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Cuentos de Aquiles Pacheco y Leyendas Peruanas

El resumen cuenta la historia de un abuelo y su nieto que realizan un viaje a caballo. Durante el viaje, el potro del nieto nace y lo nombra Tifón. Más adelante, Tifón cae en un pantano y casi se hunde, pero son rescatados por arrieros. Sin embargo, luego Tifón comienza a temblar inexplicablemente y muere, lo que se atribuye a la presencia de una "veta" o fuerza maligna en el lugar.
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Cuentos de Aquiles Pacheco y Leyendas Peruanas

El resumen cuenta la historia de un abuelo y su nieto que realizan un viaje a caballo. Durante el viaje, el potro del nieto nace y lo nombra Tifón. Más adelante, Tifón cae en un pantano y casi se hunde, pero son rescatados por arrieros. Sin embargo, luego Tifón comienza a temblar inexplicablemente y muere, lo que se atribuye a la presencia de una "veta" o fuerza maligna en el lugar.
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CUENTOS AL RESPLANDOR DEL CANDIL Queridos amigos y amigas: Limitaciones de mi salud me privan de la satisfaccin de departir personalmente con ustedes

y en un intento de mantener en pie nuestra relacin, les remito estos cuentos y una novela que ojal sean de vuestro agrado. Afectuosamente, Aquiles.

Aquiles pacheco Fasce naci en Ayacucho en l933. Estudi en el Colegio Nacional Mariscal Cceres de esa ciudad y en el Colegio Militar Leoncio Prado del Callao. Estudio Agronoma en la Universidad Nacional de Buenos Aires y en Universidad Nacional de Agricultura de la Molina. Trabaj en la hacienda de sus padres y luego, desplazado por la Reforma Agraria, ingres al Ministerio de Agricultura y trabaj en Satipo, en Ambo, en Jauja y en Huancayo. Lleg ser Administrador de Aguas del valle del Mantaro. No satisfecho con el monto de sus haberes y hastiado por los vicios de la burocracia, renunci y se fue a trabajar de volquetero en una mina de Huaraz. PROLOGO Extractos Porque para Aquiles Pacheco un cuentista que busca reflejar la historia de su pueblo- lo decisivamente importante en considerar que el escritor es una conciencia comprometida con los destinos del pueblo que segn l vive una explotacin inmisericorde y que por eso acude a la literatura para manifestar su rebelda. Estos cuentos, breves y puntillosos, me recuerdan no slo a Isaac Babel por el estilo dominado de contarlos sino, tambin por la vida campesina los cosacos en Babel que se refleja en ellos. El volumen es delicioso y son varios los cuentos antologables. Se siente feliz de pertenecer al grupo Anillo de Moebius, donde ha cultivado la amistad de las muchachas que lo conformanNo est mal ser el nico hombre dentro de un harem dedicado a producir los cuentos de las mil y una noches que todos leemos desde siempre, Enrique Verstegui. Caete l995

VETA (*) Es corta la despedida. Corta e inevitable. Ojos llorosos se niegan a volver la vista. El animal pretende un relincho. Ellos solo escuchan un resoplido dbil y desafinado. Cinaga! Abuelo y nieto cabalgaban a paso lento. Fue durante un viaje de la selva del Apurmac a Huamanga. - Tata, te juego una apuesta. Aventura el nieto-. Si la yegua negra pare un potrillo que sea para m. El abuelo, viejo jugador l: - Tomo la apuesta! Pero. Me dar pena ganarte, hijo. Y termina risueo: -. Juego sobre seguro por la potranca! Las bestias suban acezando ruidosamente hacia el abra de Tapuna. Montaas taladrando el infinito. - Tata, te gan!. Grita el chiquillo- Es un animal hermoso. Mralo! Se llamar Tifn. Y el abuelo, despus de revisarlo: - Felicitaciones, hijo; queda en buenas manos. Ser un caballo magnfico!-. Y remata orgulloso- Por algo es hijo del Acero y la Negra. Quince aos frente a sesenta; dos extremos que saltaron una generacin. - Aprovecha la pampa hijo! . Incita el abuelo. - Claro Tata! . Contesta el nieto- Arre Negra! Y t chiquitn, veamos cuanto puedes correr. Arre Tifn!-. Y Tifn no corre. Vuela; se da el gusto de dar un rodeo a su madre que se desplaza al galope. Su relincho juvenil no es un reclamo. Es una carcajada. El caballo era pura fibra, todo nervios; llevaba sin sentirlo al de quince aos, el abuelo, en su mula baya. - Tata, me dejars domarlo Verdad que s? . Propone el muchacho. - Picaronazo! . Asiente el viejo- Bien que te aprovechas de la ausencia de tu madre.

Claro que corcove Y que corcovos! Como si la silla fuese un hierro candente. Dos veces logro desmontar al muchacho. - Deja que yo le saque la quinta maa! . Grita el abuelo furioso. - No, Tata. Ser yo o nadie -. Replica el chiquillo con resolucin. Terco contra terco. Al final de la porfa, se dobleg baado en sudor espumoso. -.- S, hijo. Mucha gente piensa que son creencias tontas . Dice el abuelo. - Pero Tata Cmo fue la cosa? . Pregunta el nieto. - Me aloj en una choza abandonada. Haba un corral sin huellas de estircol. Desensill la bestia y lo met en l; all al caballo se revolc a su gusto. - Claro! Despus de un da de viaje, le picara todo el cuerpo-. Interrumpe el muchacho con aires de entendido. - Lo raro es que se levant como espantado y empez a temblar. - Hara mucho fro? . Conjetura el chiquillo. - Eso pens y lo cubr con la carona, pero el temblor no ces. En el corral haba pasto, el animal no prob ni un bocado. - Que raro No? , Dice pensativo el nieto. - El, que era tan erguido, se qued con la cabeza gacha; el temblor continuaba. Cansado como estaba, me fui a la choza a recostarme. - Y que pas? . Pregunta el nieto con renovado inters. - A la madrugada siguiente, lo encontr muerto; ni se haba movido del lugar en que le puse la carona-. Y concluye enftico- El corral tena veta!. -.De pronto, la perdiz que vuela ante sus narices. Todo es cosa de un instante: el caballo salta hacia la cinaga, el muchacho cae sentado en medio del camino. - Cuidado, hijo! Maldito pajarero! . Grita el abuelo. - Nono es nada, Tata . Balbucea el nieto, levantndose.

