EL SUJETO DE LA HISTORIA
Carlos Pereyra
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Fuente: Dialctica,
(Universidad Autnoma de Puebla),
Ao 1, n.1, pp.71-91. 1976,
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Biblioteca Virtual OMEGALFA 2013
L PLANTEAR la cuestin del sujeto de la historia, es necesario intentar una mayor precisin acerca de lo interrogado, pues la significacin del trmino "sujeto" es cualquier cosa menos comprensible de suyo. Aun sin considerar los diversos significados de esta nocin cuando se trata del sujeto lgico o epistemolgico, sigue siendo ambiguo y confuso lo que pueda entenderse por "sujeto". Etimolgicamente significa "lo puesto debajo" o "lo que se encuentra en la base": de ah un sentido semejante al del trmino "sustancia". A este sentido etimolgico responde las ms de las veces el significado ontolgico del vocablo "sujeto", conforme con el cual el sujeto es el ente que est en la base sosteniendo o sustentando una determinada realidad. De acuerdo con el sentido mencionado, pues, el trmino "sujeto" indica la relacin de un ente con una realidad sostenida por l o, lo que es igual, con una realidad en alguna manera dependiente del sujeto sustentante. El trmino adquiere un sentido derivado del anterior cuando se define al sujeto por oposicin al objeto: significa entonces una entidad autnoma cuya actividad permite el establecimiento de relaciones, a diferencia del simple "objeto" o entidad pasiva de tales relaciones. Se puede extremar esta significacin haciendo del sujeto el polo activo y constituyente enfrentado al objeto concebido como polo pasivo y constituido. Al plantear, pues, la cuestin del sujeto de la historia se estara interrogando bien por el ente que est en la base sustentando el proceso histrico o bien por el ente constituyente de tal proceso. La primera pregunta remite a una problemtica metafsica ya que exige como respuesta el sealamiento de un ente que, estando "ms all" o "debajo, pero, en definitiva, fuera de la historia, sea, sin embargo, la base sustentante de la misma. La segunda pregunta, en cambio, tiene una apariencia de mayor legitimidad, por cuanto interroga por una subjetividad libre, un centro de iniciativas, autor responsable de sus actos, es decir, interroga por el ente de cuya actividad el pro-2-
ceso histrico sera el resultado. Entendida as, la pregunta por el sujeto de la historia sera equivalente a la pregunta acerca de quin hace la historia. Vamos a referirnos ms detenidamente al primero de los dos sentidos mencionados, donde el sujeto aparece como la causa u origen del proceso histrico. Este es el caso, por ejemplo, del planteamiento de Feuerbach, para quien la sociedad slo es, en cada uno de sus momentos histricos, la manifestacin progresiva de la esencia humana. Si el hombre aparece, en esta perspectiva, como el sujeto de la historia, ello se debe a que el proceso se comprende como la serie de manifestaciones y transformaciones de la naturaleza humana. De acuerdo con esta concepcin humanista, el hombre es el sujeto de la historia porque el proceso no es sino la ex presin fenomnica de su esencia interior. Una ilustracin de este enfoque antropolgico la ofrece el conocido prrafo de los Manuscritos de 1844 segn el cual, el comunismo "es la verdadera solucin del conflicto entre el hombre y la naturaleza y del hombre contra el hombre, la verdadera solucin de la pugna entre la existencia y la esencia, entre la objetivacin y la afirmacin de s mismo, entre la libertad y la necesidad, entre el individuo y la especie. Es el secreto revelado de la historia y tiene la conciencia de ser esta solucin". 1 En este prrafo es claro el supuesto de que el hombre es el sujeto, es decir, el principio u origen fundamental del cual la historia es la manifestacin. As pues, el proceso aparece como una sucesin catica de acontecimientos cuya clave slo se encuentra en las determinaciones esenciales del sujeto. "La tesis inestable sostenida por Marx en los Manuscritos de 1844 es que la historia es la historia del proceso de enajenacin (y des enajenacin) de un sujeto". 2 El cdigo que permite descifrar el "sentido" del conjunto de los fenmenos histricos est dado por la naturaleza de ese sujeto, cuyas notas esenciales constituyen el lugar donde el humaC. Marx, "Manuscritos Econmico-filosficos de 44, en Escritos Econmicos Varios, pp. 82-83. Trad. W. Roces, Ed. Grijalho, Mxico, 1962. Louis Althuser. "Lenin frente a Hegel", en Anton Pannekoek, Lenin filsofo. Cuadernos P y P, No. 42, p, 171, Crdoba, 1973.
