Coraggio (2004)
Coraggio (2004)
I. En el trasfondo: conceptos y poder En la realidad, sea como construccin social, sea como materialidad, la cuestin social no puede ser separada de la cuestin econmica. Ni la poltica social puede ser vista como el apndice pblico estatal o civil- que remienda los efectos moral o funcionalmente indeseados de la economa. Como demostr Polanyi,3 incluso en las sociedades modernas, las relaciones sociales, econmicas, polticas y culturales no estn separadas en la realidad. Y las grandes cuestiones de esas sociedades son complejas por la multiplicidad de determinismos estructurales, de valores, de conflictos, de identidades de sus agentes y actores y de proyectos y estrategias generalmente no evidentes. Sin embargo, como error o como resultado de algunas de esas estrategias, se ha generalizado la confusin entre, por un lado, el insight terico parcial que permite pensar y modelizar como esfera con lgica propia ciertos aspectos de las relaciones complejas que constituyen una sociedad y, por otro, la orientacin para actuar con eficacia y racionalidad instrumental as como con racionalidad sustantiva. Esta confusin se muestra cuando se pretende que es posible incidir inteligentemente sobre una de estas esferas en base a las teoras disciplinarias que la alumbran. El caso ms dramtico es el de la disciplina cientfica denominada economa (Economics) que ha contribuido a justificar acciones e inacciones de grandes actores (como los estados nacionales) con consecuencias moral y materialmente catastrficas. Pero no podemos engaarnos: ciertamente hay confusin en las mentes encerradas en la crcel de las teoras econmicas neoclsicas, pero tambin hay uso ideolgico de esta confusin para imponer decisiones que responden a intereses y poderes particulares minoritarios en nombre de la objetividad de la ciencia. En nuestra perspectiva, toda teora o programa de investigacin tiene una orientacin de valores e intereses en su trasfondo. En tal sentido, la Economa Poltica y la Economa Social intentan dar voz y contribuir a articular los intereses de las mayoras en el campo de la teora. Para ello deben asumir, entre otras tareas, las de superar terica y prcticamente la opacidad de los procesos reales tanto como desmistificar sus representaciones tericas positivistas.
1
Versin revisada de la ponencia presentada en el Panel: Nuevas formas y figuras ocupacionales: informalidad y redes de la economa social, del Seminario El Estado de las relaciones laborales en Argentina, Nueva realidad emergente en el contexto del MERCOSUR, organizado por La Universidad de Bologna en Buenos Aires, La Carrera de Relaciones del Trabajo de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) y El Departamento de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Facultad de Derecho (UBA), en el marco del Programa para el Dilogo Social de la O.I.T, Buenos Aires, 24 de abril del 2003. A ser publicado en Claudia Danani (comp.), Poltica Social y Economa Social. Debates fundamentales, Coleccin Lecturas sobre Economa Social, UNGS-Altamira-Fundacin OSDE (de prxima aparicin). 2 Investigador-Docente Titular del Instituto del Conurbano y Director Acadmico de la Maestra en Economa Social de la Universidad Nacional de General Sarmiento. Este trabajo cont con la asistencia de Ins Arancibia. Agradecemos los comentarios y sugerencias de Claudia Danani, a cargo de este volumen. 3 Ver: Polanyi, Karl (1975) La gran transformacin, Editorial Claridad. Buenos Aires. Ver tambin J. L. Coraggio, Hacia un proyecto de Economa Social centrada en el trabajo: contribuciones de la Antropologa Econmica. Ponencia presentada en el Seminario Internacional PEKEA, un saber poltico y tico para las actividades econmicas, 10-14 septiembre 2002, CEPAL, Santiago de Chile, 2002.
Como consecuencia, no pueden ser cmplices en la pretensin de separar las esferas de lo econmico, lo poltico y lo social, sino que contribuyen a reconocer su imbricacin mutua.4 Si lo vemos desde la perspectiva de las disciplinas que implant el positivismo en las universidades y los sistemas de investigacin, los problemas sociales requieren aproximaciones inter/multi/transdisciplinarias, respondiendo a la complejidad de los procesos que constituyen como su objeto de investigacin. Sin duda que se ha venido dando una autonomizacin de mecanismos de mercado que se autorregulan5 (y pasan de crisis en crisis) o que son regulados por poderes centralizados. La aceptacin y fortalecimiento de esos mecanismos durante los 80s y 90s fue producto del ejercicio del poder orientado por el proyecto neoconservador para el sistema mundial, y de su correlato terico- filosfico: el pensamiento nico.6 Esto redujo significativamente la adecuacin y fuerza de los lmites morales y polticos que, en nombre del tan difcil de definir inters comn, haban acompaado al liberalismo respecto a la acumulacin del capital privado, a la prosecucin de ventajas particulares a costa de otros, y a la consiguiente desigualdad y polarizacin social. Sin embargo, lejos de tratarse de errores decidibles por la argumentacin, fue el poder poltico y econmico de determinados estados y conglomerados econmicos as como la debilidad de las fuerzas nacionales y populares para confrontarlo, lo que ha impuesto, sobre todo en los pases de la periferia capitalista, doctrinas economicistas sin fundamento cientfico. Por lo tanto, el enfrentamiento entre las polticas econmicas neoliberales y el inters de las mayoras no significa que la administracin cientfica y responsable de lo econmico, como base de la sociedad, entra en contradiccin necesaria con los intereses de los trabajadores, ni que en la realidad economa y sociedad, economa y poltica, o economa y cultura, sean esferas separadas que interactan externamente. Para avanzar en esta discusin es preciso redefinir qu entendemos por la economa real y su relacin con lo social. La economa, en su expresin ms profunda y abarcativa, es el sistema que se da una comunidad o una sociedad de comunidades e individuos, para definir, generar y administrar recursos a fin de determinar y satisfacer las necesidades legtimas de todos sus miembros. Por lo tanto, no es que sea posible slo un sistema ni mucho menos que haya uno de alcance universal. Las variaciones histricas y contemporneas registradas as lo demuestran. Pocos se atreven, en sus concepciones terico-filosficas, a negar ese sentido general de toda economa legtima, aunque en la prctica lo traicionen. El sistema de necesidades de la vida humana en sociedad es entonces lo que constituye el sentido universal de la actividad econmica. Y aunque pueden ser pensadas como pocas condiciones para la vida, ampliamente definidas (alimentacin, refugio, contencin afectiva, etc.), en su concrecin como necesidades y satisfactores no estn dadas ni son ahistricas.7 Se constituyen como construccin colectiva aunque no siempre sus portadores sean conscientes del proceso que las impuso como sentido comn- y son gestionadas y definidas domstica, comunitaria y socialmente. Un sistema poltico democrtico 4
Ver: Jos Luis Coraggio, La Economa Social como va para otro desarrollo social, artculo central del debate Distintas propuestas de Economa Social lanzado en Urbared, Red de polticas sociales urbanas, proyecto conjunto de la UNGS (Argentina) y la UNAM (Mxico), en [Link], publicado en Pobreza Urbana y Desarrollo (Serie FORTAL), IIED-AL, Nmero 1, 2003. 5 Ver: Bourdieu (2000) Las estructuras sociales de la economa. Manantial. Buenos Aires. 6 Ver : J. L. Coraggio, "Es posible pensar alternativas a la poltica social neoliberal?" en Revista Nueva Sociedad n 164, Caracas, noviembre- diciembre 1999. 7 Ver: Max-Neef, Manfred (1990). Human scale development : an option for the future. Santiago (Chile): Zed Books, y Elizalde, Antonio (2002) Satisfaccin de necesidades humanas para una vida digna. Mimeo. S/L.
