es consciente. Si a todo esto le agregamos unas gotas de
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lucha armada, el cctel resultante puede ser pavoroso. () Los tres o cuatro conceptos: el Partido dirigiendo al Ejrcito, la proletarizacin, la importancia desmesurada de las Escuelas de Cuadros y los rganos Centrales de Lnea y Formacin, la imprescindible homogeneizacin ideolgica, adems de ser universales en la materia (como leyes fsicas que rigen este tipo de fenmenos) son fundamentos explcitos del PRTERP y podemos demostrarlo con documentos a la vista. Aquellos dirigentes del MLN fueron encandilados por la verbor rag ia tro scoi dal per retista muy co no ci da po r los v iejo s Tupam aro s4. Por cuatro causas. U na: por su juventud en el MLN y -paradjicamente- por su extraccin de clase en el sentido de sus antecedentes militantes. Otra: porque algunos de ellos, habiendo sido derrotados en la I Convencin Nacional de enero de 1966 cuando propusieron exactamente lo mismo, se tuvieron que ir pero luego, reconociendo su error, abandonaron el Partido que en vano trataron de construir y reingresaron al MLN, llegaron por casualidad y por nuestros propios errores a la Direccin y dando otra vuelta de carnero para atrs, con la cancha libre, impusieron a partir del Simposio de Via del Mar la receta que no pudieron imponer en la I Convencin del MLN. La crucial opcin estratgica dirimida en enero de 1966 fue revisada en 1973 como parte sustancial de la autocrtica. Los que se impusieron en la I Convencin Nacional, del MLN, fueron derrotados siete aos despus sin que casi nadie se diera cuenta. Subrepticiamente. Detrs de la denominada desviacin ideolgica como explicacin de la derrota del 72 vena, de contrabando, una formidable revancha y un destino que ya haba sido previsto en 1966 cuando la mayora de aquella Convencin tambin fue caracterizada como pequeoburguesa por la minora. Segn ellos, no comprendamos la importancia del Partido y, por lo tanto, que esa era la gra n ta rea. A la mayora se nos ocurra la frivolidad pequeoburguesa de fundar el MLN. Otra : porque a falta de anlisis y respuesta serios vena muy bien esta envasada explicacin que explicaba todo sin explicar nada.() Otra : tal vez la decisiva: se necesitaba urgentemente una
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buena racionalizacin, lo ms grandilocuente e izquierdista posible para justificar lo injustificable: quedarse en el cmodo para los dirigentes- exilio, sin arriesgar, de ser posible, un milmetro de pellejo, una gota de hemoglobina propia. Porque todo esto se hace mientras en Uruguay ocurren acontecimientos histricos decisivos. Mientras en Chile se monta y produce la epopeya y la tragedia. Mientras en Argentina y en Bolivia se desatan batallas definitivas. Esta causa resulta irrefutable: los principales dirigentes huiran a la postre, vergonzosamente y para siempre, rumbo a Europa. Despus de hacer tanto desaguisado, se bajan del caballo por la izquierda. Se van del MLN con una rimbombante declaracin autocrtica: segn ellos, renuncian al intento idealista de transformar una organizacin tan pequeoburguesa como el MLN en un Partido Proletario. () Ese nacionalismo -tpica desviacin pequeo-burguesa, segn ellos- fue uno de los centros de su autocrtica devenida en lisa y llana crtica trapera a los viejos tupamaros que no se podan defender porque estaban muertos, presos, o perseg uid os i nterna men te por esta gente. Ingobernables porque fue all, en la base, en la historia, en las crceles, en el exilio heroico y en la clandestinidad peleadora de Uruguay, donde se mantuvo viva la llama de nuestra identidad. Se van entonces por la ultraizquierda diciendo que a fundar el Partido del Proletariado para entrar poco despus, triple salto mortal, en las proletarias filas de Wilson Ferreira Aldunate (). A Sendic estos proletarios de pacotilla lo transformaron en 'modelo' de material plstico para la peludizacin (por suerte no lo pudieron broncear), sin confesar que Ral -como ellos saban muy bien- jams acept, dados tal vez sus antecedentes socialistas, a Lenin dogmticamente (aquel canario se animaba a hacerle crticas nada menos que a Lenin...) y mucho menos al materialismo dialctico en el marco de una hereja rayana en la excomunin varias veces. Ral era, para ellos, modelo de proletario marxista-leninista por el modo de vestirse... Esa sarcstica patraa result intragable por ms disciplinados que fueran (que nunca lo fueron mucho gracias a Dios) los tupamaros. Porque esta gente copi -como siempre pasa cuando se
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copia- lo peor del Perret. Organizacin y proceso que por otra parte eran muy conocidos por Sendic (El Trosco) y los viejos tupamaros. Habamos ledo a Nahuel Moreno... Buenas palizas tericas se haban llevado aos antes algunos charlatanes de feria que luego fundaron el PRT-ERP despus que los echamos del MLN por desertores y cuentamusas en plena derrota de diciembre de 1966. Tal el caso de Joe Baxter (ver Historia de los Tupamaros por E.F. Huidobro Tomo III, pginas 74 y 89), quien pocos aos despus aparece en pleno Congreso del PRT como mano derecha de Santucho y delegado nada menos que de la IV Internacional (fue peronista de derecha, luego pro-chino, despus tupamaro, posteriormente dirigente del PRT-ERP, trotskista cuando Santucho dejaba de serlo, conspirador contra Santucho, fraccionalista y a la postre sinvergenza acusador -desde Chile y a buen resguardo como siempre- de los fugados de Trelew... Nada menos. Muri en su ley: viajando a Pars se le cay el avin en Orly), deslumbrando con su parafernalia terica al PRT. Oigamos: Santucho se present acompaado de un extrao personaje que pareca saberlo todo, no tener la mnima duda y dar por sentado que todo lo que se haba discutido acerca de las formas de llevar adelante la guerra revolucionaria no tena absolutamente ningn valor, hablaba con la soltura con la que poda haber hablado el general Giap despus de haber derrotado a los norteamericanos en Vietnam. Este seor fue presentado con el nombre de guerra Rafael, y despus se supo que se trataba del famoso Joe Baxter. (Luis Mattini, Hombres y mujeres del PRT-ERP. p. 58.) Mattini, nico sobreviviente junto con Gorriarn de la Direccin del PRT-ERP, agrega en la pgina 99: En realidad este personaje result ser, tal cual lo intua la base en el V Congreso, un tpico chanta (difcilmente pueda encontrar en el castellano una palabra ms apropiada que este lunfardo para calificar a Joe Baxter, un charlatn del cual no consta su participacin efectiva -mucho menos como jefe- en ninguna operacin del ERP). Baxter hizo con el tiempo y sin saberlo una genial carambola a tres bandas:
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deslumbr a los del PRT, quienes con la misma verborragia deslumbraron luego a la Direccin del MLN que as compr un tranva de tercera mano cuyo origen y fin provena... del MLN! Si habremos lavao cebaduras en Montevideo discutiendo con Baxter en 1964 y 1965 para lograr descubrir que era un chanta! () Pues a dos aos de la autocrtica oficial y orgnica, quienes la hicieron, impusieron, y aplicaron ya la estaban autocriticando tajantemente; presos en las mallas de esa enfermedad propia de las derrotas: la autocriticonitis aguda, no pararn. Los pequeoburgueses, como se ver, siguen siendo los dems y al barrer. En ella reconocen plenamente (y sta no es la nica prueba que tenemos) haber cado en una desviacin trotskista (eufemismo por no nombrar a Mario Roberto Santucho, concretamente). () Los renunciantes se autodisolvern (autocrtica suprema) apenas dos aos despus (1977), entrando alegremente en ambos partidos tradicionales, donde no sabemos cuntos desastres y autocrticas ms habrn causado. No le deseamos mal a nadie pero ojal no hayan perdido capacidad. Por ltimo, cabe sealar que este tramo final del triste proceso se vive a fines de 1974 y principios del 75. Los renunciantes no se irn solos: muchos se unirn, entusiasmados, el rumbo propuesto (?) en este documento. Por la fecha, cualquiera puede imaginar las consecuencias que tuvo para el MLN esta desercin en masa de su Direccin en lo ms crudo de la batalla, tanto en Chile, como en Argentina o en Uruguay. Se van con gente, contactos vitales, secretos peligrosos y recursos financieros, dejando colosales deudas (un milln doscientos mil dlares que an le estamos debiendo al MIR de Chile, por ejemplo) de las que hasta hoy no han rendido cuentas. () El MLN fue colonizado a partir de 1973 por la influencia ideolgica del PRT-ERP y las consecuencias fueron funestas. Viejos documentos internos lo evidencian. Presentaremos documentos ACTUALES [1995] corroborantes y demostrativos de que aquel error tiene an hoy consecuencias. Los fantasmas de hace veinte aos vuelven desde Argentina. Entre 1983 y 1987, en Suecia, Luis Mattini (sobreviviente del Bur Poltico) dio a luz un libro autocrtico: Hombres y mujeres del PRT-ERP que, ampliado y corregido, ha sido reeditado este ao (1995). Segn dice
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(pg. 103), en julio de 1971 Santucho realiz en Cuba (?) los primeros contactos con el MLN tendientes a la coordinacin regional. Cabe sealar que, al mismo tiempo, el PRT mantena dura polmica con la IV Internacional (de la que se ir separando) y con el Partido Comunista de Cuba. Dicha coordinacin plasm en 1973 con la creacin de la Junta de Coordinacin Revolucionaria entre el PRT, MLN, MIR de Chile y ELN de Bolivia. La JCR tuvo funcionamiento activo entre 1973 y 1976, disolvindose en Europa entre 1976 y 1977 con pena y sin gloria... Dice Mattini en la pg. 375: El PRT, por iniciativa y cuidado especial de Santucho y Menna, justo es destacarlo, puso mucho celo en el apoyo a las organizaciones de los pases vecinos. Santucho insista en que la superacin de las diferencias polticas pasaba en primer lugar por la prctica en comn y por lo tanto abri las puertas del PRT para que los militantes de las otras organizaciones que residan en Argentina, participaran en los frentes de masas, incluso en las unidades de combate del ERP. Al mismo tiempo, en una muestra de legtima generosidad internacionalista, invitaba a las direcciones de las organizaciones miembros de la JCR para participar cotidianamente en las sesiones polticas y organizativas del Bur Poltico, como as tambin en las reuniones del Comit Ejecutivo o los plenos del Comit Central. Entre los resultados prcticos ms importantes que logr la JCR, merecen especial mencin los esfuerzos para ayudar a reorganizarse al Movimiento de Liberacin Nacional Tupamaros en el exilio y su intento de reingresar a la lucha en el Uruguay. En esa tarea no se ahorr ni en lo humano ni en lo material y el PRT en particular puso todo el peso de sus recursos y su fuerza militante. Si el cometido no logr xito se debi a causas que no son motivo de este libro. En la misma direccin se orientaron las energas sobre el ELN de Bolivia quien regres al pas organizado como PRTB, es decir Partido Revolucionario de los Trabajadores de Bolivia. A su vez, para el PRT signific la acumulacin de una enorme experiencia poltica y tambin muy especialmente avances tcnicos, en materia de documentacin, en infraestructura, etc. Uno de los
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productos ms notables fue la fabricacin conjunta de una subametralladora que se llam precisamente JCR y que ya se ha mencionado. Ms adelante (pg. 377) agrega: En el Bur Poltico se haban dado algunas discusiones ms o menos parciales sin llegarse a fondo, pues precisamente por el carcter prctico de que hemos hablado, no afloraban posibles dudas o diferencias. La discusin a fondo del tema puso en relieve la falta de homogeneidad en el organismo ya que algunos miembros conceban la JCR como una alternativa a los partidos comunistas y un instrumento en la lucha ideolgica contra el reformismo, mientras que otros tendan a verla como una simple coordinadora. Con respecto a la valorizacin de cada miembro de la Junta, aqu se puso en evidencia una vez ms la existencia de puntos de vista cargados de formalismo que interpretaban, por ejemplo, que los Tupamaros era la organizacin ms afn al PRT. Esta afirmacin errnea parta del hecho de que los Tupamaros eran menos discutidores y su experiencia de lucha armada les haca hablar menos y hacer ms. Tampoco se tena en cuenta en esta observacin formal el indiscutible hecho de la mayor similitud en idiosincrasia y tradicin histrica entre argentinos y uruguayos. Las opiniones de Santucho cayeron como mazazos en el seno del Bur Poltico y no abandon el tema hasta que la discusin estuvo agotada y se cercior de que todos estaban convencidos. Afirm cate-gricamente con esa seguridad que le caracterizaba que la mayor afinidad ideolgica y poltica del PRT era con el MIR, ya que se trataba de partidos marxistas-leninistas y no de Movimientos de Liberacin de corte nacionalista progresista y revolucionario que todava tenan un largo camino hacia su proletarizacin ideolgica. Reiteraba que la aparente unidad de criterios polticos e ideolgicos con el MLN Tupamaros se deba a que dicho movimiento careca en lo esencial de ideologa y por lo tanto, vitales aspectos estratgicos no entraban en la discusin. No en vano la mayor parte de los temas tratados con los Tupamaros giraban en torno a la tcnica y al aparato militar. En
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cambio el MIR, definido ideolgicamente y con gran experiencia poltica, tena mucho que trasmitir y discutir. Por ltimo remataba Santucho afirmando que esa equivocada valorizacin, revelaba una expresin del militarismo cuyo simplismo haca ver como principales aliados a los que estn con las armas en la mano, sin tener en cuenta las circunstancias de la realidad observada. Santucho impuls una prctica comn con los cuatro partidos de la JCR para -adems de las tareas intrnsecas de la misma- desarrollar un intenso intercambio y discusin poltica a los efectos de hacer avanzar a los dos movimientos, el MLN y el ELN, hacia la concepcin de partido y decidirlos a construir el Partido Revolucionario en sus respectivos pases. En ese terreno verdaderamente logr mucho, toda vez que tanto el ELN como el MLN tomaron el estudio del marxismo y empezaron a trazar una estrategia para sus propios pases que tuviera en cuenta la poltica, el papel de la clase obrera y las necesidades de alianzas con otras clases interesadas en la revolucin. Fue notable el impulso dado a la propaganda con sentido leninista, la necesidad del peridico partidario, la conformacin de ese peridico, su regularidad rigurosa como instrumento de educacin de las capas populares. Tambin se hicieron acuerdos y se concretaron entre el PRT, el ELN y el MLN para que algunos cuadros del PRT fueran a militar al Uruguay y Bolivia ayudando en la reconstruccin de las organizaciones en la clandestinidad. Fue, en palabras de Santucho: una plida reciprocidad frente al aporte de tantos compaeros bolivianos y uruguayos a nuestra organizacin. Ms adelante se repetir con chilenos. Quizs precisamente por ser la organizacin ms afn, el PRT mantena la discusin poltico-ideolgica ms aguda con el MIR de Chile. Tres eran los puntos en que el PRT haca hincapi en la crtica del MIR: a) La falta de una seria poltica de proletarizacin; b) La aparente indefinicin con respecto a Partido o Movimiento; c) Su indecisin para dar comienzo a la lucha armada en Chile contra el rgimen de Pinochet. Se podra decir que a reconocimiento de parte relevo de prueba. El paternalismo del PRT, propio de su ideologa, sigue
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vivo. Cabra agregar que tambin la Direccin del MLN abri sus reuniones a la presencia de dirigentes del PRT; hecho inslito, producto del servilismo en la imitacin. Las consecuencias fueron nefastas. Pero, la verdad sea enteramente dicha, aquella ideologa llev tambin al desastre al PRT. La historia dict veredicto. Veamos ahora de dnde vena la idea macarrnica de la homogeneizacin ideolgica y la proletarizacin (o peludizacin). Dice Mattini (pgs. 45 y ss.): Rev ol uci n ideo l gi ca y ru ptu ra co n Mor eno El conjunto del Partido, pegado a todos los conflictos sociales que empezaron a crecer despus de pasada la expectativa ante el golpe militar, se preparaba para la guerra revolucionaria. Esta preparacin no era slo en estudios de la ciencia militar; acumulacin de pertrechos, propaganda en el pueblo, etc., sino muy especialmente en la preparacin ideolgica interna. Es en ese camino que se da la revolucin ideolgica en el PRT, la cual, ajuicio de Santucho, no fue ms que los aspectos ideolgicos de la proletarizacin partidaria. Esa revolucin ideolgica estuvo guiada por los siguientes criterios posteriormente desarrollados en un extenso artculo en los nmeros 54 y 55 de El Combatiente: Se produce entonces un doble proceso de formacin dentro del Partido revolucionario: de un lado los obreros de vanguardia se elevan a la comprensin de su ideologa de clase que les lleva la intelectualidad pequeo-burguesa. De otro lado los elementos obreros del Partido exigen a sus camaradas intelectuales la proletarizacin de su modo de ser y de vivir, obligndoles a romper con su clase. A trabajar, convivir y luchar con las masas, adoptando sus puntos de vista y sus caractersticas de clase Naturalmente, ningn obrero, ningn militante honesto, aceptaran un camarada que mantuviera una forma de vida burguesa con brutales privilegios. Todo militante debe adoptar una forma sencilla de vida. Pero en la Argentina de los aos sesenta y setenta, la frontera formal en el nivel de vida entre los obreros de la gran industria y la pequea burguesa no eran tan fcil de discernir. Frecuentemente los obreros industriales tenan una entrada eco32

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nmica superior a los dems asalariados (maestros, profesores, tcnicos, empleados, etc.) y no slo en Buenos Aires, sino all donde estuviera la gran industria. Las diferencias de nivel de vida de los trabajadores variaban de acuerdo a grupos industriales o regionales del pas. Por lo tanto los abnegados militantes que provenan de la pequea burguesa, en su afn de proletarizarse optaban por seguir el modelo de los sectores ms postergados y con harta frecuencia se transponan los niveles de la clase obrera para orillear el lumpenaje. En todo caso se poda adoptar un modo de vida, porque eso es concreto y tangible; pero lo que no se poda adoptar eran los puntos de vista y mucho menos las caractersticas de clase, sin caer en el formalismo ms atroz y deformante de la personalidad del individuo. As, la moral, una supuesta moral proletaria, se confunda con la ideologa. Era la reaccin contra el intelectualismo inoperante y charlatn de la escuela morenista que se llev a cabo con conceptos casi jesuticos y lo que es peor aun, por supuestos tericos de un materialismo dialctico teido de positivismo, a lo que se sumaba el reciente descubrimiento del maosmo que haba simplificado tanto la dialctica hasta quitarle el contenido. Las divergencias internas sobre distintos puntos de vista fueron poco a poco interpretadas como la expresin de las clases sociales dentro del Partido y se fue incubando en la mente de Santucho su teora sobre la lucha de clases en el seno del Partido. Se comenzaron a buscar modelos de partidos y, as como haba sido distorsionada la experiencia cubana por los foquistas, ahora se interpretaba a gusto propio, la mal conocida trayectoria del Partido del Trabajo de Vietnam. La prctica bolchevique empezaba a ser mirada con desdn porque fueron demasiado discutidores. Toda la trayectoria del marxismo europeo en las tres internacionales se la desdeaba y pas a ser una regla no escrita que cuando ms analfabeto, ms proletario sera el militante. Slo en el Partido se adquira la verdadera cultura. Algunos vicios morenistas no fueron superados durante aos y, por el contrario, se incrementaban ms en este proceso. [...]
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Los resultados de la revolucin ideolgica fueron la homogeneizacin de la militancia en pos del objetivo de la guerra revolucionaria, la formacin de una escuela de militantes de bronce, entregados de cuerpo y alma a la causa, capaces de las hazaas ms increbles de la voluntad. Fue en realidad una revolucin moral, no ideolgica. Esto explica por qu la moral combatiente fue el rasgo ms distintivo del PRT. En cuanto al fenmeno negativo de la castracin ideolgica que hemos descripto, el mismo no hubiera tenido demasiadas consecuencias si slo hubiera sido una expresin momentnea de la infancia del Partido. Pero sus efectos no slo persistieron, sino que se incrementaron hasta niveles casi surrealistas por lo menos hasta 1974/75. Fue as como, producto de la copia, Walter Gonzlez, viejo dirigente de UTAA, pudo ver en una de las colonias proletarizantes a otro compaero enderezando miles de clavos en suplicio interminable. Extraado, le pregunt qu estaba haciendo: El Partido resolvi que mi principal defecto pequeoburgus es la falta de constancia y por eso me encomendaron esta tarea... Hasta que me co rri ja .5 Cabo s suel to s Antes de pasar al anlisis detallado de sus dichos, una digresin necesaria. A raz de unas declaraciones de Enrique Gorriarn de 1995, la prensa uruguaya de derecha, sacndolas de contexto, las utiliz para criticar a los Tupamaros. Debido a ello usted relata situaciones que no hacen al tema que yo me he propuesto tocar, pero dentro de ellas hay una que se vincula y que me interesa aclarar. Para mejor entendimiento de los lectores reproduzco, de su libro, lo siguiente: Que en noviembre de 1972 se fund en Chile -y se lo declar pblicamente- la Junta de Coordinacin Revolucionaria entre el PRT-ERP de Argentina, el MIR de Chile, el ELN de Bolivia y el MLN de Uruguay. Que esos contactos venan de mucho antes. Y luego para aclarar la mala
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intencin usted dice: Que la coordinacin no era con Gorriarn sino con el PRT-ERP, a cuya direccin ste dej de pertenecer en 1974 (recin despus de la cada en combate de Santucho en 1976 Gorriarn volver a la direccin del PRT-ERP). Que la coordinacin no era con Gorriarn sino con el PRTERP es obvio que as era, pero luego usted recoge una verdad a medias originada en la versin mattinista de nuestra historia. Gorriarn fue separado de los organismos ejecutivos de la direccin partidaria (situacin informada internamente por medio del Boletn Interno n 74 del 31 de enero de 1975), no as del Comit Central organismo que sigui integrando. Durante la mayor parte de ese ao fue el responsable militar de Crdoba y luego de cumplir con un trabajo de masas en la zona rural y logstico en relacin a la Compaa de Monte en Tucumn, hasta junio del ao siguiente, (no lo enviaron a enderezar clavos!) haba sido designado, antes de la cada de Santucho, Jefe del Batalln General San Martn de Buenos Aires, principal unidad militar del ERP en ese momento, cargo que en la prctica corresponda a la mxima responsabilidad militar. Si, como afirma Mattini, no haba sido Gorriarn designado Jefe del Estado Mayor, el cargo estaba sin cubrir. Le aclaro que sobre estos hechos y en la inmediata posterior cada de Santucho y dems compaeros del Bur Poltico media un abismo entre la versin de Mattini y la de Gorriarn. Eleuterio, en el PRT no usbamos la palabra bureau , sino bur (figura como tal en el diccionario de la lengua espaola), que es la castellanizacin de aquel trmino francs. Es como chfer (en Argentina chofer) del francs chauffeur. Pero mejor ejemplifica la palabra co mi t , que tanto ustedes como nosotros usbamos para denominar, por ejemplo, al Ejecutivo, proveniente de la palabra inglesa comm ittee . Ese tipo de argumentos pueden servir cmo golpe de efecto en una discusin, pero para tratar temas tan serios y graves como estos habra que obviarlos. Tampoco es correcta su afirmacin de que Baxter fund el PRT, ya que este se incorpor al mismo en su V Congreso en julio de 1970. Este Congreso s fund al ERP. Por otro lado usa el plural. No tenemos conocimiento de qu otro desertor del MLN,
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como Baxter, haya participado del V Congreso. S tenemos noticias de que un tal Diego acompaaba a Baxter y fue incluido con l en el CC, pero no sabemos quin es y creemos muy improbable que hubiese militado en el MLN. El tal Diego fue expulsado junto con Baxter. Le observo lo del plural porque deja picando la idea de que la resaca de los tupamaros fund al PRT o al ERP, cosa que no es verdad. Baxter era un legendario militante del nacionalismo revolucionario, luego devenido en marxista y trotskysta. Se haba hecho conocido a raz del asalto al Policlnico Bancario en 1963. Fue presentado al PRT, previo al V Congreso, por la Cuarta Internacional -organizacin a la que adhiri el PRT hasta fines de 1972-. Baxter integr la direccin del Partido y la de su Regional Buenos Aires junto a Luis Enrique Pujals y Rubn Pedro Bonet, ambos de formacin trotskysta, quienes al calor de la lucha supieron convertirse en destacados dirigentes revolucionarios (lo que demuestra que no se debe encasillar a nadie, ni por derecha ni por izquierda). El propio Luis tuvo que superar el escollo que significaba Baxter, que trababa la actividad del ERP. Es as que en abril de 1971, los comandos general San Martn y ngel Bengochea6 del ERP tomaron la localidad de Gonnet dirigidos por Pujals. Posteriormente, Bonet, estando en la crcel (haba sido detenido cuando participaba de una accin) reconoci las debilidades que tuvo ante el chanta Baxter, y no en teora sino en la prctica, se cubri de gloria cumpliendo un destacado papel dirigente en la fuga del Penal de Rawson y en los sucesos de Trelew, que culminaron el 22 de agosto de 1972 con el fusilamiento y masacre de los 19 compaeros fugados. De su mismo relato surge que a ustedes tampoco les fue fcil descubrir a Baxter, les llev el mismo tiempo que a nosotros y, tenga en cuenta que cuando lleg a nuestro V Congreso, sumaba a su curriculum haber sido tupamaro y haber combatido en Viet Nam. Cuando habla de la carambola a tres bandas y, ms sutilmente, a lo largo de toda la Primera Parte de En la nuca, usted pone en el mismo plano a Santucho y a los dems dirigentes del PRT, hroes sin tacha de nuestra revolucin, con Baxter. Creo que usted se equivoca y mucho. Santucho no era un chanta,
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ni un burcrata que hablaba y hablaba sin hacer nada, que mandaba a sus compaeros al frente, que diriga desde algn extico bureau. Santucho siempre fue el primero en todo y en particular en el combate. Si hasta los peores detractores nos reconocen que para nosotros el decir y el hacer eran una misma cosa. Y en eso Robi llevaba la bandera. Le cuento una chiquita: apenas fundado el ERP, una de las acciones que ms se realizaban eran desarmes a policas que iban o volvan de su trabajo. Cmo se haban dado varios casos en que los policas se resistieron, Santucho explic que esto se deba a que no se apretaba con suficiente energa, pero no se qued en la explicacin: acompa a todos los equipos del ERP ensendoles en la prctica cmo se deba apretar a un polica. Eleuterio, usted es un hombre culto, un lder revolucionario y un nombre grande en la historia uruguaya: no se puede rebajar a repetir afirmaciones de segunda mano de alguien como Santucho, sin haber hecho una revisin, al menos medianamente profunda, del personaje. Para evitar en el futuro error tan grosero le relato muy brevemente los orgenes de la formacin poltico ideolgica de nuestro jefe, a quin consideramos no menos que vuestro (y nuestro) Ral Sendic. Pr imer a f orm aci n teri ca de San tu ch o Nacido el 12 de agosto de 1936 en Santiago del Estero, fue el octavo hijo y sptimo varn de Francisco Santucho. Su padre fue diputado radical en la dcada de 1930. De los diez hermanos, casi todos fueron militantes: el mayor, Amlcar, dirigente del Partido Comunista en la Provincia, Carlos Hber peronista, Ral y Omar Rubn radicales, Francisco Ren, al igual que Oscar Asdrbal, eran nacionalistas e indigenistas, simpatizaban con el APRA peruano de Haya De la Torre (Alianza Popular Revolucionaria Americana). Se cri en un ambiente del que son conocidas las polmicas ideolgicas en la mesa familiar. Francisco Ren fue el que mayor influencia ejerci sobre Mario Roberto. En esa poca ley, entre otros, a Scalabrini Ortiz,
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Manuel Glvez y Arturo Jauretche. Todo esto nos hace pensar que conoca las diferencias entre Haya De la Torre y Jos Carlos Maritegui, fundador del marxismo latinoamericano, y tambin otras controversias del marxismo de la poca. Por iniciativa de la librera Aimar, de Francisco Ren, y a travs de la revista Dimensin, por l orientada, realizaron en Santiago una intensa actividad poltico cultural por la que pasaron los ms destacados intelectuales de la izquierda, del nacionalismo, y de la cultura de la poca: Atahualpa Yupanqui, Rodolfo Kuhn, Beatriz Guido, Sergio Bag, Hctor Agosti, Bernardo Canal Feijo, Carlos Astrada, Juan Jos Hernndez Arregui. Este ltimo, un escritor nacionalista, hispanista, muy erudito, que posteriormente va a ser tomado como principal terico por los militantes de Montoneros y de otros sectores del peronismo revolucionario. Por supuesto que tambin conoca a Rodolfo Puiggrs y su teora nacionalista de las causas internas, en contraposicin con la concepcin leninista de estudiar las situaciones polticas y las relaciones de fuerzas sociales partiendo de la situacin internacional. Mario Roberto, siendo estudiante universitario en Tucumn, fund el MIECE (Movimiento Independiente de Estudiantes de Ciencias Econmicas), diferenciado de las corrientes estudiantiles hegemnicas de aquella poca: el humanismo, el integralismo y el reformismo. Su planteo innovador fue sacar al estudiantado de los marcos estrictamente universitario. De all su propuesta de la unidad obrero-estudiantil, consigna que signific un completo cambio en la poltica universitaria de la poca. Junto a Francisco Ren, Oscar Asdrbal y otros compaeros fundaron, el 9 de j uli o de 1961, el Frente Revolucionario Indoamericanista Popular, cuyo contenido ideolgico est explcito en el nombre de la organizacin. El FRIP editaba un boletn mensual bilinge, en castellano y en quichua. En poco tiempo logr extenderse a todo el noroeste argentino. La reciente Revolucin Cubana apur la radicalizacin ideolgica del FRIP, terreno frtil debido a su activa participacin entre los campesinos y los trabajadores de la industria fores38

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tal en Santiago y de los azucareros tucumanos, principal lugar de militancia de Robi, adems del estudiantado universitario. Esta maduracin est contenida en las diez Tesis polticas del FRIP7 de enero de 1964, previo al acuerdo con Palabra Obrera, cuyo lder era Nahuel Moreno. Estas tesis, con muy pocas modificaciones, van a estar presentes en la lnea del PRT hasta su fragmentacin en 1979. La tesis 1 se titula: La Repblica Argentina es un pas semicolonial seudo industrializado. Con la primera parte define el carcter de la dependencia y, con la segunda aplica y ampla, a la realidad argentina, la tesis de Lenin del desarrollo desigual y la de Trotsky del desarrollo desigual y combinado. Con esto resolva una vieja polmica en la izquierda negando que nuestro pas haya llegado a travs del desarrollo de sus fuerzas productivas al capitalismo y de lo que se trate ahora sea de desbrozar el camino de las supervivencias feudales para un ms amplio desarrollo de ese capitalismo, esto es, que la burguesa argentina realice la inconclusa revolucin democrtico-burguesa. La tesis 2 comienza afirmando: La burguesa nacional en su conjunto es incapaz de luchar por la liquidacin de la dependencia de nuestra patria, por un desarrollo nacional independiente. Esta tesis, que completa la anterior, se contrapone con la de la revolucin en etapas de los partidos comunistas. Estos esperaban que en Amrica Latina se produjera una revolucin democrtico burguesa liderada por la burguesa nacional que barrera las relaciones de produccin feudal (luego le llamaron precapitalistas) que abrira recin las posibilidades de iniciar la lucha por el socialismo. El FRIP usa el concepto burguesa nacional, en el sentido marxista, porque con l est indicando a la burguesa autctona, en este caso la argentina. Este concepto fue tergiversado por el estalinismo y por corrientes del nacionalismo de izquierda para denominar con l a una supuesta burguesa antiimperialista. La Revolucin Cubana vino a derribar esta concepcin de la revolucin por etapas y del supuesto papel revolucionario de la burguesa nacional. Ambas tesis haban sido desarrolladas aos antes por el intelectual (historiador, abogado y socilogo) militante Silvio Frondizi8, y por el tambin intelectual militante Milcades Pea9. Santucho, al momento del Frente nico entre el FRIP y
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Palabra Obrera, estaba por cumplir 28 aos y tena ya una importante experiencia militante y una slida formacin terica. En Cuba haba estado presente cuando la Segunda declaracin de La Habana. Indudablemente, el vnculo con Palabra Obrera les abri un horizonte ms amplio a los jvenes militantes del FRIP. No descubrieron a Trotsky pero incorporaron su lectura, eso es verdad, lo cual no es un pecado sino una virtud. Pero estas lecturas las hacan militantes que tenan pensamiento crtico. Adems, algunos tericos tienden a pensar que toda la realidad es la que est escrita en los libros, que todo vena de Mosc o Pekn, lo que les impide recoger la otra parte de la historia. Estos jvenes tenan, adems de sus firmes convicciones ideolgicas y su slida experiencia poltica, sus muy bien arraigados principios ticos que diferan del manijeo, la rosca, el primereo, el chamuyo, el meloneo, el fin justifica todo, la inflacin, la mentira, el dogmatismo, etc. Tenan, adems, otra concepcin de las relaciones humanas. Estas concepciones, que logr imponer la Tendencia leninista en el Frente nico y luego en el PRT, estaban originadas en su autntico compromiso de asumir los riesgos de luchar por la revolucin. Del Primer Congreso del PRT, no realizado por casualidad el 25 de Mayo de 1965, fue memorable la polmica que llevaron adelante la gente del Norte contra la consigna CGT partido poltico que, como veremos ms adelante, divida aguas con el trotskysmo argentino, particularmente con el morenista. Tambin contradicen la idea de la homogeneizacin ideolgica, que siguiendo a Mattini usted nos achaca, las recomendaciones que haca Santucho para que se leyera la Historia de San Martn, de Bartolom Mitre, en particular el captulo sobre la guerra de guerrillas en las republiquetas. Mitre, como sabe, era un liberal que escribi la historia oficial argentina, pero all narraba con muchos detalles las tcticas y proezas de los guerrilleros (Gemes, Padilla, Juana Azurduy, etc.), que haba instruido San Martn para frenar el avance espaol por el Alto Per (Bolivia). Santucho la tomaba porque tena apertura mental, slo falta que algunos se la reconozcan. Por esto le digo, Eleuterio, que plantear que Santucho se
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form al lado de Nahuel Moreno... bueno, un aspecto de verdad tiene, consolid su formacin en lucha contra Moreno. O plantear que era trotskysta, o que estaba dejando de serlo, son simplificaciones que rayan en la falsedad y que no sirven para escribir la historia desde este lado. Cito a Huidobro de nuevo: Porque esta gente copi -como siempre pasa cuando se copia- lo peo r del Perret. Organizacin y proceso que por otra parte eran muy conocidos por Sendic (El Trosco) y los viejos tupamaros. Habamos ledo a Nahuel Moreno... Buenas palizas tericas se haban llevado aos antes algunos charlatanes de feria que luego fundaron el PRT-ERP despus que los echamos del MLN por desertores.... Epa, Eleuterio, qu le pas? Se le fue la mano o se le solt la lengua? Usted no es ingenuo, ni inocente. Detengmonos en este juego de ideas que realiza. Para un lector desapercibido, y no tanto, usted est diciendo que los charlatanes de feria del PRT eran desertores del MLN que tenan la lnea poltica de Nahuel Moreno, a los cuales, Sendic y los viejos tupamaros les haban dado buenas palizas tericas. Esta porquera de gente, como Ud. insina, habran fundado el PRT. Su afirmacin, redactada como lo hizo antes usted, es de una falsedad absoluta. No tiene contestacin ya que no es una cuestin de interpretacin porque que sus afirmaciones no tienen ni una pizca de asidero en los hechos reales, ni en la cronologa histrica. Y, por otro lado, los que si acaso copi aron , no lo peor sino muy mal , fueron militantes formados por ustedes no por nosotros. Es de buena gente no hacer lea del rbol cado, hacerse cargo de las propias miserias y no enchufrselas al primero que pasa como ocurre habitualmente en esta poca de hegemona del individualismo. No saba que a Sendic le decan El Trosco. Seguro que su forma de pensar y actuar no cuadraban en los moldes oficiales de la izquierda uruguaya. Acabo de leer la biografa de Sendic de Samuel Blixen, en la que cuenta que este apodo le qued de una vez que lo confundieron con su hermano Alberto (que era trotskysta) y reforzado por un entrevero con el Secretario General del Partido Socialista, lo que no desmiente mi suposicin. Mire qu casualidad a nosotros, gran parte de la izquierda
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y del progresismo de Argentina, todava nos caen encima con el mismo mote. Sobre la Junta de Coordinacin Revolucionaria (JCR), en la cita de Mattini que usted reproduce, leemos que: La discusin a fondo del tema puso en relieve la falta de homogeneidad en el organismo -se refiere el Bur Poltico- ya que algunos miembros conceban la JCR como una alternativa a los partidos comunistas y un instrumento en la lucha ideolgica contra el reformismo, mientras que otros tendan a verla como una simple coordinadora. Podra citar varios documentos pero para evitar cuestiones de interpretacin lo voy hacer con uno inapelable, el artculo 43 del Estatuto del PRT (Ttulo IX. Internacional), aprobado en julio de 1975, referido a la Junta:
El PRT est afiliado a la Junta de Coordinacin Revolucionaria, organismo regional internacional del Cono Sur Latinoamericano, desde cuyo seno impulsa e impulsar con toda energa revolucionaria y mtodo proletario la herencia leninista y el espritu internacionalista del Che, hacia la coordinacin y unidad orgnica del campo socialista de todas las fuerzas revolucionarias de nuestro continente y del mundo, porque para los fines de la revolucin proletaria el PRT, interpretando cabalmente la concepcin marxista del internacionalismo proletario y la experiencia de la lucha revolucionaria universal, considera de plena vigencia la tesis leninista de oponer al frente mundial del imperialismo el frente mundial de la revolucin.