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nismo cree encontrar la razn de ser del proceso. No parece necesario entretenerse en la crtica de esta idea del sujeto, la cual supone una esencia preexistente, ahistricamente concebida. Baste sealar la inanidad de una concepcin que ha mostrado su incapacidad para producir los conceptos necesarios a fin de dar cuenta de la complejidad del proceso histrico real. No es en el campo de posibilidades conceptuales abierto por el humanismo donde la ciencia de la historia ha podido elaborar el aparato terico requerido para el conocimiento y explicacin de la historia. En todo caso rechazar la idea de que el hombre es el sujeto de la historia entendiendo por esto que el hombre es el principio fundamental del cual el proceso histrico constituye la serie de manifestaciones, no significa todava comprometerse en algn sentido respecto a la tesis de que el hombre es el sujeto de la historia, entendiendo por ello que el hombre es el polo activo y constituyente del proceso. As pues, examinaremos ahora la proposicin segn la cual el hombre hace la historia. Hay un primer significado, histricamente considerado, de esta proposicin. "El hombre hace la historia" quiere decir: es falso que el proceso histrico sea el resultado de la intervencin de alguna entidad metafsica supra humana. Esa proposicin nace, pues, en el interior de una polmica ideolgica y su validez, decisiva en ese debate como factor de oposicin a los planteamientos providencialistas y teolgicos sobre la historia, desaparece en el instante mismo en que es superada tal polmica. Ello ocurre siempre con todas las proposiciones tericas que, careciendo de fundamentacin cientfica, su validez depende del enfrentamiento ideolgico circunstancial. Sin embargo, es un hecho fcilmente constatable que esa expresin ha seguido siendo utilizada, fuera del campo ideolgico que la hizo posible. As, por ejemplo, en una de las escasas obras historiogrficas de Marx, en El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, se lee: "los hombres hacen su propia historia". Esta no es una afirmacin incidental sino que se reitera una y otra vez a todo lo largo de la produccin terica de Marx, desde la Crtica de la filosofa del derecho donde escribe "la historia no es ms que la actividad del hombre que persigue sus propios fines", pasando por
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La sagrada familia donde hay una formulacin casi idntica ("la historia no es sino la actividad del hombre que persigue sus objetivos '), hasta llegar a El Capital donde, recordando a Vico, seala: "la historia del hombre se distingue de la historia de la naturaleza en que hemos hecho aqulla, pero no sta". Se pueden encontrar con toda facilidad textos semejantes en la obra de Engels y otros marxistas posteriores. Es por ello falsa la apreciacin de Althusser en el sentido de que "toda la tradicin marxista se ha negado a afirmar que es el hombre quien hace la historia". Sin embargo, a pesar de la arbitrariedad contenida en esta apreciacin althusseriana, lo cierto es el carcter equvoco de la formulacin "el hombre hace la historia". Tanto el vocablo "hombre" como la expresin "hacer la historia" se mueven en la ms completa vaguedad e imprecisin. En efecto, quin es ese hombre? El lder, el genio, el caudillo, en una palabra, el individuo excepcional? O ser, ms bien, que el referente de la nocin "hombre" no debe ser entendido en un sentido individual, sino en un sentido genrico o colectivo, de modo que quienes hacen la historia son los grupos, las clases o el conjunto de la sociedad? Y todava as, quin decide cules instrumentos de produccin habrn de ser utilizados para "hacer la historia"? De quin depende que una poca se plantee determinados objetivos histricos y no otros? Por qu los hombres hacen la historia en formas tan diferentes segn las diversas circunstancias? La historiografa pre cientfica contaminada por la ideologa individualista propia de la sociedad burguesa le atribuy un peso especfico decisivo a la intervencin de los individuos excepcionales en la historia. Cuando Marx critica a Vctor Hugo por no ver en el golpe de Estado que llev a Luis Bonaparte al poder ''ms que un acto de fuerza de un solo individuo", pone de relieve una deficiencia ampliamente extendida en la investigacin historiogrfica. Tanto en los comentarios apresurados de carcter periodstico como en los trabajos ms minuciosos y con pretensiones de rigor, tanto en el examen del proceso histrico actual como en el estudio de los perodos pertenecientes a un pasado ms o menos lejano, domina el enfoque individualista. En la aplastante mayo ra de los estudios historiogrficos, todo ocurre como si la actuacin de los individuos ocupantes de posiciones y cargos relevan-5-
