Universidad de Concepción
Facultad de Ciencias Sociales
Departamento de Psicología
Magíster en Psicología
INFORME DE TESIS:
PREVENCIÓN DE SINTOMATOLOGÍA POSTRAUMÁTICA EN
MUJERES DIAGNOSTICADAS CON CÁNCER DE MAMA:
EVALUACIÓN PRELIMINAR DE UN MODELO DE
INTERVENCIÓN NARRATIVO
POR:
PS. FELIPE GARCÍA MARTÍNEZ
PROFESOR GUÍA:
DRA. PS. PAULINA RINCÓN GONZÁLEZ
Concepción, Barrio Universitario, Junio 2009
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INDICE
1. INTRODUCCIÓN 4
2. MARCO TEÓRICO 5
2.1. CÁNCER Y SALUD MENTAL 5
2.2. CÁNCER DE MAMA 9
2.3. TRASTORNO DE ESTRÉS POSTRAUMÁTICO 13
2.4. CÁNCER Y ESTRÉS POSTRAUMÁTICO 15
2.5. CÁNCER DE MAMA Y ESTRÉS POSTRAUMÁTICO 16
2.6. INTERVENCIONES PSICOLÓGICAS RELACIONADAS AL CÁNCER 18
2.6.1. TERAPIAS PSICOLÓGICAS 18
2.6.2. TERAPIAS EMPÍRICAMENTE VALIDADAS. 19
2.6.3. PREVENCIÓN DE TEPT 22
2.6.4. INTERVENCIONES GRUPALES. 38
3. PROBLEMA DE INVESTIGACIÓN 41
3.1. PREGUNTA DE INVESTIGACIÓN 41
3.2. OBJETIVO GENERAL 41
3.3. OBJETIVOS ESPECÍFICOS 41
3.4. HIPÓTESIS 41
4. MÉTODO 43
4.1. DISEÑO 43
4.2. VARIABLE INDEPENDIENTE 43
4.3. VARIABLE DEPENDIENTE 43
4.3.1. RESULTADO DE LA INTERVENCIÓN PSICOLÓGICA 43
4.3.2. SINTOMATOLOGÍA CONCOMITANTE 43
4.4. VARIABLES EXTRAÑAS O CONTAMINADORAS 44
4.4.1. ASIGNACIÓN DE LAS PARTICIPANTES A LOS GRUPOS EXPERIMENTALES 44
4.4.2. EVALUADORES Y TERAPEUTAS 44
4.4.3. OTRAS VARIABLES 45
4.5. PARTICIPANTES 45
4.6. INSTRUMENTOS 47
4.6.1. ESCALA DE IMPACTO DE EVENTO – REVISADA (IEE-R) (VER ANEXO 1). 47
4.6.2. INVENTARIO DE DEPRESIÓN DE BECK (BDI). (VER ANEXO 2). 48
4.6.3. ESCALA DE AUTOESTIMA DE ROSENBERG. (VER ANEXO 3). 49
4.6.4. INVENTARIO DE SÍNTOMAS SOMÁTICOS DE PENNEBAKER (PILL). (VER ANEXO 4). 49
4.6.5. CUESTIONARIO SOCIODEMOGRÁFICO. (VER ANEXO 5). 50
4.7. PROCEDIMIENTO 50
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4.7.1. DISEÑO DEL PROGRAMA DE INTERVENCIÓN. 50
4.7.2. CAPTACIÓN DE LAS PARTICIPANTES PARA LA APLICACIÓN DEL PROGRAMA DE MANERA
PILOTO. 51
4.7.3. PRUEBA PILOTO DEL PROGRAMA ELABORADO. 51
4.7.4. MODIFICACIÓN DEL PROGRAMA TRAS EL ANÁLISIS DE LA EXPERIENCIA PILOTO 51
4.7.5. CAPTACIÓN DE LAS PARTICIPANTES 52
4.7.6. EVALUACIÓN PRETEST 52
4.7.7. INTERVENCIÓN 52
4.7.8. EVALUACIÓN POSTEST 53
4.7.9. SEGUIMIENTO 54
4.8. CONSIDERACIONES ÉTICAS 54
5. RESULTADOS 56
5.1. DESCRIPCIÓN DE LA MUESTRA 56
5.1.1. CARACTERÍSTICAS SOCIODEMOGRÁFICAS 56
5.1.2. CARACTERÍSTICAS PSICOPATOLÓGICAS. 58
5.2. ANÁLISIS DE DATOS 59
5.2.1. SINTOMATOLOGÍA POSTRAUMÁTICA. 60
5.2.2. SINTOMATOLOGÍA DEPRESIVA. 61
5.2.3. AUTOESTIMA. 61
5.2.4. SINTOMATOLOGÍA SOMÁTICA. 62
5.3. SEGUIMIENTO 63
5.3.1. SINTOMATOLOGÍA POSTRAUMÁTICA. 63
5.3.2. SINTOMATOLOGÍA DEPRESIVA. 64
5.3.3. AUTOESTIMA. 65
5.3.4. SINTOMATOLOGÍA SOMÁTICA. 65
6. DISCUSIÓN 67
6.1. CARACTERÍSTICAS DE LA MUESTRA 67
6.2. RESULTADOS DEL ESTUDIO 70
6.3. CONSIDERACIONES ÉTICAS 77
6.4. LIMITACIONES DEL ESTUDIO 78
6.5. LINEAS FUTURAS DE INVESTIGACIÓN 81
7. REFERENCIAS 83
8. ANEXOS 97
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1. INTRODUCCIÓN
El presente trabajo tiene como finalidad proponer un modelo de intervención para
prevenir síntomas o trastorno de estrés postraumático en mujeres diagnosticadas con
cáncer de mama. La literatura señala que algunas manifestaciones del cáncer, entre ellas
el cáncer de mama, gracias a los adelantos en la medicina y la tecnología, se han ido
transformando en enfermedades de carácter crónico, dejando de lado su reputación como
enfermedades terminales. Tal cambio conlleva que las personas que sobreviven al
cáncer desarrollen, tras concluir el tratamiento médico oncológico, una serie de
manifestaciones psicológicas que afectan su calidad de vida, incluyendo depresión,
ansiedad y síntomas de estrés postraumático.
Debido a ello, se hace necesario desarrollar y proponer alternativas terapéuticas
empíricamente validadas no sólo para el tratamiento de estas manifestaciones
psicológicas sino también para su prevención. Ante ello, en el presente trabajo se
presentará la evaluación un modelo de intervención grupal basado en el enfoque
narrativo.
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2. MARCO TEÓRICO
2.1. CÁNCER Y SALUD MENTAL
El cáncer es una enfermedad degenerativa multifactorial, en que algunas células del
cuerpo proliferan de manera incontrolada, originando problemas en su lugar de origen o
en otros órganos (Tamblay & Bañados, 2004). Algunos estudios internacionales señalan
que el cáncer es una enfermedad que afecta a más del 47% de los varones y al 38% de
las mujeres durante el transcurso de sus vidas (Landis, Murry, Bolden & Wingo, 1998).
Según datos del Ministerio de Salud [MINSAL] (2003, citado en Prieto & Torres, 2006)
el cáncer ocupa el segundo lugar como causa de muerte en Chile, con un 23,5% del total
de defunciones, afectando a 123,7 por cada 100.000 habitantes el año 2004 (MINSAL,
2006, citado en Vallebuona, 2006). Esto lo convierte en una de las enfermedades a las
que nuestro sistema de salud da mayor relevancia, clasificándola dentro de las
enfermedades catastróficas y obligando al Estado a generar planes especiales para su
tratamiento, convirtiendo, por ejemplo, al cáncer de mama en enfermedad GES
(Garantía Explícita de Salud) a partir del año 2004 (Prieto & Torres). Gracias a los
avances de la tecnología y la medicina, estos tratamientos están siendo cada vez más
efectivos, prolongando la vida de las personas, disminuyendo su sufrimiento e incluso
provocando una remisión total de la enfermedad. Este cambio en las tasas de
mortalidad, ha llevado a que, desde el año 2000, la American Cancer Society (2000)
considere a varias manifestaciones del cáncer como enfermedades crónicas en vez de
agudas. Por este motivo, la eficacia de los tratamientos de cáncer se mide actualmente
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no sólo en términos del período de remisión de la enfermedad y del tiempo de
supervivencia, sino también en términos de la calidad de vida del paciente, su
funcionamiento social y familiar y el grado de ausencia de malestar físico y psicológico
(Barroilhet, Forjaz & Garrido, 2005).
Para la mayoría de la gente, hablar de cáncer significa hacer referencia a una de las
enfermedades más catastróficas que puede sufrir el ser humano, forzando al individuo a
enfrentarse a temas como el sufrimiento, el deterioro, la muerte y la trascendencia
(Barroilhet et al., 2005), por ende, su diagnóstico puede ser considerado como un evento
vital estresante que afectará no sólo al individuo que lo recibe, sino también a su entorno
familiar y social más directo (Cano, 2005). Olivares, Sanz y Roa (2004) señalan que el
cáncer es una enfermedad compleja constituida por múltiples estresores, tales como
diagnóstico, tratamientos oncológicos y efectos aversivos asociados, presencia de dolor,
pronóstico de la enfermedad, alteraciones en la imagen corporal e interferencia de la
enfermedad en las actividades de la vida diaria. Esta saturación de eventos estresantes
termina generando múltiples disfunciones tanto en la salud física como en la salud
psicológica de los pacientes y familiares cercanos. Por otro lado, Olivares et al. señalan
algunos factores que potenciarían al cáncer como generador de estrés en comparación
con otras enfermedades mortales: la ambigüedad del estresor, la condición de no
inmediatez de la amenaza percibida, la sensación relevante de pérdida de control y la
naturaleza interna del estresor.
La adaptación para quien tiene o tuvo cáncer es multidimensional, implicando
características emocionales, cognitivas, conductuales, físicas, sociales y existenciales
7
(Stanton, Collins & Sworowski, 2001, citado en Petersen, Bull, Propst., Dettinger &
Detwiler, 2005). Los componentes emocionales incluyen depresión y ansiedad; los
cognitivos incluyen la sensación de que el futuro es breve, la incapacidad de
concentrarse, preocupación, y la valoración de la enfermedad y de sí mismo; los
conductuales incluyen el desempeño o cambio de rol y cumplir con las exigencias de la
enfermedad; los componentes sociales implican relaciones interpersonales,
comparaciones sociales, apoyo, y los estigmas asociados al cáncer como, por ejemplo, la
discriminación en la población en edad laboral al tratarse de un riesgo médico; y,
finalmente, los componentes existenciales incluyen la reevaluación del significado y el
propósito de la vida y, en consecuencia, la determinación de las prioridades (Stanton et
al., citado en Petersen et al.). Barroilhet et al. (2005) afirman que la adaptación normal o
exitosa ocurre en los pacientes que son capaces de reducir al mínimo los trastornos en
sus distintas áreas de funcionamiento, regulando el malestar emocional y manteniéndose
implicados en los aspectos de la vida que aún están revestidos de significado e
importancia para ellos.
El proceso psicológico asociado al cáncer se inicia con la sospecha de un posible
diagnóstico de cáncer, lo cual genera ansiedad anticipatoria, tal como demuestran
Sandin, Chorot, Valiente, Lostao y Santed (2001). Cuando ya se conoce el resultado, la
investigación de Meiser y Halliday (2002, citados en Cano, 2005) muestra que la
ansiedad tiende a disminuir si dicho resultado ha sido negativo, mientras que tiende a
aumentar, en caso contrario (Loador, Shields & Rowley, 2004).
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Cuando se ha confirmado el diagnóstico y se inicia el tratamiento continúa el proceso en
el cual a lo largo del tiempo se suceden una serie de amenazas, pero éstas tienden a
aumentar en intensidad y con ellas el nivel de ansiedad, que puede llegar a alcanzar la
patología. Las secuelas psicológicas que más se observan en pacientes con cáncer son
los síntomas de ansiedad, depresión y malestar psicológico (Cano, 2005; Maté,
Hollenstein & Gil, 2004).
Se ha observado, por ejemplo, que los niveles de ansiedad y depresión en pacientes de
cáncer, a los seis meses del diagnóstico, dependen en gran medida de los niveles de
ansiedad y depresión observados tras el diagnóstico (Nordin, Berglund, Glimelius &
Sjoden, 2001). Estos resultados resaltan la importancia de trabajar los aspectos
psicológicos asociados al cáncer desde el momento mismo del diagnóstico, puesto que al
parecer esto reduce las consecuencias psicológicas negativas que pueden desarrollarse a
mediano plazo.
La ansiedad en relación al cáncer aumenta su nivel justo antes del término del
tratamiento, cuando se disponen a efectuar la transición desde el sistema médico
monitoreando su salud a monitorearse por sí mismos (Eakes, Rakfal, Quilla & Gaiser,
1996, citados en Petersen et al., 2005; Kaasa et al., 1993; Tjemsland, Soreide & Malt,
1996a, 1996b). Sin embargo, esto no termina ahí, pues Andrykowski, Córdoba,
McGrath, Sloan y Kenady (2000) han comprobado que la ansiedad vuelve a aumentar
tras terminar el tratamiento debido principalmente al miedo a la recaída. Al respecto,
Barra, Hidalgo, Muñoz, Reyes y Ubilla (2008), afirman que, en el caso específico del
cáncer de mama, posterior a la enfermedad y tratamiento, cuando las mujeres ya creen
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encontrarse completamente sanas y se ven enfrentadas a una nueva revisión, como
mamografías de seguimiento, vivencian esta etapa con mucho temor, al pensar que
pueden padecer la enfermedad nuevamente.
Respecto al ánimo depresivo, Kugaya, Akeshi, Okamura, Mikami y Uchitomi (1999)
encontraron como variables predictoras en pacientes con cáncer de cabeza y cuello, la
enfermedad avanzada, estar sin pareja, y estilo de afrontamiento basado en la
desesperanza - desamparo.
2.2. CÁNCER DE MAMA
En Chile, el cáncer de mama es la segunda causa de muerte por cáncer en mujeres con
una tasa de 13,2 por 100.000 personas en el año 2002, muriendo ese año 1049 mujeres
afectadas por esta enfermedad (MINSAL, 2004), además constituye la primera causa de
muerte en mujeres entre 45 y 59 años, estimándose incluso que una de cada 34 mujeres
chilenas desarrollan un cáncer de mama a lo largo de sus vidas, según cifras propuestas
por el Servicio Nacional de la Mujer (2002, citado en Astudillo y Calbacho, 2004).
Astudillo y Calbacho (2004) han agrupado los factores de riesgo en invariables, es decir,
no se puede actuar sobre ellos, y variables, sobre los cuales existe mayor control y se
relacionan con el estilo de vida de las personas. Entre los primeros se encuentra la edad,
encontrando Peralta (2002) que la mayoría de las afectadas superan los 50 años de edad,
resultando muy poco frecuente por debajo de los 35 años. Además, Astudillo y Calbacho
mencionan que las mujeres que tuvieron esta enfermedad tienen mayor riesgo de
presentar otro cáncer en la mama contralateral; cuando un pariente de primer grado ha
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tenido cáncer de mama se duplica el riesgo de padecerlo; también tienen más riesgo las
mujeres que no han tenido hijos, aquellas que no han lactado y quienes fueron madre
después de los 30 años.
Entre los factores de riesgo variables, Astudillo y Calbacho (2004) destacan el consumo
de alcohol, que aumentaría en un 61% la probabilidad de sufrir cáncer (Tamblay &
Bañados, 2004). Por otro lado, Atalah, Arteaga, Rebolledo, Medina & Csendes (2000),
en un estudio efectuado en Santiago de Chile, encontraron una relación entre exceso de
peso y mayor riesgo. El sedentarismo también aparece como factor de riesgo, de modo
tal que el ejercicio físico realizado en la juventud parece proporcionar protección a largo
plazo contra el cáncer de mama e incluso la actividad física moderada del adulto parece
reducir el riesgo de sufrir este tipo de cáncer (Ramírez et al., 2001).
En cuanto al desarrollo de la enfermedad, se han descrito cuatro estadios clínicos en los
que se puede clasificar el cáncer según su grado de evolución. Los estadios I y II son las
etapas iniciales en las que el cáncer puede tener una mayor probabilidad de curación. En
estos estadios se pueden realizar dos formas de tratamiento quirúrgico: conservador y
radical. La diferencia entre estos tratamientos es que en el primero se conserva la mama,
extrayendo exclusivamente el tumor, y el segundo extirpa la glándula completa, lo que
se denomina mastectomía. Existen ciertas condiciones médicas para decidir por una u
otra opción, y otras veces es la mujer quien escoge la modalidad de tratamiento que
desea (Astudillo & Calbacho, 2004). Luego de esto se realizan otras formas de
tratamiento complementarias: radioterapia, quimioterapia y terapia hormonal (Cruces,
Olivares & Zaror, 2003). Los estadios III y IV son etapas más avanzadas; en la etapa IV
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la enfermedad ya presenta diseminación a otros órganos, produciéndose el proceso de
metástasis.
Lamentablemente, el diagnóstico de esta enfermedad se realiza, por lo general, cuando
ya está avanzada por lo que el procedimiento terapéutico más empleado es la
mastectomía o cirugía radical (Carvalho, Mesquita, Almeida & Figueiredo, 2005); este
procedimiento puede constituir una experiencia traumática (Olivares, 2007) ya que
afecta profundamente a las pacientes. Como señala Rojas-May (2006), la mama es un
órgano con una representación cultural, psicológica, sexual y afectiva compleja, de tal
modo que la alteración de la simetría corporal producto de la mastectomía es entendida
por la mayoría de las pacientes como una deformidad, la que puede interferir con la
continuidad o establecimiento de relaciones íntimas, especialmente en mujeres jóvenes
sin parejas estables o en aquellas que mantienen relaciones que eran conflictivas antes
del diagnóstico de la enfermedad. Esto genera, a su vez, consecuencias como problemas
de autoestima, depresión mayor (Olivares) y problemas de pareja, como rechazo,
indecisión y falta de deseo (Cruzado, 2006); muchas pacientes van a tener la percepción
de que a partir del momento del diagnóstico sufrieron una pérdida de su sensación de
femineidad, dejaron de ser sexualmente atractivas, de que no volverán a ser capaces de
experimentan ni dar placer, e incluso que su capacidad de ser amadas y amar está
mermada definitivamente (Rojas-May, Olivares). Otras consecuencias son inestabilidad
en la vida, cambios en las emociones y ruptura en la imagen corporal (Moro, 1997).
Los efectos de la mastectomía se ven incrementado posteriormente como efecto de la
quimioterapia que provoca, entre otras consecuencias, la caída del cabello. Como
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afirman Barra et al. (2008), son la mastectomía y la caída del cabello las que provocan el
mayor impacto en la vida de las mujeres, incluso llevándolas a dejar de mirarse al
espejo.
