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Al-Andalus: Historia y Cultura

Este capítulo resume la conquista de España por los árabes en el siglo VIII. Explica que España ya era un crisol de culturas antes de la llegada de los árabes, habiendo sido dominada por fenicios, griegos y romanos. En el siglo V, los visigodos se hicieron con el control y establecieron un reino centralizado en Toledo. Sin embargo, hacia inicios del siglo VIII, el reino visigodo sufría una crisis debido a las luchas internas, la explotación de las masas y la inestabilidad socioeconómica

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Al-Andalus: Historia y Cultura

Este capítulo resume la conquista de España por los árabes en el siglo VIII. Explica que España ya era un crisol de culturas antes de la llegada de los árabes, habiendo sido dominada por fenicios, griegos y romanos. En el siglo V, los visigodos se hicieron con el control y establecieron un reino centralizado en Toledo. Sin embargo, hacia inicios del siglo VIII, el reino visigodo sufría una crisis debido a las luchas internas, la explotación de las masas y la inestabilidad socioeconómica

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Ttulo original: Muslin Spain.

lts History and Culture Traduccin de Pilar Vila

l
Reservados todos los derechos. De conformidad con lo dispuesto en e! arto 534-bis de! Cdigo Penal vigente, podrn ser castigados con penas de multa y privacin de libertad quienes reprodujeren o plagiaren, en todo o en parte, una obra literaria, artstica o cientfica fijada en cualquier tipo de soporte sin la preceptiva autorizacin.

@ 1974, by rhe University of Minnesota All rights reserved. Original edition published by the University of Minnesota Press, MinneapoJis, Minnesota, USA Ediciones Ctedra, S. A., 199"3 Juan Ignacio Luca de Tena, 15. 28027 Madrid DepsitO legal: M. 37.142-1993 ISBN: 84-376-0225-4\ Printed in Spain Impreso en Grficas Rogar,. S. A. PoI. Ind. Cobo Calleja. Fuenlabrada (Madrid)

ndice

PRLOGO. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . AGRADECIMIENTOS. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

9 12 13 14 15 38 54 69 91 101 124 136 149 165

NOTA A LA EDICIN ESPAOLA. .......................................


TRANSLITERACIN..
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. ... .. . ... ... .. .. .. .. .. .. ... .. .. .. ... .. .. .. ... .. ..

CAPTULO I

.
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La conquistade Espaa y el emirato.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .


CAPTULO 11 El califato, CAPTULO 111 929-1031. . ... ... .. .. .. .. .. .. .. ... .. .. ... .. .. ... .. .. ..

Los reinos de taifas, 1031-1090...:................................


CAPTULO IV Las dinastas CAPTULO V La dinasta berberes. ..........................................

nasr de Granada

(1231-1492)..........................

" "CAPTULO VI La estructura social y las tensiones socio-religiosas..................


"CAPTULO VII Sociedad y administracin. "CAPTULO VIII Transmisin
XCAPTULO IX Las ciencias y la educacin. . .. ... .. .. .. .. .. .. ... .. ... .. .. .. ... .. .

.......................................

cultural

y autovaloracin.

.. ..........................

CAPTULO X

Estudios arbigos y lingsticos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

CAPTULO XI

Prosa y Bellas Letras (Adab). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .


CAPTULO XII
.

177 196 208 221 235 258 275 301 316 342 363 377 379 381 419

Poesa: la tradicin clsica.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .


CAPTULO XIII Las formas populares

de la poesa.

. . . . . . . . . . . . . . . . .'. . . . . . . . . . . . . .

CAPTULO XIV El amor 'udhr..................................................


CAPTULO XV

Historia, Geografia y vIaJes.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .


CAPTULO XVI Las ciencias religiosas. CAPTULO XVII Filosofia y misticismo. CAPTULO XVIII Las ciencias naturales. CAPTULO XIX La arquitectura,
CAPTULO XX La literatura
/

...........................................

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . ...........................................

las artes menores

y la msica.

. . . . . . . . . . . . . . .. . . .

aljamiada.

.... ... .. ... .. .. ... .. .. ... .. ... .. .. .. ... ..

CAPTULO XXI La herencia ApNDICE

islmica.

. ... ... ... .. ... .. ... .. ... .. ... .. .. ... .. .. .. .

Gobernantes de la Espaa cristiana.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .


LISTA DE ABREVIATURAS.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . BIBLIOGRAFA. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

NDICEDE NOMBRES. . .. .............................................

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Las vocales a, i, u (cuando son largas), se indican por , 1, . 14

I L

CAPruW

PRIMERO

LA CONQUISTA

DE ESPAA Y EL EMlRATO

Hacia el ao 570 de la era cristiana, naci un nio en la ciudad de La Meca, al noroeste de Arabia, que lleg a ser el fundador de un movimiento religioso, el Islam, cuyo influjo en los habitantes de una gran parte del mundo ha sido enorme. Este nio era Mahoma, y sus sucesores inmediatos, conocidos generalmente como los califas ortodoxos (al-Rashid1l 632-661), extendieron el Islam y fundaron un estado en Arabia, Siria-Palestina, Iraq e Irn y Egipto. Este nuevo imperio se form a expensas de dos grandes imperios contemporneos: el bizantino y el sasnida. Poco despus, el centro poltico-religioso del estado se traslad de La MecaMedina a las provincias, sobre todo Siria e Iraq. En 661 se fund la dinasta Omeya (661-750) en Damasco, que acrecent la expansin rabe a travs del vasto territorio comprendido entre el ocano ~tlntico al oeste y Asia central al este, y bajo la cual se conquistaron el norte de Africa y Espaa, y se llevaron a cabo repetidas incursiones en el sur de Francia. Cuando en 750 fue desplazada esta dinasta por los 'abbases (750-1258), el legado omeya fue conservado y reforzado, influyendo profundamente en la vida religiosa, la perspectiva intelectual, y las costumbres de la mayora de los pueblos de la cuenca del Mediterrneo, debido a lo c!lal, la herencia rabe-islmica es palpable en Creta, Sicilia, sur de Italia, norte de Africa, y especialmente en Espaa 1. Los rabes llamaban a Espaa al-Andalus, y sta, al igual que los dems pases mediterrneos era un crisol de mltiples pueblos y culturas. Europeos y berberes se haban asentado all desde tiempos antiguos; los fenicios ya haban establecido colonias en el siglo x a. de J. c.; despus llegaron los griegos, que llamaron Iberia a la pennsula, fundando tambin sus colonias; y, finalmente, se convirti en provincia romana en el siglo I a. de J. C., adoptando la lengua latina, las costumbres y leyes romanas, y el cristianismo, proclamado religin oficial del Imperio en el siglo IV. Al debilitarse el Imperio Romano, la pennsula fue vctima de las sucesivas invasiones de hordas germnicas como los Suevos, Vndalos, y, finalmente, los Visigodos 2, que, a comienzos del siglo v ocuparon su parte noreste. Al principio practicaban el Arrianismo, una hereja cristiana, pero pronto se convirtieron al Catolicismo de la mayora de la poblacin. Esto unific al pas, que era gobernado desde Toledo, a la que, frecuentemente, se llamaba Ciudad Regia. Los Visigodos
1

Para una historia general de los pueblos rabes, vase P. K. Hitti, History 01 the Arabs, 6.&ed.,

Londres 1958; C. Brockelmann, History 01 the Islamic Peoples, Nueva York, 1960; B. Lewis, The Arabs in History, Londres, 1954. 2 Sobre los visigodos, vase el vol. 3 de R. Menndez Pidal, ed., Historia de Espaa, Madrid, 1950; A. K. Ziegler, Church and State in Visigothic Spain, Washington, D.C., 1930; E. A. Thompson, The Goths 01 Spain, Oxford, 1968.

15

se fundieron con la poblacin, formando una aristocracia que gobern compartiendo parte de su poder con las jerarquas eclesisticas y la nobleza local. Tenan enorme poder sobre las masas, a las que explotaron y redujeron a la servidumbre, situacin que origin una inestabilidad socioeconmica, y que se agrav con las rencillas internas de la clase gobernante. Algunos de los reyesvisigodos que fueron elegidos por la nobleza y el clero pudieron gobernar sin la tutela de Roma o Bizancio, pero, a finales del siglo VII, surgi una crisis que alcanz alarmantes proporciones hacia la primera dcada del siglo VIII,y que, sin duda, facilit la rpida conquista de la Pennsula por los rabes. La nobleza y el clero gozaban de privilegios y riquezas, mientras que siervos y esclavos sufran numerosas privaciones, y los judos, que tenan un papel importante en la vida econmica del pas, eran vctimas de medidas tan duras como bautismo forzoso, confiscacin de bienes, y persecuciones. Las intrigas e intolerancia de la nobleza, los problemas sucesorio s, las dificultades econmicas, y otros factores, contribuyeron a la disolucin final del reino visigodo; deteriorndose la situacin en 700, cuando Witiza sucedi en el trono a su padre gica. Al comienzo de su reinado trat de corregir muchos errores, pero cometi otros muy serios al exiliar a su hijo Pelayo y al acabar con los partidarios de ~u general Rodrigo. Tambin nombr sucesor, arbitrariamente, a su hijo pequeo Agila, y ste asumi el gobierno de dos provincias bajo la tutela del propio hermano de su padre, lo cual antagoniz a los electores y dio pie a intentos de usurpacin por parte de los posibles candidatos al poder. As, a la muerte de Witiza en 710, exista divisin de opiniones, algunos apoyaban a ,gila, y otros a Rodrigo. En pleno conflicto, este ltimo se hizo proclamar rey, y Agila huy al norte o a Ceuta, donde se cree que pidi ayuda a los rabes para recuperar su trono. . La conquista de Espaa por los rabes est ntimamente ligada a la del norte de frica, dominado por los bizantino s, y que consideraban territorio enemigo, no pudiendo sentirse seguros mientras aqullos siguieran all y pudieran atacar por la tierra o por el mar. Por lo tanto, la conquista del norte de frica al oeste de Egipto fue uno de los principales objetivos a conseguir tan pronto se ofreciese la oportunidad 3.
3 Sobre la conquista del Norte de frica, vase H. Mu'nis, Faclzr al-Andalus, Cairo, 1959, pgs. 3449, Y FatI} al-'Arab /i-I-Magrib, Cairo, 1947; 'Abd al-'Aziz Salim, Ta'rj al-mus/imfn wa-iithiiruhum jll-Andalus, Beirut, 1962, pgs. 132-148; C. A. Julien, Histoire de I'Afrique du Nord, Pars, 1951. Tambin Mu. 'A.'lnan Dawlat al-Isliim fl-l-Andalus, 3.a ed., Cairo, 1960, VQL1, pgs. 14 y sigs.; E. Lvi-Proven<;al, Histoire de I'Espagne musulmane, Pars, 1950-1953, voL 1, pgs. 8 y sigs. Para la historia general de Espaa me he basado fundamentalmente en Ajbiir machm'ah, ed. E. Lafuente y Alcntara, Madrid, 1867; lbn al-Qfiyah, Tiirj iftitiil} al-Andalus, ed. 'Abdallah A. Al-Tabba', Beirut, 1957; lbn 'ldha, Kitiib al-bayiin al-mugrib fl ajbiir mulk al-Andalus wa-l-Magrib, ed. LviProven<;al et al., Pars, 1930; al-Marrakusl, al-Mu'chib fl talji$ ajbiir al-Magrib, ed. M. S. al-'lryan, Cairo, 1963; Ibn al-Abbiir, al-lfullah al siyarii', ed. H. Mu'nis, tairo, 1963, lbn al-Jatib, A'mal al-a'liim, ed. E. Lvi-Proven<;al, Beirut, 1956; lbn Jaldn, Kitiib al-'ibar wa-mwiin al-mubtadii wa.l-jabar, Beirut, 1956 (de aqu en adelante, abreviada como 'Ibar); al-Maqqarl, Naft. al-{fb min gU$nal-Andalus al-ra{fb, ed. M. Mul).yy al-Dln 'Abd al-I:Iamid, Cairo, 1949. Entre las obras rabes modernas las ms amplia y de fiar es la de 'lnan, Dawlat al-Isliim fl-l-Andalus, que cubre todo el perodo de la conquista hasta la toma de Granada. A esta importante obra siguieron una serie de estudios como Tiirij al-Mus/imfn wa-iitlziiralzumfi-l-Andalus de Salim, Tiirj al-'Arab fiIsbiiniyah, Aleppo, 1963 de Jalid al-~fi, y al-Andalus wa-(wqiiriitulza, Damasco, 1969 de Al).mad Badr. En cuanto a fuentes occidentales, desde el siglo XVIllha habido una sene de intentos de hacer una historia general de la Espaa musulmana. Podramos mencionar a Denis D. Canlonne, Histoire de I'Afrique et de I'Espagne sous la domination des Arabes, Pars, 1765; Thomas Bourke, A Concise History of the M oors in Spain, Londres, 1811; George Power, The History of the Empire of Musulmans in Spain and Portugal, Londres, 1815; J. A. Conde, Historia de la dominacin de los rabes en Espaa, Madrid, 1820-1821; Joseph Aschbach, Geschichte der Ommajiaden in Spanien, Frankfurt, 1829 y Geschichte Spaniens und Portugals zur Zeit Herrschaft der Almoraviden und Almohaden, Frankfurt, 1833; P. de Gayangos, The History of t~e Mohammedan Dynasties in Spain, Londres, 1840-1843, que es una traduc16

Al principio, los rabes llamaron Ifrlqiyah al norte de frica, desde Libia al Atlntico, aunque despus Ifrlqiyah fue el rea comprendida entre Egipto y Buja, en Tnez. El territorio enmarcado por Trpoli al este y el Atlntico al oeste se llam al-Magrib (el Oeste, es decir, el norte de frica), y se dividi en tres partes: Magrib prximo (al-Magrib al-adnii) de Trpoli a Buja; Magrib medio (al-Magrib al-awsaO de Buja a los montes Taza; y Magrib lejano (al-Magrib al-aq:ii) de los montes al Atlntico. Tras la conquista de Egipto en 639-641, el ejrcito rabe tard casi sesenta aos en controlar el rea de Libia al ocano Atlntico. 'Amr Ibn al-'A~, el conquistador de Egipto, intent extenderse hacia el oeste, pero no pas de Trpoli, y su objetivo fue el mantener a raya a la marina bizantina en las orillas del Mediterrneo. Los califas parecan resistirse a emplear grandes contingentes de tropas en la conquista; indecisin debida, probablemente, a la dificultad del territorio montaoso y desrtico, a las tribus rebeldes, y a la ausencia de botn suficiente para hacer atractiva la conquista. Aunque los intentos de empujar la conquista hacia el oeste fueron constantes, las crisis polticas en Medina y el traslado del gobierno a Damasco en 661 retrasaron el avance; y, hasta el nombramiento de 'Uqbah Ibn Nafi' como gobernador de Ifdqiyah hacia 6674 no empez a progresar la conquista. ste, que haba ayudado a 'Amr Ibn al-'A~ en el avance hacia occidente, es considerado generalmente como el verdadero conquistador de casi todo el norte de frica. En 670 estableci al sur de Cartago el campamento militar de Qayrawan, al principio importante fortaleza contra el enemigo, y ms tarde una de las mayores ciudades del norte de frica musulmn. Pronto se surti a la plaza fuerte de comodidades -una gran mezquita, mercados y calles- que atrajeron a numerosos berberes. El triunfo inicial de 'Uqbah fue interrumRido por el nombramiento de Maslamah como gobernador de Egipto e Ifdqiyah. ste reemplaz a 'Uqbah por su propio cliente, Ab al-Muhiichir Dinar, que destruy la plaza edificada por el primero en Qayrawan y avanz por el oeste hasta Tilimsan 5. Sin embargo, 'Uqbah volvi a su antiguo puesto en 682, y procedi a consolidar sus dominios y a hacer avanzar la conquista an ms al oeste. Hasta entonces, la islamizacin haba ido a la par de la conquista del norte de frica, pero 'Uqbah se encontr con un problema de apostasa cuando los berberes, bajo la tutela y el estmulo de la cristiana Bizancio, se resistieron a la dominacin rabe. A pesar de todo, tom Cartago y lleg a las montaas del Atlas, para seguir avanzando hasta Tnger y el ocano Atlntico, momento en el que una rebelin en Qayrawan le forz a volver y luchar con las tribus berberes. Muri en 683 cerca de Biskra (Argelia) dejando tras de s un enorme territorio que haba sido conquistado, pero nunca subyugado.
cin de la primera parte de al-Maqqa, Naf/J al-{ib; F. Codera, Estudios crticos de la historia rabeespaola, Zaragoza, 1903-1917; S. P. Scott, History of.the Moorish Empire in Europe, Filadelfia, 1904; S. Lane-Poole, The Story of the Moors in Spain, Nueva York, 1911. Pero las ms de fiar son R. Dozy, Histoire des musulmans d'Espagne, ed. E. Lvi-Proven9al, Leiden, 1932; Lvi-Proven9al, Histoire de I'Espagne, trad. esp. E. Garca Gmez, vol. 4 de R. Menndez Pidal, ed., Historia de Espaa; A. Gonzlez Palencia, Historia de la Espaa musulmana, 2.a ed., Barcelona, 1932; C. Snchez-Albornoz, La Espaa musulmana, Buenos Aires, 1946; S. M. Imamuddin, A Political History of Muslim Spain, Dacca, 1961; Amrico Castro, The Structure of Spanish History, trad. E. L. King, Princeton, 1954; W. M. Watt, A History of Islamic Spain, Edimburgo, 1965. Como visin de conjunto de la Espaa medieval, vanse las ms recientes obras de J. F. O'Callaghan, A History of Medieval Spain, Londres, 1975, y A. Mackay, Spain in the Middle Ages, Londres, 1977. 4 Ibn Jaldn, 'Ibar, vol. 4, pg. 398, establece el nom1:>ramiento de 'Uqbah en el 45 de la Hjira/665 J. C., mientras Ibn al-Abbar, lfullah, vol. 2, pg. 323, lo hace en el 46. Segn Ajbar machm'ah, pg. 3, 'Uqbah tom Tnger poco antes de su muerte. s Ibn Jaldn, vol. 4, pg. 399; Ibn al-Abbar, vol. 2, pgs. 324 y sigs. 17

Tras la muerte de 'Uqbah, Qayrawan y el resto del territorio hacia el oeste quedaron por reconquistar. sta fue labor de Zuhayr Ibn Qays, un aliado de 'Uqbah que tom Qayrawan en 688 y, acto seguido, se dirigi hacia el oeste para enfrentarse con los bizantino s, pero muri en una batalla, dejando el territorio al oeste de Qayrawan sumido en el caos. Al mismo tiempo, el gobierno central de Damasco se enfrentaba con una seria rebelin interna, y la conquista no se reanud hasta 692, cuando el califa 'Abd al-Malik, libre ya de guerras civiles, envi un ejrcito de 40.000 hombres bajo el mando de I:Iassan Ibn al-Nu'man al-Gassani6, competente general que alcanz Qayrawan, desde donde reconquist Cartago. Su xito inicial fue pronto frenado por una sacerdotisa, la reina de Chirarah, cuyo ejrcito berber derrot a las fuerzas musulmanas, teniendo I:Iassan que retroceder hasta Barka y esperar refuerzos de Damasco. Cuando stos llegaron, en 694, reanud la lucha contra la sacerdotisa, que se refugi en las montaas, no pudiendo vencerla hasta 701; convirtindose entonces en dueo de todo el Magrib desde su cuartel general de Qayrawan. Entre sus logros est la fundacin de la ciudad de Tnez, en el emplazamiento de un pequeo poblado, a la que convirti en base naval, construyendo la mezquita Zaytnah, un palacio, y cuarteles para los soldados 7. A I:fassan Ibn al-Nu'man sucedi Msa Ibn Nu~ayr (Muza), aproximadamente en 707. Cuando el nuevo gobernador lleg a Qayrawan, encontr que el pas necesitaba estabilidad, y comenz a procurrsela con firmeza y determinacin. Envi misioneros a varias regiones a pacificar a los berberes, y deleg en sus dos hijos el mando de las tropas en los lugares conflictivos. En 708 tom Tnger, y nombr para gobernarlo a Tariq, su lugarteniente y futuro conquistador de Espaa. Msa rigi los territorios conquistados con mano frrea desde Qayrawan, reinando por vez primera un poco de tranquilidad. Ya eran dueos los rabes de todo el norte de frica desde Egipto al Atlntico, y esta posicin les permiti controlar toda la parte sur y este de la cuenca del Mediterrneo, y les ofreci la posibilidad de vencer a la marina bizantina, hasta entonces duea de los mares. Quizs fue con el fm de rodear completamente a esta ltima por lo que la conquista de Espaa fue considerada seriamente, aunque tambin tena el atractivo de sus grandes riquezas, y, por lo tanto, de botn para un ejrcito que no poda conservarse fiel durante largos perodos de inactividad. stas son algunas de las razones que pudieron impeler a Msa Ibn Nu~ayr a emprender la conquista de Espaa. La historia de la con~uista de la Pennsula est deformada por relatos legendarios. Se dice que Julin , que pudo haber sido un mercader o un antiguo gobernador de Ceuta bajo los bizantinos o los visigodos, alent la conquista como venganza contra Rodrigo, entonces rey de Espaa, que haba deshonrado a su hija Florinda. Pero una mirada a la pennsula a comienzos del siglo VIll puede sugerir una razn ms plausible: en primer lugar, Espaa estaba muy cerca de frica, y los conquistadores rabes o sus sbditos berberes deban conocer la fertilidad
6 Ibn Jaldn, vol. 4, pg. 401; Ibn al-Abbr, vol. 2, pgs. 331 y sigs.
7

Ibn Jaldn, vol. 4, pg. 401.

8 Los autores rabes de la Edad Media concedan amplio espacio al importante papel de Julin. Vase Ibn al-Qtiyah, IftitlilJ, pg 33 Y sigs. Ajblir machm'ah, pg. 4 Y sigs., menciona que la conquista fue empujada definitivamente por Julin, quien se haba sometido a la autoridad de Ms Ibn Nu~ayr. Ibn 'Abd al-l;Iakam, FutlJMi:tr wa-l-Magrib wa-l-Andalus, ed. Ch. Torrey, New Haven, 1922, pgs. 90 y siguientes: Ibn 'IdhrI, Baylin, vol. 2, pgs. 4 y sigs. Cf. Mu'nis, Fachr, pgs. 52 y sigs. Adems de la figura de Julin, hay la leyenda de la casa encantada. Al-Maqqa, NajlJ al-rib, vol. 1, pgs. 227-232, cuenta una larga historia en que la llama bayt al-lJikmah (Casa de la Sabidura), supuestamente construida por un rey griego como zona prohibida para impedir la entrada de los berberes. Pero para ello tena que mantenerse cerrada, y Rodrigo, haciendo caso omiso de las advertencias de sus consejeros, la abri. 18

y belleza del pas, y la posibilidad de conseguir un hermoso botn; y adems, estaba pasando por serias crisis socioeconmicas, cosa que tambin debieron saber los rabes a travs de su eficaz sistema de espionaje. Tambin pudieron haber sido alentados por los partidarios de gila, destronado por Rodrigo, y por los des-' contentos judos de cuya persecucin se ha hablado. La conquista de Espaa por los rabes fue una rpida victoria, hecho que justifica la suposicin de que existi un cuidadoso plan previo a la empresa, y que Julin de Ceuta, y otros desde la Pennsula, pudieron haber contribuido a su xito en gran parte. En 710, Msii Ibn Nu~ayr mand al oficial Taf como cabeza de un grupo de reconocimiento de 100 hombres de a caballo y 400 de infantera a una misin de exploracin 9. Taf ocup con gran xito el saliente sur de la Pennsula, donde la ciudad de Tarifa lleva su nombre, y regres con un cuantioso botn. Las noticias de esta empresa inicial pueden haber alentado a Msii Ibn Nu~ayr a dejar que su lugarteniente Tiiriq prosiguiese la conquista, y ste, saliendo de Tnger en 711 a la cabeza de un ejrcito de 9.000 berberes, cruz el estrecho y desembarc con facilidad en una fortaleza a la que se dio su nombre (Chabal Tiiriq, es decir, Gibraltar). En el momento de pisar tierra, Tiiriq iba decidido a triunfar o a morir, segn su plegaria, que lleg a ser famosa en la literatura rabe. Se dice que quem las naves que le haba suministrado Julin, y se dirigi a sus seguidores diciendo que no haba escapatoria ms que en el triunfo: Dnde podis huir? El enemigo se halla ante vosotros y el mar est detrs. Tiiriq convirti a Gibraltar en base de operaciones, y desde all se dirigi al norte. Cuando le notificaron la invasin, Rodrigo se puso en marcha contra el intruso a la cabeza de un ejrcito que se dice contaba con de cuarenta a cien mil hombres 1, encontrndose con el de Tiiriq en el ro Barbate (wdi lakkah), y enzarzndose en una batalla que dur siete das, y en la cual, el ejrcito de Rodrigo sufri enormes prdidas, probablemente a causa de deserciones entre sus hombres. No se sabe lo que fue de Rodrigo tras esta aplastante derrota: o bien se ahog, o bien huy, pero, de todas formas, Tiiriq no tard en continuar su marcha hacia el norte. Conquist varias ciudades de camino hacia la capital, Toledo, y al mismo tiempo, mand contingentes contra Mlaga, Elvira, Murcia (Tudmir) y Crdoba. Desde Jan lleg a Toledo sin mucha oposicin, y encontr la ciudad desierta a excepcin de los judos, obteniendo un enorme botn consistente en oro, plata, piedras preciosas, vestiduras, coronas, caballos, y otros muchos trofeos, como las tablas de Salomn, al parecer hechas de oro y plata macizos y profusamente adornadas de piedras preciosas 11. Verdicas o no, estas cosas debieron cautivar la imaginacin del conquistador, e inducirle a avanzar hacia Castilla, Len y Asturias. Con su escaso ejrcito, Tiiriq se esparci muy dbilmente por la Pennsula, pero, al ir avanzando hacia el norte, fue delegando la administracin de los territorios conquistados en los nativos, especialmente los judos, que quedaban bajo el control del conquistador. El xito de Tiiriq fue tal que impuls a su jefe, Msii Ibn Nu~ayr, a acudir en su ayuda y, al mismo tiempo, compartir la gloria de la
9 Ajbar machm.ah, pg. 6; lbn 'Idha, Bayan, vol. 2, pgs. 4 y sigs. 10 Ibn Jaldn, 'Ibar, vol. 4, pg. 254, calcula el ejrcito visigodo en 40.000 hombres; Ajbar machm'ah, pgs. 7-8, en 100.000, y el de Tiiriq en 12.000. . 11 Ajbar machm:ah, pgs. 14 y sigs.; Ibn 'Idhari, Bayan, vol. 2, pg. 19, describe la Tabla de Salomn como compuesta de tres crculos, uno de perlas, otro de zafiros y el tercero de crislito. Tambin menciona las piedras preciosas de Alejandro Magno, los bellsimos ropajes de los reyes godos y los bculos de Salomn y Moiss. Vase al-Maqqa, Na{b al-tib, vol. 1, pgs. 254 y sigs., que da tambin una extensa descripcin de la Tabla y de otros trofeos. Tambin P. de Gayangos, que tradujo extractos de la obra de al-Maqqa con el ttulo de The History o{ the Mohammedan Dynasties in Spain, Londres, 1840, vol. 1, pgs. 282 y sigs. r 19

conquista. Msa, que dicen estaba enojado y celoso de los notables xitos de su lugarteniente, reuni bajo su mando unos 18.000 hombres, rabes en su mayora, y desembarc en la Pennsula en 712, siguiendo una ruta diferente a la de Tariq, y marchando a Algeciras con guas suministrados por Julin. De all se dirigi a Sevilla, y la tom despus de haber conquistado Sidonia, Carmona 12, Huelva y Beja, y, siguiendo el ro Guadiana tom Mrida y otras ciudades con relativa facilidad, uniendo sus fuerzas a las de Tariq bien cerca de, o en el mismo Toledo. El relato de los azotes dados por Msii a su lugarteniente no puede ser tomado en serio, ya que los dos parecen haber con;binado sus fuerzas, dirigindose a Salamanca, Alba de Tormes, y otros puntos. Tras el invierno de 713, alcanzaron Zaragoza, Lrida, Barcelona y Narbona, llegando ms all de los Pirineos hasta Avignon y Lyon en el Rdan013, donde, al encontrar fuerte oposicin, el ejrcito rabe retrocedi y volvi al extremo noroeste de la pennsula, conquistando Len y Galicia, y obligando a sus ltimos adversarios, bajo el mando de Pelayo, a refugiarse en Asturias. Msa haba esperado poder llegar a Damasco va Europa, a travs de Constantinopla y Asia menor, proyecto que caus consternacin en Damasco, e hizo que el califa al-Walid le mandase llamar14, al considerar, probablemente, que la invasin haba llegado demasiado lejos, y sobrepasado su autorizacin. Msa dio largas durante algn tiempo y prosigui la conquista hasta que consider seguro el territorio conquistado, volviendo a Damasco con Tariq en 714, mientras su hijo 'Abd al-'Aiiz se qued en Sevilla a cargo de los asuntos de la pennsula. Llev consigo un enorme squito de rabes y cautivos visigodos, ricos presentes de oro, plata y perlas, esclavos y dems botn, y, al llegar a Africa, asign a uno de sus hijos el gobierno de Tnger, y a otro el de Ifqiyah, siguiendo lentamente y con gran pompa a la cabeza de su caravana a travs del norte de frica, Egipto y Palestina, mientras el califa al-WalId (705-715) se hallaba muy enfermo. Poco despus de la llegada de Msa a Damasco muri al-WalId, y el nuevo califa, Sulayrnan, tratle framente, acabando por caer en desgracia junto con su lugarteniente. As terminaron las carreras de dos competentes caudillos militares que dieron una nueva e importante dimensin al estado islmico.rel nuevo territorio, llamado al-Andalus a partir de entonces, se convirti en provincia del enorme imperio regido por la familia Omeyg; una rama de la tribu Quraysh, a la que perteneci Mahoma. Haba empezado un nuevo captulo de la historia de Espaa, y la conquista marc un punto de partida para la vida y el pensamiento del pas. Dos sociedades con diferentes caracteres' tnicos, lingstico s, religiosos y culturales se unieron y lograron forjar con xito una nueva civilizacin. Parece ser que la poblacin conquistada acept a los intrusos con poca o ninguna resistencia, y que su situacin mejor. en comparacin con la dominacin visigoda. Al mismo tiempo que se avenan a las nuevas circunstancias, los conquistadores tenan que hacer considerables esfuerzos por adaptarse a su nuevo ambiente. La primera crisis surgi al partir Tariq y Msa, que no haban tenido tiempo de consolidar su conquista. Este ltimo haba delegado el poder en su hijo 'Abd al-'Aiiz Ibn Msa (714-716), gobernante capaz que hizo de Sevilla su
12 Sobre la conquista de Msa, vase Ajbiir machm'ah, pgs. 15 y sigs.; Ibn al-Qfiyah, ljiitiiJ:, pg. 35. Invariablemente, todas las fuentes rabes coinciden en que Msa castig fuertemente a Tariq, pero que en seguida se reconciliaron y marcharon juntos sobre el norte. Sin embargo, al volver a Damasco, Tariq aparenta haberse apropiado de la gloria de Msa a los ojos del califa al presentarle la Tabla de Salomn como botn suyo. Vase Ajbiir machmu'ah, pgs. 19 y 29 Y sigs. 13 Gayangos, History of the Mohammedan Dynaslies, vol. 1, pg. 288; Ibn Jaldn, 'Ibar, vol. 4, pg. 255. 14 Ajbiir machm'ah, pg. 19; IIbn Jaldn, 'Ibal, vol. 4, pg. 255. 20

c~it~t~_,-.!I!1Puls ~ conquista haci~_..~L~~te,Q.este _L~:ur du~pennsula, _~.Ens~u poder. en puntos como PortugaLMlaga Granada, Orihuela, Gerona y Barcdona~. Al mIsmo' tIempo -organiz el pas, implant Oas "'dmistia. tiYSYfinancieras, borr las diferencias entre los grupos contrincantes de las trib_u~ rabes y berberes, tendiendo un puente sobre la divisin que los separaba, rt<r-" ment el matrimonio entre conquistadores y nativas cristianas. Aunque su poltica con la poblacin conquistada tuvo xito, hall enormes dificultades entre sus compatriotas rabes, que le acusaron de indebida parcialidad a favor de sus sbditos cristianos. La raz de sus dificultades parece ser su matrimonio con Egilona, viuda o hija de Rodrigo, la cual se dice que insisti en que llevase una corona y actuase como los reyes cristianos. Esto cre tensiones en sus relaciones con miembros importantes de su ejrcito, y coincidi con la noticia de la cada en desgracia de su padre ante el califa, siendo ejecutado con el pretexto de que se estaba separando del califato 17.
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~os sucesores de 'Abd al-'Azlz Ibn Msa (716-756)

Ihallaba

Cuando muri 'Abd al-'Aiiz Ibn Msa, el gobierno central de Damasco se en crisis, y la dinasta omeya se enfrentaba con serios problemas socio\J?.olticos y caa en rpido dec1iv~ En tales circunstancias, Espaa estaba demasIado lejos del centro del impeno para que le fuese prestada mucha atencin, y fue abandonada a merced de los invasores que luchaban entre s por la supremaca. Esta situacin dur de 716 a 756, provocando confusiones, partidismos, y guerras sangrientas peridicas. Durante este perodo el pas tuvo veintin gobernadores, de los cuales nueve fueron nombrados por los soldados (solamente entre 725 y 730, stos eligi~ron seis), y los restantes por el califa de Damasco o el gobernador del norte de Africa en Qayrawan.0dems de los problemas internos, los musulmanes se hallaban lejos de encontrarse seguros en el norte, donde, hacia 721, Pelayo los haba vencido en Covadonga, y sufrieron an ms reveses en Tolosa en 721 y cerca de Tours en 73D Tras el asesinato de 'Abd al-'Aiiz Ibn Msa en 716, al-Andalus se qued sin gobernador, y el ejrcito nombr a Ayyb Ibn I:Iabib, sobrino de Msa 18; que fue reemplazado a los pocos meses por un funcionario nombrado por el gobernador del norte de frica. La principal actuacin de Ayyb fue el trasladar la capital de Sevilla a Crdoba, que, al encontrarse en el centro de al-Andalus, tena ms importancia estratgica. Al norte de Toledo fund una fortaleza que llev su nombre (Calatayud). Su sucesor, al-I:Iurr, se encontr con el pas desgarrado por las luchas tribales entre rabes y berberes, y fracas en su intento de conseguir una completa pacificacin, siendo reemplazado por al-Saml). Ibn Malik (m. 721), que fue nombrado por el califa 'Umar (717-720). AI-Saml). result ser un buen ad1> Ibn Jaldn, 'Ibar, vol. 4, pg, capital (fa+tajazalz dr al-imralz). 16 E. Saavedra, Estudio sobre la Faclzr, pg. 117; Y Salim, Trij, pg.
17

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255, dice que Msa dej a su hijo en Crdoba, de la cual hizo su Cfr. Ajbr maclzm'itlz, pg. 19. invasin de los rabes en Espaa, Madrid, 1882, pg. 127; Mu'nis, 110.

AI-Marrakuslll, Mu'clzib, pg. 35, dice que 'Abd al-'Aziz fue muerto por orden del califa y que

su cabeza ue enviada a Damasco al caIfa SuIayman. Ibn al-Qt'iyali, Iftitn, pg. 37, tambin menciona este envo de cabeza; adems, menciona el matrimonio de 'Abd al-'Aziz con una mujer goda. Ajbr machm'ah, pg. 20, se refiere a este matrimonio con una cristiana como causa de su muerte. Cfr. Ibn 'Idha, Bayn, vol. 2, pg. 24. F. J. Gimonet, Historia de los mozrabes de Espaa, Madrid, 1897-1903, pg. 147, se inclina a pensar que 'Abd al-'Aziz intent una secesin. 18 Sobre los varios gobernadores, vase Ibn 'Idhari, Bayn, vol. 2, pgs. 23 y sigs.; Ajbiir machm'ah, pgs. 22 y sigs.; Ibn al-Qtiyah, Iftith, pgs. 38 y sigs., y Lvi-Proven~al, Histoire, vol. 1, pgs. 34 y sigs. 21

ministrador, construy el canal de Crdoba y llev a cabo incursiones en el norte que llegaron hasta Narbona y Tolosa en Francia. El ejrcito nombr un sucesor que dur hasta la llegada de 'Anbasah (722-725), designado por el gobernador de Ifqiyah, y que fue un hbil general y buen administrador que se enfrent con xito a los problemas de organizacin, pacificacin y continuacin de incursiones en el sur de Francia. Su muerte sbita en 725 dej un vaco en al-Andalus durante los cinco aos siguientes, a lo largo de los cuales hubo seis gobernadores, pero con pobres resultados. Entre los sucesivos emires, uno de los ms importantes fue 'Abd al-Ral)man Ibn 'Abd Allah al-Gafiqi (730-732), el cual tuvo que acabar con las luchas tribales antes de poder emprender una expedicin contra el norte, para la cual reuni un ejrcito de ochenta mil hombres y entr en Francia, donde fue recibido por las tropas de Carlos Martel entre Tours y Poitiers, donde tuvo lugar un choque
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inicial que dur casi una semana. AI-Gafiqi muri en el campo de batalla y, ante
la importante prdida de su caudillo, el ejrcito rabe huy durante la noche. Es la famosa batalla llamada de Tours o de Poitiers, en 732, enfrentamiento carente de acontecimientos, y considerado a menudo como una de las ms importantes batallas del mundo 19. Los historiadores musulmanes, normalmente aficionados al detalle, apenas la mencionan, ya que la retirada rabe de Tours no fue la primera de su gnero. Los rabes parecen haberse dado cuenta de que la incursin en Francia no era lo suficientemente provechosa debido al terreno, al clima, a la gran distancia del abastecimiento, y, principalmente, a la inseguridad de la situacin en la pennsula, que requera la presencia constante del gobernador. Adems, ni estaban preparados ni podan emprender una campaa prolongada, y, de hecho, la lucha de guerrillas (gazw) prevaleci a lo largo de la ocupacin musulmana de Espaa desde 711 a 1492. Desde el comienzo hasta el final, nunca tuvo estabilidad el pas, siendo escena de ofensivas y contraofensivas sin fm ni paz duradera. Sin duda, los rabes contaron con la ventaja inicial y los medios de imponer una paz permanente, pero sus problemas internos -rabes contra rabes, berberes contra rabes, y las sublevaciones que surgan constantemente-- fueron el mayor obstculo para la firme consolidacin y tranquilidad del pas, lo que, por supuesto, contribuy al xito final de la Reconquista, que empez con Alfonso I, rey de Asturias (739-756), y continu bajo sus sucesores, los cuales fundaron varios reinos en el norte de Espaa. Con la muerte de al-Gafiqi, al-Andalus perdi un gran general y administrador en uno de los perodos ms crticos de su historia. Su sucesor no pudo controlar el malestar general y pronto fue reemplazado por 'Uqbah Ibn al-Hachchach (734-739), eficiente soldado y administrador que dio un poco de estabilidad al pas y mantuvo a raya a los carolingios en el sur de Francia. Sin embargo, su ca" rrera acab bruscamente cuando 'Abd al-Malik Ibn Qatan instig una sublevacin contra l; pero ste se encontr con numerosos problemas, el ms grave de los cuales fue la rebelin berber que comenz en el norte de frica y tuvo importantes repercusiones en al-Andalus2. Los berberes se haban considerado siempre objeto de discriminacin por parte de los rabes, y se sublevaron abiertamente, inspirados por la ideologia puritana y democrtica de la secta islmica Jawarich, que sostena que cualquier musulmn autntico -ya fuese negro o berberno solamente tena los mismos derechos sino que tambin poda ser elegido para ocupar el ms alto cargo de la comunidad islmica.
19 Edward Creasy, The Fifteen Decisive Battles 01 the World, Nueva York, 1918, pgs. 159 y sigs. 20 Ajbiir machm'ah, pgs. 37 y sigs.; Lvi-Proven<;a1, Histoire, vol. 1, pgs. 34 y sigs. 22

Los ~rberes tomaron Tnger en 740 y, como respuesta, el gobernador del norte de Africa orden a su lugarteniente en al-Andalus que hiciera frente a la crisis. Fracasaron dos intentos de lbu Qatan de dominar a los rebeldes, y la situacin se deterior an ms debido a otra sublevacin berber en el norte de alAndalus, lo cual alarm al gobierno de Damasco, que envi unos treinta mil soldados que sufrieron una gran derrota en Marruecos en 741. Finalmente, sofoc la rebelin otra expedicin guerrera encabezada por el gobernador de Ifqiyah. Sin duda, estos acontecimientos contribuyeron a crear un nuevo problema en al-Andalus. Los soldados vencidos de Damasco fueron cercados en Ceuta, junto con su orgulloso general Balch Ibn Bishr. Estos soldados, que sumaban unos siete mil, eran originarios de diversos lugares de Siria (Damasco, Emesa, Quinnasrin), Paslestina, Jordania, y algunos de Egipto, y como su estado lleg a ser insostenible en Ceuta, Balch pidi, y le fue permitida, la entrada en al-Andalus. Ibn Qatan haba esperado que los recin llegados le ayudasen a sofocar la rebelin berber que estaba amenazando a la misma Crdoba, y que, a continuacin, abandonasen al-Andalus para volver a su pas. Los soldados de Balch infligieron una rpida derrota a los berberes, pero pronto se vieron implicados en las maquinaciones del gobernador, el cual, tras haberles prometido un seguro retorno al norte de frica, quiso mandarlos de vuelta a Ceuta. Entonces, quizs desesperados, sitiaron Crdoba en 714, derrocaron al gobernador, e instalaron a Balch en su lugar. Balch favoreca abiertamente a sus soldados, que eran en su mayora Qaises o rabes del norte, y esto provoc la indignacin de los partidarios del depuesto gobernador, que eran principalmente Yemenes o rabes del sur, siendo causa de rencor entre las dos facciones opuestas, y provocando incalculables matanzas y sufrimientos. En 743, Ab-l-Jattar fue enviado como gobernador a al-Andalus, con la principal misin de pacificar el pas; y, con el fin de acabar con el peligro del ejrcito de Balch, lo distribuy entre varias regiones: Elvira, Sevilla, Sidonia, Algeciras, Jan, Beja y Murcia. Tambin sofoc varias rebeliones, perO"fracas en su intento de asegurar una paz duradera, y, al agudizarse el antagonismo entre rabes del norte y del sur, no pudo evitar aliarse a estos ltimos. Su enfrentamiento con al-$umayl, un orgulloso rabe del norte y capaz soldado, fue origen de nuevas hostilidades. Con el fm de evitar ms derramamientos de sangre, los dos grupos enemigos decidieron alternar su gobierno anualmente, y en 747, acordaron que gobernase durante un ao Ysuf al-Fih, al cual sucedera uno del sur. Este convenio pudo haber funcionado bien si Ysuf lo hubiese respetado, en lugar de lo cual empez a purgar al gobierno de elementos del sur, acto que precipit una guerra dura y sangrienta, seguida de secesiones por doquier, situacin que dur casi una dcada, durante la cual los seguidores de Pelayo en Asturias y los carolingios en Francia, reconquistaron una gran porcin de territorio. AI-Andalus se hallaba ahora dividido internamente y amenazado desde el norte. As, el 740 presagi nefastos acontecimientos para la dominacin rabe de al-Andalus y el final se habra precipitado si no hubiera sido por la llegada de 'Abd al-Ral;lmiin 1, un refugiado que consigui establecer una dinasta bajo la cual al-Andalus conoci pocas de gloria y gran esplendor. El emirato Omeya independiente (756-929) 'Abd al-RaI;lmiin I (756-788) Hishiim I (788-796) 23

al-I:Jakam 1 (796-822) MuJ;1ammad 1 (852-886) al-Mundhir (886-888) 'Abd Allah (888-912) Mul).ammad 'Abd al-Ral).man III (912-929) La situacin en Espaa se estaba deteriorando al mismo tiempo que el gobierno central de Damasco sufra una grave crisis; y, ya en 720, todo indicaba que los Omeya iban a enfrentarse con serios y complicados problemas: tensin social, dificultades econmicas, el problema de la sucesin al trono, y guerras indecisas contra Bizancio. Aunque todo esto saltaba a la vista, tambin algunas organizaciones secretas se preparaban a derribar al rgimen, y, unindose en tomo a los descendientes hachemitas de la familia del Profeta, dieron comienzo a una sublevacin en 749, la cual finaliz con su victoria. En 750, un nuevo califa, de la familia 'abbasl, fue entronizado en Kiifah, y el ltimo de los califas Omeya, Marwan II, fue capturado y muerto. El nuevo rgimen 'abbasl estaba dispuesto a eliminar cualquier peligro que pudiese provenir de la vencida familia Omeya, y asesin a todos sus miembros durante un banquete cuidadosamente preparado. Slo' Abd al-Ral).man 21, que tena casi veinte aos, escap con su fiel servidor Badr, y err de incgnito a travs de Palestina, Egipto y el norte de frica, sin ms recursos que su sagacidad y un gran instinto natural de conservacin. El gobernador del norte de frica era entonces 'Abd al-Ral).man Ibn I:Jablb al-Fihri, -elcual deneg su hospitalidad al prncipe errante, e incluso lleg a atentar contra su vida. Ante la imposibilidad de conseguir promesas de ayuda en el norte de frica, 'Abd al-Ral).man fij5>su mirada esperanzadamente en al-Andalus, por entonces desgarrado por la guerracrvl, enVIando a Badr a una mislon exptoratoria en 754, de la cual ste regres con buenas noticias. Los recin vencidos yemenes, llenos de resentimientos contra sus enemigos qayses, le br!!1Q.aron su apQYo, enviaron una nave con veinte hombres para trasladar aT prncipe. El grupo desembarc en suelo espaol en 755, en un pueblo cerca de Elvira, y 'Abd al-Ral).man procedi a establecer contacto con varios jefes que le proporcionaron provisiones y hombres, aumentando considerablemente el nmero de sus aliados. Los yemenes en particular vieron en 'Abd al-Ral).man una oportunidad de vengar su humillante derrota a manos de los qaises, y otros aliados vieron en su caudillaje una ptima oportunidad de establecer la pai y la seguridad. Yiisuf al-Fihri, gobernador de al-Andalus, se encontraba entonces, junto con su general al-Sumayl, persiguiendo a sus enemigos en el norte, y recibi la noticia de la llegada del prncipe omeya con gran recelo, volviendo precipitadamente a Crdoba; pero, como estaba siendo abandonado por una gran parte de su ejrcito, pens que un choque militar sera arriesgado, y decidi neutralizar al recin llegado ofrecindole su hija en matrimonio, un dominio, dinero, y un salvoconducto para vivir en paz. La delegacin de Yiisuf se present ante 'Abd al-Ral).man en un lugar cerca de Loja, y, tras un acalorado debate entre sus seguidores, este ltimo rechaz enrgicamente la
21 Sobre 'Abd al-Rabman I vase Ibn al-Qtiyah, IftitaJ}, pgs. 45 y sigs.; Ajbar machm'ah, pginas 46 y sigs. y 67y sigs.; Ibn 'Idhari, Bayan, vol. 2, pgs. 40 y sigs; Ibn al-Abbar, lfullah, vol. 1, pginas 35 y sigs.; al-Mmakushi, Mu'chi, pgs. 40 y sigs.; Ibn al Jatib, A'/am, pgs. 7 y sigs.; Ibn Jaldn, 'lar, vol. 4, pgs. 262 y sigs.; al-Maqqari, Nafb al-(i, vol. 4, pgs. 26 y sigs.; Mu'nis, Fachr, pgs. 658 y siguientes; Salim, Tarj, pgs. 183 y sigs.; P. K. Hitti, The Makers of Arab History, Nueva York, 1968, pgs. 59-75; Lvi-Provem;al, Histoire, vol. 1, pgs. 91 y sigs.; Thomas Irving, Fa/con of Spain, Lahore, 1954.

