Mártires Monásticos en España (1936-1937)
Mártires Monásticos en España (1936-1937)
La vida monstica en Espaa qued extinguida durante un importante lapso de tiempo en 1835, cuando la Desamortizacin liberal del ministro Juan lvarez Mendizbal clausur los monasterios de monjes, as como todas las dems casas de comunidades religiosas masculinas, incautndose de sus bienes en lo que constituy un autntico expolio, que para colmo por lo mal que se efectu no sirvi para resarcir unas arcas del Estado que atravesaban una situacin muy difcil. Adems, la vida de numerosos campesinos y otros trabajadores vinculados a estos centros se empobreci, pues sus condiciones laborales empeoraron notablemente con los nuevos propietarios, a la vez que muchos pobres vieron desaparecer las obras de asistencia social que venan atendiendo sus necesidades, sin que paralelamente surgiera por parte del Estado algo que supliera esa tarea. Y todo ello, por supuesto, sumado al enorme dao que ocasion para el patrimonio artstico y cultural espaol. Pero ya un decenio despus y a partir sobre todo del de 1880 y hasta 1931, las rdenes monsticas (benedictinos, cistercienses, cartujos y jernimos) llevaron a cabo
Ofrezco aqu la versin larga de un artculo que, mucho ms resumido, se me encarg para un nmero de la revista britnica Star, dirigida por Joseph Pierce, dedicado a los mrtires espaoles de la persecucin de la II Repblica. Dadas las condiciones de la misma revista, tiene un carcter de divulgacin y eso explica la ausencia de aparato crtico (notas a pie o al final). Adems, puesto que estaba en principio orientado al Reino Unido y a lectores no siempre familiarizados con los temas monsticos, en el texto aparecen algunas aclaraciones y explicaciones que, en otro medio, seran innecesarias. Esta versin larga que aqu se ofrece ha aparecido publicada previamente en Tabor, 3 (diciembre 2007), pgs. 81-102; y mucho ms recientemente en CANTERA MONTENEGRO, Santiago, O.S.B., Estudios de Historia y Espiritualidad Monstica, Salzburgo, Universitt Salzburg Analecta Cartusiana, 2011, t. 1, pgs. 61-74. Por otra parte, quede claro que, no de manera despectiva, sino desde la ms pura objetividad histrica, en el artculo empleo varias veces el trmino rojos, utilizado por ellos mismos en la poca, ya claramente desde la Revolucin Rusa y de manera muchas veces oficial en casi todos los pases (Ejrcito Rojo, Auxilio Rojo, etc.). En fin, tambin desde la objetividad histrica empleo la designacin persecucin religiosa de la II Repblica, porque fue una realidad que no comenz juntamente con la Guerra de 1936-39, sino propiamente el 11 de mayo de 1931, menos de un mes despus de la proclamacin de la II Repblica, y se percibi con claridad en la legislacin de aquel rgimen, hasta que estall violentamente en la Revolucin de octubre 1934 y de nuevo desde el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, para dispararse por completo desde el inicio de la guerra. Y en la guerra, el hecho de la persecucin religiosa fue exclusivo del bando republicano: slo en l se tortur y se mat por el hecho de profesar un credo religioso, concretamente el catlico, y slo en l se produjo por eso mismo la destruccin de todo cuanto pudiera recordar una fe religiosa, singularmente la religin catlica. En buena coherencia con esto, los documentos oficiales de la Santa Sede relativos a las causas martiriales de aquella persecucin, se hace con la expresin persecucin de la II Repblica.
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una labor de reimplantacin y restauracin en Espaa, que sera proseguida con gran mpetu despus de la Guerra de 1936-39, cuando se produjera un notorio auge de jvenes vocaciones. En este pequeo trabajo queremos ofrecer una visin del martirio sufrido por monjes espaoles, esto es, los religiosos de rdenes monsticas, en la persecucin desencadenada por la II Repblica, que para el caso de ellos fue dramtico sobre todo en 1936, al inicio del conflicto. Dentro del panorama general del martirio padecido por la Iglesia en Espaa, representan un pequeo porcentaje, ya que tambin su nmero era relativamente menor y porque bastantes de sus monasterios quedaron en la zona nacional; pero no por ello dejan de ofrecer algunas pginas martiriales realmente maravillosas. Se ha calculado que el nmero de eclesisticos asesinados en 1936-39 fue de ms de 7.000, es decir, an ms elevado que los 6.832 que el hoy obispo de Badajoz, Monseor Antonio Montero, dio en 1961. Por lo que se refiere a nuestro caso, constatamos efectivamente que la cifra debe corregirse al alza. De esos 6.832 eclesisticos que l contabiliza, 2.365 seran religiosos, y, de ellos, 62 corresponderan a rdenes monsticas masculinas: 44 benedictinos (22 de Montserrat de Barcelona y otro de esta Comunidad que estaba en El Pueyo; 18 de El Pueyo en Aragn; y 4 de Silos en el Montserratico de Madrid), 11-16 cistercienses (que en realidad fueron 19, de Cbreces, Santander), 6 cartujos de Montalegre (Barcelona) y un jernimo en Madrid. A ellos queremos aadir dos ermitaos de la Luz en Murcia. Por lo tanto, un total real de 72 religiosos de vida monstica.
Mrtires benedictinos. Tres monasterios benedictinos, y los tres de advocacin mariana, quedaron en julio de 1936 en la zona roja o republicana: Montserrat (Barcelona), El Pueyo (dicesis de Barbastro, Aragn) y Montserrat de Madrid (priorato dependiente de la abada de Santo Domingo de Silos, situada en la provincia de Burgos).
Los mrtires de Montserrat (Barcelona). El gran santuario mariano de Montserrat, centro espiritual de Catalua, haba visto renacer la vida monstica benedictina en 1844. Al poco de producirse el Alzamiento Nacional del 18 de julio de 1936, los comits izquierdistas se aduearon de los alrededores y comenz el incendio de iglesias y la caza de sacerdotes y religiosos: la 2
evidencia de la inminente persecucin religiosa llev a los monjes de Montserrat a decidir en captulo el abandono del monasterio y la dispersin de la Comunidad. El ltimo acto comunitario haba sido el previo canto de las Vsperas en el coro el 22 de julio. Bien pronto, los revolucionarios subieron al santuario y se fueron incautando de algunas dependencias, pero providencialmente qued a salvo del intento de incendiarlo. La imagen de la Virgen (la Moreneta) fue escondida por los monjes, que hubieron de salir de all sin obtener el salvoconducto que se haba solicitado para asegurar sus vidas durante el viaje. Hubo tambin que evacuar a los huspedes y a toda la gente que estaba ese verano en Montserrat, pero se dio la prioridad a los nios de la Escolana y a sus familiares para que marcharan antes que nadie. Los religiosos fueron saliendo en varios grupos y a distinto tiempo; ninguno fue asesinado all mismo.