tes decidiera el curso de la historia. Lo anterior es vlido no slo para la hstoriografa no marxista, sino tambin para una parte muy extensa, mucho mayor de lo que pudiera creerse de primera intencin, de las investigaciones que pretenden utilizar el aparato terico producido por Marx para la explicacin cientfica de la historia. Baste recordar la forma ms frecuente en el tratamiento del fenmeno conocido como "stalinismo". Ya el slo empleo de este membrete indica hasta qu grado se ve en la figura individual la razn de ser de las cosas. Aunque pueda considerarse supera da, y en cierto modo lo est, la discusin sobre el papel del individuo en la historia en el nivel ms abstracto de la teora, lo cierto es que en una gran parte de la investigacin historiogrfica subyace la idea de que el individuo es el sujeto de la historia. Cuando Marx se opone a las seudo explicaciones del golpe bonapartista incapaces de ver en ste "ms que un acto de fuerza de un solo individuo", desarrolla en rigor algo mucho ms decisivo que una simple interpretacin opuesta de un acontecimiento histrico especfico. El dieciocho brumario no es slo la explicacin de un momento determinado del proceso histrico francs, contrastable con los estudios realizados en ausencia de una teora de la historia, como los de Vctor Hugo y Proudhon. En esa obra genial aparecen en estado prctico numerosos elementos tericos de la ciencia de la historia que Marx est en proceso de fundar. Para la cuestin que ahora nos ocupa vale la pena subrayar la idea fundamental que Marx considera necesario destacar en un prefacio escrito dieciocho aos ms tarde para la segunda edicin del texto. Despus de referirse a los trabajos de Vctor Hugo y Proudhon reprochndoles su visin del papel de Luis Napolen, Marx seala: "Yo, por el contrario, demuestro cmo la lucha de clases cre en Francia las circunstancias y las condiciones que permitieron a un personaje mediocre y grotesco representar el papel de hroe". No habra que dejarse engaar por las caractersticas especficas de la situacin estudiada por Marx, ni perder de vista la tesis fundamental debido a los adjetivos utilizados. Para otra coyuntura histrica, donde el personaje central no fuera "mediocre y grotesco" sino genial y admirable, esa tesis fundamental seguira siendo vlida. En consecuencia, la explicacin cientfica de esa coyuntura histrica imaginaria tendra que demostrar cmo la lucha de
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clases cre las circunstancias y las condiciones que permitieron a un personaje genial y admirable representar el papel central. Se puede hacer ms explcita la tesis de Marx; no es el individuo, no importa la relevancia de su actuacin, quien crea las circunstancias y condiciones en las cuales se desarrolla la lucha de clases, sino el desarrollo de la lucha de clases lo que crea las circunstancias y condiciones que hacen posible la accin individual. Traduciendo lo anterior al lenguaje que hemos venido utilizando diremos lo siguiente: el individuo no es el sujeto de la historia, los individuos no hacen la historia, no son ellos quienes constituyen el proceso, sino el conjunto de las relaciones sociales, en particular para un amplio periodo histrico, la lucha de clases, lo que constituye el campo de posibilidades de la accin individual. El rechazo de la concepcin humanista que hace de los hombres "concretos", de los hombres "reales" el sujeto de la historia, no significa todava haber cancelado el supuesto de que la historia tiene un sujeto. As, por ejemplo, Althusser repite en casi todos sus textos una idea comn a casi toda la literatura marxista: "no son los 'hombres' quienes hacen la historia, sino las 'masas', es decir las clases aliadas en una misma lucha de clases". Al parecer, pues, hay un sujeto de la historia: las masas hacen la historia. Otra vez es necesario recordar el hecho de que la validez ideolgica de una proposicin no le confiere a la misma ninguna eficacia cien tfica. Es innegable la importancia ideolgica de la expresin "las masas hacen la historia" para combatir el individualismo de la ideologa burguesa. En el interior del debate ideolgico la expresin "las masas hacen la historia" quiere decir: es falso que el proceso histrico sea el resultado de la accin individual. Sin embargo, con independencia de sus virtudes ideolgicas, es preciso reconocer que en el plano terico esa expresin, literalmente considerada, no quiere decir nada. No avanzamos ni un paso en el conocimiento del proceso histrico cuando se nos dice que son las masas quienes hacen la historia. Slo desde la posicin terica del populismo es posible sostener el principio de que las masas hacen la historia, pero ninguna construccin cientfica es posible a partir de ese principio ideolgico. Ello no se debe, como cree Althusser, al hecho de que al lado del
