Fundamentos de la Sociología y Educación
Fundamentos de la Sociología y Educación
In t roduc ci n
I:0
Fsicos o filsofos, socilogos o bilogos, todos ramos formalistas. Hasta el rigor, claro, y luego, hasta el exceso. Cuando quera conocer un animal, lea un libro acerca de este animal, en el que nunca, jams, vea el animal. Estamos cansados ya de no ver nada. Michel S ERRES. 1991. El paso del noroeste.
Cmo puede existir vida comunitaria en un lugar marcado por las murallas? Bernardo A TXAGA. 1997. Horas extras.
I:0
In t roduc ci n
I:0
NDICE
PRIMERA PARTE F U N D AM E N TO S D E L A SO C IO LO G A : O B J ET O , S UJ E TO Y M TO DO
Introduccin I:1 Gnesis histrica de la sociologa Introduccin: pasos hacia una historia de las ciencias sociales 1.1 Quetelet, Comte y los socialistas ante la aceleracin de los cambios sociales Quetelet (1796-1874) y Comte (1798-1857): estadstica y positivismo Socialistas utpicos y cientficos: utilidad revolucionaria de la sociologa 1.2 La invencin de lo social, las tecnologas disciplinarias y el individualismo Tcnicas de conocimiento y de control de los individuos: confesin, encuesta y examen 1.3 Las ciencias de la naturaleza como modelo para las ciencias de la sociedad Revoluciones epistemolgicas de la ciencia clsica: interacciones, transformaciones y evolucin Conclusiones I:2 Paradigmas fundadores de la sociologa Introduccin: interpretaciones creativas y convergentes de los clsicos de la sociologa 2.1 Karl Marx (1818-1883): la sociologa como materialismo histrico y dialctico Productivismo Conflictualismo Materialismo 2.2 mile Durkheim (1858-1917): objetividad sociolgica y cohesin de la sociedad Funcionalismo Positivismo 2.3 Max Weber (1864-1920): subjetividades, racionalidad e historia Racionalismo Comprensivismo Conclusiones
I:0
I:0
Posibilidad y lmites del conocimiento sociolgico Introduccin: determinaciones sociales y niveles del conocimiento 3.1 Positivismo Atomismo y lgica formal. Objetivismo y unidad del mtodo cientfico Validez en la sociologa y sus crticos 3.2 Relativismo Diferencias, singularidades e interpretaciones Grados de conexin objeto-sujeto y sus crticas 3.3 Superaciones de la dicotoma positivismo-relativismo Racionalismo aplicado Realismo crtico Dialctica y praxeologa Complejidad Conclusiones I:4 Teoras generales en sociologa Introduccin: clasificacin y pluralismo de las teoras sociolgicas 4.1 Buenas teoras y criterios de clasificacin Explicaciones y compromisos Criterios de demarcacin terica 4.2 Funcionalismo Tipos de funciones, instituciones y sistemas Afinidades con el conductismo y con el estructuralismo 4.3 Interaccionismo Comunicacin pragmtica y subjetividad social Interacciones ecolgicas, dramaturgia y etnometodologa 4.4 Conflictualismo Jerarquas, cambios y contextos Relaciones de poder y sociedad informacional 4.5 El capitalismo, el Estado y la democracia en las teoras generales Conclusiones I:5 Metodologa de la investigacin social Introduccin: estrategia y tcticas 5.1 Planificacin metodolgica y su contexto de produccin Momentos, operaciones y precauciones en la investigacin 5.2 Entre la observacin y la accin El predominio del uso social de la encuesta estadstica Las modificaciones metodolgicas de la participacin y el cambio sociales Reflexividades y desdoblamientos 5.3 La distribucin Medicin, precisin y formalismo Referencialidad y generalidad
6
I:3
143 147 152 153 159 166 167 182 181 183 186 188 192 197 203 207 211 212 215 219 219 223 225 226 229 233 235 238 245 255 263 266 274 275 283 283 286 288 293 294 299
In t roduc ci n
I:0
5.4 Textos, discursos y estructuras sociales Clasificar, conversar e interpretar Aproximaciones y cdigos ocultos de comunicacin 5.5 Dialctica, sistemas y accin colectiva Compromisos sociales para el uso del conocimiento Performatividad y alianzas Conclusiones I:6 Estructura, historia y conflictos sociales Introduccin: escalas de la realidad social, traduccin y transversalidad 6.1 La matriz histrica de la sociologa Karl Polanyi: el desarrollo de la sociedad capitalista 6.2 Entre lo elemental y lo universal: las estructuras sociales El nivel societal o sistmico Familias, Estados, organizaciones y mercados Estructuras de desigualdad social La persistencia del cambio 6.3 Metamorfosis y proliferacin del conflicto social Michel Foucault: la lgica social de los delitos y las penas Sidney Tarrow: estructuras de oportunidad de los movimientos sociales Conclusiones
304 307 310 314 317 320 325 333 336 341 342 352 353 358 360 366 371 372 378 388
SEGUNDA PARTE L A SO C IO LO G A DE L A E D U C A C I N
II:0 Introduccin
educacin como objeto de estudio sociolgico 1.1 Definicin y objeto de estudio de la sociologa de la educacin 1.2 Funciones sociales de la educacin
II:2 Corientes
II:1 La
397 405 407 416 429 431 443 447 454 459 464 467
7
tericas en la sociologa de la educacin 2.1 Los clsicos: Durkheim, Marx y Weber 2.2 El funcionalismo. T. Parsons 2.3 Teora neoweberiana del conflicto: el credencialismo de R. Collins 2.4 Teoras neomarxistas de la educacin: Baudelot-Establet y Bowles-Gintis 2.5 El capital cultural: teora de la reproduccin de P. Bourdieu 2.6 La teora de los cdigos de B. Bernstein 2.7 Hegemona y resistencia en la prctica educativa: P. Willis
I:0
II:3 Grupos
y relaciones sociales en la educacin 3.1 La sociologa del profesorado 3.2 La sociologa del alumnado
III:0 Introduccin
social e institucional 1.1 Ensear y aprender en la universidad El marco institucional de la educacin superior 1.2 Universidad de La Rioja Estructura organizativa de la Universidad de La Rioja III:2 Metodologa e innovacin didcticas 2.1 Tendencias y posibilidades docentes La leccin magistral, los apuntes y los exmenes Alternativas pedaggicas participativas 2.2 Tcticas desde la prctica docente La centralidad de los textos y el trabajo de investigacin Las exposiciones del profesor y los debates colectivos Las tutoras y la atencin docente telemtica La evaluacin continua y la evaluacin discreta III:3 Contenidos y programacin generales del curso Objetivos globales de conocimiento y competencias Contenidos de estudio Desarrollo del programa Programacin detallada de la asignatura Escenarios de aprendizaje Metodologa de enseanza y aprendizaje Mtodo de evaluacin Bibliografa Recursos informativos en internet
III:1 Contexto
529 535 538 543 547 548 551 554 554 556 564 567 576 582 585 595 600 605 608 615 616 618 627 631 667
P A RT E I
I:0
INTRODUCCIN
P A RT E I
I:0
10
In t roduc ci n
I:0
n esta primera parte del Proyecto Docente se exponen los fundamentos epistemolgicos, tericos y metodolgicos de la sociologa. Sin menoscabo de los recursos enriquecedores que proporcionan las obras disponibles de compendio general de esta disciplina y que, en general, estimamos apropiadas para los estudiantes que se introducen por primera vez en ella, la exposicin presente pretende ofrecer una visin y una interpretacin propias de esos fundamentos. Es nuestro propsito, en consecuencia, presentar las caractersticas y tendencias ms generales que definen a la sociologa, tanto en su objeto como en su mtodo. Pero debemos advertir, de antemano, que la originalidad de la tarea consiste, a nuestro entender, en seleccionar adecuadamente los contenidos, en hilarlos de forma argumentativa, en ofrecer los posicionamientos valorativos que correspondan y, finalmente, en integrar todo ello dentro de un marco terico ms amplio y comprensivo. Es decir, se trata tambin de poner de manifiesto las habilidades conceptuales de los sujetos que investigan sociolgicamente la realidad y las cualidades de los sujetos investigados que forman parte y modelan, consciente o inconscientemente, esa realidad.
13
I:0
Como resulta evidente, este cometido se enfrenta con las limitaciones propias del contexto en el que escribimos y con los condicionantes intrnsecos de las cuestiones a desarrollar. En primer lugar, la exposicin de los fundamentos de la sociologa trae consigo, de una u otra manera, una invocacin incesante a los pleitos propios de la filosofa de la ciencia. Tambin se hace necesaria la referencia a algunas de las innmeras contribuciones especializadas de estudios sociolgicos que se han sumado al caudal de esta disciplina y, en ocasiones, han variado su curso. Por estas dos iniciales razones, suponemos que el texto resultar rido para el principiante si lo comparamos con el didactismo necesariamente simplificador de los manuales al uso. Se sigue de lo anterior que entendemos esta exposicin dirigida, ms bien, a quien ya se encuentra iniciado en la reflexin terica y emprica en las ciencias sociales. Esto es, a quien ya se encuentra capacitado para valorar en qu medida las siguientes ideas pueden contribuir a una ptima organizacin de la docencia de la sociologa en general o de alguna de sus aplicaciones particulares, como es la sociologa de la educacin. En segundo lugar, se debe notar que le hemos dado preferencia aqu a la sntesis terica. Es decir, a los esfuerzos por desentraar y categorizar con claridad las ms significadas corrientes epistemolgicas, tericas y metodolgicas en la sociologa. Ellas constituyen, a nuestro juicio, la clave de bveda del quehacer cientfico de la sociologa. Las confusiones en esa materia (y, posiblemente, la ausencia de una hegemnica tradicin tratadstica comparable a disciplinas como la medicina o la economa) propician, con frecuencia, su carcter inhspito para los legos. En contrapunto, hallamos una prolfica edicin de obras de autor que nos obligara a una revisin de sus variados y especficos puntos de vista y de su mayor o menor relevancia para la sociologa en general, pero que reduciremos aqu a lo mnimo imprescindible. Los siguientes seis captulos, por lo tanto, constituyen una aproximacin general y de carcter introductorio al conocimiento de la sociologa y de las realidades sociales que se estudian desde esta perspectiva. Como se podr observar, no se han eludido cuestiones tericas que exigen rigor y profundidad de anlisis, ni tampoco la confrontacin con los inter14
In t roduc ci n
I:0
rogantes y problemas sociales que ocupan a los socilogos, si bien la opcin predominante ha sido la de no enturbiar en exceso la exposicin con datos empricos de actualidad. Comenzaremos, en el primer captulo, apuntando brevemente tres cuestiones esenciales en la explicacin de la gnesis de la sociologa en el siglo XIX: 1) su relacin conservadora o progresista- con los cambios sociales acelerados de aquella poca; 2) la concepcin heredada o novedosa- de los elementos que componen la sociedad y de las formas de estudiarla; 3) el seguimiento imitador o rupturista- del modelo de cientificidad gestado en las ciencias de la naturaleza. Son cuestiones que siguen impregnando los debates actuales en las ciencias sociales. Al considerarlos con distancia histrica, an de forma sucinta, se nos abren interesantes posibilidades interpretativas: la relativizacin de su novedad, la evolucin de los trminos del debate, los conflictos de ideas y de intereses subyacentes a la consolidacin de toda ciencia, etc. En los siguientes captulos comprobaremos cun recurrentes son estas cuestiones y qu tipo de respuestas se han ofrecido en el transcurso de la historia de la sociologa. Continuaremos, en el segundo captulo, presentando las ideas ms destacadas y con reconocida vigencia de los fundadores de la sociologa, a saber: Marx, Durkheim y Weber. Sus teoras acerca de las ciencias sociales y sus propias investigaciones empricas siguen ejerciendo una influencia difcil de omitir y de superar, por lo que no es de extraar su habitual consideracin como paradigmticas. Por supuesto, no han faltado los intentos superadores durante todo el pasado siglo XX: los menos, abocados a formular sntesis reconciliadoras entre los tres autores; los ms, arremetiendo contra toda disidencia o innovacin desde la trinchera de una sola posicin, o movindose sin rumbo entre varias. Es mi conviccin, en todo caso, que las tres perspectivas pioneras de la sociologa siguen resultando esclarecedoras para definir esta ciencia y para observar la realidad social. Por lo tanto, abogo por un saludable eclecticismo entre esas posiciones tericas (representadas tanto por los autores fundadores como por sus seguidores) siempre que se expliciten las premisas bsicas de cada una y los nexos de posible comunicacin entre ellas.
15
I:0
En el tercer captulo exponemos los debates epistemolgicos que justifican la posibilidad del conocimiento de la sociedad y postulan sus lmites. Para ello nos hemos concentrado en trazar las lneas principales de las corrientes positivistas y relativistas, sin dejar de mostrar que esta dualizacin didctica oculta posiciones ms difusas y enriquecedoras. Entre estas ltimas, he considerado de especial inters para la sociologa actual hacer mencin a cuatro de ellas: el racionalismo aplicado, el realismo crtico, la praxeologa dialctica y las epistemologas de la complejidad. Constituyen, por lo tanto, apuestas por la superacin de la dicotoma simple entre positivismo y relativismo, a partir de sus principales problemas gnoseolgicos y de las crticas que han recibido. Posiblemente, este es el captulo ms inaccesible para los estudiantes que se iniciasen en la sociologa, aunque, de forma simultnea, es el que, a nuestro juicio, permitira ms comunicacin con los fundamentos de cualquier otra ciencia. El cuarto captulo se dedica a desarrollar con detenimiento las ms relevantes tendencias tericas en sociologa, a saber: funcionalismo, interaccionismo y conflictualismo. Sus rasgos epistemolgicos, los autores y estudios ms significativos en cada una de ellas, los modelos de sociedad que se hallan en el fondo de cada uno de esos anlisis, etc. determinan nfasis diferentes en la realidad social que pueden orientar eficazmente la investigacin sociolgica si existe conciencia y discusin crtica de ellos. Este es un captulo central para entender el sentido de la sociologa. Cada corriente terica intenta agrupar observaciones empricas y principios explicativos sobre la realidad social. Pero, al mismo tiempo, plantea interrogantes preferentes sobre aquello que merece la pena ser estudiado. En definitiva, todas las teoras ofrecen respuestas a preguntas tales como: de qu est compuesta la sociedad? en qu niveles o dimensiones se puede separar analticamente? cul de ellos o qu conjunto de fenmenos ejercen mayor influencia sobre otros? cmo cambia la sociedad y cules son las fuentes de ese cambio? cules son los rasgos claves de las sociedades actuales? qu importancia tienen en las posiciones tericas la valoracin sobre el capitalismo, el Estado y la democracia? Creo, por consiguiente, que es imprescindible y un paso previo a cualquier investigacin sociolgica el trazar con nitidez el mapa de esas teoras, sus puntos de friccin, los espacios de coexistencia y las an incgnitas tierras de nadie.
16
In t roduc ci n
I:0
El quinto captulo presenta tanto los estilos metodolgicos dominantes en la prctica de la investigacin sociolgica como la importancia de criterios clasificatorios a menudo ninguneados (por ejemplo, el que denominaremos eje observacin-accin) y la influencia de la planificacin en todo el proceso de conocimiento. Se opta aqu, como ya es habitual en las publicaciones especializadas en metodologa de las ciencias sociales, por explicar las diferencias entre las llamadas perspectivas distributiva, estructural y dialctica, aunque se realizarn algunas matizaciones a dicho modelo. En definitiva, preside esta exposicin panormica la intencin de responder, con la minuciosidad y precisin debidas, a algunas preguntas inocentemente bsicas: qu hacemos realmente los socilogos para conocer la sociedad? cmo llevamos a cabo una investigacin emprica de la realidad social? qu ideas estn detrs de cualquier seleccin de tcnicas de investigacin o de variables e indicadores especficos a los que asignar informacin? Por ltimo, el sexto captulo constituye un esbozo general de lo que podramos denominar anlisis ecosistmico de la sociedad. Proceder, por una parte, aludiendo a algunos estudios sociolgicos en los que la historia, las estructuras y los conflictos sociales son las dimensiones de anlisis ms destacadas. Por otra parte, elaborar y expondr un esquema conceptual en el que integrar todas las dimensiones posibles de anlisis de la realidad social, a saber: el individual, el relacional, el estructural, el sistmico y el ecosistmico. Se trata de un captulo en el que se busca concretar de forma sistemtica el objeto de la sociologa, la sociedad. Para ello se ha optado por distinguir sus componentes, sus dimensiones escalares y los procesos sociales que se dan en cada uno de los niveles de anlisis que adoptemos. En disonancia con las abstractas oposiciones entre individuo y sociedad, o entre objetivismo y subjetivismo, el marco terico propuesto y las investigaciones empricas escogidas para ilustrarlo, pueden ofrecer una gua eminentemente prctica para encauzar productivamente cualquier estudio especfico desde la sociologa. Un ltimo vector que atraviesa toda esta exposicin atae a los hilos de conexin entre los distintos captulos. A partir de las tradas de corrientes epistemolgicas, tericas y metodolgicas que se vern, podra inferirse errneamente, a mi entender- que existe un paralelismo ntido entre sus
17
I:0
contenidos y, por lo tanto, que cada posicin terica est ligada necesariamente con una nica posicin epistemolgica y metodolgica. Las combinaciones y eclecticismos imperantes en la sociologa, ms bien, nos llevan a sostener que el pluralismo paradigmtico y la creatividad (o imaginacin) sociolgica son moneda corriente en este campo, sin que ello implique necesariamente renunciar al anlisis y autoanlisis de nuestros fundamentos y afiliaciones principales. En mi experiencia como docente y como investigador he comprobado con frecuencia la necesidad de acompaar la claridad expositiva y conceptual punto extremadamente delicado y esencial cuando se trata de un colectivo estudiantil que cursa diplomaturas o licenciaturas distintas a la formacin encaminada propiamente a ejercer como socilogo o socilogacon un enfoque holstico, transdisciplinar y crtico. De ah que considere de la mayor importancia el recurso didctico a cuadros, esquemas o ilustraciones, por una parte, y a la lectura variada y debatida libremente en grupo, por la otra. Abundaremos en todo ello a lo largo de las siguientes partes de este Proyecto Docente, aunque en esta primera ya iremos dando cuenta de los contenidos de las requeridas sinopsis didcticas. En definitiva, ser esencial expresar todos esos propsitos a travs de los debates que se dan en el seno de la sociologa y en sus alrededores, trazando lneas de distincin terica y ofreciendo una visin sistemtica y plural de esta ciencia social y de sus fundamentos.
18
I:1
1.1 Quetelet, Comte y lo socialistas ante la aceleracin de los cambio sociales 1.2 La invencin de lo social, las tecnologas disciplinarias y el individualismo 1.3 Las ciencias de la naturaleza como modelo para las ciencias de la sociedad
I:0
10
Gn es i s hi st ri ca d e la s oci olog a
I:1
La Modernidad tiene un concepto emancipador racional que afirmaremos, que subsumiremos. Pero, al mismo tiempo desarrolla un mito irracional, de justificacin de la violencia, que deberemos negar, superar. Enrique D USSEL. 1992. 1492. El encubrimiento del Otro. Cul es el estado general fsico, espiritual y moral de los obreros y obreras que se dedican a su profesin? Karl M ARX. 1880. Encuesta a los trabajadores.
a sociologa se define convencionalmente como ciencia de la sociedad. Esta simple definicin puede servir como entrada terminolgica de un diccionario, pero para nosotros significa slo una apertura a toda una problemtica intelectual cuyo primer estadio lo puede marcar, precisamente, la propia polisemia que encierran las ideas de ciencia y de sociedad. En principio, la pregunta qu es ciencia? nos reconduce a los problemas epistemolgicos que acechan a toda ciencia: qu se puede conocer? qu conclusiones y validez podemos obtener? qu utilidad social tiene ese conocimiento? etc. A su vez, la pregunta qu es la sociedad? nos obliga a interrogarnos acerca de la teora particular que adoptamos para individualizar los componentes inteligibles de la sociedad, sus procesos relevantes, su lugar en la naturaleza, etc. Algo semejante ocurre, pues, en las disputas de otras ciencias preguntndose sobre la entidad de su propio objeto de estudio, sobre los lindes de la parcela de realidad estudiada y sobre el mtodo de conocimiento ms adecuado.
21
I:1
En el caso de la sociologa y de otras ciencias sociales (historia, economa, antropologa, etc.) caben varios enfoques ante esos conjuntos de problemas. Por ejemplo, desde una concepcin realista (lo que es en su manifestacin emprica) se podra definir la sociologa como un conjunto de discursos (representando y justificando nuestro conocimiento) y de prcticas (lo que hacemos en vistas a conocer la realidad o a la vez que la conocemos de hecho). Ms controvertido resulta el dilucidar si esos discursos y prcticas se dirigen a conocer aspectos de la sociedad considerados problemticos o conflictivos (las dimensiones o estructura de la sociedad, los procesos o historia que sedimenta, etc.) por una parte de ella (con frecuencia, los propios socilogos o sus clientes), o si estn sustancialmente al servicio de grupos sociales, de relaciones de poder, de intereses econmicos o de rituales culturales que poco tienen que ver con el conocimiento cientfico. Pero tambin sera posible adoptar una concepcin idealista (relativa a lo que debera ser la sociologa) y juzgar nuestra disciplina nicamente a partir de los preceptos procedentes de nuestras particulares opciones epistemolgicas o tericas. No son de menor peso ah las opciones metodolgicas que condicionarn nuestro hacer, nuestra intervencin social e incluso la informacin que emanar de ella. Ahora bien, con independencia de la opcin por la que nos inclinemos, deberamos tener tambin en consideracin el conocimiento sociolgico no producido corporativa ni exclusivamente por quienes ostentan los ttulos oficiales dispensados para ello: ya sea el proveniente de otras ramas del conocimiento no albergadas bajo la etiqueta de sociologa (la historia, la economa, etc.), ya sea el debido ocasionalmente a algunas obras artsticas (literarias o cinematogrficas, por ejemplo), a informes periodsticos o judiciales, o a cualquier otro intercambio comunicativo relevante en la sociedad. Como se ve, los primeros pasos a dar para entender en profundidad lo que significa el estudio cientfico de la sociedad no nos presentan una empresa con un difano horizonte. En el presente captulo, en consecuencia, avanzaremos en la tarea de perfilar el sentido de la sociologa intentando comprender los contextos espaciales e histricos a partir de los cuales fue posible ejercer efectivamente la investigacin sociolgica.
22
Gn es i s hi st ri ca d e la s oci olog a
I:1
Se conjeturar que el origen histrico de la sociologa no se puede desagregar del origen del conjunto de ciencias sociales. Al mismo tiempo, sostendremos que, en la medida en que se pretenda dotar de un rango cientfico al conocimiento sociolgico, sus principios y su posterior crecimiento debern entenderse ligados a la historia de todas las ciencias y, de forma prominente, a los principios epistemolgicos seguidos por las ciencias naturales. Mi hiptesis ms especfica a este respecto, en esencia ya planteada por muchos otros autores, se puede enunciar en tres pasos. En primer lugar, el ritmo de los cambios sociales de largo alcance (desde las formas de produccin, intercambio y consumo, hasta las dimensiones de las contiendas blicas) se ha ido incrementando en los ltimos dos siglos y tanto las revoluciones sociales de toda ndole como la transformacin y adaptacin de las diversas instituciones sociales (familia, educacin, religin, poltica, etc.) se convirtieron en motivo y campo de anlisis preferente para los especialistas en la sociologa, proporcionndoles, as, reconocimiento social y, a veces, medios para probar la utilidad de sus conocimientos. El temor a la desestabilizacin social que provocaban las revoluciones, en el caso de Comte, o el proyecto de un conocimiento social completamente al servicio de la promocin revolucionaria, en el caso de Marx, fueron influyentes condiciones genuinas de la sociologa que orientarn todo su despliegue posterior en la ltima mitad del siglo XIX y durante todo el siglo XX.
Representacin del Asalto a los Invlidos en la Revolucin Francesa de 1789 (Lallemand el Joven)
23
I:1
En segundo lugar, la burguesa liberal que sali polticamente victoriosa de la revolucin francesa (1789) y que extendi desde Inglaterra la organizacin capitalista del trabajo con un sistema industrial sostenido a escala internacional (con las importaciones de materias primas desde las colonias, por ejemplo), impuls progresivamente a las instituciones que estimulaban las nuevas ciencias sociales. Con ellas podan obtener discursos y tcnicas que conservasen y justificasen su primaca (el control demogrfico y penal, la previsin de crisis econmicas, la formacin de cuadros polticos, etc.). Ser, as, de esencial relevancia para la formacin de la sociologa, la expansin de las llamadas tecnologas disciplinarias (encuestas, exmenes, etc.) que, ya desde el primer capitalismo mercantil, servan de medios de conocimiento social y, a la vez, de medios de normalizacin y control de las poblaciones. En tercer lugar, creo que la versin mecanicista de las ciencias naturales, ejemplarizada en el xito de la teora fsica de Newton a partir del siglo XVIII, sirvi como modelo bsico para la sociologa nacida en los albores del siglo XIX. Aunque se asumir que result saludable esa admiracin inicial por los procedimientos y revelaciones de las ciencias ms avanzadas de la poca, sugeriremos que la imitacin fue ms bien deficiente, parcial e idealizada. La propia evolucin de la sociologa divergir, a menudo, en cuanto a la acumulacin de sus generalizaciones, con respecto a lo ofrecido por otras disciplinas de las llamadas ciencias duras. Adems, an respetando ampliamente a las ciencias naturales como prototipo de cientificidad, los debates tericos y epistemolgicos acerca de la especificidad de la sociologa han sustituido con frecuencia al seguimiento o a la proximidad fructfera con los desarrollos conceptuales de las primeras. En los siguientes epgrafes se examinan con ms detenimiento esas tres propuestas. En apoyo a la argumentacin se ofrecern referencias a estudios que sostienen tesis similares o que aportan pruebas a favor. Empero, con la amplitud de la materia tratada no podemos pretender aqu sino sucintas aproximaciones histricas que nos garanticen el acercamiento a una explicacin contextualizada del sentido de la sociologa como ciencia. Dejamos de lado, pues, otras tentativas tambin interesantes, pero que nos obligaran a un rodeo ms extenso del que podemos permitirnos aqu- orientadas a entroncar el origen de las ciencias sociales con la filosofa poltica en general (de Thomas Hobbes o Adam Smith, por ejemplo:
24
Gn es i s hi st ri ca d e la s oci olog a
I:1
DUPUY, 1992) o con la constitucin del pensamiento moderno en los inicios de las grandes conquistas transcontinentales (desde 1492 en adelante, sobre todo: DUSSEL, 1992).
La primera formulacin que inspeccionar aqu es la que establece un vnculo entre el nacimiento de la sociologa y las revoluciones de los siglos XVIII y XIX. De forma opuesta a las presentaciones del origen de la sociologa que la reducen a la fecha en que Comte enunci las virtudes de esa ciencia o que trazan una rpida flecha entre ese autor y slo una vertiente de sus continuadores (Spencer, Tnnies, Durkheim, etc.), nuestro propsito en este punto es mostrar que las revoluciones polticas liberales y obreras, por una parte, y los rpidos cambios culturales y econmicos, por la otra, constituyeron el primer caldo de cultivo fructfero para que se fuese configurando una sociologa tanto terica como emprica. Y en ese contexto fueron de especial relevancia: a) la formalizacin filosfica del positivismo por Comte; b) las estrategias de Quetelet por afinar las herramientas estadsticas para su uso sociolgico y en vistas a racionalizar la gestin de las polticas pblicas; y c) las estrategias polticas de los pensadores socialistas por contribuir a la emancipacin de la clase obrera. Ante todo, se debera precisar que no hay dos revoluciones iguales (la industrial y la cientfica, por ejemplo) y entre las que ms se parecen entre s (pongamos por ejemplo, entre las polticas, la revolucin francesa de 1789 en comparacin con la revolucin inglesa de 1647, o, por otra parte, las revoluciones obreras de 1830 y 1848) las particularidades son tan prolijas que nos dificultara en exceso hallar un nexo causal entre todas ellas y la sociologa (otra cuestin distinta es el intento de autores como Barrington Moore o Theda Skocpol de comparar sistemticamente los fenmenos revolucionarios). Sera ms acertado, pues, postular que ese conjunto de experiencias histricas revolucionarias constituy suficiente acicate por su propia naturaleza (novedad, rapidez, intensidad y apariencia visible de los cambios) como para generar inquietudes intelectuales de or25
I:1
den sociolgico en algunos pensadores de la poca. De hecho, no han faltado tanto las tentativas de identificar el mencionado nexo, como, ahondando ms, las propuestas explicando que han sido precisamente las revoluciones uno de los primeros y principales objetos de conocimiento de la sociologa:
La sociologa nace de la revolucin. Su objeto lo constituyen las transformaciones sociales, los movimientos, las crisis, las luchas de clases. (...) Antes de la Revolucin francesa no haba socilogos. Las sociedades estables de los modos de produccin precapitalistas no necesitan analizar el cambio. En la China imperial los mandarines letrados acumulan trabajos de historia institucional con el fin de fortalecer la imagen de la estabilidad. (...) Mientras la industria pona a prueba sucesivamente los mtodos de organizacin cientfica del trabajo, las tcnicas de las relaciones humanas... las iglesias, garantes de la ideologa de la continuidad y de la armona, haban de esperar las crisis de estos ltimos decenios para seguir de cerca las ciencias sociales. [LAPASSADE y LOURAU, 1971: 12]
La argumentacin de estos autores arranca de los siglos XVI y XVII, cuando se habran producido simultneamente, segn ellos, una teora, una prctica y una tcnica, precursoras de la venidera sociologa: 1) La teora se habra conformado con la recuperacin de las teoras de la sociedad propias de los pensadores polticos de la Grecia antigua (Platn y Aristteles, sobre todo). 2) La prctica derivara de la actividad de los nuevos pensadores y grupos reformistas, tanto en el mbito de la poltica como en el de la religin (Lutero y Calvino). 3) La tcnica que se desarroll como ms apropiada a las ciencias sociales fue la estadstica o ciencia del Estado, a partir de los trabajos pioneros de Petty con la llamada aritmtica poltica destinada al recuento (censo) de soldados y de contribuyentes fiscales. Por lo tanto, la aceleracin de los cambios sociales, cuyo exponente mximo son los acontecimientos revolucionarios, deber ponerse en relacin con los desarrollos en tcnicas de conocimiento social como la estadstica. Los historiadores de la estadstica han puesto de relieve cmo ya antes de la abolicin de las monarquas absolutas y de la obtencin de derechos electorales, se haban aplicado tcnicas estadsticas (a veces en forma
26
Gn es i s hi st ri ca d e la s oci olog a
I:1
de rudimentaria contabilidad censal) que llevaban en su seno una nueva concepcin de la sociedad por la que se reconoca una cierta igualdad, homogeneidad o equivalencia entre todos, o una buena parte, de sus componentes ante los ojos y las leyes del Estado (de ah la etimologa de estadstica como ciencia del Estado).
Una historia social de la creacin de equivalencias debe dirigir su mirada a la figura del juez y, detrs de l, a la figura del ms alto juez, el rey. Si el rey tiene que arbitrar los conflictos entre sus sbditos, debe hacerlo en orden a ser capaz de sumar sus fuerzas a las suyas propias, unificarlas en torno a l mediante la creacin de ejrcitos e impuestos. Para ello el rey tiene que registrar los nacimientos, los matrimonios y las defunciones y realizar un censo peridico de la poblacin. La aritmtica poltica (Graunt, Petty) fue consecuencia de los trabajos de codificacin administrativa que se llevaron a cabo para realizar los registros demogrficos y para realizar las primeras cuentas nacionales regulares. La contabilizacin de defunciones permiti construir tablas de mortalidad por edades que a su vez fueron la base para la determinacin de los ndices tcnicos de los seguros de vida: la distribucin probabilstica de los riesgos de mortalidad en el seno de una poblacin o entre perodos de la vida de una sola persona fue ocasin propicia para el establecimiento de muchas convenciones de equivalencia y, en ltima instancia, de totalizaciones numricas. [DESROSIRES, 1990]
Durante los siglos XVIII y XIX coincidirn, pues, la revolucin industrial, la expansin del capitalismo y la experimentacin que se fue haciendo con tcnicas de anlisis sociolgico y filosofas sociales que diesen respuestas a los sustanciales cambios de esa poca. Pero eran slo la continuacin de trascendentes revoluciones cientficas (con Coprnico, Kepler, Galileo y Newton, por ejemplo), filosficas (con los tericos ilustrados y republicanos, por ejemplo) y polticas (la independencia de Estados Unidos en 1776, por ejemplo). Tal vez pueda convenirse, pues, en ese contexto, que fue SaintSimon la figura en la que coinciden la primera concepcin de la sociologa y del socialismo. Por la primera entenda, ya en 1813, la explicacin de las causas de la crisis en que se encuentra inmersa la especie humana (cit. en FERNNDEZ ENGUITA, 1998: 21). Y de ella derivaba la necesidad de indicar los medios a disposicin de los sabios para abreviar la duracin de las crisis (FERNNDEZ ENGUITA, 1998: 25). No obstante, veremos que el afn de Comte por continuar esa tarea de fundacin de la sociologa, le llev a una
27
I:1
posicin casi opuesta al socialismo y alentando un mayor control social ante los temores de nuevas perturbaciones sociales y polticas. En el otro extremo, los dems socialistas y, sobre todo, Marx, no concebirn de forma alguna la posibilidad de separacin entre las ciencias sociales y los proyectos polticos por una revolucin socialista (hasta tal punto que desaparecera la necesidad de las primeras con el advenimiento de una nueva sociedad comunista: COHEN,1978: 369). En un punto intermedio, por ltimo, se podra situar el positivismo estadstico de Quetelet y su decidida apuesta por el uso reformador de su fsica social en lnea con el proyecto ilustrado y liberal.
Quetelet (1796-1874) y Comte (1798-1857): estadstica y positivismo La revolucin francesa haba unido, momentneamente, a las clases populares con la burguesa frente a la nobleza y el clero. De ese proceso surgieron distintas corrientes intelectuales, una de las cuales tena un claro cariz reaccionario con la pretensin de conservar los valores tradicionales, regenerar la religin, reforzar la polica y el Estado y, en definitiva, estabilizar el perturbado orden social. Sobre esas premisas se gest el pensamiento de Auguste Comte, aunque con unas particularidades que merece la pena tener en cuenta (VERDENAL, 1973). La primera de ellas es que Comte defenda el orden tanto como el progreso, pero haba visto en las agitaciones polticas un peligro para ambos y en la ciencia una solucin, un tanto platnica, a los problemas de gobernabilidad (e incluso de moralidad) del mundo occidental.
La tendencia correspondiente a los hombres de Estado, de impedir hoy, en cuanto es posible, todo gran movimiento poltico, se encuentra espontneamente conforme con las exigencias fundamentales de una situacin que no admitir ms que instituciones provisionales, mientras una verdadera filosofa general no haya unido suficientemente las inteligencias. (...) La razn pblica debe encontrarse implcitamente dispuesta a acoger hoy el espritu positivo como la nica base posible de una resolucin verdadera de la honda anarqua intelectual y moral que caracteriza sobre todo a la gran crisis moderna. (...) Para la nueva filosofa, el orden constituye siempre la condicin fundamental del progreso; y, recprocamente, el progreso se convierte en el fin necesario del orden. (...) La escuela positiva tiende, por un
28
Gn es i s hi st ri ca d e la s oci olog a
I:1
lado, a consolidar todos los poderes actuales en manos de sus poseedores, cualesquiera que sean y, por otro, a imponerles obligaciones morales cada vez ms conformes a las verdaderas necesidades de los pueblos. [COMTE, 1844: 73-75, 101]
A Comte se le considera el primer terico (aunque, de filiacin, matemtico y filsofo) que design la sociologa con ese mismo trmino que ha perdurado hasta la actualidad, aunque con el mismo sentido positivista que le haba conferido, casi a un tiempo, Quetelet (otro matemtico) a su fsica social. La sociologa sera para l una de esas ciencias positivas que deberan constituir la gua moral y poltica de unas sociedades sometidas a numerosas turbulencias polticas y en las que, an despus de la revolucin liberal, persistan ideas teolgicas y metafsicas impregnando los asuntos humanos. La filosofa positiva tena por finalidad promover la ciencia y, sobre todo, un tipo de ciencia que elaborase leyes generales y predictivas, semejantes a las de la gravitacin propuestas por Newton. Ms all del simple empirismo, al que acusaba de acumular observaciones sin ninguna sistematizacin ni orientacin terica, el positivismo se caracterizara por encontrar explicaciones ltimas a los fenmenos observados. Y ello se aplicara, lgicamente, tambin a la sociedad.
El verdadero espritu positivo consiste, ante todo, en ver para prever, en estudiar lo que es, a fin de concluir de ello lo que ser, segn el dogma general de la invariabilidad de las leyes naturales. (...) La reorganizacin total que, nicamente, puede terminar la gran crisis moderna consiste, en efecto, en el aspecto mental, que debe primero prevalecer, en constituir una teora sociolgica apta para explicar convenientemente la totalidad del pasado humano. (...) El espritu positivo es directamente social. (...) El hombre propiamente dicho no existe, no puede existir ms que la Humanidad, puesto que todo nuestro desarrollo se debe a la sociedad. [COMTE, 1844: 32, 79, 94]
Queda manifiesto as que, an exigindole a la sociologa un puesto equivalente a las dems ciencias positivas y en coordinacin directa con ellas, tendra tambin la ingente tarea de explicar la totalidad del pasado humano. Es decir, explicar la historia, determinar sus leyes de evolucin necesarias: un ideal con el que coincidi, grosso modo, el marxismo. Comte, al contrario de lo preconizado por su antecesor Saint-Simon (del que fue su secretario), opinaba que el proletariado, ms que los empre29
I:1
sarios, estaran dispuestos a aceptar la filosofa positiva debido a que sus trabajos ofrecen un carcter ms sencillo y tienen un fin ms netamente determinado. Junto a ese prejuicio se poda apreciar cmo conceba una estructura social ya claramente dividida en clases aunque, para l, con un deseable equilibrio y una necesaria armona de fondo. Para conseguirla en un futuro, el proletariado debera desistir de la lucha poltica y dedicarse fundamentalmente al trabajo y a cultivar el espritu cientfico.
Auguste Comte
Desde que la accin real de la Humanidad sobre el mundo exterior ha comenzado, entre los modernos, a organizarse espontneamente, exige la combinacin continua de dos clases distintas, muy desiguales en nmero, pero de igual modo indispensables: por una parte, los empresarios propiamente dichos, siempre poco numerosos, que poseyendo los diversos materiales convenientes, incluso el dinero y el crdito, dirigen el conjunto de cada operacin, asumiendo desde ese momento la principal responsabilidad de los resultados, sean cualesquiera; por otra parte, los operarios directos, que viven de un salario peridico y forman la inmensa mayora de los trabajadores, que ejecutan, en una especie de intencin abstracta, cada uno de los actos elementales, sin preocuparse especialmente de su concurso final. Slo estos ltimos tienen que habrselas inmediatamente con la naturaleza, mientras que los primeros tienen que ver sobre todo con la sociedad. (...) Es entre los proletarios donde el carcter continuo de un estudio semejante podr llegar a ser ms puramente especulativo, porque se encontrar all ms exento de aquellas miras interesadas que llevan a l, ms o menos directamente, las clases superiores, preocupadas casi siempre de clculos vidos o ambiciosos. (...) El pueblo no ha intervenido an ms que como mero auxiliar de las principales luchas polticas. (...) Todas las disputas habituales han quedado concentradas, esencialmente, entre las diversas clases superiores o medias, porque se referan sobre todo a la posesin del poder. Ahora bien, el pueblo no poda interesarse directamente mucho tiempo por tales conflictos, puesto que la naturaleza de nuestra civilizacin impide evidentemente a los proletarios esperar, e incluso desear, ninguna participacin importante en el poder poltico propiamente dicho. (...) El pueblo no puede interesarse esencialmente ms que por el uso efectivo del poder, sean cualesquiera las manos en las que resida, y no por su conquista especial [COMTE, 1844: 109-114]
30
Gn es i s hi st ri ca d e la s oci olog a
I:1
Como se ve, el conservadurismo poltico de Comte contena tambin posiciones liberales promoviendo la funcin democrtica de control social a los gobernantes ejercida por el pueblo (en semejanza a lo propugnado por Tocqueville) y la divulgacin popular de todas las ciencias entre las que deba constar, en pareja importancia, la sociologa. En ese sentido, sera excesivamente simplificador atribuirle a ese autor su concepcin de la sociologa como una reaccin directa contra los movimientos de emancipacin obrera de la poca. Ms bien, formul una ntida escisin entre ciencia y poltica que le llevara a planteamientos casi platnicos al modo de un gobierno de sabios sin distorsiones ideolgicas.
Al pblico slo le corresponde sealar el fin, porque si l no sabe siempre lo que necesita, s conoce perfectamente lo que quiere, y nadie puede pretender querer por l. Pero en lo que respecta a los medios, corresponde exclusivamente a los sabios en poltica ocuparse de ellos. (Comte, Separacin general entre las opiniones y los deseos) Comte propone una comunidad sin poder y unos gestores polticos sin objetivos propios. (...) Si existe un problema de ajuste entre las aspiraciones sociales y la prctica poltica, resulta evidente que la sociedad necesita instituciones que medien. (...) La mediacin sociolgica consiste en recomponer la accin social disociada; la funcin del socilogo ser de cara a la sociedad, racionalizar la sumisin; y de cara al poder, eliminar la arbitrariedad de la accin social. [MARTN SERRANO, 1976: 24-25]
Algo ligeramente distinto ocurri con la sociologa inaugurada por Quetelet en la que, adems, de forma mucho ms emprica que lo aceptado o practicado por Comte, se incorporaba la informacin estadstica como un instrumento bsico de conocimiento. En Francia, junto a los influyentes tericos de la Ilustracin (Montesquieu, Rousseau, Voltaire, etc.) que defienden como nico poder absoluto el de la razn cientfica y tecnolgica y el del contrato social (BUNGE, 2000: 207), sobresali la aplicacin de la estadstica que hizo Quetelet a fenmenos sociales percibidos ya entonces como regulares: los suicidios, los delitos y los matrimonios. Durante todo el siglo XIX, en Inglaterra y en Francia se llevan a cabo las primeras encuestas sociales entre distintos tipos de familias obreras (por Villerm en 1840, por Le Play en 1879 y por Booth en 1889). El propio Marx intent, en sus afanes por estimular el levantamiento revolucionario del proletariado mediante una mayor conciencia de clase y de sus condiciones de trabajo, la aplicacin, en 1880, de una encuesta a los traba31
I:1
jadores, de la que se imprimieron 25.000 cuestionarios, aunque apenas se obtuvieron respuestas (KARSUNKE ET AL., 1973). Quetelet public su primera obra sociolgica (la Fsica Social, tal como se denomin abreviadamente en su reedicin de 1860) cinco aos despus de que tuviese lugar la revolucin belga de 1830: esta revolucin no slo modific las bases de su pas (independencia de los Pases Bajos) sino que estuvo a punto de modificar las suyas propias, de carcter profesional, al hacer que casi fracasara su proyecto de observatorio astronmico (SNCHEZ CARRIN, 2000: 56). Quetelet, adems, fue uno de los primeros cientficos que busc la explicacin de las regularidades sociales recurriendo a otros hechos sociales, al tiempo que abrazaba la posibilidad positivista de establecer leyes universales de funcionamiento de la sociedad. Para ello concibi por primera vez la aplicacin de la media estadstica a la distribucin normal de los fenmenos sociales, mostrando una tendencia subyacente (invisible) en la sociedad: un prototipo de hombre medio cuyo comportamiento est socialmente determinado.
En una Europa convulsionada por los cambios introducidos tras la Revolucin Francesa, la idea de que los fenmenos sociales estn sometidos a regularidades, que se pueden descubrir y que, adems, se ajustan a frmulas numricas, era muy importante porque permita albergar la esperanza de encontrar leyes cientficas que legitimasen un orden subyacente al aparente caos de la vida social. Si Quetelet tena razn en su forma de pensar, ello quera decir que los fenmenos sociales no son impredecibles (no todo vale), sino que obedecen a leyes que, una vez conocidas por los cientficos, pueden permitir a los gobernantes hacerse con el control de la situacin. Para ello se habran de establecer otro tipo de leyes, de naturaleza poltica, que quedaran legitimadas en la medida que estuvieran (supuestamente) basadas en los descubrimientos de una ciencia que ya entonces tena connotaciones de neutra y productora de verdad. [SNCHEZ CARRIN, 2000: 66]
Quetelet propone, asimismo, el uso de la estadstica social en la administracin del Estado. Se ha argumentado, en este sentido, que esta identificacin de la sociologa con la estadstica y con su uso favorable a la reforma social, responda al cambio cultural y poltico de primer orden operado por la revolucin francesa y que, entre sus numerosos efectos, le habra dado alas a las ideas socialistas: la difusin de los derechos de ciuda32
Gn es i s hi st ri ca d e la s oci olog a
I:1
dana entre las distintas clases sociales. Ese hecho social es el que habra permitido a Quetelet tratar de forma equivalente opiniones y comportamientos individuales, agregarlos y componer perfiles medios como modelos sociales ocultos al simple escrutinio o a la reflexin poltica.
Adolphe Quetelet
Cmo combinar los comportamientos o las opiniones sobre cualquier tema de un noble con las de su siervo, o los de un hombre con los de una mujer del siglo pasado, para componer un comportamiento o una valoracin medios, si se trata de personas que no son comparables (equivalentes) entre s? Slo de pensar en combinar / mezclar sus opiniones con las de sus siervos, a los nobles les daba miedo hasta de contagiarse! Ni la combinacin es posible (nadie la aceptara) ni tiene ningn sentido hacerla porque carece de operatividad (...). Para que tal combinacin / mezcla fuera posible tena que construirse la categora (clase de equivalencia) de ciudadano, respaldada legalmente mediante las constituciones que atribuyen igualdad formal (derechos jurdicos, polticos y sociales) a todos los habitantes de un pas. [SNCHEZ CARRIN, 2000: 62]
Por el contrario, se podra afirmar que el escaso entusiasmo de Comte con el republicanismo democrtico sera el responsable de que este autor no mostrase diligencia alguna en trasladar los clculos estadsticos de probabilidades, con los que sin duda estaba familiarizado, al conocimiento concreto de la sociedad.
I:1
Socialistas utpicos y cientficos: utilidad revolucionaria de la sociologa En el otro extremo intelectual afn tambin al nacimiento de la sociologa, por lo tanto, se situara el socialismo reformista (tambin denominado utpico por los socialistas revolucionarios o cientficos) de SaintSimon, Owen, Cabet o Fourier. Algunos de ellos, como Saint-Simon, depositaron sus esperanzas en la industria o en los industriales para racionalizar la administracin pblica y superar de forma progresiva las desigualdades de clase (RICOEUR, 1986: 306). Otros, como Fourier y Owen, se entregaron a crear islas de comunismo en el interior de la sociedad capitalista -como los falansterios y otro tipo de pequeas comunidades que proliferaron, sobre todo, en el continente americano-, de forma tal que en ellas fuese posible sustraerse a la represin dominante en las instituciones familiares o educativas escasamente alteradas por la revolucin francesa o la industrial (CHOAY, 1965: 111-132). Para todos era preciso describir, explicar y valorar las cualidades ms positivas y las ms problemticas de la sociedad que les toc vivir, aunque, al igual que en Comte, sus prdicas sociolgicas solan tener un carcter ms filosfico y especulativo que emprico (una defensa de la validez terica y metodolgica del uso pionero en la sociologa de la utopa y de la validacin histrica por parte de Comte, puede verse en: MARTN SERRANO, 1976; tambin es de inters la recuperacin de Comte que hace ELIAS, 1970: 37-57). No obstante, para entender las diferencias con Comte y Quetelet, es necesario descubrir la operacin de sospecha que todas las ramas del socialismo ejercan con respecto a la democracia liberal implantada. Era comn, en ese sentido, que los socialistas pusieran en cuarentena la formalidad de los derechos declarados. En consecuencia, se haca necesario investigar (sociolgicamente) qu desigualdades reales se ocultaban detrs de la igualdad formal ante la ley y qu opresiones reales se conservaban bajo el reconocimiento de libertades pblicas y privadas. Los interrogantes que plantearon nos han sido legados casi en estado puro hasta nuestros das: existe libertad individual para firmar un contrato de trabajo cuando se carece de alternativas de subsistencia? existe libertad de expresin cuan34
Gn es i s hi st ri ca d e la s oci olog a
I:1
do no se poseen medios materiales para hacer pblicas las propias ideas? existe igualdad entre quien puede costearse una defensa jurdica cualificada y quien debe acudir a una de oficio? El conocimiento sociolgico, por lo tanto, deba adquirirse en funcin de su utilidad para desvelar conflictos sociales como los mencionados. La ciencia social, desde la perspectiva de aquellos primeros socialistas, estara comprometida en poner de relieve la necesidad de cambios sociales (incluso proponiendo autnticas utopas) de mayor o menor calado, dependiendo de las circunstancias de cada contexto. Ser Marx, como veremos, quien mejor condense todas esas aspiraciones, aunque exigir, para ello, distinguir radicalmente el socialismo utpico anterior del cientfico por venir. Es debido a esos planteamientos que se ha postulado que, ya en esas primeras dcadas del siglo XIX, se produjo una escisin originaria entre la sociologa (saber para conservar el orden social) y el socialismo (saber para transformar el orden social) (LAPASSADE y LOURAU, 1973: 27-43). Pero ni toda la sociologa ha sido conservadora (o positivista en el sentido de que las leyes sociales que se descubran no podrn alterarse voluntariamente), ni todo el socialismo ha precisado de una sociologa para su afirmacin. En realidad, puede usarse la sociologa ms rigurosa (digamos, para no entrar ahora en mayores precisiones, el conocimiento de la situacin presente y la comparacin con otras situaciones pasadas o coetneas) para pensar las posibilidades de cambio social. Y, por otra parte, tampoco debemos olvidar que una importante tendencia dentro del socialismo del siglo XX (la ortodoxia de tipo estalinista, por un lado, y parte de la nueva izquierda, por otro) proscribi cualquier intromisin de la ciencia social a la hora de dilucidar qu valores y propuestas orientaran su lnea poltica. En el denominado socialismo cientfico, en contraste, se ha pretendido alcanzar un conocimiento social positivo, pero restringiendo su fundamento al principio dogmtico de que la verdad slo puede emanar del proletariado (o del pueblo) y del partido poltico (nico) que lo represente (IBEZ, 1979: 69-72). Esa perspectiva, como es obvio, ha mermado notablemente el alcance de los conocimientos sociolgicos posibles desde una perspectiva socialista al homogeneizar forzadamente todas las formas sociales de trabajo y de accin poltica a investigar o desde las que investigar. Un semejante encorsetamiento para el socialismo (y para la sociologa
35
I:1
socialista, si se nos permite la expresin, que lleva implcita) ha sido el ceirse a un modelo nico de transformacin o de revolucin social. Los tericos socialistas eran herederos de la Ilustracin al igual que lo eran los primeros socilogos positivistas como Quetelet y Comte. La diferencia estriba en que los primeros sostenan un principio de racionalidad crtica frente a la sociedad generada por la revolucin francesa y la democracia liberal, mientras que los segundos (sobre todo Comte y sus aclitos) recelaban de cualquier contaminacin de proyectos polticos en la actividad cientfica, inclusive en la ciencia social. Lo que resulta de inters subrayar es que fueron numerosos los tericos socialistas de aquella poca (desde finales del siglo XVIII hasta finales del XIX) que acogieron con entusiasmo el reto de edificar una ciencia de la sociedad y contribuyeron notablemente a su desarrollo. Se puede explicar tal afinidad mediante el hecho de que muchos de esos socialistas participaban intensamente en el movimiento obrero y sus observaciones sobre la sociedad, ms o menos sistemticas segn los casos, incrementaban los debates en su seno. Numerosos historiadores han mostrado la intensidad de aquellas luchas obreras y la difcil distincin de los escritos publicados por los socialistas (tanto los utpico-libertarios como los cientficos-marxistas) ya que oscilaban entre el anlisis sociolgico del sistema socioeconmico imperante y su inters por crear conciencia de clase entre el proletariado, orientar su formacin cultural y animar su organizacin poltica. Esto ocurri inicialmente para legitimar la formacin de sindicatos y cooperativas obreras, con tericos como Owen a la cabeza (quien, desde la economa poltica, se aproxim tambin a una suerte de sociologa econmica).
