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Poesía de Philippe Jaccottet

Este documento contiene varios poemas del autor Philippe Jaccottet. Los poemas tratan temas como la naturaleza, la luz, el paso del tiempo, el amor y la pérdida. El documento también incluye una breve biografía del poeta donde se describe como su espíritu se deshilacha con la edad y su poesía se vuelve más melancólica y reflexiva.
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Este documento contiene varios poemas del autor Philippe Jaccottet. Los poemas tratan temas como la naturaleza, la luz, el paso del tiempo, el amor y la pérdida. El documento también incluye una breve biografía del poeta donde se describe como su espíritu se deshilacha con la edad y su poesía se vuelve más melancólica y reflexiva.
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26/10/13

Philippe Jaccottet

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"poemas" por Philippe Jaccottet.

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Dos poemas Da apenas ms amarillo sobre la piedra y ms extenso, no me podrs restablecer? Sol al fin menos tmido, sol creciente, restame este corazn. Luz que te curvas para alzar la sombra y sacudir el fro de tus hombros, siempre he intentado comprenderte y obedecerte. Es ahora, en febrero, cuando te yergues muy lentamente como un luchador lanzado a tierra que va a vencer levntame sobre tus hombros, lvame de nuevo los ojos, haz que al fin me despierte, arrncame ya de la tierra, que no la siga masticando antes de tiempo como el cobarde que soy. Ya slo puedo hablar a travs de estos fragmentos parecidos a piedras que hay que levantar con su parte de sombra y contra las que tropezamos, ms dispersos que ellas. Versiones de Rafael-Jos Daz Un poema Ascendemos ahora por estas sendas de montaa, entre prados que son como literas
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POESA

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donde el ganado de las nubes acaba de levantarse bajo el bculo de los vientos. Se dira que grandes formas van caminando por el cielo. La luz se fortifica, crece el espacio, las montaas parecen cada vez menos murallas, e irradian, tambin ellas crecen, los grandes guardianes circulan por encima de nosotros y la palabra que el milano traza lentamente, muy alto, si el aire la borra, no es la misma que pensbamos no poder ya or? Qu hemos cruzado ah? Una visin, semejante a una tierra azul sembrada? Conservaremos en el hombro, ms de un instante, la huella de esta mano?-

La preocupacin I Con pequeas palabras se dice una vida pequea. II Quisiera que esas voces se callaran y que todo fuera algo menos deprisa, sin fuerza ni demoras: puedo guardar entre mis palabras, con bastante paciencia, si no a la durmiente misma o a la tierra en sus caminos, al menos un poco de luz que hicieron subir para m, porque la luz es ms fiel a las palabras que a los bosques. III Todo se aleja y a tanta distancia, o es que soy yo el que os abandono sin que parezca dar un paso? Cerca slo estn los enemigos, cada vez ms cerca a medida que las cosas pierden su peso.
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IV A quienes vivs en este sitio, vestidos de colores, de palabras, deseos, vuelvo a veros bajo tierra sentados como estatuas que erosiona un viento atroz. V Y la mujer, los amigos, el vino que brilla a la luz de las velas, el dulce sol de invierno, esta piedra, recuerdo de los acantilados de la Mancha? As brillan los pjaros en torno a las campanas, y luego la sombra entierra hasta sus gritos.

La voz Quin canta all cuando todos callan? Quin canta con pura y apagada voz ese canto tan hermoso? Ser en las afueras de la ciudad, en Robinson, en un jardn cubierto de nieve? O aqu cerca alguien que no esperaba que pudiramos escucharlo? No nos impacientemos ya que el da no viene precedido, ni mucho menos, por el pjaro invisible. Pero permanezcamos en silencio. Una voz sube, y como el viento de marzo le otorga fuerza a la envejecida madera, nos llega sin lgrimas, ms bien sonriendo ante la muerte. Quin cantaba all cuando se apag nuestra lmpara? Nadie lo sabe. Slo al corazn que no busca ni la posesin ni la victoria le ser dado orlo. El ignorante A medida que envejezco, crezco en ignorancia; a medida que ms vivo, menos poseo y
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menos reino. Un espacio a veces de nieve o a veces brillante, mas nunca habitado, es todo lo que tengo. Dnde se halla el que lo leg, el gua, el guardin? Permanezco en mi habitacin y al principio callo [silencio domstico, instalador de un poco de orden] escuchando las mentiras que se alejan una a una: qu queda de todo eso?qu le impide al moribundo dejarse llevar por la buena muerte? Qu fuerza le hace hablar an entre sus cuatro paredes? Yo el ignorante, el inquieto, llegar a saberlo? Pero ya s realmente quin es el que habla, y su palabra penetra con el da, aunque algo vaga: Como el fuego, el amor slo establece su claridad sobre el error y la belleza de los leos en ceniza Caminata al final del verano Avanzamos sobre peascos cubiertos de conchas, placas hechas de liblulas y arena, caminantes enamorados, sorprendidos de su propio viaje, cuerpos provisorios, reencuentros sin fortuna. Una hora de descanso en las terrazas bajas del litoral. Palabras sin demasiado eco. Destellos de hiedra. Caminamos rodeados por los ltimos pjaros del otoo y bordonea la flama invisible de los aos en el madero de nuestros cuerpos. Agradecimientos sin embargo al viento que entre las encinas no sabe callar. Abajo se amontona la bastedad de los muertos antiguos, la precipitacin del polvo que antao fuera claro, la petrificacin de las mariposas y los enjambres,
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y en la parte baja del cementerio semilla y piedra, las bases de nuestro amor, de nuestras miradas y quejas, lecho profundo del que se aleja de noche cualquier temor. Arriba tiembla lo que an se resiste a la derrota, arriba brillan las hojas y los ecos de alguna fiesta; antes de hundirse a su vez en los cimientos los vencejos fulguran encima de nuestras casas. Luego llega por fin lo que podra vencer nuestro infortunio, el aire ms ligero que el aire y en las cimas la luz, tal vez las palabras de un hombre evocando su juventud, odos cuando la noche se acerca y que un vano ruido de guerra por dcima vez viene a molestar la exhalacin de los campos.

