100% encontró este documento útil (1 voto)
513 vistas7 páginas

Morado Extracto

Este documento presenta resúmenes de dos parodias de poemas de Rubén Darío hechas por el escritor nicaragüense Gonzalo Rivas Novoa, conocido por su seudónimo "Ge Erre Ene". La primera parodia titulada "Suena y Trina" toma el poema "La princesa está triste" y lo sitúa en el contexto de una mujer llamada Ciriaca. La segunda parodia titulada "Canción de Desesperanza" toma el poema "Canto de Esperanza" y lo transforma en una queja sobre deud

Cargado por

tauquil
Derechos de autor
© Attribution Non-Commercial (BY-NC)
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (1 voto)
513 vistas7 páginas

Morado Extracto

Este documento presenta resúmenes de dos parodias de poemas de Rubén Darío hechas por el escritor nicaragüense Gonzalo Rivas Novoa, conocido por su seudónimo "Ge Erre Ene". La primera parodia titulada "Suena y Trina" toma el poema "La princesa está triste" y lo sitúa en el contexto de una mujer llamada Ciriaca. La segunda parodia titulada "Canción de Desesperanza" toma el poema "Canto de Esperanza" y lo transforma en una queja sobre deud

Cargado por

tauquil
Derechos de autor
© Attribution Non-Commercial (BY-NC)
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

archivado rvirt ual.co m http://archivado rvirtual.

co m/literatura/o bras-literarias-de-nicaragua/o bras-maestras-del-humo r-en-la-literatura-nicaraguenseparo dias-de-po emas-de-ruben-dario -hechas-po r-ge-erre-ene/

Obras maestras del humor en la literatura nicaragense PARODIAS DE POEMAS DE RUBN DARO HECHAS POR GE ERRE ENE
Gonzalo Rivas Novoa, tambin identif icado por su seudnimo de Ge Erre Ene, literato periodista, humorista, narrador, lrico y dramaturgo nicaragense, nacido en Chinandega (o en Masaya, segn algunos), Nicaragua, el ao de 1906, muerto en San Salvador, El Salvador (o en Mxico, de acuerdo a lo anotado por otros), el ao de 1958. Poco conocido ms all de los pases centroamericanos, trascendi en Nicaragua por su ingenio humorstico, burln, sarcstico y mordaz, en especial por las parodias de poemas de Rubn Daro y an de otros poetas, reunidas en su libro Morado. Destac en lo poltico por su oposicin al rgimen de general Anastasio Somoza Garca, primero en turno de la dictadura dinstica somocista. Las escasas obras impresas que el escritor lograra publicar en vida estn hace tiempo agotadas. Todo lo dems de su produccin permanece indito, perdido entre las hojas de viejos peridicos y revistas de Nicaragua y resto de Centroamrica. Hubieron de pasar 40 aos desde su muerte para que, venido de Alemania, Gnther Schmigalle (1946) se interesara en estudiar ms a f ondo el genio de Gonzalo Rivas Novoa, dando a conocer los resultados de su investigacin en Dichoso el Asno que es Apenas Compresivo. Ge Erre Ene y sus Parodias de Rubn Daro, publicado el ao de 1998.

Gonz alo Rivas Novoa - Fot ograf a e ncont rada e n 123pe ople .e s

Ge Erre Ene f ue sencillo y llano hombre de pueblo. A expensas de su labor de periodista, deambulara por las calles de la provinciana Managua del segundo cuarto del pasado siglo XX, alimentndose de la veta popular del humor vital propio de la gente comn. Oira los burlescos apodos con que los managuas se rebautizaban sin pilas ni ritos, los sonoros y rtmicos pregones de buhoneros y mercaderes, los chismes comunicados de puerta en puerta entre las vecinas, los chistes vulgares contados por los borrachos en las cantinas, los insultos a voz en cuello de los pleitos callejeros. Todo aquello que por el camino recoga, lo pona en el caldero de su mquina de escribir para devolverlo despus a su legitimo autor el pueblo cocinado al calor de su mtrica y su rima. Nicaragense y hombre de letras, Rivas Novoa inevitablemente ley, recit, goz y admir la prosa y el verso ampliamente dif undido del inmortal Daro. Por lo mismo, seguro se cans de la repeticin hasta el hartazgo de lo ms porttil de la poesa dariana, buenos poemas desvirtuados a f uerza de escucharlos miles de veces en