36
Gn es i s hi st ri ca d e la s oci olog a
I:1
El escaso nivel cultural de los trabajadores en esta primera fase de la industrializacin, su humillacin moral por la necesidad, para conservar la propia vida, de vender a precios cada vez menores no slo su propia energa laboral, sino tambin la de sus mujeres e hijos y el verse obligados a enviar a stos a la fbrica en lugar de la escuela, perpetuando as la propia falta de cultura, hacen comprensible la violenta reaccin en el primer estadio de la industrializacin. (...) Las teoras de Robert Owen y William King contribuyeron a dar estabilidad al movimiento, que, socialmente, pudo apoyarse en los obreros cualificados y, por consiguiente, mejor pagados e instruidos, necesarios en la nueva poca de la industrializacin. Al amparo de estas luchas entre la burguesa y los grandes propietarios en torno a la reforma electoral, los movimientos gremial y sindical pudieron desenvolverse en comn. (...) En la obra Report to the Country of Lanark (1820), haba desarrollado Owen sus sistemas de mercancas al precio de las horas de trabajo, destinadas a posibilitar el intercambio de mercancas al precio de las horas de trabajo realizadas en las cooperativas de produccin. Owen quera establecer esta nueva sociedad econmica junto al orden econmico capitalista existente e imponerla contra ste paulatinamente. [ABENDROTH, 1965: 16, 21]
Pero fueron Marx y Engels quienes mayor coherencia le habran conferido a esa relacin entre teorizacin sociolgica y activismo socialista revolucionario. Por un lado, con certeros anlisis de sociologa poltica, econmica y urbana: como las obras de Marx consideradas ms historiogrficas que se publicaron al poco de las agitaciones obreras de 1848; o como los anlisis de Engels considerados ms sociolgicos sobre los barrios obreros ingleses pocos aos antes.
El decreto de 21 de junio de 1848, que exclua a los obreros solteros de los talleres nacionales, fue la seal para un levantamiento espontneo de los obreros de Pars. Los cinco das de lucha fueron decisivos para la revolucin no slo francesa, sino tambin europea: la burguesa liberal de todos los pases europeos busc la paz con la reaccin feudal y celebr la matanza de ms de tres mil obreros prisioneros por obra del general Cavignac. Karl Marx describi en 1850 en Las Luchas de clases en Francia el desarrollo de este primer impulso del movimiento obrero francs. En El 18 Brumario de Luis Napolen Bonaparte (1852) analiz las consecuencias de esta derrota y la renuncia al poder poltico de la burguesa liberal, aparentemente victoriosa, a favor del epigonal Napolen y su banda decembrina. [ABENDROTH, 1965: 29] En La situacin de la clase obrera en Inglaterra he hecho una descripcin del Manchester de 1843 y 1844. Posteriormente, las lneas de ferrocarril que pasan a travs de la ciudad, la construccin de nuevas calles y la ereccin de grandes edificios
37
I:1
pblicos y privados han hecho que algunos de los peores barrios que mencionaba hayan sido cruzados, aireados y mejorados; otros fueron enteramente derribados; pero todava hay muchos que se encuentran en el mismo estado de decrepitud, si no peor, que antes, a pesar de la vigilancia de la inspeccin sanitaria, que se ha hecho ms estricta. (...) Todos estos focos de epidemia, esos agujeros y stanos inmundos, en los cuales el modo de produccin capitalista encierra a nuestros obreros noche tras noche, no son liquidados, sino solamente... desplazados. La misma necesidad econmica que los haba hecho nacer en un lugar los reproduce ms all; y mientras exista el modo de produccin capitalista, ser absurdo querer resolver aisladamente la cuestin de la vivienda o cualquier otra cuestin que afecte a la suerte del obrero. La solucin reside nicamente en la abolicin del modo de produccin capitalista, en la apropiacin por la clase obrera misma de todos los medios de subsistencia y de trabajo. [ENGELS, 1872: 639, 641]
Por otro lado, fruto de poner sus anlisis sociolgicos y econmicos al servicio de la primera Asociacin Internacional de Trabajadores (AIT), entre otras organizaciones obreras, result la difusin del Manifiesto Comunista desde 1848 que en un lenguaje penetrante y claro, contiene la teora del materialismo histrico, una precisa exposicin de las tendencias del desarrollo de la sociedad industrial capitalista (ABENDROTH, 1965: 31).
La burguesa ha desempeado en la historia un papel altamente revolucionario. Dondequiera que ha conquistado el poder, la burguesa ha destruido las relaciones feudales, patriarcales, idlicas. Las abigarradas ligaduras feudales que ataban al hombre a sus superiores naturales las ha desgarrado sin piedad para no dejar subsistir otro vnculo con los hombres que el fro inters, el cruel pago al contado. Ha ahogado el sagrado xtasis del fervor religioso, el entusiasmo caballeresco y el sentimentalismo del pequeo burgus en las aguas heladas del clculo egosta. Ha hecho de la dignidad personal un simple valor de cambio. Ha sustituido las numerosas libertades escrituradas y adquiridas por la nica y desalmada libertad de comercio. En una palabra, en lugar de la explotacin velada por alusiones religiosas y polticas, ha establecido una explotacin abierta, descarada, directa y brutal. (...) La burguesa no puede existir sino a condicin de revolucionar incesantemente los instrumentos de produccin y, por consiguiente, las relaciones de produccin, y con ello todas las relaciones sociales. [MARX y ENGELS, 1848; cit. en PRIETO, 1989: 444]
Es en esa obra en la que reconocan compartir los ideales comunistas con los socialistas utpicos pero donde tambin les acusaban a stos, de forma injusta, de renunciar a un anlisis objetivo de la realidad social (NAIR, 1973: 154). Una herencia de aquel socialismo utpico, y no menos
38
Gn es i s hi st ri ca d e la s oci olog a
I:1
cientifista que el marxista como lo ilustra la siguiente cita, fue la representada por el movimiento obrero de cariz anarquista, escisin a raz de la cual se desintegr la original AIT. Aunque anecdtico, resulta significativo notar que muchas publicaciones anarquistas en Espaa llevaban el ttulo o subttulo de sociologa (como la Revista Blanca. Publicacin quincenal de sociologa, ciencias y artes, editada desde 1898; GMEZ Y PANIAGUA, 1991: 40), sntoma de las connotaciones polticas que tuvo esta ciencia para todo el socialismo-comunismo hasta bien entrado el siglo XX. El siguiente extracto, en consecuencia, da cuenta de esa conjuncin posible entre socialismo, libertad y sociologa.
Pero he aqu que apareci Proudhon. Hijo de un campesino, y por naturaleza y por instinto cien veces ms revolucionario que todos los socialistas doctrinarios y burgueses, se arm de una crtica tan profunda y penetrante como despiadada, para destruir todos sus sistemas. Oponiendo la libertad a la autoridad contra esos socialistas de Estado, se declar ardientemente anarquista y, en las barbas de su desmo o de su pantesmo, tuvo el valor de proclamarse sencillamente ateo o, ms bien, con Augusto Comte, positivista. Su socialismo, fundado en la libertad tanto individual como colectiva, en la accin espontnea de las asociaciones libres, no obedeciendo a otras leyes que a las generales de la economa social, descubiertas o a descubrir por la ciencia, al margen de toda reglamentacin gubernamental y de toda proteccin de Estado, subordinando, por otra parte, la poltica a los intereses econmicos, intelectuales y morales de la sociedad, deba ms tarde, y por una consecuencia necesaria, llegar al federalismo. Tal era el estado de la ciencia social antes de 1848. La polmica de los peridicos, de las hojas volantes y de los folletos socialistas, llev una masa de nuevas ideas al seno de las clases obreras; stas se saturaron de esas nuevas ideas y, cuando estall la revolucin de 1848, el socialismo se manifest como una potencia. [BAKUNIN, 1867: 66]
1.2
LA
INVENCIN
DE
LO
SOCIAL ,
LAS
TECNOLOGAS
DISCIPLINARIAS Y EL INDIVIDUALISMO
Con acierto se nos ha advertido de lo estril que resulta el buscar un exclusivo padre fundador o una nica corriente intelectual como orgenes de la sociologa (RODRGUEZ ZIGA, 1985: 21). Ante todo, existi un contexto intelectual de mltiples corrientes e intercambios entre ciencias y letras que, arrancando del Renacimiento, propici el nacimiento de las distintas teoras sociolgicas, la preocupacin por
39
I:1
Aunque el inters cientfico por la sociedad, racionalizando observaciones fcticas, se puede remontar infinitamente en la historia, el contexto de la revolucin industrial y la consolidacin institucional de las ciencias sealan dos importantes momentos de inflexin para la sociologa. En afinidad con lo argumentado hasta el momento, pero enfatizando el carcter rupturista de esas circunstancias histricas, se ha llegado a interpretar el el nacimiento de la sociologa en el sentido de que se invent su objeto de estudio (la sociedad, en particular, o lo social, de forma ms ambigua y general). Aunque la sociedad siempre ha estado ah, no es sino en un momento histrico preciso en el que se piensa y objetiva su realidad de acuerdo con los modelos conceptuales usados para observar otros fenmenos de la realidad natural. Esa invencin de lo social habra sido coherente con una filosofa emergente acerca de lo humano y de lo social: extremando crecientemente los pormenores de su representacin (finita) y definiendo las leyes para entender su existencia invisible, su trascendentalidad (infinita) (FOUCAULT, 1966). A ello habran contribuido las nuevas ciencias humanas la filologa, la biologa y la economa- constituidas formalmente desde finales del siglo XVIII y a lo largo de todo el XIX, y que vinieron a sustituir a los anteriores conocimientos fragmentarios o esencialistas sobre esas materias. Adems, proporcionaron modos nuevos de representar el lenguaje, la vida y el trabajo.
40
Gn es i s hi st ri ca d e la s oci olog a
I:1
Esas representaciones consistan, bsicamente, en objetivar desde el exterior las leyes de esos fenmenos independientes de los seres humanos que los producan. Al mismo tiempo, se renunciaba al proyecto precientfico (o filosfico, en general) de revelar la identidad del ser humano en su conjunto, su esencia como especie distinta en el mundo orgnico.
El hombre est dominado por el trabajo, la vida y el lenguaje: (...) no es posible tener acceso a l sino a travs de sus palabras, de su organismo, de los objetos que fabrica (....) y l mismo, puesto que piensa, no se revela a sus propios ojos sino bajo la forma (...) de un ser vivo, un instrumento de produccin, un vehculo para palabras que existen previamente a l. (...) Ninguna filosofa, (...) ninguna ciencia emprica (...) ha encontrado jams, en los siglos XVII y XVIII, algo as como el hombre, pues el hombre no exista (como tampoco la vida, el lenguaje y el trabajo); y las ciencias humanas no aparecieron hasta que, bajo el efecto de algn racionalismo presionante, de algn problema cientfico no resuelto, de algn inters prctico, se decidi hacer pasar al hombre al lado de los objetos cientficos. [FOUCAULT, 1966: 305, 334]
Esta interpretacin tambin postulara que las normas sociales generadas con la revolucin industrial y las necesidades de la burguesa dominante de frenar las amenazas revolucionarias, animaron el nacimiento de las ciencias sociales. Pero lo decisivo sera el haberle arrancado a la filosofa su objeto predilecto y unificado de reflexin, a saber: el ser humano. Las nuevas ciencias, empero, caeran en una carrera continua destinada, por un lado, a determinar cuanto antes la materialidad de sus objetos de estudio y, por el otro, a justificar sus mtodos propios de investigacin y purificar su propia historia contra el psicologismo, el economicismo, el sociologismo o el historicismo de las disciplinas rivales, an cuando vecinas. Es decir, que deberamos entender la gestacin de la sociologa en relacin a los esfuerzos de todas las ciencias humanas y sociales por levantar barricadas corporativistas de autenticidad en su seno frente al intrusismo que podran practicar las otras disciplinas.
41
I:1
Tcnicas de conocimiento y de control de los individuos: confesin, encuesta y examen A lo largo del siglo XIX se configuraran las ciencias modernas por lo menos en funcin de tres vectores: el fsico-matemtico un orden basado en la deduccin y la evidencia-; el de las nuevas ciencias positivas un conocimiento causal de elementos discontinuos pero anlogos-; y la filosofa de la ciencia la formalizacin lgica del pensamiento. De los intersticios de ese triedro surgiran, segn Foucault, las ciencias sociales (o ciencias humanas ms generales) como la sociologa, la psicologa o la antropologa.
Tienen el proyecto, ms o menos diferido pero constante, de darse, o en todo caso, de utilizar, en uno u otro nivel, una formalizacin matemtica; proceden segn los modelos o los conceptos tomados de la biologa, de la economa y de las ciencias del lenguaje; se dirigen en ltima instancia a ese modo de ser del hombre que la filosofa trata de pensar en el nivel de la finitud radical, en tanto que ellas mismas quieren recorrer sus manifestaciones empricas. (...) [Aparecen] como peligrosas y en peligro. Peligrosas ya que representan algo as como una amenaza permanente para todos los otros saberes. (...) Su precariedad, su incertidumbre como ciencias, su peligrosa familiaridad con la filosofa (...) es la complejidad de la configuracin epistemolgica en la que se encuentran colocadas, en relacin constante a las tres dimensiones que les da su espacio. [FOUCAULT, 1966: 337338]
A partir de esas relaciones conflictivas entre saberes, la sociologa naciente se propondra un proyecto ambicioso en gran parte sostenido hasta la actualidad: estudiar positivamente las representaciones que tenemos de la sociedad, el funcionamiento de las relaciones de produccin y de intercambio, las posiciones sociales que ocupamos, la integracin y la dominacin, las normas y las sanciones... El hombre es una invencin reciente (FOUCAULT, 1966: 375) y como objeto de conocimiento se podra datar esa invencin a partir de la cultura europea del siglo XVI. De hecho, al rastrear las huellas de la historia de las ciencias humanas y sociales se descubren tecnologas de conocimiento social previas a la revolucin industrial aunque fuesen desarrolladas y perfeccionadas simultneamente con ella. Las tecnologas ms seeras
42
Gn es i s hi st ri ca d e la s oci olog a
I:1
seran, de nuevo segn Foucault: la confesin, la encuesta y el examen. Y los momentos histricos en los que recibieron su empujn definitivo habran sido los siglos XVIII y XIX, aunque slo despus de una lenta gestacin en los siglos precedentes. El efecto ms notable de la expansin de las susodichas tecnologas de conocimiento social habra sido, en definitiva, la configuracin de una sociedad disciplinaria cuyos trazos fundamentales permaneceran tambin hasta el presente.
Si, de una manera formal, el rgimen representativo permite que directa o indirectamente, con o sin enlaces, la voluntad de todos forme la instancia fundamental de la soberana, las disciplinas dan, en la base, garanta de la sumisin de las fuerzas y de los cuerpos. Las disciplinas reales y corporales han constituido el subsuelo de las libertades formales y jurdicas. [FOUCAULT, 1975: 225]
En la Edad Media ya se pueden encontrar modificaciones sustanciales de los procedimientos judiciales para establecer la verdad en los pleitos y progresivamente va apareciendo el Estado como parte acusadora. Es el origen de la encuesta en tanto que sinnima de indagacin, investigacin e inquisicin: una herramienta social para capturar y discriminar los hechos empricos (sociales). La Iglesia haba reglamentado, a su vez, desde el siglo XIII, el mecanismo de confesin que ser aplicado en su versin extrema por los tribunales de la Inquisicin durante tres largos siglos, entre el siglo XV y el XIX (CARO BAROJA, 1994). En la confesin cada persona hablaba de s misma dirigindose a una autoridad que escuchaba y callaba (IBEZ, 1979: 120-121). El individuo era as, cada vez ms, objeto de atencin sistemtica, pero con un dbil estatuto moral, especialmente si provena de las clases humildes, como prueban las variadas penas de tortura y muerte que han ordenado los tribunales religiosos y laicos hasta tiempos bien recientes.
I:1
ciencias naturales la geografa fsica, la botnica, la zoologa, etc.adoptaron los procedimientos de encuesta creados en la prctica judicial y en sus doctrinas. En la encuesta se busca establecer quin hizo qu cosa, en qu condiciones y en qu momento (FOUCAULT, 1973: 18), una verdad comprobada frente a mtodos anteriores como el juramento o el duelo (FOUCAULT, 1975: 228). Pero se trata de una tcnica autoritaria por la que el poder soberano tiene derecho a imponer la verdad, a dictar sentencia. La observacin minuciosa y analtica de los individuos y, sobre todo, de los hechos, la reconstruccin del pasado (cuando no se puede asistir en vivo a la comisin del delito flagrante: FOUCAULT, 1973: 81-85), la curiosidad del viajero y el afn del conquistador por acumular datos, sern materia de importacin (en tanto que modelos procedimentales) para las ciencias sociales. Esa importacin dar lugar a lo que se denominar, desde entonces, encuesta estadstica, la tcnica de investigacin social por antonomasia. Y la hegemona de ese instrumento de anlisis ha provocado tambin la frecuente reaccin crtica frente a sus supuestos de partida y a los efectos de sus operaciones: la idea de una sociedad como suma de individuos y la homogeneizacin de grupos y hechos sociales.
Se inscribe en un dispositivo de silenciamiento de los actores sociales, de los sujetos individuales a los que la palabra les es arrancada, y de los sujetos colectivos, las clases sociales, que son limpiamente dejados de lado. (...) La encuesta es una metfora de la recoleccin y la caza (...) La extensin de la encuesta estadstica a mediados del siglo XX (...) [impuso] un formalismo metodolgico que ya no registra otra realidad que la que produce: (...) el tratamiento de los hechos para reducirlos a datos. [IBEZ, 1979: 116-117]
Por ltimo, los procedimientos judiciales dieron lugar, ya en los siglos XVIII y XIX, al dispositivo analtico del examen que tomarn privilegiadamente otras instituciones del Estado a la vez que las ciencias sociales en su albor sociologa, psicologa, criminologa, psicoanlisis, etc. En los hospitales (instituyndose los mdicos residentes), en las escuelas (para garantizar la transmisin del saber del profesor al alumno), en las fbricas (con entrevistas de seleccin o controles de calidad del trabajo efectuado), en las prisiones (con celdas de aislamiento cuyo conjunto e interiores fuesen visibles desde un slo punto panptico-) y en los
44
Gn es i s hi st ri ca d e la s oci olog a
I:1
cuarteles (con las revistas militares), se multiplica el uso de esta tcnica de conocimiento. De nuevo se trata de conocer a cada individuo, de escribir toda su historia (un privilegio reservado antes a los hroes o a los monarcas, vulgarizado ahora en forma de expediente o curriculum vitae), de documentar su vida con nimo de hacer visible sus posibles patologas y de establecer medias estadsticas (transformadas, a continuacin, en normas y cdigos de conducta) dentro de una poblacin (FOUCAULT, 1975: 189197). Con el examen, pues, se hace de cada individuo un caso, se construyen y se clasifican cientficamente las diferencias individuales. El examen clnico, militar, escolar, pericial, etc. se combinara con la encuesta en la encuesta estadstica y junto con la confesin constituira el precedente inmediato de la tcnica sociolgica denominada entrevista en profundidad.
La encuesta silencia absolutamente a los sujetos, los convierte en objetos mudos; el examen les hace hablar convenientemente, marcando el paso, ordenada y disciplinadamente. En la encuesta estadstica se cruzan la encuesta y el examen, el componente encuesta predomina cuando se refiere a hechos, el componente examen predomina cuando se refiere a opiniones. (...) La encuesta selecciona a los que pueden ser examinados y despus de muchos exmenes el individuo puede confesarse sin peligro para el orden. [IBEZ, 1979: 119-123]
El mayor problema de las anteriores tesis estriba en suponer que la mayor parte de las propuestas de definicin de la sociologa (y de otras ciencias sociales prximas) asuman el modelo de sociedad como suma de individuos que se hallaba implcito en las mencionadas tecnologas de conocimiento y de disciplina sociales. Segn ese modelo, la sociologa deba conocer (examinar) por separado a los individuos y luego clasificarlos (para su mejor control o sancin). Pero es evidente que Comte, Spencer o Marx, por ejemplo, tuvieron en cuenta las estructuras y cambios sociales de mayor magnitud que los procesos de individualizacin referidos, los cuales tampoco les pasaron desapercibidos. Del mismo modo, podemos valorar como encomiable la labor de historiadores sociales como Foucault por reunir numerosas y dispersas prcticas de conocimiento social que fueron desarrollndose lentamente a
45
I:1
lo largo de varios siglos. Sin embargo, en sus conclusiones se da por sentado que el peso histrico de esas prcticas prefigura en gran medida su uso actual y su uso posible en el futuro. Es decir, que el conocimiento social va indisociablemente unido al control social y, sobre todo, a un tipo de control social que ocultara la reproduccin (conservadora) y perfeccionamiento (revolucionario) de estructuras de poder autoritarias bajo la apariencia de regmenes democrticos y de progresos tecnolgicos en la medicina o en la administracin de recursos pblicos. Como ya hemos visto, buena parte del socialismo no aceptaba esa pesimista conclusin, lo cual es evidente en el intento de encuesta obrera de Marx (tampoco ocurri, por ejemplo, en la literatura social, a veces denominada realista o naturalista, de Dickens, Zola, Tolstoi, Galds o Baroja, aunque en este mbito artstico la pretensin de descripcin objetiva es slo una herramienta intelectual ms para elaborar ficciones). En todo caso, como tambin hemos insinuado ms arriba, la sombra de una poltica conservadora s que se cerna ms ntidamente sobre el proyecto positivista de la sociologa de Comte. En conformidad con las anteriores objeciones, otros autores han vuelto a dirigir su mirada a los grandes cambios sociales de organizacin en la Europa del siglo XIX (superpoblacin y continuas migraciones a las ciudades, mecanizacin de los procesos productivos, concentracin del capital, fuerte incremento de los aparatos blicos y administrativos de los Estados nacionales, aumento del control activo y constante de la poblacin para prevenir las rebeliones populares, etc.) en tanto que crisol del que realmente surgieron las distintas disciplinas de la ciencia social como las conocemos hoy (TILLY, 1984: 21). Pero sera en esa misma poca cuando se cre la teora que haca de la diferenciacin y la desintegracin sociales (el aumento de la violencia, la inmoralidad, las sublevaciones, etc. por oposicin mecnica al orden social, al control legtimo y al progreso) la ley histrica general para explicar aquellos profundos cambios, de lo cual Durkheim sera su ms notable representante. Como se puede comprobar, no es casual que la bsqueda de leyes sociales y el uso de tcnicas de conocimiento social tuvieran su correlato en la exigencia que se les formulaba a los socilogos para resolver los problemas de anomia social y justificar las distintas polticas de control social. Esa corriente de la sociologa, adems, se basara en ocho arraigados
46
Gn es i s hi st ri ca d e la s oci olog a
I:1
errores que, a juicio de Tilly, an en la actualidad seguiran permeando los anlisis del cambio social: 1) la existencia de sociedades diferentes y autnomas; 2) la determinacin de los comportamientos colectivos por los procesos mentales individuales; 3) la coherencia y continuidad del cambio social; 4) la sucesin de estadios en los procesos de cambio social; 5) el paso de la diferenciacin al progreso; 6) demasiada diferenciacin genera desorden; 7) los cambios sociales rpidos generan comportamientos reprobables; 8) formas ilegtimas y legtimas de conflicto se generan a partir de procesos diferentes (de cambio y desorden, de integracin y control) (TILLY, 1984: 15-31; SZTOMPKA, 1993). En todo caso, tanto en la visin de un orden social compuesto de individuos como en la ms compleja apuntando a cambios y estructuras sociales de largo alcance, la sociologa responda a realidades nuevas y difcilmente perceptibles siglos atrs, por lo que resulta legtimo hablar de la invencin de lo social como un verdadero y novedoso hecho social. Nunca antes la sociedad y los hechos sociales se haban concebido con tanta autonoma. Nunca antes haban reclamado una atencin cientfica. La contribucin de Foucault, por lo tanto, determina las fuentes sociales de esa nueva percepcin y las halla en los procesos de individualizacin configurados, sobre todo, por las ya referidas prcticas disciplinarias en un contexto poltico en el que se reconocan (y violentaban con harta frecuencia) los derechos individuales bajo la tutela del Estado y de los intereses econmicos de la burguesa.
1.3 L AS
CIENCIAS DE LA SOCIEDAD
En el estudio de la historia de las ciencias se ha puesto de relieve que stas han evolucionado sin seguir una pauta lineal y continua. Es decir, que se han desarrollado y fundamentado a partir de revoluciones, de cambios bruscos y significativos, de innovaciones y discontinuidades. No es que no exista la acumulacin de conocimientos, sino que slo se realizara dentro de las lindes de un cierto paradigma terico: dentro de un mismo corpus de ideas, objetos y tcnicas.
47
I:1
Para que se produjese una nueva teora (el heliocentrismo de Coprnico, la mecnica gravitatoria de Newton, la qumica combinatoria de Lavoisier, el electromagnetismo de Maxwell, la relatividad de Einstein, etc.) era preciso sobrepasar los obstculos epistemolgicos (errores, prejuicios, problemas sin resolver, etc.) propios del anterior paradigma, formular nuevos problemas y romper con el sentido comn predominante hasta entonces, abandonar la vieja escuela terica y sus instituciones acadmicas (o esperar la muerte de sus mentores) y fundar otras nuevas (BACHELARD, 1940; KUHN, 1962). Pero tambin se ha revelado que esos avances cientficos dependan, en buena parte, de condiciones sociales, econmicas, culturales y polticas determinadas: por ejemplo, la existencia de reales sociedades cientficas, las inversiones del Estado, el exilio en tiempos de guerra o las disputas religiosas (MASON, 1985; LPEZ PIEIRO ET AL. 1989). Entre ellas conviene fijarnos en una particularmente olvidada o confundida. Me refiero al intercambio de trminos lingsticos y conceptos entre las ciencias naturales y otras esferas pblicas como la religin o la filosofa, adems de acontecer tambin con relacin a las ciencias humanas y sociales. Una de las evidencias ms citadas en apoyo a esa observacin es lo ocurrido con las ideas del darwinismo social. El filsofo Hobbes (15881679) proyect sobre la sociedad su principio de la competencia natural entre los humanos (el hombre es un lobo para el hombre). El economista liberal Adam Smith (1723-1790) us esas ideas para fundamentar su teora del funcionamiento autorregulado de los mercados (la mano invisible) gracias a las consecuencias no intencionadas de los individuos que persiguen sus intereses egostas. Algo semejante haba hecho uno de los primeros socilogos tericos, Herbert Spencer (1820-1903), ampliando la necesidad de esa competencia entre individuos adultos para evitar la degeneracin de la sociedad. Ms tarde, el bilogo evolucionista Darwin (1809-1882) ley a Smith y a Spencer (tambin al demgrafo y economista Malthus) y fueron esas ideas, junto a sus propias disquisiciones y observaciones, en las que se apoy para formular su teora de la seleccin natural. De forma independiente a la interpretacin que hacen los bilogos de las leyes enunciadas en esa teora, Spencer y otro filsofo social, Sumner
48
Gn es i s hi st ri ca d e la s oci olog a
I:1
encontraron en la teora de Darwin una prueba cientfica de sus visiones de la sociedad, por lo que pasaron a ser conocidos como darwinistas sociales. El crculo se vuelve a cerrar una vez ms casi un siglo despus, en 1975, cuando el bilogo E.O.Wilson publica su libro Sociobiologa utilizando el darwinismo social y su axioma del individualismo posesivo para concebir de nuevo los procesos biolgicos (el lobo es un hombre para el lobo) (SAHLINS, 1976; LEWONTIN ET AL., 1984: 282-323; LEMKOW, 2002: 67-80; una exploracin de otro ejemplo de intercambios lingsticos y conceptuales entre ciencias duras y blandas, en referencia a los orgenes de la estadstica, puede verse en STEWART, 1989: 52 ss.; otro, incluso ms antiguo, referido a la polmica entre Boyle y Hobbes, en la que se mezclan hechos cientficos y concepciones polticas, aparece relatado por LATOUR, 1991: 32-59, 121-128). Volviendo al origen de nuestra disciplina: no poseemos ningn estudio que demuestre que tanto el nacimiento de las primeras sociologas como el de las sucesivas teoras que se fueron gestando bajo ese paraguas acadmico, se hayan producido de forma claramente revolucionaria. Las excepciones, tal vez, estaran representadas por el impacto cientfico y poltico que tuvo la obra de Marx, y por la institucionalizacin pionera de la sociologa que se produjo con el establecimiento de las primeras ctedras con Durkheim en Francia y con Small, Thomas y Park en Estados Unidos. Desde el punto de vista de su impacto revolucionario, por lo tanto, difcilmente se podra afirmar que la sociologa haya podido imitar a las ciencias naturales. Ahora bien, tanto Comte como Marx (y Durkheim, posteriormente) rindieron continuos tributos a las ciencias naturales de la poca y, en gran medida, colocaron su afn sociolgico bajo el palio de aqullas. Las teoras de la mecnica de Newton y de la evolucin biolgica de Darwin fueron los dos modelos a los que las imperfectas esculturas de la sociologa no lograran aproximarse nunca en demasa.
49
I:1
Revoluciones epistemolgicas de la ciencia clsica: interacciones, transformaciones y evolucin Por una parte, no slo las ciencias naturales estn condicionadas socialmente, sino que tambin lo estn las ciencias sociales. Ms arriba se ha sostenido que estas ltimas respondieron, entre otras cosas, a las necesidades de legitimacin y justificacin del orden liberal (el capitalismo y la democracia representativa) y de un tipo de control social en las nuevas instituciones que podramos denominar individualizador. Pero eso no significa que su construccin fuera poco polmica, de forma semejante a lo sucedido en cualquier ciencia (pinsese, por ejemplo, en los procesos religiosos a los que se tuvieron que someter Galileo al defender el movimiento de la Tierra alrededor del Sol o, ms trgicamente, Miguel Servet al defender la circulacin de la sangre). Por otra parte, tanto en aquellos aos de notables avances cientficos, como posteriormente, han sido las ciencias naturales las que se han erigido en prototipo de cientificidad. Las ciencias sociales tuvieron en ellas, pues, un modelo en cuanto a mtodo de investigacin y eficacia tecnolgica que pocas veces han logrado alcanzar con plena satisfaccin. Sin embargo, no podemos soslayar el problema del frecuente desconocimiento de lo que se pretenda imitar, ms que de la imitacin misma. Es decir, que al imitar los aspectos ms exitosos de la fsica o la biologa, se dejaba de lado el seguimiento de sus prcticas detalladas de estudio y de sus aportaciones conceptuales ms relevantes, adems de hallarse en progresiva mutacin y superacin. Todo ello habra dado lugar a una cierta idealizacin del marco provisto por las ciencias naturales para que las ciencias sociales desplegasen sus dotes representativas, intelectivas y reveladoras, al fin, del mundo propiamente humano. De acuerdo con esas precauciones, pasemos a tomar en consideracin la tesis de que las revoluciones cientficas ms sobresalientes en los siglos XVIII y XIX se podran resumir en las nuevas maneras de explicar: 1) el movimiento de los seres en el espacio; 2) sus transformaciones internas; y 3) su capacidad de permanecer iguales a s mismos y generar diferencias especficas, a la vez, en el tiempo (PIZARRO, 1998: 1-64). Newton, Lavoisier y Darwin, en particular, concibieron de
50
Gn es i s hi st ri ca d e la s oci olog a
I:1
una manera nueva los objetos y mtodos de sus respectivos campos de investigacin. 1) La posicin de los cuerpos slidos en el espacio (tanto en nuestro planeta como entre los planetas) se explic, a partir de Newton, en funcin de las leyes gravitatorias y de la nocin de sistema de interacciones entre los cuerpos (superando la mecnica aristotlica que precisaba de fuerzas exteriores para explicar el movimiento, y de propiedades animadas o inanimadas intrnsecas a los objetos). 2) El sustancialismo en la qumica (averiguar la composicin interna de los objetos sometindolos a su descomposicin) deja paso al concepto nuevo de sistema de transformaciones por el que, averiguando las leyes bsicas de combinacin entre elementos, se pueden describir (y hasta predecir) las caractersticas de los elementos. 3) Por su parte, Darwin le confiri una nueva forma a las teoras evolucionistas ya existentes y postul que las distintas mutaciones entre especies no tienen una finalidad preestablecida y que el mecanismo que preside esos cambios es el de la seleccin natural de los ms aptos en la adaptacin al medio. Trataba de explicar, en definitiva, las leyes de un sistema de reproducciones. Por supuesto, esos referentes de las ciencias naturales fueron conocidos y admirados por los socilogos y su traslacin a las sociedades comportaba, en primer trmino, abandonar las visiones atomistas e individualistas que presidan toda la filosofa liberal y la estadstica social. Adems, cuanto mayor era el acercamiento a los modelos fsicos (la mecnica newtoniana) mayor era la exigencia por expresar mediante lenguaje matemtico y leyes causales la facticidad, ms o menos visible, de los fenmenos sociales. Pocos socilogos, sin embargo, fueron consecuentes con la observacin simultnea de esos dos preceptos.
El distanciamiento entre la sociologa y la economa poltica se produce en el momento en el que los tericos de lo social incorporan el modo de construccin de los objetos del conocimiento propio de la qumica de Lavoisier: el estudio de las reacciones entre sustancias es lo que permite definir sus elementos. En la economa poltica no se incluyen ms que objetos, fuerzas (el inters de los sujetos) y equilibrios. Los socilogos que basan el estudio de la sociedad en la cuestin de la divisin del trabajo Comte, Saint-Simon, Marx, Durkheim...- incluyen un elemento ms: para ellos, la sociedad es una estructura, un conjunto de elementos
51
I:1
interrelacionados entre s y sometidos a una lgica comn de transformaciones. (...) Para Comte (...) el progreso no es sino el progreso del orden y, como el orden es un orden normativo, el progreso no es sino la universalizacin de las normas. (...) Marx intuye la posibilidad de una ciencia social de las transformaciones y, en su intento de formalizarla acude a conceptualizaciones posicionales: el concepto bsico de individuo deja paso al concepto bsico de clase social. (...) Durkheim es, sin duda, el primer estructuralista, el primer socilogo acadmico que introduce en ciencias sociales el paradigma relacional de la qumica de Lavoisier. Pero, por desgracia para el posterior desarrollo de la ciencia social, la ruptura no es tan completa como se pretende: para Durkheim, como para los filsofos liberales, la unidad ltima del anlisis social contina siendo el individuo. [PIZARRO, 1998: 56, 59-61]
La estela del mecanicismo de Newton, como paradigma de toda la ciencia clsica de la poca, constituy durante muchas dcadas una pesada penitencia para la sociologa. Tal mecanicismo comportaba un pensamiento determinista: encontrar leyes generales que expliquen grandes conjuntos de fenmenos, determinar las causas necesarias y suficientes de los fenmenos para predecir su ocurrencia futura bajo las mismas circunstancias, formular en lenguaje matemtico las generalizaciones, concebir de forma absoluta el espacio y el tiempo...
La revolucin del pensamiento cientfico que culmin con Newton nos llev a una visin del universo como un engranaje gigantesco, que funcionaba como un mecanismo de relojera, una frase que todava se usa a pesar de ser inapropiada en una poca de relojes digitales- para expresar la fiabilidad y la precisin mecnicas absolutas. De acuerdo con esta visin, una mquina es, por encima de todo, predecible. Bajo las mismas condiciones realizar las mismas cosas. (...) Newton formul sus leyes en la forma de ecuaciones matemticas que no slo relacionaban entre s cantidades, sino tambin las velocidades de cambio de dichas cantidades. Cuando un cuerpo cae libremente bajo una gravedad constante, no es su posicin la magnitud que permanece constante; si as fuera, permanecera suspendido sin soporte alguno. Tampoco es la velocidad el ritmo de cambio de la posicin- la magnitud que permanece constante. Cuanto ms cae un cuerpo, ms rpido lo hace: por eso es ms peligroso caerse desde un edificio alto que desde uno bajo. Es la aceleracin el ritmo de cambio del ritmo de cambio de posicin- la que es constante. (...) Pero el verdadero significado de la concepcin de Newton sobre la gravedad no es tanto el que pueda ser descrita numricamente. La ley de Newton es universal. Cada partcula de materia en el universo atrae a toda otra partcula de acuerdo con esa misma ley. La rbita de Jpiter y la trayectoria de una bala de can son dos manifestaciones de la misma ley. [STEWART, 1989: 15, 39]
52
Gn es i s hi st ri ca d e la s oci olog a
I:1
Newton inspir una epistemologa empirista que, sin embargo, no poda renunciar a la codificacin matemtica de las leyes del funcionamiento oculto de la naturaleza, ni a algn mnimo procedimiento hipottico-deductivo. Pero, sobre todo, le confiri una extraordinaria carta de legitimidad a todo un lenguaje fisicalista basado en cuerpos (individuos), posiciones, fuerzas, cambios de posicin, leyes universales, etc. que hacan ms creble, si cabe, la nocin de estabilidad de los fenmenos naturales y, por ende, tambin de los sociales a los que se tradujeron inmediatamente aquellas nociones (si es que no eran ya de uso comn antes de Newton). Una estabilidad que, en cualquier caso, deba ser deducida y revelada, ya que se hallaba inescrutable a los ojos humanos, no se nos aparece transparente a primera vista.
En su discusin del mtodo cientfico, Newton adopt la opinin de que el punto de partida de las deducciones fsico-matemticas deberan ser hechos experimentalmente observados o leyes, y que las deducciones deberan llevar a la explicacin o prediccin de otros efectos observables. En el Prefacio a los Principia Mathematica, escribi: Toda dificultad en filosofa parece consistir en lo siguiente, en investigar las fuerzas de la naturaleza a partir de los fenmenos de los movimientos y luego, a partir de esas fuerzas, demostrar los otros fenmenos. As pues, Newton especific que en filosofa natural el punto de partida de las demostraciones matemticas tena que ser los efectos observados y las leyes del movimiento mecnico. Descartes haba defendido la misma opinin, sugiriendo que los fenmenos naturales deberan explicarse en trminos mecnicos, ya que nos hallbamos muy familiarizados con las operaciones de las mquinas y otros ingenios mecnicos, debiendo adems explicar lo desconocido en trminos de lo conocido. (...) Aunque Newton siempre pretenda que l no usaba hiptesis especulativas en su filosofa experimental, con todo, con su doctrina de que la divinidad constitua la duracin y el espacio, no menos que con su teora de que haba un medio etreo que invada todo el espacio, dej que sus hiptesis influyesen y diesen forma a su ciencia. Ellas lo llevaron a postular que el tiempo, el espacio y el movimiento eran magnitudes absolutas que podan determinarse en principio por respecto a algo fijo e inmvil en el universo. [MASON, 1985, vol. 2:102, 108]
En todo caso, se ha argumentado que no es exactamente el mtodo cientfico de la fsica clsica lo que deban haber tenido en cuenta las ciencias sociales, sino las nuevas relaciones (epistemolgicas) que se establecan entre objeto y mtodo, con las consecuencias conceptuales en que redundaran, en su caso, ms all de la evidente analoga sistema53
I:1
sociedad y cuerpos-individuos.
La teora de la gravitacin de Newton es, precisamente, una teora de la accin a distancia. (...) Con ella el mundo fsico se transforma en sistema fsico en el que las propiedades del movimiento de cada uno de los cuerpos se explican apelando a diversas formas de interaccin entre ellos, unas que se efectan mediante contactos y otras a distancia. (...) Lo que reviste la mayor importancia para nuestro propsito es el constatar que la constitucin de la fsica como disciplina cientfica, en el sentido hoy usual del trmino, se hace, precisamente, constituyendo su objeto el mundo fsico- en sistema, y, consecuentemente, explicando los fenmenos parciales (como el movimiento de un planeta dado) por las leyes que rigen el sistema como totalidad irreductible a las propiedades de los elementos que lo componen. [PIZARRO, 1998: 18-19]
Es indudable que, ms all de las rigideces propias del lenguaje cientfico de la poca, la perspectiva mecanicista pona el listn muy alto para las ciencias sociales an apenas pergeadas, y las confrontaba con un virtuoso procedimiento explicativo. Pero no es menos cierto que ser una constante en la historia de la sociologa el atender con predileccin a fenmenos singulares y nicos, a las diferencias culturales y a los procesos creativos (en lo cual ha hallado, slo muy reciente y eventualmente, cierta convergencia con algunos de los numerosos desarrollos en las ciencias duras: termodinmica, relatividad, gentica, topologa...). Una posible motivacin de esa tendencia ha sido la ya mencionada deficiente imitacin de las ciencias naturales, que slo en autores como Durkheim han encontrado un eco favorable a estudiar regularidades sociales y a descubrir su funcionamiento invisible. Otros autores la han explicado desde la autonoma de los fenmenos sociales -la harta frecuencia de sus irregularidades y la evidente existencia de heterogeneidad social- y, por lo tanto, desde la necesidad de converger slo con aquellas concepciones de las ciencias naturales afines al estudio de un mundo ms inestable, impredictible y creativo.
Del mismo modo que para el soberano los individuos son o leal pueblo o turba sediciosa, la construccin clsica redujo la dinmica a mecnica, imponiendo un universo idealizado donde en vez de singularidades, bifurcaciones y turbulencias hay slidos regulares e indeformables, describiendo trayectorias lineales prefiguradas por las secciones cnicas. De ah que lo objetivo sea la Ley, sostenida por el juego de las nunca mejor llamadas fuerzas, aunque eso suponga conformarse con una objetividad ilusoria, vlida tan slo para el lgebra y la fe; lo que exhibe como prueba
54
Gn es i s hi st ri ca d e la s oci olog a
I:1
de adecuacin al mundo real es la exactitud en el clculo de un movimiento reducido a traslacin espacial, sin pararse a examinar hasta qu punto la presunta exactitud est viciada por esa previa simplificacin del horizonte, y por la tendenciosidad de aquellos instrumentos con los que pretende ser investigado. Del mismo modo que el soberano hace abstraccin de lo que opinen sus sbditos, el constructo newtoniano hace abstraccin de la cualidad para atenerse a la cantidad, porque su incumbencia no es el cuerpo como fuente de sentido, sino como masa inercial, sometida desde siempre y para siempre a alguna potencia incorprea. Del mismo modo que el soberano considera eterna su gida, esa mecnica trata el tiempo como magnitud reversible, reduciendo todo cambio a una mera apariencia de tal: no hay otra irreversibilidad que su dominio. Del mismo modo que el soberano exige acatamiento incondicional, desterrando toda espontaneidad como contumacia o petulancia, esa mecnica empieza y termina en un mundo formado por autmatas ajenos a la innovacin. En vez de cuerpos hay masas, en vez de singularidades hay nmero, en vez de interaccin hay leyes. [ESCOHOTADO, 1999: 116]
Lo acontecido en la adolescencia y madurez de la sociologa, a grandes rasgos, indica que an renunciando al individualismo (la concepcin de la sociedad como suma de individuos y de sus propiedades), una buena parte de la sociologa, sobre todo la funcionalista y la interaccionista, no ha renunciado del todo a explicaciones de corte psicologista (buscando en el inters individual el mecanismo bsico de funcionamiento de las organizaciones sociales) o culturalista (buscando dichos mecanismos en los sentidos individuales de las acciones o interacciones) (PIZARRO, 1998). Y ello no ha estado reido con visiones sistmicas de la sociedad, aunque dndole un sentido muy formalista a ese trmino (a menudo, slo clasificando designando- sistemas, subsistemas y elementos-individuos). En el mejor de los casos, cuando se ha adoptado el modelo de
55
I:1
explicacin de las transformaciones en la sociedad (evolucin, cambio y revolucin), como ha sido el caso de parte de la sociologa inspirada por Marx y Weber, no se han alcanzado niveles excesivamente complejos para comprender la totalidad del sistema social y los mecanismos de reproduccin en el tiempo de sus estructuras de clases. Adems, cuando una gran parte de la sociologa dominante ha fijado el mtodo cientfico como modelo a imitar, se estaba refiriendo, principalmente, slo a algunos principios enunciados por el positivismo lgico (todo se puede dividir en hechos atmicos, buscar leyes causales y con poder predictivo, observacin exterior de los objetos, verificacin experimental, etc.: COHEN y NAGEL, 1961) y no a las innovaciones en cuanto al mtodo y a la concepcin de sus objetos que han sido habituales en la evolucin de toda ciencia (CHALMERS, 1982). De igual manera, tampoco hemos podido asistir, con regularidad, a la importacin razonable de ideas de las ciencias duras ms recientes (en la ciberntica, en la dinmica de fluidos, etc.), despreciadas por apego a la idealizacin de la ciencia del siglo pasado o usadas nada ms que como metforas ornamentales (entre las excepciones: IBEZ ET AL., 1990; ESCOHOTADO, 1999). Por todo lo anterior, es razonable concluir que la imitacin de las ciencias naturales por parte de las sociales fue parcial e insuficiente. Desde otro ngulo de valoracin, el balance no arroja ningn conjunto de leyes generales de la sociedad que se hayan podido elaborar con el lenguaje matemtico ms empleado en la sociologa (el estadstico). Aunque ese lenguaje particular cuando es utilizado apropiadamente recompensa con cierta exactitud, la mayora de los problemas y procesos sociales precisan primero de originales conceptualizaciones tericas antes de poder formalizarlos lgicamente. En muchos casos, el grado de complejidad de los fenmenos sociales (y de diferenciacin con otros fenmenos del mundo fsico, slido y relativamente ms estable y simple) impide su medicin en escalas absolutas, de razn o intervales, lo cual es suficiente como para exigir aproximaciones sociolgicas de carcter ms cualitativo (ZIMAN, 1978; IBEZ, 1985; CONDE, 1994). En definitiva, es comprensible que la sociologa se haya enamorado de ciencias que tenan un mayor reconocimiento social y profundas construcciones tericas y metodolgicas para explicar la realidad circundante. Pero la sociologa de las ciencias tambin nos demuestra que
56
Gn es i s hi st ri ca d e la s oci olog a
I:1
esa riqueza de conocimientos no se ha generado con un mtodo nico y general, ni tampoco que exista una visin unificada de la realidad, sino, ms bien distintos conjuntos, niveles o estructuras de fenmenos (de lo ms simple a lo ms complejo). En consecuencia, sera aleccionador que las ciencias sociales aprendan de las formas de conocer de las ciencias naturales y, a la vez, reconstruyan sus propios objetos y mtodos de investigacin. El siguiente extracto de un relato de amor entre ambas ciencias (a mi juicio, en exceso condescendiente y benvolo con las sociales ella-) es esclarecedor en este punto:
Ella no haba visto nunca a nadie como l. En el brillo dorado de la Ilustracin, su misma existencia reluca como un dios. En verdad, se rumoreaba que haba desterrado a Dios a una habitacin trasera del universo e iba a usar las leyes de Newton para dirigirlo todo l mismo. (...) Ella saba, desde luego, que era indigna de l. Nunca sera capaz de adquirir su calidad mental, su economa y su precisin de lenguaje, o su indomable voluntad de conquista. sa no era su naturaleza. Ella se interesaba por la gente, no por las cosas. Su tarea, en ltimo extremo, era cuidar de sus necesidades y ayudarles a superar sus dificultades. Pero crey, en su juvenil inocencia, que ella podra imitarlo lo bastante bien como para llegar a ser su ayudante. (...) Quizs l tena la habilidad de tenerlo todo bajo control y hacerlo funcionar perfectamente, a su debido tiempo. Aunque, qu significa hacerlo funcionar perfectamente? Y, en favor de los intereses de quin se ejerca el control? (...) l era, lo saba ahora, incapaz de ver el mundo desde el punto de vista de los dems; incapaz de entender que pudiera no haber una unidad perfecta en el mbito de las cuestiones humanas, porque el mundo social no era unitario, sino mltiple. Vio, por primera vez, que su concepcin fragmentaria y desordenada de la vida social y su inters por sus particularidades concretas y siempre cambiantes, no eran signos de su fracaso, como ella siempre haba credo, sino evidencia de su xito. [MULKAY, 1989]
CONCLUSIONES
En las pginas anteriores se ha intentado reconstruir el amplio contexto social que favoreci el nacimiento de la sociologa. Nos hemos fijado en tres dimensiones: la relevancia que tuvieron los fenmenos revolucionarios de los siglos XVIII y XIX; el desarrollo de tcnicas de anlisis y de control social desde la constitucin de los Estados modernos y del primer
57
I:1
capitalismo mercantil (siglo XVI); el impacto de los avances cientficos en fsica, qumica y biologa (siglos XVIII y XIX). Cada una de esas tendencias condicion y cataliz poderosamente el pensamiento y la investigacin sociolgica que surgi durante el siglo XIX, pero, al mismo tiempo, la amplitud histrica de las mismas ya nos advierte de los numerosos elementos y acontecimientos que se relacionaron mutuamente entre s dando lugar a la emergencia de un nutrido conjunto de ciencias sociales. El presente captulo, pues, ha consistido en ilustrar esas diversas influencias y destacar los problemas conceptuales que le dieron sentido (y le siguen dando) al proyecto de la sociologa. En el fondo, esa opcin de anlisis se contrapone a aquella que pretende datar con mayor precisin el alumbramiento de nuestra disciplina y atribuirle la responsabilidad a un solo autor o corriente terica. La aproximacin aqu ofrecida demuestra, a nuestro entender, que ya en sus orgenes existieron enfoques sociolgicos alternativos y que se enfrentaban a problemas epistemolgicos y sociales cruciales para entender todo el desarrollo posterior de esta ciencia social. En primer lugar, se ha justificado que la primera divisin entre una sociologa positivista y otra socialista tuvo un comn pretexto en el posicionamiento que tomaron los primeros socilogos ante las revoluciones polticas y econmicas (con todas sus consecuencias en otros rdenes vitales) que se produjeron durante los siglos XVIII y XIX. Por entonces ya estaba en entredicho el posible uso social que deba tener la nueva ciencia: garantizar el orden social an con las alteraciones democrticas experimentadas, o perseverar en transformar radicalmente sus mayores problemas y desigualdades entre los distintos grupos sociales. Pero, en segundo lugar, los progresos que se estaban dando en cuanto a la obtencin de informacin especficamente social tambin tuvieron efectos conflictivos. Por una parte, la estadstica, los estudios de caso, el anlisis histrico y documental, as como la intervencin de los medios de comunicacin de masas (en pugna con los controles de censura estatal siempre acechantes) proporcionaron cada vez ms informaciones que permitan vislumbrar regularidades sociales. Por otra parte, el propio Estado, las empresas y otras instituciones sociales en plena evolucin, utilizaban esas informaciones y las tcnicas de encuesta y examen para obtener un control ms individualizado de la poblacin.