En el tremedal estalla un burbujeo mal oliente. Ojos angustiados del caballo que se hunde de a pocos; abuelo y nieto, impotentes. Y la cinaga con hambre voraz. El vientre no alcanza a sustentarlo, Los belfos ya tocan el fangal. - All aparece una recua . Dice el abuelo mirando un recodo del camino. - Arrieros salvadores! . Exclama el muchacho. Al rato se inicia una actividad frentica: Cortan ramos y matas de ichu para apoyarse.- !Sogas, pronto sogas!. Por fin logran rescatarlo. El caballo se pone pi con dificultad. - Vamos, Tifn nimo Tifoncito. Ya pas lo peor-. Consuela el chiquillo palmendole la tabla del pescuezo. - Y pensar que lo maldije-. Dice el abuelo conmovido. Reemprenden la marcha. Al montarlo el muchacho arranca con paso decidido; pero tras unos pasos, se detiene. El que nunca necesit de espuelas, es acicateado, tras unos pasos vacilantes, vuelve a detenerse. Y ah mismo agacha la cabeza y comienza la tembladera violenta, convulsa. (*) Veta: Supersticin que atribuye a determinados parajes, poderes malficos contra personas y animales. 000

CACHI SENQAS Pero Cmo iba yo a saberlo? Ni an siendo brujo, caramba! Eso fue en el ltimo ao que fui Gobernador de Vinchos y estbamos sufriendo mucho por la sal. Habamos mandado cuatro arrieros para que trajeran desde Cangallo. Eran dos das bien fregados de viaje hasta all y haba que pasar por Pampa Cangallo. All vivan los Morochucos, varios de ellos grandsimos bandidos. En una semana deban volver y no llegaban; y nosotros sufriendo por la sal. Atataw la comida sin sal! La nica que an tena un pedazo era Mama Encarna. Nosotros le rogbamos: Mama Encarna, un pedacito siquiera para nuestros chiquitos. S, nuestros hijos no queran comer sin sal. Para qu, la mamita nos daba siquiera un pedacito hasta que ella tambin se quedo sin sal. Por fin lleg uno de los arrieros, el pobre Satuco, todo lleno de heridas y de golpes. Los Morochucos, nos asalta ron . Dijo- los otros tres, muertos y cay desmayado. Bien feyo lo estbamos pasando, caramba! -.En esos das toda la comunidad trabajabamos en faena, arreglando el puente del ro Vinchos. Entonces pas por el manantial que hay cerca del puente y veo a dos chiquitos jugando con su agua. Nunca haba visto as! Eran igualitos: Sus ojos, su nariz, su boca, del mismo tamaito. Pero uno con pantaln, otro con pollerita. Me dio rabia ver sus mocos sin limpiar. -!Cachi senqas! Les grit. Cachi-senqas llamamos a los que andan as, por que sus mocos sin limpiar, se secan igual que el agua de las salinas y queda la sal. Los dos chuparon noms sus mocos y me miraron riendo. Yo estaba muy ocupado. Tena que ver a los arrieros que traan mimbre desde las alturas de Incaraqay. Ver a los que trenzaban los cables. Sacar piedras del ro para que no desven el agua. Arreglar las paredes que encajonaban el ro. Uf, mucho trabajo haba! Y as, me olvid de los chiquitos. Al medio da, en el descanso, vinieron varios faeneros y bien alegres me dicen:

- Taita gobierno, el agua del puquio est salada! Que carajo! . Dije- estos lo que quieren es burlarse de mi. Fui al manantial y prob. Patente, caramba! Estaba salada. Y la roca blanca que estaba en su encima, se estaba volviendo azul, igualito que la sal. Qu es lo que est pasando? Deca yo sin creer. Los dos chiquitos seguan jugando en el puquio. - Lmpiense los mocos o los voy a azotar! . Los amenac y volvimos a la faena. Por la tarde, al terminar el trabajo, volv al manantial. Maldita sea! Los dos chiquitos seguan con todos los mocos afuera. Entonces saqu el ltigo de mi cintura y los azot. Que raro, caramba! El ltigo se pasaba noms, como si estara azotando al aire. Ninguno de los dos lloraron. Corrieron un poco y los muy fregados se pararon y se voltearon a mirarme riendo. El varoncito se baj el pantaln y me ense su pichulin; y la chinita, ms peyor, se volte, se arremang su pollera y palmendose, me ense su culo. Hice como que los segua y los dos, con sus manos agarradas, corrieron ro abajo, hacia el pueblo vecino. Entonces volte a mirar la roca y!Caramba! era otra vez blanca como siempre. Qu pasa, que pasa? . Deca- Me habr agarrado locura o me estar volviendo zonzo como el opa Babulcha? -.Como a la semana, unos viajeros nos contaron que en el pueblo vecino, que desde entonces se llama Cachi, haba aparecido, as de un de repente, una cantera de sal azul junto a su puquio. Pero, primero dice, llegaron unos chiquitos que al anochecer se metieron al puquio y no volvieron a aparecer ms. Malaya, mi suerte! Nosotros sufriendo de sal y lo tenamos a nuestro lado. Claro que si hubiese sabido, les hubiese dado pagas, les hubiese rogado, hubiese adorado como a santos para que se queden ac en Vinchos. Que importaban sus mocos si iban a ser sal! Pero, no pues. Cmo iba yo a saberlo? Que caray! Ni siendo brujo. Glosario.-

Atataw: Cachi: Cachi Senqa:

Interjeccin de asco. Sal azul / Nombre de un pueblo que posee una cantera de sal gema. Mocoso, que tiene los mocos sin limpiar. 000

TESOROS ESCONDIDOS Caa la tarde en la serrana. En el corredor de la centenaria casa hacienda, Jos Antonio Mjica, meca sus cavilaciones en lento trajinar: Si no llueve entre esta semana y la prxima, la cosecha se ir al traste. De ser as, no s cmo me las arreglar con los muchachos que estudian en Huamanga. La construccin haba soportado el peso de los aos por que en los cimientos estaba enterrado un indio como vctima propiciatoria. Para Alejandro, ya a punto de terminar en San Marcos, la cosa ser peor. Y aqu Tefila quejndose todos los das de su reuma de pies y manos; y yo En eso lleg al caporal: - Anoche se me volvi a aparecer el pato con sus patitos, seor; como siempre, desaparecieron el pie del molle de la esquina, justo cuando o como el sonido de campanitas. El hacendado le mir a los ojos: Qu se traer este fulano entre manos? Si dijera que tambin vio fuego fatuo, me sentira ms dispuesto a pensar en tesoros escondi dos. A la semana siguiente, volvi el caporal con su cantaleta. Esa noche el catre cruji bajo el desasosiego del insomnio; Por qu mi padre no actu de inmediato?...Flechas indicando un rumbo en las paredes del canLa ltima, verticalCuando a los p ocos das volvi con peones, tierra removidaEn medio, un olln rotoAl remover la tierra con sus botas, dos godos de alta leySi an viviese el pobre, seguira jalndose los pelos. Al da siguiente recibi una carta de Alejandro; necesita dos mil soles para su tesis. Fue entonces donde el caporal y orden: - Esta noche desenterraremos a los patos; ven con tu hijo ms. Dispuso la preparacin de una buena cena y dems vituallas. -.El molle se encontraba a pocos pasos del camino real, Jos Antonio encendi el lamparn. Respetaron el ritual: primero el trago, luego la armada de coca y al final los cigarrillos.