las voces engoladas de pomposos caballeros, con la entonacin de f alsete de seoritas pudorosas o a caballo de las palabras ametralladas sin respiro por rubicundos niitos de escuela. De igual manera, habr sentido con indignacin la manipulacin degradante, deshumanizante, del poeta, encadenado a la f atuidad de las estatuas y reducido a solemnes celebraciones de aniversarios, de f iestas patrias, de das de la raza As que, aunque desde aceras dif erentes, como el Movimiento de Vanguardia surgido en Granada, Nicaragua, a f inales de los veinte del pasado siglo f ormado por Jos Coronel Urtecho, Luis Alberto Cabrales, Pablo Antonio Cuadra, Joaqun Pasos, Joaqun Z avala Urtecho y otros cuantos ms, Ge Erre Ene aportara tambin su pluma para liberar del granito, los f ormalismos y la comercializacin la desf ormada imagen de Daro, empleando para ello aunque parezca un contrasentido la parodia irreverente de sus ms dif undidos poemas. Redimido de los mrmoles por el atrevido humorista, Rubn baja, se despoja de la tnica en que lo envolvieron y vuelve a regodearse con el vulgo en los atrios de Len, otra vez se pasea f resco por el malecn del lago de Managua, come un vigorn en la estacin del f errocarril, lanza versos maliciosos a la sonrojada muchacha que pasa por la esquina y hasta se toma un rebosante trago en la cantina. Uno ya puede aproximrsele sin temor, palmearle por la espalda y por qu no hasta bromear con l. Ya en el propio prlogo de Morado, previendo las crticas que vendran, Gonzalo Rivas Novoa, ms que def enderse, contraatacara burlesco: Me deca ha poco cierto amigo mo, que todas las cosas sagradas respeta, que, haciendo chacota de Rubn Daro, estaba choteando las glorias del pueta. Perole respondoquin hay que demarque cul es la frontera de la devocin, si Rubn Daro se exhibe en un parque con cuatro mujeres y en camisn? Y en Len, no lo tienen en un cenotafio, que, ms que una tumba, parece un desplante; donde en interlneas se lee este epitafio: Aunque no est muerto, que no se levante? Y llegado al f inal del ref erido prlogo, Ge Erre Ene habra de acabar diciendo: Y si aqu parodias de Rubn Daro (y de otros autores, segn vers t) es que de los puetas, yo mismo me ro porque aqu, POETA, se escribe con U. Rindonos con l, disf rutemos un poco de las parodias recreadas por el irredento humorista en seguida transcritas. La princesa est triste Qu tendr la princesa?Quin, en das de soporf icas veladas escolares, no declam o escuch declamar hasta la saciedad la Sonatina incluida dentro de Prosas Prof anas y Otros Poemas (1896), del ms universal de los bardos nicaragenses? Pues, segn ya se dijo, Rivas Novoa de seguro que tambin. Pero en l la sonata suena y trina al vaivn de la muy prosaica Ciriaca, mecida sobre una hamaca y, para su gastronmica dicha, bien atendida con f rijoles y chuleta aunque, por rigores de mtrica y rima, no alcanzara el poeta a aclararnos si de cerdo, de pescado o de res como tratamiento para curar su angustioso padecer, segn a continuacin se lee.