58
Gn es i s hi st ri ca d e la s oci olog a
I:1
En tercer lugar, en todos los posicionamientos anteriores estaba presente tambin una problemtica especfica acerca del carcter cientfico de la sociologa. Las ciencias fsicas y, en particular, el paradigma mecanicista newtoniano se haban erigido en el patrn de cientificidad para cualquier otra ciencia. Al mismo tiempo, todos los primeros socilogos eran hijos directos de la Ilustracin y, como no poda ser menos, exaltaban la razn cientfica hasta el punto de intercambiar asiduamente trminos y conceptos desde la ciencia a la poltica, pasando por el tamiz de las ciencias sociales. Sin embargo, las ciencias sociales no lograron imitar muy satisfactoriamente las prescripciones de leyes causales y las relaciones entre mtodo y objeto que revolucionaban constantemente a las ciencias duras. De hecho, hemos visto cmo el modelo mecanicista y atomista (individualista) ha permeado profundamente algunas ramas de la sociologa sin un equivalente seguimiento a los desarrollos de las ciencias naturales (teoras evolutivas, teora de la relatividad, termodinmica, etc.). En definitiva, se trata de un contexto histrico (y espacial: Europa occidental, fundamentalmente) en el que se perfilan ntidamente los retos que deber abordar toda la sociologa posterior y, sobre todo, los considerados como padres fundadores (Marx, Durkheim y Weber). Esas races histricas, en cualquier caso, no se pueden retrotraer indefinidamente a cualquier momento en el que se haya especulado tericamente sobre la sociedad, sino que, tal como se ha mostrado, se deben ligar indisociablemente al progreso conceptual y metodolgico experimentado por las ciencias naturales y, a la vez, con las transformaciones polticas dentro del rgimen econmico capitalista. En los prximos captulos proseguiremos, de forma ms sustantiva, examinando las contribuciones tericas ms destacadas durante la consolidacin de la sociologa. En esa tarea se pondr de relieve que las cuestiones epistemolgicas primigenias presentadas hasta el momento no constituyen un anacronismo ya superado para la explicacin cientfica de la sociedad.
59
I:1
60
Gn es i s hi st ri ca d e la s oci olog a
I:1
B I B L I O G RAF A
ABENDROTH, Wolfang. Historia social del movimiento obrero europeo. Barcelona: Laia, 1980 [1965]. ALVAREZ-URA, Fernando, VARELA, Julia. La galaxia sociolgica. Colegios invisibles y relaciones de poder en el proceso de institucionalizacin de la sociologa en Espaa. Madrid: La Piqueta, 2000. BACHELARD, Gaston. La philosophie du non. Paris: PUF, 1940. BAKUNIN, Mijail. Federalismo, socialismo y antiteologismo. Proposicin razonada al Comit central de la Liga por la Paz y de la Libertad. [En Obras Completas, vol. 3] Madrid: La Piqueta, 1979 [1867]. BUNGE, Mario. La relacin entre la sociologa y la filosofa. Madrid: EDAF, 2000 [1999]. CARO BAROJA, Julio. El Seor Inquisidor. Madrid: Alianza, 1994. CHOAY, Franoise. El urbanismo. Utopas y realidades. Barcelona: Lumen, 1983 [1965]. COHEN, Morris R., NAGEL, Ernest. Introduccin a la lgica y al mtodo cientfico (2 vol.). Buenos Aires: Amorrortu, 1979 [1961]. COMTE, Auguste. Discurso sobre el espritu positivo. Madrid: Altaya, 1995 [1844]. CONDE, Fernando. Las perspectivas metodolgicas cualitativa y cuantitativa en el contexto de la historia de las ciencias. En DELGADO, Juan Manuel, GUTIRREZ, Juan (coords.). Mtodos y tcnicas cualitativas de investigacin en ciencias sociales. Madrid: Sntesis, 1994. CHALMERS, Alan F. Qu es esa cosa llamada ciencia? Una valoracin de la naturaleza y el estatuto de la ciencia y de sus mtodos. Madrid: S.XXI, 1984 [1980]. DESROSIRES, Alain. Cmo fabricar cosas que se sostienen entre s? Las ciencias sociales, la estadstica y el Estado. Archipilago, 1995 [1990], n20, pp.19-31. DUPUY, Jean-Pierre. Introduo s Cincias Sociais. Lgica dos Fenmenos Colectivos. Lisboa: Instituto Piaget, 2001 [1992]. DUSSEL, Enrique. 1492. El encubrimiento del Otro. El origen del mito de la modernidad. Bogot: Antropos, 1992. ELIAS, Norbert. Sociologa fundamental. Barcelona: Gedisa, 1982 [1970]. ENGELS, Friedrich. Contribucin al problema de la vivienda. Madrid: Akal, 1975 [1872]. ESCOHOTADO, Antonio. Caos y orden. Madrid: Espasa, 2000 [1999]. FOUCAULT, Michel. Las palabras y las cosas. Una arqueologa de las ciencias humanas. Mxico: S.XXI, 1989 [1966]. _____. La verdad y las formas jurdicas. Mxico: Gedisa, 1983 [1973]. _____. Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisin. Madrid: S.XXI, 1990 [1975]. GMEZ TOVAR, Luis, PANIAGUA, Javier. Utopas libertarias espaolas. Siglos XIX-XX. Madrid: Tuero-Fundacin Salvador Segu, 1991. KARSUNKE, Yaak, WALLRAFF, Gnter, MARX, Karl. Encuestas a los trabajadores. Madrid: Castellote, 1973 [1880]. KUHN, Thomas S. The Structure of Scientific Revolutions. Chicago: University of Chicago Press, 1968 [1962]. (Trad. gallega en editorial Universidade de Vigo) IBEZ, Jess. Ms all de la sociologa. El grupo de discusin: tcnica y crtica. Madrid: S.XXI, 1986 [1979]. _____. Las medidas de la sociologa. REIS, 1985 , n29, pp. 85-127. _____. (coord.). Nuevos avances en la investigacin social. La investigacin social de segundo orden. Barcelona: Anthropos, 1990. LAPASSADE, George, LOURAU, Ren. Claves de la sociologa. Barcelona: Laia, 1981
61
I:1
[1971]. LATOUR, Bruno. Nunca hemos sido modernos. Ensayo de antropologa simtrica. Madrid: Debate, 1993 [1991]. LEMKOW, Louis. Sociologa ambiental. Pensamiento socioambiental y ecologa social del riesgo. Barcelona: Icaria, 2002. LEWONTIN, R.C., ROSE, Steven, KAMIN, Leon J. No est en los genes. Crtica del racismo biolgico. Barcelona: Grijalbo Mondadori, 1996 [1984]. LPEZ PIEIRO, Jos Mara, NAVARRO, Vctor, PORTELA, Eugenio. La revolucin cientfica. Madrid: Historia 16, 1989. MARTN SERRANO, Manuel. Comte, el padre negado. Orgenes de la deshumanizacin en las ciencias sociales. Madrid: Akal, 1976. MARX, Karl, ENGELS, Friedrich. Manifiesto Comunista. Madrid: Ayuso, 1975 [1848]. MASON, Stephen F. Historia de las ciencias (5 vol.). Madrid: Alianza, 1985. MULKAY, Michael. Sociologa y ciencia: una historia de amor y servidumbre. Archipilago, 1995 [1989], n20, pp. 15-18. NAIR, Sami. El socialismo utpico o el pensamiento de la separacin absolutista. En CHTELET, Franois (dir.). Historia de la filosofa. Ideas, doctrinas. Madrid: EspasaCalpe, 1976 [1973]. PIZARRO, Narciso. Tratado de metodologa de las ciencias sociales. Madrid: S.XXI, 1998. PRIETO, Fernando. Lecturas de historia de las ideas polticas. Madrid: Unin Editorial, 1989. RODRGUEZ ZIGA, Luis. El desarrollo de la teora sociolgica. En DEL CAMPO, Salustiano (ed.). Tratado de sociologa (vol. 1). Madrid: Taurus, 1985, pp. 15-56. SAHLINS, Marshall. Uso y abuso de la biologa. Una crtica antropolgica de la sociobiologa. Madrid: S.XXI, 1982 [1976]. SNCHEZ CARRIN, Juan Javier. Sociologa, Orden Social y Modelizacin estadstica: Quetelet y el Hombre Medio. Empiria, 2000, n 3, pp.49-71. STEWART, Ian. Juega Dios a los dados? La nueva matemtica del caos. Barcelona: Grijalbo, 1996 [1989]. SZTOMPKA, Piotr. Sociologa del cambio social. Madrid: Alianza, 1995 [1993]. TILLY, Charles. Grandes estructuras, procesos amplios, comparaciones enormes. Madrid: Alianza, 1991 [1984]. VERDENAL, Ren. La filosofa positiva de Augusto Comte. En CHTELET, Franois. (dir.). Historia de la filosofa. Ideas, doctrinas. Madrid: Espasa-Calpe, 1976 [1973]. ZIMAN, John. La credibilidad de la ciencia. Madrid: Alianza, 1981 [1978].
62
PA R A D I G M A S F U N D A D O R E S DE LA SOCIOLOGA
I:2
2.1 Karl Marx: la sociologa como materialismo histrico y dialctico 2.2 mile Durkheim: objetividad sociolgica y cohesin de la sociedad 2.3 Max Weber: subjetividades, racionalidad e historia
I:0
I:2
Ver mucho no significa haberlo visto todo. Johan G ALTUNG. 1995. Los macrohistoriadores. En qu condiciones llegan los hombres a querer ser libres y a ser capaces de obrar libremente? Charles W RIGHT M ILLS. 1959. La imaginacin sociolgica.
ntre los autores clsicos ms relevantes para entender la actual sociologa destacan tres con luz propia: Marx, Durkheim y Weber. En este captulo se revisarn, dentro de los lmites que enmarcan esta redaccin, sus principales contribuciones. La mencionada trada clsica de la sociologa tiene, a nuestro juicio, la virtud de resumir y distinguir unas claras lneas de investigacin que, en gran medida, se van a reiterar hasta el presente. Tanto sus originales enfoques tericos como la perspicacia de sus investigaciones empricas son reconocidas, con bastante consenso, como crucialmente influyentes en toda la sociologa que les ha sucedido. Por eso se les denomina padres fundadores o, simplemente, clsicos de la sociologa. Ahora bien, es cierto que ninguno de esos autores habra concebido la sociologa (o una ciencia social histrica, en el caso de Marx, que siempre rehuy la denominacin de sociologa) sin apoyarse en sus numerosos e ilustres antecesores (y, a veces, contemporneos) o sin criticarlos contundentemente (nos referimos a Platn, Aristteles, Maquiavelo, Hegel, Smith, Ricardo, Rousseau, Montesquieu, Proudhon, Comte, SaintSimon, Spencer, Tarde, Pareto, Simmel, Tnnies, etc.). Como es evidente, no es ste el lugar para reconstruir ni la sustancia ni los trminos de tales polmicas.
65
I:2
Tal como se ha sugerido en el captulo anterior, tampoco se podra entender a los padres fundadores de la sociologa sin ponerlos en relacin con otros pensadores que revolucionaron las ideas cientficas o filosficas de sus das (Newton, Darwin, Freud, Nietzsche, Einstein, etc.). Por ltimo, es notorio que la obra intelectual de Marx, Durkheim y Weber fue prolfica y con abundantes inconsistencias si se comparan entre s algunas de las afirmaciones emitidas por cada uno de ellos en sus distintas obras. Advertimos ahora, tambin, que no es nuestro propsito realizar aqu un estudio erudito de todos esos matices y anlisis evolutivos de la produccin intelectual de cada autor. A cambio, se compensar con un examen en positivo que clarifique lo ms posible los aspectos ms valiosos e influyentes de su legado para la sociologa.
Estoy fundamentalmente de acuerdo con el anlisis que considera a los autores clsicos de la sociologa como referencias imprescindibles para ser interpretadas creativamente por cada nuevo investigador o corriente de investigacin (ALEXANDER, 1987). Por contra, hasta hace pocas dcadas fue dominante la idea de que el conocimiento de estos autores clsicos era una simple (aunque obligatoria) cuestin de erudicin histrica que no poda aportar nada a una verdadera teora sistemtica y acumulativa de los progresos realizados en la materia (MERTON, 1968: 17-55). Para quienes defienden an este ltimo punto de vista, no se aceptara la posicin intermedia de las ciencias sociales entre las naturales (fsicas y biolgicas, fundamentalmente) y las humansticas (historia y artes en general), sino que las ms empricas, positivas y avanzadas (las naturales) constituiran el ideal indiscutible a perseguir. En coherencia con esa valoracin, opinan sus valedores, si la sociologa quiere ser una ciencia, no puede volver a los clsicos ms que para tomar de ellos los descubrimientos consolidados que nos hayan ofrecido. Como eso no ocurre habitualmente, denuncian que slo se realizan exgesis acrticas y trivializaciones de sus ideas.
66
I:2
Evidentemente, ni la sacralizacin ni la tergiversacin de los textos clsicos nos van a alumbrar gran cosa en nuestras investigaciones sociolgicas actuales. Pero, de forma alternativa a la tendencia escolstica y, simultneamente, a la persistente aspiracin por imitar un ideal de ciencias naturales excesivamente restrictivo para las ciencias sociales, caben, por lo menos, dos posibilidades: a) b) reinterpretar creativamente las ideas que expusieron los autores clsicos en sus densos estudios; apoyar en sus visiones del mundo y de la ciencia social nuestras actuales lneas de investigacin.
A favor de esas alternativas de recuperacin de los clsicos de la sociologa, se han aducido varias razones convincentes: 1) en las ciencias sociales no existe tanto consenso con respecto a cuestiones no empricas, como el que existe en las ciencias naturales (aunque dentro de stas tambin se recurre a textos clsicos cuando se encuentran en semejante situacin); en las ciencias naturales se revisan continuamente contribuciones ejemplares de autores desde el punto de vista de su capacidad para resolver problemas y para definir operacionalmente sus conceptos, aunque ellas incorporan tambin elementos no empricos (de tipo metafsico, axiomas no demostrados, etc.) de la misma manera que en las ciencias sociales, con la diferencia de que en estas ltimas se revisan e incorporan tambin autores clsicos igualmente ejemplares slo por sus visiones no empricas; cuando no existen explicaciones claras sobre ciertos fenmenos, en el interior de cualquier ciencia se producen debates de carcter discursivo y argumentativo que con distintos recursos (coherencia, belleza, fuerza retrica, etc.) usan a los clsicos en su legtima finalidad de persuasin para que se acepte un punto de vista; los autores clsicos, adems, constituyen smbolos que reducen la complejidad de las numerosas escuelas de pensamiento existentes en sociologa, por lo que adscribirse a sus legados o confrontarse con ellos constituye una ventaja
67
2)
3)
4)
I:2
para la comunicacin dentro de la comunidad cientfica (ALEXANDER, 1987). Wright Mills, por su parte, argument que los clsicos de la sociologa posean la virtud de formular claramente los problemas esenciales de su poca histrica: los problemas de biografa, de historia y de sus intersecciones dentro de estructuras sociales (WRIGHT MILLS, 1959: 157). Habran demostrado, as mismo, habilidades para poner en relacin fenmenos singulares con tendencias generales de la sociedad.
La ciencia social clsica no construye con estudios microscpicos ni deduce de elaboraciones conceptuales. Quienes la practican procuran construir y deducir al mismo tiempo, en el mismo proceso de estudio, y hacerlo mediante la formulacin y re-formulacin adecuada de los problemas y de sus adecuadas soluciones. Practicar esta poltica es abordar los problemas esenciales en el nivel histrico de la realidad, formular esos problemas en los trminos apropiados, y despus, por alta que vuele la teora, por lo penoso que sea el serpear entre los detalles, al final de cada acto de estudio realizado, enunciar la solucin en los trminos macroscpicos del problema. (...) Ningn problema puede ser adecuadamente formulado a menos que se expresen los valores afectados y la amenaza manifiesta a los mismos. Esos valores y su peligro constituyen los trminos del problema mismo. Los valores que han sido la mdula del anlisis social clsico son, creo yo, la libertad y la razn. (...) Todos los investigadores sociales clsicos se han interesado por las caractersticas sobresalientes de su poca y por el problema de cmo se est haciendo en ella la historia; por la naturaleza de la naturaleza humana y por la diversidad de individuos que prevalece en sus perodos. Marx, Sombart y Weber, Comte y Spencer, Durkheim y Veblen, Mannheim, Schumpeter y Michels han afrontado esos problemas, cada uno a su manera. [WRIGHT MILLS, 1959: 142, 144, 178]
Como se puede apreciar en la ltima frase de la cita anterior, quedan fuera de esa tradicin clsica algunos autores como Simmel (sociologa formalista) y Mead (interaccionismo simblico) quienes, a menudo, han sido invitados a ocupar el mismo pedestal que los anteriores (LAMO DE ESPINOSA, 1990; GONZLEZ-ANLEO, 1992). Tal vez la razn resida en que la preocupacin por los problemas sociales relevantes en una poca histrica haya obligado a los representantes ms prominentes de la sociologa a ocuparse de forma intensa por la propia historia como objeto de investigacin. En este sentido, se ha aadido a la lista de los macrohistoriadores clsicos otros cientficos y pensadores sociales
68
I:2
(Sorokin o Smith, por ejemplo) (GALTUNG, 1995: 247-269). En cualquier caso, lo que s parecen aportar en conjunto Marx, Durkheim y Weber, es una sociologa que se sita en un punto medio del polgono dibujado por las distintas ciencias sociales, con las virtudes y defectos propios de las disciplinas de la poca en que ms sustentaron sus formulaciones que hoy podemos adjetivar como propiamente sociolgicas.
Marx se apoy fundamentalmente en la economa, Durkheim en la antropologa y Weber en la historia. Por supuesto, ninguno fue tan unilateral como para no considerar las aportaciones de otras disciplinas sociales, y todos ellos tuvieron un amplio conocimiento de las otras ciencias de su poca. (...) Tenemos, pues, una sociologa marxista centrada en una visin particular de los mecanismos y las leyes econmicos, pero que comparte con el conjunto de la teora econmica de la poca esa idea bsica de automatismo abstracto; una sociologa durkheimiana apoyada ampliamente en los estudios antropolgicos, de los que toma en primer lugar la centralidad de los mecanismos de estabilidad y reproduccin de la cultura; en fin, una sociologa weberiana influida primordialmente por la idea de singularidad, de irrepetibilidad, propia del estudio de la historia. [FERNNDEZ ENGUITA, 1998: 28, 30]
Nuestra tarea, por lo tanto, consiste en dilucidar las principales contribuciones epistemolgicas (relaciones objeto-mtodo) de estos tres autores, las diferencias entre sus enfoques tericos y las posibles convergencias (el punto medio, la mesots) que podemos deducir de la validez de sus conceptos y modos de formular los problemas estructurales de una poca histrica (o sociedad). Aunque para ello debamos, eventualmente, corregir los excesos a que condujo, aos despus, el uso dogmtico de sus respectivos planteamientos. Como pone de manifiesto la siguiente cita, Marx, Durkheim y Weber compartieron un comn fervor al descubrir la autonoma de lo social (ms discutible es el simultneo carcter objetivo y subjetivo de los hechos sociales, cuestin que dejamos para captulos posteriores) y a nosotros nos corresponde reinterpretar creativamente sus propuestas.
Hay as en Marx una tensin constante entre un modelo positivista y darwiniano por un lado, y la teora hegeliana de la reflexividad por otro, que no acaba de dilucidar si la revolucin tiene que ser concebida como una dinmica autnoma del sistema (objetivismo) o, por el contrario, como resultado de un proyecto humano
69
I:2
(subjetivismo) que entiende, y por lo tanto, trasciende aquella legalidad impersonal. Pero tampoco Weber consigui sintetizar el romanticismo de la Escuela Histrica y el cientifismo neokantiano, y su metodologa muestra a cada paso el gigantesco esfuerzo desarrollado en ese sentido. Y nada sera ms fcil que mostrar, por detrs del explcito objetivismo metodolgico de Durkheim, el constante recurso (expreso o tcito) a los motivos individuales de la accin, de modo semejante a como se quiebra en multitud de ocasiones el explcito nominalismo metodolgico de Weber. As, en lo que parece haber acuerdo (...) entre todos los principales fundadores de la sociologa, es que los hechos sociales son, al tiempo objetivos y subjetivos (Rex). [LAMO DE ESPINOSA, 1990: 36]
Centralidad y actualidad de las referencias a Marx, Durkheim y Weber segn un anlisis de artculos registrados en el Social Sciences Citation Index durante la dcada de 1990. Fuente: Olle Persson (http://www.umu.se/inforsk/)
70
I:2
La sensibilidad (en la doble forma de conciencia sensible y de necesidad sensible) debe ser la base de toda ciencia. Karl M ARX . 1844. Manuscritos: Economa y Filosofa.
71
I:2
2.1
K ARL
M ARX
(1818-1883):
LA
SOCIOLOGA
COMO
Marx marc el rumbo de la sociologa con una fuerte impronta que podramos designar, por lo menos, con tres nociones: productivismo, conflictualismo y materialismo histrico-dialctico. Esos tres aspectos de su obra constituyen los ncleos conceptuales ms significativos de su contribucin a la sociologa, si bien un desarrollo ms especfico, que no es posible abordar aqu, nos exigira atender con ms detalle a las nociones de ideologa, clase social, Estado, teora del plus-valor, etc. tal como son presentadas en su mutua relacin a lo largo de la obra de este autor.
Productivismo En primer lugar, examinemos el sentido del productivismo en la sociologa de Marx. Comte le atribua a la sociologa la finalidad de descubrir las leyes invariables de la sociedad mediante la observacin, la experimentacin y el mtodo comparativo, pero excluyendo
72
I:2
explcitamente toda vana e inaccesible investigacin de la ntima naturaleza o del modo esencial de produccin de un fenmeno cualquiera (COMTE, 1839: 392). Marx, por el contrario, establece el punto de partida de todo estudio de la sociedad en la produccin material: cmo los individuos producen en sociedad, la produccin de los individuos socialmente determinada (...) tenemos, pues, que distinguir entre la produccin en general, las ramas de la produccin particulares y la totalidad de la produccin (MARX, 1859: 247, 250). A esa perspectiva accede despus de sentar las premisas filosficas de su concepcin del ser humano: somos, sobre todo, seres activos que transformamos la naturaleza produciendo los medios para sobrevivir. El trabajo nos hace humanos, segn Marx, pero slo en la medida en que es ms que un medio para sobrevivir y se vuelve, al mismo tiempo, un fin: nos recreamos en l, producimos ms de lo que necesitamos, constituye nuestra realidad social (universal, genrica en tanto que especie distinta) ms inmediata.
Qu es la vida sino actividad? (...) La vida genrica, tanto en el hombre como en el animal, consiste fsicamente, en primer lugar, en que el hombre (como el animal) vive de la naturaleza inorgnica. (...) El trabajo, la actividad vital, la vida productiva misma, aparece ante el hombre slo como un medio para la satisfaccin de una necesidad, de la necesidad de mantener la existencia fsica. (...) Es cierto que tambin el animal produce. (...) Pero produce nicamente lo que necesita inmediatamente para s o para su prole (...) mientras que el hombre produce universalmente (...) produce incluso libre de la necesidad fsica; (...) el producto del animal pertenece inmediatamente a su cuerpo fsico, mientras que el hombre se enfrenta libremente a su producto. El animal forma nicamente segn la necesidad y la medida de la especie a la que pertenece, mientras que el hombre sabe producir segn la medida de cualquier especie y sabe siempre imponer al objeto la medida que le es inherente; por ello el hombre crea tambin segn las leyes de la belleza. Por eso precisamente es slo en la elaboracin de un mundo objetivo en donde el hombre se afirma realmente como un ser genrico. [MARX, 1844: 110-112]
Pero es conveniente precisar que el enfoque productivista de Marx no es mero economicismo ya que no se tratara de reducir todo fenmeno social a la esfera de la economa o a la explicacin de sus bases econmicas. En los Manuscritos, de hecho, comienza su asedio a la Economa Poltica clsica criticndole que no explica los hechos de la propiedad privada, de la
73
I:2
divisin entre trabajo y capital, y entre capital y tierra. La Economa Poltica nicamente remitira todos esos fenmenos al inters del capitalista, a la guerra entre los codiciosos, a la competencia como fundamentos ltimos de todos los procesos econmicos (MARX, 1844: 104). Por el contrario, Marx pretende descubrir los mecanismos sociales que activan toda la maquinaria de la economa capitalista, de lo cual el siguiente pasaje es esclarecedor:
Hemos demostrado que el trabajador queda rebajado a mercanca, a la ms miserable de todas las mercancas; que la miseria del obrero est en razn inversa de la potencia y magnitud de su produccin; que el resultado necesario de la competencia es la acumulacin del capital en pocas manos, es decir, la ms terrible reconstitucin de los monopolios; que, por ltimo, desaparece la diferencia entre capitalistas y terratenientes, entre campesino y obrero fabril, y la sociedad toda ha de quedar dividida en las dos clases de propietarios y obreros desposedos. [MARX, 1844: 104]
Su anlisis sociolgico propone, ante todo, el examen de las relaciones sociales que se establecen cuando se produce materialmente: el tipo de contrato entre las partes, la clase social de pertenencia, la desigualdad social generada, la organizacin del trabajo, la alienacin, el salario asignado, etc. Las condiciones de trabajo y los numerosos imperativos que rigen el contrato libre entre el trabajador y el empresario, no son, pues, una simple minucia de cara a conocer toda la estructura social configurada. De la comprensin completa de esa estructura y de sus mecanismos de reproduccin en el tiempo, se podr deducir el modelo de relacin social dominante y el tipo de grupos y de individuos que son constituidos por medio de esa trascendental experiencia vital. Somos, por decirlo as, producto de las relaciones laborales en las que participamos. Estar en uno u otro lado de la lnea trazada por la propiedad de los medios de produccin limitar nuestras posibilidades, nuestros intereses y el tipo de relaciones sociales que mantendremos.
El salario est determinado por la lucha abierta entre capitalista y obrero. Necesariamente triunfa el capitalista. El capitalista puede vivir ms tiempo sin el obrero que ste sin el capitalista. La unin entre los capitalistas es habitual y eficaz; la de los obreros est prohibida y tiene funestas consecuencias para ellos.
74
I:2
Adems, el terrateniente y el capitalista pueden agregar a sus rentas beneficios industriales, el obrero no puede agregar a su ingreso industrial ni rentas de las tierras ni intereses del capital. Por eso es tan grande la competencia entre los obreros. Luego slo para el obrero es la separacin entra capital, tierra y trabajo una separacin necesaria y nociva. El capital y la tierra no necesitan permanecer en esa abstraccin, pero s el trabajo del obrero. [MARX, 1844: 51]
Esas relaciones sociales son relaciones de produccin, en el sentido en que nos relacionamos con la naturaleza, por una parte, y con otros seres humanos (productores y propietarios), por la otra, para organizar socialmente las actividades econmicas, el trabajo y la inversin. Se trata, por tanto, de una sociologa que no parte de los individuos, sino de la sociedad en tanto que conjunto de relaciones sociales. La esencia humana no es algo abstracto e inmanente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales. (Tesis 6 sobre Feuerbach, en MARX y ENGELS, 1845: 589) Esas relaciones sociales formarn fuerzas productivas y su interdependencia dar lugar a un modo de produccin dominante, segn los conceptos aqu slo someramente apuntados- que acuaron estos autores.
La produccin de la vida, tanto de la propia en el trabajo, como de la ajena en la procreacin, se manifiesta inmediatamente como una doble relacin de una parte, como una relacin natural, y de otra como una relacin social-; social, en el sentido de que por ella se entiende la cooperacin de diversos individuos, cualesquiera que sean sus condiciones, de cualquier modo y para cualquier fin. De donde se desprende que un determinado modo de produccin o una determinada fase industrial lleva siempre aparejado un determinado modo de cooperacin o un determinado peldao social, modo de cooperacin que es, a su vez, una fuerza productiva; que la suma de las fuerzas productivas accesibles al hombre condiciona el estado social y que, por tanto, la historia de la humanidad debe estudiarse y elaborarse siempre en conexin con la historia de la industria y del intercambio. [MARX y ENGELS, 1845: 25]
Una segunda dimensin del productivismo marxiano nos lleva a analizar cualquier fenmeno superestructural (la educacin, la cultura, el arte, la comunicacin, las leyes, la poltica, el lenguaje o la religin) en funcin de la infraestructura econmica de la sociedad. Es decir, se deberan analizar, segn Marx, las relaciones entre las condiciones materiales de existencia y las expresiones de la conciencia. Ms an, numerosas
75
I:2
afirmaciones de Marx insisten en la prevalencia de la existencia material (como actividad en proceso y como prctica humana, condicionada objetivamente por la sociedad en la que tiene lugar) sobre la conciencia (el pensamiento, los sentimientos, el lenguaje, etc.). Saber cmo producimos, en definitiva, puede arrojar ms luz sobre nuestro ser y nuestra individualidad que la proporcionada cuando se parte de nuestras ms ntimas percepciones y disquisiciones mentales (individuales o colectivas). Pero, como se puede apreciar rpidamente, el sentido de la flecha que va desde la existencia a la conciencia es unidireccional y determinista. No slo es cuestionable la divisin de la sociedad entre relaciones sociales propias de la infraestructura econmica y relaciones sociales propias de la superestructura ideolgica, sino tambin el reduccionismo que supone remitir todo fenmeno social a alguna causa econmica en ltimo trmino. Se le negara, as, cualquier autonoma a los fenmenos denominados como superestructurales: la poltica, la comunicacin, la filosofa... No obstante, esas categoras y ese proceso son plenamente coherentes con el enfoque productivista descrito. Adems, revelan la propia epistemologa que conciben Marx y Engels para las ciencias sociales: desmitificar y desvelar los procesos ocultos bajo los fenmenos sociales que tienen la apariencia de ser naturales y armnicos.
Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada poca; o, dicho en otros trminos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposicin los medios de produccin material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la produccin espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por trmino medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. (...) Cada nueva clase que pasa a ocupar el puesto de la que domin antes de ella se ve obligada, para poder sacar adelante los fines que persigue, a presentar su propio inters como el inters comn de todos los miembros de la sociedad, es decir, expresando esto mismo en trminos ideales, a imprimir a sus ideas la forma de la universalidad, a presentar esas ideas como las nicas racionales y dotadas de vigencia absoluta. [MARX y ENGELS, 1845: 43, 45]
En tercer lugar, en este enfoque productivista, Marx no se limita a explicar los procesos laborales individuales, sino que se obliga a ponerlos en relacin unos con otros, por ramas productivas, por contextos jurdicos,
76
I:2
por su posicin en los ciclos de intercambio y de circulacin del capital, por su variacin histrica... Busca, as, una comprensin de la totalidad social como sntesis de todos los procesos ms simples y determinados por el modo de produccin econmica dominante el capitalista, en pleno despliegue en la poca que vivi este autor. En ese preciso sentido es en el que se puede calificar su perspectiva como holista, aunque no sera extrao designarla igualmente como sistmica en cuanto que cada nivel sistmico (relaciones, estructura y sistema) posee cualidades emergentes que no poseen independientemente, por s solos, los elementos de los cuales se compone (y, en particular, los individuos).
Tabla 2.1 Composicin de las fuerzas productivas segn Marx Instrumentos de produccin (herramientas, mquinas, locales, materiales instrumentales) A) Medios de produccin Fuerzas productivas Materias primas Espacios B) Fuerza de trabajo (facultades productivas de los agentes productores: fortaleza, habilidad, conocimiento, inventiva, etc.)
Fuente: COHEN [1978: 34, 60]
Conflictualismo En segundo lugar, todo el pensamiento marxiano ha configurado una escuela sociolgica conocida como conflictualista debido a que pone su nfasis analtico en las contradicciones estructurales, intrnsecas a toda sociedad. La principal de ellas sera la denominada lucha de clases que, en la sociedad capitalista, enfrentara a la burguesa con el proletariado. Al menos, ese sera el conflicto bipolar de fondo que enmarcara y determinara todos los otros conflictos entre los restantes grupos y clases sociales. Un enfrentamiento, en definitiva, que se ira clarificando como tendencia histrica a medida que progresa el capitalismo y se desarrollan las fuerzas productivas.
77
I:2
La historia de todas las sociedades hasta nuestros das es la historia de las luchas de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, seores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre (...) Nuestra poca, la poca de la burguesa, se distingue, sin embargo, por haber simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividindose, cada vez ms, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases que se enfrentan directamente: burguesa y proletariado. [MARX y ENGELS, 1848]
Las nocin de clase social se definira, segn Marx, en funcin de la propiedad o no de los medios relevantes de produccin. No obstante, tanto en varias obras de Marx como en la sociologa marxista que le sobrevivi, se han introducido numerosos criterios delimitadores de ese concepto central en la perspectiva conflictualista: la cualificacin laboral, la posicin de autoridad en una organizacin, las condiciones de trabajo, la remuneracin salarial, etc. Lo que resulta de inters aqu es que la divisin en clases sociales, si bien no es visible en su polarizacin de fondo esencial, ya que aparecen infinidad de grupos y posiciones productivas, s adquiere su carta de naturaleza a raz de la ley de desarrollo del capitalismo: separar trabajo y capital, acumular capital, y convertir todo trabajo en trabajo asalariado. El conflicto entre las clases sociales no sera, pues, ms que el mecanismo (o, por decirlo en otros trminos equivalentes, el proceso social con ms probabilidades explicativas de los dems procesos) que hara evidente esa divisin.
Es en Inglaterra, indiscutiblemente, donde ms desarrollada se halla y en forma ms clsica la sociedad moderna, en su estructuracin econmica. Sin embargo, ni aqu se presenta en toda su pureza esta divisin de la sociedad en clases. Tambin en la sociedad inglesa existen fases intermedias y de transicin que oscurecen en todas partes (aunque en el campo incomparablemente menos que en las ciudades) las lneas divisorias. Esto, sin embargo, es indiferente para nuestra investigacin. Ya hemos visto que es tendencia constante y ley de desarrollo del rgimen capitalista de produccin el establecer un divorcio cada vez ms profundo entre los medios de produccin y el trabajo y el ir concentrando los medios de produccin desperdigados en grupos cada vez mayores; es decir, el convertir el trabajo en trabajo asalariado y los medios de produccin en capital. Y a esta tendencia corresponde, de otra parte, el divorcio de la propiedad territorial para formar una potencia aparte frente al capital y al trabajo, o sea, la transformacin de toda la propiedad del suelo para adoptar la forma de la propiedad territorial que corresponde al rgimen capitalista de produccin. [MARX, 1894: 817]
78
I:2
Lejos de la simplificacin dualista sugerida en el Manifiesto Comunista (que, realmente, era un texto de agitacin poltica en el que simplemente Marx y Engels sintetizaron y vulgarizaron algunos de sus anlisis ms finos expresados en otras obras), al final de El Capital (en un captulo inacabado, por cierto) Marx distingui entre los trabajadores asalariados, los capitalistas y los terratenientes. Los primeros se identificaran en tanto que propietarios de fuerza de trabajo, los segundos en tanto que propietarios de capital-medios de produccin y los ltimos en tanto que propietarios de tierras.
Qu es una clase? La contestacin a esta pregunta se desprende en seguida de la que demos a esta otra: qu es lo que convierte a los obreros asalariados, a los capitalistas y a los terratenientes en factores de las tres grandes clases sociales? Es, a primera vista, la identidad de sus rentas y fuentes de renta. Trtase de tres grandes grupos sociales cuyos componentes, los individuos que los forman, viven respectivamente de un salario, de la ganancia o de la renta del suelo, es decir, de la explotacin de su fuerza de trabajo, de su capital o de su propiedad territorial. [MARX, 1894: 817]
Por lo que sabemos del procedimiento de anlisis desplegado por Marx en otros textos, esa primera caracterizacin de las clases sociales, segn el tipo de rentas y la forma de conseguirlas, es insuficiente. Incluso el prrafo previo ya apuntaba una respuesta diferente. Las clases, como los individuos, seran productos ms que agentes. Productos de unas condiciones generales de produccin y, por tanto, de vida. Al menos, si su constitucin y consolidacin progresivas son observadas desde un punto de vista histrico y global. En un captulo anterior (en el primer volumen de su obra magna) Marx haba diferenciado tambin varias categoras en el interior del proletariado (obreros agrcolas, operarios fabriles, sirvientes domsticos, etc.) y aada otros grupos sociales al conflicto de clases en el capitalismo: desempleados, mujeres improductivas, nios y adolescentes, profesiones ideolgicas (gobernantes, clero, militares, jueces, etc.), rentistas y lo que en otros lugares denominar lumpenproletariado (mendigos, vagabundos, criminales, etc.) (MARX, 1867: 371). Pero es, sobre todo, en algunas de sus obras historiogrficas o politolgicas, como El 18 Brumario de Luis Bonaparte, donde ofreci un pano79
I:2
rama de la estructura social ms complejo y sometido a distintos vaivenes polticos e ideolgicos. Aadi, por ejemplo, en el mencionado estudio, al campesinado, la pequea burguesa comercial, la aristocracia financiera y los altos dignatarios. Estos matices no impugnan, en cualquier caso, el esquema de conflicto bipolar de fondo ya apuntado. Ms bien, vienen a enriquecer el examen concreto de las formas en que se produce y los diferentes grupos sociales que se ven implicados y, de alguna forma, inclinados, a un bando u otro del conflicto general. Lo que es de inters destacar aqu es que esta es una perspectiva conflictualista precisamente porque entre las clases sociales enfrentadas existiran siempre intereses opuestos y tales intereses estaran arraigados en la lucha por el poder econmico: por la capacidad de apropiarse del excedente producido. Por el contrario, el mayor contraste de este enfoque terico se producir con la sociologa funcionalista de la estructura social. Por una parte, como ya qued expresado en una cita anterior de Comte, obreros y capitalistas formaran clases con intereses, en el fondo, mutuamente complementarios: unos necesitaran de los otros, estaran condenados a entenderse, a negociar y a fijarse objetivos comunes. Por otra parte, en lugar de la nocin de estructura de clases sociales, la sociologa funcionalista preferir la de estratificacin social aludiendo a que, desde cualquier punto de vista, la realidad emprica con la que nos confrontaremos ser siempre la de un conjunto numeroso de grupos sociales ordenados en una escala jerrquica con mltiples diferencias y dimensiones de clasificacin, entre las que destacaran aquellas subjetivas (las relativas al status o posicin socialmente percibida en dicha jerarqua por prestigio social atribuido o por autoidentificacin). De ah que se refieran sus defensores a clases altas, medias-altas, medias-medias, mediasbajas y bajas: es decir, a diferencias de grado por poseer ms o menos alguna cualidad, ms que, como procedera Marx, a adscripciones a categoras derivadas de relaciones sociales productivas y de la posicin ocupada en su dinmica conflictiva.1
1 Para desarrollos ms completos y actuales de esta cuestin pueden consultarse, entre otras, algunas
referencias generales (DAZ SNCHEZ,1976: 97-111; TEZANOS, 1985; FEITO, 1997; WRIGHT, 1983, 1989), adems de los nmeros especiales de las revistas Zona Abierta, n 59/60 (1992) y Poltica y Sociedad, n 11 (1992). 80
I:2
Como veremos en captulos posteriores, la sociologa conflictualista que ha llegado hasta nuestros das, en tanto que heredera del planteamiento de Marx, ha adicionado al conflicto central entre burguesa y proletariado (es decir, al conflicto de clases, definidas stas segn la posicin productiva y, en ocasiones, incluyendo la conciencia de esa pertenencia) otros conflictos sociales entre grupos definidos en funcin de criterios de divisin como: el gnero, la etnia, la edad, el poder poltico, los derechos de ciudadana, etc. Todos ellos, cuando fueron tenidos en consideracin por el propio Marx, adoptaban, como se ha dicho, un papel secundario y, por tanto, dependiente o subordinado a la dominacin de clase. An conservndose estrictamente los trminos y flancos del problema en nuestros das, slo desde bien entrada la dcada de 1970 comenzaron a reconocer algunos autores marxistas la relativa autonoma de muchos de esos conflictos (sobre todo los ideolgicos, los polticos y los de gnero: POULANTZAS, 1978: 37, 45; THERBORN, 1980). Lo relevante es que en Marx, al igual que en Durkheim y en Weber, encontramos una elaboracin terica consistente que nos permite analizar la existencia de la desigualdad social, su variacin fenomnica y, especialmente, las posibles causas de su manifestacin y reproduccin a lo largo del tiempo (CARABAA ET AL., 1995; TILLY, 1998). Cabra aadir, adems, que esa preocupacin prioritaria por el anlisis de las desigualdades comporta en Marx un doble parmetro caracterstico: a) la determinacin de sus causas objetivas y formas de manifestacin (procesos sociales, grupos e intereses implicados, condiciones contextuales, etc.); b) el posicionamiento valorativo a la hora de efectuar el anlisis, desvelando el punto de vista (los intereses) de quien, entre otras desigualdades, sufre la de no poder expresar pblicamente sus anlisis.
81
I:2
La concepcin conflictualista constituye, en definitiva, una apertura a la sociologa poltica. Es decir, al estudio de las relaciones sociales de poder, an cuando su fundamento sea esencialmente econmico. De hecho, los conflictos sociales pueden estar originados en el inters de los agentes por apropiarse del excedente productivo (relaciones de explotacin), pero otras veces el inters es la simple apropiacin de otros recursos (el territorio), vayan o no a ser utilizados productivamente, o el dominio poltico (limitando los derechos de representacin o de expresin, por ejemplo). Los conflictos sociales, en general, comportan numerosas dimensiones de anlisis que el propio Marx sugiri ocasionalmente: la represin o la confrontacin fsicas, el control de horarios y movimientos, la autoorganizacin de trabajadores con intereses comunes, la negociacin entre las partes enfrentadas, etc. En su sentido econmico, Marx habra proporcionado la siguiente formulacin general: Los conflictos de intereses entre las clases no se generan simplemente por lo que la gente tiene, sino por la que la gente hace con lo que tiene. (WRIGHT, 1995: 49) En un sentido sociolgico ms amplio, sin embargo, la explotacin econmica comportara siempre algn grado de dominacin poltica: En la produccin es necesario crear aparatos de dominacin para asegurar la ejecucin adecuada del trabajo, porque el nivel de esfuerzo que los productores aportaran voluntariamente en ausencia de vigilancia y control sera subptimo desde el punto de vista de los capitalistas. (WRIGHT, 1995: 38) Adems, la dominacin, en tanto que ejercicio de capacidades humanas (individuales y colectivas) que coaccionan o destruyen las capacidades humanas de otros individuos o colectivos, puede ejercerse de forma independiente a relaciones de explotacin, como se ha puesto de manifiesto frecuentemente y de lo que es elocuente el siguiente ejemplo de una guerra no civil (guerra civil es como denomina a veces Marx a la lucha de clases):
Los oprimidos que no son explotados pueden tambin tener algo de poder, pero generalmente es ms precario. Como mnimo, los oprimidos tienen el poder que procede de la capacidad humana de resistirse fsicamente. Sin embargo, como los opresores no estn obligados econmicamente a buscar en ellos ningn tipo de cooperacin, esta resistencia puede desembocar rpidamente en una confrontacin violenta y sangrienta. Es por esta razn que la resistencia de los nativos [norte] americanos a desplazarse de sus tierras desemboc en una masacre por los colonos blancos. (...) Cuando los oprimidos son tambin explotados [como ocurri ms
82
I:2
usualmente en la conquista de Latinoamrica], incluso si el explotador no siente compuncin moral alguna, habr limitaciones econmicas al tratamiento del explotado por el explotador. [WRIGHT, 1995: 28]
Por ltimo, Marx induca a pensar sociolgicamente que: a) debemos esperar siempre la ocurrencia de conflictos polticos a partir de las relaciones de competencia econmica; b) junto al conflicto econmico central de la explotacin, tiene lugar otro ms profundo relativo a la alienacin (el extraamiento, o ausencia de control por parte de los trabajadores, con respecto al proceso de produccin; negacin social de la cooperacin productiva voluntaria y del trabajo consciente y libre); c) la abolicin de las clases sociales y del conflicto entre ellas no sucede de forma natural, sino por el desarrollo de las fuerzas productivas y por la agudizacin de la crisis global del capitalismo, por lo que las organizaciones y asociaciones de trabajadores participaran en ese proceso incrementando el nivel del conflicto (tanto en los centros de produccin como en las instituciones del Estado) y generando conciencia de clase entre los trabajadores (la conciencia de la necesidad, de sus condiciones objetivas de vida).
La gran industria concentra en un mismo sitio a una masa de personas que no se conocen entre s. La competencia divide sus intereses. Pero la defensa del salario, este inters comn a todos ellos frente a su patrono, los une en una idea comn de resistencia: la coalicin. Por tanto, la coalicin persigue siempre una doble finalidad: acabar con la competencia entre los obreros para poder hacer una competencia general a los capitalistas. Si el primer fin de la resistencia se reduca a la defensa del salario, despus, a medida que los capitalistas se asocian a su vez movidos por la idea de la represin, las coaliciones, en un principio aisladas, forman grupos, y la defensa por los obreros de sus asociaciones frente al capital, siempre unido, acaba siendo para ellos ms necesario que la defensa del salario. Hasta tal punto esto es cierto que los economistas ingleses no salan de su asombro al ver que los obreros sacrificaban una buena parte del salario a favor de asociaciones que, a juicio de estos economistas, se haban fundado exclusivamente para luchar en pro del salario. En esta lucha verdadera guerra civil- se van uniendo y desarrollando todos los elementos para la batalla futura. Al llegar a este punto, la coalicin toma carcter poltico. Las condiciones econmicas transformaron primero a la masa de la poblacin del pas en trabajadores. La dominacin del capital ha creado a esta masa una situacin comn, intereses comunes. As pues, esta masa es ya una clase con respecto al capital, pero an no es una clase para s. En la lucha, de la que no hemos sealado ms que algunas fases, esta masa se une, se constituye como clase para s. Los intereses que defienden se convierten en intereses de clase. Pero la
83
I:2
lucha de clase contra clase es una lucha poltica. [MARX, 1847: 143]
Materialismo Adems de las construcciones tericas de Marx con inters sociolgico que hemos denominado productivismo y conflictualismo, resta por descifrar su principal contribucin epistemolgica para las ciencias sociales: el denominado materialismo histrico y dialctico. Aunque ni Marx ni Engels lo definieron de forma completa y exhaustiva, a travs de numerosos fragmentos de sus textos es posible formarse una buena idea de lo que a menudo, ms que una filosofa de la ciencia, consideraban simple mtodo de investigacin. En este sentido, sus investigaciones tenan habitualmente el carcter de desconstruccin crtica y racional de lo que consideraban la filosofa, la economa y la ideologa burguesas de su tiempo. En gran parte, las tesis que constituyen el armazn de esta propuesta epistemolgica se derivan necesariamente de los anlisis productivistas y conflictualistas revisados anteriormente. Esto significa, esencialmente, que se apoya en una concepcin de la sociedad compuesta de estructuras y procesos.
Qu es la sociedad, cualquiera que sea su forma? El producto de la accin recproca de los hombres. Pueden los hombres elegir libremente esta o aquella forma social? Nada de eso. A un determinado nivel de desarrollo de las fuerzas productivas de los hombres corresponde una determinada forma de comercio y de consumo. A determinadas fases de desarrollo de la produccin, del comercio y del consumo, corresponden determinadas formas de constitucin social, una determinada organizacin de la familia, de los estamentos o de las clases; en una palabra, una determinada sociedad civil. A una determinada sociedad civil, corresponde un determinado rgimen poltico, que no es ms que la expresin oficial de la sociedad civil. [MARX, 1847: 150]
Los individuos no podran ser la base de un anlisis cientfico de la sociedad por cuanto ellos no son sino parte (y producto) de un conjunto de relaciones que constituyen las fuerzas productivas de una poca. En la medida en que las creaciones humanas, los conocimientos, la maquinaria, etc. se
84
I:2
transmiten de una generacin a otra, las relaciones sociales productivas que existen en un momento histrico son deudoras del desarrollo de las relaciones sociales productivas en momentos histricos anteriores. Esas constricciones a la libertad individual, sin embargo, no conducen a Marx a negar cualquier posibilidad de intervencin humana por modificar la forma social general. Esto ltimo sera posible, e incluso necesario, cuando existiesen contradicciones entre las fuerzas productivas acumuladas y el modo de produccin dominante.