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"sujeto"/hombre, que se puede sealar con un dedo, el "sujeto"/masas plantee desagradables problemas de identidad, de identificacin. "Un sujeto --escribe Althusser- es tambin un ser del que podemos decir: 'es l'. Pero, cmo hacemos para decir del 'sujeto' / masas 'es l'." Se puede emplear este argumento slo si se acepta el arbitrario desplazamiento de una a otra significacin del trmino "sujeto". El problema de si las masas son o no el sujeto de la historia no tiene nada que ver con el hecho de que la individualizacin sea o no factible. Si las masas fueran el factor constituyente del proceso histrico, ellas seran el sujeto de la historia, sin importar que fuera o no posible sealar: "helas aqu". Es el propio Althusser, sin embargo, quien indica la razn ms slida por la cual no se puede aceptar que las masas desempean el papel de sujeto histrico: "la potencia revolucionaria de las masas slo es potencia en funcin de la lucha de clases". Si una nocin tan difusa como la de "masas" significa la articulacin de varias clases, capas y categoras sociales reunidas en un conjunto complejo y mvil, es preciso reconocer que por perodos prolongados tales masas se abstienen de intervenir activamente en la historia. Ello no ocurre porque en esos perodos prolongados hayan perdido quin sabe qu impulso inherente a las masas en cuanto tales, del mismo modo que su irrupcin en la historia tampoco depende de la repentina recuperacin de un elan consustancial a su carcter de masas. No se trata de que en ocasiones sean el sujeto de la historia aunque la mayor parte del tiempo sean el objeto de la misma. Ms adelante volveremos sobre esta falsa dicotoma sujeto/objeto. El problema hay que plantearlo en trminos enteramente diferentes: las distintas clases, capas y catego ras a cuya articulacin se da el confuso nombre de "masas" constituyen una serie de fuerzas sociales que, como tales, no "hacen" la historia. Su intervencin en el proceso se da cuando acceden al estatuto de fuerza poltica organizada. Es precisamente este desplazamiento que convierte a una simple fuerza social en una efectiva fuerza poltica el que depende del conjunto de las relaciones sociales, es decir, del conjunto de las relaciones econmicas, polticas e ideolgicas mantenidas por las diversas fuerzas sociales. La forma en la cual intervienen las masas, el momento de su intervencin, los objetivos que se plantean, su grado de organiza-8-
cin poltica, el nivel de su conciencia y de su capacidad de comprensin de la coyuntura histrica, la homogeneidad alcanzada en el interior de la articulacin de las diferentes fuerzas sociales, la precisin de su deslinde respecto de las fuerzas antagnicas, en fin, todos los aspectos imaginables en los cuales se puede descomponer esa intervencin estn determinados por el conjunto de las relaciones sociales en las que ella se da. Todas las caractersticas especficas de la esfera econmica de una sociedad: el ritmo del crecimiento econmico, el mayor o menor desarrollo de una u otra rama de la produccin, los ciclos de auge y recesin, el nivel del desempleo, la velocidad del proceso inflacionario, etc., son otras tantas condiciones determinantes del comportamiento social de las "masas". De igual manera, el carcter de la ideologa dominante, la intensidad de su penetracin en las clases dominadas, el grado de credibilidad que mantiene, la cohesin de la contra ideologa producida por tales clases dominadas, etc., son otros tantos factores determinantes de ese comportamiento social. Finalmente, las tradiciones polticas, las reglas de juego que rigen la actividad poltica, las instituciones en que todo ello cristaliza, etc., deciden tambin las modalidades especficas adquiridas en cada caso por el comportamiento de las masas, Una frmula abreviada presenta lo anterior de manera ms clara: las masas intervienen en la historia en funcin del ritmo y de los objetivos que les impone la lucha de clases. Esto significa que las modalidades del proceso histrico, condensadas durante un prolongado periodo en la lucha de clases, determinan la accin de las masas. Podemos ahora, con ms facilidad, rechazar otra respuesta frecuente a la pregunta por el sujeto de la historia. No es cierto que sean las clases sociales quienes "hacen" la historia. En la literatura marxista se utiliza el trmino "clase" con una doble significacin: en un sentido, el concepto "clase" remite a un grupo social configurado por su lugar en el sistema de produccin, por su posicin en el interior de las relaciones de produccin. En otro sentido, tal concepto refiere a un grupo social constituido tambin por la conciencia de su situacin en el conjunto social y por su prctica poltica. Hay, pues, un concepto estrecho de "clase" definido en trmi nos puramente econmicos y una nocin ms rigurosa que no hace abstraccin de la presencia de factores ideolgicos y polti-9-
cos en el proceso de conformacin de una clase social. No slo el lugar ocupado en el proceso productivo sino tambin la conciencia de clase y la organizacin poltica constituyen factores imprescindibles en el proceso de constitucin de una clase social. Insistimos en el empleo de la expresin "proceso de constitucin de una clase" para subrayar el hecho de que no es suficiente el establecimiento de un cierto tipo de relaciones de produccin para que se formen de manera inmediata y automtica las clases correspondientes. Ello es as porque las clases sociales son un efecto del modo de produccin, el cual resulta siempre de la combinacin especfica de un conjunto de relaciones sociales en el que es posible distinguir en todo caso por lo menos tres niveles distintos: relaciones econmicas, relaciones ideolgicas y relaciones polticas. Un error muy difundido consiste en creer que una clase social existe con independencia de su prctica de clase y al margen de su enfrentamiento con las dems. Por el