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oferta y comenz a incrementar su ejrcito. Al ncleo de cerca de trescientos jinetes omeya se unieron otros muchos de los distritos vecinos, y el ejrcito, sumando ya casi tres mil jinetes, se dirigi al norte hacia la capital, Crdoba. 'Abd al-Ral).man reuni ms y ms seguidores en su marcha hacia el norte, y le fue rendida pleitesa como emir, ttulo que an debera ganar en el campo de batalla. Pas por Archidona, Sidonia y lleg a Sevilla en 756, desde donde se dirigi a Crdoba, sin tener an bandera propia. Un entusiasta seguidor iz un turbante verde en la punta de una lanza, y esto le sirvi de emblema durante cierto tiempo. Ocup Crdoba en 756, y, con veintisis aos, se convirti en emir y fundador de la dinasta Omeya que gobernara al-Andalus hasta 1031. La conquista de Crdoba no signific el final de la lucha, ya que 'Abd alRal).man se encontr con una gran cantidad de graves problemas. Sus partidarios yemenes entraron en la ciudad con nimo de venganza y se dedicaron al robo y al pillaje, vindose obligado a controlarlos, mostrando as su magnanimidad y moderacin, dos cualidades que no se valoraban entonces, y a causa de las cuales arriesg su trono. Los soldados estaban descontentos hasta el punto de querer sublevarse, al pensar que haban sido privados de su justa recompensa. Por otra parte, Ysuf al-Fih y su astuto general al-Sumayl seguan luchando. ,El primero huy a Toledo, y el segundo se dirigi a Jan a reunir un ejrcito y continuar la guerra, permaneciendo en Elvira con el objeto de animar a 'Abd alRal).man a perseguirle, para que as el hijo de Ysuf pudiese entrar en Crdoba y ocupar el palacio del gobierno -estratagema que probablemente habra tenido xito si aqul hubiese podido mantener la ciudadl en su poder. Ysuf ofreci reconocer a 'Abd al-Ral).man como emir a cambio de que se le otorgase un salvoconducto y se le permitiese conservar sus propiedades y riquezas, proposicin que fue aceptada en 757, con la condicin de que Ysuf dejase a sus dos hijos como rehenes, invitndoles a residir en Crdoba, donde permanecieron bajo vigilancia. En el 139 de la Hgira / 757 de la era cristiana, 'Abd al-Ral).man maldijo el estandarte negro de los 'abbasles y prohibi que se mencionase el nombre del califa 'abbasi al-Man~r en la oracin del viernes 22. Su poltica de moderacin y magnanimidad le vali el respeto y la admiracin de amigos y enemigos, pero an quedaban algunos resentidos que pidieron a Ysuf al-Fihrl que se le enfrentase de nuevo, y aqul huy primero a Mrida y despus a Alicante, rodendose de seguidores berberes y yemenes. Tras fracasar en su intento de tomar Crdoba, se vio obligado a huir a Toledo, donde esperaba encontrar refugio; pero, en el 142 de la Hgira / 760 d. J. c., antes de que pudiese alcanzar la ciudad, fue capturado y muerto por un leal vasallo de 'Abd al-Ral).man, al cual le enviaron la cabeza, que expuso a la vista del pblico. Al mismo tiempo se deshizo de los hijos de al-Sumayl y Ysuf. Ya pudo dedicarse 'Abd al-Ral).man a pacificar el pas y a rechazar a los enemigos cristianos hacia el norte. En 161, tuvo que sofocar una rebelin en Toledo, instigada por un qays, y otra en Beja en 763, instigada esta vez por al-'Ala' Ibn Mugith, un agente que enarbol la bandera 'abbasi 'Abd al-Ral).man, consternado por esta accin, march contra el intruso, que se haba retirado a Carmona, y, tras una tenaz resistencia, pudo vencerlo, cort su cabeza, la envolvi en el es~andarte negro 'abbasl, y la envi en un cofre a La Meca, donde el califa al-Man~r Se hallaba en peregrinacin. Al verla se dice que el califa exclam: j Gracias a Dios por colocar el mar entre nosotros y este demoni023!
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"Ibn'Idhii, Bayan, vol. 2, pg. 48. Ibn al-Abbiir, lfullah, vol. 1, pgs. 35 y sigs., dice que 'Abd

al-Ral;1miincontinu algn tiempo mencionando el nombre del califa 'abbas en su plegaria del viernes. 23 Ibn 'Idhii, Bayan, vol. 2, pgs. 78 y 88-89; cfr. Siilim, Tarj, pgs. 198 y sigs. Cfr. Ibn al-Qpyah, Iftitah, pgs. 57 y sigs. 25

En 766, 'Abd al-RaI;1man sofoc asimismo un levantamiento encabezado por un yemen en Niebla, y otro en Sevilla instigado por su antiguo gobernador, que haba sido depuesto. En 769 hizo erupcin en Lusitania una insurreccin provocada por los' sm'es y, acto seguido, otras rebeliones se produjeron en Tudmir, Barcelona, Zaragoza y Algeciras. Al mismo tiempo que estas numerosas insurrecciones, 'Abd al-Ral:,1mantambin sufra presiones desde el norte. Tras los Pirineos, el rey carolingio Carlomagno haba forjado un poderoso imperio, y se dice que mantena relaciones diplomticas con la corte 'abbas'i de Bagdad. En 774, Sulayman el-A'arab'i y otros rebel~ des pidieron ayuda a Carlomagno para conquistar Crdoba y convertirse en sus leales sbditos. Carlomagno respondi a esta llamada y, en 778, march contra al-Andalus, ocupando Pamplona y dirigindose a Zaragoza, pero, aunque cerc la ciudad, tuvo que retirarse y emprender el retorno a su pas para solucionar apremiantes problemas. En el camino de vuelta, su ejrcito fue sorprendido en los desfiladeros de Roncesvalles, al noroeste de Pamplona, y sus tropas fueron diezmadas, perdiendo a muchos de sus jefes, incluido Roldn, que alcanz la fama gracias a la Chanson de Roland 24. 'Abd al-RaI:,1mandio muestras de gran habilidad y cualidades de estadista; y se puede decir que salv ~la Espaa musulma!!fl de la_Q.esintegracin)_paciflgmdo el pas y, en cierto mooo, consolidndolo. Nombr capaces y leales gobernadores para las provincias; y, bien-por lealtad a la tradicin musuimana, o con el rm de evitar complicaciones polticas, no asumi el ttulo de califa, sino que se conform co~A~ emir, r~y-,-omjo. Q~lc1!1ifa>.>. Embelleci la antiguaciudia de Crdoba con edificios y Jardines, para los cuales mand importar frutales y hortalizas de oriente. Su propio jardn, al-Ru~arah, fue una maravilla en su poca, y en l levant un palacio, llamado Palacio de Damasco o Palacio Ru~fah. Inici la construccin de la mezquita de Crdoba, que se convirti en modelo de futuras mezquitas. Se le considera justamente como uno de los grandes gobernantes musulmanes, adems de excelente poeta que compuso nostlgicos y sentidos versos rememorando a su nativa Siria. Pero no estuvo acertado en la eleccin de su sucesor, y algunas fuentes2S nos informan de que dio instrucciones a su hijo 'Abd Allah para que delegase el mando en el primero de sus otros dos hijos (Hisham, o el primognito Sulayman) que llegase antes a Crdoba. Hisham se encontraba a la sazn en Mrida, y Sulayman en Toledo; y, al tener noticia de la muerte de su padre, los dos se precipitaron a la capital. Hishiim I (789-796), que parece haber sido el ms competente, lleg antes, y le fue entregado el anillo del emirato como estaba previsto, jurndole lealtad nobles y plebeyos. Es probable que fuese el elegido, pero Sulayman no acat el deseo de su padre, y forz a los toledanos a jurarle fidelidad, reuniendo un ejrcito acto seguido, y dirigindose a la capital. Hishiim le sali al encuentro en Jan y le forz a refugiarse en Toledo, donde se declar independiente. Mientras tanto, las relaciones de Hishiim con su otro hermano, 'Abd Allah, se deterioraron hasta el extremo de que este ltimo abandon Crdoba y se uni a Sulayman en Toledo, en vista de lo cual, Hisham, que hasta entonces haba mostrado gran tolerancia, pens ponerse en marcha contra la ciudad a la cabeza de un gran ejrcito. Pero
24 hra detalles sobre la retirada de Carlomagno y la batalla de Roncesvalles, vase R. Menndez Pidal, La Chanson de Roland y el neotradicionalismo, Madrid, 1959; cfr. 'Inan, Dawlat al-lslm, vol. 1, pgs. 166 y sigs. . 2S Ibn 'Idha, Bayn, vol 2, pg. 61, cuenta este poco probable arreglo. Por otro lado, Ibn al-Abbar, lfulla/, vol. 1, pg. 43 e Ibn al-Jatib, A'lm, pg. 11, dicen que sucedi a su padre, e Ibn Jaldn, 'lar, vol. 4, pg. 270, dice que sucedi a 'Abd al-RaI;1man por nombramiento preVIO (wa kna qad 'ahada lahu bi-I-amri), que parece ms probable. 26

cuando Sulayman se dirigi contra Crdoba, dejando tras de s a 'Abd Allah, Hisham decidi permanecer en la capital y enviar a su hijo a luchar contra Sulayman, el cual no tard en huir a Mrida. Entonces, Hisham siti Toledo durante dos meses, y oblig a 'Abd Allah a volver con l a Crdoba, forzando luego a Sulayman a rendirse y abandonar al-Andalus, junto con el primero y sus familiares inmediatos 26.. La pugna por la sucesin dur casi un ao del reinado de Hisham, y, al mismo tiempo, tuvo que vencer a un rebelde en Zaragoza en 791. Tambin emprendi incursiones contra Bermudo I en lava, Castilla la Vieja y Galicia, seguidas de un ataque a Narbona, Oviedo, y otros puntos. Es probable que, bajo Hisham, el malikismo, escuela jurdica fundada por Malile Ibn Anas fuese ascendido al ran~"doctrina oficial en al-Andalus, desplazando a la escuela del jurista de Damasco al-Awza'l (m. 774). La doctrina malik fue introducida por espaoles que haban estudiado con el propio Malik Ibn Anas en Medina. Se atribuyen a Hsham amplios conocimientos de las tradiciones profticas y estudios cornicos, y, su inclinacin al ascetismo y a la piedad, le hizo caer bajo el influjo de los juristas. Continu la edificacin de la mezquita de Crdoba comenzada por su padre, y construy asimismo el gran puente, aun~ue fue acusado de usado principalmente para su deleite personal y para cazar2 . Hisham nombr sucesor a su hijo al-l:Iakam (796-822), dejando a un lado a otro hijo mayor, y aqul comenz a reinar con veintisis aos, teniendo que ganar el derecho al trono compitiendo con otros pretendientes y secesionistas en varios lugares de al-Andalus, incluidos sus dos tos, 'Abd Allah y Sulayman, que se hallaban exiliados en frica. Esta pugna dur casi cuatro aos, hasta que Sulayman fue muerto, y a 'Abd Allah se le concedi una amnista, dndosele el gobierno de Valencia. Las experiencias de al-l:Iakam con sus familiares influyeron en que prefiriese los consejos de sus gobernadores a los de la familia y los cortesanos 28. Fue austero, decidido y justo, y tambin consumado poeta al que se atribuyen varios poemas de amor (se vali de uno de ellos, cuentan, parar acabar con una sublevacin instigada por cinco de sus concubinas). Consciente de la tendencia a las revueltas en las provincias, introdujo un eficaz sistema de espionaje, manteniendo a las puertas del palacio mil caballos y espas permanentemente dispuestos a actuar contra cualquier intento de rebelin; y, en su ejrcito, emp,le unos cinco mil esclavos que no hablaban rabe, a los que se llamaba mudos 9. En 798, presagiando una sublevacin en Toledo, se anticip a ella ejecutando a cerca de cinco mil hombres 30. Excepto por sus dos tos, la situacin se mantuvo tranquila en la pennsula hasta 817, cuando estall en Crdoba la rebelin del arrabal (rabcujJ, probablemente instigada por juristas hostiles, a los que encoleriz an ms al limitar su hasta entonces importante papel en la corte; y, cuando trataron de minar su autoridad, crucific a setenta y dos hombres, algunos muy principales. Esto fue origen de gran resentimiento y tensin entre los alf~qy~ y el trono, y estall la guerra civil cuando uno de los soldados de la garom -del emir mat a un nio en 202/820. La ciudad reson con voces que pedan su derrocacin, y una mul16 Ibn al-Jatib, A'llim, pg. lI. Ibid., pg. 12, niega esto como una crtica injusta citando la historia de un viejo a quien le criticaron por ir montado en un burro con su hjo, porque lo montara su hjo y por montarlo l y porque no lo montara ni el uno ni el otro. En Ajbiir machm'ah, pgs. 120 y sigs., se describe a Hisham como hombre virtuoso y generoso. Cfr. Ibn al-Qtiyah, lftitlih, pgs. 65 y sigs. 18 Ibn 'Idha, Baylin, vol. 2, pg. 79; Ibn al-Jatib, A'/ijm, pg. 14. 19 Ajbiir machm'ah, pg. 130; Ibn Jaldn, 'Ibar, vol. 4, pg. 277. Se les llamaba jurs (mudos) probablemente porque hablaban mal el rabe. 30 Ibn al-Qtiyah, lftiti), pgs. 68 y sigs.; Ibn al-Jatib, A'/ijm, pg. 15.
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27

titud armada rode el palacio 31. Ante lo desesperado de la situacin, al-I:Iakam


orden a sus jinetes que prendiesen fuego a los edificios de los arrabales. La estratagema tuvo xito, y el gento se retir cuando vio sus hogares en llamas. La guardia de al-I:Iakam persigui a los rebeldes y mat a ms de diez mi132. Cerca de trescientos supervivientes fueron crucificados uno a uno; y, al da siguiente, al-I:Iakam orden la total destruccin del arrabal y la expulsin de sus habitantes al norte de Africa. Algunos de ellos marcharon a Marruecos, y otros, aproximadamente unos quince mi133, ocuparon Alejandra, pero pronto fueron expulsados por 'Abd Allah Ibn Tahir, asentndose en Creta, donde permanecieron ms de un siglo. Las relaciones de al-I:Iakam con los cristianos del norte siguieron una pauta de incursiones y contraincursiones. Sufri varios reveses: los francos se apoderaron de Barcelona en 801, y el ejrcito rabe fue gravemente derrotado en su ataque a lava y Castilla la Vieja. Sin embargo, en 808, al-I:Iakam contraatac con xito a Alfonso 11 (791-842) en Astucias y Galicia. Uno de los sucesos ms perjudiciales para su gobierno fue el hambre que asol al-Andalus en 199/831, y que trastorn la ya precaria economa del pas. Fue al-I:Iakam ms temido que amado, y, tras su muerte, la tensin reprimida hubiese probablemente estallado en todo al-Andalus, a no ser por la previsin y habilidad de su sucesor y primognito, 'Abd al-Ra1}.man11(822-852), que ascendi al trono con treinta aos. Tena vasta experiencia militar, era un buen administrador, y posea, por aadidura, una extensa educacin y gusto por la poesa y las cosas agradables; amplitud de miras que influy en su carcter y manera de pensar, contribuyendo a su moderacin y, en consecuencia, a la paz y la prosperidad. Gran constructor y estadista, ampli la mezquita de Crdoba y levant muchas otras, as como en Jan y Sevilla. Reorganiz el gobierno al modo 'abbasI, delegando algunas de sus obligaciones en sus visires, pero conservando siempre en sus manos el poder supremo. Acu moneda con su nombre, e hizo venir mercancas y hombres doctos de oriente; siendo, segn Ibn 'Idha: el primero en seguir las costumbres (sunan) de los califas en cuanto a festividades, formas y configuracin de los servicios gubernamentales (jidmqh). Dio gran majestad al califato, edific palacios a los que dot de agua, y construy una presa a la que dedic toda su pericia. Tambin levant mezquitas, se interes por el regado, y acu moneda en Crdoba 34. Su corte cont con una impresionante cantidad de poetas, alfaques, literatos, msicos y seguidores. Se dice que influyeron en l las siguientes personas: Ya1}.ya Ibn YaI}.ya (m. 849), jurista y fuerte defensor del malikismo; Ziryab, consumado cantor y poeta, que haba emigrado de Bagdad, y que lleg a ejercer una gran influencia en las modas cordobesas 35; Tafb, una concubina a la que colm de riquezas y para la que compuso bellas canciones 36 (lleg incluso a perdonada al descubrir que estaba conspirando contra l); y Na~r, el eunuco que cuidaba de su harn, confidente de Tamb.
31 Ibn al-Qfiyah, Iftital), pgs. 72 y sigs; Ibn al-Abbar, lfu/lah, vol. 1, pgs. 44 y sigs. Por otro lado, Ibn Jaldn, '[bar, vol. 4, pg. 274, lo coloca en el 190 a. H./8O6 d. C.

Ibn al-Jatib, A'tam, pg. 16. 33 Ibn al-Qfiyah, /ftita!), pg. 73; Ibn al-Abbar, lfullah, vol. 1, pg. 45. 34 Ibn 'IdharI, Bayan, vol. 2, pg. 91; cfr. Ibn al-Jafib, A'tam, pg. 20; Ajbiir machm'ah, pgs. 135 y siguientes, y Ibn al-Qfiyah, /ftital), pg. 83. 35 Ibn al-Qfiyah, [ftital), pgs. 89 y sigs. 36 Vase uno de los poemas dedicados a Tafb en Ibn al-Abbar, lfullah, pgs. 114-115. Sobre las maquinaciones de Tafb y el eunuco para envenenar a' Abd al-R~man y que le sucediera su hijo' AbdaUah, vase Ibn al-Qfiyah, [ftital), pgs. 96 y sigs.
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IV \O

La peninsula Ibrica en el siglo IX

Al principio, 'Abd al-Rabman se encontr con problemas idnticos a los de sus predecesores. 'Abd Allah, pretendiendo el trono, sin xito, por tercera vez, se rebel, pero muri en 823. Tambin hubo una sublevacin entre rabes yemenes y qayses, y otras en Mrida (833), Toledo (829) y Algeciras (850). Un inslito acontecimiento durante su reinado fue la aparicin de rudas gentes del norte, llamadas machs, que provenan seguramente de los pases escandinavos. En 844, llegaron a las costas este y oeste de al-Andalus, con una flota de sesenta o ms bajeles, desembarcaron en Lisboa y se dirigieron a Sevilla, Cdiz y Sidonia 37, saqueando y matando por donde pasaron, y encontrndose pronto frente al ejrcito de 'Abd al-Ral).man. Casi todas sus naves fueron destruidas, y murieron unos diecisis mil, pero esta amenaza indujo a 'Abd al-Ral).man a aumentar su flota, lo que result ser de gran utilidad al siglo siguiente, cuando al-Andalus sufri el peligro del creciente poder de los tatimes, una secta islmica que se arrogaba la legitimidad al pode~. Por otra parte, 'Abd al-Ral).man tuvo que emprender varias incursiones contra Alava, Castilla la Vieja, Galicia, Barcelona, Asturias y otros lugares, no slo para luchar con los cristianos, sino tambin con el muladi Msa Ibn Msa Ibn Qas de Tudela, que se haba sublevado ya varias veces (los muwalladn o mulades eran musulmanes de ascendencia hispana). Quizs fueron los Ban Qasi, queseaban convertido al Islam abiertamente, los que inspiraron y alentaron otras revueltas mulades tras la muerte de 'Abd al-Ral).man 11; y, aunque desaparecieron en 884, ocuparon su puesto los rabes tuchibes, que se convirtieron en seores de Zaragoza. En 851, otro levantamiento poco usual tuvo lugar entre algunos de los extremistas mozrabes de Crdoba, que fueron instigados por el clrigo Eulogio y su amigo lvaro a insultar al profeta Mahoma pblicamente, a sabiendas de que tal conducta estaba castigada con la muerte. Esperaban ganar el martirio con actos que equivalan a un suicidio, y muchos de ellos persistieron en su actitud. Flora, de padre musulmn y madre cristiana, ultraj a Mahoma y se hizo famosa por su desafio a las autoridades, que mostraron con ella una indulgencia poco corriente; pero, al perseverar tercamente en sus insultos, puso al juez en la situacin de tener que decretar su muerte en 851, junto a su exaltada amiga Mara. Ambas ganaron, no slo el deseado martirio, sino tambin la santidad 38. Otro alarde de religiosidad fue llevado a cabo por un hombre que se haca llamar profeta, y que abogaba por una vida de acuerdo con la naturaleza, prohibiendo por tanto cortarse el pelo y las uas. Fue crucificado al negarse a desistir de sus creencias 39. Aunque este tipo de aberracin pudo controlarse en su mayor parte, debi tener serias repercusiones ms tarde en las relaciones musulmanocristianas en general. Por otro lado, dos grandes epidemias de hambre, en 823 y 846, fueron seguidas de una asoladora inundacin en 850, y la combinacin de estos acontecimientos indudablemente desequilibr la economa y contribuy al malestar general que se manifest abiertamente tras la muerte de 'Abd al-Ral).man 11. Ciertamente, 'Abd al-Ral).man 11 fue la cabeza de un estado que gan ~l respeto y la admiracin de incluso la lejana Bizancio y los estados del norte de Africa, y, en 840, recibi una misin diplomtica de la primera, portando presentes y buscando la mutua cooperacin en contra de su comn enemigo, los 'abbasies. 'Abd
37 Ibn 'IdhiirI, Bayn, vol. 2, pgs. 87 y sigs.; Ibn al-Qfiyah, IftitIJ, pg. 88; Ibn al-Jafib, A'tam, pg. 20; al-'Udh, Nw~ 'an al-Andalus, ed. 'Abd al-'Aziz al-AhwiinI, Madrid, 1965, pgs. 98 y sigs. y 118 Y sigs.
38

Para ms detalles, vase Simonet,

Historia de los mozrabes,

pgs. 413 y sigs.; Dozy, Histoire,

vo-

lumen 1, pgs. 317 y sigs. 39 Ibn 'Idhii, Bayn, vol. 2, pg. 90. 30

al-Ra\1man devolvi la cortesa mandando una embajada encabezada por el experto y distinguido poeta Ya\1ya al-GazaI4O. Durante su vida, 'Abd al-Ralpnan mantuvo el pas bajo su control, pero la imposibilidad de consolidarlo se puso de manifiesto con sus sucesores inmediatos, que tuvieron que hacer frente a numerosas sublevaciones instigadas por gobernadores ambiciosos y aceleradas por tensiones sociales, especialmente entre los mulades. As, desde casi 852 hasta 920, al-Andalus fue camino de la desintegracin poltica, y sta se hubiese consumado a no ser por la decisin y dotes de estadista de 'Abd al-Rabman III (912-961). A 'Abd al-Ra\1man 11 le sucedi su hijo Mul}ammad en 852, el cual tenia entonces treinta aos, haba sido gobernador de la Marca sUI~erior,Y haba tomado parte en varias expediciones. El competente chambeln 'Isa Ibn Shuhayd hizo que le prestaran juramento de obediencia nobles y plebeyos; y, aunque hered un reino aparentemente estable y prspero, y sigui la poltica marcada por su padre, empezaron a aparecer puntos dbiles a raz de la muerte de 'Isa. La inquietud se apoder de la corte cuando el emir nombr chambeln al ambicioso y astuto Hashim Ibn 'Abd al-'Aziz, que influy en la poltica y concedi importantes puestos a inexpertos favoritos. Esto origin abusos, y, sin duda, intranquilidad en las masas, situacin agravada por las tensiones socio-religiosas. Toledo, foco de sublevaciones, depuso y encarcel al gobernador del emir, y busc aliarse abiertamente con Ordoo I, rey de Asturias, el cual envi un ejrcito en 854. Mul}ammad hizo frente al enemigo, venci y mat a ms de ocho mil sgldados, haciendo un montn con sus cabezas41, y consiguiendo despus llegar a Alava. Estas escaramuzas duraron hasta 858. La sublevacin tuvo gran repercusin al haber sido inspirada por clrigos cristianos y apoyada por mulades que pedan su emancipacin de los musulmanes y del dominio rabe. A pesar de los xitos iniciales de Mubammad, la tensin socio-religiosa continuaba sin ceder, y se acrecent a raz de la ejecucin, en 859, del clrigo Eulogio, que se convirti en mrtir para sus seguidores. Sublevaciones parecidas, originadas por cristianos y apoyadas por mulades, tuvieron lugar en Mrida en 868, Badajoz, las Marcas superior y media, y la regin sur de al-Andalus42. El emir Mubammad fue desbordado. Los normandos reaparecieron en escena en 240/855 y lograron algunos xitos al ocupar Algeciras, Tudmir,y otros puntos (859); y, acto seguido, comenzaron las hostilidades cristianas en el norte, y la secesin tcita del gobierno central de Musa Ibn Musa Ibn Qas'i, que se ali con sus vecinos cristianos, y, a su muerte (862), sus sucesores continuaron su apoyo a la causa mulad. Esta situacin se agrav an ms a causa de dos plagas de hambre, en 867 y 874 respectivamente43, todo lo cual parece haber contribuido a la aparicin de dos individuos que llegaron a ser las principales figuras de al-Andalus: Ibn Marwan al-Chilq'i e Ibn l:Iaf~un. .

40 Vase E. Lvi-Proven~al, Un change d'ambassades entre Courdoue et Byzance au IX. sic1e, Byzantion, 12 (1937), 1-24. Cfr. su Histoire, vol. 1, pgs. 249 y sigs. 41 Ibn al-Ja~ib, A'[am, pg. 21; cfr. Ajbr machm'ah, pgs 141 y sigs. 42 S()bre las diversas revueltas, vase Ibn al-Qt1yah, /ftita/;, pgs. 107 y sigs.; al-'Udh, Nw!i, pginas 25 y sigs., 101 y 112 Y sigs.; Ibn Jaldn, '/bar, vol. 4, pgs. 288 y sigs.; Ibn 'Idha, Hayan, volumen 2, pgs. 133 y sigs. Cfr. Lvi-Proven~al, Histoire, vol. 1, pgs. 279 y sigs. 43 Ibn 'Idha, Bayan, vol. 2, pgs. 100 y 102. Ibn al-Qt1yah, /ftita/;, pg. 106, dice que el 260 a. H. fue un ao en que no se cultiv ni un grano de trigo en aI-AndaIus. 31

Tiempos difciles Ibn Marwan al-Chilfiq'i perteneca a una familia mulad. Su padre fue gobernador de Mrida, y parece ser que goz del favor del gobierno central. En 868, aprovechando los disturbios del norte, Ibn al-Chilfiq'i se declar independiente con el apoyo de sus paisanos mulades y mozrabes. El gobierno central puso cerco a Mrida, logrando recapturar la ciudad y llevando a Ibn al-Chilllq'i a Crdoba, donde estuvo hasta 875, cuando parti muy enojado por la humillacin que le infligi el chambeln Ibn 'Abd al-'Aiiz, renovando su rebelin en la misma Mrida, hasta que el gobierno central envi contra l un ejrcito encabezado por el propio chambeln. Fue una memorable victoria para Ibn al-Chilliq'i, el cual venci al ejrcito del emir e hizo preso al odiado Ibn 'Abd al-'Az'iz, al cual envi con gran placer al rey Alfonso nI de Asturias (fue rescatado dos aos ms tarde tras el pago de cien mil dinares). Esta audacia fue de un gran efecto psicolgico para otros rebeldes, y muy humillante para el gobierno central, el cual pronto forz a Ibn al-Chilfiq'i a buscar refugio en la corte de Alfonso nI, de donde volvi en 884, logrando dominar Badajoz y un gran territorio hacia el sur. Muri en 889 y le sucedieron sus descendientes, que gobernaron el mismo territorio hasta 929. Ibn I:Iaf~n tambin era un mulad, de Ronda. que haba dado muerte a un hombre en su juventud y se dedic al bandidaje en la serrana. Al buscarle las autoridades, decidi huir al norte de frica, donde trabaj como aprendiz de sastre, volviendo a al-Andalus en 850, donde continu sus anteriores actividades, fijando su cuartel general en la casi inexpugnable fortaleza de Bobastro. En 883 se rindi ante un ejrcito al cual acab por unirse, desertando tras una ria con otro oficial; y, a su vuelta a Bobastro, extendi su pode; sobre gran cantidad de pueblos, manteniendo su independencia bajo cuatro emires, y siendo durante algn tiempo la figura principal de al-Andalus. Acceda a una tregua o a un acuerdo con el emir, para romperlos en cuanto la presin disminua. Al emir MuJ;1ammad, ciertamente le falt determinacin para dominar al rebelde, el cual continu constituyendo una importante amenaza para el gobierno central durante varias dcadas, e incluso el poderoso 'Abd al-Ral).man In tuvo que negociar con l. Ibn I:Iaf~n posea todas las cualidades de habilidad revolucionaria, astucia, sagacidad, perceptividad y valor. Dice Ibn 'Idhari: Cuando se sublevaba, encontraba apoyo y aceptacin en el pueblo debido al parecido y concordancia de sus opiniones. Las gentes le seguan. l se mezclaba con ellas y se las ganaba diciendo: "El sultn os ha tratado duramente durante largo tiempo, os ha privado de vuestras posesiones, e impuesto exigencias superiores a vuestras fuerzas. Los
rabes os han humillado de vuestra esclavitud"4

1. esclavizado.

Pero mi deseo es vengaros

y emanciparos

Muchos siguieron a Ibn I:Iaf~n atrados por la aventura y el botn, y otros simpatizaban con l a causa de las injusticias de MuJ;1ammad, ganndose el respeto de sus seguidores por sus rectas y severas decisiones. Impona justicia incluso a su propio hijo, y tena gran afecto a sus hombres, honrando a los ms valientes. Era respetuoso con las mujeres hasta el punto que cualquiera de ellas poda viajar de una ciudad a otra sin ser molestada 45.
44

Ibn 'Idha,

Baylm, vol. 2, pg. 114. Sobre el levantamiento

de Ibu l;Iaf~n's, vase Ibn al-Qtiyah,

/ftital}, pgs. 109 y sigs.; Ibn 'Idha, Bayan, vol. 2, pgs. 117 y sigs. y 131 Y sigs.; Ibu al-Jatib, A'lam, pgs. 31 y sigs.; Dozy, Histoire, vol. 1, pgs. 253 y sigs. 45 Ibn 'Idha, Bayan, vol. 2, pgs. 114-115. 32

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Al igual que otros mulades, Ibn I:Iaf~n explot el descontento de sus compatriotas musulmanes, y, adems, trat con agentes 'abbases a travs de los aglabes y otras dinastas norteafricanas 46. En 886, fue atacado por el hijo y heredero de MuJ;1arnmad,al-Mundhir, el cual, al morir su padre, tuvo que volver precipitadamente a Crdoba para hacerse cargo del trono. Esta pausa permiti a Ibn I:Iaf~n consolidar sus fuerzas y extender su poder a Beja, Cabra, Jan, y otras ciudades. AI-Mundhir (886-888), hbil militar, decidi acabar con el rebelde de una vez para siempre, y, con un gran ejrcito, consigui tomar algunas fortalezas. Numerosos cabecillas fueron capturados y crucificados -uno de ellos, 'Ayshn, con un cerdo a su derecha y un perro a su izquierda-, e Ibn I:Iaf~n, acorralado, pidi una tregua que al-Mundhir acept. Sin embargo, tras recibir mulas y provisiones como parte del trato, Ibn I:Iaf~n huy a Bobastro de noche, donde al-Mundhir le puso cerco durante cuarenta y tres das, levantndolo a raz de que ste cayera enfermo. Aunque en apariencia el gobierno central llevaba por fm la ventaja, muri al-Mundhir y el rebelde tuvo una nueva oportunidad. En estas circunstancias, el deterioro de la situacin en al-Andalus necesitaba de un hombre decidido y resuelto, pero 'Abd Allah (888-912), que sucedi a su hermano al-Mundhir, parece ser que fue piadoso y humilde, conocedor del Corn, la lengua rabe, la historia y la poesa (a pesar de esta piedad manifiesta asesin a dos de sus hermanos y a uno de sus hijos que haba causado la muerte de su hijo heredero), y no pudo sostener la situacin, que se deterior gradualmente hasta el punto de quedar la autoridad central limitada a la capital. Ibn I:Iaf~n extendi su poder sobre la mayor parte del sur de al-Andalus, amenazando a la misma Crdoba, y los mulades, en contacto con l en su mayora, instigaron revueltas en Murcia, Jan, Mrida, cija, Sevilla, Granada, Badajoz, Zaragoza, y otros centros 47. De igual modo, los rabes y berberes emprendieron sublevaciones, algunas de las cuales -al igual que las de los mulades- dieron por resultado' la creacin de estados autnomos. Al principio, 'Abd Allah emple la diplomacia con Ibn I:Iaf~n, pidindole que le jurase lealtad, a cambio de 10 cual le nombr gobernador del distrito de Reyyo, a ser ayudado por un funcionario de la corte. Esto dio al rebelde la oportunidad de reforzar su posicin de acuerdo con sus futuros planes, y pronto despidi a su co..:gobernador para seguir en pos de sus ambiciones. 'Abd Allah envi un ejrcito que fue derrotado, acrecentndose as el poder y el prestigio de Ibn I:Iaf~n, al cual se unieron ahora muchas gentes provenientes de todos los sectores de al-Andalus, del cual pens que podra llegar a ser el nico regente si conquistaba Crdoba. En 891 se estableci en la fortaleza de Poley, al sureste de la capital, pero fue expulsado y perseguido por el ejrcito del emir hasta Bobastro, despus de haberle sido arrebatadas Elvira, Jan y otras ciudades, a pesar de 10 cual no tard en romper la tregua forzando al emir, en 893, a enviar de nuevo un ejrcito contra l, que le mantuvo a raya, pero no le venci. El ejrcito del emir se retir con objeto de apagar un motn en otro lugar, e Ibn I:Iaf~n aprovech para recapturar algunas ciudades, entre ellas cija. Se sucedieron los enfrentamientos sin resultado hasta 901, cuando Ibn I:Iaf~n negoci una tregua que rompi al ao siguiente, originando nuevos enfrentamientos indecisos. En 899 se convirti al cristianismo, ganndose las simpatas de los cristianos, pero perdiendo muchos seguidores musulmanes. Al mismo tiempo, la situacin del gobierno central continuaba siendo pre46 Ibn Jaldn, 'Ibar, vol. 4, pg. 293. 47 Ibn al Jatib, A'lam, pg. 27. 33

caria. En Elvira, Sevilla y otros lugares surgieron conflictos entre rabes y mulades, que comenzaron como simples rencillas y acabaron en carniceras. La ascensin de los Ban Hachchach 4en Sevilla es un ejemplo del deterioro de la situacin de al-Andalus. Ibrahim Ibn Hachchach (m. 910) se erigi en cabecilla tras una encarnizada lucha entre rabes y mulades, y, en 899, rompi su alianza con los Ban Jaldn, otra prominente familia de la ciudad, declarndose independiente. Form un ejrcito, recaud impuestos, y se comportaba como un rey en su corte; y, aunque sumiso en apariencia al gobierno central, sigui en buenas relaciones con Ibn I:Iaf('n. Le sucedi su hijo 'Abd al-RaQman (m. 301/914) en Sevilla, y otro hijo en Carmona. Hasta la ascensin al trono de 'Abd al-RaQman nI no volvieron esos territorios al poder del gobierno central. La situacin sociopoltica de al-Andalus fue catica bajo el emir 'Abd Allah 49, que, indeciso, disemin demasiado su ejrcito al hacer frente a las amenazas al gobierno central. Hubo ocasiones en las que pudo haberse deshecho de Ibn I:Iaf('n, pero siempre acapararon su atencin otros problemas acuciantes, y, si bien Ibn I:Iaf('n simboliz el descontento general que ocasion la virtual desintegracin poltica del pas en 912, tambin 'Abd Allah hered numerosos problemas, algunos de los cuales estaban sin solucionar desde la conquista. A la rivalidad crnica entre los conquistadores hay que aadir su fracaso al no poder consolidar la situacin de los territorios del norte del pas y convertidos en vlidos para la colonizacin, dejndolos en cambio expuestos a las ambiciones de rebeldes musulmanes y cristianos, que pronto recibieron aliento y ayuda de los carolingios desde el sur de Francia. Esta situacin llev al establecimiento de reinos cristianos independientes, el primer de los cuales fue Asturias. Pelayo, el primer hroe de la Reconquista, se refugi en la casi inexpugnable regin de Asturias, y se dice que venci a un ejrcito musulmn en Covadonga ca.72I. Con el transcurso del tiempo aumentaron sus seguidores, fundando un reino que creci mientras los musulmanes se hallaban preocupados por su inestabilidad interna. Tras la muerte de Pelayo en 737, gobern su hijo poco tiempo, y, ante la falta de otro sucesor, su hermana se cas con Alfonso, duque de Cantabria, que aport un gran nmero de fortalezas y ciudades, convirtindose en gobernante de un reino que ya nunca desaparecera. Los sucesores de Alfonso I (739-756) ganaron importantes ciudades y establecieron una ideologa nacional-religiosa que se mantuvo viva durante siglos, fervor que se fortaleci durante el reinado de Alfonso n (791-842) con el descubrimiento de la tumba de Santiago en el lugar que luego fue ciudad de Santiago de Compostela 5, a la cual se dot de una magnfica catedral y santuario que se convirti en fuente de inspiracin espiritual y aspiracin nacional para la Espaa cristiana. En resumen, la conquista de Espaa se llev a cabo con relativa facilidad, pero el conquistador no pudo pacificar y consolidar sus dominios, y pueden su48 Sobre Ban Hachchach, vase Ibn al-QtIyah, lftita~l, pgs. 126 y sigs.; Ibn 'Idhar"i, Bayan, vol. 2, pgs. 125 y sigs.; Ibn al-JatIb, A'tam, pgs. 34 y sigs.; Ibn Jaldn, 'Ibar, vol. 4, pgs. 294 y sigs. 49 Sobre el emir 'Abdallah, vase Ibn al-QtIyah, lftitab, pgs. 121 y sigs.; Ajbar machm'ah, pginas 150 y sigs.; Ibn al-Abbar, lfullah, vol. 1, pgs. 120 y sigs.; Ibn al-Jatib, A'tam, pgs. 26 y sigs.; lbn Jaldn, 'Ibar, vol. 4, pg. 288; Ibn 'Idhar"i, Bayan, vol. 2, pgs. 152 y sigs. Pero la fuente ms valiosa es lo que queda de la obra de Ibn I;Iayyan, Kitab al-muqtabis fi-tarij richal at-Andalus, ed. P. Melchor Antua, Pars, 1937. Vase tambin Lvi-Proven<;al, Histoire, vol. 1, pgs. 329 y sigs.
50

Como segundolugar de peregrinacin tras Tierra Santa, el significadoreligioso de Santiago de

Compostela fue enorme. Peregrinos de todos puntos de Espaa y Europa llegaban constantemente a ella, preservando el fervor religioso entre los cristianos. Sobre el tema de las peregrinaciones, vase el valioso estudio de L. Vzquez de Parga, J. M.a Lacarra y J. Ura Ru, Las peregrinaciones a Santiago de Compostela, 3 vols., Madrid, 1948-49. Vase tambin V. Hell, The Great Pilgrimage ()f tlze Middle Ages, Londres, 1966; y T. D. Kendrick, Sto James in Spain, Londres, 1960. 34

gerirse muchas razones para explicar xitos y fracasos. Los descendientes del rey visigodo Witiza, y los partidarios de stos, prestaron una inapreciable ayuda durante la conquista, y, aunque esperaban recuperar el trono, pronto fueron defraudados y tuvieron que resignarse a mantener sus ttulos y grandes dominios. Tampoco podr darse nunca bastante importancia a! papel de Julin de Ceuta, y al de Opas, obispo de Sevilla, que continuaron cooperando con el conquistador y fuer,on generosamente recompensados. Algunos de los descendientes de Julin disfrutaron de favores en la corte de Crdoba, y fueron cumplidos eruditos y administradores. El prncipe Ardabastro, hijo menor de Witiza, conserv muchos privilegios, residi en Crdoba, y lleg a influir grandemente en las relaciones entre musulmanes y cristianos, de los que era considerado como jefe (za'lm 'acham al-dhimmah), aumentando su poder considerablemente a la muerte de su hermano Olemundo. Su sobrina Sara se opuso a! intento de su to de aadir sus propiedades a sus ya vastos dominios, y fue a Damasco a quejarse a! califa, el cual se opuso a tal proyecto. A su vuelta, se cas con un jefe rabe en Sevilla, cuya familia tuvo un importante papel en los asuntos de la ciudad. Adems, la administracin de las ciudades y provincias se dej, en general, en manos de los indgenas, dependiendo de las condiciones de la rendicin. Si una ciudad se renda pacficamente ($ullJan), se firmaba un tratado favorable, permitiendo al gobierno local continuar administrndola a cambio de ciertos impuestos. Un tratado de este tipo se convino con Teodomiro, que gobern la parte sureste de la pennsula (Mlaga-Murcia) con gran autonoma hasta que 'Abd al-Ral;mllin 11 revoc el tratado y limit sus privilegios. Tambin redujo el tamao del enorme dominio de la familia de Ardabastro, permitiendo a uno de sus miembros ocupar el puesto de qmls al-Andalus o Conde de al-Andalus. Por el contrario, si una ciudad era tomada por la fuerza ('anwatan), quedaba a merced de los caprichos del conquistador, que poda disponer de ella a su antojo, o gobernada a travs de un funcionario de su propia eleccin. Pero en ambos casos, la poblacin sometida segua siendo regida por sus propios jefes religiosos, que eran responsables ante el gobierno central. Esta organizacin parece haber funcionado bien slo en las regiones a! sur de Toledo, ya que a! norte de la inquieta ciudad la situacin permaneci tensa desde el principio hasta el fin. Las incursiones en Francia tuvieron poco o nulo resultado tangible, y lo mismo puede decirse de las numerosas ofensivas y contraofensivas a! norte de Toledo, ya que las regiones que constituan las Marcas superior, media, e inferior, no fueron nunca colonizadas, y tuvieron una escasa poblacin de berberes que permanecieron desafectos. Adems, los conquistadores fracasaron en su intento de resolver sus crnicas diferencias internas, principalmente la divisin entre rabes y berberes; y las constantes luchas intestinas entre las tribus rabes baaron en sangre a! pas y tuvieron graves consecuencias para los rabes y el resto de la poblacin, situacin que se complic an ms al convertirse al Islam muchos cristianos. Con el transcurso del tiempo, estos conversos constituyeron el ncleo de la poblacin musulmana, cada vez ms insatisfechos al no recibir la parte que les corresponda de la vida y la riqueza del pas. Su condicin puede compararse con la de los mawali (clientes) en el Este, que aceptaron el Islamismo de buena fe, pero fueron vctimas de la discriminacin de las clases gobernantes. La cantidad de neomusulmanes aument con la importacin de mercenarios, sacados de entre los esclavos o trados de frica y Europa. Finalmente, el resto de la poblacin cristiana no pudo evitar las consecuencias de lo inestable de esta situacin, y fue vctima de abusos y explotacin. Algunos decidieron unirse a! movimiento de resistencia del norte, mientras que otros se 35

resignaron a una ciudadana de segunda categora, pero, al disminuir considerablemente su nmero debido a las conversiones al Islam o a la arrolladora ara bizacin, los cristianos inflexibles se alarmaron y sintieron autntica preocupacin ante la grave amenaza a sus creencias, su tradicional modo de vida, y sus leyes. Su reaccin ante este estado de cosas fue violenta y dura, y hall su manera de expresarse abiertamente en el martirio, para llegar al cual los cristianos fanticos, alentados por los clrigos, insultaban al Islam y su fundador, con el fin de merecer la pena capital, y as ganar la deseada condicin de mrtires y santos. Este movimiento dur casi una dcada (850-859), y el gobierno fracas en su intento de hallar una solucin viable. Los duros castigos impuestos (crucifixin, exposicin de los cadveres en pblico durante das, y denegacin de sepultura) exacerbaban ms que disminuan el fervor religioso de muchos que anhelaban ese fin. La mayora de las veces, los cadveres eran devorados por los buitres, arrojados a los ros, o cremados para evitar que sus enterramientos se convirtiesen en santuarios, pero esto no disuada a los fieles de recoger sus restos y transportados a iglesias y monasterios, manteniendo vivo de este modo el espritu de martirio. La situacin lleg a ser tan seria que las autoridades convocaron a los obispos a un concilio en 852, para que pusiesen fin a tales actos suicidas, pero aqul fue un fracaso, y no pudo poner freno a Eulogio, el cabecilla de los aspirantes a mrtires, que no ces en su empeo hasta que el gobierno le conden a muerte. Muchos cristianos reprobaban los mtodos de los futuros mrtires, crendose as una divisin agravada por ciertas herejas cristianas: una de ellas defenda, entre otras teoras, que Cristo no era hijo legtimo de Dios, sino adoptivo; y otras negaban la trinidad, rehusaban ayunar el viernes, crean en la predestinacin, y permitan los matrimonios mixtos entre musulmanes y cristianos, as como el concubinato para el clero. Esta convulsin religiosa dentro de la cristiandad, adems de enfrentada con el Islam, dio mpetu a la Reconquista, portadora de la idea de purificar de infieles el territorio, y como consecuencia, los musulmanes se vieron envueltos en guerras constantes con los cristianos, que se atrincheraban en las Marcas, Galicia, Lusitania, Cantabria, Catalua y la Galia. Pero el mayor peligro para el gobierno lo constituyeron los musulmanes de ascendencia no rabe (muwalladn o mulades) que se sublevaron en toda la Pennsula. Sus revueltas, apoyadas por los cristianos, duraron dcadas, y no cedieron hasta el reinado de 'Abd al-Ral;1man III, que logr pacificar el pas tras permitir a sus correligionarios participar de la riqueza y el gobierno del mismo. En resumen, la Espaa musulmana cruz dolorosos perodos de convulsin y revueltas que marcaran el futuro de su historia, y se estableci una pauta de conquista y reconquista, variando segn las circunstancias. Adems, la derrota sufrida por los rabes en la batalla de Tours-Poitiers en 732, no slo puso fm a las aceifas musulmanas en el sur de Francia, sino que cambi la situacin a favor de los carolingios, los cuales atacaron con frecuencia el territorio musulmn. Aunque al-Andalus era ya una entidad poltica independiente en 756, conservando muchos de los rasgos primitivos trados por los conquistadores, en materias culturales e intelectuales continu recibiendo inspiracin y gua del Este, a pesar de los obstculos polticos que la separaban del ncleo del Islam; y super su provincialismo, e hizo sentir su influencia en todo el mbito de la Pennsula, sur de Francia, y el Mediterrneo, cuyas orillas, junto con las del Atlntico, vigilaban sus naves. La presencia de los andaluces en el Mediterrneo -Baleares, Malta, Sicilia, Creta y otros lugares- fue muy clara, y su papel en este rea no puede separarse de l de sus correligionarios. Debe recordarse que los rabes atacaron y saquearon las diversas islas mediterrneas a raz de la conquista del norte 36

de frica y de Espaa; y cerca de 15.000 refugiados andaluces ocuparon la isla de Creta en 827, mantenindola en su poder hasta 961. Al mismo tiempo, la conquista de Sicilia, perteneciente a Tnez, comenz en 827 y finaliz en 902, convirtiendo la isla en territorio musulmn hasta 109151. Tambin fue conquistada Malta en 869, y conservada hasta 1090, y las ciudades italianas de Salemo, Npoles, Amalfi, Capua, Roma, y otras, fueron acosadas y saqueadas constantemente por los musulmanes, lo cual es buena prueba del enorme poder de los rabes en todo el mbito de la cuenca del Mediterrneo 52.

51 Acerca de la conquista de Sicilia, vase M. Amari, Storia dei Musulmani di Sicilia, 2.&ed., Catania, 1933-1939, y A. Aij,mad, Islamic Sici/y, Edimburgo, 1975. 52 Vase Archibald R. Lewis, Naval Power and Trade in the Mediterranean, A.D. 500-1000, Princeton, 1951. Vase tambin Fahmy, Muslim Sea Power in the Eastern Mediterranean; Gaitein, A Mediterranean Society...; Heyd, Bistoire du Commerce. 37

CAPTULO

II

EL CALIFATO, 929-1031 El advenimiento de 'Abd al-RalJman III (912-967) 'Abd Allah haba nombrado a su hijo MuJ,1ammad, pero ste pereci a manos de su envidioso hermano al-Mutarrif, el cual a su vez fue muerto por su padre l. Lleno de remordimientos, 'Abd Allah nombr sucesor al hijo de Mul;1ammad, 'Abd al-Ral;1man III, nacido en 277/891, el mismo ao en que fue asesinado su padre. 'Abd Allah le tena gran afecto a su nieto, al cual cri, dndole una buena educacin y confindole desde muy joven asuntos de responsabilidad. As, en 912, le fue jurada obediencia por sus tos y otros miembros de edad de la familia Omeya, ascendiendo al trono a la edad de veintin aos ya dueo de una considerable experiencia, pero con la enorme futura tarea de unificar un estado con tremendas divisiones internas y amenazado desde el exterior por poderosos adversarios. Al-Na~ir li-Din Allah ['Abd al-Ral;1man] asumi el poder, relata Ibn al-Jatib, mientras al-Andalus arda con un fuego avivado por crecientes discordias e hipocresas, y las provincias se hallaban en un estado de conmocin. Gracias a su buena estrella [de 'Abd al-Ral;1man] e indomable espritu, Dios lo pacific. Corrientemente se le compara con 'Abd al-Ral;1man al-Dajil. Pacific a los rebeldes, edific palacios, dio mpetu a la agricultura, inmortaliz antiguas hazaas y monumentos (athar), infligi grandes daos a los infieles, hasta el punto que no qued en al-Andalus ni un slo enemigo o contendiente. Las gentes le obedecieron en masa y desearon vivir con l en paz 2. Esta relacin no est hecha sin fundamento, ya que 'Abd al-Ral;1man hered un puesto que nadie pareca querer, ascendiendo al trono sin visible oposicin de la familia Omeya, y que, impasible ante lo catico de la situacin, emprendi lenta y firmemente la difcil tarea de pacificar y unificar al-Andalus. A raz de su nombramiento, 'Abd al-Ral;1man envi emisarios a los gobernadores de la pennsula pidindoles sus juramentos de lealtad, a lo cual obtuvo algunas respuestas, pero muchos no le hicieron caso. No tard en enfrentarse a sus enemigos por la fuerza militar o por la diplomacia, marchando en primer lugar a
1 Ibn Jaldn, '/bar, vol. 4, pg. 297; Ibn al-Jafib, A'lam, pg. 29; Ajbar machm'ah, pg. 153. Sobre 'Abd al-RaJ.miin111,vase Una crnica annima de 'Abd al-Ral}miin Il/ al-Na$lr, Madrid, 1950; Dozy, Histoire, vol. 2, pgs. 115 y sigs.; 'Iniin, Dawlat al-Islam, vol. 2, pgs. 367 y sigs.; Lvi-Proven..al, Histoire, vol. 2, pgs. 1 y sigs. 2 Ibn al-Jafib, A'lam, pg. 29; cfr. Ibn 'Idhii, Bayan, vol. 2, pg. 157; Ibn Jaldn, '/bar, vol. 4, pgina 298.

38

1. 'Abd al-Ral).man III (912-961)

2. al-I:Iakam 11 (961-976)

3. Hisham 111
(976-1009) (1010-1013)

4.

Mul).ammad 11
(1009-1010)

5.

Sulayman (1009-1010) (1013-1016)2

7.

'Abd al-Ral).man V (1023)

6. 'Abd al-Ral).man IV (1018) / I I I


I

8. 9. Hisham III (1027-1031) I

Mul).ammad III (1023-1025)

Ibn Abi 'A.mir (al-Man~r)


(976-1002)

.'

'Abd al-Malik 'Abd al-Ral).man (al-Muz;affar) (Sancho!) (1002-1008) (1008-1009)

I:Iammdids (1016-1027)

~
'Afi (1016-1017) 1 Idrls 1 Yal).ya (1021-1023) (1025-1027)

t
al-Qasim (1018-1021) (1023)

39

la cabeza de su ejrcito hacia el sur, y conquistando muchas fortalezas. En 913, Sevilla, que se haba independizado bajo los Ban I:Iachchach, fue sometida de nuevo al dominio de Crdoba sin gran derramamiento de sangre 3. Acto seguido, en 914, dirigi su atencin hacia Ibn I:Iaf~n, el cual haba dominado durante algn tiempo el territorio comprendido entre Algeciras y las proximidades de la misma Crdoba. Ibn I:Iaf~n fue rodeado y privado de acceso al mar por la toma de Algeciras y otras ciudades4, aunque continu su obstinada oposicin hasta su muerte en 917. Le sucedieron sus hijos, que, siguiendo las tcticas de su padre, firmaban la paz un da para romperla al siguiente. Cha'far fue muerto en 920, y le sucedi su hermano Sulayman, el cual hizo las paces con 'Abd al-Ral;1man para rebelarse ms tarde, y morir en 927. Le sucedi su hermano I:Iaf~, que fue obligado a rendir Bobastro, ltimo refugio de los I:Iaf~n, en 928. 'Abd al-Ral).man nI tom a I:Iaf~ a su servicios y al fin pudo visitar la fortaleza de Bobastro, donde destruy las iglesias y desenterr los restos de los I:Iaf~n para exponerlos al pblico en Crdoba clavados en cruces 6. Con la importante ciudad de Sevilla asegurada, y terminada la amenaza de los I:Iaf~n, 'Abd al-Ral;1mahconquist Badajoz (929), Beja, Toledo, Zaragoza, y otras plazas fuertes, habiendo pacificado, aunque no consolidado, al-Andalus en 932. Adems deja dificil tarea de pacificacin, se enfrent' Abd al-Ral).man con graves peligros externos tanto al norte como al sur de la pennsula. En el norte de Africa apareci un movimiento slff1,~el de los fiitimes, que sostenan ser los nicos gobernantes legales de toda la comunidad islmica, y que pronto establecieron el estado islmico ms poderoso del siglo x. Empezaron a hostigar a al-Andalus y fueron el principal peligro durante los primeros aos del reinado de 'Abd alRal).man, hasta que este ltimo valindose de la diplomacia y la fuerza acab de una vez para siempre con las ambiciones fiitimes. Su armada, creada por 'Abd al-Ral).man n, mantuvo a raya sus avances, y, en 931 tom y ocup Ceuta y otros territorios costeros que servan de enlace entre al-Andalus y Africa del norte. Tambin sirvi para parar a los normandos que reaparecieron en 964 en Almera

y otras ciudades.