Huelga decir que los hombres no son libres de escoger sus fuerzas productivas base de toda su historia-, pues toda fuerza productiva es una fuerza adquirida, producto de una actividad anterior. (...) El simple hecho de que cada generacin posterior se encuentre con fuerzas productivas adquiridas por la generacin precedente, que le sirven de materia prima para la nueva produccin, crea en la historia de los hombres una conexin, crea una historia de la humanidad. (...) La historia social de los hombres no es nunca ms que la historia de su desarrollo individual, tengan o no ellos mismos la conciencia de esto. Sus relaciones materiales forman la base de todas sus relaciones. Estas relaciones materiales no son ms que las formas necesarias bajo las cuales se realiza su actividad material e individual. Los hombres jams renuncian a lo que han conquistado, pero esto no quiere decir que no renuncien nunca a la forma social bajo la cual han adquirido determinadas fuerzas productivas. Todo lo contrario. Para no verse privados del resultado obtenido, para no perder los frutos de la civilizacin, los hombres se ven constreidos, desde el momento en que el tipo de comercio no corresponde ya a las fuerzas productivas adquiridas, a cambiar todas sus formas sociales tradicionales. [MARX, 1847: 150-151]
La produccin material de sus vidas, las relaciones y agregados sociales generados y la reproduccin histrica de los antagonismos entre clases, especifican an ms, el contenido de lo social. Pero no podemos olvidar que Marx no pensaba tanto en la sociologa como en la historia, en cuanto al prototipo de ciencia social. A esa ciencia de la historia le encomendaban Marx y Engels descubrir sus verdaderas leyes de evolucin y hacerlo de forma concreta.
Conocemos slo una ciencia, la ciencia de la historia. (...) Mientras existan los hombres, la historia de la naturaleza y la historia de los hombres se condicionan mutuamente. La historia de la naturaleza, las llamadas ciencias naturales, no nos interesa aqu, en cambio tenemos que examinar la historia de los hombres, puesto
85
I:2
que casi toda la ideologa se reduce ya bien a la interpretacin tergiversada de esta historia, ya bien a la abstraccin completa de la misma. (...) No podemos examinar aqu, naturalmente, ni la contextura fsica de los hombres mismos ni las condiciones naturales con que los hombres se encuentran: las geolgicas, las orohidrogrficas, las climticas y las de otro tipo. Toda historiografa tiene necesariamente que partir de estos fundamentos naturales y de la modificacin que experimentan en el curso de la historia por la accin de los hombres. Podemos distinguir los hombres de los animales por la conciencia, por la religin o por lo que se quiera. Pero los hombres comienzan a ver la diferencia tan pronto comienzan a producir sus medios de vida, paso ste que se halla condicionado por su organizacin corprea. Al producir sus medios de vida, el hombre produce indirectamente su propia vida material. (...) Lo que son los individuos coincide, por consiguiente, con su produccin, tanto con lo que producen como con el modo de cmo producen. (...) Esta produccin slo aparece al multiplicarse la poblacin. [MARX y ENGELS, 1845: 8, 12]
En ese texto apreciamos cmo una de las concreciones de la historia social consiste en determinar los condicionamientos naturales (o ecolgicos, diramos de manera ms amplia) y la intervencin humana sobre la naturaleza. La segunda concrecin alude a lo que producimos y a cmo lo hacemos. En el mismo libro, ms adelante, completan el programa epistemolgico sealando que las relaciones sociales que mantenemos para producir deben concretarse tambin con las relaciones polticas.
La observacin emprica tiene que poner de relieve en cada caso concreto, empricamente y sin ninguna clase de embaucamiento y especulacin, la relacin existente entre la estructura social y poltica y la produccin. La estructura social y el Estado brotan del proceso de vida de determinados individuos; pero de estos individuos (...) tal y como actan y como producen materialmente y, por tanto, tal y como desarrollan sus actividades bajo determinados lmites, premisas y condiciones materiales, independientes de su voluntad. (...) No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia. [MARX y ENGELS, 1845: 17-18]
En uno de los prlogos a El Capital Marx apunt tambin algunos de sus principios epistemolgicos del siguiente modo: la finalidad de esta obra es descubrir la ley econmica que preside el movimiento de la sociedad moderna (...) aqu slo nos referimos a las personas en cuanto que personificaciones de determinados intereses y relaciones de clase (MARX, 1867: xv). La observacin emprica, por lo tanto, para no ser abstracta o idealista, debe utilizar cate86
I:2
goras conceptuales adecuadas en vistas a poder determinar las leyes sociales. En ese sentido, en otro prrafo de la Contribucin a la crtica de la economa poltica Marx denuncia el procedimiento de estudiar abstracciones aisladas entre s, como la poblacin, las clases sociales, el hbitat, las ramas y sectores de la produccin, etc. El mtodo correcto consistira, en su opinin, en relacionar necesariamente lo simple (trabajo, necesidad, etc.) con lo complejo (Estado, intercambio entre naciones, etc.) en sistemas econmicos. Despus del recorrido de ida y vuelta (de lo simple a lo complejo y viceversa) se estara en disposicin de definir la totalidad concreta o sistema en el que tienen lugar las relaciones generales determinantes.
Cuando estudiamos un pas determinado desde el punto de vista de la economa poltica, comenzamos por su poblacin, la divisin de sta en clases, su establecimiento en las ciudades, en los campos, a orillas del mar; las distintas ramas de produccin, la exportacin y la importacin, la produccin y el consumo anuales, los precios de las mercancas, etc. Parece lo correcto comenzar por lo que hay de concreto y real en los datos; as, pues, en la economa, empezamos por la poblacin, que es base y sujeto de todo acto social de la produccin. Pero, bien mirado, este mtodo sera falso. La poblacin es una abstraccin si dejo a un lado las clases de que se compone. Estas clases son, a su vez, una palabra sin sentido si ignoro los elementos sobre los cuales reposan, por ejemplo: el trabajo asalariado, el capital, etc. Estos suponen el cambio, la divisin del trabajo, los precios, etc. El capital, por ejemplo, no es nada sin trabajo asalariado, sin valor, dinero, precios, etctera. Si comenzase, pues, por la poblacin resultara una representacin catica del todo, y por medio de una determinacin ms estricta, llegara analticamente siempre ms lejos con conceptos ms simples; de lo concreto representado, llegara a abstracciones cada vez ms sutiles, hasta alcanzar a las ms simples determinaciones. Llegado a este punto, habra que volver a hacer el viaje a la inversa, hasta dar de nuevo con la poblacin, pero esta vez no con una representacin catica de un todo, sino con una rica totalidad de determinaciones y relaciones diversas. El primero es el camino que ha seguido histricamente la naciente economa poltica. Los economistas del siglo XVII, por ejemplo, comienzan siempre por el conjunto vivo: la poblacin, la nacin, el Estado, varios Estados, etc.; pero terminan siempre por descubrir mediante el anlisis cierto nmero de relaciones generales abstractas que son determinantes, tales como la divisin del trabajo, el dinero, el valor, etc. Un vez que han sido ms o menos fijados o abstrados estos momentos aislados, comienzan los sistemas econmicos que se elevan de lo simple, tal como trabajo, divisin del trabajo, necesidad, valor de cambio, al mismo Estado, al cambio entre las naciones y el mercado universal. El ltimo mtodo es manifiestamente el mtodo cientficamente correcto. Lo concreto es concreto porque es la sntesis de muchas determinaciones, es decir, la unidad de lo diverso. Por eso lo concreto
87
I:2
aparece en el pensamiento como proceso de sntesis, como resultado, y no como punto de partida, aunque sea el verdadero punto de partida y, por consiguiente, el punto de partida tambin de la percepcin y de la representacin. [MARX, 1859: 268-269]
Aunque Marx no se consider a s mismo un socilogo, en su prolfica obra hizo constante hincapi en que la ciencia social debe ser un estudio de la historia (las leyes del cambio social) y de su base econmica (el desarrollo de las fuerzas productivas). Los individuos no eligen libremente la sociedad en la que viven. Y los condicionamientos que sufren, adems, no son abstractos: es decir, sin ningn lugar concreto de origen y menos con un origen primordialmente espiritual o cultural. El materialismo histrico consista en aproximarse, con la mayor exactitud y objetividad posible, a esos condicionamientos materiales de la vida humana en cada poca histrica (y en cada lugar), independientes de nuestra voluntad y sentimientos. Por ltimo, el adjetivo dialctico, deudor parcial de la filosofa hegeliana, rara vez es clarificado en la obra de Marx (durante aos, ms bien, fue uno de los puntos en los que atac el idealismo de la filosofa alemana o de Proudhon). En trminos generales, indicaba que son las contradicciones y conflictos sociales, su transformacin y evolucin, los que deben ser explicados objetivamente por la ciencia de la sociedad. La nocin de dialctica remite, por una parte, a la contraposicin (o, ms bien, superacin) que Marx se siente obligado a hacer con respecto a la lgica formal y al empirismo superficial en cuanto se pretende construir una ciencia social (LEFEBVRE, 1969, 1974; NOVACK, 1979). El materialismo dialctico sera, en ese sentido, un mtodo de anlisis superador del idealismo y del materialismo, ya que contrapondra las apariencias ideales con las relaciones sociales de produccin, para descubrir las leyes esenciales que sostienen esa realidad. La ciencia social, en conclusin, no slo debe criticar y desvelar lo oculto bajo las apariencias, sino que debe explicar el papel esencial que juegan esas apariencias en el funcionamiento de la realidad y debe hacerlo con vistas a que la teora sirva, finalmente, a una prctica racional y emancipadora.
Si los explotados comprendieran que estn explotados, se resentiran de su sometimiento y amenazaran a la estabilidad social. Y si los explotadores comprendie88
I:2
ran que explotan, perderan la compostura que necesitan para dominar con seguridad en s mismos. Por ser animales sociales, los explotadores tienen que creer que su comportamiento social es justificable. Cuando esta creencia es difcil de reconciliar con la verdad, la verdad debe ser ocultada tanto a ellos como a aquellos a los que oprimen. Por consiguiente la ilusin es un elemento constitutivo de las sociedades de clases. [COHEN, 1978: 362] Toda vida social es en esencia prctica. Todos los misterios que conducen a la teora al misticismo encuentran solucin racional en la prctica humana y en la comprensin de esta prctica. (...) Los filsofos se han limitado a interpretar el mundo de diferentes modos; aqu se trata de transformarlo. [MARX, 1845, en MARX y ENGELS, 1845: 589-590]
Por otra parte, la idea de dialctica en la epistemologa marxiana remitira a las relaciones de mutua determinacin que se dan entre la infraestructura econmica y las superestructuras culturales, ms all del mero economicismo que pudiera sugerir la visin productivista y materialista perfilada ms arriba. Esa idea se expresa claramente en la siguiente cita de Engels. No obstante, conviene recordar que el mismo Engels lleg a postular, de forma un tanto excesiva y grosera, que toda la realidad (tanto la social y psicolgica, como la natural) podra describirse dialcticamente: como un proceso, es decir, como determinado por un movimiento constante, en perpetuo cambio, transformacin y evolucin (ENGELS, 1878: 31).2
Segn la concepcin de la historia, el factor que determina la historia en ltima instancia es la produccin y la reproduccin de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca ms que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor econmico es el nico determinante, convertir esta tesis en una frase vaca, abstracta, absurda. La situacin econmica es la base, pero los diversos factores de la sobreestructura que sobre ella se levanta las formas polticas de la lucha de clases y sus resultados; las constituciones promulgadas por la clase victoriosa despus de ganar una batalla; las formas jurdicas e incluso los reflejos de todas estas luchas reales en el cerebro de los participantes; las teoras polticas, jurdicas, filosficas; las ideas religiosas, y su desarrollo ulterior hasta convertirse en sistema de dog-
2 Exposiciones ms detalladas en: LEFEBVRE (1969, 1974), LECOURT (1972), NOVACK (1979), WILDEN
(1987). Otras temticas del legado marxista que han influido en la sociologa como el anlisis de la ideologa o del Estado- y diversos anlisis crticos pueden encontrarse, por ejemplo, en: MILIBAND (1969), POULANTZAS (1979), LAMO (1981), REYES ET AL. (1986), RICOEUR (1986), GRIGNON y PASSERON (1992). 89
I:2
mas- tambin ejercen su influencia sobre el curso de las luchas histricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma. (ENGELS, 1890, cit. en DAZ SNCHEZ, 1976: 147)
Tabla 2.2 Principales nociones sociolgicas en la obra de Marx Trabajo como medio y fin. Relaciones sociales al producir materialmente. Clase social, fuerzas productivas y modo de produccin. PRODUCTIVISMO Conciencia determinada por existencia. Fenmenos de la superestructura determinados por procesos de la infraestructura econmica. Visin holstica de la estructura econmica como conjunto de procesos de produccin, consumo e intercambio. TEORA Contradicciones sociales estructurales. Lucha de clases: burguesa vs. proletariado. Conversin del trabajo en trabajo asalariado y de los medios de produccin en capital. Acumulacin, monopolios, crisis y cambio social. Posicin productiva, intereses de clase y relaciones de poder inherentes al conflicto econmico. Explotacin y alienacin. Sociedad compuesta de estructuras, procesos conflictivos y relaciones sociales de produccin. MATERIALISMO EPISTEMOLOGA HISTRICO Y DIALCTICO Ciencia social como ciencia de la historia. Descubrir leyes de evolucin social y desmitificar racional y crticamente ideologa burguesa. Determinaciones concretas (ecolgicas, econmicas, polticas e ideolgicas) de la historia social. Relacionar lo simple y lo complejo en sistemas sociales.
CONFLICTUALISMO
90
I:2
La vida es una y por lo tanto debe residir en la totalidad de la sustancia viva. Est en el todo, no en las partes. mile D URKHEIM . 1895. Las reglas del mtodo sociolgico.
Durkheim dedic la mayor parte de sus esfuerzos intelectuales a dotar a la sociologa de un estatuto cientfico propio. La herencia de Comte le resultaba insuficiente en cuanto a la delimitacin de esta ciencia con respecto a otras, y en cuanto a la definicin del objeto y del mtodo que le eran ms adecuados. Como el propio Durkheim trat de demostrar con sus investigaciones, la facticidad sui generis de los hechos sociales y, por lo tanto, de la misma sociedad pasaban, as, a tener una entidad digna de estudio emprico y racional. Los suicidios, la religin, la educacin o los delitos fueron algunos de los mbitos sociales en los que Durkheim busc identificar las determinaciones y coacciones sociales sobre la conciencia individual. Se puede considerar, pues, que Durkheim constituy el principal impulsor y continuador del proyecto positivista de Comte, si bien l prefiri autodenominarse racionalista y, a menudo, fue calificado, desde el punto de
91
I:2
vista epistemolgico, como realista social. Sus investigaciones se han considerado seminales para la sociologa y, adems de un erudito conocimiento histrico, introdujo en ellas de forma sobresaliente el uso de informaciones estadsticas y antropolgicas. Pero sus amplias reflexiones tericas para distinguir la sociologa con respecto a la psicologa y a la biologa, le llevaron tambin a ambiguas y complejas categorizaciones sobre lo social. En todo caso, ser preciso examinar primero por qu a Durkheim se le sita como el principal padre del funcionalismo en la sociologa (a veces, tambin, en la antropologa) y qu tipo de funcionalismo se puede percibir en su obra. Tampoco Durkheim tild de funcionalista su sociologa, como rasgo ms caracterstico, aunque veremos cun recurrentes eran sus anlisis de los fenmenos sociales en tanto que tiles (o no) para la cohesin de la sociedad en su conjunto. De hecho, su funcionalismo constituye una perspectiva terica difcilmente separable de su preocupacin por explicar el origen y validez de la moral en una sociedad estable y armnicamente organizada, ms all de la discusin sobre preceptos ideales a priori que ocupaban a la filosofa y al Derecho. Destacaremos aqu, por lo tanto, esas dos principales contribuciones (la terica y la epistemolgica), dejando de lado los detalles sobre otras concepciones de este autor con respecto a la economa, la poltica, la religin o la educacin que nos desviaran en exceso de las intenciones de esta exposicin.
Funcionalismo La perspectiva funcionalista inaugurada por Durkheim se interroga incesantemente del siguiente modo: que necesidades de la sociedad satisfacen las instituciones sociales existentes? La idea de necesidad es aqu analgica con la de utilidad y con la de medio de supervivencia de cualquier orga92
I:2
nismo vivo. De hecho, el trmino sociedad es tambin aqu sinnimo de un gran organismo natural: el orden social. Por lo tanto, podemos reformular la pregunta inicial: son tiles las instituciones sociales existentes para la conservacin del orden social, para mantener unida a la sociedad y para asegurar su supervivencia y continuidad? Una funcin, a fin de cuentas, no es ms que una relacin de correspondencia entre dos conjuntos. En este caso, un conjunto estara integrado por las instituciones (familia, educacin, gobierno, trabajo, religin, etc.) y otro, que contendra al anterior concntricamente, por la totalidad del sistema social. En este sentido, la tarea esencial de la sociologa sera descubrir esas funciones (unvocas o mltiples, manifiestas o latentes, locales o universales, normales o patolgicas).
Cuando se intenta explicar un fenmeno social es necesario investigar separadamente la causa eficiente que lo produce y la funcin que cumple. [DURKHEIM, 1895: 131]
Independientemente de las intenciones que pudieran tener las personas implicadas en un suceso social, lo que se debera averiguar es la existencia (o no) y las cualidades de la correspondencia entre el hecho social y las necesidades generales del organismo social (DURKHEIM, 1895: 131). La analoga con los organismos vivos, naturales, ser una constante en el pensamiento durkheimiano, aunque, a diferencia de socilogos que le precedieron como Spencer o Espinas, mantendr siempre la comparacin a ese estricto nivel analgico.
Bsicamente, lo que Durkheim asimil de Spencer fue su perspectiva orgnica que implicaba el examen de las instituciones a la luz de sus funciones y la clasificacin de la sociedades en gneros y especies; en cambio no le afectaron las hiptesis globales de Spencer ni sus teoras sociales particulares, y en especial su concepcin de la sociedad industrial. (...) La sociologa tena un objeto. Los fenmenos sociales eran reales; podan ser estudiados como anlogos, aunque no idnticos a los rganos que cumplan funciones dentro de las sociedades, las cuales haban de encajar en un esquema general de clasificacin. [LUKES, 1973: 84-85]
93
I:2
Fue en su primera obra importante, La divisin del trabajo social, donde formul ya claramente su visin terica funcionalista de la sociologa. Por una parte, llevaba la analoga organicista hasta el punto de diferenciar funcin y estructura, dndole ms importancia al estudio de las funciones sociales cumplidas por las distintas instituciones. Por otra parte, anunciaba una concepcin gradualista de los hechos sociales funcionales; es decir, que existiran hechos sociales ms consolidados, cristalizados y estables, frente a otros ms emergentes, volubles e inestables, en un amplio rango de oscilacin.
Haba, segn Durkheim, dos posibles enfoques abiertos al cientfico social, as como al bilogo: poda estudiar o bien las funciones (como en fisiologa) o bien las estructuras (como en morfologa). Durkheim afirmaba con firmeza es al estudio de las funciones al que debemos aplicarnos principalmente, debido a que en las sociedades, a diferencia de los organismos, las estructuras eran flexibles. Las instituciones y las prcticas cumplan funciones distintas en las distintas sociedades; las formas de la vida social, en realidad, eran, segn l, secundarias y derivadas, pudiendo considerarse la estructura como una funcin consolidada, es decir, una accin que se ha hecho habitual y ha cristalizado [LUKES, 1973: 137]
En esa misma obra, Durkheim estableci un marco terico con las principales funciones que consiguen la cohesin, unidad y consenso en el orden social: la solidaridad mecnica y la orgnica. De ellas sern subsidiarias las dems funciones sociales. En cualquier caso, como se puede deducir, su enfoque va desde las funciones al sistema social, sin mayor detenimiento en el nivel estructural. En el fondo, pretenda demostrar que las reglas morales tienen un fundamento social emprico, que demuestran su utilidad en la medida en que favorecen que el conjunto del sistema social permanezca unido, cohesionado, solidario. Como veremos en la clasificacin posterior, ser la materializacin de las normas morales en el Derecho lo que le conferir un punto de apoyo a este autor para diferenciar los dos principales tipos de solidaridad social.
Veamos si en las sociedades en las que vivimos es de la divisin del trabajo de quien esencialmente deriva la solidaridad social. (...) Ya que el derecho reproduce las formas principales de la solidaridad social, no tenemos sino que clasificar las diferentes especies del mismo [penal, civil, mercantil...], para buscar en seguida cules son las diferentes especies de solidaridad social que a aqullas correspon94
I:2
La primera, la solidaridad mecnica, ligara directa y espontneamente a los individuos con la sociedad. No existiran grandes diferencias entre ellos ni, por tanto, destacadas individualidades (excepto los jefes de los clanes, a lo sumo). Se asemejaran en cuanto a su conciencia moral, respetando un conjunto comn de smbolos y valores. La solidaridad orgnica, a grandes rasgos, tendra lugar cuanto ms diferenciada est una sociedad internamente: en creencias, tareas, cargos e instituciones. El consenso existira aqu en la medida en que se acepte la interdependencia entre todas esas partes de la sociedad. Se afirmara, al mismo tiempo, la individualidad y la especializacin de los individuos. La unidad de la sociedad crecera al mismo tiempo que aumentasen las capacidades y esferas de autonoma de sus miembros. Aunque los primeros seran los rasgos propios de sociedades tradicionales y preindustriales (o de algunas comunidades locales) y, a la inversa, los segundos se atribuiran principalmente a la sociedad moderna, esas dos sociedades constituyen una sola, son dos aspectos de una sola y misma realidad (DURKHEIM, 1893: 153). Durkheim defini esos dos conceptos en reaccin a Comte, a Spencer y a Tnnies. No obstante, fue con la distincin de este ltimo entre comunidad y asociacin, con la que tena ms acuerdos. Frente a Comte, considera Durkheim que la solidaridad social en tanto que consenso moral, no poda mantenerse por la fuerza y que, a mayor diversidad funcional, se va produciendo mayor diversidad moral. Frente a Spencer, negaba que la solidaridad se pudiese derivar de las relaciones libres de los individuos entre s a partir de sus intereses egostas, ya que eso producira ms inestabilidad social y, adems, histricamente se demostraba que el desarrollo del capitalismo liberal haba corrido parejo al aumento de la regulacin estatal. Por ltimo, frente a Tnnies cuestionaba que slo la accin de control social ejercida por el Estado fuese suficientemente explicativa (LUKES, 1973: 144-145). En las sociedades modernas e industrializadas, caracterizadas por el predominio de la solidaridad orgnica, se podra observar, segn Durkheim: la continuidad de reglas morales que garantizan la cohesin social,
95
I:2
una ms elevada especializacin econmica (de ocupaciones laborales y ramas productivas, sobre todo), una mayor diferenciacin de instituciones sociales ya no sometidas al control absoluto de la religin y, con igual trascendencia, una mayor interdependencia entre todos los grupos sociales e individuos. En ese sentido, sera la divisin del trabajo el fenmeno social (o institucin) que garantizara la solidaridad social (orgnica, en particular), de igual manera que las ideas y sentimientos religiosos fueron los principales garantes de la solidaridad mecnica en tiempos pasados. De forma aparentemente paradjica, el auge de la interdependencia social de tipo orgnico, ascenda de forma paralela al auge del individualismo. Las diferencias individuales resultaran oprimidas en el universo cerrado y claustrofbico que se parece dibujar en las familias, pequeas comunidades u organizaciones frreamente dogmticas, en las que predominara la solidaridad mecnica (la que se deriva de las semejanzas).
[La solidaridad mecnica slo puede ser fuerte] en la medida en que las ideas y las tendencias comunes a todos los miembros de la sociedad sobrepasen en nmero e intensidad a aquellas que pertenecen a cada uno de ellos personalmente. Es ms enrgica cuanto ms considerable es ese excedente. Ahora bien, lo que hace a nuestra personalidad es lo que cada uno tiene de propio y de caracterstico, lo que nos distingue de los otros. Esta solidaridad no puede, por lo tanto, acrecentarse sino en razn inversa de la personalidad. En cada una de nuestras conciencias hay (...) dos conciencias: una que nos es comn con todo el grupo, que, por consiguiente, no representa a nosotros mismos, sino a la sociedad viviente y obrante en nosotros; la otra, por el contrario, slo nos representa en lo que tenemos de personal y distinto, en eso que hace de nosotros un individuo. La solidaridad que deriva de las semejanzas llega a su maximum cuando la conciencia colectiva cubre exactamente nuestra conciencia [individual] y coincide con ella en todos los puntos: pero en ese momento nuestra individualidad es nula. [DURKHEIM, 1893, cit. en LUKES, 1973: 148]
En cambio, para que se produzca solidaridad orgnica no slo es factible y respetable la manifestacin de las diferencias individuales, sino que es necesario que tengan lugar en vistas a que se incremente la especializacin econmica.
[Slo es posible que los individuos difieran unos de otros en la medida en que]
96
I:2
cada uno tiene su esfera de accin propia, por consiguiente, una personalidad. Es necesario que la conciencia colectiva deje al descubierto una parte de la conciencia individual para que all se establezcan estas funciones especiales que ella no puede reglamentar; y cuanto ms extensa es esta regin, ms fuerte es la cohesin que resulta de esa solidaridad. En efecto, por un lado cada uno depende ms estrechamente de la sociedad, cuanto ms dividido est el trabajo, y por el otro la actividad de cada uno es ms personal cuanto ms especializada. Indudablemente, por circunscrita que est, nunca es totalmente original; an en el ejercicio de nuestra profesin nos adaptamos a usos y prcticas que nos son comunes junto con nuestra corporacin. Pero an este yugo que soportamos es menos pesado que cuando toda la sociedad pesa sobre nosotros, y nos deja mayor espacio para el libre juego de nuestra iniciativa. [DURKHEIM, 1893, cit. en LUKES, 1973: 152]
En coherencia con su ideologa socialista moderada, a menudo da la sensacin de estar tratando la realidad global de las sociedades modernas y la tica liberal, como modelos ideales antes que como descripciones empricas. Ello se observa especialmente en la concepcin laica de la educacin que apoyaba Durkheim y en su caracterizacin de la divisin del trabajo como el principal lazo social que vena a sustituir la hegemona religiosa. La poca de la solidaridad orgnica, por lo tanto, no impugnaba la necesidad de la sociologa por cuanto seguira existiendo una conciencia colectiva (un conjunto de representaciones colectivas) que se impone a los individuos particulares (a sus conciencias y representaciones). Pero, al mismo tiempo, las funciones y prcticas sociales a examinar deberan tener en cuenta el predominio de nuevos valores sociales: la dignidad individual, la igualdad de oportunidades, la tica del trabajo y la justicia social (LUKES, 1973: 155). Por otra parte, infiere una ley del cambio social que vendra a establecer lo siguiente: 1) a mayor densidad demogrfica, mayor densidad moral; 2) a mayor densidad moral, mayor divisin del trabajo. Es decir, no slo es necesario el incremento cuantitativo (en volumen) de la poblacin, sino que se precisa su reunin concentrada en un territorio (ciudades) y el aumento de sus interacciones para que se vaya generando una progresiva mayor diferenciacin social (divisin del trabajo y de las instituciones sociales). Esta ser la tesis que tanto los primeros socilogos urbanos como algunos tericos de los sistemas sociales volvern una y otra vez a testar.
Su tesis central era que la divisin del trabajo progresa ms cuantos ms individuos
97
I:2
haya que estn en contacto lo bastante como para accionar y reaccionar unos sobre otros. Si convenimos en llamar densidad dinmica o moral al acercamiento y al comercio activo que resulta, podemos decir que los progresos de la divisin del trabajo estn en razn directa con la densidad dinmica o moral de la sociedad. Pero a qu podemos atribuir esa interaccin social reforzada? Durkheim ofreca dos explicaciones generales de la condensacin progresiva de las sociedades en el transcurso del desarrollo histrico, una demogrfica y otra tecnolgica. En primer lugar, estaba la concentracin de la poblacin, sobre todo mediante el crecimiento de las ciudades (especialmente a travs de la inmigracin). En segundo lugar, la existencia de vas de comunicacin y de transmisin rpidas y en cantidad. Suprimiendo o disminuyendo los vacos que separan a los segmentos sociales, acrecientan la densidad de la sociedad. (...) No es suficiente que la sociedad cuente con muchos sujetos, sino que tambin es necesario que stos tengan un contacto bastante ntimo para accionar y reaccionar unos sobre otros. De aqu derivaba Durkheim su hiptesis general de que la divisin del trabajo vara en razn directa al volumen y a la densidad de las sociedades (...) Todo el proceso, segn l, se produca mecnicamente, esto es, determinada por causas sociales independientes de la voluntad individual de los hombres. (...) Cul es el mecanismo? De qu manera la creciente densidad (moral), reforzada generalmente por el incremento de la poblacin, produce una creciente diferenciacin social, o un aumento de la divisin del trabajo? La respuesta de Durkheim es: porque la lucha por la vida es ms ardiente. [LUKES, 1973: 167-169]
Ms adelante, sin embargo, admite que hay excepciones a esa regla general e incluso acabar definiendo la densidad material incluyendo a la densidad moral, ms que precedindola causalmente. El destino de ese planteamiento sera la afirmacin de que la sociedad se compone fundamentalmente de representaciones colectivas, de ideas, opiniones y fuerzas morales (LUKES, 1973: 229-230).
En cuanto a la densidad material si, por lo menos, se entiende con esta expresin no slo el nmero de habitantes por unidad de superficie, sino el desarrollo de las vas de comunicacin y de transmisin- suele marchar al mismo paso que la densidad dinmica, y en general puede servir para medirla. (...) Sin embargo, hay excepciones, y nos expondramos a cometer graves errores si juzgsemos siempre la concentracin moral de una sociedad de acuerdo con el grado de concentracin material que ella exhibe. Los caminos, las lneas frreas, etc. pueden servir para el movimiento de los negocios ms que para la fusin de las poblaciones, aspecto ste ltimo que se expresa en aqullos de modo muy imperfecto. [DURKHEIM, 1895: 151]
98
I:2
Basada en las similitudes (predominante en Basada en la divisin del trabajo (predominante las sociedades menos avanzadas) en las sociedades ms avanzadas) Tipo segmentario (con base en clanes, 1. Base morfol- primero, luego territorial) gica (estructural) Escasa interdependencia (vnculos sociales relativamente dbiles) Volumen de poblacin relativamente bajo Densidad material y moral relativamente baja 2. Tipos de normas (tipificadas por ley) Reglas con sanciones represivas Predominio del derecho penal Alto volumen Alta intensidad 3. Rasgos formaAlta determinacin les de la conciencia colectiva Autoridad colectiva absoluta Altamente religiosa Trascendental (superior a los intereses humanos y por encima de toda discusin) 4. Contenido de la conciencia colectiva Otorga valor supremo a la sociedad y a los valores de la sociedad en su conjunto Concreta y especfica
Fuente: LUKES [1973: 157-158]
Tipo organizado (fusin de los mercados y crecimiento de las ciudades) Fuerte interdependencia (vnculos sociales relativamente fuertes) Volumen de poblacin relativamente alto Densidad material y moral relativamente alta Reglas con sanciones restitutivas Predominio del derecho cooperativo (civil, comercial, procesal, administrativo y constitucional) Bajo volumen Baja intensidad Baja determinacin Ms espacio para la iniciativa y la reflexin individuales Crecientemente laica De orientacin humana (regida por los intereses humanos y abierta a la discusin) Otorga valor supremo a la dignidad individual, a la igualdad de oportunidades, a la tica del trabajo y a la justicia social Abstracta y general
El segundo aspecto central de la teora funcionalista de Durkheim es el relativo a la valoracin del carcter normal-funcional o anormaldisfuncional de los hechos sociales. Construy, as, el primer marco interpretativo de la desviacin delictiva en la sociedad, apoyndose frecuentemente en las analogas mdicas relativas a la enfermedad. No obstante, su estudio sobre el suicidio difcilmente podra encuadrarse completamente en la categora de delitos, por lo que proporcion explicaciones ms generales sobre las causas sociales de comportamientos individuales anormales en el sentido de ser poco frecuentes.
99
I:2
El procedimiento de anlisis seguido por Durkheim consista en clasificar los hechos, ante todo, en normales y anormales. A continuacin, se debera dilucidar si son tiles o no al conjunto de la sociedad en su particular estadio de evolucin. Por ltimo, se dedicara a valorar en qu medida se da esa utilidad y qu formas adquiere. En su obra Las reglas del mtodo sociolgico profundiz en esos principios de acuerdo a la visin funcionalista elaborada hasta entonces. Ofrece Durkheim, en ese sentido, una alegora que podramos asociar hoy, irnicamente, con lo relatado en la novela El nombre de la rosa de Umberto Eco:
Imaginemos una sociedad de santos, un claustro ejemplar y perfecto. En ella los crmenes propiamente dichos sern desconocidos; pero las faltas que parecen leves al vulgo provocarn el mismo escndalo que el delito comn en las conciencias comunes. Por consiguiente, si esta sociedad tiene suficiente poder para juzgar y castigar, calificar de criminales estos actos y los tratar como tales. (...) Nada es bueno indefinidamente y sin medida. [DURKHEIM, 1895: 102, 104]
En ese sentido, no duda en calificar al delito (y otras patologas sociales) como un hecho normal por cuanto una sociedad exenta del mismo es absolutamente imposible (DURKHEIM, 1895: 100). Adems de normal y frecuente, el delito sera necesario y til por cuanto exigira que se perfeccione el sistema normativo, que la sociedad se defienda, que reaccione y que se mantenga unida ante las agresiones particulares a sus reglas morales.
Podemos afirmar que el delito es necesario; est vinculado con las condiciones fundamentales de toda vida social, y por esa misma razn es til; pues estas mismas condiciones de las que es solidario son a su vez indispensables para la evolucin normal de la moral y del derecho. (...) De acuerdo con el derecho ateniense, Scrates era un criminal, y su condena fue perfectamente justa. Sin embargo, su delito a saber, la independencia de su pensamiento- era til, no slo a la humanidad sino a su patria. Pues vena a preparar una fe nueva que los atenienses necesitaban porque las tradiciones con las cuales haban vivido hasta entonces ya no armonizaban con sus condiciones de existencia. Ahora bien, el caso de Scrates no es un hecho aislado; en realidad, se reproduce peridicamente en la historia. Jams habra podido proclamarse la libertad de pensamiento de la que gozamos actualmente si las reglas que la prohiban no hubiesen sido violadas antes de que se las aboliera solemnemente. De todos modos, en el momento dado esta violacin era un delito, pues implicaba una ofensa a sentimientos que an estaban muy vivos en
100
I:2
la generalidad de las conciencias. Sin embargo, este delito era til, pues preludiaba transformaciones cuya necesidad se senta con fuerza cada vez mayor. [DURKHEIM, 1895: 104, 105]
Estas ideas, condensadas en el concepto de anomia (ausencia de normas, desintegracin social, prdida o debilidad de los vnculos entre individuos y la sociedad), recorren sus principales obras. Lo realmente peligroso para el orden y la estabilidad social no sera la existencia de delitos, sino alcanzar una situacin anmica en la que se superase el umbral de tolerancia y de capacidad de reaccin de la sociedad ante las amenazas de desintegracin y de cambio.
Es en su estudio sobre El Suicidio donde se desarrolla ms extensamente esa nocin de anomia tan aludida posteriormente en la sociologa. El suicidio anmico es uno de los tipos de suicidio que se caracteriza por coincidir con los perodos extremos de la situacin econmica de un pas (ya sean crisis, ya momentos de notable prosperidad, en todo caso: cambios rpidos de ciclo econmico). Incluso, es utilizado en referencia a cuando aumenta la frecuencia de suicidios con motivo de agitaciones sociales o disturbios polticos (aunque no observ, en su tiempo, un aumento de los suicidios ante grandes acontecimientos polticos o durante los aos de guerra, por ejemplo, si no ms bien lo contrario, su disminucin). Un tercer fenmeno social que se correlacionara con los suicidios anmicos sera el aumento paralelo del nmero de divorcios y, en especial, la probabilidad de suicidio afectara ms, segn las inferencias de Durkheim, a los hombres
101
I:2
El rasgo comn a esos fenmenos sociales es que sealan algn estado importante de grave desintegracin social, de debilidad de los vnculos entre los individuos y la sociedad. Es decir, a una quiebra de la solidaridad orgnica en la que desaparecen las ideas y valores colectivos (propios de la solidaridad mecnica, pero tambin necesarios en la solidaridad orgnica), las costumbres y reglas morales esenciales que evitan una competencia individualista extrema y con consecuencias eliminatorias de los individuos menos aptos o menos egostas (ARON, 1987: 46). La situacin anmica verdaderamente patolgica se presenta cuando se observan aumentos considerables de suicidios o de delitos en la sociedad. No es, pues, la existencia de suicidios o delitos lo que es anmico o patolgico, sino el ritmo brusco de su aumento y la superacin de un cierto umbral de tolerancia (aunque imposible de determinar a priori para todas las sociedades y momentos histricos). En todo caso, se tratara de sntomas de una perturbacin funcional ms profunda: la deriva del individuo en la sociedad, su falta de integracin en ella, su extraamiento, su sufrimiento de la competencia sin coto a que le someten los ms fuertes.
Una sociedad no puede cambiar de estructura de modo tan sbito. Slo median102
I:2
te una sucesin de modificaciones lentas y casi insensibles puede llegar a adquirir otros caracteres. Y an por esa va slo son posibles transformaciones limitadas. Una vez que se ha fijado un tipo social, no conserva indefinidamente su plasticidad; pronto se alcanza un lmite que no puede superarse. Por lo tanto, los cambios que se manifiestan en la estadstica de los suicidios contemporneos no pueden ser normales. An sin saber exactamente en qu consisten, puede afirmarse de antemano que son resultado, no de una evolucin regular, sino de un trastorno enfermizo que ha destruido a las instituciones de antao, sin reemplazarlas de ningn modo; pues no es posible rehacer en pocos aos la obra de siglos. Pero entonces, si la causa es anormal, debe afirmarse lo mismo del efecto. Por consiguiente, lo que la marea ascendente de muertes voluntarias demuestra, no es el brillo cada vez ms intenso de nuestra civilizacin, sino un estado de crisis y de perturbacin que no puede prolongarse sin peligro. Cmo puede restablecerse la integracin del individuo con la colectividad? Durkheim examina sucesivamente el grupo familiar, el grupo religioso y el grupo poltico sobre todo el Estado- y procura demostrar que ninguno de los tres ofrece el marco social cercano al individuo que pueda ofrecerle seguridad al mismo tiempo que lo somete a las exigencias de la solidaridad. (...) El nico grupo social que puede favorecer la integracin de los individuos en la colectividad es la profesin; o para utilizar el trmino de Durkheim, la corporacin. [ARON, 1987: 48-50]
Como han apuntado otros analistas de la obra de Durkheim, el suicidio anmico no slo apuntaba a una deficiente integracin del individuo en la sociedad, sino, sobre todo, a una deficiente reglamentacin disciplinaria de la vida social. Es decir, ms a la carencia de normas morales que a la carencia de vnculos y de pertenencia a grupos sociales (ste sera el caso del denominado suicidio egosta; el suicidio altruista se caracterizara por un exceso de integracin; y el suicidio fatalista por un exceso de reglamentacin). Nuevamente, Durkheim recurra a utilizar en sus explicaciones un conjunto de realidades sociales ideales, de representaciones colectivas, manifiestas en lo que comnmente se denomina moral y que este autor entenda en un doble sentido: espritu de disciplina y vinculacin al grupo social. Todo ello, como ya sealamos, concediendo un amplio margen de maniobra a la libre iniciativa del individuo y a sus derechos individuales (LUKES, 1973: 206-207).3
3 Para ampliar la discusin sobre esta temtica: MERTON (1970), TAYLOR ET AL. (1973), PIZARRO
(1978: 48-68), PAVARINI (1980: 108-112). Son de inters tambin las compilaciones de crticas clsicas expuestas por ARON (1987: 51-53) y LUKES (1973: 204-205, 212-221). 103
I:2
Positivismo Desde el punto de vista epistemolgico creemos no exagerar si calificamos a Durkheim como positivista. Se trata de un positivismo que le debe ms a Comte que al Crculo de Viena. Es un positivismo ms filosfico, racionalista y emprico, que lgico-matemtico. Consiste en establecer las premisas generales que hacen posible el conocimiento sociolgico y deducir de ellas teoremas secundarios que puedan ser verificados empricamente y reglas metodolgicas. Incluso, al igual que Comte, no dudar Durkheim en sugerir que sus averiguaciones cientficas deberan tener consecuencias prcticas concretas, en tanto que orientadoras de la accin poltica, si bien el cientfico exhibir neutralidad y no debe inmiscuirse en esa prctica en cuanto tal.
Nuestro principal objetivo es extender a la conducta humana el racionalismo cientfico, destacando que, considerada en el pasado, puede reducrsela a relaciones de causa y efecto, y que mediante una operacin no menos racional es posible luego transformar estas ltimas en reglas de accin para el futuro. Lo que se ha denominado nuestro positivismo no es ms que una consecuencia de este racionalismo. Lo cual equivale a afirmar que no debe confundrselo con la metafsica positiva de Comte y de Spencer. No podemos sentirnos tentados de sobrepasar los hechos, para explicarlos o para dirigir su curso, sino en la medida en que los creemos irracionales. Si son totalmente inteligibles, bastan tanto para la ciencia como para la prctica: para la ciencia, pues en ese caso nada nos induce a buscar fuera de ellos su razn de ser; para la prctica, pues su valor de utilidad es una de esas razones. [DURKHEIM, 1895: 10]
En esencia, su positivismo se dirige a demostrar que la sociedad tiene su propia naturaleza, que se manifiesta en hechos sociales objetivos y que dicha objetividad se puede explicar exteriormente con otros hechos sociales de la misma naturaleza, sin necesidad de recurrir a supuestos o leyes de otros rdenes naturales (y establecidos por otras ciencias). El establecimiento de relaciones causales y de generalizaciones en forma de leyes sociales, seran los corolarios a la investigacin que comience por aceptar la facticidad propia de lo social, las propiedades emergentes de la sociedad (del sistema social, del todo social) de forma independiente (o relativamente independiente) a las propiedades de sus partes (los individuos y sus rela104
I:2
ciones).
La proposicin de acuerdo con la cual es necesario tratar los hechos sociales como a cosas es una de las que ha suscitado mayor oposicin. Se consider paradjico y escandaloso que asimilsemos las realidades del mundo social a las del mundo exterior. (...) En efecto, no afirmamos que los hechos sociales son cosas materiales, sino que son cosas con iguales ttulos que las cosas materiales, aunque de distinto modo. En efecto, qu es una cosa? La cosa se opone a la idea como lo que se conoce desde fuera se opone a lo que se conoce desde dentro. Llamamos cosa a todo objeto de conocimiento (...) que el espritu puede llegar a comprender nicamente con la condicin de salir de s mismo, mediante observaciones y experimentaciones, pasando progresivamente de los caracteres ms externos y ms inmediatamente accesibles a los menos visibles y ms profundos. (...) Significa adoptar frente a ellos [los hechos sociales] cierta actitud mental. Implica abordar el estudio de los mismos partiendo del principio de que se ignora absolutamente lo que son, y de que sus propiedades caractersticas, como las causas desconocidas de las cuales dependen, no pueden desvelarse apelando a la introspeccin, por minuciosa que sta sea. [DURKHEIM, 1895: 13-14]
Se trata, pues, segn Durkheim, de una actitud mental dedicada a objetivar una realidad externa e invisible: se encuentra ms all de las apariencias presentes en nuestra conciencia, es preciso descubrirla. Ms que estudiar la conciencia de los individuos, sus pensamientos, sentimientos o creaciones originales, Durkheim propone estudiar la conciencia colectiva (mitos, religin, lenguaje, etc.) y las instituciones (familia, Estado, derecho, etc.) desde fuera, en vistas a descubrir sus funciones sociales ocultas4. La sociedad est formada por individuos y cosas (los hechos sociales), pero slo estas ltimas son el objeto de estudio de la sociologa. No obstante, ser frecuente en sus escritos apreciar una constante alusin a rasgos psicolgicos y conductas individuales, bien buscando analogas con los hechos sociales, bien mostrando correspondencias entre am4 Conviene recordar que a veces el propio Durkheim es cauteloso con su postura epistemolgica y no
excluye la historia de las instituciones ni su funcionamiento interno: Podemos denominar institucin a todas las creencias y todos los modos de conducta instituidos por la colectividad. En ese caso, podemos definir as la sociologa: la ciencia de las instituciones, de su gnesis y su funcionamiento. (DURKHEIM, 1895: 27) Esta perspectiva fue desarrollada ampliamente en la antropologa y en la sociologa: por ejemplo, MAUSS (1927: 122-150), LEVI-STRAUSS (1958), MERTON (1976). 105
I:2
bos tipos de configuraciones. En dos artculos de Durkheim poco conocidos (Juicios de valor y juicios de realidad y El dualismo de la naturaleza humana) llega incluso a postular que entre los distintos fenmenos sociales, son precisamente aquellos de carcter ideal los ms importantes en la sociedad y, para acceder a su conocimiento, es preciso estudiar uno de los dos estados de conciencia del individuo, el moral-social.
En la vida social no hay nada que no est en las conciencias individuales (...) Los principales fenmenos sociales, la religin, la moral, el derecho, la economa y la esttica, no son sino sistemas de valores, y por tanto de ideales. La sociologa se mueve desde el principio en el campo de los ideales. El ideal es de hecho su campo de estudio especfico. (...) Los acepta como hechos dados, como objetos de estudio, e intenta analizarlos y explicarlos. Y en el ensayo sobre El dualismo de la naturaleza humana el individuo aparece representado como dividido entre dos estados de conciencia antagnicos: las sensaciones y apetitos sensuales, por un lado, y la vida intelectual y moral, por otro siendo esta ltima social, y una mera extensin de la sociedad. (...) Abandonado su inters por los determinantes estructurales, pudo escribir entonces que una sociedad no puede constituirse sin crear ideales. Dichos ideales son simplemente las ideas a travs de las cuales puede verse la sociedad. (...) Ver a la sociedad tan slo como un cuerpo organizado de funciones vitales es disminuirla, ya que este cuerpo tiene un alma que es el conjunto de los ideales sociales. Con todo, a lo largo de su desarrollo intelectual y a pesar de este importante cambio de opinin, Durkheim sigui siempre interesado en la interaccin entre estructura social y conciencia. [LUKES, 1973: 12, 234-235]
Otros analistas de la obra de Durkheim subrayan, sin embargo, las evidentes consecuencias materialistas que tiene su concepcin de los hechos sociales y de fenmenos sociales que, por su indiscutible objetividad, condicionan tambin las vidas individuales.
Puesto que los socilogos estn interesados en la realidad social, estn igualmente interesados en aquellos factores o elementos que, aunque analticamente diferentes de la realidad social como conjunto de interacciones, son consecuencias de interacciones pasadas, ayudan a explicar o comprender situaciones y son, por ello, parte de la realidad objetiva de la accin. No es cierto que la realidad est compuesta slo de individuos; incluye tambin objetos materiales que juegan un papel esencial en la vida comn. El hecho social se materializa a veces hasta el punto de devenir un elemento del mundo exterior, por ejemplo, un tipo concreto de arquitectura es un fenmeno social, pero est parcialmente incorporado en casas y edificios de muchas clases que, una vez construidos, devienen realidades autnomas, independientes de los individuos. (...) La estructura de una ciudad o de un sistema de ciudades, la red de comunicaciones o de
106
I:2
transporte, o la distribucin de un cuarto de estar interesan por varios motivos: porque son cristalizacin de situaciones pasadas, porque dicen algo o informan sobre el actor o la situacin, y porque, adems, actan como controles estructurales de la accin. El mundo fsico, tal y como lo conocemos, es en una gigantesca medida el resultado del trabajo acumulado de muchas generaciones. (...) Es, adems, por su propia facticidad, el hecho social por antonomasia, la sociedad objetivada y materializada en edificios, calles, fbricas, caminos, etc. Y todo ello canaliza y, por lo tanto, controla y limita la accin. [LAMO DE ESPINOSA, 1990: 68-69]
En cualquier caso, no cabe duda de que el precepto epistemolgico de Durkheim que ms influencia ha tenido en la sociologa ha sido el de tratar los hechos sociales como si fueran cosas. Es decir, el de tener fenmenos sociales claramente definidos como objeto de estudio. Se ha sealado, as, que Durkheim emplea el trmino cosas al menos en cuatro sentidos: a) fenmenos con caractersticas independientes del observador; b) fenmenos cuyas caractersticas slo pueden ser certificadas mediante la investigacin emprica; c) fenmenos cuya existencia es independiente de la voluntad del individuo; d) fenmenos que slo pueden ser estudiados mediante la observacin externa, por medio de indicadores tales como cdigos legales, estadsticas, etc. (LUKES, 1973: 9) Para Durkheim los hechos sociales son formas colectivas de pensar, sentir y actuar. Existen fuera de las conciencias individuales y se imponen coercitivamente sobre ellas. No existen, pues, en una sola conciencia y no son, en definitiva, objeto de estudio de la psicologa. No son tampoco orgnicos o fisiolgicos (aunque tengan materialidad), sino que consisten en acciones y representaciones, por lo que tampoco son objeto de estudio de la biologa. La imposicin puede ser ms o menos violenta, ms o menos visible, ms o menos directa. Pero se tratara de una imposicin socialmente necesaria y evidente en cuanto tratamos de resistirnos a ella. Y apoya su argumentacin con abundantes ejemplos.