Por fortuna, en nuestro país, se ha masificado el diagnóstico temprano a través de las
mamografías, lo que no sólo ha permitido reducir su tasa de mortalidad con el transcurso
de los años (Prieto & Torres, 2006), sino además ha incrementado la opción médica por
cirugías conservadoras, aun cuando la quimioterapia sigue generando efectos en la
autoestima y la imagen corporal (Barra et al., 2008)
En cuanto a los factores psicológicos implicados en esta enfermedad, Bayes y Borrás
(1999, citados en Cruces et al., 2003) señalan que las mujeres que se enfrentan
abiertamente a esta enfermedad o la niegan, en los primeros meses que siguen al
diagnóstico, poseen unas tasas de recidivas muy inferiores a las que afrontan la
enfermedad con actitudes depresivas o de aceptación fatalista. Levy y Wise (1998,
citados en Cruces et al.) examinaron los efectos del pesimismo depresivo y la
indefensión de las enfermas de cáncer de mama, descubriendo que los índices de
indefensión estaban relacionados con una pronta recaída de la enfermedad. Cruces et al.
agregan que aunque la mastectomía inicialmente tranquiliza a la mujer por la idea
generalizada de que todo tejido maligno debe ser extirpado, luego manifiesta reacciones
de depresión y ansiedad, preocupación por la imagen corporal, disminución de la
capacidad atencional, aumento de la introversión y modificación en las relaciones
familiares, sexuales, sociales y profesionales, especialmente en mujeres menores de 45
años.
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También se han estudiado los patrones característicos de conducta presentados por las
mujeres que sufren cáncer de mama, señalando Ruiz, Garde, Ascunce y del Moral
(1998) que éstas presentarían un patrón de conducta denominado “tipo C” caracterizado
por un alto control emocional, fundamentalmente de las emociones negativas (ira,
ansiedad y tristeza), cooperadoras y con tendencia al autosacrificio y a evitar los
conflictos con tal de mantener relaciones armoniosas con las personas de su entorno.
2.3. TRASTORNO DE ESTRÉS POSTRAUMÁTICO
El trastorno de estrés postraumático (TEPT) es un síndrome provocado por la exposición
a una situación traumática. Esta situación puede referirse a acontecimientos de guerra o
catástrofe, pero también a delitos, violación, abuso sexual y violencia doméstica, entre
otros (Rincón, 2003). El DSM IV (American Psychiatric Association, 1994) ha
incorporado también las enfermedades mortales estresantes, como el SIDA y el cáncer,
como acontecimientos vitales estresantes y, por lo tanto, susceptibles de provocar TEPT.
De acuerdo a los criterios diagnósticos propuestos en el DSM-IV-TR (American
Psychiatric Association, 2002), el TEPT aparece cuando la persona ha sufrido, ha sido
testigo o ha sabido por personas cercanas, de la existencia de acontecimientos de
agresión física o que representan una amenaza para su vida, su integridad física o la de
otra persona (Criterio A1). La respuesta del sujeto a este acontecimiento debe incluir
temor, desesperanza y horrores intensos (o en los niños, un comportamiento
desestructurado o agitado) (Criterio A2). El cuadro sintomático característico secundario
a la exposición al intenso trauma debe incluir:
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- Presencia de reexperimentación persistente del acontecimiento traumático (Criterio B).
Las víctimas suelen revivir intensamente la experiencia traumática sufrida en forma de
recuerdos invasivos, recuerdos retrospectivos y/o pesadillas.
- Evitación persistente de los estímulos asociados a él y embotamiento de la capacidad
de respuesta del individuo (Criterio C). Las víctimas tienden a escaparse de los lugares o
situaciones asociados al hecho traumático, en un intento por conseguir un
distanciamiento psicológico y emocional del trauma, debido a lo desagradable que le
resulta la reexperimentación del suceso traumático.
- Presencia de síntomas persistentes de activación (arousal) (Criterio D), que se
manifiesta en dificultades de concentración, irritabilidad y problemas para conciliar el
sueño, entre otros.
- Estas alteraciones (síntomas de los criterios B, C, D) se prolongan más de un mes.
- Estas alteraciones provocan un malestar clínicamente significativo o deterioro social,
laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo (Criterio F).
Asimismo, este trastorno puede ser agudo si los síntomas duran menos de 3 meses;
crónico si los síntomas duran 3 meses o más; o de inicio demorado cuando transcurren
seis meses, como mínimo, entre el acontecimiento traumático y el inicio de los síntomas.
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2.4. CÁNCER Y ESTRÉS POSTRAUMÁTICO
Se ha estudiado en los últimos años la proporción de pacientes con cáncer que llegan a
desarrollar TEPT y, si bien no hay una conclusión definitiva sobre estos estudios, debido
principalmente a las importantes diferencias metodológicas que abundan en los mismos,
se han encontrado prevalencias de hasta un 32% de TEPT en quienes han sido
diagnosticados (Olivares et al., 2004). Estos síntomas se manifiestan principalmente en
la fase de postratamiento (Peterson et al., 2005). Además, más del 94% de pacientes con
cáncer informó que esta experiencia fue el acontecimiento más traumático que alguna
vez hayan experimentado (Andrykowski et al., 2000), lo que coincide con el hallazgo de
Alter (1996, citado en Tamblay & Bañados, 2004) quien señala que los pacientes con
cáncer tienen una alta tasa de TEPT comparada con la encontrada en la comunidad sana.
Por otro lado, también se han observado diferencias de género, que indican una mayor
prevalencia de TEPT asociado al cáncer en mujeres que en hombres (Hampton &
Frombach, 2000).
Debido a que la sola exposición al evento traumático no basta para explicar el desarrollo
del TEPT en pacientes oncológicos (Olivares et al., 2004), se han realizado estudios que
buscan descubrir factores de riesgo, encontrando principalmente tres grupos de
variables: a) variables sociodemográficas que incluyen menor edad, nivel educativo e
ingresos anuales, y tener hijos menores de 21 años; b) variables médicas, como el tipo e
intensidad del tratamiento oncológico y efectos secundarios del mismo, localizaciones
tumorales (siendo el cáncer de mama uno de los que genera mayor impacto en los
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niveles de ansiedad y depresión), diagnóstico de recurrencia de la enfermedad, estadio
de la neoplasia en el momento del diagnóstico o tiempo transcurrido desde la
finalización del tratamiento; y c) variables psicológicas o situacionales, como un pobre
apoyo social percibido, problemas con los profesionales de salud, la baja densidad de la
red social, menor calidad de vida, estilo de afrontamiento evitativo, personalidad tipo
“c”, inhibición social de la expresión de pensamientos relacionados con la enfermedad, y
la evaluación o creencias relacionadas con la amenaza ya sea de la enfermedad como del
tratamiento (véase en Anarte, Esteve, Ramírez, López & Amorós, 2001; Barroilhet et al,
2005; Hampton & Frombach, 2000; Olivares et al.).
2.5. CÁNCER DE MAMA Y ESTRÉS POSTRAUMÁTICO
Debido a su importancia, el cáncer de mama es uno de los más investigados a la hora de
abordar sus consecuencias psicológicas, encontrando Palmer, Kagee, Coiné y
DeMichele (2004) que el 41% de las pacientes estudiadas reportaban haber respondido
al diagnóstico de cáncer con intenso miedo, desesperanza y horror; y de ellos, un 4%
desarrollaba TEPT. Por su parte, en su revisión, Olivares et al. (2004) encontraron
diversos estudios de prevalencia del TEPT en cáncer de mama, que informaban tasas
desde 0% a 32%.
Koopman et al. (2002) estudiaron los distintos factores de riesgo relacionados con la
presencia de TEPT en mujeres recientemente diagnosticadas con cáncer de mama,
encontrando como variables asociadas la juventud, la intensidad del tratamiento
postquirúrgico y la baja autoeficacia emocional. Debido a la alta correlación encontrada
17
entre los síntomas del TEPT que surgen tras el diagnóstico con los que se presentan en el
seguimiento, los autores de este estudio sugieren intervenir tempranamente para prevenir
el desarrollo del TEPT.
En un estudio que intentó establecer un predictor para la preocupación por la salud
futura en pacientes con cáncer de mama, Wade, Nehmy y Koczwara (2005) concluyeron
que el afrontamiento negativo, como la evitación y la represión, es un predictor poderoso
de futuros temores por la salud, con esta relación creciendo fuertemente a lo largo del
tiempo; por este motivo concluyen que la expresión emocional de estas preocupaciones
podría prevenir el desarrollo de respuestas traumáticas en esta población.
En otra investigación, Carvalho et al. (2005) intentaron describir el significado hacia el
cáncer en mujeres que padecen cáncer de mama, encontrando categorías referidas a la
represión de sentimientos, herencia familiar, estrés, trauma físico, hábitos alimentarios y
falta de cuidado con el cuerpo. Respecto a la represión de sentimientos, los autores
señalan que el cáncer aparece acompañado de miedo y de dudas, sentimientos que las
mujeres prefieren guardar, permitiendo que los demás piensen que todo está normal;
incluso varias mujeres atribuyen el origen del cáncer a la represión de emociones como
la tristeza, el odio y el rencor. Respecto al estrés, otras mujeres atribuyeron el cáncer de
mama a una vida llena de preocupaciones.
18
2.6. INTERVENCIONES PSICOLÓGICAS RELACIONADAS AL CÁNCER
2.6.1. Terapias psicológicas
Para la Asociación Americana de Psicología [APA] (2007) el objetivo principal de la
terapia psicológica es ayudar a las mujeres a aprender cómo sobrellevar los cambios
físicos, emocionales y de estilo de vida relacionados con el cáncer así como los
tratamientos médicos que pueden ser dolorosos y traumáticos. Algunas mujeres pueden
enfocar el asunto en cómo explicar su enfermedad a los hijos o cómo afrontar la
respuesta de su pareja. Otras pueden concentrarse en cómo elegir el hospital o
tratamiento médico adecuados. Para otras, el enfoque puede ser cómo controlar el estrés,
la ansiedad o la depresión.
Según la APA (2007), al enseñar a las pacientes estrategias para la resolución de
problemas en un entorno de apoyo, los psicólogos pueden ayudar a las mujeres a lidiar
con su dolor, miedo y otras emociones. Para muchas mujeres, esta crisis potencialmente
mortal, al final puede resultar en una oportunidad de crecimiento personal que mejora la
vida.
Por otro lado, la necesidad de tratamiento psicológico puede no terminar cuando finaliza
el tratamiento médico. De hecho, la recuperación emocional puede llevar más tiempo
que la recuperación física y es a veces menos predecible. Si bien, la presión social para
volver a la normalidad es intensa, las sobrevivientes del cáncer de mama necesitan
tiempo para crear una nueva imagen de sí mismas que incorpore la experiencia vivida y
sus cambios corporales. Los psicólogos pueden ayudar a las mujeres a lograr ese
19
objetivo y a aprender a sobrellevar problemas como el temor a la reaparición de la
enfermedad y la impaciencia respecto a problemas más mundanos (APA, 2007).
2.6.2. Terapias empíricamente validadas.
Los estudios de eficacia respecto al cáncer han aportado evidencia de los beneficios de
la terapia psicológica, tanto individual como grupal, para tratar síntomas asociados a esta
enfermedad. Por ejemplo, existe evidencia sobre la influencia de la intervención grupal
en el mejoramiento de la calidad de vida y en la longitud de vida en pacientes con cáncer
de mama (Spiegel et al., 1989, citados en Cruces et al., 2003). Además, Spiegel (1994,
citado en Tamblay & Bañados, 2004) ha informado que las diversas psicoterapias
reducen la ansiedad y la depresión, mejoran el afrontamiento, aumentan la supervivencia
y reducen costes innecesarios (consultas, pruebas e ingresos hospitalarios).
Por ejemplo, dos estudios sobre intervención individual y grupal utilizando técnicas de
Alba Emoting (Astudillo & Calbacho, 2004) o en combinación con Focusing (Cruces et
al., 2003) realizados en el Hospital Higueras de Talcahuano, Chile, demostraron su
efectividad en el mejoramiento de la calidad de vida en este tipo de pacientes; llamativo
en ambos estudios es que no se encontraron diferencias significativas en la calidad de
vida post-intervención psicológica entre pacientes que habían recibido cirugía
conservadora y radical (mastectomía), excepto en el área de autoestima.
Además de estos estudios, se han realizado muchos otros que han permitido validar
empíricamente métodos y técnicas cognitivo-conductuales. Por ejemplo, Gurevich,
Devins y Rodin (2002) hicieron una revisión exhaustiva de las investigaciones que
relacionan al cáncer con el TEPT, señalando que las intervenciones que han probado su
20
eficacia para este trastorno son cognitivo-conductuales, entre ellas la terapia de
exposición, y la desensibilización y reprocesamiento mediante movimiento ocular
(EMDR, por sus siglas en inglés). Otro autor, Kazak (2005), también reseña estudios que
demuestran la eficacia de este modelo en el tratamiento de síntomas psicológicos
asociados al cáncer infantil, incluyendo el TEPT. Estudios más recientes han evaluado
los efectos de intervenciones individuales y grupales basados en técnicas cognitivo-
conductuales (entrenamiento en relajación, imaginación guiada, asignación de tareas,
entrenamiento en auto-instrucciones, inoculación de estrés, parada de pensamiento, etc.)
en distintas variables psicológicas en pacientes con cáncer de mama, las que lograron
reducir significativamente la ansiedad-estado tras la intervención (Pocino et al., 2007), y
mejorar el estado emocional y la calidad de vida (Bellver, 2007).
Font y Rodriguez (2007) revisaron varios estudios a fin de determinar la eficacia de las
intervenciones psicológicas individuales y grupales en pacientes con cáncer de mama. Si
bien los autores no hacen mención, en la mayoría de los estudios reseñados, del número
de sesiones de cada intervención, de la duración temporal de las terapias o de los
instrumentos de evaluación utilizados para medir las variables, sí entregan datos de los
procedimientos empleados y los resultados obtenidos. El detalle de estos estudios se
muestra en el cuadro 1.
21
Cuadro 1: Intervenciones psicológicas individuales y grupales en pacientes con cáncer
de mama (modificado de Font & Rodriguez, 2007).
22
2.6.3. Prevención de TEPT
Sin embargo, los modelos empíricamente validados señalados en el apartado anterior se
orientan al tratamiento de estos síntomas, más que a la prevención de los mismos y,
como ya se ha señalado, urge una intervención desde el mismo momento del diagnóstico
para prevenir la ocurrencia de distintos problemas psicológicos o malestares físicos en la
medida que el tiempo avanza.
A pesar de la relevancia, las investigaciones acerca de la intervención temprana para la
prevención de TEPT en personas sometidas a experiencias traumáticas de cualquier
género han entregado conclusiones controvertidas. Una de las técnicas que más se ha
estudiado al respecto es el llamado “debriefing” que es una intervención de una sola
sesión, dirigida por un especialista, y que se ha utilizado ampliamente por más de 25
años para ayudar a las personas a afrontar este tipo de sucesos. El debriefing es una
intervención psicosocial consistente en proporcionar al paciente un espacio catártico
para que desahogue sus penas y no las reprima (Vera, 2005). Sin embargo, un
23
metaanálisis de van Emmerik, Kamphuis, Hulsbosch y Emmelkamp (2002) que evaluó
siete estudios de similar diseño, que incluían a un total de 262 supervivientes entre los
18 y los 35 años, no encontró diferencias significativas entre quienes recibieron apoyo
de debriefing y quienes no lo recibieron (ver Tabla 1). En otro metaanálisis, Aulagnier,
Verger y Rouillon (2004) analizaron ocho estudios realizados para evaluar la eficacia del
debriefing en hombres adultos, en los que se utilizaron grupos de control y cuyos grupos
superaban las 20 personas. Como resultado obtuvieron que 4 estudios no mostraron
ningún efecto, 3 mostraron un efecto negativo y sólo 1 mostró efectos positivo sobre la
depresión, síntomas ansiosos y consumo de alcohol. Concluyen que el debriefing
implica una reexposición al recuerdo del trauma, que puede interferir con el curso
natural de la recuperación. Sugieren además que el debriefing puede retrasar el
diagnóstico y la intervención temprana en el TEPT. En un estudio más reciente, 236
hombres adultos sobrevivientes de un evento traumático fueron sometidos a debriefing
educacional y emocional frente a un grupo control sin tratamiento. A las dos semanas de
la intervención, no se observaron diferencias significativas entre los grupos, pero a las 6
semanas los participantes del debriefing emocional presentaban significativamente más
síntomas postraumáticos que el grupo control, por lo que también concluyen que este
tipo de intervención no es efectiva para la prevención del TEPT (Sijbrandij, Olff,
Reitsma, Carlier & Gersons, 2006).
24
25
Ante estas evidencias, James Pennebaker, principal investigador de la expresión
emocional como agente terapéutico, afirma que es necesario revisar técnicas como el
debriefing que presionan al individuo a hablar acerca de sus emociones en un contexto
grupal (Vera, 2005). Al parecer el debriefing provocar un efecto de sensibilización, de
mantenimiento de la memoria emocional negativa (Martínez-Sánchez, Páez, Pennebaker
y Rimé, 2001, citados en Vera).
En otro tipo de intervenciones, Cianis y Vassallo (2004) evaluaron una intervención
temprana de contención psicológica a 54 empleados de estaciones de servicio
(gasolineras) de la República Argentina que habían estado sometidos a eventos
potencialmente traumáticos, tales como asaltos, robos y violaciones, observando que
ninguno de los participantes desarrolló posteriormente un TEPT, tras lo cual concluyen
que implementar una red de asistencia psicológica de respuesta inmediata tras un
acontecimiento de carácter traumático, resulta beneficioso para los afectados. Sin
embargo, el estudio citado no contó con un grupo de control para comparar los
resultados y extraer conclusiones más rigurosas, y no describe la naturaleza exacta de la
intervención evaluada.
Por su parte, Holmes et al. (2007) realizaron un estudio sobre la utilidad de la consejería
psicológica interpersonal (interpersonal counselling) para la prevención de
consecuencias psicológicas, entre ellas el TEPT, en 117 pacientes que habían sufrido un
trauma físico importante y que fueron elegidos aleatoriamente para este estudio. Tras
seis meses de intervención, sólo 58 de los participantes se mantenían en el programa,
quienes no mostraron diferencias significativas con el grupo control en TEPT. Además
26
de concluir que este tipo de intervenciones no era eficaz, los autores advierten sobre la
dificultad de realizar intervenciones preventivas que requieren muchas sesiones.