Sin duda, los flitimes haban esperado gobernar todo el norte de Africa y al-Andalus, puesto que posean un eficaz contingente de misioneros y propagandistas en esos territorios; pero 'Abd al-Ral).man contrarrest sus actividade con agentes y dinero, y se ali con tribus berberes tan poderosas en el norte de Africa

como los Zanata, y con jefes de los idrses sh'es y de los 'Iba<;liyya jariches 7.
Es importante mencionar que los omeyas, hasta 929, se haban abstenido de usar el ttulo de califas, obedeciendo quizs a un sentimiento religioso. Por aquellas fechas, la institucin califal de Bagdad iba en declive, mientras que los fiitimes empezaban a dar la deseada respetabilidad a su institucin debido a su creciente poder y prestigio. Quizs con el fm de contrarrestar la ambicin fatim de gobernar el mundo islmico, 'Abd al-Ral).man nI decidi adoptar el ttulo de califa por el bien de la ortodoxia. El martes, segundo de Oh-l-I:Iichchah de 316/929, 'Abd al-Ral).man orden a sus gobernadores que el ttulo de prncipe de los creyentes fuese empleado en

3 Sobre Ban l:Iachchach, vase Ibn al-Ja1b, A'lm, pgs. 34 y sigs.; Ibn Jaldn, 'Ibar, vol. 4, pginas 301-302; cfr. Ibn l:Iayyiin, al-Muqtabis, pg. 84. 4 Ibn Jaldn, 'Ibar, vol. 4, pg. 303. 5 Sobre los ltimos das de los hiifsunes, vase Ibn al-Ja1b, A'lam, pgs. 33-34; Ibn 'IdhiirI, Bayan, vol. 2, pg. 196; Siilim, Tarij, pgs. 282 y sigs. 6 Ibn Jaldn, 'Ibar, vol. 4, pg. 294; cfr. Ajbar machm'ah, pg. 154. 7 Ibn Jaldn, 'Ibar, vol. 4, pg. 306; Ibn 'Idhii, Bayan, vol. 2, pg. 204. 40

todos los escritos dirigidos a l, haciendo saber de esta manera que era el legtimo califa, y que, cualquier otra persona que se hiciese reconocer como tal sera un hipcrita, un intruso, y un usurpador del ttulo. Los puntos ms importantes del texto son los siguientes: Tenemos, por lo tanto, ms derecho que aqullos que su derecho han recibido, y somos ms merecedores que los que ya recibieron toda su parte... Por lo tanto, nos parece oportuno que, en adelante, seamos llamado Prncipe de los Creyentes, y que todos los escritos que emanen de nos o a nos se dirijan empleen el mismo ttulo. Pues cualquier persona que, fuera de nos, reivindique el ttulo, lo hace indebida y falsamente, y sin tener derecho a ello. Estamos convencIdos de que, seguir por ms tiempo sin usar un ttulo que se nos debe, equivaldra a perder un derecho adquirido y a una renuncia pura y simple. Por consiguiente, ordena al predicador de tu localidad, que lo emplee desde ahora en las oraciones, y utilzalo t mismo en los escritos que nos dirijas 8. Esta audaz resolucin fue seguida, en 931, porla ocupacin de Ceuta en el continente africano, protegiendo as de los ffi~imeslas fronteras del sur, e impidiendo que estos ltimos alentasen y ayudasen a los rebeldes andaluces. Por otra parte, se asegur 'Abd al-RaQman de la alianza con las principales tribus berberes, y, como consecuencia de esto, los ffitimes, que haban esperado poder asegurarse la posesin del Magrib lejano y al-Andalus, se retiraron hacia el este y se establecieron en Egipto, donde fundaron su capital en el Cairo. Mientras 'Abd al-RaQman estaba ocupado sofocando rebeliones internas y amenazas ffitimes, tambin juzg necesario prestar atencin a la inquieta situacin en el norte, donde los disidentes no cesaban de aliarse con los gobernantes cristianos, en particular los de Len y Navarra 9. Estos ltimos, aprovechndose del deterioro de la situacin en los territorios musulmanes, haban llevado a cabo varias incursiones con xito. En 914, Ordoo II (914-924) atac Mrida y se apropi con facilidad de algunas fortalezas cercanas, impulsando a 'Abd al-RaQman a tomar represalias atacando San Esteban. Este tipo de ataques y contraataques duraron varios aos sin ningn resultado. El propio 'Abd al-RaQman en persona fue a la cabeza de varias expediciones, pero sufri una gran derrota en Simancas en 939, y, habiendo estado a punto de ser muerto, decidi delegar las empresas militares en sus generales, los cuales no pudieron establecer la paz hasta a partir de 950. Entonces 'Abd al-RaQman pudo imponer sus condiciones. 'Abd al-RaQman III dio amplias pruebas de su habilidad como estadista de muchas maneras. Fuera de serie tanto en la guerra como en la paz, no slo unific al-Andalus, sino que le proporcion gran prosperidad. Crdoba, la ciudad ms floreciente de Europa, era a la vez centro intelectual y poltico, igualando con su brillo a Constantinopla y Bagdad. Las mentes ms preclaras de al-Andalus y el Este 'se daban cita en su corte, y reciban amplias recompensas. Mltiples delegaciones diplomticas, provenientes del interior y el exterior de la pennsula, convergan en Crdoba: delegaciones de las poderosas tribus norteafricanas de los Zanata, Idrises y otros; de los reyes cristianos del norte, de Francia y Alemania, y de Constantinopla 1. Los delegados quedaban asombrados ante el lujo y la prosperidad de Crdoba y ante el esplendor de la corte del califa.
8 Ibn 'IdharI, Bayan, vol. 2, pgs. 198-199; cfr. Ibn al-Jatib, A'lam, pg. 30. 9 El reinado de 'Abd al-Ral}.man coincidi con el de Ordoo 11 (914-924), Alfonso IV (925-951), Ramiro 11 (932-942) Y otros. Sobre la Espaa cristiana, vase Lvi-Provenyal, Histoire, vol. 2, pgs. 33 y siguientes. Cfr. Ibn al-Jatib, A'lam, pgs. 36 y sigs.; al-MaqqarI, Naf/J al-tlb, vol. 1, pgs. 340 y sigs. 10 Ibn at-Jatib, .A'lam, pg. 37; Ibn Jaldn, 'Ibar, vol. 4, pg. 309; al-MaqqarI, NafJ.zal-tlb, volumen 1, pg. 341; vase tambin 'Inan, Dawlat al-Islam, vol. 2, pgs. 410 y sigs. 41

Constructor entusiasta 11, 'Abd al-Ral}man asign un tercio del presupuesto del estado, ms de seis millones de dinares, a la construccin de canales, sistemas de regado y otros proyectos. Agrand la mezquita de Crdoba, dotndola de un imponente minarete rematado por tres esferas en forma de granadas -dos de oro y una de plata, y pesando una tonelada cada una. En 325/937 comenz la construccin de la famosa al-Zahra', ciudad que alberg a la corte y la familia del califa, 3.500 jvenes y 6.750 mujeres, ms otras muchas personas. Para este proyecto se vali de los individuos ms capacitados, y los materiales para su construccin fueron trados de lugares muy distantes: mrmol de Cartago, cisternas de oro de Constantinopla y Damasco, etc. A lo largo de un reinado de casi cincuenta aos, slo disfrut de catorce das de ocio 12. Conden a muerte a su propio hijo por haberse proclamado califa 13. Como constructor de un estado y como estadista, estaba decidido a alcanzar sus objetivos, pero tambin posea la habilidad de saber pactar con sus enemigos -llegr a una tregua con algunas facciones, aceptar rehenes de otras, tomar a su servicio a algunos, y pasar a otros por las armas 14. Quizs con el objeto de neutralizar las rivalidades dentro de su reino -rabes qayses contra kalbes, o rabes contra berberes-)ntrodujo eslavos (saqalibah) 15 de origen europeo en su corte, como proteccin. Estos, dciles al principio, llegaron a tener un importante papel en la corte y los asuntos de al-Andalus. Tambin llev a cabo reformas en el ejrcito y mejor la armada. La agricultura, el comercio y la industria florecieron, contribuyendo al crecimiento de los ingresos del estado, y, an ms significativo, introdujo un programa de integracin social segn el cual los hasta entonces insatisfechos mulades pudieron participar en el gobierno y disfrutar de una parte de la riqueza y la vida del pas. Pero an as, en ningn momento perdi 'Abd al-Ral}man el control de la situacin, ni deleg sus responsabilidades en algn grupo de burcratas. 'Abd al-Ral}man 111 puede ser justamente comparado con 'Abd al-Ral}man 1 en que, partiendo de una situacin catica, estableci un reino slido y firme que se gan el respeto de cristianos, rebeldes, norteafricanos y bizantinos. Forz a los fatimes, que empezaban a ser poderosos en Qayrawan, a retirarse por el oeste hasta Egipto, puesto que fracasaron en su intento de dominar el Magrib, y an ms al-Andalus. Fue asimismo alabado por poetas como Ibn 'Abd Rabbihi 16, y la tradicin musulmana le considera como uno de los ms insignes gobernantes de la historia islmica. ;:) 'Abd al-Ral}man dej el trono a su hijo al-I:Iakam 11 (961-97i1Y7, el cual fue nombrado sucesor cuando slo contaba ocho aos. Recibi la mejor educacin que entonces era posible, y acompa a su padre en varias expediciones, ascendiendo al trono a la madura edad de cuarenta y siete aos, heredero de un reino relativamente estable y prspero. Era costumbre de los recin instaurados gober11 Los historiadores pocas veces aluden a que 'Abd al-Ral)man III fue un gran constructor. Vase Ibn al-JatIb, A'tam, pgs. 38 y sigs.; Ibn Jaldn, 'Ibar, vol. 4, pgs. 311 y sigs.; Ibn 'Idha, Rayan, volumen 2, pgs. 229 y sigs. 12 Ibn al-JatIb, A'tam, pg. 40. 13 Ibid., pg. 39; Ibn Jaldn, 'Ibar, vol. 4, pg. 311. 14 Ibn al-JatIb, A'tam, pg. 40. 15 Vase ms adelante, Captulo VI. 16 Ibn 'Abd Rabbihi, at-'Iqd at-jarfd, vol. 4, pgs. 501-527, tiene una serie de poemas cantando las virtudes de su patrn. Vase Monroe, The Historical Arjuza.... 17 Sobre al-l;Iakam, vase Ibn l;Iayyiin, al-Muqtabis.. Ibn 'Idharl, Rayan, vol. 2, pgs. 233 y sigs.; al-Marrakushi, Mu'chib, pgs. 59 y sigs.; Ibn al-Abbar, lfullah, vol. 1,pgs. 200 y sigs.; Ibn al-JatIb, A'tam, pgs. 41 y sigs.; Ibn Jaldn, 'Ibar, vol. 4, pgs 312 Y sigs.; Dozy, Histoire, vol. 2, pgs. 176 y sigs.; LviProvenlYal,Histoire, vol. 2, pgs. 165 y sigs.

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nantes el acaudillar u ordenar aceifas contra los territorios cristianos, y al-I:Iakam no fue una excepcin, si bien prefiri resolver sus problemas de manera pacfica y evitando las armas, para lo cual dio rdenes a sus gobernadores de no oprimir con excesivos impuestos ni entregarse a crueles matanzas. El reinado de al-I:Iakam fue en eneral racfico, exceptuando la aparicin de los normandos (machs) en 9671 y 9711 , Yel desafo del idsl I:Iasan Ibn Qannn 20 en Tnez, problemas que fueron resueltos de manera satisfactoria. Parece ser que al-I:Iakam era ms aficionado a los libros que a los asuntos de estado, y se dice que su biblioteca contena ms de cuatrocientos mil volmenes, de los cuales haba ledo la mayora 21, Fund una escribana (sinii'at al-nasj) y un taller de encuadernacin 22,y se hizo con el Libro de los Cantares de Ab-l-Farach al-I~fahiiI,por el que pag mil dinares23. Tambin se tom un especial inters por los indigentes y la enseanza pblica, mandando construir un centro de caridad (dar al-:adaqah) cerca de la mezquita, en el que se distribua dinero a los pobres, y tambin unas veintisiete escuelas pblicas donde los eruditos enseaban a pobres y hurfanos 24 a cambio de generosos salarios. En general, al-I:Iakam continu la poltica de su, padre, enfrentndose varias veces con los gobernantes cristianos, y sofocando en Africa las rebeliones de varios cabecillas25, aunque delegados de ambas regiones visitaron Crdoba a menudo, siendo recibidos con esplendidez 26. Tambin ampli la mezquita de Crdoba 27 y emprendi otras mltiples obras pblicas. Al-I:Iakam fue capaz de conservar la situacin de estabilidad y prosperidad de al-Andalus, aunque, al revs que su padre, confi ms y ms en sus funcionarios, principalmente en el chambeln al-Mu~l::lafi28, el visir Ibn Abi 'Amir29, y el general Giilib3O, todos hombres muy capacitados y que prestaron buenos servicios al califa, pero que, a la postre, contribuyeron al declive de la dinasta por el fallo de al-I:Iakam de no nombrar un sucesor adecuado y capaz. Ya entrado en aos, su concubina ~ubQ, de Navarra, le dio un hijo, Hishiim, al que nombr pblicamente su sucesor, ordenando que le fuesejurada le~ltad por nobles y plebeyos en todas las provincias, incluida la parte del norte de Africa que estaba bajo su gobierno, y que su nombre fuese mencionado en las oraciones del viernes y otras festividades 31. Al acercarse su fin,
18 Ibn 'Idha, Bayan, vol. 2, pg. 239. 19 Ibid., pg. 241.

20 Ibid. Sin embargo, Ibn Qannn fue finalmente vencido y llevado a Crdoba (ibid., pg. 244). Cfr. 'Inan, Dawlat al-Islam, pgs. 448 y sigs. 21 AI-Marrakushi, Mu'chib, pg. 62; Ibn al-Abbar, Qullah, vol. 1, pg. 202. Ibn I:Iazm, Chamharat ansab al-'Arab, Cairo, 1962, pg. 100. I 22 Ibn Jaldn, 'Ibar, vol. 4, pg. 317. 23 Ibn al-Abbar, Qullah, vol. 1, pg. 201; al-Marrakushi, Mu'chib, pgs. 61 y sigs.; Dozy, Bistoire, vol. 2, pg. 184. 24 Ibn 'Idha, Bayan, vol. 2, pg. 240; Dozy, Bistoire, vol. 2, pgs. 184-185. 25 Ibn 'Idha, Bayan, vol. 2, pgs. 242 y sigs. 26 Ibn I:Iayyan, al-Muqtabis (ed. al-I:Iachch'i), pgs. 44 y sigs., nos da una detallada descripcin de estas recepciones diplomticas. Cfr. Ibn 'Idha, Bayan, vol. 2, pgs. 235 y 239. Vase F. Codera, Embajada de prncipes cristianos en Crdoba en los ltimos aos de Alhaquem, BRAB, 13 (1888); 'Inan, Dawlat al-Islam, vol. 2, pgs. 448 y sigs.; A. A. EI-Hajj, Andalusian Diplomatic Relations witll Eastern Europe During tlle Umayyad Period, Beirut, 1970. 27 Ibn 'Idha, Bayan, vol. 2, pg. 241. 28 Sobre al-Mu~l.1afi,vase Ibn 'Idha, Bayan, vol. 2, pg. 254; al-Marrakushi, Mu'chib, pg. 62; Ibn al-Abbar, Qullah, vol. 1, pgs. 247 y sigs. 29 Sobre Ibn Ab'i 'Anr, vase Ibn 'Idha, Bayan, vol. 2, pgs. 251 y sigs. y 256 Ysigs.; 'Inan, Dawlat al-Islam, vol. 2, pgs. 470 y sigs.; tambin su al-Dawlat al-'amiriyyah, Cairo, 1958. 30 Galib, fue famoso como caballero de al-Andalus y ganador de muchas batallas. Vase Ibn 'Idha, Bayan, vol. 2, pg. 246. 31 Ibid.., pg. 249.
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confirm el nombramiento de Hishiim en 976, an menor de edad, dejando amplio margen para el forcejeo entre los poderosos y ambiciosos jefes. que ocuparan el poder despus de su muerte. Signos nefastos precedieron el fin31 de la dinasta omeya. El gran pensador y estadista Ibn al-JapD32 expres su asombro ante la eleccin y elabor una extensa lista de candidatos aptos y deseables que toleraron y an fueron testigos del advenimiento de Hisham. Sus comentarios son reveladores:
y cuando le fue jurada lealtad a al-I:Jakam al-Mustan~ir bi-lliih, el califato haba llegado a su punto lgido y alcanzado su plenitud. Su ciclo se haba cerrado y su ocasin haba pasado. Primero fue un cliz, que a su vez se convirti en una flor sonriente, y despus en un hermoso y apetitoso fruto... 33. Se decidi nombrar califa a Hishiim a pesar de la presencia de maduros tos paternos y de sus hijos varones -leones para la lucha y fertilizante lluvia para el rido suelo34. En el tiempo en que le fue jurada lealtad a Hishiim Ibn al-I:Jakam, se encontraban entre los hombres prominentes montaas de firmeza, grandes hombres de sabidura, y otros cuya opinin es respetada, cuya honradez es aconsejada. y cuya accin es seguida 35.

El cautivo Hisham (976-1009/1010-1013 y los 'amires (976-1009) Cuando muri al-I:Iakam, el problema de la sucesin cobr gran importancia, al tener el heredero slo once aos. Los ~aqalibah, o guardia eslava del palacio, intentaron poner en el trono a al-Mugirah, un hermano del desaparecido califa 36, pero el visir Ibn Abl 'Amir y el poderoso chambeln al-Mu~!;lafi acordaron dar muerte a al-Mugirah yse apresuraron a instalar al joven Hisham en el trono, con el aparente beneplcito de los eruditos religiosos y otras personas importantes. Esta decisin fue nefasta para la institucin califal, la cual qued privada de todo poder. Hisham quedaba bajo la tutela de Ibn Abl 'Amir, en principio hasta su mayora de edad; pero este ltimo tena otros proyectos: se arrog todos los poderes, manteniendo a Hisham slo como una figura simblica que, a lo largo de todo su reinado, estuvo de acuerdo con los deseos y ambiciones de su guardin. Acerca de esto escribe Ibn al-Jatib: En aquel tiempo Hisham se encontraba recluido por su protector, el chambeln al-Man~r, Dios se apiade de l; y no poda estar al tanto de ninguna administracin, ya fuesen asuntos grandes o pequeos. Pues era un ser dbil, despreciable, y preocupado solamente por sus pasatiempos y juegos con nios y nias37. Adems, Ibn Ab~ 'mir comenz una purga contra todos sus posibles enemigos y pronto consigu gobernar al-Andalus con mano frrea. No dej de paralizar ni una mano de la que sospechase pudiera atentar contra l, ni de sacar un ojo que le observase con severa mirada 38. En estas circunstancias, el reinado de Hisham marc el principio de la decadencia de la dinasta omeya, y el gradual declive del poder poltico de los rabes en al-Andalus.

32 Ibn al-Jatib, A'liim, pgs. 44 y sigs. 33 Ibd., pg. 41. 34 Ibd., pg. 43. 35 Ibd., pg. 48. 36 Ibn 'Idhii, Bayan, vol. 2, pgs. 259 y sigs. 37 Ibn al-Jatib, A'tam, pg. 58.
38 Ibd., pg. 65.

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La carrera de Ibn Abi 'Amir ha atrado la atencin de los historiadores rabes39, como Ibn al-Jatib, el cual dedica en su A'lm amplio espacio a su fantstica ascensin al poder. Perteneca a una familia rabe que lleg a al-Andalus en tiempos de la conquista en 711, algunos miembros de la cual haban servido a los omeyas ocupando distintos puestos. Su padre fue un hombre religioso y le dio una buena educacin, y, con estos antecedentes, Ibn Abi 'Amir aprovech todas las oportunidades que se le ofrecieron. Era despierto y trabajador, adems de distinguido e inteligente, y haba esperado convertirse en juez, pero en lugar de esto abri una tienda cerca del palacio califal, por lo que se familiariz con el personal de palacio y trabaj all de copista. Su caligrafa y estilo eran notables, y le permitieron establecer contacto con Subl)., la madre de Hisham, que intercedi por l y le consigui una posicin en palacio ayudada por al-Mu~l).afi, el poderoso chambeln y espada de la dinasta 4. A partir de entonces, Ibn Abl 'Amir fue de xito en xito sin dificultades aparentes, hasta el punto de que no hubo da en que no alcanzase alguna promocin o influencia 41. Al-I:Iakam le nombr juez (qtji) de un pueblo del sur, luego le confi el importante puesto de administrador de limosnas y herencias (zakh wa-I-mawrith) de Sevilla, jefe de polica de la ceca, juez principal en el Garb (noroeste de frica), y otros 42. An ms importante, fue nombrado tutor (wakll) cuando Hisham fue nombrado heredero en 356/967, habindolo sido ya previamente cuando el nombramiento de otro prncipe que muri 43. Sus relaciones con la reina madre, Subl)., eran muy ntimas y se cree que incluso amorosas. Generoso y derrochador, la colm de ricos y curiosos presentes, entre ellos un palacio de plata44.. Mientras estuvo a cargo de la ceca se le acus de malversacin de los fondos del estado, pero un amigo sali fiador por l, permitiendo a Ibn Abi 'Amir continuar su ascensin al poder sin ningn estigma. Al haberse asegurado una buena posicin durante el reinado de al-I:Iakam, gozaba de gran prestigio y riquezas, de lo que sac el mximo provecho, y, a la muerte del califa pudo manipular a los hombres ms importantes, incluyendo al poderoso chambeln al-Mu~l).afi, que haba sido un fiel servidor de al-I:Iakam y depositario de toda su confianza. Sin duda alguna fue la figura principal en el tiempo del advenimiento de Hisham, y, como tutor del califa menor de edad, gobern en nombre de ste. Uno de los primeros decretos del nuevo califa fue la abolicin de los impuestos sobre las aceitunas4S, lo cual llen al pueblo de alegra y, al mismo tiempo, aument su estima por Ibn Abi 'Amir. Este ltimo tuvo la gran ventaja de ser ayudado por la joven y bella Subl)., de origen vascn, que de simple concubina de al-I:Iakam lleg a ser su esposa favorita, y que parece haber tenido enorme influencia en la corte. Incluso al-Mu~l).afi la consideraba y acataba su voluntad, ayudndola por tanto a conseguir la ascensin de Ibn Abi 'Amir. El importante papel de Subl). continu tras la muerte de all:Iakam, y parece ser que gobern con la ayuda del tutor del joven Hisham, siendo un factor decisivo para que la balanza del poder se inclinase a favor del primero. Al principio, Ibn Abi 'Amir se cuid de no introducir cambios radicales que le valiesen la animosidad c!e las figuras importantes de la corte, induciendo al
39 Por ejemplo, Ibn al-Jatib, A'/am, pgs. 59 y sigs.; Ibn Jaldn, 'bar, vol. 4, pgs. 318 ysigs. Vase la nota 29. 40 Ibn 'Idhii, Bayan, vol. 2, pg. 251. Al-Mu~i).afi era' llamado el Chambeln y espada de la dinasta (lJachib wa-say! a/-daw/ah; ibid., pg. 234). 41 Ibn al-Jatib, A'/am, pg. 60. 42 Ibn 'Idhii, Bayan, vol. 2, pg. 251. 43 bid., pg. 251. 44 bid., pg. 252. 43 bid., pg. 259.
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califa-nio a que le confirmase a l como visir, y a al-Mu~l.1aficomo chambeln, el puesto ms importante. Pronto se vieron claros sus planes: se sirvi de al-Mu~l.1afi, el cual tena poder sobre el dinero y los nombramientos, para deshacerse de la creciente influencia de los ~qalibah, y acto seguido centr su atencin en el ejrcito, ponindose pronto a su cabeza y convirtindose indudablemente en el jefe militar, sobre todo tras su afortunada incursin en Galicia en 366/977, de la que trajo una importante cantidad de botn. A su vuelta a Crdoba fue recibido como un hroe, ganndose la adhesin del ejrcito al recompensar generosamente a los soldados, costumbre que continu en las fructuosas aceifas que siguieron 46. Con el peligro de los ~aqalibah eliminado, y con la estima y admiracin del pueblo y el ejercito aseguradas, Ibn Ab 'Amir se sinti seguro para enfrentarse y, eventualmente deshacerse del chambeln y de otros posibles enemigos47. Lo consigui con su habitual astucia, haciendo uso del general Galib, caballero de al-Andalus y hroe de mltiples batallas, que estaba enemistado con al-Mu~l.1afi. Ibn Ab 'Amir se cas con la hija del general, y, junto con su suegro, conspir contra el chambeln, que fue destituido en 977 acusado de traicin, encarcelado y, finalmente muerto en 982, dejndole libre el camino hacia el poder absoluto. Ibn Ab 'Amir procur al principio que las relaciones con su suegro fuesen cordiales, y, en efecto, llevaron a cabo campaas conjuntas contra el norte, que aumentaron su fama y su prestigio, consintiendo asimismo en compartir el puesto de chambeln con Galib. Sin embargo, pronto se hizo aparente que Ibn Ab 'Amir estaba decidido a ser el nico poder detrs del trono. Se acerc ms y ms a los berberes, prefirindoles a los ~aqalibah o los rabes, en los cuales no poda confiar, y, con el objeto de afianzar su seguridad, decidi en 978 trasladar la sede del gobierno fuera de Crdoba. Para ello comenz la construccin de al-Zahirah, que lleg a igualar e incluso sobrepasar en elegancia y esplendor48 a la famosa al-Zahra' de 'Abd al-Ral.1man III, y que, una vez acabada, consisti en un palacio, jardines y varios edificios administrativos. En 980 traslad su guardia y funcionarios del estado al nuevo emplazamiento, dejando a Hisham en el palacio califal bajo vigilancia continua y virtualmente preso, y orden a los gobernadores de las provincias que enviasen los impuestos y todos los asuntos de gobierno a la nueva ciudad, alegando que el califa le haba otorgado plenos poderes para cuidar de los asuntos del estado. Las intenciones de Ibn Ab 'Amir eran ya bien evidentes, y fue entonces cuando la reina madre Subl.1fue alejada y trat incluso de destituirle sin xito, pues pudo hacerla callar sin dificultad. El nico enemigo en potencia que le quedaba ahora, era su propio suegro, que es posible condenara su radical y atrevida actuacin, y las relaciones entre los dos se deterioraron, degenerando en lucha, y acabando con la muerte de Galib en 981. Ibn Ab 'Amir se deshizo de l enemistndole con un importante general berber, Cha'far Ibn 'Afi Ibn l:Iamdn, plan con xito que repiti luego para eliminar al general berber 49. Ya no quedaba duda de quin era el autntico gobernante, y, como la familia omeya estaba cada vez ms descontenta, favoreci la inmigracin de los berberes norteafricanos que se convirtieron en el principal fundamento de su poder. En 981 Ibn Ab 'Amf asumi el sobrenombre (laqab) de al-Man~r (Almanzor), el victorioso, y orden que se mencionase su nombre en la plegaria del viernes,
40 Sobre sus xitos, vase ibid., pgs. 264 y sigs. Ibn Abi 'Amir se dice que llev a cabo unas cincuenta expediciones contra los cristianos, muchas de las cuales parecen caprichosas contribuyendo as a tensar las relaciones entre cristianos y musulmanes.
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bid., pg. 268.

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bid., pgs. 275 y sigs.


bid., pgs. 278 y sigs.

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detrs del del califa. y que figurase en monedas, bordados y escritos emanando de o dirigidos a l; mandando asimismo a sus visires y cortesanos que le besasen la mano de la misma manera en que saludaban al califa 50. Lo cierto es que Ibn Ab'i 'Amir llen un vaco poltico y puede ser justamente considerado como uno de los grandes gobernantes de al-Andalus, al cual rigi con mano frrea, conservando as la unidad del reino tan eficazmente como el gran 'Abd al-Ral).man 111; continu influyendo considerablemente en los asuntos norteafricanos y, no slo manteniendo tambin a raya a los reinos cristianos del norte, sino intligindoles numerosas y aplastantes derrotas. Inici varias obras pblicas, edific un canal que cost 140.000 dinares, ampli la mezquita de Crdoba 51, y, aunque ambicioso y astuto, fue un gran estadista que proporcion a al-Andalus estabilidad y prosperidad. Puede que fuera cruel, pero al mismo tiempo se comport de manera justa con muchas de las personas que trabajaron con l. Fue hombre religioso, que conservaba una copia del Corn escrita por l mismo, y, quizs por congraciarse con los eruditos religiosos, era enemigo de la filosofia, discusiones de religin, y astrologa. dicindose que quem todos los libros que trataban de estos temas de la famosa biblioteca de al-I:Iakam 1152. Lleg a cortar la lengua a un astrlogo que predijo la cada de su dinasta, y exili al poeta 'Abd al-'Aziz Ibn al-Ja1:'ib, el cual le critic su excesiva arrogacin de poderes, y le advirti que era el destino y no Almanzor, quien decida los acontecimientos. Lleno de s mismo, en 991 design a su hijo de dieciocho aos 'Abd al-Malik para el importante cargo de chambeln 53, y, aunque a su muerte en 1002 le aconsej que no fuese extravagante en sus gastos ni oprimiese a los gobernadores y respetase al califa, del cual nada haba que temer, tambin le inst a tratar con

durezaa los omeyas en el caso de que tratasen de crearle dificultades54.


Ibn Ab 'Amir tuvo razn en ambas cosas, y 'Abd al-Malik55 (1002-1008), recibi toda la ayuda necesaria de Hishiim 11, que entonces contaba veintisis aos, el cual le encomend el importante puesto de chambeln y le dio el ttulo de alMu:{:affar(Victorioso). Sin .embargo, los ~aqalibah, an fieles a los omeya, trataron de derribarlo, y al-Mu~ffar elimin sin vacilar toda oposicin para, a continuacin, centrar su atencin en los cristianos, que intentaban aprovecharse del cambio de poder. AI-Mu:{:affar se enfrent a este peligro con la misma habilidad que caracteriz a su padre, acaudillando en persona casi todas las incursiones despus de dejar la situacin en Crdoba bajo el control de los cada vez ms numerosos berberes que aadi a su ejrcito y su guardia, entre los cuales se encontraba Zaw'iIbn Zi, el cual lleg a tener un importante papel en los asuntos de al-Andalus. AI-Mu:{:affarno tuvo la magntica personalidad de su padre, pero demostr su capacidad de dirigir el estado durante seis aos sin perder terreno, y la continua estabilidad y prosperidad de ste pueden ser atribuidas a su habilidad, empeo y decisin, mientras que, al igual que su padre, mantuvo unas relaciones amistosas y correctas con el califa. Hasta entonces todo el mundo haba aceptado el gobierno de 10&'amires, ante la existencia de un califa que se negaba a aceptar responsabilidades y a tomar iriiciativas, y se senta satisfecho con meras frivolidades tras los muros de palacio.
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Ibd., pago 279. Ibd., pgs. 287 y sigs.

52 Ibd., pg. 292. 53 Ibd., pg. 293. 54 Ibn al-Jatib, A'/am, pgs. 81-82. 55 Sobre 'Abd al-Malik, vase Ibn 'Idhii, Hayan, vol. 3, pgs. 3 y sigs.; Ibn Jatib, A'/am, pgs. 89 y ~iguientes; Siilim, Tarij, pgs. 336 y sigs. Parece que ~ub1}., que se opondra al nuevo gobernante, habra muerto antes de 1002.

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Ya era mayor de edad, y nada poda hacerse por l debido a las circunstancias, mientras su persona y la dignidad de su rango fuesen respetadas, y, tanto Ibn Ab 'Amir como su hijo tuvieron el buen criterio de respetar la sensibilidad de los miembros de la dinasta reinante en particular, y la susceptibilidad religiosa de los musulmanes en general. Sin embargo, cuando muri al-Mu~affar en 1008, su hermano y sucesor 'Abd al-RaQman 56, desde el respeto al califato, comportndose desde un principio de un modo excntrico y con delirios de grandeza, lo cual condujo al trgico final de los 'amires. 'Abd al-RaQman, conocido como Sanchuelo (Sanchul, diminutivo de Sancho), pronto consigui del califa el puesto de chambeln con el triple ttulo de al-Ma'mn (el leal), al-Na~ir (el victorioso), y al-I:Jachib al-a'la (el supremo chambeln), y, no satisfecho con esto, intent conseguir el propio califato haciendo que el dbil Hisham le nombrase sucesor. Hizo que el califa levantase un acta de nombramiento por triplicado 57, firmada por diecinueve visires y ciento ochenta miembros de la polica y administracin del palacio, despach cartas a todos los gobernadores, incluso los del Magrib, informndoles del nombramiento y dando orden de que se mencionase su nombre junto al del califa en las oraciones del viernes, y, adems, requiri que las gentes le felicitasen y presentasen sus respetos. Esta importancia iba acompaada de un abandono a los placeres del vino y las mujeres en compaa del califa y gentes poco respetables, lo que despert dormidos resentimientos en toda la pennsula, y especialmente en la familia omeya y sus partidarios. Adems nombr chambeln a su propio hijo, y le concedi el ttulo de Espada de la Dinasta (say! al-dawlah). Una vez hecho todo esto, se aventur a dejar la capital y acaudillar una expedicin contra los cristianos, lo cual equivala a una invitacin a los conflictos, los cuales llegaron y ocasionaron su ruina y la cada de los 'Amires.

El gran motn y la desintegracin poltica El fm de los 'Amires seal el comienzo del perodo ms crtico en la historia de al-Andalus, tiempos de sangrientas revueltas, desrdenes y golpes de estado 58. Para empezar, el descontento de las gentes de Crdoba con el ltimo gobernante 'Amir poda ser adivinado por su incondicional apoyo a un rebelde que no tena Di capacidad para gobernar, ni la habilidad que la situacin requera; siendo su nica cualidad el pertenecer a la familia omeya. Era MuI}.amm.ill!. Ibn Hisham Ibn 'Abd al-Chabbar Ibn 'Abd al-RaQman III, el cual declar uria rebe@!i a principios de..lQQ2yocup con xito el palacio califal de C~bligando a Hisham II a abdicar en l y asumiendo el ttulo de al~9. Durante el transcurso de la revuelta permiti a sus partidarios, provenientes en su mayor parte del populacho, incluyendo criminales de las crceles, que se dedicasen al pillaje, robo, destruccin,
56 Sobre 'Abd al-Rab.man, vase Ibn 'IdharI, Rayan, vol. 3, pgs. 38 y sigs.
57

El texto del documento

puede verse en Ibn al-Jatib,

A'tam, pgs. 91-92; Ibn 'IdharI,

Rayan, vol. 3,

pgs. 44 y sigs. 58 Salim, Tarij, pgs. 343 y sigs.; al~fi, Tarij, pgs. 161 y sigs.; Ibn 'IdharI, Rayan, vol. 3, pginas 66 y sigs.; Ibn al-JatIb, A'lam, pgs. 109 y sigs.; Ibn Jaldn, '/bar, vol. 4, pgs. 323 y sigs.; Imamuddin, Political History, pgs. 124 y sigs. "59 Sobre MuI:J.ammad, llamado Mubammad II al-MahOi, vase Ibn 'IdharI, Rayan, vol. 3, pginas 50 y sigs.; al-Marrakushl, Mu'chib, pgs. 88 y sigs.; Ibn al-Jatib, A'tam, pgs. 109 y sigs.; Ibn Jaldn, '/bar, vol. 4, pg. 323; Salim, Tarij, pgs. 347 y sigs. 48

y matanzas sin freno 6. Se dir(gieron contra al-Zahirah, el palacio edificado con grandes gastos por Ibn Ab'i 'Amir, y lo redujeron a escombros, llevndose todo lo que se poda transportar, como dinero, joyas, y otros objetos, y destruyendo los muebles y puertas61. Al or estas terribles nuevas, el 'amir 'Abd al-RaJ.:man, que iba camino de. una expedicin contra los cristianos, volvi con su aliado Garca Gmez, intentando reconquistar Crdoba, pero fueron muertos antes de poder llegar. El nuevo califa demostr ser tan imprudente como el ltimo 'amir: se identific con el populacho, de ntre el cual sac a sus visires, y escondi al califa para, acto seguido, anunciar su muerte mostrando el cadver de un judo o cristiano, que enterr con gran ceremonia 62. Despidi y quit el poder a todos los que tenan alguna conexin con los 'amires, descarg su ira sobre berberes como los poderosos Zires, mandando fuesen exterminados, y ofreciendo una recompensa por cada cabeza berber 63. Esta conducta intensific la tensin social y acentu la divisin tnica, originando extensos sufrimientos y matanzas. Los berberes contestaron intentando poner en el trono una persona de su eleccin~1>-roclamaron a un omeya, Hisham, pero ste fue muerto, y despus eligier.o.!l...aJiulann;ndun gran poeta y descendiente al-RaJ.:man III, nombrndole califa. 1 ieron y consiguieron la ayuda de de 'Abd Sancho Garca de Castilla y, juntos, dominaron Toledo y marcharon contra Crdoba, en la cual MuJ.:ammad no pudo impedirles la entrada, y sac a la luz al depuesto Hisham, al que se supona muerto. Pero su estratagema no tuvo xito y tuvo que huir a Toledo tras gobernar nueve meses sin renunciar a sus pretensiones y a pesar de su afirmacin de que Hisham era an el califa legtimo. Sula~an entr en la ciudad y pronto fue confirmado califa con el ttulo de al-Mustaln bi-llah, pudiendo gobernar durante unos siete meses como cautivo deslisseguidoreii;"erberes, los cuales, como venganza, se entregaron al saqueo, los incendios y las matanzas. Sulayman, por su parte, no se dio cuenta de lo explosivo de la situacin, y subestim el antagonismo que los habitantes de Crdoba sentan hacia sus seguidores berberes, empeorando la cosa al nombrar a su hijo como sucesor. Como consecuencia de todo esto sus das estuvieron contados. Con la yuda de los cristianos de Barcelona, el derrocado MuJ.:ammad organiz un ejrcito en Toledo y se dirigi contra Crdoba, que cay con facilidad, haciendo huir a Sulayman. MuJ.:ammad reconquist el trono y el ejrcito victorioso repiti los mismos desmanes de matanzas de berberes y saqueo de sus hogares. Pero de nuevo, la victoria de MuJ.:ammadfue corta, durando solamente cuarenta y nueve das 65. Los perseguidos berberes devolvieron furiosamente el ataque, matando a unos tres mil de los seguidores cristianos de MuJ.:ammad,y obligando a ste a huir y volver a Crdoba 66. P\lesto que no ofreci ninguna promesa de paz y estabilidad, fmalmente fue muerto por su chambeln y anterior aliado Wa<;lil)., el cual haba decidido reponer a Hisham en el trono como el verdadero califa. Hisham 11 prosigui su mandato durante los tres aos siguientes, aunque la mayor parte del poder estuvo en manos de su nuevo chambeln, Wa<;lil)., el cual envi la cabeza de MuJ.:ammada Sulayman y sus seguidores berberes y les inst
Ibu 'Idha, Bayan, vol. 3, pg. 56. 61 Ibid., pgs. 64 y sigs.; Ibu al-Jati, A'/am, pg. 111. 62 Ibu 'Idha, Bayan, vol. 3, pg. 77; Ibu al-JatIb, A'wm, pg. 112. 63 Ibu 'Idhii, Bayan, vol. 3, pg. 81. 64 Ibid., pgs. 91 y sigs.; al-Marrakuslii, Mu'chib, pg. 90; Ibu al-Jatib, A'/am, pgs. 113 y Jaldu, 'Ibar, vol. 4, pgs. 324 y sigs. 65 Ibu 'Idha, Bayan, vol. 3, pg. 50. 66 Ibu al-Jatib, A'/am, pg. 115.
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a que abandonasen la sublevaciny jurasen fidelidad al legtimo califa67. Sin embargo, los partidarios de Sulayman no estaban dispuestos a aceptar a Hisham, e insistieron en seguir en pos de su objetivo, aunque esto significase una extensa revolucin y matanzas. Se extendieron por Mlaga, Elvira, Almera y otros lugares, haciendo pblico su descontento 68. Las tensiones aumentaron, mientras Crdoba sufra dificultades econmicas en medio del desorden y la incertidumbre. Los cordobeses se deshicieron de WaQ~, dejando libre el camino a Hishiim para actuar, pero ste demostr de nuevo su incapacidad de llenar el vaco o gobernar de un modo imparcial a la dividida comunidad. Adems, era presa fcil para cualquiera que tuviese ambiciones polticas. Mientras, Sulayman estaba amenazando con otra intervencin armada, que slo se pudo evitar dejndole entrar de nuevo en Crdoba para asumir el deseado ttulo de califa. En 1013 Sulayman lrizo traer al dbil Hisham ante su presencia, y otra vez le oblig a transferirle el ttulo, y, se dice que le amonest, aunque no todos estn de acuerdo sobre si lleg o no a matarle. De todas formas, Sulayman hizo un llamamiento de calma a las provincias, y distribuy algunas entre sus seguidores berberes (Elvira, Zaragoza, Jan, Sidonia, Morn, Ceuta y Tnger) 69, por lo que, en adelante los berberes gobernaron como mejor les pareci, ante el descontento de 'amires y rabes. Este fue el preludio a los reyes de taifas (mulk al-tawa 'if). Por lo tanto, considerando estos hechos, no existe evidencia de que la autoridad de Sulayman fuese reconocida fuera de Crdoba, exceptuando las declaraciones de adhesin de aqullos de entre sus seguidores que haban recibido las mejores provincias de al-Andalus. Sulayman obtuvo la victoria, pero no pudo proporcionar la paz, y sus tres aos de reinado acentuaron en vez de mejorar las tensiones sociales. Su total dependencia de los berberes, y el favoritismo que les mostraba, enfureci no slo a muchos jefes, sino tambin a algunos de sus antiguos secuaces, y ambos grupos clamaban por el retorno de Hisham. Aunque parezca extrao, fue 'AIi Ibn Ijammd de Ceuta, beneficiario de los favores de Sulayman, quien se hizo portavoz de la disidencia. Incitado por alguno~ 'amires y hachhemitas, sobre todo Jayrn de AImera que sostena que Hishiim an viva y haba nombrado a 'AIi como sucesor 7, ste abandon Ceuta, y, pasando por Mlaga se dirigi a Crdoba. El ejrcito de Sulayman ofreci poca resistencia, dndose pronto a la fuga, pero Sulayman fue hecho prisionero junto con su padre y un hermano, y pasado por las armas por haber matado a Hisham, el legtimo califa 71. Esto fue el preludio del gobierno de la nueva dinasta l).ammdi. Los lJammdes (1016-1023) Los l).ammdes72 eran un grupo que remontaba en sus orgenes hasta 'Al!, el yerno del profeta Mahoma, y que bajo Sulayman empezaron a destacarse en los asuntos de al-Andalus, especialmente en Ceuta, Tnger, Mlaga y Sevilla. Cuando 'AIi, el fundador de la dinasta, entr en Crdoba, se hizo patente que
67 68 69

Ibid., pgs. 116-117. Ibd., pg. 117. Ibid., pg. 119.

70 71

Ibd., pg. 128. Ibid., pg. 121.

72 Sobre los J:ammdes, vase Ibn 'Idhari, Bayiin, vol. 3, pgs. 119 y sigs.; al-Marrakushi, Mu'chib, pginas 98 y sigs.; Ibn al-Jatib, A'liim, pgs. 128 y sigs.; Ibn Jaldn, 'Ibar, vol. 4, pgs. 330 y sigs. Tambin L. Seco de Lucena, Los Hammudies seores de Mlaga y Algeciras, Mlaga, 1955.

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sus motivos no eran tanto el defender la causa del legtimo califa, como el acrecentar su propio engrandecimiento. En efecto, pronto exigi juramenteo de fidelidad y adopt el sonoro sobrenombre de al-Na~ir li-din-Allah (el defensor de la religin de Dios). Los habitantes de Crdoba, conservadores hasta entonces pero ahora cansados de la guerra civil y sus privaciones, no mostraron aversin a la nueva dinasta ni parecieron entristecerse por el brusco final de la dinasta omeya, y adems se sintieron seguros cuando 'Afi mostr una gran imparcialidad y decisin en administrar justicia a los extremistas -bien fuesen berberes, rabes o 'amires. Sin embargo, el aumento del peligro de la situacin pronto afect la poltica imparcial de 'Al, ya que un aspirante omeya, 'Abd al-RaI;1man de sobrenombre al-Murta<;la 73, estaba ganando terreno al este de al-Andalus con la ayuda del 'amir Jayran, el mismo que indujo a 'Afi Ibn I:!ammd a marchar contra Crdoba 74. Los agentes que trabajaban para 'Abd al-Ralpniin lograron muchos partidarios, y esto alarm a 'Afi, el cual se acerc ms a los berberes buscando su apoyo y as se enemist con el resto de la poblacin. En estas circunstancias la situacin lleg a ser tan tensa como cuando su entrada en Crdoba, y pronto fue hecho preso por algunos de sus guardias cuando se hallaba en el bao, y pasado por las armas, habiendo durado su gobierno escasamente un ao. Los berberes contemplaban el deterioro de la situacin con gran preocupacin, y se apresuraron a informar a al-Qasim, hermano de 'Afi, instndole a venir a Crdoba. AI-Qasim (1018-1021) entr rpidamente en la ciudad y asumi el ttulo de al-Ma'mn, y castig a los culpables- de la muerte de su hermano, pero pronto se encontr con dificultades debido a su dependencia de los berberes, algunos jefes 'amires, y los negros. Mientras tanto, el pretendiente omeya ganaba ms y ms seguidores y pudo reunir una tropa respetable, compuesta de 'amires, simpatizantes de los omeyas, y mercenarios cristianos, capaz de dominar Crdoba, pero el pretendiente cometi una equivocacin al atacar a los mes de Granada, que eran valientes guerreros berberes. 'Abd al-RaQman parece ser que tuvo la ventaja al principio, pero sus dudosos seguidores le abandonaron y contribuyeron a su muerte en 101875. El peligro omeya fue eliminado solo temporalmente. La tensin social en Crdoba continuaba, incluso agravada por la rebelin de los dos sobrinos de al-Qasim, YaQya e Ids, que se haban propuesto quitarle el poder. YaI;1ya,que era gobernador de Ceuta y Tnger, se consideraba a s mismo la persona con ms derecho al trono de Crdoba, y, marchando contra la ciudad y echando a su to, entr en ella en 1021 y se hiw proclamar califa, mientras su to se refugi en Sevilla. Hizo gala de gran generosidad, y distribuy importantes puestos entre hombres de origen humilde, pero esto no acab con la tensin social y la situacin continu siendo insostenible. Como consecuencia de esto, fue depuesto por sus antiguos partidarios y la aristocracia cordobesa al cabo de ao y medio de gobierno, y se refugi en Mlaga mientras su to volva de Sevilla para volver a ser depuesto antes de un ao (1023) tras sangrientos choques entre los berberes y las gentes de Crdoba. To y sobrino reclamaban para s el ttulo de Prncipe de los Creyentes aunque ninguno posea el trono, acabando el primero por morir a manos del segundo, el cual pronto intent de nuevo reconquistar el trono de Crdoba.
73

Sobre 'Abd al-RaJ;man IV (al-MurtaQa), vase Ibn 'Idha, Bayiin, vol. 3, pgs- 121 y sigs.; Ibn
A'/iim, pg. 130.

al-Jafib, A'/iim, pgs. 130 y sigs. 74 Ibn 'Idha, Bayiin, vol. 3, pg. 121; Ibn al-Jatib, 75 Ibn al-Jatib, A'/iim, pg. 131.

Restablecimiento y abolicin del califato omeya (1023-1031) Desilusionadas con el gobierno de los J.lammdes, las gentes de Crdoba decidieron elegir un califa de la familia Omeya, y de los tres posibles candidatos surgi 'Abd al-RaJ.lman V, llamado al-Musta~hir 76, un hermano del depuesto MuJ.lammad n, el cual se impuso al pueblo sin previo proceso de eleccin, para ser reemplazado a los cuarenta y seis das por MuJ.lammad nI, de sobrenombre al-Mustakfi77. El nuevo califa tom una desenfrenada venganza de sus enemigos, pero cuando le apremiaron a que se enfrentase con el J.lammd YaJ.lya que estaba poniendo sitio a Crdoba, huy disfrazado de mujer. As, YaJ.lya subi al trono por segunda vez (1025-1027) y se mantuvo en l durante un ao, pasado el cual fue forzado a huir a Carmona, donde sufri el acoso del creciente poder de los 'abbades de Sevilla. De nuevo se encontraba Crdoba sin obernante, y escogieron al omeya His7 , que se encontraba a la sazn en algn ham III (1027-1031), llamado al-Mu'ta<;l<;l punto al este de al-Andalus, y que no demostr entusiasmo por ir a la capital y asumir sus poderes califales. Tard casi dos aos y medio en entrar en Crdoba, hacindolo finalmente en 1029 a la cabeza de un pequeo y anodino cortejo, y en seguida se gan la antipata de los jefes y las gentes al nombrar visir a un individuo vulgar y burdo, tejedor de profesin. El nuevo visir, al que se le confi la importante tarea del gobierno, pronto tom una actitud arrogante y se abandon a los abusos, y todo esto agravado por la falta de ingresos y el agotamiento del tesoro. Las gentes pidieron a Hisham que le contuviese, pero al no ser escuchadas tomaron el asunto en sus manos y mataron al visir. A esto sigui una revuelta, y los cordobeses se encontraron en un mal trance. La sangrienta guerra civil que duraba desde 1009 y que haba deteriorado las condiciones de vida, haba quizs contribuido a convencer a la gente de que ni los omeyas ni los berberes u otros aventureros podran darles las tan necesarias paz y estabilidad. En esas circunstancias, los notables de la ciudad se reunieron bajo la presidencia de Ab I:Iazm Ibn Chahwar y decidieron abolir el califato de una vez para siempre y reemplazarlo por un consejo de gobierno. Hisham nI fue encarcelado junto con los dems miembros de su familia, pero pronto fueron puestos en libertad para llevar una existencia miserable. En conclusin, el tnal del califato marc la prdida de la autoridad central o apariencia de la misma, y tuvo graves consecuencias para la futura historia de al-Andalus, dejando al pas-en un estado catico que nunca se super. AI-Andalus alcanz el apogeo de su poder bajo 'Abd al-RaJ.lman nI, su hijo al-I:Iakam n, y el chambeln Almanzor, y fue testigo de un perodo de estabilidad y prosperidad que condujo al cultivo de las artes y la literatura. De hecho, sus reinados representan la edad de oro de al-Andalus y marcan la supremaca andaluza en la pennsula y parte de frica del norte. AI-Andalus fue una gran potencia que inspir
76 Sobre 'Abd al-RaJ.tman"V (al-Musta:?hir), vase Ibn 'Idhari, Bayan, vol. 3, pgs. 135 y sigs.; al-Marrakush'i, Mu'chib, pgs. 105 y sigs.; Ibn Jaldiin, 'Ibar, vol. 4, pgs. 328 y sigs. 77 Sobre MuJ.tammad III (al-Mustakfi), vase Ibn 'Idhari, Bayan, vol. 3, pgs. 140 y sigs.; alMarrakush'i, Mu'chib, pgs. 107 y sigs.; Ibn al-Ja!ib, A'fam, pgs. 135 y sigs.; Ibn Jaldiin, 'Ibar, vol. 4, .

pgina 329, Ibn Bassam, Dhajtrah, I: i, pg. 38.

78 Sobre Hisham III (al-Mu'taQQ), vaSe Ibn 'Idhar'i, Bayan, vol. 4, pgs. 145 y sigs.; al-Marrakushi, Mu'chib, pgs. 109 y sigs.; Ibn al-Ja!ib, A'fam, pgs. 138 y sigs.; Ibn Jaldiin, 'Ibar, vol. 4, pgs. 329 y siguientes.

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admiracin por su grado de cultura y por sus logros militares y riquezas, y que coincidi con la ascendencia musulmana en el Mediterrneo. Los andaluces an mantenan Creta en su poder, mientras que otros musulmanes se haban hecho fuertes en Sicilia, desde donde atacaban y saqueaban ciudades italianas tan septentrionales como Pisa y Gnova. En general, el Mediterrneo fue un lago musulmn durante casi todo el siglo x y parte del XI. Por otro lado, mientras 'Abd al-Ral).man In logr un alto grado de coherencia entre los heterogneos elementos de la poblacin, tambin confi ms y ms en soldados mercenarios para su defensa y su propia proteccin personal. AIijakam 11 continu la misma poltica, al tiempo que disminua su participacin en los asuntos del estado al relegar gran parte de su poder en su chambeln y su jefe militar. Este precedente se demostr fatal para la institucin califal cuando el chambeln Almanzor se arrog todos los oderes, y, para mantener el estado en sus manos, aisl y manipul a su gusto califa titular e hizo venir soldados berberes en tal cantidad que se desnivel el equilibrio social, dando origen a tensiones. Los cultos y sofisticados andaluces, que haban adquirido un fuerte sentido de identidad, se sintieron ofendidos por los privilegios y arrogancia de los recin llegados. El capaz y voluntarioso Almanzor control esta situacin durante su vida, pero las semillas de la inquietud y la violencia haban sido plantadas, y germinaran al faltar un hombre capacitado y decisivo. Ante tal vaco, al-Andalus cay en un estado de divisin y caos, cuyos efectos duraron siglos. Fue aprovechando esta coyuntura en el siglo XI cuando los estados cristianos del norte, hasta entonces dependientes y mantenidos a raya, empezaron a afirmarse y a proseguir la reconquista con grandes xitos.

53

CAPTULO

In

LOS REINOS DE TAIFAS, 1031-1090 Con la cada de la dinasta omeya, al-Andalus se convirti en un conglomerado de ciudades-estado feudales. Esta situacin haba comenzado ya en fecha tan temprana como 1009, cuando al-Andalus haba perdido toda apariencia de unidad, y por lo tanto, el ao 1031, que marca la abolicin final de la dinasta omeya, es en realidad una fecha arbitraria para indicar el comienzo del dominio de los Mulk al-Tawa'if, reyes de taifasl. La abolicin del califato no resolvi ningn problema, sino que confirm la realidad poltica de la multiplicidad de estados existentes en 1031. A la cada de los 'amires en 1009, los jefes berberes se hicieron fuerte en algunos puntos de al-Andalus y adoptaron una postura de independencia, y lo mismo ocurri con los caudillos 'amires, rabes y eslavos. Todos estos lderes pertenecan a alguna familia o tribu (de ah su denominacin de Tawii'if, singular Tii'ifah 'taifas' en espaol) que inclua a sus clientes y soldados mercenarios, y, aunque algunos de ellos fueron al principio gobernadores, otros haban sido recompensados por sus servicios con ciertos territorios. Por ejemplo, en 1013 el califa Sulayman distribuy las mejores provincias entre sus seguidores berberes2, y al mismo tiempo los 'amires, sus clientes y otros grupos se establecieron en varios sectores de al-

,1

Andalus.