Usted sabe que un estatuto se aprueba en un Congreso o Convencin y que slo ella lo puede modificar. Por lo tanto no es una resolucin de valor circunstancial sino estratgico. No niego que en el BP haya habido alguna discusin pero le puedo asegurar que en ningn momento sentimos un mazazo al debatir este punto: habamos nacido en una Internacional y lo ms natural era que buscsemos su reemplazo por otra que estuviera integrada por verdaderos partidos y/u organizaciones revolucionarias. Lo que ocurre es que Mattini ha hecho esfuerzos, con bastante xito, para modificar la historia del PRT de tal modo que justifique el cambio de rumbo que tom nuestro Partido a la muerte de sus principales dirigentes y bajo su direccin.
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N uestro renun ci ante Como en el resto de esta carta voy a referirme nuevamente, y en reiteradas ocasiones, al que fuera Secretario General, luego de la cada del Bur Poltico del PRT, me adelanto para presentarle una similitud ms entre vuestra derrota y golpe en la nuca y nuestra derrota y golpe en la nuca. Mire cmo son las cosas la historia se repite, en este caso, las dos veces como tragedia. Uno de vuestros renunciantes llamado, Kimal Amir, era maosta en 1966 y lo segua siendo en 1974. En cambio Mattini primero milit junto a Silvio Frondizi, a quin no ley, me consta; luego fue trotskysta; posteriormente marxista-leninista; simultneamente santuchista de izquierda mientras ste estuvo vivo, tambin me consta; para seguir evolucionando como santuchista de derecha despus de su muerte; stalinista tardo, en 1986 se incorpor al CC del PC argentino; libre pensador, partidario de Chacho lvarez todava cuando ste se ali con De la Rua; ex marxista y anarquista libertario como lo asumi pblicamente en la Asamblea de Parque Lezama o situacionista segn cuadre y actual funcionario del gobierno justicialista. Este personaje, al que podramos llamar saltimbanqui ideolgico si no estuvisemos tratando temas serios y graves, fue quin planific y ejecut la divisin del PRT en 1978, proceso que detallar ms adelante, pero al igual que vuestros renunciantes no estuvo solo, muchos lo acompaaron Es ms, tengo el dato preciso, fue el 50 % de la militancia en el exilio protagonista nica de nuestra divisin, ya que integr, en representacin de la Tendencia Leninista, la Comisin de Fiscalizacin y de Garantas hacia el divisionista VI Congreso. Esta fraccin del PRT lo eligi Secretario General hasta que, en 1980, segn su propio relato, el CC me separ de la secretara general... y finalmente renunci al Partido convencido de que estaban agotadas todas las posibilidades de reconstruirlo en el exilio. Como usted bien dice Eleuterio, la disolucin y renuncia constituyen la autocrtica suprema. Siguindolo a usted en el sentido de no cargar las tintas con adjetivos muy fuertes, sobre todo
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para esta poca, a partir de ahora nos vamos a referir a l como nuestro renunciante. Eleuterio, qu pensara usted, o cualquier otro tupamaro, si a alguno de nosotros se nos hubiese ocurrido utilizar el documento de ruptura de los renunciantes para hacer una caracterizacin del MLN, ensuciar el nombre de Sendic y luego concluir a reconocimiento de parte.... Se lo observo porque es lo que ha hecho con nosotros. Lo s tupam aro s y Ra l Send ic pequeo -bu rgu eses? Ni ebrio ni dormido a ningn militante del PRT se le hubiese ocurrido decir, que digo, decir!, ni siquiera pensar que Ral Sendic, o alguno de los nueve rehenes o un peludo o cualquier militante tupamaro, por el hecho de serlo, fuera un pequeo burgus. Todo lo contrario, Ral Sendic era y es para nosotros, quizs ms local, tan grande como el Che. Las marchas caeras por las Tierras y con Sendic, de las que slo conocamos estos datos y que bajaban del norte, se nos presentaban como leyendas picas que fortalecan nuestra conviccin en el triunfo de la revolucin. De creerle a nuestro renunciante, lo cual supone una gran cuota de audacia, del mismo prrafo citado no se desprende que nosotros caracterizramos al MLN, o a Sendic, como una organizacin pequeo burguesa. Pero de la lectura de su propio libro queda claro que ustedes no se reivindicaban marxistas (lo que constituye una real diferencia) y le dan la razn a Santucho en el sentido de que haba ms diferencias que con el MIR. La revo luci n i deol g ica El libro de nuestro renunciante es muy peligroso, ms que el documento de ruptura de vuestros renunciantes, ya que est escrito desde adentro con ese tono de ambigua objetividad donde el vaso est siempre medio vaco. No es una forma ingenua
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de escribir, est muy bien estudiada sicolgicamente. Tras una aparente objetividad que reconoce el lado positivo de las cosas, luego se potencia lo negativo, que siempre existe, hasta darle una dimensin que desfigura la realidad alcanzando el resultado buscado: ensuciar, destruir. El prrafo que vamos a analizar es un claro ejemplo de esta afirmacin10. Este comienza diciendo algunas verdades, algo distorsionadas, hasta la cita de El Combatiente, cuyo contenido reivindicamos. Primero veamos como distorsiona el contenido de las palabras de Santucho. ste, en las resoluciones del V Congreso, bajo el ttulo La lucha de clases en el seno del Partido, nos narra acerca del contenido de clase y del proceso histrico por el cual el PRT pas de crculo de propaganda economista a partido de combate. Vamos a citar cuatro prrafos de este documento para que las afirmaciones de Santucho adquieran su verdadero significado:
En los ltimos meses de 1966, la base obrera de la Regional Tucumn comienza a plantear la necesidad de pasar a la lucha armada. Los compaeros que hacan este planteo venan de varios aos de lucha pacfica, predominantemente sindical: haban dirigido importantes movilizaciones obreras y sufrido finalmente una brutal derrota en ese terreno, pese a haber comenzado a utilizar mtodos crecientemente violentos. El planteo de la lucha armada irrumpe en el PRT entonces no a travs de estudiantes o intelectuales revolucionarios influidos por la experiencia revolucionaria de otros pases. Surge de la experiencia directa de las masas obreras argentinas y es incorporada al Partido por su vanguardia, que ha recorrido previamente el camino de la lucha pacfica, que ha comenzado por las huelgas corrientes, por la participacin en elecciones, que ha pasado a la ocupacin de fbricas con rehenes, a las manifestaciones callejeras violentas, hasta que, cerradas todas las posibilidades legales con la asuncin de Ongana, se orienta correctamente hacia la guerra revolucionaria... Es en ese enero de 1967 que los dirigentes de la Regional Tucumn llevan verbalmente a la Direccin Nacional el planteo formal de adoptar una lnea armada centrada en una guerrilla
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rural en Tucumn (...) Moreno no rechazaba en teora a la guerrilla, pero en lugar de concebirla como el inicio de una guerra revolucionaria prolongada, la ubicaba como un elemento de presin en el marco de la concepcin estratgica espontanesta de que ya hemos hablado, y sobre todo, no estaba dispuesto a protagonizarla. A lo largo de 1967, mientras la corriente leninista adopta progresivamente una correcta ptica de guerra revolucionaria, comienza a manifestarse la lucha de clases en el seno del Partido. La agudizacin de las contradicciones sociales en el pas influye favorablemente en el Partido facilitando que la presin proletaria en la Regional Tucumn, con su punto de vista de clase, comience a repercutir en el conjunto del Partido. Los militantes y los cuadros obreros, en distintas regionales, adoptan posiciones ms activas y parte de la intelectualidad revolucionaria, en especial los cuadros y militantes jvenes, encabezan lo que se dio en llamar la revolucin ideolgica en el Partido, que no es otra cosa que los aspectos ideolgicos de la proletarizacin partidaria.

Como hemos ledo, con esta expresin, Santucho se est refiriendo a la transformacin en la situacin interna partidaria, al cambio radical de la lnea empujada por la base obrera de Tucumn, y a la nueva formacin que iban adquiriendo los militantes del PRT antes y despus del IV Congreso, proceso que se profundizara despus del V Congreso que fund al ERP. Como se ve con claridad, no se trata de una confusin entre moral proletaria e ideologa, el renunciante confunde a ambas con la historia, ya lemos a Santucho, y con la poltica. Para confirmar que la transformacin arrancaba en la poltica, un botn alcanza como muestra. Antes del IV Congreso el PRT levantaba consignas como la CGT partido poltico o como el partido obrero de Vandor11, ambas expresiones de un economicismo seguidista de la burocracia sindical. En su lugar, en el IV Congreso se propona:
que, junto con la preparacin e inicio de la lucha armada, el segundo gran salto que debe pegar nuestro Partido es el de transformarse de crculo de propaganda que hace actividad sindical,
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en partido revolucionario que hace propaganda de alto nivel poltico sobre la vanguardia poltica del movimiento obrero, y una permanente agitacin poltica sobre las mas amplias capas del proletariado... As, desentumeceremos los miembros del Partido... [y] crearemos en cada militante una actit ud m s agu errida .

Eleuterio, aquellas consignas morenistas habrn sido las que leyeron Sendic y los viejos tupamaros? Para que calibre nuestro trotskysmo, le amplo con esta cita de una nota del El Combatiente de julio de 196912: Para los grupos, sectas o movimientos seudorevolucionarios que proclaman la necesidad de la lucha armada, la cuestin se reduce a incorporar esta lucha como un principio a su programa (...) para el partido revolucionario la cuestin es distinta. La guerra revolucionaria y la construccin del ejrcito del pueblo no es un principio del programa mximo, sino una tarea prctica, concreta, inmediata, cotidiana, que empieza hoy mismo (...). Y como los compaeros del ala leninista del PRT eran revolucionarios de verdad, no se quedaron en los anlisis sino que los concretaron ampliamente. No slo que no nos vamos a autocriticar de esta revolucin ideolgica sino que esos cambios fueron la base, el cimiento, de la organizacin que llev ms a fondo en la Argentina el cuestionamiento del capitalismo y a la lucha por la revolucin socialista. Esta transformacin ampli la Tendencia Leninista nacida al calor de las luchas del proletariado azucarero en 1965/67, tendencia que derrotara al morenismo en el IV, al neomorenismo en el V Congreso, y cuyos restos (la gran mayora estaban muertos o desaparecidos) enfrent a nuestro renunciante y los suyos cuando en 1978 y en el exterior quisieron transformar al PRT en un maduro partido stalinista, en el mejor de los casos. Tambin encontramos la misma expresin en el documento del IV Congreso de febrero de 1968, refirindose a la clase obrera y no a la militancia partidaria. Bajo el ttulo Qu sentido tiene el retroceso de nuestra clase obrera, se deca:
Tratemos ahora de penetrar en el sentido del actual retroceso de la clase obrera... Nuestra clase obrera industrial, desde el
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surgimiento del peronismo hasta hoy, apoy la poltica y las concepciones de la direccin peronista y la burocracia sindical. En esta etapa vivi ascensos y descensos, perodos de luchas y perodos de retroceso, pero el comn denominador de todos ellos fue que la direccin burguesa y la burocracia sindical siguieran contando con el apoyo de la clase obrera (...) Hoy la situacin ha cambiado, la c lase obre ra vive u n a e n i nt en sa re voluc in ide olgic a. Las concepciones pequeo burguesas que le inculc el peronismo, la confianza en las direcciones sindicales burocrticas, se encuentran profundamente corrodas por las duras derrotas sufridas en los ltimos 12 aos y por el ejemplo que significa la existencia de una direccin revolucionaria continental: el castrismo (...) Por primera vez en 25 aos comienzan a darse las condiciones para que un reanimamiento de la clase obrera desemboque en un auge verdaderamente revolucionario. En la preparacin y en el curso de ese auge, se fortalecer, desarrollar y adquirir influencia en grandes sectores de masas, nuestro Partido; en la preparacin armada y en el curso de ese auge, nuestro Partido fortalecer el ejrcito revolucionario, sin el cual, desde Lenin hasta el presente, todos los revolucionarios sabemos que la victoria es imposible, y al cual debemos comenzar a crear ya mismo, con la preparacin e iniciacin de la lucha armada.

Si uno lee los captulos 4 y 5 de este documento, va a tener una cabal compresin del radical cambio en la concepcin ideolgica y poltica del PRT. Independientemente del nombre que se le quiera poner, no cabe ninguna duda de que signific una asuncin plena del marxismo revolucionario y sobre todo una verdadera revolucin poltica en el seno del Partido: nos habamos sacado de encima el economismo, oportunismo y pacifismo morenista. Considero, adems, que este anlisis que se haca en 1968 signific un completo acierto, confirmado por el Cordobazo. Y no slo un acierto en lo poltico, sino tambin muestra de que en la prctica terica, el PRT, pensaba en abierta confrontacin con las esclerosadas concepciones del materialismo dialctico del stalinismo.
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So bre la pro letariza ci n Veamos ahora el controvertido tema de la proletarizacin de los militantes. Esta era una prctica habitual en algunos partidos de la izquierda argentina, pero en el PRT tena una manifestacin bastante diferente, tan diferente como lo eran las lneas polticas. Para nosotros no era hacer la experiencia en fbrica. Tena objetivos bien prcticos: llevar la teora revolucionaria y el socialismo a la clase obrera y luego organizar la clula y el comit fabril partidario en esa fbrica y, complementariamente, el fortalecimiento ideolgico del militante. Pero este trabajo no era un esquema dogmtico, se poda comenzar por cualquier actividad. De hecho muchas veces se comenzaba por la sindical, aunque manteniendo la propaganda y la agitacin poltica, y se daba habitualmente el caso de que se llegaba a dirigir sindicalmente una fbrica antes de construir la clula. Se dieron otros casos en los que se formaba primero la escuadra del ERP antes de la clula misma, o que el Boletn Fabril del Partido se ganara la estima de los obreros y mltiples variantes del trabajo de organizacin partidaria entre los trabajadores. Que hubo errores, seguro, pero muchos ms aciertos. Est por escribirse esa parte de la historia. El trabajo de organizacin partidaria se iniciaba observando pacientemente, participando en las distintas actividades de la vida social de los trabajadores, mostrando una actitud coherente ante la vida y sus dificultades, no siendo un marciano, actuando con prudencia pero con firmeza. Luego a travs de la propaganda, la agitacin y la participacin plena en sus luchas. Por otro lado, el no obrero aprehenda hbitos de la clase obrera que difcilmente un intelectual tenga incorporados. Por mi propia experiencia, le puedo contar que lo primero que aprend, en el mismo momento que me present, fue a agachar la cabeza, dejar el orgullo pequeo burgus para mejor oportunidad. Me preguntaba lo que deba sufrir un proletario de verdad que debe agacharla, no guiado ideolgicamente como tuve que hacerlo yo, sino de verdad. Porque ste si se queda sin
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trabajo se queda sin comer. El primer da me toc participar en el llenado de una losa, 13 hs. con una de descanso y 7 hs. ms al otro da, hasta terminar. Recuerdo que luego de comer el asado de falda, que era caracterstico en esa poca, a las 3 menos 25 de la tarde, me descompona y me caa de cansancio. Pero aguant con la cabeza. Que nuestro renunciante le llame como quiera, pero le puedo asegurar que esto serva y mucho. Le podra nombrar a varias/os compaeras/os (recuerdo a muchas ms mujeres que hombres) que se proletarizaron. Ninguna/o tuvo esas alucinaciones que cuenta nuestro renunciante, ni mucho menos vivan en el limite del lumpenaje. Todas/os se fortalecieron y muchas/os realizaron buenos trabajos polticos. Siempre pens que si he seguido militando, pese a todo, mucho tiene que ver esta experiencia de proletarizacin, sobre todo los dos aos en una gran fbrica.13 Que nosotros no tenamos una visin escolstica de la moral proletaria queda claro en uno de los documentos ms ledos en el PRT, escrito en la crcel por Julio Parra a mediados de 1972, que se llam Moral y proletarizacin. Mucho se lo ha estigmatizado posteriormente, pero pocos lo releyeron. Treinta y cuatro aos despus se le podrn hacer algunas observaciones, a cul no, pero en lo esencial este es un documento marxista. Con slo citar breves prrafos se desmorona todo la pirotecnia de nuestro renunciante en torno a la proletarizacin:
Quiere decir esto que los obreros por el slo hecho de ser tales estn libres del nefasto individualismo? Categricamente no (...) Pero sucede que el propio papel que el obrero desempea en la produccin mercantil, origina en l la tendencia contraria (...) As la propia situacin de explotado origina en el obrero profundo odio de clases y una tendencia al igualitarismo (...) Marx lo seala con toda claridad en el captulo VI del Libro I de El Capital (hasta hace poco indito) cuando dice: Aqu el obrero est desde un principio en un plano superior al del capitalista, por cuanto este ltimo ha echado races en ese proceso de enajenacin (del trabajo) y encuentra en l satisfaccin absoluta, mientras que por el contrario, el obrero en su condicin de vctima del proceso se encuentra de entrada en una situacin de rebelda y lo siente como un proceso de avasallamiento. Cul de las dos tendencias prima en la conciencia del obrero, la tendencia individualista, negativa que le
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impone la hegemona burguesa en la sociedad o la tendencia colectivista positiva, que surge de su carcter de explotado? Es un problema que se resuelve en las luchas de clases.

Como puede verificar, Eleuterio, no hacamos una idealizacin del obrero, sino que al desarrollo de su conciencia la veamos como resultado de la lucha de clases. Y nos basbamos en Marx quien, algo ms que nuestro renunciante, profundiz sobre las contradicciones en la sociedad capitalista. So bre la fo rma ci n te rica Con respecto al estudio es otra falsedad total. Desde la direccin se alentaba con mucha firmeza el estudio, se lea todo y, dentro del marxismo, fundamentalmente a los clsicos. No se recomendaba o se desalentaba (nunca se prohibi leer nada) la lectura de manuales o resmenes, ni los soviticos ni los de Marta Harnecker. Se alentaba el estudio individual, parte del temario de la clula era la lectura, tenamos al menos tres niveles de escuelas de formacin poltica y dos militares, y le puedo asegurar que no producan ninguna asfixia. Yo estuve en dos niveles. El primero daba una formacin bsica en el marxismo y la historia del movimiento obrero. Le puedo contar con qu alegra pasaban por ella los compaeros de las fbricas al entender tericamente el proceso de explotacin capitalista. La escuela de tercer nivel consista en un seminario de un mes, con un programa y una tremenda biblioteca a nuestra disposicin. En el PRT no haba oscurantismo como ha habido en otras parroquias de la izquierda (alguno ms papista que el Papa siempre hay pero no era la regla ni la lnea). Si bien en un momento se comenz a leer mucho a los vietnamitas, no se dej de hacerlo con Marx, Engels y Lenin y el resto de los clsicos. Adems, la apreciacin del renunciante es ahistrica: para ninguna organizacin en la Argentina fue lo mismo la dcada del '60 que la del '70. La primera fue la fragua tericoprctica de la lnea revolucionaria, lo cual llevaba al estudio de los clsicos (sobre todo, tenamos ms tiempo para hacerlo).
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Cuando nuestro renunciante dice que se desdeaba a los bolcheviques porque eran discutidores, como todas sus verdades, es una verdad a medias. No todos pensbamos as, menos que menos los dirigentes, y si l era un dbil de espritu, no es culpa del Partido ya que, adems de los dirigentes, fuimos muchos los que empujbamos en otra direccin. Es tambin una verdad a medias porque lo que realmente no se quera discutir ms eran temas ya resueltos (si partido de masas o partido de cuadros, el carcter de la revolucin en la Argentina, guerrilla rural o guerrilla urbana) y otros bizantinismos con que se entretena la izquierda que no meti las patas en el barro, las manos en la grasa y el dedo en la cola del disparador. Que en el PRT no se orientaba hacia una homogeneizacin ideolgica es algo fcil de demostrar ya que cualquier militante lo saba. Segn el propio renunciante, en el Bur Poltico se estudiaba fuerte, en particular se lea la Ciencia de la Lgica de Hegel. Le deca, Eleuterio, que cualquier militante saba que Santucho no recomendaba la lectura de los manuales marxistas, sino la lectura de los clsicos sin intermediarios, pero esto para el renunciante parece ser un sntoma del pensamiento positivista (no logro descifrar que quiso decir). En el prximo ttulo amplo sobre el tema. Qu cuando ms analfabeto, ms proletario sera el militante! Slo se puede decir que es una afirmacin falsa, no pensbamos as! Todo lo dicho y lo que seguiremos diciendo lo niega categricamente. Qu algunos vicios morenistas no fueron superados sino que se incrementaron! Qu diga cules! Ese juego de las escondidas es muy usado por la propaganda burguesa. Bueno, no le podemos pedir a nuestro renunciante otra actitud. Mientras los dispersos fragmentos del PRT, que l logr destruir, pugnbamos ms mal que bien por encontrar un camino de retorno, nuestro renunciante se retir por largos aos a cuarteles de invierno -Suecia- para mal escribir sobre la historia heroica del PRT y del ERP, con el que reafirmara su derrotero de inconsecuencia ideolgica (que lo condujo en la actualidad a formar parte del gobierno justicialista). El concepto de lucha de clases en el seno del partido no se
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fue incubando en Santucho, ya que est expresado con toda claridad en el V Congreso partidario. Pero negar la existencia de la lucha de clases dentro de una organizacin revolucionaria, sean partidos o movimientos14, es cerrar los ojos deliberadamente. El renunciante, entonces stalinista, recoge los conceptos, elaborados en infinitas masturbaciones tericas y vertidos por los dirigentes de la Cuarta Internacional trotskysta en polmica con nuestro Partido en la poca en que nos armaron una fraccin (hecho que apur nuestro alejamiento de esa Internacional). Ellos queran justificar como actividad principal de militancia la lucha de ideas, desde un cmodo, sin comillas, Bureau en el centro de Pars. La prctica social influye sobre la conciencia y esta conciencia se expresa, unas veces, como lucha de ideas que reflejan distintas prcticas en la actuacin revolucionaria y, otras, como lucha de clases producto de intereses bien definidos. S obre el marx i smo -l enini smo y el tr otsky smo en el PRT La definicin marxista-leninista que asuma el PRT no se emparenta con la del marxismo-leninismo pensamiento Mao, ni con la de los partidos stalinistas ya que para ellos era como un dogma en el que todo pensamiento culminaba en Lenin o en Mao, o sea en el pasado. Por el contrario, con marxista-leninista queramos decir dos cosas: una estricta, que no nos reivindicbamos trotkystas; y una amplia: que tombamos todas las vertientes del marxismo revolucionario sin cerrarnos sobre ninguna. Para nosotros esto ya estaba claro, al menos, desde el IV Congreso, como veremos. Luego, en polmica con la internacional trotskysta afirmbamos en el artculo de El Combatiente del 17 agosto de 1973 Por qu nos separamos de la cuarta internacional:
Para nosotros el socialismo cientfico, la teora revolucionaria del proletariado, ha sido elaborada en lo fundamental por Marx y Engels. Lenin ha realizado a esta teora aportes esenciales, especialmente la teora cientfica del partido revolucionario, que justifican plenamente la designacin del socialismo cientfico como marxismo-leninismo. Mao-Tse-Tung, Ho-Chi-Minh, Giap, Le Duan,
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Kim-Il-Sung, Fidel Castro y el Che Guevara han realizado grandes aportes al marxismo-leninismo, en el curso de su experiencia como dirigentes de la revolucin en sus pases, sobre todo en lo que hace a la teora de la guerra revolucionaria y a la construccin del socialismo. Len Trotsky, tambin ha hecho aportes valiosos, especialmente la teora de la revolucin permanente y la caracterizacin de la burocracia y el fascismo. Otros aportes menores podemos encontrar en Antonio Gramsci y otros y todos los que con aciertos o errores han luchado y luchamos por el triunfo de la revolucin socialista. Pero ninguno de estos aportes justifica ya el cambio de designacin a la teora cientfica de la clase obrera. Esta no es una mera cuestin de nombres, sino que la IV Internacional, al sostener que el trotskysmo es el leninismo de nuestro tiempo, desvaloriza el aporte de otros revolucionarios y maneja el pensamiento de Trotsky en bloque, negando sus errores (...) La IV niega el carcter de verdaderos y completos partidos marxistas-leninistas a los compaeros vietnamitas y cubanos (...) Y a nadie puede caber duda alguna sobre lo que vietnamitas y cubanos han hecho en el terreno de la prctica revolucionaria.