participativo y reflexivo- es el mejor encuadre para determinar la legitimidad de las necesidades reivindicadas por los distintos grupos particulares. La propuesta liberal fue que el mecanismo de mercado libre, donde se esperaba que cada individuo, buscando la mxima satisfaccin de sus deseos, luche compitiendo egostamente contra los dems, era la mejor institucin para fundar el sistema econmico en toda sociedad moderna, y hasta hubo quienes intentaron mostrar que era una institucin humana universal.8 Se afirmaba que, en caso contrario, la definicin y administracin de recursos privados o pblicos, as como de las necesidades y satisfactores quedara librada al arbitrio de los grupos de poder econmico, poltico, ideolgico- que operaban abiertamente como tales en la premodernidad. Pero esa propuesta supona adems la constitucin simultnea de una democracia poltica. Lo que el proceso histrico mostr fue que, justamente, por detrs de sus mecanismos descentralizados, el mercado libre era el sistema ms eficaz para reproducir poderes concentrados que seran opacos para el saber prctico,9 y de ninguna manera automticamente desactivados -sino muchas veces legitimados- por la democracia formal, por los artfices de la produccin simblica y hasta por el sentido comn decantado bajo el sistema capitalista. La economa pasaba a ser casi un mecanismo natural, regido por leyes supuestamente universales como las de la fsica (que ahora sabemos que tambin son histricas).10 Pero la lucha poltica o la preocupacin por la gobernabilidad de las sociedades de clases bien estructuradas llev al liberalismo -como sistema poltico socialdemcrata- a impulsar la accin estatal para regular, controlar y limitar los excesos del mercado y tambin para graduar el avance de las demandas de las mayoras de trabajadores puestos en una situacin de explotacin por el capital. Se prometi que, aunque habra desigualdad, a lo largo de sus vidas los trabajadores experimentaran una mejora en su nivel de vida (acceso a bienes de consumo) y que esto sera sin dudas cumplido intergeneracionalmente. Esto se quebr, para algunos, a partir de 1968, para otros a partir de 1975.11 Con Pinochet, Videla, Reagan, Thachter y Menem renaci el programa conservador de Friedman, von Hayek, Popper y los dems integrantes del grupo de Mont-Pellerin.12 El nuevo conservadurismo, y su doctrina econmica llamada neo-liberal, han venido imponiendo por tres dcadas la liberacin/globalizacin del mercado, y la subordinacin de la resolucin de las necesidades -que durante las dcadas anteriores se haban constituido en derechos sociales y polticos- a la lgica de acumulacin del capital-dinero. No tener en cuenta estos aspectos al enmarcar la cuestin social, aduciendo que no es un tema econmico, es contribuir a ocultar las estructuras y procesos del poder que separa a su conveniencia la realidad y las posibilidades de accin pblica en esferas naturales unas, a las que slo cabra reconocer y respetar como marco de la accin humana, y polticas otras, pasibles de acciones de cambio consciente. Ello impide la comprensin no slo de lo actual sino de lo posible. Estas consideraciones tienen como sentido el afirmar que todo intento de proponer alternativas ante la crisis presente de la economa, de la poltica y de la sociedad
8 9
Para una crtica antropolgica del utilitarismo, ver: Sahlins, Marshall (1997) Cultura y Razn prctica, Gedisa. Por ejemplo, operando en el mercado sin saber cmo han sido determinados los precios. Ver: Prigogine, Ilya y Stengers, Isabelle (1983) La nueva alianza : Metamorfosis de la ciencia. Madrid : Alianza Universidad. 11 Wallerstein, Immanuel. (1999). The End of the World As We Know it. The University of Minnesota Press, Minneapolis. 12 Houtart, Francois y Polet, Francois (Coord). (2001) El Otro Davos. Globalizacin de resistencias y de luchas. Popular. Madrid
10
argentina debe ubicarse en el tiempo y espacio reales, marcados por un programa global de dominio ya no de hegemona- en el cual la sociedad y los recursos argentinos entran como un componente ms de una ecuacin de acumulacin de capital y de poder poltico por vas econmicas, culturales y militares. 13 14 Por lo tanto, toda propuesta para la economa es, necesariamente, poltica, y no puede ser ingenua, pretendiendo que es slo resultado de estudios cientficos sin orientacin ni valoracin de la realidad que nos toca vivir y de sus posibles desarrollos futuros.
II. Prioridades del mercado vs. prioridades de la sociedad. Gestionar socialmente los recursos y las necesidades, y regular los mecanismos para su resolucin, implica trabajar sobre la compleja y multivariada relacin necesidadsatisfactor como un problema no meramente instrumental, sino sociocultural y polticamente estratgico.15 Sabemos, por lo menos desde el Informe del Club de Roma sobre los lmites al crecimiento 16 que el crecimiento material no es ilimitado, que es imposible generalizar los patrones de consumo de energa y otros recursos no renovables y disponer sin riesgo de los residuos que se generan en las ciudades de los pases industrializados.17 Sabemos que las tecnologas que impulsa el capital librado a la competencia global -centradas en la productividad entendida como medio para maximizar la tasa de ganancia en plazos muy cortos en comparacin con los tiempos que requiere la naturaleza para restablecer sus equilibrios-, a la vez que muestran el potencial de la ciencia para resolver las necesidades materiales, son aplicadas de manera destructiva de ecosistemas, de millones de vidas humanas, y de las mismas posibilidades de reproduccin de los sistemas humanos de produccin. Sabemos, como el mismo Banco Mundial ha debido reconocer,18 que con el modelo econmico actual no hay crecimiento con generacin neta de empleos a la vista, menos an en la periferia.19 Pero ese
13
The United States is the worlds only superpower, combining preeminent military power, global technological leadership and the worlds largest economy. () At present, the United States faces no rival () Preserving the desirable strategic situation in which the United States now finds itself requires a globally preeminent military capability both today and in the future . PNAC (The Project for de the New American Century) (2000). Rebuilding Americas Defenses, Introduccin. Disponible en [Link]. Esta organizacin se propone promover el liderazgo global de Estados Unidos en lo que considera un oportunidad sin precedentes. 14 La creciente escasez de agua conducir al surgimiento de mercados formales o informales, legales o ilegales, establecidos pacficamente o a base de violencia.(sic) En Amrica Latina y el Caribe ms del 90% del agua utilizable tiene una baja explotacin, menor al 20%, y es tambin en esa regin y en frica Subsahariana donde se encuentran la mayor reserva de tierras cultivables del mundo. Banco Mundial, Informe sobre el desarrollo mundial 2003. Desarrollo Sostenible en un mundo dinmico. Transformacin de las instituciones, crecimiento y calidad de vida. BM, Washington, (p. 15 y 16). ([Link] 15 Ver: Max-Neef (1990) y Elizalde (2002) [Link]. 16 Meadows, D.H. Meadows D. L. Randers, J. y Behrens W. (1972). The Limits To Growth, A Report to The Club of Rome. Potomac Associates. Abstract del libro disponible en [Link]/docs/[Link]. 17 There may be sufficient non-renewable resources to ensure that 9-10 billon people on earth, late into the next century (siglo XXI), have their needs met. But it is unlikely that the worlds resources and ecosystems could sustain a world population of 9 or 10 billon with a per capita consumption of non-renewable resourses similar to that enjoyed by the richest households today or even the average figure for the cities such as Houston and Los Angeles. Mitlin, Diana y Satterthwaite, David. (1994) Cities and sustainable development. Global Forum 94, Background paper 9. Manchester, p. 20. 18 Es necesario hacer decididos esfuerzos para evitar el crecimiento sin empleo, sin races, sin equidad, sin voz de las comunidades y sin futuro.(...) Sin crecimiento econmico resulta difcil crear empleos y aumentar los salarios. Con crecimiento, normalmente se pueden aumentar las oportunidades de empleo. Pero tampoco en este caso el proceso es automtico. Prueba de ello son varios perodos recientes de "crecimiento sin empleo". E incluso cuando se han creado empleos, estos no han satisfecho las aspiraciones de la gente a contar con seguridad en el empleo, trabajo bien remunerado o trabajo creativo. PNUD. Crecimiento econmico para propiciar el desarrollo humano? Sinopsis 1996. [Link] 19 El Banco Mundial sostiene que han habido ganancias significativas en desarrollo, pero a costos que son insostenibles (...) algunas tendencias sociales y ambientales asociadas con estrategias pasadas de desarrollo, en pases tanto industrializados como en desarrollo, no son sostenibles. Hay todava 1.200 millones de personas extremadamente pobres (que viven con menos de un dlar por da). (...) El ingreso promedio de los 20 pases ms ricos es 37 veces el de los 20
reconocimiento no ha llevado a ese organismo ni al Fondo Monetario Inernacional a impulsar un cambio en las polticas macroeconmicas ni en las reglas del juego de la Organizacin Mundial del Comercio. Las conflictivas sociedades modernas plantean contradicciones (por ejemplo: estilo de crecimiento/posibilidad de sobrevivencia de la raza humana; revolucin tecnolgica capitalista/integracin social; liberacin del mercado y la propiedad privada/cumplimiento del sistema de derechos humanos refrendado por las NNUU; intereses de las clases reinantes/paz social) que comienzan a reconocerse como interdependientes a escala global, pero que en el discurso poltico para uso nacional se pretende que sean separables. Pero ya hemos aprendido empricamente, y la Argentina es un caso paradigmtico, que no se puede resolver el problema de los balances macroeconmicos como cuestin separable y previa a la social, con la excusa de fijar parmetros realistas y responsables dentro de los cuales podr recin pensarse qu derechos individuales o sociales pueden ejercerse o qu puede el Estado hacer por la vida de todos los ciudadanos. Tal enfoque aparece centrado en un objetivo de competitividad (sin cuyo cumplimiento el pas se caera del mundo), que es internalizado como si no viniera asociado con la negacin absoluta de otros objetivos, denominados sociales (justicia distributiva) o polticos (soberana). Los economistas oficiales se centran en los balances de flujos externos de comercio y de capital, y en las condiciones para que los flujos de inversiones directas o prstamos sean incentivados para orientarse hacia nuestro rincn de la periferia (si bien ya van dos dcadas de flujos netos negativos para muchos pases de la regin). Eso, a pesar de que esas condiciones -paraso fiscal, territorio liberado de regulaciones favorables al trabajo o ecolgicas, libre salida de las masas de ganancias o rentas que extrae el capital de nuestro territorio- han mostrado ser ruinosas para estas economas nacionales. Se sigue hablando de renegociar la deuda pblica externa (en buena parte deuda privada que fue estatizada o deuda estatal que fue utilizada corruptamente con la connivencia de los prestamistas) en condiciones que ni siquiera respetan las reglas del mercado (que permitiran tomar como referencia los bajos valores que tienen los bonos de deuda en el mercado de capitales), presentando como irresponsable o autoexcluyente del orden mundial el planteo de cuestionar su legitimidad. Y seguimos teniendo la debilidad interna de que los dirigentes polticos no estn dispuestos a hacerles pagar lo que se decida pagar de la deuda a quienes se beneficiaron de ella, poniendo eso como condicin para cualquier renegociacin internacional. El pas y los ahorristas argentinos deberan poder recuperar las masas de dlares que se fugaron con la complicidad del sistema bancario y de las autoridades econmicas y polticas, y las ganancias que se obtuvieron con la privatizacin corrupta o la pesificacin asimtrica.20 Recin entonces podramos ver como las minoras que se beneficiaron con el endeudamiento del Estado argentino pagan lo que les corresponde a los ahorristas italianos o espaoles, previo
pases ms pobres razn sta que se ha duplicado en el curso de los ltimos 40 aos, debido principalmente a la falta de crecimiento de los pases ms pobres.(...) Banco Mundial, Op Cit, p. 1,2 y 3. Para una visin desde un organismo internacional asesor de gobiernos de la periferia, ver Jos Antonio Ocampo, Retomar la Agenda del Desarrollo, CEPAL, Santiago de Chile, 2001. 20 Sobre esto, ver: Eduardo Basualdo et al, Autonoma democratizacin y deuda. Peligros y oportunidades, Instituto de Estudios y Formacin, C.T.A. Octubre 2002. Ms en general, ver los significativos aportes de Oscar Ugarteche y Alberto Acosta sobre la necesidad de establecer un tribunal internacional de arbitraje para la deuda, o un tratamiento como el que se dio a la Alemania de posguerra. Oscar Ugarteche y Alberto Acosta, A favor de un tribunal internacional de arbitraje de deuda soberana (TIADS) Londres + 50, La Insignia, ([Link] cinco entregas y bibliografa, 26 de febrero a 2 de junio de 2003).