No haba fronteras fijas, muchas de las ciudades cambiaron de dueo con frecuencia, y podan distinguirse fcilmente unos veinte o ms estados 3. Ibn alJatIb hace mencin de otros estados que se formaron como consecuencia de una herencia, como por ejemplo hizo uno de los jefes Hiid de Zaragoza, que dividi su territorio entre sus cinco hijos, los cuales trataron de gobernar con autonoma, y esto mismo ocurri en otros muchos casos.
1 Sobre Mulk al-Tawa'if, vase Ibn 'Idha, Bayan, vol. 3, pgs. 155 y sigs.; al-MarrakushI, Mu'chib, pginas 111 y sigs.; Abdallah, Mudhakkirat Emir 'Abdallah, ed. E. Lvi-Provem;al, Cairo, 1955; alI:Iimya, Kitab al-rawq al-mi'(ar, Cairo, 1948; Ibn al-JatIb, A'lam, pgs. 144 y sigs.; Ibn Jaldn, 'Ibar, volumen 4, pgs. 330 y sigs. Los estudios modernos ms completos sobre el tema son: R. Menndez Pidal, La Espaa del Cid, Madrid, 1947; M. Gaspar Remiro, Historia de Murcia musulmana, Zaragoza, 1905; A. Piles Ibars, Valencia rabe, Valencia, 1901; A. Campaner y Fuentes, Bosquejo histrico de la dominacin islamita en las Islas Baleares, Palma, 1868; A. Prieto y Vives, Los reyes de TaiJas, Madrid, 1926; M. 'A. 'Inan, Duwal al-Tawa'iJ, Cairo, 1960; 'Abd al-Salam A. al-Td, Banu 'Abbiid bi-IshbUiyyah, Tetun, 1946. Vase tambin Imamuddin, Po/itical History, pgs. 136 y sigs., y Salah Jalis, IshbUiyyah fi-l-qarn aljamis al-hichri, Beirut, 1965. 2 Ibn 'Idha, Bayan, vol. 3, pg. 113; Ibn al-JatIb, A'lam, pg. 119; al-~fi, Tarlj, 235; al-Td, Banu 'Abbad, pgs. 33 y sigs.
3

'Inan, Duwal, pgs. 433 y sigs., reconoce

unos veinte reinos; cfr. Ibn al-JatIb,

A'lam, pgs. 209-210

y 238-239. 54

De todos modos, los reyes de taifas dieron elocuentes pruebas de su mentalidad tribal haciendo prevalecer un individualismo basado en fidelidades de tribu, en lugar de una conciencia nacional apoyada en la lengua, cultura o religin. Por. todas partes surgieron lderes que aspiraban a gobernar un reino, luchando entre ellos y buscando alianzas con musulmanes e incluso con cristianos, hasta el punto de convertirse en simples tributarios. En general predominaba una dislocacin sociopoltica que condujo al declive de los sentimientos religiosos y a la ambivalencia en las lealtades populares. Al hombre de la calle, ya fuese musulmn, cristiano o judo, se le exiga financiar y sostener un estado con gran sacrificio y sin retribucin visible en cuanto a la proteccin de su vida y propiedad, y en estas circunstancias no poda tener confianza en el gobierno. El hasta entonces armonioso modus vivendi entre musulmanes y cristianos se vio adversamente afectado, y mercenarios de las dos religiones se encontraban siempre dispuestos a servir a cualquiera que les pagase bien. Aunque al principio no se tomase en serio la religin, pronto el elemento religioso se convirti en la principal causa de divisin entre ellos, ya que debido a la embestida cristiana por el norte, los cristianos arabizados (mozrabes) se encontraban divididos entre sus conciudadanos andaluces musulmanes y sus correligionario s del norte. Esto les ocurra tambin a los mudjares, o musulmanes a los que se les haba permitido quedarse en los territorios conquistados por los cristianos. Estos dos grupos no slo sospechaban uno de otro mutuamente, sino que tambin eran objeto de sospecha por parte de sus propias comunidades religiosas, y esta precaria situacin contribuy en mucho a las tensiones sociales, y finalmente a la intolerancia religiosa mutua. Por pura coincidencia, florecieron un gran nmero de eruditos durante este perodo, y no debido a los reyes de taifas, sino a las grandes tradiciones literarias que haban sido establecidas bajo los omeyas. Eruditos que haban sido ornato de la corte califal se convirtieron ahora en errantes pretendientes a la munificencia de un tirano, aunque a ste no le interesase la cultura, e incluso los eruditos religiosos buscaron el asilo de gobernantes ambiciosos, perdiendo su dignidad como consecuencia. Ibn I:Iazm (m. 1064), el erudito ms prolfico del siglo, lanz una aguda critica de la que no excluy a nadie, ya fuesen eruditos religiosos, poetas o gobernantes. Lamentaba el hecho de que las creencias haban sido destruidas, de que los gobernantes eran enemigos de Dios y sembradores de corrupcin, sus soldados eran bandidos, daban a los judos poder absoluto para recaudar impuestos, y hubiesen adorado a la cruz si eso les hubiera ayudado a lograr sus objetivos4. De modo significativo, cada rey de taifa se consideraba a s mismo como el autntico y majestuoso gobernante, adoptaba ttulos honorficos y altisonantes al modo de los califas, y nombraba a su hijo o pariente como sucesor. En su corte, casi una rplica de anteriores cortes califales, se daban cita los talentos de la poca: poetas, literatos, historiadores, eruditos religiosos, fisicos, msicos, bufones. y vividores, y mucho de los gobernantes competan entre s en ste y otros aspectos. Mantenan ejrcitos propios, que, la mayora de las veces, estaban formados por soldados mercenarios; construan canales, lujosos palacios, mezquitas y baos pblicos, acuaban moneda propia, nombraban sus propios diplomticos, y mantenan un extenso cuerpo de funcionarios pblicos. Ibn al-JatTh hace las siguientes observaciones incisivas:
Las gentes de al-Andalus ac~aron en la discordia, desunin y separacin, de un modo desconocido en la historia de ninguna otra nacin, a pesar de la peculiaridad del pas respecto a su proximidd a la tierra de los adoradores de la Cruz. NinI
4

M. Asn Palacios, en al-Andalus, 2, 1914, 35-37; cfr. 'Inan, Duwal, pgs. 404 y sigs. 55

guno de ellos posea [el derecho] de herencia al califato, una pretensin razonable al emirato, una ascendencia notable por su valor, o alguna de las condiciones necesarias para el imanato. [A pesar de todo esto] convirtieron regiones en sus feudos, se repartieron entre s las grandes ciudades, recabaron impuestos de' distritos y ciudades, fundaron ejrcitos, nombraron jueces, y adoptaron ttulos. Distinguidos autores escribieron acerca de ellos, y los poetas los alabaron. Archivaron sus colecciones de poesa. Se hicieron testamentos otorgndoles el poder de gobernar. Los eruditos esperaron a sus puertas, y los sabios buscaron sus favores. [Eran de diferentes clases]: plebeyos, berberes importados, odiados reclutas, gentes negligentes y anodinas. Algunos se conformaban con ser llamados rebeldes y no optaban por la justicia. Los ms competentes de entre ellos decan, yo mantendr lo que poseo hasta que su justo heredero sea nombrado. Sin embargo, aunque el propio 'Umar Ibn 'Abd al-'Aziz5 hubiese aparecido, no le hubiera aceptado ni encontrado nada bueno en l. Con todo esto conseguan amplia tregua y permanecan. Dejaban legados. Sin embargo, se engaaban a s mismos con ttulos como: 'fiel', 'defensor', 'agradable', 'afortunado', 'competente', 'conquistador', 'paladin', 'victorioso', 'vencedor', e 'integro'. Como dira el poeta: Lo que ms detesto en al-Andalus son nombres como defensor y fieb>, Apelativos de reinos inexistentes Como cuando el gato ruge imitando al len 6.

Los reyes de taifas vivan en perpetua pugna entre s, y al mismo tiempo eran objeto de hostilidades por parte de las potencias cristianas del norte. Cometieron un suicidio lento pero seguro. Los hasta entonces desorganizados cristianos que haban sido mantenidos a raya, a menudo como tributarios del gobierno omeya de Crdoba, surgieron ahora pujantes e inclinaron la balanza a su favor, y, aunque an en un estado de confusin, su desunin era menor que la que exista entre los gobernantes musulmanes. Cierto nmero de importantes reinos cristianos surgi tras la desaparicin del gobierno central de Crdoba en 1009: Navarra, Len, Castilla, Asturias, Galicia, Aragn y Barcelona, que lucharon entre s y se enfrentaron a problemas idnticos a los que aquejaban a sus vecinos musulmanes. Por otro lado, tenan un fm comn: reconquistar la que ellos consideraban ser la tierra de sus antepasados, y adems, los cristianos no tenan el grave problema de desmembramiento tnico que creaba tal confusin entre sus enemigos musulmanes. As pudieron, tras dcadas de guerras internas, formar coaliciones en sus enfrentamientos con estos ltimos, y lograron tomar la ventaja bajo Fernando 1(1037-1065), rey de Castilla y Len, que dio un gran empuje a la reconquista, la cual continu durante cuatro siglos, ininterrumpida solamente por peridicas rencillas internas. El mismo Fernando tuvo que luchar contra sus hermanos, los cuales aspiraban al trono, y, cuando sali victorioso, atac al reino de Badajoz en 1057 y oblig a su gobernante a pagarIe un tributo de seis mil dinares. Despus, atac al reino de Toledo en 1062, y al de Sevilla al ao siguiente, imponindoles fuertes tributos, siendo a su muerte el gobernante ms poderoso de la pennsula. Fernando dividi sus territorios entre sus hijos, que lucharon entre s. A uno de ellos, Alfonso VI, le haba tocado Len, pero al serIe arrebatado por su hermano, busc refugio en la corte musulmana de Toledo para volver en 1072, tras el asesinato de este ltimo, y convertirse en el principal gobernante cristiano. Una
5

'Umar 'Abd al-'Aziz was an Umayyad caliph (717-720) de Damasco famoso por su piedad.
A'liim, pg. 144.

6 Ibn al-Jatib,

56

vez consolidada su posicin, centr su atencin en los gobernantes musulmanes y consigui hacerse pagar fuertes tributos por los ms poderosos de entre ellos, tomando adems la estratgica ciudad de Toledo en 1085, trastornando el equilibrio de fuerzas en la pennsula. Valencia tambin estuvo a su alcance, pero acab siendo tomada por el Cid en 1094. Los gobernantes musulmanes comenzaron a alarmarse, pero no pudieron presentar un frente comn, y todo esto coincidi con la ascensin en el norte de frica de los almorvides, que fueron invitados por los disidentes gobernantes a que les prestasen ayuda en nombre del Islam. Los libertadores decidieron quedarse, acabando as el gobierno de los reyes de taifas. Es casi imposible determinar con precisin la cantidad de estadillos que surgieron en al-Andalus a raz del hundimiento del gobierno central de Crdoba en 1009. El siguiente examen de los ms importantes de entre ellos pretende dar una idea general de su distribucin geogrfica en tres grupos principales: 'amires y sus clientes, rabes y berberes. Los 'iimires y sus clientes Los 'amires, sus clientes eslavos, y los simpatizantes de los omeyas se encontraron en una situacin muy precaria durante el derrocamiento del impopular y temerario 'amir 'Abd al-Ral;unan (m. 1009), pues la indignacin ante los abusos de este ltimo y el latente resentimiento contra los 'amires en general, salieron a la superficie con furia, siendo asimismo expresin de estos sentimientos la derrocacin del legtimo califa Hisham 11. Aunque en general las gentes deseaban la continuacin del califato omeya, los trgicos acontecimientos que hubieron lugar dieron que pensar a muchos jefes que ahora eran presa de sentimientos contradictorios en medio de la incertidumbre y la anarqua. No cabe duda de que algunos de los lderes 'amires trataron de recobrar su poder poltico, y buscaron horizontes ms amplios fuera de los confines de Crdoba, y, al mismo tiempo que se declaraban partidarios de la restauracin del califato omeya, no parecan dispuestos a renunciar a sus prebendas o a proporcionar un candidato satisfactorio. Esta ambivalencia fue caracterstica de los principales grupos aspirantes al poder. Durante la gran sublevacin en Crdoba de 1009, los 'amires y sus seguidores estuvieron en peligro de ser diezmados, ya que muchos de entre ellos fueron vCtimas de la violencia de la turbamulta, mientras que otros se libraron de la agresin y establecieron principados en las costas del este de aI-Andalus y las islas Baleares. Al igual que otras dinastas, su misma existencia fue precaria, a menudo luchando entre ellos y con sus vecinos.

Uno de los ms competentes clientes 'amires fue Jayran (m. 1029)7, un eficaz
militar que haba ostentado un cargo importante en la corte de Hisham 11, y que, forzado a abandonar Crdoba durante el levantamiento, se uni a sus partidarios al este de al-Andalus y tom Orihuela, Murcia 8 y Almera. Al principio defendi la causa del depuesto califa unindose a 'A] Ibn l;Iammd, pero pronto ri con l9 y sostuvo la candidatura de al-Murta<;la para al final abandonado en el campo de batalla 10. Jayran tambin tuvo que luchar con el 'amir Mul).ammad, un

descendientedel ltimo gobernante 'amir 'Abd al-Ral).man.Mul).ammad 11 apa7

Ibd., pgs. 210 y sigs.; Inan, Duwal, pgs. 156 y sigs.


Vase Gaspar y Remiro, Historia de Murcia Ibn 'Idha, Bayan, vol. 3, pg. 121. lbd., pg. 126. Ibn al-Jatib, A'lam, pg. 193. musulmana.

8 9 10 11

57

reci en Jan a la cabeza de un bien equipado ejrcito y probablemente fue invitado por Jayriin a compartir la administracin de su reino. Pero sus diferencias de opinin acabaron por desplazar a Mul).ammad, y Jayriin pudo mantener Orihuela, Murcia y Almera, haciendo de esta ltima su capital, a la cual fortific y embelleci, aadindole nuevos edificios yagua corriente. Jayriin nombr sucesor a su hermano Zuhayr (m. 1038), gobernador de Murcia, el cual continu la poltica del primero y demostr ser un hbil administrador, extendiendo sus territorios desde Almera hasta un punto no lejos de Crdoba y Toledo, y sobre Jtiva y Baeza 12. Pero sufri serios reveses durante su lucha con Bads de Granada, y muri en el campo de batalla en 1038. La noticia de su muerte fue recibida con gran pesar en Almera, cuyos habitantes nombraron gobernante a uno de sus jefes mientras esperaban la llegada del 'amir 'Abd al-Aiiz de Valen-

cia, reconocido como lder de los 'iimires13.


Otro principal cliente 'iimir fue Muchiihid (m. 436/1045)14, seor de Denia y las Baleares 15, hijo de cristiana practicante, aunque l mismo fue un devoto musulmn y hombre de vasta erudicin. Su corte atrajo a los talentos de la poca, y, como estadista proporcion paz y prosperidad a sus territorios y extendi su poder temporalmente sobre parte de Cerdea, a la cual asalt con una flota de ciento veinte navos que transportaron mil jinetes 16, aunque fue rechazado posteriormente y sufri grandes prdidas, incluida la captura de sus mujeres e hijas. Otra audaz empresa fue el nombramiento de un califa, al que design con el sobrenombre de al-Muntasir bi-lliih. A Muchahid le sucedi su hijo 'Alt, que hablaba romance y haba sido cria-

do como cristiano 17. No obstante, Muchiihid pidi a su hijo que se convirtiese


al Islam antes de nombrarle sucesor, y ste accedi, convirtindose en un buen musulmn a todos los efectos. Al principio tuvo que luchar contra su hermano, que aspiraba al trono, y, en 468/1076 fue obligado por su cuado, seor de Zaragoza, a ceder Denia y aceptar en su lugar un dominio en Zaragoza. Desde luego hubo otros caudillos 'iimires que ejercieron su influencia en algunas ciudades, e incluso gobernaron en otras. Mubiirak y Mu~affar tuvieron gran influencia en los asuntos de Valencia 18 la cual cambi de dueo muchas veces, y Jayran al-$aqlabi y Labib al-$aqlab gobernaron Jtiva y Tortosa respectivamente 19. Otros gobernantes que hicieron su aparicin en la parte este de al-Andalus fueron los Ban $umiidib 2, de origen yemen y parientes de los Tclbes de Zaragoza, y cuyos antepasados haban gobernado Huesca durante el reinado de Hishiim 11. Ma'n, el fundador de la dinastia fue visir y cuado del 'iimir 'Abd al-'Aiiz, el cual le encomend Almera mientras l se diriga contra Muchahid de Denia. Ma'n se declar independiente, desplazando as a su cuado, y, tras gobernar durante unos diez aos, fue sucedido por su hijo Mul).ammad, el cual

12

[bid., pg. 216.

13 Sobre la historia de Valencia, vase Piles Ibars, Valencia rabe; Menndez Pidal, Espaa del Cid, pgs. 449 y sigs.; 'Inan, Duwal, pgs. 221 y sigs.; C. D. SarneIli, Muchahid al-'Amirf, Cairo, 1961; A. Huici Miranda, Historia musulmana de Valencia, Valencia, 1970. 14 Ibn al-JatIb, A'lam, pgs. 217 y sigs.; Ibn Jaldn, '[bar, vol. 4, pgs. 353 y sigs.; 'Inan, Duwal, pginas 138 y sigs. 15 Campaner y Fuentes, Bosquejo histrico. 16 Ibn al-Jatib, A'liim, pg. 219. 17 [bid., pg. 221. 18 [bid., pgs. 222 y sigs. 19 [bid., pg. 226. 20 [bid., pg. 189; cfr. Ibn Jaldn, '[bar, vol. 4, pgs. 350 y sigs.

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adopt el sonoro ttulo de al-Mu'ta;im bi-lliih 21, Y agrand su reino a expensas de sus vecinos de Granada, gobernando durante cuarenta aos, hasta que los almorvides le arrebataron sus territorios. Los rabes o andaluces Los rabes y sus descendientes comenzaron a perder su influencia en los asuntos de al-Andalus en fecha tan temprana como el reinado de 'Abd al-Ral).miin III en el siglo x. Este califa trajo eslavos ($aqalibah) que le sirvieron de guardia pretoriana, y que pronto constituyeron un poder independiente en la corte, aunque su influencia disminuy enormemente bajo los 'iimires, que los reemplazaron por leales vasallos berberes del norte de frica. En estas circunstancias, la influencia de los elementos rabes que se identificaban como andaluces alcanz su ms baja cota al principio del siglo XI. Perdieron el califato, que haba sido el principal smbolo de su posicin prominente, a pesar de la ineficacia de la institucin califal y, su individualismo y anterior conducta contenciosa contribuyeron en gran parte al declive de su influencia. A pesar de todo esto, algunas familias pudieron alcanzar y mantener el poder en importantes puntos de AI-Andalus; los Chahwar en Crdoba, los 'abbiides en Sevilla, los Hd en Zaragoza, los Qiisim en el gequeo principado de Alpuente hasta que ste cay en manos del Cid en 10872 , Y los Sumiidil). en Almera. Los Chahwar de Crdoba (1031-1069) Ab I:Iazm (1031-1043) Mul,lammad (1043-1058) 'Abd al-Malik (1058-1069) El fundador de la dinasta23 fue Ab I:Iazm Ibn Chahwar, el cual intervino en la entronizacin del ltimo califa omeya Hishiim III (1027-1031) y en su derrocacin. Perteneca a una antigua familia, uno de cuyos antepasados, cliente de los omeyas, haba llegado a al-Andalus en el siglo VIII. Otros miembros de la familia haban prestado servicio a los gobernantes de diferentes maneras, y llegaron a poseer riquezas y prestigio. Ab I:Iazm fue el lder ms respetado de su poca, y su influencia debi de ser grande para permitirle abolir el califato de una vez para siempre y reemplazarlo por un consejo de personas notables que administrasen la provincia de Crdoba y el resto de al-Andalus, del cual se convirti en jefe (shayj al-f;hama'ah) ante la insistencia de los principales ciudadanos cordobeses, otorgndosele el poder de gobernar la ciudad. Parece ser que se resisti a asumir la tremenda responsabilidad de gobernar una ciudad acostumbrada a la anarqua, y que, al aceptar, puso las siguientes condiciones: que su poder fuese compartido por dos visires, que se evitase concederle un ttulo, y que la sede del gobierno no estuviese en la residencia califal.
21 Ibn al-Jatib, A'lam, pg. 190. 22 'Inan, Duwal, pgs. 249 y sigs.; Ibn 'Idha, Bayan, vol. 3, pg. 127; Menndez Pidal, Espaa del Cid, pg. 360. 23 Sobre Ban Chahwar, vase Ibn 'Idha, Bayan, vol. 3, pgs. 185 y sigs.; Ibn al-Jatib, A'lam, pginas 145 y sigs.; Ibn Jaldn, '/bar, vol. 4, pgs. 342 y sigs.; Prieto y Vives, Los reyes de Taifas, pgs. 22 y sigs.; 'Inan, Duwal, pgs. 20 y sigs. 59

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Espaa tras la cada del califato omeya en el siglo XI.

Quizs ingenuamente, Abii I:Iazm envi mensajes a los diversos jefes de al-Andauspara que reconociesen la autoridad del consejo en todo el territorio, y, como era de esperar, su apelacin fue completamente ignorada en algunos crculos, y contestada por otros muchos que se consideraban con mayor derecho a gobernar. Sin embargo, tuvo el tacto de no ejercer presiones al respecto, y limitarse a gobernar Crdoba durante ms de una dcada, convirtindose adems en pacificador

de sus pendencieros vecinos24.


A Abii I:Iazm Ibn Chahwar le sucedi su capaz hijo Mul}.ammad, que sigui la poltica de su padre y evit los enfrentamientos con los caudillos vecinos, concentrando su atencin en los asuntos de Crdoba, a la que gobern con justicia y espritu democrtico. Su gran equivocacin fue dejar su puesto a su inepto hijo 'AI:xial-Malik, hombre vanidoso e incompetente, que pronto deshiw todo 10 que su padre y su abuelo haban conseguido a base de sacrificios y sentido cvico del deber. 'Abd al-Malik se arrog todos los poderes, adopt un sonoro ttulo y exigi que se mencionase su nombre en las oraciones del viernes, ganndose con esto la antipata de los jefes y el pueblo en un momento en el que Crdoba era codiciada por todos los estados vecinos. Pronto se convirti en presa fcil para los Dhii-l-Niin de Toledo, que pusieron cerco a la ciudad durante algn tiempo, y para los 'Abbades de Sevilla, que la anexionaron a sus dominios en 1069. Los 'abbades de Sevilla (1023-1091) Mul}.ammad (1023-1042) al-Mu'ta<;lid (1042-1068) al-Mu'tamid (1068-1091) Los 'abbades25 fueron los ms poderosos de los reyes de taifas, ya que, partiendo de su base en Sevilla, lograron llenar el vaco poltico en Crdoba y extender su poder en todas direcciones. La familia era de ascendencia yemen, y su primer caudillo vino a al-Andalus alrededor de 740. Gozaron de prominencia en Sevilla a partir del califa al-I:Iakam II y durante todo el perodo 'iimir, ya que Ibn Ab 'Amir haba nombrado a su antepasado lsma'il juez de la ciudad, y ste, que era conocido por su integridad, conserv el puesto bajo los I}.ammiides 'Afi y al-Qasim y se esforz

pormantenera Sevillalejosde la influenciade los pendencierosberberes26. Cuando,


debido a su edad, le fall la vista, dej el puesto de juez a su hijo Mul}.ammad, que fue el fundador de la dinasta. MuI).ammad hered una gran fortuna de su padre, y se dice era dueo de un tercio de las tierras de Sevilla 27 y que gozaba del respeto y estima de las gentes. Todas estas cualidades pudieron influir en la decisin de los I}.ammiides de nombrarle gobernador de la ciudad, y cuando al-Qasim fue derrocado en 1023 y le fue denegada la entrada en la ciudad, MuI).ammad se convirti en uno de los miembros del consejo de tres personas al que se encomend la administracin de la misma. A continuacin las gentes le pidieron que se hiciese cargo de todo el poder,
24 Ibn al-Jatib, A'lam, pg. 151. Hizo el papel de pacificador durante las guerras entre los reinos de Sevilla y Badajoz. 25 Sobre Ban 'Abbad, vase al-Td, Ban 'Abbad; Ibn 'Idhari, Bayn, vol. 3, pgs. 193 y sigs.; Ibn al-Jatib, A'llim, pgs. 152 y sigs.; Ibn Jaldn, '[bar, vol. 4, pgs. 336 y sigs.; 'Inan, Duwal, pgs. 31-79; Prieto y Vives, Los reyes de Taifas, pgs. 69 y sigs.; Imamuddin, Po/itical History, pgs. 147 y sigs. 26 'Inan, Duwal, pg. 32. 27 Al-Td, Ban 'Abbad, pg. 39.

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y ~l consinti con la condicin de tener dos visires para que le ayudasen y aconseJasen. Gobern cerca de dos dcadas, durante las cuales consigui establecer un estado autnomo, y logr formar un ejrcito de voluntarios compuesto por rabes, berberes, cristianos, e incluso criminales 28. Quizs con el objeto de acallar las pretensiones de los berberes y otros aspirantes al trono, proclam que el derrocado califa Hishm n, que probablemente ya haba muerto, se encontraba vivo en Sevilla, y aleg que an estaba ligado a l por un juramento de fide-

lidad29. El falso Hishm asumi la dignidad de califa, visti los ropajes califales
y presidi las plegarias del viernes, mientras que el propio Mul).ammad tom el puesto de chambeln y trabaj con energa en pro del legtimo califa, pidiendo asimismo a todas las provincias que jurasen fidelidad a Hishm n. Esto tuvo lugar alrededor de 1035, y algunos clientes 'mires, as como Ab l:Iazm de Crdoba, cooperaron con Mul).ammad, pero otros jefes ignoraron la apelacin. Tuvo dificultades con sus vecinos, principalmente los l).ammdes y los Ban al-Aftas de Badajoz, y march contra el gobernador de Mlaga, que era uno de los lderes berberes, al cual dio muerte, ocupando Carmona. Despus atac al gobernante de Almera, el cual busc aliarse con los berberes de Granada, y, en un choque con estos aliados en 1039, su ejrcito sufri una gran derrota y su hijo Ism'il muri en el campo de batalla. A la muerte de Mul).ammad en 1042, la situacin no les era favorable a los 'abbdes, y la coalicin de los berberes hubiese ganado a no ser por su hijo y sucesor al-Mu'ta<;lid, hombre capacitado y voluntarioso que extendi su poder a las ciudades de Silves, Niebla y Gibralen, y al sur sobre Carmona y Algeciras, Huelva, Ronda, y otras ciudades y fortalezas. Tambin tuvo victoriosos encuentros militares con su vecino Ibn al-Aftas de Badajoz. Por otro lado, al-Mu'ta<;lid se vio forzado a negociar con los cristianos y a pagar un tributo anual a Fernando I, que ya en fecha tan temprana como 1056, haba abierto grandes brechas en los territorios musulmanes de las Marcas, y el cual atac Sevilla en 1063. Al-Mu'ta<;lid, que haba asumido el mando con veintisis aos, al principio se conform con el ttulo de chambeln del pseudo-califa Hishm n, pero en 1059, decidi omitir el nombre de este ltimo de las plegarias del viernes tras declararle muerto por tercera vez30. Se deshaca de sus enemigos a la menor sospecha, coleccionando sus crneos, y una de sus vctimas fue su propio hijo que, temiendo la ira paterna, haba huido al sur, siendo ejecutado por sospechoso de traicin. En una ocasin elimin a un

grupo de invitados valindose de baos preparados para tal fin 31 .


Al-Mu'ta<;lid combin su crueldad con una gran astucia poltica, siendo buen poeta y administrador que estimul el estudio, celebr tertulias literarias semanales, y fund una casa de poetas (dr al-shu'ar'), presidida por uno de stos (raTs al-shu'ar'). Edific tambin palacios como el Qa~r al-Mubrak, adquiri hermosos caballos y lujosas vestiduras, y vivi como un gran potentado. Fue muy severo con sus hijos, de los cuales era temido, y prepar para la sucesin a uno de ellos, el futuro al-Mu'tamid, nombrndole chambeln, caudillo del ejrcito, y gobernador de varias ciudades del oeste. De este modo, cuando su padre muri, al-Mu'tamid ya posea una experiencia de cmo conducir los negocios del estado. AI-Mu'tamid fue un personaje grandioso y trgico, un gran poeta amoroso
28 29

Ibid., pg. 42. 'Inan, Duwal, pg. 37.


pg. 239; Ibn Jaldn, 'Ibar, vol. 4, pg. 339.

30 Ibid., pg. 52. 31 Ibn al-Jatib, A'liim,

62

y buen estadista, alguien elegido por el destino para conocer las alegras y amarguras de la vida. Subi al poder en 1068, con treinta aos, tras haber sido gobernador de Silves desde 1063, ayudado por su compaero y poeta Ibn 'Arnmar, y es famoso por los poemas de amor dedicados a su esposa, I'timad, una antigua esclava a la que colm de amor y valiosos regalos. Su amistad con Ibn 'Ammar, del que era amigo desde su juventud, es igualmente conmovedora e incluso trgica. Los dos estaban muy compenetrados y gozaban con las mismas frivolidades, otor., gando al-Mu'tamid muchos presentes y honores a su compaero, pero cuando ste le traicion ms tarde, le dio muerte con sus propias manos. El mayor infortunio de al-Mu'tamid fue el resultado de su relacin con el almorvid Ibn Tashfin, al cual pidi le rescatase de los cristianos y, en lugar de esto, lo condujo al cautiverio y la humillacin. AI-Mu'tamid sigui las huellas de su padre, y su poltica con sus vecinos fue expansionista, tomando Crdoba, Jan, Murcia y otros centros, emergiendo como el gobernante musulmn ms poderoso de al-Andalus. Sin embargo, los cristianos haban conseguido al mismo tiempo grandes xitos bajo Alfonso VI, el cual forz a numerosos reyes de taifas, incluido al-Mu'tarnid, a pagar tributos anuales. Pero los peores presagios llegaran ms tarde del norte de frica. Los Hd de Zaragoza (1040-1142) Sulayrnan (1040-1046) Mmad I (1046-1082) MuJ;1ammad (1082-1085) Mmad n (1085-1108) 'Abd al-Malik (1108-1110) AJ;unad nI (1110-1142) La regin de Zaragoza estaba regida por los descendientes de los Tuclbes, una dinasta rabe que se haba establecido en la vecina comarca a partir de finales del siglo IX,y que se independizaron durante la gran sublevacin de Crdoba para ser posteriormente vencidos por Sulayrnan, descendiente de un rabe llamado Hfid que haba llegado a al-Andalus durante su conquista. Sulayrnan.fue un buen generaly el fundador de la dinasta Hd 32. Hizo su aparicin en la escena poltica alrededor de 1039, cuando arrebat Lrida y Monzn a Ab al-Mutarrif al-Tuchibi, extendiendo pronto su poder sobre Zaragoza y adquiriendo jurisdiccin sobre Huesca, Tudela y Calatayud. Guerre contra Toledo desde 435/1043 hasta 438/1046, perodo durante el cual busc aliarse con los cristianos y dividi sus dominios entre sus cinco hijos, que lucharon entre s hasta que uno de ellos, Mmad, surgi victorioso. Este tom el sobrenombre de al-Muqtadir bi-llah, y asegur su soberana sobre la Marca inferior aadiendo Tortosa a sus dominios. Al igual que otros reyes de taifas, Mmad no pudo evitar los conflictos con sus vecinos cristianos, los cuales le arrebataron Barbastro despus de perder una gran parte de su ejrcit033. Sin embargo, lo recuper ms tarde y adems gan Denia, convirtindose en uno de los reyes de taifas ms poderosos, famoso por sus construcciones y edificios pblicos, entre ellos el Palacio de la Felicidad (diir al-surnr).
32 Sobre los Ban Hd, vase Ibn 'Idhii, Bayan, vol. 3, pgs. 221 y sigs.; Ibn al-Jatib, A'lam, pginas 170 y sigs.; Ibn Jaldn, 'Ibar, vol. 4, pgs. 350 y sigs.; 'Iniin, Duwal, pgs. 255 y sigs.; A. Turki, El reino de Zaragoza en el siglo XI, Madrid, 1978. B Ibn al-Jatib, A'/iim, pg. 170. 63

Su hijo y sucesor preserv la integridad de sus dominios e incluso desafi a alMu'tamid de Sevilla al dar refugio a su antiguo amigo el poeta Ibn 'Arnmar, despus que ste le abandon y se convirti en su peor enemigo. El siguiente caudillo Hd, Mmad 11, no pudo resistir las agresiones de los cristianos, los cuales le infligieron una aplastante derrota en Huesca, y a cuyas manos pereci en 1108. Sin embargo, los Hd pudieron mantenerse independientes de los almorvides hasta 1110, cuando el gobernante Hd 'Abd al-Malik se ali a los cristianos, lo cual hizo que los almorvides enviasen un ejrcito a ocupar Zaragoza, aunque dejaron que Al:J.madIn ocupase el trono hasta 1118, cuando Alfonso I el Batallador y Ramiro 11 de Aragn lo derrocaron. Los berberes Desde los tiempos de la conquista de al-Andalus, los berberes se mantuvieron como una comunidad descontenta, y siempre pensaron que no reciban su justa parte de las riquezas y poder del pas, sublevndose a menudo en contra del gobierno central y teniendo frecuentes discordias entre s. A partir de finales del siglo x, fueron trados en grandes cantidades del norte de frica para que prestasen sus servicios en el ejrcito y otros puestos importantes, constituyendo as l!no de los principales elementos del gobierno a principios del siglo XI, capaces de influir el curso de la guerra o la paz. Lograron instalar su propio candidato al califato y tuvieron bajo su control un extenso territorio que abarcaba desde la Marca media en el norte hasta el extremo de la pennsula en el sur. Tambin existieron pequeos principados como Albarracn al sur de la Marca superior, regido por los Raiin; pero los ms importantes fueron los Dh-l-Nn, los al-Aftas y los Zires 34. Los Dh-l-Nn de Toledo (aprox. 1016-1085) Isma"il (aprox. 1016-1043) )Tal:1ya(1043-1075) su nieto )Tal:J.ya(1075-1085) Durante todo el dominio rabe en al-Andalus, fue quizs Toledo la ciudad ms activa del pas, sacudida por revuelta tras revuelta, y siempre propensa a la secesin. Una oportunidad de independencia surgi en la segunda dcada del siglo XI, durante el catico perodo que atraves Crdoba. Por algn tiempo, la ciudad fue gobernada por uno de sus habitantes, pero los toledanos se mostraron insatisfechos y ofrecieron el poder a Isma"il, un miembro de la familia Dh-l-N: Los Dh-l-Nn 35 eran berberes que aparecieron durante el perodo 'amir y se establecieron en Shantamariyyah, un distrito al noroeste de Toledo, y algunos de ellos desempearon importantes funciones como jefes militares y gobernadores. Al principio, Isma"il parece ser que comparti la administracin de la ciudad con Ab Bakr al-l:Iad'id'i, respetado ciudadano y erudito que continu en su puesto
34 Pueden aadirse los siguientes reinos berberes: Ban Birzal en Carmona, cija y Almodbar del Ro; Ban Jazrun en Arkash; Ban Yafran en Ronda, y Ban Dummar en Morn. 35 Ibn 'Idha, Bayiin, vol. 3, pgs. 276 y sigs.; Ibn al-Ja!:lb, A'liim, pg. 176; Ibn Jaldn, 'Ibar, volumen 4, pgs. 347 y sigs.; AbdaIlah, Mudhakkiriit, pg. 56; 'Inan, Duwal, pgs. 93 y sigs.; Prieto y Vives, Los rl!Yl!sdI! Tailas, pgs. 51 y sigs., y H. Handler, T/I!Zirids ol Granada, Miami, 1974. 64

de consejero privado bajo Yal.1ya,el hijo y sucesor de Isma'i!. A base de alianzas, Yal).yapudo resistir las hostilidades de sus paisanos musulmanes y de los cristianos, ya que, cuando estuvo en peligro a causa de los Hiid de Zaragoza, se ali con Fernando 1 de Castilla y Len. Tambin se ali con los 'abbades de Sevilla y les siguiel juego de reconocer al falso Hisham como califa 36, aunque pronto chocaron acerca del futuro de Crdoba. As mismo estuvo en guerra con los al-Aftas de Badajoz, pero en general su reinado fue venturoso, y caracterizado por un gran esplendor y prosperidad. Sin embargo, tras su muerte en 1075, la situacin empez a deteriorarse, ya que su nieto y sucesor, Yal).ya, careca de aptitud para el mando, y fue testigo del final de la dinasta. Se deshizo de Ibn al-l:Iadid1, que era el pilar de esta ltima, y de otros que protestaron ante decisiones polticas como su costosa alianza con Alfonso VI, el cual le impuso fuertes tributos. La situacin lleg a ser intolerable debido a las presiones de los Hd de Zaragoza, y los ciudadanos se rebelaron y buscaron la intervencin de Ibn al-Aftas de Badajoz, el cual ocup Toledo en 472/1079, forzando a su ltimo gobernante, Yal).ya,al exilio. ste busc entonces la ayuda de Alfonso VI, el cual le complaci tomando de nuevo la ciudad para l, pero slo por corto tiempo, ya que, en 1085, Alfonso decidi quedarse con Toledo y dar Valencia a Yal).ya. Todo esto se hizo con el consentimiento de al-Mu'tamid de Sevilla 37. La prdida de Toledo tuvo graves consecuencias para los musulmanes, ya que fue el mayor golpe que recibi el poder musulmn en al-Andalus, y abri la puerta a los futuros xitos cristianos de la reconquista. Los AI-AJtas de Badajoz (1022-1094) 'Abd Allah (1022-1045) Mul).ammad (1045-1068)

[
'Umar (1068-1094)

~
Yal).ya (m. 1068)

El reino de Badajoz, encajado entre los de Toledo al este y Sevilla al sur, contaba con ciudades tan importantes como Mrida, Lisboa, Santarem y Coimbra. Sus gobernantes eran los al-Aftas 38, que remontaban su origen hasta la tribu berber de Miknasah. Durante la sublevacin de Crdoba, $abr, un esclavo de al-l:Iakam II, ocup Badajoz, Santarem y la Marca inferior (al-thagr al-chawfi), y, a su muerte, uno de sus colaboradores, el berber 'Abd Allah le sustituy, logrando gobernar el Algarve, pero manteniendo precarias relaciones con sus vecinos 'abbades de Sevilla. Su hijo Mul).ammad, llamado al-Mu~affar, fue un digno sucesor, excelente soldado, administrador y erudito. Se mantuvo firme ante los 'abbades de Sevilla,pero perdi terreno ante los pujantes cristianos que le arrebataron Coimbra, Santarem y otras fortalezas, exigindole adems el pago de un pesado tributo. A pesar de las constantes guerras, el reinado de Mul).ammad fue testigo de perodos de prosperidad y esplendor, y su corte fue visitada con frecuencia por eruditos, siendol mismo un amante de la buena poesa. Se le atribuyen cierto nmero de
Jo

Ibn al-Jatib, A'film, pg. 178.


A'film, pgs. 182 y sigs.; Ibn Jaldn,

37 Inan, Duwaf, pgs. 108 y sigs. 38 Ibn 'Idhari, Bayiln, vol. 3, pgs. 223 y sigs.; Ibn al-Jatib, 'Ibar, vol. 4, pg. 344; 'Inan, Duwaf, pgs. 80 y sigs.

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escritos, uno de los cuales, titulado al-Mu?affariyah, consista en unos cincuenta volmenes de temas literarios e histricos. Tras la muerte de Mul).arnmad en 1068, el reino empez a debilitarse por razones de origen interno y externo. Para empezar, le sucedieron sus dos hijos, 'Umar y Yal).yii, que lucharon entre s, y sus guerras les empujaron a depender de sus vecinos cristianos y musulmanes. Yal).yii se ali con los Dh-I-Nn de Toledo, y 'Umar con el poderoso reino de Sevilla, debilitando ambos as su posicin y exponiendo el reino a las rigurosas exigencias de los cristianos. La lucha interna acab con la muerte de Yal).yii en 1068 y la confirmacin de 'Umar como jefe. Su capital, Badajoz, se convirti en la morada de las letras, poesa, gramtica, y las ciencias 39, Y organiz el estado sobre una firme base, siento tal su fama, que las gentes de Toledo le invitaron a que les gobernase. Se dio perfecta cuenta del peligro cristiano, y cooper plenamente con los 'abbiides de Sevilla, invitando a los almorvides a prestar ayuda. Sin embargo, pronto vio como estos ltimos absorban a la fuerza a los zires y 'abbiides, y que su turno era slo una cuestin de tiempo. Pudo resistir hasta 1094, y, cuando vio que su situacin era desesperada, pidi ayuda a Alfonso VI sin resultado, ya que las gentes clamaban por los almorvides. 'Umar fue hecho prisionero, sus propiedades confiscadas, y l mismo pidi que le diesen muerte junto a los miembros de su familia. Solamente uno de ellos permaneci en una fortaleza y se uni posteriormente a Alfonso VI. Los Zires de Granada (aprox. 1010-1090)
Ziiwl (1010-1018) -~ Maksan

I:!abs (1010-1018) (1029-1037) Badis (1037-1073) 'Abd Alliih (1073-1090) Las Memorias de 'Abd Alliih, ltimo jefe de la dinasta 40, contienen informacin original acerca de los zires y sus relaciones con otros reyes de taifas. Originariamente una rama de la tribu Sinhacha, llegaron de Tnez durante el reinado de Ibn Abl 'Amir (976-1002), que los reclut para su ejrcito, y, su jefe Ziiwl Ibn Zld tuvo un importante papel en los asuntos de al-Andalus bajo los 'iimires. Tras la cada de stos en 1010, Ziim decidi volver a su tierra, pero, encontrndose ya de camino, las gentes de Elvira le convencieron para que se quedase y les pro tegiese41. Es probable, sin embargo, que Ziiwl fuese obligado a abandonar Crdoba a raz del fracaso de la causa del omeya Sulaymiin; e igualmente que fuese confirmado en su puesto tras el advenimiento de ste como califa en 1013. De todas formas, Ziiwl gobern Elvira, y su s<}brinoI:!abs Jan, y pronto sus territorios incluyeron Granada, Cabra, Mlaga, Ecija, y parte de la provincia de Crdoba. Entonces se independizaron, y su prestigio aument en 1018 cuando infligieron una aplastante derrota al pretendiente omeya al-Murta<;liiy sus partidarios 42. Tras esta impresionante victoria, Ziim decidi volver a su patria de origen,
39 Ibn al-JatIb, A'tam, pg. 185. 40 Vase tambin Ibn 'IdharI, Bayan, vol. 3, pgs. 262 y sigs. Ibn al-JatIb, A'tam, pgs. 227 y sigs.; Ibn Jaldn, '[bar, vol. 4, pgs. 345 y sigs. 41 'Abdallah, Mudhakkirat, pgs. 18 y sigs. 42 [bid., pg. 22.
66

I I I

esperando, quizs, poder asumir el mando de Qayrawan, dividido por aquel entonces en su poltica interna. Antes de partir deleg el poder en sus hijos y un consejo de ancianos, pero, en cuanto abandon al-Andalus, su sobrino I:Iabs se hizo con el poder ante el desencanto del consejo y los hijos. Sin embargo, con el fin de acallar la oposicin, I:Iabs gobern formando una amplia federacin con sus familiares43. A su muerte hubo una crisis sucesoria que se resolvi con el ascenso al poder de su hijo Badis, al cual ayudaba el magnate financiero judo Ibn Naghlah, que fue generosamente recompensado nombrandsele consejero privado, encargado de las finanzas, y visir. (Su hijo y sucesor, Ysuf, se hizo de hecho con el poder, ante la indignacin de sus enemigos, los cuales tramaron un plan para su perdicin). El podero zi alcanz su apogeo bajo Bams, el cual pudo vencer y matar a Zuhayr, gobernante de Almera y tambin mantener a raya las ambiciones de los 'abbades de Sevilla que haban hecho avances en los territorios vecinos. Tras su muerte, el reino zir se dividi entre sus ineptos nietos Tann y 'Abd Allah, que se hallaban en mutua lucha. Tamn gobern Mlaga, y siempre se consider con ms derecho a mandar sobre los zies. Por otro lado, 'Abd Allah, que era el gobernante titular del reino, tena su jurisdiccin limitada a Granada y sus alrededores inmediatos. Era menor de edad cuando accedi al trono, y su tutor Simacha, hombre astuto y ambicioso, se arrog todos los poderes, incluso largo tiempo despus de que 'Abd Allah llegase a su mayora de edad. Todo esto coincidi con las agresionesexternas de los 'abbades de Sevilla y los cristianos, que hicieron considerables intrusiones en territorio zI. Sin embargo, los zIes se encontraban frente a dificultades econmicas y militares internas, adems de la rivalidad entre varios de sus jefes. Cuando Simacha fue expulsado, se instal en la corte de Ibn Sumadil.1 de Almera, desde donde promovi conflictos contra 'Abd Allah, el cual tambin tuvo que luchar con su hermano Tamn de Mlaga. Al mismo tiempo, Alfonso VI aprovech la confusin para pedir (y recioir) 10.000 mithqiils a cambio de proteccin. Fue en estos momentos cuando los ziries, que al igual que otros reyes de taifas se encontraban en una situacin desesperada, decidieron pedir a los cada vez ms poderosos almorvides que les sacaran de apuros. El perodo de los reinos de taifas fue esencialmente una poca de confusin y anarqua, caracterizada por cambios constantes, y comparable a un ocano en el que el pez grande devora al pequeo. La ausencia de fronteras fijas fue. causa ecode guerras perpetuas que hicieron estragos en la vida espiritual, poltica nmica del pas. Las gentes eran conscientes de la existencia de un vaco y de la necesidadde llenado, pero, a pesar de los defectos de los omeyas, no se encontr un sustituto adecuado para ellos. En estas circunstancias, los reyes de taifas acabaron por darse cuenta (demasiado tarde) de que estaban cometiendo un suicidio, al encontrarse oprimidos entre dos grandes poderes: los cristianos por el norte, y el nuevo movimiento musulmn de los almorvides por el sur. Uno puede figurarse sin temor a equivocacin que al-Andalus hubiese cado en manos cristianas ya en 1009, si los cristianos hubiesen estado unidos, pero ocurra que los reinos cristianos del norte se encontraban en una situacin idntica a la de los reinos de taifas: costosas guerras, desavenencias dinsticas, y envidias crnicas. Sin embargo, los cristianos empezaron a hacer grandes avances a partir de mediados del siglo XI, y arrollaron a los musulmanes sin interrupcin. A partir de 1057ms o menos, exigieron tributos a los ms poderosos reyes de taifas: Ibn

43

lbd., pg. 26.

67

al-Afta.s de Badajoz, los Dh-I-Nn de Toledo, los zies de Granada, yal-Mu'tamid de Sevilla. Pero el peor presagio fue la cada de Toledo en 1085 en manos de Alfonso VI (1072-1109), Y la de Valencia en las del Cid en 1094. La prdida de Toledo marc el principio del fin, y fue seguida por otras victorias cristianas, mientras estos acontecimientos coincidan con el creciente poder de los almorvides en el noroeste de frica. El siglo XI fue desastroso para los musulmanes, tanto en Espaa como en el resto de la cuenca del Mediterrneo y seala el comienzo del ocaso del podero musulmn en la pennsula Ibrica. Los decisivos acontecimientos que tuvieron lugar en sta y en el resto del Mediterrneo, prepararon el camino para la primera cruzada de 1098, convocada por el Papa Urbano 11en Clermont. El asombroso xito de las cruzadas, que hicieron blanco en el corazn del mundo islmico en Siria-Palestina, es una de las medidas por las que se puede juzgar el grado de desmembramiento poltico de los musulmanes, y su apata ante los peligros externos. La situacin general en el siglo XI marc un creciente poder occidental, y constituy una completa reversin de la situacin en el siglo x, en el que los musulmanes fueron los dueos absolutos del Mediterrneo. La reconquista, mantenida a raya durante el siglo x, continu con pleno vigor en el siglo XI.Los reyes de taifas de al-Andalus se convirtieron en tributarios de Fernando I (1037-1065) Y de su hijo Alfonso VI (1072-1109), quienes hicieron incursiones en el territorio musulmn que llegaron hasta Sevilla y Granada. Pero el momento ms aciago para los andaluces fue cuando Alfonso VI tom la importante y estratgica ciudad de Toledo en 1085. Este acontecimiento desnivel el equilibrio de fuerzas en la pennsula. A pesar de los reveses sufridos por Alfonso en la batalla de Zallaqah (Sagrajas) en 1086, el destino de al-Andalus estaba decidido, siendo solamente cuestin de tiempo. Poderosas fuerzas externas empezaron a influir en la vida de al-Andalus, y, ya en 1064, los catalanes, caballeros franceses, normandos, y otros extranjeros, comenzaron a aparecer con frecuencia en las guerras entre cristianos y musulmanes de al-Andalus. La orden religiosa de Cluny -a la que perteneca Hildebrand, el futuro Gregorio VII (m. 1085}- intervino a menudo en los asuntos de Espaa, y contribuy a avivar las pasiones religiosas. La orden recibi ayuda del papado, que a partir de esas fechas empez a gozar de una creciente influencia, y a imponer su autoridad a las monarquas afirmando que el Papa era el virrey de Dios en la tierra, y consiguiendo con esto un enorme impacto en la conducta secular y las costumbres de los monarcas. Tambin los mercaderes de Pisa, Gnova y otras ciudades, objeto de las hostilidades de los musulmanes en el siglo anterior, tomaron la ofensiva atacando Cerdea y otras colonias musulmanas y llevando a cabo con xito incursiones en el mismo Tnez. Al mismo tiempo, los Normandos hicieron sentir su poder a los musulmanes de Sicilia, que estaba afectada por las divisiones y las rencillas. Algunos jefecillos pidieron ayuda a los bizantinos y norteafricanos, para acabar dndose cuenta de que esos poderes no estaban dispuestos a intervenir desinteresadamente. En 1060, el gobernante africano Ibn al-Tumnah pidi ayuda a Roger Guiscard de Calabria, para que le salvase de enemigos locales, y, este ltimo asinti y pudo tomar un gran nmero de ciudades. Esto seal el principio de la conquista normanda,

que dur hasta 1091, y signific el fm del podero musulmn en la isla.

En esta coyuntura, los almorvides ascendieron al poder en el norte de Africa y alargaron temporalmente la vida de al-Andalus. 68

CAPTULO IV

LAS DINASTAS Los almorvides (1056-1147)

BERBERES

(1052-1269)

(Yal)ya Ibn Ibrahim [m. aprox. 1042], 'Imran al-Fasi [m. 1039], Ibn Ya sin [m. aprox. 1056].) Yal).ya Ibn 'Umar (m. 1056) Ab Bakr Ibn 'Umar (m. 1087) Ysuf Ibn Tashfin (1061-1106) 'Ali (1106-1143) Tashfin (1143-1145) Ibrahim (1145) Isl).aq (1145-1147) La situacin en el noroeste de frica durante la primera mitad del siglo XI fue, en muchos aspectos, similiar a la de al-Andalus, ya que tambin haba vuelto al tribalismo con sus consiguientes rencillas e incertidumbre. Fue una coincidencia que algunos miembros de la poderosa tribu berber ~anhachah, o de una rama de la misma, los Lamtnah, hiciesen una peregrinacin a la Meca alrededor de 1038 bajo el mando de Yal).ya Ibn Ibrahim, y que, a su vuelta, pasaran a travs de Qayrawan, entonces importante centro intelectual, donde conocieron a fondo las enseanzas del Islam, y reconocieron la ignorancia de su tribu en lo concerniente a las autnticas prcticas religiosas. En Qayrawan, Yal).ya Ibn Ibrahim hizo amistad con Ab 'Imran al-Fasi, un distinguido jurista, y le convenci para que le recomendase un erudito religioso que les acompaase y enseara a su pueblo los principios del Islam. Abu 'Imran les recomend a uno de sus discpulos en el Magrib, 'Abd Allah Ibn Yasin, que se convertira en la fuerza propulsora de un nuevo celo religioso en el rea comprendida entre el ro Nger (Senegal) por el sur, y el mar Mediterrneo por el norte. 'Abd Allah Ibn Ya sin se convirti en el jefe espiritual de los Lamtnah, y dedic todo su tiempo a la enseanza y la predicacin, con limitado xito al principio, ya que slo pudo reunir un pequeo, aunque entusiasta y articulado, grupo. Al encontrar una violenta oposicin en los miembros de la tribu que juzgaban las nuevas enseanzas como demasiado rigurosas para ser practicadas, Ibn Yas'in decidi establecer un retiro (riba!) para sus seguidores, de lo cual se deriva 69

al-Murabi{n, almorvides en espaol. Tambin se les llama portadores de velo (Mulaththamn) 1. Al principio, los almorvides llevaron una devota vida de reclusin, llena de dificultades y privaciones, pero, al aumentar sus seguidores, Ibn Ya sIn emprendi actividades misioneras que tuvieron gran xito, y, de una actitud pasiva limitada a la predicacin, pas a otra ms militante y nombr jefes capaces de atraer a las diversas tribus hacia su movimiento. Desde luego Yal)ya Ibn IbrahIm fue un lder pasajero, y, a su muerte en 1042, Ibn YasIn nombr sucesor a Yal)ya Ibn 'Umar, conocido por su devocin, ascetismo y celo guerrero. Los dos hombres trabajaron en armona, y lograron aunar todas las tribus cercanas bajo la nueva fe. Se dice que Ibn YasIn administr unos cuantos latigazos a Yal)ya Ibn 'Umar por haber tomado parte en una batalla, alegando que un prncipe no deba participar en las hostilidades en persona, ya que su vida es la vida de su ejrcito, y su perdicin es la perdicin del mismo2. Yal)ya Ibn 'Umar, que era conocido por el sobrenombre de Prncipe de la Verdad (amlr al-I;aqq), sigui las rdenes de Ibn YasIn, que era el emir que sancionaba y negaba 3. (En aadidura a sus actividades religiosas y administrativas, ste era muy aficionado a las bellas mujeres, y se casaba y divorciaba numerosas veces cada mes 4). Dara'ak y Sichilmasah en el sur cayeron en poder de los almorvides, y stos empujaron sus conquistas hacia el norte, causando gran consternacin en todo el Magrib, que se hallaba asolado por guerras y enemistades. A lo largo de su victorioso avance, se hicieron con una gran cantidad de botn que distribuir entre sus seguidores. A la muerte de Yal)ya Ibn 'Umar, en 1056, le sucedi su hermano Ab Bakr con el consentimiento y aprobacin de Ibn YasIn, el cual exigi juramento de fidelidad a sus seguidores. Ab Bakr dej Sichilmasah en 450/1057 a la cabeza de un ejrcito de dos mil hombres 5 y tom la ciudad de Agamat, en la cual asent su cuartel general, y se cas con Zaynab, una hermosa y astuta mujer, viuda del anterior gobernante de Agamat6. Desde esta capital, Ab Bakr envi a sus generales en expediciones de conquista, y su primo Ysuf Ibn Tashufin se dirigi al norte del Magrib, donde logr establecer un estado que se extenda desde el centro de la actual Argelia por el este, hasta el ocano Atlntico por el oeste. En 1061, Ab Bakr 7 se vio forzado a salir de Agamat para sofocar una rebelin en el sur, y llam a Ysuf Ibn Tashm dejndole al frente del Magrib y dndole en matrimonio a su propia esposa, Zaynab, tras haberse divorciado de ella 8. Digno
1 Como panorama general de la historia de al-Maghrib, vase G. Man,;ais, La Berbrie musulmane et l'Orient au Moyen ge, Pars, 1946; H. Terrase, Histoire du Maroc, des origines a l'tablissement du protectorat fran(:ais, Casablanca, 1949; J. Charles-Andr, Histoire de l'Afrique du Nord, 2." ed., Pars, 1952; R. Montague, Les Berbres et le Makhzen dans ie Sud du Maroc, Pars, 1930; J. M. AbunNasr, A History of the Maghrib, Cambridge, 1971; A. Na~i, al-Istiq$ii, Casablanca, 1954-1956; traduccin francesa, Pars, 1923-1934. Sobre los Almorvides, vase J. Bosch, Los Almorvides, Tetun, 1956; F. Codera, Decadencia y desaparicin de los Almorvides en Es<Jaa, Zaragoza, 1899; J. Aschbach, Geschichte Spaniens und Portugals zur Zeit der Herrschaft der Almoraviden und Almohaden, Frankfurt, 1833; Mu. A. 'Inan, 'A$r al-Muriibi(fn wa-I-MuwahIJidfn, Cairo, 1964; H. Mons, Les Almoravides, RIEl, 14 (1967-1968), 49-102; Ibn 'Idha, Bayiin, vol. 4, pgs. 48 y sigs.; al-Marrakushi, Mu'chib, pgs. 200 y sigs. y 225 Y sigs.; Ibn al-Jatib, A'liim, pgs. 241 y sigs.; Ibn Jaldn, 'Ibar, vol. 6, pgs. 373-389; Ibn Abi Zar', al-Anfs al-(arab bi-raw<J al-qir(iis fi ajbiir mulk al-Maghrib, Upsala, 1843-1846; el estudio annimo, al-lfulal mawshiyyah fi dhikr al.ajbiir al-marrakushiyyah, Tnez, s. a.; al-I:Iimyari, al-Raw<J. 2 Ibn 'Idha, Bayiin, vol. 4, pg.11. 3 Ibid., pg. 12. 4 Ibid., pg. 16.
5

Ibid., pg.