Los monjes de Montserrat, por lo tanto, se dispersaron por diversos lugares, pero un total de 23 (de los que uno estaba en El Pueyo) fueron detenidos y martirizados. Otros fueron tambin apresados, aunque finalmente no se les mat, pero sufrieron un verdadero calvario; asimismo padecieron dificultades y penalidades los que estuvieron escondidos con gran peligro. Algunos pudieron ser fraternalmente acogidos en monasterios de la Orden en la Espaa nacional, Portugal, Francia, Italia, Alemania, Suiza y Blgica. Por otro lado, el obispo de Pamplona, Mons. Marcelino Olaechea, S.D.B., consigui el edificio del balneario de Belascoain, a 22 km. de Pamplona, para que pudiera reunirse all parte de la Comunidad y rehacer la vida regular; adems, muchas otras personas ayudaron a los monjes en la medida de sus posibilidades. Una vez concluida la guerra, se restaur de lleno la vida benedictina en Montserrat.
Pero, centrndonos ms en los mrtires de este monasterio, asesinados entre el verano de 1936 e inicios de 1937, hay que decir que llama la atencin, por una parte, la gran diversidad de edades: desde los 18 aos (Dom Hildebrando Casanovas) hasta los 82 (P. Jos M Fontser). Sus martirios, como se ha indicado, no se produjeron en el santuario, sino en distintos sitios, al ser reconocidos como religiosos, apresados y asesinados. As, a pesar de la autorizacin y supuesta proteccin que tenan siete monjes (cuatro padres, que eran Jos M Fontser, Domingo M Gonzlez, Juan M Roca y Ambrosio M Busquets; dos hermanos coadjutores: Eugenio M Erausquin y Emiliano M Guil; y un benedictino visitante, P. Plcido M Feli) para residir en un piso de la ronda de San Pedro de Barcelona, fueron sacados en la noche del 19 al 20 de agosto por un grupo de milicianos, uno de los cuales, despus de proferir una blasfemia, empuj cruelmente al anciano P. Jos M Fontser y le tir por las escaleras de la vivienda donde se haban refugiado, porque las bajaba con dificultad. A continuacin, les dieron el paseo nocturno y les fusilaron en el cruce de la calle Dels Garrofers con la avenida de la Victoria. Los cadveres, abandonados, pudieron ser reconocidos y amortajados en el depsito del Hospital Clnico y transportados el domingo siguiente en siete atades hasta el cementerio, donde fueron enterrados en nichos cedidos por amigos de Montserrat, e incluso un benedictino disfrazado entre la gente pudo rezar un responso individual. Menos suerte tuvieron los restos mortales de otros monjes de la Comunidad, como el P. Odiln M Costa, Dom Narciso M Vila y Dom Hildebrando M Casanovas, que desaparecieron en la estacin de ferrocarril de la plaza de Catalua y aparecieron muertos en el depsito del Clnico el 29 de julio, sin que nadie los reclamara, siendo as arrojados a una fosa comn del cementerio sudoeste de Barcelona. De los 23 mrtires montserratinos, uno fue asesinado junto con la Comunidad de El Pueyo, como ya hemos dicho. Diecinueve eran catalanes, tres castellanos y uno vasco. Varios destacaban en el aspecto cultural e intelectual, como el P. Luis Palacios, orientalista, catedrtico en Roma y autor de valiosas gramticas de lenguas semticas; el latinista P. Domingo Gonzlez; el helenista P. Odiln Costa; el historiador P. Veremundo Boqu; los compositores P. ngel Rodamilns, Dom Francisco Snchez y el Hermano Ildefonso Civil, y el musiclogo P. Juan Roca. Adems, en los oficios artesanos del monasterio cabe resaltar figuras como el sastre Hno. Jos M Jord y el impresor Hno. Eugenio M Eurasquin. Es precioso constatar la disposicin martirial con que los monjes de Montserrat afrontaban todo lo que pudiera acontecerles, incluso hasta la muerte, como 4
efectivamente sucedi en el caso de los mencionados 23. As, conforme a los testimonios recogidos para la Causa de beatificacin y canonizacin, el P. Prior, Dom Roberto Grau, aseguraba que mi corazn se encuentra en una dulcsimo expectacin y que aceptaba a ciegas la voluntad de Dios. El P. Fulgencio Albareda, al ser detenido en Tarrasa, afirm ofrecer su vida a Dios por la salvacin de Espaa. El P. Domingo Gonzlez indic al hermano de un monje que yo ya he ofrecido mi vida a Dios cuando entr en religin, y de muy buen grado la dar por l si llega el momento. El P. Odiln Costa manifestaba repetidamente a un compaero su extraordinario deseo del martirio. El profeso temporal (jnior) Dom Narciso M Vilar deca a algunos compaeros: Cmo me agradara ser mrtir!. El Hno. Emiliano M Guil, conversando con un compaero del servicio militar a principios de 1936, le dijo estar seguro de que habra persecucin y que presenta que l no se librara de la muerte, lo cual, en vez de perturbarle, le haca estar contento, porque morira por Dios. Podramos aadir varios testimonios ms, pero nos parece que son ya una buena muestra del espritu con que aquellos 23 monjes afrontaron el trance final, encarando la muerte con miras abiertas al Cielo, a la eternidad. Sus nombres, dignos de ser recordados, son los siguientes: los PP. Roberto M Grau (prior), Fulgencio Albareda (mayordomo), Jos M Fontser, Pedro Vallmitjana, Domingo Gonzlez, Juan Roca, Len Alesanco, Luis Palacios, Ambrosio M Busquets, Plcido M Feli, Odiln M Costa, ngel Rodamilns, Sebastin M Feli, Veremundo M Boqu y Raimundo Llads (que resida entonces en El Pueyo y fue asesinado en Barbastro, aunque era profeso de Montserrat); los clrigos Dom Francisco Snchez, Dom Narciso M Vilar y Dom Hildebrando M Casanovas; y los Hermanos Bernardo Vendrell, Jos M Jord, Ildefonso Civil, Eugenio M Erausquin y Emiliano M Guil.
