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Largos de Piscina Con Julio Ramón

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Largos de piscina con Julio Ramn

Por: Fernando Ampuero

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Quiero nadar donde no haya gente. Me avergenza estar tan flaco. No soportara que la gente me vea. Entend rpidamente la situacin y empec a buscar soluciones. Las playas soleadas en las horas de mar tibio se hallaban repletas. Suceda lo mismo con las playas de los clubes martimos de Miraflores: Regatas, Waikiki y Terrazas. Lima estaba cada vez ms hacinada de gente y no haba un mar amigable o una piscina grande libre de baistas. No pareca fcil dar con la anhelada solucin, pero esta, sin querer, acabara procurndola el propio Julio. En una tarde de aquel verano, hartos los dos del calor y de las noticias sobre atentados terroristas, me solt un comentario sobre Los Cndores, barrio lujoso en el distrito de Chaclacayo, que gozaba de sol todo el ao, y donde buena parte de la burguesa limea pasaba los fines de semana de invierno. Su amigo Herman Braun, pintor que entonces resida en Pars, tena una bonita casa de campo en la parte alta de Los Cndores y le haba prestado a Julio las llaves por si se le antojaba descansar en un lugar tranquilo. Tranquilo era, sin duda. Los Cndores luca tan tranquilo como un pueblo fantasma por aquellos das, y no solo porque estbamos en temporada de verano, sino porque los dueos de esas casas exclusivas y rodeadas de bellos paisajes haban huido por el peligro de las visitas de pequeas huestes terroristas que merodeaban los cerros. A muchos vecinos ya les haban hecho amenazas y, en algunos casos, haban saqueado sus vveres. No iba nadie por all, pero yo estaba enterado que el esplndido Country Club de Los Cndores segua abierto, aunque eran raros los socios que disfrutaban de sus instalaciones. Vayamos para allpropuse. Me aseguran que durante el da no es peligroso. Iremos al medioda y nos baaremos en la piscina del club, con vista a un inmenso prado. Luego visitaremos la casa de Herman y regresaremos antes de que oscurezca, qu te parece? Bestial! exclam Julio. Hagmoslo maana mismo! As ser. Pero crees realmente que no habr gente?

Eso me dicen. No haba un alma. Llegamos al club a las doce y treinta del da, vestidos como dos caballeros en pulcra tenida estival, sacos sport y mocasines lustrosos, cada uno portando un maletn con ropa de bao y toallas, y cuando nos acercbamos, Julio me detuvo, jalndome de un brazo. Quera secretearme un detalle en el que no habamos pensado.

T eres socio, no? inquiri.

No confes, alta la cabeza y desbordando presencia de nimo. No era que fuese un zampn profesional ni nada por el estilo; ms bien yo soy todo lo contrario: jams acudo a ninguna parte si no me han enviado una expresa invitacin. Pero mi deseo de que Julio pudiera nadar a sus anchas, as como mi sentido comn de limeo que socializa en determinados crculos, me indicaba que una actitud decidida nos ayudara mucho. T no te preocupes lo aleccion. Camina noms, sin titubeos, y sonre todo el tiempo. Entramos muy campantes al vestbulo desierto del club y, en el momento en que unos empleados se aproximaban, yo tom la iniciativa. Buenas tardes salud con voz tonante, plena de simpata . Queremos dos whiskys con agua mineral, servidos en la terraza, y por favor lleven tambin la carta del restaurante, pues vamos a almorzar. Mis palabras causaron un doble efecto de sbita felicidad y diligencia en los sorprendidos empleados, muchachos aburridsimos de estar cruzados de brazos. Ni siquiera preguntaron si ramos socios. Tanto aplomo y seguridad de nuestra parte garantizaba que debamos serlo, o quiz tan solo se alegraban de atender a alguien y justificar su razn de ser laboral. Las botellitas de agua mineral y los vasos de whisky los sirvieron en un tris y un momento despus ordenamos el almuerzo, pero indicndoles que lo llevaran dentro de media hora, porque bamos a meternos a la piscina. Los mozos asentan, felices, de modo que pasados unos minutos, tras cambiarnos en los camerinos, salimos Julio y yo en ropas de bao. Advert que Julio, en ese trance, pareca un fideo, o a lo sumo un filamento. Pero no era la suya una flacura de campo de concentracin. Era, creo yo, un flaco elegante.