Cuando cumplo mi tarea de hermano, de esposo o de ciudadano, cuando respondo a los compromisos contrados, me atengo a deberes definidos, fuera de m y de mis actos, en el derecho y en las costumbres. (...) Yo no los he creado y, por el contrario, los he recibido mediante la educacin. (...) Al nacer, el fiel hall completamente elaboradas las creencias y las prcticas de su vida religiosa; si existan antes que l, quiere decir que existen fuera de l. (...) Si intento violar las reglas del derecho, reaccionan contra m de modo que impiden mi acto si an es tiempo para ello, o lo
107
I:2
anulan y lo restablecen en su forma normal si ya fue ejecutado y es reparable, o me obligan a expiarlo si no es posible repararlo de otro modo. (...) Si no me someto a las convenciones del mundo, si mi atuendo no se ajusta a los usos de mi pas y mi clase, la burla que provoco, el alejamiento con que se me castiga, producen los mismos efectos que la pena propiamente dicha. (...) No estoy obligado a hablar francs con mis compatriotas, ni a utilizar la moneda de curso legal; pero es imposible que proceda de distinto modo. (...) Si soy industrial, nada me impide trabajar con los procedimientos y los mtodos del siglo pasado; pero si lo hago, es seguro que me arruinar. [DURKHEIM, 1895: 31-33]
La imposicin, en todo caso, no se produce simplemente con el conformismo individual y colectivo, sino a pesar de los distintos grados de adaptacin y de resistencia individuales (DURKHEIM, 1895: 27, 32). Se podran determinar, pues, cinco sentidos de la idea de coercin contenida en la definicin de los hechos sociales: 1) la imposicin de obligaciones por temor a las sanciones, como las reglas legales o morales; 2) una relacin entre medios y fines, las reglas a seguir para actuar satisfactoriamente; 3) la determinacin social de nuestras acciones por factores ecolgicos o morfolgicos; 4) la determinacin social de nuestras acciones en situaciones multitudinarias; 5) la determinacin social de nuestras acciones por la cultura y la educacin (LUKES, 1973: 12-13). El aislamiento de los fenmenos sociales (mediante la estadstica); la descripcin objetiva de su generalidad, regularidad y fuerza de imposicin colectivas; el abandono de los idola (prejuicios y prenociones) en toda observacin de la realidad exterior (aunque la sociologa, como cualquier ciencia, no puede prescindir de los trminos vulgares y del sentido comn a partir de los que construir, despus, sus propios conceptos); la verificacin (mediante comparacin) de las causas y funciones determinadas; y la explicacin general, mediante leyes, en el caso de ser posible (Durkheim tambin fue cauto en este punto), de los fenmenos colectivos; seran los ingredientes esenciales de la sociologa positivista que propuso este autor. Pero este plan, an cuando iluminador de sus puntos de vista, va a encontrar muchas dificultades de realizacin e incluso una buena parte de la sociologa funcionalista renunciar a aceptarlo estrictamente. Nos referimos, sobre todo, al objetivo de elaborar leyes generales de la sociedad. Merton ha rebajado la exigencia considerando que es ms propio de la sociologa la elaboracin de teoras de alcance medio: las leyes sociales, a
108
I:2
diferencia de las naturales, seran reflexivas, podran ser alteradas una vez que se formulasen, debido a la reaccin social que provoca su conocimiento o debido a que se pueda organizar la sociedad en base a nuevos parmetros (MERTON, 1968). Su capacidad de prediccin, por tanto, es muy limitada, al contrario de las aspiraciones tanto del pensamiento ilustrado basado en el modelo newtoniano de ciencia como de las formulaciones del positivismo lgico. En El Suicidio encontramos un corolario paradigmtico de lo anterior, ya que a partir de los tres principales tipos de suicidio categorizados (el egosta, el altruista y el anmico; aunque tambin plantea, sin suficientes pruebas ni desarrollo, un cuarto, el fatalista) no se formulan tanto leyes generales (imposibles por la escasez y poca fiabilidad de los datos estadsticos de que se vali) como relaciones de causa-efecto en base a algunas covariaciones significativas de las variables (tasa de suicidio de un pas, religin profesada, sexo, estado civil y descendencia, crisis econmica, etc.), probables (necesitaban, adems, de ciertas predisposiciones individuales, aunque stas no fuesen suficientes) en ciertos contextos sociales (ARON, 1987: 36-53)5. En todo caso, y para finalizar, ha sido su separacin normativa con respecto a la psicologa, a pesar de demostrar a menudo con sus investigaciones y planteamientos que estaba estudiando lo que hoy denominaramos psicologa social, lo que ms confusiones conceptuales ha generado.
Durkheim estaba equivocado al creer que su ataque al individualismo metodolgico y su defensa de la explicacin sociolgica requeran que defendiese esa forma exagerada de realismo social y que afirmase que los hechos sociales eran sui generis y slo podan explicarse en trminos de otros hechos sociales. Esta bifurcacin tan rgida entre clases o niveles de hechos (los sociales frente a los individuales) era conceptualmente confusa pero de cualquier modo le condujo a exagerar su postura. Le habra bastado con afirmar que los hechos sociales no pueden explicarse totalmente en trminos de hechos individuales; pero afirm que slo pue-
5 Es importante sealar tambin que la explicacin funcional propia del positivismo no comporta
necesariamente asumir los principios bsicos del funcionalismo (utilidad social de las instituciones, interdependencia y conservacin de la cohesin social), tal como ha argumentado desde el marxismo analtico COHEN (1978: 306-326). La influencia de Durkheim en la sociologa en general o en mbitos particulares como la sociologa de la educacin o del conocimiento puede seguirse a travs de textos de referencia como los siguientes: PARSONS (1937), LUKES (1973), BOURDIEU ET AL. (1973), GARCA FERRANDO (1980: 53-60), ORTEGA (1999), RAMOS (1999). 109
I:2
den explicarse en trminos de hechos sociales. Negar el individualismo metodolgico no implica aceptar el socialismo metodolgico u holismo. En otras palabras, habra sido suficiente afirmar que ningn fenmeno social, y muy pocas actividades humanas, puede identificarse o explicarse satisfactoriamente sin una referencia explcita o implcita a los factores sociales. [LUKES, 1973: 20-21]
Tabla 2.4 Principales nociones sociolgicas en la obra de Durkheim Necesidades sociales satisfechas por instituciones sociales. Cmo se mantiene unida y se reproduce la sociedad. Funciones cumplidas por instituciones y prcticas sociales. Solidaridad mecnica: religin como principal vnculo social, anulacin diferencias individuales, orden social de semejanzas y represivo. Solidaridad orgnica: divisin del trabajo, diferencias individuales, orden social de interdependencias y administrativo. Delitos como normales-frecuentes y normales-funcionales para perfeccionar el sistema normativo. Anomia como situacin de desintegracin de vnculos sociales y de reglas morales. Naturaleza sui generis de la sociedad. Hechos sociales independientes de hechos individuales y explicables slo con otros hechos sociales. Tratar los hechos sociales como cosas: objetividad y exterioridad. EPISTEMOLOGA POSITIVISMO Cosas-fenmenos sociales y representaciones colectivas como objetos de estudio. Imposicin coercitiva de los hechos sociales sobre los individuos. Definicin, observacin, verificacin y explicacin en forma de leyes o relaciones de causa-efecto.
TEORA
FUNCIONALISMO
110
I:2
(1864-1920):
SUBJETIVIDADES , RACIONALIDAD E
No est en las aulas el puesto del demagogo o del profeta. Max W EBER . 1919. El poltico y el cientfico.
El rasgo ms destacado de las numerosas contribuciones de Weber a la sociologa podra definirse por su visin comprensiva de esta ciencia. La manifestacin terica ms especfica de esa perspectiva epistemolgica se produce cuando realiza anlisis culturales e histricos en los cuales aplica un marco general que podramos denominar racionalista. Distintas corrientes tericas posteriores, como el estructural-funcionalismo y el interaccionismo simblico, sin exceptuar a algunas sntesis originales que se produjeron tambin con el marxismo, encontraron una importante fuente de argumentos en las indagaciones y planteamientos de este autor. En ese sentido, la influencia y vigencia de su particular forma de fundar la sociologa no deben ser desatendidas. Con mucho mayor nfasis que Durkheim, y con frecuencia en un extremo completamente opuesto a l, Weber situ el objeto de la sociologa en lo que denomin la accin social y en los significados subjetivos producidos por los individuos en sus interacciones. En lugar del objetivismo de Durkheim y del materialismo de Marx, Weber se decant por un
111
I:2
menos ambicioso nominalismo en el que la construccin de tipos ideales y su reconstruccin histrica ocuparan un lugar mucho ms central en la sociologa que su simple y siempre interpretable facticidad. An as, como veremos, los puntos tangenciales entre los tres autores son tan estimables como sus divergencias de cara a la configuracin de una sociologa cientfica. Nos concentraremos aqu en esos principios tericos y epistemolgicos, ntimamente entrelazados, sin entrar de lleno en las densas informaciones y tesis que condujo Weber acerca de la religin, la organizacin poltica local, los partidos polticos y la historia econmica.
Racionalismo Hemos optado por caracterizar como racionalista la perspectiva terica de Weber no sin antes advertir que es indisociable al culturalismo y al historicismo que iremos sealando en su momento. Por racionalismo entendemos aqu tanto el objeto como el mtodo de estudio a los que da preferencia este autor. En cuanto objeto, Weber desea entender la accin racional de los sujetos en la historia, las relaciones evidentes u ocultas entre los medios y los fines usados por esos sujetos, y, sobre todo, las consecuencias sociales e histricas de la intervencin de las distintas racionalidades y creencias de los colectivos. En cuanto mtodo, Weber precisa recurrir a procedimientos racionales de anlisis propios de las ciencias sociales y a profundizar subjetiva e interpretativamente en las formas de racionalizacin usadas por los sujetos que estudia. No siempre aparece transparente esa distincin por lo que, a veces, se ha juzgado la teora sociolgica de Weber, de forma simplificadora y olvidando los efectos paradjicos que l mismo vislumbr, como un teleologismo de la historia hacia una mayor racionalizacin del mundo, en el sentido del aumento incesante de la complejidad organizativa de la sociedad occidental requiriendo de principios impersonales, cientficos y burocrticos tanto en las empresas como en las distintas instituciones del Estado. Por lo tanto, sostendremos que en el fondo de su planteamiento late una cuestin esencial acerca de la subjetividad individual y de las regulari112
I:2
dades de las conductas individuales a la hora de actuar racionalmente en la sociedad: es decir, a la hora de elegir medios con algn tipo de relacin, directa o indirecta, con los fines tambin seleccionados. La comprensin de la racionalidad o irracionalidad de esas acciones nos dara, segn Weber, un punto de partida extraordinario y esencial para explicar los fenmenos sociales, polticos, econmicos y culturales de una mayor escala. De ah que se hayan calificado sus procedimientos de anlisis como individualismo metodolgico, lo cual slo entenderemos al revisar especficamente su visin epistemolgica de las ciencias sociales. Entre los fenmenos de racionalizacin aludidos por Weber figuraran: el clculo contable, la competencia econmica y entre partidos polticos, el crecimiento en complejidad de las organizaciones burocrticas y el capitalismo, en general. La cuestin, no obstante, ser determinar si las acciones humanas que los han configurado estaban orientadas racionalmente por fines o por valores, o si eran irracionales, en el sentido de responder slo a emociones o a costumbres. Examinemos, pues, su tesis particular ms conocida, dentro de su estudio comparado entre las grandes religiones, relativa al protestantismo y sus valores (el ahorro, el beneficio a travs del clculo racional de las inversiones y la rentabilidad, ascetismo, aprovechar el tiempo porque el tiempo es oro, la profesin como una vocacin revelada religiosamente, la prudencia, la perseverancia y la dedicacin abnegada al trabajo, el individualismo, el deber moral de enriquecerse aunque no de disfrutar o de despilfarrar-, la organizacin racional del trabajo, etc.) como una de las configuraciones culturales ms influyentes en el surgimiento del capitalismo moderno (ARON, 1987: 260-285).
Afn de lucro, tendencia a enriquecerse, sobre todo a enriquecerse monetariamente en el mayor grado posible, son cosas que nada tienen que ver con el capitalismo. Son tendencias que se encuentran por igual en los camareros, los mdicos, los cocheros, los artistas, las cocottes, los funcionarios corruptibles, los jugadores, los mendigos, los soldados, los ladrones, los cruzados: en all sorts and conditions of men, en todas las pocas y en todos los lugares de la tierra, en toda circunstancia que ofrezca una posibilidad objetiva de lograr una finalidad de lucro. Es preciso, por tanto, abandonar de una vez para siempre un concepto tan elemental e ingenuo del capitalismo, con el que nada tiene que ver (y mucho menos con su espritu) la ambicin, por ilimitada que sta sea; por el contrario, el capitalis113
I:2
mo debera considerarse precisamente como el freno o, por lo menos, como la moderacin racional de este impulso irracional lucrativo. Ciertamente, el capitalismo se identifica con la aspiracin a la ganancia lograda con el trabajo capitalista incesante y racional, la ganancia siempre renovada, a la rentabilidad. (...) Cuando se aspira de modo racional al lucro de tipo capitalista, la actividad correspondiente se basa en un clculo de capital; es decir, se integra en una serie planificada de prestaciones tiles reales o personales, como medio adquisitivo, de tal suerte que, en el balance final, el valor de los bienes estimables en dinero, deber exceder al capital, es decir, al valor de estimacin de los medios adquisitivos reales que se emplearon para la adquisicin por cambio. [WEBER, 1904-1905: 8-10]
Por un lado, pues, se podr distinguir a una sociedad capitalista en la medida en que predomine una forma socialmente organizada de obtener el lucro a travs de la planificacin de inversiones de capital. Por otro lado, a travs de la comparacin entre sociedades a lo largo de la historia, se podr caracterizar ms precisamente en qu consisten los rasgos especficos del capitalismo occidental.
Ha habido capitalismo y empresas capitalistas (incluso con relativa racionalizacin del clculo de capital) en todos los pases civilizados del mundo, hasta donde alcanzan nuestros conocimientos: en China, India, Babilonia, Egipto, en la Antigedad Helnica, en la Edad Media y en la Moderna; y no slo empresas aisladas, sino economas que permitan el continuo desenvolvimiento de nuevas empresas capitalistas e incluso industrias estables. (...) El capitalismo de los fundadores, el de todos los grandes especuladores, el colonial y el financiero, en la paz, y ms que nada el capitalismo que especula con la guerra, llevan todava impreso este sello en la realidad actual del Occidente, y hoy como antes, ciertas partes (slo algunas) del gran comercio internacional estn todava prximas a este tipo de capitalismo. Pero hay en Occidente una forma de capitalismo que no se conoce en ninguna otra parte de la tierra: la organizacin racional- capitalista del trabajo formalmente libre. (...) La moderna organizacin racional del capitalismo europeo no hubiera sido posible sin la intervencin de dos elementos determinantes de su evolucin: la separacin de la economa domstica y la industria y la consiguiente contabilidad racional. (...) Un clculo exacto fundamento de todo lo dems- slo es posible sobre la base del trabajo libre. (...) Pero, del mismo modo que fuera de Occidente faltan los conceptos de burgus y de burguesa (a pesar de que en todas partes ha habido privilegios municipales para el comercio, gremios, guildas y toda clase de distinciones jurdicas entre la ciudad y el campo en las formas ms variadas), as tambin faltaba el proletariado como clase; y tena que faltar, precisamente porque faltaba la organizacin racional del trabajo libre como industria. Siempre ha habido lucha de clases entre deudores y acreedores, entre latifundistas y desposedos, entre el siervo de gleba y el seor de la tierra, entre el comer114
I:2
ciante y el consumidor o el terrateniente; pero la lucha tan caracterstica de la Edad Media occidental entre los trabajadores a domicilio y los explotadores de su trabajo, apenas s ha sido presentida en otras partes. [WEBER, 1904-1905: 11-15]
El capitalismo, pues, es un sistema social en el que se organizan racionalmente (esto es, cientficamente) las inversiones de capital, se separan estrictamente los patrimonios personales de los industriales (lo domstico y lo empresarial, lo privado y lo pblico) y, para que todo ello sea posible, se institucionalizan derechos comunes para los dos grupos sociales principales que compran y venden trabajo. De ese planteamiento extrae Weber la consecuencia lgica de estudiar la gnesis histrica de esos grandes agregados colectivos (clases sociales): la evolucin de sus intereses, sus relaciones mutuas, sus valores y creencias, sus conocimientos racionales... Es decir, su cultura o ethos econmico que los constituye, histricamente, en tanto que grupo social. No obstante ese programa de investigacin, Weber eligi estudiar nicamente el espritu racionalizador de la burguesa capitalista.
Procesos de racionalizacin, pues, se han realizado en todas partes y en todas las esferas de la vida. Lo caracterstico de su diferenciacin histrica y cultural es precisamente cules de estas esferas, y desde qu punto de vista, fueron racionalizadas en cada momento. (...) Esta investigacin ha de tener en cuenta muy principalmente las condiciones econmicas, reconociendo la importancia fundamental de la economa; pero tampoco deber ignorar la relacin causal inversa: pues el racionalismo econmico depende en su origen tanto de la tcnica y el Derecho racionales como de la capacidad y actitud de los hombres para determinado tipo de conducta racional. Cuando esta conducta tropez con obstculos psicolgicos, la racionalizacin de la conducta econmica hubo de luchar igualmente con la oposicin de ciertas resistencias internas. Entre los elementos formativos ms importantes de la conducta se cuentan, en el pasado, la fe en los poderes mgicos y religiosos y la consiguiente idea del deber tico. (...) [Estos trabajos] intentan arrimarse en un punto concreto de gran importancia a la mdula ms difcilmente accesible del problema: determinar la influencia de ciertos ideales religiosos en la formacin de una mentalidad econmica, de un ethos econmico, fijndonos en el caso concreto de las conexiones de la tica econmica moderna con la tica racional del protestantismo asctico. [WEBER, 1904-1905: 17-18]
Llama poderosamente la atencin, adems, que ya en las primeras pginas de exposicin de La tica protestante despliega Weber los principa115
I:2
les elementos de su tesis y las relaciones causales que ir demostrando profusamente a continuacin. La comparacin, la confrontacin con tesis contrarias, el uso de estadsticas y la constante interrogacin sobre los diversos factores sociales que pueden incidir en el fenmeno, sern rasgos caractersticos del rigor de anlisis de este autor.
Cul es la causa de esta participacin relativamente mayor de este porcentaje ms elevado por relacin a la poblacin total con el que los protestantes participan en la posesin de capital y en la direccin y en los ms altos puestos de trabajo en las grandes empresas industriales y comerciales? El hecho obedece en parte a motivos histricos, que tienen sus races en el lejano pasado, y en los que la adscripcin a una determinada confesin religiosa no aparece como causa de fenmenos econmicos, sino ms bien como consecuencia de los mismos. La participacin en aquellas funciones presupone posesin de capital, una educacin costosa y, con frecuencia, una y otra cosa; hoy, aparece ligada a la posesin de la riqueza hereditaria o, al menos, a una situacin de mediano bienestar. (...) Por qu eran precisamente estos territorios econmicamente ms adelantados los que tenan una peculiar e irresistible predisposicin para una revolucin eclesistica? (...) Ciertamente, la ruptura con el tradicionalismo econmico parece ser un momento excepcionalmente favorable para que el espritu se incline a la duda ante la tradicin religiosa y acabe por rebelarse contra las autoridades tradicionales. Pero conviene tener en cuenta un hecho que hoy suele ser olvidado: la Reforma no significaba nicamente la eliminacin del poder eclesistico sobre la vida, sino ms bien la sustitucin de la forma entonces actual del mismo por una forma diferente. Ms an: la sustitucin de un poder extremadamente suave, en la prctica apenas perceptible, de hecho casi puramente formal, por otro que haba de intervenir de modo infinitamente mayor en todas las esferas de la vida pblica y privada, sometiendo a regulacin onerosa y minuciosa la conducta individual. (...) La forma ms insoportable que cabra imaginar de control eclesistico sobre la vida individual sera el dominio del calvinismo, tal como tuvo vigencia en el siglo XVI en Ginebra y Escocia y en gran parte de los Pases Bajos a fines del mismo y en el siguiente, y en la Nueva Inglaterra [Norteamrica] y la misma Inglaterra durante parte del siglo XVII. Y como tal lo sintieron extensas zonas del antiguo patriciado de aquella poca en Ginebra, Holanda e Inglaterra. Lo que hallaron censurable aquellos reformadores nacidos en los pases ms adelantados econmicamente- no fue un exceso de dominacin eclesistico-religiosa en la vida, sino justamente lo contrario. [WEBER, 1904-1905: 27-29]
Descartando, pues, de una forma implcita, los fundamentos explicativos de Marx (la propiedad de los medios de produccin es imprescindible para la acumulacin de capital) y de Durkheim (la divisin del trabajo sustituye a la religin), Weber muestra que la religin protestante, an en un
116
I:2
contexto econmicamente favorable (pero igual de favorable que otros en otros lugares del mundo), impuls personalidades tendentes al racionalismo y al xito material en este mundo. Prueba de ello son las preocupaciones educativas y la eleccin de profesin fuertemente condicionadas por las ideas protestantes expandidas tras la Reforma calvinista.
A qu se debe, pues, que fuesen precisamente estos pases econmicamente progresivos y, dentro de ellos, las clases medias burguesas entonces nacientes, los que no slo aceptaron esta tirana puritana hasta entonces desconocida, sino que incluso pusieron en su defensa un herosmo del que la burguesa no haba dado prueba hasta entonces ni la ha vuelto a dar despus sino muy raramente? (...) Se comprende por la razn econmica apuntada- que el porcentaje de catlicos entre alumnos y bachilleres de los centros superiores de enseanza no sea el que corresponde a su proporcin demogrfica [un 48% de protestantes matriculados en 1895 en Baden, frente a un 37% de poblacin protestante en general]. Pero ocurre que tambin entre los bachilleres catlicos el porcentaje de los que acuden a los modernos centros de enseanza dedicados a la preparacin para estudios tcnicos y para profesionales de tipo industrial y mercantil, en general, para lo que significa especficamente profesin burguesa, es notablemente inferior al de protestantes, porque los catlicos prefieren aquella otra formacin de tipo humanista que proporcionan las escuelas a base de enseanza clsica; ahora bien, este fenmeno ya no puede explicarse, como el primero, por una causa econmica, sino que, por el contrario, ms bien ha de ser tenido en cuenta para explicar por l (an cuando no slo por l) la menor participacin de los catlicos en la vida capitalista. (...) Los catlicos demuestran una inclinacin mucho ms fuerte a seguir en el oficio, en el que suelen alcanzar el grado de maestros, mientras que los protestantes se lanzan en nmero mucho mayor a la fbrica, en la que escalan los puestos superiores del proletariado ilustrado y de la burocracia industrial. En estos casos, pues, la relacin causal consiste en que la eleccin de profesin y todo ulterior destino de la vida profesional ha sido determinado por la educacin de una aptitud personal, en una direccin influenciada por la atmsfera religiosa de la patria y el hogar. [WEBER, 1904-1905: 29-31]
Estas extensas citas ilustran a la perfeccin el objeto y el mtodo que dirigan el quehacer sociolgico de Weber. No se trata aqu de disertar acerca de las tesis sostenidas por l, sino de entender su particular aproximacin terica a los fenmenos sociales. En ella se pone de relieve que todos los fenmenos sociales poseen una singularidad histrica irrepetible, aunque se remitan a ella algunas regularidades sociales observadas por el camino transitado durante la re117
I:2
construccin genealgica. En segundo lugar, no se trata tanto de descubrir fenmenos sociales ocultos o socialmente problemticos, sino de comprender su significado cultural profundo, su trascendencia para entender las acciones humanas en el presente. En tercer lugar, tanto en el presente como en el pasado, las acciones humanas y su reunin organizada, cuando as ha sucedido, comportaban relaciones racionales entre medios y fines y, por lo tanto, la intervencin de juicios de valor especficos, es decir, no casuales, que deban su razn de ser a la influencia que ejercan sobre ellos algunas configuraciones culturales y, sobre todo, las religiosas.
Como es fcil deducir, en ese marco terico las atribuciones de sentido y las motivaciones individuales adquieren para Weber una importancia crucial que nos resultara inusual y desmedida en las formulaciones sociolgicas de Marx y de Durkheim. Seran los elementos ltimos que ayudaran a reconstruir y a revivir comprensivamente las acciones humanas pasadas. Sin pasar a travs de sus laberintos ticos, no sera posible identificar el significado cultural e histrico ms general y relevante para explicar un fenmeno social. Por consiguiente, sera razonable calificar, un poco a la ligera, esta sociologa como individualista. Tenemos un apoyo complementario para ello, pero tambin dos importantes objeciones. En primer lugar, Weber se refiere a las entidades colectivas como individuos, al menos en un sentido figurado y convencional, si bien precisa ms su caracterizacin como que son resultantes de acciones individuales con sentido. Esta mxima individualista la lleva hasta sus ltimas conse118
I:2
cuencias al considerar los ordenamientos polticos (y el Estado mismo) sostenidos en estructuras intersubjetivas de legitimidad: existen porque unos mandan y otros obedecen o, ms exactamente, porque los primeros tienen la pretensin de que su mandato sea legtimo y los segundos aceptan la creencia de que as es (RICOEUR, 1986: 212-216).
Para otros fines de conocimiento (por ejemplo, jurdicos) o por finalidades prcticas puede ser conveniente y hasta sencillamente inevitable tratar a determinadas formaciones sociales (Estado, cooperativas, compaa annima, fundacin) como si fueran individuos (por ejemplo, como sujetos de derechos y deberes, o de determinadas acciones de alcance jurdico). Para la interpretacin comprensiva de la sociologa, por el contrario, esas formaciones no son otra cosa que desarrollos y entrelazamientos de acciones especficas de personas individuales, ya que tan slo stas pueden ser sujetos de una accin orientada por su sentido. (...) Para la sociologa la realidad Estado no se compone necesariamente de sus elementos jurdicos; o, ms precisamente, no deriva de ellos. En todo caso no existe para ella una personalidad colectiva en accin. Cuando habla del Estado, de la nacin, de la sociedad annima, de la familia, de un cuerpo militar o de cualquiera otra formacin semejante, se refiere nicamente al desarrollo, en una forma determinada, de la accin social de unos cuantos individuos, bien sea real o construida como posible. (...) Un Estado moderno como complejo de una especfica accin humana en comn- subsiste en parte muy considerable de esta forma: porque determinados hombres orientan su accin por la representacin de que aqul debe existir o existir de tal o cual forma; es decir, de que poseen validez ordenaciones con ese carcter de estar jurdicamente orientadas. [WEBER, 1922: 12-13]
La primera objecin al individualismo sociolgico de Weber proviene del hecho constatable de que no le interesan las formaciones y predisposiciones psicolgicas en tanto que fenmenos excepcionales, fruto de talentos o genios nicos, sino a raz de las doctrinas y conjuntos de ideas que tienen varios autores (aunque a veces pueden descollar lderes carismticos o idelogos profesionales que sea relevante tener en cuenta) y de los contextos institucionales y polticos de cada poca que hacen posible su expresin y su recepcin social. Una segunda objecin la encontramos cuando Weber desarrolla su concepcin de los agregados sociales y descubrimos que, an compuestos a su vez de individuos y de sus acciones con sentido, ejercen funciones fundamentales en cuanto a la configuracin econmica de la sociedad, en uno u otro sentido. Ese es el caso de las clases sociales y de los estamentos, que
119
I:2
ayudan a describir una sociedad como clasista o estamental (WEBER, 1922: 246). Pero tambin, en un grado ms bajo del perfil, cuando recurre a distinciones como las siguientes: comunidades (las relaciones sociales basadas en los sentimientos subjetivos de ser parte de un todo), sociedades (basadas en la unin o compensacin de intereses, mediante pactos o declaraciones), asociaciones (con un orden garantizado por la conducta de sus dirigentes y de su cuadro administrativo; referidas a empresas, iglesias o partidos polticos) o Estados (institutos polticos de actividad continuada, cuando y en la medida en que su cuadro administrativo mantenga con xito la pretensin al monopolio legtimo de la coaccin fsica para el mantenimiento del orden vigente, en un determinado territorio) (WEBER, 1922: 33, 39, 43). En cada una de esas colectividades tienen lugar relaciones sociales estratgicas entre los actores que en ellas participan, con sus motivaciones, intereses y consecuencias supraindividuales. Un prototipo de esas relaciones y que ser usado por la sociologa posterior como criterio de categorizacin social para explicar las desigualdades, es el referente a la exclusin de terceros con respecto al grupo propio (comunidad o sociedad), para conservar privilegios, recursos o valores. As es como actuaran, de forma corporativista, numerosas organizaciones sociales dedicadas en exclusiva a perseguir beneficios para sus miembros. Como se puede deducir del texto siguiente, esta nocin weberiana implica una aproximacin a visiones sistmicas en las que la distincin entre sistema y entorno (o ecosistema) es primordial, entre otros procedimientos de anlisis. Tambin podra leerse como parte de un tratado normativo de derecho de sociedades o hereditario, es decir, remitiendo al Derecho y a las leyes protectoras de la propiedad privada los mecanismos de reproduccin social de las desigualdades.
Una relacin social se llama cerrada al exterior cuando y en la medida en que aquella participacin [en acciones sociales recprocas] resulte excluida, limitada o sometida a condiciones por el sentido de la accin o por los ordenamientos que la rigen. El carcter abierto o cerrado puede estar condicionado tradicional, afectiva o bien racionalmente con arreglo a valores o fines. (...) Una relacin social cerrada puede garantizar a sus partcipes el disfrute de las probabilidades monopolizadas: a) libremente, b) en forma racionada o regulada en cuanto al modo y la medida, o c) mediante su apropiacin permanente por individuos o grupos y plena o relativamente inalienable (cerrada en su interior). Las probabilidades apropiadas se lla120
I:2
man derechos. Segn el orden que rija la relacin social, la apropiacin puede corresponder 1) a todos los miembros de determinadas comunidades y sociedades as, por ejemplo, en una comunidad domstica-, o 2) a individuos, y en este caso a) de un modo puramente personal, o b) de manera que, en caso de muerte, se apropien de esas probabilidades uno o varios individuos, unidos al que hasta ese momento fue el titular por una relacin social o por nacimiento (parentesco), o designados por l (apropiacin hereditaria). Por ltimo, puede ocurrir 3) que el titular est facultado para ceder a otros ms o menos libremente sus derechos mediante pacto; siendo los cesionarios a) determinados, o b) discrecionales (apropiacin enajenable). Los partcipes en una relacin social cerrada se consideran como iguales o compaeros. [WEBER, 1922: 35]
Y junto a esa definicin, ofrece otra no menos realista de las asociaciones especficamente polticas, entre las que el Estado es slo una forma social ms, aunque el modelo general (mientras que los partidos polticos, por ejemplo, slo estaran polticamente orientados, segn Weber). Lo caracterstico de estas colectividades es que son consideradas como asociaciones de dominacin en el sentido de que pretenden que en un territorio determinado sean obedecidos unos mandatos concretos bajo la amenaza, implcita o explcita, del uso de la fuerza fsica. De hecho, la vocacin de la ciencia y de la enseanza, segn argumentaba Weber en otra de sus obras, estara diametralmente reida con la vocacin poltica (WEBER, 1919: 157-173, 207-211). La segunda est condicionada en todo momento, y cualquiera que sea la ideologa, por la violencia (legtima), y sera el campo propicio para demagogos, profetas y lderes guiados por una tica de la conviccin (Weber recomendaba, como mal menor, una tica de la responsabilidad consciente de las consecuencias de las propias acciones); mientras que la vocacin cientfica sera una opcin vital ms (era escptico tambin en cuanto a sus virtudes de salvacin general) que slo busca probar sus conjeturas y sealar aquellas cuestiones culturalmente importantes pero siempre sometidas a interpretaciones ticas variables.
En las asociaciones polticas no es la coaccin fsica el nico medio administrativo, ni tampoco el normal. Sus dirigentes utilizan todos los medios posibles para la realizacin de sus fines. Pero su amenaza y eventual empleo es ciertamente su medio especfico y, en todas partes, la ultima ratio cuando los dems medios fracasan. No slo han sido las asociaciones polticas las que han empleado como medio
121
I:2
legtimo la coaccin fsica, sino, asimismo, el clan, la casa, la hermandad y, en la Edad Media, en ciertas circunstancias, todos los autorizados a llevar armas. (...) No es posible definir una asociacin poltica incluso el estado- sealando los fines de la accin de la asociacin. Desde el cuidado de los abastecimientos hasta la proteccin del arte, no ha existido ningn fin que ocasionalmente no haya sido perseguido por las asociaciones polticas; y no ha habido ninguno comprendido entre la proteccin de la seguridad personal y la declaracin judicial del derecho que todas esas asociaciones hayan perseguido. Slo se puede definir, por eso, el carcter poltico de una asociacin por el medio elevado en determinadas circunstancias al fin en s- que sin serle exclusivo es ciertamente especfico y para su esencia indispensable: la coaccin fsica. [WEBER, 1922: 44]
Por ltimo, cabe aadir que todo ese esfuerzo de definicin y clasificacin terminolgica ha tenido una gran influencia tambin en las teoras sobre clases sociales. En este sentido, es digno de mencin un breve captulo de Economa y Sociedad dedicado a diferenciar las clases y los estamentos (WEBER, 1922: 242-248). Las primeras se determinaran segn la disposicin de bienes y servicios y las formas de obtener rentas e ingresos. Las constituyen individuos con intereses semejantes. Distingui, as, entre clases propietarias, clases lucrativas (obtienen la valorizacin de bienes y servicios del mercado), clases sociales (el proletariado, la pequea burguesa, la intelligentsia sin propiedad y los expertos profesionales), los privilegiados por educacin y los desclasados (sin propiedades ni cualificaciones, con inestabilidad laboral o desempleo). En una glosa puntual a la concepcin de Marx sobre las clases sociales, Weber introdujo criterios de clasificacin que l consideraba ineludibles, como la cualificacin y las aspiraciones de movilidad social ascendente. Al mismo tiempo, procur tipificar aquellos comportamientos colectivos en tanto que clase social: es decir, las probabilidades de accin colectiva de una clase social. De cualquier modo, la preocupacin de fondo es la siguiente: cmo discernir condiciones sociales que unan a los sujetos ms all de las mltiples diferencias que se pueden observar entre ellos? Y esta pregunta era ms acuciante cuanto ms se observaban cierres categoriales incluso en el interior de colectividades aparentemente homogneas como el proletariado, de forma tal que se marcaban de forma estricta las parcelas de cuali122
I:2
ficacin, derechos, fiscalidad, control del conocimiento tcnico, etc. generando tambin a estas escalas monopolios. Sin embargo, al igual que ocurri con la interpretacin de Durkheim, la escuela estructural-funcionalista ley esa preocupacin compleja en un sentido unvoco: existen multitud de peldaos en la jerarqua social y todos son necesarios para la reproduccin y el progreso de la sociedad (equivalente a una proporcin creciente, pero necesariamente limitada, de movilidad social ascendente u horizontal).
El final interrumpido de El Capital, de Marx, quera ocuparse notoriamente del problema de la unidad de clase del proletariado a pesar de su diferenciacin cualitativa. Para ello es decisiva la significacin creciente, y en un plazo no muy largo, que con el maquinismo alcanzan los obreros semicualificados a costa de los obreros cualificados y a veces incluso los no cualificados. De todos modos son tambin con frecuencia las capacidades cualificadas cualidades de monopolio (los tejedores alcanzan a veces en cinco aos el ptimo de capacidad productiva). El trnsito a la pequea burguesa independiente fue en otro tiempo el ideal de todo trabajador. Pero la posibilidad de su realizacin es cada vez ms pequea. Lo ms fcil en la serie de las generaciones es el ascenso tanto del proletariado como de la pequea burguesa a la clase social de la intelligentsia sin propiedad y los expertos profesionales (tcnicos, comisionistas). Dentro de la clase de propietarios el dinero lo compra todo, por lo menos en la serie de las generaciones. La clase de la intelligentsia ofrece oportunidades a los empleados de bancos y compaas de ascender a la de los propietarios. Una conducta homognea de clase se produce con la mxima facilidad: a) contra los inmediatos enemigos en intereses (proletarios contra empresarios; pero no contra accionistas que son los que en realidad perciben ingresos sin trabajo; y tampoco campesinos contra terratenientes); b) slo en situaciones de clase tpicamente semejantes y en masa; c) en caso de posibilidad tcnica de una fcil reunin, especialmente en comunidades de trabajo localmente determinadas (comunidad de taller); d) slo en caso de direccin hacia fines claros, que regularmente se dan o se interpretan por personas no pertenecientes a la clase (intelectuales). [WEBER, 1922: 244-245]
Los estamentos, por su parte, se generaran por los privilegios obtenidos en la consideracin social (status) segn el modo de vida, los modales de la educacin y el prestigio hereditario o profesional. Segn esa acepcin, las desigualdades estamentales estaran mucho ms prximas a las desigualdades de clase social que a las generadas por las clases lucrativas. No obstante, el predominio de los estamentos en una sociedad creara, segn Weber, condiciones de consumo econmicamente irracionales e impedira la formacin del mercado libre por la apropiacin monopolista y por
123
I:2
Comprensivismo Su sociologa comprensiva se podra situar en un vrtice alejado en semejante medida del materialismo histrico-dialctico que del positivismo. La diferencia ms acusada en relacin a estas dos ltimas perspectivas reside en que, para Weber, la sociedad estara compuesta, fundamentalmente, de individuos y de las acciones con significado que ellos emprenden. Estas acciones seran sociales en tanto que precisan de varios individuos para realizarse: trascienden el inters individual, lo limitan, lo modulan, lo niegan... Pero ningn anlisis objetivo de ellas podra prescindir, a juicio de Weber, del sentido individual conferido a la accin: es decir, de entender el sentido de la realidad que tienen los individuos estudiados, aunque ello no implique acuerdo con l o justificacin del mismo por parte del socilogo que lo estudia. Por otra parte, aunque las ciencias sociales no deberan renunciar al horizonte ltimo de la explicacin causal de los fenmenos sociales (de los sistemas de valores y de actitudes, sobre todo), este autor considera que es el procedimiento de la comprensin de los significados culturales el ms adecuado y prolfico para ellas. En todo caso, Weber precisa que no se trata de una comprensin simplemente especulativa o hermenutica, sino de un corpus metodolgico que implica la descripcin objetiva y neutral (libre de los valores de quien investiga) y la enunciacin de hiptesis que se puedan verificar empricamente. La sociologa, pues, habra de objetivar la subjetividad humana en toda su extensin.
6 Entre los estudios de sntesis entre la perspectiva de clase marxista y la weberiana, son imprescindi-
bles WRIGHT MILLS (1956) y BOURDIEU (1979). Con la misma vocacin de sntesis, pero en un plano ms terico: FERNNDEZ ENGUITA (1998). Una visin de conjunto, en GIDDENS (1973). Sobre su influencia en otras ramas especializadas de la sociologa, como la educacin: LERENA (1983: 449-495), TERRN (1996). Otras obras sobre la racionalidad, la historia y la cultura en Weber: MITZMAN (1979), FREUND (1986), LASH y WHIMSTER (1987), CABRERA (1990), RODRGUEZ (1995). 124
I:2
El estudio cientfico de los juicios de valor no slo quiere hacer comprender y revivir los fines propuestos y los ideales en los que se basan, sino que, ante todo, se propone ensear a enjuiciar de forma crtica. (...) Lo ms directamente accesible a un estudio cientfico es la pregunta de la idoneidad de los medios ante unos fines dados. (...) En tanto que nuestra ciencia, en regresin causal, atribuye unos fenmenos culturales econmicos a causas individuales, aspira a un conocimiento histrico. En tanto que persigue un elemento especfico de los fenmenos culturales el elemento econmico- a travs de las ms variadas relaciones culturales, con el fin de conocer su importancia cultural, aspira a una interpretacin de la historia bajo un aspecto especfico. [WEBER, 1904: 118, 116, 132-133]
La sociedad se caracterizara por la existencia de una pluralidad de puntos de vista, de opiniones, de juicios de valor. Los procesos, instituciones e intereses econmicos acontecen siempre ligados a un contexto cultural de valores y a unas condiciones histricas nicas, singulares, que deben ser objeto de determinacin por las ciencias sociales. La forma de esa determinacin puede no alcanzar la enunciacin de leyes causales o una descripcin cuantitativa exacta, pero puede establecer cualitativamente sus reglas de funcionamiento, determinar los distintos factores que coincidieron en ese acontecimiento y comprender la regularidad y racionalidad de su evolucin posterior (si las consecuencias de las acciones fueron las esperadas).
Lo que nos interesa es el aspecto cualitativo de los hechos (...) la intervencin de procesos mentales, cuya comprensin reviviscente constituye una tarea especficamente diferente a la que pudieran o quisieran solucionar las frmulas del conocimiento exacto de la naturaleza. A pesar de todo, tales diferencias no son tan fundamentales como pudiera parecer a primera vista. (...) No excluye, en modo alguno, el establecimiento de reglas de una actuacin racional. [WEBER, 1904: 143]
De esas reglas se derivaran hiptesis y tales leyes sociolgicas se constituiran en medios, no en fines, para buscar en el pasado su gnesis (su constelacin cultural). Al mismo tiempo, precisa Weber alejndose an ms del positivismo, deberamos explorar su posible intervencin en el futuro, pero en un futuro abierto a mltiples e inesperadas contingencias, no predecible a priori. En su obra publicada pstumamente, Economa y Sociedad, detalla con minuciosidad el alcance del enfoque comprensivo (precisamente, el
125
I:2
primer captulo de conceptos sociolgicos fue publicado en 1913 en la revista neokantiana Logos, con el ttulo Sobre algunas categoras de la sociologa comprensiva: RODRGUEZ, 1995: 54). Distingue ah entre comprensin actual del sentido mentado en una accin y comprensin explicativa de los motivos que animaron una accin. Sin decidirse por un modelo de articulacin entre todas las variantes posibles, Weber reconoce que entran en juego los sentidos expresados por los sujetos en acciones particulares, los expresados en forma de promedio y de forma aproximativa, y los construidos cientficamente por el observador.
Toda interpretacin persigue la evidencia. Pero ninguna interpretacin de sentido, por evidente que sea, puede pretender ser tambin la interpretacin causal vlida. En s no es otra cosa que una hiptesis causal particularmente evidente. [WEBER, 1922: 9]
Como dice en otro de sus explcitos textos, se deben comprender los fenmenos polticos, artsticos, literarios y sociales teniendo en cuenta las circunstancias de su aparicin, pero no podemos pronunciarnos, en tanto que socilogos, sobre si debieron o deben existir (WEBER, 1919: 208-210). Especialmente persuasiva es su formulacin: La ciencia emprica no es capaz de ensear a nadie lo que debe, sino slo lo que puede y en ciertas circunstancias- lo que quiere. (WEBER, 1904: 118) De forma pareja, la exigencia de neutralidad e imparcialidad valorativa en las ciencias sociales no constitua para Weber un dogma importado del positivismo imperante en las ciencias naturales. Muy al contrario, Weber acept la distincin radical de los autores neokantianos como Windelband y Rickert entre ciencias naturales y sociales, a su vez apoyada en la de ciencias nomotticas (generalizadoras) y ciencias ideogrficas (particularizadoras) (LAMO, 1975: 28). Las primeras seran ajenas a la existencia de valores humanos, mientras que las segundas no podran eludirlos puesto que aspiraran a conocer los fenmenos de la vida segn su significacin cultural. Pero una cosa es el juicio de valor que adoptan los individuos estudiados, y otra es la referencia a valores que adopta el socilogo a ttulo hipottico, exclusivamente.
En este caso [la referencia a valores] los valores se aceptan slo hipotticamente,
126
I:2
es decir, como un instrumento que permite seleccionar un cierto punto de vista que nos diga qu es relevante o importante y qu no. (...) La referencia a valores es necesaria, no slo para seleccionar el tema de investigacin, sino tambin para seleccionar los conceptos que vamos a usar. (...) As pues, los tipos ideales son construidos seleccionando un conjunto definido de caractersticas y no otro, y ello implica una referencia a valores. [LAMO, 1975: 32]
Por el contrario, los juicios de valor pueden y deben ser evitados. Debe indicarse claramente al lector dnde y cundo termina de hablar el cientfico y dnde y cundo comienza a hablar el hombre de voluntad. (WEBER, cit. en LAMO, 1975: 33) Al clarificar sus descripciones, el socilogo se ve compelido a clarificar tambin las selecciones valorativas que ha operado, an cuando las considere a todos los efectos como hipotticas y no como sus propios juicios de valor. El cientfico social no puede ocultar su subjetividad bajo un manto de absoluta objetividad, aunque slo puede alcanzar sta ltima en la medida en que muestre la primera (y que la someta a una evaluacin crtica y reflexiva, ya que va a transitar explorativamente por los caminos que le ha ido abriendo) (GARCA FERRANDO, 1980: 60-73). Para Weber, pues, se podra delimitar para la sociologa, como para cualquier ciencia, su campo especfico de conocimiento, su mtodo y su particular capacidad de generalizar sobre los acontecimientos que examina. Se trata, en suma, de
una ciencia que pretende entender, interpretndola, la accin social para de esa manera explicarla causalmente en su desarrollo y efectos. Por accin debe entenderse una conducta humana (bien consista en un hacer externo o interno, ya en un omitir o permitir) siempre que el sujeto o los sujetos de la accin enlacen a ella un sentido subjetivo. La accin social es una accin en donde el sentido mentado por el sujeto o sujetos est referido a la conducta de otros, orientndose por sta en su desarrollo. [WEBER, 1922: 5]
Como se puede deducir, por una parte la comprensin es slo un paso ms hacia el objetivo de la explicacin causal. Por otra, no hay accin social sin sentido subjetivo propio (del actor) y sin interferencia de las conductas ajenas. Ms adelante llega incluso a afirmar que la sociologa no slo se ocupa de la accin social, pero s que no tendra sentido como cien127
I:2
cia si no existiese la accin social (WEBER, 1922: 20). Por ello ha sido a veces criticado, al no incluir en esa definicin del objeto de la sociologa las acciones habituales (sin ningn tipo de sentido subjetivo para el actor), las acciones causadas directamente por otros (sin mediacin del sentido que los otros le daban) y las situaciones en las que tienen lugar las acciones segn un observador externo (con un conocimiento mayor que el del sentido de la accin conferido por los actores) (LAMO, 1990: 58-60) o, simplemente, todo tipo de conducta social, tanto individual como colectiva (FERNNDEZ ENGUITA, 1998: 43, 70). En cuanto a las posibilidades explicativas de la sociologa, Weber puntualiza que el tipo de leyes que se podran alcanzar son, ms bien, probabilidades tpicas que, en cualquier caso, poco nos informaran si no volviesen a hacer comprensibles las motivaciones humanas implicadas en los fenmenos explicados. Por su excepcionalidad, por lo tanto, sern especialmente adecuadas cuando se trate de hacer luz sobre las acciones racionales con arreglo a fines. Desafortunadamente, los seres humanos actan de muchas otras maneras y en sus acciones intervienen otras que hacen crecer toda una selva de obstculos a la bsqueda de explicaciones, an cuando se estimen modestamente probabilsticas (LAMO, 1990: 126-131).
Las leyes, como se acostumbra a llamar a muchas proposiciones de la sociologa comprensiva por ejemplo, la ley de Gresham-, son determinadas probabilidades tpicas, confirmadas por la observacin, de que, dadas determinadas situaciones de hecho, transcurran en la forma esperada ciertas acciones sociales que son comprensibles por sus motivos tpicos y por el sentido tpico mentado por los sujetos de la accin. Y son claras y comprensibles, en su ms alto grado, cuando el motivo subyacente en el desarrollo tpico de la accin (o que ha sido puesto como fundamento del tipo ideal metdicamente construido) es puramente racional con arreglo a fines y, por tanto, la relacin de medio a fin, segn ensea la experiencia, es unvoca (es decir, los medios son ineludibles). [WEBER, 1922: 16]
La accin social, por lo tanto, se podr concretar en el anlisis de su ya apuntada racionalidad: la relacin (racional o irracional, justa o injusta, verdadera o falsa, mediata o inmediata, consciente o inconsciente, etc.) entre medios y fines. Y el principal mecanismo metodolgico que encuentra Weber para ejecutar ese anlisis es la construccin de tipos ideales. Los tipos ideales, en el sentido weberiano, no son ms que clasifica128
I:2
ciones precisas y unvocas (mutuamente excluyentes) de los fenmenos sociales (la accin con sentido). Adems, deben ser categoras extremas, extraas a la realidad:
en el sentido de que se preguntan sin excepcin: 1) cmo se procedera en el caso ideal de una pura racionalidad econmica con arreglo a fines (...) 2) con el propsito de facilitar el conocimiento de sus motivos reales por medio de la distancia existente entre la construccin ideal y el desarrollo real. [WEBER, 1922: 17]
En sus prolijas taxonomas, este autor subraya recurrentemente cuatro acciones sociales prototpicas que podran servir como molde para entender los sentidos de otras: 1) 2) accin racional con arreglo a fines (se persiguen unos resultados utilizando cualquier medio adecuado); accin racional con arreglo a valores (se adoptan medios de comportamiento acordes a unas determinadas creencias ticas, estticas, religiosas, etc.); accin afectiva o emotiva; accin tradicional, de acuerdo con costumbres y normas culturales.
