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Pablo Neruda

El documento presenta varios poemas del escritor chileno Pablo Neruda. El primer poema expresa el cansancio del yo poético de ser hombre y su deseo de escapar de la vida cotidiana. Los poemas siguientes tratan sobre el amor, la pérdida del amor, y la naturaleza de la poesía. El último poema describe cómo la poesía llegó al yo poético cuando era joven y lo transformó, haciéndolo sentir conectado con el universo.
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El documento presenta varios poemas del escritor chileno Pablo Neruda. El primer poema expresa el cansancio del yo poético de ser hombre y su deseo de escapar de la vida cotidiana. Los poemas siguientes tratan sobre el amor, la pérdida del amor, y la naturaleza de la poesía. El último poema describe cómo la poesía llegó al yo poético cuando era joven y lo transformó, haciéndolo sentir conectado con el universo.
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Pablo Neruda

Sucede que me canso de ser hombre. Sucede que entro en las sastreras y en los cines marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro navegando en un agua de origen y ceniza. El olor de las peluqueras me hace llorar a gritos. Slo quiero un descanso de piedras o de lana, slo quiero no ver establecimientos ni jardines, ni mercaderas, ni anteojos, ni ascensores. Sucede que me canso de mis pies y mis uas y mi pelo y mi sombra. Sucede que me canso de ser hombre. Sin embargo sera delicioso asustar a un notario con un lirio cortado o dar muerte a una monja con un golpe de oreja. Sera bello ir por las calles con un cuchillo verde y dando gritos hasta morir de fro. No quiero seguir siendo raz en las tinieblas, vacilante, extendido, tiritando de sueo, hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra, absorbiendo y pensando, comiendo cada da. No quiero para m tantas desgracias. No quiero continuar de raz y de tumba, de subterrneo solo, de bodega con muertos ateridos, murindome de pena. Por eso el da lunes arde como el petrleo cuando me ve llegar con mi cara de crcel, y alla en su transcurso como una rueda herida, y da pasos de sangre caliente hacia la noche. Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas hmedas, a hospitales donde los huesos salen por la ventana, a ciertas zapateras con olor a vinagre, a calles espantosas como grietas. Hay pjaros de color de azufre y horribles intestinos

colgando de las puertas de las casas que odio, hay dentaduras olvidadas en una cafetera, hay espejos que debieran haber llorado de vergenza y espanto, hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos. Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos, con furia, con olvido, paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia, y patios donde hay ropas colgadas de un alambre: calzoncillos, toallas y camisas que lloran lentas lgrimas sucias.

No te quiero sino porque te quiero y de quererte a no quererte llego y de esperarte cuando no te espero pasa mi corazn del fro al fuego. Te quiero slo porque a ti te quiero, te odio sin fin, y odindote te ruego, y la medida de mi amor viajero es no verte y amarte como un ciego. Tal vez consumir la luz de enero, su rayo cruel, mi corazn entero, robndome la llave del sosiego. En esta historia slo yo me muero y morir de amor porque te quiero, porque te quiero, amor, a sangre y fuego.

(de Veinte poemas de amor y una cancin desesperada) Puedo escribir los versos ms tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: La noche est estrellada,

y tiritan, azules, los astros, a lo lejos. El viento de la noche gira en el cielo y canta. Puedo escribir los versos ms tristes esta noche. Yo la quise, y a veces ella tambin me quiso. En las noches como sta la tuve entre mis brazos. La bes tantas veces bajo el cielo infinito. Ella me quiso, a veces yo tambin la quera. Cmo no haber amado sus grandes ojos fijos. Puedo escribir los versos ms tristes esta noche. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Or la noche inmensa, ms inmensa sin ella. Y el verso cae al alma como al pasto el roco. Qu importa que mi amor no pudiera guardarla. La noche est estrellada y ella no est conmigo. Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se contenta con haberla perdido. Como para acercarla mi mirada la busca. Mi corazn la busca, y ella no est conmigo. La misma noche que hace blanquear los mismos rboles. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Ya no la quiero, es cierto, pero cunto la quise. Mi voz buscaba el viento para tocar su odo. De otro. Ser de otro. Como antes de mis besos. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Porque en noches como sta la tuve entre mis brazos, mi alma no se contenta con haberla perdido. Aunque ste sea el ltimo dolor que ella me causa, y estos sean los ltimos versos que yo le escribo.

