Miguel Ildefonso
M.D.I.H.
Salvo los dos ltimos poemas, todos fueron escritos en Lima por el ao 1995, luego de la muerte trgica de Carlos Oliva, amigo y poeta (de quien ahora se cumplen diez aos de su desaparicin). Los dos ltimos pertenecen a este nuevo milenio. El ltimo poema fue escrito en Texas y corregido en Lima (sobre todo el aadido de la letra del conocido huayno). Lo que entrego aqu son extractos de dos libros inditos; libros que, como todo lo que tengo escrito, se entrelazan por diferentes canales subterrneos. Va esta muestra dedicada a mis compaeros de ruta en aquellos aos: Nen, Estacin 32 (de La Cantuta), Cultivo (de San Marcos), Noble Katerva, Geranio Marginal, Vanaguardia, y todos los grupos que existieron. Van estos poemas a Carlos, a Juan, a El, a Josemri. (Miguel Ildefonso. Apolo, primavera, 2004)
EL DOLOR (I)
He aqu el dolor, el nico dolor, la insoportable luz de las calles, la mano extendida con las cuerdas rotas del sonido. He aqu el influjo, otro infierno que quema el almanaque, ros secos, ros ocenicos. Una carpa de circo cubrir la tierra de dolor. Noche cruel como esta. Dolor en los tenedores. Poesa pura, poesa del amor alquilado en una habitacin, con rimas y desapariciones polticas. El dolor de un sonido buscando su instrumento. Despus de tantas palabras, abro la ventana. Las estrellas, las sombras siluetadas de los edificios. Respiro el olor de los cuerpos calcinados, la cada de los rboles entrelazados, la belleza del mundo que sepulta su msica de dolor por otra msica. El dolor de los que regresan a sus casas sin nada, el dolor de los que no pueden regresar, el dolor que se esconde de la polica, que se toma algo para as no sentir dolor, el dolor que no cicatriza y mezclado con la neblina contina siendo una mancha, el dolor de los que caminan solos o conversan con una pierna devorada por la gangrena, el mismo dolor sin trabajo, que si llega al ro pestilente es slo para decirle que no lo devuelva,
el dolor que crece con la yerba, que se deja acariciar por el viento y cierra los ojos y huye, el dolor que esconde su dolor, el dolor de una avenida donde un ciego toca su violn, el dolor ms all de la vida, ms all del dolor.
EL DOLOR (II)
Slo el dolor reina el olvido y sobre lo que se va de s, al ras de la vereda, queriendo voltear la esquina. El amargo rbol nace del infinito, ellos corren, pero t an ests parado. Otros en vez de ti se van a esos lugares ms seguros, dicen que nada vale la pena, t les das la razn. Ests parado en el puente, es de noche, y el infinito es fro como el amor. Nosotros te buscamos, adnde te has ido? Adnde te llevaron? Nosotros estamos ahora ms solos. Infinitos solos pueblan las calles, solos que se meten a la oscuridad, solos que se emborrachan solos, solos que bailan solos, solos con el dolor.
EL DOLOR (III)
Yo estaba solo, como todos, pero viva con cierta parte de mis ojos en las nubes y una muy especial entre los cabellos de una muchacha enredada entre mis sueos.
Por otra parte la muerte, que todos conocan, me empujaba para todos lados, a veces pareca como si yo fuese su sombra. Y me sentaba en una banca muy cansado, sin nada en los bolsillos como una cancin pasada de moda.
Altos edificios con cabezas de elefantes y dientes de conejo, antes con tristeza de luna. Y qu hago aqu _ me deca _ entre los altos pensamientos de este tiempo, con grifos como serpientes de gasolina y microbuses con forma de pistola. Dnde busco ese amor, con ventanas donde cuelgan cabezas y prpados, al ras de las espaldas donde cae todo un cielo, la legaa de una nube perdida en el crepsculo de los pasteleros del ro.
Altos cadveres en los pasadizos encerados, bajo una araa de esperma y esputo, con slabas de torturas en un mueble, con una tortuga en una oreja cortada. Altos puestos de peridicos
con lenguas de lagartijas y tristeza de iguana.