ajuste de cuentas con los especuladores que los hicieron jugar a la ruleta con los bonos argentinos. En la agenda pblica, que a menudo pretende ser (pobremente) representada por las encuestas, la sociedad no prioriza (y desconoce) los balances macroeconmicos que permiten dejar margen para pagar la deuda externa, aunque s valora la estabilidad monetaria. En cambio prioriza y distingue dos derechos: el derecho de todos a satisfacer sus necesidades bsicas, y el derecho de quienes quieren trabajar a conseguir algn trabajo que permita acceder a satisfactores elementales en base al propio esfuerzo.
Cuando se pone el acento sobre el primer derecho, surge nuevamente la tentacin de la disociacin: se muestra como parece matemticamente posible pensar en una poltica fiscal que recaude ingresos de los sectores ms ricos y de las ganancias extraordinarias, y que los redistribuya mediante un subsidio monetario, un ingreso ciudadano , que nivele el piso de consumo mercantil de todos los hogares.21 Y se plantea una propuesta cuyas condiciones de viabilidad parecen reducirse a que haya voluntad poltica (o suficiente presin poltica) como para que se tome tal decisin. Pero el segundo derecho, el derecho al trabajo, a la dignidad de ganarse el propio sustento (no digamos el de no ser explotados impunemente irrespetando las pocas leyes que todava quedan de proteccin al trabajador, como seala la OIT),22 no se resuelve con la redistribucin. Menos an se resolva en el marco de la convertibilidad, cuando fue inicialmente hecha la propuesta. Hoy, con otro tipo de cambio, puede especularse sobre el dinamismo econmico que sera generado por la redistribucin del ingreso, incitando a la inversin privada y a la generacin de empleo asalariado. Sin embargo, los escenarios ms optimistas que llegan a suponer tasas increbles de crecimiento del 7% anual durante una dcada- nos indican que millones de argentinos seguiran fuera de toda posibilidad de trabajo mientras muchos otros millones tendran un trabajo pero seran pobres, viviran temerosos de ser despedidos, estaran volviendo a las formas primigenias de la explotacin capitalista del trabajo: la extensin de la jornada laboral...23
21
La CTA propuso durante 2000-2001 una redistribucin del ingreso a travs de un seguro de empleo y formacin para los jefes de hogar desocupados, una asignacin por cada hijo menor a 18 aos y la expansin de la cobertura previsional a todos los mayores de 65 aos, lo que elevara a toda nuestra poblacin por encima de la lnea de pobreza. Sostienen, adems, que es factible financiar esta propuesta, para la cual, segn los clculos hechos en el ao 2000, los fondos necesarios rondaran los 11.500 millones de pesos, y podran obtenerse modificando las actuales polticas fiscales, principalmente en materia tributaria y de asignacin de subsidios del estado a las empresas. A partir de un aumento en la recaudacin por expansin del consumo, una restitucin de aportes, la reasignacin de planes sociales, la presin sobre el consumo superior y la eliminacin a las exenciones en el impuesto a las ganancias, se estimaba que podan recaudarse 17.500 millones de pesos. Instituto de Estudios y Formacin. Central de los Trabajadores Argentinos (2000) Shock Redistributivo y profundizacin democrtica Buenos Aires. IEF-CTA. Ya en la pos-crisis econmica afirman: De igual modo que lo hiciramos durante el ao 2000 y 2001 en nuestra propuesta del shock distributivo, tomaremos el valor de canasta considerado promedio para una familia con dos hijos chicos (...). Ante esta situacin, los nuevos valores para la propuesta que impulsamos de combate frontal y expreso a la desocupacin y la pobreza es garantizar un seguro de empleo y formacin de $ 456, una asignacin por hijo de $ 72 y una asignacin para los mayores sin cobertura previsional de $ 180.(...)Habida cuenta que tenemos en situacin de pobreza 3.780.000 hogares y 18 millones de personas, slo necesitaramos distribuir el equivalente a 18,36% del total de canastas mensuales y el 21.86% sobre el total de personas, del consumo total. Este clculo fue realizado en abril del 2002, sobre una Canasta Bsica Total (que determina la lnea de pobreza) estimada en $600, la que, actualizada a enero del 2003 es de $ 773.9. Ver: Salarios, pobreza e indigencia en la Argentina del 2002 Las posibilidades de una poltica de distribucin y los nuevos valores del shock distributivo Instituto de Estudios y Formacin - CTA, Central de los Trabajadores Argentinos [Link] 22 Organizacin Internacional del Trabajo, OIT. (2002). Globalizacin y trabajo decente en las Amricas, XV Reunin Regional Americana, Lima. ([Link] 23 Ver: Monza, Alfredo (2002), Los dilemas de la poltica de empleo en la coyuntura argentina actual.