3) 4)
Su aplicacin ms estimada por las ciencias sociales posteriores es la que hace con los tipos de dominacin. La dominacin la define como un ejercicio particular de poder. Por poder entiende la probabilidad de imponer la propia voluntad en una relacin social, contra toda resistencia, mientras que la dominacin precisara la probabilidad de encontrar obediencia a un mandato (WEBER, 1922: 43). Puesto que toda dominacin procura despertar y fomentar la creencia en su legitimidad, Weber distingue los tipos ideales de dominacin segn el fundamento de su pretensin de legitimidad (WEBER, 1922: 172): 1) 2) 3) racional-legal (se obedece a las autoridades protegidas por las leyes); tradicional (se obedece al seor que se impuso desde tiempos lejanos); carismtica (se obedece a los hroes, a las personas ejempla129
I:2
res, a los lderes con convicciones, etc.). Posteriormente, se detiene en recorrer las mltiples categoras que, a partir de su manifestacin histrica, se podran ajustar al interior de esos grandes agrupamientos conceptuales. 7 Por ltimo, en concordancia con la fuerte perspectiva histrica que le exige Weber a todo estudio sociolgico, aunque en un sentido muy distante al materialismo histrico, se han destacado algunas categoras metodolgicas esenciales que usa recurrentemente este autor. Destacaremos aqu tres, modificando ligeramente las denominaciones adoptadas por nuestra fuente (RODRGUEZ, 1995): a) el anti-evolucionismo; b) las coincidencias; y c) la contingencia. En cuanto al anti-evolucionismo, Weber lo habra propuesto al examinar los orgenes histricos de los distintos sistemas de valores como historias parciales, con distintos fundamentos de racionalizacin y cruzndose mutuamente (o ignorndose) (RODRGUEZ, 1995: 55). La singularidad de los acontecimientos histricos, por lo tanto, no podra comprenderse proyectando sobre el pasado un nico ideal de racionalidad o de valores (como hizo la escuela nacionalista del Volksgeist o espritu del pueblo) ni a partir de descubrir un momento originario desde el cual el curso de los acontecimientos posteriores se seguira coherentemente. Por coincidencias histricas o afinidades electivas se aludira a la fusin de diferentes lgicas o fundamentos de racionalizacin de las distintas esferas culturales que intervienen en un acontecimiento (RODRGUEZ, 1995: 59). Se buscaran, as, todas aquellas influencias culturales posibles en el perodo histrico dado, se compararan con los tipos ideales de sistemas culturales elaborados al efecto, se exploraran contrafactualmente los casos afines y extremos que pudieran refutar las hiptesis construidas y se inferiran las causas ms probables de relaciones entre los fenmenos analizados. O, expresado de otra manera: El recorte del objeto es el recorte del regreso causal, establecindose, en la medida de lo posible, qu condiciones son favorables a la aparicin del fenmeno, cules lo obstaculizan y cules actan en
7 Sobre la validez de estos conceptos y clasificaciones remito a las discusiones especializadas: LUKES
(1974), LUHMANN (1975), LECHNER (1977), RICOEUR (1986: 211-240), CABRERA VARELA (1990). Un excelente examen de la metodologa de tipos ideales aplicada por Weber a la clasificacin de las ciudades, est disponible en RAMOS (2001); el texto comentado se halla publicado en WEBER (1921). 130
I:2
concurrencia con otras condiciones. (RODRGUEZ, 1995: 60) O, en palabras del propio Weber, respondiendo a las crticas que le dirigieron por La tica protestante:
Conforme a ello proced as: primeramente record por medio de ejemplos el hecho, que hasta ahora no ha sido puesto en duda por nadie, de la congruencia tan notoriamente fuerte entre el protestantismo y el capitalismo moderno; luego expuse con fines ilustrativos algunos ejemplos de tales mximas ticas de conducta (Franklin), que juzgamos como indudables testimonios del espritu del capitalismo, y plante la cuestin de en qu se diferencian esas mximas ticas de conducta especialmente de las de la Edad Media; entonces busqu de nuevo ilustrar por medio de ejemplos el modo en que tales actividades del alma se comportan causalmente en relacin con el sistema econmico del capitalismo moderno, topando as con la idea de profesin, recordando a su vez con ello la completamente especfica, establecida ya hace mucho tiempo, afinidad electiva entre el calvinismo (y junto a l los cuqueros y otras sectas semejantes) y el capitalismo, a la vez que intent mostrar que nuestro concepto actual de profesin est, de alguna manera, religiosamente fundado. [WEBER, cit. en RODRGUEZ, 1995: 61]
La tercera categora metodolgica, la de contingencias o principio de heteronoma nos remite, simplemente, al hecho de que frecuentemente ocurren cosas que poco tienen que ver con el sentido de la accin que le impriman los actores originariamente a sus acciones. La historia que observamos, pues, es producto de enrevesados cursos de accin, unos ms coherentes que otros con las intenciones de los actores. Lo que es principal, para Weber, es que no podremos interpretar esas paradojas y procesos con consecuencias no intencionadas, si no conocemos las causas, es decir, las ideas subjetivas que tenan los actores.
Es una tremenda verdad y un hecho bsico de la Historia el de que frecuentemente o, mejor, generalmente, el resultado final de la accin poltica guarda una relacin absolutamente inadecuada, y frecuentemente incluso paradjica, con su sentido originario. Esto no permite, sin embargo, prescindir de ese sentido, del servicio a una causa, si se quiere que la accin tenga consistencia interna. Cul haya de ser la causa para cuyo servicio busca y utiliza el poltico poder es ya cuestin de fe. Puede servir finalidades nacionales o humanitarias, sociales y ticas o culturales, seculares o religiosas (...) Lo que importa es que siempre ha de existir alguna fe. Cuando sta falta, incluso los xitos polticos aparentemente ms slidos, y esto es perfectamente justo, llevan sobre s la maldicin de la inanidad. [WEBER, 1919: 156-157]
131
I:2
De ah que, en el fondo, postule Weber que la contingencia de los fenmenos histricos (el hecho de que pudieran no haber ocurrido si no hubieran acontecido tales otros fenmenos o se hubiera intervenido socialmente con tales ideas) es algo central en la historia si se pretende aproximarse a ella con una mnima objetividad. Es decir, la contingencia no estara subordinada a las regularidades o estructuras observadas, sino que sera el principal objetivo cientfico: demostrar que la historia podra haber sido de otra manera y que no tiene por qu seguir siendo como hasta ahora.
Tabla 2.5 Principales nociones sociolgicas en la obra de Weber Relaciones racionales-irracionales entre medios y fines. Racionalizacin burocrtica de las instituciones, las empresas y la ciencia. Condiciones histricas de posibilidad de configuraciones culturales singulares que generan doctrinas racionalistas. TEORA RACIONALISMO Formacin de personalidades, educacin y motivaciones individuales influidas por conjuntos de ideas causantes de cambios econmicos. Sociedad compuesta de individuos, acciones significativas, agregados (comunidades, asociaciones, clases, estamentos...) y configuraciones culturales. Revivir los ideales pasados y el sentido de las acciones individuales (juicios de valor) desde la objetividad descriptiva y la neutralidad valorativa. Describir, interpretar y, si fuese posible, explicar acontecimientos histricos singulares y coincidencia de circunstancias. Leyes como probabilidades tpicas. Comprensin actual y comprensin explicativa, como hiptesis causales, de la accin social con significado intersubjetivo. Categorizacin mediante tipos ideales. Anti-evolucionismo, coincidencias y contingencias en el anlisis socio-histrico.
EPISTEMOLOGA COMPRENSIVISMO
132
I:2
CONCLUSIONES
No es este el lugar apropiado para entrar en un examen pormenorizado de las diferencias y coincidencias ms trascendentes entre los tres autores clsicos presentados. Mi inters primordial era presentar las contribuciones tericas y epistemolgicas ms valiosas de estos autores para la concepcin actual de la sociologa. Al mismo tiempo, pretenda mostrar los hilos que les unen a cada uno de ellos con las escuelas tericas que les han sucedido. Slo queda concluir, pues, con algunas pinceladas sobre esas distancias y convergencias entre sus planteamientos. Es evidente, pues, que aceptamos como posibilidad una cercana y una complementariedad entre las concepciones de la sociologa de Marx, Durkheim y Weber. Sera el equivalente a un espacio de interseccin de sus diferentes esferas conceptuales, por utilizar una analoga geomtrica. Con la misma analoga presente, sin embargo, es evidente que siguen saltando a la vista las grandes diferencias conceptuales entre ellos que, a veces, llegan a mostrar puntos tangenciales. La relacin entre el individuo y la sociedad no deja de ser uno de los aspectos ms llamativos y casi podramos decir que constituyentes de la sociologa como ciencia (aunque ya hemos sealado que con algunos relevantes problemas de individualismo metodolgico, tanto en Durkheim como en Weber).
Para Durkheim, lo psquico es lo ms simple y lo social lo ms complejo, igual que el tomo es ms complejo que las partculas, la molcula ms que el tomo, la clula ms que la molcula y el organismo ms que la clula. Pero, al menos para la biologa y la fsica de la poca, ni el organismo determinaba a las clulas, ni stas a las molculas, ni stas a los tomos. No haca falta remitirse al nivel superior para explicar el inferior. Lo que Durkheim sostiene es que lo ms complejo no puede explicarse por lo ms simple, pero de ninguna manera plantea tampoco que para explicar lo ms simple haya que recurrir a lo ms complejo, sino que se trata de dos cosas distintas. De ah, precisamente, el concepto de emergencia. Lo que Weber sugiere, por el contrario, es que lo ms simple, en este caso lo psquico, aunque no haya de reducirse a lo ms complejo, tampoco puede explicarse sin recurrir a ello. Marx ser todava ms taxativo, pues, pese a que en ningn lugar llega a afirmar, como no sea con meros fines polmicos, que lo psquico no existe en s mismo, lo que hace una y otra vez es subrayar que, en lo fundamental, se debe explicar por lo social y, dentro de ello, por lo econmico. [FERNNDEZ ENGUITA, 1998: 38]
133
I:2
De ah que la comparacin ms recurrente entre los tres fundadores de la sociologa haya pivotado con frecuencia sobre las ideas de hecho social (segn Durkheim), accin social (segn Weber) y relaciones sociales (segn Marx). Comparacin que permite vislumbrar una teora sistmica de la sociologa, con cabida para los hechos objetivos y los fenmenos subjetivos, no necesariamente presentes de forma simultnea ni unvoca, incluso desde la adopcin del paradigma materialista de las relaciones sociales como posible sala de encuentro.
Marx y Durkheim, pues, subrayan especialmente el carcter objetivo de lo social; Marx y Weber, su carcter relacional. El concepto de hecho social, si bien es til para sealar el carcter externo, irreductible a lo individual, de la realidad social, presenta, como es bien sabido, el inconveniente de prestarse fcilmente a la reificacin de los hechos sociales, aunque sin duda no tanto como han pretendido algunos crticos de Durkheim. En el extremo opuesto, el concepto de accin social, an cuando Weber lo site ms all y no ms ac de las instituciones y formaciones sociales, tiende a subrayar la singularidad de la conducta hasta tal punto que lo social se disuelve en una casustica inabarcable para el conocimiento, como no sea a la manera del gran mapa de China imaginado por Borges. En mi opinin, el concepto de relacin social rene las ventajas de los otros dos y elude sus inconvenientes: por un lado, supera la individualidad y se aleja de la conciencia subjetiva, como el concepto de hecho social, pero sin sugerir en principio ningn tipo de hipstasis ni reificacin; por otro, subraya que lo social tiene lugar siempre entre elementos individuales, o individualizables, pero sin dejar de marcar que no puede reducirse a ellos. Una relacin es necesariamente una relacin entre elementos, y ese algo ms es no slo la relacin misma sino tambin y precisamente su no aislamiento como tal, o sea, la organizacin, vale decir el conjunto articulado de las relaciones. (...) El trmino relacin sugiere la idea de cierta estabilidad, regularidad, reiteracin, tipicidad, etc., que no tienen por qu ser el norte nico de la ciencia social, pero sin la cual sera imposible abrirse camino en la diversidad de lo singular, mientras que el trmino interaccin evoca lo indiferenciado y lo efmero. (...) La relacin social no es ya simplemente la articulacin entre dos entidades diferenciadas y asiladas sin ella (los elementos, sean estos personas u otros), sino tambin una parte componente de algo ms amplio (la estructura y/o sistema). [FERNNDEZ ENGUITA, 1998: 38-42]
En resumen, estos tres autores pretendieron fundamentar una ciencia social capaz de objetivar la realidad social, tal y como cada uno conceba que estaba esencialmente configurada. Las clases sociales eran centrales en la ontologa social de Marx y tangencialmente en Weber, aunque ste consideraba ms relevante el comportamiento individual significativo
134
I:2
y las configuraciones culturales. Durkheim, por su parte, consideraba a la sociedad como un todo suficientemente determinante de la conciencia individual como para postular que las instituciones y normas sociales deban ocupar la atencin primordial del socilogo. La informacin estadstica fue imprescindible para Durkheim y para Marx, aunque Weber tambin la utiliz ocasionalmente. La interpretacin histrica y econmica era la ocupacin ms destacada de Marx y de Weber, aunque Durkheim tambin explor las races histricas de las reglas morales. Los tres consideraban la existencia de algn tipo de determinismo colectivo sobre los individuos, aunque Weber y Durkheim se vean ms compelidos a indagar en la subjetividad humana, en tanto que configuraciones culturales (la religin, la moral y la costumbre, sobre todo), para entender los fenmenos sociales, mientras que Marx se hallaba convencido de la influencia material de fenmenos productivos mistificados y reacios a la transparencia. Aunque hemos evitado en este trabajo la justificacin de los enfoques tericos de cada autor con base a los posicionamientos ideolgicos que adoptaron en sus vidas (a saber, socialismo radical en el caso de Marx, socialismo moderado en el caso de Durkheim y liberalismo social en el caso de Weber), no es irrelevante poner en relacin sus nfasis conceptuales y las consecuencias ideolgicas que les acompaan (por supuesto, interpretables): la preocupacin por el orden social (la cohesin de todas las partes, la integracin y convivencia de los individuos y de los diferentes grupos sociales) en el caso de Durkheim; la atencin bsica al conflicto (la lucha de clases sociales en la historia, la desigualdad y la dominacin) en el caso de Marx; y la inquietud acerca de las paradojas de la racionalidad individual (la progresiva sustitucin de comportamientos tradicionales o afectivos por aquellos otros ms impersonales, burocrticos y organizados, las consecuencias no intencionadas de la accin y la adscripcin a doctrinas y cosmologas) en el caso de Weber. Por ltimo, proponemos atender a aquellos conceptos susceptibles de una cierta convergencia entre las posiciones de los tres clsicos: la sociedad, el sentido y la accin. La idea de sociedad que tienen Durkheim y Marx no es, evidente135
I:2
mente, la misma, pero s se puede reconocer que ambos la conciben estructurada en niveles, estructuras o subsistemas, en esferas de fenmenos que mediante unos mecanismos ocultos que la ciencia social debe descubrir, se imponen abiertamente sobre los individuos y colectivos. La sociedad es como un organismo (relativamente esttico) o como una especie (en evolucin y cambio), pero con ambas metforas nos recuerdan que sus miembros estn primariamente constreidos por las leyes de funcionamiento de esos entes a los que pertenecen. Por su parte, la idea de sentido tambin difiere en Durkheim y en Weber ya que el sentido de las acciones individuales para conservar el orden social poco tiene que ver con el sentido atribuido por los actores sociales para crear nuevos rdenes sociales. Lo que vincula a ambas teoras es que encuentran en constelaciones culturales o representaciones colectivas como las generadas por las religiones, una fuente ltima de sentido que permite explicar la funcin de otras instituciones laicas, nuestras categoras de conocimiento o los comportamientos econmicos ms aparentemente racionales. Ese fondo de irracionalidad, de creencias y de valores implcitos no ha desaparecido con la evolucin humana y la sociologa no puede convertirlo en un simple residuo de los fenmenos que estudia. Por su parte, la accin no es slo el elemento bsico de observacin sociolgica para Weber (aunque integrado en todo un aparato de remisin contextual al conjunto de ideas culturales con las que se relaciona y a la poca histrica en que se puede identificar claramente su poder de catalizar el desarrollo de otros comportamientos colectivos) sino que tambin Marx apuesta por fijarse en prcticas concretas en las que el ser social produce sus medios de existencia (y los de reproduccin de esos medios). Para ambos autores se trata de relaciones sociales reales entre grupos e individuos, interpretadas a la luz de tipologas categoriales precisas y de sus efectos en la configuracin de estructuras sociales jerrquicas (basadas en el poder, los recursos o el prestigio). No sera gratuito, adems, considerar que tanto Marx como Weber o Durkheim, tan alejados en otros aspectos de su epistemologa y de su ideologa, depositaron una clara confianza meta-terica en la capacidad de la accin humana para entender y usar el conocimiento sociolgico en aras de su emancipacin, aqu en la Tierra, de acuerdo a sus necesidades.
136
I:2
137
I:2
B I B L I O G RAF A
Obras generales citadas ALEXANDER, Jeffrey C. La centralidad de los clsicos. En GIDDENS, Anthony et al. La teora social hoy. Madrid: Alianza, 1990 [1987]. FERNNDEZ ENGUITA, Mariano. La perspectiva sociolgica. Una aproximacin a los fundamentos del anlisis social. Madrid: Tecnos, 1998. GALTUNG, Johan. Investigaciones tericas. Sociedad y cultura contemporneas. Madrid: Tecnos, 1995. GIDDENS, Anthony. El capitalismo y la moderna teora social. Barcelona: Labor, 1971. LAMO DE ESPINOSA, Emilio. La sociedad reflexiva. Sujeto y objeto del conocimiento sociolgico. Madrid: CIS-S.XXI, 1990. LERENA, Carlos. Reprimir y liberar. Crtica sociolgica de la educacin y de la cultura contemporneas. Madrid: Akal, 1983. MARTNEZ LPEZ, Miguel. Teoras sociais do poder. Potencialidades, dominacins, resistencias e comunicacin. Vigo: A Nosa Terra, 2000. MERTON, Robert K. Teora y estructura sociales. Mxico: FCE, 1992 [1968].
Obras de Marx citadas MARX, Karl, ENGELS, Friedrich. La ideologa alemana. Barcelona: Leina, 1988 [1845]. _____. Manifiesto Comunista. Madrid: Ayuso, 1975 [1848]. MARX, Karl. Manuscritos: economa y filosofa. Madrid: Alianza, 1985 [1844]. _____. Miseria de la filosofa. Respuesta a la Filosofa de la Miseria del Seor Proudhon. Mosc: Progreso [1847]. _____. Contribucin a la crtica de la economa poltica. Madrid: Alberto Corazn, 1970 [1859]. _____. El Capital. Crtica de la economa poltica. 3 Vol. Mxico: FCE, 1974 [1867-1894].
Obras relacionadas con Marx BOTTOMORE, Tom B., RUBEL, Maximilien. Karl Marx. Selected Wrightings in Sociology and Social Philosophy. Penguin: Middlesex, 1963. CARABAA, Julio (comp.). Desigualdad y clases sociales. Madrid: Argentaria-Visor, 1995. COHEN, Gerald A. La teora de la historia de Karl Marx. Una defensa. Madrid: Pablo Iglesias-Siglo XXI, 1986 [1978]. DAZ SNCHEZ, Lorenzo. K.Marx (1818-1883), socilogo del modo de produccin capitalista. Madrid: Akal, 1976. ENGELS, Friedrich. El Anti-Dhring. Introduccin al estudio del socialismo. Buenos Aires: Claridad, 1972 [1878]. FEITO, Rafael. Estructura social contempornea. Las clases sociales en los pases industrializados. Madrid: S.XXI, 1997.
138
I:2
FERNNDEZ ENGUITA, Mariano. Modos de produccin en la sociedad actual. Poltica y Sociedad, 1988, n4. GRIGNON, Claude, PASSERON, Jean-Claude. Lo culto y lo popular. Miserabilismo y populismo en sociologa y literatura. Madrid: La Piqueta, 1992. HARNECKER, Marta. El capital: conceptos fundamentales. Madrid: S.XXI, 1974. LAMO DE ESPINOSA, Emilio. La teora de la cosificacin. Madrid: Alianza, 1981. LECOURT, Dominique. Para una crtica de la epistemologa. Mxico: S.XXI, 1987 [1972]. LEFEBVRE, Henri. Lgica formal, lgica dialctica. Mxico: S.XXI, 1984 [1969]. _____. El materialismo dialctico. Buenos Aires: La Plyade, 1974. MILIBAND, Ralph. El Estado en la sociedad capitalista. Mxico: S.XXI,[1969] 1973. NOVACK, George. Introduccin a la lgica. Lgica formal y lgica dialctica. Barcelona: Fontamara, 1979. PALAZUELOS, Enrique , ALBURQUERQUE, Francisco. Notas bsicas e introduccin histrica sobre los sistemas econmicos. En PALAZUELOS, Enrique. (coord.). Las economas capitalistas durante el perodo de expansin 1945-1970. Madrid: Akal, 1989 [1986]. POULANTZAS, Nicos. Estado, poder y socialismo. Madrid: S.XXI, 1979 [1978]. REYES, Romn (ed.). Cien aos despus de Marx. Madrid: Akal, 1986. RICOEUR, Paul. Ideologa y utopa. Barcelona: Gedisa, 1989 [1986]. TEZANOS, Jos Felix. La estratificacin social: desigualdad y jerarquizacin. Principales teoras sobre la estratificacin social. En DEL CAMPO, Salustiano (ed.). Tratado de sociologa (2 vol.). Madrid: Taurus, 1985. TILLY, Charles. La desigualdad persistente. Buenos Aires: Manantial, 2000 [1998]. THERBORN, Goran. El poder de la ideologa y la ideologa del poder. Madrid: S.XXI, 1987 [1980]. WILDEN, Anthony. Man and Woman, War and Peace. The Strategists companion. London: Routledge, 1987. WRIGHT, Erik Olin. Clase, crisis y Estado. Madrid: S.XXI, 1983. _____. Reflexionando, una vez ms, sobre el concepto de estructura de clases. Zona Abierta, [1989] 1992, n59/60. _____. Anlisis de clase. En CARABAA, Julio (comp.). Desigualdad y clases sociales. Madrid: Argentaria-Visor, 1995.
Obras de Durkheim citadas DURKHEIM, mile. La divisin del trabajo social. Madrid: Akal, 1982 [1893]. _____. Las reglas del mtodo sociolgico. Buenos Aires: La Plyade, 1972 [1895]. _____. El suicidio. Madrid: Akal, 1976 [1897]. _____. Las formas elementales de la vida religiosa. Madrid: Akal, 1982 [1912].
Obras relacionadas con Durkheim ARON, Raymond. Las etapas del pensamiento sociolgico (vol. 2). Buenos Aires: Siglo Veinte, 1987. BOURDIEU, Pierre, CHAMBOREDON, Jean-Claude, PASSERON, Jean-Claude. El oficio de socilogo. Presupuestos epistemolgicos. Madrid: S.XXI, 1989 [1973].
139
I:2
COMTE, Auguste. Cours de philosophie positive. Pars, 1839. [Trad. cast. en editorial Aguilar]. _____. Discurso sobre el espritu positivo. Madrid: Altaya, 1995 [1844]. GARCA FERRANDO, Manuel. Sobre el mtodo. Problemas de investigacin emprica en sociologa. Madrid: CIS, 1980. GIDDENS, Anthony. El capitalismo y la moderna teora social. Barcelona: Labor, 1971. LAMO DE ESPINOSA, Emilio. La sociedad reflexiva. Sujeto y objeto del conocimiento sociolgico. Madrid: CIS-S.XXI, 1990. LEVI-STRAUSS, Claude. Antropologa estructural. Buenos Aires: Eudeba, 1968 [1958]. LUKES, Steven. Emile Durkheim: su vida y su obra. Estudio histrico-crtico. Madrid: CISS.XXI, 1984 [1973]. MAUSS, Marcel. Sociedad y ciencias sociales. Barcelona: Barral, 1972 [1927]. MERTON, Robert K. Teora y estructura sociales. Mxico: FCE, 1992 [1968]. _____. Estructura social y anomia: revisin y ampliacin. En NANDA ANSEN, Ruth (dir.). La familia. Barcelona: Pennsula, 1970. _____. Ambivalencia sociolgica y otros ensayos. Madrid: Espasa-Calpe, 1980 [1976]. ORTEGA, Flix. Durkheim y la sociologa de la educacin. En FERNNDEZ ENGUITA, Mariano (ed.). Sociologa de la educacin. Barcelona: Ariel, 1999. PARSONS, Talcott. La estructura de la accin social. Madrid: Guadarrama, 1968 [1937]. PAVARINI, Massimo. Control y dominacin. Teoras criminolgicas burguesas y proyecto hegemnico. Mxico: S.XXI, 1988 [1980]. PIZARRO, Narciso. Crimen y suicidio. Barcelona: Bruguera, 1978. RAMOS, Ramn. La sociologa de mile Durkheim. Patologa social, tiempo, religin. Madrid: CIS, 1999. TAYLOR, I., WALTON, P., YOUNG, J. La nueva criminologa. Contribucin a una teora social de la conducta desviada., Buenos Aires: Amorrortu, 1990 [1973].
Obras de Weber citadas WEBER, Max. La tica protestante y el espritu del capitalismo. Barcelona: Pennsula, 1973 [1904-1905]. _____. La accin social: ensayos metodolgicos. Barcelona: Pennsula, 1984 [1904, 1917]. _____. El poltico y el cientfico. Madrid: Alianza, 1988 [1919]. _____. La ciudad. Madrid: La Piqueta, 1987 [1921]. _____. Economa y sociedad. Mxico: FCE, 1964 [1922].
Obras relacionadas con Weber ARON, Raymond. Las etapas del pensamiento sociolgico (vol. 2). Buenos Aires: Siglo Veinte, 1987. BOURDIEU, Pierre. La distincin. Criterio y bases sociales del gusto. Madrid: Taurus, 1991 [1979]. CABRERA VARELA, Julio. O combate dos deuses. Unha introduccin a Max Weber. Vigo: Xerais,1990.
140
I:2
FERNNDEZ ENGUITA, Mariano. La perspectiva sociolgica. Una aproximacin a los fundamentos del anlisis social. Madrid: Tecnos, 1998. FREUND, Julien. La sociologa de Max Weber. Barcelona: Pennsula, 1986. GARCA FERRANDO, Manuel. Sobre el mtodo. Problemas de investigacin emprica en sociologa. Madrid: CIS, 1980. GIDDENS, Anthony. Poltica y sociologa en Max Weber. Madrid: Alianza, 1972. _____. La estructura de clases en las sociedades avanzadas. Madrid: Alianza, 1989 [1973]. LAMO DE ESPINOSA. Emilio. Juicios de valor y ciencia social. Sobre los juicios de valor en la metodologa de las ciencias sociales: una crtica interna del avalorismo. Valencia: Fernando Torres, 1975. LASH, S., WHIMSTER, S. (ed.). Max Weber: rationality and modernity. London: Allen and Unwin, 1987. LECHNER, Norbert. La conflictiva y nunca acabada construccin del orden deseado. Madrid: CIS-S.XXI, 1986 [1977]. LERENA, Carlos. Reprimir y liberar. Crtica sociolgica de la educacin y de la cultura contempornea. Madrid: Akal, 1983. LUHMANN, Niklas. Poder. Barcelona: Anthropos, 1995[1975] . LUKES, Steven. Power. A Radical View. London: Macmillan, 1974 (Trad. cast. en editorial S.XXI). MITZMAN, A. La jaula de hierro: una interpretacin histrica de Max Weber. Madrid: Alianza, 1979. RAMOS, Ramn. La ciudad en la historia. Comparacin, anlisis y narracin en la sociologa histrica de Max Weber [En lnea]. Madrid: UCM, 2001. http://www.ucm.es/info/ socio1/textos/ramosweber.html RICOEUR, Paul. Ideologa y utopa. Barcelona: Gedisa, 1989 [1986]. RODRGUEZ, Javier. Las categoras de lo histrico en la sociologa de Max Weber. Poltica y Sociedad, 18, 1995, pp. 45-67. RUNCIMAN, W.G. A Critique of Max Webers Philosophy of Social Science. Cambridge: Cambridge University Press, 1972. TERRN, Eduardo. Las aulas desencantadas: Max Weber y la educacin. Poltica y Sociedad, 21, 1996, pp. 133-148. WRIGHT MILLS, Charles. La lite del poder. Mxico: FCE, 1993 [1956].
141
I:0
I:3
3.1 Positivismo 3.2 Relativismo 3.3 Superaciones de la dicotoma positivismo-relativismo
I:0
I:3
Cmo puede ocurrir que a veces nos extraamos espontneamente ante un suceso determinado? Este extraarse parece surgir all donde un determinado suceso entra en conflicto con un mundo conceptual suficientemente fijado en nosotros. Albert EINSTEIN. 1946. Notas Autobiogrficas. La vida no puede ser estudiada in vitro, se la debe explorar in vivo. Heinz von FOERSTER. 1972. Las semillas de la ciberntica.
l presente captulo pretende servir como introduccin a la epistemologa de las ciencias sociales en general y de la sociologa en particular. El trmino epistemologa alude al estudio del conocimiento cientfico, lo cual conlleva una ineludible recursividad (remisin constante y recproca entre niveles de conocimiento) y autorreferencialidad (remisin constante a s misma): cmo sabemos que sabemos?, en qu condiciones es posible el conocimiento? Formulado de otra manera, la epistemologa consistira en la elaboracin de una teora de las teoras de la ciencia: una meta-teora. Ms exactamente, voy a considerarla aqu como el estudio de los lmites y de las posibilidades del conocimiento cientfico. Creo que esta definicin es consistente con otras comnmente invocadas:
145
I:3
El trmino epistemologa deriva directamente del griego. Con el prefijo epi, que significa arriba o encima, e histamein, permanecer, podra ser traducido textualmente como permanecer encima o como permanecer ms arriba (upper-standing). Los angloparlantes prefieren, aparentemente, ver las cosas desde abajo; de ah que en vez de hablar de permanecer ms arriba (upperstanding), prefieran hablar de permanecer abajo (understanding=comprender). La versin alemana de esta facultad cognitiva resulta desconcertante, a saber, verstehen. Stehen es, por supuesto, permanecer, pero con el significado del prefijo ver, introduciendo un sentido de separacin, prdida, accin adversa, agotamiento, cambio, inversin, etctera; ver-stehen puede ser entendido ms correctamente como no permanecer. Aunque en el original griego los lazos semnticos de permanecer ms arriba (upper-standing) tienen que ver con destreza y prctica, es decir, con competencias motrices, tanto la expresin alemana como la inglesa, es decir, no permanecer (un-standing) y permanecer abajo (under-standing) tienen lazos ms cercanos con gnosis, es decir, con competencias mentales: Erkenntnis y conocimiento. Esto resulta evidente en la interpretacin habitual de epistemologa como Erkenntnis-theorie y teora del conocimiento o, como yo preferira llamarla, una teora del conocer, una teora del comprender. Sin embargo, desde el momento en que una teora de algo sirve para producir una comprensin de ese algo, yo pienso que las epistemologas tratan de conocer al conocer. (...) Para una teora del conocer, para una epistemologa, dicha teora debe poder dar cuenta de s misma. (...) La ontologa explica la naturaleza del mundo, mientras que la epistemologa explica la naturaleza de nuestro experimentar el mundo. [VON FOERSTER, 1985: 97-98]
De hecho, en la medida en que la actividad cientfica est encaminada a enunciar verdades demostrables sobre las distintas esferas de la realidad, la epistemologa se ocupar de esclarecer y determinar las condiciones en las que se pueden producir conocimientos verdaderos (de forma general en una ciencia y de forma particular en algunas de sus parcelas). En definitiva, difcilmente podemos eludir el siguiente interrogante: Cmo vamos a practicar una ciencia como la sociologa si no nos hemos preguntado primero por lo que significa hacer ciencia, por las condiciones reales en las que se puede llegar a una verdad lo ms objetiva posible en la ciencia en general y en la sociologa especficamente, al mismo tiempo que dilucidamos la articulacin consistente entre nuestro objeto de estudio y los mtodos apropiados para conocerlo?
146
I:3
En primer lugar, las condiciones epistemolgicas de posibilidad, como es evidente en la propia gnesis de la sociologa esbozada ms arriba, pueden ser, pongamos por caso, de orden poltico o cultural, por lo que resultar necesario conducir la discusin epistemolgica a travs del rastro histrico que han dejado las prcticas y discursos de las ciencias. Esa es, precisamente, una tarea que ha sido desarrollada por una rama concreta de la sociologa (la del conocimiento cientfico) a la vez que tambin ha ocupado a numerosos filsofos, cientficos e historiadores. En segundo lugar, los problemas de orden interno a la epistemologa de todas las ciencias (la lgica de sus enunciados y argumentaciones, la verificacin emprica de sus conceptualizaciones, las relaciones entre sus conceptos tericos y su operacionalizacin tcnica, etc.) afectan a la calidad del conocimiento pretendido por las ciencias sociales. No obstante, cada ciencia debe inventar, a su manera, todo aquello que precise de acuerdo a su especfico campo de observacin. Ello no nos exime de valorar lo que puede haber en comn en la teora y en la metodologa entre todos los procesos de produccin de conocimientos. Con estos hilos argumentativos se puede entender que, para aproximarnos a las posibilidades y lmites del conocimiento social, tomemos aqu la opcin de examinar algunas de las posiciones epistemolgicas ms extremas agrupadas, an a riesgo de excesivo esquematismo, en: positivismo, relativismo y otros enfoques alternativos a los anteriores. Revisaremos brevemente sus principales contribuciones y sern evaluadas crticamente en relacin a su aplicabilidad a la sociologa. Como se ver ms adelante, desde el relativismo se han puesto muy claramente de relieve las carencias ms sobresalientes del enfoque positivista en las ciencias sociales (e, incluso, en las naturales), pero tambin es de justicia explicar las necesarias insistencias del positivismo en la sistematicidad lgica y en la contrastacin emprica. Como lo explicaba Einstein hace ms de medio siglo:
La misin del pensamiento lgico est estrictamente limitada a conseguir la conexin entre conceptos y enunciados de acuerdo con reglas firmemente estableci147
I:3
das que son de la competencia de la lgica. Los conceptos y enunciados cobran significado, o contenido, slo a travs de su conexin, o combinacin intuitiva, y nada ms que ello diferencia la mera fantasa de la verdad cientfica. El sistema de conceptos es una creacin del hombre junto con las reglas de la sintaxis, que constituyen la estructura de los sistemas conceptuales. Aunque desde el punto de vista lgico los sistemas conceptuales son enteramente arbitrarios, estn sometidos a la exigencia de permitir la coordinacin ms cierta (intuitiva) y completa posible con la totalidad de las experiencias sensoriales; en segundo lugar, dichos sistemas se proponen llegar a la mayor parquedad posible de elementos lgicamente independientes (conceptos fundamentales y axiomas), es decir, conceptos no definidos y enunciados no derivados. Un enunciado es correcto si, dentro de un sistema lgico, est deducido de acuerdo con las reglas lgicas aceptadas. Un sistema tiene contenido de verdad segn sea la certeza y completitud de su posibilidad de coordinacin con respecto a la totalidad de la experiencia. Un enunciado correcto adquiere su verdad del contenido de verdad del sistema a que pertenece. [Einstein, 1946]
En respuesta a la doble exposicin crtica de las posiciones epistemolgicas positivistas y relativistas, dedicamos un tercer apartado del captulo a exponer algunas de las visiones epistemolgicas que pretenden recoger lo mejor de cada una de las dos anteriores perspectivas. El argumento de partida ser que los fundamentos del conocimiento dependen de visiones del mundo (ontologas) con unas u otras inclinaciones valorativas (ideologas) que necesariamente lo preceden, aunque no constituyen sus determinantes ltimos necesarios y suficientes. Enunciado de forma ms simple: antes de convertirnos en cientficos ya contamos con experiencias y con valoraciones del mundo. Podemos, por ejemplo, habernos dedicado a la msica o haber colaborado con un movimiento poltico. Eso puede condicionar nuestra eleccin de la ciencia como una opcin laboral, pero tambin nuestras elecciones previas a cualquier investigacin y durante su desarrollo. En cualquier caso, no se pueden sealar como las nicas causantes de la investigacin ni, mucho menos, como los factores determinantes de la calidad de sus resultados. Los condicionamientos sociales de la actividad cientfica (an cuando no sean determinantes absolutos) estn constituidos por esos dispositivos motivadores y evaluadores de la misma que, adems, reciben los efectos de dicha actividad, modificando de nuevo nuestras visiones del mundo (ontolgicas e ideolgicas). Pero tambin por circunstancias materiales, recursos econmicos, comportamientos, relaciones y prcticas sociales, que
148
I:3
favorecen o impiden la productividad cientfica. As fue puesto de manifiesto reiteradamente, aunque a veces de forma algo rudimentaria, por historiadores de la ciencia como Bernal:
El nacimiento de la ciencia moderna en los siglos XVI y XVII coincidi, y no accidentalmente, con grandes progresos en el comercio y la manufactura. Las preocupaciones de los hombres cultos se desviaron abruptamente de los fines teolgicos a los utilitarios. Las necesidades de la navegacin inspiraron el trabajo de los astrnomos; las de la guerra y la manufactura inspiraron el de los mecnicos y los qumicos. (...) Los campeones de la nueva ciencia Bruno, Server, Galileo- fueron tambin reformadores sociales y religiosos. La lucha por la libertad intelectual era tan poltica como cientfica. (...) La ciencia se ha convertido en una industria; una industria pequea pero clave. El costo de la investigacin cientfica lo paga directa o indirectamente la industria, y en la actualidad hay muchos ms cientficos trabajando para la industria que para las universidades o los institutos independientes. (...) A travs de su conexin con la industria, si no por otra razn, la ciencia moderna se ve inevitablemente afectada por las tendencias polticas y econmicas externas. (...) No bastara con dejar al cientfico libre de interferencias para asegurar su libertad en estos das; si no se le suministra ayuda y aparatos, el cientfico ser silenciado igual que si se le encarcelara o se le sometiera a la censura. Adems, en muchos campos de la ciencia un solo hombre, por bien equipado que est, puede hacer poco. Para ser efectivo, necesita trabajar con otros investigadores dentro de un cuerpo organizado. [BERNAL, 1936, 1938, 1944: 162, 174, 183, 187]
En tercer lugar, como se apunta en el esquema 3 (Bucles de constricciones entre los niveles de conocimiento social), de los fundamentos epistemolgicos adoptados (consciente o inconscientemente) depender -en el mismo sentido de constreir sin determinar- el modo en que organicemos sistemticamente en teoras nuestros conceptos e hiptesis concretas sobre la realidad social, y las opciones metodolgicas que tomemos para llevarlas a la prctica. Se trata, en definitiva, de un crculo de dependencias en el que se pueden anotar tambin las ms habituales derivas de las posiciones epistemolgicas ancladas perversamente en cada uno de esos escalones cuando consideran que son el mtodo, la teora o la experiencia, por ejemplo, los principales motores (y, por ende, quase exclusivos criterios de evaluacin racional) de la investigacin cientfica. Tales derivas provienen fundamentalmente de las categoras propuestas por Bachelard quien, junto a Popper aunque en una direccin
149
I:3
muy distinta-, ensayaron en los aos 30 del pasado siglo las primeras for-
I:3
mulaciones alternativas al programa positivista. Bachelard defenda un racionalismo aplicado y un materialismo tcnico que en el campo de la sociologa ha sido desarrollado, en parte, por Bourdieu y por Foucault. Estableci, as, un eje de desplazamientos con respecto a aquellas posiciones que contena las siguientes categoras (l las represent en vertical, pero el efecto de simetra permanece tambin en su representacin topolgica horizontal): IDEALISMO CONVENCIONALISMO FORMALISMO RACIONALISMO APLICADO / MATERIALISMO TCNICO POSITIVISMO EMPIRISMO REALISMO. Puesto que los cientficos no siempre profesan la filosofa de su propia ciencia (BACHELARD, 1940) y que la historia efectiva del conocimiento cientfico revela rupturas, reorganizaciones, fracasos, contradicciones, etc., la clasificacin epistemolgica anterior no parta de la nocin de verdad, sino de la de error (en qu medida se alejan la prctica y la teora). Por ello, el primer grupo de posiciones (idealismo, convencionalismo y formalismo) enfatizara ms, tericamente, la abstraccin, la teora y al sujeto investigador, mientras que el segundo grupo (positivismo, empirismo y realismo) enfatizara ms, tambin en el plano terico, lo concreto, los datos y los objetos (LECOURT, 1972: 21-25). Como veremos despus, los realistas piensan que la realidad es como es (nos pre-existe y seguir existiendo aunque fallezcamos como individuos), mientras que los idealistas piensan que la realidad es como la vemos (slo nos importa en tanto que la concebimos de una cierta forma). En la medida en que nuestra perspectiva epistemolgica condiciona nuestras actividades metodolgicas y tecnolgicas (obtener y producir informacin sobre la realidad), se puede decir que el intuicionismo (una variante del idealismo) reducira todo el proceso de produccin de datos a la operacin de acceder a ellos sin seguir ningunas reglas metdicas y sistemticas; mientras que el formalismo reducira el mismo proceso a un mtodo o modelo reglado (que, posiblemente, necesita ser reformulado en cada paradigma de investigacin). Por su parte, el empirismo enfatizara, sobre todo, la operacin de comprobar la realidad de la informacin obtenida. Sin embargo, las tres operaciones epistemolgicas bsicas (conquista-invencin, construccin reglada y comprobacin) estn articuladas jerrquica (y circularmente, en mi opinin) en un mismo proceso (IBEZ, 1985: 209).
151
I:3
A la deriva empirista en sociologa, Wright Mills la denomin empirismo abstracto refirindose as, fundamentalmente, al uso de encuestas estadsticas sin aportar ninguna proposicin o teora importante, sin basarse en ningn concepto nuevo de la naturaleza de la sociedad, identificando sociologa y metodologa, exactitud de los datos y verdad, realizando estudios sistemticamente ahistricos y antirrelativistas; estudian problemas en pequea escala y se inclinan al psicologismo (WRIGHT MILLS, 1959: 68-92). Por ltimo, con la categora de convencionalismo (una variante del racionalismo cartesiano, para el que las ideas son innatas y la razn tiene sus propia leyes) se hara referencia a la asuncin de que el sujeto de conocimiento es quien construye tanto los hechos como la lgica con que los interpreta (MEDINA, 1989: 20). Con estas orientaciones in mente, por lo tanto, trataremos a continuacin de abordar una descripcin cabal de los dos principales paradigmas epistemolgicos que, a nuestro juicio, mejor condensan las variaciones de detalle expuestas: el positivismo y el relativismo.
3.1 P OSITIVISMO En las primeras dcadas del siglo XX se experimentaron rpidos y espectaculares progresos en la fsica moderna que desembocaron en las teoras cuntica y de la relatividad. Tambin se perfeccionaron los mecanismos deductivos mediante nuevos tratados de lgica formal (Hilbert, Russell, etc.). Un grupo de cientficos y filsofos agrupados en torno a lo que se denomin Crculo de Viena se propuso entonces demarcar con la mayor exactitud posible lo que poda denominarse conocimiento cientfico frente a otras formas o pretensiones de saber. Se trataba del proyecto de establecer una epistemologa general para todas las ciencias, de basar la unidad de todas ellas en el modelo de la fsica, de delimitar los criterios de formalizacin lgica y matemtica que les seran propios y de fundamentar un mtodo comn de investigacin y verificacin.