Entonces aconteci lo mejor del da. Enmarcada su silueta por el gran prado verde y por una cadena de cerros azulinos, Julio se detuvo a dos metros del borde de la piscina, con la seriedad de un nadador olmpico. Bajo un cielo sin nubes, el agua, tersa y de un celeste turquesa, centelleaba de reflejos solares. Un mozo deposit la plateada cubeta de hielos en nuestra mesa de la terraza y me distrajo un instante, y fue entonces cuando o a mis espaldas la limpia explosin de la zambullida de Julio. Imagin que haba tomado impulso con una carrerita previa, considerando su separacin del borde, pero no segu en eso porque l ya nadaba, con suavidad y firmeza, estirndose hasta quedar horizontal sobre la superficie. Su cabeza, empapada por la sumersin, apareca reluciente y peinada hacia atrs como las de los cantantes de tangos. Julio Ramn, por cierto, nadaba muy bien. Lo estuve contemplando de ida y vuelta, en varios largos, admirado por su estilo y velocidad, y luego me zambull yo para acompaarlo. Nadamos diez minutos, descansamos un rato, y volvimos a nadar otros diez. Luego, con la cara fresca y radiante, Julio sonri, pero esta vez prescindiendo de la falsa sonrisa de nuestro ingreso al club; ahora sonrea de veras, de lado a lado, mostrando todos los dientes, con la innata alegra que nos arrancan los sencillos placeres de la vida.

Esta nadada amerita con creces haber venido coment, no crees? y Julio debi considerar en su fuero interno que no necesitaba contestar. Su sonrisa lo deca todo. Almorzamos lenguado a la meunire y causa limea, y lo acompaamos con un sauvignon blanc, reconfortados con el clido clima serrano de Chaclacayo, en tanto que conversbamos sosegadamente sobre libros recientes. Y dos horas despus, a eso de las tres, pagamos la cuenta y dimos una generosa propina, y, tal como lo habamos planeado, trepamos al auto rumbo a la parte alta de Los Cndores. La casa de Herman quedaba literalmente en la punta del cerro. El trayecto, que serpenteaba a cada tramo, mostraba grandes casas con piscinas, pero totalmente vacas. Sin embargo, al llegar a una planicie enfrente de la casa de Herman, encontramos a una docena de muchachos jugando bulliciosamente fulbito. Eran los guardianes de aquella parte del barrio, que tendra unas treinta casonas. Julio Ramn abord al grupo y pregunt si alguno de ellos era el guardin de la casa del seor Braum, y un muchacho, con vincha y camiseta llena de huecos, dio un paso adelante. Soy yo, seor. Ah, qu bien dijo amablemente Julio . Somos amigos del seor Braum, que nos ha dado la llave de su casa, y hemos venido a dar una mirada. Cmo no, seores dijo el guardin. Paseny nos seal la entrada, aunque se cercior de que abriramos la puerta con nuestras llaves. Tan pronto hicimos el paseo de inspeccin, vimos que era un espacio perfecto para hacer un almuerzo entre amigos, y nos dijimos que tal vez ms adelante podramos organizar algo. Tena una buena terraza y unos salones con amplios ventanales. Pero luego, al momento en que cerrbamos la puerta principal y nos encaminbamos al auto para regresar a Lima, yo le pregunt al guardin cuntas eran las horas del da que destinaban al fulbito. Tres, seorcontest, porque ltimamente por aqu no hay nada qu hacer y luego, ms animado, aadi con locuacidad. Cada uno limpia un rato la casa que tiene a su cargo, pone aceite a las bisagras y cosas as, y despus, para mantener la forma, juega fulbito puro fulbito. Somos dos equipos de nueve o diez jugadores, dependiendo de quines caigan La algaraba de los jugadores que se disputaban enrgicamente la pelota se impona como una suerte de msica de fondo. En qu posicin juegas? indag Julio, distrado. Soy delantero, del ala izquierda.

Y han puesto nombres a sus equipos? Claro, seor! ri el guardin. El mo se llama Comandante Che Guevara, y el equipo contrario se llama Augusto Csar Sandino. Interesante coment Julio con un hilo de voz. Bueno sigan jugando al ftbol, que es un gran deporte, y gracias por atendernos. Nosotros ya tenemos que partir. Cuando subimos al auto y encendimos el motor, todos los guardianes detuvieron el partido y nos miraron fijamente. Julio levant una mano para despedirse, y yo, con idntico talante, lo remed. Tres o cuatro muchachos respondieron nuestros saludos, y los dems, detrs de una nube de polvo que levantaba el auto al rodar, continuaron mirndonos. Fijamente.

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