Iniciaron la excavacin. Despus de una hora, y a un metro de profundidad, nada. Buen cuento me mand este bribn. A las dos horas, a metro y medio, ni noticias del tesoro Esperar una hora ms; si no encontramos algo, aqu mismo los entierre a los dos. Al metro ochenta, el pico rebot al dar contra algo duro; se apur el palero aventando la tierra prieta y apareci una losa blanca. El capo ral: Por fin podr comprarme una yunta de bueyes. Su hijo: Ahora si podr robarme a la Paulinacha. Al rato lograron descubrir una de las esquinas de la losa tallada en escuadra perfecta. En eso escucharon los pasos de un caballo que se aproximaba. El jinete lo traa al paso llano. Jos Antonio orden apagar el lamparn y se escondieron tras el molle. Craso error. Sus ojos no le dijeron nada, pero sus odos: Un magnfico caballo de paso; tiene herraduras nuevas en los cuatro miembros; ese tintineo de las espuelas, es de plata, plata de alta ley que ya no se ve en estos tiempos. Quin podr ser? Cuando los pasos se alejaron lo suficiente, Jos Antonio encendi el lamparn y mir el hoyo: Todo era negrura de tierra frtil. - No puede ser! Maldita sea mi suerte! La losa haba desaparecido; los tres se miraron llenos de asombro. El clarn de los gallos les dio ensanchando la excavacin por sus cuatros costados. Aos despus, Jos Antonio Mujica en su lecho de muerte, volvi a plantearse el enigma que lo acompa todo ese tiempo: Quin diablos me robo el tesoro de entre mis manos? 000

EL PERRITO BLANCO Cholo de lmpara en la frente Tu sabes que el debe muchas vidas. Qu no daras t por sentirlo, ver, palparlo? Cuidado, el est siempre al acecho. Yo jui minero desde chiquito, hey visto y hey pasado tantas cosas. Por decir, antes se usaba lmpara de carburo, ahora para todo es lmpara elctrica. Pero la de carburo era mejor, avisaba cuando haba monxido de carbono, se iba apagando poco a poco apenas lo senta. Cuando se dentra en socavones muy hondos o abandonados, de eso depende nuestras vidas. Lo ms jodido del monxido es que no se ve ni apesta. Cuando lo sientes Es muy tarde ya! Una vez nos mandaron a mi to y a m a ver una filtracin en el nivel dos. Mi to era viejo minero, l me ense mucho de minas. Yo era pen nuevo, iba temblando, tena miedo a los socavones. La filtracin estaba fregando los trabajos del nivel tres. Bien dentro ya, vi que mi lmpara no alumbraba bien. Seguro era el monxido y le dije a mi to. l contest: -No es mucho todava-. Y sigui andando. La orden era llegar a la filtracin y ver cmo tapar. Al rato mi lmpara ya casi no alumbraba y yo estaba respirando juerte juerte como si hubiese corrido una cuesta. Mi to tambin vio que ya era mucho el monxido. Pero la filtracin deba estar por ah noms, mirbamos a uno y otro rincn buscando donde el agua se perda. En eso vi un bulto blanco que corri a un rincn y me acerqu para verlo mejor. Qu raro, caramba! Era un perrito b0lanco y le dije a mi to: -Viste al perrito blanco? Cmo as se ha metido tan adentro? Y l, temblando su voz pregunt: -Cual perrito blanco? -Ac, en este rincn. Se acerc y lo mir, salt bien alto, se volte y corri hacia ajuera. -Ven!. Grit: -Corre, corre! Y tropezando, cayendo, corrimos como locos a boca de socavn.

Bien cansado todava y secando mi sudor con manga de sacn, vi que el perrito no nos haba seguido y dije: -Pobrecito el perrito, cmo saldr en lo oscuro. Y mi to dijo: -Mucho tienes que aprender de minas, muchacho. Ese perrito nunca sale, es el monxido de carbono. ***

EL MARLO EXPIATORIO Viejo maestro rural, alfabeto sin oficio. Con dolencias que slo conocen de tisanas y emplastos. De pobreza y frustraciones sinfn. Que sigue creyendo en el viejo proverbio: "La letra con sangre entra". El maestro Juan de Mata Peralta llam al Hunucha y orden: -Cuenta hasta diez! -Uno... dos... cuatro... Y ah noms lo azot. Ms antes todava, al Zacacha tambin le di duro. Despus me llam a m, yo empec a temblar. -A ver! Las cinco vocales. -A... O... E... Igualito, me peg juerte juerte con el azote. Felizmente lleg la hora de salida, todos salimos corriendo, empujndonos; yo secando mis lgrimas con manga de mi camisa. Ya en la calle v al marlo todo blanquito, recin desgranado. Con toda mi rabia lo pate; el marlo sali volando, termin saltando saltando en medio de la calle. Me acerqu y de nuevo lo pate. En eso noms el Hunucha me alcanz; bien alegre me dice: -Oye Juandicha: Esta coronta que sea el maestro Peralta-. La agarr y la pate l tambin. Y yo bien contento: -S, claro!, que sea ese "Supaypa wawan". Entonces los dos lo volvimos a patear, a tirarlo contra las paredes, contra las piedras. Despus lo pinchamos con espinas de ankukichka; s, en cada uno de sus huequitos. Saqu una pita de mi bolsillo y lo amarr por su punta; con la pita lo jalamos por las calles. En un charco se estaban baando unos chanchos y ah lo remojamos. Despus fuimos a la quebrada de Waytara; en una cascada amarrado lo dejamos. Bien tardecito ya volvimos alegres a nuestras casas. Ya nos habamos vengado del maestro! Nuestros paps queran quejarse a su jefe, en Huamanga. Entonces taita Crisstomo dijo: -Pero... Y si nos quedamos sin maestro?