contrario, "una clase no existe histricamente ms que en la medida en que existe una prctica de clase que corresponde a sus intereses objetivos". Podemos rescatar la distincin realizada por Marx, en trminos hegelianos, entre "clase en s" y "clase para s". Estas dos nociones no indicaran ya la existencia previa de una clase social que ms tarde adquirira conciencia de su particularidad, sino que se tratara de una pareja conceptual destinada a pensar la diferencia entre un grupo social definido slo por su lugar en el proceso productivo y una clase con presencia autnoma en el devenir histrico de la sociedad. Esa diferencia est dada por la lucha de clases, toda vez que sta no es el efecto derivado de la existencia anterior de las clases, sino aquello en virtud de lo cual las clases se constituyen como tales. En consecuencia, las clases sociales no son el sujeto de la lucha de clases: sta no ocurre porque alguna clase as lo decida, ni su intensidad depende de la voluntad de nadie. Ni siquiera las alianzas de clase son consecuencia de una decisin libre o de la feliz iniciativa de alguien. "Si no se puede hablar de clases sociales ms que en el seno de la lucha de clases, esta lucha es el motor de la historia y no tal o cual clase en particular". Una clase social slo lo es por su inscripcin especfica en el sis- 10 -
tema, por las relaciones que mantiene con los medios de produccin y con las dems clases. No nos referimos slo a una posicin en el sistema de las relaciones de produccin, sino tambin a una posicin en el sistema de las relaciones ideolgicas y en el sistema de las relaciones polticas. "Si no hay clases sociales ms que en y por sus relaciones, es por ellas y en ellas que las clases se constituyen, se desarrollan y desaparecen": no es una u otra clase social la que 'hace' la historia sino, por el contrario, el proceso histrico el que instaura o elimina a las clases. As como las clases estn determinadas por la forma del proceso de produccin y no al revs, de igual manera estn determinadas por la forma del proceso histrico y no al revs. "La nica manera de concebir las clases sociales como sujetos de la historia es desvincularlas del sistema social en el que son clases y en el que ocupan posiciones precisas". Si no son los individuos relevantes, las masas o las clases el sujeto de la historia, es todava menor la validez terica del enunciado segn el cual son los hombres quienes hacen la historia. No se trata siquiera del hecho obvio de que el concepto "hombre" sea intil para dar cuenta de las vicisitudes de la historia. Bien podra ocurrir que los hombres hicieran la historia a pesar de que el concepto de "hombre" sea intil para elaborar la explicacin discursiva del proceso real. Sin embargo, adems de los escasos servicios tericos proporcionados por el concepto de "hombre", los cuales inhabilitan a una concepcin humanista para dar cuenta del proceso histrico, ocurre que el vago enunciado segn el cual son los hombres quienes hacen la historia desconoce las condiciones de posibilidad de este "hacer". En efecto, es obvio, los hombres son los actores de la historia: no existe un solo acontecimiento histrico del cual no se pueda decir que es el resultado de una u otra manera, de la accin humana. El problema, sin embargo, radica en que no basta con constatar esa obviedad porque en ningn caso las relaciones sociales pueden ser reducidas a relaciones interhumanas. Los hombres actan no como tales, no como entidades antropolgicas, sino como ocupantes de una cierta posicin en el sistema de relaciones sociales. De lo que se trata, pues, es de extraer todas las consecuencias implcitas en la tesis de Marx: el hombre es el con- 11 -
junto de las relaciones sociales. Si se asume con todo rigor este enunciado, no puede extraar la afirmacin de que el proceso deviene en virtud precisamente de la oposicin, complementariedad, contradiccin o reforzamiento de ese conjunto de relaciones sociales. El tipo de alternativas presentes en cada situacin concreta, en cada coyuntura histrica, es algo que no deciden los hombres sino ese conjunto de relaciones sociales, es decir, el sistema mismo. De ah que el problema fundamental de la historiografa no sea precisar los mviles que impulsan la accin humana o los fines que persiguen los hombres, sino que el primer problema de una historiografa cientfica es determinar la articulacin del conjunto complejo de relaciones sociales. Lo anterior tal vez nos permita enfrentar de manera ms adecuada el problema de lectura ofrecido por un conocido prrafo de El Dieciocho Brumario: "Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado". El texto no slo indica el hecho obvio de que la situacin dada, aqulla a partir de la cual "los hombres hacen su propia historia", est constituida por un complejo de circunstancias no elegidas por ellos mismos; el texto indica tambin que los hombres no hacen la historia "a su libre arbitrio". Esta expresin debiera ser desarrollada. Se pueden apuntar dos sentidos complementarios: significa que los instrumentos de produccin con los cuales "los hombres hacen su propia historia" tampoco son libremente elegidos. En efecto, tales instrumentos no se inventan arbitrariamente: son los que el propio proceso anterior ha legado. Significa, adems, que el producto de la transformacin histrica tampoco es libremente elegido: no es simple retrica la afirmacin de que la humanidad slo se plantea en cada poca los problemas que puede resolver y los objetivos que puede alcanzar. Se emplea usualmente la nocin de "proceso" en referencia a la historia. Una cabal comprensin de lo que significa la expresin "proceso histrico" permitir avanzar en el problema planteado. En su sentido terico ms riguroso, el vocablo "proceso" no indica una mera sucesin cronolgica ni el simple hecho de que unos acontecimientos estn temporalmente conectados con otros: indi- 12 -