Los mrtires de El Pueyo (Barbastro, Huesca). Uno de los episodios martiriales ms hermosos e impresionantes entre los monjes espaoles es, sin duda alguna, el padecido por la Comunidad benedictina de Nuestra Seora de El Pueyo, del monasterio entonces asentado sobre ese montculo y santuario mariano a las afueras de Barbastro, la dicesis que, en proporcin, sufri la ms feroz persecucin religiosa (88% del clero asesinado). Los benedictinos haban llegado a l en 1890 y enfocaron la fundacin en gran medida para la formacin de los monjes que habran de ir a la misin que tenan en Australia y que haba sido comenzada por la gesta evangelizadora del benedictino gallego Dom Rosendo Salvado. 5
Para conocer lo sucedido en 1936, es fundamental el testimonio aportado por el P. Plcido M Gil, monje hoy de Leyre y entonces uno de los nios colegiales en el monasterio, que salv su vida; tambin otros jniores y los otros cinco colegiales que haba se salvaron, as como dos hermanos legos, uno de ellos de nacionalidad francesa, que ha sido testigo de la vida carcelaria de los 18 mrtires (17 de El Pueyo y uno de Montserrat). Previamente a producirse el Alzamiento Nacional del 18 de julio de 1936, los monjes de El Pueyo saban bien que el martirio poda llegarles, dado el ambiente de anticlericalismo violento que se masticaba en las izquierdas revolucionarias. As, cuando el P. Honorato Surez se despidi por ltima vez de sus padres y la madre le sugiri que marchara al extranjero, pues l estaba convencido de que les mataran, contest: No, Mam; le parece poco bonito morir por Dios y subir al Cielo? Y el P. Mariano Sierra, al despedirse de una vecina de Barbastro el 15 de julio, le dijo: Si no nos vemos ms, hasta el Cielo. La noticia del Alzamiento lleg al monasterio el da 20 por la maana y se comunic a la Comunidad casi de inmediato, al acabar la Santa Misa conventual. El joven prior, Dom Mauro Palazuelos Maruri, de 33 aos, convino con sus monjes en dar permiso para que abandonaran El Pueyo quienes lo deseasen y que buscasen refugio donde mejor les pareciera, pero slo unos pocos optaron en firme por esto, algunos de los cuales, sin embargo, daran finalmente su sangre por Cristo. Los dems permanecieron y prosiguieron la vida comunitaria. El da 21 fue detenido el primer monje y el resto result apresado el 22 por la tarde; acusaban a los religiosos de esconder armas, algo que era del todo falso, pero que era credo por los milicianos rojos, quienes por eso no se atrevan de primeras a asaltar el monasterio. El grupo fue conducido primero a una propiedad de la Comunidad, El Mesonet, y al da siguiente al Colegio de las Escuelas Pas de Barbastro, donde estaban recluidos tambin la mayora de los 51 claretianos y la propia comunidad de 13 escolapios, a todos los cuales se unira el obispo de la dicesis, don Florentino Asensio Barroso, el da 23: todos ellos seran cruelmente martirizados. Los 6 colegiales benedictinos, de entre 12 y 15 aos de edad, fueron primero encerrados tambin con ellos, pero el da 23 de agosto el Comit revolucionario de Barbastro, movido por fin por algo de humanidad, les separ y finalmente se pudieron salvar, si bien alguno de los jefes rojos intent que corrieran la misma suerte que los mayores porque, deca, ellos mismos se lo han buscado al no quererse separar de la Comunidad. La penosa vida 6
carcelaria llev a las tres comunidades con el obispo a verse unidas y hermanadas, y, en la medida en que pudieron, los monjes celebraron la Santa Misa a escondidas y cuidaron sus prcticas piadosas y la confesin sacramental.
Mrtires benedictinos de El Pueyo
El 26 de julio comenzaron en Barbastro las ejecuciones de ciertas personas por su condicin de catlicos, concretamente unos jvenes seglares de Accin Catlica y el hermano benedictino Vicente Burrel. El 9 de agosto fue asesinado el obispo con otros ms, posiblemente entre ellos el benedictino P. Mariano Sierra (o bien ste ya el da 2); a partir de esa fecha, comenzaron las sacas y los consiguientes asesinatos. La mayora de los monjes de El Pueyo sufri el martirio en la madrugada del 28 de agosto; la seal de que la hora era inmediata fue la separacin de los colegiales respecto de la Comunidad por el Comit revolucionario, un hecho a la vez doloroso y grato, pues la relacin de afecto era muy estrecha, pero se saba que seguramente los nios salvaran sus vidas al haberse tomado esta decisin. En el Colegio de los escolapios no quedaban ya ms que 12 religiosos de ste (a uno se le haba liberado) y los 15 monjes (pues los otros 3 asesinados lo fueron en fechas anteriores por no hallarse entre los encarcelados). La brutalidad era evidente y los verdugos no dudaron en decir a los nios recin separados: Pronto mataremos a los de arriba. No obstante, a pesar de la separacin, el P. Llads hizo alguna visita furtiva a los colegiales, quienes, aunque aparte, an seguan presos.
La vida religiosa comunitaria prepar magnficamente a los escolapios y a los benedictinos para la muerte en las horas finales. Los escolapios incluso celebraron el 27 de agosto la fiesta de su fundador, San Jos de Calasanz, precisamente aragons. A las doce de la noche, sin previa forma de juicio alguno, los milicianos irrumpieron en la estancia de los monjes y los sujetaron con una larga soga; el prior, Dom Mauro, dio la absolucin a todos y los sacerdotes se la dieron entre s. Fueron subidos a un camin, en el cual enseguida comenzaron a gritar: Viva Cristo Rey! Viva la Virgen del Pilar! Viva la Virgen del Pueyo! Las blasfemias de los milicianos nada pudieron contra los vivas y las alabanzas de los monjes, como han testificado muchos vecinos de Barbastro, ni tampoco los terribles culatazos de fusil que comenzaron a propinarles y que llegaron a romper los dientes de algunos y a herirles duramente en la cabeza. Los monjes, al poco de bajar del camin en las cercanas de la ciudad, llevados como mansos corderos, perdonaron a sus verdugos, quienes les maltrataron y les dispararon. Preciosa es la muerte del prior, Dom Mauro, que con gran serenidad no dej este mundo sin despedirse mirando a mi Madre, la Virgen del Pueyo, y entonndole la Salve Regina. Asimismo, un testimonio bien elocuente y bonito son las cartas que escribi el Hermano Aurelio ngel Boix Cosials, recin profeso solemne a sus 21 aos, y sobre todo la dirigida a sus padres y a su hermano; en todas ellas expresaba su gran felicidad por poder morir mrtir de Cristo. La lista de los mrtires es la siguiente: PP. Mauro Palazuelos Maruri (prior, nacido en 1903), Honorato Surez Riu (subprior y prefecto de jniores; 1902), Mariano Sierra Almzor (1869), Raimundo Llads Salud (1881; profeso de Montserrat, segn se indic ya), Leandro Cuesta Andrs (1870), Fernando Salinas Romeo (1883), Domingo Caball Bru (1883), Santiago Pardo Lpez (1881), Ildefonso Fernndez Muiz (1897), Anselmo M Palau Sin (1902) y Ramiro Sanz de Galdeano Maeru (1910); Dom Rosendo Donamara Valencia (1909; dicono), Dom Lorenzo Ibez Caballero (1911; subdicono), Dom Aurelio Boix Cosials (1914; tonsurado); Hermanos Lorenzo Santolaria Ester (1872), Lorenzo Sobrevia Caardo (1874), ngel Fuertes Boira (1889) y Vicente Burrel Enjuanes (1896). Por origen geogrfico eran: 9 aragoneses, 4 castellano-viejos, 2 navarros, 2 catalanes, un asturiano y un santanderino (el prior).