El capitalismo en la periferia ha mostrado su incapacidad para dar cuenta de la cuestin social que ha generado con su globalizacin y simplificacin del sistema interestatal. La Argentina es un claro ejemplo de esto. Ms de la mitad de la poblacin es pobre o tiene problemas de empleo. En la actualidad, con una poblacin econmicamente activa (PEA) de 10.311.000 habitantes en 31 aglomerados urbanos, la tasa de desocupacin considerando como desocupados a los beneficiarios de los Planes Jefas/Jefes es del 23.6 %, y los subocupados (demandantes y no demandantes de trabajo) es del 19.9%.24 Un reciente trabajo realizado por expertos de CEPAL, IPEA y PNUD25, se plantea la cuestin de si los pases latinoamericanos sern capaces para el ao 2015 de reducir a la mitad su tasa de extrema pobreza (con ingresos menores a un dlar diario) registrada en 1999. (Enfatizamos la miseria de la meta, que no se refiere a la lnea de pobreza sino meramente a la lnea de indigencia, con lo que Argentina resulta aparentemente favorecida con los clculos). La simulacin realizada lleg a la conclusin de que en el caso de Argentina esto hubiera podido lograrse26 en slo 7 aos, mientras que en Brasil llevara 48 y en Mxico 40. Y afirm lo que se sabe terica y empricamente: no hay evidencia de que el crecimiento y la reduccin en la desigualdad son sustitutos econmicos entre s. Por el contrario, el balance de la evidencia sugiere que los altos niveles de desigualdad de la regin son un obstculo al crecimiento ms rpido.27 Hemos venido postulando que no alcanza con una dosis de redistribucin poltica del ingreso. Es necesario construir conscientemente otra estructura econmica: otros encadenamientos productivos; otra matriz tecnolgico-organizativa;28 reformar el rgimen de propiedad de activos productivos, financieros y crecientemente- del conocimiento; definir un marco normativo y una accin estatal y social para introyectar otros valores de responsabilidad social en la economa empresarial; volver a dar centralidad a la produccin de bienes pblicos por el Estado o por organizaciones de la Sociedad Civil no subordinadas al lucro- sin cuya disponibilidad no hay desarrollo integrador posible en el nuevo mundo moderno; constituir otros sistemas de gestin de las necesidades; redefinir de manera eficiente pero justa las relaciones de trabajo asalariado privado y pblico y el sistema previsional; y, sobre todo habilitar el surgimiento de otros actores emprendedores -sobre todo colectivos- que no respondan al modelo de la firma capitalista. A estos desafos se suma que la economa que tenemos (y que se puede seguir reproduciendo con retoques que le den algo ms de gobernabilidad poltica) est crecientemente extranjerizada, y es incluso para la perspectiva del desarrollismo parcialmente renovado- inestable, vulnerable, especulativa y rentista, pues las empresas globales incluso las de origen nacional- pretenden extraer el excedente econmico para
24
Suponiendo un crecimiento anual del PBI del 3%, se estima un escenario con tasas de desempleo que en el ao 2008 an resultan similares a las de fines del 2002. Estimacin comunicada por Luis Beccaria. 25 Meeting the Millennium Poverty Reduction Targets in Latin America and the Caribbean, CEPAL/IPEA/PNUD, Santiago, Chile, Diciembre 2002. 26 El trabajo tom como base un ao previo a la ltima crisis, lo que tambin vuelve optimistas los clculos, dado que, aunque haya cambiado el tipo de cambio, el rgimen de acumulacin no se ha modificado. 27 CEPAL/IPEA/PNUD (2002), op cit, p. 13. 28 Basta comparar el SEBRAE Brasileo con las pobres organizaciones empresariales argentinas para ver la diferencia que hace otra relacin estado-empresariado organizado. El SEBRAE (Servio Brasileiro de Apoio s Micro e Pequenas Empresas) es una institucin tcnica de apoyo al desarrollo y fortalecimiento de las pymes, creada por iniciativa del gobierno Brasilero en 1990 (leyes 8.029 e 8.154). Organizada a partir de la participacin ms de 350 entidades del sector pblico, privado y entidades de fomento e investigacin del Brasil, su objetivo es trabalhar de forma estratgica, inovadora e pragmtica para fazer com que o universo dos pequenos negcios no Brasil tenha as melhores condies possveis para uma evoluo sustentvel, contribuindo para o desenvolvimento do pas como um todo. Su presupuesto surge del 0.3% de lo recaudado por impuestos a las empresas, que en 1999, por ejemplo, fue de 450 millones de dlares. ([Link]
alimentar sus estrategias de acumulacin a escala mundial sin cumplir con niveles mnimos de responsabilidad social. Y ejercen presin internacional, a travs de sus Estados asociados y de los organismos internacionales que estos dominan, para que se respete su libertad de acumular sin lmites. Y para que no se revisen las ventajas adquiridas ilegtimamente, con el lema de la seguridad jurdica.29 Es difcil pensar cmo construir una sociedad incluyente sobre estas bases de poder, de concentracin de la propiedad y de heteronoma de la economa.
III. Sobre las alternativas 1. Las variantes del mismo modelo Cuando pensamos en propuestas que requieren voluntad, debemos tener claridad no slo sobre la visin que organiza nuestras estrategias, sino sobre la fuerza con que operan procesos econmicos objetivos (o que respondan a voluntades resultantes del encuadre de poder a nivel internacional) y sus tendencias, las que hacen ilusorio esperar una recuperacin del modelo integracionista del sistema-mundo capitalista en su poca de desarrollo industrial.30 El nuevo paradigma tecnolgico fuerza casi mecnicamente al capital a sustituir y minimizar los costos del trabajo y a expoliar los recursos naturales de la periferia. La poltica liberal ha cumplido muy parcialmente (y ahora vemos que no era un piso seguro), ni menos cumplir ahora el neoliberalismo, la promesa del crecimiento y el posterior derrame en la periferia: no hay ni habr una masa de inversin privada que reintegre productivamente a millones de desocupados, con igualdad de oportunidades de desarrollo personal, an si se disciplinan nuestras relaciones econmicas internacionales y se dinamiza el mercado interno. La idea troncal de la propuesta conservadora, de que si abrimos el pas a la inversin extranjera sta vendr y generar empleos e ingreso integrador, no tiene en cuenta que estamos compitiendo con oportunidades de inversin en un sistema global donde existen pases que tienen salarios, regmenes de trabajo y sistemas polticos mucho ms atractivos para el capital que la Argentina, y que -salvo que nos integremos realmente como MERCO, SOCIO y POLITICOSUR y, desde all, a nivel latinoamericanoel principal atractivo para el capital es extraer rentas diferenciales de nuestro territorio, rentas monoplicas de nuestros mercados urbanos ms concentrados, o rentas especulativas jugando con las monedas o con los prstamos usurarios a estados quebrados. Por otro lado, diversos datos indican que el volumen necesario de inversin productiva para superar las tasas de desempleo y el bajo ingreso de los trabajadores es
29
Lema que no se aplic ni se aplica a los contratos de seguridad social, a los contratos de trabajo, a los contratos de concesin de servicios pblicos que suponan una fuerte inversin, eficiencia trasladada a las tarifas y extensin de las redes para dar acceso a todos los ciudadanos. 30 Esto no debe confundirse con eventuales recuperaciones de la tasa de crecimiento o de otros indicadores macroeconmicos.
impracticable. La gran inversin genera escaso empleo,31 si bien puede tener un impacto macroeconmico favorable en su inicio.32 Las estimaciones realizadas para el caso del complejo petroqumico de Baha Blanca indican que siendo benignos en las estimaciones- la inversin por empleo directo o indirecto ronda los 250.000 dlares.33 Estimaciones hechas por responsables del Parque Industrial de Rosario arrojaban antes de la reciente crisis una estimacin de 80.000 dlares por empleo. Ninguna de estas dos cifras son alentadoras para quienes esperan resolver la cuestin social con inversin extranjera productiva y generadora de empleo dentro de un marco de equilibrios macroeconmicos. Porque incluso los balances positivos iniciales de flujos de inversin extranjera comienzan a compensarse cuando toma fuerza la extraccin de beneficios para sumarse a las masas de capital global, poco tentado a reinvertirse en un mercado argentino empobrecido. Y esto se agravar si termina el veranillo del default, condicin para que este rgimen funcione en sus propios trminos de responsabilidad internacional. Esto nos hace preguntarnos si hay empresas de otro tipo, las famosas PyMES, por ejemplo, que cambiaran este panorama. La participacin de la microempresa y de las PyMES en el total de empleo ya es grande: 2.709.000 personas ocupadas (1999), sin que hayan podido resolver el problema del desempleo y el subempleo. Los estudios realizados por el Instituto de Industria de la UNGS muestran que las PyMES dinmicas, con alta tecnologa y capacidad competitiva, efectivamente requieren mucho menos capital por persona empleada (podramos estimar entre 1000 y 6000 dlares). Pero segn un estudio comparativo reciente, los factores que ms inciden sobre el desarrollo de este tipo de PyMES son:34 la cultura y el sistema educativo como promotores del marco institucional: valores, competencias y vocacin empresarial (en la Argentina el sistema educativo ya registra menor influencia que en Brasil); la experiencia laboral de los emprendedores, es decir, ambientes productivos que favorezcan la experiencia empresarial (esto depende, en su magnitud, del dinamismo del sector empresarial capitalista); las redes sociales (contactos) locales, regionales, o nacionales, que permiten el acceso a recursos tales como la informacin, la tecnologa, instalaciones, soluciones de problemas y desafos, e identificar oportunidades;
31
La afirmacin para aumentar el empleo es necesario invertir (...) si bien muchas veces es vlida, otras veces es vlido lo contrario, o sea que la inversin destruye empleo. (...) La creacin neta de capital fue un 250% mayor en el segundo periodo (dcada del 90). A pesar de esto, la creacin de empleo fue menor. De hecho, mientras en los 80 cada milln de pesos de 1993 de inversin neta creaba 52.1 nuevos empleos, en los 90 slo creaba 11.4. Sturzenegger, A. (El Cronista, 23/08/2002) 32 Se sobredimensiona la centralidad del financiamiento externo en el desarrollo de la economa local. Esto tambin es falso. La evaluacin del papel del financiamiento durante la dcada del noventa permite percibir que solo el 4% del ingreso de capitales tuvo efectos positivos en trminos de ampliacin de la capacidad econmica del pas e impactos positivos en materia de balance de divisas. El resto se explica, en su gran mayora, por endeudamiento pblico que financi la valorizacin financiera y la fuga de capitales y por la compra de activos ya existentes que, por lo tanto, no implicaron expansin de la capacidad productiva y que, adems, tuvieron efectos negativos en trminos de balance de divisas Basualdo, E., Arceo, E., Hourest, M. y Lozano, C. (2002) Autonoma, democratizacin y deuda. Peligros y oportunidades Buenos Aires, IEF-CTA. 33 Datos estimados a partir de informacin brindada por Jos M. Zingoni, a quin agradecemos. 34 Kantis, Hugo. (2002) Empresarialidad en economas emergentes, BID, Washington.