Existe un bar en mitad de la calle, una luz que sabe cantar las canciones ms tristes y puede hacerte rer si eso es lo que quieres. Existe muy arriba del cielo un vaco al que todos llaman Dios. Me siento con una botella, mirando cmo desfila la vida detrs de la muerte. Cuerpos de maana nos vemos, cuerpos de prostitutas con besos de esprides. Una botella se rompe en la esquina y exista un rincn en la tierra donde te sentabas tranquilo, el sol bajaba por la persiana y esperabas que ella pasara con su cuerpo de hola, su cuerpo de gaviota perdida en la ciudad. Muy de maana tambin un lucero te despertaba y se apoderaba de tu corazn.
Una muchacha se sale de la marcha con las ganas de abrazarlo todo, de salir para siempre del dolor que pesa ms que su corazn. Slo quiere llegar a su paradero, a su casa, slo desea un poco de cario, cunto dara por un poco de eso aunque sea fingido, porque la poesa no es todo. Una sola lgrima en su interior es capaz de devolverla a su sueo.
Dime, nia mala, por qu acaba la calle
cuando va a empezar otra calle igual? Por qu se acaban las botellas y uno se queda con las ganas de todo y con las botellas vacas y solo? Porque se suea con los ojos cerrados y se sufre con el corazn abierto? Por qu me desped con un beso de la muchacha que amaba, y no la volva ver ni en sueos, pero ese mismo beso le segua dando en todos los sueos?
El cielo echa el agua sucia sobre los corazones limpios, la vida se acaba con un cigarrillo a medio fumar, los peridicos vomitan un amor con los cabellos mojados, los micros son el infinito con una boca vaca. Un pjaro bayo penetra en la neblina y se convierte en la gara que oxida las antenas. La claridad de las almas se parece a esta neblina de cuerpos de cemento mojndose con ms brillo en los ojos. Hay un filo en la ventana que podra ser como el seno de una promesa, donde uno recuesta su cabeza y el cielo nunca mira hacia arriba.
T podas ver el infinito a travs de una lgrima, el infinito de prostitutas azules, el infinito de drogos con una luna encima. Yo te vi pasar de prisa por esta avenida, y en tus ojos se vea que sabas de qu estaban hechos esos corazones que se ahogaban en alcohol, cmo pesar un sueo con el delgado deseo de un ala, por qu callaba demasiado el tigre
o por qu el silencio se apoderaba del invierno cuando ms necesitabas tapar el hueco dejado en tu cuerpo. T sabas que la poesa era as, por eso nunca quisiste salvarte.
Mira cmo se prende la neblina, con esquinas de nen y bolutas de prpados con clavos oxidados. Las primaveras se pudrieron al tratar de subir los edificios y los pjaros ahora se estrellan con un ala. Yo no s para qu te pones de pie cuando viene la realidad con ojos de mariposa y cuernos de sueo. Yo no s para qu te pones a correr, a subir escaleras, para qu tienes un peine y una foto en una oreja. T ests bien con esa sonrisa en la luz de tu corazn.
Una calle con fetos corriendo entre grifos y jeringas, y las ancianas llorando en las maderas y las madres defecan entre sus cartones, y el fro es el alma del tiempo. Perros colgados de los postes, el sol de los tuberculosos lavndose los pies en el ro pestilente, y un corazn que se arroja del puente para penetrar la inmortalidad de los mortales, para vivir con un reloj bajo el agua. El dolor que brota de las uas echa una flor. Cmo caminar hacia uno mismo. Cmo no desesperar ante esa palidez que se arrastra, y come huesos. Hay un sueo en un lugar escondido donde apenas
entra el ltimo rayo de sol, que es como un beso. Hay una vida para vivir y otra para morir ms all de todas las cosas, donde cada flor que se abre es pata todos y a cada uno le toca un ptalo que contiene a la flor misma. Pero no es el paraso.