Los mrtires de Silos en Madrid. La abada de Santo Domingo de Silos (provincia de Burgos), restaurada para la vida monstica en 1880 por monjes de Solesmes (Francia) e incorporada a esta 8
Congregacin benedictina, recuper a su vez en 1922 el monasterio de Nuestra Seora de Montserrat de Madrid (el Montserratico), sito en la cntrica calle de San Bernardo, que ha permanecido hasta hoy como un priorato dependiente de la mencionada abada de Silos. Ya antes de cumplirse un mes de la proclamacin de la II Repblica (14 de abril de 1931), el 11 de mayo, se vio con claridad que la persecucin religiosa se cerna sobre Espaa, cuando se produjo el asalto e incendio de numerosos conventos e iglesias en diversos lugares de la nacin, entre ellos Madrid: el Montserratico qued a salvo entonces, aunque no estuvo lejos de ser pasto de las llamas, y se opt por hacer que los monjes lo dejasen y se distribuyeran por distintas casas particulares, al igual que las benedictinas de San Plcido de Madrid. Una vez pasado este primer peligro, los religiosos volvieron y se restableci la vida comunitaria. El 17 de julio de 1936, uno de los monjes que morira mrtir, el P. Rafael Alcocer, llev a sus hermanos de hbito la noticia del alzamiento de la guarnicin de Melilla. A partir del da 19, despus de ser incendiada la catedral de San Isidro por la noche, la Comunidad benedictina se dispers y slo permaneci en el monasterio el P. Luis Vidaurrzaga; volvieron todos el 20 y estuvieron yendo y viniendo en las horas siguientes. La tarde del 21, los revolucionarios prendieron fuego a la puerta de la iglesia, pero la dirigente comunista Dolores Ibrruri, la Pasionaria, que ocupaba un local cercano desde haca poco y tal vez tema tambin por su propia instalacin, impidi que prosiguiera el acto salvaje arengando a la muchedumbre que estaba ebria de destruccin y muerte: Este edificio es del pueblo y es para el pueblo. Desde entonces, los monjes no volvieron a entrar en el monasterio, cuya iglesia sufri el saqueo, las profanaciones de imgenes y de objetos litrgicos y la mofa burlesca e irreverente de los milicianos marxistas; se utilizaron las dependencias primero como crcel y pronto se le asignaron otros usos de tipo poltico, judicial y militar. Siete monjes formaban la Comunidad en esas fechas, cuatro de los cuales seran finalmente martirizados y otros tres lograran salvarse, aunque tambin padecieron diversas penalidades, incluso con estancia en prisin. El P. Jos Antn Gmez, nacido en 1878, era el prior desde 1927 y fue detenido el 24 de septiembre de 1936 en el Hotel Laris, donde estaba refugiado. Llevado a la cheka de Fomento, fue sometido a declaracin y se confes como religioso: por este motivo, fue asesinado en la carretera de Andaluca en la madrugada del da 25 y su cadver fue reconocido el 27. Todos los que le conocan en vida lo definan como un santo. 9
Mrtires de Silos
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El segundo mrtir del Montserratico es el P. Antoln Pablos Villanueva, nacido en 1871 e igualmente de la provincia de Burgos. Como monje de Silos, particip en la fundacin que la abada realiz en Mjico y ms adelante se asent en el monasterio de Madrid. Detenido en octubre de 1936 y reconocido como religioso, fue enviado a la crcel Modelo, de donde se le sac el 8 de noviembre para asesinarle, junto con otros presos, en el Soto de Aldovea. Hombre sencillo, destac como un monje amante de la celda y del estudio. El tercer mrtir fue el madrileo P. Rafael Alcocer Martnez, nacido en 1889, quien sobresali por su labor intelectual y como orador sagrado. Pas notables penalidades a raz de la dispersin de la Comunidad de Montserrat, buscando refugio hasta que unos anarquistas le detuvieron el 30 de septiembre y le asesinaron el 4-5 de octubre. Se sabe que acept la muerte con entereza martirial. En fin, el P. Luis Vidaurrzaga Gonzlez era el ms joven de los cuatro: naci en Bilbao en 1901. El 20 de julio protagoniz un acto realmente heroico ante las turbas rojas que amenazaban el Montserratico, colocando con gran serenidad una bandera blanca en la torre y demostrando que no se estaba disparando desde ella, frente a las acusaciones que se haban hecho. Despus de diversas penalidades, fue finalmente asesinado el 31 de diciembre en el Arroyo de la Elipa.
Mrtires cistercienses. La represin en Santander fue especialmente cruel, aun cuando, en los primeros meses de la guerra, la persecucin religiosa no alcanzase en ciertos aspectos el relieve existente en otras partes de la zona roja. Son enormemente tristes los asesinatos cometidos en el faro de Cabo Mayor, donde fueron arrojadas al mar ms de un centenar de personas atadas con una piedra, bien desde las rocas, bien desde barcas; y los realizados en los barcos-prisin Alfonso Prez, Altuna Mendi y Cabo Quilates. La abada de Viaceli en Cbreces, de la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia (habitualmente conocidos tambin como trapenses), era de fundacin relativamente reciente (1903, erigido en abada en 1926) y haba sido impulsada por los hermanos Bernardo de Quirs en buena medida con el fin de impulsar el desarrollo agropecuario de la comarca, siguiendo el modelo de los monasterios medievales, para que los monjes introdujeran all nuevas tcnicas y fueran asimiladas por los paisanos. En 1918 lleg como monje, procedente del monasterio de Val San Jos entonces existente en Getafe (Madrid), el P. Po Heredia Zuba, nacido en Larrea (lava) en 11
1875, quien siempre destac por su piedad mariana y pronto adquiri fama de santidad. Ocup diversos cargos (maestro de oblatos, maestro de novicios y finalmente prior) y, entre 1918 y 1936, la Comunidad vio crecer el nmero de sus miembros de 20 a 64. Pese a las incomodidades provocadas por los milicianos (cacheos, amenazas de muerte, etc.), los monjes mantuvieron la vida regular hasta el 20 de agosto, cuando la iglesia fue clausurada, y todava hasta el 8 de septiembre, pues pudieron proseguirla en las otras dependencias del monasterio. Este ltimo da, la Comunidad en pleno fue detenida y trasladada a Santander, a partir de una orden dada desde los centros anarquistas de la ciudad; slo cinco religiosos pudieron permanecer en Cbreces y no se apres al abad, P. Manuel Flech, debido a su nacionalidad francesa: encomend entonces al P. Po Heredia el cuidado de todos sus hijos espirituales, en la medida de lo posible. En la capital de la provincia, 38 monjes fueron recluidos en prisin y otros fueron puestos en libertad, aunque controlados; 13 seran martirizados en tres grupos distintos, y otros cuatro, habiendo podido marchar, fueron finalmente tambin asesinados en distintas circunstancias. En total, murieron como mrtires 19 monjes de la Comunidad, encabezados por el prior, P. Po.