Ah noms todos se callaron. Al da siguiente fue lindo, todos los vecinos de Socos hablaban del maestro. Dice desde la tarde anterior, estaba que se mora; le dola y senta hincones en todo su cuerpo; sudaba con la calentura, pero temblaba. La chalina de su cuello lo haba arrancado, dice por que no poda respirar. Despus a su casa fueron todos los vecinos. Habrn olvidado pues todos los azotes que nos di?, deca yo. El viejo taita Heraclio dice a su mujer: -Preprale mate de Wallwa. Y taita Calixto: -Ms mejor, orines guardados. Y mama Melchora: -Esos remedios no valen! Lo que tiene el maestro es "Qayqa". Bien hecho que siga sufriendo ese jodido; desde que lo estoy viendo, tres veces ya ha ido al corral. Ja,ja,ja. Como no haba clases, los alumnos bien alegres jugaban en la plaza. -.Dos das ya ha pasado sufriendo el pobre. "Atataw", los remedios que ha tomado! Pero creo que est peor. Ese da mi taita nos dice: -Hemos acordado llevarlo a Huamanga; habr que preparar camilla. Ah, carajo! Pobrecito el maestro, esto ya est muy feyo. Esta tarde tampoco hay clases; felizmente encontr mi tirabola, fu donde el Hunucha para cazar pajaritos. En los molles del pueblo no hay pajaritos, qu raro,donde se habrn metido? Andando andando llegamos a la quebrada de Waytara. All nos recordamos de la coronta. -Vamos a ver cmo est- dije. Cuando lo sacamos, estaba bien feyo, medio roto, hinchado y ah mismo me record del maestro. Una por una sacamos las espinas, desatamos el cordel, lo secamos frotando en nuestros pantalones. Despus lo guard en mi bolsillo. Bien tempranito llegaron los camilleros, el maestro dorma roncando; pero un rato despus, ya no omos roncar. Bien asustados nos miramos. Ya se muri el pobre, pens; despus de todo, lo vamos extraar. En eso el jijuna abri la

puerta. Estaba bien sano, su boca riendo. Dice nunca haba dormido ms rico. ***

CITA EN LA ALAMEDA Faltaban pocos minutos para las diez de la noche. El ingeniero Alfredo Medina llen una bolsa con peridicos recortados. Acomod la pistola en la boca de la bolsa. Luego decidido a todo, march hacia la Alameda. -.- ..Ahorita debe de andar por los cincuenta [Link] Sisicha-. Ah mi querido Inge! Hoy festejaremos en grande el reencuentro. El me ense a trabajar en serio; gracias a ello logr rehabilitarme. Primero, pen: a cosechar caf se ha dicho. Luego, talador de bosque virgen, la quema, la siembra de diversos cultivos. Una chica seria y trabajadora: tres hijos. A comprar marranas una por una. Construir ladrillo por ladrillo. Cinco aos y recin respirar hondo. -Fui! Que tal carrazo Sisicha. Nuevecito y de doble traccin. - Ah lo tienes, [Link] lo has visto al ingeniero Medina? - Hace un rato iba hacia la Alameda. Seguro algn plancito. Sisicha era un muchacho hijo de chacareros. Diz que estudiaba en la Universidad de San Cristbal. Tocaba muy bien la guitarra: con voz ronca, pero con buen gusto, entonaba canciones ayacuchanas. Luego de una aventura amorosa, compuso un carnaval: Te devuelvo, te devuelvo a tu hija bien pintada; con cola de serpentina con hijo carnavalero. Vieja tradicin huamanguina: carnavales y promiscuidad. Tanto abundar en jaranas y amigotas, tuvo el final previsible: Sali desaprobado en los exmenes. Su padre, agotada la paciencia, tom una resolucin terminante: -Lrgate de casa, sinvergenza!

Y ahoraQu hacer? A buscar trabajo, pues. Ir al fundo del ingeniero Medina. Apenas lo conozco, pero probar suerte. Dicen que es buena gente. Y frente a l, pattico: - Hace dos das que no tengo ni para comer, ingeniero. Promete seriedad y diligencia. - Bueno; necesito un capataz. Pero recuerda que le horario es solo de entrada: cinco de la maana. Le habilit algn dinero y compartirn la mesa. Sisicha, limpindose los mocos: - Muchsimas gracias ingeniero. -.El ingeniero Medina iba con frecuencia a la feria dominical del San Juan Bautista. Necesitaba estar enterado de la demanda y del precio del ganado. Un medio da de esos, Sisicha propone: - Un par de cervecitas, mi querido Inge. Tienducha de barrio, olor a aguardiente. No fueron dos cervezas; son ya varias las botellas en la mesa. Sisicha pidi una guitarra de la tienda. Con voz sentida solt al aire sus cuitas de amor. Luego se sincer: - Sabes mi querido Inge, hay una chica que me trae medio turumba. Adems, tiene unos dineritos que quiere depositarlos en el banco a mi nombre. El ingeniero Medina lo ha visto rondar la casa de una chica con largo historial de fechoras y solt: - No me dirs que esa chica . Mascando la palabrita- es la Cloti. Sisicha sorprendido, salt del asiento. Luego serenndose: - As es, Inge. PeroCmo lo sabas? - Pedazo de cojinova; no sabes con quien te ests metiendo . Y con voz proftica concluye: -Con esas juntas, terminars en la crcel. Luego de purgar una pena de dos aos, sali libre. fue donde su padre e implorar su perdn. Este reconoce que su intolerancia precipit el mal paso de su hijo. Pero su nombre est en el entredicho. Consult y todos coinciden: Hay que disciplinar al mozo y manda rlo lejos de Huamanga. Su

hermano mayor fue el encargado de ejecutar el castigo: tres latigazos a espalda desnuda: - En el nombre del Padredel Hijodel Espritu Santo.. Amn. Luego Sisicha, que conoce el rito, debi besar el ltigo en seal de humildad y propsito de enmienda. Despus, a la selva de Apurmac. Por ese entonces, el ingeniero Medina, desplazado por la Reforma Agraria, tambin se ve obligado a alejarse de Huamanga. Por la calle el Tambo, llegar ms rpido a la Alameda se dice Sisicha. -.Han transcurrido diez aos. Sisicha sigue en la selva. Ha logrado consolidar una granja con varios centenares de cerdos. Tambin posee cultivos de caf y cacao. Su seora conduce un buen restaurante. Un da le cuenta alegre a su mujer: - Dicen que el ingeniero Medina ha vuelto a Huamanga. Ah mi querido Inge! Y prosigue: -Tengo que ir a visitarlo. De paso recoger la camioneta nueva. Efectivamente, Alfredo Medina, dejando la familia en Lima, volvi a establecerse en Huamanga. Tom en traspaso un servicentro a precio de ganga. Pero no era el momento propicio. El terrorismo haba sumido a todo Ayacucho en la tensin y la zozobra. De seguro algn plancito, no? Qu tal si encuentro al Inge en plena faena? Ja, ja,ja. -.Suena el telfono: - Al ingeniero Medina. Escuche con atencin. Cmo est su seora Rosita? Siguen viviendo en Sucre 379 Lince no? Ella siempre va al mercado a las nueve. Y su hija Carola Al da siguiente la llamada es con ms detalles de la familia y de l mismo; y cambiando de tono:

- Ms le vale tener a la mano veinte mil dlares. Mantngase atento a nuestras instrucciones.- termin soltando una amenaza. - Subversivos o delincuentes comunes? se pregunt. Vaya uno a saberlo. Desde luego que l no contaba con ese monto. Denunciar a la polica? Lo consult con los amigo. - Esos asustados estn ms para cuidarse a si mismos que para otra cosa. El pens un rato y lleg a la misma conclusin. Luego tom la determinacin de no pagar ningn monto; ms an, temerariamente, decidi: - Enfrentar a esos mal paridos. La tercera llamada, es de la misma voz, pero esta vez lenta, conminatoria: - Esta noche a la diez, lleve los veinte mil dlares en una bolsa plstica negra a la Alameda Bolognesi. Depostela al pie del cuarto pisonay de la derecha. Vaya solo y a pie. Mucho cuidado con cualquier jugada. Ni lo pretenda. Alfredo Medina atraves el arco de portada de la Alameda. Con nimo tenso, con pasos mesurados, lleg a la altura del cuarto pisonay, en ese momento lleg un vehculo; faros potentes lo alumbraron desde atrs; luego el patinar de llantas y la parada brusca a su lado. Retumbaron en la noche dos disparos. Demasiado tarde reconoci la voz ronca que lleg a tartamude el vocativo de siempre: - In-gemi--que-ri-dooo 000

PURACUTI Viene serena la madrugada pero otros son los designios del hombre. Cinco camiones descargan efectivos en la barriada. Arman gran alboroto cuando a puntapis y culatazos derriban puertas. Madre e hijo tardan en reponerse de sueo pesado. - Agricha, Agricha! Despierta! Cuatro sujetos armados terminan de despertarlos a puntapis. Linternas enceguecedoras. Buscan papeles, propaganda subversiva, libros que los comprometan; pero ms que todo, buscan artefactos, joyas, dinero. No encuentran nada. Furiosos como estn, se llevan al chiquillo, sordos a los ruegos de la madre. -.Yarqa aspiy. Todos los comuneros, con azadas, lampas y palas, limpiaban la acequia madre. Mujeres, con el yantar meridiano, asomaron por el caminillo. Los faeneros, antes del descanso, redoblaron esfuerzos; esperando reponerse con una merienda menguada, con un puado de coca que nunca lleg. Porque en eso el qollanan, el ltimo pen de la fila, logr divisarlos. Se sobresalt y dijo: -Esos viene armados! La advertencia lleg tarde. Cincuenta? Ochenta? Quizs ms. Rostros pintarrajeados o con pasa-montaas. Zumbaron las balas, sangre a chorros, llanto desesperado. El saldo: dos docenas de muertos. Luego v ino el xodo masivo. Rumbo, Huamanga. Destino, incierto. -.La mujer y su hijo de trece aos, se instalaron en la barriada. Maderas, latas, plsticos, todos de deshecho. Miradas curiosas de los vecinos. Al buscar trabajo, la misma respuesta: - Lavandera? No necesito. - Cocinera? Yo misma cocino. A veces lograba algn cachuelo. Agricha iba al mercado todos los das.

- Tu tienda te lo barro, papacito. - No ves que ya est barrida, cojudo? -Es quedesde anteayer nadita hey comido, papay. Mi mam igual. Luego propone a otro: - Tu costalillo te lo llevo, papacito. - No hay plata, muchacho. - Tan siquiera por un pan te lo llevo; no seas malito, taitito. Esa tarde vuelve alegre a la casucha. - Mamacita, mamacita! Mira que suerte! Y pone en sus manos tres panes y dos monedas, quince cntimos. -.Fueron los mendrugos que comi? Quizs la luna asomando por las rendijas del techo? Alumbra como en mi pueblo. La cosa fue que ella no lograba conciliar el sueo y la mente vol tras las aoranzas. ramos pastores los dos, todos los das pasta que te pasta. Yo siempre cantando. Todo el da cantaba para no estar solita, triste. A l le gustaba mi canto; cuando nos juntbamos, deciya: -A ver canta qachwa, a ver canta harawi. Pocas ovejitas noms pastbamos; a toditas las conociya: La Chasca-lucero, la Papa-aspiq, la Tampasiqui, ja, ja, ja. De toditas yo me recuerdo. Pero ms de la granizada. Primero el viento, bien triste lloraba en las rocas. Despus, casi, casi nos tumbaba. Los truenos, Mamacha Cocharcas! Cada trueno bien alto nos haca saltar, La granizada, Jess, Jess! Nunca haba visto igual; grandototas, como huevos de gallina eran. Entonces, l dice: - Vamos a cueva de Cuchi Machay; y yo corriendo corriendo, me caigo y no poda levantar. En el granizo, en el barro me resbalaba. Entonces l me ayuda y agarrados de la mano, corrimos. Cuando ya estbamos en Cuchi Machay, el segua con mi mano agarrado; bien juerte, casi me doliya. Y yo no se que sent. Despacito, despacito me solt. Pero ah ramos chiquitos todava. Ms mayor, sipa-sipas como se dice, yo lo quera; los dos nos queramos. Entonces me hizo su mejor. S, en el pajonal, sobre el ichu noms. Y despus, sal con mi barriga. El, muy alegre, en las chacras, en los cerros cantaba. Entonces vino la leva. Maldecida levacin!