las redes institucionales: asociaciones, cmaras empresariales, organismos pblicos, gobiernos, universidades, cuyo papel crucial durante los primeros aos de vida del emprendimiento- ha sido poco significativo en Argentina segn el estudio citado; acceso a recursos financieros y gestin de esos recursos (tenemos un sistema financiero que no facilita capital de riesgo); marco regulatorio (ineficaz y, en nuestro caso, sin recursos que lo respalden). Se trata de bienes pblicos,35 que no pueden alcanzar las calidades y dimensiones masivas requeridas sin una reactivacin y transformacin de su produccin por el Estado y las organizaciones de la sociedad civil. Hay una lgica de la economa capitalista globalizada, cuando se asume el modelo de insercin perifrica en cualquiera de las variantes neoliberales, que bloquea esa lnea de accin y su capacidad para cerrar las brechas socioeconmicas. La economa estatal ha sido reducida a administrar programas para aliviar las tensiones de la gobernabilidad mediante programas asistencialistas cada vez ms focalizados que son ineficientes y, finalmente, inviables.36 Y se reforma, pero para liberar recursos para pagar deudas eternas,37 para generar un paraso fiscal cuando requerimos recursos genuinos y permanentes, para flexibilizar el mercado laboral (pblico y privado) de un modo que anula la ciudadana del trabajador, para descapitalizarse sin atraer realmente capital privado generador de empleo. Por el contrario, lo que hace falta es un estado fuerte que genere bienes pblicos. En la autorizada palabra del Dr. Julio H. G Olivera: La doctrina prevaleciente, que predomina de hecho como racionalizacin de la poltica econmica adoptada, asigna al dficit fiscal el carcter primario. Los gastos excesivos del sector pblico originan el desequilibrio externo y ste, a su
35
Boscherini, F. y Yoguel, G. Aprendizaje y competencias como factores competitivos en el nuevo escenario: algunas reflexiones sobre la perspectiva de la empresa, En: Boscherini, F. y Poma, L (comps.) (2000). Territorio, conocimiento y competitividad de las empresas : el rol de las instituciones en el espacio global. Madrid : Mio y Davila. (p. 155-156). Estos autores sostienen que en el desarrollo de la capacidad innovativa y las ventajas competitivas de las PyMES influye no slo un conjunto de rasgos individuales de los agentes sino adems el grado de articulacin de los sistemas locales y de las tramas productivas de las que forman parte. (...) est fuertemente influido por la complejidad de los nexos y el grado de cooperacin tecnolgica formal e informal entre los agentes, por el tipo de vnculos desarrollados entre las universidades, los centros de investigacin y las firmas, por el grado de calificacin de los recursos humanos y la complejidad del sistema educativo y de capacitacin y por el grado de desarrollo de los agentes intermediarios (...) que acten como mensajeros (conectores) en el proceso de transmisin y generacin de informacin. (...) En la Argentina, la escasa importancia que se le ha otorgado a estos aspectos ha impedido el desarrollo de estructuras productivas complejas capaces de hacer frente al nuevo contexto competitivo. (...) si las PyMES actan individual y aisladamente no tienen posibilidad de competir adecuadamente y, tarde o temprano, desaparecen. Por esta razn, resulta necesario por un lado, favorecer los vnculos y las relaciones entre las empresas con el objetivo de conformar ramas y redes productivas; por el otro, potenciar y consolidar el rol del ambiente socio-econmico-institucional en el que las empresas operan 36 Esto lo hemos tratado en otros trabajos. Ver: J. L. Coraggio, Ante las polticas sociales: articular pero cambiando su sentido, Exposicin en el panel Estrategias de articulacin de las polticas sociales, en el Primer Congreso Nacional de Polticas Sociales Estrategias de articulacin de polticas, programas y proyectos sociales en Argentina, organizado por la Asociacin Argentina de Polticas Sociales y la Universidad Nacional de Quilmes, Bernal, 30-31 de Mayo 2002; ver tambin Poltica social y economa del trabajo. Alternativas a la poltica neoliberal para la ciudad, Buenos Aires/Madrid, Mio y Dvila. 37 En el presupuesto de 2003, que es atpico en este modelo, para el pago de intereses de la deuda pblica (dficit y servicios de la deuda) se imputaron 14.579,4 millones de pesos, lo que representa el 22 por ciento del total. Sobre ese total, 10.811 millones son intereses proyectados a pagar en moneda extranjera como deuda externa, mientras que 3.768,4 millones corresponden a deuda interna. Mientras tanto, se redujo el presupuesto educativo, consolidando una tendencia a la degradacin de este sistema. Algunos candidatos a la Presidencia han expresado claramente incluso su intencin de privatizar el sistema de ciencia y tecnologa, lo que nos condenara a adquirir la tecnologa, los diseos, el conocimiento sobre los mercados a las empresas trasnacionales.
10
vez, por va del mecanismo de ajuste del balance de pagos, induce la cada de la produccin interna y del nivel de ocupacin. (...) El Plan Fnix se aparta de una y otra versin de la etiologa de la crisis. Su premisa mayor consiste en que el desequilibrio primario es el concerniente a la produccin y la ocupacin. Este desequilibrio nace directa o indirectamente de la insuficiencia en la provisin de bienes pblicos, desde la seguridad jurdica hasta la salud, la educacin y la paz social. El deterioro as ocasionado en el proceso de produccin afecta negativamente los ingresos pblicos. El dficit fiscal resultante se traduce a su turno por el saldo adverso de las cuentas con el exterior. Los bienes pblicos no son sustitutos sino complementos insustituibles de los bienes privados: esta es la idea directriz que se refleja en el Plan Fnix. Por lo tanto la actual recesin no es (...) una alteracin transitoria del equilibrio sino una deficiencia crnica, una debilidad estructural, destinada a persistir mientras no alcance la oferta de bienes pblicos el nivel indispensable para la plena utilizacin de los recursos productivos. (...) lo que est en debate no es una postura ideolgica estatismo contra liberalismo, planificacin central versus economa de mercado- sino una cuestin cientfica susceptible de ser tratada objetivamente.38 De no actuarse con rapidez, pero dentro de un marco estratgico adecuado, iluminado por otra visin,39 la precariedad del trabajo y de otras instituciones de integracin social se reflejarn cada vez ms en la injusta distribucin nacional y global del ingreso y la propiedad, lo que a su vez profundiza la incapacidad sistmica nacional de competir a travs de las empresas capitalistas en el mercado mundial.
2. La promocin de un sector de economa social centrado en el trabajo Existen alternativas mejores. Los pases desarrollados han construido una economa mixta, donde la lgica del sector capitalista se desarrolla en balance con la lgica de un sector estatal que produce bienes pblicos imprescindibles, y con la lgica de un gran sector de economa social, no slo valorado sino promovido desde el Estado y la sociedad civil.40 Ello implica cambiar comportamientos y visiones: no se trata meramente de una economa asistencial, subsidiada por donaciones, para atender provisoriamente a la emergencia, pobre y para pobres, sino de un sistema que, bien impulsado, tiene el
38
El Plan Fnix, Discurso del Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Econmicas, Dr. Julio H. G. Olivera, en la Facultad de Ciencias Econmicas de la Universidad de Buenos Aires, el 6 de setiembre de 2001. Ver: Hacia el Plan Fnix, Diagnstico y Propuestas. Enoikos. Revista de la Facultad de Ciencias Econmicas, Ao IX, no 19, p. 16 y 17. Universidad de Buenos Aires. 39 Jos Luis Coraggio: Sobrevivencia y otras estrategias en Latinoamrica y el Caribe: la perspectiva desde lo local, presentacin sobre el tema tal como fuera definido por el Comit organizador del RMT de TACRO, UNICEF, La Habana, 813 2003. Se encuentra en el sitio [Link] 40 Por Tercer Sistema, se entienden las cooperativas y las mutualidades, as como organismos del voluntariado, las asociaciones y las fundaciones que remuneran el trabajo. (...) se excluyen los organismos dependientes exclusivamente de las Autoridades Pblicas y las empresas no asociativas que persiguen exclusivamente el fin de lucro (...) En Conjunto, el Tercer Sistema genera 8.800.000 empleos TCE (tiempo completo equivalente) en la Unin Europea, esto es, el 6.6% del empleo civil y el 7.9% del empleo civil asalariado. Es pues, un sector econmico de primer plano en el que el empleo TCE es comparable al de un pas como Espaa. (p.183) Segn el grado de reconocimiento del Tercer Sistema en cada pas (de acuerdo a tres criterios: la Relacin interna entre los componentes del Tercer Sistema, el reconocimiento del Tercer Sistema por los poderes pblicos, a nivel institucional y legislativo, y la identificacin meditica y cientfica) se clasificaron los pases en tres grupos: los pases donde la Economa Social est establecida: Francia, Espaa y Blgica; los pases donde la Economa Social est emergiendo: Dinamarca, Finlandia, Grecia, Italia, Suecia, Irlanda, Portugal, Reino Unido. Los pases donde la nocin de Tercer Sistema est definida en relacin a los conceptos de Tercer Sector, sector no lucrativo, sector voluntario: Alemania, Austria, Luxemburgo, Holanda. Chavez, Rafael, Demoustier, Danile y Monzn, Jos Luis (Dir.) Economa social y empleo en la Unin Europea, p. 445-529, Ciriec Espaa, Valencia.