ca la vinculacin necesaria que los une. Como lo seala Marx en El Capital, "la palabra 'proceso' expresa un desarrollo considerado en el conjunto de sus condiciones reales". No se trata, pues, de una palabra que meramente seale la forma de la sucesin, sino de un concepto destinado a pensar el hecho de que la sucesin no es un ordenamiento cualquiera e indeterminado, sino una continuidad necesaria. Afirmar, pues, que la historia es un proceso equivale a afirmar la continuidad originaria en ella, es decir, que absolutamente cualquier situacin o momento histrico resulta de las situaciones o momentos anteriores. Esto significa que del juego complejo de circunstancias que constituyen la configuracin de un momento cualquiera, surgen las alternativas y tendencias cuya realizacin conducir al momento siguiente. Significa, pues, ms especficamente, que las relaciones y contradicciones cuya con figuracin constituye una situacin dada, no son cualesquiera relaciones y contradicciones indeterminadas, sino precisamente aqullas que resultaron de la situacin anterior. Podemos afirmar esto mismo en terminologa hegeliana, sealando que la negacin de algo nunca es una negacin indeterminada sino una negacin determinada precisamente por aquello que se niega. La concepcin cientfica de la historia como proceso, en el sentido riguroso sealado, supone el rechazo de tres orientaciones tericas anticientficas: a) se opone al postulado metafsico implicado en la visin teleolgica ya que, en efecto, la historia no se desarrolla como una evolucin cuyo orden y racionalidad dependan de una supuesta meta final hacia la cual estara encaminada; b) se enfrenta a un planteamiento voluntarista derivado del enfoque humanista del sujeto porque la historia tampoco es un desarrollo cuyo despliegue en tal o cual sentido se deba a la voluntad libre de quienes "hacen" la historia o que resulte de la intencionalidad de nadie; c) elimina la aceptacin ideolgica de la irremediable ininteligibilidad de la historia inherente a la idea de que sta es una sucesin catica de hechos arbitrarios o casuales debidos a la intervencin del azar. Engels ubica el valor del Dieciocho Brumario, en el prlogo a la tercera edicin alemana de esta obra, en el hecho de que Marx logra explicar "en su concatenacin interna toda la marcha de la historia de Francia desde las jornadas de febrero", exhibiendo el
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golpe de Estado del 2 de diciembre de 1851 como "un resultado natural y necesario de esta concatenacin". No entraremos aqu a examinar los motivos por los cuales Engels emplea, como Marx tambin lo haca con frecuencia, el trmino "natural". Bstenos retener la idea de que la genial explicacin de Marx lo es porque demuestra la necesidad del acontecimiento. Como es obvio no hay ninguna razn por la cual esta necesidad haya de considerarse exclusiva del golpe bonapartista. Por el contrario, a menos que se parta del supuesto de que la historia es un devenir azaroso, supuesto que obliga a renunciar a una ciencia de la historia, es preciso reconocer el carcter necesario de cualquier acontecimiento histrico. El criterio para determinar la validez cientfica, esto es, el poder explicativo de una investigacin historiogrfica, radica en su capacidad de mostrar la necesidad del hecho estudiado. En efecto, si una pretendida explicacin indica cules son las circunstancias en las que se da un acontecimiento cualquiera sin mostrar que dadas esas circunstancias tal acontecimiento tena que ocurrir o, al menos, su ocurrencia era altamente probable, no estamos ante una efectiva explicacin. Si del sealamiento de un conjunto de circunstancias no se desprende la necesidad del acontecimiento a explicar, cabe oponerle a ese sealamiento otro u otros diferentes, donde se invoquen distintos conjuntos de circunstancias. De esta manera la investigacin historiogrfica se mueve en el nivel ideolgico de la interpretacin. Si el proceso es necesario en virtud de que el propio encadenamiento complejo determina el devenir de ese proceso, no cabe plantear la presencia de una subjetividad libre capaz de decidir por su propia voluntad el curso a seguir. Quienes participan en el proceso, desprovistos de la informacin requerida para conocer con precisin su dinmica, pueden considerar que existen una variedad de opciones y alternativas, cuya realizacin depender del propio y libre comportamiento. Si la ponderacin limitada del conjunto complejo de determinaciones produce la ilusin de la pluralidad de opciones, el conocimiento exhaustivo de tales determinaciones cancela esa ilusin. No existe una sola situacin histrica en la que habiendo podido desarrollarse el proceso en uno u otro sentido, la direccionalidad realizada haya dependido de