Si acaba el amor, porque no acaban tambin las ganas de arrojar el corazn al mar. Por qu se ha roto el cielo, y la neblina es el alma de los xidos. Hay una mujer a lo lejos, y uno olvida y toma un sorbo de su propia lgrima y espera el invierno, o la primavera con orejas de elefante. Qu ms da, qu ms da la muerte si tambin tiene uas. Pero si acaba la visin de la mujer que sostiene mis sueos, qu cielo soportara tanta tierra, y qu mar no quisiera enterrarse en un caracol ms grande que el nacimiento.
Si t te sentaras un momento, y los postes te abrieran el camino como ngeles, o vieras de una vez por todas la sonrisa de la mujer que llora junto al llanto de su hijo, adnde podras ir si slo quieres otra cosa diferente en cada cosa. T slo conoces la muerte en cada instante, pero nada es comparable a s mismo, el invierno devuelve sueos abortados, hospitales en forma de caracol.
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Si acaba algo debe ser para siempre, o no debe acabar nunca, porque si acaba algo debe simplemente ser slo como romper aquello que separa la realidad de los sueos.
Entonces as como la humedad oxida las rejas quisiera que tambin oxide mi corazn, y que caiga como un fruto despreciable, amargo, sobre una pista infinita. He visto a la muerte entrar a un cine, luego salir de la peluquera. Debajo de los carros guard un ala que toc alguna vez el paraso, el negro paraso de una muchacha nerviosa colgada de una pastilla. Pero algn da habr un da y ser un da como todos los das, pero ese da no ser ms un da y s el da que algn da llegar, porque el da nunca empieza y si termina slo es porque se cierran las rosas.
En el filo de la ltima avenida vi a una muchacha que recoga llantn. Los microbuses recogan a los tuberculosos y el seno del cielo se posaba entre los edificios plomos. Pero yo vi, y no slo yo, y por qu esa maldita costumbre de empezar todo en primera persona, pero deca que vi algo maravilloso, no s qu palabra es ms exacta, no hay ninguna palabra exacta, y nada en general es exacto, por eso ella
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se apareci cuando menos la esperaba y tena todo el universo y los lmites destrozados. Vieja, sola, loca, quise entrar en su mente, quise ser su mente, quise que me ame y yo desde su mente amar o matar, pero en su mente slo hay imgenes rotas, su mente es fro, su mente es hambre, su mente es nomedejescoraznmo, me abrac al vaco, yo s que nos encontraremos algn da, le dije, muy cerca al vaco habita la esperanza. Ella ri, dijo que haca slo poesa.
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ERA EL DESIERTO CLANDESTINO DE AMOR
Al fuego le decas alba y en las cicatrices de tus calles arrojabas lo ms grandioso del mundo, todo rodeado de nios hambrientos. Al dolor le decas horizonte o antes de que cierres lo ojos en el ltimo poste de la avenida los chasquidos del ro se convertan en perros, venan todos a comrselos, era como una plaga, luego hacan festejos, borrachos algunos se hundan en el ro, slo entonces t te preguntabas, tu pregunta era una roca que sala del ro, era el agua del ro, era el ro en el ro y fuera del ro, te reas, ya pe ya pe, decas.
A la muerte decas escupitajo, dnde est ese pedazo de mi carne, pero la noche heda con colores, deseos imposibles de agarrar, te acercabas a la tierra mojada, metas tus manos y haban huesos, ya no eran de carne, slo huesos filudos, podras haber sido hallado, tapado ah tambin con el sol, con la luna.
A la nada le decas sueo podrido del puente clavado en la espalda, musgo de paredes donde defecan los tuberculosos,
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un cielo de plvora que gara cada vez que quieres hablar de flores, de madres esperando a Dios en todas las veredas.
Estabas aqu parado, se oa el ruido de un motor cruzando la noche, era el viento como el caminar, era tu corazn como la eternidad y la eternidad era cada instante.
