Pierre Reverdy, aventuras sigilosas
Aun sin negar la impronta de sus ilustres antecesores Baudelaire, Rimbaud los poemas en prosa de Pierre Reverdy (1889-1960) se internan por nuevas zonas de la expresin potica e inauguran rumbos por los que no se demorar en transitar la naciente aventura surrealista. Considerado precursor, Reverdy no se reconoce en el movimiento y se retira a vivir lejos de Pars, en las faldas de la Montaa negra. La literatura francesa le debe no pocos libros esenciales y un considerable cuerpo de anotaciones sobre poesa y potica que llegan hasta nuestros das cargados de agudeza y de una frtil imaginacin. Hacia 1918 escribi: No se trata de hacer una imagen, es preciso que llegue por sus propias alas. La imagen es una creacin pura del espritu. No puede nacer de una comparacin, sino del acercamiento de dos realidades ms o menos alejadas. Mientras ms alejadas y justas sean las relaciones de las dos realidades acercadas, ms fuerte ser la imagen y ms poder emotivo y ms realidad potica tendr. Mejor que un mtodo de escritura, lo que Reverdy intenta y consigue es la conquista de un cmo, un procedimiento que tiene ms de una concordancia con las indagaciones plsticas del cubismo y al que no le son ajenos los mecanismos del sueo dirigido, la irona y el humor. En Mxico, Jos Luis Rivas tradujo Fuentes del viento (Tucn de Virginia) y Mara Palomar, en colaboracin con el autor de estas lneas, El canto de los muertos (UNAM). Traduzco ahora para los lectores de La Colmena unos cuantos ejemplos de sus poemas en prosa.
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Jorge Esquinca
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berna. Contra el muro canta el cantinero, canta la mujer. Los barcos se mecen, los navos jalan un poco ms su cadena. En el interior hay profundos paisajes dibujados sobre el vidrio, nubes en la sala y el calor del cielo y el ruido del mar. Todas las aventuras inciertas los separan. El agua y la noche esperan afuera. Pronto llegar el momento de salir. El puerto se alarga, los brazos se tienden hacia otro clima; todos los cuadros estn llenos de recuerdos, las calles en declive, los tejados parecen dormir. Y, sin embargo, todo est siempre de pie, a punto de partir.
Un paso ms hacia el lago, sobre el muelle, frente a la puerta iluminada de la ta-
Viejo puerto
La sombra y la esquina de la calle donde algo sucede. Las cabezas aglomeradas
Los msicos
escuchan o miran. El ojo pasa de la banqueta al instrumento que toca, que rueda; hacia el automvil que atraviesa la noche. Navajas de luz nen tajan a la multitud y separan las manos que se tienden, las miradas en suspenso y los ruidos del azar. Todo el pueblo est ah a la misma hora en la glorieta. Las voces que se dispersan conducen el movimiento sobre la cuerda que rechina y muere a cada instante. Despus, el signo del cielo, el gesto que rene, y todo desparece en el lienzo del muro que se hunde. Todo se desliza y la niebla envuelve a los peatones, dispersa los ecos, esconde al hombre, al grupo y al instrumento.
Dnde he visto al comediante, al msico, al hombre de Dios.
Globo
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No se trataba ms que de un perfil que se abata sobre la muralla. Una sombra. Nosotros estbamos afuera y llova. Confundidos con la lluvia distinguamos algunas estrellas y un niito que tenda su mano. Alguien gritaba en la calle, tras una ventana, pues llova. Y todo se desvaneca. No as la noche, ni el hombre, ni Dios. No as el nio ni las estrellas.
Los agujeros en el muro, los agujeros de la chimenea y de mi pipa. En una esquina
La llave de vidrio
combaten dos bastones en X. Quin los coger? No hay nadie en la mesa, nadie en la cama y los sillones estn vacos. Alguien quiere salir. Pero no fui yo quien apag la lmpara y no son mis pasos los que bajan por la escalera. Tal vez hay tambin un muerto en casa!
Lo haba en torno a su cuerpo inmaterial y oscuro ms que despojos, jirones de tela
El fro del aire en el espritu y sobre el rostro
negra. Ella se sostena entre la casa y el cielo y, ms precisamente, contra el lado derecho de la ventana. Pero el cielo le pareca tan grande, los agujeros del cielo, la noche, que se ocultaban, el da, detrs de las nubes, que ella miraba siempre en un costado de mi habitacin. Y esa luz en la chimenea, ese fuego que bajaba con el aliento fragoroso de la chimenea me parece que ella habra podido creer, o que yo mismo he credo que podra tratarse de una estrella. Y sus dos ojos tras el cristal con este viento.
frente a m. Las cabezas rectas o inclinadas me dan miedo y mi risa se habra transformado en una mueca. Las piernas que corren tiemblan y los pies ms firmes pierden el paso. No he redo del mundo que pasaba frente a m, sino porque un instante despus yo estaba solo en el campo, frente al bosque enorme y quieto, entre las voces que, en el aire dormido, se respondan.
Si acaso he redo no ha sido por el mundo resplandeciente y jubiloso que pasaba
La sombra y la imagen
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aquellos que iluminan al mundo con la electricidad. Hay un ruido en la escalera cuando se detiene la cascada. Los enfermos duermen. Los asnos. El dueo del hotel anda huyendo. Todo el mundo espera.
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En el hotel slo quedan los gitanos rojos que pulsan los botones de los timbres y
Estacin
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