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Prufrock PDF

Este poema de T.S. Eliot narra la introspección de un hombre, el señor J. Alfred Prufrock, sobre su vida y su incapacidad para actuar. Prufrock se siente inseguro y duda constantemente sobre si se atreve a vivir plenamente o perturbar el universo. Teme envejecer y quedar relegado al papel de bufón. El poema transmite la sensación de aislamiento y falta de propósito de Prufrock a través del uso de imágenes y referencias culturales.

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Javiera Vega
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Este poema de T.S. Eliot narra la introspección de un hombre, el señor J. Alfred Prufrock, sobre su vida y su incapacidad para actuar. Prufrock se siente inseguro y duda constantemente sobre si se atreve a vivir plenamente o perturbar el universo. Teme envejecer y quedar relegado al papel de bufón. El poema transmite la sensación de aislamiento y falta de propósito de Prufrock a través del uso de imágenes y referencias culturales.

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T.S.

Eliot
(Missouri, USA, 1888-Londes, 1965) PRUFROCK Y OTRAS OBSERVACIONES (1917)
LA CANCIN DE AMOR DE J. ALFRED PRUFROCK Si yo creyera que mi respuesta fuera a una persona que alguna vez podra retornar al mundo, esta llama, sin ms, quieta estuviera; pero ya que jams desde este fondo escapa un ser humano, s escuch verdad, sin temor a la infamia te respondo. VAYAMOS, PUES, T y yo cuando la tarde se haya tendido contra el cielo como un paciente eterizado sobre una mesa; vayamos, entonces, por calles casi desiertas, murmurantes retrocesos de noches inquietas en hoteles baratos y de una noche y empolvadas fondas con conchas de ostras; calles que se prolongan como un argumento aburrido de intencin tediosa que te llevan a una pregunta abrumadora... Oh, no preguntes Qu es? Vayamos a hacer nuestra visita. En la habitacin, las mujeres vienen y van hablando de Miguel ngel. La niebla amarilla que lava su espalda en el cristal de las vidrieras, el humo amarillo que lava su hocico en el cristal de las vidrieras pas su lengua por el interior de las esquinas de la tarde, se qued suspenso largo tiempo sobre los charcos de las cunetas, dej caer sobre su espalda el tizne que cae de las chimeneas, se desliz por la terraza, dio un salto sbito, y, viendo que era una noche suave de octubre, se enrosc una vez a la casa y se qued dormido.

Y, en verdad, habr tiempo para el humo amarillo que se desliza a lo largo de la calle, frotando su espalda sobre el cristal de las vidrieras; habr tiempo, habr tiempo para preparar un rostro que acepte los rostros que encuentres, habr tiempo para matar, habr tiempo para crear y tiempo para todas las labores y los das hbiles que levanten y dejen caer una pregunta en tu plato; habr tiempo para t y habr tiempo para m, y habr tiempo incluso para cien indecisiones, y habr tiempo para cien visiones y revisiones antes de que tomemos una tostada y t. En la habitacin, las mujeres vienen y van hablando de Miguel ngel. Y en verdad habr tiempo para preguntarse Me atrevo? y, Me atrevo? Habr tiempo para volverse atrs y bajar la escalera con un lugar calvo en mitad de mi pelo. (Dirn: Qu ralo se le est poniendo el pelo!) Mi traje matinal, mi cuello que sube firmemente al mentn, mi corvata, rica y modesta pero asegurada por un simple alfiler. (Dirn: Pero, qu delgados son sus brazos y sus piernas!) Me atrevo a perturbar el universo? En un minuto hay tiempo para decisiones y revisiones que un minuto revocarn. Porque ya las he conocido a todas, a todas ellas: he conocido las noches, las maanas, las tardes, he medido mi vida con cucharillas de caf; conozco las voces que mueren poco a poco bajo la msica llegada de un cuarto distante. Entonces, cmo podra yo atreverme?

Y he conocido ya los ojos, todos ellos: los ojos que nos fijan en una frase formulada, y cuando est yo formulado, debatindome en un alfiler, cuando yo est clavado y retorcindome en la pared, cmo podra entonces empezar a escupir todas las colillas de mis das y de mis costumbres? Y cmo podra atreverme? Y he conocido ya los brazos, todos ellos: brazos con brazaletes y blancos y desnudos. (Pero bajo la lmpara poblado de claros vellos castaos!) Es acaso el pefume de un vestido lo que as me hace divagar? Brazos que reposan sobre una mesa o se envuelven en un chal. Y podra yo entonces atreverme? Y cmo podra empezar? Dir: fui, al crepsculo, por calles estrechas y contempl el humo que sale de las pipas de hombres solitarios, asomados a sus ventanas, en mangas de camisa?.. Yo deb ser un par de manos andrajosas que rasaron los suelos de mares silenciosos. Y la tarde, la noche, duerme tan apaciblemente! Alisada por largos dedos, dormida... fatigada... o bien se hace la enferma, extendida en el suelo, aqu junto a ti y a m. Tendra yo, despus del t y los pasteles y los helados, la fuerza para forzar el momento a su crisis? Pero aunque he llorado y ayunado, llorado y orado, y aunque vi mi cabeza (ya un poco calva) trada en una bandeja, no soy profeta (pero esto no importa mucho); he visto flaquear el momento de mi grandeza y he visto al eterno lacayo recibir mi abrigo y sonrer estupidamente,

y, en suma, tuve miedo. Y habra valido la pena, despus de todo, despus de las tazas, la mermelada, el t, entre la porcelana, entre alguna conversacin sobre ti y sobre mi, hubiera valido la pena haber hincado el diente en el asunto con una sonrisa, haber comprimido el universo en una bola para rodarlo hacia alguna pregunta abrumadora, para decir: Soy Lzaro, vuelto de entre los muertos, vuelto para decirslo todo, se lo dir todo. Si una, acomodando una almohada junto a su cabeza, dijera: No es eso lo que quise decir, no es eso. No se trata, en absoluto, de eso. Y hubiera valido la pena, despus de todo, hubiera valido la pena, despus de los ocasos y de los patios y de las calles regadas, despus de las novelas, despus de las tazas de caf, despus de las faldas que arrastran por el piso (y esto, y tanto ms). Es imposible decir exactamente lo que quiero decir! Pero como si una linterna mgica proyectara los nervios en modelos sobre una pantalla: Habra valido la pena si una, acomodando una almohada o quitdose un chal y volvindose hacia la ventana, hubiera dicho: No es eso, en absoluto, no es eso lo que quise decir, en absoluto. No! No soy el prncipe Hamlet ni es mi intencin serlo, soy un seor cortesano, uno que servir para llenar una pausa, iniciar una escena o dos, aconsejar al prncipe; sin duda, un instrumento dcil, obediente, contento de servir, poltico, precavido, meticuloso,

lleno de altos conceptos, pero un poquito obtuso; a veces, en verdad, casi rdiculo: casi, a veces, el Bufn. Envejezco... Envejezco... Usar enrollados los extremos de mi pantaln. Me peinar el cabello hacia atrs? Me atrevo a comer un melocotn? Me pondr pantalones de franela blanca y caminar por la playa. All he odo a las sirenas cantndose una a otra. No creo que canten para m. Las he visto cabalgar sobre las olas, mar adentro, peinando los blancos cabellos de las olas revueltas cuando el soplo del viento vuelve el agua blanca y negra. Nos hemos quedado en los dormitorios del mar al lado de muchachas marinas coronadas de algas marinas rojas y pardas hasta que voces humanas nos despiertan, y nos ahogamos.

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