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LA ESTATUA DESENTERRADA
T te viste en el amanecer de junio, en una banca de madera junto a la estatua de Vallejo, tus pulmones eran bolsas de alcohol, y la maana te dijo hijo por qu no vuelves a casa. Tus ojos en la pista, te viste con el corazn abrigado en el fro. T mirabas y tu pensamiento era una mujer caminando a la calle ms oscura, t sentas y aquello era tu mirar y tu pensar. Solas caminar ciertas calles, lugares donde no se piensa; pensar era una flor, pensar era el amor, pensar era una calle. La seal de que la noche haba terminado era una paloma en la cabeza de Vallejo. Eras todava el fauno que se enfrent a la noche, con la misma noche que mataba siempre a los poetas, como por venganza. Estabas demasiado lejos de tus sueos, sueos que no alcanzaron a cruzar el ro. Tu lgrima era caminar ebrio y luego no recordar nada. Tu miedo era la tranquila noche en un paradero hablndole a Dios que no existe. Tu mar era el mar donde queras que vaya todo, para que as la poesa sea posible y no una cosa separada del mundo.
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SPUNKS (I)
Hay tristeza de spunks en tu negra cabellera de Mayo, llantos de spunks vagando en calles plomizas, parques de un tiempo negado a tu verde yerba. Hoy se han visto tus sueos vagar en alta algaraba, de siniestras moradas descendieron en tramontana las rosabellas intactas de tus senos. El crepsculo se vuelve la figura de tu negra cabellera de Mayo, flor del abismo en el silencio de las callejuelas. Un tiempo se enreda en la ciudad inundada de lamentaciones, de la espuma surgieron voces de spunks, dolor interior en las ventanas dormidas. Abras los ojos al aborto de esa melancola de sangre, lo amado como un caballo salvaje, raudo, lvido, enmaraado de sombras extraas como ngeles. Dormida en tu habitacin, alcanzada por fugaces lucirnagas venenosas, nublados parques aliviados por hojas secas. Si pudiera entrar en ti, sumida en las lontananzas. Abrir las viejas puertas de roble que respiran yertas condenas, ancestrales sepulcros y cuerpos de cimitarra. Has llamado a mi oscuro cuerpo de infectas palpitaciones, soliviantaste la frgil madera de mi alma que se incendiaba en la noche. De tu larga cabellera bordaste un abrigo para un toro, su grito abri el abismo perseguido por violines azules en las pedreras. An el bosque lame tu cuerpo calcinado. Y la noche cuelga de la boca de los desesperados, con pestaas atadas al viento.
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As has amado mi suciedad, las telaraas del hueco de la puerta, encontraste un sueo desmedido en la regla de la poesa, cruel como una sombra impuesta por el deseo. Todo lo sentiste con acordes desconocidos, cenizas de algo perdido por los desesperados que cruzan los puentes, en la hora en que t ests ms presente como una iluminacin. El lamento de los spunks discurre en el agua turbia de los das, en el descenso del hmedo balido de la gara, ptalos de gozo que no saben que su ro no llegar al mar. Detrs de un crsital opaco un lecho de peces que dormitan en la luz de una lmpara, all te espero como un rbol en la tierra seca. El sueo de la madera tall mi vida entre negros edificios que cultivaban la putrefaccin de la flor enamorada, cuerpos para la voz de un canto caracoleado del fuego del mar. Te esper, dijiste, te esper sin creer que vendras. Un animal mira las copas de los rboles. La tierra deshabitada de los gusanos en los escudos, donde flota el amarillo silencio desclavado del pecho de un pjaro, la ebria constelacin de huesos en el gris papel. Si fuese real el grito del animal en la aurora, Si fuese real su grito en el alambrado, los spunks recibiran los dones de la pureza. Caballos arremetiendo en la noche putrefacta como ojos, alcanzando la punta de la nieve encendida en tus senos. Habas negado el dolor por otro dolor de fuegos fatuos, por otro paraso de absurdos animales del sacrificio. Has corrido en busca de una soledad ms pura. Has llamado a mi puerta como llaman los desesperados, los desesperados, los desesperados.