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Antes de ingresar en prisin, sufrieron las burlas y mofas de las turbas y los gritos pidiendo su muerte: Al faro! Mueran los curas! Abajo los frailes! La serenidad y el recogimiento de los monjes fueron siempre modlicos y mantuvieron una intensa vida de piedad, incluso con el estremecedor canto de la Salve cisterciense en voz baja; en todo momento, el ejemplo dado por el P. Po era fundamental para los dems. Los testigos afirman quedar sorprendidos por la paz y por sus oraciones, as como por la manera en que se confortaban mutuamente. El P. Po les exhortaba acerca del sentido de lo que se viva: Si algo debemos decir de la terrible prueba a la que el Seor ha sometido a su Iglesia en Espaa, hagmoslo sin faltar a la caridad, sin impaciencia. l y la Madre saben el por qu de esta persecucin; y sonriendo despus, aada: Menos comentarios y ms oracin! Hubo varios grupos distintos de presos cistercienses de Viaceli; algunos hubieron de sufrir las crueles torturas del tristemente famoso comisario de Santander, Manuel Neila, que hizo que empujaran al P. Po duramente contra la pared y que le golpearan durante los interrogatorios, participando l mismo en las acciones violentas y acompandolas con insultos y blasfemias, a todo lo cual el prior responda con el silencio, con mansas recriminaciones o con alabanzas a Dios, con una entereza y una tranquilidad que irritaban al verdugo. Despus de la sesin, anim a sus hijos espirituales a prepararse a una muerte ya inminente. La noche del 2 al 3 de diciembre fueron sacados de la prisin el prior y cinco monjes, y en la noche siguiente un grupo de otros cinco. Con las manos atadas a la espalda, fueron arrojados al mar, parece que todos ellos desde el faro de Cabo Mayor, aunque quiz algunos lo fueran desde barcazas; el mar devolvi sus cuerpos unos das despus en las playas de Somo y se comprob que uno de los cadveres tena la boca cosida con alambre. Los que no murieron de este modo, fueron asesinados en la carretera o cayeron vctimas en diversas circunstancias. Los nombres de los mrtires, muchos de ellos jvenes, son los siguientes (los recogemos en el orden en que los ofrece el librito del P. Ignacio Astorga, O.C.S.O., atendiendo a formas y fechas de muerte): P. Po Heredia Zuba (prior), P. Amadeo Garca (nacido en 1905), P. Valeriano Rodrguez (1906), P. Juan Ferris (1905), Fray lvaro Garca (1915), Fr. Marcelino Martn (1913), Fr. Antonio Delgado (1915), Hermano Eustaquio Garca (1891), Hno. ngel Vega (1868), Hno. Ezequiel lvaro (1917), Hno. Eulogio lvarez (1916) y Hno. Bienvenido Mata (1907), P. Vicente Pastor 13
(1905), P. Santiago Raba (1910), P. Ildefonso Telmo (1912), P. Emiliano Velasco (1914), Hno. Leandro Gmez (1915) y P. Lorenzo Olmedo (1888). En su Causa de beatificacin y canonizacin ha sido introducida juntamente la de dos monjas cistercienses de Algemes (provincia de Valencia): M. Micaela Baldov y M Natividad Medes, asesinadas en 1936. En las listas de Mons. Montero, aparecen entre las religiosas asesinadas en la persecucin religiosa: una bernarda del Santsimo Sacramento, tres bernardas de Vallecas (Madrid) y una cisterciense.
Mrtires cartujos. De los tres monasterios de la Orden de la Cartuja existentes en Espaa en 1936, dos se vieron salvados de la persecucin religiosa por encontrarse en zona nacional: Miraflores (Burgos) y Aula Dei (Zaragoza). Sin embargo, la cartuja de Montalegre (Tiana, Barcelona) qued en zona roja. El 16 de febrero de 1936, el da de las elecciones que de forma ms bien irregular dieron la victoria al Frente Popular, esta Comunidad contaba con 37 monjes (21 padres y 16 hermanos). Ante el resultado de las urnas y lo que caba prever que sucediera ms tarde o ms temprano, el prior prohibi todo intento de defensa armada de la cartuja en caso de asalto y no se realiz ningn preparativo de fuga, sino que se habran de mantener la vida ordinaria y la plena observancia. El 19 de julio, conocida la noticia del Alzamiento y de sus repercusiones en Barcelona, donde se frustr, se celebr en Montalegre la misa Pro tempore belli y se inform a la Comunidad de la situacin, disponiendo nicamente el silencio de la campana y la supresin del paseo semanal. El 20 por la maana llegaron los anuncios del muy previsible asalto por parte de milicianos izquierdistas, presididos por el alcalde de Tiana y otros lderes suyos, que estaban incendiando ya la iglesia del pueblo: inmediatamente se dio la orden de vestirse de paisano y de afeitarse la tonsura, as como las barbas de los hermanos, pero todo se llev a cabo con mucha precipitacin y confusin, quedando en su mayora mal disfrazados. El procurador trat de salvar todos los objetos de culto que pudo, con los ms jvenes y el sacristn, y se puso asimismo en relacin con el jefe de los revolucionarios de Tiana en un intento por evitar el incendio de la cartuja, mientras los monjes procuraban huir. Sin embargo, hacia las 18 h. comenz el asalto, realizado a un mismo tiempo con cierta cautela y con furia, porque 14
haba corrido el bulo, difundido incluso por la radio, de que los cartujos disponan de armas y que haba entre ellos un antiguo oficial ruso zarista. Los atacantes pertenecan a la anarquista C.N.T.-F.A.I. y a la Esquerra Republicana de Catalunya y actuaron bajo el mando de un mallorqun de esta ltima formacin poltica, apellidado Franquesa y apodado el Badalon. Subieron desde Badalona y pudieron entrar, lgicamente, sin resistencia alguna, prosiguiendo con el incendio sacrlego en lo religioso y salvaje en lo artstico. Sorprendieron a los monjes, pero el Badalon, hombre de buen corazn, quiso llevarles a Badalona y salvarles la vida, defendindoles frente a los deseos asesinos de los milicianos anarquistas que pretendan matarles all mismo. No obstante, no pudo impedir que, a excepcin de los cuatro monjes ms dbiles y enfermos que quedaron en la Conrera de la cartuja, ms otro que pudo huir despus de ser hecho prisionero y otros cuatro que se escondieron en el bosque y no fueron localizados, los otros 28 tuvieran que ir andando hasta Badalona, en vez de hacerlo en camin o en autobs como l haba proyectado.