152
I:3
Atomismo y lgica formal. Objetivismo y unidad del mtodo cientfico Desde los tiempos de la Ilustracin, la confianza en la Razn humana y en la universalidad de la ciencia no haba concitado semejante unanimidad. Adems, esta nueva epistemologa conocida como positivismo lgico circunscriba sus herencias filosficas al empirismo de Bacon (1561-1626), Hume (1711-1776) o J.S.Mill (1806-1873) y, a la vez, al positivismo de autores como Comte (muy receloso con el simple empirismo, como se sugiri en el primer captulo), defendiendo ahora una nueva sntesis que garantizase la verdad del conocimiento a travs de la explicacin causal de hechos concretos y claramente individualizables de la realidad y de su expresin en un lenguaje absolutamente referencial, coherente internamente y especializado. Ese programa se sustentaba, consiguientemente, en dos principios: a) el atomismo (la realidad divisible en hechos aislados, aunque pudiesen formar conjunto o sistema en un orden ms general pero tambin ms difcilmente discernible); b) el formalismo lgico (el perfeccionamiento de un lenguaje simblico y universal, transparente, con unas reglas sin excepciones y que permitiese ordenar coherentemente todo el conocimiento disponible). La complejidad del mundo y los lenguajes naturales existentes (idiomas y sociolectos) se presentaban como obstculos al proyecto unificador de las ciencias. El acuerdo con los postulados de Comte era evidente, aunque el papel de la sociologa y de las dems ciencias sociales ya no sera ms el de presidir la cumbre de esa torre de Babel, espacio reservado para las ciencia fsico-matemticas. En aras de la fluidez expositiva, me limitar a exponer aqu slo los puntos ms destacados de la doctrina positivista y su relacin con la sociologa, evitando entrar a fondo en sus precedentes. Estas primeras notas ofrecen ya una aproximacin al proyecto epistemolgico de quienes defendieron esa postura, pero es conveniente prestar atencin a los matices y sus contenidos concretos, pues a menudo se usa el calificativo de positivista de forma confusa, sin distinguir las virtudes de los excesos de su legado filosfico. Sugiero, por lo tanto, continuar la exposicin presentando algunos aspectos de la principal obra positivista de Ludwig Wittgenstein, el Trac153
I:3
tatus Logico-Philosophicus (1922). De forma especialmente significativa para nuestra comparacin, ese mismo autor, gracias a sus obras posteriores, es fuente de inspiracin tambin para otras escuelas epistemolgicas ms alejadas del positivismo. Como primera indicacin de esa evolucin intelectual podemos detenernos en las pginas iniciales y finales del Tractatus:
1.1 El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas. (...) 1.2 El mundo se descompone en hechos. (...) 2. Lo que es el caso, el hecho, es el darse efectivo de estados de cosas. (...) 2.02 El objeto es simple. (...) 6.423 De la voluntad como soporte de lo tico no cabe hablar. (...) 6.43 Si la voluntad buena o mala cambia el mundo, entonces slo puede cambiar los lmites del mundo, no los hechos; no lo que puede expresarse mediante el lenguaje. (...) 6.5 Respecto a una pregunta que no puede expresarse, tampoco cabe expresar la pregunta. El enigma no existe. Si una pregunta puede siquiera formularse, tambin puede responderse. (...) 6.53 El mtodo correcto de la filosofa sera propiamente ste: no decir nada ms que lo que se puede decir, o sea, proposiciones de la ciencia natural. (...) 6.54 De lo que no se puede hablar, hay que callar. [WITTGENSTEIN, 1922: 15, 19, 179, 183]
En estos pasajes se aprecia la oscilacin esencial del positivismo entre los hechos y el lenguaje. La realidad estara compuesta de hechos, fenmenos naturales, objetos simples conectados entre s, y cada uno con sus propias cualidades inherentes. La ciencia no sera ms que un lenguaje preciso, un mtodo o conjunto de reglas lgicas que permiten descomponer el mundo en sus elementos indivisibles y conocer sus propiedades intrnsecas y sus interconexiones. Los valores ticos e ideolgicos, el lenguaje metafrico o las afirmaciones no encadenadas axiomticamente entre s, las preguntas sin respuesta, la subjetividad de quien conoce, etc. estaran ms all de la ciencia natural. Ese ms all ha sido entendido en las ciencias sociales en dos sentidos: 1) no se deben estudiar los juicios de valor porque no se pueden objetivar de manera concluyente; 2) se pueden conocer los juicios de valor de forma objetiva y neutral, pero no se deben incluir de ninguna manera los juicios de valor de quien investiga en ningn momento de la investigacin. Como ya se apunt en el primer captulo, Weber fue partidario de la segunda postura aunque para llegar a colmarla deba dar un largo rodeo relativista a travs de la comprensin e interpretacin de los significados culturales. Esta ltima ha sido la versin predominante en la sociologa
154
I:3
positivista, si bien, como veremos ulteriormente en las alternativas al positivismo, la primera acepcin mencionada de la exclusin de los juicios de valor tambin del objeto de conocimiento, ser asumida por otras posiciones epistemolgicas no estrictamente positivistas en todo lo dems. As, tentativas como la medicin de actitudes se deberan excluir de gran parte de la sociologa, pero no de otras ciencias sociales y humanas como la psicologa social, por ejemplo (PIZARRO, 1998). Volviendo al Tractatus: slo se puede hablar de lo empricamente observado y de una manera isomorfa a esa realidad (con su misma estructura, la cual no puede ser dicha, slo mostrada, en la proposicin):
4.03 Una proposicin nos comunica un estado de cosas; tiene, pues, que estar esencialmente conectada con el estado de cosas. Y la conexin es, precisamente, que ella es su figura lgica. [WITTGENSTEIN, 1922: 57]
En esa bsqueda de un lenguaje perfectamente preciso, lo ideal sera que cada cosa o hecho tuvieran un nombre. Los nombres son los smbolos ms simples, porque no tienen partes que sean smbolos de otras cosas. Pero las proposiciones pueden contener varios nombres o varios hechos, por lo que la lgica debe descomponerlas hasta sus enunciados atmicos ms simples de forma que a cada signo le corresponda su significado exclusivo. Por ltimo, en un ejercicio de realismo radical, afirma este autor la absoluta ajenidad de la realidad y sus hechos a nuestra subjetividad valorativa:
6.41 El sentido del mundo tiene que residir fuera de l. En el mundo todo es como es y todo sucede como sucede; en l no hay valor alguno, y si lo hubiera carecera de valor. [WITTGENSTEIN, 1922: 177]
Este modo de valorar la ciencia nos conduce, bsicamente, a dos destinos: la unidad del mtodo cientfico y el objetivismo. Los defensores del positivismo se esforzaron durante dcadas en establecer la unidad del mtodo cientfico. Esta unidad, como ya hemos apuntado, la encontraron en la aplicacin de la lgica formal a cualquier observacin de hechos. Sin embargo, tal aplicacin se demostr como una condicin necesaria pero no suficiente para alcanzar la verdad, ya que la lgica formal slo establecera
155
I:3
la validez del razonamiento articulando coherentemente sus proposiciones, con independencia de su contenido. Para validar el contenido se elabor, pues, un modelo de pasos a seguir en toda investigacin con sus reglas especficas de enunciar hiptesis (formuladas de modo tal que se permita la deduccin y la verificacin, dando alguna respuesta al problema inicial, etc.), definiciones (incluyendo los atributos particulares del objeto definido, no conteniendo lo definido, formuladas en forma positiva, sin usar un lenguaje oscuro o figurado, etc.), clasificaciones (exhaustividad, mutua exclusin, explicitando los criterios organizadores, etc.) y, sobre todo, de desarrollar la observacin y la experimentacin (cnones para eliminar las hiptesis falsas, razonamientos inductivos, operacionalizacin de variables e indicadores, medicin de cualidades intensivas y extensivas, etc.) para descubrir un orden entre los hechos, sus conexiones causales (COHEN y NAGEL, 1961). Para evitar valoraciones ingenuas o simplistas del positivismo lgico consideremos las advertencias de estos autores al reconocer que ni los hechos en s mismos son el objeto del conocimiento ni, mucho menos el origen que motiva la investigacin (ambas seran, ms bien, caractersticas extremas del empirismo):
La idea de que debe buscarse la verdad estudiando los hechos es totalmente superficial; porque no puede iniciarse ninguna investigacin hasta no haber experimentado alguna dificultad en una situacin prctica o terica. Es esa dificultad o problema la que gua nuestra bsqueda de un orden en los hechos, en trminos del cual pueda superarse. No podramos descubrir las razones de la inundacin del Nilo si no reconociramos primero en la inundacin un problema que exige ser resuelto. Si el motivo de la investigacin es un problema determinado, su solucin es el objetivo y la funcin de aqulla. [COHEN y NAGEL, 1961: 16-17]
Con similares posturas y ms explcitos en cuanto a confirmar la convergencia de mtodos entre las ciencias naturales y sociales estn otros autores que, incluso, van ms all en el reconocimiento de lo especfico de la sociologa, an cuando siguen admitiendo la necesidad de una sociologa positiva o nomottica (que establezca leyes o generalizaciones):
El socilogo est siendo constantemente modificado por el objeto de su investigacin, ya desde su nacimiento, puesto que es producto de un desarrollo educativo
156
I:3
y social continuo. (...) Recprocamente, el socilogo modifica los hechos que observa. No es que se dedique, como el psiclogo, a experimentaciones que ponen al sujeto en situaciones nuevas para l y que por eso transforman en parte su comportamiento, ya que no se puede experimentar con la sociedad en conjunto, sino que este problema slo puede solucionarse por referencia a conceptos, tericos u operacionales, metasociolgicos o que se ocupen de los hechos en cuanto tales. [PIAGET, 1970: 61-62, 70-71]
Por lo que respecta al objetivismo, podemos definirlo, en primer lugar, como la concepcin que hace hincapi en que los datos del conocimiento, desde las proposiciones simples a las teoras complejas, tienen propiedades y caractersticas que trascienden las creencias y los estados de conciencia de los individuos que las conciben y las contemplan (CHALMERS, 1980: 159). Se podran dar otras definiciones suplementarias pero, en todo caso, considero que en la tradicin positivista se ha hecho gala de objetivismo apoyndose, sobre todo, en la prevalencia del razonamiento inductivo y en la independencia entre el sujeto y el objeto de conocimiento (o, dicho de otra manera, la necesidad de la mutua separacin y exterioridad: el conocimiento se adquirira tomando distancia). El primer aspecto del objetivismo, el de la induccin, consiste en elaborar las teoras a partir de la observacin. Con esas teoras y leyes se pueden explicar y predecir (deducir) nuevos sucesos. Esta cadena lgica ha sido duramente criticada tanto por las debilidades de las observaciones sensoriales, como por no reconocer los problemas y teoras previas a la observacin: La teora domina al trabajo experimental desde la misma concepcin de partida hasta las ltimas manipulaciones de laboratorio (POPPER, 1959: 107); las teoras ofreceran posibilidades objetivas de conocimiento y problemas disponibles en la ciencia para avanzar en l (CHALMERS, 1980). Pero el recurso a la experiencia y la obtencin de un conocimiento objetivo han permanecido como ncleo duro de la posicin objetivista. El conocimiento cientfico se definira por su impersonalidad subjetiva, aunque la pretensin de objetividad debera apoyarse, en ltimo trmino, en la percepcin sensorial de los individuos. De hecho, lo que afirmaban autores como el primer Wittgenstein, es que los valores y los hechos pertenecen a esferas del mundo totalmente distintas. El conocimiento cientfico slo sera posible enunciando juicios de hecho. Los sujetos del conocimiento tendran una misin objetiva: poner de manifiesto el orden de conexiones
157
I:3
entre los hechos del mundo, objetivar el mundo de los objetos (RUSSELL, 1948). En el caso de las ciencias sociales, por lo tanto, tambin se tratara de objetivar el mundo de los sujetos individuales o colectivos- en tanto que objetos. Con la expresin en tanto que objetos nos referimos al precepto epistemolgico de Durkheim para la sociologa de tratar los fenmenos sociales (y ello incluye a los individuos y a los grupos, adems de sus artefactos, instituciones y cualidades colectivas) como si fueran cosas. La extraa idea del conocimiento cientfico como un conocimiento sin sujeto, tal como se ha formulado desde Galileo hasta Popper, no slo ha obtenido las respuestas ad hoc de que se trata de una razn trascendental (o divina en algunos casos) en la que participamos con la produccin de conocimiento verdadero (Bacon, por ejemplo) o la de que, en cambio, es un lenguaje perfecto el que garantizar la objetividad de la ciencia (Wittgenstein, por ejemplo). Tambin se ha apoyado en la ambigua tesis de Durkheim para quien hay un sujeto cognoscente, pero ese es la sociedad como un todo (LAMO DE ESPINOSA, 1987). Popper, por su parte, tambin conserv la objetividad del conocimiento sin necesidad de un sujeto emprico trascendente (digamos, la comunidad cientfica, por ejemplo), pero, un poco ms alejado del positivismo lgico, estableci que esa objetividad se adquiere por el carcter hipottico en el que se formulan las teoras. Son verdaderas si se pueden falsar (refutar) ya de nuevo al lado del positivismo- con nuevas pruebas experimentales, momento en el cual paradjicamente- pierden su verdad y le dan paso a nuevas conjeturas (MEDINA, 1989: 34-62). Por ltimo, y sin entrar en todas las caracterizaciones posibles del positivismo, es conveniente sealar una ms an no mencionada: el conductismo que le atribuyen autores como Carnap a las ciencias sociales dentro de la Ciencia Unificada gracias al lenguaje fisicalista, principio mediante el cual se deberan concentrar en describir y explicar slo la conducta observable, evitando referencias a los estados mentales o mecanismos ocultos (MEDINA, 1989: 13-33; BUNGE, 1999: 66-68). Ese conductismo fue el asumido en sociologa por el psicologismo (HOMANS, 1987) y, con sus matices, por una gran parte del estructural-funcionalismo (DEZ NICOLS, 1976; GARCA FERRANDO, 1980; TEZANOS, 1991), aunque se ha enfrentado con numerosos callejones sin salida que, sobre todo, no han
158
I:3
permitido demarcarla bien con respecto a la psicologa, como se ha demostrado abundantemente (PIZARRO, 1998). Validez en la sociologa y sus crticos Pues bien, ya tenemos, a mi juicio, los ingredientes esenciales de la epistemologa que hemos denominado positivista. Por supuesto, no todos los autores que defienden, por ejemplo, el objetivismo o la unidad del mtodo cientfico se alinearan necesariamente en las filas del positivismo. Para que fuese as deberan coincidir tambin con todos o casi todos los otros rasgos que le hemos atribuido a tal visin del conocimiento cientfico. El objetivismo de Marx, por ejemplo, no se puede hacer equivalente al de Durkheim o al de Weber, ya que el primero especifica su objeto en las leyes de la historia y parte de la desmitificacin de la ciencia concebida por un sujeto (la burguesa) sospechoso de parcialidad. En cambio, Durkheim y Weber no dejan de rizar el rizo del positivismo al afirmar que los juicios de valor o las representaciones colectivas deben ser observados con neutralidad valorativa por los socilogos, deben ser tratados como si fueran hechos aunque no lo sean. Como ya argumentamos, Durkheim es quien ms se acercara al conjunto de posiciones positivistas aplicadas a la sociologa. Pero no ha faltado, ni siquiera entre sus seguidores (funcionalistas, sobre todo), la negativa a aceptar cmodamente esta adscripcin epistemolgica sin reservas. Este es el caso de quienes reclaman la validez de las contribuciones de un Durkheim no estrictamente positivista por cuanto no partira de datos sino de objetos o hechos construidos a partir de una problemtica terica preliminar:
Lo real nunca tiene iniciativa puesto que slo puede responder si se lo interroga. (...) Ocurre como si el empirismo radical propusiera como ideal al socilogo anularse como tal. (...) Quiz la maldicin de las ciencias del hombre sea la de ocuparse de un objeto que habla. [BOURDIEU ET AL., 1973: 55-57]
Por el contrario, quienes abrazan abiertamente la unidad del mtodo cientfico para todas las ciencias, incluidas las sociales, sintetizan dicho mtodo en cinco reglas o postulados mximos (GIBSON, 1961): 1) abstrac159
I:3
cin (descripcin de las propiedades y relaciones de las cosas); 2) generalizacin (en forma de reglas o leyes causales y expresadas cuantitativamente); 3) observacin experimental (razonamiento inductivo y sustento en la evidencia emprica); 4) atenerse a los hechos (y no a los valores); 5) objetividad (distanciarse de las influencias que tiene el medio sobre el investigador cuando ste desea conocer la realidad a partir de la experiencia). Lo que s aceptan estos defensores a ultranza del positivismo en sociologa es que, dentro de los lmites de esas reglas, se module su aplicacin de acuerdo con las caractersticas propias de la realidad social (diferentes a las de la realidad fsica). Es decir, el objeto condicionara al mtodo, pero ste permanecera invariable en lo esencial con respecto a las otras ciencias y sus componentes normativos (las reglas) seguiran siendo el ideal de cientificidad. En cierto sentido, esas reglas metodolgicas adquirieron su continuidad y complementariedad en las reglas ticas o institucionales que Merton puso de manifiesto en su anlisis sociolgico de la ciencia: universalismo (carcter internacional, impersonal y virtualmente annimo), comunismo epistmico (compartir sin restricciones el conocimiento cientfico), desinters (honestidad personal) y escepticismo organizado (nfasis en la duda metdica, la argumentabilidad y la contrastabilidad) (MERTON, 1968: 636647; BUNGE, 1999: 234-239). En qu aspectos, finalmente, se ha criticado este punto de vista, sobre todo en lo que concierne a su validez para la sociologa? Veamos algunas de las objeciones ms extendidas, aunque no entrar ahora en una discusin excesivamente pormenorizada ya que casi todas ellas desembocan, en cierta forma, en los postulados del relativismo que examinaremos despus. 1) La primera afirmacin opuesta al positivismo considerara que las personas que investigan la realidad social no pueden tomar la misma distancia y la misma actitud de exterioridad con respecto a sus objetos de estudio que la que se toma con respecto a los objetos de la fsica o la biologa, por ejemplo. Se constatara, adems, que los socilogos, con frecuencia, estudian los fenmenos sociales desde dentro o interactuando con ellos de tal forma que en el proceso de investigacin se incrementan las relaciones sociales de influencia mutua. Los objetos de la sociologa son, precisamen160
I:3
te, sujetos con semejantes capacidades de objetivacin que las de los cientficos profesionales, adems de que no tienen por qu dejar al margen sus valores e incluso pueden reaccionar de un modo inusual cuando son investigados en comparacin a cuando no lo son. Por esta razn, cuanto ms intrusivas son las tcnicas de investigacin cuanto ms contacto se mantiene o cuando se precisa ms inmersin en el mundo de los colectivos estudiados-, ms se precisa incluir en el objeto de estudio la propia actividad de objetivacin del investigador y las reacciones subjetivas o de objetivizaciones alternativas que suscita en las personas estudiadas (IBEZ, 1991: 129). Por supuesto, todo esto acontecera en menor medida con los anlisis histricos, documentales o de medios de comunicacin, es decir, con tcnicas poco intrusivas, aunque stas no se pueden manejar en muchos casos o no son las ms apropiadas. Con estas simples premisas se pondran en jaque, parcialmente, los presupuestos positivistas de objetividad y de descomposicin de la realidad en hechos atmicos (o con especficas conexiones causales, funcionales y necesarias entre ellos). 2) En segundo lugar, la evacuacin de los valores y de los significados mltiples (los que no se corresponden biunvocamente con un signo) del conjunto de objetos de estudio para la sociologa -de la realidad socialque sugiere el positivismo, tambin supone un reto ampliamente desacreditado por los crticos de esta orientacin. Por una parte, los investigadores sociales no slo no podran dejar en casa sus propios valores y creencias, sino que, ante todo, ellos habran motivado en alguna medida la seleccin de los fenmenos que pretenden estudiar. Por lo tanto, todo el proceso de investigacin incluida la formulacin de hiptesis o las decisiones sobre el tipo de tcnicas a emplear- est valorativamente orientado. No contrarresta ms este hecho la imposicin heternoma de los programas de investigacin por parte de una institucin estatal, por ejemplo, aunque s puede generar contradicciones, desacuerdos o falta de entusiasmo que tambin dejarn su huella en los resultados del trabajo. Por otra parte, las definiciones conceptuales de la sociologa echan mano del sentido comn, de los significados y de las connotaciones circulantes en la sociedad. Tampoco somos ajenos, pues, a los cambios y creaciones de significado que se producen continuamente. Encontrar el sentido
161
I:3
de todo ese universo de significados y valores exige familiarizarse con l, usarlo y contrastarlo de tal manera que todo el lenguaje tcnico y lgico que se quiera construir para comprenderlo estar impregnado de esas inexactitudes (BERGER y KELLNER, 1981). Por supuesto, no todos los fenmenos sociales exigen tanta inmersin y comprensin en profundidad. Pensemos, por ejemplo, en los estudios sobre los ingresos y ttulos conseguidos en la Universidad por hombres y mujeres. En cambio, estudios sobre la sexualidad, sobre la profesin policial o sobre actividades delictivas, por ejemplo, nos enfrentaran realidades sociales poco visibles y poco accesibles con anlisis estadsticos. Sin entrar ahora en la objetividad de estudiar las dimensiones ms subjetivas de cualquier fenmeno social, la subjetividad de quien investiga se notar necesariamente ms en los momentos de interpretacin y de reconstruccin de los hechos (tanto ms cuanto entre esos hechos se incluyan los juicios de valor y las relaciones empticas intersubjetivas- producidas entre los sujetos investigados, y entre ellos y los sujetos investigadores), aunque pueda minimizarse algo en los momentos de la descripcin y de la generalizacin. 3) Por ltimo, los esfuerzos por generalizar, explicar y predecir tampoco se suelen ver recompensados en las ciencias sociales. Ello no es debido a que se consuman todas las energas en los esfuerzos por comprender, como podra sugerir la subordinacin que hace Weber de esta operacin con respecto a la primera. Ms bien deberamos aducir la provisionalidad y dependencia contextual de las tipologas construidas en cada investigacin social, las mltiples condiciones que pueden intervenir en el desarrollo de los acontecimientos futuros (aunque hayamos averiguado las que intervinieron de forma ms relevante en los cambios sociales del pasado), las novedades que encontramos en observaciones sucesivas cuando se intenta replicar experimentalmente un resultado, la insuperable diferencia de intereses que puede existir entre la comunidad cientfica y la sociedad a la hora de validar la verdad o utilidad de los anlisis sociolgicos, etc. La verdad de las proposiciones dependera de los modelos de verificacin socialmente aceptados en cada momento y, adems, rara vez podramos realizar experimentos sociolgicos con el grado de control y manipulacin que se exige en los laboratorios de las ciencias naturales, sin chocar gravemente, al menos, con principios ticos o con la legtima
162
I:3
negativa de la sociedad (WRIGHT MILLS, 1963). La experimentacin y comprobacin en la prctica de la teora de cualquier ciencia, por su parte, exige que sea una teora (un sistema de proposiciones articuladas) la que prime sobre la experiencia para ir decidiendo qu datos son pertinentes y significantes; realmente se huira de los hechos (de su sentido como totalidad o proceso) si se enfrentasen uno a uno (BOURDIEU ET AL., 1973: 8394). Los dos ltimos tipos de crticas (junto a otros como el carcter necesariamente probabilstico y no causal de muchas leyes, la violacin continua de las reglas metodolgicas, la imposibilidad de predecir terremotos en geologa o la aparicin de nuevas especies en biologa, etc.) tambin se han dirigido a veces contra la racionalizacin positivista del proceder en las ciencias naturales. Por ello, no es seguro que las ciencias naturales funcionen segn los restringidos criterios positivistas al completo. Lo que s creo que merece la pena admitir de la tradicin positivista es, entre otras cosas, el intento de demarcacin de la ciencia con respecto a la metafsica, con razonables alegatos a la coherencia lgica de las teoras y a su conformidad con la realidad emprica. En todo caso, ambos objetivos ideales son problemticos, sobre todo, en la sociologa, donde tenemos una realidad con mltiples objetos y procesos que constituyen a esos objetos (desde un cuadro artstico hasta las trayectorias laborales de grupos de edad especficos, pasando por las prcticas del aborto o de la pena de muerte, por ejemplo), entre los que se hallan los propios sujetos de conocimiento (tanto los que se dedican profesionalmente a ello, como el resto de la poblacin). Tambin deberamos reconocer que el hecho de preguntarnos por qu y cmo se desarrolla la vida social en sus sustratos bsicos y reales, en sus aspectos ms regulares e invariables, a pesar de la multiplicidad y complejidad a que da lugar, entronca a la sociologa con una de las actitudes bsicas (racionalista y objetivista) del positivismo (TURNER, 1987). A mi juicio, la verdad y la objetividad del conocimiento no se pueden entender, tanto en las ciencias naturales como en las sociales, sin la relacin que mantienen con el conjunto del proceso de investigacin y con los problemas y condiciones sociales que lo posibilitan.
163
I:3
Pero entre los objetos de la sociologa tenemos tanto conjuntos de relaciones sociales (es decir, sistemas y procesos, no slo hechos o individuos) que permiten su objetivacin sin demasiadas interferencias; como sujetos que hablan, conocen, creen, eligen y se relacionan con los sujetos del conocimiento sociolgico oficial, lo cual puede ser relevantemente influyente durante el proceso de investigacin. Como hemos visto, esta ltima cualidad (ausente en el resto del mundo natural), alejara a la sociologa, sustancialmente en muchas ocasiones (por lo tanto, no siempre ni necesariamente de forma absoluta), de los ideales positivistas del distanciamiento valorativo, la explicacin causal o la experimentacin.
164
I:3
165
I:3
3.2 R ELATIVISMO Hacia el final del Tractatus, Wittgenstein expresaba lo que se ha interpretado, a veces, como una apertura a los problemas de las ciencias sociales, aunque marcados ah por la imposibilidad de abordarlos cientficamente:
6.52 Sentimos que an cuando todas las posibles cuestiones cientficas hayan recibido respuesta, nuestros problemas vitales todava no se han rozado en lo ms mnimo. Por supuesto que entonces ya no queda pregunta alguna; y esto es precisamente la respuesta. [WITTGENSTEIN, 1922: 182]
Sin embargo, en sus posteriores escritos se puede observar un giro progresivo hasta admitir el anlisis cientfico de otros lenguajes (naturales, comunes, privados) distintos de la formalizacin lgica preconizada antes como forma y contenido exclusivos de la ciencia. Sin abandonar del todo la actitud empirista y conductista que le caracterizaba (el significado de cualquier lenguaje residira, segn Wittgenstein, en el uso que hacemos de l), hizo de la comprensin y de la interpretacin ejercicios de sustitucin de las reglas por las que nos entendemos en la prctica (sin acudir a los procesos mentales ni, siquiera, a los supuestos referentes reales de nuestras expresiones). Y abri, as, una primera puerta al relativismo epistemolgico: sera la comunicacin real, social, con sus reglas, efectos y juegos paradjicos la que, al final, impregnara tambin la expresin del conocimiento cientfico. La verdad de ste sera relativa, pues, a los contextos en los que usa su propio lenguaje. Si no importa tanto la relacin dectica del lenguaje con la realidad como las mltiples formas que tenemos de nombrarla, si no hay un lenguaje nico e ideal que permita la comunicacin sino varios lenguajes privados, slo nos queda una ingente pluralidad. El sujeto de conocimiento no se disuelve, pero limita su funcin cientfica a replicar esas realidades si quiere conservar su pluralidad intrnseca, a hacerlas inteligibles sin prescindir de las mltiples posibilidades que contienen:
Conocer es siempre violentar lo que se conoce: reducir sus virtualidades [WITTGENSTEIN, 1953: 241]
166
I:3
Este sustrato relativista (muy ligado a la pragmtica de W.James y Ch.Pierce, encargada del estudio de las relaciones entre los signos y sus intrpretes) se puede encontrar en las epistemologas de autores postpopperianos como Kuhn y Feyerabend, adems de en numerosas escuelas tericas en sociologa que parten del comprensivismo de Weber y del interaccionismo de G.H.Mead, hasta llegar a versiones ms actuales como el constructivismo de Luhmann. En todo caso, precisamos apreciar mejor en qu consiste, en conjunto, el relativismo en tanto que orientacin epistemolgica.
Diferencias, singularidades e interpretaciones La posicin relativista se puede retrotraer hasta la ecologa y la antropologa. Dos contenidos sociales van ligados a las constataciones de esas perspectivas: la diversidad cultural y la mutua inconmensurabilidad. Es decir, existiran diferencias significativas entre sociedades o entre grupos dentro de una misma sociedad y sera imposible valorarlas en su totalidad con los criterios de valor usados en la cultura de quien valora. Entre nosotros y los otros habra una insalvable distancia social y geogrfica, unas veces, y dominacin, colonizacin o ignorancia, otras. En este sentido, el relativismo cultural consistira en la actitud de respeto y tolerancia hacia las otras culturas y se opondra al etnocentrismo por el que se asumiran nuestras conductas como naturales, nuestras ideas como verdaderas y nuestra civilizacin como la nica humana, racional y valiosa. El estudio cientfico de una realidad pluricultural no podra sustraerse, en definitiva, de adoptar esa actitud tica relativista en todos o la mayora de los momentos de la investigacin. A menudo, se limitara a las fases fundamentalmente descriptivas o etnogrficas: en la sociologa de la cultura, por ejemplo, se han adoptado enfoques descriptivos de la diversidad cultural dentro de una misma sociedad, con especial atencin a los mundos de vida particulares de la clase obrera (HOGGART, 1957: 87-122; WILLIS, 1977). Otras veces, el relativismo se ha formulado desde pticas distintas a la versin estructuralista clsica, como un punto de partida ontolgico en el que se debera profundizar
167
I:3
ms (GEERTZ, 1973: 287-298) o sobre el que habra que limitar su influencia en el proceso de investigacin (HARRIS, 1983: 22-36).
La actitud ms antigua (...) consiste en repudiar pura y simplemente las formas culturales morales, religiosas, sociales, estticas- que estn ms alejadas de aquellas con las que nos identificamos. (...) As la Antigedad confunda todo lo que no participaba de la cultura griega (y luego grecorromana) bajo el mismo nombre de brbaro; la civilizacin occidental utiliz despus el trmino de salvaje con el mismo juicio: es probable que la palabra brbaro se refiera etimolgicamente a la confusin y a la inarticulacin del canto de los pjaros, opuestas al valor significante del lenguaje humano; y salvaje quiere decir del bosque, evoca tambin un gnero de vida animal, por oposicin a la cultura humana. (...) El hombre moderno se ha entregado a cien especulaciones (...) para explicar la diversidad de las culturas sin dejar de intentar suprimir lo que esta diversidad conserva para l de escandaloso y de chocante. [LEVI-STRAUSS, 1958: 308-310]
Esta ltima cita nos introduce al universo relativista en el que se reconocen las virtudes de las otras formas de vida y conocimiento sin necesidad de asimilarlas a un estadio primitivo de las nuestras, estas ltimas prejuiciosamente estimadas como ms evolucionadas y desarrolladas. Algo semejante sera extrapolable a lo que ocurre entre distintas teoras dentro de una ciencia o a la relacin existente entre las ciencias sociales y las naturales. Cada uno de esos colectivos buscar la verdad de sus respectivos objetos, pero ni stos son nunca definidos en los mismos trminos (no significan lo mismo en cada escuela terica o en cada ciencia) ni se siguen necesariamente los mismos caminos (mtodos) para explicar sus leyes de funcionamiento. La cooperacin entre seres humanos (o entre animales no humanos), por ejemplo, sera uno de esos casos de mayor polmica conceptual e interpretativa incluso dentro de una misma disciplina cientfica. En consecuencia, slo el reconocimiento de algn tipo de abismo cultural (desconocimiento, desencuentro de posiciones morales, tentativa de sometimiento, etc.) o de condicionamiento social (recursos pblicos dedicados arbitrariamente a programas especficos de investigacin, argumentos de autoridad, lucha por posiciones de poder en las instituciones, etc.) podran ayudarnos a explicar, sociolgica o antropolgicamente, la relatividad de las supuestas verdades alcanzadas por cada equipo investigador.
168
I:3
En este punto se inauguraron varias respuestas. Las primeras crticas al positivismo (Popper) sostenan que los procedimientos deductivos prevalecan realmente sobre los inductivos y que la objetividad estaba limitada por las consecutivas falsaciones entre teoras. Y, a la inversa, nadie debera proponer una teora sin pensar primero en todos los casos que la podran desmentir. El criterio normativo sera, pues: no digas slo en qu te basas para afirmar algo, sino dime por qu no se conoce nada que contradiga lo que afirmas. En todo caso, desde esa postura se sostena en coincidencia con el positivismo- que el conocimiento cientfico es acumulativo y uno solo. El relativismo de las siguientes escuelas (Kuhn) se fundamentaba en que el progreso cientfico no descansaba en una simple acumulacin y que los conocimientos eran producto del consenso de cada comunidad de cientficos. Ese consenso, a su vez, sera fruto de un conjunto de suposiciones (muchas, no racionales), reglas de comportamiento y de construccin (terica) de hechos: constituyen, en definitiva, un paradigma (o matriz disciplinal, como la denomin despus), no una teora. Nuevas verdades son aceptadas cuando un paradigma entra en crisis y es sustituido, revolucionariamente, por otro. Pero mientras coexisten y se confrontan, sus modos de ver la realidad son inconmensurables, no se pueden comparar basndose en unidades de medida comunes. En el apndice de 1969 de su principal obra, Kuhn diriga su indagacin sobre la verdad del conocimiento cientfico a los grupos sociales que lo construyen discursivamente: El conocimiento cientfico, como el lenguaje, es intrnsecamente una propiedad comn de un grupo, no podra ser de otro modo. Para entender esto vamos a necesitar conocer las caractersticas especiales de los grupos que lo crean y utilizan. Evidentemente, esta posicin, ms que aclarar cmo puede conocer algo la sociologa, le deja a la sociologa que diga cmo pueden conocer algo las otras ciencias (LAKATOS ET AL., 1965; CHALMERS, 1980; MEDINA, 1989). La tercera defensa del relativismo y, posiblemente, la ms esclarecedora, es la representada por Feyerabend: Hay slo una tarea que podamos legtimamente pedir a una teora, y es que nos d una descripcin correcta del mundo, es decir, de la totalidad de los hechos vistos a travs de sus propios conceptos (FEYERABEND, 1970: 132). Por esta razn, la investigacin cientfica no comenzara definiendo problemas y resolvindolos, sino disol169
I:3
vindolos y eliminndolos del dominio de investigacin legtima para la nueva teora (FEYERABEND, 1970: 118). Este autor lleva la postura relativista hasta afirmar que no existe ningn mtodo cientfico universal y que existen otras formas de conocimiento no necesariamente inferiores al conocimiento cientfico. Cada forma de conocimiento (y podramos incluir aqu las particularidades de la ciencia social y no slo la magia, la astrologa, la literatura o el budismo, como propone Feyerabend) debera, pues, ser evaluada en funcin de sus mtodos, objetivos y realizaciones. En consecuencia, para este autor, el conflicto entre teoras y evidencias propuestas por cada una, la proliferacin de mltiples teoras y puntos de vista en abierta discusin crtica de sus respectivas contradicciones, y el desarrollo de la individualidad creativa en toda su amplitud, seran considerados como elementos ms beneficiosos para el progreso del conocimiento que la sumisin a unas reglas metodolgicas preestablecidas constante y afortunadamente transgredidas- (el mtodo correcto ni existe ni puede existir) o a los condicionamientos sociales (tecnolgicos, econmicos, de reconocimiento dentro de la comunidad cientfica, etc.). Matizando sus planteamientos, en otras obras Feyerabend insisti en que la proliferacin sera adecuada slo en sociedades basadas en la libertad y la democracia y se tratara de una condicin necesaria pero no suficiente para producir conocimiento cientfico. Cada ciencia debera ser examinada tanto en sus propios trminos como en funcin de su contexto de produccin. Adems, las ideas no se crean ni se destruyen, slo se transforman:
Lo que digo es que es imposible derrotar completamente una idea y que incluso el punto de vista ms oprimido puede protagonizar un regreso triunfal, siempre y cuando forme parte de un esfuerzo colectivo... [FEYERABEND, 1991: 104]
Por ello, lleg a sugerir que el relativismo siempre tiene algn punto de anclaje valorativo (es decir, no relativista):
Las tradiciones investidas de poder militar, econmico o aparentemente espiritual abruman con frecuencia a los oponentes ms dbiles. Las consecuencias son casi siempre desastrosas. As, en lugar de analizar y criticar los casos desgraciados y buscar la forma de evitarlos en el futuro, es decir, en lugar de fijarse en lo particu170
I:3
lar, enunci el principio general: dejemos las tradiciones en paz! Esto no fue slo intil, sino sumamente estpido porque las tradiciones, por su propia naturaleza, intentan ir ms all de sus fronteras y, de hecho, deben lograrlo si quieren sobrevivir. (...) No slo debemos tolerar el modo de vida de los extranjeros, sino que debemos asumir el valor intrnseco que posee. (...) Modos de vida que parecan extraos y poco cientficos podran tener un mrito intrnseco. (...) La nica justificacin para dejar de lado provisionalmente la primera sugerencia es la experiencia, el pensamiento y las opiniones que surgen de un conocimiento profundo. Me parece que no tiene sentido y que es sencillamente inhumano, condenar e incluso atacar una tendencia, una cultura o una idea procedente del exterior, sin haber intentado reconciliarse con ella o sin haber recibido informes detallados de personas que la conozcan directamente. [FEYERABEND, 1991: 104-108]
Por ltimo, la sociologa, en tanto que ciencia, se caracterizara por su poder para recuperar las experiencias personales (la subjetividad) de sus objetos complejos sin dejarse impresionar por la generalizacin cuantitativa de las ciencias naturales, tal como sugiri Feyerabend en el siguiente dilogo:
BRUCE: Y tu crees que los cientficos s saben qu es el conocimiento? JACK: No hablan de ello, pero lo producen. BRUCE: No s en qu ciencias ests pensando, pero en mi campo, en sociologa, existe un debate permanente sobre el mtodo correcto. Unos dicen que no puede haber conocimiento alguno sin estadsticas. Otros dicen que debes cogerle el truco a la materia que ests examinando para estudiar casos individuales en detalle y escribir acerca de ellos como si fueras un novelista. (...) JACK: Os habis encontrado alguna vez, muchachos, con algo tan sencillo, hermoso y afortunado como la teora de Newton? DAVID: Claro que no! Los seres humanos son ms complicados que los planetas! Adems, vuestras maravillosas ciencias naturales ni siquiera pueden explicar el tiempo meteorolgico... (...) B: Brecht fue un genio y un gran poeta. Sin embargo, rindi un flaco servicio al teatro, al aventurar un enfoque que convirti el escenario en un laboratorio sociolgico. La sociologa ya es lo bastante mala. Extirpa los elementos personales y los sustituye por esquemas vacos. Castrar el teatro de forma similar fue un crimen. No, lo que yo quiero es un teatro que sumerja de nuevo al espectador en la accin y favorezca la transformacin del crtico objetivo en participante activo. [FEYERABEND, 1991: 11, 110]
171
I:3
A partir de lo anterior cabe preguntarse legtimamente: si la sociologa del conocimiento (el estudio de los grupos sociales que defienden una teora, de sus posiciones sociales, del funcionamiento de las instituciones en las que trabajan, de sus puntos de vista ontolgicos y morales, etc.) es el principal cimiento de una valoracin relativista de la ciencia, deber adoptar tambin la sociologa una perspectiva epistemolgica relativista? Por coherencia, la respuesta debera ser afirmativa. Pero esta expansin infinita del relativismo conduce a la paradoja clsica: todo lo que afirme un relativista con respecto a cualquier verdad de cualquier ciencia es una afirmacin a su vez relativa y, por tanto, no vlida, o, si es vlida, es una afirmacin absoluta y, por tanto, no relativa, en abierta contradiccin con las premisas del relativismo. En su versin popular: la nica sentencia absoluta es que todo es relativo. No hay salida, entonces?
Grados de conexin objeto-sujeto y sus crticas La defensa clsica del relativismo tanto en la sociologa del conocimiento como en la sociologa y en cualquier ciencia en general, argument que: 1) los resultados del conocimiento tienen que ser valorados en relacin con el proceso de su produccin e investigacin; 2) la verdad de un conocimiento siempre es gradual y dentro de unas condiciones y criterios concretos; 3) los investigadores dependen tanto de su posicin social como de sus intenciones y motivaciones individuales, encarnadas en sus opciones tericas; 4) las condiciones sociales de recepcin de los conocimientos, la aceptacin por el pblico al que se dirigen, marca otro lmite a la evaluacin de su validez (WRIGHT MILLS, 1963). En algunas de las defensas ms actuales se ha eximido a la sociologa de ser ella misma relativista, conservando la interpretacin relativista del proceder en las ciencias naturales (teoras del relativismo especial de Collins y otros), o bien se ha aceptado incluso una sociologa de la ciencia relativista a la vez que se niega cualquier objetividad posible en cualquier ciencia, proyectando tan slo la posibilidad de analizar las ilusiones de
172
I:3
objetividad, lo cual se realizara con cualquier medio literario o de comunicacin a nuestra disposicin (teoras del relativismo reflexivo de Ashmore, Mulkay, Woolgar y otros) (LAMO, 1993).1 Desde semejantes planteamientos, aunque algo ms alejados inicialmente de la sociologa, se ha desarrollado otra perspectiva de relativismo extremo que podramos denominar constructivismo y en la que aqu no vamos a entrar a fondo. En el constructivismo, como en el relativismo, el sujeto (de conocimiento, de crear significados y representaciones, de portar ideologas y sentimientos, etc.) adquiere prioridad sobre los objetos. No existe una realidad fuera de la mente del individuo. ste la construye a partir de las categoras que ha ido construyendo a su vez desde la infancia. Puesto que no hay realidad (solipsismo: slo yo existo), no hay criterios de verdad o de validez ni tampoco ningn conocimiento que se pueda corresponder con ella. Lo nico importante es que el conocimiento construido sea til para resolver problemas tal como son percibidos (en ltimo trmino, problemas que tienen que ver con la felicidad o infelicidad psicolgica de cada cual). Los individuos seran libres y plenamente responsables de lo que han creado o elegido, pero pueden caer en la ceguera ideolgica, en el sndrome de utopa, en paradojas, en contradicciones o en inconsciencia con respecto a las consecuencias de sus acciones (WATZLAWICK ET AL., 1988; IBEZ GRACIA ET AL., 1989). Desde semejantes planteamientos, aunque algo ms alejados inicialmente de la sociologa, se ha desarrollado otra perspectiva de relativismo extremo que podramos denominar constructivismo y en la que aqu no vamos a entrar a fondo. En el constructivismo, como en el relativismo, el sujeto (de conocimiento, de crear significados y representaciones, de portar ideologas y sentimientos, etc.) adquiere prioridad sobre los objetos. No existe una realidad fuera de la mente del individuo. ste la construye a partir de las categoras que ha ido construyendo a su vez desde la infancia. Puesto que no hay realidad (solipsismo: slo yo existo), no hay criterios de verdad o de
1
Haciendo sumario de sus investigaciones e ideas a este respecto, son de inters, los libros de WOOLGAR (1988) y LATOUR (1991). Tambin se pueden consultar varios artculos originales en el nmero monogrfico de la revista Poltica y Sociedad (n14/15, 1993-1994). Un ponderado estudio general sobre el relativismo en sociologa puede consultarse en: BELTRN (1993). 173
I:3
validez ni tampoco ningn conocimiento que se pueda corresponder con ella. Lo nico importante es que el conocimiento construido sea til para resolver problemas tal como son percibidos (en ltimo trmino, problemas que tienen que ver con la felicidad o infelicidad psicolgica de cada cual). Los individuos seran libres y plenamente responsables de lo que han creado o elegido, pero pueden caer en la ceguera ideolgica, en el sndrome de utopa, en paradojas, en contradicciones o en inconsciencia Recientemente ha sido publicada una obra que es en extremo crtica con los socilogos del conocimiento relativistas especialmente en lo que se refiere a su programa fuerte (la ciencia como un relato ms...) y al abuso de trminos cientficos descontextualizados o errneos (SOKAL y BRICMONT, 1998). Uno de esos autores es conocido por haber ridiculizado la sociologa relativista de la ciencia a travs del envo a una revista de ciencias sociales, de un artculo (Transgredir las fronteras: hacia una hermenutica liberadora de la gravedad cuntica) deliberadamente lleno de disparates sobre la fsica, pero enunciados en el lenguaje del postmodernismo sociolgico. Posteriormente hizo pblico el experimento y acus de irracionalismo a la revista y a muchos de los autores que escriben en un lenguaje oscuro y mistificador sobre ciencias sociales y naturales. En mi opinin, la mayora de las aproximaciones relativistas no llegan a negar la vocacin emprica de la sociologa. Lo que ocurre es que no la circunscriben, ni le dan prioridad, a la bsqueda de explicaciones generales de los sistemas de relaciones sociales con que se encuentra. Ms bien al contrario: la comprensin de los sistemas de creencias y de los procesos sociales por los que se construyen e inventan los discursos, ideas y significados sociales, constituyen su primordial preocupacin. Y este programa afectara tambin a las pretensiones de objetividad de todas las ciencias. No obstante, a muchos relativistas se les ha acusado de practicar un simple empirismo sin articular sus observaciones en una teora sistemtica de generalizaciones objetivas (BUNGE, 1999: 280). El relativismo y la reflexividad seran, si tomamos en serio el programa general del relativismo aqu expuesto, mecanismos de auto-vigilancia epistemolgica para no caer en las redes de la mitificacin social de la ciencia que existe en nuestra sociedad, al mismo tiempo que nos proponen vi174
I:3
siones del conocimiento cientfico que exigen penetrar sin tapujos en las mltiples tribus, poblados (espacios) e idiomas (subjetividades) que encontramos en cualquier sociedad y en distintas pocas (historia). Las consecuencias pueden ser el mestizaje, el trazado de nuevas fronteras (consensual o conflictivamente establecidas) o la mutua retirada e ignorancia. Pero el punto de partida es que el objeto y el sujeto de la investigacin estn unidos de alguna manera relevante para el proceso y los resultados de la investigacin. Incluso, sostienen algunos autores relativistas, tambin sucedera eso en las ciencias duras, aunque, en mi opinin, siempre menos que en las ciencias sociales y en stas, an, depende del tipo de sujetos y de objetos que intervienen en cada caso. Por ejemplo, no es igual estudiar las tasas de fecundidad en los ltimos treinta aos que las recientes formas de convivencia en los hogares urbanos. En el primer caso, tanto el nmero de individuos implicados, como el perodo histrico abarcado, as como las dimensiones del fenmeno concreto a estudiar, pueden hacer difcil e innecesario, al menos en buena parte del estudio, contar con las subjetividades culturales implicadas. En el segundo caso, sin embargo, se trata de una realidad social novedosa, que alude a relaciones y grupos sociales muy especficos, que puede ser poco visible y que, por lo tanto, precisara de una aproximacin en profundidad y relativista a los sujetos involucrados. El relativismo epistemolgico fue adoptado en la sociologa por algunas de las primeras sntesis marxistas y weberianas (Mannheim, primero, y Wright Mills, despus), aunque difcilmente encontramos planteamientos parecidos en los paradigmas fundadores con la excepcin de la crtica de Durkheim al trascendentalismo kantiano que estableca la universalidad de las categoras bsicas del conocimiento y la preeminencia del sujeto. En la mayora de teoras funcionalistas (Parsons, Merton, etc.) e interaccionistas (Mead, Berger y Luckmann, etc.) se ha adoptado un relativismo moderado que no entra a cuestionarse las verdades o teoras de todas las ciencias (el llamado contexto terico- de justificacin), sino slo su contexto social- de descubrimiento. Una mayor radicalizacin del relativismo fue abanderada por la etnometodologa originaria (Garfinkel), alcanzando, a veces, posturas neofuncionalistas y constructivistas (Luhmann). En este sentido, algunos autores han formulado criterios metodolgicos para dotar de objetividad a la sociologa relativista (tambin
175
I:3
denominada, en ocasiones, interpretativa o fenomenolgica), aunque, como no poda ser menos, dichos criterios son en exceso flexibles y superables: autocontrol emocional del investigador, su distancia mental con respecto a los temas y grupos estudiados y la conciencia de que existen conocimientos previos y una comunidad cientfica de socilogos como referencias y guas de la investigacin (BERGER y KELLNER, 1981). Podemos revisar, por ltimo, los aspectos ms dbiles o cuestionables de esta perspectiva epistemolgica volviendo a hacer hincapi en lo que atae especialmente a la sociologa: 1) Al sustituir el principio de objetividad por otro de reflexividad o constructivista se est invirtiendo, casi siempre, la polaridad entre sujeto y objeto propia del positivismo, recayendo la prioridad ltima del proceso de investigacin en la subjetividad individual, en las capacidades subjetivas de darle sentido al mundo. Damos por supuesto que la realidad social no est compuesta nicamente de objetos o fenmenos colectivos (mquinas, casas, sistemas educativos o modas en la vestimenta), sino tambin de diversidad de grupos y de configuraciones culturales. Todo ello entra en el campo de observacin de la sociologa, lo cual no le ocurre a otras ciencias o, por lo menos, no les ocurre hasta que no cuestionan sus propios procesos de indagacin y de aceptacin consensual o persuasiva de los nuevos conocimientos. Adems, resulta coherente integrar la relacin que mantenemos como sujetos expertos de conocimiento social con nuestros objetos, que son tambin sujetos de conocimiento social (aunque no necesariamente expertos ni dedicados profesionalmente a ello), adems de participantes de las acciones sociales que nos interesa conocer. Pero sustituir la primaca de los hechos empricos por la de la creatividad ms o menos racional de los investigadores (como se puede derivar de las sugerencias de Feyerabend y de los relativistas mximos, por ejemplo) o reducir la subjetividad de las personas investigadas a sus visiones del mundo, supone, ante todo, poner en un segundo plano la realidad de esa diversidad y de esas relaciones reflexivas mencionadas. Y, a mi juicio, negarle ese papel a nuestros objetos en la construccin del conocimiento constituye una solucin poco satisfactoria al empirismo lgico. El riesgo ms frecuente que se sigue de lo anterior es el de caer en el subjetivismo, en el individualismo (las particularidades empticas para comprender cada
176
I:3
situacin) o en otras formas nuevas de empirismo simplificador (con registros descriptivos muy personales). 2) El problema de la diversidad cultural no slo nos exige preguntarnos por el sentido de los otros (sus verdades, formas de organizacin, creencias, valores, etc.), sino tambin por el sentido de nosotros (nuestros presupuestos y creencias, nuestras dependencias institucionales, nuestros intereses, etc.) y de nuestra propia investigacin (su utilidad, sus efectos, sus capacidades heursticas, etc.). Es posible, adems, que en muchos casos no se pueda pasar de las operaciones comprensivas a las explicativas: por falta de informacin suficiente, por las dificultades para puntuar el fin de la profundizacin, etc. En definitiva, no es nada fcil conocer lo diferente (e, incluso, lo propio) en su plenitud y desde todos sus puntos de vista, reconciliando, por aadidura, nuestras distantes visiones del mundo. Sobre todo, no es nada fcil hacerlo sin poner en cuestin nuestros puntos de partida y sin transformarnos, a la vez, en ese proceso. Es ms, ese proceso exige inmersin y participacin de modo tal que sean vvidas y crebles nuestras interpretaciones de lo antes desconocido. Sin embargo, en gran parte del relativismo se puede percibir un teln de fondo que comunica ms distancia y ms dogmatismo que el aparentemente reivindicado en su epistemologa. Me refiero, en particular, a la conservacin del supuesto de que existen unas instituciones universales (matrimonio, educacin, etc.) que simplemente varan de forma en cada cultura, lo cual, llevado a sus ltimas consecuencias, significa que hay un mismo modelo de humanidad y de razn universales que permanece latente en toda la especie humana y slo se registran variaciones y permutaciones dentro de una lgica comn de ser y pensamiento. Un relativismo consecuente debera poner en duda esa homogeneidad subyacente, al menos como premisa inicial de la investigacin (GEERTZ, 1973: 47-51, 291-295). Cada una de las instituciones y objetos de una cultura o grupo tendran, pues, su propio significado y su propia realidad autntica difcilmente comparables en base a trminos comunes. No obstante, frente al relativismo extremo, resulta ms razonable sostener que en muchos casos no slo no es imposible la comparacin conmensurable entre instituciones y procesos sociales de distintos grupos o culturas, sino que hasta suele ser necesario con frecuencia, sobre todo en caso de conflictos importantes (entre estudiantes y profesores, entre veci177
I:3
nos, entre grupos tnicos, etc.) que precisen de comprensin mutua, misiones diplomticas o mediadores mnimamente imparciales. En ese sentido, estoy de acuerdo con Harris cuando relativiza el relativismo como una actitud cientficamente tan admisible como otras (HARRIS, 1983: 25). Una cosa es poner a prueba nuestros juicios ticos y estimar su validez espacial y temporal, y otra abandonarnos a aceptar prcticas y cdigos penales que atentan, en todas las culturas y pases del mundo, contra cualquier nocin mnima de humanidad como el canibalismo, la guerra, la pena de muerte, el empalamiento de mujeres adlteras, la ablacin del cltoris, la persecucin de quien vende o consume drogas, la pobreza, la censura en los medios de comunicacin o el asesinato de disidentes polticos. Ese abandono presupone, como apuntaba Feyerabend, eliminar cualquier disposicin a informarse crticamente y en profundidad sobre esas prcticas y cdigos, a la vez que nos cuestionamos nuestro propio contexto cultural ms inmediato y los valores con los que nos identificamos. Aunque enseguida nos internamos en la paradoja de informarnos, a la vez, de un modo no relativista... 3) Por ltimo, el tratamiento de la informacin fruto de una investigacin edificada sobre el relativismo puede acabar fracturando sus propios cimientos. Es decir, que sus anlisis crticos de los diferentes modos de vida seran aplicables al mismo modo de vivir y de conocer de los cientficos relativistas. Pero, ms importante an es que, al eliminar todo punto de apoyo, se elimina tambin la posibilidad de evaluar sus propios resultados de la investigacin en trminos seguros y que permitan el debate pblico. Es cierto que se ha renunciado ya, de antemano, a la posibilidad de verificar experimentalmente el conocimiento producido desde este enfoque y que eso no significa una total ausencia de la realidad emprica (al menos no en todos los relativistas) en sus relatos sociolgicos. Pero no es menos cierto que en esos estilos narrativos frecuentemente objeto de la investigacin y, a la vez, recurso de presentacin de sus resultados (el dilogo, la irona, la fbula, la citacin, etc.), se pierde con facilidad el descubrimiento de las jerarquas sociales y de los mecanismos que las mantienen, a cambio de ofrecer visiones polidricas y caleidoscpicas sobre las diversas diferencias con las que convivimos.
178
I:3
Aparte de la dominacin material efectiva entre culturas lejanas (colonizacin) y entre culturas cercanas (discriminacin), el rgimen del Estado o del sistema econmico en cada sociedad tienden a permanecer como variables independientes en procesos en los que la accin significativa de los sujetos investigadores e investigados adquiere un mayor protagonismo, sin prestar mayor atencin a las dinmicas instituyentes por las que se generan normas de relacin ms o menos consensuadas entre los distintos grupos sociales en interaccin. Se cae fcilmente, por lo tanto, en una forma de postmodernismo (o populismo) en el que se exalta la diferencia y da igual que todo siga igual (CHALMERS, 1980; GRIGNON y PASSERON, 1992). En conclusin, una epistemologa relativista nos introduce en la subjetividad y en la creacin de significados y realidades, como no poda ser menos en las ciencias sociales. La duda metdica acerca de lo que asumimos acrticamente, la comparacin entre mundos y colectivos culturalmente diferentes y la comprensin de las relaciones que mantienen los sujetos y objetos de cualquier investigacin cientfica, abren una va de comprensin a la reiterativa llamada a la complejidad intrnseca de lo social, en comparacin con niveles menos complejos de la realidad biolgica y fsica. Ahora bien, esas subjetividades tambin se pueden presentar como regularidades y no slo como fenmenos singulares. Adems, como socilogos nos interesan especialmente, tal como sugera la ltima crtica formulada, sus correlaciones con otros fenmenos sociales de organizacin y de dominacin material. Por ltimo, debemos recordar que la epistemologa relativista no est generalmente exenta de presupuestos que inclinan la observacin y la interpretacin hacia el subjetivismo, hacia un universalismo etnocntrico en el trasfondo del mosaico de diferencias multiculturales y hacia el olvido de las relaciones desiguales entre colectivos y culturas. Y todo ello, a mi entender, tiene consecuencias en el tipo de verdades que podamos construir desde la sociologa (y desde cualquier otra ciencia).