Resulta comn, ante la carencia de conceptos que permitan aprehender nuevas situaciones, etiquetar a las personas, a las organizaciones y a esas mismas situaciones. Tal es el caso del PRT, que no caba en los moldes conocidos. Como la etiqueta trotskysta sobre el PRT est pegada con fuerza en la jerga militante argentina, merece que ampliemos sobre su constitucin poltica e ideolgica. En el Partido Revolucionario de los Trabajadores confluan distintas vertientes: haba mucha gente que vena del trotskysmo, muchos otros del indoamericanismo y del nacionalismo, otros eran ms afines al maosmo, incluso haba algunos que simpatizaban con Stalin. Tambin haba compaeros que venan de distintas corrientes universitarias como el integralismo. El grueso de los que nos incorporamos al PRT, como no poda ser de otra manera en la Argentina de aquellos aos, tenamos ascendencia familiar en el radicalismo y en el peronismo. Pero el PRT fue una identidad nueva. Pudo amalgamar esas distintas expresiones, esas distintas corrientes. Una
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expresin de eso es el primer captulo del Cuarto Congreso, cuando se hace la valoracin de la estrategia de poder y lucha armada de los clsicos, Marx, Engels, Lenin, del trotskysmo, del maosmo y del castrismo. Eso fue lo novedoso, lo rico del PRT: no haberse quedado encasillado en una corriente del marxismo, haber aplicado sin ataduras mentales el mtodo marxista, la experiencia del marxismo, a una realidad concreta que era la Argentina. Para los dems ramos trotskystas, es cierto. Pero, lo que ocurre es que el PRT tena un componente importante de ese origen, porque toda la gente que vena de Palabra Obrera se haba formado en el trotskysmo. Por ejemplo, Leandro Fote que era un importante dirigente azucarero y mantuvo la tctica del entrismo en el peronismo ms all de la lnea del Partido. Hay testimonio de eso: en la pelcula La hora de los hornos, de Pino Solanas, lo presentan como un militante del peronismo. El Negrito Fernndez, por dar otro ejemplo, se form al lado de Leandro y de Santucho. Los compaeros de Rosario tena una fuerte influencia trotskysta: Luis Pujals, Cacho Delfino, Susana Gaggero (que era la mujer de Luis), etc. Pero tambin venan de, o tenan, influencia trotskysta, en Crdoba, el Gringo Menna y Pichn Foti y, en Buenos Aires, Rubn Pedro Bonet, que luego fuera fusilado en Trelew y que era uno de los compaeros ms representativos. Una cosa que se asociaba con el trotskysmo era la firme posicin del PRT con respecto a la burguesa nacional, nosotros plantebamos que no haba que tener expectativas en la burguesa nacional, porque no jugaba ese papel antiimperialista que le atribuan las corrientes nacionalistas y stalinistas. Esto qued muy claro una vez que triunf la revolucin cubana, all la burguesa nacional (en realidad, sera ms correcto decir burguesa no azucarera), despus de una tibia participacin en contra de la dictadura de Batista, se pas abierta y beligerantemente a la contrarrevolucin armada. Muchas corrientes que militaban en el marxismo, en particular el PC y sectores del peronismo combativo no sacaron esta conclusin. Por ese elemento se nos segua diciendo trotskystas, pero esto no era patrimonio slo de algunas corrientes trotskystas sino que sala de la experiencia de lucha en
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Argentina, en Amrica Latina. Tambin es cierto que reivindicbamos aspectos de Trotsky, de su participacin en la Revolucin Rusa, la construccin del Ejrcito Rojo, la teora de la revolucin permanente, la crtica a la burocracia sovitica. Pero hasta ah, otras cosas no. Tambin hay que tener en cuenta que durante mucho tiempo, y an subsiste, el mote trotskysta era una forma de hacer maccartismo dentro de la misma izquierda (incluso, ms correcto sera decir: de hacer stalinismo). Pero si se estudia la historia del PRT se ver que ya en el Quinto Congreso la adhesin a la Cuarta Internacional trotskysta estaba condicionada, limitada. A diferencia de la Cuarta, el PRT no se reivindicaba trotskysta, sino marxista-leninista. Estas diferencias hicieron crisis en 1972 cuando un sector de la Cuarta realiz un trabajo fraccional dentro de nuestro Partido. All nos separamos de esta organizacin y progresivamente nos fuimos alejando de las influencias trotskystas. Despus del 76-77, hay como un rechazo al trotskysmo que progresivamente nos fue acercando al sovietismo, que creo yo es la parte menos reivindicable del PRT. Del maosmo hay elementos ms diluidos. Del que se deca que era maosta era Benito Urteaga. Una vez tuve una discusin con l porque le daba una gran importancia al campesinado y yo le dije que en la Argentina el porcentaje de campesinos era mucho ms chico que en China, que la clase obrera era mucho ms grande. Hizo un gesto como asintiendo, y se me qued mirando como pensando en lo que le haba dicho. Ah se termin la discusin. Lo que ocurra, al respecto, era que desde el punto de vista de la estrategia del PRT esta discusin ya tena una resolucin prctica. Nosotros habamos dividido a la Argentina en dos regiones estratgicas: el Sur, urbano, proletario y popular, y el Norte, rural, proletario y campesino. En general yo he escuchado decir que Benito era maosta. Pero esto en s no era ni bueno ni malo. Era bueno en la medida que expresaba una pluralidad dentro del pensamiento marxista, que no tena nada que ver con el pluralismo ideolgico que le quieren imponer a Cuba (pluriporquera dijo Fidel). Ideologa burguesa agregamos nosotros. Nosotros leamos cosas de Mao. Se reivindicaba la guerra popular, la formacin del ejrcito, las cuatro tesis filosficas.
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Luego comenzamos a leer mucho a los vietnamitas a Giap, Le Duan, Trong Ching, a Burchett, un periodista australiano que escribi mucho sobre Viet Nam. Hay un autor importante que se llama Michael Lwy, que creo que en su Antologa El marxismo en Amrica Latina nos caracterizaba como marxismo vietnamita. Segn Lwy no ramos ni trotskystas, ni castristas, ni stalinistas, ni maostas, sino vietnamitas. Lo dice con fundamento, no es que lo inventa. Nosotros tombamos mucho de la experiencia vietnamita: el tipo de partido, la relacin partido-ejrcito, la formacin de los cuadros, todo eso era tomado, copiado casi tal cual de los vietnamitas; incluso, creo yo, que en la eterna polmica acerca de si partido de cuadros o partido de masas, en la conclusin o la sntesis a la que llegamos (que se expresaba como partido de las masas) mucho han tenido que ver los vietnamitas. El leninismo estaba muy presente en nuestra formacin. Al que ms leamos era a Lenin, desde el Qu hacer?, pasando por El Estado y la Revolucin, El imperialismo, fase superior del capitalismo, El Izquierdismo, enfermedad infantil en el comunismo, Dos tcticas..., hasta La Insurreccin de Mosc, La guerra de guerrillas, Las tesis de abril... Cada vez que haba una situacin poltica compleja Santucho recurra a Lenin y eso lo expresaba en las editoriales de El Combatiente. Por todo esto creo que circunscribir la identidad del PRT a una de las vertientes del marxismo es equivocado. Incluso al final haba compaeros que admiraban a Stalin, la poca menos reivindicable del PRT, sobre todo el perodo del exilio (de hecho el trabajo que hice de recopilacin de documentos, lo interrumpo en marzo de 1977, ya que a partir de esa fecha son documentos del exilio que para m no reflejan la historia del PRT). Nosotros nos reivindicbamos marxistas-leninistas, pero yo creo que habamos generado una identidad poltica propia, que la podramos definir como guevarismo argentino y denominarla con la palabra revolucionario, ya que ramos la nica organizacin que tomaba ese adjetivo en su nombre. Otros se llamaban comunistas, comunistas revolucionarios, socialistas, montoneros, peronistas, maostas, trotskystas, en cambio nosotros nos llambamos Partido Revolucionario, Ejrcito Revolucionario.
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So bre el partido leni ni sta Adems de su opinin, Eleuterio, he ledo la de Osvaldo Chato Peredo, dirigente del ELN boliviano que integraba la JCR, expuesta en su libro Volvimos a las montaas. En l tiene opiniones coincidentes con las suyas sobre el concepto de partido leninista. Aunque con respecto al PRT argentino es muy respetuoso, quizs porque durante 1975 milit en sus filas realizando una experiencia en la fbrica Rigolleau. l carga las tintas contra sus compaeros bolivianos. De la lectura de ambos libros y por mi propia experiencia sobre el tema veo con mucha claridad que gran parte de vuestras crticas a los llamados partidos leninistas son correctas pero, creo, que no se corresponden con nuestro partido ni con nuestra experiencia. Es ms, el PRT se forj en lucha contra esas concepciones. La introduccin al documento del IV Congreso se inicia as: Nada estuvo ms alejado de las preocupaciones de los marxistas argentinos hasta el presente que el problema del poder y la lucha armada. El Chato Peredo describe a los integrantes de la mxima direccin ejecutiva del PRT de Bolivia (nombre que adopt el ELN en 1975) como teorizantes, ratas de bibliotecas, discutidores, remadores exhibicionistas, que el organismo escinda la actividad poltica de la militar, etc. Si esto es verdad, le puedo asegurar que no se parecan en nada a los aguerridos miembros de nuestro Bur Poltico y que en el PRT la poltica siempre se hizo, en lo fundamental, armada. El PRT era todo lo contrario a una secta burocrtica y discutidora. Era un partido creado para el combate y forjado en el combate. Que muchas veces se pecaba de formalismo es verdad, pero usted puede afirmar que en el MLN nunca se expres el formalismo? Creo que en ambas experiencias, uruguaya y boliviana, se intentaron construir formalmente partidos como el nuestro, el que, le puedo asegurar, tena muchas virtudes. Vuestros dirigentes debieron ser los artistas que tomaran lo que les serva y desecharan lo que no se corresponda con otras realidades -le digo esto fuera de todo paternalismo ya que nosotros tombamos de ustedes, de los chilenos, de los bolivianos, de los cubanos y de
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todos los revolucionarios-. La diversidad es algo que surge ms all de la teora. En el mismo PRT no era lo mismo el partido en Crdoba que en Tucumn o que en Santiago del Estero, y todos stos diferan con el de Buenos Aires, sobre todo con el de la Capital, donde ms dificultades tuvimos (una confirmacin ms de que ramos un partido provinciano y el resto de la izquierda argentina eran y son partidos metropolitanos). En la actualidad junto con un grupo de compaeros intentamos construir un partido inspirado en el PRT y fracasamos olmpicamente, porque la gente tiende a pensar que los problemas se resuelven tericamente y que luego la prctica fluye por s sola de la teora revolucionaria. Sabemos que no es as. No he abandonado mi idea acerca de la importancia de la organizacin de tipo leninista, pero creo que no hay que perder de vista que el nivel de la organizacin, en todos los aspectos, se corresponde con el nivel de la lucha de clases, y por supuesto hay que estar abiertos a las nuevas realidades de la estructura de clases y sectores de clases de nuestras sociedades y de otros tipos de manifestaciones sociales. Esa apertura mental la aprendimos en el PRT. Mi gran dilema es cmo se construye, o se aporta a construir, una organizacin revolucionaria sin una situacin revolucionaria. Otro aspecto que ustedes critican creo correctamente, incluyo al Chato, es la escisin de la organizacin partidaria con el trabajo entre las masas y la construccin de organizaciones de masas. Eso es as en un partido donde se ha adoptado formalmente y superficialmente la concepcin leninista. En el PRT no sin lucha, a veces sorda pero feroz, se enfrentaban estas dos concepciones y en general, a la larga o a la corta, siempre lograba triunfar la que tena una genuina vocacin hacia las masas, y los mximos dirigentes siempre apuntalaron a esta. Le cuento una ancdota con doble moraleja. En abril de 1974 se reuni el II Congreso del Movimiento Sindical e Bases impulsado y hegemonizado por el PRT. En el primer da se reunieron los delegados, adems de otras resoluciones, eligieron una Mesa Nacional integrada por quince miembros, doce del PRT y tres aliados. Al da siguiente, en el acto de clausura del Congreso, al que asistieron unos cuatro mil trabajadores, compaeros de
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cuatro agrupaciones pidieron que se ampliara la Mesa a diecisis integrantes, para incluir uno que los representara. Se llev la propuesta a votacin y le impusimos la democracia de los nmeros. La propuesta fue rechazada. Santucho al bajar del Monte y enterarse de este desastre sectario realiz una furibunda crtica y ejemplific diciendo que en ese caso habra que haber elegido tres del Partido y doce aliados. Nuestro renunciante, santuchista de izquierda en esa poca, fue uno de los responsables pero, zorrastrn, meti la cola entre las piernas y todo el peso de la crtica cay sobre Carlos Germn. El problema grave se present en el exterior dnde no estaban las masas (ni Santucho) como rbitro (entre comillas porque no estoy haciendo un culto al espontanesmo: la poltica revolucionaria se hace con y para el pueblo y si ste no est, no hay criterio de verdad). En ese contexto intentamos recurrir a los compaeros con ms trayectoria, ms probados y con ms experiencia. Ya veremos de todo lo que nos acusaron, nuestro renunciante y sus aclitos, por recurrir a la trayectoria militante. So bre l a ideo lo ga que no s ll ev al desa stre Nuestra ideologa nos llev al desastre? A qu o cul desastre? No voy a repetir ahora aspectos de nuestra lnea para preguntarle cul de ellos nos llev al desastre porque la cuestin es mucho ms sencilla. Si usted compara, ambas organizaciones sufrieron un primer desastre ante las fuerzas represivas de las mismas proporciones y por razones polticas, ms precisamente, por no adecuar su estrategia, o no hacerlo a tiempo, ante el cambio de etapa. Pero encuentro una diferencia en las polticas de aniquilamiento de las organizaciones revolucionarias y de sus militantes por los genocidas de aqu y de all. Las comparaciones son odiosas y esta es la ms odiosa de las comparaciones, ya que puede originar interpretaciones desafortunadas, pero usted me ha obligado debido a la virulencia de su crtica: en Argentina, la desaparicin forzada y el asesinato alcanzaron su mxima expresin en Amrica Latina. Metodologa de exterminio no irracional, aplicada por parte de los militares argentinos y que va a tener sus consecuencias.
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Con respecto al segundo desastre, que motiv la fragmentacin de las organizaciones, veremos que no slo en el MLN sino tambin en el PRT, luego del primero, crecieron como hongos concepciones dogmticas amparadas ambas en el marxismo-leninismo, pensamiento Mao all, pensamiento Mario Roberto Santucho aqu. Ese dogmatismo y el sectarismo que lo acompa, llevaron a que en las dos organizaciones se produjeran una serie de divisiones que le quitaron toda posibilidad de reorganizarse efectivamente durante ambas dictaduras. En el caso de los tupamaros, usted nos relat que, en la Tercera Convencin Nacional realizada en 1985, iniciaron su reconstruccin. Veamos ahora la situacin del PRT. En 1975 o 1976, cualquier militante del PRT preguntado sobre los principales dirigentes del Partido no hubiese tenido la menor duda en mencionar a Rubn Pedro Bonet, Juan Manuel Carrizo, Antonio del Carmen Fernndez, Enrique Haroldo Gorriarn, Juan Eliseo Ledesma, Domingo Menna, Luis Enrique Pujals, Mario Roberto Santucho y Jorge Benito Urteaga. Entre los nueve estaba Santucho, nuestro lder. Nueve compaeros, el mismo nmero que los hroes tupamaros rehenes de la dictadura uruguaya, entre ellos Ral Sendic, que fueron el factor aglutinante de las dispersas fuerzas tupamaras. El PRT sufri su primera divisin por la accin deliberada, como demostraremos, de nuestro renunciante (entonces stalinista) y no se pudo reu nif ica r, no po r ser mar xi sta-l enin ista si no porqu e s us nuev e pr inci pales di ri gentes ha b an si do f usi lado s o desapar ecido s (salvo Gorriarn). Adems, otros cinco cuadros del mismo nivel (Castello, Germn, Fote, Merbilha y Pujol) tambin estaban desaparecidos. Con sus dos Comits Centrales (elegidos en 1970 y en 1975), ms los cooptados al CC entre 1971 y 1975, contando tambin a los principales cuadros y jefes militares, suman alrededor de 100 compaeros (80 de ellos muertos en combate) asesinados o desaparecidos. De los seis mil militantes que lleg a tener, aproximadamente la mitad, o sea tres mil, estn muertos o desaparecidos (estimacin hecha por integrantes del Equipo de Antropologa Forense). En vuestro caso, los nueve rehenes y muchos otros hroes tupamaros (la palabra es muy breve para poder significar lo que son ustedes, la uso porque no
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tengo otra mejor) estaban vivos. Alrededor de ellos, afortunadamente, se reunificaron, hecho que nos llen de profunda alegra. Yo los buscaba justamente por eso, porque pudieron reunificarse y vincularse con su pueblo, para que nos dieran una mano. Si no era a ustedes, a quin deb haber recurrido? Quisiera hablarle, Eleuterio, de esos otros cinco cuadros. Leandro Fote fue, sin dudas, uno de los mayores dirigentes obreros de la Argentina. No slo destacadsimo dirigente sindical azucarero y fundador del sindicato de los obreros citrcolas sino, tambin, diputado obrero, guerrillero urbano y finalmente guerrillero rural. Si no tiene aquel reconocimiento es por el sectarismo de la izquierda, que no quiere reconocer semejantes mritos en un militante orgnico del PRT. Leandro vena de Palabra Obrera, debera haber sido trosco. Luego no s, l era Leandro Fote no necesitaba ms. Hugo Castello, otro obrero surgido de la fbrica Fat en Crdoba, como Ledesma, era dirigente de masas y cuadro organizador del Partido, posteriormente miembro del Bur Poltico, verdadero animador, junto con Fote, de la Mesa Sindical del PRT (que coordinaba nuestro renunciante). Carlos Germn, que haba militado en el PC, fue un legendario dirigente del proletariado cordobs y miembro del Bur Poltico. Bajo su direccin, la Regional Crdoba se constituy en la ms importante del Partido. El Piqui Pujol fue otro gran cuadro del partido. Vena del viejo PRT, un santafecino que haba estudiado en La Plata, expulsado de la Universidad en el '68, reincorporado, detenido, muy torturado, preso poltico, cuadro organizador, olfato de masas, brillante orador: qu ms se le puede pedir a un compaero? Tambin le quiero nombrar a Eduardo Merbilha, que si bien no era un histrico, como los nueve o como Fote, silenciosamente se haba convertido en uno de los principales dirigentes, al punto que todava hoy Gorriarn y el renunciante se disputan su amistad. Yo pienso que, por la autoridad que haba ganado, de haber estado vivo Merbilha quizs la historia de nuestra divisin hubiese sido diferente. Le traigo el recuerdo de esos nombres de nuestros dirigentes y podra hacerlo con varios ms (el Zurdo Ramn Rosa Jimnez, Csar Cerbato, el Negrito Berra Crecencio Ibez, Mario
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Cacho Delfino, Osvaldo Sigfrido Debenedetti), o el de los Capitanes del ERP (Jorge Carlos Molina, Oscar Asdrbal Santucho, Guillermo Rubn Prez, Hugo Alfredo Irurzn, Lionel Mc Donald, Jorge Arreche, Santiago Hernn Krasuk, Juan Mangini, y el Teniente Manuel Negrn, el ms veterano guerrillero rural argentino), para decirle que ninguno de ellos estaban vivos al final de la dictadura. O Eduardo Foti, que padece con dignidad las consecuencias de la represin. Tampoco estaba el tambin Capitn Abigail Attademo, Capitn Miguel, Pedro o Panfleto, sobrenombre que sugiere que sera algo dogmtico. Pero mire usted, hasta donde lleg: al frente de los 70 combatientes de la Compaa de asalto al Batalln de Arsenales de Monte Chingolo, les tom la mitad del cuartel pese a que nos estaban esperando con artillera pesada. Mientras reagrupaba sus fuerzas para ocupar el resto del cuartel llegaron las tropas del Regimiento 3 de Infantera. En tan delicada situacin ensay un contraataque para permitir la retirada propia. Qu presencia de nimo! Qu capacidad de mando! Qu experiencia militar! Qu huevos hay que tener para resolver brillantemente una situacin como esa! Un jefe como l y como muchos otros, no se encandilaron por la verborragia troscoidal perretista. Y soy injusto porque me olvido de muchos otros compaeros de similar valor. Usted sabe mejor que yo que los militantes se forman en la lnea de la organizacin. Estos compaeros se formaron en la lnea del PRT, que no era verborrgica, ni troscoidal. S era perretista y de eso estamos ms que anchos de orgullo los que no hemos bajado las banderas. Le cuento una ancdota menor para que sopese la verborragia troscoidal perretista y el tipo de partido que era el nuestro, muy distinto al pensamiento Mao uruguayo. Cuando se estaba organizando el asalto al Batalln de Monte Chingolo, fueron secuestrados Juan Ledesma, Jefe del Estado Mayor del ERP, que tena el grado de Comandante y varios compaeros ms. Por este hecho, del plan operativo original se suspendi la parte que contemplaba la agitacin poltica entre las masas, que inclua movilizaciones con cortes de calles y rutas, tarea a cargo de la estructura poltica del Partido. En una actitud para nada verborrgica,
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ni burocrtica; los cinco miembros del Secretariado de la Regional Sur de Buenos Aires del PRT -dentro de su rea de responsabilidad estaba ubicado el Cuartel- participaron de la accin. El responsable militar, como jefe de todas las acciones fuera del Cuartel, el responsable poltico colaboraba con el mando de la operacin y los otros tres, que no haban sido convocados, cada uno por su cuenta se escaparon para participar en la Batalla de Monte Chingolo, como la llam Gustavo PlisSterenberg, autor de una brillante investigacin sobre estos hechos que le recomiendo leer. Tres de ellos cayeron en la Batalla: Jorge Arreche responsable militar, Hugo Colautti responsable del trabajo legal y Alejandro Bulit, responsable de propaganda. La h isto ria dict ver edicto No Eleuterio. No hemos llegado al final de la historia. La historia sigue. La verdadera historia, que se abre paso entre la historia oficial de los vencedores y la historia oficial de los renunciantes, est escribindose. La historia est dictando su veredicto con la publicacin de los documentos del PRT-ERP que le recomiendo leer, con la publicacin de La Batalla de Monte Chingolo, cuando se escriba la historia de la Compaa de Monte en Tucumn, cuando se investigue el enorme desarrollo de masas del Partido, cuando en toda la Argentina Santucho de diablo se transforme en santo, como est ocurriendo en Santiago del Estero, la historia dictar otro veredicto. Por ahora seguimos remando como podemos. El que yo espero es el veredicto que dicten los pueblos en el prximo auge revolucionario. Las ca usas de la d erro ta Comenzaremos con un breve repaso de la vida del PRT correspondiente al perodo de su mayor crecimiento. Con la cada de la Dictadura, la consecuente ampliacin de los marcos democrticos y la liberacin de los presos polticos, el 25 de mayo
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de 1973, el PRT se fortaleci mucho. En los tres aos posteriores, de 450 pas a contar con alrededor de 6.000 miembros orgnicos, sumando militantes del Partido (los que a su vez eran combatientes), combatientes del ERP que no eran militantes del Partido (estos nunca llegaron a ser muchos) y los militantes de la Juventud Guevarista. El PRT tena unos 30.000 simpatizantes y contactos y se vendan semanalmente y en la clandestinidad ms de 10.000 ejemplares de El Combatiente y quincenalmente 14.500 de Estrella Roja. De este ltimo, de cada uno de sus cuatro nmeros legales se vendieron alrededor de 40.000 ejemplares. El 22 de agosto de ese ao, en el primer homenaje a los Hroes de Trelew asistieron, en Buenos Aires, entre diez y quince mil personas al acto realizado en la Plaza Congreso. Los actos unitarios impulsados por el PRT en Crdoba, Tucumn y Salta fueron los ms numerosos. A los pocos das en las masivas movilizaciones de condena al golpe militar en Chile, varios miles de manifestantes se encolumnaron tras las banderas del ERP. Los sucesivos Congresos del Frente Antiimperialista y por el Socialismo, liderado por el PRT, convocaban cada vez ms compaeros: seis mil en el cuarto realizado en Senz Pea, Chaco15; ocho mil en el quinto, en la ciudad de Crdoba; y finalmente, a mediados del 74, se llenaron las tribunas y campo de juego del estadio del Club Tiro Federal, en la ciudad de Rosario, con veinticinco mil asistentes. Rosario, Buenos Aires y Crdoba aportaron el grueso de la concurrencia, pero el impacto lo provoc, ya con el estadio lleno, el ingreso de los dos mil compaeros tucumanos al grito de: A la lata, al latero, los ranchos tucumanos son fortines guerrilleros! A lo que la concurrencia responda: Y ya lo ve, y ya lo ve, es el glorioso Perret! Hacia 1973, segn encuestas de la poca, la guerrilla contaba con algo ms del 50% de apoyo en la poblacin, principalmente entre los trabajadores y la clase media. El PRT centr su trabajo organizativo entre los sectores ms dinmicos de las masas, entre los obreros de las grandes fbricas (en particular en muchas de las doscientas cincuenta fbricas con ms de quinientos trabajadores), el estudiantado universitario y secundario, en las villas y barrios populares, en el campesinado pobre del noroeste y el noreste.
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El PRT, junto a sus aliados del FAS, se encontraron con una situacin tremendamente complicada, ya que la guerrilla peronista se aline con el gobierno y con Pern, mientras que el Partido Comunista, que en los primeros meses se mantuvo en oposicin al Gobierno, a partir del discurso de Pern del 12 de junio de 1974 le brind un apoyo total al ala Gelbard. Con sus poco ms de cuatrocientos aguerridos militantes, la mayora cuadros con experiencia (pero que casi la mitad recin sala de las crceles y tena que reinsertarse entre las masas), debi enfrentar al conjunto de la burguesa que se haba unido con el objetivo de salvar al sistema capitalista ante el peligro de la revolucin social. El PRT opt por el camino correcto: apoyar y apoyarse en el impetuoso avance de las masas, su creciente toma de conciencia, y denunciar y enfrentar la tctica del engao tramada entre Pern y Lanusse. La actitud consecuente del Partido con sus principios polticos e ideolgicos, llev a que de entre los sectores populares surgieran hombres y mujeres que se incorporaron masivamente y dieran lugar a su acelerado crecimiento. La aplicacin de esta lnea madur en 1974, un ao de un rpido crecimiento y de profunda insercin en el movimiento obrero y con el fogueo de los oficiales y combatientes del ERP en cientos de acciones, incluidas dos tomas de cuarteles, una exitosa y la otra frustrada. Este crecimiento era consecuencia de la sostenida movilizacin de masas que se mantena desde el Cordobazo y de la radicalizacin en la conciencia de cada vez ms amplios sectores populares, en particular la clase obrera industrial. Como el PRT visualizaba bastante claramente la compleja composicin de clases sociales de Argentina, en su lnea trataba de darle respuestas a todos los sectores que podan enfrentarse en cada etapa con el enemigo principal. En primer lugar, partido de la clase obrera, pero no era un partido cerrado ya que por ejemplo incorporaba en sus filas hasta sacerdotes, uno de ellos lleg a integrar la direccin de la Regional Crdoba. Tampoco era un partido meramente poltico ya que todos sus militantes eran combatientes del ERP. Al Ejrcito no se lo conceba como el brazo armado del partido sino del pueblo, o sea como un ejrcito
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popular que pudiera contener en su seno compaeros procedentes de distintas clases sociales y de distintas filiaciones polticas e ideolgicas del campo popular, an procedente de los movimientos y partidos de la burguesa como el peronismo y el radicalismo, o del cristianismo. Proponamos una alianza bsica entre la clase obrera, el campesinado y la pequea burguesa urbana con sus organizaciones polticas y sociales, y distintos frentes tcticos para ampliar al mximo las alianzas de acuerdo a cada coyuntura e intentar aislar al enemigo principal. As se propusieron, primero un Frente Antiimperialistas y por el Socialismo y luego distintos frentes con contenido antiimperialista, democrtico, patritico, antifascista o una combinacin de estos contenidos. No ramos un movimiento pero ello no implicaba carecer de una poltica abarcadora de las ms amplias capas y clases sociales argentinas. Por el contrario, el Partido la propiciaba. La maduracin de la que estamos hablando se reflej en la reunin del CC de setiembre de 1974, en sus resoluciones sobre organizacin y en el folleto Poder burgus poder revolucionario. En l Santucho realiz un planteo muy audaz, que siempre fue muy elogiado pero que, indirectamente, recibi crticas vergonzantes luego de la derrota revolucionaria. Desde nuestro punto de vista Santucho estuvo a la altura de los grandes lderes revolucionarios en situaciones similares:
Las tendencias de la lucha de clases argentina que se venan marcando cada vez ms ntidamente apuntando hacia el fin del proyecto populista, y el comienzo de un perodo de grandes enfrentamientos de clase, han comenzado a cristalizar a partir del mes de julio de 1974. Pern, lder de masas, pese a su intransigente defensa de los intereses capitalistas conservaba an alguna influencia sobre sectores de nuestro pueblo. Posea autoridad, experiencia y habilidad para mantener a flote el desvencijado barco del sistema capitalista en el tormentoso mar de la lucha obrera y popular; y haba logrado restablecer trabajosa y precariamente el equilibrio con la maniobra tctica del 12 de junio. Por eso es que su muerte coloc a la burguesa ante la necesidad de adoptar de inmediato definiciones polticas -que explotadores y
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opresores deseaban postergar an por unos meses- con la consiguiente agudizacin de la crisis interburguesa. Este fenmeno, un notable impulso del auge de las masas, y un fortalecimiento acelerado de las fuerzas revolucionarias, polticas y militares, se combinan para configurar el inicio de una etapa de grandes choques de clases, antesala de la apertura de una situacin revolucionaria en nuestra Patria. En otras palabras, entramos en un perodo de grandes luchas a partir del cual comienza a plantearse en la Argentina la posibilidad del triunfo de la revolucin nacional y social, la posibilidad de disputar victoriosamente el poder a la burguesa y al imperialismo. Pero apertura de una situacin revolucionaria (...) no quiere decir que ello pueda concretarse de inmediato (...) Ese perodo -que debe contarse en aos- ser mayor o menor en dependencia de la decisin, firmeza, espritu de sacrificio y habilidad tctica de la clase obrera y el pueblo, del grado de resistencia de las fuerzas contrarrevolucionarias, y fundamentalmente del temple, la fuerza y capacidad del Partido proletario dirigente de la lucha revolucionaria.

La primera mitad del ao 1975 fue de grandes triunfos populares y del PRT y el ERP en particular. A principios de este ao Santucho, en el editorial de El Combatiente del 7 de abril, titulaba Ntidas luchas poltico-revolucionarias y analizaba que:
los meses de febrero y marzo de 1975 han mostrado claramente el nuevo carcter de la lucha de clases, el nuevo carcter del potente auge revolucionario de la clase obrera y el pueblo argentino y de los propsitos y lmites del accionar de las fuerzas contrarrevolucionarias. El fracaso del gobierno peronista, la gravsima crisis econmica y la experiencia de lucha y grado de organizacin adquiridos por nuestro pueblo particularmente en los ltimos aos, ha dado un nuevo contenido a los actuales combates obreros y populares (...) En cuatro frentes principales se est hoy combatiendo y en ellos es posible comprobar fcilmente que se trata de enfrentamientos polticos, de fondo revolucionario. En el Ingenio Ledesma de Jujuy, en los departamentos de Famaill, Monteros y Chicligastas de Tucumn, en la ciudad de Crdoba y en las riberas del Paran, la clase obrera y el pueblo se bate vigorosamente
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con todos sus recursos y motorizado por las fuerzas revolucionarias, frente a los personeros del capitalismo que empean tambin gran parte de sus fuerzas (...) Para comprender cabalmente el momento poltico que vive nuestra Patria es muy importante tener claro que estos cuatro frentes son las trincheras avanzadas del combate poltico-revolucionario (...) son los primeros choques de una lucha por el poder, de una verdadera lucha revolucionaria que comienza a tomar fuerza de masas (...) El carcter poltico de la lucha y la existencia de dinmicas fuerzas revolucionarias polticas y militares le ha dado consistencia al campo popular y extender los combates mucho ms all de su desenlace inmediato.

Seis das despus de publicado este editorial, el ERP realiz, en las cercanas la ciudad de Rosario, la ms grande e importante accin militar exitosa de todo el perodo revolucionario iniciado con el Cordobazo, tal como podemos leer en el peridico del ERP Estrella Roja: Reverdeciendo los gloriosos laureles de San Martn, en las histricas barrancas del Paran, que fueran escenario de aquel victorioso combate de la guerra de nuestra primera independencia, la Unidad Combate de San Lorenzo del ERP escribi una vibrante pgina militar, cubrindose de gloria en el triunfal ataque al batalln de Arsenales 121 del ejrcito opresor. Lo que hizo ms resonante el triunfo de las armas del pueblo fue que los militares lograron montar el sistema de defensa del Cuartel, pese a lo cual el ERP logr todos sus objetivos, derrotando en combate abierto a las fuerzas enemigas. Curiosamente este hecho de armas no se encuentra o se encuentra muy disminuido en los analistas que se han dedicado a opacar o destruir la historia del PRT. A los cuatro frentes principales que mencionaba Santucho se le sumaran en los meses de junio y julio, luego de aos de preparacin, las luchas del proletariado de Buenos Aires que llegaba con retraso pero con una acelerada toma de conciencia poltica revolucionaria y con toda la significacin de su enorme peso numrico. En estas movilizaciones, conocidas como las Jornadas de junio y julio, que se dieron en todo el pas al calor de las discusiones por los Convenios Colectivos de Trabajo, jugaron un papel
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dirigente las Coordinadoras de Gremios en Lucha, constituidas por militantes del sindicalismo clasista y entre ellos, jugando en la mayora de los casos un papel dirigente, los militantes del PRT, de Montoneros y de la OCPO. Las luchas obreras de este ao, con peso decisivo en las que se dieron hasta el mes de agosto, sumaron 25 millones de jornadas de huelga, superando en nmero a todas las realizadas en Amrica Latina en la dcada16. En el intento de ampliar las libertades democrticas sostenidas por las luchas recientes, el PRT adopt tardamente la propuesta de convocar una Asamblea Constituyente Libre y Soberana. Mientras tanto Montoneros impulsaba la Renuncia de Isabel Pern y Elecciones Libre en 60 das, y el PC clamaba por un Gobierno de Amplia Coalicin Democrtica Cvico Militar. Las principales organizaciones del campo popular tenan distintas propuestas y no llegaron a coordinar una poltica para darle a ese enorme estado de movilizacin obrera y popular una salida poltica. Santucho, consecuente con su lucha por la unidad, haba titulado el editorial de El Combatiente y a la vez informe al CC ampliado: Ante las posibilidades democrticas Forjar y Fortalecer la Unidad. Las consignas eran distintas pero no antagnicas, las tres estaban en el terreno democrtico, explicaba Santucho. Al no lograrse la unidad del campo popular y decaer momentneamente el accionar de la guerrilla, al no lograr unir la lucha reivindicativa a la lucha democrtica y formular, progresivamente, un nico programa democrtico y reivindicativo, que exponga sintticamente las principales aspiraciones del pueblo argentino (...) en la perspectiva de un extenso Frente Democrtico y Patritico, comenz un decaimiento en las movilizaciones tal como lo observ correctamente el Partido en un artculo del Boletn Interno del 25 de setiembre titulado Por qu no se ha concretado la movilizacin. Este boletn, cuyas ideas hemos resumido al inicio del prrafo, conclua que:
Tal como se desarrolla en el editorial de EC n 184 y como lo seala el informe de la situacin de las masas del ltimo CE, el estado de nimo de las masas, si bien es favorable para el trabajo
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revolucionario, para organizar y preparar grandes movilizaciones, stas ni se mantuvieron ni se ampliaron en relacin a las de juniojulio, lo que produjo una relativa calma para las fuerzas enemigas. No se concretaron las contundentes movilizaciones generales que se requeran para forzar una situacin de legalidad. Tampoco el Partido supo incidir lo suficiente en las masas como para influir en su estado de nimo y en la lucha; y si se hizo, fue slo en algunos lugares, como en Crdoba, donde se logr la destitucin del interventor fascista Lacabanne, pero no lo suficiente como para incidir en el conjunto del pas.