De acuerdo a esto, si bien no existe evidencia categórica sobre los efectos preventivos de
algunas intervenciones psicológicas sobre el TEPT en diversos tipos de población
expuesta a sucesos traumáticos, existen otras investigaciones que han abordado este
tema y que resaltan la importancia de la expresión emocional y el apoyo social de
manera específica en la prevención del TEPT en pacientes con cáncer. Por otro lado, la
terapia narrativa desarrollada principalmente por White y Epston (1993) ha sido aplicada
para la prevención del TEPT en esta misma población. A continuación se revisaran
algunos de estos últimos estudios mencionados.
[Link]. Expresión emocional
En tal sentido, distintas investigaciones guiadas por Pennebaker o realizadas siguiendo
sus postulados, han demostrado que la expresión emocional de los significados
asociados al trauma previene a largo plazo problemas en la salud y genera un aumento
en el funcionamiento del sistema inmunológico, entre otras consecuencias (Owen et al.,
2006; Pennebaker, 1997; Pennebaker, Kiecolt-Glaser & Glaser, 1988; Pennebaker &
Seagal, 1999; Petrie, Booth & Pennebaker, 1998).
Cabrera (2006), a partir de un análisis de las investigaciones de Pennebaker, concluye
que en el ejercicio básico de escritura la persona debe escribir durante unos veinte
minutos cada día durante cuatro días sobre una experiencia traumática. Debe escribir de
forma continuada sin tener en cuenta las reglas gramaticales o sintácticas y pensar que lo
27
escrito es absolutamente personal y que no debe compartirlo con nadie. El primer día se
le indica que escriba sobre sus pensamientos y sentimientos más íntimos sobre el
trauma. En el segundo día se dan instrucciones parecidas pero pidiendo profundizar más
en los más íntimos sentimientos y pensamientos revisando el efecto que ha tenido en las
distintas áreas de la vida. El tercer día de escritura se hace hincapié en la necesidad de
explorar desde diferentes perspectivas y puntos de vista los acontecimientos. Por último,
en el cuarto día se pide a la persona que reflexione sobre lo escrito en los últimos días
valorando si hay asuntos no confrontados, si ha aprendido, perdido y ganado algo como
resultado de la experiencia traumática. Este día de escritura termina sugiriendo a la
persona construir una historia que permita dar sentido a todos los aspectos relacionados
con el trauma. Como resultado del ejercicio, los participantes mostraron mejoras en la
salud física: visitaron menos al médico, mejoró la función inmunológica, redujo la
presión sanguínea y el ritmo cardiaco, en comparación con los participantes del grupo
control (Pennebaker, 1990, 1995 & 2004, citados en Cabrera). Además, mejoraron su
salud psicológica: si bien perciben al principio malestar y tristeza, a largo plazo los
síntomas depresivos, la rumiación y la ansiedad general se reducen (Pennebaker, 1990 &
2004, citados en Cabrera). La metodología común utilizada en los estudios
mencionados consiste en medir previamente los respectivos niveles de funcionamiento
fisiológico y psicológico en estudiantes voluntarios, y luego asignarlos aleatoriamente a
los grupos experimental y control. Los participantes del grupo experimental debían
realizar el ejercicio de escritura emocional anteriormente descrito. A los participantes del
grupo control, en cambio, se les pedía que escribieran sobre asuntos comunes, por
ejemplo, describir sus actividades durante el día, el acontecimiento social más reciente al
28
cual asistieron, los zapatos que usaban o sus planes para el resto del día. Las variables
medidas previamente eran reevaluadas tras los cuatro días de escritura y seis meses
después (Pennebaker et al, 1988).
Por otra parte, Cabrera (2006) señala que algunas formas de escribir parecen mostrar
mejores efectos en la salud que otras. Por ejemplo, es importante identificar y etiquetar
adecuadamente las emociones negativas y positivas, construir una historia coherente y
significativa de los hechos traumáticos, poder narrar la experiencia desde diversas
perspectivas (por ejemplo, hacer cambios en los pronombre yo, mí, mío, por los
pronombre él, ellos, suyos). Cabrera, a partir de su revisión de los trabajos de
Pennebaker, concluye que, al parecer, las personas que más se benefician de los
ejercicios de escritura son aquellos que han vivido una situación traumática y tienen
dificultades para confrontar los hechos con otras personas y por ello mantienen en
secreto sus dificultades.
En un ejemplo de lo anterior, Laccetti (2007) estudió los efectos de la escritura
emocional en 68 pacientes con cáncer de mama metastásico, encontrando que las
participantes que en sus ejercicios de escritura utilizaban palabras que comunicaban
afectos positivos presentaban una mejor calidad de vida tres meses después que quienes
en sus ejercicios de escritura utilizaban palabras que representaban afectos negativos.
Tras este estudio, Laccetti concluye que la escritura emocional positiva es un recurso útil
para que los pacientes con cáncer puedan integrar esta experiencia en sus vidas.
29
[Link]. Apoyo social
El apoyo social se puede concebir como el sentimiento de ser apreciado y valorado por
otras personas y de pertenecer a una red social (Barra, 2004), y parece influir
positivamente en una mejor calidad de vida, baja morbilidad psicológica y mayor
sobrevida. Su importancia ha sido demostrada por diversos estudios que indican, por
ejemplo, que la falta de apoyo social es un factor de riesgo para la aparición del TEPT
(Brewin, Andrews & Valentine, 2000) o que resulta un mejor predictor que los
indicadores físicos de la enfermedad para la aparición de trastornos ansiosos y
depresivos en mujeres con cáncer ovárico (Hipkins, Whitworth, Tarrier & Jayson, 2004).
El apoyo social, de acuerdo a Durá y Hernández (2003) y Barra (2004), se diferencia en
emocional, informativo e instrumental. El apoyo emocional se relaciona a aspectos
como el confort, el cuidado y la intimidad; implica mantener relaciones afectivas y
cercanas que posibiliten hablar abiertamente de cualquier tema que preocupe, que
permitan desahogarse en un clima de apoyo y comprensión, y sentirse valioso como
persona. El apoyo informativo implica recibir consejo y orientación; se concreta en
aspectos como obtener información sobre la enfermedad que se ha padecido
(tratamientos, consecuencias, posibilidades de curación) con el objetivo de entenderla
mejor y comprender que los síntomas y sensaciones que se experimentan son normales,
así como solucionar problemas concretos derivados de ella. El apoyo instrumental se ha
definido como la prestación de ayuda material directa o de servicios; en el caso de las
mujeres mastectomizadas, este apoyo se concreta en la ayuda directa que reciben para la
30
realización de las tareas domésticas, en la prestación económica, de ropa, comida y
movilización, y en el acompañamiento a las visitas al médico.
Las principales fuentes de apoyo social son la familia, los amigos, la pareja, el personal
médico y el grupo de pares. Barra et al. (2008) concluyen en su estudio cualitativo sobre
la vivencia de las mujeres con cáncer de mama, que el apoyo social otorgado por
amigos, familiares o personas que han pasado por situaciones similares, fue fundamental
en el proceso de afrontamiento de esta enfermedad.
De las fuentes de apoyo social, la familia continúa siendo el principal apoyo natural con
que cuentan las mujeres mastectomizadas a la hora de hacer frente a la problemática
derivada de su enfermedad (Durá & Hernández, 2003). Como ejemplo de esto, Barra et
al. (2008) citan en su estudio el siguiente comentario de una paciente afectada por cáncer
de mama:
“Antes no estaba ni ahí conmigo, yo iba a trabajar, no me pintaba, no me
arreglaba, andaba como cualquiera no más, entonces mi hija me dice, no
po` mami, tu eres joven, arréglate, ponte esta ropa, ella me dice que
ponerme; por ejemplo ahora me miro al espejo” (p. 65).
Carrasco y Cea (2007) a su vez han encontrado una importante relación entre apoyo
familiar, calidad de vida y adaptación psicológica a la enfermedad de cáncer de mama.
Luszczynska, Mohamed y Schwarzer (2005) al estudiar, entre otros factores, la
influencia a largo plazo del apoyo social recibido en pacientes con cáncer, descubrieron
que éste influyó en un mejoramiento de las relaciones familiares. Arora, Finney,
31
Gustafson, Moser y Hawkins (2007), a su vez, señalan la importancia del apoyo social
emocional e informativo por parte de familia, amigos y personal médico para la calidad
de vida en estos pacientes.
Han et al. (2005) afirman que los problemas de interacción con médicos y enfermeras
fueron asociados con mayores niveles de estrés traumático relacionado con el cáncer y
menor satisfacción con el apoyo social informativo por parte de la familia, amigos y
esposo; además, las mujeres menos satisfechas con el apoyo social emocional de su
familia, amigos y esposo tenían menos probabilidad de sentirse satisfechas con sus
médicos.
Respecto al apoyo de la pareja, Tamblay y Bañados (2004) señalan que ésta juega un rol
crucial por su alta capacidad de influenciar el nivel de estrés, ajuste a la enfermedad y
calidad de vida de la paciente, aunque al parecer con un alto costo psicológico para ellos
lo que parece deberse al género y a la percepción de llegar al límite de la capacidad de
ofrecer apoyo. Un ejemplo de la relevancia del apoyo social otorgado por la pareja es el
siguiente comentario de una paciente con cáncer de mama:
“Siempre he tenido valía, siempre me he visto igual. Y yo creo que es por el
apoyo de mi marido que fue fundamental, creo que si alguna vez me hubiera
visto de manera distinta o él me hubiera mirado de otra forma, yo creo que ahí
me habría sentido súper mal” (Barra et al., 2008, p. 65).
Finalmente, Durá y Hernández (2003) señalan la relevancia del apoyo social otorgado
por el grupo de pares, a través de grupos de auto-ayuda, para hacer frente a las secuelas
32
psicológicas y sociales derivadas del cáncer, incluso otorgando mayor apoyo emocional
e informativo que la propia familia y amigos.
Respecto a la influencia del apoyo social en la presencia o ausencia de TEPT en
pacientes con cáncer de mama, Andrykowsky y Cordova (1998, citados en Guay,
Billette & Marchand, 2006) encontraron al estudiar a mujeres supervivientes de cáncer
de mama que un pobre apoyo social percibido se relaciona con el desarrollo de TEPT.
Al parecer el apoyo social modera la asociación positiva entre los pensamientos
intrusivos y la evitación, y la presencia de angustia psicológica y reacciones psicológicas
postraumáticas en pacientes con cáncer (Devine, Parker, Fouladi & Cohen, 2003). Por
su parte, Lewis et al. (2001) encontraron que en mujeres con altos niveles de apoyo
social, los pensamientos intrusivos relacionados con el cáncer no tuvieron relación
significativa con calidad de vida, a diferencia de las mujeres con niveles bajos de apoyo
social en las que la relación entre los pensamientos intrusivos y la calidad de vida fue
significativa y negativa.
Además de las evidencias señaladas anteriormente, al parecer la importancia del apoyo
social va más allá de mejorar la calidad de vida y prevenir morbilidad psicológica.
Spiegel et al. (1989, citados en Tamblay & Bañados, 2004) demostraron además su
positiva influencia en la sobreviva en mujeres con cáncer de mama. Gracia (1998,
citado en Astudillo & Calbacho, 2004) cita trabajos en los que la aplicación de
tratamiento psicológico para potenciar los vínculos de apoyo social, incrementaba
notablemente el tiempo de supervivencia en mujeres con cáncer de mama metastático.
En un estudio más reciente, Kroenke, Kubsansky, Schernhammer, Holmes y Kawachi
33
(2006) encontraron que las mujeres aisladas socialmente presentaban mayor riesgo de
mortalidad tras el diagnóstico de cáncer de mama, resaltando la positiva influencia de
los parientes y amigos para la sobrevida. Levy (1991, citado en Tamblay & Bañados)
explica estos resultados señalando que cuando el apoyo social es adecuado, estimula y
refuerza en la persona sus estrategias de enfrentamiento al estrés, lo que a su vez
refuerza su autoestima. Este autor deja abierta la posibilidad de que el apoyo social actúe
también directamente sobre la enfermedad a través de otros mecanismos biológicos,
influyendo, por ejemplo, en el nivel de actividad de las células destructivas naturales
presentes en el cáncer de mama (Levy et al., 1990). Haber et al. (1996, citados en Cruces
et al., 2003) señalan que en los estadios I y II del cáncer de mama, la existencia de apoyo
por parte del marido, las personas allegadas y los cuidados médicos de la enferma, hace
predecible un alto nivel de actividad de las células destructivas naturales. Estos
hallazgos sugieren que la conexión entre el apoyo social y el estado de salud puede estar
mediatizada por determinados tipos de células T.
Debido a toda esta evidencia, la APA (2007) afirma que una intervención psicológica
apropiada debiese ayudar también a los cónyuges de las pacientes afectadas, pues de
ellos se espera que brinden apoyo emocional e instrumental, al mismo tiempo que les
permitiría afrontar sus propios sentimientos. Los niños, padres y amigos involucrados en
el apoyo de la paciente también pueden beneficiarse con las intervenciones psicológicas.
[Link]. Modelo narrativo
Ante la relevancia de la expresión emocional y del apoyo social, el modelo de
intervención narrativo, cuyo desarrollo se ha visto también influido por las
34
investigaciones de Pennebaker (Galarce, 2003; Tarragona, 2003), podría ser un modelo
útil para prevenir síntomas del TEPT en pacientes oncológicos. Sin embargo, la relativa
juventud de este enfoque ha proporcionado menos evidencias acerca de sus resultados.
Dentro de éstas, destacan la revisión de O´Kearney y Perrott (2006) quienes analizan 19
estudios que describían las narrativas del trauma en personas con diagnóstico o
sintomatología TEPT. Kaminer (2006), a su vez, hace una revisión de otros estudios que
se centran en la influencia de la narración del trauma en la recuperación del TEPT,
enfocándose en determinar cuáles son los procesos psicológicos implicados en cada uno
de ellos. Al respecto, propone seis procesos: catarsis emocional, creación de una
representación lingüística, habituación a la ansiedad, testificación empática de la
injusticia, desarrollo de un relato explicativo, e identificación del propósito y valor de la
adversidad. Kaminer plantea que el enfoque narrativo de White y Epston se ubicaría
dentro de este último proceso mencionado.
Si bien la exposición a sucesos traumáticos puede generar TEPT, no todas las personas
desarrollan este síndrome. La diferencia, según Norman (2000) sería “que algunas
personas son hábiles en encontrar significado para sus experiencias horrorosas” (p. 305).
Si bien el intento de dar un sentido a experiencias negativas ha sido patrimonio
tradicional de la religión y de la filosofía, a fines del siglo veinte comienzan a
consolidarse dentro de la psicología algunas escuelas que han destacado la capacidad de
algunos supervivientes para encontrar un significado y un propósito a su experiencia
traumática, utilizando el trauma como una oportunidad de reevaluar sus vidas en una
forma más positiva. Entre estas escuelas, Kaminer (2006) destaca a la reciente
35
psicología positiva, escuela que incorpora constructos como el de resiliencia, cualidad
que presentan algunas personas para sobreponerse a la adversidad, ya sean condiciones
de vida difíciles o acontecimientos traumáticos. El otro modelo que destaca Kaminer es
el narrativo de White y Epston, el cual afirma que las experiencias adversas son también
historias de resiliencia y supervivencia y que estos aspectos pueden ser ampliados y
enriquecidos a través del proceso terapéutico.
El enfoque narrativo de White y Epston (Epston, 1994; White, 2002a, 2002b; White &
Epston, 1993) se basa en el supuesto de que las narrativas no representan la identidad y
los problemas de la personas; más bien las narrativas son la identidad y los problemas.
Al respecto, Carr (1998) señala que los problemas humanos aparecen y se mantienen
gracias a las historias opresivas que dominan la vida de las personas. Pero estos relatos
no sólo determinan el significado atribuido a sus vivencias, sino que también determinan
qué aspectos de la experiencia vivida seleccionan para asignarles un significado. Para
Ponciano y Morales (2007), la abstracción del pensamiento narrativo surge de las
imágenes y no sigue una lógica lineal; funciona por analogías, por semejanzas. Las
imágenes se juntan una con la otra y se ponen en secuencias por semejanzas de
contenido, por similitud de “tonalidades emotivas”.
El objetivo de la terapia narrativa es ayudar al cliente a reescribir su vida, incorporando
a su relato pedazos de la historia que han sido marginados de la experiencia,
acontecimientos que constituyen excepciones a la narrativa actual; entonces la persona
será capaz de dar un nuevo significado a su vida pasada y proyectar un futuro menos
opresivo que el que manifiesta en la actualidad. Además, este enfoque señala que los
36
nuevos significados cobran mayor valor en cuanto son transmitidos y compartidos con la
red social (familia, amigos) que rodea y sostiene al paciente, propiciando, por lo tanto,
diversas instancias en donde es posible establecer esta conexión, ya sea en forma
simbólica (cartas terapéuticas) o en forma directa (foros, talleres, encuentros familiares).
Todos los elementos mencionados se encuentran implícitos en una propuesta de Petersen
et al. (2005), en la cual se sugiere un abordaje narrativo para prevenir síntomas de TEPT
en pacientes que han sobrevivido al cáncer. Los autores proponen una intervención
grupal, basada tanto en los postulados teóricos del enfoque narrativo como en datos
obtenidos por experiencias terapéuticas anteriores e investigaciones dentro de la misma
área.
Una enfermedad traumática como el cáncer, según Petersen et al. (2005), amenaza el
sentido de cohesión del pasado, presente y futuro del paciente, lo que se puede advertir
al escuchar el relato de su experiencia. Esta afirmación es consistente con los
planteamientos generales acerca de las creencias básicas que se rompen como resultado
de experiencias traumáticas, las cuales destacan cómo estas experiencias influyen en las
creencias básicas acerca de la propia invulnerabilidad, la creencia de que la vida tiene un
sentido y la creencia de que los sucesos son todos ordenados, predecibles y controlables
(Sassón, 2004).
El enfoque narrativo se basa en el principio de que las personas categorizan sus
experiencias a través del lenguaje. Sin embargo, al momento de narrar la experiencia,
ciertas partes quedan fuera porque son menos atendidas que otras. Sin embargo, cuando
37
logran recordar éstas partes, las personas son capaces de formular una historia más
completa de su experiencia. Si se anima a los pacientes a atender a las partes marginadas
de sus experiencias, pueden crear historias íntegras y atribuir nuevos significados.
Consistente con esta afirmación, la teoría de la representación dual del TEPT de Brewin
(1989, 2001, citados en Rincón, 2003) podría explicar como la re-narración permitiría el
paso de los contenidos almacenados en la memoria situacionalmente accesible a la
verbalmente accesible, proceso clave para la recuperación de cualquier víctima que haya
desarrollado TEPT.
En otras palabras, la terapia narrativa invita a los pacientes con cáncer a involucrarse en
una revaloración, construir nuevos significados e integrarlos en su experiencia.