179
I:3
180
I:3
3.3 S UPERACIONES
Las dificultades por distinguir lo que es y no es ciencia han dominado las discusiones epistemolgicas y, a un tiempo, han sembrado numerosas dudas en el quehacer de la sociologa. Desde las posiciones positivistas se crey encontrar un conjunto de reglas internas de validacin que obtuvieron su complemento en el ethos o cultura cientfica externa que propusieron socilogos como Merton (el universalismo, el comunitarismo, el desinters y el escepticismo organizado). La sociologa, as, no deba inmiscuirse en los problemas tericos y epistemolgicos de las otras ciencias, sino imitar sus logros, procedimientos y moralidad. La imitacin del modelo de las ciencias naturales, no obstante, estaba ya inscrita en los albores de la sociologa del siglo XIX, si bien la codificacin positivista del quehacer de esas ciencias supona una versin epistemolgica excesivamente rgida, tal como han puesto de relieve en las ciencias sociales las numerosas crticas relativistas (y tambin, por supuesto, otras filosofas de la ciencia). Desde las posiciones relativistas se argument que no existan reglas fijas ni comunes y que no haba ms epistemologa que la proporcionada por la sociologa de la ciencia, determinando esta ltima los intereses, creencias o relaciones de poder que influan realmente en crear verdades y teoras (desde fuera y desde dentro de la prctica cientfica). La sociologa, entonces, no slo no tena un modelo que seguir, sino que se converta ella misma en el modelo, aunque ofertando una pluralidad tal de guas de viaje que an habra que decidir cul o cules de ellas consultar para no aterrizar en el pas equivocado. Creo que las cuestiones crticas que he planteado al final de cada uno de los dos epgrafes anteriores son suficientemente ejemplares de que ninguna de esas dos consecuencias son aceptables en sentido estricto. Me parece ms satisfactorio asumir, con cierto relativismo, que, en cada poca, cada sociedad define lo que es ciencia en conflicto (o armona) con lo que las personas o grupos dominantes dentro de la comunidad cientfica tambin se esfuerzan en definir. De forma simultnea, no podemos omitir el hecho de que, en nuestra sociedad (si bien no de forma tan abrumadora en
181
I:3
las ciencias sociales), las posiciones positivistas han ganado ventaja durante dcadas en cuanto a ofrecer una definicin aceptable de la ciencia, por lo que sus planteamientos epistemolgicos se constituyen en la principal referencia a tener en consideracin (lo cual no significa asumirla acrticamente). Es as imprescindible analizar el estado del debate (realmente, las relaciones sociales entre las prcticas y las ideas generadas), tal como ya se ha presentado sintticamente, y seguir proponiendo criterios de verdad, objetividad y racionalidad para el conocimiento cientfico que, integrando el necesario condicionamiento social de los procesos de investigacin, superen las estrecheces de la dicotoma entre el positivismo y el relativismo. Con relacin a lo primero, he aqu un ltimo balance de la cuestin con el que estoy bsicamente de acuerdo:
Tanto la racionalidad como los criterios de verdad, los procedimientos de investigacin, la definicin de objeto y de sujeto de conocimiento, etc., son componentes de los procesos sociales de investigacin que no estn definidos por la abstracta idealidad de las cosas-en s, sino por la gnesis de lo que se considera conocimiento. En consecuencia, lo que signifique en cada momento racionalidad, verdad, valor, sujeto y objeto, es algo que los individuos aprenden no slo como condicin sine qua non para acceder al conocimiento, sino tambin por pertenecer a la comunidad cientfica. Junto con lo anterior, el recin llegado a la comunidad aprende polticas especficas de supervivencia, de movilidad, de rivalidad, de prioridad en los descubrimientos, de lucha por el poder, de adscripcin a grupos, lenguajes adecuados e inadecuados, puntos aceptables e inaceptables, etc. En resumen, aprende no slo desde el punto de vista del conocimiento facturado como cientfico, sino tambin desde los criterios usados por la comunidad cientfica para pertenecer a ella como miembro de pleno derecho. Aparte de esto, el recin llegado aprender otras formas de conducta y accin social convenientes para su actividad: sabr conectar sus programas de investigacin con los objetivos de las agencias que proporcionan fondos econmicos, sabr buscar la rentabilidad y utilidad de sus investigaciones, aprender la racionalidad social y prctica del sistema social que le lleve a insertar su trabajo en mecanismos sociales y polticos convenientes para sus proyectos, sabr aceptar la racionalidad cultural y axiolgica que vincule su trabajo a la defensa del mundo libre o del socialismo, etc. [MEDINA, 1989: 318]
Con respecto a las propuestas superadoras de la citada dicotoma, me parece necesario mencionar aqu algunas de las formulaciones de las ltimas tres dcadas como el racionalismo aplicado en la sociologa por
182
I:3
Bourdieu y otros, el realismo crtico de Bhaskar y otros, las sntesis de la dialctica y la praxeologa como las de David Harvey, y las denominadas epistemologas de la complejidad aventuradas en la sociologa por autores como Edgar Morin. Como se puede ver, el repertorio es extenso y aqu slo me puedo atener a un comedido resumen conjunto, evidenciando que an no se ha dicho la ltima palabra en el debate presentado y que estas contribuciones ofrecen algunas buenas premisas para avanzar en el mismo, aunque aqu no puedo proceder a argumentar extensamente sobre las complementariedades y disonancias entre ellas, adems de las desventajas de algunos de sus puntos o de las crticas que han suscitado.
Racionalismo aplicado El programa del racionalismo aplicado conlleva tres operaciones bsicas y jerrquicamente dependientes, por este orden: la conquista de los hechos frente al saber comn (ruptura epistemolgica), la construccin de los hechos desde las teoras e hiptesis (construccin del objeto) y la comprobacin sistemtica de los hallazgos en funcin de un determinado sistema terico de proposiciones. La ruptura con el sentido comn se apoya en definiciones previas y provisionales del objeto de estudio en conflicto con las prenociones y el lenguaje comnmente aceptado sobre ese tema, al que se comienza criticando en sus contradicciones o irracionalidades en general. Se trata de ir de lo aparente, superficial y visible de los fenmenos a lo oculto, profundo e invisible. La realidad no sera transparente y accesible inmediatamente a la conciencia individual, por lo que algn tipo de investigacin metdica y sistemtica sera precisa para encontrar sus causas y, sobre todo, sus determinaciones colectivas. De aqu que se promulgue un especfico principio de objetividad (denominado de no-conciencia) para las ciencias sociales en los estadios incipientes de la investigacin:
Las relaciones sociales no podran reducirse a relaciones entre subjetividades animadas de intenciones o motivaciones porque ellas se establecen entre condiciones y posiciones sociales y tienen, al mismo tiempo, ms realidad que los suje183
I:3
tos que ligan. Las crticas que Marx efectuaba a Stirner alcanzan a los psicosocilogos y a los socilogos que reducen las relaciones sociales a la representacin que de ellas se hacen los sujetos (...) Las tcnicas clsicas de la psicologa social conducen, en razn de su epistemologa implcita, a privilegiar a las representaciones de los individuos en detrimento de las relaciones objetivas en las cuales estn inscriptas y que definen la satisfaccin o la insatisfaccin que experimentan, los conflictos que encierran o las expectativas o ambiciones que expresan. El principio de la no-conciencia impone, por el contrario, que se construya el sistema de relaciones objetivas en el cual los individuos se hallan insertos (...) la captacin de la lgica objetiva de la organizacin. [BOURDIEU ET AL., 1973: 33-34]
Construir tericamente el objeto de conocimiento significa que se formulan de una manera nueva y original las relaciones sociales entre problemas, no entre objetos a los que se accede por simple observacin. Ni la realidad emprica de los objetos, ni la virtualidad de operacionalizar su estudio (medirlos), ni la definicin social de los problemas, seran suficientes para atribuirle categora cientfica a los objetos de conocimiento que nos damos. Para leer e interpretar la realidad se precisara un cdigo, una teora que definiese sus problemticas relevantes y permitiese examinarlas sistemticamente desde algunos presupuestos de partida y desde un cuerpo de hiptesis que limite de alguna manera los significados de los datos que se producirn en la investigacin. Los hechos son hechos por alguien y con algn sentido. Este sera, pues, el sentido del principio de noneutralidad que proponen:
El socilogo que no somete sus propias interrogaciones a la interrogacin sociolgica no podra hacer un anlisis verdaderamente neutral de las respuestas que provoca. (...) Dado que se puede preguntar cualquier cosa a cualquiera y que casi siempre alguien tiene la buena voluntad de responder cuando menos algo a cualquier pregunta, an la ms irreal, si quien interroga, carente de una teora del cuestionario, no se plantea el problema del significado especfico de sus preguntas, corre el peligro de encontrar con demasiada facilidad una garanta de realismo de sus preguntas en la realidad de las respuestas que recibe. (...) Si los metodlogos estn ms atentos a las reglas que se deben observar en la manipulacin de las categoras ya constituidas que en las operaciones que permiten construirlas, es porque el problema de la construccin del objeto no puede resolverse nunca de antemano y de una vez para siempre, ya se trate de dividir una poblacin en categoras sociales, por nivel de ingreso o segn la edad. Por el hecho de que toda taxonoma implica una teora, una divisin inconsciente de sus alternativas, se opera necesariamente en funcin de una teora inconsciente, es decir, casi siempre una ideologa. (...) Las diferentes culturas existentes en una misma sociedad es184
I:3
tratificada estn objetivamente situadas unas en relacin con las otras (...) El relativismo integral y mecnico desemboca en el mismo resultado que el etnocentrismo tico: en los dos casos el observador sustituye su propia relacin por los valores de los que observa (y de ese modo a su valor), a la relacin que stos mantienen objetivamente con sus valores. [BOURDIEU ET AL., 1973: 63, 69]
El tercer paso, el de la verificacin sistemtica, se refiere a la contrastacin del conjunto sistemtico de hiptesis con aquellos datos de la realidad examinada, sin aislar estos ltimos ni evitar poner en cuestin toda la teora generadora. Los hechos, pues, seran significativos no en s mismos, sino por sus relaciones mutuas y con la teora. Se tratara de una experimentacin terica. La validez de tal sistema de pruebas concatenadas residira no slo en la sencillez y coherencia de los principios aplicados, sino adems en la extensin y diversidad de los hechos que abarca y, por ltimo, en la multiplicidad de las consecuencias imprevistas en las cuales desemboca (BOURDIEU ET AL., 1973: 94). Como se puede deducir, estos requisitos proponen un modelo realista de alcanzar la objetividad en la ciencia social integrando la subjetividad (no-neutralidad valorativa) de la teora que gua a los investigadores y la de los sujetos investigados, aunque esta ltima sea percibida como subproducto de un sistema de relaciones y posiciones sociales. En ese cuadro de propuestas, sin embargo, no se han pronunciado concretamente sobre la posibilidad y el procedimiento de generalizar mediante leyes, lgicas o algo parecido, las regularidades sociales observadas, aunque se asumira implcitamente esa necesidad. En la extensa produccin terica de Bourdieu s que se han expresado continuas reflexiones epistemolgicas sobre la objetividad o la generalizacin en sociologa, con una reiterada integracin de la doble o triple subjetividad de toda investigacin (la de investigadores, la de los investigados y la de sus relaciones). El descubrimiento de las lgicas sociales lo entendera ese autor, fundamentalmente, como la determinacin de los habitus (disposiciones subjetivas estructuradas objetivamente y estructurantes de la experiencia) y campos (las fuerzas y estrategias que definen un mbito social) (BOURDIEU, 1980, 1988).
185
I:3
Realismo crtico Es precisamente en relacin al ltimo problema sealado, el de la generalizacin, en el que la posicin epistemolgica del realismo (o naturalismo) crtico se compromete de forma ms abierta. Para esta ltima perspectiva epistemolgica puede sostenerse una unidad de las ciencias en funcin de sus mtodos, pero debe precisarse que tales mtodos dependen radicalmente de los objetos particulares de cada ciencia. Por lo tanto, se parte de la existencia de una pluralidad de mtodos cientficos y no de uno nico. Pero, sobre todo, se parte de la concepcin especfica de los objetos de cada ciencia. Para los defensores de esta epistemologa, la realidad social y natural estara compuesta, en general, de estructuras y de mecanismos generativos. Determinar sus leyes causales sera un ejercicio, sobre todo, de determinar las tendencias (manifiestas o latentes) de esas estructuras por la accin de aquellos mecanismos. En el caso de las ciencias sociales, la sociedad poseera una estructura (la estratificacin social) y unos mecanismos (las actividades intencionales de los sujetos). Pero las primeras gobernaran y limitaran a los segundos, a la vez que ellas mismas pueden modificarse en el tiempo, por lo que no seran necesariamente duraderas ni se reproduciran mediante copias idnticas a s mismas. En este sentido se podra afirmar que los sistemas sociales son abiertos en el tiempo y en el espacio, y las regularidades de los fenmenos sociales seran algo extrao que, como mucho, podra permitir la explicacin del pasado, pero no la prediccin de lo que ocurrir en el futuro. Adems, las ciencias sociales se diferenciaran de las naturales, entre otras cosas, porque incluiran al mismo tiempo objetos sociales y las creencias sobre ellos. La consecuencia de esto es que sus explicaciones conllevan valores implcitos y su exposicin pblica supone algn tipo de intervencin en la realidad social. Pero ello no reducira la sociologa a una continua hermenutica de los sentidos, conceptos y creencias de los sujetos, ya que el poder coactivo de las estructuras nos trascendera de tal modo que algn tipo de lenguaje referencial y explicativo sera necesario para objetivarlos. Las
186
I:3
relaciones causales-estructurales existiran fuera de nuestra mente, en la realidad, pero nuestra mente slo podr aproximarse a ellas con copias (las explicaciones) imperfectas pero valiosas (para nuestra supervivencia) (BHASKAR, 1989; PEZ ET AL., 1992). Tal vez sea la teora de Giddens la ms afn a la epistemologa del realismo crtico. En un empeo semejante al de Bourdieu, supone un distanciamiento importante con respecto al funcionalismo en el nivel macro y con respecto al interaccionismo en el nivel micro. Al mismo tiempo, pretende superar la oposicin objetivismo-subjetivismo. Las estructuras sociales coaccionaran y permitiran las acciones, pero estas ltimas individuales o colectivas- poseeran unas propiedades especficamente sociales (rutinizacin, influencia no-racional de las consecuencias no intencionadas, conocimiento prctico, etc.) que deberan ser igualmente determinadas por el socilogo en una especie de dualidad de estructura-accin siempre contextualizada en el espacio y en el tiempo (GIDDENS, 1967, 1984; una revisin crtica de sus contribuciones tericas, sealando tambin cierta afinidad con el realismo crtico y concentrndose especialmente en el problema de las regularidades histricas en la sociedad -sostenido slo muy parcialmente por Giddens-, puede verse en: COHEN, 1987; otras defensas del realismo crtico pueden verse en BUNGE, 1999 y en TILLY, 1998). En posiciones prximas a esta postura epistemolgica, los principales mecanismos de la realidad social no seran ya las acciones intencionales sino las relaciones sociales entre posiciones dentro de las estructuras y los procesos de reproduccin y transformacin de dichas estructuras. Esas relaciones entre posiciones seran relaciones objetivas en el sentido de que no es preciso que medie la subjetividad de los individuos que las ocupan para poder identificarlas. Los sistemas de circulacin de mercancas (en mercados de intercambio o de redistribucin planificada), de estudiantes en los diferentes ciclos escolares o de documentos en las organizaciones burocrticamente organizadas, podran ser estudiados como lgicas especficamente sociales sin acudir a las valoraciones subjetivas o intersubjetivas que hacen las personas que los protagonizan, ni tampoco a los fines supuestos de esas organizaciones ms o menos racionales (PIZARRO, 1998). Los anlisis de clases y de redes sociales seran, en conclusin, los ms ade187
I:3
cuados para explicar los procesos, las relaciones y las posiciones sociales
Dialctica y praxeologa Podemos aceptar ahora la idea de que la actividad cientfica no llega a construir conocimientos por aplicacin mecnica de reglas o de modelos de la realidad, sino a travs de un largo periplo de ir separando el grano de la paja y cambiando de lentes a medida que cambia la escala de los problemas observados. Las estructuras sociales que nos constrien y nos constituyen, a la vez que son las que dan sentido a nuestras acciones y subjetividades, sealan unos contenidos especficos y contextualizados a los granos que debemos cribar. Pero, en realidad, heredamos conocimientos del pasado y tambin nos situamos ante ellos problemticamente y desarrollando nuestra prctica de investigacin emprica y de teorizacin de forma entrelazada a las prcticas de supervivencia profesional y econmica. La definicin social de los problemas que estudiamos y los contextos reales de esos problemas y de nuestras actividades de conocimiento sobre ellos no son, por lo tanto, una obra individual ni una eleccin racional, sino fruto de las recprocas relaciones entre teora y prctica constitutivas de toda ciencia. Esas relaciones y esos contextos han sido la fuente de motivacin de la perspectiva dialctica desde los tiempos de Marx, aunque autores ms recientes han sugerido nuevas sntesis del materialismo histrico y dialctico en franca ruptura con las versiones dogmticas o, incluso, positivistas que de l haban derivado, en el plano epistemolgico, algunos autores marxistas. Los siguientes principios, por lo tanto, constituyen una buena reformulacin de la epistemologa dialctica (HARVEY, 1996: 49-57): 1) En cuanto al objeto de estudio se pone el nfasis en los procesos, los flujos y las relaciones, en mayor medida que en los elementos, las cosas, las estructuras o los sistemas. Todos seran parte de una
2 Aunque no todos los trabajos empricos presentados con la etiqueta de anlisis de redes comparten
los supuestos enunciados, existe ya un reciente acopio de investigaciones en esa lnea que permite dirimir sus orientaciones epistemolgicas y logros. Un grupo de artculos internacionales se puede encontrar en el nmero 33 de la revista Poltica y Sociedad (2000). En ella, el artculo de PIZARRO (2000), adems, proporciona interesantes definiciones de los conceptos de proceso, transformaciones, intercambios materiales, intercambios simblicos, reproduccin, etc. 188
I:3
realidad estructurada, pero son la historia de los cambios sociales y las relaciones sociales que la constituyen, los fenmenos sociales principales. En todo caso, se llegara a conocerlos despus de examinar las relaciones entre las apariencias y las evidencias. Pasaramos, as, de los cambios visibles (en las fbricas, los vecindarios o las ciudades, por ejemplo) hasta profundizar en la comprensin de sus procesos, flujos y relaciones invisibles (flujos de capital, de trabajadores, etc.). 2) Los procesos, flujos y relaciones (el nivel estructural) constituiran y articularan tanto a los elementos (cosas, objetos, individuos) como a los sistemas (de elementos y relaciones organizados). Por lo tanto, las cuestiones a las que respondera la investigacin social seran del tipo: por medio de qu procesos se constituy ese fenmeno?, qu proceso lo mantiene activo, existente? 3) Los objetos y sistemas son tratados como internamente contradictorios en virtud de los mltiples procesos que los constituyen. 4) Cada objeto puede descomponerse en otros, siempre relacionados entre s, hasta el infinito (las ciudades pueden descomponerse en vecindarios, stos en calles y casas, stas en habitantes y habitaciones, etc.). En cada nivel de realidad se puede investigar sin necesidad de remitirse a una unidad fundamental de medida, pero relativizando la escala adoptada. Los objetos ms simples internalizaran los procesos y relaciones que los constituyen, por lo que slo explicando stos llegamos a caracterizar las propiedades cuantitativas y cualitativas de aqullos. En realidad, slo se internalizaran los procesos relevantes de cada entorno y esa relevancia se seleccionara se puntuara- con las acciones de cada objeto (individuo, grupo, sociedad, etc.). La naturaleza de las cosas dependera, pues, del establecimiento de lmites con respecto al espacio, el tiempo, la escala o nivel de realidad y el entorno o contexto de los otros niveles con los que se relaciona. 5) El espacio y el tiempo no son absolutos ni externos a los procesos (como las categoras trascendentales de Kant indicaban: juicios a priori de la razn humana), sino contingentes, contenidos y producidos por los distintos procesos sociales. 6) Las partes y el todo se confieren mutuamente su realidad. No slo interaccionan o se retroalimentan, sino que no pueden existir unas sin
189
I:3
las otras y, por tanto, existen en la medida en que unas determinan y producen a las otras. Esta produccin recproca de las partes y el todo es equivalente a la dualidad de estructura y accin concebida por Giddens y una nocin ms realista que los simples bucles de retroalimentacin que postulan, por ejemplo, Piaget o Morin, conservando una separacin esencial entre los dos aspectos. 7) Causa y efecto, sujeto y objeto, seran entidades intercambiables. Los individuos, por ejemplo, pueden ser sujetos y objetos de los procesos de cambio social. Las argumentaciones causales descansaran en concepciones absolutas y no relacionales del espacio y del tiempo, por lo que las primeras no seran adecuadas a una perspectiva dialctica de explicacin sociolgica excepto cuando se circunscriban a un nivel de realidad, de procesos y de relaciones especficos. De cualquier modo, como argumenta Harvey siguiendo a Whitehead, no se puede hablar propiamente de explicacin cuando se estudia la naturaleza como un proceso. 8) El conocimiento transformador (la creatividad, segn Harvey) emerge de las contradicciones ligadas a la heterogeneidad interna (las fuerzas en oposicin) de las cosas y de los sistemas. En este sentido del trmino, la heterogeneidad es ms que mera diversidad. 9) El cambio sera caracterstico de todos los sistemas y de todos los aspectos de los sistemas. El cambio y la inestabilidad seran la norma, mientras que la apariencia de estabilidad es lo que se debera explicar. La ciencia del cambio, pues, tiene como principal problema de investigacin conocer cmo, cundo y dentro de qu fenmenos o sistemas se producen cambios o apariencias de estabilidad. En ese mismo sentido se nos propone identificar tambin los momentos, acontecimientos, formas o cosas cuyos flujos internos puedan producir transformaciones sociales profundas. 10) La observacin del mundo supone ya una intervencin en l. Sujetos investigadores y sujetos investigados se relacionaran internalizando cada uno parte del otro. Sera imposible entender el mundo sin cambiarlo y sin cambiar nosotros con l. En ese proceso de indagacin dialctica del mundo es en el que se producen las permanencias que denominamos habitualmente conceptos, abstracciones, teoras y estructuras institucionalizadas de conocimiento, siempre sometidas al proceso continuo de investigacin en el que se generan y en el que tienen sentido.
190
I:3
11) Las ciencias sociales se dedicaran, igualmente, a explorar posibilidades, mundos posibles y potencialidades de cambio, de autorrealizacin, de construccin de nuevas identidades y rdenes sociales, de nuevas totalidades y ecosistemas sociales. Esa exploracin sera la alternativa a la explicacin y a sus operaciones fundadoras de induccin y deduccin. En el fondo de todos estos enunciados persiste el debate de si es dialctica la realidad o si slo lo es el pensamiento. Engels defendi la versin fuerte de la dialctica por la cual se podra demostrar que todos los fenmenos de la naturaleza siguen una lgica dialctica y, por lo tanto, el propsito de la ciencia sera desvelar dicha lgica. Creo que tanto Harvey como otros tericos afines a sus planteamientos (LEFEBVRE, 1969; BOOKCHIN, 1991; WILDEN, 1987) se inclinan ms hacia la versin dbil que considera la dialctica como una ms de las formas de conocimiento humano (complementaria de la lgica formal), aunque asumiendo frecuentemente una hiptesis de partida que aceptara el naturalismo dialctico, para luego ir disolvindolo y clarificndolo a medida que avanzase el proceso de investigacin y argumentacin. Si en el racionalismo aplicado la teora guiaba todas las operaciones (ruptura, construccin y comprobacin) y en el realismo crtico era el objeto (la realidad con sus estructuras y mecanismos generadores), en la perspectiva dialctica se especifican sus contenidos: una teora del cambio social y una realidad estructurada en niveles de complejidad y en procesos (conjuntos de relaciones sociales) constituyentes de ella misma y de la propia actividad cognoscente. Recordemos que en el positivismo, en cambio, era el mtodo (hipottico-inductivo, lgico-formal y experimental) el elemento clave sobre el que pivotaba la cientificidad en todas las ciencias, mientras que en el relativismo lo eran las distintas subjetividades en juego. Los procesos de conocimiento ahora, para los dialcticos, no slo pueden modificar la realidad, en la medida en que sean conocidos y usados por los sujetos inmersos en un cambio social, sino que seran a su vez modificados por ellos y esta doble flecha limitara la verificacin experimental a la comprobacin, realizacin y superacin de las contradicciones y posibilidades exploradas. Esta epistemologa resulta bastante adecuada, a mi entender, para las mayora de las ciencias sociales (pensemos, por ejemplo, en el estudio de los consumos sobre drogas o sobre movimientos migratorios), pero no deja de suscitar serias dudas en su pertinencia para la
191
I:3
totalidad de las ciencias fsico-naturales en las que muchas dimensiones de la realidad no se comportan de forma tan creativa e interactiva como los seres humanos (pensemos, por ejemplo, en los planetas o en las hormigas). Sin embargo, como veremos a continuacin, no han faltado revisiones de nuestra prenocin de una realidad natural pasiva, slida, estable y predecible.
Complejidad Algunos de los conceptos ms frecuentemente asociados a los objetos de las ciencias sociales -como los de complejidad, interdependencia, contradicciones, comprensin, etc.- han sido poco precisados como guas epistemolgicas. Incluso, aunque se muestre su polisemia como una virtud paralela a la que es propia de los lenguajes cotidianos de los que se nutre la sociologa (lo que tambin hacen, en menor medida, otras ciencias), creo que han sido notables las contribuciones transdisciplinares de un buen nmero de investigadores reunidos en torno a los problemas de la complejidad, como para dejarlas de lado en esta muestra de alternativas al positivismo y al relativismo. A partir de los principios de la termodinmica y de la evolucin biolgica de las especies (divulgados en el siglo XIX) se precisaron algunos de los fenmenos naturales ms complejos y, en correspondencia, las ideas de sistema abierto, procesos o diversidad. En los sistemas cerrados en los que se producen cambios de temperatura, se conserva la cantidad de energa al mismo tiempo que se incrementa el desorden entre las partculas afectadas (la entropa). En estos procesos el tiempo se convierte en una variable esencial, justamente al contrario de lo que ocurre en las leyes newtonianas. Los procesos seran, pues, irreversibles, tendiendo hacia el desorden, en un primer momento, y hacia un equilibrio final o muerte trmica cuando se igualan las temperaturas de la fuente de calor y del receptor. Lo esencial es que estaramos ante procesos de transformaciones (energticas) ms complejos que aquellos en los que se observan determinismos atemporales por los que con unas mismas condiciones iniciales
192
I:3
(causas) siempre se van a producir las mismas condiciones finales (efectos). El desorden, sin embargo, aparecera como diversidad en el caso de la evolucin de la especies de los seres vivos. En este tipo de sistemas (abiertos al entorno) surgen nuevos rdenes a partir de los procesos de cambio e interrelacin de las especies, tanto nuevas especies como nuevas formas de organizacin en ellas. Los procesos, en este caso, son de tipo adaptativo, de aprendizaje, de mutaciones y de seleccin. Es decir, se tratara de sistemas de procesos, relaciones y elementos, ms complejos an que los de sistemas termodinmicos cerrados. Un solo ser vivo (un individuo) es una mquina termodinmica, condenada a una muerte final, aunque con suficientes capacidades para autorregularse y reproducirse ante las adversidades del clima, de las enfermedades, de la alimentacin, del trabajo y de su propia autoconciencia de poseer una existencia finita (de hecho, podramos concebir la conciencia como el dispositivo que poseemos de mayor apertura de nuestro sistema). En cuanto miembro de una especie (de una o varias sociedades), el individuo participa en procesos ms complejos de relacin y de coordinacin con otros individuos, gracias a los cuales se estructuran y limitan sus posibilidades de crecimiento, reproduccin, organizacin, etc. y se crean, a la vez, las condiciones para que se produzca la evolucin y el cambio (la revolucin) en el conjunto de su colectividad. (MORIN, 1984; ATLAN, 1979, 1987). A partir de estos precedentes, las teoras de la ciberntica y de la informacin dieron lugar, posteriormente (a mediados del siglo XX), a la primera teora de sistemas por la cual la complejidad de un sistema se entenda segn la variedad o diversidad de relaciones entre sus elementos (formando subsistemas) y con el entorno (formando ecosistemas). Todos los sistemas, los abiertos (o inciertos) y los cerrados (o estables), contendran elementos, procesos de transformacin (con ciclos de retroalimentacin positiva y negativa) y reglas de funcionamiento y de organizacin (con informacin). Sin embargo, cuanto ms abierto sea un sistema (tal sera el caso de los sistemas sociales), ms posibilidades tendra de generar desorden y orden-a-partir-de-ese-desorden, dando as saltos cualitativos en su evolucin. Los nuevos rdenes se conseguiran a costa de expulsar desorden a su entorno, pero estaramos, en todo caso, ante sistemas con
193
I:3
capacidades complejas para gestionar el azar, la diversidad y sus cdigos de autoorganizacin (VON FOERSTER, 1960). Ms concretamente, trazando puentes con la sociologa, se han definido dos acepciones de la complejidad: 1) la complejidad emprica se referira a que en la naturaleza y en la sociedad todo estara relacionado con todo, sucederan procesos mltiples de forma simultnea y en cada proceso existiran siempre fenmenos singulares, aleatorios e indeterminados; 2) la complejidad lgica se referira a que toda explicacin de la realidad pretende hallar leyes y verdades simples, especializadas y objetivas que se vuelven intiles cuando sus mentores se ven obligados a reconocer que siempre hay parcelas de error, de falta de pruebas suficientes, contradicciones insuperables, fenmenos novedosos e interferencias con otros campos de conocimiento (MORIN, 1994). El pensamiento complejo exigira, de este modo, navegar entre el caos: investigar sistemas de relaciones antes que objetos, hechos o procesos aislados; y hacerlo con una nocin de sistema equivalente a un todo con unas cualidades emergentes que no poseen sus partes por separado y que permiten procesos de retroaccin sobre ellas y sobre sus interrelaciones, potencindolas y constrindolas a la vez. Esta investigacin, en la sociologa, sera tambin ecosistmica en el sentido de integrar el tiempo (en tanto que espacio simblico en el que podemos escribir e interpretar la historia) y el espacio natural (los procesos ecolgicos que conjugan sistemas vivos y no vivos, afectados muchos de ellos por las formas de organizacin social adoptadas)3. Otra contribucin esclarecedora es que, para esta epistemologa, en la naturaleza y en la sociedad existiran niveles de mayor complejidad en relacin inversa a la constriccin que ejerceran los niveles ms simples (la
3 En sus obras anteriores este autor se haba embarcado en la tarea de econtrar las bases universales del
conocimiento siguiendo una estrategia que no las remitiera, de forma simplista, a la realidad fsica en sus aspectos clsicos (materiales) de energa y materia. Para ello, sigui una doble estrategia. Por una parte, identificando los mecanismos de organizacin que existen en todos los mbitos de la naturaleza (gracias a la inmaterialidad de la informacin y la organizacin). Por otra parte, identificando los mecanismos de computacin en toda la naturaleza humana, para todos los hombres y mujeres, de todas las razas, clases y pocas histricas (gracias al tipo de cerebro que aparece hace unos 100.000 aos, con sus dos hemisferios, las arborescencias axonales, las conexiones sinpticas, etc.) (MORIN, 1988: 86, 252). Una buena sntesis de sus nociones epistemolgicas centrales tambin puede verse en: MORIN, 1984, 1984b. Una dura crtica desde la epistemologa dialctica, especialmente incisiva en la ahistoricidad y el normativismo de muchas de las concepciones complejas de Morin, en: LUMINATO, 1994. 194
I:3
naturaleza inorgnica, a saber) sobre los ms complejos (la cultura humana, a saber). La perspectiva ecosistmica se propondra conocer esas relaciones entre niveles y tres fenmenos especficos en los sistemas sociales: los acontecimientos (los procesos de acumulacin de excedentes y capital o la formacin del Estado y de instituciones reguladoras de los intercambios, por ejemplo), las irrupciones o desrdenes (los procesos revolucionarios, los comportamientos prohibidos, los regalos, la explotacin, etc.) y la reflexin (la autorreflexin de la sociedad sobre s misma, el conocimiento de La complejidad puede ser intrnseca a los fenmenos sociales o puede depender de los dficit de informacin de quien los observa, pero para algunos autores, desde esta perspectiva no se tratara de simplificar o de reducir la complejidad, sino de amplificarla, multiplicarla y mostrar las posibilidades de eleccin (para los sistemas y procesos de relacin o para los individuos y grupos que viven dentro de los lmites marcados por aqullos o que actan forzando o sustituyendo tales lmites) en la prctica y de explicacin en la teora4. Para concluir, desde una parte de las ciencias naturales se nos advierte de una serie de fenmenos complejos, poco estables y con evoluciones inciertas que no responden a las explicaciones deterministas. Los fenmenos sociales parecen ser un exponente mucho ms ntido de esas cualidades y las epistemologas de la complejidad, por lo tanto, se concentraran en una ciencia que considerase las entidades sociales globales (no los individuos) con cualidades emergentes propias, con distintos niveles (contextos, escalas, subsistemas, estructuras...) de relacin y con procesos de evolucin que exigen ms exploraciones de las potencialidades (lo posible y lo imposible, lo probable y lo improbable) de dichos sistemas (incluso
4 Son numerosas las obras que han incrementado los matices de estas ideas, tanto en las ciencias natu-
rales como en las sociales. En general, se podran agrupar en torno a la segunda ciberntica o segunda teora de sistemas, las teoras del caos y de los objetos fractales, las teoras de la metacomunicacin, etc. En particular, desarrollando las ideas de exploracin (de estabilidades e inestabilidades, de coexistencia entre zonas de azar y zonas de bifurcacin, de conjuntos de fluctuaciones y de perturbaciones aumentos de fluctuaciones hasta formar polarizaciones y correlaciones-) como alternativa a la explicacin, y los fenmenos de irreversibilidad (cuando las mismas causas producen distintos efectos cada vez o a la vez, la sensibilidad a las condiciones iniciales, la formacin de nuevas estructuras ante la disipacin de energa, etc.), puede consultarse un resumen de las ideas del qumico Prigogine en: RUANO, 1992. Otras aportaciones de esta perspectiva en relacin a la sociologa en: LUHMANN, 1984; IBEZ ET AL., 1990; PREZ-AGOTE ET AL., 1996; ESCOHOTADO, 1999. 195
I:3
196
I:3
en el pasado, como sugera en sus principios metodolgicos Weber), que explicaciones monocausales.
CONCLUSIONES
En este captulo hemos seguido los siguientes pasos: 1) la exposicin de los principios epistemolgicos del positivismo y las crticas que ha recibido; 2) la exposicin de los principios del relativismo y las crticas que ha recibido; 3) la exposicin de los principios de cuatro posturas epistemolgicas que parecen superar la dicotoma positivismo-relativismo (el racionalismo aplicado, el realismo crtico, la dialctica-praxeologa y la complejidad). A grandes rasgos, podemos afirmar que el positivismo ha ganado, durante el ltimo siglo, una notable aceptacin por la filosofa de la ciencia (y por buena parte de los cientficos naturales), pero ha suscitado interminables controversias y reacciones adversas en la mayora de las ciencias (y filosofas) sociales (y entre una reducida parte de los cientficos naturales). Aqu hemos defendido que, con frecuencia, los ataques al positivismo han sido errados, por cuanto ponan en entredicho aspectos parciales del empirismo, del objetivismo o de la lgica con los que se identificaba de forma simplificadora esa posicin epistemolgica e, incluso, toda ciencia. En el peor de los casos, los ataques se dirigan a cuestionar la superior validez del conocimiento cientfico por delante de otro tipo de conocimientos (de sentido comn, religiosos, metafsicos, etc.) y sus rasgos bsicos de coherencia lgica y adecuacin emprica, en absoluto patrimonio del positivismo, aunque s alegados insistentemente por sus defensores. Era como matar moscas a caonazos. En consecuencia, se hace necesario discriminar las crticas al positivismo que son ms razonables y de mayor inters para la sociologa. En ese sentido, hemos destacado, entre otras, las siguientes: las frecuentes dificultades de prescindir de la subjetividad de los individuos y grupos estudiados, las capacidades de objetivacin de los sujetos investigados, la intervencin de los valores y creencias del investigador en el proceso de investigacin, la polisemia y contaminacin social del lenguaje descriptivo y explicativo usado por los cientficos, las dificultades existentes para ge197
I:3
neralizar y predecir fenmenos sociales, los problemas ticos y los conflictos de intereses que se presentan ante la necesidad de comprobar empricamente las teoras, la descomposicin artificiosa de la realidad en fenmenos individuales (y en individuos) al margen de las propiedades de las relaciones y de los sistemas, el papel secundario que se le otorga a la teora con respecto a la observacin emprica... Con estas precauciones presentes, buena parte de la sociologa dio un giro copernicano hacia posiciones epistemolgicas que aqu hemos llamado relativistas. En algunas de ellas, como indicbamos antes, se lleg a negar la idea de ciencia heredada de la Antigedad griega, del Renacimiento y de la Ilustracin, por entender que el positivismo la haba reificado y despojado de sus necesarias condiciones sociales de posibilidad. Evidentemente, todo proceso de investigacin cientfica es social y resulta difcil formarse un modelo unificado de ciencia natural que deban imitar las ciencias sociales. Pero de ah a que sean las ciencias sociales el nico referente epistemolgico para las ciencias naturales, parece mediar un abismo bastante difcil de asumir con una mnima perspectiva histrica, racionalista y realista. La epistemologa relativista ha hecho ms hincapi en la comprensin que en la explicacin de los fenmenos sociales; en las capacidades creativas de los sujetos sociales y en sus acciones que en los condicionamientos estructurales; en los lazos que unen a sujetos investigadores e investigados, que en el distanciamiento y la mutua exterioridad; en la diversidad cultural y los acontecimientos singulares, que en las regularidades y tendencias. Pero ello no ha sido bice para que vislumbremos sus puntos dbiles ms habituales: la propensin -tan poco sociolgica- al individualismo y al subjetivismo, la exclusividad de los objetos de investigacin (fundamentalmente, centrados en las diferencias culturales y de conocimiento), la capacidad de la investigacin cientfica para cambiar los puntos de vista de los investigadores, las dificultades para puntuar el final de los procesos de indagacin interpretativa, los problemas para verificar y debatir acerca de sus conclusiones, la ocultacin bajo la apariencia del pluralismo- de las estructuras de dominacin y de los procesos de cambio social... Con respecto a las cuatro alternativas epistemolgicas que hemos mostrado se podra decir que examinan con detenimiento los instrumentos
198
I:3
usados y las finalidades a que estn destinados, antes de ponerse en accin. Cada ciencia poseera sus mtodos y objetos especficos de conocimiento, por lo que difcilmente se podra formular un mtodo cientfico unificado para todas ellas. La realidad social contiene tanto fenmenos subjetivos como fenmenos objetivos, por lo que algn tipo de dualidad terica o epistemolgica se debera tener en consideracin. Los sistemas sociales se caracterizaran por cualidades emergentes radicalmente diferentes de las que se podran atribuir a sus elementos o relaciones, al mismo tiempo que se definiran por las relaciones esenciales que mantienen con sus entornos (sociales y naturales) y por estar sometidos a sucesos azarosos, contradictorios o paradjicos que coexistiran con las regularidades sociales. En sntesis, las propuestas del racionalismo aplicado enfatizaran la constante gua del proceso de investigacin cientfica por la teora, mientras que el realismo aplicado destacara que son las cualidades de nuestro objeto de investigacin las que no podemos perder de vista en todo momento (la realidad estructurada y la accin de mecanismos generadores). Por su parte, las posiciones dialcticas nos remitiran constantemente al anlisis de los procesos de cambio y transformacin que constituiran tanto la realidad social como los procesos de conocimiento sociolgico. Finalmente, la nocin de complejidad sera el ncleo orientador de las teoras, hiptesis, mtodos y pautas concretas de la investigacin, especificando las jerarquas de constricciones naturales y sociales, la diversidad de relaciones implicadas y la exploracin de posibilidades objetivas por las que puede evolucionar un sistema. A continuacin veremos en qu medida se ajustan, de una forma poco lineal y repleta de matices, todas esas posiciones epistemolgicas con las principales teoras que recogen los resultados de la investigacin sociolgica y que, a la vez, pretenden orientarla desde unas visiones generales de la ciencia y la sociedad.
199
I:3
B I B L I O G RAF A
ATLAN, Henri. Entre el cristal y el humo. Ensayo sobre la organizacin de lo vivo. Madrid: Debate, 1990 [1979]. _____. Finalidades poco comunes. En THOMPSON, William I. (ed.), Gaia. Implicaciones de la nueva biologa. Barcelona: Kairs, 1995 [1987]. BACHELARD, Gaston. La philosophie du non, Paris: PUF, 1940. BELTRN, Miguel. Relativismo cultural y relativismo epistemolgico: voces viejas y nuevas en la sociologa del conocimiento. En LAMO DE ESPINOSA, Emilio, RODRGUEZ IBEZ, Jos Enrique (ed.). Problemas de teora social contempornea. Madrid: CIS, 1993, pp. 627-651. BERGER, Peter L., KELLNER, Hansfried. La reinterpretacin de la sociologa. Ensayo sobre el mtodo y la vocacin sociolgicos. Madrid: Espasa-Calpe, 1985 [1981]. BERNAL, John D. La libertad de la necesidad. 1/ La ciencia y el hombre, la sociedad, las humnaidades y las artes. Madrid: Ayuso, 1975 [1949]. BHASKAR, Roy. La potica de la transformacin social y los lmites del paradigma lingstico. En IBEZ GRACIA, Toms, (coord.). El conocimiento de la realidad social. Barcelona: Sendai, 1989. BOOKCHIN, Murray. The Ecology of Freedom. The emergence and dissolution of hierarchy. Montreal: Black Rose, 1991. BOURDIEU, Pierre, CHAMBOREDON, Jean-Claude, PASSERON, Jean-Claude. El oficio de socilogo. Presupuestos epistemolgicos. Madrid: S.XXI, 1989 [1973]. BOURDIEU, Pierre. El sentido prctico. Madrid: Taurus, 1991 [1980]. _____. Cosas dichas. Buenos Aires: Gedisa, 1988 [1987]. BUNGE, Mario. La relacin entre la sociologa y la filosofa. Madrid: EDAF, 2000 [1999]. COHEN, M., NAGEL, E. Introduccin a la lgica y al mtodo cientfico (vol. 2). Buenos Aires: Amorrortu, 1979 [1961]. COHEN, Ira J. Teora de la estructuracin y praxis social. En GIDDENS, Anthony et al. La teora social hoy. Madrid: Alianza, 1990 [1987]. CHALMERS, Alan F. Qu es esa cosa llamada ciencia? Una valoracin de la naturaleza y el estatuto de la ciencia y de sus mtodos. Madrid: S.XXI, 1984 [1980]. DEZ NICOLS, Juan. Sociologa: entre el funcionalismo y la dialctica. Madrid: Guadiana, 1976. EINSTEIN, Albert. Autobiographical Notes. [En lnea] http://www.geocities.com/ CollegePark/Plaza/4692/einsteinn.htm ESCOHOTADO, Antonio. Caos y orden. Madrid: Espasa, 1999. FEYERABEND, Paul K. Contra el mtodo. Esquema de una teora anarquista del conocimiento. Barcelona: Ariel, 1987 [1970]. _____. Dilogos sobre el conocimiento. Madrid: Ctedra, 1991. GALTUNG, Johan. Theory Formation in Social Research: A Plea for Pluralism. En OYEN, Else (ed.). Comparative Methodology. Theory and Practice in International Social Research. London: SAGE-ISA, 1990. GARCA FERRANDO, Manuel. Sobre el mtodo. Problemas de investigacin emprica en sociologa. Madrid: CIS, 1980. GEERTZ, Clifford. La interpretacin de las culturas. Mxico: Gedisa, 1987 [1973]. GIBSON, Quentin. La lgica de la investigacin social. Madrid: Tecnos, 1968 [1961].
200
I:3
GIDDENS, Anthony. Las nuevas reglas del mtodo sociolgico. Crtica positiva de las sociologas interpretativas. Buenos Aires: Amorrortu, 1987 [1967]. _____. La constitucin de la sociedad. Bases para una teora de la estructuracin. Buenos Aires: Amorrortu, 1995 [1984]. GRIGNON, Claude, PASSERON, Jean-Claude. Lo culto y lo popular. Miserabilismo y populismo en sociologa y literatura. Madrid: La Piqueta, 1992. HARRIS, Marvin. Antropologa cultural. Madrid: Alianza, 1996 [1983]. HARVEY, David. Justice, Nature & the Geography of Difference. Oxford: Blackwell, 1996. HOGGART, Richard. As utilizaes da cultura. Aspectos da vida cultural da classe trabalhadora. Lisboa: Presena, 1973 [1957]. HOMANS, George. El conductismo y despus del conductismo. En GIDDENS, Anthony et al. La teora social hoy. Madrid: Alianza, 1990 [1987]. IBEZ, Jess. Del algoritmo al sujeto. Perspectivas de la investigacin social. Madrid: S.XXI, 1985. _____. (coord.). Nuevos avances en la investigacin social. La investigacin social de segundo orden. Barcelona: Anthropos, 1990. _____. El regreso del sujeto. La investigacin social de segundo orden. Santiago de Chile: Amerinda, 1991. IBEZ GRACIA, Toms (coord.). El conocimiento de la realidad social. Barcelona: Sendai, 1989. KUHN, Thomas S. The Structure of Scientific Revolutions. Chicago: University of Chicago Press, 1968 [1962]. (Trad. gallega en editorial Universidade de Vigo) LAKATOS, Imre, MUSGRAVE, Alan (eds.). La crtica y el desarrollo del conocimiento. Barcelona: Grijalbo, 1975 [1965]. LAMO DE ESPINOSA, Emilio. El estatuto terico de la sociologa del conocimiento. REIS, 1987, n40. _____. El relativismo en sociologa del conocimiento. Poltica y Sociedad, 1993, n14/15, pp. 21-33. LATOUR, Bruno. Nunca hemos sido modernos. Ensayo de antropologa simtrica. Madrid: Debate, 1993 [1991]. LECOURT, Dominique. Para una crtica de la epistemologa. Mxico: S.XXI, 1987 [1972]. LEFEBVRE, Henri. Lgica formal, lgica dialctica. Mxico: S.XXI, 1984 [1969]. LEVI-STRAUSS, Claude. Antropologa estructural. Buenos Aires: Eudeba, 1968 [1958]. LUHMANN, Niklas. Sociedad y sistema: la ambicin de la teora. Barcelona: Paids-ICEUAB, 1990 [1984]. LUMINATO, Susana. Indeterminismo y poder (Reflexiones en torno al pensamiento complejo de E. Morin desde la perspectiva de una epistemologa crtica). Suplementos Anthropos, 1994, n45, pp. 101-111. MEDINA, Esteban. Conocimiento y sociologa de la ciencia. Madrid: CIS-S.XXI, 1989. MERTON, Robert K. Teora y estructura sociales. Mxico: FCE, 1992 [1968]. MORIN, Edgar. Ciencia con consciencia. Barcelona: Anthropos, 1984. _____. Sociologa. Madrid: Tecnos, 1995 [1984b]. _____. El mtodo. El conocimiento del conocimiento. Antropologa del conocimiento. Madrid: Ctedra, 1988. _____. Epistemologa de la complejidad. En FRIED, D., SCHNITMAN, J. (comps.). Nuevos paradigmas, cultura y subjetividad. Buenos Aires: Paids, 1994. PEZ, Daro et al. Teora y mtodo en psicologa social. Barcelona: Anthropos, 1992.
201
I:3
PREZ-AGOTE, Alfonso, SNCHEZ, Ignacio (ed.). Complejidad y teora social. Madrid: CIS, 1996. PIAGET, Jean. La situacin de las ciencias del hombre dentro del sistema de las ciencias. En PIAGET, Jean et al. Tendencias de la investigacin en ciencias sociales. Madrid: Alianza, 1970. PIZARRO, Narciso. Tratado de metodologa de las ciencias sociales. Madrid: S.XXI, 1998. _____. Regularidad relacional, redes de lugares y reproduccin social. Poltica y Sociedad, 2000, n33, pp. 167-198. POPPER, Karl R. The Logic of Scientific Discovery. New York: Basic Books, 1959. [Trad. cast. en editorial Tecnos] RUANO, Juan de Dios. Auto-organizacin. Entre el orden y el caos. A Corua: Universidade de A Corua, 1996. RUSSELL, Bertrand. El conocimiento humano. Su alcance y sus lmites. Barcelona: Planeta, 1992 [1948]. SOKAL, Alan, BRICMONT, Jean. Imposturas intelectuales. Barcelona: Paids, 1999 [1998]. TEZANOS, Jos Flix. La explicacin sociolgica. Una introduccin a la sociologa. Madrid: UNED, 1994 [1991]. TILLY, Charles. La desigualdad persistente. Buenos Aires: Manantial, 2000 [1998]. TURNER, Jonathan H. Teorizar analtico. En GIDDENS, Anthony et al. La teora social hoy. Madrid: Alianza, 1990 [1987]. VON FOERSTER, Heinz. Las semillas de la ciberntica. Barcelona: Gedisa, [1960, 1972, 1985] 1996. WATZLAWICK, Paul et al. La realidad inventada. Buenos Aires: Gedisa, 1988. WILDEN, Anthony. The Rules Are No Game. The Strategy of Communication. London: Routledge, 1987a. _____. Man and Woman. War and Peace. The Strategists Companion. London: Routledge, 1987b. WILLIS, Paul. Aprendiendo a trabajar. Cmo los chicos de clase obrera consiguen trabajos de clase obrera. Madrid: Akal, 1988 [1977]. WITTGENSTEIN, Ludwig. Tractatus Logico-Philosophicus. Madrid: Alianza, 1989 [1922]. _____. Investigaciones filosficas. Barcelona: Grijalbo, 1988 [1953]. WOOLGAR, Steve. Ciencia: abriendo la caja negra. Barcelona: Anthropos, 1991 [1988]. WRIGHT MILLS, Charles. La imaginacin sociolgica. Mxico: FCE, 1986 [1959]. _____. Methodological Consequences of the Sociology of Knowledge. En HOROWITZ, Irving L. Power, Politics and People. New York: Oxford University Press, 1963.
202
I:4
4.1 Buenas teoras y criterios de clasificacin 4.2 Funcionalismo 4.3 Interaccionismo 4.4 Conflictualismo
I:0
I:4
La objetivizacin y la subjetivizacin son en el desarrollo del hombre y del individuo dos direcciones inseparables, interdependientes y tangenciales. Agnes H ELLER. 1979. Teora de los sentimientos. En lo impensable de una poca est todo aquello que no puede ser pensado si faltan las disposiciones ticas o polticas, pero tambin por falta de instrumentos de pensamiento como las problemticas, los conceptos, los mtodos, las tcnicas. Pierre B OURDIEU. 1980. El sentido prctico.
n su etimologa griega, el trmino teora remite a las ideas de dios, visin y contemplacin (es, por ejemplo, la misma raz de p