11
potencial para incluir a los hoy desocupados y subocupados, y sentar bases firmes para una economa mixta competitiva.41 Ese sector incluye actividades cooperativas de consumo y produccin, asociaciones libres, redes mutuales y comunitarias, y otras formas articuladas orgnicamente para gestionar los recursos y necesidades de sus miembros y de la comunidad, que son socialmente eficientes, ahorran, acumulan, invierten e innovan, pero no tienen fines de lucro.42 43 Las empresas en quiebra, las viejas cooperativas, y el grueso de nuestro "sector informal" urbano y rural refugio socioeconmico sometido por dcadas a mecanismos represivos, y ya agotado como salida mercantil por el estrechamiento del mercado interno y la drstica prdida de bienes pblicos como la educacin, pueden revalorizarse y potenciarse mediante estrategias compartidas por el Estado y la sociedad civil, como ya se advierte en las nuevas prcticas que genera la crisis prolongada. Pero ello requiere una visin de la economa social que supera al cooperativismo tradicional y su concepcin de la economa. Han resurgido en Argentina la iniciativa y la creatividad de una ciudadana capaz de autoconvocarse, de reactivar y organizar autnomamente sus capacidades de trabajo y medios de produccin desechados, resolviendo eficientemente necesidades legtimas que el mercado actual no considera atendibles.44 Esas iniciativas y otros mercados se potenciarn en el seno de un sistema reflexivo de Economa Social. Se trata entonces de una opcin estructural que implica un cambio cualitativo de la economa, que beneficiar al conjunto de la sociedad, generando ms democracia, as como recursos que favorecern la competitividad del sector empresarial y la viabilidad econmica del Estado. 3. Hacia la concrecin de una Economa Social en la Argentina45
41
En Espaa, la Economa Social tiene apoyo de estructuras pblicas: las Direcciones Generales de Fomento a la Economa Social de los Ministerios de Trabajo estatales y autonmicos. Tiene estructuras privadas representativas: Las empresas y organizaciones de la economa social estn federadas en una organizacin estatal denominada Confederacin Espaola de Economa Social (CEPES). Se han desarrollado redes asociativas de organizaciones de la Economa Social, (...) vinculadas a actividades de insercin social por el trabajo y a la prestacin de servicios de proximidad. (...) El empleo existente en las empresas y entidades de la economa social espaola representaba el 9,4% del total de asalariados empleados en Espaa y el 7,01% sobre el total de la poblacin ocupada (pag. 409). En los ltimos cuatro aos, el empleo en cooperativas y sociedades laborales ha crecido en trminos netos un 28%. 42 Sobre esta propuesta pueden verse diversos trabajos del autor en [Link] 43 Para una aproximacin, con otro enfoque, al caso de la Argentina, ver: Mario Roitter, Ins Gonzlez Bombal (Comps.) (2000) Estudios sobre el Sector sin fines de lucro en la Argentina, Buenos Aires; Cedes/ Johns Hopkins University. 44 Tenemos una base de datos en la que hay registradas ms de 120 empresas recuperadas,La mayora son Pymes. Son empresas en las que en algn momento tuvieron un nmero importante de trabajadores y tras un proceso de destruccin y achicamiento, hoy ste es reducido. El promedio es de 38 trabajadores. (...) Estimamos unos 5 mil trabajadores y un poco ms. Lo que pasa es que el proceso es muy dinmico. Hace unas semanas hablbamos de 107 plantas y hoy de 120: las incorporaciones son diarias. (...) (otras fuentes hablan de 10.000 trabajadores) (...)El proceso de cada (de estas empresas recuperadas) no es considerable, la gran mayora contina en sus actividades. Cabe destacar que en los ltimos 4 aos, las quiebras fueron 4.000. Es decir, el promedio de quiebra fue de 1.000 fbricas por ao. Investigacin de la UBA: El socilogo Gabriel Fajn lleva adelante un estudio sobre fbricas recuperadas por obreros ([Link] Esto, sin embargo, no puede proyectarse como una tendencia emprica que se afirmar por el libre juego de las iniciativas. Requiere un programa poltico ms abarcativo que los que parecen predominar entre los activistas de esas fbricas y, por supuesto, otras polticas del Estado. 45 Lo que sigue se basa en la ponencia indita, presentada en la Comisin 5: Polticas sociales, laborales y de distribucin del ingreso, del Encuentro Hacia el Plan Fnix. De la crisis actual al crecimiento con equidad, Facultad de Ciencias Econmicas de la Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, 18-19 de abril 2002.
12
Hasta ahora, la CTA es el movimiento social argentino que ha venido haciendo la mejor propuesta de poltica pblica con un respaldo efectivo de poder social: un seguro de empleo que elimine la pobreza, suba automticamente el piso de los salarios y obtenga su financiamiento del sector que se ha venido beneficiando con el rgimen de acumulacin desde la dictadura hasta la actualidad. En su versin original, esa propuesta se fundament principalmente, como vimos, por el efecto inmediato y mediato del shock redistributivo en una economa de mercado y su impacto sobre el perfil de la demanda (de bienes de lujo a bienes salario). Apenas mencionaba algo relacionado con la contrapartida de trabajo para actividades econmicas (generadoras de ingresos o la produccin solidaria de satisfactores de necesidades colectivas), pero no elabor sobre ello. 46 Los autores de la propuesta de la CTA tienen claro que transitar o no estas orientaciones no depende de restricciones de carcter tcnico sino de la voluntad, decisin y fuerza poltica que se pretenda poner en marcha. Sin embargo, a esto debemos agregar que la hiptesis implcita, compartida por la CTA y la CEPAL, de que se puede inyectar equidad al mismo modelo productivo -superando la pobreza al cambiar la distribucin del ingreso- no es sostenible. El ejercicio macroeconmico ya citado de los organismos internacionales indica que las estructuras econmicas latinoamericanas, an con una correccin en la distribucin del ingreso -de difcil viabilidad poltica si los intereses polticos se tejen sobre la base de estas mismas estructuras econmicas- no resuelven los problemas del empleo, ni de la injusticia, ni el de la ausencia de desarrollo. Hoy contamos con pobres y tardas aproximaciones incluso a esa propuesta, como el Subsidio a Jefes y Jefas de Hogares indigentes, pero ya se ha comprobado que incluso esta inyeccin de recursos (3.055 millones de pesos previstos en el presupuesto para el ao 2003) no reduce la proporcin de hogares que viven en pobreza, y apenas afecta a la indigencia.47 Hay propuestas de convertirlo en o complementarlo con un subsidio a los nios que viven en la indigencia, lo que mejorara la equidad entre los indigentes, pero seguira siendo insuficiente para atender a la pobreza de la mayora. En todos los casos sera compatible con la percepcin de otros programas sociales (becas o transferencias por montos menores, ayudas alimentarias y otros programas especficos dirigidos a sectores en riesgo). El monto fue fijado en 150 pesos (o monedas provinciales) por mes (claramente insuficiente incluso para salir de la indigencia), a cambio de cumplir ciertas obligaciones respecto a los hijos (escolarizacin, vacunacin) y de una contraprestacin laboral de veinte horas semanales (en empresas que tericamente cubriran los costos adicionales de un salario formal, en obras de bien comn organizadas por municipios, ONGs, organizaciones sociales, etc.) o de la disposicin a capacitarse para el trabajo (o ingresar al sistema formal de educacin). Este programa, que establece instancias de evaluacin externa y de participacin que proveeran transparencia en la medida que las organizaciones participantes fueran efectivamente representativas y sujetas a control democrtico, sera inejecutable sin la mediacin de las jurisdicciones provinciales y municipales, lo que abre instancias locales de implementacin donde la participacin y el control social podran ser ejercidos con mayor probabilidad.48 Este programa difcilmente pueda escapar al aparato poltico
46 47
Instituto de Estudios y Formacin. Central de los Trabajadores Argentinos (2000), Op. Cit. La incidencia del Plan Jefas y Jefes de Hogar sobre las tasas de desocupacin es de 5.8% puntos por encima del 17.8% estimado para octubre del 2002. (INDEC-EPH, octubre 2002) 48 Sobre un intento para redirigir esos ingresos para dinamizar el desarrollo local, organizar formas de produccin asociativa y promover la apertura de espacios pblicos donde participaran las organizaciones sociales locales en la implementacin del programa, puede verse: Ante la crisis: La nueva poltica socioeconmica impulsada por el gobierno de la Provincia de Buenos Aires, La Plata, 24 de abril de 2002. Propulsado por el Ministerio de Desarrollo Humano y Trabajo de la Provincia
13