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la azarosa intervencin de una subjetividad libre. Entre otras cosas porque la actividad de los agentes histricos no es nunca una actividad libre e indeterminada. Al rechazar la existencia del sujeto de la historia no se trata, por supuesto, de negar el dato obvio: es evidente que los individuos son agentes activos en la historia, es evidente que no hay una sola forma de la prctica social cuya realizacin no exija la actividad de los individuos, es evidente que la consecucin de ciertos objetivos requiere de la abnegacin, de la combatividad, de la entrega, del anlisis lcido, de la organizacin consciente, etc., de los agentes histricos. La afirmacin "la historia es un proceso sin sujeto" no desconoce estos datos elementales ofrecidos por la experiencia histrica. La dinmica de la historia se realiza a travs de la actividad de los hombres, pero de qu actividad se trata? De una actividad libre derivada slo de la voluntad? En rigor, se trata de la nica forma de actividad posible para entes que no existen al margen del conjunto complejo de relaciones sociales o, mejor dicho, entes cuyo estatuto ontolgico est constituido por ese conjunto complejo; cuya actividad, en consecuencia, no es una actividad cualquiera sino la actividad permitida por el juego contradictorio de las relaciones sociales globalmente consideradas. De la misma manera que en el campo de la epistemologa los mejores desarrollos tericos han prescindido de la dicotoma sujeto/objeto, tambin la ciencia de la historia se libera de una problemtica mal planteada cuando reconoce que la oposicin sujeto/objeto es una mala abstraccin en el seno de un proceso. Se puede parafrasear a Hegel y sealar que quienes postulan la escisin entre el sujeto humano y la realidad objetiva presuponen mucho que habra que empezar por examinar si es verdad. Dan por supuesto, en efecto, que la realidad se halla de un lado y el hombre de otro, como algo que, separado de la realidad, fuera, sin embargo, algo real. Es preciso para evitar esta endeble hiptesis inicial, tomar como punto de partida la unidad originaria indivisa entre sujeto y objeto. La aseveracin "la historia es un proceso sin sujeto" indica, pues, el hecho de que no existen sujetos humanos que puedan ser considerados al margen de la realidad objetiva.
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Cuando se acepta la oposicin sujeto/objeto todo ocurre como si las relaciones sociales fueran relaciones entre cosas, frente a las cuales estaran los hombres en disposicin de actuar corno les viene en gana segn su audacia, su voluntad, su inteligencia, su conciencia o su organizacin. Debiera ser obvio que este planteamiento no permite la comprensin del proceso histrico y que, en definitiva, las relaciones sociales combinan hombres, instituciones, objetos, fenmenos, etc., en una sola, nica y misma realidad. Los lugares ocupados por los agentes histricos, sean estos individuos, grupos, clases, organizaciones, etc., las posiciones mantenidas en el interior de la combinacin compleja, determinan la actuacin de tales agentes y la marcha del proceso. Por ello se puede afirmar que el sujeto del proceso histrico es el propio pro ceso o, lo que es igual: la historia es un proceso sin sujeto. Lo que constituye a la sociedad y determina el curso histrico es el sistema de sus relaciones sociales: fuera de este sistema los hombres son nada, en el interior del sistema su "hacer" depende de la posicin ocupada en l. Por ello la historia es un proceso sin sujeto. De lo anterior se desprende el carcter abstracto y, por ende falso, de la dicotoma "condiciones objetivas" / "condiciones subjetivas". Siempre que se utiliza esta pareja terminolgica ella sirve para distinguir de un lado condiciones econmicas y sociales, es decir, grado de explotacin, miseria, desempleo, desnutricin, analfabetismo, etc., y por otro lado, condiciones ideolgicas y polticas, o sea, grado de conciencia, organizacin, elaboracin de una lnea poltica, etc. Debiera ser obvio que ambos lados constituyen formas diferentes de las condiciones objetivas, porque no es cierto que las primeras dependan de la dinmica de la cosa misma y las segundas de una aleatoria intervencin humana. Tanto unas como otras dependen del modo de desarrollo de las relaciones sociales. Tanto unas como otras dependen durante un amplio perodo histrico de las modalidades adquiridas por la lucha de clases. La falsa dicotoma entre "condiciones objetivas" y "condiciones subjetivas" deriva de una nocin pre marxista de la objetividad. Marx reprocha a la tradicin materialista concebir la objetividad, la realidad, como lo dado a la contemplacin, como lo pleno de sentido en s mismo, es decir, como lo ya constituido o lo consti- 16 -