Dispuestos, pues, a iniciar la marcha, un coche de milicianos y milicianas anarquistas les someti a engao haciendo subir a dos de ellos, el prior y el procurador, a los que obligaron a bajar al poco rato y les dispararon: el procurador cay muerto de manera fulminante, pero el prior qued herido e inmvil hasta que la Cruz Roja le recogi. La columna del resto de los monjes, mientras tanto, caminaba hacia Badalona entre amenazas, blasfemias, empellones y culatazos de mosquetones, con conciencia creciente de una prxima muerte (pasaron junto a los dos cuerpos en el suelo y los
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vieron) y confortndose entre ellos, dndose la absolucin, rezando jaculatorias y preparndose para el martirio. Ms adelante, los mismos ocupantes del coche de antes hicieron subir a l al vicario y al antiquior, a los que al poco sacaron y dispararon igualmente. Por tanto, los cartujos vean que iban a ir siendo asesinados de dos en dos a lo largo de la carretera, por lo que continuaron preparndose para la muerte y haciendo la recomendacin del alma: segn el testimonio de un superviviente, la visin de la eternidad que se abra ante nuestros ojos nos haca olvidar los que, a pesar de su malicia, son instrumentos de la amorosa Providencia que utiliza su odio diablico para llevar a cabo sus altsimos designios; [] nos tena indiferentes la actitud de nuestros verdugos mientras podamos continuar con religioso recogimiento, como pudiramos hacerlo en un inslito paso nocturno. La elevacin de nuestras almas se haca insoportable a nuestros enemigos y stos aumentaron su trato cruel sobre las vctimas. Mientras tanto, otro coche adelant a la columna y se detuvo ms adelante: los anarquistas que iban en l llevando presos a un monje y al capelln de la Conrera (que era un sacerdote secular) fusilaron a stos. Y al poco, intentaron coger a otros dos de la columna, pero el Badalon por fin se logr imponer gritando: Basta de asesinatos de inocentes! Antes de continuar tendris que matarme a m! Los ltimos 4 km. hasta Badalona fueron un verdadero va crucis. Al llegar al cementerio, los milicianos les intentaron torturar psicolgicamente, disponindoles en fila como para fusilarles all y apuntndoles con las armas, hasta que un tiempo despus ordenaron reanudar la marcha. Poco ms tarde, un autobs les llev a la entrada de Badalona para dar la sensacin ante la poblacin de que se les haba venido conduciendo as, ocultando de manera hipcrita lo realmente acontecido. Pero, para ir al ayuntamiento, nuevamente de pie, las turbas izquierdistas salieron a amenazarles y a pedir su muerte; sin embargo, el Badalon, el alcalde de Badalona y el Sr. Mora, fusil en mano, se encararon enrgicamente a los milicianos e hicieron llegar a los cartujos al ayuntamiento, donde el Comit revolucionario decidira su suerte. Las tres personas indicadas ordenaron un buen trato para los religiosos y consiguieron que el Comit dispusiera su distribucin en las casas de varias familias que les daban acogida, lo cual, por supuesto, sera siempre un peligro para stas. El 27 de julio, varios de los monjes pudieron llegar a los consulados de otros Estados y salir a ellos con dificultades, siendo all recibidos en monasterios de la Orden, mientras otros permanecieron con graves riesgos en Barcelona. El 5 de agosto fue detenido y asesinado el Hno. Guillermo, sin
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que se encontrase su cadver, y otros tres padres fueron ejecutados el 15 de octubre, hallndose ahora en alguna fosa comn de paradero desconocido. En total, 6 cartujos murieron asesinados: los PP. Dom Celestn Fumet (procurador) y Dom Isidoro Prez el 20 de julio en el traslado a Badalona, y despus los PP. Dom Manuel Balart, Dom Agustn Navarro y Dom Luis Sellars y el hermano Fr. Guillermo Soldevilla al ser capturados en su refugio en Barcelona. En cambio, de los tiroteados en la carretera de Montalegre a Badalona, salieron vivos finalmente, por no haber quedado bien rematados (lo cual refleja la ineptitud de estos milicianos en el uso de las armas), los PP. Dom Luis Cierco, Dom Miguel Dalmau (vicario) y Dom Benigno Martnez (antiquior), quienes fueron considerados despus por sus hermanos como verdaderos mrtires. S muri en la carretera, en cambio, el capelln de la Conrera, D. Pedro de la Riba, que era sacerdote secular.