Como causantes del retroceso en las movilizaciones es necesario considerar dos hechos. Uno, la divisin del pueblo entre una numerosa vanguardia social, que se identificaba con las organizaciones revolucionarias (integrada por la clase obrera industrial, gran parte del estudiantado universitario, elevado porcentaje de la poblacin de algunos centros urbanos como Crdoba y Villa Constitucin y muchos barrios de otras ciudades muy politizados y algunas regiones particulares como la poblacin rural de Tucumn) y el grueso de la poblacin, que mantena expectativas en el gobierno peronista y en Pern. El otro, y complementario con el anterior, el aislamiento de la clase obrera industrial, por el agotamiento de las clases aliadas y el aniquilamiento de sus dirigentes.17 Mo nte Ch ing olo En este contexto nacional, el ERP realiz, el 23 de diciembre de 1975, el asalto al Batalln de Arsenales de Monte Chingolo, ubicado a menos de 20 km. de la casa de Gobierno. El objetivo militar que se persegua era el siguiente: De acuerdo a lo que se saba de seguro que haba, y a la capacidad instalada de nuestros depsitos, se pensaba sacar: 900 FAL con 60.000 tiros, 100 M-15 con 100.000 tiros, 6 caones antiareos automticos de 20 mm. con 2.400 tiros, 15 caones sin retroceso con 150 tiros, italasas con sus proyectiles, 150 subametralladoras, etc., totalizando
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aproximadamente unas 20 toneladas. Desde el punto de vista operativo: Se consideraba posible cumplir ese objetivo aislando por varias horas el Cuartel mediante el corte de los 9 puentes carreteros del Riachuelo y las dos rutas La Plata-Capital Federal, nicos accesos para los refuerzos militares enemigos, y neutralizando las Comisaras principales con ataques de hostigamiento. Adems se estableci un cordn defensivo en las calles principales de acceso, a una distancia aproximada de 2.000 metros del Arsenal.18 El principal objetivo poltico era dificultar y retrasar los planes golpistas del Partido militar. Una accin revolucionaria de tamaa envergadura, si resultaba exitosa, obligara a los militares a una mayor preparacin del golpe y podra alentar la movilizacin de masas, lo que tambin dificultaba los planes enemigos. Como es conocido, ese da se produjo el mayor encuentro de armas entre la burguesa y el proletariado de toda la historia argentina. De la derrota sufrida por nuestras fuerzas y de las crticas a nuestros dirigentes se han escrito pginas que consumieron ros de tinta. Pocos se detuvieron a analizar en detalle lo ocurrido en la ahora denominada Batalla de Monte Chingolo por Gustavo Plis-Sterenberg en su libro que precisamente lleva este nombre. Del relato de Gustavo surge un tipo de militante y un tipo de organizacin revolucionaria de nuevo tipo (muy alejada del marxismo-leninismo pensamiento Mao) que slo se pudo forjar, como ya le he dicho antes y usted lo sabe por su experiencia, por una lnea poltica tambin revolucionaria y de nuevo tipo. Lo que aqu nos importa decir es si esta accin estaba justificada polticamente y si se inscriba en la lnea del PRT o se deba a que los dirigentes del PRT a esta altura estaban perdiendo totalmente la conciencia, la iniciativa y entraban en la desesperacin19, como afirma el renunciante en el libro que usted cita. Respecto a lo primero es necesario considerar todos los elementos de la realidad y no hacerlo bajo un corte populista de la misma. Respecto a lo segundo creo que significaba un necesario salto en el desa-rrollo de la guerra y de las fuerzas militares revolucionarias, opiniones que paso a exponer. La mayora de los anlisis del perodo critican la continuidad de la lucha armada bajo un gobierno constitucional pero,
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esos anlisis, no mencionan un hecho determinante en la situacin poltica, tan o ms importante que la enorme fiesta popular que signific la asuncin del presidente Cmpora, representante de Pern y del ala progresista del peronismo (y su punto culminante con la liberacin de los presos polticos el 25 y 26 de mayo). Nos referimos a la Masacre de Ezeiza, el 20 de junio de 1973, a slo veintisis das de asumido el nuevo Gobierno. Ese da, para recibir a Pern que regresaba del exilio, se realiz la movilizacin de masas ms grande de toda la historia argentina, alrededor de dos millones de personas. La derecha peronista, responsable de la organizacin del acto, planific y ejecut una verdadera emboscada a las enormes columnas de Montoneros y la Juventud Peronista y en realidad contra todos los asistentes al acto. Desde el palco y desde distintos puntos elegidos tcticamente se lanz una lluvia de disparos, con armamento de guerra, sobre la masa indefensa. La misma cpula peronista masacr a sus propios simpatizantes! Pern, jefe del peronismo, realiz declaraciones esa misma noche avalando completamente la matanza. Decir esta verdad es muy difcil en la Argentina, ya que se nos responde con una suerte de terrorismo ideolgico. Les respondemos: no nos crean a nosotros, lean a Pern! Este hecho marc el inicio de la contraofensiva derechista contra las fuerzas populares que la haban tomado el 29 de mayo de 1969 con el Cordobazo. El BP del Partido, debido a varios hechos de signo progresista del gobierno, consider la posibilidad de suspender la continuidad de las acciones militares, posibilidad descartada despus de Ezeiza. Decisin reforzada luego de consumado el autogolpe contrarrevolucionario del 13 de julio de 1973, que derroc a Cmpora, a slo cuarenta y nueve das de asumido el nuevo Gobierno. De todas maneras el ERP no realiz ninguna accin armada durante el Gobierno de Cmpora, ni luego de derrocado este, hasta el mes de setiembre, pese a que nuestro compaero Eduardo Gimnez, mientras realizaba una pegatina, fue detenido y asesinado el 29 de julio. Es necesario remarcar la verdad histrica ya que, muy superficialmente, casi todos nuestros crticos no se toman el trabajo de investigar los hechos y nos achacan haber realizado acciones durante el Gobierno de Cmpora y soslayan a la Masacre de Ezeiza.
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Los anlisis que ven en Monte Chingolo las causas de la derrota, parten de los mismos supuestos que los que critican la lucha armada revolucionaria. El ms utilizado es que: las masas no haban madurado lo suficiente. Por lo tanto, no era el momento, se deba esperar. Para los crticos nunca llegar el momento de la lucha con la esperanza infantil de que las masas le saquen las castaas del fuego. En cambio, para la concepcin guevarista hay una relacin, si me permite, dialctica entre lucha de masas y lucha armada, en la que una se alimenta de la otra. En particular, nuestros crticos no tienen en cuenta que se trataba de una gran accin de cuyo resultado dependa la situacin poltica posterior. Un xito hubiese fortalecido poltica y orgnicamente al Partido y al ERP, hubiese multiplicado al menos por 10 su poder de fuego, se podran haber armado varias compaas en la zona rural -hombres y mujeres dispuestos haba- y completado el armamento de todas las urbanas. Pero la afirmacin que puede resultar ms controvertida, que est en la esencia de la lnea del PRT y en la del guevarismo, es que una accin victoriosa en ese momento hubiese repercutido favorablemente en el estado de nimo de las masas, fortaleciendo polticamente al conjunto del movimiento revolucionario. Debemos recordar que en la otra regin estratgica, el monte, habamos sufrido pocos meses antes, el 28 de mayo, una derrota en el plano poltico aunque, paradjicamente, un triunfo militar. El ERP, por intervencin de su Compaa de Monte (reforzada), se diriga al departamento de Famaill, en la Provincia de Tucumn, donde estaba asentado el Comando Tctico de la V Brigada del ejrcito enemigo con el objetivo de tomarlo completamente. Para ello debi salir del Monte o sea operar en terreno desfavorable. En la marcha de aproximacin, en el paraje llamado Manchal, la cabeza de la columna fue atacada por fuerzas enemigas. La actuacin de los combatientes y oficiales del ERP fue muy destacada ya que, pese a la sorpresa, batieron a las fuerzas enemigas y se retiraron ordenadamente. Pero esta suerte de emboscada enemiga abort los objetivos de la accin. Este desenlace negativo del proyectado copamiento del Comando Tctico y una lnea tctica errada que haba fijado la
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guerrilla al terreno, sobre la cual no nos vamos a referir ahora, llevaron a que el ERP perdiera la iniciativa militar en la Regin y con ella la poltica. Por su parte no haba sido completamente exitosa la mayor accin militar llevada adelante por los Montoneros. El 5 de octubre de 1975 se ocup parcialmente y se recuper importante armamento del Regimiento de Infantera de Montaa n 29 con asiento en la ciudad de Formosa, cercana a la frontera paraguaya. Anteriormente slo hemos detallado algunos de los hechos ms importantes, los que dan cuenta de un ao de enormes avances y de un despliegue inusitado de las fuerzas revolucionarias, polticas y militares, de las masas y de la vanguardia (debemos agregar que Montoneros y otras fuerzas revolucionarias se mostraban muy activas en el plano militar y en la accin de masas) pero que no haban culminado en la unidad de los revolucionarios y del campo popular sino que este segua dividido, lo que no permiti explotar al mximo la situacin favorable generada por las masas en las jornadas de junio y julio. En este contexto poltico y militar se inscribe la decisin del PRT, en todo de acuerdo con la tradicin revolucionaria mundial: la as pira cin a m antener l a of ens iva . Dentro de esta concepcin hay que analizar la decisin de realizar la ocupacin del Comando Tctico de la V Brigada en Tucumn y la toma del Batalln de Monte Chingolo en el Gran Buenos Aires. Slo despus de ocurridas las dos derrotas del ERP, una poltica en el Monte Tucumano, y la derrota militar y poltica de Monte Chingolo, y de un xito parcial de Montoneros en Formosa, a las que debemos agregar el desbaratamiento a mediados de febrero de 1976 del intento del ERP de abrir un segundo frente rural en El Cadillal, al norte de la ciudad de Tucumn y, de un primer frente, en la misma zona y en el mismo momento, por parte de Montoneros; repito slo despus de estos hechos, hubiese sido correcto prever que el retroceso en las movilizaciones de los ltimos meses de 1975 se poda convertir en un reflujo de masas, producto del golpe militar que se esperaba. Se requera realizar un anlisis muy valiente y descarnado de la situacin en aquel momento (ahora es muy fcil), pero a su vez muy difcil
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de realizar por verdaderos revolucionarios que haban logrado, debido a su espritu de ofensiva, hacer avanzar las luchas hasta las puertas de un situacin revolucionaria. Este hipottico anlisis nos hubiese indicado que el golpe militar en lugar de provocar un nuevo auge hubiese producido el efecto contrario. Esta conclusin hay que sostenerla con firmeza pero con voz muy serena, con mucho respeto por los compaeros que tuvieron esa responsabilidad porque ellos, desde hace muchos aos, no tienen voz. A nte el go lpe m ili tar En varios documentos del Partido se afirmaba que en la Argentina se viva un auge ininterrumpido del proceso revolucionario iniciado en 1969 con el Cordobazo, y que este se sostendra por el desarrollo de las fuerzas revolucionarias polticas y en particular militares. Nuestro renunciante, en su libro Hombres y Mujeres del PRT-ERP, atribuye la visin de un auge ininterrumpido al contenido positivista (sic.) del pensamiento de Santucho. A nuestro entender este concepto provena, ms que de un anlisis lgico, de una generalizacin de las revoluciones China, Cubana y Vietnamita, las que eran tomadas como ejemplos de revoluciones donde se haba seguido un proceso de guerra popular prolongada, en los que la lucha de las masas se haban sostenido en las fuerzas militares de la revolucin. Coherente con esta concepcin, al producirse el golpe del 24 de marzo, el Comit Central que se reuni inmediatamente, lleg a la conclusin de que la ofensiva militar era un paso ms en la espiral represin-resistencia, la que se quebrara en el momento en que las fuerzas populares y revolucionarias superaran a las del sistema. En consecuencia se redact un llamamiento en el que se instaba a los Argentinos a las Armas!. En l se analizaban las caractersticas de la dictadura y se conclua que: No se trata de un rgimen provisorio (...) Es el tipo de gobierno definitivo que se dan las fuerzas burguesas-imperialistas para luchar contra las fuerzas revolucionarias argentinas.20 En la misma proclama Santucho puso especial acento en el elemento
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principal y permanente de su concepcin revolucionaria: la necesidad de fortalecer y mantener unido al Partido. Deca al respecto: Y hoy ms que nunca, la principal de nuestras tareas, la que garantizar avances consistentes en todos los aspectos de la actividad revolucionaria, es la construccin del Partido, su consolidacin y desarrollo, su fortalecimiento incesante. Ya ve Eleuterio, no hace falta demostrar que en el centro de nuestra concepcin se encuentra la idea del partido revolucionario, aqu Santucho lo reafirma, una vez ms, en forma contundente. Pero ms interesante resulta leer el prrafo con que el Robi culmina el llamamiento, con el que seguramente usted estar de acuerdo y que nuestro renunciante olvid dos aos despus. Cuando muchos aos despus volv a leer el prrafo que voy a citar me caus una viva impresin, sent que Santucho estaba expresando un mandato, y a la vez una clara visin del futuro que se avecinaba, ya que era probable que l y otros dirigente cayeran en la lucha pero que la continuidad estara dada por la unidad en torno al CC, y as lo creamos firmemente. Leamos con qu conEstrech amente un ido s en to rno al Co mi t viccin lo expresaba: E Cen tra l, siguiendo el elevado y poderoso ejemplo de nuestros hroes y mrtires, los militantes del PRT cumpliremos cabalmente y con honor nuestras misiones revolucionarias. En los dos meses siguientes al golpe, la imposibilidad de aplicar la lnea votada y una serie de cadas de importantes cuadros del Partido y la prdida de grandes recursos materiales, hicieron comprender a Santucho que se haba cometido un error de apreciacin tctica que nos debilit en lo ideolgico y en lo orgnico. En lo ideolgico en cuanto dificult el enraizamiento de la concepcin de guerra prolongada, y en lo orgnico en cuanto no nos orientamos con mxima energa a simplificar el aparato y volcar ms compaeros a los frentes de masas.21 El error consista en no haber previsto el reflujo del movimiento de masas. Inmediatamente se reuni el CE, se modific la lnea tctica, la cual consisti en replegar al Partido y al ERP, una reduccin general de los aparatos nacionales, y de la Compaa de Monte, dirigir el trabajo de esos compaeros hacia las masas, suspender las grandes unidades militares y por lo tanto las grandes acciones, pero
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manteniendo activos los comandos guerrilleros ya que el accionar guerrillero mantendr viva la llama de la resistencia popular... porque en el presente perodo la lucha armada ocupa el centro de la lucha poltica, es y ser el eje de la poltica nacional.22 En un intento por fortalecer al Partido en lo orgnico, entre otras cosas, se resolvi democratizar su vida interna, para lo cual deban ser elegidos por la base todos los responsables de las clulas, elegir en plenarios estatutarios las direcciones zonales y regionales (los Estatutos contemplaban estas elecciones pero muchas veces no se cumplan). El CC haba sido elegido en agosto de 1975, por un Comit Central Ampliado, previo plebiscito en la base del Partido consultada sobre la suspensin del VI Congreso. Santucho siempre estuvo muy atento a la democracia interna, esto es de mucha importancia, porque un partido de combate en el que no hay posibilidad de obtener bienes materiales y en el que la mayor responsabilidad trae como consecuencia mayores riesgos y compromisos, no est ajeno al surgimiento de desviaciones como el burocratismo, el culto a la personalidad y la obsecuencia. Estas desviaciones, en germen, estuvieron presentes en la aceptacin pasiva del error de Santucho por el Comit Central y luego del conjunto del Partido de lo resuelto por el CC. Santucho no desfalleca ante las crecientes dificultades, miraba con optimismo el presente y, sin dudas, con mucho realismo perciba la aparente contradiccin entre el reflujo de las masas y la creciente toma de conciencia de las mismas. A partir de los nuevos anlisis propona, como corresponde a un revolucionario, nuevas tareas:
En aparente contradiccin con el reflujo, las masas viven una intensa vida poltica de caractersticas profundas y singulares (...) las masas obreras y populares van dejando de ser meras espectadoras del choque entre la guerrilla y las fuerzas represivas y comienzan a tomar partido activamente por los revolucionarios. Al mismo tiempo amplias capas de proletariado y el pueblo acrecientan su inters por el socialismo, comienzan a considerar seriamente la necesidad y la posibilidad de un profundo cambio de sistema. Y una nueva vanguardia obrera y popular, mucho
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ms amplia que la anterior irrumpe en la poltica nacional (...) Educar y formar esa nueva vanguardia, en el curso de la resistencia a la dictadura de Videla, transmitirle la rica experiencia acumulada, aprender de ella, renovando con su fresco y vigoroso impulso las estructuras revolucionarias, es una de las misiones fundamentales de la reciente promocin de templados cuadros que se forj en los primeros seis aos de guerra revolucionaria.23

Pero que Santucho no tena una visin estrecha de la poltica revolucionaria y que no se plantaba ante ella con una actitud sectaria para nosotros siempre estuvo claro. El ERP desde su fundacin vena levantando una consigna que propona la unidad de las organizaciones revolucionarias. Cuando esta unidad estaba a las puertas de concretarse nos transmiti su enorme entusiasmo, en su penltimo escrito que acabamos de citar. Bajo el subttulo de Un gran paso unitario y a continuacin de la frase antes citada escribi:
Esta gran tarea se ver considerablemente facilitada por los recientes avances unitarios en el campo revolucionario que nos han colocado ante la posibilidad real e inmediata de construir una organizacin frentista integrada por el PRT, Montoneros y Poder Obrero, que unifique la lucha antidictatorial y encauce un transcendental proceso hacia la completa unidad poltica y militar de las organizaciones revolucionarias proletarias y populares (el partido de la clase obrera, el ejercito popular y el frente de liberacin nacional). Dar este paso significar iniciar un proceso de convergencia quizs complejo, pero de un positivismo difcil de exagerar.

Luego analizaba el impacto que este hecho tendra en el nimo de las masas, la repercusin a nivel internacional y daba una serie de recomendaciones para que este paso no se frustrara. El CE del Partido haba resuelto que Santucho saliera del pas. Este solicit quedarse unos das ms para dejar firmado el acuerdo unitario, porque tema que diferencias secundarias pudieran frustrarlo. Insista en que si se poda realizar un acuerdo que
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condujera a concretar los tres ejes estratgicos antes mencionados (partido, ejrcito y frente) era aconsejable, si era necesario, ceder en los dems puntos. Pona como ejemplo el hecho de que Montoneros impulsaba una CGT en la Resistencia y nosotros no acordbamos con ella. Es as que Santucho, adems de un hroe y mrtir de la revolucin, lo fue tambin de la unidad de los revolucionarios. El conjunto de resoluciones que rectificaban la lnea nunca pudo ser aplicado plenamente, porque el enemigo fue asestando golpe tras golpe. Poco antes del 19 de julio haban cado el Comandante Juan Manuel Carrizo y Eduardo Castello. La cada de Santucho origin un estado de sospecha entre los dirigentes que nos desviaron de la tarea central, que era reorganizar al Partido con la tctica de repliegue. En los meses siguientes cayeron, junto a muchos compaeros, otros importantes dirigentes: Eduardo Merbilha, Carlos Germn, Leandro Fote y Norberto Pujol, lo que nos impidi reorganizarnos eficazmente. Esto llev a que un error que se apreciaba como tctico se convirtiera en estratgico.24 Queremos insistir sobre esta conclusin: el error que llev a la desarticulacin del PRT, luego de haber realizado los mayores esfuerzos en mantener la ofensiva, fue no prever, y sobre todo no ver, el reflujo de masas en los trminos en que lo hemos expuesto. Incluso en junio/julio de 1976 se estaba a tiempo de rectificar el rumbo, lo que no se pudo concretar por la cada de Santucho y los dems compaeros. En muchos balances de esta experiencia se pone el acento en que la equivocacin fue haber continuado la lucha armada durante el gobierno peronista, o, como veremos, que no fuimos suficientemente marxistas-leninistas. Nosotros ya hemos dado nuestra opinin. Para ser consecuentes con la teora del conocimiento del marxismo debemos decir que lo primero es un hecho objetivo: muertos, desaparecidos, prdidas materiales, derrota, exilio, divisin, desintegracin como fuerza poltica. Lo segundo es un anlisis poltico que no tiene en cuenta que aquellos grupos revolucionarios que apoyaron al gobierno peronista corrieron nuestra misma suerte. En cambio, el punto en comn a todas las organizaciones revolucionarias fue no ver el reflujo de masas y replegarse a tiempo. Por su
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parte la insuficiencia de marxismo-leninismo es una abstraccin que no dice nada. Desde el 20 de junio de 1973, con la masacre de Ezeiza, hasta Monte Chingolo, la lucha de clases haba tomado contornos muy definidos: de un lado la gran burguesa y el imperialismo con su Partido militar, el peronismo burgus y burocrtico, la mayora de la dirigencia radical y las dems formaciones polticas de la burguesa; del otro la clase obrera, fundamentalmente la industrial de las grandes fbricas, el sindicalismo clasista con sus Coordinadoras de Gremios en Lucha, las Ligas Agrarias, los curas del tercer mundo, los cristianos por el socialismo, el peronismo revolucionario, dignas individualidades del radicalismo y de otros partidos burgueses, la intelectualidad revolucionaria, gran parte del estudiantado universitario y las organizaciones revolucionarias que los acaudillaban. Los dos polos de la lucha de clases se disputaban los sectores intermedios de las masas. En la resolucin de esta lucha jug un gran papel a favor de la burguesa el peronismo burgus y burocrtico. Las fuerzas revolucionarias pusieron todas sus fuerzas por mantener la ofensiva iniciada con el Cordobazo y esas fuerzas mantuvieron la disputa hasta finales de 1975. Valoro como absolutamente correcto haber aceptado el desafo. Disputa que a nuestro entender comenz a definirse en la segunda mitad del ao 1975 por los motivos enunciados. Como acaba de leer, Eleuterio, en mi opinin, la derrota de las fuerzas revolucionarias y de las masas argentinas se dio en el terreno de la lucha poltica, no en el ideolgico. A esta altura del anlisis es legtimo preguntarse si el agotamiento de los sectores aliados del proletariado y luego del proletariado mismo se produjo por la tctica del engao de la burguesa con el Gran Acuerdo Nacional, la accin terrorista de los paramilitares, la cua metida por Pern y el peronismo burgus y burocrtico entre el grueso de la poblacin y sus sectores sociales de vanguardia, los fracasos de las ltimas y ms importantes acciones guerrilleras, o una combinacin de ellos y otro factor de suma importancia que hemos mencionado, la divisin en la vanguardia. Pero como nuestra intencin no es dar una respuesta cerrada, y para que el balance nos sirva como gua ante posibles futuras situaciones revolucionarias,
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le cedemos la palabra a Santucho quien, en su ltimo escrito, nos dej como enseanza cul debe ser la actitud de un revolucionario ante las ms grandes dificultades:
Pero los profundos cambios que registra la realidad nacional no provienen de una evolucin lineal e incruenta. Como todo proceso revolucionario se viene desarrollando en espiral, con avances y retrocesos, en tendencia siempre ascendente, y a costa de sensibles prdidas. Como dijo Mao Ts Tung luchar, fracasar, volver a luchar, volver a fracasar, volver a luchar hasta la victoria es una ley de la lucha revolucionaria. En la guerra de nuestra primera independencia los ejrcitos patrios intentaron avanzar dos veces por Bolivia hacia Per, hasta descubrir el triunfal camino de Chile; Bolvar, a su vez, fue 4 veces vencido en Venezuela y 4 veces se exili, hasta encontrar en su quinto intento el camino de la victoria definitiva. As ocurre y ocurrir en nuestra guerra revolucionaria. Cada paso adelante ha sido conquistado atravesando pruebas y errores, sufriendo dolorosas prdidas (...) Y en este momento de reflujo de las masas (...) las fuerzas revolucionarias podrn analizar serenamente las experiencias, hacer un alto en el camino, reagrupar, reorganizar y consolidar el potencial revolucionario para estar en condiciones de aportar vigorosa y organizadamente para la mxima extensin y potencia del prximo auge obrero-popular.25

Respu esta a la supu esta col oni zaci n del MLN por el PRT Una primera respuesta que, creo, casi nos eximira de otros comentarios es que usted nos acusa de haber introducido en el MLN una concepcin poltica que no tiene absolutamente nada que ver con la nuestra. Muy difcilmente nosotros hayamos podido introducir en el movimiento tupamaro esa concepcin llamada marxismo-leninismo pensamiento Mao ya que nos era completamente ajena y hasta antagnica con la nuestra.
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Mar xi smo -l enini smo pens ami ento Mao Usted nos vincula a esa ideologa denominada marxismoleninismo pensamiento Mao, con la que nosotros no tenemos nada que ver, mucho menos que ustedes, ya que entre 1964 y 1965 formaron un Coordinador con compaeros de esa tendencia ideolgica y algunos regresaron al MLN y llegaron a la direccin tupamara, como usted mismo lo informa. Nosotros no estamos vinculados ni histrica ni ideolgicamente con ese pensamiento. Es ms, aqu en la Argentina tambin existe esa corriente y tiene, al menos, dos vertientes bien definidas las cuales nunca tuvieron nada que ver con nosotros, ni nosotros con ellos. Por lo que conozco, he ledo y comprobado en la militancia prctica, esas corrientes se parecen a lo que usted describe en sus crticas de los grupos que ocuparon la direccin del MLN despus de 1972. En cambio nosotros no hablbamos de construir un partido, lo construimos. Fundamentalmente, en el proletariado de las grandes fbricas, para ello antes nos tuvimos que desprender del lastre morenista que se negaba a tomar en sus manos la lucha poltica y condenaba a la organizacin a un tmido sindicalismo combativo. Nosotros no hablbamos de construir un ejrcito, aqu tambin tuvimos que derrotar tericamente al morenismo, que en algn momento lleg a coquetear con la lucha armada pero que le tena terror pnico a efusin de hemoglobina. En enero de 1969 iniciamos la lucha armada revolucionaria y fuimos construyendo esa fuerza militar al calor del combate armado. En julio de 1970 fundamos el ERP. Tenamos un semanario partidario El Combatiente y una revista quincenal del ERP, el Estrella Roja. A travs de ellos se homogeneizaba la lnea poltica y la lnea militar, no la ideologa, al menos en el sentido que usted la usa. En ellos se reflejaba la historia de lucha de nuestro pueblo y la lucha de otros pueblos del mundo. Para nosotros no haba contradiccin entre el internacionalismo proletario, el latinoamericanismo y la lucha nacional. En las reuniones importantes se cantaban el Himno Nacional Argentino, La Internacional y la Marcha del ERP, y eso nunca se vivi como una contradiccin. La
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bandera del Partido era roja con la sigla PRT en negro, la bandera del ERP combinaba los colores de la bandera de San Martn con la estrella roja del socialismo. Lo que nunca nos sentimos fue nacionalistas, no adheramos a la artificial lnea Rosas-IrigoyenPern, ni a la de Mitre y Roca. Antiimperialistas si, latinoamericanistas tambin, que tenamos un proyecto para la Nacin Argentina seguro, que ramos argentinos y no rusos, ni chinos tambin, que metamos las races en lo ms profundo de nuestra historia no lo dude. Si hasta en los inicios llegamos a publicar una revista bilinge, en castellano y en quichua. Si a eso es a lo que usted llama la homogeneizacin ideolgica entonces s, le digo, que no coincidimos. En ese caso, lo invito a que critique directamente nuestra concepcin y no lo haga a travs de la crtica al marxismo-leninismo pensamiento Mao que, como ya dije, nos es completamente ajeno. La s upues ta co lo nizaci n Clara Aldrigui, autora de una investigacin sobre la ideologa y la identidad de los tupamaros, resume el del militante Martn: al conocerse las resoluciones de Via del Mar en el Penal Libertad, los dirigentes histricos estimaron que revelaban no tanto la influencia de las organizaciones marxista-leninistas de Chile, Argentina y Cuba, sino el peso poltico que haban adquirido en la direccin militantes de origen pro-chino, como Kimal Amir. Luego el propio Martn relata que: el Regional de la isla ocult deliberadamente (...) la carta de los compaeros presos, es decir la autocrtica que analizaba las razones de la derrota, elaborada en el Penal en 1973, y que no tena ningn punto de contacto con las resoluciones de Via.26 Como usted dice, Eleuterio, a reconocimiento de parte... y de una parte que tiene mucho ms valor que la de vuestros y nuestro renunciante. Por su parte vuestro renunciante Luis Alemay reconoce que integrantes de la direccin tupamara conocieron en Chile a militantes brasileos, bolivianos y chilenos del MIR, con quienes realizaron un proceso de maduracin que los llev a adoptar el
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marxismo-leninismo en febrero de 1973. Este renunciante involucra en esta decisin principalmente a chilenos del MIR y cubanos. Aclara que el objetivo ms importante que se logr en Via del Mar fue impedir que se reiniciaran las acciones armadas. Luego ampla el propio renunciante diciendo que posteriormente el PRT-ERP tuvo una grandsima influencia en el MLN de Argentina, pero tambin el Partido cubano.27 Ms interesante resulta el testimonio de Elena ya que por la forma de expresarse o sigue en el MLN o siente un gran respeto por l: Pero nuestra aceptacin del marxismo no tena nada que ver con los dogmatismos que los renunciantes quisieron imponer despus, la pureza marxista-leninista y las formas de aplicarla. Curioso, porque luego terminaron en el Partido Nacional, creo (...) Se fueron para construir el partido segn la ideologa, y no hicieron nada. Nada de nada. Desmovilizaron, eso s. A pes ar de esta adh esi n al m arx ism o- leni nis mo , ni el MIR ni el PRT qui sier on ma ntener rela cion es con ell os cuan do f raccio naro n l a o rgan izaci n ; comprendan que una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace. Y eso que haban sido ellos mismos los que haban mantenido los vnculos con el MIR y el PRT.28 La lectura del libro de Aldrighi resulta muy esclarecedora al respecto. De los citados y de varios testimonios ms resulta claro que la asuncin dogmtica del marxismo-leninismo y de la concepcin del partido tena su origen en el estado de conciencia creado por la derrota. En aquel momento nuestros dirigentes no haban vivido una experiencia similar, como nos toc luego a los que sobrevivimos. Recin pasados varios aos pudimos comprobar comportamientos similares en nuestra organizacin y comprender estos fenmenos mentales. Detengmonos en lo que termina diciendo Elena: ni el MIR ni el PRT continuaron teniendo relaciones con los renunciantes. Eso fue as porque nosotros tenamos relacin con el MLN a travs de su direccin y en ese momento ellos eran la direccin. Tenga en cuenta que ramos muy respetuosos de vuestra organicidad, al igual que con la de las dems organizaciones de la Junta. De la misma forma actu siempre el PC cubano con nosotros. En 1978 en plena lucha interna dentro del Partido,
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nuestro posteriormente renunciante y sus aliados en la direccin, descubrieron al supuesto agente infiltrado que haba entregado a Santucho y, adems, se le cargaba con una larga lista de hechos. El supuesto agente era un miembro del BP que se alineaba con la mayora del CC. Los compaeros del PC cubano siempre mantuvieron las relaciones con nosotros a travs del Secretario General. Pese a ello nunca se nos ocurri echar la culpa a los cubanos de nuestros males. Nuestros males eran gravsimos, pero eran nuestros. De las palabras de vuestro renunciante Luis Alemay quedan despejadas, si acaso subsistiera alguna duda, las responsabilidades en la ruptura del MLN: Llego a la Argentina en 1974 discrepante con todo, con el ERP, con el proyecto de asimilar el MLN al ERP (...) Ah comienza el proceso de ruptura del MLN, a partir de los que tomamos distancia. L a rup tu ra la i nici amo s no so tr os , n i bien yo s alg o de U ru guay para Ar gentin a. Pasemos, ahora, a analizar las cuatro causas que usted esgrime como elementos de la colonizacin del MLN por el PRT. Usted dice que Aquellos dirigentes del MLN fueron encandilados por la verborragia troscoidal perretista muy conocida por los viejos tupamaros. Esto, ms que una opinin es una afrenta, como hay varias en su texto. Le confieso que me he propuesto no entrar en ese juego, pero est seguro que me est costando un gran esfuerzo. Quizs lo logre por la alta estima que siempre he tenido y sigo teniendo por ustedes. Veamos las cuatro causas que Ud. enumera para explicar el encandilamiento. U U na: por su juventud en el MLN y -paradjicamente- por su extraccin de clase en el sentido de sus antecedentes militantes. Es una causa fuerte, la misma que le permiti a nuestro renunciante catequizar a sus aclitos, desperretizarlos en las escolsticas escuelas de cuadros de Italia, en 1978, destinadas a demostrar que la tierra no se mova y que Santucho y el PRT eran demcratas revolucionarios. O Otr a: porque algunos de ellos, habiendo sido derrotados en la I Convencin Nacional de enero de 1966 cuando propusieron exactamente lo mismo, se tuvieron que ir pero luego, reconociendo su error, abandonaron el Partido
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que en vano trataron de construir y reingresaron al MLN, llegaron por casualidad y por nuestros propios errores a la Direccin. En nuestro caso la revancha no se dio portada por los mismos hombres, Nahuel Moreno y los suyos nunca volvieron al PRT, pero algunas de sus ideas se enseorearon en el CE de abril de 1977 en Roma. Peor todava, ahora se haban puesto el ropaje del stalinismo y el sovietismo que nosotros muy bien habamos rechazado y criticado durante muchos aos. Se volva a una suerte de pacifismo, a la espera del auge que nos redima de los males del retroceso, no explcito, solapado, muy conocido por los viejos militantes de la Tendencia leninista. Viraje del que casi todos fuimos partcipes, aunque no necesariamente conscientes. Pero observe que aceptamos pasivamente el viraje en el plano ideolgico en el que no tenamos esa homogeneidad que el renunciante y usted nos atribuyen; cuando este viraje se intent aplicar en lo poltico se produjo la reaccin de la vieja Tendencia leninista. Ya ve cmo las derrotas nos llevaron, en busca de explicaciones tericas profundas, por caminos ms equivocados que los supuestos errores de la poca del perodo revolucionario. Otra: porque a falta de anlisis y respuesta serios vena muy bien esta envasada explicacin que explicaba todo sin explicar nada. Coincidentemente, en ese CE de Roma se hizo mucha alharaca diciendo que habamos descubierto el origen de los errores al comprender que el reflujo de masas no haba comenzado con el golpe del 24 de marzo, sino despus de las movilizaciones de junio y julio de 1975. Simple canto al espontanesmo como vimos en las causas de la derrota. Y pregonaban que no lo habamos detectado, al reflujo, por no haber sido suficienOtra: tal vez la decisiva: se necesitemente marxistas-leninistas. O taba urgentemente una buena racionalizacin, lo ms grandilocuente e izquierdista posible para justificar lo injustificable: quedarse en el cmodo -para los dirigentes- exilio, sin arriesgar, de ser posible, un milmetro de pellejo, una gota de hemoglobina propia. Lase usted El partido de calidad, escrito por nuestro renunciante en 1978, smele la consigna de la insuficiencia de marxismo-leninismo, ms las escolsticas escuelas de Italia, la adopcin de la palabra cientfico que usaban cada tres renglones
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cubra su falta de ideas, y la grandilocuente Tendencia MarxistaLeninista pensamiento Mario Roberto Santucho que propona un temario de discusin que iba desde la revolucin agrcola al espacio virtual y comprobar que la misma receta y la misma actitud de vuestros renunciantes, cobr vida en nuestro Partido revestida de una profundizacin del marxismo-leninismo. En la nuca del PRT Luego de la cada de Santucho, Urteaga y Menna, el 19 de julio de 1976, en los meses anteriores Carrizo y Ledesma y a mediados del 74 el Negrito Fernndez, el nico miembro titular de Bur Poltico del PRT que qued con vida fue el a la postre renunciante. l afirma que fue designado (no elegido) Secretario General por el CE reunido en agosto, sus aclitos en un documento de mayo de 1979 dicen que fue designado en forma interina. Por su parte, Gorriarn afirma que en esa reunin Norberto Pujol plante que no haba condiciones para elegir Secretario General y se acept. Ms all de las formas son opiniones confluyentes. La presin enemiga se acentu en los meses siguientes de 1976 sobre el conjunto de la organizacin, en particular sobre la direccin y los principales cuadros y estructuras. Pese a las enormes dificultades, el conjunto de la militancia partidaria no baj los brazos y sigui luchando con la misma entrega. En setiembre de este ao salieron al exterior el renunciante y Gorriarn con el objetivo de establecer vnculos internacionales y crear condiciones en el exterior para replegar parte de la direccin partidaria y otros cuadros polticos y militares. Al regresar Gorriarn, en diciembre, se encontr con que varios de los principales cuadros haban desaparecido: Merbilha, Fote, Pujol, Germn y Mc Donald. Se complet la lista de compaeros a replegar al exterior junto con los dems miembros del BP y algunos cuadros de la direccin del trabajo poltico Legal. El repliegue de estos compaeros se efectu entre enero y marzo de 1977, quedando a cargo del Partido y del ERP una Direccin Interior integrada por tres compaeros.
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Poco despus, en abril de 1977, se realiz una extensa reunin del CE en Roma (asistimos varios que integrbamos el CC). Esta reunin no aport, en el mejor de los casos, nada nuevo ya que su principal conclusin poltica fue que el reflujo de masas haba comenzado luego de las jornadas de junio y julio. Situacin que ya estaba presente en los anlisis de la direccin partidaria y publicado en el Boletn Interno de setiembre del 75 que hemos citado. Diez das de discusin para tan poco. En realidad al estar pensando y escribiendo este trabajo me di cuenta que ese anlisis contena, desapercibidamente, un cambio en la concepcin del PRT. La derrota nos hizo retroceder hacia lo que habamos llamado el espontanesmo, el cual se expresaba con pensamientos como este: si el reflujo comenz en julio del 75 no se debi hacer Monte Chingolo y se debi suspender la actividad militar a la espera del nuevo auge, un canto al morenismo que habamos derrotado en 1968. Pero que el proceso de nuestra divisin no se dio en el plano de la ideologa, como usted afirma, sino en el de la poltica, de a poco va a ir quedando claro. Ya vimos el primer punto. Veamos ahora el segundo. En la misma reunin de Roma, consolidamos el viraje hacia el stalinismo o sovietismo: se aprob el alineamiento con la URSS y su teora de los dos campos -la contradiccin fundamental campo socialista vs. campo capitalista-; las tres vertientes -los pases socialistas, el movimiento obrero de los pases capitalistas y los movimiento de liberacin nacional- y la URSS como bastin fundamental. La JCR pas a ser una simple Coordinadora. Es por esto que el renunciante, en su libro, escandaliza sobre este punto. Ningn mazazo, revisionismo puro. Esta resolucin que se present como el abandono definitivo del trotskysmo no era ms que una justificacin terica, ante el desconcierto, por la derrota que no se lograba asumir. De estas resoluciones casi todos fuimos partcipes, pero ya veremos que cuando esta lnea ideolgica se intent llevar al plano de la poltica prctica, estallaron las diferencias. El CE eligi, ad referndum del CC, al futuro renunciante como Secretario General y al BP que qued integrado por el renunciante, Enrique Gorriarn, Julio Oropel, Leopoldo (o
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Rogelio Galeano) y el Vasco Daniel Martn. Recuerdo que el argumento ms concreto que se esgrimi fue que como l estaba en funciones que siguiera: no vamos andar haciendo cambios ahora dijo alguien, que creo era Leopoldo. A mi me pareci suficiente el argumento debido a que pensaba que esta eleccin era una cuestin secundaria, ya que el Partido estaba unido y esa unidad se haba consolidado en todos esos aos de lucha; por lo tanto no haba que preocuparse porque el colectivo resolvera correctamente los problemas. Estaba equivocado! Otro punto que sutilmente fue contrabandeado en el documento que resumi las resoluciones de Roma, y que ms adelante sera asumido como bandera de firmeza revolucionaria por los aclitos del renunciante, fue la cuestin de sobre quin haba cado la derrota, si sobre la vanguardia exclusivamente o tambin sobre el movimiento de masas. La primera posicin en apariencia es ms revolucionaria, ms de izquierda, pero en la prctica es otro canto al espontanesmo. Como comprobamos en la prctica posterior, este argumento abri de par en par las puertas para que todo tipo de concepciones reformistas se colaran en los movimientos revolucionarios y que en la actualidad impregnan muchos genuinos esfuerzos populares. En cambio la posicin derrotista, como la llamaron los aclitos, tena en cuenta que la vanguardia era tal y, en consecuencia, esas masas acompaaron hasta el final. Es ms, luego del golpe fue la clase obrera industrial y de servicios la protagonista principal de los enfrentamientos a la dictadura y si no pas a la ofensiva, como correctamente haba previsto Santucho, fue porque se haba quedado sin vanguardia. Lo dicho no niega el reflujo de masas, pero los aclitos, en las asfixiantes escuelas de Italia, en lugar de estudiar el marxismo se dedicaron a beber como man del cielo la metafsica materialista de DIAMAT stalinista. No podan comprender que el profundo reflujo de masas no excluy que las luchas obreras continuaran al menos durante un ao ms, hasta que finalmente y junto con su vanguardia se consumara su derrota durante 1977, a manos de la dictadura terrorista. Pero la posicin triunfalista no era inocua. En la reunin del Ejecutivo los compaeros del Comit Interior haban informado
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que, al asumir, se encontraron un Partido paralizado y que ste, ahora, se encontraba formado esperando la orden de combate. Por parte de alguno de los asistentes hubo un intento de reaccin, neutralizado por Leopoldo para no ventilar, en el plenario de la reunin, las diferencias en el Bur Poltico. La irresponsabilidad izquierdista tuvo consecuencias inmediatas. Finalizada la extensa reunin del CE, los compaeros del Comit Interior regresaron a la Argentina. Casi inmediatamente, en los primeros das de mayo, se inici una serie de cadas que se prolongaron hasta principios de julio y que alcanzaron toda la estructura nacional del Partido. Desde Europa fueron enviados varios compaeros para hacer contactos con los sobrevivientes y replegar al exterior a los que estuvieran en una situacin comprometida; o sea casi la totalidad de los compaeros que quedaban. En este contexto alguien dijo al exterior todo el mundo y gran parte de los compaeros salieron. El renunciante, fiel a su posicin izquierdista, escandaliza contra esta decisin. Afirma que no se cumpli con el muy elaborado plan de repliegue hacia el movimiento de masas. Puras patraas, no haba plan. La decisin del repliegue se tom en junio de 1976, se lo profundiz verbalmente luego de la cada de Santucho, se le dio otra vuelta de tuerca cuando volvi Gorriarn en diciembre, se insisti confusa y contradictoriamente en el Ejecutivo de Abril de 1977, y justamente por esto ltimo no se aplicaba, cayendo la estructura nacional. El renunciante, Leopoldo y Oropel, la troica izquierdista del BP, no haba asumido que el error de apreciacin tctica nos debilit en lo ideolgico. Santucho, en junio de 1976, vio mucho ms lejos que todos los cientficos anlisis del renunciante, la troica y sus aclitos. Hace unos aos me informaron que el que dijo al exterior... fue el compaero Mario de Capital. Creo que, sobre el terreno, tom una decisin valiente y acertada. E n la n uca, dos Con la mayor parte del Partido en el exterior, con pocos recursos y la incomprensin del campo socialista (salvo el PC
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cubano), de la Socialdemocracia y de todo el progresismo europeo, ya que para ellos en la Argentina se haba derrocado un gobierno fascista (fascistoide lo llamaba Santucho, lo cual era aproximadamente cierto pero incompleto), haba algo peor: la Dictadura terrorista. La solidaridad la tuvimos que ganar a pulso. En esto hay que destacar la persuasiva tarea de los compaeros a cargo de las relaciones polticas en Europa, acompaados por la militancia partidaria. En 1978, los militantes del Partido nos encontrbamos en su mayora diseminados en casi todos los pases de Europa, un nmero importante de ellos concentrados en dos escuelas en Italia, pero tambin haba numerosos compaeros en Mxico, Brasil, Venezuela y algunos otros pases de Latinoamrica, cuatro ncleos de militantes de masas y otro de inteligencia en Argentina y una enorme cantidad de compaeros presos en las crceles. Un nmero similar estaba todava con vida en los campos clandestinos de la dictadura. En el marco de esta situacin, en diciembre de 1977 y en abril del ao siguiente, se realizaron dos reuniones del CC que no resolvieron nada, absolutamente nada. La falta de acuerdos en el BP que no trascendan, salvo en el CC de abril de 1978 en el que informaron que haba habido diferencias pero que stas ya estaban superadas, nos tena paralizados. Despus de esta ltima reunin los nimos comenzaron a calentarse. El a la postre renunciante apur los planes para transformar al PRT de partido de combate (como habamos sido) en un tmido partido stalinista clsico, obviamente disfrazado; en forma vergonzante se aceptaba la lucha armada pero en los hechos se trabajaba en la direccin opuesta (ao 1978); en el ms oportunista de los anlisis se consideraba que la derrota haba sido slo de la vanguardia pero no de las masas. El plan de ruptura estaba bien pensado: a los nuevos militantes se les poda inculcar el stalinismo o el sovietismo, disfrazado de profundizacin del marxismo-leninismo; a los viejos perros de la Tendencia leninista que haban fundado el ERP era ms difcil hacerles tragar gato por liebre. La reaccin surgi de la vieja militancia partidaria o al menos lo que quedaba de ella que estaba dispersa en varios pases.
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Luego de una numerosa cantidad de indecisiones, se resolvi que un grupo del CC y otros compaeros fusemos a realizar una escuela poltica a Cuba. Eleuterio, le tengo que confesar que tengo una estructura mental ingenua ya que recin a esa altura comenc a sospechar que las cosas no andaban bien. Le cuento un chismecito de la interna. En una reunin preparatoria de nuestro viaje a Cuba, de la que participbamos slo cinco personas, el futuro renunciante me pas, por debajo de la mesa, una tirita de papel en la que se lea: Consulta a los miembros del CC. Est de acuerdo con la realizacin del VI Congreso. Si - No. Tache lo que no corresponda. Secretario General. Me tom por sorpresa ya que realizar un Congreso en esas condiciones era un despropsito. Al finalizar la reunin, mientras el futuro renunciante hablaba con los otros dos compaeros presentes, le pregunt a Julio Oropel, miembro del BP: de qu se trata esto?, mostrndole el papelito. Me respondi: no s, preguntale a Luis. Guard el papelito y me dije, est todo podrido!. All comenc a preocuparme por el futuro del Partido. Me qued pensando en que ya no ramos una gran familia, se estaban jugando mtodos desconocidos en el PRT desde el V Congreso. En su afn de sacarnos del medio, para travestir el pasado heroico del Partido de Santucho y el Negrito Fernndez, nos enviaban a Cuba. Nos dijeron y escribieron que era una tarea estratgica, pero ya no les cremos. Simultneamente preparaban la renovacin del CC29 elegido en el combate por otro que surgira en los Alpes italianos. El dulce era tentador Cmo negarnos a conocer la cuna de nuestro sueo! Bajo protesta fuimos. Pero no calcularon que estaban cometiendo un error, nos reunieron en un mismo lugar, en el que adems soplan vientos de revolucin. Estos vientos (para nada estoy hablando de injerencia cubana, ellos eran respetuosos, como lo fuimos nosotros con ustedes, de la organicidad) nos ayudaron a despabilarnos. A los pocos das de llegar, despus de un intercambio de opiniones, nos dimos cuenta que ninguno haba querido ir, dada la gravedad de la crisis partidaria. A Gorriarn, que vena de una visita a las FAR colombianas, le expusimos nuestra visin de la situacin partidaria, la cual dijo compartir. Luego de un silencio de ms de dos meses nos llegaron tres documentos juntos.
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Del primero surgan diferencias acerca del papel del Partido en el Frente Antifascista o Antidictatorial, pero esta era una diferencia secundaria en el sentido de que no atentaba contra la unidad partidaria, ya que se podan contener esos matices e incluso sintetizarlos en un debate de ideas. El segundo era un mamotreto de 65 pginas en dos tomos, llamado El Partido de calidad, firmado por el Secretario General de entonces. A nosotros que sabamos de memoria el Qu hacer y lo habamos aplicado, nos venan a decir que la derrota del PRT haba sido por un insuficiente dominio del marxismo-leninismo en cuestiones de organizacin. Me he tomado el trabajo de releer estas aburridas y tediosas pginas. De ellas no se puede sacar una idea, es slo una arenga abstracta llena de buenas y malas intenciones. Ya ve que esta cantinela de la insuficiencia de marxismo-leninismo no se escuch slo en las filas tupamaras, a nosotros, nuestro renunciante, troica y aclitos, tambin nos corran con la necesidad del estudio del marxismo-leninismo. Qu cree usted que estbamos estudiando nosotros? Justamente eso, pero as y todo espantaban con esa bandera. El tercero era una comunicacin en la que se llamaba al VI Congreso partidario, prcticamente al otro da de nuestra partida hacia la escuela en Cuba, convocatoria que no haba sido formulada por el CC como estatutariamente corresponda, incluso sabiendo que la mayora de ste no estaba de acuerdo. Para no aburrirlo, voy a destacar slo dos elementos que se daban alrededor de esta convocatoria, adems de la ilegalidad partidaria. Se propona un temario maratnico, que justificaba la inaccin de la direccin y la permanencia en Europa, reconociendo una falta ms grave todava: el llamado al Congreso se hizo pblico mediante el Boletn Interno 112 y mediante una charla del Secretario General dada en Madrid, acompaado de M, para conversar con distintas fuerzas polticas, a los efectos de que aportaran su propia experiencia...30. Co ngr eso del PRT p blico en Eu rop a y co n i nvi ta dos de ese co ntinen te! No me voy a extender sobre lo que esto significaba para la Argentina de 1979. En estas circunstancias enviamos una propuesta de suspensin del Congreso, una inmediata reunin del CC, que en todo caso
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resolvera sobre esta convocatoria, reemplazar el Congreso con un CC ampliado y con un temario acotado poniendo la atencin en los planes de retorno al pas. Fue entonces que utilizaron el arma mortal, el g olpe en la nuca defini tivo : acusaron de anti democrticos y fraccionalistas a la mayora del CC. Reitero la mayora del CC pasamos a ser los fraccionalistas y la minora el Partido. El pecado de leso marxismoleninismo santuchismo fue pedir la reunin de la mxima direccin partidaria en condiciones estatutarias. Pero no slo de los estatutos se haban olvidado. Tambin se haban olvidado del mensaje de Santucho a la semana del golpe: Estrechamente unidos en torno al Comit Central. El trotskysta y demcrata revolucionario Santucho se banc tres aos siendo minora en el CC liderado por Moreno31, el marxista-leninista maduro no se banc ni una sola reunin. Habamos explicado que en la editorial de El Combatiente del 9 de junio, que reflejaba las resoluciones del CE recin reunido, Santucho nos habla de un error de apreciacin tctico que nos debilit en lo ideolgico y en lo orgnico, l explica detalladamente las implicancias de este error, el cambio en la lnea y enumera una serie de medidas prcticas de correccin. Leamos cmo valoraban, el renunciante y los suyos, esas conclusiones de Santucho y del CE con la mayora de sus cuadros vivos: La valoracin de nuestros errores, por parte del CE, ha quedado ampliamente superada por la autocrtica actual. Le suena Eleuterio? Pero hay ms: No fue error de apreciacin tctica, sino errores de carcter estratgico de origen ideolgico32. Santucho, en un texto escrito poco antes de morir, que no se ha conservado, afirmaba que habamos manejado slo briznas de marxismo. El renunciante, para combatir esos males ideolgicos que segn l provenan de la poca del morenismo, que tard 10 aos en descubrir y luego de la derrota partidaria, se haba apropiado de esa expresin de Santucho, modificada a su gusto como insuficiente dominio del marxismo-leninismo, para introducir a la militancia partidaria en el estudio de la obra del DIAMAT (materialismo dialctico) stalinista y para que, con estas nuevas herramientas tericas, descubrisemos el origen de la derrota.
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Bajo el eslogan de que Santucho y la direccin partidaria padecieron de una insuficiencia de marxismo-leninismo, procedieron a liquidar la concepcin revolucionaria del PRT. Veamos slo unos breves prrafos de un kilomtrico documento para conocer cmo opinaban al momento del ataque fraccionalista:
Lo que el Partido careci, fundamentalmente, fue de una estrategia precisa para el proceso revolucionario argentino, que definiera cientficamente las etapas de la revolucin, las clases a derrotar en cada etapa dada y las alianzas en dichos perodos. Confundimos frecuentemente formas de lucha con estrategia, tctica poltica con respuestas coyunturales, desarrollndose simultneamente un errneo concepto de ininterrumpibilidad (sic!) del proceso revolucionario que no tena en cuenta flujos y reflujos en la lucha de las masas. Esta falta de precisin en nuestra estrategia, estos equivocados conceptos acerca de la tctica y su relacin con la estrategia, la carencia de una mayor precisin en las fases posibles del proceso revolucionario argentino y plataformas programticas para esas fases, son la expresin concreta de nuestro insuficiente dominio del marxismo-leninismo; y es lo que explica que invariablemente la pauta que se repite en la experiencia de los ltimos nueve aos, es que en las distintas coyunturas damos una respuesta parcialmente correcta, producto de un anlisis que en lo general es correcto, pero que en su implementacin, invariablemente adolece de gruesos errores. Porque la respuesta a la coyuntura no prevista, es fundamentalmente improvisada sobre la marcha.