La revaloración es un importante componente del ajuste, influenciando la calidad e
intensidad de las respuestas emocionales, etiquetando el evento y orientando la selección
de estrategias para actuar y afrontar el evento. Aquellos que logran una revaloración
positiva no sólo tienen una mejor probabilidad de recuperación, sino también son
capaces de utilizar su experiencia para mejorar sus vidas. Éstas son las personas que
dicen cosas como “fue la peor cosa que me ha ocurrido, y en un cierta forma, lo mejor
que me ha pasado”.
Por otro lado, al igual que con cualquier acontecimiento traumático, hay una fuerte
necesidad de asignar significado y los estudios de Pennebaker han demostrado que
aquellos capaces de hacerlo demuestran beneficios a largo plazo en su salud y un
aumento en el funcionamiento del sistema inmunológico. Construir significado es una
38
actividad creativa; por consiguiente, una intervención debe proveer un mecanismo para
evocar y dirigir este importante recurso interno hacia la resolución del trauma.
La terapia narrativa también puede ayudar en la expresión emocional. De este modo, es
una modalidad ideal de intervención para promover la integración de la experiencia,
proporcionando un sentido de continuidad y coherencia de la propia vida.
En conclusión, parece ser que el enfoque narrativo es un modelo adecuado para prevenir
o reducir los síntomas de TEPT asociados al cáncer, capaz de complementar otras
intervenciones de probada eficacia como son la terapia de exposición y la EMDR,
orientadas estas últimas al tratamiento no a la prevención y que, según los autores del
artículo reseñado, requieren el reconocimiento de los pacientes de que están sufriendo
síntomas de ansiedad, lo que al parecer no siempre ocurre. Sin embargo, para una mejor
valoración de la terapia narrativa se hace necesario realizar estudios para evaluar su
eficacia, con el fin de diseñar programas terapéuticos individuales y grupales
susceptibles de ser replicados y que mejoren efectivamente la calidad de vida de los
pacientes supervivientes del cáncer.
2.6.4. Intervenciones grupales.
La opción por una intervención de tipo grupal que adopta el presente estudio recoge las
ventajas propuestas por Bellver (2007), quien señala que una terapia grupal permite
incrementar las redes de apoyo social a través del apoyo recibido por parte de mujeres
que se encuentran en una situación similar (grupo de iguales) y cuya relevancia ya ha
sido estudiada por Durá y Hernández (2003); además, permite mejorar la autoestima de
39
las participantes gracias a que ofrece la posibilidad de prestar ayuda a otras semejantes
además de permitir el aprendizaje de actitudes adaptativas entre ellas; y finalmente,
permite atender a un número mayor de pacientes con un menor costo, en comparación
con la terapia individual. Así mismo, la APA (2007) sostiene que si bien las sesiones
psicoterapéuticas individuales ayudan a la comprensión y modificación de los patrones
de pensamiento y de conducta, el tratamiento psicológico grupal con otras personas que
tienen cáncer de mama, les da a las mujeres la posibilidad de brindar y recibir apoyo
emocional, y aprender de las experiencias de las demás. La APA recomienda que, para
ser más eficaz, los grupos deben estar conformados por mujeres que están en etapas
similares de la enfermedad, y estar guiados por psicólogos u otros profesionales de la
salud mental con experiencia en el tratamiento del cáncer de mama.
Al respecto, Narváez, Rubiños, Cortés-Funés, Gómez y García (2008) señalan, al
finalizar su estudio sobre la eficacia de un taller grupal cognitivo-conductual para tratar
distintas variables psicológicas en pacientes con cáncer de mama, que la intervención
grupal se muestra eficaz para el tratamiento de la autoestima, la mejora del estado de
ánimo y la sintomatología ansiosa, tras la experiencia de un cáncer de mama. Agregan
que los beneficios de la intervención grupal, como pueden ser la oportunidad de
desahogo en grupo, la cohesión que muestran ya tras la primera sesión y el sentirse
comprendidas por otras mujeres que han pasado por el mismo proceso, pueden haber
contribuido, además del programa de intervención, en la mejora de las puntuaciones
medidas, por lo que proponen privilegiar la utilización de este formato.
40
Font y Rodríguez (2007) hacen una revisión de 29 estudios en los que se utilizó una
intervención psicoterapéutica grupal en mujeres que padecían de cáncer de mama. Las
intervenciones eran cognitivo-conductuales, de expresión emocional, psicoeducativas,
experiencial-existencial y de autohipnosis, y todas ellas resultaron efectivas para, por
ejemplo, mejorar la calidad de vida, mejorar el estado emocional, disminuir la depresión,
mejorar la autoestima y reducir la ansiedad, entre otras. Font y Rodríguez concluyen que
se dispone de suficientes intervenciones grupales con un protocolo claramente
estructurado como para reconocer sus efectos positivos y significativos en la mejora de
variables psicológicas como la depresión, el miedo y la calidad de vida general. Estos
efectos se observan al finalizar la terapia y se mantienen al menos a medio plazo (seis
meses).
Por último, Font y Rodríguez (2007) señalan, como posibles efectos beneficiosos de la
terapia de grupo, el apoyo social (sensación de estar unido a otra personas y poder
compartir experiencias similares), el incremento de la esperanza ante el testimonio de
vida y lucha de otros, el incremento de la asertividad y la auto-eficacia (aprendizaje
vicario), la posibilidad de mejorar la comunicación con los demás, dentro y fuera del
grupo, la posibilidad de trabajar objetivos comunes y específicos, en relación con la
enfermedad (sexualidad, problemas de ansiedad, miedo a la recaída, etc.), o el aumentar
la participación social y comunitaria utilizando un mayor número de recursos de apoyo.
41
3. PROBLEMA DE INVESTIGACIÓN
3.1. PREGUNTA DE INVESTIGACIÓN
¿Representa el modelo de intervención narrativo un enfoque efectivo para prevenir
síntomas de estrés postraumático en mujeres diagnosticadas con cáncer de mama?
3.2. OBJETIVO GENERAL
Evaluar un programa grupal basado en los postulados narrativos para la prevención de
síntomas de estrés postraumático en mujeres diagnosticadas con cáncer de mama.
3.3. OBJETIVOS ESPECÍFICOS
1. Elaborar un programa de intervención grupal, breve y eficaz, basado en un modelo
narrativo, para prevenir síntomas de estrés postraumático en mujeres que han sido
diagnosticadas con cáncer de mama.
2. Evaluar la eficacia del programa de intervención grupal en la prevención de síntomas
de estrés postraumático en mujeres que han sido diagnosticadas con cáncer de mama, así
como en otras manifestaciones asociadas al diagnóstico de cáncer: depresión, baja
autoestima y reporte de síntomas físicos, a corto y mediano plazo.
3.4. HIPÓTESIS
Si el programa grupal es más eficaz que no participar en el programa, entonces:
42
H1: Habrá un grado significativamente menor de síntomas del TEPT, en las
participantes asignadas a la condición experimental que en las asignadas al grupo
control.
H2: Habrá un grado significativamente menor de síntomas de depresión en las
participantes asignadas a la condición experimental que en las asignadas al grupo
control.
H3: Habrá una mejoría significativa del nivel de autoestima de las participantes
asignadas a la condición experimental que de las asignadas al grupo control.
H4: Habrá un grado significativamente menor en el reporte de síntomas físicos en las
participantes asignadas a la condición experimental que en las asignadas al grupo
control.
H5: Los puntajes obtenidos por el grupo experimental en el postest, en cada una de las
variables dependientes, se mantendrán tres meses después, en el seguimiento.
43
4. MÉTODO
4.1. DISEÑO
Para esta investigación se utilizó un diseño cuasi experimental de grupos no
equivalentes, con medidas repetidas en que sólo en el grupo experimental habrá
evaluaciones de seguimiento.
4.2. VARIABLE INDEPENDIENTE
La variable independiente es la intervención psicológica, es decir, el programa grupal
narrativo aplicado a mujeres diagnosticadas con cáncer de mama.
4.3. VARIABLE DEPENDIENTE
4.3.1. Resultado de la intervención psicológica
Operacionalmente se midió a través de un índice clínico: Variable cuantitativa medida a
través de la Escala de Impacto de Eventos–Revisada, al iniciar la intervención, al
terminar la misma y en el seguimiento.
4.3.2. Sintomatología concomitante
Para medir estas variables se emplearon:
1. Inventario de Depresión de Beck (BDI).
2. Escala de Autoestima de Rosenberg.
3. Inventario de Síntomas Somáticos de Pennebaker.
44
4.4. VARIABLES EXTRAÑAS O CONTAMINADORAS
4.4.1. Asignación de las participantes a los grupos experimentales
El método de selección consideraba un criterio temporal: del total de mujeres evaluadas
en el pretest, la primera mitad en ser evaluada sería incluida en el grupo experimental y
las restantes serían incluidas en el grupo control, en lista de espera, para una posterior
participación en talleres fuera del estudio. Sin embargo, la urgencia de realizar estos
talleres antes de que las pacientes fueran sometidas a quimioterapia, impidió el
cumplimiento del criterio temporal, optándose por formar los grupos con las primeras
pacientes que se encontraran disponibles de inmediato para participar del taller, en
cambio, aquellas que tenían dificultades para incorporarse de inmediato fueron
consideradas grupo control de lista de espera para una posterior participación en talleres
fuera del estudio.
4.4.2. Evaluadores y Terapeutas
En el caso de las evaluaciones pretest, postest y seguimiento se contó con un equipo de
personas, todos alumnos de psicología de cuarto y quinto año de la Universidad San
Sebastián, quienes fueron capacitados previamente para la aplicación de los
instrumentos por el investigador. En el caso de los talleres, se controló esta variable a
través de la constancia, es decir, la intervención fue realizada por los mismos terapeutas:
el autor del presente proyecto, psicólogo clínico acreditado, y una psicóloga ayudante,
recientemente titulada.
45
4.4.3. Otras variables
Asimismo, se midieron algunas variables demográficas (edad, nivel educacional, nivel
socioeconómico, estado civil, número de hijos, edad de los hijos, etc.), ya que la
evidencia disponible señala que pueden actuar como variables extrañas. Su control se
realizó en el análisis de los resultados.
4.5. PARTICIPANTES
El total de la población femenina de la provincia de Concepción que fue diagnosticada
con cáncer de mama entre el 16 de abril de 2008 y el 31 de septiembre del año 2008 y
que fueron atendidas en los hospitales Higueras de Talcahuano y Regional Guillermo
Grant Benavente de Concepción, fue de 71 personas, 37 en el Hospital Higueras y 34 en
el Regional. De ellas, fueron descartadas del estudio: a) 10 porque ya habían iniciado la
quimioterapia, b) 8 inubicables, c) 5 por residir fuera de la provincia, d) 4 que se
negaron a participar del estudio, e) 2 por presentar recidivas (no era su primer
diagnóstico), f) 2 por presentar cáncer de mama en nivel III y IV (metástasis), g) 2 por
analfabetismo y h) 1 por sexo masculino. Por lo tanto, la muestra estuvo constituida por
37 pacientes quienes fueron sometidas a evaluación pretest, de las cuales 32 permitieron
una evaluación postest. Participaron en el programa preventivo grupal un total de 14
mujeres y 18 conformaron el grupo de control. Posteriormente, en el seguimiento al
grupo experimental, sólo fueron ubicadas 11 mujeres. De las restantes, dos se
encontraban en vacaciones fuera de la zona y una se había cambiado de domicilio, no
pudiendo ubicársele.
46
La media de edad de las participantes es de 54 años y el rango oscila entre los 33 y los
79 años. El 65,6% de las participantes tenía una educación básica completa o superior y
el mismo porcentaje tenía ingresos per capita en su hogar de $100.000 ó menos.
Respecto al estado civil, el 56,3% era casada, el 15,6% soltera, el 12,5% viuda y el
15,6% separada o divorciada. Asimismo, un 97% de las participantes tenía al menos un
hijo y un 37,5% tenía al menos un hijo menor de 21 años de edad. Por otro lado, el
34,4% había recibido terapias psicológicas anteriores. En cuanta a las intervenciones
médicas para el tratamiento del cáncer a las que habían sido sometidos hasta el momento
de la primera evaluación o pretest, al 46,9% se le había practicado una cirugía
conservadora, al 25% una mastectomía, el 6,3% había iniciado la radioterapia y un
21,8% no había iniciado ningún tipo de tratamiento. Finalmente, las participantes fueron
derivadas en un 59,4% del Hospital Higueras de Talcahuano y un 40,6% del Hospital
Regional Guillermo Grant Benavente de Concepción.
Las participantes del estudio debieron cumplir con los siguientes criterios de inclusión:
1. Sexo femenino.
2. Haber sido diagnosticada con cáncer de mama en un plazo no mayor de tres meses,
antes de la evaluación pretest.
3. El cáncer de mama debe presentarse en los estadios I y II.
4. Estar recibiendo tratamiento médico en los hospitales Higueras de Talcahuano o
Regional Guillermo Grant Benavente de Concepción.
47
5. Residir en la provincia de Concepción.
6. Aceptar participar en el programa preventivo grupal y el estudio de investigación
asociado (para ambos grupos).
Por su parte, los criterios de exclusión fueron:
1. Haber iniciado un tratamiento quimioterapéutico.
2. Presentar diagnóstico de estrés postraumático.
3. Haber iniciado o concluido una terapia individual o grupal referida a esta
problemática.
4. Presentar un problema cognitivo que impida el procesamiento de la información.
5. Presentar analfabetismo.
4.6. INSTRUMENTOS
4.6.1. Escala de Impacto de Evento – Revisada (IEE-R) (Ver Anexo 1).
Se utilizó para medir el estrés postraumático. Es un instrumento creado por Horowitz,
Wilner y Álvarez (1979, citado en Caamaño, Fuentes, Sepúlveda & Valenzuela, 2006) y
que originalmente medía los criterios de intrusión y evitación. Posteriormente, fue
revisada por Weiss y Marmar (1997, citados en Caamaño et al.) quienes agregaron el
criterio de hiperactivación. Fue validado para Chile por Caamaño et al., quienes
utilizaron para ello una muestra de 278 personas: 47 afectados por la pérdida traumática
de un hijo mientras hacían el servicio militar (estrésor de alta intensidad), 23 afectados
48
por inundaciones (estrésor de mediana intensidad), 33 miembros de fuerzas armadas y
carabineros y 175 trabajadores de empresas de la región del Bío-Bío (estrésor de baja
intensidad), obteniendo el instrumento un alfa de Cronbach de 0,98 como medida de
confiabilidad. Para medir la capacidad discriminativa de cada ítem, se utilizó el
coeficiente de correlación producto-momento de Pearson obteniendo una media de 0,81.
En la presente investigación, el valor obtenido por el coeficiente alfa de Cronbach fue de
0,89 en el pretest, 0,92 en el postest y 0,76 en el seguimiento, todos estos resultados
indican un nivel de confiabilidad satisfactoria. La escala está diseñada para realizar una
evaluación del estatus sintomático durante los siete días previos a ésta, de los síntomas
del TEPT resultantes de la exposición a un estresor traumático. Consta de 22 ítems
divididos en tres subescalas (8 para reexperimentación, 8 para evitación y 7 para
hiperactivación). Las alternativas de respuestas corresponden a una escala Likert que
van desde Nada = 0; Un poco = 1; Moderadamente = 2; Bastante = 3; y
Extremadamente = 4. Para el propósito del presente estudio, se han modificado los
tiempos verbales de los ítemes originales, dejándolos en tiempo presente.
4.6.2. Inventario de Depresión de Beck (BDI). (Ver Anexo 2).
Se utilizó la versión BDI-II autoaplicada de 21 ítems (Beck, Steer & Brown, 1996).
Cada ítem está compuesto por 4 alternativas, ordenadas de menor a mayor gravedad (de
0 a 3 puntos), frente a las que el sujeto debe elegir la frase que se aproxime más a cómo
se ha sentido durante la última semana. La puntuación total varía de 0 a 63. En su
versión original, este instrumento obtuvo unas correlación positiva con la Escala de
Depresión de Hamilton (r=0,71), una alta fiabilidad test-retest tras una semana de la
49
primera aplicación (r=0,93) y una alta confiabilidad interna con un alfa de Cronbach de
0,91. Para el presente estudio se utilizó la versión traducida al español por Cova,
Melipillán, Rincón y Valdivia (citados en Cova, Melipillan, Valdivia, Bravo &
Valenzuela, 2007), la que obtuvo un alfa de Cronbach de 0,91 y una alta correlación
test-retest (r=0,71) al aplicarse a una población de adolescentes chilenos (Melipillán,
Cova, Rincón y Valdivia, 2008). En esta investigación, el valor obtenido por el
coeficiente alfa de Cronbach fue de 0,90 en el pretest, 0,91 en el postest y 0,89 en el
seguimiento, todos estos resultados indican un nivel de confiabilidad satisfactoria.
4.6.3. Escala de Autoestima de Rosenberg. (Ver Anexo 3).
Tiene por objetivo evaluar el sentimiento de satisfacción que una persona tiene consigo
mismo. Consta de 10 ítems generales que puntúan de 1 a 4 en una escala de tipo Likert.
El rango del cuestionario es de 10 a 40, cuanto mayor es la puntuación, mayor es la
autoestima del sujeto. En algunos estudios se utiliza como punto de corte 29 (véase
Rincón, 2003). En la presente investigación, el valor obtenido por el coeficiente alfa de
Cronbach fue de 0,84 en el pretest, 0,88 en el postest y 0,93 en el seguimiento, todos
estos resultados indican un nivel de confiabilidad satisfactoria.
4.6.4. Inventario de Síntomas Somáticos de Pennebaker (PILL). (Ver Anexo 4).
Este inventario se utilizó para la medición de síntomas somáticos. El instrumento
original se constituye de 58 síntomas. Vera, Sepúlveda y Contreras (2006) adaptan el
instrumento a través del criterio de jueces para su utilización en Chile. Para la
determinación de la validez de la escala se utilizó como medidas criterio las Escalas de
Síntomas Depresivos y Ansiedad de Alvarado et al. (1990, citadas en Vera et al.), los
50
coeficientes de correlación obtenidos fueron altos y estadísticamente significativos; con
depresión (rs=0,807; p† 0.001) y con ansiedad (rs=0,811; p† 0.001). Para este estudio, la
confiabilidad de la escala fue alta (Alfa de Cronbach=0.91). En la presente
investigación, el valor obtenido por el coeficiente alfa de Cronbach fue de 0,88 en el
pretest, 0,90 en el postest y 0,83 en el seguimiento, todos estos resultados indican un
nivel de confiabilidad satisfactoria. Tras su adaptación, el instrumento quedó finalmente
constituido por 28 categorías tal como fue utilizado en el presente estudio. El formato de
respuesta es de escala tipo Likert, de 1 a 5 puntos, donde 1 significa “nunca o casi nunca
experimentó el síntoma”, 2, “menos de 3 a 4 veces al año”, 3, “cada mes o así”, 4, “cada
semana o así” y 5, “más de una vez a la semana”.