1 DESDE el fondo de ti, y arrodillado, un nio triste, como yo, nos mira. Por esa vida que arder en sus venas tendran que amarrarse nuestras vidas. Por esas manos, hijas de tus manos, tendran que matar las manos mas. Por sus ojos abiertos en la tierra ver en los tuyos lgrimas un da. 2 Yo no lo quiero, Amada. Para que nada nos amarre que no nos una nada. Ni la palabra que arom tu boca, ni lo que no dijeron las palabras. Ni la fiesta de amor que no tuvimos, ni tus sollozos junto a la ventana. 3 Amo el amor de los marineros que besan y se van. Dejan una promesa. No vuelven nunca ms. En cada puerto una mujer espera: los marineros besan y se van. Una noche se acuestan con la muerte en el lecho del mar. 4

Amo el amor que se reparte en besos, lecho y pan. Amor que puede ser eterno y puede ser fugaz. Amor que quiere libertarse para volver a amar. Amor divinizado que se acerca Amor divinizado que se va. 5 Ya no se encantarn mis ojos en tus ojos, ya no se endulzar junto a ti mi dolor. Pero hacia donde vaya llevar tu mirada y hacia donde camines llevars mi dolor. Fui tuyo, fuiste ma. Qu ms? Juntos hicimos un recodo en la ruta donde el amor pas. Fui tuyo, fuiste ma. T sers del que te ame, del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo. Yo me voy. Estoy triste: pero siempre estoy triste. Vengo desde tus brazos. No s hacia dnde voy. ...Desde tu corazn me dice adis un nio. Y yo le digo adis.
Soneto XLIV

SABRS que no te amo y que te amo


puesto que de dos modos es la vida, la palabra es un ala del silencio, el fuego tiene una mitad de fro. Yo te amo para comenzar a amarte, para recomenzar el infinito y para no dejar de amarte nunca: por eso no te amo todava. Te amo y no te amo como si tuviera en mis manos las llaves de la dicha y un incierto destino desdichado.

Mi amor tiene dos vidas para amarte. Por eso te amo cuando no te amo y por eso te amo cuando te amo.

15 (de Veinte poemas de amor y una cancin desesperada)

ME gustas cuando callas porque ests como ausente,


y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca. Como todas las cosas estn llenas de mi alma emerges de las cosas, llena del alma ma. Mariposa de sueo, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancola. Me gustas cuando callas y ests como distante. Y ests como quejndote, mariposa en arrullo. Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: djame que me calle con el silencio tuyo. Djame que te hable tambin con tu silencio claro como una lmpara, simple como un anillo. Eres como la noche, callada y constelada. Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo. Me gustas cuando callas porque ests como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

ODA A LA TRISTEZA

TRISTEZA, escarabajo
de siete patas rotas, huevo de telaraa, rata descalabrada, esqueleto de perra: Aqu no entras. No pasas. ndate. Vuelve al Sur con tu paraguas, vuelve al Norte con tus dientes de culebra. Aqu vive un poeta. La tristeza no puede entrar por estas puertas.

Por las ventanas entra el aire del mundo, las rojas rosas nuevas, las banderas bordadas del pueblo y sus victorias. No puedes. Aqu no entras. Sacude tus alas de murcilago, yo pisar las plumas que caen de tu manto, yo barrer los trozos de tu cadver hacia las cuatro puntas del viento, yo te torcer el cuello, te coser los ojos, cortar tu mortaja y enterrar tus huesos roedores bajo la primavera de un manzano.

LA POESA

Y FUE a esa edad... Lleg la poesa


a buscarme. No s, no s de dnde sali, de invierno o ro. No s cmo ni cundo, no, no eran voces, no eran palabras, ni silencio, pero desde una calle me llamaba, desde las ramas de la noche, de pronto entre los otros, entre fuegos violentos o regresando solo, all estaba sin rostro y me tocaba. Yo no saba qu decir, mi boca no saba nombrar, mis ojos eran ciegos, y algo golpeaba en mi alma, fiebre o alas perdidas, y me fui haciendo solo, descifrando aquella quemadura, y escrib la primera lnea vaga, vaga, sin cuerpo, pura tontera, pura sabidura del que no sabe nada, y vi de pronto el cielo

desgranado y abierto, planetas, plantaciones palpitantes, la sombra perforada, acribillada por flechas, fuego y flores, la noche arrolladora, el universo. Y yo, mnimo ser, ebrio del gran vaco constelado, a semejanza, a imagen del misterio, me sent parte pura del abismo, rod con las estrellas, mi corazn se desat en el viento.

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