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SPUNK (II)
Ella era una punk. Estaba en el suelo, en la basura de la pared trasera de un edificio del Centro. Beba un trago letal, pero lleno de Iluminaciones de Rimbaud, Parasos Artificiales de Baudelaire, y algo horrsono de Juan Ojeda. Su vida haba sido un rock con la cara en la ventana tratando de escapar de una fuerte manifestacin del alma. La ciudad empozada de llanto, la ciudad sin Dios, un coro de autos estrellados en el corazn de un perro tirado en la pista. La desilusin se apoder de sus pupilas, naveg hacia costas oscuras donde extraos hombres la tomaban de la mejilla, donde dej su silueta en los ladrillos rojos de todos los crepsculos. Lo haba agotado todo. Su vida dur como la niebla avanza en el primer da de invierno. S, su sueo fue probar la lengua de otro sueo, y luego dejar que suene la radio toda la noche. No tuvo fin, ella no tuvo deceso, apenas fue como una gota del cielo sin lluvia.
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CON LA SED DEL ENSUEO
Malcom Lowry lleva a Tristan Tzara por las calles de Lima. Son las 4 y 45 am. Y la urbe y su halo y su vanidad y su azulina nada, todo est oscuro sin ninguna estrella; slo unas putas andan por ah, y entre ellas la estatua de Villon. Ambos estn borrachos, vienen de La Cantuta, de lejos parecen dos muchachitos que se pasaron de tragos en una celebracin, la despedida de Vctor; pero no, slo son dos viejos alcohlicos consumados sabiendo lo que hacen con sus vidas. Un desamparo huele a tiniebla, a cansancio, a orina. Hay, por eso, una realidad diferente dentro de la poesa. Cuerpos tendidos de mendigos y orates, visones de Pars de Baudelaire, de Lorca en Nueva York, de Blake en la avenida Wilson: hay un nio con una cuchara de palo echando terokal en una bolsa de plstico, terokal amarillo como la Flor de Retama, es mejor que la Navidad, dicen, con su mirada al Paraso de Dante. Las putas gordas fuman en sus esquinas unas lneas de Shakespeare, siempre est de moda. Esperan a que llegue el barco con los marineros de Pablo. Mientras tanto un anarquista es torturado en el subsuelo, un poeta es torturado en el subsuelo, un rockero es torturado en el subsuelo. Cuando amanezca, Malcom y Tristan caminarn hacia sus tumbas, apenas recordarn unos espectros fragmentados cuando con miedo y desamparados cada uno se acueste en su lecho amarillo. El mar de Conrad se cubre de estao, neblina triste de La Victoria, y all firma Luis H. Camarero con su primariosa letra
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la Vox Horrsona del tren que pronto llegar. Yukio Mishima, aparece con su espada de oro, sale del pabelln de hojalata; las putas le dicen bye, ya amaneci, sube al bus que lo lleva de regreso. En el ltimo asiento junto a la ventana va leyendo El Zorro de Arriba y el Zorro de Abajo. En una mesa de quirfano el Arte puso un paraguas cuando Walter Benjamn escapaba por el Norte de Francia. El Arte, empero, se ensimism en su lenguaje. Un sepuku abri la puerta del Paraso Zen. All estaban los Andes, o sea el hielo donde cantaba Jos Mara con la misma chica ayacuchana cantando en todas las esquinas del mundo. Con los audfonos en los odos, Yukio se queda dormido abierto su libro de la edicin de Seix Barral, slo para explicar de este modo que es verdad que el Boom pas hace tiempo de moda, slo para contar que una voz ms profunda desde su sangre estaba cantando: Vengan todos a ver en la plazuela de Huanta, amarillito Flor de Retama, amarillito, amarilleando, Flor de Retama. Donde la sangre del pueblo ah se derrama, all mismo florece, amarillito Flor de Retama, amarillito amarillanto, Flor de Retama. La sangre del pueblo tiene rico perfume, huele a jazmn y violetas, geranio y margaritas, a plvora y dinamita, carajo, a plvora y dinamita, fuck you, a plvora y dinamita.
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