4.6.5. Cuestionario sociodemográfico. (Ver Anexo 5).
Se utilizó un cuestionario de elaboración propia en donde se consultó información
importante para la participación en el taller y el análisis de los datos: edad, nivel
educacional, nivel socioeconómico, estado civil, número de hijos, edad de los hijos,
tiempo transcurrido desde el diagnóstico de cáncer de mama, tratamientos psicológicos
anteriores, centro de salud en donde está siendo atendida e intervenciones médicas
realizadas a la fecha para el tratamiento del cáncer.
4.7. PROCEDIMIENTO
4.7.1. Diseño del programa de intervención.
Se diseñó el programa de intervención a través de la revisión de bibliografía. Su
elaboración se basó en tres fuentes principales: los textos teóricos y prácticos acerca de
51
terapia narrativa, ya citados en el marco teórico; el protocolo individual de Pérez y
Vásquez (2001) para la intervención narrativa de pacientes con TEPT, y la propuesta de
trabajo grupal de Peterson et al. (2005) para la prevención del TEPT en pacientes con
cáncer.
4.7.2. Captación de las participantes para la aplicación del programa de manera piloto.
Se seleccionaron cuatro pacientes diagnosticadas con cáncer de mama entre el 20 de
diciembre del año 2007 y el 04 de enero de 2008, de la población que asistió al Hospital
Higueras de Talcahuano. Se utilizaron los mismos criterios de inclusión y exclusión de
la muestra definitiva.
4.7.3. Prueba piloto del programa elaborado.
La prueba piloto del programa fue realizada en las dependencias de la Unidad de
Patología Mamaria del Hospital Higueras de Talcahuano desde el 04 al 15 de febrero de
2008. Se realizó en cuatro sesiones, dos a la semana y se les aplicó el set de instrumentos
en sus domicilios una semana antes de iniciar el taller (evaluación pretest) y una semana
después de finalizarlo (evaluación postest) estableciendo cuatro semanas entre ambas
aplicaciones.
4.7.4. Modificación del programa tras el análisis de la experiencia piloto
A partir de la experiencia del programa piloto, se hicieron las correcciones necesarias al
proyecto original, tanto en los instrumentos de evaluación como en el programa
preventivo grupal.
52
4.7.5. Captación de las participantes
Se tomó contacto con las Unidades de Patología Mamaria del Hospital Higueras de
Talcahuano (Dr. Carlos Steinberg y matrona Luisa Martínez) y del Hospital Clínico
Regional Guillermo Grant Benavente de Concepción (Dra. Zaira Pizarro y matronas
Ximena Saldías y María Ximena Villegas), con el fin de conseguir la cooperación de
estas instituciones en la identificación y selección de las mujeres que participaron en este
estudio.
4.7.6. Evaluación pretest
Ésta se desarrolló a partir del 16 de junio de 2008 y concluyó el 07 de octubre de 2008.
Se entregó en forma personal a cada paciente el set de instrumentos, en el que se
incluyen una carta de consentimiento, que debieron firmar antes de la aplicación del
resto de los instrumentos, la Escala de Impacto de Evento - Revisada, el Inventario de
Depresión de Beck (BDI-II), la Escala de Autoestima de Rosenberg, el Inventario de
Síntomas Somáticos de Pennebaker y un cuestionario sociodemográfico, los que fueron
contestados en presencia del evaluador.
Si la paciente cumplía con los criterios para participar del programa se le explicó el
carácter de éste, tras lo cual el terapeuta la contactó telefónicamente indicándole la fecha
de inicio del taller.
4.7.7. Intervención
El programa de intervención constó de cuatro sesiones que contienen como elementos
principales ejercicios que permitan: expresar sentimientos y pensamientos relacionados
53
con el diagnóstico, revalorizar la experiencia del cáncer, construir nuevos significados
respecto a la misma, transmitir los nuevos significados a las respectivas redes de apoyo
social y, finalmente, realizar un ritual para promover la integración de la experiencia. La
duración total del programa fue de 8 horas, vale decir, cuatro sesiones de dos horas cada
una, con una periodicidad de dos sesiones semanales (ver detalle del programa en Anexo
6).
Se realizaron en total cuatro talleres en las fechas que se indican a continuación:
Grupo 1: del 25 de julio al 04 de agosto.
Grupo 2: del 28 de julio al 08 de agosto.
Grupo 3: del 30 de septiembre al 10 de octubre.
Grupo 4: del 20 de octubre al 30 de octubre.
Un resumen de las sesiones se presenta en el Cuadro 2.
4.7.8. Evaluación postest
Una semana después de concluida la intervención, se inició la evaluación de sus
resultados, aplicando las mismas escalas del pretest, tanto al grupo experimental como al
grupo control.
54
4.7.9. Seguimiento
Tres meses después de terminada la intervención se realizó la segunda evaluación
postest solamente al grupo experimental, aplicando las mismas escalas del pretest y
primer postest.
Cuadro 2: Resumen del programa de intervención
SESIÓN ACTIVIDADES
1 • Presentación del terapeuta y de las participantes
• Explicación de los objetivos del taller
• Discusión acerca del cáncer de mama y la salud mental
Tarea:
• Ejercicio de escritura emocional
2 • Revisión de la tarea
• Realización de un collage que represente su vivencia actual respecto a
la enfermedad
• Discusión grupal respecto a los collage
Tarea:
• Conexión con red de apoyo social
3 • Revisión de la tarea
• Discusión sobre las redes de apoyo social
Tareas:
• Buscar acontecimientos de la vida personal en los cuales hayan
vencido un obstáculo
4 • Revisión de la tarea
• Discusión sobre las historias de supervivencia y superación
• Entrega de certificados de participación
4.8. CONSIDERACIONES ÉTICAS
Para llevar a cabo este estudio, se respetaron las normas de confidencialidad y
voluntariedad de las participantes. Para formalizar estas normas, se les entregó a las
participantes una carta de consentimiento informado (ver Anexo 7) antes de la
aplicación de las encuestas pretest, en donde se les clarificó el carácter de investigación
e intervención del programa ofrecido.
55
Por otra parte, ante el dilema ético que representa el dejar una parte de la muestra sin
participar en el programa preventivo grupal, esto se subsanó manteniendo a estas
pacientes en una lista de espera, mientras se realizaba el taller al primer grupo, después
de lo cual se les ofreció participar en otro taller de características similares, estos talleres
de carácter ético se realizaron desde el 26 de septiembre al 10 de octubre (grupo 1) y
desde el 28 de octubre al 07 de noviembre (grupo 2). Por ese motivo, la evaluación de
seguimiento sólo se realizó en el grupo experimental.
56
5. RESULTADOS
5.1. DESCRIPCIÓN DE LA MUESTRA
5.1.1. Características sociodemográficas
A continuación se describen los variables sociodemográficas y relacionadas con la
enfermedad de las participantes, las que a su vez se detallan en la tabla 2.
Tabla 2: Variables sociodemográficas y de la enfermedad
N(%)
EDAD 40 o - 4(12,4)
41 - 50 8(25,0)
51 - 60 10(31,3)
61 o + 10(31,3)
NIVEL EDUCATIVO Sin estudios 1 (3,1)
E. Básica incompleta 10(31,3)
E. Básica completa 3(9,4)
E. Media incompleta 7(21,9)
E. Media completa 7(21,9)
E. Superiores incompletos 2(6,3)
E. Superiores completos 2(6,3)
INGRESO PER CAPITA 100.000 o - 21(65,6)
101.000 o + 11(34,4)
ESTADO CIVIL Casada 18(56,3)
Viuda 4(12,5)
Soltera 5(15,6)
Separada o Divorciada 5(15,6)
HIJOS Sí 31(97,0)
No 1(3,0)
HIJOS MENORES DE 21 AÑOS Sí 12(37,5)
No 20(62,5)
TERAPIAS PSICOLÓGICAS ANTERIORES Sí 11(34,4)
No 21(65,6)
CENTRO DE SALUD Higueras 19(59,4)
Regional 13(40,6)
INTERVENCIONES MÉDICAS Cirugía conservadora 15(46,9)
57
Mastectomía 8(25,0
Radioterapia 2(6,3)
Sin tratamiento 7(21,8)
[Link]. Edad.
La media de edad de las participantes es de 54 años con un rango que va desde los 33 a
los 79 años. Si se tiene en cuenta que el 87,6% de la muestra supera los 40 años de edad,
se puede afirmar que la mayoría de las mujeres está pasando por la etapa de la adultez
media o tardía.
[Link]. Nivel educativo.
Un 65,6% de la muestra tiene estudios básicos completos o superiores. Sólo un 34,4%
tiene estudios básicos incompletos o menor educación.
[Link]. Ingreso per capita hogar.
La mayor parte de la muestra, es decir un 65,6%, tiene ingresos familiares per cápita de
$100.000 o menos. Esto ubica a la mayoría de las mujeres participantes del estudio
dentro del 60% más pobre del país (3 primeros quintiles).
[Link]. Estado civil.
El 56,3% de la muestra se encuentra casada, el 15,6%, está soltera, el 15,6%, se
encuentra separada o divorciada y el 12,5% es viuda.
[Link]. Número de hijos.
Un 97% tiene uno o más hijos. Sólo un 3% no tiene hijos.
58
[Link]. Hijos menores de 21 años.
Del total de la muestra el 37,5% de las mujeres tiene al menos un hijo menor de 21 años.
[Link]. Terapias psicológicas anteriores.
Un 34,4% señala haber estado sometida anteriormente a una psicoterapia individual o
grupal.
[Link]. Centro de salud.
Del total de la muestra un 59,4% está siendo atendida en el Hospital Higueras de
Talcahuano y un 40,6% lo hace en el Hospital Regional Guillermo Grant Benavente de
Concepción.
[Link]. Intervenciones médicas a la fecha de evaluación.
Del total de la muestra un 46,9% había sido sometida a una intervención quirúrgica
conservadora al momento de la evaluación, un 25% había sufrido una mastectomía, un
6,3% radioterapia y un 21,8% ningún tipo de tratamiento.
5.1.2. Características psicopatológicas.
A continuación se describen las características psicopatológicas de las participantes,
antes del programa grupal, las que a su vez se detallan en la tabla 3.
Tabla 3: Variables psicopatológicas antes de la intervención.
N Mínimo Máximo M DE
IEE-R 32 2 63 33,28 17,01
BDI-II 32 0 42 13,91 11,40
Autoestima 32 19 40 30,31 5,91
PILL 32 34 120 65,03 20,30
59
De acuerdo a los datos, existe una amplia dispersión de puntajes en sintomatología
postraumática, sintomatología depresiva y sintomatología somática, y una menor
dispersión en autoestima, en la cual el grupo manifiesta tener un puntaje medio más bien
alto antes de la participación en el programa grupal (M=30,31 de un máximo de 40).
5.2. ANÁLISIS DE DATOS
Tras realizar un análisis de normalidad de las variables, se observó que los puntajes
obtenidos en las variables dependientes de sintomatología postraumática, sintomatología
somática y autoestima tenían una distribución cercana a lo normal tanto en el grupo
experimental como en el grupo control, por lo que se optó por analizar los datos con
estadísticos paramétricos. En el caso de la sintomatología depresiva, como los puntajes
obtenidos mostraban una alta asimetría positiva, se procedió a transformarlos mediante
la función raíz cuadrada, lo cual permitió obtener una distribución más cercana a lo
normal y, por lo tanto, utilizar también estadísticos paramétricos.
Después de realizar un estudio de homogeneidad en las variables dependientes antes de
la intervención, mediante la prueba T de student para muestras independientes, se
observó que los grupos sólo eran homogéneos en sintomatología depresiva, en cambio,
en sintomatología postraumática, sintomatología somática y autoestima, los grupos
mostraron ser no equivalentes. Para controlar el efecto de estas diferencias iniciales, se
optó por hacer un análisis de covarianza (ANCOVA) para verificar las hipótesis en
dichas variables
60
En la tabla 4 se presentan las medias y las desviaciones estándar obtenidos para cada
variable, tanto en la evaluación pretest como en la evaluación postest, en ambos grupos.
Tabla 4. Promedio y desviación estándar para los grupos experimental (n=14) y control
(n=18) en las mediciones pretest y postest.
EXPERIMENTAL CONTROL
M(DE) M(DE)
IEE-R PRE 25.36 (18.25) 39.44 (13.47)
POST 18.00 (8.10) 37.17 (19.20)
BDI-II PRE 13.07 (12.79) 14.56 (10.53)
POST 9.71 (8.28) 15.78 (12.60)
AUTOESTIMA PRE 32.64 (5.67) 28.50 (5.59)
POST 33.79 (6.40) 30.67 (5.47)
PILL PRE 57.07 (18.01). 71.22 (20.27)
POST 49.36 (13.09) 77.22 (20.72)
5.2.1. Sintomatología postraumática.
En la condición pretest, al comparar los puntajes de la escala IEE-R en ambos grupos
(experimental y control), se observa que el primero obtiene un promedio de 25.36 (DE =
18.25), mientras que el segundo obtiene una promedio de 39.44 (DE = 13.47).
En la condición postest, al comparar los puntajes de la escala IEE-R en ambos grupos
(experimental y control), se observa que el primero obtiene un promedio de 18.00 (DE =
8.10), mientras que el segundo obtiene una promedio de 37.17 (DE = 19.20).
Se aplicó un ANCOVA empleando como variable dependiente los puntajes del IEE-R
del postest, como variable independiente la participación en el programa preventivo
grupal y como covariable los puntajes del IEE-R del pretest. Los resultados
correspondieron a F(1,29) = 6.131, p = 0.019. Estos resultados indican que existen
61
diferencias estadísticamente significativas en los puntajes de sintomatología
postraumática entre quienes participan y no participan del taller, aun cuando se controlan
las diferencias iniciales de sintomatología postraumática entre ambos grupos.
5.2.2. Sintomatología depresiva.
En la condición pretest, al comparar los puntajes de la escala BDI-II en ambos grupos
(experimental y control), se observa que el primero obtiene un promedio de 3.08 (DE =
1.97), mientras que el segundo obtiene una promedio de 3.51 (DE = 1.54).
Los resultados de la aplicación de la prueba t de student llevan a concluir que no existen
diferencias significativas en los puntajes entre ambos grupos, t(30) = 0.702, p = 0.488.
Estos resultados implican que ambos grupos son equivalentes en la condición de
sintomatología depresiva antes de la intervención grupal.
En la condición postest, al comparar los puntajes de la escala BDI-II en ambos grupos
(experimental y control), se observa que el primero obtiene una promedio de 2.81 (DE =
1.40), mientras que el segundo obtiene una promedio de 3.72 (DE = 1.43).
Los resultados de la aplicación de la prueba t de student llevan a concluir que existen
diferencias significativas en los puntajes entre ambos grupos tras la intervención grupal,
t(30) = 1.801, p = 0.04.
5.2.3. Autoestima.
En la condición pretest, al comparar los puntajes de la escala de autoestima de
Rosenberg en ambos grupos (experimental y control), se observa que el primero obtiene
62
un promedio de 32.64 (DE = 5.67), mientras que el segundo obtiene una promedio de
28.50 (DE = 5.59).
En la condición postest, al comparar los puntajes de la escala de autoestima de
Rosenberg en ambos grupos (experimental y control), se observa que el primero obtiene
un promedio de 33.79 (DE = 6.40), mientras que el segundo obtiene una promedio de
30.67 (DE = 5.47).
Se aplicó un ANCOVA empleando como variable dependiente los puntajes de la escala
de autoestima en el postest, como variable independiente la participación en el programa
preventivo grupal y como covariable los puntajes de la escala de autoestima en el
pretest. Los resultados correspondieron a F(1,29) = 0.160, p = 0.69. Estos resultados
indican que no existen diferencias estadísticamente significativas en los puntajes de
autoestima post entre quienes participan y no participan del taller, cuando se controlan
las diferencias iniciales de autoestima entre ambos grupos.
5.2.4. Sintomatología somática.
En la condición pretest, al comparar los puntajes de la escala PILL en ambos grupos
(experimental y control), se observa que el primero obtiene un promedio de 57.07 (DE =
18.01), mientras que el segundo obtiene una promedio de 71.22 (DE = 20.27).
En la condición postest, al comparar los puntajes de la escala PILL en ambos grupos
(experimental y control), se observa que el primero obtiene un promedio de 49.36 (DE =
13.09), mientras que el segundo obtiene una promedio de 77.22 (DE = 20.72).
63
Se aplicó un ANCOVA empleando como variable dependiente los puntajes obtenidos en
la escala PILL en el postest, como variable independiente la participación en el
programa preventivo grupal y como covariable los puntajes obtenidos en la escala PILL
en el pretest. Los resultados correspondieron a F(1,29) = 13.033, p = 0.001. Estos
resultados indican que existen diferencias estadísticamente significativas en los puntajes
de la escala PILL en el postest entre quienes participan y no participan del taller, aun
cuando se controlan las diferencias iniciales en el puntaje de la escala PILL en el pretest
entre ambos grupos.
5.3. SEGUIMIENTO
En la tabla 5 se presentan las medias y las desviaciones estándar obtenidos para cada
variable, tanto en la evaluación pretest como en la evaluación postest, en el grupo
experimental.
5.3.1. Sintomatología postraumática.
Para evaluar si los cambios producidos por el programa se mantenían o mejoraban tras
tres meses de concluida la intervención, se compararon los puntajes en la escala IEE-R
en el postest con el puntaje en la escala IEE-R obtenidos en el seguimiento, sólo en el
grupo experimental. Los resultados correspondieron a un promedio de 16.91 (DE = 8.29)
para el postest y a un promedio de 12.45 (DE = 8.86) en el seguimiento.
64
Tabla 5. Promedio y desviación estándar para el grupo experimental (n=11) en las
mediciones pretest, postest y seguimiento.
EXPERIMENTAL
M (DE)
IEE-R PRE 21,82 (5,67)
POST 16,91 (8,29)
SEGUIMIENTO 12,45 (8,86)
BDI-II PRE 12,27 (13.52)
POST 8,00 (6.89)
SEGUIMIENTO 6,91 (7.91)
AUTOESTIMA PRE 32,64 (1,66)
POST 33,79 (6,40)
SEGUIMIENTO 35,91 (4,76)
PILL PRE 55,45 (19,68)
POST 48,00 (14,22)
SEGUIMIENTO 48,64 (15,27)
Los resultados estadísticos del t de student para muestras relacionadas fueron t(10) =
2.215, p = 0.025, con lo que se concluye que hay una disminución significativa de los
puntajes del IEE-R desde la finalización del taller hasta el seguimiento.