Para que se ra un poco Eleuterio, grgara de palabras! Pero curioso, en su libro el renunciante le atribuye a Santucho un pensamiento positivista porque proyectaba polticas para el futuro. Vaya uno a entender al aprendiz de filsofo. Pero no desesperemos hay ms: Es importante tener en cuenta que el insuficiente dominio del marxismo-leninismo, la corta experiencia y juventud del Partido, favoreca la convivencia dentro de la organizacin de las corrientes no leninistas, las cuales, segn la agudeza de la lucha, la presin del enemigo, cobraban mayor o menos influencia. Qu
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sinuoso equilibrio para no decir la lucha de clases en el seno del partido, por la presin de las clases hostiles, cuyo ncleo es la contradiccin pequea burguesa-proletariado! Un ltimo esfuerzo Eleuterio y no lo atormento ms. Tal es el caso ms conocido y claro de la desviacin militarista de los aos 71-72, que condicionaron seriamente nuestras posibilidades de participacin en la apertura democrtica33. Mire lo que uno viene a descubrir en este tipo de investigaciones. La mentada desviacin militarista del ao 1971, ya analizada largamente por el Partido en 1973, se dio en un momento en el que la mayor parte de la direccin partidaria haba sido detenida: Santucho, Gorriarn, Menna, Bonet, Foti y Pujals desaparecido, mientras que Benito Urteaga se bata casi solo contra ella y Carlos Germn se destac por orientar correctamente su trabajo en Crdoba. La pregunta que me queda para nuestro renunciante es: Qu hacas t en la guerra, pap? Volviendo al relato histrico, le cuento que los revisionistas se atrincheraron bajo la autoridad del Secretario General y como no podan plantear abiertamente sus concepciones (abandono de la lucha armada, que la derrota haba sido solamente de la vanguardia y no de las masas, partido stalinista tipo europeo, Congreso pblico con invitados de ese continente, eliminacin de los puestos dirigentes de las viejos militantes de la Tendencia leninista) se enmascararon detrs de la ampulosa definicin de Tendencia Marxista-Leninista pensamiento Mario Roberto Santucho. Lo de pensamiento es una irona que me permit para mostrarle hasta qu punto las derrotas producen comportamientos similares y si no se lo pusieron fue justamente porque no provenamos de esa cultura poltica, pero no dude de que actuaron en consecuencia. El renunciante confiesa en su libro que le falt valor para plantear sus posiciones a fondo. Con esta expresin quiso conmover al lector demostrando un rapto de honestidad y humildad, mentiras, pura pose para la foto. No plante sus posiciones porque se quedaba solo, ni sus aclitos lo hubiesen seguido de conocer sus planes. Muchos de ellos fueron seducidos por el discurso ideologizado del renunciante, aunque no todos. No era
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fcil descubrirlo, le quedaban las maas de su origen sindicalero, discursear por izquierda y cerrar por derecha. En 1980 cuando sus seguidores, que l haba catequizado en las escuelas de Italia, descubrieron sus verdaderas actitudes, ms que sus posiciones que nunca pudieron superar, lo pasaron a la base y se convirti en nuestro renunciante. Luego de trastabillar con la estratagema del Congreso, para recuperar la iniciativa, no vacil en acusar de agente enemigo a un integrante de la mayora del CC y miembro del BP. Justo veinte aos despus, en diciembre de 1998, en un bar del barrio de Boedo en Buenos Aires, me confes que se trat de una locura sectaria. Pero no les alcanz. Luego realizaron una conferencia de prensa en Madrid en la que se denunci al supuesto agente enemigo, la expulsin del traidor a la revolucin Gorriarn y la expulsin como traidores al PRT del resto de la mayora del CC. Con este movimiento no qued ningn resquicio para continuar la discusin poltica, que casi no haba comenzado por los motivos expuestos. Un mes despus regresamos los miembros del CC que estbamos en Cuba, los compaeros comenzaron a conocer los hechos que estamos narrando y en dos semanas se equilibraron las fuerzas lo que nos permiti realizar un esfuerzo ms por mantener la unidad, pero ms por voluntarismo que por reales posibilidades de revertir una situacin consolidada. Integramos la Comisin de Fiscalizacin y Control hacia el Congreso, en ella estaban en absoluta mayora pero como no esperaban la reaccin de la militancia partidaria, boicotearon sus funciones. Como all se sentan dueos de los destinos de la fraccin que lograron construir, terminaron reconocindose, a los gritos, como los responsables de la divisin del Partido. Para tranquilizar su conciencia el renunciante escribi en el prlogo a la segunda edicin: permtaseme algunas consideraciones (...) que me llevan a dar por cerrada la historia del PRTERP (...) Existe hoy una ruptura histrica que tiene mltiples manifestaciones pero que se sintetizan (...) en el ocaso de la era industrial y la cada de las absolutizaciones de la modernidad. Aqu, sin tapujos, exhibe su soberbia, no se senta satisfecho con haber destruido el PRT, ahora decretaba su muerte definitiva.
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Esta clase de inveterados elitistas luego sern los tericos de la horizontalidad, el situacionismo y esas nuevas formas que adopt, en el campo popular, la ideologa de la clase dominante. Con este tipo de razonamiento est propiciando la disolucin del PC cubano para que, todos los que nos juntamos bajo la herencia guevarista, corramos presurosos al Departamento de Estado norteamericano a preguntarle a Francis Fukuyama cmo continuara la historia del lagarto verde del Caribe y los sueos de libertad de los pueblos de la Amrica Latina. Un da a principios de 1976, lleg Benito Urteaga, como habitualmente lo haca, a la reunin semanal del Secretariado de la Regional Sur. En un momento, fuera de toda afectacin, en un dialogo natural que se refera a las dificultades que tendramos ante el inminente golpe militar dijo que mientras quedara un solo militante del PRT vivo, ste seguira existiendo. Pese a la tragedia que signific para todos nosotros la divisin partidaria, un destacamento de nuestro sector (encabezado por Gorriarn, es justo decirlo) particip en la ofensiva final que culmin con el triunfo de la Revolucin sandinista y posteriormente otros contingentes se sumaron a colaborar con el Frente Sandinista en Nicaragua. En el hermano pueblo de Sandino y Carlos Fonseca, los aguerridos militantes del PRT cumplimos otras misiones revolucionarias y dejamos en ellas un hroe, como Hugo Alfredo Irurzn, ascendido luego a Comandante sandinista. Cm o va lor aba nu estro r enunci ante a Sa ntu cho en 19 83 /87 ? En el libro del cual usted toma las citas el renunciante dice: Pero, an en esta sencilla minuta, este Santucho convive con el otro, el demcrata revolucionario, con sus prejuicios polticos que lo llevan a no entender la poltica, ni siquiera a nivel de poltica sindical34. Lo dice porque Santucho impulsaba una corriente sindical por la guerra y el socialismo que era resistida por los dirigentes sindicales que militaban en el PRT. Pero an en esto Santucho demostr ver ms all de la nariz de Pinocho de nuestro renunciante, ya que prevea la necesidad de la lucha sindical
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en condiciones de mxima represin y por lo tanto de clandestinidad. Claro, afirma eso luego de la derrota revolucionaria y de la proliferacin de concepciones oportunistas y pro capitalistas que, con el prestigio de haber sido Secretario General del PRT y con el de Comandante Jefe del ERP que nunca ejerci, l contribuye a embellecer. Pero para penetrar en lo ms profundo de su pensamiento, nada mejor que leer, no sus crticas sino, sus ms encendidos elogios que escribe como epitafio de su mentor y Jefe: el argentino, que reflej mejor que nadie en su garra, en su talento, en su indiscutible altruismo, a la generacin de su tiempo. Cualquiera hayan sido sus limitaciones y errores, no invalidan en lo ms mnimo su mensaje tico, la perspectiva histrica y el papel del hombre en la transformacin social35. Claro, de poltica Santucho no entenda nada, de organizacin revolucionaria tampoco, de formacin de cuadros ni que hablar, representante de la clase obrera argentina una locura, tampoco principal enemigo del capitalismo en la Argentina, pensador revolucionario ya sera un exabrupto, y menos que menos mximo exponente del guevarismo en Argentina, como lo ha llamado hace poco un joven intelectual argentino. Slo la garra, el talento, el altruismo, la tica, sus errores y limitaciones. Yo me pregunto cuntos argentinos/as por generacin merecen estos calificativos? Sin lugar a dudas muchos miles, quizs millones. Por qu, entonces, todava recordamos, hablamos, escribimos, homenajeamos, nos inspiramos, los jvenes que se acercan a las ideas revolucionarias lo toman como referencia? Me respondo: lo que a Santucho no le perdonarn nunca, ni la burguesa, ni los pseudo intelectuales pequeo burgueses, ni nuestro renunciante, es que haya sido el mejor de todos, el que sac al marxismo argentino de su cmoda modorra y lo transform en una poltica revolucionaria. El que puso en un rincn a la burguesa y la tuvo groggy. En definitiva, el que construy una poltica que le disput el poder. Me sigo preguntando por qu nunca se desmitifica al Che, a Sendic, a Enrquez, a Fonseca, a los Peredo, a de la Puente, etc. etc.? Por qu esa saa con Santucho? Ser que era provinciano,
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negrito, por sus venas corra sangre indgena, fecho para la esttica occidental y cristiana, hablaba con la zeta, no da para pster, no es una respuesta pero ayuda. No lo s, quizs as ocurra con cada lder revolucionario en su propio pas. Como vivo en la Argentina y tenemos el cuero curtido de recibir lonjazos propios sobre nuestra historia, este que lleg de Montevideo no lo esperbamos. Espero haber contribuido en algo para cambiar la errnea idea que usted expresa sobre nosotros en En la nuca. *** Acuerdo con usted en muchos puntos de vista. Quiero resaltar tres. Uno es la banalizacin y manipulacin de la autocrtica. sta, en muchos casos, se transform en el levantamiento cotidiano de la bandera blanca de rendicin ante el enemigo. No ahorran esfuerzos para que les crean: ahora somos serios, nunca ms la revolucin! Otro es cuando usted asume que fueron foquistas -entiendo que como recurso polmico ya que no lo fueron- y que les fue bien, y cmo, si hasta captaban militantes en otros pases! En nuestro caso nos acusan de haber sido militaristas (tambin foquistas pero no es una acusacin seria). Les respondemos que s. Tombamos cuarteles y pensbamos y pensamos que la lucha armada es parte esencial de la lucha revolucionaria y que en determinados momentos la lucha de masas se sostiene en la lucha armada. El tercero es que la derrota no fue nacional sino latinoamericana y mundial. Por lo tanto, que no es bueno flagelarse buscando la quinta esencia de la derrota o el elixir que nos redima de ella. Como stos no existen, esa infructuosa bsqueda a lo nico que conduce es a un vaciamiento de las concepciones revolucionarias. Eleuterio, por mi parte, hemos llegado al final de esta polmica. Le cuento una ancdota de la adolescencia. Tendramos 13 o 14 aos, la edad que aqu se le llama del pavo. Con mis amigos nos reamos de los nombres de nuestros padres. El que se llev las palmas de la pavada adolescente fue Cndido Eleuterio. Como me ha ocurrido en muchos casos, y creo que en general ocurre, un nombre desprovisto de la persona que lo porta puede sonar ms lindo o ms feo, pero cuando se encarna en personas
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reales ese nombre se resignifica. Para m, despus de la adolescencia y ya entrado en la juventud, el nombre Eleuterio siempre estuvo asociado a los grandes hechos de la historia uruguaya. Desde la otra orilla le envo a usted, Eleuterio Fernndez Huidobro, un afectuoso abrazo de militante.

La Plata, 24 de febrero de 2005

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NOT AS

Se le llamaba as cuando un estudiante iba a trabajar a una fbrica para hacer trabajo poltico en ella y tambin vivir directamente, al menos en parte, las calamidades de la explotacin capitalista. 2 Fragmento del artculo Junta de Coordinacin Revolucionaria orgenes y perspectivas: A 1968 se remontan los antecedentes de la colaboracin mutua entre las cuatro organizaciones que hoy integran la Junta de Coordinacin Revolucionaria. Hasta noviembre de 1972, que como veremos es la fecha en que empieza a concretarse la idea de una coordinacin orgnica permanente, se producen numerosos contactos bilaterales entre el ELN, el MIR, el MLN (T) y el PRT-ERP. Recordamos entre ellos la reunin entre un miembro de la direccin nacional del PRT y el Inti Peredo, en 1969 en La Paz, la serie de reuniones entre un delegado del MLN y Chato Peredo, en 1970 en La Paz, varios contactos entre compaeros del MLN y del PRT-ERP en Buenos Aires y Montevideo en 1971 y 1972, varias reuniones entre dirigentes del MIR y del PRT en Santiago de Chile desde julio de 1971 en adelante etc. () Los primeros das de noviembre de 1972, se realiza en Santiago de Chile una reunin trascendental. Participa la Comisin Poltica del MIR en pleno, tres miembros de la direccin nacional del MLN (T) y tres miembros del Bur Poltico del PRT. Inicia la sesin Miguel Enrquez, Secretario General del MIR y expone lcidamente la necesidad de una nueva organizacin internacionalistas a partir de nuestras tres organizaciones. Un pequeo Zimmerwald llama Enrquez a la organizacin que propone construir, una referencia inequvoca al antecedente leninista de 1915 (...) La propuesta de Miguel Enrquez es aceptada unnimemente sin observaciones y en pocos minutos se pasa a discutir los pasos prcticos para concretar el objetivo propuesto. Ya en la reunin de noviembre se inform de conversaciones sostenidas por dirigentes Tupamaros con dirigentes del ELN en las que se hablo de la posibilidad de que el ELN participara en el proyecto del pequeo Zimmerwald. Posteriormente, en conocimiento de las resoluciones de noviembre, el ELN plante formalmente su total coincidencia y su voluntad de incorporarse a ese esfuerzo internacionalista. En Che Guevara, Revista de la Junta de Organizacin Revolucionaria,
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n 2, febrero de 1975. 3 La negrita es de Fernndez Huidobro, Eleuterio: En la nuca. Historia de los Tupamaros, Ediciones La Banda Oriental. Montevideo, 2004. p. 15. 4 La negrita es ma. 5 Hasta aqu llega la cita de Huidobro. Por razones de tipo esttico-editorial, no hemos respetado la separacin de prrafos original, aunque s reproducido puntillosamente el texto, indicando con () las partes suprimidas. Los extractos citados se encuentran entre las pginas 17 y 43 de En la nuca. [Nota del editor] 6 El Vasco ngel Bengoechea fue militante del trotskysmo desde 1947. Rompi con Nahuel Moreno en 1962 y se convirti en el precursor del marxismo revolucionario en la Argentina. Compaero del Che, al igual que Jorge Massetti, en su proyecto de revolucin latinoamericana en territorio argentino. 7 De Santis, Daniel: A vencer o morir. Historia del PRT. Documentos. T. I V. 1., Nuestra Amrica, Buenos Aires, 2004, pg. 84 a 93. 8 Silvio Frondizi adhiri al marxismo siendo un hombre de una slida formacin intelectual, lo que le permiti superar la polarizacin stalinismo-trotskysmo y realizar aportes originales a la teora marxista, como su tesis acerca de La integracin mundial capitalista, a mediados de la dcada de 1940. Por supuesto que, al no entrar en los moldes ideolgicos de la poca, fue catalogado de trotskysta y combatido por el PC argentino. Silvio muri asesinado por la Triple A a los 67 aos, siendo militante del PRT. Sus asesinos, que saban del poder de su pensamiento, dirigieron a su cerebro los ms de ochenta disparos con que lo asesinaron. Compartimos con Nstor Kohan que El balance de Frondizi se asentaba en un extenso estudio previo sobre las condiciones del capitalismo latinoamericano, en tiempos de integracin mundial imperialista, bajo la hegemona del imperialismo norteamericano. Formulaba la hiptesis del agotamiento histrico del intento de las burguesas nacionales latinoamericanas por desarrollar un capitalismo autnomo. Como ejemplo puntual, analiza el fenmeno peronista, ensayo frustrado de realizar -bajo una forma poltica bonapartista- la revolucin democrtico-burguesa en Argentina. De all, Silvio Frondizi infera que el carcter de la revolucin argentina y latinoamericana no poda ser otro que el de una revolucin antiimperialista y socialista (como fases de un mismo proceso ininterrumpido). Es por ello que, cuando viaja a Cuba, se encuentra con la confirmacin del diagnstico que l mismo haba vaticinado y propuesto pocos aos antes. Probablemente, sa sea una de las razones principales por las que Frondizi defiende con tanto ahnco la revolucin cubana en su libro de 1960. Habra que esforzarse demasiado para no detectar y no reconocer la presencia de todo este cmulo de lecturas en el pensamiento poltico maduro de Robi Santucho y en el modo como l y sus compaeros visualizaban la estrategia continental de la revolucin cubana, de la que se sentan vital104

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mente parte. Nstor Kohan: Otro mundo es posible, Nuestra Amrica, Buenos Aires, 2003. 9 Milcades Pea fue un autodidacta, no termin la escuela secundaria y, por su propio esfuerzo y en el marco de la organizacin en la que militaba desde muy joven, Palabra Obrera, se haba convertido en un destacadsimo historiador y economista. Su obra sobre la historia argentina es diferente a la historia oficial de la corriente liberal burguesa (Bartolom Mitre, Vicente Fidel Lpez), como tambin de la historiografa oficial del Partido Comunista, del peronismo de izquierda (Rodolfo Puiggrs) y de la izquierda nacional (Abelardo Ramos). Baste decir que la conocida teora sobre el carcter feudal de la colonizacin sirvi durante largo tiempo a los moscovitas criollos como teln de fondo para afirmar que la Argentina muestra an hoy en su estructura rasgos inconfundiblemente feudales y para enrollar la madeja de una fantasmagrica revolucin antifeudal que abrira el camino a una supuesta etapa capitalista. Atados a sus dogmas y compromisos polticos y frenados por su propia incapacidad, los tericos comunistas posteriores a Puiggrs usan su definicin de la colonia como sociedad feudal slo para oponerse al socialismo en la Argentina de hoy, puesto que significara 'proponernos hoy tareas histricas inexistentes... Y esto fue escrito cuatro aos despus de la revolucin cubana!. Milcades Pea: Antes de mayo., Fichas, Buenos Aires, 1973. 10 Vase p gin a xx, p rraf o xx 11 Vandor fue el arquetipo de dirigente burocrtico, jefe absoluto del movimiento obrero en la dcada de 1960 y maestro de todos los traidores a la clase obrera argentina. 12 En enero de 1969 se haba realizado el asalto al Banco de Escobar, primera accin militar importante del PRT. 13 Remitimos al lector al apndice sobre la experiencia del PRT (y del autor) en Propulsora Siderrgica. 14 No es tan tajante la diferencia entre partido y movimiento. En realidad un movimiento del tipo del 26 de julio cubano y sus similares no dejan de ser partidos, aunque es verdad que no necesariamente leninistas. 15 De este encuentro recordamos la masiva presencia de los pueblos Toba, Matacos y Mocoves y las palabras de uno de sus jefes: que ellos eran pocos numricamente, por lo que la liberacin de sus pueblos pasaba por la alianza con la clase obrera argentina. 16 Revista Internacional, Praga, 1975. 17 Aos despus los Montoneros analizaban que el reflujo de masas haba comenzado a partir del 1 de mayo de 1974, da en que Pern los ech de la Plaza de Mayo. En cambio, el PRT, en el CE de abril de 1977, analizaba que el reflujo comenz despus de las movilizaciones de junio y julio de 1975. Hoy, a la distancia, podemos ver que en la primera fecha comenz la desmovilizacin de la Juventud Peronista, del movimiento
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estudiantil, y de los barrios, y se ampli la movilizacin reivindicativa del movimiento obrero; al llegar a la poca del Rodrigazo (culminacin de Jornadas de junio y julio) ste ltimo produjo las ms grandes movilizaciones de nuestra historia. Aunque decreciendo en intensidad, la movilizacin obrera se mantuvo hasta el golpe militar, sobre todo en el oeste y en el sur del Gran Buenos Aires. 18 Ambas citas son del Boletn Interno del PRT, n 98 del 27 de diciembre de 1975. 19 Luis Mattini, op. cit., p. 435. 20 Argentinos a las Armas!, editorial de El Combatiente, n 210, mircoles 31 de marzo de 1976. 21 Con Fuerza hacia las Masas, editorial de El Combatiente, n 220, mircoles 9 de junio de 1976. 22 Ibid. 23 Boletn Interno n 121, del 14 de julio de 1976. 24 Los conceptos tctica y estrategia son relativos. Si tomamos en cuenta que el PRT denominaba a su estrategia como de una guerra popular prolongada, el error cometido fue de orden tctico, lo cual no quiere decir que fuera de menor importancia. 25 Diez aos de luchas y experiencias, editorial de El Combatiente, n 225, mircoles 21 de julio de 1976. 26 Aldrighi, Clara: La izquierda armada. Ideologa, tica e identidad en el MLN Tupamaros, Ediciones Trilce, Montevideo, 2001, p. 99. 27 Ibid, p. 99. 28 Ibid, p. 123. 29 El CC haba quedado reducido a 11 miembros. En los temas centrales que venimos y seguiremos exponiendo fue quedando claro que habra una mayora de seis miembros y una minora de cinco. Esta distribucin no necesariamente se reflejaba en todas las dems cuestiones. 30 Boletn Interno n 113, del 16/1/79, correspondiente a la fraccin encabezada por el renunciante. A partir de este nmero comenzaron a salir dos BI, uno de cada sector. 31 Al ganar Santucho la mayora, Moreno se retir del CC y del Partido en enero de 1968. 32 VI Congreso, mayo 1979. El destacado es del original. 33 Las cuatro ltimas citas son de VI Congreso, mayo de 1979. 34 Mattini, op. cit. p. 114 35 Idem, p. 475

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UN POST ERGADO DE BAT E

Para abordar con mayor profundidad algunos temas, que amplan el balance realizado, me valdr de un recurso muy usado por los fundadores del marxismo: el debate.1 En este caso con Luis Mattini (quien despus de la muerte de Santucho, Urteaga y Menna fuera elegido Secretario General del PRT2), por considerar que su libro Hombres y Mujeres del PRT es el trabajo que analiza con mayor amplitud y profundidad la historia que nos ocupa. Aunque la polmica que sigue encerrara tan slo un valor histrico, sera desde ya importante. Pero, desde mi punto de vista, adems de ello, tiene un valor actual, o sea tiene importancia poltica. Si el PRT fue una organizacin que expres la Democracia Revolucionaria, como intenta demostrar Mattini, como l mismo dice, fue el Partido de un auge, entonces no tiene ms valor hacia el futuro que el de un ejemplo tico y volitivo. En cambio, si es como pensamos nosotros, que constituy el intento ms importante en la construccin de un partido revolucionario de la clase obrera, si fue la organizacin que aplic y desarroll el marxismo leninismo en la Argentina, entonces ser obligatorio conocer, estudiar y referenciar los presentes y futuros esfuerzos revolucionarios con la experiencia del PRT. Comenzar citando extensamente a Mattini, de forma tal que aparezca expresada claramente su concepcin y luego ir refutando los puntos centrales de ella. En el prlogo a la segunda edicin de su libro Mattini dice:
El prrafo inicial del captulo primero refleja sintticamente toda mi concepcin sobre los procesos sociales y la historia en
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aquel momento. Una concepcin con fuerte contenido de te rm inista de la historia. Estaba todava convencido que el mundo viva la etapa del trnsito del capitalismo al socialismo. Y segua sosteniendo la existencia de un suje to h istric o su stanc ial , de term inado p or su p ap e l e n la p rodu cc in m at erial (...): el proletariado industrial. La interpretacin de este ensayo-testimonio est impregnada de dichas concepciones y, segn stas, el mayor logro del PRT-ERP fue su capacidad para aproximarse a, y hasta ganarse parcelas de, este sector social; y su defecto, precisamente lo contrario: las limitaciones para fundirse en el mismo. La h ipte sis de que el PRT reflejaba los puntos de vista de la democracia revolucionaria y no del proletariado se inscribe dentro de este intento de establecer un modelo terico para el anlisis de los aciertos y errores. Por otra parte el libro no buscaba slo reflejar una historia sino que pretenda... formar parte de las fuentes de referencia para la constitucin de un nuevo proyecto poltico popular. De modo que cada aspecto relatado y analizado de la historia del PRT y de la parte de la lucha de clases nacional, tena y tiene al mismo tiempo (...) pretensin de t esis.3