15.

6
7

Ibid., pg. 18.

Ibid., pg. 20, da el ao 463/1071, que es poco probable. s Ibid., pg. 21.

70

de su cargo, Ibn Tashfin asumi el mando y se independiz, fundando la ciudad de Marrakush en 1062, a la que convirti en su capital, dotndola de una mezquita, edificios oficiales y fortificaciones. Compr un gran nmero de esclavos negros y espaoles para su ejrcito de ms de cuarenta mil hombres, acu moneda y estableci varios ministerios. Pronto conquist 10 que quedaba del Magrib, incluido Fez, y para 1075 haba nacido un nuevo y vigoroso imperio basado en el fervor religioso que lleg a tener un importante papel en el destino de al-Andalus, especialmente tras la conquista de Tnger, Ceuta, Tlemcn y las reas costeras del Magrib. Cuando Ab Bakr volvi en 1073 a recuperar su trono, encontr a Ysuf tan atrincherado que no se atrevi a promover una querella, y, en compensacin, acept numerosos presentes de su primo 9. Al ao siguiente, 1074, Ysuf rehus asumir el ttulo de califa, alegando ser vasallo del califa 'abbas, pero adopt el de Principe de los Musulmanes, que, en realidad vena a ser 10 mismo que Prncipe

de los Creyentes,reservado slo para el califa 1o.


Precisamente por entonces, los reyes de taifas se enfrentaban con serios peligros al norte, pero sin embargo, pactaron con los reyes cristianos pagando tributos e incluso haciendo concesin de fortalezas y ciudades. Parece segn esto que teman a los almorvides ms que a los cristianos, con los cuales tenan mucho en comn, y adems debieron sentirse seguros mientras los cristianos estuvieron preocupados con serios problemas internos. Pero cuando la situacin cambi drsticamente, sobre todo tras la prdida de Toledo en 1085, y los reyes de taifas se vieron forzados a escoger una de las dos peligrosas alternativas, optaron porque sus paisanos musulmanes, los almorvides, viniesen a ayudarles. La fecha precisa de la comunicacin inicial de los reyes de taifas con Ibn Tashfin es incierta, y quizs el ao 1079, en el que Alfonso VI declar la guerra a Sevilla y tras el cual hizo ms demandas, pueda ser considerado como el punto de arranque de las negociaciones. En 1083, el enviado judo de Alfonso lleg a Sevilla al frente de una amplia delegacin con el fin de recaudar el tributo, pero cuando hizo observaciones indiscretas y dud de la autenticidad de la moneda, al-Mu'tamid perdi la calma y lo hizo matar. Figurndose las consecuencias, convoc a algunos de sus colegas para estudiar la situacin, y delegados de Badajoz, Granada y otras ciudades se reunieron en Sevilla. Cuando le preguntaron a al-Mu'tamid acerca del peligro de una intervencin almorvid, se dice que respondi: antes sera camellero [en el Magrib] que porquerizo [en tierras cristianas] 11. Puesto que no podan ponerse de acuerdo entre s para formar un frente comn, los reyes de taifas decidieron pedir ayuda a los almorvides, y les enviaron una delegacin de qi[sGueces) de diversas ciudades, dando as un aspecto religioso a la misin. La delegacin lleg a Fez en 474/1082 y comenz las deliberaciones con Ibn Tashfin, el cual se mostr reservado pero conservando la posibilidad

9 Cuenta Ibn 'Idha (ibid., pg. 26) que fue la mujer de Yiisuf, Zaynab, quien le aconsej que llenara de regalos a Abii Bakr, y quien insisti en que Yiisuf continuara siendo el jefe supremo. 10 No se conoce con seguridad la fecha en que Ibn Tashfin asume el ttulo de Prncipe de los Creyentes. Al-lfulal mawshiyyah, pgs. 16 y sigs., y Ibn 'Idhari, Bayan, vol. 4, pg. 27, afirman que fue en 466/1074, mientras que Ibn Abi Zar', Rawif al-qirtas, pg. 88, dice que lo tom tras la batalla de Zallaqah, en 1086, y que recibi una fatwa de los dos grandes telogos del momento, al-Gazan y alTurtshi, autorizndole a tomar ese ttulo. 'Inan, 'Asr al-Murabi(in, vol. 1, pgs. 39 y sigs., acepta esta ltima fecha y cila completo el texto de la fatwa de al-Gazan (ibid., pgs. 41 y sigs.). 11 Ibn al-Jatib, A'lam, pg. 245, dice que fue el hijo de al-Mu'tamid quien le aconsej para que arreglara sus diferencias con los cristianos en vez de poner en peligro su reino y que al-Mu'tamid le contest Oh, hijo mo, prefiero morir de pastor en el Magrib antes que convertir al-Andalus en morada del infiel [dar al-kufr ].

71

en vida el paraso 1 3 .

de un entendimiento. Mientras tanto, al-Mu'tamid recibi<) cartas con amenazas de Alfonso VI, refirindose a s mismo como Emperador de las dos Religiones 12. En 1085, al-Mu'tamid apel directamente a Ibn Tashfin, implorndole en nombre del Islam que viniese a salvar la situacin, en estos trminos: l [Alfonso VI] ha venido pidindonos plpitos, minarete s, miJ;1rabsy mezquitas para levantar en ellos cruces y que sean regidos por monjes... Dios os ha concedido un reino en premio a vuestra Guerra Santa y a la defensa de Sus derechos, por vuestra labor... Y ahora contis con muchos soldados de Dios que, luchando, ganarn

Aunque Ibn Tashfin an mostraba reservas para intervenir militarmente en los asuntos de al,Andalus, ante la presin de sus consejeros y de los eruditos religiosos de la pennsula, al fin consinti en venir, con la condicin de que Algeciras fuese puesto a su disposicin 14.Al-Mu'tamid no tard en complacerle, ofrecindole su flota e incluso yendo en persona a recibir a. Ibn Tashfin a algn punto del Magrib, probablemente Marrakush 15. En 1086 el ejrcito almorvid cruz el estrecho, y desembarc en Algeciras con grandes esperanzas, siendo recibido 100 Tashfin con gran pompa por los emires, jefes militares, nobles, y eruditos religiosos que haban defendido su venida 16. Tras los preparativos preliminares se dirigieron a Sevilla, donde el futuro ejrcito libertador fue objeto de otra extravagante recepcin, en la cual participaron los ejrcitos de Granada, Mlaga, Badajoz, Sevilla, y otras ciudades. Se lleg a un acuerdo sobre la estrategia a seguir, y al-Mu'tamid fue nombrado comandante en jefe de las fuerzas de los reyes de taifas por orden de Ibn Tashfin, que mandaba en persona la lite del ejrcito almorvid. Esperando que el enemigo se adentrase en el sur y poder rodearlo, se hicieron fuerte en Zallaqah (Sagrajas), de tres a cinco kilmetros al norte de Badajoz, pero Alfonso VI, a la cabeza de un ejrcito de alrededor de cincuenta mil hombres, atac por sorpresa el viernes, 23 de octubre de 108617, y la vanguardia del ejrcito andaluz fue presa del pnico. Al-Mu'tamid luch con gran valor y fue gravemente herido, pero recibi ayuda del ej;cito almorvid que se haba colocado en la retaguardia y que infligi una aplastante derrota al enemigo. Alfonso VI tuvo que huir, dejando al grueso de su ejrcito muerto en el campo de batalla. La batalla de Zallaqah dur solamente unos cuantos das, y, aunque fue una gran victoria para los musulmanes, no resolvi gran cosa excepto elevar la moral de los reyes de taifas temporalmente y servirles de estmulo. El crdito de la victoria lo merece, sin duda, el ejrcito de Ibn Tashfin, que ahora se hallaba convencido de la debilidad crnica de los andaluces, y que regres al norte de frica dejndolos con sus rencillas y problemas. Alfonso VI no tard en formar un nuevo ejrcito y en fortalecer su posicin, y procedi a vengar la derrota de Zallaqah y a hostigar de nuevo a los musulmanes con asombroso xito. Penetr profundamente en territorio musulmn y lleg a las puertas de Sevilla ya en 1087, obligando a al-Mu'tamid a pedir de nuevo ayuda a Ibn Tashfin. Adems, Alfonso edific la recia fortaleza de Aledo (Liyyi{) entre
12

Al-Jud, Ban 'Abbiid, pg. 162; Ibn Jaldun, 'Ibar, vol. 6, pg. 185. 13 Citado por al-Jud, Ban 'Abbiid, de Ibn al-Jatib, al-lfulal, pgs. 29-30.

14

Ibn al-Jatib, A'liim, pg. 246.

15 Al-Marrakushi, Mu'chib, pg. 190. 16 'Abdallah, Mudhakkiriit, pgs. 100 y sigs.; al-Jud, Ban 'Abbiid, pg. 172. 17 Al-Marrakushi, Mu'chib, pg. 195. Los historiadores musulmanes sealan la estratagema de Alfonso VI contando que escribi un jueves a los rabes comunicndoles que el encuentro tendra lugar un lunes, ya que el viernes era festivo para ellos, el sbado para los judos y el domingo para los cristianos.

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Larca y Murcia, dotndola de una guarnicin de quince mil hombres. Estratgicamente situada, esta fortaleza amenazaba a todo el este de al-Andalus, sobre todo a las ciudades de Valencia, Lorca y Murcia, y al-Mu'tamid, como soberano de esta ltima, se alarm, al mismo tiempo que Ibn Rasmq, gobernante de la ciudad, fue objeto de la opresin de los cristianos. Los intentos de este ltimo de acabar con la fortaleza fueron fallidos a causa de la falta de ayuda de otros gobernantes musulmanes, y de nuevo al-Mut'tamid pidi ayuda a Ibn Tashfin. ste consinti y desembarc en Algeciras, donde fue recibido por al-Mu'tamid, convocndose una asamblea genera! a la que acudieron varios delegados y que se caracteriz por un reido debate sobre si el sitio a la fortaleza de Aledo deba o no continuar18. Tras cuatro meses de asedio se decidi abandonada, y Alfonso VI la arras debido a su vulnerabilidad. Ibn Tashrffi previno seriamente a los cabecillas sobre las cnsecuencias que tendra su falta de cooperacin, pero sus consejos no fueron tenidos en cuenta ni siquiera en la conferencia, en la que algunos de entre ellos dieron un espectculo con sus rencillas -por ejemplo, el rey de Granada fue llamado usurpador por su propio hermano. Al acabar la asamblea, Ibn Tashfin se volvi a! norte de frica lleno de dudas, aunque al mismo tiempo seguro del apoyo de los eruditos religiosos y el pueblo. Pero no tard en recibir alarmantes noticias de nuevos y aciagos acontecimientos que podan poner en peligro su propio dominio del norte de frica, ya que muchos reyes de taifas miraban a los almorvides con gran recelo y se mostraban ms inclinados a llegar a un acuerdo con los cristianos que a arriesgarse a perder sus reinos a manos de los primeros. Muchos de ellos ya haban cedido a las peticiones cristianas de tributos retroactivos, e incluso de adquisicin de nuevos territorios 19. Muy alarmados, los eruditos religiosos hicieron una llamada urgente en nombre del Islam y entregaron a Ibn Tashfin una fatwa (decisin legal) de los telogos al-Gaza]y al-1;'urtsm, autorizndole a ocupar y administrar al-Andalus y a asumir el ttulo de Am'i al-Mus/im'in (Prncipe de los Creyentes) 2. Una empresa tal, ofreca enormes posibilidades estratgicas, polticas, religiosasy econmicas, y, en las circunstancias de confusin reinantes en al-Andalus, relativamente poco riesgo. As, Ibn Tashfin decidi en 1090 desembarcar en al-Andalus como libertador, y, segn el emir 'Abd Alliih, se dirigi a Crdoba y convoc a varios gobernantes que accedieron a acudir. Una excepcin fue 'Abd Allah de Granada, por entonces tributario de Alfonso VI, del cual se veng Ibn Tashfin encadenando a sus emisarios y enviando un ejrcito contra su ciudad. 'Abd Allah trat de reunir una fuerza para su defensa, pero todos sus sbditos decidieron dar la bienvenida al invasor, no teniendo 'Abd Allah otra salida que la rendicin incondicional21. Recibi un trato humillante a manos del emisario de Ibn Tashfin, todas sus propiedades, incluidas las personales, fueron puestas a disposicindel invasor, y l mismo y su madre fueron desnudados para cerciorarse de que no escondanjoyas o dinero. Tras esta indignidad se les permiti conservar trescientos dinares, tres sirvientes y cinco mulos para transportar sus ms indispensables enseres, y fueron conducidos a Algeciras, luego a Ceuta, y finalmente a Agamat enelnoroeste de Marrakush, donde pronto se les uni su hermano Tamlm de Mlaga, que haba estado conspirando contra l. Es posible que fuese al-Mu'tamid quien animase a Ibn Tashfin a acabar con Granada, con la esperanza de poder gobernar l este territorio22. Los otros gober18 Ibn al-Jaj'ib, A'lam, pg. 247. 19 'Abdallah, Mudhakkirat, pg. 122. 20 Al-Td, Ban 'Abbad, pg. 194. Cfr. la nota 10. 21 'Abdallah, Mudhakkirat, pgs. 154 y sigs. 22 bid., pg. 164.

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nantes estaban alerta y continuaban intrigando entre s, convirtindose as en presa fcil para Ibn Tashlm que procedi a liquidarlos con diferentes pretextos. AlmeTa, entonces bajo Ibn ~umadil)., ofreci poca resistencia, y slo quedaron alMu'tamid de Sevilla e Ibn al-Afta s de Badajoz. Con gran decepcin por su parte, al-Mu'tamid pronto se hall en serio antagonismo con Ibn Tashfin, el cual empez a presionarlo, y su general Sir Ibn Abii Bakr tom Tarifa y se dirigi a Sevilla, mientras otras tropas se dirigan a Jan, Ronda y Crdoba. Sir pidi a al-Mu'tamid que se rindiese pacficamente, garantizndole su vida y propiedades, pero el orgulloso gobernante opuso una obstinada resistencia y, ante el asombro de los eruditos religiosos y del mismo Ibn Tashfin, pidi y recibi ayuda de Alfonso VI. Al-Mu'tamid ya no poda confiar en el apoyo del pueblo de Sevilla, pero an sigui luchando, y cuentan que dijo a uno de sus hijos, no temas, pues la muerte es ms fcil que la humillacin, y el camino de los reyes conduce del palacio a la tumba23. Sin embargo, la ciudad se rindi en 1091 tras seis das de enconada lucha, y al-Mu'tamid, encadenado junto' a unos cien miembros de su familia, fue llevado a Agamat, donde acab su vida en medio de la ms abyecta pobreza y humillaciones. La cada de Sevilla fue seguida por las de Badajoz en 1094, Valencia en 1102 y Zaragoza, Lisboa y Santarem en 1110, pero los almorvides no pudieron recapturar Toledo o ganarles nuevos territorios a los cristianos. A partir de 1090, hasta 1145, al-Andalus se convirti en una provincia almorvid y fue gobernada desde Marrakush. Se nombraron jefes militares, con frecuencia familiares de Ibn Tashfin, para las principales ciudades, y stos mantuvieron a raya a los cristianos y colaboraron con los eruditos religiosos en la regeneracin de la religin. En general, al-Andalus gan de nuevo su antigua posicin bajo Ibn Tashfin y su hijo y sucesor 'Ali (1106-1143), que confi en capaces y leales gobernadores, pero los almorvides no pudieron consolidarlo y proporcionarle una estabilidad duradera, ya que poderosos factores influyeron en contra suya en el interior y en el exterior. La Espaa cristiana, aunque dividida, estaba animada por el fervor religioso y un fuerte espritu de cruzada, y esto iba a chocar con la ambicin poltica y el aspecto religioso del movimiento almorvid en una confrontacin que coincidi con una chihad internacional y una cruzada que traspasaron los lmites de al-Andalus y el Magrib. El enfrentamiento destruy las hasta entonces armoniosas relaciones entre cristianos y musulmanes, los cuales empezaron a mirarse con desconfianza y desdn. En 1118, Alfonso 1 de Aragn conquist la importante ciudad de Zaragoza tras haberse adueado de varias ciudades y fortalezas en la Marca superior, y la hizo su capital, convirti su mezquita principal en una iglesia, y oblig a muchos musulmanes a abandonar la ciudad. Con la conquista de Zaragoza, Alfonso 1 empuj el equilibrio de fuerzas a favor de los cristianos del mismo modo que lo hizo Alfonso VI con la conquista de Toledo en 1085. Animado por la llamada de los cristianos bajo el dominio musulmn, Alfonso 1 emprendi una audaz marcha contra Granada en 1125, hasta la cual lleg a la cabeza de un ejrcito de unos ochenta mil hombres y tras pasar por Lrida, Valencia, Denia, Jtiva, Murcia y otras ciudades. Aunque obligado a retroceder, su profunda penetracin en el territorio musulmn puso de manifiesto la vulnerabilidad de las defensas musulmanas, al mismo tiempo que los almorvides eran amenazados por el naciente movimiento almohade en el corazn de su dominio norteafricano. En estas circunstancias, 'Afi se hallaba ms preocupado por los asuntos del Magrib, y, en 1128, nombr gobernador de Granada a su hijo Tashfin, al cual
23

Ibd., pg. 170.

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llam diez aos ms tarde para hacerlo su sucesor y que se enfrentase a la creciente amenaza de los almohades. Tashfin demostr ser un buen general, pero los factores divisorios dentro del imperio almorvid eran abrumadores, y, tras prevalecer estas condiciones bajo su mandato durante cuatro aos, se agravaron con la intranquilidad interna manifiesta en las revueltas, las subsiguientes intrusiones cristianas, y el creciente poder de los almohades en el Magrib. Los almorvides haban dado nueva vida al estado musulmn en al-Andalus, y su gobierno llen un vaco poltico, y, en' sus primeros tiempos, contribuyeron a crear una considerable estabilidad y prosperidad. Adems, satisfacieron las necesidades emocionales y espirituales de los eruditos religiosos y del pueblo, e hicieron un gran alarde de religiosidad a costa de la libertad de pensamiento. Los eruditos religiosos, que haban tenido gran influencia en los asuntos de estado bajo los omeyas, recobraron su posicin de privilegio e incluso tuvieron poder para condenar cualquier libro que consideraban contena manifestaciones subversivas, y as fueron quemados los libros de al-Gazafi (m. 1111), el ms importante telogo

del Islam, y su autor declarado hereje 24. Al mismo tiempo hicieron objeto de
terribles medidas a cristianos y judos, ya que todo esto estaba de acuerdo con la ideologa almorvid. Sin embargo, en cuanto stos acabaron de establecerse, surgieron las dificultades, y, su al principio puritana dinasta, sucumbi al lujo y acab por deteriorarse. El descontento cundi en todos los sectores de la sociedad y gan en intensidad con los renovados ataques cristianos. En estas circunstancias, se puso de manifiesto que el poder de los almorvides no era ms seguro que el de los reyes de taifas, y, en efecto, revueltas y sediciones aparecieron en 1145 en el Algarve, Niebla, Santarem, Jerez de la Frontera, la coste este, Cdiz, Badajoz, y otros lugares25, resultando algunas de ellas en el establecimiento de varias ciudades-estado parecidas a las de los reyes de taifas. Las sublevaciones parecen haber sido instigadas por los religiosos o por los qtjis, apoyados por el pueblo que les jur fidelidad como si fueran sus gobernantes. Solamente se pueden mencionar aqu unos cuantos. Un sufi llamado Ab-l-Qasim Ibn Qasi26, que se haca llamar Mahdi, reuni cierta cantidad de seguidores y promovi un levantamiento en Silvesy Niebla, refugindose en Sidonia al ser muerto uno de sus lderes, aunque otro de sus seguidores continu la lucha. En Crdoba, Al).mad Ibn I:Iamd"in(m. 1152) fue nombrado juez de la ciudad en 536/1142, pero tres aos despus le fue jurada fidelidad como gobernante supremo con el sonoro ttulo de Prncipe de los Creyentes y Defensor de la Religin, y form su propio gabinete, un ejrcito, y gobern Crdoba durante once meses, tras los cuales fue desplazado por otro rebelde y march a Castilla y de all a Mlaga, donde muri 27. Igualmente hicieron otros dos jueces en Mlaga y Valencia respectivamente28, pero los ms importantes de entre los nuevos jefes fueron Ibn 'IyaQ (m. 1146)29 e Ibn Mardanlsh (m. 1172), los cuales hicieron su aparicin en el este de al-Andalus y extendieron su poder sobre Valencia, Murcia, Jan, beda y Baeza. Ibn Mardanlsh, ms tarde puso cerco a Crdoba y Sevilla, y penetr profundamente en el sur hasta Granada. Esta situacin coincidi con la ascensin en el noroeste de frica de un nuevo movimiento religioso, los almohades, que al principio hicieron sentir su influencia
24 Ibu 'Idharl, Baya, vol. 4, pg. 59; al-Marrakushi, 25 Ibu al-Jatib, A'fam, pg. 248. 26 bid., pg. 248; al-Marrakushi, pg. 281. 27 Ibu al-Jajlb, A'fam, pg. 252.
28 bid., pg. 256. 29 Al-Marrakushi, Mu'chib, pg. 278. 75

Mu'chib, pg. 237.

en al-Andalus para ocupado finalmente en circunstancias similares a las existentes durante los ltimos das de los reinos de taifas. AI-Marrakushi describe el deterioro de la situacin as:
La situacin bajo el Prncipe de los Creyentes -Dios se apiade de l- se deterior enormemente durante el siglo quinto [siglo XII]. Gran cantidad de abominables cosas aparecieron en sus dominios debido a la apropiacin de stos por los jefes almorvides y al asolador despotismo al que se entregaban abiertamente. Cada jefe era una imponente figura que pretenda ser mejor que el Prncipe de los Creyentes 'Ali y ms merecedor del mando que l. Las mujeres tomaron el control de las cosas, y los asuntos de estado dependan de ellas. Cada una de las mujeres de las tribus Lamtnah y Masfah se asoci con gente mala y corrompida: bandidos, borrachos y libertinos. A pesar de todo esto, la negligencia del Prncipe de los Creyentes y su debilidad aumentaron. Estaba satisfecho con el ttulo oficial de gobierno [imrah] de los musulmanes, y con recaudar los impuestos. Se entreg a la plegaria y a la castidad! Sola velar de noche y ayunar durante el da! Era famoso por esto! Abandon los asuntos de la comunidad hasta el extremo. Por esta razn, muchas cOSaSse deterioraron en al-Andalus, el cual casi volvi a su situacin anterior, especialmente tras la llamada de Ibn Tmart en Ss 30.

Los almohades (hacia 1121-1269) Ibn Tmart (1121-1130) 'Abd al-Mu'min (1130-1163) Ysuf 1 (1163-1184) Ya'qb (1184-1199) Mubammad (1199-1213) Ysuf 11 (1213-1223) De nuevo, un movimiento religios03! del Magrib vino a salvar a al-Andalus de sus dificultades internas y de los cristianos. Los almohades tenan varias cosas en comn con los almorvides: un origen berber, una fuerte base religiosa, y un desarrollo similar; y, adems, tuvieron un papel en al-Andalus parecido al de los almorvides y un semejante y abrupto final, abandonando a al-Andalus a sus antiguos y graves problemas, que contribuyeron al posterior declive y, finalmente, a la desaparicin del podero musulmn en Espaa. El movimiento almohade tuvo un interesante comienzo. Su fundador fue Mubammad Ibn Tmart 32, nacido alrededor de 1084 en la tribu Hargah en un pueblo
Ibid., pg. 241. 31 Las principales fuenles de la poca sobre los Almohades son lbn al-Qattan, Chuz' min Kitiib na:;m al-chumiin, ed. Mal;tmd 'AIT Makki, Tetun, s. a.; Thn ~al;tib al-$alah, al-Mann bi-l-imiinah, publicada en parte, Beirut, 1964; E. Lvi-Provenc;:al, Documents indits d'histoire almohade, Paris, 1928; tambin su edicin de Trente-sept lettres officielles almohades, Rabat, 1941; al-Marrakusru, Mu'chib, pginas 245 y sigs., contiene informacin de primera mano sobre la dinasta. Vase tambin lbn al-Jatib, A'liim, pgs. 265 y sigs., y su al-lfulal; lbn Jaldn, 'Ibar, vol. 6, pgs. 472-484; al-l;[imyari, al-Raw4; R. Le Tourneau, The Almohad Movement in North Africa in the Tweifth and Thirteenth Centuries, Princeton, 1969; A. HuiC Miranda, Historia poltica del imperio almohade, Tetun, 1956-1957; 'Abdallah 'AIT 'Alam, al-Da'wah al-muwalJlJidiyyah bi-l-Maghrib, Cairo, 1964; R. Millet, Les Almohades, histoire d'une dynastie berbere, Paris, 1923. 32 Sobre lbn Tmart, vase HuiC Miranda, Imperio almohade, pgs. 23 y sigs.; al-Marrakushi, al-Muchib, pg. 245; El, en lbn Tmart; J. D. Luciani, ed., Le livre de Mohammed Ibn Toumert, Argel, 1903; H. Basset, lbn Toumert, chef d'tat, Revue de l'histoire des religions, 2 (1925), 438-439; E. Lvi-Provenc;:al, Ibn Toumert et 'Abd al-Mu'min, en Mmorial Henri Basset, Pars, 1928, vol. 2, pginas 21-37; 'lnan, 'A$r al-Murabi{in, vol. 1, pgs. 156 y sigs.; al-Baydhaq, Ajbiir al-Mahdi Ibn Tmart
30

76

de la regin de Ss, en los montes del anti-Atlas al sur de Marruecos. Su padre era el encargado de encender las lmparas (sarrlich) en una mezquita, y el joven Mui}.ammadrecibi la educacin primaria en su ciudad nativa, y posteriormente viviy estudi en Crdoba. Desilusionado por muchas cosas en al-Andalus, entre ellas la quema de las obras de al-GazaIT y el predominio de la ortodoxia rgida, decidi emigrar al Este alrededor de 500/1107 para completar su educacin, y cruz al norte de frica hasta Alejandra, Bagdad y otras ciudades. En el Este conoci las enseanzas de juristas y telogos, sobre todo de los seguidores de al-Ash'a y al-GazaIT, los dos principales responsables de la formulacin de la teologa ortodoxa, y tuvo contacto con lderes como al-Turtshi, y con las ideas de los shi'ah y los mu'tazilah. Permaneci en el Este durante diez aos, y, a su vuelta empez a predicar por todas partes atacando las prcticas religiosas y las costumbres de la poca, ya fueseen Alejandra, Trpoli, al-Mahdiyah, Tlemcn, Fez o Marrakush 33. Su apasionado predicar le hizo ganar seguidores y enemigos, y los gobernadores de Alejandra y Buja le ordenaron marcharse34, pero esto no le desanim, y fue durante ese viaje cuando se le uni uno de sus ms adictos seguidores, 'Abd al-Mu'min, que lleg a ser su brazo derecho. Tras ser expulsado de Marrakush, se dirigi a su ciudad natal de Ss, donde edificuna mezquita en un lugar llamado Tinmall, a un da de distancia de Fez, y all ense y predic su doctrina, pidiendo a sus discpulos que llenasen la tierra de justicia y rectitud, y que reprimiesen las acciones censurables. Su elocuencia y devocin gan el respeto y la lealtad para sus seguidores, y envi algunos lderesa extender la nueva fe entre otras tribus. Con la absoluta aprobacin de sus discpulos, se aventur en 1121 a proclamarse el infalible Mahdl (al-mahdi al-ma':m)y a remontar su genealoga hasta el Profeta 35. Expuso su doctrina en dos obras principales, y sus enseanzas eran eclcticas y contenan elementos ortodoxos, mu'taziles y shi'es36. Defendi el concepto de tawlfid (la unidad) de Dios, que es indivisible, ilimitado e indefinible. De esta doctrina bsica de la unidad procede el trmino Muwal;l;idun, del que se deriva el espaol almohade. De este modo asumi el papel de lder al mismo tiempo espiritual y secular. Del mismo modo que Ibn I:Iazm (m. 1064) -quien puede haber influido en susenseanzas37- conden la doctrina de taqlld (aceptacin ciega de la autoridad) e insisti en volver atrs y estudiar los textos revelados. Acept con entusiasmo la interpretacin alegrica (ta'wil), que le dio flexibilidad para propagar su nueva versin del Islam, y, como los mu'tazilah, defendi la negacin de los atributos divinos.Hizo una distincin entre los que crean en Dios, el Profeta, y l mismo; y los que no crean: sus seguidores eran considerados como gentes del Paraso, mientras que sus enemigos constituan las gentes del infierno 38. Una vez crucifica un jurista por dudar de su decisin cuando mat a uno de sus seguidores 39, aunque stos eran tan sumisos y obedientes que hubieran matado a sus padres,

wa-ibtidii, daw/at a/-muwal)JJidin, ed. y trad. fr. E. Lvi-Provem;al, Pars, 1928; al-Zarkasm, Tarlj a/daw/atayn, Tunis, A.H. 1289. 33 Para ms detalles sobre el itinerario de Ibn Tmart, vase Huici Miranda, Imperio a/mohade, pginas 38 y sigs. 34 AI-Murrakushi, Mu'chib, pgs. 246-247. 35 lbd., pg. 255; cfr. Ibn ldhari, Bayan, vol. 4, pg. 68. 36 AI-Marrakusm, Mu'chib, pg. 255. 37 Huici Miranda, Imperio a/mohade, pgs. 32 Y sigs. y 95 Y sigs. La doctrina de Ibn Tmart est recogida en su A'azz ma YUI/ab, Argel, 1903, y en su tratado de derecho, a/-Muwa!!a', Argel, 1905. 38 Ibn 'Idhari, Bayan, vol. 4, pgs. 68-69. 39 lbd., pg. 69. 77

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1172

El Occidente

musulmn en el siglo

XII

hermanos, o hijos si se les hubiera ordenado 40, a pesar de que se les enseaba que
no deban derramar sangre. El comienzo de la carrera de Ibn Tmart estuvo dificultado por una fuerte oposicin y su movimiento no avanz mucho slo a base de sermones. El pequeo grupo de sus manifiestos seguidores, llamados al-mu'minn (los fieles) inclua un consejo de diez miembros que trabajaban en estrecha colaboracin con l, y, al aumentar sus discpulos, los organiz a modo de una jerarqua gubernamental, aadiendo al consejo de diez, otro de cincuenta representantes de las dis-

tintas tribus berberes41. A partir de entonces, comenz a reivindicar sus pretensiones de justicia de modo violento, y desafi a los almorvides ya en 1122,
40 Al-Marrakushi, Mu'chib, pg. 259. De hecho, purg a sus seguidores haciendo morir a muchos. Vase Lvi-Proven<;al, Documents indits, pgs. 35 y sigs. 41 Al-Murrakushi, Mu'chib, pg. 255; cfr. Huici Miranda, Imperio almohade, pgs. 100 y sigs. Vase tambin J. F. P. Hopkins, Medieval Muslim Government in Barbary until the Sixth Century of the Hijra, Londres, 1958, pgs. 85-111.

78

SERBIA MONTES BALKANES

~
'AR MEDITERRNEO

CRETA

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BARQA

Jerusaln

EGIPTO

teniendo varios encuentros con ellos. En 1127, Ibn Tmart se atrajo a los montaeses marroques descontentos, y posteriormente se dirigi contra Agamat y

la capital de Marrakush 42, retirndose a las montaas sin enfrentarse al enemigo;


pero en 1130 envi a su lugarteniente 'Abd al-Mu'min al frente de un ejrcito de unos cuarenta y cuatro mil hombres. 'Abd al-Mu'min atac Marrakush, pero fue rpidamente rechazado por el gobernante almorvid 'Ali Ibn Ysuf43, y aunque su ejrcito sufri una aplastante derrota, Ibn Tmart persever en su lucha hasta que muri en 1130. Poco antes de su muerte convoc a sus dos consejos y les exhort a seguir fielmente su doctrina y a continuar la lucha. Es posible que Ibn Tmart nombrase sucesor a 'Abd al-Mu'min (1130-1163)44
42

Ibn 'IdharI, Bayiin, vol. 4, pg. 75.

43 Al-Marrakusl, Mu'chib, pg. 261; efr. al-Baydhaq, Ajbiir, pg. 28. 44 Sobre 'Abd al-Mu'min, vase al-Murrakusl, Mu'chib, pgs. 262 y sigs.; al-Baydhaq, Ajbiir, pginas 83 y sigs.; ann., al-Hulal, pg. 107; El, bajo 'Abd al-Mu'min; Huici Miranda, Imperio almo79

'"

en. esa reunin, y el nuevo lder fue confirmado en su puesto por los dos consejos, pero las ambiciosas reivindicaciones de infalibilidad de Ibn Tmart dificultaron el que su amigo asumiera el mando espiritual y temporal de la naciente comunidad, en vista de lo cual su nombramiento no fue hecho pblico hasta tres aos ms tarde, cuando ya se haba demostrado capaz de asumir la indiscutible jefatura y de continuar la lucha. 'Abd al-Mu'min, hijo de un alfarero, y nacido en 1095 en un pueblo del distrito de Tlemcn, fue uno de los primeros seguidores de Ibn Tmart y lleg a ser su asociado ms prximo, oficiando como miembro del consejo de los diez (chamilah) y como jefe militar. Al igual que a su predecesor, le interesaban mucho las diversas ciencias, y agrup a su alrededor cierto nmero de eruditos que le ayudaron a formular la nueva doctrina religiosa. Adems demostr ser un caudillo capaz, que condujo a los suyos de victoria en victoria sobre los decadentes pero an poderosos almorvides. Tras su derrota durante el sitio de Marrakush, 'Abd al-Mu'mn se dio cuenta de que no poda enfrentarse, y menos vencer, a la caballera almorvid en terreno llano, y cautelosamente y con tiempo, procedi a organizar y consolidar sus fuerzas. Continu hecho fuerte en las reas montaosas, recurriendo a tcticas de guerrilla y limitando sus actividades a la regin de Ss, y, hasta 1140 no se dirigi al noroeste donde tom varias ciudades y fortalezas. Sus seguidores aumentaron considerablemente y se convirti en general de un gran ejrcito tras la muerte en 1143 del gobernante almorvid 'An. Tashfin (1143-1145), hijo y sucesor de 'Ali, no pudo competir con el creciente poder de los almo hades, y, en 1145, muri, y su ejrcito sufri una grave derrota cerca de Tlemcn, que cay en manos de 'Abd al-Mu'min, para ser pronto seguido por Fez (1146), Agamat, Ceuta, Tnger, y finalmente Marrakush (1147). El xito de 'Abd al-Mu'min se basaba en el hecho de que los almorvides haban perdido el apoyo del pueblo, y estaban divididos por disidencias y revueltas tanto en el Magrib como en al-Andalus. Esta intranquilidad coincidi con las incursiones cristianas en los territorios musulmanes, y es probable que los propagandistas almo hades estuviesen promoviendo ms disturbios aprovechando la coyuntura 45. Tras la cada de Marrakush, el podero almorvid desapareci, dando paso a la dinasta almohade, y, cuando la ciudad fue purgada y purificada de infieles, los almo hades la hicieron su capital. Poco despus, 'Abd al-Mu'min fij su atencin en el sur, donde algunas tribus rebeldes se haban separado de su movimiento, y actu velozmente, derrotndolas y matando a muchos rebeldes. Ech los cimientos de Rabat como campamento militar para evitar futuras sublevaciones en el sur, y, una vez pacificado el territorio, se concentr completamente en los asuntos del noroeste de frica, acabando con toda clase de oposicin en Ceuta y dems. Para entonces, los normandos de Sicilia se haban hecho fuerte en una amplia zona del norte de frica que se extenda de Trpoli a Tnez, y 'Abd al-Mu'min march hacia el este y tom Buja (1153). Tuvo que volver a Marrakush a sofocar revueltas y conspiraciones, pero volvi en 1159 y tom al-Mahdiyah al ao siguiente. A su vuelta, se encontr con unas tribus rebeldes, pero, en lugar de luchar con ellas, las persuadi a ir con l a Marruecos y entrar en su milicia, ya que esperaba hacer uso de ellas en la conquista .de al-Andalus.
hade, pgs. 109 y sigs.; 'Inan, 'A$r al-Murabi(in, vol. 1, pgs. 218 y sigs.; Le Tourneau, The Almohad Movement, pgs. 31 y sigs. 45 Al-Murrakushi, Mu'chib, pg. 281, dice que se podian hallar muchos almo hades en Algeciras, Ronda, Granada, Sevilla, Crdoba y otras ciudades. Ann., al-lfulal, pg. 111, menciona que los jefes sevllanos llegaron a Marrakush en 542/1148 y rindieron honores a 'Abd al-Mu'min. 80

A 'Abd al-Mu'min no poda serIe indiferente al-Andalus, sobre todo en vista de sus alianzas con poderes externos ocupados en una acrrima cruzada contra los musulmanes. Tortosa (1148) y Lrida (1149), dos de las principales ciudades del norte, haban sido ganadas por los cristianos junto con el resto de las ciudades y fortalezas de la Marca superior, e incluso Almera en el sur, cay en 1147 ante las fuerzas unidas de Castilla, Gnova, Pisa, y otras potencias cristianas. El papado estaba animando a los gobernantes cristianos a purgar el territorio infiel, y adems, la situacin interna de al-Andalus se estaba deteriorando rpidamente. Crdoba, Valencia, Murcia, Mlaga y otras ciudades haban adoptado posturas independientes al mando de jefes locales, y no estaban dispuestas a ceder su soberana a un extrao. Ibn 'YyaQ (m. 1147) se haba proclamado a s mismo dueo de Valencia y otras ciudades, y sus dominios se extendan desde dicha ciudad en el norte, hasta Cartagena en el sur. Le sucedi Ibn Mardamsh, que se ali con el gobernante cristiano de Barcelona y Castilla, y firm tratados con los mercaderes de Gnova y Pisa, autorizndoles a usar los puertos de Valencia y Denia. Por su parte, los almo hades dominaban Sevilla (1147), Crdoba (1149), Granada y otras ciudades que aceptaron su dominio, y, en 1157, cay Almeria, siendo seguida por Baeza, Jan, beda y otras. No obstante, el dominio almohade en al-Andalus fue flojo y precario, y el pas continu inquieto y acosado por fuerzas divisorias, especialmente tras 1158 cuando Ibn Mardanlsh y su suegro Ibn Hamushk, ayudados por los cristianos, tomaron Jan con facilidad y atacaron Crdoba y Sevilla, tomando Carmona en 1160 y amenazando a otras ciudades. 'Abd alMu'min recibi las noticias con consternacin, y orden a sus dos hijos, Ab Ya'qb, gobernante de Sevilla, y Ab Sa'd, gobernante de Granada, que pasaran a la ofensiva, mand fuerzas militares y orden la construccin de una ciudad en Gibraltar, para poderIo visitar. La ciudad se termin antes del ao, y estaba provista de una mezquita, un palacio real, mansiones, jardines, fortificaciones yagua corriente, y 'Abd al-Mu'min desembarc en Gibraltar en 1161 a la cabeza de un ejrcito constituido por berberes y rabes. Fue recibido como un hroe por sus dos hijos y amplias delegaciones de notables andaluces, los poetas le cubrieron de alabanzas 46, Y permaneci all dos meses planeando el ataque, tras lo cual se volvi al Magrib. La ofensiva almohade tuvo lugar sin ms dilacin, pero, mientras atacaban Carmona en 1161, Ibn Hamushk entr en Granada con la ayuda de los judos47. El contingente almohade ofreci una fuerte resistencia y fueron ayudados por dos refuerzos. Este tipo de amenaza, confirm la opinin de 'Abd al-Mu'min de que era necesario un ejrcito a gran escala, y, en 1163, reuni unos doscientos mil hombres para atacar al-Andalus, pero cay enfermo y muri poco despus, no pudiendo llevar a cabo su sueo de conquistar Espaa, el cual qued para que le

dieran empuje sus sucesores48.


'Abd al-Mu'min fue un caudillo afortunado y un gran estadista que se gan el respeto de sus religiosos seguidores, pero, a pesar de toda su aparente devocin, en 1155 nombr sucesor a su primognito Mul).ammad, no obstante las frivolidades de este ltimo, el cual beba vino, cosa censurable para los almohades. Como consecuencia de esto, hubo divisin de opiniones en lo concerniente a Mul).ammad, y fue depuesto tras cuarenta y cinco das de mando 49, y, para suerte de los al46 A'lam, pg. 265; al-Murrakushi, Mu'chib, pg. 282; cfr. 'Inan, nas 381 y sigs. 47 'Inan, 'A$r al-Murabi{in, vol. 1, pg. 387. 48 AI-Marrakushi, Mu'chib, pg. 306. 49 [bd. 'A$r al-Murabi{in, vol. 1, pgi-

81

mohades, le sucedieron gobernantes competentes que llevaron el poder almohade a su apogeo. Su territorio abarcaba todo el norte de frica desde la frontera de Egipto en el este, hasta el Atlntico en el oeste, incluido al-Andalus. Ysuf I (1163-1184)5, que haba sido gobernador de Sevilla, fue hecho venir a Marrakush por su padre 'Abd al-Mu'min, con la aparente intencin de nombrarlo sucesor en lugar de MUQammad. Esta decisin de ltima hora estaba llena de peligro, ya que Ysuf tuvo que competir con familiares que parece ser no le haban jurado lealtad de muy buen grado, y, en efecto, no pudo asumir el ttulo de Prncipe de los Creyentes hasta cinco aos despus de su ascensin al trono. Aunque sigui las huellas de su padre en lo que respecta a materias militares y religioso-intelectuales, tuvo menos decisin en lo concerniente a la direccin de los asuntos de gobierno y a la atencin de los problemas urgentes. Por otro lado, fue un erudito letrado en rabe, literatura arbiga, ciencias religiosas, medicina y filosofa, adems de gran biblifilo y dueo de una biblioteca casi igual a la del califa al-I:Jakam II 51. Se rode de letrados, incluyendo los hasta entonces desacreditados filfoso, entre los cuales se encontraron los dos ms importantes de al-Andalus, Ibn Tufayl y Averroes 52. Adems se sirvi de los hombres ms capacitados de su tiempo como chambelanes, visires, jueces y secJ:etarios53. Al principio, Ysuf prest especial atencin a la consolidacin de su imperio, y demostr gran preocupacin por los asuntos del norte de frica. Aunque la influencia almohade en al-Andalus era bastante fuerte, el pas no se encontraba ni mucho menos bajo su control, ya que haba varios principados y la situacin era similar en algunos aspectos a la que exista a la llegada de los almorvides en 1090. Mientras algunos de los gobernantes andaluces estaban dispuestos a aceptar el dominio almohade, otros tomaron la determinacin de conservar su independencia a toda costa. Entre estos ltimos se hallaba MUQammad Ibn Sa"id Ibn Mardan'ish (m. 1172), el cual tena en su poder una gran parte del territorio este de al-Andalus, incluida Murcia. Contra l mand Ysuf un contingente militar en 1165, pero ofreci una fuerte resistencia, y hasta 1171 no decidi Ysuf venir a al-Andalus al frente de un gran ejrcito, esperando tener el total de la pennsula bajo su poder. Cruz el estrecho y fue a Sevilla, donde asent .su cuartel general contra Ibn Mardan'ish y sus aliados cristianos, y la lucha dur hasta la muerte de ste en 1172. Sus familiares encontraron conveniente aceptar a Ysuf, el cual a su vez les permiti seguir desempeando importantes cargos en los territorios que antes ocupaban. Libre de seria oposicin musulmana, Ysuf centr su atencin en los reinos que amenazaban al poder almohade, y aunque el reino de Len bajo Fernando II fue un eficaz aliado a partir de 1168, los de Castilla y Portugal estaban ocupados en una poltica expansionista que pona en peligro a las ciudades musulmanas en todas partes. Giraldo sin Pavor, un aventurero al servicio de Alfonso Enrquez de Portugal, caus estragos en Extremadura y tom

varias fortalezasy ciudades - Trujillo, Evora, Montnchez y Serpa-, siti Badajoz


en 1169 y tom Beja en 1172. Estos nefastos acontecimientos obligaron a Ysuf a mandar un ejrcito importante que reconquist dichas posiciones, ayudado por Fernando II de Len, tras lo cual pudo poner sitio a Toledo durante algn tiempo aunque lo abandon para enfrentarse al enemigo en lugares menos peligrosos. Tuvo un xito relativo, y la cuestin andaluza se resolvi momentneamente debido a una tregua con el enemigo.
50

Sobre Ysuf, vase ibid., pgs. 308 y sigs.; Ibn al-Jafib, A'lam, pg. 269; Huici Miranda, Imperio
pgs. pgs. 308 y sigs. 316 y sigs.

almohade, pgs. 219 y sigs. 51 Al-Marriikushi, Mu'chib,


52

Vase ms adelante el Capitulo XVII.


Mu'chib,

53 Al-Marriikushi,

82

Durante sus casi cinco aos de permanencia en al-Andalus, Ysuf emprendi la construccin de varias obras pblicas en Sevilla y satisfIzo sus inquietudes intelectuales. Pudo obtener un mnimo de paz en el pas, pero de ningn modo su consolidacin o la paz permanente con sus vecinos, y vivi lo sufIciente como para arrepentirse de ello. En 1176, se traslad de al-Andalus a Marrakush y luego a Sus con objeto de sofocar una sublevacin, y, mientras se hallaba ocupado en esto, no paraban de llegarle noticias alarmantes acerca de la situacin en al-Andalus: Portugal atac Beja en 1178 y amenaz la costa, incluida Ceuta en el continente africano;' Alfonso VIII de Castilla atac al-Andalus en 1182, acamp cerca de Crdoba y despus se dirigi a Sevilla y Algeciras; y Fernando II de Len se ali con Castilla en 1183 y prometi romper sus buenas relaciones con los almohades. Todo esto condujo a Ysuf a preparar apresuradamente un gran ejrcito para comenzar una campaa contra los gobernantes cristianos, y, en 1184 cruz el estrecho y se dirigi a Sevilla, de donde march a Santarem en el Algarve, que estaba defendido por las fuerzas de Portugal y Len. El ejrcito almohade le puso sitio pero no pudo tomarlo debido a sus excelentes fortifIcaciones y buenas defensas,y acab por retirarse presa del pnico despus que Yusf muri vctima de una herida recibida en su tienda. Mientras los almohades lamentaban la muerte de su jefe y se preocupaban por la sucesin, los gobernantes cristianos preparaban planes ms ambiciosos para al-Andalus, y, una vez ms, la Espaa musulmana se hallaba en una precaria situacin. . La muerte de Ysuf fue mantenida en secreto durante algn tiempo para evitar discordias. Parece ser que haba nombrado sucesor a su hijo Ya'qb, al cual le juraron fidelidad los nobles y el pueblo en el alczar de Sevilla, y march a Ra-

bat, donde fue proclamado Prncipe de los Creyentes54, y de all sigui a Marrakush, donde le fue jurada de nuevo fIdelidad. Tras el juramento, los gobernadores del norte de frica fueron notifIcados de la sucesin de Ya'qb, algunos de los familiares del cual pusieron muchas objeciones a su nombramiento debido a su disipada juventud, pero acabaron por aceptarlo despus que les llen las manos de dinero y les dio extensos dorninios 55. Ya'qub (1184-1199)56 empez su mandato haciendo nfasis en la administracin de la justicia, encareciendo la moral, y llevando a cabo obras pblicas. Prohibi el uso de las bebidas alcohlicas y atac la vida muelle restringiendo el

uso de los bordados y vestiduras de seda 5 7. Dot a Rabat de la mayor mezquita del norte de frica, y agrand la residencia califal en Marrakush con la adicin de varios palacios y una gran mezquita. En 1185 tuvo que prestar atencin a la amenaza de los Ban Ganiyah de Mallorca 58, que haban gobernado las Baleares en nombre de los almorvides desde los tiempos de Ysuf Ibn Tashfin, y que, aunque reconocan al califa 'abbas fueron los primeros en estar en buenos trminos con los almo hades. Se dedicaron a la piratera y ahora provocaban a los almohades no solo negndose a acatar su poder, sino tambin tomando la ciudad norteafricana de Buja y haciendo otras conquistas al este. Su caudillo, 'AIi Ibn Ganiyah, entr en Buja con la ayuda de algunos de sus habitantes, hiw prisioneros a dos prncipes almohades y los mantuvo como rehenes. De all sigui a
54

Huici Miranda, Imperio almohade, pg. ~17.


Mu'chib, pg. 341.
.

55 AI-Marrakusru,

56 Sobre Ya'qb, vase ibld., pgs. 336 y sigs.; Ibn al-JatIb, A'lam, pg. 269; Huici Miranda, Imperio almohade, pg. 313; Mu\:1. RashId MuITn, 'A$r al-Man$r al-muwaI)/Jidi, Rabat, 1946. 57 Huici Miranda, Imperio almohade, pg. 318. 58 Sobre Ban Ganiyah, vase al-MarrakushI, Mu'chib, pgs. 342-463; Huici Miranda, Imperio almohade,pg. 320. Vase tambin Alfred Bel, Les Benou Ghanya, derniers reprsentants de /'empire almoravideet leur lutte contre /'empire almohade, Pars, 1903. 83

Argel, lo tom junto con otra ciudad, y volvi a Buja, donde iz el estandarte negro de los 'abbases. Ya'qb recibi estas noticias con consternacin y orden que una escuadra de galeras y un fuerte ejrcito recuperasen el territorio. ';\fi fue derrotado, pero huy y continu promoviendo disturbios en el norte de Africa con la ayuda de tribus rabes y seguidores almorvides, y Ya'qb tuvo que enviar otro contingente de tropas, aunque la rebelin continu algn tiempo con 'AlI y su hermano y sucesor Yal).ya. Tan pronto como Ya'qb consigui la victoria sobre 'Afi en 1188, tuvo que volver precipitadamente a dominar y deshacerse de algunos familiares disidentes que dudaban de su derecho al trono. Mientras tanto, la situacin en al-Andalus se deterioraba rpidamente, y Ya'qb comenz a prepararse para un chihd contra los cristianos de Portugal que haban cercado y tomado Silves en 1189, ayudados por cruzados franceses, alemanes e ingleses. Simultneamente, Alfonso VIII de Castilla tena puesto cerco a varias ciudades y fortalezas, y exiga un fuerte botn a los musulmanes. Ya'qb tard en venir, pero en 1191 sali para al-Andalus a la cabeza de un gran ejrcito, desembarc en Tarifa y continu hacia Crdoba. Delegados cristianos de Len, acudieron alarmados y temerosos a Crdoba y Sevilla para pedir una tregua. Esto dio libertad a Ya'qb para dirigirse contra Portugal y reconquistar Silves, y, aunque imposibilitado al principio por una enfermedad, lo consigui ms tarde. Volvi a Marrakush para tomar a al-Andalus en 1195, cuando Alfonso 111 de Castlla atac la regin de Sevilla, al ejrcito del cual se enfrent en Alarcos, al norte de Crdoba, infligindole una aplastante derrota, cuya magnitud y repercusiones pueden compararse con las de la batalla de Zallaqah 59. Despus sigui empujando hacia el norte y pudo tomar las ciudades de Guadalajara, Salamanca, y otras, y en 1196 puso cerco a Toledo pero hubo de retirarse a Sevilla. Los almo hades parecan estar en posicin de reconquistar todo al-Andalus, pero Ya'qb no pudo explotar su xito y tuvo que volver precipitadamente a Marrakush a sofocar una revuelta. Cansado y enfermo alcanz su capital en 1198, y su tarea de estabilizacin qued sin terminar cuando muri al ao siguiente. Entre los cruciales problemas pendientes con que se enfrent Ya'qb al final de su vida se encontraba la cuestin del pensamiento y la prctica religiosos. Cay bajo el influjo de los eruditos religiosos que estaban preocupados por el peligro interno que representaban para el Islam los librepensadores, y para aplacar a estos conservadores, mand quemar todo aquello que estimaban subversivo 60, Y tambin desterr al gran filsofo Averroes y prohibi sus obras 61. Ya'qb fue el ltimo de los grandes gobernantes almohades, un capaz estadista, y constructor62 de muchos fuertes, puentes, palacios y mezquitas, siendo considerado el hospital que construy en Marrakush superior a cualquier otro

del mundo 63 .