Lo agarraron y como ganado lo amarraron. Cuando se lo llevaban, yo corr llorando, gritando a su lado y le digo: Cundo volvers? Y l bien triste dice: Com o ser y nunca ms volvey. As igual, mi taita, mi hermano, que finaron en Yarqa aspiy, nunca ms volvieron. -.En los cuarteles: Manan canchu. En la comisara, en la PIP, en el hospital, igual, no hay rastros del chiquillo. Insiste en la PIP y tras carajazos y gesto elocuente: - Si vuelves a joder por aqu, te damos vuelta. Ha llegado donde parientes, donde amigos. En el mercado: - Dice hay ms de doscientos detenidos. El dirigente de la barriada, le solt al odo: - Busca en las alcantarillas de la carretera a [Link]. El maestro de la escuelita, con gras precaucin: - En la quebrada de Puracuti; pero de noche. S, en Puracuti. -.Parti sola con sus penas al anochecer. En la oscuridad, perdi la senda. Le aguardaban cadas, espinas, desgarraduras. Sin darse cuenta, lleg al borde de la quebrada. - Chap, chap, chap. Oy peleas de perros en la hondonada y all se dirigi. Cerca del fondo resbal y cay rebotando. Perdi el conocimiento. - Chap, chap, chap. El tiempo sigui su curso. Cuando volvi en s, luna en menguante asomaba por el cerro prximo. Escuch el persistente chap-chap. Un poco ms all, unos perros gruan ente s; se irgui a medias. - Qu apesta tanto, Dios mo? All hay tierra removida. Era una fosa comn a medio enterrar. Vi una chompa que fue roja, con grotescos parches negros. Su corazn de madre golpe con fuerza las costillas prominentes. El cadver yaca boca abajo. Se acerc y le di vuelta. - Agrichaaaaaa.!

En llanto desesperado, lo abraz. Quizo transmitir su calor maternal a ese cuerpo yerto de mirada infinita. Amaneca lentamente. Ahora era un llanto sereno el que no poda reprimir. Mir hacia la altura; eran ms de doscientos metros de subida. Emprendi el ascenso; pesaba y dola su carga. Con manos sangrantes se aferraba a los resaltos. Se detuvo un rato para tomar aliento. Mientras tanto, un camin se estacion al borde de la quebrada. Ella se protegi tras un arbusto. En eso sinti que algo quemante le atravesaba el pecho. El impacto los desbarranc. Indiferentes a la cada, cerdos y perros proseguan su macabro festn. 000

BALAS? NO HACEN FALTA Por el color amarillento crey que era un billete de cinco soles. Eran tantos sus dobleces que entre sus dedos, apenas sobresala del pulgar. Fue mientras participaba en una reunin con vecinos notables en Concepcin. Pero de eso ya haca ms de un ao. En ese tiempo se haba establecido un destacamento del ejrcito en Vilcas Huamn; en Concepcin se iba a instalar el puesto de la polica; el Alcalde y el Gobernador haban reasumido sus cargos. S, era evidente: la subversin estaba de retirada. Lo encontr en el asiento de la camioneta y pregunt al chofer: -T no viste nada? - No, doctor. Quiz fue mientras fui a tomar una gaseosa en la esquina. Lo desdobl cuidadosamente y ley los trazos garabateados: Si vuelves por aqu , muerte. -.El doctor Adalberto Martnez, Asesor Legal de la Oficina, tena que realizar ese viaje; le dijo a su seora: - Debo viajar a Vilcas Huamn para recabar el Acta de Posesin para el perfeccionamiento de su ttulo propiedad. - Vamos doctor! le replic ella-. El ao pasado viajaste por ese documento. - Es que el mitnperdn, el acta debe ser original -. Luego agreg: - Estas normas legales que cambian a cada rato, crean estos problemas. - Ay, estos tus viajes! Cumpliendo con la consabida recomendacin, hizo correr la voz de que viajara dos das despus. El Director le dijo al despedirse: - Recuerde: Ni un paso ms delante de Vilcas Huamn. -.La camioneta sube rugiendo al abra de Toccto. La neblina es un velo tupido. Hay un claro, como dando paso al vehculo. En eso, el chofer, acomodndose la chalina:

- Mire doctor! Un zorro! Y justo cruza de derecha a izquierda. Llegaron a Vilcas Huamn; hizo algunos contactos y volvi entusiasmado diciendo al chofer: - De aqu no paramos hasta Concepcin. - Pero doctor. - No te chupes, Juanito. Los terrucos estn corridos. Por qu mi hijo no quera que viaje? Nunca reaccion as anteriormente. Su llanto y ese su: No te vayas papito. A la pucha que me dejo descuadrado! La puna qued atrs. La camioneta corre sin esfuerzo cuesta abajo. El doctor se quita la casaca. Tensin y temperatura van en aumento. A medio camino, al borde de un despeadero, justo al salir de una curva, se encuentran con la trocha bloqueada con pedrones. - Quin pas la voz? fue su primera reaccin. Pretendi sacar el revolver, pero era intil y ni tiempo tuvo. Eran ms de veinte sujetos armados. El doctor Martnez no lo sabia, pero entre ellos estaba el awsa -Tuku, el mismo que en el ltimo atentado exclamo: Balas? No hacen falta. Todava no se de nadie que una vez degollado, haya logrado sobrevivir. Y solt una carcajada que reson en los roquedales. Ordenaron que se apeen, constataron los afiches, prendieron fuego a la camioneta y la desbarrancaron. El que pareca jefe, conmino al chofer: - Lrgate volando, antes de que me arrepienta. -.El ro puede modificar su cauce, pero no puede salirse de l. As era de igual el doctor Martnez. Leal militante de un partido poltico, cuya cpula jams se preocup de l ni de nadie, haba acudido das antes al local. En vsperas de las elecciones municipales, los nimos estaban exaltados. El Secretario General le dijo: - T sabes que nuestro candidato en Concepcin, tiene bastante chance. Hay que reforzarlo en el mitin y llevarle hasta propaganda. Su triunfo en plena zona roja, ser formidable.

-.El jefe de la gavilla, esta vez al doctor: - Te lo advertimos, hijo de puta. Y el recuerdo fugaz de la maestra, en sus primeros das de clase en el jardn de la infancia, acuden a su men te. Yo, un nio cohibido y lloroso, oa que me regaaba: -Hasta cuando no aprenders a pedir el bao? Y frente al ausaTuku, tambin le traicionaron los esfnteres. Lo ltimo que vio el doctor Adalberto Martnez, fue un chispazo de luz. El reflejo del sol en la hoja que se deslizaba bajo su barbilla. 000