tuido de por s. En breve: Marx reprocha a la tradicin materialista no concebir la objetividad de modo subjetivo. En contraposicin, Marx reprocha a la tradicin idealista concebir la objetividad o la realidad como mera proyeccin de la actividad subjetiva, considerada sta, adems, de un modo abstracto. En otras palabras, aunque la tradicin idealista reconoce la determinacin subjetiva de la objetividad, el reconocimiento de esta determinacin es abstracto pero, adems, y esto es decisivo, al no problematizar la subsistencia propia de la realidad, al no reconocer el hecho de que sta no se reduce a la determinacin tericodiscursiva, incurre en el desconocimiento de esa realidad. La nocin pre marxista -tal vez habra que decir pre hegeliana- de objetividad, precisamente la que Marx pone en cuestin en las Tesis sobre Feuerbach, se caracteriza en cualquiera de sus dos modalidades por la escisin entre subjetividad y objetividad: bien un sujeto constituyente de la objetividad que lo es slo por esa actividad subjetiva o bien la objetividad como lo ya constituido de suyo y el sujeto como simplemente pasivo. Una cierta polmica actual tendiente a oponer estructura y praxis recupera la problemtica derivada de esa nocin pre marxista de objetividad. Discutir si el "polo subjetivo" es el nico capaz de des y re estructurar la situacin "objetiva" o si, por el contrario, esta situacin "objetiva" se desenvuelve en virtud de su propia mecnica al margen de la actividad del "polo subjetivo" es prolongar una polmica viciada de antemano por una supuesta oposicin sujeto/objeto que debiera primero ser fundada. Al partir, por el contrario, del reconocimiento de la unidad originaria indivisa entre sujeto/objeto y afirmar, en consecuencia, que la historia es un proceso sin sujeto, se rechaza toda postulacin de un sujeto como fuente autnoma y original de significaciones, pero no porque se desconozca el dato elemental y obvio de que los agentes histricos son, como lo indica el propio trmino, entes activos y actuantes. "Proceso sin sujeto" quiere decir que el proceso es la nica fuente de significaciones o, ms claramente, condicin absoluta de posibilidad de las significaciones; indica, adems, que es el propio proceso, es decir, el conjunto dinmico de relaciones sociales el
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que determina la eficacia posible de esas significaciones. Que el sujeto sea el propio proceso indica que es ste mismo quien desplaza y condensa la negatividad en uno u otro lugar del sistema social; es el propio proceso el que determina que la negatividad de una poca se condense en una u otra clase social, en tal o cual forma de organizacin poltica e, incluso, en un caudillo, como es tambin el propio proceso el que determina los desplazamientos de esa negatividad. No tiene sentido alguno la objecin segn la cual el reconocimiento de que la historia es un proceso sin sujeto, debilita o atenta contra el problema de la accin y de la organizacin poltica. No se trata de desconocer otro dato elemental y obvio: el papel de los partidos, al menos en la sociedad moderna, como agentes de transformacin revolucionaria. De lo que se trata, en cambio, es de poder pensar y explicar por qu los partidos poseen uno u otro programa, una u otra lnea poltica, explicar por qu ejercen tal o cual influencia y en qu sectores la ejercen. De lo que se trata, pues, es de reconocer que no es el papel jugado por los partidos lo que determina el estado de la lucha de clases, sino el estado de la lucha de clases lo que determina el papel jugado por los partidos. Por la manera cmo se utilizan trminos como "revisionismo", "reformismo", "sectarismo", etc., todo parece indicar que las posiciones aludidas con tales calificativos obedecen a la mala fe o a la torpeza de quienes son as descritos. Reconocer que la historia es un proceso sin sujeto obliga a examinar -y a nadie escapa la importancia poltica de esto- la base objetiva y material de tales posiciones. Lo mismo ocurre con los malamente llamados "errores". Debiera ser evidente que el vocablo "error" pertenece a un tipo especfico de discurso. Es en el plano de la teora donde se puede hablar de "error", pero qu sentido tiene afirmar que en una coyuntura cualquiera una fuerza social o una fuerza poltica cometen "errores"? Cmo una fuerza social, una fuerza poltica, puede cometer "errores"? Si con ese trmino inadecuado se quiere sealar el hecho de que una lnea poltica no resulta justa para la coyuntura de la que se trata, debiera ser obvio que ello no depende de los "errores" cometidos por los dirigentes. Si efectivamente fuera cierto que "la crisis de la humanidad se
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reduce fundamentalmente a la crisis de la direccin revolucionaria", como se ha llegado a plantear en un exceso de retrica anticientfica, entonces la ciencia marxista de la historia es un sinsentido. Al examinar el comportamiento de las fuerzas polticas desde esa perspectiva, se olvida el postulado elemental de que, en efecto, es el ser social lo que determina la conciencia social o, lo que es igual, se desconoce el hecho de que la historia es un proceso sin sujeto.
Biblioteca Virtual OMEGALFA 2013
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