Los almo hades, como los almorvides, no pudieron mantener su imperio por largo tiempo. La razn de ser de ambas dinastas fue el celo religioso que sirvi para unir una sociedad bsicamente heterognea, y que al desaparecer y debilitarse en asuntos mundanos, hizo que sta revirtiese a su estado fragmentario. Esto ocurri en al-Andalus y en el Magrib, donde hicieron su aparicin muchos principados independientes en un momento en el que los cristianos, sobre todo
59 AI-Marrakusm, pg. 359. 60 Ibd., pgs. 354 y sigs. 61 Ibd., pgs. 384 y sigs.
62 63

Ibd., pg. 370. Ibd., pg. 364. Sobre la vida cult~ral de los almohades, vase Mul.I. Man1, a/-'U/m wa-/-adab
'ala 'ahd a/-Muwal:zlJidfn, Tetun, 1952.

wa-/-funn

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en Espaa, estaban obteniendo considerables ventajas, y por fm pudieron asestar el golpe definitivo. Esto empez a ser aparente tras la muerte de Ya'qb en 1199, al cual sucedieron gobernantes dbiles e incompete~tes. Mul).ammad (1199-1213), su hijo y sucesor, hizo frente a varias revueltas en Africa, e incluso presenci all la aparicin de estados independientes, y aunque la situacin se mantuvo estable en al-Andalus durante los primeros aos de su gobierno, se deterior enormemente al final y Alfonso VIII de Castilla hizo considerables avances en territorio musulmn, causando grandes daos. Mul).ammad se dirigi a Espaa a la cabeza de un gran ejrcito con la esperanza de mantener a raya e incluso acabar con los avances cristianos, pero ya por entonces no poda contar con la lealtad de su propio ejrcito, y menos con la de los andaluces, y, cuando en 1212 se enfrent a las fuerzas combinadas de Len, Castilla, Navarra y Aragn, sufri una aplastante derrota en las Navas de Tolosa. Su ejrcito, de aproximadamente trescientos mil hombres, fue diezmado, quedando slo unos cuantos miles, y l mismo apenas pudo salvar su vida, vindose obligado a volver a Fez y dejar al-Andalus en manos de su hijo de catorce aos Ysuf, que pronto se convirti en su sucesor. Ysuf II (1213-1223), que slo gobern nominalmente, fue testigo del derrumbamiento del poder almohade tanto en el Magrib como en al-Andalus, y, tras su muerte en 1223, las rencillas internas de la familia gobernante desviaron la atencin de otros asuntos ms importantes y aceleraron la desaparicin de una administracin central. Surgieron varios pretendientes en al-Magrib y al-Andalus, recabando para s el derecho al trono. En al-Andalus hubo al menos dos, uno en Murcia y otro en Baeza, luchando entre s y siendo ayudados por los cristianos a cambio de concesiones territoriales. Esta situacin condujo a inestabilidad y confusin, incitando a algunos grupos a adoptar posiciones de independencia del mismo tipo que caracteriz los ltimos tiempos de los almqrvides. De ese modo, se puede afirmar con algo de razn que un cuarto ciclo de reinos de taifas surgi en al-Andalus. A partir de 1228, comenzaron a aparecer nuevos estados en al-Andalus, reinos de una existencia precaria y en constante lucha entre s, que recibieron ayuda de los cristianos en sus rencillas, los cuales explotaron la situacin y penetraron profundamente en al-Andalus bajo el mando de Fernando III, rey de Castilla y Len. Durante el desmoronamiento del poder almohade en al-Andalus, Zayyan, un descendiente de los Ban Mardanlsh, se hizo fuerte en Valencia, Denia y otras ciudades vecinas en 1229. No le fue bien y tuvo que rendir Valencia en 123864, pero cuando el religioso Ibn Jattab (m. 1239) fund un falso principado en Murcia, los habitantes se rebelaron y llamaron a Zayyan Ibn MardaIsh para que tomase el poder65. En Menorca, Ibn I:Iakam (m. 1288) gobern con mano frrea durante cerca de cincuenta aos, pero a su muerte la isla cay en manos del gobernante de Barcelona 66 .

Quizs el ms importante del nuevo grupo de gobernantes independientes fue Mul).ammad Ibn Ysuf Ibn Hd (m. 1237), un descendiente de los gobernantes de Zaragoza. Cuando los Ban Hd perdieron el reino en 1118, algunos miembros de la familia vivieron bajo la proteccin de los gobernantes cristianos, y parecen haber perdido su influencia durante las dcadas siguientes. A principios del siglo XIII,Mul).ammad Ibn Hd surgi en medio de un vaco poltico. Estaba destinado en el ejrcito en Murcia, pero desert junto con un oficial y se dedic al bandidaje, adquiriendo con el tiempo un gran botn y un importante nmero
64 Ibn al-JatIb, A'tam, pgs. 270 y sigs. Ibd., pg. 274. 66 Ibid., pgs. 275 y sigs.
65

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de secuaces. Defensor de la causa del Islam contra la Cristiandad, en 1228 tom Murcia, y posteriormente extendi su poder a Crdoba, Sevilla, Granada, Almera, Ceuta y Algeciras67. Ibn Hd reconoci como califa al 'abbiis al-Mustan~ir, el

cual le respondi con una florida carta 68, Yadopt los sonoros ttulos de Prncipe
de los Creyentes y al-Mutawakkil bi-lliih, convirtindose en el gobernante ms poderoso de al-Andalus. Pronto tuvo que enfrentarse con sus paisanos musulmanes, sobre todo con Zayyiin Ibn Mardamsh de Valencia y Mul.1ammad Ibn Ysuf Ibn Na~r, el cual, en 1231, se declar seor de su ciudad natal, Arjona, y comenz a construirse un reino, tomando al ao siguiente Jan, Guadix, Baeza y otros distritos, y acabando por chocar con Ibn Hd. Al mismo tiempo, Fernando III de Castilla (-1217-1252)se aprovech de lo inestable de la situacin y se dirigi al sur, obligando a Ibn Hd a ceder algunas fortalezas y a pagar un tributo de mil dinares diarios. Este acuerdo dej en libertad a este ltimo para obligar a Ibn Na~r a reconocer su autoridad en 1234. El podero de Ibn Hd dur poco, y estuvo amenazado constantemente por los reinos de Castilla y Aragn. En 1236, Crdoba cay en manos de Fernando In de Castilla, y, tras la muerte de Ibn Hd en 1238, la totalidad de al-Andalus fue presa fcil para los reinos cristianos, que lo dividieron en tres partes a anexionar en cuanto surgiese la oportunidad: el poderoso reino de Castilla conquistara la parte central y sureste, el de Aragn la noreste, y el de Portugal la oeste, procediendo inmediatamente a poner su plan en prctica. Adems de Crdoba, los castellanos tomaron Jan y Arjona en 1246, Sevilla en 1248, y otras importantes ciudades69 y convirtieron en tributarios suyos a Ibn Na~r, seor de Granada, y otras ciudades. Los aragoneses bajo Jaime (1213-1276) pudieron conquistar las Baleares en 1229-1237, Valencia en 1238, Denia en 1244, Jtiva en 1246, y otras ciudades. Y los portugueses tomaron Silves en 1242, Santarem y el resto del Algarve en 1250. Slo el reino tributario de Granada qued en poder de Ibn Na~r. Todo esto marc el principio del fm del podero musulmn en Espaa. En conclusin, las dinastas berberes gobernaron al-Andalus durante siglo y cuarto, y aunque es cierto que llenaron un vaco temporal en la regiones habitadas por los musulmanes, hicieron poco por alterar el equilibrio de fuerzas en la pennsula o por resolver alguno de sus problemas sociopolticos. Los gobernantes cristianos apenas si fueron mantenidos a raya, y las promesas berberes de reconquistar la totalidad de la pennsula no fueron seguidas seriamente, siendo frustrados los pocos intentos por la fuerte oposicin cristiana y la inestabilidad de la situacin en el norte de frica, que requera all la presencia del caudillo musulmn. Es tambin significativo que los berberes, excepto los lderes almohades, era.n en general gentes sencillas y carentes del refmamiento y la educacin de los andaluces, y esto hizo su presencia en al-Andalus poco importante e incluso resentida por la mayor parte de los andaluces, que eran conscientes y estaban orgullosos de su cultura material y su refinamiento. Adems, los berberes siempre estuvieron en minora, y no hay pruebas de que trajesen con ellos un gran nmero de gentes destinado a la colonizacin. Por consiguiente, nunca se integraron a la corriente principal de la poblacin, y siempre fueron extranjeros. Esto an destaca ms cuando se compara con las masivas colonizaciones y recolonizaciones llevadas a cabo por los reyes cristianos. Las dinastas berberes carecan de un fuerte gobierno central, y distribuye67

/bd., pgs. 277 y sigs.

68 El texto del documento en Ibn al-Jatib, A'lam, pgs. 280 y sigs. 69 AI-Maqqari tiene en su Nar~ al-llb, vo\. 6, pgs. 82-307, una extensa parte sobre el xodo de los musulmanes de Andaluca. Vase tambin A. Ballesteros, Sevlla en el sglo X/lJ, Madrid, 1913.

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ron la administracin de las provincias entre familiares y jefes militares que a menudo se independizaron e incluso rebelaron contra el gobierno central, y esto ocurri lo mismo en al-Andalus que en el norte de frica. El mero hecho de que al-Andalus estuviese gobernado desde Marrakush hizo la tarea de estabilizar el pas ms difcil, especialmente en un momento en que existan unos relativamente poderosos estados cristianos al norte que estaban imbuidos del espritu de la reconquista y las cruzadas 70. Uno puede aventurarse a afIrmar que los andaluces hubiesen preferido la coexistencia con sus vecinos cristianos a no ser por la dureza e intolerancia religiosa de los mismos. En sus circunstancias, los andaluces no tuvieron ms remedio que pedir la ayuda de sus paisanos musulmanes del norte de frica, un matrimonio de conveniencia basado en el celo religioso, que de hecho se convirti en el grito de guerra y lema de las dinastas berberes, y que coincidi con una igualmente fuerte consciencia religiosa entre los cristianos. La llamada a una cruzada se equiparaba con una llamada a chihiid, y la cristiandad y el Islam se encontraban en trayectorias de choque. Los andaluces, cuya tolerancia era sabida, se hallaron en una situacin sin salida. Haban esperado que las dinastas berberes les protegiesen y trajesen unidad y paz, pero se encontraron que eran vanas esperanzas cuando lleg el fInal. En su conjunto, las dinastas berberes tenan una base religiosa comn, pero no lograron alcanzar una cohesin socio-religiosa, ni dentro ni fuera de su conglomerado tribal. De hecho, su tribalismo se haca ms patente cuando surga una crisis o una debilidad en la autoridad central, y al principio, su fanatismo religioso estuvo fuertemente respaldado por los duros y valientes miembros de las tribus. Muy a menudo, dependieron de los eruditos religiosos, que influyeron en la poltica, y, en su afn de recrear un Islam puritano, intentaron formular una nueva teologa, al mismo tiempo que prohibieron los escritos del gran telogo oriental al-Gazal (m. 1111). Los almohades abogaron, en contra de la doctrina establecida, por la confIanza en la interpretacin aleg rica y el literalismo de los textos revelados, y el fomento del estudio de la ftlosolrn por los lderes almohades fue quizs un medio de llegar a una nueva teologa. Sea como fuere, estas dinastas lograron extender el Islam entre los tibios berberes, y entre los pueblos negros de Ghana, Mali, Mauritania y otros lugares, y adems mantuvieron vivo el espritu de chihiid (Guerra Santa) en su enfrentamiento con la Espaa cristiana, y

otros puntos de la cuenca del Mediterrneo.

Por otro lado, las dinastas berberes se encontraron con numerosos y difciles problemas, y la situacin interna del imperio nunca pareci ser estable. Una victoria en al-Andalus, a menudo se encontraba anulada en el norte de frica y viceversa. A partir del siglo XI, las fricciones entre los musulmanes berberes y andaluces eran ms bien regla que excepcin, y numerosas y sangrientas revueltas caracterizaron sus relaciones hasta el fm de ambas dinastas. Parece ser que los almorvides fueron bien recibidos en su intervencin y ocupacin de al-Andalus, pero no se puede decir lo mismo de los almo hades, ya que a! parecer los andaluces estaban convencidos de que los recin llegados del norte de Africa no tendran ms xito que los almorvides, y se opusieron a ellos tenazmente. Sublevaciones en Valencia, Murcia, y otros lugares condujeron a la aparicin en 1147 de un lder independiente, que desafI y luch contra ambas dinastas hasta su muerte en 1172, Ibn Mardan'ish, el cual se ali con sus vecinos cristianos a cambio de pa~ar tributos para impedir la intrusin de los almohades, adems de fIrmar un tratado
Sobre las Cruzadas, vase K. M. Setton, ed., A History of the Crusades, Madison, Wis., 1969. 87

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comercial con Pisa y Gnova, permitindoles el. uso de sus puertos en el este de al-Andalus. Este antagonismo hacia los almohades tambin se refleja en la oposicin de los Ganiyah, seores de las Baleares, cuya notable flota atacaba por sorpresa el sur de Francia y otras ciudades del Mediterrneo. Tomaron una postura independiente, y se sintieron seguros mientras Ibn Mardanish tuvo el control de la zona este de al-Andalus. En 1177, llegaron a un acuerdo pacfico con Gnova y Pisa, pero en 1182 los almohades les dieron un ultimtum para que acatasen su soberana, el cual se negaron a aceptar y comenzaron a atacar y ocupar varias ciudades costeras del norte de frica, y, aunque los almohades acabaron por conquistar Mallorca en 1203, se vieron obligados a luchar contra los Ban Ganiyah durante casi tres dcadas en suelo africano. Por aadidura, la aparicin de las dinastas berberes coincidi con la ejecucinde las cruzadas y la presencia en la pennsula Ibrica de los fuertes reinos de Portugal, Castilla y Aragn, que tuvieron gran xito en sus encuentros con los musulmanes. La cada de Zaragoza en manos de Aragn en 1118, repercuti en el equilibrio de fuerzas en la pennsula tanto como la cada de Toledo en 1085, y fue seguida en 1125 por profundas incursiones en territorio musulmn hasta Sevilla y Granada. Los cristianos all residentes se sintieron seguros de apoyar a sus correligionarios, lo cual provoc an ms tensin entre cristianos y musulmanes, y teniendo esto en cuenta, aunque las dinastas berberes alargaron la vida de al-Andalus, contribuyeron enormemente a esta fuerte tensin socioreligiosa, que haba existido desde los tiempos de la primera cruzada, la cual precipit el fervor religioso y trajo a extranjeros cristianos a luchar contra los musulmanes. Esta es una de las razones por las que los cristianos fueron objeto de duras medidas, y a menudo expulsados a Marruecos, donde servan como soldados bajo los almorvides y las siguientes dinastas. Con el tiempo se les permiti practicar su religin en pblico, y la edificacin de una iglesia en Marrakush debi ser la causa qu~ anim al Papa a escribir en 1146 al gobernante almohade invitndole a convertirse al cristianismo. En efecto, las cruzadas no solo tuvieron gran influencia en Espaa, sino que se dejaron sentir a otros niveles. Los comerciantes de Pisa, Gnova y Venecia, y los cruzados de Francia, Alemania, Inglaterra y otros lugares, tuvieron un papel importante en los asuntos de la pennsula. Unos cuantos ejemplos son suficientes: En 1115, los mercaderes de Gnova y Pisa saquearon las Baleares, tomaron Mallorca y la mantuvieron en su poder durante casi un ao; en 1147, el rey de Portugal, ayudado por cruzados ingleses, alemanes y holandeses, tom Lisboa, Santarem y Beja; en el mismo ao, las fuerzas unidas de Castilla, Catalua, Navarra, Gnova y Pisa, se apoderaron de Almera; en 1211 el rey de Castilla pidi al Papa la organizacin de una cruzada contra los musulmanes de Espaa, y posteriormente, voluntarios, clrigos y monjes de varias rdenes religiosas, y caballeros se unieron a los ejrcitos aliados de Castilla, Aragn y Navarra en las Navas de Tolosa en 1212; y, finalmente, Ximnez de Rada, obispo de Toledo, organiz una cruzada en 1217 y tom varias fortalezas en el este de al-Andalus. No es probable que se sobreestime la gravedad de esta participacin internacional, y las dinastas berberes eran conscientes de lo que implicaba, pero se encontraban ocupadas resolviendo sus problemas internos, y parece ser que ninguna de las dos dio prioridad a la conquista y asuntos internos de al-Andalus. Ibn Taslm entr en l con gran indecisin, nunca sac provecho de su victoria en Zallaqah (Sagrajas), y no hizo mucho por reconquistar Toledo y consolidar su poder en al-Andalus. Al igual que sus sucesores, hizo frente al enemigo de una manera espordica y slo cuando se present la ocasin; y los almohades, que 88

tuvieron problemas similares en Africa, hicieron lo' mismo. 'Abd al-Mu'min, el fundador de la dinasta, pareci estar ms preocupado por la amenaza de los normandos a Tnez que por la precaria situacin de al-Andalus durante la dcada de 1140y siguientes. En 1158, respondi a la llamada de ZIrId, seor de Tnez, despus que los normandos hubieron extendido su poder desde Trpoli al este, hasta Tnez al oeste, y acudi a la cabeza de un gran ejrcito, ordenando a su flota que le prestase ayuda desde el mar. Esta actuacin logr desplazar a los normandos, y, victorioso, 'Abd al-Mu'min se prepar para tomar al-Andalus, pero en cuanto quedaron trazados sus planes, volvi a Marruecos para resolver problemasurgentes. Su posterior muerte fue el origen de ms crisis, y aplaz cualquier intervencinimportante en al-Andalus, y como consecuencia el pas se mantuvo en una dbil situacin, y las victorias almohades fueron indecisas. Su principal victoria en Alarcos, en 1195, puede compararse con la de Zallaqah por la poca influenciaque tuvo en el curso de los acontecimientos, y fue anulada por la victoria cristiana en la batalla de las Navas de Tolosa, cuyo desastre seala el cambio de rumbo de la reconquista y el continuo declive del poder almohade en alAndalusy en el resto de su imperio. De hecho, los almohades, a pesar de su importancia numrica, no estuvieron a la altura de su prestigio y mantuvieron menos territorio en al-Andalus que sus predecesores almorvides. Sin duda, la inestabilidadde la situacin en el norte de frica impidi a ambas dinastas llevar a cabo un chihad con ms xito en al-Andalus. Adems, su organizacin administrativadej mucho que desear; su ejrcito fue heterogneo y constituido por mercenarios,cristianos cautivos, y miembros de tribus; provincias enteras del imperio fueron cedidas a familiares y jefes militares que las gobernaron como dominios propios; los impuestos legales orrientes no fueron suficientes para mantener a un ejrcito siempre en campaa, y fueron complementados por impuestos extraordinarios sobre las ventas y manufacturas. Frecuentemente, los cristianos fueronlos recaudadores de impuestos miradas con desprecio por el pueblo. Comparando, las dinastas berberes no tuvieron la refinada cultura de los andaluces,y, al igual que otros invasores antes que ellos, sucumbieron ante los atractivosde la vida andaluza. Muy a menudo, dependieron de los conocimientos y habilidades andaluces, funcionarios andaluces prestaron su ayuda a todos los niveles,dentro y fuera de al-Andalus, y secretarios, visires, eruditos religiosos, filsofos,poetas y dems, adornaron sus cortes. . En efecto, los berberes no hicieron mucho por influir en la corriente intelectual, y siguieron la antigua tradicin cultural de al-Andalus. Del siglo XII al XVII, la influencia de musulmanes andaluces al norte de frica fue considerable, y tuvouna gran influencia en la vida norteafricana, en las artes, arquitectura, administracin,agricultura y literatura 71. Mientras al-Andalus se desintegraba y era absorbido por los reinos cristianos a principiosdel siglo XIII,el dominio almohade del norte de frica segua el mismo destino,pues aunque la dinasta sigui hasta 1269, perdieron su imperio, el cual cayen poder de tres dinastas que aparecieron casi simultneamente: los I).af~es en Tnez, los zayyanes en Tlemcn y los marlnes en Marruecos. Estas dinastas tuvieroncaractersticas similares a las de sus predecesores: estructura tribal, guerras internas, y conflictos entre s. Muchos cristianos y musulmanes andaluces fueronsus sbditos. Aragn compiti por influir en los haf~es y los zayyanes, y Castilla busc una esfera de influencia e~el dominio man.
71

J. D. Lathan,Towardsa Study of Andalusian Immigration and Its Place in Tunisian History,


en Tu1974.

CT,5 (1957), 203-252; M. de Epalza, Recherches rcentes sur les migrations des "Moriscos" nisie, CT, 17 (1970), 139-147, Y su tudes sur les moriscos andalous en Tunisie, Madrid-Tnez,

89

Los I:Iaf~es, que sirvieron a los almo hades ocupando puestos importantes, se aprovecharon de la inestable situacin de Tnez, se sacudieron el yugo almohade en 1229 y declararon ser los herederos legtimos de aqullos, continuando la mencin del nombre de Ibn Tmart en la plegaria del viernes hasta 1311. En 1236, los gobernantes Haf~es empezaron a asumir el ttulo califal de Prncipe de los Creyentes, y extendieron su poder por Argelia, siendo acatados en Marruecos y al-Andalus, aunque apenas se interesaron por los asuntos andaluces. Al contrario, establecieron relaciones comerciales con Venecia (1231), Pisa (1234) y Aragn, el cual empez a tener gran influencia en los asuntos internos y externos de los I:Iaf~es a partir de 1240. Los Zayyiines, una rama de la tribu Zanata, gobernaron el Magrib central desde la importante ciudad de Tlemcn; y Yagmuriisan, el fundador de la dinasta, luch contra sus vecinos los I:Iaf~es en el este, y los Manes en el oeste, pero sobrevivi a sus hostilidades. En la dcada de 1290, el estado se extenda a lo largo de la costa argelina desde el ro Mulawiyah hasta Shammun (wdl-/-kablr) en el oeste, y, al igual que los Haf~es, tuvieron relaciones comerciales con Aragn. Los Manes, probablemente de origen berber, decan ser de ascendenca rabe, y eran esencialmente nmadas que chocaron con los almo hades en 1145 y fueron forzados a vivir en el Sahara. En 1216 se sublevaron en Fez y salieron victoriosos de los siguientes encuentros con los almohades, y, a pesar de sus divisiones internas, tomaron Tiizah en 1248, Fez en 1250, Sichilmiisah en 1257, Sal en 1260, la capital almohade de Marriikush en 1269. Tnger en 1273 y Ceuta en 1275. Al contrario que los I:Iaf~es y los Zayyiines, tuvieron un importante papel en los asuntos de al-Andalus desde un principio, y en el siglo XIVaspiraron a crear un gran imperio que contrarrestase la influencia de Aragn y Castilla, pero fallaron sus tentativas, tanto en esta empresa como en proteger el ltimo reducto de la pennsula.

90

CAPTULO V

LA DINASTA NASR DE GRANADA

(1231-1492)

El reino na~r1 fue el nico estado que sobrevivi a la reconquista cristiana


en el siglo XIII.SU fundador, Mubammad Ibn Ysuf Ibn AQmad Ibn Na~r, pudo crear un reino en el extremo sur de al-Andalus que abarcaba una estrecha franja a lo largo de la costa desde Tarifa al oeste hasta ms all de Almera al este, y desde el Mediterrneo al sur hasta un poco ms arriba de Granada por el norte. El reino de Granada tuvo una existencia precaria desde el principio. Oprimido entre los estados norteafricanos por el sur y los reinos cristianos por el norte durante cerca de dos siglos y medio, y codiciado por ambos, a menudo Granada pidi ayuda bien a los cristianos a cambio de pesados tributos o bien a los marines de Marruecos, segn fuera su agresor uno u otro. Los na~res slo pudieron so-

brevivir a base de hbiles maniobras.

El reino surgi a consecuencia de la fragmentacin del poder almohade en 1228, cuando al-Andalus se convirti de nuevo en un mar de confusiones e incertidumbres, y Mubammad Ibn'ysuf Ibn Hd2, Zayyan Ibn MardaIsh3, y otros lderes, surgieron dispuestos a hacerse dueos de principados y a reclamar el gobierno de al-Andalus. Uno de ellos consigui el beneplcito del impotente califa 'abbas, otro reconoci como jefe al lder almohade de Marruecos, y otros pidieron ayuda a los estados cristianos o se doblegaron ante sus vecinos por algn tiempo para luchar con ellos acto seguido. Ibn Hd, que recibi el beneplcito
l

Nuestras mejores fuentes sobre los na~ris son las obras de Ibn al-Jajlb, principalmente al-Il)(ah

fi ajbiir Garn(a, ed. Mul:1ammad 'Abd Allah 'Inal:1n, Cairo, 1955, y A'lm, pgs. 278 y sigs.; e Ibn Jaldn, 'Ibar, vol. 4, pgs. 366-384. Ambos tomaron parte actIva en la poltIca de la poca. Es muy Importante la obra de al-Maqqari, Na.flJ al-(ib (vol. 6, pgs. 254 y sigs.), frecuentemente citada en este libro. Tambin el annimo titulado Tul)lat al-'a:r fi-inqi4f' dawlat Banf Na:r, ed. M. J. Mller, Munich, 1863; Ibn al-Ja!'ib, al-Laml)ah al-badriyyah fi trlj al-dawlah al-na:riyyah, Cairo, a.H. 1347; M. 'Abdallah 'Inan, Nihyat al-Andalus, Cairo, 1958. Para el reino de Granada, su conquista y la poltica cristiana subsiguiente, vase Lafuente Alcntara, Hstoria de Granada, Pars, 1913-1915; Fr. Henrquez de Jorquera, Anales de Granada, Granada, 1934; Imamuddin, Political History, pgs. 173 y sgs.; F. J. Simonet, Descripcin del reino de Granada, Granada 1872; L. Eguilaz y Yanguas, Resea histrica de la conquista del reino de Granada, Granada, 1894; P. Boronat, Los mariscos espaoles y su expulsin, Valencia, 1901; C. H. Lea, The Mariscos 01 Spain, Londres, 1901; D. M. Dnvila y Collado, La expulsin de los mariscos espaoles, Madrid,1889; D. Hurtado de Mendoza, Guerra de Granada hecha por el rey de Espaa don Felipe, BAE, t. 21, 65-122; R. Ari, L'Espagne musulmane au temps des nasrids (1232-1492), Pars, 1973; N. Ladero Quesada, Granada: Historia de un pas islmico, Madrid, 1969; G. Prez de Hita, Guerras Civiles de Granada, ed. de P. Blanchard-Domonge, Madrid, 1913, y L. Seco de Lucena y Paredes, La Granada nazar del siglo XV, Granada, 1975; y su Mul)ammad IX sultn de Granada, 1978. 2 Vase Ibn alJajlb, A'lm, pgs. 272 y sigs.
3

Ibd., pgs. 277 y sigs. 91

del califa 'abbas, tuvo en su poder a Murcia, y se extendi por el este de al-Andalus, mientras que Zayyan Ibn Mardanlsh lleg a ser seor de Valencia y ciudades colindantes. Mul}ammad Ibn Ysuf Ibn Na~r (1231-1273)4, que remontaba su ascendencia a una tribu rabe, fue reconocido en 1231 como gobernante de su ciudad nativa de Arjona, al norte de Jan, y, ayudado por su familia poltica, el clan AshqTIlah, que compartan el gobierno del reino, extendi su poder en 1232 sobre Jan y Guadix. Al principio, acat al gobernante almohade de Marruecos, pero le pareci ms conveniente rendir pleitesa a Ibn Hd despus que ste recibi una carta de nombramiento del califa' Abbas 5. Tras la muerte de Ibn Hd en 1238, Ibn Na~r se uni a los castellanos bajo Fernando III (m. 1252), y es probable que ayudase a su nuevo seor en la conquista de Crdoba en 1236, y quizs a cambio le fuese permitido conquistar la ciudad de Granada en 1238, y retenerla como capital de su recin adquirido reino. Sin embargo, se encontr en gran peligro cuando las fuerzas de Fernando tomaron Jan y sus alrededores, terminando por amenazar a Granada, situacin que acab con un tratado de paz que obligaba a Ibn Na~r a reconocer la soberana de Fernando en su propio territorio, a prestarle ayuda militar, y a pagarle un tributo anual de ciento cincuenta mil piezas de oro6. Solamente bajo estas condiciones pudo Ibn Na~ gobernar un reino que comprenda las importantes ciudades de Mlaga, Almera y adyacentes. En 1247 tuvo la desagradable obligacin de ayudar a Fernando en el sitio de Sevilla, y en 1248, tras ocho meses de asedio', el ejrcito vencedor entr en la ciudad y pronto convirti su principal mezquita en iglesia. El papel de Ibn Na~r en la conquista de la principal ciudad musulmana- no le benefici ante sus correligionarios, y adems se encontr de nuevo en dificultades con sus aliados cristianos, los cuales atacaron su reino e!l1264. Ibn Na~r pudo rechazar el ataque con la ayuda de los manes del norte de Africa, pero esta tregua dur poco, y en 1267 fue obligado a ceder cierto nmero de fortalezas a cambio de un tratado de paz. A pesar de su precaria existencia, Ibn Na~r pudo consolidar su poder y mantenerlo durante un reinado de cuarenta y dos aos. Asumi el ttulo de a/-Galib bi-llah, y mantuvo vigilados a sus vecinos. Granada se convirti en una gran metrpoli bajo su gobierno, refugio de los musulmanes que llegaban a ella del norte, y la dot de numerosas mezquitas nuevas, edificios y baos pblicos. Escogi para s una explanada en las colinas al sureste de la ciudad -anteriormente una fortaleza llamada al-I:Iamra'- y comenz la construccin de un magnfico conjunto que lleg a ser conocido por el mismo nombre (Alhambra). En general, el reino na~r llev una dbil existencia entre dos poderosas fuerzas externas durante casi toda su duracin. Mul}arnmad 11 (1273-1302), hijo y sucesor de Ibn Na~r, conocido como el faqih Gurista) por su erudicin en materia de religin, intent sacudirse sin xito el yugo cristiano de Alfonso X (1252-1284) Yde Sancho (1284-1295). Recibi ayuda de los marJ:lles,cuyo fuerte ejrcito venci a los cristianos, pero partieron de nuevo, dejando solo a Mul}ammad despus que ste les hubo cedido Algeciras y Tarifa. Esta nueva alianza entre Granada y el norte de frica result ser tan peligrosa para los na~res como las anteriores con los gobernantes cristianos, y la intromisin norteafricana en los asuntos internos de Espaa puede haber contribuido grandemente al deterioro de las relaciones entre musulmanes y cristianos, y pudo servir de excusa a los gobernantes de estos ltimos para introducir medidas represivas contra los musulmanes que
4 Sobre el fundador de la dinasta, vase Ibn al-Jatib, A'/ijm, pgs. 278 y sigs.; Ibn Jaldn, '[bar, volumen 4, pgs. 366 y sigs. 5 [bid., pg. 366. 6 'Inan, Nihliyah, pg. 35.

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I l

vivan en sus territorios. Los ejrcitos cristianos a menudo tomaban represalias atacando a las principales ciudades del reino, incluyendo a la capital, Granada -presiones militares que acababan a menudo con cortas treguas-, y este modo de actuar se convirti en una norma que prevaleci a lo largo de la historia del reino de Granada. A la muerte de Mul)ammad n en 1302, Granada se hallaba en paz con los marines y con el reino de Aragn, y su hijo y sucesor Mul)ammad nI (1302-1308), conocido como el Majlu' (depuesto), fue un erudito, poeta y constructor, que erigi la Gran Mezquita en la Alhambra. Sin embargo fracas como estadista al dejar enteramente en manos de un secretario y un visir los asuntos de estado. Sus relaciones con los marines se deterioraron cuando decidi emprender negociaciones de paz con Castilla, y tambin se hall ante la difcil tarea de resolver los problemas internos que resultaron de las sublevaciones de sus gobernadores en Guadix y Almera. Finalmente, su hermano Na>r,apoyado por los principales de la dinasta dio muerte al odiado visir y oblig a abdicar a Mul)ammad. Na>r (1308-1313), que posea conocimientos en materia de matemticas y astronoma, no pudo resolver los problemas con los que se enfrentaba el reino, y sus vasallos continuaron intranquilos. Esto se agrav cuando Castilla decidi tomar Gibraltar y Algeciras en 1310, y, sin esperanzas de recibir ayuda de los Marines, Na>rse convirti en tributario de Fernando IV, rey de Castilla. Los na>resaceptaron la realidad poltica del momento, y pudieron sobrellevar su dependencia y persecucin por parte de la cada vez ms poderosa Castilla y otros reinos cristianos, pero sin embargo, no pudieron acabar con las desavenencias internas. Esta lucha interna se mostr claramente tras el reinado de Mul)ammad nI, y puede haber sido el principal factor de la decadencia na>ry de su cada final. Na>r,un usurpador, fue a su vez derrocado por su sobrino Isma'TI (1313-1325)7, y esta pauta se repiti una y otra vez, aadiendo confusin e inestabilidad a la ya precaria existencia del pequeo reino. Isma'TI pudo recuperar algunos territorios de manos de los cristianos, que se haban dividido tras la muerte de Fernando IV (1296-1312), y en efecto, un ejrcito cristiano que lleg hasta la vega de Granada fue completamente derrotado durante su reinado. Sin embargo, Isma'TI fue asesinado por su primo,- entonces gobernador de Algeciras, y le sucedi su hijo de nueve aos Mul)ammad IV (1325-1333)8, al cual, a pesar de ser un nio, juraron lealtad los juristas, eruditos, y hombres devotos y virtuosos 9. Cautivo de su ambicioso tutor Ibn Al)mad alMal)fq, Mul)ammad IV fue una gran promesa, y reconquisto Gibraltar y otras fortalezas de los cristianos, al mismo tiempo que mantuvo a raya a los ejrcitos invasores norteafricanos. Pero su carrera acab a manos de un asesino cristiano. El hermano y sucesor de Mul)ammad, Ysuf 1 (1333-1354)1, fue puesto en el trono por el capacitado ministro Ri<;lwan.Ibn al-Jatib, que le conoci, describe a Ysuf como hombre reservado y cauteloso 11. Durante su reinado hubo intentos desde Marruecos de reconquistar toda Espaa, alentados por l mismo, que, de hecho, permiti al gobernante de Fez desembarcar un ejrcito en Algeciras y Gibraltar. Al encuentro de ste salieron las fuerzas aliadas de Aragn, Castilla y Portugal, que le int1igieron una aplastante derrota cerca del ro Salado en 1340. La batalla de Salado frustr los planes norteafricanos de reconquistar al-Andalus de la
7

Ibn al-JatIb, A'liim, pgs. 294 y sigs.; al-Il;ii(ah, vol. 1, pgs. 385-412.
al-Il;ii(ah, vol. 1, 540-542.

8 Ibn al-JatIb, A'liim, pgs. 295 y sigs.; 9 Ibn al-Jatib, A'liim, pg. 296. 10 Ibd., pgs. 304 y sigs.
11

lbd., pg. 305. 93

misma manera que lo hizo la batalla de las Navas de Tolosa en 1212. Posteriormente. cayeron en poder de los cristianos Tarifa y Algeciras, y ante estos acontecimientos, Ysuf crey conveniente sellar un tratado de paz con Aragn, lo cual le permiti vivir en paz y prosperidad durante casi quince aos. Los sucesores de Ysuf I vivieron a la sombra de intrigas palaciegas y fueron en su mayora bien incompetentes, o bien manipulados por los cortesanos. Su

hijo Mul;1ammadV (1354-1359) 12 fue derrocado por las intrigas de su suegra,


que puso en su lugar a su hijo Isma '111113, que a su vez fue depuesto por su cuado Mul;1ammad Ibn Isma'll (1360-1362)14, el cual corri la misma suerte. MuI;1ammad VI (1362-1391), erudito y hbil administrador, fue repuesto y gobern el reino con talento, rodendose de capaces funcionarios, entre los cuales se encontr el gran estadista y erudito Ibn al-JatIb 15. Este prolfico autor nos ha dejado correspondencia diplomtica dirigida al gobernante madn, describiendo lo desesperado de la situacin en Granada e implorando su ayuda. Tambin predijo el gran peligro que esperaba a los musulmanes, e inst a sus correligionarios a emprender un chihiid contra los cristianos, con el fin de salvar su religin y sus hogares 16. A MuI;1ammad VI le sucedieron sus hijos Ysuf 11 (1391-1392), que muri envenenado al cabo de apenas un ao, y un segundo hijo, Mul;1ammad VII (13921407), que presenci el principio del persistente intento de los reyes cristianos de acabar con el reino de una vez por todas. Su hermano, Ysuf 111 (1407-1417) firm la paz con Castilla durante dos aos, tras los cuales los cristianos decidieron renovar sus ataques. En aadidura a esta seria situacin, Ysuf tuvo que hacer frente a fuerzas invasoras africanas, pero pudo sobrevivir a las dos amenazas y lograr un alto grado de paz y prosperidad para su reino. Fue sucedido por su frvolo hijo Mul;1ammad VIII (1417-1428), que fue expulsado del pas, volvi a ocupar el trono (1430-1432), y fue expulsado de nuevo para volver por tercera vez (1432-1444). En los intermedios reinaron eficazmente Mul;1ammadIX (1427-1429) Y Ysuf IV (1432) Y las guerras civiles se volvieron ms frecuentes y trastornaron la economa. A finales de la primera mitad del siglo xv, Granada ya no poda contar con la ayuda de los marlnes de Marruecos, que estaban en decadencia. Desesperados, los granadinos pidieron a;uda a Egipto 17, Y a los otomanos tras su conquista de Constantinopla en 1453 8. Se sintieron completamente aislados despus de la cada de Gibraltar en 1462, que era la ltima avanzada entre Granada y el continente africano, y, al mismo tiempo, los cristianos pedan insistentemente convenios de paz o tributos, llevando a cabo invaciones durante los reinados de Sa'd Ibn 'All (1445-1446) Y de su hijo 'All (1462-1482) Y conquistando cierto nmero
12

Ibid., pg. 306. Sobre Mul;1ammadV, vase Muchtar al-'Abbadl, Mul;1ammad V, al-Ghanl
RIEl, 11-12 (1963-1964), 209-308; 13 (1965-1966),43-102, Y 14 (1967-1968),

bi-llah, Rey de Granada, 139-192.


13
14 15

lbn al-Jatib, A'liim, pg. 307. Ibid., pg. 308. Es importante sealar la larga correspondencia de lbn al-JatIb a los gobernantes marinles pi-

dindOles encarecidamente que acudieran a ayudar al reino de Granada contra la amenaza de los cristianos. Parte de esta correspondencia puede hallarse en al-Maqqarl, Nan1. al-Izb, vol. 6, pgs. 141 y sigs.

Vase al-Maqqarl, Azhiir al-riyiir!, Cairo, 1939-1942, vol. 1, pgs. 64-65. 'lnan, Nihiiyah, pgs. 148 y 308; Lea, The Moriscos of Spain, pg. 36. 18 En 1505, un morisco dedica un largo poema al sultn turco Bayazid II llamndole la atencin sobre el lamentable estado de sus compaeros moriscos. El poema se halla en Maqqarl, Azhiir al-riyiiq, volumen 1, 109-115. Vase tambin James Monroe, A Curious Morisco Appeal to the Ottoman Empire, al-Andalus, 31 (1966), 281-303. Sobre posteriores comunicaciones entre moriscos y otomanos, vase A. C. Hess, The Moriscos: An Ottoman Fifth Column in Sixteenth-Century Spain, American Hislorical Review, 74 (1968), 1-25.
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de fortalezas como Archidona y Gibraltar. Los gobernantes cristianos se hallaban divididos por entonces, pero los problemas internos de los na~res debilit particularmente la posicin de Granada en un momento en el que los cristianos iban camino de la unificacin y toleraban menos la presencia musulmana en la pennsula. Tras su xito inicial al reconquistar un territorio perdido, 'AIT haba esperado conseguir la paz con Castilla, pero Fernando de Aragn impuso unas condiciones inaceptables. En 1481, 'Afi pudo tomar algunas fortalezas, pero la inestabilidad interna le impidi consolidar su poder, y adems deleg casi todas sus obligaciones en sus visires y se abandon a los placeres y pasatiempos 19, hasta que el despilfarro y los abusos causaron gran descontento y condujeron a una sublevacin. Para complicar an ms las cosas, su mujer y su concubina cristiana lucharon por los derechos al trono de sus respectivos hijos, situacin que se resolvi con el ascenso al trono de Ab 'Abdallah Mul).ammad, hijo de su legtima esposa. 'AIi huy a Mlaga, por entonces gobernada por su hermano, mientras que su hijo gobern Granada hasta que fue hecho preso durante una expedicin contra los cristianos del norte. Entonces 'AIi volvi a ocupar el trono, pero se lo cedi a su hermano Abu 'Abd Allah en 1485. Mientras tanto, el cautivo Abu 'Abd Allah Mul).ammad fue rescatado a cambio de 400 prisioneros cristianos, el pago de 12.000 piezas de oro, y el reconocimiento de la soberana de Fernando sobre Granada cuando volviese al trono 2, el cual ocup finalmente en 1487, desplazando a su to, que gobern la parte sureste del reino. Bajo este Mul).ammad, conocido como Ab 'Abd Allah (Boabdil) cay Granada en poder del enemigo. Comenz su segundo reinado (1487-1492) con la gran desventaja de haber accedido a ser prisionero de Fernando, con el que cooper en la conquista de las principales ciudades y fortalezas del reino de Granada. As, la situacin de los granadinos era cada vez ms vulnerable, sobre todo tras la unin de Aragn y Castilla en 1479 por el matrimonio de Fernando e Isabel, los cuales, presionados por el clero, extremaron su religiosidad y se entregaron a la conquista de toda la pennsula en nombre de la cristiandad. En 1482 pudieron tomar la importante fortaleza de al-l:Iamah, al suroeste de Granada, a la que siguieron otras principales ciudades y fortalezas. Ronda cay en 1485, Loja y las fortalezas adyacentes en 1486 con la ayuda de Ab 'Abd Allah, y en 1487 fue sitiada la importante ciudad de Mlaga por tierra y mar, y sus habitantes lucharon valientemente hasta que se les agotaron los vveres y las municiones. Al rendirse se les prometi seguridad, pero el conquistador no cumpli la promesa y muchos de ellos fueron hechos cautivos21. De igual modo, las fortalezas de Baeza, Almera (1489) y otras, se rindieron pacficamente a cambio de lo que creyeron ser garantas de seguridad para las gentes y sus libertades religiosas y civiles 22. Slo quedaba Granada con su famosa fortaleza de la Alhambra 23. Mientras se llevaba a cabo esta sistemtica conquista, el gobernante na~r hizo una llamada desesperada al man, mandando una delegacin de hombres

prominentes a Fez en busca de ayuda 24, pero al mismo tiempo, Fernando reuni
un ejrcito de unos cincuenta mil jinetes y cien mil infantes y se dirigi contra Granada. Sus habitantes se alarmaron al ser exigida la rendicin de la ciudad. Ab 'Abd Allah, aunque hecho a la idea, fue presionado por los principales, ju19

Vase al-Maqqa, NaftJ al-{ib, vol. 6, pg. 259.

20 'Inan, Nihiiyah, pg. 191. 21 Al-Maqqa, NaftJ al-(ib, vol. 6, pg. 259. 22 'Inan, Nihiiyah, pg. 212. Este y otros documentos sobre la rendicin estn en el Archivo General de Simancas. 23 Sobre la caida de Granada, vase al-MaqqarI, NaftJ al-{ib, vol. 6, pgs. 254 y sigs. 24 [bid., pg. 258. 95

ristas, jefes militares y el pueblo para que rehusara. Todos se unieron bajo el mando de Msa Ibn Abi Gassan, que mand decir a Fernando que tendra que tomar la ciudad por la fuerza. Este ltimo no tard en dirigirse a Granada en 1490, y, esperando que la ciudad se rindiese sin lucha, as se lo hizo saber a sus habitantes, amenazndoles si no con destruir sus cosechas. Al no hacer caso de sus exigencias comenz la guerra, y Fernando pudo daar las cosechas y tomar algunas fortalezas, pero se retir inesperadamente. En el intermedio, los granadinos reconquistaron los territorios perdidos, y ganaron algunos ms al este, pero su xito no dur mucho, ya que el ejrcito de Fernando volvi en 1491 y puso cerco a Granada por siete meses, durante parte del invierno, cuando el abastecimiento a la ciudad estaba cortado. El enemigo se aproxim a las puertas de la ciudad, y dentro de sta escasearon las provisiones y la inflacin aument. No haba esperanzas de salvacin, en vista de lo cual, Ab 'Abd Allah reuni a los principales de la ciudad y les inform de lo desesperado de la situacin, al mismo tiempo que les revelaba las condiciones propuestas para la rendicin, que garantizaran a los musulmanes el ejercicio de su religin y la conservacin de su lenguaje y costumbres. Estos eran algunos de los trrninos25:
Garantizar la seguridad de jvenes y ancianos respecto a sus personas, familias y propiedades. Conservar sus leyes como eran, y juzgar a los musulmanes de acuerdo con ellas. Permitir el funcionamiento de mezquitas e instituciones religiosas como hasta entonces. No permitir a los cristianos entrar en los hogares de los musulmanes o forzarles. No designar a cristianos o judos para resolver los asuntos de los musulmanes. Poner en libertad y conceder amnistia a todos los prisioneros de Granada y a todos aquellos que haban huido. Permitir la emigracin a frica de todos aquellos que as lo desearan. No apresar a un inocente por un crimen cometido por otra persona. No castigar a los conversos del cristianismo al islam y viceversa. No hacer responsable a nadie de la muerte de un cristiano durante la guerra. No obligar a los musulmanes a dar hospitalidad a los soldados cristianos. No permitir la entrada de los cristianos en las mezquitas. Permitir a los musulmanes libertad de movimientos en los territorios cristianos con proteccin absoluta de su vida y propiedades. Dar libertad a los jefes de oraciones y a los que observan los ayunos para practicar sus obligaciones religiosas sin molestia alguna 26.

Estas condiciones, entre otras, eran bastante generosas -realmente demasiado generosas para ser respetadas por los vencedores-, y los granadinos, duramente presionados y vencidos, difcilmente podan rechazadas. Ab 'Abd Alliih sali a recibir a los conquistadores y entreg las llaves de la ciudad el 2 de enero de 1492, y el enemigo entr triunfalmente. En la Alhambra levantaron la cruz alIado de los pendones de Castilla y Aragn. Se dice que Ab 'Abd Alliih gimi, lo cual impuls a su madre a amonestade dicindole: Lloraras, oh hijo mo, como una mujer por la prdida de una ciudad a la que no pudiste defender como un hombre? As cay el ltimo reducto musulmn en Espaa, y, si el fm parece trgico, los acontecimientos siguientes en la pennsula en lo que concierne a las relaciones
25

AI-MaqqarI (iDd.,pg. 277) dice que las condiciones de rendicin contenan sesenta y siete clusu-

las. Vase tambin M. Garrido Atienza, Las capitulaciones para la entrega de Granada, Granada, 1910; A. Llorente, Historia crtica de la inquisicin de Espaa, Madrid, 1817; y 'Inan, Nihiiyah, pgs. 230-239. 26 Al-MaqqarI, Naf/J al-rib, vol. 6, pgs. 277.278.