LOS MOROCHUCOS Yo soy morochuco yo soy Qori lazo (*) hasta al sueo dulce suelo despertarlo. Canto popular. (*) .- Abigeo; literalmente, lazo de oro. - Cojudo`e mierda! Tu noms tienes la culpa por no confiar en m. Yo siempre te`y dicho: Ese tu caballo Tordillo no sirve. Ah est: Te has jodido ao y medio en la crcel. Claro que cuando te agarraron yo y tu mujer corrimos donde el juez. El maldecido nos pidi dos novillos. Diz que por eso te rebaj; que tu culpa era para tres aos. La conversacin se desarrolla en una cantina de San Juan Bautista; la feria dominical ganadera presta marco adecuado al censor. Pero primero otro trago: - Seora, sirve otro cuarto ms; pero que sea del [Link] su copa, escupe y dice: -Caazo aguao! Prosigue la reprimenda: Pero que tal cojudazo! Cmo has podido lazar un novillo y jalarlo como si fuera tuyo? Bien hecho el ao y medio que te zamparon. Mientras tanto tu mujer, la pobre Umbelina, tuvo que trompiezarse con el Eleuterio para mantener a sus hijos. Ojal noms no le haya gustado; seguro que llegando a Pampa Cangallo, te vas a emborrachar y le vas a agarrar a patadas. Salud! - El Tordillo se entrop con una manada de Carhuanca. T y el Tordillo son los culpables. Ahora irs a Carhuanca a rescatar. Despus te dejas de cojudezas y me lo das por una semana; por una semana noms. Yo te voy a ensear cmo se enfrena un caballo, tontonazo. Toma otro trago y prosigue: - Tu has jodido a los morochucos; la gente creer que todos somos unos borricos como t. Nunca se jala al toro que te levantas, animal! Se arreya noms. Pero para eso hay que saber quebrar el pescuezo del caballo, para que sepa donde pisar. En una semana apriende el Tordillo, o lo hago

charqui. Nunca debe fallar; siempre tras el toro, borrando su huella. Si la pata delantera falla, la trasera completa. Y remata con aire triunfal, golpendose el pecho: - Por qu crees en m, El Qori Lazo, nunc a me han agarrao, ja?. 000

ALTA CIRUGIA Tom el cuchillo de monte y lo pas varias veces sobre la palma de la mano. Su filo era impresionante. Cortaba una hoja de trbol en el aire. Movi la cabeza insatisfecho y por quinta vez en los ltimos das, volvi a asentar el filo. Alfredo Pacheco era dueo de una hacienda en los confines de Cangallo. Era joven e impetuoso. Haba sido criado en el campo. Posea una manada de yeguas y un garan para producir mulas; estas eran muy cotizados por su tenacidad y resistencia. A quin se le puede ocurrir una tontera as? Adems, es una verguenza, una humillacin a la nobleza caballar. Pero de un tiempo a esta parte, apareci un potro, que, colndose de rondn en el potrero de las yeguas, amenazaba con echarle a perder el negocio. Desde luego que Alfredo Pacheco no iba a quedarse de brazos cruzados. - Esto lo arreglo en un dos por tres. Comprar los mejores y ms bonitas yeguas de la regin, para obsequio de un vulgar pollino Barbaridad sin nombre! Como si ya no hubiese potros de primera por aqu. Varias veces trat de capturar al intruso; pero este, como sabindose en culpa, apenas lo vea, sala disparado. En medio de su clera, fue al potrero portando la 30-30. - Un balazo bien puesto y adis advenedizo. Como adivinndole el pensamiento y aplazando sus arrebatos donjuanescos, el potro no se apareca por los alrededores. Sabindose perseguido, opt por limitar sus correras a horas de la noche. Con que mand cercar el potrero No? Cualquier potro que se respete, salta ese cerca. En vista de ello, tendi una trampa con nudo corredizo en el camino de sus andanzas. Claro que este riesgo no lo haba previsto el bribn y cayo en el lazo. Cuando Alfredo fue a revisar a la madrugada siguiente, se frot la mano de puro contento. - Con dos libras de menos, ya no me causars ms perjuicios. Pero este haba rodo parte de la soga de pita. Cuando vio que otro lazo se le vena a la cabeza, ech a correr esquivndolo y arrancando las fibras que quedaban. Cuchillo

en mano y bramando de clera, lo vio alejarse con su trote burln. El orejn ese, ya tiene bastante con la tunda que le arrim. A m con esas! La captura del potro se le convirti en una obsesin a Alfredo. Bien pudo optar por esperarlo pacientemente con la 30-30 en la mano; pero renunci a ello. Quera atraparlo con los recursos tradicionales y determin velar permanentemente en el potrero, desoyendo las protestas de su mujer. En cuanto a las yeguas, me tienen s in cuidado. Toditas caern postradas ante este semental. Fue una noche de luna cuando el potro, tomando otro sendero, asom cauto al hatajo. Largo rato permaneci escudrindolo. Mientras tanto Alfredo, entre el alto pastizal y cubierto tras las yeguas que se haban agrupado para pasar la noche, lo vigilaba atento. Que buena se la hice! Con gusto lo hara nuevamente para que vuelva a reventar de clera. De aqu no paro hasta rendir a la yegua pinta. Satisfecho con la inspeccin, el potro salt la cerca y emprendi alegre trote hacia las yeguas. Se acerc a su favorita y empez a cortejarla con aires de desenvuelto galn. Cubrindose tras otras yeguas, Alfredo logr acercarse a tiro de lazo. El potro, sin importarle las coces de la yegua, salt sobre ella. En ese instante le cay la soga al cuello; el potro emprendi la carrera, pero Alfredo ya haba asegurado el cabo de la soga en el tronco de un rbol; parado en seco por este, cay de espaldas. Aprovechando que estaba en el suelo, plant sus rodillas en el ijar, pas la cola entre sus patas traseras para inmovilizarlo y maniat los cuatro miembros. Sabindolo asegurado, dedic unos instantes en contemplar su presa que lo miraba con ojos desorbitados. - Ahora s me las pagars todas juntas, maldito! Luego se dirigi a la carpa en busca del cuchillo. Era tanta su clera reprimida que, de un solo tajo, arranc los testes con escroto y todo. Una vez libre el antes briso animal, perdiendo sangre a chorros, se alej del potrero con paso desmaado. - No llegar lejos el muy bellaco. En buena hora!