clientelista de los partidos de gobierno, pero el movimiento de piqueteros (MTD), que tampoco es inmune a las vinculaciones clientelares, logr ejercer una fuerza social suficiente como para desviar una parte de esos recursos hacia la autoorganizacin de economas locales de sobrevivencia.49 Ninguna de las dos propuestas anteriores la de la CTA y la del gobierno de Duhalde- incluy como centro el desarrollo de un sistema de economa social. Pero los recursos y las capacidades de trabajo que son tocadas por ellas pueden ser redirigidos en ese sentido. Ello contribuira a que opere un multiplicador del ingreso percibido (que debera conducir a no bajar del programa a los Jefes y Jefas del Programa hasta que no pase un tiempo de maduracin y consolidacin necesaria de sus emprendimientos, lo que no cuesta ms porque de todas maneras no saldran del programa si slo se les paga ese ingreso y no se generan nuevos emprendimientos) y que se ponga en marcha un lento pero firme proceso de inclusin social y desarrollo del tejido social mediante otras formas de produccin. De hecho, el Gobierno de Kirchner y la CTA, cada uno por su lado, han comenzado a incorporar la nocin de economa social en su discurso y algunas de sus acciones.50 Ello requiere al menos dos condiciones. PRIMERA: una innovacin mayor en el sistema operativo actual de las polticas sociales. Este no es el tema de este trabajo, pues hemos propuesto pasar a pensar en poltica socioeconmicas; sin embargo, debe haber una transicin entre la actual diferenciacin entre programas sociales y econmicos y su integracin/superacin, y ello requiere tambin una transicin institucional, as como encarar polticamente la inevitable conflictividad de toda reestructuracin mayor de los dispositivos y agentes de la poltica social. Esto justifica hablar, por un momento y suscintamente, de innovacin en las polticas sociales que queremos superar. Se requiere, entre otras cosas: (a) superar el proyectismo y el sectorialismo,51 as como la falta de cooperacin y la esprea competencia entre instancias del estado, entre organizaciones no gubernamentales, etc. en la bsqueda de intervenciones con otra eficacia. Se trata de adoptar la perspectiva de poner en marcha un proceso autosostenible de desarrollo social, principalmente, pero no exclusivamente, desde los niveles locales; (b) superar el tecnocratismo y verticalismo estatal, introduciendo formas participativas intra estado y entre estado y sociedad- de diseo y gestin de los programas pblicos y privados dirigidos a objetivos sociales; (c) cambiar la cultura estrechamente corporativa de los trabajadores estatales y sus organizaciones, avanzando hacia una cultura de dignificacin y responsabilidad de los servidores pblicos. Esto supone condiciones generales de democratizacin en sus organizaciones, de respeto a los derechos legtimos de los trabajadores (que no pueden
de Buenos Aires y su Secretara de Polticas Socioeconmicas. La poltica promovida por esa Provincia fue un antecedente importante en la operativizacin de las nuevas polticas sociales del Gobierno Nacional de Kirchner. 49 Sobre este tema ver dos publicaciones del Colectivo Situaciones: (2002) Apuntes para el nuevo protagonismo social: 19 y 20 y (2001) Movimiento Trabajadores Desocupados (MTD) de Solano, Buenos Aires : De mano en mano. Tambin ver: Lpez Echage, Hernn. (2002) La poltica est en otra parte : Viaje al interior de los nuevos movimientos sociales. Buenos Aires : Norma. 50 El Ministerio de Desarrollo Social de la Nacin cre recientemente la Direccin Nacional de Economa Solidaria, y ha lanzado el Plan Nacional de Desarrollo Social y Economa Social Manos a la Obra, donde se proponen crear espacios de trabajo para pensar las capacidades, tanto sociales como de produccin de cada una de las comunidades, ver los recursos y saberes propios, respectando el desarrollo y las capacidades de cada una. Los ms importante es la participacin de las personas, con todo lo que son y tienen como tales, buscando el crecimiento, el aprendizaje y el incentivo de las actitudes solidarias y el desarrollo economico justo y equilibrado, ([Link] Por su parte, el Instituto de Estudios y Formacin (IEF) de la CTA convoc a un encuentro de Economa Social y est programando incluir una lnea de trabajo en esa direccin. ([Link] 51 El mero listado de los proyectos y programas focalizados muestra la fragmentacin a que ha llegado la poltica social. Ver: Coraggio, J. L. (2002) "Atreverse con la economa. desde el gobierno local: la promocin de una economa del trabajo" en Ciudad Futura 2 - Pensar, Planificar y Gestionar Ciudades, Publicacin del Plan Estratgico, Rosario.
14
definirse por la acumulacin o prdida de conquistas procedimentales o de incentivos materiales, sino que supone su resignificacin como construccin histrica en una poca de profundos cambios); (d) atender al conjunto de derechos sociales de todos, cuya efectivizacin simultnea no est exenta de constricciones. Esto supone regresar de la focalizacin a la universalizacin de los derechos; (e) transparencia y cero corrupcin, bajo control ciudadano; (f) recuperacin de los niveles histricos de calidad de los servicios pblicos, si es preciso apelando a formas renovadas de gestin estatalusuarios.52 SEGUNDA: disponer normas y recursos complementarios al ingreso monetario previsto, para: Impulsar el desarrollo de una amplia red de emprendimientos asociativos, productivos de bienes o de servicios para el mercado (pecuniario o de trueque), proveedores de servicios autogestionados o de infraestructura (obras pblicas comunitarias y autoconstruccin de vivienda) que valoricen los activos de los trabajadores y mejoren su habitat; y que al hacerlo generen capacidades de aprendizajes sobre como emprender proceso de produccin duraderos (de las tareas encaradas surgen no slo los valores de uso sino formas de organizacin con capacidad y probabilidad de perdurar), capaces de sumarse al sector de economa social o al cuentapropismo beneficiado por algunas instancias de cooperacin 53 (redes). Extender el beneficio del subsidio como derecho para todas las familias que lo necesiten (universalizacin), hacerlo proporcional al nmero de hijos y relativo a las condiciones locales especficas, y aumentar el valor de la ayuda econmica a niveles que efectivamente tengan relacin con el nivel de sobrevivencia en cada regin del pas (en la direccin de la propuesta de la CTA); extender el plazo de otorgamiento mientras se mantengan las condiciones que lo justificaron o est en proceso de maduracin un emprendimiento de economa social al que se integraron los trabajadores que reciben el subsidio; admitir que el hogar debe ser la unidad primaria de intervencin, permitiendo que otros miembros desocupados del mismo que no sean jefes o jefas puedan realizar las prestaciones laborales y aprovechar toda oportunidad de que el alcance sea al nivel de comunidades territoriales ya existentes; complementarlo con un programa significativo de becas de estudio para reinsertar urgentemente a nios y jvenes en el sistema escolar. Limitar el acceso indirecto a la ayuda econmica como subsidio al empleo por parte de empresas privadas, salvo en condiciones probadas de vulnerabilidad de los puestos actuales de trabajo, que debern ser preservados, y an en esos casos la vinculacin deber ser por un tiempo limitado y favorecerse arreglos de cogestin de trabajadores y empresarios (ya se han generado varios casos en ese sentido, as
52
Por ejemplo: un nmero importante de Jefes o Jefas de Hogar de la Provincia de Buenos Aires han cumplido su contrapartida laboral insertndose en los sistemas de educacin y capacitacin que tenan capacidad ociosa. Pero esto reproduce una capacitacin tradicional en oficios, prcticamente intil para impulsar el desarrollo de emprendimientos articulados de economa social. 53 En el Municipio de la Matanza, Provincia de Buenos Aires, en articulacin con los planes Jefas y Jefes de hogar, y a partir de proyectos surgidos de las capacitacin de promotores de Economa Social, se organizaron ferias donde se comercializaba ropa, alimentos (variedad de alimentos elaborados de panadera, pastas y productos de soja), productos de huerta. y algunos servicios. El principal obstculo para la continuidad de muchos de esos microemprendimientos tiene que ver con la cadena productiva, debido a que los insumos en su mayora no provienen del mercado sino de donaciones y reciclaje. Otros proyectos en este mismo sentido, en Villa Celina, abarcaban servicios como cuadrillas de emergencias para escuelas, de plazas y calles, roperos comunitarios, capacitacin en PC, reparacin de PC, biblioteca, enfermeros comunitarios, eventos deportivos y mensajera, entre otros. Municipalidad de La Matanza, Centro de Referencia y Promocin Comunitaria N 11 y Programa Jefas y Jefes de Hogar, 2002.