96

...i.

cristiano-musulmanas tuvieron toda la intensidad de un drama. Ab 'Abd Alliih parece haberse apresurado a dejar el pas, renunciando a los poblados y territorios que se le permiti conservar segn las condiciones del tratado 27, y, antes de partir, escribi una lastimera carta en verso y prosa al gobernante de Fez, informndole de lo acaecido a l y a sus congneres musulmanes. La carta ofreca disculpas y se defenda de la acusacin de traicin, atribuyendo su fr~caso tanto al destino como a sus propias faltas 28. Pronto sali para el norte de Africa y se estableci en Fez, donde construy palacios y jardines en imitacin de los de su patria de origen. Muchos le siguieron para evitar las duras tcticas del vencedor, y se establecieron en Marruecos, Fez, Tlemcn, Tnez, y otras ciudades norteafricanas. Con ellos se llevaron sus habilidades y conocimientos, construyeron nuevos hogares, jaTdines, palacios y baos pblicos, y propagaron su gran legado por su nueva patria. Los monumentos que levantaron son elocuente testimonio de lo que pudieron haber realizado en la pennsula si se les hubiera dado la oportunidad. La cada de Granada tuvo grandes consecuencias para los mu~ulmanes de la pennsula, ya que los vencedores pronto convirtieron en burla las promesas contenidas en las condiciones de la rendicin. En 1501, Fernando e Isabel decretaron que Dios los escogi para purificar el reino de Granada de incredulidad29 y, no solamente sometieron a la poblacin a durezas extremas, sino que le exigie,ron una total prdida de su personalidad, creencias, costumbres y lengua, bajo all}enaza de muerte. Algunos se doblegaron ante estas medidas, otros se rebelaron para terminar siendo aplastados, y otros muchos se vieron forzados a emigrar. Esta poltica sin tregua prevaleci hasta 1609-1614, en que tienen lugar las ltimas expulsiones masivas de musulmanes 30. La importancia de Granada para los musulmanes no puede ser menospreciada. Haba sido refugio de muchos que fueron desposedos y perseguidos en otros muchos lugares, y, an ms importante, preserv y continu la cultura hispano-rabe, y edific monumentos tan principales como la hermosa Alhambra y el Generalife, numerosos jardines, magnficas casas, y baos pblicos. Por lo tanto, su cada no slo seal la desaparicin de la ltima unidad poltica rabe de al-Andalus, sino tambin la interrupcin de una hasta entonces brillante cul- tura, y asimismo la prdida de la dignidad personal de un pueblo profundamente devoto de su tierra de origen. En retrospectiva, al reino de Granada y al resto de los musulmanes de la pennsula les falt unidad. Desde su fundacin, Granada estuvo minada por las disidencias internas acerca de la sucesin. Revoluciones frecuentes hicieron al reino vulnerable a las intervenciones extranjeras del lado cristiano y musulmn; y el

gran coste de mantener un ejrcito de cierta importancia agot los recursos del
pas y contribuy a la agitacin social y la crisis econmica. Los gobernantes gra27 'Inan, Nihiiyah, pgs. 262 y sigs. 28 AI-Maqqad, Na./lJ al-lib, vol. 6, pgs. 281-302 cita el texto de esta larga carta; vase tambin su Azhiir al-riyiiq, vol. 1, pgs. 72-102. 29 'Inan, Nihiiyah, pg. 308. 30 Sobre el proceso de expulsin y la intolerancia religiosa, vase el Captulo VI. Sin embargo, es menester apuntar aqu que a raz de la rebelin de las Alpujarras (1568-1570), fue decretada la expulsin de los moriscos de Granada, llevada a cabo en 1570. Los granadinos fueron repartidos por el norte: Toledo, La Mancha y Castilla. Cfr. B. Vincent, L'expulsion des morisques du royaume de Granada et leur repartition en Castille, Mlanges de la Casa de Velzquez, 6 (1970), 210-246; L. Marmol Carvajal, Historia de la rebelin y castigo de los mariscos en el reino de Granada, Madrid, 1946; A. Gallego Buin y A. Gamir Sandoval, Los mariscos del reino de Granada segn el snodo de Guadix de 1554, ed. por D. Carbonelas, Granada, 1968. 97

nadinos fueron en su mayor parte estadistas de poca talla, manipulados con frecuencia por visires y jefes militares que a menudo influan en la poltica y asuman todas las funciones del gobernante. Pero el mayor peligro para Granada vino del exterior, pues el reino sirvi de zona amortiguadora entre las potencias norteafricanas y los reinos cristianos de la pennsula, siendo simplemente una cuestin de tiempo el que el reino fuese absorbido por uno u otro lado, lo cuaT dependi de la duracion de los poderes que 10 rodeaban. Las potencias norteafricanas, sobre todo los marines, fueron efmeras y siguieron una trayectoria similar a la de sus predecesores almohades, con un paralelismo sorprendente en lo que respecta a actitudes y logros. Las relaciones entre los granadinos y los marines estuvieron marcadas por la mutua ambivalencia y desconfianza desde el principio. Cuando eran fuertemente presionados, los gobernantes granadinos enviaban aparatosas delegaciones a la corte marin solicitando ayuda e invitndoles a venir y salvar a al-Andalus de las manos de los infieles cristianos. En 1275, los marines consintieron tras haber sido satisfecha su peticin de que fuesen puestas a su disposicin Ronda, Tarifa y Algeciras, y, en cuanto alcanzaron algunas victorias sobre los cristianos, llegando hasta Crdoba, el gobernante granadino comenz a tener dudas sobre la conveniencia de la invitacin, alegando que los marines interferan en los asuntos internos de Granada. De hecho, la victoria marln a las afueras de cija record las batallas de Zallaqah y Alarcos, y, tras otros victoriosos encuentros contra los cristianos, decidieron volver a Marruecos del mismo modo que el almorvid Ibn TashIID haba hecho doscientos aos antes. Las victorias marines tuvieron poco o ningn efecto en el desarrollo de los acontecimientos, salvo para levantar las sospechas del gobernante granadino, el cual pens que los marines estaban dispuestos a apoyar a aquellos familiares suyos que gobernaban Mlaga. De nuevo en 1278, los marines entraron en alAndalus por Mlaga, desde la cual se dirigieron contra territorio enemigo, llegando a Sevilla, lo que confirm al caudillo granadino en sus sospechas, y, con la ayuda de Ca,stilla ocup Mlaga, pero a cambio tuvo que dejar a los castellanos ocupar Algeciras, hasta entonces cuartel general de los marines. Pero Granada se encontr de nuevo a merced de los castellanos, que no cumplieron sus promesas y cuya poltica pareca ser la anexin del reino, y en 1285, los marines intervinieron de nuevo, penetraron profundamente en territorio castellano e impusieron condiciones a Castilla como la no interferencia en la vida de los musulmanes bajo el dominio castellano. A raz de este importante xito mejoraron las relaciones entre Granada y los marines, pero qued la desconfianza crnica entre las dos potencias. Castilla continu su poltica de intervencin militar, y como resultado de esto, Granada se vio forzada en 1299 a firmar un pacto de defensa con Aragn, con el fID de moderar las ambiciones de castellanos y marines. Este tratado dio a Granada una tregua provisional, pero no impidi que los castellanos se mezclasen en sus asuntos, y en 1310, Castilla tom la estratgica fortaleza de Gibraltar, limitando con ello enormemente la entrada de los marlnes en alAndalus. En efecto, las siguientes intervenciones militares marines fueron espordicas e ineficaces, y faltas de sensacin de apremio. En general, los marines no tuvieron ningn xito duradero en Espaa, ya que, aunque sus primeras intervenciones fueron victoriosas en el campo de batalla, no ganaron casi nada en lo que respecta a territorio o influencia permanente en Granada. Como sus predecesores almorvides y ~lmohades, se hallaban ms preocupados por la situacin interna del norte de Africa que por la de al-Andalus. As ocurri durante los siglos XIVy xv, cuando los marines decidieron ignorar por completo la precaria situacin de Granada, y los gobernantes de sta, deses98

Ir..

perados, se dirigieron a otros pases musulmanes para pedir ayuda. Ya en 1440,. una delegacin granadina se dirigi a Egipto, y fue seguida por otra en 1487 que expuso lo desesperado de la situacin de Granada en particular y de la del resto de los musulmanes bajo el dominio cristiano en general. El gobernante egipcio se limit a enviar una delegacin a Castilla para recordade que l tena el control de los rugares sagrados en Palestina, y que contaba con muchos vasallos crstianos en su imperio. Temerosos de posibles repercusiones, los castellanos enviaron una embajada a Egipto en 1501, encabezada por Pedro Mrtir de Anglera, hombre de gran erudicin que hizo una resea de su misin en su Legatio Babilonico, y que asegur al gobernante egipcio que los sbditos musulmanes eran tratados con gran magnanimidad y continuaran recibiendo el mismo trato. Granada hizo llamadas similares a los gobernantes otomanos, que resultaron en vanas promesas. Todo esto no disuadi a los cristianos de proseguir vigorosamente la reconquista, que estaba ahora animada por un fuerte fervor de cruzada, ni suaviz las duras medidas impuestas a los musulmanes. La cada de Constantinopla a manos del otomn Mul}ammad el Conquistador en 1453 contribuy, sin duda, a despertar en los cristianos sentimientos en contra de los musulmanes y a precipitar la cada de Granada. Tan pronto como Espaa resolvi sus asuntos internos, empez con urgencia a expulsar a los musulmanes de la pennsula de una vez por todas. La fusin de los reinos de Aragn y Castilla hizo de Espaa un poder a ser tenido en cuenta, y el pequeo reino de Granada no era un adversario adecuado. Con la cada de Granada termin la reconquista. La cada de Granada tambin tuvo graves consecuencias para la actitud y psicologa de los conquistadores cristianos, ya que temieron represalias de los. otomanos que haban penetrado en Europa y que dejaban sentir su presencia en Siria-Palestina, Egipto, Norte de frica, y el Med{terrneo. El temor espaol a la inminente invasin del pas se increment con las actividades de piratera llevadas a cabo por algunos musulmanes en el Mediterrneo. En 1517, los hermanos Barbarroja y otros piratas aterrorizaban al Mediterrneo, so1?retodo tras la cada en su poder de Argel y buena parte de la costa norte de Africa. Atacaban los barcos, y saquearon varios puertos de los que se llevaron, entre otras cosas, cautivos para ser vendidos como esclavos. Adems, los piratas transportaban a los musulmanes o los moriscos que preferan escapar a las duras medidas impuestas por los inquisidores, y que ~robablemente se hacan partcipes de la piratera o cooperaban con los piratas 1. Adems de la intolerancia religiosa, este tipo de actividades probablemente endureci la actitud de los cristianos espaoles con sus sbditos morisco-musulmanes, grupo bastante numeroso que estaba repartido por toda la pennsula. A partir de 1492, los musulmanes espaoles perdieron toda suerte de proteccin dentro y fuera, y se convirtieron en objeto de severas medidas en lo concerniente a sus creencias, costumbres, lengua, libertad de movimientos, y dignidad individual. Con o sin razn fueron considerados como una quinta columna y enemigos del estado y la religin. Ante esta abierta persecucin, musulmanes y morisco s se rebelaron en Valencia, Granada, y otros lugares, pero estaban tan desorganizados que al estado no le fue dificil aplastados. Los ms adinerados de entre ellos emigraron, pero la mayora se vieron forzados a quedarse y a aceptar su suerte con resignacin y con la esperanza de una liberacin, mientras que con el tiempo olvidaron el rabe, lengua de sus antepasados, e incluso las prcticas religiosas del Islam. Los ms firmes de entre los moriscos quisieron perpetuar su legado
31 Cfr. B. Vincent, Les bandits morisques en Andalousie au XVI' siecle, Revue d'Histoire Moderne el Conlemporaine, 21 (1974), 389-400. 99

islmico, y tradujeron textos arbigos a su propio dialecto, en el cual escribieron usando los caracteres rabes y dando origen de este modo a una importante cantidad de escritos que se conocen como literatura aljamiada 32. Como se ha indicado anteriormente, las actitudes cristianas respecto a los musulmanes se remontan a un perodo anterior, casi de la poca de la primera cruzada, aunque los musulmanes que vivan bajo el dominio cristiano (mudjares) fueron tolerados al principio debido a sus artes, y se les permiti servir en el ejrcito, comprar y vender tierras, e incluso edificar mezquitas y practicar su religin. Continuaron escribiendo documentos en rabe hasta el siglo xv, pero todos estos privilegios comenzaron a ser anulados ya en el siglo XIII,dependiendo de las circunstancias locales y la poltica de cada gobernante cristiano en particular. En general los mudjares fueron tolerados mientras dur el reino de Granada. Vivieron, como los judos, en ghettos (rabe, IJayy; espaol, 'morera'), y no hay duda que fueron explotados por sus seores cristianos y vistos con desagrado por sus correligionarios que vivan en territorio musulman y pensaban que la emigracin de la tierra de infieles a la del islam era una obligacin religiosa (far4ah). Muy a menudo, los gobernantes cristianos hacan caso omiso de las bulas papales que pedan la conversin y el exilio de los musulmanes, pero al fin la poltica papal empez a surtir efecto tras el establecimiento de la Inquisicin. La conversin al cristianismo y los matrimonios mixtos disminuyeron el nmero de mudjares y judos. De estos ltimos, los que abrazaron el cristianismo eran conocidos como conversos, y an stos, sin mencionar a los que continuaron firmes en su fe, llegaron a ser con el tiempo blanco de fanatismo y persecuciones. El problema judo se resolvi por el exilio masivo en 1492. En cuanto a los musulmanes y moriscos, no tuvieron ms remedio que emigrar en el perodo de la Inquisicin, aprovechando todas las oportunidades que se les' presentaron, haciendo uso de los barcos de los piratas, o por sus propio medios. El xodo comenz en el siglo XIIy continu en crescendo hasta el siglo XVII,cuando se les forz a la expulsin. La mayora crearon nuevos hogares en las principales ciudades norteafricanas: Ceuta, Tnger, Tetun, Fez, Sal, Tlemcn, Tnez, y otras 33. Establecieron nuevos poblados y contribuyeron enormemente al desarrollo material e intelectual de sus patrias adoptivas. Muy a menudo, conservaron parte de su identidad andaluza, incluyendo costumbres, nombres espaoles, msica, y otras artes. En suma, este xodo masivo puede haber satisfecho las aspiraciones nacionales y religiosas de Espaa, pero cre una seria desgregacin socioeconmica en el pas, que afect seriamente su futuro desarrollo. La considerable prdida de poblacin especializada condujo al declive de la agricultura, la industria y el comerci034. El tema de que la presencia de los musulmanes en la pennsula era la causa de todos los males de Espaa debe ser considerado en el contexto de la reconquista y de la poltica inquisitorial de extorsin, confiscacin de bienes, persecucin, y xodo masivo de un pueblo que, a todas luces, hizo de Espaa uno de los pases ms avanzados de Europa en la Edad Media.

32 crr. infra, Captulo XX. 33 crr. M. Epalza, Recherches rcent sur les migrations des morisco s en Tunisie, Cahiers de Tunisie, 18 (1970), 139-147, Y su Moros y andaluces en Tnez durante el siglo XVII,al-Andalus, 28 (1963), 247-329. 34 crr. J. Regl, La expulsin de los moriscos y sus consecuencias, Hispania (1953), 215-267 Y 447-461.

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CAPTULO VI

LA ESTRUCTURA

SOCIAL Y LAS TENSIONES

SOCIO-RELIGIOSAS

Si consideramos los factores que condujeron a la decadencia y cada final de al-Andalus, difcilmente podemos omitir la estructuracin y composicin tnica de la sociedad andaluza, que consista en varios estratos, incluyendo los visigodos, los de ascendencia semtica y los rabes, los esclavos importados blancos y negros, y dems 1. Sus diferencias tnicas se conservaron muy marcadas, e influyeron en la orientacin y las fidelidades de los respectivos grupos, especialmente en pocas de crisis. A estas distinciones tnicas se pueden aadir las distintas afiliaciones religiosas que tambin tuvieron una importancia decisiva y que, finalmente, acabaron en intolerancia y persecuciones. Espaa fue conquistada por unos veinte mil musulmanes berberes y rabes que constituan una pequea minora dentro de la amplia poblacin cristiana del pas, aunque posteriores oleadas de inmigracin aumentaron -y quizs doblaron- su nmero. Sin embargo, siguieron siendo una minora tnica y religiosa durante muchas dcadas despus de la conquista, aunque con el transcurso del tiempo atrajeron a su religin a una mayora de la poblacin que habitaba en los territorios que fueron slidamente conquistados. Muchos cristianos y judos, aunque completamente arabizados, se conservaron fieles a sus respectivas religiones. En general, los andaluces se unificaron en lo que respecta a lengua y costumbres, pero siguieron siendo leales a sus afiliaciones tnico-religiosas. Este captulo aclarar la postura y papel de cada uno de los principales grupos sociales -musulmanes, no musulmanes, y los musulmanes llamados moros, mudjares o mariscos, que vivan bajo el poder cristiano. Finalmente, se tratan las posturas religiosas, dedicando especial atencin a las opiniones de Alfonso X y la subsiguiente Inquisicin. Los musulmanes No poseemos estadsticas sobre la fuerza numrica de los musulmanes propiamente dicha, aunque es cierto que al principio fueron una minora y consiguieron rebasar en nmero a cristianos y judos ya en el siglo IX. No hay duda de que estaban unidos por el islamismo, la lengua y la cultura rabes, y abarcaban
1 Sobre la estructura social de al-Andalus, vase Lvi-Proven<;al, Histoire, vol. 1, pgs.S7 y sigs.; Mu'nis, Fachr, pgs. 355 y sigs.; Salim, Ti"trlj, pgs. 119 y sigs.; al-$fi, Tiirlj, pgs. 73 y sigs.; H. Pers, Les lments ethniques de l'Espagne musulmane et la langue arabe, au V /xr sic1e, en Etudes d'Orientalisme, vol. 2, pgs. 717-731; P. Guichard, Structures sociales Orientales et Occidentales dans l'Espagne

musulmane, Pars, 1977.

un cierto nmero de grupos tnico s que estaban celosamente orgullosos de su~ antepasados y de su procedencia. Debido a este espritu de clan se pueden distinguir los siguientes grupos principales: rabes, berberes, musalimah y mulades y eslavos. ~ Aunque eran una minora tnica, los 1:a.hesiheron la clase gobernante desde el tiempo de la conquista en 711 hasta la cada de la dinasta Omeya en 1031, y tuvieron una posicin predominante en la vida social, econmica y poltica del pas. Adems de puestos importantes, fueron dueos de grandes territorios, ciudades, y fortalezas a las que dieron sus nombres 2, as como tambin impusieron su lengua, el rabe, y su religin, el islamismo, a una gran parte de la poblacin. Cuando los rabes entraron en al-Andalus como conquistadores, su nmero no pudo exceder de los diez mil. Estos primeros colonizadores, que ocuparon las mejores tierras, fueron conocidos como baladiyyn, y ms tarde se unieron a ellos amplias oleadas de soldados o inmigrante s, recin llegados que fueron llamados sirios o shiimiyyn, y que provocaron el resentimiento de los anteriores colonizadores rabes. Seguidamente, la fuerza numrica de los rabes aument grandemente debido a las adopciones y matrimonios con la poblacin nativa. Los rabes se casaron libremente con las nativas, o las tomaron como concubinas y esclavas. Otros nativos se convirtieron en clientes y se identificaron con sus seores, aumentando las filas de los rabes y siendo en gran modo responsables del xito de la islamizacin y la arabizacin. De hecho, adoptaron nombres rabes, costumbres, y genealoga -todo lo cual se convirti en distintivo de arabismo. Los rabes o los que se consideraban como tales componan una gran parte de la poblacin. En su posicin preeminente los jefes rabes fracasaron en su intento de formar con las diversas tribus un conjunto organizado. El fuerte individualismo, la rivalillad y la envidla caracterizaron las relaciones entre los rabes hasta el punto que un grupo de stos poda aliarse con cristianos o berberes en contra de sus congneres. De este modo se conservaron las antiguas rivalidades y querellas que los haban dividido ya en sus lugares de origen. La tradicional divisin entre los rabes del norte o qayses, y los del sur o kalbes, arruinaron las relaaOes erltre raBes eil1a1terdCfeienreIente'Cnquistarnr:--El establecimiento o la colonizacin de acuerdo con las lealtades tribales no solamente conserv las semillas de la divisin sino que contribuy enormemente a la tensin social y los conflictos sangrientos, lo que al fm les condujo a la prdida de su influencia y a su posterior cada. Parece ser que el odio rt:sultante de las guerras intermitentes entre qayses y kalbes en Siria se transplant con toda su intensidad a al-Andalus. La derrota de los qayses en 684 en March Ral;1it, Siria, permaneci viva en su memoria, y las emociones, avivadas por los antiguos agravios en el Este, brotaron de nuevo con fuerza en al-Andalus. Antes de la llegada de 'Abd al-Ral;1man 1 en 756, alAndalus se hallaba desgarrado por las querellas, y, para vengarse de una derrota que les infligieron los qayses, los kalbes se aliaron con los berberes pero fueron rotundamente vencidos. Los qayses no fueron magnnimos tras su victoria y vendieron a los cautivos kalbes al peor postor, siendo cambiado uno de ellos por un perro y otro por un bastn 3,.Tras una amarga lucha, hubo un perodo de paz, y el nuevo gobernador kalb, Ab-l-Jattar, crey conveniente dividir los soldados qayses en un intento de evitar otro holocausto. Destin a los damas2

Acerca de la distribucin geogrfica, vase Mu'nis, Fachr, pgs. 367 y sigs. 3 Jbd., pg. 358; cfr. Salim, Tiirij, pg. 161.

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cenos a Elvira, los palestinos a Sidonia, los naturales de l:Iims a Sevilla, y los de Qinnasrn a Jan 4, pero esta distribucin no tuvo xito, pues la guerra estall en seguida. Los qayses se agruparon en torno a al-~umayl, un capaz y ambicioso soldado, y las dos facciones se entregaron a una guerra civil tan sangrienta que el historiador Ibn 'Idhar la compar con los dos grandes fitnahs de comienzos del Islam -la batalla del Camello en 656 y la de ~iffin en 6575. Los qayses ganaron a costa de muchos resentimientos, y esta insegura situacin facilit sin duda el xito de 'Abd al-Ra.l)man 1, que se apoyaba fuertemente en los vencidos kalbes. Este tipo de divisin tuvo grandes consecuencias para el gobierno central, que tuvo que enfrentarse con sublevaciones instigadas no slo por los rabes, sino tambin por otros grupos desconten,tos. En estas circunstancias, la clase rabe dominante de Crdoba se vio a menudo obligada a reclutar elementos no rabes con el fin de proteger sus personas y asegurar un ejrcito leal y digno de confianza para la defensa del pas. Los bf:.(beres.-].os berberes fueron quizs el grupo ms importante que particip en la conquista de al-Andalus, y constituyeron la primera oleada que entr bajo el mando de Tariq Ibn Ziyad, el cual consigui conquistar una gran porcin de la pennsula. Estuvieron descontentos desde el principio, en parte porque su participacin en el botn fue menor que la de sus correligionarios rabes, a los que aventajaron en nmero inicialmente, y, tras la conquista, aumentaron debido a la inmigracin que culmin durante los siglos XI y XII. Ya al final del siglo X, los soldados berberes eran el apoyo del gobierno bajo los 'amires, y, seguidamente, formaron cierto nmero de estados independientes en las principales regiones de al-Andalus, como Badajoz y Toledo en el norte, y Mlaga, Elvira, Granada y Algeciras en el sur. Los ejrcitos conquistadores de berberes y rabes no se integraron nunca, y, tras la conquista, sus componentes se establecieron en regiones divididas por fronteras tnicas, tomando los rabes los valles frtiles y los berberes las montaas. Al igual que los rabes, estaban divididos por lealtades de tribus y guerras internas, y sufran la misma enfermedad que aquejaba a aqullos: eran incapaces de presentar un frente unido en sus luchas bien con los cristianos o bien con los rabes. Su organizacin se mantuvo esencialmente tribal de espritu, no solamente bajo los omeyas, sino tambin durante y tras el perodo de los reinos de taifas. Los berberes tenan lazos comunes con los rabes debido al Islam y, en menor grado, debido a la lengua arbiga, pero las relaciones entre los dos grupos estuvieron marcadas por constantes fricciones y sangrientas guerras. De naturaraleza inquieta en el norte de frica y en al-Andalus, tenan un espritu independiente, y frecuentemente se levantaron en abiertas sublevaciones que costaron vidas humanas y bienes. En 741, el califa Hisham, que estaba preocupado por los problemas de Damasco, envi un gran ejrcito a sofocar una rebelin berber, y la derrota de ste anim a los berberes andaluces a sublevarse y entregarse a desenfrenadas matanzas. Siguieron muchas otras revueltas, acompaadas de amargo resentimiento contra los rabes, y, en su descontento, no dudaron en adherirse a causas extremistas como las de los jariches y los shi'es. A finales del siglo XI se convirtieron en dueos de al-Andalus, y continuaron sindolo durante el siglo XIIy parte del XIII,cuando el poder pas a manos de los almorvides y almohades que enviaron gobernadores a Marrakush. Seguidamente, la influencia de los berberes en los asuntos de al-Andalus sigui siendo grande hasta la cada de Granada. .
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Mu'nis, Fachr, pg. 360. 5 Ibn 'Idha, Bay[m, voL 2, pg. 53. 103

No obstante, los berberes imitaron a los rabes en la lengua, la religin y las apariencias externas. Sus cortes fueron lugares de reunin de poetas y literatos, y produjeron muchos eruditos, incluido el hbil poeta y literato AI-Mu:?affar. Los m~y musalimah.-Los mulades y musalimah eran musulmanes de ascendenciaespaola. Los autores musulmanes hacen distincin entre los dos grupos. Los mulades (muwalladn), conocidos por los espaoles cristianos como renegados, nacieron musulmanes de padres rabes o berberes que se haban casado con mujeres espaolas, costumbre muy corriente, sobre todo en tiempos de la conquista. Por otro lado, los musalimah haban adoptado el Islam bien por conviccin o por conveniencia. Aunque se dan casos en los que los mulades conservaron su nombre materno y se enorgullecieron de su ascendencia espaola, eran en general tan devotos como los musalimah. Con el tiempo llegaron a ser la mayora de la comunidad islmica en al-Andalus, y pueden compararse con los muwal (clientes) del Oriente. De procedencias tnicas diferentes, imitaron las costumbres, vestido, y lengua rabes, y se identificaron con stos hasta el punto de adoptar nombres rabes e incluso genealogas. Al igual que los mawall en Oriente, los mulades y musalimah eran la columna ~ertebral de al-Andalus, no solo debido a su gran nmero, sino tambin a sus importantes puestos en la vida religiosa, poltica, e intelectual del pas. Muy a menudo mostraban ms celo en la causa del Islam que los propios rabes. De sus filas salieron muchos eruditos religiosos, jueces, visires, secretarios, jefes militares y dems -entre ellos el historiador Ibn al-Qutiyyah y el gran telogo y pensador Ibn l:Iazm. Al igual que otros grupos, los mulades y musalimah tuvieron momentos de descontento que a menudo ocasionaron francas sublevaciones en contra del gobierno central, descontento que no cesaba, pues estaba basado en resentimientos en contra de la aristocracia rabe que consideraban los estaba explotando y los privaba de igualdad en la poltica musulmana. Los .'jaqalibah6.-Muy a menudo, los omeyas consideraron que no podan fiarse de sus sbditoCarabes, y menos an de los otros estratos de la sociedad que se hallaban resentidos por su poder, y, en consecuencia, emplearon esclavos trados del norte de frica, cuenca del Mediterrneo, Francia, Alemania, y otros pases europeos. Los .'jaqalibah (eslavos) hicieron su aparicin en la escena poltica bajo 'Abd al-Ral).man 111, el cual los emple en palacio prefirindolos a los pendencieros rabes y berberes. Su presencia en la corte hace pensar en el Bagdad del siglo IX, cuando los califas 'abbases no podan confiar ni en rabes ni en persas, e hicieron uso de mercenarios turcos. Los .'jaqalibah fueron en su origen cautivos o esclavos procedentes del norte de Espaa, Francia, Alemania, y los pases del Este de Europa. Como esclavos, eran comprados en los mercados an pequeos, y asimilaban fcilmente la lengua rbe y las prcticas religiosas y costumbres de la corte. Parece ser que fueron ms de trece mil bajo 'Abd al-Ral).man 111, y, de puestos humildes y sin importancia en la corte, pronto ascendieron a posiciones de tanta influencia como consejeros y jefes militares. Tambin adquirieron grandes riquezas y dominios, y por esto fueron odiados por rabes y berberes. Sin embargo, permanecieron fieles a los omeyas durante los ltimos tiempos de la dinasta. Ibn Ab 'mir los apart del poder y los reemplaz por elementos berberes importados, pero tras la cada de los 'amires pudieron fundar varios estados en Denia, Tolosa, Valencia, y las Baleares.
6 Vase AJ::madMuchtar al-'Abbadi, Los es/avos en Espaa, Madrid, 1953. 104

Los no-musulmanes Como es de esperar, los no-musulmanes eran una minora en el Imperio Islmico, y como tal, ocupaban una posicin diferente de la de los musulmanes. La posicin de los no musulmanes en al-Andalus era parecida a la que tenan en otros lugares del mundo islmico:--Cristiaoos x.jud~ asimilaron a la corriente central de la sociedad islmica y acabaron por ser arabizados hasta el punto de no distinguirse de los musulmanes. Se les concedi la proteccin de la ley religiosa basada en los preceptos del Corn, que consideraba a ambos grupos como gentes del Libro (ahl al-kitiib) o gentes del Contrato (ahl al-dhimmah) por haber recibido la revelacin divina. Como tales, se les permita practicar sus propias religiones; tener una jurisdiccin completa para el gobierno de los matrimonios, divorcios, leyes de alimentacin, y otros asuntos familiares y civiles; poseer propiedades; y ejercer toda clase de actividades laborales. Por otro lado tenan que pagar una capitulacin (clzizyalz) y una contribucin territorial (jariich) a cambio de proteccin; se les prohiba la propaganda de sus religiones; portar armas, o ser testigos en contra de un musulmn en cualquier litigio que implicase a uno de stos y a un no-musulmn. En general, estos privilegios y restricciones entraron en el derecho cannico y formaron parte integral de l durante siglos. Es importante sealar que, de acuerdo con los textos de leyes, los no-musulmanes no podan edificar nuevas iglesias y si!1agogas u ocupar puestos oficiales, pero en la prctica, levantaron numerosas iglesias y sinagogas en las ciudades recientemente establecidas, y muchos puestos importantes, incluido el de visir, fueron ocupados por judos y cristianos. Los no-musulmanes estuvieron a veces sujetos a duras disposiciones, pero nunca a persecuciones del tipo de las practicadas bajo los bizantinos o en Espaa bajo los visigodos. Por ejemplo, el segundo califa, 'Umar (634-644) estableci una constitucin segn la cual los no musulmanes no podan quedarse en Arabia. A principios del siglo VIIIotro califa, conocido por su piedad, promulg un edicto por el cual todos los musulmanes, sin consideracin de origen o raza, eran iguales y se encontraban exentos de impuestos, y el mismo edicto exiga mayores impuestos a judos y cristianos y restringa su libertad de movimientos. Un edicto similar fue promulgado al siglo siguiente, pero es digno de tenerse en cuenta que estas medidas, aunque discriminatorias, fueron tomadas en un momento de crisis nacional y afectaron a musulmanes y no-musulmanes. Fueron una infraccin de la ley cannica y slo ocurrieron aisladamente, sin llegar a constituir una persecucin sistemtica. En conjunto, el Islam se mantuvo fiel a una poltica de escrupulosa tolerancia en todos los pases musulmanes, incluyendo al-Andalus, y en consecuencia, la poblacin no musulmana hizo uso pleno de las oportunidades que se le brindaban y contribuy al desarrollo de la vida social. Los judos alcanzaron un fuerte vnculo con los rabes y cultivaron sus capacidades hasta el mximo. Durante la expansin de los siglos VDy VIII,los judos en Siria-Palestina, Egipto y Espaa, recibieron a los rabes como a sus libertadores de las persecuciones, pues dejaron de ser una comunidad proscrita, perseguida por la dominante iglesia y se convirtieron en parte de una vasta categora de sbditos con una posicin legal especial7. A continuacin vivieron en armona con los musulmanes, junto a
., S. D. Goitein, Arabs and Jews, Nueva York, 1955, pg. 62. 105

los cuales fueron testigos de perodos de pujanza y de declive. En el siglo x, las comunidades judas estaban totalmente arabizadas, hasta el punto que Sa'adya Gaon (m. 942), un lder de la comunidad juda de Egipto, sinti la necesidad de traducir la Biblia al rabe, e incluso explicar la gramtica hebraica en la misma lengua para bien de sus correligionarios. En aquel perodo, muchos mercaderes, banqueros, funcionarios pblicos, y autores judos hicieron importantes aportaciones 8, Y durante los dos siglos siguientes tuvo lugar una edad de oro de la literatura juda, escrita a la vez en rabe y hebreo: All, bajo la influencia rabgo-musulmana, el pensamiento y la filosofa judos, e incluso sus leyes y prcticas religiosas fueron sistematizados y por fin formulados. Incluso la lengua hebraica desarroll su gramtica y vocabulario usando la ar biga como modelo 9. Los judjgs..de al-Andalus.-Cuando Espaa fue conquistada por los rabes en 711;8e dice que los judos de la pennsula Ibrica, que haban sufrido duras restricciones bajo los gobernantes visigodos, animaron y ayudaron a los conquistadores, los cuales, 'al seguir su avance hacia el norte, dejaron en sus manos la administracin de muchas ciudades. Seguramente encontraron alivio bajo el Islam, y seguidamente tuvieron un papel importante en la vida poltica, econmica e intelectual del pas. Cooperaron con los conquistadores hasta que ambos, judos y musulmanes, fueron vctimas de la Inquisicin espaola, y aquellos que escaparon del fanatismo y desenfrenadas matanzas de los inquisidores encontraron hogar y refugio en pases musulmanes como Marruecos, Tnez, Argelia, Egipto, y Turqua, donde vivieron durante siglos sin ser molestados. El gran filsofo Maimnides se fue de la intolerante Espaa al Cairo, y actu como mdico de la corte de Saladino, el conquistador de Jerusaln. De igual modo, Jos de Naso se refugi en la corte otomana, donde ocup un alto cargo como consejero y acompaante del sultn otomn. En Espaa, como en el resto de los pases rabes, los judos conservaron su religin pero asimilaron la cultura y costumbres de la tierra en que vivan, y la Espaa musulmana puede servir de ejemplo de integracin social y cooperacin. Durante el siglo x, Hasdai ben Shaprut, un judo, sirvi a 'Abd al-Ral)man III, uno de los ms hbiles gobernantes de Espaa, en la capacidad de consejero privado, mdico de la corte, y fiel emisario a los reyes cristianos. Ben Shaprut tambin parece que anim al califa a entablar relaciones diplomticas con el emperador bizantino, Constantino VII, el cual, seguidamente, envi presentes a 'Abd al-Ral)man 1. Otro estadista judo fue Samuel Ibn Nagrilah (993-1055), el financiero y primer ministro del rey zIri de Granada. Samuel fue el autntico gobernante, sucedindole su hijo Ysuf, y ambos permitieron a sus correligionario s participar en la administracin del estado y alistarse en el ejrcito. Los judos, bien conversos al Islam o devotos seguidores de su propia fe, fueron completamente arabizados e hicieron sentir su presencia en toda la extensin del Imperio. Usaron el rabe para expresarse y adoptaron sus tradiciones y saber, y, por lo tanto, es casi imposible diferenciar el proceso mental o el punto de
8 Vase W. 1. Fischel, Jews in the Economic and Political Li{e o{ Medieval Islam, Londres, 1937; A. Neuman, The Jews in Spain, Filadelfia, 1948; l. Husik, A History of Medieval Jewish Philosophy, Nueva York, 1916; A. Ashtor, A Ifistory of the Jews in Muslim Spain, Jerusaln, 1966; l. D. Abbou, Musulmans andalous et judeo-spanols, Casablanca, 1953; U. Baer, A Bistory of the Jews in Christian Spain, Filadelfia, 1961; S. Munk, Mlanges de philosophie juive et arabe, Pars, 1857. Se debe llamar la atencin a S. p. Goitein, A Mediterranean Society, the Jewish Community in the Arab World, 2 vols., Berkeley-Los Angeles, 1967.
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Goitien, Arabs and Jews, pgs. 7-8.

10 Entre los regalos del emperador bizantino haba un ejemplar del tratado de botnca de Dioscrides. Vase lbn Chulchul, Tbaqiit al-a(ibbii', pgs. 106 y sigs. y Dublet, et al., La Materia Mdica. 106

vista intelectual de un rabe y un judo de la poca. Por otra parte, la deuda de la lengua y los conocimientos rabes para con los judos no es difcil de demostrar, ni es difcil de ver la influencia de la lengua y literatura rabes en los posteriores escritores judos que usaron el hebreo como medio de expresin. La relacin de los intelectuales judos en la Espaa musulmana es verdaderamente impresionante, y slo unos cuantos nombres caben ser mencionados aqu. Yahda Ibn Dawd escribi la primera gramtica hebraica cientfica en rabe, y usando una gramtica rabe como modelo. Cierto nmero de poetas judos iniciaron la poesa neo-hebraica, tomando como modelo de forma y a veces de contenido a la poesa rabe. Por ejemplo, Moiss Ibn Ezra (m. 1138) alab el vino, las mujeres y las canCIOneS, segn la ms pura tradicin rabe. Yahda Halevi (1085-1143); poeta, filsofo y fsico, compuso varios poemas en rabe con una rara elegancia. Finalmente, Abraham Ibn Ezra (1092-1167) fue experto en el uso de la prosodia rabe y tambin astrnomo, poeta y viajero. Aunque al-HarizI (aprox. 1170-1230) trat de demostrar que el hebreo era tan importante como el rabe, a menudo prefiri este ltimo, y emprendi la difcil tarea de traducir el famoso Maqamiit de al-l;Ia al primero. En filosofa y medicina, muchos judos preeminentes usaron el rabe como medio de expresin, y la sabidura rabe como base de su orientacin intelectual. Cuando los eruditos arabigoparlantes -judos, cristianos y musulmane~ se encontraban deliberando cuestiones filosficas y cultivando las ciencias, Europa se hallaba en un perodo de letargo. Los judos tuvieron un papel importante en la propagacin del pensamiento rabe por Europa, pues muchos judos conocan bien el rabe, el hebreo y el latn, y bajo el patrocinio de los gobernantes cristianos en Espaa y Sicilia, comenzaron a traducir obras rabes de todas las disciplinas al latn. La transmisin de ideas fue uno de los principales factores en el subsiguiente resurgimiento de Europa. Los mozrabes.-Al principio, los mozrabes 11 constituyeron la poblacin nativa que, -segn las indicaciones de que disponemos, acogieron con agrado y seguidamente aceptaron a los conquistadores musulmanes. Con el transcurso del tiempo muchos nativos se convirtieron al Islam. Un importante grupo se mantuvo fiel al Cristianismo, pero se arabiz bajo la influencia de la lengua y la cultura rabes. De aqu su denominacin de mozrabes (rabe, al-Musta'ribun) 12. Su posicin como gentes del contrato les obligaba a pagar su capitacin y contribucin territorial a cambio de proteccin, y, como los judos, tenan sus propios tribunales y gozaban de libertad de culto en sus iglesias y monasterios. Aunque su posicin no era igual a la de los musulmanes parecen haber vivido en armona con stos, y aunque en las grandes ciudades tenan sus pJ;'opiosbarrios, esto no era obstculo para que circulasen libremente en sus tareas cotidianas. Tenan sus propios jueces, pero los juicios que implicaban a un mozrabe y a un rabe requeran un juez especial que conociese las leyes musulmanas y el derecho comn. A su cabeza tenan un gobernador o conde ('comes', rabe qumis) que
Los mozrabes, adems de ahl al-dhimmah, eran na$iirah o mu'iihidn. 12 Isidoro de las Cagigas, Los mozrabes, Madrid, 1947, contiene abundante bibliografia. Vase tambin F. Simonet, Historia de los mozrabes de Espaa, Madrid, 1897-1903, y Glosario de voces ibricasy latinas usadas entre los mozrabes, Madrid, 1888; F. Pons Boigues, Apuntes sobre las escrituras mozrabes toledanas existentes en el archivo histrico nacional, Madrid, 1897; M. Gmez Moreno, Iglesias mozrabes, Madrid, 1919; A. Gonzlez Palencia, Los mozrabes de Toledo en los siglos XII y XIII, Madrid, 1926-1930, y Moros y cristianos en Espaa medieval, Madrid, 1945; F. Codera, Mozrabes, su condicin social y poltica (tesis doctoral), Lrida, 1866; G. Menndez Pidal, Mozrabes y asturianos en la cultura de la Alta Edad Media, BRAH, 134 (1954), 137-291; G. Levi Della Vida, 1 mozarabe tra Occidente e Islam, 12 (1965, Spoleto), 667-695.
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....

era un intermediario entre ellos y el gobierno central, y posean sus propias leyes (Fuero Juzgo) basadas en las visigticas. Los mozrabes se destacaron en las principales ciudades como Crdoba, Sevilla, Granada, Murcia, Valencia, Toledo y Zaragoza, y un gran nmero de ellos vivieron en pueblos y reas rurales, dedicndose a la agricultura. Adoptaban a menudo nombres arbigos y el clero los criticaba frecuentemente por su abuso de las costumbres rabes, aunque en pocas de crisis poltica y econmica eran propensos a resentirse y a desafiar a las autoridades musulmanas. Bajo 'Abd al-Ral).man n algunos mozrabes fueron instigados por los clrigos a difamar la memoria de Mahoma con el propsito de ganar el martirio en vida y la bienaventuranza eterna en el ms all 13 (ver Captulo 1), y seguidamente se unieron y ayudaron a sus paisanos musulmanes prximos, los mulades, en su

sublevacin contra el gobierno central 14.

Por otro lado, los mozrabes se alistaban a menudo como mercenarios en los ejrcitos musulmanes y lucharon contra sus correligionarios del norte. Tambin ocuparon importantes puestos en las cortes de los gobernantes musulmanes, desempeando un papel destacado en la vida social, econmica, poltica e intelectual del pas. Los matrimonios entre ellos y los musulmanes no eran raros, y, a menudo, un musulmn se casaba con una mujer mozrabe que continuaba practicando su religin cristiana. Con frecuencia, los miembros de una misma familia tenan diferentes creencias religiosas, algunos profesaban el islamismo y otros el cristianismo. Hablaban lo mismo el rabe que el romance, y eran los mejores intermediarios entre los musulmanes y los cristianos del norte, contribuyendo as a la transmisin de ideas. De hecho, su influencia en las costumbres, armas, monedas, artes y arquitectura del norte de Espaa fue enorme 15. El papel de los mozrabes en el proceso de intercambio sociocultural no puede menospreciarse. Gozaron de tranquilidad bajo el dominio musulmn en el siglo x, especialmente durante los reinados de 'Abd al-Ral).man nI y al-I:Jakam n, y contribuyeron enormemente a la vida andaluza como artesanos, constructores, funcionarios pblicos y escritores. Les fascinaron la lengua y la cultura arbigas, y, aunque no se ha hecho un estudio detallado de su produccin literaria en rabe, existen indicios de sus actividades literarias y su inters por las ciencias rabes. El obispo Recemundo, conocido en rabe como Rabi' Ibn Zayd al-Usqf al-Qurtubi, fue un gran conocedor de estas ltimas y escribi sobre astronoma 16, y, en 955 aproximadamente, fue enviado en misin diplomtica a Alemania y visit Jerusal~-y Constantinopla. 'ArTh Ibn Sa'd, un renegado, fue un consumado mdic...l1 sirvi de secretario a 'Abd al-Ral).man In. . ttn general, hasta el siglo XIprevalecieron una avenencia y una tolerancia poco \. ~
"'---13 Vase Simonet, Historia, pgs. 381-386; Cagigas, Los mozrabes, pgs. 195 y sigs. y 211-221, donde da una lista de mrtires. Hay que sealar que San Eulogio defiende en su Memoriale Sanctorum esos actos suicidas, igual que su bigrafo contemporneo lvaro en Indiculo Luminoso. Ambos critican a los cristianos moderados que encontraban injustificados aquellos actos. Cfr. Simonet, Historia, pginas 405 y 460 Y sigs. 14 Cagigas, Los mozrabes, pgs. 235 y sigs. 15 Vase Gmez Moreno, Iglesias mozrabes. Por otro lado, Simonet pretende que los rabes no contribuyeron en absoluto a la forma y contenido de la civilizacin espaola (Historia, pg. XLVI;Glosario, XLVI).Arguye, sin demasiada base, que los cristianos conservaron su pureza, herosmo, originalidad, espritu religioso y carcter nacional e hicieron toda clase de contribuciones valiosas a la cultura de los infieles (Historia, pgs. XLVy 349); vase tambin De la influencia del elemento indgena en la civilizacin arbigo-hispana, Ciudad de Dios, vol. 4, pgs. 5 y sigs. 16 Cagigas, Los mozrabes, vol. 2, pgs. 330 y sigs. Na~r era el eunuco de 'Abd al-RaJ.man 11; los obispos y jueces cristianos tomaban nombres rabes. En 962, el juez de los cristianos de Crdoba era WalId Ibn Jayzuran, el obispo era A~bag Ibn 'Abdallah y el de fToledo, era 'Ubaydallah Ibn Qasim. 108

comunes entre musulmanes y cristianos, pero a partir de la gran revuelta de 1009 y la desintegracin poltica de al-Andalus, los mozrabes se hallaron apresados en una red de fuerzas contendientes, y al igual que el resto de la poblacin fueron vctima del desorden y la falta de ley. A continuacin, la inestabilidad de la situacin en la pennsula bajo los reinos de taifas puso a musulmanes y mozrabes en una dbil posicin, y se deterioraron sus hasta entonces buenas relaciones. Con las infiltraciones de los cristianos del norte en territorio musulmn, el problema de los mozrabes no fue de nacionalidad, sino de interminable conflicto entre cristiandad e islam, provocado por fuerzas externas. El elemento religioso, hasta entonces insignificante, se convirti crecientemente en factor divisor y causa de fuerte tensin social e intolerancia religiosa. Como resultado de esto, los mozrabes fueron sujetos a severas disposiciones por los almorvides y los almohades, y se les oblig a llevar ropas especiales para distinguidos de los musulmanes. Mientras stas y similares restricciones tenan lugar bajo el dominio musulmn, medidas an ms represivas estaban siendo aplicadas a aquellos musulmanes que vivan bajo el dominio cristiano. Los moros y mudjares Debido a la constante lucha entre los musulmanes y los cristianos del norte de al-Andalus, es difcil determinar el nmero de musulmanes que vivan en territorio cristiano o bajo su dominio. Sin embargo, durante el siglo XI, y en especial tras la cada de Toledo en 1085, se puede suponer que un gran nmero de musulmanes vivan bajo dominio crstiano, y recian el nomre de moros, vocablo probablemente derivado de Mauritania en el noroeste de frica. En general, la designacin de 'moros' se aplicaba a los berberes, mientras que los rabes puros eran conocidos como 'alrabes'. Tras la reconquista, los musulmanes que se vieron forzados a convertirse al cristianismo fueron llamados 'moriscos', y los que permanecieron fieles a su religin y vivieron en territorios cristianos 'mudjares', del rabe mudachchan, que significaba 'manso' o 'al que le es permitido quedarse'. Su nmero aument enormemente en proporcin al avance de la reconquista, que termin en 1492 con la cada de Granada. Los mudjares 17, como los mozrabes vivan en situaciones polticas y militares permanentemente variables y por lo tanto estaban sujetos a las vicisitudes de la poca. Al principio se les permiti vivir en territorio cristiano a cambio del pago de impuestos, y adems, los gobernantes cristianos hicieron uso de sus aptitudes para el comercio, la industria, la agricultura, las artes y la arquitectura, y
17 Sobre Mudjares y Moriscos, vase Isidoro de las Cagigas, Los mudjares, Madrid, 1949-1949; Julio Caro Baroja, Los mariscos del reino de Granada, Madrid, 1957; F. Fernndez y Gonzlez, Estado socialy poltico de los mudjares de Castilla, Madrid, 1866; A. Delgado Hernndez, Memoria sobre el estadomoral y poltico de los mudjares de Castilla, Madrid, 1864; J. Pedregal y Fantini, Estado social y culturade los mozrabes y mudjares espaoles, Sevilla, 1878; F. Janer, Condicin social de los moriscos, Madrid, 1857. El rgimen, estado y tratamiento de los mudjares de Valencia 'bajo los aragoneses ha sido objeto de excelentes estudios por el padre R. Burns, Islam and the Crusaders. Colonial Survival in (heThirteenth Century Valencia, Princeton, 1973; Medieval Colonialism, Princeton, ~75; The Ci-usaders Kingdomof Valencia, Princeton, 1976, y su Social Riots on Christian-Moslem Frontiers (ThirteenthCentury Valencia>, American Historical Review, 66 (1961), 378-400. Vase tambin Fr. Macho Ortega, Condicinsocial de los mudjares aragoneses, Zaragoza, 1923; M. A. Ladero Quesada, Los mudjares de Castilla en tiempo de Isabel I, Valladolid, 1969; J. Torres Fontes, El alcalde mayor de las aljamas de moros de Castilla, Anuario de Historia de Derecho Espaol (1962), 131-182; Los Mudjares murcianosen el siglo, Murgetana, 17 (1961), 59-90, y su Moros, judos y conversos en la regencia de don Fernando de Antequera, Cuadernos de Historia de Espaa, 31 (1960), 60-97. '

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les concedieron libertad de culto, sus propias costumbres, y organizaciones de gobierno local18. Sin embargo, con el transcurso del tiempo, las duras medidas encaminadas a desislamizar y desarabizar a los mudjares contribuyeron no slo al declive y desaparicin de su herencia cultural, expresada en las prcticas religiosas, costumbres y lengua, sino tambin a su consiguiente exterminio y expulsin. Este aspecto puede comprenderse mejor haciendo una revisin del enfrentamiento de la cristiandad y el islam en cuanto a posturas religiosas y coexistencia. Actitudes religiosas e Inquisicin

a la Inquisicin, han sido objeto de varios trabajos y numerosos artculos 1

Las actitudes mutuas de cristianos y musulmanes que- finalmente condujeron

. En

el caso de al-Andalus en particular, las relaciones cristiano-musulmanas parecen haber sido buenas desde el siglo VIIIhasta el final del siglo XI, cuando empezaron a deteriorarse, convirtindose gradualmente con el paso del tiempo en tensas, intransigentes e intolerables. No hubo ningn intento serio de mejorarlas, y el resultado fue el establecimiento de la Inquisicin en ~l siglo XV, que acab con el exterminio y la expulsin de todo un pueblo en nombre de la religin. A pesar de que el cristianismo y el Islam comparten ciertas creencias bsicas -la existencia de un Dios, creador de todas las cosas, Premiador y Castigador en el da del Juicio, una tradicin comn, y un cdigo moral similar- han permanecido en conflicto desde el siglo VII hasta el presente. La hostilidad de las dos religiones, en virtud de su duracin y consecuencias, hace parecer insignificante la actual pugna entre comunismo y capitalismo, ya que el conflicto religioso ha sido perpetuado durante siglos por la pluma y la espada. Los motivos subyacentes no han sido solamente religiosos, sino tambin econmicos y polticos, y como ~e~~ltado de esto, han engendrado actitudes inflexibles y una atmsfera de preJUlCIOS.

El rabe o musulmn ha sido y contina siendo considerado con desdn y ridculo, y se le mira como a un ser inferior, incrdulo, sensual y atrasado. Se le asocia al camello, la tienda de campaa y el turbante y, en el mejor de los casos, se le representa como un hombre obeso y sensual rodeado de un poblado harem de atractivas y complacientes bailarinas. Su religin se considera como una farsa debido a su gran laxitud o, en el mejor de los casos, como una corrupcin de la doctrina judeo-cristiana promulgada por un hombre ignorante y ambicioso. Esta imagen del musulmn o rabe y de su religin ha sido perpetuada por clrigos, humanistas, polticos, e incluso algunos eruditos modernos. Existen razones histricas y psicolgicas para ello, ya que el Islam represent desde un principio una amenaza para la cristiandad, hizo vacilar los cimientos de la poltica cristiana en un momento crtico de su historia y le arrebat un enorme territorio, hacindose con la supremaca poltica, econmica, social y cultural durante varios
18 Sobre el papel y posicin de los mudjares en la vida nacional espaola, vase Lea, The Moriscos of Spain, pg. 57; Janer, Condicin social de los moriscos, pgs. 13-14; cfr. 'Inan, Nihiiyah, pgs. 54-58. 19 N. Daniel, Islam and the West, Edimburgo, 1960; tambin R. W. Southern, Westem Views of Islam in the Middle Ages, Cambridge, Mass., 1962; J. T. Addison, The Christian Approach to the Moslems, Nueva York, 1942; E. Doutt, Mahomet Cardinal, Mmoires de la Socit d'agriculture, commerce, sciences, et arts de ia Mame, 2.&ser., vol. 1:2, 1898-1899, pgs. 233-243; P. Khoury, Jean Damascene et I'Islam, Proche Orient Chrtien, 7 (1957) Y 8 (1958); J. E. Merril, John of Damascus on Islam, MW, 41 (1951), 88-97; D. C. Munro, The Western Attitude toward Islam during the Period of the Crusades, Speculum, 6 (1931), 338 Y sigs. N. Daniel, The Araos and Medieval Europe, Londres, 1975; y R. Schwoebel, The Shadow ()( the Crescent, Nieuwkoop, 1967. 110

siglos en la Edad Media. Fue una reaccin natural por parte de la cristiandad el oponerse al Islam con todos sus recursos. En esas circunstancias, la realidad deja de tener importancia y es a menudo desfigurada para demostrar que hiciese lo que hiciese o pensase lo que pensase, un musulmn siempre estaba absolutamente equivocado. Este sentimiento cristaliz en una tradicin que fue perpetuada por apologistas, y tuvo una manifestacin violenta en la carrera hacia el martirio en Espaa, en las cruzadas y en la Inquisicin espaola, y hasta en el moderno colonialismo occidental. Al considerar las actitudes de los cristianos hacia el Islam puede hacerse referencia a la inapreciable obra de Norman Daniel Islam and the West. Este erudito presenta amplia documentacin demostrando las actitudes negativas de los cristianos con respecto al Islam, y ha hecho ver que aqullos no podan concebir que el Corn fuese verdadero o Mahoma un profeta. Ambos eran considerados como una superchera, el primero unos dichos desorganizados faltos de estilo y contenido 20, Y el segundo, en el mejor de los casos, un simple pseudo-profeta que no debera pretender serIo ya que no reuna las condiciones necesarias. Los fallos principales de Mahoma incluan su incapacidad de hacer milagros, sacar algo nuevo del pasado, o hacer predicciones de lo desconocido en el presente o el futuro, y sus pretensiones de profeca estaban basadas principalmente en el hecho de que estaba posedo por el demonio, el cual incitaba a las gentes a la busca de la sensualidad ms bien que a la de la espiritualidad. Adems, su vida quedaba lejos de alcanzar niveles aceptables de comportamiento, y menos an de justificar una pretensin de profeca, ya que era un pagano de humilde origen con una gran ambicin al asegurar haber recibido revelaciones con el objeto de satisfacer sus caprichos entre los ignorantes nmadas. En el mejor de los casos haba sido inspirado por un hereje cristiano o un judo malintencionado que present a Mahoma como un hombre de gran sabidura, cuando en realidad era simplemente un nigromante que no cobr importancia hasta su casamiento con una rica viuda con la que haba vivido en pecado 21. Esta imagen del Islam y de su profeta es lo suficientemente consistente como para haber tenido un nico origen, dur hasta los tiempos de Alfonso X y continu sin estorbos durante los siglos siguientes. En general, los argumentos, hechos y falsedades esgrimidos por Pedro el Venerable, Pedro Alfonso, Rodrigo Ximnez de Rada, Marcos de Toledo y San Pedro Pascual, entre otros muchos, no se diferencian demasiado de los empleados ms tarde por Alfonso X, cuyas opiniones comentaremos ms adelante. En cuanto a las actitudes de los cristianos con el Islam en al-Andalus, deben de ser consideradas las relaciones entre cristianos y musulmanes. stas tuvieron dos perodos principales: uno de armona y coexistencia pacfica, y otro de intolerancia y persecucin. Como ya hemos sealado, una notable avenencia entre los dos grupos prevaleci en al-Andalus desde el siglo VIII hasta casi el final del siglo XI,y esta coexistencia permiti alcanzar un alto grado de cultura. Los reyes cristianos, prncipes y clrigos imitaban los trajes, costumbres e instituciones musulmanas 22, Y los musulmanes no dudaban en copiar a los cristianos. La fusin de los dos grupos religiosos fue tan completa que los africanos se escandalizaron
20 Hay que sealar que en la tradicin musulmana el Corn es la Palabra de Dios (kaliim Alliih) y es ea-eterno de l. 21 Daniel, Islam, pg. 90. 22 Cagigas, Los mudjares, vol. 1, pg. 148, dice: Reyes, prncipes, eclesisticos, vivan o trataban de imitar el fasto de las cortes musulmanas. Armas, arreos, joyas, tapices, prendas de vestir, tejidos, ajuar de la casa, eran de origen musulmn; los inventarios contemporneos, que conocemos en gran cantidad y con variedades de fechas, no dejan lugar a duda; los descubrimientos que luego nos han ido 111

de la hispanizacin de los musulmanes del mismo modo que los europeos de

la islamizacinde los cristianos23. An tras la cada de Toledo, cristianos y


musulmanes continuaron viviendo con un alto grado de tolerancia a pesar de las constantes guerras. Alfonso VI, el conquistador de Toledo, fue el ms poderoso gobernante cristiano de la pennsula, capaz de exigir tributos a los gobernantes musulmanes como al-Mu'tamid, el orgulloso y poderoso rey de Sevilla, y es importante sealar que haba buscado refugio en la corte musulmana de Toledo cuando fue vencido por su hermano Sancho 24 en su lucha por el trono. Adems no era raro en aquel tiempo que los cristianos sirviesen en los ejrcitos musulmanes y viceversa, y tenan lugar alianzas entre estados cristianos y musulmanes en contra de algn enemigo comn musulmn o cristiano. Esa era la realidad poltica del pas, y Alfonso X tuvo a gala ostentar el ttulo de rey de las tres religiones -juda, cristiana y musulmana- y mostr un gran deseo de emular la habilidad y conocimientos prcticos de los musulmanes, ayudado por los mozrabes, judos y musulmanes. El Cid, en contra del mito que le representa como un inflexible hroe y libertador nacional, vivi entre los musulmanes y trat con ellos, e incluso hall refugio entre ellos cuando fue exiliado por su rey, Alfonso VI. Cuando cobr importancia con la conquista de Valencia, mostr un considerable grado de tolerancia y comprensin de los problemas de sus sbditos musulmanes. Esta poltica de coexistencia fue continuada por los siguientes gobernantes cristianos, a pesar de las presiones del clero que incitaba a sus feligreses a levantarse en contra de judos y musulmanes para demostrar la firmeza de su fe en el Cristianismo. Por otro lado, el siglo XI fue testigo de cierto nmero de problemas polticos, militares y sociales que acabaron por repercutir gravemente en las actitudes religiosas y las relaciones sociales de cristianos y musulmanes. El origen de las dificultades fueron una serie de acontecimientos a partir del ao 1009, cuando ces de existir en al-Andalus un estado musulmn representado por un gobierno central estable. A raz de revueltas y caos el gobierno central fue reemplazado por numerosos pequeos estados representados por los reyes de taifas que rivalizaban entre s y con los nuevos estados cristianos del norte. La situacin era catica, e hizo que el pensador y estadista del siglo XIVIbn al-Jatib juzgase crticamente a los lderes musulmanes y cristianos. A su juicio, los reyes de taifas fueron gatos hacindose pasar por leones, el Cid fue el enemigo de Dios 25 que no evit la matanza de nios y mujeres tras la conquista de Valencia 26, y lo mismo fue el maldito tirano Alfonso VI 27.