Suena y Trina
La Ciriaca est triste. Qu tendr la Ciriaca? hace das que suea que le mueven la hamaca, que le sueltan la trenza, que la ahoga el calor. La Ciriaca est loca, con el canto del loro. Por el ojo derecho sale lnguido el lloro y, de estarla asistiendo, se desmaya el doctor. Brinca su mente en torno de sus cuatro reales. La enf ermera, por gusto, da tres saltos mortales, y, canillas arriba, se le mira el f ustn. La Ciriaca no re, la Ciriaca no miente; la Ciriaca, sonre nada ms de repente, cuando piensa en los chistes que ha ledo en Leopln. Piensa acaso en la ta de la que es heredera, o en aquella sobrina, por dems majadera, que le haca el cachete con su primo Ramn, o en aquellas muchachas de corss elegantes, o en las que andan usando porta-bustos f lamantes o en las enamoradas de un chof er de aviacin. Ay, la pobre Ciriaca de los dientes parejos, Vctima es de los nios; vctima es de los viejos, de las indigestiones que produce un tamal. Quiere hartarse papaya, sin subir al papayo, ahorcar a aquel tipo, ms maldito que un rayo y coger veinte pobres y obsequiarles un real. Ya no quiere a aquel novio que le daba la lata ni los grandes catarros que le atacan la ata ni las cien medicinas que le enviaron del sur. Y un sudor ms que helado se le pone en la f rente y su hermoso semblante se le ve dif erente y lo que el doctor dice, cree que es un calambur. Pobrecita muchacha de los muchos tayules. Le andan revoloteando cuatrocientos pijules que son los turilangas de Altamirano Brown. unos tipos pesados, de los centros sociales, que le estn cortejando por sus cuatro reales, y que quedan al aire, si se va ella al panten. Quien hubiera credo encontrarla as, esculida! (la Ciriaca esta triste; la Ciriaca est plida) se le juntan dos meses, el de marzo y abril. Oh, quien f uera canario, pa comer solo alpiste, (la Ciriaca esta plida, la Ciriaca est triste). Ms enf erma que muchas; ms f regada que mil Por f avor, no te quejes, dice el hada alcahueta que ah te traen tus f rijoles y te traen tu chuleta

que es lo que ha recetado como dieta el doctor el doctor tan galante, que no quiere cobrarte, que segn apariencias, slo quiere cazarte para hacerse de reales y sentirse seor. Los males del mundo ante los que Rubn Daro proclamara con apocalptica f e su solemne Canto de Esperanza integrado entre los Cantos de Vida y Esperanza, los Cisnes y Otros Poemas (1905), en Ge Erre Ene, tal se ver, estn representados por sus sof ocantes insuf iciencias monetarias y las achacosas consecuencias que de ellas se le derivan, para resolver las cuales reclama con igualado y conf ianzudo talante la benef icencia divina, llegando hasta el descaro de pretender al Altsimo para que le sirva de f iador Vaya atrevido abusador!

Cancin de Desesperanza
Un enjambre de granos mancha mi anatoma. Me rasco todo el cuerpo con tesn noche y da. Me persiguen los cobros, para desgracia ma. Te has despertado acaso, Dios de los cobradores? Te has puesto a la vanguardia de ttricos seores que me hacen correr tanto, que agotan mis sudores? Las calles estn llenas de tbanos inmundos que a todos los deudores nos tienen casi dundos y que inspiran deseos de huir para otros mundos. Verdugos insolentes que af ligen nuestra tierra, que hacen que nuestra vida sea una vida perra y que sin previo aviso, nos declaran la guerra. Oh, seor Jesucristo, puedes decirme qu hubo? Si tu quieres, tu bajas; si tu quieres yo subo, a traer doscientos pesos, elevados al cubo. Ven y arregla estas cuentas, que me tienen ya f rito, Me estn asesinando, por el simple delito de deber a unos mucho y a otros poquito. Ven Jess, a servirme de f iador de estos picos, Arregla estos asuntos de pobres y de ricos, cllales a estas gentes sus terribles hocicos. Y en tu caballo blanco que so Cabo Hilario llgate a todos ellos, a cortarle el ovario y la plata que tengan, a meterla en mi armario. Las dudas, vacilaciones y temores ante la vida y la muerte, toda la angustia existencial volcada por Daro en Lo Fatal de ultimo en Cantos de Vida y Esperanza, los Cisnes y Otros Poemas (1905), por cuenta de Rivas Novoa se transf orman en las lamentaciones sin propsito de enmienda del pcaro y desmaado ladrn cuando se ve enf rentado a las penurias de la crcel, como se desprende de las estrof as siguientes.

El Caracol
Dichoso el asno que es apenas comprensivo y ms la cerradura, que nos dice Detente pues no hay cosa ms f ea, que pasarse de vivo ni pecado ms grande que robarle a la gente. Se hace la travesura, se pierde un gallo muerto. Lo dejamos traspuesto; lo descubre el olor, y el horror que da luego, cuando llega un experto y suf rir bartolina, bien recluido en el Hor miguero, recordando lo que ayer nos hurtamos y tambin recordando por qu f ue que venimos, y cuando nos preguntan, cmo es que nos llamamos, y ah, nos alegramos? o ah, nos af ligimos? La dcima con que Daro rindi homenaje al poeta realista espaol Ramn de Campoamor en El canto errante (1907), Gonzalo Rivas Novoa se la apropia para retratar, a su manera, al pobre de su coetneo, don Arturo Somoza Medina, conocido personaje de aquella poca. Desmaraado retrato que nadie de s quisiera! Vase sino