Un monje jernimo mrtir, restaurador de su Orden. La Orden de San Jernimo, extendida slo por Espaa y Portugal, desapareci por completo en su rama masculina con las desamortizaciones liberales emprendidas en ambos Estados en 1835-36. Por lo tanto, su restauracin, animada por la rama femenina, debera empezar de cero, y as ocurri: tras dos intentos fallidos en El Escorial en 1854 y en Guadalupe (de Espaa) en 1884, por fin en 1922 se comenz a poner en marcha un proyecto que se hizo viable en el monasterio de El Parral de Segovia, con un pequeo grupo de jvenes, entre los cuales destacaba Manuel Sanz Domnguez (como nombre de religin adopt el de Fray Manuel de la Sagrada Familia). Don Manuel haba nacido el ltimo da de 1887 en un pequeo pueblo de la provincia de Guadalajara y fue siempre muy piadoso y mostr inclinacin al sacerdocio, por lo que se encomend su educacin a un to sacerdote en Coscurita (provincia de Soria). Comenz a trabajar como ferroviario, despus de ganar una plaza por examen, y estuvo en varios destinos. En 1918 ingres en el sector banquero, donde pronto ascendi por su capacidad. Dirigido espiritual del jesuita San Jos M Rubio, destac en Madrid como apstol seglar y, advirtiendo la vocacin religiosa, acab formando parte del grupo que habra de iniciar con gran entusiasmo la restauracin de la Orden de San Jernimo. Una vez realizadas todas las gestiones oportunas, en las que l tuvo parte importante incluso yendo a Roma y contemplando el agrado del papa Po XI ante el proyecto, los nuevos jernimos comenzaron la vida regular en El Parral en 1925. En
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este monasterio, al igual que otros monjes, recibi la ordenacin sacerdotal e hizo profesin de sus votos, temporales primero, y solemnes despus. Pero el advenimiento de la II Repblica vino casi a fulminar todas las ilusiones, ms an cuando al clima de anticlericalismo se unieron la actitud vacilante de algunos eclesisticos ante el proyecto jernimo y otros problemas ms: se pens entonces seriamente en el traslado a otro lugar, incluso a Irlanda. El Alzamiento Nacional del 18 de julio sorprendi al P. Manuel en Madrid, donde los milicianos rojos lograron detenerle el 5 de octubre, por ser religioso y sacerdote. Era consciente de lo que poda ocurrirle (pues conoca que le buscaban) y saba bien lo que le esperaba; afront la situacin con admirable entereza y con gran paz, como lo reflejan las palabras que de su boca oy unos das antes una monja jernima: Suceda lo que suceda, doy gracias a Dios, porque me ha concedido un destino grande y hermoso. Si vivo, creo que ver restaurada la Orden Jernima, objeto de todos mis sueos; y si muero, ser mrtir por Cristo, que es ms de lo que podra soar. Estuvo preso en una comisara madrilea y luego en la Direccin General de Seguridad, pero finalmente fue llevado a la Crcel Modelo y sacado de sta entre los das 6 y 8 de octubre para ser fusilado en Paracuellos del Jarama, donde se le enterr en una fosa comn. Como la sangre de mrtires segn es dijera semilla de
Mrtir jernimo
cristianos,
Tertuliano,
despus de la guerra la Orden de San Jernimo conoci una nueva fase de restauracin con jvenes vocaciones. En la persecucin religiosa de 1936-39 murieron tambin asesinadas al menos dos monjas del monasterio de la Concepcin Jernima de Madrid.
Padre Manuel de la Sgda Familia
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Ermitaos mrtires. En julio de 1936 haba en Espaa cuatro familias religiosas de vida eremtica o semieremtica, adems de la Cartuja: el yermo camaldulense de Herrera (provincia de Burgos; de la Congregacin de Montecorona), la Congregacin de Ermitaos de San Pablo y San Antonio Abad en un eremitorio de la sierra de Crdoba prximo a la ciudad, la Congregacin de San Pablo y San Antonio con varios eremitorios en la isla de Mallorca, y los Hermanos Ermitaos de Nuestra Seora de la Luz en el santuario de este nombre en la sierra de Sal (provincia de Murcia). Salvo estos ltimos, los dems quedaron en zona nacional y, en consecuencia, no padecieron persecucin. En realidad, los Hermanos de la Luz, a diferencia de las otras tres familias religiosas que indicamos, haban perdido ya prcticamente el estilo de vida anacortico y realizaban ms vida cenobtica, de comunidad, pero eran de origen eremtico, veneraban a San Antonio Abad como principal patrn y de derecho eran ermitaos. No es fcil saber con exactitud cundo surgieron: las primeras noticias de la presencia de ermitaos en aquellas cuevas remiten a principios del siglo IX, pero muy probablemente los hubo ya en poca visigtica, en los siglos VI y VII; sin embargo, los primeros documentos seguros son de 1429 y 1528: en ste se habla de los Ermitaos de San Pablo. Se sabe tambin que eran diversos ermitaos que se hallaban bajo el patrocinio de la Virgen de la Fuensanta. Existen ms datos desde mediados del siglo XVII y las primeras constituciones de los Ermitaos de la Luz fueron aprobadas por el obispo de Murcia en 1697, en las cuales propiamente pasaban a adoptar vida de comunidad y abandonaban las cuevas, algo que se llev a cabo definitivamente bajo el cardenal Belluga en la primera mitad del siglo XVIII. Al quedar la zona bajo dominio rojo el 18 de julio de 1936, la comunidad se dispers el da 22 y sus miembros se repartieron por casas particulares. Sin embargo, siete hermanos de la Luz fueron ms tarde apresados en diversas circunstancias: cinco fueron encarcelados y puestos en libertad algo despus, si bien hubieron de pasar muchas penalidades. En cambio, el Hno. Bernardo de Nuestra Seora de la Luz (Manuel Orenes Costa era su nombre seglar), localizado por un grupo de milicianos el 15 de agosto en la casa de un hermano suyo de sangre en Llano de Brujas, en la que se haba refugiado, fue asesinado prcticamente a continuacin y su cadver lleg al da siguiente al cementerio de Espinardo, donde lo reconoci el conserje de ste; fue depositado en el cementerio de 19
Murcia hasta su traslado al panten del eremitorio una vez concluida la guerra y restablecida la Comunidad. En el momento de su muerte, tena 64 aos de edad y 36 de vida religiosa. El otro ermitao mrtir fue el Hno. Andrs del Inmaculado Corazn de Mara (Juan Lpez Soto en el siglo), nacido en 1898 y religioso desde 1922. Refugiado en la casa de sus padres, fue hallado por unos milicianos en octubre de 1936 y le asesinaron junto con su padre en la Cuesta del Puerto, lugar de frecuentes ejecuciones en esas fechas. Despus de la guerra, sus cadveres fueron trasladados del cementerio de Espinardo al familiar de Alcantarilla. Por otra parte, el santuario de la Luz sufri el saqueo rojo y conoci los caractersticos actos de profanacin de imgenes (incluso alguna del escultor Francisco Salzillo), destrucciones, etc. El edificio fue utilizado durante la contienda para cuartel de soldados del Ejrcito rojo destinados a servicios auxiliares. Al trmino del conflicto fue restablecido a la Comunidad para que restaurase la vida religiosa.