Mattini, por confusin o deliberadamente, invierte los trminos, ya que su hiptesis es en realidad lo que quiere demostrar: que el PRT expresaba la Democracia Revolucionaria y no al proletariado con su concepcin del mundo, el marxismo leninismo. Se apoya para eso en su verdadero punto de partida, su verdadera hiptesis, segn el cual en la Argentina lo que estaba y est planteado es la Revolucin Democrtica, idea que expone en el ltimo rengln del captulo 16, pgina 318. En el prrafo inicial del captulo primero, refirindose al PRT, dice: ellos, que se crean sinceramente la van gua rdia de l a clas e o brera han sido quizs, la expresin ms honesta decidida y radicalizada (y hasta p prol etarizada, si se quiere) de la Democracia Revolucionaria.4 Y en la llamada al pie de la misma pgina se ampla el concepto de Democracia Revolucionaria diciendo que:
El estudio del papel positivo y revolucionario de la Democracia Revolucionaria, era un enfoque relativamente nuevo en el
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marxismo, pues sera un fenmeno particular de los pases en va de desarrollo, en especial Amrica Latina por las peculiaridades de su desarrollo socioeconmico y se distingue claramente de las expresiones de la desesperacin pequeo-burguesa tpica de los pases europeos (populismo, anarquismo y otros revolucionarios). La Democracia Revolucionaria representara los intereses y puntos de vista de las masas de trabajadores no proletarios, que en las condiciones de nuestros pases, se nutren del ascenso del movimiento obrero y de las ideas del comunismo cientfico, logrando cierta autonoma e incluso hasta la conduccin transitoria de los procesos revolucionarios.5

Luego, en varios captulos, Mattini intenta presentar un Santucho dual: por un lado un revolucionario marxista-leninista y por el otro un demcrata revolucionario, para concluir que se trataba de esto ltimo. En el captulo 7 pg. 144, leemos:
Este Santucho, el que trabaja as, que orientaba hacia las masas, que combata el ultraizquierdismo y hasta el espontanesmo, que poda incluir hasta el detalle en [el] funcionamiento de las clulas, ste era el que avanzaba y en ese sentido poda presentar la faz de intrprete de los intereses histricos del socialismo en la Argentina. Pero, an en esta sencilla minuta, este Santucho convive con el otro, el demcrata revolucionario, con sus prejuicios polticos que lo llevan a no entender la poltica, ni siquiera a nivel de poltica sindical.6

Como hemos ledo, nuevamente Mattini caracteriza a Santucho y al PRT como demcratas revolucionarios y no como marxistas, y lo acusa de no entender la poltica ni siquiera a nivel de poltica sindical. Mattini dice esto porque Santucho impulsaba, entre otras, una agrupacin sindical por la guerra y el socialismo, la que era resistida por los sindicalistas del Partido. Pero desprender de esto que no entenda nada de poltica es una afirmacin muy audaz, an en el mbito de la poltica sindical, ya que Santucho hizo muchos aportes en este terreno. Veremos luego que Mattini no usa la misma vara con
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que mide una tctica sindical para medir la desviacin reformista del PC. De la lectura atenta de todo el libro se va intuyendo que Mattini le exige a Santucho que ste tenga la idea absoluta de la revolucin en la Argentina, es decir la idea de la Revolucin Democrtica, idea a la cual el Santucho proletario se acercaba y de la que el Santucho demcrata revolucionario se alejaba; idea que l descubre recin en 1985, y expone en la pgina 318 como una tesis renovadora y reveladora:
Los comits fabriles del PRT, fueron una de sus mejores herencias (...) rganos de ste tipo, que si bien en el caso del PRT, fueron estrechamente partidarios y carentes de poltica, pueden ser estudiados como la base para la formacin de organismos frentistas populares que ampliando el concepto de democracia, sirvan de escuela poltica, no slo de la clase obrera sino del conjunto del pueblo, consoliden da a da las libertades democrticas y acumulen fuerza poltica hacia la Re volu c in Dem ocrtica .7

Este es uno de los pocos prrafos de todo el libro en el que Mattini expone su verdadera hiptesis, su verdadero punto de partida. Nos vamos a detener en l y desde aqu empezaremos a responder. Al comenzar la cita leemos: Los comits fabriles (...) fueron estrechamente partidarios (...) pueden ser estudiados como la base para la formacin de organismos frentistas populares. En primer lugar se confunde la organizacin poltica de los trabajadores, su Partido, con un Frente (confusin agravada porque Mattini no aclara qu tipo de Frente, si un Frente popular dirigido por la burguesa o un Frente antiimperialista dirigido por el proletariado). A este tipo de enredo se llega cuando se olvida de que en la sociedad capitalista existen las clases sociales. Y por lo tanto el proletariado necesita de una organizacin propia para mantener su independencia de clase y, con ella, su Partido, intentar acaudillar la alianza de clases necesaria en las distintas etapas de lucha en un pas dependiente. Al respecto ser muy til analizar la experiencia del Frente Grande, al cual concurrieron
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varios grupos obreros y socialistas sin contar con un partido que los representara. La experiencia demostr que nada pudieron hacer por imponer una direccin consecuentemente antiimperialista y, el Frente Grande, hegemonizado por la pequea burguesa gir, a partir del 10 de abril de 1994, en pocas semanas, del antiimperialismo al proimperialismo. En este punto, como en muchos otros, el PRT haba resuelto correctamente los niveles organizativos correspondientes a los respectivos niveles polticos: Comits Fabriles como organismos de base del Partido y Comits de Base como rganos de base y de masas de la poltica de alianzas. Estrechos!?, nos dice Mattini. Pero si justamente se crearon para ampliar la poltica del Partido y de la clase obrera! El comit fabril no slo deba organizar el trabajo y la lucha en la fbrica, sino ser el centro de la actividad en toda la zona de influencia de esa fbrica: el barrio, la escuela, el hospital, los talleres, el club, etc. Eran concebidos como la forma organizativa de la hegemona del proletariado dentro del conjunto de las masas. ...carentes de poltica. Es parcialmente cierto, pero a veces una verdad a medias se convierte en una falsedad; es como pedirle a un nio recin nacido que juegue al ftbol, cuando todava no sabe caminar. Los Comits Fabriles, por su misma concepcin, tendan a politizar la lnea del Partido en su zona de actuacin. Por nuestra experiencia directa podemos afirmar que se politizaban en la medida que iban ganando influencia entre las masas y la consecuente necesidad de responder a ese sector del pueblo obligaba a sus miembros a elevar el anlisis poltico del Comit Fabril en su zona y vincularlo con la realidad provincial y nacional. Y no es un detalle menor observar que los Comits Fabriles o las clulas ganaban influencia entre las masas por su trabajo consecuente, pero sobre todo por la poltica del PRT. El prrafo finaliza diciendo: consoliden da a da las libertades democrticas y acumulen fuerza poltica hacia la Revolucin Democrtica. En primer lugar esta afirmacin encierra una tautologa, ya que si se consolidan da a da las libertades democrticas, entonces deja de ser necesario hacer una revolucin democrtica, porque el objetivo se ha logrado por evolucin.
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Pero contradictoriamente a esta lnea de pensamiento, sujeta a la lgica formal, la realidad de Argentina y Amrica Latina nos muestra y demuestra que la estabilidad del sistema democrtico ha trado como consecuencia la prdida de libertades democrticas y no su ampliacin. Y esto es as porque, como nos enseara Silvio Frondizi primero, lo confirmara la Revolucin Cubana luego y fuera lnea del PRT, la burguesa nacional ha perdido toda capacidad de liderar un proceso de avance democrtico de la sociedad, y este objetivo se encuentra mucho ms lejos an de los intereses del gendarme econmico y militar del mundo, el imperialismo norteamericano. Dejamos para el final la verdadera hiptesis poltica del libro, y que nosotros la hemos asimilado a la idea absoluta hegeliana: la Revol uci n Demo cr tica8. Justifica este ejercicio terico el no encontrar, en todo el libro, ningn argumento, ninguna frase, ni siquiera una palabra, que sostenga la supuesta conclusin hacia la cual estn dirigidas todas sus reflexiones. Si no que esta idea se posa sobre la realidad como dictada por una fuerza exterior a ella. Pero, como ya dijimos antes, esto ocurre porque en realidad ste es su verdadero punto de partida, que no puede demostrar. Y no lo puede demostrar porque la historia de Argentina y Amrica Latina se encarg de refutar las posiciones similares, aunque no tan retrgradas, sustentadas por el Partido Comunista Argentino durante aquellos aos, cuando caracterizaba a la revolucin en la Argentina como democrtica, popular y antiimperialista, cuyo instrumento poltico era un amplio frente de coalicin democrtica, cvico-militar, el cual, agregamos nosotros, siempre estara dirigido por la burguesa. Para caracterizar la revolucin en nuestro pas Mattini debera haber comenzado por analizar las relaciones de produccin. All encontrara que las relaciones de produccin dominantes en nuestro pas, tanto vertical como horizontalmente, son las capitalistas, las relaciones pre-capitalistas son totalmente secundarias y la destruccin actual de la fuerza de trabajo es provocada por la globalizacin capitalista y el carcter dependiente de nuestra economa. En segundo lugar, debiera hacer un anlisis histrico de las clases en un pas dependiente y as verificara, junto
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con Guevara, que las burguesas nacionales han perdido toda capacidad de oposicin al imperialismo, si alguna vez lo tuvieron. En tercer lugar, si se colocara en el punto de vista de la clase obrera, vera que en la Argentina no estn planteadas tareas democrtico-burguesas en el sentido clsico, ya que stas fueron resueltas, a su modo, por la burguesa nacional. Las tareas de democratizacin de la sociedad tienen un contenido altamente clasista, es decir, deben ser dirigidas por el proletariado. Las tareas antiimperialistas tienen el mismo sentido. De esta manera llegara a la misma conclusin que Ernesto Guevara: o Revolucin Socialista o caricatura de revolucin. Pareciera que Mattini ha comprendido mal a Marx y a Hegel, tomando de este ltimo slo su sistema (su dogma), pues reclama que las ideas se vayan desarrollando dialcticamente hacia la idea absoluta (la Revolucin Democrtica) y no su mtodo (la dialctica), segn el cual el proceso del conocimiento y de la verdad se adquiere en la praxis, o sea en la realidad prcticocrtica. Mattini reconoce en el primer prrafo citado que todava se siente influido por una concepcin determinista, y quiere hacer responsable de sus limitaciones filosficas, a la poltica del PRT de 1970. El marxismo que nos lleg a la Argentina en gran parte estuvo influido por su desviacin stalinista, que lo haba impregnado de un fuerte dogmatismo. El marxismo y las enseanzas de las revoluciones triunfantes, y en muchos casos deformaciones de estas, se presentaban como verdades absolutas tal como intenta hoy (1985) hacer Mattini con su teora de la Revolucin Democrtica. En cambio Santucho y el PRT comenzaban (y digo slo comenzaban) a romper con ese dogmatismo y a redescubrir el marxismo como una concepcin del mundo y una teora de la praxis llena de vida que se crea y se recrea todos los das, o sea en la actividad terico-prctica, basando su criterio de verdad en la prctica social y no en dogmas preestablecidos. Muchos tericos post-modernos afirman que el positivismo fue la expresin filosfica del avance extraordinario de las ciencias naturales en el siglo XIX, e incluyen dentro del positivismo al marxismo. En el fin del siglo XX concluyen en que el positivismo
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ha sido superado. Por supuesto que ha perecido el dogma que se construy en reemplazo del materialismo histrico y el dialctico. Creemos necesario que la reflexin sea hecha sobre las verdaderas ideas de Marx y Engels. Tomemos por ejemplo este prrafo del Engels maduro (no sospechado de idealismo) escrito en 1886 en su trabajo sobre Ludwig Fehuerbach en el cual expone el mtodo de Hegel:
En Hegel, la verdad que trataba de conocer la filosofa, no era ya una coleccin de tesis dogmticas fijas que, una vez encontradas, slo haya que aprenderse de memoria; ah ora, la verd ad re sid a, e n el p roc eso mism o d e con oce r, en la larga trayectoria histrica de la ciencia, que, desde las etapas inferiores, se remonta a fases cada vez ms altas de conocimiento, pero sin llegar jams, por el descubrimiento de una llamada verdad absoluta, a un punto donde ya no pueda seguir avanzando, en que slo le reste cruzarse de brazos y sentarse a admirar la verdad absoluta conquistada (...) Todas las fases son necesarias y, por lo tanto, legtimas para la poca y para las condiciones que la engendran; pero todas caducan y pierden su razn de ser al surgir condiciones nuevas y superiores, que van madurando poco a poco en su propio seno, tienen que ceder el paso a otra fase mas alta, a la que tambin le llegar, en su da, la hora de caducar y perecer.9

Comprender esto nos permitir asumir que el marxismo no es una concepcin concluida en 1883, ni en 1895, ni tampoco con la muerte de Lenin, sino que debemos exprimir nuestros cerebros, alimentados en la prctica social, para que de ellos salgan la s nueva s ideas que actualicen la visin marxista de la historia y la sociedad. Pero el gnoseolgico no es el nico error que comete Mattini. Citamos antes su nota al pie de la pgina 28, donde nos habla de la Democracia Revolucionaria como un enfoque relativamente nuevo en el marxismo. (Quines son los marxistas para Mattini? Nos lo dir ms adelante). Segn nuestro conocimiento ya se llamaban demcratas (revolucionarios) los jacobinos del grupo encabezado por Robespierre (1790)10. Dentro de la terminologa marxista lo
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encontramos en 1895, cuando Plejanov y Lenin lo usaron para caracterizar a los socialistas pre-marxistas rusos: Herzen, Chernishevsky y otros11 (1860-80), quienes vean en el campesinado la fuerza revolucionaria fundamental y al grupo la voluntad del pueblo, los que el 1 de marzo de 1881 realizaron un atentado con una bomba contra el Zar Alejandro II, matndolo, grupo al que perteneca Alejandro lianov, hermano mayor de Lenin12. Y, por ltimo, creemos que Mattini no repar en que tambin Lenin caracterizaba como demcrata revolucionario al pope Gapn13 quien condujo, el 9 de enero de 1905, a la masacre de cientos de obreros y campesinos rusos, hecho conocido como el domingo sangriento. Hemos citado tres ejemplos del uso de la categora demcrata revolucionario por los marxistas. Ellos -los verdaderos marxistas- la usaron para definir a los movimientos revolucionarios anteriores al surgimiento del marxismo. Luego de la aparicin y desarrollo de ste se sigui utilizndolo, pero ahora para caracterizar a movimientos retardatarios, retrgrados o directamente reaccionarios y contrarrevolucionarios. Como hemos visto esta terminologa no es nueva ni feliz. S es de reciente incorporacin (fines de los 70) al acerbo conceptual de los Partidos Comunistas en un intento por producir un acercamiento con los movimientos revolucionarios del Tercer Mundo inspirado, entre otras cosas, por la presin del Partido Comunista Cubano. Los comunistas de aquellos aos se pensaban a s mismos como los nicos revolucionarios y, por lo tanto, los movimientos de liberacin nacional y social, e incluso partidos marxistas leninistas, eran caracterizados como pequeo-burgueses desesperados, o con adjetivos an peores. Y en la pgina 312, Mattini nos dice quines son, para l, los marxistas:
Posiblemente Handal y Santucho sean las expresiones ms lcidas de las dos corrientes revolucionarias latinoamericanas (exceptuadas las direcciones del Partido Comunista Cubano y del Frente Sandinista) que necesariamente deben converger en una corriente nica (...) Pero la diferencia fundamental entre estos dos revolucionarios ejemplares est en que, mientras el primero es hijo de la tradicin comunista, y por lo tanto proletaria -con el
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reformismo incluido- y pudo descartar los lastres negativos y mantener y desarrollar la enorme acumulacin de experiencia de esa tradicin, autnticamente marxista, el segundo, arrastraba el fuerte contrapeso de la influencia de la democracia revolucionaria, agravado por su formacin en el trotskismo.14

Para Mattini la tradicin comunista, con el reformismo incluido (Mattini no se priva de nada), es la proletaria autnticamente marxista. Por lo tanto asume esa posicin poltica y defiende su concepcin de la Revolucin Democrtica, hiptesis desde la cual intent negar (dialcticamente?) la experiencia del PRT. Por respeto a miles de heroicos militantes obreros del Partido Comunista que dedicaron su vida a la lucha revolucionaria por el socialismo, sentimos pudor en recordar que en la Argentina de 1976 no poda haber confusin sobre quines eran los militares argentinos, y menos en 1985. Para Mattini esto es un detalle sin importancia: Santucho era demcrata revolucionario y no entenda nada de poltica porque propona una agrupacin sindical que no se desarroll15, y la colaboracin del Partido Comunista con la Dictadura de Videla era una poltica que expresaba, segn Mattini, al proletariado. stas son, a mi entender, algunas de las ideas que Mario Roberto Santucho, Benito Jorge Urteaga, Domingo Menna, todo el PRT, con sus hroes, sus mrtires y sus sobrevivientes, se merecan que fueran discutidas cuando en los aos 78-79 nos dividimos, en lugar de ocultarlas tras la fbula de una lucha entre democrticos y antidemocrticos, como se afirma en el libro de Luis Mattini. Nosotros sabemos que hemos cometido errores grandes y errores pequeos, tcticos y estratgicos, que hemos manejado slo briznas de marxismo, pero aqu se ha intentado discutir algo diferente, algo que creemos tambin esencial, y eso es la actitud terico-prctica de un revolucionario frente a la revolucin social.
La Plata, 19 de julio de 1996

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Este texto forma parte de un escrito ms extenso inicialmente titulado En homenaje a Santucho, Urteaga y Menna, publicado el 19 de julio de 1996 con motivo de cumplirse el 20 aniversario de la cada en combate de nuestros compaeros. Este trabajo fue ampliado y su versin definitiva, bajo el nombre Apuntes para un balance, apareci publicada como introduccin al Tomo 2 de A vencer o morir, el 19 de julio de 2000. 2 En realidad fue designado interinamente, no elegido. En la carta a Huidobro se analiza ms ampliamente esta situacin. Este error se cometi por falta de informacin al momento de su publicacin. En homenaje a Santucho (...) fue el inicio de mis esfuerzos por rescatar la historia y los documentos del PRT y del ERP. 3 Mattini, Luis: Hombres y mujeres del PRT-ERP, Editorial La Campana (edicin ampliada), 1995, p. 14. Los subrayados son nuestros. 4 Op. cit. p. 27 y 28. 5 Op. cit. p. 28. 6 Op. cit. p. 144. 7 Op. cit. p. 318. La negrita es nuestra. 8 La Revolucin Democrtica es, para los marxistas, la revolucin poltica de la burguesa en aquellos pases en los que han madurado las relaciones de produccin capitalistas, y por lo tanto la modificacin radical de la superestructura de la sociedad, que le permita a la clase revolucionaria eliminar las relaciones econmicas sobrevivientes del feudalismo y otras relaciones de produccin precapitalistas. La Revolucin Democrtica tpica fue la francesa de 1789, y la nica en Europa en la que la burguesa jug su papel revolucionario. Luego, los marxistas han escrito toneladas de libros analizando las inconsecuencias de las burguesas en su revolucin, por lo que se concluye que este papel debi jugarlo el proletariado. En nuestro pas se han alternado la dictadura militar (bonapartista primero y terrorista despus) con la democracia parlamentaria como formas de dominacin, sin modificacin progresista de la estructura econmica. Peor an, la contradiccin entre democracia y dictadura no fue resuelta por las fuerzas revolucionarias sino por su derrota. Esto les ha permitido imponer una democracia parlamentaria restringida, corrupta, mafiosa, donde los representantes surgen, igual que en la poca de Lenin, por el poder del dinero. Esta democracia no puede evolucionar progresivamente, porque su esencia es, como hemos visto, reaccionaria.
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Engels, Federico: Ludwig Fehuerbach y el fin de la filosofa clsica alemana, La Rosa Blindada, Buenos Aires, 1975, p. 30 y 31. El subrayado es del autor. 10 Atlas Histrico Mundial, Istmo, Madrid, Tomo 2, p. 19. 11 Historia de la Ideas Polticas, Cartago, Buenos Aires, 1959, cap. XX. 12 Al cumplirse el sexto aniversario del atentado, un grupo de la misma organizacin encabezado por Alejandro, el hermano de Lenin, intent repetir el atentado con el Zar Alejandro III, pero fue descubierto y Alejandro y cuatro de sus compaeros fueron ahorcados. 13 Lenin: Dos tcticas de la Socialdemocracia en la Revolucin Democrtica, en Obras Escogidas, Problemas, Buenos Aires, 1946, p. 52. 14 Mattini, op. cit., p. 312. 15 Incluso este tema est sujeto a discusin. Santucho vea en 1974 ms lejos que Mattini en 1985. El primero propona una agrupacin sindical por la guerra y el socialismo porque prevea la necesidad de una organizacin sindical clandestina en condiciones de una dictadura militar cuyo advenimiento era inminente.
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LA LU CHA O BRE RA EN PRO PU LSO RA SIDE R RGICA Y LA S JORN ADA S DE J UN IO Y JU LIO DE 19 75 Intro ducci n Recoger los hechos histricos parece una cosa natural para los pueblos, por que lo hacen desde la antigedad, y parecera que no es necesaria mayor justificacin para ello. En nuestro caso, adems de esta actitud, creemos que existen motivos particulares que lo hace til y necesario. En la historia de lucha de los pueblos y de las clases explotadas es natural que la historia oficial sea escrita por los vencedores, y relegada al olvido, en el mejor de los casos. Es comn tambin que sean calumniados los pueblos o clases que sufrieron la derrota; otro tanto se hace con los hombres que participaron en aquellas contiendas. Hoy es doblemente importante y difcil rescatar la experiencia del movimiento obrero y de los revolucionarios que dentro de l protagonizaron las luchas del perodo 1966/76. Es doblemente difcil porque en ese perodo se construy un poderoso movimiento obrero y popular, revolucionario, que tal vez como nunca antes cuestion el poder de las clases dominantes, motivo fundamental que llev a stas al golpe de 1976 y a ejercer sistemticamente el terrorismo de Estado contra el pueblo. Nos proponemos contar una experiencia desarrollada en la zona de Ensenada, Berisso y La Plata, donde haba surgido un activismo fabril que planteaba posiciones combativas y se contrapona a las direcciones sindicales, otrora combativas, surgidas en su mayora, en los planes de lucha de la CGT entre los aos 1964 y 1965, las que se haban ido burocratizando. Podemos mencionar, entre otras, luchas desarrolladas en Hilandera Olmos, en la construccin, en UTA, en los frigorficos Swift y Armour, en las
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metalmecnicas INDECO, SIAP, Kiser Aluminio, OFA y Casa de las Juntas, en Corchoflex, en Judiciales, ATULP, Hospital de Gonnet, Hospital Gutirrez, Astilleros Ro Santiago y Propulsora Siderrgica. Por haber participado directamente en esta ltima, centrar el relato all, lo que no implica desconocer al resto del movimiento obrero y sus luchas, las que en buena medida confluyeron hacia 1975 en la Coordinadora de Gremios, Comisiones Internas y Delegados en Lucha de La Plata, Berisso y Ensenada.1 E l f raud e electo ral Propulsora Siderrgica fue una fbrica que comenz su produccin de laminados planos en 1969, con una tecnologa muy avanzada a la que incorpor a obreros jvenes -promedio 25 aos- con mediana y alta calificacin, tcnicos de las escuelas industriales o jvenes haban cursado algunos aos de la escuela secundaria, y un nivel salarial alto para el mercado. Sindicalmente se organiz un cuerpo de delegados a instancias de la Directiva de la seccional de la UOM, integrada por miembros de la Lista Azul Rosendo Garca. En el mes de octubre de 1973 fueron convocadas elecciones para renovar la totalidad del Cuerpo de Delegados, del que surgira luego la Comisin Interna. La Comisin Directiva de la UOM propuso la integracin de una lista nica, con la condicin de excluir de ella a Salvador Delaturi, por ser comunista. La propuesta no fue aceptada. Rpidamente se produjo la reaccin de la mayora de los delegados entre los cuales haba militantes de la Juventud Peronista, del Partido Comunista y del Peronismo de Base y numerosos delegados independientes, los que tenan posiciones democrticas y combativas. Finalmente se produjo la ruptura y se conformaron dos listas: la Azul, ligada a la directiva de la UOM, y la Blanca integrada por la mayora de los delegados. La eleccin se desarroll durante tres das, por lo que la urna deba guardarse, en las dos noches intermedias, en el local de la Seccional. Los de la Directiva, adems de la urna, proveyeron los sobres para emitir los votos. Estos eran translcidos -por
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lo que dejaban ver el color de la boleta colocada en su interior-. Al finalizar el segundo da de votacin, con voto cantado y escrutinio contado, era evidente que ganaba la Lista Blanca por amplio margen. Esto decidi a los azules a consumar el fraude que tenan planificado ante la emergencia. Cargaron la urna en un auto Falcon para llevarla al Sindicato, mientras eran perseguidos por delegados de la Lista Blanca en un Citren. Los primeros se perdieron en la zona del Bosque de La Plata y cambiaron los votos. Al otro da se realiz el escrutinio y gan la lista Azul, por 550 a 350 votos aproximadamente. La reaccin de los miembros de la Blanca, ante el fraude, fue levantar firmas que avalaran la anulacin de la eleccin. En cuarenta y ocho horas se recogieron setecientas treinta y dos firmas, ms del doble de los votos obtenidos, las que fueron llevadas al local sindical por una comisin de obreros acompaados por una escribana. Al intentar ingresar al Sindicato fueron arrojados violentamente. De esta manera concluy esa primera resistencia y as se consum el fraude electoral. En los meses siguientes hubo mucha bronca por este hecho y porque los delegados fraudulentos no respondan a los intereses de los trabajadores. Puedo relatar una pequea ancdota muy demostrativa de su actitud. Me encontraba trabajando, en un lugar bajo techo, con un compaero que era afiliado comunista -esto era conocido en la fbrica- embalando bobinas de chapa. Una gran mquina que se usaba para mover las bobinas, un Hyster, quemaba mucho aceite y sumado al lugar cerrado nos afectaba considerablemente. Cuando llamamos a un delegado para que lo parara, nos acus de haraganes y comunistas, que lo que queramos era hacer lo. Luego, recurrimos al jefe de turno y ste par el Hyster. Ante hechos como estos los trabajadores fueron acumulando mucha bronca. Mientras tanto, por la inflacin, nuestro salario iba cayendo. L a huel ga g rand e Entre abril y mayo de 1974 se reactiv el grupo de trabajadores que haban formado la Lista Blanca2. En las sucesivas
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reuniones que se realizaron se decidi convocar a una asamblea para el da jueves 23 de mayo, con el objetivo de solicitar un aumento de salarios. El volante con la convocatoria tena un texto brevsimo y de muy pequeo tamao, casi ridculo para la subjetividad de un militante que vena de la Universidad, pero esas pequeas tiras de papel eran pasadas de mano en mano como un tesoro. Al da siguiente en el diario El Da de La Plata se poda leer entre los principales titulares: Paro docente en todo el pas, con elevados ndices de ausentismo, en La Plata fue prcticamente total. Realizaron una manifestacin; Se levant ayer el paro de FATUN; Bombas a dos mdicos del Swift; Empresarios de Ensenada dijeron que hay desabastecimiento y mercado negro en muchos productos; O cu paro n l as ins ta lacio nes en Pro pul sor a Si derrg ica . Ese da jueves a las 14:00 horas -cambio de turno- se reunieron los trabajadores frente a los vestuarios y se improvis una tribuna con un tanque de 200 litros, la concurrencia era numerosa y expectante. Lo primero que hicimos fue explicar los motivos de la convocatoria y solicitar la presencia de los delegados, pero se inform que se haban escapado por los fondos de la fbrica. Inmediatamente preguntamos por el monto del aumento: 70.000 $ m/n? No!, respondi la asamblea. 80.000 $ m/n? No!, resuelve nuevamente. 90.000 $ m/n? y otra vez la negativa, hasta que se aprob la cifra mgica de 100.000 $ m/n. El paso siguiente fue elegir una Comisin de quince obreros para elevar la solicitud a la patronal. sta no recibi a la Comisin, lo que provoc una situacin indefinida. Por parte de la patronal, interpretaron que se haba ocupado la Planta; por parte de los trabajadores no se saba muy bien qu hacer y se esperaba. Pasadas unas dos o tres horas se comenz a tomar conciencia de que, an sin proponrnoslo, habamos tomado la fbrica. En consecuencia se resolvieron algunas medidas: se organizaron las entradas y salidas, se comenz a acumular comida, se formaron comisiones de propaganda, de vigilancia, etc. A las 19:00 horas lleg un representante del Ministerio de Trabajo, se interes por la situacin general y pregunt por los rehenes a lo que se respondi que los ejecutivos presentes no eran
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tales y que sino se haban ido era porque no lo queran. Cuando estos se enteraron abandonaron el lugar precipitadamente. Antes de finalizar el da ampliamos la Comisin de 15 a 33 compaeros. De esta manera qued constituido el Cuerpo de Delegados de acuerdo con la proporcionalidad que establecan los estatutos. Dentro de la fbrica, tanto en la planta de produccin como en el taller mecnico y an en las oficinas, reinaba gran actividad; todos nos preparbamos para sostener la ocupacin. La solidaridad y afecto de los compaeros se manifiesta en forma exultante. A media noche, al llegar a mi seccin, Decapado3, los compaeros me haban preparado una cama con papeles de envolver bobinas dentro de una de las cabinas de la seccin. Al amanecer mateamos y la actividad continu. Me vinieron a ver el Turco Cherri y Roberto Lopresti. Me dijeron: Te buscamos toda la noche porque queremos saber tu opinin. Creemos que al Cuerpo de Delegados y al movimiento en su conjunto hay que darle una direccin centralizada. Los estatutos establecen que para esta fbrica corresponde una Comisin Interna de 5 miembros, la cual tendra que estar integrada por nosotros dos de Montoneros, el Pato Rave del Peronismo de Base, el Pampa Delaturi del Partido Comunista y vos del Partido Revolucionario de los Trabajadores, qu opins? Les respond que me pareca bien. Pero, insistieron, el problema es que no sabemos cmo hacer la propuesta. Les respond: es muy fcil, se convoca al cuerpo de delegados, se hace la propuesta y se vota. Luego esta resolucin se la lleva a una asamblea como propuesta del Cuerpo de Delegados. Ese mismo da se efectu esta propuesta por el procedimiento indicado y una asamblea la aprob. La composicin de la Comisin Interna representaba a los compaeros que habamos organizado el movimiento y a las fuerzas polticas populares que existan en la fbrica. Dentro de la fbrica haba gran actividad, pero el aspecto ms destacado era la realizacin permanente de asambleas para tomar las decisiones, todo se discuta y resolva colectivamente. Se inici as una rica experiencia de democracia obrera, la que con altibajos se mantuvo hasta marzo de 1976. Esto es necesario recalcarlo porque por parte de la patronal, la burocracia y los ser123

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vicios se ha intentado ocultar y tergiversar esta situacin. Fueron los activistas encuadrados en las organizaciones revolucionarias los que impulsaron y educaron a sus compaeros en la democracia obrera, ya que el sistema de explotacin y la burocracia no lo hacan. El mismo viernes una delegacin de trabajadores concurri a la casa de gobierno, fueron recibidos por el secretario general de la gobernacin de la Provincia de Buenos Aires, a quien se le inform de la real situacin en la planta y los objetivos de la medida de fuerza. Luego la delegacin se entrevist con el periodismo para informarle de la situacin y desvirtuar las versiones de toma violenta y la existencia de rehenes. Tambin se explic que desde un primer momento se haba recabado la presencia de directivos de la UOM, para que tomaran la representacin de los trabajadores y buscaran una solucin al conflicto, pero hasta el medio da del viernes no hemos contado con la presencia de los dirigentes gremiales. Asimismo se denunci que la empresa estaba incurriendo en acaparamiento de material. Por su parte, representantes de la patronal sealaron a la prensa que no podan hacer tratativas porque desconocan la representatividad gremial de los delegados recin elegidos. Ese da se recibieron adhesiones de la Regional VIII de la Juventud Peronista, la agrupacin Evita y el Partido Socialista de los Trabajadores. Se intentaron distintas vas para quebrar el conflicto. El sbado 25 de mayo la Comisin Directiva de la UOM convoc a una asamblea en la sede sindical a la que concurri una gruesa columna de obreros -otros quedaron en la planta- y la asamblea no se realiz porque la burocracia no la poda controlar. Mientras tanto, dentro de la planta se organiz una olla popular la que se sostuvo con contribuciones de la poblacin, fundamentalmente de Ensenada. Desde el Comedor Universitario la Federacin Universitaria de La Plata envi comida. Mientras en la fbrica se formaban comisiones para distribuir alimentos y medicamentos que recibamos de la solidaridad popular, se le reclamaba a la Comisin Directiva de la UOM que reconozca la representatividad de los delegados, para as iniciar tratativas tendientes a solucionar el conflicto. La Comisin
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Directiva, manifest que la UOM no dialogara con los ejecutores de la medida de fuerza hasta tanto no desocuparan la fbrica. Su Secretario Adjunto, Rubn Diguez, expres a la prensa que hasta ahora nos hemos negado a hablar con los trabajadores de la planta (...) pero cuando ellos se den cuenta que han sido engaados, los que pudieran estar en el establecimiento, porque la mayora no est, y otros que se hallan presionados o amenazados y normalicen sus tareas, la asamblea que ellos solicitan la convocar directamente el gremio, como as asumir la derivacin de esta situacin con toda la responsabilidad en defensa de los obreros. Otro directivo agregaba que se est aguardando que se expida el juez interviniente en la causa que fue iniciada por la subsecretara de trabajo, Dr. Ramn Silva Pelossi. Se vivieron todo tipo de experiencias. Dentro de la planta hubo activistas que intentaron quebrar la lucha. Respondan a corrientes polticas sin representatividad entre los trabajadores. As, por ejemplo, en una reunin del cuerpo de delegados, uno de ellos sostuvo que para mayor democracia era necesario hacer asambleas cada dos horas. Este planteo era ridculo desde todo punto de vista, ya que implicaba prcticamente vivir en asamblea. Por lo tanto se decidi, como ocurra hasta ese momento, que ellas fueran convocadas cuando haba algo importante que decidir, pues llamar a asamblea mecnicamente sin tener algn tema que resolver slo poda producir el desgaste de los delegados, de los trabajadores y de la misma institucin asamblea. El da domingo 26, fue el pico ms bajo en la toma, debido a los das feriados seguidos y la consecuente falta de novedades. Esta situacin fue aprovechada por otros quinta columna para sembrar la duda y el desnimo. Recuerdo que agitaban la necesidad de realizar una asamblea para discutir la situacin y la falta de resultados. Se llam a asamblea y se expres el objetivo buscado: desconocer al cuerpo de delegados, ya que estos slo quieren el conflicto y no se ha logrado nada hasta ahora. La propuesta recibi algunos apoyos. Nosotros no sabamos qu hacer, pues era real que no haba novedades, ya que la patronal buscaba el desgaste del movimiento. En pocas palabras, nos quedamos sin lnea. En ese momento pidi la palabra un compaero que viva
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en Berisso, descendiente de polacos, que haba sido obrero de la carne en el frigorfico Swift y era de ms edad que la mayora de nosotros, o sea tena ms experiencia, un veterano de treinta y pico. Les habl a los compaeros y les pidi que no se dejaran confundir, que apoyen a los delegados, ya que en sus aos de fbrica nunca haba visto tanta democracia y participacin y que en esto tena que ver la actitud de los delegados; esto argumentos revirtieron la situacin. No recuerdo haber escuchado nuevamente a este compaero hablar en las asambleas, lo que s recuerdo es que se repitieron hechos como ste. Compaeros que no eran activistas intervinieron en momentos claves y resolvieron situaciones difciles. Una de las enseanzas que nos dej esta experiencia es que cuando un fenmeno es realmente de masas la participacin es inagotable. Es muy difcil describir tantos aos despus la solidez que envolva a aquel grupo, basada en el trato fraternal y solidario entre los compaeros, que se guiaba por la simple consigna o t od os o n ing un o. Lo que s puedo afirmar es que en estas jornadas se fue fraguando una conciencia que quince aos despus todava vive en los protagonistas de aquellos das de gloria. La solidaridad se expres desde todos los sectores: tuvieron una participacin activa la poblacin de la zona, la Cmara de Comercio e Industria de Ensenada, la JTP, FULP, ATULP, Judiciales, el FIP, APR, UCR, JR, las agrupaciones estudiantiles, el cura Chicho, o sea el prroco de Cambaceres, Flix Bianchini. El lunes 27 de mayo se le presentaron a la patronal los cinco puntos que seran los que sostuvieron al conflicto (que se prolongar hasta el 9 de setiembre): 1) Ningn despedido; 2) Pago de los jornales cados; 3) No represin; 4) Cien mil pesos de aumento; 5) Reconocimiento del Cuerpo de Delegados y de la Comisin Interna de Reclamos. A la actitud patronal y de la UOM, se sum la del gobierno que despleg sus efectivos sobre la planta. As relat el diario El Da del 28 de mayo lo acontecido el da anterior (diario no sospechado de parcialidad hacia los obreros):
Se reforz considerablemente el nmero de efectivos y se movilizaron carros de asalto y ambulancias en previsin de tener
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que desalojar a los obreros de acuerdo a la orden judicial. A las 14:30 horas se hizo presente el juez en lo penal Dr. Ramn Silva Pelossi. Tambin arribaron a la planta el diputado nacional Leonardo Bettanin, y el dirigente de la JTP Enrique Jurez. El juez se retir una hora despus y volvi a ingresar a las 19:30 horas. Se tema que se iniciara la represin. Ingresaron tambin Bettanin y Jurez y se prosigui la reunin hasta las 21:45 hs. en que se retir el juez Pelossi. De hecho la patronal reconoca a los delegados obreros ya que accedi a dialogar con ellos. La patronal accedi al pago de los das cados, que no habra despedidos y que se trataba de llegar a una desocupacin pacfica de la planta. () Eran cuestionados (por parte de la patronal) los puntos referidos al aumento y al reconocimiento de la representacin obrera () Los principales accesos a Propulsora Siderrgica fueron fuertemente custodiados por efectivos de la polica provincial. Se not el desplazamiento de carros de asalto y otros vehculos. El acceso de personas fue rigurosamente controlado y despus de justificar que vivan en la zona se les permita el paso (...) Los obreros y el diputado Bettanin hicieron gestiones para que se permitiera el acceso al periodismo, pero no se accedi a ello. () Una delegacin de trabajadores dialog con Ricardo Balbn, fueron acompaados por el prroco de Cambaceres Felix Bianchini y el presidente del comit de agrupaciones polticas de Ensenada Vicente Seguini.