A Somoza Medina
Este, del cerebro chato como los pies de Patio junto el botn del corpio con el cordn del zapato. Cuando se mira el retrato del caballero en cuestin, da tan terrible impresin, que al solo acordarse de l, se echa a perder un papel o se arruina un pantaln. La dulce princesita del cuento de f antasa que Rubn Daro dedicara A Margarita Debayle durante el <<Intermezzo>> Tropical del poeta, para nuestro parodiador no es otra ms que la malcriada Cupertina, que no persigue estrellas ni se interesa en adornar prendedores, sino que, henchida de af n materialista, es atrada por objetos ms terrestres y rodantes, segn se habr de comprobar en seguida, con Henry Ford, jelepates y muchas ms cosas todava.

Cupert ina
Ahora que no hace viento, Cupertina, te voy a contar un cuento.

Era este un Rey que tena por docenas las amantes una hermosa pulpera con una y dos estantes una linda mandolina y un rel de hacer cu-c y una muchacha monina, tan malcriada, Cupertina, tan malcriada como t. La muchacha cierto da, vio un f otingo aparecer, y jur que lo tendra con todito y su chof er. No saba la muy dunda, que era igual que los dems: con primera, con segunda, con tercera y parats Mont, pues si bicicleta con calzones de montar y con aires de coqueta su f otingo f ue a buscar. Las muchachas majaderas se parecen mucho a ti; compran breaches, compran cueras compran autos son as Camin ms de dos horas por todita la ciud como no andan las seoras: sin permiso del pap. Cuando dio vuelta a la esquina con su carro ya, al llegar el olor a gasolina se encarg de delatar. Y el rey dice: dnde estabas? Te he buscado hasta por tren y qu tienes en las tabas que ensuciadas se te ven? La chica era descarada y explic sin vacilar: Fui por esta carambada que me haca delirar. -No te he dicho que lo ajeno no lo debes de tocar? Acelera; quita el f reno; vuelve el chunche a su lugar.

Y en oyendo cosas tales, dice ardida la mujer: En mis cosas personales no te debes de meter. Y el Rey dice ya caliente: Treinta das de crcel. Ese carro es de un Teniente, de un Mayor o un Coronel. La muchacha se estremece y se llena de f uror, cuando en eso, se aparece muy sonriente Henry Ford. Y le dice: No es robado lo ha comprado en mi almacn. El modelo es indicado para toda chica bien. Coge el Rey sus maritates y luego hace f usilar cuatrocientos jelepates a la orilla de un palmar. Porque tiene un Ford de Luxe con motor que no calienta; con sirena que hace Pux. Vistes, pues, en qu momento, Cupertina, te pude contar un cuento?. Para terminar este escrito, una ancdota de Ge Erre Ene que me contara quien, sin proponrselo, f uera ejemplo de dignidad, rectitud y valenta, a la vez que entraable amigo, don Octavio Caldera Noguera, hace algunos aos f allecido. Narraba don Octavio que reunidos en un bar de la Managua de antao, se encontraba celebrando el dictador Anastasio Somoza Garca con un grupo de sus ms aduladores y rastreros seguidores. Vyase a saber por qu desconocida circunstancia, hallbase entre ellos Gonzalo Rivas Novoa, reconocido opositor al rgimen de aquel primer Somoza. En un momento dado, Rivas Novoa, puesto de pie y extendiendo los brazos como para mejor abarcar al conjunto de participantes, con voz altisonante, grit: Serviles!Cay la interjeccin como f iloso cuchillo y un silencio glacial se esparci por el amplio saln. Perplejos, los supuestos aludidos palidecieron enmudecidos y hasta al propio dictador, desencajado por la sorpresa, se qued sin habla. Transcurridos unos segundos tan largos como siglos, Ge Erre Ene, dirigiendo impvido la mirada hacia uno de los meseros que atendan al grupo, volvi a hablar, diciendo: Serviles a todos otro trago que la prxima ronda yo soy el que invito! El Crucero, Managua, Nicaragua, viernes 3 de junio de 2011.

También podría gustarte