5.3.2. Sintomatología depresiva.
Para evaluar si los cambios producidos por el programa se mantenían o mejoraban tras
tres meses de concluida la intervención, se compararon los puntajes en la escala BDI-II
en el postest con el puntaje en la escala BDI-II obtenidos en el seguimiento, sólo en el
grupo experimental. Los resultados correspondieron a un promedio de 2.56 (DE = 1.26)
para el postest y a un promedio de 2,16 (DE = 1.58) en el seguimiento.
65
Los resultados estadísticos del t de student para muestras relacionadas fueron t(10) =
1.139, p = 0.140, por lo que se concluye que no hay diferencias significativas entre
ambas ocasiones en los puntajes del BDI-II y por lo tanto, los cambios se mantienen.
5.3.3. Autoestima.
Para evaluar si se producían cambios residuales tras tres meses de concluida la
intervención, se compararon los puntajes en la escala de autoestima de Rosenberg en el
postest con los puntajes obtenidos en la misma escala en el seguimiento, sólo en el grupo
experimental. Los resultados correspondieron a un promedio de 35.18 (DE = 4.73) para
el postest y a un promedio de 35.91 (DE = 4.76) en el seguimiento.
Los resultados estadísticos del t de student para muestras relacionadas fueron t(10) =
1.305, p = 0.11, por lo que se concluye que no hay diferencias significativas entre ambas
ocasiones en los puntajes de autoestima.
5.3.4. Sintomatología somática.
Para evaluar si los cambios producidos por el programa se mantenían o mejoraban tras
tres meses de concluida la intervención, se compararon los puntajes en la escala PILL en
el postest con los puntajes en la escala PILL obtenidos en el seguimiento, sólo en el
grupo experimental. Los resultados correspondieron a un promedio de 48.00 (DE =
14.23) para el postest y a un promedio de 48.64 (DE = 15.27) en el seguimiento.
Los resultados estadísticos del t de student para muestras relacionadas fueron t(10) =
0.131, p = 0.45, por lo que se concluye que no hay diferencias significativas entre ambas
66
ocasiones en los puntajes de sintomatología somática y, por lo tanto, los cambios se
mantienen.
La tabla 6 presenta el estadístico de contraste utilizado y la significación para los análisis
efectuados tanto en la evaluación de la intervención como en el seguimiento.
Tabla 6: Estadísticos de contraste y significación
CONTRASTE SIGNIFICACIÓN
IEE-R POST GE - IEE-R POST GC F(1,29)=6.131 0.019*
IEE-R POST GE - IEE-R SEGUIMIENTO GE t(10)=2.215 0.025*
BDI-II POST GE - BDI-II POST GC t(30)=1.801 0.04*
BDI-II POST GE -BDI-II SEGUIMIENTO GE t(10)=1.139 0.14
AUTOESTIMA POST GE - AUTOESTIMA POST GC F(1,29)=0.160 0.692
AUTOESTIMA POST GE - AUTOESTIMA SEGUIMIENTO GE t(10)=1.305 0,11
PILL POST GE - PILL POST GC F(1,29)=13.033 0.001*
PILL POST GE -PILL SEGUIMIENTO GE t(10)=0.131 0.45
* Significativo
67
6. DISCUSIÓN
6.1. CARACTERÍSTICAS DE LA MUESTRA
El presente estudio pretendía contar con el mayor número posible de mujeres
diagnosticadas con cáncer de mama entre el 16 de abril y el 31 de septiembre de 2008,
que se estuviesen atendiendo en los dos centros que concentran estos tratamientos en la
provincia de Concepción: Hospital Higueras de Talcahuano y Hospital Regional
Guillermo Grant Benavente de Concepción. Finalmente, se incluyó en el estudio a 32 de
las 71 mujeres que constituían el universo, es decir, al 45% del total. La principal razón
por la cual muchas de ellas no pudieron participar fue la rapidez con la que iniciaban el
tratamiento con quimioterapia. Ya en el proyecto, se había considerado este factor como
un criterio de exclusión para participar del estudio, principalmente por los efectos físicos
y psicológicos que generaba en las mujeres, como alopecia, nauseas, vómitos, cansancio,
debilidad (Malvezzi, 2004), depresión y ansiedad (Sirgo, Gil y Pérez-Manga, 2000;
Tamblay y Bañados, 2004), que las inhabilitaba para participar de una actividad como el
programa propuesto. Diez mujeres (un 25% de las mujeres excluidas) quedaron fuera
del estudio por esta razón. Por tal motivo, era necesario iniciar el taller antes de que las
pacientes comenzaran con la quimioterapia, por lo que se propuso un programa breve, de
cuatro sesiones de extensión, y que se implementaba durante dos semanas seguidas,
logrando, quizás por esa misma brevedad, que no hubiera deserción en los talleres
aunque sí hubo inasistencias entre sesiones. Por otro lado, era esperable que los efectos
de la quimioterapia fueran notorios en el postest cuando la mayoría de las participantes
del estudio ya había iniciado su primera o incluso su segunda sesión de quimioterapia,
68
esto afectó la participación en los talleres diseñados para las participantes del grupo
control y que intentaban subsanar la dificultad ética que implicaba contar con un grupo
de mujeres sin recibir apoyo psicológico.
La muestra finalmente se dividió en dos grupos, el Grupo Experimental, compuesto por
mujeres dispuestas a participar de inmediato en los talleres (14 participantes), y el Grupo
Control, compuesto por mujeres que por distintas razones no podían o no deseaban
participar de inmediato en ellos (18 participantes). Como ya se ha dicho, una vez
evaluadas en el postest se les ofreció a estas mujeres un taller de similares características
con el fin de no privarlas de la oportunidad de recibir ayuda. Cinco de ellas pudieron
participar de estos talleres.
Debido a que el método para asignar a las participantes a los distintos grupos no fue
aleatorio, sino que dependió de la disposición de las mujeres de participar o no de
inmediato en los talleres, los grupos no fueron homogéneos en algunas de las variables
dependientes antes de iniciar el taller, por lo que se aplicaron pruebas estadísticas que
permitieron controlar estas diferencias iniciales, específicamente el ANCOVA en tres de
las cuatro variables dependientes (sintomatología postraumática, sintomatología
somática y autoestima). Cabe señalar que estudios similares, como el realizado por
Sebastián, Manos, Bueno y Mateos (2007), quienes intentaron demostrar la efectividad
de un programa psicosocial para el mejoramiento de la imagen corporal y la autoestima
en mujeres con cáncer de mama, también conformó el grupo experimental con
participantes voluntarias, constituyendo el resto el grupo control.
69
Debido a que tras el postest y por razones éticas, se había determinado previamente que
las mujeres que constituían el grupo control fueran invitadas a participar de talleres
similares, el seguimiento se contempló sólo para las participantes del grupo
experimental. De las 14 mujeres que constituían este grupo, pudieron contactarse 11 de
ellas tras tres meses de concluido el taller para realizar el seguimiento.
En cuanto a las características de las participantes, resalta que la mayoría de ellas
transita por la adultez media y tardía, alcanzando el 62,2% una edad superior a los 50
años, lo que confirma las estadísticas que señalan que las principales afectadas con
cáncer de mama superan esa edad (Peralta, 2002). En cuanto al nivel socioeconómico,
la mayoría de ellas (65,5%) poseen un ingreso per cápita en el hogar inferior a los cien
mil pesos mensuales, lo que las ubica, en Chile, dentro de los tres primeros quintiles más
bajos de la población en cuanto a su nivel socioeconómico. Es necesario hacer notar que
algunos de los beneficios sociales dirigidos a las personas de condición económica más
vulnerable de este país se orientan justamente a aquellos que pertenecen al 60% más
pobre de la población (por ejemplo, las becas de estudio universitarias). Coincidente con
esto, se observa que apenas un 12,6% de la muestra ha iniciado y/o terminado estudios
superiores. También destaca que la mayoría de las participantes se encuentra casada, lo
que implica por un lado una mayor accesibilidad de apoyo social por parte de la pareja,
pero por otro lado, probablemente se vean más afectadas por las consecuencias en el
ámbito de la sexualidad y la autoestima que ya han sido estudiadas respecto a esta
enfermedad (Cruzado, 2006; Rojas-May, 2006; Olivares, 2007). Por otro lado, 31 de las
32 participantes han tenido hijos, lo que también implicaría una mayor disponibilidad de
70
apoyo social por parte de ellos; sin embargo, el tener hijos menores de 21 años ha sido
identificado por Olivares et al. (2004) como un factor de riesgo para desarrollar TEPT en
esta población, condición que cumplen 12 de las 32 participantes.
En cuanto a las características psicológicas y psicopatológicas de las participantes,
resalta el buen nivel en que se encuentra la autoestima, al poco tiempo de la notificación
del diagnóstico. En las otras variables se observa gran dispersión de las puntuaciones
(sintomatología depresiva, postraumática y somática). En sintomatología depresiva, a
pesar de no disponer de normas para adultos en nuestro país, si se consideran las normas
para población española que establecen como puntaje de corte 13, se puede afirmar que
las participantes presentan como grupo, niveles de depresión leve antes de iniciar la
intervención.
Es posible concluir que si bien la autoestima no se encuentra afectada, las otras variables
sí han sido afectadas por el diagnóstico, aunque con claras diferencias individuales entre
las participantes.
6.2. RESULTADOS DEL ESTUDIO
En cuanto a los resultados del estudio podemos constatar que el efecto más importante
del programa diseñado fue precisamente en la sintomatología postraumática, es decir, el
programa cumple su objetivo: es efectivo para prevenir sintomatología postraumática en
mujeres con cáncer de mama. Se observaron diferencias estadísticamente significativas
entre las participantes asignadas a los grupos experimental y control, manifestando
menores puntajes en la escala IEE-R aquellas participantes pertenecientes al grupo
71
experimental. Posteriormente, en el seguimiento, se encontraron diferencias
significativas en el grupo experimental entre el postest y el seguimiento (3 meses
después), mostrando puntajes aún menores en la misma escala en la última evaluación.
En otras palabras, el grupo experimental mostró un efecto residual que permitió que los
síntomas postraumáticos fueran cada vez más bajos. Este resultado permite concluir que
el programa diseñado fue efectivo para la prevención de sintomatología postraumática
tal y como se planteaba en la hipótesis.
Una posible explicación para estos resultados se encontraría en el hecho de que el
programa fue elaborado a partir de la evidencia científica disponible sobre el tema. Es
decir, existe evidencia de ciertas variables que efectivamente participan en la prevención
de los efectos psicológicos del diagnóstico de cáncer de mama, especialmente en el
desarrollo del TEPT, variables que eran coherentes con una intervención de carácter
narrativo según los principios planteados por White y Epston en sus numerosos textos
(Epston, 1994; White, 2002a, 2002b; White & Epston, 1993). Estos hallazgos se
referían a la necesidad de posibilitar la expresión emocional de los significados
asociados a una experiencia traumática, tema ampliamente estudiado por Pennebaker y
su equipo (Owen et al., 2006; Pennebaker, 1997; Pennebaker et al., 1988; Pennebaker &
Seagal, 1999; Petrie et al., 1998); a la importancia de vincular a los pacientes con redes
de apoyo social, respaldado por los estudios de Andrykowsky y Cordova (1998, citados
en Guay et al., 2006), Brewin et al. (2000), Devine et al. (2003) y Lewis et al. (2001),
entre otros; y la evidencia disponible respecto a la utilización de intervenciones de
carácter narrativo para la superación de acontecimientos traumáticos, reseñados en el
72
metanálisis de O´Kearney y Perrott (2006) y que por lo general enfatizan la búsqueda de
un significado y un propósito a su experiencia traumática (Kaminer, 2006) a través de la
ampliación de la narrativa del paciente incorporando acontecimientos que constituyen
excepciones a la narrativa actual (Carr, 1998), y que enfatiza la expresión narrativa a
través de diversos canales: lenguaje hablado, escritura y expresión artística (Petersen et
al., 2005), así como la incorporación de rituales terapéuticos y la utilización de una
conversación en la que se busca deconstruir los significados asociados al trauma y
externalizar la enfermedad del cáncer o sus efectos (White & Epston). Todos los
elementos mencionados fueron incorporados tanto en las mismas sesiones como en las
tareas entre sesiones. Los resultados obtenidos validan la importancia de generar
intervenciones grupales que busquen la expresión emocional de sentimientos y
pensamientos relacionados con el diagnóstico, revalorizar la experiencia del cáncer,
construir nuevos significados respecto a la misma, transmitir los nuevos significados a
las respectivas redes de apoyo social y generar un ritual significativo para promover la
integración de la experiencia.
Debido a que los estudios de Pennebaker sobre expresión emocional también señalaban
como efectos posteriores una disminución de la sintomatología depresiva y somática
(véase Cabrera, 2006), se evaluó también el impacto del programa en estas dos
variables.
Los resultados indicaron que el grupo experimental obtenía puntajes en el BDI-II
significativamente inferiores que el grupo control tras concluir el tratamiento; de
acuerdo a las normas españolas, mientras el grupo control mantenía un nivel de
73
depresión leve en el postest, el grupo experimental aparece con ausencia de depresión.
Estos resultados son consistentes con los estudios de Pennebaker en el sentido de que las
intervenciones que posibilitan la expresión emocional de los hechos relacionados con
una experiencia traumática (en este caso, el diagnóstico de cáncer) impactan
favorablemente sobre la sintomatología depresiva. Posteriormente, en el seguimiento, el
grupo experimental no mostró diferencias significativas con los puntajes obtenidos en el
postest, por lo que se puede concluir que los efectos positivos obtenidos tras el programa
se mantuvieron por lo menos durante los primeros tres meses de concluida la
intervención.
Respecto a la sintomatología somática se esperaba que subieran los puntajes promedio
tanto en el grupo experimental como en el grupo control, debido al efecto de la
quimioterapia. Sin embargo, lo que se observó fue que en el postest, los puntajes
obtenidos por el grupo experimental en el PILL disminuyeron en relación al pretest, en
cambio los puntajes en el grupo control subieron en su puntaje promedio, observándose
diferencias estadísticamente significativas entre ambos grupos una vez terminada la
intervención. Los puntajes obtenidos en el postest en el grupo experimental no
mostraron diferencias significativas con los obtenidos posteriormente en el seguimiento,
por lo que es posible concluir que los efectos positivos obtenidos tras la intervención en
esta variable se mantuvieron tres meses tras terminar la misma. Este resultado es
altamente relevante: si como efecto del programa disminuyen las quejas somáticas,
también es posible que disminuya la demanda de atenciones de salud, tanto durante la
fase de quimioterapia como una vez concluido el tratamiento médico del cáncer, con el
74
consecuente incremento en la calidad de vida de estas pacientes así como la disminución
en los costos de tiempo y recursos económicos por parte del sistema de salud.
En cuanto a la variable autoestima, Cruzado (2006) y Barra et al. (2008) han señalado
que esta variable también podía ser afectada por el diagnóstico de cáncer de mama.
Sebastián et al. (2007) citan una serie de investigaciones que demuestran que el tipo de
cirugía afecta significativamente al grado de satisfacción que la mujer tiene con su
cuerpo y consigo misma después de la operación, siendo las mujeres mastectomizadas
las que tienen una peor imagen corporal y una autoestima más baja que las mujeres que
han sufrido una cirugía conservadora. Por otro lado, existen investigaciones que señalan
que la autoestima podía ser impactada positivamente en intervenciones que impulsan la
conexión con redes de apoyo social familiar (Levy, 1991, citado en Tamblay &
Bañados) o con grupo de pares (Durá y Hernández, 2003).
Por los motivos anteriormente señalados, se decidió incluir la autoestima como una
variable dependiente en el presente estudio; sin embargo, al comparar los grupos
experimental y control no se encontraron diferencias significativas entre ambos en el
postest y tampoco se encontraron diferencias significativas entre los puntajes obtenidos
por el grupo experimental en el postest y en el seguimiento. En otras palabras, el
programa no generó un efecto en la autoestima una vez concluido éste ni tampoco
generó un efecto residual tres meses después. Una posible explicación para este
resultado fueron los elevados puntajes de autoestima obtenidos por ambos grupos: un
promedio de 30 puntos para la muestra total en el pretest; 32 puntos para la muestra total
en el postest y 35 puntos para el grupo experimental en el seguimiento, de un máximo de
75
40 puntos en la escala de autoestima de Rosenberg. Estos resultados implicarían que la
autoestima no se vio afectada por el diagnóstico inicial de cáncer en esta muestra y, por
lo tanto, no debió ser un objetivo de una intervención grupal de carácter preventivo
como el propuesto; de hecho, los estudios previos sobre intervenciones en la autoestima,
como los realizados por Spiegel et al.(1999) y por Narváez et al. (2008), han evaluado e
intervenido en esta variable más de un año después del diagnóstico de cáncer de mama o
cuando ya están libres de la enfermedad, y no en las fases iniciales de la misma. Por
otro lado, Sebastián et al. diseñaron una intervención grupal destinada al mejoramiento
de la autoestima en mujeres con cáncer de mama; en la evaluación pretratamiento,
realizada entre 10 y 15 días después de la intervención quirúrgica, ambos grupos
(experimental y control) obtuvieron 25 puntos de un total de 32 en la escala de
Rosenberg, evidenciando que el efecto temprano de la enfermedad en la autoestima
había sido más bien bajo; tras la intervención grupal, los puntajes en la escala de
Rosenberg en ambos grupos disminuyeron, no existiendo diferencias significativas entre
los grupos experimental y control; en un seguimiento a los seis meses ambos grupos
mantenían sus puntajes de autoestima más bajos que en el pretratamiento, aunque sí se
observaban diferencias significativas entre ellos siendo más alta en el grupo
experimental. Los resultados obtenidos indicarían que el programa diseñado no fue
efectivo para fortalecer la autoestima y por otro lado, también corroboraría que los
puntajes de autoestima obtenidos al poco tiempo del diagnóstico parecen no verse
afectados por este evento, aun cuando pueden afectarse después, tal como se demuestra
en la investigación de Narváez et al. en la que las 38 participantes de su estudio
76
obtuvieron un puntaje medio de 15 puntos de un total de 40 en la escala de Rosenberg,
tres años después del alta médica.
Debido justamente a los altos puntajes iniciales en autoestima obtenidos en el presente
estudio o en el de Sebastián et al. (2007), es discutible la necesidad de diseñar un
programa destinado a fortalecer la autoestima tras el diagnóstico aun cuando sí sería
necesario generar una intervención que prevenga una disminución en el mediano y largo
plazo; desde ese punto de vista, los resultados del presente estudio, en la cual el puntaje
promedio de autoestima del grupo experimental aumentó en el seguimiento, puede
significar una buena señal, a pesar de que faltó contrastar con el grupo control a fin de
evaluar si éste había experimentado a esas alturas alguna variación. Es necesario resaltar
que faltan investigaciones que realicen un seguimiento de la evolución de la autoestima
desde el diagnóstico hasta la alta médica a fin de determinar el momento y el modo más
apropiado para intervenir.