De las reuniones que se realizaron con funcionarios y polticos la que tengo ms presente es la realizada, dentro de la planta, entre los cinco miembros de la Comisin Interna y dos altos jefes de la Polica de la Provincia. Uno de ellos tena tres soles y el otro dos, por lo que deduje que el gobierno le daba mucha importancia a la situacin planteada. Ellos nos exigieron la desocu-pacin inmediata de la planta. Luego, ms relajados hicieron insinuaciones sobre la militancia poltica de algunos de nosotros y trataban de obtener o precisar la de los que no tenan esa informacin. Nuestra actitud fue firme y cortante en todo momento. Nuestro mejor argumento y nuestra mayor verdad era que no podamos tomar una decisin, ya que ello era privativo de una asamblea. Adems le expresbamos algo que ellos podan comprobar: que
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nadie tena deseos de desalojar la planta y nos mantenamos unidos, organizados y dispuestos a ofrecer resistencia. Finalmente acordamos seguir conversando al da siguiente, ya que se haca de noche y en esa situacin no se podan realizar modificaciones. Mientras tanto, dentro de la planta, en las primeras horas de la noche se realiz una asamblea en la que hablaron muchos compaeros proponiendo resistir hasta la ltima gota de sangre. Lo que finalmente resolvi la asamblea fue resistir y preparar la defensa. En esta asamblea se luci la oratoria y la capacidad de organizacin del Pampa Delaturi, quien le habl a sus compaeros como un general revolucionario le hablara a sus soldados. Para la defensa se ubicaron bobinas colgadas de las gras y carros en los lugares de acceso, nos distribuimos planificadamente dentro de la planta, se reforzaron los puestos de observacin en la periferia de la fbrica. Durante la noche se sigui conversando y con mayor serenidad se fue llegando a la conclusin de que haba que desalojar la planta pero negociando una salida decorosa. Esta posicin se sustentaba en el relativo equilibrio de fuerzas. Ellos disponan de la fuerza para reprimir y, pese al enorme costo poltico que ello significaba en aquel momento, habamos llegado a la conclusin de que era una decisin tomada. Por nuestra parte haba gran disposicin para resistir, conocamos bien el lugar, contbamos con enormes mquinas rodantes, centenares de bobinas que podamos mover y, dentro de la planta, los puentes gras. Pero nuestra mayor fortaleza era poltica. Exista una unidad monoltica y los pocos opositores estaban neutralizados, tenamos el apoyo de las agrupaciones populares y fundamentalmente la manifiesta simpata de la poblacin de la zona. De haber mantenido la toma se hubiese producido un duro enfrentamiento con alto costo para las dos partes, pero por la nuestra peligraba la integridad fsica y las vidas de nuestros compaeros, por lo tanto el costo mayor sera el nuestro. Adems estimbamos que no era correcto jugarnos al todo o nada, sino que debamos ceder algo pues tenamos fuerza para proseguir la lucha de otra forma. Con esta conviccin se accedi a salir a las 11:00 hs. de la maana, para permitir la llegada de los grupos de
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manifestantes que nos apoyaban y, para hacer una picarda, pedimos que un destacamento de polica se ubicara frente a la entrada principal. Se entreg la planta en perfectas condiciones. Se firm un acta que a su vez se entreg al periodismo como comunicado de prensa. All se consign que:
en la ciudad de Ensenada, Provincia de Buenos Aires, en la planta de Propulsora Siderrgica, a los veintiocho das del mes de mayo de 1974, el personal del establecimiento que se encontraba realizando una asamblea que se desarroll sin solucin de continuidad, procedi a desalojar las instalaciones de la misma, sin que se produjeran incidentes. Ante la ausencia de personal jerrquico la planta se encuentra bajo custodia del comisario de Ensenada. En el interior de la planta no se produjo prdida alguna de bienes materiales, encontrndose las instalaciones en perfectas condiciones.

En un clima de extrema tensin se organiz la columna obrera, formada por secciones y estas por escuadras de 10 trabajadores, todos con ropas de trabajo. El gua derecho de la primera escuadra llevaba una banderola que identificaba a su seccin y as todas las secciones. El departamento de produccin, encabezado por la seccin Tandem4 se identificaba por sus cascos amarillos; luego seguan las secciones del taller mecnico y de mantenimiento con sus cascos azules y por ltimo, cerrando la marcha, los compaeros de control de calidad y de las oficinas con sus cascos grises y blancos respectivamente. La columna obrera era imponente. La marcha, tensa y solemne. Se comenz a cantar el Himno Nacional, lo que oblig al destacamento policial a saludar militarmente a los trabajadores. El da era soleado, la atmsfera difana, lo que permita ver a lo lejos, en el acceso, a nuestros familiares y a las ms de dos mil personas que nos esperaban. El encuentro fue emotivo, despus de saludarnos, marchamos todos juntos hasta la plaza Belgrano de Ensenada, de all marchamos a La Plata hasta las calles 7 y 49. Durante el trayecto un cordn de personas nos saludaba y alentaba.
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Desde all una delegacin del cuerpo de delegados se dirigi al Ministerio de Economa para entrevistarse con el delegado del Ministerio de Trabajo de la Nacin, Centeno Quiroga. La reunin dur desde las 17 hs. hasta las 20:30 hs. La representacin obrera estaba integrada por Omar Jacinto Cherry, Salvador Delaturi y Daniel De Santis a quienes acompaaban sus abogados Cesar Calcagno y Jorge Brandwaiman. All solicitamos la firma de un acta donde se comprometa a una reunin conjunta de directivos de Propulsora Siderrgica, de la UOM y la Comisin Interna con participacin del Ministerio de Trabajo. El delegado del Ministerio de Trabajo no accedi a este pedido. Para este y su secretario Daro Alesandro, militantes de la derecha peronista, la reunin no era ms que parte del enfrentamiento con la izquierda de su movimiento. Para nosotros no era as, estbamos compenetrados de nuestras reivindicaciones como trabajadores. El secretario Daro Alessandro, en la conversacin previa a la reunin, comenz a chicanearnos, entre otras cosas nos deca que habamos repartido cascos a los estudiantes universitarios, ya que all no haba trabajadores. Esto dio origen a un contrapunto con el Turco Cherry, curtido en la vida de la calle, que dej al militante de la Concentracin Nacional Universitaria sin palabras. All comenc a conocer las caractersticas del Turco y del Pampa en las reuniones con la patronal. El primero conversador, de rpida respuesta y proclive al pingponeo dialctico en el que se saba hbil; el Pampa era la personalidad opuesta, ya de por s serio, con la patronal era una roca, inflexible, de pocas palabras, nunca esboz una sonrisa ni en esa reunin ni en ninguna otra. l pensaba que iba a la guerra de clases con la burguesa y as actuaba en todo momento. El Pampa pareca forjado en acero. Mientras se desarrollaba esta reunin en el hall del Ministerio, encabezados por el Pato Rave estaban presentes 18 delegados que gestionaron el ingreso del periodismo a la sala de reunin, pero tampoco se accedi a este pedido. Para matizar la espera, subi a la sala una fuerte dotacin policial para intimidar a los compaeros all reunidos. La confianza que se
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fue ganando aquella direccin se basaba adems de la combatividad y la participacin democrtica, en la permanente y ms amplia informacin de todos los pasos y gestiones realizadas. Finalizada la reunin nos dirigimos nuevamente hasta las calles 7 y 49 donde aguardaban, adems de nuestros compaeros, alrededor de 5.000 personas que eran solidarias con nuestra lucha. Dimos all un amplio informe de lo actuado e invitamos a marchar hasta la casa de gobierno y all desconcentrarnos. Eran las 22:00 hs., de lo que haba sido un da agitado. Despus de seis das de toma de fbrica, movilizaciones, negociaciones, y de la febril actividad que ello implicaba, estbamos muy cansados, pero rebosantes de felicidad. Todas estas jornadas tenan para nosotros sabor a gloria, habamos desplegado energas inmensas y era nuestra conviccin que seran coronadas con el xito. Al da siguiente nos concentramos en el local de la Asociacin Trabajadores de la Universidad de La Plata (ATULP), un sindicato amigo y solidario con nuestra lucha y en general con la de todos los trabajadores. Alrededor de las 17:00 hs. comenz la asamblea citada el da anterior, con un marco ya tradicional formado por los grupos juveniles de los distintos sectores de la izquierda y el peronismo por un lado, y por otro un amplio dispositivo policial encabezado por la brigada antiguerrillera. En la asamblea se ratific el paro y luego se inici una marcha hacia las calles 8 y 48, permaneciendo all hasta las 20:30 hs. Por qu, si esa era una asamblea obrera, se la controlaba con la brigada antiguerrillera? Esta era otra evidencia que la tan promocionada guerrilla industrial no era ms que la disposicin de lucha y ascenso de la movilizacin en las fbricas. Se le podr llamar, acaso, guerrilla industrial a la organizacin obrera? Ya una vez fuera de la fbrica fue necesario reforzar la organizacin del cuerpo de delegados con una red de comunicaciones de tal manera que, en menos de 24 horas, se pudiera convocar al conjunto de los compaeros. Como base organizativa tomamos la misma organizacin implantada por la patronal para la produccin, la cual ya la hemos descrito en la formacin de la columna que abandon la fbrica despus de la toma: escuadra, integrada por diez obreros, cuatro escuadras formaban una seccin, un
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grupo de secciones formaban un departamento. Entre los cuatro departamentos (Produccin, Taller Mecnico y Mantenimiento, Control de Calidad y Administracin) estaban incluidos la totalidad de los trabajadores. Cualquiera que haya hecho el servicio militar sabe que sta es la estructura de un batalln o de un regimiento; incluso, hasta los nombres coinciden: diez soldados integran una escuadra, tres o cuatro escuadras forman una seccin o pelotn, tres secciones una compaa y tres de estas, un batalln. Y algo ms y muy importante, la disciplina impuesta por la produccin en serie es muy similar a la disciplina militar. Ya en el Manifiesto del Partido Comunista Carlos Marx realiza esta comparacin. El jueves 30 se dedic a la organizacin interna y adems se hicieron gestiones ante el gobernador Victorio Calabr (que tambin era dirigente de la UOM), el que se deslig del conflicto diciendo que estaba en la jurisdiccin del Ministerio de Trabajo. Antes de finalizar el da se convoc a una conferencia de prensa en ATULP para informar el estado del conflicto y las negociaciones realizadas. El viernes 31 de mayo la UOM convoc a asamblea en la sede gremial, se reuni el cuerpo de delegados y decidi invitar a los compaeros a participar. En este sentido se tena la posicin de participar en las instancias orgnicas del gremio. Por la tarde se realiz la asamblea con la asistencia de ms de 800 compaeros dentro del local. Afuera quedaba la multitud que movilizaba el conflicto: agrupaciones polticas de izquierda y de la tendencia revolucionaria del peronismo, junto a la compaa normal de la polica con sus carros de asalto, patrulleros, polica montada e integrantes del Grupo Tigre de la brigada antiguerrillera. En la asamblea particip Rubn Diguez, que adems de ser el Secretario Adjunto a cargo de la Secretara General de la seccional de la UOM, era diputado provincial. Este se comprometi a gestionar ante la patronal para que no hubiera ningn despedido, el pago de los das cados, la renuncia de los delegados elegidos fraudulentamente, e intervenir gremialmente la fbrica para llamar a nuevas elecciones en treinta das. Despus de nueve das de lucha, el conjunto consider que era una buena
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base para continuar la lucha dentro de fbrica, por lo que se acept la propuesta, con la condicin de que si haba un solo compaero despedido se prosegua el plan de lucha. El o t od os o nin gu no segua pesando. Ese mismo da se form en Ensenada una comisin de solidaridad encabezada por el padre Bianchini. Ese sbado primero de junio, a las 6:00 de la maana, no todos los compaeros recibieron el telegrama de ingreso. Calculamos que faltaban alrededor de 200 telegramas, por lo que en asamblea de puerta de fbrica se decidi no ingresar y proseguir con el plan de lucha tal como habamos resuelto. Se llam una nueva asamblea general para el lunes siguiente. Ese da se congregaron los trabajadores en ATULP y resolvieron continuar con el paro. En ese momento llegaron activistas de la Lista Azul a informar que la UOM llamaba a una asamblea en su sede, ante lo cual decidimos concurrir. Al concentrarnos cerca de la seccional se acerc un activista de la UOM, quien nos invit a pasar diciendo que nuestra casa era el sindicato. Recogimos la invitacin, arengamos a nuestros compaeros para entrar ordenadamente y con los dirigentes encabezando la columna. Comenz la asamblea hablando Rubn Diguez. Este insisti en que la solucin llegara por medio del dilogo y que debamos dejar el conflicto en manos de la Comisin Directiva del Sindicato. Nosotros reivindicamos las acciones desarrolladas hasta all y denunciamos la traicin de la Comisin Directiva. La asamblea bramaba, hasta que habl Salvador Delaturi con una posicin conciliadora. Paulatinamente el clima se fue modificando hasta que nos era evidente que el estado de nimo haba cambiado. Diguez aprovech la situacin y propuso el reingreso a la fbrica, que no hubiera despedidos y el pago de los das cados. Con este nuevo marco sentimos que si repetamos las intervenciones del principio de la asamblea los abucheados bamos a ser nosotros, por lo que tuvimos que acceder a los planteos de Diguez pero condicionndolos con seguir la huelga de brazos cados dentro de la fbrica. Adems, si el viernes siete no haban ingresado todos los trabajadores se abandonara la fbrica a partir de las 14:00 hs. Qu haba ocurrido? Previo a la asamblea, la direccin del
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Partido Comunista de La Plata haba negociado con Diguez el reingreso a la fbrica y el descabezamiento del conflicto. En los das previos, por iniciativa de Delaturi quin era un organizador consumado, se constituy un Cuerpo de Representantes con funciones superpuestas con las del Cuerpo de Delegados. Este hecho nos abri un nuevo frente de conflicto, esta vez interno, el que logramos neutralizar mediante una tctica algo sutil ya que en lugar de enfrentarlo, junto con el Turco Cherri, nos pusimos al frente de este nuevo cuerpo y le asignamos la tarea de organizar piquetes de huelga, los que por otro lado tambin eran organizados por el Cuerpo de Delegados. En pocos das dej de existir el Cuerpo de Representantes. Cmo explicar que un compaero como el Pampa hiciera esto? Ya lo hemos caracterizado en parte. Podemos agregar ahora que era muy disciplinado, y en particular fiel a su Partido al cual se haba incorporado haca diez aos siendo obrero ferroviario en su provincia natal. Delaturi viva la contradiccin de ser un militante proletario revolucionario, fiel a su clase y pertenecer a un partido no proletario, reformista. Posteriormente la agudizacin de la lucha obrera en Propulsora Siderrgica, en el gremio metalrgico, en Villa Constitucin, y la situacin general irn agudizando esta contradiccin hasta que finalmente la resolvi abandonando el Partido Comunista e incorporndose plenamente al Partido Revolucionario de los Trabajadores. El martes 4 a las 6:00 hs. de la maana ingresarn los trabajadores con un sabor amargo en la boca ya que se tena conciencia que haba compaeros que no podan ingresar. De todas formas, la lucha sigui con la huelga de brazos cados dentro de la planta. Se recibi la adhesin solidaria de la Asociacin Judicial Bonaerense. Al da siguiente la Comisin Directiva de la UOM acept las renuncias de los delegados fraudulentos. Hicimos un balance y se calcul que faltaban 85 telegramas de reincorporacin y se recibi informacin de que habra entre 40 y 45 despedidos. Algunos puestos de trabajo de compaeros no reincorporados fueron ocupados por personal contratado. El jueves 6 se reunieron en el Ministerio de Trabajo los directivos de la UOM y los de Propulsora Siderrgica y acorda134

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ron que no habra despidos. En este acuerdo, como en otros compromisos anteriores, se puso de manifiesto que eran tcticas de distraccin para que se levantaran las medidas de fuerza. Como buen discpulo del lobo Vandor, Diguez se comprometi a negociar para que no hubiera despedidos pero, en realidad, confeccion con la empresa la lista de los mismos. Durante la semana siguiente en la planta de Obras Sanitarias, pegada al acceso de la fbrica, se realizaron tres asambleas. En la primera, el lunes 10, la Comisin Interna propuso continuar con la huelga de brazos cados dentro de la planta; la Lista Azul mocion el quite de colaboracin. La primera mocin obtuvo un 90% de los votos. En la segunda asamblea, el mircoles 12, se repitieron las mismas mociones y volvi a ganar la primera mocin con el 70% de los votos. Pero a la tarde se produjo un hecho importante: habl el presidente Pern, quien hizo un llamado a sostener el Pacto Social. El resultado en el campo sindical fue el levantamiento de muchas medidas de fuerza. En este marco, el viernes 14 de junio, en una nueva asamblea, se repitieron las mociones y volvi a ganar la continuidad de la huelga de brazos cados pero por estrecho margen. Rpidamente los miembros de la Comisin Interna comprendimos que con esta pequea mayora no se poda sostener una huelga prolongada y contrapropusimos, ante la paridad de la votacin, levantar la huelga y aplicar un quite de colaboracin con algunas medidas accesorias. Esta mocin fue aprobada por unanimidad y nos permiti seguir conduciendo el conflicto. A los pocos das se realiz una nueva asamblea, esta vez dentro de la fbrica. Haban transcurrido veinte das desde el inicio del conflicto y se iba desinflando; la totalidad del Cuerpo de Delegados y de la Comisin Interna estaban fuera de la fbrica, aunque an no haba despidos efectivizados. A las posiciones de la Lista Azul se le sum un sector poltico de poca incidencia en la fbrica pero que contaba con el apoyo de algunos directivos del SMATA Crdoba. Ingresaron a la fbrica, estuvieron presentes en la asamblea y expresaron su solidaridad. Un delegado de esta corriente propuso que se eligiera un nuevo Cuerpo de Delegados, con el argumento de que los otros estaban afuera y no
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podan actuar. Esta mocin en los hechos significaba desconocer al Cuerpo de Delegados y a la Comisin Interna y abonar el terreno para su despido. Ante la ausencia de la mayora del activismo, otra vez se puso de manifiesto la riqueza de un movimiento de masas, un compaero plante que no se poda desconocer a los delegados porque ellos mismos los haban elegido y estos haban dado la cara por todos, y que haba un compromiso de honor: o t odos o n ing un o. Finaliz diciendo que el desconocimiento sera el aval para el despido de los delegados. Se impuso la mocin de este compaero que nunca antes haba hablado y que nunca despus volvi a hablar y que, como dato curioso, complementaba sus ingresos trabajando como modelo de ropa. Durante el resto del mes de junio y todo julio continu el quite de colaboracin el que fue muy efectivo, ya que era prcticamente una huelga de brazos cados, porque al no completarse las escuadras, el trabajo no se iniciaba. El grado de solidaridad y combatividad se pona de manifiesto todos los das buscando alguna argucia para no completar las escuadras. Una noche en la seccin Decapado se haba intentado todo y de todas formas la escuadra se complet, por lo que haba que comenzar a trabajar. Un compaero, el Pelado Candia, tom un casco, se golpe la mano y pidi ir a la enfermera. Esta vez tampoco se trabaj en aquella seccin. Llegado el mes de agosto, los compaeros del Tandem -seccin que era el corazn de la fbrica, lo que ocurra all tena mucho peso en el resto- decidieron incrementar el quite de colaboracin con un paro de media hora por turno. Como nosotros estbamos afuera -en el acceso- no conocimos los detalles de lo que ocurri, pero sabemos que se origin un enfrentamiento con los pichones de burcratas y finalmente se decidi un abandono de la planta. Los que estbamos afuera esperbamos a que saliera hasta el ltimo compaero. Para confirmar que no haba quedado nadie reingres un compaero a recorrer el vestuario, por lo que en el acceso quedbamos slo dos trabajadores y despedidos. En ese momento se nos acercaron lentamente dos Chevy del servicios de vigilancia que haba contratado la Empresa a raz del
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conflicto. Se detuvieron, bajaron, se abrieron en abanico, nos rodearon cuatro parapoliciales a cada uno y nos comenzaron a golpear con sus armas y a insultarnos. Recuerdo uno de los insultos porque lo repetan: huelguistas hijos de puta!. A m me lastimaron la cabeza con la punta de una pistola. Luego nos ordenaron correr y efectuaron un disparo, supongo que al aire porque no nos dieron. Corrimos hasta la Planta Depuradora de agua, al llegar a ella miramos hacia atrs y justo pasaba un colectivo de la lnea 202 hacia Ensenada, que tomamos, mientras nos seguan los servicios que venan en los Chevys. Algunas cuadras despus abandonaron la persecucin. Finalmente nos dirigimos a Radio Universidad -en manos de la Tendencia revolucionaria del peronismo- donde hicimos pblicamente la denuncia de la agresin sufrida. El viernes 2 de agosto a las 14:30 hs., bajo una copiosa lluvia, desde un automvil Torino de color blanco con cuatro hombres en su interior, se efectu una rfaga de ametralladora contra varios trabajadores que estaban en el mismo refugio, la parada de micros en la que habamos sido atacados das pasados. Luego dirigieron el fuego hacia la guardia y al ser repelido el ataque se origin un tiroteo. Diez minutos despus, cerca de all, otros cuatro integrantes del mismo grupo que viajaban en un Peugeot 504 color gris, atacaron a tiros y con golpes a Julio Quiroga, Carlos Alberto Fauci y Roberto Urriza. Urriza recibi dos tiros y los dems tambin fueron heridos. Omar Cherri y Roberto Lopresti denunciaron que los atacantes fueron integrantes de la UOM y del Gobierno Provincial, y que, curiosamente, los dos patrulleros que estaban de custodia en forma permanente frente a la fbrica, fueron retirados poco antes del atentado. Como respuesta a la agresin el domingo se concret un paro total de actividades. Informar el diario El Da que el lunes 5 de agosto, en respuesta al cese de actividades que un grupo de trabajadores llev a cabo el domingo ltimo, sin autorizacin de la organizacin natural que los nuclea, la Unin Obrera Metalrgica, la empresa suspendi las actividades hasta las seis horas del martes y despidi a doce compaeros de los que no haban sido reincorporados, entre ellos a la totalidad de la Comisin Interna, por no
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estar comprendidos dentro de lo que exige la empresa para el desarrollo de sus tareas. Diguez reclam el pago de los das cados, mientras la directiva de la UOM, por l encabezada, les aplicaba el famoso artculo 9 del estatuto a los mismos doce compaeros que habamos sido despedidos por la patronal. El artculo en cuestin habla de las causales de expulsin del gremio. La Comisin Interna denunci que el conflicto continuaba, sin interrupcin, desde el 23 de mayo, y que no haba comenzado el 4 de agosto, ya que no se hacan horas extras y se llevaban a cabo paros por sector. (El Da). El martes 6 se realiz una asamblea que ratific la continuidad de la lucha. Das ms tarde, se produjo una nueva agresin por parte de los parapoliciales -una custodia especial contratada por la patronal para la huelga- a un compaero. La UOM, en un intento de tomar la direccin del movimiento, decret un paro para el da sbado 24 de agosto. El lunes 26 segn el diario El Da, la empresa decide un cese de actividades por 72 horas ante la irregularidad en que se vienen desarrollando las tareas, dado el retiro de colaboracin dispuesto por los obreros. Al otro da, a las 9:00 hs el Ministerio de Trabajo llam a una audiencia de conciliacin entre las partes: la UOM y la Empresa. La UOM acus a la Empresa de que la medida se origina en el paro de 24 hs. La empresa dice que por la irregularidad en que se desenvuelven las tareas a raz del trabajo a reglamento del personal y a la falta de definicin del Ministerio de trabajo, pero acepta levantar la suspensin por 72 horas. Se manifestaban con claridad los roces entre la patronal y la burocracia. Esta ltima era la ms dura en contra de la solucin del conflicto. El martes 3 de setiembre se declar conflicto colectivo. La solucin vendr por las resoluciones de esta autoridad de Aplicacin dijo el delegado del Ministerio de Trabajo. Aqu aprendimos la trampa de la conciliacin obligatoria ya que sta se dict, no a partir del 23 de mayo sino, en una fecha posterior al 5 de agosto cuando ya se haban producido los despidos. Ese mismo da a las 14:00 hs. la Comisin Interna se reuni con la patronal, mientras en la planta se desarrollaba una asamblea para decidir si se acataba o no la conciliacin. Nuestra posicin en un principio era dura, de no aceptacin de la conciliacin
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obligatoria pero, en ese momento, nos lleg la informacin de que la asamblea haba decidido acatar la conciliacin obligatoria. Pedimos un cuarto intermedio y finalmente decidimos acatar la conciliacin. Siempre nos guibamos por la decisin de las asambleas. Ms tarde corri el rumor de que haba sido secuestrado el ingeniero Mascardi, directivo de la Empresa. Finalmente el viernes 6 se confirm que la organizacin Montoneros se haca responsable. El lunes 9, Omar Jacinto Cherry, delegado y miembro de la Comisin Interna, anunci ante los trabajadores que haba llegado un mensaje, portado por una paloma blanca, en el que se afirmaba que el Ingeniero Mascardi se encontraba en su casa y la empresa se comprometa a aceptar cuatro de los cinco puntos del pliego de reclamos y de hecho ya haba reconocido el quinto. Estos eran: 1) Pago de los das cados; 2) Reincorporacin de los 12 despedidos; 3) Ninguna sancin; 4) Aumentos de salarios que iban entre 70.000 y 100.000 $m/m; 5) Reconocimiento del Cuerpo de Delegados y de la Comisin Interna. Se haban suspendido las tareas, el entusiasmo y la alegra de los asamblestas se transform en un festejo que adquiri mil formas: nos abrazbamos, llorbamos y gritbamos nuestra alegra, los puentes gras hacan sonar sus sirenas... En medio de la euforia, y todava reunidos en asamblea, el Turco Cherry, hroe de la jornada, me dijo que propusiera la incorporacin de los obreros de Propulsora a la Coordinadora de Gremios, Comisin Interna y Delegados en Lucha. Esta propuesta fue transmitida a la asamblea, la cual provoc un profundo silencio demostrativo de que el planteo era descolgado. Comprendiendo esto, reaccionamos rpidamente y propusimos dejarla como una propuesta para pensar lo que afloj la tensin producida. De haber forzado la cuestin seguramente se hubiese aceptado la participacin pero formalmente. Ms adelante esta idea fue madurando en el conjunto de los compaeros. Estos fueron los hechos objetivos de aquella lucha. Me permitir hacer slo una conjetura: el secuestro de Mascardi estuvo acordado entre la Empresa y Montoneros y esta suposicin se basa en los siguientes hechos: 1) El conflicto despus de tres
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meses no haba podido ser quebrado, lo que indicaba la fortaleza y unidad de los trabajadores; 2) La empresa se haba convencido, haca tiempo, que los verdaderos representantes ramos los delegados elegidos democrticamente; 3) La UOM se opuso a todo arreglo con los trabajadores y sobre todo exiga el despido de los activistas a los que expuls del Sindicato; 4) La patronal quera arreglar porque en tres meses y 18 das haba producido menos de lo equivalente a un mes y, adems, se le vencan compromisos de exportacin; 5) Una forma elegante de zafar de este aprieto era el secuestro; 6) La limpieza, prolijidad y la falta de dramatismo con se vivi el secuestro, adems de lo rpido de la resolucin; 7) Mascardi no era un ejecutivo de mayor jerarqua5. Pero, reiteramos, el punto fundamental que llev a la resolucin del conflicto fue, la fortaleza y la unidad de los trabajadores y el compromiso inclaudicable con la lucha de su direccin. Todo lo dems, incluido el secuestro, pudo ser posible por el coraje demostrado. Si bien este fue el fin de un conflicto, se abri en la zona una nueva situacin para el movimiento obrero y sindical. En ella el clasismo, la combatividad, la juventud y el coraje se pudieron conjugar con la coherencia y la sensatez del conjunto y sus dirigentes. La l ucha si ndi cal com ienza a to mar el ementos de luch a de clas es Finalizada la huelga se normaliz el trabajo. Los delegados cumplan con su labor, pero la situacin poltica general era muy crtica. La triple A estaba actuando abiertamente. Amenazaron de muerte al Turco Cherry y a Roberto Lopresti, que tuvieron que dejar la fbrica, una tremenda baja para la Comisin Interna. Un tercer integrante de la misma, el Pampa Delaturi, renunci porque su partido, el PC, le impuso una poltica de conciliacin con la burocracia (el mismo partido aport dos de sus militantes como colaboradores de la intervencin que suplant al Cuerpo de Delegados fraudulento). Las bajas en la Comisin Interna se cubrieron con dos compaeros de la JTP, Manuel Carrete y el Muerto Surez, y otro del PRT, el Rifle Passini.
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Pasaron algunos meses sin hechos de relevancia, lo que fue interpretado, por algunos, como el desinfle del Cuerpo de Delegados, y sobre todo por la gente de la Lista Azul. Se decidieron a explotar esa situacin, organizando una amplia campaa de propaganda dentro y fuera de la fbrica. Imprimieron, segn decan, cien mil volantes que fueron repartidos, profusamente, por las tres ciudades de la regin y hasta en los partidos de ftbol. Denunciaron un acuerdo zurdo-patronal, capitaneado por Agustn Roca, Presidente de Techint y Daniel De Santis, delegado y miembro de la Comisin Interna. Uno de esos hechos sin relevancia fue la respuesta de la Comisin Interna ante la falta de informacin sobre la actividad del Cuerpo de Delegados, por lo que se decidi a editar una hoja de fbrica con las actividades desarrolladas y los reclamos de todos los trabajadores. Esta hoja tuvo una importancia muy grande ya que organiz el trabajo y fue expresando a las secciones en sus reclamos; por otro lado le daba presencia al Cuerpo de Delegados entre sus compaeros y nucleaba al movimiento. La aparicin de este boletn fortaleci inmediatamente la imagen del Cuerpo de Delegados. Simultneamente con esta campaa, en febrero de 1975, se percibi la necesidad de pedir un reajuste de salario, por lo tanto se puso en marcha el mecanismo de la democracia obrera, el que funcionaba as: despus de percibida la inquietud obrera, el Cuerpo de Delegados elaboraba un petitorio, el que volva a ser discutido en las secciones, las que a su vez enviaban por medio de sus delegados el mandato; se reuna el Cuerpo, este elaboraba sus conclusiones y luego las llevaba como temario a la asamblea. En esta oportunidad se la convoc el lunes 12 de marzo a las 14:00 hs. para discutir los siguientes puntos: 1) Realizacin de elecciones libres; 2) Aumento de salarios de 150.000 $; 3) Participacin en las paritarias. Producto de esta convocatoria y la expectativa existente entre los trabajadores, la patronal y su aliado, la burocracia, tratando de enfriar, otorgaron una sentida reivindicacin: la bonificacin al turno rotativo por un monto promedio de 60.000 pesos. Das antes haban incrementado el pago de horas extras al 100 %
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durante el da, y al 120 % por la noche, con lo cual intentaban estimular la superexplotacin. El viernes 9 de marzo, luego de reunirse con la patronal y firmar el acta por la bonificacin al turno rotativo, el Secretario General de la Seccional, Hctor Dateo, se reuni con la Comisin Interna provisoria para llegar a un acuerdo entre dirigentes, dejando a un lado, por ambas partes, a las cabezas irritativas. Ante este planteo se le respondi que el nico pacto y la nica unidad posible era con el estricto acatamiento de la voluntad de los compaeros, que deban elegir libremente y sin proscripciones a sus representantes, seccin por seccin, fueran blancos, azules, o del color que fueran. Seguros de su derrota en elecciones libres, Dateo se neg a aceptarlas argumentando que primero se tenan que conocer, realizando varias entrevistas y hacer buena letra. Como culminacin de su campaa la Lista Azul llam a asamblea de fbrica, el mismo 12 de marzo, en el mismo lugar: los vestuarios, pero, a las 13:00 hs. Colocaron como tribuna un trailer, ya que ellos manejaban la seccin transporte (en las asambleas convocadas por el Cuerpo de Delegados se usaba, con el mismo fin, un tanque de 200 litros). El da 12, llegadas las 13:00 hs., se junt un reducido grupo de trabajadores, principalmente de las secciones transporte y taller mecnico, porque varios de sus delegados respondan a la Azul. Pero el grueso recin se nucle a las 14:00 hs. que era la hora del cambio de turno. Se inici la asamblea con gran concurrencia de compaeros y se inform todo lo actuado por el Cuerpo de Delegados y la Comisin Interna provisoria; los miembros de la Azul que eran tambin colaboradores de la intervencin, trataban de confundir. Intervino el colaborador Fernndez acusando a los delegados de hacerle el juego a la patronal por disminuir la produccin, por provocar el ausentismo, y que se buscaba un nuevo Chile, etc. Despus de varias acusaciones y al quedarse sin aire y sin lnea, un miembro de la Comisin Interna, dando un paso al frente le respondi, refutando una por una las acusaciones y retomando as la iniciativa. En ese momento hubo un intento, por parte de los activistas de la azul, de desalojar del trailer a la Comisin Interna. Este hecho fue percibido por los asamblestas:
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desde arriba se vio claramente como la asamblea, como un solo cuerpo, se movi suavemente hasta rodear parcialmente el trailer. Segundos despus slo quedaron all los miembros de la Comisin Interna, los que fueron aplaudidos por sus compaeros. La asamblea, hasta ese momento haba tenido carcter reivindicativo, pero en un nuevo intento de derrocar a la Comisin Interna apareci un tapado, invocando los seis millones de votos del gobierno popular y diciendo que lo que buscaban los delegados era derribarlo, creando el desabastecimiento. Se escucharon silbidos y abucheos. El repudio a esos argumentos se transform indirectamente en un repudio al gobierno. La asamblea termin con un amplio triunfo obrero aprobando los tres puntos y autoconvocndose para el mircoles 19 de marzo con el fin de discutir el plan de lucha en caso que no prosperasen las negociaciones con la patronal y la burocracia. En la nueva asamblea hubo dos posiciones, la mayora del cuerpo de delegados plante lanzar un plan de lucha que se iniciara con un quite de colaboracin. Por su parte, Murmullo Gmez6, de un sector de la Azul, dijo que no se haban agotado las instancias, que no se haba hablado con la UOM para que esta a su vez gestione ante la empresa. Aunque para nosotros era claro de que se trataba de una maniobra dilatoria, tambin percibimos que la propuesta logr algn consenso. De haberse votado probablemente hubiese ganado la primera mocin, sobre todo por el prestigio de los delegados, pero sin un consenso suficiente como para sostener una lucha que podra ser ms o menos prolongada. Se retir la primera mocin y se integr una propuesta para agotar las negociaciones. El murmullo de Gmez vena con eco. El da jueves 20 de marzo a las 4:00 hs. de la maana se produjo la intervencin a la UOM de Villa Constitucin7 y se lanz, desde Rosario a San Nicols, un gran operativo represivo. Mientras en las oficinas se realizaban las ltimas negociaciones, en las secciones se discuti y se aprob que si no haba una respuesta positiva al petitorio se iniciara el plan de lucha, el que deba ser aprobado en la asamblea prevista para el lunes 24 de marzo a las 14:00 hs. Ese da, durante la maana, se cit a una reunin del cuerpo
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de delegados para evaluar la situacin. Entre los delegados haba temor de que se repitiera contra el Cuerpo de Delegados de Propulsora la represin que vivan los trabajadores de Villa Constitucin, por lo que se opinaba que no era conveniente llevar adelante el plan de lucha en ese momento. Algunos compaeros se mantuvieron firmes y sostuvieron que menos que nunca haba que aflojar, que el plan del gobierno se deba enfrentar con lucha y no replegndose y, adems, las secciones ya se haban manifestado a favor del lanzamiento del plan de lucha. Despus de una prolongada discusin se impuso esta ltima opinin, la que se llev como mocin a la asamblea. All algunos delegados informaron sobre las tratativas realizadas sin obtener respuesta, otros explicaron el carcter anti-obrero de la intervencin a la UOM de Villa, poniendo en evidencia la colaboracin de la dirigencia metalrgica al denunciar que, ni la directiva nacional ni la seccional haban dicho una sola palabra, al contrario se mostraban eufricos. Al respecto, por nuestra parte, se aprob la solidaridad activa con los compaeros, tambin se afirm el carcter antipopular del gobierno, argumentos que fueron seguidos con singular atencin por la asamblea, que ante el calificativo de traidores a la clase obrera aplicado a los dirigentes nacionales de la UOM, se pronunci con un fuerte y sostenido aplauso. La burocracia ya no intent respuesta, pero militantes del Partido Comunista Revolucionario asumieron su defensa y la del gobierno con el argumento de estar contra el golpe yanqui o ruso, pidiendo que se definan los delegados si estaban por el golpe. Las intervenciones de estos compaeros fueron abucheadas y se escuch, desde la masa de los asamblestas gritar: No hagas poltica. Alguien en falsete agreg: Que no me gusta. La asamblea tuvo un neto contenido poltico, pero con una diferencia: con una poltica de clase, con la poltica de la clase obrera. Por parte de la patronal y la burocracia se acusaba de comunistas a los obreros de Villa Constitucin con la intensin de dividir y debilitar la solidaridad. Pese a ello se envi una comisin que llev la solidaridad militante y material con una importante suma de dinero recaudado entre los trabajadores de Propulsora Siderrgica. Despus de veinte das de quite de cola144