15
como de trabajadores formando cooperativas y asumiendo control total de fbricas reactivadas); cabe hacer notar que esto requiere una vigilancia efectiva de los sindicatos, dada la debilidad del Estado para controlar el cumplimiento de sus propias disposiciones y porque es dudoso que empresas que pueden recurrir al empleo en negro vayan a incurrir en los costos que significa formalizar estos trabajos. Proveer de asesora tcnica especfica as como de acceso general al conocimiento y la informacin (a travs de las Universidades, Institutos Tecnolgicos, sistema de educacin y capacitacin en general) a sistemas de MyPyMES, y a los promotores y agentes de emprendimientos asociativos e iniciativas comunitarias dirigidas a resolver necesidades sociales sin fines de lucro con la mayor calidad del producto y de la relacin proveedor/usuario-posible.54 Proveer un fondo para operacin y de inversin inicial para los emprendimientos asociativos y, a la vez, desarrollar un sistema de Banca Social y de Microcrdito de varios niveles y estilos (desde el crdito solidario segn la metodologa del Grameen Bank hasta el crdito a sola firma monitoreado, previa constatacin de la viabilidad del emprendimiento). Convocar y registrar y desarrollar la capacidad de las organizaciones sociales, no gubernamentales, sindicales, barriales, productivas, profesionales, estudiantiles, educativas, de servicios de salud, as como empresas privadas, etc. con disposicin y capacidad probada para generar o detectar y formalizar y dar apoyo a proyectos de economa social. Capacitar promotores locales y regionales de la economa social, incluyendo agentes pblicos hasta ahora dedicados al asistencialismo y la formacin de una generacin de jvenes promotores y emprendedores sociales locales, seleccionados por su capacidad de entre los propuestos por las comunidades locales, remunerados como pasantes, capaces de mediar entre recursos y emprendimientos, y de contribuir a eslabonar sistemas de emprendimientos complementarios, aumentando la eficiencia y la sostenibilidad de los mismos. Generar un Banco de Informacin sobre oportunidades (e ilusiones) de mercado, base para regular la entrada en reas con riesgo de sobreproduccin, detectar reas de necesidades insatisfechas, dar acceso a las tecnologas y formas de organizacin ms apropiadas, generar espacios de encuentro para aprender de otras experiencias, consolidar acciones colectivas, promover los productos de la economa social en mercados ms amplios, etc.; facilitar la participacin en redes y mercados internacionales de economa social, economa solidaria, empresa social, economa popular, productos ecolgicos, turismo cultural, etc. Enmarcar la promocin de formas de la economa social en planes estratgicos de desarrollo local y/o regional elaborados de forma participativa, apoyados metodolgicamente desde los gobiernos provinciales, las universidades u otras instituciones con capacidad para hacerlo.55 Esto tiene una dimensin fundamental
54
Un ejemplo es el extraordinario papel jugado por el INTA mediante el programa pro-huerta, durante la crisis de sobrevivencia que se precipit en los ltimos aos. 55 Un ejemplo es UNIDESARROLLO, la asociacin de cuatro universidades: General Sarmiento, Tecnolgica Nacional (Pacheco), Lujn y San Martn, dirigido a promover el desarrollo local en su territorio de influencia.
16
de coordinacin entre iniciativas, para evitar la competencia ruinosa a la que suele llevar la imitacin de actividades inicialmente exitosas. Redirigir parte del poder de compra del Estado hacia el sector de Economa Social; evitar (como resultara con la tarjeta de dbito como instrumento de cobro de los subsidios) que la capacidad de compra se dirija hacia el sector monopolista, favoreciendo la segmentacin de los mercados (como lo hacen las redes de trueque)56 vinculando la produccin con el consumo directamente o, en todo caso, con la mediacin del microcomercio minorista organizado (por ejemplo, armando una canasta bsica que estara disponible solamente en la red de comercios minoristas); esto pretende lograr un alto efecto multiplicador local del impacto redistributivo y minimizar su filtracin al exterior o a los monopolios. Reconcentrar y redirigir las remesas de ingresos familiares de los migrantes, de modo que contribuyan, bajo control comunitario, a cambiar las condiciones socioeconmica que llevan al desarraigo. Desarrollar marcas locales del sector asociativo, realizar una fuerte propaganda institucional de modificacin de los hbitos de compra compre nacional, compre local, genere empleos, genere un ambiente sano, evite el endeudamiento externo,...- y negociar con el comercio minorista la inclusin de los bienes producidos por la economa social en los canales de oferta local y regional. Desarrollar un programa de seguridad alimentaria que garantice que ningn hogar puede estar desposedo de una canasta necesaria de alimentos, mediante la organizacin de su poder de compra, mediante la autoproduccin comunitaria, mediante la organizacin de redes de produccin e intercambio (ferias, etc.) campociudad; esto implica, adems, una intervencin fuerte en los mercados de alimentos exportables.57 Generar una normativa nacional, provincial y municipal que regule y d acceso a personera jurdica, pero libere de impuestos o tasas, al sector social de la economa, considerado de inters pblico; esto incluye en particular el desarrollo de una banca social y un sector financiero cooperativo que canalice los ahorros populares hacia las actividades econmicas de los mismos trabajadores, asociados o individuales.58 Formar un fondo nacional de desarrollo local, asignado a programas viables; sistematizar crticamente la rica variedad de experiencias para que todos aprendamos del laboratorio social en que se ha convertido la Argentina ante la crisis; aqu deben privilegiarse como unidad de intervencin los sistemas de produccin y distribucin, en particular los de base territorial, legitimados y viabilizados por una planificacin estratgica participativa; esto supera el tratamiento sectorial y
56
Las mal llamadas redes de trueque, son mercados de intercambio solidario, capaces de emitir su propia moneda basada en la confianza mutua, que es otro bien pblico esencial para la economa social. La manipulacin mercantilista y el impacto de la crisis del corralito pusieron en crisis estas comunidades, pero muchas siguen funcionando y debern retomarse como instrumento de la construccin de otra economa. Ver: Hintze, Susana (Ed.) (2003). El trueque y la economa solidaria, UNGS/PNUD, Buenos Aires. 57 La canasta bsica de alimentos incluye apenas 27 productos que, como muchos otros bienes y servicios pueden ser autoabastecidos por la economa social, incluidos el transporte, el crdito y la vivienda. 58 Un ejemplo de como se puede ir avanzando en el terreno normativo es el Proyecto de Ley de Promocin de la Economa Social presentado por la Senadora Patricia Jorge en el Senado de la Provincia de Buenos Aires.
17
fragmentario a microunidades empresariales o personales, ineficaz para lograr sinergia sin un marco articulador y prospectivo. 59 Todas las propuestas deben hacerse cargo de las condiciones de su implementacin. sta que hacemos es complementaria de la de redistribuir parte del ingreso nacional, pero pretende en lo inmediato profundizar el nuevo sentido de la poltica socioeconmica emprendida por el actual Gobierno Nacional. Ello demanda, entre otras cosas, una gran capacidad de gestin desde las bases locales o a nivel mesosocial, estructuras adecuadas de comunicacin social y participacin, la disposicin o movilizacin de las capacidades de investigacin aplicada, diseo de productos, capacitacin, etc. de universidades e institutos y una paulatina adecuacin del currculo escolar para ir formando una alfabetizacin econmica y una cultura de la produccin con sentido social. No se trata, entonces, de una mera medida macroeconmica. Nada de esto se puede completar en un breve plazo, se trata de cambios mayores, pero provee un marco estratgico para reorientar muchas intervenciones sociales hoy fragmentadas, as como las limitadas respuestas gubernamentales a la coyuntura. El sistema empresarial seguir sufriendo de una insuficiencia dinmica para reintegrar a una gran parte de los trabajadores que expuls, y no podemos esperar que con un impulso del mercado interno vayamos a cambiar las tendencias que marca el nuevo paradigma tecnolgico. La reactivacin de la produccin empresarial para el mercado interno y la exportacin es fundamental, pero es preciso a la vez construir nuevas estructuras de produccin, con otras relaciones sociales, orientadas por la reproduccin ampliada de la vida de todos. Esta economa social mostrar rpidos resultados, capacidad para autosustentarse, reducir el desempleo y resolver una parte significativa de las necesidades de los trabajadores y sus familias, sustentando otras relaciones, valores y motivaciones. Los activistas, los promotores y asistentes sociales, las iglesias, los funcionarios en programas para microempresas, saben que ya no sirven el asistencialismo y el tratamiento parcial de problemas complejos como el desarrollo social o la competitividad, y estn dispuestos a formarse en estos nuevos enfoques. Los reasegura la revitalizacin y readecuacin de la economa social (ahora llamada social y solidaria) en los pases del Norte, cuyos sistemas de seguridad social no pueden atender ya las consecuencias del desempleo permanente. Estamos, entontes, ante una propuesta estratgica de alcance global. Esta propuesta podr acortar el tiempo de su efectivizacin si hay coherencia entre discurso y prctica de parte de las instancias gubernamentales a favor del desarrollo de una lgica de economa social, si los sindicatos de trabajadores productores de bienes pblicos asumen la necesidad de revisar sus plataformas de lucha derechos y responsabilidades- y si una coalicin significativa de los partidos polticos, los movimientos sociales y las organizaciones de la sociedad civil asumen este mismo marco estratgico.
59
Uno de los problemas de las iniciativas populares para mejorar las condiciones de sobrevivencia es la falta de un anlisis adecuado de la demanda. Lo que a nivel microeconmico se prueba exitoso, es copiado y difundido y termina perdiendo eficacia. Ocurri con las oleadas de taxis, quioskos y ms recientemente de huertos de algunas legumbres y los hornos artesanales de pan.
18