Recapitulacin. Como vemos, un total de 72 monjes y ermitaos ofrecieron sus vidas martirialmente en la persecucin religiosa desencadenada en Espaa por la II Repblica y culminada a partir del inicio de la Guerra de 1936-39, siendo asesinados la mayora de ellos entre julio y diciembre de 1936 y algunos an en 1937. En comparacin con todo el conjunto de religiosos que fueron vctimas de la violencia antirreligiosa, forman evidentemente un grupo pequeo, porque tambin era menor su nmero y su proporcin dentro de todo el panorama de la vida consagrada en Espaa por aquellas fechas. No obstante, en todos los casos nos encontramos con testimonios preciosos de su grado de entrega, generosidad, disponibilidad para el martirio, perspectiva trascendente y sobrenatural de los padecimientos y de la muerte que hubieron de experimentar, y una capacidad gigantesca de afrontar el trance final sin odio y perdonando a sus verdugos. Hay, por supuesto, algunos testimonios que son singularmente impactantes y maravillosos, quiz sobre todo los de los benedictinos de El Pueyo, los cistercienses de Viaceli y los cartujos de Montalegre, pero sin que esta apreciacin signifique, ni mucho menos, un desmerecimiento hacia los otros casos, pues, como decimos, son todos realmente preciosos. No habra que olvidar, por otra parte, los hermosos testimonios martiriales de otros monjes espaoles en el siglo XIX, bajo la persecucin religiosa desencadenada por 20
el liberalismo principalmente en tres fechas: 1809-14 (durante la invasin napolenica y la Guerra de Independencia), 1820-23 (en el Trienio Liberal) y 1834-36 (de la patraa de las fuentes envenenadas, curiosamente repetida de forma casi igual un siglo despus con el bulo de los caramelos envenenados, a los desmanes con la desamortizacin de Mendizbal y aprovechando la represin anticarlista). Cayeron entonces bajo las balas de quienes enarbolaban la ensea de la Libertad, por citar algunos, varios monjes cistercienses del monasterio gallego de Montederramo en 1820 y otros cartujos de Montalegre en 1823 y 1836. Sera un signo de reconocimiento y piedad filial hacia esos antepasados de nosotros, monjes de hoy, recopilar la informacin de todos aquellos acontecimientos y tratar de promover sus causas de beatificacin y canonizacin. Para los monjes de hoy y para todos los fieles catlicos, en especial para los jvenes, y en general tambin para todas las personas, aun no creyentes, el testimonio de stos y de todos los dems mrtires espaoles de 1934 y 1936-39, as como de todos los mrtires de la Historia de la Iglesia, es siempre un motivo de reflexin sobre la realidad de la muerte y del ms all, de la trascendencia de la vida y de la existencia de Dios, de lo sobrenatural y de la eternidad. Sin una razn trascendente, de origen divino, es imposible entender que tantos y tantos hombres y mujeres en Espaa en 1934 y 193639, y a lo largo de los siglos en todo el mundo, hayan podido encarar el final de la vida terrena con la paz y la alegra con que ellos lo hicieron, siendo capaces de perdonar y de amar de corazn a aquellos mismos que les causaban horribles tormentos y la muerte ms cruel. Por eso, cuando hoy tanto se cacarea sobre la llamada memoria histrica, que ms bien se est convirtiendo en revancha histrica e incluso revancha histrica, con todo lo que conlleva de un falseamiento de la verdadera Historia y una presentacin sectaria y sesgada de la misma, que amenaza as con confundir y quebrar la ya dbil conciencia histrica de las generaciones jvenes de nuestro tiempo, nada mejor que proponer el propio testimonio de los mrtires para poder efectuar sin ambigedades, no una supuesta concordia elaborada desde moldes poltico-filosficos de cuo entre moderno y posmoderno, sino la autntica reconciliacin, fundamentada en el supremo testimonio de amor de Aquel que, siendo l mismo el Amor, muri en la Cruz perdonando a sus enemigos y prometiendo el Paraso eterno al malhechor arrepentido.
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Bibliografa. Dado el carcter de divulgacin de este artculo, no hemos querido introducir notas a pie de pgina, pero ofrecemos una relacin de la bibliografa empleada y con la cual, adems de algunos otros ttulos que aqu no indicamos, se puede ampliar el conocimiento de lo que tan resumidamente hemos expuesto. El orden que ofrecemos es el que hemos seguido en este pequeo trabajo. -Antonio MONTERO MORENO, Historia de la persecucin religiosa en Espaa, 1936-1939, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos (B.A.C.), 1998 (2 ed.; la 1 es de 1961). -Anselmo M. ALBAREDA, O.S.B., Historia de Montserrat, Monasterio de Motserrat, 1946. -Ferrn M. SOL, O.S.B., Glria nostra. Oda als mrtirs de Montserrat, Barcelona, La Hormiga de Oro, 1959. -Alejandro PREZ ALONSO, Informe sobre los mrtires benedictinos del Pueyo, en Barbastro, sacrificados en 1936, Gijn, 1986. -Jos Pascual BENABARRE VIGO, Murieron cual vivieron. Apuntes biogrficos de los 18 monjes benedictinos del Pueyo de Barbastro, sacrificados en 1936, Aler, 1991. -Jacinto PERAIRE FERRER, La cancin de Dom Mauro. El primitivo entusiasmo martirial cristiano, revivido por los benedictinos de El Pueyo, Madrid, B.A.C., 2006. -Miguel C. VIVANCOS, O.S.B., El monasterio de Montserrat de Madrid durante la persecucin religiosa de 1936, Abada de Silos, 2003. En 2007-2008, el P. Mariano PALACIOS GONZLEZ, O.S.B., ha publicado en Scriptorium Silense una biografa extensa de cada uno de los cuatro mrtires de Silos en el Montserratico de Madrid: *P. Rafael Alcocer Martnez, O.S.B., Abada de Silos, 2007. *P. Luis Vidaurrzaga Gonzlez, O.S.B., Abada de Silos, 2008. *P. Antoln Pablos Villanueva, O.S.B., Abada de Silos, 2008. *P. Jos Antn Gmez, O.S.B., Abada de Silos, 2008. -Ignacio, ASTORGA ARROYO, O.C.R. (O.C.S.O.), De la paz del claustro al martirio, Abada Cisterciense de Viaceli, 1948. -Fr. M Doroteo PO MORENO, O.C.S.O., Todo por Mara hasta el martirio. P. Po Heredia y compaeros/as: Mrtires de Viaceli, Mrtires de Fons Salutis, en 22
Actas del III Congreso Internacional sobre el Cster en Galicia y Portugal (Orense y Oseira, 2005), Zamora, Abada de Oseira Ediciones Monte Casino, 2006, t. II, pgs. 1359-1385. -Pedro de MANUEL, Los mrtires de la cartuja de Montalegre. Siglos XIX y XX, en A Cartuxa. Actas do Coloquio Internacional, vora, 8-9 de outubro de 2004, vora, Fundao Eugnio de Almeida, 2004, pgs. 183-195. -Crescencio PALOMO IGLESIAS, O.P., Manuel Sanz Domnguez, monje jernimo, Monasterio de San Jernimo de Yuste, 2002. -Jos MUOZ MARTNEZ, Los Hermanos de la Luz, Murcia, La Verdad, 1958.
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