El poeta tardo El poeta tardo escribe: Mi espritu se deshilacha poco a poco. Incluso la malva rosa y el pinzn me parecen lejanos y lejanos cada vez con menor seguridad. Llegar incluso a solicitar que me descarguen de este saco de luz: gloria extravagante! Quin entre estas bellezas responder? No habr alguien entre ustedes, incluso sin decir nada, para venir en pos de l? Vaya, como se dispersa, la manada de fuentes que cremos haber conducido alguna vez por estas praderas He aqu que a partir de entonces cualquier msica de antao se le sube a los ojos convertida en gruesas lgrimas: Vuelven los alheles y las peonas, la hierba y el mirlo tambin, pero la que esperamos dnde? dnde las esperadas? Acaso nunca ms volveremos a tener
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sed? Ya no habr ms cascadas para que aprieten en sus manos la fresca cintura? Cualquier msica te aflige desde entonces con el peso de las lgrimas. El hombre sigue hablando, y su rumor avanza como un arroyo de enero con ese temblor de hojas cada vez que un pjaro asustado huye gritando hacia all donde la lluvia escampa.

T ests aqu T ests aqu, el ave de viento gira Dulzura ma, herida ma, amor mo. Viejas torres de luz se desvanecen Y la ternura entreabre los caminos. La tierra es ahora nuestra patria. Entre la hierba y las aguas avanzamos, Del lavandero donde brillan nuestros besos Al espacio que fulminar la guadaa. dnde estamos? Perdidos en el corazn de la paz. Aqu, bajo nuestra piel, bajo la corteza y el barro, slo habla. Con su violencia de toro, la sangre Fugitiva que nos confunde y nos conmueve Como esas maduras campanas sobre el campo

Ahora s Ahora s que no poseo nada, ni siquiera Ese oro hermoso hecho de hojas marchitas, Ni esos das que vuelan del ayer al maana Con grandes aletazos hacia una feliz patria. La emigrante mustia, la belleza liviana, huy Con ellos, con sus falaces secretos, Envuelta en brumas. Sin duda la
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conducirn A otro lugar,; a travs de estos bosques lluviosos. Como antao, me hallo en el umbral de un invierno Irreal, donde canta el pardillo, obstinado, nica llamada Que no cesa, como yedra . Mas quin puede decir Cul es su sentido? Veo mi salud disminuir, Semejante a ese leve fuego de ms all de la niebla Que un fro viento aviva, apaga... Ya es tarde.

Interior HACE mucho tiempo que intento vivir aqu, En esta habitacin que aparentemente amo, Con la mesa, los objetos indiferentes, la ventana Que se abre al final de cada noche a otro ramaje, El corazn del mirlo late e la hiedra sombra, En resplandor consume en todas partes la antigua oscuridad. Yo tambin acepto creer que todo es aqu dulce, Que estoy en mi casa, que el da ser hermoso. Pero justo al pie de la cama est esa araa (A causa del jardn) que no he pisoteado Bastante, y se dira que an fabrica La trampa que espera a mi frgil fantasma

Herida vista de lejos Ah! El mundo es demasiado hermoso para esta sangre mal envuelta que busca siempre en el hombre el momento de huir Al que sufre, su mirada lo quema y l dice no,
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no est ya enamorado de los movimientos de la luz, se pega contra la tierra, no sabe ya su nombre, su boca que dice no se clava terrible en la tierra. En m se han unido los caminos de la transparencia, recordaremos mucho tiempo las ocultas tertulias pero tambin sucede que sea sospechosa la balanza y cuando me inclino, vislumbro el suelo de sangre manchado Hay demasiado oro, demasiado aire en ese brillante avispero para el que se inclina vestido de papel malo. Aqu ests, gira el pjaro del viento, t, mi dolor, t mi herida, mi bien. Se ahogan torres de luces antiguas y la ternura entreabre sus vas. La tierra en adelante es nuestra patria Vamos entre la hierba y el agua de este ro en que irradian nuestros besos vamos al espacio en que fulminar la guadaa. Dnde estamos? Perdidos dentro de la paz. Aqu, nada habla ya, excepto bajo esta piel, bajo la corteza y el lodo, con su fuerza de toro, la sangre huidiza que nos enreda y nos sacude como en los campos sus maduras campanas. * Ahora s que yo nada poseo, ni siquiera el oro de las hojas pudrindose, an menos los das yndose al futuro batiendo alas hacia una feliz patria. Huye con ellos la ajada emigrante la belleza dbil, con artilugios, vestida de bruma. Quiz se haya ido por esos bosques de lluvia. Como antes vuelvo al umbral de un invierno irreal en que canta el pardillo terco, y llama sin parar, cual la hiedra. Quin dir su sentido? Veo mi salud vuelta como este fuego breve ante la niebla que aviva y borra un viento fro. Es tarde. (Traducciones de Franois-Michel Durazzo)
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