En suma, es importante concluir y resaltar que el programa elaborado es efectivo para
prevenir sintomatología postraumática y que además es efectivo para reducir
sintomatología depresiva y somática. Estos cambios se mantuvieron (sintomatología
depresiva y somática) o se ampliaron (sintomatología postraumática) tres meses después
de concluida la intervención. En otras palabras, se cumplieron todas las hipótesis, a
excepción del efecto del programa en la autoestima, la que en la evaluación pretest ya
era alta y, por tanto, difícilmente mejorable.
77
Además se elaboró un programa breve y grupal con respaldo teórico y con todos los
beneficios prácticos que implica: bajo costo de recursos humanos, bajo costo de tiempo
y alta cobertura por su carácter grupal.
6.3. CONSIDERACIONES ÉTICAS
Respecto a los aspectos éticos planteados en este estudio, el principal problema fue la
necesidad de contar con un número de personas para constituir el grupo control, es decir,
mujeres que no se verían beneficiadas por el programa propuesto, de modo de comparar
sus resultados con quienes sí habían participado de los talleres. La forma de resolverlo
fue que quienes no tenían la disposición de participar de inmediato en los talleres,
constituyeron una lista de espera que fue posteriormente invitada a participar de talleres
similares, solución que también se ha visto en otros estudios que trabajan con muestras
clínicas como el realizado por Rincón (2003), en este caso con mujeres que han sido
víctimas de violencia conyugal. Sin embargo, finalmente la mayoría de las integrantes
de la lista de espera no pudo participar en esos talleres posteriores debido a que cuando
fueron invitadas estaban con tratamiento quimioterapéutico. En definitiva, pudieron
participar en ellos cinco mujeres de un total de dieciocho que constituían el grupo
control, lo que dejó a la mayoría sin recibir ayuda. Es por esa razón por la cual la
asignación aleatoria de los grupos no constituía una solución ética frente a la
problemática de las participantes. En tal sentido, es necesario destacar que en este
estudio ninguna mujer del grupo control fue excluida de los talleres a propósito, sino
más bien fueron ellas quienes no estuvieron dispuestas a participar ni en los talleres del
grupo experimental ni en los talleres destinados a los miembros del grupo control. Esta
78
voluntariedad de la participación alivia este importante problema ético, pero a su vez
plantea la necesidad de generar mecanismos que posibiliten una mayor participación de
las mujeres recién diagnosticadas con cáncer de mama en futuros talleres que se puedan
implementar.
En definitiva, debido a que es dable suponer que las mujeres recién diagnosticadas con
cáncer de mama se encuentran afectadas emocionalmente de modo tal que no parece
ético crear un grupo control sin oportunidad de recibir ayuda, la voluntariedad de
participar de los talleres alivia el problema de no contar con ayuda inmediata y la
disponibilidad de talleres posteriores representa una solución a la ausencia de ayuda.
6.4. LIMITACIONES DEL ESTUDIO
En cuanto a las limitaciones que tiene la investigación realizada, se pueden mencionar el
pequeño tamaño de la muestra, la falta de aleatorización en la asignación de los grupos
experimental y control, la ausencia de grupo control en el seguimiento y la realización
de un solo seguimiento a los tres meses de concluida la intervención.
Tal como señala Rincón (2003), los estudios con muestra clínica suelen caracterizarse
por la dificultad para conseguir participantes que se ajusten a los criterios de inclusión
establecidos, dificultad que también se observó en el presente estudio y que generó
como consecuencia el trabajar con una muestra pequeña. Sin embargo, la mayoría de las
investigaciones que intentan evaluar tratamientos individuales y talleres grupales en
mujeres con cáncer de mama por lo general han utilizado muestras pequeñas debido a
que si bien la prevalencia de esta enfermedad es alta, no es lo suficientemente elevada
79
como para conformar muestras de mayor tamaño. Por ejemplo, en un estudio realizado
por Pocino et al. (2007) para evaluar una intervención psicosocial y cognitiva
conductual, utilizaron una muestra de sólo 26 pacientes con cáncer de mama, y a pesar
de lo pequeña de la muestra encontraron diferencias significativas en la variable
ansiedad. Por su parte, Nárvaez et al. (2008) evaluaron un taller cognitivo conductual
con una muestra de 19 pacientes en el grupo experimental, encontrando diferencias
significativas respecto al grupo control en depresión, autoestima e imagen corporal.
Otros estudios han utilizado sólo 3 pacientes con cáncer de mama (Páez, Luciano y
Gutiérrez, 2007) e incluso son frecuentes los estudios de un solo caso (Barrazas, 2004;
Cruzado, 2006).
Por otro lado, procurar contar con una muestra más elevada permitiría obtener resultados
más sólidos y generalizables acerca de la efectividad de intervenciones destinadas a
prevenir estrés postraumático en esta población. Sin embargo, esto sólo sería posible si
se realizara un estudio de una duración más prolongada que la del presente estudio
(mujeres diagnosticadas en un período de 5 meses y medio) de modo de alcanzar a
reunir una muestra de mayor tamaño, alternativa que empleó Sebastián et al. (2007)
quien reunió su muestra de 188 participantes a lo largo de 7 años, desde 1997 hasta
2004.
Otra limitación fue no contar con un procedimiento aleatorio para asignar a los
participantes en los grupos experimental y control. Como se ha dicho, la urgencia de
realizar una pronta intervención tras el diagnóstico, antes de que iniciaran la
quimioterapia, obligó a formar los grupos a partir de la disposición de las mujeres a
80
asistir en una fecha y horario determinados con antelación y que dependían también de
la disponibilidad de salones por parte del centro hospitalario. Por otro lado, la asignación
aleatoria hubiera implicado el problema ético de dejar a varias participantes sin la
atención inmediata que requerían, puesto que si bien existían talleres posteriores para
ellas, el tratamiento con quimioterapia hubiera impedido de igual modo que se
beneficiaran de esta alternativa.
La ausencia de aleatorización repercutió en que los grupos finalmente no fueran
homogéneos en la condición pretest en algunas de las variables dependientes, quizás
debido a que la voluntariedad de participar en los talleres tiene que ver con sus
características psicopatológicas, es decir, la falta de disposición para participar de
inmediato pudo relacionarse con la presencia de sintomatología postraumática,
sintomatología somática y autoestima. Es probable que la falta de disposición para
participar de inmediato en los talleres esté mediada por una estrategia de afrontamiento
evitativo, descrita por Carrasco y Cea (2007) como una de las reacciones posibles frente
al diagnóstico de cáncer de mama. Estas diferencias de puntaje iniciales se controlaron
con el ANCOVA, por lo que las diferencias significativas encontradas entre los grupos
en el postest pudieron atribuirse a la intervención realizada.
Otra limitación la constituye el no haber contado con un grupo de control permanente a
fin de comparar los grupos incluso en fase de seguimiento, pero como se ha dicho,
contar con este tipo de grupo control implicaría el problema ético de dejar una parte de
la muestra sin atención inmediata, por lo que se prefirió en este estudio sacrificar la
oportunidad de contar con grupo de contraste para el seguimiento.
81
Por otra parte, el seguimiento sólo se verificó hasta el tercer mes una vez concluido el
taller, lo que resulta insuficiente para evaluar la mantención de los cambios a largo
plazo, sobre todo en un taller destinado a prevenir el surgimiento de manifestaciones
clínicas una vez concluido el tratamiento médico, por lo que sería interesante realizar un
segundo seguimiento a los doce meses de finalizado el taller.
6.5. LINEAS FUTURAS DE INVESTIGACIÓN
En cuanto a sugerencias para estudios futuros en esta temática, quizás sea recomendable
evaluar este mismo tipo de intervención en un contexto individual. Si bien se ha
privilegiado en el presente estudio la intervención grupal, debido a su menor coste de
tiempo y dinero, además de posibilitar la conexión de las mujeres con el apoyo social
otorgado por el grupo de pares (acaso una de las estrategias más importantes de esta
intervención), el formato individual a su vez permitiría una mayor participación y
adherencia en la medida que ya no sería necesario conciliar el horario de varias
participantes para iniciar un grupo terapéutico, además de prevenir estilos de
afrontamiento negativos, tal como la evitación y la represión, que pudieran
eventualmente haber impulsado a algunas mujeres a no participar del estudio o de los
talleres; esto debido a que el contexto grupal podría significar para las mujeres una
mayor exposición hacia su enfermedad, en la medida que pueden sentirse obligadas a
escuchar o hablar acerca del cáncer. Este abordaje individual permitiría además
aumentar el tamaño de la muestra, aunque implicaría mayores costos.
82
Finalmente, es necesario considerar que las mujeres que sufren cáncer de mama están
sometidas a numerosos estresores que afectan su calidad de vida tanto durante el
tratamiento médico como una vez finalizado éste, por lo que se hace necesario generar
instancias que ayuden al mejoramiento de esta calidad de vida. Se espera con esta
investigación haber aportado en esa línea.
83
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8. ANEXOS
ANEXO 1
ESCALA DE IMPACTO DE EVENTO-REVISADA *
Instrucciones: La siguiente es una lista de dificultades que a veces tienen las
personas después de haber vivido un evento estresante. Por favor, lea cada
frase y luego indique cuán molesto (a) ha sido cada dificultad durante estos
ÚLTIMOS SIETE DÍAS, encerrando en un círculo el número de la
alternativa que mejor refleje su forma de sentir.
¿Cuánto le molestaron y afligieron estas dificultades?
Las respuestas posibles son:
Nada :0
Un poco :1
Moderadamente : 2
Bastante :3
Extremadamente : 4
Nada (0) Un poco (1) Moderada- Bastante (3) Extremada-
mente (2) mente (4)
1 Cualquier recuerdo me hace volver
a sentir lo que sentí antes
2 Tengo problemas para permanecer
dormido
3 Otras cosas me hacen pensar en el
suceso
4 Me siento irritable y enojado
………
5 Procuro no alterarme cuando
pienso o recuerdo lo sucedido
6 Pienso en ello aun cuando no
quiera
7 Siento como si no hubiese
sucedido o no fuese real
8 Me mantengo lejos de cualquier
cosa que me recuerde lo sucedido
9 Imágenes del suceso asaltan mi
mente
* Se han modificado los tiempos verbales de los ítemes originales
ANEXO 1
Nada (0) Un poco (1) Moderada- Bastante (3) Extremada-
mente (2) mente (4)
10 Me sobresalto y asusto con
facilidad
11 Intento no pensar en el suceso
….
12 Me doy cuenta de que quedan
muchos sentimientos sin resolver
13 Mis sentimientos sobre el suceso
están como adormecidos
14 Me encuentro como si estuviese
funcionando o sintiendo como
durante el evento
15 Tengo problemas para conciliar
el sueño
16 Me invaden oleadas de fuertes
sentimientos sobre lo sucedido
17 Intento apartarlo de mi memoria
18 Tengo problemas de
concentración
19 Cosas que me recuerdan lo
sucedido me causan reacciones
fisiológicas tales como
transpiración, dificultad al
respirar, náuseas o taquicardia
20 Sueño con lo sucedido
…………..
21 Me siento vigilante y en guardia
…
22 Intento no hablar de ello
………..
ANEXO 2
BDI II
ID:
Nombre: Fecha de hoy:
Sexo: 1. Masculino 2. Femenino Fecha de nacimiento:
INSTRUCCIONES: Este cuestionario consiste en 21 grupos de afirmaciones. Por favor, lea con atención cada
uno de ellos y, a continuación, señale cuál de las afirmaciones de cada grupo describe mejor el modo en el
que se ha sentido DURANTE LAS DOS ÚLTIMAS SEMANAS INCLUYENDO EL DIA DE HOY.
Rodee con un círculo el número que se encuentre escrito a la izquierda de la afirmación que haya elegido. Si
dentro del mismo grupo, hay más de una afirmación que considere igualmente aplicable a su caso, señálela
también. Asegúrese de leer todas las afirmaciones dentro de cada grupo antes de efectuar la elección.
1 TRISTEZA 6 SENTIMIENTOS DE CASTIGO
0 No me siento triste habitualmente. 0 No siento que esté siendo castigado.
1 Me siento triste gran parte del tiempo. 1 Siento que puedo ser castigado.
2 Me siento triste continuamente. 2 Espero ser castigado.
3 Me siento tan triste o tan desgraciado que no puedo 3 Siento que estoy siendo castigado.
soportarlo.
2 PESIMISMO 7 INSATISFACCION CON UNO MISMO
0 No estoy desanimado sobre mi futuro. 0 Siento lo mismo que antes sobre mí mismo.
1 Me siento más desanimado sobre mi futuro que 1 He perdido confianza en mí mismo.
antes. 2 Estoy decepcionado conmigo mismo.
2 No espero que las cosas me salgan bien. 3 No me gusto.
3 Siento que mi futuro es desesperanzador y que las
cosas sólo empeorarán.
3 SENTIMIENTOS DE FRACASO 8 AUTO - CRITICAS
0 No me siento fracasado. 0 No me critico o me culpo más que antes.
1 He fracasado más de lo que debería. 1 Soy más crítico conmigo mismo de lo que solía
2 Cuando miro atrás, veo fracaso tras fracaso. ser.
3 Me siento una persona totalmente fracasado. 2 Me critico por todos mis defectos.
3 Me culpo a mi mismo por todo lo malo que
sucede.
4 PERDIDA DE PLACER 9 PENSAMIENTOS O DESEOS DE SUICIDIO
0 Disfruto tanto como antes de las cosas que me 0 No tengo ningún pensamiento de suicidio.
gustan. 1 Tengo pensamientos de suicidio, pero no los
1 No disfruto de las cosas tanto como antes. llevaría a cabo.
2 Obtengo muy poco placer de las cosas con las que 2 Me gustaría suicidarme.
antes disfrutaba. 3 Me suicidaría si tuviese la oportunidad.
3 No obtengo ningún placer de las cosas con las que
antes disfrutaba.
5 SENTIMIENTOS DE CULPA 10 LLANTO
0 No me siento especialmente culpable. 0 No lloro más de lo que solía hacerlo.
1 Me siento culpable de muchas cosas que he hecho 1 Lloro más de lo que solía hacerlo.
o debería haber hecho. 2 Lloro por cualquier cosa.
2 Me siento bastante culpable la mayor parte del 3 Tengo ganas de llorar continuamente, pero no
tiempo. puedo.
3 Me siento culpable constantemente.
ANEXO 2
11 AGITACION 17 IRRITABILIDAD
0 No estoy más inquieto o tenso que de costumbre. 0 No estoy más irritable de lo habitual.
Me siento más inquieto o tenso que de 1 Estoy más irritable de lo habitual.
1 costumbre. 2 Estoy mucho más irritable de lo habitual.
Estoy tan inquieto o agitado que me cuesta estar 3 Estoy irritable continuamente.
2 quieto.
Estoy tan inquieto o agitado que tengo que estar
3 continuamente moviéndome o haciendo algo.
12 PERDIDA DE INTERÉS 18 CAMBIOS EN EL APETITO
0 No he perdido el interés por otras personas o 0 No he experimentado ningún cambio en mi
actividades. apetito.
1 Estoy menos interesado que antes por otras 1a Mi apetito es algo menor de lo habitual.
personas o actividades. 1b Mi apetito es algo mayor de lo habitual.
2 He perdido la mayor parte de mi interés por los 2a Mi apetito es mucho menor que antes.
demás o por las cosas. 2b Mi apetito es mucho mayor que antes.
3 Me resulta difícil interesarme en algo. 3a He perdido completamente el apetito.
3b Tengo ganas de comer continuamente.
13 INDECISION 19 DIFICULTAD DE CONCENTRACION
0 Tomo decisiones como siempre. 0 Puedo concentrarme tan bien como siempre.
1 Tomar decisiones me resulta más difícil que de 1 No puedo concentrarme tan bien como
costumbre. habitualmente.
2 Tengo mucha más dificultad en tomar decisiones 2 Me cuesta mantenerme concentrado en algo
que de costumbre. durante mucho tiempo.
3 Tengo problemas para tomar cualquier decisión. 3 No puedo concentrarme en nada.
14 INUTILIDAD 20 CANSANCIO O FATIGA
0 No me siento inútil. 0 No estoy más cansado o fatigado que de
1 No me considero tan valioso y útil como solía ser. costumbre.
2 Me siento inútil en comparación con otras 1 Me canso o fatigo más fácilmente que de
personas. costumbre.
3 Me siento completamente inútil. 2 Estoy demasiado cansado o fatigado para hacer
muchas cosas que antes solía hacer.
3 Estoy demasiado cansado o fatigado para hacer
la mayoría de las cosas que antes solía hacer.
15 PERDIDA DE ENERGÍA 21 PERDIDA DE INTERÉS POR EL SEXO
0 Tengo tanta energía como siempre. 0 No he notado ningún cambio reciente en mi
1 Tengo menos energía de la que solía tener. interés por el sexo.
2 No tengo suficiente energía para hacer muchas 1 Estoy menos interesado por el sexo de lo que
cosas. solía estar.
3 No tengo suficiente energía para hacer nada. 2 Estoy mucho menos interesado por el sexo
ahora.
3 He perdido completamente el interés por el sexo.
16 CAMBIOS EN EL PATRÓN DE SUEÑO
0 No he experimentado ningún cambio en mi patrón
de sueño.
1a Duermo algo más de lo habitual.
1b Duermo algo menos de lo habitual.
2a Duermo mucho más de lo habitual.
2b Duermo mucho menos de lo habitual.
3a Duermo la mayor parte del día.
3b Me despierto 1 ó 2 horas más temprano y no
puedo volver a dormirme.
ANEXO 3 ESCALA DE AUTOESTIMA DE ROSENBERG
Por favor, conteste a los siguiente ítems rodeando con un círculo la respuesta que considere adecuada:
1 = Muy de acuerdo
2 = De acuerdo
3 = En desacuerdo
4 = Muy en desacuerdo
1.- Siento que soy una persona digna de aprecio, al menos en igual medida que los demás.
1 2 3 4
Muy de Acuerdo De Acuerdo En Desacuerdo Muy en Desacuerdo
2.- Me inclino a pensar que, en conjunto, soy una fracasada.
1 2 3 4
Muy de Acuerdo De Acuerdo En Desacuerdo Muy en Desacuerdo
3.- Creo que tengo varias cualidades buenas.