-.Pasaron varias semanas tras la mutilacin. Un hombre extrao, montando un caballo de mansedumbre proverbial, cruz el portn de la casa hacienda. Traa las alforjas repletas. Alfredo rascndose la cabeza, se qued mirando al animal. !Qu suerte ms negra la ma! Primero me castran; luego me obligan a traer regalos al autor de esa fechora, por que dice me ha convertido en un dcil caballo de trabajo. Y el colmo de la desgracia: Ya no podr hacer ma a la yegua pinta. 000

YA ESTAN CAVANDO LA FOSA -Cul velorio, maldita sea? Quin ha muerto? . Grit furioso el maquinista. Haca rato que l haba encendido el motor del aserradero. El disco de dientes brillantes siseaba cortando el viento. Cuando ya todo est listo para iniciar los trabajos del da, se percat con que no cuenta con ningn obrero. En eso apareci el capataz ebrio. Qu pasa con los peones? . Le reclam- ya son ms de las siete. - Hemos amanecido en velorio.- Respondi el capatazestamos yendo al entierro. Y se march tambaleando, sin dar respuesta a la exclamacin del maquinista. El viejo eucalipto cruji herido de muerte. Los dos taladores se instaron al mismo tiempo: - Saca la sierra, hom! Es ese momento, el viento cambi de direccin. El eucalipto, lejos de caer en campo abierto como se haba previsto, se inclin hacia una fila de rboles, trabando la hoja de sierre en la hendidura. Avelino trat de zafarla con todas sus fuerzas. Su compaero le grit: -Qutate, animal! El eucalipto, impulsado por los rboles, rebot violentamente. Fueron varias las toneladas que se le vinieron encima. Una vela solitaria lanzaba guios a la lobreguez de la noche. El pequeo despojo yaca en medio del corredor. Los veloriantes, con la tertulia de siempre. - Nunca sabremos cuando nos va a tocar de verdad.-Dijo un viejo. Un lder en potencia: - La compaa debe dar seguro, indemnizacin, vacaciones. Ms que todo seguro. - Si, nadie estamos libre de desgracia.- Respondi el otro. El capataz, sirvindose el aguardiente: - El pobre Avelino, ya ha dado su parte.

Un mozo risueo: - Mi comadre, tendr que ponerse medio luto. La botella de caazo prosigui su lento peregrinar. -.Los msculos tensos en el afn de zafar la sierra, fueron su salvacin. Con salto gil logr zafar el cuerpo, pero la esquina del corte, le atrap el pie y, al dar contra una piedra, le seccion el dedo gordo. El corte fue tan limpio, que casi no se present hemorragia. Luego de la cura de emergencia, Avelino tom el dedo an tibio y lo contempl buen rato. Luego preocupado dijo: -Y que haremos con esto? Sus compaeros, en gesto de solidaridad, fueron donde el viejo Casimiro a pedirle consejo. No falt uno que se voltendose larg la pulla: - Desde hoy sers Mocho Avelino. El viejo, al imponerse del caso, muy dueo de s, recomend: - Hay que velar y enterrar como a difunto; sino, puede traer condenacin. 000

LA TRIPLE ALIANZA Sus ojos chiquitos, ven en la oscuridad. La nariz olfateaba inquieta. Las orejas paradas, atentas al menor ruido. Las patas tensas, listas para el salto. Era el zorro que tomaba aliento en una lomada luego de ardua e intil correra. La lomada se hallaba junto a un riachuelo de la serrana. El zorro con su trote ligero, se acerc a una mata silvestre, luego a otra. El chiwaco, con las plumas esponjadas, dorma en una de ellas. Sinti el paso sigiloso del zorro que se acerca y vol con desesperado aleteo. El zorro salt por los aires dando manotazos furiosos; el chiwaco por poco fue atrapado entre sus zarpas. El chiwaco vol confundido en la penumbra del amanecer. Entrevi una pared y en ella se pos con torpeza. El ratn que merodeaba por ah cerca, al verlo tan agitado, le pregunt: -Qu te ha sucedido? -El zorro casi me atrapa. -Ah, zorro malvado!-. dijo el ratn-: A m tambin me hizo pasar un gran susto la otra noche. Si no estaba cerca mi madriguera... Ya estara muerto! -Qu podemos hacer con ese bribn?-. Pregunt el chiwaco. El ratn pens un rato y dijo: -Yo s lo que se podra hacer, pero con mi tamao...Ni cmo! -Quiz t slo, no. Cuenta conmigo!-. Dijo el chiwaco entusiasmado. El ratn sonr enseando sus dientotes y dijo: -Vamos! Yo te ensear. Llegaron al lugar donde comenzaba el riachuelo. Bajo una gran roca, brota el manantial. El ratn dijo: -La vizcacha es duea de esta pea, en su cueva tiene una piedra de sal. Hay que poner la piedra salada en el ojo del manantial y el zorro no podr tomar el agua salada. Mientras tanto nosotros tomaremos el agua de la lluvia y del roco. -Viva!. Grit alegre el chiwaco y se lanz por los aires en vuelo acrobtico.

Llegaron donde la vizcacha, animalito de roquedales, de viento, de puna. Ella, sentada en lo alto de la roca, se calentaba bajo el sol de la maana; los escuch con atencin. Batiendo la cola y con los bigotes temblorosos, aprob la idea. Claro, ella tambin haba sufrido las acechanzas del zorro. Tras grandes esfuerzos, lograron poner la piedra de sal en el ojo del manantial. La vizcacha curiosa prob el agua; tan salada estaba, que le hizo toser varias veces. Logr tomar aliento y dijo: -Menos mal que a m me basta con mis pastos jugosos. Mientras tanto el zorro, prosegua con sus correras. Atormentado por la sed, march al arroyo prximo, sus aguas cristalinas eran una tentacin. Di la primera lengetada y grit: -Arg, maldicin! El agua est salada! Algn duende quiere burlarse de m. Recorri el arroyo probando en uno y otro sitio. El agua estaba ms salada cada vez. -Malaya sea mi suerte!-. Grit nuevamente. Escarb con las uas el lecho del arroyo y volvi aprobar. -Que el diablo cargue conmigo!-. Blasfem y se puso a aullar desesperado. Durante tres das aull sin parar. Al cuarto da, el chiwaco, el ratn y la vizcacha, vieron gallinazos que volaban en crculos sobre la lomada mirando al animal muerto. -Ya muri el muy pcaro!-. Gritaron alegres los tres. Luego se aprestaron a sacar la piedra salada del manantial, buscaron afanosos y no la encontraron. -Donde se ha metido, donde?-. Se preguntaron. Les preocupaba los otros animales que tambin tomaban el agua del arroyo. -Ellos tambin morirn como el zorro!-. Se dijeron preocupados. Cuando ms pesarosos se encontraban, vieron un picaflor; bata tan rpido las alitas, que casi no se las v ea. Sin necesidad de posarse, asom el pico a la corriente y tom un largo sorbo. Perdn, en realidad fue slo una gotita. -Viva, viva!-. Gritaron alegres nuestros tres amiguitos.

La piedra de sal haba terminado de disolverse y el agua era nuevamente dulce. Muy contentos se abrazaron y dieron un viva final que son como un trueno de contento en la quebrada. 000 FIN

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