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Venganza y Redención del Carnero

El narrador ha estado persiguiendo durante 13 años al hombre responsable de un crimen. Mientras descansa antes de enfrentarse a él, observa a un carnero solitario que llora y tiembla. El narrador pasa varias tardes junto al carnero y termina entendiendo que este desea vengarse de un lobo que ataca su rebaño. El carnero desea enfrentarse al lobo pero sabe que eso nunca ocurrirá, y permanece atormentado por la venganza imposible. Esta experiencia hace que el narrador renuncie a
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Venganza y Redención del Carnero

El narrador ha estado persiguiendo durante 13 años al hombre responsable de un crimen. Mientras descansa antes de enfrentarse a él, observa a un carnero solitario que llora y tiembla. El narrador pasa varias tardes junto al carnero y termina entendiendo que este desea vengarse de un lobo que ataca su rebaño. El carnero desea enfrentarse al lobo pero sabe que eso nunca ocurrirá, y permanece atormentado por la venganza imposible. Esta experiencia hace que el narrador renuncie a
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EL CARNERO

Trece largos aos haba tardado en dar con el escondite de aquel malnacido. Trece aos siguiendo la pista de aquel hombre por todo el mundo. A pie, con la sola compaa de una vieja pistola que ya tena trece aos. Mi pistola y yo buscamos incansablemente. Sin resultado. Hasta entonces. Por n lo habamos encontrado. A solo un da de camino por entre unas suaves colinas se encontraba el objetivo de mi venganza. Al da siguiente mi vieja amiga y yo pondramos punto y nal a la asquerosa vida de ese hombre. Silbando. Era una tarde de verano. Quise buscar un buen sitio para descansar hasta la maana siguiente. Ya cerca de unos acantilado vi un prado con forma de vientre. En lo alto de ese prado haba un carnero. Me pareci que estaba llorando y sin duda, temblaba sin parar. Estaba solo y pareca retar al horizonte con su poderosa cornamenta. Me acerqu a l, despacio. Con respeto y de frente para que me viera llegar, pero aquel carnero miraba a travs de mi, no me vea. Efectivamente, lloraba el carnero. Yo no le importaba. Sus ojos inyectados en sangre y llenos de lgrimas buscaban algo que no estaba a la vista. Algo que no estaba en este mundo. Me sent a su lado, en silencio. El carnero temblaba sin parar, todos sus msculos en tensin, bufando. La luz de la tarde iba cayendo y el carnero segua en la misma posicin, erguido y oteando el horizonte. Despeda un calor intenso como si fuera a explotar. Permanec a su lado mucho rato, expectante. Con la ltima luz del sol, el carnero cambi de improvisto. Dejo de temblar, agach la testuz contra la hierba, apret los cuernos contra la tierra haciendo tiritar al suelo y se derrumb en el abatimiento ms profundo y repentino que haba visto yo en mi vida.

Pas una mano por su lomo, estaba fro, casi congelado. Su calor haba desaparecido. Intent hablarle de todas las cosas que a un hombre se le pueden ocurrir para tranquilizar a un carnero, pero nada funcion. El carnero permaneca acurrucado con la mirada entre la hierba. Pronto cay en un profundo sueo. Ya bien entrada la noche me fui, intrigado y amedrentado por el desconsuelo de aquel animal. A la maana siguiente recog el pequeo refugio de helechos donde haba dormido. Antes de proseguir la marcha hacia mi destino, quise ir a ver al carnero. En lo alto del campo con forma de vientre estaba el carnero, inado. Me sent a su lado. Mientras dur la luz del da el carnero permaneci de pie, en tensin, desaante como nunca he visto cosa igual. Mascullando y llorando de rabia. Daba la impresin de que aquel animal, de haber arremetido en ese momento, hubiera levantado un monte entero. En cambio a m ni me miraba, lo que l buscaba era imperceptible. Al caer la noche volvi a derrumbarse, fulminado por el abatimiento. Desconsolado y exhausto. Yo, por mi parte, luchaba entre la curiosidad por entender qu era lo que realmente le pasaba a ese pobre animal y las ganas de terminar con mi bsqueda, matando por n a aquel hombre. Todas las maanas dudaba. Para llegar al pueblo donde se esconda mi objetivo, tena que pasar junto al carnero. Al verle no poda resistir la tentacin de sentarme de nuevo a su lado. Fueron incontables las tardes en las me sent junto a aquel carnero rabioso. Fueron tantas que poco a poco fui entendiendo lo que mascullaba entre dientes. Una tarde por n comprend. Entend lo que deca y desde ese momento mi vida cambi. Tiembla lobo! Maldito! Imperfecto! Cobarde! Traidor! Llegas de noche y te llevas a los nuestros, a los ms queridos. Trampeando y en silencio. Estamos condenados a no encontrarnos. Nadie te ve. Vives en la oscuridad y nosotros a la luz del da.

Cmo puedo vengarme si no te veo, si nunca nos encontramos! Maldito lobo malparido, solo puedo ver la ponzoa de tu venenosa dentellada, que lo infecta todo. Insaciable no te conformas. Lo quieres todo para ti. A los viejos, a los jvenes, a los nios, incluso a las madres. Eres invencible en tu oscuridad, en tu rastrero silencio mortal. Sal a la luz! No te morirs? No desaparecers para siempre?No podr cogerte yo con mis ganas de muerte y apalancarte contra el vaco? No podr yo, con mis cuernos nacidos en el alma tener un frente a frente contigo? No podr romperte los dientes, el hocico, el crneo, la espina? Por qu quieres llevrtelo todo?Qu naturaleza es la tuya? Djate ver o juro no dejar en pie ni las ms profundas races! Dnde ests, te encontrar, dnde te encuentre, te matar! Adelntate solo un instante. Ven sin haberse ocultado el sol, en la penumbra. Ah podemos encontrarnos. An entre las sombras. Ven y enfrntate a m! Tiembla lobo porque yo soy el carnero y te voy a matar! Me qued petricado. Vomit. Todas las tardes el carnero sigue en lo alto de aquel prado temblando y bufando. Retando a todo, incluso al horizonte. Esperando ver llegar al lobo. Dese con todo mi ser que aquel lobo maldito cometiera un error y se dejara ver un instante. Dese que el carnero por n pudiera ver un segundo al lobo y arremeter con toda su rabia. Pero eso nunca iba a ocurrir. Comprend que all permanecera, saboreando una venganza que no iba a llegar. Esperando arramplar con todo. Sin vida. Sin sentido. Aquel anochecer lo entend, mir al carnero un instante y caminando tranquilamente hasta el acantilado desenfund mi vieja pistola, la bes y con todas mis fuerza la arroj al mar. Aquella noche, en un pueblo cercano, libre por primera vez, cenaba tranquilo un malnacido.

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