1 2 3 4
Muy de Acuerdo De Acuerdo En Desacuerdo Muy en Desacuerdo
4.- Puedo hacer las cosas tan bien como la mayoría de la gente.
1 2 3 4
Muy de Acuerdo De Acuerdo En Desacuerdo Muy en Desacuerdo
5.- Creo que no tengo muchos motivos para sentirme orgullosa de mí.
1 2 3 4
Muy de Acuerdo De Acuerdo En Desacuerdo Muy en Desacuerdo
6.- Tengo una actitud positiva hacia mi misma.
1 2 3 4
Muy de Acuerdo De Acuerdo En Desacuerdo Muy en Desacuerdo
7.- En general, estoy satisfecha conmigo misma.
1 2 3 4
Muy de Acuerdo De Acuerdo En Desacuerdo Muy en Desacuerdo
8.- Desearía valorarme más a mí misma.
1 2 3 4
Muy de Acuerdo De Acuerdo En Desacuerdo Muy en Desacuerdo
9.- A veces me siento verdaderamente inútil.
1 2 3 4
Muy de Acuerdo De Acuerdo En Desacuerdo Muy en Desacuerdo
10.- A veces pienso que no sirvo para nada.
1 2 3 4
Muy de Acuerdo De Acuerdo En Desacuerdo Muy en Desacuerdo
Escala modificada para ser utilizada con población femenina
ANEXO 4
PILL ( Pennebaker Inventory of Limbic Languidness)
Instrucciones: A continuación se le presentan una serie de síntomas, señale con un círculo la
respuesta que indica con qué frecuencia experimenta cada síntoma. El criterio de puntuación
que debe seguir es el siguiente:
A: Nunca o casi nunca experimentó el síntoma. (1)
B: Menos de 3 o 4 veces al año (2)
C: Cada mes o así. (3)
D: Cada semana o así (4).
E: Más de una vez a la semana (5).
A continuación se le presentan una serie de situaciones, señale con qué frecuencia le han sucedido.
ELIJA LA RESPUESTA QUE MÁS LO REPRESENTA.
Situación A B C D E
1 Ojos llorosos
2 Escozor o dolor en los ojos
3 Zumbido en los oídos
4 Sensación de Ahogo
5 Tos
6 Falta de respiración
7 Dolores en el pecho
8 Latidos rápidos en el corazón
9 Calambres en las piernas
Despierta por la noche y tiene dificultades para
10
volver a dormirse
Dificultades para quedarse dormido pese a querer
11
hacerlo
12 Dificultades para levantarse
13 Articulaciones doloridas
14 Dolores de espaldas
15 Sensación de fiebre
16 Sudores incluso con tiempo frío
17 Dolores de cabeza
18 Sensación de presión en la cabeza
19 Bochornos
20 Escalofríos
21 Mareos
22 Vértigos
23 Insensibilidad en cualquier parte del cuerpo
24 Tics en los ojos o en otra parte del cuerpo
25 Temblor en las manos
26 Articulaciones duras
27 Dolor en los músculos
28 Náuseas
ANEXO 5
ID
CUESTIONARIO SOCIODEMOGRÁFICO
A. Nombre: _________________________________________ B. Fecha de Evaluación: ____ / ____ / ____
C. Fecha de Nacimiento: _____ / _____ / _____ D. Edad :
E. Nivel Educacional:
1. ______ Sin estudios
2. ______ Enseñanza básica incompleta 3. ______ Enseñanza básica completa
4. ______ Enseñanza media incompleta 5. ______ Enseñanza media completa
6. ______ Estudios superiores incompletos 7. ______ Estudios superiores completos
F. Ingresos per capita hogar:
1. ______ 0 – 100.000 2. ______ 101.000 – 200.000
3. ______ 201.000 – 400.000 4. ______ 400.000 o más
G. Estado civil
1. ______ Soltera 2. ______ Casada 3. ______ Viuda
4. ______ Separada 5. ______ Divorciada 6. ______ Otra
H. Número de hijos:
I. Edad de los hijos:
J. Meses transcurridos desde el diagnóstico de cáncer de mama:
K. Tratamientos psicológicos anteriores:
1. ____ SÍ Año Motivo: ___________________________
Año Motivo: ___________________________
2. ____ NO
L. Centro de salud en donde está siendo atendida:
1. ____ Hospital Regional 2. _____ Hospital Higueras
M. Intervenciones médicas a la fecha
1. ___ Cirugía conservadora 2. ___ Mastectomía 3. ___ Radioterapia 4. ___ Quimioterapia
ANEXO 6
MANUAL DE TRATAMIENTO:
PREVENCIÓN DE TRASTORNO DE ESTRÉS POSTRAUMÁTICO
EN MUJERES DIAGNOSTICADAS CON CANCER DE MAMA
PRIMERA SESIÓN
ACTIVIDAD MATERIALES DURACIÓN
Presentación del terapeuta y Tarjetas adhesivas de 25 minutos
de las participantes presentación
Explicación de los objetivos 5 minutos
del taller
Discusión acerca del cáncer Tarjetas con contenido 60 minutos
de mama y la salud mental
Intervalo de descanso Café, galletas 15 minutos
Tarea: ejercicio de escritura Hojas con instrucciones 15 minutos
emocional Hojas en blanco para
realizar la escritura
Descripción de las actividades:
1. Presentación del terapeuta y de las participantes:
El relator se presenta identificándose como psicólogo de la Universidad de Concepción y
colaborador de la Unidad de Patología Mamaria del Hospital Higueras de Talcahuano.
Luego pide a las participantes que se reúnan en pareja para iniciar ejercicio de
presentación cruzada en el que cada una presenta a su interlocutora, a quien deberá
preguntar datos personales básicos, como nombre, lugar de residencia, con quien vive y a
qué se dedica.
Se les entregará una tarjeta adhesiva con su nombre para facilitar la relación al interior del
grupo.
2. Explicación de los objetivos del taller:
Se explica que el taller consistirá en abordar directamente las consecuencias psicológicas
del diagnóstico y tratamiento del cáncer de mama, a través de diversos medios en donde
resalta la posibilidad de expresarse verbal y emocionalmente, en un ambiente protegido,
sobre sus preocupaciones, para luego darse la oportunidad de transmitir esta experiencia a
sus seres queridos.
3. Discusión acerca del cáncer de mama y la salud mental:
A través de preguntas y aseveraciones anotadas en tarjetas y que las participantes irán
leyendo, se conversará acerca del cáncer de mama y su influencia en la salud mental. El
objetivo es que puedan expresar sus creencias acerca de la enfermedad, compartir visiones
ANEXO 6
similares o distintas con las demás participantes y ampliar sus puntos de vista como
consecuencia de esta conversación. Las preguntas son las siguientes:
• El cáncer de mama es una enfermedad mortal
• El cáncer de mama provoca dificultades en las relaciones de pareja
• Para superar la pena es apropiado ocultarla o dar la impresión de que no me ha
afectado
• Los efectos psicológicos del cáncer de mama comienzan a manifestarse meses
después del diagnóstico
• Las posibilidades de recaída del cáncer de mama son altas
• La quimioterapia y la radioterapia podrían provocar malestar físico y psicológico
en el paciente
• El diagnóstico y el proceso de la enfermedad de cáncer de mama puede provocar
un trauma psicológico.
• Los efectos psicológicos adversos del cáncer de mama se pueden prevenir.
4. Asignación de tarea:
Se le asigna tarea de escritura emocional para los próximos cuatro días incluyendo éste.
Las instrucciones son las siguientes:
TAREA Nº 1
DÍA 1
• Reflexione unos minutos acerca de lo que usted personalmente ha sentido, pensado y
hecho en relación al cáncer de mama que le fue diagnosticado.
• Luego de haber reflexionado, escriba lo que ha pensado en un mínimo de una plana y
un máximo de tres planas
• No se preocupe de la redacción o la ortografía.
• Piense que lo escrito es absolutamente personal o que es un testimonio anónimo que
está transmitiendo a una persona de una generación más joven.
• En su escrito, manifieste cómo le ha afectado la enfermedad realmente. Por ejemplo,
podría ser beneficioso simplemente escribir sobre la enfermedad en sí misma, cómo se
sintió cuando se la diagnosticaron y cómo le hace sentir ahora.
DÍA 2
• Siguiendo las mismas instrucciones generales del Día 1, en este día profundice por
escrito en sus sentimientos y pensamientos más íntimos revisando el efecto que la
enfermedad ha tenido en las distintas áreas de su vida.
DÍA 3
• Siguiendo las mismas instrucciones generales del día 1, en este tercer día intente
analizar desde diferentes puntos de vista los acontecimientos relacionados con la
ANEXO 6
enfermedad. Es decir, intente verla desde el lado negativo, positivo o como usted cree
que la ven las personas más cercanas. Y póngalo por escrito.
DÍA 4
• Este último día reflexione sobre lo escrito en los días anteriores valorando si hay
asuntos que aún no han sido enfrentados, y si ha aprendido, perdido y ganado algo
como resultado de su enfermedad. Además explore en qué medida esta experiencia
marcará su comportamiento futuro. Y escríbalo.
Además, después de cada día de escritura se le pedirá a la participante que evalúe la
experiencia de escribir valorando en una escala de 10 puntos en qué medida ha expresado
sus sentimientos y pensamientos más íntimos, si ha sentido tristeza, malestar o felicidad y
si el ejercicio ha sido valioso y significativo. Para ello se le entregará la siguiente pauta,
que debe llenar para cada día de escritura:
EVALÚE EN LA SIGUIENTE ESCALA COMO HA SIDO CADA DÍA DE ESCRITURA
PARA ELLO GUIÉSE POR EL SIGUIENTE EJEMPLO
Un paciente, al preguntársele si logró expresar sus sentimientos más íntimos al escribir,
señaló que lo había intentado, pero no había podido. Contestó en la escala de la siguiente
forma:
Al momento de escribir logré expresar mis sentimientos y pensamientos más íntimos
En un bajo grado 2 1 0 1 2 En un alto grado
DÍA 1
1. Al momento de escribir logré expresar mis sentimientos y pensamientos más íntimos
En un bajo grado 2 1 0 1 2 En un alto grado
2. Al momento de escribir mi emoción predominante fue
Tristeza 2 1 0 1 2 Alegría
3. Al leer lo escrito he sentido que el grado de importancia de la tarea ha sido
Poco valioso 2 1 0 1 2 Muy valioso
ANEXO 6
SEGUNDA SESIÓN
ACTIVIDAD MATERIALES DURACIÓN
Saludos del terapeuta 5 minutos
Revisión de la tarea 30 minutos
Realización de un collage Revistas 40 minutos
que represente su vivencia 1 pliego de cartulina blanca
actual respecto a la por participante
enfermedad Tijeras
Pegamento
Lápices
Intervalo de descanso Café, galletas 10 minutos
Discusión grupal respecto a 25 minutos
los collage
Tarea: Hojas con instrucciones. 10 minutos
Conexión con red de apoyo
social
Descripción de las actividades:
1. Saludos del terapeuta:
Se les da la bienvenida y se les refuerza por la asistencia puntual al taller
2. Revisión de la tarea:
Se conversa con ellas acerca de la ejecución de la escritura emocional y se les invita a
compartir voluntariamente alguna de las expresiones que escribieron. Se les insta a
reconocer “de qué se percataron” realizando este ejercicio o sobre las diferencias entre el
día 1 y el día 4, por ejemplo. Se les pide que reconozcan aquellos aspectos novedosos que
hayan surgido en el relato que modifiquen o complementen su manera habitual de “narrar”
la experiencia del cáncer.
4. Realización de un collage:
Se invita a las participantes a elaborar un collage que simbolice sus creencias,
sentimientos y emociones en relación a la enfermedad del cáncer de mama, explicitando a
través de este medio creativo lo que “ha significado” para ellas.
5. Discusión grupal respecto a los collage:
Después de un intervalo de descanso, las participantes mostrarán su trabajo a las demás y
comentarán su significado, en esta fase se alentará la participación de todos en la
elaboración de los significados, en un ambiente es el que se privilegiará un lenguaje
deconstructivo que permita desmenuzar y profundizar en estos significados, un lenguaje
externalizante para que perciban el cáncer como una entidad externa que ha aparecido en
sus vidas y que debe ser derrotada, prestando atención a la narrativa con el fin de ampliar
la trama, buscar excepciones o acontecimientos extraordinarios en sus vidas que
ANEXO 6
confirmen que tienen recursos para enfrentar la enfermedad, y alentando su vinculación
con sus redes de apoyo social.
6. Tarea:
Con el fin de promover su vínculo con integrantes de su red social de apoyo, se les pide
que conversen sobre su enfermedad con alguien cercano, para lo cual se les entregan las
siguientes instrucciones
TAREA Nº 2
Pregúntale a alguien cercano, ya sea familiar o amigo, sobre lo que piensa y siente hacia tu
enfermedad. Sólo debes escuchar, sin cuestionar o corregir lo que dice, y luego contestar
las preguntas que aparecen a continuación.
1. ¿A quien le preguntaste?
2. ¿Por qué lo/la elegiste?
3. ¿Sientes que esa persona ha sido capaz de comprenderte?
Poco 2 1 0 1 2 Mucho
4. Lo que sentiste al escucharlo/la fue
Tristeza 2 1 0 1 2 Alegría
5. Al terminar el ejercicio he sentido que su grado de importancia ha sido
Poco valiosa 2 1 0 1 2 Muy valiosa
ANEXO 6
TERCERA SESIÓN
ACTIVIDAD MATERIALES DURACIÓN
Saludos del terapeuta 5 minutos
Revisión de la tarea 30 minutos
Discusión sobre las redes de 60 minutos
apoyo
Intervalo de descanso Café, galletas 10 minutos
Tareas: Hojas con instrucciones. 15 minutos
Buscar acontecimientos de
la vida personal en los
cuales hayan vencido un
obstáculo
Descripción de las actividades:
1. Saludos del terapeuta:
Se les da la bienvenida y se les refuerza por la asistencia puntual al taller
2. Revisión de la tarea
Se conversa con ellas sobre a quien eligieron para hablar de la enfermedad y porqué. Se
les invita a expresar cómo se sintieron durante su ejecución y se les insta a reconocer “de
qué se percataron” realizando este ejercicio. También se recalca sobre el cambio en la
narración sobre la experiencia de la enfermedad a partir del conocimiento de lo que
piensan los otros significativos.
3. Discusión sobre las redes de apoyo
Se conversa sobre las personas que constituyen su red social, la familia, los amigos y las
relaciones de pareja, enfatizando las historias de ayuda, de apoyo, de cooperación en la
superación de las diferentes dificultades que han enfrentado en el transcurso de sus vidas.
Se utiliza el mismo lenguaje narrativo descrito en la sesión anterior para profundizar en las
historias y buscar excepciones
4. Tarea
Con el fin de que las participantes recuperen los recursos personales y sociales que les han
permitido superar las dificultades en sus vidas, se le asigna la siguiente tarea:
TAREA Nº 3
Recuerde tres eventos en su vida en el cual usted enfrentó un problema o dificultad y logró
vencerla o salir adelante. Recuerde y luego escriba acerca de qué hizo, pensó o sintió, y a
quien recurrió, para superar cada uno de estos problemas o dificultades.
ANEXO 6
CUARTA SESIÓN
ACTIVIDAD MATERIALES DURACIÓN
Saludos del terapeuta 5 minutos
Revisión de la tarea 30 minutos
Discusión sobre las historias 60 minutos
de supervivencia y
superación
Intervalo de descanso Café, galletas 10 minutos
Entrega de certificados de 15 minutos
participación
Descripción de las actividades:
1. Saludos del terapeuta:
Se les da la bienvenida y se les refuerza por la asistencia puntual al taller
2. Revisión de la tarea:
Se les invita a compartir las experiencias que escribieron en la tarea. Se les invita a
expresar cómo se sintieron durante su ejecución y se les insta a reconocer “de qué se
percataron” realizando este ejercicio.
3. Discusión sobre acontecimientos extraordinarios:
Se conversa sobre las diversas experiencias en la historia de sus vidas, en las que han
demostrado su capacidad para enfrentarse o reponerse frente a la adversidad, centrando el
diálogo en descubrir y ampliar aquellas cualidades que les permitieron salir adelante o en
los aprendizajes que obtuvieron tras vivir estas experiencias. Se utiliza el mismo lenguaje
narrativo descrito en las sesiones anteriores para profundizar en las historias y proyectar
sus aprendizajes hacia el futuro inmediato
4. Entrega de certificados:
Con el fin de ritualizar el término del taller y el comienzo de una nueva fase en la lucha
contra su enfermedad (quimioterapia) se les entrega un certificado en el cual se les recalca
la historia de diversos obstáculos que han debido sortear en el transcurso de sus vidas y
que les ha permitido desarrollar experiencias y recursos para seguir adelante.
ANEXO 6
ANEXO 7a
CARTA DE CONSENTIMIENTO
El programa de Magíster en Psicología de la Salud de la Universidad de Concepción
y la Unidad de Patología Mamaria del Hospital en el cual usted se atiende, la invitan a
participar de un Taller de Apoyo Psicológico, de carácter voluntario y gratuito, dirigido a
mujeres recientemente diagnosticadas con cáncer de mama
Para la realización de este taller y para obtener un seguimiento de su estado
psicológico, es necesario realizar periódicamente una evaluación psicológica en la que
usted tendrá que contestar diversas encuestas administradas por un estudiante de psicología
capacitado para esta función.
Tanto la participación en el taller como las evaluaciones psicológicas periódicas son
de carácter voluntario y los datos que usted entregue se manejarán con absoluta
confidencialidad y discreción, manteniendo su anonimato.
Si usted está de acuerdo en participar de esta evaluación, se le ruega firmar la
presente carta de consentimiento.
Nombre: _____________________________________________________
Firma: _____________________________________________________
Fecha: ____ / ____ / ____
ANEXO 7b
CARTA DE CONSENTIMIENTO
El programa de Magíster en Psicología de la Salud de la Universidad de Concepción
y la Unidad de Patología Mamaria del Hospital en el cual usted se atiende, han requerido la
necesidad de realizar evaluaciones psicológicas periódicas a las mujeres que se atienden en
dicha unidad, a fin de realizar un seguimiento a su estado psicológico mientras se
encuentran en tratamiento médico.
Para la realización de esta evaluación psicológica, usted tendrá que contestar
diversas encuestas administradas por un estudiante de psicología capacitado para esta
función.
La participación en estas evaluaciones psicológicas periódicas son de carácter
voluntario y los datos que usted entregue se manejarán con absoluta confidencialidad y
discreción, manteniendo su anonimato.
Si usted está de acuerdo en participar de esta evaluación, se le ruega firmar la
presente carta de consentimiento.
Nombre: _____________________________________________________
Firma: _____________________________________________________
Fecha: ____ / ____ / ____