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haciendo arquelogos e investigadores confirmaron lo que ya tenemos sabido. Reyes y arzobispos yacen an en sus sepulcros con sus mantos y ropas orientales. De algunos reyes como Pedro I de Aragn -no conocemos ms que sus firmas en rabe. De otros -Alfonso VIII de Castilla, Ramn Berenguer de Barcelona- nos consta que acuaron sus monedas de oro a imitacin de los tipos rabes y con inscripciones rabes. 23 Ibid., pg. 153. Cagigas dice: Los africanos se sorprendan y escandalizaban de la intensa hispanizacin de los mulk al-(awii'if, los europeos se escandalizaban y sorprendan de la islamizacin de los cristianos espaoles. A. Chejne, Islamization and Arabization in al-Andalus. A general View, en S. P. Vryonis (ed.), Islam and Cultural Change in he Middle Ages, Wiesbaden, 1975. 24 Ibn al-Jatib, A'liim, pg. 181. 25 Ibid., pg. 203. 26 Ibid., pg. 204. 27 Ibid., pg. 245. Aqu Ibn al-Jatib cuenta que al-Mu'tamid de Sevilla contest a la pregunta sobre el peligro berber diciendo que prefera ser camellero en el Maghrib que convertir al-Andalus en morada del infiel (dar al-kufr). Sin duda este comentario tiene un fondo religioso y aparece en varias obras polmicas del siglo XI y posteriores. Los musulmanes estaban a la defensiva e intentaban repeler los ataques que se les haca a ellos y a su fe. Ibn Garca era un neo-musulmn que fue secretario y poeta de la corte de Much1ihid (1010-1045), gobernador de Denia. Escribi una obra en que intenta demostrar la superioridad de los no rabes sobre los rabes, y que engendr toda una serie de agrias refuta 12

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Los musulmanes empezaron a perder terreno ante los principados cristianos del norte y, ante la falta de un gobierno fuerte, comenzaron a desarrollar una firme consciencia religiosa. En el ltimo cuarto del siglo XI, los reinos musulmanes no solamente se convirtieron en tributarios, sino que fueron objeto de exigentes demandas, de tal modo que su existencia lleg a ser precaria, y esta situacin coincidi con la aparicin de los almorvides en el norte de frica. Los eruditos religiosos de al-Andalus, que haban estado relegados al olvido durante los reinos de taifas, apelaron a los sentimientos religiosos de las gentes y persuadiern a los gobernantes musulmanes para que pidieran ayuda a los almorvides en nombre del Islam y que rescatasen a sus correligionarios de las manos de los infieles cristianos. Esto prepar el camino a la venida de los almorvides y almohades a al-Andalus, ya la aparicin en l de clrigos cristianos que incitaban a una cruzada general contra los musulmanes. Las dinastas africanas siguieron una poltica de carcter fundamentalmente religioso que da grandemente la situacin reinante hasta entonces de tolerancia y coexistencia pacfica, y los cristianos hicieron lo mismo. Por primera vez en la historia de Espaa apareci la intolerancia, y es curioso que hiciese su aparicin casi simultneamente en ambos bandos, introducida por los fanticos berberes en el sur y los monjes cluniacenses en el norte28. Las vidas de judos y cristianos (mozrabes) se volvieron vulnerables en los territorios musulmanes, y su posicin empeor cuando el gobernante almohade 'Abd al-Mu'min decret la expulsin de todos los cristianos y los judos que rehusaran convertirse en musulmanes 29. Fue en esta coyuntura en el siglo xn cuando Espaa se convirti en prenda de presiones internacionales. Los gobernantes cristianos vecmos y el Papado, alentados por el asombroso xito de la Primera Cruzada, se dedIcaron plenamente a luchar contra los infieles, y se convirti en poltica de la Iglesia el no tener compromiso alguno con los musulmanes de al-Andalus. Cuando se conquistaba una ciudad, la Iglesia insista en que todas las propiedades fuesen confiscadas y los

habitantes muertos o hechos prisioneros 30. Esta poltica encontr aceptacin en


el Tercer Concilio de Letrn (1177), el cual tambin prohibi a los cristianos tener contacto con musulmanes. De igual modo, el Cuarto Concilio de Letrn (1215) decret, entre otras cosas, que judos y musulmanes llevasen ropas especiales para

distinguidosde los cristianos 31.


Aunque los gobernantes espaoles no siempre consideraron conveniente y prctico el cumplir la poltica de la Iglesia, los clrigos cristianos excitaron los sentimientos populares y los escritores atacaron al Islam y los musulmanes a nivel intelectual, con el fin de desacreditar todo lo musulmn. Pedro Alfonso, traductor y hombre de grandes conocimientos de las ciencias musulmanas, era un converso del Judasmo al Cristianismo, y en dos de sus tratados atac al Islam y al Judasmo
ciones de simpatizantes rabes que degradaban no slo a los antepasados de)bn Garca, sino tambin sus costumbres religiosas. Vase J. Monroe, The Shu'biyya in al-Andalus: The Risala of Ibn Garda and Five Refutations, Berkeley-Los ngeles, 1970; vase tambin 'Abd al-Salam Harun, Nawadir alMajat, Cairo, 1953,que recoge el texto rabe del Risalah de Ibn Garca y algunas refutaciones. Cfr. tambin Ysuf Ibn al-Shayj al-Balawi, Kitiib alif ba, Cairo, a.H. 1287. Tambin de inters son los tratados del corpus de miscelnea (Escorial 538 Casi 531], nms. 11 y 12), uno escrito por un monje francs y dirigido a al-Muqtadir, gobernador de Zaragoza, y el otro por Ab-I-WaJid al-BachI (m. 1081) refutando el primero. Vase tambin las opiniones de Ibn I;Iazm en el Captulo XVI. 28 J. B. Trend, en Th. Arnold y A. Guillaume, eds., The Legacy of Islam, Oxford, 1<?52,pg. 10. Es en este momento cuando aparecen las rdenes militares que se ponen al servicio de los gobernantes cristianos. 29 Ibid., pg. 10. 30 Cagigas, Los mudjares, vol. 1, pg. 210. 31 Ibid., vol. 2, pg. 358.
113

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con todo el celo de un nefit032. Pedro el Venerable visit Espaa en 1142 y encarg a varios individuos la traduccin del Corn con el propsito de atacar al Islam desde dentro y, en efecto, escribi un libro sobre la hereja islmica 33. Rodrigo Ximnez de Rada (1176-1247), obispo de Toledo, que gan el favor de Alfonso VIII, incluy en su Historia Arabum 34 la vida de Mahoma y la historia del Islam. Tambin escribi la Historia Gothica, en la que acentu la pasada grandeza de los visigodos del mismo modo que lo hizo Alfonso X en su Crnica General35. Estos autores fueron seguidos por Marcos de Toledo, el cual tradujo el Corn para probar que no estaba de acuerdo con los Testamentos. Ms tarde, Pedro Pascual (m. 1300) declar que Mahoma estaba posedo del demonio 36, y que el Corn era una mescolanza de contradicciones, mentiras y fbulas 37. Pero las opiniones ms pertinentes y significativas sobre el Islam son las de Alfonso X (1252-1284), rey y erudito, que gozaba con la compaa de los eruditos musulmanes, pero nunca se dio cuenta de las aspiraciones de justicia de los habitantes musulmanes 38. Antes de subir al trono, Alfonso X estuvo en ntimo contacto cori musulmanes, primero como gobernador de Murcia y ms tarde como un rey que se rode de sirvientes musulmanes. Conoci la situacin de los mudjares, pero la presin del clero debi ser tal que no hizo caso de sus sufrimientos, y de hecho, al igual qut? sus predecesores inmediatos y sus contemporneos consider seriamente la expulsin de los moros 39. Esto no fue posible entonces, pero Alfonso permaneci fiel a la poltica de su padre, Fernando 111 (1217-1252), que introdujo a instancias de su mujer la costumbre de quemar a los acusados de hereja. Adems, Alfonso enunci sus sentimientos y actitudes hacia el Islam de un modo que refleja los prejuicios del siglo XIII. Alfonso X, como algunos de sus predecesores espaoles, se arrog el ttulo de Rey de las tres religiones -Cristiana, Islmica y Juda-, pero esta actitud obedeci, quizs, ms bien a las realidades polticas de la Espaa del siglo XIIIque a un cambio de actitud hacia los no cristianos. Ciertamente fue un cristiano ferviente y devoto que no poda ver mritos en ninguna religin que no fuese el Cristianismo. En su Crnica General de Espaa, refleja fielmente la actitud cristiana hacia el Islam, inflexible y negativa con todo lo mahometano. Habla de todos los conquistadores de Espaa -Griegos, Cartagineses, Romanos, Germanos, Vndalos, Alanos- sin excesivas alabanzas o condenas 4, pero cuando escribe sobre los visigodos y los rabes cuenta en lenguaje polmico y piadosas lamentaciones cmo el demonio infligi toda clase de calamidades a los poderosos, religiosos y pacficos visigodos; y como su su noble reino, devoto en religin, claro et limpio por ell enseamiento de los concilios41 cay cuando el rey Rodrigo abri el palacio encantado, violando as el secreto de un lugar sagrado y sirviendo de presagio de la invasin musulmana 42. Alfonso X narr la azarosa situacin de los visigodos de esta manera:

Vase James Kritzeck, Peter the Venerable and Islam, Princeton, 1964, pgs. 56 y sigs. lbid., pgs. 51 y sigs, y Daniel, Islam, pgs. 17 y SlgS.y 61SY sigs. 34 Publicado en Madrid en 1793.
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Vase ms adelante; tambin cfr. Cagigas, Los mudjares,vol. 2, pg. 358.

36 Daniel, Islam, pg. 29. 37 lbid., pg. 62. 38 Cagigas, Los mudjares, vol. 2, pg. 51l. 39 lbid., pg. 538. 40 Vase A. G. Solalinde, Antologia de Alfonso el Sabio, Madrid, 1960, pgs. 88-98, y J. F. Filgueira Valverde, ed., Primera crnica general de Espaa, Madrid, 1949, pgs. 103-117. 41 Filgueira, Primera crnica general de Espaa, pg. 104. 42 lbid., pg. 107. 114

...el diablo, que es enemigo dell'humana linaje et que non queda con su envidia de buscarle mal cuanto l ms puede, sembr la su mala simient et negra en el regno de Espaa, e meti en los poderosos soberbia, e en los religiosos pereza et negligencia, e entre los que habien paz et amor discordia, e en ricos et abondados, luxuria et muchedumbre de pecados, e en los sabios et entendidos pereza de embotamiento, en manera que los obispos et los clrigos torn tales como a los viles homnes del pueblo, e al rey et a los prncipes ass como a ladrones. Pues por esta guisa que habemos dicho fu el regno de los godos de Espaa destrodo, el que ante desto era grand et ancho ea tan gran era que el su seoro duraba et tene de mar a mar, bien desde la cibdad de Tanjer, que es en frica fastal ro Rudan043.

De aqu pasaba a ensalzar el glorioso pasado de los visigodos y a lamentar que un reino tan noble, rico, poderoso y honorable, pudiese ser destruido por vicisitudes internas a manos de los moros, esas gentes crueles, viles y engaosas, cuyos caballeros son ms crueles y peligrosos que un lobo entre las ovejas de noche:
Los moros de la hueste todos vestidos de sirgo et de los paos de color que ganaran, las riendas de los sus caballos tales eran como de fuego, las sus caras dellos negras como la pez el mas fermoso dellos era negro como la olla, ass lucen sus ojos como candelas; el su caballo dellos ligero como leopardo e el su caballero mucho mas cruel et mas daoso que es el lobo en la gey de las ovejas en la noche. La vil yente de los africanos que se non sole preciar de fuerca nin de bondat, et todos sus fechos face con art et a engao, et non solen amparar sinon penchando grandes riquezas et gran haber, essora era exaltada, ca crebant en una hora ms ana la nobleza de los godos que lo non podre homne decir por lengua. ...Espaa mexquina! Tanto fu la su muerte coitada que solamente non finc ninguno que la llante llamanla

dolorida, ya mas muerta que viva44 . y esto no es todo. La conquista de Espaa por los rabes presagi horrores, pillaje, destruccin y esclavitud:
Aqu se remat la santidad et la religin de los obispos et de los sacerdotes; aqu qued et mingu el abondamiento de los clrigos que sirven las eglesias, aqu peresci ell entendimiento de los prelados et de los homnes de orden; aqu fallesci ell enseamiento de la ley et de la sancta fe. Los padres et los seores todos perescieron en uno, los santuarios fueron destrodos, las eglesias crebantadas, los logares que loaban a Dios con alegra, esora le denostaban il maltraen, las cruces et los altares echaron de las eglesias, la crisma et los libros et las cosas que eran pora honra de la cristiandat todo fue esparzido et echado a mala part, las fiestas et las sollemnias, todas fueron oblidadas, la honra de los santos et la beldad de la eglesia toda fue tornada en laideza et villana, las eglesias et las torres o solen loar a Dios es ora confessaban en ellas et llamaban a Mohamat, las vestimentas et los calces et los otros vasos de los santuarios eran tomados en uso de mal et enlixados de los descredos. Toda la tierra desgastaron los enemigos, las cosas hermaron, los hornmes mataron, las cibdades quemaron, los rboles, las vias et cuanto fallaron verde cortaron. Tanto puj esta pestilencia et esta cuta que non finc en toda Espaa buena villa ni cibdad o obispo hobiesse que non fuesse quemada o derribada o retenida de moros, ca las cibdades que los alarabes non pudieron conquerir engaronlas et conquirronlas por falsas pleitesas45.

43 lbd., pgs. 103-104. 44 Ibd., pgs. 116-117. 45 Ibd.,pgs.116-117. 115

Con esta arrasadora condena y exageracin, es evidente que Alfonso X no tena en consideracin ni hechos. ni verdades histricas a pesar de su admiracin por la cultura arbiga, e hizo caso omiso de casi cinco siglos de aportaciones rabes a la vida artstica e intelectual de Espaa. En su lugar, abord el delicado tema de la vida de Mahoma, entrelazando hechos y ficcin hasta formar un laberinto de falsedad y odio. Aunque saba mucho de fuentes arbigas, parece ser que no las us deliberadamente, precisamente para poder presentar una imagen tergiversada del Islam y su fundador, sacada de sus predecesores cristianos. Es una extraa biografa de Mahoma, y debe haber sido escrita no para los individuos educados de la poca, sino para los crdulos e incultos piadosos. Su relato puede ser parafraseado del siguiente modo: Mahoma naci en 58046 en un tiempo de sequa e inflacin en Arabia que oblig a mucha gente a comer hierba y races. y en el cual los rabes, al igual que las gentes de fric~, estaban divididos entre el Judasmo, el Cristianismo y el Arrianismo. La llegada de Mahoma les fue profetizada a su padre 'Abd All1ihYa su madre Amlnah por un astrlogo judo que predijo que el nio sera un hombre fuerte, ensalzado y poderoso como rey y legislador47. Su padre 'Abd All1ih march a Jerusalem y muri tras el nacimiento de Mahoma 48; Y fue enterrado en YathrTh (Medina). Cuando tena cuatro aos, segn el astrlogo judo, los ngeles tomaron el corazn de Mahoma, lo dividieron y extrajeron un cogulo de sangre negro; lo limpiaron, lo pesaron contra diez corazones, y luego contra mil corazones, pero el corazn de Mahoma pesaba mas que todos los dems. Esto hizo exclamar a un ngel que si se le comparase con todos los corazones de Arabia; an pesara ms. Alfonso indica que todos estos acontecimientos fueron mentiras del astrlogo judo, el cual incluso

dijo que stas fueron palabras del arcngel Gabriel.

Cuando Mahoma tuvo ocho aos empez a estudiar ciencias naturales y las leyes cristianas y judas, de las cuales tom mucho prestado que aadi a su horrible secta, la cual estableci para la perdicin de aqullos que creyeron en ella 49. A la edad de trece aos, su to Ab T1ilib lo llev a Jerusaln y a su vuelta, en

plena inflacinentr al serviciode una viuda, pariente suyoy de nombre Hadaya50,


Ycon veinticinco aos entr al servicio de la reina Jadkhah (Cadiga) cuando ya era muy sabidor en las artes a que llaman ma~cas. Se convirti en mercader e hizo viajes a Egipto y Palestina con el monje Jun, un hereje del cual aprendi mucho acerca de la antigua y nueva ley (Testamentos), tanto como para poder defenderse de judos y cristianos. Todo lo que aprendi del monje iba en contra de Dios y la ley, en forma de herejaS!. Desde este momento empez a confiarle a Jadkhah que l era el esperado mesas de los judos, y tanto stos como los rabes creyeron en l y se maravillaron de sus hechos y sentencias. Pero en .sus predicaciones, engaosamente introdujo nuevas leyes sobre la base del antiguo y nuevo testamento, pudiendo de este modo destruir la Ley de Nuestro Seor Dios52. Para los moros, los mandamientos de Mahoma constituyen la ley de Dios y l mismo es el mensajero de Dios. Cuando tuvo muchos seguidores, Jadkhach se cas con l, convirtindose en rico y poderoso, rey y seor del mundo 53.
40

47

Alfonso el Sabo, pg. 88). 48 El padre de Mahoma, 'Abdalliih, muri poco despus del nacimiento de aqul. 49 oo.e daqui Mahomat y tom despues cosas, que meti en aquella mala secta que l compuso por a perdicion de las almas daquellas que la creen, por facer creer a las yentes que era verdadera aquella predigacin (Solalinde, Antologa de Alfonso el Sabo, pg. 89). 50 El nombre Hadaya puede confundirse con Cadiga (Jadichah), a quien se refiere como reina Cadiga. 51 Solalinde, Antologa de Alfonso el Sabio, pg. 91. 52 bd. 53 bd. Se sabe con certeza que Mahoma comenz sus revelaciones hacia 610, esto es, a los cuarenta aos, casi quince despus de su matrimonio con Jadlchah. 116

Est generalmente aceptado que Mahoma naci hacia 570. Un homne mucho esforzado et alzado et poderoso en regno et ley (Solalinde, Antologa de

. Unos supuestosataques de epilepsiapreocuparona

Jadichah, hasta que Mahoma

le asegur que no era una enfermedad sino visitas del arcngel Gabriel. De este modo continu predicando a base de encantamientos y trucos de magia y ayudado por el diablo, el cual le condujo a hacer milagros y entr en l hacindole predecir el futuro 54. Mahoma empez a predicar su mala secta en Espaa 55, pero el demonio le advirti la llegada de los hombres de San Isidoro en contra suya, y tuvo que huir de la pennsula. Sin embargo, continu predicando en frica y Arabia, confundiendo y engaando a mucha gente. Mahoma hizo un viaje a Jerusaln en una bestia alada, y all conoci a Abraham, Moiss y Jess, que haban ido a orar. La ascensin de Mahoma (rntriich) al Sptimo Cielo est descrita con detalle, siguiendo en muchos aspectos la tradicin musulmana. Mahoma fue guiado por el arcngel Gabriel al primer cielo, donde fue reCibido por otros ngeles. En el segundo cielo encontr a Jess y a San Juan, en el tercero a Jos en forma de luna llena, en el cuarto a Arabo 56, en el quinto a Aarn, en el sexto a Moiss, y en el sptimo a Abraham. En el autntico Paraso haba una bella muchacha, y, finalmente, Mahoma se encontr en presencia de Dios, que le pidi que sus seguidores recitasen cincuenta oraciones diarias, pero ante lo excesivo del nmero, Mahoma pidi ayuda a Moiss que pidi se redujesen las plegarias a cinco por da 57. Mahoma comenz a predicar con cuarenta y ocho aos --esto es, nueve aos despus de haber sido coronado rey 58. Predic que el que matase a sus enemigos iria directamente al Paraso, un lugar donde existen manjares deliciosos y donde hay tres ros: uno de vino, un segundo de miel, y un tercero de leche. Adems, hay vrgenes 59. Predic muchas mentiras y dijo muchas otras falsedades, haciendo creer que el arcngel Gabriel se las haba comunicado. La verdad es que se impuso a las gentes de La Meca, que adoraban a muchos dolos. Daqu adelante comenz M~ammad a predigar su secta descubiertamente et de alborotar los pueblos contra la fe de CristO60. De todo esto les dio leyes y mandamientos (rabe, sras, castellano 'zoharas') que formaron lo que ellos llaman 'alcoran'. jY cuntas falsedades no escribi en esas zoharas! Es vergonzoso decido u odo, y an mas seguido. Esas desdichadas gentes, embriagadas por el demonio y embotadas por el pecado de la lujuria, aceptaron esas zoharas, y an hoy las siguen firmemente y no estn dispuestos a abrazar la autntica fe, o las leyes de Dios y sus enseanzas 61.
54 Por sus encantamientos et sus artes magicas, et con la ayuda del diablo por quien se el guiaba de facer antella as como sennales et miraglos, e por que a las veces se torna el diablo as como diz la Escriptura en figura de angel de lux, entraba el diablo en ell a las veces et faciel decir algunas cosas daquellas que habien de venir, e por esta manera le habien de creer todas las yentes de lo que les dice (Solalinde, Antologa de Alfonso el Sabio, pg. 92). 55 Es de notar que algunas tradiciones occidentales convierten a Mahoma en cardenal romano que, al no conseguir ser elegido papa, se convirti en profeta. Vase Doutt, Mahomet Cardinal, en Peter the Venerable, pg. 18. 56 Arabo corresponde a Ids en la versin rabe. 57 Solalinde, Antologa de Alfonso el Sabio, pgs. 92-95. 58 No hay pruebas de que Mahoma se hubiera proclamado rey ni antes ni despus de comenzar su misin religiosa. 59 Solalinde, Antologa de Alfonso el Sabio, pg. 92. 60 lbld., pg. 96: Daqni adelante comenz Mu\.1.ammada predigar su secta descubertamientre et de alborotar los pueblos contra la fe de Cristo.
61

lbd., pg. 97: E despues que se levantaban dalli predigbaleset dbales leys que toviesen las

que ellos llaman por su arabigo zoharas que son tanto como "mandamientos", a destas zoharas les fizo ell un gran libro departido por capitulos, al que ellos llaman alcoran; e tanta nemiga et tanta falsedat escribi ell en aquellas zoharas, esto es mandamientos, que verguenza es a homne decirlo nin de oirlo, et mucho ms ya de seguirlo; e pero estas zoharas le recibieron aquellos pueblos malaventurados seyendo beldos de la ponzon del diablo et adormidos en el pecado de la luzuria, e hoy en dia los tienen et estan muy firmes en su porfia e non se quieren llegar nin acoger a la carrera de la verdadera fe nin haber en si la ley de Dios nin el su ensenamiento. As como habemos dicho ensiri Mahomat los corazones de las yentes en aquella su porfiesa secta por sus enganos et su mal ensenamiento. 117

Cuando muri Mahoma, esperaron su resurreccin durante tres das, pero la espera fue en vano, ya que al cabo de once (:lassu cuerpo fue hallado devorado por los perros. Aqu se acaba la estoria de Mahomat. Ese ao tremi la tierra, et aparesci en el cielo un signo en manera de espada, bien por treinta das, que demostraba el seoro que los moros haben de haber 62.

Es evidente que Alfonso X revel una actitud profundamente hostil hacia el Islam y su fundador, ms bien que una investigacin seria de la verdad histrica. Uno hubiese esperado que, como rey de las tres religiones comprendiese y mostrase algo de tolerancia hacia una religin que an floreca en Espaa, pero quizs es mucho esperar ante el hecho de que el Islam y la Cristiandad lucharon con guerras largas y sangrientas, engendrando gran odio y amargura. Adems, como jefe de la Reconquista, con la que tuvo poco xito, se sentira doblemente amargo contra el Islam. Sin embargo, sera errneo atribuir su amargura solamente a este factor o a su propio prejuicio, y uno debe volver la vista hacia la ininterrumpida tradicin de prejuicio que equivala a un artculo de fe para un buen cristiano. Un hombre tal, sin duda, estaba convencido de la superioridad de su propia religin, del mismo modo que un musulmn estaba convencido de la superioridad de la suya. As, la cuestin religiosa continu siendo esencialmente una cuestin de fe y disposicin, importando poco o nada que una u otra tuviesen. validez o derecho a la verdad, y, en consecuencia, la Cristiandad y el Islam permanecieron vulnerables a los ataques, y objeto de vituperio y prejuicio. Esta cuestin religiosa ha permanecido sin resolver, y, por consiguiente, sera demasiado severo el hacer recaer la culpa en Alfonso, que era un hombre de su tiempo. . En suma, cuando desaparecieron los almorvides y almohades, dejaron tras de s un amargo legado religioso y un agudo caos poltico. Los territorios que antes les pertenecieron cayeron en manos cristianas, a excepcin del pequeo reino de Granada que continu su vulnerable existencia durante ms de dos siglos. En general, musulmanes y judos quedaron indefensos y sin posible organizacin, aunque su destreza en varias profesiones y oficios les permiti tener un importante papel en la vida econmica del pas y ocupar un puesto prominente en la sociedad. Esta posicin aventajada fue atacada por la Iglesia y los avariciosos buscadores de fortunas que hicieron un negocio de la explotacin de aquellos no cristianos en nombre de Jesucristo. Se les priv de la oportunidad de mejorar y se les hizo objeto de toda suerte de acosos, incluida la conversin forzosa. Las relaciones entre cristianos y musulmanes durante el siglo XIII no slo se deterioraron, sino qu~ alcanzaron un alarmante grado de tirantez. Al principio, mozrabes y mudjares, los elementos ms capacitados de la sociedad, sufrieron la dureza de la situacin, ya que ambos grupos tenan que vivir en un entorno! hostil, bien bajo gobierno cristiano o musulmn 63. Los mozrabes que estaban' de nuevo bajo el podero cristiano, eran' sospechosos por sus costumbres y hbitos rabes, aunque tambin sus habilidades y posicin econmica pudieron haber provocado gran resentimiento. Asimismo lo haba contra mudjares y judos
62

Ibid., pg. 98: Aqu se acada la estoria de Mahomat. Ese ano tremo la tierra, et aparesci en

el cielo un signo en manera de espada, bien por treinta dias, que demostraba el senoro que los moro~ habien de haber. 63 Los mudjares parecan hasta cierto punto sospechosos para sus compaeros musulmanes. 'Inan, Nihayah, pgs. 52 y sigs., encontr un manuscrito en El Escorial (Casir 1758) que contena una fatwa sobre los deberes de los musulmanes en los reinos cristianos que afirma, entre otras cosas, que la fuga de stos desde la tierra de los no creyentes a la del Islam es un deber religioso lo mismo que no hacer cualquier otra cosa prohibida, como comer animal muerto, cerdo, o suicidarse. Vase A\:1mad al-Wanshaiishi (m. 1508), Asna al-mutachir, ed. H. Mu'nis, RIEl, 5 (1957), 129-191. 118

debido a su posicion en aadidura a su afiliacin al Islam o al Judasmo, respectivamente. Mientras los mozrabes pudieron sobrevivir a tiempo la embestida de sus correligionarios, los mudjares y los judos siguieron siendo objeto de intolerancia y duras medidas, estallidos de violencia, y conversin forzosa. Incluso aquellos que abrazaron el Cristianismo no se hallaron exentos de persecucin. El clero atac al Islam, presion a los tribunales para que adoptasen medidas represivas contra musulmanes y judos, y pidi su conversin al Cristianismo. En 1391, un clrigo en Sevilla incit a las gentes a destruir a los judos como acto de fe en el Cristianismo, y esto coincidi con revueltas antijudas en Castilla y Aragn, pero esta vez se perdon a los musulmanes porque ls cristianos temieron represalias. Sin embargo, se les exigi pagar impuestos por sus mezq'uitas y a menudo se les prohibi decir sus oraciones en pblico. . En el siglo xv se intensific la intolerancia religiosa, y Juan 11 (1406-1454) hizo una gran exhibicin de fanatismo, mitigada por su sucesor Enrique IV (1404-1474), el cual fue acusado de cometer un crimen imperdonable 64. El fanatismo era implacable: musulmanes y judos fueron forzados a adoptar el Cristianismo o a emigrar -principalmente a Granada, que fue el nico sitio de refugio musulmn hasta que cay en manos cristianas en 1492. Con el reinado de Fernando V (1452-1516) Y de Isabel I (1451-1504) comenz una nueva fase de persecucin sistemtica, conversin forzosa y expulsin. Irnicamente, la conversin al Cristianismo, que era el fm que perseguan los gobernantes cristianos, a menudo era insuficiente, y para ocuparse del problema de los conversos y la erradicacin de la hereja, el clero insisti en el establecimiento de la Inquisicin, autorizado en 1478 y llevado a cabo dos aos despus. Todos los bautizados por grado o por fuerza estaban bajo su jurisdiccin, que pronto fue ampliada hasta incluir toda suerte de crmenes. Los conversos siempre eran sospechosos, y se les consideraba una amenaza para la unidad religiosa 6 . Cualquiera poda ser hecho. preso con el menor pretexto y ser considerado culpable hasta que se probase su inocencia, difcil tarea teniendo en cuenta los procedimientos de la Inquisicin. Se arrestaba sin proceso previo, junto a la confiscacin de los bienes de la vctima para pagar los gastos del proceso 66 y la confesin de culpabilidad o inocencia era solamente aceptada si iba acompaada de una lista de las personas infieles conocidas de la vctima, incluidos los miembros de su familia inmediata. La vctima quedaba enteramente a merced de la Inquisicin --los inquisidores eran a la vez jueces y jurado, fiscal y defensor, y la suerte del prisionero dependa enteramente del estado de nimo y el carcter de aqullos 67. La Inquisicin estuvo libre de trabas tras la cada de Granada en 1492, que presagi aciagos acontecimientos. De un lado, Isabel proclam un edicto en 1492 requiriendo la expulsin de todos los judos y la confiscacin de sus bienes. Luego les toc el turno a los musulmanes que, desde entonces, fueron llamados moriscos. A pesar de que Fernando. e Isabel se comprometieron a respetar los derechos de los musulmanes de practicar su religin, de continuar usando su lengua y costumbres, y de recibir'proteccin de sus vidas y propiedades, tales .compromisos fueron pronto ignorados ante la insistencia del cardenal Ximnez de Cisneros, que aleg
64 Vase Amrico Castro, Historia de la intolerancia religiosa en Espaa, cito por la edicin inglesa, trad. F. Parker, Londres, 1953, pg. 7. 65 H. Kamen, The Spanish Inquisition, Nueva York, 1965. 66 Ibid., pg. 168. 67 Ibid., pg. 181. Para ms informacin sobre la Inquisicin, vase: J. Antonio Llorente, Historia critica de Inquisicin de Espaa, Barcelona, 1835; M. de la Pinta Llorente, La Inquisicin espaola y los problemas de la cultura e intolerancia, Madrid, 195;\.

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que un contrato con musulmanes no obligaba a un cristiano. En 1498, el cardenal fue a Granada y oblig a muchos musulmanes a recibir el sacramento del bautismo y a aceptar el Cristianismo como la fe verdadera. A esta dura medida se opuso fray Remando de Talavera, que esperaba conseguir lo mismo a travs de predicaciones, educacin y persuasin, pero prevaleci la actitud de Cisneros, y en un solo da fueron forzadas tres mil personas a recibir el bautismo. Este acto condujo a una rebelin, y la corona inmediatamente declar que los musulmanes haban perdido todos sus derechos y les dio a escoger entre el bautismo o la expulsin. Los ltimos musulmanes de Espaa, al fracasar su emigracin, fueron conducidos por la Inquisicin al seno de la sola y nica salvadora iglesia sin consideracin hacia los trminos de la rendicin 68. Muchos aceptaron el bautismo, y de este modo quedaron bajo la jurisdiccin de la iglesia que entonces pudo juzgarlos bajo acusacin de hereja, lo cual acarreaba duros castigos, prisin, confiscacin de la propiedad, expulsin, o pena de muerte. Esta poltica se llev a cabo por toda la pennsula. Las mezquitas fueron cerradas y convertidas en iglesias, el rabe fue prohibido, y los manuscritos arbigo s arrojados al fuego. Carlos I (1516-1556), tras prometer respetar los derechos de los musulmanes, pidi al Papa que le eximiese de su juramento, y en 1526 proclam un edicto prohibiendo a los musulmanes usar su lengua, vestido, y nombres de familia. Su sucesor, Felipe n (1556-1596), les prohibi comprar o poseer esclavos, puso en vigor el edicto de Carlos I de 1526, y aadi uno propio en 1568, exigiendo el registro de los nios entre tres y quince aos, con el fin de educarlos en la fe ca, tlica. Esto provoc revueltas en Granada, pero acabaron en e;xpulsiones y absoluta confiscacin de la propiedad. El fin se aproximaba cuando el clero persuadi a Felipe nI (1598-1612), dbil gobernante, a expulsar a todos los moros de su reino por motivos religiosos y alegando que cooperaban con los turcos69. El 22 de sep68 Brockelmann, History, pgs. 220-221. 69 Vase el Captulo V, nota 18. Se pueden aadir los siguientes ttulos: D. Cabanelas Rodrguez, El morisco granadino Alonso del Castillo, Granada, 1965; J. Caro Baraja, El Seor Inquisidor y otras vidas por oficio, Madrid, 1968; M. S. Carrasca Urgoiti, El moro de Granada en la literatura del siglo XV al XX, Madrid, 1956; P. Dressendorfer, Islam unter der Inquisition die Morisco prozesse in Toledo 15751619, Wiesbaden, 1971; A. Gallego y Burn y A.Gamir Sandoval, Los moriscos del reino de Granada segn el snodo de Guadix de 1554, ed. D. Cabanelas, Granada, 1968; M. de Guadalajara y Xavier, Memorable expulsin y justsimo destierro de los moriscos de Espaa, Pamplona, 1613; F. A. Roca Traver, Un siglo de vida mudjar en la Valencia medieval, Zaragoza, 1952. Puede sealarse que mientras que a los mariscos se les prohiba utilizar su lengua, se imprimieron manuales para el estudio del rabe para uso de misioneros y monjes. Por ejemplo, Pedro Alcal escribi su Arte para ligeramente saber la lengua arbiga, Granada, 1501, seguido, en 1505, por su Vocabulista arbigo en letra castellana. Posteriormente, F. Caes publica su Gramtica arbigo-espaola vulgar y literal con un diccionario arbigo espaol, Madrid, 1775, y el Diccionario manual rabe y espaol, Madrid, 1776. Se debe recalcar que los moriscos han suscitado numerosos estudios recientemente relacionados con sus costumbres, creencias, tratamiento, emigracin y expulsin final. Entre estos estudios: R. Arie, Acerca del traje musulmn en Espaa desde la cada de Granada hasta la expulsin de los mariscos, RIEl, 13 (1965), 103-117; Remarques sur l'alimentation des musulmans d'Espagne au cours du bas Moyen ge, Cuadernos de Estudios Medievales (1974-1975), 299-312; C. Bernis, Modas moriscas de la sociedad cristiana espaola del siglo xv y principios del siglo XVI, BRAH, 144 (1959), 199-224; F. de la Granja, Fiestas cristianas en al-Andalus, Al-Andalus, 34 (1949), 1-53, Y su La cocina arbigl!J andaluza segn un manuscrito indito, Madrid, 1960; D. Cabanelas Rodrguez, Cartas del morisco granadino Miguel de Luna, MEAH, 14-15 (1965-1966), 31-47; D. Cardaillac, La polmique antichrtiimne du manuscrit 4944 de BNM, Montpellier, 1972; L. Cardaillac, Le passage des morisques en Languedoc, Montpellier, 1970; Morisques et chrtiens. Un affrontment polmique (1492-1640), Pars, 1974, y su Morisques et protestants, Al-Andalus, 36 (1971), 29-63. S. Carrasca Urgoiti, El problema morisco en Aragn del comienzo del reinado de Felipe l/, Valencia, 1969; A. Domnguez Ortiz, Los cristianos nuevos, BUG, 21 (1949),249-297; Felipe IV y los moriscos, MEAH, 7 (1959), 55-65; A. Domnguez Ortiz y B. Vincent, Historia de los moriscos, Madrid, 1978; M. Epalza, Mariscos y andaluces en Tnez durante el siglo XVII,Al-Andalus, 28 (1963), 479-481; Notes pour une histoire des polmiques anti120

tiembre de 1609, se proclam un edicto para la expulsin de los moros, y se llev a cabo en menos de cinco aos. Los ltimos moros, unos quinientos mil, fueron obligados a abandonar su tierra nativa sin esperanza de retorno. Esto puso fin al problema de los moriscos de una vez por todas, pero tambin priv a Espaa de unos importantes recursos humanos, lo cual influy adversamente en su futura historia. En conclusin, la tensin religiosa entre musulmanes y cristianos, y ms tarde entre mudjares-moriscos y cristianos viejos, comenz a raz de la cada de Toledo en 1085, y aument con el transcurso del tiempo, llegando a su apogeo con la conquista de Granada en 1492. Las generosas condiciones otorgadas a los vencidos musulmanes fueron pronto revocadas como ya haba acontecido anteriormente tras la rendicin de otras ciudades como Toledo, Zaragoza, Valencia, Sevilla, Crdoba, etc. A menudo, la anulacin de los tratados de paz se hizo de forma unilateral y arbitraria por parte de los vencedores, quedando las comunidades musulmanas totalmente a merced de los cristianos, quienes, una vez establecidos en las regiones conquistadas, no estaban dispuestos a tolerar la existencia de creencias y costumbres diferentes de las suyas. Esas repetidas revocaciones consistan en obligar a que la poblacin subyugada dejase de hablar su propio idioma, desistiese de usar ciertos vestidos, y se abstuviese de celebrar determinados rituales y prcticas religiosas, y su efecto sobre los vencidos fue enorme en cuanto a convivencia, ya que significaba una transformacin radical e instantnea de toda una personalidad nutrida de tradiciones religiosas, lingsticas y culturales, fuertemente arraigadas. La poltica de los victoriosos cristianos sigui una pauta nica, consolidndose de manera asombrosa a lo largo de los siglos, y ganando mpetu a raz del establecimiento de la Inquisicin. Los vencidos musulmanes se encontraron inmersos en un crculo vicioso sin alternativa aceptable para preservar su dignidad humana y su personalidad. Por lo cual, el mudjar-morisco se vea obligado a escoger entre dos males que acarreaban tremendas consecuencias: 1) la emigracin a tierras musulmanas o 2) la conversin al cristianismo. La primera de ellas present enormes dificultades de carcter econmico, sicolgico y sociolgico, ya que, en primer lugar, los musulmanes espaoles estaban fuertemente arraigados en su tierra, donde se hallaban sus humildes hogares, sus familiares, sus amigos, y sus centros culturales y religiosos. Adems, amaban el lugar de su nacimiento y sentan un orgullo especial por pertenecer a su ciudad o regin. A esto se sumaba el que, en su gran mayora, carecan de medios econmicos para emigrar, aunque ese fuera su deseo, y slo los solventes pudieron hacerlo, encontrndose entonces en un ambiente musulmn que les era extrao y hostil7O. En esas circunstancias, la mayor parte de ellos tuvo que resignarse a una conversin, bien forzada o bien volun. taria, pero sin ni la remota posibilidad de integrarse a la nueva sociedad cristiana,
chrtienne dans I'occident musulman, Arabica, 18 (1971),99-106; M. Epalza y R. Petit, Etudes sur les moriscos andalous en Tunisie, Madrid-Tnez, 1974; M. Garca-Arenal, Inquisicin y Moriscos. Los procesos del tribunal de Cuenca, Madrid, 1978; R. Garca Crcel, Orgenes de la Inquisicin espaola. El tribunal de Valencia, 1478-1530, Barcelona, 1976; J. Martnez Ruiz, Inventario de los bienes moriscos del reino de Granada (siglo XVI), Madrid, 1972; J. Regl, Estudios sobre los moriscos, Barcelona, 1974, y su La expulsin de los morisco s y sus consecuencias, Hispania (1953), 215-267 Y447-461; B. Vincent, La expulsion des morisques du royaume de Granada et leur repartition en Castille, Mlanges de la Casa de Velzquez,6 (1970), 210-246, Y su Combien de morisques ont t expulss du royaume de Grenade, Mlanges de la Casa de Velzquez, 8 (1971), 397-399. 70 Sobre la emigracin de moriscos, vase M. Epalza, Recherches rcentes sur les migr~tions des "moriscos" en Tunisie, Cahiers de Tunisie, XVIII (1970), 139-149, Y M. Epalza y R. Petit, Etudes sur les moriscos andalous en Tunisie, Madrid-Tnez, 1974. 121

lIio...-.

y en su nueva posicin de conversos se vieron relegados al ostracismo y carentes de una vida comunal propia en la que pudieran conservar, al menos, algunas de sus costumbres. Aunque dichas prohibiciones fueron acompaadas a veces de una ligera tolerancia, los moriscos no contaban con una organizacin central que les hubiese permitido modificar el curso de los acontecimientos, hallndose indefensos y siendo designados, como cristianos nuevos, con el peyorativo de morisco s, que no significaba ms que cristianos a medias en los que no se poda confiar en cuanto entidad individual o religiosa. Esta fue la tragedia del morisco, considerado indeseable en su propia tierra, y olvidado por sus correligionarios del norte de frica y de Oriente, por los cuales esperaba ser ayudado. Despreciados y suspectos, los moriscos permanecieron sujetos a constantes medidas represivas, y a acusaciones que a veces rayaban en lo absurdo, lejos de toda norma cristiana. Una de ellas fue que el morisco era cristiano en apariencia, pero musulmn de corazn, para demostrar lo cual se daban pruebas de que invocaba a Allah, oraba varias veces al da, observaba el ayuno del Ramadn, y practicaba ciertos ritos no conformes con el cristianismo. En caso de no poder demostrar esto, se buscaban otras acusaciones, entre ellas que el acusado sola comer carne los viernes, lavaba o usaba ropa limpia en ese da, no coma tocino, o que su mujer cocinaba con aceite en vez de con manteca o tocino como los cristianos viejos, etc. 71. Dado lo injusto de su trato por parte de los cristianos viejos, y debido a la sensibilizacin hacia las minoras marginadas, los moriscos han suscitado recientemente gran inters entre los eruditos, plasmado en numerosos artculos, monografas y libros, estudios que revelan casi sin excepcin que la tensin religiosa lleg a su apogeo bajo la Inquisicin, que actu obsesionada por los morisco s y todo lo relacionado con ellos, ya fuese real o imaginario. Los procesos de Guadix 72, Toledo 73, Cuenca 74, y otros, prueban y amplan los muchos aspectos ya indicados por Mrmol Carvajal 75, Gins Prez 76, Y Dnvila y Collado 77, autores 78 que, a pesar de tratar de diferentes regiones, revelan una gran consistencia en lo referente a la poltica seguida por los cristianos viejos con los morisco s, poltica establecida y llevada a cabo por la Inquisicin, y encaminada al exterminio de una minora pobre y desorganizada, aunque fuertemente arraigada en su suelo nativo, y cuyo origen se encuentra en las vicisitudes y acontecimientos histricos sobre los que no tuvieron ningn control. El hecho de que los moriscos tuviesen sus propias costumbres y creencias por un accidente histrico que dur varios siglos, durante los cuales existi una interaccin ntima entre todos los habitantes de la pennsula, no les diferenciaba radicalmente y en su sentido tnico de los cristianos viejos que se arrogaban la limpieza de sangre, que no era sino un puro y simple racismo, un mito sin justificacin real, ya que tnicamente, estaban tan mezclados como los moriscos, con
71 Para ms detalles, vase M. Garca-Arenal, Inquisicin y moriscos. Los procesos del Tribunal de Cuenca, Madrid, 1978, 46-61.
72
73

Cfr. Al Gallego Burn y A. Gmez Sandoval, Los moriscosdel reinode Granadasegn el snodo
Cfr. S. Cirac Estopon, Los procesos de hechicera en la Inquisicin de Castilla la Nueva. - Tribu-

de Guadix de 1554. Ed. de D. Cabanelas, Granada, 1968. nales de Toledo y Cuenca, Madrid, 1942; P. Dressendoerfer, Islam unter der Inquisition. Die Morisco Processe in Toledo. 1575-1610, Wiesbaden, 1971.
74

M. Garca-Arenal, Inquisiciny moriscos.Los procesosdel Tribunalde Cuenca, Madrid, 1978.

75 L. de Mrmol Carvajal, Histora de la rebelin y castigo de los moriscos del reino de Granada, BAE, XXI, Madrid, 1946. 76 Guerras civiles de Granada, Madrid, 1913. 77 M. Danvila y Collado, La expulsin de los moriscos espaoles, Madrid, 1889. 78 Vase nota 69 para ms datos bibliogrficos. 122

los cuales compartan hbitos de ndole lingstica, sociolgica y squica, dependiendo mutuamente en materia de agricultura, construccin, industria y dems servicios. Prevaleci, no obstante, una aberracin basada en el fanatismo religioso y el crudo racismo, llevando al equivalente de la deshumanizacin de una min?ra ?esprovista del poder material y la organizacin necesaria para su superVIvenCIa. Esta actitud de los cristianos viejos y de la Inquisicin no fue aislada, ya que la reciente historia del mundo occidental ha mostrado que las pretensiones de pureza y seleccin han sido, y son an, una doctrina palpitante y harto corriente para apoderarse de tierras y bienes, aunque ello signifique el exterminio de todo un pueblo.

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CAPTULO VII

SOCIEDAD Y ADMINISTRACIN La divisin de la sociedad andaluza en grupos tnicos y religiosos perjudic a la integracin social, y en consecuencia permaneci heterognea, discordante, y a menudo afectada por graves dificultades en las que la religin y/o el agrupamiento tnico fueron las principales razones divisorias. En teora, el Islam reconoca la igualdad de todos sus seguidores, sin considerar su origen tnico o posicin social, pero en la prctica eran corrientes las distinciones, basadas principalmente en factores econmicos y polticos. Los mulades, berberes y otros grupos fueron conscientes de que no reciban lo que legtimamente ordenaban las enseanzas del Islam, y se levantaron a menudo abiertamente contra las clases gobernantes. Debe sealarse sin embargo, que la sociedad andaluza era abierta y flexible, y un hombre de origen humilde poda avanzar en la escala social y ocupar cualquier alto cargo, a excepcin de l de gobernante supremo. Adems, los diversos grupos estaban unidos por la lengua y la cultura -los dos elementos principales para una identidad nacional-, pero esto no evit la desigualdad social, la tensin y las continuas revueltas en cuanto se haca un vaco poltico. A esta inquietud tambin contribuyeron factores econmicos y sociales, y en relacin con esto, se pueden distinguir los siguientes grupos de acuerdo con su posicin en la pirmide social!: la nobleza (al-ja!j!jah), las masas (al-'ammah) y los esclavos. A partir de 711 hasta 1031, se mantuvo en la cumbre de la pirmide social una lite rabe, cuya sangre se haba. mezclado debido a los matrimonios mixtos. Este grupo representaba a la dinasta de la cual provenan el gobernante supremo y otros altos funcionarios. Conocidos como Qurayshes u Omeyas, reciban abundantes pensiones (rizq) y extensos te;ritorios (qa{a'i'). Durante el emirato, cinco familias principales ocuparon importantes puestos como gobernadores de las provincias, jefes del ejrcito, jueces, visires y dems, pero con el transcurso del tiempo, muchos de estos puestos fueron ocupados por no rabes que, a fuerza de habilidad y riqueza, lograron avanzar en la escala social y llegaron a formar parte integral de la nobleza (ahl al-ja!j!jah). En general, residan en las ciudades y reciban sus rentas de la corte y de sus dominios. A la cada de la dinasta Omeya, esta aristocracia rabe se vio rpidamente reemplazada por cierto nmero de aristcratas menores: berberes, ~aqaliba, y dems, que se hicieron dueos de pequeas posesiones. Despus del siglo XI, los
1 Lvi-Provenyal, Histoire, vol. 3, pgs. 188 y sigs. 124

berberes se convirtieron en el elemento predominante en la sociedad, pero pronto perdieron su importante posicin ante los cristianos, los cuales lograron controlar por completo el destino de al-Andalus. Las masas constituan el grueso de la poblacin, e incluan las clases media y baja. Eran el soporte de la sociedad, y de ellas eran los oficios, el comercio, la agricultura y todos los puestos civiles de menor importancia. Las constituan elementos heterogneos: rabes, berberes, mozrabes y judos (los dos ltimos grupos habitaban sus propios barrios, pero se movan libremente para sus negocios y contactos sociales). Una seccin prspera o clase media habitaba en moradas con-

fortables, mientras otros simpfemente subsistan. Ibn 'Abdn 2 e Ibn al-Ra'f3


nos dan una idea de los mltiples empleados pblicos, comerciantes y artesanos de Sevilla durante los siglos XI y XII. Haba guardianes, porteros, encargados de las mezquitas y edificios pblicos, barrenderos, basureros, panaderos, perfumistas, comerciantes en granos, carniceros, pescadores y vendedores de higos, aceite, perfume, tela, leche, queso, carne, fruta y verduras, cueros, pieles y otros productos. Adems, Ibn 'Abdn e Ibn al-Ra'f mencionan una serie de reglas que regulaban las funciones de cada grupo y la calidad de cada producto. Ante la escasez de informacin que tenemos, no se puede estar seguro de la

composicin de la poblacin rural 4, aunque se supone que era ms homognea


que la de las ciudades, y agrupada por razones tnicas o religiosas. Aunque muchas gentes posean sus propias tierras, el resto trabajaba para dueos ausentes sobre una base de reparto de cosechas que puede haber sido entre el 25 % y el 50 %. Las continuas revueltas y la inestabilidad del campo haca insegura su vida, situacin que debi impulsar a muchos a establecerse en las grandes ciudades, donde encontraban pequeos trabajos. Esto puede explicar en parte las frecuentes epidemias de hambre y dificultades econmicas en al-Andalus. En la antigedad y el medioevo, la esclavitud era un negocio corriente y prspero, y el Islam toleraba la institucin, aunque la manumisin era considerada como un acto agradable a Dios. En al-Andalus existan muchos mercados de esclavos, y un gran nmero de gente prosperaba gracias a su comercio. Los esclavos eran a menudo vctimas de la guerra, pero tambin los procuraban en toda la regin mediterrnea los mercaderes especializados que conocan la demanda de mano de obra, e incluan negros del Sudn y otros puntos de frica, y cristianos de Espaa y otros lugares de la Europa occidental y oriental. La aristocracia y las gentes adineradas tenan un gran nmero de esclavos de ambos sexos, a los que em