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boracin se obtuvo el triunfo en lo salarial, al que intent montarse Hctor Dateo, que no estaba tan quemado como su adjunto Rubn Diguez. Por nuestra parte se puso de manifiesto que las conquistas obtenidas haban sido el resultado de la lucha colectiva. En una de estas asambleas se decidi participar activamente en la Coordinadora de Sindicatos, Comisin Interna y Delegados en lucha de La Plata, Berisso y Ensenada. A diferencia de lo ocurrido cuando el festejo de setiembre, la idea de la Coordinadora haba ido madurado en el conjunto de los trabajadores, por lo que esta decisin tuvo mucha fuerza dentro de fbrica y produjo un salto en calidad de la propia Coordinadora. Poco tiempo despus, a mediados de abril, se produjeron nuevos cambios en la Comisin Interna, ya que la direccin de mi partido, el PRT, me recomend que dejara la fbrica porque estaba muy expuesto por mi actividad pblica y porque, por otras circunstancias, haba llegado al ejrcito enemigo detalles de mi militancia partidaria. Tambin por esta poca Salvador Delaturi rompi con el Partido Comunista y se incorpor al Partido Revolucionario de los Trabajadores, lo cual le devolvi el crdito que haba perdido y se reincorpor a la Comisin Interna. Resulta interesante repasar el rpido y amplio desarrollo alcanzado por el Partido Revolucionario de los Trabajadores: varios delegados se haban incorporado o eran simpatizantes del mismo, principalmente los de las secciones Tandem, Temper8, Decapado y Lnea de Corte9, en las que se realizaba lo esencial del proceso productivo y el trabajo alcanzaba la mayor coordinacin entre los integrantes de cada escuadra. La lectura de El Combatiente era habitual en las secciones y las simpatas por el PRT y el ERP eran amplias.10 Las jo rnada s de ju nio y j uli o El 2 de junio, en el marco de las discusiones paritarias para llegar a los convenios colectivos de trabajo, asumi como Ministro de Economa Celestino Rodrigo. Estas negociaciones se fueron recalentando por las medidas tomadas por el gobierno. El
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5 de junio los combustibles y la electricidad aumentaron entre un 50% y un 75%, se devalu el peso aumentando el dlar el 100%, se liberaron las tasas de inters y, haba versiones sobre, un tope de 45 % para los aumentos de salarios. Entre el diez y el doce hubo reuniones entre la CGT y CGE y el Ministerio de Economa para dar por terminadas las paritarias. En un marco de movilizacin permanente, el 17, se movilizaron las automotrices y los Astilleros de la zona norte del Gran Buenos Aires: Ford, General Motors, Crysler, Peugeot y Astilleros de Tigre. El 20 de junio se firmaron numerosos convenios con aumentos que iban entre el 45% y el 110%. Beneficiaban a 600.000 metalrgicos, a 350.000 textiles. Siguieron las movilizaciones: Luz y Fuerza, Telefnicos, Petroleros, Correos. El 25 de junio fue declarado ilegal el paro de la CTERA. Pero el 28 de junio se produjo el hecho detonante de lo que se conocer como el Rodrigazo. La Presidente Mara Estela Martnez de Pern, junto a todo su gabinete, el Presidente de la Cmara de Diputados y los Comandantes de la Fuerzas Armadas, anunci que no se homologaran los convenios firmados en paritarias y en su lugar habra un aumento del 50% desde el 1ro. de junio, un 25% en octubre y otro 15% en enero de 1976. Toda la Argentina, que poco a poco se vena recalentando, se estaba convirtiendo en una caldera pronta a estallar. El movimiento obrero se expresaba de distintas formas, con quites de colaboracin, paros, pero sobre todo movilizaciones en las calles. Las ciudades de La Plata, Ensenada y Berisso se convirtieron en uno de los principales centros de la lucha obrera. En la semana del 22 al 28 de junio se discuti la modalidad que deba adquirir la lucha para enfrentar la decisin del gobierno. En Propulsora Siderrgica haba quedado muy arraigado en el activismo la idea de que el quite de colaboracin era una medida muy efectiva. En realidad lo era porque se demostr eficaz en la huelga grande del ao anterior y en el plan de lucha de marzo y abril de ese ao. Pero la situacin haba cambiado, se trataba de un enfrentamiento global entre el movimiento obrero y el gobierno por la vigencia de los acuerdos paritarios. Preocupado por esta situacin, el 28 de junio, llam por telfono a la fbrica en momentos en que se desarrollaba una asamblea. A travs de mi
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compaero delegado de la Comisin Interna, el Rifle Passini, hice llegar mis ideas expuestas anteriormente y les propona que si se quiere que se realice un quite de colaboracin, pero lo fundamental es salir a la calle. El lunes 30 me diriga a presenciar la asamblea prevista para la fecha y poco antes de llegar me encontr con los compaeros que ya estaban marchando hacia el Astillero. Haban decidido la movilizacin y toda Propulsora Siderrgica le llevaba la propuesta a los compaeros de Astilleros, donde a su vez se estaba desarrollando una asamblea para tratar el mismo tema. Al llegar debimos esperar alrededor de una hora en la entrada, muy lejos de la planta de produccin, cuando finalmente nos informaron que la asamblea no decidi la movilizacin. Este he hecho produjo bronca entre los trabajadores de Propulsora, ya va a venir a hacer horas extras en Propulsora! se escuchaba rezongar a muchos compaeros, y una actitud ms comprensiva entre el activismo debido a que ramos conscientes que all, en el Astillero, si bien haba un estado de gran combatividad y numerosos activistas revolucionarios todava mantenan su prestigio dirigentes de la burocracia y de la izquierda reformista. Ante esto resolvimos marchar a La Plata y, una vez all, tomamos varios colectivos para llegarnos a una concentracin que se estaba desarrollando desde la maana en la puerta de la CGT, en la calle Azopardo de la Capital. Cuando arribamos, alrededor de la seis de la tarde, 20.000 trabajadores exigan a la conduccin un plan de lucha nacional. Nuestra columna irrumpi en perfecta formacin de fbrica, lo que impact en la concurrencia por su disciplina y masividad, hecho que nos permiti llegar hasta el lugar que haca las veces de palco y desde all hablar a la concentracin. Pese a la masividad y a lo amplio de la movilizacin obrera, se nos hizo evidente que no tenamos propuesta para seguir11. Durante el regreso ocurri un hecho que recuerdo profundamente y el que en los aos de exilio me volva reiteradamente a la memoria. Como haba dejado la fbrica y expresado pblicamente en asamblea mi militancia en el Partido Revolucionario de los Trabajadores, mis compaeros -y no me refiero slo a los militantes de mi organizacin- me plantearon que, por seguridad,
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regresara aparte. Para llevarme se ofreci una pareja de jvenes que tenan un pequeo automvil marca Decarlo. Al cruzar el puente Avellaneda nos detuvo el control policial, nos pidieron los documentos, mientras nos apuntaban con sus fusiles FAL. Como mi documento estaba muy deteriorado el polica me dijo que eso no serva. Afortunadamente, en ese instante comenz a cruzar la columna de colectivos con los obreros de Propulsora. Al vernos se detuvieron los colectivos, bajaron los compaeros y rodearon al grupo de policas fuertemente armados. Algunos compaeros comenzaron a discutir con los policas, se produjo una situacin muy tensa, la que aprovech para retirarme con mi destruido documento y subir a uno de los colectivos. Los compaeros del autito tambin pudieron irse. Este y otros hechos similares, vividos en esos tiempos, ponan de manifiesto la solidaridad de los trabajadores an a riesgo de su propia seguridad y tambin desmienten ese mito de que los trabajadores usaban a los jetones -mito arraigado entre la vieja militancia de la pequea burguesa- para que den la cara y no correr riesgos ellos, an sin considerarlos sus dirigentes. No s si en algn lugar ocurra esta utilizacin de los jetones, mi experiencia me dice lo contrario. Los obreros democrticamente elegan a aquellos que consideraban ms capaces para defender sus intereses, los respetaban y reconocan como sus dirigentes. Es ms, entre los militantes de origen pequeo-burgus exista el mito de que el dirigente obrero tena que hablar mal, comerse las eses, tomar mucho vino y decir malas palabras, nada ms alejado de la realidad. Puedo asegurar que nunca escuch tantas malas palabras y bromas pesadas como en el vestuario de la fbrica, pero en las asambleas la cosa era muy diferente, se deba ser muy respetuoso y educado, ante alguna palabra fuerte la asamblea abucheaba. Recuerdo que en una de estas, oportunidad en la que estaba muy enojado, sent la obligacin de pedir permiso para decir la palabra cojones. Durante el martes primero y el mircoles 2 hubo gran agitacin en todo el movimiento obrero. Se debata la actitud a seguir. Interpretando el sentir del conjunto y a su vez impulsando la movilizacin, la Coordinadora de Gremios, Comisiones
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Internas y Delegados en lucha de La Plata, Berisso y Ensenada convoc, para el jueves 3 de julio a las 10:30 hs., una concentracin en la Plaza Belgrano de Ensenada. De all marcharan a La Plata y para confluir con los dems trabajadores de la zona en la sede de la CGT Regional, que en aquella poca funcionaba en el local de la UOCRA. Debido a que los canales de comunicacin con mis compaeros eran rudimentarios, a que por seguridad, ya no viva en La Plata y porque tena muchas tareas en la estructura de mi Partido, no me haba enterado de la convocatoria. Ese da a las 8:00 hs. de la maana concurr a una reunin del Secretariado Regional del PRT en algn barrio de Berazategui. Al comenzar la reunin, leyendo el diario, nos enteramos de la convocatoria, discutimos y decidimos que dejara la reunin y concurriera a Ensenada. Antes de salir les pregunt a mis compaeros qu planteo?. Se hizo un silencio llamativo, hasta que uno de ellos, el responsable, me dijo: y, si te apuran mucho plante las elecciones. El Partido Revolucionario de los Trabajadores, si bien a mediados del ao anterior haba previsto esta evolucin de las movilizaciones, no tena propuesta para la coyuntura12. As, desnudo polticamente, me dirig a la plaza Belgrano de Ensenada. Al llegar me encontr con unos 3.000 obreros de Astilleros. Alguien me inform que la columna que marchaba desde Propulsora Siderrgica no poda avanzar, pues en el puente de la calle Bosinga la haba detenido un cordn policial. Ante esta novedad me dirig a uno de los delegados de Astilleros de apellido Flamini, quien a su vez era dirigente regional del PC, para pedirle marchar con una columna de trabajadores de su fbrica hasta donde estaba la columna de Propulsora Siderrgica y entre ambas columnas presionar el cordn policial. No fue posible. Me recibi al grito de traidor, abandonaste a los compaeros en medio de la lucha!. Mi respuesta tampoco fue prudente. Le dije al odo: callate, hijo de puta, vas a aparecer flotando en el Ro de la Plata!. El compaero comenz a gritar: me amenaz!, me amenaz!. Lo cual provoc que me rodeara un grupo de trabajadores con intenciones de pegarme. Advertidos de esto otro grupo de compaeros, que me conocan, a su vez me rodearon para que no me golpearan.
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Esperamos un rato mientras seguan llegando trabajadores de distintos talleres y fbricas de Ensenada y Berisso, de Ipako y municipales. Finalmente apareci la columna de 1.500 trabajadores de Propulsora Siderrgica engrosada por obreros de la construccin, de la planta depuradora de agua de Cambaceres y de talleres de la zona. Aprovech la situacin y me escap hacia mis compaeros. Estos al advertir mi presencia me subieron en andas y comenzaron a corear mi apellido. Rodeamos la concentracin hasta ubicarnos frente al monumento que hizo de tribuna. All comenz una novedosa asamblea obrera, hablaron compaeros de distintos lugares de trabajo, se discuti sobre la situacin poltica y cul deba ser la actitud a asumir. Si bien la concentracin estaba convocada por la vigencia de los convenios colectivos de trabajo, rpidamente tom un tono poltico, se critic a Lpez Rega, a Rodrigo y a la poltica econmica del gobierno. El otro eje del debate se desarrollaba entre delegados de Astilleros. Las intervenciones ms relevantes fueron las de Flamini, quien insista en que ya estaban cumplidos los objetivos y haba que volver a Astilleros, y la de un militante de la JTP, que propona marchar con los dems trabajadores. Finalmente la vibrante y combativa oratoria de Carlos Pelez, el Mono de la JTP, logr imponerse y alrededor del 70% de los compaeros de Astilleros adhirieron a la marcha, aunque un nutrido grupo sigui a Flamini y regres a la planta. El camino Rivadavia, que une Ensenada con La Plata, se convirti en escenario de la marcha obrera jams vista en aquella zona. La columna era tan larga que cuando la cabeza llegaba a la calle 122 (lmite entre La Plata y Ensenada) dejaba la cola an saliendo de Ensenada, por lo menos as se vea en perspectiva y es como lo guardamos en el recuerdo. Aos despus, el Loncha que en aquella jornada era un aprendiz de quince aos de Astilleros dir: no sabamos muy bien a donde bamos, pero sabamos que bamos a la lucha. All, en la calle 122, nos esperaban los trabajadores de SIAP, OFA, INDECO y en general de los talleres y otros lugares de trabajo de los caminos General Belgrano y Centenario. Como siempre ocurre, en estas situaciones, el encuentro gener alegra e hizo crecer el entusiasmo y la
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confianza en las propias fuerzas. Todos juntos marchamos ahora hacia la sede de la CGT Regional. De esta parte de la marcha recuerdo una ancdota que sirve para pintar el clima y que a su vez nos muestra la rpida evolucin de la conciencia en los momentos lgidos de la lucha. Cuando en marzo realizbamos el plan de lucha por mejores salarios, simultneamente con la lucha de los metalrgicos de Villa Constitucin, uno de los argumentos de la burocracia sindical para quebrar nuestra solidaridad con ellos fue que los obreros de Villa Constitucin eran comunistas. Volvamos a la marcha, se me acerc un compaero y me pregunt: Daniel, as eran las movilizaciones en Villa Constitucin?, a lo que respond: mir, no estuve, pero por lo que s, calculo que ms o menos as. No!, no! -me corrigi- esto es superior!. El jefe del pelotn del Ejercito Revolucionario del Pueblo de La Plata me inform que una escuadra del mismo marchaba con la columna y que se pona a mis rdenes. La llegada se produjo alrededor de las 14:00 hs., nos encontrbamos reunidos ms de 10.000 trabajadores, en su mayora obreros industriales, pues la Coordinadora no haba logrado an incidencia entre los empleados pblicos. De todas maneras se enviaron piquetes a los Ministerios para proponer all el abandono de los mismos. Otros piquetes que se formaron levantaban colectivos para ir a buscar a los compaeros de Petroqumica Sudamericana, que marchaban hacia la CGT. Nos encontrbamos concentrados trabajadores de Petroqumica General Mosconi, Petroqumica Sudamericana, OFA, Cochoflex, IPAKO, SIAP, INDECO, Propulsora Siderrgica, Kiser Aluminio, Hospital de Gonnet, Hospital Gutirrez, Judiciales, ATULP, ATUDI, Municipales de Ensenada, Astilleros Ro Santiago, ocupando la avenida 44 desde calle 4 hasta Plaza Italia. En la esquina de 4 y 44 se encontraba apostado un fuerte destacamento de la polica de la Provincia. El edificio de la UOCRA era una moderna construccin de tres pisos, retirada varios metros de la lnea de edificacin y cercada por altas y gruesas rejas. All dentro se encontraba la conduccin de la CGT Regional, Antonio Balcedo, Rubn Diguez y otros dirigentes. Comenz a hablar Rubn Diguez, traidor de la
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huelga de Propulsora Siderrgica. Tena una aparente actitud conciliadora, pero era tan grande el odio de los trabajadores de Propulsora Siderrgica, que ocupaban el frente del edificio, que lo rechiflaron durante toda su intervencin. Luego habl yo y propuse la formacin de una comisin de movilizacin integrada por el secretariado de la CGT y la Coordinadora de Gremios en Lucha, para llamar a un plan de lucha nacional por el objetivo comn de la vigencia de la ley 14.250 y la homologacin de los acuerdos paritarios. Se nos acerc hasta la reja un representante del secretariado de la CGT y nos dijo que esperemos, que ya nos iban a contestar. Eran las 14:30 hs., estbamos movilizados desde las seis de la maana, haba cansancio general e inocencia por nuestra parte, por lo que nos dispusimos a esperar la respuesta, previo haber informado al conjunto de los compaeros. Artera y sorpresivamente, a las 15:30 hs., comenz la represin desde todas las direcciones posibles. Desde la Avenida 4 esquina 44 atac, con gases, la polica all apostada. Simultneamente hicieron lo mismo desde un helicptero que sobrevolaba la concentracin. Se sumaron los efectivos apostados dentro y en la terraza del edificio ubicado en la esquina de 44 y 5. Esto produjo una estampida imposible de controlar. Pasada la sorpresa inicial, se reorganizaron grupos de trabajadores, algunos armados, tras lo que se sucedieron enfrentamientos en todo el centro de la ciudad hasta que, pasadas las 18 hs., comenz el repliegue hacia los barrios. Una vez ms los trabajadores que manifestaban pacficamente, pero con independencia de la burguesa y la burocracia, eran reprimidos violentamente. Luego, como es de costumbre, se acusar a activistas subversivos por la responsabilidad de los hechos13. Al da siguiente la CGT Regional dispuso, desde el medioda, un paro de 48 hs., que se cumpli con total acatamiento, y en espera de que el Comit Central Confederal instrumentara medidas de lucha. Finalmente el Comit Central Confederal resolvi un paro de 48 hs. a partir del lunes 7 de julio, el que se cumpli nacionalmente y al que adhiri la poblacin en su conjunto. El gobierno acept la derrota y en consecuencia se confirm la vigencia de los acuerdos paritarios. Se produjo la renuncia de
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todo el gabinete y se acept en forma inmediata la de Jos Lpez Rega, que abandon el pas. Das despus, renunciaron tambin Rocamora, Sabino y Rodrigo y Luder fue designado presidente provisional del Senado. Como consecuencia de esto el paro se levant el martes 8 a partir de las 14:00 hs. El da12 las Cmaras legislativas interpelaron a Celestino Rodrigo, el 18 present su renuncia y, al da siguiente, abandon el cargo quien pasara a la historia por ser el detonante de estas jornadas aqu relatadas y que se repitieron en todo el pas. Jornadas que se conocern popularmente como Rodrigazo y que nosotros preferimos llamar las Jornadas de junio y julio de 1975. El plan de Rodrigo fue un anticipo de la poltica econmica que luego implementar la dictadura militar, ms radicalmente favorable a los grandes monopolios, el capital financiero, y el imperialismo. Pero el pueblo estaba organizado, contaba con importantes organizaciones revolucionarias y, sobre todo, con un fuerte movimiento obrero, que comenzaba a encontrar las formas organizativas y de accin para expresarse con independencia de la clase capitalista que fueron suficientes para derrotar este intento de los monopolios. De esta manera, las Jornadas de junio y julio de 1975 finalizaron con un amplio triunfo obrero. Significaron el punto ms alto de organizacin e independencia de clase del proletariado argentino. Simultneamente, la sensacin apenas perceptible en aquel momento fue que la clase obrera industrial estaba sola. Comprendimos aos despus que la tctica del engao combinada con represin, del gobierno peronista, haba captado la expectativa de amplios sectores de las masas menos politizadas y haba diezmado las filas del estudiantado revolucionario y otros sectores medios muy movilizados. La otra limitacin fue la divisin de la vanguardia organizada en partidos polticos, ya que las tres organizaciones de mayor influencia en la masa obrera sostuvieron diferentes alternativas. El Partido Comunista propuso un Gobierno de amplia coalicin democrtica cvico-militar; Montoneros peda la renuncia de Isabel y el llamado a elecciones en 60 das; el PRT propugnaba una Asamblea Constituyente libre y soberana. Pensamos nosotros que esta propuesta era la ms avanzada, acorde con la situacin, pero lleg tarde
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pues ya haba pasado la cresta de la movilizacin. Tendrn que recurrir ms tarde al golpe militar y al terrorismo de Estado para doblegar la valenta y la generosidad del proletariado industrial y destruir las organizaciones de vanguardia y de masas que l haba logrado construir.
La Plata, mediados de 1990

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NOT AS

Trabaj en Propulsora Siderrgica (Grupo Techint, actual planta de Siderar en Ensenada) entre el 1 de agosto de 1973 y fines de abril de 1975. Integr la Comisin Interna de Reclamos desde mayo de 1974. 2 En la primera de estas reuniones me incorpor activa y pblicamente a la actividad sindical dentro de la fbrica. Quiero destacar el positivo recibimiento de mis compaeros, los que en su mayora eran militantes orgnicos de fuerzas polticas. En particular la generosidad de los dos cuadros de la JTP, uno de ellos, el Turco Cherry, lder de los trabajadores junto a Delaturi (quien en esa reunin me dio un entusiasta apoyo en pblico), y el Gringo Lopresti, cuadro organizador que desde un primer momento sostuvo insistentemente, ante la conduccin montonera, mi inclusin en la Comisin Interna. 3 Decapado: seccin de la fbrica en la que se iniciaba el proceso de laminado. La materia prima eran bobinas laminadas en caliente que pesaban en su mayora ms de 10 toneladas, llegando algunas hasta las 20 toneladas. La bobina se desenrrollaba para que la chapa pasara por piletones de cido para quitarle el oxido, y luego por piletones de agua para quitarle el cido, a una velocidad de hasta 200 m por minuto, para finalmente ser enrolladas nuevamente. 4 Tandem: en esta seccin se realizaba especficamente el laminado plano. La chapa entraba con un espesor de unos 5 mm y sala con el espesor definitivo, menos de un milmetro para hojalata, y entre 2 y 3 milmetros o ms para la industria automotriz. Este aplastamiento se lograba por presin, para esto la chapa pasaba por 4 o 5 pares de enormes rodillos (cada par de rodillos eran llamado jaula) a una velocidad de hasta 800 metros por minuto. Como la refrigeracin de la chapa y de los rodillos se haca con agua, de las jaulas salan densos chorros de vapor. En este sentido el Tandem se pareca a una gran locomotora ferroviaria de vapor. El final de una bobina, o sea la cola, se soldaba con la punta de la siguiente, cuando este trabajo estaba listo un silbato indicaba que la chapa iba a comenzar a pasar por las jaulas. Los diez integrantes de la escuadra saltaban al mismo tiempo hacia sus puestos de operaciones, comenzando lo que pareca una danza frentica, por momentos velada por nubes de vapor, que conclua con un nuevo silbato que indicaba la finalizacin de la bobina. 5 Cuando algunos compaeros me manifestaron que al decir esto hago
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quedar mal a Montoneros, les remarqu que de ninguna manera, todo lo contrario. De haber existido el acuerdo no fue ms que una salida para un conflicto que en sus dos actores principales, los trabajadores y la patronal, ya tena una resolucin desde haca tiempo. En otras palabras, Montoneros no habra hecho ms que aportar el escenario que dejaba afuera al obstculo que significaba la UOM. 6 Este sobrenombre provena de que tena muy mala diccin al hablar, pero era un hombre con mucha experiencia y clara percepcin del estado de nimo de las masas. 7 La Seccional Villa Constitucin, despus de un largo proceso de luchas, era dirigida, desde mediados del ao anterior por una Comisin Directiva clasista, combativa y antiburocrtica. Era una astilla clavada en el corazn de la burocracia peronista de la UOM. El gobierno de Isabel y Lpez Rega cumpli con gusto y ferocidad antiobrera el deseo de Lorenzo Miguel al declarar zona de emergencia toda la ribera del Paran, desde Campana hasta Rosario, e intervenir la Seccional, detener a todos los dirigentes que encontraron y reprimir con la brigaba antiguerrillera la heroica huelga de 60 das de los metalrgicos y todo el pueblo de Villa Constitucin, que cont con el apoyo de las poblaciones vecinas y la simpata de todo el movimiento obrero clasista. 8 Temper: Seccin de la fbrica donde se le daba maleabilidad a la chapa. 9 Despus de pasar por el Tandem, las bobinas de chapa dividan su camino: las que se destinaba para hojalata iban a la Seccin Recocido; las que se usaban para trabajos ms finos, como chapa de automviles iban a Temper y de all a la Lnea de Corte, donde, como su nombre lo indica, se cortaba la chapa en planchas de 2 a 3m segn los pedidos. 10 Por otra parte, se ha convertido en lugar comn afirmar que el PRT retiraba de las fbricas a sus cuadros o militantes para enviarlos al Monte. Esto es una opinin muy ideologizada que oculta el criterio de seleccin que se aplicaba. O sea, lo esencial, por lo que termina siendo una falacia. El PRT distribua a sus militantes de acuerdo a una concepcin de partido revolucionario, que tena en la lucha armada su forma principal -no nica- de lucha y, al proletariado fabril como su principal lugar -no nico- de construccin partidaria. Formas de lucha y principales lugares de trabajo son tareas que se encuentran en dos planos diferentes y paralelos, por lo tanto no excluyentes entre si, concepcin del PRT y del leninismo incomprensibles para el reduccionismo de la izquierda reformista. Voy a dar dos ejemplos que aclaran ms que muchas palabras. En la fbrica del vidrio Rigolleau de Berazategui, el PRT haba alcanzado un importante desarrollo, sus cuadros, en particular Luis Angelini, haban sido los organizadores del cuerpo de delegados, integraban mayoritariamente este Cuerpo, la Comisin Interna y la lista Naranja ganadora de las elecciones de la seccional Berazateguy, incluyendo su Secretario General. De all sali ms de un combatiente del ERP, incluso para el Monte, sin debilitar la estructura
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sindical de la fbrica. En el caso de Propulsora mi salida no fue para ir al Monte ni para pasar a la estructura militar, sino para hacerme cargo de la responsabilidad sindical en la Provincia de Buenos Aires y la Capital. Meses ms tarde una demora en retirarlo de la fbrica, por no debilitar la estructura interna partidaria y sindical, permiti a la represin secuestrar a Salvador Delaturi, perdiendo as el proletariado argentino y el Partido a uno de sus ms experimentados cuadros. 11 El empuje de la columna de Propulsora me permiti llegar hasta el megfono desde el que hablaban los oradores y hacerme de l. Habl y en el desarrollo de mis breves palabras me fui dando cuenta que con el aumento de salarios no alcanzaba, que haba que ir ms lejos, por lo que improvis una propuesta: Vayamos al Congreso a... La falta de conviccin por la falta de lnea hizo que otro se hiciera con el megfono. 12 Santucho desde haca un tiempo se encontraba en el Monte tucumano. A su regreso va a dotar al Partido de la lnea de la Asamblea Constituyente libre y soberana, pero ya pasado el pico de las movilizaciones. 13 Para ubicar esta movilizacin en el contexto nacional reproducimos un prrafo del artculo Victoriosa movilizacin de masas, del quincenario Estrella Roja: Culminando esta formidable ola de movilizaciones el jueves 3 de julio, cuando el proletariado de Buenos Aires escribi una de las mejores pginas de su historia hasta nuestros das. () Al norte, desde Pacheco, acaudillados por los obreros de la Ford Motors Argentina, ms de 15.000 obreros se lanzaron por la ruta Panamericana en una interminable caravana de cerca de 200 mnibus en direccin a la Capital Federal (...) Al llegar a la avenida General Paz (...) encontrbanse apostadas las hordas de la Polica Federal. La presencia de las fuerzas represivas enardeci ms a los trabajadores, pero no faltaron aquellos miembros de organizaciones reformistas y populistas que sembraron la confusin en las filas obreras (...) Simultneamente, los obreros de General Motors, en asamblea, resolvan organizarse para marchar junto a sus compaeros de Ford. () Ese mismo da... encabezados por los trabajadores de Propulsora y Astilleros, el grueso de los obreros de Ensenada y La Plata iniciaron con renovada combatividad y energa la marcha hacia la Capital Federal (). Mientras tanto en Rosario, gigantescas columnas de 6 y 7 cuadras colmadas de manifestantes obreros (...) revivieron las jornadas del Rosariazo (...) en otras ciudades argentinas como Santa Fe, Mendoza, etc. miles de trabajadores y amplios sectores populares daban muestras de su repudio al gobierno.

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